AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 23  Diciembre  2015

Por qué no voté y encima no me arrepiento
Almudena Negro www.vozpopuli.com  23 Diciembre 2015

Sí, soy uno de tantos españoles que el pasado domingo no tenían motivación alguna para acercarse al colegio electoral. Verán, en primer lugar no me apetecía participar en una farsa en la que la libertad política ni está ni se la espera. Lo que hubo el pasado domingo fueron unas elecciones administrativas para decidir quién dirigirá el consenso socialdemócrata, los próximos cuatro años; quién nos subirá los impuestos, porque es lo que va a suceder; quién cercenará aún más nuestras libertades individuales, que están en retroceso desde hace lustros. El domingo ni tan siquiera se elegía presidente de gobierno, que para eso hay listas cerradas y bloqueadas y una injusta Ley D’Hont. Serán los diputados, entre los que no estarán Maroto, Madina o el ex-JEMAD de ZP vendido a la extrema izquierda, los que decidan quién vivirá en La Moncloa. Tal vez no sea ni Rajoy ni Pedro Sánchez. De hecho, una Grosse Koalition es lo que interesa a la Unión Europea, que no se puede permitir otra Grecia, que es algo muy natural en sitios como Alemania para frenar el ascenso del totalitarismo. Pero eso es harina de otro costal. Vamos, que lo del domingo era, básicamente, una tomadura de pelo.

Pero luego está lo de los partidos estatales del Estado de Partidos, empeñados, por si aún me quedasen ganas, en mandarme a la abstención:

Votar a Rajoy, Soraya y Montoro, que iban en la infumable lista por Madrid del PP junto a “jóvenes promesas de regeneración” como Teresa de Lara, Teófilo de Luis o Carmen Alvarez-Arenas, décadas pastando en lo público, va contra mis principios más elementales. Cincuenta subidas de impuestos y la traición total y absoluta al gran proyecto liberal-conservador ilusionante que forjaron en los noventa Aznar, Cascos y Rodríguez es una renuncia a los principios que me impide votar. ¿Qué credibilidad tiene Rajoy cuando dice que va a bajar impuestos, después de lo que hemos vivido esta pasada legislatura?¿Qué credibilidad tiene cuando trata de hacerse fotos con representantes de víctimas del terrorismo en campaña, mientras su ministro del Interior se negó a recibirlos durante meses y sus interpelaciones las ha tenido que presentar el PSOE en el Congreso? No me extraña nada, y me importa un colín, el descalabro popular. Porque, sí, señores, ha sido un descalabro en toda regla.

No hay sector tradicional de votante popular al cual Mariano Rajoy no haya pegado un zasca con la mano abierta. De los abandonados autónomos a los católicos o a los pro-vida, pasando por los liberales, invitados a irse del partido. Pues ahí os quedáis, burócratas. Porque la política, que tú desprecias, sí importa, Soraya. Porque cuando se abandonan los principios y se sustituye la política por la tecnocracia y la mercadotecnia se fracasa. Javier Arenas salió, eso sí, ufano al balcón de la calle Génova para dejar claro que no piensan cambiar. De derrota en derrota, hasta la desaparición total. Y Mariano aún pretende formar un gobierno estable, después de haber dilapidado una mayoría absoluta. Deje paso a otros, Sr. Rajoy, que quizá consigan salvar no sólo a su formación, sino a los españoles de la tentación de Podemos.

Ciudadanos por su parte ha hecho una campaña tan mala que resultaba “invotable”. Y mira que lo siento, después de los lustros de resistencia en tierra hostil a la libertad; es decir, de combate de los naranjitos en Cataluña. Para votar a los Villacís, Garicano y Hervias, ya tenemos a Villalobos, Montoro y Margallo. Paso.

Además, la pésima campaña de sobreexposición mediática y vacuidad ideológica de Ciudadanos ha convertido a su líder, mira que me cae bien, en antipático. Ciudadanos dejó pasar el domingo su única oportunidad de convertirse en el gran partido de centro-izquierda, sustitutivo del PSOE y homologable a los partidos socialdemócratas europeos. No habrá otra. No se han enterado que sus votantes lo eran en gran parte provenientes del PP y que querían escuchar propuestas reales y, sobre todo, distintas. La “nueva política”, si es que en la batalla ente oligarquías cabe tal cosa, no pasa por caras nuevas ni por reivindicaciones de la Transición, que es la que ha fracasado. Compararse con el Secretario General del Movimiento, Adolfo Suárez, designado por el dedo real ya señalaba el despropósito que significaba votar a Ciudadanos. Reivindicarse nuevo alegando ser heredero de lo más antiguo es ridículo. Fernando Páramo, a casa. Ya.

No, no me arrepiento ni un ápice de no votar. Imposible introducir la papeleta naranja en la urna. Ni se sabía lo que querían, ahí tienen a Marín y Aguado, ni se sospechaba nada bueno. Que para eso Villacís, tan buena gente como nulidad política, nos anda contando que tenemos mucha suerte en España por no tener partidos radicales como el de Marine Le Pen. ¿Esta chica en qué país vive? Lo mismo Bildu o Podemos son el colmo de la democracia.

Al PSOE, cuyo primer madrileño, la estupenda Ángeles Álvarez, iba en el número 8, le sucedía otro tanto. Pedro Sánchez se ha pegado un batacazo monumental, empeorando la ya de por sí pésima marca de Rubalcaba. Pero resistirá si juega a lo que el consenso llama ser “hombre de Estado”. Es decir, si se deja de tentaciones de pactar con Podemos, como se niegan Felipe González y Susana Díaz, y apoya, aún cuando sea con su abstención, una investidura en minoría de Rajoy. Para una legislatura muy corta. Sánchez se ha presentado sin programa, sin ideas y con el patio revuelto desde la marcha del que ha liquidado el PSOE, que no es otro más que Rodríguez Zapatero. Ya ha anunciado que se presenta a la reelección como Secretario General del PSOE. Las prisas son malas consejeras, Pedro.


Podemos es totalitarismo. La liquidación de la sociedad abierta, de las libertades individuales, de la propiedad privada. En definitiva, el culmen de la socialdemocracia. Socialdemocracia que siempre deriva en socialismo real. Lean a Tocqueville. Entre libertad y esclavitud, entre la democracia y la tiranía de la mayoría no existen matices. Podemos fue el gran triunfador de la noche, para horror de mis amigos venezolanos, que ven demasiadas similitudes entre el camino recorrido por Acción Democrática y COPEI y el que siguen los grandes partidos españoles.

Y votar al resto de formaciones, qué quieren que les diga, era perder el tiempo. Tiempo que vale su peso en oro. Oro que está disparado de precio. Así que lo mejor, era irse al gimnasio. No, no me arrepiento.

Aquí el indecente, allí el miserable
Editorial  www.gaceta.es 23 Diciembre 2015

Cuando juegan tantos con tan pocas cartas, puede pasar de todo. Hasta que los sindicatos llamen a la moderación para evitar que huya la inversión extranjera, como hizo ayer mismo... ¡Comisiones Obreras!

La reunión de Mariano Rajoy y Pedro Sánchez en La Moncloa sería de lo más normal si no fuera porque el grado de agresividad en esta campaña ha llegado a unos límites intolerables. El “indecente” va a recibir al “miserable” en un contexto envenenado donde todos han perdido mucho y se juegan aún más. Todos menos la extrema izquierda alucinógena de Podemos, que, crecida, se permite incluso poner deberes a los partidos que hasta ahora han canalizado la mayor parte del voto de los españoles. El río baja tan revuelto que los pescadores, asustados, se quitan de en medio y dejan el lugar a los bucaneros, que, como El País, se descolgaba ayer asegurando que Rajoy iba a ofrecer a Sánchez la reforma de la Constitución y la presidencia del Congreso a cambio de su abstención en la investidura. Tan complejo es el paisaje que la insólita “filtración” puede venir del PP, del PSOE, del Ibex, del Rey o del propio grupo mediático, y en todos los casos sería tan verosímil como descabellada. Cuando juegan tantos con tan pocas cartas, puede pasar de todo. Hasta que los sindicatos llamen a la moderación para evitar que huya la inversión extranjera, como hizo ayer mismo ¡Comisiones Obreras!

En el fondo, Toxo tiene razón. Nuestro problema es fácil de definir. Tenemos una economía precaria y una situación social inestable. Rajoy ha logrado reducir el déficit brutal que dejó Zapatero, pero a costa de elevar nuestra deuda hasta el 99,30% del PIB (dato de octubre). Eso nos pone enteramente en manos de nuestros acreedores, lo cual incluye tanto a la banca española como al banco central europeo y, por supuesto, a los inversores extranjeros. ¿Dibujamos el cuadro? Cualquier alivio en la inestable situación social pasa necesariamente por una intensificación en la creación de empleo, cualquier mejora en nuestras ominosas cifras de paro pasa por acelerar la recuperación económica, cualquier recuperación económica pasa por favorecer la acumulación de capital para multiplicar la inversión, cualquier acumulación de capital pasa por garantizar la solidez de la deuda y cualquier garantía sobre nuestra deuda pasa por asegurar por encima de todo la estabilidad política. Como buena parte de estos procesos ya no está en manos del Estado, sino que depende de agentes exteriores –la Unión Europea, por ejemplo-, el margen de maniobra real de nuestros políticos es muy limitado. O los partidos que han construido este sistema –PSOE y PP- se ponen de acuerdo en una fórmula que temple la atmósfera, o vamos directamente al caos. Que es lo que quiere Podemos.

Rajoy está en una situación muy frágil, pero posee una baza importante: la tesitura del adversario es todavía peor. Si el PSOE se echa al monte, se extraviará en beneficio de Podemos. La experiencia de los municipios y comunidades donde el PSOE ha aupado al poder a la extrema izquierda es inequívoca: Podemos engorda y el PSOE queda aniquilado, como ha ocurrido en Madrid. Hay que suponer que Pedro Sánchez es perfectamente consciente de la precariedad de su posición (Felipe González ya se lo habrá explicado). Si se sale del sistema, el PSOE terminará devorado por la ultraizquierda. Y si se queda, ¿no perderá crédito ante un electorado cada vez más radical? Es posible, pero, al menos, el partido sobrevivirá. Así las cosas, todo depende de lo que Sánchez exija y de lo que Rajoy esté dispuesto a conceder. Seguramente a eso apuntan las “filtraciones”, reales o imaginarias, que los bucaneros susurran ahora al oído de los contendientes.

En estas circunstancias, Rajoy debería hacerse la siguiente reflexión: ¿Qué es mejor, un pacto de investidura sobre la base de acuerdos que desgarren aún más España, o repetir las elecciones generales? Sin duda esto también se lo han susurrado ya al oído a nuestro conspicuo presidente.

