AGLI Recortes de Prensa   Viernes 13  Novietubre  2015

El fracaso del régimen
Jesús Laínz Libertad Digital 13 Noviembre 2015

–Sin duda sabrá usted disculparme, señor delincuente, pero mientras usted termina de violar a mi mujer me veo en la obligación de llamar a mi abogado para que me asesore sobre las medidas que estoy legitimado a adoptar para oponerme a su actitud.

En esto se resume la situación actual de eso que se llama problema catalán, cuando debiera llamarse problema gubernamental. Porque el llamado problema catalán no existiría si tanto este gobierno como los anteriores hubieran cumplido y hubieran hecho cumplir la ley desde hace varias décadas.

De nada sirve esconder la cabeza bajo el ala para no verlo: el régimen de 1978 ha fracasado estrepitosamente porque todas sus columnas se han venido abajo. La más evidente es el Estado de las Autonomías, ese fallido antídoto contra el deseo de los nacionalistas vascos y catalanes de dejar de ser españoles. Sólo los ciegos voluntarios que insisten en soluciones todavía más descentralizadoras, generalmente llamadas federalistas, se empeñan en negar la evidencia de que el Estado autonómico ha provocado el mayor descoyuntamiento nacional de nuestra historia.

La abrumadora ignorancia de nuestros políticos sobre la ideología de los nacionalismos vasco y catalán ha llevado a considerarlos durante décadas como piezas esenciales para el gobierno y la estabilidad de España, incluso se ha llegado a hacer la vista gorda ante su incesante labor de erosión del Estado. Afortunadamente, aunque lamentablemente tarde, lo que la ignorancia de la teoría les impidió comprender, la constatación de la práctica se lo ha evidenciado.

El eterno vaciamiento del Estado establecido en el Título VIII de la Constitución, la atribución a las comunidades autónomas de competencias legislativas y la desquiciada dimensión identitaria que las ha caracterizado desde el comienzo, inexistente en cualquier otro estado civilizado por descentralizado que sea, sólo podía acabar provocando una declaración unilateral de independencia ante la que el Estado, reducido a la impotencia, podría hacer muy poco.

Junto a la estructura autonómica, las otras dos columnas caídas son nada menos que las que sostienen todo el sistema democrático: la división de poderes y el Estado de Derecho. En cuanto a la primera, en España no existe, ya que la designación de quienes ejercerán los tres poderes proviene de una misma fuente: los partidos. Bien claramente proclamó el socialista Alfonso Guerra la muerte de Montesquieu, y el Partido Popular no ha hecho nada por resucitarlo.

Por lo que se refiere al Estado de Derecho, aunque lo proclame la Constitución, España no lo es porque los poderes públicos, tanto los autonómicos como los nacionales, vulneran las leyes e incumplen las sentencias continuamente. Cualquier sociedad puede soportar la existencia de delincuentes, pues es inevitable. Pero lo que no puede soportar sin hundirse es su impunidad. Y eso es lo que está pasando hoy en España. De ahí el desprestigio del sistema, de ahí el desarme del Estado y de ahí la rebelión. Bien claro lo han dejado Artur Mas y otros dirigentes separatistas en numerosas ocasiones: "España es un Estado fallido". Y tienen razón. Por eso la única solución a la actual crisis nacional es una reafirmación contundente del Estado de Derecho. Sin ella, España está condenada a la catástrofe.

El embalse se ha ido llenando década tras década a causa de la inacción ideológica y política de los gobiernos de izquierda y derecha, por lo que ahora, a punto de reventar, sólo queda el recurso al Código Penal. Aunque el gobierno de Rajoy haya quedado paralizado ante la agresión y siga solicitando dictámenes de juristas, es de suponer que la propia lógica del Estado no pueda dejar de funcionar. Lo veremos en los próximos días. En las próximas horas.

Pero el problema seguirá sin resolverse. Quizás hoy pueda pararse, ley en mano, la embestida separatista, pero nada impedirá que vuelva a repetirse, agravada, dentro de unos años. Pues una cosa es la defensa de la ley y otra bien distinta es la desactivación ideológica y social de los separatismos.

Pero ésta es otra historia, incomprensible para los dirigentes del PP y del PSOE. ¿Llegaremos a tener en España algún gobernante capaz de comprenderlo y de poner manos a la obra?

¿Quién defiende la unidad de España?
Enrique Domínguez Martínez Campos  www.gaceta.es 13 Noviembre 2015

Cuando escribí mis dos artículos anteriores, de los que no tengo que suprimir ni una coma, no se había producido el segundo golpe de Estado del separatismo catalán contra la legalidad legitimidad del actual régimen español. Recuerden que el primero se produjo el 9 de noviembre del año pasado cuando, a pesar de la prohibición de Tribunal Constitucional, los amos separatistas de Cataluña realizaron la consulta que habían prometido con la apertura de centros y colegios electorales, utilización de papeletas, urnas y listas de electores y recuento de votos. Aquel acto de rebelión sin paliativos se llevó a cabo a pesar de que el gobierno dijera, por activa por pasiva, que no se celebraría. No tendría ningún valor ni legal ni jurídico, pero tuvo un gran valor político. Porque, tras aquel simulacro o como quiera llamársele, los separatistas siguieron percibiendo y percatándose de que quienes mandaba en Cataluña eran ellos.

No fue casualidad que en las elecciones autonómicas celebradas allí el 27 de septiembre, los separatistas las ganaran también sin paliativos, con casi el 50% de los escaños del Parlamento catalán para ellos. Porque, para sus fanatizados seguidores, aquello ya no eran unas elecciones autonómicas sino un plebiscito de aprobación de la secesión. Y, si a ese casi 50% le sumamos los escaños conseguidos por los seguidores del revolucionario y antisistema Podemos y la CUP, separatistas y podemitas, han sobrepasado el 50% de escaños: mayoría absoluta.

De ahí surgió el segundo golpe de Estado: una declaración firmada por estos grupos el 27 de octubre para poner en marcha de forma inmediata el proceso de secesión formal de Cataluña del resto de España. Y, por muchos defectos de forma que pueda tener dicha declaración, el hecho cierto es que estos elementos separatistas y antisistema revolucionarios han puesto, una vez más, a España patas arriba.

Era previsible. A largo plazo y con un Título VIII de la Constitución infumable, los nacionalseparatistas vascos y catalanes hicieron, han hecho y siguen haciendo, lo que les parece mejor en sus respectivos cortijos. Fueron los nacionalseparatistas catalanes los que exigieron que en la Constitución se introdujera el término “nacionalidades” para diferenciarse de las regiones. Fueron todos ellos los que sucesivamente exigieron cada vez más y más traspasos de competencias y que los gobiernos estatales les concedían para tenerlos contentos. Fueron estos gobiernos estatales quienes no quisieron enterarse de la corrupción que desde hace más de 30 años campa por sus respetos en Cataluña con el famoso 3, 10 0 20 % de mordidas. Fue el felipismo quien evitó que Jorge Pujol entrara en prisión por el caso Banca Catalana. Fue Aznar quien, a través del Pacto del Majestic, eliminó a Vidal Cuadras para que no mantuviera a raya el avance del nacionalseparatismo en Cataluña, eliminó la “mili” en nuestro país (¡cómo iban a servir a España los jóvenes catalanes!; de ninguna manera, diría Pujol) y le concedió todos los resortes para que la enseñanza en aquella región estuviera en las exclusivas manos del nacionalseparatismo. Y, por fin, el famoso “bobo solemne”, J. Luis Rodríguez, dio alas para que el nacionalseparatismo –esta vez de la mano del socialismo catalán- redactara una Constitución catalana a la medida de sus objetivos separatistas, es decir, para constituir un Estado independiente. A pesar del pulido que se hizo en el Parlamento español de aquel nuevo Estatuto (Cataluña es una nación, dice= cuando un director de teatro frustrado y gran jerarca socialista, Alfonso Guerra, presidía la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados.

En definitiva, ni el PP ni el PSOE están en condiciones de acusarse uno al otro de nada. Porque ambos partidos son igualmente responsables de lo que hoy sucede en la región catalana. Es decir, de los dos golpes de Estado que estos fanáticos separatistas han dado en aquella región cuando un presidente del gobierno, Rajoy, del PP, tiene que lidiar esta faena y desde que inició su legislatura, como los anteriores presidentes del gobierno, ha permitido, ha cedido, ha pagado y ha salvado de la quiebra a aquella región. Y, como todos esos presidentes, prácticamente ha abandonado a su suerte a los miles de catalanes que también se sienten españoles. Ignominiosamente, pero así lo proclaman quienes allí viven y lo padecen.

Desde 1993, cuando el felipismo perdió la mayoría absoluta, el nacionalseparatismo vasco y, sobre todo, catalán, han sido el apoyo de los gobiernos de España. Apoyo que nos salía a todos por un ojo de la cara y, además, aguantando las imposiciones políticas de unos y otros. Eran ellos, los nacionalseparatistas, quienes imponían sus condiciones para “dar estabilidad al sistema” para que tal o cual gobierno pudieran mantenerse en el poder sin mayoría absoluta. Era la nefasta consecuencia de la dictadura partitocrática que sufrimos los españoles, por muy legítima que pueda serlo como consecuencia de una Ley electoral infame. Pero ni el PP ni el PSOE la han querido modificar. Inexplicable. Porque, hasta ahora, quienes más se han beneficiado de ella han sido los nacionalseparatistas y aquellos dos grandes partidos.

