AGLI Recortes de Prensa   Viernes 25  Diciembre  2015

Susto o muerte
Isabel San Sebastián ABC  25 Diciembre 2015

Pedro Sánchez se enfrenta a una alternativa diabólica que, como en el chiste, le obliga a elegir entre susto y muerte. Si se abstiene en la investidura de Rajoy o apoya una gran coalición a dos o a tres pensando en el bien de España, Pablo Iglesias le señalará como el responsable de que vuelva a gobernar el PP y Podemos dejará al PSOE reducido a escombros en las próximas elecciones, a las que él concurrirá en forma de precadáver político. Si, por el contrario, decide negociar las condiciones de un acuerdo con la formación morada, puede asegurarse una estancia temporal en La Moncloa o, en caso de que fracasen las conversaciones, poner la pelota de la culpa en el tejado de Podemos. Sus declaraciones apuntan ya claramente en esa dirección.

Sánchez dispone de una única oportunidad, que es ésta. El socialismo, también. Por más que insistan los «barones» en el riesgo de entenderse con el conglomerado populista al que varios de ellos no hicieron ascos tras las municipales y autonómicas, saben que el escenario de un adelanto electoral resultaría letal para sus intereses al polarizar el voto entre los dos extremos de la horquilla. Ciudadanos pagaría con muchos de sus escaños el miedo de la derecha al frente popular, lo que devolvería al PP una mayoría más holgada, mientras todo el voto útil de la izquierda desembarcaría en Podemos, borrando del mapa a IU y condenando al PSOE a la tercera posición del podio.

Es cierto que las líneas rojas trazadas por Iglesias en la noche electoral hacen muy difícil un entendimiento. No lo es menos que se trata de una posición de partida, no de final. Las distintas «mareas» rupturistas son conscientes de las ventajas inherentes a tener en Madrid un gobierno débil, rehén de apoyos externos, y aflojarán llegado el momento. Es improbable que se arriesguen a unos comicios anticipados de los que su enemigo principal saldría muy fortalecido. El jefe de las huestes «plurinacionales» y anticonstitucionales puede pedir hoy la luna, pero habrá de aceptar que la Carta Magna exige para su reforma unos porcentajes inalcanzables sin el concurso del PP y que con el texto actual no hay derecho a la autodeterminación que valga. Sánchez tiene por tanto en su mano un argumento de peso para negarse a secundar las demandas más suicidas, invocando la imposibilidad de llevarlas a cabo sin abandonar el marco legal vigente. Por otra parte, nuestra pertenencia a la UE le brinda una sólida red a la que aferrarse en el empeño de evitar el total desvarío económico, como demuestra el ejemplo de Grecia. En última instancia, pensará él, si Zapatero pactó con ETA y revalidó su mandato ¿por qué no he de pactar yo con Podemos?

Todo lo cual lleva a pensar que a lo largo de las próximas semanas Iglesias acercará posturas en aras de sellar un contrato que permita gobernar a Sánchez teniéndole sujeto por el cuello, con el fin de ir desgastándole hasta dejarle en los huesos. Tal como han advertido varios veteranos socialistas, ese abrazo del oso acabará seguramente matando al presidente del puño y la rosa (y con él, a sus siglas), aunque hasta entonces le concederá todos los resortes del poder para defenderse. Nada tiene que perder y sí mucho que ganar. ¿Cómo va a impedirlo Susana Díez? ¿Ordenará a sus veintidós diputados andaluces que voten contra su propio candidato? ¿Dejará al PSOE sin voz reconocible en el Congreso?

Solo Rajoy puede evitar ese frente,prestándose a entronizar a su rival derrotado. Es decir, cediendo la Presidencia a quien le llamó «indecente», a cambio de moderación, pese al coste que esa decisión tendría para su persona y sus colores. ¿Usted lo haría?

Ojalá equivoque el pronóstico y se imponga la cordura que propone Albert Rivera. Ojalá, aunque lo dudo.

El bloqueo está a la izquierda
Fernando Díaz Villanueva www.vozpopuli.com  25 Diciembre 2015

Recapitulemos. Hechos. El pasado domingo se celebraron elecciones generales. Las ganó el Partido Popular con un 28% de los votos, lo que le valió 123 escaños. Muy lejos, sin duda, del paseo triunfal de 2011, pero victoria a fin de cuentas. A varios puntos de distancia y 33 escaños quedó el PSOE, que con este batacazo registra un nuevo suelo electoral que hace solo cinco años hubiese sido impensable. Pero la España de hoy no es la ni la de Aznar ni la de Zapatero. Entre medias han sucedido muchas cosas que han terminado provocando no un vuelco pero si una importante recomposición del mapa político. Cuando digo que no se ha producido un vuelco es que no se ha producido. El bipartidismo, es decir, el hecho de que dos partidos políticos controlen el legislativo no ha pasado a mejor vida. El PP y el PSOE disponen aún de más del 50% de los votos y de 213 escaños en la cámara baja, una mayoría maxiabsoluta que les permitiría, si así lo deseasen, forjar una alianza bipartita a la alemana y gobernar con total tranquilidad los próximos cuatro años.

El tic tac que vienen repitiendo en los últimos meses los simpatizantes de Podemos a través de las redes sociales a modo de mantra se ha materializado en la irrupción con fuerza de la formación morada en el Congreso… y en poco más. En el Senado son irrelevantes, y para poder acceder al Gobierno tendrían que concitar una coalición tan ambiciosa y heterogénea, de tal dimensión y alcance que los problemas asociados al alumbramiento de semejante confederación no serían nada al lado de los que se irían presentando a diario una vez en el Gobierno. El famoso pacto anti PP habría por fuerza que involucrar a un grupo de no menos de cinco partidos, siete si los diputados de la difunta CiU y los de la minoría canaria se apuntan al invento. No hay que ser un lince para saber que la efectividad de un acuerdo de legislatura es inversamente proporcional al número de partidos que lo suscriben, luego que ese fantasioso pacto se termine llevando a cabo no es que sea dudoso, es que es imposible.

Y no precisamente por la falta de voluntad de Podemos, que estaría dispuesto a ceder mucho más de lo que pensamos con tal de meterse en los ministerios, aunque fuesen de segunda y con poco presupuesto, sino porque el PSOE tiene más limitaciones de las que parecen a primera vista. El partido de Sánchez, con sede en Madrid y madrileño él mismo, es hoy a efectos prácticos una formación regional de Andalucía y Extremadura. Lo lógico y esperable es que vele por los intereses, no de los andaluces y extremeños –de ellos solo busca el voto–, sino de la clase política de sendas comunidades autónomas, deficitarias por naturaleza y adictas a las transferencias de otras partes de España, sin las que tendrían que presentar la suspensión de pagos en cuestión de semanas, quizá de días. Como al mega pacto habrían de concurrir los nacionalistas catalanes en sus diferentes sabores el escollo sería imposible de sortear. Tal vez ERC y DL estén dispuestos a aplazar un par de años asuntos como el del referéndum, pero no desaprovecharían la oportunidad de conseguir, por fin, la ansiada fiscalidad propia, caramelo con el que marean a sus votantes desde hace años.

