AGLI Recortes de Prensa   Viernes 20  Novietubre  2015

Los retrocesos del ISIS
Cristina Losada Libertad Digital  20 Noviembre 2015

El 13 de noviembre, unas horas antes de que la noche se rompiera trágicamente en París, se difundía una noticia a la que se le iba a prestar, lógicamente, poca atención. El ISIS había perdido una posición importante, la ciudad de Sinjar, al norte de Irak, expulsado por las fuerzas kurdas y los milicianos yazidíes. Además, los kurdos pudieron cortar una carretera que servía de ruta de abastecimiento para los yihadistas. Este retroceso del ISIS no es el único relevante que se ha producido: ha tenido que abandonar gran parte del territorio que controlaba en la frontera con Turquía. Los kurdos le están obligando a retroceder desde septiembre de 2014.

Lo primero que hay que extraer de esos acontecimientos es un recordatorio necesario: ya se está combatiendo al ISIS sobre el terreno. Los que claman por una intervención al estilo de la que se hizo en Irak en 2003, como los que advierten que no se podrá acabar con el grupo terrorista sin enviar tropas, no deberían olvidar que ya hay boots on the ground. Cierto que algunas de ellas, como las del ejército iraquí, no han sido muy eficaces. De ahí que el adiestramiento, en el que colabora España, sea tarea importante. Como lo es también el apoyo aéreo: unos bombardeos que llevan a cabo en su mayoría los EEUU, pero en los que cooperan países árabes como Jordania, uno de cuyos pilotos, por cierto, fue quemado vivo por los salvajes del ISIS.

Lo segundo a anotar es una buena noticia: a pesar de todos los defectos y problemas de la intervención en curso, el ISIS está perdiendo el control del territorio que llegó a ocupar y que constituía una pieza esencial de su retorcido atractivo para la juventud radicalizada. Y tanto para la que vive en países occidentales como para la de los países de la zona: las filas del ISIS se nutren sobre todo de tunecinos. Es una paradoja más. Túnez es el país árabe que más exitosamente ha transitado hacia una democracia después de las fallidas primaveras.

De la buena noticia viene seguramente la mala. Con los atentados en Occidente, el ISIS puede estar tratando de tapar sus retrocesos sobre el terreno. La masacre de París sería, por así decirlo, un golpe publicitario destinado a compensar las derrotas que se le están infligiendo y evitar que mengüe su reclutamiento. Un grupo terrorista que pueda presentarse como victorioso tiene más posibilidades de reclutar que uno que está fracasando. Lo sucedido con Al Qaeda es ejemplo cercano de ello.

Para una banda terrorista, un atentado espectacular hace de reclamo y anuncio. No en vano los anarquistas del XIX consideraban el terrorismo como "la propaganda por el hecho". De entonces acá, los discípulos han aventajado a los maestros. Después de la masacre en las Olimpiadas de Múnich de 1972, cuando terroristas palestinos secuestraron y asesinaron a once atletas israelíes, Septiembre Negro, autor del atentado, emitió un comunicado que mostraba sin rebozo el objetivo publicitario:

A nuestro juicio y a la luz del resultado, hemos conseguido uno de los mayores éxitos en la acción de un comando palestino. Una bomba en la Casa Blanca, una mina en el Vaticano, la muerte de Mao o un terremoto en París no podrían haber alcanzado un eco como el de la operación de Múnich en la conciencia de todos los hombres a lo largo y ancho del mundo. La Olimpiada despierta el interés y la atención de la gente mucho más que cualquier otra cosa en el mundo. La elección de la Olimpiada, desde el punto de vista propagandístico, fue un éxito al cien por cien. Fue como pintar el nombre de Palestina en una montaña que se pudiera ver desde las cuatro esquinas de la Tierra.

La matanza en París el viernes, 13 permitió al ISIS pintar su nombre en la montaña y que lo vieran desde las cuatro esquinas del planeta. Pero no está ganando -nunca podría, en realidad-, sino que está perdiendo. Así lo atestiguan sus retrocesos en los territorios que controlaba, al igual que la rápida y eficaz acción policial en Francia y Bélgica. El ISIS se ha crecido en el caos de la guerra siria, pero no ha mostrado una particular inteligencia estratégica, como expone este indispensable artículo. Ha salido adelante contra todo pronóstico, creándose todos los enemigos posibles. El problema es que todos sus enemigos en la zona han tenido otras prioridades antes que acabar con el ISIS. Y ese problema aún no se ha resuelto.

La Unión Europea debe cerrar las brechas abiertas en su seguridad
Editorial La Razon  20 Noviembre 2015

La peripecia criminal de Abdelhamid Abaaoud, de 28 años, muerto el pasado miércoles durante el asalto policial a su escondite parisino en Saint Denis, ha puesto trágicamente de relieve graves insuficiencias en la coordinación entre las distintas policías europeas, especialmente en lo que se refiere al control de las fronteras exteriores, que es, sin embargo, una de las condiciones fundamentales establecidas en el Tratado de Schengen. En efecto, el terrorista belga, aunque marroquí de origen, pudo desplazarse a lo largo de dos años por Europa sin ser interceptado, pese a que había realizado, que sepamos, dos viajes fuera de la zona Schengen. Por si no bastara, Abaaoud, que pertenecía a una familia acomodada del barrio bruselense de Molenbeek sin vinculaciones con el islamismo radical, se había hecho un personaje conocido en las redes sociales desde que, en marzo de 2014, se dejó filmar cerca de la ciudad siria de Raqqa arrastrando con su furgoneta los cadáveres de varios soldados de Al Asad asesinados.

Tras esta aparición «estelar», Abaaoud se prodigó en los canales de YoTube islamistas haciendo propaganda del Estado Islámico y amenazando con llevar la yihad hasta el corazón de Europa. Prontamente identificado por las autoridades belgas, su nombre figuraba en los ficheros de Europol y era objeto de una orden de detención comunitaria desde julio de 2015, cuando fue condenado en rebeldía por la Justicia belga a 20 años de prisión por captación de yihadistas. No era, pues, un terrorista que mantuviera un perfil bajo o que tratase de ocultar su identidad. Y, aun así, no fue detectado ni en su entrada por Grecia, procedente de Turquía, ni en las etapas que le llevaron a París, previo paso por Holanda y Bélgica.

La primera noticia que tuvieron las Fuerzas de Seguridad francesa del retorno de Abaaoud, a quien ya se consideraba el «cerebro» de los atentados islamistas cometidos en su territorio, fue tras la matanza parisina del pasado viernes. Sin duda, de los errores se pueden extraer lecciones provechosas, pero a condición de asumirlos. Con honrosas excepciones, como es el caso de España, cuyas Fuerzas de Seguridad llevan a cabo una permanente investigación de las redes islamistas, de los individuos sospechosos de radicalización, de sus métodos y lugares de captación –ya sea en las cárceles, en los centros de ocio o en el millar de mezquitas y oratorios repartidos por nuestro territorio–, y que, por último, pero no menos importante, mantienen estrechas relaciones con las autoridades de Marruecos y Argelia –labor a la que el actual ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, ha dado un gran impulso–, la mayor parte de los países europeos no han prestado a la amenaza yihadista la atención que merece.

Ni siquiera, por citar un ejemplo revelador, se ha conseguido que la Unión Europea apruebe los ficheros «PNR» para el control de pasajeros que ya aplican España, Italia y Reino Unido. Es imprescindible un gran acuerdo de seguridad comunitario que incluya la unificación de los ficheros policiales y su consulta automática, el refuerzo de las fronteras exteriores de la zona Schengen e intensificar el control de los flujos financieros que sostienen a los yihadistas. Sabemos que es una lucha difícil y que llegar al riesgo cero será materialmente imposible, pero la constancia en la prevención, más necesaria en aquellos países que albergan comunidades musulmanes numerosas, acabará por dar réditos.

La secesión de Cataluña vista desde París
Roberto L. Blanco Valdés La Voz  20 Noviembre 2015

De las muchas imágenes impresionantes que nos ha dejado la carnicería terrorista de París no es de las menos destacables la de aquella multitud que, el propio viernes por la noche, y tras escuchar varias explosiones, salió en perfecto orden del Estadio de Francia, codo con codo, en una demostración admirable de civismo, que se expresaba en un himno, La marsellesa, cantado con el sentimiento compartido de quienes se sienten orgullosos de formar una comunidad de ciudadanos.

De hecho, la terrible noticia de los atentados de París, que, como no podía ser del otra manera, sacó en España del primer plano informativo el disparate incívico e insolidario de la secesión de Cataluña, ofrece para esa locura antidemocrática e ilegal con la que llevamos años obligados a vivir, dos lecciones que no debieran caer en saco roto.

