AGLI Recortes de Prensa   Sábado 28   Novietubre  2015

¿Qué puede hacer España para reducir sus más de 100.000 leyes y normas?
La fragmentación de mercado que generan estas normas supone un coste de 45.000 millones. Canadá ha logrado atajar este problema.
Libertad Digital 28 Noviembre 2015

El gobierno de Mariano Rajoy ha detectado la existencia de 2.700 normativas que podrían perjudicar la unidad de mercado. En total, hay más de 100.000 leyes y normas en vigor, lo que equivale a decenas de miles de páginas regulatorias que tienen un coste de 45.000 millones de euros.

Basta con echar un vistazo al BOE de las Comunidades Autónomas para comprobar esta deriva intervencionista:

El impacto de estas medidas en un encarecimiento generalizado de los costes empresariales. Solamente en la bolsa de la compra, hay regiones en las que las regulaciones vigentes se traducen en un encarecimiento medio del 4,5% en el precio final.

¿Es posible acabar con esta maraña de normas? ¿Puede España dar marcha atrás tras años de profundo intervencionismo regulatorio? Quizá el mejor ejemplo de que cabe ser optimistas lo tenemos en Canadá, país que aprobó en abril de 2015 una histórica ley encaminada a reducir el volumen y alcance de las normas que marcan la vida económica de las empresas y trabajadores. El objetivo de esta norma es el de reducir al menos una ley por cada nueva pieza de legislación aprobada a nivel federal.

Columbia Británica como punto de partida

Esta medida no se aprobó de la noche a la mañana, sino que surgió como consecuencia del éxito observado en la provincia de la Columbia Británica, donde este tipo de reformas empezó a desarrollarse en 2001. El balance ha sido muy positivo: la carga regulatoria es hoy tres veces menor que la que estaba en vigor hace casi quince años. Aunque el programa iba a expirar en 2015, el Ejecutivo provincial ha decidido prolongar el esfuerzo hasta 2019.

El coste de mantener regulaciones innecesarias puede medirse en relación con el número de trabajadores de cada empresa. En Canadá, por ejemplo, las compañías de menor tamaño (uno a cinco trabajadores) soportan un coste regulatorio de 4.800 euros por empleado (6.700 dólares canadienses), mientras que en EEUU hablamos de casi 3.000 euros de encarecimiento (4.200 dólares canadienses).

Las firmas de mayor tamaño soportan mejor estas cargas, pero igualmente pierden un volumen importante de recursos, como refleja la siguiente gráfica:

Las encuestas de las organizaciones empresariales confirman que la mayoría de las Pymes cree que el exceso de intervención del Estado "genera estrés, reduce la productividad y genera problemas para el crecimiento de las compañías".

¿A qué dedicarían los empresarios el ahorro derivado de eliminar estos sobrecostes regulatorios? Entre las prioridades observadas en EEUU y Canadá aparecen la inversión en bienes de equipo, la expansión empresarial, el desapalancamiento, el aumento de los salarios y beneficios de los trabajadores, el crecimiento en el reparto de beneficios, la contratación de más empleados, el aumento de las donaciones a entidades caritativas o el descenso de los precios.

Otros países

Los informes del Mercatus Center señalan que el código regulatorio federal de EEUU contiene hoy más de un millón de restricciones, una subida de casi el 30% frente a los números de 1997. No obstante, si también ampliamos el foco al campo financiero, vemos que la Ley Dodd-Frank supuso 27.000 nuevas restricciones, superando incluso las 25.500 que aprobó la Administración Obama en otros campos de la economía. Cada año, el coste de la sobrerregulación en EEUU llega al 14% del PIB,

En Europa, Holanda ha empezado a dar pasos en esta dirección adoptando la obligación de medir el impacto de cada norma aprobada. Por su parte, los gobiernos de Dinamarca y Noruega se han unido a la meta de Países Bajos de reducir un 25% la carga de obligaciones que se impone a las compañías.


La guerra indeclarada
Jesús Laínz Libertad Digital 28 Noviembre 2015

En el nombre de Alá, el Justo, el Clemente, el Misericordioso, los más fanáticos de sus adoradores llevan muchos años sembrando el terror allí donde pueden. Pero los occidentalitos, adormecidos por nuestro bienestar, no solemos prestar atención a esos asuntos. Al fin y al cabo, sólo ocupan un lugar secundario en los periódicos, pues tanto los periodistas como los lectores los consideramos parte del paisaje de esos lugares lejanos cuyos habitantes suponemos acostumbrados a convivir con esas molestias del mismo modo que conviven con el ébola, la sequía o las cobras. A veces la cosa se acerca, como cuando se ametralla a turistas europeos en hoteles africanos o se derriban aviones rusos sobre la península del Sinaí. Pero lo olvidamos rápidamente, pues no dejan de ser hechos lejanos y fácilmente evitables: que no se hubieran ido tan lejos a hacer turismo.

