AGLI Recortes de Prensa   Lunes 9  Novietubre  2015

Y el Estado se quitó la chaqueta
LUIS SÁNCHEZ-MERLO El Mundo  9 Noviembre 2015

El despliegue cinematográfico, con cientos de agentes deteniendo tesoreros y empresarios (incluido el registro por la Policía de la vivienda y demás dependencias de la familia Pujol), la proclama soberanista -urgida por las prisas de la CUP- precipitando la tramitación de la independencia y la respuesta del jefe del Ejecutivo que, con reflejos redimidos, escenificaba una declaración grave seguida de encuentros con la oposición, han marcado el final trepidante de este otoño para el recuerdo.

Ante la escalada, muchos españoles han tomado conciencia de que se puede estar poniendo en riesgo la integridad de la Nación. Algo así como la hora de la verdad. Y es que la 'galbana' institucional había cimentado la creencia de que el desafío -aunque continuado- no llegaría al final. No se había dado suficiente importancia al hecho de que quien va a cometer un fraude de ley lo hace con sumo cuidado. Y, desde la Diada del 2012, los paladines de la ruptura habían trazado un minucioso itinerario de desafíos, provocaciones y amenazas.

Con su comparecencia y la llamada a sindicar la defensa de la unidad, el jefe del Gobierno se ponía manos a la obra para desbaratar lo que tenía el aroma de la insurrección, por parte de dos partidos soberanistas que disponen de la mayoría absoluta de escaños -que no de votos- en el Parlamento de Cataluña.

Pero los que no parecen habérsela quitado todavía -y esto no ha pasado desapercibido- son quienes desde una posición no independentista han hecho gala de sonora pasividad, acompañada de espeso silencio -con honrosas y escasas excepciones- ante el atropello de quienes se han erigido en valedores de la separación de Cataluña, sin miramientos legales.

Así, la recién elegida presidenta, Carme Forcadell, siguiendo al pie de la letra el libreto del viaje a la independencia y como estrambote a su discurso inaugural, profirió con un tenue hilo de voz: "Visca la república catalana". La mitad del hemiciclo -exactamente, el 47% de los presentes- rompía en aplausos, quedando en silencio el resto. No se entiende bien que los 'desconsiderados' no se ausentaran, evidenciando que la elegida sólo representa a una parte del conjunto.

Y es que la secuencia lógica de este 'continuum' debería haber pasado por un rechazo explícito -decía Ortega, "ha llegado el minuto preciso en que hay que quebrar ese silencio"- porque si no, descartada la complacencia, la pregunta es inevitable: ¿es que nada turba en esta Cataluña exaltada por ese cuarenta y pico por ciento que ha decidido "desconectar"?

Ensalzó Forcadell un valor irreal e inexistente -la república catalana- que es, además, contrario a la Ley fundamental del Estado. Y lo hizo en sede parlamentaria y durante el desempeño de su posición institucional como representante del Estado. Nunca se había llegado tan lejos en la dialéctica de la confrontación y quienes han empezado a romper amarras saben lo ingrato de una diligencia judicial frente a la inmunidad parlamentaria, el clima hostil a esa variable y la rentabilidad de la provocación o el victimismo. Con el grito de la presidenta se ha roto también el espejo para quien quisiera ver lo que está sucediendo.

Los autores intelectuales de este epígrafe de la hoja de ruta, perpetran una agresión a quienes -igualmente representados en el Parlamento- no desean ni la independencia ni la proclamación de la república catalana (aunque una parte de ellos no le haría ascos a la española). Han matado, pues, dos pájaros de un tiro porque, además de este desaire, nada menos que al cincuenta y pico por ciento de los votantes catalanes, insisten en la carga emocional contra varias decenas de millones de españoles, una vez más sacudidos por el oleaje que impugna la concordia.

Como era de esperar, la inminencia de la confrontación ha provocado disgusto indisimulado pero, al mismo tiempo, parece haberse perdido, por fin, esa reserva a diagnosticar la enfermedad -rebeldía- y su farmacopea -artículo 155-. Para defender la independencia, se asesta un golpe a la democracia que, ante todo, es orden jurídico y cuando este se quiebra -con la desobediencia de las leyes y los tribunales- lo que aflora es el totalitarismo. Y en esta ocasión se invoca, con naturalidad, el uso, previsto en caso de resistencia o desobediencia, de la 'coerción federal', a emplear con medida, prudencia y proporcionalidad. Una y otra vez, la ley se ha incumplido y la demanda para que se aplique sin complejos se ha convertido en exigencia compartida por la mayoría que no quiere la desconexión y cuyo hastío no deja margen para la condescendencia.

La unidad de España no es una imposición caprichosa, es una exigencia de la Historia y la garantía de que todo el mundo tenga los mismos derechos. De ahí que ésta sea la hora de los ciudadanos, lo que implica un ejercicio de pedagogía constante para que se deslinden bien las cuestiones. Porque lo grave no es pedir la independencia, aspiración legítima de quienes así lo desean, sino proclamar, violentándola, el desacato a la ley.

La sociedad silente no permitiría que se la utilice como escudo para distraer de otras cuestiones que podrían explicar el frenesí para la desconexión ¿de la justicia española, de la Policía, de las instituciones del Estado? ¿Para enervar la aclaración de los ilícitos penales, impunes, que se hayan podido producir?

Cataluña centrará la campaña electoral de los partidos de cara a las generales. Pero de forma especial, la de aquéllos que no están dispuestos a abandonar a esa otra mitad de catalanes que también se sienten españoles, ni a aceptar el acta de un garrotazo al Estado en el seno de una sociedad conmocionada por el paisaje de la escisión y la corrupción. Y llegados aquí, una pregunta: ¿cómo es que en el anuncio de la proposición parlamentaria para la puesta en marcha de la independencia, no se ha mencionado -en un ejercicio de coherencia- que los partidos que forman parte de esas dos coaliciones no piensan concurrir a las elecciones generales?

Cada día parece más claro que la apelación a los sentimientos encubre el atropello a las leyes. Una certeza: los que plantean la sedición retrocederán ante el ejercicio legítimo de los medios del Estado. Y un vaticinio: no llegaremos al abismo y ganará el imperio de la Ley, aunque el mal ya está hecho y el problema seguirá constando con mayor o menor intensidad.

Pero como no hay que fiarse mucho de los remedios penales para atajar actuaciones planeadas hasta sus más mínimos detalles para convertir el proceso penal en una causa política -con mártires sonriendo ante las cámaras- rescatemos el orteguiano "¡catalanes a las cosas!" y que nadie desvíe a este país de sus auténticos objetivos: consolidar la recuperación económica y fortalecer la estabilidad.

Tiempo de tender puentes, de preocuparse y ocuparse de las cosas, de gobernar para resolver los problemas de la exclusión, de los refugiados, de los desheredados. Sin perder, por ello, de vista, el catálogo de los delitos que el Estado tiene censados y que, hasta el momento, se pueden computar en el debe de los secesionistas:

- Delito continuado de sedición, de acuerdo con el artículo 544 y siguientes del Código Penal.
- Delito de desobediencia y desacato a las autoridades judiciales del Estado, según el artículo 508 del Código Penal.

- Delito de usurpación de atribuciones, al haberse convocado consulta popular por vía de referéndum sin tener competencia para ello. Artículo 506 del Código Penal.
- Delito continuado de ultrajes a España y a sus símbolos y emblemas, contemplado en el artículo 543 del Código Penal.

Y una reflexión final: cuando se avecina un temporal, la veteranía de un comandante con miles de días de mar es el mejor activo para capearlo y seguir navegando rumbo al destino. Porque una mala decisión puede ser fuente de nuevos males, pero la falta de decisión siempre conduce al desastre.

Luis Sánchez-Merlo fue secretario general de la Presidencia del Gobierno (1981-82).

El absurdo antropológico del nacionalismo secesionista
Ernesto Ladrón de Guevara www.latribunadelpaisvasco.com  9 Noviembre 2015

A día de hoy decir que el nacionalismo responde a ideas irracionales es un pleonasmo. Los hechos son demasiado contundentes como para deshacer esta idea.

Resulta redundante elucubrar sobre los efectos negativos sobre la economía de una posible secesión de Cataluña. No voy a emplear ni un solo renglón para este asunto pues hay autoridades sobre la materia mucho más cualificadas que yo, pero es una obviedad. Solamente argumentar sobre esto es un insulto a la inteligencia de mis lectores, que de sobra saben que el planteamiento de la independencia de Cataluña nos está pasando factura, pues genera incertidumbre, inseguridad jurídica y desasosiego. Y eso es lo que más asusta al mundo del dinero.

Pero, sobre todo, es un exabrupto contra la realidad histórico-cultural de Cataluña, que no es ni de lejos la que predican los nacionalistas.

No hay ni un solo argumento de peso para reforzar la idea de la independencia de Cataluña, salvo prejuicios, ideas racistas en el fondo de esa ideología separatista, mucha ignorancia y una buena dosis de soberbia. Y, sobre todo, emoción, mucha emoción. Romanticismo a tope, impulsos sentimentales sin un ápice de reflexión, a raudales. Y así puede ocurrir de todo. De esta manera surgieron los totalitarismos en el siglo XX, sin un mínimo de reflexión moral sobre los comportamientos, sin el más elemental ejercicio de racionalidad, de humanismo político.

La prueba de lo que digo es que no hay ni una personalidad del mundo del pensamiento que abogue por las ideas separatistas, ni de hoy ni del pasado. No hay ni un intelectual, ni un personaje del universo de los científicos, filósofos, antropólogos, literatos o políticos que hayan dejado huella en la historia del reciente pensamiento político que haya dado un solo argumento a favor del nacionalismo secesionista.

Vamos a ver ejemplos:
D. Santiago Ramón y Cajal, al que probablemente no conozcan los que se han formado en la LOGSE, premio Nóbel de medicina en 1906, y humanista incuestionado, decía en su libro “El mundo visto desde los ochenta años” lo siguiente:

“¡Pobre Madrid, la supuesta aborrecida sede del imperialismo castellano! ¡Y pobre Castilla, la eterna abandonada por reyes y gobiernos! ¡Qué sarcasmo! Ella, despojada primeramente de sus libertades, bajo el odioso despotismo de Carlos V, ayudado por los vascos, sufre ahora la amargura de ver cómo las provincias más vivas, mimadas y privilegiadas por el Estado, le echan en cara su centralismo avasallado r[…]

..Ella [Castilla] fue víctima, como Cataluña, de los funestos déspotas austríacos y borbónicos. ¿Qué culpa tiene de que Felipe IV, el imbécil, atropellara los fueros del Principado y de que un rey francés intruso, Felipe V, arrebatara cuanto restaba de los antiguos privilegios? […]

No es que me asusten los cambios de régimen, por radicales que sean, pero me es imposible transigir consentimientos que desembocarán andando el tiempo, si Dios no hace un milagro, en la desintegración de la patria y en la repartición del territorio nacional. Semejante movimiento centrifugo, en momentos en que todas las naciones se recogen en sí mismas unificando vigorosamente sus regiones y creando poderes personales omnipotentes, me parece simplemente suicida. En este respecto, acaso me he mostrado excesivamente apasionado. Sírvame de excusa la viveza de mis convicciones españolistas, que no veo suficientemente compartidas ni por las sectas políticas más avanzadas ni por los afiliados más vehementes a los partidos históricos.”

El vasco universal Pío Baroja afirmaba…
"[…]Han llegado a querer demostrarnos que los vascos, cuando eran salvajes, ya creían en un Dios único, cosa que asegura el sabio jesuita Larramendi, probablemente en un rasgo de humorismo". "De esas piadosas mistificaciones hay a montones, inventadas por los éuscaros".

Miguel de Unamuno, tiene muchas alusiones a las excentricidades nacionalistas, quizás por ello tiraron su busto a la ría de Bilbao y le quieren tan poco los herederos de Sabino Arana. Una de las frases suyas, por no citar muchas más es la que sigue: “El nacionalismo es la chifladura de exaltados echados a perder por indigestiones de mala historia”

Yendo a los tiempos actuales, Vargas Llosa, ha expresado en diferentes ocasiones y contextos los riesgos del nacionalismo para el progreso de nuestra civilización. Una de las frases que se le atribuyen es la siguiente: “Creo que, en última instancia, el nacionalismo está reñido con la democracia”

Podríamos seguir citando a múltiples representantes de la cultura, personalidades de la historia del siglo XX, insignes personajes que han dejado su huella en nuestra trayectoria colectiva, etc, que se han posicionado clarísimamente sobre los riesgos del nacionalismo y la desmembración de nuestra patria. Sería muy largo de referir: Sánchez Albornoz, Azaña, Ramiro de Maeztu, Gregorio Marañón, Maradiaga, Unamuno, Niceto Alcalá Zamora… etc. No lo voy a hacer para no extenderme. ¿Hay alguien de relieve que abogara por la idea separatista? Yo no conozco a nadie.

