AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 30  Diciembre  2015

Váyase, señor Rajoy
Jesús Cacho www.vozpopuli.com 30 Diciembre 2015

El “Váyase, señor González” se convirtió en uno de los más famosos latiguillos parlamentarios de los años noventa, cuando el fogoso José María Aznar por quien nadie apostaba un ochavo como candidato a La Moncloa pugnaba por desgastar a un Felipe González cercado por la corrupción. Aznar ganó por fin unas elecciones y ocupó la presidencia del Gobierno durante ocho años. Seis meses antes de despedirse con la marcha fúnebre de los atentados del 11-M, su dedazo plenipotenciario invistió como sucesor a Mariano Rajoy, otra lumbrera obligada a perseverar dos legislaturas en la oposición para llegar a ocupar un poder que le había birlado uno de esos tipos, otro más, por el que ni el más osado se hubiera jugado jamás una perra gorda, el gran José Luis Rodríguez Zapatero.

Es la historia en trazo grueso de los “cerebros” que han ocupado una presidencia del Gobierno de España progresivamente devaluada por una clase política que mengua –en talento y capacidad de liderazgo- sin cesar desde los tiempos del ahora añorado por tantos Adolfo Suárez. Es el divorcio radical entre las clases medias ilustradas españolas, plagadas de valiosos profesionales liberales, y una clase política tan anémica como vilipendiada, rechazada de plano como opción de futuro para sus hijos/as por cualquier padre responsable. La política como sucedáneo de la traición, la sumisión y el miedo. Camino de perdición hacia la nada. Lo dijeron Stuart Mill y Tocqueville: el hombre sabio y popperiano jamás aceptaría someterse al juicio del electorado, de lo que resulta que los criterios de selección de la democracia tienden a expulsar del juego a los mejores. La “selección negativa” de Sartori. Por increíble que parezca, Rajoy hizo ayer un relato triunfalista de los resultados electorales cosechados por el PP el pasado día 20, olvidando que perdió 63 escaños y más de 3,6 millones de votos respecto a noviembre de 2011. Ya había recibido severas advertencias en las europeas de 2014 y en las municipales y autonómicas de mayo de este año. Como el que ve llover. De victoria en victoria hasta la debacle final. Váyase, señor Rajoy.

Pero nuestro hombre sigue impertérrito tras del atril del poder en Moncloa, sin nadie que se atreva a susurrarle al oído que tal vez la culpa no sea de Pedro Sánchez, ni de Pablo Iglesias, ni de Albert Rivera, ni siquiera de Artur Mas; sin nadie que ose sugerirle que quizá la culpa sea suya, suyo el pecado de haber dilapidado la mayoría absoluta más amplia de la que Gobierno alguno haya dispuesto en la España democrática, esa mayoría que el buen pueblo español le sirvió en bandeja para que abriera al enfermo en canal y operara sin titubeos la triple crisis económica, política y moral que atenaza a España. Con cara de cemento armado, el sujeto pidió ayer un Gobierno, naturalmente presidido por él, “de amplio apoyo parlamentario” para “hacer por amplios consensos las reformas que necesita España” (sic). Manda rosas a Sandra. O manda cojones, con perdón. ¿Ahora se acuerda usted de las reformas que necesita España, ahora, cuando se acaba de despertar de la siesta cuatrienal que se ha echado sobre la mullida alfombra de esa mayoría vertida por el albañal del inmovilismo más absoluto? Váyase, señor Rajoy.

Mariano quiere formar Gobierno “como sea”
Pero, ¿es que acaso ha pedido perdón a sus votantes? ¿Se ha disculpado ante la militancia del PP? ¿Ha exhibido argumento alguno capaz de servir de atenuante para el desastre de legislatura que acaba de terminar? No señor. Con un par. Au-dessus de la mêlée. Cero autocrítica a caballo de la radical determinación de seguir en el machito, mantenerse en el puente de mando aunque la nave colectiva amenace naufragio. Porque a ese señor que ocupa La Moncloa con el aire circunspecto de quien pasaba por allí, alguien a quien el país ha pedido un duro sacrificio personal cuando podía estar forrándose en su despacho de registrador, resulta que le gusta el poder más que a un tonto un bolígrafo. Tiene el partido descoyuntado, sin proyecto político ni ideario alguno más allá de seguir en la poltrona a cualquier precio, pero eso no parece preocuparle. Su camino se bifurca ahora en dos direcciones: lograr la investidura para ser elegido presidente de un Gobierno en precaria minoría y, en caso de no lograrlo como parece probable, presentarse de nuevo en mayo, fresco cual rosa, como candidato de la derecha a la presidencia del Gobierno. Yo sigo y aquí no ha pasado nada. Váyase, señor Rajoy.

Fuentes del partido sostienen que Mariano está empeñado en formar Gobierno como sea. “Como sea”, repiten. Y uno, que ha visto ya muchas cosas, no se imagina cómo un señor de la derecha conservadora puede empeñarse en gobernar en tan escuálida minoría, que es tanto como estar dispuesto a hacerle el trabajo sucio al populismo rampante, porque con 123 diputados, que serán 122 si finalmente se atreven a mandar a paseo al golfo segoviano, el PP no va a poder acometer, entre otras muchas cosas, un ajuste fiscal del orden de 15.000 millones necesario para dejar el déficit público en el 2,8% del PIB comprometido, ajuste que debería abordarse, un suponer, vía recorte del gasto y no mediante nuevo aumento de impuestos como ocurrió en 2012; y no va a poder efectuar las reformas estructurales que sigue necesitando el país, y no va a poder refinanciar los 250.000 millones de deuda pública vencida que hay que negociar este año, y a ver qué pasa con eso, Mariano, qué pasa con España cuando los ejecutivos que manejan las mesas de contratación en Londres y Wall Street vuelvan de vacaciones el 11 de enero y decidan dedicar dos minutos a echar un vistazo a lo ocurrido en España el 20D. Váyase, señor Rajoy.

¿Va usted a pactar más gasto social con la izquierda para poder seguir en el machito? ¿Está usted dispuesto a arruinar las cuentas públicas? Por vergüenza torera o por patriotismo constitucional, usted tiene que irse, no puede seguir siendo el tapón que mantiene bloqueado un país entero, que impide la regeneración del PP y el surgimiento de una nueva derecha liberal, laica, reñida con la corrupción, cumplidora de la ley y comprometida con las reformas. Usted es el problema, nunca la solución. Es verdad que nadie se atreve a decirle algo parecido en su partido, un espacio donde reina el silencio porque manda el miedo, pero debe saber que el 95% del mismo está convencido de que con otro candidato en las generales del pasado día 20, sus resultados hubieran sido notablemente mejores, porque están seguros de que es usted una máquina de dar votos a la izquierda populista, y de que si insiste en ser cabeza de cartel en mayo acabará por hundir una organización presta a estallar en banderías en cuanto pierda las sinecuras del poder. Váyase, señor Rajoy, porque “nunca ha de morir todo un pueblo por un hombre solo”, que dijo el poeta Espriu.

