AGLI Recortes de Prensa   Jueves 12  Novietubre  2015

Mal momento para la farsa
Hermann Tertsch . ABC 12 Noviembre 2015

No podía elegir Artur Mas un momento peor para su huida definitiva hacia delante y asumir ya evidentes responsabilidades penales. Ya no va a poder salvarle ni el Gobierno de Mariano Rajoy, que por evitar el conflicto y por sus ansias infinitas de armonía ha dejado que el ya expresidente de la Generalidad llegara tan lejos. E implicara a tantos en un delito que comenzó a gestarse, organizarse y también a ejecutarse antes del ecuador de la legislatura. No ha elegido peor momento porque avanzamos directamente hacia una situación de alarma en Europa en la que todos los miembros de la Unión Europea van a entender el desvarío separatista de Mas y compañía como una agresión a la estabilidad común. Y no es nada improbable que pronto sean otras capitales europeas las que presionen al Gobierno español, al saliente o al entrante, para que tome medidas más severas contra el delito del separatismo, de traición, que hasta ahora han observado con más incredulidad que indignación.

Un caudillo regional dedicado a desestabilizar a España es lo último que quieren soportar ahora quienes van a tener que tomar gravísimas medidas por una crisis de refugiados en la que nos jugamos, y ahora va en serio, la supervivencia de la UE. Y nuestra seguridad. Los problemas a los que se enfrenta ahora Europa ya no son de dinero. Son mucho peores por ello. Son fortísimas las tensiones en Alemania y Suecia, los dos países que más refugiados han recibido. Lo son las que se producen en los países de paso de los refugiados en los Balcanes y Centroeuropa, que ven sus fronteras convertidas en causa de conflicto y potencial escenario de catástrofes. El cierre de una sola de esas fronteras, por no hablar de la alemana, puede provocar allí un empantanamiento de centenares de miles de personas en este invierno con el peligro de gravísimos disturbios. La propia Merkel ha hablado del riesgo de conflictos armados en los Balcanes. Las masas que se han puesto en movimiento para llegar a Alemania -400.000 han llegado a Baviera solo desde septiembre- no se han dejado ni dejarán frenar ni disuadir por las fronteras o fuerzas armadas. Nadie descarta ya ni el uso de la fuerza ni una catástrofe humana.

Pero en primer orden está en juego la cancillería de Alemania. Ni más ni menos. Los apoyos a Angela Merkel se debilitan con rapidez inaudita. La revuelta de las bases comenzó poco después de su decisión del 4 de septiembre de aceptar a todos los refugiados que quieran ir a Alemania. Hoy el malestar contra ella se extiende por toda la sociedad. En el partido está cada vez más aislada. La canciller ha asumido esta causa de los refugiados como su bandera política irrenunciable, con la que triunfará o caerá. Dicen miembros destacados del partido que sus posibilidades de mantenerse se deben ante todo a que no hay un sustituto de consenso en el partido. Wolfgang Schäuble tiene en su contra su paraplejia, debida a un atentado, y sus difíciles relaciones con muchos aliados europeos. Pero el reto capital va a ser mantener la cohesión y unidad europea. Países centroeuropeos se rebelan abiertamente contra los intentos de Merkel de compartir la política de refugiados. Y en el oeste las dificultades son más discretas, pero no menores. Nadie oculta el regalo que para el Frente Nacional en Francia supone la situación en permanente deterioro. Así las cosas, la España unida es un imperativo para los europeos, que si en algo están de acuerdo con Merkel hoy es en que el nacionalismo es la plaga a combatir en un momento de extrema gravedad.

Un sainete de feria de pueblo con triste final
Carlos Herrera. ABC 12 Noviembre 2015

El guión parece escrito por un autor de pasillos de comedias. El actor entra por aquí y se mete en el armario, del que asoma cuando se esconde la actriz, la cual abre la puerta de un altillo del que sale el amante. Y tal y tal. Ni el más retorcido de los escritores políticos españoles habría supuesto una trama en la que los personajes exhibieran una capacidad tan insospechada para el ridículo escénico. Mas, un señor de derechas cautivo de porcentajes cleptómanos, se echa en manos de un grupo de paleoanarquistas cavernarios con tal de permanecer en la escena los meses justos para conseguir un imposible.