Margallo, paradigma del PP zapaterista
EDITORIAL Libertad Digital  9 Noviembre 2015

Los críticos liberal-conservadores de este Gobierno le han criticado repetidas e indignadas veces que no parece un Gobierno del PP, sino más bien del PSOE del infausto Rodríguez Zapatero. Se le votó masivamente para que emprendiera un cambio radical pero a la hora de la verdad no ha hecho sino continuismo del zapaterismo en asuntos de trascendental importancia, denuncian. Y pueden aportar para sostener su argumento contundentes ejemplos.

El ministro de Asuntos Exteriores, el siempre inoportuno José Manuel García Margallo, es la encarnación de ese PP irreconocible, de ese PP zapaterista que provoca desconsuelo y vergüenza ajena entre buena parte de su potencial electorado.

Si hay un ámbito en el que al Partido Popular no lo reconoce ni su cada vez más contrariado refundador, José María Aznar, es el de la política exterior. Ayer, en tiempos del propio Aznar, al PP lo definían el euroatlantismo, la denuncia implacable de las tiranías castrista y chavista y el compromiso con una agenda de libertad para el Gran Oriente Medio que se tradujo en el apoyo a la guerra que tuvo por objetivo el derrocamiento del sanguinario dictador iraquí Sadam Husein. Hoy en día Aznar continúa siguiendo muy de cerca la política internacional, y son frecuentes sus declaraciones en defensa de Israel y de los demócratas cubanos y venezolanos, así como sus advertencias sobre las consecuencias devastadoras que puede tener la política de apaciguamiento que se está siguiendo con la República Islámica de Irán, enemigo formidable de Occidente en trance de conseguir armamento atómico y uno de los grandes promotores del terrorismo.

Pues bien, José Manuel García Margallo está viniendo a ser una suerte de anti José María Aznar, como bien saben en La Habana, Caracas, Jerusalén y Teherán. Y en Ankara, donde el liberticida Recep Tayyip Erdogan debe de andar alborozado con los elogios del canciller a la alianza de civilizaciones, engendro patrocinado por el islamista turco y el laicista Zapatero que tiene por referente un plan iraní y que no tiene otro objeto que aventar antiamericanismo de baja intensidad, cubrir el expediente buenista y parasitar fondos públicos en beneficio de lobistas y sablistas aun menos recomendables que sus caciques.

Por si esto no fuera suficiente, García Margallo ha adquirido la ominosa costumbre de hablar sobre la cuestión catalana. Él, el ministro que menos tenía que hablar del asunto, no ha dejado de hacerlo cuando le ha venido en gana, siempre para meter la pata y hacer el caldo gordo a los separatistas. El punto culminante fue su debate con Oriol Junqueras, en el que hizo un ridículo sólo a la altura de su incomprensible soberbia.

José Manuel García Margallo, ministro pésimo que está donde está y hace impunemente lo que hace por su estrecha relación con el presidente del Gobierno, dice mucho de este PP de Mariano Rajoy. Y habrá quien se extrañe todavía de que las encuestas vaticinen a los populares un resultado tremendo el 20-D, en que pueden perder hasta la mitad de los votos que cosecharon en 2011.

España la loca
Pedro de Tena Libertad Digital  9 Noviembre 2015

El año en el que España se volvió loca. Así se titulaba el libro de Patricia Godes sobre Alaska y los Pegamoides, entre otros astros de la movida madrileña. Corría 1982. Pero no ha sido el único año de España la Loca, porque si repasamos el año que llevamos podemos decir que este es el año en que España se ha vuelto loca como una cabra. Lo ha principiado José Luis Barreiro en La Voz de Galicia, una tierra donde no he visto nunca un cartel indicativo en castellano. La relación de España con la locura ha sido siempre una tentación perpetrada. El pobre Don Quijote y doña Juana la Loca han sido pasto de psiquiatras desde antes de existir como tales profesionales. En realidad, los Austrias tenían un poco deshilachada la cabeza. Véase el hijo de Felipe II, el famoso Don Carlos. Pero los Borbones comenzaron mal porque Felipe V tenía un toque depresivo en el cerebro. El especialista González Duro ha dicho que España está llena de locos, especialmente de reyes locos, y añade a su lista el obseso afán de control de Felipe II y el caso de el Hechizado, otro Carlos, esta vez II. No olvidemos el caso de Fernando VII, loco de malo que era, ni el de Juan Carlos I, otro deseado con el pueblo en el bolsillo, que desvalijó el prestigio de la casa real, que ya hay que estar loco.

Pero no nos consolemos con las locuras reales. Somos todos los que nos estamos volviendo locos. Seguramente no habría escrito este artículo de no haber leído que Podemos quiere convertir al aragonés –que hablan cuatro de cada cien y sólo en alguna comarca– y al catalán en lenguas cooficiales de la Comunidad de Aragón, el de Fernando el Católico. A este paso, veo a mis bisnietos estudiando Geografía, sólo la andaluza, claro, o Matemáticas, en caló o en árabe. En todo menos en castellano, inglés y chino, que es lo que deberíamos practicar para ser ciudadanos del mundo que se nos viene encima. Pero nuestra locura completa ha sobrevenido con el caso del independentismo catalán. Repasen. Los separatistas quieren nuestro dinero y la doble nacionalidad catalana y española, por lo de Europa, el euro, la liga de fútbol, los hospitales y las pensiones, entre otras cosas, pero, claro, no quieren ser españoles, qué asco. Es más, quieren que los españoles paguemos las deudas que los nacionalistas han contraído debido a los robos de Pujol y otros bandidos, que esos sí que les roban y nos roban a todos. Y el PSOE no sabe no contesta. Y el PP calla otorgando tiempo, como el Tribunal Constitucional. Mientras, separatistas vascos y gallegos toman nota de las locuras del radicalismo y de la santa prudencia cobarde. Y todos nosotros, cada vez más locos de atar.

Por si fuera poco, el jefe del Estado Mayor del Ejército en tiempos del innombrable Zapatero se pasa a la III República de Podemos y se olvida de que la ley es la clave del Estado de Derecho. El ministro Morenés no lo suspende como el pacifista y millonario Bono suspendió al teniente general Mena en Andalucía por citar textualmente la Constitución. Pedro Sánchez, que ve cómo se le escapa el PSOE de las manos, observa cómo Susana Diaz, a la que Albert Rivera limpia y da esplendor, espera su despeñamiento por méritos propios. Ante la insuficiencia de la economía, Rajoy saca el as separatista de la manga y espera que el cava le alegre las elecciones. Mientras tanto, los regeneradores de Ciudadanos siguen sosteniendo de forma infame y vergonzosa al régimen andaluz, por cierto, hecho a imagen y semejanza del pujolista. Pero eso sí, este sábado han presentado nada menos que en el Cádiz de las Cortes liberales su programa de cambio mientras torpedean la comisión de investigación sobre el fraude de la formación y tragan y tragan y vuelven a tragar desde el Impuesto de Sucesiones a los sucesivos, nuevos y viejos, escándalos y manejos del PSOE más corrupto de España. En el futuro, veo a Susana y Albert de la mano en La Moncloa, tras haberse prometido en San Telmo. Será una alucinación para dentro de unos años. Cosas de loco.

Así que repitamos con Unamuno: "Porque ¿no guardo yo, y bien apretada a mi pecho, en mi vida cotidiana, a mi pobre madre España loca también? No a Don Quijote sólo, no, sino a España, a España loca como Don Quijote; loca de dolor, loca de vergüenza, loca de desesperanza, y, ¿quién sabe?, loca acaso de remordimiento". Pues sí, la loca de esta casa somos todos y, al parecer, no hay cura.

El fraude 'histórico' de Paul Preston
Roberto Centeno El Confidencial  9 Noviembre 2015

Tenemos ante nuestros ojos una España arruinada por la mayor deuda de su historia, dividida por la dejación criminal del presidente del Gobierno y del monarca, que han dejado pudrirse hasta el límite un golpe de Estado, con la mayor tasa de paro juvenil del mundo desarrollado y los que consiguen empleo con salarios que no permiten salir de la pobreza, con la más injusta distribución de la renta y la riqueza de Europa, y “donde los bancos controlan desde el Constitucional hasta los hospitales”, según Luis Garicano, coordinador del programa económico de C´s. Que un demagogo propagandista como Paul Preston, que se denomina a sí mismo historiador cuando no es más que un manipulador que utiliza los hechos a su antojo y realiza afirmaciones sin prueba alguna que las sustente, analice así ciertos episodios es algo que resulta pura y sencillamente repugnante.

Su último 'remake' alimenticio de la biografía de Franco es un insulto a la inteligencia y al rigor histórico. Como señala el más prestigioso historiador inglés de las guerras del siglo XX, Antony Beevor, en su obra 'La guerra civil española' (Critica, 2015), “la guerra civil española es la única excepción al hecho de que la historia la escriben los vencedoros, en este caso la han escrito los vencidos”. Preston es un propagandista entusiasta aunque nada desinteresado de los vencidos, a quienes solo su “autodestrucción compulsiva y odio mutuo mayor que el que profesaban a Franco” y “la desastrosa conducción de la guerra que llevaron a cabo los comandantes comunistas y sus consejeros soviéticos” les llevaría a perder la guerra, algo que magistralmente documenta y describe.

Beevor termina su obra con una pregunta clave. ¿Qué habría ocurrido en caso de una victoria republicana? “Con un gobierno autoritario de izquierdas o abiertamente comunista, España habría quedado reducida a un Estado similar al de las repúblicas populares centroeuropeas y balcánicas hasta después de 1989”. Aunque esto a Preston le trae al pairo, ha encontrado en el odio a Franco un modo de vida especialmente lucrativo, no tanto por la venta de libros más bien escasa sino por las numerosísimas conferencias que los gobiernos de izquierdas y los separatistas le pagan con enorme generosidad. Negocio que ahora extiende a la defensa del separatismo catalán, que presumiblemente paga mejor.

Las grandes mentiras de la 'memoria histórica'
No vale la pena molestarse en refutar las patrañas de Preston, pero para desmontar las grandes mentiras de la 'memoria histórica' del indigente mental Rodríguez Zapatero retomadas ahora por los perroflautas, resulta adecuado utilizar cuatro grandes descalificaciones que aparecen en una hagiografía de Preston publicada aquí el pasado miércoles. La primera: que “Franco (no) ganó la guerra con estrategias dignas de Napoleón”. Ninguna historia seria, empezando por la obra cumbre de Salas Larrazábal y terminando por el modesto Pío Moa, a quien la izquierda quiere encarcelar y quemar sus libros, ha comparado jamás a Franco con Napoleón. Solo el sectario Preston le degrada a “buen jefe de batallón”.

Franco no era Napoleón, pero jamás perdió una batalla. Su conducción de la guerra fue deliberadamente lenta, en razón a consolidar su liderazgo primero (renuncia al asalto directo a Madrid en septiembre de 1936 y desvío para liberar El Alcázar, “la defensa más heroica de Occidente”, en palabras de Henry Kissinger, el mítico secretario de Estado norteamericano), lo que le permitió pasar de 'primus inter pares' entre los generales alzados a la jefatura suprema del Estado. Y a reducir al máximo las destrucciones después, como explicó al embajador italiano Roberto Cantalupo, que lo relata en su libro 'Embajada en España' (Caralt, 1951). Las destrucciones en España fueron mínimas -40 de 50 capitales no sufrieron daño alguno y el resto, excepto Teruel y Oviedo (ambas por la República), escaso-, las comunicaciones sufrieron daños pero las instalaciones industriales y agrarias no.

La principal crítica fue su conducción de la batalla del Ebro, la mayor de toda la guerra. En contra de la opinión de sus generales, Franco se negó a lanzar una ofensiva desde Lérida y ocupar Cataluña dejando cercado al grueso del ejército de la República que había cruzado el Ebro. No lo hizo por una razón contundente: el temor a provocar un ataque francés (poco probable pero no imposible) por el que clamaban muchos miembros del Gobierno del Frente Popular en París, en cuyo caso se hubiera encontrado en una trampa mortal con Francia atacando desde el norte y el ejército del Ebro desde el sur. Prefirió destruir al último gran ejército de la República para después ocupar Cataluña sin oposición y llegar a la frontera francesa sabiendo que sin nadie a sus espaldas el Gobierno francés tendría que estar loco para atacarle.