Una fiscalidad catalana hecha a imagen de la vasca implicaría que el peso de las transferencias caería sobre los hombros del contribuyente madrileño y, en menor medida, del valenciano y el balear. Eso o encoger las transferencias. Y ahí es donde este PSOE andalusí no puede transigir ni una micra. Susana Díaz, que tantas alabanzas despierta en Madrid por su supuesta y nunca demostrada talla de estadista, no es más que una finquera gestionando los cobros y pagos de un cortijo intitulado a nombre de su partido desde 1980. El heptapartito es, por consiguiente –valga la muletilla preferida de Felipe González– impracticable. Con las cosas de comer no se juega, y esto son cosas de comer.

Eso en lo que toca al PSOE, cuyo fracaso no es tal si nos atenemos a la calidad de sus 90 diputados. El partido del puño y la rosa quizá esté en mínimos históricos en cuanto a representación parlamentaria, pero está en máximos en lo que a poder decisorio se refiere. Del lado que se inclinen definirá el próximo Gobierno. Y si no se inclinan de ninguno son inevitables las elecciones anticipadas en algún punto entre este año y el que viene. Los que más perderían con el anticipo serían precisamente ellos. De convocarse elecciones en unos meses el votante lo percibiría como una segunda vuelta para deshacer el empate del 20-D. Las segundas vueltas premian a los vencedores de la primera y castigan a los derrotados. Los vencedores son el propio PP –a los números me remito– y Podemos, que al más puro estilo leninista está sacando el máximo jugo a sus 69 diputados.

Pablo Iglesias será malo, estará equivocado, irá desarreglado y todo lo que usted quiera, pero es más listo que el hambre. Sabe lo que los demás solo intuyen, y eso en el mejor de los casos. Cuando el domingo pasado se presentó ante la prensa como triunfador indiscutible de los comicios a pesar de que solo tiene 49 diputados propios de los 350 que forman el Congreso, sabía bien lo que hacía. Iglesias ha estudiado historia, ha aprendido de ella, los demás no. Este pequeño y en apariencia insignificante detalle es que el hace la diferencia. Hace un siglo Lenin se cuidó muy mucho de bautizar a la facción que acaudillaba como la de los bolcheviques, que en ruso significa “miembros de la mayoría”. Los bolcheviques no fueron nunca una mayoría, ni siquiera después de la revolución de octubre. En las elecciones a la asamblea constituyente que se celebraron poco después obtuvo el 23% de los votos, la mitad que su contrincante, el eserista Viktor Chernov.

¿Sabe que porcentaje de votos cosechó el domingo Podemos incluyendo a todas sus “confluencias”? El 20%. Sumándole el 3% de Izquierda Unida, que, purgándola de egos, viene a ser más de lo mismo, estaríamos ante el mágico 23% que abrió de par en par a Lenin las puertas de la vieja y devastada Rusia en el otoño de 1917. Claro, que todo paraíso tiene su serpiente. En el caso de Podemos las serpientes son varias. Los 69 diputados que agita en cuanto le ponen una cámara delante no son todos suyos, es decir, que no tiene autoridad para imponer su criterio sobre ellos. Podemos es un magma amorfo de diez formaciones distintas, once si añadimos al “núcleo irradiador” del que hablaba el redicho de Errejón hace no mucho. Repasémoslos por su nombre. Para cualquier cosa Iglesias tiene que contar con la estructura y, especialmente, la nomenclatura de las siguientes organizaciones: Iniciativa per Catalunya, Esquerda Unida i Alternativa, Equo, Barcelona en comú, Esquerda Unida, ANOVA, Gent de Compromís, Verds-Equo del País Valencià, Iniciativa del Poble Valencià y Bloc Nacionalista Valencià. Una sopa de letras nacionalista tan indigesta a la que le haría falta tonelada y media del centralismo democrático que implantó Lenin para someterlos a todos a la voluntad del anillo único, esto es, al mismo que él llevaba puesto en el dedo. Sin entrar en los programas electorales, cortados todos con el mismo patrón eco-comunista, los puntos de fricción entre los once magníficos son tantos que todo pasa enchufarse a los presupuestos cuanto antes. Y esa es la segunda razón por la que Iglesias está tan empeñado en la segunda vuelta. Presiente que saldría reforzado en todos los aspectos, incluido el de atemperar los ímpetus de sus irredentos socios, perroflautas de estricta observancia y, por lo tanto, propensos a los idealismos y las quijotadas.

De ese 20-D bis saldría un Podemos más vigoroso, pero no necesariamente más unido bajo una única batuta. La gran línea de fractura hoy en la política española es la del desafío nacionalista. O se está de un lado o se está de otro, no hay puntos intermedios. Resumiéndolo mucho: o se desea que España siga existiendo como tal, organizada territorialmente de este u otro modo, o se desea que desaparezca. Ciudadanos debe buena parte de su éxito –sí, he dicho bien, su éxito, pasar de cero a 40 diputados es un éxito– a que ha sabido situarse en una de las hojas de la tijera. De Podemos no puede decirse lo mismo. Su propaganda electoral reza “un país contigo”, pero no se sabe muy bien qué país; si el valenciano, el vasco, el catalán, el gallego o simplemente el estatal, adjetivo de uso intenso entre los jerifaltes de la coalición. Por mucho que alardeen de victoria y hayan conseguido fijar en el imaginario colectivo que ellos son los únicos ganadores, lo cierto es que el bloqueo que les ha impedido ir más allá de la clientela habitual de la izquierda radical y la nacionalista persiste. O lo deshacen o la marea de descontento –símil que emplean continuamente para casi todo– sobre la que cabalgan remitirá más pronto que tarde. Con ella remitirán ellos mismos.

La tentación de la inocencia
Teresa González Cortés www.vozpopuli.com  25 Diciembre 2015

La cultura no es solo esa herramienta, imprescindible, que permite conocer (y situarnos en) el mundo. Es mucho más. Y amén de fuego que da forma a las costumbres, también democráticas, la cultura suministra cohesión a la convivencia social. ¿Cohesión a la convivencia social? Lo pongo en interrogación porque, con la fragmentación de los partidos sobrevenida en estas elecciones, muchos de los líderes políticos emergentes de este país andan, de nuevo, a la gresca, obsesionados con el mito del hiperfederalismo, o sea, empeñados en la sovietización de España, bajo el paradigma de la plurinacionalidad de unas autonomías independientes.

