AGLI Recortes de Prensa   Viernes 18 Diciembre  2015

La Alpujarra, el termómetro de la economía #Masby
Juan Vicente Santacreu  Periodista Digital 18 Diciembre 2015

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El dinero y la energía ni se crean ni se destruyen, cambian de manos. – Juan Vte. Santacreu
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Cada economista tiene sus referencias y ellos, en su mayoría, revolotean con sus gráficos para marear y demostrar justo lo que ellos quieren. O lo que quieren sus amos.

No hay que olvidar que un economista es un experto en interpretar los datos económicos para ofrecer unos resultados acordes con su intencionalidad. Por eso es atípico que dos economistas ideológicamente contrarios coincidan en sus conclusiones.

Pero como yo no soy economista y además voy por libre, no utilizo gráficos, me fijo en los indicadores sociales como es el nivel de los productos de los supermercados y el turismo. Son dos marcadores sensibles que reaccionan rápidamente ante los cambios económicos.

Hoy no te voy hablar de los super, sólo del turismo rural que por motivos personales conozco muy bien, en concreto en la zona de La Alpujarra.

Los mayores consumidores del turismo rural son esencialmente las clases medias.

Y… ¡¡sorpresa!! La economía se está moviendo, o eso parece, se alquilan casas rurales, los restaurantes se llenan, en los puentes los españoles empiezan a viajar y La Alpujarra se llena.

Pero no nos engañemos, las casas rurales se están alquilando porque los políticos están concediendo algún puente que otro de los que habían quitado, y porque Rajoy de cara a las elecciones ha pagado las extras y los retrasos a los funcionarios. Eso significa que después de 5 años de “estreñimiento” económico, casi tres millones de funcionarios han empezado a gastar con un poco de alegría. ¡¡Ojo!! Por tanto son casi 3 millones de familias que están gastando por toda la geografía española.

La paga extra ha sido una jugada electoral maestra y muy inteligente por parte de Rajoy que ha propiciado que los funcionarios, cansados de estrecheces económicas, se estén lanzando al consumismo ante una mejoría irreal de la economía. No hay que olvidar que los funcionarios son un núcleo importante de las clases medias.

Pero que nadie se engañe, Rajoy nos deja España con la mayor deuda histórica, con menos afiliados a la S.S. que cuando llegó, ha esquilmado la caja de pensiones y ha pagado con el FLA millonadas para tapar el derroche faraónico de las 17 reinonas regionales.

No hay que olvidar que Rajoy ha generado todo este déficit a pesar del ahorro millonario que hemos hecho en estos cuatro años gracias a las bajadas del precio del petróleo.

Por cierto, y por si no lo pillas, el paro ha bajado porque muchos inmigrantes han retornado a sus países de origen, la prueba son los números de afiliados a la Seguridad Social. Y los números no engañan.

Rajoy nos ha acomodado en la crisis, eso sí, muy cómodamente porque esto va para largo. Rajoy lo sabe, lo sé yo y lo saben muchos ciudadanos, la mejora económica de este país es tan sólo un espejismo porque España no da para mantener a tanto chorizo y tanto bastardo.

Así lo pienso y así lo digo.

¦ Quizá te interese leer ? Cuatro años con Rajoy http://www.masaborreguera.com/partidos-politicos/pp-tres-anos-de-rajoy.html
Probablemente, si fuéramos libres para poder decidir, la mayoría elegiría lo contrario de lo que nos proponen los políticos. – Juan Vte. Santacreu

Elecciones: Hacienda siempre gana
Adrià Pérez Martí . www.vozpopuli.com 18 Diciembre 2015

Los debates electorales, los mítines y las entrevistas siempre tienen un apartado para que el candidato exponga la modificación de tipos que va a hacer por allí, las deducciones que creará por allá, y cómo eso le permitirá gastar y redistribuir... por nuestro bien.

Pero suelen pasar desapercibidas sus propuestas para aplicar esos impuestos, es decir, ‘las formas’ del sistema tributario, esas leyes que suelen aprobarse por la puerta de atrás. El problema es que estas medidas que se proponen en los programas electorales de los cuatro partidos con opciones de gobierno son extremadamente similares y siguen la tendencia a aumentar el poder absoluto del Estado frente al individuo, sin salvaguardias ni contrapesos, encaminadas a favorecer a Hacienda en contra de los contribuyentes. Ninguno se ha replanteado por qué es necesario que nuestro sistema fiscal siga esta deriva para poder recaudar.

Lo que sigue es lo que se votará este domingo y lo que terminará aprobándose en el parlamento:

Cárcel, delitos e infracciones
Los partidos proponen revisar (para ampliar, recaudar y disuadir) las infracciones administrativas y delitos (PSOE-61). En concreto incrementar las penas de prisión por delitos fiscales (PSOE-163). Asegurarse de que se cumplan tales privaciones de libertad aunque se ingrese el dinero y las multas (Ciudadanos-110). Aumentar su imprescriptibilidad hasta los 10 años (PSOE-163, Podemos-38). Reducir el umbral para considerarse delito a 50.000 euros y aplicar a todos estos delitos las penas más graves que ya fijó el PP (Podemos-39). O hacer públicas las identidades no ya por delitos sino por infracciones (!) superiores a 30.000 euros (PSOE-61), compitiendo con el Estado de sitio fiscal del PP.

Sin embargo, por muy mala prensa que tengan estos delitos (o incluso infracciones), se trata de delitos económicos, de cantidades de dinero que se han dejado de ingresar. La desproporción entre no entregar un dinero y la privación de la libertad, uno de los principios más sagrados de nuestra civilización, se incrementaría con este tipo de medidas represivas. En todo caso, la imposición de más multas parecería el intento más proporcionado para castigar este tipo de delitos. Parece que otro tipo de delincuentes tengan más garantías que quienes no pagan impuestos.

Además, de aprobarse estas medidas, siempre existirá el riesgo de que ello sea la antesala para extenderlas. Si hoy se impone y amplía la prisión por no pagar, mañana será fácil que también se aplique para cada vez más infracciones. Un proceso muy habitual en este tipo de leyes.

El delirio fiscal total: además de los patrios, más impuestos desde fuera
PSOE y PP quieren impulsar una Unión Fiscal en la UE para dotarla de "dimensión fiscal". En otras palabras, para que pueda gastar más, ejercer un mayor control y fiscalización, crear impuestos y obligar a su uniformidad en el territorio europeo. Más intercambio de información entre haciendas, elaborar lista negra de empresas que cometen fraude fiscal y planificación fsical “agresiva” (PSOE-176, PP-73). Un Tesoro europeo significa más impuestos… europeos.

Y en esta línea, el delirio total podemita, fiscalizador y controlador, llega a pretender una agencia fiscal internacional bajo el auspicio de la ONU contra la elusión, competencia fiscal, con capacidad sancionadora y la posibilidad de crear más impuestos globales, uno sobre la riqueza, sobre las transacciones financieras, modificar la normativa interna de los paraísos fiscales (lo que equivale a invadirlos fiscalmente, Podemos-47)… y hasta ahí, de momento.

Mayor intrusión fiscalizadora
Llama la atención hasta dónde quieren los partidos aumentar su alcance y poder con su estrategia intrusiva. Hasta el punto de meterse dentro de las Pymes y estandarizar la facturación de las Pymes (PSOE-163) o simplificar su contabilidad, sin estudiar las consecuencias de tal cambio en el lenguaje de las empresas, por motivos de control (Ciudadanos-106).

El PP limitó el uso del dinero en efectivo para vigilar nuestras transacciones, y el PSOE continua por esta senda para incrementar "la trazabilidad de las transacciones electrónicas" (PSOE-174).

El Gran Hermano socialista de todos los partidos no se detiene ahí y tanto PSOE como PP, en ese uso abusivo del oxímoron, pretenden hacer que la relación de la Administración y el administrado sea más cooperativa. ¿Cómo? Obligando a las empresas a que informen obligatoriamente a la AEAT de la estrategia fiscal, que la propia Agencia califique como agresiva, y riesgos fiscales (PP-78), o a soportar incrementos de impuestos (PSOE-164).

Quizá por cooperación se refieran a la mayor fiscalización a través del eufemismo "intercambio de la información" del administrado entre administraciones. Información que es privada y confidencial, que el ciudadano se ve obligado a entregar en sus relaciones con el Estado, pero a órganos determinados, no a todos los funcionarios de España (Podemos-37, PSOE-62/127, PP-79, Ciudadanos-106). Fiscalización intrusiva que salta a colonizar nuevas áreas económicas como la economía colaborativa (PSOE-174, Podemos-54).

