AGLI Recortes de Prensa   Sábado 2  Enero  2016

Empezando de la nada hemos llegado a la más absoluta miseria, con un par.
Paco Sande  Periodista Digital 2 Enero 2016

Bien, ya está, hemos tenido unas nuevas elecciones generales, ya hemos empezado un nuevo año y, como no podía ser de otra manera, ya volvemos a estar metidos en otro berenjenal del copón.

Empezando de la nada, nosotros solitos, nos hemos metido en la más absoluta miseria, con un par.

Se acuerdan cuando, hace cuatro años, el Partido Popular fue votado por mayoría absoluta?
Se acuerdan por qué sucedió aquello?
Se acuerdan que fue porque la España que dejaba atrás el funesto Presidente Zapatero, verdadero precursor de “Podemos”, estaba completamente arruinada, a punto de ser rescatada, y nadie daba un duro por su economía?

Se acuerdan de aquella “prima” que nos apareció a todos de repente y que nadie sabía quién era ni de donde venia pero que pronto aprendimos que se llamaba “prima de riesgo” y que cada vez que subía, y subía todos los días, nuestra economía iba a peor y el agujero de la crisis se hacía más y más profundo?
Se acuerdan, verdad? Claro que se acuerdan.

Y ahora díganme todos aquellos que se han tirado de cabeza a votar a “Podemos”, por qué carajo creen que ya, que España está lista para afrontar otro Gobierno de los necios?

Por de pronto, hace sólo unas semanas, los inversores pagaban por dejar su dinero en España, o sea, por invertir en este país, pero hoy ya han empezado a llevárselo y si queremos que nos lo dejen aquí hay que pagárselo y la “prima” de marras ya está de nuevo asomando su cabecita.

Pero claro, si Pablo Iglesias y sus podemitas entran en el Gobierno, ellos lo van a arreglar todo. Van a dar dinero al que no tiene, casa al que esté sin ella, mejorar la sanidad y dar empleo a todo el mundo, esto sólo para empezar y sin despeinarse, luego ya nos meteremos en faena.

Por dios, cuando vamos a aprender que un país es como una casa y su economía funciona igual que la economía de cualquier familia, esto es: o entra más dinero del que se gasta o la economía se va al garete, y no hay más, tan simple y tan difícil como eso.

Y, de la misma manera, cuando vamos a aprender que los gobiernos no crean puestos de trabajo, ni en España, ni en ningún país del mundo mundial, que se dice ahora.

Los gobiernos, lo que tienen que hacer es crear las condiciones y la estabilidad necesarias para que los inversores confíen en ese país e inviertan en él y los emprendedores se sientan confiados y capaces de emprender sus negocios en ese país y lo hagan y creen empresas que medren y den muchos puestos de trabajo y esa bonanza atraiga a mas inversores y mas emprendedores que vuelvan a crear más puestos de trabajo, y eso es cómo funciona la cosa, y si quieren un ejemplo de cómo hacerlo bien, miren a Irlanda y luego, para saber cómo no hay que hacerlo, o cómo hacerlo rematadamente mal, miren a Venezuela.
Porque, dígame usted señor o señora votante de Podemos, si usted tuviese un capital más o menos de una cuantía que le diera para invertir, lo haría en la Venezuela de Maduro?

Y si usted tuviese los medios y una idea magnifica para crear un negocio o una empresa, buscaría emprender ese negocio o esa empresa en la Venezuela de Maduro...?

No, claro que no, ni usted ni nadie. Pues piense señor o señora votante de Podemos, los inversores y emprendedores de este mundo, nos miden a todos por el mismo rasero y, si elegimos quedarnos con “mesías redentores” que dicen ser capaces de quitar el hambre del mundo con una especie de clarividencia y magia que solo ellos conocen, se van a ir –se están yendo- con su dinero y sus empresas a otros lugares más saneados y más estables, países donde no haya tanta incertidumbre y tengan los pies en la tierra y nosotros nos vamos a quedar con el “mesías de la coleta” y su escudero (“la lombriz atómica”) Errejón, que nos van a hacer a todos felices y comeremos perdices, sí señor.

Bueno, Feliz Año Nuevo a todo el mundo y que Dios reparta suerte.

Democracia sadomaso
Gabriela Bustelo www.vozpopuli.com  2 Enero 2016

La política española asombra, entre otras cosas, por el desperdicio de las oportunidades heroicas. Mientras en el resto de las democracias parlamentarias los políticos son conscientes de su carpe diem y renuncian si fracasan, en España se nos enquistan con todas sus mediocridades a cuestas. El sketch televisivo de José Mota previo a las uvas, basado en el “Debate a Cuatro” entre Pedro Sánchez, Pablo Iglesias, Albert Rivera y Soraya Sáenz de Santamaría, es –con la apoteosis del “Chacachá” final–, una aguda crítica de la hemiplejia política que aqueja a España tras las elecciones generales del 20 de diciembre. Con el soniquete pedagógico que podría emplear un buen vendedor de aspiradoras, los cuatro políticos encarnados por Mota van soltando consignas a cual más absurda: “Los martes en horas pares gobernará la izquierda y en horas impares la derecha”. “Si tienen intención de ser gay, mejor que sea los jueves a partir de las nueve”. Empleando un humor blanco del que podrían aprender muchos, el cómico de Montiel reparte estopa a partes iguales entre los cuatro aspirantes, retratando un escenario cuatripartito que tal vez fuera tan hilarante como él lo pinta si los protagonistas no tuvieran a su cargo el bienestar de casi 47 millones de españoles.

El político español medio no concibe su profesión como una oportunidad privilegiada de hacer algo por su país, sino como un chollo idóneo para pulir la trayectoria personal

El franquismo subconsciente
En la cruda España real, el intento de formar gobierno está condenado al descalabro por un grave motivo. El político español medio no concibe su profesión como una oportunidad privilegiada de hacer algo por su país, sino como un chollo idóneo para pulir la trayectoria personal –impresionar a mamá, seducir a la última pareja, epatar a los amiguetes– pero, sobre todo, como una opípara poltrona en la que poder instalarse sin fecha de rescisión. Además, el político estándar sabe que en España hasta ahora se ha considerado “normal” –palabra peligrosa donde las haya– aprovechar el puestazo para montar una trama corrupta, o aprovechar las ya existentes. El cargo político como lotería vitalicia es una herencia del inmovilismo social franquista, por lo que el estreno de los podemitas en los ayuntamientos de Madrid y Barcelona ha sido la enésima constatación de que la izquierda también lleva a Franco en el subconsciente. Ni Carmena ni Colau se han bajado el sueldo como prometieron y ambas están enchufando a parientes y conocidos como si no hubiera un mañana.

