AGLI Recortes de Prensa   Sábado 26  Diciembre  2015

Voluntad ciudadana, ingeniería política
NICOLÁS REDONDO TERREROS El Mundo 26 Diciembre 2015

«El hombre más impío del mundo», el llamado en su tiempo «judío ateo», al que su obra Leibniz calificaba de horrible y espantosa, o no encontraba explicación a cómo un «hombre tan culto pudiera caer tan bajo»; ese hombre, Baruch Spinoza, verdadero padre de las bases de la modernidad que han inspirado los últimos tres siglos, decía, acertada y humildemente, en su Tratado Político: «Resulta, pues, que de todas las ciencias aplicadas, la política es aquella en que la teoría discrepa más de la práctica y nadie sería menos idóneo para regir una comunidad pública que los teóricos o filósofos». Esa primerísima afirmación no le impide arriesgarse a intentar -sabiendo que no «hay hombres sin defectos» y que los políticos se han inclinado a utilizar en ese mundo imperfecto más «el miedo que el razonamiento» y ahora más el halago que el análisis- definir «la doctrina que mejor puede coincidir con la práctica».

Coincido en la dificultad de acertar en cuestiones políticas desde fuera y coincido, sin embargo, en intentarlo continuamente abriendo caminos, la mayoría de las veces impracticables, proponiendo metas que sirvan de referencia a los políticos profesionales. Eso es lo que, olvidando con facilidad errores, hacemos algunos desde las tribunas que los periódicos, televisiones o radios nos ofrecen, porque siendo cierto lo dicho por el judío de origen peninsular, lo es también que la política es lo suficientemente importante como para dejarla sólo en manos de los políticos profesionales. En España el 20 de diciembre hemos tenido unas elecciones generales que muchos indicadores hacían suponer eran el prólogo de un tiempo político nuevo y complicado. Sin embargo, se han convertido en el introito de un periodo más confuso que complicado, más imposible que difícil y claramente amenazante más que incierto.

El Partido Popular no llega a los 125 escaños y el socialista no se acerca a los 100, pero los nuevos partidos quedan muy lejos de sustituirles, a pesar de su fuerte irrupción. La suma de los dos grandes partidos nacionales sobrepasa con creces los 200 diputados y la de los nuevos partidos supera ligeramente los 100, no se ha impuesto claramente lo nuevo y los partidos tradicionales han resistido con dificultades el intento político y mediático de ser sustituidos. Nos encontramos, por tanto, ante un escenario con cuatro protagonistas políticos nacionales y los de siempre esperando su oportunidad.

Eric Hobsbawn afirmaba: «Las palabras son testigos que a menudo hablan más alto que los documentos». De la noche electoral no es el resultado lo que más me ha preocupado -los españoles han dejado de una forma clara todas las soluciones en manos de los políticos-, han sido las palabras de cambio y de victoria de la izquierda o de la derecha, que me han hecho recordar aquellas palabras desanimadas, tristes, confirmatorias de la tragedia de Menéndez Pidal a Fidelino de Figueiredo comentando su libro Las dos Españas: «La mayor desgracia era, sin duda, la rudeza con que en ella se daba la división de derechas e izquierdas, las dos Españas, que Vd. sabe mejor que nadie, y ahora esa división se ha ahondado poniendo por medio un foso de sangre. ¿No habrá político que sepa allanar ese foso para fundar sobre él la tercera España, indivisa y concorde?». La carta de Pidal al portugués fue escrita durante la Guerra Civil. Tuvieron que pasar 40 años para que esa España de la mayoría, de izquierdas o derechas, fuera para todos, hasta para los que no creían en ella. Y ahora, cuando los ciudadanos han dejado en manos de los políticos la solución, empatando materialmente a los posibles contendientes, las palabras más necesarias por inteligentes son las del acuerdo entre diferentes, las del consenso, las de los denominadores comunes, aunque los mas intransigentes, de uno u otro lado, los más sectarios o los más interesados hagan bandera de facturas pendientes o de esperadas venganzas.

