AGLI Recortes de Prensa   Viernes 4  Diciembre  2015

La incontenible fruición del gasto público
José T. Raga Libertad Digital 4 Diciembre 2015

Hablando hace escasos días con alguien más puesto en estrategias electorales que yo, lo cual no es difícil, me daba una respuesta a una pregunta mía que provocó mi perplejidad. A mi interés por saber la razón de que no haya un solo programa electoral que apueste por la reducción del gasto público, la repuesta fue, sencillamente, que los electores así lo desean.

Yo pensaba que el incremento constante del gasto público, dejando atrás las afamadas tesis de Adolph Wagner y de los británicos Alan Peacock y Jack Wiseman, podía deberse al interés de los gobiernos en utilizar, en interés propio, una herramienta, la confiscación coactiva de rentas de los ciudadanos, para el mayor esplendor gubernamental o, si se quiere, para incrementar el número de amigos o para complacencia de parientes, próximos y lejanos.

Cuando consideramos la actividad económica, es decir, por qué actúan los sujetos, nos centramos en una hipótesis, quizá no porque sea necesariamente cierta, sino porque es la única que podemos usar para evitar el caos que provocaría la ausencia de hipótesis que expliquen un resultado.

Así suponemos que los sujetos obran racionalmente. La racionalidad implica que todos desean lo mejor para sí, incluso para parientes y amigos, y también para los desconocidos, si su inclusión no supone merma del bienestar propio. Basados en esta hipótesis, concluimos que cuando alguien paga un precio por un bien, es porque racionalmente espera obtener de su uso una satisfacción no menor que el sacrificio que le supone pagarlo.

Llevado esto a la esfera pública, cualquier sujeto estará dispuesto a pagar un impuesto si el bien o los bienes que obtiene de la actividad pública –bienes públicos– le proporciona/n una utilidad/bienestar igual o superior al sacrificio que experimenta al pagar el impuesto. Tan es así que aquella utilidad/bienestar se mediría por la disposición al pago que el sujeto haría para adquirir en un mercado el bien o servicio público de que se trate. Asegurar que si no estoy dispuesto a pagar un euro por un bien público es porque no me proporciona utilidad alguna, por lo que el impuesto pagado debe calificarse de confiscatorio.

Así las cosas, vuelvo al origen: ¿puede alguien desear que se incremente el gasto público por principio axiomático de gobierno? Más gasto público, ¿para qué? ¿Para más servicios, para mejores servicios…? ¿Se sentían mucho mejor los españoles en 2012, cuando el gasto público era de 500.000 millones de euros, que en 2014, cuando fue de 463.000? ¿O recuerdan su precariedad y desgracias del año 2003, cuando sólo se gastaron 308.000 millones?

¿No será que lo que gusta a los electores es consumir bienes públicos pero pagándolos otros? Soy de la opinión de que mi dinero donde mejor está es en mi bolsillo, aunque estoy dispuesto a financiar, con mis impuestos, bienes que contribuyan al bienestar de la colectividad; lo cual nada tiene que ver con el despilfarro público.

Sentencias sin consecuencias
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 4 Diciembre 2015

El Tribunal Constitucional ha declarado ilegal la proclamación de la República Catalana por el Parlamento regional de Cataluña el mes pasado. ¿Y qué consecuencias tiene tan solemne y unánime declaración? Ninguna. Rajoy proclamó campanudamente que «nadie está por encima de la Ley»... y se fue a cenar con Bertín. Y los partidos que protagonizaron el golpe de Estado -porque eso es crear un nuevo Estado utilizando las instituciones del Estado que se pretende destruir- dicen que no reconocen a un Tribunal «dominado por los partidos españoles» (los prefieren andorranos, como el jurista reclutado por CDC para el TSJC que alivió a cuenta de Companys el delito de Mas); y que el Prusés, o sea, el golpe de Estado, sigue. Nada más lógico. ¿Qué hubiera dicho Tejero en la noche del 23F si recibe una carta del Consejo de Estado declarando ilegal la toma del Congreso? «¡Pues vaya novedad! ¡Papelitos a mí».

Un golpe de Estado no es una declaración -«un deseo», decía una golpista el otro día, ligeramente acongojadita, es un hecho. Y una sentencia no es una sentencia si no va acompañada del hecho de su aplicación. Sería, como la melonada golpista, la expresión de un deseo: que se cumpla la Ley. Pero la proclamación de la República Catalana no fue la expresión de un deseo, sino un clamoroso delito de sedición. Y la sentencia del TC no será sentencia mientras los «sentenciados» no sufran pena alguna por su delito.

No sé si existe la figura delictiva de la «sentencia que no sentencia», amparando eficazmente a los delincuentes, pero si no existe, debería incorporarse al enorme cuerpo jurídico español. El Constitucional ya sentenció hace un año -por dos veces- que el referéndum para la secesión de Cataluña, si se celebraba, sería un acto delictivo. Por supuesto, se celebró. ¿Tuvo algún efecto aquel auto, papelito o cocherito leré del Constitucional? Ninguno. O el más grave: asegurar a los golpistas su impunidad y animarles a proseguir la destrucción de España. Rajoy y Snchz tienen lo que querían: una sentencia que dice que el golpe es ilegal. ¡Qué sorpresa! Pero el golpe, según los golpistas, sigue. ¿Alguien cree que el Gobierno intentará detenerlo? Nadie. ¿Y de qué nos sirven sentencias sin consecuencias? A estas alturas, no perseguir la acción golpista, como hace Rajoy, es ser golpista por omisión.

El 20-D y la búsqueda de la prosperidad
JAVIER ANDRÉS Y RAFAEL DOMÉNECH El Mundo 4 Diciembre 2015

Las próximas elecciones generales deben servir para debatir sobre los grandes retos a los que se enfrenta la sociedad española. Y entre ellos, qué duda cabe, los de naturaleza económica. Tras una crisis tan larga y profunda, España tiene que crecer los próximos años a ritmos similares a los de 2015 si quiere aspirar a reducir sustancialmente los niveles de desempleo actuales en un plazo razonable. Pero además debe hacerlo sobre bases que corrijan las debilidades crónicas de nuestro país. En particular es necesario generar empleo estable, para que no vuelva a destruirse tan fácilmente en el futuro. Y empleo productivo que contribuya a aumentar nuestro nivel de vida. Estas nuevas bases no pueden ser muy diferentes a las de otros países hoy más avanzados que el nuestro, o que ya están sentando las condiciones para serlo en el futuro. Países que no han logrado sus elevados niveles de bienestar por casualidad, sino porque en encrucijadas como la nuestra han adoptado las estrategias adecuadas.