Pero igual que cuando al ébola le dio por aterrizar en la orilla norte del Mediterráneo, momento en el que, de repente, comenzó el crujir de dientes, cuando los aspirantes a las huríes cometen sus salvajadas en suelo europeo o americano es cuando todo el mundo se lleva las manos a la cabeza por el muy comprensible motivo de que se hace evidente que le puede tocar a cualquiera.

El problema de esta guerra postmoderna es que no hay un ejército enfrente. ¿Quién es el enemigo? ¿Dónde está? ¿Cómo se llama? A veces se llama Al Qaeda, otras veces los talibanes, otras Sadam Husein, otras Libia, otras Afganistán, otras Irán, otras Siria, otras Boko Haram, otras Estado Islámico... y en el futuro tendrá otros muchos nombres.

Pero todos ellos no son más que granos purulentos que van saliendo a la superficie, varios de ellos surgidos, o al menos agravados, a causa de la colaboración, activa o pasiva, de un Occidente egoísta, imprevisor, torpe e ignorante. Y, sobre todo, débil. Algunos de esos granos podrán ser explotados y aparentemente aliviados, pero es inevitable que sigan saliendo otros, pues la inflamación está debajo; una inflamación que tardará muchas generaciones en desaparecer, bastantes más, sin duda, que las que tardará en hacerlo un Occidente que revienta de colesterol, que se niega a tener hijos, que aplaude todo lo que le destruye y que incluso ha dejado de ser consciente de sí mismo.

Algunos lo avisaron y fueron inmediatamente condenados a las tinieblas exteriores del fascismo y la xenofobia. Pero los hechos les han dado la razón: varios de los terroristas de París acababan de llegar a Europa con la riada de supuestos refugiados de Siria y otros fallidos países asiáticos. En el próximo futuro iremos viendo cuántos más llegaron con ellos. Y los que seguirán llegando. Junto a los recién llegados han participado terroristas nacidos en Europa, educados en Europa y con ciudadanía europea, como sus camaradas londinenses de 2005. Interesantísima cuestión: a pesar de tener carnet de identidad británico o francés, se sienten arraigados en otras tierras, otras culturas y otras religiones, al mismo tiempo que rechazan su pertenencia a naciones de las que se sienten extraños.

Precisamente ingleses y franceses fueron testigos de un interesante fenómeno durante el mundial de fútbol de Francia de 1998, del que ya nadie se acuerda. Si bien el deporte puede parecer intranscendente, su dimensión metadeportiva no lo es. Al fin y al cabo el fútbol no está hoy lejos de ser la continuación de la guerra por otros medios. En primer lugar, ciudadanos británicos de origen extraeuropeo se manifestaron más o menos pacíficamente por las calles en apoyo, no de la selección inglesa, sino de las de sus países de origen. Incluso hubo incidentes violentos con conciudadanos suyos de piel blanca y partidarios de la selección inglesa. Y, en segundo lugar, todo el mundo pudo comprobar a través de la televisión las batallas campales habidas principalmente en Marsella entre hinchas ingleses y seguidores del equipo nacional tunecino, quienes contaron con el apoyo de ciudadanos franceses de origen norteafricano.

El mismo fenómeno acaba de manifestarse estos días en una Cataluña desde la que, según se ha informado, han partido una docena de nuevos militantes para sumarse a las filas del Estado Islámico. Lo más significativo del asunto es que se trata de conocidos miembros de Nous Catalans, ese colectivo organizado y generosamente subvencionado por los inquilinos de la Generalidad para engordar con los recién llegados la causa separatista. Porque para los sedicentes defensores de las esencias catalanas amenazadas por España, dichos Nous Catalans son perfectos catalanes, a diferencia de unos catalanes de pura cepa que, por su condición de no separatistas, quedan fuera de la categoría de catalanes, lo que resulta francamente divertido.

Todos estos enfrentamientos, futbolísticos o callejeros, espontáneos u organizados, incruentos o criminales, probablemente sean los primeros gases que han comenzado a escapar de un enorme volcán que no tardará en estallarnos bajo nuestras orondas posaderas. Porque la creciente violencia es el síntoma más visible de que buena parte del mundo islámico no descansará hasta ganar esta no declarada guerra mundial. Y esa parte violenta, de momento no desactivada por la supuesta mayoría pacífica del mundo islámico, no parará porque la certeza de la victoria le viene tanto por la vía de su fanatismo religioso como por la del análisis de los hechos: si no imponen su voluntad ahora por las acciones criminales de unos pocos llegados de fuera, lo harán después más suavemente por el creciente peso de los establecidos dentro y de los que siguen llegando a una Europa idiotizada que los recibe cantando el "Imagine".