Un monumento frente a la Peregrina
Usted tiene que irse. Irse ya, irse cuanto antes. ¿Para ser sustituido por quién? No lo sé; no es mi trabajo. Usted es el pasado. Un pasado de inmovilismo que ha situado a España en uno de los momentos más inquietantes de su reciente historia. Es verdad que no nos ha dado los sustos con que Zapatero y sus ocurrencias amenazaban a diario a los españoles, pero nos ha encofrado de inmovilismo y corrupción hasta las cejas, ha parado al país en seco. Tenga usted un gesto de gallardía y váyase. Estamos dispuestos a hacerle un monumento en su Pontevedra natal frente a la iglesia de la Peregrina. Dispuestos a lo que sea. España no puede seguir parada. El futuro no puede esperar. Pretender ir a nuevas elecciones con Mariano Rajoy como candidato es un suicidio para la derecha y una desgracia para millones de españoles necesitados de ese partido capaz de representar los valores de esa “sociedad abierta” sobre la que teorizó Popper y en la que los individuos se sienten responsables de sus actos, sociedad capaz de crear riqueza, primero, y repartirla, después, capaz de perfilar un proyecto de futuro en el que quepan todos los españoles. Una derecha moderna que pueda presentarse en mayo ante el país dispuesta a pedir con humildad un nuevo mandato reformista frente a la izquierda desnortada de Pedrito y la colectivista de Pablito. Váyase, señor Rajoy. Lárguese cuanto antes. Háganos ese favor.

Votar es un derecho, no una obligación
Almudena Negro www.vozpopuli.com 30 Diciembre 2015

Al hilo de los comentarios suscitados por mi columna “Por qué no voté y encima no me arrepiento”, que me han resultado muy intersantes, me parece relevante desmontar algún que otro mantra de esos que el consenso establecido en 1978 ha venido instalando en el subconsciente de los españoles desde hace décadas. Porque lo de la “fiesta de la democracia”, además de ser una cursilería típica del pensamiento políticamente correcto, señala como aguafiestas al que no participa, por la razón que sea, del derecho a votar.

En primer lugar, cabe señalar que votar es un derecho, pero no una obligación. Aunque el 41,1% de los españoles crea que hay que acercarse al colegio electoral por narices. El sufragio obligatorio se da en países como Argentina, Egipto, Perú, algunos cantones suizos, Bélgica, Grecia, Singapur o Tailandia. Lo que carece de toda lógica, dado que votar no es más que un ritual, si quieren sacralizado por la clase política.

Pero en las dictaduras, que no son más que otra forma de gobierno, peor que la democrática que es la menos mala, también se vota. Con Franco se votó, por ejemplo, en 1947 y 1967. Las primeras elecciones municipales después de la Guerra Civil tuvieron lugar en 1948. Qué cosas. En Corea del Norte, por cambiar de tercio, se ha votado este año. De hecho, se vota cada lustro. Y a nadie en su sano juicio se le ocurriría tachar a dicho país de democracia. Para que se vayan enterando los del “con lo que nos costó que se pudiera votar”. La democracia, pues, no es cumplir con el ritual de votar. Es que haya representación (que el pueblo elija directamente a sus representantes) y división de poderes. Libertad política. Votar, o no hacerlo, es una opción personal.

Por otra parte, se confunden habitualmente el voto en blanco y el no votar. Según una reciente encuesta elaborada por Kantar, nada más y nada menos que el 45% de los españoles desconoce cómo se vota en blanco. Quizá por ello no sean pocos los que piensan que no votar favorece al partido más votado, que es lo que sucede con el voto en blanco. Voto en blanco que sí entra en el recuento de la maldita Ley D’Hont, ese invento aplicado en España para dar cabida a los nacionalismos y evitar el sano bipartidismo. No votar no favorece a nadie. Ni siquiera al sistema, que se vería deslegitimado en España si la abstención superase, digamos, el 75%. El mejor voto-protesta contra un Estado de Partidos cuyos dirigentes siguen empeñados en hablar de lo suyo mientras ignoran lo nuestro, lo de la gente de la calle, es, en mi opinión y salvo casos de absoluta urgencia como sucede en Venezuela, la abstención consciente.

Luego está lo de “si no has votado no protestes”, que ralla, por ser fina, en lo totalitario. Quien ejerce su derecho a no votar, no está participando de la farsa. Una farsa que todos criticamos. ¿Por qué hay 350 diputados? Con la actual cupulocracia, con permiso del profesor Ramón Peralta, que hace de la representación un chiste, bastaría con que Mariano, Pedro, Pablo, Albert y el resto de jefecillos del consenso, tuviesen un voto ponderado en función del resultado electoral. Y nos íbamos a ahorrar una pasta. Y Pedro Sánchez dolores de cabeza, que para eso hoy 22 de sus escaños los ha aportado Andalucía. O sea, Susana. Pero es que además, en el Congreso de los Diputados hay un banco azul, en clara demostración de qué poder manda: el Ejecutivo. Porque la división de poderes no sólo afecta al Judicial (y me imagino que aquí se están partiendo de la risa, que todos sabemos que Pedro Pacheco en los 80 tenía razón cuando dijo aquello de que es un cachondeo), también a la necesaria división entre el ejecutivo y el legislativo. Quienes votan, podría alegar un abstencionista, participan y se hacen cómplices de la farsa. Personalmente no lo creo. Simplemente, es que son demasiados años de creación de mitos.

Del mito de la Transición al mito del constitucionalismo, pasando por el mito del sacrosanto voto. Voten o no voten, tengan en cuenta estas cuestiones. Que lo mismo en mayo volvemos a tener debate televisado. Esta vez, que lo presente Jordi Hurtado.

Rajoy lidera el baile de los ‘espectros’
Pablo Sebastián Republica.com 30 Diciembre 2015

Atinado estuvo Mariano Rajoy al proponer un Gobierno de ‘amplio espectro’ para defender la unidad y gobernabilidad de España. Porque ‘espectros’ es la calificación más precisa que puede aplicarse al pleno de líderes que, fracasados en los comicios del 20-D, deambulan como zombis por el escenario de la política nacional, incapaces de forjar una mayoría estable que permita abordar los desafíos y problemas del país.

Empezando por el propio Rajoy cuya pírrica e insuficiente victoria le ha dejado en la mayor de las soledades. De la que el líder del PP tiene su indiscutible responsabilidad tras haber dinamitado los puentes con las fuerzas de la Oposición en la pasada legislatura. Empezando por el PSOE al que Rajoy negó la oportunidad de formar Gobierno en el Sur tras las elecciones de Andalucía donde Susana Díaz lideró la lista más votada, lo que no sirvió para que el PP le diera sus votos o al menos le facilitara la abstención. Ahí acabó el discurso de ‘la lista más votada’.