“Que durante la segunda guerra mundial, Franco salvó a España al resistir valientemente las exigencias de Hitler para que entrara en el conflicto”. ¡Pues claro que salvó a España de entrar en la guerra! ¿Quién si no? Este tema está ampliamente documentado y zanjado por los historiadores. Franco no resistió “valientemente” sino ganando tiempo con la habilidad y sangre fría que le caracterizaban, ante 160 divisiones alemanas de élite en los Pirineos, y solo la suerte -la 'baraka' que le atribuían los moros- le salvó (nos salvó) por la mínima. Como demuestra Luis Suárez, un historiador con mayúsculas, en su reciente libro 'Franco y el III Reich' (La Esfera de los Libros, 2015), la orden de invasión estaba firmada y solo la intervención en los Balcanes para ayudar a Mussolini evitó el ataque. Franco salvaría además a 45.000 judíos, algo que no hizo ningún otro país.

Lo hizo no dejándose intimidar (“al otro lado de los Pirineos hay un millón de bayonetas”, diría), pidiendo la luna y diciendo que sí, que por supuesto se sumaría a la guerra cuando estuviera preparado (sic), pero exigiendo tales compensaciones territoriales (casi todo el imperio colonial francés del Norte de África) y materiales (trigo, petróleo, armás, etc), que Hitler no podía dar ni de lejos. Tan claro lo tenía, que en su entrevista con Mussolini en Bordhiguera desaconsejó a este su alianza con Alemania. Pero no solo Alemania, impidió también con la misma habilidad la ocupación de las Canarias por Inglaterra. Solo los demagogos propagandistas como Preston o Viñas mantienen esta y otras patrañas inauditas, ya que es mucho más rentable con izquierdistas, separatistas y perroflautas con acceso al presupuesto.

"Franco no es el autor del milagro económico"
“Franco (no) es el arquitecto del milagro económico de los años sesenta”. ¡Realmente grandioso!. O sea, que Franco, cabeza del régimen autoritario -el régimen fue 'autoritario' no 'dictatorial', algo que está zanjado también desde hace años por historiadores y sociólogos-, permite poner en marcha un Plan de Estabilización en 1959 que supone un giro político y económico de 180º con la liberalización interna y exterior, con una estructura y un sistema económico extraordinariamente gestionados que dan lugar a la “gran era de crecimiento de España”, en palabras de mi maestro y mejor economista de la segunda mitad del siglo XX Enrique Fuentes Quintana, y Franco ni se entera. Es el colmo del despropósito.

“La economía siempre es economía política, y la política económica que orienta la vida económica del país es parte siempre de la política general”, según apuntó Fuentes Quintana. Franco sabía de economía lo que Rajoy y ZP; o sea, cero. Pero tenía el buen sentido de encargar el tema a quienes sí sabían y no al hatajo de ignorantes de la última década, que más parecen sacados de una escombrera. Pero sobre todo, y esa es la diferencia esencial, el único objetivo de Franco era el crecimiento y la creación de una poderosa clase media que evitara para siempre cualquier conflicto civil. Todo lo contrario que la oligarquía nacida en la infausta Transición, cuyo objetivo es el enriquecimiento personal y el poder como sea, no para mejorar España sino para consolidar y enchufar a dos millones de familiares y amigos, el cáncer que está devorando España y destruyendo a la clase media.

Franco, aconsejado por Carrero, eligió a los competentes López Rodó, Ullastres y Navarro Rubio para dirigir la economía, que a su vez se rodearon de los mejores profesionales con total independencia de su credo político. Sardá, de ERC, y Fuentes Quintana fueron los autores del Plan de Estabilización. Cuando uno los compara con la basura de los Solbes, Montilla, Salgado, Sebastián, Álvarez, Pepiño, Chacón (que nombró JEMAD a un perroflauta para quien la política debe estar por encima de la ley) o los caraduras e ineptos Guindos, Soria, Mato, Báñez, Pastor (¡que ha llevado el AVE a su pueblo, Zamora! ¡Si será por dinero!), a uno le entran ganas de llorar. Fuentes me contaría entristecido cómo en los sesenta les dejaron gestionar la economía sin interferencia alguna. En 1977, los 'demócratas' le llamaron a gritos para solucionar el desastre que habían organizado, y nada más arreglarlo con los Pactos de La Moncloa, fueron a lo suyo (enriquecerse) y tuvo que dimitir.

En 1975, después de 15 años de crecimiento anual acumulativo en el entorno del 7%, a España no la conocía como diría Guerra “ni la madre que la parió”. De nación subdesarrollada en 1959 a octava potencia económica del mundo. De una renta per cápita igual al 59% de la media de los países centrales de la UE (CEE-9), a un 81,4%, que 40 años después la oligarquía política ha reducido al 73,2%. "En solo 15 años consiguen un aumento de la renta per cápita muy superior al de los 100 años anteriores", según el Banco de España; un logro único en Europa, y Preston ni lo menciona. Esto es lo que despectivamente llaman la izquierda y los ineptos y cobardes de la derecha, culpables ambos del desastre actual, “desarrollismo". ¡Pues a ver si dejáis de robar y traéis un poco de desarrollismo, que buena falta nos hace!

Y por último, el otro mito es que “Franco previó y fomentó la transición a la democracia”. Pues no, porque Franco creía (y acertó de pleno) que un sistema que temía oligárquico de partidos, hundiría todo lo que el pueblo español había conseguido levantar con sangre, sudor y lágrimas. Y sí, porque tenía la cabeza muy clara y sabía que la única alternativa a su muerte era una democracia. Hay dos hechos esenciales que lo prueban y que Preston ignora, como todo lo que no avale su rentable odio a Franco: el primero contado por el rey Juan Carlos y el segundo por Suárez. Juan Carlos le pidió un día consejo sobre cómo gobernar España y Franco le respondió: “En eso no puedo ayudaros, alteza, porque vos sois muy diferente a mí y porque el mundo actual nada tiene que ver con el que yo conocí, así que gobernad según vuestro mejor criterio, pero sobre todo mantened la unidad de España”.

A Suárez, siendo secretario general del Movimiento, un día Franco le pregunta: “Oiga, Suárez, me dicen que usted cree firmemente que a mi muerte solo será posible la democracia, ¿es cierto?". "Así es, excelencia. Y no es que lo crea, es que no existe otra alternativa”, respondió. Franco guardó silencio unos momentos y luego dijo: “Es también lo que pienso y crea que he meditado mucho sobre ello, pero bueno, si ha de ser así, al menos procuren ustedes que ganen los nuestros”. Esto me lo relató personalmente Fernando Abril, el hombre que mejor podía saberlo. Franco nunca creyó en la democracia, pero era un pragmático que no se dejaba llevar por ensoñaciones y sabía que en un mundo de democracias otra forma de gobierno era imposible. Que los golfos de la Transición afirmen que ellos trajeron la democracia, es un insulto a los españoles.

Por cierto, Preston ha donado parte de sus archivos a los separatistas catalanes, el nuevo objeto de su devoción, que los han depositado en el Monasterio de Poblet como si fueran textos sagrados (!!!!). Desconozco si a cambio de un generoso pago, pues como me explica mi gran amigo César Vidal desde su exilio, “es muy habitual entre ciertos autores entregar los libros y documentos que estorban o ya no caben en casa a una institución pública a cambio de una generosa contraprestación económica con cargo al presupuesto”.

Con todas las de la Ley
Antonio Pérez Henares  Periodista Digital  9 Noviembre 2015

Pero con todas. Culminado en el parlamento autonómico catalán el golpe de Estado contra la Constitución, la soberanía del pueblo español, su democracia y su leyes es llegada la hora de la Ley. Y de aplicarla. Hasta aquí ha sido imprescindible la prudencia. A partir de ahora lo serán la firmeza, la contundencia y la efectividad. El Estado de Derecho y la legalidad constitucional han de ser restablecidas de inmediato y quienes han incurrido en cometido y sus responsables responder por ello.

Los primeros pasos de la respuesta han de ser claros y precisos y parece que están bien estudiados y preparados. Es importante la unidad de criterio, y bienvenido sea el PSOE a ella, tras tantos años de indefinición, cuando no connivencia, con la deriva separatista. Confiamos que se mantenga. Que cabe mantener serias prevenciones pues la peor herencia del insensato Zapatero y su gobierno no es ni siquiera la económica sino el haber ofrecido su apoyo al disparate en la peor dejación de funciones que se recuerda a un presidente español. Cuando en vez de defender su Nación, la cuestionó mientras sus voceros no paraban de salmodiar su mantra de “No pasa nada” y por no plantar cara a los separatistas los equiparaban a los defensores de la Constitución a quienes por defenderla tachaban de “separadores”. El mejor resumen de aquel esperpento socialista fue aquel día en el Senado con Montilla, cordobés de origen, y Chavez, sevillano, hablando en catalán por pinganillo.

Hoy ZP se reencarna en Pablo Iglesias y en quienes siguen con la salmodia de pretender, por un lado, vulnerar el precepto esencial de la Constitución, “la soberanía reside en el conjunto del pueblo español”, expropiarla y trocearla a su antojo y conveniencia, y, por el otro, arrogarse el ser, precisamente ellos los garantes de la Unidad con un presunto dialogo con quienes han dejado mas que claro, y con hecho consumados, que no aceptan semejante cosa sino que imponen sus designios sin importarles nada, ni siquiera la voluntad de su propia ciudadanía, y que consideran que “pacto” es la rendición incondicional y la aceptación de todos y cada uno de sus chantajes.

Está por ver hasta donde llega el PSOE en su lealtad constitucional. El optimismo viene en cualquier caso más por la firmeza de algunos de sus dirigentes territoriales como Susana Díaz o Fernández Vara que por el propio secretario general Pedro Sánchez que todavía no parece comprender que para los españoles este es un asunto trascendental y que, como ya le advirtió Felipe González, andarse con equidistancias resulta letal. Y para él, primero que para nadie. Allá Sánchez. Porque tiene recambio. Y el PSOE también. En ello está Ciudadanos.

Pero mas allá de estas inquietudes, lo crucial será el comportamiento del Gobierno. Es necesario que actúe con todas las de la ley. Pero que actúe. Debe ser escrupuloso con el Estado de Derecho pero con su respaldo, es el Ejecutivo, como su propio nombre indica, quien ha de hacerla cumplir. Porque ha de ser consciente de algo que hoy ya es la exigencia absoluta de la gran mayoría de los españoles. Ni van a permitir fisuras en la defensa de la España Democrática y Constitucional, y eso afecta a los partidos de la oposición, ni van a tolerar titubeos ni palabras a las que no refrendan los hechos al Gobierno de la Nación. Con todas la de la Ley. Es justo, es necesario y claro está. Y haciendo que se cumpla, también.

Azúa vende humo
Vicente Torres  Periodista Digital  9 Noviembre 2015

Resulta un tanto jocoso que Félix de Azúa se muestre tan crítico con el PP, el PSOE y el CDC y diga que Ciudadanos es un partido serio.

¿Es que no se ha enterado de las trapacerías de este partido en Andalucía, Asturias o el Reino de Valencia, en donde Toni Cantó y Alberto Rivera tenían un pacto indigno a todas luces? Según reveló la prensa, si Toni Cantó le hubiera ganado las elecciones a Andrés Herzog, se habría llevado el partido entero (UPyD) a Ciudadanos. Cabe pensar que Irene Lozano estaba conforme con esto. Toni Cantó ha encontrado acomodo en el partido que según Azúa es serio e Irene Lozano se ha ido al PSOE y no sería descabellado pensar que a causa de que la oferta de este partido ha sido mejor.

Por otro lado, el digital Dolca Cataluña le da hoy un buen repaso, merecido a todas luces, a Luis Garicano, otro fichaje estrella de Ciudadanos.

¿Le parece aceptable a Félix de Azúa el programa económico que presentó este partido 'serio' hace unos meses?

En otro de los puntos de la entrevista concedida a Antonio Lucas para El Mundo afirma que si se hubiera aplicado el artículo 155 hace dos años no estaríamos en esta situación. ¿Y por qué hace dos años y no seis u ocho?

Le parece bien el empeño de Rivera de que Rajoy no sea el nuevo presidente, como si Rivera fuera mejor que Rajoy, y como si Rajoy fuera el problema.

La situación en la que estamos es consecuencia lógica de que 1978 se les concedieran tantas ventajas a los nacionalistas y no se estableciera al mismo tiempo la separación absoluta de poderes. El PSOE, tan grato a Félix de Azúa durante mucho tiempo, acabó con la poca que había.

Sin la separación de poderes la corrupción no tiene más remedio que crecer. Con la separación de poderes los nacionalistas no habrían logrado crecer tanto, incluso es posible que hubieran desaparecido.
El partido que de forma seria pide la separación de poderes es UPyD.

