AGLI Recortes de Prensa   Martes 10 Novietubre  2015

El golpe separatista y la ‘desproporcionada’ respuesta de Rajoy
EDITORIAL Libertad Digital 10 Noviembre 2015

Las fuerzas separatistas de Cataluña culminaron este lunes la primera etapa de su proyectado golpe de Estado con el anuncio del nacimiento de la República Catalana. Por 73 votos a 62, el Parlamento regional declaró el inicio del proceso, que, más allá de sus nulos efectos jurídicos, tiene una resonancia política incuestionable.

En Libertad Digital hemos advertido de la gravedad de este golpe de Estado desde que los nacionalistas comenzaron a dar pasos en esa dirección, hace ya más de tres años. Mientras las fuerzas políticas nacionales y la mayoría de los medios de comunicación prefirieron engañarse a sí mismos y a los demás haciendo ver que se trataba de una bravata más, aquí hemos venido denunciado con firmeza los sucesivos jalones del plan separatista como hechos intolerables que el Gobierno tenía que haber cortado de raíz.

Lejos de ello, cuando la apuesta secesionista llegaba a niveles obscenos, como en el simulacro de referéndum del que se cumple ahora un año, la estrategia del presidente del Gobierno fue contemporizar con los golpistas aludiendo a la necesidad de mantener una supuesta proporcionalidad en la respuesta del Estado. Pues bien, el resultado de esta inacción gubernamental es esta declaración unilateral del Parlamento regional catalán que hace saltar por los aires la soberanía nacional y destruye el orden constitucional.

La impunidad con la que están actuando las autoridades catalanas pone de manifiesto precisamente esa desproporcionalidad que tanto temía Rajoy, pero justo en sentido contrario. Así, mientras los partidos separatistas y el Gobierno regional se ponen obscenamente fuera de la ley, Rajoy ha decidido limitarse a evacuar consultas al Tribunal Constitucional, para más inri con un día de retraso, porque la rebelión parlamentaria ha coincidido con una festividad local.

¿Qué tiene que pasar para que el Gobierno haga honor a su responsabilidad como garante del orden constitucional? Rajoy tiene en su mano todos los mecanismos necesarios para evitar que las astracanadas nacionalistas lleguen a extremos irreversibles. En el terreno puramente legal, Rajoy dispone de argumentos más que suficientes para poner en marcha mecanismos constitucionales como los previstos en el artículo 155, cuyos redactores, con total seguridad, jamás imaginaron que un Gobierno de España daría lugar a que el golpismo separatista llegar a los extremos actuales. En el plano económico, el Ejecutivo de Rajoy ha tenido siempre en su mano dejar caer a los separatistas en la sima de la corrupción y el despilfarro: basta con aplicar los principios recogidos en la Ley Orgánica de Estabilidad Presupuestaria y administrar el Fondo de Liquidez Autonómica con lealtad a los intereses generales.

Rajoy ha renunciado a actuar como corresponde a un presidente del Gobierno; como si el mero hecho de su presencia en La Moncloa bastara para apaciguar a una clase política tan corrupta como insensata y desleal. La consecuencia es que los partidarios de la secesión siguen ofendiendo a todos los españoles y a más de la mitad de los catalanes con absoluta y obscena impunidad.

La pesadilla catalana
Editorial  www.gaceta.es 10 Noviembre 2015

El Parlamento autonómico catalán ha consumado su provocación: “Declara solemnemente el inicio del proceso de creación del Estado catalán independiente en forma de república”, dice literalmente el texto aprobado, que insta al futuro gobierno catalán a tramitar las leyes precisas para ello en el plazo de treinta días y proclama de manera inequívoca su desobediencia a las leyes del “Estado español” y al Tribunal Constitucional. En el terreno de los hechos no hay, ciertamente, ni república, ni independencia ni nada de nada, pero en un país como el nuestro, tan orgulloso de su “transición”, deberíamos ser conscientes de la importancia de los procesos dinámicos. “No ha pasado nada”, dicen algunos. No: está pasando.

Cataluña no va a ser independiente mañana, pero puede serlo en dos o tres años. El proceso es transparente. A lo largo de tres décadas, los nacionalistas catalanes han utilizado su autonomía para construir una atmósfera social proclive a la independencia. Lo han hecho empleando fondos públicos y con la connivencia del propio Estado, instrumentalizando servicios públicos como la comunicación o la educación en su propio beneficio, burlando la ley cuando les ha venido en gana y sacando abundante tajada del reparto de oligopolios públicos y privados que ha caracterizado a la economía española en sectores estratégicos. Muchos veían el proceso y advertían sobre su deriva, pero tan arraigado estaba el nacionalismo catalán en el propio sistema del 78, tan sólida era su posición en el reparto del poder fáctico, que nadie osaba tomar medidas. Así se construyó la primera fase del camino de la independencia: la fase metapolítica o, si se prefiere, pre-política. Que llegara la fase política era sólo cuestión de tiempo. Las investigaciones policiales sobre la corrupción en el nacionalismo catalán han precipitado los hechos. Ahora estamos ya sumergidos en el torbellino.

Lo más llamativo del caso es esto: mientras que los separatistas saben adónde van, el Gobierno de la nación española parece no tener las cosas claras. Mejor dicho: sólo parece tener clara una cosa y es que bajo ningún concepto puede tomar medidas demasiado drásticas que estimulen el “victimismo catalán”. El argumento no carece de lógica, pero nadie repara en los devastadores efectos que ese exceso de delicadeza está teniendo en el resto de la nación. Para no inflamar los ánimos de parte de la sociedad catalana, se está sembrando la desesperanza y el pesimismo en el conjunto de la sociedad española, que asiste, atónita, al espectáculo de un poder ejecutivo que corre a refugiarse tras las togas y los reglamentos. Esta es la amarga verdad: los separatistas tiene un proyecto nacional (todo lo demente que se quiera, pero activo), mientras que España carece de él.

¿Qué hacer? Haga lo que haga el Gobierno de la nación (española), habrá conflicto. Eso es inevitable. Siempre lo ha sido. En política, de hecho, la norma es el conflicto y el consenso es la excepción. Un gobernante es hábil cuando aborda el conflicto antes de que alcance dimensiones dramáticas. Pero en España, y respecto al caso catalán, hemos pasado de un gobernante que precipitó el conflicto, como fue Zapatero, a otro, Rajoy, que lo ha dejado crecer pensando que el paso del tiempo lo dormiría. Entre la irresponsabilidad y la flacidez, la Historia no será indulgente con ninguno de los dos. Ahora la situación de hecho es que tenemos sobre la mesa un proceso de secesión. Es preciso detenerlo. Los instrumentos del poder ejecutivo son innumerables: además de los resortes jurídicos están los económicos, los administrativos y los policiales. Rajoy tiene en su mano activarlos. El presidente ha de optar: lo que se está jugando es nada menos que la supervivencia histórica de España. ¿Estará a la altura?

Mariano lo deja para el miércoles: vuelva usted mañana
Jesús Cacho www.vozpopuli.com 10 Noviembre 2015

Había estado tan contundente la doña el pasado viernes, que nos lo llegamos a creer. Sí, es cierto, hace falta ser muy crédulo para aceptar de buenas a primeras cualquier aserto o iniciativa que proceda de este Gobierno, pero el desafío que nos ocupa es tan importante, la ocasión que nos preocupa, tan histórica, que cuando Soraya Sáenz de Santamaría dijo el viernes, en rueda de prensa tras el Consejo de Ministros, que si el Parlamento de Cataluña aprobaba el lunes, este lunes, la declaración secesionista, el Gobierno de España iba a pedir su nulidad "en el minuto uno" al Tribunal Constitucional (TC), nos lo creímos, ilusos que somos. "En el minuto uno", dijo muy convencida la buena señora.

Pues parece que no. Han transcurrido ya unas cuantas horas y aquí no ha pasado nada. En el minuto dos, en el minuto tres, y en el cuatro y en el cinco, comenzaron a llegar a la redacción de Vozpópuli llamadas de lectores y amigos, simples ciudadanos alarmados todos, avisando de que el Gobierno había decidido posponer para el miércoles la reunión del Consejo de Ministros que debe adoptar la iniciativa de suspensión al TC. Mariano no parece tener mucha prisa. Es el acto revolucionario más importante ocurrido en España desde julio de 1936, pero Mariano ha decidido dejar la respuesta para el miércoles. Casares Quiroga, presidente de la II República, y su heróica respuesta cuando le anuncian la rebelión del 18 de julio: "Pues si ellos se han levantado, yo me voy a acostar". Mariano tiene problemas burocráticos que resolver. De protocolo tal vez. Es el vuelva usted mañana del gran Mariano José de Larra. Es la procrastinación, tantas veces denunciada por Américo Castro, de los problemas que la pereza española hizo antaño proverbial.

Mariano es como aquellos motores de dos cilindros que necesitaban su tiempo para desplazarse de un punto a otro, aunque estuvieran separados apenas por 10 metros. Tampoco es un hombre previsor. A lo mejor se podía haber pedido por adelantado el dictamen del Consejo de Estado que, al parecer, es lo que retrasa la respuesta al envite separatista. A lo mejor. Es una sugerencia. Es verdad que sólo los hechos consumados son susceptibles de tener fuerza y/o efectos jurídicos, pero todo el mundo sabía que el independentismo iba a cumplir la amenaza de aprobar la declaración secesionista con la que esta mañana nos ha obsequiado. Todos menos Mariano, a lo que parece, que necesita su tiempo para actuar porque es incapaz de tomar la iniciativa, llevar la delantera, imaginar, aventurar, adelantarse por una vez, siquiera de casualidad, a los designios de los malos.

Dos años antes, por lo menos, del 20 de noviembre de 2011, todo español en sus cabales sabía que a Mariano le iba a tocar ser presidente del Gobierno de España de grado o por fuerza, y ello por culpa de ese desastre con piernas que fue su predecesor en el cargo, el malhadado Zapatero del "apoyaré la reforma del Estatuto de Cataluña que apruebe el Parlamento de Cataluña". Todos menos Mariano, que se pasó buena parte de 2009, 2010 y 2011 tocándose los violones, silbando en el muelle de la bahía viendo pasar los barcos veleros cargados de ron rumbo a Nueva York. Porque Mariano llegó a La Moncloa con las manos vacías, sin una idea, sin un papel en la cartera, sin un proyecto de Ley listo para publicar en el BOE, sin ningún trabajo adelantado sobre las necesidades perentorias de un país que se caía a pedazos, toda esa labor previa que cualquier presidenciable serio de un país serio realiza de antemano cuando sabe que va a tocar poder.

El flequillo de la 'nekane' de la CUP
Ahora Mariano también se toma su tiempo. Como la vicepresidenta del "minuto uno", que a lo mejor tiene algún compromiso de última hora que cumplir para volar en globo. A lo mejor tienen cosas más importantes que hacer. Mariano va a reunir el miércoles a sus ministros y aquí no ha pasado nada. O sí. La portavoz de la CUP en el parlamento de Cataluña, una belleza independentista con flequillo a lo nekane que responde al nombre de Anna Gabriel, ha dicho esta mañana que el texto aprobado supone "rechazar la imposición españolista de sus leyes y tribunales y el fundamentalismo constitucionalista que se impone por encima de la realidad democrática que hay en Cataluña". Anna Gabriel es hija de onubense por parte de padre y de murcianos por parte de madre. También ha anunciado "la desconexión democrática del Estado español, porque la democracia es la voluntad de la gente y no puede ser revocada por ninguna otra instancia".

A lo mejor a Mariano esto no le parece suficientemente grave, y por eso lo deja para el miércoles, vuelva usted mañana, en lugar de reunir esta misma tarde al Consejo de Ministros y elevar al Constitucional un minuto después el escrito pertinente para parar en seco y de una vez por todas la farsa con la que Artur Mas y su gente lleva tanto tiempo ofendiendo a los españoles. Hace apenas unos días pedíamos desde este mismo diario a Mariano Rajoy que "tuviera agallas" para responder con contundencia al reto secesionista. Seguimos sin saber si las tiene. Seguimos confiando en que, llegado el momento, este hombre y su Gobierno van a ser capaces de estar a la altura histórica del desafío que unos insensatos han planteado a España y los españoles. A la paz y la prosperidad de los españoles. ¿De verdad va a tener usted agallas para hacer lo que hay que hacer, don Mariano?

Una crisis de libertad individual
Este sábado fue presentado por Ciudadanos su documento de propuestas de regeneración democrática e institucional, sin embargo, no voy a entrar a hacer valoraciones del contenido de dicho documento. Sólo decir, eso sí, que es de agradecer el esfuerzo, habida cuenta del inmovilismo e inconcreción del resto de formaciones políticas. Y señalar el acierto de sus promotores al haber introducido, por fin, garantías presupuestarias para los dichosos derechos sociales. Desgraciadamente, debido a la culminación del desafío secesionista de este lunes, no puedo evitar llamar la atención sobre los errores de fondo que nos están abocando a un fin de ciclo extremadamente accidentado. Errores en los que también incurre Ciudadanos.

Ninguna formación política con aspiraciones de Poder, o de integrarse en una coalición de gobierno, cuestionará el papel del Estado como agente económico preponderante

Derechos sociales frente a derechos individuales
Javier Benegas www.vozpopuli.com 10 Noviembre 2015

En general, todos los partidos parecen coincidir en que, además de proporcionar determinados servicios –se supone que básicos– la función del Estado es extraer rentas para luego repartirlas; es decir, hay unanimidad en que una de sus funciones fundamentales es la redistribución de la riqueza. Por lo tanto, ninguna formación política con aspiraciones de Poder, o de integrarse en una coalición de gobierno, cuestionará el papel del Estado como agente económico preponderante. Si acaso, existirá un pequeño desacuerdo a la hora de especificar hasta qué punto pueden sacrificarse los derechos individuales en favor de esos otros derechos llamados sociales y del sostenimiento del propio Estado. Y, llegado el caso, como sucede en Cataluña, pueden llegar a quebrar el marco de convivencia con tal de llevar esta visión utilitarista y liberticida del Estado a sus últimas consecuencias.

Hay quienes justificarán esta deviación arguyendo que la actual crisis es consecuencia de haberse aplicado durante años el sesgo contrario. Pero lo cierto es que, contra toda propaganda, el pensamiento dominante durante las últimas décadas ha sido netamente colectivista. De hecho, el liberalismo fracasó, entre otras razones, porque no pudo reducir las estructuras administrativas y sus representantes políticos terminaron asimilándose en ellas.

En realidad, el concepto de Estado social hace tiempo que terminó desbordando a la Democracia liberal con terribles consecuencias, entre las que destacan la corrupción, el clientelismo, la confusión entre lo público y lo privado y, en última instancia, la ruptura territorial. Las instituciones formales (parlamentos, tribunales, sistema legal…) dejaron de complementarse con restricciones informales (normas de comportamiento, convenciones y códigos de conducta). Es decir, se produjo una dislocación de los sistemas institucionales de las democracias. Y de ahí a que, por ejemplo, terminara mandando el cochino dinero no había ni medio paso. Que en un futuro próximo termine mandando un puñado de maoístas, también entra dentro de lo posible. Cataluña, si nadie lo remedia, será pionera en este campo.

Es verdad que, durante un tiempo, hubo conciencia de la estrecha relación entre el sostenimiento del Estado de bienestar y la generación de riqueza, lo cual mantuvo hasta cierto punto a las instituciones dentro de un equilibrio aparente. Sin embargo, esta conciencia terminó desapareciendo totalmente durante los tiempos del crédito fácil, el dinero barato y la burbuja inmobiliaria. Fue entonces cuando las Administraciones, controladas por los partidos políticos y los grupos de interés, se extralimitaron, convirtiendo los ingresos coyunturales en gastos estructurales hasta que el crac financiero de 2007 provocó un aterrizaje forzoso. Desde entonces, lo urgente ha primado sobre lo importante; es decir, la perentoria necesidad de una mayor recaudación ha prevalecido sobre la imprescindible generación riqueza. Como consecuencia, la sociedad se ha empobrecido mucho más allá de lo estrictamente inevitable.

Hoy, mientras el sector privado se ha visto arrasado por la crisis, las estructuras públicas permanecen inalteradas o, incluso, han aumentado de tamaño. Y lo que es peor, la creencia de que sólo un Estado fuerte puede sacarnos del atolladero se ha exacerbado. Sin embargo, es evidente que esta situación no pude durar eternamente, de ahí que los bancos centrales hayan comprando tiempo para que los gobiernos realicen las reformas oportunas. Pueden esperar sentados.

Lamentablemente, al igual que hay muchos economistas con un entendimiento primitivo sobre la historia del crecimiento económico, que les lleva a pensar que basta con privatizar para que las economías fracasadas se coloquen en el camino del crecimiento, en el lado contrario hay infinidad de “técnicos” que creen que bastará con añadir garantías institucionales adicionales para que los individuos, a pesar de que su libertad está cada vez más constreñida, puedan no obstante generar la riqueza necesaria para sostener el sistema. Error.