Durante 15 años he defendido la necesidad de fortalecer los consensos básicos de la sociedad española, los denominadores comunes en los que se debe y puede basar la convivencia democrática y pacífica de una sociedad occidental, con el fin de enfrentarnos a objetivos que trascienden la visión y las propias fuerzas de la izquierda o de la derecha. En esas andaba yo, en una soledad suavizada por creer firmemente lo que decía y con algunas amistades tan enriquecedoras como peligrosas, cuando algunos hostigadores y zelotes de una ortodoxia socialista tan petrificada como conservadora envidaron y dejaron atrás la necesidad de consensos para ir directamente a la propuesta de gobiernos de coalición entre la derecha y la izquierda, creyendo tranquilizar con estas propuestas mercantiles y sin base real los oídos de los poderosos. Volverán a tronar con énfasis los impostados, vestidos deprisa con los ropajes de la respetabilidad que da la defensa matemática de la gobernabilidad, de la estabilidad... Sabiendo que es imposible y si así no lo fuera sería inconveniente.

Pero vayamos a los actores principales, heridos pero no muertos. El PP ha tenido una reducción de su representación parlamentaria histórica pero ha ganado las elecciones con 30 diputados sobre el segundo partido. El PSOE ha conseguido rebajar el triste suelo de las elecciones pasadas pero se ha mantenido a distancia de quien le combate la hegemonía de la izquierda. Si hubiera una gran coalición, algo imposible en la cultura de la izquierda española, el PSOE se situaría para muchos años como un partido ancilar en la política española, unas veces con unos y otras con los contrarios, como ya sucede en ámbitos autonómicos y locales, poniendo en bandeja y en un corto periodo de tiempo su cabeza a disposición de Podemos. Pero si tuviera la tentación de elevar los acuerdos municipales y autonómicos con Podemos al ámbito nacional estaría consagrando la división en dos de España y podríamos recordar La rendición de Breda para imaginarnos cómo entregaría las llaves de la izquierda socialdemócrata a las huestes de Iglesias y compañía. Al error táctico sumarían el error histórico que es el que sería imperdonable para las generaciones futuras.

El PP, obligado y legitimado para tomar la iniciativa de formar gobierno, tiene que tener entre sus análisis aquel que les imponga, si no logra acuerdos básicos de gobierno, un mayor sacrificio que los impuestos por el interés o la rutina. Volvemos por tanto a la necesidad de situar la política por encima de las siglas. El PSOE tiene la penúltima oportunidad de hacer una refundación que llama a sus puertas con fuerza desde hace tiempo y volver a conectar con las capas más activas y transformadoras de la sociedad española y para eso necesita responsabilidad, moderación y probablemente la valentía de desdecirse de algunas de las políticas propuestas y de las palabras dichas. El PP tiene la oportunidad de demostrar su capacidad de pactos o su grandeza si le fuera imposible conseguirlos.

En ese juego el actor más importante, el que puede ayudar, en un sentido o en otro, pero siempre salvando el foso de la división y de la fractura, es el partido liderado por Albert Rivera. Están en condiciones de hacerse mayores, de convertirse en un actor fijo de la política española, pero para eso desde su origen de resistencia deben comprometerse y mancharse las mangas de la camisa. Pasados unos días de las elecciones sólo puedo expresar mi deseo de que el juego sea por lo menos a tres y con todos los que quieran estabilidad y un impulso reformador que mantenga viva la España dinámica y plural que en el año 1937 echaba de menos Pidal y hemos sabido construir desde la aprobación de la Constitución.

Felipizarse o podemizarse
EDUARDO INDA okdiario 26 Diciembre 2015

Cuando en 1879 un impresor gallego llamado Pablo Iglesias creó el PSOE ni por lo más remoto podía pensar que esa semilla que acababa de poner a germinar acabaría gobernando España. Como buen marxista, apostaba por la lucha de clases y la dictadura del proletariado. Hasta la Segunda República el PSOE ostentó el siempre inquietante e incómodo sambenito de partido marginal. La primera democracia española terminó como el rosario de la aurora por culpa, entre otros, de los socialistas, que en lugar de echar agua al fuego lo azuzaron con queroseno de la mano de unos comunistas que se dedicaban a incendiar iglesias y asesinar rivales políticos.