La primera se relaciona con el admirable y emocionante gesto colectivo de una sociedad y una clase política que reaccionan con libertad, igualdad y fraternidad, por encima de sus muchas diferencias, frente al pistolerismo terrorista de unos fanáticos que siguen las directrices de un seudoestado medieval y criminal. Ese montón de ciudadanos entonando en un estadio el himno de la República francesa para conjurar el miedo y el dolor y, haciendo lo propio, el conjunto de la Asamblea Nacional reunida en el palacio de Versalles (¡en Versalles!) dan a los españoles una auténtica lección, que contrasta tanto con el cainismo de un país, que en similares circunstancias reaccionó con un duelo a garrotazos, como con esta nación deslavazada que impide hablar en España de una verdadera comunidad digna de tal nombre. Llevamos tanto tiempo fomentando lo que nos enfrenta y nos divide, y maltratando aquello que nos une, que hemos olvidado quiénes somos y dónde deberíamos estar.

Pero el dolor de París, que es el de la civilización frente a la barbarie terrorista, pone también en su sitio -el del dislate más absurdo- la pretensión de hacer de Cataluña un Estado cuando el avance de la globalización y de la consecuente integración económica y política es ya imparable. La República francesa ha conseguido de inmediato el apoyo de la UE para formar una coalición contra el Estado Islámico sin la cual será imposible combatirlo. Y así, mientras las autoridades galas piensan a lo grande, las de Cataluña, si así puede llamársele a quienes por haberse puesto fuera de la ley han perdido toda autoridad, lo hacen a lo cutre y en pequeño, tratando de engañar a millones de ciudadanos con el cuento de que les irá mejor siendo nada en el concierto político mundial que formando parte de uno de los 20 Estados más desarrollados del planeta.

Sí, es verdad, estos días hemos sentido compasión por Francia y los franceses, pero también la sana envidia hacia un Estado que se siente una nación y una nación que es un Estado.

La mayoría no tiene por qué tener razón

Amando de Miguel Libertad Digital  20 Noviembre 2015

Circula un argumento bien tonto para oponerse a la secesión de Cataluña: "Total, solo la quieren el 48% de los catalanes". ¿Les parece poco? Bien es verdad que no llegan al 80%, como ha sucedido en el caso de las independencias de otros Estados contemporáneos. Pero un 48% da que pensar. ¿Y si se alcanzara el 51%? No parece imposible.

El argumento estadístico no convence. ¿Y si el 51% de mi pueblo quisiera dejar de ser de la Comunidad de Madrid y pasar a la de Castilla y León? ¿Y si el mismo porcentaje se aplicara a tantas unidades territoriales? Por lo menos tendríamos asegurada una constante inestabilidad.

El artilugio de confiar en la mayoría vale solo como un artificio para acceder al poder o conservarlo. No es porque la mayoría tenga razón, sino porque acordamos que una regla tan sencilla facilita la vida, evita conflictos.

Otro falso juego de porcentajes es el del Gobierno que se forma con la unión de pequeños partidos. En realidad han perdido las elecciones, pero, si se coaligan, pueden sumar más votos (o escaños) que los recibidos por el partido más votado. No es una especulación. Acaba de suceder en Portugal. Cuando las barbas de tu vecino… No estaría mal que nos lo planteáramos para el caso de las próximas elecciones españolas. Es evidente que ningún partido va a sacar el 51% de los escaños. Pero entonces ¿podrían gobernar legítimamente dos o tres partidos minoritarios coaligados? Aritméticamente podría ser, pero significaría una burla a la democracia y a los votantes. Yo voto a un partido para que gobierne si puede, no para que se alíe con otro partido al que no quiero votar. En el supuesto que digo se obtendría un Gobierno con una mayoría, pero no tiene por qué aspirar a la razón democrática. Lo lógico es que dos o tres partidos coaligados no se entiendan, una vez que empiecen a gobernar. O que el resultado sea un maremágnum, como hemos visto en algunos consistorios municipales que han seguido la misma trampa aritmética.

Seamos sinceros. Lo que pretenden los dirigentes de los partidos dispuestos a coaligarse para gobernar no es la salud del pueblo, sino su propio medro. Se les nota demasiado que todo lo que hacen va en la dirección de llegar al poder, "asaltarlo", como dijo alguno más irresponsable. Mi consejo es que deberían disimular un poco las apetencias (legítimas, claro) de mandar. Me resulta sospechoso que haya tantas vocaciones para candidatos, para estar en las listas, cuando la carrera política dicen que es tan poco agradecida. Algo tendrá para que despierte tanta avidez. Y es que, aunque un candidato no sea del partido que gobierna o vaya a gobernar, ya ha entrado en el club, ya es un privilegiado. Eso es lo que cuenta. ¡Ah, la vanidad! Se dice en el Antiguo Testamento.

Contacte con Amando de Miguel fontenebro@msn.com

Sin tolerancia, conflicto permanente
Juan Ramón Rallo www.vozpopuli.com  20 Noviembre 2015

Apuntaba Ludwig von Mises en su libro Liberalismo que "sólo la tolerancia puede crear y mantener la paz social, sin la cual la humanidad recaería en la barbarie y en la penuria de los siglos pasados". La reflexión resulta tremendamente apropiada para un contexto como el actual, en el que los ataques terroristas a París han ido en muchas ocasiones acompañados de un llamamiento general a la intolerancia: intolerancia hacia el islam, intolerancia hacia la inmigración o intolerancia hacia los movimientos pacifistas. En parte, se trata de un esperable instinto gregario propio de todas las guerras entre grupos: o conmigo o contra mí; o me defiendes o me atacas; o eres de los míos o eres de los otros.

Sin embargo, para muchos, y en contra de lo que señala Mises, tal apología de la intolerancia no supone problema alguno. Al revés, su argumento es que la intolerancia resulta imprescindible para que la sociedad siga siendo libre: no se puede ser tolerante con los intolerantes o éstos destruirán la sociedad abierta dentro de la cual la tolerancia cobra sentido. Fue Karl Popper quien mejor resumió esta "paradoja de la intolerancia":

La tolerancia ilimitada debe conducir a la desaparición de la tolerancia. Si extendemos la tolerancia ilimitada aún a aquellos que son intolerantes; si no nos hallamos preparados para defender una sociedad tolerante contra las tropelías de los intolerantes, el resultado será la destrucción de los tolerantes y, junto como ellos, de la tolerancia (…) Deberemos reclamar entonces, en nombre de la tolerancia, el derecho a no tolerar a los intolerantes. Deberemos exigir que todo movimiento que predique la intolerancia quede al margen de la ley y que se considere criminal cualquier incitación a la intolerancia y a la persecución, de la misma manera que en el caso de la incitación al homicidio, al secuestro o al tráfico de esclavos.

La conclusión es obvia: si el islam es intolerante, tendremos que ser intolerantes con el islam y con todos sus aliados ideológicos que predican tolerancia hacia estos intolerantes. La tolerancia exige la intolerancia y determinadas formas de tolerancia son, en realidad, caballos de Troya de la intolerancia. Pero, ¿de verdad la tolerancia exige intolerancia?

Dos versiones de la tolerancia
Parte de mis problemas con la paradoja de la tolerancia —y con su aplicación a la situación actual— es que mezcla peligrosamente dos significados de tolerancia. Llamemos tolerancia estricta a la coexistencia pacífica: al reconocimiento del prójimo como sujeto con derecho a desplegar sus propios proyectos vitales y a actuar de acuerdo a sus propios valores morales. Llamemos tolerancia amplia al respeto intelectual hacia los proyectos vitales y los valores morales del prójimo aún cuando no coincidan con los propios.

La tolerancia estricta no requiere aceptar como válidos o positivos otros modos de vida: únicamente exige reconocer el derecho a existir de esos otros modos de vida. La tolerancia amplia, en cambio, sí supone aceptar, e incluso ver como positiva, la multiplicidad y diversidad de formas de vida, entendiendo que no todos los seres humanos se autorrealizan del mismo modo. A partir de aquí, podemos replantear la paradoja de la tolerancia: cuando decimos que no debemos ser tolerantes con los intolerantes, ¿qué queremos expresar realmente?

En principio, caben cuatro posibilidades: debemos exhibir intolerancia estricta hacia los intolerantes estrictos; debemos exhibir intolerancia estricta hacia los intolerantes amplios; debemos exhibir tolerancia amplia hacia los intolerantes estrictos; o debemos exhibir intolerancia amplia hacia los intolerantes amplios. ¿A cuál de todas estas posibles combinaciones se refiere la paradoja de la tolerancia?