Con estos mimbres, ¿puede resultarle a alguien extraño que estos individuos separatistas intenten por todos los medios lograr sus objetivos? ¿Que lo hacen ahora para tapar sus propias miserias y su corrupción desenfrenada? Con toda sinceridad, a mí estas matizaciones o estos subterfugios no me interesan. Lo que me interesa, me preocupa y me llega a doler en lo más profundo de mi ser como militar, fue y es la actitud de mi gobierno frente a estas rebeliones, frente a estas posturas chulescas, frente a estas traiciones. La actitud de mi gobierno y la de la oposición, supuestamente española.

El mismo día 27 de octubre el señor Rajoy, en una declaración institucional, dijo, en síntesis que, mientras él fuera el presidente del gobierno, no permitiría la secesión de Cataluña. Que tenía –como siempre ha declarado- todo dispuesto para evitarlo. ¿Evitó la consulta del 9 de noviembre del 2014? ¿No hay motivos más que suficientes para aplicarles a los firmantes de la declaración separatista el Código Penal? ¿Va a ser de nuevo el Tribunal Constitucional el escudo con el que se proteja el señor Rajoy para que a España no la descuarticen? No sabe el señor Rajoy que estos elementos ya han declarado, por activa y por pasiva, que no van a hacer ningún caso del Tribunal Constitucional? ¿Acaso no existen otros procedimientos mucho más eficaces y drásticos para evitar la burla, el desgaste, el cansancio y la desmoralización que provocan estos indeseables? Pues no. No, porque “Spain is different”. En cualquier otro país del mundo no se toleraría esta barbaridad. Aquí sí. Aquí hay que actuar con suma prudencia, con enorme cautela y proporcionadamente. Es decir, promoviendo que estos sujetos separatistas sigan creciéndose y ciscándose en el resto de los españoles. ¡Gran ejemplo el que damos al mundo!

¿Y qué hacen, mientras tanto, los partidos supuestamente españoles que debieran ponerse del lado del gobierno sin matizaciones ni fisuras de ningún tipo? ¿Qué dicen los líderes del PSOE, de Ciudadanos o de otros grupos que tendrían que formar piña junto con el gobierno para mostrar a todos los españoles la unidad de la nación frente al golpe de Estado de los separatistas catalanes?

Alguien debó indicar al señor Rajoy que sería necesario llamar a los líderes de todos los partidos políticos para hacer frente a este inaudito desafío separatista. Alguien debió caer en la cuenta de que el PP no debía caer en el tremendo error en que cayó Aznar cuando el terrorismo cometió la salvajada del 11-M en Madrid en el 2004 y aquel presidente, en un acto de voluntarismo suicida, a dos días de las elecciones generales, no tuvo la habilidad política de que todos los partidos se involucraran en la condena a esta atroz matanza de inocentes que se produjo en Madrid. Como ocurrió en los EEUU el 11-S de 2001.Por eso, a partir del 28 de octubre, Rajoy se entrevistó con el líder del PSOE, señor Sánchez –al que invitó a comer en Moncloa- y, dos días después, lo hizo con los líderes de Ciudadanos y Podemos, Rivera e Iglesias. Y, a partir del 2 de noviembre, lo hizo con los de Izquierda unida, UPyD y Unión Democrática de Cataluña.

¿Cuál ha sido la contestación de cada uno de estos grupos al deseo del presidente del gobierno de mostrar una unidad política imprescindible para hacer frente al golpe de Estado separatista catalán? ¿Quién o quiénes se han mostrado unidos y sin fisuras o matización alguna a ponerse del lado del gobierno para apoyar la unidad indivisible de la nación española? ¿Qué o cuáles partidos han dejado de lado el hecho de que el 20 de diciembre próximo se celebraran elecciones generales y mucho antes que los intereses del partido están los de la nación? ¿Quiénes o qué líderes políticos tienen, en este sentido, una auténtica visión de Estado anteponiendo los intereses de España por encima de los suyos?

En un próximo artículo seguiremos informando. Como pretendemos hacerlo desde que escribí el primero de esta serie: “La Historia se tienen que repetir”.

El golpe del 3%
Aristóteles: «Con las mismas letras se escribe una tragedia o una comedia»
Gabriel Albiac. ABC 13 Noviembre 2015

Yo hubiera deseado que estos mangantes acabaran en la cárcel por ladrones. Con suerte acabarán allí. Por sediciosos. Y hasta podrán permitirse el consuelo de la épica. Aunque sea el de una épica mugrienta y pueblerina. Pues que vayan. Al menos, que suceda eso. Incluso si ni aun eso se merecen.

Para dar un golpe de Estado se requieren ciertas virtudes. La primera, estar dispuesto a morir en el intento. A morir. Sin metáfora. Con un viejo militar, cargado de convicciones castrenses aun después de la más dura derrota, hablaba yo, hace de esto dos o tres glaciaciones, de su papel en un golpe de jóvenes oficiales republicanos allá por el diciembre de 1930. «Acabasteis fatal: dos fusilados y a los demás perpetua». «Es lo suyo. Si das un golpe, o ganas o te fusilan». Digno. Hoy, los golpes se dan para que salgan gratis: si ganas, padre de la patria; si pierdes, a casa con tu señora y calentito; y con todo lo robado. No da ira siquiera. Sólo asco.

Arturo Mas ha jugado al golpe de Estado. No diré que gratis. Arturo Mas tenía que salvar millones, demasiados millones: los arramblados por Pujol y sus conserjes a lo largo de un despotismo blando que ha durado ya casi medio siglo. Calculen ustedes la cifra a la cual se eleva el 3% de la obra pública en Cataluña en medio siglo. Ese es el eje. Alrededor, la enredadera de sobornos, chantajes, evasiones fiscales, dineros más que negros, que configuran la súbita riqueza de estas gentes. Nadie, hasta hace cuatro días, les ha pedido cuentas, y eso es lo más horrible. Ni siquiera han camuflado su esplendor. Lo han exhibido. Así, la exposición ante la comisión parlamentaria de la belleza de su colección de coches, por parte del primogénito de los Pujol, es el acto escénico más obsceno que hayamos visto ejercerse en la España reciente. Debería exhibirse permanentemente en los colegios, para que los niños sepan qué significa no tener vergüenza: el pasaje en el cual narra el sacrificio de comprarse, bien contra su gusto, un Ferrari Testarossa para hacerle un favor a cierto desdichado amigo, es casi, casi tan magnánimo como aquel en el cual el Aristóteles de la Ética a Nicómaco da cuenta de la amistad como lo único de verdad grande en la vida de un hombre.

Estos golpistas de ahora, hace mucho que debieran estar en la cárcel. Más aún que ladrones, son gente despreciable. Ahora, cuando el riesgo de que la ley pueda rozarlos les da un miedo que avergüenza a quien los mire, han puesto en marcha el último refugio antes de acabar sin honor en presidio: inventar una nación, un Estado, unas leyes. En la cual nación, al mando de cuyo Estado y frente a cuyas leyes no tengan que rendir ninguna cuenta. Si robaron, si delinquieron todo cuanto se les haya antojado, fue contra una nación y un Estado enemigos: la odiada y explotadora España. Robar a un opresor «que nos está ahogando financieramente y acribillando a impuestos» es acto patriótico, en lúcido hallazgo de otro de los de la banda.

Porque esto ha sido una banda. Y todos somos, en distintas medidas, responsables de que a ese gang se le haya permitido gobernar en beneficio propio Cataluña, sin aplicar la ley hasta ahora, demasiado tarde. Irán a la cárcel, sí. Eso espero. Pero no por haber sido los ladrones que fueron. Hasta la cárcel la disfrazarán de épica.

El bufón se burla impunemente.
Vicente A. C. M.  Periodista Digital 13 Noviembre 2015

Todo el clan Pujol está libre y con todos sus derechos intactos. La Presidente de la Mesa del Parlamento de Cataluña, Carme Forcadell se permite declarar públicamente que no acatarán las sentencias del Tribunal Constitucional. Artur Mas hoy mismo se ha burlado del TC al responder que harán lo mismo que cuando se realizó la Consulta ilegal que el TC también suspendió. Esos son hechos, no suposiciones. ¿Y qué hace Mariano Rajoy? Decir que no estamos en una situación límite y que no considera por ahora hacer nada más aparte del recurso presentado y admitido a trámite por el TC. Por otra parte Albert Rivera dice la obviedad de que apoya al Gobierno en las medidas "de tipo jurídico" que ha tomado -que se sepa no ha hecho nada más-, claramente limitadas a ese recurso y sin emprender otras vías como la penal por actuaciones de la Fiscalía, que parece mirar para otro lado en una actitud incompatible con la adoptada en otros casos de menor entidad y "escándalo social".

He de reconocer que mis dotes de pronóstico son nulas. Finalmente la CUP no ha llegado a vender su apoyo, principalmente por considerar la oferta insuficiente. Ha sido en palabras de su portavoz,Baños, “un NO tranquilo” en el que lógicamente espera obtener en el futuro el premio de ser uno de los integrantes del coro de esa “presidencia coral” que reclamaba y que Artur Mas ha querido estafarle con el tocomocho de un nuevo esquema presidencial ejecutivo en el que figurarían tres vicepresidentes -pero ninguno de la CUP-, con él como presidente sujeto a una programada moción de confianza. El próximo día 29 de noviembre esta formación ultra izquierdista y anti sistema ha previsto mantener una asamblea, que se supone es para decidir cuál es el precio final a pagar por su apoyo, y entonces sí que mi pronóstico se verá cumplido y Artur Mas será investido de nuevo Presidente de la Generalidad. A la tercera sesión de investidura, será la vencida.

