AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 18  Novietubre  2015

La deuda estratosférica hipoteca a las generaciones futuras
Editorial El Espanol 18 Noviembre 2015

La deuda pública española continúa su escalada y ha vuelto a alcanzar un máximo histórico: 1,062 billones de euros, lo que supone un 99,46% del PIB, una cifra que supera en siete décimas el objetivo que se marcó el Gobierno para finales de año.

Desde su entrada en Moncloa en diciembre de 2011, Mariano Rajoy se ha mostrado incapaz de atajar el incremento de la deuda, hasta el punto de que España debe casi lo mismo que el valor total de lo que produce en un año. El descontrol ha sido absoluto porque cuando el PP llegó al Gobierno la deuda pública era del 66% respecto al PIB. Cada español debe 23.000 euros, 8.000 más que hace sólo cuatro años.

Unas obligaciones tan desmesuradas suponen un lastre para el futuro ya que un alto porcentaje de los Presupuestos tendrá que ser destinado a afrontar el pago de los intereses. Las generaciones venideras son las perjudicadas. El Gobierno intenta quitar hierro al asunto asegurando que la refinanciación de la deuda pasa por un gran momento. El argumento es falaz porque esto sucede gracias a los bajos tipos de interés que ahora establece el Banco Central Europeo y esta política puede cambiar en cualquier momento.

Obama y el Estado Islámico
Emilio Campmany Libertad Digital 18 Noviembre 2015

No cabe duda de que los atentados de París constituyen una agresión del Estado Islámico contra todo Occidente. Y, sin embargo, Obama no quiere ni oír hablar de desplazar tropas de tierra a la zona. Naturalmente, no quiere porque hacerlo sería tanto como reconocer que se equivocó cuando ordenó su retirada del mismo sitio donde ahora campa por sus respetos el Estado Islámico. Pero ¿qué habría ocurrido si los atentados hubieran sucedido en Washington? ¿Cómo habría tenido que reaccionar Obama si los 129 muertos fueran ciudadanos estadounidenses? La respuesta es bien sencilla. El ejército norteamericano habría reaccionado con toda su fuerza, incluida la terrestre, hasta acabar con la organización terrorista o al menos expulsarla del territorio que hoy controla y que es su principal fuente de ingresos, y lo que le proporciona tan notables capacidades logísticas como las que ha demostrado en París.

Que los Estados Unidos reaccionen a una agresión contra Francia de manera más tibia de lo que lo habrían hecho si ese ataque se hubiera producido directamente contra ellos es un hecho de enorme alcance. Durante toda la Guerra Fría, los europeos temimos que, llegada la hora de la verdad, los estadounidenses no quisieran defendernos con todas sus fuerzas en caso de una agresión soviética. Gracias a Dios, no hubo ocasión de comprobarlo porque los rusos nunca se atrevieron a ponerlos a prueba. Y no se atrevieron porque Washington siempre demostró firmeza a la hora de contestar toda agresión comunista, cualquiera que fuera el lugar donde se produjera. Hoy, los terroristas islámicos saben que, contra ellos, esa firmeza ya no existe. Barak Obama no está dispuesto a combatir a los terroristas fuera de sus fronteras. Lo único que le preocupa es corregir la política de Bush a la vez que logra que no haya atentados en suelo estadounidense. Por eso se ha retirado de Irak y Afganistán, pero no se atreve a cerrar Guantánamo, no vaya a ser que alguno de los que allí tiene encarcelados se le ocurra atentar en Estados Unidos después de ser puesto en libertad.

Demostrado que los americanos carecen hoy de la voluntad de defendernos, a los europeos no nos va a quedar otro remedio que arrojarnos en brazos de Putin. Ya se oyen voces en Europa que hablan de la necesidad de levantar este enero las sanciones a Moscú, y Hollande está promoviendo un acercamiento al Kremlin por ver si consigue forjar una alianza que le permita responder a los atentados con algo más que bombardeos selectivos muy poco eficaces desde el punto de vista estratégico. Al final, tendremos todos que hacernos de Putin si queremos que se haga algo de fuste contra el terrorismo del Estado Islámico. Eso o incrementar nuestras capacidades hasta estar en condiciones de defendernos por nosotros mismos, que ya iría siendo la hora.

Así no se combate el yihadismo
Juan M. Blanco www.vozpopuli.com 18 Noviembre 2015

Al terrible atentado de París, el gobierno francés ha respondido con un fuerte ataque aéreo sobre posiciones del Estado Islámico. Ha reaccionado con contundencia, tomado muchas medidas, acometido significativas acciones, propuesto grandes cambios. Incluso se plantea reformar importantes leyes como réplica a los crueles asesinatos. Pero quizá no sea ésta la vía correcta. Las reacciones impulsivas ante cualquier atentado sirven para complacer, sosegar o reconfortar a la opinión pública. Pero constituyen un grave error en un combate eficaz, coherente, de largo plazo, contra el terrorismo islamista.

Mucha gente cree que los yihadistas no son más que locos fanáticos. Y es posible que los que viven entre nosotros posean perfiles un tanto particulares. Pero los líderes islamistas, aquellos que diseñan la estrategia, saben muy bien lo que hacen. Su línea de actuación carece de escrúpulos pero resulta bastante coherente para lograr su objetivo: acrecentar el poder e influencia de ciertas élites. Ahora bien, su técnica sólo funciona si caemos en sus trampas, si reaccionamos como ellos pretenden.

El terrorismo es un método diseñado para vencer, doblegar o arrancar concesiones a una potencia militar muy superior. Aplica, para ello, el principio de ciertas artes marciales orientales: derribar al contrario utilizando su propia fuerza, aprovechando sus movimientos reflejos. Los grandes atentados, magnificados por los medios de comunicación, intimidan a una audiencia mucho más amplia que sus víctimas directas, impactan en las emociones de las gentes, traumatizan temporalmente a la opinión pública. Y presionan a los gobiernos para reaccionar, cambiar su política, aunque sea de manera transitoria.

El fundamento del terrorismo es explotar la inconsistencia temporal, esa fuerte tendencia de los gobernantes occidentales, y de sus poblaciones, a primar el corto plazo, a cegarse emborrachados de emoción, a abandonar constantemente la senda óptima de largo plazo. Sea cual sea el sentimiento predominante tras un atentado, el miedo, la turbación, el desasosiego, la rabia o la ira, los terroristas vencen cuando perdemos el norte como consecuencia del impacto, cuando nos desviamos de la estrategia razonable. Alcanzan su objetivo cuando marcan la agenda de los gobiernos.

El peligro de las reacciones impulsivas
Tras el atentado puede predominar un sentimiento general de odio e indignación, flotar en el ambiente una fuerte sed de venganza que empuja a las potencias a una reacción desproporcionada, con inevitables víctimas colaterales. Los terroristas consiguen así la radicalización de más musulmanes, acrecentando sus apoyos. Si, por el contrario, predomina el miedo, la parálisis, la auto-inculpación, el deseo de ceder ante los terroristas para que "dejen de matarnos", los gobiernos se ven impulsados a la retirada, a dar vía libre a los islamistas en las regiones conflictivas. Actúan aquí de tontos útiles esos sectores de nuestra sociedad que, por todo pensamiento, se limitan a repetir el desgastado mantra de que Occidente, en general, y Estados Unidos, en particular, son los culpables de todos los males. La conclusión es que, sea el movimiento impulsivo en un sentido o en el contrario... los terroristas obtienen ventajas del atentado. Y se reafirman en su convicción de seguir actuando.

Por mucho que lo pida la opinión pública, no es conveniente tomar medidas distintas ante un acto terrorista... porque es lo que pretenden sus autores. Es imprescindible fijar una estrategia de largo plazo contra el Estado Islámico, con criterios objetivos, y comprometerse a mantenerla. Nunca alterarla al vaivén de impactos emocionales. Lo mismo que disminuirían los secuestros ante la convicción de que nadie pagaría los rescates, se reducirían las acciones terroristas si sus ideólogos comprobasen que los atentados son incapaces de alterar las decisiones, la trayectoria política o la organización institucional. No hay luchador capaz de aprovechar la fuerza de un contrincante hercúleo, extremadamente robusto, que mantiene su postura ante cualquier acometida.

La respuesta al Estado Islámico debe ser eficaz, proporcional, continuada y estable. Nunca cíclica, a remolque de las emociones de las gentes. Si los gobiernos creen oportuno atacar enérgicamente sobre el terreno a los radicales islamistas... tendrían que haberlo hecho ya, mucho antes de la matanza de París. Y si consideran que el uso de la fuerza era el adecuado, lo sensato es seguir manteniéndolo. Nada más contraproducente que unos bombardeos muy intensos tras el atentado para volver a la pasividad cuando se apagan los ecos mediáticos. La reacción puntual desproporcionada no frena nuevos atentados: precisamente los anima pues es lo que buscan los islamistas. Actuar por impulsos satisface los deseos y necesidades de la doliente opinión pública, sí, pero también contribuye al verdadero objetivo de los terroristas, que no es matar por matar sino forzar una política errática, una línea de acción zigzagueante, teledirigida desde el cercano Oriente.

La necesidad de aferrarse a los principios
Las sociedades occidentales se muestran crecientemente inermes, no porque sean más débiles o vulnerables militar o policialmente sino porque cada día son más miedosas, más expuestas a todo tipo de emociones, más volátiles en sus inclinaciones, más alejadas de los principios y valores. Porque los medios de comunicación no sólo informan; se recrean, convierten los grandes atentados en un espectáculo, amplifican la conmoción hasta el límite. Porque demasiada gente cambia de criterio, temporalmente, tras una fuerte impresión turbadora. Y porque los dirigentes actuales olfatean como sabuesos el rastro de las encuestas, sus intereses electorales inmediatos, pero se despreocupan del rumbo de la nave, de la trayectoria de largo plazo.

Ante la incertidumbre del impacto emocional, el peligro de la inconsistencia temporal, ese riesgo cierto de que un nuevo atentado nos desvíe de la senda racional, no existe otra solución que la del legendario Ulises: amarrarse fuertemente al palo mayor, a ese mástil de los valores, los principios de racionalidad, libertad e igualdad ante la ley que encendieron la antorcha de la ilustración, que dieron lugar a sociedades abiertas, alejadas del fanatismo ciego. Aferrarse a la razón, a las convicciones, confiere valentía, ayuda a mantener la cabeza fría en momentos difíciles, a dominar los impulsos. Evita cambiar de criterio, en un sentido u otro, tras un acto terrorista. Sin nuestro miedo, sin la exagerada machaconería mediática, sin la actitud titubeante de nuestros gobiernos... los terroristas no serían nadie.

Sucedió en París
Almudena Negro www.vozpopuli.com 18 Noviembre 2015

Sucedió en París, pero podía haber sido en Madrid, Barcelona, Valencia o Sevilla. La prensa alemana era muy consciente de ello. Así, el prestigioso diario Die Welt proclamaba el domingo en su portada: “No es terrorismo. Es guerra”. Y es que el pasado sábado por la noche el colectivismo fundamentalista atacaba nuestro modo de vida occidental, nuestras libertades, nuestra moralidad. Esa moralidad, ese êthos que conforma las naciones, que hace tiempo dejamos de lado y que ha transmutado a la sociedad europea en una sociedad acobardada, nihilista, capaz de ceder ante lo que sea por comprar cinco minutos de paz. Sin libertad. Que es lo que propone Pablo Iglesias, el señor de la televisión financiada por Irán que se ha desmarcado a toda velocidad del plan anti-yihadista y cuya jefa de prensa se dedica a llamar “fachas” a quienes acuden a la puerta de la embajada francesa a condenar el terrorismo y cantar “La Marsellesa”. Iglesias busca la paz… de las dictaduras. De Franco a Pablo no hay tanta distancia, salvando lo de Marx y que la segunda vez se repite como comedia. Sólo les falta fichar a Víctor Manuel. Ese hombre.

