AGLI Recortes de Prensa   Lunes 4  Enero  2016

Diez años de PSOE/PP: Ibex -14%, Dax +92%
Roberto Centeno El Confidencial 4 Enero 2016

El fin de un año y el comienzo de otro es un buen momento para hacer balance de nuestras vidas, de nuestros errores y de nuestros aciertos, de lo que hicimos y de lo que pudimos hacer, de lo que haremos y de lo que podríamos hacer. Si además, y para coger más perspectiva, hacemos el balance de toda una década; si además España se encuentra en una situación de crisis política, económica, social y moral como no se conocía desde la Guerra Civil; si además una mayoría de españoles y en particular la clase media no va hacia la recuperación sino hacia el empobrecimiento, creo que hoy más que nunca se hace preciso analizar en profundidad qué es lo que ha pasado y por qué ha pasado. Solo así es posible arrojar algo de luz sobre lo que nos espera, en medio de la incertidumbre y el desgobierno en los que unos políticos irresponsables e incapaces a quienes solo importa su futuro personal nos tienen sumidos.

Y lo primero que se constata es que la infausta Transición, que nos robó la democracia y nos impuso un régimen oligárquico de partidos sin separación de poderes, con una ley electoral que clama al cielo (el 20-D, con 923.000 votos, IU sacó dos escaños; Coalición Canaria, con 82.000, uno; PNV, con 301.000 votos, seis; el partido animalista, con 219.000, cero, etc.) y con un modelo de Estado que nos lleva a la ruina, no está terminada, como afirman la mayoría de analistas: “Los muertos que vos matáis gozan de buena salud”. La oligarquía política de la Transición, PP, PSOE y separatistas, ha conseguido casi el 70% de los escaños, después de 40 años de incompetencia, corrupción y nepotismo a la mayor escala jamás conocida, que nos han llevado a crecer muy por debajo de nuestro potencial, y a pesar de la deuda, el paro y la mayor desigualdad de Europa que nos ha legado.

Pero el tema es peor, no solo el bipartidismo sigue vivo y dispuesto a ceder lo que haga falta a los separatistas, como siempre, sino que la incertidumbre y el miedo a los 'bolivarianos' totalitarios de Podemos, que no es un partido sino una amalgama de antisistema, ultraizquierdistas y anticapitalistas, hacen que a su lado el pacto PP/PSOE se vea como tabla de salvación. O sea, que ahora la gran esperanza reside en los grandes culpables de habernos llevado al borde del abismo, en el que si aún no hemos quebrado es solo y exclusivamente por el blindaje que nos ha ofrecido la irresponsable política del BCE desde 2012 de entregar ríos de dinero a gobiernos insensatos y corruptos sin control alguno, hipotecando el futuro de varias generaciones. Pero este disparate no durará siempre.

Han destruido la sociedad civil, la clase media, y una mayoría está tan adormecida y desinformada por unos medios al servicio de las oligarquías que es incapaz de ver lo que sucede a su alrededor. Fíjense por ejemplo en la última gran patraña, el IPC cierra el año en cero por el petróleo y el Gobierno explica 'urbi et orbi' que los jubilados han mejorado su poder de compra (¡el 0,25%!), pero hasta esa ridiculez es falsa. Si consideramos lo que realmente consumen los jubilados (una gran proporción en alimentación), su 'cesta básica' se ha encarecido en torno al 2,5%, es decir, que han perdido, no ganado, poder de compra. ¿Pero a quién creen más lo jubilados, a lo que les cuentan por la tele o a lo que ven en su casa? A la vista del 20-D, a lo que les cuentan en la tele.

Un fatídico 2015: el “año de la recuperación”
El año pasado fue, según Rajoy y sus secuaces, el “gran año de la recuperación”, con España como la locomotora de Europa. He explicado por activa y por pasiva lo obvio, que cuando un país necesita endeudarse en cuatro euros para crear uno de riqueza, no va a la recuperación sino al abismo, algo que entendería hasta un diputado. Pero antes de ir a cifras irrebatibles, déjenme que les explique cómo falsifican las cifras de contabilidad nacional. La economía 'creció' en un 3,2%, nos dicen, y esa cifra es la Biblia para unos medios que no contrastan y unos analistas que no analizan.