La dictadura fue un periodo de ni fu ni fa para el PSOE, entre otras razones, porque para marxistas ya estaba el PCE del matarife de Paracuellos. Al punto que cuando en 1979 celebraron su centenario plagando España de carteles con los “Cien años de honradez” como leit motiv, los comunistas echaban sistemáticamente mano del spray para apostillar: “Cien años de honradez… y 40 de vacaciones”. Felipe González, seguramente el mayor talento político contemporáneo, echó mano de la realidad europea y concluyó que para meter al PSOE en la rueda de la fortuna invariablemente tenía que mimetizarse con los partidos socialdemócratas europeos. Imitar a Willy Brandt y Olof Palme o quedarse como estaban, ésa era la cuestión. Permanecer anclados en el marxismo hacía física y metafísicamente imposible la conquista del poder. Con la misma receta, se confeccionaba el mismo menú, un menú que gustaba pero no apasionaba a Juan Español.

Dicho y hecho. Felipe convocó en mayo de 1979 su particular Bad Godesberg, el cónclave del SPD alemán en el que 20 años exactos antes se había despachado con un cortés pero contundente “¡auf wierdersehen!” al marxismo. Willy Brandt y cía sabían que o jubilaban el marxismo o sus posibilidades de llegar a la Cancillería de Bonn eran las mismas con las que cuenta un camello de pasar por el ojo de una aguja. González Márquez, el hijo del rico vaquero de Heliópolis, no fue ajeno a esa circunstancia. Y en mayo de 1978 se celebró el XXVIII Congreso en el que abanderó la apuesta por la socialdemocracia. Los delegados le contestaron con un discutido pero mayoritario “no” y el hombre que había saltado a la fama en Suresnes un lustro antes dimitió en coherencia con el varapalo recibido.

Apenas cuatro meses después, se repitió la jugada en un Congreso extraordinario. Felipe y Guerra se la jugaron y llegaron, vieron y vencieron. El camino a La Moncloa estaba expedito para un partido que disponía de 121 diputados en la Cámara Baja, casi 50 menos que la UCD. La apuesta por la centralidad, la moderación, la transversalidad, el sentido de Estado y el españolismo fructificó. Y no hizo falta una década o dos sino tres años. El 28 de octubre, 48 horas después de un mitin para la historia en la Complutense con medio millón de personas, el PSOE del cambio se metía en el bolsillo 202 diputados. El secreto de este récord Guinness no fue otro que conseguir que le votaran no sólo las gentes de centroizquierda e izquierda, sino también quienes se adscriben al centro y muchos de los españoles situados en el centroderecha. ¿Cómo obró el milagro? Muy fácil: no dando miedo y aproximándose a esa Tercera España que considera la Guerra Civil el mayor error de nuestra historia porque fue una contienda de malos contra malos.

La gobernación de España fue todo un éxito. Universalizó un Estado del Bienestar que en España funcionaba razonablemente bien. Y practicó una política económica a caballo del liberalismo y la socialdemocracia. Al punto que a partir de 1986 empezamos a crecer al 5%. El terrorismo de Estado y la corrupción (en esto último coincide con Rajoy) acabarían por largarlo de La Moncloa. Y eso que a punto estuvo de dar la campanada aquel 3 de marzo de 1996. Aún recuerdo su “nos ha faltado una semana” con el que sintetizó una campaña que tenía perdida y a punto estuvo de ganar.

Zapatero se hizo con el poder de chiripa, acompañado de una baraka enciclopédica. Es el primer candidato de la democracia que ganó a la primera (lo de Suárez es otra historia). Y en lugar de imitar a Felipe, optó por emprender su propio camino. Un camino inspirado más en el revanchismo, el resentimiento y por qué no decirlo, las ocurrencias, que en la centralidad. Y eso que hablamos del presidente más demócrata de nuestra historia en ese difícil capítulo que es el del respeto a los adversarios y a los medios. De los polvos de haber gobernado con los independentistas vienen los lodos de un PSOE que ni está ni se le espera en Cataluña, donde ha sido fagocitado por Ciudadanos, ni en el País Vasco, donde hace bien poco ocupaban la Lehendakaritza.

La Ley de Memoria Histórica fue el punto culminante del revanchismo de quienes intentaban ganar la maldita guerra que habían perdido sus abuelos 70 años antes. Una estúpida ensoñación que llevó a este país a unas cotas de enfrentamiento jamás vividas en 37 años de democracia. Una demencia intelectual que terminó como acaban todas las demencias intelectuales: peor que mal. Reescribir la historia supuso azuzar viejos instintos que todos creíamos superados gracias a ese nunca bien ponderado Pacto de la Transición que provocó la admiración del mundo entero y que aún hoy se estudia en las más prestigiosas facultades de Ciencia Política del orbe. Desde Harvard hasta Berkeley, pasando por Oxford o La Sorbona.