En realidad, hay que decirlo, ataques bélicos similares al que ha tenido lugar en Francia han venido sucedido en Israel desde hace décadas y Europa ha preferido mirar hacia otro lado. Hoy en Tel Aviv o Jerusalén los terroristas apuñalan a civiles por la calle, los atropellan con coches. Algo que no tardará en llegar aquí. Porque son los mismos fanáticos. Pero nosotros, a diferencia de los israelíes, estamos indefensos. Indefensos por un pacifismo malentendido. Ese pacifismo suicida, que reniega del derecho a la legítima defensa, que llevó a al ministro de Defensa más caradura de los últimos 40 años a decir aquello de que prefería morir a matar. Estamos indefensos porque, después del 11S Estados Unidos reaccionó y organizó un ejército que salió a combatir el mal. Por más que la obsesión por exportar la democracia fuera un grave error de los neocon, como se ha visto claramente en Egipto, cuya solución ha sido, nuevamente, una dictadura militar. El caso es que USA no se limitó a elevar el nivel de seguridad en su suelo o a hacer declaraciones rimbombantes. Pero aquí, en el reino del humanismo de baratillo, después del 11M, con los cadáveres aún sin ser entregados a sus familias, se cercaron las sedes del partido del gobierno. Luego, se retiraron las tropas de Irak. Hoy, se critican con los cadáveres de la sala Bataclan aún calientes, los bombardeos franceses sobre Raqqa, capital del Estado Islámico. Bombardeos de los cuales Mariano Rajoy no quiere ni oír hablar. Insignes representantes del totalitarismo de izquierdas, como Máximo Pradera, Dani Mateos o Rubén Sánchez de Facua, cargaron el mismo día del crimen contra Aznar. En realidad tienen algo en común con los que se inmolaron en París: culpan a occidente. Culpan a las víctimas por su muerte. Odian, en definitiva, los fundamentos de las sociedades libres.

Francia, gobernada por la izquierda, va a cerrar todas las mezquitas de imanes radicales. Aquí tal medida levantaría inmediatamente las airadas protestas de los que quieren poner las libertades individuales de rodillas. Son los propios terroristas, a decir de miembros de los servicios antiterroristas, los que no nos tienen considerados objetivo que revista dificultad. Saben que aquí, con un atentado de menor entidad, en lugar de defendernos del terror, nos pondríamos a pelear entre nosotros. Consideran que ya nos hemos rendido. De haber sucedido en Madrid en lugar de en París no sería descabellado pensar que algunos habrían salido corriendo, triunfantes, a repetir lo del 13 de marzo. Déja vú.

Por otra parte, hoy, aún la gente de a pie se compunge y se muestra apenada por lo sucedido. Sinceramente. Mañana será otro día. Y todo se habrá olvidado. Que para eso vivimos en el mundo de la comunicación veloz, de los sentimientos pasajeros, de la superficialidad. Todo pasa tan rápido. Y Francia queda tan cerca… y tan lejos. Como Tel Aviv. Algo habrán hecho. Nosotros, si eso, mejor permitimos que en España se someta al burka a mujeres. Hijo, no te metas en política, a ver si te pasa algo. Eso dicen en las dictaduras.

Indefensos estamos porque no hay moral. Moral sobre la cual se sustenta la patria, que es un concepto que nada tiene que ver con el nacionalismo. De ahí que en Cataluña, que es España (como van a defender españoles anónimos de la mano de la asociación fundada por el jurista Antonio García Trevijano el próximo 19 de diciembre a las 12 de la mañana en un acto festivo de sociedad civil) se permita desde hace décadas que no rija la Ley, que no se aplique eso que llaman Estado de Derecho, obviando que todo Estado lo es de Derecho. Lo que no hay en Cataluña es libertad. Media población permanece callada, en el mejor de los casos, oprimida por el asfixiante nacionalismo del tres por ciento en el peor. Un nacionalismo, además, que ha convertido ese rincón de España en uno de los mayores centros de yihadismo de Europa, a decir de los informes de servicios de inteligencia occidentales. Pray for Paris. Pray for us.

La onda expansiva
Ignacio Camacho. ABC 18 Noviembre 2015

«Puede ser hasta con agua hirviendo. Sí, literal. Hay en la red llamamientos de Al Bagdadi y del Daesh que instan a los yihadistas a atacar en España con las armas que tengan más a mano, incluso domésticas, y mencionan eso. Por ello la cuestión clave, dicha con crudeza, no consiste en si se va a producir un atentado aquí, sino cuándo y con qué magnitud, con qué alcance. Las fuerzas de seguridad y de inteligencia están trabajando bien, yo diría que muy bien; el control de sospechosos es eficaz e intenso, pero ni te imaginas lo fácil que puede ser matar sin motivo y aún más si no te preocupa la escapatoria». Habla un experto antiterrorista, asesor de organismos internacionales, especialista académico. «Estos días estamos cruzando información en varios think tanks europeos y la conclusión es ésa: Reino Unido, Alemania y España somos los próximos escenarios potenciales, en ese orden de probabilidad. Nosotros tenemos la ventaja relativa de que nuestros inmigrantes son en su mayoría de primera generación, bastante integrados, pero ya hay muchos jóvenes radicalizados y además su captación se efectúa en muy pocos meses a través de internet. La consigna es atentar sin entrenamiento si es menester: de cualquier manera y en busca del mayor daño».

«En estas circunstancias, el problema no es sólo de seguridad y de prevención, sino político: la importancia crucial de las reacciones de opinión pública, más allá del sentimentalismo y la emotividad blanda. Y en ese sentido no soy optimista; tenemos precedentes poco alentadores, ya sabes de qué hablo. El Pacto Antiyihadista es un paso muy importante, que garantiza cierta estabilidad en la cúpula dirigente, pero el ruido social es muy intenso. Existe un sector ideológico radicalizado, con mucho liderazgo de comunicación, que insiste en la culpa occidental y en la relativización de las responsabilidades, y todavía percute sobre la invasión de Irak, las Azores y todo eso. Y una corriente antiislámica creciente, excitada por la crisis de los refugiados. Un esquema muy bipolar, de enfrentamiento interno cruzado con el debate nacional y los rescoldos del 11-M. El clima de división que, sumado al efecto espectáculo de los medios, multiplica la onda expansiva del terror».

«El artículo de Julio Rodríguez –¡¡un ex-Jemad, Dios Santo!!– y el gesto de Pablo Iglesias de rechazar el Pacto de Estado son signos muy desalentadores: restan cohesión colectiva y le dan expresión política al antioccidentalismo acomplejado de cierta izquierda. Después de una tragedia lo segundo peor es que se desate un desencuentro civil. Es una cuestión de imperativo ético, de unidad democrática sin fisuras. No, creo que no estamos preparados para una reacción serena y entera. Este también es un combate de fortaleza moral y hay mucho trabajo que hacer aún en ese sentido, demasiado quizá. La duda es si vamos a tener tiempo...».

La hora de los canallas
Gabriel Albiac ABC 18 Noviembre 2015

MIENTRAS un memo antisemita, en Madrid, se conmueve de que los asesinos de París tengan la tierna edad de 15 y 18 años, el primer ministro francés Manuel Valls se dirige a sus compatriotas: «Estamos en guerra. Esta guerra se desarrolla sobre el suelo nacional y en el exterior, en Siria… Hacemos frente a un acto de guerra organizado por un ejército terrorista». Al memo concejal antisemita le horroriza que alguien pueda responder a la guerra con la guerra, a las bombas con los bombardeos. A Valls, no: «Golpearemos a ese enemigo para destruirlo en Francia y en Europa. Y para perseguir a aquellos que cometieron el ataque. Responderemos al mismo nivel que el de este ataque y con la voluntad de destruirlo. Y ganaremos esta guerra».

Al memo antisemita madrileño seguro que el socialista Valls se le antoja un asqueroso genocida, un maltratador de esos niños entrañables que juegan al kalashnikov con parisinos como diana: «15 y 18 años tenían dos de los terroristas, ¿De verdad creemos que lo vamos a resolver con más bombardeos?», se pregunta, enternecido. No, el memo antisemita no debe preocuparse. Él no va a solucionar nada. Ni siquiera se le va a conceder el gustazo de meter a la comunidad judía en el cenicero de su coche. Lo suyo es cobrar. Y punto.

Esos adolescentes yihadistas, que truecan en poeta al memo antisemita, no fabrican por sí mismos los AK-47 con que animan las inocentes juergas pandilleras de sus piadosos fines de semana. Los doscientos infieles, jovialmente masacrados en París, no lo fueron en un plácido juego cibernético. La infraestructura de la cual los asesinos formaban parte puede calcularse en miles de fervorosos creyentes de Estado Islámico en Francia. Cientos en España. Dotados de armamento de guerra moderno y operativo. Formados, buena parte de ellos, en el frente de batalla entre Irak y Siria. Allí, EI ha puesto en pie un Estado. No sólo militar. También, asentado sobre recursos financieros que jamás tuvo, hasta ahora, ningún grupo yihadista.

A partir de la obscena ayuda inicial de los correligionarios emiratos, los sunitas de EI han pasado a ser hoy dueños de una importante zona petrolífera. Su capacidad para financiar la infraestructura de sus comandos en Europa es casi ilimitada. Los bombardeos aliados, que al memo antisemita tanto conmueven, tienen una función logística sin cuyo completo éxito la guerra estará condenada a prolongarse y tal vez a perderse: destruir el potencial militar y económico de EI y liquidar a sus dirigentes es hoy la prioridad de Europa. Cuanto más rápida y eficaz sea la acción internacional en Irak y Siria, antes se podrá emprender el barrido total de los comandos que han proliferado al abrigo de un estallido migratorio trágico.

Una guerra se gana. O bien se pierde, como en su tierno masoquismo anhela el memo antisemita. Estupefacto, sin duda, ante el Valls que proclama cómo «replicaremos, golpe por golpe, hasta aniquilar a EI». Pero el memo desea que sea EI quien nos aniquile.

No le moverán.
Vicente A. C. M.  Periodista Digital  18 Noviembre 2015

¡A Don Tancredo le van a decir cómo quedarse quieto para que no le embista el toro! Si alguien esperaba algo más del campeón de la vacuidad y de la ambigüedad, que espere sentado. A casi un mes escaso de las elecciones generales y ahora que parece que las “cosas van bien”, porque Mariano se ha limitado a decir una obviedad respecto a la rebelión de los secesionistas en Cataluña y que ha logrado el apoyo, frágil y condicionado, de Pedro Sánchez y de Albert Rivera obligados por las circunstancias, que nadie espere otra cosa que se mantenga numantinamente en la indefinición y en el “ya se verá” o “ya estamos apoyando a Francia en lo que nos ha pedido”. Desde luego que no va a dar a sus enemigos argumentos para que lancen una campaña del “NO a la Guerra! como aquellos luctuosos días de marzo del 2004.

Y es que seguramente Mariano Rajoy de un modo pragmático piensa que una cosa es ser solidario en palabras de consuelo, en frases grandilocuentes de condena y ardor patriótico y otra muy distinta embarcarse en una guerra en un avispero donde hay intereses contrapuestos y diferentes visiones de cómo enfocar la resolución. A todos les molesta ese “Estado Islámico” donde una de las muchas organizaciones terroristas radicales ha instaurado un “califato” que ya ocupa buena parte de Irak y de Siria. Y la madre del cordero está en que por mucha potencia aérea y bombardeos selectivos teletransmitidos, irremediablemente hay que bajar al campo de batalla, mandar tropas para intentar recuperar el terreno perdido y sofocar al enemigo cortándole los suministros y las fuentes de financiación. Y eso tiene un alto precio en vidas como ya saben por experiencia reciente países como los USA o la extinta URSS y ahora Rusia como actores principales y auto proclamados gendarmes del mundo.