Ángel Laborda, director de coyuntura de la Fundación de Cajas de Ahorro (FUNCAS), explica así el proceso de elaboración de las cifras: “Rara es la vez que cuando se publican los datos detallados, el crecimiento del PIB difiere de la primera estimación hecha un mes antes. En pocos países pasa esto [en ninguno, en realidad]. La labor de los contables (del INE) es encajar, a veces a martillazos, la información disponible del PIB, que es incompleta, de forma que la suma sea la estimación inicial del mismo”. La estimación la realiza el BdE siguiendo las instrucciones del Gobierno. Prosigue Laborda: “Es decir, el proceso es inverso al que se hace en una contabilidad de verdad, que estima primero los parciales para luego sumarlos y obtener el total”. Aquí el Gobierno decide lo que hemos crecido en función de sus conveniencias, el BdE lo publica como 'estimación' y luego el INE cuadra como sea los indicadores parciales pero no los registros contables reales.

Un año después, con los registros contables se publica el crecimiento real, siempre mucho menor, a veces la mitad del que se dio por cierto. Pero dentro de un año, ¿a quién le importa lo ocurrido hoy? Debería importarle a la oposición, pero como esta hace lo mismo cuando gobierna, pues hoy por ti y mañana por mí, como ocurre con los dos millones de enchufados públicos que según Montoro han entrado en las administraciones públicas sin realizar prueba alguna o con pruebas a la medida. Por ello, veamos las cifras no manipulables más representativas de la marcha económica, las bolsas de valores, que además miden el enriquecimiento o el empobrecimiento de muchas familias, en especial de la clase media.

Dicen Rajoy y los medios a su servicio que 2015 ha sido el año en que hemos superado la crisis y somos la envidia del mundo. Si eso fuera cierto, la bolsa española debería estar a la cabeza de las bolsas mundiales, pero, ¡oh sorpresa!, está a la cola. El Ibex 35 ha caído un -7,1%, el Dax alemán ha subido un +9,6%, el CAC 40 francés un +11,9%; el Nikkei un +11% (se lo recomendé a principio de ese año); Nasdaq 100 un +7,1%; y a eso hay que sumarle un 12% de revalorización del dólar para obtener un +19,1% (también se lo recomendé vivamente y lo sigo haciendo hoy de cara a 2016). Y, ya el colmo, las bolsas de Portugal e Italia han crecido por encima del 10%.

O sea, la recuperación ha sido un desastre para los inversores. Si vamos a los grandes valores, a pesar de que Rajoy ha puesto el BOE a su servicio, han sufrido pérdidas: Santander (-30%), Caixabank (-25%), Repsol (-30%), FCC (-40%), OHL (-51%), Telefónica, el gran nido de enchufados de lujo (-9,4%), etc. Los analistas recomendaban esos valores y decían que el Ibex cerraría en 11.500, y este año, lo mismo. Es de broma, olvídense y compren índices: Dax en Europa y Nasdaq 100 en EEUU, en concreto en forma de ETF, DAXEX:GR, que cotiza a 95,08 euros y replica el Dax y QQQ:US, que cotiza a 111,86 dólares y replica el Nasdaq 100. Nunca se compliquen con acciones individuales y menos en fondos, que les cuestan un ojo de la cara y nunca baten los índices, y en el Ibex no inviertan un euro y saquen todo lo que tengan. No solo la rentabilidad será mucho mayor, más importante aún es que estarán a salvo de Rajoy, Sánchez o Iglesias si es que gobiernan.

Una década de ruina material y moral
Pero no ha sido solo 2015, el desastre de la Transición empezó hace 40 años. Desde entonces, España ha crecido por debajo de su potencial retrocediendo en términos relativos respecto a todos los grandes países. Para mayor claridad, veamos la última década. En 10 años con gobiernos del PSOE primero y del PP después, el Ibex 35 ha caído un -14%, el Dax alemán ha subido un +92%, el S&P 500, el mayor índice mundial, un +58% y el tecnológico Nasdaq 100 un +118%. Los gestores de las grandes empresas españolas han destruido valor para sus accionistas a lo grande en lugar de crearlo, pero lo han 'creado' a carretadas para sí mismos, han multiplicado por más de dos sus remuneraciones en el periodo y se han quedado tan anchos. La degradación ética y moral ha alcanzado niveles jamás conocidos, a juego con la corrupción en el sector público.

Si a la vista de este comportamiento de la economía, de la de verdad, de la que afecta a sus ahorros y a sus vidas, la clase media española sigue votando a los culpables, merecen todo lo que les pase. Y no han sido solo las inversiones en bolsa: para la mayoría de españoles que no tienen dinero para llegar a fin de mes y mucho menos para invertir en bolsa, la situación ha sido mucho peor. Hay tres millones de parados más que hace 10 años, 2,5 millones tirados en la cuneta sin cobertura ni prestación alguna. La remuneración de los asalariados como porcentaje del PIB ha caído tres puntos porcentuales hasta el 46,9%, la cifra más baja entre las economías avanzadas. A día de hoy, los empleos que se crean son tan miserables que, como denuncia Bruselas, no permiten salir de la pobreza.

