AGLI Recortes de Prensa   Lunes 21  Diciembre  2015

Fed y BCE: senderos opuestos
Una escalada similar de tipos por parte del BCE, con una deuda total de 1,45 billones de euros a junio de 2015, llevaría España a la quiebra
Roberto Centeno El Confidencial  21 Diciembre 2015

Janet​ Yellen, presidenta de la Reserva Federal (Fed), dio por finalizado el miércoles nueve años de la política monetaria mas acomodaticia de la historia de los EEUU. "Como la economía va bien -diría- y esperamos que continúe así, el comité ha decidido por unanimidad…", y anunció el comienzo de un nuevo ciclo de subidas de tipos, “el momento y el tamaño de los futuros ajustes dependerá de cómo evolucionen los condiciones económicas y financieras”. Pero lo realmente impresionante fue su afirmación de que la política seguida ha permitido "elevar las rentas y mejorar la vida de millones de norteamericanos, las subidas salariales son la parte mas dinámica de la recuperación", lo contrario que Rajoy, cuyo crecimiento (que no recuperación) se ha basado en montañas de deuda, despilfarro político y empobrecimiento de la mayoría.

Yellen utilizó la palabra 'graduales' el referirse a las futuras subidas de tipos. El consenso actual es una subida hasta alcanzar un 1,375% a fin de 2016, 2,4% a fin de 2017 y 3,3% a fin de 2018. Una escalada similar de tipos por parte del BCE, que antes o después acabará sucediendo, con una deuda total de 1,45 billones de euros a junio de 2015 (no el billón de deuda computable, que no es toda la deuda, sino una mera convención contable de los burócratas de Bruselas), llevaría España a la quiebra. Cuando eso ocurra, y ocurrirá, la gente tomará conciencia del error histórico que ha representado para nosotros y nuestros hijos la desastrosa decisión de Rajoy, presionado por la señora Merkel, de no pedir el rescate en 2012, de lo que tan orgulloso dice sentirse este insensato.

De haberlo hecho, la deuda total sería hoy la mitad de lo que es, un ahorro que habría servido para mantener durante años el nivel actual de las pensiones, que pronto empezarán a verse seriamente recortadas, aunque aquellos jubilados actuales y futuros que hayan votado a Rajoy tendrán justamente lo que merecen por haber cerrado los ojos a lo que se les viene encima. Yo lo he explicado aquí cien veces, y no es una opinión, son matemáticas, pero sobre todo es que lo han dicho desde el gobernador del BdE en sede parlamentaria, "aquellos que quieran tener una pensión digna, que se hagan un plan de pensiones", a la Autoridad Fiscal Independiente, para quien se necesitan financiar con impuestos 20.000 millones de euros/año para mantener las pensiones, y no hay dinero para ello.

Los efectos sobre la economía mundial
Si la historia puede servir de guía, las subidas de tipos son una buena noticia para los mercados. La subida de tipos indica confianza en la economía norteamericana, que se encuentra en situación de pleno empleo, uno de los dos mandatos que orientan la política de la Fed -el paro existente, 5%, es lo que los economistas denominan friccional, y se refiere a que siempre existe un tiempo mínimo de desempleo cuando la gente cambia de empleo-, y el segundo, controlar la inflación que sigue muy baja. Las empresas tienen fundamentales sólidos y beneficios crecientes, particularmente las tecnológicas y biotecnológicas que están desarrollando nuevas drogas y tratamientos a ritmo casi exponencial, lo que llevará la esperanza de vida de las próximas generaciones por encima de los 100 años.

Para una mayoría de analistas, la subida de tipos significa que vamos a ver nuevos máximos en los índices bursátiles en los próximos seis meses. Pero no fue esto lo que sucedió: después de un primer día glorioso, el Dow Jones experimentó la mayor caída desde final de agosto, por el nuevo desplome del petróleo y las materias primas no agrícolas, que pone un interrogante al crecimiento de la economía mundial. Para los amantes de la bolsa, 2015 fue el año del FANG–Facebook (NASDAQ:FB), Amazon (NASDAQ:AMZN), Netflix (NASDAQ:NFLX) y Google ahora Alphabet (NASDAQ:GOOGL), cuya rentabilidad media fue del 81%; los expertos dicen que 2016 será el año del BAGEL–Alibaba (NYSE:BABA), Amazon, Google, Expedia (NASDAQ:EXPE) y Linkedin (NYSE:LNKD). Son líderes mundiales de enormes expectativas sin nada que ver con el crudo, y el dólar puede revalorizarse además un 10-12% respecto al euro en un año.

Respecto a la economía mundial, un dólar fuerte impulsará las exportaciones a los países de esta área, lo que es bueno, pero elevará en términos de otras monedas la energía y las materias primas. En Europa, Alemania, con la cuota exportadora mas significativa a EEUU, será el gran beneficiario; en cuanto a España, en el haber estarán las exportaciones al área dólar que son muy reducidas, y en el debe encarecerán nuestras importaciones de energía y de productos de alta tecnología como los iPhone, Mac y similares. En conjunto, el saldo de la revalorización del dólar será negativo y no positivo como afirman muchos analistas. España, como ya he explicado en varias ocasiones, en contra de las mentiras oficiales, está a la cola de Europa en crecimiento de las ventas exteriores, y ha perdido cuota exportadora.

Y el gran problema, algo que también he explicado hasta la saciedad, es el coste disparatado de los 'inputs' esenciales como la energía, las telecomunicaciones y las comisiones bancarias, debido al control monopolista de los mismos por los oligarcas del IBEX, que tienen en sus consejos de administración políticos, maridos y esposas de ministros/as. Cuando Telefónica le dio un enchufe de lujo al marido de Sáez de Santamaría, ante una decisión indecente inimaginable en un Estado de derecho, la doña encargó un 'dictamen' a los servicios jurídicos sobre si debía abstenerse o no de intervenir en las decisiones que afectaran a Telefónica. ¿Adivinan el resultado? Pues que no era necesario que se inhibiera. Es la desvergüenza total.

La mayoría de la gente no es consciente de lo que supone el abuso de posición dominante de los monopolistas. Veamos un ejemplo de dos productos esenciales para la competitividad. A 13 de noviembre, el precio del gasoil 0,1% cif Mediterráneo -cif significa el producto refinado puesto en la costa española era de 413 dólares/t. Y el del fueloil 1%, de 215 dólares/t, y el tipo de cambio con el euro de 1,076. A 17 de diciembre eran de 323 dólares/t y 168 dólares/t respectivamente, y el tipo de cambio de 1,085. Esto significa que en el último mes el precio del gasóleo ha caído un 23%, y el fueloil un 22%, en euros. En el gasóleo, la parte de impuestos fijos (no proporcionales al precio) es del 30%, por lo que el precio al público debería haber bajado un 16%. En el fueloil, los impuestos fijos son del 6% y debería haber bajado un 20%. El oligopolio (Repsol, Cepsa y BP) que sigue un comportamiento conscientemente paralelo, el 11 y el 10% de media respectivamente. Un robo permitido por un Gobierno corrupto que justifica las reducciones de salarios para “ganar competitividad”, algo que sería de cárcel en cualquier Estado de derecho.

Los irresponsables del BCE: dinero sin control
Al contrario que la Fed, el BCE lleva desde 2012 repartiendo dinero sin control y sin garantía alguna de que llegue a la economía productiva en forma de créditos a familias y empresas. En el caso de la FED, los mecanismos empleados garantizan el que tal cosa ocurra de forma muy rápida; el BCE, por el contrario, comprando bonos a los bancos les inyecta dinero que utilizan como les da la gana. Es decir, en comprar deuda pública, en financiar a los grandes del Ibex y prestando en el exterior. Nada o casi nada al 90% del tejido productivo, ni a los hogares, donde la financiación no ha dejado de caer entre el -5 y el -8% anual, desde que gobierna Rajoy, a pesar de habernos endeudado en 500.000 millones de euros.