Es sólo cuestión de tiempo. De muy poco tiempo.

La izquierda radical no romperá la unidad de los demócratas
Editorial La Razon 28 Noviembre 2015

La firma por parte de la mayoría de las fuerzas democráticas españolas del pacto contra el terror yihadista tiene, entre otras muchas, la virtud de desautorizar ante la opinión pública a quienes pretenden deslegitimar la inevitable acción institucional frente al terrorismo. En efecto, el pacto de Estado, del que se han excluido los comunistas y los movimientos de extrema izquierdad populista, significa garantizar la unidad de los representantes de la soberanía nacional frente a la amenaza islamista, preservando del enfrentamiento partidario la política de seguridad y su vinculación con los compromisos internacionales contraídos por España, tanto más importante cuando nos hallamos en los inicios de una campaña electoral que se presenta muy disputada ante los pronósticos que apuntan a una significativa dispersión del voto.

l pacto permite, asimismo, abordar con mayor serenidad el periodo de consultas previo a cualquier petición de ayuda y colaboración que provenga de nuestros aliados, presumiblemente de Francia. Porque la realidad es que, pese a las invocaciones de algunos candidatos, como Albert Rivera, que instan al Gobierno a intervenir en Siria sin aguardar a la constitución del próximo Parlamento –lo que, por otra parte, sería perfectamente legítimo, pues entra dentro de las atribuciones de la Comisión Permanente del Congreso–, ni la guerra de Siria comenzó ayer ni el llamado Estado Islámico ha surgido por sorpresa. De hecho, tanto la coalición internacional que encabeza Estados Unidos, en la que se incluye Francia, como Rusia llevan a cabo misiones de bombardeo contras los islamistas del Dáesh en Siria e Irak desde hace más de un año.

Mientras la coalición no cambie de estrategia en la zona, con una posible dimensión terrestre de la intervención, la mayor urgencia para nuestro país sigue centrada en la protección del territorio nacional, labor encomendada a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, que mantienen plena colaboración con nuestros aliados europeos y con Marruecos. Pero, en cualquier caso, no es posible poner en duda el compromiso de España en la lucha contra el terrorismo ni su disposición a apoyar a nuestros aliados, en especial a Francia, como demuestra el hecho de que mantenemos operaciones conjuntas con el Ejército francés en Mali, República Centroafricana y Senegal, además de las misiones multinacionales de Somalia, Líbano, Irak y Afganistán.

Son operaciones que, primordialmente, están dedicadas a la protección de la población civil frente a los ataques de grupos terroristas o que pretenden instruir en la defensa a las unidades militares y policiales de países que sufren el embate del islamismo más cruel. Conviene recordar los motivos por los que nuestros soldados, policías y guardias civiles arriesgan la vida fuera de nuestras fronteras ante la inicua manipulación política que, bajo el disfraz del pacifismo, pretende llevar a cabo Podemos con las manifestaciones del «no en nuestro nombre» convocadas para hoy y que sólo buscan cubrir las espaldas de quienes se niegan a figurar en la misma lista que los demócratas. Un intento de resucitar el enfrentamiento partidista del «no a la guerra» por parte de la extrema izquierda española, cuyo «pacifismo» bebe de las mismas fuentes ideológicas de los movimientos comunistas occidentales de la Guerra Fría, cuando el concepto de la paz dependía de con qué lado del muro de Berlín se tenían las simpatías.

Luz roja
Vicente Baquero  www.gaceta.es 28 Noviembre 2015

Tras ir rastreando todos los posibles puntos de fricción en este conflicto generalizado de incontables facetas, que afecta directamente a Europa, Oriente Medio, EE.UU., Rusia y por osmosis, al equilibrio del mundo en estos momentos, de pronto me asaltó una idea que me inquietó profundamente. La idea de que en ocasiones los árboles, esos mismos conflictos parciales, que no nos dejan ver el bosque, nos ofuscan la visión y nos encontramos con consecuencias no previstas y mucho menos deseadas.

Cuando la complejidad de un problema es de una naturaleza tal, que no permite distinguir los condicionantes, ni las últimas razones, que casi siempre son egoísmos nacionalistas, intereses económicos o disputas religiosas, se puede generar en un momento determinado, una inercia que desencadene una reacción no buscada por las partes.

A partir de un hecho, que en sí mismo no tendría por qué tener una mayor trascendencia, se inicia una espiral ascendente de final imprevisible. El comienzo de la primera guerra mundial es el ejemplo perfecto. Era todo un entorno el que precipitó una guerra de terribles consecuencias.

Por ello visualicé un hecho que podría precipitar una guerra de consecuencias muy diferentes, una guerra que volvería obsoletas todas las consideraciones hechas hasta este momento al cambiar radicalmente todo el escenario.