El sistema de pensiones está quebrado y en dos años tendrán que reducirse un 20%, como media. En cuanto a la deuda pública, su crecimiento ha sido brutal. Se incrementaría en un billón de euros en 9,5 años, el valor del PIB, o en el 10% del PIB actual cada año. Jamás España ni ningún otro país europeo en tiempo de paz ha incrementado la deuda en tal cantidad en tan poco tiempo. Además, se trata de un proceso acelerado. La mitad corresponde a seis años de gobierno de Zapatero y la otra mitad a 3,5 años de gobierno de Rajoy. El precio de la electricidad ha subido un 76%, 400 euros más al año para la familia media, cuando apenas ha subido o incluso ha bajado en el resto de Europa.

Pero hablemos de lo más grave, de la vergüenza nacional, algo que a Rajoy y sus secuaces siempre ha traído al pairo. Hablemos de hambre: las personas atendidas por Cáritas han pasado de 350.000 en 2005 a 1,4 millones estimadas en 2015, y esta Navidad de la recuperación, cuando somos “la envidia del mundo” se han batido todos los récords, y para los dos tercios de los atendidos la comida de Cáritas ha sido su única comida en el día. Increíblemente, los responsables de esta catástrofe, el PSOE y el PP, en lugar de haber sido expulsados a patadas por los ciudadanos de la vida pública, son hoy la gran esperanza para millones de ellos. Y es que en este comienzo de 2016 somos un país a la deriva, en el que las ambiciones personales de tres irresponsables sin conocimientos, sin proyecto ni capacidad de liderazgo alguno pasan por encima de todo y de todos. España parece hoy más que nunca una tierra dejada de la mano de Dios.

La gran mentira: “Todos invocan el dulce nombre de la patria…”
La cultura del no se ha impuesto. Probablemente, por una lectura torticera de la Constitución y por un sistema de partidos -hasta que no cambie la ley electoral- que es más el problema que la solución
Carlos Sánchez El Confidencial 4 Enero 2016

No es fácil encontrar una situación parecida. Probablemente, habría que retroceder al 16 de noviembre de 1870, cuando el Congreso de los Diputados celebró una de las sesiones más esperpénticas que se recuerdan en los anales del parlamentarismo.

Se trataba, ni más ni menos, que de encontrar un candidato para la Corona de España tras la forzada salida de Isabel II. El resultado fue el que sigue: 191 votos a favor de Amadeo de Saboya, 60 votos para la república federal, 27 para el duque de Montpensier, 8 para el general Espartero, 2 en favor de una república unitaria, 1 por una república indefinida y un voto para la infanta Luisa Fernanda, además de 19 abstenciones. Como se ve, todo muy democrático.

Tan sólo dos años y dos meses después, Amadeo de Saboya abandonaba España y dejaba escrito uno de los testamentos políticos más dramáticos y sinceros. “Si fueran extranjeros los enemigos de su dicha [refiriéndose a España], entonces, al frente de estos soldados tan valientes como sufridos, sería el primero en combatirlos; pero todos los que con la espada, con la pluma, con la palabra agravan y perpetúan los males de la nación son españoles; todos invocan el dulce nombre de la patria; todos pelean y se agitan por su bien, y entre el fragor del combate, entre el confuso, atronador y contradictorio clamor de los partidos, entre tantas y tan opuestas manifestaciones de la opinión pública, es imposible afirmar cuál es la verdadera causa, y más imposible todavía hallar remedio, para tamaños males. Los he buscado ávidamente dentro de la ley y no lo he hallado. Fuera de la ley no ha de buscarlo quien ha prometido observarla.”


La honesta salida del duque de Aosta del poder fue saludada con honores por un viejo republicano como Castelar. De él dijo Engels que el monarca había sido el primer “rey en huelga”. Pi y Margall exclamó: “Nada hizo, pero nada le dejaron hacer sus mismos hombres”. Lúcidas palabras que hoy -al margen de que los periodos históricos son radicalmente distintos-, merecen ser recordadas ante el bloqueo institucional que se avecina si la cordura no se impone entre esos mismos que esgrimen -acaso en vano- el ‘dulce nombre de la patria’.