Que el BCE actúe de esta forma, que en realidad solo beneficia a Alemania y en menor mediada a Francia y Holanda, es de un irresponsabilidad que raya en lo criminal. La primera fase de expansión monetaria en 2012 fue para garantizar la devolución íntegra a bancos y cajas de estos tres países, de unos préstamos insensatos a bancos y cajas regidas por delincuentes y que fueron motor esencial de nuestra burbuja al incumplir MAFO -que debería estar en la cárcel- su obligación esencial de velar por la estabilidad de nuestro sistema financiero. Aunque lo peor fue la destrucción del sistema de cajas de ahorro, que había recogido el ahorro y financiado a los mas humildes durante 170 años, hoy en manos de la gran banca sin pagar un solo euro por algo que era el 50% del sistema financiero. Una traición sin límites perpetrada por De Guindos y Rajoy, que además han endeudado a su pueblo durante varias generaciones para financiarla.

Pero lo de hoy, donde se está entregando dinero ilimitado sin control alguno, es una dejación que raya en lo criminal. Al menos deberían ser inflexibles con los objetivos de déficit, pero Rajoy no lo ha hecho ni un solo año, y no pasa nada. Esta política acabará creando problemas insolubles, la economía española es cinco veces mayor y una situación similar a la griega sería inmanejable. De cara a 2016, las necesidades de emisión de deuda pública superarán de largo los 250.000 millones de euros (450.000 millones sumando la privada), por el caos de gobierno después del hoy, la caída gradual del PIB y la presión para incrementar el gasto, es decir para enchufar a decenas de miles de parientes y amigos de los recién llegados y a unos cuantos mas de los antiguos. ¿Cómo creen en Fráncfort que España va a poder devolver su inmensa deuda si para crecer el uno tiene que endeudarse en cuatro?

Y el resultado de ayer, cuatro politiquillos de sexta con una falta de nivel asombrosa, aspirando a gobernar un país sumido en una profunda crisis sin proyecto serio alguno. La degradación económica, política, social y moral, como expliqué y cuantifiqué en mis dos artículos anteriores, es tan brutal, que resulta asombroso que Rajoy, que ha puesto a España en la rampa final hacia el abismo -y que ni está dispuesto a reestructurar nada ni tiene la menor idea de lo que hacer con el país-, y un PP que es solo una banda con forma de partido hayan sido los más votados. Claro que lo que tiene enfrente es un matón de barrio, Pedro Sánchez, que no tiene ni remotamente los conocimientos ni la hechura moral para presidir, no ya España, sino su propia comunidad de vecinos.

Y luego los emergentes, un Rivera que ha prometido las cosas que España necesita pero luego dice lo contrario, y finalmente un Iglesias, que quiere fragmentar España e ignorante hasta la náusea. La “república de imbéciles” que denunciaba Azaña en el 36. Los ganadores serán probablemente las élites depredadoras y corruptas que tienen la oportunidad de imponer la gran coalición PP-PSOE, pero jubilando antes a Rajoy y Sánchez. Que todo cambie para que todo siga igual y los demás no vamos a la recuperación sino al abismo de la mano de un Estado autonómico insostenible y corrupto que genera una deuda imparable e impagable. Y de un modelo productivo de 'ladrillo y camareros', incapaz de generar crecimiento estable y empleos dignos, y un sistema de pensiones quebrado que llevará a la miseria a millones. Pero de momento, el caos está asegurado y se acabó la austeridad, paga el BCE.

mayoría de IZQUIERDA Y SEPARATISTAS
Roja y rota
Editorial  www.gaceta.es  21 Diciembre 2015

Balance del 20-D: una España rota, porque este parlamento es difícilmente gobernable, y una España roja, porque la suma de las izquierdas y los separatistas, mayoritaria en votos, con toda seguridad va a actuar como un mecanismo de presión institucional.

El Partido Popular ha ganado las elecciones, sí. Pero si alguna vez es adecuada la expresión “victoria pírrica”, es esta en la que el PP se hunde hasta su peor cifra en los últimos veinticinco años. Mariano Rajoy arrancó en 2011 con mayorías absolutísimas en Congreso y Senado, más un enorme poder territorial en ayuntamientos y comunidades y manos libres para reformar el país. Hoy se desayunará con la expresión de Pirro: “Otra victoria como esta y volveré solo a casa”. Nadie ha destruido tanto un partido como Mariano Rajoy. Su efecto letal quizá sólo es comparable al que Zapatero desencadenó sobre el PSOE. La primera consecuencia de estas elecciones sólo puede ser la dimisión inmediata de Mariano Rajoy.

Rajoy no ha perdido sólo poder político, sino que, aún mucho más grave, ha hecho perder a la derecha social española su presencia política. El PP ha desarrollado en el Gobierno una política socialdemócrata vergonzante: impuestos altísimos, convalidación del programa social de la izquierda, etc., y ha mantenido esa tónica en esta campaña. El PP no sólo ha anulado cualquier intento interno de mantener los principios (en estas elecciones han quedado fuera de las listas todos los parlamentarios pro-vida), no sólo ha desmantelado todas las plataformas civiles y mediáticas de la derecha social que le dieron la victoria en 2011, no sólo ha secado cualquier ensayo político en la derecha (véase la cacicada contra Vox), sino que, además, ha estimulado con estrechísimos fines electoralistas (y ya se ha visto con qué nulo tino) el surgimiento de formaciones de extrema izquierda. El principal enemigo de la derecha española en los últimos cuatro años ha sido Mariano Rajoy. Cosecha lo que sembró.

La izquierda, como era de esperar, ha aprovechado sus oportunidades. En un ambiente mediático excepcionalmente proclive, con una cultura social largamente macerada por muchos años de hegemonía, el PSOE salva los muebles porque no se han cumplido sus peores expectativas, a pesar de que los resultados de Sánchez son los más pobres jamás cosechados por los socialistas. Pero, sobre todo, avanza enormemente la formación ultraizquierdista Podemos, coaligada en todas partes con grupos radicales de ámbito local que le han permitido rozar los 70 diputados. La suma de PSOE, Podemos y Unidad Popular (los restos del naufragio de Izquierda Unida) suman cerca del 45% de los votos. Como el nuestro es un sistema parlamentario, hay que suponer que los separatistas, a la hora de ayudar a alguien, no escogerán a los pactos que el PP pueda proponer, sino a los que el PSOE ofrezca, como ha ocurrido en numerosos lugares después de las elecciones autonómicas. Es muy posible que nos encontremos con una coalición rojo-separatista que no ocultará su nombre.

Es enormemente revelador que un partido como Podemos, caracterizado por su fanatismo, lastrado por sus conexiones chavistas, horadado por el escaso realismo de sus propuestas, haya conseguido convertirse para muchos españoles en la imagen misma de la alternativa. La suma de los votos de Podemos e Izquierda Unida supera a la cifra del PSOE. Eso se debe sin duda al clima mediático, muy acusadamente inclinado a la izquierda, y también al paupérrimo nivel cultural de buena parte de la sociedad española, pero, tal vez sobre todo, el éxito de Podemos bebe en la desesperación de muchos millones de españoles, cuyas esperanzas han quedado desmanteladas por la inútil política del gobierno Rajoy.

Del mismo modo, es significativo que la alternativa “limpia” a la podredumbre del sistema, que era Ciudadanos, haya quedado muy por debajo de sus aspiraciones y de las predicciones de las encuestas. Ciudadanos creció sobre la simpatía que despertaba su moderación, pero es tal vez esto lo que, a la hora del voto, le ha frenado en seco. Cuarenta diputados son muchos, pero, a partir de ahora, ¿qué? El proyecto de Albert Rivera se enfrenta a una crisis de continuidad.

Balance: batacazo ostensible para PP y PSOE, crecimiento alarmante de la extrema izquierda y mantenimiento de las opciones separatistas. En términos clásicos: una España rota, porque este parlamento es difícilmente gobernable, y sin duda una España roja, porque la suma de las izquierdas con toda seguridad va a actuar como un mecanismo de presión institucional. España entra en fase de alarma.

Cuando se renuncia a los principios se marchan los votantes
Javier Fernández-Lasquetty Libertad Digital  21 Diciembre 2015

Mariano Rajoy y su equipo renunciaron a dar la batalla ideológica –y ganarla– porque pensaban que ese tipo de cuestiones no interesan a la gente. El resultado es que en pocas semanas España tendrá un Gobierno dominado por un partido leninista revolucionario como lo es Podemos.