Primero, una sociedad puede conservar perfectamente su libertad mostrando tolerancia estricta hacia la intolerancia amplia: que una persona crea que el islamismo es superior al cristianismo o que el cristianismo es superior al islamismo no atenta por ir contra las bases de la convivencia y, por tanto, no hay motivo para negarle derechos básicos. Es más, pretender imponer la tolerancia amplia a todos sus ciudadanos (esto es, mostrar intolerancia estricta hacia la intolerancia amplia) supone un claro ataque a la propia sociedad libre. Cuestión distinta es combatir intelectualmente la tolerancia amplia (es decir, mostrar intolerancia amplia hacia quienes exhiben intolerancia amplia): en determinados contextos, la convivencia sí puede requerir promover la tolerancia amplia (esto es, contribuir a que la gente amplíe su visión de los términos aceptables para una buena vida).

Segundo, una sociedad libre no debería mostrar tolerancia amplia hacia la intolerancia estricta: claramente la promoción de la intolerancia estricta (apología de la violencia) socava las bases de la convivencia y, por tanto, debe ser combatida intelectualmente. Por tanto, sí debemos mostrar intolerancia intelectual hacia quienes rechacen las bases jurídicas mínimas de una sociedad (pero intolerancia intelectual no equivale a socavar los derechos de quienes, siendo intolerantes, respetan los derechos ajenos).

Tercero: probablemente la cuestión verdaderamente controvertida es si una sociedad debe mostrar tolerancia estricta hacia quienes exhiben intolerancia estricta. En principio, parecería lógico exigir una cierta bilateralidad en la tolerancia: ¿cómo reconocer como sujeto de derechos a quién no me reconoce a mí como tal? Sin embargo, dado que existe una cierta indeterminación acerca de cuál es el núcleo duro e irreductible de los derechos de una persona —dado que, en suma, para alcanzar un cierto consenso sobre cuáles son los derechos básicos se necesita de un cierto debate y reflexión donde se contrapongan hipótesis distintas— tampoco deberíamos excluir inmediatamente de la sociedad a aquellas personas que juzgamos intolerantes estrictos. Por ejemplo, un comunista no reconoce el derecho a la propiedad privada y, por tanto, niega derechos esenciales a las personas: pero mientras mantenga tales valores antisociales en un plano meramente intelectual —en lugar de tomar las armas y empezar a saquear a los ciudadanos— no hay motivo alguno para no respetar sus libertades básicas (es decir, aquí no correspondería exhibir intolerancia estricta contra un intolerante estricto). Por consiguiente, la convivencia parece exigir un cierto grado de tolerancia estricta hacia quienes percibamos como intolerantes estrictos.

En resumen, la paradoja de la tolerancia popperiana no debería erigirse en una excusa para atacar las libertades básicas de quienes mantengan visiones del mundo que podamos considerar intolerantes en sentido amplio (por ejemplo, musulmanes que menosprecien las creencias de los cristianos o cristianos que menosprecien las creencias de los musulmanes). Evidentemente, ninguna sociedad libre puede tolerar comportamientos que directamente atenten contra los derechos esenciales de las personas, pues ello destruye las bases de la convivencia; pero dentro de este respeto esencial a los derechos nucleares de las personas, deberíamos tolerar estrictamente la mayor cantidad de comportamientos posibles, incluso la defensa intelectual de visiones del mundo con un núcleo de libertades más restringidas que el actual.

Sin tolerancia: conflicto permanente
Una sociedad no asentada sobre la tolerancia estricta hacia la mayoría de comportamientos individuales sólo puede degenerar en un conflicto permanente entre las diversas facciones que la componen: si nos creemos legitimados para atentar contra los derechos ajenos por percibir que sus valores son incompatibles con una sociedad libre, inevitablemente estaremos alimentando una reacción defensiva e incluso una escalada en el desprecio hacia nuestros propios derechos. Si dos colectivos dejan de respetarse entre sí, si ambos terminan negándose el derecho a la existencia recíproca, si ambos rechazan su coexistencia, entonces la sociedad se desgarrará y sólo dos escenarios serán posibles: o el conflicto permanente entre sus miembros (la barbarie) o la segregación de ambos colectivos en dos sociedades separadas, cerradas e internamente homogéneas. Es decir, la sociedad abierta, pluralista y cosmopolita desaparecería.

Pero tampoco pensemos que las sociedades cerradas, homogéneas y autárquicas, donde todos los individuos persiguen fines similares y mantienen valores análogos, constituyen una garantía para la paz, ya que esas sociedades tenderán a mostrarse intolerantes hacia otras sociedades extranjeras con valores distintos a los suyos: si dos grupos heterogéneos no pueden coexistir dentro de una misma sociedad, dos sociedades heterogéneas e intolerantes tampoco podrán coexistir en el ámbito internacional. El resultado de equilibrio sólo podrá ser el de la dominación y subyugación de un grupo sobre otro (con la consiguiente resistencia de este otro). Por eso, acaso los regímenes totalitarios que purguen a una parte de la sociedad podrán aparentar ser muy seguros internamente, pero estarán expuestos a una cruzada permanente contra grupos extranjeros. La única forma de convivir, por tanto, es tolerar y defender la tolerancia.

No hay alternativa realista a la sociedad pluralista y tolerante
En nuestro caso, además, no existe una alternativa realista a las sociedades pluralistas y tolerantes. Quizá la hubo hace décadas, pero desde luego la globalización de personas, capitales y mercancías ha terminado convirtiendo en irrecuperables arcaísmos a las sociedades étnica y culturalmente homogéneas y autárquicas. Tal como ha señalado el activista de la Primavera Árabe Iyad El-Baghdadi: "En la actualidad, nuestro mundo está mezclado de un modo que resulta imposible de separar. Y aunque lo separáramos, no lograríamos la paz, sino el resentimiento".

La paz perdurable, pues, solo podrá cimentarse o en la tolerancia estricta hacia los demás o en la aniquilación absoluta de aquellos a quienes no toleramos —y quienes, por motivos obvios, tampoco podrán tolerarnos a nosotros—. Si, al socaire del frentismo militar, espoleamos los más bajos instintos de la intolerancia social, no estaremos construyendo un futuro más pacífico, sino uno más conflictivo. Cuanto antes entendamos que la aldea global es irreversible, que por mucho que cerremos las fronteras y tratemos de enclaustrarnos en guetos monoculturales, no tenemos otro remedio que convivir en un mundo interdependiente, antes asumiremos que la piedra angular de esa convivencia sólo puede ser la tolerancia hacia aquel con quien no compartimos prácticamente nada.

Con lo anterior no quiero decir que una sociedad pluralista no pueda defenderse militarmente de quienes la atacan. Tal como afirmaba más arriba, una sociedad debe ser estrictamente intolerante con aquellos comportamientos que atacan los derechos más esenciales de las personas: pluralismo y tolerancia no son sinónimos de resistencia pacífica y de martirio. Ahora bien, lo anterior sí significa que no deberíamos extender los sentimientos de intolerancia que inicialmente se focalizan en los criminales hacia personas inocentes que compartan algunas características con esos criminales (de "debemos capturar a los terroristas yihadistas” a “debemos expulsar o controlar a todo los musulmanes"). Los únicos cuyas libertades básicas pueden ser restringidas son los criminales y sus cómplices, no aquellos que pensemos que alguna vez podrían convertirse en criminales.

Tal vez promover el odio hacia ciertos colectivos constituya a corto plazo un mecanismo eficaz para aumentar la seguridad de una parte de la sociedad a costa de conculcar la libertad de los individuos que conforman esos colectivos. Si, por ejemplo, queremos combatir el terrorismo yihadista, encarcelar a todos los musulmanes en suelo francés a buen seguro reduciría el número de atentados yihadistas dentro de Francia. Pero, aparte del inaceptable cercenamiento de libertades que ello supondría, semejante política sólo contribuiría a cebar el resentimiento hacia nuestras sociedades falsamente tolerantes y abiertas: si somos nosotros quienes nos negamos a convivir salvo si los demás se someten a nosotros, en efecto terminaremos haciendo imposible esa convivencia.

Puede que a corto plazo debamos derrotar por la fuerza a los criminales que nos atacan y amenazan, pero a largo plazo no será la fuerza sino la promoción de los valores liberales —de la tolerancia— lo único que nos permitirá sentar las bases de una convivencia pacífica perdurable. Del mismo modo que la tolerancia religiosa terminó enterrando el hacha de guerra dentro de las sociedades cristianas, sólo la tolerancia nos ofrece, como decía, la posibilidad —que no la garantía— de una convivencia global.

La guerra que va ganando el yihadismo
Antonio Robles Libertad Digital  20 Noviembre 2015

Si hay un propósito fundador en los despropósitos del integrismo islámico desde Al Qaeda a ISIS es la destrucción de los valores occidentales; se manifiesten estos en Occidente o en los propios países musulmanes. Es la incompatibilidad entre teocracia y Estado de Derecho, entre libertad de pensamiento y dogmatismo, entre sumisión a los principios categóricos religiosos y el origen convencional de las leyes democráticas, entre la sumisión de la mujer y el respeto a la igualdad entre todos los seres humanos. En una palabra, entre Ilustración y creencia.

