AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 6  Enero  2016

Ideas, personas, imágenes
Amando de Miguel gaceta.es 6 Enero 2016

La discusión política en España se resuelve cada vez más como un juego de nombres propios. Las ideas cuentan poco. En todo caso, las ideas juegan un papel porque las hacen suyas personas eminentes. Más que personas, lo que resalta son sus imágenes públicas.

Por mucho que se diga lo del “debate de ideas”, este no florece porque los actores políticos han leído poco. La combinación de mucho poder y escasas lecturas precipita la saturación de lugares comunes.

Resulta llamativo que para desempeñar cualquier puesto profesional se exijan conocimientos proporcionales a la función. La excepción es la política. Solo se pide ser disciplinado servidor de los que mandan en el partido. Es más, si el candidato muestra ideas propias, lo más probable es que sea arrinconado. Es la ley de la mediocridad en todos los partidos, sindicatos y organizaciones similares.

Según se asciende en la escala del poder, no solo se deja de leer;se escucha cada vez menos. El gerifalte sabe que le escuchan a él. Cuanto más vacuo sea lo que diga, mejor.

Hágase un repaso de los titulares de cualquier medio. Solo destacan personas; raramente, ideas. En el caso de que aparezcan ideas, lo normal es que se reduzcan a lugares comunes. Por ejemplo, lo referente al cambio climático, la creación de puestos de trabajo, la necesidad de pactos, la lucha contra lo que sea y cosas así. La perfecta ausencia de ideas se tapa muy bien con la palabra“diálogo”.

¿Quién no osará argüir que el Gobierno no crea puestos de trabajo o que el Estado de bienestar conduce a la ruina? ¿Quién se atreverá a sostener que el derecho a decidir de una región es una memez? ¿Qué político se arriesgará a decir en el Congreso de los Diputados solo deben estar los partidos que representan a todos los españoles?

¿Cómo se nota que un político carece de ideas? Cuando solo dice lo que tiene que decir para sostenerse en la poltrona. Otro indicio podría ser la falta de reacción ante las estupideces de los compañeros de partido. El peligro para un político está precisamente en destacar en ideas propias. Más raro es todavía que se le ocurra apoyar las buenas ideas de los políticos de otros partidos.

No, no solo es Mas: ¡son los nacionalistas!
Roberto L. Blanco Valdés La Voz 6 Enero 2016

Artur Mas: se le señala, con razón, como el gran culpable de la bufonada en que se ha convertido la política catalana de los cinco últimos años. Quería pasar a la historia como héroe? y lo va a hacer como villano. Ha destrozado su partido y la gobernabilidad de Cataluña; elevado a grave discordia civil la brecha entre catalanes nacionalistas y no nacionalistas; y arruinado, quizá por muchos años, el buen nombre de un territorio que pasaba por ser la cabeza de la modernidad de España entera.

Es difícil encontrar en nuestra política de las cuatro últimas décadas un personaje tan irresponsable, funesto, vanidoso y, a la postre, vacío y majadero. Pero, ¡dejémonos de historias!, nadie podría haber hecho, él solito, tanto daño, de no haber contado con muchos partidarios en la política y mucho apoyo en la sociedad. Y es que, por más intranquilizador que nos resulte, el problema no es solo Mas: es el nacionalismo catalán. Para ser más exactos: son los nacionalismos interiores, hoy el principal factor de distorsión de la vida política española

Ernest Gellner abre su libro clave Naciones y nacionalismo con una frase que permite entender nuestro presente: «Para los nacionalistas constituye un desafuero político completamente inadmisible que los dirigentes de la unidad política pertenezcan a una nación diferente de la de la mayoría de los gobernados». Dicho en otros términos: la aspiración natural de los nacionalistas es convertir su territorio en un Estado.

Por eso los nacionalistas vascos, catalanes y gallegos han utilizado siempre la autonomía, cada uno en la medida de sus fuerzas, para impulsar procesos de construcción nacional (y de paralela desnacionalización respecto a España) que, con un lugar privilegiado en la esfera de la lengua, han tenido como objetivo convencer a los habitantes de sus respectivos territorios no solo de que los nacionalistas eran sus partidos genuinos (propios, frente a las fuerzas españolas-extranjeras), sino de que ser nacionalista era la única forma de ser buen vasco, buen catalán o buen gallego.