La acción de guerra turca derribando un avión ruso junto a su frontera, es una temeridad, además de un acto incongruente en estos momentos en los que al menos, “teóricamente”, están luchando en el mismo bando, contra el radicalismo islámico. Si Rusia reacciona pone a la OTAN en un brete.

Lo que refleja es que detrás de estas guerras hay unos intereses muy dispares. Turquía se está islamizando y sigue paradójicamente en la OTAN, favorece a las milicias suníes contrarias a Assad, al EI, ISIS o al Daesh si se quiere incluido, y lo viene haciendo con apoyo económico, logístico y de santuario, a la vez que busca exterminar militarmente a los Kurdos aliados de Occidente.

Rusia pretende aniquilar a las milicias islámicas contrarias a Assad, que se refugian alrededor de la frontera turca. Un simple comandante turco más o menos simpatizante de la causa sunita al otro lado de la frontera, ordena derribar un avión militar ruso. ¡No sabe en la que se está metiendo si los rusos contra atacan! Esperemos que la OTAN no reaccione apoyando a Turquía pues eso desencadenaría una guerra de consecuencias imprevisibles con el asunto de Ucrania todavía pendiente.

No quiero ni pensar si se eleva la tensión y se produce un conflicto armado entre Rusia y Turquía, como ocurrió en Crimea, en que Gran Bretaña y Francia tuvieron que acudir en su ayuda con apoyo militar, para evitar que Rusia acabase con el “enfermo de Europa”. ¿Volvería a producirse tal contingencia, en este caso apoyándose en el tratado de mutua defensa de la OTAN?

Rusia siempre ha tenido interés en controlar los estrechos y zonas adyacentes, por razones obvias, apoyará a El Assad mientras este le permita mantener bases navales en el Mediterráneo sirio. Mejor no proporcionarle la escusa…

Los turcos deberían reducir sus decibelios nacionalistas, volver a los principios marcados por Ataturk, y dejar de apoyar a los rebeldes sirios y palestinos, o se arriesgan a verse colgados de la brocha, pues no creo que los países de la “Alianza Atlántica” vayan, ni deban, ir a la guerra con una Rusia crecida militarmente, para amparar sus simpatías religiosas por la causa sunita. Turquía tendrá que escoger ¿con quien está en este pulso? De ello dependerá su propia supervivencia, sola no aguantaría un embate de los rusos: ser una potencia regional que lo es, o sufrir un descalabro de dimensiones imprevisibles.

Si por otro lado Occidente cometiera la torpeza de apoyar a Turquía, iba a encontrarse en una situación insostenible, una guerra profundamente impopular, independientemente de los intereses americanos o europeos en la zona, las poblaciones de los países occidentales, en absoluto simpatizan con una causa como la islámica, malamente se tolera mirando en otra dirección, que se sigan manteniendo relaciones con Arabia Saudita y los Emiratos del Golfo.

Terrorismo islamista: cuando el Joker condenó al Pingüino
Julián Schvindlerman Libertad Digital 28 Noviembre 2015

Tras los atentados perpetrados por el ISIS en París, llovieron las condenas contra el salvajismo de los yihadistas. Notablemente, entre quienes reprobaron la noción de asesinar brutalmente a civiles indefensos fuera del campo de batalla se contó a referentes del propio universo fundamentalista que se dedican a asesinar brutalmente a civiles indefensos fuera del campo de batalla, tales como Hezbolá ("Partido de Alá"), Hamás ("Movimiento de Resistencia Islámico") y la Yihad Islámica Palestina ("Guerra Santa Islámica Palestina"), cuyos nombres elocuentemente anuncian a qué cuestiones se dedican.

Un comunicado de Hamás declaró: "Condenamos con dureza la cadena de ataques y acciones hostiles que fueron cometidas en París (…) Déjennos proclamar nuestra consigna bien alto: no al asesinato de inocentes, la gente debe estar segura en sus casas y localidades, y no a la muerte de inocentes en ninguna parte del mundo". La Yihad Islámica Palestina dijo condenar "de manera inequívoca" los ataques en Francia y consignó que eran "la continuación de una saga de violencia ciega". Por su parte, el secretario general de Hezbolá, Hasán Nasrala, pronunció: "Los pueblos de nuestra región, que vivimos bajo la monstruosidad del Daesh [acrónimo árabe del ISIS] en más de un país, comprendemos mejor lo que es esta tragedia".