La duda que tengo es si en estos días, que ayer llamé de compás de espera, los grupos secesionistas se atreverán a iniciar la desobediencia mediante la aprobación de las leyes que incluyeron en su panfleto de resolución, necesarias para ir conformando la estructura de Estado y que evidentemente ya tienen redactadas y listas para el proceso. Si lo hacen sería el momento para que inmediatamente se actuase contra los responsables, empezando por los componentes de la Mesa del Parlamento y se iniciase la aplicación gradual de la intervención de la Autonomía sin esperar más contrastes jurídicos. No son ya los jueces los que deben ser la vanguardia de la lucha por reponer la legalidad, sino el Gobierno con todos los medios que la Ley y el Estado de Derecho han puesto a su disposición. Es su responsabilidad y lo que no es admisible es seguir parapetado tras las togas porque es la hora de actuar , neutralizar a los delincuentes y devolver la legalidad.
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Tal parece que el Gobierno tiene un pánico incontrolado a equivocarse, a no actuar de modo “proporcional”, al qué dirán, a sobreactuar. Un pánico que le mantiene paralizado en el burladero y sin confianza en sus aptitudes para controlar una situación que evidentemente le viene grande. Mariano Rajoy bajo una falsa apariencia de dominio de la situación y control de los tiempos, lleva mucho tiempo anclado en la inoperancia, en esperar que el tiempo y los errores de los demás le den la salida que busca desesperadamente. Y no es que pida que se “pase de frenada” y llegue al extremo de sortear la ley como “mister X” y el vergonzoso asunto de los GAL, pero al menos, aunque equivocado en los modos y en los medios, intentó dar una salida a una situación insostenible, en la que, si somos sinceros, una parte no despreciable de la opinión pública y publicada mantuvo una actitud digamos que “permisiva” y “comprensiva” en esta especial aplicación de la Ley del Talión.

Los tiempos ya no son los mismos y por suerte hemos avanzado en educación democrática. Pero una cosa es el diálogo y otra no reconocer que para avanzar debemos acabar con las desigualdades y errores del pasado y no volver a incidir y aumentarlos. No es de recibo el que existan conciertos y Fueros especiales. Es anacrónico, lo mismo que algunos planteamos el anacronismo de una Institución Monárquica y lo que ha representado durante siglos de existencia. Un sistema profundamente anti democrático en el que permanece la sucesión dinástica y lo que es peor, la prevalencia del hombre sobre la mujer, sin que haya sido hasta ahora considerado como prioritario modificarlo en la Constitución. Esa que ahora quieren modificar urgentemente incluyendo acuerdos inadmisibles de trato de favor a los chantajistas que han iniciado el proceso de independencia de España sin la menor oposición.

El Gobierno de España no puede permanecer inactivo y a la espera de acontecimientos. Hay ya causas más que suficientes para emprender acciones legales, neutralizar los aforamientos en los que se escudan los insurgentes buscando la misma impunidad que Rajoy tras las togas del TC. No es de extrañar el que Artur Mas se burle de modo tan descarado desde su posición segura en el burladero.

¡Que pasen un buen día!

El problema, según Ortega
Vicente Torres  Periodista Digital 13 Noviembre 2015

Fue así como lo dijo Ortega: «Este problema catalán y este dolor común a los unos y a los otros es un factor continuo de la Historia de España, que aparece en todas sus etapas, tomando en cada una el cariz correspondiente. Lo único serio que unos y otros podemos intentar es arrastrarlo noblemente por nuestra Historia; es conllevarlo, dándole en cada instante la mejor solución relativa posible; conllevarlo, en suma»

Quizá se equivocaba en algo, puesto que no parece que haya sido así en todas las etapas, sino que fue a partir de Felipe V, periodo en el que, curiosamente, comenzó la prosperidad catalana. Tenía algo de razón, puesto que la tendencia al lloriqueo no se puede cortar ni contentar de ningún modo.

Sin embargo, el problema se va a resolver por sí mismo. Ha bastado con establecer un sistema corrupto y darle el poder a una banda de catalanistas y esperar a que alcanzara la presidencia uno de tantos incompetentes para que la trama se colapse. Lo ha hecho además de un modo tan sumamente ridículo (y ahora quieren quedar también en ridículo ante la ONU), que sus efectos actuarán como una vacuna en lo sucesivo.

Es de esperar que el espantoso ridículo tenga efectos beneficiosos en el Reino de Valencia y otros lugares. De hecho, Snchz convocó a sus barones para hablar del asunto, y Puig no pudo acudir, quizá porque no encontraba el peluquín, y tampoco fue Armengol. Sí estaba López, pero de ese ya no se fía nadie. Llama a las cosas por los nombres que no son. Sí estaba Iceta, que quizá sabe, aunque no es seguro, que la situación ha cambiado.

Una cosa deberían tener en cuenta esos mequetrefes que están montando el numerito en Cataluña: Rajoy no podrá ser considerado como un gran presidente, pero el que se la hace se la paga. Eso de querer hacerlo pasar a la Historia como el presidente bajo cuyo mandato se produjo la secesión no lo va a perdonar.

The New York Times tiene razón
Editorial El Espanol 13 Noviembre 2015

Que la censura y la autocensura siguen ganando terreno en la prensa tradicional en España es una lamentable realidad que pone en solfa la imagen y la calidad democrática de nuestro país, y a la que no son ajenos los grandes medios y organismos internacionales. El problema es que la reiteración de las presiones sobre medios y periodistas, sobre todo en los últimos años, ha generado unos niveles de complicidad y mansa tolerancia rayanos en la rutina.

Buena prueba de ello la acaba de dar la Asociación de Editores de Diarios Españoles (AEDE) a través de un comunicado contra The New York Times en el que los propietarios de los principales medios impresos presumen de la "cada vez mayor pluralidad informativa", reivindican la "buena salud" del periodismo en España y acusan al medio de referencia mundial de "caricaturizar" la realidad.

El motivo del comunicado de la asociación que preside el consejero delegado de Prisa (editora de El País), José Luis Saínz, es intentar desacreditar un reportaje del NYT en el que disecciona el precario estado de la prensa española, apoyándose en testimonios de profesionales tan diversos como los directores de EL ESPAÑOL y eldiario.es, Pedro J. Ramírez e Ignacio Escolar, el exdirector de El Mundo Casimiro García-Abadillo, y el veterano periodista y director del semanario Ahora, Miguel Ángel Aguilar.

Sector en crisis
No es casual que, en el meticuloso repaso del NYT, no salgan bien paradas las grandes cabeceras y, muy en concreto, el diario que edita el grupo que preside Juan Luis Cebrián. El artículo del NYT recuerda cómo Rajoy modificó la ley para nombrar al presidente de RTVE , advierte del férreo control del Gobierno sobre la radio y televisión públicas, y subraya la "preocupación creciente sobre si los periódicos mejor posicionados han perdido su independencia editorial" tras "la rápida reestructuración de una industria venida a menos".

Como botón de muestra de la capacidad de presión del poder sobre los medios, el artículo recuerda la destitución de Pedro J. Ramírez de El Mundo, tras publicar los SMS de Rajoy a Bárcenas, y reproduce unas declaraciones de su sustituto en el periódico de Unidad Editorial en las que García-Abadillo admite ahora que él tenía "poco margen de maniobra".

Basta recordar que en los últimos siete años 11.000 periodistas han perdido su trabajo en nuestro país para tener claro hasta qué punto tiene razón NYT cuando apunta a la vulnerabilidad del sector como el talón de Aquiles del periodismo independiente.

Lo cierto es que pocos ejemplos ilustran los problemas de la libertad de prensa en España como el espectáculo ofrecido por El País en los últimos días. Horas después de retirar su columna a Miguel Ángel Aguilar, por reflejar los "niveles de censura" que percibe al menos parte de la redacción, el antaño "diario independiente de la mañana" ha querido ajustar cuentas con el periódico estadounidense.

Desquite megalómano
Además de publicar un artículo sobre los problemas empresariales y la -a su juicio- falta de independencia del NYT, el grupo fundado por Jesús de Polanco ha decidido suspender el acuerdo de distribución que desde 2004 mantenían ambas cabeceras. Este desquite, entre pueril y megalómano, confirma la pérdida de credibilidad del mismo diario que durante años se erigió en guardián de la democracia. Recuerda la anécdota de aquel comprometido editorialista de la prensa del Movimiento que se jactaba de los palos que le daba al Kremlin.

Muchos otros casos, como reflejamos en un extenso reportaje, atestiguan que el sectarismo y la censura siempre han formado parte de la panoplia editorial del periódico que ahora dirige Antonio Caño. Sin embargo, no cabe duda de que la caída de la difusión, la crisis económica y el intervencionismo del Gobierno Rajoy han constituido una tormenta perfecta. Las dificultades financieras que atraviesan los grandes medios los ha hecho depender del auxilio y el apoyo del Gobierno, ora mediante la concesión de licencias de televisión, ora mediante operaciones de auxilio financiero en comandita con el poder económico.

En el caso de Prisa, tan sólo cabe esperar que antiguos acreedores, y hoy abnegados propietarios, como Telefónica, Caixabank, el Santander o el HSBC, sean los primeros interesados en respaldar a sus profesionales, indudablemente el principal activo cualquier empresa informativa, atajando así el equívoco de que la censura en El País obedece a la voz de sus amos.

No es casualidad en todo caso que el diagnóstico de NYT sobre el retroceso de la libertad de prensa en España haya coincidido con el del Instituto Internacional de Prensa con sede en Viena. El problema es que a la voracidad del poder polítito se suma la disposición a la servidumbre voluntaria de un sector estructurado en torno a un cartel medieval que se aferra a un modelo de negocio obsoleto.

