AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 16  Diciembre  2015

Votar a oscuras
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 16 Diciembre 2015

Si lo que Rajoy quería al retrasar las elecciones hasta las vacaciones de Navidad era jorobarnos el turrón -sobre todo, por si lo perdía él- puede tener el justo castigo que merece su perversidad. El tabernario rifirrafe en que, por la inacción del tabernero, que ya aguaba el vino en tiempos de Tutankamon, se convirtió en el único debate que el presidente ha tenido a bien celebrar contra su rival más flojo, terminó justo a la misma hora, las 00.00 del martes, en que la infame Ley Electoral prohibe la publicación de encuestas. Así que las elecciones más reñidas de la historia democrática, no sólo por el primero sino por el segundo, el tercero y el cuarto puestos, van a tener que dilucidarse prácticamente a oscuras, sin esa orientación que facilitan los sondeos y que llevan a un grupo pequeño pero a veces decisivo de votantes a inclinarse por una u otra opción.

Es verdad que las estadísticas no son muy fiables, pero menos fiable es no tenerlas, y gracias a esta Ley Electoral que ningún partido ha mostrado mucho interés en cambiar resulta que los únicos que van a tener estadísticas para orientarse en estos últimos días de campaña son los partidos políticos, que con el dinero de los contribuyentes van a poder saber lo que por ley nos prohiben: cómo evoluciona la intención de voto. En la Jornada de Reflexión -de triste recuerdo y que es otra mamarrachada derogable- no nos dejan materia para reflexionar, no sea que se nos ocurra algo.

"Lo normal es que al constituirse las Cortes nuestros representantes elijan nuevos presidente del PP y secretario general del PSOE"

Y sin embargo, nunca como en estas elecciones ha sido tan necesario reflexionar. No sólo elegimos al primer candidato para formar gobierno, sino al segundo; y al tercero y al cuarto como socios del primero o el segundo. Salvo que 'Snchz' haya encorajinado de tal modo a los viejos votantes del PP que le den a Rajoy más de 140 escaños, doblando al segundo partido (si no es Podemos, que daría el gobierno al PP), lo normal es que al constituirse las Cortes el 13 de enero nuestros representantes no sólo elijan jefe del Gobierno y de la oposición, si pueden, sino nuevos presidente del PP y secretario general del PSOE. Rivera e Iglesias son los únicos que no se juegan la cabeza este domingo.

Pero el colmo del desprecio a la nación es que, para burlar la Ley Electoral, se publiquen encuestas en Andorra. Puestos a conspirar, a Gibraltar.

¿Hacia dónde va España?
Vicente A. C. M.  Periodista Digital 16 Diciembre 2015

Esa pregunta que hago creo que nadie pueda responderla y eso es precisamente lo que produce una desagradable sensación de alerta y ansiedad extrema, al menos en aquellos que no deseamos el auge de un totalitarismo de izquierdas como el que representa PODEMOS. España no puede de la noche a la mañana pasar a un régimen bolivariano en la UE. Que nadie se llame a engaño, algo así no podrá nunca ser aceptado. ¿Estamos pues abocados a un posible enfrentamiento civil? Personalmente no lo descarto de continuar la radicalidad manifiesta y los tics fascistas de las hordas que se dedican, por ahora, a ocupar las calles y plazas, asaltar recintos de culto, o ir a las sedes de los oponentes políticos a pintar las fachadas o destrozar cristales y mobiliario. Aquí no se va a permitir una noche de cristales rotos ni se dejará que se eliminen derechos y libertades sin oponer resistencia.

La izquierda que representa el PSOE se ha radicalizado en un intento de mimetismo con PODEMOS para recuperar en estos días algo de la sangría de votantes que ha perdido desde la debacle de Rubalcaba y de las elecciones municipales y autonómicas. Desaparecida por absorción IU, su espacio natural está siendo ocupado por esa nueva izquierda bolivariana que ha suavizado su mensaje camuflándose con el traje de social democracia. El líder, Pablo Iglesias, solo tiene que mantener hasta el final esa actitud impostada para lograr convencer a los que ni creen, ni apoyan incondicionalmente a Pedro Sánchez. Una carrera que ya empezó con dificultad y que ha ido empeorando con decisiones muy poco afortunadas como el nuevo fichaje de la tránsfuga oportunista Irene Lozano y la bofetada política a su contrincante Eduardo Madina.

Pero también está la actitud cerril y soberbia de un Albert Rivera que crecido por ir en la cresta de la ola desprecia al resto de participantes anunciando que no va a realizar pactos de Gobierno ni con PSOE ni con PP porque su intención es cambiar el sistema actual. O sea que coincide en lo esencial con PODEMOS que también quiere cambiar el sistema, aunque no en los objetivos finales diametralmente opuestos. Creo que es muy lícito aspirar a lo máximo, pero la prudencia exige no hacer declaraciones tan rotundas que luego deban ser desmentidas por el pragmatismo de una realidad ineludible. Palabras como “nunca” tienen la contundencia y el peso de una losa que puede cerrar la tumba política de quien la pronuncia y se vea obligado a contradecirse.

España está en un momento muy tenso que va a ser aprovechado por sus enemigos para avanzar en sus objetivos de independencia y fragmentación. Se necesitan partidos fuertes que no se planteen dudas sobre los valores fundamentales a defender, la Unidad, la Solidaridad y la Igualdad entre los españoles sin diferenciación de ideología ni credos. Algo tan fundamental como lo que se recoge en los dos primeros artículos de la Constitución, esa que sus enemigos ni admiten ni acatan. Ningún partido que ponga en duda la Soberanía del pueblo español en su conjunto, tal y como hace PODEMOS, otorgando supuestos derechos a determinados grupos o territorios, puede permanecer en el espacio democrático común y debería ser apartado. La democracia no puede permitir que sea legítimo el que alguien pretenda o consiga acabar con ella desde dentro usándola como arma.

Andan los del PP filtrando supuestos “sondeos” internos y anunciando una “sorpresa” en los resultados vaticinando un incremento en las perspectivas de votos de PODEMOS, se supone que a costa de votos del PSOE en esa sangría inmensa que padece. Es claro que su intención no va más allá de agitar hasta el último momento el fantasma de la izquierda radical. Debe ser la misma estrategia que el PSOE lleva a cabo con Pedro Sánchez en clara maniobra de crispación tal y como declaró sinceramente José Luis Rodríguez Zapatero en su “pillada” a micrófono abierto con Iñaki Gabilondo. Nadie sabe realmente lo que va a pasar el próximo 20D. El pueblo español es capaz de todo, incluso de un comportamiento esquizofrénico dando mayoritariamente su voto a una extrema izquierda cuando hace solo cuatro años se la dio al centro derecha, que no extrema derecha, del PP y a un candidato como Mariano Rajoy que nadie podrá decir que ni conocía ni sabía cómo era.