Es evidente que Mariano Rajoy va a evitar implicarse de modo personal e implicar a su Gobierno y a su partido en algo más que no sea un apoyo logístico, salvo que se vea arrastrado por una poco probable decisión de la OTAN, o por una casi imposible resolución de la ONU, a cooperar con medios y tropas de combate dentro de la Alianza. Dados los antecedentes, el tiempo juega a favor de Mariano Rajoy que puede incluso aducir la precariedad de su Gobierno y de él mismo en funciones hasta que se lleven a cabo las elecciones generales y se constituya formalmente el nuevo Parlamento y el nuevo Gobierno. Porque la mayor diferencia entre la República de Francia y España es que allí existe un Presidente de la República que tiene poderes ejecutivos y que ha implicado a las dos Cámaras en pleno a adoptar medidas excepcionales y a escenificar la Unidad.

Las comparaciones son odiosas y ha bastado ver las respuestas de líderes de la izquierda y extrema izquierda para darse cuenta de la falta de Unidad en la acción y en el tipo de respuesta a dar. Mientras el PP, PSOE y CIUDADANOS han protagonizado un pacto anti Yihaidista, ni IU ni PODEMOS lo suscriben. El resto de fuerzas políticas nacionalistas y demás fauna van a la suya y no se han pronunciado. Así que si ni siquiera se puede garantizar esa Unidad de acción, como para lanzarse a participar abiertamente en una guerra. Al minuto tendríamos manifestaciones con velas y pancartas de estos hijos del 15M y okupas de lo ajeno que predican “haz el amor y no la guerra”. Y eso me recuerda aquél anuncio en el que unos supuestos "hippies" en plan ZEN decían aquello de “Paz y amor y la tele al salón”. Nada podemos esperar de quienes dicen huir de la violencia pero no dudan en hacer escraches, asaltar capillas de Iglesias, ocupar inmuebles, fincas y propiedades privadas, como si ese fuera el camino para “asaltar el cielo” que prometen a sus ilusos seguidores.

Desgraciadamente, como dije ayer coincidiendo con el Presidente Hollande, estamos en guerra y no podemos esconder la cabeza en la tierra como un avestruz. Ya es una desgracia el que nuestro nivel de defensa esté bastante limitado y en muchos aspectos obsoleto, pero tenemos la suerte de estar bajo el paraguas de la OTAN. La caída de los imperios fue por la desidia, por la debilidad de sus gobernantes y la apatía y acomodación de sus ciudadanos.

¡Que pasen un buen día!

Combatir el yihadismo: un derecho y un deber
Roberto L. Blanco Valdés La Voz 18 Noviembre 2015

El mundo que hemos ido construyendo desde finales del siglo XVIII en lo que, para entendernos, llamamos Occidente reposa sobre dos grandes principios, ambos patrimonio de lo que, de un modo ampliamente compartido, entendemos por civilización: la democracia y los derechos, una y otros ya una aspiración universal.

Por eso, los atentados de París, como antes los de Londres o Madrid, o los que se producen casi a diario en el castigado Oriente Medio, constituyen, al igual que en su día el comunismo y los fascismos, una terrible amenaza a las conquistas de la civilización, frente a la que tenemos no solo el derecho, sino también la obligación, de reaccionar.

En Francia viven más de seis millones de musulmanes y solo una parte ínfima de ellos (en torno a 1.500) se han unido a la yihad, pese a su propaganda, que pretende radicalizar a los más jóvenes con esa patraña de que en Europa se les maltrata, lo que no permitiría entender por qué a tantos supuestos maltratados ni se les pasa por la cabeza regresar a su país de origen. Por eso, nuestro combate no es contra los musulmanes, que sufren más que nadie al yihadismo, sino contra este en todos los terrenos, interno y exterior, en que tal combate sea efectivo, con el uso de la fuerza legal que resulte en cada caso necesaria.

Al contrario que en España, donde el terrible atentado de Madrid se saldó con una gresca política que aún hoy nos avergüenza, Francia ha reaccionado como era de esperar en una democracia que no tiene que pedir perdón por defenderse cuando es atacada sin piedad. En el plano internacional, ha conseguido el apoyo de la UE para formar una gran coalición contra el ISIS. En el interno, tras declarar de inmediato el estado de emergencia, Hollande planea una reforma constitucional que debería ser «una herramienta apropiada para fundar la toma de medidas excepcionales durante un determinado período de tiempo, sin recurrir al estado de sitio y sin comprometer el ejercicio de las libertades públicas». Porque el peligro no es hoy, dada la cantidad de elementos de control del poder de los que disponemos, el abuso de la ley por parte de las autoridades democráticas, sino la utilización que los terroristas pueden hacer de sus fisuras para asesinar a 129 personas que no han cometido otro delito que salir un viernes por la noche a divertirse.

En tal sentido, la polémica sobre si estamos o no en una guerra es bizantina. Si por guerra entendemos la que asoló a Europa entre 1939 y 1945, no es así. Si entendemos un enfrentamiento en el que los Estados agredidos se defienden legítima, legal y proporcionalmente, frente a quienes los agreden, estamos sin duda en guerra, no con los musulmanes, sino con el islamismo radical. No entender tal evidencia es la mejor forma de dar de antemano esa guerra por perdida. Algo que no podemos permitirnos.

Pues claro que 'esto' es el islam
Eso que hoy llamamos “islamismo” no es un accidente en el despliegue histórico del islam, al revés: es una constante desde su mismo origen. Y siempre ha venido acompañado por el yihadismo.
José Javier Esparza  www.gaceta.es 18 Noviembre 2015

Cada vez que un atentado yihadista enciende las conciencias, una ola de comentaristas bienintencionados acude rápidamente a aplacar los ánimos advirtiéndonos de que “esto no es el islam”. Se diría que el argumento forma hoy parte del repertorio imprescindible del poder. Y tan denso es el bombardeo que una nube de humo termina ocultando al sujeto del crimen. Estamos ante un mal sin nombre. Un fantasma.

¿Islamistas? No: terroristas y punto. ¿Musulmanes? No, de ninguna manera. Es verdad que los asesinos dicen ser musulmanes, sí, que gritan “Alá es grande” y que justifican sus crímenes en nombre del islam, pero “esto no es el islam”. Es “la barbarie contra la civilización”, es “el fanatismo contra los valores universales”, es “la religión contra la razón” y es “la opresión contra la democracia”, pero no es el islam. El islam auténtico, al parecer, no es el que los islamistas enarbolan, sino el que abanderan nuestros políticos, nuestros opinadores televisivos y nuestros pensadores de guardia (ninguno de los cuales, por cierto, es musulmán). El islam verdadero –insisten- es una religión de paz, los musulmanes son las primeras víctimas del terrorismo, ellos son los más perjudicados por la violencia y nada sería peor que caer en la “islamofobia”, nuevo sambenito infamante para el disidente. Peso de plomo.

¿Y qué es el islam?
Sin embargo, cualquiera que conozca con una mínima profundidad la problemática del islam sabe que “esto” –el yihadismo- es inequívocamente el islam. El islam es una religión de paz, sí –a ratos-, pero también es, y con la misma intensidad, una religión de exterminio del prójimo. El islam es una forma de espiritualidad, sí, pero también es, y aún con más intensidad, una teología política que impone un estricto marco jurídico-político al nombre de Dios. El islam es la predicación y la palabra –la dawa-, pero también es el combate y la imposición violenta de la fe: el qital y, al cabo, la yihad en su acepción bélica. El islam es el Corán espiritual de La Meca y el Corán tiránico de Medina, la misericordia de Alá y el fuego para el infiel, el Mahoma que apacigua los espíritus y el que ordena asesinatos y esclaviza a las mujeres de los vencidos.

El islam es todo eso a la vez y sin contradicción, o más precisamente, con una contradicción que forma parte de su misma esencia. El islam, que sinceramente aspira a la paz del mundo en el seno de Dios, es sin embargo la expansión de la fe a sangre y fuego y, enseguida, la guerra a muerte entre suníes y chiíes, así como la perpetua y cruenta búsqueda de un califato que pueda proclamarse digno sucesor –eso es lo que significa “califa”- del Profeta y su herencia. El islam es el honrado tendero de Montreuil que se horroriza ante los crímenes de París, Beirut o Mosul, claro que sí, pero es también el canalla que corta cabezas en Libia o se hace estallar en París. Es el que mata en Bagdad y es el que muere en Bagdad. Es el Averroes que medita sobre Aristóteles y es también el mismo Averroes que explica qué saquear y qué no, a quién esclavizar y a quién no, en sus lecciones sobre la yihad.

El islam adolece, desde sus inicios, de una serie de problemas estructurales que han determinado su historia y su presente. Primero: como es una verdad revelada de una vez para siempre a un hombre concreto, la doctrina ha quedado congelada en el siglo VII. ¿Y no hay reflexiones e interpretaciones posteriores? Sí: muchas y muy notables. Pero ninguna de ellas tiene más valor que otra y, en todo caso, no puede marcar una evolución del corpus original. ¿Por qué? Por el segundo problema estructural: la ausencia de un clero consagrado que actúe como depositario e intérprete de la doctrina. Mahoma, en efecto, no instituyó nada semejante a un clero, y eso que en occidente llamamos “clérigos musulmanes” no son propiamente tales, sino tan sólo fieles particularmente versados en las escrituras y en las escuelas clásicas de interpretación. ¿Hay entonces interpretación? Sí, pero no exactamente teológica, sino esencialmente jurídica, es decir, cómo aplicar a las circunstancias de la vida cotidiana los preceptos coránicos y la sunna, que son los dichos y hechos atribuidos al Profeta. En el chiísmo, por sus especiales características, sí existe algo semejante a un clero, pero sin las atribuciones sagradas del clero cristiano, por ejemplo. ¿Y es posible organizar la vida pública cotidiana en torno a unos textos religiosos? En el islam no sólo es posible, sino que es obligatorio, porque se trata de una construcción total, que aspira a organizar el cielo y la tierra en torno a una única verdad revelada, y donde no existe separación de esferas entre lo religioso y lo político, entre Dios y el César. Y este es precisamente el tercer problema estructural del islam.

La perpetua tentación salafista
Como no hay evolución doctrinal legítima ni un estamento autorizado para guiarla, ni existe separación entre el orden político y el religioso, cada convulsión política trae consigo una convulsión religiosa, y viceversa. El argumento de la “pérdida de la pureza originaria” es una constante en el islam cada vez que la realidad política o social se aleja del texto fundacional coránico. De esta manera, el fundamentalismo, que aquí es el retorno no sólo a los fundamentos, sino también al ejemplo de los fundadores –eso es el llamado “salafismo”-, se convierte en una constante a lo largo de toda la historia del islam. Fueron salafistas los almorávides y los almohades que invadieron España durante la Edad Media, por ejemplo. Salafistas son también los teóricos del “retorno a la pureza” en el islam moderno. El wahabismo saudí es un salafismo convertido en doctrina de Estado. Y lo es también el integrismo de los Hermanos Musulmanes. Eso que hoy llamamos “islamismo” no es un accidente en el despliegue histórico del islam, al revés: es una constante. Y siempre –siempre- ha venido acompañado por el yihadismo, esto es, por el recurso a la violencia para imponer su fe, incluida la violencia contra los propios mahometanos. El problema es que, con los textos originarios en la mano, nadie podrá acusar al violento de blasfemia ni herejía.