Probablemente, por una incoherencia que ha asomado en el sistema político. Tanto los viejos partidos como los nuevos hablan -unos con regocijo- del fin del bipartidismo, pero al mismo tiempo unos y otros son incapaces de entender el significado de la democracia plural, que no es otra que la cultura del pacto ante la ausencia de mayorías absolutas. Sin duda, por una lectura un tanto torticera de la Constitución, que, paradójicamente, exige a los partidos presentar un Gobierno alternativo en caso de una moción de censura, pero que es extremadamente laxa a la hora de permitir que la suma de los ‘noes’ sea suficiente para impedir la formación de un Ejecutivo que responda al mandato primigenio de las urnas.

Moción de censura
Como se sabe, la moción de censura, en línea con la Constitución alemana, debe tener carácter constructivo, obligando a presentar un candidato alternativo. Precisamente, para evitar la existencia de eso que se ha venido en denominar en los sistemas parlamentarios ‘mayorías negativas’, que no son otra cosa que frágiles pactos para derribar al Gobierno de turno (o impedir que se constituya) por parte de los grupos de la oposición que, sin embargo, son incapaces de ponerse de acuerdo sobre un candidato alternativo. Es por ello que la moción de censura supone un doble acto político: censura del Gobierno constituido e investidura inmediata del candidato.

Ahora bien, con una significativa diferencia. Si para la elección de un presidente del Gobierno es suficiente mayoría simple, para derribarlo mediante moción de censura se exige mayoría absoluta. Se trata de una especie de blindaje que se concede al Gobierno, haciendo más fácil su elección que su destitución.

Ese espíritu ‘constructivo’ es el que prendió en la Constitución de 1978 salvo en el caso de las elección de un nuevo presidente del Gobierno, en el que la simple mayoría de ‘noes’ es suficiente para impedir la elección.

Es evidente, sin embargo, que ninguna Constitución ni, por supuesto, el sentido común, puede obligar a un grupo parlamentario a abstenerse o a tejer una política de pactos con partidos con los que se compite en busca del mayor número de congresistas. Pero precisamente por eso, la cultura del no que se ha instalado en España desde hace mucho tiempo puede acabar arruinando todo el proceso político como el que sufrió el pobre Amadeo de Saboya. ¿O es que alguien piensa que se puede cambiar la ley electoral -la clave de la podredumbre del sistema político- en este clima de desencuentro? ¿O la ley educativa?

La realidad es que han sido los propios partidos quienes se han comprometido de antemano a no votar en ningún caso a otros candidatos (Albert Rivera cambió en el último minuto su decisión para cubrirse las espaldas), lo cual lleva necesariamente a un callejón sin salida, salvo que el partido más votado lo sea por mayoría absoluta. Algo que explica, como ha sugerido el economista César Molinas, que la clase política española se haya constituido en un grupo de interés particular, como los controladores aéreos. Hacen política merced a sus propios intereses, que no necesariamente tienen que coincidir con los de carácter general.

El poder del bipartidismo
Este juego de mayorías y minorías ha sido superado en la práctica desde 1977 mediante la implicación de los partidos nacionalistas en la formación de gobierno. En particular la antigua CiU. Pero con la irrupción de nuevas fuerzas que, necesariamente, restan diputados a los partidos mayoritarios, las probabilidades de formar Gobierno se reducen de forma dramática, lo cual lejos de ser una mala noticia, es a priori muy positiva porque enriquece la democracia y disminuye el poder del bipartidismo cuando éste es un problema más que una solución. La condición necesaria, sin embargo, es que todos los partidos abandonen la cultura del no. Y no está claro que eso vaya a ocurrir.

Entre otras cosas por un hecho que ha pasado inadvertido pero que es de suma importancia política. Por primera vez desde la reinstauración del sistema democrático, la posibilidad de una moción de censura no se restringe a los dos partidos que han gobernado este país desde 1982.

La Constitución exige un mínimo de un 10% de los diputados para formular mociones de censura (35 diputados), porcentaje que tanto Podemos (incluso sin sus satélites) y Ciudadanos alcanzan ya, lo que puede agravar la inestabilidad política si los partidos no son capaces de tejer pactos sólidos más allá de coyunturas electorales.

Tanto la moción que presentó Felipe González en 1980 como la que hizo suya Hernández Mancha en 1987, fracasaron, ya que ambas tenían un carácter meramente propagandístico al no contar en ningún caso con la mayoría suficiente. Pero no es difícil imaginar lo que puede suceder en la próxima legislatura (si finalmente hay gobierno), si esta bomba atómica del sistema parlamentaria no se conjura con pactos estables. No basta, por lo tanto, elegir un nuevo presidente, sino crear una nueva cultura del pacto que vaya más allá del mitin de cada día.