A Pedro Sánchez le veo más en Zapatero. Creo que es menos extremo que el quinto presidente de la democracia pero mucho más kamikaze en términos prácticos. Con tal de salvarse él es capaz de llevarse por delante su partido y la España constitucional. Por mucho que ahora intente dar marcha atrás de cara a la galería, no podemos olvidar que el miércoles pasado, y tal y como había adelantado Okdiario, propuso gobernar de la mano de Podemos, Esquerra Republicana, Izquierda Unida y entiendo que PNV también (porque, si no, las cuentas no salen).

Es lo que le faltaba a un PSOE que se anotó el domingo los peores resultados de la historia: su suelo estaba en los desastrosos 110 de Rubalcaba y antes en los 118 de González en 1977. Pedro Sánchez fue incapaz de aprovechar los errores de un Gobierno campeón en ajustes y que durante un tiempo salía a caso de corrupción diario. El espigado secretario general socialista carece de la autoridad moral para intentar gobernar sobre quien le sacó 34 diputados (123 frente a los 89 que parece va a tener el Grupo Socialista). Más aún, para mandar e intentar imponerse sobre quienes le sacaron las castañas del fuego. Léase Susana Díaz, Guillermo Fernández Vara, Javier Fernández o Emiliano García-Page.

Y lo de pactar con quienes quieren cargarse la unidad de España (empezando por Podemos y terminando por ERC) es la epítome del error. El error al cubo. Parece mentira que sigan sin aprender de lo sucedido en Cataluña, donde hace una década ganaban con claridad en autonómicas y generales y ahora se las ven y se las desean para ser los cuartos de la fila. El germen de la autodestrucción es siempre el mismo: actuar contra tus esencias. En política, en economía, en deporte, en el arte y hasta en el comportamiento individual. Si el PSOE jubila la “E” (la “O” se quedó en el XXVIII Congreso), mejor que lo cierren. Que la agonía será mucho más breve.

A Sánchez no le vendría nada mal un poquito de historia del PSOE. Si Felipe González llegó donde llegó fue porque jamás jugó con la Constitución ni con la idea de España y porque nunca tuvo la más mínima tentación de coquetear con el enemigo. Eso en el apartado territorial. En el ideológico no parece lo más conveniente acostarte con la sucursal de una dictadura, la venezolana, que Felipe González está combatiendo ejemplarmente mientras ese extremista con piel de centrista que es Zapatero se abraza con el sátrapa. Un apunte añadido que no está de más recordar: en la noche electoral los socios de Sánchez loaban por boca de Pablo Iglesias a una Pasionaria que ordenó un sinfín de muertes antes y durante una Guerra Civil que algunos se empeñan irresponsablemente en resucitar.

El pecado original de Pedro Sánchez fue haber dado las alcaldías más importantes de España a esa extrema izquierda que amenaza con devolvernos no sé si al 76 o al 36, pero desde luego a tiempos que creíamos felizmente superados. Todo lo contrario que una Susana Díaz que en estos momentos es el personaje político más próximo a esa centralidad y transversalidad que condujo a Felipe a la gloria. Cuando se vio en la tentación de hacerse trampas al solitario para acortar su camino electoral en Andalucía lo tuvo meridianamente claro: “Yo con Podemos no pacto así me maten”. Y se llevó el gato con una espectacular victoria en la que metió 17 diputados al PP y 33 a Podemos. La hispalense es la prueba del algodón de que solos sí se puede, de que el PSOE puede volver a ser grande sin atajos ni vías secundarias.

El PP carece, de momento, de recambio. Entre otras razones, porque es un colectivo que funciona a la búlgara en el que el que se mueve desaparece de la foto al más puro estilo alfonsino. Al PSOE le acompaña la bendita suerte de tener perfectamente dibujado el recambio. Un retrato con aires trianeros que recuerda al Felipe de finales de los 70 en una armónica combinación de seriedad, sentido de Estado, magnetismo y populismo. Un cóctel perfecto para propiciar el gran salto adelante de una organización más necesaria que nunca pero que ha perdido demasiadas oportunidades. Ésta es la última… pero tienen a Susana.