Mas y Benzema
J. L. González Quirós www.vozpopuli.com 13 Noviembre 2015

Dos sucesos sin ninguna conexión, como la implicación de Benzema en un oscuro y torpe delito de chantaje, y la ridícula proclamación soberanista del Parlamento catalán, comparten una cualidad esencial, porque, en ambos casos, se produce un mismo error de bulto, la creencia en que se puede burlar la ley cuando se disfruta de un cierto privilegio, de una posición supuestamente inatacable en función de la pureza de los motivos que se proclaman. Benzema cree que podrá eludir el castigo de la justicia porque, en su opinión, intentaba ayudar a un amigo cuando le recomendaba someterse a una extorsión para arreglarlo todo. Del mismo modo, Mas y sus compañeros de aventura creen que podrán burlarse de la ley y la actuación de los distintos poderes del Estado, dado que, a su entender, sólo están llevando a cabo el designio de un parlamento soberano.

Benzema, tendrá con todo, una ventaja, la de contar con buenos abogados, mientras que la soledad de los fundadores de la imposible república catalana no cesará de crecer porque la desnudez del rey ya ha sido proclamada por buena parte de los que animaron irresponsablemente a poner a prueba si el Estado mismo iba a seguir siendo tan pánfilo como lo había venido siendo un presidente del gobierno que consintió que se llevase a cabo un referéndum claramente ilegal.

La improvisación como método político
Los políticos catalanes que han escrito una proclamación tan cursi como la que el Tribunal Constitucional ha declarado nula, han intentado poner en píe una posibilidad quimérica, saltándose una evidencia palmaria, a saber que, desde que el mundo es mundo, sólo ha habido dos formas en que ha sido posible la secesión: la negociación o la guerra. Pretender que un viejo estado europeo se deje arrebatar parte de su territorio soberano y, con ello, un estimable porcentaje de su población y de su riqueza, sin un acuerdo negociado o sin una previa derrota militar, es de una simpleza colosal, una tontería supina que se refleja paladinamente en ese pretencioso florilegio de estúpidos tópicos, en el que toda sandez tiene su asiento, y ante el que supuestamente tendrían que haberse quedado mudos e inermes todos los poderes públicos. Evidentemente, no ha sido así, y cualquiera, con un mínimo de perspicacia, podría haber apostado por ello, porque por torpes y cobardes que hubieran podido ser los políticos de turno, se aplica al caso la sentencia del Guerra torero, “lo que no puede ser, no puede ser, y además es imposible”

La ley, esa cosa discutida y discutible
Todo este disparate que ha desembocado en una absurda y frustrante impugnación de la ley como marco de convivencia, la única originalidad de los secesionistas catalanes, una cualidad inexistente en los procesos serios como el quebequés o el escocés, tiene su origen en la ridícula proclamación zapateril, según la cual se aprobaría cualquier cosa que saliera del Parlamento catalán para poner en píe un nuevo Estatuto que nadie había echado seriamente en falta. Zapatero dijo esta tontería muy prontamente, cuando aún no era más que un líder que no había ganado sino una escaramuza interna en un partido muy dividido, pero el daño que ha hecho tamaña frivolidad todavía no ha cesado. Luego vino el tripartito, el apoyo del PP de Rajoy a Mas, y el proceso autolítico que ha hecho de Convergencia un instrumento inútil para representar al núcleo tradicional de la Cataluña emprendedora y creativa, arrojando a sus clases medias en las fauces de un republicanismo anarquista cada vez más radical y más temible.

Que en unos pocos meses los líderes que asediaron el Parlamento catalán, obligando a Mas a usar un helicóptero para acceder a su escaño, condicionen ahora desde esos mismos escaños la elección del presidente catalán, indica hasta qué punto está desvencijada la política catalana, y ayuda a comprender que algunos hayan perdido la cabeza pensando que la solución al disparate consista en ponerle un piso y enmoquetarlo. Que ciertos políticos catalanes hayan apostado por el camino de la sedición y la rebelión no implica, de ningún modo, que el Estado se tenga que desmoronar y que haya que generalizar el cáncer catalán desmontando el estado de derecho y dando por muerta la Constitución. Antes que nada hay que restablecer el primado de la ley y el respeto a las normas de convivencia, sin las que no se puede negociar nada. El Estado cumplirá, pero la sociedad catalana tiene que optar sin dilación, o volver a la política ordinaria, o prepararse para las barricadas, porque nadie está en condiciones de garantizar que aunque se inicie una sedición nunca pasará nada.

Una imagen fiel de Cataluña
Los sediciosos son tan voluntaristas que ni siquiera reparan en lo magras que realmente resultan sus fuerzas y en que sus bravatas y proclamas no van a ser capaces de ocultar que se trata de una minoría dividida y que se está beneficiando de los réditos de una confusión insostenible. Este equívoco representativo ha permitido que ciudadanos tan frívolos como crédulos hayan apostado por un independentismo que realmente no quieren para fortalecer la posición de los nacionalistas ante Madrit, una negociación que se ha hecho absolutamente imposible por el torpe maximalismo y la escasa imaginación de unos políticos deseosos de tapar su corrupción y de hacer realidad sus obsesiones, pensando que las cosas van a ser tan flexibles y bizcochables como su grosera manipulación de las palabras.

Una valiosa lección española
Para un pueblo milagrero no es pequeña lección la que se obtendrá de comprobar como no basta proclamar la república catalana para que el objeto de deseo se convierta en realidad. En un país en el que abundan políticos que proponen un sueldo público para todos, o que quieren blindar como derechos sus proclamas más demagógicas, será bueno contemplar lo que puede pasar cuando se rompe el principio de legalidad, el respeto a las normas y a las instituciones que legitiman la formación precisa de la representación política y los límites que equilibran la tendencia de los poderes a desbordarse, al abuso y la corrupción. Se trata de una lección que podría rendir frutos inéditos en las próximas elecciones y hay que esperar que quienes juegan a confundir la legitimidad política con cualquier especie de fantasma ideológico obtengan lo que merecen, el castigo y el desprecio de los ciudadanos, de forma que la democracia pueda efectivamente corregirse con más democracia, no con bravuconadas ni peligrosas y absurdas fantasías.

La Unión Europea 'marca' a Israel
EDITORIAL Libertad Digital 13 Noviembre 2015

Mientras sus estructuras burocráticas no han dejado de crecer en las últimas décadas, y pese a haberse expandido hasta albergar 28 Estados, la Unión Europea es un actor cada vez menos relevante en la política internacional.

Una de las razones es que en contadas ocasiones logra articular posiciones comunes respecto a las grandes cuestiones. Lo peor es que, cuando sí lo logra, suele ser para mal, para impulsar políticas o medidas pésimas que, para colmo, suelen ir en contra de los propios intereses de la Unión.

Un excelente ejemplo son las actitudes habituales respecto a Israel y el conflicto israelo-palestino. Mientras que, por un lado, la UE pretende ser uno de los árbitros de esta complejísima disputa y contribuir activamente a su resolución, por el otro su vergonzoso seguidismo de las posiciones palestinas contribuye a irritar a Jerusalén y alienta a Mahmud Abás y compañía a que se mantengan en la insensatez y la incitación a la violencia, lo que repercute muy negativamente en todo el proceso. Esto, por no hablar del apoyo, a veces velado, a veces directo, que los terroristas islamistas de Hamás reciben de entidades europeas, lo que les hace más fácil detentar el poder en Gaza.

Las instrucciones para el etiquetado segregado de los productos israelíes elaborados más allá de la Línea Verde, en los territorios en disputa, son una muestra del intolerable doble rasero que aplica la UE al Estado judío. Única y exclusivamente al Estado judío, pese a que hay dos centenares de territorios que podrían ser susceptibles del mismo trato.

La parcialidad antiisraelí de la medida es patente, y descalifica a una Unión Europa que, para colmo, se ofrece como mediadora en el conflicto, conviene insistir en ello.

Por si no fuera suficientemente escandaloso, se trata de una medida que se ha dictado en medio de una formidable oleada de terror antijudío de la que es tremendamente responsable el liderazgo palestino, que no deja de agitar la calle con propaganda directamente judeófoba y demonizadora del Estado de Israel. La falta de sensibilidad, por decirlo suave, es inaudita; el mensaje que se lanza a los asesinos, terrorífico.

Más allá de que por ese camino no se llega a la supuestamente pretendida paz, el pavoroso historial antisemita del Viejo Continente debería obligar a las instituciones comunitarias a ser muy sensibles con todo lo relacionado con Israel; especialmente en lo relacionado con marcados que puedan servir de combustible a la sanguinaria judeofobia en curso y a la deslegitimación del único Estado judío del planeta.


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Así pedía Jordi Pujol jr. las mordidas: “Ya tienes la obra, anota el número de mi cuenta en Suiza”
M.A. Ruiz Coll. Okdiario 13 Noviembre 2015

El primogénito del clan Pujol visitaba en los años 90 a los grandes empresarios de Madrid para gestionar el cobro de comisiones a cambio de contratos públicos de la Generalitat

Ha sido un secreto a voces durante años y aún hoy, con la Audiencia Nacional rastreando las cuentas de la familia Pujol en varios paraísos fiscales, pocos empresarios se atreven a recordar en voz alta la experiencia. Muchos menos están dispuestos a relatarlo en un Juzgado.

