AGLI Recortes de Prensa   Domingo 22  Novietubre  2015

La gran estafa electoral que se avecina
La Campaña electoral produce efectos tóxicos. Los programas electorales se presentan sin una evaluación de los costes. Y la realidad es que muchas de las propuestas estrella son papel mojado
Carlos Sánchez El Confidencial 22 Noviembre 2015

Cuando le preguntaron a Harold Macmillan por lo que más temía de su trabajo, el exprimer ministro británico dijo son sorna: 'Los acontecimientos, muchacho, los acontecimientos ('Events, dear boy, events')”. Era una forma amable de describir la miseria de la política cuando se pierde la iniciativa.

Macmillan, a quien apodaban 'Supermac', era profundamente conservador, pero en la España de hoy sería un revolucionario. Su fuerte personalidad -se hizo keynesiano para combatir la Gran Depresión-, le valió una larga y lúcida carrera política de medio siglo de poder templado.

El propio J. F. Kennedy se rindió a su forma de hacer política y reconoció que sin la sensatez de Macmillan la carrera nuclear no se hubiera frenado. Lo importante, decía el antiguo estudiante del elitista Eton College, era resolver los problemas con soluciones viables y realistas. Y fiel a ese principio, viajó a Moscú y se entrevistó con Kruschev en plena guerra fría contra la opinión de su partido, todavía atrapado por la política de aislamiento de Churchill. Pero gracias a esa intrépida estrategia, rescató al moribundo Partido Conservador de su marasmo cuando nadie daba un penique por él tras el fiasco de la guerra de canal de Suez. Aquella contienda que arruinó al iluso de Anthony Eden, fatalmente convencido de que el imperio británico era aún el de la reina Victoria.

Macmillan tuvo que dimitir tras saltar el ‘caso Profumo’, un oscuro pasaje en el que se vio involucrado su ministro de la Guerra. John Profumo era amante de una prostituta que también mantenía relaciones sexuales con el agregado naval soviético en Londres. Meses después, en un gesto político hoy inaudito, presentó su renuncia pese a que fue ajeno a todo el affaire.

Suya es la expresión 'vientos de cambio', pronunciada en 1960 durante un histórico discurso en Sudáfrica en el que admitió el derecho de los pueblos africanos a convertirse en naciones libres. “Vientos de cambio soplan en este continente, y tanto si nos gusta como si no, el crecimiento de la conciencia nacional es un hecho. Debemos aceptarlo, y nuestras políticas nacionales deben tenerlo en cuenta”. Desde entonces, la palabra 'cambio' se ha asociado en el lenguaje político a transformaciones no cosméticas. No hay partido -de derechas o de izquierdas- que no hable del cambio en periodo electoral, aunque casi siempre en vano. Algo que explica, en palabras de María Zambrano, el laberinto de perplejidad y asombro en que viven muchos ciudadanos.

Sin duda, porque la mentira obscena se ha instalado en la vida política, que habla de regeneración democrática, pero en la práctica es papel mojado. Partidos como Podemos o el PSOE se llenan la boca con la convocatoria de elecciones primarias, pero en realidad es pura filfa. Los primeros de la lista electoral -tal vez por eso lo llaman primarias- son los que Sánchez e Iglesias imponen sin pudor y sin escrúpulos. Y cuando hay que apartar a un disidente, se le condena a la muerte civil, como sucedió en Madrid.

En posesión de la verdad
Y qué decir del PP. Un partido de corte falangista en la toma de decisiones en el que líder propone y también dispone, lo que convierte a la democracia interna en pura pantomima. Y cuyo comportamiento hace bueno aquello que decía Benjamín Franklin: “La mayoría de los hombres, lo mismo que la mayoría de las sectas religiosas, se creen en posesión de la verdad pura, y piensan que todos los que difieren de ellos están en el error”.

El caso de Ciudadanos es el más singular de todos porque se trata del único partido occidental que renuncia de forma preventiva a formar parte de un Gobierno (salvo que gane las elecciones), lo que convierte al partido de Rivera en un animoso ’think tank’ -juega a la influencia y no a mancharse con el poder- que tarde o temprano se despertará bruscamente de su sueño. Hacer política es ensuciarse con el polvo del camino, que diría Conde-Pumpido y sugeriría el lúcido Macmillan.

Así es como la precampaña electoral avanza entre farsa y farsa. Probablemente porque la política se ha convertido en algo parecido a un producto de entretenimiento alimentado por las televisiones. La política es hoy una realidad virtual que se retroalimenta de sus propias polémicas, como recordaba este sábado en este periódico Ignacio Varela, pero vacía de contenido y de insustancial vuelo gallináceo. Los líderes políticos, en lugar de trabajar en sus despachos con sus colaboradores, son hoy pobrecitos habladores que deambulan por los platós como almas en pena diciendo cosas que no van a cumplir.


La fantasía política se ha traslado con especial crudeza a los programas electorales de los partidos políticos, convertidos en muchas ocasiones en papel mojado antes de nacer por ausencia de realismo. Todos saben que muchas de esas propuestas nacen muertas, pero aun así se prometen rebajas imposibles de IVA (del 21% al 18%), complementos salariales garantizados por el Estado para compensar los bajos sueldos; rentas básicas para cientos de miles de familias que no disfrutan las que hoy conceden las distintas administraciones; rebajas de cotizaciones sociales y, por supuesto, recortes de impuestos en todos y cada uno de los tramos del IRPF. Además de duplicar la inversión pública en I+D+i (unos 6.000 millones de euros); hacer llegar la banda ancha a todos los hogares españoles antes de 2020 o la creación de parques tecnológicos y ciudades del conocimiento que serán la envidia de Silicon Valley. Hasta se habla de aumentar hasta 26 semanas los permisos de maternidad/paternidad o de universalizar la educación entre 0 y 18 años.

Memoria económica
Nadie en su sano juicio diría que esas propuestas -unas más y otras menos- son razonables y hasta necesarias. El problema es que no hay motivos para creer en ellas porque no están avaladas en ningún caso por una memoria económica explicativa que evalúe su coste o su financiación. Tampoco aparecen los plazos concretos para su puesta en marcha o los cambios legislativos que hay que hacer antes de ver publicadas las leyes en el BOE. Al fin y al cabo, muchas de esas propuestas tienen sus límites en directivas comunitarias o en acuerdos internacionales.

La rebaja del IVA, por ejemplo, depende de la UE y el margen de maniobra presupuestario es mínimo, como bien saben los griegos. Entre otras cosas porque en contra de lo que dice el Gobierno, España es un país parcialmente intervenido, y el MoU pactado con Bruselas obliga todavía a mucho.

No estaría de más, por lo tanto, que ahora que se habla de regeneración democrática una ley obligara a los partidos a publicar el coste estimado de sus programas electorales, y que, en paralelo, un organismo independiente (por ejemplo la Autoridad Fiscal) evaluara su aplicación concreta, como ya están haciendo muchas instituciones privadas en países con mayor presencia (y mayores recursos) de la sociedad civil. Desde luego sería más eficaz que esa estulticia que hicieron algunos partidos en su día: llevar el programa electoral ante un notario.

En países más avanzados en términos de calidad democrática como Holanda ya se hacen este tipo de evaluaciones con carácter previo, y así se evitaría que un partido gane las elecciones con un programa electoral más falso que un euro de madera. Se evitarían, de esta manera, frustraciones colectivas y bochornosos espectáculos como que un partido gane las elecciones diciendo que bajará los impuestos y lo primero que haga sea subirlos.

Calidad institucional, incertidumbre política y crecimiento
Las consecuencias económicas de las deficiencias relativas en el diseño y funcionamiento de nuestras instituciones no son en absoluto despreciables
Rafael Doménech y Javier Andrés El Confidencial 22 Noviembre 2015

Estamos asistiendo, y no sólo en España, a un proceso de sensibilización social creciente en relación al funcionamiento de las instituciones. Por una parte hay un consenso cada vez mayor sobre la importancia de unas instituciones sociales, políticas y económicas de calidad para lograr un crecimiento más sostenido y equitativo. Y por otra, como consecuencia de la crisis, está la percepción bastante extendida de que esa calidad se ha deteriorado y que, tras una arquitectura institucional similar a la de otras sociedades avanzadas (una democracia representativa con separación de poderes, participación ciudadana, responsabilidad de las administraciones públicas, reguladores, etc.), se ha desarrollado un entramado que no impide que se acabe favoreciendo a algunos grupos económicos y sociales en detrimento de la mayoría. La corrupción es una de las manifestaciones más extremas de este deterioro.

Pero los efectos de un funcionamiento inadecuado del Estado de derecho y de la incertidumbre asociada a las tensiones políticas no son solo perceptibles a largo plazo. Así, aunque de manera contenida por el momento, en los últimos trimestres hemos asistido a un aumento de la prima de riesgo de España frente a otros países de nuestro entorno, particularmente Italia, que se ha asociado a las incertidumbres que plantean las próximas elecciones generales o el proceso soberanista en Cataluña. Los recientes informes de Fitch y Moody’s al respecto son los últimos ejemplos de otros muchos similares. En el caso concreto del proceso soberanista en Cataluña se añade el hecho de que algunas opciones políticas proponen abiertamente estrategias que llevan a desobedecer la Constitución y saltarse las reglas de juego vigentes por la vía de los hechos, generando un choque institucional que también divide y fractura a la sociedad catalana.