Consigue aprobar un plan ilegal y suicida, que más parece una parodia que un trazado histórico solvente, y no logra, ni con esas, resultar elegido por quienes le fuerzan a lo primero, con lo que transmite la fotografía de una comunidad política que resulta dispuesta a aprobar una aberración en la Europa de hoy y no resulta apta, en cambio, para elegir el piloto del camino al naufragio.

Demasiado para la Cataluña de hogaño, esa región capaz de lo mejor y lo peor, de lo excelente y lo negligente. Me pongo en la piel de los catalanes a los que aprecio y conozco, y siento el ridículo como algo mío: quieren la independencia y lo único que van a conseguir es perder la autonomía; y verse, además, reflejados en cuatro o cinco actores de sainete de risotada, palmetazo y teatros portátiles. ¿Cómo acaba el entremés?: con el protagonista en calzoncillos, perseguido por la actriz a escobazos y el regodeo del público invitado a la sesión. Gozoso final para una feria de pueblo; triste final para el Parlamento de una región habilitada para representaciones más cultivadas.

Banderas
David Gistau . ABC 12 Noviembre 2015

Durante la última legislatura, en el Parlamento de la nación ocurrieron acontecimientos circenses. Hubo hasta mujeres desnudas, pero sobre todo diputados con sentido del «show» que buscaron un segundo de atención pública con el uso de todo tipo de camisetas, banderas y artefactos. Hubo uno que hizo un «strip-tease»: se lo aseguro, yo estaba allí. Me quedó de esa experiencia un gran pudor por la solemnidad parlamentaria por culpa del cual no me gustó el despliegue de banderas de la bancada popular, ayer, en el Parlamento local de Cataluña. No porque las banderas me contrariaran. Sino porque aquello se parecía demasiado al modo adolescente de llamar la atención que pasé una legislatura entera desdeñando en partidos residuales. Cuando el constitucionalismo no es residual en Cataluña.

No según las últimas elecciones, que acabaron para siempre con la apropiación de un único buen catalán por parte del nacionalismo. Lo cual fue provechoso también a este lado del río Ebro, donde quedó por fin matizado ese arquetipo odioso y merecedor de todo tipo de boicots con el que era asumida la unicidad nacionalista por las mismas personas que ahora quieren ver escarmentada a la sociedad catalana entera con el impago de sus necesidades. El catalán no independentista es tan numeroso que ayer, en lugar de entrar al juego de flamear antagonismos patrióticos, sus representantes habrían formulado una protesta más eficaz marchándose todos del recinto y dejando atrás una osamenta sociológica más desoladora que el esqueleto de una ballena varada. Medio Parlamento vacío. Media Cataluña ausente mientras eran instrumentalizados himnos, símbolos y supuestos anhelos colectivos. Ahí tenéis vuestro plebiscito.

El engendro independentista también perdió, durante las últimas elecciones, su prestigio transversal. De hecho, están locos por colocar de presidente a un burgués convergente que sirva de coartada para simular la escora radical. Mientras tanto, es en el españolismo donde ha ido cuajando una transversalidad nueva aunque precaria, amenazada por la riña electoral, pero que de momento nos permite recrearnos con el descubrimiento de que la ley y la nación no son de izquierda o de derecha, sino que trascienden las siglas. En definitiva, de que la defensa de los principios fundacionales nos convierte en lo que sólo fuimos contra el terrorismo de ETA: una sociedad civil consciente de sí. Algo que debe sentir un presidente a cuya reacción han trasladado la culpa: como si la acción fuera inocente.

Quién le habría dicho a esta democracia fatigada prematuramente, corrompida, enfadada con su pasado, llena de desaliento y sometida a la amenaza de redentores oportunistas y de reminiscencias totalitarias, que de pronto encontraría un relato estimulante en su resistencia al ataque interior del independentismo. El que ha devuelto hasta un timbre épico a la palabra Constitución. Nos han hecho unidos y transversales cuando no había esperanza de volver a ser semejante cosa.

Amores que matan
Antonio Pérez Henares  Periodista Digital 12 Noviembre 2015

La monserga que se han inventado los voceros separatistas de todo corte y pelaje es que ahora, de repente, una cosa así como un flechazo repentino, es que “aman” a España y a los españoles. No para casarse, pero si para ser muy, muy amigos. Íntimos, vamos. Una vez que se separen, claro.