La labor de recaudación de Jordi Pujol Ferrusola, el primogénito del ex presidente de la Generalitat, no se limitaba a Cataluña. Durante la década de los 90 y hasta comienzos de los años 2000, Jordi Pujol junior seguía visitando a los grandes empresarios de Madrid –incluyendo por supuesto a varios gigantes del sector de la construcción, de los servicios y las telecomunicaciones– para gestionar el cobro de comisiones a cambio de la adjudicación de obras o concesiones públicas por parte de la Generalitat.

Una vez aprobado el contrato, el mensaje que transmitía junior era muy similar: “Ya tienes la obra, ahora anota el número de mi cuenta en Suiza“, tal como han relatado a OkDiario tres de los empresarios afectados que prefieren no desvelar su identidad.

“Si aceptamos pagar, fue porque era la única forma de que nuestro grupo pudiera acceder a contratos de la Generalitat o de ayuntamientos que entonces estaban gobernados por Convergència”, ha explicado a este diario uno de estos empresario, “o pasabas por el aro, o tenías que olvidarte de un mercado tan importante para cualquier empresa nacional como es Cataluña”, señala el mismo empresario.
Una fortuna gestionada en paraísos fiscales

Otra de las fuentes consultadas explicó que “lo peor de todo no era tener que pagar, sino la prepotencia, la arrogancia y la chulería con la que Jordi se presentaba en los despachos a exigir el cobro de comisiones”, consciente de que su padre tenía la llave para que estos grupos pudieran entrar en el mercado catalán.

“No podíamos permitirnos rechazar esta petición, porque entonces se habría resentido nuestra cuenta de explotación”, añadió la misma fuente. En todos los casos citados, la mordida exigida sumaba varios millones de euros, que se traducían en un sobrecoste del precio del contrato pagado por la Administración.

Los empresarios consultados han aceptado a regañadientes dar este testimonio con la condición expresa de que no se revele su identidad, conscientes de que en España es delito cobrar comisiones, pero también pagarlas.

La ejecución de grandes infraestructuras como carreteras, líneas de ferrocarril y de Metro, requerían el pago de este peaje millonario que los Pujol gestionaban luego a través de países protegidos por la opacidad bancaria como Andorra, Suiza o Panamá, tal como ha acreditado ahora la investigación desarrollada por la Audiencia Nacional.

Las grandes obras ejecutadas con motivo de los Juegos Olímpicos de Barcelona ’92 –cuya proyección internacional aprovechó un joven Oriol Pujol para difundir consignas independentistas– marcaron el inicio de esta labor de saqueo sistemático llevada a cabo por la familia Pujol, tal como ha podido acreditar ahora la Policía. OkDiario ha informado en exclusiva de este trasiego de dinero, que Jordi Pujol Ferrusola distribuía luego entre los miembros del clan mediante transferencias bancarias, en un reparto que en ocasiones también incluía a su madre, Marta Ferrusola.

Ingresos a las cuentas de Vilarrubí
En una operación dirigida por el juez José de la Mata, la Policía Nacional registró el pasado 27 de octubre la vivienda de los padres del clan -en la que se encontraba residiendo temporalmente Jordi Pujol junior tras ser sometido a una intervención quirúrgica- y las oficinas de varias empresas, una investigación dirigida a recabar pruebas sobre el cobro de comisiones ilegales.

A raíz de estas diligencias, los hermanos Josep y Pere Pujol Ferrusola han sido citados a declarar hoy viernes como imputados en la Audiencia Nacional, ante el juez De la Mata. En la misma operación, la Policía registró también las viviendas de dos empresarios estrechamente vinculados al clan Pujol: el vicepresidente del Barça Carles Vilarrubí y Carles Sumarroca Claverol, antiguo vicepresidente de la contructora Comsa-Emte.

Entre otros muchos negocios, el primero es socio del Conde de Godó en la sociedad que gestiona la emisora de radio catalana RAC1 (que en los últimos años ha acentuado su mensaje independentista) y es el principal accionista de la empresa Oxer Sport, que organiza actividades hípicas.

Según fuentes de la investigación, Pujol Jr. habría utilizado una empresa de Vilarrubí para blanquear dinero procedente del cobro de comisiones: en 1994 ingresó 450.000 euros en una de sus cuentas en Andorra, desde la cual realizó luego transferencias que suman más de 400.000 euros a una sociedad del vicepresidente del Barça.

Mientras, CDC cobraba del 3% al 12%
El procedimiento de recaudación de la familia Pujol se producía de forma paralela al cobro sistemático de comisiones (que oscilan entre el 3% y el 12%) que su partido, Convergència, había institucionalizado entre las empresas que optaban a contratos públicos en Cataluña.

Buena parte de estas comisiones se canalizaban en forma de “donaciones” a CatDem y Fórum Barcelona, tal como ha acreditado ahora la Justicia. La Fiscalía Anticorrupción y el juez de la Audiencia Nacional José de la Mata han logrado reconstruir el mecanismo con el que se llevaba a cabo este cobro de mordidas: tras salir a concurso una gran obra pública, el empresario interesado pagaba a CDC un anticipo en forma de “señal”.

A continuación, el tesorero de Convergència (Daniel Osácar, Andreu Viloca o bien Germà Gordó, durante su etapa como gerente del partido) concertaba una entrevista con el empresario para negociar el importe de la comisión. Por último, una vez adjudicada la obra, se producía el pago de la mordida en forma de “donación” a CatDem

El mártir del 3 per cent
Agustín Valladolid www.vozpopuli.com 13 Noviembre 2015

Es mucha la gente que se pregunta en Cataluña en qué estaba pensando Artur Mas cuando aceptó esto: “El Parlamento de Cataluña declara solemnemente el inicio del proceso de creación de un estado catalán independiente en forma de república.” Y esto otro: “El Parlamento de Cataluña como depositario de la soberanía y expresión del poder constituyente, reitera que esta Cámara y el proceso de desconexión democrática del Estado español no se supeditarán a las decisiones de las instituciones del Estado Español, en particular del Tribunal Constitucional…”.

¿Estaba pensando en los catalanes? No desde luego en los más de la mitad que no apoyaron el 27 de septiembre las opciones independentistas. Tampoco en buena parte de los que sí prestaron su voto a Junts pel Sí para que se iniciara un proceso dialogado y a los que nadie les explicó lo de la desobediencia o lo de la república catalana. Los mismos que ahora ven horrorizados cómo este señor de modales impolutos, pulcro representante de la burguesía catalana, se ahorca con la soga de nueve nudos que le tienden unos tipos que parecen dispuestos a terminar el trabajo que empezaron en los años 30 del siglo pasado.

¿Pensaba acaso en los empresarios catalanes? No parece. Josep Bou, presidente de Empresaris de Catalunya: "Los empresarios estamos desesperados. Para Cataluña sería una tragedia económica. Apelamos a los políticos y al gobierno de la nación. Debe gobernar acorde a la ley, actuar y tomar decisiones".

Detrás de Bou están los grandes, empezando por Isidre Fainé Casas, presidente de Caixabank, dos tercios de su negocio fuera de Cataluña, que lleva tiempo viendo cómo miles de clientes se pasan a la competencia mientras intenta frenar, con discreción, faltaría más, esta cadena de insensateces. No, Artur no debía estar pensando en los empresarios.

¿Quizá pensaba en su partido? Salvo que lo hiciera en clave de Código Penal -luego iré con eso-, tampoco parece probable. Porque a Convergència ya no hay quien la levante. Mas la ha reducido a cenizas para regocijo de Oriol Junqueras, que está muy cerca de ver el próximo 20 de diciembre lo que no hace mucho solo se le aparecía en sueños: ERC convertido en el partido preeminente del nacionalismo catalán.

El pasado viernes, 6 de noviembre, el Liceu inauguraba su temporada operística. Se representaba, muy apropiado para la ocasión, el “Nabucco” de Verdi, un drama sobre la ambición y el poder. Casi nadie faltó a la cita. El president, con ese aspecto entre sonado y angelical que últimamente le acompaña a todas partes, saludaba con cara de circunstancias. Pero al que preguntaban “¿I ara que farèu?”, era a Junqueras, que por toda respuesta señalaba con los ojos a Mas y decía: “Él mismo”. Pues eso: el rey Artur y sus diez caballeros de la CUP. Sigamos.

¿Estaba pensando Mas en la comunidad internacional cuando aceptó las condiciones de un partido antisistema? ¿En Sarajevo como espejo? Lo dudo. No hay mandatario serio en el mundo mundial que compre el ejemplo de un político que, en una democracia, se salta a la torera la ley, por mucho respaldo que tenga en las urnas. Una nueva torpeza de este brillante estadista: tirar por la borda, al menospreciar el Estado de Derecho, la porción de legitimidad, minoritaria, pero legitimidad al fin y al cabo, que aportaba al procés el respaldo de muchos ciudadanos.

¿Y en el Gobierno? ¿Pensó quizá Artur Mas en que la cercanía de las elecciones generales, y el consiguiente enfrentamiento partidario, iba a pillar al Gobierno en una situación de debilidad que facilitara el éxito del golpe? Si le quedara algo de inteligencia política en la sesera, la respuesta sería que no. Pero no hay consenso al respecto. Desde luego, Mas midió los tiempos antes de soltar la bomba. Puede que se le pasara por la cabeza, como a Hassan II, cuando con Franco moribundo lanzó hace ahora 40 años la Marcha Verde, que este, con el Estado en funciones, era el momento adecuado. Pero ni Mariano Rajoy es Franco, ni él el rey de Marruecos.