La pérdida significativa de votos en coaliciones como PNV y Convergencia apunta, más allá de un tic inocente, a un sector importante de nuestra clase política que, incluso bajo siglas nacientes, se resiste a cambiar de lenguaje y, por tanto, insiste en tratar al pueblo con el abrazo del oso, es decir, sin ir nunca a la fuente de los problemas reales que lo asfixian. ¿Considerar la idea de reducir los gastos faraónicos que derivan de ese tutelaje-peaje administrativo-autonómico que sirve de gaudeamus a tantos y tantos políticos? Imposible. Para justificar lo injustificable se inventan y airean relatos populistas en cuyo imaginario se atisban nuevas Américas o nuevos Estados… aunque eso genere pérdida de riqueza en el PIB, empobrecimiento social a manos llenas, tráfico de influencias en medio de altos niveles de corrupción. Y opacidad en la toma de decisiones. Nunca democracia.

Déficit de cultura democrática
Sin haber superado los lastres del romanticismo postrevolucionario, buen número de partidos políticos ennoblece (y disimula) sus querencias de mando invocando deliberadamente la noción de "pueblo" al que impide, qué contradiós, el acceso democrático al poder político e institucional. Y a la vez que esos partidos transforman el interés público en manejos y juegos malabares para alcanzar más cotas de poder, sectores de ciudadanos persiguen por otra parte, y no con menor ahínco, la consecución de sus intereses privados por la vía de la política.

Si a estas redes de intereses creados, que no son pequeñas, unimos, lo ha explicado de modo magnífico el pensador español Gustavo Bueno, que “la distinción entre ciudadanos y súbditos, que se utilizó en la Francia revolucionaria para distinguir el Nuevo Régimen, <<demócrata y progresista>>, del Antiguo Régimen, <<despótico y conservador>>, sigue vigente y aparece de vez en cuando en los debates de los grupos políticos que confrontan sus poderes democráticos-procedimentales para alcanzar gobiernos municipales, autonómicos o nacionales”, entonces entenderemos mejor a los candidatos de estas elecciones, los cuales, de ingenuos tienen poco, apenas se han atrevido a desmontar la amplia cosecha de tópicos populistas, abonados durante años por toda la geografía de España.

El fin de la inocencia
Como en tiempos del famoso ministro de economía M. Necker, aquí, en España, seguimos con líderes que, insultándose entre ellos, no dedican tiempo a hablar de cómo mejorar esta democracia nuestra, detalle que no es ninguna minucia, pues, lo alertó el filósofo germano-británico Ralf Dahrendorf, “una democracia sin demócratas se destruye a sí misma”.

¡Qué oportunidad hemos perdido! En este Gran Hermano de elecciones no se han oído discursos acerca de implementar mecanismos democráticos “eficientes” y “fiables” de control político. Y financiero. Tampoco se ha escuchado un análisis serio en torno a la necesidad de poner fin a (las causas de) los conflictos políticos que incitan al resentimiento y a la furia entre habitantes de distintas regiones. Y que impiden la cohesión de la convivencia social.

En conclusión, por el hecho de que “déficits democráticos” y “debates con argumentario populista” están íntimamente relacionados, la pregunta a formular es ésta: ¿por qué escapó la modernidad de estos lares y no cuajó a partir de la Transición el espíritu antioligárquico que animaba a la Constitución de 1812? ¿Por qué, vistas las tendencias al autoritarismo, la legitimidad democrática corre aún peligro en España?

El diablo está en los detalles
Gabriela Bustelo www.vozpopuli.com  25 Diciembre 2015

España parece asimilar mal los grandes proyectos políticos en formato positivo. Funcionan, en cambio, los proyectos negativos. No suelen unirse los españoles –de uno u otro signo político– alentados por ideas nobles que puedan favorecer a todo el país, sino en contra de un bando enemigo (¿molino de viento cervantino?) al que poder humillar y aniquilar, diríase que por deporte o por placer. Es deplorable que la izquierda española enfoque esta regeneración política –que podría transformarnos al fin en una auténtica democracia occidental– como la enésima batalla campal contra la derecha. El conservadurismo español podría parecer menos fanático y conspiranoide –la derecha no plantea su programa como una cruzada antidemocrática para eliminar al contrario–, pero al atrincherarse en ciertos tics defensivos, confiere legitimidad al asalto unilateral de la izquierda.

Problemas de identidad
La autoidentidad, la conciencia que cada individuo, grupo o país tiene de sí mismo, a menudo difiere de la identidad asignada por el mundo o contexto social al que pertenece. En noviembre de 2011 se activó una campaña conservadora de autoidentidad que pretendía definir una esencia española basada en nostalgias predemocráticas que no atraen a todos los votantes moderados. Flaubert decía que Dios está en los detalles, pero la España de 2015 parece confirmar la versión popular, opuesta, de que es el diablo quien se reafirma en las menudencias. Así, en este país singular cuya propia existencia está en vilo tras las elecciones generales, los medios y las redes sociales llevan días histerizados con la anécdota de las “reinas magas” –la iniciativa podemita de incluir mujeres en las cabalgatas navideñas– y decisión de la alcaldesa Carmena de eliminar a una treintena de personajes franquistas de los callejeros madrileños.

Politización de lo cotidiano
En España hasta el más nimio detalle se lava, estruja y centrifuga para hacerle un traje político. Las dos Españitas guerracivilistas porfían, ensimismadas, ajenas al mundo, en la pueblerina disputa que ha impedido a este país llegar a ser una verdadera nación moderna. Este enquistamiento en una supuesta pureza ideológica cuyos defensores y detractores se creen poseedores del tarro de las esencias se traduce en una beligerancia ombliguista que solo puede calificarse de paleta. La nueva política mundial funciona como un star-system cuyos protagonistas se apoyan en una ejemplaridad y credibilidad personal que exigen despojarse del mal rollo. Uno de los pocos españoles que ha entendido esto es el rey Felipe VI, como ha demostrado en su mensaje navideño de 13 minutos cargado de contenido: unidad nacional y orgullo de ser español articulados mediante el diálogo, la concertación y el compromiso; concentración de esfuerzos, serenidad y tranquilidad para superar el delicado trance actual. El simple hecho de que las palabras del monarca resulten rompedoras y se desmenucen durante días en público y en privado es un síntoma del retraso político de esta seudo-democracia.