El hecho cierto es que, según el Estado social avanza, los incentivos que animaban al individuo a arriesgar para generar riqueza están desapareciendo. Las personas se adaptan a las restricciones que se les imponen y, en todo caso, actúan en base a las expectativas; es decir, se vuelven gregarios. Esta es la realidad. Por lo tanto, no se trata sólo de garantizar la igualdad ante la ley o la neutralidad de las instituciones, tribunales y entidades reguladoras, sino también, y sobre todo, que ningún gobierno presente o futuro, con el BOE en una mano y en la otra una mayoría de votantes, pueda decidir cuánta de la riqueza que generamos le pertenece.

Sin libertad no hay futuro
En realidad, el problema de España, y el de otras sociedades, es un problema de libertad práctica (fundamental en los procesos de adaptación ante grandes transformaciones) y de falta de amparo ante ese ente formidable que es el Estado. Hoy por hoy no podemos planificar nuestra vida porque la inconsistencia temporal convierte al Estado en un ente imprevisible y muy peligroso. Vivimos en permanente inseguridad jurídica, en el sentido, por ejemplo, de que no sabemos cuánto podrá detraernos en el futuro la Hacienda Pública, de hecho, la legislación tributaria cambia cada año. Ni siquiera sabemos qué pensión nos corresponderá cuando nos jubilemos dentro de 10, 20 o 30 años, porque lo que percibamos dependerá no de lo que coticemos, sino del número de trabajadores en activo en el momento de nuestro retiro.

Defender los imprescindibles derechos individuales no es liberalismo: es sentido común cuando de lo que se trata es de generar riqueza para salir del atolladero. Es este enorme boquete, en efecto, lo que hay que subsanar. El individuo con aspiraciones, que es capaz de emprender, innovar y generar esa riqueza que necesitamos, no puede seguir en el absoluto desamparo, aterrorizado y siendo todo lo más la víctima propiciatoria de un creciente expolio, del Estado o de un estadito de nueva factura, como al que aspiran los secesionistas. Decía Thomas Jefferson que cuando los gobiernos temen a la gente, hay libertad. Pero que cuando la gente teme al gobierno, es que hay tiranía. Pues bien, hasta al más honrado contribuyente le da un vuelco el corazón cuando recibe una carta con el membrete de la Agencia Tributaria. Saquen ustedes sus propias conclusiones.

Zapatero en Weimar
Gabriel Albiac ABC 10 Noviembre 2015

Victor Klemperer anota el crepúsculo de Weimar. Con el nazismo en puertas. «Ninguno era nazi, pero todos estaban intoxicados».

Allá por el año 2008 –una eternidad parece haber pasado– publiqué yo el primer libro en el que se proponía dar razón de los políticos españoles, no como una clase; como una casta. De la cual, sólo lo peor vendría. Me releo ahora, como quien lee una estela arqueológica: «Podría, a fin de cuentas, soportar que la vida me la jodieran grandes monstruos del mal a escala histórica. Los que invocara un Joseph Roth, descuartizado entre dos guerras. Que me la joda una banda de idiotas, es más de lo que todo estoicismo podría hacer tolerable. No hay siquiera epopeya en ver perecer un país a manos de caricaturas: Blanco, Zapatero, Rubalcaba... Muy miserables hemos debido ser –y muy medrosos– para merecernos esta casquería». Sí, muy miserables. Y muy medrosos. Para acabar, hoy, 9 de noviembre de 2015, en esto.

Todos decían entonces, todos siguieron diciendo luego: «No pasará nada». Pero esos todos no habían leído a Roth. Ni a Klemperer. Ni a Freud ni a Zweig. La nesciencia era su patria. Y, como los estúpidos burgueses centroeuropeos de entreguerras, se empeñaron en soñar con que bastaría echarle unas monedas al monstruo para que se calmara. Que basta pagar convenientemente al Hitler o al Mas de turno para que todas sus mitologías aterricen. No ha habido en el siglo veinte idiocia más asesina que aquella de los benévolos burgueses alemanes y austríacos que vieron llegar al monstruo y se empeñaron en creer que las cruces gamadas eran un disfraz para pedir limosna. Fueron exterminados. Por la galerna sin control de las mitologías, que son el nombre respetable de la matanza.

A quienes nos formamos, desde muy jóvenes, en la lectura de aquellos testigos trágicos de un mundo que se vino abajo, nada de lo de Cataluña hoy nos sorprende. El día aquel en que un presidente español prometió someterse a lo que un Parlamento regional le dictase, el conflicto civil se hizo inevitable: un Estado que se dice siervo de una de sus instancias locales estalla. Y nunca el estallido de un Estado es incruento. Cuando un día los historiadores tracen responsabilidades de esta tragedia mayor que es el fin de España, el nombre de Rodríguez Zapatero primará por encima de todos. Pocos podrán optar a un epitafio más infamante.

Lo de hoy en Barcelona será tan sólo el epílogo de aquello que un extraño presidente puso en marcha para disolver España. Podía parecer nada más que el desahogo sentimental de un cerebro infantil, borracho de mitologías hueras. Pero esas mitologías son letales. También la infinita necedad puede ser un pasaporte para pasar a la historia. Rodríguez Zapatero: lo nefasto no es menos memorable que lo ilustre.

Y sí, es verdad, «ninguno era nazi, pero todos estaban intoxicados». Y pusieron el germen de esta locura. No lo olvidaremos. Nunca.

Otro 9N sin hacer nada.
Vicente A. C. M.  Periodista Digital 10 Noviembre 2015

¡Gracias Rajoy! Por nada. Hay una expresión que recoge la felonía y cobardía que se oculta bajo una supuesta acción de Gobierno “proporcionada” y es la de “cogérsela con papel de fumar”. Todo con tal de no asumir responsabilidades de Gobierno y actuar con la celeridad extrema que el caso requiere. Por supuesto que me refiero al bochornoso, vergonzoso y mezquino espectáculo que nos hemos tenido que tragar viendo cómo se vulneraba la Ley por un Parlamento dominado por unos secesionistas que han terminado por imponer su rebelión en una sesión que nunca debió de celebrarse para tal fin. Eso sí, al igual que este Gobierno, han demostrado que su fervor independentista no llega a cometer torpezas como facilitar a la Justicia su labor de identificación para posteriores exigencias de responsabilidades. En un alarde de cobardía extrema, han impuesto una votación secreta y la aprobación atomizada por puntos de la resolución.

El resto de partidos políticos que componen ese Parlamento ha decidido asistir y participar en el debate, para final e incompresiblemente contribuir a la farsa permaneciendo en el acto de la votación y tras su anunciada aprobación, alguno como el PPC mostrar banderas de España y de la Comunidad de Cataluña como impotente expresión de la españolidad y unidad que acababan los separatistas de violentar. Una actitud que ha sido esteril y en mi opinión contraproducente, ya que afianza el razonamiento falaz de un proceso democrático normal, lo cual no es el caso. Un error que demuestra la falta de unidad real entre el resto de formaciones que solo han intentado aprovechar este acto para lanzar sus mensajes de precampaña electoral a la caza de votos.

Agua pasada no mueve molino, pero si hemos llegado a esta situación ha sido por la responsabilidad directa y exclusiva del actual Presidente del Gobierno y su equipo. Su negativa hace exactamente un año a no actuar ante el desafío secesionista con la publicitada consulta y puesta de urnas de cartón en colegios públicos, es la responsable directa de que los rebeldes, como ya han manifestado públicamente, confirmen el que nunca pasa nada y que el Gobierno de España amenaza y amaga con tomar acciones pero nunca las toma. Y es la única verdad. Basta ver cómo durante este año y durante la legislatura se ha ido regando de millones al Gobierno secesionista de Artur Mas con la excusa de no perjudicar a los ciudadanos españoles de esa comunidad, mientras los fondos se usaban para otros fines sin control. Un pozo sin fondo, un aval al despilfarro y una indiferencia absoluta ante la amenaza creciente de la secesión.
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Y no me gusta acudir a aquello de “ya lo dije”, mejor dicho, ya lo escribí. Pero es así, y a lo que se ve y como era de esperar por la nula difusión del mensaje, totalmente ineficaz. Como predicar en el desierto. Otro esfuerzo estéril que me debería merecer una profunda reflexión sobre mi auto impuesta misión, y en la medida de mis posibilidades, de denuncia en defensa de los principios en los que creo, en la defensa de la vida, de la libertad,de la democracia, de la Unidad de España y en cumplimiento del juramento que hice al besar su bandera. Es una lucha desigual en la que al contrario que en la mayoría de las películas, el mal triunfa sobre el bien y no hay nada que podamos hacer para evitarlo. Hoy tengo desgraciadamente este sentimiento de frustración a la vez que una rabia incontenible porque veo cómo un grupo de traidores está logrando sus objetivos ante la huida cobarde de los que tienen el poder y los medios para detenerlos y devolver la legalidad a una parte esencial de España.

Rajoy, con su control de los tiempos en los que la inmediatez es una palabra inexistente en su corto vocabulario, cuando salió a las TV para “tranquilizar” a los españoles para decir repetidamenteque “mientras el fuera Presidente……”, se le olvidó matizar el que cualquier acción de Gobierno de esta entidad tiene unos pasos previos, ni obligatorios ni vinculantes como parece querer decir ahora, de petición de consulta al Consejo de Estado para que el Consejo de Ministros apruebe presentar un recurso de inconstitucionalidad ante el Tribunal Constitucional, que en sesión urgente deberá admitirla obligatoriamente a trámite, con lo que automáticamente quedan suspendidas las actuaciones que se recurren, cosa que se comunicará a la Presidenta del Parlamento de Cataluña, Carme Forcadell. Esa celeridad de acción, es una clara demora sin motivo que retrasa 72 horas el incio de acciones,cuya consecuencia evidente es dar tiempo para que los secesionistas puedan publicitar y festejar su triunfo presentándose a la opinión internacional.

En paralelo y ya que estamos, algún responsable del Gobierno, por ejemplo La Fiscal General, debería dar explicaciones de por qué, a pesar de los innumerables indicios que pesan sobre la mayoría de miembros de la familia Pujol, aún no se han tomado medidas cautelares “proporcionadas a sus supuestos delitos” y no se ha eliminado con su encarcelamiento la posibilidad de destrucción de pruebas, movimientos y ocultamiento de fondos, como sí se ha hecho en otros casos de menor entidad y de menor impacto mediático. ¿Acaso debemos suponer que existen causas inconfesables que pudieran afectar a otros personajes de relieve nacional que permanecen en un discreto anonimato por ahora sin estar siquiera imputados? La máxima de piensa mal y acertarás a veces no solo se cumple sino que supera con creces a la imaginación. El desinterés y doble vara de medir está levantando un océano de sospechas de ocultamiento premeditado ante las amenazas directas del principal implicado, Jordi Pujol y su metáfora de mover la rama del árbol y la caída de todos los nidos.

Creo que los españoles nos merecemos algo mejor de lo que se nos propone y que no se nos trate como verdaderos imbéciles que pueden ser convencidos con arengas y manifestaciones como la que Mariano Rajoy ha protagonizado hace escasas tres horas.

¡Que pasen un vergonzoso día de la secesión!

¿'Crimen y castigo' o 'Humillados y ofendidos'?
Ignacio Gomá Libertad Digital 10 Noviembre 2015

El 23 de septiembre del año pasado escribía en este medio un artículo que se titulaba "¿Es la independencia o seguir mandando?" y en el que ponía sobre la mesa mis dudas sobre la intención de toda esta deriva independentista, al menos en la parte que se refiere a los que la lideran. Es evidente que sería excesivamente simplificador pensar que todos los actores de este sainete con ascendente drama tienen las mismas intenciones, pero parece bien traída la teoría (una teoría parsimoniosa, que dicen los politólogos, porque explica muchas cosas con pocos elementos) de que de lo que se trata es de ir dando pequeños pasitos, realizar pequeñas o grandes provocaciones cuyo objeto, más que molestar a los españoles y al Estado, es mantener una llama emocional en la que se pueda moldear, cual herrero el hierro incandescente, el sentimiento de la ciudadanía catalana, manteniendo el poder de una manera u otra todo el tiempo que sea posible hasta que pueda abandonarse sin peligro, en una huida hacia delante de tal calibre que a sus oponentes más les valga ceder que enfrentarse, en la creencia de que las soluciones que realmente se abren son sólo dos: o lograr la independencia u obtener unas concesiones tales que permitan a los dirigentes aparecer ante la opinión pública como triunfadores, por lo que tendrían siempre una carta ganadora.

Y todo ello contra la ley, por supuesto, pero también contra la lógica y la aritmética, porque ni el pseudorreferéndum significaba nada ni las elecciones pseudoplebiscitarias han proporcionado más resultado que la evidencia de que la mayoría de los catalanes no está a favor de la independencia, y que la sociedad catalana es una sociedad profundamente dividida, lo que no es óbice para que la minoría se decida a emprender caminos sin regreso como si fuera una victoria indiscutible.

El penúltimo acto de esta tragicomedia es la votación del inicio de la desconexión por el Parlamento catalán, que, haciendo buena mi teoría parsimoniosa, va inmediatamente seguida de una alocución del presidente Mas en la que en definitiva viene a decir que de lo acordado no hay nada si él no sigue de presidente, porque sin su investidura "el proceso quedará encallado, si no hay sintonía entre el timón y las velas, este velero no podrá navegar", como ha alegado, en burda metáfora.

Estas interpretaciones en clave política que hago están muy bien para comprender las cosas y para desdramatizar las consecuencias que pueden derivarse de ellas, en cuanto pareciera que una vez solucionado el problema coyuntural de política-de-regate-corto quedará desactivado el problema de fondo. Pero no es así, y regodearse en teorías a corto como explicación y en formalismos burocráticos como solución es muy peligroso. Primero, porque, una vez infectado el cuerpo, las consecuencias de la infección no son fácilmente predecibles y la semilla irresponsablemente sembrada tiene ya, previsiblemente, vida propia.

Lo segundo que hay que decir es que esa interpretación política desdramatizadora tiene el inconveniente de que tiende a retrasar las decisiones, esperar vientos favorables y hacer valoraciones políticas a corto plazo echando mano simplemente de la formalidad. Como recientemente yo mismo ironizaba en un tuit:

Me han robado la cartera, pero estoy muy tranquilo porque el Consejo de Ministros va a conseguir que el TC lo declare ilegal.

Lo tercero es que con todo ello se olvida un tercer factor, que a mi modo de ver es el más importante, que es el de cómo se siente el ciudadano normal, ese que paga sus impuestos, ejerce sus derechos y cumple sus obligaciones y tiene un razonable respeto a la ley y a la legalidad vigente y, con más o menos intensidad, siente un cariño comprensible a su tierra y a su país, y que no acaba de comprender por qué tiene que estar soportando un día sí y otro también no sólo la afrenta que representa el sentirse negado y rechazado por un planteamiento político que, en el fondo, y muchas veces expresamente, te está diciendo no que sea distinto a ti, sino que es mejor que tú, sino, sobre todo, que tenga la chulería de decirte a la cara que lo va a hacer quieras o no, lo diga la Constitución o no lo diga, porque, como resultaba de las declaraciones que evacuaba el otro día la señora Forcadell, el Gobierno "no se atreverá" a aplicar la ley porque, a su juicio, "delante del mundo, el Estado español se retrataría, eso lo debilitaría, y, en todo caso, favorecería a Cataluña".

Y ello no lo digo porque vaya a generar una reacción de chulería similar que pueda desembocar en algo grave; no lo creo porque hay que reconocer que el ciudadano español ha hecho gala de una corrección y de una paciencia infinitas, sino porque, simplemente, tiene derecho a que las leyes se apliquen y se siente justamente agraviado comparativamente si ve que las leyes se aplican en unos casos sí y en otros no. Si queremos que el ciudadano conserve su confianza en el sistema, es necesario que el sistema cumpla su parte del trato.

Dostoievski, uno de mis autores favoritos, escribió dos obras que vienen que ni pintadas para la situación catalana actual: Crimen y castigo, una profunda novela sicológica en la que el estudiante Raskolnikov tiene la firme creencia de que los fines humanitarios (léase aquí patrióticos) justifican el crimen pero que, al final, acaba confesando y expiando su crimen con sufrimiento; y Humillados y ofendidos, en que los personajes, afectados por una especie de fatum inevitable, encadenan desgracias y sufrimientos. Aunque me queda poca reserva de confianza en ellos, quisiera pensar que nuestros dirigentes serán capaces de percatarse de que esta cuestión no es ya una cuestión de Derecho Político, Administrativo o incluso Penal, sino sobre todo de dignidad y respeto al ciudadano que paga sus impuestos y vota, que no quiere sentirse humillado y ofendido y que no quiere crimen sin castigo.

Farsa, tragedia, Historia… Lo que va de 1775 a 2015 pasando por 1915
¿Hoy es el Día de la Independencia (de Cataluña)?
Carlos Rilova Jericó.  www.latribunadelpaisvasco.com 10 Noviembre 2015

Doctor en Historia Contemporánea

Hoy, una vez más, para variar, voy a hablar, otra vez, de Cataluña, de la Historia, de la independencia que pretende menos de la mitad de su cuerpo electoral, etc…

La verdad es que podría, incluso debería, haber pasado del tema, que empieza a ser un poco agotador.