Mariano Rajoy y su Gobierno no quisieron cumplir el mandato claro de enérgicas reformas que los españoles les dieron hace cuatro años. Pensaron que hacer esas reformas produciría mucho desgaste. El resultado es que ha perdido más de 4 millones de votos: un auténtico récord de desgaste.

Mariano Rajoy y los dirigentes que le han acompañado han visto siempre con desprecio aquellas iniciativas políticas que, según ellos, generaban "líos". Mucho más que un lío es lo que tiene ahora España, a merced del extremismo izquierdista y nacionalista, de acuerdo todos ellos en iniciar el proceso de ruptura de la unidad nacional.

Desdibujarse, atenuar la diferenciación ideológica hasta hacer irreconocibles las diferencias entre partidos, no ha dado buen resultado. Ha llevado al PP a su mayor fracaso histórico, lo mismo que ha llevado a Ciudadanos a su nada sorprendente fiasco. La cuestión no es poner caras jóvenes y decir frases que suenen bien en los magazines televisivos. La cuestión es que refugiarse en el tibio y pegajoso consenso socialdemócrata, como han hecho PP y Cs, ha multiplicado los votos de la izquierda de verdad, la que no renuncia al combate ideológico. Los discursos de la noche electoral lo volvieron a poner de manifiesto.

El centroderecha español puede recuperarse si cambia de rumbo. Eso conllevaría recuperar sus principios básicos, las ideas liberales que le hicieron dar a España sus mejores años y al PP sus mejores resultados. Esas ideas existen, y un grupo de gente joven e inteligente como Floridablanca las ha articulado de manera muy sólida a lo largo de estos meses.

Parece difícil que el Partido Popular salga del callejón sin salida en el que él mismo se ha metido, abocado a un deterioro que ya no se mide en miles, sino en millones de votos. Ya no aglutina a todos los que están a la derecha de la izquierda. Ya no gana a la izquierda. Ya no tiene un corpus sólido y reconocible de ideas y de programas de inspiración liberal. Simular que nada ha ocurrido es como querer tapar la luz del sol con un dedo. La salida más lógica parece dar la palabra a todos sus militantes, en un congreso 100% abierto. Y cuanto antes lo haga, mayores serán las posibilidades de reconstruir una alternativa ideológica atractiva frente a la izquierda revolucionaria que se dispone a tomar el poder.

Regeneración de la España constitucional o populismo separatista-comunista
Pedro de Tena Libertad Digital  21 Diciembre 2015

Se habla ahora de sentido del Estado. Tras cuatro años de supermayoría absoluta, el PP de Mariano Rajoy habla ahora de política de altura y diálogo. En realidad, ha perdido 63 escaños y un tercio de los votos obtenidos en 2011, nada menos que 3,5 millones. Ni siquiera con el emergente Ciudadanos puede formar gobierno. Ha tenido mucho tiempo para hacer las reformas que ahora, y ya no serán las mismas, se verá obligado a hacer.

Tras cuatro años de feroz oposición, el PSOE de Pedro Sánchez obtiene el peor resultado desde la transición, pierde 20 escaños, millón y medio de votos más de los que ya perdió Alfredo Pérez Rubalcaba y siente el aliento del comunismo populista-separatista en el cogote.

¿Qué ha pasado? Que se han configurado con claridad dos bloques de ciudadanos españoles. Por un lado están los partidarios de la regeneración y reforma de la España constitucional de 1978, que suman más de 16 millones de españoles y representan más de las dos terceras partes del electorado. Por el otro hay un conjunto de ciudadanos, a cuyo frente marcha Podemos y sus oscuras marcas independentistas, que desprecian la Constitución, la Unión Europea, la unidad nacional y la democracia parlamentaria misma a pesar de su vistoso disfraz de cordero exhibido en estas elecciones.

Pues bien. Seré claro y conciso. No es la hora del Estado, sino que es la hora de la Nación, Hay que tener sentido de Nación, hay que sentir el latido del peligro de la Nación y ser capaces de dar respuesta al problema de España. La situación podría llegar a ser de emergencia y por ello exige una altura de miras política y una generosidad sin precedentes.

Por ello, propongo que los dos líderes políticos que han conducido a la situación actual, Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, dimitan de manera inmediata (deberían haberlo hecho ya por razones varias y naturalmente, desde ayer, por haber obtenido los peores resultados de la historia de sus partidos y haber dejado una nación herida y confusa) y dejar paso a dos nuevos dirigentes que sean capaces de configurar con Ciudadanos una hoja de ruta reformista que consiga regenerar la vida democrática de la Nación y permita la consolidación del crecimiento económico estable que lo posibilite. Nada es descartable, ni siquiera un gobierno presidido por Ciudadanos si los dos grandes mastodontes de la política nacional no disponen de generosidad suficiente para ser.

Sólo un proyecto reformista compartido desde la mayoría nacional puede desbaratar la oscura estrategia populista-comunista-separatista que, cerradas sus vías de acceso al poder, puede iniciar la descomposición de una "unidad" que no es más que la manifestación de un odio a España que ni siquiera sintió el tradicional Partido Comunista.

El PP puede mirar para otro lado sin reconocer lo que ha ocurrido y seguir como si nada hubiera pasado. El PSOE puede juguetear con el izquierdismo populista y el separatismo para llegar a La Moncloa. Si eso ocurre, el crecimiento de la anti-España democrática que reside en Podemos y en los separatismos, podría llegar a ser decisivo.

Se trata de España, de la democracia y de la presencia de una de las grandes naciones de la Historia en la Europa de las libertades y las oportunidades, la mejor experiencia convivencial de la Humanidad en toda la Historia a pesar de sus defectos. Es la hora del sentido de la Nación. Es la hora de España y de sus grandes mujeres y hombres.

Apoteosis del clientelismo
Javier Benegas www.vozpopuli.com  21 Diciembre 2015

Más allá del inquietante reparto de escaños y la seria amenaza de ingobernabilidad que se cierne sobre España, si algo debería preocupar a los españoles es que ningún partido haya apelado en puridad al perfeccionamiento de las salvaguardias democráticas.

Escribía Karl Popper en La sociedad abierta y sus enemigos que “en la adopción del principio democrático va implícita la convicción de que hasta la aceptación de una mala política en una democracia (siempre que perdure la posibilidad de provocar pacíficamente un cambio en el gobierno), es preferible al sojuzgamiento por una tiranía, por sabia o benévola que ésta sea.” Y añadía que “vista desde este ángulo, la teoría de la democracia no se basa en el principio de que debe gobernar la mayoría, sino más bien, en el de que los diversos métodos igualitarios para el control democrático, tales como el sufragio universal y el gobierno representativo, han de ser considerados simplemente salvaguardias institucionales, de eficacia probada por la experiencia, contra la tiranía, repudiada generalmente como forma de gobierno, y estas instituciones deben ser siempre susceptibles de perfeccionamiento”.

En el caso de España, quizá nunca antes esta cita haya sido tan oportuna, porque más allá del inquietante reparto de escaños y la seria amenaza de ingobernabilidad que se cierne sobre España, si algo debería preocupar a los españoles es que los partidos no hayan apelado en puridad al perfeccionamiento de tales salvaguardias. Muy al contrario, por más que se haya hablado del “cambio” con grandilocuencia, la idea de que debíamos acudir a las urnas para legitimar un gobierno capaz de acometer un profundo proceso de reformas institucionales fue pronto exorcizada y reemplazada por la idea-fuerza de que lo que nos jugábamos este 20-D era el Estado de bienestar, con el agravante de que para asegurarlo era preciso degradar por completo, y ya sin solución, esas salvaguardias a las que Popper aludía.