España se enfrenta pues al riesgo de una tensión que si no se gestiona bien puede ser bastante duradera. Esto desvía nuestra atención de debates tan o más importantes, y pone en cuestión nuestra capacidad para abordar con éxito otros retos económicos, políticos y sociales para situarnos de nuevo en una trayectoria de convergencia con sociedades más avanzadas que la nuestra. El boom económico anterior a la recesión nos hizo olvidar que en el año 2007 la distancia de nuestra renta por persona en edad de trabajar con respecto a Estados Unidos y a los países más avanzados de Europa era similar a la de 1980. De hecho, España dejó de acercarse de forma significativa a los niveles de riqueza de estos países mucho antes de la crisis reciente, como consecuencia de una tasa de empleo y de una productividad relativa estancadas, cuando no en retroceso. A largo plazo nos jugamos alcanzar unos niveles de bienestar (con lo que ello lleva asociado en términos de empleo, salarios, pensiones, gasto en sanidad y educación, etc.) y de distribución de la renta sustancialmente mejores que los de ahora.

En nuestro reciente libro 'En busca de la prosperidad' mostramos que la calidad institucional de los países junto a la disparidad en la dotación de capital humano, son los principales factores que explican las diferencias de renta per cápita entre ellos. Aunque es difícil medir algunas de estas características adecuadamente, un cálculo aproximado nos dice que estos factores explican conjuntamente un 90 por ciento de estas diferencias.

¿Por qué son tan importantes las instituciones? Cuando están bien diseñadas y son inclusivas, asegurando la igualdad de oportunidades, incentivan la inversión en capital humano y la innovación, así como la actividad empresarial y la asunción de riesgos en la incorporación de nuevas tecnologías y la apertura de nuevos mercados. Con ello favorecen el ahorro y un uso eficiente de los recursos públicos y privados. Los indicadores de calidad institucional son muy diversos y reflejan una amplia variedad de ámbitos como la participación ciudadana, los mecanismos de control y la rendición de cuentas de las instituciones, la estabilidad política, la eficiencia e independencia de las administraciones públicas, la calidad regulatoria, el Estado de derecho, el cumplimiento de la ley, la seguridad y eficiencia de la justicia o el control de la corrupción. En general, la evidencia muestra que estos indicadores están muy relacionados entre sí. Por ejemplo, los países que se preocupan por la eficiencia en el funcionamiento de su sector público y el Estado de derecho también tienen reguladores independientes y más eficaces, y afrontan mejor la lacra de la corrupción.

Cuando se analizan todos los países en el mundo, la posición comparada de España es bastante aceptable, al encontrarnos entre el 20 por ciento de sociedades con mejores instituciones de acuerdo con los más de 100 indicadores que evalúa el Banco Mundial en su estudio anual Worldwide Governance Indicators. De hecho, nuestra posición es incluso mejor que la de otros países del sur de Europa. Pero también es cierto que en las dos últimas décadas no hemos mejorado y seguimos estando por detrás de otros treinta países, entre los que se encuentran algunos que nos han superado tras un esfuerzo reciente y sostenido de mejora. A este respecto, los ejemplos de Irlanda, Chile, Estonia, Chequia, Eslovenia o Singapur son significativos. En particular, hay dos ámbitos en los que nuestra posición relativa es especialmente negativa y estamos muy alejados de las mejores prácticas internacionales: la diligencia y eficiencia en la aplicación de la justicia, y la percepción de que la corrupción ha aumentado de forma acusada en los últimos años de la expansión económica y durante la crisis posterior.

Las consecuencias económicas de estas deficiencias relativas en el diseño y funcionamiento de nuestras instituciones no son en absoluto despreciables. Nuestras estimaciones indican que si España mejorase la calidad de sus instituciones y el control de la corrupción hasta niveles similares a los de, por ejemplo, Finlandia, Dinamarca o Nueva Zelanda podría llegar a aumentar su tasa de crecimiento del PIB per cápita en 0,5 puntos porcentuales por año. Además también se produciría una mejora social significativa mediante un reparto más equitativo de este progreso.

En definitiva, en un entorno mundial con enormes y crecientes desafíos, que van desde la geopolítica, la globalización, la transformación tecnológica, los flujos migratorios o el cambio climático, la convergencia con las sociedades más avanzadas sólo podrá conseguirse mediante la mejora en el diseño, calidad y funcionamiento de nuestras instituciones. Esto requiere reglas de juego claras, predecibles, transparentes y respetadas por todos. Ir en la dirección contraria, buscando atajos inexistentes, perjudicaría nuestras aspiraciones de prosperidad y excluiría a los más débiles de los beneficios del progreso, dejándonos expuestos a la discrecionalidad de unas instituciones que solo acabarían generando desencanto y una enorme frustración social.

Rafael Doménech (BBVA Research y Universidad de Valencia) y Javier Andrés (Universidad de Valencia) son autores del libro En Busca de la Prosperidad (Deusto).

El final del ciclo de la deuda
Juan Laborda www.vozpopuli.com 22 Noviembre 2015

A los inversores no les gusta reconocer la existencia de burbujas financieras. Justamente porque han sido tan propensos a negar la existencia de burbujas y sus consecuencias, éstas se han convertido en una parte recurrente del panorama financiero y económico de las dos últimas décadas. Y ahora estamos en los albores del estallido de la última de ellas.

A las autoridades políticas, económicas y monetarias no les entusiasma admitir que han sido ellas quienes con sus instrumentos de política económica han contribuido a generar las distintas burbujas financieras que se han ido desarrollando en las últimas décadas. El estallido de la actual burbuja supondrá básicamente finiquitar con una forma de crecimiento perversa. Observaremos, atónitos, el estallido y punto final del súper-ciclo deuda iniciado allá en los años 80, y que ha estado sazonado con políticas profundamente conservadoras, enormemente injustas, tremendamente ineficaces.

Durante este súper-ciclo, los buscadores de rentas han actuado a sus anchas, con el consentimiento o aquiescencia del poder político. Durante esta fase, los salarios de los trabajadores han perdido poder adquisitivo, mientras se cerraban empresas bajo el pretexto de buscar mayores ganancias a través de la explotación de mano de obra barata en el extranjero. Durante este período, los grandes evasores de impuestos, muy ufanos ellos, se frotaban las manos observando cómo no se hacía nada contra los paraísos fiscales -Luxemburgo, Suiza, Singapur…-. Durante ese tiempo, excluyendo la tierra y la vivienda, el capital se mantuvo constante. Durante esos años, el principal motor de la actividad económica fueron actividades especulativas financiadas con deuda.

Las burbujas delante de nuestras narices
A lo largo de la burbuja tecnológica de finales de los 90, la mala inversión financiada con deuda se dirigió principalmente a empresas tecnológicas relacionadas con Internet. El resultado final fue un colapso del Nasdaq 100 del 83%, mientras que, por ejemplo, el Ibex 35 ó el S&P 500 se dejaron la mitad de su valor. Sin duda fueron los más ricos quienes más perdieron con el estallido de esta burbuja, mientras que apenas afectó al resto de grupos sociales, siendo el impacto en la actividad real limitado. Pero los más acaudalados aprendieron a “lavar” sus inversiones en balances bancarios. Las siguientes burbujas les afectarían, pero mucho menos.

Cuando en el período 2000-2002 estallan y caen todas las bolsas occidentales, ante los miedos renovados de entrar en un proceso deflacionista, los Bancos Centrales aplicaron una política monetaria ultraexpansiva, inundando de dinero al sistema, pensando que así se reactivaría el ciclo económico. Las consecuencias no se hicieron esperar. Por un lado, se generó la mayor burbuja inmobiliaria de la historia, y, por otro, los bancos apalancaron sus balances tomando excesivo riesgo de mercado y de crédito, de manera que, aplicando el principio “demasiado grande para quebrar”, se crearon auténticos monstruos que acabarían devorándonos a todos.

A mediados del 2007, y a diferencia de la mayoría de los ciudadanos, la élite bancaria y financiera tenía la mayor parte de su riqueza financiera en activos de deuda y derivados de todo tipo, que se hubiese evaporado si se hubiera dejado caer a los bancos. Si se hubiese reestructurado el sistema bancario y reducido su tamaño acorde con la economía real, hubiesen sido los más ricos y poderosos los grandes perdedores. Obviamente no lo toleraron. En su lugar, diseñaron una estructura de ahorro para la economía en la que su riqueza se mantenía, así como las instituciones que la controlaban, y lo hicieron a costa de la ciudadanía. Quedó meridianamente claro que las rebajas salariales, aumentos impositivos al factor trabajo, incrementos del IVA, recortes en la asistencia social, la salud, la educación, todo ello se hacía para mantener los privilegios de las élites extractivas.