Cataluña no puede seguir así. Tampoco España
EDITORIAL Libertad Digital  4 Enero 2016

Lo ha vuelto a hacer. La ultraizquierdista Candidatura de Unidad Popular (CUP), la formación con menos respaldo popular en el Parlamento autonómico catalán, ha vuelto a negar su apoyo a Artur Mas para que siga siendo el presidente de la Generalidad de Cataluña. Con ello, la Batasuna catalana ha dado el tiro de gracia al heredero del imputado Jordi Pujol, pues le deja en una posición prácticamente imposible. Ahora bien, quizá no quepa enterrarlo por completo aún, porque, tratándose de la política del Principado, es dable "cualquier sorpresa", como bien apunta nuestro corresponsal Pablo Planas. No es anecdótico sino fundamental este detalle: por culpa de los separatistas, Cataluña es terriblemente inestable, un territorio que irradia inseguridad en todos los órdenes relevantes, empezando por el jurídico y el institucional y terminando por el económico. De ahí que la imagen que esté transmitiendo al resto de España y a Europa sea pésima, además de patética.

Cataluña vive un continuo marasmo político que se está llevando por delante sus instituciones, tomadas por una casta tóxica empeñada en dinamitar el Estado de Derecho y la convivencia y asediada por unos nuevos bárbaros que prometen ser aún peores para el bienestar y las libertades de los catalanes. Al execrable Mas se le ha vuelto en contra su infame Frankenstein y no parece tener manera de controlarlo.

El Principado parece abocado a unas nuevas elecciones autonómicas, que serían las cuartas en cinco años, cifras propias de territorios tremendamente desarticulados. Es más que probable que tampoco resuelvan nada. Cataluña tiene muy graves problemas de disfuncionalidad, y la solución no va a venir de quienes se los están causando, esto es, de la casta separatista actual o de la emergente, encarnada en personajes como Ada Colau o los cabecillas cuparras. Por lo que hace al PSC, ha dado sobradas muestras de ser un partido esquizofrénico y muy poco de fiar, de sobra dispuesto a ir de la mano de los que quieren destruir Cataluña y el resto de España. En cuanto al PP, camina decidida y en ocasiones se diría que aliviadamente hacia la marginalidad. Sólo queda Ciudadanos, que, aunque obtuvo unos resultados extraordinarios en los comicios del año pasado, evidentemente no puede con sus solas fuerzas dar un vuelco a la situación.

Cataluña no puede seguir así. Tampoco España. Razón de más para que quienes defienden la Constitución y el Estado de Derecho lleguen a un acuerdo de largo aliento que tenga entre sus grandes prioridades la regeneración del Principado y la lucha política sin cuartel contra quienes lo están devastando.

España mañana será bolivariana
Pedro de Hoyos  Periodista Digital 4 Enero 2016

Tanto jugar con los votantes nos ha llevado a una España ingobernable. La desidia de Rajoy con la corrupción y la sucesión de malos candidatos del PSOE nos han llevado a unos complicados resultados electorales que no predicen nada bueno de nuestro futuro. Durante años unos y otros han encogido sus hombros sin importarles la opinión de los ciudadanos, han hecho caso omiso de las advertencias que los ciudadanos les íbamos dando y al final nos encontramos en manos de Nicolás Maduro.

Antes de que algún impaciente me recuerde que el PSOE también tiene su corrupción quizá sea necesario aclarar que a los votantes andaluces, los directamente afectados por ella, no les ha importado, lo han perdonado y asimilado. Algo muy a tener en cuenta cuando pensamos que sobre nosotros cae la decisión de elegir a los gobernantes… y si a ustedes les parece poco piensen que en Cataluña con Convergencia y Pujol pasa lo mismo. Si Convergencia pierde votantes no es por culpa del 3 % distraído… porque esos malnacidos que nos roban son, al fin y al cabo, nuestros malnacidos.

En el PP el dontacredismo de Rajoy, unido a la presencia casi continua de sus casos de corrupción en los medios (pregúntense por qué no pasa lo mismo con el PSOE) han terminado por arruinarle, con lo fácil que debería haber sido a Rajoy, viendo lo que estaba lloviendo, tomar los mandos del partido y oponerse frontalmente al latrocinio continuado y permanente. ¿O no podía por algún motivo?