Y ese propósito premoderno (no confundir, querido Pepe, consecuencias o medios con origen intelectual y fines) lo están imponiendo con el arma más antigua de la humanidad, la violencia y el terror. El asesinato en su forma más cruel.

Pero no son peligrosos por ser asesinos, son peligrosos por la naturaleza irracional de sus acciones. No son peligrosos por la crueldad de sus crímenes, son peligrosos por ignorar el instinto de supervivencia, el recurso más eficaz contra la destrucción de la especie. Son peligrosos porque no temen morir, y ante alguien que no teme morir, que hace de la propia muerte un instrumento de muerte, todas las leyes, fuerzas y amenazas pierden su capacidad de disuasión. En el reino animal, el despliegue de fuerza o el correctivo pedagógico suelen resolver la mayoría de los conflictos. Por eso son menos sangrientos que los humanos en la demarcación de su territorio vital o sexual.

El terror que despiertan sus actos en Europa se debe a ese desprecio por la propia vida. Ante él nadie se siente a salvo, ni siquiera los más fuertes. Hasta ahora, el miedo, el peligro, la inseguridad, el derecho de propiedad se solventaban con instrumentos de fuerza capaces de disuadir al delincuente, al violador, al terrorista, al revolucionario, al ejército enemigo, etc. Nada se puede oponer al desprecio del instinto de supervivencia. Si el terrorista no teme morir, la facilidad para llevar a cabo una acción criminal aumenta exponencialmente con el deseo de inmolarse.

Contra el terror que produce esa sensación de estar desnudos ante la voluntad del mal, en cualquier lugar, en cualquier momento, sólo queda su neutralización absoluta. Es decir, desplegar toda la fuerza disponible, libres de las reglas que garantizan derechos incluso al delincuente. Y ahí empieza un grave problema para nuestros valores occidentales, para las garantías del Estado de Derecho. De momento, estos criminales ya han ganado la primera batalla de la guerra, obligarnos a limitar el Estado de Derecho para salvar el Estado de Derecho. Es decir, cuestionar los límites de la libertad para garantizarla. Y eso, ¿no es uno de sus primeros objetivos? ¿Acabar con la libertad o, en su defecto, limitarla?

Hemos perdido la primera batalla desde que el 11 de septiembre del 2001 convirtieron nuestros aeropuertos, nuestros trenes, nuestros estadios, nuestras calles, etc. en fronteras para la sociedad civil. Una ingente cantidad de recursos humanos y económicos para controlar a una minoría, que incomoda y criminaliza a una mayoría. Con los atentados de París, las molestias se ampliarán exponencialmente al aumento irracional de sus acciones. Ya lo estamos comprobando: desalojo del aeropuerto de Copenhague, desvío de vuelos Nueva York-París, anulación de partidos de fútbol…

Otro batalla ganada por el terrorismo islámico. Nos hace rehenes en nuestra propias ciudades, en nuestros espacios de recreo, en nuestros medios de comunicación y en nuestra intimidad. Porque nadie debe llamarse a engaño, una mayor seguridad contra una guerra de fantasmas implica menor intimidad. Una tercera batalla perdida, el mejor terreno abonado para que germine el racismo y el todo vale contra el mal. Nos van ganando; esta es su guerra y estos son sus métodos.

EEUU, Rusia, China, Europa. Juntos. El espíritu de los aliados por encima de intereses e ideologías. O la humanidad o el cielo. Es la humanidad la que está en cuestión.

P.D. Destruyen joyas de siglos, degüellan como salvajes y eso amplifica una fuerza mayor de la que tienen. Si la tuvieran realmente, nuestras ciudades serían pasto de la guerra química, bacteriológica, nuclear... Es un respiro, pero también la advertencia definitiva para acabar con ellos antes de que la obtengan.

Votos y botas
Eduardo Goligorsky Libertad Digital  20 Noviembre 2015

El hecho de que un general que ha solicitado el retiro voluntario figure como candidato a diputado en las listas de un partido político no debería causar extrañeza ni, menos aun, alarma. Se trata de unos comicios ceñidos a los preceptos constitucionales y a la normalidad democrática y el partido que lo postula cumple, por ahora, con las normas legales. Hasta este punto todo está en orden. Y, sin embargo, la novedad ha provocado revuelo y suspicacias. Tampoco esta reacción es desdeñable y conviene ir a sus causas para despejar equívocos.

Algo chirría
A primera vista, parece contradictorio que un partido que inicialmente se presentó como revolucionario y hostil a todos los pilares del Estado capitalista se haga representar en el Congreso por quien, hasta ayer nomás, comandó -se supone que sin traicionar sus convicciones- uno de esos pilares: las Fuerzas Armadas. Fuerzas Armadas que además forman parte, en virtud de tratados internacionales, del sistema de defensa de este Occidente que el partido en cuestión cataloga como uno de sus demonios. Algo chirría.

Podemos, el partido que ha captado al general José Julio Rodríguez Fernández, ha exhibido, en el curso de su breve trayectoria, tantas caras como ciudadanos aspiraba a seducir. Pero quien vaya a las fuentes -y sería insólito que este candidato culto y riguroso no lo haya hecho- descubrirá inmediatamente cuáles son las caras auténticas y cuáles las caretas. Y Pablo Iglesias ha dejado explícito su proyecto en el artículo "Understanding Podemos" (Entendiendo Podemos) que publicó la revista de ultraizquierda New Left Review, nº 93, mayo-junio 2015. En él, después de describir la evolución y fracaso de los distintos modelos comunistas que habían sido sus referentes, Iglesias dictamina:

Desde el 2011 empezamos a hablar de la "latinoamericanización" del Sur de Europa como apertura a una nueva estructura de oportunidades políticas.

Lo que ya se sabía, escrito ahora negro sobre blanco para que quien quiera entender Podemos lo entienda: el modelo es el chavismo. O mejor dicho, la incorporación de los militares a la revolución con los intelectuales populistas como ideólogos de cabecera.

Trayectoria sinuosa
En verdad, los podemitas, que, como confiesa Iglesias en el citado artículo, son discípulos del profeta argentino Ernesto Laclau, no han descubierto la pólvora. Los militares han desempeñado un papel sobresaliente en la implantación de regímenes totalitarios de derecha e izquierda en muchos países de América Latina, recitando siempre consignas nacionalistas y antieuropeas mientras se hacían asesorar por ideólogos que importaban de Europa los detritos del fascismo y el comunismo.

Ya en 1924, animado por los ramalazos que llegaban de Rusia, el capitán Luis Carlos Prestes y la columna que llevaba su nombre recorrieron durante dos años el territorio de Brasil enarbolando la bandera de la revolución. Fracasaron, pero en 1935 Prestes fundó la Alianza Nacional Libertadora para sublevarse contra el presidente Getulio Vargas. El escritor entonces comunista Jorge Amado noveló su vida con el título de El Caballero de la Esperanza.

Es superfluo recordar la trayectoria sinuosa del coronel y más tarde general Juan Domingo Perón, que inició su carrera política en 1943 rodeado de nazionalistas con zeta, simuló liderar el anticapitalismo y el antiimperialismo, fundó una cleptocracia que aún perdura, recuperó el poder encaramado sobre los cadáveres de guerrilleros castristas que habían estado a su servicio y no le tembló el pulso cuando ordenó asesinar a los sobrevivientes. En todo momento lo acompañó un séquito de teóricos de todas las ramas del populismo totalitario, desde el nacionalcatolicismo hasta el trotskismo.

Gran esperanza blanca
Es significativo comprobar que muchos de los militares que dejaron su impronta en el populismo latinoamericano empezaron a simpatizar con el marxismo mientras estudiaban en las escuelas de guerra antisubversiva o mientras lo combatían con las armas en la mano. En la década de los 60, la gran esperanza blanca de la izquierda argentina fue el general Carlos Jorge Rosas, discípulo de los más encarnizados represores franceses de la guerra de Argelia y convertido, por efecto bumerán, en adalid de la corriente revolucionaria entonces denominada naserista. Murió víctima de las secuelas de un sospechoso accidente de automóvil.

En Perú, el general Juan Velasco Alvarado, que se había curtido luchando contra la guerrilla de Sendero Luminoso en la selva peruana, derribó al Gobierno civil democrático de Fernando Belaúnde Terry mediante un golpe de Estado e implantó una dictadura estatizante y antiestadounidense, afín a Cuba y la Unión Soviética, que duró siete años, desde 1968 hasta 1975, cuando lo destituyó otro golpe militar.