Detalles endiablados
Si España fuese una democracia funcional, el PP y el PSOE habrían anunciado ya un pacto negociable. En Europa hay actualmente gobiernos de coalición en 21 de los otros 27 países miembros de la Unión, 13 de los cuales son grandes coaliciones izquierda/derecha. Si España tuviese la veteranía democrática que le corresponde como cuarta economía europea, el discurso del Rey habría sido aplaudido por su modernidad, madurez y cosmopolitismo. Pero en España la vanguardia es mal lugar, porque la retaguardia –envidiosa, inmovilista– carece del fair-play necesario para aceptar que un buen jugador es un activo útil para todo el equipo. Y como el diablo español está en los detalles, las últimas energías del 2015 las dedicaremos a criticar despiadadamente el uso de un Palacio Real que pertenece a Patrimonio Nacional, es decir, a todos nosotros. (Habrá quien se acuerde de la boda de El Escorial y del 11M.) Y también discutiremos si el morado de la corbata del Rey fue un guiño a Podemos o el efecto moiré del rosa y el carmesí sobre el fondo azul, que son los colores de su estandarte. (Habrá quien diga que todo estaba pensado para que se produjera esa complicidad óptica.) Y la historia mundial la seguirán escribiendo otros, mientras aquí nos matamos por los detalles, como los pobres diablos que somos.

Actividad económica y poder
José T. Raga Libertad Digital  25 Diciembre 2015

Se infiere por el título que me refiero, por un lado, a la actividad económica privada, desarrollada por los agentes (empresas, familias y sujetos individuales) en un régimen de libertad, y, por otro, al poder político, que ejerce la llamada función de gobierno, restringiendo y estimulando actividades, en aras de un bien común que quizá no comparten los sujetos (agentes) a los que trata de favorecer.

De aquí que la coexistencia entre la primera y el segundo no siempre sea pacífica, y teniendo este la capacidad coactiva sobre aquel, sólo queda al primero la sumisión al mandato o, en el límite, inhibirse de acción alguna que no sea la autoexpatriación o el letargo.

En otras palabras, y pongámoslo en primera persona para evitar eufemismos, yo estoy convencido de ser quien mejor sabe lo que prefiero y lo que me satisface entre las alternativas que tengo a mi alcance. Mi decisión puede estar equivocada, pero también yo tengo derecho a equivocarme, sufriendo las consecuencias de mi error. Ello no me autoriza a confiar a un tercero mi decisión para que se equivoque en mi lugar, porque, al fin, seré yo quien sufra las consecuencias y no él.

Desde el 20-D, estamos asistiendo a turbulencias sensibles en la actividad económica, consecuencia no tanto de las cifras resultantes de las urnas como de las prédicas apocalípticas de quienes, con el único objetivo de detentar el poder, pontifican sobre futuros inciertos, sembrando la confusión en las expectativas a medio y largo plazo.

Los amantes del poder construyen escenarios, reales o no, servidores de sus propósitos. ¿Realmente se ha sepultado el bipartidismo? Si así fuera, ¿es esto necesariamente bueno? Por un lado, las estadísticas me dicen que los dos partidos supuestamente muertos han obtenido 213 diputados en una cámara de 350. El resto (147) se los reparten entre ocho partidos: los sepultureros.

Si es tan malo el bipartidismo, cómo los países más ricos, los más adelantados técnica, científica y socialmente, están inmersos en él. A mí –y vuelvo al razonamiento del principio– me gusta más el modelo del Reino Unido, de Alemania, de Estados Unidos, todo ellos bipartidistas, que el de países que ni siquiera saben cuántos partidos tienen ni en qué se diferencian unos de otros. ¿O es que la alternativa que se pretende frente al bipartidismo es el partido único? Pues tampoco me gusta Corea del Norte, ni China, ni Cuba, ni Camboya, ni me gustó nunca la Unión Soviética.

Ahora bien, el bipartidismo plantea el reto del entendimiento entre los dos partidos cuando hay razones para evitar las pretensiones extremas de ambos. Ello exige racionalidad y generosidad en sus líderes, y sentido del bien de la nación, más allá de los intereses particulares de cada uno de ellos. Si no, lo que está en duda no es el bipartidismo sino el sentido de la democracia, que, corrompida en su esencia, se ha transformado en demagogia; así lo pensaron Platón y Aristóteles.

La Verdad Ofende
Carta a Manuela Carmena de un nieto del General Saliquet
 
www.latribunadelpaisvasco.com  25 Diciembre 2015

Leo sin odio ni tampoco sorpresa, aunque imagino que con su sonrisa y la de su marxista consistorio, sus dos últimas medidas políticas, que sin un ápice de duda no ayudarán a la prosperidad de la ciudad, ni a la concordia entre sus ciudadanos:

- Sustituir a los cristianos Reyes Magos por reinas.
- Retirar las calles que recuerdan a las víctimas del marxismo y a quienes nos defendieron de él.

Poco análisis haré de cómo pretende pervertir un hecho histórico recordado durante XXI siglos. Me refiero a la milagrosa visita de aquellos reyes (los cristianos lo consideramos el primer milagro de Jesucristo) portando valiosos regalos, "incienso, mirra y oro" para homenajear la llegada de un niño judío, nacido en un humilde pesebre. Cristo Rey.

Imagino la sonrisa de medio mundo ante la patética manipulación histórica de una celebración de carácter planetario, publicitando su estulticia sectaria anti-cristiana, propia del marxismo más casposo y anciano, en un gesto más del odio secular que proclaman, también a lo judío.

Hoy, los consistorios controlados por Podemos están impulsando campañas de señalamiento al judío, perseguidos desde 1920 por el Islam, cuyo derecho a la defensa o se niega o se exige sea equidistante. El #BDS. Nada nuevo en marxistas cuyas contradicciones os sitúan en el más absoluto ridículo. Hasta Marx era judío.

Usted, anciana comunista, solo tiene como "fe" su propio egoísmo, única definición de marxismo. Su marido es la mejor prueba de esa estafa ideológica, que mientras proclama la defensa de “los parias de la tierra” los saquea, y al que sin tardanza se ha entregado tras tomar el poder en Madrid, en unas elecciones, recuerde, que perdieron, colocando amigotes y familiares mientras anuncia, en otro robo propagandístico, haber reducido el déficit de Madrid un 19.3% en solos seis meses. Un mérito de Ana Botella que revela la malicia de la actual alcaldesa.