Si medimos el éxito de una economía por la renta por persona en edad de trabajar, España tiene una distancia con los países más avanzados de Europa, por no hablar de EEUU, de alrededor de un 22%. Países en los que su mayor renta per cápita viene asociada no sólo a unos salarios y empleo superiores, sino también a mejores pensiones, redes de protección social y servicios públicos, y a una menor desigualdad. Esta distancia se debe a que empleamos menos y peor nuestro factor trabajo de lo que lo hacen esos países. Menos porque nuestra tasa de desempleo triplica la suya (un 21,2% frente al 6,9%). Y peor porque la productividad es un 11% inferior. Un desempleo mayor y un empleo menos productivo explican por qué nuestra renta per cápita es igual a la que estos países tenían hace casi 20 años.

Cierto que una parte de esa diferencia es consecuencia de la crisis. Pero no toda. De hecho, en las últimas tres décadas nuestra distancia relativa con ellos se ha mantenido más o menos constante. Aunque nuestro país ha avanzado mucho también lo han hecho otras sociedades más prósperas, de manera que nuestra distancia con ellas no ha mostrado signos claros de convergencia a largo plazo. Durante los años del boom optamos por buscar atajos, por crecer sobre la base de un exceso de demanda interna apoyada en la creación de empleo poco productivo y estable, y mediante el recurso al endeudamiento privado. Nuestra elevada deuda externa, que no se ha traducido en una convergencia más rápida, es la mejor prueba de que no podemos repetir los errores del pasado. Por eso ahora debemos corregir simultáneamente nuestros desequilibrios internos y externos, algo inédito en las últimas décadas, lo que nos obliga a entender y adaptarnos de una manera eficiente, ágil y flexible a los profundos cambios que están revolucionando la economía mundial.

En nuestro trabajo identificamos las medidas necesarias para abordar estos retos con un conjunto de reformas y cambios estructurales que abarcan diversos ámbitos de nuestro sistema productivo privado y público, y de nuestras instituciones. Tenemos que mejorar lo que ya no marchaba bien antes de la crisis y extender lo que funciona y nuestras fortalezas, que también las hay y son muchas, al resto de la economía. Afortunadamente, en una economía tan dual como la española, una parte de nuestras empresas, trabajadores e instituciones ya han demostrado que este camino es posible.

Estos cambios suponen suprimir rigideces y barreras, mejorar regulaciones y adaptar con realismo y tiempo muchas de las mejores prácticas que han tenido éxito en los países a los que queremos acercarnos en términos de bienestar y progreso. Sociedades que han entendido mejor los enormes cambios en la economía global y llevan años adaptándose con éxito a lo que ya se denomina la tercera revolución industrial. Con gobiernos de distinto color o de coalición, y con consensos que han dado lugar a políticas de Estado, países como Alemania, Dinamarca, Finlandia, Holanda o Suecia han sabido superar retos similares a los nuestros y recuperar su ventaja competitiva, reforzando la eficiencia económica y la cohesión social mediante las reformas apropiadas, no exentas de sacrificios, que han transformado sus economías y modernizado su Estado de bienestar. No podemos pretender que yendo en la dirección contraria a la de los países que nos preceden vayamos a conseguir mejores resultados que ellos. Ahí están nuestras cifras de paro como un recordatorio permanente. Y aunque nuestros socios europeos, con los que compartimos un proyecto político común, pueden y deben ayudarnos, el verdadero salto, el mayor impulso debemos darlo nosotros. Sólo entonces estaremos en condiciones de exigir y protagonizar los cambios sociales, económicos y de gobernanza que la Unión Europea precisa para extender la igualdad de oportunidades y bienestar a todos sus ciudadanos, independientemente de su residencia.

La economía española debe adaptarse con flexibilidad dirigiendo los factores productivos hacia donde su uso sea más eficiente, apostando por la excelencia en todos y cada uno de los ámbitos económicos y sociales. Necesitamos unas regulaciones adecuadas en el mercado de trabajo que modernicen la contratación y la negociación colectiva (teniendo en cuenta las enormes disparidades existentes entre empresas, así como la transformación tecnológica y las nuevas exigencias de la competencia internacional), que incentiven la contratación indefinida y mejoren la eficacia de las políticas activas y pasivas de empleo. Su objetivo no puede ser otro que reducir el paro, la temporalidad y la economía sumergida, que se concentran injustamente en los segmentos más desfavorecidos de la población a los que unas regulaciones desfasadas perjudican más que favorecen. Es preciso mejorar y simplificar el entorno regulatorio para aumentar la competencia en los mercados de productos y servicios en los que sea posible, y generar un clima de negocios que facilite e incentive la inversión nacional y extranjera, la internacionalización y el mayor tamaño de las empresas, eliminando barreras y racionalizando los costes administrativos. Es necesario aumentar la eficiencia de las distintas administraciones, de sus servicios y de su estructura fiscal, asegurar que el sector público no pierde el tren de la transformación digital, afrontar los retos del envejecimiento y del aumento del gasto sanitario, evaluar permanentemente las políticas públicas y asegurar la estabilidad macroeconómica.

Todas estas reformas sólo pueden llevarse a cabo en un entorno institucional renovado de más calidad que el actual que dé lugar a una justicia rápida y eficiente, que genere seguridad y certidumbre, que refuerce la transparencia y ejemplaridad de los cargos públicos, así como la tolerancia cero con cualquier tipo de corrupción o fraude público y privado. Pero sobre todo debemos apostar decididamente por más y mejor capital humano, en donde nuestra brecha con las economías europeas de referencia alcanza el 20% en años de escolarización de la población adulta. Ello pasa por garantizar recursos suficientes, pero sobre todo mejorar la eficiencia en su uso. Hay que reformar la gobernanza de las universidades y la calidad del todo el sistema educativo para reducir el fracaso escolar y el abandono temprano, mejorar la empleabilidad, fomentar de la investigación de calidad y la innovación, y asegurar una verdadera igualdad de oportunidades, con la que evitar que amplios segmentos de la población queden excluidos de la transformación tecnológica en marcha.