La pregunta que hago se responderá cuando se realice el recuento de votos y entonces cada uno deberá asumir el suyo y reflexionar si hizo lo correcto o se arrepiente. Porque nadie puede ignorar que de no haber mayorías absolutas para poder gobernar, los pactos son ineludibles y CIUDADANOS finalmente deberá deshojar su margarita y optar entre mantener un equilibrio inestable e imprevisible sin apoyar a ninguna otra fuerza política o hacer como hasta ahora, dando una sensación incomprensible en quien se proclama de centro con claro escoramiento hacia la izquierda.

¡Que pasen un buen día!

Lo cursi
Gabriel Albiac. ABC 16 Diciembre 2015

LO cursi impera. Es la única conclusión firme, tras estos días de campaña soporífera. Lo enuncio como un halago. Los técnicos publicitarios, que compiten por el mercado del voto, persiguen el letargo. Y lo consiguen. Son los únicos profesionales serios de lo político. Un letargo placentero: no seré yo el que se queje. Lo placentero es siempre acreedor de gratitud en un mundo tan áspero. Y a mi edad, uno sabe que hay cosas bastante peores que dormitar en paz. ¿Qué sería de nosotros si nos empeñásemos en abrir los ojos ante la desasosegante realidad económica, ante la quiebra nacional que acelera su vértigo en España? No habría quien pegara un ojo: algo ciertamente desagradabilísimo. Un buen hipnótico, hasta se agradece. Aunque uno quede después un poquito atontado por la resaca. Sí que hay cosas muchísimo más desagradables que aceptar que te noqueen de modo amable.

Todo el ruido de estos días se ha trocado en hilo musical, así. Lo que se salga de los límites que acolcha ese murmullo sin aristas debe, naturalmente, ser borrado: las cosas hirientes, o tan sólo desagradables, mueven poquísimo al voto. Kabul, por ejemplo. En donde un ataque islamista contra la Embajada española ha quedado en menos que un pestañeo: mediáticamente no ha existido. Esto es: no ha existido, de ninguna manera. Pues que existir es, en las sociedades modernas, ser eficientemente resonado por los televisores. Tampoco existieron nunca los dos policías españoles asesinados. Ni el edificio reducido a ruinas. Ni las doce horas de asalto. No existieron. No vaya a ser que alguien se acuerde de aquel 11 de marzo de 2004, tras el cual la libre ciudadanía española decidió rendirse al yihadismo por plebiscito.

Estado Islámico lo recordaba, hace un mes, a la hora de reivindicar los atentados del día 13 en París y lamentar que allí, en vez de rendición, un Gobierno socialista hubiera tenido el mal gusto de declararle la guerra y bombardear sus posiciones de modo eficiente: «… Retiraos de esta guerra como hicieron los españoles en Irak, o París no será nuestra última operación…»

Mas no es ahora aquí la hora de los combatientes. En España vivimos, desde aquel 11 de marzo que nos trajo en 2004 al prosternado Zapatero de la capitulación instantánea ante el islamismo, sumergidos en la sentimental hora de los cursis. No digamos que de los cobardes, no: eso queda muy feo.

Y, como todo lo rosáceo agrada –más aún si es adorablemente infantil–, el personal acabará, seguro, por dar su voto a alguno de estos dulces rapsodas pastoriles. Tañed, tañed, candidatos, vuestras églogas de trovador sentimental por vía herciana. Los tiempos corren a favor vuestro. Y la verdad es que ya, a estas alturas, se le hace a uno muy bizantino descifrar cuál de vuestras edades mentales es la más tierna.

Y que a nadie se le ocurra recordar a W. H. Auden: la sentimentalización de la política, eso es el fascismo. Pero Auden era un poeta. Y, además, excelente. Ilegible, por tanto, hoy. Cuando lo cursi impera.

Tribulaciones del joven liberalismo
GABRIEL TORTELLA El Mundo 16 Diciembre 2015

La implantación del Estado liberal -producto característico del siglo XIX- entrañó serias dificultades en muchos países: la persistencia del Antiguo Régimen por un lado, las incertidumbres de la industrialización por el otro, a menudo hicieron zozobrar la frágil embarcación liberal. En España esas dificultades fueron especialmente grandes. No es que la barca zozobrara: es que naufragó varias veces. El siglo XIX español es un continuo tejer y destejer del manto liberal, entre la amenaza del carlismo, la propensión al pronunciamiento, y el acecho de la algarada revolucionaria. Las constituciones se sucedían, los gobiernos, los monarcas y los regímenes iban y volvían, pero los problemas básicos persistían; tanto es así que, a pesar de que las cosas cambiaron algo en el siglo XX, los problemas mal resueltos del siglo XIX perduraron y salieron a la superficie en forma de dictaduras, inestabilidad, y guerra civil. Podríamos decir que, a pesar de que el desarrollo económico del siglo XX nos ha llevado a otra etapa de madurez política y social, aún hoy subsisten las heridas mal curadas del liberalismo español en forma de sectarismo, adanismo (populismo), dogmatismo, cainismo y varios otros ismos que subsisten en nuestra palestra política. En gran medida la subsistencia de estas actitudes se debe a las deficiencias de un sistema de educación lastrado por las malformaciones del liberalismo decimonónico. El reflejo político de estos ismos se manifiesta sobre todo en la propensión de los partidos a descalificar al contrario de manera apriorística y en la dificultad de alcanzar pactos de Estado en materias básicas como la propia enseñanza, y algunos aspectos de la política de defensa y exterior, por ejemplo.