La burbuja QE
Así que aquí estamos de nuevo, en lo que, en retrospectiva, probablemente, denominaremos la burbuja de las expansiones de los balances de los Bancos Centrales (QE), un momento en la historia en que el estímulo más imprudente e intencionadamente especulativo por parte de las autoridades monetarias en realidad llegó a ser visto no sólo como aceptable, sino como algo bienvenido. Evidentemente, no hemos aprendido absolutamente nada. Los objetos preferidos de la especulación durante la actual burbuja QE han sido la deuda de baja calidad crediticia y, de manera indiscriminada, todo tipo de mercado bursátil sin distinguir por tipo de industria, sector productivo, calidad crediticia o capitalización bursátil.

Ahora estamos empezando a observar las divergencias internas que señalan el aumento de la aversión al riesgo entre los inversores. La mayor víctima de la burbuja QE será probablemente la deuda de peor calidad crediticia e, indiscriminadamente, la totalidad de los mercados bursátiles. A los inversores no les gusta reconocer la existencia de burbujas. Pero de alguna manera no les quepa ninguna duda de que en un par de años a partir de ahora, esos mismos inversores mirarán hacia atrás al momento presente y se harán una pregunta trágicamente perenne: ¿en qué narices estábamos pensando?

Mientras tanto muchos de esos inversores, sus brazos políticos y sus acólitos intelectuales siguen ladrando a fecha de hoy contra la existencia de la Seguridad Social, que transforma la vida de las personas mayores de este país. Continúan voceando contra el salario mínimo, aduciendo que la existencia de un salario digno es una intromisión radical en el libre mercado. Continúan bramando contra el seguro de desempleo, la negociación colectiva, la regulación del sistema bancario, contra todo aquello que constituyó el tejido del Estado de bienestar y, de hecho, la base de la otrora clase media. Pero da igual, por mucho que bramen se acerca inexorablemente el final de un ciclo, el de la deuda.

La guerra contra el IS y el fin de la hipocresía
DAVID JIMÉNEZ El Mundo 22 Noviembre 2015

Uno de esos activistas de sillón y clic fácil que merodean por las redes sociales cuestionaba el otro día nuestra cobertura de París y preguntaba cuándo íbamos a informar de los muertos de Irak, Afganistán o Siria. No suelo responder, pero hice una excepción: más que nada porque el reproche iba dirigido a un periódico que tuvo secuestrado a Javier Espinosa en Siria y perdió en Irak y Afganistán a nuestros siempre añorados Julio Anguita Parrado y Julio Fuentes.

Los reporteros de guerra han pagado un precio muy alto en estos años precisamente por su empeño en contar el sufrimiento de los civiles -civiles musulmanes, sí-, para que luego vengan a dar lecciones quienes exhiben como todo compromiso un puñado de lemas en Facebook. Y si todos esos periodistas han vuelto al frente a jugársela una y otra vez es, en gran parte, porque desde la confortable distancia el resto no parecíamos enterarnos.

Ninguna de las dos guerras que hemos emprendido en los últimos años -y digo hemos porque España ha participado en ambas- parecía ir con nosotros. Se nos presentaban distantes e incómodas, con jóvenes soldados enviados a países de los que sus políticos apenas conocían nada, donde no tenían ninguna posibilidad de lograr los objetivos grandilocuentes que se anunciaban en ruedas de prensa y donde a menudo se logró exactamente lo contrario de lo que se buscaba, como demuestra el desastre de Irak.

Quizá una de las grandes diferencias entre los políticos de generaciones anteriores -De Gaulle, Churchill y cía- y los nuestros es que los primeros vivieron la guerra de cerca y sabían de qué iba. Los de ahora ven puntitos verdes en una pantalla y creen que eso es la guerra, un videojuego. Se esfuerzan mucho en que la gente reciba las imágenes de forma aséptica, sin civiles desmembrados ni aldeas calcinadas. Luego, por Navidad, organizan videoconferencias con los soldados. Les dicen: "Hacéis un gran servicio al país".

Y se olvidan de ellos. Todos nos olvidamos.
España apenas se ha enterado de que sus militares han combatido y muerto en Afganistán durante 14 años, entre otras cosas porque queríamos ir a la guerra, pero sin que se notara demasiado. Todo queda explicado en aquel homenaje que se hizo en Paracuellos a los soldados españoles que combaten en el extranjero en vísperas de la reelección de Zapatero, en 2008. A los que habían sufrido amputaciones en Afganistán se los llevaron a un patio apartado y les colgaron las medallas sin que nadie les viera, contó por entonces Pedro Simón.

Ahora, tras los atentados de París, se vuelven a escuchar las voces que creen que la solución para acabar con el terrorismo es mandar más soldados. ¿Cuántos, si 170.000 estadounidenses no lograron estabilizar Irak? ¿Si una coalición de medio centenar de países no logró poner en orden Afganistán? ¿Estamos dispuestos a enviar al medio millón (mínimo) de tropas que harían falta, a ver féretros despachados de vuelta a casa a diario, a permanecer 30 años para reconstruir la zona de verdad y a gastar una parte importante de nuestra riqueza para lograrlo? No lo estamos.

Los pacifistas sostienen que todas las guerras son innecesarias. Todas son horribles, pero si no las hubiera necesarias estaríamos todos hablando alemán desde la II Guerra Mundial. Robert McNamara, el secretario de Estado estadounidense de la Guerra de Vietnam, decía con razón que la historia la escriben los vencedores. Y que lo de menos es quién tuviera razón.

El IS debe ser destruido y, llegados a este punto, las operaciones militares tienen que ser parte de la estrategia. Pero ayudaría, y mucho, que además termináramos con la hipocresía que supone pedir grandes sacrificios a nuestros soldados para ignorarles una vez están luchando sobre el terreno. La hipocresía de ocultar que la invasión de Irak y la negligencia posterior durante la ocupación contribuyeron a la creación del IS, como admiten hasta sus mayores promotores de entonces, a excepción de Aznar. La hipocresía, también, de pedir a los musulmanes que se manifiesten en contra del fundamentalismo a la vez que los gobiernos occidentales apoyan a regímenes que, como nuestros amigos saudíes, veraneantes en Marbella, llevan décadas financiando el islam más radical y las escuelas coránicas donde se adoctrina en el odio.

Terrorismo: el enemigo sigue dentro
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 22 Noviembre 2015

Llevo una semana pensando qué decir sobre la masacre de París y todo lo que ha sucedido después, que no es poco y va ser, sin duda, mucho más. Pero he llegado a la conclusión de que en los asuntos realmente graves la primera obligación intelectual es la de no ser demasiado original, brillante o innovador, sino consecuente. Hace más de 11 años, el 12 de Septiembre de 2004, cuando se cumplían tres años del 11S y llevábamos medio año con el 11M y Zapatero a cuestas, escribí en Libertad Digital un artículo que, preparando un libro sobre los años de Rajoy, he vuelto a leer. Y creo que, en lo sustancial, expresa todo lo que tengo que decir sobre el terrorismo y sobre el problema de Occidente para abordarlo. Los lectores de LD, leídos y tan agudos, podrán actualizar las referencias. Yo lamento que en once años no haya cambiado nada y no pueda ni deba cambiar mi diagnóstico. En mi opinión, mientras Occidente no cambie, no podrá ganar la lucha contra el terrorismo islámico. Y no hay que cambiar un diagnóstico para no repetirlo. Mientras la enfermedad siga, hay que insistir en curarla.

Je ne suis pas Paris. Y este es el texto que no he conseguido mejorar:

TRES AÑOS DEL II-S: EL ENEMIGO ESTABA DENTRO
"Tres años después del 11-S y seis meses después del 11-M la única conclusión que se impone es que el enemigo de la libertad, el auténtico peligro para la civilización occidental está en casa, que toda la fuerza de los Ben Laden y compañía es eso: la compañía. Pero esa fuerza que hace realmente temible al terrorismo islámico es la misma que tenía contra las cuerdas a las democracias liberales en los años setenta, es la misma que entregó Vietnam, Laos y Camboya al comunismo, y trató de hacer otra Cuba en Granada, Nicaragua o El Salvador. Es la misma que ahora ha utilizado la guerra de Irak para acabar con los gobiernos liberal-conservadores, es la misma que ha aprovechado, si no colaborado, con los asesinos de Madrid para acabar con el Gobierno del PP. Es la misma que utiliza la ONU como escudo contra la única potencia con la capacidad y la voluntad de defender el bien llamado mundo libre. Es Chomsky y es Kerry, es Ramonet y es Chirac, es Cebrián y Zapatero.

A estas alturas, nadie puede ya dudar de que el comunismo no cayó por la presión de las democracias, sino por la conjunción de un gobernante afortunado y admirable, Ronald Reagan, que sí creía en la libertad y que con su impenitente optimismo americano y su insólita disposición a luchar provocó la caída de un Muro de Berlín y de una URSS que estaban en peor estado del que ellos y nosotros suponíamos. Pero desde entonces, los que con el Imperio Soviético perdieron su única referencia política real han sido capaces de sobrevivir haciendo lo único que siempre han sabido: minar el sistema de libertades desde dentro, desacreditar sus valores, luchar en todos los ámbitos contra la herencia de Occidente, cuyo bimilenario fruto es precisamente ése, el de la libertad, único capaz de crear una continua y creciente prosperidad a los humanos dispuestos a correr ese riesgo.