Pero, como ven, no he podido. No sé muy bien el porqué. Acaso por eso que llaman “atracción del abismo” (es decir, la sensación de sentirse casi capturado magnéticamente por cualquier barranco al que uno se asoma). O tal vez, lo más probable, porque, como historiador, es difícil sustraerse a hablar de hechos históricos cuando estos están ocurriendo.

No cabe duda de que estamos teniendo ante nuestros ojos, hoy mismo, un hecho histórico. Como lo tuvimos hace veintiséis años, cuando el Muro de Berlín cayó y con él, poco a poco, se desintegró el bloque soviético.

Como ya sabemos la cosa es que un 47 %, y poco más, de los votantes catalanes han respaldado la opción de independizarse de España en sucesivas votaciones de todas las características. Desde referéndums convocados ilegalmente que duraban nada menos que quince días, hasta elecciones autonómicas convertidas en un plebiscito para demostrar que, si se vota a determinados partidos (Convergència, ERC, CUP…), se está votando lo que estamos viendo ahora mismo, en directo.

Es decir, la proclamación de la independencia de Cataluña.

Obviamente, como ser humano carente de superpoderes, no sé dónde va a acabar esto. Según se decía a fines de la semana pasada, el gobierno de España recurrirá de inmediato -si no lo ha hecho ya para cuando estás líneas se hagan públicas- esa declaración unilateral de independencia prevista para hoy lunes.

A partir de ahí, es difícil especular qué más puede pasar. Una de las hipótesis es que esta declaración de independencia se encone de tal modo que ocurra lo mismo que ocurrió, por ejemplo, tras la declaración de independencia de los actuales Estados Unidos, un ya lejano 4 de julio de 1776.

Es decir, que el partido a favor de la independencia logre ir cerrando filas en torno a su proyecto y, poco a poco, lleve su rebelión hasta el punto más lejano. A saber: hasta algún campo de batalla que hoy es una gloria nacional estadounidense. Como el de la famosa Bunker Hill, donde se foguean las primeras tropas, casi improvisadas, de un ejército independentista digno de tal nombre con los casacas rojas del rey Jorge.

Es, como digo, una hipótesis a plantearse. Aunque parece poco probable. A pesar de que los padres de esa nueva nación catalana -que, de momento, aún no existe de facto, aunque haya sido proclamada de iure hoy mismo- han estado haciendo gestiones para crear un Ejército propio.

Parece incluso improbable que algunos integrantes de ese 47 %, y poco más, de catalanes partidarios de la independencia, traten de repetir los hechos de 19 de abril de 1775 en Concord y Lexington, cuando los “Minutemen”, los colonos independentistas norteamericanos, hostigaron militarmente por primera vez -más de un año antes de que se declarará la independencia oficialmente- a las tropas británicas que trataban de llevarse armas y pólvora que esos rebeldes habían depositado en estas poblaciones de la entonces provincia de Massachusetts.

Esa hazaña, tan dramática, parece poco probable en la Cataluña de 2015 porque esa acción del año 1775 fue llevada a cabo por unas instituciones que ya habían tomado medidas realmente eficaces, sin vuelta atrás, para enfrentarse con el poder establecido. En este caso la monarquía británica regida por Jorge III.

Es decir, antes de que ocurriese ese incidente que, según el poeta yankee Ralph Waldo Emerson, resonó en todo el Mundo, los políticos al frente de la insurrección no habían hablado de crear un Ejército. Lo habían formado ya. Instruyendo, mal que bien, en tácticas de combate de línea a los colonos partidarios de la insurrección, formando esos cuerpos de “Minutemen”. Es decir, “Los hombres del minuto”, que debían estar listos para entrar en acción -evidentemente hostil- contra los soldados británicos en cuestión de ese lapso, un minuto, apenas se tocase a formar.

Nada de eso parece haberse dispuesto con respecto a ese 47 %, y poco más, de catalanes dispuestos a declarar la Independencia. Con lo cual hoy tenemos una ecuación histórica improbable por incompleta, donde un nuevo 4 de julio de 1776 se tendría que dar sin que haya habido un nuevo 19 de abril de 1775 previo.

Algo que, en definitiva, parece muy poco serio. Con más de farsa que de Historia.

Así, la hipotética independencia catalana parece ir a desvanecerse en un aburrido proceso administrativo, a golpe de Tribunal Constitucional, donde la única emoción, el único riesgo similar siquiera a las batallas de Concord y Lexington de aquel 19 de abril de 1775, se reducirá a cantar, en medio de lágrimas de emoción, “Els segadors” -como ha venido siendo habitual hasta aquí- y rasgarse las vestiduras presentando ante el Mundo entero a la Cataluña independentista como una víctima inocente de una España que no sabe lo que es la democracia tras treinta años de transición de una dictadura a un sistema parlamentario.

Una estrategia, sin embargo, de lo más eficaz. Y es que, sí, no hay duda de que los dirigentes de esta insurrección independentista -al menos algunos de ellos- quizás no están dispuestos a llevar las cosas tan lejos como los colonos americanos las llevaron en 1775 en Concord y Lexington, pero esa falta de una bravura que algunos incluso pueden considerar demodé, no impide que sepan cómo tocar las teclas oportunas para hacer que crezca, sin cesar, el número de independentistas en Cataluña, manipulando emociones primarias, manipulando la Historia…

Un proceso, y ese sí que es un problema, que ya se vivió, a gran escala, en, por ejemplo, la Europa de hace cien años, cuando los intereses de las distintas potencias y, naturalmente, de quienes las dirigían y más se beneficiaban de su existencia, usaron resortes muy similares para lanzar a miles y miles de hombres a enfrentarse entre ellos sobre los campos de batalla que partieron a Europa por la mitad, desde Bélgica hasta los Alpes italianos.

Algo que se resolvió con esos miles de hombres vistiendo diversos uniformes -desde el “feldgrau” alemán hasta el “bleu horizon” francés- y convertidos en carne de cañón que no lo pensaba dos veces cuando los silbatos de sus oficiales daban la señal de salir a la tierra de nadie y avanzar bajo el fuego de las ametralladoras enemigas que, en cuestión de horas -insisto, en cuestión de horas-, apoyadas por la Artillería, podían llegar a liquidar a cerca de cien mil personas puestas sobre esa tierra de nadie…

Es una útil lección ésta de hace cien años de la que, quienes hoy enfrentan la insurrección de ese poco más del 47 % de votantes catalanes, deberían aprender.

Siquiera sea para que, sin resultados tan trágicos como los de 1915, el número de insurrectos no aumente gracias a los ímprobos esfuerzos de esos que, por razones tan dispares como lo pueden ser las del sr. Artur Mar y los ultraizquierdistas de la CUP, tratan de separarse de España sumando, de manera lenta pero implacable, voluntades que no se lo van a pensar dos veces cuando oigan los silbatos que mandan votar contra esos “espanyols de m…”. Un proceso de movilización antiespañola lento -pero seguro- que desde Madrid -esa es la verdad- se ha dejado crecer de un modo tan irresponsable que, quizás, hubiera asombrado incluso al loco rey Jorge III. El mismo al que, en medio de su inopia psiquiátrica, se le fue de las manos aquel asunto de sus colonias norteamericanas en 1775. De la manera más tonta…

Práctica del golpe de Estado
Jordi Cañas Libertad Digital 10 Noviembre 2015

Curzio Malaparte publicó en París 1931 un libro que causó un tremendo impacto político en el escenario europeo y cuya polémica le acabó arrastrando dramáticamente: se titulaba Tecnica del colpo di Stato (Técnica del golpe de Estado). En esta obra, el controvertido escritor, periodista y diplomático italiano analiza y disecciona con precisa profundidad, capítulo a capítulo, diferentes golpes de Estado, exitosos o no, que se sucedieron en Europa, desde el 18 Brumario (9 de noviembre de 1799) de Napoleón Bonaparte, pasando por los de Luis Bonaparte, Lenin, Trotski, Kapp, Primo de Rivera, Pilsudski, Bela Kun, hasta la llamada Marcha sobre Roma de Mussolini, en octubre de 1922, que supuso el final del sistema democrático parlamentario y el inicio del régimen fascista en Italia.

El libro no constituía un manual del buen golpista (aunque de él se pueden extraer ideas), como parece indicar su título, y no era tampoco únicamente una historia del golpismo, sino que era esencialmente un ejercicio teórico en el que Malaparte intentaba enseñar a los defensores de la libertad –en un momento en el que las democracias estaban amenazadas por movimientos tanto de extrema derecha como de extrema izquierda–, mediante el análisis de casos concretos, el modo de interpretar los acontecimientos y la lección que de ellos debe extraerse para proteger a las democracias liberales de sus enemigos, que aprovechándose de los mecanismos democráticos pretendían su disolución, e "impedir que los sediciosos se hagan con el poder".

Cito a Malaparte porque, si hubiera sido nuestro contemporáneo, no tengo ninguna duda de que hubiera incorporado lo sucedido este 9 de noviembre en el Parlamento de Cataluña a su relación y análisis de golpes de Estado.

Porque este lunes se ha aprobado en la Cámara catalana una resolución que proclama "el inicio del proceso de creación del estado catalán independiente en forma de república", “la apertura de un proceso constituyente para preparar las bases de la futura constitución catalana”, “el inicio de la desconexión de las instituciones del Estado Español”, desobedeciendo su ordenamiento jurídico y sus tribunales, e iniciar el desarrollo de “estructuras de estado” que en 18 meses permitan la independencia de Cataluña.

Es decir, una declaración unilateral de independencia, con unos efectos diferidos en el tiempo, cierto, pero una declaración de independencia que para cualquier demócrata no contaminado por la venenosa y tóxica semántica separatista es un golpe de Estado en toda regla contra la democracia española.

Un golpe de Estado que fue teorizado y anunciado de palabra y por escrito con anterioridad por el separatismo y que ha sido perpetrado por 72 diputados que representan al 48% de los votantes de Cataluña. Volver a analizar la palabrería que articula el discurso de los golpistas institucionales a través de la resolución aprobada sería un ejercicio inútil. Esta resolución solo tiene una única interpretación política: un golpe de Estado institucional.

En la sesión de este lunes por la mañana se aprobó el qué y el cuándo. Por la tarde empezó el proceso para decidir quién deberá liderar el cómo, con un Artur Mas que salió al atril a desarrollar pormenorizadamente el guión golpista con la esperanza de ser nombrado generalísimo del proceso este martes. La votación sobre la investidura de Artur Mas puede crear una extraña paradoja, que aquellos que desde los opuestos convergen en la sedición no coincidan en el caudillo que debe liderar la ejecución práctica del mismo. Personalmente, creo que esto es indiferente. El hecho ya se ha producido, y la respuesta debe ser inmediata y servir como mensaje claro que prepare y anticipe las siguientes.

Puede que este sea un golpe de Estado vodevilesco, más grave que serio. Pero el infantilismo político del separatismo, su vacuidad intelectual, su impostada verborrea terminológica no debe hacernos perder de vista la gravedad de su amenaza. La pervivencia de nuestra democracia pasa por la respuesta que dé a este desafío. Desgraciadamente, en nuestro país estamos viviendo un momento histórico en el que a los defensores de la libertad y la democracia nos toca defenderlas de sus enemigos, ahora y aquí identificados con el separatismo. El Estado de Derecho no puede dudar ante la respuesta que debe dar. Debe ser firme y proporcional. Pero también contundente. Aquellos que aprovechan la democracia para dinamitarla deben sufrir las consecuencias que ese ataque entraña. La propia esencia y pervivencia de nuestro Estado de Derecho está en juego.

Curzio Malaparte nos enseñaba a identificar los signos. Algunos no leyeron sus enseñanzas ni hicieron caso de las advertencias de aquellos que venimos identificándolas desde hace años. Ya no podemos volver atrás, porque los separatistas han llevado la teoría a la práctica. Pero ahora no es el momento de dudas. Los que buscan su supervivencia política desde la independencia deben saber que con la convivencia y las libertades no se juega, y que nuestra democracia se movilizará sin fisuras, desde el Estado de Derecho, para garantizarlas.

Algunos llevan demasiado tiempo recordando a Bartleby, escondiéndose tras su "preferiría no hacerlo" para no afrontar a sus responsabilidades. Yo preferiría que el mensaje de nuestra democracia diese a los golpistas fuese: “No dudaremos en hacerlo”.

Porque, como decía Albert Camus, "la tiranía totalitaria no se edifica sobre las virtudes de los totalitarios sino sobre las faltas de los demócratas".

"Aquí mandan los golpistas por incomparecencia de las fuerzas del orden"
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 10 Noviembre 2015

Jiménez Losantos ha analizado el golpe de Estado perpetrado en el Parlamento de Cataluña con la votación de la propuesta de Artur Mas y sus socios.

En una jornada histórica y de desafío para la democracia española el Parlamento de Cataluña ha aprobado la resolución de Artur Mas y sus socios "con la pachorra tradicional del Tribunal Constitucional y de este gobierno de desertores que padecemos", ha comentado Federico Jiménez Losantos.

El periodista ha señalado que "toda la vida de Dios cuando se ha dado un golpe de Estado el Gobierno de turno o se suma al golpe o se enfrenta a él. Mariano es el único caso de un tío que hace como que no pasa nada".

"La semana pasada decía que no habría que sobreactuar, ayer aseguró que mientras él sea presidente no habrá dramas ni tragedias. Pues han proclamado el Estado catalán y la República catalana y si esto no es un golpe de Estado... ¿Qué les parece a estos señoritos del Tribunal Constitucional?".

"¿Es una broma? ¿Una consulta política? ¿Cuántos abogados hacen falta para que la gente pierda de vista el derecho? ¿Cuántos jueces puestos por los políticos hacen falta para que los españoles pierdan de vista el más elemental sentido de la justicia?", se ha preguntado Federico.

El director de Es la Mañana... ha señalado también que "estamos ante unos golpistas que han convertido una asamblea regional en algo parecido al belén de un Estado golpista. Y el Gobierno de la nación con los jueces al dente, los jueces ad hoc, los fiscales de vuelta y vuelta y los abogadillos de todo a cien" no han podido impedirlo porque "hoy no trabajamos y hoy está cerrado el Constitucional".

Federico se ha referido a la fiesta de la Almudena por lo que hoy es día festivo en Madrid. En este sentido se ha preguntado: "¿Alguien se imagina en la batalla de Lepanto, con el gran don Miguel de Cervantes Saavedra ahí en el cañón, que llega Don Juan de Austria, jefe militar de aquella enorme armada cristiana y cuando vienen los turcos le dicen que hoy es fiesta y no pueden combatir?".

"¿Cómo que están de vacaciones? Ustedes deberían estar en la cárcel por no acudir a su trabajo que es hacer que se respete la Constitución", ha sentenciado el director de Es la Mañana...

"Váyanse a freír espárragos, señores. Ustedes llevan cuatro años tocándose las narices y han permitido un número siniestro que es una ofensa a todos los españoles y a la mitad larga de los catalanes que no han votado eso", ha dicho Federico,que también se ha acordado de la Ley electoral. "Sólo con esta ley electoral miserable, que este Gobierno como los anteriores se han negado a cambiar, el voto de Gerona vale tres veces el de Barcelona y que tengan más escaños teniendo menos votos".

"Con esa ridícula mayoría, que ni siquiera va a votar presidente para proclamar la República, van estos bandarras a proclamar un Estado. En lo único que no ha mentido el Romeva este es en lo de que España es un Estado fallido. No, España lo que tiene es un Gobierno desertor. No es un gobierno fallido, es un gobierno fallado, que nos ha fallado a todos".

"Si alguna vez hay un Gobierno de España los separatistas catalanes harán lo que han hecho siempre: salir corriendo por la carretera o por las alcantarillas. De momento en las alcantarillas el que está es el Gobierno de España acompañado, cuando salgan del sopor del día de fiesta, el llamado Tribunal Constitucional".

"Ni Constitución, ni Tribunal, ni Gobierno de nada. Aquí mandan los golpistas por incomparecencia de las fuerzas del orden".

El rescate de España (y II)
ARCADI ESPADA El Mundo 10 Noviembre 2015

El presidente Rajoy ha tenido que encarar dos rescates de España. Superó el primero. Y ha fracasado ante el segundo. Es difícil determinar la responsabilidad exacta de los gobernantes ante los hechos. Como cualquiera, ellos tratan de atribuírsela en lo bueno y de relativizarla en lo malo. Así Rajoy exhibe orgullo ante el rescate económico y elude cualquier responsabilidad ante el rescate político. Pero su empeño es vano. Todo lo que le sucede a una nación es responsabilidad de su Gobierno. Lo demuestra con resignada 'finezza' el viejo refrán italiano: "Piove? Porco governo!". El Parlamento de Cataluña aprobó ayer el inicio de un levantamiento contra el Estado de Derecho español, y ello sucedió gobernando en España Mariano Rajoy. No sólo eso. En el Parlamento catalán se detalló una colección de agresiones contra la democracia imposibles de imaginar en cualquier parlamento del entorno. Fue una sesión de un nivel ínfimo, que avergonzaría a cualquier persona alfabetizada. Ni siquiera la oposición democrática estuvo plenamente a la altura: expuestos sus argumentos, debería haber abandonado el hemiciclo. La democracia no se vota.