Fortalecer a Hacienda
Todos los partidos pretenden continuar fortaleciendo a Hacienda. El PSOE parece querer incentivar a la agencia fijando su presupuesto como si fuera un sistema de reparto del botín: función de lo que liquiden a los obligados tributarios (página de su programa PSOE-163). Podemos apuesta explícitamente por un incremento gradual del personal (Podemos-38) y Ciudadanos es el más original de todos: más dotación presupuestaria redunda en una mayor recaudación, ocho euros de cada uno invertido (Ciudadanos-110). Sin embargo, no hay que olvidar que lo que consideran ingresos para calcular su rentabilidad pueden ser cantidades pendientes de resolver firmemente si han sido defraudadas o no. La AEAT no deja de ser parte, y no juez, en la contienda con el administrado, por mucho que tenga oficinas jurídicas, grandes técnicos, etc. Y, finalmente, el PP ya incrementó el último año su presupuesto en un 5% y las inversiones realizadas por el Ministerio de Hacienda.

Ampliar los procedimientos de Hacienda
Ciudadanos propone medidas cautelares y usar la tecnología para asegurarse la recaudación ("evitando procesos individualizados y manuales", Ciudadanos-110). La tecnología también es invocada por el PP para hacer más rápidas las comprobaciones de las declaraciones, a lo que se añade las ampliaciones del plazo de duración de inspecciones y demás potestades investigadoras de Hacienda que aprobaron en la legislatura pasada y que todos los partidos refrendan porque en ninguno de sus programas lo pretenden derogar. De hecho, el PSOE incluso quiere alargar el plazo que tiene la Administración para fiscalizar a los contribuyentes (la prescripción, PSOE-163), cosa que ya hizo el PP, y que también propone Podemos igualmente hasta 10 años para delitos fiscales (Podemos-38).

El fin aducido en general es incrementar la seguridad jurídica. El resultado, incrementar la seguridad jurídica de que la Administración cobrará y, además, con recargos o multas. Por tanto, los votantes van a votar, sin elección, a lo que va a mermarles su moral fiscal y a desequilibrar aun más esa desigual relación Hacienda-contribuyente. Investigaciones como la de Feld y Frey afirman que cuanto mayor prepotencia y poder tenga la Administración y sometimiento el obligado tributario en una relación jerárquica, mayor incentivo para el incumplimiento fiscal, que no proviene por una supuesta intrínseca alma fraudulenta del contribuyente español.

Contra las elecciones prudentes e inteligentes del contribuyente
Son constantes en todos los programas los ataques contra la elusión fiscal, que no es más que cumplir las leyes del mejor modo para el administrado (minimizando legalmente el pago de impuestos). Pretende evitarse este ejercicio prudente e inteligente del contribuyente, tratando de prohibirlo (como ha hecho el PP), o limitándolo con leyes uniformizadoras de armonización fiscal al alza entre comunidades o internacionalmente (PSOE-114/177 y Ciudadanos-102, Podemos-58,)

Medidas que se proponen con la excusa de la proteger la unidad de mercado. Pero nada fomentaría más tal unidad que bajar impuestos y que alguna Comunidad Autónoma fuera amigable a las empresas, que así les sería más fácil expandirse por todo el mercado nacional e internacional. Mayor unificación es mayor centralización del poder y menores alternativas al obligado tributario.

Además de criminalizar la economía de opción (también conocida como elusión fiscal), ésta suele asociarse a la ilegal evasión fiscal. Y bajo la excusa de reducir la elusión fiscal se propone revisar hasta los tratados internacionales (Podemos-38), acuerdos bastante rígidos y difíciles de modificar, lo que no hará más que generar trabas a la aplicación de deducciones que muchas veces buscan disminuir la doble tributación, como ya hiciera el PP durante la pasada legislatura.

Conclusión
Puede que el votante busque regeneración, continuidad, aire fresco, cambio, pero lo que seguro van a elegir el próximo domingo, independientemente del parido al que voten, es el incremento del Poder fiscal, sin alternativa y sin contrapoderes.

Por qué no voto
Juan Ramón Rallo www.vozpopuli.com 18 Diciembre 2015

En todos los comicios electorales, cada liberal se suele plantear las mismas preguntas: ¿a quién debo votar? ¿Quién es, entre las grandes formaciones políticas, la que concurre con un programa menos antiliberal? ¿O acaso debería entregar mi voto a un partido liberal coherente (como el Partido Libertario) aunque sus probabilidades de obtener representación sean muy bajas? En este artículo, trataré de explicar por qué exprimirse los sesos con todas estas cuestiones tiende a ser una pérdida de tiempo y de energías y por qué mi opción preferida —tanto por consideraciones teóricas como estratégicas— es la abstención. Con ello, y como luego reiteraré, no quiero decir que toda persona liberal deba abstenerse: simplemente creo que no votar es perfectamente coherente con los principios del liberalismo y que, además, en las condiciones actuales es la mejor decisión estratégica.

Por qué no votar: los principios éticos
El liberalismo se basa en el reconocimiento de un conjunto de libertades individuales que nadie, tampoco el Estado, tiene legitimidad para violar. Y, por debatible que pueda ser la extensión y definición exacta de ese conjunto de libertades individuales, todo liberal reconocerá que los Estados modernos están violentando muchas de ellas; es decir, a día de hoy los Estados se arrogan un grado de soberanía sobre las personas del que deberían carecer.

Votar significa codeterminar el gobierno de ese Estado que se extralimita en sus competencias al arrogarse el derecho de conculcar las libertades individuales: por consiguiente, es totalmente liberal rechazar que tengamos un derecho al voto sobre aspectos tan amplios en la vida de las personas. Por ejemplo, imaginemos que se convocara un referéndum para determinar qué libros deben a los niños por las noches, con quién deben casarse las personas católicas, o cuántas horas debe trabajar cualquier persona como mínimo: todo liberal negaría que las personas debamos decidir sobre ese tipo de cuestiones que afectan a la vida de otras personas y, por tanto, consideraría del todo impertinentes semejantes votaciones.

Pues bien, con los Estados modernos sucede exactamente lo mismo: reivindican su autoridad para violar numerosos aspectos de las libertades de las personas. Pero si el Estado no posee en realidad ningún derecho a violar las libertades de las personas, tampoco ningún particular posee el derecho (y mucho menos la obligación) de votar cómo el Estado debe violar las libertades de las personas.

Actualmente, pues, el voto presupone reconocer a cada ciudadano una especie de derecho de copropiedad sobre prácticamente todos los aspectos de la vida de los individuos: si los liberales rechazan que el Estado posea esa autoridad ilimitada, también deberán rechazar su derecho a participar en la gestión de esa autoridad extraordinaria a la que se oponen.

Ahora bien, en tanto en cuanto el Estado nos ofrece la posibilidad de votar para determinar el modo de gestión de su ilegítima autoridad política, un liberal bien puede decidir votar no porque se crea con el derecho a administrar la vida de los demás, sino porque pueda emplear su voto estratégicamente para minimizar el grado de interferencia del Estado sobre la vida de los individuos. A saber: voto no porque me arrogue derechos sobre los demás, sino porque es una forma práctica de incrementar nuestras libertades.

Por qué no votar: la estrategia
Desde un punto de vista estratégico, los liberales suelen debatirse entre votar a un partido minoritario pero liberal (como el Partido Libertario) o votar a aquel partido mayoritario que sea menos antiliberal. Pero, a la hora de la verdad, ninguna de ambas opciones es probable que marque demasiada diferencia. En las elecciones generales de 2011, el número de personas con derecho a voto fue de 35.779.491, lo que significa que cada español sólo posee un 0,00000279% del censo electoral y que, por tanto, si fuéramos una circunscripción única y sólo hubiera dos opciones en liza, la probabilidad de que nuestro voto fuera decisivo sería de 0,0000056%, esto es, 1 entre 17,8 millones (adaptando el cálculo a condiciones más cercanas a la española, la probabilidad sería todavía menor, dado que cuantas más opciones en liza haya, más rápidamente desciende ésta). Aun cuando se repitiera el nivel de abstención de 2011, la probabilidad seguiría siendo tan baja como del 0,0000081%, esto es, 1 entre 12,3 millones. Tengamos presente que la probabilidad de ganar el Gordo de Navidad es del 0,001%, es decir, 81 veces superior a la de ser determinante para el resultado electoral. Por consiguiente, que una persona vote o no vote es esencialmente irrelevante para el resultado final.

