AGLI Recortes de Prensa   Jueves 10 Diciembre  2015

¡Arriba el telón!
Se acabó el disimulo. El voto se disputa en las grandes audiencias de la telebasura
Gabriel Albiac ABC 10 Diciembre 2015

Bibliografía para las dos semanas electorales. 1967: La sociedad del espectáculo. «Toda la vida de las sociedades en las cuales reinan las condiciones modernas de producción se anuncia como una inmensa acumulación de espectáculos. Todo lo que era directamente vivido se ha alejado en una representación».

Guy Debord, que con esa paráfrasis burlesca de un venerable clásico hiciera arrancar su cáustico libro, se suicidó en 1992. Tal vez le fuera difícil soportar que el mundo real se hubiese empecinado en plagiar su pesadilla. La que él decía saber inexorable, pero que confiaba, tal vez, no llegar a presenciar en vida. El mundo de los hombres, mutado en una representación escénica, acabó por cazarle; la aceleración de los tiempos de pudrimiento ha sido vertiginosa.

Hoy, ese mundo en el cual todo es planificado sainete -y, la mayor parte de las veces, circo- se ha apoderado de cada repliegue de vidas privadas y públicas. Y ha hecho de nosotros hombres sin consistencia real: cascajo redundante y huero. Que cruje, inarmónico, sobre la escena de bulevar barata de todos los días. También sobre el gran decorado de cartón piedra de esas mañanas de domingo que finge la gran liturgia: la quincalla wagneriana que da fanfarria a las liturgias electorales. Nada escapa a esa determinación primera que, dice Quevedo, determina el teatro humano: «No olvides que es comedia nuestra vida / y teatro de farsa el mundo todo / que muda el aparato por instantes / y que todos en él somos farsantes».

La rentabilidad del impacto emotivo sobre la clientela ha impuesto eso que vemos en esta campaña exhibirse, por primera vez, sin timideces. La mercancía debe ser vendida al espectador en el lugar y con el lenguaje más cercanos: los de su televisor. El punto vulnerable del espectador -que es todo cuanto queda del extinto ciudadano-, aquel en el cual deja vagar fantasías cuyo infantilismo le avergonzaría confesar en público, se llama telebasura. A ella van las mayores inversiones en publicidad comercial. A ella deben ir las mayores inversiones en publicidad política. La telebasura vende detergentes. Con eficacia. Venderá, pues, diputados. Con eficacia idéntica. Bailar, rasguear guitarras, cloquear insulsas naderías es condición para que el telespectador identifique en el rostro de su representante el suyo propio. Es la gran coartada del hombre moderno: «Hay alguien aún peor que yo. Puede, pues, representarme».

Hubo un tiempo en que Shakespeare cifraba el breve curso de la vida humana en un envite exaltante: «Pisotear cabezas de reyes». Hoy, el político se trocó en actor. Y oficia en la sala de estar de cada uno. Desde la fofa ventana de construir emociones que es el televisor. Hasta hace poco, ese actor oficiaba en programas disfrazados de coartada informativa. Eso no es ya necesario. La eficacia publicitaria es directamente proporcional al entretenimiento. Se acabó el disimulo. El noticiario es un teatro menor. El voto se disputa en las grandes audiencias de la telebasura.

Votar en conciencia
Vemos así como, al otorgarle al voto un sentido utilitarista, un gran número de españoles apoya opciones políticas contrarias a sus valores.
Norberto Pico  www.gaceta.es 10 Diciembre 2015

Se cuentan por miles los españoles que votan a partidos partidarios del aborto, del matrimonio homosexual y la ideología de género (todos los que hoy tienen representación parlamentaria) aún cuando ellos no lo son. La razón: ninguno de los partidos que defiende la familia y la vida desde el mismo instante de la concepción parece tener posibilidades de salir.

Del mismo modo, son muchos los españoles que rechazan el modelo autonómico por considerar que incita a la disgregación y que suponen un despilfarro. Sin embargo, muy pocos los que votan a partidos que proponen acabar con este modelo territorial y devolver al Estado competencias esenciales como la educación, la sanidad o la seguridad ciudadana. El motivo: son minoritarios.