Por segunda vez en sus cuatro años de gobierno el presidente Rajoy ha asistido, impotente, a una ceremonia contra la democracia en Cataluña. Ilegítima por ilegal, porque en una democracia no cabe esa distinción envilecedora, tan del gusto de golpistas. No es el único responsable, desde luego. Es inconcebible que el Tribunal Constitucional haya permitido, y por unanimidad, la convocatoria y ejecución del 'putsch' parlamentario. A la oposición política le será difícil sacar partido del desacierto gubernamental. Sus alternativas a la política de Rajoy sólo han consistido en una brumosa, acobardada e igualmente impotente llamada a la negociación de no se sabe qué y en qué términos. Y, desde luego, es imposible que la mitad de los ciudadanos de Cataluña queden al margen de su participación en esta grave crisis española: por su frivolidad, su falta de madurez cívica y por su irresponsabilidad casi profesionalizada. La responsabilidad del presidente desleal y sus aliados no importa. No importa en la peste la responsabilidad del virus.

Gobernando en noviembre Mariano Rajoy Brey, buena parte de los españoles se dieron vergüenza de sí mismos. A ver cómo enfoca eso el Consejo de Estado, ante el que el presidente se ha visto urgido a evacuar consultas.

La firmeza del golpista
ARCADI ESPADA El Mundo  10 Noviembre 2015

El asalto a la democracia exige dos condiciones fundamentales: la convicción y la mentira. El discurso de investidura del presidente Mas destacó en las dos condiciones, y con excelencia, salvo en las acometidas líricas inspiradas por el diputado Llach. Las dos condiciones están, además, íntimamente vinculadas. La vida en una realidad virtual, donde cualquier detalle sirve para reforzar los convencimientos, facilita la firmeza retórica. El uso de la mentira por parte del presidente no supuso demasiada novedad respecto de lo que hacía el nacionalismo, incluso cuando no había optado por la deslealtad y la sedición: las buenas noticias catalanas se deben a la actividad del Gobierno o la calidad de la sociedad: las malas noticias a la conducta del Gobierno español. A este esquema clásico, Mas añadió la fétida ficción soberanista: las malas noticias sociales se evaporarán cuando Cataluña empiece a desarrollar sus estructuras de Estado.

Solo hacia el final de su discurso Mas pareció salirse de su guión: fue cuando, en contra del tercerismo, dijo que la libertad tenía un precio. En efecto, hay un precio; pero no es para acceder a la libertad, sino para asaltarla.

En cualquier caso, y esto es lo que debería tener en cuenta el Gobierno del Estado, el golpista está dispuesto a pagarlo y a hacérselo pagar a los ciudadanos.

La respuesta
Cayetano González Libertad Digital 10 Noviembre 2015

El lunes 9 de noviembre de 2015 se convertirá sin lugar a dudas en uno de los días más tristes de nuestra historia reciente. No por esperado y anunciado deja de ser una agresión a nuestro sistema democrático, un golpe de Estado civil, que un Parlamento autonómico apruebe una resolución en la que en su punto segundo se declara de forma solemne el inicio del proceso de creación del estado catalán independiente en forma de república.

Este lunes ha sido un día triste porque, treinta y siete años después de haberse aprobado la Constitución, una parte que no llega al 50% de la sociedad catalana ha decidido decir adiós a España. Y lo hace liderada por un partido, Convergencia Democrática de Cataluña, que es el paradigma de la corrupción, como bien ha recordado en su brillante intervención durante el debate parlamentario la portavoz de Ciudadanos, Inés Arrimadas, con quince sedes embargadas y con su líder espiritual de todos estos años, Jordi Pujol, salpicado por diferentes delitos, que atañen también a prácticamente todos sus hijos.

Junto a Convergencia, impulsa este proceso la CUP, un partido antisistema que pasa por simpatizar con las diferentes marcas de ETA y que defiende un modelo de sociedad que nada tiene que ver con lo que supuestamente debería representar un partido burgués como el que lidera Artur Mas.

Consumado el desafío, toca al Gobierno de la nación y a otras instituciones del Estado responder al mismo. Esa respuesta debería ser liderada por el presidente del Gobierno, pero Rajoy y liderazgo son conceptos antagónicos. Hasta la fecha, el actual inquilino de La Moncloa se ha limitado a pronunciar palabras que suenan bien, "Mientras sea presidente no permitiré que nadie incumpla la legalidad" y cosas parecidas. Pero las palabras ya no sirven; ha llegado la hora de actuar. De momento, el presidente ha anunciado que recurrirá al Tribunal Constitucional la resolución aprobada este lunes por el Parlamento de Cataluña, y todo el mundo sabe dos cosas: que el TC la suspenderá y que los partidos que la han aprobado no acatarán esa suspensión. ¿Y entonces qué?

Es en ese punto, que se plasmará en cuestión de muy pocos días, donde el mensaje que hasta la fecha ha lanzado Rajoy a la opinión pública se agota en sí mismo. ¿Tiene el Gobierno preparada la respuesta a ese escenario de desobediencia del Parlamento de Cataluña a una sentencia del TC? ¿Cómo será la respuesta? El presidente del Gobierno se ha hartado de hablar estas últimas semanas de una respuesta "serena" y “proporcionada”, sin querer reconocer que cuando te están dando un “golpe de Estado” en tus mismas narices a lo mejor lo de la serenidad y la proporcionalidad no son los conceptos mejor elegidos para intentar transmitir a tus conciudadanos un mensaje de firmeza.

También en estas últimas semanas, el Gobierno y sus portavoces mediáticos han puesto todo el empeño en sacar del debate la posible aplicación del artículo 155 de la Constitución, lo cual es como poner en duda que ese artículo es tan constitucional como los 168 restantes y que no fue votado y aprobado por los españoles en el referéndum de 1978. ¿Por qué razón no se va a aplicar ese artículo si se dan las circunstancias que lo aconsejan?

No queda otra que confiar en que las instituciones del Estado sepan hacer frente al desafío político más grave que se ha planteado desde la transición democrática, porque pretende, ni más ni menos, que acabar con el actual marco constitucional. No es que esas instituciones y quienes las lideran se hayan hecho acreedoras de un depósito de confianza por parte de los ciudadanos, más bien todo lo contrario. En las elecciones del 20-D esos mismos ciudadanos, con sus votos, tienen en sus manos cambiar algo o en parte ese estado de cosas. El problema es que la respuesta del Estado no puede ni debe esperar los cuarenta días que quedan para la cita con las urnas.

El papel higiénico de la República catalana
Guillermo Dupuy Libertad Digital 10 Noviembre 2015

Me parece surrealista la atención que algunos brindan al Tribunal Constitucional y, más aun, el debate que plantea el hecho de si el Alto Tribunal se debía haber pronunciado antes o después de que los nacionalistas aprobaran la más reciente –que no última– ilegalidad en el Parlamento regional.

Algunos parecen empeñados en que olvidemos que ya en noviembre de 2012 Artur Mas proclamó abierta y públicamente que no habría "tribunales ni constituciones" que parasen el proceso secesionista iniciado formalmente durante la Diada de aquel mismo año. Algunos parecen olvidar que ya en enero de 2013 el Parlamento regional de Cataluña aprobaba consecuentemente una ilegal declaración que proclamaba al pueblo catalán "sujeto político y jurídico soberano" y al que se le otorgaba el cacareado derecho a decidir. Quieren que olvidemos que el mismo día en que el Tribunal Constitucional, un año después, declaró ilegal esa proclamación soberanista el Gobierno regional hizo inmediato caso omiso de la misma. Lo mismo sucedería con dos sentencias más del Alto Tribunal contrarias a la ilegal consulta secesionista que fueron inmediatamente burladas por los nacionalistas.

Me parece evidente que el tiempo que los nacionalistas van a tardar en desobedecer nuevamente al Alto Tribunal dependerá, única y exclusivamente, del tiempo que se tome el Constitucional en volverse a pronunciar. Así las cosas, me parece surrealista que fijemos la atención en lo que diga el Tribunal Constitucional respecto de unos gobernantes regionales en rebeldía que, desde hace tres años, sólo desatienden su golpista proceso de ruptura para pedir más dinero al Gobierno central o para decir que hacen caso omiso a lo que digan al respecto nuestros más altos tribunales.

Algunos quieren que olvidemos que hasta la fecha el Gobierno de Rajoy, además de ocultar el gravísimo chantaje de que fue objeto en 2012, no ha amenazado en ningún momento con suspender la Administración regional en rebeldía, ni siquiera les advertido de ninguna consecuencia en el ámbito penal, ni siquiera ha condicionado los fondos extraordinarios que los golpistas le reclamaban al inmediato cese de su intentona. Por el contrario, el Gobierno del PP se ha dedicado a hacer ofertas de diálogo que van desde la concesión de un pacto fiscal muy similar al que rechazó en 2012 –y que los nacionalistas despacharon porque llegaba "tarde"– hasta no menos contraproducentes ofertas de reformas constitucionales a favor de la "singularidad catalana" y de mayores cesiones de impuestos.

Así las cosas, no nos ha de extrañar que los separatistas den nuevos pasos. Lo extraño es que alguien se crea a Rajoy cuando dice este lunes: "El Gobierno que presido no va a permitir que esto continúe". ¿Pero quién sino el Gobierno de Rajoy es el que ha permitido, con su amplia mayoría absoluta, que este proceso ilegal haya continuado hasta ahora? ¿O es que le vamos a echar la culpa al Constitucional? Si al menos Rajoy dijera ahora que va a hacer lo que no se ha atrevido a hacer durante estos tres años, aun dejaría margen para la duda. Pero no. Lo que ha dicho el presidente del Gobierno a renglón es:

Lo he dicho siempre y lo reitero hoy, estamos decididos a utilizar todos los medios que el Estado de Derecho ha puesto a disposición de la democracia para defender la propia democracia.

Pues nada. Esperaremos a que los separatistas se mueran de la risa. Lo que es seguro es que papel higiénico, en forma de sentencias del Constitucional y gracias a Rajoy, no les va a faltar.

Tres o cuatro días de republiqueta y botellón
Pablo Planas Libertad Digital 10 Noviembre 2015

Dados los tiempos necesarios para analizar un caso que ha pillado desprevenidos al Gobierno, al Consejo de Estado y al Tribunal Constitucional, los ciudadanos de Cataluña deberán vivir tres días bajo el régimen del Estado catalán, una republiqueta pinturera en la que ha faltado el canto de un duro para abolir la propiedad privada. Así como por sorpresa, sin anunciarlo, sin publicidad ninguna, resulta que el Parlamento catalán ha declarado la independencia. ¿O no?

Cuatro años llevan con la misma serenata, sin que los representantes de las instituciones del Estado hayan hecho nada para impedir la consumación de actos de desobediencia como el referéndum de hace un año o la sesión extraordinaria de la desconexión, una fantasmada que por fin ha despertado del letargo a Rajoy. Pero sin forzar, paso a paso y cada cosa a su tiempo. Tratándose de Moncloa, la velocidad es vertiginosa. Téngase en cuenta que este mismo lunes ha firmado Rajoy la petición de informe al Consejo de Estado, el martes se reunirán los subsecretarios, el miércoles habrá Consejo de Ministros extraordinario y la resolución de la cámara regional no quedará en suspenso hasta que el recurso del Gobierno sea aceptado a trámite, cosa que se prevé suceda el miércoles a última hora o el jueves.

Mientras tanto, los ciudadanos de Cataluña vivirán en una república, experiencia que no se tiene todos los días. No está previsto que pase gran cosa, porque tres o cuatro días no dan para apreciar un cambio de tan profundo calado. Es que no da tiempo ni para bautizar la Diagonal como Avenida de la República. La republiqueta será efímera aunque Mas se ponga en huelga de hambre porque no le quiere la CUP y le llega la basura del tres por ciento y de los Pujol hasta la barbilla.

¿Dónde se ha visto una república que sólo festejan una decena de jubilados a las puertas del parlamento insurrecto? ¿Dónde están los bocinazos de los coches, las masas y las banderas del Onze de Setembre? ¿Dónde las celebraciones? La republiqueta no es un título de Champions, de acuerdo, pero tampoco parece moco de pavo, sobre todo si les fuera a costar a sus promotores algún precio personal, una inhabilitación, una multa, algo. Tampoco hay que ponerse dramáticos. Sólo nos han estado adoctrinando, engañando, marginando y robando durante tres décadas. Ahora y en teoría sólo tendremos que aguantarlos tres o cuatro días como reyes del mambo y mandos supremos de un Estado más paria que Somalilandia. A partir del jueves, Mas y los suyos, y los de la CUP, volverán a ser nada más y nada menos que los que han mandado siempre en Cataluña y sus juventudes de la escuela Aula. Sin consecuencias para los promotores del botellón republicano. Tres o cuatro días de Resacón en Las Vegas y luego a esperar qué pasa el 20-D. ¿No es genial?

MEDIAS VERDADES
Desmontando a Carmena
Antonio R.Naranjo www.elsemanaldigital.com 10 Noviembre 2015

El contraste entre lo que parece y lo que en realidad es, entre la pose y el fondo; resume en buena medida la estrategia pública de la alcaldesa: "El arte de agradar es el arte de engañar".

Muchas mañanas, al menos al principio de su reinado, Manuel Carmena coge el Metro para acudir a su puesto de trabajo, una estancia amplia en el imponente Ayuntamiento de Madrid, un conjunto de 30.000 m2 en dos edificios contiguos que el faraón Gallardón adquirió para construirse su particular Micerino.

Ésa es la imagen fresca, parecida a la de Joan Ribó llegando al curro en bicicleta o Ada Colau en el suburbano de Barcelona, mezclándose con la gente, antes de llegar al despacho. O sería más correcto decir a sus dos despachos: uno institucional, que también usaba Pasqual Maragall, y otro operativo en el que dice pasar más tiempo para estar más cerca de su gente. Quién sabe.

Pero no es verdad, volviendo a Carmena, o no al menos una verdad completa. Porque lo que la gente no sabe ni ve, es que antes de bajar las escaleras y montarse al vagón, un coche oficial del Ayuntamiento le ha tenido que llevar probablemente desde su casa hasta la parada en cuestión, a media hora andando que no se puede permitir la alcaldesa, residente en la zona de Conde de Orgaz, en un bonito chalet cercano al exclusivo Liceo Francés.

Para hacerse una foto en el Metro de cuando en cuando, en fin, doña Manuela necesita un despliegue de seguridad y asistencia que dista mucho de la imagen que proyecta, aunque el éxito ya está logrado y sólo el resto de viajeros es consciente del atrezzo imprescindible para lograr la ansiada imagen de normalidad.

El contraste entre lo que parece y lo que en realidad es, entre la pose y el fondo; resume en buena medida la estrategia pública de Carmena y de esa nueva generación de políticos que han llegado con un mensaje de renovación sustentado en gestos aparatosos que mueren rápido víctimas del golpe de realismo que comporta la gestión pero actualizan aquella máxima del moralista francés Luc de Clapiers, más conocido como el Marqués de Vauvernagues, cuando decía aquello de que "el arte de agradar es el arte de engañar".

No es la única contradicción, nada casual, que en poco más de cien días de Gobierno ya ha cometido la alcaldesa de Madrid, a quien su verbo tranquilo e imagen parecen salvar de momento de una crítica mayor que ya ha empezado, sin embargo, con sus viejos amigos de Podemos, y en especial con el headhunter que le fichó a ella, el mismísimo Pablo Iglesias en persona.

Coches oficiales
Los famosos "coches de incidencias" pasaron a mejor vida. Existir, existen, y los usan para asuntos puntuales tanto concejales del Gobierno como de la oposición. Pero nunca supusieron un gran ahorro real para el madrileño; todo lo más una inversión en imagen para Carmena y sus concejales: aunque no se usaran, coches y conductores con plaza siguieron allí, cruzados de manos y apartando moscas a manotazos, esperando a que la niebla de la demagogia se disipara y pudieran volver a trabajar.

Ya lo hacen, Carmena utiliza el coche oficial, como es normal en alguien con su puesto y posición, por mucha foto en el Metro que ilustre la memoria cibernética de Google. Y no es la única. Al propio Guillermo Zapata, el concejal cuyos hirientes tuits le hicieron indigno de manejar la Cultura pero no de presidir Fuencarral por alguna extraña razón, le han visto también subido a uno, aunque los testigos presenciales le adjudican un curioso comportamiento: un par de manzanas antes de llegar a su despacho, aseguran, pone pie en tierra para llegar andando, campechano, del barrio, aunque las suelas aún conserven el brillo del roce con las pulcras esterillas del vehículo oficial.

Ese postureo, que diría un madrileño cheli, alcanza su esplendor con otra ficción convenientemente aireada e incluso bautizada como "diplomacia de las magdalenas". A saber, Carmena rompiendo el hielo con sus rivales invitándoles a compartir tan célebre repostería casera hecha por ella misma, experta en cupcakes y en zumos, según cuentan quienes mejor le conocen.

Pero si la foto es impagable en términos de promoción personal como una abuelita entrañable que hace del Ayuntamiento una extensión de su legendaria cocina, una vez más la realidad es bien distinta: lo pague el grupo a cargo de su presupuesto público o lo hagan a escote, lo cierto es que en Cibeles son ya bien conocidas las comidas del Gobierno, o de parte de él, con el catering encargado a los servicios hosteleros del propio Consistorio servido a domicilio.