Ahora es el espectro de Rajoy quien, con su liderazgo sin capacidad de diálogo y arrastrando las responsabilidades de corrupción de Gürtel y Bárcenas, está obligado a tragar su amarga medicina, mientras esgrime como solo argumento el discurso de ‘la unidad de España’ que, dicho sea de paso, él no defendió al consentir la Consulta del 9N en Cataluña.

El espectro Rajoy se niega a dar un paso atrás para que otro dirigente del PP, con mejores modales y capacidad de diálogo, intente pactar con otros partidos la pretendida coalición PP, PSOE, Ciudadanos. Incluso sin descartar un Presidente ‘independiente’, o de uno de los otros dos partidos, PSOE o C´S, como ha ocurrido en gobiernos de coalición de la Unión Europea donde una minoría asume la Presidencia.

¿Acaso no dice Rajoy que lo importante es la unidad y la estabilidad de España? Pues que actúe él con generosidad ejemplar marchándose de la primera línea nacional y facilitando la triple gran coalición. Es decir ¡por España!, hágase a un lado señor Rajoy.

Quiere Rajoy, poniendo a España por testigo, que Sánchez y Rivera con riesgo de hundir sus partidos en unas probables elecciones anticipadas le ayuden a mantenerse en la Moncloa y a romper el encantamiento de monumental fracaso político.

Porque ha sido bajo el mandato de Rajoy cuando nos estalló el desafío secesionista catalán, se hundió el bipartidismo y se enseñoreó por toda España la corrupción, mientras crecían el paro y la desigualdad. Y aún quiere Rajoy seguir en la Moncloa, no sabemos bien por qué -todavía puede hundir a La Corona- como tampoco sabemos por qué todavía se lo consienten en el PP donde la exigencia de un urgente Congreso del partido debería ser un clamor.

Espectros de la política también los son Pedro Sánchez que perdió las elecciones y los modales, que tiene roto su partido donde figura como rehén de Susana Díaz. Y lo mismo le ocurre a Artur Mas convertido en marioneta suplicante ante el grotesco espectáculo de la CUP. Mientras, los emergentes Pablo Iglesias y Albert Rivera a la espera están pero sin escaños suficientes para facilitar a izquierda o derecha la estabilidad.

De lo que se deduce un bloqueo político de imposible solución donde el PSOE y el PP deberían hacer un esfuerzo de renovación convocando los Congresos de sus respectivos partidos, para que los nuevos dirigentes ajenos a los desencuentros de la pasada legislatura intenten un pacto o se internen en el incierto camino de nuevas elecciones generales, como las que también se deberían celebrar en Cataluña.

Lo que no cabe imaginar es que los espectros de la política que son los autores del desastre político nacional español y del catalán pretendan ser quienes solucionen los problemas que ellos mismos crearon. De ahí la sonora soledad de Rajoy en España y de Sánchez en el PSOE y de Mas en Cataluña, discurre el baile de los espectros. Una danza macabra que sería irrisoria si no estuvieran de por medio la estabilidad y el interés nacional.

El nudo gordiano

Aleix Vidal-Quadras  www.gaceta.es 30 Diciembre 2015

El gran Alejandro dio una lección imperecedera de como se resuelven los problemas aparentemente imposibles con un seco tajo de espada que señaló un camino expeditivo que nadie antes había vislumbrado. Frente a situaciones embrolladas sin salida visible, tan sólo un movimiento decidido, valiente y arriesgado puede abrir la puerta a una solución. La propuesta de Mariano Rajoy de un Gobierno de amplio espectro formado por los tres partidos comprometidos con los valores constitucionales, con la integración europea y con la unidad nacional, es sin duda la opción más razonable en estos momentos. España ha de intentar remontar definitivamente la crisis, sanear sus instituciones y corregir los serios defectos estructurales de su economía y de su modelo territorial. Ello requiere un ambicioso programa de reformas en profundidad que han de afectar incluso a nuestro ordenamiento básico. Un gran pacto de Estado entre PP, PSOE y Ciudadanos destinado a llevar adelante un proyecto de esta naturaleza transformaría de golpe un país preso de la incertidumbre y agitado por la desconfianza en un polo de atracción de las inversiones y en un ejemplo de madurez e inteligencia ante el resto del planeta.

Sin embargo, la cerrazón de Pedro Sánchez impide por ahora una operación de tan evidentes beneficios para el conjunto de los ciudadanos. En cuanto a Albert Rivera, ha dejado claro que, si bien apoya sin reservas un acuerdo para poner en marcha una segunda Transición que enderece el rumbo torcido de la primera, no entrará en un Ejecutivo que no presida y que sólo se abstendrá en una eventual investidura de Rajoy si también lo hacen los socialistas. Sánchez, por otra parte, acosado internamente por sus barones con Susana Díaz a la cabeza, busca desesperadamente en un inviable entendimiento con Podemos la poltrona de La Moncloa que le redima de su batacazo electoral y de su notoria levedad política e intelectual. Un nudo por tanto endiablado que se resiste a ser desenredado si no se produce algún hecho que desatasque la parálisis que nos atenaza.

Y es ahí donde el Presidente en funciones puede, transmutado por un instante de Don Tancredo inane en heroico Alejandro, asombrar al mundo con un gesto sorprendente que devuelva la esperanza a los españoles. Me refiero a su renuncia a la candidatura a la Presidencia del Gobierno permitiendo así que la Junta Directiva Nacional del PP, máximo órgano entre Congresos, elija a otro aspirante que pueda, en mejores condiciones que él, articular un Gabinete respaldado por más de dos tercios del Congreso. Esta maniobra presenta las siguientes y evidentes ventajas: 1) rompe los esquemas de todas las partes propiciando un cambio general de posición 2) elimina la incompatibilidad entre Rajoy y Sánchez que ha alcanzado niveles casi físicos 3) retira de la escena a una persona manchada indeleblemente por la corrupción y generadora por este motivo de reservas casi insuperables por parte de Ciudadanos 4) da un ejemplo de generosidad y altura de miras que obliga a los otros dos posibles socios a no colocarse por debajo 5) libera al PP de un lastre considerable dado el rechazo mayoritario que suscita Rajoy entre sus votantes 6) proporciona un respiro al PSOE y a Ciudadanos a los que unas elecciones anticipadas perjudicarían gravemente 7) afloja el dogal con el que los notables socialistas aprietan el cuello de su Secretario General que de esta manera ganaría tiempo para fortalecer su agrietado liderazgo y 8) ennoblece la figura de Rajoy con una bella morte política que le salva de la decepcionante imagen que se ha labrado tras un mandato caracterizado por la pasividad, la inoperancia, la pusilanimidad y la total ausencia de carisma.