Son muchos también los partidarios de ordenar la economía conforme a criterios de justicia y solidaridad frente al modelo de especulación y competitividad deshumanizada. Pero muy pocos los que apoyan a las opciones políticas que promueven esos cambios dada su fuerza escasa.

Vemos así como, al otorgarle al voto un sentido utilitarista, un gran número de españoles apoya opciones políticas contrarias a sus valores, con el único argumento de que son las que tienen posibilidad de salir vencedoras.

Se convierten de este modo el voto útil y el voto al mal menor en enemigos de nuestras convicciones, pues nos impulsan a apoyar aquello de lo que tenemos conciencia supone un error o es malo, con el pobre argumento de que parece menos malo que un error al que juzgamos superior o de que la verdad y el bien común no tienen opciones de éxito.

Seguir votando a los de siempre, ya sea en sus versiones clásicas –PP y PSOE- o en sus versiones renovadas –Ciudadanos y Podemos- sólo es útil para los defensores del modelo autonómico, los corruptos, los partidarios del aborto y los especuladores. Pero para nada más.

Les invito a que no caigan en la trampa del voto útil y a que voten en conciencia. Sin complejos. En conciencia y en consciencia, sabiendo realmente lo que se vota, para que después no se lleven a engaño.

Si así lo hacen los miles de españoles que comparten nuestras convicciones, las opciones políticas que hoy son minoritarias dejarán de serlo y ustedes dejarán de colaborar, aún sin quererlo, con la injusticia, el error y el mal.

Voten en conciencia.

La vileza de un PP que secunda a la izquierda chequista
EDITORIAL Libertad Digital 10 Diciembre 2015

Por desgracia, es frecuente que la izquierda española desarrolle campañas políticas basadas en la descalificación y el ataque personal, en intentar la muerte civil de todo aquel que discrepe de sus dogmas. En tales circunstancias no duda en mentir, manipular, difamar y, por supuesto, acusar a los demás de lo que ella hace o es.

Pero también el PP se embarca en este tipo de operaciones, y perpetra las mismas vilezas de que ha sido víctima en tantas ocasiones. Sirva como repugnante ejemplo la impresionante e impresentable campaña de descrédito que ha sufrido Marta Rivera de la Cruz a través de las redes sociales y de algunos medios de comunicación siempre atentos a las necesidades del poder.

Rivera de la Cruz, número tres de la lista de Ciudadanos por Madrid, se ha atrevido a cuestionar una de las normas más políticamente correctas de nuestra democracia, la Ley Contra la Violencia de Género, y lo ha hecho además con un argumento lleno de sentido común: "Es tan grave que un hijo vea cómo su padre mata a su madre que el que vea cómo su madre mata a su padre", ha afirmado.

La frase viene a señalar un elemento clave del asunto: lo sustancial en esos crímenes no es el sexo del asesino sino el crimen en sí y sus devastadores efectos en las familias que los sufren. Rápidamente ha caído sobre ella una catarata de improperios, a la que ha contribuido incluso Susana Camarero, la diputada popular que denunció los peores aspectos de la Ley de Violencia de Género antes de que ésta entrara en vigor.

La vileza del ataque a Rivera de la Cruz ha ido más allá y llegado incluso a descontextualizar uno de sus tuits para pretender que además menosprecia el Holocausto, cuando, precisamente, la escritora y periodista ahora metida a política siempre ha dado muestra de un elevado nivel de conocimiento y concienciación sobre la cuestión, incomparablemente superior al de buena parte de la turba que la ha acosado.

Es un estilo de hacer política inmoral y repugnante, que no duda en tirar mujeres muertas al rival –o personas que se han suicidado, o enfermos de hepatitis o ébola, todo vale– con tal de sacar un miserable puñado de votos. Es algo que hasta ahora los populares sufrían; pero parece que este PP de Rajoy es capaz de cualquier cosa con tal de mantener a la camarilla que lo domina en el poder.

Ciudadanos podría ser la auténtica amenaza para la izquierda chequista y la derecha vilmente oportunista. Ser odiado por unos y otros en la actual España es, sin duda, una de las mejores cartas de presentación que un partido puede ofrecer a los votantes que deseen que, por fin, la vida política transcurra por unos cauces en los que no tengan cabida ni el odio ni las actitudes cainitas.