Siendo mi voto irrelevante sobre el resultado final (teniendo 81 veces menos probabilidades que las de ganar el Gordo), ¿por qué tanta preocupación a la hora de decidir a quién votar? Una primera posibilidad es que queramos autoengañarnos y que votar forme parte del ritual de autoengaño: a saber, queremos imaginar que poseemos más influencia sobre el Gobierno (y, por tanto, sobre los múltiples ámbitos de nuestras vidas en los que intervine el Estado) de la que en realidad poseemos. Pero, como vemos, no es así: cada uno de nosotros es irrelevante en determinar el resultado electoral, estemos dispuestos a reconocerlo o no. Desde un punto de vista objetivo, pues, sigue sin tener ningún sentido estratégico acudir a las urnas por mucho que intentemos autoengañarnos.

Otra posibilidad para justificar la importancia que le otorgamos al voto es argumentar que, aun cuando mi voto sea individualmente irrelevante, el voto del conjunto de los liberales no lo es. Si todos los liberales se abstienen (en lugar de votar al partido más liberal o, entre los mayoritarios, al menos antiliberal), las consecuencias sí podrían ser relevantes. Pero esta es una mala perspectiva por dos razones.

Una, que en verdad el voto agregado de los liberales tampoco es tan relevante: supongamos muy generosamente que en España hay entre 20.000 y 50.000 liberales (personas partidarias de un tamaño del Estado como mucho igual al que existía antes de 1914); con estas cifras, si votara la misma cantidad de gente que en 2011, la probabilidad de que ese bloque liberal fuera relevante oscilaría entre el 0,16% y el 0,4%: esto es, pintaríamos más bien poco (no en vano, si España fuera un distrito único y los escaños se repartieran proporcionalmente, cada escaño habría costado en 70.500 votos en 2011 y, por tanto, los liberales ni siquiera podríamos haber aportado un solo escaño a ninguna formación política; mucho menos probable habría sido que ese escaño hubiese sido relevante en determinar el gobierno).

Dos, mi decisión de votar únicamente determina mi voto, no el del resto de liberales: o dicho de otro modo, que cada uno de los liberales opte por votar es un fenómeno independiente de que yo lo haga (o de que otro liberal vote). Es verdad que mi argumentación pública de por qué no voto podría persuadir a otros liberales —y también a otras personas— de que no vale la pena votar: pero, en ese caso, lo que determinaría el voto (o el no voto) de esas otras personas no sería mi decisión de no votar, sino que la haga pública (en otras palabras, es más importante lo que digo públicamente que lo que hago privadamente: hipocresía política). En todo caso, tampoco conviene dramatizar sobre ello: si, por ejemplo, este artículo lo leyeran 10.000 personas, el 70% de las cuales tenía pensado votar y el 50% de las cuales decide dejar de hacerlo tras interiorizarlo, las distintas formaciones políticas votables estratégicamente por un liberal perderían apenas 3.500 votos entre todos ellas, esto es, mi influencia a la hora de explicar públicamente mi abstencionismo seguiría siendo nula a efectos prácticos.

Lo mismo vale, por cierto, para otro tipo de iniciativas públicas dirigidas a coordinar el voto del conjunto de los liberales (artículos, manifiestos, adhesiones públicas a un partido, plataformas activistas, creación de partidos políticos, etc.): en general, es tremendamente complicado coordinar a colectivos integrados por varios miles de personas. Por consiguiente, razonar sobre qué decisiones estratégicas deben tomar todas ellas a la vez tiende a ser algo bastante estéril: cada liberal, aunque pueda verse influido en parte por alguna de esas iniciativas, tomará su decisión estratégica de acuerdo a muchos otros elementos, lo que inexorablemente fraccionará en muy diversas opciones el voto de los liberales (algunos se abstendrán, otros votarán al Partido Libertario, otros al PP, otros al PSOE, otros a Ciudadanos y alguno incluso a Podemos buscando que todo reviente). Por tanto, ¿cuántos votos liberales puede “carretear” alguna iniciativa dirigida a cartelizar el voto liberal cuando éste es tan sumamente reducido en la actualidad (entre 20.000 y 50.000, siendo generosos)? Pues sólo una fracción del total: acaso entre 5.000 y 10.000 si esa iniciativa fuera muy exitosa. Y 5.000 ó 10.000 votos continúan siendo irrelevantes en unas elecciones (nótese que el Partido Libertario, muy esforzada y abnegadamente tras varios años, ha logrado aunar esa cantidad de apoyos entre todos los liberales, pero no más).

Por último, la relevancia estratégica del voto podría defenderse señalando que, aun cuando votar no cuente para casi nada, sus costes también son nulos: ¿acaso si jugar a la lotería fuera gratuito no lo haríamos? Pero es falso que votar no conlleve costes: acaso los más evidentes sean los de perder el tiempo en acudir al colegio electoral, identificarse y depositar el sufragio (en el caso del voto por correo, éstos sí son mucho mayores). Mas existen otros costes que, por menos visibles, no son inexistentes: muy en especial, el coste de informarse y reflexionar sobre cuál es la fuerza política más adecuada para promover estratégicamente la libertad (leer los programas electorales, compararlos y ponderar los distintos escenarios postelectorales) y el riesgo de equivocarnos y apoyar a formaciones que contribuyen a reducir nuestras libertades. Al cabo, si queremos votar para promover la libertad, aunque sea muy marginalmente, deberemos soportar parte de esas cargas (en caso contrario, votaríamos aleatoriamente, lo cual desde un punto de vista estratégico tiene escaso sentido).

No obstante, desde mi perspectiva, ir a votar conlleva otro coste estratégico que sí es altamente significativo: el coste del conformismo con un sistema injusto. En el epígrafe anterior ya expliqué por qué votar sobre cómo disponer de la libertad de las personas es un acto profundamente antiliberal ante el que los liberales deberían rebelarse: si no lo hacen en la práctica (pues, como asimismo he añadido a continuación, el voto podría ser estratégicamente una buena herramienta para promover la libertad), sí deberían hacerlo, al menos, en el ámbito filosófico. Pero sucede que, al ser numéricamente irrelevantes para conformar una estrategia pro-liberal mínimamente relevante en unos comicios, tenemos la ocasión de respaldar las palabras con los hechos: esto es, tenemos la ocasión de no plegarnos al rito electoral, de protestar públicamente contra sus presupuestos y de señalizar disconformidad contra el sistema ante una población que ha terminado por asumir que votar constituye incluso un deber y la vía última de legitimación de cualquier derecho humano. Y ondear esa bandera también posee una cierta importancia estratégica para impulsar el futuro de la libertad.

En definitiva, cada elección constituye una oportunidad para denunciar la lógica perversa del sistema actual y para actuar en consecuencia. La insumisión militar, por ejemplo, tenía propósitos análogos: no sólo librarse personalmente de una ilegítima obligación impuesta por el Estado a los ciudadanos, sino también visibilizar en los hechos lo que podría haberse quedado en una denuncia meramente filosófica. Evidentemente, no estoy diciendo que la estrategia de postularse abstencionista para denunciar el sistema tenga una elevada probabilidad de éxito, pero votar tampoco la tiene en las condiciones actuales, con la salvedad de que a día de hoy votar nos convierte en una parte indistinguible de una masa humana mucho más grande, mientras que practicar el abstencionismo ideológico nos diferencia del resto de un modo coherente con los principios liberales

Conclusión
El propósito de este artículo es el de explicar por qué opto por no votar y por qué, desde mi perspectiva, la mejor estrategia para un liberal es la abstención. No estoy afirmando que votar sea antiliberal ni que otras personas liberales no puedan optar por votar en caso de que vislumbren una mejor estrategia electoral para promover la libertad. Por ejemplo, uno podría argumentar razonablemente que votar al Partido Libertario —una agrupación que trabaja desde el ámbito político para divulgar los valores y las ideas de la libertad— constituye una forma de recompensar su trabajo diario asumiendo un coste muy bajo (aunque, como he explicado, ese coste no es tan bajo, en tanto abarca el coste de señalizar conformismo con el sistema).

Lo que sí estoy afirmando es que, si usted es liberal y decide no votar el domingo, no se sienta en absoluto culpable por el hecho de que terminen triunfando fuerzas políticas incluso más antiliberales que las actuales: usted no tendrá absolutamente ninguna responsabilidad en ello. O, al menos, no la tendrá por el hecho de haberse abstenido: la forma en la que los liberales podemos actualmente influir sobre el grado de intervencionismo del Estado en nuestra sociedad no es a través del voto, sino mediante la batalla de las ideas en todos los ámbitos posibles. Preocúpese, pues, mucho más acerca de cómo puede persuadir a otras personas para que interioricen los valores de la libertad y mucho menos sobre a quién debe (o no) votar: lo primero es una carrera de fondo con alguna opción de victoria a largo plazo; lo segundo es una carrera de 100 metros lisos en los que no hay ninguna posibilidad práctica de victoria en el corto plazo.