Con el misil elegido, lo que ha provocado Artur Mas es que el 80 por ciento del Parlamento nacional, y el 90 del futuro, cierre filas en lo fundamental con el Gobierno; nos ha descubierto el liderazgo de Rajoy; y provocado un corrimiento de tierras demoscópico que, a día de hoy, impulsa las expectativas electorales del PP. Sobresaliente.

Y por último: ¿Estaba Artur Mas pensando, cuando se bajó los pantalones ante la CUP, en Artur Mas? ¿Se le aparecen por las noches el juez Bosch y los fiscales Grinda y Bermejo? Sí, puede que sea esta la única clave que ayude a entender, al menos en parte, lo sucedido. Lo que hace dos años no quitaba el sueño a nadie, un caso más de corrupción municipal, lleva camino de convertirse en la mayor red de extorsión de la democracia. Y eso es mucho decir para alguien que, estando en el núcleo duro del tinglado, pretende pasar a la historia como el salvador de la patria.

Las noticias que me llegan es que el juez y los fiscales ya cuentan con material suficiente para ir a por los “peces gordos”. El ”1992” que tumbó a Bettino Craxi, pero a la catalana. Mas no tiene fácil librarse. Desde luego no de la responsabilidad política. Muchos años al frente del Govern; demasiado cerca de los Pujol.

En febrero de 2005 Artur Mas logró que el entonces presidente de la Generalitat, Pasqual Maragall, retirara la acusación de que CiU cobraba sistemáticamente un 3% de comisión en la adjudicación de obras. Han pasado más de 10 años. Hoy, la impresión es que a lo único que Mas aspira es a que le retire el Estado de Derecho, antes de que lo haga la Audiencia Nacional. A quedar, para algunos, como un mártir; y no como lo que empieza a sospecharse que puede haber sido.

De la farsa de Artur Mas a la extralimitación de un jefe policial
EDITORIAL El Mundo 13 Noviembre 2015

EL ESPECTÁCULO que protagonizó Artur Mas en el Parlament fue indigno. Pocas veces como ayer se había visto a un dirigente abdicar de sus principios para mantenerse en el poder. Lo que sucedió en la Cámara sería merecedor de una película de Groucho Marx con el todavía presidente de la Generalitat sacándose conejos de la chistera para fascinar a su interlocutor.

El interlocutor de Mas era Antonio Baños, el portavoz de la CUP, al que ofreció someterse a una cuestión de confianza a los 10 meses de mandato en caso de ser investido. No lo fue porque la CUP volvió a votar en contra tras un duro discurso de Baños no exento de ambigüedad.

Mas reconoció que había ofrecido a la CUP un nuevo esquema organizativo para el Govern, con tres vicepresidentes, pero que la formación de Baños había rechazado la oferta.

A pesar de lo que sucedió ayer en el Parlament, es posible que la CUP acabe apoyando a Artur Mas para presidir la Generalitat a cambio de concesiones en la hoja de ruta soberanista y en sus políticas económicas y sociales.

Baños no ha cerrado la puerta a esa posibilidad y la prueba es que anoche la CUP hizo público un documento en el que expone sus condiciones para alcanzar un acuerdo. Lo cual no es una sorpresa porque hay una cosa en la que Junts pel Sí y la CUP tienen un mutuo interés: en que no haya unas nuevas elecciones en las que seguramente serían castigados por el electorado.

En este contexto, Mas hizo otro guiño a los radicales al asegurar que no va a respetar la suspensión del Tribunal Constitucional, recordando que también desobedeció su fallo -que tome nota la Justicia- contra la celebración de la consulta ilegal. Por tanto, no cabe descartar que al final la CUP se prestara a ser su salvavidas en función de esa unión del frente independendista y de las contrapartidas que pueda obtener en la negociación.

Al mismo tiempo que Mas subrayaba que se va a saltar la ley, el comisario jefe de los Mossos enviaba una insólita nota a sus subordinados en la que les ordena que le notifiquen a él de ahora en adelante cualquier indicio de desobediencia o conspiración para la sedición de los altos cargos de la Generalitat. Según esa circular, él será quien decida si tiene que comunicar o no a la Justicia esas conductas. Se trata de una orden dudosamente legal, cuya intencionalidad es condicionar a los Mossos. Eso es evidente. Diga lo que diga, los agentes de la autoridad tienen la obligación de poner en conocimiento del juez cualquier hecho delictivo sin pedir permiso a sus superiores. Y es el juez el que tiene que valorar si hay delito, no el jefe de la Policía. Pero además en este asunto la Audiencia Nacional ya ha anunciado que va a investigar los casos de desobediencia, por lo que los Mossos tienen que actuar como policía judicial y, por tanto, su obligación es subordinarse al juez.

Si el comisario jefe decidiera no colaborar u omitir información a la Audiencia, estaría cometiendo un delito. Que no se llame a engaño ni intente confundir a nadie al arrogarse una autoridad de la que carece.

Además de ingobernable, hay altos cargos y funcionarios en Cataluña que siguen sin entender que están sometidos a la legalidad. Ayer, lo dijo claro y alto Felipe VI, que subrayó que "España no está dispuesta a que se cuestione su unidad". La Justicia debe velar para preservar este principio constitucional y para que se cumpla la ley.

La persistente ceguera voluntaria
Guillermo Dupuy Libertad Digital 13 Noviembre 2015

Recuerden lo que muchos comentaristas decían para asegurarnos que el proceso secesionista catalán, iniciado en la Díada de 2012, no pasaría de diciembre de 2013. Recuerden también lo que, en octubre de 2014 y con titulares de portada tales como "La Ley doblega a Artur Mas", "La ley vence a Mas", "Mas se rinde", la prensa madrileña decía para dar, por fin, por sofocado el desafío separatista.

Consumado el golpe de Estado institucionalizado en forma de ilegal consulta secesionista el 9 de noviembre de 2014, recuerden también cómo muchos de estos mismos comentaristas pasaron a argumentar, con el objetivo de quitarle trascendencia, que los separatistas ya no irían a más.

Tras las elecciones autonómicas catalanas de este año, recuerden cómo muchos se aferraron a la falta de mayoría absoluta de Junts pel Sí para descartar un nuevo desafío institucional al Estado.

A finales del mes pasado, cuando los separatistas no dejaban que pasaran ni veinticuatro horas desde la constitución del nuevo Parlamento regional para perpetrar el siguiente paso en forma de resolución en pro de "la creación del Estado independiente en forma de república", buena parte de nuestras élites políticas y mediáticas optó por sufrir un golpe de amnesia y simular que el desafío secesionista a nuestra nación y a nuestro ordenamiento jurídico -proceso que no por gradual deja de ser golpista y viceversa- empezaba ese mismo día y no hace tres años. Así las cosas, unas intactas esperanzas volvieron a situarse en un nuevo pronunciamiento del Tribunal Constitucional.

Llegado este jueves el pronunciamiento del alto tribunal, el infundado optimismo de nuestras élites mediáticas y, sobre todo, políticas se mantiene; no tanto en una resolución judicial al que las autoridades catalanas, como es costumbre, ya han mostrado su público desacato, sino a las innegables dificultades que tiene Mas para ser investido presidente. Pero eso es tanto como pensar que, muerto Mas, se mata la rabia secesionista que, con la decisiva condescendencia y financiación de Madrid, los nacionalistas han extendido por Cataluña. Tipejos para relevar al molt honorable y presunto delincuente que todavía preside la Generalidad de Cataluña los hay a montones. Es iluso pensar que, muerto Mas, se acaba una rebelión institucionalizada cuya fuerza anida en la temeraria y amnésica pasividad a la que se enfrenta.

Puestos a pensar en Artur Mas, más valdría preguntarnos qué fue de ese juicio que, gracias al dimitido Torres Dulce, que no a Rajoy, se emprendió hace unos meses pero que todavía sigue sin dictar sentencia.

Rematar al herido Mas
Cristina Losada Libertad Digital 13 Noviembre 2015

Yo entendería que Artur Mas estuviera perplejo. No lo estará, porque es un político profesional –no ha hecho otra cosa, como le recordó días atrás Inés Arrimadas–. Pero bien podría estar desconcertado ante la concertación general: todo el mundo dice que está muerto. Los adversarios, por supuesto, y la prensa vocea con rara unanimidad que compone la triste figura, a la que nadie compadece ni tiene por qué, del cadáver político. Todavía insepulto, sí, pero le falta un telediario para el entierro.

Así de firmes e inapelables son el diagnóstico y el pronóstico. La pregunta que yo me haría si fuera Mas es: ¿por qué ahora y no antes? A fin de cuentas, Mas no ha dejado de perder votos y escaños para su partido. Empezó con 62, logró bajar a 52 cuando adelantó por primera vez las elecciones y se ha despeñado en su última maniobra de adelantamiento con ERC en el asiento del copiloto: los diputados de CDC no llegan a la treintena.

Bajo el liderazgo de Mas, en fin, su partido ha perdido la mitad de los escaños que tenía, y ha perdido, de paso, al socio con el que formó una exitosa coalición electoral durante décadas. Y todo ello es reflejo de otro dato que certifica un fracaso de Mas y sus compañeros de viaje: llamaron a un plebiscito y lo perdieron. Es obligado hacer aquí un inciso. A los que se empeñaron en hacer las cuentas del 27-S incluyendo a Catalunya sí que es Pot en el bloque soberanista o excluyéndolo del no separatista hay que hacerles notar que sus once diputados votaron el otro día en contra de la resolución, igual que Ciudadanos, PSC y PP. Juntos por el no. Que conste.