Su odio, su sonrisa
Daniel Rodríguez Herrera Libertad Digital 23 Diciembre 2015

El programa del PSOE, y en general de toda la izquierda, parte de un único principio básico: el odio a un ente mítico conocido como la derecha. No la rivalidad, no la confrontación de ideas, sino el odio. Todo lo demás puede cambiar y mucho, de hecho, ha cambiado a lo largo de los años. Pero el odio permanece: del dóberman se pasó a llamar asesinos a los diputados del PP, el cordón sanitario, el guerracivilismo zapateril y de ahí a las últimas primarias, donde ganó, aunque después de esta campaña parezca imposible, el menos sectario de los dos candidatos.

Este principio ha sido apoyado entusiásticamente por medios de comunicación, sindicatos, artistas y demás kolectivos durante años y ha pasado a formar parte de la normalidad política. No sería admisible escuchar a cualquier dirigente del PP hablar de "la izquierda" con el mismo desprecio que tan natural parece en dirigentes de IU, ERC, PSOE o Podemos cuando hablan de "la derecha". La izquierda es el bien y la preocupación por los desfavorecidos y la derecha el mal y el apoyo a los poderosos. Y no hay más que hablar.

El problema con el que se encuentran ahora los socialistas es que en ese juego se han visto adelantados por la izquierda por una formación política que ha explotado aún más desvergonzadamente ese odio y ha conseguido colocarlos, casta mediante, en una posición cercana, al menos propagandísticamente, al PP y por tanto a "la derecha". Y que sus propios medios se han pasado del rojo al morado sin rubor alguno. Da lo mismo que hayan apoyado en las alcaldías a Colau, Carmena o el Kichi. Podemos ha triunfado a base de animar el enfrentamiento y aprovecharse del odio sembrado por el PSOE y sus terminales mediáticas durante décadas, hasta un extremo que asusta incluso a Gaspar Llamazares.
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Ahora mismo el PSOE se ve por primera vez desde Suresnes en riesgo claro de perder la hegemonía en la izquierda. Y el mismo odio que le ha permitido prosperar estos años se ha vuelto ahora en su contra. No puede proponerse como alternativa racional y socialdemócrata porque todo eso huele a derecha y, por tanto, provoca una reacción visceral en contra entre sus mismos votantes. Es lo que sucedió en Madrid: Carmona no fue alcalde porque el PSOE no se podía permitir recibir el apoyo de Esperanza Aguirre, posiblemente el político más demonizado de la democracia, por encima incluso de Aznar. Por la misma razón, los socialistas no pueden ni pensar en entrar en una Gran Coalición al estilo alemán, porque saben que una decisión así llevaría a los electores que les quedan fuera de Andalucía a pasarse a Podemos en masa.

Rajoy podrá estar seguro de que acabará recibiendo el apoyo de los socialistas, quienes no tendrán más remedio que dárselo por aquello de la responsabilidad institucional y de no ir tan pronto a unas nuevas elecciones donde, en lugar de sentir el aliento morado en la nuca, quizá tendrían que contemplarlos desde atrás. Pero el mismo odio contra la derecha que tanto ha alimentado ahora les ata las manos. Dudo de que haya nada que pudiera convencer al PSOE siquiera de abstenerse. Salvo, quizá, la propia cabeza de Rajoy.

Lo importante es odiar
Ramón De EspañaCronica Global 23 Diciembre 2015

Cada vez que alguien plantea la posibilidad de una Gran Coalición entre PP y PSOE en vistas a la estabilidad política de la nación, dudo entre echarme a reír o a llorar. ¡Pero, hombre, si esas cosas aquí no pasan!. Son rarezas de extranjeros, de gente razonable que tiene claras sus prioridades: en Alemania, socialdemócratas y democristianos han sido capaces de gobernar juntos porque allí el que no piensa como tú es un adversario político, mientras que aquí es un enemigo a borrar de la faz de la tierra, un fascista de manual o un rojo de mierda; un ser despreciable, en suma, al que odias profundamente y al que, si no hubiera consecuencias, estrangularías con tus propias manos.

Si la coalición entre las dos fuerzas más votadas no tendrá lugar es porque resulta la opción más razonable hasta para quienes no hemos votado ni a una ni a otra

Puede que en Alemania lo importante sea unir esfuerzos para salir de la crisis económica, pero en España lo importante es odiar, ya que el odio nos define, nos hace sentir mejores personas y nos da la vida. Si en la bandera de Brasil figura la leyenda "Orden y progreso", en la nuestra –rojigualda o tricolor, da igual- debería poner "Cuanto peor, mejor".

Si la coalición entre las dos fuerzas más votadas no tendrá lugar es porque resulta la opción más razonable hasta para quienes no hemos votado ni a una ni a otra. ¿Pero quién quiere ser razonable en España? Aquí, la derecha y la izquierda siguen como en los años 30, cargadas de odio y resentimiento, y son como el protagonista de aquel chiste eslavo en el que a un pastor se le aparece un genio y le ofrece un deseo; tras mucho cavilar, el pastor clama: "¡Que se muera la cabra del vecino!".

A nuestros políticos les gusta ganar, claro, pero aún les gusta más que el enemigo pierda y, a ser posible, se autodestruya. Lo mismo les sucede a sus votantes: basta con leer las burradas que aparecen en las redes sociales para comprobar que impera el odio al contrario y que casi todo el mundo sueña con la muerte, lenta y dolorosa a poder ser, de la cabra del vecino.

Los líderes predican con el ejemplo. Sientas a Rajoy delante de Sánchez y éste le llama "indecente" al otro, que a su vez lo tilda de "ruin" (o de "Ruiz"). ¿Cómo se van a coaligar sus partidos si ellos mismos son incapaces de mantener una cierta educación al discutir? Ya sabemos que Rajoy no es Cameron y que Sánchez da vergüenza cuando comparas su discurso con el de Manuel Valls o Anne Hidalgo, convenientemente imbuidos de valeurs republicains, pero es que de la (llamada) Nueva Izquierda tampoco llega nada que no sea ánimo de venganza, guerracivilismo, grosera superioridad moral y un ridículo tono revolucionario que no sirve para nada en las circunstancias presentes.

La concordia en aras del bien común no es un concepto español. Aquí se impone el 'Puerto Hurraco state of mind: Te odio y si pudiera te mataba'. Y así nos va.

Constitución, un sombrero
RAÚL DEL POZO El Mundo  23 Diciembre 2015

Mucha gente quiere quemar la Carta del 78 como, en su tiempo, quisieron quemar La Pepa y las otras constituciones. Las constituciones del siglo XIX nacían y morían en un minuto y también morían por ellas los patriotas y los realistas; se enfrentaban en sus páginas las dos Españas. A un lado estaba la vieja reaccionaria y al otro la viuda joven, hermosa, desvalida, dulce y magnánima con un par de tetas. El pueblo no se mataba sólo por las libertades, sino por la ramas de la familia real, por los fueros medievales y por las tradiciones bárbaras. Ahora hemos aprendido a detestarnos sin matarnos pero, como siempre, no está claro quiénes son los buenos. Como en el pasado, unos quieren incendiar la Constitución que hicieron los otros. Entre los pirómanos están los separatistas, descendientes directos de los carlistas. A éstos se ha unido, inesperada e intempestivamente Pablo Iglesias, que se ha convertido en un Espartaco posmoderno. Se ha radicalizado el maniqueísmo de las generaciones y surgen de entre las filas de la indignación ideas tan feroces y viejas como la peste. No nos cansaremos de decir que la ferocidad territorial, el egotismo carnívoro, la meada del primate para marcar territorio, ha destruido a Europa varias veces y, ahora mismo, el nacionalismo sigue siendo el peor enemigo de la Unión Europea y sus democracias.

Recordemos a Pablo Iglesias que los déspotas no son sólo los reyes felones o los ultras, a veces lo son también los que componen la oclocracia populista apoyada, según Azaña, por esos "loquinarios y botarates, gente sentimental, ligera y de poca chaveta, que pretenden descuartizar España". Todos los demócratas apoyaron y apoyan las libertades y el autogobierno de las comunidades, pero una cosa es eso, y otra proponer un almanaque de referéndums que llevaría a la larga o a la corta al descuartizamiento de la nación. Los que proclaman que hay una crisis del Régimen del 78, que ha fracasado la Transición, que la Carta está agotada y es una chapuza que no resolvió el problema de la articulación del Estado, proponen una deconstrucción del Estado que nos puede llevar al ridículo.

Utilizando la frase de Marx quieren que caiga la Constitución como un simple sombrero Pablo Iglesias, en su época roja afirmaba que la Constitución era sólo un papelito; luego fue sin corbata al 'lunch' del gran teatro de San Jerónimo y reconoció que la Carta Magna de sus abuelos fue un avance democrático y solo propuso cinco blindajes para el refrito. Si agita las fantasías de los separatistas se va a hacer el amo de las urnas; luego tendrá que llevarlos por la senda de un país federal y republicano. Mariano Rajoy, ya con el pie en el estribo, ha declarado que la Constitución no se toca y todo en estos días es tan misterioso como un gato. Así que Pablo Iglesias aprenda de los socialistas: ahora hacen una autocrítica histórica después de haber jugado con el fuego del voto separatista y haberse quedado en los huesos.

¿Quién aguanta ahora al cuñado progre?
Pablo Molina Libertad Digital  23 Diciembre 2015

Lo peor del resultado de las elecciones generales no es la atomización del Parlamento, que aventura una legislatura corta y conflictiva; ni el hecho de que unos personajes como Pablemos o la Colau tengan la llave para dirigir los destinos del país en el terreno político; ni que los separatistas estén más cerca que nunca de conseguir su verdadero objetivo: seguir en España con gesto de asco, a cambio de sajarnos el bolsillo todavía más de lo que lo han hecho los meapilas trincones que les han precedido en el Gobierno catalán.

La consecuencia más grave de lo que ocurrió el pasado domingo no es que España esté abocada a una reforma constitucional pilotada por perfectos indocumentados, dispuestos a llevar a la Carta Magna las medidas más radicales de su programa electoral, como quieren hacer con los servicios públicos o el llamado derecho a la vivienda.