También en 1968, en Argentina, el general Jorge Raúl Carcagno sofocó con mano de hierro una revuelta de obreros y estudiantes movilizados por la extrema izquierda (el Cordobazo), pero en 1983, ascendido a jefe del Ejército, organizó un operativo en el que los militares confraternizaban con los guerrilleros Montoneros para realizar trabajos sociales en la provincia de Buenos Aires. Fue otra esperanza blanca para el populismo que se frustró cuando Perón regresó acompañado por los sicarios de la Triple A.

Siempre en Argentina, los militares carapintadas que se alzaron contra el presidente Raúl Alfonsín en 1966 para rescatar a sus camaradas presos por delitos de lesa humanidad encontraron simpatizantes en la izquierda desnortada que pretendieron sumarlos a una alianza con el Partido Comunista prosoviético. El intermediario fue el polígrafo Norberto Ceresole, peligroso intrigante de la peor especie que transitó por la guerrilla trotskista y terminó conchabado al servicio de Hugo Chávez, de los ayatolás iraníes y de la internacional negacionista del Holocausto.

Táctica artera
Sobran pruebas de que no sólo no existe incompatibilidad entre algunos sectores de las Fuerzas Armadas y el populismo, sino que además pueden reforzarse mutuamente. El populismo lleva en sus genes la búsqueda de instrumentos para la conquista del poder y, dada su condición casi siempre minoritaria, tiene la precaución de complementar los votos con las botas. Y, en el caso que nos ocupa, lo que está en entredicho no es la conducta del general José Julio Rodríguez, sino la táctica artera empleada por los podemitas para debilitar los pilares de la sociedad abierta que, como se lee en la New Left Review, ambicionan destruir. En este contexto sí preocupa, con la vista puesta en la masacre yihadista de París, que el general Rodríguez Fernández haya dicho, antes de este atentado pero después de muchos otros perpetrados contra la civilización occidental (LV, 8/11):

La mayoría de los problemas de seguridad de nuestros días no tienen una solución militar. (…) Es lógico que los militares, al saber el desastre que implica el uso del último recurso que son las armas, seamos todos pacifistas. Yo, al menos, así me lo considero en ese sentido.

Lo cual, efectivamente, lo convierte en el candidato ideal para el partido totalitario de Pablo Iglesias, que se niega a firmar el pacto antiyihadista junto a las fuerzas políticas democráticas.

Informa el gurú Enric Juliana, experto catador de lo que se cuece entre las bambalinas de la alta política (LV, 8/11):

El partido del círculo morado lleva meses de contacto con círculos militares.

Olvidemos las leyendas sobre la postura antimilitarista de la élite radical. El apóstol Hugo Chávez es el mejor ejemplo de que esta no hace ascos a las botas cuando le faltan votos.

Los 40 años de Franco vistos 40 años después
Fernando Paz  www.gaceta.es 20 Noviembre 2015

A tantos años de la muerte de Francisco Franco como los que el general estuvo al frente de los destinos de España, debería poderse trazar un balance de aquella época histórica desde la serenidad y el análisis.

No negaremos que algo ha cambiado en torno a la figura de Franco. Hoy, se editan libros y análisis que se atreven a discutir los dogmas impuestos durante tres décadas, algo que hace apenas quince años nadie se atrevía a publicar. Se ha abierto una fisura en el frente monolítico de la condena ontológica al franquismo. Cierto.

Creo, sin embargo, que la figura de Francisco Franco y el régimen del 18 de Julio no se podrán analizar adecuadamente hasta que no transcurra más tiempo, mucho más tiempo; hasta que no se decanten los prejuicios de nuestra época; hasta que no se reinstale un anhelo de verdad, hoy completamente ausente y sacrificado al discurso ideológico de los ingenieros sociales; hasta que los beneficiarios de una supuesta –las más de las veces– oposición a tal régimen no dejen de justificarse, a sí mismos y a sus sinecuras, precisamente en virtud de tales méritos.

Es por eso difícil que se tome la distancia adecuada –aquella que reclamaba Ortega para hacer historia; desde donde no se distinga la nariz de Cleopatra- en nuestro tiempo. Y es por eso difícil que seamos capaces de aceptar que el franquismo fue, de entrada, dos cosas: primero, la rectificación de un cierto pesimismo histórico imputable, al menos, a los anteriores ciento cincuenta años de nuestra historia; y de otro lado, el emprendimiento de un camino de transformación del propio país como jamás ha visto, y difícilmente verá, nuestra historia.

El franquismo fue el tiempo en que la sociedad española experimentó las más profundas mutaciones sociales, económicas y políticas de nuestra historia. Lo que el régimen llevó a cabo fue la transformación de una España cuasi neolítica en un país plenamente inserto en la modernidad, con todos los matices que se quieran, asimilado a su entorno geográfico-cultural. Los fenómenos vividos en la España del fin de siglo y comienzos del XXI le deben su génesis –y, por tanto, la posibilidad de haberse producido- a esa gigantesca transformación.

España dejó de ser una sociedad rural, y solo eso ya basta para llenar las realizaciones de un siglo. Pero no fue solo eso: se erradicó de facto el analfabetismo, se disparó la renta per cápita, el consumo de carne, el nivel de vida; las grandes injusticias sociales fueron eficazmente combatidas, el crecimiento económico alcanzó el tercer puesto en el mundo, con cifras en torno al 8% anual para los años centrales de los sesenta; se convirtió al país en la novena potencia industrial del mundo, se desarrollaron planes para suplir las graves carencias impuestas por la meteorología, las condiciones sanitarias dieron un vuelco espectacular (la mortalidad general se redujo a la mitad) mediante una impresionante red de ambulatorios que se extendió por todo el territorio nacional, y frente –no podía ser de otra manera- a la feroz resistencia de las farmacéuticas se levantó la Seguridad Social, sólida garantía para todos los españoles, pero especialmente para los más necesitados. Fue objetivo primordial el procurar trabajo –de forma activa, desde las instituciones gubernamentales– o crear las condiciones favorables para que la inmensa mayoría de la población española accediera a un empleo que le permitiese ganarse dignamente la vida.

Todo ello, en el marco de una paz social y de una creciente sensación de bienestar, cimentada en los seguros sociales y en el crecimiento económico, completamente ausentes, por su amplitud, hasta la fecha. La consecuencia más elocuente de todo ello –una suerte de mixtura entre las ventajas objetivas obtenidas por la población, la sensación de bienestar y confianza y esa ilusión por la existencia que se generó en aquellos años– fue el casi increíble aumento de la esperanza de vida, que pasó de los 50 años en 1940 a los 73 en 1975. Más elevado que el de los Estados Unidos. La mortalidad infantil, que había constituido una verdadera calamidad consuetudinaria, alcanzó, en 1975, unas cifras más bajas que las de Alemania Occidental, quedando en menos de una décima parte de las que el régimen encontró en 1940.

Aún a riesgo de resultar tediosos, es inevitable recurrir a los datos, que hablan más alto que los prejuicios: sólo en cuanto a embalses, durante el franquismo se realizaron 515 nuevas obras, cuando en toda la historia de España se habían efectuado menos de 200 construcciones. España se convirtió en el tercer país del mundo en este terreno, sumando un perímetro de 8.000 kilómetros de costas interiores (el total en kilómetros de las costas marítimas españolas es de menos de 4.000). La población rural pasó de constituir la mitad de la población española en 1940 a suponer apenas la quinta parte en 1975, mientras el sector servicios casi se duplicaba, hasta alcanzar el 40% del total de la actividad económica nacional. La magnitud de las cifras en cuanto al aumento de la renta per cápita deja sin aliento: de los 131 dólares de 1940 a los 2.088 en 1975. La participación de las rentas del trabajo en el total nacional asciende al 60,5%. El analfabetismo decae del casi 30% de 1940 a cifras residuales en 1975, mientras roza el 18% el número de estudiantes sobre el total de la población (los universitarios pasan del 1.5% al 7%).

Un dato especialmente significativo, que desmiente palmariamente el pretendidamente esencial carácter represivo del régimen, es el de la población reclusa: mientras que en vísperas de la Guerra Civil, la cifra de presos era de 32.000, en 1975 la misma se situaba en apenas 9.000 (pese al significativo aumento de población acontecido durante el franquismo). Para el año 2013, el número de reclusos superaba los 70.000 (que, si bien hay que relativizar igualmente por el aumento de población, no podemos dejar de reseñar que la laxitud de las leyes incide en sentido contrario, lo que proporciona una panorámica bastante gráfica del diferente nivel moral de la población española en uno y otro tiempo).

Hay algunas otras cifras a las que raramente se recurre y que resultan, sin embargo, altamente significativas. Entre ellas, las cifras de suicidios, que son las más bajas de la historia desde que hay registros. Lo cual resulta tanto más significativo cuanto que pueden tomarse legítimamente como un referente no solo del grado de aprobación de la sociedad al régimen político, sino como muestra de la confianza en el futuro de los españoles.