Tal vez en ese despacho que tantas críticas le mereció a Ana Botella y que Carmena sigue ocupando. Aún más, se ha gastado cerca de 300.000 euros en remodelarlo con una excusa –una vez más- bien peculiar: se trataba de hacer hueco a los funcionarios y trabajadores de la Alcaldía, como si no hubiese otras dependencias en el inmenso Palacio en las que ubicar a la alcaldesa si de verdad se hubiese querido lograr ese confort sin elevar el gasto del dinero de los contribuyentes. Y esto, que en terminología del momento bien puede tildarse de despilfarro, tampoco es excepcional.

Aunque Carmena también se comprometió a imponerse un sueldo no superior al triple del Salario Mínimo Interprofesional (SMI), ni ella ni sus concejales lo han hecho: la explicación oficial es que, con un presupuesto en vigor, no podían hacerlo.

Una falsedad, o al menos una inexactitud, pues tienen hasta tres caminos para lograrlo: una donación pública (la alcaldesa dice hacerlo con dos ONG, pero nadie sabe a ciencia cierta a cuáles); un cambio del reglamento de régimen local tras votación en el pleno para ejecutar ya su rebaja e, incluso, una renuncia a la liberación total para bajarse la retribución sin reducir la jornada real. Nada de eso se ha hecho.

Como tampoco aplicar ese compromiso, tan cacareado en general por todos los políticos de Podemos o su entorno, a sus equipos directivos: el Ayuntamiento sigue funcionando con 37 altos cargos y 62 eventuales para todos los grupos políticos; en Alcaldía hay un directivo con salario anual de 100.000 euros; en su propio gabinete se van a gastar en 2016 más de 266.000 en cuatro personas seleccionadas sin procesos públicos y, en general, el organigrama político municipal (desde el pleno hasta la coordinación de entidades locales o la cooperación internacional) está plagado de personal seleccionado a dedo con salarios que no bajan de los 40.000 euros y en ocasiones superan los 80.000. Sí, muchos funcionarios han sido asignados a esos servicios y sí, los eventuales están probablemente justificados de sobra. Pero el problema no es tanto lo que se hace como lo que se dijo que se iba a hacer y cómo se criminalizó antes que lo hicieran otros.

Negarse a publicar las declaraciones de renta y patrimonio de los últimos años; la vida laboral, el currículo profesional o el expediente académico son otras decisiones difícilmente compatibles con el mensaje regenerador que se vendía. Incluso mostrar un certificado de antecedentes penales es algo que se le atraganta a la exjueza más célebre de España, como si fuera cierta la especie de que alguno de sus compañeros no pasaría la prueba del algodón.

O tal vez se evidenciaría que, además del penoso y repudiado fenómeno de las "puertas giratorias" de la política a la empresa privada, hay otro a la inversa desde la nada a la Administración política. Quizá, sólo quizá, podríamos saber si la extravagante cesión de un Palacio en el Centro a los "muchachos" del Patio de Maravillas –que no lo piden en la Celsa o en el Pozo del Tío Raimundo- se debe a que algún edil trabajó allí, una duda que recorre el Consistorio sin nadie que la despeje.

Pero que no falten magdalenas. Para todos y todas, por supuesto.

Nota. Sugiero también releer Manuela la justiciera. Escrito en marzo de 2015. Desde entonces llevo preguntando a la señora Carmena si, cuando era jueza, firmó algún desahucio. No he logrado otra cosa que el silencio. Y a veces, decía Unamuno, es la peor mentira.

¿Cambiará alguna vez Arabia Saudí sus libros de texto?
Pablo Molina Libertad Digital 10 Noviembre 2015

El régimen saudí concita las más duras críticas internacionales por su papel en la promoción del odio y la violencia religiosos a través de los libros de texto utilizados en su sistema de enseñanza. Los efectos de esta política tienen consecuencias fuera de las fronteras saudíes, puesto que todo ese material escolar repleto de ideas violentas se exporta de manera gratuita a los centros educativos patrocinados por Riad en todo el mundo.

Esos manuales son auténticas bombas de odio contra los judíos, los cristianos y cualquiera que no profese el wahabismo, la versión ultrarrigorista del islam promovida por la casa Saud. Son innumerables los ejemplos de textos que fomentan o legitiman la violencia contra los denominados "infieles", despropósito impropio de un país que quiere mantener buenas relaciones la mayoría de las naciones del planeta.

Riad se había comprometido a poner remedio a este estado ya el año pasado. Para entonces, las autoridades saudíes iban a tener completada una revisión en profundidad de los textos oficiales destinados a los centros de enseñanza, pero un reciente informe de la Secretaría de Estado estadounidense ha revelado que se sigue difundiendo el mismo discurso de odio.

El departamento que dirige John Kerry hace gala de su particular sentido de la diplomacia al señalar que Arabia Saudí "no ha completado su proyecto de eliminar el contenido censurable de los libros de texto". Y tanto no lo ha completado que, según el mismo informe, en los manuales que estudian los niños saudíes y los musulmanes de los centros internacionales financiados por Riad figuran instrucciones para matar "brujos" y excluir socialmente a los infieles, que es como se refieren a judíos, cristianos, musulmanes chiíes y sufíes, considerados como “no adheridos apropiadamente al monoteísmo”.

Como señala David Andrew en este estudio de la Fundación para la Defensa de las Democracias, la mención de los brujos no es meramente una cuestión académica. La Justicia saudí decapitó en 2014 a un hombre acusado de brujería, y la policía religiosa encarceló a otros 51 brujos a lo largo del mismo año.

Arabia Saudí se había comprometido ante la Comisión para la Libertad Religiosa a revisar todos los libros de texto antes de que finalizara 2014, al objeto de eliminar los contenidos antisemitas y los pasajes de odio contra otras etnias y confesiones religiosas. De hecho, la monarquía saudí tenía que haber realizado esa labor mucho antes. El anterior monarca, Abdalá, se comprometió ante Washington a corregir los libros de texto en la década anterior, operación que iba a estar finalizada allá por 2008. Siete años después, todo sigue igual, por lo que resulta evidente que Arabia Saudí, una vez más, ha engañado a sus socios occidentales.

Las referencias intolerantes y la excitación del odio hacia otras religiones no es sólo un asunto académico, además afecta directamente a la lucha contra el terrorismo islamista, como han puesto de manifiesto con insistencia las autoridades del Tesoro estadounidense encargadas de combatir la financiación de este tipo de terrorismo. La inclusión de Arabia Saudí en la coalición que combate al Estado Islámico obligaba a Riad a cumplir de una vez con su compromiso de erradicar el radicalismo y el odio a las demás religiones de su sistema de enseñanza. La mejor prueba de su incumplimiento es que también los terroristas del Estado Islámico utilizan los textos saudíes en sus madrazas.

© Revista El Medio

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Es la hora de responder a un grandísimo desafío
EDITORIAL El Mundo 10 Noviembre 2015

El Parlament cruzó ayer una línea roja al aprobar por 72 votos contra 63 el inicio del proceso de desconexión de Cataluña y la desobediencia expresa de las leyes. Ello viola la unidad de España, el principio de soberanía nacional y el respeto al Estado de Derecho, los tres pilares sobre los que se asienta la Constitución. Desde ayer, esta institución se ha situado fuera del ordenamiento jurídico.

Por la tarde, Artur Mas compareció en el mismo escenario para pedir su investidura, que se votará hoy. El president en funciones defendió una legislatura de 18 meses para acometer un proceso constituyente y poner en marcha unas estructuras de Estado. Mas explicó que ello concluiría con una consulta sobre la nueva Constitución en la primavera de 2017, fecha en la que teóricamente se proclamaría la independencia de forma unilateral.

No parece que el presidente tenga muchas posibilidades de continuar en el cargo porque la CUP ha dejado bien claro que no le votará. Pero Mas volvió a presentar una nueva hoja de ruta que le permitiría ganar tiempo en su permanente estrategia de alargar el calendario tras lanzar el balón hacia adelante.

La huida de la realidad que encarnó Mas en la tribuna de forma patética refleja la deriva de un proceso soberanista que está impulsando la CUP y en el que Junts pel Sí aparece visiblemente desbordado. En este sentido, Antonio Baños, su portavoz parlamentario, subrayó ayer que, aunque no haya acuerdo sobre la investidura, su grupo promoverá en el plazo de un mes iniciativas legislativas para hacerse con el control de la Seguridad Social y la Agencia Tributaria. Si ello es así, el Gobierno de Rajoy se encontrará antes de las elecciones ante un desafío de formidable magnitud.

En este sentido, no parece que el recurso ante el Tribunal Constitucional que va a presentar mañana el Gobierno sea suficiente para amedrentar a los independentistas, que ayer ya anunciaron que les da igual lo que falle esa instancia. Oriol Junqueras dejó muy claro que el proceso seguirá porque la única legalidad que rige en Cataluña es la voluntad del pueblo catalán, expresada en las urnas.

Raül Romeva y el propio Mas insistieron también en la idea de que los resultados de las elecciones suponen un mandato para construir la nueva república catalana, lo que es una falsedad ya que, como la CUP reconoció en la noche electoral, no se puede iniciar un proceso de esta naturaleza con el 48% de los votos y con una Cámara partida en dos mitades.

Las intervenciones de Mas y Romeva dejaron patente la manipulación a la que se está sometiendo a los catalanes, ya que culparon de todo lo malo que está sucediendo en Cataluña a España y presentaron el nuevo Estado como un paraíso de justicia, libertad y bienestar.

Los nacionalistas no quieren asumir su desastrosa gestión de la economía, el incremento exponencial de la deuda, su incapacidad para resolver los problemas y la corrupción de la familia Pujol y de CDC, que ya ni siquiera puede utilizar sus propias siglas.

De no haber sido por los 39.000 millones que les ha prestado el Estado español en estos cuatro años, Cataluña estaría en la quiebra y no podría pagar las pensiones ni los servicios públicos, entre otras razones, porque las emisiones de la Generalitat son técnicamente bonos basura. En lugar de asumir una realidad tan molesta y en un alarde de demagogia, los dirigentes de Junts pel Sí trazaron ayer el dibujo de una Cataluña idílica fuera de España, en la que todos sus habitantes serían felices y tendrían un nivel de renta y de prestaciones sociales incomparablemente superiores.

Frente a este discurso totalmente alejado de la realidad, Miquel Iceta, el líder del PSC, les recordó que el proceso soberanista asumiría unos costes insoportables, empezando por el aislamiento internacional y siguiendo por la imposibilidad de obtener financiación.

Los argumentos de Iceta, Inés Arrimadas y García Albiol no hicieron ninguna mella en las filas independentistas, que hace mucho tiempo que no escuchan nada que contradiga sus propósitos. Por eso, lo que se vio ayer en el Parlament resulta tremendamente preocupante.

Pensar que Junts pel Sí va a dar marcha atrás o que va a propiciar una negociación con el Estado para buscar una solución pactada es hoy imposible. Lo que quedó meridianamente claro es que CDC y ERC van a hacer todo lo posible para proclamar la independencia cuanto antes y que, para ellos, las normas del Estado ya no están vigentes en Cataluña.

Mariano Rajoy -con el respaldo que Pedro Sánchez volvió a ratificar ayer- ha prometido que va a responder con la ley en la mano y con "proporcionalidad", una estrategia que nos parece correcta. Antes de aplicar el artículo 155, lo lógico y lo coherente es apurar otras vías para intentar disuadir a Mas y Junqueras. Pero pronto va a quedar en evidencia que no acatan la paralización del proceso que supone la admisión a trámite de la impugnación ante el Constitucional y entonces el Gobierno tendrá que pasar a medidas más contundentes. Esto es lo previsible.

Ya no es posible hurtar gravedad a la resolución que aprobó el Parlament ni cabe consolarse con el sofisma de que no surte efectos jurídicos inmediatos. Lo que ha comenzado es el proceso de secesión unilateral de Cataluña mediante una serie de pasos en los que se va a vulnerar la Constitución y la legislación vigente.

Por tanto, el Estado -que es mucho más que el Gobierno- tiene que tener preparada una estrategia para dar respuesta jurídica y política a cada iniciativa del Parlament y la Generalitat, que hasta ahora han avanzado en sus objetivos sin respuesta de las instituciones. Esto tiene que cambiar porque ha llegado la hora de afrontar este gravísimo desafío.

En Cataluña no pasa nada
Javier Caraballo El Confidencial 10 Noviembre 2015

No pasa nada. En determinadas etapas de la vida española, el ‘no pasa nada’ se convierte en ideología política dominante; una especie de pasotismo social, de desconsideración general de todo. Ocurra lo que ocurra, no pasa nada. Como ahora en Cataluña. El aspecto más desconcertante de todos los que confluyen en el avispero catalán es éste del no pasa nada. Todavía ayer, cuando se reunió el Parlamento de Cataluña para aprobar la declaración formal de independencia, muchos seguían diciendo que, en realidad, “no pasa nada”, que todo depende de la importancia que se le quiera otorgar al documento aprobado. Hablan y se refieren a todo lo que está ocurriendo como si estuvieran sentados en una mesa de camilla, moviendo fichas y tarjetas de algún juego de estrategia. Con la grosera jerga de eufemismos que se utiliza desde el principio, como ahora con la “desconexión” de Cataluña, como si fuera Artur Mas el comandante de Star Trek anunciando la desconexión de la nave orbital de la estación base.

‘Desconexión’ por ‘independencia’, trueque de palabras para seguir pensando que en realidad no pasa nada. Y claro, una cosa es que no vaya a pasar nada porque, necesariamente, el imperio de la Ley debe cegar la escapada independentista, y otra cosa muy distinta es que no pase nada ni social, ni legal ni políticamente. Claro que pasa, un estruendo descomunal; por eso es tan llamativa esa pose displicente de tantos intelectuales catalanes, tantos empresarios, tantos periodistas, tantos miles y miles; gente que va por las aceras como si tal cosa porque piensan que, en realidad, “no pasa nada”.

Unos y otros se refieren a la enorme ilegalidad que se cometió ayer en el Parlamento de Cataluña, la vulneración de todas las leyes por las que se han regido los catalanes en los últimos cuarenta años, empezando por el propio Estatut y acabando por la Constitución, como si fuera un trámite parlamentario más que ya se revolverá más adelante con negociación. Ya se ha aprobado la declaración de independencia, y en muchas crónicas políticas se especula todavía con el día en el que “destacados representantes” de las empresas o de la burguesía catalana, disconformes con el proceso independentistas, acaben manifestándose. Cuatro, cinco años, llevan esperando a la mayoría silenciosa que, si existe, no es silenciosa, es sordomuda, y piensa eso, que “no pasa nada”.

Desde aquel primer libro de Adam Smith sobre ‘La riqueza de las naciones’, otros economistas e historiadores han querido profundizar en el porqué de las cosas; países que teniéndolo todo acaban hundiéndose o no consiguen despegar y otros que, sin nada especial, adquieren un desarrollo espectacular. Hace un par de años, dos economistas firmaron el último de estos libros que tanto emocionan: ‘Por qué fracasan los países. Los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza’, de Daron Acemoglu y James A. Robinson. Una de las aportaciones más celebradas de ese libro es la que se refiere a las distintas clases de élites dirigentes, y por extensión de las instituciones que gobiernan esos países, las extractivas y las inclusivas.

Las primeras, las élites extractivas, disfrazan el bien común, que nunca persiguen, y tienden a la concentración de la riqueza y el poder en manos de un reducido grupo, mientras que las segundas, las élites inclusivas, persiguen la desconcentración de la riqueza y el poder, generando una amplia y potente clase social media. Las élites inclusivas respetan la legalidad y el Estado de Derecho, mientras que las exclusivas suponen la desconsideración de toda legalidad. Las primera conducen a la riqueza de los países y al desarrollo de las sociedades y las segundas a la pobreza y al fracaso social. Lo que queda claro, en todo caso, es que, al final, son los pueblos, la gente, sobre todo en un sistema democrático como el nuestro, los que deciden su propia evolución. ¿Por qué en Cataluña tantos cientos de miles han abrazado la independencia y tantos cientos de miles se callan porque piensan que ‘no pasa nada’? Esa es la única pregunta que nadie responde; a qué obedecen estos movimientos sociales que deciden seguir a una élite que les perjudica y pueden acabar modificando bruscamente la historia de un país.

Manuel Vicent, uno de los más brillantes catalanes del ‘No pasa Nada’, dejó escrito hace unos meses que el cerebro de Oriol Junqueras, el líder de los independentistas, que ahora parece aletargado, a la espera de un tiempo mejor, era un cerebro binario, con sólo dos posiciones, como una tecla de encendido, 'off' y 'on', cero y uno, sí y no, menos y más. Hasta el motor y la caja de cambios de Junqueras son simples, según Vicent, con una palanca de sólo dos posiciones, punto muerto y avance, nunca marcha atrás. “El motor de Oriol Junqueras es tan simple que incluso podría funcionar bajo el agua”, remata Vicent.

