AGLI Recortes de Prensa   Jueves 31  Diciembre  2015

Lo mejor de 2015 puede ser 2016
EDITORIAL Libertad Digital  31 Diciembre 2015

El año que termina ha sido malo en lo político para España. En otras facetas, como la economía, ha sido más positivo: con no pocos problemas y bastantes debilidades, la recuperación ha ido afianzándose y llegando a más y más hogares, no con la intensidad con la que a todos nos gustaría y que habría sido posible con un Gobierno que de verdad hubiese afrontado las reformas que el país necesita, pero aún así la mejora es innegable.

Paradójicamente, según la economía ha ido mejorando la situación política se ha ido deteriorando, lo que ha tenido por consecuencia el resultado electoral del 20-D, que deja a España en un escenario de incertidumbre en el que lo único seguro parece el avance de los enemigos de la libertad.

Una nueva paradoja se puede encontrar en el hecho de que los principales responsables del avance conjunto de los liberticidas sean aquellos que tendrían que militar radicalmente en el campo contrario, empezando por un Gobierno y un PP que han desertado de dar cualquier batalla por las ideas y los principios, entregados a un tacticismo electoral que ha resultado, tal y como habíamos augurado desde Libertad Digital y esRadio, un rotundo fracaso: Rajoy tiene imposible configurar un Gobierno mínimamente estable, después de sus llamadas a la estabilidad y, sobre todo, de haber agitado todos los fantasmas del voto del miedo.

De hecho, aunque estamos ante un proceso que viene de mucho más atrás, este año será recordado como aquel en el que Rajoy demolió el centroderecha español, que ha pasado de disfrutar de un poder prácticamente absoluto, con el Gobierno central y la mayoría de las autonomías y de los principales ayuntamientos en sus manos, a estar entre las cuerdas y necesitado de ayudas externas para seguir políticamente vivo.

Pese a ello, y con su supervivencia política como único argumento –nunca se vio tanto apego al poder... para hacer un uso tan inane del mismo–, no parece que Rajoy tenga intención de rectificar y, mucho más grave, tampoco parece que su partido tenga la pretensión de obligarle a hacerlo, una pasividad cobarde y cómplice que hace a todos los populares corresponsables y culpables del desastre que se cierne sobre su propio partido y el propio centroderecha nacional.

Como tampoco parecen tener mucha intención de rectificar unos medios de comunicación que son tremendamente responsables del ascenso del populismo de la peor especie. Unos medios –especialmente los audovisuales– dominados por la extrema izquierda y que, con la excusa de la audiencia de hoy, se afanan en construir lo que mañana les destruirá. No podrán decir que no estaban avisados: hasta los líderes populistas a los que endiosan han dicho lo que piensan de la existencia de medios de comunicación privados.

Con este panorama cerramos 2015 y abrimos un 2016 que puede ser tremendo. España puede verse abocada a un Gobierno en manos de la izquierda desnortada, la ultraizquierda y el nacionalismo antiespañol; o a un Rajoy en minoría y sólo preocupado por Rajoy; o a unas nuevas elecciones en las que será difícil que cambie la aritmética de los grandes bloques en los que se divide el Parlamento. Es difícil pensar que la situación pueda cambiar a mejor.

Hay, no obstante, oportunidades para ello. Oportunidades que pasan por el patriotismo y la altura de miras de PP, PSOE y Ciudadanos, si es que apuestan por España y la Libertad. Es difícil, requerirá sacrificios y valentía, pero no es imposible, y con esa esperanza cabe adentrarse en 2016, que ojalá sea el mejor fruto de 2015.

que en no muchas décadas "izquierda" y "derecha" probablemente suenen como hoy "güelfos" y "gibelinos"
¡Adiós, izquierda! ¡Hasta luego, derecha!

Rajoy trata de imponer el silencio de los corderos
J. L. González Quirós www.vozpopuli.com 31 Diciembre 2015

Tras el resultado de las elecciones, llama la atención el agudo contraste entre el debate político que se ha suscitado en el PSOE y el patológico silencio, que podría llegar a ser mortal, con que los órganos del PP han acogido el nuevo varapalo electoral. Mientras el PSOE muestra su pluralismo y sus cimientos se conmueven ante una situación difícil de manejar, en el PP parece imponerse una solución puramente tacticista, al tiempo que se consiente sin rechistar que Mariano Rajoy se autoproclame, sin debate alguno y sin el efectivo apoyo de nadie, como la única solución posible ante cualquier eventualidad, da igual si se habla de un gobierno de coalición, que si se plantea una nueva consulta electoral. El miedo cobarde y sin causa es el único guardián de la viña de Rajoy.

El enroque de Rajoy y un análisis profundamente equivocado
Con un absolutismo digno de mayores méritos, Rajoy se ha dejado arrastrar por una identificación absoluta entre el PP y su maltrecha figura de perdedor, el PP c’est moi, eso dice, y nadie parece desmentirle con alguna rotundidad, aunque no sean pocos los que piensan que su figura es más responsable del debe que del haber, y que cualquier otro candidato menos lastrado por la corrupción y más interesado por el bien común que por su biografía, hubiera podido y podría obtener mejores resultados.

Rajoy se ha empeñado en proclamar una victoria inexistente y sus turiferarios se desgañitan tratando de mostrar unos supuestos signos secundarios del éxito olvidando lo esencial: en primer lugar, que nunca nadie ha pretendido ganar las elecciones con tan escaso bagaje de votos, y, en segundo término, que en un sistema parlamentario, como es el nuestro, si la aritmética no permite una mayoría, y no la permite en ninguna dirección, salvo un imposible gobierno de coalición entre PP y PSOE, que, sin entrar en otras razones de fondo, nadie en el PSOE parece dispuesto a propiciar, no hay otra salida razonable que una segunda vuelta.

Confundir la democracia con el propio éxito
Rajoy y los que actualmente controlan el PP arrastran todavía un viejo prejuicio de la era franquista, la convicción de que la mayoría silenciosa se va a conformar con que se mantenga estable el precio de los garbanzos, error al que ha venido a unirse la confusión entre su éxito y el de la democracia misma, de manera que cuando los votos no le son favorables, como ahora ha sucedido, ponen el grito en el cielo pensando que la patria está en peligro, la economía puede naufragar y todo puede ser un desastre, todavía mayor que el propio.

El segundo Zapatero
Se trata de un reflejo muy similar al que experimentaron ciertos socialistas ante la victoria del PP en 1996, si la democracia podía dar el triunfo a Aznar es que algo estaba profundamente mal, justamente lo que intentó corregir Zapatero con el cordón sanitario. El drama del PP no está en que ahora haya obtenido un resultado lamentable que no le va a dejar gobernar, sino en que ha desperdiciado lamentablemente y por un error político muy de bulto, derivado del malhadado Congreso de Valencia, la oportunidad histórica que le brindaba la enorme mayoría absoluta tras el fracaso de Zapatero. Algo así como si el PP se sintiese obligado a cometer un error mayúsculo para permitir la recuperación de su adversario habitual, pero la operación política ha sido tan torpe que ni siquiera ha conseguido que el PSOE se recupere, porque, en realidad, y conscientes de que se le iba a robar el programa al PSOE, sin hacer nada distinto de lo que hubiera hecho Rubalcaba de haberse podido recuperar del disparate zapateril, incluyendo la evaporación del caso Faisán, lo que el PP ha hecho ha sido propiciar la aparición de una nueva izquierda capaz de impedir la recuperación del PSOE, dando al joven Iglesias un trato de lujo en las televisiones del sistema, maquiavélica trampa, (”¡vais muy bien!” le dijo Rajoy a Iglesias en el momento decisivo de la campaña) que en absoluto ha servido para lo que se pretendía.

Las pulgas no crecen al llamarlas elefantes
El efecto combinado de una cadena de errores tan abultada, que incluye la falsa impresión de que se ha hecho algo relevante para disminuir el cáncer del disparatado gasto público, y que se adorna con el desesperado empeño de disimular las responsabilidades personales en el asunto Bárcenas, se encuentra en el las elecciones del pasado 20 de diciembre, que vanamente se tratan de homologar con una victoria. El intento de celebrar un resultado tan rotundamente malo bailando en el balcón de Génova ante unas decenas de empleados del partido, está llamado a un fracaso que no cesará de agigantarse a medida que pasen los días.

Rajoy no sabe hacer otra cosa que esperar y huir hacia adelante, pero el callejón no tiene salida para él. Apenas le quedan unos días para poder exhibir un gesto de cierta grandeza y marcharse ante la evidencia de que no puede ser la solución porque ha sido la piedra angular del fracaso. Su voluntad suicida de aferrarse al timón de un barco que amenaza hundirse por la deriva que él ha escogido, es un comportamiento típicamente patológico de quien se niega a admitir la evidencia por estar rodeado de una nube de aduladores que le han de acompañar en su suerte.

Dos mentiras imperdonables
No se puede engañar por más tiempo a los electores haciéndoles creer que la alternativa a Rajoy es el mal absoluto, en la economía, en la política y en el destino de España. Los supuestos enemigos del sistema se han integrado al obtener representación y, salvo suma torpeza, están destinados a menguar cuando se los vea a la luz de la política ordinaria, más allá de las grandes palabras sin contenido alguno. No se puede uno agarrar al temor que puedan suscitar, y al que se le ha dado una generosa beca para que brote, para imponer la continuidad de un gobierno que no ha obtenido la mayoría suficiente.

Un gobierno de gran coalición podría ser una solución teórica en un marco de normalidad, pero no puede serlo de ninguna manera cuando los dos grandes protagonistas se profesan un odio que deriva de que cada uno piensa del otro que le ha arrebatado su sitio. Por más que lo parezca sugerir la aritmética y la experiencia alemana, será una salida en falso absolutamente imposible si para lo único que puede servir es para salvar el culo del presidente en funciones. En otro caso, también ofrece dificultades poderosas, porque dejaría a la supuesta alternativa bolivariano/oportunista el campo libre para toda clase de baladronadas, y ya es hora de que empecemos a llamar a las cosas por su nombre, y de que el centro derecha pueda ganar o perder unas elecciones sin necesidad ni de travestirse, ni de amenazar con la muerte de la libertad, con ese tesoro político del que tantos descreen, y con el que nunca han sabido qué hacer.