Pero para ello necesitará tener un valor que, lamentablemente, no ha demostrado en el caso Rivera de la Cruz, pues ha dejado desamparada ante el acoso a su candidata, que, más lamentablemente aún, ha acabado reculando y otorgando así una ominosa victoria a la horda liberticida que la ha maltratado.

LO QUE DICEN Y LO QUE NO HACEN… EL SAQUEO Y LA INUTILIDAD
Antonio García Fuentes  Periodista Digital 10 Diciembre 2015

Como sólo he vivido (o sobrevivido) en España, no sé cómo obran en otros países; pero aquí, llevamos la friolera de CUARENTA AÑOS de propagandas políticas o campañas electorales y de forma ininterrumpida; o sea todo lo contrario de los cuarenta años anteriores protagonizados por Franco casi todos ellos; donde no hubo políticas “públicas” y todo se hizo bajo “el dedo dictatorial franquista”; pero que al menos en lo económico y social fue un rotundo éxito… “que hoy brilla por su ausencia y resalta lo opuesto, o sea una ruina que parece va a acabar con todo a no tardar mucho”, si es que no se toman medidas drásticas como hubo que tomarlas en el período posterior de la dictadura… “pero entonces es que salíamos de una devastadora guerra civil y ahora seguimos estando en una devastadora guerra de partidos, donde lo que abunda, es el robo, la inutilidad y “la mala leche destructiva de siempre”.

Y reitero “lo de cuarenta años de campañas electorales”; por cuanto aquí ello es una continuidad; y terminadas las elecciones que sean, desde ese momento se sigue la lucha “de acoso y derribo” de los contrarios, pensando en las nuevas elecciones para ocupar los cargos ansiados… ¿El pueblo? Que pague y calle; sacándole el voto, los que lo obtienen lo emplean como propiedad privada y punto; ni el pueblo pinta hoy nada en España, ni tampoco “pintó” mucho en épocas anteriores; ha sido el “gran huérfano abandonado a su suerte y exprimido siempre como un limón”, por las diferentes “bandas” que lo han mangoneado y siguen mangoneando hoy.

¿Los nuevos políticos en liza? Algo se espera de ellos, sobre todo de “los no contaminados”, que en realidad hay muy pocos… “poquísimos”; el resto no hay más que oírlos “chillar y gritar”, que es lo que ahora hacen y lo hacen por miedo a perder “las ganancias” que van a perder seguro, puesto que ya “la cuerda no aguanta muchos tirones más” y no es que estemos cabreados, es que estamos hasta los cojones de inútiles, ladrones, parásitos, malos gobiernos y todo lo que se le quiera añadir, vista la realidad en que hoy nos tienen.

España es un país extenso y muy rico y magníficamente situado en la geografía mundial, como para que “administrado” medianamente bien, fuésemos una de las potencias destacadas en el mundo actual y no… “el mendigo de Europa y el gran capital internacional y meramente nacional; que nos tienen hipotecados hasta “el cuello”; mientras los recursos de este gran país, “andan o ingresados en los malditos paraísos fiscales o invertidos en lugares lejanos, que a los españoles ello nos debe importar un rábano, habiendo tanto por hacer aquí en nuestro propio solar patrio”.

Como contrapartida a las “chorradas, memeces, sinsentidos y cosas peores con que nos obsequian en sus discursos electorales los políticos de ahora”; les ofrezco algo de “lo que verdaderamente es interesante para España” y que en publicación española, aparece; dejándoles la dirección para que lean todo lo demás, puesto que es más que interesante; y si no superamos ello y seguimos “en más de lo mismo”; no se queje nadie… “será verdad que merecemos la gangrena crónica que aquí hay siempre”: Veamos.

