AGLI Recortes de Prensa   Viernes 22  Enero  2016

Responsabilidad ante el aumento de los riesgos económicos
EDITORIAL El Mundo 22 Enero 2016

Mario Draghi, presidente del BCE, consiguió ayer una tregua en el desplome que llevan las Bolsas en las últimas semanas. Y lo logró al reconocer que está dispuesto a tomar todas las medidas necesarias para asegurar el crecimiento -y por tanto el incremento de la inflación- en la UE a pesar de los riesgos a la baja que existen por "factores como la volatilidad de los mercados de materias primas y los riesgos geopolíticos"."No debe haber dudas al respecto", añadió, en un mensaje que recordó a aquel "haremos lo que sea necesario para salvar el euro, y créanme, será suficiente", de julio de 2012, con el que frenó la escalada de las primas de riesgo provocada por la crisis griega y la inestabilidad en otros países de la UE como España. El mensaje de Draghi anticipa, pues, nuevos estímulos monetarios a la economía, que el BCE determinará cuando analice la repercusión de la situación económica mundial en el crecimiento de la Eurozona.

A pesar de la subida de ayer, el Ibex 35 pierde un 11,53% en el año y el índice Euro Stoxx 50, que agrupa a las mayores empresas del continente, cede un 10,14%. Son comportamientos que recuerdan a lo peor de los inicios de la crisis hace siete años. Esta caída de las Bolsas es el síntoma del cambio de perspectivas que se ha producido en la economía mundial en los últimos meses. La desaceleración de China, la apreciación del dólar y el desplome de las materias primas, con el petróleo a la cabeza, han provocado una huida de capitales de los mercados emergentes que se refugian en la liquidez y no se canalizan hacia los países desarrollados.

Las causas de este cambio de perspectivas son diversas. China se frena, entre otras cosas porque su Gobierno ha empezado a modificar el patrón de crecimiento desde el comercio exterior como hasta ahora hacia el consumo interno. Esto arrastra a la baja la demanda de petróleo, a lo que se suma el exceso de oferta para dejar los precios en niveles de hace trece años -la cotización del brent ha caído un 25% desde que comenzó 2016-. Aunque un petróleo barato favorece el crecimiento en las economías dependientes de esta fuente de energía, como la europea, y la española en particular, también incrementa algunos riesgos porque debilita a los países productores, que demandarán menos productos, lo que repercutirá en las exportaciones de los países desarrollados. Además, en los últimos años, los fondos soberanos de las naciones del Golfo han tomado posiciones con fuerza en compañías occidentales y su retirada provoca una caída del valor en Bolsa de estas empresas.

Las circunstancias, pues, han cambiado a mucho peor en un tiempo relativamente corto y ya se levantan voces que advierten de que podemos estar de nuevo en una situación paralela a la de 2008, cuando la quiebra de Lehman Brothers destapó los agujeros del sistema financiero y provocó la recesión de la que apenas empezamos a salir. Draghi lanzó ayer un mensaje tranquilizador al afirmar que no ve "señales de inestabilidad en el sector financiero como en aquella etapa", aunque la posibilidad de que Deutsche Bank registre las mayores pérdidas de su historia y el desplome bursátil de los bancos italianos en los últimos días no son noticias demasiado esperanzadoras en este sentido.

Los riesgos, pues, para el crecimiento han aumentado considerablemente, como reconocía esta misma semana el Fondo Monetario Internacional al rebajar dos décimas sus previsiones de crecimiento mundial, especialmente por el frenazo de tres grandes economías como China, Brasil y Rusia. Aunque Europa notará menos esta desaceleración -en el caso español, el FMI ha aumentado sus previsiones de incremento del PIB para 2016 y 2017-, el miedo se ha instalado en los mercados y amenaza con trasladarse a la economía real. En estos momentos, nadie se atreve a pronosticar hasta dónde llegará la inestabilidad en los mercados y cómo afectará al crecimiento de la economía.

En España, este cambio de paso llega en pleno 'impasse' político, con un Gobierno en funciones, y con los organismos europeos apremiando la adopción de nuevas medidas de ajuste, que deberían alcanzar unos 9.000 millones de euros, como afirmó el comisario de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici, la semana pasada: "España lo está haciendo bien en términos de crecimiento, pero en términos de finanzas públicas debe atenerse a las reglas incluidas en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento". Un aviso claro de que el próximo Gobierno deberá mantener una política de ajuste en la que no caben tentaciones populistas de incremento del gasto público que podrían poner en riesgo la intensidad de la recuperación y, por tanto, de la creación de empleo.

La jauría
EDITORIAL Libertad Digital 22 Enero 2016

"Nos van a dar pero bien": este comentario de la presentadora del informativo de A3 Sandra Golpe, hecho fuera de antena, es probablemente el mejor resumen que puede hacerse a día de hoy de la situación del periodismo en España, una profesión en la que quienes no son activistas más o menos descarados de determinado partido con frecuencia sienten miedo.