Ese proceso iba a fracasar en Galicia de un modo estrepitoso; tuvo en el País Vasco un éxito parcial, como lo probó el final fiasco del plan Ibarretxe; y consiguió triunfar en Cataluña, gracias en gran medida a la profunda deslealtad de Maragall y del PSC, sin la que no es posible entender la delirante deriva de la sociedad catalana hacia el separatismo. Mas ha sido, a fin de cuentas, la punta del iceberg de ese impulso hacia la llamada construcción nacional en Cataluña (el cínico fer país); un iluminado que creyó, gracias al cerrado apoyo de muchos catalanes, que había llegado la hora de convertir a Cataluña en un Estado. La responsabilidad de tal delirio está, por esa razón, muy repartida, aunque ahora sea Mas -un tonto útil- el que se lleva todas las bofetadas de la guerra política, tan sucia como empecinada, que el nacionalismo lleva librando treinta años.

¿En qué te has convertido?
Fernando Zurita gaceta.es 6 Enero 2016

La examino con descaro. Con indignación. Y me sale del alma: -España, ¿en qué te has convertido?.

El inminente encuentro me generaba dudas. Muchas. No en vano las últimas referencias que tenía de ella no dejaban lugar al optimismo acerca de su estado. Las fuentes de las cuales recibía noticias con periodicidad coincidían en sus apreciaciones negativas, y todo ese bombardeo me generaba una profunda ansiedad. Habían pasado más de dos décadas desde nuestro último encuentro y mi imaginación fluía de forma irregular. Si bien es cierto que no había dispuesto de imágenes recientes que me permitieran generar su aspecto a raíz de unos datos objetivos, algo me hacía presagiar que no me esperaba nada bueno.

Pude identificarla desde cierta distancia. Si bien se confirmaban mis sospechas respecto de su cambiada fisonomía, sus rasgos más característicos y determinados ademanes me permitieron no albergar dudas sobre su identidad. No hice aspavientos desde lejos, intentando aprovechar la distancia que nos separaba para ordenar imágenes y, sobre todo, las emociones que estaba sintiendo, mientras intentaba alargar hasta el infinito el trecho que nos separaba.

Reconozco que me costó sobreponerme y mi organismo generó un improvisado nudo en el estómago al establecer el primer contacto visual. Frisaría los 40 años, pero su apariencia manifestaba el deterioro producido por el sufrimiento y la angustia de la infidelidad reiterada. Me constaba que siempre se rodeó de lo mejor a nivel material, pero su incapacidad para elegir el componente humano siempre fue manifiesta. Las malas compañías habían marcado el ritmo de su vida. Esas mismas que se hicieron millonarias a su costa y que la abandonaron cuando entendieron que no podrían obtener ningún otro beneficio. Su carácter magnánimo sólo le sirvió para obtener de vuelta traiciones y deslealtades, siendo aquel el campo de cultivo óptimo para todo tipo de conjuras que, a la postre, acabó envolviéndola en una profunda depresión.

A sabiendas de que su progenitor nunca fue visto con buenos ojos, quiso demostrar a cualquiera que se tomara la molestia de conocerla que su gran potencial y el carácter dialogante serían su carta de presentación. Ella, más que nadie, deseaba con pasión sentar las bases de una nueva andadura, haciendo olvidar todo aquello que en modo alguno se le podía imputar, pero que al mantenerse en la memoria colectiva generaba en ella cierto sentimiento de culpabilidad. Quizá ese exceso de confianza en aquellos que no demostraron más que ser unos interesados, originó indeseables capaces de calcular los tiempos para llevarla al momento actual. Ese que tatúa en el cerebro el llamado síndrome de Estocolmo. ¿Realmente no habría hecho ella nada para recibir tanto mal a cambio?.

Mis pasos se ralentizaban a medida que se iba acercando el momento ineludible de saludarla. Quise volver sobre mis propios pasos un número indefinido de veces para no tener que quedarme con la imagen que estaba a punto de protagonizar. Yo la dejé, hace ya más de veinte años, en un estado envidiable: era muy joven, inteligente, con aptitudes que le hubieran permitido ser la envidia de las de su entorno y sin embargo mucho me temo que ahora se trataba de una de las del montón. Casi percibía su aliento y podía notarla tímida, retraída, si me apuran hasta acomplejada. Sin la lozanía ni la frescura materializados en deseos de comerse el mundo. Concedió permiso a todo y a todos, sin reparar en que lo que realmente hacía era abdicar de todo lo bueno de que estaba creada. Nunca supo decir “no” y ahora pagaba las consecuencias de haber desintegrado su integridad.