El desplome de la economía, que ya ha empezado a tambalearse ante la mera posibilidad de que acceda al Gobierno una coalición social-podemita, no es tampoco el mayor reto al que nos vamos a enfrentar los españoles a partir de ahora. Ni siquiera el nuevo panorama mediático que se presenta, dominado por las tertulias televisivas, donde viajantes de anchoas y cómicos descerebrados van a hacer su agosto explicando por qué hay que hacer a Pablemos presidente y a Sánchez ministro de Igualdad.
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Lo realmente grave, lo dramático, lo que va a convertir nuestra vida en una pesadilla es que vamos a tener que aguantar las risas del cuñado progre y sus mítines festivos celebrando el fin del bipartidismo y la llegada al Parlamento de sus perroflautas preferidos. Las personas de bien tenemos ante nosotros unas navidades terroríficas, especialmente en Nochevieja, cuando el cuñado progre nos persiga por toda la casa intentando hacernos brindar por la llegada de la verdadera democracia y el nacimiento de un "nuevo país plurinacional".

En esos duros momentos un solo pensamiento ocupará nuestra mente: gracias, Mariano. Tranquilo, no lo vamos a olvidar.

Fuera todas las calles guerracivilistas
Okdiario  23 Diciembre 2015

El Ayuntamiento de Madrid cambiará en un plazo de seis meses el nombre a 30 calles o plazas que, por su nomenclatura, están relacionadas con la dictadura franquista. Esta medida, que según el consistorio podemita busca el respeto y la concordia histórica, sería loable si en ella no se hubieran obviado a otros represores que atentaron contra los derechos y las libertades fundamentales de las personas antes y durante la Guerra Civil. Una postura que, con acierto, ha defendido el Partido Popular de Esperanza Aguirre, la única formación que se ha opuesto a una iniciativa que ha salido adelante con los votos a favor de Ahora Madrid, PSOE y Ciudadanos.

A ningún defensor de la democracia le puede ofender que se quiten de las calles de Madrid los nombres de algunos de los gerifaltes del régimen franquista, uno de los capítulos más oscuros de la historia de España. No obstante, la iniciativa sería verdaderamente creíble si en ella se incluyeran a otros personajes que ejercieron una brutal opresión contra liberales y conservadores durante la represión republicana y la posterior Guerra Civil. Uno de esos ejemplos sería Santiago Carrillo. Cuando el antiguo secretario general del Partido Comunista murió el pasado 18 de septiembre de 2012 en Madrid a los 97 años, la entonces alcaldesa, Ana Botella, dijo que “había que tener grandeza de miras y mirar un poquitín a largo plazo” y le concedió una calle. Hoy, esa grandeza de miras tiene miopía bajo el mandato de Podemos en el consistorio de Madrid. O, quizás, es que no conocen la versión completa de la Guerra Civil, aquella en la que Carrillo y los 6.000 asesinados en Paracuellos del Jarama forman un binomio indivisible. Resulta especialmente llamativo que la portavoz de Ciudadanos en el Ayuntamiento de Madrid, Begoña Villacís, haya pasado por alto este hecho histórico esencial. Más, si cabe, después de dar su beneplácito para poner una placa al 15-M en la Puerta del Sol.

España deberia ser la mayor exportadora de idiotas
Nota del Editor  23 Diciembre 2015

Como España tiene la mayor cantidad de idiotas del mundo, a alguno de ellos debería ocurrírsele que exportar aumentaría su valor tanto a los que quedaran como a los que salieran.

Lo que me gustaría saber es como les han lavado el cerebro a tanta gente que ha nacido muchos años después de la guerra de 1936-1939 y que nunca vieron a Franco bajo palio.

Eso si, de economía saben un rato, sólo tienen un principio: yo te quito el dinero por el bolsillo derecho y mientras ni te quejas, tambien te desvalijo el bolsillo izquierdo. Alguien especialmente idiota parece que ha dicho que cambiar el nombre a una calle sólo cuesta 57E, dinero que sale solo del bolsillo de unos cuantos, pero no dice que eso crea unos costes e incomodidad enorme a quienen viven o tienen relaciones con quienes viven en las calles cambiadas. Aunque claro es más de idiotas eso de la memoria histérica (que no histórica) y muchos españolitos de TV tonta aún no se han percatado de que el quinto frente de la guerra civil sigue abierto en el lado de los perdedores (cuarta generación de sus herederos), que pretender ganarla ahora.

No es que sean idiotas, es que son inútiles y la honradez no parece que les importe algo.

Y a quienes tengan bicicleta les recuerdo que aquel cubano que pondría a disposición de sus compañeros sus propiedades suntuosas (yate, coche, etc), no estaba dispuesto a hacer lo mismo con su bicicleta, que buenos esfuerzos le había costado conseguirla.

De UPyD a Podemos: la regeneración era esto
Mario Noya Libertad Digital  23 Diciembre 2015

Qué no escribiría mi querido Horacio Vázquez-Rial sobre esta nueva izquierda que nos ha tocado en suerte, no sabemos cuánta. Esta nueva izquierda atrasista, reaccionaria, tan violenta como la mafia piquetera de Cristina y sus k-chorros, que alza el puño comunista de los cien millones de muertos, que jalea a la sanguinaria tiranía bolivariana y se deja financiar por la misógina y homófoba República Islámica de Irán, donde se extermina a ateos, comunistas y demás sicarios extranjeros de los ayatolás.

Esta izquierda por lo demás compinchada con los alabarderos de la ETA y los indignasunos valencianos, gallegos y catalanes no es marginal, ya es izquierda mainstream con mando en plaza y 69 diputados en Cortes. A esta resentida izquierda tóxica, criminosa, liberticida, la acaban de votar más de cinco millones de exultantes, contra los que se podría escribir la versión española de La contenta barbarie.

La regeneración, para la izquierda siniestra, era esto, no la implacable lucha contra la corrupción de Unión, Progreso y Democracia (UPyD), izquierda competente e ilustrada a la que escracharon a modo en las Jaulas Magnas y ahora han arrojado a las tinieblas de la política extraparlamentaria. Tania Sánchez dentro, Andrés Herzog fuera: no hay imagen que valga más que esta media docena de palabras.

En la derecha, el voto protesta no ha ido a parar a una formación ultra acaudillada por tipejos que vayan ensalzando a Mussolini y coreando himnos y consignas fascistas, sino a un partido que ahora se proclama de centro pero que se ha venido presentando como adscrito al liberalismo de progreso. Es decir, la derecha se ha vuelto contra los suyos apoyando a unos que no lo son o lo son menos pero que ensalzan las virtudes transversales del sentido común y la sensatez. En cambio, la izquierda se ha revuelto encumbrando a estos otros que son hunos y que no es que no hayan disimulado, es que se han ido abriendo paso vociferando precisa y arrogantemente que son lo que eran, una manga de radicales antisistema; y, a diferencia de en Venezuela, aquí radicales antisistema quiere decir enemigos jurados de las democracias liberales, aquellas que se asientan en lo que devastan las populares: los derechos y las libertades fundamentales. Esto lo explica de lujo Fernando Savater, al que la izquierda ni siquiera ha tenido la decencia de homenajear confiriéndole un escaño en el Senado. Al Senado, la izquierda regeneradora realmente existente manda a Ramón Espinar, el hijo del obrero.

Qué no escribiría mi llorado HVR sobre esta nueva izquierda impresentable, buena sólo para lo pésimo. Y sobre el país que la anda encumbrando, para satisfacción de la formidable prensa basura que la blanquea.

Los partidos erre que erre, mientras España se tambalea
“Es divertido. Todo lo que tienes que hacer es decir algo que nadie entiende y harán prácticamente cualquier cosa que quieras que hagan.” J.D. Salinger.
Miguel Massanet diariosigloxxi.com  23 Diciembre 2015

Puede que haya quien sea capaz de asimilar fácilmente lo que está sucediendo en este país y la justificación que se le pueda dar a esta endiablada situación en la que nos encontramos los españoles, ante una situación que, inexplicablemente, y entre todos hemos sido capaces de crear, por el simple hecho de haber acudido a las urnas para depositar nuestro voto. En ocasiones nos revolvemos contra la fatalidad sin darnos cuenta de que no es tal y, si se produce, no es debido a otra cosa que a la capacidad absurda que tenemos los humanos de echar las piedras sobre nuestros propios tejados. Los resultados de los pasados comicios no por esperados o, al menos, intuidos, dejan de ser lo que son y de haber creado una situación de desconcierto tal entre la clase política y ante unos ciudadanos que, todavía, permanecemos perplejos ante la magnitud del disparate y desbarajuste que hemos sido capaces de crear en tan sólo unas pocas horas.

España is different. Para algunos España no era mejor ni peor que otras naciones, simplemente, era distinta y un destino exótico. Por supuesto, la España de nuestros días nada tiene que ver con aquella que era calificada con aquella peyorativa frase en la que se afirmaba que “África empieza en los Pirineos”. Sin embargo, nos guardaríamos mucho de aseverar que los españoles, en algunas ocasiones, no tengamos comportamientos raros, ideas incoherentes y instintos que podrían calificarse de autodestructivos cuando, en muchas ocasiones, estamos dispuestos a causarnos mal a nosotros mismos y a nuestras familias con tal de conseguir que, otros a los que envidiamos, odiamos o con los que sentimos rencores que, muchas veces, no tiene una explicación racional, si no es como una insania vengativa interna difícil de justificar..

Hemos tenido una campaña electoral a “cara de perro”, en la que más que propuestas sobre los temas que afectaban a la vida y bienestar de los ciudadanos, hemos tenido ocasión de contemplar como se destrozaban a tiras unos políticos con los otros, incluso los que podríamos considerar los más moderados, en un descarado intento de alcanzar el poder sin reparar en lo que era necesario hacer para desacreditar y machacar al adversario. A diferencia de lo ocurrido en anteriores ocasiones, el número de partidos que han luchado por alcanzar la gobernación de nuestra nación ha sido mucho mayor y con la particularidad de que el voto de la ciudadanía, anteriormente polarizado, prácticamente, en dos opciones; en el caso de los comicios recientemente celebrados la dispersión del voto ha sido la característica dominante, lo que ha dado por resultado un reparto de escaños que, por mucho que se intente entenderlo y, todavía más, encajarlo en un puzzle que forme un dibujo entendible, es imposible conseguirlo.

En otras naciones, en otros países más tolerantes donde la irritación entre unas regiones y otras no fuere tan radical; en los que la ciudadanía no estuviera tan separada por sus extremismos políticos y por su concepto de lo que es una nación o por las simples antipatías, odios y resquemores personales, muchos de ellos derivados de una guerra civil de la que ya han pasado más de setenta y cinco años; estos sentimientos tan extremos no se entenderían, ni serían motivo para atentar contra el propio bienestar de la comunidad, simplemente por satisfacer semejantes rencores, muchos de ellos derivados de lo que se puede considerar uno de los pecados nacionales: la envidia.