Visto con perspectiva, es de agradecer la sinceridad de Pablo Iglesias, cuando llegó a afirmar, durante el debate televisivo a cuatro y a propósito del secesionismo, que la voluntad mayoritaria está por encima de cualquier jurisdicción; es decir, que la democracia, en contra de lo defendido por Popper, es la tiranía de la mayoría. Y que, en consecuencia, los derechos individuales han de dejar paso a los derechos colectivos. A este respecto, ya nos advirtió Montesquieu que la injusticia hecha a uno sólo individuo es una amenaza dirigida a todos, por más que la legitime la mayoría. De ahí que Iglesias “asesinara” a Montesquieu en directo y en hora de máxima audiencia sin que nadie se inmutara, ni siquiera los adversarios allí presentes. Pasividad que, sin duda, también tiene su mensaje.

Es verdad que Ciudadanos ha sido el único partido que ha aludido a la necesidad de pinchar la “burbuja política” y aplicar una serie de reformas institucionales más o menos afortunadas, lo que, en vista del desinterés de Mariano Rajoy, la nulidad de Pedro Sánchez y el oportunismo de Pablo Iglesias en esta materia, les situaba a priori como los reformistas sensatos. Desgraciadamente, también Albert Rivera y los suyos se han guardado mucho de señalar con el dedo a ese Estado clientelar que, además de poner mil y una barreras a la generación de riqueza, obliga a sus confiscación masiva porque, a pesar de la leyenda popular, no sólo parasitan de él los más influyentes, sino también grandes bolsas de población, además de todo tipo de grupos y colectivos cuyos integrantes no se ajustan precisamente al estereotipo del avaricioso capitalista.

Dicho de otra forma, a lo largo de esta campaña se ha mirado mucho en dirección a Dinamarca. Incluso en Podemos, donde sólo tenían ojos para Venezuela, juraron hacerlo. Pero ni PP, ni PSOE, ni Ciudadanos, y aún menos el partido liderado por Pablo Iglesias, han mirado, por ejemplo, en dirección a Reino Unido, por aquello de beber en los orígenes de la democracia moderna. Mucho Estado clientelar, sí. Pero en lo que respecta a la necesaria mejora institucional, poca idea con fuste. Y aún menos beligerancia cuando ha llegado la hora.

Lo cierto es que a ningún partido con posibilidades de tocar poder le ha parecido pertinente arrojar luz sobre la cruda realidad, que no es otra que los españoles se partan la crisma más de seis meses al año para sostener los infinitos compromisos de gasto de las administraciones públicas; que todos somos a la fuerza funcionarios, pero sin retribución alguna, no menos de 180 días del total de 365 que tiene el año; en definitiva, que la mitad de lo que ganamos se va por el sumidero de nuestro Estado clientelar para regocijo de los partidos. Y ni aún así se garantiza que el invento funcione. Pero, desgraciadamente, lo que manda es el consenso.

Relataba Margaret Thatcher en The Downing Street years que cuando Forbes Burnham le sugirió que tenían que lograr un consenso, ella le preguntó qué quería decir con "consenso". Y él le contestó que "es algo que se tiene si no se consigue alcanzar un acuerdo". Thatcher respondió que aquello del consenso le parecía “el proceso de abandono de toda convicción, principio, valor y política en busca de algo en lo que nadie cree, pero a lo que nadie pone objeciones; el proceso mediante el que se elude los mismos problemas que han de resolverse, simplemente porque no es posible alcanzar un acuerdo”. Fue entonces cuando formuló la famosa pregunta: “¿Qué gran causa hubiera triunfado bajo la bandera del consenso?”. Pues bien, ha sido dentro del escrupuloso respeto al Estado clientelar donde todos los partidos sin excepción han hecho su campaña. Y si bien es cierto que aun en el delirio unos han parecido más sensatos que otros, el consenso en esta materia ha sido casi absoluto. En consecuencia, ante la ausencia de convicciones, principios, valores y política con los que diferenciarse verdaderamente unos de otros, el votante ha dado su voto a quien ha creído más dispuesto a repartir el presupuesto sin importarle las consecuencias. Son los riesgos de la política con minúsculas, riesgos que desde estas páginas hemos venido advirtiendo reiteradamente. Ahora, la ingobernabilidad está servida, salvo, claro está, que una vez más los nacionalistas sean los encargados de inclinar el fiel de la balanza. De ser así, que Dios nos asista.

El triunfo de la felicidad
Javier Benegas www.vozpopuli.com  21 Diciembre 2015

“La ignorancia es la fuerza, la libertad es la esclavitud, la guerra es la paz.” George Orwell

A primera vista puede parecer lógico que muchos se feliciten por la muerte del bipartidismo y celebren la fragmentación del Parlamento, sin caer en la cuenta de la italianización de la política española, y argumentando, presos de la emoción, que tal cosa en todo caso anticipa un nuevo y esperanzador horizonte político. Sin embargo, quienes así perciben lo sucedido están cortados por el mismo patrón, el del entendimiento del Estado como núcleo irradiador de ese deber ser que, por nuestro bien, no admite discusión.

Sin embargo, a lo que asistimos es a la culminación de la impostura del Régimen del 78, convenientemente banalizada por la televisión. De hecho, ni siquiera es cierto que el bipartidismo haya muerto: los mitos no mueren nunca porque no viven nunca. Lo que ha aflorado en todo su esplendor es el monopartidismo que ha estado latente durante los últimos 40 años: la socialburocracia del pensamiento único, la dictadura de lo políticamente correcto. El totalitarismo gelatinoso del siglo XXI, en suma.

Los dos partidos que hasta ayer exhibían cierta disparidad, el PP y el PSOE, han terminado alumbrando mediante cesárea una pluralidad monocromática en la que, por más que usted busque, no encontrará un solo defensor de la libertad individual. Todos los partidos, desde el primero al último, del menor al mayor, son en esencia colectivistas, aprendices de brujo que abusarán del presupuesto, la recaudación y la deuda para ejecutar el viejo truco de un mundo feliz… Nada por aquí, nada por allá.

Lo que asoma es la vieja política, pero corregida y aumentada. El epílogo de una historia que siempre careció de contrapunto, de acciones simultáneas, nudos argumentales y encrucijadas que pudieran alterar el desenlace. El nuestro es, por tanto, un final previsible y, a lo que parece, inevitable. Consistirá en la apoteosis del sistema clientelar. Ya saben, la compra de voluntades, las prebendas, subsidios y excepciones legislativas extendiéndose de forma horizontal hasta que la maquinaria gripe. Porque gripará, de eso no hay duda. Desgraciadamente, lo que España necesitaba era no ya liberalizar el mercado, eso sería lo mínimo en una sociedad entera y no es el caso, sino liberar al individuo. Y está sucediendo justamente lo contrario.

Lo único hasta ahora verificable es que la famiglia ha crecido. Y los nuevos capos, Pablo Iglesias y los suyos, vienen dispuestos a ampliar los dominios del Estado y poner en práctica a la menor oportunidad su ingeniería social. A poco que se sientan seguros, que entiendan que ya han atravesado su zona de peligro, dejarán caer el antifaz. Saben muy bien, porque lo han estudiado a fondo, que el modelo que heredan carece de cualquier control, que es un régimen “llave en mano” donde las líneas rojas no existen. Los padres de la patria se creyeron inamovibles y no contemplaron la eventualidad de la suplantación. Ahora, a los herederos sólo les falta un pequeño empujón, tal vez unas elecciones anticipadas a las que concurrir siendo los únicos que podrán ahorrarse el bochorno de tener que cambiar el guion, con la coherencia intacta, esa coherencia revolucionaria, granítica y puritana de los que se creen ungidos para mandar, para decir a los demás qué está bien y qué está mal, en definitiva, para reducir la libertad a la mínima expresión a cambio de la promesa de una felicidad sin esfuerzo, lágrimas y sudor.

Pierde más de tres millones y medio de votos
Rajoy y Soraya hunden al PP en un parlamento inestable y radical
Por primera vez en la historia de la democracia, los españoles se han acostado sin saber quién será el próximo presidente de Gobierno.
Kiko Méndez-Monasterio  www.gaceta.es  21 Diciembre 2015

El confuso parlamento nacido de estas elecciones sólo contempla dos opciones de cierta gobernabilidad: un pacto a la alemana entre los dos grandes partidos –probablemente sin la figura carbonizada de Rajoy- o un espeluznante frente de izquierdas, tan radical en sus planteamientos como extravagante en las figuras que lo encarnan. No hay más opciones, al menos si descartamos la de una nueva convocatoria electoral.