En diez pasos estaré delante de ella. La examino furtivamente. Con descaro. Con indignación. Y me sale del alma: -España, ¿en qué te has convertido?.

Renaud Camus: “Europa es objeto de una verdadera colonización”
SANTIAGO FONTENLA lagaceta.eu 6 Enero 2016

Renaud Camus es un escritor y poeta francés. Autor prolífico y de gran cultura, fue una de las voces más escuchadas de la comunidad homexual en los años 80/90. Políticamente situado en las cercanías del Frente Nacional, lleva desde años una lucha contra viento y marea contra la inmigración masiva, fenómeno calificado por él de invasión y colonización. Es el autor de la expresión ya consagrada de “la Gran Sustitución (“Le Grand Remplacement”, título de una de sus obras) para designar el proceso de sustitución del pueblo francés (y del conjunto de la población europea) por pueblos extranjeros y el cambio de civilización que se derivará de ello. Ha sido llevado en varias ocasiones antes los tribunales acusado de “incitación al odio racial” y a la “discriminación” contra distintos colectivos étnicos y raciales.

Renaud Camus sigue no obstante alertando a sus compatriotas sobre la continua inmigración masiva y los peligros que esta situación conlleva. El 11 de septiembre de 2013 lanzó un llamamiento con el nombre de “No al Cambio de Pueblo y de Civilización” (NCPC ), definido como un frente de rechazo, el movimiento de todos los que dicen NO a la “Gran Sustitución”. Esa “Gran Sustitución” es presentada como “la más grave crisis de nuestra historia y el problema más severo que debemos enfrentar hoy”.

Pregunta: ¿Qué le motiva a dedicar tiempo y esfuerzo a la tarea que lleva a cabo?
Renaud Camus: Nos desespera constatar que el fenómeno que de lejos nos parece el más importante de nuestra época, el que perdurará en la Historia como el más decisivo, el cambio de pueblo y necesariamente de civilización, la transformación radical del paisaje demográfico, cultural, y físco de nuestro país y de todo el continente europeo, se lleva a cabo en el más completo silencio político sin que los pueblos autóctonos hayan sido nunca consultados, y sin que esta cuestión mayor, capital, al lado de la cual las demás, aun las más graves y más dolorosas, son secundarias, haya sido nunca planteada.

P: ¿Puede explicar a nuestros lectores qué es lo que usted llama la “Gran Sustitución”
R. C: Es muy sencillo. Había un país, había un pueblo, y en el espacio de una generación, en este mismo territorio ya había otros pueblos, con sus propias culturas, sus propias civilizacione, sus propias religiones, sus propios idiomas y sus propios conceptos acerca del trabajo, la vida cívica, las leyes, la vida pública, la vida privada, las relaciones de vecindad, el territorio… Es un concepto muy bajo y muy humillante de lo que es el hombre, de lo que son los pueblos, el pensar que con otros hombres, con otras mujeres,con otros pueblos,con otras religiones, con otras culturas, se puede seguir teniendo la misma historia, la misma nación, la misma Europa. Luchamos contra ese concepto del “hombre intercambiable, el “hombre reemplazable”, atontado por la enseñanaza del olvido y por la cretinización masiva, que se puede mover de un sitio a otro como un mueble, que promueven los intereses de la finanza interncional y las exigencias del poblado universal

P: ¿ Cómo llevar a cabo una “reemigración” (inversión de los flujos migratorios) de manera humana?
R. C: Sin duda no imitando la brutalidad de Argelia cuando estimó (y el mundo entero no se opuso a ello) que con un 10% de población extranjera a sus tradiciones (los llamados Pieds-Noirs, los franceses de Argelia) no sería verdaderamente independiente. Y esas minorías europeas, francesas o españolas, cristianas o judías, las echó al mar, con la violencia que sabemos: “la maleta o el ataúd” (fórmula con que los independentistas argelinos aterrorizaban a los europeos). Y no hablemos de los harkis masacrados (los musulmanes que habían elegido el campo francés). No nada de eso, bien al contrario. Pero tenemos la intención de tomarle la palabra a los que reniegan continuamente de su nacionalidad francesa, proclamando bien alto que no significa nada para ellos, y que desfilan a la menor ocasión bajo las banderas argelinas o marroquíes, rompiendo todo a su paso, y devolverlos a su verdadera patria. También hay que proceder a la expulsión de todos los que cometan delitos en nuestro país. Por otra parte las incitaciones financieras al retorno hacia los países de origen son prefectamente concebibles: costarán siempre menos que la propia inmigración.