La conclusión es que por formidables que sean las dificultades siempre es posible hallar una llave que haga girar la cerradura, una afilada hoja que corte el nudo más intrincado. Se me objetará que Mariano Rajoy no es precisamente Alejandro Magno y que el rebaño de mansas ovejas en que se ha convertido el PP no propicia una presión sobre el jefe para que por una vez en su vida se comporte como si tuviera sangre en las venas. Acepto la objeción, claramente fundamentada, pero a lo mejor creando un clima de opinión en favor de su apartamiento se contribuye a evitar el desastre. No se pierde nada intentándolo. Ustedes háganlo correr.

El mandato popular.
Vicente A. C. M.  Periodista Digital 30 Diciembre 2015

Hace falta tener la cara de cemento armado para acudir como legitimidad suprema al “mandato popular”, es decir a que haber ido como cabeza de cartel en una lista cerrada a unas elecciones del tipo que sea, es sinónimo de la más alta expresión de la democracia y supone un aval para la persona y no para el partido al que representa. Y es esa la inveterada costumbre que tienen de confundir su ego nada menos que con la voluntad del pueblo. Pues ese argumento es el que está esgrimiendo Mariano Rajoy, también el resto de candidatos, para justificarse como los únicos posibles para cumplir con la misión de formar gobierno. Y desde luego no hay peor ciego que el que no quiere ver, o mejor dicho se niega a admitir otra realidad que no sea la suya.

Nadie puede atribuirse la voluntad de unos ciudadanos obligados a optar entre papeletas impresas con listas en las que figuran todos aquellos que las Juntas Directivas de los partidos, han querido que estén. Es nula la posibilidad de rechazo de alguno o varios de los listados o de cambiar el orden se elección marcando con una X a cada uno de los puestos a cubrir, teniendo que dar por válido el que en esa lista figuren personas imputadas por delitos, tránsfugas y candidatos desconocidos cuyo mérito es haber sido designados por el dedo de los sumos hacedores de las listas con la discrecionalidad característica de quien tiene el poder para otorgar favores o relegar a quienes no gozan de su simpatía o no suficientemente leales e implicados. La política de despachos y de pasillos del compadreo y del peloteo descarado. Porque las listas son el instrumento creador de lealtades más eficaz en un partido político.

Y viene Mariano Rajoy diciendo que tiene un mandato popular. También lo tenía en el 2011 y se lo pasó por el arco del triunfo con la excusa, como ahora, de salvar a España. Antes de la crisis y ahora de las huestes bolivarianas. Una táctica del miedo plasmada en mensajes de o yo o el caos y que viene la izquierda radical. Lo cierto es que el PP, subió en el 2011 a lo más alto cuando obtuvo mediante promesas el apoyo de los ciudadanos. Por eso ahora su caída ha sido estrepitosa en más de 63 escaños lo que le hace imposible formar gobierno, y lo que es peor, le deja en un escenario muy limitado de pactos, debiendo acudir desesperadamente al mensaje del “patriotismo”. Salvando al PP, a Mariano Rajoy, salvamos a España. Un ego superlativo que denota la alta consideración que tiene de sí mismo y de su elevada misión.

La realidad es bien distinta. Si hubieran podido, los españoles hubieran tachado el nombre de Mariano Rajoy de la lista y de algunos otros. Entonces sí que se habría producido un mandato popular democrático y no la farsa de este sistema electoral corrompido hasta la médula desde el momento de la nula democracia interna de los partidos que se presentan, incluso aquellos que acuden a asambleas manipuladas a la búlgara como hemos podido ser testigos este mismo fin de semana en Sabadell. Así que no me vengan con el cuento de los mandatos populares cuando se trata simplemente de una justificación torticera y una burla a la democracia.

Si Mariano Rajoy quiere aceptar un mandato popular que se presente en listas abiertas donde se pueda optar por marcarle como candidato a Diputado.

¡Que pasen un buen día!

LA “BREVA” DE PRESIDIR EN LA MONCLOA
Antonio García Fuentes  Periodista Digital 30 Diciembre 2015

“Los gallos en el gallinero no toleran a otros gallos, quieren para sí todas las gallinas”.
Me he acordado de estas dos estampas tan populares en el idioma del pueblo español; “la breva” (ver diccionario) por cuanto el ser humano y no solo el español, generalmente la quiere cuanto más grande, madura y dulce mejor; a ser posible que se la aseguren para el resto de su vida para disfrutarla sin miedo y sin remordimiento alguno “venga de donde venga esa hipotética breva”. Y en cuanto al “gallo”; es la estampa de todo animal de sangre “más o menos caliente”; que en general no toleran competencia en la cópula con hembras, salvo (“quizá”) el macho de las cabras que por ello le denominan “cabrón”.

Y me he acordado de esas dos grandes metáforas de nuestro idioma, al ver “a los gallos políticos” en su actuación tras las últimas elecciones; que los deja a todos “con el culo al aire” y con pocas salidas para cubrir las ambiciones que cada cual, “guarda en su yo interior y caletre”; que como venimos viendo en los “nuevos tiempos de nuevas dictaduras políticas”; todos estos “gallos o gallitos”, son simplemente “de panza y bolsillo”, como los denominé hace ya bastante tiempo; puesto que “eso de pensar y preocuparse por el pueblo o resto del gallinero”; en general ha brillado y brilla por su ausencia; ya que de lo contrario, la estampa “tan miserable” que hoy presenta España y la gran mayoría de españoles (empobrecidos o ya pobres y además sin ilusiones para un futuro, y donde destacan una juventud que la han destruido antes incluso de formarla y ponerla a trabajar como debiera haber sido su principal destino) en la que solo nos ofrecen, los falsos y absurdos discursos de los que en general lo que pretenden es el poder, pero para emplearlo como si de verdad fueran los propietarios del “latifundio hispano”. Y me afirmo en ello al leer lo que a continuación copio y viendo que de nuevo, políticos, ya más cerca “de la tumba” que de la edad verdaderamente productiva, siguen “enquistados” y ocuparan poltronas que ya no les corresponden y además lo hacen sin rubor alguno y sin dignidad digna de ser considerada: veamos.

“Los pesos pesados del PSOE, barones incluidos, han decidido movilizarse para impedir que Pedro Sánchez pacte con Podemos y caiga, además, en manos de fuerzas nacionalistas e independentistas para alcanzar La Moncloa a cualquier precio”. (Vozpópuli 22-12-2015).