Esta circunstancia, un ayuntamiento comunista en la capital, es en sí todo un hecho histórico. Solo una vez antes había gobernado el comunismo en la ciudad de Madrid. Fue con el Frente Popular, de funesta memoria, quien, curiosamente, tampoco ganó las elecciones.

Quienes leemos sobre los usos y costumbres del marxismo sabemos que "La esencia de la dialéctica marxista es el fetichismo de las palabras, cuyo sentido variará según las necesidades (V. Misses)". No hay nada más fácil que poner este hecho en evidencia.

Para ello no me iré a Cuba, esa monarquía castrista hereditaria, me quedaré en Europa. Bien sabe el mundo cuán democráticas fueron aquellas repúblicas socialistas, cuyo término de “democráticas” ostentaban manipulando sin rubor. República democrática de Rumania, de Checoslovaquia, de Polonia, de Alemania... Todas satélites de los soviéticos. Una perversión que usted practica sin rubor y circularmente.

Y si la democracia es la preservación de los derechos mediante la ley, de democracia vengo a hablarle. La del Frente Popular, que “reventó” las elecciones de febrero de 1936 y la del primer derecho, el de la vida y la propiedad, ambos contrarios al marxismo que usted representa.

Mientras desde su aparente y bondadosa ancianidad insiste en pervertir la historia pasada y la realidad presente, inventando 25.000 niños hambrientos en Madrid para engañar al elector y tomar el poder.

Recuerde, la crisis económica y sus miserias las trajo, una vez más, un gobierno socialista, gracias a un personaje que se declaraba “rojo”, término que se empleó en la Guerra Civil, aunque no más rojo que usted.

Pero la realidad, hoy, bondadosa abuelita, no es ya tan fácilmente manipulable en esta nueva sociedad 2.0 de la información, que tanto buscan controlar y manipular. Decenas de "bots" “podemitas” me asaltan en Twitter con sonrisas.

En su ensalzada y democrática II República, a solo tres semanas de inaugurarse ésta (gracias a unas elecciones municipales también fraudulentas que ganaron los monárquicos) ardían nada menos que 100 templos en toda España (Rita Maestre hubiese gozado estando allí).

La protección de los derechos a los ciudadanos católicos en la estafa republicana no se hizo esperar; y vino de la mano de Azaña, presidente del gobierno, quien declaraba “Todos los conventos e iglesias de Madrid no valen la sangre de un republicano”.

Niceto Alcalá Zamora, presidente de la Republica, narra estas "hazañas democráticas marxistas" en sus memorias, guardadas con sus bienes y ahorros en "Banco de España S.A." (entonces el banco no era nacional, sino privado) saqueado por Negrín y Prieto en septiembre de 1936.

La cuarta reserva de oro más importante del mundo se envió a Moscú, mire usted qué cosas, sentando un precedente en la historia jamás visto desde Fernando VII: una nación entregando su tesoro patrio a otra, en este caso la que el comunista Stalin tiranizaba, y desde donde, a través del Komintern, se controlaban las brigadas internacionales.

Prieto y Negrín entregaban el tesoro nacional y de paso se preparaban un lujoso retiro de salir mal la Guerra Civil tan buscada (eso se lo explico después).

Niceto, conocedor del robo de su patrimonio y memorias, de nuevo las reescribió antes de morir. En ellas (léanlas, están publicadas finalmente, a pesar de Zapatero, quien las secuestro) narra como el bolchevique Frente Popular bastardeó las elecciones de febrero de 1936 tomando el poder hacia la revolución soviética. Y frente a una violenta realidad insistentemente proclamada desde el pistolerismo marxista con hechos (cientos de asesinatos) y proclamas (más abajo las publico), un puñado de militares evitaron que España hubiera acabado como otro estado satélite de la URSS. Mi abuelo fue uno de ellos.

Usted acusará a mi abuelo de fascista (en las redes me pasa a diario) y yo a usted de mentir. La razón me asiste a mí. Él era un militar y solo militar. Héroe en Filipinas, Cuba y Marruecos, defendió la propiedad privada, los derechos civiles y su juramento a España, que los marxistas, entonces como hoy, asaltaron y pretendían pervertir.

Para su ignominia, abuelita, la hemeroteca y la democracia sí son compatibles. Por eso, le traigo solo 5 citas del “Lenin Español” que acreditan mi relato. Así llamaban entonces a Largo Caballero, el sucesor de Pablo Iglesias, fundador del PSOE, y no su jefe de Podemos:

El 23-11-1931, Largo Caballero, ministro de Trabajo, ante la posibilidad de que las Cortes Españolas se disolviesen, amenaza:
“Ese intento sólo sería la señal para que el PSOE y la UGT lo considerasen como una provocación y se lanzasen incluso a un nuevo movimiento revolucionario. No puedo aceptar la posibilidad, que sería un reto al partido, y que nos obligaría a ir a una guerra civil”.

El 24-05-1936, en Cádiz, tras la victoria del Frente Popular, al que pertenecía el PSOE.
“Hay que apoderarse del poder político; pero la revolución se hace violentamente: luchando, y no con discursos”.

En un Congreso de las Juventudes Socialistas.
“No creemos en la democracia como valor absoluto. Tampoco creemos en la libertad”.

En una entrevista en “El Liberal” de Bilbao (20-01-1936)
"Quiero decirles a las derechas que si triunfamos colaboraremos con nuestros aliados; pero si triunfan las derechas nuestra labor habrá de ser doble, colaborar con nuestros aliados dentro de la legalidad, pero tendremos que ir a la Guerra Civil declarada. Que no digan que nosotros decimos las cosas por decirlas, que nosotros lo realizamos".

En un mitin celebrado en Linares el 20-01-1936.
“La clase obrera debe adueñarse del poder político, convencida de que la democracia es incompatible con el socialismo, y como el que tiene el poder no ha de entregarlo voluntariamente, por eso hay que ir a la Revolución”.

La Guerra Civil fue provocada por los marxistas de entonces y lo consiguieron, como proclamaron. Gracias a Dios la ganaron los compañeros de armas de mi abuelo, y yo, desde aquí, se lo agradezco. Casi un siglo después, ustedes siguen odiando tras esa derrota y yo, ilusionado en 1978 con el espíritu de reconciliación y el perdón de la Transición, hoy me lamento de ello. Usted no quitara las calles, plazas o institutos al asesino Carrillo o La Pasionaria. Su sectarismo, abuelita, señala su odio.

“Este crimen es la guerra civil” exclamó Prieto, tras conocer la noticia del asesinato del líder de la oposición por sus propios guardaespaldas, en revancha por el asesinato de Castillo, quien instruía y dirigía a las juventudes socialistas, los escuadristas del PSOE, sicarios y pistoleros de la República, con Carrillo entre ellos.