No se trata de un miedo originado en la responsabilidad derivada de ejercer una profesión que tanto influye en el devenir de los acontecimientos y en la vida de los protagonistas de las informaciones, o en las consecuencias judiciales que pueden acarrear los errores cometidos. No: es miedo a la jauría liberticida que, desde las redes sociales y desde significados medios de comunicación, dicta lo que es relevante y lo que no lo es, qué es información y qué intoxicación y a quién se puede acosar y a quién no.

Cualquier cosa que se publique en un medio o se comente en las redes sociales se ve sometida a implacable escrutinio por parte de una legión de sujetos que, siguiendo lo que a todas luces es una estrategia, y a menudo cobardemente ocultos tras pseudónimos, fustigan a todo aquel que ose criticar a la organización de extrema izquierda Podemos.

Entre la turba liberticida descuellan periodistas emporcados en el más ominoso sectarismo. No ejercen de profesionales con un punto de vista propio, sino de perros de presa al servicio de un partido comandado por individuos que tienen por referentes a regímenes con un palmarés execrable en materia de libertad de expresión e información, como el chavista o el kirchnerista.

Lo más llamativo y preocupante es que esta banda de la porra sea capaz de generar tales niveles de inseguridad y temor sin que su brazo político haya aún conquistado el poder. Y la impunidad con que lo hace. Y el repugnante oportunismo insensato de quienes los ceban desde medios con un influjo extraordinario en la sociedad.

La extrema izquierda no es una solución a nada sino una lacra a la que hay que combatir, desde los propios medios y, por supuesto, desde la arena política. En primerísimo lugar, por parte de la izquierda socialdemócrata, a la que en cuanto tenga ocasión aquélla tratará de arrasar. En el PSOE hay voces que parecen tenerlo muy claro. Por desgracia, Pedro Sánchez no es una de ellas. Y esto es un problema tremendo ya no para los socialistas sino para toda España.

Pactar con Iglesias, la ruina de España y el fin del PSOE
EDITORIAL Libertad Digital 22 Enero 2016

Pablo Iglesias ha demostrado, una vez más, que su única meta en política ha sido -y sigue siendo- llegar al poder a cualquier precio, ya sea "por asalto", engaño o simple filibusterismo, con el fin de liderar su ansiada transición bolivariana en España. Y prueba de ello es el órdago que le acaba de lanzar este viernes al líder del PSOE, Pedro Sánchez, tras marcarle no una ni dos sino varias "líneas rojas" para poder lograr el manido "gobierno del cambio".

La propuesta lanzada por Podemos incluye, ni más ni menos, que la Vicepresidencia del Gobierno para Iglesias, varias carteras ministeriales clave, como es el caso de Economía, Defensa, Interior e incluso el control de TVE, entre otros Ministerios y organismos, además de la aplicación de un detallado programa económico y social, cuyos ejes han sido dictados por el partido morado. Así pues, la intención de Iglesias es que Sánchez le entregue los principales resortes del poder a cambio de ser investido presidente. Y todo ello, exhibiendo un absoluto desdén y un desprecio aún mayor hacia el secretario general de los socialistas, hasta el punto de caer en el insulto.

La mera actitud mostrada por Iglesias durante su comparecencia debería ser razón suficiente para cerrarle la puerta de la negociación de par en par y romper todos y cada uno de los pactos de gobierno acordados entre PSOE y Podemos tras las pasadas elecciones autonómicas y locales, reconociendo así que el radicalismo no tiene cabida en el juego democrático, ya que su naturaleza es la negación misma de la libertad y los derechos fundamentales que establece la Constitución.

Sin embargo, más allá de esta evidencia, existen dos poderosas razones para que el PSOE ni se plantee si quiera el diálogo con Iglesias y sus acólitos, ahora que Mariano Rajoy ha renunciado a la primera votación de investidura. En primer lugar, la defensa del interés general, que no es otro que el del conjunto de los españoles. Un gobierno de coalición entre PSOE y Podemos garantizaría una nueva crisis económica en España. Las bases de la recuperación siguen siendo muy endebles, ya que todavía no se han corregido los graves desequilibrios estructurales que sufre el país, como demuestra la tasa de paro, el insostenible déficit público o la elevada deuda externa.

La derogación de la reforma laboral y su sustitución por la nefasta rigidez previa, artífice de la mayor destrucción de puestos de trabajo de la historia de España, unida a las nuevas subida de impuestos, el sustancial incremento del gasto público o el ambiente de grave inseguridad jurídica que, en todo caso, transmitiría el pacto con Podemos, constituyen el caldo de cultivo idóneo para frenar en seco el crecimiento, activar una nueva fuga de capitales y acabar generando otra crisis de confianza, con los terribles efectos conocidos que todo ello supone.

Pero es que, además, la coalición con Podemos sería también la tumba política del PSOE a corto y medio plazo, tal y como vienen advirtiendo desde hace mucho tiempo destacados barones y antiguos líderes socialistas. La única salida viable que tiene Sánchez es buscar la complicidad de Ciudadanos y del PP. Y dado que Rajoy es incapaz de formar gobierno, debería echarse a un lado, puesto que su figura es, hoy por hoy, el principal obstáculo para fraguar una posible alianza a tres. El juego político razonable y más o menos sensato, por mucho que se muevan las fichas, sigue estando entre los grandes partidos que defienden la Constitución, el Estado de Derecho y la economía de mercado. El resto de combinaciones para formar gobierno y así evitar la convocatoria de nuevas elecciones supondría la ruina de España y el fin del PSOE.