Equidad
Ignacio L. Balboa Libertad Digital  31 Diciembre 2015

Estableció la Ley 14/1986, de 25 de abril, General de Sanidad, los principios y criterios sustantivos de nuestro Sistema Nacional de Salud: su carácter público, su universalidad y su gratuidad; con el objetivo común de garantizar la equidad, en la línea de desarrollo del principio constitucional de igualdad, garantizando así el acceso a las prestaciones y el derecho a la protección de la salud en condiciones de igualdad efectiva en todo el territorio y posibilitando la libre circulación de todos los ciudadanos.

¿Y les parece a ustedes, estimados lectores, que, casi treinta años después, podemos vanagloriarnos de haber conseguido tamaño objetivo? Tengo para mi que no, y paso a exponer el porqué de mi convicción; no sin antes señalar, sin embargo, que para sí quisieran muchos países del orbe –incluyendo a algunos de nuestro entorno– la calidad de la sanidad de que disfrutamos en España.

Duele tener que decirlo pero, por desgracia, si a cualquiera de nosotros se nos ocurre salir de nuestra comunidad autónoma, por cualesquiera razones –trabajo, placer, o simplemente porque nos peta–, a efectos sanitarios es como si hubiéramos viajado a Noruega, Alemania o el Reino Unido de la Gran Bretaña, por no mencionar países sitos en otros continentes. ¿Les parece que exagero? Pues intenten obtener fuera de su comunidad cualquier medicamento cuya receta les haya sido expedida por su facultativo de atención primaria o especialista y verán lo que acontece; o acérquense a cualquier ambulatorio fuera de su territorio habitual para ser atendidos de una enfermedad crónica e intenten que su historial clínico –diagnóstico, pruebas complementarias, tratamiento farmacológico…– pueda ser consultado por el galeno que le atienda. Y de nada les servirá ser portadores de su tarjeta sanitaria con dicha información –si se cuentan ustedes entre los afortunados poseedores de la misma–, porque es totalmente ilegible fuera de su hábitat sanitario, ya que, pásmense, los ordenadores no hablan el mismo lenguaje, a pesar de ser éste binario.

¿Les parece a ustedes razonable que, casi quince años después de finalizado el traslado competencial en materia de sanidad, en el año 2001, lo que tengamos hoy en España sean tantos sistemas sanitarios como comunidades autónomas? Y lo que es peor, funcionando como compartimentos estancos en lo que a intercambio de información, coordinación y control se refiere; vean si no el calendario de vacunaciones de nuestros infantes o el catálogo de prestaciones –cambio de sexo incluido–, a modo de botón de muestra, y asómbrense.

¿A esto llamamos equidad? Visto lo visto, no es de extrañar que alguna formación política –eso sí, minoritaria y con escasas o nulas posibilidades de llegar a gobernar– esté reclamando la recentralización de la sanidad y la educación públicas, bien que con escaso eco, pues que hablamos de devolver al Gobierno del Estado el control y administración de más de 65.000 millones de euros de la sanidad y 45.000 de la educación, y eso son palabras mayores. Y no digo yo que tal vuelta atrás sea la mejor solución, pero algo tendremos que hacer si queremos que el edificio de nuestra sanidad se sostenga, con lo que ha costado levantarlo.

¿Les cabe en la cabeza a ustedes, pacientes lectores, que cuando una comunidad autónoma ha resuelto parcialmente el problema, desarrollando e implementando un modelo único de historia clínica y receta electrónica, que lleva funcionando satisfactoriamente –aunque todo lo humano es perfectible, faltaría más– varios años, que los demás territorios patrios no apliquen la misma herramienta, en lugar de reinventar la rueda tantas veces como autonomías componen el Estado? Pues a mí tampoco, y créanme que lo intento. Y otro tanto acontece con la tarjeta sanitaria única –dentro de poco Europa nos impondrá alguna, ya verán–, la libertad de elección de médico y hospital, la libre circulación de pacientes y personal sanitario….y un largo rosario de diferencias.

Mediada ya la segunda década del siglo XXI, también llamado de las comunicaciones, resulta difícil entender y muy duro aceptar el hecho de que los distintos sistemas de información sanitaria –sea esta clínica, administrativa o financiera– implantados en nuestras autonomías sean incapaces de hablar entre sí; claro que en la mayoría de ellas la situación es todavía peor, si cabe: los centros de salud y los hospitales de la misma comunidad son incapaces de compartir dicha información. Y no me cabe duda alguna de que no nos enfrentamos a un problema tecnológico, sino de falta de respeto a los derechos de los ciudadanos y de escasa voluntad política a la hora de cumplir la ley, en este caso la General de Sanidad.

Se podría argumentar que el 6,25% del PIB es insuficiente para financiar las necesidades sanitaria reales de una población dispersa y envejecida, ya que la longevidad con calidad de vida, aunque la firmaríamos todos al arribar a este mundo, no es barata y hay que pagarla; sin embargo, muy poco o nada se hace para corregir las deficiencias –y por ende los sobrecostes– en la gestión de los recursos disponibles, por mor de la atomización y desconexión entre los componentes de nuestro Sistema Nacional de Salud. Es por ello que se echa de menos en las políticas sanitarias –que debiera ser política, en singular­– la práctica de la vieja sentencia aristotélica: "No hace falta un gobierno perfecto; se necesita uno que sea práctico".

El ascenso de Pablo Iglesias
Emilio Campmany Libertad Digital  31 Diciembre 2015

A la vista del éxito de Podemos, el electorado de derechas se reparte entre la indignación y el desconcierto. Los indignados echan la culpa a los exvotantes del PP. Entienden que, si éstos hubieran vuelto a confiar en Mariano Rajoy, Pablo Iglesias no estaría a punto de entrar en el Gobierno de la mano de Pedro Sánchez. Estos indignados olvidan que Pablo Iglesias seguiría hoy siendo un desconocido activista de no ser por La Sexta. Esta cadena televisiva pertenece al mismo grupo mediático que La Razón, el periódico que de manera más furibunda e irracional ha defendido la política de Mariano Rajoy frente a sus descontentos electores. Este respaldo televisivo responde a la arriólica estrategia de encumbrar a un bolchevique con el fin de plantear al electorado de derechas lo que Frederick Forsyth llamaría la alternativa del diablo: o me votáis a mí, pringaos, o viene Pablo Iglesias y os enteráis.

En cuanto a los desconcertados, votantes del PP o de Ciudadanos, no entienden cómo los decepcionados del PSOE han podido echarse en brazos de un comunista. La respuesta hay que buscarla en el programa de Podemos. Sus propuestas, contempladas con objetividad, no son más que la exacerbación de lo que a los españoles les gusta oír. Es decir, son las promesas que todos los partidos hacen, pero a lo bestia. Pongamos el ejemplo de los desahucios. Todo el mundo está favor de adoptar medidas legislativas contra ellos. De hecho, el PP, el más alejado de las posiciones podemitas, ha aprobado una ley que obstaculiza, entorpece, limita y frena el desahucio de la vivienda habitual. Podemos se limita a proponer una ley que simplemente lo impida cuando se trate de personas sin solución habitacional alternativa, por utilizar su lenguaje. ¿Tanta diferencia hay? Lo que uno hace a medias y de mala manera, el otro lo propone en toda su extensión. Y lo justifica muy acertadamente en nuestra Constitución, que, nos guste o no, dice en su artículo 128: "Toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general". Y todos están de acuerdo en que es de interés general que a nadie sin recursos se le prive de su vivienda.

Ningún político está dispuesto a explicar que desahuciar a quien no paga la hipoteca es inevitable si se quiere que los bancos sigan prestando a bajo interés con la garantía de la vivienda a quienes no tienen otro recurso. Obstaculizarlos sólo conduce a encarecer los préstamos hipotecarios hechos a los menos favorecidos, cuando no a privarles de ellos. Para atender los problemas sociales que resulten de los desahucios, hay otras soluciones sin necesidad de abocar a los desahuciados a dormir debajo de un puente.

Si todos queremos oír los mismos mensajes buenistas, a nadie puede extrañarle que tenga más éxito quien los lance de forma más franca.

El viejo esquema es cada día más inservible, y la nueva línea de batalla parece enfrentar soberanistas contra mundialistas.
Carlos Esteban  www.gaceta.es 31 Diciembre 2015

Si el esquema izquierda-derecha llevaba renqueando casi desde su nacimiento, en la lejana Asamblea francesa revolucionaria, que solo ha favorecido a uno de los dos elementos del binomio, este que quedó atrás podría marcarse en los futuros libros de historia como el año que vio romperse el añejo esquema.

Naturalmente, siendo la inercia la fuerza más poderosa del mundo social, la transición tardará en aceptarse, especialmente por unos grupos mediáticos comprometidos con el espectro tradicional. Pero basta con echar un vistazo a los protagonistas del año y las extrañas adhesiones ideológicas que suscitan para advertir que interpretar los nuevos sucesos con la vieja plantilla solo lleva a la confusión.

Katrina Pearson, portavoz de campaña de Donald Trump, uno de esos personajes de 2015 con los que la prensa convencional no se cansa de errar, resume en un comentario en la red social Twitter las nuevas coordenadas "40% y siguen sin pillarlo. Ya no va de Derecha/Izquierda. Va de Soberanía/Globalismo".

La pregunta inmediata -de hecho, explícitamente planteada- sería: ¿no es esto una mera artimaña para dar nuevos nombres a los mismos bandos? Evidentemente, la novedad no es absoluta, porque en la historia no hay cortes tajantes, pero basta echar un vistazo para advertir que estamos en una escenario nuevo.

Empecemos con el caso del propio Trump. Sí, es un millonario y aspira a la Casa Blanca como candidato del tradicional partido de la derecha en Estados Unidos, los republicanos. Sin embargo, el estamento empresarial y financiero, que cuenta con los millones de inmigrantes ilegales como mano de obra baratísima que mantenga bajo el nivel general de salarios, está frontalmente en contra de Trump, y de hecho todo el dinero de los grandes donantes republicanos está yendo a Jeb Bush y Marcos Rubio. ¿Falsa conciencia, que diría Marx?