Aquí no ha pasado nada
Editorial  www.gaceta.es 18 Diciembre 2015

El presidente del Gobierno ha sido brutalmente agredido delante de las cámaras de televisión por un conocido militante de extrema izquierda en un acto perfectamente premeditado. Sin embargo, Rajoy dice que no hay que sacar consecuencias políticas de la agresión y que no va a poner denuncia. Rajoy tiene sin duda razones de peso para obrar así. Pero, como suele ocurrir con nuestro presidente, esas razones conciernen sólo al interés político y personal a corto plazo y prescinden de consideraciones de interés general a plazo largo. Por eso la actitud de Rajoy es un enorme error que, además, puede traer consecuencias muy negativas para los ciudadanos de derecha en España.

El tipo que ha atacado a Rajoy no lo ha hecho por razones científicas, sociales, deportivas, familiares o de otro género. Lo ha hecho estrictamente por razones políticas. Ese tipo tampoco ha agredido al presidente por sus rasgos personales, su estatura o su prosodia, sino porque representa –bien que a su pesar- a la derecha española. Otrosí, no ha cometido ese acto abominable por oscuras motivaciones personales, sino en respuesta a un caldo de cultivo previamente cocinado desde los fogones ideológicos de la ultraizquierda. Es un acto político, movido por motivaciones políticas y que perseguía objetivos políticos. Negarse a sacar conclusiones políticas es, simplemente, ignorar la realidad.

Precisamente por ser un acto político, Rajoy no tiene derecho a abstenerse de presentar una denuncia. Porque quien aquí corre peligro no es ya simplemente Mariano Rajoy Brey, ciudadano singular, sino cualquier ciudadano de derechas. Si la agresión de un tipo de ultraizquierda a un señor (o señora) de derechas queda impune, la consecuencia inmediata es que se abre la veda. Basta darse un paseo por las redes sociales de la extrema izquierda, alcantarillas donde bulle la violencia, para constatar que no estamos ante una broma. Y don Mariano tiene guardaespaldas –mejorables, tal vez-, pero el ciudadano común, no. No presentar ahora una denuncia equivale a avalar la impunidad. Y avalar la impunidad es estimular el delito.

Una vez más, la actitud de la cúpula del PP parece venir inspirada por el coro de la izquierda mediática, que, ante la agresión del miércoles, se ha apresurado maquillar la realidad eliminando consideraciones políticas, reconduciendo el asunto a una casuística futbolera, a un caso de gamberrismo o a oscuros mecanismos psicológicos. Incluso no ha faltado quien, como primera reacción, ha llamado a alarma ante la “caverna mediática”. ¿Quién? Gabilondo, claro. “Ante todo –parece decir la consigna-, no criminalizar a la izquierda”. Con lo cual esos medios de la progresía millonaria, principales responsables de la normalización política de la extrema izquierda en España, se hacen corresponsables de lo que, a partir de ahora, pueda pasar.

Rajoy ha cometido un grave error. Pero no lo pagará él: lo pagarán los ciudadanos de derecha. Como de costumbre.

Pablito Iglesias y Sor Citröen
Javier Orrico  Periodista Digital 18 Diciembre 2015

A Pablito Iglesias (le llamo Pablito para no confundirlo con quien él quisiera confundirse, Pablo Iglesias, fundador del PSOE) le han hecho un vídeo. Él y su reata han ascendido hacia el poder, entre otras armas, a base de vídeos y de su manejo sin escrúpulos de los medios audiovisuales. Han sido la Sexta, la Cuatro y sus tertulias en las televisiones pagadas por Irán o Venezuela las que han alzado a los asesores de Chávez y Maduro hasta la posibilidad, real hoy, de hacerse con las riendas de la izquierda española. De hecho, además del vídeo que le han hecho a Pablito, hay otro que ha hecho Pablito para asegurar que, si hoy viviera Pablo Iglesias Posse, tipógrafo, votaría a Pablo Iglesias Turrión, demagógrafo, neologismo que les ofrezco para futuras presentaciones (claro que no sé si sus ignorantes eminencias sabrán lo que es un neologismo).

Y lleva razón: un hombre del siglo XIX votaría hoy a una ideología del siglo XIX, que eso y no otra cosa es Podemos: marxismo, adobado en leninismo y algo de salsa caribeña. Una antigualla para una España de piojos y alpargata, de Fortunata y Jacinta, de lucha de clases feroz, de hospicios y tuberculosis, que es como están presentando a la España de hoy, con niños abandonados por las calles y hambrunas.

Aunque, sin duda, algo de eso conseguirían si pudieran hacerse con el Estado y dirigirlo velozmente de regreso al siglo XIX o a su conversión en república bolivariana. Hasta Felipe González lo ha advertido esta misma semana. Claro que podría habérselo advertido a su propio partido, que ha trabajado con denuedo para ponerse la soga (que puede rematar si pactara un gobierno con Podemos) y justificar la visión de España de Pablito.

Pero es del otro vídeo del que quiero hablarles. Una reveladora colección de frases (no pensamientos, eso es demasiado para el hombre que cree que Newton es el autor de la Teoría de la Relatividad) de Pablito, donde propugna prohibir los medios de comunicación privados o justifica el puñetazo que le arreó a un lumpen "de una condición socioeconómica bien distinta a la suya" (así lo dice), que intentó quitarles una impresora, a ellos, señoritos universitarios: ¡qué habría pasado si un joven de derechas le hubiera atizado como a Rajoy uno de izquierdas!
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No obstante, entre todas las didácticas joyas destaca la que afirma que la Venezuela de Chávez es “una de las democracias más saludables del mundo”. Y que mejor financia a los amigos, debería haber añadido.

Fue la casualidad, que a veces se viste de providencia. El vídeo lo colgó le miércoles Santiago González en su blog de El Mundo. El mismo día en que se supo que el amigo Maduro ha decidido, de hecho, suprimir la Asamblea cuya mayoría ha perdido, y nombrar una nueva Asamblea Comunal, que es como si Cristina Cifuentes hubiera cerrado la Asamblea Regional de Madrid y designado nuevo parlamento legítimo a la Asociación de Belenistas del Barrio de Salamanca.

No cabe duda de que la democracia que Pablito (que ya habla tan dulce y atildado como Gracita Morales en Sor Citröen, pero más despacico, tan bueno) nos trae será muy saludable: no podrá enfermar porque no habrá.

Basura con el franqueo pagado
Vicente Torres  Periodista Digital 18 Diciembre 2015

Durante estos días estamos recibiendo muchos envíos electorales y supongo que en la mayoría de los casos, como ocurre en el mío, esos sobres irán directamente a la basura sin haber sido abiertos siquiera.
Asusta pensar en la cantidad de árboles que habrán sido talados sólo para este menester y aunque bien es cierto que el papel se recicla, sería mejor para todos que se evitara esa costumbre.

La democracia precisa de personas adultas, que votan con plena conciencia de lo que hacen y sería conveniente que los partidos consideraran a los ciudadanos de este modo. Pero será difícil que ocurra así, porque en esas listas llenas de nombres de personas que dicen que nos quieren resolver la vida que nos depositan en el buzón lo que en realidad contienen son nombres de personas con escasas ideas o, más bien, con una sola idea: vivir del erario.

El año pasado hubo un partido que no nos molestó con estos envíos y, presumiblemente, este año tampoco lo hará. Se trata de un partido que igual que ocurrió con UCD los oligarcas han decidido terminar con el, o sea, fomentando las deserciones y las traiciones en su seno. Adolfo Suárez y Rosa Díez son los dos únicos políticos españoles que se han enfrentado a los oligarcas y eso en España se paga caro.

Hay una frase que se repite mucho: «La arrogancia de Rosa Díez». Quienes escriben eso no tienen vergüenza, porque la interesada no hizo nada que lo justifique. Los oligarcas tratan de arrogantes a quienes no se les someten. Y aunque el motivo que aducen para colgarle el sambenito es que no consintió de UPyD fuera absorbido por Ciudadanos, la verdad es otra. Si este último partido hubiera aceptado las propuestas éticas de UPyD y hacerse cargo de sus iniciativas y querellas sí que habría sido posible. Ah, pero es que lo molesta de UPyD, precisamente, son las querellas y la exigencia de la separación efectiva de poderes.

C's, la esperanza; UPyD, el seguro
Antonio Robles Libertad Digital 18 Diciembre 2015

Ya sabemos una cosa con seguridad: nadie podrá formar Gobierno sin C's. O al menos sin su apoyo. Puede dárselo al PP o al PSOE; incluso puede gobernar. Dilema que, en el terreno del marketing electoral, Albert Rivera ha descartado. Pero vamos a los hechos y posibilidades.