¿Cuál es tu papel?
Vicente A. C. M.  Periodista Digital 22 Enero 2016

Hay un anuncio de la ONCE en el que plantea una pregunta sobre cuál es el papel que corresponde a cada uno de los protagonistas, la ONCE como gestora de los diferentes servicios sociales que realiza, no solo al colectivo de invidentes, y cuál el de aquellos que con su generosidad participan con donaciones, como voluntarios o comprando el cupón, un boleto de papel con un número que se sortea a diario. Si llevamos esta pregunta al ámbito político, por una parte están los gestores, los partidos políticos que ofertan sus programas y sus equipos para nada menos que asumir la gestión del Estado se supone que del bienestar de los ciudadanos objeto de sus desvelos. Y por otro lado estamos los ciudadanos que con nuestro voto decidimos cada vez que somos consultados de forma más o menos periódica, a los gestores que se reúnen en el Congreso y el Senado pare legislar y facilitar las labores de Gobierno. Así que ahora la pregunta es si estamos de acuerdo con el papel que se nos ha dado. Y mi respuesta es rotundamente que no.

En realidad nuestro papel es el de obligatoriamente contribuir en ese Estado del bienestar del que se supone que recibiremos los servicios necesarios. En esos servicios se incluye el mantenimiento de la infraestructura de gestión, de seguridad, de educación, de sanidad, con sus correspondientes gestores, intermediarios y asesores, mediante la aportación obligatoria de los impuestos directos e indirectos. Pagamos por todo lo imaginable y lo inimaginable, incluso lo que se conoce como doble o triple imposición sobre el mismo concepto. Se paga por trabajar y por el ahorro que con esfuerzo y milagrosamente podamos hacer, con el IRPF. Se paga por consumir cualquier cosa incluidos productos básicos,o por cualquier trabajo ajeno, con el IVA. Se paga por desplazarnos de modo privado al comprar un vehículo, con el IVA específico antes llamado “impuesto de lujo”. Se paga por la movilidad con el impuesto brutal abusivo sobre los combustibles y con el impuesto de circulación. Se paga por aparcar temporalmente el vehículo en zonas azules, verdes y naranjas. Se paga por acceder a una vivienda digna con el impuesto de transmisiones patrimoniales. Se paga por vivir en ella en una ciudad, con el impuesto anual de Bienes Inmuebles, el increíble IBI y el de servicios de recogida de basuras. Se paga por heredar de los padres y por donar a los hijos lo que es de nuestra propiedad familiar y fruto de nuestro ahorro y trabajo, aunque aquí hay diferencias entre autonomías.etc, etc.etc.

Y ahora viene Pedro Sánchez a colocarnos un Gobierno al que hipócritamente llama “progresista” con unos socios cuyo objetivo es imponernos la dictadura del proletariado bolivariano chequista. Y lo que es peor, desmembrar España facilitando la independencia de territorios, despreciando la Soberanía Nacional que reside en el conjunto del pueblo español y no solo en los residentes de una parte concreta autonómica, por mucha lengua autóctona y singularidades que se esgriman como hechos diferenciales para legitimarlo. Un Gobierno que promete mejoras sociales inasumibles para el estado actual de crisis y de recuperación de la economía, que solo podrían obtenerse mediante un incremento brutal de los impuestos. Es decir, penalizando el débil y limitado Estado del bienestar y empobreciendo a los pocos que aún gozan de unos ingresos por trabajar creando riqueza y no siendo parásitos gestores.

Porque un país con casi cinco millones reales de parados, con ocho millones de dependientes jubilados y con tres millones y medio de funcionarios y asimilados, es absolutamente inviable con la fuerza laboral restante en la que más de un tercio está ocupada en el sector servicios (hostelería) sobre la que descansa el esfuerzo productivo de riqueza. Así que lo de progresista solo se va a cumplir en el sentido de progresar hacia la bancarrota más absoluta y el recorte dramático de prestaciones sociales. Justo lo contrario de lo que prometen estos populistas demagogos que se van a asociar en un Gobierno condenado al fracaso. Y eso sin contar con la dificultad añadida de la oposición de un Senado con mayoría absoluta del odiado PP.

En unas horas irá Mariano Rajoy a presentarse ante el Rey para comunicarle que “se siente con fuerzas” para presentarse a la investidura e intentar formar Gobierno. Lo malo es que esas son sus propias fuerzas y no bastan. No debería ser el Sansón que ciego y usando las cadenas que le atan a las columnas del templo, las derriba y junto con él da muerte a los Filisteos. Aquél fue un juez hebreo que incumplió a Ley y se arrepintió de sus errores. Rajoy no se arrepiente y será juzgado por la Historia aunque el mal hecho ya no tendrá remedio.