Tampoco los votantes de Trump parecen salir de esas élites que la izquierda quiere que veamos, absurdamente a estas alturas, como incorregiblemente conservadoras, sino de la clase trabajadora, si es que esta expresión sigue teniendo algún sentido taxonómico.

Y la oposición de Trump a las alianzas internacionales de libre comercio -Nafta, TTIP- le convierten en incómodo compañero de viaje de todo el movimiento mundial y expresamente izquierdista contra la globalización. De hecho, una de las acusaciones que más a menudo he encontrado en los medios de sus propios correligionarios republicanos contra Trump es que "no es un verdadero conservador". Y no lo es en la visión degradada que pasa por "conservadurismo" entre los republicanos, una reedición del antiguo "lo que es bueno para General Motors es bueno para América": bajos impuestos, escasa regulación y poco más.

Y si las alianzas tradicionales no casan en Estados Unidos, menos aún al otro lado del Atlántico. No podría contar el número de veces que he leído a conservadores y, sobre todo, liberales en mi cuenta de Twitter "demostrar" que el Frente Nacional de Marine Le Pen es en realidad socialista, más cercano a Podemos que a ningún otro de nuestros partidos. Se refieren, claro, a lo económico, porque en una extraña heterogénesis de los fines, la derecha, que renació para oponer valores inmateriales al paneconomicismo materialista de Marx, lo cifra ahora todo en los números, mientras que la izquierda para la que todo era economía es ahora la guardiana de los valores culturales.

Es cosa sabida que el Frente Nacional de Jean Marie Le Pen se nutrió con los votantes de los barrios obreros decepcionados con una izquierda no ya ignorante de sus verdaderos intereses sino activamente hostil a los mismos.

Si las líneas de batalla siguieran siendo izquierda contra derecha, entonces la derechización de Francia sería abrumadora -sumando FN con los gaullistas de la UMP- y estos últimos hubieran votado en las pasadas elecciones regionales con sus 'correligionarios' de Le Pen que, además, eran los más votados en la segunda vuelta. Que no lo hicieran, que se aliaran de hecho con sus supuestos 'contrarios' para derrotar a los del FN es una prueba evidente más, si fuera necesaria, de que ya no van por ahí los tiros. Y quien dice Frente Nacional, naturalmente, dice multitud de nuevos partidos que en toda la UE están ganando ascendencia para horror del establishment mundialista.

Putin es otro de los personajes que vuelve loca la brújula del espectro político tradicional. Ese blando consenso que nos gobierna en dos alas denominadas por conveniencia "izquierda" y "derecha" -para entendernos el PSOE y el PP con sus equivalencia en todo Occidente- se opone al que llaman, paradójicamente con una popularidad que ronda el 80%, 'dictador' ruso, mientras que la nueva derecha y la extrema izquierda le apoyan con entusiasmo en la escena internacional, en Ucrania, en Siria. Los propios rusófonos del Donbas hacen explícita la confusión en sus manifestaciones, en las que la imagen de Lenin y la hoz y el martillo marchan hermanados con iconos religiosos, banderas zaristas y retratos de Nicolás II.

La identidad es el nuevo eje ideológico. El hombre es incurablemente tribal y, de hecho, la izquierda se ha apoyado en las últimas décadas no en su tribu original, el proletariado, sino en multitud de colectivos presuntamente oprimidos, sus nuevas tribus 'transversales', que van desde los homosexualistas hasta los animales y el propio planeta. Pero como comprobaron con decepción los marxistas con el estallido de la Primera Guerra Mundial, el hombre es también territorial, y las tribus naturales, a la larga, funcionan mejor que las ideológicas. Todo gira en torno a un concepto que popularizó Ibn Jaldún en el siglo XIV: 'Asabiyya' o cohesión social, la base de todo gobierno estable.

Francis Fukuyama llamó al consenso de posguerra tras la rendición del bloque soviético 'el fin de la Historia', y aunque la Historia, por no hacer mudanza en su costumbre, no ha tardado en contradecirle, sí acertó, al menos, en que se ha cerrado una etapa en las guerras de poder, y que en no muchas décadas "izquierda" y "derecha" probablemente suenen a nuestros descendientes como hoy nos suenan "güelfos" y "gibelinos".

Los grandes perdedores son la élite mediática, que sigue emperrada en el viejo esquema que le ciega para entender los nuevos fenómenos. Por volver a Trump, no hubo medio de algún peso que no recibiera la candaditura de Trump como una broma, negándose incluso a discutirla en serio hasta que fue imposible ignorarla. La distancia que el millonario saca al siguiente aspirante a candidato es espectacular, pero la prensa no deja de hablar como si fuera impensable e imposible que Trump fuera nominado. Cada vez que el aspirante ha sacado los pies del plato con declaraciones hasta ahora impronunciables, los periodistas se han precipitado a expedir el correspondiente certificado de defunción política, solo para ver cómo su popularidad volvía a crecer.

Y es que, como cantaba Bob Dylan, los tiempos están cambiando.

El poder como burladero
Con el aliento de la conspiración en la nuca, Sánchez contempla el poder como el único burladero en que parapetarse
Ignacio Camacho. ABC  31 Diciembre 2015

A un partido con vocación de gobierno es muy difícil pedirle que no gobierne cuando puede hacerlo. El PSOE no es sólo un partido de gobierno sino de Estado, una fuerza estructural, dinástica: en lo que llevamos de democracia ha ocupado el poder dos años de cada tres. Por eso su posición en el complejo tablero político actual es dramática: por primera vez su principal posibilidad de dirigir la nación está contraindicada con sus intereses estratégicos.

Esto acaso lo podría comprender Pedro Sánchez si no sintiese en su nuca el aliento de la conspiración. Sin embargo sus malos resultados y las intrigas de Susana Díaz para derribarlo convierten la Presidencia del Gobierno en el único burladero donde puede parapetarse. Si la política estuviese deshabitada de ambición, Sánchez admitiría su fracaso y el partido asumiría su rol de oposición organizándose en torno a un nuevo liderazgo, o pactaría con el PP y C’s un programa de reformas con el que construir un nuevo marco. Pero eso sería en un mundo perfecto. En el real prevalece el instinto de conservación y la llamada impaciente de la supervivencia.

En esta crisis de intereses superpuestos los socialistas se las apañan para encontrar un problema para cada solución, que es el modo más eficaz de enredarse en la vorágine autodestructiva. La discusión sobre los pactos con Podemos esconde una lucha mortal por el mando interno. La mayoría de los barones ya se ha aliado con Pablo Iglesias en sus predios; lo que quieren ahora es evitar que Sánchez se perpetúe a través del Gobierno. A Susana se le empieza a pasar el arroz; siempre le falta decisión, audacia para el golpe definitivo. Sufre de vacilación en el manejo de los tiempos y al final le pueden los titubeos. El secretario general es más correoso de lo que parece; se tiene fe a sí mismo y no está dispuesto a permitir que la generosidad de miras le estropee sus objetivos. Este no es un debate de ideas ni de proyectos; se trata de crudo interés, de feroz pragmatismo maquiavélico.

Lo que Sánchez no parece entender en su desesperación por sobrevivir es que la salida que planea depende del hombre que quiere liquidarlo. Iglesias aspira a destruir al PSOE, a eliminarlo como referencia de la izquierda. Y lo tiene a trescientos mil votos de distancia, poca cosa para un experto en mercadotecnia política que dispone de una maquinaria de guerra electoral en perfecto orden de combate. Pero el líder socialista se siente tan cercado por los suyos que los considera sus verdaderos enemigos mientras en Podemos sólo ve a un adversario. Se equivoca porque esta vez no funciona el adagio churchilliano: sólo tiene enemigos de dentro y enemigos de fuera. Y un partido que cruje por las costuras envuelto en la delicada contradicción entre voluntad y responsabilidad, entre táctica y estrategia. Entre vocación de poder y sentido de Estado.

Acaban con la afición
El futuro de España no está en manos de 25 millones de votantes, sino de 3.000 antisistema y de los barones del PSOE
Antonio Burgos. ABC  31 Diciembre 2015

El pasado 20 de diciembre, cuando a España le tocó el Gordo de la Ingobernabilidad dos días antes del sorteo de la Lotería de Navidad y sin necesidad de niños de San Ildefonso (que son igualitos, igualitos que Errejón, el Zagal de la Beca a la Remanguillé, pero con corbata de lazo), acudieron a las urnas 25.350.447 votantes. Y votantas, claro, ¿será por igualdad? Igual da poner votantes que votantas. Y esta es la hora en que me pregunto para qué fuimos a votar. ¿Para hacer de comparsas o para hacer el carajote? ¿O para ambas cosas? A este paso, van a acabar con la poquita afición que hay. Me viene al pelo un poema de Manuel Machado, de Machado el bueno, el poeta, no el prosaico Campoamor pasado por la Institución Libre de Enseñanza, como definió un día Juan Ramón Jiménez a Sunmano Antonio, con las del beri. Ese conocido poema dice: «Mi voluntad se ha muerto una noche de luna/en que era muy hermoso no pensar ni querer». Esa noche de luna fue la de Nochebuena. Parecía más la cofradiera Luna del Parasceve que la de la Natividad de Cristo; o sea, con el Niño ya crecidito, con 33 años, saliendo de San Lorenzo con la Cruz al hombro para salvarnos con su Gran Poder.

En esa noche de luna del 20-D se murió la voluntad de 25.350.447 votantes. Lo que votamos, de poco va a servir. Por eso digo que están acabando con la afición. El futuro de España y de su Constitución y la Unidad de la Patria no está ahora en manos de 25 millones de votantes, sino de 3.000 asamblearios antisistema de la CUP (que significa «Candidatura de Unidad Popular», no Comisión Unida de Papafritas) y de los barones y la baronesa Susana del PSOE. De este puñadito de señores, de los barones de Ferraz y de los reunidos en Sabadell cuyos dirigentes retratados en zarrapastroso atuendo parecen talmente una rueda de reconocimiento policial:

—¿Reconoce usted cuál de estos le puso la navaja en el cuello para quitarle la cartera?