A pesar de que los dirigentes del PP se esforzaban por vender su breve e insuficiente victoria, la cara de desolación de sus líderes les desmentía por completo. El propio ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, se acercaba a los micrófonos de Intereconomía para transmitir su preocupación por la posibilidad de un gobierno radical de izquierdas. Otro gesto muy distinto se veía en las filas socialistas: a pesar del terrible batacazo del PSOE, Pedro Sánchez respiraba porque su formación es casi la única que se ha convertido en imprescindible para la formación de un Gobierno. Ya sea con unos o con otros, los menguados socialistas dispondrán de un poder de coacción parlamentaria que da un respiro al cuestionado señor de Ferraz.

La gran paradoja
Ese papel de árbitro imprescindible es precisamente el que añoraba Albert Rivera, pero sus cuarenta escaños no sirven para darle el poder ni a unos ni a otros, así que tampoco fue la noche del triunfo para los que han hecho de la equidistancia su proyecto político.

La gran paradoja de la jornada se vivía en Génova. Mariano Rajoy, que ha ganado las elecciones, es sin duda el gran derrotado. Hace sólo cuatro años ostentaba la mayoría política más amplia conseguida nunca por un partido, consolidando el poder en los principales ayuntamientos, la mayoría de las comunidades autónomas, el senado y congreso. El pasado mes de mayo se desintegraba su poder territorial, y el 20D ha culminado un desastre que puede enterrar definitivamente su carrera política. No hay precedentes de un descalabro tan vertiginoso. Su empeño en convertir el PP en un PSOE de tecnócratas, no ha convencido a casi nadie. Incluso parece evidente que una gran parte del voto que ha conservado se debe más al miedo del electorado a un Frente Popular que a un aval de su gestión.

Allanado el pacto con Ferraz
La única ventaja que puede exhibir el todavía presidente es el haber allanado un pacto con el PSOE, por haber mantenido toda la estructura legal de Zapatero, del aborto a la Memoria Histórica, pasando por la permisividad con los separatismos, la consolidación de los filoterroristas en las instituciones, la sumisión a la ideología de género o la destrucción de la clase media. Y a eso hay que añadirle una política mediática que ha instaurado un discurso cuya pluralidad consiste en oscilar entre la izquierda y la ultraizquierda. Esta es la herencia de la legislatura de Rajoy, la que algunas llamaban tercera legislatura de Zapatero. Y no parece desencaminado, porque ha sido tan letal para los intereses de España como los de su propio partido.

Parlamento colgado
Ignacio Camacho ABC  21 Diciembre 2015

El veredicto de las urnas ha sido borroso. La exigua victoria de Rajoy le deja la reelección muy comprometida

Esperan días crispados. Un forcejeo de alta tensión. Los estragos de la crisis, el colapso de la política tradicional y el desgaste del Gobierno en un mandato abrasivo han desembocado en lo que los británicos llaman un «Parlamento colgado» (hung parliament), sometido a la inestabilidad de una fragmentación que puede convertir la investidura en un descalzaperros. La victoria agónica del PP, descalabrado en más de 60 escaños, unida a la facturación escasa de Ciudadanos, la resistencia relativa del PSOE y el éxito de Podemos, permite a la izquierda acariciar la posibilidad de un vuelco en colaboración con los soberanistas catalanes; una alianza de inquietantes consecuencias para el modelo territorial y la propia integridad nacional del Estado.

El desplome del marianismo es indiscutible al margen de su exiguo triunfo y del moderado fiasco de Rivera. Apenas lo puede endulzar su hegemonía de bloqueo en un Senado de cuestionada utilidad. Su estrategia de recuperación económica no ha funcionado; la decepción de sus electores de 2011 ha dividido el centro-derecha provocando la misma autolesión que le costó en mayo gran parte de las autonomías y ayuntamientos. La suma del PP con C’s, implícito marco mental mayoritario de los votantes de ambas candidaturas, puede resultar insuficiente para alcanzar una masa crítica de pacto. Aun a seis puntos de los socialistas, el recuento deja a Rajoy con un margen muy comprometido para su reelección aunque en la lógica democrática le corresponda iniciar las conversaciones de investidura. Resulta imposible sin embargo soslayar la dificultad del empeño, que sólo podría tener éxito mediante un ejercicio de responsabilidad histórica tanto de C’s como de un PSOE cuyo líder está sometido a debate interno y hostigado por la eclosión de Podemos, en condiciones de discutirle a medio plazo la referencia de la izquierda.

Salvo la muy improbable fórmula de entendimiento bipartidista o un alambicado acuerdo en minoría de PSOE y Ciudadanos con la abstención de Podemos, el precedente de las locales sugiere un posible pacto para desalojar a la derecha del poder, aunque deba apoyarse en el radicalismo rupturista de Pablo Iglesias y tal vez en las exigencias de autodeterminación del soberanismo. Un acuerdo multipartito para improvisar una mayoría alternativa con graves consecuencias sobre la estabilidad económica y, sobre todo, territorial del país, toda vez que los independentistas reclaman un referéndum en Cataluña como condición negociadora inexcusable.

Con el bipartidismo desplomado en un tercio bajo la presión del desencanto social, el apretadísimo resultado aventura una situación de extrema delicadeza. El veredicto de las urnas puede considerarse borroso o ambiguo, pero muchos españoles se acostaron anoche con la inquietud de nuevas elecciones o de que el escrutinio sea sometido a la especulación del mercado negro.

La “era Rajoy” enfila su final con la victoria más trágica del PP
Antonio Martín Beaumont esdiario  21 Diciembre 2015

Otra vez ha quedado demostrado que el centro derecha español, cuando se fragmenta como en el caso de la pasada legislatura, desactiva a su gente y se cierra el camino a La Moncloa.

Estoy seguro de que el tremendo puñetazo que recibió el miércoles mientras paseaba por una calle de Pontevedra y los insultos que le dedicó Pedro Sánchez el lunes frente a las cámaras de televisión en el debate a dos habrán sido menos dolorosos para Mariano Rajoy que el golpe de las urnas, amplificado por un desfonde de Ciudadanos al que los propios populares contribuyeron en la campaña pese a saber que Albert Rivera era su única opción para sumar.

Las cosas no han funcionado como esperaba el Partido Popular, que confiaba en una carambola entre el voto útil, el indeciso y el oculto para acercarse a ese 30% mágico. Sí, ha ganado las elecciones, y ésa es la consigna que repitieron toda la noche, desde la primera vez que Pablo Casado se puso ante las cámara, cuando aún sólo tenían los dos sondeos a pie de urna. Pero no es consuelo.

Especialmente para Rajoy, consciente de que no poder gobernar sería el principio del fin de sus días como presidente del partido. Quien gana las elecciones debe intentar formar gobierno. Yo voy a intentar formar gobierno y creo que España necesita un gobierno estable (...). Iniciamos una etapa que no va a ser fácil pero en las dificultades es cuando se ve a los políticos de verdad", señaló desde el balcón de Génova 13 con cierto tono melancólico.

Nadie tenía dudas de que el PP iba a ser la fuerza más votada, ninguna encuesta se había atrevido a contradecir tal cosa. Pero sus 123 diputados -4,3 millones de votos menos que en 2011- se antojan insuficientes para que Mariano Rajoy siga en La Moncloa los próximos años porque con los 40 de Albert Rivera no salen los números. Todo indica que será el primer presidente del Gobierno electo que no consigue gobernar una segunda legislatura. Con el agravante de que venía de una mayoría absolutísima de 186 escaños.

Es verdad: desde 1977, el presidente del Gobierno siempre ha salido de entre los diputados del partido más votado en las elecciones. De los once comicios generales celebrados (sin contar los de este domingo), en seis de ellos el presidente del Gobierno que fue elegido sólo había obtenido mayoría simple, aunque la más exigua de ellas, la de José María Aznar de 1996, fue de 156 diputados, muy superior a la que el PP tuvo este domingo.