“Lo mas urgente es adelgazar el Estado. Los políticos de la falsa democracia española han creado un Estado-monstruo, tan enorme, desproporcionado e incosteable que la primera urgencia de España es desmontarlo y suprimir instituciones, presupuestos, instancias y chiringuitos de todo tipo, abiertos por los políticos sin otro objetivo que colocar y dar de comer, a costa del Estado, a decenas de miles de amigos, compañeros de partidos y, en no pocos casos, a familiares. Si se suprimen el Senado, los parlamentos regionales y los enormes gobiernos autonómicos, junto a las diputaciones, las inútiles oficinas de los defensores del pueblo y centenares de fundaciones, instituciones y organismos costosos e innecesarios, España no sólo no sufriría daño alguno, sino que ganaría en bienestar, convivencia, agilidad administrativa, prosperidad, justicia y organización. El segundo paso sería resucitar la sociedad civil, que hoy es un cadáver incapaz de cumplir con su deber de organizar a los ciudadanos y servir de contrapeso al poder político. Con las universidades, la enseñanza en general, los medios de comunicación, los colegios profesionales, los sindicatos y otros muchos pilares de la sociedad civil ocupados, infiltrados o dependiendo del gobierno, la sociedad civil es un muerto y la democracia una pantomima. Los partidos políticos, que se han apropiado de la sociedad civil, tienen que ser expulsados de ese espacio de libertad ciudadana, lo que devolverá a la sociedad y a la ciudadanía un vigor desconocido en España, donde los políticos se han apropiado de todo, extendiéndose sobre el tejido social como el peor de los virus. http://www.votoenblanco.com 06-12-2015 (pulsen y lean el resto y difúndanlo).

“El precio de desentenderse de la política es el de ser gobernado por los peores hombres”: (Platón). La política nos afecta a todos y por ello no debemos dejarla sólo en manos de los políticos.
Escribo “esto” el día de la Constitución Española; que quieren que conmemoremos… cuando los políticos la han usado como… “meadero o algo mucho peor: para ello “nos regalan unos días de descanso, para que no piense el personal en otra cosa que en divertirse… aquel que tenga dinero y pueda”.

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y http://blogs.periodistadigital.com/nomentiras.php

Una Transición sabe a poco
Cristina Losada Libertad Digital 10 Diciembre 2015

En todas las elecciones el tema es el cambio. Esto es una obviedad, naturalmente, porque en las elecciones se trata de cambiar (o no) el Gobierno. En nuestro caso, aunque haya quien lo olvide, se trata en sentido estricto de cambiar el Parlamento. Tenemos un sistema parlamentario, y no presidencialista, pese a que muchos de los partidos en liza pongan acento presidencial y los números uno de las listas por Madrid hablen en campaña como futuros presidentes del Gobierno. Pero esto es del Libro Gordo de Petete.

El cambio es un folio en blanco que cada partido rellena, y en ocasiones -esta es una de ellas- el título y el titular mandan sobre el contenido. Los partidos compiten por ver quién pone el cambio en letras más grandes y quién le adosa el subtítulo más atractivo: cambio tranquilo, cambio seguro, cambio sensato, cambio y no recambio. Tal es el dominio del tema cambio que hasta el Partido Popular presenta su "Virgencita que me quede como estoy" como un cambio: "En esta legislatura empezamos el cambio y en la siguiente lo vamos a continuar". Aproximadamente.

Hay, como suele decirse, un afán de cambio, y es lógico que los partidos emergentes se sientan más representativos de ese afán. El hecho de que puedan entrar con notable fuerza en el Parlamento, ser árbitros de la formación del nuevo Gobierno o ganar las elecciones es la señal del deseo de cambio que ha crecido en el cuerpo electoral. Al principal partido de la oposición, que fue en esta legislatura el PSOE, los emergentes le han robado el trueno del cambio, de ahí que insista en que es suyo y sólo suyo mientras las encuestas, tercas, le dicen que no.

El cambio es la sustancia natural de unas elecciones, y no merecería por sí mismo comentario. Salvo cuando en la pretensión de cambio no se vislumbra una normal alternancia, la llegada de un nuevo Gobierno con una nueva agenda política o el ascenso de unos partidos y el declive de otros, sino una ruptura. Y en España ha surgido estos años una pulsión por el cambio total y exprés que a mí me recuerda a esas personas que quieren ponerse en forma de un día para el otro con una dieta milagro en lugar de hacer un esfuerzo prolongado que exige disciplina y constancia.