En el terreno de las realizaciones sociales la labor fue, sencillamente, ingente. La mayor parte de las instituciones hoy presentes en la vida pública española proceden de aquella época: desde Radio Nacional hasta la ONCE, pasando por la Orquesta Nacional, el Instituto de España, la Agencia Efe, la Escuela Superior del Ejército, la RENFE, el INI, la Magistratura del Trabajo o el CSIC. Pero, entre todas ellas, por su especial significación hay que destacar la tarea realizada desde el Ministerio de la Vivienda.

Consecuencia de la gigantesca transformación, surge una clase media capaz de articular una nueva sociedad, que pasó a ser el sustrato constitutivo de la sociedad española, con lo que, como primera providencia, desaparecían las causas objetivas que impulsaban el enfrentamiento entre españoles. La clase media fue algo más que un colchón entre las clases trabajadoras y las propietarias, constituyéndose en la médula espinal de la propia sociedad española. En el proceso se democratizó verdaderamente la sociedad española, mediante el acceso de estos sectores, ya mayoritarios, al grueso de la riqueza nacional. El hecho cierto es que el grado de convergencia de España con la Europa de 1975 era casi de un 82%; hoy se encuentra apenas en un 72%.

Esa democratización económica trajo otros bienes de la mano, entre ellos la superación de una herencia psicológica que dividía el país entre explotados y explotadores, impidiendo a los primeros sentirse partícipes de la obra común en la historia que llamamos España, por lo que la gigantesca transformación operada vino a representar una especie de proceso nacionalizador de la población. Algo desconocido hasta la fecha por cuanto la verdadera revolución liberal, trenzada sobre el compromiso de la burguesía con las fórmulas políticas y económicas del liberalismo, había estado ausente de nuestra peripecia decimonónica.

La creación de la clase media trajo aparejada una auténtica revolución en los hábitos y en la mentalidad de la sociedad. Resulta llamativo que los verdaderos beneficiados de las políticas del gobierno fueran las parcialidades de la nación que se habían mostrado más adversos a la causa nacional. Basta con echar un vistazo a los niveles de renta de las provincias vascas, al desarrollo de Cataluña, al espectacular aumento del nivel de vida de la población trabajadora, a las deliberadas políticas puestas en marcha desde la dirección política que beneficiaron en grado sumo a la España industrial, a la España periférica, en detrimento de la España tradicional, que era la que se había levantado contra la república.

Paradójicamente, la España que se sublevó el 18 de julio fue literalmente triturada. Y lo fue hasta tal punto que, a la muerte del Generalísimo, bastó a unos timoratos y medradores políticos con vigilar al Ejército, pilar restante de la Victoria, para perder el miedo a las reformas; ni la sociedad, ni mucho menos la Iglesia, se identificaban ya más que, muy someramente, con los principios que habían impulsado a media sociedad –cuanto menos– a rebelarse en 1936 contra un estado de cosas insoportable. Hacía tiempo que el propio régimen había puesto sordina a determinados aspectos de su naturaleza, en provecho de un aggiornamiento modernizador y asimilador, también en lo político.

Todas estas consideraciones deberían bastar para demostrar cuál es el legado de Franco a la Historia de España. El de un régimen que hizo saltar al país de la carreta de bueyes al utilitario, del caserón de adobe al chalé en la sierra, que propició que los españoles aprendieran a leer, que les facilitó un inmenso aumento de bienestar material; un sistema que procuró orden, trabajo, vivienda, paz social, bienestar, seguridad y una vida más larga, próspera y digna de ser vivida.

A modo de resumen, si en España ha habido alguna revolución desde que Escipión holló con la suela de su sandalia la tierra ibérica, ésa es la que tuvo lugar durante el franquismo. Una revolución de dimensiones históricas. Una revolución que transformó España para siempre, sin posibilidad de vuelta atrás. Una revolución que, en el aspecto material, sumergió a España en la convergencia europea, mientras se resistía –y es materia para otro debate si tal cosa resultaba posible o no, a la postre– a abandonar los elementos definidores de su idiosincrasia tradicional. El salto, nada menos, desde una situación que, de no ser anacronismo, denominaríamos tercermundista hasta la inmersión en el vértigo de la modernidad.

Cuatro fallos de seguridad de la incubadora de yihadistas de la UE
Bélgica genera un gran número de terroristas y la mayoría de los implicados en París eran conocidos por sus servicios de inteligencia.
Juan Sanhermelando @jsanhermelando El Espanol  20 Noviembre 2015

“No acepto las críticas que tratan de denigrar a nuestros servicios de seguridad, que hacen un trabajo tenaz y eficaz”, ha dicho este jueves el primer ministro belga, Charles Michel, durante una comparecencia extraordinaria ante el Parlamento para presentar nuevas medidas contra el terrorismo yihadista. El Gobierno trata de defenderse de los ataques que le llegan desde Francia por los fallos, la ineficacia y la fragmentación de su sistema de lucha antiterrorista, que podrían haber facilitado los ataques de París. “Bélgica no está al nivel”, ha denunciado Alain Chouet, un antiguo jefe de los servicios de inteligencia galos.

Michel ha matizando al presidente francés, François Hollande, que sostiene que los atentados fueron “planificados en Siria, organizados en Bélgica y perpetrados en nuestro territorio con complicidades francesas”. En su lugar, el primer ministro belga ha precisado en su discurso que la masacre “se decidió en Siria y fue ejecutada por células franco-belgas”. Gracias a las fuerzas de seguridad belgas, “se han evitado atentados potencialmente trágicos en Saint-Denis” y en los últimos meses ha habido más de 160 condenas por terrorismo, ha alegado.

La policía belga ha realizado este jueves otras nueve detenciones relacionadas con los atentados de París y con uno de sus autores, Hadfi Bilal, uno de los kamikazes del Stade de France, que vivía en el barrio bruselense de Forest. Otros dos de los terroristas -el suicida de la sala Bataclan Ibrahim Abdeslam y su hermano, el huido Salah Abdeslam- residían en el barrio de Molenbeek, donde coincidieron con el supuesto cerebro de los atentados, el belga Abdelhamid Abaaoud, que según se ha confirmado, murió en la operación policial de este miércoles en Saint-Denis.

Los expertos consideran a Bélgica como la “incubadora” de yihadistas en Europa. Alrededor de 500 ciudadanos belgas han acudido a luchar a Siria e Irak junto al Estado Islámico, la tasa más alta de cualquier país de la UE proporcionalmente (en Alemania son 750 y en Alemania, 760). De los belgas que se desplazaron, 72 han muerto y otros 120 están dispuestos a volver, según dijo esta semana en un foro sobre terrorismo global celebrado en Madrid el analista belga Pieter Van Ostaeyen.

Como respuesta a los ataques de París, Bélgica encarcelará a los yihadistas que regresen de Siria, obligará a llevar brazaletes electrónicos a las personas que los servicios de inteligencia consideren de riesgo y expulsará a los imanes radicales. El plan de 18 medidas anunciado por el Gobierno incluye también 400 millones de euros extra para la seguridad, así como el despliegue de 520 militares.

Se modificará la Constitución para extender de 24 a 72 horas el plazo máximo de detención preventiva y se permitirá a la policía hacer redadas durante las 24 horas del día. Ahora está prohibido entre las 21:00 y las 5:00 horas salvo casos excepcionales. Repasamos cuatro fallos y problemas de los servicios de seguridad belgas.
Bélgica conocía a los atacantes

Tanto los hermanos Abdeslam como Bilal eran conocidos por los servicios de inteligencia belgas. Figuraban en una lista de 800 personas que han llamado la atención de las autoridades por su relación con los combatientes en Siria, según la revista MO. Ibrahim intentó huir a Siria pero sólo llegó a Turquía. La policía le interrogó a su regreso, a principios de 2015, y también a su hermano. Pero les dejó marchar por falta de pruebas de participación en actividades terroristas. La policía investigaba también a Bilal desde principios de 2015 por su huida a Siria.
No informó a Francia del riesgo

Bélgica no informó a Francia de que los hermanos Abdeslam estaban en su lista de personas vigiladas. “Sabíamos que los dos hermanos estaban radicalizados y que podían irse a Siria, pero no mostraban signos de una posible amenaza. Incluso si se lo hubiésemos señalado a Francia, dudo que hubiera podido arrestarlos”, ha alegado un portavoz de la fiscalía belga.