¿Esto quiere decir que como patriota se quiere sacrificar por el pueblo? No, en absoluto, este como tantos otros (que ya forman ejércitos) se apuntaron “a la política” como oficio y para vivir de ella mientras la vida les sostenga y lo que (seguro) va buscando, es “lo máximo a que puede aspirar ahora que ha llegado a ser gallo de su corral”; o sea lo que su antecesor, el sinvergüenza de Felipe González Márquez, se impuso a sí mismo cuando presidiendo en mayoría el gobierno de España, se “colocó” por ley, la paga vitalicia de “príncipe heredero” y todas las demás prebendas, que tras dejar el gobierno viene disfrutando (sin escrúpulos él, como igualmente José María Aznar, han sentado sus culos en asientos de multinacionales y han cobrado sin escrúpulos y anualmente bochornosas cantidades de dinero: que por lógica se las han dado “por servicios prestados”: todo legal o legalizado en esas leyes del embudo que nos manejan y dominan)… y que por ende, han heredado los demás presidentes, cesados; lo que con ser repudiable en extremo, dio lugar para que infinidad de otros “gallitos menores”, adecuaran leyes autonómicas o nacionales, para que estén cobrando cantidades inmerecidas, mientras una enormidad de españoles las están pasando putas o incluso ni les llega para comer, ni tampoco para enchufar la electricidad y calentarse en una modesta estufa eléctrica, por cuanto ya no pueden pagar ni el alumbrado.

No olvidemos nunca, que el mero hecho de “sentar el culo en la poltrona de La Moncloa”, ya da derecho a una serie de prebendas y paga mensual; y vitalicio todo… “que por muchísimo menos, en este perro mundo, hay gente (sicarios) dispuestos incluso a matar “a quién sea”; entiendan pues la realidad de esas luchas por los motivos reales que lo son. Esa ley y otras muchas hay que abolirlas, el político terminado su mandato “a su casa y a su oficio” y que se busque la vida como la mayoría hemos hecho. “Y aplíquese lo que Confucio aconsejaba hace dos milenios y medio para eliminar al político que va a vivir de ello y no a otra cosa”.

Si después de todas “estas espeluznantes realidades”, un político en España, me habla de “progreso”, creo que le escupiría, no el gargajo del bestia, pero sí las más duras palabras que encontrara en mi ya muy rico conocimiento de nuestro riquísimo idioma español.

Que trabajen y rindan de verdad, pero no en beneficio propio sino en el del conjunto del pueblo español, que sigue estando solo y demasiado explotado; y como el movimiento se demuestra andando, anden de verdad y justifiquen suficientemente lo que nos obligan a pagarles, que en mayoría no merecen en absoluto.
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Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y http://blogs.periodistadigital.com/nomentiras.php

Cinco razones para no temer un Gobierno socialpodemita
Pablo Molina Libertad Digital 30 Diciembre 2015

La alianza de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias para formar Gobierno es una de las posibilidades que pueden surgir en el proceso de investidura. España no está preparada para semejante catástrofe –de hecho ningún país lo está–, pero si hemos de beber ese cáliz, mejor apurarlo cuanto antes y pasar página.

De lo que no cabe duda es de que los votantes más atolondrados saldrían de la experiencia vacunados contra el marxismo populista para varias décadas. He aquí los cinco beneficios que un acuerdo socialpodemita nos reportaría a los españoles... en caso de que sobrevivamos a la experiencia:

1. Los bolivarianos serían vistos como unos traidores por sus votantes. Gobernar un país implica dejar a un lado las ocurrencias asamblearias de adolescentes jugando a la política. Nuestra pertenencia a la Unión Europea y la propia dinámica institucional son incompatibles con llevar a cabo los disparates que Pablemos incorpora en su programa electoral. Iglesias se hará un Tsipras y los senderistas que quieren ver la ejecución televisada de Rodrigo Rato y disponer de una paguica mensual sin salir de casa montarán en cólera. Igual que su colega griego, el líder podemita se daría de bruces con la realidad, y eso duele. Especialmente cuando has convencido a cinco millones de votantes de que los unicornios no sólo existen, sino que además son de color morado podemita.

2. El desastre económico vacunaría a los españoles para un par de décadas. No cabe ninguna duda de que un gobierno de socialistas y podemitas sería la garantía del desplome de los principales indicadores económicos del país. La desconfianza de los actores de la economía, las pretensiones del nuevo gobierno de acabar con todas las medidas que han demostrado su eficacia para comenzar a salir de la crisis y su apuesta decidida por un aumento salvaje del gasto público pondrían de manifiesto el carácter destructivo de la izquierda en materia económica. El batacazo sería recordado durante lustros por todos los votantes.

3. Las carmenadas serían un dechado de rigor al lado de las charlotadas de los ministros podemitas. La capacidad de los miembros de Podemos para el disparate no tiene un límite conocido. Las ocurrencias antisistema de los ministros podemitas y sus meteduras de pata, junto a la cuota de pajines que el bando socialista incorpora siempre en sus gobiernos, convertirían la lectura diaria de la prensa en una de las actividades más divertidas de este comienzo de 2016.

4. El PSOE amortizaría a Sánchez e iniciaría el largo camino a la socialdemocracia. Los barones harían una carnicería de consumarse ese pacto de Sánchez con Iglesias. No porque mantengan diferencias programáticas con los podemitas (García Page, uno de los más críticos con una alianza con Podemos, gobierna gracias al apoyo de este partido), ni porque crean que es perjudicial para España, sino porque una decisión de este calado dañaría al PSOE y las consecuencias las pagarían también sus líderes territoriales. Sánchez saldría a patadas del PSOE y habría alguna posibilidad de que el partido señero de la izquierda española algún día se convirtiera en una formación homologable a la socialdemocracia europea.

5. Los conflictos entre socialistas y podemitas obligarían a convocar elecciones anticipadas. Las dos formaciones llegarían a esos comicios completamente desprestigiadas ante sus respectivos votantes. Los podemitas por no haber sido suficientemente radicales y los socialistas por haberse aliado con unos comunistas descerebrados. Sería la oportunidad para que triunfaran las ideas conservadoras y liberales, las más decentes en este perro mundo y las únicas que aseguran la propiedad privada, la libertad individual y el camino a la prosperidad.

La culta izquierda
Emilio Campmany Libertad Digital 30 Diciembre 2015

Está universalmente admitido que la izquierda, además de altruista, bondadosa y franca, es culta. En cambio, la derecha es egoísta, malvada e hipócrita y, por supuesto, ignorante y zafia. Uno de los atractivos que Podemos ha esgrimido casi sin querer entre su potencial electorado es precisamente disponer de una cúpula formada por profesores universitarios de contrastada cultura y acrisolados conocimientos. Si además resulta que casi todos han salido de la prestigiosa Universidad Complutense, no habrá quien dude de que los más preparados de todos los que se presentaron a las elecciones fueron los candidatos de Podemos.