Democracia tullida
Es difícil encontrar, no ya en España, sino en toda Europa, un partido más deteriorado que el Partido Socialista Obrero Español. Ya que los socialistas niegan tercamente su fracaso, huyendo hacia delante en vez de aprovechar la coyuntura para renovarse, toda esperanza –pese a las llamadas de atención de socialistas honestos como Leguina, Corcuera o Saavedra– parece ya perdida. La ruina moral en que se halla la izquierda española va unida, como todos sabemos bien, al descalabro de Prisa, el emporio mediático que la sustentó durante casi cuarenta años (¡40 con Franco, 40 con Polanco!). La acción de Prisa, que salió a Bolsa hace 15 años con un precio algo superior a 20 euros, hoy vale en torno a los 5 euros, habiendo llegado a bajar hasta los 50 céntimos en la primavera de 2012. Sin la inestimable colaboración de Juan Luis Cebrián y de José Luis Rodríguez Zapatero –insaciable uno, inclasificable el otro–, quizá España contara hoy con la izquierda funcional que tiene toda democracia que se precia.

¿Hasta cuándo este vodevil de políticos sádicos mantenidos con impuestos de ciudadanos masoquistas?

Miedo al progreso
Una vez más, cuando España está al borde del progreso histórico, las izquierdas se unen con cateto fervor para obligar al país a retroceder. Es la pulsión antidemocrática contra el PP lo que une a la izquierda, patéticamente incapacitada para generar ninguna otra idea común. En España la política se plantea como una batalla campal carente de todo atisbo de fair-play, pero el espectáculo navideño de estos candidatos baldragas incapaces de acordar ni la hora del día es una maldita tragedia. Una vez más, sin que existan mecanismos legales para evitarlo, la moneda de cambio es el negocio corrupto que Pujol bautizó con el comercial nombre de "nacionalismo". Dado que el show nacionalista lo han alentado y financiado PSOE y PP, estamos ante una cierta justicia poética o un karma resuelto, pero los grandes perdedores son los españoles. Produce sonrojo tener que recordar que la democracia no es una batalla a muerte ni una licencia para trincar, sino un torneo cuyo premio es el noble servicio público. ¿Hasta cuándo este vodevil de políticos sádicos mantenidos con impuestos de ciudadanos masoquistas? Esperemos que el 2016 sea el último año de esta democracia sadomaso.

La gran contradicción de Podemos: o derechos sociales o autodeterminación
Juan Ramón Rallo www.vozpopuli.com 2 Enero 2016

Podemos deberá priorizar entre su “agenda social” o su “agenda territorial”: una por necesidad tiene que devorar a la otra. Más derechos sociales es menos derecho de secesión y más derecho de secesión son menos derechos sociales.

Dos de las condiciones que ha exigido Podemos para alcanzar acuerdos de gobierno con alguna de las fuerzas políticas mayoritarias han sido, por un lado, el blindaje constitucional de los “derechos sociales” y, por otro, la reforma del modelo territorial del Estado español para permitir la celebración de referéndums de autodeterminación. El problema de estas dos exigencias es que son incompatibles entre sí y que la resolución de esta contradicción, tanto en la teoría como en la práctica, marcará buena parte del destino de Podemos.

La contradicción
Por “derechos sociales”, Podemos entiende una amplia redistribución coactiva de la renta entre los ciudadanos que componen un Estado. Por referéndum de autodeterminación, cabe entender el derecho reconocido a un conjunto de ciudadanos para secesionarse de un Estado y autoorganizarse políticamente en otro distinto. Nótese la incoherencia irresoluble entre ambos planteamientos: si todo ciudadano del Estado español tienen la obligación de someter su renta y patrimonio a la redistribución en favor del resto de sus conciudadanos, entonces todo ciudadano no puede poseer un derecho absoluto a separarse completamente del Estado español y de las obligaciones que éste lleva aparejadas; si, en cambio, todo ciudadano (o, al menos, una parte de los ciudadanos) posee el derecho a secesionarse políticamente del Estado español y de las obligaciones que éste lleva aparejadas, entonces no podrá sostenerse que, al mismo tiempo, se halla sometido a la obligación de redistribuir su renta y patrimonio entre todos sus conciudadanos, dado que estamos convirtiendo en potestativa la adscripción a un Estado y a sus obligaciones.

Dicho de otra manera, si a mí se me reconoce el derecho a secesionarme del Estado, también se me está reconociendo el derecho a sustraerme de las obligaciones políticas que emanan de ese Estado (entre ellas, la de redistribuir mi renta y patrimonio): por tanto, en realidad la obligación política no es tal (pues basta mi sola voluntad para que no me vea sometido a ella). Si, en cambio, a mí se me impone la obligación de redistribuir mi renta y patrimonio hacia el resto de mis conciudadanos, ello implica que no podré sustraerme de cumplir con esa obligación y, por tanto, que no podré secesionarme completamente del Estado que soberanamente me la impone.

Desde un punto de vista filosófico, pues, Podemos deberá priorizar entre su “agenda social” o su “agenda territorial”: una por necesidad tiene que devorar a la otra. Más derechos sociales es menos derecho de secesión y más derecho de secesión son menos derechos sociales. De hecho, este es el motivo por el que tradicionalmente gran parte de la izquierda ha sido jacobina: maximizar la redistribución requiere de una maximización de la centralización política (cuantos más cuerpos soberanos existen, menor margen para que un inexistente suprasoberano les imponga la obligación de redistribuir la renta). Y, también por eso, el liberalismo ha estado normalmente vinculado a movimientos favorables a la descentralización y la autonomía política (llegando, en muchos casos, a la vindicación de la soberanía individual con su corolario de la libre asociación y desasociación política).