Con un balance como el reseñado, a cualquier dirigente político se le hubiera declarado cadáver y mandado para casa antes de que hiciera mayor estropicio. En cuanto a su desafío a la legalidad, hace tiempo que la Generalidad catalana actúa en ruptura con ella y se comporta como el órgano de un Protoestado catalán independiente. Sin embargo, ni los fracasos ni los desafíos de Mas levantaron hasta ahora el clamor que de forma explícita o implícita pide su cabeza.

No sólo es la prensa española la que expide el certificado de defunción de Mas. Hasta el Financial Times le da la espalda, cuando antes se mostró cálidamente comprensivo con el procés. Y el papel de la prensa, como le dijo un periodista a Michael Ignatieff cuando intentaba liderar el Partido Liberal canadiense, "consiste en ser testigos de la batalla y después bajar a rematar a los heridos". En esa precisa fase está la cuestión, la de Mas: en el remate del herido. Un remate que, para humillación de Convergencia, depende esencialmente de la CUP. Cuando alientas un movimiento antisistema, ¿cómo no vas a acabar dependiendo de los más antisistema del lugar? Pero el remate no será mañana y Mas tiene un par de meses para pescar los dos votos que le faltan. Yo no escribiría la esquela aún.

Estalla la olla separatista
Manuel Molares do Val www.latribunadelpaisvasco.com 13 Noviembre 2015

Ante la falsa euforia de la pintoresca declaración independentista del Parlamento catalán quizás debamos pensar que Mariano Rajoy acertó dejando que se unan la burguesía de Convergencia, la izquierda funcionarial de ERC, gente que vive de nóminas públicas sin miedo a perder el trabajo, y los anarquistas y antisistema de la CUP.

Están destruyéndose entre ellos, mientras los constitucionalistas cometen el error de discutir sobre porcentajes electorales de cumplidores con la ley contra separatistas sin ley.

Aunque los independentistas fueran mayoría sería ilegal cualquier movimiento separatista sin contar con el resto de los españoles, que son tan dueños de Cataluña como los catalanes del resto de España.

Lo saben los industriales barceloneses que si apoyaron a “Junts pel Sí” era porque no creían que su conseguidor de prebendas en Madrid, Artur Mas, llegaría tan lejos tras fracasar en sus exigencias al Gobierno.

Tampoco esperaban que estuviera dispuesto a aceptar las ruinosas exigencias de una CUP tan radical como Fidel Castro y Durruti juntos.

El separatismo venía uniendo cada vez más sus ingredientes indigestos en las escuelas e incumpliendo leyes y sentencias. Hace cinco años el cocinero, que era CiU, puso todo a fuego lento para controlar el guiso separatista.

Unió se fue finalmente de la cocina y los pinches, ERC y CUP, en lugar de mantener el fuego, invitaron a Artur Mas a azuzarlo.

La olla a presión va a explotar estropeándoles el bodrio patriótico, y cuando ocurra, habrá que poner una nueva marmita catalana con ingredientes bien medidos, quizás aplicando el artículo 155 de la Constitución.

Mossos d’esquadra bajo control del Gobierno, cumplimiento de las sentencias judiciales sobre educación y bilingüismo, control exhaustivo de los gastos de la Generalidad, y ni céntimo a la propaganda independentista.

Los separatistas ha cumplido la misión de autodestruirse, y Rajoy hará una buena cocción si es capaz de volver a la situación autonómica de 1978, la inicial, para que muchos catalanes descubran que han estado sometidos desde entonces a un lavado de cerebro nacionalista totalitario ejecutado por los mayores estafadores de la historia de España y de Europa.

Dos sublevaciones
Antonio Robles Libertad Digital 13 Noviembre 2015

Por fin el Estado ha reaccionado. De la mejor manera. Suspensión de la declaración secesionista. ¡Qué menos! Y, sobre todo, advertencia a sus 21 responsables primeros de que podrían ser procesados por causas penales. La inhabilitación de entrada.

Eso obligará a toparse con el principio de realidad a muchos, y a reflexionar a todos. En la intemperie, fuera del cobijo de la masa, el individuo aislado se suele palpar las partes. Y volverse sensato. ¡Es tan exigente la responsabilidad individual!

Así pues, la primera de las sublevaciones, la material, contrarrestada. Que no solucionada. Pero además de la sublevación material, es decir, la del golpe institucional formalizado en el Parlamento, existe la sublevación mental. Es más, el problema de ésta es más grave. O de más difícil solución. Combatir la primera sin contrarrestar la mental es como hacer surcos en el agua.

Con sublevación mental me refiero a la autosuficiencia moral de los amotinados frente a la Constitución que quieren romper. En el transcurso de la insurrección, la ley ha ido perdiendo su fuerza intimidatoria, a la vez que aumentando la soberbia de los amotinados. Despojada de legitimidad, el único poder que le resta a toda norma jurídica es el temor que inspira. Pero hasta éste ha desaparecido por incomparecencia del Estado. Ahora esa sublevación mental, envalentonada por la prepotencia del número y la legitimación del egoísmo colectivo que les garantiza la inmunidad moral, tomarán cualquier condena como una agresión. Ya es una cuestión de orden no legal sino psicológico. Desatada la furia contra lo sagrado, el populacho se cree con derecho a todo. La irreverencia ante el tabú, como la pérdida de la inocencia, ya no se vuelve a recuperar una vez desacralizadas. Al menos por las buenas. Cientos de miles de personas toman la legalidad constitucional (ellos prefieren decir legalidad española) a chirigota en Cataluña. Sin respeto ni temor alguno a las consecuencias de su incumplimiento.

Esta autosuficiencia supremacista no es genética ni ha surgido por casualidad. Lo hemos escrito mil veces: ha sido construida. Con el dinero de todos, con la escuela de todos, con los medios de todos, con las instituciones de todos… Si no reconvertimos esa sublevación mental, falsamente liberadora, las medidas impuestas por el TC no servirán para nada. Detrás de una suspensión, una multa, una inhabilitación, incluso, detrás de una condena de cárcel, surgirán mil sectarios más a inmolarse. ¿Por qué? Porque están persuadidos de que el Estado no se atreve con ellos, porque el Estado, en definitiva, no podrá con la fuerza moral de su rebelión del somriure. Se sienten a resguardo, atrapados en un relato épico inspirado en las campañas de desobediencia civil llevadas a cabo por Gandhi en la India. Recuerden esa escena escalofriante de la película de su vida, donde 2.500 satyagrahis, en reducidos grupos, avanzan hacia las salinas de Darshana para caer, uno tras otro, bajo los palos implacables de los policías que la custodian. Dar pena, vivir del victimismo es moral en Gandhi y su lucha; resulta patético en estos gestores del egoísmo territorial y la mentira.

Por eso, no se extrañen que, culminadas las primeras inhabilitaciones, les sustituirán otros sin ánimo de enmienda. Evitar esa teatralización de coste cero es prioritario.

Aparentemente Rajoy ha salido airoso de esta situación con la pasividad y la ilusión del gradualismo, sin reparar en que ha sido precisamente ese talante permisivo el responsable de la sublevación mental. Para atajarla no le queda otra que el artículo 155, no para hacerlos entrar en razón (no es posible), sino para desmantelar todo el entramado mediático, escolar, institucional, legal e internacional que ha permitido y está construyendo la hegemonía moral en que se sustenta tal sublevación. Sin ese desmantelamiento, todo seguirá igual. O sea, cada vez peor.

P. D. Hoy la CUP no ha votado a Artur Mas, pero mañana votará a Junts pel Sí. Son antitodo, menos antinacionalistas. Art.155. Hay que sacarlos de la sugestión colectiva y coste cero.

Es la libertad, estúpido
JOSÉ ROSIÑOL www.lavozlibre.com 13 Noviembre 2015

Resulta frustrante, lo reconozco, parece como si la política catalana hubiese entrado en una especie de agujero de gusano y se hubiese quedado anclada en discusiones más propias del siglo XIX que del siglo XXI. Asistimos, día sí y día también, a discusiones identitarias. La narrativa está repleta de superioridad moral e incluso de supremacismo. Hay líderes del “prusés” que ya nos indican el camino de salida; quizás la estación de tren más cercana a la que hemos de acudir los que no estamos dispuestos a seguir adelante con la pesadilla nacionalista. Se insiste en hablar de “los españoles” y “los catalanes” para hacer aún más profunda la sima entre los ciudadanos de Cataluña. La cosmovisión del separatismo ya es descaradamente (y artificialmente) etnicista: han creado una comunidad imaginada e ideológicamente “pura” y el resto nos debemos conformar con el silencio y el sumiso acatamiento, es decir, comportarnos como extranjeros en nuestra propia tierra.

Se tergiversa el lenguaje, se pervierten los conceptos, se invierte la moral, y todo ello con el descaro de quien se cree saberlo (casi) todo de antemano, de quien se cree depositario de una verdad revelada, de quien se cree pieza fundamental de una fatalidad histórica. Se recurre constantemente a la democracia y a la libertad en el discurso separatista, se habla de mayorías, del “pueblo” y su indivisibilidad, de la “gente”, de la “nación catalana”, ese mundo de indefinición perversa que nutre el imaginario de los nacionalistas de buena fe, de aquellos que se creen ingenuamente la historia victimista, concienzudamente construida tras más de 30 años de programa de ingeniería social.

Esta densa tela de araña en forma de narración política, social y cultural parece haber atrapado a una parte de la izquierda española que no ceja en su intento de calmar a la bestia nacionalista con propuestas y afirmaciones tan peregrinas como: ¡Efectivamente, Cataluña es una nación y España es una nación de naciones! Apoyar un referéndum de autodeterminación para votar no (Pablo Iglesias) o “quiero la unidad de España, pero acepto la democracia” (general Julio Rodríguez). Este tipo de declaraciones podrían ser fruto del endémico complejo identitario de la izquierda española, de una (peligrosa) ingenuidad política o de un (lamentable) tacticismo electoralista, sea como fuere, es intentar apagar un fuego con gasolina.