Lo que hoy estamos viviendo –desde el 11-S de 2001, si se quiere poner una fecha- no es en absoluto nuevo. Cambian los nombres y las circunstancias, pero no las fuerzas que mueven el perpetuo proceso del islam contra el mundo y contra sí mismo. Por utilizar esta figura, nos hallamos ante una triple guerra, una dentro de otra: una, la guerra civil entre suníes y chiíes; dos, la guerra que el islam salafista, hoy como ayer, declara a los poderes musulmanes a los que juzga tibios o apóstatas; tres, la guerra que el islamismo declara a los no musulmanes, a los infieles. El Estado Islámico, aún más que Al Qaeda, ha sabido ponerse en el centro de esas tres guerras, y gracias a eso ha alcanzado una proyección inaudita en muy pocos años. Pero el Estado Islámico no es más que un epifenómeno. Terrible, sí, pero secundario, derivado de otro fenómeno mayor. Hoy podremos acabar con el EI, con los restos de Al Qaeda y con las milicias yihadistas que operan en Somalia, Libia o Nigeria, pero la exasperación integrista forma parte sustancial del islam y eso es algo que sólo los musulmanes pueden cambiar. Hoy como ayer. La gran novedad respecto a otros momentos históricos es que, esta vez, la explosión se produce en suelo europeo.

El verdadero enemigo
¿Y cómo hacer frente al islamismo desde fuera del islam, desde las sociedades europeas? Ante todo, identificando sus causas. Primero, el mecenazgo saudí –wahabista- de innumerables mezquitas en Europa, que ha difundido por todas partes una interpretación fundamentalista del islam. Junto a eso, la explosión de la inmigración musulmana en los últimos quince años, que ha configurado en nuestras comunidades una realidad social específica, con identidad propia, que ya no se reconoce en el marco de convivencia europeo. Y además, las convulsiones que el propio islam vive a partir del enésimo “revival” del yihadismo (desde los Hermanos Musulmanes hasta Al Qaeda y, hoy, el Estado Islámico), convulsiones que llegan a Europa provocando una radicalización victimista de las comunidades islámicas. Esa radicalización no genera automáticamente la aparición de terroristas, pero sí crea un caldo de cultivo adecuado para que surjan predisposiciones violentas y, sobre todo, para que el resto de la comunidad musulmana soporte, comprenda o incluso justifique el terrorismo. Si a todo eso le añadimos la desquiciada política norteamericana respecto a Oriente Próximo y una crisis económica que ha frustrado muchas expectativas, tendremos una combinación propiamente explosiva.

¿Conclusiones? Primero: hay que identificar bien al enemigo. Que no es sólo el Estado Islámico, sino, más extensamente, el fundamentalismo salafista. Segundo, y en consecuencia: es preciso extirpar el salafismo de Europa, lo cual pasa inevitablemente por controlar a las comunidades musulmanas en nuestro suelo. ¿Vigilando y expulsando a los predicadores de la yihad? Por supuesto. Pero, ojo: esto quiere decir que no se podrá vencer al yihadismo sin actuar sobre las comunidades musulmanas que viven en Europa. “Actuar” no quiere decir necesariamente “reprimir”. Sin duda será preciso tomar medidas coercitivas, pero sería mucho mejor que fueran medidas cooperativas: que los propios musulmanes separen el trigo de la cizaña. ¿Es posible? Sí, ¿por qué no? Ahora bien, tampoco con esto bastará si, al mismo tiempo, mantenemos la puerta abierta a la entrada indiscriminada de millones de inmigrantes musulmanes (hasta diez millones, dicen los alemanes) que crearán una situación simplemente incontrolable.

Hay que afrontar la realidad: el islamismo radicado en Europa ha arruinado el sueño moderno de una Cosmópolis sin identidad, que es lo que late en la construcción europea desde Maastricht. Tenemos frente a nosotros a un “otro” absoluto que es insoluble en nuestro sistema de valores. Ahora sólo hay dos opciones: o negar la evidencia, seguir diciendo “esto no es el islam” y empecinarnos en nuestro discurso universalista, como hacen nuestros mandamases, o rectificar el rumbo. Esta segunda opción abrirá la puerta, con toda seguridad, a cambios quizá traumáticos en nuestra manera de organizar las sociedades europeas. Pero la primera vía sólo conduce al suicidio. Hay que elegir.

En apoyo a las víctimas de ETA, que reviven la tragedia con los atentados de París
Mónica de Cristóbal . Okdiario 18 Noviembre 2015

La ex abogada de víctimas del terrorismo Mónica de Cristóbal reflexiona sobre el sufrimiento de quienes sufrieron a manos de ETA, en relación con los atentados de París.

Lo primero es expresar mi apoyo y consideración total con las víctimas de París y sus familias. Tenía ya pagado un viaje para pasar allí fin de año y pondremos flores y velas en la Plaza de la República como muestra de nuestro respeto y total solidaridad.

En estos días me acuerdo de las víctimas de ETA. Esos años 80 e incluso 90 cuando se mataba a militares, guardias civiles, policías y nadie, absolutamente nadie, se manifestaba. Imaginen estas muestras mundiales de cariño, si la hubieran recibido esas familias que estaban sufriendo exactamente igual que las de París.

Porque el drama y el inmenso dolor es el mismo: que te arrebaten por la fuerza y la sinrazón a un ser querido… Es el mismo daño y el mismo terror.

¡Cuántas veces fue multitudinaria la barbarie! Vallecas, Hipercor, la Casa Cuartel de Zaragoza. Y cuántas fue una ejecución como la de la Sala Bataclan el pasado viernes: esos tiros en la nuca, o a bocajarro. Recuerdo uno, que por consideración a la familia no daré el nombre, que se dio cuenta y llegó a llamar al telefonillo diciendo “abrirme que me van a tirar un tiro por la espalda”. Y el disparo sonó a la vez que el timbre.

A veces no se podían velar con el ataúd abierto de la multitud de disparos o metrallas que tenían los cuerpos.

Y nadie se manifestaba. Nadie ponía banderas con lágrimas, ni velas, ni flores…

Estos días nos gusta ver a nuestra Policía, a los guardias y a los militares dispuestos a repeler estos ataques. En aquellos días les mataban y a la gente le daba igual. ¡Cuánto se pudo sufrir además del atentado por esa soledad e incomprensión!

Y lo digo con conocimiento de causa: soy hija de militar y fui abogada de la Asociación de Víctimas del Terrorismo.

Por eso cuando ahora veo nuevos partidos “proges” en manifestaciones a favor de Otegui, el asesino Otegui, que tiene la misma categoría que el terrorista Adbeslam Salah que hoy busca medio mundo, porque también participó en ejecuciones como las de París, bombas, tiro en la nuca, secuestros… se me cae literalmente el alma a los pies.

En aquellos años no se apoyó a las víctimas del terrorismo de ETA. Sólo pido que ahora se las apoye más que nunca, porque están reviviendo el dolor más que el resto. Que no se nos olvide.

Por ellos pondré también esas flores y velas en París.

Algunas diferencias entre Saint Denis y Leganés
Luis del Pino Libertad Digital 18 Noviembre 2015

Esta madrugada, la policía francesa iniciaba el asalto a un piso en el distrito parisino de Saint-Denis. Como resultado de la operación, dos terroristas han muerto y se han practicado siete detenciones. Una de las terroristas murió al accionar un cinturón de explosivos.

El periódico El País y la Cadena Ser se han apresurado a intentar asimilar los atentados de París al 11-M basándose en ese episodio: "Saint-Denis es nuestro Leganés". Leganés, como los lectores recordarán, fue ese episodio que tuvo lugar tres semanas después del 11-M en un piso de esa localidad madrileña, episodio en el que supuestamente siete terroristas se hicieron volar por los aires al verse rodeados por la policía.

¿Por qué han tardado tanto El País o la Ser en efectuar la comparación con el 11-M? Pues porque hasta ahora no podían hacerla: en los atentados de Paris, los islamistas utilizaron, de nuevo, terroristas suicidas, mientras que en el 11-M no hubo. El 11-M sigue siendo así el único gran atentado atribuido a islamistas en el que no hubo suicidas. Así que de repente, con el episodio de Saint-Denis, el Grupo Prisa ha visto el cielo abierto. Y se ha apresurado a aprovechar la oportunidad.

Es una lástima –para ellos– que la comparación tampoco resista el más mínimo análisis. Recordemos algunos detalles del oscurísimo episodio de Leganés:

En Leganés, los supuestos suicidas esperaron disciplinadamente ¡casi 7 horas! desde que se establece el cordón policial, a que desalojaran el edificio y los colindantes. Solo después de desalojados los ocho edificios hacen estallar la carga explosiva, coincidiendo con la hora del telediario.

En Leganés nos dicen que hubo un tiroteo con subfusiles durante el cerco policial. Pero no apareció ni un mísero cartucho de subfusil en el registro efectuado tras la explosión.

En Leganés, no hubo detenciones: aparecieron tras la explosión 7 cadáveres... a los que no se les practicó la autopsia. El juez Bermúdez tuvo que hacer malabarismos jurídicos para considerar autopsia unos informes antropológicos que incumplían claramente la normativa legal.

En Leganés, no solo no se practicó autopsia a los supuestos suicidas, sino que se intentó impedir a la Policía Científica que tomara muestras de sus cadáveres. Solo pudieron acceder a los supuestos suicidas 7 horas después de su llegada al Instituto Anatómico Forense.

En Leganés, uno de los cadáveres de los supuestos suicidas apareció… con los pantalones puestos del revés. ¿No tuvo tiempo ese hombre para vestirse bien a lo largo de las casi 7 horas que duró el cerco policial?

En Leganés, uno de los ocupantes del piso (el octavo ocupante) ¡bajó a tirar la basura durante el cerco policial! Y estando el piso rodeado por decenas de policías, coches policiales e incluso helicópteros… nos dicen que se escapó a la carrera. Finalmente, fue localizado en Serbia y detenido... y el Tribunal Supremo concluyó que NO había participado en la colocación de las bombas del 11-M. Por cierto, el Tribunal Supremo también concluyó que NO se podía afirmar que los siete presuntos suicidas de Leganés hubieran participado en la colocación de las bombas del 11-M, motivo por el cual las víctimas del 11-M quedaron jurídicamente imposibilitadas de demandar por vía civil a los herederos de los supuestos suicidas de Leganés.

En Leganés, con decenas de policías rodeando el piso durante siete horas, y con unos supuestos terroristas que nos dicen que se asomaban por la ventana para disparar ráfagas de subfusil... no tenemos ni una maldita imagen del asedio, ni de los propios terroristas, ni de la entrada en el piso.

En Leganés, el sumario del 11-M contiene TRES versiones contradictorias distintas sobre cómo se localizó aquel piso. Ceremonia de la confusión.

En Leganés, resulta que los supuestos suicidas vivían pared con pared… con un policía experto en lucha antiterrorista, escuchas y seguimientos.

En Leganés, nos dijeron que los supuestos suicidas rodeados mandaron sendos faxes al ABC y a Telemadrid amenazando con nuevos atentados. Pero en el desescombro del piso tras la explosión no apareció ningún fax. Y, en realidad, los datos del sumario demuestran que al menos el fax de Telemadrid fue enviado... desde fuera del piso.

En Leganés, apareció una carta de despedida a sus familiares de uno de los supuestos suicidas... con una firma falsa. Siendo un marroquí que escribe (en árabe) una carta de despedida a sus familiares en Marruecos, resulta que aparece una firma... en caracteres latinos. Ver más información aquí.

En Leganés, al hacer el desescombro del piso tras la explosión, aparecieron diversos libros coránicos... milagrosamente intactos. Lo más chusco es que varios de esos libros coránicos son chiíes, cuando todos los ocupantes del piso eran sunitas. Es algo así como si un radical de creencias católicas tuviera como libro de cabecera una biblia luterana. Evidentemente, quien colocó esos libros en el piso no tenía ni repajolera idea de las distintas corrientes que hay en el Islam. O se creía impune.

No, señores de El País y de la Cadena Ser: Saint-Denis no es nuestro Leganés. Igual que los atentados de Paris no son nuestro 11-M. Mientras que los ataques de París han sido un atentado yihadista, y por eso no hace falta manipular pruebas con el fin de demostrar que es yihadista, en el 11-M (y en Leganés) se destruyeron y manipularon pruebas a gran escala, para intentar vestir de yihadista algo que nunca lo fue.