Muchas cosas han cambiado en la política. Así, tras los resultados obtenidos por Podemos y PSOE, la hipótesis de un bloque de izquierdas para formar Gobierno es a estas horas la opción más factible. Por mucho, lógicamente, que se vayan a escuchar estos días razones de peso contra “pactos de perdedores” forjados para liquidar al PP, y de la necesidad de respetar la lista más votada. Ya fueron abonando ese discurso los populares en campaña por lo que pudiera pasar. Pero será clamar en el desierto.

Ver la cara de circunstancias de los políticos populares en Génova 13 muestra la amarga victoria que viven hoy. Más amarga aún que la de las elecciones municipales y autonómicas, mucho más. Los votos de Ciudadanos, que se ha quedado sin resuello en los últimos metros, no sirven para que Rajoy y Rivera alcancen juntos los 176 escaños que convertiría en inaccesible su eventual pacto en el Congreso de los Diputados. Otra vez ha quedado demostrado que el centro derecha español, cuando se fragmenta, como ha ocurrido lamentablemente a lo largo de la pasada legislatura, desactiva a su gente y se cierra el camino que lleva a La Moncloa.

De poco ha servido que haya habido casi unanimidad a la hora de enjuiciar la buena campaña del PP. Al final, como habían venido mostrando los procesos electorales desde las elecciones europeas, una parte de los españoles le ha pasado una enorme factura a Rajoy, a quien ha responsabilizado personalmente de la lejanía de los populares en los momentos más duros de la crisis. Y ni siquiera la percepción de que hemos dado la vuelta a la esquina para afrontar la recuperación económica ha sido suficiente incentivo para propulsarlo hasta un número de diputados que borrase las ganas de sus adversarios de desalojarlo del poder. Todo ello sin olvidar la gran rémora para el PP que ha supuesto la corrupción, que lo tiene maniatado por no afrontar de una vez y a fondo una regeneración que ya no puede esperar más.

En sentido inverso, la izquierda vive desde hace años metida de lleno en un proceso de refundación. Y esta carrera electoral del 20-D ha sido asumida por los seguidores de sus distintas fuerzas como un proceso de primarias. Pablo Iglesias y Pedro Sánchez han librado una batalla a cara de perro a lo largo de la campaña para ver quién es el que está en mejores condiciones de quedarse con las llaves de la casa común de la izquierda los próximos años.

Lógicamente, el resultado obtenido por Podemos y PSOE no cierra su competencia, que aparentemente va para largo, incluso con protagonistas diferentes. Pero sí les obliga a colaborar en primera instancia si desean sellar el pacto que lleve a uno de ellos (o a los dos) a fotografiarse en las escaleras de La Moncloa en el mes de enero.

TRAS NO OBTENER REPRESENTACION
'Palante o palante', el mensaje de VOX
"Somos conscientes de que nos queda mucho trabajo por hacer y muchas cosas que mejorar. Desde la tribuna del Congreso o desde la calle, hay dos opciones: palante o palante".
R. C-M  www.gaceta.es  21 Diciembre 2015

Con el 99,43 por ciento de los votos escrutados, el partido de Santiago Abascal, VOX, ha obtenido 57.338. Unos resultados que no le dan la posibilidad de tener un escaño en el Congreso, pero que no debilitan la esperanza de la formación. Minutos antes del cierre de las urnas, el presidente del partido se dirigía a sus votantes y simpatizantes con un claro mensaje: palante o palante.

"Querido amigo:
Te escribo estas líneas a ti que has confiado en nosotros, y escribo minutos antes de que se cierren los colegios electorales. Así que todavía no sé cuál es el resultado que VOX ha conseguido en las urnas. Todavía no sé si hemos conseguido un puñado de escaños, un escaño o, una vez más, nos hemos quedado a las puertas de obtener representación, o incluso lejos de obtenerla. Pero da igual, como dijo Kipling, el éxito y el fracaso no son más que dos impostores, a los que hemos de tratar con la misma indiferencia.

Por eso quiero darte personalmente las gracias. Quiero darte las gracias a ti que nos has dado tu voto en las elecciones más reñidas de nuestra democracia. A ti que has optado por votar a VOX porque entiendes que el verdadero voto útil debe ser para elegir representantes que defiendan las ideas en las que crees. Quiero darte las gracias a ti que has votado al único partido que quiere terminar con el disparatado sistema autonómico, y acabar así con el estado del bienestar de los políticos y de sus amigos, y al único partido que quiere terminar con el expolio fiscal que sufren las familias y las PYMES españolas.

Quiero agradecerte tu voto porque has votado al único partido que claramente pide que se aplique el artículo 155 en Cataluña y que se procese a los separatistas por sedición. Quiero decirte gracias porque has votado al único partido que dice alto y claro que el fundamentalismo islámico es una amenaza para nuestra identidad y nuestra libertad, y que es necesario terminar de una vez con las mezquitas que propagan el odio. Gracias a ti, que has votado al único partido que apuesta por la vida y defiende los derechos del no nacido.

Tanto si hemos conseguido representación como si no, somos conscientes de que nos queda mucho trabajo por hacer y muchas cosas que mejorar. Seguiremos trabajando, sé que tú también lo harás, porque sólo estamos en el comienzo de una gran aventura. Sabemos que hay una gran parte de los españoles que compartís nuestras ideas y que os hubiera gustado votar a VOX, pero que el mal entendido voto útil os ha decantado por otra opción política. A vosotros también, gracias por vuestro respeto. La alternativa que tengo el honor de liderar seguirá trabajando para os unáis a VOX.

Sabemos que en España el cambio siempre ha venido de manos de un puñado de hombres y mujeres valientes que no se rinden. Desde la tribuna del Congreso o desde la calle, haya sido cual haya sido el resultado de estas elecciones, seguiremos siendo tu voz, porque para la defensa de España y de la libertad, sólo hay dos opciones: palante o palante".

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Sin futuro.
Vicente A. C. M.  Periodista Digital  21 Diciembre 2015

Ayer comenté que la abstención es igual a fracaso. Otra vez la abstención ha rozado el 27% una enorme cantidad de españoles que no se implican ni en su futuro ni en el de España. La debacle de los orgullosos perdedores PP y PSOE ha sido descomunal. Porque claramente el PP ha tenido una sangría de votos de cerca de 4 millones y ha perdido 63 diputados, quedándose en 123. Unos diputados que no recupera ese centro izquierda moderado que representa CIUDADANOS que solo alcanza 40 escaños. Como segunda fuerza un PSOE que pierde 20 diputados quedándose en 90. El único ganador ha sido ese batiburrillo de formaciones agrupadas en torno a esa izquierda radical que es PODEMOS con un Pablo Iglesias crecido y que no ha tardado ni cinco segundos en quitarse la máscara de moderación para proclamarse líder de la izquierda. En cuanto a los secesionistas solo en Cataluña la coalición JUNTS PEL Sí ahora desunidos en las generales han obtenido 17 escaños, mientras que en el País Vasco ese secesionismo suma 8 escaños (6 PNV y 2 EH-BILDU). IU con solo 2 diputados y Coalición Canaria con 1 diputado cierran el puzle del Congreso de los Diputados.

Como habrán podido comprobar, esto efectivamente es ingobernable, salvo que el PSOE de Sánchez logre imponerse en todas las federaciones autonómicas y liderar un Frente Popular con PODEMOS como principal aliado y el apoyo interesado del nacionalismo secesionista. Y aun así, sus objetivos serían imposibles de conseguir solo con el bloqueo que el propio PP puede hacer en leyes fundamentales como pudiera ser una reforma de la Constitución o permitir un referéndum sobre la independencia en cualquier autonomía que lo solicite. Evidentemente por mucho que Mariano Rajoy dialogue, su objetivo de formar Gobierno es utópico y su única alternativa sería agotar los plazos y convocar nuevas elecciones generales, caso de que Pedro Sánchez no consiga su propósito por la imposibilidad de aceptar las condiciones de PODEMOS.