¿De verdad Rusia es el enemigo?
José Javier Esparza  www.gaceta.es  9 Noviembre 2015

Esta misma semana, el jefe del Estado Mayor del Ejército norteamericano, general Mark Milley, tomaba la palabra en la cumbre Defense One, en Washington, y señalaba a Rusia como “la principal amenaza para los Estados Unidos”. Las acciones de Rusia –dice el general- son agresivas y contrarias a los Estados Unidos. Como es el único país del mundo –argumenta Milley- con capacidad nuclear suficiente para destruir Norteamérica, Rusia representa, a ojos de Washington, una “amenaza existencial”. Hace pocos días, en el contexto de las maniobras “Trident Juncture”, el vicesecretario general de la OTAN, Alexander Vershbow, también apuntaba a Rusia como adversario central de Occidente. Es el mismo discurso que ayer mismo, miércoles, repetía el secretario general de la Alianza, Jens Stoltenberg, señalando específicamente la agresión en Ucrania. Hay demasiadas voces que cantan la melodía de una nueva “guerra fría”.

¿Qué está pasando? Esencialmente, que el mapa del poder mundial ha cambiado de forma sensible en tan sólo dos o tres años. Hasta hace muy poco tiempo, los Estados Unidos creían el camino expedito para realizar su proyecto de un gran espacio trasparente a escala mundial, sustentado sobre relaciones comerciales y financieras globales y con epicentro, naturalmente, en Washington. La OTAN permanecía y aún permanece bajo esa órbita. Pero he aquí que China y Rusia han movido sus piezas, han construido sus propios proyectos y en modo alguno están dispuestas a aceptar la hegemonía mundial norteamericana. ¿Eso era previsible? En realidad, sí. Lo que no resultaba tan predecible era que los europeos descubriéramos súbitamente que, en esta especie de nueva guerra fría, los que perdíamos éramos nosotros. Y que a lo mejor conviene no secundar del todo la política de bloques que Washington insiste en mantener.

El húngaro Orban declara que Rusia está haciendo en Siria lo que tenía que haber hecho Europa. Sarkozy –el mismo que volvió a meter a Francia en la OTAN- viaja a Moscú y elogia el papel de Putin en el orden internacional. Simultáneamente, la canciller alemana, Angela Merkel, y el presidente francés, François Hollande, viajan a Pekín y manifiestan sus deseos de estrechar los lazos con China. Hungría, Francia y Alemania forman parte de la Alianza Atlántica. Los dos últimos países han apoyado además la operación de cambio de poder en Ucrania, estimulaºda desde Washington. Pero las exigencias norteamericanas están yendo demasiado lejos. La guerra de Siria ha abierto muchos ojos. A ras de suelo, es un hecho objetivo que quien está defendiendo a los cristianos sirios e iraquíes y quien está atacando a la tiranía rabiosamente antidemocrática del Estado Islámico es precisamente Moscú. Por el contrario, los países de la OTAN y sus aliados han apoyado la creación de milicias islamistas en Oriente Próximo, y esto es también un hecho objetivo. O sea que los occidentales hemos armado en Siria a los mismos que detenemos en Europa, y consideramos enemiga a Rusia porque mata en Siria a los mismos que encarcelamos aquí. Es descabellado, pero esta es la situación. Por toda Europa se extiende la impresión de que estamos en el lado equivocado. Y no es sólo una impresión: es un hecho que la política norteamericana, hoy, resulta más peligrosa para Europa que la política rusa.

Entendámonos: Moscú no nos salvará. Moscú no está defendiendo a “la Cristiandad”. Tampoco “la democracia”. Moscú está defendiendo sus propios intereses geopolíticos, que no son los nuestros. La clave está en que esos intereses rusos, que Washington ve como enemigos, no son necesariamente adversos con ojos europeos.

Lo que quiere Rusia
Con frecuencia se oye decir a los analistas de facción que Putin intenta reconstruir el espacio geopolítico soviético. No: lo que intenta reconstruir es el espacio geopolítico tradicional ruso, que es el mismo desde los tiempos del zar Pedro el Grande. Los regímenes cambian y pasan, pero la geografía siempre es la misma y, por tanto, los intereses geopolíticos de una nación siempre son idénticos. En el caso ruso, se trata de controlar un espacio continental enorme, pero muy difícil y poco habitable, lo cual obliga a buscar permanentemente salidas al sur, a los mares cálidos. Es esto, y no otra cosa. ¿Y no hay diferencias entre el Kremlin de hoy y el de 1960? Sí, sí las hay. La Rusia de hoy, a diferencia de la vieja Unión Soviética, no tiene un proyecto de dominación mundial. Porque tampoco posee los instrumentos para semejante cosa. Algo que hay que tener presente cuando se habla de la “amenaza rusa”.

Por así decirlo, Rusia es como un tipo demasiado grande con energías limitadas y ostensibles dificultades para sostener un cuerpo descomunal. En 2014 el PIB de Rusia fue de 1,4 billones de euros. ¿Es mucho o poco? En el mismo año, el de Francia superó los 2 billones y el de España fue un billón, así que calcule usted. El PIB conjunto de la zona euro supera los 10 billones. Si Rusia entrara en la zona euro, su aportación apenas superaría el 10%. ¿Y su gasto en Defensa? En 2014 fue de 63,7 millones de euros. Una vez más, ¿mucho o poco? Compare: Francia gastó 47,2 millones, el Reino Unido 45,6, Alemania casi 35, Italia gastó 23,3 millones de euros, España –oh, sí- sólo 9 millones. Es decir que sólo la suma de los principales países de la Unión Europa supera con creces el gasto militar ruso. Incluso en el caso de que Rusia estuviera mintiendo sobre su gasto en defensa –cosa que insinúan algunos observadores atlantistas- y en realidad fuera mucho mayor, seguiría por debajo del gasto militar de la UE. Saquemos de la comparación a los Estados Unidos, cuyo gasto en defensa en 2014 superó el medio billón de euros, y a China, que invirtió 162,7 millones. El gasto militar norteamericano sigue representando aproximadamente la mitad del gasto mundial en esta materia y multiplica por ocho la cifra declarada por Rusia. Son cosas que hay que saber antes de hablar de “amenazas expansionistas”.

¿Qué más tiene Rusia? ¿Petróleo? Sí: siempre figura entre los tres o cuatro máximos productores mundiales. Pero los otros dos primeros son Estados Unidos y Arabia Saudí, de manera que no es un dato determinante. ¿Gas? También, y con mayor ventaja que en el caso del crudo, pero el otro gran productor mundial son los Emiratos, que políticamente están en el otro lado. ¿Armas nucleares? Por supuesto, Rusia las tiene y las exhibe sin embozo. Pero también las tienen China, Francia, el Reino Unido, Pakistán, la India, probablemente Israel y, por supuesto, los Estados Unidos. Y como la nuclear es un arma que, por definición, sólo puede usarse una vez –porque la segunda sería el apocalipsis mundial-, tampoco el dato es determinante.

La imagen del mundo
Y bien: si la potencia rusa no es determinante en PIB, ni en gasto militar, ni en petróleo, ni en gas ni en armas nucleares, ¿entonces qué tiene Rusia para ser una superpotencia? Espacio. Porque Rusia tiene todo eso –que no es moco de pavo- pero, sobre todo, tiene otro elemento que hace determinante al conjunto: espacio, territorio. Hoy como en tiempos de los zares. Y desde que gobierna Putin tiene, además, la clara decisión de tomar pie en ese espacio para reafirmar la soberanía nacional rusa en el tablero mundial. Cuando se dice que Putin es el único “hombre de Estado” que queda en Europa se quiere decir precisamente eso: mientras todos los demás jefes de estado o de gobierno europeos se ven a sí mismos como gestores temporales de un negocio cuyo origen y destino ya no depende de ellos, Putin sí se ve como protagonista de la soberanía de su nación.

¿Cómo proyecta Rusia esa afirmación de su soberanía? Ante todo, en los términos clásicos de un estado-nación, por más que se trate de un estado-continente. Es decir que Moscú no concibe el mundo como un escenario llamado a constituir un único espacio comercial e institucional bajo los criterios de la “gobernanza global” –que esa es la visión predominante en Occidente-, sino que permanece en la visión clásica de la política internacional protagonizada por agentes que pueden ser ora amigos, ora enemigos, pero siempre cada cual con su propio objetivo singular. Ahora los agentes no son sólo nacionales, sino transnacionales, pero las reglas del juego, a ojos de Moscú, son las mismas. Donde Washington –y Bruselas- ven un mundo unipolar, Moscú lo ve multipolar. En la última fiesta nacional rusa se comentó mucho la ausencia de líderes occidentales en los festejos. “Putin está aislado”, dijeron aquí nuestros medios de comunicación. Pero quienes estaban al lado de Putin en la tribuna eran los chinos y los indios: 2.500 millones de personas tirando por lo bajo. Curioso “aislamiento”.

¿Y Europa? ¿Qué dice Europa? Nada, que se sepa. Lo cual nos coloca a todos en una situación francamente enojosa, porque Europa, quiera o no, está obligada a entenderse con Rusia, mal que les pese a los americanos y a los eurócratas de Bruselas. Primero, por inevitable contigüidad geográfica: basta mirar el mapa para entender que Europa sólo es el apéndice de la masa euroasiática; estamos donde estamos y nunca tendremos por medio un mar que nos separe de Moscú. Además, por evidente vecindad cultural, ¿o no son europeos Tolstoi y Tchaikovski, Dostoievski y Rachmaninoff? Y de manera muy particular, por complementariedad económica. ¿Qué tiene Rusia que nosotros no tenemos? Materias primas. ¿Qué tenemos nosotros que no tiene Rusia? Elevadísima capacidad tecnológica e industria de transformación de alta calidad. No es que estemos hechos el uno para el otro, pero la complementariedad es evidente. Tanto Europa como Rusia lo sabían perfectamente hace diez años. También Washington, y por eso ha pasado lo que ha pasado en el mundo.

¿Rusia es nuestro enemigo? Visto el caso desde Washington, sí: Rusia y también China. Pero los europeos deberíamos acostumbrarnos a mirar con ojos europeos. Todo descansa en qué entendemos por “nuestro”. Es hora de que ese “nuestro” vuelva a corresponder a un “nosotros”. Nosotros, europeos.

Informe 2015 del Instituto Cervantes
El español es la segunda lengua nativa del mundo tras el chino mandarín
Sara Fernández-Sánchez www.latribunadelpaisvasco.com  9 Noviembre 2015

El Instituto Cervantes ha editado su informe global sobre el idioma español en el mundo correspondiente al año 2015. Titulado, “El español: una lengua viva” el trabajo revela que, actualmente, casi 470 millones de personas tienen el español como lengua materna. A su vez, el grupo de usuarios potenciales de español en el mundo (cifra que aglutina al grupo de dominio nativo, el grupo de competencia limitada y el grupo de aprendices de lengua extranjera) alcanza casi los 559 millones.

El documento del Instituto Cervantes también descubre que el español es la segunda lengua materna del mundo por número de hablantes, tras el chino mandarín, y también la segunda lengua en un cómputo global de hablantes (dominio nativo + competencia limitada + estudiantes de español).

Por razones demográficas, el porcentaje de población mundial que habla español como lengua nativa está aumentando, mientras la proporción de hablantes de chino e inglés desciende.

En 2015, el 6,7% de la población mundial es hispanohablante (esos casi 470 millones de personas con dominio nativo del español mencionados en la primera línea), porcentaje que destaca por encima del correspondiente al ruso (2,2 %), al francés (1,1 %) y al alemán (1,1 %). Las previsiones estiman que, en 2030, los hispanohablantes serán el 7,5 % de la población mundial. A su vez, dichas previsiones también pronostican que, dentro de tres o cuatro generaciones, el 10 % de la población mundial se entenderá en español.

Actualmente, más de 21 millones de alumnos estudian español como lengua extranjera.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

El carajal autonómico y las (malas) tentaciones de algunos
Carlos Sánchez El Confidencial  9 Noviembre 2015

Ahora que se cumplen 40 años de casi todo, merece la pena desempolvar el origen del Estado autonómico. España salía de la dictadura, y no estará de más recordar que, junto a la amnistía y la democracia, la tercera reivindicación política de un cierto número de españoles era la creación de un nuevo orden territorial. En particular, en aquellas regiones -País Vasco o Cataluña- que habían gozado de Estatuto de Autonomía durante la II República. O, por lo menos, lo habían intentado, como es el caso de Galicia, cuyo Estatuto fue aprobado en referéndum, pero nunca vio la luz tras estallar la Guerra Civil pese al empeño de Castelao.

La fuerza de esas demandas es lo que explica el interés de Suárez en encauzar los problemas territoriales desde un primer momento, lo que justifica su empeño en incorporar a Tarradellas al proceso político, y que tuvo su momento álgido tras su célebre "Ja sóc aquí", proclamado con solemnidad ante una abarrotada plaza de Sant Jaume. De hecho, en una actuación sin precedentes y que refleja su arrojo político, Suárez metió con calzador en el ordenamiento jurídico vigente -a través de un real decreto-ley- la restauración de la legalidad republicana. Una simple decisión de Consejo de Ministros. Así es como volvió a ser una realidad la Generalitat de Cataluña.