Cómo librar una auténtica guerra contra el ISIS
Max Boot Libertad Digital 18 Noviembre 2015

¿Al fin ha terminado este simulacro de guerra?

Ésa es la cuestión más inmediata que afrontamos tras los terribles atentados de París, que causaron la muerte de más de 127 personas. A su vez, esos atentados se han producido poco después de la explosión de un avión de la compañía rusa Metrojet que realizaba un vuelo procedente de Sharm al Sheik, en la que murieron 224 personas, y tras unos atentados suicidas en los que murieron al menos 41 personas en Beirut y 19 en Bagdad.

Hace más de un año, en agosto de 2014, el presidente Obama reconoció que el ISIS suponía una amenaza real que iba en aumento. Como represalia por las decapitaciones televisadas de rehenes estadounidenses lanzó una errática campaña de bombardeos contra el Estado Islámicoy envió 3.400 asesores a Irak para ayudar a las Fuerzas de Seguridad locales a combatir al grupo terrorista. Más recientemente, Obama anunció el envío a Siria de 50 miembros de las Fuerzas Especiales para colaborar con los combatientes kurdos. Su objetivo, según anunció, era "desgastar y en última instancia destruir" al ISIS.

Pero la naturaleza extraordinariamente limitada de la respuesta estadounidense dejó claro que tenía otro objetivo en mente: es obvio que el presidente pretendía en realidad contener al ISIS, no destruirlo. Obama vino a reconocerlo el viernes en una entrevista particularmente inoportuna en la que afirmó que su objetivo se estaba logrando, que el ISIL estaba siendocontenido. Y tan sólo unas horas después los terroristas yihadistas empezaban a arrasar París. Si esto es contención, no es un objetivo con el que podamos vivir. Literalmente. Necesitamos hacer retroceder, no contener.

Mientras el Estado Islámico siga administrando un califato (un Estado funcional), seguirá sirviendo de inspiración y campo de prácticas a los yihadistas de todo el mundo, incluido un relevante número procedente de Europa y Estados Unidos. El hecho de que este año París haya sido víctima de terribles atentados en dos ocasiones (el ataque a Charlie Hebdo fue en enero) demuestra lo que todos ya saben: que es imposible detener el terrorismo con una estrategia puramente defensiva. En realidad los franceses cuentan con una sólida seguridad interna con una amplia capacidad de vigilancia. Pero ni siquiera ellos pudieron impedir estos atentados. Estamos engañándonos a nosotros mismos si creemos que Estados Unidos va a ser más inmune a semejantes ataques.

La única forma de reducir la amenaza es pasar a la ofensiva, acabar con esta guerra de pega e iniciar una de verdad contra el ISIS. ¿Cómo debería ser la estrategia de esa guerra de verdad? Deberíamos inspirarnos en lo sucedido tras el 11-S. Recordemos que Estados Unidos no llevó a cabo una invasión masiva convencional de Afganistán: enviamos un grupo relativamente reducido de efectivos de las Fuerzas Especiales y de agentes paramilitares de la CIA, respaldado por una gran fuerza aérea, para que colaborara con la Alianza del Norte en el derrocamiento de los talibanes.

Sí, desde luego que hoy resulta mucho más difícil llevar a la práctica esta estrategia y requiere un mayor compromiso por parte de Estados Unidos, ya que ni en Irak ni en Siria existe una fuerza preparada, como la Alianza del Norte, que esté lista para marchar sobre los bastiones del ISIS. Así que nuestro objetivo debería ser crear dicha fuerza con una iniciativa decidida para movilizar a los suníes en Irak y en Siria contra el Estado Islámico. No lo hemos hecho aún porque el presidente Obama ha estado demasiado ocupado flirteando con Irán, al que los suníes, con razón, consideran su enemigo. En vez de aferrarse a la ilusión de que podemos hacer causa común con los mulás para luchar contra el ISIS, tenemos que seguir una doble estrategia para movilizar y apoyar un levantamiento suní.

La primera vía de dicha doble estrategia es militar: aumentar nuestra fuerza militar en Irak,actualmente inadecuada. Probablemente necesitemos al menos 20.000 efectivos, que precisarán de unas directrices de combate mucho más permisivas que les permitan salir de sus bases para solicitar ataques aéreos y guiar más efectivamente a las fuerzas locales que luchan contra el ISIS. Fuerzas especiales de élite como la Delta Force y el Seal Team Six tendrán que empezar a atacar a los líderes del Estado Islámico directa y regularmente. Puede que también tengamos que desplegar sobre el terreno unidades de combate, al menos unas cuantas brigadas, para que encabecen un asalto a los bastiones del ISIS. Si aumentamos nuestra implicación, es probable que nuestros aliados también lo hagan, con los ahora enfurecidos franceses a la cabeza.

La segunda vía es política: una iniciativa diplomática para crear un Gobierno regional suní, similar al Gobierno Regional Kurdo, protegido por una nueva milicia de los Hijos de Irak y respaldado por las garantías de seguridad norteamericanas. Ello daría a los suníes un motivo para combatir al ISIS: sabrían que no estarían limitándose a cambiar la tiranía de Irán por la del Estado Islámico. La nueva región suní debería estar de acuerdo en seguir formando parte de Irak y en compartir sus recursos hídricos con el resto del país a cambio de seguir recibiendo una parte justa de los ingresos procedentes del petróleo.

Puede que todo esto parezca una tarea titánica, pero ambas vías podrán complementarse: cuanto más nos impliquemos militarmente, más influencia tendremos en la política iraquí y más credibilidad tendremos ante los suníes. Y cuanto más hagamos por volver a los suníes políticamente en contra del ISIS, más compañeros efectivos tendrán nuestros efectivos sobre el terreno. No sólo tenemos que colaborar con fuerzas de seguridad iraquíes selectas, que no se hayan visto completamente comprometidas por radicales chiíes, sino, y lo que es más importante, con las milicias tribales suníes, con las milicias kurdas y con otras fuerzas dispuestas a luchar contra el Estado Islámico.

Puede que no sean más que ilusiones por mi parte. Lo más probable es que el presidente Obama ni siquiera ahora esté dispuesto a llegar tan lejos para combatir al ISIS. De ser así, la guerra de pega continuará y el número de víctimas del Estado Islámico seguirá creciendo.

© Revista El Medio - Commentary

¡Pues claro que tiene que ver con el islam!
Carmelo Jordá Libertad Digital 18 Noviembre 2015

Desde Boko Haram en Nigeria hasta el filipino Frente Moro de Liberación Islámica, unos 13.000 kilómetros más allá, docenas de grupos terroristas llenan el mundo de horror y destrucción. Algunos incluso controlan un territorio, como el Estado Islámico o Hamás; otros son tremendamente conocidos pese a no hacerlo, como Al Qaeda; y también los hay cuyo nombre rara vez se escucha en Occidente si no es de boca de algún experto, como los somalíes de Al Shabab.

Todos tienen, sin embargo, un elemento en común: son musulmanes. Y es una visión muy peculiar de esa fe –en ocasiones divergente, como entre los terroristas de Hezbolá, que son chiitas, y todos los demás que hemos mencionado, sunitas– lo que les convierte en las bestias pardas asesinas que son.

Porque no sólo es que sean musulmanes, es que matan en nombre del islam, algo que no ha pasado con otros tipos de terrorismo durante los últimos 150 años: el IRA o ETA, por ejemplo, eran cristianos, pero su actividad estaba –o está– motivada por otras razones. Ni siquiera en la Irlanda del Norte dividida entre católicos y protestantes los crímenes tenían que ver con la expansión de una forma de ver la religión, y sí con unos objetivos políticos. Incluso en el terrorismo palestino de los tiempos dorados de la OLP, el principal componente era más nacionalista que religioso, algo que también ha cambiado con el surgimiento de Hamás.

Por supuesto, esto no quiere decir que todos los musulmanes sean terroristas, eso sólo es una enorme estupidez, pero negar que el problema esté relacionado con la religión y tenga profundas raíces religiosas es igual de estúpido y disparatado que extender el mal a todos aquellos que viven una fe que nos puede gustar más o menos, pero que sólo en una versión enloquecida lleva a la gente al crimen masivo.

Además, hay un clasismo sutil pero evidente en esas explicaciones que hacen surgir el terrorismo de la marginalidad y la pobreza sin más, porque en ningún lugar ha habido –ni hay– más desesperación y hambre que en el África subsahariana, pero no aparecieron grupos terroristas así; o más cerca, en Europa, el terrorismo ha sido cuestión de países o regiones ricas –la Alemania de la Baader Meinhof, el País Vasco de ETA, la Cataluña de Terra Lliure…–, y al fin y al cabo el más famoso terrorista de todos los tiempos, Osama ben Laden, era millonario en una escala que para nosotros es difícil de comprender.

Sí, por supuesto, muchos de los terroristas que atentan en París o en Jerusalén llegan desde barrios marginales; pero no es la pobreza lo que les hace matar, sino el fanatismo que se sirve de esa pobreza, en la mayor parte de los casos muy relativa. Más vale, en suma, que dejemos de insultar a los pobres, porque ellos no han sido, no son y no van a ser terroristas.

Resumiendo: por supuesto que es la religión, o, mejor dicho, esa fanática mezcla de religión e ideología que es el islamismo, y por eso la principal respuesta –aparte de la imprescindible policial y militar– tiene que partir de las propias sociedades musulmanas, allí es donde podría y debería desactivarse el problema, en el seno mismo del mundo que lo engendra. No olvidemos, por coger el ejemplo que tenemos más cerca, que lo que estuvo a punto de derrotar a ETA por la vía rápida fue la respuesta airada de la sociedad vasca tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco, que por eso mismo el PNV cortó de raíz. Pero eso ya es otra historia… aunque en el fondo se le parezca.

Hereje del islam
Santiago Navajas Libertad Digital 18 Noviembre 2015

El salvaje atentado de París nos tiene que unir en un pacto antiyihadista pero también en un pacto proislámico. Para esto último, la mejor guía en el laberinto mahometano es Ayaan Hirsi Ali, que sigue amenazada de muerte. Esta politóloga y activista holandesa de origen somalí y musulmán, que padeció la ablación del clítoris (por mano de su abuela y contra el criterio de su padre), es una de las críticas más lúcidas y valientes del fenómeno islamista que está devastando el islam como un cáncer. Habitualmente escéptica sobre la posibilidad de que la religión fundada por Mahoma se pueda reformar para hacerla compatible con los valores del humanismo moral y la democracia liberal, en su último libro publicado, Heretic: Why Islam Needs a Reformation Now (traducido al español como Reformemos el islam), plantea un discurso en la misma línea de crítica a la religión musulmana pero con sutiles e importantes diferencias.

Mientras que en su anterior libro, Nómada, dudaba, como decía, de que el islam fuese una religión reformable, como sí lo son las otras dos religiones abrahámicas, el cristianismo y el judaísmo, ahora sigue siendo hipercrítica con la deriva totalitaria del islam pero, al mismo tiempo, plantea las bases para una reforma del mismo.

Establece Hirsi Ali en el corazón mismo de la religión musulmana una distinción clave basada en el Corán. Mientras que las primeras suras del libro sagrado, escritas en La Meca, están orientadas a fundar una religión de paz, las últimas, elaboradas en Medina, significarían un reverso tenebroso hacia un credo militarizado orientado hacia la guerra. Hirsi Ali así concibe una "guerra ideológica" en el seno mismo del islam, entre la facción Meca y la facción Medina. Para Hirsi Ali, "sólo los musulmanes Meca pueden ser los representantes y agentes de una Reforma islámica". Sobre todo porque pueden dar lugar a una tercera tipología de musulmanes, los "reformados" que, como ella misma, "asumen que su religión debe cambiar si sus seguidores no quieren verse condenados a un interminable ciclo de violencia política”.