La consigna se repite en todos y cada uno de los espacios que intervienen y donde con voz meliflua desgrana con dulzura sus proclamas secesionistas y repiten una y mil veces su mentira. Que es legal, legitimo y que es dialogante lo suyo. Cuando si algo es es precisa y exactamente lo contrario y lo saben. Pero esa es la propaganda. Como lo es la del “flechazo” con España.

Resulta que según ellos le robamos, les oprimimos, les avasallamos, les pisoteamos lengua, cultura, identidad y alma. O sea nos llaman ladrones, invasores, opresores y carceleros. Lo han reiterado una y un millón de veces. Han hecho de ello su cuerpo de doctrina y han adoctrinado en el odio desde el parvulario a generaciones enteras. Lo tienen escrito y esculpido, desde sus discursos, sus proclamas y hasta en museos y estatuas. Y ahora ¡nos aman!.

Empieza a resultar que en esta ocasión la técnica goebelssiana, tan cara a todos los nacionalismos totalitarios que en el mundo han sido, de convertir al otro en el odiado enemigo, responsable de todos nuestros males, miseria y ojos ¡hasta de la propias corrupciones! ha topado con un arrecife y ha encallado. El barco, cada vez es más evidente, se esta desarbolando y haciéndose pedazos el casco. El amor súbito es tan solo la última mentira, la más grotesca de sus patrañas. Pero lo malo es que se les nota todo que son más falsos que una “pela” –que sería imagino su nueva moneda cuando los echaran del euro- de madera. Vamos que no cuela, se declare quien sea. Lo haga Mas el astut vestido de tuno, Junqueras bailando con donosura una sardana, Romeva acompañado de mariachis de mañanitas o Baños de serenata nocturna, el de dandy y su tropa, de borrokas: ¡O me quieres o te quemo un contenedor y te rompo la cristalera!.

Vamos, para que darle más vueltas. Unos amores que matan. De denuncia por "violencia de género"

Ya no va más
Javier Fernández-Lasquetty Libertad Digital 12 Noviembre 2015

Parece que ya no va más. La ruleta de la política en Cataluña ha funcionado durante décadas bajo la suposición tácita de que, mientras giraba y los billetes saltaban a los bolsillos de algunos jugadores, las apuestas independentistas siempre serían un artificio táctico. "Nunca se llegará a eso", ha sido por muchos años el comentario –mitad cínico, mitad de fingido control- de quienes han jugado a la ruleta política catalana. Ahora ya no va más. Ya está aquí la declaración de independencia.

Tenía razón Aznar cuando vaticinaba que, antes de romper España, los independentistas romperían Cataluña. Ahí la tenemos, dramáticamente partida en dos. Y lo primero que hay que constatar es que el secesionismo está violentando los derechos individuales de cada uno de los catalanes. Todos ellos tienen el derecho a ser españoles. No me refiero al derecho a tener la nacionalidad española, sino al derecho a que su país siga siendo España, y no otro. Cada individuo tiene derecho a que se respete su patria, y a que esta no se vea troceada, invadida o liquidada por nadie.

Tenemos todos, incluyendo a los catalanes, el derecho a tener España. Del mismo modo que tenemos el derecho individual a no consentir que cualquiera determine a su capricho qué leyes cumple y cuáles no. ¿Por qué para los independentistas debe dejar de aplicarse una parte de la Constitución y mantenerse en vigor la que protege sus libertades? ¿Quién ha dado a nadie el derecho a decidir unilateralmente qué leyes se cumplen y cuáles otras se dejan de cumplir? Lo que a todos atañe ha de ser por todos acordado, se decía en las viejas Cortes medievales. Por todos, no por unos cuantos.

Existe el derecho a exigir que la ley, democráticamente formada y respetuosa con la libertad individual, se cumpla íntegramente. A lo que no hay derecho es a que el gobierno autonómico catalán haya exprimido el dinero al resto de los españoles durante estos últimos años, mientras ellos lo dedicaban a financiar la independencia. El mito de la Cataluña que era esquilmada por los ciudadanos de otras regiones hace años que dejó de ser cierto, pero ahora es palmario: sin la financiación suplementaria que el Estado le transfiere constantemente no tendrían dinero para pagar los sueldos de todos esos empleados públicos a los que sus superiores dedican a romper con España.