Pues de esos señores que, sin necesidad de ser reconocidos en rueda, le han quitado de momento a Mas la cartera o lo poco de la misma que le dejaron Pujol y sus Siete Niños en la Generalidad depende que tengamos o no al otro lado del Ebro a unos señores que quieren iniciar como las balas el «procés», pero que de momento prefieren coger el exprés para irse a Madrid de diputados y ocupar la sede vacante de Durán Lérida en la suite del hotel Palace. ¿Cómo 3.000 señores que están contra todo (yo creo que hasta contra ellos mismos) van a suplir la voluntad de 25.350.447 votantes que desearon mayoritariamente para España el modelo de unidad territorial y constitucional que Su Majestad el Rey expresó de modo cumbre en su Mensaje de Navidad desde Palacio que tanto ha mosqueado, tanto por el escenario como por su contenido, a los de la mugre, a la castuza y la chusma española?

¿Y lo de los barones? ¿Cómo el voto de un señor que eligió con todo su derecho al PSOE en el 20-D va a valer para una cosa o para toda la contraria, según en qué baronía regional del partido lo depositara? ¿Cómo los votos socialistas de Andalucía o de Extremadura sirven para defender el sentido de Estado y la Unidad de España, y los de regiones donde además el partido quedó como La Chata de Cádiz o como Cagancho en Almagro, cual Madrid, pueden ser utilizados para todo lo contrario, para pactar con los podemitas que quieren de momento acabar con el cuadro y después ya veremos cómo llegamos a Venezuela, si por barco o por avión?

En cualquier país medio civilizado, Rajoy, en vez de estar recibiendo en La Moncloa a campeones del deporte del mareo de la perdiz, ya habría sido llamado por Su Majestad el Rey para que formara gobierno como la lista más votada. Aquí, ya ven: estamos en manos de los barones socialistones y de 3.000 zarrapastrosos separatistas catalanes. No, África no empieza en los Pirineos. Lo que puede empezar como sigamos así es directamente Venezuela.

Revanchismo frente a inanidad
Poca esperanza se ve de restaurar un consenso básico antitotalitario y constitucional
Hermann Tertsch. ABC  31 Diciembre 2015

Tiene mucha razón Pedro Sánchez cuándo recuerda a los barones del PSOE que ellos no tuvieron ningún escrúpulo en negociar y pactar con Podemos. Para alcanzar el poder o para entregárselo a ellos a cambio de muy cuestionables prebendas o incluso humillaciones. Por lo que ahora él pone en duda la autoridad política y moral de los jefes regionales del partido para torpedear sus propios intentos de hacer lo mismo para lograr la mayoría que le lleve a presidir el Gobierno de España. Para Sánchez es la única oportunidad de ser alguien. Si consigue componer una mayoría parlamentaria para gobernar, logra el milagro de su propia relevancia por algún tiempo. Es probable que poco antes de ser fagocitado su partido por la ultraizquierda y él enviado a su casa, probablemente con deshonor. Pero es que, si no consigue la mayoría, desaparece en semanas o meses y en un par de años nadie recordará quién era. Sánchez quiere pactar con quien sea, como sea. Era imprevisible que, 25 años después de la caída del muro, tuviéramos a España a punto de tener en el gobierno a una organización comunista lanzada y financiada por caudillos latinoamericanos y sórdidos movimientos antioccidentales. Es un absurdo y un anacronismo. Porque llega cuando son evidentes sus nuevos trágicos y sangrientos fracasos y crímenes en países en los que se ha vuelto a ensayar su aventura criminal.

Y ahora toca a España otra vez el intentar lo que siempre ha acabado igual. Han sabido utilizar la profunda crisis económica y una corrupción generalizada que se ha sabido atribuir solo al PP, con mucha ayuda de éste, quede claro. Pero ante todo se han beneficiado del desarme general de una cultura democrática europea que en España tiene su eslabón más débil. La siempre frágil cultura democrática en España recibió su golpe más terrible de un presidente de Gobierno que llegó al poder, no por libre y pacífica elección ni por casualidad, sino por medio del terror. Entonces quedaron rotos consenso constitucional y reconciliación nacional. Se reactivó como arma política el odio fratricida de la Guerra Civil y la manipulación de la memoria. Nada le salió a Zapatero tan bien como la destrucción del tejido de afectos y lealtades que había hecho posible la transición. La criminalización de la derecha que lleva implícito el mensaje de la revancha es hoy factor capital y decisivo. Solo hay que cuestionar si estamos al borde del abismo o caemos ya, irremediablemente, hacia el enfrentamiento civil. Poca esperanza se ve de restaurar un consenso básico antitotalitario y constitucional.

Los diques de la legalidad se han roto hace tiempo. Solo hay que ver cómo un grupúsculo fanático como la CUP tiene en vilo al país con esperpénticos debates sobre si colabora con Artur Mas para destruir España o espera un poco para hacerlo sola. El horror a pactar con esa derecha criminalizada explica por qué Albert Rivera también tuvo miedo de una apuesta de gobierno y se desinfló. Y también por qué el PSOE pagaría tan cara la solución decente de una coalición constitucional como la indecente de aliarse con los niños de Maduro. El panorama estaría incompleto sin la profunda inanidad dolosa, el desprecio a la realidad y a la gente, y la miopía política de una dirección del PP que ha preferido llevar al partido y al país hasta este extremo por negarse a su renovación y a la batalla política real. Bajo el peso de la culpa real y la búsqueda de complacencias, su dirección no ha tenido ni fuerza ni valor para defender a España de una amenaza que ahora pende como una maldición histórica sobre nosotros. Unas elecciones darían oportunidad a la total enmienda.

El Gobierno y las comunidades frenan el ajuste de funcionarios en año electoral
El número de empleados públicos apenas ha variado en 2015, a diferencia del año pasado, cuando el tijeretazo para cumplir con el déficit causó una reducción de plantilla superior al 6%
Marina Valero El Confidencial 31 Diciembre 2015

Las elecciones parecen obrar milagros. Basta con echar un vistazo a las cifras del Registro Central de Personal de las Administraciones Públicas (AAPP) hecho público ayer por el Ministerio de Hacienda para constatar que las comunidades autónomas y los ayuntamientos apenas han tocado el número de funcionarios entre enero y julio de 2015, ejercicio electoral por excelencia.

No ocurrió lo mismo el año pasado, época de duros recortes para este colectivo: la plantilla del total de las AAPP era de 2.685.837 empleados a principios de 2014 y quedó reducida a 2.522.631 efectivos a mediados de año, un 6,08% menos (163.206 personas). La caída fue más pronunciada para la Administración Pública Estatal (-7,11%) con 41.399 funcionarios menos, seguida de los ayuntamientos (-6,86%) y las comunidades autónomas (-5,52%), con 40.952 y 74.671 funcionarios menos, respectivamente.

¿Cómo quedan los números este año? La variación es mínima, sobre todo en CCAA y corporaciones locales. Paradójicamente, las primeras incluso han aumentado su plantilla en 793 empleados entre enero y julio, un 0,06% más.

En esta línea, los ayuntamientos han reducido su personal en 487 efectivos, apenas un 0,08% menos. El mayor descenso (-0,96%) se da en la Administración Pública Estatal, con 5.175 empleados menos en junio. Ni siquiera llega al 1%. La reducción total es de apenas 2.017 personas en julio respecto a enero de 2015, un 0,08% menos.

Casualidad o no, estas cifras coinciden con año electoral. Primero fueron las autonómicas y municipales en mayo, seguidas de las elecciones generales hace apenas 10 días. Las AAPP en su conjunto cuentan hoy con algo más de dos millones y medio de efectivos, de los que el 50,5% pertenece a las comunidades, el 22,7% a los ayuntamientos, el 20,9% a la Administración Pública Estatal y el 5,9% a las universidades.

La reducción de este año (2.017 personas en total) es ínfima incluso en comparación con el recorte de 29.026 efectivos de 2013. Las comunidades fueron las que más ajustaron ese año (25.970 efectivos menos), seguidas de la Administración Pública Estatal (3.428) y las corporaciones locales (797). Eso sin contar con los datos de 2014: 163.206 funcionarios menos, una auténtica sangría en un año en que Bruselas apretaba las tuercas a España para que cumpliera con el objetivo de déficit. El recorte en 2012 fue de 49.656 efectivos para el conjunto de las administraciones públicas.

El año viejo de Podemos
Cristina Losada Libertad Digital 31 Diciembre 2015

No puedo decir con seguridad si al final de la década de los setenta se llevaban los pantalones acampanados y los zapatos de plataforma. En cambio estoy segura de que la muy minoritaria extrema izquierda española tenía entre sus reivindicaciones, a cada cual más improbable, el derecho de autodeterminación. El derecho de autodeterminación para los pueblos… de España, se entiende. Y entiéndase: había que hacer encaje de bolillos para no poner "España", la innombrable. Generalmente se empleaba "Estado español", sin reparar en que también el enemigo, la dictadura franquista, gustaba mucho de aquella expresión estatal. En su Congreso de Suresnes, 1974, el PSOE solventó el problema reclamando el derecho de autodeterminación para las "nacionalidades ibéricas", si bien no metía en el mismo saco, ¡menos mal!, a Portugal.

De todo aquello nada quedó. Ni siquiera los pantalones de campana, que alguna vez han vuelto, aunque, por más que se diga, nunca en su versión original. Tan es así que los nacionalistas catalanes, cuando desenterraron estos años la momia de la autodeterminación, la renombraron "derecho a decidir". Fueron conscientes de que la autodeterminación era como el viejo acampanado: ni cuadraba ni tenía pegada. Ni por el mundo adelante iban a comprar tal mercancía para un país como España, ni dentro podía atraer a más devotos que en los setenta. Así que cambiaron el nombre, cambiaron la marca, aunque nada de eso cambió la naturaleza del producto. Y justo cuando el producto renombrado había perdido su lustre va Podemos, tercer partido en las elecciones generales, y se lo compra.