Pero Podemos no sólo se enfrenta ante una disyuntiva filosófica —cómo compatibilizar su incoherente estructura de valores— sino también de estrategia postelectoral. El Estado español es una organización política con fuertes redistribuciones de la renta entre los ciudadanos residentes en distintas partes de su territorio: las balanzas fiscales, calculadas por el propio Ministerio de Hacienda, muestran un intenso flujo financiero desde Madrid, Cataluña o Baleares hacia el resto del país y, muy en particular, Andalucía, Extremadura, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Galicia, Canarias o Asturias. No por casualidad, uno de los principales argumentos que emplea el independentismo catalán para justificar su voluntad de separación política es el de la “mala financiación de Cataluña” (recordemos que, oficialmente, el propio Artur Mas viró hacia el secesionismo cuando Mariano Rajoy se opuso radicalmente a su propuesta de “pacto fiscal”). Si la actual autonomía catalana se independizara del Estado español, los recursos públicos a disposición de este último para proceder a redistribuir la renta se verían mermados en una horquilla entre 9.000 y 16.000 millones de euros anuales, lo cual repercutiría muy negativamente sobre los fondos a disposición de las regiones con menor renta per cápita (las cuales, no en vano, son las principales receptoras de esos fondos): ¿cómo blindará Podemos constitucionalmente unos derechos sociales a los que, a su vez, está vaciando de financiación toda vez que permite la secesión de una de las regiones más ricas (y, por tanto, más contribuyentes) de España?

Cuadrando el círculo
La contradicción, tanto filosófica como política, es más que evidente. Aun así, desde el punto de vista filosófico podrían intentar salvarse los muebles buscando algún tipo de argamasa intelectual; desde el punto de vista de la estrategia política, por el contrario, veo escasas opciones de éxito en el medio plazo.

Primero, desde un punto de vista filosófico, Podemos podría compatibilizar su discurso a favor de la redistribución de la renta y del derecho de autodeterminación adscribiéndose a la corriente comunitarista: a saber, defender que, si bien existe una obligación política a redistribuir la renta, ésta no emane del Estado, sino de la comunidad nacional en la que uno se inserta (siendo esa comunidad la que tiene derecho a autoorganizarse colectivamente en forma de Estado). Por esta vía, Podemos podría argumentar que un ciudadano catalán tiene la obligación de redistribuir su renta y patrimonio, pero sólo hacia otros catalanes, no hacia el resto de los españoles (al igual que, actualmente, un español no tiene la obligación de redistribuir su renta con un mexicano). La filosofía política del comunitarismo exhibe muy serios problemas de base y conlleva consecuencias inquietantes como negar la existencia de derechos humanos (para una crítica mucho más detallada a la filosofía política del comunitarismo, puede consultarse mi último libro Contra la renta básica). Sin embargo, en el caso de Podemos, lo más relevante de adoptar el comunitarismo es que les generaría una contradicción adicional: la formación morada suele hacer gala de su cosmopolitismo derivado de la universidad de derechos (de ahí su postura favorable a la apertura de fronteras) y el comunitarismo es incompatible con la universidad de derechos (una contradicción visible, por ejemplo, en la incompatibilidad entre la renta básica y la libertad migratoria). Los tres —redistribución obligatoria de la renta, derecho de autodeterminación política y universalidad de derechos— no pueden ser y Podemos deberá explicar a cuál de ellos renuncia (el liberalismo, por ejemplo, renuncia a la redistribución obligatoria de la renta en aras de la libre asociación política y de la universidad de los derechos).

Segundo, desde el punto de vista de estrategia política, Podemos va a tener muy complicado gobernar España: si España se “rompe”, los principales feudos de Podemos desaparecen (si Cataluña hubiera sido independiente, en las últimas elecciones generales, PP y Ciudadanos habrían obtenido mayoría absoluta); si España no se rompe, será muy difícil mantener un equilibrio discursivo entre regiones contribuyentes y receptoras, por lo que tenderá a escorarse victorioso sólo en uno de ambos lados. En las últimas elecciones, el PSOE optó por coronarse victorioso entre las regiones receptoras y Podemos entre las contribuyentes: una tensión que va a mantenerse en futuros comicios y que no será posible resolver sosteniblemente mediante pactos postelectorales (el PSOE, convertido ya de lleno en un partido regionalista andaluz, no puede consentir una mayor autonomía fiscal para Cataluña en perjuicio de la propia Andalucía).

De momento, la indefinición de Podemos le ha permitido sortear estos obstáculos teóricos y prácticos: su populismo ha permitido ocultar sus contradicciones internas sin que demasiados votantes se hayan dado cuenta. Sin embargo, conforme tenga que definirse en la acción política diaria, esas contradicciones saldrán a la luz y ya no serán salvables. Ahora mismo, ya tiene una importante pelota sobre su tejado: o “gobierno de izquierdas” para España (“derechos sociales”) o referéndum de autodeterminación en Cataluña. No será la última ni la mayor de las contradicciones internas a las que tendrá que enfrentarse.

El fin de Europa tal y como la conocemos
Yihad: "¡Toda la culpa es de Occidente!"
Lars Hedegaard (*) www.latribunadelpaisvasco.com 2 Enero 2016

(...) Es probable que hayamos sobrepasado el punto en el que se podrían haber cambiado efectivamente las cosas mediante la política, en el sentido tradicional, por la simple razón de que las autoridades centrales no son lo suficientemente fuertes para hacer que su mandato se cumpla en sus territorios nacionales. Esto supondrá el fin de Europa tal como la conocemos, y la gente que no se pueda marchar, o que opte por quedarse y luchar, quedará al albur de sus propios medios y, probablemente, de formas de organización social completamente nuevas (...)

No es así como se supone que tendría que haber sido. En 1995, una serie de Estados miembros de la UE firmaron el Acuerdo de Schengen, integrado en la legislación de la Unión Europea en 1999. Las potencias signatarias se comprometieron a renunciar a sus protecciones en las fronteras internas a cambio del compromiso de la UE de controlar las fronteras externas de Europa. Entonces, pese a que las autoridades de la UE exigieron que los Estados Schengen mantuvieran abiertas sus fronteras, no cumplieron su parte del acuerdo. Pocas dudas puede haber respecto a que la UE recogió, se marchó y dejó a la población librada a su suerte.

Lamentablemente, sus políticas han logrado exactamente lo contrario de lo que decían pretender. En lugar de tolerancia, hemos visto división y enemistad irreconciliable entre culturas y etnicidades que a menudo no tienen nada en común, salvo el deseo de exprimir todo lo que puedan las arcas públicas. En lugar de inclusión, los europeos han visto exclusión, contiendas de baja intensidad, zonas de exclusión y epidemias de violaciones, asesinatos y caos.