Estas reflexiones vienen a cuento de un libro que se acaba de presentar en el Banco de España acerca de las relaciones entre nuestro Banco Central y el Estado liberal durante el reinado de Isabel II y el Sexenio revolucionario que siguió al destronamiento de la reina. El autor del libro es Pedro Tedde de Lorca, prestigioso investigador y economista que durante muchos años ha sido el historiador residente del Banco y que, entre sus múltiples tareas, ha estudiado (y sigue estudiando) la historia de esta institución, y publicando una serie de libros sobre el tema. El que comento es el tercero en esta serie y su título es El Banco de España y el Estado liberal (1847-1874). Este trabajo monumental de Tedde nos permite contemplar la historia de España a través de la de su longevo Banco Central, porque las relaciones de éste con el Estado fueron, como puede imaginarse, muy intensas y muy determinadas por los avatares de la política y los vaivenes de la economía. Los volúmenes anteriores nos permitieron aprender sobre la accidentada vida del Banco de San Carlos, que fue una víctima más de las guerras napoleónicas, que asolaron España con especial dureza, y que dejaron al Estado y al Banco en virtual bancarrota; y, en el segundo volumen, sobre el banco sucesor, el Español de San Fernando, que desempeñó un papel crucial en el apoyo al Estado liberal durante la Primera Guerra Carlista y en la financiación de la desamortización de Mendizábal, que marcó un hito en nuestra historia económica y social.

Este tercer volumen tiene, entre sus muchos personajes, dos que evolucionan en contrapunto: el muy conocido marqués de Salamanca y el admirable Ramón Santillán, que fue gobernador del banco durante sus años cruciales. Es injusto que Santillán sea mucho menos conocido que Salamanca porque, frente al indudable interés de éste como figura picaresca y financiero genial pero sin escrúpulos, Santillán personifica el funcionario inteligente, trabajador y honrado que convirtió un banco casi quebrado en el soporte de las finanzas españolas durante el boom de 1854-64; que antes había modernizado la Hacienda española; que antes todavía había luchado heroicamente en la Guerra de Independencia con escaso reconocimiento por parte del Estado y la sociedad; y que, magnífico prosista, nos regaló tres Memorias, sobre historia bancaria, sobre su reforma de la Hacienda, y sobre su vida, que son tres fuentes insustituibles sobre la historia económica y política de la primera mitad del siglo XIX.

Por un lado, tenemos la aristocrática rectitud y honorabilidad del gobernador; por otro, las aventuras rocambolescas del pícaro marqués. Ambos representaron sus papeles en uno de los episodios más chuscos que registra nuestra historia bancaria (sin duda precursor de otros vividos más recientemente). Salamanca estaba entre los directivos del Banco de Isabel II, competidor algo irregular del San Fernando. En la crisis de 1847-8, el Isabel II quedó en muy mala situación, por haber hecho préstamos sin las debidas garantías, sobre todo a las empresas de Salamanca, en especial a su Ferrocarril Madrid-Aranjuez. Era a la sazón Santillán ministro de Hacienda, y planeó fusionar ambos bancos tasando los activos de cada uno a su valor, que en el caso del Isabel II era naturalmente muy bajo. Pero interfirió la política. Santillán lo cuenta en sus memorias: Salamanca, "deudor de enormes sumas al Banco de Isabel II y a un considerable número de casas de primer orden, no halló otro medio de salir de este atolladero que el de hacerse ministro de Hacienda". Y en efecto, consiguió desbancar a Santillán por medio de sus intrigas «con el general Serrano, el cual en aquellos momentos disfrutaba de un particular ascendiente con la Reina» (tan mesurada frase viene de Tedde; es bien sabido que el futuro duque de la Torre fue el primero en la larga lista de amantes de la reina castiza). Naturalmente, con Salamanca en Hacienda, los títulos del Isabel II fueron tasados muy por encima de su valor, lo cual alivió considerablemente los apuros patrimoniales del futuro marqués en perjuicio de los accionistas del San Fernando.

En todo caso, Santillán fue luego nombrado gobernador del Banco, al que salvó pese a las argucias de Salamanca, al que rebautizó Banco de España, y al que convirtió en el centro del sistema monetario y financiero de la época, gracias en gran parte a su energía al resistir las continuas presiones de los gobiernos moderados y unionistas para que les extendiera desmedidos créditos y adelantos. Murió en 1863, de modo que no vivió los angustiosos años de la crisis de 1864-1874, que se llevó por delante al régimen isabelino al dar lugar a la Revolución de 1868. Los revolucionarios introdujeron muchas medidas acertadas (la peseta, el librecambio arancelario, la liberalización de la formación de empresas y de importación de capital), pero no pudieron resolver el déficit fiscal que les legó el régimen isabelino, y que a la larga fue su talón de Aquiles.

PARA SALIR de apuros enajenaron las minas de Riotinto y otras, fundaron el Banco Hipotecario a cambio de un préstamo, y a cambio de otro dieron al Banco de España el lucrativo monopolio de emisión de billetes a costa de los bancos emisores provinciales. Esto contradecía sus principios liberales, pero la situación era desesperada: la Primera República se encontró con tres guerras civiles: la carlista, la cantonalista y la de Cuba. Luchaba por sobrevivir. Con estos expedientes in extremis allanó el camino de la Restauración de 1875, que así se encontró con medios para resolver los graves problemas, gracias a ese dinero y a mayores dosis de disciplina y autoridad de las que podía permitirse la República.

Muchos de los problemas estudiados por Tedde prefiguran situaciones muy parecidas de nuestros días: crisis bancarias y financieras, déficits fiscales, crecimiento desmesurado de la deuda pública, excesos en las épocas de prosperidad olvidando que existe el ciclo económico, corrupción, etc. De la historia pueden aprender mucho los gobernantes y dirigentes, pero rara vez lo hacen. La ignorancia es mala consejera. "España se merece un gobierno que no mienta", decían algunos. De acuerdo, pero igual de importante es un gobierno que sepa un poco de historia.

Gabriel Tortella es economista e historiador.

Pasodoble de Federico
RAÚL DEL POZO El Mundo 16 Diciembre 2015

Son las seis de la mañana. Se oye un pasodoble. El pasodoble era una marcha militar que terminó bailándose y siguió a los clarines del miedo. Ahora es la melodía de las andanzas de las putas y alcahuetas de Campechano I, los suspiros de lo que queda de España, saqueada por los ladrones a tres manos, trotonas y los 10.000 hijos de Pujol. El retablo solanesco que cumple, aunque no sea en verso, el canon del epigrama: «A la abeja semejante/ para que cause placer,/ el epigrama ha de ser, pequeño, dulce y punzante». Ésa es la definición de Federico Jiménez-Losantos.