Varios medios de comunicación presentaron la noticia sin el menor matiz, tratándola como una curiosidad política. Pero sin contexto ni análisis que acompañara tales expresiones el lector desprevenido podía quedar bajo la impresión equivocada de que un espasmo de pacifismo cubrió a los camaradas ideológicos del ISIS. Hezbolá es un movimiento chií enemistado mortalmente con los combatientes sunitas de Abu Baker al Bagdadi y pelean cuerpo a cuerpo contra ellos en Siria. En París operaron islamistas que activaron sus cinturones con explosivos, matando así a docenas de personas. Adivine qué grupo terrorista asesinó a soldados franceses en el Líbano en los años ochenta por medio de atacantes suicidas. Así es, el mismísimo Hezbolá, que en la década siguiente repitió la hazaña por dos veces en la misma ciudad, Buenos Aires, contra diplomáticos israelíes y contra ciudadanos argentinos. Hamás es sunita, pero busca distanciarse del salvajismo del ISIS para preservar ante la opinión pública biempensante europea su imagen prístina de luchador contra el ocupante sionista en la Franja de Gaza. ¿Recuerda qué grupo terrorista inauguró la modalidad del terrorismo suicida contra pizzerías, universidades y autobuses en Israel, veinte años atrás? Así es, el mismísimo Hamas, que apenas el año pasado lanzó miles de misiles contra ciudades israelíes. En cuanto a los guerreros santos de la Yihad Islámica Palestina, digamos que cuando no están lanzando cohetes están aplaudiendo los apuñalamientos que sus correligionarios cometen contra hombres, mujeres y niños en Israel.

¿Se entiende el punto?
El hecho fue periodísticamente relevante, sin duda alguna. Podría decirse que era una nota inusual. De color, inclusive. Pero no era complicado darse cuenta de que se trataba de lágrimas vertidas por cocodrilos. ¿Es mucho pedirle a Vicki Vale que cuando ve al Joker condenar las fechorías del Pingüino en Gotham City se muestre, cuando menos, escéptica?

© Revista El Medio

La lucha contra el régimen criminal de Venezuela
EDITORIAL Libertad Digital 28 Noviembre 2015

Pese a la ausencia de su creador, el régimen bolivariano instaurado por Chávez en Venezuela está dispuesto a perpetuarse al coste que sea y, ante la cercanía de una derrota electoral muy probable el próximo día seis de diciembre, sus métodos se han radicalizado aún más.

La violencia es una constante en el país desde que el gorila rojo fue elegido presidente, no en vano Caracas es la capital más violenta del mundo con una tasa de homicidios propia de una ciudad inmersa en un conflicto armado. Sin embargo, el asesinato de un político opositor en pleno mitin y las demoledoras declaraciones de Lilian Tintori este jueves han dejado claro que el bolivarianismo ya no se conforma con la muerte civil de los opositores, ni siquiera con su encarcelamiento tras farsas judiciales: ahora quiere su eliminación física.

Es la evolución natural de un régimen que desde el primer minuto venía a ocupar el poder de una forma totalitaria, aunque mantuviese formalmente algunos mecanismos democráticos o de mercado. Es lo que cabe esperar de unos líderes aún más mediocres que Chávez, enfangados en todo tipo de corrupciones e incluso en crímenes mayores como el narcotráfico y que, como ya ha advertido el propio Maduro, están dispuestos a "ganar las elecciones como sea".

Es difícil ser optimista en esta situación, con un país que está económica y socialmente roto y que se encuentra en manos de delincuentes sin escrúpulos. Todo hace pensar, y nada nos gustaría más que equivocarnos, que Venezuela se enfrenta a una escalada violenta de difícil final, y sólo hay dos cosas que pueden ayudar a evitar este escenario: un rotundo voto mayoritario para la oposición el 6D que haga indefendibles las maniobras del régimen; y una contundente posición internacional que haga ver al chavismo que la huída violenta hacia delante no va a tener ningún recorrido.

España tiene que ser, política y diplomáticamente, uno de los países que lidere esta respuesta, no podemos mirar hacia otro lado en el caso de una nación a la que nos unen tantas cosas y en una de las pocas áreas en las que sí tenemos una importante capacidad influencia.

Pero además los españoles tienen que mirarse en el espejo venezolano: ver allí a dónde llevan los experimentos socialistas y, sobre todo, darse cuenta de que cierto tipo de políticos o de partidos aunque se vistan con ropajes democráticos sólo se sirven de la democracia para alcanzar el poder, ocuparlo y, una vez allí, corromperse hasta el tuétano y resistirse a abandonarlo sin descartar los más criminales métodos.

Unos políticos y un partido que, de hecho, casi sin haber tocado el poder ya nos han enseñado su verdadera cara corrupta, nepotista y que, tal y como ha demostrado esta semana Juan Carlos Monedero, son capaces de cualquier cosa dentro de la confrontación política, aunque por ahora se limiten, como se limitaba el chavismo hace tiempo, a intentar la muerte civil del oponente.

No, España no puede abandonar a Venezuela y menos aún abandonarse a sí misma para convertirse en otra Venezuela.


