AGLI Recortes de Prensa   Lunes 11  Enero  2016

La culpa la tiene Rajoy
Editorial gaceta.es 11 Enero 2016

Ser presidente de Gobierno no consiste en limitarse a ajustar las cuentas de la casa mientras las goteras perforan los tejados, las ratas infestan los sótanos, los cimientos se desmenuzan por la humedad, el fuego devora el garaje y los ladrones saquean la despensa. Ser presidente del Gobierno obliga a atender a la casa en su conjunto, mejorarla y, terminado el plazo, entregarla al siguiente en las condiciones más óptimas posibles. Exactamente lo contrario de lo que ha hecho Rajoy.

España, después de los cuatro años de Rajoy, es una casa con las cuentas relativamente (sólo relativamente) saneadas, pero con el tejado, los cimientos, los sótanos, la despensa y el garaje hechos pedazos, e incluso hay quien ha puesto un burdel en el cuarto de los niños. Tenemos una región –Cataluña-, en abierta rebelión separatista. Otras dos –País Vasco y Navarra-, que caminan hacia lo mismo. Aun otra –Baleares-, en perpetua ceremonia antiespañola y continua agresión de los derechos ciudadanos. Las tres principales ciudades del país –Madrid, Barcelona y Valencia-, gobernadas por coaliciones de extrema izquierda con claro protagonismo de grupos antisistema. La comunicación audiovisual, literalmente entregada a grupos oligopolísticos que han dado altavoz a ideas disolventes y nihilistas que antes eran extraparlamentarias. La cohesión social, desgarrada en lo económico por el desmantelamiento de las clases medias y en lo político por la ley de memoria histórica. La moral pública, desmenuzada a conciencia por una legislación de origen socialista que el PP no sólo no ha rectificado, sino que ha avalado con entusiasmo. Todo esto lo deja tras de sí un hombre que hace cuatro años tenía mayoría absolutísima en las Cortes y prácticamente todo el poder territorial en su mano. Es, simplemente, un desastre.

Lo más prodigioso es que, incluso con esta evidencia ante los ojos, el contable de la ruinosa mansión, ayer palacio y hoy muladar, insiste en permanecer al frente del negocio. No sólo eso, sino que pretende mantener bajo su pie a un partido al que ha reducido a su mínima expresión vaciándolo de contenido ideológico y poniéndolo bajo el control de una cúpula sin más principios que la conservación del poder (para lo cual, por cierto, tampoco sirve, como claramente ha demostrado). Rajoy no sólo ha agravado la pésima situación nacional que dejó Zapatero, sino que ha desactivado a su propio partido. Una vez más, un desastre.

Va a ser muy difícil salir de aquí. Sobre todo porque, mirando alrededor, la alternativa se dibuja entre el nihilismo pasivo de Rajoy y el nihilismo activo de una coalición radical de izquierdas, es decir, lo malo o lo peor. Pero por algún lado habrá que empezar a cambiar las cosas, y quizás un buen principio sería el propio PP: ese partido, que durante años ha sido la casa común de la derecha social española y la primera fuerza política del país, necesita urgentemente una renovación a fondo. Es prioritario que el PP recupere su identidad, sus principios, sus ideas. Es prioritario que el PP expulse a una cúpula que ha conducido al partido al desastre y a la derecha social al desamparo. Es prioritario que Rajoy se marche. Antes de que la casa, España, se desplome sobre nuestras cabezas.

Todavía no es hora de actuar contra los independentistas
José Manuel Otero Lastres. ABC  11 Enero 2016

Discúlpenme todos aquellos que estén familiarizados con el mundo del Derecho, porque voy a escribir sobre algo que conocen perfectamente. Pero estoy seguro de que hay lectores que no conocen a fondo el funcionamiento de nuestro Estado de Derecho y pueden estar alarmados por lo que ha sucedido esta tarde en la sesión de investidura del nuevo Presidente de la Generalidad de Cataluña. Y como tengo el privilegio de poder expresarme inmediatamente en mi blog lo hago para convencer a los lectores de que todavía no ha llegado el tiempo de tomar medidas para impedir la independencia de esta Comunidad Autónoma de España.

En efecto, estoy seguro de que no serán pocos los lectores que se pregunten que cómo es posible que en una institución del Estado como es el Parlamento de Cataluña se pueda estar hablando tan abiertamente de la declaración unilateral de independencia de esta parte de España y que por toda respuesta nuestro Presidente del Gobierno se limite a comparecer ante los medios anunciando que actuará pero sin haber tomado ya medida alguna.

A todos los que así piensen me permito indicarles que las opiniones manifestadas por los Diputados en el ejercicio de sus funciones gozan de una doble protección: la de la libertad de expresión y la de la inviolabilidad parlamentaria. Es decir, en el ejercicio de su actividad parlamentaria pueden decir lo que quieran, expresarse en los términos que tengan por conveniente por muy ilegales que parezcan, que no se puede actuar jurídicamente contra ellos.

Por eso, sería un error jurídico y político de bulto que el Gobierno de la Nación tomara cualquier medida contra las declaraciones que han hecho hoy en el Parlamento de Cataluña los que se han expresado a favor de la independencia. Razón por lo cual les puedo asegurar que mientras los independentistas catalanes estén en el mundo de las palabras el Gobierno no va a actuar contra ellos.

Cuestión distinta será si se llega a pasar de las palabras a los hechos. Es decir, cuando el nuevo gobierno de Cataluña que resulte de la investidura empiece a proponer al Parlament la adopción de resoluciones que supongan una clara vulneración de la Constitución y las leyes. Si esto llega a suceder, no tengan duda que la reacción del Gobierno de España será inmediata e irá haciendo recaer sobre los responsables todo el peso de la ley. Llegado el caso, todo parece indicar que las medidas de nuestro gobierno en funciones será gradual, desde instar la actuación del Tribunal Constitucional poniendo en funcionamiento sus nuevas funciones ejecutorias hasta otras medidas de mayor alcance como es la aplicación sucesiva del artículo 155 de la Constitución con la retirada progresiva de competencias. Así que, por el momento, tranquilos. Hoy algunos lo han estado pasando estupendamente. Pero verán como si no se detiene el camino hacia la independencia algunos empezarán a pasarlo muy mal.

Una honda inquietud
Antonio Pérez Henares Periodista Digital 11 Enero 2016

( Este artículo salio publicado en los diarios el sábado por la mañana. Por la tarde, y in extremis, Artur Más se quitaba del medio. Salvado ese escollo que nadie duda que la operación secesionista se lanzará desbocada a conseguir su meta. ¿Y va a haber la necesaria altura y sentido de estado de los tres partidos constitucionalistas para pararlos?. Tengo serias y preocupadas dudas de lo que Sánchez vaya a hacer al respecto cuando haya que tomar alguna medida y pasar a los hechos).

Creo compartir, con un buen número de españoles, en estos inicios de año, una honda inquietud por el futuro. Supongo también que los habrá encantados y hasta hay algunos a quienes percibo ansiosos de culminar una especie de hoguera purificadora que arrase con todo. No comparto tales arrebatos. Tras el fuego quedan tan solo cenizas.

No es estrictamente una preocupación política o por quien ocupará el Gobierno. Esa , aunque puede ser el inicio de la pira, es una derivada, que deparará, ya lo está haciendo, los nada edificantes espectáculos del ansia de poder. Pero antes de considerar esas miserias de llamar “amor” (interés general) a lo que es puro “sexo” (poder) en las que nos veremos abismados en los meses venideros entiendo que la reflexión primordial ha de centrarse en las causas, las claves y los desafíos trascendentales a que nos enfrentamos.

El primero de los elementos y el que mas profunda desazón me causa es la ruptura del pacto de convivencia que los españoles abrazamos al dar fin a la dictadura. Un intento hermoso, asumido como propio por la inmensa mayoría de nuestro pueblo, de enterrar el odio, la venganza, el sanguinario pasado, aquellas dos Españas de helar el corazón, y darnos la oportunidad democrática y libre del futuro. Y creímos haberlo conseguido. Y lo logramos. Pero hoy. Cuarenta años después, de manera inaudita, lo hemos desenterrado.

Me resulta demoledor el comprobar como el odio político, sí, el odio, ha reaparecido y es principal moneda de cambio. El rival político, y esto ha sido en su origen y desarrollo agitado por la izquierda, ya no es adversario, es enemigo exterminable, un ser indigno de pisar la tierra y que no es ni persona, por tanto carece de derechos que incluso se otorgan a los animales.

Para llegar a esto, el camino fue comenzar fue el estigmatizar el origen, bases y sentido del acuerdo, del abrazo de reconciliación nacional, por rememorar de nuevo el cuadro de Genovés, y repudiar como abyecta y cobarde nuestra Constitución, aunque fuera votada por todos, por supuesto PCE, cuyos militantes entregaron sangre y cárcel por ella, y PSOE, y tan solo repudiada por la extrema derecha, Blas Piñar, y abstenida por los nacionalistas vascos. La “nueva” izquierda, insulta aquella lucha y aquella memoria, tildando a la Democracia como Régimen, para equipararlo semánticamente el franquismo y considerando a la Carta Magna, a la recuperación de la soberanía del pueblo, al recipiente de nuestras libertades y al estilo de sus amigos bilduetarras, un “papelito mojado”. Estos años anteriores, pues, para esa nueva ideología que quiere ser dominante si no lo ya, en la izquierda solo han sido un franquismo camuflado y era necesario volver atrás y comenzar la verdadera revancha. Porque a eso suena mucho de lo que ahora aflora.

No olvido, no puedo hacerlo, quien fue el Bautista de estos lodos. Fue el insensato Zaparero. Fue él quien alentó esa división visceral, quién reabrió la caja de los odios y de la confrontación basada en los agravios guerracivilista. Con buenos y con malos y con tacha a los herederos de los unos y con bono de bondad trasmitida a los otros. Si. Con su sonrisa meliflua, fue él y quienes le apoyaron, los culpables en origen de aventar la vieja plaga.

Este me parece hoy, socialmente, el mayor de los problemas de España, el más grave, el que ya impide a las familias hablar de política en Navidades, el que enfrenta a los españoles. El origen de la incapacidad para el acuerdo, la vuelta de la criminalización del que no piensa igual convertido en un ser abominable. El retorno del lenguaje, primero por parte de cierta izquierda que nunca pareció asumir lo que pactó, de “fascista” para estigmatizar toda disidencia ante sus “verdades absolutas” y la replica que ya vuelve de “rojo”. ¡ Y han pasado 80 años! Y son jóvenes nacidos en democracia, criado en libertad, amparados por el bienestar quienes llevan ese griterío, esa trinchera y lo exhiben y lanzan por los terrenos que más y mejor conocen, el de las redes sociales, convertidas en un repulsivo campo de insultos, amenazas, en un lodazal donde el pensamiento y la concordia están desterrados y solo cuenta el salivazo y la pedrada. Por ahora.

La segunda cuestión, y que curioso que también aparezca aquí don Zapatero, aunque en este caso tan solo fuera el climax de las genuflexiones ante el nacionalismo de sus antecesores, es la de la propia España, de la soberanía de todos los españoles en el conjunto de toda España, sin despieces, de nuestra nación como proyecto. El pacto, al que quienes hoy lo han traicionado con autentica vileza, los separatistas catalanes, se abrazaron encantados, que suponía el obtener autonomía, niveles de autogobierno no conocidas en toda Europa, respeto total, impulso generoso y promoción de sus señas de identidad. Todo se cumplió y se aceptó, para un supuesto “mejor encaje”. Todo se ha traicionado. Ahora lo que se plantea, apoyado en su principio de nuevo por esa “nueva” izquierda pues asume el supuesto derecho de autodeterminación de los pueblos (oprimidos como tales, colonias vamos) y su derivado “derecho a decidir” es la secesión pura y dura. La expropiación y robo, violando todo acuerdo pasado, de un derecho que corresponde al conjunto de los españoles.

Pero ahí esta. Explicito, rotundo-aunque ahora enmarañado por las disputas entre sus promotores- y a el habremos de enfrentarnos. ¿Pero como? Resulta sorprendente que algunos consideran que la mejor manera de hacerlo es entregándose en brazos de quienes pretenden llevarlo a cabo. Ya lo han hecho en ocasiones anteriores.

Estas dos son mis dos profundas inquietudes para este tiempo venidero. El podium lo completa una tercera. La recaída en la crisis, la recesión y la destrucción de empleo.

La esperanza de muchos, inclusos los que por ideología lo negaban, es que tras los años de angustia pasados, se había logrado, con costurones pero vivos, recuperar pulso y entrar en senda de mejora. Y en ella, todavía, estamos. Pero no es meter miedo sino señalar la verdad de lo que nos puede ocurrir en breve, si es que ya no nos está ocurriendo, es que todo puede darse la vuelta y volver a caer rodando al precipicio. La inestabilidad es el primer peldaño, pero hay otros por los que aún puede caer en breve y mucho más rápidamente. Y sí, tengo miedo, de que podamos caer de nuevo dando tumbos cuando casi ni hemos acabado de levantarnos.

Esas son mis tres grandes inquietudes. Esas son, creo, la que debieran tener nuestros representantes como eje de su acción y propuestas. Pero no tengo apenas esperanzas de que estén, en verdad, en la mayoría de sus cabezas ni de sus deseos. Para algunos, basta solo con oírlos, lo que importa es el poder. Y en algún caso, a cualquier precio, aunque el precio a pagar sea convertir estas tres inquietudes en reales pesadillas.

Presagios fúnebres
Pedro de Tena Libertad Digital 11 Enero 2016

El presagio es sentimental y por ello no puede evitarse. Sobreviene. Ocupa, invade. No me esperaba que tras los Reyes Magos, una de la ilusiones exclusivamente humanas según Julián Marías, mis presentimientos sobre España comenzaran a revelarse fúnebres. Pero así ha sido. Todo comenzó con el funeral del padre de una antigua amiga que terminó con una Salve en latín, esa extraordinaria asignatura infantil cada vez más muerta en la educación española que quisieron indultar en las misas, sin éxito alguno, Graham Greene, Agatha Christie, Jorge Luis Borges, Yehudi Menuhin, Robert Graves y otros. Luego leo en el periódico que José Enrique Rosendo, un socialista clave del caso ERE que hasta ahora había eludido declarar, ha muerto de un infarto con 50 años. Lo conocí de periodista pero de la noche a la mañana se trocó en millonario. Me vi con él algunas veces. Lo sabía todo, pero no quería contar nada. Me escribió un largo SMS, que conservo, cuando saltó su nombre a los papeles... Me explicaba... Descansen en paz, él y su SMS. Pero el caso ERE, cada vez más fúnebre, ha perdido un testimonio capital.

Pocas horas después, el olor fétido a muerto procedente de Cataluña llegaba hasta Sevilla. Lo sospechaba y así se lo dije a Luis Herrero cuando se daba por hecho que habría nuevas elecciones catalanas. El muerto viviente Mas oficiaba su propio funeral –¿ven lo del latín, fúnebre, funeral, funesto, de funes-eris?–, en impúdica ceremonia con confesión golpista de culpa: "Aquello que las urnas no nos dieron directamente se ha corregido a través de la negociación". No quedaba atrás la CUP, descuartizada por sus contradicciones, que tras matar al padre y a la patria se ha suicidado y ya hiede lo suyo.

Entre los despojos de las elecciones generales, deambulan otros que aún no saben si en este festival de exequias –más latín, exsequiae, cortejo fúnebre–, estará su nombre en las lápidas. Visto cómo ha quedado España en estos ocho años de Zapatero y Rajoy, muchos deberán revisar su seguro de defunción, para no agravar más el dolor de sus familias. A Pedro Sánchez, por ejemplo, se le ha puesto la cara cenicienta por su manía de encender velas a 56 partidos para eludir la muerte súbita. Rajoy la tiene aún más cetrina, 155 veces más, incluso forzosamente constitucional. Pablo Iglesias ya sufre el perfume del descuajeringamiento mortal y Ciudadanos no sabe si dar el pésame o recibirlo.

Pero no se preocupen que la que se ha puesto agónica es España, esa nación fúnebre que Azorín clavaba en los ojos de la generación del 98 y que ahora no ve más futuro compartible que el pequeño Nicolás, Rosa Benito y otros esclavos del espectáculo. Ya, ya. Sabemos lo que decía Bismarck sobre la España indestructible a pesar de los forofos del cincel, la hoz y el martillo, y respeto la opinión de quienes suponen a España la inmortalidad. Pero tanto va el cántaro a la fuente que al fin se rompe. Se llamó una vez "década ominosa" a un trozo vergonzoso de la historia de España. Pues sugeriré a los historiadores que desde el 11-M de 2004 hasta ahora hemos vivido un carnaval de despropósitos –unos derivados de bobadas, e infamias, solemnes y otros consecuencia de omisiones letales sucesivas–, que el período merece un calificativo esclarecedor, tanto como una pintura del Greco o Goya. Pero, claro, entre todos, tal vez podamos pinchar esta pompa –¿o sólo es mi pompa?–, aunque sea fúnebre.

P. D. Más funeral. Se cumplen años de la muerte de Gabriela Mistral, la primera mujer de lengua española, mestiza y vascona, distinguida con el premio Nobel. Silencio en la izquierda. Claro, no fue simpatizante de los excesos republicanos ni de los otros. Siempre escuchó el presagio de la muerte, "la vieja Empadronadora,/ la mañosa Muerte,/ cuando vaya de camino,/ mi niño no encuentre". Que tampoco encuentre a España.