Pero no nos engañemos: para la gran mayoría de los periodistas, de los profesores, de los políticos e incluso de los ciudadanos de los países occidentales, tanto europeos como americanos y asiáticos, la libertad es una especie de regalo, un derecho con el que piensan que nacen y que deben disfrutar como los niños sus juguetes: hasta romperlos. No sabemos lo que sucederá en las elecciones norteamericanas, si John Kerry, el típico demócrata indeseable, ganará las elecciones a un Bush con más voluntad que acierto, aunque siempre en los USA nos haya salvado su voluntad. Pero en la Unión Europea hemos visto desde el 11-S la misma abyección que hasta ahora habíamos leído en los libros de historia sobre el apaciguamiento ante Hitler. Abyecta Alemania, abyecta Francia, pobre y desgraciada España, que de ser el país más firme en la lucha contra el terrorismo se ha convertido en el más débil, en un despojo militar y un pingajo diplomático. En España ha demostrado el terrorismo que, contando con la quinta columna de siempre, la de los enemigos del liberalismo y de la democracia, puede hacer y deshacer Gobiernos, cambiar resultados electorales y provocar colapsos militares y políticos. A Occidente le han declarado la guerra los islamistas pero la mitad de Occidente sólo quiere que esa guerra la pierdan los norteamericanos. Ésa es la verdad.

Seguiremos defendiendo la libertad los que ni queremos, ni podemos ni sabemos hacer otra cosa. Pero cada día es más difícil luchar contra esta conjura de los necios, contra esta ruleta rusa que está cargando la frivolidad de unos intelectuales y una clase dirigente en los países occidentales que no merecen sino la extinción a la que juegan. Sabemos lo que combatimos, pero debemos reconocer con quién nos enfrentamos. No es Ben Laden, es Chirac. No son los talibanes, son los socialistas y comunistas, los millonarios de izquierdas, los progres de salón, los funcionarios de la rendición. Son los de hace tres años, y treinta, y ciento treinta. Son los de siempre".
Libertad Digital, 12 de septiembre de 2004

Occidente entre la sartén y el fuego
Alejo Vidal-Quadras www.vozpopuli.com 22 Noviembre 2015

Tras la masacre de Paris la prensa del régimen iraní se ha apresurado a través de decenas de editoriales, artículos y comentarios a difundir una lectura de los trágicos hechos acaecidos en la capital francesa que favorezca su estrategia en Oriente Medio. Envuelto en una condena retórica de los ataques terroristas del Estado Islámico, los clérigos de Teherán han deslizado un pútrido veneno destinado a intoxicar a la opinión pública del mundo musulmán y a sembrar la duda en la ciudadanía de los países europeos. De acuerdo con esta interpretación perversa, el Estado Islámico es una creación de las potencias occidentales porque al oponerse a Bashar al Asad en Siria han alimentado a ese monstruo que ahora se ha vuelto contra ellas. Así, la máxima autoridad judicial iraní, el ayatolá Sadeq Larijani declaró el 16 de Noviembre: “Aquellos que han facilitado la entrada de terroristas en Iraq y en Siria, hoy afrontan las consecuencias. La pregunta crucial es ¿Quién ha creado el ISIS? Los americanos y los europeos son los responsables”. Dirigiéndose directamente al Secretario de Estado John Kerry, Larijani le acusa de forma brutal: “Usted debería ser llevado ante un tribunal por este crimen. Usted ha participado en la formación del ISIS. Este es un aviso a los países occidentales. Si ustedes quieren impedir la exportación del terror a Europa, no lo apoyen”.

El periódico Kayhan, altavoz oficioso del Líder Supremo Alí Jamenei, publicó un artículo a las pocas horas de los luctuosos acontecimientos de Paris, titulado elocuentemente “El perro rabioso muerde la pierna de su amo”, en el que se relata que Jamenei ya había predicho en Junio de 2014 que los grupos terroristas que combaten contra Asad en Siria darían problemas a los países que los alientan. En el texto se puede leer “Francia es uno de los más fieles aliados de Estados Unidos en Siria… Si los franceses quieren venganza por lo sucedido, ante todo han de cuestionar a sus gobernantes”. Y en el editorial del mismo rotativo se advierte que “los países que dan apoyo a los terroristas, recogerán la tempestad causada por los vientos que han sembrado”. Otra perla aún más explícita dice “Paris es sólo el comienzo. Los Gobiernos de Estados Unidos, Europa y algunos de los insensatos líderes de la región como Arabia Saudita tienen buenas razones para implantar la ley marcial y declarar emergencia nacional… El ISIS está formado por una pandilla de estúpidos e ignorantes alimentados por los sionistas y por los gobernantes criminales de los Estados Unidos, de Francia, del Reino Unido y de Arabia Saudita. Cometerán sus atrocidades allí y donde puedan organizar un atentado”.

En otro inhumano y vergonzoso enfoque, el diario estatal Vatan-e-Emrouz, emplaza al Gobierno de Francia también el 16 de Noviembre: “Estos ataques proceden de su propia cocina. Este es un plato que ustedes han estado condimentando durante años. El mismo mantel sangriento que ustedes han desplegado sobre Siria e Iraq ahora se ha extendido por unas horas en Paris… Monsieur Hollande, por favor, ¡sírvase! Contemple los cadáveres de sus compatriotas”. Únicamente gentes sin ninguna compasión ni sensibilidad pueden escribir semejantes barbaridades, carniceros habituados a reprimir y a torturar a su pueblo y a ejecutar a diario a inocentes, que es lo que han venido haciendo durante treinta y cinco años los ayatolás iranís, su policía religiosa y sus guardias revolucionarios, esos que ahora los Gobiernos occidentales consideran de manera suicida posibles aliados en el combate contra el Estado Islámico.

En el colmo de la maldad, la publicación Javan, asociada a la Guardia Revolucionaria de Irán, afirmaba el 17 de Noviembre: “El incidente (sic) del 11 de Septiembre de 2001 en Nueva York trajo a los Estados Unidos a Oriente Medio. Hoy, sin embargo, los americanos quieren abandonar sus compromisos en la región y necesitan por tanto un 11 de Septiembre europeo para empujar a Europa hacia Oriente Medio a mayor velocidad”.

Occidente se encuentra por consiguiente entre el fuego del ISIS y la sartén del régimen iraní. Si en su lucha contra el terrorismo suní del Estado Islámico abre la puerta de Oriente Medio al dominio fundamentalista chií de los herederos de Jomeini cometerá un error geoestratégico de nefastas consecuencias. Si para frenar a la teocracia iraní cae en la tentación de valerse de la guerra fratricida entre sunitas y chiitas, los que han cubierto de luto a Francia el 13 de Noviembre no desaprovecharán la ocasión. La política correcta consiste en liquidar al Estado Islámico mediante el esfuerzo militar, policial y diplomático requerido asumiendo los correspondientes sacrificios, prestar apoyo financiero y político a las organizaciones opositoras que en Siria, Iraq e Irán trabajan por el cambio democrático en sus respectivos países y erradicar de Europa a los focos de extremismo islamista tomando las medidas legislativas, judiciales y de seguridad que una operación de tal envergadura exige. Las vacilaciones, la pusilanimidad o el pacifismo progre son la garantía del fracaso.

Nosotros, los malvados
Roberto L. Blanco Valdés La Voz 22 Noviembre 2015

Bien, sea: a lo largo del último medio siglo algunos países occidentales han cometido en Asia y África graves tropelías, continuación, en muchos casos, de las practicadas previamente por las principales potencias coloniales y origen de gran parte de los conflictos hoy vigentes en el mundo. Estoy dispuesto a conceder tal tesis, sin debate, a todos los que estos días, repitiendo el archiconocido argumento de que «el terrorismo es una cosa muy compleja», vuelven a manejarla como un parapeto para negarse a tomar partido con toda claridad en una lucha -la que enfrenta a la democracia liberal con el integrismo religioso criminal- que ellos mismos plantean en términos completamente delirantes: explotados frente a explotadores. Pero estoy dispuesto a concederlo únicamente si puedo recordar tres consideraciones esenciales.

La primera, que solo en ese Occidente supuestamente malvado y putrefacto se han practicado políticas de asilo y acogida de inmigrantes, que han permitido a cientos de millones de personas desplazarse de los lugares infernales en que habían nacido a otros donde pudieron comenzar una nueva y mejor vida para ellos, sus familias y sus descendientes. La historia del mundo contemporáneo es, de hecho, la de ese trasiego interminable de personas, que se han desplazado hacia las únicas partes de la tierra que han sido lugares masivos de hospitalidad y aceptación: América, primero, y después Europa occidental.

Una Europa y una América que se convirtieron así, no sin esfuerzo, en patrias de un profundo mestizaje racial, religioso y cultural. Los asilados e inmigrantes que procedían de países arrasados por la guerra y la miseria, pudieron de ese modo mantener sus creencias y costumbres en lugares que fueron transformándose para permitir la convivencia de mundos muy distintos. Y todo ello, mientras en muchos de los lugares de origen de aquellos inmigrantes se hacían con el poder sátrapas o religiosos iluminados que sembraban el horror entre sus poblaciones respectivas, practicando la negación radical de todo pluralismo y la persecución brutal de las más pequeña disidencia.