Por qué se ha permitido financiar este atropello es cosa que no tiene explicación. Como tampoco la tiene haber admitido los pasos previos dirigidos de manera inequívoca a la comisión de un delito. Pero téngase bien claro: si se consuma la independencia de Cataluña la depresión que tendrá esta generación de españoles dejará muy corta a la depresión de 1898. Y quienes la consientan sólo dejarán en la Historia una despreciable huella de pequeñez moral y política.

EL SAQUEO DEL ESTADO Y LO QUE NOS CUESTA EL SOBORNO
Antonio García Fuentes  Periodista Digital 12 Noviembre 2015

Si bien lo que ordena la religión de que… “ganarás el pan con el sudor de tu frente”, es una máxima grandiosa pero dura por demás y la que aceptamos muchos seres humanos; pero una cantidad enorme de otros menos humanos, creen y practican lo opuesto, o sea… “el ganarás el pan con el sudor del de enfrente”; creo firmemente que todos los conflictos humanos vienen marcados por esos dos extremos.
Y es así, por lo que muchos entienden y practican algo así… “en vez de trabajar yo por la sociedad a que pertenezco, por qué no vivir de ella poniéndola a trabajar en mi beneficio; entre estos otros dos puntos, se pueden incluir desde el más alto político, hasta el más miserable de los componentes sociales, que se acomoda a vivir de la caridad pública o subvenciones estatales, siendo apto para trabajar.

Por ello el soborno es habitual en todas las sociedades humanas y hoy ha llegado a ser la plaga pública que ya es; aunque no es nada nuevo, por cuanto anoto a continuación:

ROMA: Lo que manifestaron aquellos tribunos… sobre cómo dominar al pueblo: “El patricio romano Cayo Julio César, el viejo (100-44 a. C.) nos lo demuestra con gran desprecio, manifestando lo siguiente: “Si la clase media sirve para algo es para trabajar y pagar impuestos, con los que podemos sobornar a la plebe de Roma y tenerla contenta y mantenerla dócil. Es cierto que los plebeyos de Roma son animales, pero son muchos y necesitamos sus votos para alcanzar el poder. Que la clase media nos sirva hasta el final, porque los nuevos ciudadanos no piensan nada más que en el trabajo, la industria y el ahorro y otras preocupaciones por el estilo”. Marco Livio Druso (122 a. C.) tribuno de la plebe, dice: “Es difícil decir quiénes son peores, si los que sobornan a las masas o las masas que aceptan el soborno. Es cierto que el soborno corrompe, pero también es cierto que el que lo acepta es el mayor de los delincuentes”.

Lo que ya hace muchos lustros ocurre en la España "moderna”, se adecua perfectamente a lo que dijeron antes de que hablara Cristo, aquellos gobernantes romanos, que puede que ellos mismos y para mantenerse en el poder, fuesen otros corrompidos más; pero todo ello termina y lleva a la disolución de las sociedades, puesto que la corrupción es como una gangrena atroz y la que si no se corta, termina por destruirlo todo.

Hoy destaca en “el corrompido teatro hispano”; la tragedia que significa para una nación, el que un gobernante muy destacado, como por ejemplo Jorge Pujol y familia, aparezcan pringados en tantos delitos como se les atribuyen y que dan como resultado, el que se han llevado dinero público “a camiones”; sin que nadie entienda el cómo todos ellos no están hace tiempo en la cárcel y en espera del juicio que han de hacerles y no… no señalo a estos “honorables catalanes” solo, puesto que aquí, hay desde el yerno e hija del anterior rey, hasta otros presidentes autonómicos, incluso el partido hoy en el gobierno, “pringados igualmente” en asuntos dinerarios de tal envergadura, que ya veremos cómo resuelven los jueces tan monstruosos procesos, que estamos deseando ver resueltos, puesto que si aquí no se imparte justicia que satisfaga a la inmensa mayoría, la solución nacional… “mejor ni pensarlo puesto que los precipicios posibles ya son incalculables”.