Los medios de comunicación no son equilibrados, es claro, quizá ni tienen que serlo… Si Podemos ha llegado donde ha llegado es porque una cadena de derechas lo aupó y lo protegió dado que sacaba rendimiento publicitario a su presencia. Ver para creer. Aquel mismo Pablo Iglesias dice que hay que poner coto a los medios de comunicación privados porque defienden a sus dueños, los ricos. ¿No es esto reclamar la censura? Y sin embargo ahora no hay quien lo pare, puede comerse al PSOE y lo hará si nadie le para los pies.

Pero también lo ha apoyado el propio PSOE que ahora se ve perjudicado. Compromís y Podemos, que cuentan en Valencia con el apoyo socialista (esta es parte de la torpeza socialista, todo antes que un gobierno del PP) han superado al PSOE en las elecciones generales y ahora quieren ponerlo contra las cuerdas… El invento bolivariano no puede ser condenado por el PSOE porque lo ha apoyado en diversos lugares. ¿Cómo critican a Pedro Sánchez quienes gobiernan con los neocomunistas en sus regiones o ayuntamientos?

Solo la claridad socialista, poniendo blanco sobre negro las influencias comunistas, bolivarianas y tercermundistas del partido de Pablo Iglesias podría señalar al votante las carencias democráticas de quienes inmediatamente antes de las elecciones defendían a dictadores, organizaban sus negocios y orientaban sus decretos. ¿Pero como criticar a sus propios socios? ¿Cómo criticar y desprestigiar a quienes has apoyado para gobernar o gobiernan contigo? ¿Cómo explicas la incoherencia?

El futuro es gobernar con ellos o dejarse comer por ellos. La torpeza socialista, empeñados en que cualquier cosa es mejor que el PP, ha alimentado a sus propios enemigos y le ha puesto en una situación de votos mínimos, a pesar de lo cual nadie ha dimitido, y en grave riesgo de desaparecer. Estamos en manos de Chávez y Maduro, con previsibles políticas que han llevado a su país a la ruina económica y a la dictadura en la que jueces nombrados ad hoc pretenden invalidar la victoria de la oposición. Los españoles, siempre ocupados en autodestruirse, pueden no tenerlo en cuenta, los votantes nunca harán caso al PP y el PSOE no puede advertirlo sin contradecirse… La trampa es certera, España mañana será bolivariana

El gasto público duplica su ritmo de crecimiento en el año electoral
Lorenzo Ramírez. okdiario 4 Enero 2016

Los periodos electorales suelen traer consigo aumentos del gasto público y el año que acaba de concluir no ha sido una excepción. Al cierre de 2015, el Banco de España avanza que se ha duplicado el ritmo de crecimiento de desembolsos realizados por las Administraciones Públicas.

El Banco de España apunta en sus previsiones de cierre de ejercicio que el consumo público crece un 2,4% respecto a 2014. Esto supone duplicar el ritmo de avance que estimaba la institución en su informe de septiembre, cuando fijaba el repunte en el 1,1%.

El consumo público representa el gasto de las Administraciones Públicas, que ha aumentado su ritmo de crecimiento en este año electoral, en el que los españoles han tenido varias citas con las urnas. No obstante, en contra de lo que suele creerse, el gasto público no se ha reducido en los últimos años, sino todo lo contrario.

Los datos así lo demuestran. Desde 2008, el gasto presupuestado ha crecido un 12% y en 2016 los desembolsos realizados por las Administraciones Públicas serán 37.300 millones de euros mayores que los realizados antes del inicio de la crisis.

Además, este aumento del gasto no se ha visto correspondido con un incremento mayor de los ingresos que hayan permitido el tan ansiado superávit, ya que las cuentas públicas españolas siguen en números rojos.

El pasado año el déficit superó los 61.000 millones de euros y este año, aunque se cumplieran las previsiones del Gobierno, el agujero fiscal rondará los 42.000 millones. El compromiso español con la Unión Europea es que el déficit cierre 2016 en el entorno de los 28.000 millones de euros.

El consumo privado crece un 3,1%
Volviendo a las cifras de cierre de 2015, si nos fijamos en el consumo privado, el crecimiento es del 3,1% según la estimación del Banco de España, lo que supone cuatro décimas respecto a la previsión de septiembre, cuando la entidad apuntaba a un incremento del 3,5% anual.

Tras un avance del PIB del 3,2% en 2015, que fue confirmado por el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en el último Consejo de Ministros del pasado año, para 2016 el Banco de España estima un crecimiento económico del 2,8%.

No obstante, la institución que dirige Luis María Linde señala en su último informe que esta previsión depende, además de la estabilidad política nacional, de la evolución del precio del petróleo, el tipo de cambio del euro y el impacto que tendrá en las economías emergentes la desaceleración de China y el cambio de política monetaria en Estados Unidos, tras la decisión de la Reserva Federal de iniciar una senda de subida de tipos de interés.