Salah Abdeslam fue interceptado por la policía francesa en un control fronterizo durante la madrugada del sábado, cuando huía hacia Bélgica tras la masacre de París, en un Golf en el que vinieron a buscarle dos amigos. Pero como todavía no había ninguna alerta sobre él, le dejaron marchar. Sus dos cómplices fueron detenidos en Molenbeek el sábado, pero Salah sigue huido.
Hay pocos policías que hablen árabe

La falta de investigadores que hablen árabe constituye un “enorme problema”, según ha dicho a la prensa belga Hans Bonte, el alcalde de Vilvorde, ciudad dormitorio a las afueras de Bruselas. Este es uno de los motivos del fracaso de las fuerzas de seguridad belgas a la hora de detectar los preparativos de los atentados, según el periódico flamenco De Morgen.

“Los miembros de la célula terrorista han podido, sin problemas comprar material para los explosivos, comprar armas, y alquilar coches. En nuestra jerga, llamamos a esto un ‘intelligence gap’ intolerable, es decir, una pifia en el lenguaje normal”, explica una fuente de seguridad anónima citada por el diario.
Las fuerzas de seguridad están muy fragmentadas

Bruselas tiene seis áreas policiales para cubrir toda la ciudad, que además está fragmentada en 19 distritos con 19 alcaldes. Esta fractura, derivada de la complejidad administrativa de un país dividido entre flamencos y valones con una capital separada del resto, dificulta el intercambio de información y la coordinación operativa.

El propio ministro del Interior, Jan Jambon, reconocía ya antes de los atentados de París como uno de los posibles riesgos que “hay demasiada división entre las diferentes autoridades locales en Bruselas”.

“Los acontecimientos muestran que nuestro sistema preventivo sufre de un evidente fallo de vigilancia y control de los jóvenes radicalizados, que se van al frente de Siria”, admitía este jueves el diario La Libre Belgique en su editorial.

Termina el asalto en el hotel de Mali: al menos 27 rehenes muertos
Las fuerzas de seguridad están registrando el hotel asaltado esta mañana. Cascos azules hablan de 27 cuerpos. Los terroristas han sido abatidos.
Libertad Digital  20 Noviembre 2015

Una semana después de los salvajes atentados en el centro de París, un nuevo ataque terrorista ha conmocionado al mundo: este viernes, un grupo de hombres armados ha atacado un hotel de Bamako, la capital de Mali, y ha tomado como rehenes a más de 170 personas. Entre ellos se encontraban clientes de varios países, entre ellos militares franceses, empleados de Air France y de Thales -una importante empresa de sistemas electrónicos-y siete ciudadanos chinos. También había cinco belgas: su gobierno ha confirmado que al menos uno de ellos, asesor del Parlamento de Valonia-Bruselas, ha muerto en el ataque.

El ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, ha confirmado que no hay víctimas españolas. En declaraciones a los periodistas en la Feria de Empleo en Organizaciones Internacionales, García-Margallo ha dicho que desconocía si figuraba algún español entre los 170 personas que han permanecido secuestradas, pero ha insistido en que no hay víctimas españolas.

Nada más conocerse el ataque, fuerzas de seguridad acordonaron el hotel Radisson Blu, un alojamiento habitual para delegaciones extranjeras. Al poco tiempo, fuerzas de seguridad malienses lanzaron una operación para liberar a los rehenes.

La operación, que ha durado horas, ha terminado sobre las 17 horas, según ha confirmado el ministro de Seguridad maliense en declaraciones citadas por France 24. El ministro ha anunciado que ya no quedan rehenes en el hotel.

Según la AFP, que cita a fuentes oficiales, las fuerzas de seguridad han encontrado 18 cadáveres en el interior. Un responsable de Naciones Unidas afirma, sin embargo, que cascos azules desplazados al lugar han localizado unos 27 cuerpos. Los efectivos de las fuerzas de paz han visto 12 cuerpos en la parte baja del hotel y otros 15 en la segunda planta, según ha precisado la fuente.

Los datos, en cualquier caso, son provisionales porque el registro no se ha completado. En el hotel había 140 huéspedes y 30 trabajadores. Mientras, los dos terroristas han sido abatidos.

Una fuente de los servicios de seguridad malienses consultada por Reuters ha asegurado que algunos de los rehenes salieron por sus propios medios y que otros fueron liberados cuando demostraron que sabían recitar el Corán.

Al Murabitún asume la autoría
El grupo hotelero que gestiona el Radisson Blu indicó que entraron dos hombres armados en el establecimiento. Los asaltantes irrumpieron en el hotel disparando y gritando "Alá es grande". Un hombre que ha sido liberado contó que ha escuchado a varios asaltantes hablando en inglés entre ellos. "Les he escuchado diciendo en inglés: '¿Lo has cargado? Vamos'", ha relatado.

En Twitter, un grupo yihadista de la zona, Al Murabitún, ha asumido la autoría del ataque. El grupo, que tiene su base en el norte de Malí y está integrado principalmente por tuaregs y árabes, ha dicho ser el responsable en un mensaje en la red social cuya autenticidad no puede confirmarse.

Al Murabitún nació en 2013 de la unión del batallón los Firmantes con Sangre que, lideraba el yihadista Mojtar Belmojtar, y el Movimiento por la Unicidad de la Yihad en África Occidental (MUYAO). Según el mensaje conocido este viernes, el ataque se ha realizado "en coordinación" con Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI).

Ayuda de Francia y EEUU
El Gobierno de Malí ha creado una célula de crisis en la sede de la jefatura del Ejecutivo, con el primer ministro, Modibo Keita, y el ministro de Seguridad Salif Traoré.

Entre tanto, otro países, con Francia a la cabeza, han ofrecido su ayuda al gobierno local para la operación de rescate. El ministro francés de Exteriores, Laurent Fabius, aseguró que Francia ha dado "todos los pasos necesarios" para poner fin al secuestro.

Un portavoz de las fuerzas de seguridad francesa informó del envío de 40 agentes de las fuerzas especiales de intervención (GIGN) y "una decena" de agentes de la policía científica a Mali.

Además, miembros de las Fuerzas de Operaciones Especiales de EEUU han colaborado en el operativo, ayudando a trasladar a lugares seguros a los civiles que estaban en las cercanías del hotel.
 

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Decenas de niños musulmanes de Girona son radicalizados en madrasas del Magreb
Los profesores denuncian que "una cantidad ingente" de magrebíes y subsaharianos se instruye en madrasas.
Esteban Urreiztieta El Espanol  20 Noviembre 2015

La Policía detecta el traslado masivo y constante de menores musulmanes de origen magrebí y subsahariano de Cataluña a madrasas radicales situadas en sus países de origen. Los Servicios de Inteligencia han elaborado informes, a los que ha tenido acceso EL ESPAÑOL, en los que alertan de que está situación se está produciendo fundamentalmente en municipios de la provincia de Girona y afecta a "una cantidad ingente" de jóvenes empadronados en Cataluña.

La voz de alarma fue dada el pasado mes de mayo por trabajadores de los centros educativos y ha desembocado en una investigación policial en la que han prestado declaración algunos de ellos. Los profesores han desvelado la existencia de un creciente "absentismo en el tramo de la enseñanza obligatoria" que "viene motivado por el traslado temporal de los menores a madrasas situadas en diversos países de África".

Este extremo ha sido relatado a la Policía con todo lujo de detalles por parte de "profesionales del sector educativo y de servicios sociales" de diversos municipios gerundenses. Todos ellos han "confirmado" que "existe un contingente importante de menores de edad que son trasladados temporalmente para recibir enseñanzas sobre el Corán". Estos traslados, que se prolongan durante meses, provocan "serios problemas de readaptación escolar y social en algunos de los chicos tras haber superado sus estudios en sus países de origen".
"Pasividad de las autoridades catalanas"

Todo ello, coinciden los profesionales que han testificado, "con el beneplácito, orgullo y aprobación de sus progenitores". Los menores, añaden los investigadores, "regresan habiendo adquirido valores absolutamente incompatibles con los divulgados por las instituciones escolares españolas".

Pese a haber trasladado estas advertencias "a la comunidad educativa y a las autoridades catalanas competentes", aseguran los denunciantes que éstas "han mantenido una posición pasiva o silente ante esta realidad".

Además de contar con los testimonios de profesores, la Policía dispone, entre otros, del relato de "un joven gambiano de 17 años que ha vivido la experiencia referenciada en contra de su voluntad y que refiere haber sufrido torturas y trato vejatorio extremo". El motivo esgrimido por este joven estriba en haberse "negado a asumir los valores religiosos contra Occidente que le pretendieron inculcar en la madrasa de la que consiguió escapar y a la que había sido enviado por sus padres". Los gastos del desplazamiento, ha precisado a la Policía, fueron "sufragados por organizaciones vinculadas al islamismo radical".

Cambio en los signos externos
Los profesores y educadores sociales han "constatado" a su vez una "progresiva radicalización de los signos religiosos externos en menores de origen subsahariano, que sustituyen sus vestimentas típicas". Así, se ha advertido el creciente uso de "velo en las mujeres" y de la "barba" en el caso de los hombres.