Lo cierto es que en los partidos políticos, como entre las personas, parece que las cuestiones personales también prevalecen sobre los intereses nacionales, hasta el punto de que se hace, de la confrontación de ideas con los que debieran ser meros oponentes o rivales políticos, cuestión de enfrentamiento, de crítica feroz y de causa de enemistad; de tal modo que llega, como ocurre en la actualidad con diversas formaciones políticas, a constituir un impedimento de tal calado que impide que la sensatez, la conveniencia, la utilidad pública y la propia razón de Estado, les permitan llegar a acuerdos que, como ha sucedido en otras naciones de nuestro entorno, hayan favorecido el afrontar una legislatura ( el caso de los demócratas y el partido de la señora Merkel, en Alemania) en la que ambas formaciones políticas han sido capaces de colaborar sin dificultad en beneficio del pueblo.

Las descalificaciones, las palabras fuertes, las acusaciones personalizadas y los vetos siguen siendo, aún después de celebradas las elecciones, los únicos contactos verbales entre los distintos partidos que han conseguido los mejores resultados en las urnas. Sólo uno de ellos, los comunistas de Podemos, han sacado ventaja de los rifirrafes entre los demás rivales. Ha sabido ocultar sus verdaderas intenciones, ha escondido sus auténticos propósitos y ha sido capaz de engañar, seducir, vender ilusiones y captar adeptos entre una amplia gama de ciudadanos desengañados de la política, desertores de la izquierda y, en particular, de entre la masa de 2.000.000 de jóvenes electores que han sido los más perjudicados por el desempleo y la crisis pasada. El desconcierto de los partidos tradicionales, de derechas y de izquierdas, ante la aparición en la arena política de los que, en su día, participaron en las protestas conocidas como el 15M, y los que fueron asesores de Maduro en Venezuela, ayudándole en su plan de imponer la autarquía y la dictadura en Venezuela; les ha impedido reaccionar a tiempo y desenmascarar a los que, con piel de cordero, guardan para sí su catadura totalitaria y sus intenciones dictatoriales.

Lo peor de toda esta algarabía, de la que los ciudadanos de a pie estamos rodeados, es que ni siquiera a los que nos sentimos responsables de evitar que España se convierta en una sucursal del comunismo internacional, nos queda la esperanza de que, si no cuajan los intentos de nombrar un nuevo gobierno y ante la evidente dificultad, casi insalvable, de que el PP de Rajoy consiga una mayoría que le pudiera dar estabilidad a su gobierno; el volver a acudir a una nueva celebración de elecciones legislativas, nos daría la garantía de que de ellas saliera una situación diferente a la que han dado las pasadas del 20D; antes bien, parece que a los que más les satisficiera que estos nuevos comicios tuvieran lugar, sería, sin duda, a los comunistas de Podemos que piensan, y no se equivocan, que la remontada que les ha permitido un resultado lo suficientemente holgado, con seguridad les seguiría favoreciendo para unos futuros sufragios.

Los primeros efectos negativos han sido el desplome de la banca y la caída espectacular de la bolsa el pasado lunes, apenas paliado por el 0’53% de ganancia del día de hoy. Europa está a la expectativa y todos esperarían que, la coalición que surgiese de las elecciones pasadas, fuera un acuerdo de gobernabilidad entre el PP y el PSOE, algo que, visto desde la óptica de los españoles y la cerrilidad con la que se muestra, un desconocido y radicalizado Pedro Sánchez, va a resultar un intento imposible. En todo caso, las advertencias, hasta ahora sutiles y muy diplomáticas, que van llegando de la UE, van en el sentido de la necesidad de mantener la estabilidad de España y el requisito de que siga manteniéndose en la órbita de la CE, sin estridencias al modo de las que ocurrieron con Grecia. Y refiriéndonos a los griegos, suena a sarcasmo que el señor Tsipras se haya manifestado tan eufórico, alabando el resultado de Podemos y la necesidad de que cunda en Europa su ejemplo, cuando él y Varufakis fueron los primeros que se quisieron enfrentar a las peticiones de la Troika, lo intentaron en varias ocasiones y, finalmente, tuvieron que plegarse a todas las condiciones que les fueron impuestas y aceptar los recortes que dijeron que nunca iban a aceptar. Resulta ridículo que un dirigente de una nación, que tuvo que plegarse y rendirse a lo que le fue impuesto desde Bruselas, salga ahora a hablar de un triunfo que, positivamente, sabe que no tiene ninguna posibilidad de salir airoso en el caso de un desafío a la UE, que es quien tiene las llaves de la financiación de España y la que tiene los bancos, como el BCE, que dicen a quien hay que ayudar y a quien no.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, nos cuesta admitir que los comunistas bolivarianos de Podemos sean los que, finalmente, consigan imponer su comunismo trasnochado sobre el pueblo español. Todos sabemos, al menos los que nos hemos preocupado por conocer las consecuencias nefastas que, para España, tendría la llegada de una revolución comunista, que en la Europa de Francia, Alemania, Holanda, Bélgica y el resto de países que la forman, sería radicalmente rechazada, en el caso de que, el nuevo gobierno que se constituyese en España, pretendiera salirse de las normas establecidas por el Parlamento Europeo. Preferimos no pensar que esta circunstancia pudiera llegar a suceder, por el bien de nuestra nación y de los españoles.

Cuando la memoria histórica se convierte en 'bucle'
EDITORIAL El Mundo  23 Diciembre 2015

El Ayuntamiento de Madrid aprobó ayer con los votos de Ahora Madrid, PSOE y Ciudadanos y la oposición del PP retirar los nombres franquistas de 30 calles de la capital. La iniciativa se enmarca dentro del Plan de Memoria Histórica que está preparando el consistorio, que podría estar acabado en cuatro meses. La pregunta es si estos cambios son necesarios y si hoy día, 76 años después del final de la Guerra Civil, todavía merece la pena dedicar tiempo y recursos a un asunto que, desde luego, no se encuentra entre las prioridades de los madrileños.

El Ayuntamiento ha seleccionado esa treintena de calles y monumentos entre los que "no hubiera margen de ninguna duda que o bien fueron incitadores del golpe de Estado -de 1936- o ejecutores de delitos de lesa humanidad que es lo que explica la ONU", señaló ayer la concejala de Cultura y Deportes, Celia Mayer. Es cierto que los nombres que se eliminarán son de militares o políticos directamente relacionados con la guerra. Y que se han dejado personajes relevantes que vivieron durante el franquismo -algunos incluso antes-, como el dramaturgo Pedro Muñoz Seca, el periodista César González Ruano o el pensador Eugenio D'Ors, cuya desaparición del callejero se había rumoreado, pero aun así, hay que preguntarse sobre la necesidad de la medida.

Ahora Madrid, la candidatura que presentó Podemos en la capital, llevaba en su programa los cambios en el callejero y se basaba en la Ley de Memoria Histórica que aprobó el Gobierno de Zapatero en 2007, que hemos criticado repetidas veces desde este periódico. Consideramos que la Transición supuso un pacto de reconciliación entre los españoles. Después, el Estado ha dado repetidas muestras de buscar el desagravio a los damnificados por la guerra y la posterior dictadura, desde la ley de amnistía hasta la reparaciones económicas a víctimas del franquismo. Todo ello, conviene recordarlo, había sido generalmente aceptado por las fuerzas políticas y sociales y por la inmensa mayoría de los ciudadanos, hasta Zapatero quiso recuperar esa pretendida memoria histórica.

Por eso no entendemos qué interés tiene el Ayuntamiento en remover algo que no es un problema para los ciudadanos y el ejemplo es el sondeo que ayer realizó este periódico: ninguno de los vecinos de la calle Hermanos García Noblejas -una de las que elegidas- a los que se preguntó quería el cambio de nombre de la calle. Ahora Madrid genera una polémica por puro interés partidista, en una carrera por colocarse una especie de marchamo de nueva izquierda. Pero esa nueva izquierda debería tener asuntos más importantes de los que ocuparse. Por eso se entiende menos el apoyo del PSOE y el de Ciudadanos a una medida que ni le va ni le viene al interés común.

El debate de ayer entre los partidos representados en el Ayuntamiento, que usaron la memoria histórica como arma arrojadiza, es la muestra de lo artificial de esta polémica que en absoluto preocupa a la sociedad. No es aventurado pensar que buena parte de ella tampoco se sentirá identificada, por razones políticas, morales o sociales, con los personajes que sustituirán a los que se retiran en las placas de las calles. A nadie le debería interesar esta absurda división.

La historia está ahí y las leyes no pueden reescribirla de forma partidista. Los hechos del pasado deben ser objeto de estudio, pero si nos empeñamos en colocarlos en el primer frente del debate político convertiremos la memoria histórica en un 'bucle' permanente que nos empuja a mirar hacia atrás en lugar de avanzar hacia el futuro.

AUNQUE CUMPLE LA LEY DE MEMORIA HISTÓRICA
El monumento a las víctimas del Baleares será derribado en primavera
La propuesta de declarar el monolito como Bien de Interés Cultural ha sido rechazada con la abstención del Obispado de Mallorca, que ha declinado explicar sus motivos.
Bernat Garau  www.gaceta.es  23 Diciembre 2015

Ya está decidido. El monumento erigido durante el franquismo en homenaje a las víctimas del hundimiento del Crucero Baleares durante la Guerra Civil será derribado en primavera. El Ayuntamiento de Palma, gobernado en coalición por PSOE, Podemos y la formación econacionalista Més, ha anunciado la demolición del monolito tras varios titubeos.

El anuncio se ha producido justo después de que la Comisión Insular de Patrimonio, de acuerdo con la ponencia técnica de Patrimonio del Consell de Mallorca, haya rechazado la catalogación del monumento como Bien de Interés Cultural (BIC) o Bien Catalogado, que hubiera impedido el derribo al garantizar su protección.

Dicha ponencia está formada por los técnicos en Patrimonio del Consell de Mallorca (gobernado por Podemos en coalición con el PSOE y Més), junto a representantes de trece instituciones, entre las que destacan el Obispado de Mallorca, el Ayuntamiento, la Universidad de las Islas Baleares (UIB), los colegios de aparejadores y arquitectos, la Federación de Entidades Locales de Baleares y la asociación proteccionista ARCA.

La votación era para aprobar o no un dictamen redactado por los técnicos del organismo en el que se oponían a la preservación del monolito al considerar que carece del valor histórico-artístico suficiente para su declaración como BIC o Bien Catalogado, tal y como había pedido el PP.