Nuestro príncipe de la sátira y de los ingenios hizo cuando era rojo y lacaniano una tesis sobre Valle-Inclán y se quedó con la copla del esperpento. Del de las barbas de chivo y del renco de las espuelas de oro aprendió que en España, creyendo lo peor, siempre se acierta. No comparto sus ideas, pero le admiro y le quiero, seguramente porque compartimos enemigos y nacimos, uno en la umbría y otro en la solana de los Montes Universales, donde se conservan los vocablos más bellos de la lengua castellana. Empezó de rojo, luego liberal de La Pepa; acabó de anarquista celtíbero sin camiseta ni camioneta. Lo encasillaron en la sacristía y en la carcunda; ahora le llevan al banquillo la derecha, la izquierda y el centro. Ha sufrido más procesos que ningún otro escritor. Como Quevedo, envía el mensaje: «No he de callar por más que con el dedo/ ya tocando en la boca, o ya la frente/ silencio avises, o amenaces miedo».

Ayer celebramos su último libro, Los años perdidos de Mariano Rajoy. El acto litúrgico fue oficiado en la biblioteca de la Asociación de la Prensa, con la presencia de Ymelda Navajo, directora de La Esfera. David Jiménez, director de ELMUNDO, comentó que Federico encaja, perfectamente, en nuestro periódico porque se atreve a publicar lo que otros callan. Los padrinos hablaron del presidente y de su pájara. Alfonso Ussía comentó que Rajoy tuvo un mal día y recordó a Alejandro Rodríguez de Valcárcel, presidente de las Cortes, más franquista que el propio Franco. Una vez lo recibió el caudillo y Valcárcel, al dar un taconazo, tropezó en la alfombra y se dio una hostia llevándose por delante las cortinas. Entonces se oyó la voz de Franco: «Valcárcel, vuelva otro día, que hoy no está usted para nada». Pedro J. describió la portada del libro, donde Rajoy se acerca a Santiago, como una estatua de cera al lado de un santo vivo y animoso. El director de El Español dio la razón a Pedro Sánchez: «El presidente debió dimitir cuando lo de 'Luis, sé fuerte'».

Según Federico, Rajoy es un tío raro que renunció a ser a cambio de estar. Describe el libro como un real mazo, casi 700 páginas, sobre un político al que quizás le quede una semana en el poder. Son los devoradores episodios nacionales de un ilustrado, cáustico, mordaz y corrosivo, que hace verosímil la leyenda urbana según la cual hubo una conjura de tres palacios para callarlo: El Vaticano, La Zarzuela y La Moncloa. Pero no lograron ponerle la mordaza.

Una bronca que no tapa lamentables coincidencias
EDITORIAL Libertad Digital 16 Diciembre 2015

Aunque sondeos de opinión como los realizados al concluir el cara a cara entre Rajoy y Sánchez carecen de rigor demoscópico, no parece que anden muy desencaminados aquellos que aseguran que una mayoría de telespectadores consideró que ninguno de los dos candidatos ganó el debate.

En cualquier caso, parece innegable que, más que debatir y enfrentar ideas y programas, Rajoy y Sánchez se enzarzaron en una bochornosa y agria bronca en la que ni siquiera se abordó una cuestión tan decisiva como la politización de la justicia y en la que no se vieron grandes diferencias entre uno y otro a la hora de afrontar cuestiones tan importantes como la rebelión secesionista en Cataluña, el altísimo nivel de deuda pública, el elevadísimo nivel de paro, la pérdida de peso de nuestro país en la escena internacional o la insostenibilidad del sistema de pensiones y del sector público.

Empezando por el rifirrafe que prácticamente vino a reemplazar al debate, fue vergonzoso que, en lugar de mostrar propuestas constructivas para atajar una lacra como la corrupción, y que afecta al PSOE tanto o más que al PP, el candidato socialista se dedicara a leer la cartilla en plan macarra a Rajoy implicándolo personalmente en el escándalo del caso Bárcenas. Mas aun cuando el PSOE tiene un largo historial de corrupciones monumentales, del que han sido hitos el caso Filesa en tiempos del felipato o el de los ERE, del que se está encargando actualmente la Justicia.

Es verdad que Rajoy tuvo una innegable responsabilidad in vigilando en el caso Bárcenas, y fue abominable el poco disimulado deseo del presidente del Gobierno de no abordar un asunto tan grave como es el de la corrupción. Sin embargo, eso no justifica que el mediocre Sánchez, que está mostrando pavorosas carencias a lo largo de la campaña, recurriese al insulto y al juego sucio.

Reducir algo tan grave como la corrupción al "y tú más" supone, además, aparcar un asunto tan decisivo como el altísimo número de tentaciones que el intervencionismo público pone delante del gobernante, o la corrupción estructural que conlleva la designación política de los miembros del Poder Judicial. Lo peor de la bronca es que pretende ocultar que ambos candidatos están de acuerdo en mantener ese ominoso secuestro de la separación de poderes.

Otro tanto se podría decir de la crisis que padece España como nación y como Estado de Derecho, asunto que, si no es por la insistencia del patético moderador en abordar el desafío separatista en Cataluña, ni siquiera se hubiera tratado. Ambos candidatos se limitaron, en cualquier caso, a mostrarse garantes de la unidad de España, pero ni Sánchez recriminó a Rajoy la impunidad de los sediciosos, que en todo momento han contado con financiación estatal para su rebelión institucional, ni Rajoy recriminó a Sánchez las alianzas de los socialistas con los separatistas en numerosos municipios catalanes. Lo más que hicieron fue abordar la vaporosa reforma constitucional con la que el PSOE –y algunos ministros de Rajoy, por cierto– trata vanamente de contentar a los separatistas, sin que ninguno de los dos candidatos abordara el hecho de que en Cataluña no se cumple la Carta Magna.

Por otro lado, no es de extrañar que no afrontaran una cuestión tan capital como la losa que para la recuperación económica constituye la deuda del sobredimensionado y burbujístico sector público. Es verdad que el Gobierno de Rajoy no ha cumplido un solo año sus compromisos de reducción del déficit público, pero ¿qué recriminación le puede hacer una candidato socialista tras la etapa de Zapatero, sobre todo si encima pretende reducir todavía más el ritmo de ajuste entre gastos e ingresos? ¿Cómo esperar que alguno de los dos candidatos abordase la necesidad de adelgazar el sector público, si ambos se disputan el liderazgo a la hora de mantener esa rémora?