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Un gigante con pies de barro

Emilio Campmany Libertad Digital  26 Diciembre 2015

La forma más lógica de evitar una nueva convocatoria a las urnas es que se forme un Gobierno respaldado a la vez por PP, PSOE y Ciudadanos. Sin embargo, esta solución tiene el grave inconveniente de que dejaría a Podemos el monopolio de la oposición, constituyéndose entonces en la única alternativa al Gobierno. El ejercicio del poder desgastaría por igual a lo que podríamos llamar los tres partidos sensatos, y el elector al que no le gustara lo que hicieran, que serían muchos, pues hay todavía mucha medida impopular que tomar, sólo tendría la coleta de Pablo Iglesias a la que agarrarse. Por eso quizá fuera mejor que –dado que los magros resultados de Ciudadanos le impiden completar ninguna mayoría– la coalición de gobierno sólo la conformaran PP y PSOE. Pero ninguno de los dos querrá dejar a Ciudadanos fuera del acuerdo ejerciendo la oposición y rebañando votos a los dos, ni Rivera está en disposición de ponerse farruco y excluirse del acuerdo, porque es con diferencia al que más le conviene que no haya nuevas elecciones.

De modo que, si no hay nueva convocatoria, será Podemos quien ejerza en solitario la oposición. Esto agigantará a Pablo Iglesias, que podría ser algo parecido a lo que fue Felipe González tras la celebración de las elecciones de 1977, la única alternativa. Y, sin embargo, podría no ser así. No tanto porque el González de aquella época no se pareciera al Pablo Iglesias de ahora, que no se parecen mucho, aunque el PSOE de entonces hablaba de salirse de la OTAN y nacionalizar la banca. Sino porque Podemos no tiene la coherencia interna que tenían los socialistas, aunque éstos tampoco tuvieran mucha. Hoy el partido de Pablo Iglesias está constituido por una mezcolanza de extrema izquierda que es independentista en Cataluña, País Vasco, Valencia y Galicia y neocomunista en el resto. Semejante alianza no puede durar. Más pronto que tarde llegará un momento en el que se haga evidente que las muchas promesas de contenido económico hechas a sus votantes del centro y del sur no van a poder de ningún modo ser satisfechas si la perifería rica se independiza. El divorcio no tiene por qué tardar si, cuando proponga cualquier cosa relacionada con la futura independencia de Cataluña, Esquerra Republicana es secundada por los cuatro grupos parlamentarios independentistas de Podemos y a la vez rebatida por el de Pablo Iglesias donde se agrupen los podemitas de los territorios no nacionalistas.

Si tal cosa sucede, y es muy probable que ocurra, será evidente que el único mérito de Pablo Iglesias habrá sido el de ofrecer a la extrema izquierda independentista allí donde la hay una plataforma desde la que superar los límites de crecimiento impuestos por la ley electoral, además de un notable suplemento de votos de electores que se limitan a ser muy de izquierdas pero que no son independentistas, por mucho que vivan en territorios donde el nacionalismo florece. De semejante gazpacho es imposible que salga una alternativa coherente a nada. Al menos, eso espero.

Entre el esquivo pacto y el asalto a la Constitución
VÍCTOR DE LA SERNA El Mundo  26 Diciembre 2015

De entrada, no habrá gran coaliciòn constitucionalista, porque Pedro Sánchez se cierra en banda. En ABC, José María Carrascal reflexionaba: «En tan crítica coyuntura, lo primero es aceptar que hay pactos naturales, entre fuerzas que comparten principios y objetivos, y antinaturales, entre las que no los comparten. Sólo el pacto natural tiene posibilidades de éxito. El antinatural es una receta del fracaso, como muestra la experiencia. (...) Sólo las fuerzas antisistema pueden rechazar esos principios, pero el «no» de Sánchez a Rajoy advierte que el PSOE se acerca a ellas».

En las mismas páginas, Hermann Tertsch elevaba el tono: «El proceso golpista de extrema izquierda y separatismo entra ahora en fase intensa de guerra ideológica. Y que sólo puede concluir de dos formas. Una es que la izquierda rupturista y revanchista, que hoy es la izquierda mayoritaria en España, entierre la Constitución de 1978. (...) Otra es que esa ofensiva golpista sea derrotada por fuerzas democráticas. (...) El PSOE tiene el corazón partido. Le gustaría estar, como siempre, en ambas aventuras, en la legalidad institucional y en el frenesí revolucionario. En los salones de gobierno y en las brigadas del amanecer. No se puede. Pero Sánchez, el hombre de la autoestima dislocada, lo va a intentar».