P: ¿En qué difiere su discurso del que tiene el Frente Nacional?
R. C: Europa se enfrenta a una verdadera conquista, una colonización que no quiere confesar su nombre. Europa no es nuestro adversario. Debemos defender una unión con los demás pueblos europeos que deben despertar de su letargo, debemos volver a la historia, a una idea de Europa como actor de su historia, basada en una de las más altas civilizaciones que la tierra ha conocido. Personalmente me siento tan europeo como francés.

El Frente Nacional está obligado a tomar acta del cambio de pueblo y resistir la tentación de considerar la Gran Sustitución como un hecho cerrado, irreversible. El tema de la invasión y colonización de Francia debe constituir el núcleo de su pograma político. Mientras así sea, apoyaré al Frente Nacional en su lucha para el renacer de Francia.

'Flat tax': por una fiscalidad moderna
La 'necesidad' de cada vez mayores y más recurrentes ingresos llevó a los gobiernos a generalizar el uso de este instrumento que ha devenido en tan habitual que parece que no pueda existir vida sin él
El Confidencial 6 Enero 2016

 "En este mundo solo hay dos cosas seguras: la muerte y pagar impuestos". Benjamin Franklin

Fue la guerra con Francia la que llevó a Pitt a crear el primer impuesto general sobre la renta de los británicos en 1798. Desde entonces, los estados han ido acaparando más y más parcelas privativas de los ciudadanos siempre alegando razones de interés general y justicia social. La ‘necesidad’ de cada vez mayores y más recurrentes ingresos llevó a los gobiernos a generalizar el uso de este instrumento, que ha devenido en tan habitual que parece que no pueda existir vida (en el sentido social del término) sin él.

"Doté a Francia de una fiscalidad moderna", declaraba Joseph Caillaux, padre del IRPF progresivo en Francia; lo hacía en el tomo III de sus memorias, pomposamente titulado 'Clarividencia y fuerza de ánimo en la presión'. Corría el año 1914, y fue nuevamente la guerra la que provocó su definitiva ejecución, tras estar bloqueado por el Senado desde su primera aprobación por la Asamblea Nacional en 1909. El tipo máximo se estableció inicialmente en el 2% de la base imposible, y no afectó a más del 20% de la población hasta los años cincuenta del siglo pasado. Seamos conscientes. Lo moderno tiene ya más de 100 años, y ahí seguimos.

Seguía Caillaux la senda marcada por Suiza (1840), Australia (1844), Alemania (1850) e Italia (1864). España lo instauró en 1900 y EEUU en 1913, tras una primera intentona en 1894 declarada inconstitucional un año después, y que obligó a introducir la 16ª enmienda en la Constitución. “El Congreso tendrá facultades para establecer y recaudar impuestos sobre los ingresos, de cualquier fuente que provengan, sin diferenciación entre los diferentes estados y sin atender a ningún censo o enumeración,” señala. No es casualidad, como recordará el lector avezado, que ese mismo año se crease la Reserva Federal, de forma que las dos armas de la planificación central permitían a los dirigentes norteamericanos pervertir el sentido original que los padres fundadores idearon para su país.

Así pues, tras varias generaciones y múltiples reformas, siempre en pro de la igualdad y del interés general, parece que hemos finalmente asimilado la cita de Benjamin Franklin que encabeza esta columna para abandonar nuestra condición de ciudadanos por la más moderna de contribuyentes.

De los que tenían opción de gobernar, ninguno ha presentado propuesta fiscal alguna que suponga una modernización real de la Hacienda Pública

Y sin embargo, no tiene por qué ser así. Solo dos partidos políticos españoles, el P-LIB y VOX, lo llevaban en sus programas electorales. De los que tenían opción de gobernar, ninguno ha presentado propuesta fiscal alguna que suponga una modernización real de la Hacienda Pública. Quien más cerca estuvo alguna vez, Ciudadanos, acabó sucumbiendo a la canibalización de los inspectores de Hacienda que pueblan sus filas y cuadros y que impidieron algún atisbo de reforma sugerido en algún momento en los textos de su economista de cabecera, el profesor Garicano. Nada. Escondida detrás de aparentes bajadas de impuestos, aparecía siempre más presión fiscal.