La CUP gana la negociación y el proceso
Luis del Pino Libertad Digital 11 Enero 2016

Ayer cometí el error, tan humano, de confundir las cosas con la presentación de las cosas. Y cuando se hizo público el acuerdo entre Juntos por el Sí y la CUP para la retirada de escena de Artur Mas, que incluía una autocrítica pública por parte de los antisistema, pensé para mis adentros: "¿Por qué razón se suicida CUP y se humilla públicamente de esa manera?". Y planteé esa misma pregunta en las redes sociales, sin que nadie supiera tampoco darme ninguna explicación.

Es natural que yo tuviera esa reacción instintiva. De hecho, es lo que los dos firmantes del pacto (JxSi y CUP) habían acordado que se transmitiera.

Y es natural también que nadie supiera explicarme por qué la CUP se humillaba: porque, en realidad, no hay humillación ninguna de los antisistema. Al contrario: la realidad es que la CUP ha conseguido en la negociación absolutamente todos sus objetivos.

Prescindamos de la presentación de las cosas y analicemos fríamente las cosas: el resultado de la negociación:

1) En primer lugar, la CUP consigue su "plan de choque" social, que ya había sido acordado previamente. Victoria para el sector anticapitalista de CUP.

2) En segundo lugar, la CUP consigue el compromiso con el plan de desconexión en 18 meses. Victoria para el sector separatista de CUP.

3) En tercer lugar, la CUP consigue que Artur Mas se retire de escena, como había planteado desde el principio.

Es decir, CUP consigue todos y cada uno de los objetivos que se había marcado. Esa es la realidad.

¿Y qué concede a cambio la CUP? Pues nada de nada:

1) El compromiso de votar al lado de Juntos por el Si. Lo cual no supone sacrificio ninguno, porque ya han acordado que el programa de gobierno va a ser al gusto de la CUP.

2) El compromiso de garantizar la estabilidad del nuevo gobierno. Lo que tampoco supone ningún sacrificio, por cuanto será un gobierno que debe cumplir lo acordado con CUP.

3) Dos gestos de cara a la galería, para que no parezca que CUP ha vencido por goleada: por un lado, unas palabras de autocrítica (que son meras palabras), y por otro lado, la dimisión de dos diputados de CUP (a elegir por CUP) y su sustitución por otros dos nuevos.

En resumen, que ayer la CUP logró todo lo que andaba buscando y humilló a Artur Mas, a Convergencia y a Juntos por el Si. Pero eso sí, para que la humillación no fuera tan patente, la CUP aceptó fingir que la que se humillaba era ella. Hay que reconocer que la jugada es muy buena.

Ahora sí que se han acabado los juegos y las tonterías. Desaparece la posibilidad de que Artur Mas traicione el proceso negociando con Madrid y el proceso tendrá que adaptarse a las hojas de ruta, social y soberanista, acordadas con CUP.

No me resisto a parafrasear la cita histórica: en el día de ayer, cautivo y desarmado el ejército convergente, han alcanzado las tropas de la CUP sus últimos objetivos militares; el proceso ha comenzado.

Aunque conserve la presidencia de la Generalidad, Convergencia ha perdido el control de los acontecimientos en Cataluña y el proceso queda en manos de los que verdaderamente se lo creen. Desaparece, por ejemplo, la posibilidad de negociar con Madrid la paralización del proceso a cambio de inmunidad judicial y de una mera reforma constitucional.

Los aprendices de brujo de nuestra clase política van a tener que rehacer todos sus planes.

Entrada de El Blog de Luis del Pino y editorial de Sin Complejos

Un elefante en la habitación
Jesús Laínz Libertad Digital 11 Enero 2016

En agosto de 2014 la prensa británica informó de un asunto sorprendente. Desde 1997 hasta 2013 miles de menores habían sufrido abusos sexuales en Yorkshire a manos de bandas de pakistaníes. Los detalles eran estremecedores: niñas violadas por varias personas a la vez, secuestradas, golpeadas y llevadas a otras ciudades para ser explotadas sexualmente; niños amenazados con pistolas, rociados con gasolina y obligados a presenciar violaciones. Y todo eso durante dieciséis años ¡sin que nadie se hubiese enterado!

¿Cómo fue posible? Según los informes que finalmente acabaron viendo la luz, porque las autoridades municipales, policiales y de protección de menores decidieron ocultarlo y no actuar para que no les acusaran de racistas. Maravillas de la corrección política.

El asunto no era nuevo. Tres años antes el exministro laborista Jack Straw se metió en un buen lío cuando denunció que buena parte de los jóvenes de origen pakistaní veían a las chicas blancas como "carne fácil" para el abuso sexual. Como era de esperar, los profesionales del multiculturalismo y el antirracismo se lanzaron a la yugular de un Straw al que acusaron de criminalizar a toda una comunidad. Pues la única interpretación posible de los ataques sexuales que provocaron las declaraciones del exministro era que la procedencia étnica de agresores y agredidas era "una coincidencia". El problema es que cuando una coincidencia se repite mil veces se convierte en categoría.

Ya en años anteriores habían sido abortados varios intentos de emitir documentales sobre la cuestión para evitar el enfado de la comunidad islámica y el crecimiento de la opinión antiinmigratoria. Y cuando en 2008 la BBC decidió mojarse, en el reportaje se lanzó la pregunta de si "la corrección política está impidiendo combatir a las bandas de pakistaníes y de afrocaribeños que seducen a niñas y adolescentes".

Pero, gracias a Dios, no todo son violaciones. El número de inmigrantes establecidos en algunas ciudades británicas ha alcanzado la suficiente densidad como para que, de forma creciente, puedan vivir de espaldas a la legalidad británica. Lejos de la integración en la sociedad de acogida, lo que se ha producido es la creación de comunidades étnicas al margen las unas de las otras. Por eso proliferan las patrullas islámicas que vigilan en sus barrios la obediencia a la sharia, patrullas que, según lo posible en cada situación, aconsejan, amenazan o imponen sus normas incluso a los vecinos autóctonos.

En todas partes cuecen habas. Suecia, por ejemplo, se ha convertido en los últimos años en la metrópoli europea de la violación, crimen casi siempre cometido por inmigrantes, tanto sudamericanos como, sobre todo, afroasiáticos. Aunque las cifras manejadas son contradictorias debido a la censura oficial sobre el origen de los agresores, el aplastante porcentaje de extranjeros es un secreto a voces. Y en otros países de la Europa septentrional como Dinamarca y Bélgica, el choque con la creciente población inmigrante ocupa el debate político cada día más a pesar del acallamiento institucional y mediático.

Por lo que se refiere a nuestro país, aunque de momento queda al margen de tan graves sucesos, no se puede pasar por alto el dato de que un enorme porcentaje de la población reclusa ha nacido fuera de España, en concreto el 30,3% para una comunidad extranjera que alcanza sólo el 10,7%. Es decir, que los extranjeros cometen el triple de delitos que los nacionales. Y eso que dicho porcentaje de reclusos ha bajado mucho en los últimos cinco años debido a la reducción de las penas por tráfico de droga efectuada por el gobierno de Zapatero, reducción que facilita la expulsión de extranjeros condenados por ese delito a menos de seis años de prisión. Otro dato muy significativo es el referido al delito de moda: la llamada violencia de género. Pues según los datos del INE sobre el año 2014, la tasa de denunciados por cada mil hombres fue el triple en los nacidos en el extranjero (3,1) que en los nacidos en Espan~a (1,1). Y dentro de los nacidos en el extranjero, las tasas ma´s elevadas corresponden a africanos y americanos. A esto habría que añadir, según informaciones policiales difíciles de conseguir dada la orden de no filtrarlas para evitar el rechazo a los extranjeros, que entre los sudamericanos abundan los casos no denunciados por la aceptación tradicional del maltrato femenino entre los ciudadanos de ese origen, fenómeno todavía más extendido entre las mujeres musulmanas por obvias razones de sumisión religiosa.

Regresando a Alemania, el pasado mes de noviembre saltó a la prensa el caso de una discoteca de la localidad bávara de Bad Tölz que tuvo que prohibir la entrada a los refugiados musulmanes a causa del acoso sexual al que sometían a las jóvenes locales. Como de costumbre, el Consejo para los Refugiados de Múnich no condenó el comportamiento de los asaltantes sexuales, sino el de los propietarios de la discoteca, a los que acusó de racistas.

Pero el suceso que por fin ha conseguido que toda Europa pueda hablar de la presencia de un enorme elefante en la habitación, a pesar de unos medios de comunicación y unos gobernantes que lo han escondido durante décadas tras las cortinas para no atentar contra la corrección política, ha sido el masivo ataque sexual de Colonia. Como siempre, las autoridades ocultaron el hecho para no obstaculizar su poltica de Welcome refugees, por lo que hubo que esperar cuatro días para que la dimensión de los hechos acabara desbordando el cerrojazo oficial. Tanto se desbordó que empezaron a salir a la luz otras ciudades afectadas (Hamburgo, Düsseldorf, Stuttgart, Zurich, Helsinki), así como nuevas informaciones sobre cientos de violaciones a mujeres y niñas en los albergues de refugiados en los últimos meses. Y muchas de ellas promovidas por sus propios maridos y padres, que las obligan a prostituirse.

Finalmente, es importante subrayar la sumisión al poder y al pensamiento único por parte de las feministas y de los medios de comunicación, especialmente los llamados progresistas. Pues, ante la ola de indignación levantada tanto por los hechos criminales como por su acallamiento oficial, pasará a la historia de la infamia informativa el hecho de que muchos periódicos digitales deshabilitaron la opción de comentar las noticias. Por lo que se refiere a los medios progresistas, dieron un paso más en la manipulación al informar de que los atacantes eran hombres, simplemente hombres, como si el hecho de que todos ellos fuesen inmigrantes musulmanes fuera, una vez más, una coincidencia. Y en cuanto a las feministas y similares, que tan histéricas se ponen por cualquier estupidez, su silencio ha sido y sigue siendo atronador.

Esperemos que la buena noticia de todo esto sea que, por fin, tras muchas décadas de acallamiento políticamente correcto, haya llegado el momento del derecho a la información y de la libertad de expresión.

La dictadura separatista catalana
Ramiro Grau lagaceta.eu 11 Enero 2016

Ayer pase un mal día, pensando en lo que se nos viene encima. Se han confirmado los peores augurios: se puede pasar de lo malo a lo peor. Y el traidor Mas, y ya es hora de llamar a las cosas por su nombre, ha consumado su traición a España, con un auténtico golpe de estado, muy similar al del 23 de febrero, aunque mucho peor, pues aquellos equivocados ciudadanos pretendían acabar con el terrorismo e instaurar un gobierno de unidad nacional, y éstos lo único que pretenden es marcharse de España, eso sí, sin pagar las deudas…

La Moncloa, como de costumbre, emitió un comunicado, en mi opinión demasiado tibio. Creo que Rajoy tendría que haber hecho en persona una declaración institucional, con luz y taquígrafos, pero ya sabemos que no se puede esperar mucho de este hombre, tan pasivo y diletante. Y La Zarzuela, como siempre, no dijo ni pio, no vaya a ser que cuestionen su papel institucional…, como si la creación de una república catalana no supusiera un golpe en la yugular de la monarquía.

Cuando un dirigente político dice que “hay que corregir lo que han decidido las urnas”, es evidente que se aleja peligrosamente de la democracia, para adentrarse en la dictadura. Por no hablar de esas “cesiones” de diputados, como si fueran objetos de usar y tirar, que han sido votados para defender unas determinadas ideas, pero que se “traspasan” a otro partido, como animales de compañía. O el simple hecho de pretender imponer un separatismo que no es mayoritario, pues en las últimas elecciones, realmente plebiscitarias, obtuvo un cuarenta y siete por ciento de los votos, más o menos… ¿Dónde está el respeto al electorado, en estos planteamientos dictatoriales?
Se aprovecha, además, un momento de incertidumbre nacional, en el que nuestra Patria navega sin rumbo, camino de unas nuevas elecciones generales, ante la imposibilidad de que cualquiera de los dos partidos mayoritarios pueda formar un gobierno. Y sino, al tiempo.

En resumen, malos, muy malos tiempos para España. Y siento ser tan agorero, pero es la realidad.
No podemos cerrar los ojos ante lo que se nos viene encima: huída de las inversiones extranjeros, elevación de la prima de riesgo, aumento del desempleo, consecuencias todas ellas de la incertidumbre y la inestabilidad política.

El dinero es cauto, como lo somos todos en nuestra vida ordinaria, gastos, inversiones, proyectos de futuro, etc. Cuesta mucho ahorrar algún dinero para jugárnoslo a la ruleta rusa.

En fin, es lo que hay. Quien siembra vientos recoge tempestades. Y Mas está cosechando lo que sembró. Quizá la única buena noticia es que dentro de poco ya no será Mas, sino Menos…

El laberinto español
No habrá hilo de Ariadna que ayude a España a salir del laberinto en el que ha entrado
Manuel Villegas www.diariosigloxxi.com 11 Enero 2016

Después de las pasadas elecciones generales del 20D, España ha quedado de tal manera fragmentada que la posibilidad de formar Gobierno se encuentra muy lejos de la realidad.

Aunque el PP ha sido el Partido elegido por la mayoría de los ciudadanos, ya que ha conseguido un total de ciento veintitrés escaños, no han conseguido los ciento setenta y cinco que son necesarios para alcanzar la mayoría absoluta, por lo que no son suficientes para gobernar sin ayuda de otros partidos.

Los resultados del PSOE han sido los peores de su historia, ya que sólo ha obtenido noventa, por lo que tampoco se haya en situación de mandar sin la concurrencia de otras formaciones políticas.

Podemos con sesenta y nueve, se encuentra en la misma situación, al igual que Ciudadanos que sólo ha obtenido cuarenta.

¿Con qué nos encontramos pues? Nos hallamos en un estado de confusión y desorientación parecido a lo que nos narra Ludovico Ariosto en su Campo de Agramante, donde todos pugnaban por la preeminencia sobre los demás, sin llegar a algún acuerdo con el agravante de que tampoco tenían intención de ello.

Nuestros políticos carecen de grandeza de miras y sólo aspiran a lo más inmediato sin tener en consideración lo que realmente necesita España y los ciudadanos clamamos por ello.

Lo más importante para nuestra Patria y nuestro bienestar es:
-Mantener la unidad de España.
-Luchar contra el desempleo.
-Conservar los pactos con la UE y con el resto de las naciones que no pertenezcan a ella.

Y no menos importante que los mencionados es erradicar la pestilencia hedionda de la corrupción que asciende desde las sentinas de todos los partidos políticos.

Pero, hete aquí que estos politicastros, no se merecen mejor palabra, que desean regir el destino de los españoles, no logran llegar a una concordia para conseguir la buena gobernabilidad de España.

Pedro Sánchez, si procurase nuestro bien, debería dejar a un lado el encono y rencor que siente hacia el PP y ambos podrían formar una coalición que, manteniendo aquellos principios a los que no puedan renunciar, sin embargo llegasen a acuerdos, aunque fuesen puntuales, que solucionasen las carencias que padecemos los españoles.

Pero da la impresión de que los Socialistas creen que son los únicos que pueden gobernar en España como si de una propiedad particular se tratase, y no de una Democracia, en la que todos los partidos que consigan el apoyo de los ciudadanos tienen derecho a regir los destinos de la misma.

No deberemos de olvidar cuál fue la etapa final de Felipe González y de Zapatero que nos dejaron en unas circunstancias lamentabilísimas de las que nos hubo de sacar el PP.

Pedro ha viajado a Portugal para poder copiar la coalición de izquierdas que rige este país. Podría haberse ahorrado el viaje si hubiese dado un repaso a la Historia y se hubiera empapado de lo que fue el Frente Popular anterior a nuestra guerra fratricida.

Podemos ha quedado en un tercer lugar por lo que tampoco puede aspirar a mandar en España.

Parece ser que ha suavizado un poco sus posturas radicales anteriores, pero sólo es que se han puesto encima la pelleja de cordero para disfrazar sus apetencias lobeznas. La cabra siempre tira al monte, así que, por mucho que hagan, no podrán deshacerse de sus tendencias comunistoides, ni de su deseo de acabar con el sistema por el que nos regimos, implantando, lo han dicho muchas veces sus dirigentes, una especie de república de repúblicas o reinos de taifas como en los que quedó dividida Al Andalus después de la fitna o disolución del califato ocurrida en el año 1031.

Su intención de implantar un comunismo al estilo del que rige en Venezuela no lo puede disimular.

En el poema de Miguel Hernández, Sonreídme, se encuentran los versos que cito y que reflejan claramente las tendencias de estos vendedores de humo:
Los notarios y los registradores de la propiedad
Caen aplastados bajo furiosos protocolos.

Miguel Hernández con ellos manifiesta su anhelo de acabar con la propiedad privada, por ello quiere eliminar a los notarios y registradores de la propiedad que son los fedatarios de que un bien pertenece a una persona determinada.

Esta es la tendencia final a la que aspirar los componentes de Podemos. Lo han manifestado en alguna que otra ocasión.