SOBORNOS Y LO QUE NOS CUESTAN: Esos enormes capitales que antes he aludido, son fruto de sobornos, según estiman “los entendidos”; pero sepamos que esas cantidades, se pueden duplicar, triplicar, cuadruplicar a vete a saber; puesto que el sobornado se lleva una cantidad ya pactada, pero el que soborna, esa cantidad posiblemente multiplicada por varias veces, la va a meter en los presupuestos que sean, ya que sabe que el sobornado se los aprobará “y caiga quien caiga”; puesto que todo se hará con tal “limpieza legal” que salvo causas como las ya referidas sobre determinados sobornados, no aparecerán jamás en la mesa de un juez.

Así es que cuando usted vea una simple calle de barrio, mal terminada, las tapas de las bocas de alcantarilla sobresaliendo obstaculizando y dañando al vehículo que las pisa, tragonas que no tragan el agua de riego o lluvia, por cuanto las corrientes no se hicieron según proyecto y planos… ¿y cuántas cosas más?; piense que “allí ha habido unte o soborno más o menos grande”, puesto que el que realiza la “obra pública”, sabe de antemano, que el que tiene que pagarle o dar el “visto bueno” para que cobre hasta el último céntimo, le dará el conforme sin mayor rubor o preocupación.

Al Estado se le roba de tantas infinitas maneras, que hay que observar e imaginar simplemente algunas de ellas; puesto que lo roba, aquel que estando bien se da de baja y no va al trabajo, el que abandona el trabajo y se va a hacer asuntos particulares, el que se lleva múltiples útiles del lugar donde dice trabajar y que lo hace en total impunidad; el que no necesitando médico, simplemente va al mismo porque quizá se aburre, con lo que hará un doble gasto, de médico (que otro sí que necesitaría) y de medicinas, que luego no tomará; el que crea innecesarios puestos de trabajo estatales, sencillamente por cuanto ha de colocar desde acólitos hasta el querido o la querida; el que… “imagine usted que me lee y piense e incluso recuerde casos que seguro conocerá de esta ya muy corrompida sociedad de ladrones, vagos y maleantes y donde están reflejadas todas las escalas sociales y oficios múltiples”; puesto que como dijo aquella indeseable ministra… “El dinero público en España no es de nadie”; por ello aquella ministra o muchos otros, lo emplean como les sale de… “las entrepiernas”.

Por todo ello, no se le puede pedir “al de abajo, lo que no practica el de arriba o de muy arriba”; es el ejemplo el que enseña y de eso aquí, estamos ayunos. Amén.

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más)
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Rajoy y el lastre de las amenazas no cumplidas
Juan M. Blanco www.vozpopuli.com 12 Noviembre 2015

El Gobierno en funciones de la Generalitat de Cataluña anunció anoche su voluntad de incumplir el fallo del Tribunal Constitucional que, unas horas antes, había suspendido la declaración secesionista aprobada por el Parlamento catalán el pasado lunes. El choque de trenes perseguido por los partidarios de la secesión se ha hecho realidad. Llega la hora de la verdad. La hora de atarse los machos. ¿Qué va a hacer la sociedad catalana enfrentada a esta sinrazón? La postura que adopte la maquinaria de la administración autonómica resultará clave. La participación en un proceso insurreccional nunca está exenta de peligros, ya que en caso contrario el envite quedaría reducido a un mero divertimento. Puede que muchos políticos catalanes tengan todavía la sensación de que se trata de un juego, acostumbrados durante décadas a vivir en ese mundo de Alicia y Peter Pan, donde la violación de la ley no comportaba consecuencia alguna. El reto, sin embargo, es ahora definitivo. ¿Obedecerán los cuadros de la administración autonómica las inconstitucionales órdenes de sus dirigentes políticos o, por el contrario, seguirán acatando la ley española? En este serio dilema van a encontrarse pronto altos funcionarios, incluidos los mandos de la policía autonómica y municipal. Es probable estos servidores públicos, que no son políticos ni demagogos, ni ansían pasar a la posteridad como héroes, consideren que ciertas decisiones podrían salir caras. A nadie le entusiasma la perspectiva de ser expedientado, juzgado y perder su puesto de trabajo.