Si no estás conforme con el papel que nos han dado estos pésimos gestores ¿ por qué les has votado? Ahora ya es demasiado tarde para lamentarse y todo está en sus poco confiables manos.

¡Que pasen un buen día! Y prepárense para lo peor.

El PSOE, Sánchez y la cobardía de los sensatos
Roberto L. Blanco Valdés La Voz  22 Enero 2016

«Si uno empieza por permitirse un asesinato, pronto no le da importancia a robar, del robo pasa a la bebida y a la inobservancia del día del Señor, y se acaba por faltar a la buena educación y por dejar las cosas para el día siguiente. Una vez que empieza uno a deslizarse cuesta abajo ya no sabe dónde podrá detenerse». El demoledor y finísimo sarcasmo del texto que abre esta columna solo podía salir de la pluma de un inglés, Thomas de Quincey (1785-1859), quien, en Del asesinato considerado como una de las bellas artes, legó a la posteridad la que ya es sin duda una obra clásica.

¿Qué les sugiere la humorada de De Quincey? Permítanme echarles una mano: «Si un partido empieza por permitirse pactar con otro, una de cuyas dirigentes viaja a la Venezuela de Maduro, en un avión fletado por el régimen, en compañía de un representante de la CUP y de un sujeto claramente vinculado al entorno político de ETA, pronto no le da importancia a la exigencia de autodeterminación, pasa luego a considerar también irrelevante la inobservancia por parte de sus futuros socios de las más elementales formas democráticas, y acaba por abrazar a quienes lo han ninguneado e insultado, y han hecho lo mismo con los millones de españoles que construyeron el mejor país que nunca hemos tenido». Y es que, como subraya De Quincey, una vez que empieza uno a deslizarse cuesta abajo ya no sabe dónde podrá detenerse.

Esa es hoy la terrible deriva en la que Sánchez, preocupado solo de su futuro personal, ha metido a su partido, que ya no sabe lo que es, ni lo que quiere, ni a quién representa, ni qué límites no está dispuesto a traspasar.

Lo de Sánchez, claro, se veía venir desde hace tiempo. Lo que resultaba, sin embargo, imprevisible es que ante la locura desatada por quien está dispuesto a hundir a su partido y su país por mantener sus ambiciones, los dirigentes más sensatos del PSOE, que conocen la importancia del interés general y saben que a Podemos no le importa lo más mínimo, hayan decidido retirarse tras un amago que parecía ir en serio, para permitir, finalmente, al líder del PSOE hacer su disparatada voluntad.

¿Dónde están los políticos socialistas que saben perfectamente que el pacto de Sánchez con Podemos podría ser el comienzo del fin de su partido y perjudicar, hasta anegarla en un populismo demencial, la recuperación económica que tanto esfuerzo ha costado conseguir? Sí, ¿dónde están, entre otros muchos, los González, Solana, Almunia, Rubalcaba, Solchaga, Solbes, Ibarra o Bono? ¿Dónde los barones que hace pocos días parecían dispuestos a no tolerar la locura que podría estar a punto de cerrarse?

El PSOE necesita, hoy más que nunca, voces desinteresadas y valientes. En contraste, vive dominado por una cobarde procesión dos caladiños que, mirando cada uno a su interés, confirman el descarnado realismo de Voltaire: que el verdadero valor consiste en saber sufrir. Pero nadie parece querer correr ese riesgo en el PSOE. Y así estamos.

Tras la derrota, ¿la catarsis?
Guillermo Dupuy Libertad Digital 22 Enero 2016

El empecinamiento de Rajoy por seguir presidiendo el PP y, sobre todo, por seguir presidiendo el Gobierno de la nación me recuerda esa falta de sentido de la realidad de que hicieron gala aquellos que, hace unos meses, pusieron a parir a Ciudadanos por respaldar a Susana Díaz como presidenta de Andalucía, a pesar de que este respaldo era la única forma de evitar que la socialista gobernara en alianza con Podemos.

Ahora la única forma de evitar que Pedro Sánchez gobierne en alianza con los podemitas y los nacionalistas –valga la redundancia– sería que el PP brindara su apoyo al candidato socialista, tal y como hizo Ciudadanos en Andalucía.

Los detractores de aquel acuerdo de Ciudadanos con el PSOE decían apodícticos que los votantes andaluces de Ciudadanos no respaldaron a ese partido para que luego sirviera de báculo de los socialistas. Aquello era tan cierto y estéril como lo es ahora el hecho de que tampoco los que han seguido votando a Rajoy lo han hecho para que este brinde su apoyo a Pedro Sánchez. Sin embargo, lo decisivo, tanto entonces como ahora, era preguntarse con quien preferirían los votantes del PP y de Ciudadanos que gobiernen los socialistas, si con estas formaciones o con los podemitas y separatistas.

Lo que es evidente es que la imposibilidad que tiene Rajoy, o cualquier otro miembro del PP, de seguir presidiendo el Gobierno de la nación brinda a este partido la posibilidad de una catarsis y una posibilidad de recuperación de sus traicionadas señas de identidad. Era de ilusos pensar que esa regeneración iba a ser posible con el incorregible de Rajoy al frente, como era de ilusos pensar que este se marcharía sin que previamente el PP perdiese la posibilidad de seguir gobernando.