En su 'Return to Prosperity: How America Can Regain Its Economic Status' de 2010, Laffer y Moore señalan las cinco claves para devolver la prosperidad a los EEUU, cinco claves sencillas que pueden y deben ser aplicadas por cualquier país preocupado por el crecimiento, el empleo, la prosperidad, el mérito y la igualdad de oportunidades, a saber: acompañado de la contención del gasto, del dinero real y no 'fiat', el libre comercio y la reducción regulatoria aparece, en primer lugar, el tipo impositivo único.

Pero ¿qué es 'flat tax'? ¿En qué consiste esa tarifa plana fiscal? Es un sistema que aplica el mismo tipo impositivo a todos los ciudadanos independientemente de su nivel de renta, sin deducciones ni exenciones. Por supuesto, cumple con los principios del sistema tributario español, a saber, el de igualdad y generalidad (todos los españoles son iguales a la hora de pagar impuestos), el de capacidad económica (el tipo se aplica por igual, de forma que detraerá más renta siempre a quien más ingrese), el de legalidad (que se centra en el art. 133 de la Constitución para declarar que solo el Estado, en sus distintos niveles, central, autonómico y municipal, tiene capacidad para establecer tributos) y el de no confiscatoriedad (algo que el Sr. Echenique, de Podemos, físico para más señas, olvida cuando exige un tramo del 95% para “los muy ricos”, que obviamente serían determinados por él y su grupo).

En cuanto al principio de progresividad (“Cuanta más capacidad económica tenga una persona, más tributos pagará de forma progresiva”), bastaría con incorporarlo al de capacidad económica, pues es evidente que quien ingrese 60.000 euros pagaría una cantidad de impuestos cinco veces mayor que quien ingresase solo 12.000.

La facilidad en la tramitación del impuesto (curiosamente, una de las mayores trabas reales que los inspectores y asesores fiscales le ponen, al vaciar de contenido una gran parte de su trabajo actual) así como su mayor justicia (al tratar a todos los ciudadanos por igual, sin penalizar a quienes más valor añadido crean) provocan que los países que lo han adoptado hayan tenido crecimientos económicos muy importantes. Del caso de los países bálticos y Estonia en particular ya hablamos aquí hace mucho tiempo; por supuesto, no es únicamente el 'flat tax' el impulsor de crecimiento de estos países (que DNB fija en una media de más del 2,5% anual en cada uno de ellos para 2015, 2016 y 2017), también lo son una ejemplar disciplina fiscal y una deuda pública muy contenida. Tras una brutal recesión entre 2007 y 2009 (con caídas del PIB de alrededor de 20 puntos), los tres países bálticos lideran el incremento del PIB de la UE28 desde entonces, con crecimientos acumulados en 2014 superiores al 16% desde 2010.

Rusia rompió con el sistema progresivo en 2001 fijando un tipo plano del 13% en el IRPF; los ingresos crecieron un 25% el año siguiente, un 24% el siguiente y un 15% el tercero, siempre sobre el valor incrementado del año anterior, al tiempo que la economía (que abandonaba de forma progresiva la planificación que ahora algunos nos quieren imponer, aludiendo a fallos de mercado y sin recordar el hambre y la miseria que sus correligionarios han provocado siempre allí donde han tenido ocasión de organizar la sociedad) lo hacía a ritmos acumulativos del 5% anual. Véase en ese sentido 'The Russian Flat Tax Reform', de Ivanova, Keen y Klemm (2005) o este 'paper' de Martínez-Vázquez de 2007. Bulgaria, economía en transición desde la planificación centralizada hacia el libre mercado, es solo otro país que adoptó el sistema de 'flat tax' para mejorar la recaudación gracias a la simplificación de la misma y el desincentivo a la evasión que suponen tipos bajos; algo, esto último, que entiende todo el mundo salvo mis colegas defensores de los estímulos y el gasto público.