El éxito de un proceso de sedición depende del número de sujetos que se sume a él. En todos los colectivos hay minorías que mantienen un criterio firme, una línea clara de actuación, en este caso exaltados secesionistas, siempre dispuestos a permanecer tras la barricada a cualquier precio y, también, acérrimos partidarios del orden constitucional, que se negarán en rotundo a participar. Pero la inmensa mayoría suele decantarse hacia un lado u otro dependiendo de los costes y beneficios esperados de sus acciones. Y de las expectativas de éxito que otorguen a la insurrección. Curiosamente, para establecer estas expectativas, la gente tiende a tomar como información relevante... lo que espera que hagan los demás. Si perciben que muchos se suman a la sublevación, también se adherirán. Pero se retraerán si no observan gran participación. Por eso existe un punto crítico, o masa crítica, a partir de la cual la sedición tiende a crecer hasta alcanzar la inmensa mayoría. Y por debajo tiende a decaer, a resultar irrelevante.

La mayoría apuesta al caballo ganador
Las teorías de punto crítico, o masa crítica, consideran que, a pesar de existir minorías que toman sus decisiones con independencia de los demás, la mayoría es cobarde, insegura, temerosa de las consecuencias. En el presente caso, su objetivo es preservar el puesto en la administración. Por ello, el grueso de individuos seguirá a la masa, hará lo que observe en los demás. Intentará apostar a caballo ganador. A mayor seguimiento de las órdenes de los insurrectos, el sujeto percibirá más cercano el éxito de la sedición y más lejanas las consecuencias negativas de colaborar con ella. Si la participación en la sublevación es menor que la esperada, la colaboración disminuye. Y viceversa. Así, alcanzada una masa crítica que desobedece al Constitucional, la rebelión crece hasta alcanzar un ímpetu considerable. Y si no se llega al punto crítico... la insurrección se disuelve en agua de borrajas. Es el principio de la profecía auto-cumplida: la postura percibida como mayoritaria, acaba siéndolo de forma aplastante.

Este enfoque explicaría el éxito o fracaso de gran parte de los golpes de Estado, rebeliones, pronunciamientos etc. Hay una parte sustancial que toma su decisión en función de lo que hagan otros. Pero lo interesante de estos fenómenos es que los líderes de las partes enfrentadas pueden alterar ese punto crítico, el porcentaje de seguimiento mínimo para que un motín triunfe o fracase. El gobierno puede desalentar la rebelión a) manifestando de forma creíble que está dispuesto a utilizar todos los medios para ganar el pulso y b) dejando claros los costes y perjuicios para quien secunde o colabore con la sedición. En estos procesos interactivos, la parte que se auto-limita, que da muestras de debilidad... no hace más que incrementar sus probabilidades de fracaso.

Companys contra Batet
El 6 de Octubre de 1934, el presidente de la Generalitat, LLuís Companys, proclamó el Estado Catalán en Barcelona, confiando en que sus fuerzas de seguridad, reforzadas por voluntarios civiles, prevalecerían en la refriega. Pero la insurrección fue dominada fácilmente en unas horas, con pocos soldados y no muchos tiros, por el general Domingo Batet. Radicales independentistas, y una pequeña parte de las fuerzas de seguridad, se enfrentaron al ejército. Pero la mayor parte de la oficialidad de los mozos de escuadra, dependientes de la Generalitat, desobedecieron las órdenes de sus jefes políticos y desaparecieron con disimulo, desentendiéndose de las escaramuzas. En aquellos tiempos, la perspectiva de comparecer ante un consejo de guerra no era plato de buen gusto. Los insurrectos no consiguieron ni de lejos la masa crítica, simplemente porque pocos daban un duro por su victoria. Sólo los exaltados tomaron parte en la revuelta.

Los dirigentes del gobierno legítimo de la República dieron muestras de firmeza, manifestaron que estaban dispuestos a utilizar todos los medios para aplastar la rebelión. Si el primer ministro, Alejandro Lerroux, hubiera mostrado debilidad, anunciado que descartaba utilizar el ejército, o que estaba dispuesto a negociar cualquier extremo con los insurrectos, probablemente la situación se habría agravado considerablemente.