Uno puede atribuir esta adquisición en los saldos a las alianzas que ha forjado Iglesias con nacionalistas de variado pelaje. Algunos son de toda la vida, como Beiras. Otros son como Colau y reclaman el referéndum para votar en contra, una delicia surrealista. Bien, si fuera así, Podemos está poniendo como condición sine qua non los referendos de independencia por pura dependencia de sus aliados en Cataluña, Galicia o Valencia. Se trataría de mero tacticismo, del precio a pagar por mantener en el redil a quienes van a montárselo por su cuenta en el Congreso, con grupos parlamentarios propios, y de una causa en la que, en el fondo, los dirigentes de Podemos no creen.

Hay, sin embargo, indicios de lo contrario. Por eso me remontaba a los setenta. Los fundadores de Podemos viven en esa década. Diría que entre 1975 y 1978, para mayor aproximación. Cuanto hablan, cuanto escriben, trasluce la nostalgia por esa época: una que no vivieron, que conocen de segunda mano, de la que les ha llegado únicamente la mitología. No dejan de referirse a ella. Han imaginado un tiempo pletórico de luchas y movimientos de masas, preñado de lo que pudo ser y no fue.

No en vano despreciaban lo que fue: la Transición. No en vano se proponían romper su principal obra: la Constitución, un candado. No en vano querían un proceso constituyente para volver a ese año cero imaginario: al momento en que había una izquierda auténtica, una izquierda tan auténtica que asumió el relato de los nacionalistas sobre España, es decir, contra España. A aquellos instantes gloriosos cuando toda la extrema izquierda, que cabía en un autobús, y el PSOE, que cabía en un taxi y andaba descolocado a la vuelta de sus vacaciones, estaba por la autodeterminación. ¿Cómo iban a resistirse los dirigentes de Podemos a rescatar los viejos pantalones de campana de sus padres?

Los inversores, directos al acantilado
Juan Laborda www.vozpopuli.com  31 Diciembre 2015

La actual crisis sistémica –sí, oyen bien, actual– ha puesto de manifiesto la enorme debilidad de la ortodoxia dominante. Sus presupuestos esenciales son en el mejor de los casos discutibles, sino falsos. Uno de ellos es la eficiencia de los mercados financieros y la racionalidad de los inversores. De ello ya hemos hablado largo y tendido desde estas líneas. Permítanme una cierta carcajada, mejor dicho una gran hilaridad cuando leo y escucho a algunos economistas hablar de los mercados financieros y el papel de los inversores. Simplemente no entienden su dinámica. Se guía exclusivamente por miedo y avaricia, generando dinámicas complejas, a veces inestables y caóticas.

En la actualidad, los mercados financieros de riesgo están dando a los inversores una nueva oportunidad de abandonar y evitar pérdidas considerables. Deberían estar más que agradecidos por ello. Sin embargo, los distintos medios de comunicación siguen aún a día de hoy vendiendo historias alcistas incomprensibles, alucinantes. Cualquier inversión en la mayoría de los activos financieros de riesgo, a fecha de hoy, ofrece rendimientos esperados próximos al 0% anualizado a lo largo de los próximos diez años, lo que se puede traducir en descensos alrededor del 50% en futuro cercano. Recuerden, como guinda del pastel, lo que nos dice el precio de las materias primas y del petróleo así como la evolución del volumen del comercio mundial: la recesión global llama a nuestras puertas.

El mercado bursátil sobre el que disponemos más datos históricos es el estadounidense. Asumiendo reversión a la media en ciertas métricas de valoración se pueden obtener conclusiones interesantes. En base a ellas, sin ser nada pesimistas, son factibles caídas del S&P 500 alrededor del 50%. Es cierto que el S&P 500 quizás sea el mercado bursátil más caro del mundo, pero no olvidemos que lo que pase con este índice se traslada al resto de bolsas occidentales, incluidas la nuestra. La mayoría de las acciones están en territorio bajista, los beneficios corporativos están descendiendo, el PER ajustado por ciclo nos indica un mercado sobrevalorado. Si a ello añadimos la evolución de distintos indicadores adelantados del ciclo económico, junto a la evolución de los diferenciales de crédito la situación se complica.

Sobre Bancos Centrales y sistemas de pensiones
Y detrás de todo ello, los bancos centrales. Éstos, especialmente la Reserva Federal, bajo los mandatos de los inefables Allan Greenspan y Ben Bernanke, abogaron en favor de una desregulación masiva, y activaron un problema de riesgo moral, el papel de la política monetaria como elemento incentivador de la toma de riesgos excesivos. Los inversores, especialmente los bancos, asumieron importantes riesgos en sus apuestas a sabiendas de que si al final las cosas iban mal, las autoridades monetarias los rescatarían, como así sucedió. Aún a fecha de hoy los bancos sistémicos, aquellos demasiado grandes para quebrar, siguen pensando que serán de nuevo rescatados por los contribuyentes si las cosas se complican y sus apalancados balances y posiciones en derivados acaban estallando por los aires.

La actual burbuja, generada por la expansión de los balances de los bancos centrales y tipos de interés cero, afecta tanto a activos de renta variable como, y sobre todo, de renta fija. Imagínense lo complicado que lo tienen un fondo de pensiones privado, o una compañía de seguros. Los activos de renta fija y de renta variable están caros, y además no es posible una diversificación por estilos, o por zonas geográficas.

En este sentido, y bajo este escenario, surge un problema adicional. Nos referimos al intento de reducir, sino eliminar, los sistemas de pensiones públicos de reparto. De nuevo la visión dominante vuelve a engañar a la ciudadanía sin ningún complejo, bajo la mirada depravada de ciertas élites financieras. Los esquemas de sistemas de pensiones completamente privados como los existentes en algunos países, el caso de Chile es el más paradigmático, no solo no suponen en realidad una protección real de las rentas futuras a obtener, sino que en determinados episodios de exuberancia irracional, como consecuencia de una excesiva propensión al riesgo, la explosión de una burbuja o inflación de activos financieros como la actual implicaría un empobrecimiento masivo de los pensionistas.

El esquema de pensiones públicas basado en el sistema de reparto se encuentra sometido a un ataque constante por parte de la ortodoxia neoclásica. Estos sistemas han funcionado bien en el pasado, sin embargo en la actualidad presentan una serie de problemas de financiación como consecuencia del envejecimiento de la población, la ralentización del crecimiento salarial, y los cambios en la distribución de la renta. Las soluciones que se proponen implican generalmente una reducción de los beneficios logrados, mediante el aumento de la edad de jubilación, y un movimiento claro en favor de sistemas pre-financiados, total o parcialmente, que incluso lleve a una privatización de parte o de la totalidad del sistema.

Sin embargo, como hemos dicho, los problemas asociados al actual sistema de pensiones público de reparto, y que se deberían atacar, son otros. Remediar el estancamiento de los salarios y la desigualdad salarial, unido a un crecimiento de la productividad y de la demografía son partes intrínsecas que permitirían solucionar los problemas de las pensiones públicas bajo el sistema de reparto, sin necesidad de acudir a sistemas. Estas son las cosas en las que se deberían poner de acuerdo los patriotas de hojalata, y no en las vacuas llamadas a una gobernabilidad sin más que deje todo como está.

La Nochevieja de los Pujol, sin rastro de Chencho
Pablo Planas Libertad Digital 31 Diciembre 2015

Los Pujol vuelven. Se ha repuesto la serie Operación 3% y la Audiencia Nacional notifica a los señores Jordi Pujol y Marta Ferrusola que deberán declarar como imputados por blanqueo de capitales. El juez José de la Mata ha llegado a la conclusión de que todos los Pujol forman parte de un clan con "un patrón de comportamiento reiterado durante años que apunta elementos básicos de una organización cuyos perfiles definitivos están aún bajo investigación", según la información de Libertad Digital. El auto es como un guión de Los Soprano, una joya de la literatura judicial, un estudio forense que remite a Jordi Pujol i Soley, presidente de la Generalidad entre mayo de 1980 y diciembre de 2003, como autor intelectual y material del mayor pelotazo de la historia de España. Corrupción en cantidades "multimillonarias", escribe el magistrado.

Puesto que "los perfiles definitivos están aún bajo investigación" y los tiempos judiciales son lentos, los que están de perfil, como es el caso de Mas, sucesor de Pujol a título de presidente en funciones de la Generalidad y presidente de lo que queda de Convergencia, pueden estar tranquilos de momento. Es obvio que el agrupamiento de todos los expedientes pujoleros en la Audiencia Nacional es una mala noticia de cara al "consejo político" de los cuperos, pero en peores situaciones se ha visto Artur Mas. Otro empate es posible.

La saga de los Pujol es una gran familia, pero no como la de Pepe Isbert y Chencho en la Plaza Mayor, sino de otro tipo. Se juntan en casa por Navidad, pero sus conversaciones no deben de girar en torno al excuñado/a más gilipollas. Es de suponer que eso será como un consejo de administración con los nietos delante para que vayan aprendiendo de qué va la vaina.

Mucho se habla de la reunión de la CUP del próximo domingo, otra jornada de infarto y transistores. Mas puede bajar a los infiernos o ascender a los cielos de la reelección, pero la Nochevieja en casa de los Pujol no es moco de pavo ni en cantidad ni en efectos. La última palabra la tiene el patriarca, porque en General Mitre o en los casoplones de La Cerdaña no se celebran asambleas y mucho menos comunistas, feministas y antisistema. Separatistas sí, pero es la única coincidencia. Maquiavelo, Sun Tzu, Napoleón y Bruce, be water, Lee son unos aprendices al lado de Jordi Pujol i Soley, capaz de diseñar a base de relaciones, talones y órdenes una estrategia que emplace a Cataluña e incluso al resto de España en el mejor de los escenarios para él y el peor para los demás. El molto onorevole conoce el territorio, se lo ha pateado de norte a sur y de este a oeste. Su afición preferida es recorrer el país los fines de semana y dar lecciones morales al paisanaje. Esas chicas y chicos de la CUP tienen tíos, padres, primos, abuelos y ojalá que bisabuelos que alguna vez tocaron a Pujol y éste les llamó por su nombre (Prenafeta era un crack preparando escenarios) y les dedicó una foto. Entonces no había selfies.