No se puede negar la gravedad de un asunto como el del terrorismo islamista o el de la pérdida de peso de nuestro país en la escena internacional, pero ¿cómo van a discutir sobre ello Rajoy y Sánchez, cuando ambos son dignos herederos de Zapatero en ambas cuestiones?

Rajoy y Sánchez se podrán enzarzar en cuánto ha subido o menguado el poder adquisitivo de las pensiones, pero es inútil esperar de ellos un proyecto de reforma de un modelo público de reparto que, más pronto que tarde, sólo será sostenible, como toda estafa piramidal, con el paulatino perjuicio de sus supuestos beneficiarios.

Es lamentable que Rajoy se contente con una tímida reforma laboral que apenas ha logrado reducir el altísimo nivel de paro dejado por Zapatero. Pero ¿qué decir de Sánchez, cuyas propuestas se limitar a derogar esa reforma?

La conclusión es que el debate del lunes, que pretendía resucitar al viejo bipartidismo, se redujo a un agrio rifirrafe que no vino sino a confirmar para numerosos españoles las irrelevantes diferencias que separan a PP y PSOE, por mucho que sus respectivos candidatos se descalifiquen mutuamente.

La reforma fiscal que necesita España
Diego Sánchez de la Cruz Libertad Digital 16 Diciembre 2015

Estamos a las puertas de las elecciones generales y ningún partido político ha puesto encima de la mesa una propuesta fiscal capaz de dar la vuelta de una vez por todas al desaguisado tributario que sufren los contribuyentes españoles.

La primera cuestión que deberíamos abordar en la próxima legislatura es la de la simplificación y rebaja del IRPF. En los peores momentos de la crisis, con la recaudación por los suelos, los estudios de José Félix Sanz ya señalaban que el IRPF podía reducirse a solamente dos tipos, del 25 y el 35%. Aquella propuesta partía, además, de un aumento del mínimo exento que aseguraba que todos los contribuyentes verían reducida su carga fiscal, sin excepciones.

Hoy la situación fiscal es más favorable que entonces. De hecho, en 2015 los tipos han bajado y la recaudación no solo no se ha desplomado, sino que ha aumentado. Por tanto, la propuesta de simplificación y rebaja del IRPF puede revisarse sobre la base de dos nuevos tramos, que se situarían en el entorno del 20 y el 30%. Dichos umbrales no generarían pérdidas en los niveles de recaudación y podrían ser revisados a la baja conforme lo permita la situación fiscal. En última instancia, el objetivo sería llegar a un escenario en el que solamente quedaría en pie un tipo único (flat tax).

El segundo punto pasaría por eliminar el Impuesto de Patrimonio, para lo cual sería necesario derogar el Decreto Ley 13/2011 y recuperar la Ley 4/2008, que suprimía este gravamen. La pérdida recaudatoria no sería significativa (no llegaría a 1.000 millones de euros), mientras que el efecto sería positivo desde el punto de vista técnico (evitaría la doble tributación), económico (facilitaría el incremento del patrimonio de las familias) y moral (enviaría un mensaje favorable respecto a la creación de riqueza).

En tercer lugar, el Gobierno central debería coordinar con las comunidades autónomas la eliminación del Impuesto de Sucesiones y Donaciones, que se pactaría junto con la abolición de los más de 70 impuestos regionales que se han venido aprobando en los últimos años. Ambas medidas supondrían una pérdida de recaudación de 4.000 millones de euros para los Gobiernos autonómicos, obstáculo que sería salvado con un nuevo sistema de financiación territorial que cerrase la brecha fiscal resultante con todos los territorios que se sumen a la iniciativa.

El cuarto punto pasaría por reformar el IVA para alcanzar un único tipo fiscal. De acuerdo con los informes de la Comisión Europea, el gravamen medio que soporta el consumo en España es del 14%. Por tanto, nuestro país tiene la oportunidad de eliminar los diversos tramos de IVA vigentes y adoptar un tipo único del 14% que ni siquiera se traduciría en una pérdida recaudatoria. El tramo podría ser revisado a la baja con el paso del tiempo, conforme lo permita el aumento de la recaudación que irá alimentando la recuperación del consumo.

En quinto lugar, el Impuesto de Sociedades debería ser revisado por entero para adoptar un sistema más atractivo. El nuevo modelo debería garantizar la deducción total de los beneficios cosechados en el extranjero. Además, debería converger hacia un tipo único cercano al gravamen efectivo que soportan las compañías españolas en la práctica. Esto arrojaría una tarifa inicial de entre el 15 y el 20%, sin pérdida de recaudación. Superada esa primera fase de reforma, el gravamen tendría que ser corregido a la baja hasta asumir un modelo en el que solamente se aplicase al reparto de beneficios empresariales.

Las anteriores propuestas aseguran una profunda reordenación del sistema tributario español. Hablamos de llevar IRPF, IVA y Sociedades hacia un modelo de tipo único, pero también de eliminar los Impuestos de Sucesiones, Donaciones y Patrimonio y de acabar con los setenta gravámenes autonómicos que se han ido acumulando a lo largo de los años. El coste fiscal de esta simplificación tan radical sería de apenas 5.000 millones de euros, un efecto muy limitado que podría ser compensado con un limitado ajuste del gasto, que apenas alcanzaría el 0,5% del PIB.

Consolidar este nuevo escenario ayudaría a asumir nuevas reformas tributarias que partirían de un sistema mucho más atractivo y sencillo. España pondría el cascabel al gato y conseguiría el resultado último de esta agenda de reforma fiscal: tener unos impuestos tan simples que sería cada vez más fácil reducirlos, con el ánimo de mejorar el bienestar de familias y empresas.

La legislatura en la que la corrupción se hizo insoportable

La proliferación de casos y la imputación de 'honorables' tambalea los pilares del régimen del 78.
Carlota Guindal El Espanol 16 Diciembre 2015

En tan solo cuatro años España ha visto cómo se han tambaleado los principales representantes de los pilares del Estado por una causa común: la corrupción. Ha sido la legislatura más frenética en lo que a casos de corrupción se refiere. La hija del Rey, imputada; su marido, también; el tesorero del PP, a prisión; el de CiU, también; el símbolo del milagro económico, detenido; los principales dirigentes andaluces, imputados; y figuras del PP, como Jaume Matas o Carlos Fabra, condenadas y entre rejas. Es decir, Cristina de Borbón, Iñaki Urdangarín, Luis Bárcenas, Andreu Viloca, Rodrigo Rato, Manuel Chaves, José Antonio Griñán puestos en el ojo de la Justicia.