La sociedad española, en su conjunto, y cada uno de nosotros individualmente, en cada uno de los ámbitos en que nos movemos, debemos estar comprometidos en llevar a cabo este proceso de modernización. Pero en esta tarea nuestros líderes políticos tienen si cabe una mayor responsabilidad por su capacidad de decisión e influencia para anticiparse a estos retos, liderar los cambios a largo plazo y forjar los pactos de Estado necesarios para ello, no sólo hasta el final de la próxima legislatura sino mucho más allá.

Puesto que cabe suponer que los líderes y sus partidos comparten el deseo de alcanzar una sociedad más próspera e inclusiva, las diferencias entre ellos descansan en su diagnóstico de la realidad, sus prioridades, la importancia otorgada a los retos, su determinación y ausencia de complacencia para superarlos a pesar de sus costes políticos, la idoneidad de las políticas propuestas, las restricciones bajo las que tendrán que aplicarlas, y la capacidad de convencer a la sociedad con un relato fiel y al mismo tiempo esperanzador. Éstas son las cuestiones que los ciudadanos debemos evaluar con espíritu crítico, sin conformarnos solo con volver a como estábamos antes de la crisis. Y éstos son los desafíos que nos gustaría ver reflejados en la campaña electoral, en sus debates y, sobre todo, en la acción de gobierno del próximo Ejecutivo.

Javier Andrés y Rafael Doménech son autores del libro 'En Busca de la Prosperidad' (Deusto).

La mala educación democrática
Antonio Robles Libertad Digital 4 Diciembre 2015

El presidente de Venezuela amenaza a la oposición con los modos de un sicario, el alcalde de Cartagena chulea a sus concejales con la brusquedad de un déspota, la presidenta del Parlamento catalán decide desobedecer al Tribunal constitucional con la obscenidad de un trilero…

¿Qué es un país democrático? ¿Por qué en unas sociedades la democracia parece imposible y en otras parece inconcebible otro régimen?

Aunque la tolerancia y la democracia parezcan naturales, no lo son en absoluto. Son el fruto de la lucha de la razón contra el instinto depredador de la naturaleza humana. Dos mil quinientos nos separan desde que diera sus primeros pasos en la Atenas de Pericles. Un camino lleno de dificultades, con constantes retrocesos y siempre amenazado.

Bueno es saber que la sociedad democrática de los actuales Estados de Derecho consolidados es hija de la Ilustración, de hace tan solo tres siglos. Y, si somos rigurosos, la plenitud que manifiestan hoy data del final de la II Guerra Mundial.

Tendemos a olvidar que los valores en que se cimenta una sociedad no provienen de nuestra naturaleza genética, sino del esfuerzo educativo que se invierte en mantenerlos y mejorarlos cada día. De la sociedad en su conjunto. El proverbio africano que dice "Para educar a un niño hace falta la tribu entera" subraya con exactitud la dificultad. Todos nos hemos de hacer cargo de su mantenimiento si no queremos que el instinto y el despotismo del más fuerte o el más bruto nos devuelvan a las cavernas.

Lección tan obvia, sin embargo, parece olvidarse a menudo. ¿Cómo es posible que exista un país donde se permita a su presidente amenazar a la oposición con exterminarla, con dar un golpe de Estado si los ciudadanos no le votan mayoritariamente, que llama mierdecilla al presidente de otro, con formas y modos tan contrarios a la democracia? El mal no está sólo en la naturaleza de la amenaza. Por muy nefasta que sea tal amenaza, quizá sea aún peor la pedagogía antidemocrática que transmite al conjunto de los ciudadanos. Las leyes se pueden aprobar y cambiar en un instante, pero para lograr o cambiar los valores sociales se necesitan años, a veces generaciones. La irresponsabilidad de ese energúmeno es, por tanto, un crimen contra la humanidad. El mismo crimen, en ningún caso menor, que el que cometen a diario en Cataluña los líderes nacionalistas al envalentonar a sus ciudadanos contra el Estado de Derecho. Cuando David Fernández, de la CUP, desprecia la sentencia del TC que anula la resolución independentista del Parlamento de Cataluña ("No reconocemos ninguna autoridad al Tribunal Constitucional"), está haciendo exactamente lo mismo que Maduro: pedagogía del desprecio a la legalidad democrática. Cuando Neus Munté, vicepresidenta en funciones de la Generalidad de Cataluña, menosprecia el órgano democrático que la emitió ("La legitimidad del Tribunal Constitucional en Cataluña es poco menos que cero") y asienta que el contenido de la resolución "se mantiene inalterable en todos sus extremos" está educando a los ciudadanos en la insumisión a la democracia. Y si tales comportamientos son reiterados y justifican las más bajas pasiones de la naturaleza humana, lo que están haciendo estos fascistillas postmodernos es educar a los ciudadanos en la arbitrariedad y el despotismo. La ley solo la cumplo si me interesa. O sea, el cainismo que nos llevó a masacrarnos a lo largo de los últimos dos siglos.

No es menor el abuso del alcalde de Cartagena, José López, cuando da un espectáculo impropio y repugnante en nombre de la ley democrática que no respeta.

En los casos de Venezuela y Cataluña, los medios de comunicación son utilizados para amplificar la socialización antidemocrática bajo el pretexto de preservar el bien o garantizar la democracia que envilecen. Afortunadamente, en el tercero nos advierten del mal. En los tres, un atentado contra la buena educación democrática. Terrorismo intelectual.

Insurrección europea contra 'Europa'
Editorial  www.gaceta.es 4 Diciembre 2015

Algo habrá hecho mal, muy mal, la Unión Europea cuando, en muchos países, sus siglas han dejado de ser sinónimo de libertad para convertirse en símbolo de imposición y arbitrariedad. Polonia y Hungría votaban ayer contra una propuesta del Consejo de Ministros de la UE que pretendía introducir las uniones homosexuales en el régimen jurídico común sobre materia matrimonial. Los argumentos de Polonia y Hungría han sido nítidos: uno, que la pretensión de Bruselas viola el principio de subsidiariedad, porque interfiere en las legislaciones nacionales; dos, que estas nuevas normas atacan a la identidad nacional al ir contra las tradiciones y los valores relacionados con la familia. Y objetivamente, Polonia y Hungría tienen razón.