Es por tanto natural que sus ideas, despectivamente tildadas de "rojadas", no sean un vulgar manojo de propuestas buenistas hechas al calor de un sol y sombra en una tasca de mala muerte, sino el producto de una profunda reflexión filosófica alrededor del complejo universo marxista. No se trata sólo de recuperar las viejas teorías de Marx convenientemente salpimentadas de leninismo. Estamos frente a una verdadera y propia actualización, una revisión crítica del marxismo para convertirlo en eficaz arma de transformación social en el siglo XXI. Qué más da que Iglesias ignore hasta el título de una de las obras de Kant, aunque sea una de las más cruciales de la historia de la filosofía. A fin de cuentas, Kant era un reaccionario, un tío de derechas. La obra que hay que empollar es la de Gramsci, que ése sí que sabía.

No crean que ese esfuerzo por moldear un marxismo creíble para el proletariado del siglo XXI es exclusivo de los brillantes profesores de la Complutense que han dado vida a Podemos. En Estados Unidos, sin ir más lejos, llevan años esforzándose por actualizar las ideas de la izquierda radical clásica. No me refiero al excesivamente tibio Noam Chomsky. No estoy pensando en el superficial Oliver Stone cuando nos cuenta cuán culpables son los Estados Unidos de haber ganado la Guerra Fría. Leyendo a Jeremy Black sobre geopolítica, he descubierto una nueva ola de geógrafos de izquierda, cuyas brillantes teorías no tienen nada que envidiar a las de nuestros jóvenes profesores marxistas. Por ejemplo, el escocés Neil Smith sostiene que la Guerra Fría fue provocada en los cuarenta por el enfrentamiento entre el capital norteamericano y su gobierno por el acceso a los mercados de trabajo y de bienes. Más brillante es su interpretación del 11-S, donde ha descubierto una mano negra capitalista que presentó lo que no fue más que un limitado atentado local como una agresión a toda la nación para poder justificar luego la guerra. La extraordinaria Jennifer Hyndman, por su parte, defiende la imposición de una geopolítica feminista que supere la violencia dirigida contra civiles inocentes y que es consecuencia del origen patriarcal, y por tanto machista, del Estado. Hay más ejemplos, pero éstos bastarán para probar que en todos sitios cuecen habas y que a todo hay quien gane. La única casi insignificante diferencia es que aquí, en vez de leerlos, les votamos.

ETB y los presos
Iñaki Arteta Libertad Digital 30 Diciembre 2015

El documental Ventanas al interior trata sobre la vida de unos presos, sus historias, como hay tantos y tantas, lo que pasa es que son presos de aquí. La soledad, la incomprensión, la impotencia, el miedo a la tortura, sus sueños, la sensación de deber cumplido, David contra Goliat,…

A ver, ¿qué hay de malo en ello? Son historias de personas normales en una situación extrema e injusta: están en la cárcel por una lucha política.

Es una película que está muy bien. Tiene planos muy bonitos y un estilo sosegado, apacible. Invita a la reflexión.

"El documental dirigido por Josu Martínez, Eneko Olasagasti, Mireia Gabilondo, Enara Goikoetxea y Txaber Larreategi aborda el mundo de los presos y presas vascas en cinco historias independientes",
dice la web de ETB. Además lo han hecho entre 5 directores vascos y algunos tienen su currículum (vasco). ¿Se podrían reunir 5 directores vascos para realizar una película a favor de las víctimas inocentes de los terroristas?

Su intención es "mostrar desde un punto de vista humano una realidad social muchas veces retorcida y distorsionada por los medios oficiales: La realidad humana de los presos vascos", explican sus realizadores.

Trata de personas que son como tú o como yo, jóvenes y mayores que hicieron un enorme sacrificio por los demás, por mejorar la sociedad en la que vivían, arriesgando su vida por unos ideales. Mientras tú y yo vivíamos tranquilos ellos luchaban por nuestros derechos colectivos. Han pasado años escondidos, perseguidos, cuando no torturados, encarcelados arbitrariamente o asesinados y ahora, ¿les vamos a dar la espalda? Mientras todos aquí vivíamos cada vez un poquito mejor llenando la maleta de competencias y gozando del autogobierno ellos lo dejaron todo por la lucha. Hasta morían. ¿Quién crees que han conseguido lo que tenemos? Todos sabemos como han sido las cosas pero por si acaso, debemos repetirlo y contarlo a las futuras generaciones: el genocidio contra los vascos tuvo sus valientes opositores.

Son gente normal, con su familia que sufre por ellos, con sus opiniones políticas y sus pensamientos de poeta, pero les falta la libertad. Sólo la venganza de los españoles, siempre torturadores y represivos, los mantiene en clausura ahora que hay paz. Ellos nos trajeron esa paz. Lucharon durante largos años haciendo cosas que no querían pero un buen día nos trajeron la tan nombrada paz, de manera unilateral. Y ahora se les paga así. Ahora que no practican su lucha armada, que han apostado por la política ¿qué se consigue reteniéndoles en esas condiciones? Ahora que aquello pasó ¿a qué viene mirar hacia atrás con esa saña? Se hicieron cosas mal, de acuerdo, pero, ¿qué me dices de la guerra civil? ¿Del bombardeo de Gernika? ¿Y de las torturas?

ETB no quiso emitir mi último documental 1980, un repaso sobre las consecuencias del año en el que la agresividad de ETA fue más efectiva. A la directora, Maite Iturbe, no le pareció nada raro. Dijo en sede parlamentaria que no lo había visto, pero que le habían comentado que tenía un planteamiento "sesgado". Los españoles tocando las pelotas: hagas lo que hagas van a protestar. Aguantas unos días el chaparrón y ya está. Pasará. Así vamos haciendo desde siempre. Hacemos lo que tenemos que hacer, no nos van a decir los españoles lo que tenemos que poner en nuestra tele. Ellos que hablen, nosotros hacemos. Somos un país en marcha. Un día en la tele pública, continuamente en las escuelas, en la universidad, en la formación de los próximos maestros y profesores, en la prensa, en los libros y en los bares. Poco a poco, paso a paso, gota a gota. "Un conflicto, dos bandos", ese es el mensaje.

Es muy recomendable ver ese documental, en serio.
Así y no de otra forma se hace la historia. Así y no de otra forma se construye eso a lo que muchos dan vueltas en la boca: la Memoria.