Una de las causas primeras que inspiraron el nacimiento de C's fue la de acabar con el chantaje de los nacionalistas al Estado, sustituyéndolos como partido bisagra en la gobernabilidad de España.

A estas alturas electorales, ese objetivo ya se ha conseguido. Todas las encuestas le otorgan votos suficientes para convertirse en la bisagra idónea para formar mayorías nacionales. Ya no necesitamos a los nacionalistas. El primer triunfo de C's a nivel nacional. Posiblemente, la mayor revolución del statu quo desde la transición del 78. No exagero, si España es hoy una incógnita como nación, se debe al chantaje nacionalista y a la bisoñez de PP y PSOE frente a ello. O si quieren, al poco patriotismo de los dos grandes. Siempre prefirieron controlar el poder que hacer causa común para defender el bien común de los españoles. C's tiene la posibilidad de romper esa anomalía.

La crisis económica, el paro o la Seguridad Social son problemas capitales, pero todos los partidos contemplan medidas para corregirlos, no así la voluntad política para encarar el problema territorial de España sin recurrir al sobado apaciguamiento nacionalista. La Constitución está para ser cumplida. C's ha de hacerse valer para hacer cumplir la ley en Cataluña como en cualquier otro lugar. El resto es responsabilidad del Poder Judicial. Y de una labor cultural y mediática seria desde el Estado, capaz de desmantelar la hegemonía moral que han logrado imponer a base de propaganda, manipulación histórica y egoísmo territorial.

Con la misma contundencia, ha de exigir una ley de lenguas que impida que ningún poder autonómico pueda impedir a ningún niño estudiar en la lengua común española, ni al resto de ciudadanos utilizarla en cualquier circunstancia y lugar del territorio nacional. Sin demoras, sin trucos, inmediatamente. Y a quien ponga trabas, habrá que inhabilitarlo para cargo público y sancionarlo.

C's también debería exigir desmantelar la red clientelar entre poder político e intereses económicos, religiosos, mediáticos o de cualquier otra índole para acabar con la corrupción. Crear mecanismos de objetividad en la elección de jueces y en la distribución de frecuencias y canales de los medios de comunicación. Una nueva ley electoral basada en el espíritu "un hombre, un voto" e introducir de nuevo en el Código Penal el delito de sedición.

C's podrá forzar estas medidas si garantiza el Gobierno al PP o al PSOE; pero si pretendiera gobernar, ni uno ni otro le permitirían hacerlo desde el poder, porque tales medidas niegan su praxis política desde la transición. O sea, C's no obtendría su apoyo sin renunciar a tales objetivos. Lo cual impone la paradoja de que en las actuales circunstancias es preferible ser bisagra que gobernar.

La seguridad del cambio, sin embargo, no estaría garantizada si UPyD no lograra representación parlamentaria. UPyD ha cometido graves errores democráticos internos, pero ha mantenido una coherencia en su acción política parlamentaria y contra la corrupción impecable. Alguien le ha de recordar a Albert Rivera que es mortal. Nadie mejor que el partido donde un sabio como Fernando Savater ha tenido la generosidad de bajar al ruedo y al ruido del cenagal político para defender la coherencia y los principios políticos que solo un filósofo comprometido con la búsqueda de la verdad y la razón práctica puede garantizarnos. Si además exige sin ambages la devolución de las competencias al Estado en educación, sanidad y justicia, y cerrar el Senado, estamos en camino de volver a recuperar la obviedad de que los derechos son de los ciudadanos, no de los territorios. El equívoco de donde han nacido casi todos los males que aquejan hoy a España.

PD 1. Fernando Savater encabeza las listas al Senado por UPyD. Una exquisitez para los votantes madrileños.
PD 2. ¿Contaremos estas elecciones generales en Cataluña también como plebiscitarias, Sr. Mas? ¿O estas no?

Herzog: "Me quedaría huérfano antes que votar a otro partido"
Estrella Digital ha pasado una jornada con el cabeza de lista de UPyD, Andrés Herzog. El candidato resume su primera campaña como "positiva", cuenta que lo que menos le gusta son las tertulias y describe en pocas palabras al resto de líderes políticos
Lorena Fernández Estrella Digital 18 Diciembre 2015

“Un ciudadano normal, honrado y que quiere mejorar España”. Así se define Andrés Herzog, el candidato a la Presidencia del Gobierno de Unión Progreso y Democracia (UPyD), en sus declaraciones a

La carrera para llegar al Gobierno empezó hace unas semanas y la meta está en el punto de mira. Andrés Herzog vive unos días convulsos, cargados de entrevistas y actos públicos. Su jornada laboral “empieza cuando me levanto y acaba cuando me voy a acostar, pero esto forma parte de las campañas electorales”. O sea, no tiene horario. A escasos días de las elecciones generales, hacía frente a una jornada con cuatro entrevistas en medios de comunicación y un acto público sobre educación, acompañado por Fernando Savater, su candidato para el Senado.

Herzog se enfrenta a su primera campaña electoral “luchando mucho”. Es consciente de que su partido "es incómodo en muchos aspectos, porque llevamos a los tribunales a mucha gente muy poderosa". Ese es, a su juicio, uno de los motivos por los que cree que no fue invitado al debate a cuatro que se produjo el pasado 7 de diciembre. Explica que “estoy luchando para que se respete el pluralismo político”, un derecho que le pertenece a los ciudadanos y no al resto de oponentes. Ahora que su formación cuenta con representación parlamentaria tampoco son invitados a debates de gran calado como el que tuvo lugar en Atresmedia. “Lo que se está haciendo va en contra de la ley”, denuncia el candidato.

Balance positivo
Cuando la campaña toca a su fin, Andrés Herzog cree que “ha sido muy muy interesante desde el punto de vista personal. Estimulante, porque tienes que hacer cosas distintas, tienes que estar continuamente tratando con medios. En general ha sido positiva”. En general, dice, siente gracias al contacto con la gente que las ideas de UPyD “son necesarias”. Un contacto directo que “me resulta muy chocante”. El entusiasmo se palma en sus palabras, aunque “no creo que me vaya a cambiar la vida, sean cuales sean los resultados”, sentencia.

Debido al “modesto” presupuesto del partido rosa, en estas elecciones generales hay que usar mucho la “imaginación”. Herzog cuenta a este diario que se han lanzado con “propuestas atrevidas, como la que hicimos con las caretas presentándonos en el debate. Somos audaces”, relata.

UPyD tiene que intentar llegar a todos los rincones siendo realista con ese presupuesto del que habla su candidato a la presidencia del Gobierno. Su exclusión de los debates importantes, que son un medio para que los ciudadanos conozcan las ideas de los líderes de cada partido, les dejan como únicos recursos de información “la calle y las redes sociales”, el espacio en el que nacieron.

El candidato del partido rosa se siente “la persona adecuada para transmitir las ideas de UPyD”. Aún así, no está contento con todo lo que tiene que hacer para conseguirlo. Subraya que le gusta el contacto con la gente, pero preferiría evitar las tertulias, en las que “es muy difícil debatir”.

No queda casi nada para conocer el nombre de quién dirigirá España durante los próximos cuatro años. Andrés Herzog no tiene muchas esperanzas en que sea él, y tampoco parece que le importe demasiado, para él lo sustancial es “que el mensaje llegue al mayor número de sitios”.

Pocos días
El partido que lidera ha perdido mucha fuerza desde su nacimiento en 2007. Las formaciones emergentes como Ciudadanos y Podemos dejan a UPyD en una posición casi invisible. Andrés Herzog reconoce a este diario que, en el caso de que fuera un ciudadano de a pie y no pudiera votar a su partido, “probablemente me quedaría huérfano”. Reconoce que en el pasado sí que voto al PP y al PSOE, pero a renglón seguido añade que “siempre me han defraudado y no volvería a votarles”.

El candidato tiene puestas sus esperanzas en Fernando Savater, el aspirante al Senado. Herzog no tiene dudas respecto a sus objetivos para el 20D: “Sin duda estar en el Congreso y con una nutrida representación”.

El líder de UPyD no tiene miedo de hablar de los líderes de la oposición, a los que describe con pocas palabras. Mariano Rajoy es “el inmovilismo tranquilo y carente de carisma”; Pedro Sánchez “el marketing llevado a la política”; “el populismo” es el adjetivo para Pablo Iglesias; y al líder de Ciudadanos, Albert Rivera, se refiere como “el oportunismo patrocinado”.