Polonia y Hungría son dos países de agitadísima y traumática historia, reiteradas veces deshechos y reconstruidos. Ambos han logrado que su identidad sobreviva milagrosamente por encima de guerras y tiranías. Recientemente, ambos han conseguido construir democracias estables sobre las ruinas de largas dictaduras comunistas. Ambos, asimismo, abrazaron el proyecto europeo en la convicción de que éste representaba un espacio común de libertad. Como otros países –España, por ejemplo-, Polonia y Hungría han recibido cuantiosos fondos europeos a cambio de subordinar sus economías a las directrices de Bruselas. Esa pérdida de soberanía era, por así decirlo, el precio de la libertad. Pero, en los últimos años, la Unión Europea se ha convertido en algo muy alejado del proyecto inicial: hoy es una suerte de espacio administrativo que ha mutilado su identidad histórica para redefinirse sobre la base de una extravagante mezcla de capitalismo financiero y nihilismo social progresista, y que intenta destilar ese perfil sobre todas y cada una de las sociedades que componen la UE. Naciones cansadas y adoctrinadas en la negación de sí mismas, como España, han pasado por el aro. Pero Polonia y Hungría, no.

¿Qué es esta Europa que intenta legislar ya no sobre la integración de espacios económicos y la coordinación de políticas interiores, sino sobre los valores morales, las identidades nacionales e incluso la composición étnica de países que cuentan con más de mil años de historia? Pocas cosas más sintomáticas que la reacción de la ministra francesa de Justicia, la socialista Christiane Taubira, ante la disidencia de polacos y húngaros: “Que quienes gozan de libre circulación en nuestro espacio conozcan cuáles son los efectos de su unión para ellos y sus descendientes”. ¿”Nuestro” espacio? ¿A quién se refiere ese “nosotros”? ¿Sólo a la “superclase” tecnocrático-progresista de París, Londres o Madrid? ¿Y el pueblo europeo? Ah, claro: el pueblo europeo debe ser redimido de sus inconvenientes identidades históricas por el clarividente juicio de nuestros líderes. Despotismo ilustrado.

En realidad, pocas cosas hay más europeas, en el sentido histórico del término, que levantarse en nombre de la propia libertad contra un poder despótico. Hoy los auténticos europeos son los que afirman su identidad frente a la maquinaria “eurocrática”. Como Polonia y Hungría.

Stalin/Putin
Gabriel Albiac. ABC 4 Diciembre 2015

Stalin fue un dictador odioso. Y su régimen, uno de los más criminales de la historia: veinte millones de asesinatos, tirando por lo bajo. Entre la firma del pacto Mólotov-Ribbentrop (23 de agosto de 1939) y el inicio de la operación Barbarroja (22 de junio de 1941), Stalin fue, además, el aliado estratégico de Hitler. Nada de eso impidió aceptarlo luego como aliado. Derrotar al nazismo era prioritario. Aunque hubiera que pagar el durísimo precio que vendría después y al cual llamamos benévolamente guerra fría.

Putin no es ni mejor ni peor que Stalin. Es versión de la misma autocracia intemporal que, en Rusia, equivale a Estado. Svetlana Aleksiévich retrata bien esa maldición política rusa en su clarificador libro sobre El fin del Homo Sovieticus: «Una fuerte nostalgia de la Unión Soviética se ha ido extendiendo por toda la sociedad. El culto a Stalin ha vuelto… El partido en el poder es una copia del Partido Comunista de antaño. Hoy el presidente goza de un poder semejante al de los secretarios generales del partido en tiempos soviéticos, un poder absoluto». Putin no es ni mejor ni peor que Stalin. Las circunstancias, por el momento, son, eso sí, menos peligrosas. Aunque las circunstancias estén siempre sujetas a cambio.

Nuestro dilema hoy es casi el mismo que entonces. En el Cercano Oriente, una dictadura asesina se enfrenta a muerte con un naciente poder aún más asesino. Una autocracia espeluznante, la de Bashar Al Assad, combate a muerte con una teocracia espeluznante, la de Estado Islámico. No hay buenos y malos en ese choque. Ambos son pésimos. Pero no hay tercero. Uno de los dos triunfará. Destruyendo al otro.

Hijo de la guerra fría, el segundo de la dinastía Assad ha exterminado a todo aquel que le resultará incómodo sobre su territorio; y, escrupulosamente, se ha abstenido de hostigar ni con un meñique a Europa o a los Estados Unidos. Hijo de la derrota de Al-Qaida, Abú Bakr Al-Bagdadí, proclamado Califa de EI, está exterminando, sobre su territorio, a todo aquel que pueda ser incómodo al Alá de los salafistas suníes; y ha proclamado una guerra santa contra los no creyentes, cuyo primer objetivo es acabar con la Europa que no acepte someterse a la norma coránica. Un elemental instinto autoprotector parece aconsejar que la aniquilación de EI prime, de modo absoluto, sobre toda la repugnancia –y es mucha– que un homicida como Assad pueda producirnos. Si EI no es destruido de inmediato, la red de comandos ya desplegada sobre Europa hará de lo de París una rutina carnicera en los años que vienen. Las cuentas con Assad habrá que ajustarlas luego.

Putin es un versión muy moderna de Stalin. Que sabe muy bien hasta qué punto el abandono del Cercano Oriente por Obama es la mejor ocasión que ha tenido Rusia en mucho tiempo para recuperar la iniciativa estratégica en el Mediterráneo. No tiene ni siquiera que hacer el esfuerzo de inventarse enemigos apocalípticos. Todo lo que Putin hace público ahora, lo sabían bien los servicios de inteligencia occidentales. Pero era mejor no decirlo: eso pensaban. Todo: que EI es esencialmente su financiación petrolífera; que el crudo de EI se comercializa por dos canales: Turquía y los Emiratos. Y que ese flujo inmenso de dinero es lo que sostiene la mayor amenaza militar a la cual haya sido sometida Europa desde 1945.

Aliarse con Stalin fue odioso. E inevitable. Tanto como lo es aliarse con Putin y con la dictadura siria. Contra un Estado Islámico que amenaza a Europa. No hay salida limpia.

Una extraña guerra
Vicente Baquero  www.gaceta.es 4 Diciembre 2015

¡Suenan tambores de guerra! Francia se alza al son de la marsellesa, canción bélica donde las haya, para vengar la imperdonable ofensa de que unos desarrapados hayan violentado su acrisolado santuario nacional. Es lógico responden a un ataque criminal en suelo patrio, lo malo es que de poco les va a servir su declaración de guerra, salvo incrementar los déficits públicos, pues no son capaces y lo saben, de llegar solos a una victoria o a garantizar la seguridad dentro de sus fronteras, es un ejercicio de exhibicionismo patriótico respondiendo a una demanda ciudadana de represalia con objeto de no parecer que son impotentes ante tales desafíos.