Una tercera y última consideración no me parece menos relevante. Ese contraste entre la brutalidad de la vida en los lugares de origen de millones de inmigrantes y su relativa facilidad en los países en que han terminado refugiándose está siendo hoy malversado de un modo absolutamente falso por grupos yihadistas que tratan de convencer a miles de jóvenes musulmanes de que en realidad sus patrias de acogida, donde disfrutan de las ventajas del Estado de bienestar, son Estados que los explotan; y sus compatriotas, que hablan su misma lengua, extranjeros que los odian.

Por eso, nadie que sepa de la existencia de ese formidable engaño y de sus gravísimas consecuencias debería seguirle el juego a los que tratan de perpetrarlo amparados en gran medida en la complicidad de un buenismo occidental tan peligroso como estúpido.

Votemos
Santiago Rey. La Voz 22 Noviembre 2015

Los trágicos acontecimientos que vivimos desde la semana pasada, culminación del horror más execrable, han vuelto a mostrarnos con toda su crudeza no solo la fragilidad en que se mueven nuestras vidas. También la debilidad intrínseca de nuestra sociedad ante las múltiples amenazas que la cercan. Crecen agazapadas en nuestro sistema de libertades y se aprovechan de él para declararle la guerra. Los enemigos de nuestra cultura se ocultan entre la población civil, utilizan falsamente las palabras grandes, elaboran sueños delirantes en nombre de la justicia y descargan todo el odio contra inocentes. Lo hemos visto en París, de la manera más infame que pueda darse, y lo vemos, por desgracia, en muchos otros comportamientos humanos que parten del mismo lugar común: la deriva mesiánica.

Para combatir el odio, el antagonismo, la destrucción, es necesario, sobre todo, tomar conciencia de los peligros que nos acechan. Es preciso tomarse el trabajo de no dejarse llevar por las primeras impresiones y tratar de escarbar, de profundizar hasta descubrir los verdaderos intereses que se ocultan tras los gestos grandilocuentes. Hoy la sociedad está a merced de ellos. Son muchos actores los que intentan debilitarla, arrebatarle su poder y poner la democracia a su servicio. Por eso es necesario más que nunca desenmascarar los intentos espurios de quienes buscan su beneficio en la destrucción de la obra colectiva.

No faltan ejemplos en España. No es otra cosa más que destrucción y mesianismo delirante lo que se intenta fraguar en Cataluña. Una corta figura política, incapaz de resolver los problemas más cotidianos de la sociedad, como la sanidad o la hacienda, oculta sus deficiencias como gestor público erigiéndose en ridículo salvador de la nación, y empuja a su pueblo a rebelarse contra cuarenta millones de españoles que se han distinguido siempre por llevar la solidaridad instalada en el alma y dispuesta permanentemente en la nómina.

No está solo en su locura, es cierto. Ni siquiera la dirige él. Lo utiliza y lo empuja un grupo minoritario que apenas ha obtenido el 8% de los votos. Lo empuja y lo mueve como una marioneta, como se ha visto en la esperpéntica y por dos veces fallida sesión de investidura, donde no ha podido hacer más el ridículo aceptando una a una todas las ocurrencias y todas las imposiciones que le hicieron, por más descabelladas que fuesen. Solo le han jaleado su locura un medio tan manipulado como la televisión autonómica catalana, puesta vergonzosamente al servicio del poder -pues para eso fue creada-, y algún diario que tomó partido por la secesión y ha dejado de ser grande de España. Ahora, quizá tarde, se arrepiente y pide rectificación.

No. España no está rota. Está rota Cataluña, en manos de irresponsables, como sus actuales dirigentes, y aprovechados, como la honorable familia que se envolvió en la bandera catalana para tapar sus bolsas cargadas de billetes.

Como se ve en las encuestas y en los votos, son muchos los catalanes que han caído en la trampa de soñar un país idílico rompiendo sus lazos con España, cuando es este país el que da alas a su desarrollo económico y a su paz social. Pero, como se puede observar perfectamente aunque hagan menos ruido, son más los catalanes que saben que el hilo de la historia va hacia la unión solidaria, hacia el fortalecimiento en un proyecto común. Porque la ruptura y el aislamiento solo señalan el camino del sufrimiento, del caos y de la destrucción.

Y aún así, la amenaza de los que se empeñan en apurar los pasos hacia el abismo es muy fuerte. Han acaparado el debate público de tal manera que marcarán irremediable e ilógicamente la próxima campaña electoral. Es necesario hablar de Cataluña, por supuesto, pero también es prioritario hablar de todos los problemas que afronta hoy España. Y, desde luego, del horizonte tan sobrecargado que tenemos ante nosotros los gallegos.

Porque Galicia corre el riesgo de pasar inadvertida en el escenario autonómico español, de minimizarse, en un momento en el que necesita el impulso definitivo que le haga salir de la vía muerta en que está. Como editor, asisto atónito a la pérdida de pulso de nuestra economía, de nuestra cultura, de nuestra política. Y no encuentro razones para consentirlo. Vengo expresándolo así desde hace años en estas páginas y dejaré constancia de este largo empeño en un libro de próxima publicación.

Galicia, que ha sido siempre solidaria y emprendedora, no puede callar ante la destrucción de sus sectores estratégicos, ante la pérdida de sus fuentes de riqueza, ante la entrega de sus mejores talentos. La agonía del sector lácteo, mientras otros envidian su producción y su calidad; la fama indiscutible, pero mal rentabilizada, de sus materias primas; el abandono político a la pesca; la emigración de nuestros sectores punteros, desde la producción de energía a la innovación tecnológica. Y la marcha con difícil retorno de los jóvenes mejor preparados de los últimos años. Esos son, por no ser exhaustivo, solo algunos de los múltiples problemas que afrontamos. Y ahí es donde debe centrarse el debate interno, en lugar de las fatuas discusiones de twitter o de barra de bar en que nos hemos enzarzado. No se trata de saber quién proclama que representa mejor a Galicia, quién aparece más risueño en las fotos, sino en saber quién aporta más. Quién tiene un plan limpio, completo y coherente para apostar por un país que necesita, de una vez por todas, no perder el tren de la historia y ponerse en pie de igualdad, por fin, con sus hermanos. Porque con su cultura, su lengua, su historia y su contribución, Galicia no esperará nunca peor trato que ninguna de las otras nacionalidades que forman España.

Ese es el principio irrenunciable. Pero mientras la discusión se enrarece, los actores políticos se escabullen. Han pasado del mundo de las ideas al de la indumentaria, con el único objeto de aparecer atractivos ante los focos. Han pasado del programa de trabajo en común al personalismo narcisista. Han pasado de la reflexión a los gritos. Han despreciado más la claridad y se han refugiado en la confusión. Y es hora de saber qué piensan. Para qué nos piden el voto. Y qué harán con él.

En el tiempo en que se dan por desaparecidas las mayorías absolutas y el bipartidismo está en entredicho, es más necesario que nunca que cada uno de los que se proponen representar a los ciudadanos expliquen claramente cuáles son sus propósitos, qué están dispuestos a apoyar y qué líneas rojas se marcan.

Nadie ha dicho nada. Sabemos que los que hoy gobiernan se alinean a la defensiva y apenas proponen una sola jugada de ataque que haga recuperar alguna esperanza. Sabemos que el principal partido de la oposición busca desesperadamente su sitio proponiendo el bálsamo de la reforma constitucional sin decir exactamente dónde lo quiere aplicar. Y sabemos que las nuevas fuerzas políticas incrementan sus expectativas, mecidas por la televisión y las encuestas, pero no se atreven a decir qué van a hacer con los votos que esperan. En qué se concreta su proyecto. En qué gobierno entrarán. A quién apoyarán.

No deja de ser un juego posiblemente legítimo, pero es irresponsable. Absolutamente falto de respeto con los electores que exigen saber en quién confiar, cuál es el destino de su voto.

No se lo ponen fácil, por ejemplo, los dirigentes de Podemos, que juegan a la ambigüedad mientras naufragan enfrascados en sus luchas por el reparto de poder, tan propias de la casta que critican. Su largo culebrón con las Mareas en Galicia y sus sonoras entradas y salidas en Madrid no dejan de ser el reflejo de la confusión y las luchas domésticas en que viven quienes dicen venir a limpiar el viciado aire de la política.

Tampoco lo ponen fácil a los electores los responsables de Ciudadanos, sin más estructura que algunas voces bienintencionadas y una calculada indefinición a izquierda y a derecha. No vive su mejor momento el nacionalismo en Galicia, desangrado por las escisiones y la falta de ideas que hagan compatible su imaginario con el mundo moderno. Y desde luego, mucho tendrán que cambiar populares y socialistas para convencer a los electores de que tienen algo ilusionante con lo que recuperar su confianza.