En el episodio de 2015, una de las partes, los secesionistas, han declarado ya su disposición a llegar hasta el final a cualquier precio. Ya veremos si es verdad o un farol. Con frecuencia, quien más berrea y vocifera suele ser el que menos redaños tiene. Pero si el gobierno muestra debilidad, pone límite en las acciones a tomar, renuncia públicamente a alguna opción disponible, esté o no dispuesto a llevarla a cabo, acabará dando alas al enemigo. Sobre Rajoy pesa el lastre de las amenazas no cumplidas, como la advertencia de que el referéndum no se celebraría. O su declaración descartando suspender la autonomía. Arrastra también la costumbre de décadas de tolerancia, de hacer la vista gorda ante la flagrante violación de la ley. En estas pugnas es mucho más peligroso mostrar debilidad que ser débil. Y, sobre todo, es nefasto estar menos pendiente del enemigo que de comprobar si se encuentran a cubierto las propias vergüenzas.

No hay que ser Napoleón para saber que, en última instancia, la esencia del poder del Estado se encuentra en la punta de las bayonetas. Por suerte, en los tiempos presentes, no es necesario comprobarlo. Basta con la generalizada convicción de que, ante acontecimientos especialmente graves, ninguna opción queda descartada. Ni siquiera la que más aterroriza a los potenciales sediciosos de hoy en día: perder definitivamente las subvenciones o su puesto en la administración.

¿Políticos o delincuentes?
Editorial El Espanol 12 Noviembre 2015

No es un choque de trenes, por más que se haya extendido esta metáfora, sino una colisión frontal entre la legalidad democrática y un grupo de partidos cada vez más fanatizados y unidos, sólo, en su propósito de romper España. Por ello es crucial que las formaciones constitucionalistas no conviertan sus diferencias en palos en las ruedas del Estado, una vez que el Tribunal Constitucional ha activado el engranaje de su respuesta con más contundencia que nunca desde que Artur Mas inició su huida a ninguna parte.

Por decisión unánime de sus magistrados, y en aplicación de la ley anterior a la reforma que acaba de aprobar el Gobierno, el Tribunal Constitucional no sólo ha suspendido la resolución independentista, sino que se ha dirigido individualmente a Artur Mas, Carme Forcadell y otros 19 altos responsables autonómicos para advertirles de que serán suspendidos y afrontarán responsabilidades penales si aprueban o impulsan cualquier iniciativa tendente a avanzar en la secesión. Es decir, el Alto Tribunal ha marcado la frontera de la legalidad y ahora son los altos cargos del Govern y de la Generalitat quienes deben decidir si continúan haciendo política desde el respeto a las leyes o si se convierten en unos delincuentes.

Pero la contraofensiva del Estado no queda ahí. La Audiencia Nacional ha advertido a las autoridades regionales y locales, a los funcionarios, a los mossos d'esquadra y los particulares que quien proponga o provoque actos para consumar la ruptura con España puede enfrentarse a penas de cárcel. Finalmente, el Ejecutivo estudia cortar el grifo del Fondo de Liquidez Autonómica (FLA) a la Generalitat si persiste en desobedecer, aunque sin interrumplir el flujo imprescindible para la prestación de servicios básicos como la sanidad.

Tensión en la calle
La maquinaria institucional está bien engrasada, pero la vicepresidenta de la Generalitat ya ha adelantado que no piensa acatar el mandato del Constitucional. La mejor prueba de que el bloque soberanista no va a dar marcha atrás es la decisión adoptada por Junts Pel Sí y la CUP de llevar a la calle su pulso al Estado a través de la plataforma civil ANC, que ya ha convocado una manifestación para el domingo.

A ambos partidos les conviene la tensión. La algarada y el tumulto son el medio natural de la CUP. Y Artur Mas sabe que si tiene una mínima posibilidad de que los antisistema levanten su veto en el Parlament, es borrokizándose. Mientras tanto, gana tiempo para seguir negociando en secreto. Mas ha ofrecido ya convertirse en un presidente marioneta, al mostrarse dispuesto incluso a diluir su poder entre tres vicepresidentes (Junqueras, Romeva y Munté) si es reelegido. Pero la CUP ha vuelto a humillarlo al rechazar esta nueva oferta.