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Podemos ya había ganado
Javier Benegas www.vozpopuli.com 30 Diciembre 2015

No toca análisis profundo. La situación ni lo necesita ni tampoco lo merece. El panorama es simple. Pedro Sánchez está muerto políticamente, sin posibilidad de resucitación. Y Susana Díaz es el único recambio; se veía venir hace tiempo. Sin embargo, esta certeza no ahorrará a los españoles horas, días y meses de infaustas negociaciones, en las que se sondeará la posibilidad de un gran pacto de izquierda o una coalición PP, PSOE y Ciudadanos, quizá en este orden: PSOE, PP y Ciudadanos, por aquello de proporcionarle al difunto Sánchez el incentivo de una presidencia como mortaja. Entretanto estas alternativas cristalizan o no, y los pequeños intereses encuentran acomodo o no –porque de eso se trata–, Podemos seguirá en campaña: la decisión de forzar una “segunda vuelta” la tienen tomada. Ellos pueden aguantar otros cuatro meses de imposturas como si nada. Al fin y al cabo, de entrenamiento van sobrados: llevan toda la vida en campaña.

Para muchos analistas, lo peor es que permanezcamos demasiado tiempo en el terreno de la incertidumbre, y hasta cierto punto tienen razón. Ocurre, sin embargo, que no siempre la incertidumbre es la peor alternativa. De hecho, en Cataluña, que sigue siendo la vanguardia de España (también para lo peor, por supuesto), sólo la incertidumbre encarnada en la CUP, con sus votaciones y empates imposibles, es lo que evita por ahora que Ada Colau termine investida presidenta de la Generalitat. De igual modo, el impasse de la ingobernabilidad a nivel nacional es lo que podría estar retrasando un gobierno central en manos de la izquierda radical. Tiempo al tiempo.

Como hemos podido comprobar a lo largo de estos últimos años, cuanto más se ha resistido el régimen del 78 a transformarse en algo mejor, en un sistema de verdad abierto, en lo político y en lo económico, más han avanzado las mareas, los círculos y los “en común”. De igual modo, cuanto más se resistan hoy los Rajoy, Sánchez y Mas a desaparecer por el sumidero de una historia menor y dar paso a la catarsis, más progresarán las Colau, los Iglesias y las Carmena. Por puro contraste.

La subversión ficticia es el horizonte de este sistema basado en los privilegios, donde el capitalismo se trasladó de la calle al BOE hace ya tiempo. Un sistema de reparto donde un hombre solo no vale nada y lo que manda son las relaciones y, claro está, la burocracia y el presupuesto. Y como en este estado de cosas todo es sinónimo de privilegio, el lógico siguiente paso es colectivizar esos privilegios y extenderlos. Así, habiendo sido imposible liberar a la sociedad, lo lógico es que ésta termine aceptando el distributismo y la “justicia social” que propone Iglesias, que no es otra cosa que aquello que desde estas páginas hemos venido llamando la apoteosis del Régimen del 78; es decir, la explosión del actual sistema de privilegios y su expansión horizontal que, como todos sabemos, llevará la economía al colapso. A fin de cuentas, la regeneración consiste en eliminar los privilegios, no en extenderlos a todo hijo de vecino. Pero a quién le importa.

El régimen ha sido incapaz de regenerarse desde dentro, porque quienes podían pilotar o influir en ese proceso, han carecido de incentivos para hacerlo. Desde fuera era imposible, porque la sociedad civil ha sido sistemáticamente arrasada por la vía de las subvenciones. La España real se ha politizado, partidizado, burocratizado, grupalizado, hasta el punto de que hoy, quien más, quien menos, piensa en clave colectivista y se asimila a algún grupo con la vista puesta en un privilegio, en una exención o ventaja, siquiera en algún reconocimiento. Aun cuando, por un extraño azar, surgiera una coalición que propusiera reformas y las llevara a cabo, me temo que sería demasiado tarde. La “justicia social” se ha instalado en la mente del consumidor. Y quiere comprarla.

De vuelta al principio, lo que suceda los próximos meses servirá para que corran ríos de tinta, generar titulares como si no hubiera mañana y animar las tertulias televisivas y radiofónicas, y poco más. Si acaso, las negociaciones mantendrán en vilo a quienes viven en estrecha simbiosis con el viejo modelo político. Salvo milagro, el colectivismo no sólo ha venido para quedarse, sino que apunta a cotas más altas. Y no debería extrañarnos. En España, la libertad ha estado siempre sobrevalorada: todos han especulado con ella, pero nadie la ha comprado. De ahí que Podemos ya hubierna ganado antes de empezar la pasada campaña. Ahora, si acaso, trabaja para ampliar su ventaja.

Algo huele a podrido en Cataluña
Ignacio Varela El Confidencial 30 Diciembre 2015

Dijo Artur Mas ayer: “Si damos la imagen de que aquí quien lo decide todo es la CUP, el proceso soberanista descarrilará”. Hay que ser cínico: ¿qué puñetera imagen cree que está dando salvo esa?

1.515 votos de un lado y 1.515 del otro, qué enorme casualidad. Y qué afortunada. Una probabilidad entre millones que permite seguir exprimiendo hasta el último gramo la mina de oro que le cayó en suerte a la CUP tras las malhadadas elecciones del 27 de septiembre.

Unos días más para prolongar el chantaje político que tiene a Cataluña paralizada. El chantajista es insaciable cuando la víctima muestra desde el principio que para conseguir su objetivo está dispuesta a entregarlo todo, incluso la dignidad.

Unos días más para seguir demostrando que la legendaria consigna bolchevique de “¡Todo el poder para los soviets!” ha resucitado 100 años más tarde en plena Plaça de Catalunya. Unos días más para seguir poniendo de rodillas a quien sigue siendo 'president' de la Generalitat (en funciones) pero ya nunca más merecerá el título de 'molt honorable'.

Qué quieren que les diga, no me creo nada. Quien ha pasado años en los sótanos de la política y ha visto cocinar asambleas tumultuarias sabe muy bien que esto solo sucede en la vida real cuando se decide que suceda. Una cosa es que los dirigentes de la CUP (sí, aunque no lo parezca, la CUP tiene dirigentes) sufran de un contacto problemático con la realidad y otra que sean idiotas. Por el contrario, están demostrando que son los más listos de la clase -con el permiso cómplice de Junqueras, que, paciente, espera su momento-.

La CUP se encontró el 27 de septiembre con un doble tesoro entre las manos: por una parte, la llave del Palau de la Generalitat y del proceso hacia la independencia. Por otra, un candidato dispuesto a todo para conservar el puesto de trabajo: asumir disparates programáticos, degradar hasta el absurdo la institución que representa aceptando insólitas fórmulas copresidenciales, liquidar el partido político más importante de Cataluña… Si le exigen que admita que fue el toro que mató a Manolete, lo haría sin vacilar. Enrique de Borbón pudo decir aquello de “París bien vale una misa”, y Artur Mas ha demostrado que para él la investidura vale cualquier bochorno.

Un revolucionario consecuente jamás dejaría pasar semejante ocasión de aprovechar “las contradicciones en el seno de la burguesía” de las que hablaba Mao, y eso es exactamente lo que están haciendo los de la CUP. Y si hay que empatar una asamblea, se empata, faltaría más.