Porque no es el miedo el que debe coger la papeleta, sino la ilusión. La ilusión por un proyecto común en el que se integren todos los intereses legítimos y se defiendan los pilares que hacen una sociedad justa, equilibrada y libre. Donde se preserven la sanidad pública, la educación, las pensiones. Donde se dé futuro a la economía, se promueva la creación de empleo y se defiendan los sectores estratégicos. Donde las libertades estén aseguradas del mismo modo que están las obligaciones. Donde se erradique y se castigue la corrupción. Y donde no haya tolerancia con ningún tipo de sectarismo ni de imposición ni de violencia.

Dentro de pocos días, los electores tendrán la llave de los próximos cuatro años. Ahora les toca reaccionar a los que piden el voto. Los nuevos y los antiguos aspirantes. Todos. Ya nos han traído hasta aquí, al borde mismo de la desilusión y la confrontación. Deben definir su rumbo. Y a continuación, votemos.

Lenguas y nacionalidades, libertades e imposiciones
Nota del Editor 22 Noviembre 2015

Por labores propias de la edad  no puedo dedicarme a analizar las opiniones y consejos de gentes de buena, regular y mala voluntad.

Pero en cuando veo alguna de las palabras malditas como lenguas (siempre se refieren a las lenguas regionales), nacionalidades (algunos quieren ser más que otros porque así lo quieren) o parejas de palabras incompatibles como libertades y obligaciones o tolerancia e imposición me veo repitiendo lo mismo, contra el goteo permanente de los que pretenden que el sistema autonómico y las lenguas regionales sigan destrozando España y machacando a la mayoría de los españoles para que ellos puedan seguir siendo más que los demás.

La imposición de las lenguas regionales es un disparate del que se benefician algunos miserables a costa de la dignidad de los español hablantes y de España. Cuando hay alguien que utiliza las lenguas regionales frente a los español hablantes los está insultando. Cuando alguien está beneficiándose mediante la lengua regional está robando a los español hablantes.

La otra bazofia es esa de las nacionalidades para hacer ciudadanos de varias clases, ya tenemos cuatro: monarquía, políticos, lengua regional hablantes y español hablantes, y quieren seguir con el cuento para aumentar la quinta clase, los español hablantes sometidos a las imposiciones y restricciones que marcan los lengua regional hablantes.

Hablar de libertades, teniendo en cuenta que hay cinco clases de ciudadanos es una broma. Hablar de imposiciones sin mencionar la lingüística es un insulto. Hablar de votar en un sistema tan irracional como corrupto es un insulto.

Lea la entrevista censurada con el cineasta francés que cuestiona la verdad del 11-M
Cyrille Martin está realizando un documental sobre el 11-M desde la perspectiva de que la versión oficial, recogida en la sentencia, supone "una gran manipulación" de lo sucedido.
EL ESPAÑOL 22 Noviembre 2015

El cineasta francés Cyrille Martin está realizando un documental sobre el 11-M desde la perspectiva de que la versión oficial, recogida en la sentencia, supone "una gran manipulación" de lo sucedido. Martin equipara a Zougam con Dreyfuss y sostiene que "es el chivo expiatorio del 11-M porque cualquier persona en sus cabales lo habría declarado inocente".

"Hemos visto que durante todo el juicio no había absolutamente ninguna prueba que pudiera inculparlo" añade Martin. "Sus huellas, de las que tanto hablaron los medios, fueron un invento. Los dos testigos que afirmaron haberlo visto en los trenes declararon demasiado tarde: ¡tres semanas y un año después de los hechos! Por tanto, no son fiables".

"La decisión del juez de condenarlo ( se refiere a Zougam) se explica por la necesidad de cerrar el caso para así evitar que surgieran más preguntas molestas".

Estas y otras afirmaciones similares quedaron recogidas en una entrevista publicada la semana pasada por eldiario.es en su edición de Castilla-La Mancha. Al cabo de unas horas este medio decidió eliminar la entrevista y borrarla de sus archivos, en un flagrante caso de censura con pocos precedentes en la prensa digital. Este sábado el eldiario.es dirigido por Ignacio Escolar publicó una nota justificando su decisión y arremetiendo contra el entrevistado -un intelectual de izquierdas vinculado a los movimientos anti OTAN- y los periodistas españoles que han sostenido tesis similares.

"Continuando con el tema de la manipulación de la opinión pública -explica Martin en la entrevista-, sería interesante mostrar una estrategia vieja como el sol y que los medios utilizan con mucha frecuencia: divide y vencerás. Esto, en cierto modo, es lo que pasó con el 11-M: los periodistas que pusieron en evidencia las contradicciones de la investigación de los atentados sufrieron el rechazo de gran parte de la población, que les asimilaba a un sector político opuesto sin advertir la parte de análisis crítico del juicio de su discurso".

El autor de la entrevista, Gonzalo Gómez Montoro, la ha publicado íntegramente en su blog. Por su interés reproducimos tanto la entrevista como la nota de eldiario.es justificando su eliminación.

Entrevista al cineasta francés Cyrille Martin en "El diario.es"
“Jamal Zougam es el chivo expiatorio de los atentados de Madrid”
El cineasta francés Cyrille Martin (Drôme, 1982) es el realizador del documental “Un nouveau Dreyfus?” sobre los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid
El autor, cuyo trabajo le ha llevado varios años, se muestra crítico con las “chapuzas” del juicio sobre los atentados del 11-M en la Audiencia Nacional y con el papel de los medios de comunicación.

¿Cuándo y por qué empezaste a investigar sobre los atentados del 11-M en Madrid?
Desde hace tiempo quería hacer algo que mostrara la manipulación de los medios de comunicación dominantes. La primera vez que vi un caso de manipulación de la opinión pública fue en 2002, cuando los medios hablaban de la guerrilla marxista de las FARC, que había secuestrado a Ingrid Betancourt. Los medios ocultaban por completo el contexto de Colombia. Y por Le Monde Diplomatique, medio que se puede calificar de alternativo, supe que el 70% de los asesinatos atribuidos a las FARC en realidad los cometían las milicias a sueldo de la patronal a las que se oponían las FARC. Más tarde, en 2007, di con los artículos que El Mundo dedicó al juicio del 11-M. La manipulación en este asunto fue flagrante, pero desgraciadamente surtió efecto. Este caso me parecía especialmente grave porque el terrorismo influye mucho en nuestra opinión política. No solo en el país afectado por los atentados sino también en los países vecinos.

Has rodado y escrito el documental en calidad de “francotirador”, es decir, sin apoyo privado ni de instituciones públicas. ¿Cómo ha sido el proceso de rodaje?
Mi documental es un film de montaje: su principal contenido son imágenes de vídeo, archivos ya existentes, fragmentos de telediarios, grabaciones de vídeo del juicio, además de algunas entrevistas aparecidas en los medios. He añadido secuencias que rodé yo mismo para darle un hilo conductor al documental. También he dibujado un esquema de la investigación para ayudar al espectador a orientarse entre las fuentes citadas. Para tener libertad he optado por no solicitar apoyo público ni privado y, como he trabajado prácticamente a solas, he tardado varios años en concluir el proyecto. Me gusta definirme como francotirador, término que en nuestro imaginario colectivo evoca el movimiento de resistencia comunista de los francotiradores y partisanos (FTP) durante la Segunda Guerra Mundial.

Tu documental muestra numerosas “chapuzas” en el juicio de los atentados. ¿Cómo es posible que la opinión pública española no se haya fijado en estos errores?
Es muy sencillo: fuera de España no se ha informado del desarrollo del juicio. Yo tardé tiempo en comprender lo que había pasado en España, porque está relacionado con la configuración política particular de vuestro país. En el momento del juicio los periodistas más críticos con la investigación judicial eran gente como Luis del Pino, cuyas investigaciones eran irreprochables, pero que después afirmó que los verdaderos autores del atentado eran el partido socialista para ganar las elecciones tres días después del atentado, o que habían ayudado a ETA a hacerlo. Esta conclusión les desautorizó a ojos de una gran parte de los españoles, que desde entonces no se molestaron en mirar la mejor parte del trabajo de Luis del Pino: sus objeciones a la investigación judicial. Es una lástima que la derecha española más dura haya sido la más crítica con el juicio de los atentados, porque antes del juicio de 2007 no era así. De este modo olvidamos el excelente trabajo de Fernando Múgica, periodista de El Mundo, que no comparte las conclusiones de Luis del Pino.

Esquema documental Un nouveau Dreyfus?
Jamal Zougam es el único superviviente del comando que supuestamente cometió los atentados. ¿Zougam fue el chivo expiatorio de los atentados?
Sí, claramente, es un chivo expiatorio porque cualquier persona en sus cabales lo habría declarado inocente: hemos visto que durante todo el juicio no había absolutamente ninguna prueba que pudiera inculparlo. Sus huellas, de las que tanto hablaron los medios, fueron un invento. Los dos testigos que afirmaron haberlo visto en los trenes declararon demasiado tarde: ¡tres semanas y un año después de los hechos! Por tanto, no son fiables. La bomba que se encontró intacta (para la cual Zougam habría utilizado estúpidamente una tarjeta SIM de su tienda) apareció como por encanto en una comisaría, y el jefe de los artificieros TEDAX aseguró que la bomba no podía haber estado en los trenes porque estos habían sido registrados cuatro veces, y no quiero continuar… La decisión del juez de condenarlo se explica por la necesidad de cerrar el caso para así evitar que surgieran más preguntas molestas. He titulado el documental “Un nouveau Dreyfus? (¿Un nuevo Dreyfus?)”, para insistir en el destino del pobre Jamal Zougam, que está en prisión en condiciones muy duras desde hace once años. Hago referencia al caso Dreyfus, en el que un militar francés judío se comió el marrón en un caso de espionaje de Alemania a Francia a finales del siglo XIX. La comparación me parece apropiada porque Dreyfus y Zougam fueron escogidos como chivos expiatorios por sus pertenencias étnicas y religiosas, que correspondían a los clichés racistas de sus respectivas épocas. En el siglo XIX se pensaba que los judíos eran potenciales traidores; hoy se piensa que los musulmanes son terroristas en potencia.