Pues eso es lo paradójico de todo esto, que por muchas vueltas que se le dé no se entiende cómo tantos catalanes, cientos de miles de catalanes, han acabado o ilusionados o pasotas frente a unos tipos que les prometen seguir los pasos de Kosovo, elegido como modelo por la Generalitat, como si fuera una referencia positiva de desarrollo. Por parecerse a Kosovo arriesgan el papel privilegiado de Cataluña en España y en Europa. Han convertido a tipos como Junqueras en los nuevos gurús del futuro de Cataluña y se han montado felices en el tractor, o se dejan remolcar, porque piensan que, aunque los conduzcan debajo del agua, no pasa nada.

El aborto de una nación
JORGE BUSTOS El Mundo 10 Noviembre 2015

Pasado el mediodía titulamos: "El Parlament escenifica la ruptura con España". Todo el tino inapelable del titular recaía en el verbo, que evoca tablas y actores: un escenario y la farsa que sobre él se representa. Cataluña siempre fue la tierra del diseño, la fábrica del postureo, la cuna de cómicos: una acreditada meca de la ficción. Ayer se programaba un gran estreno, pero la función quedó deslucida por la grisura -casi pacatería- de la oratoria insurgente: cuando uno decide separarse de la realidad, habitar resueltamente en la húmeda fantasía, debe hacerlo a lo grande, poniéndose campanudo y pintarrajeándose a lo Wallace. Pero ay, Romeva y Anna Gabriel no hablan de revolución sino de desconexión, porque su causa está más cerca del folleto de una startup que de un cuadro de Delacroix.

La resolución nace muerta como el aborto de una madre loca y abandonada. Pero ese aborto será enterrado sin la grandeza que necesitaría el martirologio de la nación naciente: bastará un mail del TC. Extramuros del Parlament, el gran vodevil generaba indiferencia, a excepción de los cuatro gatos cursis con sus cuatro enhiestos deditos, gesto que no es ciertamente el saludo romano pero que tampoco iguala la vis subversiva de la manita de Piqué. Si algo vuelve estomagante al independentismo es su impenitente cursilería, que ha contagiado incluso al más alto rango militar: oír al general Rodríguez prescribir amor a Cataluña, ahogar la sedición en achuchones, se antoja menos tolerable que si reclamara los manidos tanques por la Diagonal.

Ni la cursilería ni la ficción son inocuas, como supieron Alonso Quijano o Emma Bovary. Pero los lectores de esas novelas disfrutan la demencia de sus protagonistas precisamente porque no les concierne: la saben circunscrita a la literatura. La locura de Mas, en cambio, persigue la expropiación del primer derecho ciudadano, que es la soberanía. Y en todo caso surte ya efectos perversos sobre la convivencia. Si Foxá no perdonaba a los comunistas el haber tenido que hacerse falangista, nosotros no le perdonaremos al mal drama de Mas nuestro puntual alineamiento con la prosaica CUP cuando hoy lo vete.

España malparida
Pedro de Hoyos  Periodista Digital 10 Noviembre 2015

La colaboración del PSOE con los catalanistas, más aquella declaración de Zapatero, el inútil de León, apoyando el estatut que saliera y como saliera del Parlament, y la inacción de Rajoy, el tonto de Pontevedra, han facilitado esta declaración unilateral de independencia de Cataluña. Aunque el Estado intervenga, tribunales, leyes, democracia, el mal ya está hecho y la separación anímica y emocional de Cataluña del resto de España es un hecho que tardará décadas en desaparecer… si es que desaparece alguna vez. Particularmente estoy convencido de que Cataluña será independiente. Y quizá no tarde mucho.

Es increíble que tras años y años de régimen nacionalista, con todas las televisiones locales a su favor, con la prensa comprada y sumisa y obediente, con la Educación manipulada, influyendo en la mentalidad tierna y párvula de los niños, el Estado, representado por el Rey y Rajoy, se haya mantenido al margen. Incluso cuando los tribunales hablaban a su favor. Incluso cuando las instituciones catalanas desobedecían a esos tribunales. ¿No estaba ya hecha entonces la desconexión? Salvo para los millones que aportábamos con nuestros impuestos para sostener hospitales, farmacias y seguridad social.

Lo comprensible es que los ricos se quieran deshacer de los pobres, es parte de la condición humana y es lo que pasa con Cataluña actualmente. Es absurdo que una de las regiones más ricas y prósperas acuse a las pobres de robarle, pero es lo que hacían los señores medievales cuando un labriego se llevaba una patata en el bolsillo.

Desde tiempos de Franco a Cataluña se le ha dado dinero y empresas que se negaron a otras partes. Y hombres para trabajar en esas empresas y aumentar ese dinero. Hombres que dejaban atrás tierras desoladas y vacías. Pueblos muertos. Trenes inmensos cruzaban “el Estado” para acarrear obreros gallegos, extremeños y castellanos. Nadie ha invertido en Cataluña más que Franco.
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Y posteriormente miles de voluntarios acudieron generosamente para engrandecer una Barcelona olímpica y, otra vez, con el dinero de toda España. Cataluña nos roba. O al menos nos chupa la sangre. Es la Cataluña parasitaria la que se quiere ir, la que quiere más, siempre más o nos amenaza. No es la Cataluña productiva, obrera y trabajadora, sino la que quiere gastarse el dinero en embajadas, en subvenciones periodísticas mientras nosotros le pagamos la Seguridad social.

A la Cataluña catalanista le duele ser Extremadura. Que hasta Ceuta y Melilla tengan su propia autonomía. Que Andalucía, que Cantabria o que ese engendro malparido de Castilla-La Mancha (Reclamo una vez más una autonomía para Castilla-La Tierra de Campos y otra para Castilla-La Tierra de Pinares) sean consideradas al mismo nivel que Cataluña. Horror. España salió mal parida de la Transición, se repartió café para todos, justo lo que ningún nacionalista (“¿Quién como yo?”) puede permitir. La España malparida de la transición pensó que podía prescindir del papel de Castilla y la partió en cantabrias, riojas y manchas que ni pintan ni cortan en una España encabronada. Lo que los nacionalistas no esperaban ni podían permitir es que un riojano estuviese a la misma altura de un catalán. España creyó ser más fuerte deshaciéndose de Castilla centrípeta y con ello se hizo volátil, etérea y gaseosa. Pasajera, fugaz y efímera.

En el pecado lleva España la penitencia y llorará haberse olvidado del papel de Castilla.

Cataluña: "Ley es fuerza"
RAÚL DEL POZO El Mundo 10 Noviembre 2015

Los catalanes que quieren irse de España no son nuestros enemigos, sino nuestros hermanos y está lejos de nosotros aquella costumbre atávica de degollarnos, pero no estaría mal esta tarde triste recordar, como me recuerda un militar demócrata, a Von Clausewitz. "No hay más que una puta verdad: los conflictos se resuelven por consenso o por violencia. Éste hay que resolverlo con política. Pero la iniciativa la lleva el adversario; Clausewitz nos enseñó que no hay que dejar que la libertad de acción la disfrute el enemigo".

Los separatistas creen que es muy posible que la independencia no sea inminente, pero se han sentado las bases para que no haya vuelta atrás. "Ahora no son esos señoritos burgueses o carlistas de pueblo o clérigos de Montserrat, sino sindicatos de clase, jóvenes sin futuro, familias de trabajadores". Entre los amotinados hay provocadores y estúpidos; hay también gente seria que sabe que la independencia aún está lejos pero ya ha empezado una larga guerra de posiciones en el sentido gramsciano. Esto no es un pasatiempo, ni un concurso de eslóganes electorales, sino un serio enfrentamiento de comunidades donde juegan el odio, el resentimiento, los agravios y las falsificaciones de la Historia.

Hasta ahora están cumpliendo su propio guion y el Gobierno tiene que pensar cómo va a tapar la vía de agua. "La vía de agua será más difícil de tapar a medida que pase el tiempo". Un político cercano a La Moncloa comenta: "En este momento hay que estar con el Gobierno y con la Constitución sin recurrir a otra fuerza que la de la Ley". Todos coinciden en que defender la unidad de todos los españoles es una causa justa y escuchar a los catalanes será una obligación del Gobierno que salga el 20 de diciembre. Hasta entonces habrá que aguantar las provocaciones.

Estuvo muy bien Inés Arrimadas, no en plan Agustina de Aragón, sino en el papel de una demócrata europea recordándoles a los nacionalistas amotinados que no hay nada más insolidario que defender la independencia, o sea una Europa con fronteras, una Europa sin Europa, tan de moda en la algarabía de anti-sistema xenófobos, ultraderechistas con botas de pisar emigrantes, ultras de puños de hierro y nacional-chovinistas. Les recordó a los de la banda del sí que no tienen los dos tercios para cambiar el Estatut y quieren desafiar la Constitución y las mayorías.

Ahora hay que poner en marcha la mastodóntica, lenta y laberíntica máquina de la Justicia. Me recuerda un jurista que lo del imperio de la Ley suena bien, es un gran recurso retórico, pero lo malo es que la Ley es también la fuerza. El cumplimiento de la Ley puede terminar en fuerza, ya sea en un embargo, en un desahucio, o en una declaración de independencia.

El Parlament carece de competencias para acordar algo que afecta a todos los españoles y todo es resultado aquella dictadura silenciosa que vio Tarradellas: "La de Pujol es una dictadura blanda y blanca. No mata, no fusila, pero dejará un lastre muy fuerte".

Nacionalismo catalán y patriotismo británico
José Javaloyes. Republica.com 10 Noviembre 2015

Mientras se activa la respuesta del Gobierno de España a la incoada declaración de la Autonomía catalana como “república independiente”, tras del preceptivo y afirmativo dictamen del Consejo de Estado, al tiempo que se cursan instrucciones del Ejecutivo a la Fiscalía General ante eventuales acciones personales contra el orden legal; cuando España afronta una situación de grave emergencia crítica que sólo encuentra precedente parejo, dentro de nuestra Historia Contemporánea, en el 4 de Octubre de 1934, cuando Lluís Companys proclamó desde el Palau de la Generalitat la independencia de Cataluña “dentro de la República Federal de España”, al tiempo que las izquierdas, derrotadas en las Elecciones parlamentarias de 1933, se embarcaban en una huelga general revolucionaria, de muy especial relevancia en Asturias; en tanto que el nacionalismo separatista catalán se arremanga contra el Estado y contra el Derecho, forzando un epílogo a la cumplida Transición a la democracia, la Europa que mira perpleja el espectáculo del secesionismo en Cataluña, contempla por el rabillo del ojo el regreso británico al camino de la disidencia dentro de la marcha general de sus naciones, viejas unas y recientes otras, hacia la integración en un proyecto compartido de vida y hacienda.

No pocos vuelven los ojos hacia el retrovisor en el recuerdo de qué hizo y cómo se opuso tanto el General De Gaulle, por razones de principio, al ingreso del Reino Unido en el Mercado Común. Y lo hacía el general desde la apreciación de que en lo británico pesaba tanto más la razón de oportunidad para subirse al carro europeo, como la conciencia indeleble de tener el alma a pachas con el hermano estadounidense. Se trataba de una porción de identidad fraterna que implicaría siempre insoslayables reservas de fondo frente al paradigma de una identidad europea compartida al ciento por ciento.

Y en ello están y siguen los británicos, tal y como se advierte con enorme nitidez en el discurso de David Cameron sobre las reformas que pretende negociar con Bruselas, partiendo del encuentro con Donald Tusk, el presidente del Consejo Europeo. Unas reformas, restrictivas, aplicadas a la libertad de movimientos y disfrutes de los europeos integrados en lo que respecta a su instalación en el Reino Unido.

Otra de las claves, quizá la más decisiva y profunda de todas, es la de reserva de identidad nacional como realidad que soporta la propia participación británica en las sucesivas integraciones que se vayan alcanzando, como se ha hecho con el mercado y con la moneda. Pero nunca en la identidad nacional, que Cameron, celosamente, aspira a guardar para ellos solos. Dicho de otra manera, su propuesta sería la de nadar juntos pero que cada cual guarde su ropa identificadora. El traje de su ADN histórico.

Visto lo que por Cataluña ocurre resulta hasta cierto punto admirable.

El golpe de Estado y la famiglia
Melchor Miralles. Republica.com 10 Noviembre 2015

Los representantes políticos en el Parlament de menos de la mitad de los catalanes consumaron ayer a las 12 horas y 12 minutos un intento de golpe de Estado en sede parlamentaria, con el jefe de la banda del 3% a la cabeza, aunque con el norte perdido. La declaración de independencia (desconexión la llamaron), es un acto tan ilegítimo como ilegal que exige una respuesta política del Gobierno empleando todos los resortes legales, jurídicos e institucionales en defensa del cumplimiento de la ley y del sistema democrático que nos hemos dado.

Artur Mas, el capo en funciones, siguiendo instrucciones como siempre del patrón de la famiglia, no parecía disfrutar en su papelón. No destilaba entusiasmo. Incluso ayer en su gestualidad apuntaba un poco de mieditis, porque varios de quienes conforman el consejo de administración de lo que es una empresa corrupta al servicio del jefe empiezan a evidenciar su distancia, amenazan con terminar como los pentiti sicilianos y se muestran incómodos con ese abrazo patético a la CUP que les acerca cada día más al averno.

Y la sociedad catalana, en general, callada. Sí, hubo como dos centenares de fanáticos obedientes ondeando esteladas, pero el personal sigue mayoritariamente callado, como lo han estado tantos años ante la mangancia y el disparate, mientras los líderes a los que han elegido les han metido en un laberinto sin salida que resultaba muy gracioso y embaucador, pero que ahora les coloca en una encrucijada que no tiene más salida que otras elecciones autonómicas.

Y Mariano Rajoy, presidente del Gobierno, en Béjar. Le hacíamos en su despacho de La Moncloa preparando la respuesta al mayor desafío en que se ha visto un Gobierno de España desde el 23-F. Pero él ahora vive en campaña permanente. Y desde Béjar respondió a la amenaza con una declaración de carril en la que desgranó con desgana las medidas que va a adoptar el Gobierno para cumplir con su obligación de hacer que se cumplan las leyes vigentes.

Durante años los Gobiernos de España del PSOE y el PP han permanecido inactivos y han guardado un silencio cómplice ante el latrocinio pujolesco. Felipe González incluso liquidó a los fiscales Villarejo y Mena cuando pretendieron hacer cumplir la ley contra el robo a manos llenas de los Pujol, que todo el mundo conocía.

Ahora, Rajoy preside un Gobierno débil, con las Cámaras disueltas, aunque con las Diputaciones permanentes funcionando. Y la campaña electoral que vivimos hasta el 20 de diciembre no ayuda nada a encontrar imprescindibles soluciones políticas al problema catalán. Todo lo sucedido viene a reforzar a quienes desde hace meses pedimos un adelanto electoral, que hubiera posibilitado afrontar este desafío sin precedentes en mejores condiciones.

Porque además de aplicar la ley sin miedo, España y Cataluña necesitan soluciones políticas, regeneración democrática, sin que ello suponga hacer modificación alguna para serenar los ánimos de los golpistas o por miedo a ellos. Las reformas que necesita España permitirán afrontar en condiciones más adecuadas el reto de los secesionistas alocados. Pero en campaña electoral las cosas van a ser más complejas y las soluciones menos sencillas.

Un sistema democrático que se precie, que se respete a sí mismo, no puede dejar impune un intento de golpe de Estado. Primero hay que neutralizarlo certeramente. Una vez conseguido, los responsables deben asumir y pagar su responsabilidad para que no quede impune. Esto no se puede ventilar solo con abogados del Estado presentando recursos. Hay que responder al desafío con toda la fuerza de la ley civil y penal y con una respuesta política adecuada. Ellos se han desenchufado y es hora que de una puñetera vez el Gobierno de España se enchufe y cumpla con sus obligaciones.

La sesión parlamentaria de ayer en Barcelona fue de un nivel político patético. Hoy se votará la investidura de un Artur Mas que ayer en la hora undécima cortejo a la CUP, se perfiló como un ideólogo de la izquierda radical y la revolución marxista leninista y les ofreció como en un mercadillo, sin convicción, por interés propio y arrodillado como quien pide limosna acabar con los desahucios, una renta garantizada, luchas contra la pobreza energética y no sé cuantas cosas más. No se comprometió, eso sí, en ningún momento, a poner toda la maquinaria legal y política de la Generalitat a trabajar para que quienes han robado a Cataluña desde el palacio de la Generalitat devuelvan toda la pasta de los catalanes que tienen en los paraísos fiscales.

Pero no le va a ser suficiente, y esta mañana no saldrá investido presidente. Mañana miércoles Rajoy reúne al Consejo de Ministros para aprobar el recurso ante la moción independentista ante el Tribunal Constitucional, pidiendo la suspensión cautelar. El mismo miércoles o a lo más tardar el jueves, el Tribunal celebrará Pleno en el que aceptará el recurso y comunicará a la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, la suspensión de la moción al menos durante 5 meses hasta que haya resolución definitiva. Y el jueves el Parlament podría celebrar el segundo pleno de investidura con votación, en la que parece que tampoco saldrá Mas. Cabe la posibilidad de que, ante la evidente falta de acuerdo, la cámara se reserve la posibilidad de ni siquiera convocar nuevos plenos. Si Mas no es investido, la presidenta del Parlament debe presentar nuevos candidatos de manera sucesiva en un plazo máximo de dos meses o convocar nuevas elecciones.