Los defensores a ultranza del paradigma fiscal señalan que son economías pequeñas (cuando les citas Rusia, dicen entonces que es demasiado grande y compleja, claro), no comparables con un sistema como el nuestro. Y entonces resulta que al menos tres candidatos a la Presidencia de los EEUU por el partido republicano, como son Ted Cruz, Rand Paul y Rick Santorum, llevan en sus programas electorales el 'flat tax' como medida estelar. También el gobernador de California Jerry Brown lo llevaba en el suyo para la presidencia de 1992… por el partido demócrata.

La tarifa plana fiscal es la verdadera revolución. Devuelve libertad al ciudadano, que puede por fin decidir qué hacer con el dinero que gana; reduce el fraude fiscal sin necesidad de acudir a instrumentos coercitivos ni escarnios públicos mediante listas de morosos, y obliga a los gobiernos a racionalizarse y a explicar qué puede hacerse con los dineros y por qué. Fue la elección entre recursos escasos lo que hizo a la economía ciencia, y lo que los políticos socialdemócratas manipularon y siguen, hoy, manipulando. Sean valientes, señores dirigentes, reduzcan sus privilegios y su poder sobre el pueblo y apuesten por el 'flat tax'.


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Una cuestión de representación
Alejo Vidal-Quadras vozpopuli.com 6 Enero 2016

La tragicomedia de la investidura de Artur Mas como Presidente de la Generalitat, salvo un improbable giro de ultimísima hora, parece haber llegado a su fin. La pregunta relevante en estos momentos de frustración para el movimiento independentista, de desconcierto en la sociedad catalana y de esperanza para todos los que, dentro y fuera de Cataluña, desean que España no descarrile, es por qué la CUP ha decidido, si bien por una estrecha mayoría, negarle su apoyo al candidato convergente.

La respuesta la ha dado, sin ser consciente de ello, el portavoz de Convergencia cuando ha dicho “no se trata de la persona, es lo que representa”. Efectivamente, los revolucionarios de extrema izquierda que están evitando que Mas repita en la poltrona presidencial han tomado esta drástica opción precisamente por lo que encarna y simboliza este personaje tan mediocre como aferrado desesperadamente al poder.

Artur Mas fue durante muchos años el lugarteniente y heredero de Jordi Pujol, el gobernante más corrupto que ha conocido nuestro país en los últimos treinta y cinco años

Artur Mas fue durante muchos años el lugarteniente y heredero de Jordi Pujol, el gobernante más corrupto que ha conocido nuestro país en los últimos treinta y cinco años y seguramente en el último siglo. La historia de los latrocinios del clan que ha saqueado sistemáticamente Cataluña a lo largo de las dos décadas de la era pujolista es tan asombrosa por el volumen de lo robado y por la desfachatez con la que la dinastía del padrino nacionalista perpetraba sus fechorías que sin duda marcará un hito en la dilatada galería de desaprensivos que jalona la política española desde la Transición.

La figura de Mas y de su agonizante partido es hoy el reflejo genuino de una época oscura trufada de cohechos, prevaricaciones, tráficos de influencias, evasiones fiscales y blanqueos de capitales sin parangón. Por consiguiente, cualquier analista medianamente lúcido podía advertir que la CUP, una formación que, aunque ideológicamente disparatada, hace de la pureza ética de los representantes públicos una de sus principales banderas, jamás allanaría el camino hacia su tercer mandato presidencial de un arquetipo tan destacado de la cleptocracia.

Dos generaciones de mangantes
Hay que reconocerles a los dirigentes de esta fuerza antisistema nacida, como Podemos, al calor de la crisis económica y de la indignación ciudadana ante la corrupción generalizada de nuestras instituciones, que nunca han engañado sobre sus intenciones. Desde el minuto uno tras las elecciones autonómicas del pasado 27 de septiembre declararon que nunca apoyarían a Mas como Presidente y lo han reiterado sin interrupción desde entonces. Sin embargo, sus interlocutores de Junts pel sí y, en particular, el ínclito presidenciable, acostumbrados a la politiquilla carente de convicciones en la que los principios se cambian al viento de la conveniencia, creyeron que al final la CUP cedería mordiendo el anzuelo cebado con algunas concesiones programáticas y la llamada a la gloriosa aventura secesionista. No entendieron en ningún momento que los descamisados de estética punkie y las némesis de desafiante flequillo que tenían delante funcionan con otros parámetros morales en los que la coherencia es un valor de referencia.