Un editorial de El País intentaba enfriar los ánimos: «No conviene ceder a las urgencias de los que (...) presionan a favor de un rápido acuerdo envuelto en la retórica de los sacrificios exigibles a las fuerzas políticas para que se olviden de partidismos y busquen soluciones de gobernabilidad a toda prisa. Un factor que podría alterar el escenario político es la aceleración de los acontecimientos en Cataluña. Los preparativos de las fuerzas independentistas catalanas se dirigen a marchas forzadas a intentar un acuerdo in extremis. De producirse un nuevo tirón separatista por parte de las fuerzas combinadas de Junts pel Sí y de las CUP, el Gobierno en funciones necesitará del respaldo de otras fuerzas».

Se desesperaba La Razón: «El problema es que estamos muy lejos de asistir a uno de esos clásicos pactos contra el PP (...) para enfrentarnos a un panorama en el que uno de los participantes en la supuesta unión de izquierdas no tiene como propósito apartar a la derecha del poder, sino auparse sobre las espaldas de su socio (...) Si Pedro Sánchez no es consciente de la situación potencialmente explosiva a la que conduce a la sociedad española y, por ende, al PSOE -y no parece serlo a tenor de la altivez y el tono autoritario con el que ayer despachó las opiniones contrarias de algunos de los barones socialistas-, es preciso que las voces más autorizadas del socialismo (...)se impliquen en la labor de convencimiento y reivindiquen la clara vocación de partido de Estado que encarna el PSOE».

Contumacia en el error
IGNACIO VIDAL-FOLCH El Mundo  26 Diciembre 2015

Financial Times: "Para los mercados, el fracaso de España para elegir a un claro vencedor en la elecciones del pasado fin de semana es el peor de los resultados posibles". The Wall Street Journal: "España afronta semanas de inestabilidad política después de una elecciones no concluyentes." Open Europe: "La incertidumbre gobierna en España tras el enredado resultado de las elecciones."

O sea que la prensa internacional más reputada está en sintonía con la nuestra: los resultados son lo peor que podía haber pasado y se abre un periodo político de incertidumbre e inestabilidad. Seguiremos en el bucle.

Ahora los líderes de los grandes partidos tienen que tentarse bien la ropa antes de tomar sus decisiones, y cuando les abrume el peso de la responsabilidad que recuerden el famoso dicho de Kierkegaard: "Hagas lo que hagas, te arrepentirás".

Ahora bien, la alegría va por barrios y en estacadas como ésta se revigorizan toda clase de lemures, de oportunistas y aprovechados que encuentran en el desconcierto y en la pulsión suicida de las sociedades enfermas una ocasión de oro para sus negocios improbables. Véase La Peste de Camus. De pronto, para ellos todo se hace posible. Para los demás, sin novedad en el inmediato porvenir: seguiremos en el bucle entrópico de hoy, ayer y antes de ayer.

Martes
Me llama mi amigo separatista (todos deberíamos tener uno) para comentar los resultados de las elecciones. Ha olido sangre y se relame:
--¿Qué? -me pregunta-- ¿Qué te parece? ¡In-go-ber-na-bi--lidad! ¡Como en Cataluña! ¡Y ahora, además, el referéndum vuelve a estar sobre la mesa! ¡La independencia está más cerca!
--Bueno, de momento la Bolsa se desploma...
--¡Bah, si se cae ya se levantará! Y si no, que se joda la Bolsa.

Luego me cuenta que el formidable novelista portugués Eça de Queirós cuando iba en tren camino a Inglaterra cerraba la cortinilla para no ver España...
--Qué cosas hacía Eça...

Luego me da a leer un artículo del 'poeta' Jaume Bosquet, publicado en un opúsculo de la Institució de les Lletres Catalanes como homenaje al centenario de Joan Teixidor, donde afirma: "Vivimos tiempos portentosos, en los que Cataluña ha dejado por fin el miedo atrás y a ese concepto malvado que se llama España..." Etcétera.

Que un loco se alivie en un blog privado diciendo estas burradas, vaya y pase. Pero que se invierta el dinero público (de la Generalitat) en la difusión del lenguaje guerracivilista es una vergüenza que empieza a ser clamorosa.

En fin, que todos deberíamos tener un amigo separatista para ver de cerca cómo se autoexcitan y retroalimentan el desprecio, la ruptura, la disgregación, el apartamiento, la entropía universal, la deriva del universo...