La Policía explica en sus informes que la "población extranjera residente en Cataluña era de 1.089.214 personas a uno de enero de 2014". "Una cifra que representa el 14,5% de la población catalana" y que supone un "porcentaje superior al de España (10,7%)". Asimismo, añade que "en Cataluña viven personas de 162 nacionalidades diferentes, siendo la comunidad marroquí la más numerosa, con 226.818 personas censadas y equivale a la quinta parte del total (20,8%)". Tal y como refleja la Policía, "la población extranjera procedente de África ocupa el segundo lugar con un 28,2%". En cuanto a los municipios catalanes con mayor población extranjera, la Policía sitúa a Salt (40%), Guissona (49,1%) y Castelló d'Empúries (48%).

POR EL “DERECHO A UNA EDUCACIÓN BILINGÜE”
Los padres de dos menores denuncian a un 'conseller' balear
Círculo Balear acusa a Martí March de difundir un informe oficial sobre dos niños con problemas de logopedia a los que su colegio ha quitado sus dos horas semanales extra en castellano.
Bernat Garau  www.gaceta.es  20 Noviembre 2015

La Fundación Círculo Balear (FNCB) ha denunciado ante la Fiscalía de Menores al 'conseller' balear de Educación, Martí March, junto a otros altos cargos de este departamento, además de al equipo directivo del colegio Ponent, de Inca (Mallorca), por supuestas “graves irregularidades que afectan directamente a dos niños de ocho años de edad”, entre las que destaca “la difusión pública de un informe oficial con los datos de los menores del que no se ha dado traslado a la familia”.

En realidad, la denuncia ha sido interpuesta por “la familia Duarte-Palma, acosada por la 'Conselleria' de Educación por reclamar una educación bilingüe para sus hijos gemelos de 8 años, a través de la representación legal de Círculo Balear”, según la entidad. Además de March, han sido denunciados su jefa de gabinete, Catalina Calafat; la inspectora de Educación autora del informe, Lina Moner, y su jefe de Inspección, Antoni Arbós. En cuanto al equipo directivo del centro educativo, la denuncia señala a su director, Nicolás López; la jefa de estudios, Marga Coll, y el secretario, Toni Capó. Gaceta.es se ha puesto en contacto con la 'Conselleria', que ha declinado hacer declaraciones al respecto.

Por dos horas de castellano
Sonia Palma y Diego Duarte son los padres de Álvaro y Óscar, dos gemelos con problemas de logopedia a los que la dirección del colegio público Ponent ha decidido negar las dos horas extra de clases en castellano que llevaban recibiendo desde hace tres años por recomendación de los especialistas y tras “meses de lucha y sufrimiento”, según Palma.

Según explica Círculo Balear, el diario 'El Mundo' publicó un informe de inspección educativa sobre la situación médica de los gemelos en los que “se facilitaba sus datos y se culpaba a la familia del conflicto generado”. Un informe, según la entidad, que “en ningún momento se refiere a la reclamación efectuada por la familia, que únicamente exige su derecho a recibir una educación bilingüe, y que es lo que se le está negando por parte de un centro educativo catalanista en el que el proyecto lingüístico se impone a los derechos de las familias, siguiendo las indicaciones del propio 'conseller' de Educación”.

“Cambio de actitud o de centro”
Por otro lado, Círculo Balear denuncia que el informe está lleno de afirmaciones “falsas e intolerables”, entre las que destaca varias citas, como: “La familia no actúa coordinadamente con el centro o con los maestros de los niños”, o “los padres no son respetuosos, sin bien los niños evolucionan muy positivamente gracias al trabajo de los maestros del centro”. Finalmente, el documento sugiere dos posibles soluciones: “Que cambien de actitud urgentemente, reconociendo la labor educativa de los maestros, y si no cambian de actitud, un cambio de centro, ya que pueden afectar a los profesionales del centro en su labor docente”. En efecto, la 'Conselleria' de Educación ha ofrecido a la familia de los menores la posibilidad de cambiarse a un colegio concertado con equilibrio de lenguas que les costaría 1.700 euros al año.

“Esta familia ha acudido a todas las instancias posibles para que se le respeten sus derechos y que, además, no se perjudique a sus hijos en su desarrollo intelectual, tal como recogen los informes médicos que inspección educativa se atreve a poner en duda”, asegura Círculo Balear, que denuncia que el director de la Oficina de Defensa de Derechos del Menor del Gobierno autonómico, Joan Marc Tur, “no sólo no ha gestionado la denuncia, sino que indicó a los padres que con los años que llevan viviendo en Baleares deberían asumir que la educación es íntegramente en catalán”. En este sentido, la entidad cree que “personas que forman parte de candidaturas políticas abiertamente contrarias a la libertad lingüística y el bilingüismo, como el partido separatista Més, por el que se presentó Joan Marc Tur, o que colaboren y formen parte del consejo asesor de organizaciones independentistas como la Obra Cultural Balear (OCB), como es el caso de la autora del informe, Lina Moner, no son aptas para ejercer cargos públicos que exigen una escrupulosa neutralidad política e ideológica”. Bajo su punto de vista, “es evidente” que la gestión de ambos “carece de esa neutralidad, juzgando y acusando a la familia de este conflicto, incluso sin haberse entrevistado con ellos”.

El Ministerio “estudia el caso”
Círculo Balear señala que ha informado puntualmente de este asunto al Ministerio de Educación a través del secretario de Estado, Marcial Marín, quien ha indicado que “está estudiando la resolución del caso”, según la entidad. “Si siguen sin resolverlo, no dudaremos en continuar con el procedimiento judicial frente a la 'Conselleria' y también frente al Ministerio, haciéndolo público allí donde haga falta”, advierte Círculo Balear, que asegura que “utilizará todos los instrumentos legales a su alcance para conseguir que se respeten los derechos de los hijos de Sonia Palma y Diego Duarte vulnerados por el fanatismo nacionalista, que es capaz de imponer sus antipedagógicos, adoctrinadores y políticos proyectos lingüísticos aún a costa de perjudicar a los niños”.

Además, la entidad ha pedido a los partidos de la oposición en el Parlamento balear, PP y Ciudadanos (Podemos tampoco forma parte del Ejecutivo autonómico, pero lo apoya de forma externa) que exijan responsabilidades políticas al titular de Educación “por estos graves hechos”, aunque, por el momento, ambos partidos han hecho oídos sordos a este llamamiento.

“No toleraremos que aquellos a los que pagamos el sueldo, los cargos públicos, acosen y desprecien a una familia al más puro estilo 'apartheid' por el simple hecho de reclamar una educación también en español”, remacha Círculo Balear.

Tendrán que pagar 440.000 euros
La Agencia de Protección de Datos sanciona a la ANC y Ómnium
La Agencia Española de Protección de Datos sanciona con 440.000 euros a las asociaciones separatistas que crearon un fichero de ciudadanos. Vox, que denunció el caso, habla de "listas negras".
Gaceta.es  20 Noviembre 2015

La Agencia Española de Protección de Datos señala que la Assemblea Nacional Catalana y Òmnium Cultural “han recogido, grabado y conservado información sobre datos de ideología relativos a personas que negaron su participación en la encuesta o que, aun habiéndola realizado, no consintieron expresamente el tratamiento de sus datos personales”. Las dos asociaciones realizaron miles de encuestas, casa por casa, preguntando por la ideología de los ciudadanos. Existirían, por lo tanto, indicios de vulneración de la Ley Orgánica de Protección de Datos y así lo entendieron en Vox, que junto con Ciudadanos y dieciocho personas físicas, presentó una denuncia al respecto.

La Agencia de Protección de Datos inició así un procedimiento contra las entidades por hechos “muy graves” que el pasado día 18 de noviembre han sido sancionados con multas de 440.000 euros por “tratamiento de datos de carácter personal que revelan ideología son el consentimiento de los afectados”.

Prácticas totalitarias
Las irregularidades que pudieron cometer la ANC y Òmnium están relacionadas con el mantenimiento de un fichero con los datos de las personas que se negaron a responder a la encuesta o que no autorizaron expresamente la incorporación de dicha información. La Agencia ha ordenado la paralización de la información.

La denuncia de Vox fue redactada por el letrado especializado en protección de datos Ricardo Chamorro Delmo. Según Vox, el objeto de la actividad de las dos asociaciones independentistas era “crear listas negras”. Chamorro se refiere a “prácticas totalitarias que afectan al núcleo de la democracia representativa, a las libertades y al imperio de la ley”. Y concluye con un mensaje rotundo que apela a las instituciones: “Estás practicas bananeras no se pueden permitir, el Estado está obligado a actuar ya y aplicar todos los mecanismos en defensa de las libertades”.
 


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