El Obispado se lava las manos
Finalmente, dicho dictamen ha sido aprobado con 12 votos contrarios a proteger el monumento, 2 a favor y 2 abstenciones. Concretamente, los defensores del monumento han sido ARCA y uno de los técnicos, y los abstencionistas el Colegio de Aparejadores y el Obispado. Todas los demás instituciones han rechazado la protección del monolito. Gaceta.es se ha puesto en contacto con el Obispado, que estas semanas está en el ojo del huracán por las supuestas relaciones del obispo con una colaboradora, para conocer de primera mano los motivos de su abstención en la votación, pero la institución ha declinado hacer declaraciones al respecto y ha señalado que el derribo del monumento es una decisión que corresponde al Ayuntamiento.

Una de las entidades más combativas en la defensa del monumento es ARCA, que envió al Consell una petición para su catalogación como BIC en la que reivindica su “valor histórico, arquitectónico, artístico, social, documental y pedagógico” y recuerda que en 2010 el Ayuntamiento de Palma, gobernado entonces por la socialista Aina Calvo, decidió mantenerlo en su ubicación actual y adaptarlo a la Ley de Memoria Histórica, eliminando los símbolos y referencias franquistas y añadiendo la inscripción: “para no olvidar nunca los horrores de las guerras y las dictaduras”. Se da la circunstancia de que el actual alcalde, José Hila (PSOE), era entonces teniente de alcalde y, como tal, rubricó esta decisión. En este sentido, ARCA recuerda que la Ley de Memoria Histórica exige solo la retirada de los objetos de exaltación franquista, y “este monumento, objetivamente, no tiene nada de exaltación franquista”.

Una opinión que no es compartida por el 'conseller' insular de Cultura, Francesc Miralles (PSOE), quien opina que el monumento “se levantó con la clara voluntad de enaltecer un bando de la guerra con un interés funcional, pero no artístico”. “No nos merecemos tenerlo”, remacha, tras recordar que el Ayuntamiento “es soberano para decidir la configuración de sus espacios públicos”.

El Consistorio ha indicado que en un plazo máximo de cuatro meses comenzaran las labores para derribar el monumento, un proyecto que se sacará a concurso. Según ARCA, la demolición costará a las arcas municipales 50.000 euros, que se suman a los 39.000 que ya se gastó el Ayuntamiento en eliminar los símbolos franquistas en 2010.

Homenaje a los “caídos por España”
El hundimiento del Crucero Baleares fue uno de los grandes hitos bélicos de la Guerra Civil y se saldó con la muerte de 786 tripulantes. Se produjo el 6 de marzo de 1938 en el transcurso de la batalla del Cabo de Palos, el mayor enfrentamiento naval de la guerra, cuando varios torpedos lanzados por la Armada republicana lograron hundir la que era una de las principales joyas de la flota franquista.

Este monumento ha sido tradicionalmente escenario de concentraciones y conmemoraciones varias, especialmente por parte de grupos de derecha. La última de ellas tuvo lugar el pasado 1 de noviembre, cuando con motivo de la festividad de Todos los Santos la Fundación Nacional Círculo Balear (FNCB) y Hazte Oír celebraron una ofrenda floral frente al monolito “para honrar a todos los caídos por España” y fomentar “la concordia entre españoles, fueran del bando que fueran, que se consiguió con la Transición española y se plasmó en la Constitución de 1978”, según Círculo Balear. El acto fue interrumpido por dos jóvenes que aparecieron exhibiendo una bandera republicana y una camiseta del Che Guevara y, una vez finalizada la celebración, alguien destrozó la ofrenda floral. También apareció una persona con una gran bandera falangista que, según los convocantes, no tenía nada que ver con la organización del acto y fue invitada a marcharse.

Israel, el alma de Europa
José María Marco Libertad Digital  23 Diciembre 2015

A veces se dice que Israel es la frontera de Occidente, entendiendo por Occidente (me figuro) las democracias liberales. No resulta difícil comprender por qué se dice esto de la frontera. El Estado de Israel es de las pocas democracias de Oriente Medio, uno de los muy escasos países de la zona en los que rigen el pluralismo, la tolerancia, los derechos humanos. Israel desempeñaría por tanto un papel de contención frente a los enemigos de las formas liberales y democráticas que constituyen nuestro estilo de vida, la política en el sentido más profundo de la palabra.

Todo esto es cierto, pero en este sentido también son frontera Turquía, varios países del este de la Unión Europea y, forzando un poco –pero no mucho– las cosas, todos los del sur mediterráneo, incluyendo España.

Por eso es importante insistir en que Israel es y representa algo más singular. Más que la frontera, Israel es la esencia, el alma de Occidente, y más en concreto el alma de Europa.

Está claro que en el hecho cultural y político (también social y económico) que llamamos Europa existen muchas otras realidades, en particular el cristianismo y el islam. Ahora bien, lo propio de Israel consiste en algo que no es del orden cultural, ni político, ni económico ni social. Lo propio de Israel, aquello que le proporciona su naturaleza única, es la revelación y la alianza con el Señor, con Dios. Israel es por lo esencial el pueblo que el Señor eligió para manifestarse en el mundo, entre todas las naciones, cuando las naciones se definían por las divinidades a las que rendían culto.

También en este caso hay muchas realidades, y muy valiosas, en Israel. Sin embargo, la esencia de Israel es esa específica relación con Dios, a lo que todo lo demás está supeditado. El cristianismo y el islam desbordan esta relación absorbente, que relega a lo trivial cualquier cuestión de identidad cultural y que Israel no puede perder a menos de perderse a sí mismo. Incluso cuando Dios está ausente, es ella la que da sentido a la vida, a la vida completa.

Así que también en Europa lo que Israel significa es la presencia de Dios en el mundo. Es eso lo que hace de Israel el alma irrenunciable de Europa, en particular después del Holocausto, que puede ser comprendido como el intento (uno de ellos) de borrar a Dios de la faz de la Tierra –entiéndase de Europa–. Desde entonces, el carácter sagrado del pueblo de Israel –o de su idea, si se prefiere– es un desafío al sentido de responsabilidad de los europeos: la piedra angular de la vida moral y civilizada en las democracias liberales.

No hace falta decir que otras grandes religiones también forman parte de la identidad occidental. A diferencia del cristianismo, sin embargo, el judaísmo, aunque sea una dimensión interna de lo europeo, no forma parte de la urdimbre misma de la que están (o estaban) hechas las naciones europeas. Y a diferencia del islam, que ya es parte de Europa y de las naciones europeas al mismo título que las otras dos religiones del Libro, el judaísmo no plantea, por razones históricas, otras de convivencia larga y otras relacionadas con la naturaleza misma de Israel, un desafío en cuanto a la presencia de la religión en la sociedad.

Como las democracias liberales, en particular las europeas, van a tener que revisar el concepto de secularización y van a tener que esforzarse por elaborar una nueva actitud ante la realidad del hecho religioso, Israel cobra una actualidad nueva. No todo el judaísmo le dará la bienvenida, porque lo devuelve al centro de la escena política y hace de él, inevitablemente, el objeto de nuevos análisis, de nuevas reflexiones e, inevitablemente, de nuevos debates.

Ante la nueva actualidad que la religión está cobrando en la vida política (no en la vida del Estado, ni en la partidista, sino en la política en el sentido más profundo de convivencia de la comunidad), habrá que reaprender muchas cosas y aprender otras nuevas. Israel, que no puede olvidar su naturaleza religiosa pero que no por eso ha dejado de protagonizar la modernidad más exigente y más dinámica, nos da otra vez alguna herramienta para adentrarnos en un campo inédito, en el que todo está por inventar.

© Revista El Medio

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Resultados 20D: reformas o abismo
Juan M. Blanco www.vozpopuli.com  23 Diciembre 2015

Los resultados electorales del 20D han reflejado una España harta, hastiada de embustes, trampas e injusticias, que vota más a la contra que a favor. Muchos electores han lanzado un aviso, una advertencia de su desasosiego ante tanta ineficiencia, despilfarro y corrupción. Los partidos del régimen han sufrido fuerte castigo pero, al contrario que en la Italia de los 90, no han desaparecido, quizá porque los recambios no resultaban suficientemente sólidos o fiables.

La crisis económica levantó el velo, mostró al gran público algunos de los secretos del sistema, dando lugar a un generalizado cabreo. Ahora resultaba que la tan cacareada igualdad ante la ley era una filfa. Sólo existía como consigna, como elemento propagandístico. Mientras muchos ciudadanos perdían su empleo, y la oportunidad de ganarse la vida, las élites políticas y económicas gozaban de enormes privilegios; quedaba patente que la posición en el sistema socioeconómico no dependía tanto del mérito y el esfuerzo como de las relaciones, del favor del poder.

La triste realidad abría las puertas de par en par a demagogos y vendedores de crecepelo que, aún gritando en contra del sistema, sólo propusieron soluciones que profundizaban en su lógica. Partidos como Podemos, y otros oportunistas subidos al carro, lanzaron la engañosa consigna de ampliación de derechos, es decir, generalización de los privilegios de las élites a infinidad de colectivos. En lugar de avanzar hacia un sistema donde el oligarca fuera tratado igual que el común, y tuviera que competir por las lentejas, la propuesta consistió en cambiar las leyes para que todo quisque pudiera gozar de la vida regalada que caracteriza a las clases dirigentes. Naturalmente se trataba de una patraña, de una utopía irrealizable: por definición, los privilegios sólo pueden ser para unos pocos. Es viable, aunque indeseable, que una minoría viva a costa de la mayoría pero imposible un esquema donde cada cual intenta vivir a costa del resto, de un maná sólo existente en la imaginación de interesados visionarios. Aquí se encuentra la trampa: las reformas deben retirar barreras, abolir los privilegios; no generalizarlos hasta desfondar el sistema.

La manipulación de las encuestas
La gran influencia electoral de los medios, especialmente televisiones, se ha revelado de forma muy notable en los últimos tiempos. Los caminos de la manipulación son múltiples e insondables pero hay uno insuficientemente mencionado: las encuestas electorales adulteradas. Ante la imposibilidad de obtener toda la información relevante, el votante recurre a reglas heurísticas, procedimientos prácticos intuitivos, para escoger su papeleta. Y una de estas reglas es la percepción de lo que decidirán los demás; el voto útil, el caballo ganador. Que UPyD fuera desplazada por un recién llegado a la política nacional, como Ciudadanos, fue obra de las colosales meteduras de pata de Rosa Díez, por supuesto, pero también de una planeada táctica que comenzó por cocinar ciertas encuestas de intención de voto para situar al partido de Albert Rivera en unos niveles de popularidad muy superiores a los reales. A partir de ahí, la profecía se cumple a sí misma.