Es lógico, lo malo es que en pecados anteriores llevan la penitencia, al no haber respondido con igual fervor a la llamada de solidaridad, pues ni colaboración militar necesitaban, cuando otras naciones, no solo aliadas suyas, sino a las cuales su misma libertad como nación debían, sufrieron el mismo ataque. Su respuesta fue culpar al agredido y obstaculizar cualquier maniobra para reducir la amenaza.

Lo que no se explica, tanto en el caso de EE.UU. Gran Bretaña o la propia Francia, es ¿qué clase de guerra están planteando? En múltiples ocasiones un gran militar con experiencia, me ha repetido hasta la saciedad, que en toda guerra hay dos aspectos fundamentales, la táctica, que es lo más cercano e inmediato, en donde las armas y el ejercito tienen la palabra y la estrategia que incluye lo anterior y mucho más, entre otras cosas los objetivos últimos y como alcanzarlos.

Es obvio que los ejecutores de los atentados no son más que unos soldados de a pie cumpliendo una misión a la orden de instancias más elevadas y formadas en estrategia global de desestabilización, sin duda es una guerra no convencional, pero aun así toda guerra tiene sus presupuestos y reglas básicas, por ejemplo: aislar económicamente al enemigo, cortar sus apoyos logísticos, interrumpir sus canales de suministro, neutralizar a sus simpatizantes sobre el terreno, (En EE.UU. durante la 2ª guerra mundial por ejemplo encerraron a los americanos de origen japonés en campos de concentración, ¿injusto? por supuesto, contra todos los principios americanos, sin duda, reconocido, pero era la guerra) censurar toda noticia contraria a nuestros intereses y otros principios más, pero sobre todo no confraternizar con el enemigo.

¿Se imagina alguien al alto estado mayor alemán y sus servicios de inteligencia en plena 2ª Guerra Mundial veraneando en Miami o Puerto Rico o a su equivalente japonés en Malibú o San Diego California ¿a que no es ni imaginable? Pues, el que la cúpula, la inteligencia, el estado mayor si se quiere utilizar terminología militar, del asalto a Occidente y a nuestra cultura, está ubicada y dirigida principalmente desde Arabia Saudí y los Emiratos del golfo. Esta es una verdad a gritos en todos los medios expertos, salvo en los oficiales de cara al público, pues imagino que a nivel inteligencia no podemos ser tan lerdos como para ignorarlo. Mientras los potentados, los dirigentes wahabíes e ideólogos salafistas se pasean por la Costa Azul o París, Marbella, Londres o Nueva York, recibiendo parabienes de todas las autoridades, sus clérigos predican desde las mezquitas, financiadas por ellos, la “Yihad”, la guerra santa, que eso es lo que significa el concepto por más vueltas que le quieran dar, mientras sus tropas de a pie colocan bombas, de momento…. ¡Qué me he atrevido a decir! Si cualquiera que lea el Corán se da cuenta que predica una religión de paz con la que hemos convivido durante siglos sin conflictos… ¡Léanlo por favor sin prejuicios ni ideas preconcebidas, ni animadversión, simplemente léanlo y los hadizs por si les queda alguna duda! Por cierto que no le cuenten que hay que leerlo en árabe, porque si no, carecemos de palabras en nuestros idiomas para entenderlo…Lo dicen de un idioma que no llega ni al 25% de conceptos y palabras que tiene cualquier idioma occidental. Ese es el nivel de su desarrollo conceptual. La fe es su guía…

Uno de los grandes errores estratégicos, en mi humilde opinión, volviendo a nuestra anterior clasificación de la diferencia entre táctica y estrategia, y si no es un error tendrían mucho que explicar, es confundir los objetivos del Islam suní con los del Islam shií. Muchos afirman que el Islam radical tiene su origen en Irán, es decir la Shía, lo cual no es cierto del todo; sí es verdad que en Irán surge un movimiento islámico fanático fundamentalista, pero en gran parte provocado por Occidente, por una serie de maniobras políticas desafortunadas, la última funesta, al sustituir una monarquía moderna más o menos autoritaria por una “clerocracia” medieval, todo para impedir que Irán se hubiera convertido en una gran potencia regional con peso decisorio en el mundo. Se pasaron de frenada…

Desde “el gran juego” en el XIX británicos y rusos han intentado controlar, dominar y explotar los recursos de Irán: la instauración de una monarquía títere, la deposición del socialista filo comunista Mosadeq, la caída del Sha, y la revolución de Jomeini, que vino a continuación. Por cierto Jomeini vivía protegido como una bomba de relojería en Paris. A lo que hay que sumar el apoyo posterior no disimulado, de todos, rusos, americanos y europeos, a Irak con Saddam Hussein, para que acabase militarmente con su revolución nacional y religiosa, a cambio de quedarse con unos ricos campos petrolíferos. ¡Utilizaron a Saddam cuando les convino de mamporrero! Lo cual dio lugar a una terrible guerra sangrienta entre ambos países, que lo único que consiguió fue exacerbar más aun el resentimiento y nacionalismo iraní, fortaleciendo a los extremistas de la “clerocracia”. ¡Valiente metedura de pata!

Hay que ver las razones que asisten a todas las partes, si es que hemos de tratar de ser objetivos, antes de dedicarse a enviar a los “ marines”, no se trata de si caen simpáticos o sus ideas son compatibles con las nuestras, sino de escuchar sus razones y tenerlas en cuenta a la hora de decidir una política.

Sin duda lo que ha ocurrido en Irán fue una reacción nacional frente a las constantes injerencias extranjeras en su territorio, y como Irán no es un conjunto de tribus de camelleros, sino una antigua e importante cultura con mucha historia a cuestas, no se les debería haber ninguneado como si se tratara de uno más entre esos estados títeres que se han montado en el área.

Como consecuencia de esa falta de visión o de arrogancia europea, los “persas” se aglutinaron en torno a un elemento que les unía: su religión, como lo hicieron los griegos en su día en torno a la iglesia ortodoxa como mecanismo de afirmación nacional frente a los turcos o los polacos en torno a la iglesia católica frente a los comunistas rusos, es de libro…Cuando las cosas se ponen tan cuesta arriba, las diferencias sustanciales entre ellos desaparecen, y así predomina la unidad de acción, que suele prevalecer en sus formas más extremas o fanáticas.