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El esperpento catalán como preludio para España

Juan M. Blanco www.vozpopuli.com 4 Enero 2016

El esperpento vivido en Cataluña ha resultado muy significativo; sus enseñanzas, muy valiosas para comprender hacia dónde vamos abocados todos los españoles. La CUP ha jugado con el pelele Artur, un dummy dispuesto a cualquier test de choque, a cualquier disparate contra la razón, a probar el látigo sometiéndose a cualquier práctica de disciplina inglesa, a ceder a cualquier indignidad con tal de mantener sus enrojecidas posaderas asentadas en el poder, hasta que, cansada del juguete, lo ha arrojado con desdén por la ventana. La evolución catalana es lo que los entendidos llaman un indicador adelantado, una señal de la trayectoria que el sistema político seguirá en el resto de España. Dado que la degradación se ha producido de forma más acelerada en la periferia que en el centro, Cataluña, líder y abanderada del proceso autonómico, siempre fue un paso por delante en la generalizada descomposición del sistema político. Y de la nación.

El caótico proceso autonómico aportó una distorsión adicional al ya disfuncional sistema político español. La teoría de la descentralización se basa en una idea básica: que la democracia se perfecciona en ámbitos reducidos, allí donde la gente conoce mejor a los candidatos, se encuentra mejor informada de la acción de los gobernantes y goza de un trato más cercano con sus representantes. Sin embargo, si un sistema político se encuentra ya de entrada corrompido, carece de eficaces controles y contrapesos, de una efectiva separación de poderes, todas estas lacras se exacerban, se agravan considerablemente a nivel regional. El proceso autonómico generó una Administración hipertrofiada, cara e ineficiente, crecientemente intervencionista, con fuerte tendencia al despilfarro, al clientelismo y a la corrupción. Y creó unas oligarquías regionales de vergüenza, unas clases extractivas que utilizaron las instituciones políticas como una palanca para obtener ventajas, privilegios e ingresos fáciles.

Así, la corrupción, el control político de los medios de comunicación, la manipulación del público, el entente interesado entre políticos y grandes empresarios, siempre fueron en Cataluña un paso por delante. Pero también la degradación de la política, la demagogia, la promesa de solucionar todos los problemas del ciudadano promulgando nuevas leyes. Un engaño para concentrar más poder en manos de los políticos y reducir su responsabilidad ante el público. Desde este punto de vista, el señuelo de la independencia no es más que la sublimación de esta tendencia: "Pongan en nuestras manos toda la capacidad de legislar y construiremos el paraíso en la tierra". Parte del público olvida que estos cantos de sirena conducen a las sociedades a las puertas del infierno. Nuestros políticos raramente resuelven algún problema, pero viven de crearlos, de difundir terribles peligros para justificar el despilfarro.

Un nido de víboras llamado procés
Una vez se instala la demagogia y la idea de que la política es la panacea, o de que todo se soluciona con la independencia, se genera un caldo de cultivo óptimo para las corrientes populistas y antisistema. Si de radicalismo se trata, gran parte del público preferirá el original a la copia. Y el procés se convierte en un nido de víboras donde resulta muy peligroso dar la espalda a los supuestos compañeros. A todos ellos les conviene una independencia que incremente su poder, su impunidad, su influencia y sus ingresos. Pero cada uno quiere llevar la voz cantante, cualquier trampa o traición es posible con tal de liderar o controlar el proceso. Y también el disparate político: por ejemplo, que tras votar la desconexión con España, la antigua Convergencia y Esquerra se presenten a las elecciones españolas. Lo cual es comprensible desde la óptica del interés pero poco justificable para un electorado que exija un mínimo de coherencia.

Por esto no fuera suficiente, hemos asistido al número de prestidigitación de las asambleas de la CUP para decidir qué hacían con Artur Mas. El asamblearismo es un método muy fácil de vender como la quintaesencia de la democracia pero, en la realidad, fácil de manipular para quienes dirigen la asamblea. El Marqués de Condorcet mostró ya en 1785 que los sistemas de votación pueden ser manipulables sin necesidad de pucherazo o lavado de cerebro. Simplemente ajustando las alternativas, el orden de votación o introduciendo nuevas opciones irrelevantes. En la asamblea de la CUP establecieron cuatro opciones y el orden en que se votaban. Un ejemplo de libro sobre la actuación de evidentes oportunistas.