Los Gobiernos, las mayorías parlamentarias y los académicos estrella, los medios de comunicación y las elites del mundo de la cultura no se han percatado de que su gran juego multicultural e islamófilo no ha producido los resultados prometidos a su inopinado público. Sin embargo, la mayoría ha seguido insistiendo hasta el día de hoy en que la inmigración sin controles del mundo musulmán y de África es una indiscutible bendición para Europa.

Hace poco, al comienzo de la llamada crisis de los refugiados, algunas de estas eminencias han prescindido del guion y expresado su inquietud respecto a la falta de control de la inmigración. Los Gobiernos europeos siguen permitiendo que millones de los denominados refugiados crucen las fronteras y se instalen en cualquier lugar. Según la agencia Frontex de la UE, encargada de proteger las fronteras extranjeras, más de un millón y medio de inmigrantes ilegales han cruzado las fronteras de Europa entre enero y noviembre de 2015.

En estos momentos existe una brecha creciente entre la población y sus dirigentes. En una conferencia organizada recientemente por la Sociedad Danesa por la Libertad de Prensa para conmemorar el décimo aniversario de las famosas viñetas de Mahoma, el analista político británico Douglas Murray señaló que las poblaciones europeas están reaccionando a décadas de mentiras y engaños cuando votan a partidos políticos que tan solo hace unos años eran tildados de "racistas" y "fascistas". Marine Le Pen, del Frente Nacional, ha emergido como fuerte candidata para las elecciones presidenciales francesas de 2017.

Tal vez el terremoto político más trascendental en Europa fue el giro de 180 grados en la postura del Partido Socialdemócrata de Dinamarca. Hace solo unos años era un acérrimo partidario de la inmigración musulmana, y machacaba a cualquiera que se atreviese a negar el enriquecimiento cultural generado por la expansión del islam.

El líder del grupo parlamentario del Partido Socialdemócrata de Dinamarca, Henrik Sass Larsen, escribió el 18 de diciembre:

"La inmigración masiva y la afluencia de refugiados que están llegando a Europa y Dinamarca son de tal magnitud que suponen un desafío a las premisas fundamentales de nuestra sociedad en el futuro cercano... Según nuestro análisis, las duras consecuencias económicas de la actual cifra de refugiados e inmigrantes agotarán todo el margen de maniobra de las finanzas públicas en pocos años. La integración en el mercado laboral de los inmigrantes no occidentales ha sido históricamente difícil, y lo mismo ocurre con los sirios que están llegando ahora. Cuantos más sean, más difícil y más caro... Por último, nuestro análisis es que, dadas las experiencias previas con la integración de no occidentales en nuestra sociedad, nos enfrentamos a una catástrofe social en lo que respecta al manejo de las decenas de miles que pronto serán canalizados en la sociedad. En cada pequeño paso de progreso en términos de integración se volverá a partir de cero. (...) Por tanto, nuestra conclusión es clara: haremos todo lo que podamos por limitar el número de refugiados e inmigrantes no occidentales que vengan al país. Por eso hemos ido tan lejos; muchísimo más lejos de lo que habríamos deseado... Lo hacemos porque no vamos a sacrificar nuestra sociedad del bienestar en nombre del humanitarismo. Porque la sociedad del bienestar (...) es el proyecto político del Partido Socialdemócrata. Es una sociedad que se construye sobre los principios de la libertad, la igualdad y la solidaridad. La inmigración masiva perjudicará –como hemos visto en Suecia, por ejemplo– (...) a nuestra sociedad del bienestar".

Claramente, el Partido Socialdemócrata danés –el arquitecto de la Dinamarca que conocemos– ha entendido que hay un capital político que defender. Parece haberse dado cuenta por fin de que no puede seguir menoscabando sus logros si quiere conservar su menguante porción de votos.

Cabría pensar que, si el Partido Socialdemócrata habla en serio, podría tener un impacto en los partidos socialdemócratas y socialistas de otros países europeos.

No obstante, como también observó Douglas Murray, los occidentales padecen la idea de que no importa cuántos yihadistas, asesinos y terroristas declaren que sus actos son fruto de su amor a Alá: es imposible que lo digan en serio. Debe de haber alguna otra "causa originaria" subyacente de la cual no son conscientes los violentos, pero que los bienintencionados occidentales están ansiosos por explicarles: el viejo imperialismo occidental, los siglos de humillación, el racismo, Israel, las cruzadas, la pobreza, la exclusión, las viñetas de Mahoma, etc. Y, por supuesto, ¡toda la culpa es de Occidente!

Mientras que Occidente no esté preparado para tomarse en serio a los musulmanes cuando afirman que están librando una sanguinaria yihad porque esa es su obligación religiosa, no tendremos oportunidad de repeler las actuales matanzas en Occidente. La última vez que se pudo ver dicha tendencia fue esta misma semana, en forma de resolución de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, la número 569, para censurar a uno de los pocos países donde quedaba libertad de expresión. La resolución se ajusta al plan decenal de la Organización para la Cooperación Islámica (OCI) para aplicar la Resolución 16/18 del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, que criminalizaría, a nivel mundial, toda crítica al Islam.

Mientras las autoridades sigan siendo reacias a proteger a su propia población ante el arrollamiento de los extranjeros, de los cuales muchos parecen dispuestos a hacerles daño, es probable que veamos a los nativos protegerse por sus propios medios. El 16 de diciembre, por ejemplo, hubo una protesta violenta en la pequeña localidad alemana de Geldermalsen cuando las autoridades locales intentaban establecer un centro de asilo a espaldas de la población. Sin duda, a las autoridades las cogió por sorpresa el activismo.

Las sociedades occidentales se basan en un contrato implícito entre la soberanía y el pueblo: la soberanía –el rey, el presidente, el Gobierno– se compromete a mantener la ley y el orden, a proteger a sus ciudadanos de la violencia y la invasión extranjera y capturar y castigar a los delincuentes. A cambio, los ciudadanos se comprometen a no tomarse la ley por su mano. De ello se sigue que si el Estado no cumple su parte de dicho trato social, el derecho –la obligación, en realidad– de protegerse a uno mismo, a la familia, a los vecinos y la comunidad, vuelve a los ciudadanos.

También está la reciente ola de incendios de centros de asilo en Suecia. Según la web danesa-sueca Snaphanen, ha habido cuarenta casos durante los últimos seis meses de centros destinados al alojamiento de refugiados que han sido reducidos a cenizas, sin que nadie resultase muerto o herido. No se ha detenido a ninguno de los responsables; nadie se ha atribuido la autoría. Todo parece muy bien organizado.