En resumen, creo que la maniobra iraní es defensiva, no pretende, en principio, ir más allá de afirmarse en el hinterland que constituye su área de influencia milenaria y por tanto no amenaza a Occidente. En el momento que se sientan seguros y respetados, comenzaran las discrepancias ideológicas entre ellos y el elemento religioso perderá peso, y progresivamente volverán a la senda de convivencia y liberalización. Los iraníes no son árabes. Parece mentira que tengamos que repetir este hecho.

El peligro a la larga no viene de Irán, y sí de los sunitas, cuyo afán expansionista, proselitista y militarista también esta históricamente demostrado, por no remontarnos al origen, el último empujón lo dieron los otomanos en Europa Central en el siglo XVIII, en el XIX las guerras de independencia balcánicas, cuando hubieron de retirarse prácticamente del territorio europeo, y el actual asalto al continente africano. No nos distraigamos con lo shiítas, que ellos e Israel resuelvan sus problemas territoriales, con las bendiciones norteamericanas.

Si se quiere de verdad acabar con el poder de estos grupos hay que lógicamente apuntar a la cabeza, no a los pies, con todos los medios de que disponemos, militares por supuesto, pero pacíficos también, que tienen una mayor eficacia a largo plazo: aislarlos políticamente, controlar sus movimientos de capital, congelación de cuentas si fuera necesario, exigir reciprocidad en el tema religioso, libertad de información, derechos civiles para sus nacionales y residentes, prohibir el adoctrinamiento en Occidente, restringir su libertad de movimiento, visados, exigir juramento de lealtad a los residentes en territorio occidental, favorecer la actividad de sus enemigos, dejar de protegerles en los medios de comunicación, no encubrir sus medios ni métodos de gobierno, fomentar un mayor conocimiento para las clases occidentales de las características de su credo religioso, dejar de encubrir sus diferencias con nuestra filosofía de vida… Mientras eso no lo estemos viendo me sigo preguntando ¿De qué clase de guerra están hablando?

Cómo combatir al Estado Islámico
Pablo Molina Libertad Digital 4 Diciembre 2015

Tras los atentados de París del pasado 13 de noviembre, los europeos hemos visto en nuestras calles escenas de terror similares a las que periódicamente tienen lugar en escenarios de Oriente Medio y el norte de África por obra del terrorismo islamista. En este contexto, el Grupo de Estudios Estratégicos (GEES) ha elaborado un informe, titulado Europa tras los ataques de París:la respuesta adecuada contra el ISIS, que pretende servir de advertencia sobre el riesgo real que afrontan las sociedades occidentales por la amenaza yihadista y de guía de acción para librar con éxito la guerra contra este terrorismo.

El documento alerta del riesgo de que las declaraciones de Hollande y otros líderes europeos a favor de iniciar una verdadera guerra contra el Estado Islámico se queden en el terreno de la mera retórica:

A estas alturas, con la guerra contra Francia y Europa declarada, titubear es un error que no podemos permitirnos. Salvo que se quiera invitar a los terroristas a mayores ataques y arriesgar una derrota inminente es imprescindible atacar con fuerza, decisión y continuidad al Estado Islámico, en todos los frentes y con todas las fuerzas.

El Estado Islámico no es un grupo terrorista al uso, sino una organización con una estructura política y control en todos los órdenes sobre un vasto territorio del tamaño del Reino Unido. De que, entrando en el debate nominalista, el GEES considere "absurdo" denominarle Daesh, pues de esta manera se oculta "la verdadera dimensión y fortaleza de su naturaleza estatal". En este punto, el think tank español añade:

Es necesario destruir las estructuras de que se ha dotado: oficinas, recaudación de impuestos, organización urbana, campos de entrenamiento y medios de vida o recaudación económica ubicados a lo largo de Siria e Irak. Considerar secundaria la solución militar se ha demostrado un error: hay que reforzar esta opción, y extenderla a Siria e Irak.

El GEES pone también el foco en la resignación con que las potencias occidentales parecen haber empezado a admitir que Bashar al Asad forme parte de la solución al conflicto que asuela Siria:

Las dictaduras en Oriente Medio no son la solución al terrorismo, y por eso la dictadura de Al Assad no es una solución válida. Su régimen criminal, sus vínculos con el terrorismo, su relación con Irán constituyen un problema en sí mismo. Su gobierno es un factor de inestabilidad en la región, y el objetivo último debe ser cambiar su régimen político.

La batalla contra el Estado Islámico tiene que liderarla Europa, defiende el GEES, que aboga por estrechar lazos el más fiable aliado sobre el terreno:

Por ahora, la única fuerza organizada, sólida y no hostil a los occidentales es la formada por los Peshmergas kurdos. En gran parte de Siria e Irak son ellos los que están ofreciendo resistencia al ISIS, incluso infligiéndole pérdidas importantes. Si bien la guerra deben librarla los occidentales, es necesario proporcionar a corto plazo mayores medios a los kurdos: apoyo económico, asesoramiento militar sobre el terreno, material militar y armas de mayor calibre.

El documento propone una serie de medidas adicionales para orquestar con éxito una respuesta válida a la amenaza del terrorismo islamista, entre las que se cuentan las siguientes:

aumentar el gasto en defensa;
reforzar el control de las fronteras;
dotar a las Fuerzas de Seguridad de más instrumentos legales para el apropiado cumplimiento de su labor;
acabar con la impunidad en los barrios tomados por el islamismo;
combatir la radicalización de las poblaciones musulmanas en Europa;
reforzar la identidad cultural europea, cuestión imprescindible, según los autores del informe, porque

en tiempo de paz, un país puede permitirse vivir del bienestar, el pacifismo y el relativismo. Pero en tiempo de guerra es necesario un cambio mental que los europeos deben abordar cuanto antes. Es necesario revisar los sistemas educativos europeos, para evitar la deriva relativista y derrotista de las nuevas generaciones.