El propio real decreto-ley advertía de que no se trataba de ningún privilegio y, de hecho, señalaba que la nueva regulación no prejuzgaba (hasta la aprobación de la futura Constitución) que “fórmulas parecidas” pudieran emplearse “en supuestos análogos en otras regiones de España”. Estamos en septiembre de 1977, apenas tres meses después de las primeras elecciones democráticas.

Es decir, la recuperación del autogobierno en Cataluña y el convencimiento de que había que extender el modelo de la Generalitat al resto del país fue una decisión política. Solo política.

Como algunos especialistas en financiación territorial han escrito, la España de las autonomías no fue fruto del rigor del análisis económico. Ni, por supuesto, tuvo su origen en un debate entre juristas o constitucionalistas encerrados en un parador para estudiar a la luz del derecho comparado los diferentes modelos de autogobierno. Fue la política quien decidió construir un nuevo modelo territorial a partir de la presión popular y, por supuesto, de los propios partidos políticos.

Un monstruo de mil cabezas
Ese modelo, con el paso del tiempo, se ha ido perfeccionando y ajustándose a las circunstancias (también políticas). Pero en lugar de clarificarse, lo que realmente ha salido es (por falta de coherencia) un monstruo de mil cabezas difícil de entender. Entre otras cosas, porque la propia Constitución deja abierto hasta el absurdo el modelo territorial, lo que explica que el diseño general del modelo tenga más que ver con la capacidad de influencia de los grupos de presión -los distintos nacionalismos necesarios para completar mayorías parlamentarias o por los barones regionales- que con las necesidades reales de los distintos territorios.

El resultado, como no puede ser de otra manera, es una especie de competición deportiva por ver quién le saca más cuartos a la Administración central. El modelo es tan abierto que incluso ahora que se habla tanto de la aplicación del artículo 155 de la Constitución se le da una primacía fundamental al Senado, cuando todo el mundo sabe -y los políticos y los senadores mejor que nadie- que la Cámara alta es un bodrio que para nada está capacitada en términos democráticos para decidir un asunto tan relevante.

El esperpento autonómico no solo afecta al Senado, también a las comunidades autónomas, que se han construido a partir de una miríada de leyes -muchas de ellas redundantes y artificiosas- que al final solo han servido para levantar una estructura autonómica enrevesada y oscura tristemente congruente con el famoso 'café para todos'.

Esta contradicción entre lo que quería el constituyente (el reconocimiento de las singularidades regionales) y lo que finalmente ha salido es lo que explica las rencillas entre las distintas comunidades autónomas, más preocupadas por el qué dirán (se hace política mirando lo que hacen otras regiones) que por su propia voluntad de autogobierno.

El resultado es un sistema opaco y permanentemente en revisión. Básicamente, porque en los últimos 35 años ningún Gobierno ha sido capaz de cerrar el Título VIII, lo que hubiera evitado muchos quebraderos de cabeza. Pero también mucho gasto público. Ni siquiera los políticos han sido capaces de convertir el Senado en una verdadera cámara territorial, pese a que todos y cada uno consideran que la Cámara alta es inservible con su alta configuración (además de profundamente antidemocrática).

Políticas disparatadas
Y no se ha hecho, precisamente, porque a la mayoría de las comunidades autónomas les ha sido más rentable hacer de pedigüeños ante el poder central que ejercer la corresponsabilidad fiscal, lo que hubiera significado dar la cara ante sus ciudadanos cuando los ingresos se desplomaban o el gasto se disparaba por aplicar políticas disparatadas.

El proceso secesionista catalán -sin entrar en disquisiciones históricas- bebe mucho de tanta improvisación autonómica. Y es precisamente por eso por lo que lo razonable sería poner orden de una vez por todas al carajal autonómico. Y esto solo puede hacerse incluyendo la financiación territorial en la Constitución, lo que blindaría por un tiempo largo este asunto. Al fin y al cabo, cualquier Carta Magna que se precie tiene como uno de sus objetivos fundamentales sobrevivir a varias generaciones. Y constitucionalizar el papel del Consejo de Política Fiscal y Financiera como órgano a través del cual se ejerce la coordinación entre el Estado y las comunidades autónomas en materia de financiación o dejar bien clara la atribución al Estado de las competencias exclusivas sobre la Hacienda general irían en la buena dirección. Además de delimitar con precisión el papel del Estado en cuestiones como la educación.

El politólogo Ignatieff recordaba hace algún tiempo que en su juventud lo que le atraía del exprimer ministro canadiense Pierre Trudeau (devuelto a la celebridad tras la victoria electoral de su hijo al frente del Partido Liberal) era que en su mensaje combinaba un contundente rechazo a aplacar el sentimiento nacionalista en su provincia con el compormiso apasionado de llevar a los quebequenses al centro de la vida nacional de Canadá. Así es como se ganó el referéndum por 60 a 40.

No estará de más recordar, por ello, que la delirante reivindicación nacionalista en Cataluña tiene su origen en el modelo de financiación. Y si hace años se hubiera atendido este problema desde la altura constitucional que el asunto merecía, es muy probable que no se hubiera llegado hasta aquí. No para beneficiar a Cataluña, sino para favorecer al conjunto del país, que hoy paga caro un sistema absurdamente igualitarista que supone un auténtico despilfarro. Y que es marcadamente ineficiente, al no tener en cuenta ni las economías de escala ni la densidad de población. Ni siquiera la realidad económica o social. ¿O es que tiene sentido un sistema autonómico en el que ocho regiones cuentan con menos de dos millones de habitantes y deben garantizar a sus ciudadanos los servicios básicos esenciales como son la sanidad, la educación o los servicios sociales?

Esta inconsistencia del sistema es lo que debería obligar a negociar durante la próxima legislatura un modelo autonómico renovado. Y es en ese contexto en el que debe ahogarse y abordarse el actual proceso secesionista catalán, fruto de la incuria del Estado por no delimitar claramente las competencias. Si el Estado (en el sentido amplio del término) hubiera hecho acto de presencia defendiendo los intereses generales, es probable que no se hubiera llegado a esta situación.

Parece evidente que es mejor negociar con lo que queda de sensatez en el nacionalismo -y con eso que se llama burguesía catalana- que esperar a que Mas sea definitivamente un cadáver político y sea sustituido por alguien mucho más ultramontano y radical. Ese es el debate político -y no solo el jurídico- que debiera hoy instalarse en el Palacio de la Moncloa en lugar de sugerir la asfixia financiera de la Generalitat por la vía de graduar el flujo de recursos económicos. Tan ilegal como descabellado.

Una recentralización del sistema político por la puerta -como sugiere Montoro y asume Rajoy- solo creará nuevos problemas que tendrán que afrontar las próximas generaciones. Las amenazas veladas, en el sentido de cerrar el grifo y dañar económicamente a Cataluña, pueden ser muy rentables electoralmente, pero solo perjudicarán a los más débiles. Y lo que es todavía peor, enredarán aún más un problema que es político y solo político, lo que por supuesto no es incompatible con frenar en los tribunales el delirio independentista.

Hoy: la desconexión

RAÚL DEL POZO El Mundo  9 Noviembre 2015

Josep Pla describía una Barcelona inextricable tomada por los soldados en la huelga general, con los gorriones gritando en la humanidad de La Rambla. "Escudellers, como la boca del lobo, el mercado del amor desbordante". Nada queda de aquella Barcelona. Hoy lunes no habrá ni pistoleros, ni 'somatens'. Y sin embargo podría aprobarse en el Parlament una declaración unilateral de independencia (DUI) e iniciarse la "desconexión" con España.

Una Cataluña al borde de la quiebra, con un partido hegemónico (CDC) que ha saltado por los aires, sin un presidente electo, mostrará su deseo de independencia. Con este solemne motivo he hablado con algunos testigos en primera línea y todos coinciden en decirme que no habrá investidura de Mas ni el martes ni el jueves, aunque no es imposible que este día dos diputados de la CUP se pasen al enemigo.

Mientras, Mas sufre el rechazo en una soledad gótica. Prepara un discurso que no convencerá a la mayoría; idea algo que no quería: un 'plan B', nuevas elecciones en marzo con una CDC desembarazada de la dinastía Pujol.

Los catalanes cercanos a la Generalitat tienen las cosas claras: este mismo lunes habrá DUI, se recurrirá al Tribunal Constitucional, que aceptará el recurso y se suspenderá la declaración con la advertencia de lo que puede suceder a quien desobedezca. "Si alguien intenta saltarse la advertencia, será multado, incluso imputado por delitos muy graves", dicen algunos. Otros piensan que no va a pasar nada. "Se esperará al 20-D para analizar los resultados y, si son favorables, se emprenderá el camino del diálogo constitucional y se llegará a un acuerdo". Predecir el futuro en Cataluña cada día se pone más difícil. El ruido va a ser ensordecedor porque el centro de la campaña va a ser Barcelona. Las medidas que se apliquen serán excesivas e innecesarias para unos e insuficientes y débiles para otros. Unos acusarán a otros de cobardes y chulos y todo terminará en una mesa a principios de año. No hay que esperar en la campaña electoral sino bravuconadas orales y pocas acciones concretas. Ni el Gobierno de Madrid decretará medidas de fuerza, ni el de Barcelona irá más allá de sus palabras.

Joan Herrera, que ahora se va retirando de la política, desengañado de 'El Procés', ha declarado: "Artur Mas es un bróker". Ya han empezado a desacreditar al libertador. Yo lo veo como un político atormentado con el síndrome de Coriolano -que inspira la obra más política de Shakespeare; para algunos, la mejor tragedia-. El general romano ve a la chusma indócil como vulgar algarabía que no merece ni pan ni circo. Los desprecia, pero los utiliza; no les escucha, pasa por encima de todo para imponer sus fantasías, traicionando las instituciones y olvidando la ley, que es lo que impide que nos comamos unos a otros.

Mas escribe su discurso y todo el Estado está contra Carmen Forcadell, de Xerta (Tarragona), de apellido más eufónico que de voz, flaca, casada, madre de dos hijos, hija de un camionero, admiradora de Macià, filóloga, ex concejala de Sabadell.

La última barricada
Luis Herrero Libertad Digital  9 Noviembre 2015

La ley, al parecer, es una vieja zorra de encantos ocultos que debidamente magreada permite conductas más licenciosas de lo que cabría esperar de su naturaleza coercitiva. A los independentistas, por ejemplo, les va a permitir este lunes por la mañana que aprueben una declaración parlamentaria que invita -rectifico, que obliga- a la sedición. Lo asombroso no es sólo que esa dama casquivana, la ley, vaya a permitir tal cosa, sino que además se las ha ingeniado para pararle los pies a quienes han tratado de evitarlo. Tras la decisión del Tribunal Constitucional de rechazar la suspensión del debate convocado por Forcadell para este lunes a las 10 de la mañana, Junts pel Si y la CUP tienen vía libre para defender sus tesis independentistas y conseguir que el Parlament las apruebe. Perdón por la imagen, pero es así como lo veo: la ley, este lunes, se va a llevar a la cama a su violador.

Lo más triste del asunto es que ese mismo principio -el de la permisividad de la ley con quien le mete mano con suficiente habilidad- hubiera servido para provocar un interesante intercambio de parejas. Si el Estado hubiera tomado la iniciativa, en lugar de haber sido el voyeaur del estupro, ahora sería él quien estaría amartelado con la ley, y esa misma ley, tan fiel a quien la invoca como el genio de la lámpara de Aladino, se encargaría de estar parándole los pies a los prohombres de la secesión catalana.

El Gobierno ha permitido que la escena de cama entre la ley y el independentismo alcance temperaturas tan tórridas porque está convencido de que, al final, habrá gatillazo y no se consumará la violación anunciada. Yo creo que se equivoca. Primero, porque estoy tristemente convencido de que la violación sí se consumará (y tendrá consecuencias a corto plazo, aunque no sé muy bien de qué alcance). Y segundo porque a los estudiantes de derecho se les enseña que si se puede probar que la intención del violador era la penetración, el hecho de que en el último momento no pueda consumarla por no lograr la erección no le exime de culpa, sólo convierte su acto en un delito de violación en grado de tentativa. El Gobierno lo sabe pero ha decidido mirar hacia otra parte.