Este es sólo el aperitivo. En esta legislatura se ha visto caer a la ex ministra Ana Mato, encausada como partícipe a título lucrativo en el 'caso Gürtel'. Lo mismo ha ocurrido con uno de los principales dirigentes 'populares' madrileños, Francisco Granados, actualmente en prisión; el Tribunal Supremo imputó a un ministro socialista, José Blanco, aunque después le libró de sentarse en el banquillo; todo el 'clan Pujol' se encuentra bajo sospecha; dirigentes socialistas gallegos, también encausados; la expresidenta del Parlamento balear, María Antonio Munar, en prisión y hasta el actual presidente catalán en funciones, Artur Mas, está imputado.

Los propios partidos políticos han visto cómo la Justicia les saca los colores: la financiación ilegal del PP puesta en el tapete con los 'papeles de Bárcenas', la de Convergencia también con la causa conocida como 'la del 3%', y el PSOE, afectado por los 'ERE de Andalucía'. Representantes de todos ellos han tenido que desfilar por juzgados, tribunales y centros penitenciarios.

El último gran caso de corrupción destapado, la trama Púnica, ha puesto en evidencia que, a pesar de años de persecución por parte de los jueces, Fiscalía, Policía y Guardia Civil contra esta lacra, sigue habiendo corrupción en la política. Fuentes del caso destacan que la investigación inicial se llevó a cabo en escasos seis meses. Se tenía únicamente un hilo: Granados y su amigo, David Marjaliza, quienes tenían escondida una cuenta en Suiza. Y en pocos meses de escuchas telefónicas en el año 2014 se descubrió un auténtica telaraña de corruptelas en pueblos de Madrid, en la propia Comunidad madrileña y en otros territorios como Castilla y León, Murcia o Valencia.

Fuentes de la Fiscalía Anticorrupción sostienen que, pese al duro trabajo realizado, en cada caso que estalla descubren que al final siempre hay corrupción. Aunque el objetivo es que la clase política asuma que quien delinca será atrapado, la realidad es que las operaciones policiales y judiciales lo que consiguen es que los malhechores perfeccionen sus técnicas para no ser atrapados. Diversas fuentes de investigaciones relacionadas con la corrupción certifican la máxima de que el poder corrompe.

Mismas técnicas, distintos colores
¿Cuáles son esas técnicas que copian unos a otros para saltarse las leyes? Los investigadores señalan varios métodos seguidos por el político corrupto, da igual del partido que sea. Fraccionar contratos para evitar superar el límite de los 18.000 euros de adjudicación para evitar tener que someterla a concurso; en procedimientos negociados sin publicidad presentar tres empresas con el mismo propietario detrás; y si va a concurso, presentar varias empresas conchabadas, aunque este último proceso cada vez está más controlado. En muchas ocasiones, se les pilla porque, al conocer por adelantado que van a ser los adjudicatarios, las empresas empiezan a facturar a la Administración antes incluso de que ésta acuerde la adjudicación.

¿Cómo pagan los empresarios a los políticos? Si el pago es a partidos, normalmente se hace a través de donaciones. Un claro ejemplo es el de CDC. La Guardia Civil y Fiscalía Anticorrupción detectaron que empresarios pagaban al partido por adjudicaciones porque tenían un sistema establecido. Por norma general, pagaban al partido a través de su fundación, CatDem, el 3% de cada obra adjudicada. Cuando es a un político concreto, se le paga con facturas falsas a sociedades vinculadas a éste, bien suyas o de un familiar o amigo. Incluso, como sucede en el 'caso Gürtel' o Púnica, varios dirigentes políticos tenían cuentas en paraísos fiscales donde se enviaba el dinero procedente de la corrupción.

Los apuros de Rajoy
Fuentes jurídicas coinciden en que estos últimos años los mecanismos de persecución de este tipo de delitos han funcionado mejor y, por eso, han saltado más casos. Hace dos años, el Gobierno de Mariano Rajoy estuvo a punto de hundirse cuando su tesorero decidió tirar de la manta y sacar a la luz la financiación ilegal del PP durante dos décadas a través de donaciones no declaradas al Tribunal de Cuentas para, entre otras cosas, pagar las campañas electorales del partido.

El PP se vio muy tocado pero aguantó sin cortar ninguna cabeza más que la del ex tesorero, Luis Bárcenas, que acabó en prisión preventiva durante un año. “Usted es prisionero de los papeles de Bárcenas”, le espetó el lunes en el debate el candidato del PSOE, Pedro Sánchez, al presidente del Gobierno y candidato del PP para las elecciones generales que se celebran este domingo día 20.

El ex tesorero hizo una maniobra que le salió mal. En 2013, cuando salieron sus cuentas en Suiza en el marco del 'caso Gürtel', la trama de corrupción que salpica al PP, todo cambió. Bárcenas pidió ayuda después de que el juez de la Audiencia Nacional Pablo Ruz tuviera en su poder los datos que demostraban que había ocultado fondos en el país helvético, donde había llegado a guardar hasta 48 millones de euros. Esa ayuda, tal y como él la esperaba, no llegó y entonces salieron a la luz los 'papeles de Bárcenas', demostrativos de la financiación ilegal del partido.

Esos documentos, sin embargo, no han tenido judicialmente el alcance que tuvo el revuelo mediático. Los investigadores no han podido demostrar que las donaciones al PP por parte de empresarios, principalmente dedicados a la construcción, tuvieran como contraprestación la adjudicación de obras. Así que, al final, el año que viene se sentarán en el banquillo únicamente Bárcenas, su antecesor en la tesorería, Álvaro Lapuerta, y unos arquitectos que hicieron la obra de la sede del PP y cobraron parte en negro.

El PP también ha visto caer a quien representaba el milagro económico de la etapa de Aznar, aunque el actual Gobierno ha sabido distanciarse de Rodrigo Rato lo suficiente para que no le salpique.

El ex vicepresidente del Ejecutivo está imputado por la fusión y salida a Bolsa de Bankia cuando él era el presidente de la entidad, coincidiendo con una época en la que se abrieron casos a buena parte de las cajas de ahorros.