¿Las instituciones judiciales, políticas y públicas te han puesto obstáculos durante la investigación y el rodaje del documental?
No, ninguna. A Gandhi le atribuyen esta cita: “Primero te ignoran y luego se burlan de ti. Después te combaten y al final los vences”. Puede que el camino aún sea largo.

En el documental, el profesor suizo Daniele Ganser sugiere la posibilidad de la intervención de los “ejércitos secretos” de la OTAN en los atentados.
Algunos datos mencionados en el documental sugieren esta posibilidad, que, por supuesto, no es una afirmación mía. Yo no soy ni policía ni juez de instrucción. Pero ya que hablamos tanto de la libertad de expresión, deberían permitir que se hablara de esta hipótesis. La existencia de estos ejércitos secretos es poco conocida en España y en Francia, pero no en Alemania, ni en Bélgica, ni, sobre todo, en Italia. Estos países sufrieron los años de plomo, y los jueces que investigaron los atentados terroristas acaecidos durante la Guerra Fría apuntaron varias veces a estas estructuras clandestinas de la OTAN, llamadas “Gladio”. Creados en origen para combatir una posible invasión soviética en Europa, que finalmente no se produjo, estos ejércitos clandestinos habrían puesto en marcha una estrategia de la tensión. Es decir, habrían fomentado más o menos directamente el terrorismo para asustar a la población e inocular en ella un sentimiento de rechazo hacia los movimientos izquierdistas, que fueron acusados de ser los autores de los atentados. En televisión se han difundido varios documentales sobre este asunto, como “El Ejército Secreto de la OTAN”. Alfredo Grimaldos también les dedica un capítulo en su libro “La CIA en España”. Los movimientos izquierdistas han perdido la influencia que tenían en los años setenta, y ahora, determinados poderes quieren fomentar la hostilidad hacia la población musulmana, así como hacia los gobiernos de los países de Oriente Medio, a los que se ha acusado de apoyar el terrorismo, como ocurrió con Sadam Hussein. Tampoco hay que olvidar les révélations de Wesley Clark: la administración Bush había previsto atacar seis países más después de Irak.

¿Cuándo podremos ver el documental en España?
Espero que sea lo antes posible. Ahora estoy trabajando en la versión española. Después buscaremos los canales de difusión apropiados para el documental. Creo que debería interesar al movimiento español anti-OTAN, que es mucho más fuerte que en Francia, donde no hay bases militares americanas desde 1967 por decisión de Charles de Gaulle.

¿Tienes otros proyectos de documental en perspectiva?
Por ahora solo tengo ideas sin concretar. Por ejemplo, y continuando con el tema de la manipulación de la opinión pública, sería interesante mostrar una estrategia vieja como el sol y que los medios utilizan con mucha frecuencia: divide y vencerás. Esto, en cierto modo, es lo que pasó con el 11-M: los periodistas que pusieron en evidencia las contradicciones de la investigación de los atentados sufrieron el rechazo de gran parte de la población, que les asimilaba a un sector político opuesto sin advertir la parte de análisis crítico del juicio de su discurso.


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Con mi dinero, NO. ¡Insumisión!
Vicente A. C. M.  Periodista Digital 22 Noviembre 2015

Estoy bastante por no decir muy asqueado del comportamiento cínico e hipócrita del Gobierno de España que sigue dando nuestro dinero al secesionismo de los gobernantes de Cataluña. Lo verdaderamente miserable es querer además vendernos la burra de que existe un “condicionado” y que estarán “vigilantes” controlando cada factura para asegurar que ese dinero es “finalista”, es decir, que servirá para pagar los supermillonarios pufos que el Govern de Artur Mas y sus rebeldes llevan dejando desde hace cinco años, con grave perjuicio para los ciudadanos que ven peligrar derechos esenciales como el de la sanidad y los medicamentos. Eso sí, el dinero se sigue gastando a espuertas y sin control en asuntos como subvenciones a asociaciones independentistas como la ANC, o medios de comunicación afines, o las múltiples cadenas públicas ligadas a TV3.

Simplemente es delictivo y el Gobierno vuelve a ceder ante el chantaje secesionista sin la valentía de afrontar la aplicación del artículo 155 de la Constitución y tomar el control del gasto de esa comunidad autónoma cesando a sus gestores. Simplemente es delictivo el que una vez más haga dejación de funciones y de sus responsabilidades y demuestre una cobardía incompatible con el ejercicio del Gobierno de España. Una actitud que lesiona gravemente los intereses de todos los españoles y permite que el independentismo siga impunemente su hoja de ruta hasta que realice, posiblemente en breves días, el primer desacato formal tras la investidura del nuevo Presidente de la Generalidad y el nuevo Gobierno, cuya primera misión es ser insumiso con las sentencias del Tribunal Constitucional y promulgar las leyes para la cobertura legal que se han inventado.

No sé a qué esperamos todos para declararnos también insumisos con este Gobierno que nos traiciona una vez más. No sé a qué esperamos para tomar las calles y decir alto y claro que no estamos dispuestos a que además de habernos sangrado a impuestos injustos, estos sirvan para destruir a nuestra Patria. Es claro que no podemos esperar nada digno de este Gobierno, ni de Mariano Rajoy, que sigue impasible intentando mantener su chiringuito y que se envía a sí mismo SMS de apoyo con un “Mariano, sé fuerte”. Y esto ligado a la impunidad judicial del clan Pujol, me hace preguntarme ¿Cuál es la información que maneja Jordi Pujol para que este Gobierno siga pagando el chantaje y él siga libre? Si a esto le sumamos la suelta del hijo del terrorista Josu Ternera que sigue en total libertad, tenemos todos los componentes de esta infecta tortilla.

Ya sabemos que los españoles tenemos fama de ser típicamente viscerales y cuando nos rebelamos ya no hay quien nos pare. Creo que la cesión ante el chantaje separatista del nacionalismo radicalizado de Cataluña es la gota que ha colmado el vaso de la paciencia. España se ha convertido en una olla a presión pero sin válvula de seguridad. La explosión puede ocurrir en cualquier momento y los daños son impredecibles. Y aquí solo hay unos culpables y responsables,los dos principales partidos políticos y el Gobierno de España del que depende una Fiscalía que además de incompetente ha entrado en un inmovilismo vergonzoso y una Hacienda que vuelve a dar muestras de servilismo y sectarismo a la hora de exigir responsabilidades a unos u otros sin tomar medidas coactivas con quienes despilfarran y se burlan de las leyes.

Dijo Pablo Iglesias, como también Maduro, casualmente o no, que iban a salir a las calles, Uno para lanzar su campaña del NO a todo y el otro en el caso de que democráticamente perdiese las elecciones. Lo que yo echo en falta es que alguien en España convoque a los españoles para algo más que la demagogia populista o para delinquir con un golpe de Estado armado al estilo bolivariano. Lo que yo echo de menos es que aquellos que aspiran a regenerar la política y otra forma de gobernar no hayan puesto pegas a que los españoles sigamos financiando la destrucción de nuestra Nación. Lo que echo en falta es un verdadero líder que anteponga los intereses de los ciudadanos a los de su partido y de sus benefactores.

Desde hoy ya digo que votaré a quien proponga la insumisión ante la cesión al chantaje, a quien proponga la Unidad de España, a quien defienda la igualdad de todos los españoles y contemple la eliminación de las prebendas del Concierto Vasco y de los Fueros, a quien no permita este sistema desquiciado de autonomías y optimice la Administración del Estado recuperando competencias que nunca debieron ser transferidas, a quien no transija con la burla de las leyes y que se predique el odio en lugares supuestamente dedicados al rezo y a la enseñanza libre de una determinada religión.

Si realmente existe una formación así y unos líderes, espero que se den a conocer, porque hasta ahora han pasado completamente desapercibidos para los ciudadanos.

¡Que pasen un buen día!