Hasta ahora, Mas y los suyos se han salido siempre con la suya. En las diadas, en los referéndums de cartón, en las proclamas plebiscitarias de las elecciones autonómicas, en la reunión ilegal de la Junta de Portavoces y en las declaraciones parlamentarias de independencia. Ninguno de los tres poderes del Estado -ni el ejecutivo, ni el legislativo ni el judicial- han hecho nada para impedir que alcanzaran cada uno de sus objetivos. El discurso gubernamental es que no hay que preocuparse en absoluto porque ninguna de esas conquistas de las huestes independentistas significa nada desde el punto de vista práctico. Es una curiosa manera de entender lo que es práctico. Si ir ganándole terreno al adversario palmo a palmo hasta hacerle combatir al pie de la muralla de su fortaleza y conseguir que la moral de la tropa sediciosa vaya agigantándose hasta acercarla a la euforia no significa nada desde el punto de vista práctico, que venga Sun-Tzu y lo vea.

Los cancerberos del Estado declinaron la batalla preventiva y ahora se han puesto de acuerdo, en el último minuto, en que defenderán la virtud de la ley impidiendo que la consumación del delito quede sin castigo y produzca efectos políticos. Así que esto es todo lo que va a pasar: el martes, a primera hora, se reunirá el Consejo de Estado para aprobar el dictamen preceptivo que el Gobierno le solicitará este mismo lunes por la tarde, una vez que el Parlament haya aprobado la declaración sediciosa. Inmediatamente después tendrá lugar un Consejo de Ministros extraordinario que aprobará la interposición del recurso de inconstitucionalidad. El miércoles se reunirá, también en sesión extraordinaria, el pleno del TC. Ese mismo día, por unanimidad, los once magistrados lo admitirán a trámite y la declaración quedará automáticamente suspendida. Después de eso, compás de espera.

El Gobierno no prevé que haya actos de desobediencia hasta después de las elecciones del 20 de diciembre. Lo que establece la resolución soberanista es que en el plazo de 30 días debe comenzar la tramitación parlamentaria de leyes que pongan en marcha las estructuras necesarias del nuevo Estado (una Hacienda propia y una Seguridad Social propia, por ejemplo), pero el Gobierno cree que los plazos se demorarán en el tiempo porque primero tiene que pronunciarse el Consejo Consultivo catalán y ese trámite depende, entre otras cosas, de que se haya elegido al nuevo presidente de la Generalitat, algo que no parece una tarea inminente mientras la CUP no se apee del burro de los vetos. La patata caliente, por lo tanto, pasará a manos del nuevo Gobierno y Rajoy, con un poco de suerte, ya no tendrá que comerse el marrón -al menos en solitario- de aplicar el artículo 155 de la Constitución.

Todo gira, como se ve, a una pura cuestión de observancia de las normas. La ley, y sólo la ley, se ha convertido en la última ratio de este debate de mil demonios. Y eso es precisamente lo malo. Una última ratio no es un amén irracional de obligado cumplimiento, sino un argumento definitivo que hace innecesario prolongar la discusión porque es muy superior a todo argumento en sentido contrario. Al hablar sólo de la ley olvidamos lo que hay detrás de la ley, el bien jurídico que la ley protege. El verdadero debate no es la ley, sino la nación, ese sujeto político en el que reside la soberanía constituyente de un Estado. Quienes defienden el derecho de autodeterminación, el derecho a decidir, defienden en el fondo lo mismo que la CUP o Esquerra: que Cataluña es una nación -y por lo tanto tiene derecho a constituir un Estado propio (otra cosa es que lo ejerza o no)- sólo por el hecho de que es una comunidad humana con ciertas características culturales comunes.

A partir de ahí, naturalmente, la consecuencia se cae por su propio peso: hay que expulsar "lo español" de las influencias culturales que han ido haciendo con el paso del tiempo que Cataluña sea lo que es hoy día. ¿Pero de verdad es eso posible? ¿Se pueden aislar los componentes genéticos que a lo largo de un proceso secular de interacciones sociales, culturales o políticas han dado como resultado una identidad mestiza? ¿Se puede resetear todo ese proceso de sucesivas influencias reciprocas y quintaesenciar el concepto "Cataluña" hasta reducirlo a un hecho diferencial en estado puro? El fanatismo nacionalista ha hecho posible que muchos piensen que sí.

La educación en Cataluña sigue desde hace décadas las pautas del discurso indigenista de Ecuador, Bolivia o Venezuela. Considera a Cataluña como un pueblo indígena que fue colonizado por una nación extranjera y sólo le preocupa el estudio de los caracteres y la cultura del pueblo primitivo que habitaba en el territorio que profanaron los colonos españoles. Cualquier día de estos veremos a Ada Colau emulando a su predecesor de principios del siglo XX, el alcalde Bartomeu Robert -curiosamente hijo de padre mexicano y madre donostiarra-, que hacía exhaustivas mediciones de cráneos a gentes del país para demostrar que la estirpe catalana era superior a las demás.

El debate lo hemos perdido. Ahora sólo nos queda -y no sé si por mucho tiempo- la mera observancia de la ley. La última barricada.

'Cleptocracia' o 'Llibertat'
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo  9 Noviembre 2015

Hoy puede quedar descabalgado Artur Mas del jumento separatista. Y, por favor, que no se ofendan los asnos lectores -en la crisis de la Prensa escrita, todos son bienvenidos- ni los amigos de Platero: como el pollino es el símbolo del separatismo catalán, es natural que su líder no se apee del caballo sino que lo bajen del burro.

Así sucederá hoy, salvo que el cura Rigol -desde el carlismo trabucaire no había en Cataluña tanto clérigo y tanta monja en guerra con la Constitución- logre el milagro de que los de la CUP invistan Patriarca de la Tierra Prometida al Josué de Moisés% Pujol. De momento, el asno seguirá sin jinete, dando vueltas a la noria soberana.

Si no fuera por lo que revela de cobardía en este Gobierno y de corrupción del régimen constitucional -inducida por el separatismo pero admitida por el PP y el PSOE-, el caos político en Cataluña, trufado de incertidumbre y amenizado por el más absoluto desconcierto, sería un espectáculo maravilloso.

Ahora sale Godó -con Zarzalejos 'El malo' de chambelán- diciendo "no es esto, no es esto", como si no hubiera hecho él la lista de Junts pel Sí para asegurar esa mayoría absoluta ahora convertida en absoluto desbarajuste. Ahora viene Juliana, editorialista anticonstitucional de los 11 periódicos catalanes, 11, contra la legalidad española diciendo que fuera de la legalidad no se va a ninguna parte. Pero con Montilla y Pujol, sí que iba el amigo -y sin embargo falsificador- de Tigrekán. Ahora, en fin, el director de 'La Vanguardia' va y escribe esta frase que los retrata a todos: "Los moderados viven más". ¿Y cuándo se han moderado los golpistas del Puente Aéreo, los cacos del 'Espanya ens roba'? ¿Desde que la Generalidad no la deciden los godosios sino los sandalios de la CUP?

Pero lo más divertido del esperpento antiespañol de estos bandarras es el intento de esconder las siglas de Pujol, CDC, que después de juntarse tantísimos por el Sí (al Golpe, No a la Ley), andan buscando cómo llamarse para que nadie los reconozca, tarea difícil, por no decir absurda si buscan votos el 20D.

Con las prisas -y la PRISA, que tontea- se han puesto Democracia i Llibertat. Pero así nadie los reconocerá. Si apelan a los que dudan si robar es todavía el gran acto patriótico catalán, deberían llamarse 'Cleptocracia o Llibertat'. Y que elijan.

'Cataluña Unplugged'
SANTIAGO GONZÁLEZ El Mundo  9 Noviembre 2015

El sábado viajé a Barcelona con Manuel Montero para dar una charla sobre nacionalismo y lenguaje a la que nos había invitado la Asociación por la Tolerancia. Por la mañana dimos un largo paseo capitalino y ante el espectáculo de una ciudad fantástica, hervidero de turistas y de autóctonos que se disponían a oficiar el rito burgués del aperitivo a mediodía, pensamos en que estábamos a un día de la desconexión y no tuve más remedio que recordar aquella sentencia de Talleyrand que Bertolucci subió al título de una de sus buenas películas: "Sólo el que ha vivido antes de la Revolución sabe lo que es la alegría de vivir".

Hoy, 9 de noviembre, el programa prevé la desconexión. Un 9 de noviembre tuvo lugar el 'putsch' de la cervecería de Munich; más tarde, en la misma fecha fue la noche de los cristales rotos. Un 9 de noviembre cayó el muro de Berlín y en la misma fecha, 26 años después, se van a poner estos desaprensivos a levantar el de Cataluña. La desconexión pararía la noria, el chorrito de la fuente, el río donde se afanan las lavanderas, el fuego en el que se calientan los pastores. 'Cataluña Unplugged' está llamada a ser un belén cuyas figuras serían todas 'caganers'.

El sábado, a falta de 48 horas, nada hacía predecir en la calle el golpe que van a dar esta mañana. El taxista que me recogió en el aeropuerto hablaba del tiempo. A mí no se me ocurrió preguntarle por el tema en estricta observancia de Paul Johnson: "Nunca se te ocurra utilizar a un taxista como fuente". Los periódicos de Barcelona decían en portada que el Gobierno "señala" a Forcadell. 'Ara', con más intención titulaba: "apunta".

A esas horas, la gran Núria de Gispert estaba reunida con otros fugitivos de Unió para fundar un partido 'masista', pero eso no parecía importarle a las buenas gentes que 'hacían el vermú' en las terrazas que se va a cargar Colau. La única ruptura hasta la fecha es la coalición de la modesta comisión. Ahora van a pulverizar el partido. La desconexión es también una cuestión interna. Eran los catalanes los que desconectaban de la cuestión y pasaban del asunto.

Un camarero de la cantina de la estación de Córdoba, mientras el telediario daba cuenta de un atentado etarra, miró a mi querido Luciano Rincón, su único parroquiano y le explicó su condición de 'unplugged': "Es que esto de lo vasco es mú cansao y mú seguío".

Al llegar a la Plaza de Sant Jaume, Manu y yo, todavía 'plugged' recordamos el 6 de octubre del general Batet. Companys le exigió que se pusiera a sus órdenes con sus efectivos. El militar le reclamó una orden por escrito, y el interlocutor se la envió. Luego le pidió un par de horas para pensárselo, plazo que también obtuvo, y que el general aprovechó para llevar dos cañones a la plaza, apuntar con uno al Ayuntamiento y con otro al palacio del Gobierno y decir que nones. Batet es uno de mis dos héroes republicanos. El otro (otra) es Clara Campoamor. Mas ha aprendido de esta anécdota que las órdenes para perpetrar actos delictivos, como abrir los colegios para referendos ilegales nunca deben darse por escrito.

Empezamos a calcular en qué lugar habría emplazado exactamente aquel buen hombre los cañones y sumidos en tan beatífica cavilación fuimos sorprendidos por una muchedumbre que empezó a gritar a la puerta del Ayuntamiento. "Mira, la desconexión, que se ha adelantado", dijo Manu. Pero sólo era una boda.

En nombre del pueblo
JAVIER REDONDO El Mundo  9 Noviembre 2015

Pujol inició un proceso de construcción nacional con el señuelo de la singularidad. A su favor jugaron la idealización de la II República y la voluntad de los partidos de la Transición de hacer viable una fórmula imposible, una contradicción en términos: el nacionalismo integrador. En realidad, el 'molt honorable' se dedicó a montar un régimen como tapadera. Pujol dejó el trampantojo en manos de su leal lacayo, tan escurridizo como pacato. Perfil idóneo para cumplir escrupulosamente el encargo de blindar los negocios sucios de la familia. Sólo activaría la palanca de la 'desconexión' en caso de que el Sistema corriera riesgo de implosión.

Sin embargo sucedieron imprevistos: Convergencia perdió el Govern y sin proponérselo resucitó al dragón de la izquierda nacionalista, dispuesta a llegar hasta el final. Mas creyó dar carpetazo al asunto incorporando a ERC a la empresa. Pasaron más cosas: la CUP, junto con Podemos de Cataluña, ha situado las barricadas de la lucha de clases a las puertas del palacio burgués de la Generalitat. Entretanto C's, el partido necesario, se revolvió contra la "insufrible cháchara de la 'conllevancia'" y articuló en la región un discurso liberal, progresista y racional.

Finalmente Mas topó en Moncloa con el paquidermo Rajoy, que por fortuna no se ha movido un milímetro: ni una cesión, la política comienza por defender el Estado de Derecho, la igualdad entre españoles no se negocia y la Constitución no le autoriza a vertebrar la sedición. La impermeabilidad del Gobierno desquicia la tramoya nacionalista, privada del socorro de la estéril tercera vía. Cuando ustedes lean estas líneas, el Parlament, fuera de la ley, estará valorando dos modelos de ruptura y exclusión: elitista-lucrativo y leninista-nivelador. Es un choque de banderas en nombre del pueblo, a costa de su prosperidad y libertad. Mas ansía la investidura, no gobernar; el 'aberzalismo' bolivariano tiene un prisionero y dos meses para mantener su chantaje. Cataluña, anclada en el pasado, pierde otra vez.