Contra los fanáticos, violentos y, sobre todo, malos lectores (literalistas) del Corán de la vertiente Medina, la politóloga holandesa traza su plan de reforma del islam sobre cinco pilares básicos que eliminar: el infalible estatuto de Mahoma y la lectura literal del Corán; la prioridad del más allá sobre el momento presente; la sharia o ley islámica; el empoderamiento de individuos para reforzar tales leyes y costumbres; por último, aunque lo más importante en el corto plazo, la yihad (guerra santa).

Pero no sólo hay que domesticar el islam para hacerlo compatible con los postulados morales y políticos fundamentales de la Ilustración y la Modernidad. También en nuestras sociedades occidentales hay que enfrentar el desafío fascistoide de los movimientos intolerantes que, en nombre de la "sensibilidad" y la "seguridad", están implantando los dogmas de lo políticamente correcto, sobre todo en los departamentos de estudios culturales de las universidades anglosajonas, convertidas en reducto escrachador contra los que se salen del rebaño de falacias confortables. A todos ellos les dedica Hirsi Ali su herejía.

Para (...) que mucha gente -no sólo musulmanes sino también los defensores occidentales del islam- salga de su "zona de confort.

Hirsi Ali, como otros musulmanes ilustrados, por ejemplo Reza Aslan, está configurando un islam reformado que incorpore la tradición racionalista de Averroes, Al Farabi y Avicena. Lo que Lutero, Castellio y Erasmo hicieron para el cristianismo, desde la revolución y la reforma, es posible desde dentro del islam. Plantea Hirsi Ali que, en el siglo XXI, el islam será ilustrado o no será.

cineypolitica.blogspot.com.es

La violencia y el orgullo de Pablo Iglesias
EDITORIAL Libertad Digital 18 Noviembre 2015

Dado que Marx y Engels proclamaron abiertamente que los objetivos de los comunistas sólo pueden ser alcanzados mediante la violencia, no hay que extrañarse de que un proclamado discípulo de ambos como Pablo Iglesias reivindique la violencia inherente a los regímenes comunistas o la que trata de socavar las bases de la democracia liberal.

Esa reivindicación de la violencia se manifiesta en el apoyo que Iglesias brinda a las tiranías de los Castro y de Maduro, o cuando canta puño en alto La Internacional junto a la bandera soviética y acompañado de un sujeto como Pablo Hasel, condenado por enaltecimiento del terrorismo. Recuérdese también su reivindicación de la guillotina como "madre de la democracia", y téngase presente el "orgullo" que dice sentir por su cabeza de lista por Jaén, Andrés Bódalo, condenado a tres años y medio de prisión por agredir a un edil socialista en 2012.

Para exhibir ese orgullo, el líder de Podemos ha tenido que maquillar la violencia ejercida por su compañero de partido y denigrar el "orden existente" que desprecia. De hecho, Iglesias ha tenido la desfachatez de afirmar: "Es posible que en Podemos haya gente condenada por manifestarse, por defender los derechos civiles, a diferencia de otros partidos, donde los problemas tienen que ver con la corrupción, con las cuentas en Suiza o en Andorra".

Al margen de que la corrupción es una lacra que ha afectado y seguirá afectando a todos los partidos –incluido Podemos–, es evidente que, a diferencia de lo que sucede en los regímenes comunistas, en ninguna democracia liberal se condena a nadie por ejercer un derecho constitucional como es el de manifestación. A Iglesias, como a Lenin, la mentira le debe de parecer un arma tan revolucionaria como la violencia.

Estas son las auténticas pulsiones liberticidas de un personaje y una formación que, indignantemente, van de pacifistas y tratan de sermonear a quienes luchan contra quienes tratan de derrocar el sistema occidental de libertades.

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La política nacional sigue existiendo (¿o no?)
Editorial  www.gaceta.es 18 Noviembre 2015

Nunca nos había hecho tanta falta hombres (o mujeres) de Estado, y nunca ha sido tan patente su ausencia. ¿Es que ya no nos queda nada dentro?

Después de haber vivido tanto tiempo “tibetanizados” en torno a nuestro ombligo nacional, y en particular catalán, extraña ver cómo la política interior ha sido tan relegada a un segundo plano en la crónica informativa española. Esto no parece haber afectado a los opinadores de guardia en las comisarías de lo políticamente correcto, que nos hablan hoy de yihadismo y geopolítica con la misma soltura con que ayer peroraban sobre Mas y Podemos, pero sí al espíritu del público, más interesado hoy en las represalias de Putin sobre el Estado Islámico que en las piruetas de “Juntos por el Sí”.

Y sin embargo, a apenas un mes de las próximas elecciones generales, la política nacional sigue existiendo. O, más bien, sigue agonizando, porque lo que vemos tiene bastante poco de política propiamente dicha –es más bien politiquería- y el calificativo de “nacional” sólo vale en la medida en que podamos describir el colapso de la nación.

El frente catalán, por ejemplo, está experimentando algún cambio notable: parece que una parte no menor del bloque separatista empieza a sentir el frío de la intemperie y, ante la perspectiva de entregar el poder a un horda de antisistemas desorejados, prefiere aplazar –por el momento- el día soñado de la independencia. Con toda seguridad, el Estado de todos correrá en su socorro con una buena cantidad de dinero –de todos- y, a fecha de hoy, es más que probable que en breve plazo veamos en la Generalitat un gobierno de coalición entre el PSC (PSOE) y los restos del naufragio de Convergencia, apoyados mansamente por el PP desde sus escaños. ¿Habremos solucionado el problema? No. Sólo lo habremos aplazado. Mañana volverá con más fuerza.

En cuanto al gran escenario, el de la pugna por el gobierno de la nación, el paisaje sólo da razones para la desesperanza. Faltan treinta y dos días para las elecciones generales y el PP aún no ha tenido la deferencia de hacernos saber qué se propone, salvo la renuncia expresa a las temáticas de derecha propiamente dichas. Enfrente, el PSOE oscila entre la radicalización roja para comer espacio a Podemos y las ocurrencias “progres” del equipo de Sánchez. Ciudadanos ha presentado en Cádiz un proyecto nacional que, al parecer, a la nación le ha importado un bledo y, en fin, Podemos está demasiado atareado tratando de sofocar los ánimos de sus bases, encrespados por esa táctica de trufar las listas con generales, jueces y catedráticos, o sea, gentes de orden. Poco nivel.

Resulta un tanto deplorable constatar que, en un momento en el que el mundo se juega el perfil de los próximos decenios, entre olas de inmigrantes y guerras a gran escala, todas las apuestas de la política española se limiten a esta inmensa y profunda mediocridad. Nunca nos había hecho tanta falta hombres (o mujeres) de Estado, y nunca ha sido tan patente su ausencia. ¿Es que ya no nos queda nada dentro?

La tragedia de Francia y la comedia de Falset

Jseús Cacho www.vozpopuli.com 18 Noviembre 2015

Mientras el mundo sigue conmocionado por la tragedia ocurrida en París el pasado viernes y se prepara para vivir la incertidumbre de esa guerra que el mundo civilizado parece de una vez dispuesto a librar contra el terror islamista y en defensa de las libertades, en una pequeña parte del territorio español, concretamente en Cataluña, sigue desarrollándose la farsa de unos señores que con el 35,6% del censo quieren imponer la independencia al 64,4% restante, quieren cambiarle a esa mayoría la escala de valores propia de nuestra cultura liberal, basada en la jerarquía de derechos que componen la libertad individual, la seguridad personal y la garantía de la propiedad privada, por el modelo a la albanesa que defienden los grupos anticapitalista y antisistema a los que la burguesía antaño racional de Convergencia se ha entregado de hoz y coz. En Francia se vive una tragedia, mientras en Cataluña asistimos a la comedia de Falset.

La comedia de Falset es una obra de teatro de un solo acto, original de Pau Bunyegas, estrenada en el Teatro Romea en un lejano 1869, que por alguna extraña circunstancia ha quedado inserta en el subconsciente colectivo catalán como sinónimo de acontecimiento, episodio o suceso susceptible de acabar “molt malament”, aunque también puede hacerlo de manera absurda y sin sentido. Incluso ridícula. Algo parecido, salvadas las distancias, a cuando en castellano se dice que algo puede acabar o simplemente acabó “como el rosario de la aurora”. De hecho, Bunyegas pone el punto final a su obra interpelando al espectador de manera harto curiosa: “Y ahora, para que esto acabe bien, compongan ustedes su propio final”. El que tengan a bien o el que más les convenga. El más lógico. El más absurdo. El más violento. Porque el pueblo de Falset –capital de la comarca del Priorato- acaba su comedia a bastonazo limpio. Por eso en Cataluña es una frase hecha la expresión “això s’acabarà com la comèdia de Falset”.

El proceso puesto en marcha por el pujolismo trincón hace tiempo, y que el elegante chico de los recados de don Jordi, el gatazo tontiastuto de Artur Mas, quiere ahora llevar a sus últimas consecuencias, amenaza acabar como la comedia de Falset. Todo ha cambiado en un fin de semana. Todo, en un viernes noche trágico para Francia y para los amantes de la libertad. De repente, y ante el horror de la sangre inocente vertida en París y su correlato de amenaza abisal que supone para nuestro modo de vida, el desafío, la mixtificación, los argumentos del independentismo catalán se antojan ridículos, fuera de foco, lejos de la realidad, obsesión perdida en el paisaje onírico de quien ha decidido suicidarse por su cuenta y pretende la aventura inaceptable de llevar a millones de personas tras de sí hacia el desfiladero de la sinrazón.

El mundo civilizado está en guerra contra la barbarie. Alguien ha hablado de que nos hallamos ante la III Guerra Mundial. La libertad contra el vasallaje. La Europa unida contra el terror yihadista. Desde la perspectiva que imponen los acontecimientos, la pretensión de un movimiento independentista dispuesto a romper, incluso sin el aval de los votos, uno de los grandes Estados europeos poniendo en riesgo la paz y prosperidad de sus habitantes, no solo suena artificiosa y ridícula, sino reñida con el contexto, fuera del mundo, lejos de la realidad. El rumbo de colisión con el Estado impuesto conscientemente al prusés por Mas y su cohorte, abrigaba la esperanza de una tan hipotética como absurda intervención extranjera, léase UE, ONU o cualquier otra instancia, capaz de obligar al Gobierno central a sentarse a negociar con el secesionismo el trágala de la independencia, porque de eso han ido siempre las protestas contra la negativa del Gobierno Rajoy a negociar: de aceptar un trágala, de firmar la rendición, de decir sí a la independencia y, además, de pagar la cuenta del prusés.

El mundo civilizado ha entrado en una nueva era
El botarate de Mas y su gente pueden irse olvidando de semejante pretensión. El mundo civilizado no está ahora para novelas de caballerías, no está para las comedias de Falset de unas élites extractivas dispuestas a llamar la atención del mundo desde lo alto del campanario del pueblo. La declaración de ruptura con España protagonizada en el parlamento de Cataluña el pasado 9 de noviembre ha terminado por enajenar no ya la simpatía, que nunca existió más allá de la marginalidad del grupúsculo, sino el simple interés que por el problema catalán pudiera existir en las cancillerías europeas. Ningún crédito internacional. El “embajador” que la Generalitat mantiene en Bruselas con cargo a los Presupuestos Generales del Estado español se lamenta estos días ante quien se presta a oírle de que “ya nadie le quiere recibir”. Acuciado por otros desafíos, el mundo civilizado ha entrado en una nueva fase, mientras el tiranuelo de Falset se lamenta desde su altillo de que nadie le hace caso.