¿Salvará el activismo civil a Europa? Probablemente no. Hay grandes territorios que ya están lejos de poder ser salvados. Suecia es un país roto, como ha explicado Ingrid Carlqvist en varios artículos en Gatestone. En 2020, Alemania podría llegar a tener 20 millones de habitantes musulmanes.

Es probable que hayamos sobrepasado el punto en el que se podrían haber cambiado efectivamente las cosas mediante la política, en el sentido tradicional, por la simple razón de que las autoridades centrales no son lo suficientemente fuertes para hacer que su mandato se cumpla en sus territorios nacionales. Esto supondrá el fin de Europa tal como la conocemos, y la gente que no se pueda marchar, o que opte por quedarse y luchar, quedará al albur de sus propios medios y, probablemente, de formas de organización social completamente nuevas.

Los primeros en irse serán los Estados del Bienestar. Las menguantes poblaciones nativas no pueden generar suficientes impuestos para dar cabida a masas de inmigrantes cuya escasa cualificación los hace incontratables, o que no quieren contribuir a las sociedades infieles.

¿Qué aspecto tendrá la Europa posteuropea? Recordemos Irlanda del Norte en los tiempos del conflicto, o en la antigua Yugoslavia durante las guerras civiles de los años 90.

Cuando quiebren los Estados, la primera preocupación de la población será la seguridad. ¿Quién puede protegerme, y lo hará, a mi familia y a mí?

Durante mucho tiempo, en Europa se ha hablado de sociedades paralelas, en las que el Estado deja de funcionar como forma de gobierno unitario, debido la separación cultural, religiosa y político-judicial de no musulmanes y musulmanes en enclaves incompatibles y antagonistas.

Parece que los demógrafos daneses son cada vez más conscientes de que los inmigrantes del tercer mundo y sus descendientes constituirán, con la ciudadanía o sin ella, la mayoría de la población danesa antes de que acabe el siglo (1). Un considerable segmento de dicha población del tercer mundo será musulmana, y mucho antes de alcanzar la mitad de siglo el número de musulmanes será lo suficientemente grande como para haber modificado, de forma irreversible, la composición y el carácter del país.

¿Supondrá la no integración musulmana el fin del Estado secular como lo conocemos? Probablemente. La religión –o más concretamente, la ideología islámica–, que no conoce distinciones entre la religión y la política, está en alza como principio constitutivo entre los musulmanes daneses. A medida que crezcan las instituciones musulmanas, el tribunal islámico está destinado a ser aún más poderoso como principio organizador de las sociedades paralelas musulmanas.

¿Cómo reaccionará la vieja población danesa, y nominalmente cristiana, a esta metamorfosis? En gran medida, dependerá de qué principio organizador determine el carácter de la sociedad paralela danesa. Destacan dos posibilidades: danesidad y cristiandad. La danesidad supondría probablemente una sociedad fundada sobre un mito nacionalista o étnico, mientras que la cristiandad sería más inclusiva étnicamente y haría hincapié en las raíces judeo-cristianas y humanistas.

En cualquier caso, es difícil ver cómo podría sobrevivir el Estado secular, ya que las sociedades paralelas no serán libres de definirse a sí mismas o determinar sus sistemas políticos o modos de gobernanza. Se verán constantemente obligadas a maniobrar de manera reactiva a los objetivos a largo plazo de los otros y a sus acciones inmediatas, como se ha visto, por ejemplo, en Bosnia, Kosovo, Líbano, Irlanda del Norte o las provincias vascas.

En estas condiciones, es probable que quiebre el sistema moderno de los Estados territoriales soberanos. Solo podemos hacer conjeturas respecto a qué lo sustituirá.

(1) Ver, por ejemplo, los cálculos de Hans Oluf Hansen, demógrafo de la Universidad de Copenhague, Berlingske Tidende, 21 de agosto de 2005.
(*) Artículo publicado inicialmente en las páginas del Gatestone Institute. Traducción: el.medio

El año en que descubriremos que no aprendimos nada de la crisis
John Müller El Espanol 2 Enero 2016

Quizá la más grande lección de la historia es que nadie aprendió las lecciones de la historia. (Aldous Huxley)

Después de ocho años de castigo, 2016 puede ser el año en que comprobemos que no aprendimos nada de la crisis. Primero, porque el elevadísimo paro sigue delatando que hay fallos estructurales que las mitificadas reformas hechas hasta 2013 no han resuelto. Segundo, el ladrillo vuelve y se convertirá en el sitio donde quienes tienen ahorros tendrán que invertir casi forzosamente debido a la política de los bancos centrales. Y, en tercer lugar, el volumen total de endeudamiento, que propició la crisis de 2008 y que guarda relación con nuestros irreductibles déficit, no sólo no ha disminuido, sino que ha aumentado. Paro, ladrillo y deuda, tres clásicos que vuelven en gloria y majestad.

Se añade un factor nuevo: la incertidumbre política. Ésta constituye el mayor riesgo que enfrenta la economía en 2016. Una amplia mayoría de los analistas que he consultado piensa que, si la indefinición política se alarga más allá de lo razonable -es decir, sobrepasa el plazo de dos meses que marca la Constitución para formar gobierno-, las familias y empresas comenzarán a postergar sus decisiones de gasto e inversión y la economía empezará a sufrir un daño importante.

Pese a que en 2015 España lanzó cuatro veces al aire la moneda electoral, los indicadores de incertidumbre más usados -el índice de Incertidumbre de la Política Económica (IPE) y el índice IESE de Incertidumbre Económica- y la prima de riesgo, apenas se inmutaron. Salvo un sobresalto en el verano, causado por Grecia y China, la incertidumbre política no se tradujo en incertidumbre económica

Esto puede cambiar en las próximas semanas. La economía creció un 3,2%, según adelantó Mariano Rajoy esta semana. De no disiparse los factores que han servido de viento de cola (caída del precio del petróleo, estímulos del BCE y apreciación del dólar frente al euro que han sumado en torno a un punto porcentual al crecimiento) y de no surgir algún contratiempo, todo aquello que el país deje de crecer en los próximos meses será fruto de la incertidumbre política. Y ésta lo penalizará todo. Si algo enseña la crisis griega de 2015 y la propia experiencia de España en 2012 es que la psicología de los mercados cambia con rapidez. Grecia pasó en apenas un trimestre (a finales de 2014) de estar saliendo de una recesión a precipitarse en ella nuevamente.