La pulsión por hacer tabla rasa y abonarse a algo nuevo se ha expresado curiosamente en una resurrección de la Transición, aunque para enterrarla. Como si no estuviera ya enterrada, es decir. Como si los males de la patria tuvieran su origen entonces y en las cuatro décadas posteriores no hubiera habido evolución alguna. Como si España, en política, en economía, en tantas otras cosas, siguiera igual que en 1978. Congelada desde esa fecha. Pues no, ha habido cambios por el camino. Mejores o peores, pero cambios notables.

La Transición no puede repetirse, y aunque se pudiera repetir, no se debería. España es una democracia que necesita alternancia y cambios como cualquier otra. Pero no más Transiciones ni cambios supermegahistóricos. En perspectiva, España ha tenido rupturas de sobra. Lo bueno de la democracia es que permite conjugar el cambio y la continuidad. Y ello es particularmente deseable en las crisis. Las democracias sabias mantienen y renuevan gradualmente el juego de herramientas, en lugar de tirarlas todas un buen día y adquirir un juego nuevecito para estrenar.

Atribuir a Zapatero los méritos de Aznar
Emilio Campmany Libertad Digital 10 Diciembre 2015

Uno de los fenómenos más curiosos de este final de campaña es la caída libre que en las encuestas sufre uno de los dos partidos que hasta hoy se habían alternado en el Gobierno. Se derrumba irremisiblemente el PSOE de Pedro Sánchez. Para explicarlo hay varias teorías. Está la muy simple de que Pedro Sánchez no vale. Si fuera así, bastaría sustituirlo por Susana Díaz. También se alega que el electorado le está haciendo pagar el haber abierto a Podemos las puertas de tantos ayuntamientos, donde los ciudadanos padecen las ocurrencias de estos marxistas de escasas lecturas y pocas luces. El caso es que Sánchez, desconcertado al ver que nada de lo que hace o dice le ayuda a remontar el vuelo, se puso a gritar muy enfadado en un mitin y a reivindicar el pasado del PSOE. No sé si esto le servirá para recuperar electores, habida cuenta de cómo es ese pasado, pero allá él y sus asesores. Lo intolerable es que atribuya a su partido hazañas que son de otros.

En un mitin afirmó que fue el PSOE quien acabó con la ETA y que por tanto nadie tiene derecho a dar ninguna lección a su partido. No encuentro ahora nada de verdaderamente meritorio que atribuir a ningún gobierno del PSOE, pero, en cualquier caso, no está entre los posibles méritos el haber acabado con la ETA. Primero, porque la ETA sigue existiendo; y segundo, porque, aun siendo cierto que ha dejado de asesinar, como consecuencia de lo que Zapatero negoció con ella, la verdad es que lo que le permitió hacerlo fue que Aznar la debilitó tanto como para no tener otra salida que agarrarse al salvavidas que le arrojó Zapatero. El PSOE no acabó con la ETA. Lo que hizo fue darle oxígeno a cambio de que dejara de matar.

Cuando el 11-M, la ETA estaba a punto de ser derrotada por medios exclusivamente policiales sin que se tuviera que hacer ninguna concesión, que es lo que tendría que haber sido. Llegado al poder Zapatero, y con el fin, entre otros, de evitar que históricamente Aznar pudiera atribuirse ese triunfo, Zapatero se ofreció a salvarla siempre que abandonara los asesinatos. ETA se mostró dispuesta a hacerlo a cambio, no de la independencia del País Vasco, un objetivo que ya no estaba a su alcance gracias a Aznar, pero sí a que se le permitiera volver a las instituciones y alguna cosa más que no sabemos, pero que sospechamos, como puede ser la liberación paulatina de algunos presos y Navarra y la consiguiente aplicación de la Disposición Transitoria Cuarta de la Constitución, que prevé la posibilidad de que la Comunidad Foral se integre en el País Vasco. Luego, que Sánchez crea que es algo de lo que enorgullecerse el haber transformado lo que estaba a punto de ser una derrota incondicional en un fin negociado del terrorismo mediante concesiones inconfesables es problema de Sánchez.