En este dislate yo me pregunto cómo pretenden los patrocinadores del golpe de Estado, los mandamases de un Parlamento que se auto expulsa de la legalidad y patrocina la desobediencia, que después alguien les obedezca a ellos. O quizá es que pretenden que en Cataluña se imponga un nuevo tipo de República en la que cada quien haga lo que le plazca, en la que los ciudadanos decidan qué leyes acatan y qué leyes desobedecen, a la carta, a su propio saber y entender. ¿Esa es la seguridad jurídica que ofrecen a los ciudadanos que pagan sus impuestos y a los que han robado hasta ahora a manos llenas desde su poder omnímodo?

Desde Presidencia del Gobierno filtran que Rajoy, desde Béjar, o desde cualquier plató de televisión o estudio de radio por los que ahora se prodiga, a buenas horas, tiene todo preparado. Recuperar las competencias, poner a un policía nacional al mando de los Mossos, suspender las remesas de dinero del FLA, con lo que Mas no podría ni pagar las nóminas, y no sé cuántas cosas más. Aseguran que Rajoy tiene un plan. Veremos a ver si la cosa llega al punto de que el Gobierno pida a la Diputación Permanente del Senado la aplicación del 155 de la Constitución que pocos han leído.

Y a todo esto, no nos olvidemos de cara a las para mí inevitables nuevas elecciones catalanas que la coalición Junts Pel Si y por la corrupción se ha acabado. En las elecciones generales del 20 de diciembre van por separado. Convergencia y Mas quieren esconder las siglas del partido de la vergüenza y se presentará como Democracia y Llibertat. Porque detrás de todo este golpe de Estado lo que hay es una formidable maniobra de ocultamiento e intento de obstrucción de la investigación judicial de la financiación ilegal de CDC y del enriquecimiento ilícito de la familia Pujol y otras familias que terminarán saliendo. Y Mas sabe muy buen cuales son. Las familias. Esto es lo que hay.

Camino de espinas
CASIMIRO GARCÍA-ABADILLO El Mundo 10 Noviembre 2015

Mas prometió ayer en su discurso de investidura un "camino de espinas" a los catalanes, horas después de que 72 de los 135 miembros del Parlament aprobasen una declaración de "inicio del proceso de creación de un estado catalán en forma de república".

El texto de ruptura con España no sólo vulnera la Constitución, sino que advierte en su apartado 7º: "Esta cámara y el proceso de desconexión democrática del Estado español no se supeditarán a las decisiones de las instituciones del Estado español, en particular el Tribunal Constitucional". Mas apeló a la "intolerancia del Estado español", a los 301 años de lucha del pueblo desde la pérdida de las libertades en 1714, y a los intentos frustrados (seis en total, aclaró) de terceras vías, para concluir que ahora es el momento de optar entre "subordinación y libertad".

Buena parte de su intervención estuvo destinada a prometer una Cataluña con mejores servicios, educación, cultura, transportes, infraestructuras, empleo... etc. si se pone en marcha la independencia. En ningún momento cuantificó el coste de esa Arcadia feliz ni tampoco de dónde sacaría el dinero para financiar ese generoso estado del bienestar.

Todo ello, como una cesión a la CUP, para ver si, finalmente, apoya su investidura. El presidente en funciones, sin mencionar al grupo anticapitalista, le responsabilizó ante un eventual parón del proceso si no colabora en propi ciar la constitución del gobierno.

Nunca había visto antes una puesta en escena tan maniquea, tan falta de realismo, tan falsamente apocalíptica. El Estado español, para Mas, representa la maldad absoluta, mientras que Cataluña es un compendio de virtudes.

Pero las palabras no pueden ocultarnos lo esencial de lo acaecido ayer en el Parlament: el inicio de un camino al margen de la legalidad, que puede poner en riesgo no sólo la consolidación de la recuperación económica, sino también la convivencia.

Aunque a Mas le moleste, lo que sucedió ayer es un golpe blando contra la legalidad constitucional. Tan obsesionado como está con las fechas (volvió a recordar que tal día como ayer los catalanes sacaron las urnas a la calle), el president debería haber tenido en cuenta que fue un 9 de noviembre de 1923 cuando Hitler y su partido Nazi lanzaron el fracasado putsch de Múnich, un golpe de estado a imitación de la «marcha de Roma», que llevó al poder a Mussolini. Y que también fue en un 9 de noviembre, esta vez de 1938, cuando Goebbels organizó la 'Kristallnacht' ("Noche de los cuchillos largos") contra los judíos.

No, no voy a comparar lo que sucedió en esos años con lo que ayer pasó en el Parlament. Mas no es un nazi, ni mucho menos, pero comparte con todos los movimientos nacionalistas esa aspiración a la trascendencia histórica que se sustenta en algo tan poco realista y científico como la superioridad moral de unos ciudadanos sobre otros. Sabe que el Estado no puede permanecer inerte ante desafío tan flagrante a la legalidad, pero a él no le importa.

A pesar de que la mayoría de los ciudadanos de Cataluña no avalaron el 27-S su proyecto secesionista, es consciente de que su futuro político depende de que demuestre a los anticapitalistas de la CUP que puede ser tan radical como ellos y, claro, de que éstos le crean. Se ha convertido en un juguete roto que está a punto de ser abandonado incluso por los líderes de su propio partido.

Los catalanes no se merecen el futuro lleno de espinas que les augura Mas. Cataluña es hoy uno de los territorios más ricos y democráticos de Europa. Luchar para ser como Kosovo no merece la pena.

Golpe de Estado blando: primer paso
Luis de Velasco.Republica.com 10 Noviembre 2015

El primer paso en un intento de golpe “blando”, en un intento de golpe “por secretaría” se dio este lunes poco después del mediodía en el Parlamento catalán. El aventurerismo de unos antidemócratas, consumando su desprecio a la legalidad vigente, lo hizo posible.

Se invoca por ellos, y así lo proclama en su primer punto la Resolución aprobada, “el mandato obtenido en las pasadas elecciones del 27 de septiembre de 2015 se basa en una mayoría de escaños… y una amplia mayoría soberanista de votos…”. Orwell dejó escrita una frase “El lenguaje político es construido para lograr que las mentiras parezcan verdades y el asesinato respetable” perfectamente aplicable a ese primer punto y a toda la Resolución. No hay mayoría de votos y menos “amplia” y la mayoría en escaños por ejemplo no permite modificar el vigente Estatut (se requieren dos tercios). Más aún: una mayoría incluso aplastante de votos y escaños no permite saltarse la Constitución y las leyes. Sin respeto a la ley no hay democracia. No puede haber “mandato democrático”, ese que se invoca, contrario al marco legal vigente como se pretende por los aventureros y quienes les apoyan, por acción y por omisión. Son muchos más que esas escasas personas que, fuera del Parlament, agitaban banderas independentistas en esa “hora histórica”. Eso también habrá que tenerlo en cuenta.

Pero hoy y aquí lo importante y urgente es hacer frente a ese intento de golpe y hacerlo rápida y decididamente aplicando los muchos instrumentos legales de que dispone el gobierno de la nación. Con el mayor respaldo político, social y ciudadano. Para ello es imprescindible subsanar algo que ha fallado clamorosamente todos estos años como es llevar la iniciativa política y desarrollar una prolija labor didáctica explicando las medidas que se toman y sus razones. Sobre todo en Cataluña. Rapidez, firmeza, transparencia democrática en suma.

La patética figura del President en funciones Artur Mas ejemplifica mejor que nadie este viaje a ninguna parte en que se han embarcado (por seguir con el símil náutico que él utilizó) estos aventureros. Orwell a tope cuando afirma por ejemplo que “la opción es vivir en servidumbre o en libertad” o cuando pontifica que “el Estado no quiere comprender, quiere destruir”. La maldad española frente al paraíso catalán. Figura patética arrastrándose delante de la CUP mendigando su sonrisa y su aceptación. De la corrupción ni una palabra por parte del President en funciones ni de los de su lista. ¿Corrupción, qué corrupción? Pero si esto sigue siendo aquel “oasis” ajeno a esa plaga que solo existe en Madrid, como afirmó el que entonces creíamos todavía que era Molt Honorable, Pujol.
Estamos en momentos de enorme gravedad. El llamado “procès” y sus principales actores han causado ya enormes daños de todo tipo especialmente a la convivencia entre catalanes y entre estos y el resto de españoles. Ya está bien de que se les llene la boca hablando en nombre de “Cataluña” y del “pueblo catalán”. Eso recuerda otros tiempos no muy lejanos en nuestro país y en otros, no ejemplos de democracia. Ya está bien de mentiras, calumnias, reinvención de la Historia, victimismo y deslealtades. Hay que restablecer un marco de confianza mutua y de diálogo sereno y honesto. Será difícil pero es imprescindible porque está claro que hay un grave problema a resolver.

Con estos interlocutores que intentan un golpe eso no es posible. A los responsables se les debe aplicar la ley porque esta historia no es una broma. Es algo muy serio y de eso está convencida la mayor parte de la ciudadanía española. Fuera de nuestras fronteras nos miran asombrados y preocupados. Razones poderosas para trabajar en busca de una solución. Y a propósito, ¿el Jefe del Estado tiene algo que decir o hacer? Algún partido ya se lo ha requerido.

Están sabiamente asustados
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 10 Noviembre 2015

"Si no se actúa ante la ilegalidad, puede ser prevaricación; es motivo para poner una denuncia". Sabias palabras que pronunció el exalcalde de Barcelona Xavier Trías (Vivir, LV, 6/11). ¿Un prohombre de CDC sublevado contra las tropelías de la camarilla golpista que aglutina a sus correligionarios con insurgentes de toda laya? ¿Trías acusando de prevaricación a Carme Forcadell por no actuar contra la ilegalidad que el bloque secesionista perpetró en el Parlamento de Cataluña y por participar en la transgresión como instigadora y cómplice?

No seamos ingenuos. Xavier Trías se dirigía a los comerciantes de Barcelona invitándolos a actuar contra la alcaldéspota Ada Colau por la tolerancia que exhibe frente a la invasión de manteros. Pero… si bien los manteros representan un problema para la actividad normal del comercio y para la imagen de la Ciudad Condal, la ofensiva del bloque secesionista contra las instituciones del Estado -empezando por el Tribunal Constitucional– con el compromiso de desobedecerlas implica un ataque contra la sociedad organizada de consecuencias infinitamente más graves que la proliferación de mercachifles ambulantes.

La resolución secesionista del Parlamento de Cataluña deja a los ciudadanos desamparados ante los violadores de las leyes españolas, cuya vigencia se desconoce arbitrariamente. La Barcelona de los manteros, los carteristas, los okupas y los delincuentes de toda especie, sin olvidar a los del 3 %, es un modelo en miniatura de lo que será esta Cataluña desconectada del Código Penal. Y acéfala, para más inri.

Tal vez, después de todo, la admonición de Trías a los comerciantes refleje, subrepticiamente, lo que los convergentes que no se resignan a traicionar a las clases productivas e ilustradas que los votaban tradicionalmente piensan acerca de los desafueros de sus jerarcas.

Muchos de quienes se sumaron irresponsablemente a la aventura secesionista están ahora sabiamente asustados al verse involucrados en la corte de los milagros. Los comisarios políticos se ven obligados a amordazar a los consejeros díscolos de la Generalitat. Hasta el somatén mediático acomoda paulatinamente su línea editorial para dar salida al pánico que genera en la mayoría sensata y amante de la libertad y el orden la perspectiva de romper con el resto de España, con Europa y con los países civilizados. Escribió Miquel Roca Junyent ("Manzanas o peras", LV, 3/11):

Intentar sumar manzanas y peras no ha dado nunca, históricamente, ningún buen resultado. Se pueden aceptar los planteamientos de la CUP o no compartirlos, pero lo que no puede ser es aceptarlos sin comprender que esto quiere decir mucho más que una concesión ocasional. Esto es cambiar un proyecto para asumir otro. Así de sencillo y, a la vez, así de significativo. En este caso, sumar es cambiar. Manzanas o peras, esta es la cuestión.

Sabiamente asustado está también el director, Marius Carol, que advierte (LV, 7/11):
Junts pel Sí ha creído que finalmente la CUP daría su brazo a torcer, cuando lo único que han conseguido es que los anticapitalistas hayan descubierto que tenían la sartén por el mango. Y cuando en política se tiene la sartén en la mano, la tentación de freír al adversario es grande. Así que han conseguido que se presente en el Parlament, con el aval de Junts pel Sí, una resolución de ruptura, que invita a la desobediencia. Las gentes del orden y del desorden del brazo. (...) Es momento de ponerse a cubierto.

Ponerse a cubierto. Buena idea. ¿Y a quién le pedirán cobertura para sus derechos y sus bienes estos rebeldes sabiamente asustados? Pues a España, faltaría más.

España no permitirá su ruptura
Editorial La Razon 10 Noviembre 2015

Hay que evitar el dramatismo con el fin de mantener la lucidez suficiente para abordar la esencia del plan independentista en Cataluña: de imponerse sobre el conjunto de los españoles, sería una derrota de la democracia. Lo que se aprobó ayer en el Parlamento catalán fue una declaración unilateral de independencia, es decir, una ruptura con el Estado español, aunque nos ahorraron el bochornoso espectáculo de oír de nuevo los viejos agravios históricos y algo más importante que se ocultó intencionadamente: las consecuencias que tendría en el bienestar de catalanes y españoles.

La aprobación de ayer fue un acto execrable porque no se ajusta a la legalidad, se basó en una burla aderezada con prosa tan grandilocuente como vacía y radicalismo de manual, y no se respetó la mínima formalidad requerida para una declaración de esa trascendencia: si para reformar el Estatuto de Autonomía se requieren dos terceras partes de votos de la Cámara a favor, es un abuso despótico que para decidir la independencia sólo sea necesario poco más del 50%.

Pero no entraremos en esos juegos minados a los que nos tienen acostumbrados los nacionalistas, unas trampas retóricas para argumentar que es necesario un «Estado nuevo» –de reminiscencia salazarista y corporativo– que resuelva la justicia social, la igualdad y la reconciliación entre ciudadanos pobres y ricos siempre que sean catalanes y, por lo tanto, erradicando el debate de ideas y el contraste de opiniones. Hablamos de un Estado con una clara tendencia a la uniformidad. Un Estado construido sobre estas bases es lo más parecido al totalitarismo descrito por Hanna Arendt: la anulación de la pluralidad y de la diversidad humanas. Aunque estamos acostumbrados a oír que España es culpable de todos los males de Cataluña –desde la corrupción integral de CDC hasta la privatización de la Sanidad–, no deja de reflejarnos la bajeza moral del nacionalismo al ocultar sus carencias en la gestión de los asuntos públicos –dicho después de 30 años de autogobierno, va más allá del cinismo: es desvergüenza en el mentir, según el diccionario de la Lengua española– para armarse de razones en la proclamación de la independencia, precisamente anunciado desde uno de los territorios más prósperos de Europa.

Vuelven las instituciones catalanas a situarse en la ilegalidad, tanto la presidencia como el Parlamento, jactándose, además, de que no cumplirán las «leyes españolas» ni, por supuesto, la sentencia del Tribunal Constitucional. Conviene tener claro que la responsabilidad de lo sucedido ayer es única y exclusiva de los 72 diputados que votaron a favor, así como de la propia presidenta del Parlamento. Por lo tanto, no entremos en el juego de las simulaciones, sino en la aplicación estricta de la Ley. El Consejo de Ministros se reunirá mañana para aprobar el recurso que presentará ante el Tribunal Constitucional, previo informe del Consejo de Estado. El Gobierno, como ayer reiteró Mariano Rajoy en Béjar, pedirá la suspensión cautelar de la moción, que se hará efectiva en el momento en que el Alto Tribunal acepte a trámite el recurso. Sabemos que la deriva provocadora de Artur Mas y los líderes del independentismo les llevará a no obedecer. En este sentido, dicha suspensión será comunicada a la presidenta del Parlamento catalán «para que tenga en cuenta que la iniciativa recurrida no tiene ningún valor y no puede tener ninguna consecuencia».

Tampoco ayer se habló de las consecuencias inmediatas de una declaración de independencia. Entre los argumentos a favor de Junts pel Sí y de la extrema izquierda de la CUP, en ningún momento se habló de algo tan básico como que Cataluña quedaría fuera de Europa. Jean-Claude Juncker, como presidente de la Unión Europea, ya anunció que «el territorio de un Estado miembro está determinado por el Derecho constitucional nacional y no por una declaración de un Parlamento autonómico contraria a la Constitución de este Estado». La anormalidad del «proceso» llevó a que, una vez aprobada la resolución, diese comienzo el debate de investidura del candidato Artur Mas. Es patético ver al máximo responsable de este golpe al Estado ofreciéndose para presidir de nuevo la Generalitat, él, que no es un ejemplo ni moral ni político de lealtad al conjunto de la sociedad catalana. Mas encarnó ayer la imagen esperpéntica del general que después de llamar a la insurgencia, se ofrece como remedio. Si Cataluña no reconoce que se sitúa abiertamente en la ilegalidad, indicará que sufre unas carencias democráticas graves.