El líder de la oposición, Jose Calvo Sotelo, asesinado vilmente por dichos sicarios socialistas tras allanar su casa por la noche, violando su inmunidad parlamentaria (el marxismo jamás respetó algo) nos dejó una frase: “para levantar una nación hacen falta siglos y héroes, para destruirla un par de años y un monstruo al mando de la nave”.

Usted hoy pretende ensuciar la memoria de mis mayores, de la mano de la hijastra de Fidel Castro, a quien ha encomendado la tarea de borrar del callejero el recuerdo de sus asesinatos y de quienes nos defendieron. Cobrará por ello. Yo no cejaré, con mi pluma heterosexual, en señalar su odio, su catadura moral, su tremenda mentira y la bajeza de sus intenciones y actos, abuelita.

Confío que los españoles entiendan qué representa usted y les nieguen su confianza muy pronto. Yo respeto la voluntad de los españoles, como la Ley, pero solo mientras ustedes lo hagan. No pondré la otra mejilla cuando inicien el saqueo que conoció mi abuelo y que aun hoy perpetran marxistas como usted a cubanos y venezolanos, hermanos de España y constituyentes de "La Pepa" con Bolívar y otros patriotas.

Retirar la calle al general Saliquet y sus compañeros de armas, o las que recuerdan el genocidio cristiano, solo sitúa su odio y ensalza las gestas de ellos. No hubo un solo caso de apostasía en la Guerra Civil, los cristianos dieron su vida, mártires.

Mi sonrisa la guardo para los míos, señora. Vaya usted con dios “compañera Manuela”. “La Pasionaria” también pidió confesión antes de su muerte, cuando, como usted, ya era anciana.

Que pase una muy Feliz Navidad.
Firmado: Jose Luis S. Saliquet, Cazcarro Schumann, Navarro Zumeta y Alonso de Celada


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¿Hay 5 millones de comunistas en España?
Miguel Ángel Quintana Paz www.vozpopuli.com  25 Diciembre 2015

Casi 5 millones doscientas mil personas votaron a Podemos y sus franquicias autonómicas en las elecciones del domingo. Para muchos, que conocen la procedencia de sus dirigentes, la clase de formaciones políticas que confluyeron en Podemos y el tipo de discurso con el que coquetea una y otra vez, esto indicaría que más de 5 millones de españoles votan a las alturas de 2015 a una ideología que parecía enterrada bajo la sangre y escombros del Muro de Berlín: el comunismo. De ahí que sientan cierto pasmo: como si cualquier otro muerto de 1989 no solo se alzara hoy de su tumba cual zombi, sino que aspirara a gobernarnos. ¿De verdad España está siendo anegada bajo una ola de igualitarismo comunista? ¿De verdad hay millones de personas partidarias de igualarnos a todos bajo el control estatal?

Mi posición en este artículo va a ser que yerra quien crea que Podemos no es más que una resurrección del viejo comunismo, adornado de smartphones en lugar de planes quinquenales. No, no estamos ante una nueva versión de igualitarismo vestido en Alcampo. Si el discurso de Podemos se hubiese limitado a lanzar loas a favor de la igualdad de todos, Podemos apenas habría superado los resultados electorales que venían obteniendo desde 1979 las formaciones ultraizquierdistas con obsesiones semejantes.

Para fundamentar esta idea, quisiera recordar un estudio realizado hace cinco años por cuatro economistas noruegos, y que corrobora lo que otros autores habían venido detectando. La pregunta que se hicieron los investigadores noruegos fue hasta qué punto los seres humanos consideramos justo el igualitarismo radical: es decir, que todo el mundo obtenga la misma porción al repartir un beneficio cualquiera, sean cuales sean las aportaciones que cada uno haya hecho para ello. Los resultados de este estudio fueron claros: solo los niños creen que lo justo sea que todo el mundo tenga siempre la misma porción de beneficios, haya trabajado lo que haya trabajado o disfrute de los talentos que disfrute. A partir de la entrada en la adolescencia, empezamos a entender que diferentes aportaciones de trabajo nos hacen merecer diferentes remuneraciones; y cuando estamos alcanzando ya la adultez, entendemos también que a veces ciertas desigualdades vienen bien para resultar más eficientes. Madurar es dejar de ser igualitarista y aceptar lo justas que son muchas diferencias.

La conclusión que para el marketing político cabe extraer de ahí es sencilla: si quieres lograr el apoyo de mucha gente, no tiene sentido que propongas como única sociedad justa aquella que presentara un igualitarismo radical; pocos (y un tanto inmaduros) te acompañarán. Es mejor apelar a otras ideas de justicia. Podemos lo ha hecho de un modo magistral.

Porque, en efecto, otra idea diferente de justicia que aprendemos a manejar desde muy jóvenes es la idea de que hay que combatir a los timadores, a los que se aprovechan de los demás sin aportarnos lo que deberían, a los gorrones (free-riders en inglés). Es una idea que seguramente se halla inserta profundamente en nuestros genes: solo las sociedades humanas que aprendieron a combatir a los que vivían a costa de los demás lograron ser lo bastante fuertes como para sobrevivir en la lucha por la vida. Cuando detectamos que alguien se está aprovechando del resto se activan en nosotros alarmas que, en lenguaje ético, denominamos “indignación ante la injusticia” (o, en lenguaje más poético, “sed de justicia”). Lo justo no tiene que ver principalmente con cómo queda al final el reparto de las riquezas, sino con que durante ese reparto nadie haya engañado a los demás.

Podemos se ha aprovechado bien de esta idea de justicia. Su mensaje fundamental ha sido siempre que las causas de la crisis económica no eran ni la expansión crediticia, ni la rigidez del mercado laboral, ni la colusión público-privado en las cajas de ahorros. (De hecho, pocos votantes entenderían seguidos los tres sintagmas nominales que acabo de enunciar: ubicar ahí las causas de la crisis económica española no tiene gran futuro, pues, como mensaje político ante las masas). Para Podemos la cosa siempre ha sido mucho más sencilla: hay unos señores que “han robado” y por culpa de los cuales otros “no tienen ni para comer”. Un discurso ideal para activar el sentido de justicia que poseemos todos, aunque la verdad sea que nadie muere en España de hambre y que la corrupción española, aun siendo lamentable, no resulta especialmente alta en comparación con el resto de Europa, por lo que no parece ser, desde luego, la causa principal de nuestra crisis.