Polucion y corrupción:paralelismos.
Vicente A. C. M.  Periodista Digital 10 Diciembre 2015

La polución y la corrupción tienen al menos una cosa en común, ambas apestan. Las grandes urbes superpobladas y con millones de vehículos, calefacciones e industrias contaminando mantienen un alto nivel de polución ambiental que hace irrespirable el aire contaminado por millones de partículas toxicas en suspensión. Para su control se distribuyen estratégicamente estaciones de seguimiento donde se contabiliza el porcentaje de los elementos más peligrosos entre otros, Dióxido de Nitrógeno (NO2) y Dióxido de Azufre (SO2). Es precisamente este último contaminante el que da el característico color pardo rojizo a la célebre “boina” visible que cubre las ciudades contaminadas. Hay otro tipo de contaminación, la acústica, el ruido excesivo que produce el tráfico rodado, determinadas herramientas en obras como los martillos neumáticos, etc. Todos tenemos la prioridad de luchar contra esta polución por una muy motivada razón de supervivencia.

La corrupción política es algo generalizado y afecta por igual a los partidos políticos, aunque se empeñen en querer convencernos de que son casos aislados. La corrupción más nociva es la que llamamos institucionalizada. Son claros ejemplos los abusos cometidos por ejemplo en muchas de los Ayuntamientos de municipios en sus Concejalías de Urbanismo, o casos como el de las CCAA donde se instauró la “mordida” por obras públicas, o el de aquellas que legislaron para favorecer la desviación de fondos públicos para su distribución discrecional fuera del control general. Eso sin olvidar los diferentes métodos usados durante décadas como firma de financiación en “cajas B” ajenas al circuito legal establecido. Desgraciadamente aquí nunca han existido estaciones de control, auditorías independientes ni voluntad de lucha contra esta lacra de la sociedad.

Otra característica común es que tanto la polución como la corrupción manchan todo lo que tocan y destruyen el ecosistema. A pesar de que algunos se escandalicen diré que todo ser humano tiene un precio y solo hay que averiguar cuál es realmente. La pureza de espíritu solo existe en una corta etapa del desarrollo intelectual y es el entorno, el ambiente contaminado el que va formándolo. Hay un dicho que es la viva imagen de lo que intento explicar, “la ocasión la pintan calva”. Las pruebas de comportamiento humano corroboran las respuestas ante las “tentaciones” en situaciones en las que dicho sujeto se siente no observado y seguro de que su acción no tendrá consecuencias. Se evidencia que el respeto de la Ley se limita a considerar la posibilidad de que se llegue a producir una sanción.

Tras el debate famoso a cuatro en la tres visto por más de nueve millones de espectadores, se ha producido el fenómeno de respuesta explosiva a ese periodo de forzada contención y moderación. El caso más patético ha sido protagonizado por Pedro Sánchez que en su mitin posterior se desgañitó en gritos y ademanes fuera de control en una imagen de energúmeno enfadado muy lejos de la imagen casi beatifica que quiso dar en el programa de debate. Un grotesco espectáculo cuya difusión, quizá no tan mayoritaria, puede provocar desmotivación y una fuga de votos hacia la posición radical de izquierdas, curiosamente más moderada en las formas, que no en los mensajes. Por otro lado, Albert Rivera ha querido recuperarse de su desafortunado nerviosismo y atolondramiento de sus mensajes buscando otros espacios donde el ambiente le fuera más favorable y recuperase su aplomo.

Soraya Sáenz, simplemente ha desaparecido y se dedica a “sus labores” como VicePresi, siendo sustituida en campaña por el ausente Mariano Rajoy que retoma el protagonismo antes de que se siga cuestionándolo. Su frescura por haber descansado de tan polémico programa viene acompañada con una mochila de propuestas populistas y testimoniales como la de “perdonar” el IRPF a quienes sigan trabajando después de los 65 años sin jubilarse en su objetivo de convencernos de que van a bajar los impuestos tras haber realizado la mayor subida fiscal de la Historia de este país y haber hundido a miles de PyMES por los impagos consentidos de facturas pendientes.

Parece que Pablo Iglesias, sin proponérselo y a pesar, o quizás gracias a, sus sudores, ha convencido de que se esfuerza por regenerar lo que otros se empeñan en mantener. Algo muy simple en un mensaje que no intenta justificar el cómo y sí enfatizar el qué. Así que tenemos al adalid de la lucha contra la corrupción sin que nadie le recordara los casos que en su joven partido ya existen y eso que solo han pasado seis meses desde que efectivamente gozan de manejar presupuestos públicos y las mieles del poder con nombramientos a dedo, contratación de asesores tan afines que son familiares, etc.