Ciudadanos no acaba de definirse y, aunque formase coalición con el PP, todavía no se conseguiría la mayoría para poder gobernar.

¿Quién podrá sacarnos de este laberinto?

Arturo Pérez Reverte: “Dentro de dos años habrá una Cataluña independiente”
LAGACETA.EU  11 Enero 2016

El escritor Arturo Pérez Reverte realizó este domingo una reflexión a través de su cuenta oficial en la red social Twitter acerca de su visión sobre España, y la situación política y social presente.

“Dispuesto a disfrutar ahora con Rajoy y Sánchez. Esos estadistas. Acumulo mazorcas para que en esta sesión continua no falten las palomitas”, comenzó afirmando, en relación con los problemas políticos que se viven para formar Gobierno tras las elecciones del 20D.

“A la altura de las circunstancias, no sé. Pero Rajoy y Sánchez estarán a la triste altura de sí mismos”, continúa afirmando, antes de expresar que “en España, en vez de guiñarle un ojo al adversario, preferimos sacárselo”.

El cartagenero reflexiona asegurando que “del postfranquismo salimos hace mucho”, pero “de lo que no salimos nunca es de esta ruin enfermedad histórica llamada España”.

Además, ante las preguntas de algunos de sus seguidores acerca de una posible unión con Portugal, Reverte se pregunta si “quiere contaminarlos de vileza y envenenarles la vida”, ya que, en su opinión, “son buena gente allí”.

Por último, el escritor se pronuncia sobre el problema catalán asegurando creer “que dentro de dos años habrá una Cataluña independiente”. “¿Se le ocurre a usted algo que pueda impedirlo?”, se pregunta a modo de conclusión.

Carta a Rosa Rodero
Consuelo Ordóñez. Presidenta de COVITEwww.latribunadelpaisvasco.com 11 Enero 2016

Me gustaría no tener que escribirte esta carta. Sin embargo, me veo en la obligación de hacerlo después de leer una entrevista reciente en la que hacías una referencia directa a mi persona. Espero que comprendas la necesidad de estas líneas para puntualizar algunas cuestiones que considero esenciales.

En la mencionada entrevista se te preguntaba por mi posición en cuanto a las políticas de dispersión de los presos de ETA y, en definitiva, por los principios y postulados por los que tanto yo como COVITE llevamos trabajando desde hace dos décadas, y respondías, textualmente: “Creo que el odio no lleva a ninguna parte. Me parece absurdo”.

En primer lugar, tengo que darte la razón. Yo también creo que el odio no lleva a ninguna parte. Tanto tú como yo hemos sufrido en propia piel las consecuencias directas del odio más acérrimo, que han sido el asesinato de tu marido y de mi hermano.

En vida los dos se dedicaron a combatir el odio. Y nos enseñaron una lección valiosa: al odio se le combate con el Estado de derecho, con la justicia y, por encima de todo, con la dignidad.

Por eso, Rosa, siento decirte que te equivocas al identificar el odio como el motor de mi trabajo al frente de COVITE.

No actúo por odio, sino por afán de justicia, de verdad y de dignidad. Y no lo hago sólo en mi nombre, sino en el nombre de las más de 500 familias de víctimas del terrorismo a las que COVITE representa. La mayoría de ellas no han tenido la suerte de la que hemos disfrutado tanto tú como yo, que pudimos acudir a un tribunal en el que se juzgó a los culpables del asesinato de nuestros familiares.

La mayoría de estas familias siguen esperando justicia, siguen reclamando que quienes causaron el hecho más doloroso de sus vidas paguen por ello. Como presidenta de COVITE, sólo puedo ser el altavoz de sus justas, y más que comprensibles, reivindicaciones.

No sólo por ellos, sino por la sociedad entera, que no merece que unos asesinos campen impunes ni que se lance el peligroso mensaje de que la petición de justicia esconde un deseo de venganza. En absoluto. La petición de justicia constituye una cuestión de dignidad. Y yo estoy dispuesta a seguir luchando por ella.

Aseguras en la entrevista que el diálogo es lo importante. Me pregunto, Rosa, con quién se supone que tienen que dialogar las personas que aún no han puesto cara y nombre a los asesinos de sus familiares.

Afirmas también en la entrevista que hay leyes relativas a los presos de ETA que no se respetan. Siento decirte que no es así. La actual legislación penitenciaria en España sólo exige a los miembros de ETA que se desvinculen de la banda terrorista para que cumplan sus penas en cárceles del País Vasco.

Es decir, los propios presos de ETA son los que tienen en sus manos la distancia que los separa de sus domicilios. Pero, hasta ahora, la mayoría ha elegido voluntariamente seguir formando parte de una banda terrorista y ensalzando su trayectoria. En sus manos, y no en las del resto de la sociedad, está revertir su situación.

Además, el 24 de enero de 2015, el Consejo de Europa estableció que “según el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, España no vulnera los derechos de los presos por que estos no estén en centros penitenciarios próximos a sus familias”. Continuaba diciendo que “los miembros de ETA han sido condenados por infracciones penales graves, tras un proceso acorde al convenio Europeo de Derechos Humanos”. Estarás de acuerdo conmigo en que poco más hay que añadir ante un pronunciamiento tan contundente de las más altas instancias judiciales.

Por último, declaras en la entrevista que en estos últimos años, después de que ETA anunciara el final de la violencia, has vivido tranquila. Por supuesto, me alegro. Nuestros años de sufrimiento merecen, sin duda, un descanso.

Sin embargo, yo soy incapaz de vivir tranquila. No me acuesto ni un solo día sin preguntarme si he hecho lo suficiente para dar la batalla por la justicia de las víctimas, por que se cuente un relato honesto de décadas de violencia, por que no se blanquee el historial de quienes se mancharon las manos de sangre y de quienes, sin hacerlo, pero a base de marcar las directrices de ETA, las tienen igual de sucias.

En definitiva, no me acuesto ni un solo día sin preguntarme si he estado a la altura de la batalla de principios que lidiaron tu marido, mi hermano y tantas víctimas del terrorismo. A ellos les costó la vida. Yo pelearé por que no nos cueste la dignidad.

Hablando sobre España
"Si quisiéramos, el papel de España en Europa podría ser monumental"
Entrevista con el historiador y escritor José María Marco.
Julia Tena, Moeh Atitar El Espanol 11 Enero 2016

José María Marco, historiador, escritor y profesor de Literatura Española e Historia de las Ideas Políticas en la UPCO, recibe a EL ESPAÑOL en el estudio de su casa de Madrid. Para el autor del libro 'Sueño y destrucción de España', el nacionalismo es una ideología antinacional, ya que los nacionalismos reivindican una nación ideal con valores intocables, mientras que una nación es una construcción de ciudadanos unidos por un vínculo político. José Maria Marco es un escritor increíblemente versátil. Ha escrito sobre la historia de España, la homosexualidad, el Oriente Medio y Manuel Azaña, entre muchos otros temas. Ante todo, se siente optimista sobre el futuro de su país. “España es un éxito monumental”, afirma orgulloso.

Hablemos de las elecciones. ¿Estamos ante un escenario de ingobernabilidad o ve posible una coalición?
Yo veo imposible una coalición. El Partido Socialista, que es el que podría tener la llave de la gobernabilidad, no quiere pactar con el PP. Creo que más bien se está formando una especie de frente en su contra. La soledad del partido más votado llevará a unas nuevas elecciones. Ojalá no sea así, pero tal y como estamos sería un milagro que no ocurriera.

Si fuésemos incapaces de hacer un Gobierno de coalición, ¿qué diría eso de nosotros?
La cultura política española no ha sido nunca de coaliciones. Los dos grandes partidos siempre han intentado coaligarse cuando no han tenido mayoría absoluta, pero sólo con los partidos nacionalistas. Lo que indicaría este nuevo escenario es que los nacionalistas ya no sirven para hacer coaliciones. Al huir hacia el independentismo ellos mismo han roto esta posibilidad. También diría mucho del PSOE: la clave de todo la tiene el Partido Socialista. La preocupación fundamental del PSOE parece ser que no gobierne el PP. Esto no puede ser. Un PSOE moderno, grande y con ambición tiene que estar dispuesto a pactar con el centro derecha. Por último, con el tiempo aprenderemos a hacer coaliciones. ¡Espero!

¿Por qué Ciudadanos ha logrado un resultado peor del que pronosticaban las encuestas?
Yo creo que Ciudadanos, desde el principio, ha sido un partido de minorías contra la casta. Tiene una vocación demasiado minoritaria. Tenía que haber sido más ambicioso, y haberse planteado como alternativa nacional a uno de los dos grandes partidos. Me da la sensación de que la gente de Ciudadanos no sabe muy bien quienes son sus electores. El juvenilismo no me parece suficiente, los jóvenes son importantes pero cada vez hay menos, por lo que dirigirse a un sector de la población tan específico excluye a demasiada gente. Me da la sensación de que no saben donde están.

¿Les falta definirse?
Si, exacto.

¿Y UpyD? ¿Por qué ha desaparecido del panorama político?
La verdad es que lo de UpyD es un misterio. Probablemente haya desaparecido porque, al igual que Ciudadanos, es un partido de minorías. Lo que realmente hace falta es organizar un partido con una base fuerte, como la del Partido Socialista, que sepa dar el giro que el PSOE nunca ha dado, ni siquiera en los momentos de Felipe González. Siempre ha sido un partido antiderecha dogmáticamente. Es lógico que sea antiderecha, para eso es un partido de izquierdas, pero hace falta menos dogmatismo. Estos partidos [Ciudadanos y UpyD] aportan el antidogmatismo pero no acaban de tener la capacidad para formar una base nacional sólida. UpyD se quedó en la espuma. Eran una élite minoritaria de intelectuales, muy interesante, pero con poca capacidad para atraer.

¿Estamos viviendo el final del bipartidismo?
La verdad es que no lo sé. El bipartidismo de España ha sido una cosa complicada. Yo creo que más bien ha sido un monopartidismo. Es decir, un partido gobierna cuando el otro se excluye a sí mismo del centro. El Partido Socialista gobernó durante mucho tiempo porque no había alternativa, ya que el PP no existía. Existía AP, pero se le veía como un partido de derechas. Cuando Aznar construye un partido más moderado, el PSOE es el que se retira del centro. Es un bipartidismo curioso: un partido ocupa el centro cuando el otro deja de ocuparlo. Yo creo que ahora la situación es complicada porque hay que reconstruir este centro. Se puede hacer desde dos partidos o desde varios, pero yo creo que lo fundamental es reconstruir un espacio de consenso, donde se pueda dialogar acerca de asuntos fundamentales. Por supuesto tiene que haber discrepancia, pero también la posibilidad de llegar a acuerdos en ciertas cuestiones. Eso es lo que falta. Aunque el PP tiene problemas internos, yo creo que está más dispuesto a hacerlo que el PSOE.

¿Qué valoración tiene de los nuevos partidos?
De Ciudadanos ya hemos hablado un poco. Yo creo para Ciudadanos hubiera sido más inteligente quedarse en Cataluña en estas elecciones, asentarse ahí con mucha fuerza y luego dar el salto. Creo que se han precipitado un poco. Podemos me parece una organización muy peligrosa. Aparte del populismo, tienen un aroma comunista o neocomunista que me desagrada profundamente. No creo que sea un partido que vaya a proporcionar más prosperidad o más libertad, al contrario.

Tanto Podemos como Ciudadanos han abanderado el concepto de regeneración.
Yo he sido muy crítico con el tema de la regeneración, de hecho he sido una de las pocas personas. Yo creo que la palabra regeneración es peligrosa. Nos remite al momento de la crisis de hace un siglo, en el 98, que es cuando la palabra regeneración vuelve a cobrar sentido político. La palabra nos devuelve a esa crisis. Lo que los españoles perciben cuando se habla de regeneración no es una reforma de lo que está mal o de un cambio gradual, que es lo que yo creo que la sociedad española necesita, sino de un cambio de todo el sistema. La regeneración implica un salto. Yo creo que a la sociedad española no le convienen los saltos, sino las reformas graduales. La palabra regeneración me parece poco positiva, y los grandes partidos tenían que haber sido más prudentes a la hora de asumir esa retórica. Es lógico que los nuevos partidos la abanderen, ya que en cierto sentido ellos presentan una alternativa total.

¿Qué reformas necesita España?
Necesita muchas. Para empezar, continuar las reformas que inició el PP en cuanto a la economía. También precisamos un ajuste de la Constitución, no cambiarla, sino adaptarla a la nueva situación del Estado de las autonomías. La ley de financiación autonómica hay que reformarla, y debemos hacer una reforma educativa muy profunda. Todo esto requiere un gran consenso. Es lo que la sociedad española está pidiendo, pero los políticos no acaban de ponerse de acuerdo.

¿Faltan grandes liderazgos?
Sí, posiblemente sí. Pero en general, no solo en España. La sociedad ha cambiado muchísimo, y no sólo por la crisis. La tecnología, la forma de trabajar… todo es distinto. De ahí que sea comprensible la atracción de los jóvenes por los partidos nuevos. Esto tiene que articularse en gente que represente a la sociedad. Yo creo que uno de los problemas es que los partidos políticos no han representado a la sociedad. Falta liderazgo, pero también hace falta representación.

¿A día de hoy, cual es el principal problema de España?
Yo he trabajado mucho en el tema de la nacionalidad española. A lo largo de la Transición, y durante la democracia, no se ha logrado plasmar con claridad una idea de la nación española con la cual los españoles puedan sentirse cómodos. Los españoles lo han hecho por su cuenta: ahora ya no hay tantos complejos como los que había hace unos pocos años. Ya no le llaman a uno facha automáticamente por sacar la bandera. Pero aún así, la idea de la nación sigue fallando.

En su libro Sueño y Destrucción de España usted dice que no hemos sido capaces de dar un contenido moral, intelectual o político a la palabra España.
La palabra España ha estado excluida de la política durante mucho tiempo. En los últimos años ha vuelto, pero todavía sigue sin plasmarse. Hay muchísima reticencia y muchos complejos. La sociedad la ha superado parte de este miedo por su cuenta, pero la clase política y la clase intelectual, que son los que median entre la gente y el hecho político y los que tienen el deber de aclarar lo confuso de la política, fallan ahí. Cuando surge la palabra España se retiran, les da miedo. Eso es un fallo garrafal en la cultura y en la política española actual.

¿De donde viene este miedo a la palabra España?
Es un tema muy difícil, muy delicado y al mismo tiempo un poco desagradable. El fondo del asunto está en la crisis de finales del siglo IX, la crisis del 98, cuando se vendió como si fuera una gran novedad lo que en realidad era una idea extremadamente antiracional, antimoderna, antidemocrática y antiliberal: el nacionalismo y el regeneracionismo. Los nacionalismos, cuando se crean en Francia a finales del siglo IX, y después en Alemania y en España, se oponen a la idea de la nación como organismo político. Ellos reivindican una nación ideal, eterna, con valores intocables, y eso está en contra de la nación política, que es una construcción consciente de gente que se reúne para exponer sus diferencias y dialogar. El nacionalismo es una ideología antinacional. La paradoja es que cuando entramos en crisis volvemos a utilizar los términos que usaron los nacionalistas en la crisis del 98, que hablaban de España como de un fracaso. Nosotros volvemos a utilizar otra vez este discurso. Esto se ha repetido en la República, se ha repetido en la dictadura de Franco, y se ha vuelto a repetir desde la Transición.

Usted ha escrito que Gran Bretaña es la cuna del liberalismo, Francia es la patria de los derechos humanos, y Estados Unidos es el nacimiento de la democracia. ¿Y España?
España podía ser lo que quisiéremos. Descubridores del Nuevo Mundo, una cultura que ha civilizado a centenares de millones de personas... hay mucho que podemos decir. Pero no lo decimos.

¿Cual es la idea nacional del PSOE?
El PSOE es un partido, y esto lo distingue del resto de los socialistas europeos, que no acaba de interiorizar la idea de la nación. Aún conserva la herencia intelectual del noventayochismo, por lo que le resulta muy difícil pensarse a sí mismo en términos nacionales.

¿Y la de Podemos?
Por lo que he visto, Podemos oscila entre dos posiciones. Primero, la negativa a pensar en España como tal, ya que sigue identificando a España con la ultraderecha. Por otro lado le gustaría, y yo lo he hablado con Errejón, articular una idea patriótica. Pero tienen muchas dificultades, porque la gente ve el nacionalismo español como de ultraderecha.

¿Ve algún partido actual con un discurso de unidad nacional?
Eso es lo que falta. No porque los partidos quieran destruir España, si no porque les resulta difícil situarse en esa dimensión. Se va superando, pero les resulta complicado. El PSOE muchas veces tiene posiciones casi contrarias a la unidad nacional, y el PP no puede hablar. Está mudo ante estas cuestiones. Entre unos, reticentes, y otros, que no saben sacar el tema, la sociedad española se encuentra huérfana de un discurso que le dé esa perspectiva que me parece tan importante.En Sueño y destrucción de España usted dice que desde que la globalización se puso en marcha el patriotismo, no solo en España sino en general, ha sufrido una erosión constante. ¿Esto es un fenómeno positivo o negativo?