La pregunta es: ¿y ahora qué? Ante todo, debemos ser conscientes de que el choque se produce entre los defensores de los principios democráticos universales y los separatistas que no respetan la legalidad, una coalición formada por nacionalistas que quieren hacer valer privilegios históricos y la extrema izquierda eurófoba. Desde las páginas de LA RAZÓN defendemos la unidad de España, la Constitución y la igualdad entre territorios, única bandera que una nación libre puede levantar con orgullo. Como señaló ayer Mariano Rajoy en lo que ya podemos llamar la «declaración de Béjar», «nos ha costado mucho llegar hasta aquí, y vamos a preservar todo lo bueno que hemos logrado juntos».

Día de la Memoria en el País Vasco

Vicente Torres  Periodista Digital 10 Noviembre 2015

Cualquiera puede entender que si el PNV no hubiera existido ETA no habría podido nacer, y de haberlo habría durado cuatro días mal contados.

Partiendo de esa base, uno puede coger el libro 'Vidas rotas' y enterarse del daño que ha hecho la banda terrorista, cosa que muchos prefieren olvidar, no se sabe si porque tienen alguna pulsión suicida, o porque la indolencia les lleva a no querer asumir responsabilidades. Olvidar una atrocidad de ese calibre cuando la banda sigue viva, Bildu y similares están en las instituciones y las víctimas siguen exigiendo justicia, no cabe ninguna duda de que es grave.

Pero las actividades de ETA, atentados, secuestros, extorsiones, no sólo han causado perjuicios físicos y económicos a la sociedad, sino que la necesidad de acoplarse a un estado de cosas gobernado por el terror ha venido a rebajar la que ya de por sí no era muy alta, calidad moral o humana de los habitantes del País Vasco en particular y del resto de España en general. Quienes hayan leído 'Mal consentido' saben de lo que hablo.

Dos de los partidos del País Vasco, UPyD y PP, se niegan a celebrar el Día de la Memoria, tal como exige Covite, que es la organización más sana que hay en España, porque sólo defiende los intereses de las víctimas, o sea de todos, porque se pretendía aterrorizar a todas las personas decentes, y no de ningún partido. UPyD y PP actúan con dignidad en este caso.
Quisieran los infames, que los abusos cometidos por algunos policías fueran iguales que las actividades terroristas. Es imposible, lo diga quien lo diga. Los abusos policiales, socavan los cimientos de la ley y por eso son perseguidos, pero con ellos no se pretende aterrorizar a toda la sociedad. Tampoco los delincuentes comunes son iguales que los terroristas, aunque entre ellos los haya que son igual de atroces.

AVISADOS ESTABAN
Escándalo navarro: así marginan a los profesores que no hablan euskera
Pascual Tamburri www.elsemanaldigital.com 10 Noviembre 2015

Mendoza, consejero de Educación de la Navarra de Bildu, es coherente con sus ideas: euskaldunizar las aulas. Lo escandaloso no es él, sino que sorprenda a quien pudo impedirlo y no quiso.

El consejero de Educación del Gobierno de Navarra, José Luis Mendoza Peña, se puso en el ojo del huracán cuando, la pasada semana, propuso una Oferta Pública de Empleo de 425 plazas de docentes para los dos próximos años. De ellas, 320 serán de maestros, y de entre ellos 228 al menos titulados en vascuence. Y contra eso han empezado a opinar partidos, sindicatos, periódicos y docentes, escandalizados por la politización, por la desproporción y en general por la incoherencia con lo que Navarra es.

Hablaremos luego de ellos, o de algunos de ellos. Arrepentidos los quiere Euskadi, y los hace Mendoza, que cumple su palabra, no como otros. Pero veamos antes en detalle qué quiere hacer el consejero de educación del Gobierno de Uxue Barkos, un militante abertzale de siempre, un combatiente sandinista, un maestro declarado independentista que está en el poder con el apoyo de Geroa Bai, EH Bildu, Podemos e IU. Alguien a quien en todo caso conocemos televisivamente bien, y que se ha desnudado en público enseñándonos lo que –al menos algunos- ya sabíamos y decíamos. ¡Y los escandalizados también, puesto que Mendoza ya fue jefe de servicio, digital, en Política Lingüística, gobernando la UPN de Alli!

Razones para el "escándalo" de Mendoza en Navarra
José Luis Mendoza ofrece para 2016 (contra la costumbre de reservar los años pares a las convocatorias de primaria), 320 plazas de maestro además de 14 de inspectores, y deja al menos 91 de Secundaria para 2017 (sin detallar especialidades ni Cuerpos, en este caso). Lo peculiar está en la distribución de esas plazas, y en la relación directa que esa distribución tiene con la ideología del actual Gobierno y su consejero, y no con la demanda y las necesidades de los alumnos.

En primer lugar, lo más llamativo y criticado por los "escandalizados" de la penúltima hora han sido los perfiles lingüísticos. 228 de los 320 nuevos maestros deberán saber euskera, y la mitad de los 7 nuevos inspectores también. Un 70% por ciento de plazas en vascuence como requisito, un 50% de los inspectores con euskera como requisito, y un 100% de todas con euskera como mérito muy valorado. Esto en una sociedad que, lingüísticamente e incluso según datos cocinados por el Gobierno Vasco, en mucho más del 80% ignora por completo el euskera, donde bastantes de los que dicen conocerlo o amarlo no pasan de ser agurtzales, donde incluso en la llamada zona vascófona es mucho más usado el castellano que el vascuence; y en la zona no vascófona el uso del castellano – lengua materna está más allá del 98% y pico, incluso contando los nuevos ciudadanos de lengua materna extranjera.

Mendoza en su oferta no se ajusta a lo que es la sociedad. Tampoco sigue para nada lo que la sociedad navarra quiere: allí donde se ofrecen plazas para alumnos con el inglés u otras lenguas europeas usados como lengua docente, las familias y los mismos alumnos las prefieren a todo lo demás. Sin embargo, el consejero Mendoza ha congelado el programa PAI en las escuelas, a la espera de su "evaluación", y no convoca ninguna plaza para maestros con conocimiento del inglés. Con lo que se entra en un círculo virtuoso desde el punto de vista abertzale: donde no haya docentes que puedan enseñar en inglés no se crearán plazas para alumnos con inglés vehicular, de manera que no podrá seguir subiendo la demanda de alumnos en inglés ni bajando la de vascuence (cono anunciaba por lo demás la mengua del modelo D y la quiebra económica y demográfica de la red colonial de ikastolas) .

En segundo lugar, llama la atención la distribución de especialidades de esas plazas que se quieren convocar. En castellano sólo hay plazas de Maestro especialista en Audición y Lenguaje, Educación Física, Música y Pedagogía Terapéutica, que son sólo 92 y en las que además podrán opositar personas alegando el euskera como mérito. En cambio, no hay plazas de maestro generalista en castellano, todas las plazas de docente de Infantil, de Primaria y de Inglés se convocan en vascuence. Un total contraste con la realidad de Navarra y los deseos de los navarros, que además se une a una propuesta sindical facciosa que ha pasado casi sin ser comentada: Los sindicatos que ahora dominan la Mesa sectorial, los oficialistas y separatistas LAB, ELA y STE-EILAS, exigen que se unifiquen las listas de docentes, tanto para las oposiciones como para las listas de interinos y sustitutos.

¿Qué significa eso en la práctica? Que los que entre conociendo el vascuence y gracias a los puntos que masivamente da ya el conocerlo –no precisamente los méritos académicos- van a poder ser enviados a las aulas de toda Navarra, con lo que si eso se lleva a cabo en breve plazo veremos una euskerización masiva de los cuerpos docentes, con el castellano residual y las otras lenguas docentes y demandadas simplemente suprimidas.

En tercer lugar, al convocarse en general en toda España las convocatorias de primaria en años impares y las de secundaria en años pares, y ante la exigencia y preferencia por el euskera, tendremos un efecto llamada muy bien orientado: en 2016 los maestros euskaldunes de Guipúzcoa y Vizcaya, donde la convocatoria será de secundaria, se presentarán masivamente a las plazas navarras, mientras que los maestros jóvenes navarros, formados en castellano y en inglés, no podrán hacerlo. Serán euskaldunes –de lengua y de ideas- los que cubran las plazas y los que llenen además las futuras listas de sustituciones e interinos.

Los escandalizados que no pueden serlo
Ahí los tenemos, enfadados, protestando, pataleando, quejándose de la injusticia que se anuncia. Con diferentes matices, UPN, PP, hasta PSOE, entre los partidos, y Afapna, CSI-F, APS y demás entre los sindicatos ahora postergados, dicen que lo de Mendoza no puede ser, que es terrible, que qué va a ser esto. Diario de Navarra, en un editorial del mismo 7 de noviembre, dijo claramente que esto es "escandaloso". Un escándalo…

Espero que al llamarlo "escándalo" no quieran decir que ha sido una sorpresa, porque avisados estaban, y hace muchos años. Mendoza, Barkos y todos sus amigos, de Otegi a Urkullu, serán muchas cosas pero si algo son es precisamente sinceros. Ellos quieren lo que siempre han querido, la construcción nacional de su amada e inexistente Euskal Herria, y como pilar de la misma la extensión de su signo y símbolo, la lengua minoritaria a la que llamamos vascuence. Ningún escándalo.

Ningún escándalo, porque Ernesto Ladrón de Guevara lo ha escrito desde hace casi 20 años, lo sigue explicando maravillosamente en La Tribuna del País Vasco y ha venido dos veces a contar a Pamplona, una de ellas hace bien poco: en Álava y en las Encartaciones, y en el mismo Bilbao (sitios todos donde el vascuence era aún menos conocido y usado que en Navarra), los nacionalistas han usado sus décadas de gobierno para imponer el euskera en las aulas, y junto al euskera una nueva identidad nacional y comunitaria, forzando al exilio o la marginación a los resistentes, empezando por los maestros y profesores.

Jesús Laínz ha contado en Libertad Digital, y también en Pamplona, que entre las anormalidades patológicas del sistema español está ésta, el uso tolerado de las aulas, y en especial de la lengua y la historia manipuladas en ellas, para crear nuevas identidades nacionales inventadas como ésta. Malvados cuanto se quiera, asesinos y cómplices muchos de ellos, pero para nada escandalosos, los amigos de Mendoza.

Escándalo es, en cambio, que se escandalicen a) los que en 1986 hicieron la Ley Foral del Vascuence, b) los que con ella crearon las zonas lingüísticas que entregaron un tercio de Navarra a la facción, teniendo por cierto a un cierto Mendoza como gestor administrativo, c) los que siempre han tolerado y financiado las ikastolas y la docencia combinada de euskera y nacionalismo vasco, también "fuera de zona", d) los que inventaron e impusieron los "modelos lingüísticos", e) los que gobernando desde 1991-1996 y viendo lo que se había hecho en las provincias vecinas nada enmendaron, nada cambiaron y dejaron las leyes aumentar el problema, f) los que han permitido, aplaudido y nunca revertido el cambio de nombres a pueblos y otros topónimos, a veces ridículo, siempre innecesario y manipulado; g) los que, gobernando, hicieron que conocer el euskera valga ya en la Administración y en las aulas más que una carrera universitaria, que saber una lengua extranjera o que haber publicado media docena de libros.

Eso es "escandaloso", señoras y señores, arrepentidos después del tiempo que fue de ustedes. Para no parecer "intolerantes", simplemente no hicieron lo que sus votantes y compradores querían. No se escandalicen ahora, pidan sólo perdón y arreglen el error o apártense.

Escándalo es que el mismo periódico que guiña un ojo al nuevo poder anunciador y subvencionador, hablando de la "masiva asistencia al Nafarroa Oinez", publicando páginas en batúa y sembrando "moderación", llore ahora sobre la leche derramada. Así empezó La Vanguardia y ya ven.

Escándalo es que les parezca novedad que José Luis Mendoza, honesto ex sacerdote ex guerrillero ex de Cárcar, desnude su corazoncito separatista y cumpla su palabra. Es un político al que algunos rechazamos, resistiremos y combatiremos, pero al que respetamos por su sinceridad y que no nos escandaliza. Sí son un escándalo, en cambio, los que han preferido durante décadas de poder preocuparse prudentemente desde los pasillos y despachos por sus cargos y su ascenso social y económico en vez de por Navarra, por España y por la pobre y honesta gente que les vota y les compra. O compraba.

¿Pero hay clases sociales catalanas?
Jesús Royo Arpón www.lavozlibre.com 10 Noviembre 2015

Lingüista

El nacionalismo resulta sumamente útil para enmascararar una realidad que a menudo resulta molesta, pringosa, desagradable: las clases sociales. En el caso del procés, el truco se les ha visto totalmente, descarado y descarnado: nos embarcan en una independencia imposible en medio de a) una crisis social de empobrecimiento sin precedentes y de sufrimiento extremo de las clases bajas, y b) un escándalo de corrupción galopante y generalizada de la Generalitat pujolista. He dicho en medio de, pero debería haber dicho debido a, ya que la crisis y la corrupción son la causa de que Mas abrazara la independencia. Había que hacer ruido para que no se oyeran las quejas. Levantar polvo para que no se viese lo evidente. Salir por la tangente, huir hacia adelante, llamarse a andana: de eso va toda esta farsa de la independencia.

Ahora que por fin se va a destapar este procés maloliente, no está de más que recordemos la cruda realidad de los catalanes de a pie: hay clases sociales, sí, y las clases de abajo lo están pasando mal. Precisamente los de esas clases son los que suelen pasar de esteladas, megamanis y triquiñuelas legales. Los que han de bregar cada día con la dureza de sobrevivir. Los catalanes transparentes y mudos de los 18 barrios, donde está esa Cataluña doliente y sumergida, los que van acumulando mala leche a medida que arrecia el vendaval de las esteladas: Torre Baró, el Carmel, el Verdum, la Trinitat, Besós, Ciutat Meridiana, etcétera.

Pues he aquí que esa “altra Catalunya” se ha hecho presente, de repente y sin avisar, en un prolijo informe de la Agencia de Salud Pública de Barcelona. Resulta, por ejemplo, que la renta familiar media de Pedralbes es SEIS veces mayor que la renta media de la Trinitat (38,5 frente a 243,9, sobre una media de 100 de todo Barcelona). La esperanza de vida es ONCE AÑOS más en Pedralbes (86,5 años) que en Torre Baró (75,2). La mortalidad prematura es SIETE veces mayor en el Port-Zona Franca (566,5 sobre la media 100 de Barcelona) que en Pedralbes (78,6 sobre la media de 100). Y quizá lo más sangrante: en el barrio de Vallbona hay VEINTINUEVE veces más embarazos adolescentes (66 por mil) que en Pedralbes (2,3 por mil).

O sea que no me sean pardillos y hagan el favor de nacer en Pedralbes: cobrarán más, vivirán más tiempo, no se morirán jóvenes ni sus hijas se embarazarán jugando a papás y mamás en la calle. Y si no han nacido en Pedralbes ni el el Eixample ni en Gracia, lo tienen francamente difícil, pero todo se puede arreglar. Para empezar, pongan una estelada en el balcón, sigan con ardor las proezas del Barça y pásense en cuanto puedan a hablar en catalán. Y si les cuesta hablar en catalán, lo comprendemos, siempre pueden compensarlo dándose de alta en Súmate. Pero sobre todo no cometan la ordinariez de meterse en Ciutadans, que esos no son ni siquiera catalanes, y si lo son es por obra del registro civil, pero no lo son ni de soca ni de arrel, ni de apellidos, ni de voluntad. Pónganse a la cola, que algo, una pedrea, les tocará en el reparto.

Bernad: 'ETA también decía que el problema era político'
El Secretario General de Manos Limpias rechaza el 'diálogo con golpistas' y el 'problema político', y pide que los promotores del proceso separatista catalán 'sean detenidos y procesados por delito de sedición'.
Agustín Benito Alba  www.gaceta.es 10 Noviembre 2015

El secretario de Manos Limpias, Miguel Bernad, ha asegurado tras la aprobación de la declaración de independencia en el Parlamento catalán por 72 votos a favor y 63 en contra y el discurso de Artur Mas en el pleno de investidura, que "PP, PSC y Ciudadanos se deben olvidar del diálogo y hacer cumplir la ley" ya que "no se puede dialogar con personas que están dando un golpe de Estado".

En declaraciones a Gaceta.es, el abogado ha reiterado que el problema con el separatismo catalán "no es político y no se soluciona con una reforma constitucional". "ETA también decía que el problema era político y con ello asesinaba, lo que se debe hacer es aplicar el artículo 155 con todo rigor y contundencia", ha aseverado.

Además, el líder de Manos Limpias, que no tiene dudas sobre "la responsabilidad penal" del presidente en funciones de la Generalitat n el proceso, ha pedido que todos los promotores "sean detenidos y procesados por delito de sedición".

Sobre el presidente de Gobierno, Mariano Rajoy, respecto al órdago secesionista y la huida hacia adelante de Mas, Bernad, ha afirmado que es "corresponsable" porque "no ha sabido defender a los españoles aplicando el principio de autoridad y su dejación de funciones ha ayudado a la fractura en la sociedad catalana". "Nos ha dejado tirados", ha sentenciado.

Finalmente, ha manifestado su preocupación por las graves repercusiones que puede tener este "lamentable y bochornoso" espectáculo en la credibilidad de España en el exterior. "No somos un país del tercer mundo", ha declarado.
 


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