Sin embargo, Rato fue dado de lado por su partido tras estallar el escándalo de las 'tarjetas black', 15 millones de euros gastados entre los miembros del Consejo de Administración y directivos de Caja Madrid y Bankia con tarjetas ajenas al circuito económico legal. Rato fue suspendido de militancia del PP tras conocer su participación en la aprobación y uso de estas tarjetas.

La mano negra de Rato
Ya cuando Rato fue detenido en abril de este año por delitos fiscales y presunto blanqueo de su fortuna oculta, Rajoy y todo su equipo habían apartado totalmente al que llegara a ser director del Fondo Monetario Internacional (FMI). Los problemas de Rato ya eran sólo de Rato. Es más, fuentes del entorno del ex ministro de Economía incluso vieron una mano negra dentro del equipo de Gobierno para que la Agencia Tributaria le investigara y se ordenara su detención durante unas horas.

El 'caso Púnica' y el 'caso Gürtel' han seguido minando durante este último año al principal partido. Uno de los hombres fuertes del PP madrileño lleva un año preso y su socio, David Marjaliza, está tirando de la manta. La trama de Francisco Correa hizo que la ministra de Sanidad con Rajoy, Ana Mato, acabara dimitiendo y, una vez que el juicio se acerca, algunos ex dirigentes no están dispuestos a asumir toda la responsabilidad. La semana pasada, el ex alcalde 'popular' de Boadilla del Monte (Madrid), apuntó a Esperanza Aguirre, al presidente del Senado, Pío García Escudero, y a un alto cargo de la Comunidad de Madrid.

El PSOE lleva a rastras su propia mochila. Hace dos años tuvo que ver cómo un ex ministro socialista, José Blanco, desfilaba por el Tribunal Supremo por un caso de corrupción en Galicia, y este año han hecho el paseíllo por el mismo órgano judicial los ex presidentes de la Junta de Andalucía Manuel Chaves y José Antonio Griñán, junto a varios ex consejeros andaluces. En Galicia también tienen un problema judicial, después de la imputación este verano del secretario general del PsdeG, José Ramón Besteiro y el anterior alcalde de Lugo, José López Orozco, por delitos contra la ordenación del territorio.

Corrupción histórica, a la luz
En Cataluña, la corrupción sigue vigente en sus altas esferas tal y como lo demuestra la 'Operación Petrum', por la que fueron detenidos los dos últimos tesoreros del partido que dirige Artur Mas. En esa causa se investiga el cobro de donaciones por parte de CDC pagadas por empresarios contratistas con la Administración pública.

Paralelamente, la Justicia ha hecho un cerco a toda la familia Pujol. Detrás de las investigaciones al ex presidente catalán y sus hijos se vislumbra la corrupción del partido durante décadas.

Anticorrupción y diversos jueces, junto a Guardia Civil y Policía, han dado un golpe en la mesa para acabar con el famoso 3% catalán. Ya se había rozado en el 'caso Palau' o en las ITV pero las causas que hay abiertas ya no se pueden parar. Por ahora, en el asunto que sigue el juez de El Vendrell (Tarragona) se ha llegado a los tesoreros, pero la investigación se dirige a averiguar si altos cargos o incluso el presidente de CDC eran conocedores del cobro de donaciones a cambio de adjudicaciones.

El broche, la Infanta
Y la familia real como colofón. Hasta que la Fiscalía Anticorrupción señaló al 'yernísimo' del rey Juan Carlos, Iñaki Urdangarin, por numerosos delitos de corrupción junto a, entre otros, el que fuera presidente balear, Jaume Matas, la Casa Real era intocable. Su imputación vino a finales de 2011 y una acusación muy concreta y pequeña se acabó convirtiendo en una vorágine que arrastró a su mujer, la infanta Cristina de Borbón.

La hija de Juan Carlos I fue imputada en enero de 2014 y seis meses después, su padre abdicó para dejar el trono a su hijo, Felipe VI. Entre otras cosas, el escándalo de Urdangarín, y la acusación final de la infanta, dañó la imagen de la institución hasta tal punto que el monarca tuvo que ceder la corona.

La legislatura está a punto de acabar. Pero la próxima estará protagonizada por los juicios de muchos de estos escándalos que, por ahora, se encuentran en fase de instrucción. Todavía hay tiempo de arrepentimientos, confesiones y pactos.

Un fraude de ley como golpe de estado en Venezuela
José Javaloyes Republica.com 16 Diciembre 2015

Nicolás Maduro, derrotado presidente de Venezuela en las elecciones generales del pasado día 6, intenta hacerse con otro Parlamento: una Cámara Comunal, a lo que me referí en mi penúltimo comentario en este espacio. A la pérdida de la capacidad legisladora del régimen tras la mayoría crítica lograda por la Oposición – explícitamente reconocida por Maduro – ha reaccionado la vieja guardia del chavismo, representada en este caso por Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional, sacándose de la manga este último martes el naipe de una institución políticamente inexistente: el Parlamento Comunal. Una pieza fantasmagórica, formando paquete documental con otras cuatro normas “comunales”, equivalentes y constitutivas en la práctica de un proyecto de Estado Comunal, extraviado en la letra muerta de un Estado del mismo nombre, diseñado en 2010 por el difunto Hugo Chávez, y perdido en la memoria de la comunidad nacional venezolana.

De todo aquello no existe eco alguno en la actual Constitución del país, pese a las modificaciones de que ha sido objeto a lo largo de los años transcurridos desde entonces, entre las que destaca la ampliación de los mandatos presidenciales, con su eco en términos de paradigma dentro de la comunidad bolivariana, nutrida ideológicamente con el populismo levógiro y cementada económicamente con el denso petróleo de la cuenca del Orinoco.

El despertar de aquello que Hugo Chávez ensoñó como tantas otras cosas que se han ido amortizando por la realidad política, social y económica, ha tenido como causa lo masivo y radical de la derrota sufrida por el chavismo en las urnas de este 6 de Diciembre: todo un hito en la crónica contemporánea de las Américas. Un suceso legal de condición y fuste revolucionarios; tanto que, conforme a derecho, ha roto por su base la posibilidad de que al Gobierno del presidente Maduro no lo quede otra opción, legal y legítima, que la de entregar el poder a los legítimos vencedores de la Mesa de Unidad Democrática.