Yo lo veo negativo. No porque la nación tenga que ser un refugio contra la globalización. Ese tipo de discurso antiglobalización está profundamente equivocado. La nación es necesaria porque no veo otra forma de organizar la convivencia de los seres humanos si no es mediante conjuntos nacionales. La humanidad es un término demasiado grande y complicado. No tiene una traducción política inmediata. Los inventores de la política reducen el alcance de la convivencia a la polis, la ciudad. Necesitamos elementos de identificación, y a partir de estos se construye la patria. La destrucción de la idea de la nación deja a la gente indefensa y más manipulable.

¿Por qué en Cataluña triunfa el nacionalismo?
El nacionalismo catalán surge al mismo tiempo que los demás nacionalismos. Los nacionalistas en Cataluña tienen éxito porque de buenas a primeras no han querido enfrentarse a la política. En España el nacionalismo era muy complicado, no triunfa en un primer momento porque la estructura política española, el Rey, el parlamento, los partidos políticos, y la opinión publica, tienen un peso muy importante. En Cataluña, al retirar eso, surge la idea de una nación unánime, en la que todos estamos de acuerdo, donde todos vamos a ser felices unidos por un ideal. Entonces la idea triunfa, aunque realmente fracasa porque es imposible de conseguir.

¿Entonces el nacionalismo catalán es más emocional que racional?
En cierto sentido sí. El nacionalismo apela a sentimientos muy profundos del ser humano, y el discurso nacionalista clásico rechaza la razón como instancia organizadora de la vida. Para ellos la razón es algo muy pequeño y superficial, y las emociones, las tradiciones, y la cultura es lo más importante. En Cataluña el nacionalismo es muy atractivo y muy peligroso.

Ya han pasado 40 años desde la Guerra Civil. ¿Hemos superado la dialéctica de vencedores y vencidos?
Yo creía que la habíamos superado, pero parece que estaba equivocado. Pensaba que la sociedad española había vencido esta dialéctica durante la dictadura. Franco quiso mantener el enfrentamiento, pero yo creía que por debajo la sociedad española había hecho lo mismo que el resto de las sociedades europeas. En realidad la Guerra Civil es un episodio de un gran enfrentamiento. Los europeos lo superaron, los alemanes, los italianos, cada uno lo hizo a su manera y los españoles también. Eso es lo que yo pensaba. La Transición es la consecuencia de ese largo proceso de reconciliación y de perdón, porque el elemento fundamental de la nación es el perdón. Y luego la integración en la Unión Europa era el final del todo, ya que la UE es la búsqueda de superar el nacionalismo y los enfrentamientos. Pero me da la impresión de que esa era una perspectiva muy optimista.

¿Qué le ha hecho cambiar de parecer?
La facilidad con la que han prendido las cuestiones de memoria histórica, y la dificultad de la derecha para articular un discurso propio. Entre el silencio y el retorno de este tipo de cuestiones, me parece que el gerracivilismo, quizá propiciado por la crisis, es más difícil de superar de lo que pensábamos.

¿Se puede hablar de dos Españas?
No, el tema de las dos Españas es un mito nacionalista. Pero si continuamos en esta línea guerracivilista se acabará hablando otra vez de las dos Españas.

¿Qué balance hace usted de casi cuatro décadas de democracia?
Extraordinario. España es un país muy particular, muy conservador en sus costumbres y tradiciones, pero al mismo tiempo se moderniza con una rapidez increíble. Eso no ocurre en muchos otros países. Una cosa suele llevar a la destrucción de la otra, y España es un país que ha progresado de una manera vertiginosa, en tolerancia, apertura, ambición, diversidad… por ejemplo, la inmigración en España no plantea problemas. Vivimos en un país milagroso en ese sentido. Y al mismo tiempo es un país que ha sabido conservar sus tradiciones. España es un éxito monumental. Todos tenemos problemas, pero ha hecho un trabajo fantástico.

¿Cual es el papel de España en Europa?
Si quisiéramos, el papel de España en Europa podría ser enorme. Pero tenemos mucha reticencia a tomar la iniciativa, a asumir responsabilidades en el exterior. Somos la cuarta economía más importante del euro, una sociedad en movimiento perpetuo. El resto de los países nos admiran por nuestra capacidad de superar los problemas, por nuestro dinamismo. Estratégicamente somos un país que ocupa un lugar esencial entre el Mediterráneo, el norte de África y Europa. Somos un país con proyección atlántica espectacular, no sólo en Centro América y América Latina. Estados Unidos es un país con rasgos de identidad españoles muy profundos. También tenemos una proyección en el Pacífico. A veces los españoles no nos damos cuenta de que en toda la parte este del Pacífico se habla español desde la Patagonia hasta San Francisco. Podríamos tener un gran papel.

Por último, usted ha escrito mucho sobre la homosexualidad en España. ¿Cree que hemos superado la homofobia en este país?
Si, desde luego. La sociedad española no ha sido nunca tan homófoba como se ha dicho siempre. La homofobia de la sociedad española ha sido la de todos los países europeos. La legalización de la homosexualidad en la mayor parte de los países de Europa se hace a mediados de los 70, no se hace antes. No creo tampoco que la dictadura castigara la homosexualidad más de lo que castigaba todo lo demás. El nivel de tolerancia de la sociedad española, nuestra capacidad de hablar de ciertas cosas y la disponibilidad para aceptar formas de vida nuevas es increíble.

Usted ha escrito que en España se equipara la condición gay a una posición política radical, que se piensa que un gay que no sea de izquierdas traiciona su condición de homosexual.
Eso es una cosa que me molesta personalmente. La homosexualidad no es política en este sentido. Lo es cuando hablamos de política como la capacidad de vivir con los demás, y ahí si que hemos tenido muchas cosas que decir. Pero a mí no me gusta que los políticos utilicen la homosexualidad de manera partidista. Hay que ser muy prudente y muy cuidadoso con este tipo de cosas.

Historia
Una revista para regenerar España
Hace un siglo "España" nació del enojo y la esperanza y contra la corrupción. Ahora "Panacea" recuerda su importancia.
Una revista para un país en plena regeneración
 El Espanol 11 Enero 2016

La revista Panacea cumple su primer año de vida y celebra el centenario de la revista España. “Nacido del enojo y la esperanza, pareja española, sale al mundo este Semanario España”, escribió José Ortega y Gasset en 1915 para inaugurar la trayectoria de la publicación que juntó a los principales intelectuales de la Generación del 14. Ortega presidía la sección de Filosofía del Ateneo de Madrid, al que Manuel Azaña recordaba en un texto de 1903 por su “excelente café y confortables salones, grata compañía, amena e instructiva conversación, novedad en las ideas y en los grandes torneos del salón de sesiones, un plantel de maestros de la oratoria”.

Alejandro R. Díez Torre escribe en este número de Panacea que la instauración de la dictadura de Primo de Rivera, en septiembre de 1914, “España tuvo un leitmotiv suplementario el de su oposición antidictatorial”. “La revista hubo de oponerse a la censura del nuevo régimen milita: con planas censuradas del semanario, éste recibía a menudo la orden de sustituir originales tachados (cosa que introducía un desorden inesperado, que había que gestionar; al no plantearse salir con blancos en sus páginas). Pero entre la censura y el propio déficit económico, la revista España pudo difícilmente sobrellevar las nuevas condiciones dictatoriales. Fue suspendida definitivamente por el Gobierno, desapareciendo el 29 de marzo de 1924”.

La nómina original de España incluye al gran patrón José Ortega y Gasset, más un destacado equipo de redacción: Ramón Pérez de Ayala, Luís de Zulueta, Eugenio d’Ors, Gregorio Martínez Sierra, Ramiro de Maeztu y Juan Guixé. Víctor Morales Lizcano la describe como una publicación dispuesta al debate político, a la crítica y a la divulgación literaria. La incertidumbre europea atraviesa el discurso de la generación y el de la revista, que cuela en sus portadas, editoriales, información internacional, en sus “cartas extranjeras” y entrevistas el contradictorio panorama de la Europa bélica y de posguerra.

Contra el patrioterismo
Fue una revista compuesta por una generación de intelectuales descontenta y dispuesta a la ruptura: “Una generación, acaso la primera, que no ha negociado nunca con los tópicos del patriotismo”. Plantaron los deberes de los liberales españoles y proclamaron “la intransigencia” como “síntoma de la honradez”. En ese sentido, José Luis Abellán explica en su artículo los hitos que definen la fundación de la Generación del 14: la creación de la Liga de Educación Política; la conferencia, Vieja y nueva Política, pronunciada por Ortega; el homenaje a Azorín en Aranjuez; y la fundación de la revista España.

Abellán recoge la nueva esperanza española dictada por Ortega y asentada en la desconfianza en los partidos políticos, que tal y como dice, están desprestigiados, y, por otro lado, la necesidad de crear “una minoría entusiasta”, “una minoría encargada de la educación política de las masas”. Ortega hace evidente la necesidad de una nueva política, no el rechazo de la misma. “Nos plazca o nos disguste, no existe en nuestro país otro órgano de socialización fuera de la política”, dejó escrito el autor de La rebelión de las masas (1929).

Luis Bagaria fue el ilustrador y caricaturista de la publicación y en sus colaboraciones con la revista se muestra su guerra a la guerra: “Desde el niño que se declara, no germanófilo ni francófilo, sino “huerfanófobo”, hasta la crítica más feroz del militarismo alemán”, escribe José Esteban en Panacea. La campaña del dibujante fue “la más violenta y efectiva” de las realizadas en este país. “El káiser y sus aliados protagonizaron la mayoría de las caricaturas como símbolos de la barbarie teutónica, contumaz a través de la historia, como una maldición cainita. Creó el tipo de broche de cabeza cuadrada, con la punta del casco prusiano en la cima del casco”, dice Esteban. Bagaria fue a la cárcel por orden de un juez militar, gracias a una caricatura publicada el 27 de marzo de 1919, en España.

Abajo la corrupción
Tomás Mallo se dedica a la figura de Luis Araquistáin, responsable de incorporara a la publicación un impulso periodístico cargado de polémicas y en defensa de los aliados. Tomó el relevo de Ortega y Gasset en la dirección -entre 1916 y 1923-, y terminó con la dirección de Manuel Azaña, cuando las revista ya no podía superar las trabas que le puso la dictadura de Primo de Rivera mencionadas. En la obra de Araquistáin se encuentra una defensa de la democracia y crítica del despotismo germano. En su libro Dos ideales políticos y otros trabajos (En torno a la guerra) (1916-1917) se centra en las críticas a los germanófilos españoles e innumerables argumentos en defensa de la libertad que proponen los aliados.

“España quiso ser también una crónica de las corruptelas nacionales”, recuerda en su artículo Eduardo Vázquez. En la sección “La vida real de España” se sacudió incansablemente los pequeños tinglados de la Restauración. La publicación mantuvo una fuerte crítica a la descomposición política (corrupción y oligarquía) y al populismo idealizado. La Generación del 14 hizo frente a la regeneración española a la que se enfrentaba el país. Parece que un siglo no está tan lejos.

TODAS LAS VIDAS DE EL ESPAÑOL / 9
Ortega y Araquistáin contra la vieja política: el semanario 'España' de 1915
Ortega y Gasset fundó en 1915 un periódico político considerado el más importante de la edad de plata de la cultura española.
Jorge Vilches El Espanol 11 Enero 2016

Ortega fundó la Liga para la Educación Política convencido de que era preciso crear una publicación que impulsara el cambio del país. Nació así España. Semanario de la vida nacional, donde dio cita a la generación del 14 con el espíritu regeneracionista que ya había pronunciado en su conferencia “Vieja y nueva política”. Esto la convirtió en la revista más relevante de la Edad de Plata de la cultura española.

En su primer número, y en la primera página, Ortega anunció que la revista nacía del “enojo y la esperanza” para estar al lado de la “España humilde de las villas, los campos y las costas frente a las instituciones carcomidas” y forjar un país mejor (RE, núm. I, 29.I.1915). Para tamaño propósito, como había sido tradicional en este tipo de empeños por modernizar la patria, reunió a los intelectuales más granados del momento. Así, Ortega fue capaz de nombrar en el primer número a redactores y colaboradores que marcaron la vida intelectual, y política, del primer tercio del siglo XX. Entre las páginas del semanario, en casi diez años de vida, aparecieron los hombres del 98 y del 14, muchos de ellos destacados ateneístas, como el poeta Luis García Bilbao, que comenzó la financiación del semanario; Pío Baroja, que tuvo la sección “El tablado de Arlequín”; Eugenio d’Ors con “Las obras y los días” bajo el seudónimo de “Xenius”; Pérez de Ayala y sus “Críticas teatrales” y “Apostillas"; Ramiro de Maeztu; Zulueta; Fernando de los Ríos; Luis Araquistáin; Manuel Azaña; Jacinto Benavente; Adolfo Posada; Valle Inclán; o Miguel de Unamuno.

Ortega, al igual que otros impulsores anteriores de obras de esta envergadura, como Albareda o Lázaro Galdiano, tuvo el propósito de hacer una publicación popular. Era preciso llegar a las masas. Solo podía llamarse España, escribió años después Salvador de Madariaga, uno de sus muchos colaboradores, “porque España era lo que nos dolía a todos”. La revista, redactada y administrada desde la calle del Prado, número 11, junto al Ateneo, al que estuvo muy vinculada, se dio el formato de periódico, con pocas páginas –entre doce y veinte-, con una portada que pronto fue en color, con ilustraciones interiores encargadas a dibujantes de renombre, como Bagaría, Penagos, o Arniches. El semanario España estuvo ligado durante la dirección de Ortega al Partido Reformista y a la Liga de Educación Política, por lo que los artículos fueron durante este etapa reflejo del reformismo, con su crítica al turnismo y al falseamiento del régimen representativo que, a su entender, paralizaban el país. Ortega tuvo mucho interés en que la revista reflejara la importancia de la Gran Guerra, y de mostrar cierta neutralidad. “Tomar el saber de Alemania y el mandar de Inglaterra”, escribió (RE, “Una manera de pensar”, núm. 38, 14.X.1915). Sin embargo, la aliadofilia, vinculada al liberalismo y a la democracia, estaba latente.

La producción de Ortega durante 1915 en España fue abundante. Publicó artículos sobre la actualidad política, como “Política de neutralidad”, “Ideas políticas”, o “Libertad, divino tesoro”. Otros trataron temas culturales y filosóficos, con semblanzas de pensadores de la época, y observaciones sobre El Cinematógrafo que firmó con el seudónimo de 'El Espectador'.

Ortega renunció a la dirección del semanario el 15 de noviembre de 1915. La razón no está clara. Hay quien dice que fue el resultado de la frustración al no tener España el eco popular y los beneficios económicos que pensaba. Otros aseguran que el motivo fue la decisión de Araquistáin de buscar subvención de la embajada británica, lo que, al parecer de Ortega, dejaba la revista al servicio de los ingleses. También es cierto que polemizó con Luis de Zulueta en las páginas de España sobre el Partido Reformista y su líder, Melquíades Álvarez, del que se acabó distanciando.

Luis Araquistáin, afiliado al PSOE, sucedió a Ortega en la dirección de la revista a finales de enero de 1916. Araquistáin agilizó la publicación y la hizo más política. La revista España se proclamó proaliada en la guerra –publicó el Manifiesto antigermanófilo- y se vinculó con los aires de cambio de 1917. El semanario de Araquistáin dirigió su foco hacia la renovación que pregonaban republicanos y socialistas. El enfrentamiento fue claro cuando el gobierno liberal de García Prieto dimitió en julio de ese año por el ultimátum de las Juntas de Defensa, y fue sustituido por el conservador Eduardo Dato, que cerró las Cortes, suspendió las garantías constituciones e instauró la censura de prensa. Esto empujó a la movilización a reformistas, republicanos y socialistas para solicitar un proceso constituyente. Casi de forma paralela, Cambó organizó en Barcelona una asamblea de parlamentarios exigiendo lo mismo, y que Cataluña fuera una región autónoma, a la que se unió la conjunción republicano-socialista.

El semanario España fue el portavoz intelectual del movimiento, lo que supuso su suspensión del 22 de julio al 2 de agosto, y desde el 10 de agosto al 24 de octubre de 1917. En el número que precipitó ésta última censura del gobierno, Araquistáin abrió la revista con un texto del republicano Álvaro de Albornoz titulado “Narración fantástica. Era la Revolución”, sobre el reino de “Pauperia”, donde el “joven soberano” era el irresponsable causante de la crisis política y social, en espera de "la revolución (que) latía en las entrañas de la Pauperia subterránea y profunda. Clamaban por ella la tierra y los hombres, la tierra y la raza, los huesos sagrados de los héroes que habían forjado la patria en los días gloriosos de la epopeya (E, núm. 132, 9.VIII.1917).

A éste le seguía un durísimo artículo de Unamuno, “En las afueras de la Corte”, criticando la respuesta del “faccioso” gobierno Dato a la Asamblea de parlamentarios reunida en Barcelona. La suspensión estaba servida, máxime con la huelga general de agosto de 1917. El gobierno Sánchez Guerra, quien había sido periodista y director de la Revista deEspaña, mandó detener y encarcelar a los redactores y colaboradores de España, como a Corpus Barga, Luis García Bilbao, Nuñez de Arenas, y al propio Araquistáin, que pasó dos semanas en la Cárcel Modelo de Madrid.