Pase lo que pase el día 3, en la reunión tal vez final de la CUP, Pujol tiene muchos ases en la manga y contactos en la agenda como para descartar que Mas vuelva a ser presidente de la Generalidad, por mucho que les duela a Anna Gabriel, Busqueta, asesor personal de Chávez, y al conductor de autobuses y concejal en Barcelona Josep Garganté, el del odio en los nudillos.

Hoy, la revolución se llama responsabilidad
Antonio Robles Libertad Digital 31 Diciembre 2015

Pablo Iglesias vuelve a estar en su hábitat natural. Ya sin adversarios que le recuerden hechos y números, sigue en celo populista, como si el periodo electoral no hubiera terminado el 20-D. A sus anchas, en la Cuatro, en La Sexta, promete lo que no tiene con tal de subrayar la insensibilidad social de los adversarios frente a su gran humanidad.

¿Quién le ha investido de ese aura de santidad para creerse mejor que los demás? ¿Por qué supone que el resto de los políticos buscan la ruina del pueblo? ¿Alguien en su sano juicio cree que hay algún responsable político que no busque y desee el mayor bienestar para su pueblo? El problema no es repartir, derrochar, regalar, sino crear riqueza. ¿Tiene él un método infalible? ¡He ahí la cuestión! Si lo tiene que lo diga, y si no, que tome los hábitos y predique en una iglesia.

Vivimos en un Estado Social y Democrático de Derecho que ya tiene mecanismos de progresividad fiscal y garantías jurídicas para que tal riqueza redunde en beneficio de todos, a través de un Estado del Bienestar donde los mínimos sociales estén garantizados. Pero el señor Iglesias lo obvia, como si todo hubiera de ser derruido y levantado a imagen y semejanza de su narcisismo, sin poner sobre la mesa las medidas responsables que garanticen la viabilidad de tan ingente empresa y sus costes de capital. No basta con desear hacer el bien, es necesario disponer de los medios.

El problema no es prometer, sino producir, saber crear riqueza y sostenerla en el tiempo; el problema no es regalar, sino crear oportunidades laborales; el problema no es seducir, sino convencer; el problema no es solo buscar culpables, sino imaginar, proponer y encontrar soluciones realistas; el problema no es ilusionar a los desesperados, es ayudarles a tomar conciencia de las dificultades y ayudarles a superarlas. La revolución hoy, ahora y aquí, es hacerse responsable de los problemas y asumir sus costes. Con honestidad, sin demagogia y sin redentores.

Sus adversarios políticos no supieron, no quisieron o no pudieron desenmascararle en la pasada campaña electoral. ¿Cómo unos leninistas del XIX, remozados de populismo chavista, pudieron irrumpir hace cuatro días con propuestas descabelladas y un año después negarlas, sin que nadie le desenmascarara en la campaña electoral?

Se presentaron en las tribunas mediáticas ufanos y envalentonados de la mano de batasunos y chavistas, dispuestos a no pagar la deuda, salir de Europa y del euro, nacionalizar los bancos, prometer una renta mínima a todos los españoles por el mero hecho de nacer, apoyar a Syriza en Grecia, abogar por su referéndum contra Europa y, a la vez, desentenderse de tal desvarío en cuanto la realidad obligó a Grecia a asumir el disparate. El arte del camaleón. Acostumbrados a vender ideología en las aulas de la Complutense, cuando debían impartir conocimiento, pusieron retórica donde solo reinaba la impostura: "Hay que saber cabalgar las contradicciones", justificaba Pablo Iglesias. Pero predicar el feminismo, defender la libertad sexual y estar a favor de la democracia, casaba poco con recibir subvenciones del Irán islamista, enemigo de los derechos humanos, ejecutor de homosexuales y hostil a la democracia. Por no hablar de las soflamas a favor de Chaves y su peronismo de pacotilla, o de declararse partidario del derecho a decidir con el objeto de convertir a España en un Estado plurinacional donde las regiones más ricas puedan desentenderse de las dificultades de las más desfavorecidas. Todo un ejemplo de igualdad socialista.

¿Cómo es posible que ante tamaña cabalgata nadie le afeara la conducta?
Las consecuencias están a la vista. Su último disfraz es una socialdemocracia inofensiva para enterrar al PSOE. ¿Con estos viejos enemigos de las sociedades abiertas quiere pactar Pedro Sánchez?

El PSC fue el cáncer del PSOE. Ahora Podemos y sus franquicias gallegas, valencianas, vascas y catalanas lo multiplican por cinco. La metástasis es evidente. Cinco grupos parlamentarios. Estado Plurinacional por la puerta de atrás. O el PSOE se enfrenta al populismo sudamericano de Podemos y recupera la socialdemocracia europea, indisolublemente unida al respeto democrático, al liberalismo económico y a la progresividad fiscal, madre de los servicios sociales y precursora de la sociedad del bienestar, o el populismo podemita lo barrerá del mapa. Y con él, a la España constitucional que hoy disfrutamos.


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¿El ex 'molt honorable' deja de ser intocable?
EDITORIAL Libertad Digital 31 Diciembre 2015

Aunque la Constitución diga que todos somos iguales ante la ley, parecería que unos son más iguales que otros, que diría Orwell. Buen ejemplo de ello es el llamado caso Pujol: desde que el expresidente de la Generalidad reconociera, el 25 de julio de 2014, haber ocultado durante 34 años a la Hacienda Pública un dinero procedente, según sus afirmaciones, de su padre Florenci Pujol, se han acumulado numerosos y abrumadores indicios que señalan que podría haber cobrado cientos de millones en comisiones, que habrían ido a parar a paraísos fiscales. El inexplicable patrimonio de sus hijos le incrimina, así mismo, porque no hay justificación racional alguna de su manejo de cantidades millonarias en grandes negocios en México, Argentina y otros países, como tampoco se puede ignorar el testimonio de que el primogénito llevaba sacos de billetes a un banco de Andorra.

Esta es la hora, sin embargo, en la que la Justicia española apenas ha tomado alguna medida cautelar contra el matrimonio Pujol-Ferrusola ni contra ninguno de sus siete hijos, todos ellos imputados. Se dirá que la Justicia tiene que tomarse su tiempo y que las medidas de prisión preventiva son un recurso extraordinario, por cuanto todo el mundo es inocente hasta que no se demuestre lo contrario. Sin embargo, esto es lo que causa asombro: el tiempo que se está tomando la Justicia para pronunciarse sobre el clan Pujol, con lo rápido que ha dictado sentencia en muchos otros casos. Por otra parte, no mayor derecho a la presunción de inocencia tienen Pujol y sus hijos que Bárcenas o cualquier otro político que, a diferencia de aquellos, haya sido detenido y mandado una larga temporada a prisión preventiva, a la espera de sentencia.

Esta sensación de impunidad, o cuando menos de doble rasero, puede evaporarse tras la decisión del juez de la Audiencia Nacional José de la Mata de asumir la investigación que se realizaba en Barcelona contra la familia Pujol y citar como imputados al expresidente y a su esposa por un delito continuado de blanqueo de capitales. El magistrado afirma que el político nacionalista es titular real de los fondos existentes en la cuenta 63810 de la Banca Reig de Andorra, que fueron ingresados en efectivo y de los que dispuso hasta finales de 2010, con "idéntica intención de ocultación, utilizando a persona interpuesta y ocultando también su origen", patrimonio que no consta que justifique con los ingresos ordinarios que hubiere obtenido por razón del cargo público que ostentó durante 23 años, como presidente de la Generalitat. Además, en el auto se menciona que no consta la realidad del legado hereditario mencionado en el comunicado que hizo público en julio de 2014.

El tiempo dirá en qué quedan las 13 resoluciones dictadas por el magistrado, en las que dicta una batería de medidas y diligencias para el impulso y avance de la investigación. Pero lo que es un hecho es que Pujol mintió en el Parlamento catalán y luego comprometió su palabra al jurar que jamás había tenido ni un solo euro en cuentas opacas en el exterior.

¿Será verdad que el ex molt honorable va a dejar de ser intocable?

La cleptocracia de Pujol al desnudo
Editorial El Espanol 31 Diciembre 2015

La investigación de la trama de corrupción más escandalosa de la democracia ha dado un salto cualitativo tres meses después de que Anticorrupción pidiera que la Audiencia Nacional asumiera la causa. El alud de pruebas sobre la trama organizada por los Pujol para enriquecerse con las comisiones que obtenían a cambio de contratos amañados han propiciado que el magistrado José de la Mata dé un paso que puede ser decisivo.

El expresidente de la Generalitat y su esposa tendrán que declarar por fin en la Audiencia Nacional imputados por blanqueo el 10 de febrero, en virtud de un auto que ratifica las exclusivas de EL ESPAÑOL desde que, el mismo día en que nacimos, desvelamos la existencia de un documento que probaba que Jordi Pujol i Soley era el verdadero propietario del dinero controlado por su hijo mayor.

Dos décadas de comisiones
El relato de hechos en que se apoya el juez, que ya investigaba al primogénito y a su ex mujer por el mismo delito, confirma punto por punto lo publicado hasta ahora sobre la corrupción organizada durante dos décadas de poder casi absoluto en Cataluña. Jordi Pujol, su mujer y sus siete hijos han sido titulares de hasta diez cuentas en Andorra, y basta reparar en la evolución de los ingresos en efectivo realizados para comprobar hasta qué punto su enriquecimiento estuvo ligado al ejercicio de su cargo.

El análisis comparativo sobre los ingresos en metálico es tozudo: Jordi Pujol inició su último mandato como presidente de la Generalitat en octubre de 1999 y dejó de serlo en diciembre de 2003. En ese periodo él y su familia inyectaron la friolera de 11,4 millones de euros en efectivo en sus cuentas andorranas.

Sin poder, los ingresos se desploman
Sin embargo, los cinco años siguientes, coincidiendo con las dos legislaturas en las que Convergència perdió la Generalitat a manos de Maragall y Montilla, las entradas de dinero en metálico en esas entidades sumaron sólo 1,2 millones de euros. Es decir, los Pujol vieron desplomarse hasta el 90% de sus ingresos en cash cuando el patriarca abandonó el poder.

La curva que describen los gráficos -progresivamente ascendente mientras Convergència consolidaba su hegemonía y descendente cuando perdió la Generalitat- ilustra a la perfección que este desorbitado enriquecimiento se debió exclusivamente a la comisiones recibidas mientras la familia controló las adjudicaciones públicas.