Por la mañana estuvo en Telemadrid, después el día continuó con varias entrevistas de radio, y a media tarde un acto de educación. A este último llegó tarde. “El tráfico es complicado”, justifica su equipo de comunicación. Para terminar el día, otra entrevista más en TVE. Entre acto y acto aprovecha para hablar con su equipo y comer algo para coger fuerzas. Tras el evento en educación, algunos medios le esperaban para pedirle algunas declaraciones. No muy largas. “Poco rato, para que le de tiempo a cenar algo antes de ir a TVE”, comenta su encargada de comunicación. Demasiados actos para una única persona.

¿Qué debe hacer el mundo para acabar con el Estado Islámico?
Las ejecuciones en mono naranja extendieron el horror, pero no despertaron el debate. La masacre de París ha supuesto un punto de inflexión. Cuatro expertos responden a las claves sobre el 'Califato'
Ángel Martínez El Confidencial 18 Diciembre 2015

Las ejecuciones en monos naranja extendieron el horror, pero no despertaron el debate entre la ciudadanía. La masacre de París, en cambio, ha supuesto un punto de inflexión. Una pregunta ronda desde entonces la mente de los occidentales: ¿qué debe hacer el mundo para acabar con el Estado Islámico? Cuatro expertos en terrorismo islamista responden a las claves sobre la lucha contra el 'Califato'. Son Jason Burke (corresponsal en el extranjero de 'The Guardian' y autor de 'La nueva amenaza de la militancia islamista'), Gabriel Garroum (politólogo hispano-sirio especializado en Oriente Medio por la Escuela de Estudios Orientales de Londres), la célebre economista Loretta Napoleoni (experta en las intrincadas redes de financiación del terrorismo) y Alberto Priego (director del Departamento de Relaciones Internacionales de la Universidad Pontificia Comillas).

Pregunta. ¿Qué debe hacer el mundo para acabar con el ISIS?
Jason Burke. Todos los estados deben comprometerse lo suficiente para que pueda alcanzarse un acuerdo para reconstruir Siria. Es difícil pero, ciertamente, no imposible. Esto no agradará a algunos países periféricos, pero deberíamos ser capaces de implicar a suficientes naciones para cerrar un acuerdo aceptable para todos los participantes. Solo entonces se logrará algún tipo de solución en el Levante.

Alberto Priego. El ISIS es una amenaza, pero no es Al Qaeda. Su estructura es más predecible, su organización es más clásica y sus objetivos están mejor definidos. Debemos cooperar en materia de servicios de inteligencia, coordinar nuestras acciones militares y reducir su capacidad de financiación con los mecanismos clásicos como el GAFI, Interpol o Europol.

Gabriel Garroum. Combatir al ISIS de manera reactiva y sin un plan integral es una estrategia destinada al fracaso a medio y largo plazo. Hace falta un enfoque holístico que integre elementos a nivel militar, sin duda, pero también cooperación regional para acabar con su financiación, potenciar las narrativas de contra-legitimación y diseñar un plan político que debilite sus raíces. El Estado Islámico es un síntoma, no una enfermedad en sí, y hay que combatirlo como tal.

Loretta Napoleoni. Estamos ante una organización que se ha convertido en un Estado. Incluso si la derrotamos temporalmente, si la campaña de bombardeos funciona, volverá. Las intervenciones militares han fracasado en el pasado, y nada indica que esta vez vaya a ser diferente. Aconsejaría una solución diplomática. Un primer paso sería implicar a Rusia en la solución, eliminando las sanciones por Ucrania.

P. ¿Es necesario desplegar tropas sobre el terreno para derrotar al ISIS en Irak y Siria?
Alberto Priego. Sí, sin lugar a dudas. Solo la acción sobre el terreno puede solucionar el problema. Las campañas aéreas son solo un complemento de campañas terrestres, nunca pueden ser el núcleo de una operación, ya que generan imprecisiones y, por tanto, víctimas civiles, lo que acaba poniendo en contra a la población. Se trata no tanto de derrotar al ISIS como de ganarse los corazones de la población y que sean los sirios e iraquíes quienes ganen esta guerra.

Loretta Napoleoni. Sí, necesitamos 'boots on the ground'. La solución es militar, pero no durante dos o tres años, sino durante 20 o 30. La clave es la forma en que diseñamos (Occidente) el plan de Oriente Medio. Si queremos mantener ese diseño, necesitamos desplegar tropas.

Jason Burke. Sí, eventualmente, pero no tienen que ser necesariamente soldados occidentales.

Gabriel Garroum. La campaña de bombardeos aéreos puede ser efectiva como soporte pero no proporciona ninguna solución definitiva. Eso no quiere decir, no obstante, que la solución pase por enviar tropas terrestres. Su derrota (del ISIS) pasa en primer lugar por conseguir un acuerdo político en Siria que vaya acompañado de un alto el fuego y de una priorización, por parte de todos los actores, de la lucha contra el ISIS. En este sentido, a día de hoy, es más necesaria la voluntad política sincera de actores nacionales e internacionales que sus armas o tropas.

P. ¿Cuál es la mejor forma de combatir al ISIS 'en casa', en Europa?
Gabriel Garroum. Incrementar las medidas de seguridad temporalmente y prevenir la activación de células terroristas parecen medidas obvias. No obstante, para evitar que haya gente dispuesta a matar y morir en el acto es necesario desarrollar políticas de mayor calado también en Europa. Acciones, pues, que vayan destinadas a fortalecer la pertenencia efectiva de todas las religiones y clases en nuestras sociedades, así como políticas públicas orientadas a mejorar las condiciones de los barrios con mayores índices de radicalización.

Loretta Napoleoni. Es una situación muy difícil, muy relacionada con la integración (de los musulmanes). No están integrados porque no tenemos dinero para ellos, no ha habido recursos para absorver a estas personas desde una perspectiva profesional. Los suburbios de París son el mejor ejemplo. Europa está agravando el problema. En vez de gastar dinero en bombardear Siria, Londres debería emplear esos fondos en integrar a la comunidad musulmana. Va a haber un ataque en Londres en un periodo cercano y la respuesta de Cameron a la amenaza es una locura.

Alberto Priego. A corto plazo, medidas policiales. A largo plazo, medidas sociales y económicas. Reducir la pobreza, la desigualdad, integrando a los emigrantes, y ampliar la identidad europea a otros colectivos. Se puede ser europeo y musulmán. Debemos aceptar que no podemos vivir en una burbuja.

Jason Burke. Necesitamos reformar y dotar de recursos nuestros sistemas de contrainteligencia, pero también tenemos que reconocer por qué la ideología y el proyecto del ISIS resultan tan atractivos para algunos en Occidente. La respuesta es social y económica y, por lo tanto, política. Hay un número sustancial de jóvenes europeos de origen inmigrante que se sienten privados de sus derechos y son vulnerables a ideas que ofrecen estatus, poder y aventura. La izquierda ha fracasado tanto como la derecha. Ambos necesitan nuevas ideas. Y todos necesitamos reconocer que este problema no desaparecerá y que habrá más ataques.

P. ¿Por qué los países árabes no están en la vanguardia de la lucha en Siria e Irak?
Jason Burke. Porque son cortos de miras y actúan motivados por compulsiones competitivas -tanto sectarias como estatales-. Sus élites son indolentes pero no representativas. Sus poblaciones están dominadas por el miedo, la indignación y las teorías conspirativas. El resultado es un vacío que el ISIS ha llenado.

Loretta Napoleoni. No tiene sentido pensar en esta opción, nunca sucederá. No hay forma de que los árabes pongan tropas sobre el terreno, y todas sus participaciones (en intervenciones armadas) han sido un desastre. El ISIS es lo que es porque ha estado financiado por el Golfo.

Alberto Priego. Los países árabes están luchando en primera línea, sobre todo los del Golfo, aunque también Jordania. Las acusaciones vertidas contra ellos no son ciertas. Algunos estados como Arabia Saudí o Kuwait ya han sufrido atentados del ISIS en su territorio. Lo que haría falta es una mayor implicación occidental allí.

Gabriel Garroum. A pesar de que países como Jordania o los EAU participaron de la coalición internacional que bombardea al ISIS, la cooperación regional a nivel de prevención de la radicalización e interrupción de sus canales de financiación es todavía débil. El crecimiento del ISIS sigue siendo una arma de política exterior para algunas monarquías del Golfo que buscan hacer prevalecer su agenda en el Levante, a la vez que permiten las donaciones individuales para no poner en peligro la legitimación de sus regímenes.

Lista de sanciones
Ni petróleo ni armas… ‘Guerra económica' al terrorismo
El Consejo de Seguridad de la ONU aprueba por unanimidad una resolución propuesta por Rusia y Estados Unidos contra la financiación del terrorismo.
Gaceta.es 18  Diciembre 2015

“Congelar sin demora los fondos y otros activos financieros o recursos económicos” de todas las personas, grupos, empresas y entidades relacionadas, de alguna manera, con grupos terroristas como el Estado Islámico o Al Qaeda. Es la orden firmada por unanimidad en Naciones Unidas para ahogar económicamente al terrorismo propuesta en conjunto por Estados Unidos y Rusia.