Una opinión pública devastada durante décadas, carente de criterios asentados, deja demasiados flancos descubiertos a la manipulación mediática. Pero, a la vista de los bandazos, se diría que quienes mueven los hilos son unos tarugos, unos miopes con reflejos pavlovianos que dan palos de ciego sin estrategia de largo plazo. Las élites económicas, carentes de principios, tratan de mantener el statu quo sin saber muy bien cuál es la mejor vía para lograrlo. Y, en correspondencia, sus correas mediáticas responden de manera caótica, girando bruscamente el timón cuando el público menos lo espera.

El resultado en tablas a cuatro del 20D generará un bloqueo inusual en la política española, un agotamiento definitivo de las maniobras típicas del régimen. La novedad es que ahora se encuentra prácticamente obturado el canal que utilizaban las cúpulas de los partidos para obtener la investidura en ausencia de mayoría absoluta: comprar los apoyos restantes a los nacionalistas con nuevos traspasos de competencias. El régimen está agotado porque ya no hay nada que ofrecer a la antigua Convergencia o a Esquerra. Ello no quiere decir que no pese la inercia, la fuerza de la costumbre, que Mariano Rajoy o Pedro Sánchez no lo vayan a sondear, quizá proponiendo a los secesionistas catalanes una cuasi independencia, de facto, por la puerta de atrás. Las maniobras desesperadas de los líderes para mantener su posición pueden conducir a un peligroso juego al borde del abismo.

La imprescindible catarsis
La única salida al impasse actual, aparte de la inútil repetición de las elecciones, consiste en un acuerdo entre las grandes formaciones, al que pueden sumarse otros, para superar el statu quo actual, para descolgar esa permanente espada de Damocles que impone el carácter cerrado, de acceso restringido, del régimen. Ello requeriría una completa catarsis en los partidos tradicionales, la superación de sus actuales liderazgos, una apertura de miras a los intereses de España, rebasando los meramente particulares. Un pacto para formar gobierno con el inequívoco objetivo de acometer las imprescindibles reformas que Mariano Rajoy dejó arrinconadas en 2012, propiciando la descomposición definitiva del régimen del 78.

Deben acordar una radical transformación que, en lugar de establecer más subvenciones y prebendas, de convertir al ciudadano en sujeto infantil, dependiente del favor del poder, refuerce la responsabilidad individual, elimine las barreras que protegen a las élites, a los grupos privilegiados, abra oportunidades retirando esas trabas que impiden a la gente ganarse la vida dignamente. Y pactar una nueva Constitución que fomente el juego de contrapoderes y el control mutuo. Que promueva una relación directa entre representante y representado, reduciendo el poder de los partidos, sin descartar un sistema presidencialista en el más puro estilo americano. Una Carta Magna que racionalice de una vez ese caos de clientelismo, caciquismo y corrupción donde ha desembocado el Estado de las Autonomías.

El paso no es sencillo pues los partidos convencionales se han convertido en eriales, en nidos de pelotas y correveidiles, personajes refractarios a cualquier cambio que recorte sus prebendas. Pero, a la fuerza ahorcan, y el verdugo sube ya con determinación los escalones del patíbulo.

Tengan todos una feliz Navidad.

El separatismo en Cataluña y la ingobernabilidad en España
EDITORIAL Libertad Digital  23 Diciembre 2015

Uno de los grandes errores -o cómodas cobardías- de la política nacional ha sido el de vincular el proceso secesionista catalán a la continuidad de Artur Mas como presidente de la Generalidad, y creer que sólo los votantes de Junts pel Sí (es decir, Convergencia y Esquerra) y la CUP son partidarios de hacer añicos la soberanía del pueblo español, sobre la que descansa todo el ordenamiento jurídico.

Lo cierto, sin embargo, es que el proceso secesionista en Cataluña tiene, desgraciadamente, vida propia (y financiación estatal), con independencia de que Mas sobreviva como presidente o acabe tan políticamente muerto como, desde hace años, lo da cierta prensa madrileña. Y esto así porque las formaciones partidarias del reconocimiento de Cataluña como nación y de que el titular del derecho a decidir deje de ser el conjunto de los ciudadanos españoles no son sólo Junts pel Sí y la CUP, también formaciones como En Comú (Podemos) son abiertamente partidarias de la voladura de España como nación y como Estado de Derecho.

Estas formaciones son todas ellas partidarias de la quiebra de la soberanía nacional, con independencia de que algunas de ellas digan ser partidarias de la unión de Cataluña con las demás "naciones" que, según ellos, conforman el "Estado plurinacional" español. El hecho es que todas estas formaciones ganaron en número de votos y en escaños en las últimas elecciones autonómicas, y aun han tenido mejores resultados en Cataluña en las generales del domingo, a pesar de no presentarse la CUP a las mismas. Por el contrario, las formaciones constitucionalistas (PSOE, Ciudadanos y PP) han empeorado, todas ellas, sus resultados con respecto a las autonómicas.

Así las cosas, dar por muerta la rebelión secesionista en Cataluña por el hecho de que políticamente hablando pueda estarlo el señor Mas es de una ingenuidad sólo comparable a la de quienes daban por detenido el golpe secesionista por el hecho de que se hubiera pronunciado en su contra el Tribunal Constitucional. Esta insuperable muestra de wishful thinking es aun más asombrosa cuando todavía hay posibilidades de que sea el propio Mas el que siga liderando el proceso secesionista, si el preacuerdo alcanzado este martes por la CUP y Junts pel Sí culmina con su investidura.

En cualquier caso, ya sea o no Mas el próximo presidente de la Generalidad, la fortaleza del proceso secesionista siempre ha radicado en la debilidad y pusilanimidad del Gobierno de España. El panorama de ingobernabilidad que ofrecen los resultados de las elecciones generales no mejora las cosas en absoluto. El partido de Pablo Iglesias se ha convertido, no ya en el caballo de Troya del más rancio comunismo, sino en el puntal más poderoso del nacionalismo disgregador en el Congreso de los Diputados. Que este rasgo de Podemos apenas fuese denunciado por el PP, el PSOE y Ciudadanos durante una campaña electoral, y que la más grave crisis que padece España haya sido prácticamente ignorada en los debates electorales, explica el avance de Podemos tanto como los decepcionantes resultados de Ciudadanos,

Lo que es seguro es que el nuevo presidente de la Generalidad, sea Más u otro, relanzará el ilegal desafío separatista, con independencia de quién ocupe la Presidencia del Gobierno. Sólo un pacto contra el separatismo podrá pararlo; siempre y cuando, claro está, este pacto no se limite como hasta ahora a buscar refugio en el TC ni consista en llevar a cabo una reforma constitucional.

La crisis poselectoral hace fuertes a los golpistas
Okdiario  23 Diciembre 2015

La ingobernabilidad de España comienza a dejar consecuencias. El delirio independentista se refuerza ante la debilidad de los partidos constitucionales, que siguen empeñados en mirarse de reojo ante la posibilidad de establecer un pacto de Gobierno que otorgue estabilidad al país. De todas las preocupaciones que se ciernen sobre nuestro horizonte más cercano, amén de la inversión internacional y el crédito, la acción de los golpistas catalanes es sin duda la más grave. Tras el acuerdo entre la CUP y Artur Mas, al otro lado del Ebro han recobrado la ilusión por poner en jaque la unidad de nuestra nación. Ahora más que nunca se hace necesaria la cohesión de las fuerzas constitucionales para, en el caso de que fuera necesario, formar un Gobierno de concentración que suspendiera la autonomía de Cataluña si Mas y sus secuaces intentaran aprovechar la crisis poselectoral para ubicarse en la total y absoluta desobediencia.

Junts pel Sí, con el objetivo de conseguir la investidura de Artur Mas, ha presentado una hoja de ruta a la CUP que parece el argumento delirante de una obra de Eugène Ionesco. En él, como si ya fueran una república independiente, el partido de estos chantajistas plantea la creación de un DNI y una tarjeta ciudadana de servicios que incluye sanidad, transportes o transacciones con la Administración. Una fantasía tanto en las formas como, sobre todo, en el fondo. Detrás de toda esta propaganda, está la realidad palmaria de los números: si los ciudadanos catalanes pueden demandar esos servicios fundamentales es gracias a la financiación del Fondo de Liquidez Autonómico que depende del Gobierno central. De lo contrario, y debido a los desmanes y corruptelas de los ‘padres de la patria catalana’, las personas que viven allí lo tendrían crudo para conseguir una mera aspirina.

Junts pel Sí, protagonista de este vodevil sin gracia, va más allá y también pretende crear 15 nuevas ’embajadas’ de la Generalitat, un servicio de espionaje así como acordar la titularidad y gestión del Archivo de la Corona de Aragón, además de instaurar un nuevo Ministerio de Exteriores catalán. No es un chiste de mal gusto, sino el dislate de estos locos estelados. Su plan, asentado en la demagogia más ponzoñosa, también promete un salario mínimo de 1.000 euros y la formación de funcionarios “para el nuevo Estado catalán”. No tienen dinero ni para reponer pañales pero sí aspiraciones megalómanas de república bananera. De hecho, en un tic bolivariano que ni Maduro en Venezuela, Artur Mas, con tal de ser presidente, habría cedido ante Romeva y la CUP para expropiar a Acciona la concesión del agua por la que firmaron un acuerdo por 1.000 millones de euros de los que la empresa ya habría pagado 300. La compañía de José Manuel Entrecanales perdería tanto la cantidad abonada como los 5 millones en inversiones e infraestructura. Un desastre económico.

Los partidos constitucionales deben actuar rápido si no quieren que este problema adquiera categoría de realidad. Ahora mismo, y tras la fragmentación del voto, los golpistas catalanes han visto la fisura necesaria en el Estado para hacer de su nacionalismo un sayo y envolverse en una bandera de independencia que puede llevar a toda España a la ruina. Una España, y unos políticos nacionales, que deben reaccionar con responsabilidad a la hora de concretar pactos de Estado que, si fuera necesario, suspendieran la autonomía a unos personajes —lo de líderes políticos sería demasiado generoso— que sólo miran por sus intereses individuales aunque eso suponga la inanición de un pueblo catalán que carga con los desatinos de estos golpistas redomados.

España, boba
Pedro de Hoyos  Periodista Digital  23 Diciembre 2015

Entre la derecha ladrona y la izquierda bobalicona España está al borde del precipicio y dispuesta a dar un paso al frente. A la derecha España no le vota, salvo el voto esclavo de los unineuronales, porque sabe que nos roba y que no se enfrenta a los problemas: Rajoy respecto al problema catalán o respecto a la corrupción de su partido.

Pero a la actual izquierda española la votan también los unineuronales, los votos esclavos y… los que piensan que nadie como un izquierdista acomplejado y llorón para soltar subvenciones por dar palmas en la esquina.