Pero emitir documentales de televisión en que se hubiesen analizado los problemas del euro habría resultado aburrido (aunque algunos hayan logrado explicarlos, con ingenio, hasta en cómic). Mientras que hacer tertulias en que acusar melodramáticamente a ciertos señores de ladrones (epíteto que por desgracia a menudo merecen) y cargarles con las culpas de todo problema social (juicio ya sin duda exagerado) cosecha jugosos índices de audiencia. El mismísimo Pablo Echenique, eurodiputado de Podemos, expresaba en su día con un lenguaje justiciero sus motivos para unirse a tal partido: hay señores que “viven en sus mansiones” y son “unos chorizos”, “sinvergüenzas”; ellos nos han sometido a un “expolio” y ya es hora de que la gente normal, los buenos, los decentes, tomemos el poder. Cuestión de pura justicia (y no de igualitarismo, porque el poder no debe ir para todos, sino solo para los justos, nosotros). El lenguaje justiciero de Echenique alcanzaba cotas ditirámbicas cuando señalaba que a Pablo Iglesias le debemos el “habernos despertado” ante esa luz de lo que es Justo de verdad.

Creo que cabe extraer tres conclusiones de todo esto. La primera es que un método eficacísimo para combatir el auge de Podemos sería lograr que la justicia en España se ejerza por fin de modo eficiente donde debe ejercerse: en los tribunales; no donde les viene bien a otros ejercerla (platós de televisión, escraches callejeros, mítines políticos...). Por duro y paradójico que pueda sonar, les vendría muy bien a los grandes partidos que sus ladrones (sus “chorizos”, diría Echenique) acaben habitando las cárceles: solo entonces, libres de este lastre, estarán en condiciones de volver a dirigir dignamente un país. Urge pues una reforma que haga la justicia independiente en España y facilite (al contrario de lo que ha hecho la última reforma penal del PP) la persecución de la corrupción. Por cierto: no, Venezuela no es un modelo de justicia independiente.

La segunda conclusión es que no hay que combatir a Podemos como si fueran una mera versión del igualitarismo de toda la vida. Cuando el enemigo cambia de posición hay que cambiar el ángulo de tiro; y Podemos se ha desplazado de la obsesión por la igualdad a la obsesión por la justicia. Bien, demostremos entonces, los no podemitas, no solo que sabemos hacer justicia mejor que ellos (donde se debe, en los tribunales), sino que la idea de justicia que tienen ellos no es tal: que no es justo olvidar a las víctimas del terrorismo como ellos pretenden olvidarlas (abrazándose a Bildu y lanzando loas a la perspicacia de ETA); que no es justa su indiferencia ante los sufrimientos que atraviesa Leopoldo López por osar ejercer la oposición en Venezuela; que no es justo cooperar con el régimen de Irán, ejecutor de homosexuales, a la hora de hacer programas de televisión; que no es justo excluirnos a millones de españoles (que jamás votaremos a Podemos) de la categoría de “gente” o “pueblo” para reservársela en exclusiva a los suyos. Que quien hace todo eso no puede ser la luz de la verdad que “nos despierta” de las injusticias, como proclama Echenique, sino un mero politiquero más.

La tercera conclusión, más ambiciosa, es que solo se puede vencer al justiciero que nos insufla su idea de justicia si tú mismo ofreces una idea alternativa. Es insuficiente hacer lo que he apuntado en el párrafo anterior, mostrar las incongruencias del contrario. ¿Alguien se ha preocupado de explicar a los españoles que el sistema en que vivimos (democrático, constitucional, capitalista) es, dentro de lo que cabe, de lo más justo que hay sobre el planeta Tierra? ¿Que es justo que una constitución esté vigente (aunque “yo no la haya votado”) pues es la que garantiza unas reglas de juego que protegen a cualquiera de nosotros si un día pertenece a una minoría (y a todos en algún momento nos tocará)? ¿Que es justo que los tribunales a veces le digan a un Gobierno o a un parlamento que lo que hacen es ilegal, por muy “voz del pueblo” que estos se crean, pues solo eso nos salva de la impunidad de nuestros gobernantes? ¿Que el capitalismo es el sistema gracias al cual el 2015 que ahora termina ha sido el mejor año de la historia de la humanidad, y que 2016 será aún mejor en muchos sentidos (disminución del hambre, de la pobreza, de la mortalidad infantil, de las desigualdades, de las enfermedades, del número de niños que no reciben ni educación primaria, del de personas que padecen regímenes no democráticos)? ¿Que España es, dentro de esa humanidad cada vez más exitosa, uno de los lugares del mundo donde mejor se vive? (Aunque no sea el país ideal que desearían los fanáticos de uno u otro signo; pero quizá justo por eso sea un país donde se vive relativamente bien). ¿Alguien explicará por fin lo que es de veras la justicia o dejaremos a Pablo Iglesias que siga “despertando” e iluminando a la gente con su peculiar idea de ella? Mucho nos va en tal empeño.

No intente confundir a los españoles, señor Sánchez
“Nadie engaña con buen fin: la bellaquería añade su malicia a la mentira” J. de la Bruyère
Miguel Massanet diariosigloxxi.com  25 Diciembre 2015

Los ciudadanos que ya hemos crecido políticamente, que ya no se nos puede poner el nabo delante de las narices para que lo sigamos, como hicieron los niños de Hammelin con el flautista que libró de las ratas a aquella ciudad; y si hemos de ser sinceros empezamos a estar hasta la coronilla de que se nos quieran vender duros a cuatro pesetas y se intente tratarnos como si fuéramos un hatajo de ovejas a las que se puede dirigir por medio de perros que les muerdan los ijares. Ya no estamos en tiempos de la segunda `República en los que, el analfabetismo, se extendía como epidemia maligna por la mayoría de españoles de una España agrícola e inculta. Es por eso que, cuando el señor Pedro Sánchez, del PSOE, repite, no una vez sino continuamente, el sonsonete de que “España ha votado cambio”, le tenemos que rectificar y hacerle ver el engaño que pretende vender a los ciudadanos con una simplificación que, en nada, coincide con la realidad y puede llegar a convertirse en tóxica para España y su ciudadanía.