Las entidades, que aparecerán en la lista de sanciones del Consejo de Seguridad de la ONU, verán aplicadas las mismas medidas en los bienes que se encuentren en su propiedad, directamente o no. Además, a estas personas se les negará la entrada o el tránsito por el territorio de los Estados de la ONU.

Se trata de una estrategia basada en el Capítulo VII de la Carta de la ONU y que afectará a todos los incluidos en la lista Estado Islámico de Irak y el Levante y Al-Qaeda. En ella figurarán todos los que participen en la financiación, planificación o asistencia a las actividades del Estado Islámico o Al Qaeda; en el suministro, venta o transferencia de armas y fondos relacionados a estos grupos; a los que recluten para Al Qaeda, el Estado Islámico y sus células.

Una medida que puede comprometer a numerosas empresas con las que los países de la ONU mantienen negocios y que son, según analistas internacionales, patrocinadoras o mecenas del Estado Islámico.

“Existe una clara necesidad de combatir al Estado Islámico de una manera decisiva y coordinada. Solo puede llevarse a cabo con una participación unánime, sin dobles estándares y cortando todas las vías de financiación del terrorismo”, señalaba el embajador de Rusia ante las Naciones Unidas, Vitali Churkin, que denunciaba cómo la venta de petróleo desde el territorio controlado por el Estado Islámico se mantiene todavía: “Como resultado de los bombardeos rusos se logró disminuir significativamente las exportaciones ilegales de petróleo. Para los terroristas, estas pérdidas han incrementado la importancia de fuentes alternativas de financiamiento provenientes de otros recursos naturales y de la producción agraria e industrial. El valor total de estos ingresos equivale a 700 millones de dólares al año”.

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Algunas preguntas tras el puñetazo a Rajoy
El puñetazo de Pontevedra
Mikel Azurmendi www.latribunadelpaisvasco.com 18 Diciembre 2015

¿Por qué está tan airado ese joven español que precisa darle un puñetazo en la cara al presidente de su Gobierno? ¿Por qué está tan ufano de haberle partido al menos las gafas, ya que no la cara, y hace el signo de la victoria al ser detenido? Probablemente porque, hasta escasos tres meses de sus 18 años, ha vivido siempre en la abundancia y no le ha faltado nada material en la vida. Y porque, al haber hecho siempre lo que se le ha puesto en los cojones, ha fracasado completamente en sus estudios y en medio de su frustración personal solamente alcanza a dividir al mundo en fascistas y no fascistas.

Eso es lo que el pobre ha entendido del pensamiento binario de las izquierdas en que se introdujo en la escuela, en la cuadrilla o vaya usted a saber si en casa. Ese joven es en sus intenciones de la misma estirpe radical de los nazis, fascistas y comunistas de los años treinta del siglo pasado y ha demostrado que valor no le falta para llevar adelante esas intenciones. No tiene ni idea de qué sea la democracia ni de sus valores de libertad y pluralismo. Pero, ¿qué sabe de la virtud cívica de la tolerancia? Tampoco parece que quiera saber nada del consenso ético en nuestra sociedad sobre cuán intocable es un ser humano. Y ni pajolera idea tiene de la compasión y el altruismo como generadores en nosotros de una intención de protección del planeta y de evitar el maltrato a los animales. Hombres de verdad son para él los que saben llamar fascistas a los demás; y los que no lo hacen así, como mínimo son sospechosos de llegar a ser fachas. Los socialistas ya le han venido advirtiendo durante todos estos años que las derechas sólo saben cercenar nuestros derechos sociales y hasta el candidato socialista, muy ufano él, había tachado de “indecente” a Rajoy la víspera del puñetazo, así, con esa palabra y delante de todos. Esas izquierdas tibias no tienen cojones como tengo yo, debió de pensar el muchacho ése, y va y le sacude un puñetazo a Rajoy: a ver si se van enterando de que son unos fascistas y de que no pasarán.

Claro, el muchacho es un ultra en los campos de fútbol, un independentista en las tabernas y garitos, un impulsor de escraches que, en sus twits, amenaza de muerte y la desea a otros que tilda de fascistas. ¿Qué es lo que genera tanta ira? La genera el odio, el odio a España por cuanto la cree instaurada por las derechas; eso debe de creer él en su escasez de conocimientos a poco que haya interiorizado el “¡nunca más!” del chapapote, o los pactos en el Tinell de los socialistas con todo el catalanismo con tal de excluir al PP, o a poco que haya sopesado el certificado de garantía que los socialistas acababan de darles a ellos, a los más radicales de las izquierdas, después de las municipales y autonómicas para que echasen del poder de las ciudades al PP. Más que nunca, si cabe, en estos últimos años, ¿no han paseado hasta la saciedad los socialistas una infatuada imagen de no legitimidad del PP? He ahí todo un campo abonado para que se desmadre la mente de un pobre chaval sin conocimiento de la historia de España ni de los deberes cívicos ni del interés por la vida buena.

He conocido a unos cuantos mozuelos de esa ralea entre mis alumnos de facultad, pero también entre los profesores. ¿No es un profesor quien al día siguiente del puñetazo advirtió que eso no era más que una caricia en comparación con lo que Rajoy había hecho? Y se mofaba aconsejándole: ponga usted la otra mejilla, señor Rajoy, puesto que es cristiano. Un día también un profesor de mi facultad repartía con otros estudiantes octavillas contra mí exigiendo que, como era español, era un traidor al pueblo vasco y me marchase de la universidad. Y esos estudiantes prosiguieron el ejemplo del profesor y no cejaron de ensuciar mi nombre en las paredes y de amenazarme en los pasillos de la facultad. Hasta que destruyeron la puerta de mi despacho y quitaron para siempre la placa con mi nombre. No hubo estudiantes ni profesores que exigieran que en la puerta de mi despacho figurase mi nombre. El odio de las palabras y los insultos de los papeles acabaron en la colocación de una bomba en mi domicilio. Así de sencillo es fabricar un terrorista: a partir de una realidad mental falsa de las relaciones humanas y sociales y de un defectuoso andamiaje ético se va condensando odio, mucho odio, el cual fabrica iracundia, la cual destila violencia. Así es como un frustrado muchacho vasco del estilo de este muchacho de Pontevedra llegaba a ser aquí etarra o de la “kale borroka”.

¿Por qué un periodista del buenismo lo primero que ha hecho desde las ondas radiofónicas a la mañana siguiente del lamentable suceso en Pontevedra ha sido enviarles un abrazo y un saludo a los progenitores de ese airado muchacho del puñetazo sin acordarse para nada de enviarles un simple saludo al menos a los hijos de Rajoy, a su esposa y a sus padres? Porque el buenismo es así, porque claudica ante los deberes cívicos de justicia y equidad; y mucho más todavía ante las víctimas y los victimarios. ¿Por qué está tan interesada la prensa de derecha en sostener que sería injusto establecer una relación causa-efecto entre los insultos del secretario general del PSOE y la agresión de la que fue ayer objeto Rajoy? ¿Cree realmente la derecha que la acción humana funciona mecánicamente como el rayo y el trueno respondiendo a la secuencia de causas y efectos? Porque de ninguna manera es así y de nada vale predicar un avemaría por la paz y ¡pelillos a la mar, señores socialistas! No, la acción humana no está secuenciada según causa/efecto sino que responde a motivos generados por intenciones y creencias, y éstas son las que fraguan los mapas de la realidad y las propensiones a actuar estimulando un modo de ser y de actuar. Si la acción humana es impredecible se debe precisamente a este encadenamiento no causal de motivos, creencias, intenciones y azar.

Nadie sabrá –a menos que lo diga el muchacho ése, y no nos mienta– si fue el azar de aquella airada intervención de Pedro Sánchez lo que precisamente desencadenó en él un proceso mental conativo conducente a hacer lo que hizo. Porque el azar es un ingrediente más de la explicación de la conducta humana, cosa que no lo es en el mecanismo causa/efecto. Por otro lado, ¿por qué el hecho de que millones de personas lo pensasen así legitimaría al secretario general de los socialistas llamarle “indecente” a Rajoy? ¿Desde cuándo la creencia del mayor número de personas es el criterio de verdad y no los argumentos? ¿Por qué la bondad de la acción política depende de la aquiescencia de un gran número de personas y no del interés común en buscar la concordia de los discordes? Y una pregunta insoslayable sobre la bonachona benignidad monarquizante del agredido en Pontevedra: ¿por qué sostiene Rajoy que no hay que hacer una lectura política de la agresión? ¿Pretende el presidente del Gobierno que efectuemos una lectura psicológica del puñetazo y lo demos como resultado de un insólito brote psicótico? ¿No fue la ideología nazi la que se amparó de las masas alemanas hasta narcotizarlas completamente? ¿Habremos de rehacer nuestra lectura del terrorismo nacionalista para encargársela a los psiquiatras?