La derecha roba y la izquierda da, ésa es la mentalidad de media España a la que no importan los mensajes dictatoriales de Podemos (hay que controlar los medios de comunicación privados) o las ideas secesionistas de quienes defienden a etarras y dictadores venezolanos. La izquierda da… patrocina, subvenciona, ayuda, ampara… con el dinero que antes te ha quitado a ti y a otros. A no ser que entre los milagros obrados por Chávez esté el de hacer crecer dinero en las palmeras caribeñas… o en los chopos españoles.

La izquierda demagógica, esa que pretende poner una reina maga en la cabalgata, la pretende solucionar los problemas diarios, paro, corrupción, desahucios, eliminando las referencias religiosas ¡de la navidad, oiga, de la Navidad! Está gobernada por grandes mentecatos, solo equiparables al populacho que les ríe la gracia, pues para eso es una gracia de izquierdas, y ya se sabe que la izquierda nunca se equivoca, se equivocan los votantes. En eso las dos Españas de Machado son iguales: son unos corruptos (o unos inútiles demagogos, escoja usted, lector) pero son nuestros corruptos. España es boba y va de culo

Los principales culpables son aquellos que habiendo dominado la realidad política española durante cuatro años han demostrado tal inutilidad, tal desfachatez y tan grande incapacidad que han abonado el campo para que mañana, en las próximas elecciones, los neocomunistas dominen un país que siempre ha estado encantado de que le manden, de que le digan lo que hay que hacer, para luego protestar. El problema es que fuera de Europa no hay solución y puede que terminen por no querer nuestra compañía. La de nuestro gobierno.

La canallada del independentismo catalán a España se topa con una ley
ESdiario  23 Diciembre 2015

Han querido aprovechar que en la práctica a día de hoy el Ejecutivo no tiene plenos poderes y que tras los resultados del domingo las negociaciones en Madrid se prevén largas y tortuosas.

Si a alguien le quedaba alguna duda de que lo que persiguen Artur Mas y sus comilitones no es sólo la independencia de Cataluña sino sobre todo una voladura de los pilares sobre los que se sustenta España -unidad, igualdad y solidaridad- este martes quedaron todas despejadas.

Justo el día en que el BOE publicaba el cese de Mariano Rajoy y su Gobierno, que desde ese momento está en funciones, Junts pel Sí activó otra carga anunciando un preacuerdo con la CUP que, si bien tendrá que ser ratificado por la Asamblea de este domingo, acabará sellándose más pronto que tarde. Con Mas como presidente, claro, pese a que los cuperos juraron por la memoria de León Trotski que jamás respaldarían a un "corrupto".

No es la primera vez que el independentismo catalán aprovecha cualquier debilidad para, como las hienas, lanzarse a por su presa. Ya lo hizo con la famosa declaración que aprobó el Parlament el 9 de noviembre, dos semanas después de la disolución de las Cortes Generales por la convocatoria de elecciones el 20 de diciembre. Tal vez creyeron ingenuamente que habían pillado al Estado a contrapié y se encontraron con una reacción inmediata del Tribunal Constitucional y, enfrente, al Gobierno, al principal partido de la oposición y a Ciudadanos.

Ahora Mas, Oriol Junqueras y el resto recurren nuevamente a esa vileza a sabiendas de que en la práctica a día de hoy el Ejecutivo no tiene plenos poderes y de que tras los resultados del domingo las negociaciones en Madrid se prevén largas y tortuosas. Tal es así que puede que España se vea abocada a unas nuevas elecciones en primavera si ni Mariano Rajoy ni Pedro Sánchez consiguen formar Gobierno.

No obstante deben saber los independentistas que el Ejecutivo, aun en funciones, sigue teniendo poderes para actuar si intentan algo. Fuentes de La Moncloa se apresuraron a recordar este martes que para ello está la Ley del Gobierno 50/1997: "El Gobierno en funciones facilitará el normal desarrollo del proceso de formación del nuevo Gobierno y el traspaso de poderes al mismo y limitará su gestión al despacho ordinario de los asuntos públicos" absteniéndose de adoptar cualquier otras medidas "salvo casos de urgencia debidamente acreditados o por razones de interés general cuya acreditación expresa así lo justifique". Y éste lo sería, desde luego. Este riesgo inmediato puede concretarse a partir del domingo, en función de lo que decida la Asamblea de la CUP.

En su comparecencia de este lunes para valorar los resultados electorales, Rajoy dejó claro que dos de sus líneas rojas para negociar cualquier acuerdo de investidura son la unidad de España y la defensa del orden constitucional. Se supone que para Sánchez la convocatoria de un referéndum en Cataluña tampoco es una opción, pero en paralelo cualquier posibilidad de ser presidente para él pasa por Podemos. Y Pablo Iglesias ya ha reiterado que él quiere que los catalanes voten y decidan, y que no renunciará a ello.

Qué otra cosa puede hacer el líder de Podemos teniendo en cuenta que su marca catalana, En Comú, fue la más votada en las elecciones del domingo precisamente gracias a un discurso como ése, que recogió el voto de la CUP, que no se presentó a los comicios.

La incongruencia para Sánchez no es sólo Podemos. Es peor. Puede darse la situación de que el líder del PSOE se vea tentado de recurrir a los 9 diputados de ERC; o a los 8 de Artur Mas. ¿Y entonces qué? ¿Seguiría mangoneando el independentismo -antes conocido como nacionalismo moderado- en el Congreso, como lleva toda la democracia haciendo?

Un general invicto al que deben un homenaje los abertzales que mandan
Pascual Tamburri esdiario  23 Diciembre 2015

Juan Atarés, asesinado por ETA en 1985 y olvidado por la clase política

Todos quieren olvidar a una víctima de ETA. Los años pasan y muchos confunden la paz con la rendición y el perdón con la victoria de los criminales. Pero otros prefieren resistir.

El final de la infancia y la adolescencia son épocas de la vida que dejan recuerdos confusos, pero imborrables; y sobre esos recuerdos se perfila la identidad, y se toman decisiones a veces permanentes. Pues bien, yo viví esos años en Pamplona; y mis recuerdos están entreverados de asesinatos, sangre, funerales. La frustración de ver impunes a los asesinos e inmóviles –palabrería aparte- a los políticos.

Recuerdo vagamente el día en que el nacionalismo vasco asesinó al teniente coronel José Luis Prieto a la puerta de su parroquia, a quinientos metros de casa de mis padres. Yo tenía diez años (…) Pocos años después, don Jesús Alcocer tenía un supermercado en mi barrio, y fue asesinado de madrugada en el mercado central de la ciudad. Un trabajador, asesinado por haber sido militar y por su militancia política antinacionalista. Tampoco eran nacionalistas los padres de Alberto Toca y Salvador Ulayar, y el mismo "comando Nafarroa" los había asesinado. Estuve en el funeral de Alcocer, pero no estuvieron los acobardados políticos de turno.

Pocos meses después de la muerte de Alcocer algo sucedió aún más cerca de mí. Alfredo Aguirre Belascoain, un niño un año menor que yo de mi mismo colegio, fue asesinado por una bomba colocada contra un policía. Tuvimos un funeral en el patio, y allí sí aparecieron políticos. No lo entendí entonces, me sorprendió y me indignó; pero eran etarras como los que antes habían ametrallado a José Javier Uranga, patriarca del periodismo navarro.

Y si algo creo que nunca olvidaré es el recuerdo seco de los disparos que asesinaron al general Juan Atarés bajo las ventanas de mi casa hace 30 años exactos. Atarés, la imagen de un militar prototípico, era un ejemplo de dignidad y toda una figura en el barrio. Obviamente, no llevaba escolta, paseaba por un parque (…). Hace ya diez años escribí en su recuerdo al periódico local. Nada de lo entonces denunciado o temido ha mejorado. Es más, hemos ido a peor, no sólo sobre la situación de 2005 sino también sobre lo que en 1985 había dicho el mismo Atarés. Publicado en Diario de Navarra el 23 de diciembre de 2005, los años no parecen haber pasado por este escrito si no es a peor:

‘Poco antes de la Navidad de 1985 una etarra disparó en la nuca a don Juan Atarés mientras caminaba por la Vuelta del Castillo. General en la reserva de la Guardia Civil, tenía 67 años, estaba casado y era padre de 7 hijos. Una "luchadora por la libertad" lo remató con dos tiros en la cabeza cuando estaba en el suelo. La criminal se llamaba Mercedes Galdós Arsuaga, y en 2005 ha salido de la cárcel, vive entre nosotros y circula ya por nuestras calles, sin haberse arrepentido jamás, porque algún político decidió que el asesinato fuese barato en España’.

‘Recuerdo vagamente aquel momento y aquellos días. Porque yo vivía frente a la víctima, pasaba cada día cuatro veces por el lugar de su sacrificio para ir al colegio, y éramos de la misma parroquia. Aún sigue en activo alguno de los políticos que fueron aquella tarde de diciembre de 1985 a Nuestra Señora de la Paz, y también alguno de los que no se atrevieron a ir al funeral. También ellos lo recordarán, porque entonces los funerales eran diferentes; aún no era políticamente correcto estar con las víctimas, aún se entraban a valorar las ideas y actitudes de los asesinados, aún había complejos, muchos complejos y muchos miedos, y más con un hombre como Atarés’.

‘Hubo mucha gente en aquel funeral, aunque no estaban todas las personas y personalidades que después han solido ir. Hubo mucha gente, pero sólo algunos tuvieron el coraje de señalar con el dedo a los asesinos nacionalistas de Atarés, que había muerto con la dignidad de un soldado, cumpliendo con el juramento prestado como sólo puede hacerlo un hombre entero. Atarés, vivo y muerto, era incómodo, como eran entonces para algunos las víctimas de ETA, y algunos prefirieron que se olvidase rápidamente el crimen. Veinte años después, se echa de menos la dignidad institucional que entonces no se dio a aquella víctima, y la liberación de su asesina no nade más que agravar la sensación de injusticia’.

‘Muchos vecinos de la Vuelta del Castillo recordarán que, después de la muerte de Atarés, su familia y algunos amigos insistieron durante un tiempo en señalar con una cruz, una bandera nacional y unas flores el lugar exacto del delito. Una y otra vez manos anónimas, llenas de odio y de ignorancia, retiraban aquellos símbolos sencillos de homenaje a un hombre de honor; una y otra vez eran renovados, hasta que cesó la disputa. Hoy nada recuerda el crimen ni a la víctima, ni en ese ni en ningún lugar de la ciudad’.