Me hubiera gustado que la medicina no hubiera tenido que ser tan amarga, pero la pérdida de poder del PP brinda a este partido la posibilidad de rectificar y renovarse y de volver a ser votado sin taparse la nariz, y de volver a recuperar a ese tercio de electores que ya ha perdido; un partido en el que vuelvan a estar cómodos gente como Mayor Oreja o Manuel Pizarro, como Ortega Lara o Vidal-Quadras, como Santiago Abascal o Esperanza Aguirre, como José María Aznar o María San Gil, como Pablo Casado o Cayetana Álvarez de Toledo, o como tantos y tantos otros que no lo están o ya se han ido del partido.

Entiendo que, con el catastrófico horizonte de un Gobierno de frente popular/nacionalista en ciernes, no es el mejor momento para dar ninguna muestra de optimismo; pero sigo pensando que sólo la derrota puede traer la cura a este PP envilecido. Confiemos en que esta derrota, una vez que el PP y Rajoy la asuman, además de amarga, resulte medicinal.

Un final triste para Rajoy
J. L. González Quirós www.vozpopuli.com 22 Enero 2016

De manera lenta pero inexorable el PP va cayendo en la cuenta de lo inútiles que han resultado ser sus proclamas de haber ganado las elecciones, y hasta empiezan a pensar que ese empeño retórico, esa estratagema de mal perdedor que ignora las reglas del juego, va a acabar por propiciar la peor de las situaciones, un gobierno que, tratando de deshacer lo mucho que dice haber hecho el PP, lo muy poco que en realidad ha hecho, acabe por convertir España en una mezcla de Argentina y Grecia, sin ningún Macri a la vista.

Un balance lamentable
La historia, la manera en que se cuentan las cosas, tiene sus reglas, y una de ellas es que el final de un proceso contribuye más que nada a establecer el marco en el que se juzga el pasado. En el caso de Rajoy, el juicio estará presidido por dos realidades inmisericordes: el haber dilapidado una mayoría absoluta extraordinariamente fuerte, oportunidad de la que jamás había gozado la derecha, llegando lo más cerca posible de la destrucción de lo que había sido un gran partido, y el haber tratado de disimular de manera hipócrita y chapucera unos episodios de corrupción que han producido un clima de rechazo general hacia los dirigentes del PP. Tratar de disculparse de esas manchas arguyendo que en todas partes cuecen habas, indica hasta qué punto Rajoy y sus compañeros de gobierno han desconocido la gravedad política del caso, y de qué manera desprecian los fundamentos morales en los que debiera asentarse cualquier política grata a los ciudadanos conservadores y liberales que son el apoyo natural del PP.

Perder el último tren
Como si fuera poco todo eso, todo lo que ha llevado a la perdida de millones de votos y de decenas de escaños, a la liquidación de los gobiernos del PP en ayuntamientos y comunidades autónomas, Rajoy está a punto de perder la última oportunidad de dignificar su final político agarrándose a un imposible. Cualquier dirigente de un partido similar al PP en cualquier otro lugar del mundo habría dimitido de su cargo al conocer los resultados y practicar una aritmética elemental, pero llevado por esa locura que los dioses dispensan a los que quieren perder, Rajoy se pudo a bailar en el balcón de Génova como si hubiese obtenido un amplio refrendo popular a su gestión.

Ahora ya no baila, y todas las imágenes nos lo muestran abatido y dispuesto a lo que sea con tal de no morir a tan pocos metros de la orilla. Ha dicho que no tiene líneas rojas, una declaración poco afortunada, aunque adecuada a su trayectoria, sin darse cuenta de que lo que en realidad no tiene es la más ligera oportunidad de seguir al frente del Gobierno, ni al frente de un partido al que ha conducido a una derrota nada imprevisible, pero más dura de lo que nunca llegó a imaginar, y eso que no le faltaron las advertencias.

Un trámite doloroso
Aunque nada impediría que Rajoy tratase de enmendar una trayectoria muy poco brillante con un gesto de grandeza, haciéndose, todo lo discretamente que pueda, a un lado, y abandonando la política con un buen discurso, puesto que eso sabe hacerlo, su indolencia terminal le va a llevar a enfrentarse a una doble sesión de investidura, cuyo resultado negativo está cantado, y que sólo servirá para poner de manifiesto lo peor de la política española, y hay donde escoger. Ni los ciudadanos, ni los votantes del PP, ni los dirigentes, ni Rajoy mismo, se merecen esa dosis final de amargo acíbar, ese frustrante espectáculo sin interés en el que, de manera casi inevitable, los garrotazos dejarán sin espacio a las razones. Cuando sea recibido por el Rey será, seguramente, el último momento en el que Rajoy podrá escoger marcharse por su píe en lugar de abandonar la escena a empujones. Ha hecho una política que no gusta a muchos, pero ha sido la suya y puesto que no va a poder seguir haciéndola, bien haría en dejar en manos de su partido la toma de las decisiones oportunas, lo que sería la única manera de no llevarlo consigo a la pira funeraria, como si el PP fuese la viuda india de un maharajá anticuado.