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Hazañas ejemplares
Hermann Tertsch. ABC 28 Noviembre 2015

Está muy ufana y satisfecha la opinión publicada –que en España es más líquida, ilusa y faldicorta si cabe que la opinión pública– con la «transformación política» que ven sus grandes gurús en Pablo Iglesias y su partido. Con lo que consideran su rápida aproximación a una izquierda moderada. «Ya lo anuncié yo», oigo decir y leo a mucho analista. «Yo ya dije que Podemos acabaría integrado en el sistema. Ya han abrazado la moderación». Muchos que aún hace poco se reían o dudaban de la sinceridad de la conversión a la socialdemocracia de quienes todavía hace dos años bailaban con la bandera roja y retratos de Lenin están convencidos de que se han rendido a la lógica del sistema. De que ya han sido integrados quienes presumían de ser la quintaesencia leninista, convertidos en una izquierda convencional democrática de la que, más allá de alguna excentricidad, nada hay que temer.

Algunos, en cambio, vemos a Iglesias y a Monedero, a Colau y a Bescansa, mucho más cerca que nunca de los sicarios de Nicolás Maduro que el miércoles mataron a un candidato de la oposición en un mitin. En presencia de Lilian Tintori, la mujer del líder opositor que se pudre en la prisión militar de Ramo Verde. Sí, en Venezuela. Nada han dicho de ese nuevo crimen ni del terror en la campaña estos supuestos conversos de Podemos. Cuando es hoy y ahora el crimen y lo perpetran sus socios. Ellos están solo preocupados por evitar represalias militares contra Estado Islámico. Iglesias ha dicho que está demasiado ocupado en España para ocuparse de lo que pasa «en un país tan lejano como Venezuela». Un atisbo de decencia le habría impedido hablar así cuando sabe lo que sabemos. De su íntima hermandad con quienes han convertido aquel «remoto país» en un infierno. Hay cientos de grabaciones de actos de apoyo y manifestaciones de entusiasmo, perruna sumisión y lacayuna obsequiosidad hacia Hugo Chávez y el régimen que hoy aterroriza a la nación venezolana. Maduro amenaza ahora en televisión a su pueblo con tanta violencia, advierte, que la oposición se arrepentiría de ganar las elecciones. Le dice a la oposición que rece por perderlas para no sufrir las represalias que prepara. Esa es la realidad de la que proceden Monedero e Iglesias. De la que han cobrado y según algunas fuentes siguen cobrando para su proyecto político en España.

La conversión de Iglesias y Monedero a una izquierda democrática solo sería creíble con una abierta y pública condena al régimen con el que colaboraron en Venezuela. Igual que la integridad personal de Iglesias solo es asumible si no homenajea a su abuelo en Villafranca de los Barros intentando perpetuar la mentira del resistente militar. Y, por el contrario, tiene el valor para una proclamación política de grandeza que sí le daría otra dimensión personal. Sería el franco y sincero reconocimiento de los crímenes que cometió su abuelo, con una manifestación de luto por sus víctimas, entre ellas el marqués de San Fernando, Joaquín Dorado y Rodríguez de Campomanes. Sin una ruptura con el crimen no se puede pretender formar parte de la comunidad democrática. Se ha visto con Bildu y demás franquicias etarras. Se ve con Podemos. No hay alejamiento real de los postulados totalitarios y el crimen que siempre han defendido. Todo lo contrario. El juego del poli bueno, poli malo, de Iglesias y Monedero no oculta la siniestra vocación real. La agresión a Albert Rivera con una campaña de difamación sin precedentes en la democracia española es el intento del asesinato civil propio de sicarios de las peores dictaduras. Es el asesinato virtual de quienes no condenan los crímenes reales porque siguen siendo para ellos hazañas ejemplares.

Imperdonable catalanofobia
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 28 Noviembre 2015

Lo que muchos observadores se preguntaban –nos preguntábamos– era cómo reaccionarán los ciudadanos seducidos por el trampantojo secesionista cuando se den de bruces con la realidad y descubran que sus líderes, y los portavoces rentados de sus líderes, les han mentido y los han embaucado premeditadamente para ponerlos al servicio de sus ambiciones de poder.

Los restos del botín
Les han mentido cada vez que les decían que eran mayoría, masificándolos en manifestaciones multitudinarias donde era imposible determinar la cifra real de asistentes. Y les informaban que habían sido millones en un espacio donde sólo cabían setecientos mil muy apretujados. Los disfrazaban con camisetas para agruparlos en falanges regimentadas. Los proveían de estandartes donde una estrella revolucionaria corrompe las cuatro barras originales, imitando a los franquistas que habían corrompido la rojigualda con el aguilucho, el yugo y las flechas. Ni sus propias banderas respetaban ni respetan estos falsarios enfrentados por la retórica pero hermanados por su vocación totalitaria.