Polución y corrupción, dos plagas que debemos combatir y eliminar de nuestra sociedad, porque nos va la supervivencia en ello.

¡Que pasen un buen día y se les haga corto hasta las elecciones!

Rivera y la "realidad plurinacional" de España
Guillermo Dupuy Libertad Digital 10 Diciembre 2015

La mayor metedura de pata cometida por Pablo Iglesias en el tórrido debate que ganó el candidato ausente no fue la de rebautizar a la célebre consultora Price Waterhouse Coopers algo así como "House Water Watch Cooper". Tampoco lo fue, con ser aun más gorda, su referencia al referéndum celebrado en Andalucía en 1980 como si en dicha consulta se hubiera dirimido si esta región seguía o no en España. La mayor pifia de Pablo Iglesias, aunque haya resultado la más desapercibida, fue la de redefinir a España como "realidad plurinacional".

Es cierto que el invento plurinacional no es tan original como las otras dos pifias, y que, a base de repetirlo, son muchos los que lo dan por cierto. Pero que un candidato a la presidencia del gobierno se permita formular semejante disparate jurídico, histórico y político, y, lo que es peor, sin que ninguno de los otros participantes en el debate –incluido Albert Rivera– le sacara los colores, resulta absolutamente bochornoso.

No hace falta haber oído las muchas veces que Pablo Iglesias ha definido a Cataluña como una "nación" para saber que con lo de la "realidad plurinacional" el líder de Podemos no se refiere a España como una nación única e indivisible integrada por regiones y nacionalidades, tal y como ya la define la Constitución del 78. Por el contrario, Iglesias hace suya la manida, ridícula y, al tiempo, desestabilizadora cantinela nacionalista de que España es un Estado compuesto por una pluralidad de naciones.

En lugar de dejar pasar la pifia, los contrincantes de Iglesias deberían haberse centrado en ese colosal disparate de partida del que erradamente los nacionalistas –incluido Pablo Iglesias– derivan el falso derecho de la nación catalana a seguir o no formando parte del "Estado plurinacional" español. Ya que Iglesias proclamó tan categóricamente semejante dislate, sus contrincantes deberían haberle preguntado si podría decir el número y el nombre de las naciones que, según él, conforman España. Sólo con esta simple pregunta podrían haber hundido al líder de Podemos en el más insalvable de los ridículos. Porque no hay que olvidar que ese invento "plurinacional", no por viejo, deja de estar inacabado.

Sabemos que Albert Rivera, haciendo suya una frase que también citó en su día Albert Camus, "ama demasiado a su país para ser nacionalista". Lo que no sabemos es si al líder de Ciudadanos le entró miedo de perder el amor de los catalanes por negar abiertamente y sin complejos el carácter nacional a una parte de España que, como cualquier otra, jamás ha sido una nación. El caso es que, en lugar de rebatir los delirios identitarios y las contradicciones, tan inherentes como insalvables, del mal llamado derecho de autodeterminación, Rivera hizo suya la lógica nacionalista de dar un carácter plebiscitario a las últimas elecciones autonómicas al afirmar que de sus resultados se deriva que una mayoría de catalanes no está por la independencia.

Entiéndaseme bien: yo también considero que de esos resultados se podría derivar la conclusión de que todavía una mayoría de catalanes quiere seguir siendo española. Pero si esa fuera la cuestión, ¿qué mejor forma de despejar las dudas que celebrar un referéndum? La cuestión, sin embargo, no es esa. La cuestión es que la soberanía nacional radica en el conjunto del pueblo español, no en ninguna mayoría que, de forma siempre transitoria, pudiese conformarse en un momento determinado en alguna determinada aldea, ciudad, provincia o, como es el caso, región.

En fin. Un día flojo lo puede tener cualquiera, incluido alguien tan brillante como suele ser Albert Rivera. Pero la verdad es que el candidato de Ciudadanos no se distinguió demasiado en el debate de los representantes del PP y del PSOE tampoco a la hora de hacer frente a esa excrecencia de la casta, a esa trasnochada izquierda trufada del más rancio de los nacionalismos que representa Podemos.