La revolución comunista en Rusia fue vista con reservas por la revista España hasta 1919, cuando Araquistáin publicó el irónico “Esos pobres bolcheviques”, en el que decía que Lenin y Trotsky “inspiran a la clase obrera del mundo entero”, y aunque las “manos hayan de teñirse de sangre” debía aceptarse “ese tibio baño como un mal necesario” (E, núm. 234 2.X.1919). A partir de ese momento, el semanario se inclina por el socialismo republicano como la única vía de regeneración del país. Sin embargo, en febrero de 1921, la sociedad editora tuvo que paralizar la revista. Vio la luz otra vez en enero de 1922 como una “incitación a que cada español sólo confíe en sí mismo” (RE, 7.I.1922). Un año después, fue Manuel Azaña el que asumió la dirección, incidiendo en temas como la guerra de Marruecos, a la que el propio Azaña dedicó una serie con el título “Memorial de Guerra”, el apoyo a la Liga Española de los Derechos del Hombre, y el interés por las revoluciones rusa y mexicana. El semanario España sufrió la censura de la dictadura de Primo de Rivera, recibiendo con frecuencia la orden de sustituir originales. La supervivencia en esas condiciones fue imposible, y desapareció el 29 de marzo de 1924.

El semanario España, en su mejor época, la de Araquistáin, queda perfectamente retratado por su director:
"No siendo el nuestro un periódico de empresa, sino de guerrilla espiritual, libre, magníficamente libre de todo compromiso político o económico, sin accionistas ni aspirantes a diputaciones a Cortes, podíamos permitirnos el lujo de preferir el silencio voluntario a la mordaza forzosa. No sintiendo vocación para dirigir a nadie, tampoco queremos que nadie nos dirija, y, por lo tanto, no íbamos a aceptar, ni aceptaremos nunca, que administren nuestras ideas desde el ministerio de la Gobernación o desde la Capitanía general (…) Va a comenzar la sesión. ESPAÑA goza de más vitalidad que nunca. Perdonen los que la creían muerta..." (E, “Nuestro retorno”, núm. 133, 25.X.1917).

La relevancia intelectual y política del semanario España queda patente con la edición facsímil que se hizo en 1982, con un prólogo de Salvador de Madariaga, un estudio preliminar a cargo de Manuel Tuñón de Lara y Enrique Montero, e índices cronológico y onomástico; y, además, con los actos que en diciembre de 2015 le ha dedicado el Ateneo de Madrid.


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Pujoldemunt' o 'Masdelomismo'
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 11 Enero 2016

A los que no hablan catalán ni en la intimidad les resultará difícil pronunciar el apellido del nuevo presidente de la Particularidad, que no Generalidad. Y es que nada en su discurso xenófobo y ridículo evoca lo general y como todo separatista empezó por excluir de Cataluña a más de la mitad de los catalanes, los no separatistas. Tampoco ayuda a su identificación que aparezca bajo un pelucón que en una vida anterior más aseada pudo pertenecer al actor Flotats; ni que su primera pieza oratoria consistiera en recitar largos párrafos de Mas, salpicados de elogios a su predecesor como candidato de JuntsxSí. Por cierto, que en homenaje a los diputados prestados por la CUP para investir lo que jamás iban a investir debería rebautizarse CUPASI, o sea, Candidatura de Unidad Popular Para Arrejuntar el Sí.

Pero reconozco que "candidato de la CUPASI" es un poco largo; y como el investido por los anticapitalistas catalanes es el 'vell xicot' del partido de Pujol, de la corrupción y los recortes, de la pasta y el 'Tres per Cent', al 'Nou Molt Poc Honorable' podríamos llamarle, aquende el Ebro, 'Pujoldemunt'. Pocos han elogiado tan fervorosamente al mayor ladrón de Europa Occidental, cuando Pujol ya había confesado que llevaba robando desde antes de nacer, porque los primeros robos se los adjudicó a su padre. Y como dice Cercas, con razón, que debemos evitar el penoso espectáculo de los 'teletubis' diciendo 'Chirona' y 'Yeida', a lo que ahora añadirían, qué sé yo, 'Puchdamón' o 'Pusdemún', vaya el 'pujol' por delante y nos entenderemos.

No obstante, Inés Arrimadas ha dado con otro apodo para designar al nuevo 'patufet' de la democracia orgánica catalana -orgánica porque su designación clandestina "para corregir lo salido en las urnas", huele que apesta y catalana porque la democracia sigue allí tan orgánica como en el Franquismo y se eligen Honorables a dedo y en 'La Vanguardia' como antaño gobernadores civiles-. Al 'hereu del hereu' de Pujol, la jefa de la Oposición catalana y española, democrática y cívica, le llamó ayer Señor 'Masdelomismo'. Será más fácil de recordar para los que no han conocido la democracia orgánica, ni 'La Vanguardia' azul mahón, ni la sopa juliana del editorial de inserción obligatoria, ni el patriotismo con sede en Suiza.

En fin, Sr. 'Pujoldemont' o Sr. 'Masdelomismo': que ha sido usted muy malvenido.

Mejor así
Luis Herrero Libertad Digital 11 Enero 2016

Se acabó la incertidumbre. Cataluña evita el pandemonio de las urnas. Según mis espías apócrifos, hasta la media tarde del sábado hubo maîtres de guardia en las salas de máquinas de todos los partidos para ver si descorchaban la botella de cava o la guardaban en la bodega para mejor ocasión. El descorche –me dicen– sonó con brío en la sede del PP. Y, con sordina, en la del PSOE. En Ciudadanos, en cambio, se fueron a dormir sobrios como jueces. A Rajoy le viene bien la amenaza independentista inminente para justificar la urgencia de una gran coalición. Y a Sánchez, aunque le pone más difícil decir que no al requiebro de Rajoy, le conviene que no se repitan las elecciones catalanas porque, de nuevo en campaña, Podemos no hubiera tenido más narices que aferrarse al referéndum de autodeterminación que impide el pacto nacional de todas las izquierdas. Así que el acuerdo in extremis de las CUP con los enterradores de Mas deja razonablemente contentos a los dos líderes del viejo bipartidismo. Uno se aferra a la parte perentoria del relato que exige la construcción urgente de una barricada constitucional para impedir el avance de los sediciosos y el otro retiene la esperanza de que se difumine pronto la línea roja que los barones de su partido le prohiben cruzar bajo amenaza de Susanazo.

En Podemos hay opiniones encontradas. La idea de seguir creciendo, de arañar aún más la hegemonía del PSOE en el vértice de la pirámide de la izquierda, chocaba con el recelo de Pablo Iglesias de ver a Ada Colau convertida en una amenaza a su liderazgo. Si a Cataluña Sí Se Puede le iba tan bien en las nuevas elecciones catalanas como predecían los vigías de los oteros –se hablaba de que hubiera sido primera fuerza–, la alcaldesa catalana, candidata o no, habría salido de la refriega electoral investida de un poder que hubiera hecho estremecer el de Iglesias. Es un secreto a voces que ambos se llevan mal. El despegue de Colau les habría abocado a un choque de egos que hubiera sacudido la corteza terrestre del populismo emergente con la furia de una provocación nuclear de Kim Jong Un.

En el único sitio donde la tristeza por la claudicación de Artur Mas no tiene resabios amables es en Ciudadanos. Albert Rivera necesitaba demostrar que el suflé de su partido no se está desinflando. Cataluña era el mejor territorio para hacer una demostración de fuerza que relanzara la moral de los suyos y enviara la señal de que siguen estando vivos. Si Arrimadas hubiera podido mejorar los resultados de septiembre, el papel de Ciudadanos en la pista central del circo político –la del Congreso de los Diputados– habría recuperado gran parte de su protagonismo perdido tras la insuficiente cosecha del 20-D.

De todas formas, la pregunta que procede hacerse un día como hoy no es a qué partido favorece más o perjudica menos la decisión catalana de instalar en la presidencia de la Generalitat al separatista más radical de los delfines de Convergencia. La cuestión fundamental, creo yo, es saber si beneficia los intereses de España. Y, aunque lo parezca, no es una pregunta fácil. Reconozco que la respuesta más rápida, sin entrar en mayores cavilaciones, sería decir que todo lo que signifique una victoria para los abanderados de la estelada es una mala noticia para los abanderados de la senyera constitucional. Pero ahora, al menos, ya sabemos a qué atenernos. Pensemos por un momento en lo que hubiera pasado en caso de nuevas elecciones.

Es probable que una fortalecida ERC, las muchachadas de las CUP y los restos del naufragio convergente hubieran sumado menos escaños de los que tienen ahora en el Parlamento catalán. Pero eso no significa que se hubieran rendido. Los nacionalistas no se rinden nunca. Un resultado adverso en el mes de marzo no les habría forzado a echarse a un lado, sino a retroceder para cobrar impulso de cara al próximo desafío. Junqueras, el nuevo caudillo de la causa, una vez rebajado el pistón de su discurso, habría reclamado diálogo a modo de pipa de la paz. Y el Gobierno –el que sea: el provisional, el de Rajoy en precario o el de Sánchez secuestrado por la izquierda– hubiera vuelto a abrir el tenderete del alpiste con el estúpido convencimiento de que esta vez sería capaz de saciar para siempre su hambre de independencia. 30 años de contumacia en el error no bastan para darse cuenta de que ninguna dádiva, reforma legal o cesión de competencias que no suponga la definitiva separación de España sirve para otra cosa que no sea debilitar al Estado y hacer más fuerte al causante de su debilidad. El movimiento independentista nunca renunciará a conseguir el todo de su demanda. Nunca se conformará con una parte de él, porque su todo no es divisible. La independencia territorial, a diferencia de la autonomía, no es un concepto graduable. O existe o no. Por eso no hay negociación posible.

Los independentistas habrían agachado la cabeza durante una temporada y luego, más pronto que tarde, habrían comenzado a reclamar nuevas concesiones a cambio de no volver a izar la bandera estelada desde el balcón de la Generalitat. Es decir, el chantaje de siempre. Con Podemos ayudándoles, en Cataluña y en Madrid, a avanzar en el camino del reconocimiento nacional que les convierta en sujetos de su propia soberanía, antes o después se habrían hecho fuertes en la reivindicación del referéndum de autodeterminación y prepararían un nuevo asalto al Estado a medio plazo, pero esta vez con más potencia de fuego: la que les hubiera suministrado la prometida reforma constitucional y cuatro años más de proselitismo cultural de un sistema educativo conectado desde hace lustros al influjo de lo antiespañol por encima de todo.

Tal vez estén angustiados PP y PSOE por tener que comerse el marrón de plantarle cara a la situación creada. Pero, al menos, ahora sabremos hasta dónde están dispuestos a llegar para evitar la ruptura de España. ¿No es mejor afrontar un órdago refrendado por poco más del cuarenta por ciento de los votos que posponer la partida hasta el momento en que ese respaldo alcance más del cincuenta? Mejor así. Ya no hay margen para ponerse de perfil. Y si eso exige un gobierno de gran coalición, que procedan a su alumbramiento. Después de ver la cabeza de Mas clavada en una pica en la plaza de San Jaume, no creo que haya nadie que se crea a estas alturas que el debate del quién sea un obstáculo insalvable.

Lo que las urnas no dan, los okupas lo prestan
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 11 Enero 2016

Menguan las posibilidades de que Rajoy logre el apoyo de JuntsxSí para ser investido presidente, pero Pdr Snchz puede conseguir el de la CUP a cambio de que Iceta se convierta en rehén de la horda antisistema, como cuando en la Reconquista los moros exigían el tributo de las cien doncellas. Imagino que Iceta no es doncella, ni siquiera doncel, porque conocemos a su marido, pero hay que ir acostumbrándose a los usos democratosos del Frente Popular. Mas se ha sincerado al decir: "Hemos logrado lo que las urnas no nos dieron". ¿Por qué, pues, no juntaría el PSOE esos diputadillos que no les dieron las urnas haciendo lo mismo que los veterochicos de la CUP, que van a prestar dos diputados al grupo parlamentario de JuntsxSí para reparar el error de los votantes catalanes? ¡Luego dirán que España no les deja votar desde 1714! ¡Para lo que sirve votar en Cataluña! Allí, ni se cumple la Constitución, porque Rajoy no la hace cumplir, ni se respetan las urnas si a los separatistas no les da la gana. No dejarán de votar hasta que voten lo que quieren los que mandan en nombre del Poble Catalá, que no siempre sabe lo que le conviene. Luego, a obedecer soberanísimamente.
Los poderes fácticos: ETA Lliure y 'La Vanguardia'

La esencia golpista del Prusés ha quedado retratada a la perfección. Los pistoleros de la ETA catalana, con el asesino de Bultó a la cabeza y la TV3 como orquesta y coros, han presionado ferozmente, junto a la Brigada del Amanecer Soberano de las raholas y otras plumas cortaditas en juliana por el conde de Godó, para que los enemigos del euro votaran a la banda del 3%, los antieuropeos ungieran a un tartarín eurofantástico y los que van a acabar con el capitalismo apoyaran al hereu o al hereu del hereu de Pujol. Y lo han conseguido. Cómo, no lo sabemos. Lo que sí sabemos es que los greñudos que en la reciente campaña electoral juraron que no apoyarían a Mas porque representaba la corrupción y los recortes, elegirán hoy, salvo sorpresa de última hora, al candidato del partido de Pujol y han recortado su número de diputados para engordar a los que decían combatir.

Prestar votos al pujolismo muestra la sensibilidad democrática de los cupaires cuando la ETA Lliure y La Vanguardia invitan a ignorar el obtuso mandato de las urnas. En cambio, la entrega de diputados en calidad de rehenes-comisarios abre lo que un econocursi llamaría "una ventana de oportunidad". Por ejemplo, que Irene Lozano cambie su escaño por el de Anna Gabriel, que tras ser linchada por la progrez como si fuera Cayetana Álvarez de Toledo, huyó a un acto de apoyo a los etarras para no tener que explicar a sus electores lo que tan difícil de explicar resulta. Si se respetan las urnas, claro. Si se respetan las armas, la cosa cambia. Y es posible que la CUP no pida demasiadas explicaciones, al menos esta semana. Al cabo, si no creen en la Ley, ¿por qué iban a tomarse en serio la Ley Electoral?

El recauchutado del Prusés debería tener efectos fulminantes en la política española, que esta semana afronta la formación de Gobierno. Ante el reto separatista catalán, lo normal sería que el pacto de los partidos que dicen que defienden la Nación y la Constitución se produjera de inmediato. No sucederá, porque ni Rajoy ni Snchz piensan seguir el ejemplo –tardío, pero ejemplo al fin–de Artur Mas y a sacrificar su candidatura en el ara de la Patria o, al menos, del partido. Lo único que le importa de España y del PP a Rajoy es Rajoy, y lo único que le importa del PSO a Snchz es Snchz.

El Gran Perdedor de Tiempo, atrincherado y hamacado en Moncloa, repetirá que "hay que tener altura de miras", "sentido del estado" y "estar a la altura de las circunstancias". Ayer dijo que "hará respetar la Ley", pero Mas –con el que, según presumió en la campaña electoral, se ha reunido clandestinamente, supongo que para negociar el apoyo de JuntsxSí a su investidura– aún no ha sido juzgado por el referéndum golpista de 2014.Y no hay ni un solo ferrusolo en prisión preventiva, pese a que la lista de las decenas de miles de millones de euros robados desde la Generalidad son el mapamundi del hereu de su hereu, ese Puigdemont –pastelero y periodista, valga la redundancia catalana– que tan ardorosamente ha defendido a Pujol y que, por eso mismo, hoy va a ser investido por la CUP en lugar de Mas.

En cuanto a Snchz, hoy mismo lo veremos decir que frente al reto separatista "lo que hace falta no es la cerrazón de Rajoy sino el diálogo". Y que ese diálogo "para que Cataluña se quede" debe abrir la posibilidad de que se vaya, siempre que sea él el portero de la discoteca, que es lo que parece. Lo que me produce más curiosidad es ver a Iglesias –el enemigo de las puertas giratorias, no de las camas giratorias (su novia actual ha sido el nº 4, su exnovia el nº 7 de su lista)– decir que "hay que dejar votar a los catalanes", cuando ya se ve para lo que sirve votar en Cataluña. Si votas lo que los separatistas quieren, vale. Si no lo votas, te botan. Ecce Boadella!

Los golpistas siguen adelante
EDITORIAL Libertad Digital 11 Enero 2016

Este domingo, el Parlamento autonómico de Cataluña ha investido presidente de la Generalidad al hasta ahora alcalde de Gerona Carles Puigdemont, muy bien relacionado con la CUP, la Batasuna catalana, y caracterizado por su virulento discurso antiespañol, que le ha llevado incluso a clamar por la expulsión de los catalanes que se sienten españoles, a los que él denomina "invasores".

Con el encumbramiento de este grotesco fanático, el secesionismo da una vuelta de tuerca más a su golpe de Estado en curso y aboga abiertamente por la confrontación, término que utiliza con fruición el nuevo gobernante regional, que ha prometido "coraje" para demoler el Estado de Derecho y romper España y, por ende, Cataluña.

Como Artur Mas y la infame CUP que lo ha aupado, Puigdemont es otro producto tóxico del nacionalismo catalán, esa auténtica maldición que está destrozando el Principado institucional, cultural, económica y socialmente hablando. Golpistas confesos, su brutal manera de violentar la legalidad y la sociedad catalanas deja bien a las claras el odio feroz que albergan hacia la Cataluña real, a la que están haciendo vivir horas dramáticas y poniendo en ridículo dentro y fuera de España.