Desde luego, insistir en la celebración de un referéndum para que salga “no” es el paroxismo de la inefable política del contentamiento, básicamente por dos cuestiones: porque el referéndum es el peor de los instrumentos de la democracia porque cercena la pluralidad a un mero juego de suma cero (Sartori define la democracia como el gobierno de la mayoría con respeto a la minoría) y, sobre todo, porque el nacionalismo solo dejará de hacer consultas, referéndums o elecciones autonómicas “plebiscitarias” hasta que salga “sí”, un “sí” tan definitivo como la “unión perpetua” de la federación de los EE.UU. Por lo tanto, partimos de una premisa que parece escapárseles a los próceres de esta ¿neoizquierda?: estamos ante un democrático “no” siempre temporal y cuestionado por lo contingente y perfectible de la democracia y ante un “sí” categórico e irreversible fundado en la irracionalidad de lo dogmático.

Explica Sebastian Haffner, en su “Historia de un alemán”, que durante la campaña electoral alemana de 1933, el partido socialdemócrata subrayaba su (vergonzante) condición de “también-nosotros-somos-nacionalistas”. Es paradójico que, cuando parte de la izquierda –que dice defender la igualdad y el fin de los abusos de los poderosos- se enfrenta a contextos en el que imperan fuerzas políticas cuya ideología es esencialista y, en cierto grado, excluyente, cuando el ecosistema político está escorándose hacia postulados dogmáticos y arbitrarios, parece que su solución sea la adaptación a la situación, como si un velo de (fatal) olvido les provocara una inmensa confusión que les aleja de lo que dicen defender. Parece que la izquierda no se dé cuenta de que el problema en Cataluña no es de naciones o nacionalismos, el problema es de (falta de) libertad.

*José Rosiñol es socio/fundador y expresidente de Societat Civil Catalana.

Lenguajes deshonrados
Miquel Escudero Cronica Global 13 Noviembre 2015

No debería haber dudas de que la mayor riqueza de los pueblos es el saber de sus habitantes y su honradez, la cual siempre es desinteresada. Un saber ‘honrado’ no manipula ni compite para humillar o aplastar, sino para compartir con afecto e ilusión, y desvelar la realidad tal y como es. Decía Descartes que el sentido común es la cosa mejor repartida del mundo, porque nadie quiere tener más del que tiene. Pero en una sociedad, lo que a todos nos conviene es la mejor distribución ciudadana de la capacidad de pensar y del uso de la razón. La riqueza personal se multiplica entonces.

Para algunos, el activismo resulta un modo de encarnar el buenismo, 'una forma refinada de consumismo para bienintencionados'

Sería conveniente que los universitarios fueran garantía de sentido de responsabilidad y supieran hacerse cargo de la complejidad de las cuestiones. Aunque no se intervenga en las primeras líneas de la política, nadie, y acaso menos que nadie los universitarios, debería mostrar resignación a la prepotencia; de cualquier tipo: ya sea intelectual, física o económica. Hace poco, el profesor y ensayista Daniel Innerarity se ha referido a la ‘indignación’ como una virtud cívica necesaria pero insuficiente. Habría que darle cauce con eficacia, palabra clave. Para algunos, el activismo resulta un modo de encarnar el buenismo, “una forma refinada de consumismo para bienintencionados”. La pose de quienes pretenden ocupar el lugar de ‘buenos’ de profesión en nuestro pesebre social, un estatus. Pero ni el papel de indignado ni el de víctima le convierte a uno en políticamente infalible, tampoco fiable.

El 16 de noviembre hará veinte años que la UNESCO aprobó una Declaración de Principios sobre la Tolerancia. Poco después, la ONU estableció esa fecha como Día Internacional de la Tolerancia. Su actual secretario general, Ban Ki-moon, hace con motivo de tal jornada “un llamamiento a todos los pueblos y gobiernos para que combatan activamente el miedo, el odio y el extremismo con el diálogo, la comprensión y el respeto mutuo. Luchemos contra las fuerzas de la división y unámonos en pos de nuestro futuro común”.

Hay términos que penetran en el lenguaje común y otros que no: así, Ibarretxe habló del ‘derecho a ser’ y del ‘derecho a decidir’, este último, un eufemismo del derecho a la secesión o a la autodeterminación, ha prosperado especialmente en Cataluña

En España la Asociación por la Tolerancia, junto con la Fundación de Víctimas del Terrorismo, conmemora esta efeméride desde hace 14 años con un ciclo cinematográfico. En Barcelona, y con entrada gratis, este 7 de noviembre fueron proyectadas dos películas en el cine Méliès: 'Negociador' y '‘71'. Entre medio hubo un coloquio sobre nacionalismo y lenguaje, con el profesor Manuel Montero, ex rector de la Universidad del País Vasco, y el periodista y economista Santiago González.

Se mencionó que desde que la cúpula de ETA fue descabezada en Bidart, en 1992, los comunicados etarras renunciaron a su Euskadi nominal para poner Euskal Herria. Este término es el que asumen ahora todos los nacionalistas. El de Euskadi, de Sabino Arana, es ahora el empleado por los ‘españolistas'. Y el de País Vasco queda para los historiadores, según señaló González. Hay términos que penetran en el lenguaje común y otros que no: así, Ibarretxe habló del ‘derecho a ser’ y del ‘derecho a decidir’, este último, un eufemismo del derecho a la secesión o a la autodeterminación, ha prosperado especialmente en Cataluña. En ‘procés’ se ha quedado el antiguo ‘proceso de paz’ vasco; un bien en sí mismo que significaba negociar contrapartidas para el alto el fuego terrorista. Siempre el chapapote de la confusión.

Montero aludió a lo que los separatistas vascos llaman la ‘Navarra marítima’, al cinismo de hablar de ‘persuasión armada’ o a la petición de que ETA fuese ‘creativa en el desarme’; formulada por un mediador internacional, un increíble mentecato. Vaciedad de vaciedades, lugar donde todos parecemos hacernos tontos.

¿el apoyo internacional que mas buscaba?
La 'bofetada' de Financial Times a Rajoy y Mas
El prestigioso diario británico carga contra la 'estupida carrera de Cataluña hacia la independencia' y sus consecuencias devastadoras, además de arremeter contra un impasible Rajoy.
Gaceta.es 13 Noviembre 2015

El diario económico Financial Times critica este jueves la "estupida la carrera de Cataluña hacia la independencia", un plan que tendría "consecuencias económicas devastadoras tanto para España como para Cataluña".

En su último artículo editorial dedicado a la cuestión catalana, el diario de la City de Londres advierte de que "lo último que necesita un país como España, que está empezando a salir de una profunda crisis económica, es una crisis constitucional que ponga en duda su futuro como estado unitario". El peligro es que la "guerra fría" que, según el diario, se ha instalado desde hace tres años entre las autoridades catalanas y el Gobierno central, con "multitudinarias manifestaciones" y "gestos cargados de simbolismo" de un lado, y "veladas amenazas" de otro, "conduzca a un choque real".

El periódico critica la resolución aprobada el lunes por el Parlamento de Cataluña con la que se pretende dar inicio a la ruptura de España y que el Tribunal Constitucional decidió suspender este miércoles tras el recurso presentado por el Gobierno central.

El "conductor ostensible" de esa resolución es la coalición Junts pel Sí, que logró en las pasadas elecciones autonómicas 62 de los 135 escaños de la Cámara regional, comicios que el campo separatista presentó como un plebiscito por la independencia, según recuerda el diario.

"Pero, incluso con esa alianza variopinta, (los separatistas) no alcanzaron una mayoría de votos, sino sólo el 47,7%, muy por debajo de lo que habría sido moralmente necesario para justificar una ruptura con España", algo que la Constitución en cualquier caso no autoriza.

El Financial Times considera que el presidente del Gobierno y líder del PP, Mariano Rajoy, "ha contribuido a convertir el desafío catalán en un bloqueo constitucional, debido a su negativa a discutir cambios", pero añade que es el presidente regional, Artur Mas, quien "ha embarullado" el problema "una y otra vez".

Una prueba de que el presidente en funciones de la Generalitat "ha perdido el control" de los acontecimientos es el hecho, según el FT, de que un partido minoritario "de izquierda radical", la CUP, ha podido dar forma a la resolución separatista, "pero todavía se niega a votar a favor de la reelección de Mas".

El artículo explica que Rajoy ha llevado la decisión del gobierno y parlamento catalanes ante el Tribunal Constitucional, "pero -puntualiza- esta es una crisis que requiere una solución política". "La Constitución ha servido bien a la España democrática, pero el país necesita que se convierta en un documento vivo que sirva a un estado dinámico y en evolución, y sea reformada conforme a líneas federales más claras". "Este periódico -añade el editorial- se opuso a la secesión de Escocia y considera la ruptura de España igualmente indeseable".

Argumenta que "las consecuencias económicas serían devastadoras tanto para España como para Cataluña", se crearían "incertidumbres políticas y legales" y surgirían "dudas acerca de la viabilidad de las finanzas públicas a ambos lados de la línea divisoria".

"Madrid", pide por último el diario, "no debe reaccionar con exageración al acto de desafío de Barcelona", pero "es Cataluña, por encima de todo, la que debe dar un paso atrás que evite el desencadenamiento de una profunda crisis".


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