LA TRIBUNA DEL COLUMNISTA
Gabriel Albiac apunta a la "infinita necedad" de ZP como culpable del auge separatista en Cataluña
"Podía parecer nada más que el desahogo sentimental de un cerebro infantil, borracho de mitologías hueras. Pero esas mitologías son letales"
Juan Velarde.  Periodista Digital  9 Noviembre 2015

El nuevo paso hacia adelante hacia el separatismo que este 9 de noviembre de 2015 pretende dar el Parlamento catalán inspira la mayor parte de las columnas de opinión de la prensa de papel. La mayoría de las tribunas están enfocadas a la forma en la que el Gobierno de la nación debe frenar las ansias soberanistas de la pandilla de Mas, Forcadell, Romeva o Baños. Sin embargo, algún artículo pone el foco encima de quien se considera el germen de todo esto, José Luis Rodríguez Zapatero, expresidente español (2004-2011) que dijo abiertamente que aceptaría el Estatuto que saliese de la cámara autonómica catalana.

Arrancamos en ABC y lo hacemos con Gabriel Albiac, que apunta directamente a ZP como culpable de la situación que ahora mismo se vive en Cataluña:
Víctor Klemperer anota el crepúsculo de Weimar. Con el nazismo en puertas. «Ninguno era nazi, pero todos estaban intoxicados». Allá por el año 2008 -una eternidad parece haber pasado- publiqué yo el primer libro en el que se proponía dar razón de los políticos españoles, no como una clase; como una casta. De la cual, sólo lo peor vendría. Me releo ahora, como quien lee una estela arqueológica: «Podría, a fin de cuentas, soportar que la vida me la jodieran grandes monstruos del mal a escala histórica. Los que invocara un Joseph Roth, descuartizado entre dos guerras. Que me la joda una banda de idiotas, es más de lo que todo estoicismo podría hacer tolerable. No hay siquiera epopeya en ver perecer un país a manos de caricaturas: Blanco, Zapatero, Rubalcaba... Muy miserables hemos debido ser -y muy medrosos- para merecernos esta casquería». Sí, muy miserables. Y muy medrosos. Para acabar, hoy, 9 de noviembre de 2015, en esto.

Recuerda que:
Todos decían entonces, todos siguieron diciendo luego: «No pasará nada». Pero esos todos no habían leído a Roth. Ni a Klemperer. Ni a Freud ni a Zweig. La nesciencia era su patria. Y, como los estúpidos burgueses centroeuropeos de entreguerras, se empeñaron en soñar con que bastaría echarle unas monedas al monstruo para que se calmara. Que basta pagar convenientemente al Hitler o al Mas de turno para que todas sus mitologías aterricen. No ha habido en el siglo veinte idiocia más asesina que aquella de los benévolos burgueses alemanes y austríacos que vieron llegar al monstruo y se empeñaron en creer que las cruces gamadas eran un disfraz para pedir limosna. Fueron exterminados. Por la galerna sin control de las mitologías, que son el nombre respetable de la matanza.

A quienes nos formamos, desde muy jóvenes, en la lectura de aquellos testigos trágicos de un mundo que se vino abajo, nada de lo de Cataluña hoy nos sorprende. El día aquel en que un presidente español prometió someterse a lo que un Parlamento regional le dictase, el conflicto civil se hizo inevitable: un Estado que se dice siervo de una de sus instancias locales estalla. Y nunca el estallido de un Estado es incruento. Cuando un día los historiadores tracen responsabilidades de esta tragedia mayor que es el fin de España, el nombre de Rodríguez Zapatero primará por encima de todos. Pocos podrán optar a un epitafio más infamante.

Finaliza que:
Lo de hoy en Barcelona será tan sólo el epílogo de aquello que un extraño presidente puso en marcha para disolver España. Podía parecer nada más que el desahogo sentimental de un cerebro infantil, borracho de mitologías hueras. Pero esas mitologías son letales. También la infinita necedad puede ser un pasaporte para pasar a la historia. Rodríguez Zapatero: lo nefasto no es menos memorable que lo ilustre.

Y sí, es verdad, «ninguno era nazi, pero todos estaban intoxicados». Y pusieron el germen de esta locura. No lo olvidaremos. Nunca.

Isabel San Sebastián exige al Gobierno de Mariano Rajoy que se deje de tibiezas y aplique de una vez por todas el artículo 155 de la Constitución para frenar a los independentistas catalanes:
Hay que reconocer al separatismo catalán su victoria arrolladora en la batalla de la propaganda contra el sentido común. Su manejo de la mentira, la falacia, la insidia y la tergiversación, hábilmente aderezadas con un buen chorro de amenaza y altas dosis de victimismo, se ha revelado tan eficaz como para convencer a una parte de los españoles, abrumadora si hablamos de dirigentes políticos, de aquello que decía el cojo en el chiste de los amigos perseguidos por un león: «No corráis, no corráis, que es peor».

Durante lustros han asaltado al contribuyente esos gobernantes corruptos, cargando a cada obra y contrato público una comisión ilegal destinada a sus cuentas en paraísos fiscales, pese a lo cual han logrado hacer creer a millones de ciudadanos que la ladrona era España. Desde el escándalo de Banca Catalana hasta nuestros días no han dejado de engordar esos gurús del nacionalismo, encabezados por el clan Pujol, a base de extorsionar a empresarios o directamente al Gobierno español, sin coste alguno para ellos ni para su partido. Les bastaba con envolverse en la senyera y gritar «¡vienen a por Cataluña!» para que toda la ira popular levantada por la corrupción se volcara contra la Nación, en un acto de prestidigitación política ejecutado con maestría durante más de tres décadas. Y ahora que esa gestión desastrosa ha llevado a la comunidad a tener que pedir un rescate de 49.000 millones de euros procedentes de nuestros bolsillos solidarios, lejos de agradecer la ayuda, siguen gritando «¡al ladrón!» y utilizando el dinero para financiar un proceso sedicioso basado en la injuria y el embuste histórico.

Precisa que todo esto es:
Una ofensa a la verdad, la legislación y la soberanía que hoy escribe un nuevo capítulo con la proclama rebelde lanzada en el Parlamento autonómico. ¡Basta ya! Ayer publicaba este periódico un relato pormenorizado, extraordinariamente esclarecedor, de la deriva seguida por estos apóstoles de la ruptura en los últimos años: cada conversación, una nueva exigencia; cada concesión, un motivo de agravio; cada petición, un chantaje. Han pagado comprensión con deslealtad. Han confundido diálogo con dictado. Han pervertido el concepto «democracia» divorciándolo del respeto debido a las reglas de juego que la rigen. Han manipulado sin recato a la opinión pública a través de los medios de comunicación que controlan y utilizado la enseñanza pública para adoctrinar en sus postulados en lugar de educar.

Concluye que:
Ahora rompen la baraja en una huida hacia adelante cuya meta es el precipicio, seguros de que tampoco esta vez tendrá nadie los redaños suficientes para pararles los pies. ¡Basta ya! Es tiempo de actuar con decisión. De responder a la intimidación con toda la fuerza de la Ley y todo el impulso político que requiere el desafío. Si el consenso es conveniente, la firmeza resulta indispensable. Solo o en compañía de quienes quieran defender con él la unidad de España y el Estado de Derecho, el Gobierno debe tomar todas las medidas a su alcance para poner fin hoy mismo, no mañana ni pasado, a una provocación golpista que no puede quedar impune. Eso supone impugnar la proclama ante el Constitucional, desde luego, pero también implicar a la Fiscalía General del Estado por la vía penal y cerrar el grifo de la financiación a una Administración lanzada al abismo de la desobediencia. Esto es, activar el artículo 155 de la Constitución, que existe precisamente para eso.

Es hora de correr ante el león. O mejor dicho; de impedir de una vez por todas que el león siga corriendo.

José María Carrascal adelanta lo que pasará este 9 de noviembre de 2015 desde el mismo momento en que el Parlamento catalán dé vía libre a la patochada separatista:
A las diez de esta mañana, la hora menos taurina del día, sonarán los clarines en el Parlamento catalán para iniciar lo que llaman la «desconexión» con España, que no es otra cosa que el inicio del proceso independentista. Lo hacen rompiendo la legalidad española y sin aval internacional. Amparados únicamente en su «legitimidad» que, ¡oh paradoja!, les viene del ordenamiento legal español. Y lo hacen, además, sin un respaldo amplio, sólido de los catalanes, que en su mayoría se mostraron en las últimas elecciones autonómicas contrarios a la independencia, sobre todo de esta manera.

Subraya que:
Sabiendo que el Gobierno presentará de inmediato un recurso de inconstitucionalidad que, según todos los indicios, el Tribunal Constitucional aceptará y aprobará, invalidando la resolución. No importa. Seguirán adelante. Unos, los menos, para escapar de la Justicia española que sigue de cerca sus actividades delictivas en el ejercicio de sus funciones. Los más, por pura inercia y no ser tachados de malos catalanes. Y el núcleo duro, central, dirigente, por espíritu catalanista. Son los cruzados de la causa, capitaneados por la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, convencida de que los catalanes llevan tres siglos esclavizados por España, como ha dicho en innumerables ocasiones, y piensa que suena la hora de sacudirse las cadenas. «¡Hombre!, podría decírsele, para haber estado esclavizados no les ha ido tan mal. Por lo pronto, se han convertido en una de las partes más ricas, más modernas, más desarrolladas del país». Será ella quien reciba del TC el alto del proceso independentista y la encargada de que no siga adelante. De no cumplirlo, se la suspenderá de funciones. Lo que ocurra en adelante queda en manos del azar.

El nacionalismo ha sido comparado con un enamoramiento, con buenas razones por lo que supone de enajenación mental transitoria entre sus afectados, aunque también tiene bastante de religión secular, en la que la «nación» se torna divinidad y sus seguidores, en feligreses de la misma, con una fe que se vive, se siente, se cree sin necesidad alguna de razones. De ahí que pueda engañárseles, como ha ocurrido en Cataluña durante las últimas décadas, con toda clase de embelecos.

Y detalla que:
El primero de ellos es que si Cataluña ha llegado a ser lo que es, se lo debe, aparte de la laboriosidad, iniciativa y espíritu de empresa de sus habitantes, al resto de España, que le ha ofrecido amplio mercado, mano de obra barata y abundantes inversiones tanto privadas como públicas. También España le debe mucho a Cataluña. Pero no vamos a perder el tiempo en discutir ahora y aquí sobre quién debe más a quién. Los que aún reflexionamos sabemos que los beneficios han sido mutuos y emparejados. Lo malo es que muchos de esos catalanes han abandonado Cataluña y los que se quedaron han sido arrollados por la marea catalanista. Mientras en esta parte crece el hartazgo y enfado.

Es como suenan tempraneros los clarines de la confrontación en una Barcelona antitaurina. Aunque nunca ha sido Cataluña tan «tipycal Spanish». Pero de la España del siglo XIX. La corrida será a las cinco de la tarde, como mandado, y ya saben ustedes a quien se lidia.

En El Mundo, Santiago González escribe sobre la desconexión catalana y recuerda que mientras un 9 de noviembre, pero de 1989, se producía la caída del muro de Berlín, en Cataluña quieren empezar a construir otro:

El 7 de noviembre de 2015 viajé a Barcelona con Manuel Montero para dar una charla sobre nacionalismo y lenguaje a la que nos había invitado la Asociación por la Tolerancia. Por la mañana dimos un largo paseo capitalino y ante el espectáculo de una ciudad fantástica, hervidero de turistas y de autóctonos que se disponían a oficiar el rito burgués del aperitivo a mediodía, pensamos en que estábamos a un día de la desconexión y no tuve más remedio que recordar aquella sentencia de Talleyrand que Bertolucci subió al título de una de sus buenas películas: «Sólo el que ha vivido antes de la Revolución sabe lo que es la alegría de vivir».

Hoy, 9 de noviembre de 2015, el programa prevé la desconexión. Un 9 de noviembre tuvo lugar el putsch de la cervecería de Múnich; más tarde, en la misma fecha fue la noche de los cristales rotos. Un 9 de noviembre cayó el muro de Berlín y en la misma fecha, 26 años después, se van a poner estos desaprensivos a levantar el de Cataluña. La desconexión pararía la noria, el chorrito de la fuente, el río donde se afanan las lavanderas, el fuego en el que se calientan los pastores. Cataluña Unplugged está llamada a ser un belén cuyas figuras serían todas caganers.

Apunta que:
El sábado, a falta de 48 horas, nada hacía predecir en la calle el golpe que van a dar esta mañana. El taxista que me recogió en el aeropuerto hablaba del tiempo. A mí no se me ocurrió preguntarle por el tema en estricta observancia de Paul Johnson: «Nunca se te ocurra utilizar a un taxista como fuente». Los periódicos de Barcelona decían en portada que el Gobierno «señala» a Forcadell. Ara, con más intención titulaba: «apunta».