En cuanto a España, el GEES propone una serie de medidas adicionales, dada la particular exposición de nuestro país, situado en la primera línea del frente islamista. Entre ellas, la intensificación de la vigilancia en la frontera sur y de la colaboración en este punto con el reino de Marruecos, la participación de manera activa en las misiones militares de Oriente Medio, el apoyo a las iniciativas en este sentido de Francia en la OTAN y, finalmente, la elaboración de una reforma legal que propicie una respuesta más activa y rápida de las Fuerzas de Seguridad contra las amenazas terroristas.

© Revista El Medio

¿peligra la alianza con occidente?
Alemania apunta a Arabia Saudí como desestabilizador de Oriente
La agencia de inteligencia extranjera alemana ha puesto sobre la mesa el papel desestabilizador de Arabia Saudí en el mundo árabe.
RT  www.gaceta.es 4 Diciembre 2015

Arabia Saudí puede convertirse en una influencia desestabilizadora en el mundo árabe, afirma la agencia de Inteligencia extranjera del gobierno alemán (BND). Según subrayan algunos medios, esta afirmación no deja de ser sorprendente si se tiene en cuenta que el país está considerado como un aliado de Occidente.

"La anterior cautela diplomática de los líderes de mayor edad dentro de la familia real está siendo reemplazada por una nueva política impulsiva de intervención", reza una nota de BND, citada por Die Welt, en referencia a la participación del reino en los conflictos de Siria, Líbano, Baréin, Irak y Yemen.

El hecho de que Arabia Saudí esté tratando de posicionarse como el líder del mundo árabe puede provocar inestabilidad en la región, según la agencia, Para BND, el nuevo ministro de Defensa de Arabia Saudí, el principe heredero y segundo en la línea sucesoria, Mohammed bin Salman, podría poner en peligro las relaciones del reino con los aliados regionales al tratar de cimentar su posición en la sucesión real, ha publicado ABC News citando a la nota de BND.

La concentración de tanto poder en manos del príncipe Mohammed "conlleva el riesgo latente de que al tratar de establecerse a sí mismo en la línea de sucesión durante la vida de su padre, pueda atraer la ira de otros miembros de la familia real y de la población con medidas o reformas caras, y también tensar las relaciones con los países amigos y aliados en la región", afirma la agencia de Inteligencia alemana.

Se cree que el príncipe Mohammed ha desempeñado un papel clave en la decisión de Arabia Saudita de intervenir en la guerra civil en Yemen a principios de este año. Se trataría de "una evalución inusual" de BND debido a que este país de Oriente Medio es considerado un aliado de Occidente.

Rechazan un acuerdo sobre los matrimonios
Hungría y Polonia blindan su identidad nacional ante Europa
Se niegan a aceptar el régimen jurídico común en materia matrimonial que quería implantar la Unión Europea al considerar que interfiere en la legislación y los valores nacionales.
EFE Gaceta.es 4 Diciembre 2015

Polonia y Hungría han votado este jueves en contra del acuerdo que el Consejo de Ministros europeos de Interior trataba de aprobar y que tenía como objetivo “reconocer los derechos patrimoniales de los matrimonios en la Unión Europea (UE)”, incluyendo en este concepto a los matrimonios homosexuales y las parejas de hecho.

Ese es uno de los motivos por los que no ha salido adelante el acuerdo, pero no el único. Y es que Polonia ha señalado en su intervención que esta propuesta de la UE no respeta el principio de subsidiariedad e interfiere en la legislación nacional. Pedía por eso negociar las propuestas por separado para llegar a un acuerdo que permita una aplicación “más amplia y voluntaria”.

Hungría, mientras, apoyaba el argumento polaco y añadía a su negativa un motivo más: estas normas infringen la identidad nacional al ir contra las tradiciones y los valores relacionados con la familia. ¿Por qué? Porque suponen, en primer lugar, la pérdida de soberanía de los países implicados en el acuerdo frente a la Unión Europea en cuestiones judiciales y, en segundo lugar, porque igualan el matrimonio natural –formado por hombre y mujer- al llamado matrimonio homosexual, poniendo en peligro la institución de la familia.

¿Qué persigue el acuerdo?
Los reglamentos que se votaban abordaban cuestiones como la jurisdicción, legislación aplicable y reconocimiento y cumplimiento de decisiones judiciales en materia de regímenes patrimoniales matrimoniales y de las consecuencias patrimoniales de la uniones registradas.

El objetivo era determinar qué juez tiene competencia para decidir sobre un caso de, por ejemplo, un divorcio entre parejas de distinta nacionalidad y el posterior reconocimiento de las sentencias en toda la UE.

A pesar de que otros países como Portugal, Letonia y Eslovaquia manifestaron sus problemas iniciales con esta legislación por contar en sus países con una legislación más “tradicional” en materia de matrimonios, en la votación fueron Polonia y Hungría los únicos en mantener su postura en contra del acuerdo.

¿Y ahora?
Rechazada la aprobación del texto, una mayoría de delegaciones se mostró a favor de intentar seguir adelante por la vía de la cooperación reforzada –con una participación mínima de nueve Estados miembros- aunque reconoció que esto complica la aplicación de las normas en la práctica.

“Estamos fracasando por no compartir valores comunes”, señalaba la comisaria europea de Justicia, Vera Jourova. La representante francesa, Christiane Taubira, reivindicaba que quienes “gozan de libre circulación en nuestro espacio conozcan cuáles son los efectos de su unión para ellos y sus descendientes”.

******************* Sección "bilingüe" ***********************
El 'procés' que dais por muerto goza de buena salud
Guillermo Dupuy Libertad Digital 4 Diciembre 2015

Envidio el optimismo de Cristina Losada cuando afirma que "el procés está en sus minutos basura". Su esperanzador pronóstico me recuerda al de muchos analistas que ya lo dieron por muerto en 2013, por no hablar de lo que decían los titulares de la prensa madrileña ("La ley doblega a Mas", "Mas se rinde", "No habrá 9-N") días antes de que los nacionalistas perpetraran la ilegal consulta secesionista de hace poco más de un año. Su envidiable esperanza también me recuerda a la de quienes, más recientemente, y tras ocultar el hecho de que los partidarios del mal llamado derecho a decidir habían arrollado en las últimas elecciones catalanas, tanto en votos como en número de escaños, confiaban en que no se iba a producir ninguna declaración de independencia sobre la base de que sólo Junts pel Sí y la CUP eran partidarios de dar un carácter plebiscitario a esas elecciones autonómicas.