La reacción del derrotado Gobierno de Maduro no se compadece con ningún registro de las democracias libres. Ni con nada que pueda remedar un supuesto “socialismo del siglo XXI”. Es anarco-sovietismo del arranque del siglo XX, como ilustra la afirmación de Diosdado Cabello, el presidente de la Asamblea Nacional de que “Ahora tendremos un Parlamento al servicio de la burguesía. Por parte de la derecha no vamos a escuchar nada que sea para favorecer al pueblo”. Será posible, visto el desabastecimiento, la inseguridad de la calle, la inflación infinita, la tentación irreprimible de resucitar el régimen chavista que se ha muerto. Rematado finalmente, apuntillado, por los votos.

Dispongámonos a ver qué reconocen y dicen las Fuerzas Armadas. El último atentado que restaba perpetrar al chavismo quiere ser, a lo que se ve, contra la inteligencia y contra la paciencia del pueblo venezolano. Sólo faltaba un fraude de ley como golpe de Estado.


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Medio ambiente nacionalista
Iñaki Arteta Libertad Digital 16 Diciembre 2015

Hace unos días el viceconsejero de Interior del Gobierno Vasco, Josu Zubiaga, defendió durante su asistencia en París al homenaje a las víctimas del último atentado terrorista: "Todo es terrorismo, pero ETA trataba, entre comillas, de respetar el entorno general; pero esta gente no. Les da igual todo el que se encuentre delante y consideran su enemigo a todo el que no piense como ellos". Unos días después, para arreglarlo, dijo que a lo que se refería en realidad era a que "con ETA se podían establecer cuáles eran los colectivos con más riesgo", mientras que "los yihadistas están atacando no sólo a los que no piensan como ellos sino a la población en general". Trabajo fino el de ETA, según el viceconsejero.

Esta misma semana el metro de Bilbao lucía en los carteles de las estaciones un lazo negro con la bandera nacional francesa como solidaridad con las víctimas del atentado terrorista. Adivinen cuántos lazos de ese color y ese tamaño se colocaron en esas mismas estaciones mientras ETA asesinaba a tiros en las calles del entorno del suburbano bilbaíno.

Esta es la actitud, esta es la postura y estas son las pistas para entender qué se piensa por aquí arriba, norte de España, tras "el cese definitivo de la actividad armada de ETA". Cuando se nos pregunta: "¿Qué tal se vive por allí, ahora?", habríamos de responder que unos han pasado del temor a la tranquilidad y otros de la cobardía a la hipocresía. Conceptos estos últimos absolutamente compatibles en tiempo, lugar y persona.

Aflora la hipocresía como el dinero negro cuando se cambió de moneda.

Efectivamente, quedó atrás el vivir obsesionados con que alguien fuera asesinado en cualquier momento a la salida del portal de su casa. Lo que queda por delante tiene más de raro y de confusión que de esperanza en tiempos mejores. Aparte de la cuestión de la seguridad, la diferencia es escasa en cuanto a quién manda y seguirá mandando por aquí. No hay peligro democrático de que el nacionalismo ("democrático") sea apeado del poder, por eso es de prever que con ello se mantengan, se consoliden, de forma más robusta sus principios culturales. Gusten o no, sean propios o inventados, nos parezcan impuestos o tolerados, están para quedarse. Lo políticamente correcto es lo nacionalista y se acabó.

En esa corrección política, a la que ya resulta tan natural y fácil aferrarse por estas tierras, está la de no hablar mucho del pasado de ETA o no hablar nunca jamás de ello. Esa es tarea delegada en exclusiva a Jonan Fernández y la ETB. Ellos van a impartir en dosis adecuadas, pero continuadas, el argumentario necesario y más que suficiente para entender lo que ha pasado y como mucho plantear una autocrítica de perfil bajo (todos hemos sido culpables) que no quite el sueño a nadie (no ha sido para tanto) pero proponga a algunos (sólo a unos pocos) abrazarse (siempre públicamente) con los que tuvieron "otras sensibilidades" respecto a la violencia. Es largo de explicar con detalle todo esto, pero resumámoslo: lo pasado, pasado, salvo que haya que hablar de la Guerra Civil.

Un dirigente abertzale se preguntaba hace poco: "¿Quién construirá el relato?"; se contestaba él mismo: "El que convenza". Y poder de convicción no les falta ante una ciudadanía dispuesta a recibir con la ya clásica sumisión la innovadora lección magistral sobre su propio y reciente pasado.

Se lleva hablando mucho de relato y memoria desde las instituciones españolas y en esa amplia parte de la ciudadanía que ha sido siempre sensible con las víctimas y contraria al ejercicio del terror, pero el relato hay que construirlo no tanto con palabras, que llegado un momento hasta sobran, sino con actuaciones materiales, estudios, libros, películas. Materiales que, utilizados públicamente por los medios masivos y a la vez en todo tipo de centros educativos, formen a las nuevas generaciones sobre un asunto muy susceptible de cubrirse con una capa de confusión y olvido imperdonable en una sociedad que pretenda ser sana y responsable con su historia.

Es urgente un relato perdurable que se sumerja con valentía en todos y cada uno de los rincones entre los que se escondió la amenaza, en los recovecos entre los que se nos introdujo el miedo en el cuerpo, en los abismos que creó el dolor injusto. Es urgente hablar de quién nos hizo temer, por qué y a quiénes.

En realidad, la versión de que hubo razones históricas para el asesinato sistemático y la persecución sólo la sostienen los que estuvieron en ello o fueron cómplices. Digamos que es la prueba del algodón para saber quién tuvo simpatías, conveniencias o complicidades con el ejercicio del terror.

Pero el negacionismo se puede intentar y hasta puede triunfar a nada que nos descuidemos.

Combatir todo esto requiere una estrategia sólida a medio plazo, una voluntad decidida que no sabemos si tienen nuestro dirigentes nacionales más allá de puntuales y testimoniales ejercicios de solidaridad con las víctimas. Si no se sabe por dónde empezar, conviene mirar más la ETB y observar cómo se van materializando los planes de Jonan Fernández bendecidos por Urkullu al respecto. No se trata en su caso de algo planeado con desgana, no. Se trata de una cuestión estratégica para el nacionalismo en general: salir indemnes de sus implicaciones ideológicas con el terrorismo y repartir la culpa. Cuando se les pregunta qué pasó y qué hay que hacer ahora, te dicen: "No pasó gran cosa y hay que mirar hacia delante". ¿Qué tenemos para contrarrestar todo esto?
 


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