Los siguientes son los 10 factores clave que hay que tener en cuenta los próximos meses:

1.- EL DÉFICIT PÚBLICO

La incertidumbre política quizá sería menor de haberse elaborado unos Presupuestos para 2016 más rigurosos. Rajoy se ufana de que están aprobados por el Parlamento, pero no sólo Bruselas los ha cuestionado, también el FMI y la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef) han expresado sus dudas. Y la principal razón es que ya existe un riesgo elevado de no cumplir el objetivo pactado con la CE en 2015 que era de un 4,2%. Muchos observadores piensan que la cifra se irá al 4,5% por los desajustes de gasto en las comunidades autónomas y el déficit de la Seguridad Social. El objetivo acordado para 2016 es un déficit del 2,8%, lo que supone un ajuste adicional de 14.000 millones.

Valdis Dombrovski, vicepresidente de la CE, ya adelantó en octubre que España está incursa en un procedimiento por déficit excesivo y que “gane quien gane, instaremos al nuevo Gobierno a que tome las medidas necesarias para reducirlo”. Cuando esta actitud europea se concrete, quizá a mediados de enero, será vista como una presión favorable para que se constituya en España un gobierno de gran coalición entre PP y PSOE o para que unas nuevas elecciones arrojen un resultado claro, sin ambigüedades.

2.- LAS MAREAS MONETARIAS

El fin de la política de expansión cuantitativa de la Reserva Federal de EEUU es el fenómeno más relevante a nivel global. La Fed planea sacar los tipos de interés del dólar del nivel casi cero y elevarlos para que vuelvan a ser una referencia eficaz para su política monetaria. Pero se trata de una acción inédita, cuyos efectos colaterales se desconocen. Lo que sí se sabe es que la expansión cuantitativa generó una burbuja de activos. Por eso, cada vez que se habla de desmontarla, la renta variable se altera. Y la inestabilidad ha tocado a los mercados de renta fija

La decisión de la Fed se ha cruzado con la del Banco Central Europeo (BCE) que está desarrollando desde marzo su propia expansión cuantitativa y que acaba de ampliarla hasta 2017 (antes la fecha límite era septiembre de 2016). La idea de Mario Draghi es mantener tipos de interés muy bajos en la Eurozona, pero todo dependerá de las mareas monetarias que provoque el dólar. Un dólar con tipos de interés más altos atrae capitales de todo el mundo. Este flujo castiga a los países emergentes que, además, ven como caen los precios de sus materias primas por la ralentización de la actividad en países como China.

3.- EL SECTOR FINANCIERO Y LA DEUDA

Quien más sufre con los tipos bajos del BCE es la banca. Acostumbrada al tranquilo negocio de tomar y prestar dinero beneficiándose de los generosos márgenes, los bancos se han encontrado en una terra incognita con los tipos casi cero. Los recortes y reestructuraciones tienen un límite y la situación los compele a tomar más riesgos o a pensar en fusiones salvadoras. Bankia, por ejemplo, es el discreto objeto del deseo de varias grandes entidades.

Guardianes del ahorro durante muchos años, los bancos se ven hoy en dificultades para ofrecer algo más que cargos por servicio o nuevos créditos. Pero empresas y familias están desendeudándose (la deuda de las empresas ha caído el 27% del PIB entre 2010 y 2014 y la de las familias un 12%), por lo que el apetito por adquirir nueva deuda sólo existe en el sector público, cuyo endeudamiento formal está en el 99,3% del PIB, aunque el real supere largamente el 100%. Según un estudio elaborado en 2015 para Funcas por Analistas Financieros Internacionales, la deuda total española durante la crisis ha pasado del 253% del PIB en 2007 al 322%. Pero mientras familias y empresas se han esforzado en devolver lo adeudado, el Estado ha multiplicado por tres sus pasivos.

4.- EL RETORNO DEL LADRILLO

Cuidar los ahorros es hoy un trabajo complejo: los depósitos bancarios no rentan nada con tipos tan bajos, las bolsas están sujetas a turbulencias -la española cayó un 7,15% en 2015- y la renta fija también sufre con los bancos centrales. Además, las economías emergentes son una incógnita. Inversores muy sofisticados y acostumbrados al riesgo pueden ganar dinero con el trading de divisas o apostando por el dólar y la economía de EEUU. Pero eso pilla lejos al ciudadano medio, no acostumbrado al riesgo, al que parece que todo le está encaminando a invertir en un activo hasta ayer desprestigiado: los inmuebles. Se prevé que el precio de la vivienda suba un 6,6% en 2016 y que las ventas se incrementen un 17,2%, según el Pulsímetro Inmobiliario del Instituto de Práctica Empresarial citado por Expansión.

5.- EL PETRÓLEO BARATO

A falta de una auténtica reforma que dotara a España de una energía barata, hemos tenido la “reforma energética de los jeques árabes”, una pronunciada caída del precio del crudo inducida por Arabia Saudí desde el verano de 2014. La fuerte reducción de la factura petrolera, unida a la debilidad del euro frente al dólar, ha permitido mejorar el saldo de la balanza comercial y apoyar el frágil superávit por cuenta corriente. España está a punto de firmar una hazaña sin precedentes: mantener durante tres años este superávit

6.- FINANCIACIÓN AUTONÓMICA

El modelo de financiación autonómica pactado en tiempos de Zapatero y que originalmente buscaba contentar a la Cataluña del tripartito, debió revisarse en 2013. No se hizo porque prevaleció la idea de Cristóbal Montoro de que, ya que no había dinero para repartir, era mejor no tocar el tema. Si Europa endurece su actitud hacia el déficit público, las comunidades autónomas que están infrafinanciadas tendrán que afrontar recortes en Sanidad y Educación, las dos partidas más importantes del gasto autonómico.

7.- MERCADO LABORAL Y PARO DE LARGA DURACIÓN

En el último año, el empleo ha subido en todos los sectores de la economía, según la Encuesta de Población Activa del tercer trimestre de 2015. Pese a ello, en España hay 4.850.800 personas que quieren trabajar y no pueden. De ellos, más de 1,3 millones son personas que llevan más de tres años en esta situación, un grupo cuya inserción laboral demandará importantes recursos e incentivos. En esta categoría, antes de la crisis, sólo había 263.000 personas.