Cada miembro tenía un rol
De hecho, el auto del juez De la Mata hace hincapié en que las investigaciones policiales desmontan la coartada de la herencia -alegada por Pujol y sus hijos con versiones contradictorias-; dan al traste con la hipótesis de que el enriquecimiento fue fruto de los réditos obtenidos en inversiones; dejan claro que la familia ha actuado "como una organización" en la que "cada miembro tenía un rol"; que el dinero entraba mediante ingresos en billetes y mediante transferencias desde el extranjero realizadas por contratistas; y que luego existía toda una red de ingeniería financiera para moverlo por paraísos fiscales y blanquearlo.

En este punto, el juez no sólo tiene claro que la riqueza de los Pujol no pudo deberse en ningún caso a los honorarios del expresidente catalán, sino que llama la atención sobre cómo "el reforzamiento de los sistemas de prevención de blanqueo" hizo que la familia "avanzara en la metodología utilizada para canalizar los ilícitos".

Mas olvida su papel en el pujolismo
Si sumamos a los ingresos en billetes los procedentes de transferencias, el botín amasado por los Pujol sólo en Andorra superaría los 30 millones de euros en 175 operaciones diferentes entre 1990 y 2010. Los datos son tantos que no es de extrañar que el juez haga referencia en su auto a la "intensidad de los indicios" incriminatorios.

Artur Mas, guardián de los secretos de la familia Pujol y de Convergència, ha intentado apelar al patriotismo los catalanes en su discurso de fin de año y se ha cuidado mucho de mencionar la corrupción, como si no fuera con él. Lo cierto es que los Pujol se enriquecieron mientras él ostentaba altas responsabilidades como conseller de la Generalitat. Le resultará muy difícil que, a la luz de los hechos, los catalanes puedan olvidar hasta qué punto el pujolismo, del que él ha sido protagonista y heredero, fue una cleptocracia.

Cataluña merece elecciones ya

Editorial La Razon 31 Diciembre 2015

Los trece autos dictados ayer por el juez de la Audiencia Nacional José de la Mata –uno de ellos con la citación para el próximo 10 de febrero del ex presidente de la Generalitat Jordi Pujol y de su esposa, Marta Ferrusola, en calidad de investigados por un delito continuado de blanqueo de capitales– auguran uno de esos «macroprocesos» que acaban por sacudir no sólo a sus directos implicados, sino las propias estructuras políticas e institucionales de toda una sociedad.

No en vano, el relato judicial describe la existencia –siempre supuesta en este momento procesal– de un entramado, tejido por la familia Pujol de cuentas bancarias opacas, a las que se dirigían las transferencias de dinero en metálico procedentes de empresas y personas físicas directamente entroncadas con el sector público. El juez señala, también, que no existen negocios lícitos que justifiquen el incremento patrimonial de la familia Pujol, detecta prácticas anómalas en el ámbito de las operaciones comerciales ordinarias y denuncia la existencia de abonos e ingresos cuyo origen es inasimilable a una actividad legal. En definitiva, la disección fría con el escalpelo del lenguaje forense de una trama de corrupción política, extendida en el tiempo y que implica directamente a la figura, sin duda, más determinante en el devenir de Cataluña desde la Transición.

De hecho, sería un error tratar de deslindar la peripecia judicial del ex presidente Pujol de la grave crisis institucional y social que atraviesa la sociedad catalana, cuyo mejor reflejo es la situación de «impasse» político a la que una minoría antisistema tiene sometida a la presidencia de la Generalitat. No es, pues, posible disociar el estallido del «escándalo Pujol» con la paladina confesión del ex presidente de que había mantenido oculta una fortuna durante décadas, de la huida hacia adelante de su criatura política y sucesor al frente del partido y, luego, de la Generalitat, Artur Mas, que no sólo ha llevado la división estéril al nacionalismo catalán, entregando a la extrema izquierda el destino de Cataluña, sino que arrastra a una parte de la sociedad a la que estaba llamado a servir hacia un camino que no tiene otro final que la frustración. Tal vez Artur Mas consiga hacer creer a los antisistema de la CUP, como insistió ayer en su intervención de final de año, que el éxito del proceso separatista está indisolublemente ligado a su persona, pero, con ello, sólo conseguiría aplazar unos meses lo inevitable, poniendo sus intereses personales por encima del interés general de los catalanes.

No es un secreto que sus oportunistas aliados de última hora, ERC y la constalación de entidades soberanistas crecidas a la sombra de los republicanos, tienen preparada la estrategia de sustitución, el asalto al poder, para cuando el proyecto separatista, que ni es seguido mayoritariamente por los catalanes ni tiene viabilidad en nuestro sistema Cosntitucional, se revele como lo que siempre ha sido: el fruto del aventurerismo de quien se sintió incapaz de afrontar las consecuencias de la grave crisis económica y financiera internacional que ha afectado a todos.

El problema para Cataluña y, por lo tanto, para el resto de España, es que el desprestigio en el que se ha sumido Artur Mas, la situación de debilidad y desconcierto a la que ha llevado a su partido, que no deja de perder apoyos elección tras elección, y el enfrentamiento, más dañino cuanto más inútil, con las instituciones del Estado son circunstancias que no hacen más que favorecer a la izquierda antisistema, que las utilizará como ariete para romper al actual sistema democrático. Detrás de la vocación separatista de la CUP lo que de verdad cuenta es su voluntad de destruir la economía de libre mercado. La única salida que le queda a Artur Mas, por el bien de todos, es su renuncia a la política y la convocatoria de elecciones.

Entre Cataluña y el PSOE
Manuel Muela www.vozpopuli.com 31 Diciembre 2015

El año que termina nos muestra en carne viva los dos grandes exponentes de la crisis política española, Cataluña y el PSOE, que, desde su condición de vigas maestras y elementos estabilizadores de la Transición, han pasado a ser agujeros negros de un sistema que pugna por sobrevivir en medio de los graves problemas causados por sus propias carencias y errores. De hecho, las elecciones recién celebradas han puesto de manifiesto que esos dos epicentros de la crisis continúan enviando temblores de consecuencias inalcanzables sin que se vislumbre de qué manera se pueden limitar los daños, ya que los restantes actores del stablishment español tampoco están para muchas bromas y carecen de planes para drenar la fuerza destructiva de ambos fenómenos. La consecuencia inmediata es que el caos político catalán empieza a observarse como algo que nos es ajeno al resto de los españoles y que las peleas de los dirigentes socialistas ahuyentan cualquier posibilidad de gobernación del país, vistos los resultados del 20D. Desde luego, no son los mejores augurios para abrir una etapa fundamentada en el buen gobierno y en la restauración de los valores de la unidad y de la democracia.

La suma de impotencias en Cataluña
Desde que los dirigentes de Cataluña decidieron romper las amarras para buscar la independencia o algo parecido, con el fin de enfrentar la marea del descontento social creado por la crisis económica en su región, el estado de cosas de aquella Comunidad Autónoma ha ido empeorando políticamente, aunque la economía haya entrado en una fase de cierta recuperación, lo que demuestra que la política tiene una influencia escasa siempre que se desenvuelva dentro de los parámetros imperantes en el conjunto de la Unión Europea. Y eso, que vale tanto para Cataluña como para el resto de España, conviene tenerlo presente a la hora de enjuiciar la actuación de movimientos políticos del tipo de la CUP, cuya representación es limitada pero que, en este momento, se han convertido en pieza capital para que Cataluña se dote de gobierno.

Ahora bien, una cosa es que la CUP facilite la presidencia a Mas y otra es que, si este la consigue, el Gobierno de la Generalidad se adentre en las políticas anticapitalistas preconizadas por ese grupo del Parlamento. Puede que existan algunas concesiones de carácter social, pero creo que, una vez que los de Junts pel Sí mantengan la Generalidad, buscarán entendimientos con otros grupos del Parlamento catalán y orillarán a la CUP todo lo que puedan, teniendo en cuenta la imposibilidad de que este pequeño grupo arme una moción de censura constructiva con los demás. Quizás en eso resida la resistencia de los anticapitalistas a facilitar la investidura de Artur Mas. Al final, esta se ha convertido en una suma de impotencias no sólo para conseguir el objetivo de la independencia sino para lograr que la Generalidad sea el instrumento adecuado para administrar y gobernar a los catalanes. En cualquier caso, lo que está sucediendo en Cataluña no se puede contemplar como algo ajeno o del extranjero y debería obligar a que el nuevo Gobierno español, cuando se forme, adopte iniciativas para ordenar aquel desbarajuste.

El PSOE en el camino de perdición
Y hablando de desbarajustes no es asunto menor el que se está adueñando del PSOE, cuyos dirigentes parecen empeñados en que se cumpla cuanto antes el vaticinio de que la crisis de su partido desemboque en que éste deje de ser una opción significada en la política española. Porque, si bien es cierto que los resultados electorales han sido calamitosos, es evidente que, ante el desastre de sus viejos oponentes del turno, hoy el PSOE cuenta con posibilidades para capitanear una alternativa de gobierno. Sería el clavo ardiendo al que agarrarse para intentar superar sus problemas y, en la medida de lo posible, contribuir de forma constructiva a arbitrar una salida a la crisis española. Pero son tantas las querellas de una familia venida a menos que las disputas por lo que resta de patrimonio electoral, Extremadura y Andalucía Occidental, pueden dar al traste con la última oportunidad de salir del agujero en que se encuentran.

Todas las opciones sobre si habrá Gobierno o si se repetirán las elecciones parecen abiertas, especialmente si lo de Cataluña se encrespa y el PSOE se hunde en la levedad. Se pueden hacer apuestas, pero, al hacerlas, no debería olvidarse que falta conocer qué hará el nuevo Rey, Felipe VI, que también tienen un papel, más relevante del que algunos piensan, en esta obra de teatro. Hablaremos de ello en la semana de reyes. Buen año para todos.