La responsabilidad de los diputados
En España se confunde la indignidad del método de selección para estar en las listas, con la dignidad y la responsabilidad que tiene el puesto. Los diputados del PP no representan a Rajoy, aunque hayan sido elegidos por él, sino a todos los españoles y, en especial a los millones de votantes del partido. No pueden abstenerse de opinar en este momento, porque eso sería cegar la voz y las demandas de los ciudadanos que es esencial en democracia, de manera que, si de verdad creen que un gobierno de coalición es lo que España necesita, y se dan cuenta de que Rajoy no puede presidir ese gobierno, debieran apresurarse a buscar otras soluciones, suya es la primera responsabilidad en el caso.

Rajoy parece estar ausente en todo este proceso previo a la elección de presidente del gobierno, pero el PP no puede renunciar a hacer valer los votos de siete millones de españoles. Han de ayudar a Rajoy, sin duda, pero han de velar por la democracia, no sólo por un hombre. Su responsabilidad al no tratar de buscar una salida a este infausto laberinto es enorme. Hay que esperar que, si Rajoy no se va inmediatamente antes, cuando se haga evidente que Rajoy no será investido, los diputados comiencen a actuar, a hacer posible esa solución que dicen ser la menos mala: tienen que ganarse el sueldo porque para eso se les paga, para que elijan presidente, en nuestro nombre, pero ellos son los que eligen, y no pueden mirar para otra parte ante el riesgo de que el gobierno caiga en las manos en que no debiera caer.

La influencia de Irán en España
Ricardo Ruiz de la Serna Libertad Digital 22 Enero 2016

Todo comenzó en Washington el 14 de agosto de 2002, cuando el disidente Alireza Jafarzadeh, portavoz del Consejo Nacional de Resistencia de Irán –uno de los grupos opositores al régimen teocrático de la República Islámica–, reveló la existencia de instalaciones nucleares secretas en Natanz y Arak. El programa nuclear iraní se estaba desarrollando de forma clandestina y sin control de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA). Todo parecía indicar que tenía fines militares.

A partir de ahí, los obstáculos que Irán puso durante años a las investigaciones de la AIEA y las sospechas fundadas de que el programa nuclear secreto tenía fines militares condujeron a que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, los Estados Unidos, la Unión Europea, Canadá, Australia, la India, Corea del Sur y Japón, entre otros, impusieran sanciones internacionales a Teherán. Entre 2006 y 2012, la industria armamentística y la petrolífera, el transporte marítimo, el sistema bancario, el comercio internacional, el sector financiero y asegurador de la República Islámica, así como altos cargos de la Guardia Revolucionaria –que funciona como un Estado paralelo–, se vieron afectados por un régimen sancionador que trataba de sentar a Teherán a la mesa de negociaciones y reconducirlo a un uso pacífico de la energía atómica conforme al derecho internacional. La mayoría de las sanciones se levantaron la semana pasada. Han estado en vigor aproximadamente nueve años.

España no aprobó sanciones unilaterales como sí hicieron otros Estados, pero tuvo que aceptar sin entusiasmo las impuestas por mandato de Naciones Unidas o por el derecho de la Unión Europea. En aquella época, el Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero apostaba por la Alianza de Civilizaciones –la había propuesto en 2005 junto al entonces primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan–, y la distancia con los Estados Unidos era abismal. Rodríguez Zapatero se aproximó a la Venezuela de Hugo Chávez y la Siria de Asad, dos de los principales aliados de los ayatolás. Hubo empresas españolas que trataron de continuar sus relaciones con la República Islámica mientras pudieron –en alguna ocasión, a riesgo de infringir el sistema de sanciones– y presionaron al gobierno para mantener cierta proximidad con Teherán. Por ejemplo, hubo operaciones en 2009 y 2011 contra la presunta venta de material prohibido. La ingeniería civil y el suministro de piezas y repuestos para maquinaria, entre otras cosas, siguieron siendo negocios atractivos para las empresas españolas.

Junto a la distancia política de los impulsores de las sanciones, había también otros factores que hacían de España un país interesante para la influencia iraní. En primer lugar, la ausencia de una colonia activa de exiliados y disidentes. A diferencia de Estados Unidos o Alemania, en España los disidentes iraníes apenas tienen visibilidad pública. Además, los servicios de inteligencia de Teherán han tratado de controlar sus actividades infiltrando informadores en sus entornos sociales. Por ejemplo, en 2013 una operación de la Comisaría General de Información destapó un presunto espionaje a los exiliados iraníes que acudían a una ONG en busca de ayuda.