Por su parte, y en comparecencia extraordinaria desde La Moncloa, el presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, afirmó que "no se va a abrir un proceso constituyente al margen de la ley" y prometió que no le faltará "determinación" para defender la Nación. El proceso constituyente del que habla como futurible ya está en curso, es un auténtico golpe de Estado públicamente advertido y proclamado, y esa "determinación" de que blasona ha brillado por su ausencia durante todo este tiempo, lo que ha hecho que los golpistas hayan ido quemando impunemente etapas hasta llegar hasta este ominoso momento, en que un presidente autonómico se ha juramentado para volar el Estado de Derecho en el plazo de 18 meses.

Los golpistas no se paran en barras, los golpistas siguen adelante. Ha llegado la hora de detenerlos de una vez, con toda la fuerza de la ley del Estado democrático de Derecho que quieren dinamitar, precisamente, por su condición de garante de los derechos y libertades de todos los catalanes y los demás españoles. PP, PSOE y Ciudadanos no pueden perder un minuto más de tiempo.

Rajoy no dramatice, todo está muy abierto
Pablo Sebastián Republica  11 Enero 2016

España no se acerca al fin del mundo, ni Cataluña está al borde de su independencia. Más bien al contrario los últimos acontecimientos de las elecciones generales del 20-D y el pacto de gobierno catalán, que ha llevado a la Generalitat a Puigdemont y dejado ‘de lado’ a Artur Mas, son hechos clarificadores que abren un abanico de nuevas expectativas donde el manejo de los tiempos y la capacidad de diálogo serán piezas fundamentales para lograr un desenlace razonable de tan enrevesada situación española en la que nada se puede descartar.

Precisamente los que apresuradamente se rasgan las vestiduras y nos lanzan advertencias apocalípticas, como ocurre ahora con un nervioso Rajoy -de nuevo tocado por las últimas revelaciones de Bárcenas-, lo que pretenden es solo y exclusivamente salvarse ellos con el discurso de la salvación de la patria, la que tampoco está en peligro.

El discurso que Rajoy utiliza siempre en primera persona: ‘mientras yo sea Presidente del Gobierno, yo no consentiré, yo, yo y yo’. Nunca habla del Gobierno de España o de España porque considera que España es él (y su oscura circunstancia) y nadie más.

Por eso Rajoy, tras la investidura de Puigdemont, dice: ‘no dejaré que nadie se arrogue poderes ilimitados’, como si el nuevo Presidente de Cataluña ya estuviera actuando en contra de la ley. Mientras desde el nacionalismo catalán -donde abrirán un paréntesis hasta que a aclare la formación del Gobierno en España. Se empiezan a enviar mensajes a Pedro Sánchez para que no se enrole en la ‘legión invencible’ de Rajoy y no renuncie a sacar al PP del poder con ayuda de Podemos e incluso de los nacionalistas vascos y catalanes.

Sobre todo ahora que, constituido el gobierno catalán, las variantes de los pactos han aumentado porque en el Congreso de los Diputados van a entrar en juego los escaños de PNV, CDC y ERC. Naturalmente Rajoy lo sabe y lanza arengas patrióticas a los socialistas para que eviten la tentación de un pacto ‘contra natura’ constitucional, al tiempo que le envía un ‘S.O.S.’ a Susana Díaz, la patriota de cartón, para que salte de una vez sobre la secretaría general del PSOE, por España, Andalucía y la Humanidad, como dice el himno blanco y verde del Sur.

Tranquilo, Don Mariano, tranquilo, porque esto no hizo nada más que comenzar y tiempo habrá para ir desenredando la madeja que atenaza el momento político español. Pronto se constituyen las Cortes y pronto se iniciarán las consultas del rey Felipe VI. Del que Rajoy desea recibir un mandato para presentarse a su investidura como jefe del Gobierno a pesar de no tener los apoyos necesarios para lograrlo. Pero con clara intención de utilizar la sesión de investidura para presentarse como el salvador de la patria, presionando al PSOE para actúe en su favor.

Aunque Rajoy debería medir los riesgos de ese debate de investidura si es cierto, y él lo sabe, que Bárcenas lo tiene grabado en conversaciones que evidencian su complicidad con la doble contabilidad del PP. Asunto que ya lanzó con la mayor dureza -‘usted no es una persona honesta’- Pedro Sánchez en el debate electoral de televisión y que va a poner a prueba la aparente candidez de Albert Rivera. Al tiempo que le dará a Pablo Iglesias la oportunidad de lucirse en ese debate ‘a cuatro’ en el que habrá fuego cruzado entre todos ellos, con los nacionalistas en el papel del ‘quinto invitado’ de la sesión.

Aunque aún no se ve la salida del túnel nacional ya sabemos que en su interior se aprecia una mayor claridad una vez despejada la incógnita catalana. Y ahora llega el turno de la política nacional donde no caben cheques en blanco ni adhesiones incondicionales, y donde las posibles variantes en los pactos y con o sin los líderes actuales -como ocurrió en Cataluña- abren nuevas oportunidades y soluciones, incluida la del nuevo adelanto electoral. El que han querido evitar en Cataluña con la marcha de Artur Mas.

Carles Puigdemont prefiere musulmanes a andaluces y pagará por ello
Pascual Tamburri esdiario 11 Enero 2016

¿Los inmigrantes son catalanes si votan a Puigdemont, a la CUP o a Podemos?
¿Todo por Cataluña o todo contra España? El catalanismo se ha aliado con todas las extremas izquierdas y con las masas de inmigrantes. Ni tendrá independencia ni salvará Cataluña.

Con Carlos Puigdemont al separatismo catalán le ha llegado la prueba del nueve, el momento de demostrar que ha superado tantas contradicciones. No, no me refiero a la difícil conjunción entre la burguesía derechista de Convergencia y la no menos burguesía pero izquierdista de Esquerra. Ni a la aún más difícil convivencia entre la izquierda de Esquerra y la extrema izquierda de Podemos. Ni a la teóricamente fácil, leninista o ácrata, entre Podemos y las diversas facciones de la CUP. El independentismo da mucho de sí. Pero la demostración de su cohesión y sinceridad vendrá por otro camino: el de la inmigración extraeuropea.

Durante más de un siglo, se ha pregonado el “hecho diferencial” catalán; partiendo de una realidad cultural evidente, se ha creado una identidad colectiva nacionalista falsificada y se ha pretendido reivindicar una independencia sobre la base de que Cataluña era una nación y España no. La consecuencia lógica era afirmar que la identidad catalana no podía convivir en el Estado nacional español y que necesitaba otro marco, propio y autosuficiente, que garantizase su ‘etnia’, sus tradiciones, su lengua, su folklore y todo aquello que hacía a aquella región “diferente”. Hasta hoy, el nacionalismo catalán tiende a ese fin, que es coherente con su trayectoria.

Desde 2001, sin embargo, distinguidos nacionalistas catalanes están haciendo la prueba del nueve de su matemática divisoria. Marta Ferrusola primero y Heribert Barrera después afirmaron que la inmigración africana y asiática pone en peligro la identidad cultural y religiosa de Cataluña, y que, en medio de todo, los charnegos inmigrantes eran bastante más asimilables que la oleada islámica que es tan evidente en las ciudades catalanas. Pero la extrema izquierda ha impuesto por su parte la idea de que “quien quiera ser catalán, que sea catalán”, es más, bienvenido sea con su religión y su cultura siempre que se afirme catalán y aprenda la lengua.

Al margen de la opinión que merezca la inmigración actual, es evidente que el nacionalismo catalán está ante una disyuntiva histórica. Cataluña y el País Vasco, incluso aceptando lo inaceptable (que sean naciones distintas de la española), tienen con España y con el resto de los españoles vínculos milenarios de naturaleza antropológica, cultural y religiosa. En el peor de los casos, un castellano o un gallego tienen con un ampurdanés muchas más cosas en común que un rifeño, un pakistaní, un senegalés o un bubi. Y sucede algo más, que tanto el venerable señor Barrera como la señora de Jordi Pujol reconocieron antes que este Puigdemont multicultural-pero-anti-español, discípulo de Artur Mas, heredero del corrupto Jordi Pujol: Cataluña fuera de España carece de envergadura demográfica y política para dar una respuesta propia a un problema trascendental como éste. Pero Carles Puigdemont, protagonista ahora, no lo ha reconocido.

Esta es la prueba del nueve de los separatismos españoles: incluso sin renunciar a ninguno de sus presupuestos, resulta que sólo en el seno de España pueden preservarse y florecer los rasgos esenciales de lo catalán, y de lo vasco. Sólo como españoles, y eventualmente como europeos, pueden darse respuestas modernas, eficaces y atrevidas a las grandes cuestiones de 2016. Por amor a Cataluña, por amor al País Vasco, tal vez sea el momento de infundir a toda España el mismo amor por la identidad común, que bien podría eclipsarse en el curso de esta generación.

Si por el contrario, más por odio a España que por amor a lo catalán, alguien persiste en cerriles separatismos decimonónicos, sabremos algo con certeza: no sólo son enemigos de la nación española, sino también de Cataluña. Y el Gobierno del Partido Popular tendría que haber actuado en consecuencia, hace mucho, sin necesidad de llegar por intereses de partido al borde del abismo.

Puigdemont, Mas y Pujol no son ciegos. Los enemigos de España en Cataluña saben sin duda que junto a las Ramblas funciona la populosa mezquita “Tariq ben Ziyad”. Todos los padres de la Patria, o de las patrias, deberían tener bien presente el nombre de este musulmán, el caudillo de la expedición que desembarcó en 711, dando nombre a Gibraltar y ocupando ocho siglos dolorosos España entera. ¿Creen de verdad que con darles una senyera y unas clases de catalán artificial los convierten en aliados de un proceso en el que lo esencial ya no es construir Cataluña sino destruir España aunque sea destruyendo también Cataluña?

El “efecto Puigdemont” en la política nacional
José OnetoRepublica  11 Enero 2016

Tal como estaba previsto, y después de un fraude de Ley por el cual dos parlamentarios de la CUP se han incorporado al grupo parlamentario de “Junts Pel Si”, y cuando faltaba algo más de dos horas para que terminase el plazo legal para la convocatoria de nuevas elecciones, Carles Puigdemont, alcalde de Girona y número tres de la coalición, ha sido investido Presidente de la Generalitat catalana por 70 votos a favor, 63 en contra y dos abstenciones, mientras a las puertas del Parlament cientos de personas, que seguían el debate a través de una gran pantalla de televisión, gritaban “independencia” y “Catalunya es una Nación”.

El nuevo Presidente que habría participado en algunas reuniones previas con responsables de la CUP, Candidatura de Unidad popular, sería un nombre barajado por la formación antisistema más que por quien lo ha presentado como hombre de toda su confianza (Mas no dimite de parlamentario y se queda para vigilar el llamado proceso y el desarrollo del pacto con los radicales), y casi como su delfín. Durante su discurso de investidura ha hecho, de todas formas, grandes elogios de Mas que ha asistido a la sesión como si realmente hubiese sido decapitado y no como se ha presentado él, como el político que se ha sacrificado y ha dado un paso al lado, en aras del “proceso”

Eso sí, en su discurso, un discurso plano, desprovisto de la brillantez que requería la ocasión (ha pedido perdón por no haber tenido tiempo para poder prepararlo, por la velocidad con la que se han desarrollado los acontecimientos) el candidato no se ha separado ni un momento de las tesis de Mas y de la declaración soberanista del pasado 9 de Noviembre invalidada por el Tribunal Constitucional. En este sentido, después de reiterar una serie de compromisos sociales para granjearse el favor de la CUP, y de ignorar conscientemente la grave situación de corrupción de su partido, se ha referido a su programa de actuación inmediata, basado en la culminación del llamado “proceso” en su fase ciudadana, participativa y ciudadana; el diseño de las estructuras de Estado definitivo; en la tramitación del anteproyecto del proceso constituyente y en la internacionalización plena del proceso de creación del nuevo proceso constituyente.

Se ha referido, a la elaboración de una constitución catalana, una hacienda propia, un banco central y una seguridad social exclusivamente catalana, y ha hablado de iniciar una agenda de negociaciones con el Estado y con la comunidad internacional. Una tarea que ha aclarado, no sólo requerirá la tarea de la gente del Govern y del Parlament, sino también de otra mucha gente porque “este es un proyecto coral, colectivo, en comunión con el resto de la gente”. De hecho, Puigdemont reiteró en dos ocasiones que para la nueva etapa cuenta con el presidente Artur Mas: “No sobra nadie” y “he aceptado la propuesta porque sabemos que te tendráé al lado”.Todo un desafío, que parecía que se paralizaba al no llegarse a un acuerdo, y que ha resurgido con más fuerza, con las consecuencias que eso tendrá para la política nacional. Por una parte, dada la situación se descarta definitivamente ese pacto a la portuguesa que quería hacer el socialista Pedro Sánchez; refuerza la propuesta de Rajoy de una Gran coalición para hacer frente al desafío independentista; puede lesionar el futuro de Sánchez porque algunos barones volverán a insistir en la necesidad de un Congreso para eliminarle,y de nuevo se refuerza la presidenta andaluza Susana Díaz, que dada la gravedad de la situación puede tener la tentación de entenderse con Rajoy y ganar tiempo ella para sus planes. Es lo que se llama “el efecto Puigdemont”.

Pero ¿quién es este Carles Puigdemont, de aspecto desenfadado y juvenil, que se ha convertido en el 130 Presidente de la Generalitat catalana, y en el quinto desde la normalización democrática (Jordi Pujol, Pascual Maragall, José Montilla y Artur Mas), que iba a la lista “Junts pel Si”, el número tres por Girona, que nació hace 53 años en el pequeño pueblo de Amet (la Selva), un pueblo de apenas tres mil habitantes, que ha dado tres Presidentes de la Generalitat, y que en la comarca de donde es hijo predilecto, siempre ha sido conocido como “el hijo del pastelero”, por la pastelería que tiene su padre en la calle Sant Miquel y en donde él ha trabajado ayudando a una familia de ocho hermanos? En broma, sus compañeros de partido, dicen que ha sido esa experiencia de pastelero, lo que le ha llevado en sólo diez años, desde los bancos de la oposición del Ayuntamiento de Girona (más de treinta años en manos de los socialistas, hasta 2011 que le gana la partida al histórico Joaquín Nadal), a Presidente de la Generalitat, en un momento decisivo, en el que se pone en marcha el proceso de independencia, su desconexión con la legalidad nacional, y su escisión de España.

Los que le conocen dicen que es mucho mas independentista que Mas, que abrazó el soberanismo desde muy joven, cuando emprendió por Europa un viaje para conocer la verdadera realidad de las llamadas “Naciones sin Estado”, algo que le llevó a impulsar el nacimiento de las Juventudes Nacionalistas de Cataluña, lo que es la rama juvenil de Convergencia, después de militar en las juventudes de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), lo que da una idea de que pertenece al sector más radical de Convergencia, razón fundamental para que la CUP pusiese sus ojos en él, tras varias reuniones, mantenidas en absoluto secreto, con alcaldes independentistas.

Filólogo y periodista, habla perfectamente inglés y francés. Casado y con dos hijas siempre ejerció de periodista desde que a los 16 años se convirtió en corresponsal del periódico Los Sitios de Girona, para terminar dirigiendo la Agencia Oficial de Noticias Catalana, Agencia Catalana de Noticias (ACN) y de diputado de Convergencia en 2006, puesto en el que se ha mantenido hasta integrar la lista de “Junts pel Si”. Su mundo, su vida y su obsesión, es el independentismo, es Presidente de la Asociación de Municipios por la Independencia, fue el que montó la concentración de alcaldes el día que Mas tuvo que declarar por el referéndum del 9 de Noviembre, y entre sus escritos figura una frase que ha colapsado estas últimas horas twitter. “Hay que liberar Cataluña de los invasores”. Se desconoce si sus habilidades de pastelero ayudarán a algún tipo de entendimiento con Madrid.

Estaba muerto y bien muerto
José García Domínguez Libertad Digital 11 Enero 2016

Busquen en un mapa provincial la ubicación exacta del municipio que responde por Amer, población situada a medio camino entre las urbes de Olot y Gerona, y darán ustedes con el muy preciso escenario donde el general Cabrera, más conocido por el Tigre del Maestrazgo, impuso su ley implacable, que era la de la Cataluña ultramontana, cuando las guerras carlistas. Bien, pues justo de ahí viene ese Puigdemont. Y no por casualidad. Porque, al igual que el PSOE ha acabado convertido en un partido andaluz con alguna que otra ramificación secundaria más allá de Despeñaperros, Convergencia, el derruido palo de pajar que izara Pujol hace medio siglo en el santuario de Montserrat, ya no es hoy otra cosa distinta que la expresión política de la vieja Cataluña profunda, la rural y ruralizante. Al cabo, los genuinos anticapitalistas, los de verdad, no son esos pobres pardillos de la CUP que acaban de ser fagocitados por el Movimiento Nacional, sino los representantes del tardocarlismo travestido de laica modernidad que se conoce por catalanismo político y cuya suprema expresión destilada encarna Puigdemont.