De ahí el fracaso del "proceso" en una fase clave de su desarrollo. Convergencia, como en su día Unió Mallorquina en Baleares, está condenada a la desaparición sepultada por su venalidad sin freno. La circunstancia de que sus verdugos hayan sido no los igualmente contaminados PP y PSOE, sino una minoría radical, independentista y descorbatada, deseosa de implantar el colectivismo expropiatorio, da la medida de la miseria en la que se ha hundido la otrora prepotente casa común del catalanismo. Cuando ya no se representa la épica de la creación de una nueva nación, sino la podredumbre de unas elites depredadoras de manos tan largas como corta su decencia, no hay discurso heroico que valga. La CUP ha sentenciado a la muerte política a dos generaciones de mangantes y, dicho sea desde sus antípodas ideológicas, ha actuado correctamente y ha hecho justicia.

Los cuatro errores garrafales de Artur Mas
EDITORIAL El Mundo 6 Enero 2016

Los catalanes serán llamados a votar de nuevo el próximo 6 de marzo de no producirse un milagro antes de la medianoche del domingo, hora en la que expira el plazo para investir a un candidato. Así lo dejó claro ayer Artur Mas en una comparencia ante los medios, en la que anunció que habrá nuevas elecciones si la CUP no rectifica y decide apoyarle como presidente de la Generalitat. Mas insistió en que él ya no va a negociar nada con la formación anticapitalista, a la que acusó de haber antepuesto su ideología radical a los intereses de Cataluña.

La intervención del líder de CDC se produjo horas después de que Oriol Junqueras, presidente de ERC, hiciera un llamamiento casi dramático para volver a la negociación con la CUP y evitar unos nuevos comicios. Mas se mostró tajante: no va a hacer ninguna oferta ni va a mover un solo dedo para que la CUP cambie de posición. Ello muestra la fractura con sus socios en Junts pel Sí, que se ha ido agrandando en las últimas semanas.

Su estrategia no sólo aboca a la convocatoria de elecciones, como él mismo reconoció, sino que además intenta culpabilizar a la CUP, a la que reprochó ser una pequeña minoría "revolucionaria" que quiere imponer su voluntad a la sociedad catalana.

Mas subrayó que a la CUP le ha importado "el quién", que, según él, era lo de menos, y ha despreciado "el por qué, el cómo y el cuándo", achacando su falta de apoyo a su carencia de compromiso con Cataluña y su sectarismo político.

El análisis del presidente en funciones de la Generalitat es totalmente sesgado y falaz, porque él es el único responsable de la situación. Fue Mas quien tomó la decisión de convocar unas elecciones plebiscitarias, en las que pidió a los ciudadanos una amplia mayoría para poder seguir la hoja de ruta que llevaba a la independencia. Los resultados fueron mucho peores de lo que esperaba y los votos de los partidos independentistas quedaron por debajo de los que no lo eran.

De aquí viene el primer error de los cuatro garrafales que ha cometido desde el pasado 27 de septiembre y que explican por qué Cataluña ha llegado a una situación de ingobernabilidad. Esa equivocación es la mala lectura de los resultados, que Mas presentó como un gran triunfo. El líder del CDC aseguró que contaba con la mayoría suficiente para desconectar con España, creando unas expectativas que no podía cumplir porque necesitaba los 10 escaños de la CUP. Resulta imposible emprender un proceso de ese calado con tan exigua mayoría y con tanta falta de sustento social.

El segundo error fue la propia negociación con la CUP, a la que se le hicieron concesiones desmesuradas para conseguir su respaldo. El propio Mas las enumeró ayer: declaración independentista del 9 de noviembre, una nueva estructura de Gobierno, plan de choque social, cuestión de confianza a los 10 meses e inicio de un proceso constituyente inmediato.

La CUP se siguió manteniendo en el veto a Mas, que ayer afirmó literalmente que la presidencia de la Generalitat "no es un subasta de pescado". Eso es lo que él ha hecho en estos tres meses: pujar para mantenerse en el poder.

Éste ha sido su tercer error porque ha demostrado -contra lo que proclama- que lo único importante para él es seguir en su cargo. Junqueras le pidió sin mencionarle un gesto de generosidad para evitar las elecciones. Mas dejó claro que eso no se le pasa por la cabeza. Él va a optar a revalidar su mandato como cabeza de lista de CDC, de Junts pel Sí o de alguna nueva marca que ya estará fraguando en su cabeza. Prefiere que la causa que defiende se hunda antes que renunciar voluntariamente a su poder.