En una Europa que reclama unidad para derrotar al gran tirano, la pretensión de unos señores que juegan a romper España tiene fecha de caducidad. El mundo occidental ha despertado a la dura realidad del desafío yihadista, y el señor Mas no se ha enterado aún. O sí. Se lo dijo ayer Francesc Homs, uno de los grandes culpables del drama catalán. Se lo anunció desde la SER: el secesionismo no tiene mayoría suficiente para culminar el proceso. “En Cataluña el independentismo tiene una fuerza muy importante pero no suficiente para imponer unilateralmente sus posiciones”. Reconocimiento de parte. El plan de este irresponsable es llegar al 21 de diciembre y abrir un periodo de negociación con el futuro Gobierno. “Después de los comicios, confío en que se abra un periodo distinto, con más diálogo, más negociación y más pacto”. Estás tú bueno, Francesc: el viernes negro parisino ha terminado de dar la puntilla a las aspiraciones de apoyo con que podíais contar fuera, y el 20-D acabará de poneros donde os merecéis dentro.

Quienes desde hace años hemos venido denunciando que lo que Cataluña necesita no es –no era- más Estatuto ni más autonomía, sino más democracia, más calidad democrática y menos 3%, menos ladrones –como en el resto de España, por cierto-, no podemos sino contemplar con esperanza la llegada a Moncloa de un Gobierno que, forzado por la política de pactos, se vea obligado a meterle mano a los problemas de fondo del país que la muerte por agotamiento del régimen de la Transición hace tiempo puso en evidencia. Las esperanzas de muchos están hoy puestas en Ciudadanos y su compromiso con la regeneración democrática. A Homs le encantaría que al frente del nuevo Gobierno siguiera un tal Mariano Rajoy, porque solo así “conseguiría el independentismo aumentar la base social que hoy nos falta para imponer nuestro proyecto”. Esperamos de Ciudadanos que, de una tacada, en el mismo viaje, nos libre de los Homs y de los Rajoy, abriendo la puerta a un futuro de concordia entre todos los españoles, mediante un proyecto integrador capaz de evitar que la catalana comedia de Falset acabe a bastonazos.

“¿Por qué, mi general?”
Juanfer F. Calderín (*) www.latribunadelpaisvasco.com 18  Noviembre 2015

Analistas expertos han destacado la conveniencia de contextualizar lo sucedido para poder trazar una estrategia capaz de contrarrestar de forma efectiva la radicalización de potenciales terroristas. Incluso líderes políticos españoles de todo signo han querido hacer una lectura amplia de lo que ha pasado. “Los enemigos de la libertad y la democracia no pueden conseguir ni uno solo de sus objetivos, en ningún lugar y bajo ninguna circunstancia”, se atrevió Podemos de la mano de su líder Pablo Iglesias.

Atentados terroristas de tanto calado dejan a su paso grandes análisis, aunque también pequeñas escenas. En este segundo grupo, hay algo ha pasado desapercibido, pero que quizá pueda aportar claves en torno a la necesidad de entender la radicalización violenta como lo que es, un fenómeno que no solo debe ser combatido en función de quién lo promueva.

Horas después de que más de cien personas fueran asesinadas a balazos y a bombazos en París, muchos se acercaron a la embajada de Francia en Madrid para mostrar solidaridad y unidad frente a la barbarie. Las palabras de Pablo Iglesias arriba mencionadas sirvieron de mecha para que el hijo de un policía asesinado por ETA se acercase al ex Jefe del Estado Mayor de la Defensa Julio Rodríguez, ahora en Podemos, que allí estaba junto con su ya compañero de partido Íñigo Errejón.

La víctima se arrancó: “Mi general, mi general… Me presento. Soy Fernando Altuna, hijo de Basilio Altuna. A mi padre lo mató ETA político militar en 1980”. La mano extendida de Fernando no encontró respuesta porque el general se dio la vuelta. Fernando, tenaz, lanzó su duda: “Mi general, ¿por qué estos asesinados sí valen y los de Navarra no?”. Errejón, atento, se colocó entre Rodríguez y el hijo de la víctima e intentó zanjar el asunto reprochando la actitud de Fernando, al que pidió “respeto”.

Rodríguez y Errejón se unieron a Pablo Iglesias, también por allí. Fernando, alterado, se marchó no sin antes lanzar un grito frente a la embajada francesa: “¡Por qué apoyan las listas de los que no condenan el terrorismo en Navarra y están ahora aquí solidarizándose con las víctimas de París?”.

La duda de un hijo de policía nacional asesinado por el terrorismo no es fruto del dolor o de la rabia generada por la pérdida de un ser querido. Es lo que es, una duda que necesita ser aclarada por quienes aspiran a promover la lucha contra la radicalización desde las instituciones públicas.

Es incompatible defender medidas contra el fanatismo y, al mismo tiempo, favorecer gobiernos liderados por los que consideran que ETA es un movimiento de liberación nacional que practicó la violencia de forma legítima en respuesta de otra violencia, la estatal. Los atentados de París son un intento de presentar la violencia terrorista como algo tan justificable como la violencia practicada por los Estados. La izquierda abertzale busca, también hoy, presentar la violencia terrorista como algo tan válido como la violencia legítima que las Fuerzas de Seguridad ejercieron y ejercen para proteger a la ciudadanía de la barbarie.

En el vídeo con el que Daesh quiso reivindicar los ataques de París, el terrorista Abú Salmán Al Faransi, en perfecto francés, llamó a la acción así a las nuevas generaciones: “Aterrorícenlos y no los dejen dormir por el temor y el horror”. La frase recuerda mucho a esta otra que el recientemente fallecido Periko Solabarria, fundador de Batasuna e histórico militante de la izquierda abertzale, pronunció en abril de 2013, en un escenario sin ETA y frente a cientos de jóvenes que gritaban “¡gora ETA!”: “Si no os dejan soñar, no les dejéis dormir”. Al primero, hoy, se le considera un peligro potencial, sobre todo para los jóvenes. El segundo, hoy, es un referente de la izquierda abertzale. El segundo, que murió en junio de este año, fue homenajeado y ensalzado como ejemplo de compromiso, también para los jóvenes, en un acto protagonizado por la izquierda abertzale, por miembros del sindicato LAB y por dirigentes de Podemos.

Las palabras de Fernando siguen en el aire: “¿Por qué, mi general?”.
(*) Juanfer F. Calderín es director del Observatorio Internacional de Estudios sobre Terrorismo (OIET). Este artículo fue publicado inicialmente en Navarra.com

El polvorín catalán: 80 mezquitas salafistas, 33 terroristas en Siria y un atentado frustrado
El jefe de los Mossos d'Esquadra afirma que "salafismo no es yihadismo" y que ningún terrorista ha surgido de las mezquitas.
Pablo Planas (Barcelona) Libertad Digital 18 Noviembre 2015

Josep Lluís Trapero, comisario jefe de la policía autonómica catalana, considera que el reclutamiento y "formación" de terroristas del Estado Islámico en Cataluña es ajeno a la multiplicación de mezquitas y oratorios salafistas, la rama más radical del Islam. En un año se ha pasado de sesenta a ochenta de estos centros, pero el jefe policial catalán dice que no consta que ningún terrorista haya salido de ellos.

El foco de captación es internet, asegura Trapero, y el perfil de los aspirantes a asesinos tiene más que ver con la propaganda islamista en las redes que con las doctrinas salafistas. En declaraciones a la radio de La Vanguardia, Rac 1, el comisario jefe se ciñó a las estrictas instrucciones del ejecutivo regional de evitar la "islamofobia". De tal forma llegó a afirmar: "Hace un año había unas sesenta mezquitas de orientación salafista. Actualmente hay unas ochenta. El salafismo es la orientación más extrema del Islam. Ahora bien, lo que no hacen en ningún caso es justificar la violencia entendida como la producción de atentados. Salafismo no es yihadismo. No justifico esta tendencia porque son duros en otros ámbitos".

Una célula del EI que estuvo operativa
Trapero se basa en que de las treinta detenciones registradas este año en Cataluña "ninguna procede de la radicalización en un entorno salafista". E insiste: "Se radicalizan a través de internet, pero en las mezquitas no", dado que, a su juicio, internet facilita el anonimato. Respecto a las detenciones, cabe recordar que la mayor operación se produjo el pasado 8 de abril, cuando más de 360 mossos a las órdenes de la Audiencia Nacional detuvieron a once personas en Tarrasa, Sabadell y otras localidades cercanas a Barcelona. Ese mismo día, el entonces consejero de Interior catalán, Ramon Espadaler, afirmó que la célula no sólo captaba, radicalizaba y enviaba jóvenes a Siria e Irak sino que "se habían constituido en célula operativa con voluntad contrastada de actuar en Cataluña". Tal era el peligro que, afirmó el consejero, se había adelantado la operación ante el elevado riesgo de que los terroristas pasaran a la acción.
Conversos españoles

En su comparecencia, al consejero se le escapó que a diferencia de las operaciones en el entorno de las mezquitas o en las redes sociales, esa célula en cuestión captaba a sus víctimas a través de conversaciones privadas. Seis eran conversos, cinco españoles y un paraguayo. Los otros cinco, de nacionalidad marroquí. El cabecilla era un español de 40 años convertido al Islam hace dos. Regentaba una peluquería en Sabadell. Pocas semanas después de la operación, la consejería de Interior acusó a la Policía Nacional de haber estado a punto de frustrar la acción al delatar supuestamente a un agente de los Mossos infiltrado en la célula. La denuncia quedó en nada y en medio de un ambiente político marcado por la agenda electoral y el proceso separatista.

A finales de abril, la Policía había detenido en toda España a 44 personas acusadas de formar parte de redes yihadistas. 27 de ellas en Cataluña, una zona de fuerte penetración islamista. De nuevo el jefe de los Mossos, Trapero, ha destacado que les consta la presencia de 33 terroristas en Siria procedentes de Cataluña.

Vigilancia en las aulas
Si las mezquitas no parecen preocupar a las autoridades catalanas, los colegios e institutos son otra cuestión. El actual consejero de Interior en funciones, Jordi Jané, ha anunciado un "protocolo" para que los profesores detecten el riesgo de radicalización de los adolescentes y adviertan a los Mossos. Es ahí, según la versión de Jané, donde más riesgo hay de radicalización y captación de futuros terroristas, en los centros de los barrios y zonas donde la población musulmana es mayoritaria.

La UE se pone de perfil con Francia
Editorial El Espanol 18 Noviembre 2015

La invocación, por primera vez, del artículo 42.7 del Tratado de la UE, que obliga a los miembros a prestar "ayuda y asistencia" al país socio que haya sufrido "una agresión armada en su territorio" no le ha servido a Francia para encontrar el apoyo militar que buscaba para combatir al Estado Islámico.

El ministro de Defensa francés, Le Drian, explicó en Bruselas que Francia "no puede hacerlo todo" sola. En ese "todo" incluye los ataques al Estado Islámico en Siria, las operaciones de defensa en Irak, en el Sahel, en la República Centroafricana y en Líbano, y también las tareas de seguridad en el propio territorio francés. Por eso reclamó que, al menos, militares de otros países de la UE les den relevo y permitan a Francia recuperar los efectivos que está empleando ahora en operaciones menos urgentes.

Francia se ha equivocado al plantear abiertamente su petición sin haber sondeado primero a los gobiernos europeos. Lo ha hecho acogiéndose a una cláusula del Tratado de la UE muy ambigua; tanto, que permite a los dirigentes europeos ponerse de perfil al mismo tiempo que dicen respaldar de forma "unánime" la solicitud francesa. Lo lógico, además, es que sea la OTAN la que coordine las operaciones de la defensa común. A su seno debería haber llevado Francia sus propósitos.

Por otra parte, si la UE lleva semanas sin ponerse de acuerdo siquiera en la acogida y reparto de refugiados, París no podía pretender otra reacción muy distinta ante una propuesta de ese calibre.
Sí a 'La Marsellesa', no a las tropas

En tales circunstancias, pese a las declaraciones institucionales de los líderes europeos, pese a las muestras de solidaridad espontáneas de los ciudadanos ante las embajadas de Francia, pese a que millones de europeos han querido sumar estos días su voz a La Marsellesa, la petición francesa estaba condenada al fracaso: ningún gobierno está por contribuir con tropas o armamento. Es, también, el caso de España.