¿Cómo reaccionarán los manipulados cuando terminen de comprobar que los han tratado como borregos?, seguimos preguntándonos. Lo sabremos muy pronto, porque los que operaban como arrieros del rebaño se han desentendido de este para disputarse, sin recato, los restos del botín. Y las élites que alimentaban el argumentario de los salvapatrias desde los medios de comunicación subvencionados, los jaleaban o simplemente los acompañaban con su silencio cómplice han descubierto con horror que sus intereses están amenazados y se apresuran a reclamar el retorno a la legalidad y la cordura. El canguelo no tardará en extenderse al resto de la sociedad.

Basta recordar aquel servil editorial conjunto del 26 de noviembre de 2009 con que doce diarios de Cataluña se propusieron presionar al Tribunal Constitucional para que no tocase el Estatut del 2006. Un Estatut que canonizaban y siguen canonizando como si lo hubiera apoyado el pueblo de Cataluña, cuando sólo cosechó 1.899.897 votos sobre un censo electoral de 5.810.109 ciudadanos. ¡El 36 %! Exactamente el mismo porcentaje sobre el censo que consiguen los secesionistas en todas las elecciones y consultas. Aquel editorial lo promovió La Vanguardia y se atribuye su autoría intelectual al gurú Enric Juliana, entonces director adjunto. Detalle curioso: ahora, el mismo gurú juzga un error "la resolución garibaldina del Parlament de Catalunya" ("Pronto volverán las corbatas", LV, 22/11) y arremete contra el primer gran error de la política catalana (…) el referéndum sin músculo del Estatut, el 18 de junio del 2006. Siempre lo mismo: radicalismo pequeño burgués sin perspectiva europea.

El discurso torticero sigue atribuyendo el origen de todos los desencuentros a las enmiendas que el Tribunal Constitucional introdujo en el Estatut del 36%, pero el miedo al caos inminente ha hecho girar 180º el rumbo político del órgano del establishment catalán. Un establishnent compuesto por empresas de primera magnitud que han iniciado el éxodo hacia los cuatro puntos cardinales, desde Madrid hasta Dublin, con el añadido de los industriales, comerciantes, profesionales y otra buena gente trabajadora que ven amenazados el orden jurídico y el derecho de propiedad.

Testimonios del giro
El editorial que publicó La Vanguardia ("Por la rectificación", 10/11) inmediatamente después de que el Parlamento de Cataluña aprobara "una declaración unilateral de independencia encubierta" fue uno de los muchos testimonios de este giro:

Hay mayoría parlamentaria para proclamar esa virtual ruptura mediante una moción retórica, hiperbólica y mal redactada, y no parece haberla para formar gobierno. Hay mayoría para la huida hacia delante y no la hay para una gobernación coherente. (…) El grave error táctico (…) consiste en tramitar una resolución maximalista y rotundamente inconstitucional a cambio de nada, lo puede acabar pagando el conjunto de la sociedad catalana. No es inteligente. No es justo. No es necesario. (…) En ningún caso y bajo ninguna circunstancia la Unión Europea podría aceptar o mirar con simpatía que uno de sus territorios se proclame ajeno a las leyes vigentes y decida desconocer la jurisdicción del tribunal de garantías constitucionales. (…) La consigna catalana debe ser ahora mismo evitar cualquier tipo de aventura.

Después de la matanza de París, otro editorial ("Europa y Catalunya", LV, 22/11) pone el acento en la necesidad de anular la resolución que rompe el vínculo con Europa:

Esa resolución no puede ser el punto de partida de una nueva legislatura. Esa resolución es antieuropea. (…) En el nuevo mapa de riesgos está Barcelona. Bajo ningún concepto Catalunya puede desconectar del orden jurídico europeo. El europeísmo, que ha sido y es una de las señas de identidad de este país, debe reaccionar. No hay ninguna duda de que la temeridad será rechazada por una Europa vigilante, con el consiguiente perjuicio para todos. Es la hora de la rectificación.

Se agota la paciencia
Sobran motivos para que se agote la paciencia de los ciudadanos. Los empresarios emigran. El Cercle d'Economia exige legalidad y cordura. El Gobierno de España promete cortar los víveres a los paniaguados que urden estructuras de Estado golpistas y viajan por el mundo para repartir la propaganda sectaria de la Generalitat decorada con el falso membrete de documento diplomático. Crece la deuda con los farmacéuticos y los centros sanitarios concertados y sus proveedores. Los bonos basura no tienen salida. El clan Pujol-Ferrusola proyecta su sombra sobre sus viejos cofrades y el 3% se ha convertido en la marca registrada de la agónica Convergència, cuya ala liberal y sensata se subleva. ¿No es justo afirmar que los secesionistas que provocaron tamaño desbarajuste y lucran con él son los verdaderos enemigos de Cataluña?