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Hay que soltar todo el lastre
Aleix Vidal-Quadras  www.gaceta.es 10 Diciembre 2015

La fantasía de sus autoridades separatistas de que una separación del resto del Estado les permitiría aumentar sus ingresos fiscales al liberarles del famoso déficit fiscal, que estiman en sus cálculos tramposos entre 12000 y 16000 millones, no responde a ninguna realidad contrastable.

Basta fijarse en un dato relativo a la Generalitat de Cataluña para comprender las razones de su pésima situación financiera. En este momento, y tras una reducción del 16% en el número de sus entidades públicas de todo tipo en los últimos tres años y medio -empresas, fundaciones, organismos autónomos, institutos, corporaciones, consorcios…- el Gobierno catalán mantiene aún 393 en funcionamiento. El esfuerzo medio en este terreno del conjunto de las Autonomías ha sido en este período del 21%, con algún ejemplo destacado como Baleares con un 55% o Murcia con un 40%. Por consiguiente, de todas las Comunidades, Cataluña ha sido la más reacia a desprenderse de centros de gasto. No es extraño que su cifra de déficit correspondiente a 2015 se sitúe en el 2.9% de su PIB, nada menos que 6000 millones de euros, la más alta de España tanto en términos absolutos como relativos. La fantasía de sus autoridades separatistas de que una separación del resto del Estado les permitiría aumentar sus ingresos fiscales al liberarles del famoso déficit fiscal, que estiman en sus cálculos tramposos entre 12000 y 16000 millones, no responde a ninguna realidad contrastable. En primer lugar, la diferencia entre lo que Cataluña “da” y lo que “recibe” no es ni mucho menos la astronómica cantidad que propaga Artur Mas, sino algo así como la quinta parte de lo que reclaman. Por otro lado, la secesión, que comportaría la salida del euro y de la Unión Europea, provocaría tal hundimiento de su economía que no recaudarían ni para pipas. Hoy la Generalitat sobrevive pese a estar quebrada y a sus bonos calificados como basura por todas las agencias internacionales de evaluación, gracias a las aportaciones del erario estatal, que el próximo 16 de Diciembre se dispone a ingresar en las arcas del amigo Mas-Colell del orden de 3000 millones de euros.

SI extendemos la mirada a la Nación en su totalidad, el número de entidades públicas de las Autonomías es todavía de 1778, un número escalofriante teniendo en cuenta que el déficit autonómico del presente ejercicio será del 1.6% cuando el objetivo establecido para cumplir con el calendario de ajuste era del 0.7%. Pero si echamos la vista atrás y contemplamos el crecimiento desaforado de estos entes desde 2004 a 2012, verificamos consternados que fue de 461, pasando de 1784 a 2245, es decir, que hemos vuelto al nivel de 2004 tras una explosión irresponsable al viento de las burbujas cuyo estallido nos ha dejado casi exánimes. Una operación obligada, que ningún partido ha incluido en su programa para el 20-D, sería la publicación detallada de la naturaleza, fines, personal, estructura, valor añadido y presupuesto de cada uno de ellos para, a continuación, proceder a la supresión de todos los que no justifiquen su existencia en función de una valoración coste-beneficio realizada de manera independiente. Empezando por las televisiones autonómicas y acabando por las pseudoembajadas, pasando por una densa selva de pesebres variopintos cuyo único fin es la colocación de amigos, parientes y correligionarios, la sorpresa causada por semejante exposición a los ojos de la ciudadanía de este monumento al despilfarro sería mayúscula y generaría una indignación tan general que se entiende que no haya político dispuesto a ello.

Los miles de millones que quedarían disponibles una vez culminada esta suelta masiva de lastre permitirían garantizar los servicios sociales y bajar los impuestos, con los consiguientes efectos beneficiosos para la prosperidad y el empleo. Nuestro combate no ha de ser, como afirman destructivamente los chavistas de Podemos, los de abajo contra los de arriba, sino de la población activa contra la hidra partitocrática que le sorbe la sangre y se aprovecha desaprensiva de su honrado trabajo.


 


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