La Cataluña ingobernable, bloqueada por el choque de intereses contrapuestos, plagada de egoísmos, de insensateces, mentiras y distorsiones no es sólo un esperpento sino el preludio de la España que nos espera. Con la perspectiva que da el tiempo, ahora sabemos que no fue buena idea aceptar un marco institucional infame, marcado por el favoritismo, la arbitrariedad, el abuso y la corrupción. Un sistema carente de reglas del juego coherentes o adecuados mecanismos de control, incapaz de garantizar un funcionamiento neutral de las instituciones. Ni permitir una descentralización absolutamente desordenada y caótica, siempre en beneficio del cacique, no del ciudadano. O que el propio nombre de nuestro país, España, fuera considerado tabú para satisfacer los deseos de los nacionalistas. Es momento de retomar la senda de la regeneración política: de nadar decididamente contra la nefasta corriente que nos arrastra.

Final de la farsa (parte 1ª)
Editorial La Razon 4 Enero 2016

Cae el telón de la gran farsa que Junts pel Sí y la CUP emprendieron hace ocho semanas con el propósito de elegir presidente de la Generalitat a Artur Mas. Decimos farsa porque estas dos candidaturas no creyeron nunca en un acuerdo, aunque ambas han hecho gala de un independentismo capaz de unir lo irreconciliable. ¿O cómo entender si no que aquellos diputados que fueron insultados, escupidos y sometidos a la humillación de salir corriendo de sus propios hijos que les impidieron la entrada en el Parlament, aquel 14 de junio de 2011, hayan suplicado su voto para que Mas –que tuvo que volar en helicóptero para sortear el acoso– vuelva a ser presidente?

La política catalana ha construido en estos últimos años un enredo al gusto del nacionalismo más ramplón, en el que todo es posible en un imaginario plagado de mentiras y leyendas, un campo minado para aquellos que quieren hacer política racional basada en el peso de los hechos y en los votos contantes y sonantes; no en la voluntad intocable del pueblo catalán. Así que cuando JxS y la CUP emprendieron las reuniones para reconciliar la extrema izquierda anticapitalista y batasunizada con un independentismo de parroquia, líderes del movimiento escoltista y comerciantes con deudas fiscales bien podían haber dado por acabadas las negociaciones. Pero decidieron prolongarlas y exhibir en público su burdo desconocimiento de qué es un Estado de Derecho –porque esa ignorancia también tiene sus votantes– hasta llegar a la situación en la que nos encontramos, porque el libreto de la opereta está agotado: Mas no será investido presidente. Sobre el futuro del todavía presidente en funciones de la Generalitat mejor no hacer cábalas porque ha dado muestras de que no se rige ni por criterios políticos homologables en Quebec, Escocia o Flandes, ni por principios éticos sólidos.

Ha sido un desastre para Cataluña, un mal sueño que ha contado con más apoyos de los razonables en la amilanada «sociedad civil» y en los patriotas bienpensantes, no por convencimiento de sus dotes de estadista, sino por los intereses espurios y laborales que ha generado el nacionalismo. Sobre su futuro político sólo importa saber cuál va a ser su papel en la escena final de «El hundimiento de la Casa Pujol». Lo único claro es que Mas agota sus posibilidades de continuar en la presidencia, que deja de ser útil al ex «molt honorable» y que aboca de nuevo a Cataluña a unas elecciones que, nos tememos, no van a solucionar la situación.

Esto sí: cambiará la relación de fuerzas, pues el nacionalismo conservador será superado por el izquierdista y se producirá el milagro de hacer de ERC la fuerza más moderada del independentismo, hasta acabar siendo lo que suele llamarse el «pal de paller», preparada para tomar el Palau de la Generalitat. Y, por supuesto, hay todavía margen para la traición: la posibilidad de que Junts pel Sí presente otro candidato al gusto de la CUP, incluso de Catalunya Sí que es Pot (versión de Podemos manejada por Ada Colau).

Esta posibilidad no sólo no supondría el final del «proceso», sino que éste tomaría otra velocidad e intentaría que a él se sumaran aquellos ciudadanos de buena voluntad que creen que un referéndum sería la solución a todos los problemas y que aplacaría a los secesionistas. La traición se basa en el arte de la discreción, por lo que no deben tenerse en cuenta ni los llamamientos a la lealtad de Junqueras ni el silencio de Romeva. Según el artículo 67.3 del Estatuto, a los dos meses de la primera votación de investidura, si no se consigue nombrar un presidente, el Parlamento quedará automáticamente disuelto. Esa fecha es el próximo día 9. La primera parte de la farsa ha terminado.
 


 


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