Un creyente sincero amamantado desde su más tierna infancia en la mística mesiánica propia de la causa. Nada que ver con la colla de pijos oportunistas y cínicos de la zona alta de Barcelona que daban forma al sanedrín del difunto Artur. Por lo demás, así como el sanguinario carajal carlista del XIX respondía a una querella por entero española, la convulsiones de la actual política interna catalana remiten igualmente a ese marco común español. Los catalanistas creen que ellos están pilotando un proceso original de ruptura con el Estado, pero todo lo que aquí viene ocurriendo desde que estalló la crisis no deja de constituir una vulgar reproducción a escala de cuanto sucede en el resto de la península. Así, hasta que nuestro capitalismo castizo comenzó a venirse abajo en 2008, en España mandó la clase media, a veces agrupada en torno a las siglas del PSOE, otras apiñada alrededor de la marca PP.

Mucho más extenso que en el resto del país, ese grupo social constituyó la base del poder de CiU en Cataluña a lo largo de un cuarto de siglo. Un paisaje político, aquel tan familiar y previsible, que la Gran Recesión terminaría llevándose por delante de idéntico modo que en la Europa del Sur toda. La emergencia de una nueva izquierda radical, tanto en Cataluña como en los demás territorios, sería la primera consecuencia de esa puesta en cuestión del viejo orden hispano. Una falla sistémica ante la que el establishment político-mediático madrileño y catalán han reaccionado de modo bien dispar. El de la capital, dando palos de ciego; el de Barcelona, tratando de sortear la amenaza contra su hegemonía por la vía de pilotar la agitación separatista.Y así llegamos al 27 de septiembre último. Instante procesal en que el proceso se reveló un fracaso.

Aquello, recuérdese, era un plebiscito. Un plebiscito que perdieron los separatistas. Por poco, muy poco, sí, pero lo perdieron. De ahí que la vía insurreccional esté abocada desde aquel fiasco a un callejón sin salida. Y lo saben. Mejor que nadie lo saben. Porque sin una mínima legitimación política emanada de las urnas, cualquier esperanza de encontrar alguna complicidad en la comunidad internacional tras la eventual ruptura con la legalidad española es pura fantasía. Nadie los reconocería. Absolutamente nadie. Eso no tiene ya ningún recorrido. Ninguno. El proceso está tan muerto como el propio Mas. Así las cosas, si ese Puigdemont resultase ser un poco inteligente en la intimidad tratará de reconducir la táctica de CDC hacia la confluencia con los partidarios del referéndum. Será la única vía de escape racional que evite un colapso en toda regla. O eso o la huida hacia delante con el cierre del grifo financiero por parte del Fondo de Liquidez Autonómica, esto es la suspensión de pagos total de la Generalitat, amén del 155. Otra carlistada que acabaría mal.

Pescado podrido
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 11 Enero 2016

Sentenció Artur Mas: "La presidencia de la Generalitat no es una subasta de pescado". Pues ahora se comprueba que sí lo es. De pescado podrido, para colmo, al cabo de tres meses de negociaciones entre mercachifles mal avenidos. Lo vendían dos socios que, ya antes de juntarse para el sí, intercambiaban puñaladas traperas, y que después de comprobar que el lote estaba incompleto iniciaron tratativas tortuosas para sumar un tercer socio, minoritario pero ensoberbecido. Y el pescado se seguía pudriendo.

El desprecio por el público que sería el destinatario final del producto averiado era obvio y se reflejaba en la retórica equívoca que empleaban los vendedores. Todos alababan los valores dietéticos del pescado y afirmaban que su consumo haría más felices a los clientes potenciales. Pero unos hacían hincapié en la solvencia de su marca comercial, otros en el hecho de que estaban especializados en la venta de pescado desde tiempos lejanos y el grupo minoritario acusaba a los solventes de haberse enriquecido con malas artes y se comprometía a destituir al representante de las clases privilegiadas para poder repartir el producto equitativamente.

La subasta ha terminado. El representante de las clases privilegiadas ha sido reemplazado por otro servidor de los mismos intereses. Los justicieros introdujeron dos socios en la lonja y pactaron purgar, como acostumbran a hacerlo estos rebeldes acomodaticios, a quienes se tomaron en serio la pureza de los principios anticapitalistas. Lo que no implica una garantía de que estos anarcobolcheviques, expertos en el doble juego, no repescarán mañana, con mayor virulencia, su programa totalitario.

Pero el pescado está podrido y el hedor ahuyenta incluso a quienes promovieron la subasta. Los más clarividentes, que todavía quieren salvar el negocio, invitan a recuperar el sentido de la realidad. Sobre todo después de que Artur Mas incurrió en la estulticia de confesar que el acuerdo "corrigió aquello que las urnas no nos dieron". Escribe el predicador Francesc-Marc Álvaro (LV, 10/1):

Más allá de este giro de guión, los partidos independentistas y las entidades se equivocarían si no asumen de manera adulta que el proceso necesita más músculo y menos velocidad: debe cambiar el ritmo y tiene que ampliar la base social partidaria de la secesión, porque un 48% es una cifra muy importante pero insuficiente para saltar la pared.

Y lo remacha el editorial del diario que durante mucho tiempo puso su cabecera al servicio de la fractura social en Cataluña (LV, 10/1):

Tras el acuerdo de ayer, por mucha retórica que lo revista, no hay sino el empecinamiento de una serie de dirigentes apoyados por el 47,8% de los catalanes –los que votaron por el soberanismo el 27-S–, que han unido su suerte a la del procés. Sobre la base de este porcentaje, y en un a todas luces erróneo cálculo matemático, insisten en que tienen un "mandato democrático" que cumplir y desconsideran que para el resto de los catalanes –cuyo mandato democrático no es menor, ni en términos cualitativos ni cuantitativos– la prioridad es distinta.

Artur Mas no sólo se jactó de que el acuerdo corrigió a favor del secesionismo "aquello que las urnas no nos dieron", sino que se refirió a las elecciones anticipadas de marzo como "una posibilidad de caos en nuestro país". Después de hartarnos con la reivindicación del derecho a decidir, ahora interpreta el ejercicio de ese derecho como una amenaza de caos. Es verdad: según cuál sea la decisión tomada, es posible que sobrevenga el caos. Es el riesgo de la democracia, como está sucediendo en Cataluña y puede ocurrir en España. El antídoto no consiste en guardar las urnas bajo llave, como proponía un dictador argentino, sino en votar con la cabeza y no con las vísceras. Y en sellar un acuerdo entre las fuerzas leales a la Constitución y a la sociedad abierta.

Entre nobles y pícaros
NICOLÁS REDONDO TERREROS El Mundo 11 Enero 2016

«Se modificó, incluso, en relación con los hechos, el significado habitual de las palabras con tal de dar una justificación: la audacia irreflexiva pasaba por ser valiente lealtad al partido, la prudente cautela, cobardía disfrazada; la inteligencia para comprender cualquier problema, una completa inercia. La precipitación impulsiva contaba como virtud... los descontentos siempre eran considerados como dignos de crédito». Son palabras de plena actualidad escritas hace casi 2.500 años por Tucídides, padre de la Historia. En periodos de guerras -él escribe sobre la del Peloponeso- o de crisis, cuando algo está muriendo y no acaba de nacer lo nuevo, los aventureros, los demagogos, los populistas tienen un tiempo propicio. Y en esas estamos: el régimen del 78 se encuentra en la encrucijada de reforma o sustitución y en ese espacio tan nebuloso como contradictorio, donde las fuerzas de lo que ha sido combaten con las de lo que quiere ser, muchos de los dirigentes políticos españoles se han inclinado por la levedad, el egoísmo y la vanidad. Asistimos atónitos a cómo los que han obtenido la menor representación parlamentaria desde 1977 creen que impulsados por un «resultado histórico» pueden gobernar, aunque para ello tengan que hilvanar alianzas sorprendentes y riesgosas, que pueden ser su tumba a corto plazo. Al mismo tiempo quienes han perdido más de sesenta diputados, con la legitimidad de los votos y la debilidad del resultado, se disponen a cambiar radicalmente de política para mantenerse en el poder, sin una mínima reflexión crítica sobre las causas de su pírrica victoria. Sólo un partido que se presentaba por primera vez y ha obtenido una representación de 40 escaños, ha esbozado un documento crítico sobre su estrategia electoral. Y mientras, en estos momentos en que la política parece un cuento escrito por idiotas, Pablo Iglesias jr. se mueve ensoberbecido por la política española como si hubiera ganado con mayoría absoluta.

Efectivamente, el PSOE ha propuesto una gran coalición progresista definida únicamente por la voluntad incontrolada de llevar al PP a la oposición. Dicen que es el momento de hablar, de negociar, de pactar con todos los grupos políticos, pero paradójicamente lo harán con todos menos con el partido que ha ganado las elecciones; se justifican diciendo que los españoles han votado cambio y que tienen que ser leales con la voluntad de la mayoría. Pero en realidad quieren decir, por detrás de sus torpes litotes, que apuestan por la confrontación con la derecha española en todos los ámbitos, contradiciendo los pilares básicos del sistema del 78. Así cuando hablan de cambio no se refieren al 'Cambio' del 82 -ante una pregunta al candidato Felipe González sobre el significado del eslogan de la campañaPor el Cambio', dijo sencillamente: «El cambio es que España funcione». Nada menos ideologizado, más trasversal, como se dice ahora-, sino que hace referencia a una sustitución radical de unas políticas por otras, sin ninguna voluntad de buscar para los retos de Estado soluciones compartidas.

En ese espacio, chafarrinado a medias por la ignorancia y la mala fe, las palabras han perdido su significado habitual y en esa política especiosa parece que los dirigentes políticos se mueven con soltura. Pero los hechos incontrolables, la realidad de nuestro país, definida en demasiadas ocasiones por el azar, se aviene mal con las intrigas palaciegas, con las pretensiones sin razones sólidas, con la pusilánime indolencia de quienes esperan que el tiempo solucione lo que su falta de iniciativa política ha contribuido a agravar. Los independentistas catalanes, después de unos meses en los que nos han enseñado hasta dónde puede llegar una clase política situada entre su propia indigencia intelectual, su falta de compromiso con la democracia y el abismo ante el que se ha situado ella misma y a la sociedad catalana, han decidido este sábado pasado, como no podía ser menos, a favor de su propia salvación , aunque sea a costa de una sociedad dividida y enfrentada, de una inestabilidad política que pasará factura a los de siempre.

Todavía esta semana pasada la mayoría de los dirigentes políticos nacionales, también los dirigentes de Podemos, engañados al creer que los independentistas no habían quemado sus naves, que todo se podía solucionar con sonrisas, caras amables o dándoles en parte la razón, apostaban por unas elecciones anticipadas que permitieran a la sociedad catalana solucionar lo que han sido incapaces de solucionar ellos. Algunos han querido seguir creyendo hasta el sábado que el problema se solucionaba con la desgracia o la decapitación política de Mas, sin comprender que estos movimientos impulsados por demagogos, que utilizan las pasiones como arma política y prometen la satisfacción inmediata de todas las necesidades materiales o puramente sentimentales, trascienden en un momento dado a las personas y adquieren su propia lógica, autónoma de la voluntad o la suerte de algunos de sus dirigentes. Durante la campaña electoral y los días posteriores los políticos españoles han preferido creer que era suficiente no hacer nada o claudicar ante los independentistas.

Ni unos ni otros han sido capaces de defender la Transición y la Constitución del 78. Los unos presos de sus complejos ante los nacionalistas, más si estos se proclaman de izquierdas, que les han llevado a una continua e imprudente revisión de todo lo realizado por sus antecesores; los otros, presos de la necesidad de una fuente de legitimidad distinta a la que le dan sus votos, sin fuerzas para desprenderse de una carga que no tienen, que les ha sido impuesta por sus adversarios políticos. Tan asombrosa ha sido la falta de inteligencia y coraje de la izquierda socialdemócrata a la hora de defender las consecuencias políticas de la Transición ante los ataques de una izquierda populista y de origen leninista, como la indolencia de la derecha. Es paradigmática la fotografía desganada que se hizo Rajoy durante la campaña electoral recordando a Suárez y que era de difícil comprensión al no estar enmarcada en un discurso político creíble y representar ambos personajes realidades tan distintas: si el santo y seña de Suárez fue la capacidad de correr riesgos y de tomar la iniciativa, lo que distingue a Rajoy es la resistencia, la negación; los indudables grandes éxitos del presidente Rajoy durante esta legislatura han sido producto de decir que no, de quedarse donde estaba.

Después del 20D eran muchas las indicaciones para entender que se abría un tiempo de acuerdos entre diferentes, que requería la capacidad de superar siglas; un tiempo de políticas compartidas, de contemplar a toda la sociedad española, olvidando la satisfacción momentánea de «los nuestros». La complejidad de los últimos resultados electorales indica la necesidad de huir de la política de campanario para realizar una nacional, integrada y moderada, que por ejemplo impulse reformas legislativas, que encuentre las bases comunes para desarrollar una política educativa que trascienda los intereses partidarios y que defina una acción de lucha contra las desigualdades sociales, incrementadas por la crisis, y que sólo se puede realizar consiguiendo un crecimiento económico, impulsado por la estabilidad política -desde el principio de los tiempos ha sido imposible lograr disminuir las desigualdades sin crecimiento económico-.

Pero estas expectativas, producto de la inteligencia y la razón, han aparecido debilitadas ante el impulso de la vanidad de unos políticos más preocupados por sobrevivir que por dar una solución sostenible a los grandes problemas de España. Sólo la elección de un presidente de la Generalitat catalana con una hoja de ruta independentista, potencialmente peligroso para todo lo que representa la España del 78, puede hacer reaccionar a los dirigentes españoles. La CUP, ERC y el partido de Mas o como se llame hoy, nos han puesto en la disyuntiva de defender lo conseguido durante estas últimas décadas o satisfacer los intereses partidarios, con divisiones artificiales provocadas por visiones cortoplacistas e interesadas.

Es un momento adecuado para remarcar que con un gobierno estable, -la fórmula la tienen que encontrar los responsables políticos- se puede abrir un periodo de reformas en el que dentro de la Constitución sean posibles acuerdos satisfactorios para la mayoría, renunciando como siempre y en todos los lugares a las posiciones últimas, a los programas máximos, a los intentos de epifanías políticas que tantas desgracias nos han traído en el pasado. Si los políticos españoles logran situarse con grandeza de miras ante los problemas de España engrosarán la brillante lista de hombres de Estado que iniciamos en el año 78 del siglo pasado; si por el contrario permanecen en el ámbito de la política pequeña podremos decir como el orador clásico: «Todo está abolido, abierto, trastornado, la ciudad pertenece a los más pícaros y desvergonzados».

Nicolás Redondo Terreros es presidente de la Fundación para la Libertad y miembro del Consejo Editorial de EL MUNDO.

Y ENCIMA DAN LECCIONES DE COHERENCIA
El circo catabatasuno se llena de enanos tras el engaño premeditado por la CUP y 'Juntos por que sí'
El espectáculo es tan lamentable que hasta la televisión de los Godó tacha de "desmadre" el ridículo de Convergència
Luis Balcarce. Periodista Digital 11 Enero 201

El circo del engaño catalán dará mucho de sí con el nuevo ‘president'. Carles Puigdemont, el separatista fanático de Gerona, acusa a España de asfixiar a la pobre Cataluña y a los españoles de ser "invasores" que serán expulsados cuando les toque la hora.

De repartir certificados de catalanidad podría ocuparse su mujer, Marcela Topor, nacida en Rumanía. Puigdemont y su mujer prometen ser más despiadados que los Ceaucescu para limpiar Cataluña de todo lo que huela a España.

El espectáculo ha sido tan lamentable que hasta 8TV, la televisión de Godó, tacha de "desmadre" el ridículo contubernio de los antisistema y los burgueses del 3 por ciento.

El amigo de Pilar Rahola, Josep Cuní, ha sufrido una conversión súbita como la de Enric Juliana --Los lectores de La Vanguardia vapulean a Enric Juliana por cambiar ahora de chaqueta-- y ahora denuncia que todo el acuerdo de la CUP y los ahora bautizados como 'Juntos por que sí' fue un "engaño premeditado". Otro que se ha caído del guindo de la florsitería de Marta Ferrusola.

Al capitalismo corrupto pujolista le ha salvado la acróbata catabatasuna Anna Gabriel, a quien Puigdemont se acercó a agradecerle su servicio a la patria catalana traicionando a sus votantes.

"No es tiempo para cobardes", dijo el delfín de Mas en su discurso de investidura. No lo dirá por los cuperos que han huido por las alcantarillas como Josep Dencas y los separatistas que dieron el golpe del 34 y estaban sujetando una pancarta a favor de los presos de ETA mientras se cerraba el acuerdo con los convergentes. --La CUP, tras la pancarta de la manifestación a favor de los presos de ETA--

La partitocracia catalana nos da lecciones de coherencia y valentía tras admitir que los que no les dieron las urnas lo solucionan con un tamayazo. Por cierto, el contorsionista de este circo, Antonio Baños, te acuerdas cuando dijiste que en la CUP "no había tamayazos".

Y que Sor Lucía Caram deje de llorar por Artur Mas. Según el blog Dolce Cataluña, Mas no pasará apuros económicos tras haber dejado a un monigote de presidente. Mas percibirá durante 4 años €9.122/mes, el 80% de la retribución del presidente de la Generalitat (Mas cobraba €136.835, un 83% más que los € 74.912 que gana Rajoy).