El predicador Francesc-Marc Álvaro, experto en estos tejemanejes, intuyó que el úcase secesionista era un regalo envenenado ("Autogol del soberanismo", LV, 9/11):

Los convergentes han pensado erróneamente que la resolución que se votará esta mañana ablandará a los cuperos. Pero con eso han precipitado el pulso con el Estado, justamente en medio de la desunión, la confusión y la debilidad. (…) ¿Qué hará el votante soberanista tranquilo que se dio un gusto cuando vea el autogol?

Es interesante contemplar la reacción de los impulsores del proceso secesionista, como es el caso de Álvaro, cuando descubren, impotentes, que por culpa de la codicia de sus jerarcas se desbarata la trama que han armado a lo largo de muchos años de trabajo sigiloso. No todos asimilan el contratiempo con tanta parsimonia como Álvaro. A algunos el instinto atávico les hace caer en chocantes desvaríos. Es el caso de Pilar Rahola. Traumatizada por el posible fracaso del proyecto secesionista que abrazó con delirante entusiasmo, elaboró una teoría que, trasladada a los medios de comunicación, se puede interpretar como un conato de imperdonable catalanofobia. Extraño en ella pero explicable por la magnitud del descalabro al que le toca asistir.

Rayano en el racismo
Rahola diagnostica en su artículo "El germen" (LV, 13/11) que el "pueblo catalán" está "alejado del sentido de Estado que toda nación debe tener". La culpa, explica, la tiene España, faltaría más, pero el corolario es que el "el sentimiento catalán se transmutó en confrontación al orden establecido". Un panfleto catalanófobo no podría haber sido más taxativo: los catalanes, el pueblo catalán, la sociedad catalana –siempre con ese vicio maniqueo rayano en el racismo que practican los secesionistas cuando toman la parte por el todo– están incapacitados para autogobernarse. Los catalanes, todos los catalanes, habrían adquirido, por culpa de España, insiste la panfletista, "un fuerte sentimiento libertario, siempre desconfiado ante el concepto de autoridad".

¿Cómo es posible que un pueblo víctima de la jibarización o la lobotomía, generalizadas y eternizadas por algún inexplicable fenómeno genético según la teoría catalanófoba aquí expuesta, aspire a la independencia? Rahola aporta pruebas para demostrar que su tesis, nuevamente rayana en el racismo, es correcta:

Lo que ahora está ocurriendo es desconcertante para muchos, y sin embargo es muy viejo. Se repitió en los primeros intentos de articular opciones republicanas en la Renaixença, llegó el triunfo de Lerroux a principios del siglo XX, después de las peleas internas de la Solidaritat Catalana de Prat de la Riba, y no hace falta recordar los líos de ERC con la FAI y otros en 1934. Para rematar, empezó la guerra y en Catalunya se dedicaron algunos a hacer la revolución. Siempre divididos en castas puras, incapaces de tener sentido de Estado.

"Un país de tontos", apostrofa finalmente Rahola ("Tiempo muerto", LV, 25/11). La calumnia catalanófoba carece de fundamento como todas las que generalizan estereotipos. Es obvio que los componentes de la olla podrida secesionista carecen de sentido de Estado como se desprende del relato de Rahola. Pero es malintencionado y arbitrario –imperdonablemente catalanófobo– hacer compartir esa tara a todos los ciudadanos de Cataluña. El solo nombre de Josep Tarradellas basta para recordarnos que Cataluña fue capaz de forjar auténticos estadistas, cuya dimensión humana, política y moral los sitúa a una distancia sideral de los caciques rapaces y pendencieros que hoy nos avergüenzan por la soberbia con que se burlan de todos los ciudadanos. Incluidos aquellos catalanes, inveteradamente honestos, liberales y moderados, a quienes los sublevados contra las leyes les secuestraron transitoriamente el voto.

La chusma arrasa las instituciones navarras
Ainhoa Aznárez, presidenta del Parlamento navarro, utiliza el euskera para “joder” a los diputados
www.latribunadelpaisvasco.com 28 Noviembre 2015

Ainhoa Aznárez, antigua concejal del Partido Socialista navarro y actualmente presidenta del Parlamento Navarro por Podemos, ha sido captada por un micrófono abierto reconociendo utilizar el euskera para “joder” a algunos diputados.

Concretamente, según “Periodista Digital”, Aznárez, que hace unas semanas ya escandalizó a los ciudadanos navarros por su afición al alcohol, explicaba lo siguiente: "Aquel de Arriba, el de morado, fue el que me amenazó e increpó en Berriozar. Entonces voy a hacer todo en euskera y se va a joder bien".

Recientemente, Aznárez también cortó el uso de la palabra a un parlamentario de UPN mientras le mandaba a “hacer un trío pasional”.
 


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