Aunque está claro que la capacidad de hacer concesiones de Mas no tiene límites, no parece que los anticapitalistas vayan a olvidar la corrupción sistematizada en Convergència, cuyo tesorero ha salido de la cárcel tras depositar una fianza de 250.000 euros; ni parece que la capacidad de hacer concesiones de Mas tenga límite. En este sentido, habrá que aguardar a comprobar si los miembros de su gobierno están dispuestos a secundar o no los métodos de la minoría radical.

Preocupación en el Ejército
La situación es muy delicada. No es de extrañar que crezca el malestar entre los mossos y otros funcionarios, ante posibles presiones para desobedecer las leyes, ni que esté cundiendo la preocupación en el Ejército.

La entrega de Mas a la CUP no es nada nuevo. A estas alturas resultaría vano exigirle responsabilidad: si la tuviera, habría dimitido en lugar de pisotear la voluntad de los catalanes, abocando a la Generalitat a una crisis sin precedentes desde 1934. Lo que está claro es que al Estado no puede temblarle el pulso bajo ninguna circunstancia. Hay que recordar que la ilegalización de Batasuna no prendió el País Vasco de violencia, como decían muchos, sino que permitió terminar con ETA, y que Arnaldo Otegi está en prisión por intentar reconstruir el brazo político de ETA sin que a la mayoría de los vascos parezca importarles demasiado. El temor a la aplicación de la ley no es ya una opción ni siquiera para Rajoy.

Antes someterse a la CUP que al Tribunal Constitucional
EDITORIAL Libertad Digital 12 Noviembre 2015

No es la primera vez que el Tribunal Constitucional da orden de suspender una resolución aprobada por el Parlamento autonómico de Cataluña destinada a subvertir el orden constitucional. Ya lo hizo en enero del año pasado, con la no menos golpista resolución de 2013 que proclamaba al pueblo de Cataluña "sujeto político y jurídico soberano"; como también lo hizo, meses después, con dos sentencias casi consecutivas que prohibían expresamente la consulta secesionista del 9 de noviembre de 2014.

Hay que advertir, sin embargo, que es la primera vez que el TC, junto a la suspensión y declaración de inconstitucionalidad de una resolución, adjunta una serie de claras advertencias respecto de las consecuencias que tendría una desobediencia a su pronunciamiento. Así, los once magistrados han acordado notificar su dictamen al presidente de la Generalidad en funciones, Artur Mas; a la presidenta del Parlamento autonómico, Carme Forcadell, así como a todos los miembros de la Mesa de dicha cámara y a su secretario y a los consellers –en total, 21 altos cargos–, a los que avisa de que podrían ser suspendidos en sus funciones y perseguidos penalmente en caso de desobediencia.

A pesar de este novedoso elemento disuasorio –fruto del historial de desobediencias de los nacionalistas tanto como de la reciente reforma de la ley del TC que asigna a éste facultades ejecutivas más propias del Gobierno–, es de temer que de nada vaya a servir mientras el Ejecutivo –con el insensato acuerdo de PSOE y Ciudadanos– no se atreva a decir qué va a hacer para asegurar el acatamiento de la legalidad.

La Generalidad, tal y como ya hiciera con los tres pronunciamientos anteriores del TC respecto del proceso secesionista iniciado en 2012, no ha tardado ni veinticuatro horas en proclamar su desobediencia. Así, la vicepresidenta y portavoz en funciones Neus Munté anunció este miércoles que "la voluntad política del Gobierno [catalán] es tirar adelante" y "obedecer al pueblo de Cataluña".

Ciertamente, la única voluntad de acatamiento de los sediciosos gobernantes regionales es la que están exhibiendo ante los batasunos de la CUP, a los que Junts pel Sí ha ofrecido una presidencia coral, con tal de que Artur Mas la encabece. Así las cosas, se entiende que buena parte del empresariado catalán, que hasta hace nada guardaba silencio o incluso respaldaba el proceso secesionista, se muestre ahora "desesperado" y manifieste que "hay que parar esto como sea".

Lo que parece evidente es que, con o sin Mas al frente de la Generalidad, los separatistas van a ir a más mientras no se les sofoque con la misma contundencia con la que ellos tratan de hacer añicos lo que queda de España en Cataluña.


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