8.- PAÍSES EMERGENTES

La desaceleración económica en China, la crisis en Rusia y Brasil, dejan a la India como el único país que todavía no ha dado malas noticias económicas. Pero los riesgos financieros en los países emergentes están aumentando, como advertía la directora gerente del FMI, Christine Lagarde, en un artículo en el diario alemán Handelsblatt en el que sostenía que el crecimiento global en 2016 será “decepcionante”. Muchos países se han endeudado en dólares y el aumento de los tipos de interés podría dar lugar a incumplimientos por parte de empresas y familias que contagiarían rápidamente a la banca y a los gobiernos.

Para España, Latinoamérica es la región más importante ya que la mayoría de sus grandes empresas están desplegadas allí y han aprovechado el ciclo de crecimiento para defender unas cuentas muy penalizadas por la crisis española. Ahora, el ciclo ha cambiado: hay menos beneficios y éstos están expresados en monedas cada vez más devaluadas. El caso más acuciante es Brasil, el país más grande de la región donde las empresas del Ibex 35 están muy expuestas. Dado el limitado tamaño del mercado español, si en Brasil las cosas van mal, en el Ibex también irán mal.

9.- BREXIT

Un 43% de los economistas consultados por la agencia Bloomberg señalaron que la salida del Reino Unido de la UE es la mayor amenaza para su economía en 2016, mientras que un 13% cree que ya lo es el mero hecho de plantear un referéndum. Sin duda, sus efectos alcanzarán a toda Europa. David Cameron ha asegurado que la consulta podría tener lugar este verano y en ningún caso después de finales de 2017.

10.- EL NIÑO

El fenómeno de El Niño consiste en un súbito incremento de las temperaturas en las aguas del océano Pacífico que desencadena calamidades meteorológicas en todo el planeta. Se asegura que El Niño fue el responsable de las temperaturas extremas que provocaron la hambruna que precedió a la Revolución Francesa en 1789. Se estima que el actual fenómeno de El Niño lleva activo desde octubre de 2014. El resultado ha sido un otoño extraordinariamente seco en España: diciembre y noviembre son los meses más lluviosos cada año y en 2015 apenas han caído unas gotas. Los embalses se encuentran casi 15 puntos porcentuales por debajo de la capacidad registrada el año pasado.

El resultado concreto es que los cultivos de secano que deberían haberse sembrado entre septiembre y diciembre (ciclo largo) están retrasados por la falta de lluvias. Con toda seguridad, la calidad y la cantidad de los cultivos disminuirá. Históricamente, en el pasado, fenómenos como éste desencadenaban hambrunas en Europa. Ahora, la interconexión de los mercados mitigará la crisis, pero no evitará que la escasez haga subir los precios. Y el impacto en la cadena productiva por el aumento de los costes no será en modo alguno despreciable.

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El desgobierno y la crisis de los partidos
Pablo Sebastián Republica.com  2 Enero 2016

Decíamos al final de 2015 que España ha cambiado, y que las recetas de la vieja política bipartidista y partitocrática no sirven para alcanzar la nueva frontera que se vislumbra tras los resultados electorales del 20-D. De los que se desprende un Parlamento multipolar donde los pactos de Gobierno se antojan imposibles tras los primeros sondeos entre los líderes políticos donde no aparece un claro vencedor y que lo primero que han hecho, empezando por el PSOE, ha sido dibujar sus respectivas líneas rojas antes de comenzar a dialogar y de escuchar a los demás.

Subrayemos que ninguno de los dirigentes que han obtenido unos malos resultados está dispuesto a dimitir o a retroceder. Ni Rajoy, Sánchez, Mas o Garzón, se han movido de sus casillas de partida en este infernal tablero de ajedrez en el que se ha convertido el mapa político español.

Y todos ellos tienen además sus respectivos problemas internos que son la lógica consecuencia del resultado electoral. Incluso en el ámbito emergente de Ciudadanos y de Podemos. Los de Albert Rivera porque todavía no se explican el resultado electoral que ellos esperaban mejor para conseguir la llave de la gobernabilidad. Y los de Pablo Iglesias porque los barones regionales de Podemos empiezan a tirar cada uno por su lado y Ada Colau ya exige que los diputados catalanes bloqueen todo acuerdo con el PSOE.

Al final, el fuego abrasador del referéndum de autodeterminación que pregona Iglesias -a sabiendas que es imposible por inconstitucional- acabará dañando su liderazgo y dejando en evidencia que Podemos no tiene para España un proyecto nacional. Sino un modelo variopinto e ingobernable semejante al de los medievales reyezuelos de los Taifas tras la desaparición del califato de Córdoba. Y buena prueba de lo que le espera al líder de Podemos la tiene ya en Cataluña porque Colau se ha crecido con el resultado electoral del 20-D, a pesar de que entre los votos recibidos están los de la CUP que no concurrió a estos comicios generales.

Cuídese pues Pablo Iglesias de repetir, como hace, que Sánchez no es quien manda en el PSOE por causa de la influencia de Susana Díaz no vaya a ser que se ponga de moda recordarle a él que Colau es la que tiene en Podemos la sartén por el mango catalán. De hecho le obligó a introducir en el programa electoral de Podemos el discutido derecho de autodeterminación que Iglesias y su equipo directivo había olvidado de manera intencionada hasta que Ada Colau los pilló.

Los problemas en Izquierda Unida y su fallida Unidad Popular son de carácter terminal. Su lamentable intento de pactar con Bildu un grupo parlamentario en el Congreso de los Diputados da idea de su deterioro y penoso final. Y si se celebraran nueva elecciones anticipadas esta vez IU no podría competir y sus votantes se irían a Podemos o al PSOE. El ansia de protagonismo de Alberto Garzón los confundió.

De la crisis del PSOE es fácil hablar a la vista del espectáculo que están dando todos ellos enfrentados entre sí. Sánchez no dimite, Susana Díaz amenaza, no tienen con quién pactar porque se han construido ellos mismos un corralito con sus propias líneas rojas, y discutiendo están si habrá un Congreso del partido en febrero como los quiere Susana o en primavera tal y como lo pretende Sánchez para intentar atrincherarse en el poder.

Y lo que es peor no dicen una sola verdad, como cuando aseguran que hay que esperar a ver si Rajoy puede formar un gobierno que ellos vetaron, o cuando añaden que Sánchez debe intentar formar gobierno pero sin negociar con Podemos ni con el PP, lo que es sencillamente imposible.