El partido más pequeño del Parlament de Catalunya (8% y 10 escaños) juega con el más grande (40% y 62 escaños) “como juega el gato maula con el mísero ratón”, según cantaba Gardel (ya ven, hoy me ha dado por las citas). Con la diferencia de que esta vez es el ratón el que juega a su antojo con el gato y le hace bailar al son que le conviene.

Mas y los suyos se ataron la soga al cuello cuando decidieron alumbrar el engendro aquel de unas elecciones plebiscitarias. Se veía venir desde el principio: ganaron las elecciones y perdieron el plebiscito. Ellos mismos se metieron en un callejón del que no saben salir, simplemente porque no tiene salida.

Habiendo ganado las elecciones con 18 puntos y 37 escaños de ventaja sobre el segundo, en una elección normal podrían haber formado Gobierno tranquilamente. Pero al perder el plebiscito, la única criatura deseada de ese Gobierno, la independencia, nació muerta. A partir de ahí comenzó el drama, que luego se transformó en sainete y, desde el pasado domingo, en esperpento. Me temo que en Cataluña se ha traspasado la delgada línea que separa la tragedia de la farsa y cada día es más difícil hablar en serio de este putiferio.

Tras todo lo que hemos visto, empieza a ser lícito pensar cualquier cosa. Por ejemplo, adquiere verosimilitud la idea de que un gobernante digno no se prestaría jamás a tal sucesión de humillaciones sin una necesidad imperiosa de garantizarse impunidad ante lo que pueda venir de los tribunales.

Y emerge desde el fondo de la memoria el siniestro recuerdo de Tamayo y Sáez. El estratégico empate asambleario de la CUP proporciona una excelente coartada para una abstención. Pero eso no bastaría, hacen falta dos votos positivos. ¿Quiénes serían en esta ocasión los dos parlamentarios que en la votación decisiva sufrirían un ataque de conciencia patriótica para salvar al agonizante capitán del 'procés'? Si se pueden alinear los astros para lograr un milagroso empate a 1.515, debería ser posible mover los hilos para el resultado mágico: 64 a favor, 62 en contra, ocho abstenciones. ¡'Voilà'!

Y aunque así fuera, aunque Mas consiguiera meter ese gol de penalti injusto en el último minuto de la prórroga, la pregunta es: al día siguiente, ¿qué?

Cataluña está hoy más débil que nunca desde que recuperó la democracia y el autogobierno.

La sociedad catalana está más dividida que nunca: en las familias, en los bares y en los centros de trabajo se evita hablar de política para tener la fiesta en paz. Muchos catalanes de buena fe se avergüenzan de lo que está pasando en su país. El prestigio de sus instituciones está por los suelos. El mundo no comprende cómo uno de los territorios más cultos, prósperos y civilizados del mundo occidental se ha empeñado en ser Kosovo. Cataluña lleva más de dos años sin un Gobierno que merezca tal nombre, endeudada hasta las cejas, con unos servicios públicos abandonados y una Administración que no gestiona nada y solo se ocupa del proselitismo separatista. Las empresas hacen planes para salir de allí. Y salvo tamayazo de última hora, todo parece conducir a unas elecciones repetidas -¿también plebiscitarias?- que no arreglarían nada y traerían la enésima derrota en las urnas de Arturo el Piantavotos y el fortalecimiento de ERC y la CUP.

Por cierto, es extraordinario -y nada tranquilizador- que un partido como Esquerra se haya convertido en el referente central del nacionalismo catalán. Cuando haya que negociar en España una reforma constitucional que encauce el problema territorial, se va a necesitar un interlocutor razonable del nacionalismo, y entonces todos vamos a echar de menos esa CiU que Artur Mas ha destrozado.

Y por si todo esto fuera poco, ahora resulta que el tema del referéndum de autodeterminación en Cataluña es un obstáculo esencial para formar una mayoría parlamentaria en España, que puede verse abocada también a una parálisis política seguida de repetición de las elecciones generales.

Si Mas consigue ser presidente, será en condiciones máximas de precariedad y debilidad política: un presidente autodescalificado y políticamente secuestrado. Y pase lo que pase a partir de ahora, se ha ganado ya un puesto en la parte más negra de la historia de Cataluña y de España.

Sobran los motivos para recuperar la Catilinaria de Cicerón y decirle, en su idioma: ¿'Fins quan, Artur, abusaràs de la nostra paciència'?

La ley de Mas
Ramón De EspañaCronica Global 30 Diciembre 2015

Inspirado por la ley de Murphy, en la que creemos todos los cenizos de este mundo, me atrevo a enunciar la Ley de Mas: "Toda formación política que entre en contacto con el Astut sufrirá zozobras sin cuento en su seno, donde cundirán la confusión, el desamparo, la depresión y, a medio plazo, el hundimiento y la autodestrucción, que vendrán precedidos por dolorosos retortijones morales". O algo parecido. De hecho, todo el mundo puede redactar su propia Ley de Mas, pues todas serán diferentes en la forma, pero idénticas en el fondo: cualquier contacto con ese hombre es suicida, pues su capacidad para sembrar cizaña y destruir todo lo que toca es legendaria. Los creyentes temen la aparición del Anticristo; los agnósticos sufrimos la presencia del Astut.

Me pregunto cómo habrá conseguido que el número de militantes de la CUP que quiere investirle presidente sea el mismo de los que no ven la hora de perderlo de vista, pero estoy convencido de que ese resultado no es casual. Nuestro hombre se había propuesto crujir a la CUP, partirla por la mitad, y cualquier otro resultado no habría estado a su altura, pues el Astut es un perfeccionista de lo suyo. Tras cargarse a Unió, al PSC y a su propio partido, la CUP era el objetivo lógico de este artista de la destrucción. Y aunque algunos ilusos creían que se había topado con la horma de su zapato, yo estaba seguro de que no me iba a decepcionar y que, una vez más, sembraría el horror y la confusión a su paso.

No hay quien pueda con el Astut, y la CUP ya puede darse por muerta, tanto si al final lo inviste como si lo embiste. El partido ya está partido en dos. Pronto tendremos la CUP y los escindidos de la CUP. Y de momento, los alopécicos y las nekanes ya han quedado como un colectivo grotesco que necesita votar tres veces para no llegar a ninguna parte. Y en el, que al final, pese a tanto rollo asambleario, acaban cortando el bacalao los que mandan, que es lo sucede en todos esos asquerosos partidos patriarcales y oligárquicos bendecidos por la banca y el Ibex 35.

Si no andas muy sobrado de luces y además te echa una maldición el Astut, ya sabes lo que te espera: llanto, crujir de dientes, bochorno y combustión espontánea. La Ley de Mas es implacable.
 


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