España no tenía deudas históricas con Irán. No había participado en las operaciones de desestabilización de la Guerra Fría. Tenía buenas relaciones con países aliados de Teherán. Estaba distanciada del Eje Atlántico. José Luis Rodríguez Zapatero alardeaba de europeísmo y de pacifismo. Había retirado a las tropas de Irak. Había desairado a los Estados Unidos. España era, además, un actor relevante en Hispanoamérica, donde Irán estaba ejerciendo notables acciones de influencia. Cientos de diplomáticos iraníes operaban desde México hasta los Andes. Había una situación especial en Argentina, donde las investigaciones por el atentado contra la AMIA el 18 de julio de 1994 habían terminado conduciendo a la denuncia internacional contra Irán por parte de Argentina en 2007 y a la emisión de órdenes internacionales de busca y captura de cinco iraníes.

Teherán decidió, pues, utilizar España como plataforma para su influencia en Hispanoamérica y en Europa. Uno de los instrumentos más poderosos de la estrategia de influencia iraní para contrarrestar la presión internacional y el régimen de sanciones ha sido la televisión HispanTV, que el presidente de la República islámica inauguró por videoconferencia el 31 de enero de 2012 con un "¡Viva España, viva América Latina!". La cadena había comenzado sus emisiones el 21 de diciembre. Desde Madrid, Teherán pretendía romper su aislamiento.

A partir de 2012, las actividades iraníes de propaganda se multiplican. En torno a HispanTV nace un conglomerado de empresas controladas por Mahmud Alizadeh Azimi. Las investigaciones de diversos medios de comunicación han ido arrojando luz sobre este empresario que pasó por el negocio de la consultoría en Bilbao y terminó en el sector audiovisual a través de empresas como Producciones Audiovisuales HispanTV, Producciones Audiovisuales Press TV y 360 Global Media.

Sin embargo, era imprescindible la participación de españoles en el proyecto. El entorno de los jóvenes afines a los populismos de Venezuela y Bolivia brindó el aliado que Irán necesitaba. El 22 de abril de 2013 se constituye la sociedad Mano Izquierda Producciones, cuyo nombre es muy similar al de la Asociación Cultural Producciones Con Mano Izquierda, inscrita en el Registro Nacional de Asociaciones el 26 de enero de 2012.

Durante estos años, la polémica ha rodeado la actividad de HispanTV. Desde la difusión de los mensajes del entorno radical vasco a la propaganda populista, la actividad de esta cadena ha sido motivo de escándalo por su contribución a lavar la cara de un régimen que condena a muerte a los homosexuales o presta su apoyo a organizaciones terroristas como Hezbolá. El 20 de diciembre de 2012 Hispasat dejó de prestar sus servicios de satélite a la cadena porque el presidente de la Organización de la Radio y la Televisión de la República Islámica de Irán (IRIB, por sus siglas en inglés), Ezatola Zarghami, estaba incluido en la lista de sancionados por la Unión Europea (UE). El 29 de enero de 2013 la Comunidad de Madrid suspendió la emisión de la cadena por TDT.

Así, entre 2012 y 2014 y en el entorno de la televisión iraní, un grupo de jóvenes españoles trabajaba en la organización de distintas iniciativas políticas que terminaron, por ejemplo, con el nacimiento de Podemos. Es desconcertante que casi nadie diese importancia a la creciente actividad política de agitación y propaganda que tenía no solo una agenda de temas internacionales sino, cada vez más, un claro propósito de influencia en la política española.

Esto no deja de ser preocupante. Apenas pasados cuatro años de la creación de este entramado de sociedades, Podemos y sus grupos concurrentes tienen una representación en el Congreso de los Diputados que les brinda la oportunidad, por ejemplo, de conocer la actividad del Centro Nacional de Inteligencia a través del control parlamentario en la correspondiente comisión, o de influir en la política exterior de España hacia Venezuela, Bolivia, Arabia Saudí o, por supuesto, Irán.

En Teherán deben de estar satisfechos.
© Revista El Medio

Europa ante el espejo del doble rasero
JUAN BONILLA El Mundo  22 Enero 2016

No recuerdo ahora quién dijo que el analfabeto del siglo XXI sería no el que no supiera leer ni escribir sino el que no supiese descifrar el significado de unas imágenes. A tenor de cómo se ha recibido la última viñeta polémica de Charlie Hebdo (con contestación cursi de la reina de Jordania incluida) se diría que los analfabetos no sólo están por todas partes sino que no temen lo más mínimo hacer gala de su ignorancia y la multiplican en insultos. Como seguro que saben, la viñeta, tremenda, violentísima, representa en un margen al pequeño Aylan, muerto en la orilla turca, mientras deja el cuerpo central para los sucesos de Nochevieja en Colonia donde se produjeron decenas de agresiones sexuales y actos vandálicos muchos de ellos protagonizados por refugiados. La leyenda pregunta: «¿Qué hubiera sido del pequeño Aylan si se hubiese hecho mayor?». Y responde al pie: «Acosador de mujeres en Alemania».