Miércoles
Como la semanita avanza brumosa, he decidido empezar el día releyendo, entre carcajadas y aún en la cama, Els meus millors pròlegs [Mis mejores prólogos] de Ferran Escoda, que ha sido una de las mejores sorpresas del año en literatura catalana. Aunque muchos chistes se perderían en la traducción merecería la pena publicarlo en español, porque no hay tantos artefactos literarios suaves y divertidos, un poco delirantes y chiflados, y tan bien escritos, como éste. El protagonista es un erudito, riguroso, severo pero justo, que ha hecho de su vicario trabajo de escritor de prólogos a libros ajenos un oficio profesional y bien remunerado. Es el único que ha logrado vivir de ello, a costa, eso sí, de aceptar prologar toda clase de libros, sean novelas uzbekas 'imprescindibles', poemarios ininteligibles, catálogos de subastas y hasta manuales de jardinería. No le hace ascos a nada. Cada capítulo de Els meus millors pròlegs es el prólogo de un libro, inexistente, claro, pero merecedor de algún premio. A Italo Calvino, el de las Seis propuestas para el próximo milenio, la prosa de Escoda le agradaría, pues cumple por lo menos con cuatro de ellas: ligereza, rapidez, multiplicidad y exactitud.

Jueves
Me doy cuenta de que al leer los periódicos paso deprisa y sin leerla la página con la foto de unos negros en una patera como La balsa de La Medusa, y por el contrario me detengo lleno de interés ante otra con la foto de un moderno y blanco observatorio espacial, bajo el titular Más de cien científicos buscan respuesta a la pregunta de si existe vida fuera de la Tierra.

La muerte y el dolor los doy por consabidos e incorregibles: lo único que el progreso y las bellas ideas han hecho es desplazar el dolor, como los soldados que barren el cuartel y sólo empujan la suciedad de un lado del pasillo a otro. Sólo veo una solución para que nos comportemos de manera razonable y generosa, la de Sloterdijk en su polémico ensayo "Normas para el parque humano", o sea la manipulación genética. O eso o que vengan los marcianos.

Viernes
El juez Ricardo de Prada reprocha a sus compañeros de la sección segunda de la Audiencia Nacional Concepción Espejel y Enrique López que se guíen por su 'sesgo político'. Como informaba ayer este diario, López y Espejel exigen que el juez Santiago Pedraz abra por tercera vez la causa contra el concejal madrileño Guillermo Zapata por sus tweets con chistecitos desalmados sobre Irene Villa, que siendo la más ofendida ya se ha honrado manifestando su perdón. Pedraz ha archivado el caso dos veces. Y cada vez que lo archiva, sus colegas le mandan que vuelva a abrirlo. Andarán sobrados de tiempo y sin tareas importantes en que ocuparse. Total, en la Audiencia Nacional apenas hay trabajo. ¿Verdad? Estoy por enviarles un yo-yo.

Por lo demás, el gato hay días que está triste y azul y otros azul y triste. Ya sé que el orden de los factores no altera el producto... Pero hay veces que no hay quien se aclare.

A través de una carta
Societat Civil Catalana avisa a empresarios y embajadores del plan de Artur Mas para desintegrar España
www.latribunadelpaisvasco.com  26 Diciembre 2015

Societat Civil Catalana (SCC) ha enviado una carta a 150 empresarios, embajadores y líderes de opinión en la que les alerta de que en Cataluña hay un "plan detallado para desintegrar el Estado" auspiciado por el presidente Artur Mas, que ha ofrecido a la CUP una acuerdo de investidura que "destruye España".

La carta, firmada por el presidente de Societat Civil, Rafael Arenas, lleva adjunto el documento con la propuesta de Junts del Sí (CDC y ERC) a la formación antisistema, la CUP, traducido al castellano y con los párrafos que considera "más graves" subrayados en amarillo.

[pdf] Propuesta de Artur Mas a la CUP. Marcados en amarillo los extractos que abogan por disolver el Estado español.pdf [721,15 Kb]
[pdf] Carta de Sociedad Civil Catalana a empresarios y embajadores sobre plan de Artur Mas para disolver el Estado español.pdf [202,42 Kb]
http://latribunadelpaisvasco.com/descarga/470
http://latribunadelpaisvasco.com/descarga/471
 


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