España ha votado mayoritariamente, con mucha diferencia sobre el resto de opciones políticas, por el PP del señor Rajoy que, siendo verdad que ha perdido muchos escaños respecto a las elecciones de noviembre del 2011, ha conseguido la confianza de un número mayoritario de españoles. El PSOE, sin la servidumbre de haber gobernado y sin el lastre de haber tenido que afrontar, a contra corriente, los efectos de una crisis que tuvo que desafiarla con una España quebrada y al borde del rescate; ha conseguido en las votaciones pasadas del día 20 el peor resultado de su historia en democracia. Sus escasos 88 escaños son la expresión de hasta donde, el electorado de izquierdas y socialista moderado, ha castigado el comportamiento del partido, por sus errores de bulto, su mala gobernación y su poca o nula contribución a sacar a España del abismo en que, ellos mismos, la habían metido. Nadie pues puede decir que el pueblo ha querido que sea el señor Pedro Sánchez quien dirija a nuestra nación, ni nadie ha pensado que, después de una campaña desastrosa, de insultar a diestro y siniestro y de poner palos de rencor en las ruedas de la carreta de la gobernación del Estado, pudiera ser la persona más idónea para presidir una nación; que precisa alejarse de veleidades tercermundistas, para centrarse en su recuperación y en mantener su prestigio en la UE comunitaria, de lo que va a depender, de hoy en adelante, que se siga conservando la confianza de quienes piensen invertir en nuestra deuda pública, a unos precios y con una prima de riesgo que nos resulten prohibitivos para nuestra renaciente economía.

El hablar, con tanta fruición, de cambio sin aclarar en lo que va a consistir este cambio es, como menos, una gran frivolidad. Cambio es un término polivalente que, evidentemente, puede ser interpretado de tantas maneras como ciudadanos hayan ejercido su derecho al voto. Es obvio que, lo que pueda significar cambio para el PSOE, nada tiene que ver con el cambio radical que pretenden imponer en España los señores de Podemos o el que entra dentro de los objetivos, por supuesto más moderados, de Ciudadanos o de los que puedan tener en mente los que han decidido seguir apoyando a un PP, para que haga las oportunas rectificaciones o mejoras que ayuden a llevar a España hacia una situación nueva, que le permita dejar atrás la crisis y acabar con este desempleo desproporcionado al que contribuyeron, de una forma muy decisiva, las desacertadas decisiones de un señor Rodríguez Zapatero incapaz de acertar con el camino adecuado para evitar el derrumbe de España en el 2011.

Resulta incomprensible, si no lo queremos achacar a una gran dosis de mala fe y un desdén por el futuro de nuestra patria el que, ahora, a tiro pasado, el señor secretario general del partido socialista se quiera constituir en el líder de una oposición tan variopinta como distinta en sus respectivos objetivos, como es el caso de Podemos y los separatistas catalanes, ambos en pugna para hacerse con el liderazgo en Cataluña de este separatismo que, hasta ahora, había sido exclusivamente defendido por la agrupación de Junts pel Si. Ahora se da anfibología política de que, un mismo término: “ secesión o separatismo”, se identifique de forma distinta según se atienda a la propuesta de referéndum por “el derecho a decir” hecha por el señor Pablo Iglesias de Podemos (que pretende que con esta consulta quede claro que Cataluña, mayoritariamente, no quiere la independencia) o la fórmula expresada por el Parlamento catalán, que supone la ruptura con el Estado español, sin que se admita que un resultado de tipo plebiscitario pudiera impedir que el proceso, que ellos denominan como “constituyente”, `pudiera interrumpirse o desecharse, en virtud de una consulta que ellos mismos intentaron llevar a cabo. Y es que cada tiempo tiene sus propios efectos.

Es obvio y así ha quedado demostrado en los ejemplos en los que varios partidos con distintos programas han decidido juntarse para evitar que el PP pudiera gobernar; al que, por cierto, parece que ya se va constituyendo en costumbre cada vez que, unas elecciones, sean legislativas o autonómicas, le dan la victoria en votos a los populares pero sin concederles la mayoría absoluta, les permite a la oposición de izquierdas agruparse para aplicarle el famoso “cordón sanitario”, tal y como sucedió con Zapatero en el famoso Pacto del Tinell y con el pentapartito que, en Baleares, se constituyó contra toda lógica, para evitar que el PP, que había conseguido una sustanciosa mayoría, no pudiera ejercer su derecho a gobernar, concedido por la mayoría de la voluntad popular de la ciudadanía balear.

El señor Sánchez sabe perfectamente o, una persona que aspira a dirigir la nación española debiera conocerlo, que un gobierno a base de un colage de partidos minoritarios tiene sus días contados, con todas las probabilidades de salir airoso en contra debido a que, aquellos que se han unido al mayoritario, pretenden indefectiblemente sacar la mejor tajada del acuerdo, algo que, en la mayoría de casos puede llegar a ser una rémora para una gobernación fluida y ágil, que es lo que se precisa para que un país pueda funcionar adecuadamente y sin las dilaciones en tomar aquellas resoluciones que cualquier tardanza en aplicarse puede causar una grave quebrando al país.

Alguien piensa que, el señor Sánchez, está representando una comedia y que acabará apoyando, en última instancia, al señor Rajoy. Creo que son muy optimistas, por la sencilla razón de que, cuando alguien quiere representar esta comedia se guarda muy bien de llegar al insulto, a la descalificación o a la misma injuria contra su adversario político, como ha ocurrido en el caso del señor Rivera, de Ciudadanos, que siempre ha mantenido un tono educado aunque haya sabido defender sus planteamientos sin ahorrarse argumentos ni críticas a los de sus competidores. Hubo demasiada agresividad, mucho ataque personal y mucha vehemencia en aquel debate a dos entre Rajoy y Sánchez, llegándose al insulto, para que aquello fuera una mera representación de cara a la galería. Va a ser muy difícil para la parroquia más extremista del PSOE el que llegue a encajar que, su partido, pudiera llegar a apoyar a un señor Rajoy, la representación más evidente, para ellos, del enemigo al que hay que echar de la lid política.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, empezamos a pensar que nuestro país ha entrado en un callejón sin salida al que, los votos ciudadanos, nos ha conducido, que nos pone en la tesitura de volver sobre nuestros pasos para tomar otra senda más clara y razonable. Si esta posibilidad no llega a producirse, nos vamos a topar con un muro de difícil superación cuando queramos venderle a Europa que, España, ha cambiado de dirección, que no está dispuesta a seguir las condiciones que nos puso la CE y que, por si fuera poco, como intenta Podemos, se quieran emplear métodos parecidos a los que intentó el señor Tsipras en Grecia, cuando el señor ministro de finanzas, el señor Varufakis, se hacía el gallito intentando que, desde Bruselas, se aceptaran sus propias condiciones. Fracasó Varufakis, fracasó Tsipras y el resultado fue que Grecia tuvo que enfundarse todas las condiciones que se le pusieron, entre ellas bajar las pensiones y medidas de austeridad peores que las que, en un principio, se negaron a aceptar. No quisiéramos que, por seguir corrientes extremistas y creernos que todo el monte socialista es orégano, nos vayamos a una situación similar a la de los griegos.


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