A esas horas, la gran Núria de Gispert estaba reunida con otros fugitivos de Unió para fundar un partido masista, pero eso no parecía importarle a las buenas gentes que hacían el vermú en las terrazas que se va a cargar Colau. La única ruptura hasta la fecha es la coalición de la modesta comisión. Ahora van a pulverizar el partido. La desconexión es también una cuestión interna. Eran los catalanes los que desconectaban de la cuestión y pasaban del asunto.

Un camarero de la cantina de la estación de Córdoba, mientras el telediario daba cuenta de un atentado etarra, miró a mi querido Luciano Rincón, su único parroquiano y le explicó su condición de unplugged: «Es que esto de lo vasco es mú cansao y mú seguío».

Y remata:
Al llegar a la Plaza de Sant Jaume, Manu y yo, todavía plugged recordamos el 6 de octubre del general Batet. Companys le exigió que se pusiera a sus órdenes con sus efectivos. El militar le reclamó una orden por escrito, y el interlocutor se la envió. Luego le pidió un par de horas para pensárselo, plazo que también obtuvo, y que el general aprovechó para llevar dos cañones a la plaza, apuntar con uno al Ayuntamiento y con otro al palacio del Gobierno y decir que nones. Batet es uno de mis dos héroes republicanos. El otro (otra) es Clara Campoamor. Mas ha aprendido de esta anécdota que las órdenes para perpetrar actos delictivos, como abrir los colegios para referendos ilegales nunca deben darse por escrito.

Empezamos a calcular en qué lugar habría emplazado exactamente aquel buen hombre los cañones y sumidos en tan beatífica cavilación fuimos sorprendidos por una muchedumbre que empezó a gritar a la puerta del Ayuntamiento. «Mira, la desconexión, que se ha adelantado», dijo Manu. Pero sólo era una boda.

Raúl del Pozo también habla de la desconexión catalana y vaticina nuevas elecciones en Cataluña después de que el Tribunal Constitucional pare este 9 de noviembre de 2015 la patochada separatista:

Josep Pla describía una Barcelona inextricable tomada por los soldados en la huelga general, con los gorriones gritando en la humanidad de La Rambla. «Escudellers, como la boca del lobo, el mercado del amor desbordante». Nada queda de aquella Barcelona. Hoy lunes no habrá ni pistoleros, ni somatens. Y sin embargo podría aprobarse en el Parlament una declaración unilateral de independencia (DUI) e iniciarse la «desconexión» con España.

Una Cataluña al borde de la quiebra, con un partido hegemónico (CDC) que ha saltado por los aires, sin un presidente electo, mostrará su deseo de independencia. Con este solemne motivo he hablado con algunos testigos en primera línea y todos coinciden en decirme que no habrá investidura de Mas ni el martes ni el jueves, aunque no es imposible que este día dos diputados de la CUP se pasen al enemigo.

Mientras, Mas sufre el rechazo en una soledad gótica. Prepara un discurso que no convencerá a la mayoría; idea algo que no quería: un plan B, nuevas elecciones en marzo con una CDC desembarazada de la dinastía Pujol.

Dice que:
Los catalanes cercanos a la Generalitat tienen las cosas claras: este mismo lunes 9 de noviembre de 2015 habrá DUI, se recurrirá al Tribunal Constitucional, que aceptará el recurso y se suspenderá la declaración con la advertencia de lo que puede suceder a quien desobedezca. «Si alguien intenta saltarse la advertencia, será multado, incluso imputado por delitos muy graves», dicen algunos. Otros piensan que no va a pasar nada. «Se esperará al 20-D para analizar los resultados y, si son favorables, se emprenderá el camino del diálogo constitucional y se llegará a un acuerdo». Predecir el futuro en Cataluña cada día se pone más difícil. El ruido va a ser ensordecedor porque el centro de la campaña va a ser Barcelona. Las medidas que se apliquen serán excesivas e innecesarias para unos e insuficientes y débiles para otros. Unos acusarán a otros de cobardes y chulos y todo terminará en una mesa a principios de año. No hay que esperar en la campaña electoral sino bravuconadas orales y pocas acciones concretas. Ni el Gobierno de Madrid decretará medidas de fuerza, ni el de Barcelona irá más allá de sus palabras.

Y concluye:
Joan Herrera, que ahora se va retirando de la política, desengañado de El Procés, ha declarado: «Artur Mas es un bróker». Ya han empezado a desacreditar al libertador. Yo lo veo como un político atormentado con el síndrome de Coriolano-que inspira la obra más política de Shakespeare; para algunos, la mejor tragedia-. El general romano ve a la chusma indócil como vulgar algarabía que no merece ni pan ni circo. Los desprecia, pero los utiliza; no les escucha, pasa por encima de todo para imponer sus fantasías, traicionando las instituciones y olvidando la ley, que es lo que impide que nos comamos unos a otros.

Mas escribe su discurso y todo el Estado está contra Carmen Forcadell, de Xerta (Tarragona), de apellido más eufónico que de voz, flaca, casada, madre de dos hijos, hija de un camionero, admiradora de Macià, filóloga, ex concejala de Sabadell.

GOBIERNO CATALÁN Y DEL DE ESPAÑA: LO QUE NOS COBRAN
Antonio García Fuentes  Periodista Digital  9 Noviembre 2015

No trato de defender “a los de Madrid”; puesto que tal y como han dejado a España y los españoles, “en los últimos cuarenta años”, quizá habría que pedirles daños y perjuicios y la devolución de la mayor parte de sueldos y prebendas que han recibido inmerecidamente; pero si ello lo considero así… ¿qué decir de los “muy honorables servidores públicos catalanes”? Veamos lo que cobran “hunos y hotros”; y lo que es extensible a otros muchísimos subalternos, como pueden ser policías, médicos y puede que hasta “sepultureros”; o sea todos los empleados públicos.

Artur Mas y otros 55 altos cargos de la Generalitat cobran más que el presidente del Gobierno: Cataluña incluye entre sus altos cargos tres responsables de la Oficina del Expresidente y otros tantos delegados del Gobierno en Francia, Alemania y Reino Unido. Mas cobra 136.834,78 euros al año, 58.649,74 más que Mariano Rajoy y casi el doble que un ministro. Tal como prometió el pasado mes de julio, la Generalitat de Catalunya ha publicado en su portal de transparencia el sueldo de sus altos cargos. En total son 284 personas, con retribuciones que oscilan desde los 24.316,51 euros anuales que cobra la adjunta al responsable del Centro Cultural Blanquerna hasta los casi 137.000 euros del presidente de la Generalitat,Artur Mas, quienes quedan registrados en la página dedicada a las retribuciones de los altos cargos y personal eventual de la Administración autonómica.

Entre ellos, 56 personas, incluyendo al propio president, cobran más que el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, cuyo sueldo como jefe del Ejecutivo asciende a 78.185,04 euros anuales. Entre estos altos cargos se encuentran los 12 consejeros autonómicos y 34 secretarios. En total, los consejeros le cuestan a la Generalitat 1.238.116,32 euros al año, a 103.176,36 euros cada uno, mientras que los secretarios perciben salarios de 79.651,63 euros, un gasto total de 2.708.155,42 euros. Mas, por su parte, recibe 136.834,78 euros anuales por su trabajo como presidente autonómico, 58.649,74 euros más que el presidente del Gobierno y casi el doble que un ministro.

La Generalitat tiene delegados en Alemania, Francia y Reino Unido que cobran unos 75.000 euros. También tienen sueldos superiores al de Rajoy los tres responsables de la Oficina del Expresidente, Jordi Menéndez, Sonia Potau y Salvador Sarquella, con 90.788,38 euros anuales; el secretario del Govern, Jordi Baiget (102.907,20 euros); la directora del Gabinete Jurídico de la Generalitat, Margarida Gil Domenech(102.907,20 euros); el director del Programa de Definición del Modelo de Administración Tributaria de Cataluña, Juan Iglesias (102.161,66 euros); el secretario general de la Presidencia, Jordi Vilajoana (102.907,20 euros), el director del Instituto de Estudios Autonómicos, Carles Viver(102.907,20 euros) y el director del Programa para la Aplicación y el Desarrollo de Tributos de Cataluña, Jordi Boixareu (98.730,35 euros). 99 directores generales que cobran más que Soraya. Además, Cataluña destina cada año más de 7,5 millones de euros a los sueldos de 99 directores generales, cada uno con una retribución de 76.270,35 euros anuales, cantidad que se encuentra por encima de los sueldos de los ministros (68.981,88 euros) o incluso del de la propia vicepresidenta del Gobierno central, Soraya Sáenz de Santamaría, fijado en 73.486,32 euros.

 Entre los altos cargos del Gobierno de Artur Mas llama también la atención la existencia de delegados del Govern en Francia, Alemania y el Reino Unido. Cada uno de ellos, bajo el mando de la Consejería de Presidencia, se lleva cada año 74.833,20 euros por realizar esta función, también por encima de los salarios de la vicepresidenta y los ministros. Por departamentos, el que más altos cargos acumula es el de Presidencia, con 76, seguido muy de lejos por Economía (29) y Gobierno y Relaciones Institucionales (21). A continuación se sitúan las consejerías de Empresa y Empleo y Bienestar y Familia, cada una con 20; Educación y Territorio y Sostenibilidad, empatadas a 19, y los departamentos de Justicia y Agricultura…”. (Vozpópuli 20-11-2013)
Recordemos que días atrás (finales de octubre) “El Gobierno de la Generalidad se declara en quiebra para no pagar a las farmacias a las que les debe varios meses y pide dinero al Gobierno de España, que se lo dará… qué remedio”; y como esto afecta a “La Sanidad Catalana”; les dejo esta dirección, para que vean como ya iban hace años…http://www.cafeambllet.com/press/?p=17005 en la misma, aparte de los textos había (los han hecho desaparecer) dos vídeos donde hablaban personas que dentro “del guiso”, denuncian “los entresijos” de la pudrición del departamento; cosa que vete a saber cuántos más de toda España (no solo en Cataluña) apestan a lo mismo: como muestra un corto texto de esa Web.

“Hace dos años que en la revista cafèambllet investigamos sobre el destino del dinero público en manos de los gestores de la sanidad catalana. Hemos encontrado cosas escandalosas: facturas fantasma, centenares de miles de euros gastados en estudios que nadie ha visto, alcaldes de diversos partidos cubriéndose las espaldas los unos a los otros y -como no- amenazas a aquellos que se atrevieran a hacer público este escándalo. Unas amenazas que lejos de detenernos en nuestro empeño de poner luz en un entorno tan opaco, nos han empujado a denunciar con todas nuestra fuerzas una situación que va más allá del escándalo. Una situación que es la raíz de los recortes sanitarios que afectan a millones de ciudadanos”.

Sumemos a todo esto, esos “tantos por ciento” que de sobornos han recaudado (según se afirma) “los honorables Pujol y vete a saber cuántos más honorables de toda la banda de saqueadores que hay o ha habido hasta ayer mismo”; y aún muchos de ellos “se rasgan las vestiduras” clamando por que los vuelvan a elegir en las urnas o incluso que los dejen separarse de “la voraz España ladrona”.

Por todo esto y muchas cosas más, entendemos “las luchas asesinas y los navajazos que se dan hunos y hotros, por conseguir el puesto político y lo que de bienes materiales reporta al que logra sentar su culo en tan rentables poltronas”; también ello nos demuestra que en gran medida, aquí y a la política, “acude lo mejor de cada casa nacional, regional, provincial o local… y es claro que dispuestos a servir al pueblo como él se merece”… Tururúúúúúúúúúú

A la vista de todo ello y por idiotas que seamos una gran parte del rebaño español; las intenciones de voto lo dicen las múltiples encuestas; sólo hay un partido que sube “como las espumas” y precisamente es “Ciudadanos”, y lo hace por cuanto es el único no contaminado o mínimamente contaminado (en relación a las ayudas prestadas a otros partidos de los que debió estar separado totalmente) y es que Ciudadanos, o mejor dicho, su jefe (Alberto Rivera) se va viendo… “como vería un náufrago ya desesperado y en la soledad del océano, una miserable tabla salvadora, a la que se agarraría simplemente por sobrevivir en espera de lograr llegar a un barco más seguro que le permitiera llegar a un destino mucho mejor”… Esa es la España actual y no la serie de chuminadas que nos andan largando unos políticos, que desprestigiados hasta grados inimaginables, debieran haberse ido de la política hace ya años.

Por todo ello, pobre España “entera”… una vez más al borde de...? Amén.

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y http://blogs.periodistadigital.com/nomentiras.php


 


Recortes de Prensa   Página Inicial