A pesar de que dicha declaración de independencia ya se ha producido, lo que parece innegable es que cada vez que nuestros Altos Tribunales se pronuncian contra lo que está sucediendo en Cataluña, desde antes incluso de la Diada de 2012, surge la oportunidad de que los nacionalistas se suenen las narices con sus sentencias con la misma fuerza con la que en algunos resucita la esperanza de ver en la basura –ahora sí– esa rebelión institucional en Cataluña.

No sé hasta dónde llegará esta rebelión institucional, que trata de alcanzar de iure una inconstitucional independencia que, en muchos y decisivos aspectos, los sediciosos ya gozan impunemente de facto. No se qué sucederá en los próximos minutos –léase meses–; pero lo que está, en este momento, en la basura es la sentencia del Constitucional, a donde la han arrojado los nacionalistas, tal y como hicieron con las anteriores, con una ostentación que, para algunos juristas, ya constituye, en sí misma, un delito de desacato.

Ignoro si llegado el momento de tramitar las leyes del proceso constituyente, de la Seguridad Social y de la Hacienda Pública, a las que se refiere la declaración independentista de marras, los nacionalistas se echarán atrás o incluso si podrían seguir adelante. Pero, para empezar, no confundamos la agonía que está pasando Artur Mas para volver a ser presidente con la del proceso golpista, que puede seguir adelante con o sin él, sobre todo si sigue teniendo enfrente la estimulante y pusilánime condescendencia de gobernantes como Rajoy.

En cualquier caso, lo que no parece dirigirse a la basura ni gozar de mala salud –al menos financiera– es la máquina propagandista de la TV3, las embajadas al servicio del procés, el Consejo Asesor para la Transición catalana, la red clientelar del secesionismo en forma de empresas, fundaciones y demás chiringuitos, la incipiente Agencia Tributaria propia y otras estructuras de Estado a las que, gracias al Fondo de Liquidez Autonómica en manos de Rajoy, no va a ser necesario cerrarles el grifo para atender los servicios públicos esenciales. Eso, por no hablar del uso adoctrinador y toriticero que los nacionalistas están haciendo de un servicio público esencial como la educación.

Que lo anterior no significa necesariamente que estemos viviendo o vayamos a vivir el año cero del Estado catalán independiente, en forma de República y con asiento en la ONU, es evidente. Pero tampoco da pie para negar los muchos años de crítica salud que viene padeciendo la nación española entendida como Estado de Derecho. Y esto ha sido, es y, mucho me temo, seguirá siendo una auténtica basura.

ERC presenta a un castellanohablante
De 'charnegos' a codiciada mercancía electoral
Gabriel Rufián, castellanohablante de origen andaluz, será el portavoz de ERC en el Congreso. Sepa por qué los castellanohablantes se han convertido en el nuevo objetivo del separatismo.
Rafael Núñez Huesca  www.gaceta.es 4 Diciembre 2015

aluña existe una brecha enorme sobre la cuestión nacional entre gente que dice que el castellano es su idioma habitual y gente que dice que lo es el catalán”. Quien así se expresa es David Lizoain, economista, analista y antiguo miembro del gabinete del President Montilla. Lizoain, es importante subrayarlo, recoge los datos del propio Centre d'Estudis d'Opinió (CEO), dependiente de la Generalitat.

Josep Ramon Bosch, expresidente de Societat Civil Catalana, también expresó su preocupación tras analizar detalladamente los datos que arrojó el 27S: "Las elecciones dejan dos comunidades políticas, sociales y lingüísticas. Los catalanoparlantes han votado en un 85% a favor de la independencia y los castellanoparlantes han votado a los partidos no independentistas en la misma proporción".

El presidente del Cercle Català de Negocis -la agrupación de empresarios - Albert Pont reconocía en una entrevista en Gaceta.es que al gobierno autonómico de Cataluña le faltaba “un punto de legitimidad para proclamar la independencia”. El objetivo, por lo tanto, era buscar mayor legitimidad, convencer a más gente de ¿Cómo? “Incorporando el discurso social al proceso. Es un error no haberlo hecho antes. Y en ese sentido es una vergüenza que no se utilice habitualmente el castellano en los actos soberanistas”. Nótese que Pont trata “el castellano” y a los castellanoparlantes como sinónimo de “discurso social”. Al margen de este apunte, que por sí mismo podría explicar muchas cosas, la lectura más relevante de las palabras del presidente de los empresarios independentistas es que el único nicho social susceptible de ser ampliado es el de los castellanoparlantes. Sólo por ahí puede crecer el separatismo. Y en este sentido denuncia el error estratégico que supone “haber creado una entidad pequeña y absolutamente controlada, sólo de castellanos; la Assemblea tendría que haber agrupado a todo este público objetivo (otro término revelador) en una sola asociación".

Gabriel Rufián, al Congreso 'en misión diplomática'
La entidad pequeña y “absolutamente controlada” es Súmate, la plataforma controlada por Esquerra Republicana de Catalunya que busca ser el submarino del separatismo entre los catalanes castellanoparlantes y/o con raíces en el resto de España. Su presidente es el cordobés Eduardo Reyes, y su mano derecha, “hijo y nieto de andaluces”, Gabriel Rufián Romero. Ambos ya están colocados. Desde algunos sectores del nacionalismo se refieren a ellos, no sin desprecio, como “la cuota charnega”.

Reyes entró en el Parlament a través de Junts Pel Sí y al joven Rufián le han hecho, ojo, cabeza de lista por Esquerra Republicana para las elecciones generales del próximo 20 de diciembre. Y advierte: "Vamos a Madrid como delegación diplomática de la República catalana para dejarles bien claro que han perdido".

Aunque suele referirse a España como “un Estado absolutamente antidemocrático” o un país "miserable”, asegura que “el independentismo ha superado el antiespañolismo”. Y hace algunas horas el joven político (33 años) se ha referido al Tribunal Constitucional como “el brazo armado” del Estado, terminología que solía aplicarse a Herri Batasuna, conocida como el “brazo político” de la banda terrorista ETA.

A pesar de un fondo de discurso radicalmente separatista y refractario a cualquier tipo de diálogo “que no sea repartir activos y pasivos”, Rufián usa un tono pausado en sus intervenciones públicas, gusta de citar a los clásicos (aunque a veces se equivoque) y procura no alterarse (aunque casi llega a las manos con un compañero). Un político que, como otros Martínez o García, pareciera querer compensar su origen con un discurso hiperventilado.
 


Recortes de Prensa   Página Inicial