Mariano Rajoy, de natural poco amigo de tomar riesgos, no está dispuesto a involucrarse en operaciones que podrían volverse en su contra. Mucho menos ahora, a un mes de unas elecciones en las que se juega su futuro político. Particularmende reveladoras fueron las palabras del ministro de Defensa en Bruselas. Cuando se le planteó si España respondería al llamamineto de Francia, alegó que nuestro país ya tiene "trescientas personas en Irak formando a los batallones suníes". Pedro Morenés ha recibido este mismo año la Legión de Honor francesa.

Pero es que las propia sociedad europea está dividida en cuanto a la forma de afrontar el problema del terrorismo islamista. En España, por ejemplo, una fuerza como Podemos ha encontrado en este asunto su propia campaña para enarbolar el "no a la guerra".

Por todo ello, la iniciativa francesa para implicar a la UE en operaciones militares sobre el terreno no se hará realidad. Los valores de Europa no se van a defender con armas en Siria. Al menos, en el corto plazo.

Blog de Pablo Sebastián. Presidente y fundador del diario de internet Republica.com
El tren secesionista descarrila
Pablo Sebastián Republica.com 18 Noviembre 2015

El convoy catalán del proceso independentista que conduce Artur Mas está a punto de descarrilar antes de llegar al punto de encuentro, o al choque frontal, con la poderosa máquina del tren del Estado español, una vez que la ‘estación término’ de la independencia desapareció del mapa catalán. En realidad el proceso descarriló en la noche electoral del 27-S cuando Mas, con gesto de pocos amigos y mucha decepción en el rostro, se dejó manipular por Oriol Junqueras y Raúl Romeva.

Dos extraños compañeros de viaje de CDC que, tras hacerse trampas con los resultados del plebiscito en votos y escaños, proclamaron la victoria del proceso independentista apropiándose de los 10 escaños de la CUP para ocultar la verdad de los resultados del 27-S: los votos españolistas derrotaron a los independentistas; y ‘Juntos por el sí’ no logró la mayoría absoluta -perdieron 9 escaños- que CiU y ERC tenían antes de las elecciones plebiscitarias.

Reconocer el fracaso del plebiscito y renunciar al proceso en beneficio de la concordia ciudadana debió ser la respuesta de Artur Mas a la vez de presentar su dimisión esa misma noche del 27-S. Pero Mas, azuzado por ERC y los independientes de la ANC, se precipitó en los brazos de la CUP que les impuso a todos la moción secesionista que luego aprobó el Parlamento catalán, sin consentir previamente la investidura de Mas lo que dejaba el proceso sin Gobierno para llevarlo a cabo e implementar el propio contenido de la resolución que luego suspendió el Tribunal Constitucional.

Las dos votaciones de investidura perdidas por Mas en el Parlament y su lamentable espectáculo de rebajas institucionales y regalos a la CUP para conseguir el apoyo del partido antisistema, dejaron al presidente en funciones de la Generalitat -al que antes se le había sublevado la mitad de su Govern en contra de la moción secesionista- en una penosa e insostenible situación.

Y a su partido Convergencia y sectores influyentes de la sociedad –el diario La Vanguardia, entre ellos- y el ámbito financiero y empresarial catalán sumidos en el estupor y exigiendo un cambio de rumbo o una rectificación que solo tiene dos salidas simultáneas posibles: dimisión de Mas y adelanto electoral al mes de marzo de 2016.

El descarrilamiento del convoy catalán hacia la independencia ahora ya no lo discute nadie, y lo único que muchos buscan es localizar la puerta de escape para saltar del tren que viaja a gran velocidad con dirección al precipicio.

Toni Fernández Teixidó, un histórico de Convergencia y ex Consejero de la Generalitat, ha abandonado sus cargos en el partido, mientras el portavoz de Mas y aguerrido independentista Francesc Homs afirma que la coalición secesionista carece de fuerza para lograr ‘la separación unilateral’ catalana de España. Homs, el que meses atrás dijo que él no reconoce la legalidad española y que es candidato número uno de CDC al Congreso de los Diputados, pide bloqueo del proceso y una reflexión hasta las elecciones generales del 20-D, por si en Madrid apareciera un gobierno sin el PP de Rajoy que permita a CDC abrir un diálogo sobre la crisis catalana. El que pasará, previamente, por la renuncia expresa de CDC a la independencia de Cataluña y el respeto a la legalidad que ya violaron con la votación de la resolución secesionista en el Parlament.

En cuanto a Mas todo apunta a que su futuro político y personal -por las causas judiciales abiertas sobre la Consulta del 9N y la corrupción del 3% de Convergencia- será peor que el de Juan José Ibarretxe tras fracasar en su intento secesionista para el País Vasco. Mas sabe que su tiempo se ha acabado y su proceso fracasado y lo único que pretendía con su penosas concesiones y requiebros a la CUP era una investidura de presidente de la Generalitat por unos días para inmolarse a lo bonzo ante sus seguidores, tras pisar la raya de la desobediencia al Tribunal Constitucional para ser suspendido y encauzado a la vía penal.

Pero todo apunta a que la CUP no investirá a Mas. Máxime cuando sus expectativas de mejora de escaños en unas elecciones anticipadas ha sido confirmada por una encuesta de la Generalitat donde se dice que podrían pasar de sus actuales 10 escaños hasta los ¡16! La CUP sigue en sus trece y consultará a sus bases en asamblea el próximo día 29.

Al final y por contradictorio que parezca la CUP y las elecciones del 20-D se pueden convertir en el argumento -que no tabla de salvación porque no la tienen- para justificar la rectificación de Convergencia y el funeral del proceso independentista, pero nadie logrará revestir de grandeza el fracaso y la obligada renuncia de Artur Mas.

Mientras reniega de su identidad
La izquierda, aliada del Islam en Europa
A la vez que critica a quienes defienden que el multiculturalismo es inviable, la izquierda promueve todo aquello que ataca a la integridad territorial y a las raíces cristianas.
Sandra Toro  www.gaceta.es 18 Noviembre 2015

Resulta sorprendente la tolerancia que la izquierda española tiene con el Islam. Incluso tras los ataques islamistas que han sembrado el pánico en París -y han estremecido al mundo entero- el pasado viernes, diferentes políticos, asociaciones o personas anónimas se han lanzado desde sus perfiles en las redes sociales a justificar la barbarie sin tener en cuenta el dolor de las víctimas o, si lo hacen, intentan restarle importancia alegando que en los lugares de origen del integrismo cientos de personas pierden la vida a diario. Sin ir más lejos, la podemita Ada Colau, alcaldesa de Barcelona, ha puesto al mismo nivel los ataques en París y la guerra de Siria: “las balas que se dispararon en París son las mismas balas que matan a los vecinos y vecinas de las ciudades de Siria, de Líbano, de Somalia y de Irak", ha dicho. En nuestro país es una constante que todo aquello que ataque a las bases de la unidad nacional -familia, integridad territorial y raíces cristianas- sea inmediatamente promovido por esa izquierda empeñada en hacer desaparecer la España de nuestros días.

Esta forma de actuar presenta una clara incoherencia en quienes manifiestan un ataque a la religión cristiana por su componente de fe religiosa pero, sin embargo, no realizan este ataque contra otros credos como el Islam. Muestra de este comportamiento es la situación vivida en Andalucía, donde la izquierda política lleva más de 30 años protagonizando manifestaciones de islamofilia y de cristianofobia. Llaman especialmente la atención las protestas contra la celebración de la conquista de Granada por los Reyes Católicos que tiene lugar cada 2 de enero.

Pero también la Semana Santa tiene que convivir con las críticas de la progresía islamófila. Es el caso de Santiago de Compostela, donde el Ayuntamiento -gobernado desde el pasado mes de mayo por Compostela Aberta, una de las marcas blancas de Podemos- ha decidido retirar las subvenciones que cada año iban destinadas a las cofradías para sufragar los gastos. Eso sí, a pesar de las restricciones económicas mencionadas por el regidor, sí han decidido mantener las ayudas destinadas a las entidades islámicas.

Son estas entidades las que llaman a los musulmanes con derecho a voto a rechazar a la derecha -tanto a nivel local como regional y nacional- y a votar a partidos como el PSOE de Pedro Sánchez o Podemos. Así lo ha hecho la asociación islamista de Ceuta, Jóvenes Caballas, cuyo portavoz, Mohamed Mohamed Alí ha enviado un comunicado en el que insta a realizar un último esfuerzo el 20 de diciembre para "cambiar las cosas con gente decente". "Yo lo tengo claro, mi opción es Podemos", señala.

Polémico fue también el viaje que, allá por 2001, realizó a Marruecos José Luis Rodríguez Zapatero, entonces líder de la oposición, con las críticas del Gobierno. El socialista se dejó fotografiar con Mohamed VI junto a un mapa de Marruecos que incluía las Islas Canarias y Ceuta y Melilla. Casi catorce años después, una nueva visita –en este caso ya como expresidente- generaba otra imagen controvertida: Zapatero hablando en un atril entre un retrato del Rey de Marruecos y, una vez más, un mapa de su país que muestra como propio todo el territorio del antiguo Sáhara español.

La izquierda española política y mediática compite por manifestar una estimación positiva y una adhesión a los "valores" del Islam. Incluso diabolizan y censuran cualquier crítica contra esta doctrina. Sin embargo, personajes como Pilar Manjón, Pilar Bardem o Ada Colau no dudaron en calificar el asalto de la portavoz de Ahora Madrid, Rita Maestre, a una capilla de la Universidad Complutense -con mujeres semidesnudas y profiriendo insultos contra la Iglesia- como una manifestación de libertad democrática. Inmediatamente después de cerrar el oratorio de la Facultad de Geografía e Historia, el entonces rector de la Universidad, José Carrillo, estudiaba ceder un aula para el culto musulmán.

Así, la izquierda intenta eliminar nuestras tradiciones para no ofender a los inmigrantes musulmanes; pretende expropiar monumentos como la Catedral de Córdoba o la Giralda de Sevilla; y reclama abrir las fronteras a una inmigración sin freno ni control. Al mismo tiempo desatan todo tipo de críticas contra quienes comparten el discurso de Viktor Orbán y defienden que el multiculturalismo es inviable -al menos si queremos preservar el sistema de libertades públicas característico de Europa- y que la supervivencia de nuestro continente como espacio de libertad depende de que el marco de valores predominante sea el nuestro.

Un informe asegura que los etarras sacaron elevadas notas en la Universidad del País Vasco por las amenazas ejercidas a los profesores desde el entorno de los terroristas
www.latribunadelpaisvasco.com   18 Noviembre 2015

Un informe elaborado por la eurodiputada de UPyD Maite Pagazaurtundua, tituldo “Los profesores de la UPV-EHU frente a ETA” revela que muchos de los etarras que se matricularon en décadas pasadas en la Universidad del País Vasco (UPV) sacaron notas “muy superiores” a otros alumnos por las “amenazas” que recibían los profesores encargados de evaluarles desde el entorno político de los terroristas.

En su trabajo, Pagazaurtundua denuncia lo que denomina “La corrupción académica”, apartado en el que se recogen testimonios de profesores y otras personas -como Goztone Mora y Fernando Savater- que en el pasado denunciaron irregularidades en la forma en que etarras fueron examinados o cursaron estudios en la UPV. La eurodiputada incide en que durante varias décadas, en lugar de cursar sus estudios por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), más del 95% de los reclusos etarras se matriculaba cada año en la UPV. Y, en su opinión, son "evidentes” las razones por las qué los etarras preferían inscribirse en la universidad vasca, entre las cuales está que las notas de sus expedientes académicos eran “muy superiores a los de los alumnos presenciales de la UPV-EHU”. “Sin duda era consecuencia de las amenazas sobre los profesores que debían calificar unos exámenes hechos en condiciones de absoluta opacidad”, sostiene la autora del estudio.


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