Terminator Mas contra el Sóviet CUP
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 31 Diciembre 2015

Terminator Mas no deja títere con cabeza. Lo fractura todo: la sociedad catalana, su partido, la parcela Unió que se desprendió de su partido, el PSC, las osamentas del PSUC, las organizaciones empresariales, el mundo de la cultura, la Iglesia católica (Terminator Mas no asistió a la consagración del nuevo arzobispo de Barcelona porque volem bisbes catalans). Y ahora, también, el Sóviet CUP. Lo que parecía ser el último reducto de la pureza revolucionaria anticapitalista ha sucumbido a la concupiscencia del poder. La fracción oportunista que hiberna en todas las vanguardias jacobinas, y que antaño los Marat y Robespierre mandaban decapitar, ha asomado la cabeza intacta para inclinarla ante el indeseable burgués. Pero ¿Terminator Mas es más fuerte ahora que antes de seducir a estos volubles compañeros de viaje? Todo lo contrario.

Caricatura del monstruo
Este Terminator no exhibe la poderosa y compacta masa muscular a la que nos tenía acostumbrados el veterano Arnold Schwarzenegger. Compuesto por los retales sustraídos de las instituciones y los partidos desguazados, se parece más bien a una caricatura del monstruo que creó el doctor Frankenstein… cuidando de no llamar Frankenstein al monstruo, como hacen muchos profanos, cuando el nombre corresponde al científico loco que le dio vida. En su configuración política son visibles los parches, las costuras y los tornillos que dan apariencia humana a las facciones del monigote: un poco de neoliberalismo por acá, otro poco de izquierdismo por allá y una batería generadora de impulsos irracionales dentro del cráneo de atrezo. Con el añadido, tras la implantación del órgano cupaire, de una glándula que segrega toxinas radicales.

El poder destructivo del adefesio sigue siendo el del mítico Terminator, pero a sus miembros ortopédicos ya ni siquiera les quedan fuerzas para sostener la hoja de ruta, lo que convierte al frustrado mesías en el hazmerreír de quienes hasta ayer lo jaleaban, de quienes ya abominaban de su proyecto y del resto del mundo civilizado. A los paniaguados del Diplocat sólo les queda el recurso de dirigirse a la chusma aficionada a espectáculos degradantes, porque ningún jefe de Estado o funcionario serio perderá el tiempo escuchando sus patrañas. Incluso el somatén mediático que tanto contribuyó a inflar el globo del proceso calificó de "esperpento" la asamblea de la CUP y, en su editorial (LV, 28/12), aludió a la "humillación" de Mas y al "sainete" de la política catalana, para terminar con una advertencia rotunda:

Incluso aunque el resultado final sea favorable a la investidura, el presidente de la Generalitat habrá debilitado su figura y la de la institución que representa de forma irreparable.

El diagnóstico no podría ser más realista. Después de seducir a sus volubles compañeros de viaje y de conseguir la investidura –si la consigue–, Mas no será más fuerte que antes. Todo lo contrario. Es posible que la CUP se fracture, pero sus dos mitades seguirán unidas por los vasos comunicantes del anticapitalismo, que, a su vez, tiene ramificaciones ideológicas dentro y fuera de la órbita secesionista. Y este es un campo de batalla donde el Sóviet CUP sumará fuerzas con aliados imprevistos para hacer saltar los parches, las costuras y los tornillos del monigote disfrazado de Terminator. Recordemos que en el imperio soviético el checoslovaco Klement Gottwald se deshizo de los burgueses Edvard Benes y Jan Masaryk, y el cubano Fidel Castro de los igualmente burgueses Manuel Urrutia y Osvaldo Dorticós. A Masaryk y Dorticós los suicidaron.

Aquelarre totalitario
El panorama político que se despliega ante nuestros ojos invita a reaccionar con precaución y a no cantar victoria por el visible debilitamiento del Terminator secesionista. En primer lugar, también se ha debilitado la barrera contra el caos que representaba el Gobierno de España, antes reforzado por su mayoría absoluta. Hoy el imperio de la ley depende de la concertación de una alianza entre tres partidos –PP, PSOE y C's–, de los que sobre todo uno, por el momento, no ha tomado plena conciencia de la inmensa responsabilidad que ha recaído sobre sus espaldas. En segundo lugar, a los ideólogos del movimiento secesionista los alarman, con justa razón, las pruebas de que algunos implantes de su monigote, como el Sóviet CUP y tal vez ERC, cobran vida propia y amenazan con fusionarse a otros con los que comparten la matriz totalitaria, como En Comú Podem. Es algo que a los partidarios de la sociedad abierta también debería alarmarnos.

El aquelarre totalitario ya ha engendrado su criatura, como en la película de terror de Roman Polanski, y la criatura tiene nombre: Ada Colau.

Francesc-Marc Álvaro, que como todo buen predicador sectario tiene un fino olfato para detectar las miserias que se cuecen entre bambalinas, comprueba que sus ensueños de secesión se los lleva el viento, se suma al coro de plañideras y pronostica sin pelos en la lengua ("Presidenta Colau", LV, 28/12):

El duelo entre Junqueras y Mas o el duelo entre el bloque independentista y C's perderá relieve ante lo que generará el paso de Colau de la política municipal a la catalana. Porque me parece fuera de dudas que la alcaldesa acabará liderando –antes de lo que pensamos– una opción de izquierdas vinculada a Podemos con voluntad de absorber a los votantes del PSC, de ICV-EUiA, de la CUP y –cuidado– de ERC. (…) ERC quiere seducir al votante potencial de Podemos, y la cosa irá al revés. La CUP imagina estrategias para llevar los podemitas a la vía independentista, y el camino será en dirección contraria. Colau, puesta a competir por la Generalitat, romperá el guión de republicanos y cuperos y se ofrecerá como la gran solución para echar a Mas.

Si la alternativa que plantea Álvaro fuera la única, la respuesta sería espontánea: apaga y vámonos. Afortunadamente, todavía estamos en España, en Europa y en el mundo civilizado. Si los dirigentes actuales de los partidos democráticos y constitucionalistas, o quienes los sucedan sin margen de demora, conservan un mínimo de lucidez, podremos contemplar desde la barrera cómo la patulea secesionista y totalitaria monta su show circense mientras acariciamos orgullosamente, como si fuera un trofeo, nuestro DNI español y, por lo tanto, europeo.


El Estado prescinde de 418 empleados en Galicia en seis meses y la Xunta contrata a 274
El aumento de las plantillas en concellos, diputaciones y universidades deja estable el número de trabajadores públicos
G. L.redacción / La Voz 31 Diciembre 2015

En Galicia trabajaban, a cierre del mes de julio, 149.648 empleados públicos. Son solo quince menos de los que había al comienzo del año, según los datos del Boletín de Personal publicados ayer por el Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas. Y es que el adelgazamiento de la Administración General del Estado en la comunidad, que en los seis primeros meses del año prescindió de 418 funcionarios en sus centros gallegos (que cuentan ahora con 27.862 trabajadores), contrastó con el incremento de las plantillas tanto en los organismos autonómicos como en los locales y las universidades.

En concreto, la Administración gallega (tanto la Xunta como sus satélites) incorporó en la primera mitad del año a 274 nuevos empleados, hasta hacer un total de 86.382, frente a los 86.108 con los que comenzó el año. Un 0,3 % más.

Por su parte, en la Administración local, compuesta por ayuntamientos y diputaciones, el incremento es una décima superior, al engordar sus plantillas en 118 personas, hasta llegar a las 27.671 actuales. En cuanto a las universidades el incremento de plantillas es mucho más exiguo, con once incorporaciones, lo que deja el total de empleados de los tres centros gallegos en 7.718.

La reducción, aunque tímida, del número de trabajadores al servicio de las administraciones en Galicia va en línea con la tendencia registrada en el conjunto del país. Hay en España 2.542.787 empleados públicos, más de dos mil menos de los que había al principio de año. Según el desglose del Ministerio de Administraciones Públicas, más de la mitad (50,5 %) están al servicio de los organismos autonómicos y apenas seis de cada diez son funcionarios. La mayoría, un 54 %, son mujeres.

Más de 1.400 empresas han trasladado su sede fuera de Cataluña en dos años
Gonzalo Baratech  www.gaceta.es  31 Diciembre 2015

Crónica Global' ofrece la relación completa de estas compañías, cuya facturación conjunta supera los 3.000 millones de euros anuales

Crónica Global ofrece hoy a sus lectores en rigurosa primicia el listado de las 1.424 compañías que han cambiado su sede social de Cataluña a otros lugares de España desde comienzos de 2014 hasta diciembre de 2015.

La relación se basa en datos extraídos del Registro Mercantil. Abarca sociedades todo tipo y tamaño, así como de los más variados sectores de actividad. Este formidable éxodo supone para los últimos 23 meses un promedio diario de dos empresas.

Más de 3.000 millones de facturación
Tal como se puede comprobar en la tabla anexa, las compañías huidas suman una facturación conjunta próxima a los 3.000 millones de euros. Es de subrayar que, de las 1.424 empresas que se han marchado, sólo hemos podido verificar la cifra de ventas de 1.082, por lo que en realidad el volumen de negocio conjunto es muy superior al transcrito.

En la inmensa mayoría de los casos, la mudanza de domicilio social se ha realizado en silencio, sin anuncios ni comunicados públicos, porque en esta clase de operaciones suele primar la discreción más absoluta y se soslaya cualquier alharaca publicitaria.

Impuestos e inestabilidad política
Los entendidos achacan la deserción empresarial a varios factores. De un lado, los altos tipos impositivos imperantes en Cataluña, que han colocado a esta comunidad autónoma entre las que gravan con más dureza el ejercicio de actividades económicas, las transacciones mercantiles o la mera tenencia de bienes.

También contribuye el ambiente político, cada vez más enrarecido, con un Gobierno autonómico lanzado a la independencia y proclamando urbi et orbi que en esta demarcación se cumplen las leyes a beneficio de inventario.

Pocas cosas hay más huidizas que el dinero, pues es pusilánime por naturaleza y aborrece los problemas e incertidumbres. Que el Parlamento catalán propale con declaraciones estrambóticas la inseguridad jurídica no es la mejor carta de presentación para atraer inversiones y retener las que ya están aquí
http://www.cronicaglobal.com/es/downloads2/empresas-se-van-de-catalunya.pdf


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