Lo malo de unas nuevas elecciones es que normalmente los resultados no van a diferir demasiado y si acaso puede haber un pequeño baile de votos, ya que la Ley Electoral actual por circunscripciones provinciales y reparto de diputados, seguiría vigente y se producirán aberraciones como que habiendo CIUDADANOS obtenido en el conjunto de España 300.000 votos más que PODEMOS tenga dos diputados menos cuando debería tener dos más, es decir un diferencial de cuatro diputados. España está en una encrucijada a la que nos ha llevado la propia torpeza política de un PP que ha sido incapaz de explicar una realidad a los ciudadanos y equivocarse de contrincante político al enfocar a CIUDADANOS. Queda demostrado que han ayudado a alimentar un monstruo al que no pueden controlar.

PODEMOS y sus mariachis representan todo lo contrario al Estado del Bienestar y sus efectos ya los estamos sufriendo allí donde el PSOE ha permitido que ejerzan libremente el poder como en Barcelona o en Madrid capital. Solo han pasado seis meses y el deterioro económico y de libertades empieza a mostrarse mientras se afianzan como la casta que antes criticaban. No son diferentes y solo les faltaba la oportunidad. Ya lo dice el refranero español, “si quieres conocer a Marianico, dale un carguico”. PODEMOS se ha convertido en elemento esencial y Pablo Iglesias se ha auto proclamado líder de la izquierda con sus 42 escaños y los 27 de sus mariachis de Mareas, Compromis y demás patulea ultra. Nadie puede dudar que el PSOE de Sánchez con su obsesión de desplazar al PP termine por prostituirse como ya lo ha hecho en Ayuntamientos y en CCAA donde apoya o es apoyado por PODEMOS.

Las dos Españas vuelven a estar presentes y hemos retrocedido a épocas que creíamos lejanas pero que algunos se empeñan en mantener vivas favoreciendo el frentismo y la desunión entre españoles. España puede volver a tener un Gobierno de un Frente Popular que propiciaría la secesión de territorios como Cataluña o El País Vasco y Navarra en lo social y con la más que segura expulsión del Euro y un progresivo aislamiento en la UE. Una debacle económica por la pérdida de confianza de los mercados y un empobrecimiento cercano al 30%. Es decir el mismo futuro que se auguraba para una Cataluña independiente de España.

La unión hace la fuerza, pero en España falta Unidad y hay exceso de egoísmos partidistas. Y así no se puede construir ningún País ni ningún futuro.

¡Que pasen un buen día! Sobre todo los que decidieron abstenerse y que sean los demás los que decidan. ¡Enhorabuena por contribuir al desastre!

Sin ganador claro y sin estabilidad
Victoria Prego El Mundo  21 Diciembre 2015

LA DERROTA del Partido Popular pasará a los anales de la historia de la democracia española. Nunca un partido pasó de dominar la escena política española en términos nacionales autonómicos y municipales a perder su poder en los tres ámbitos tras ejercerlo durante una única legislatura. El batacazo es de tal envergadura que no admite consideraciones del tipo «ha sido el partido más votado» o «el PP ha ganado estas elecciones». Ciertamente, los populares han obtenido más votos que su inmediato seguidor que, para fortuna de su líder, ha sido el partido encabezado por Pedro Sánchez, que sigue bajando en votos y en escaños respecto de su nivel más bajo, alcanzado bajo Alfredo Pérez Rubalcaba, pero no ha caído del todo en el oprobio de un resultado por debajo de los 90 escaños. Pero eso no es capaz de disimular la dimensión de la derrota de un equipo de gobierno que ha conseguido empezar a sacar a España de la crisis pero no ha podido superar el golpe mortal que le ha asestado una corrupción insertada en los pliegues más íntimos de su estructura, ni su abandono de todo mensaje a la ciudadanía que no estuviera pegado a las consideraciones económicas.

Cuadrar más o menos las cuentas no le ha servido a Mariano Rajoy, que ha sido abandonado en masa por los votantes que hace tan solo cuatro años le otorgaron una victoria deslumbrante y ahora le han dado la espalda con un mensaje nítido: no queremos que usted nos gobierne. Ni aunque el paro disminuya, ni aunque se siga creando empleo, ni aunque usted haya conseguido que España no pidiera el rescate, ni siquiera aunque nuestro país sea el que más crece dentro de los grandes de la Unión Europea. Con usted no queremos seguir. Es un mensaje brutal en su nitidez que impide al PP soñar siquiera en cerrar cualquier tipo de pacto que le permitiera conseguir la mayoría absoluta para formar gobierno. Porque sucede que, con los datos en la mano, la suma de Ciudadanos y el Partido Popular no llega ni de lejos a los 176 escaños que es la mayoría absoluta. Por lo tanto, Mariano Rajo tiene muy, pero que muy difícil aspirar a seguir en el palacio de La Moncloa.

Y, por lo que se refiere a la formación de Albert Rivera, adiós también a su pretensión de ser árbitro de la legislatura. Muy meritorios son sus 40 escaños pero el partido emergente ha quedado muy por debajo de lo conseguido por Podemos, su compañero de estreno en el Congreso de los Diputados. Porque ésta ha sido la gran revelación de las elecciones de ayer: el despegue fulgurante del partido de Pablo Iglesias y las diferentes marcas con que se ha presentado. Sumadas todas ellas dan un total de 69 escaños, lo cual constituye una auténtica hazaña que demuestra que la famosa «remontada» que anunciaban los líderes del partido morado no era un eslogan sino la constatación de una aplastante realidad. Y de esa realidad se concluye que Podemos le ha ganado la partida al Partido Socialista y que la formación de Pedro Sánchez está condenada a seguir la senda de Podemos, tanto si intenta pactar con está formación como -cosa poco probable- si decide sentarse a ver pasar su oportunidad de ocupar La Moncloa.

Veamos ahora las posibles combinaciones para la formación del nuevo Gobierno. Suponiendo que Rivera aceptara sumar su fuerza a la del PP para intentar parar a la otra opción que se perfila en el horizonte, un pacto entre estos dos partidos daría un total de 163 escaños. Del otro lado, un Partido Socialista que ha sufrido una evidente derrota y sigue imparable su camino descendente, puede muy bien intentar buscar refugio en los brazos de quien se dispone a devorarlo pronto pero que aún deberá esperar para darse el banquete. Los escaños sumados de PSOE, Podemos, En Comú-Podem, Compromís-Podemos- Es el Moment y En Marea, suman 160. Pero si a eso le sumamos una posible alianza con una Izquierda Unida que pierde nada menos que nueve escaños pero aún conserva unos humildes dos, tenemos otros 162 diputados. No alcanzan tampoco la mayoría absoluta pero, si piden el respaldo de los nacionalistas, estarían en disposición de impedir una hipotética investidura de un Mariano Rajoy que no olvidemos que es, desde hace mucho tiempo, su objetivo a batir.

Naturalmente, a los partidos independentistas catalanes siempre les interesará más un gobierno pluripartito de la izquierda que tendría de entrada mucha más inclinación a ceder sus posiciones en favor del famoso derecho a decidir que un gobierno PP-Ciudadanos que, aunque estuviera en minoría, opondría una férrea negativa a considerar siquiera las pretensiones secesionistas y anticonstitucionales de los dos partidos de Junts pel Sí que, con un resultado muy desigual, se han presentado por separado a estas elecciones generales. Convergència es otro de los partidos que ha sufrido un batacazo monumental porque de 16 diputados ha pasado a la mitad, ocho. Cierto que en 2011 se presentaba junto a Unió, pero ayer el partido de Durán Lleida no ha obtenido ni un solo escaño. Así que lo cierto es que volvemos por donde solíamos porque de nuevo a los partidos nacionalistas les ha venido a las manos la potestad de inclinar la balanza en el sentido que mejor les convenga. Y no hay que abandonarse a grandes especulaciones para prever de qué lado caerán los platillos.

Y eso es así porque el resultado final deja un panorama extraordinariamente complicado: el Congreso de los Diputados se va a ver dividido en dos, con las fuerzas de izquierda sumando sus escaños y al otro lado, hay que suponer -porque ni siquiera está claro que ese escenario vaya a darse- que se sitúen juntas las fuerzas de centro y de derecha, con un porcentaje de escaños casi idéntico. Y en el medio de la escena quedan Esquerra Republicana de Cataluña -que ha salido triunfante de esta prueba y, con nueve escaños conseguidos, ha triplicado su resultado-, el muy debilitado pero aún vivo partido de Artur Mas, y el Partido Nacionalista Vasco que se ha mantenido e incluso ha logrado un diputado más a pesar de haber perdido una décimas en su porcentaje de votos.