Del PP y de su envite ante el 20-D: victoria o muerte
Jesús Cacho www.vozpopuli.com 22 Noviembre 2015

Es, para muchos, el perfecto antihéroe. El epígono de Ulrich, el protagonista de “El hombre sin atributos”, la monumental obra inacabada de Robert Musil. El hombre sin cualidades específicas, sin características singulares. El registrador de la propiedad adosado al Partido Popular en cuyo aparato ha vivido, vegetado incluso, de forma confortable sin propósitos, sin necesidades, casi sin aficiones propias. Frío hasta parecer témpano. Sin sentimientos a flor de piel. Sin grupo propio. Sin ideología. Simplemente un honrado administrador cuya máxima aspiración consiste en entregar la estafeta a su sucesor, a poder ser un correligionario, en las mejores condiciones posibles. El antihéroe perfecto. Mariano Rajoy Brey se dispone a afrontar en menos de un mes una de las pruebas capitales de su vida, el examen que puede dejar el éxito de la mayoría absoluta de noviembre de 2011 anegado en el charco de ignominia que supondría pasar de esa situación de privilegio a la cuneta de la oposición. Con la situación económica, mal que bien, encarrilada, por todo equipaje, pero con la crisis política sin tocar, crisis de una España abierta en canal en busca de destino. Y en el momento más crítico posible.

Dicen que Mariano está bien, más tranquilo, apenas contrariado por las salidas de pata de banco de sus muchachos, aspirantes a reina por un día Montoro y García-Margallo, gallos de pelea a quienes la ausencia de guion, la carencia de un relato coherente, la falta de ordeno y mando que padece este Gobierno, deja sueltos por el prado cual marcianos adictos al desatino, hasta definir esa sensación de caos que el Ejecutivo transmite con tanta frecuencia. “Mariano no tiene guion porque no quiere tenerlo, y ya le va bien así, es su carácter, está en la esencia del personaje”, asegura alguien que le conoce bien. El caso es que está mucho más seguro que hace unos meses, en torno al verano, cuando el desastre amagaba por doquier. Dice Mariano que “vamos bien, pero no rodamos por un pavimento firme”. Todo puede pasar el 20 de diciembre. Todo, cogido con pinzas. Que al aventado Artur Mas, investido por fin presidente de la Generalitat al frisar diciembre, se le ocurra lanzar un envite que reclame contundente respuesta del Gobierno central, el gran miedo, o que el islamismo radical lance uno de sus sanguinarios zarpazos sobre España, un país sin la urdimbre unitaria que ha demostrado tener Francia, y ello a cuenta de las urgencias guerreras que parece les ha entrado a los Margallos -¿qué se te ha perdido en Mali, ministro, saltimbanqui? ¿Qué, a España?-, como fieles gregarios de la grandeur francesa.

El PP se encamina por la senda del PSOE, un partido que no se ha recuperado del liderazgo omnipotente de Felipe González y transita por la cuesta debajo de la autodestrucción. “Si el 20 de diciembre perdemos el Gobierno, el PP se deshace como partido, se disuelve”, asegura persona de larga tradición en Moncloa. Los dos partidos del turno se han convertido en estructuras férreamente jerarquizadas en las que el presidente lo es todo, lo manda todo, sin contestación posible. En realidad son remedos de monarquías absolutas, maquinarias muy endebles, empero, tigres de papel cuyo norte se orienta a la conquista del Poder. Basta darse un garbeo por Ferraz o Génova y abrir la puerta de algún despacho para darse cuenta de lo que son PSOE y PP: cáscaras vacías, nada con gaseosa. De Adolfo Suárez a esta parte, los sucesivos Presidentes han tenido cada vez más poder y menos partido. Zapatero mandó más que Felipe, con menos cortapisas. Y Rajoy más que Aznar, en cuya cohorte anidaban tipos tan potentes como Rato (antes de su vulgar obsesión por el dinero), Arenas o Cascos, por ejemplo, con quienes había que templar gaitas.

No hay comunidad de partido; no hay partido
Todos han fracasado con la sucesión, todos han errado al tratar de transmitir el trono. “Lo más grave de Mariano es que ha destruido el partido. La sola decisión de nombrar secretaria general a la presidenta de una Comunidad Autónoma habla a las claras de su interés por el PP”. La situación, hoy, es que la derecha política española carece de una estructura de partido digna de tal nombre, carece de esqueleto de partido. Las familias –conservadores puros, populistas, democristianos, socialdemócratas y algún que otro liberal despistado- que se sientan en torno a la mesa del consejo de ministros son celdas aisladas que no comparten ni ideología ni afectos, que incluso se odian sin disimulo. La más potente hoy mismo, Opus Dei al margen, es la de los tecnócratas que encabeza la vicepresidenta Soraya, tipos que conciben la política como una suerte de ingeniería y a quienes sobra la gente, la militancia y las bases. Sin proyecto de país o cosa que se le parezca. Simplemente gestionar porque somos los mejores. Nos lo creemos. La propia Soraya. Los Nadal como prototipo. No hay una comunidad de partido. No hay partido.

¿Dónde está situada la frontera del desastre? “El PP estará muerto en el rango de los 105/110 diputados, y seguirá vivo en el de los 125/130”. Esta segunda opción le abriría la puerta a un Gobierno de coalición (o similar) con Ciudadanos. Y ahí entra en escena el político estrella, el hombre-partido, Albert Rivera, un tipo llamado a reemplazar a lo viejo y caduco (el PP), de la misma forma que Pablo Iglesias se considera llamado a sustituir a lo igualmente viejo y caduco de la izquierda, el PSOE que fundara otro Pablo Iglesias, sorprendente guiño del destino, en 1879. Rivera es el político obligado a “destruir” el PP para apropiarse de sus cuadros y refundar un centro derecha moderno, capaz de embarcar al país en un proyecto susceptible de operar de lanzadera hasta el año 2050. Tendrá que ser una OPA amistosa, ni agresiva ni tumultuaria. Y tendrán que acompañar los resultados. Es una de las claves del 20-D: cuanto más fuerte sea la posición de Ciudadanos el 21 de diciembre, mayores serán las posibilidades de ese relevo histórico que la derecha española necesita. Última encuesta fiable (ni de partido ni de demoscópica al uso), recién salida del horno: PP, 120 diputados; PSOE, 80; Ciudadanos, 70, y Podemos, 35.

Habrá que esperar, con todo, a la macroencuesta del CIS, 17.000 entrevistas, con adjudicación de escaños por provincias, que conoceremos en diciembre. De momento, todo es un mar de incertidumbre: hay demasiada gente que quiere votar pero aún no ha decidido a quién. A pesar del escaso ambiente electoral –enmascarado todavía más por la tragedia de París- que se respira a menos de 30 días de la gran cita, en el inconsciente colectivo arde la llama de la importancia capital de estas elecciones como punto final de la Transición e inicio de un nuevo periodo histórico, con el declinar de los partidos que la hicieron posible y la aparición de nuevas siglas llamadas a empedrar el camino del futuro. Juega a favor del PP el miedo que brota de la incertidumbre del momento, prejuicio instalado con fuerza entre los votantes de más edad. En contra, la pésima imagen de partido apolillado -ni siquiera la corrupción-, incapaz de enviar un solo mensaje de regeneración a los españoles más jóvenes. Y, naturalmente, la ausencia de carisma personal del líder, ese hombre sin emociones que encierra la imponente arquitectura física de don Mariano.

Mariano no ha pastoreado a las oligarquías patrias
Un tipo complejo, con todo, nada simple, ojo, que nadie se equivoque, excepcional (“extraordinario, singular, único”, según el María Moliner) desde muchos puntos de vista. Su falta de apego a las pompas y vanidades de este perro mundo, por ejemplo. Su indiferencia ante las presiones de los opinion makers, reales o supuestos, también. Su olímpico desdén hacia los ricos. Porque los ricos (“es una necia diligencia errada;/ es un afán caduco, y, bien mirado,/ es cadáver, es polvo, es sombra, es nada”, que escribió la carmelita mexicana), llamados a palacio piden, presionan, exigen incluso, terminan volviéndose agresivos, conformando un mundo que le es ajeno. Mariano es el resultado de un formidable trabajo de depuración existencial -mejor consumir vanidades de la vida que consumir la vida en vanidades-, cuyo ascético resultado final se concreta en alguien que sabe lo que le gusta e importa, sabe con quién quiere estar –su familia, su padre- y con quién no, y para quien lo demás se mueve en una gigantesca zona de sombra. Al revés que a Felipe o Aznar, a Mariano le incomoda el aura de las grandes fortunas. El hombre sin atributos no pide, no coacciona, no presiona. Razón por la cual no pastorea a las oligarquías patrias que, tan despistadas con él como Mas y su prole indepe, vagan sin ronzal por los cerros de Úbeda, como tantos de sus ministros, como el singular Margallo, el hombre que aspira a su minuto de gloria al estilo de un François Hollande salvado de la mediocridad por la violencia de la sangre vertida en París.

Es obvio, o así me lo parece, que la agenda de problemas que necesariamente deberá abordar el futuro Gobierno en la próxima legislatura reclama en Moncloa una personalidad muy distinta al antihéroe gallego. Albert Rivera parece haber abandonado la idea de reclamar al PP –lo cuenta este domingo aquí Federico Castaño- un candidato a la presidencia distinto de Mariano, con partido de homenaje incluido, para apoyar un Gobierno “popular” con el respaldo de Ciudadanos. ¿Cuatro años más con Mariano Rajoy Brey apalancado en Moncloa? Consolidar la recuperación económica es seguramente el más liviano de los problemas a los que ahora mismo se enfrenta España. Sinceramente, este país no está para más Marianos.
 


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