¿A qué juegan en el PSOE? Ni ellos mismos lo saben. Ahora bien en el PP no le van a la zaga a los socialistas, aunque la crisis interna y del liderazgo de Rajoy esté soterrada y de momento encapsulada porque nadie en ese partido se atreve a levantar la voz. Aznar osó solicitar un Congreso -que ya viene con seis meses de retraso- y Rajoy le dijo que no. Y no solo eso, Rajoy es otro que no dice la verdad porque insiste en formar gobierno cuando sabe que no tiene con quien, porque la llave de la gobernabilidad no es de Ciudadanos sino del PSOE que, por tres veces, ya le ha dicho que no pactarán ni con él ni con el PP.

Entonces ¿a qué espera Rajoy? Pues como todos, en la Moncloa están haciendo cábala y cálculos de lo que pasaría en el caso de elecciones anticipadas. Y los más optimistas dicen que eso beneficiaría al PP ante el desgobierno general del país. Máxime si Artur Mas es investido por la CUP presidente de la Generalitat y si Podemos sube en los sondeos por encima del PSOE, mientras Ciudadanos se estanca o comienza a bajar.

A Rajoy estos cuentos de la lechera electoral le saben a gloria y por eso asegura que en caso de elecciones se volverá a presentar. Y por ello no quiere dar un paso atrás. Además Rajoy tiene una apuesta personal con Sánchez y Mas a ver quién de los tres resiste más tiempo y quién es el que cae primero desde sus respectivos balcones del poder.

He aquí el escenario de la vieja política donde no hay visos de solución y donde todo está bloqueado y empantanado. Y ¿no hay otras salidas posibles de semejante laberinto de desgobierno nacional? Ahora no, habrá que esperar unas semanas a ver si aparece algo nuevo en este confuso horizonte español donde parece llegada la hora de estadistas que pongan en marcha una segunda transición. Nosotros hemos dado los nombres de Borrell y Piqué como posibles ‘hombres buenos’ para dinamizar esta situación.

Últimas tardes con Artur Mas

Javier Orrico  Periodista Digital  31 Diciembre 2015

El milagroso empate a 1515 votos de la última asamblea de las CUP, con el fin de mantener a Artur Mas en posición de gusano hasta el último minuto, ha sido uno de los espectáculos más entretenidos de los últimos siglos. Las CUP, Candidaturas de Unidad Popular (hay que ver la cantidad de unidades populares que da España, todas peleadas), eran hasta ayer la mugre de Cataluña para la burguesía convergente, para las gentes de la pérgola y el tenis, que escribió el gran Gil de Biedma, y que ahora habría que llamar la gente de la comisión y el maletín camino de Andorra. Las CUP eran, en buena medida, los pijoapartes de Marsé, algunos de ellos los más pijoapartes, porque no sólo venían mayoritariamente de la marginación charnega (con un ramillete de progres instalados y supercatalanes, que siempre adornan y dan un sello ‘de casa’), de los submundos periféricos de esas Barcelonas, de los Carmelos hundidos por el latrocinio organizado del 3% que ahorraba en hormigón, sino que hacían gala de esa condición marginal.

Seguir llamándose Antonio, y no Antoni, era signo de una posición, en principio, ajena al sistema. Eso sí, como el Pijoaparte, al final lo que querían, era casarse con Teresa y tocar poder, ser alguien en ese mundo que los confinó por su apellido o su acento, como harán ahora con Convergència.

Así pues, montaron plataformas como Súmate, de la que proviene su actual líder, cuyo fin era atraer a los pijoapartes, murcianos, andaluces, castellanos, extremeños, para sumarlos al independentismo a cambio de empezar a considerarlos integrables, charnegos buenos que aceptaban la superioridad del pueblo elegido. Como Montilla, el charnego que cambió su suerte, pero no la de los suyos. E incluso así, aunque haya hecho una fortunita con los setecientos sueldos de su mujer y sus prebendas como casta, jamás dejará de ser de Córdoba para la verdadera clase gozante.
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Una de las cosas que instigaban desde esas plataformas de conversos era que el español se usara sólo dentro de los domicilios, limitando su ámbito a lengua familiar. Y se hicieron separatistas, bajo la especie de que eran separatistas pero no nacionalistas, y sólo buscaban la independencia como instrumento revolucionario. Así que eran marxistas internacionalistas, hijos de españoles, pero sólo por las tardes. Por las mañanas, perseguían el sueño de todo arribista en Cataluña: emparentar con el dinero, la clase, los apellidos con ‘t’ al final, los palcos del Liceo.

Pero antes los van a arrastrar. Eso está en la doble alma empatada de las CUP. Quieren casarse con Convèrgencia, entrar en una sociedad impenetrable, pero también querrían acabar con ella, han crecido en el resentimiento de clase. La novela podría titularse, en efecto, “Últimas tardes con Artur Mas”, “Últimas tardes con Rahola” o “Últimas tardes con Enric Juliana”, los grandes pensadores del independentismo, más o menos fané y descangallado tras su paso por las asambleas CUP.

Los pijoapartes, los ‘mursianus’, han estado cien años bajando desde el Carmelo o subiendo desde las orillas del Llobregat, en sus Riejus y sus Bultacos, para servir a los señores del Eixample burgués o de las torres de la zona alta. Han visto cómo sus apellidos españoles eran la marca que los dejaría siempre fuera, siempre ‘de fora’, no para todos los catalanes, pero sí para esa burguesía que aún arruga la nariz cuando huele a charnego. Antes se iban al PSOE o el PSUC, hasta que el PSOE y el PSUC se hicieron burguesía nacionalista de la peor. Entonces se fueron a las CUP o se dejaron engañar por la Esquerra o la Colau, tan independentista como la que más.

Hoy humillan a esa burguesía que los desprecia, a esa clase xenófoba que sabe que sus negocios, el entramado de siglos, la red de saqueo organizada en torno a los gobiernos nacionalistas, corre el riesgo de perderse si hay nuevas elecciones y ganan los ‘españoles’. Y eso sí que sería revolucionario. Por eso no lo harán. Porque ya no quieren ser sus padres, aunque jueguen a asambleas y comunismo abertzale. Sus sudaderas con capucha son de diseño. Al final la venganza charnega no será definitiva, y todo quedará en simulacro y trepa hasta que puedan devolverlos a las Riejus.

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