Y el cuarto error, el más grave, fue la declaración independentista aprobada por el Parlament, que suponía un abierto desafío al Estado y una incitación a desobedecer las leyes, algo que mostró a Europa y a la comunidad internacional la verdadera naturaleza de su proyecto. Ningún gobernante democrático hubiera incurrido en una conducta como ésta, que le descalifica incluso entre sus seguidores menos sectarios.

Todo esto es ya agua pasada, pero debe quedar constancia de que han sido sus graves errores los que han llevado a Cataluña a esta situación de fractura social y de ingobernabilidad. Sólo cabe desear que las urnas le hagan justicia.

Pueblos, razas, lenguas, religiones
Jesús Royo Arpón lavozlibre.es 6 Enero 2016

Lingüista

Una de las preces de los fieles, esta Navidad en una iglesia de Barcelona: “Vós, Senyor, alliberàreu el vostre poble de l’esclavitud d’Egipte: allibereu els pobles, races i llengües que encara viuen sota l’esclavatge d’altres pobles, races i llengües. Aquests que són dominadors, il.lumineu-los perquè reconeguin la seva injustícia. Veniu, Senyor Jesús” . O sea, “Señor, que liberaste a tu pueblo de la esclavitud de Egipto: libera a los pueblos, razas y lenguas que todavía viven bajo la esclavitud de otros pueblos, razas y lenguas. Y a los que son dominadores, ilumínalos para que reconozcan su injusticia. Ven, Señor Jesús”

Se le entiende todo: lo maravilloso es esa apariencia de plausibilidad y beatitud de la plegaria. Pero, si descarnamos un poco, podemos ver su esencial toxicidad. Hablar de razas, pueblos y lenguas como verdugos y víctimas es la mejor manera de equivocarse. Porque esas entidades son abstractas, no cometen delitos. La “raza alemana” no es culpable de los crímenes de los nazis. Ni la lengua alemana, aunque a menudo se la utilice para representar a “los malos” de los dibujos manga. Los culpables son las personas, los ciudadanos.

Los yijadistas se cubren con la religión islámica: que dejen en paz a la religión, que el asesino es lo mismo si lo hace por Dios o por la Patria o por robar a su víctima. Los derechos y los deberes son de las personas individuales: no hay religiones asesinas, razas asesinas, naciones ni lenguas asesinas. A la Iglesia en especial le está costando adaptarse al “paradigma republicano”, al laicismo sustancial del poder público, en el que el ciudadano es el principio y el fin de la soberanía, de los derechos y de la responsabilidad. Las lenguas, las religiones y los “pueblos” no definen comuninades políticas, o sea Estados. Los sentimientos religiosos o nacionales son eso, sentimientos personales, y no pueden producir ninguna ventaja social: dentro del Estado, ser de una u otra religión debe ser absolutamente igual, como hablar una u otra lengua, o “sentirse” de una u otra nacionalidad.

Pero la plegaria aparentemente cristiana tiene su trasfondo en el pleito actual independentista catalán. Cuando se habla de “lengua dominadora” todos sabemos de qué está hablando, del castellano, lengua mala donde las haya. No se habla de la inmersión lingüística obligatoria en las escuelas, que es buena por naturaleza, ya que protege la necesaria prioridad de la “lengua nacional”. Cuando se habla de los “pueblos que todavía (¡!) viven bajo la esclavitud de otros pueblos” se nos está colando el tema de la “emancipación nacional”. Y cuando se dirige al Señor como “el que liberó a su pueblo de la esclavitud” se está sumando a Dios mismo a la causa independentista, porque liberarse de la esclavitud es bueno, es un deber patriótico. O incluso religioso. Como ven, un ejercicio de hipocresía meliflua y absolutamente podrida.

Por descontado, esta tesis no es inherente a la fe cristiana. Su fundador empleó su munición más terrible contra los fariseos, “sepulcros blanqueados”. Y si acabó ejecutado en la cruz en parte fue por “antinacional”. Más bien tiene que ver con la más que discutible alineación de la Iglesia con la reacción, el antiguo régimen (feudal) y la sociedad estamental. Cosas que tienen muy poco que ver con el cristianismo. Aunque sí, y mucho, con los curas.
 


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