El puñetazo en Pontevedra ha revalidado nuestra sospecha de que la democracia es muy mejorable, de que las izquierdas no disponen de un buen guía para avanzar por la senda democrática pero, también, de que la derecha prefiere ciertamente no mirar las piedras que hay en ese camino.

Votar pensando en Cataluña
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 18 Diciembre 2015

Paso por alto mis años de vida ciudadana en Argentina, durante los cuales hice la transición desde el infantilismo de izquierda hasta el compromiso con la sociedad abierta. Lo cuento en "La forja de un liberal" (La Ilustración Liberal, nº 52).

Puesto que siempre he sido un animal político, cuando me radiqué en Barcelona -en 1976- empecé a observar la trayectoria de los partidos que salían de la clandestinidad, y cuando obtuve la nacionalidad española -en 1980- ya había tomado una decisión: me convertí en un votante fiel del PSOE que había roto con su pasado marxista. Posteriormente, la ratificación de la entrada en la OTAN, la reconversión industrial, la legislación social y cultural, la intervención en la primera guerra del Golfo y la lucha contra ETA, incluyendo su faceta sucia, me confirmaron que no me había equivocado. Los casos de corrupción los atribuí entonces -y los sigo atribuyendo- a la naturaleza humana, y las barrabasadas del descamisado Alfonso Guerra las soporté como mal menor. Hasta que llegaron las elecciones catalanas de 1995.
El voto esquizofrénico

En 1995, el candidato de PSOE-PSC (todavía las dos siglas aparecían juntas) a la presidencia de la Generalitat fue Joaquim Nadal, un nacionalista de tomo y lomo que ahora se ha quitado la careta para sumarse a las huestes secesionistas. Esa fue la primera vez que opté por votar al Partido Popular, cuyo candidato era Aleix Vidal-Quadras. Lo expliqué en La Vanguardia, de la que era colaborador ("El voto esquizofrénico", 6/11/1995):

Jordi Pujol tiene razón cuando pide que las elecciones autonómicas se celebren en clave catalana, y cuando añade que no se justifica votar a la copia, Joaquim Nadal, cuando se puede votar al original, Jordi Pujol. Lógicamente, quien no quiera votar al original tampoco debería votar a la copia (…) A quienes pensamos que el nacionalismo es una bomba de relojería, sólo nos queda la alternativa de votar esquizofrénicamente: en las autonómicas al Partido Popular y en las generales al partido con el que nos identificamos de veras. (…) Vidal-Quadras derrochó racionalidad en dos debates televisados (…) enfrentando a un compacto bloque de interlocutores inquisitoriales, auténticos comisarios políticos con tics totalitarios. Para actuar en clave catalana me guiaré por aquellos y otros alegatos suyos, encaminados a demostrar que en el caldero de todos los nacionalismos fermenta la simiente de Caín. Motivo suficiente para votarlo. Esquizofrénicamente.

Daba a entender, en aquel artículo, que en las elecciones generales del año siguiente volvería a votar al PSOE. No fue así. Voté nuevamente al PP, cuyo candidato era José María Aznar. Charles Powell explica en España en democracia, 1975-2001 (Plaza Janés, 2001) las razones que me movieron -y movieron a la mayoría de los ciudadanos- a proceder así. Alarmado por las encuestas que pronosticaban el triunfo del PP por un margen holgado,

el PSOE realizó una campaña de inusitada agresividad, en la que se utilizaron por vez primera técnicas de "publicidad negativa", cuyo ejemplo más destacado fue un vídeo en el que la imagen de Aznar se confundía con la de un perro temible, que fue identificado por los medios como un doberman pero que luego resultaría ser un rottweiler. (…) Como ya lo hiciera en 1993, González apeló reiteradamente a la identidad y a la memoria de sus electores, evocando incluso el recuerdo de la guerra civil con un "¡No pasarán!" tan irresponsable como incompatible con la afirmación de haber "modernizado España" con la que puso fin a su campaña.

Una mayoría decisiva
Voté, repito, al PP, y he seguido haciéndolo hasta hoy. Lo he hecho sin adquirir ningún compromiso ni pedir nada a cambio. Sé que en ese partido hay corrientes internas, como en todos los otros, y que estas se manifiestan en polémicas a veces demasiado encarnizadas a las que soy ajeno… mientras sus protagonistas no se aparten demasiado del centro liberal. Me he sentido -y me siento- representado por Aznar y por Rajoy, por Vidal-Quadras y por Alberto Fernández Díaz. No habría soportado la continuidad del integrismo de Ruiz Gallardón, pero eso ya pasó. En fin, creo que, sin renunciar a mi individualidad, formo parte de esa multitud de ciudadanos que se guían por el posibilismo y el pragmatismo y conservan su independencia abominando del sectarismo.

Precisamente porque conservo mi independencia y no la he hipotecado a la lealtad con un partido, hoy se me presenta, por primera vez en mucho tiempo, un dilema. El mismo que se plantea a un alto porcentaje de indecisos. En mi caso, aun experimentando una muy alta dosis de respeto -y que quede esto claro- por la acción de gobierno del Partido Popular, tanto en el periodo de José María Aznar como en el de Mariano Rajoy, y alimentando el deseo de que sus candidatos conquisten una mayoría decisiva de sufragios, pienso que ha llegado el momento de que esa mayoría se complemente con el estímulo renovador de otro partido. Pensando, sobre todo, en Cataluña.

Cataluña está al borde del abismo y, como en aquel chiste aplicado a Franco, quienes se presentan como sus salvadores pretenden hacerle dar un gran salto adelante. Cataluña está acéfala. Los golpistas que representan a una minoría del censo electoral conspiran para amputarla de España, disputándose con obsceno exhibicionismo el reparto del botín. La propaganda de cruda matriz totalitaria oculta que la amputación irá automáticamente acompañada por la salida de Europa y de la comunidad de naciones civilizadas. Los catalanes tropezarán con fronteras por los cuatro puntos cardinales, sin documentos de identidad ni pasaportes válidos para cruzarlas ni para transportar sus productos, pero la falta de acuerdos de seguridad hará que esas mismas fronteras sean permeables para la entrada de mafiosos y terroristas. El gran salto adelante conducirá al fondo del abismo.

El interrogante del voto
Aquí es donde se plantea el interrogante del voto en Cataluña. Los clanes mal avenidos de histriones secesionistas están descartados por ser los culpables del estropicio. La especialidad del contubernio En Comú Podem, que aglutina al chavismo y los exhumados del PSUC, consiste en desquiciar todo lo que tocan saltándose las leyes, como lo está demostrando su lideresa Ada Colau en Barcelona, así que es mejor perderlos que encontrarlos. Unió puede ser un refugio para los botiguers secesionistas que se niegan a negociar con okupas. Y los náufragos desnortados del PSOE trafican un simulacro de Constitución que blinda la lengua y la educación vernáculas para formar una nueva camada de insurgentes antiespañoles. ¡Menuda indecencia, para decirlo con el término que el hooligan Pedro Sánchez utilizó para prostituir el debate con Mariano Rajoy!

Sólo quedan el Partido Popular y el estímulo renovador de Ciudadanos. Mi opción por Ciudadanos no implica que me arrepienta de haber votado durante veinte años al PP en las municipales, autonómicas, generales y europeas. Ni garantiza que no vuelva a votarlo. Pero estamos en Cataluña y opino que aquí es indispensable castigar y frenar a los engendros retrógrados del secesionismo y sus ramificaciones cainitas, antisistema y desnortadas mediante la consolidación de un nuevo partido fuerte, de matriz centrista y liberal, que sintetiza lo mejor de la Transición. Cuando Albert Rivera reivindica las figuras de Adolfo Suárez, Felipe González y José María Aznar, sin añadir discriminaciones sectarias, y cuando apela al voto de quienes apoyaron a UCD, al PSOE y al PP, me siento aludido y representado. Con el añadido de que el programa de C's se nutre de una ideología liberal y laica ceñida a la realidad social y emancipada de los lastres del dogmatismo confesional, por un lado, y del buenismo y la corrección política, por otro.

Bienvenido, pues, Ciudadanos, un partido que tiene, además, el mérito de haber nacido como antídoto contra la miserias identitarias.


 


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