En definitiva, estamos como siempre estuvimos pero en mucha peor situación. Ahora mismo no se sabe quién va a gobernar pero lo que sí se sabe ya es que éste va a ser un tiempo inestable porque la aprobación de las leyes va a enfrentarse de manera sistemática con la oposición de la mitad de la Cámara. Y también se sabe ya que las pretensiones de los independentistas catalanes están ahora más cerca de traducirse de cesiones que vulnerarían o al menos forzarían inexorablemente la Constitución. Mal panorama, muy malo para los intereses de España como nación y para los intereses de los españoles como ciudadanos.

Pero, dado que no se atisba un cierre positivo, esperanzador y sobre todo estable para los próximos cuatro años, estamos obligados a considerar la hípótesis que despejaría todas las inquietudes expuestas aquí. Hablamos de la hipótesis de un acuerdo de gobierno entre elPartido Popular y el Partido Socialista. No es nada extraño, es ese tipo de pactos de coalición que se dan en Europa con naturalidad y con resultados visibles. En Alemania está funcionando una coalición entre el partido conservador de Angela Merkel y el partido socialdemócrata de Sigmar Gabriel. Un pacto que ha proporcionado estabilidad al país y que no ha escandalizado a nadie. Y aún más cerca, la retirada en determinadas regiones francesas del partido socialista de Hollande para que el partido conservador de Sarkozy pudiera alzarse con la victoria e impedir el acceso al poder de Le Pen.

Lamentablemente, desde el Partido Socialista español esa posibilidad se considera algo parecido a una blasfemia para un creyente. Es, pues, obligado descartar esa posibilidad, sobre todo cuando el PSOE acaricia ahora mismo la oportunidad de presidir el Gobierno de España. No importa al precio de qué cesiones ni con el riesgo de qué compañías.

Victoria Prego es columnista de EL MUNDO.

El baile de las cuatro princesas
Manuel Romero www.lavozlibre.com  21 Diciembre 2015

Periodista y director de La Voz Libre

Las elecciones del 20 de Diciembre merecen un análisis de urgencia que permita vislumbrar una salida con sentido común, antes de que el baile de siglas empañe los ojos de los protagonistas políticos, y no digamos de los participantes en las tertulias de radio y televisión, convertidos en oráculos en ágoras diarias.

Habrá muerto el bipartidismo, pero nunca lo hará la división bipolar de la política de las cámaras. Seguirá siendo imprescindible disponer de 176 diputados en el Congreso para emprender la formación de gobierno.

Trazada la línea por el centro del arco parlamentario, a la derecha queda PP (123 diputados) y Ciudadanos (40 diputados), mientras que a la izquierda se sitúan PSOE (90 diputados), el conglomerado Podemos (69 diputados) y Unidad Popular (2 diputados), sin que ninguno de los bloques dispongan de la suma necesaria para gobernar. Todos los demás añadidos al furgón de cola son meras conjeturas improbables, como que ERC, en pleno proceso de ‘desenchufarse’ de España vaya a dar a la izquierda española luz y energía.

Nunca en una noche electoral los líderes de los grandes partidos ordenaron sus intervenciones con más cuidado. Pedro Sánchez y Mariano Rajoy hablaron a sus seguidores cuando hacía ya casi una hora que los resultados estaban cantados. Ni euforia, ni ataques a los contrincantes. Cualquiera diría que habían contactado previamente y acordado sus palabras. Pedro Sánchez admitió que el PP, como partido más votado, debía tomar la iniciativa de formar gobierno, y Mariano Rajoy insistió en que se acercaba un período de mucho diálogo.

El panorama que se abre es incierto, pero los números están tan claros que sólo se pueden explicar desde los antecedentes de ese bipartidismo que se intenta (no se sabe por qué) aniquilar.

El PP, con 123 diputados y 7.211.852 votos (28,72%), pierde lo que Ciudadanos gana (40 diputados, 3.498.070 votos 13,93%). El drama para ambos es que el sistema d’Hondt no ha generado a C’s los suficientes diputados para que se mantuviera la mayoría absoluta con la suma de ambas formaciones.

Lo mismo ha ocurrido con el PSOE (90 diputados, 5.528.830 votos, 22,02%) junto a Podemos (69 diputados, 5.187.078 votos, 20,66%).

Lo que quedan son flecos: 2 diputados de Unidad Popular (antigua Izquierda Unida), y la retahíla de siglas nacionalistas habituales (ERC, DiL de Mas, PNV, EH Bildu y Coalición Canaria).

No hay más cera de la que arde. Así que si Mariano Rajoy quiere formar gobierno, aparte de acudir a la aparentemente formación más afín -Ciudadanos- , tendrá que tentar a Pedro Sánchez. Excepto una repetición de comicios en marzo, no veo otra salida que un intento de gran coalición PP-PSOE, al estilo alemán, o al menos un programa de gobierno pactado entre las dos grandes formaciones y un manos libres siempre abierto con un gobierno PP-Ciudadanos. Pero me cuesta creer que Pedro Sánchez quiera dejar el monopolio de la oposición a Podemos.

La prueba del 9 va a manifestarse antes de lo que muchos creen. El 27 de diciembre, la CUP decide su apoyo o rechazo a la investidura de Artur Mas (otro en apuros) y el inicio de secesión a plazos como los separatistas catalanes tienen previsto. Ahí veremos los movimientos siderales del nuevo universo político español, que descifrará si son leones o gacelas (como Francesc Homs describiría al Estado y a quienes se mueven para despiezarlo)… o se han convertido en una manada de elefantes corpulentos y torpes frente a las alimañas.

En la noche electoral, el tono de los contrincantes de 20D fue mesurado. Incluso Pablo Iglesias frunció menos el ceño, y eso que capitaneaba el buque de desembarco más numeroso, tal vez porque lidiar todas las marcas y submarcas que conforman su coalición (En Comú Podem, Compromís-Podemos-Ès el Moment y En Marea) va a ser en sí una labor de encaje de bolillos, aún más si se tienen en cuenta las veleidades separatistas de algunos de sus compañeros de viaje.

Albert Rivera mantuvo el tono de ‘ilusión’ ante unos resultados nacionales por debajo de lo que él había pronosticado. Pero el desastre se vivía en casa, en Cataluña, donde de ser la segunda fuerza política hace tres meses ha pasado a ser quinta, emparada con la sexta, el PP. Del 18% en los comisiones autonómicos ha caído al 13% de este domingo, deja al PSC-PSOE adelantarle, además de perder el liderazgo de la lucha contra el nacionalismo, que fue lo que le aupó.

Pedro Sánchez sigue con la máxima de llevar al PSOE de derrota en derrota. Sus antecesores en el cargo de secretario general han visto cómo sus ‘peores resultados’ eran superados por quien quemó en el debate electoral todas las naves de una posible alianza de emergencia con el PP. Lo cual le pone ante los pies de los caballos de Susana Díaz, que mantiene y hasta refuerza su bastión andaluz.

Y Mariano… Mariano Rajoy, con la peor caída del PP desde el gobierno, apesadumbrado de que la nueva política haya surgido en los platós de televisión -a los que él y la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría se incorporaron a última hora de la precampaña- con la responsabilidad de abrir el baile.

Sólo cabe un deseo, y es que no seamos Bélgica o Italia, donde los ciudadanos se han acostumbrado a ser gobernados sin gobierno y a participar en sucesivas elecciones que poco cambian el dibujo electoral.

Por lo tanto, es la hora de no jugar a siglas sino a programas, a medidas, a impedir que las bolsas caigan, los inversores se atemoricen, la prima de riesgo ascienda, se pierda influencia en los núcleos de poder europeo y los separatistas aprovechen el río revuelto.

Hay poco tiempo para adaptarse a la nueva situación. Pero, sin duda, los problemas actuales apremiarán soluciones… y veremos si estas cuatro princesas mantienen su turno de baile y evitan los pisotones.


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