A partir de los 65 años (Mas cumple 60 este 31 de enero), Mas cobrará una pensión vitalicia equivalente al 60% del sueldo del presidente de la Generalitat. Es decir desde enero de 2021 y hasta que fallezca Artur Mas "el generoso" cobrará una pensión mensual de €6.842, o sea un 168% más que la pensión máxima en España (€2.554,49) y casi un 600% más que la pensión de jubilación media (€984,7).

La función circense la cerró el lanzallamas Puigdemont al grito de guerra de la banda terrorista Terra Lliure, "¡Visca Catalunya Lliure!". Tot per Catalunya.

La tormenta de desatinos asuela la política española
“Advierte que es desatino / siendo de vidrio el tejado, / tomar piedras en la mano / para tirar al vecino.” Miguel de Cervantes.
Miguel Massanet www.diariosigloxxi.com 11 Enero 2016

Es posible que, en algún punto del universo, los caprichos de la física hayan sido capaces de crear un caos cósmico que pudiera comparase al que, en estos momentos, estamos soportando los españoles, después de que unas elecciones legislativas hayan tenido la rara virtud de dejarnos sobre el tablero del destino el más insensato y atrabiliario panorama político. Nos resulta casi imposible volver a imaginarnos aquellos años en los que gozábamos de tranquilidad, que la vida no estaba supeditada a sobresaltos constantes y que la única gran preocupación de los españoles era seguir las vicisitudes de su equipo de fútbol preferido. Pero, como ya sabemos por triste experiencia los españoles, vayan ustedes a saber por qué extraños genes discordantes, siempre hemos sabido escoger el camino tortuoso y lleno de espinos, cuando hubiéramos podido seguir nuestro itinerario por las carreteras asfaltadas de la sensatez y la unidad.

El pasado sábado, día 9 de Enero, se ha producido en España uno de estos hechos trascendentales capaces de trastornar la marcha de la historia de un país y de crear un estado de permanente preocupación para sus habitantes, máxime, si se encuentran en el preciso punto candente en el que tiene lugar tal ataque a la unidad y convivencia por parte de una de las autonomías que forman parte de la nación española. Era evidente que, cualquiera de las posibles alternativas que se presentaban en Cataluña, para la investidura de un nuevo presidente de la Generalitat, entrañaba en si el peligro de un salto al vacío y un nuevo desafío a la unidad de España. O se celebraban unas nuevas elecciones para constituir un nuevo parlamento autonómico para el día 6 de marzo o se lograba un acuerdo entre la agrupación de partidos Junts pel Sí y la CUP para encontrar una candidato adecuado. Han pasado tres meses en los que Cataluña ha estado en manos de un gobierno provisional y ha tenido que ser, precisamente, en apenas 24 horas antes de que expirara el plazo legal cuando se ha producido el nombramiento del nuevo presidente.

Debemos decir que, poca o ninguna diferencia existía, en cuanto a las intenciones separatistas del nuevo gobierno si, como ha sucedido, se encontraba un candidato de consenso por acuerdo entre la CUP y Junts pel Sí o, por el contrario, se llevaban a cabo unas nuevas elecciones en las que, con toda probabilidad, los más favorecidos hubieran sido los de Podemos representados por las huestes de Ada Colau y la ERC del señor Junqueras, que puede ser que haya sido de los más tocados por este acuerdo de última hora para la investidura del señor Carles Puigdemont; porque, como sabemos, tanto Ada Colau como Podemos se habían mostrado decididos al referendo por el “derecho a decidir”, que hubieran aplicado si, como se esperaba, hubieran obtenido un buen resultado en unas supuestas nuevas elecciones.

El caso es que, o mucho nos equivocamos o, por las noticias que hemos tenido del currículo del nuevo candidato a presidir la Generalitat, el hasta ahora alcalde de Gerona señor Puigdemont, es posible que se trate de una nueva edición de Artur Mas, solo que corregida y aumentada; al menos, por lo que respeta a su cerrazón independentista, antiguo militante del sector más extremista de CDC, activista de cuantas organizaciones separatistas hayan existido desde la Crida a la Solidaridad, como contra el idioma español o a favor de la Terra Lliure o al servicio de la ANC. Basta decirles que es el presidente de la Asociación de Municipios por la Independencia. El fue el que quiso declarar a la señora Llanos de Luna, delegada del Gobierno en Cataluña, persona “non grata”, y el fue también quien dijo aquello de que “los invasores serán expulsados de Cataluña”, refiriéndose, no a los franceses de José Napoleón, sino a sus paisanos españoles convertidos, por la locura de este sujeto, en “enemigos” de los catalanes; aunque, vean por donde, hace tiempo que necesitan de ayudas adicionales, a través del FLA, para poder pagar a las farmacias, proveedores varios y los intereses de su mega deuda pública ( más de 68.088 millones de euros en el tercer trimestre del 2015).

Cataluña, señores, ha sido la guinda que faltaba sobre este pastel de desconcierto, ingobernabilidad, atomización de partidos y desconcierto que se ha apoderado de todos los que han sacado los peores resultados desde hace muchos años y, no obstante, parece que han sido los vencedores si es que queremos escuchar a señores como P.Sánchez, del PSOE, que se expresa como si no hubiera tenido los peores resultado de la historia de su partido, desde que se produjo la transición a la muerte del general Franco. La democracia se ha convertido en un hazme reír cuando, para darle mayoría a la nueva CDC ahora conocida como Democracia y Libertad, los de la CUB les “prestan” a dos de sus parlamentarios para que, cuando precise mayoría el nuevo gobierno del señor Puigdemont, estos dos sujetos voten lo mismo que el grupo del nuevo presidente.

¿Cómo se entiende esta falta de respeto a los votantes de CUP, que se han declarado, mayoritariamente, contrarios al pacto con Convergencia, y ahora, no de forma asamblearia como toman sus decisiones, sino de escondidas y en una reunión a petit comité, hayan decidido, no sólo desprenderse de dos de sus parlamentarios autonómicos, sino que, incomprensiblemente, se han comprometido a apoyar todo lo que el gobierno decida hacer durante este primer periodo? Entendemos que en ello entra los primeros pasos que anunciaron para la iniciación de un periodo constituyente previo a la aprobación de la Constitución que deberá regir la nueva nación, como anunció la presidenta del Parlamento Catalán, Carmen Forcadell, el día en el que fue constituido;.cuando habló de no respetar las leyes españolas ni las resoluciones de los tribunales ni las resoluciones del TC.

La decadencia de la región catalana ha comenzado, el enfrentamiento al Estado de derecho ya es un hecho, y ha quedado evidenciado que todas las consideraciones, conversaciones, subvenciones, y financiaciones que el Gobierno central ha venido consintiendo, esperando una rectificación que nunca ha llegado y que no han sido más que una falta evidente de visión política, información, un mal cálculo de la evolución de este proceso, una errónea interpretación de todos los chantajes, amenazas, algarazas, desobediencias y plantes del nacionalismo secesionista que ahora, cuando todo está en su momento álgido y las pasiones excitadas, vamos a ver cómo, estando España en una situación de interinidad entre gobiernos, van a poder solucionar semejante órdago. Ya no caben más paños calientes, ya no se admiten más prórrogas ni aplazamientos, ha llegado la hora de la verdad y sólo la unidad de los partido tradicionales, tanto de derechas como de izquierdas, va a permitir afrontar, hombro con hombro, este desafío de la amenaza secesionista.

Hubo un tiempo en que se citó el artículo 155 de la Constitución, sin embargo tenemos la impresión de que no se tienen las agallas suficientes para ponerlo en marcha. Claro que, tampoco tenemos la seguridad de que, quienes son los verdaderos garantes de la unidad de España, tengan muy segura cual es su verdadera misión en el caso de que, como ya es evidente que va a ocurrir, los separatistas intenten poner su plan en marcha, tal como han venido amenazando desde hace meses. Y los españoles que residimos en esta parte de España, tampoco vemos con tranquilidad el futuro que nos espera y si, sin comerlo ni beberlo, de pronto nos vamos a encontrar en manos de unos separatistas con todas las características de una comuna comunista, que nos obligue a prescindir de todo aquello que habíamos conseguido; con el peligro de que, como ha ocurrido en Grecia, dejemos de percibir, por falta de solvencia de los nuevos gobernantes, la asistencia sanitaria, las medicinas, las pensiones y todos aquellos beneficios sociales de los que venimos gozando hasta ahora. Lo advertimos y nadie pareció darse cuenta.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, tenemos la desagradable impresión de que estamos solos en un desierto en el que no hay quienes nos ayuden y a merced de las alimañas dueñas de él, mientras aquellos que tenían la obligación de velar por nosotros parece que no saben, a ciencia cierta, lo que deben hacer, perdidos en discusiones bizantinas sobre quienes deben o no hacerse cargo del poder.

El esperpento catalanista
José García Pérez www.diariosigloxxi.com 11 Enero 2016

Otra cosa no, pero valor lo tengo a prueba de balaceras; escribo lo anterior porque la tardenoche de hoy me la voy a pasar catalanizado, pues me tragaré todo el debate del Parlamento de Cataluña. ¿Es o no valor de ley?, así soy.

De manera que tengo que escribir este “copo” a toda leche y en veinticinco minutos. Allá va uno de los “invasores” de Cataluña.

En la historia de la democracia que estamos viviendo en España no se ha conocido un esperpento político como el ocurrido hasta hoy en tierras catalanas; ni siquiera el llamado “tamayazo” que aupó a Esperanza Aguirre a la Presidencia de la Comunidad de Madrid tiene visos de similitud como el vivido entre Juntos Por el Sí (Convergencia y Esquerra más algún tonto de capirote) y las CUP; todos ellos ha formalizado la gran cagada en forma de diarrea mental.

El cambalache de diputados de los antisistemas, la famosa votación de las CUP, la retirada de la primera línea de Mas (falta saber si deja el escaño, apuesto a que no cuando faltan solamente 20 minutos), el intento de sedición sin referéndum de por medio, la unión de los antieuropeos con los del 3% y la Esquerra que, todos ellos, desean iniciar el proceso para proclamar la República de las Ramblas es tener ganas de armar el taco entre todos los españoles de buena voluntad que, sin saber qué puede ocurrir, asisten impasibles al bochornoso espectáculo.

“La soberanía Nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado”, reza en el artº 1 de la Constitución Española, o sea, que la catalana, que es la de una parte de los españoles, reside en el pueblo español, en usted, en el vecino que vive en el 5º piso de mi bloque y en mí; y una vez que me otorgan ese derecho por votación del pueblo español, incluida Cataluña (por cierto, el mayor tanto por ciento de votos afirmativos de la Constitución se dio en Cataluña), no voy a permitir, en la medida de mis posibilidades, que nadie me robe lo que ganamos en las urnas.

El pueblo español está por encima del Rey de España, del Congreso y Senado, del Gobierno (esté en funciones o no), del Tribunal Constitucional y de la Biblia, en verso o no; porque es de ese pueblo del que emana el resto, desde luego, muy por encima del alcalde de Girona, dicho con todo el respeto posible, o sea, con ninguno.

NORMALIZACIÓN LINGÜÍSTICA
Saber catalán será requisito para ser empleado público balear
El Gobierno autonómico da luz verde a la tramitación de una proposición de ley para que el conocimiento de catalán sea requisito en lugar de mérito para ser empleado público.
Bernat Garau gaceta.es 11 Enero 2016

El Gobierno balear quiere que el catalán vuelva a ser un requisito para poder ser empleado público. Por ello, el Consejo de Gobierno ha dado luz verde a la toma en consideración y posterior tramitación de una proposición de ley presentada en el Parlamento autonómico con objeto de modificar la Ley de Función Pública para que el conocimiento de la lengua catalana se convierta en requisito para acceder a un puesto de empleado público en las administraciones autonómicas, insulares y locales de Baleares. Según recuerda el Ejecutivo autonómico en un comunicado, “la manifestación del criterio del Gobierno es un requisito necesario que deben pasar todas las proposiciones de ley para poder ser tomadas en consideración y tramitadas posteriormente por el Parlamento”. En este caso, “se manifiesta el criterio favorable, como no podía ser de otra manera, porque se trata de un punto importante que recogen los acuerdos de gobernabilidad” firmados de cara a la formación del Ejecutivo balear PSOE-Més con el apoyo externo de Podemos tras las elecciones autonómicas del pasado mayo. No en vano, la proposición de ley fue presentada por estas tres formaciones, que apoyan al Gobierno autonómico presidido por la socialista Francina Armengol.

Con esta iniciativa, se busca deshacer la modificación en la Ley de Función Pública llevada a cabo durante la anterior legislatura por el Gobierno del popular José Ramón Bauzá. En virtud de dicho cambio, la acreditación de conocimientos de catalán pasó a ser un mérito que daba puntos a los aspirantes a una plaza en la función pública de las islas, en lugar de un requisito imprescindible para ser empleado público, como establecía anteriormente la Ley. Ahora, se quiere recuperar el articulado original de la norma. Según ha señalado el Ejecutivo autonómico, el objetivo es “dar marcha atrás en la rebaja de estatus de la lengua propia en la Administración que se aprobó a instancias del Gobierno anterior, a la vez que se prevén nuevamente medidas de recuperación y fomento del uso del catalán en el ámbito de la función pública”.

“Requisito excluyente”
El presidente de Círculo Balear, Jorge Campos, ha señalado en declaraciones a Gaceta.es que “habrá que ver el alcance de esta imposición cuando se apruebe, para ver si hay algún instrumento legal al que podamos recurrir”. En cualquier caso, ha avanzado que le parece un “requisito excluyente” que “va en contra de la Constitución, que consagra la libre circulación de los ciudadanos españoles dentro del país y su derecho a poder trabajar en cualquier lugar de España”. Según Campos, “un ciudadano balear puede presentarse a oposiciones en cualquier parte de España sin que nadie le pida ningún certificado lingüístico”, por lo que exigir el conocimiento de catalán es “discriminatorio y excluyente para muchos ciudadanos españoles que no podrían optar a un puesto en la función pública balear por no saber catalán”.

Por otro lado, Campos incide en que “para cubrir puestos en la función pública se debería priorizar la formación académica y la preparación profesional de los candidatos, de cara a contratar a los mejores abogados, ingenieros o médicos”, en lugar de “crear fronteras dentro de nuestro propio país” con este tipo de requisitos.

Ley de Normalización
El Gobierno balear recuerda que “el Consejo de Gobierno ya manifestó también su criterio favorable a la tramitación de otra proposición de ley para recuperar el texto original de la Ley de Normalización Lingüística, que también fue rebajada a instancias del Ejecutivo anterior con la modificación de la Ley de Función Pública”. Dicha Ley fue firmada en 1986 por todos los grupos políticos, incluido el PP, durante el Gobierno del popular Gabriel Cañellas, recordado por su posición favorable al impulso del uso del catalán en las islas. En contraposición, José Ramón Bauzá representaría al sector más centralista del PP, en abierta pugna actualmente contra el sector regionalista del partido.

La iniciativa para modificar la Ley de Normalización presentada en el hemiciclo por El Pi, escisión regionalista del PP, cuenta con el visto bueno del Ejecutivo autonómico y establece que “el catalán, como lengua propia de la comunidad autónoma de las Islas Baleares, lo es también del Gobierno balear, el Parlamento y los 'consells' insulares”. De aprobarse, los certificados de la administración deberían expedirse en catalán, salvo que el interesado lo solicite en castellano, y se obligaría al Ejecutivo a asegurar el uso de la lengua catalana en todas las funciones y actividades administrativas.

Desmontando a Bauzá
Esta previsto que ambas proposiciones de ley, la relativa a la Ley de Función Pública y la de la Ley de Normalización, se debatan en sesiones extraordinarias en el Parlamento balear durante la última semana de enero. Estas iniciativas se enmarcan en la ofensiva del actual Gobierno autonómico para devolver al catalán el protagonismo perdido durante la pasada legislatura y deshacer el legado de Bauzá en este sentido, rectificando una por una las iniciativas del anterior Ejecutivo en este ámbito.

Así, el Gobierno Armengol ha firmado el reingreso de Baleares en el Institut Ramon Llull, dependiente de la Generalitat y con la misión de “promover el catalán en el exterior”, del que Bauzá se desmarcó en 2012. Asimismo, ha vuelto a dar preeminencia al catalán frente a las formas dialectales baleares en la televisión pública y ha anunciado la recuperación de la señal de tres canales públicos catalanes que Bauzá sacó de la programación. Además, ha recuperado instituciones olvidadas durante la anterior legislatura, como el Consejo Social de la Lengua Catalana, que tiene como objetivo la promoción del catalán en las islas y parece contar ahora con el apoyo del PP, que tras la pérdida del poder en Baleares con uno de los peores resultados de su historia, se encuentra dividido entre los defensores de la etapa Bauzá y los partidarios de una línea menos dura en temas lingüísticos.

Además, los Presupuestos autonómicos de este año destinan 2,8 millones de euros a política lingüística, una partida que no figuraba en las cuentas de 2015, aprobadas por el anterior Gobierno. El objetivo de todo esto, en palabras de Armengol, es que el catalán vuelva “al lugar que le pertenece como lengua propia de los isleños”, es decir, “a su posición como elemento cohesionador y vertebrador de la sociedad” balear.
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