‘En realidad, el olvido es aún más grave porque sí hay cosas que recuerdan a Juan Atarés. Lo recuerda, sobre todo, la libre circulación de su asesina, la misma que mató con sus manos a tantos otros, también en Pamplona. Y si la asesina es libre y la víctima es olvidada, ¿estaremos construyendo la paz sobre la justicia o será, simplemente, un paso hacia la victoria de los criminales? Los políticos que estaban en su funeral, y los que no estaban, y los que estuvieron pero habrían preferido no estar, ¿son conscientes de que no hacer nada, en este caso, es favorecer los intereses de ETA?’

‘... No creo que sea importante entrar en el debate sobre el nombre que tiene lo que la banda nacionalista hace y ha hecho; lo importante es saber que, aunque deje de hacerlo, ha definido dos bandos. Si hay dos bandos, con certeza, Juan Atarés estaba en el de los buenos, y quiero que sea el mío también. ¿Quién se declara más cerca de la asesina Galdós que de las víctimas? Porque olvidar a éstas, a cualquiera de éstas, es dar la razón a su verdugo’.

‘... Podremos dar miles de vueltas a este asunto, pero la cuestión es sólo una: si se admite que ETA tenía hace veinte años la mínima partícula de razón para matar a Juan Atarés, o que la víctima no merece un recuerdo infinitamente mayor y más digno que el trato recibido por cualquier etarra, o que el hipócritamente llamado "fin de la violencia" que mató al general puede tener un precio político de cualquier tipo, estaremos dando la razón a ETA. Y a quien comparte con ETA objetivos políticos o alianzas’.

‘... Navarra, la tierra sobre la que murió Atarés, ve su futuro comprometido por los asesinos de entonces y por los tímidos, tibios y cobardes de entonces y de ahora. Sin embargo, precisamente en este aniversario y precisamente en estas fechas, es más fácil poner remedio simbólico al problema, desde la sociedad navarra’.

‘Una calle, una plaza, un monumento, una placa, un árbol, una cruz, un premio: no sé qué es mejor ni realmente importa mucho qué sea, pero Juan Atarés merece algo que lo conmemore en la capital de Navarra. Recordar a Atarés –como otras víctimas tienen ya su recuerdo, y no debemos entrar en comparaciones de mérito- es tanto como vacunarnos todos contra una victoria de Mercedes Galdós. En esta Navidad, el general Atarés lleva dos décadas en el olvido de los hombres y en el calor del Niño; porque queremos muchas Navidades más en paz y en libertad, recordar su sacrificio es la mejor manera de impedir que haya sido en vano’.

‘Pascual Tamburri. Doctor en Historia. Vicepresidente de la Fundación Leyre’

Del fervor patriótico a portavoz de Bildu y Anova
Podemos, plataforma electoral del separatismo
Podemos ha pasado de reivindicar el Dos de Mayo a encabezar una macro plataforma electoral que velará por los intereses de todos los nacionalismos periféricos en Madrid.
Rafael Núñez Huesca  www.gaceta.es 23 Diciembre 2015

Ahora sabemos que al líder de Podemos el himno de su país le parece una “cutre pachanga fachosa”, y la bandera un trapo “monárquico y postfranquista”. Sabemos, por una grabación de finales de 2013, que Pablo Iglesias no puede siquiera “pronunciar” el nombre de “España”. Y que le "revienta" el nacionalismo español "mucho más que el vasco o el catalán”.

Lejos han quedado aquellos día de diciembre de 2014 en los que apelaba hasta en seis ocasiones a la “patria” en un multitudinario discurso de Sol. Reivindicaba incluso el Dos de Mayo, una de los grandes mitos patrióticos españoles y, desde luego, el preferido, casi el único, de la izquierda. Y lejos quedan los días en los que Errejón advertía de que hablarían “con la misma voz, tono y propuestas en todos los territorios". Más aún: trabajarían para acabar con la "dinámica casi cantonalista y de regionalización extrema" que, decían, padece el actual régimen autonómico.

Parecían renunciar al voto nacionalista, tan numeroso en regiones como Cataluña o el País Vasco, y proponían incluso normalizar los símbolos nacionales –rojigualda incluida- en sus apariciones públicas. En definitiva, Podemos iba camino de revolucionar el panorama político, asumiendo, por vez primera desde la II República, un discurso patriótico español desde la izquierda, si bien de corte hispanoamericano.

Pero existe una característica particular y poderosísima de la actual izquierda española con respecto a las izquierdas de otros países: el rechazo a su propia nación. Y tal rechazo acabó por imponerse. Después de algunos meses lidiando con las tendencias centrífugas de algunos círculos regionales y de coqueteos con el nacionalismo periférico, el partido armó un discurso definitivo que renunció al Dos de Mayo para echarse en brazos de nacionalistas de todo pelaje y condición. Allí donde existían movimientos fragmentarios de cierta envergadura, allí estuvo Podemos. Se asociaron con ellos y asumieron sus postulados. En Cataluña y el País Vasco, pero también en Galicia y el “País Valenciano”.
De 'patria' a 'país de naciones' en seis meses

Según Enric Martínez, profesor de Ciencias Políticas y Sociología y antiguo miembro de Podemos, contrario a las tesis nacionalistas y por ello purgado por el aparato, el viraje filo-nacionalista en el discurso del partido se debe a una doble causa. La primera tiene que ver con el “dogmatismo” de la actual dirección: “comulgan con tópicos sin una base intelectual solvente según los cuales habría que proteger a unas nacionalidades supuestamente oprimidas. Pero es justo al revés: los catalanohablantes, por poner un caso, suelen disfrutar de mejor posición social que los castellanohablantes”.

La segunda causa que ha llevado a los de Iglesias a asumir gran parte del corpus ideológico nacionalista tiene que ver, según Martínez, con el oportunismo táctico. El fracaso organizativo en la mayor parte de las regiones ha empujado a Podemos a incorporar partidos y organizaciones que ya existían: “En Cataluña ha sido un verdadero desastre, apenas hay estructura. Las purgas y favoritismos debilitaron mucho el partido. Tu futuro dependía de tus conexiones personales con el ‘Clan de Somosaguas’ o de pertenecer a la organización independentista Procés Constituent, instalada en el seno de la organización en Cataluña con el beneplácito de la dirección nacional”. Las purgas y maniobras para colocar a los afines se produjeron en todos lo territorios, así, como “apenas quedaba militancia, la dirección optó por juntarse con partidos como ICV, Compromís y Anova que sí disponían de una organización de afiliados y cuadros consolidada, además de espacios electorales gratuitos en las televisiones y radios públicas”.

De modo que, “si bien al principio renegaban de lo que llamaban ‘sopas de siglas’, llegó un momento en que consideraron que asociarse con partidos ya existentes y perfectamente consolidados, era la única forma de ganar terreno rápidamente en aquellos territorios. Y esos partidos han sido, la mayoría de las veces, partidos soberanistas como ICV, Compromís y Anova”. Son partidos, además, postmaterialistas, esto es: “ya no les importa tanto la redistribución económica, reivindicación histórica de la izquierda, porque el grueso de sus afiliados y votantes son de clase media con sus necesidades materiales cubiertas”.
Las amistades peligrosas

"Puto ejército español y puta España". En tales términos se expresaba Rafael Peña Vidal, concejal del Ayuntamiento de Santiago de Compostela y miembro de Compostela Aberta, una de las marcas blancas de Podemos en Galicia. Más: el cabeza de lista de la Marea por La Coruña, Antonio Gómez-Reino Varela, firmó un manifiesto en el que se apoyaba de manera explícita al asesino etarra Iñaki De Juana Chaos.

Los socios de Podemos en Galicia, Anova, son, no ya partidarios del derecho de autodeterminación sino abiertamente separatistas. Su líder es el histriónico Xosé Manel Beiras, aquél que en un ataque de ira a punto estuvo de agredir a Alberto Núñez Feijóo en el Parlamento gallego y que relativizó la actividad terrorista de ‘Resistencia Galega’.

Algo similar ha ocurrido en la Comunidad Valenciana, rebautizada ahora por los podemitas como ‘País Valencià’, donde los de Iglesias van de la mano de Compromís. Un partido cuyo diputado nacional en la pasada legislatura, Joan Baldoví, abogaba por “dar pasos pequeños pero decididos para que los valencianos comiencen a ganar conciencia de pueblo” y cuyo Conseller de Educació advertía hace pocas fechas que “la soberanía es del pueblo y tanto si es legal como ilegal, se tiene que hacer (el referéndum de autodeterminación)” y que “los Países Catalanes son una realidad más allá de lo cultural: son una realidad política y deberían serlo en el futuro todavía más”.

‘Cargos de Podemos se manifiestan con EH Bildu por la libertad de Otegi’, titulaba el pasado mes de octubre el diario El País. Y unas semanas antes Iglesias se descolgaba con una frase que le anduvo mucho tiempo persiguiendo: “El terrorismo de ETA tiene explicaciones políticas”. Y entre una y otra tuvo tiempo de lamentarse por la “trágica” situación por la que atraviesan los presos etarras, algunos a cientos de kilómetros de su casa. Y lo mismo con aquél vídeo en una Herriko Taberna glosando los méritos de una banda terrorista que “se adelantó a todos” en su lectura de la Transición. Y ya con poder, Podemos no dudó en dar a Bildu las llaves del Ayuntamiento de Pamplona. Incluso concurrieron juntos por Navarra el 20D.

La vinculación entre el mundo abertzale y Podemos se consagró ante los ojos de todos cuando la formación de Pablo Iglesias se convirtió el pasado domingo en el partido más votado del País Vasco, por encima incluso del PNV. Y lo mismo puede decirse del caso catalán, donde los neochavistas se han erigieron en primera fuerza política a una enorme distancia del segundo.

Con semejantes socios y con tan nutridos apoyos en regiones de tradicional voto nacionalista, no resulta extraño que Iglesias haya hecho del ‘derecho a decidir’ su particular línea roja a la hora de abordar cualquier negociación. Así se lo expuso la misma noche electoral a todo el que quiso escucharle: "El referéndum en Cataluña es imprescindible e irrenunciable”.

Rebajó después a España a la naturaleza de “país” para, acto seguido, elevar de rango jerárquico a sus regiones hasta hacer de ellas “naciones”. Así, el nuestro sería “un país de naciones”; ni tan siquiera una “nación de naciones”.

España entra así en una nueva y disparatada era política en la que una macro plataforma electoral de ámbito “estatal” velará por los intereses de todos los nacionalismos periféricos. Una fórmula inédita que causa una mezcla de perplejidad y expectación en los partidos separatistas clásicos, que ven amenazados sus nichos de votos al tiempo que ven más próximos sus viejos objetivos fundacionales.


 


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