Bien, la lectura que se ha hecho multitudinariamente parece entender que Laurent Sourisseau, Riss, firmante de la viñeta y actual responsable de la revista, vaticina que el niño muerto en la costa turca después de huir del espanto de la guerra siria con sus familiares y otros cientos de persona a bordo de uno de los botes que llegaron o se hundieron en su singladura hacia Europa, se hubiera transformado en uno de los muchos violadores de la noche alemana (más de 500 denuncias de agresiones sexuales) y por lo tanto de alguna manera celebra esa muerte pues con ella se nos ahorra nada menos que un delincuente en potencia. Una lectura tan boba de la viñeta -¿y hasta cuándo vamos a seguir considerando el viñetismo como mero humor? ¿Es mero humor El Roto? ¿Puede alguien utilizar la palabra chiste para cualquier obra de un viñetista? ¿Cree alguien de verdad que el viñetista Riss ha tratado de hacer un chiste?- casi no merece ni ser rebatida, pero es la que se ha impuesto no sólo gracias a miles y miles de tuits que reprenden a Charlie Hebdo acusándolo de racista, de no tener sentimientos, de burlarse de algo tan trágico como la muerte de un niño de tres años que huía de una guerra, sino también en mucha de la información redactada sobre la polémica en medios de comunicación profesionales: se ve que el analfabetismo visual no conoce fronteras.

Parece evidente y al alcance del entendimiento de cualquiera que lo que la viñeta pretende -pero al parecer con la suficiente oscuridad intelectual como para que no se la comprenda: se diría que ya ni lo obvio está al alcance de los analfabetos- es precisamente lo contrario de lo que ha conseguido: denunciar el racismo de Europa, su doble vara de medir, su sentimentalismo trágico tan dispuesto a convertirse en justiciero y violento racismo a la menor oportunidad que tenga. Pues el sentimentalismo tiene de débil esa capacidad suya para acogerse a la generalización y renunciar a cualquier razonamiento para apoyar sus lágrimas abundantes o sus abundantes gritos, dependiendo del hecho ocasional que lo ponga en acción. Parece claro que quien habla en la viñeta no es otra que esa Europa. ¿La misma Europa conmovida por la muerte de un niño captada en una imagen insoportable, la misma que levantó la voz unánime e impaciente con un «hay que hacer algo y hay que hacerlo ya», es la que, también de forma impaciente, ahora clama que por dejar pasar a tanto refugiado sin severos controles de calidad se haya propiciado la jarana lamentable de Colonia y otras ciudades? Pues sí, esa misma Europa, a juzgar tanto por el llanto como por el griterío producidos por uno y otro hechos, es la que formula la pregunta y la que responde.

Y en ambos hechos el mismo flanco débil: la facilidad con que nos acogemos a la generalización a partir de un caso particular, como si no fuese razonable pensar que no porque un niño muera en una playa cuando estaba a punto de alcanzar el sueño de Europa, todos y cada uno de los que aspiran a refugiarse son tan inocentes como él -no, no los representa- y como si no fuese razonable pensar que no porque veinte, treinta o cincuenta violadores en potencia armaran la que armaron en Colonia en Nochevieja todos los que han entrado en Alemania son tan indeseables como ellos -no, no los representan.

Lo que la viñeta viene a decir es que los bárbaros han entrado en Europa, sí, pero no son los refugiados sirios, qué va, son todos esos que viven del blanco y negro tajantes, que no entienden de matices en nada, que aprovechan la muerte de un niño en una playa para decir que Europa es criminal e inhumana y aprovechan la borrachera de unos tarados para decir que Europa es débil y patética. Tan buena es la viñeta que utiliza el mismo mecanismo que utilizaron todos aquellos a los que ridiculiza de veras: la demagogia. Sólo que lo que pretende, sin aparentemente haberlo conseguido, es poner en solfa esa misma herramienta, una herramienta que, no se olvide, sirvió para atacar a la alcaldesa de Colonia por decir algo tan razonable como que se debía tener cuidado con quien se mezcla uno en las celebraciones eufóricas. Un ministro, dispuesto a rematar a puerta vacía, llegó a recordarle a la alcaldesa que los culpables eran los violadores no las mujeres: ¡pues claro! Pero que alguien te diga que no vayas a un barrio peligroso de madrugada, no significaba que esté quitándole culpa alguna a quien te vaya a atracar, sino sólo pidiéndote que seas precavido.

Una demagogia en fin que ha seguido sirviéndose impúdicamente de la imagen del niño Aylan pero le reprocha a Charlie Hebdo que utilice su imagen, como si esa imagen no se hubiese utilizado miles de veces, por quedarme corto, para subrayar la criminalidad de Europa.

La viñeta de Riss tiene el mérito de poner un espejo ante la mirada europea y el defecto de que quizá ha sobrevalorado la capacidad de esa mirada para entender lo que sale reflejado en ella. La lectura analfabeta de la imagen hiriente, muy hiriente, de Charlie Hebdo ni siquiera parece haberse dado cuenta de que el viñetista no se mofa del pequeño Aylan,sino de nosotros, de nuestra patética incapacidad para entender que ellos, los otros, los refugiados, los que huyen, no pueden ser un cuerpo unánime y por lo tanto no pueden ser así mirados, ni conmovedores e inocentes como el pequeño Aylan, ni nauseabundos y criminales como los protagonistas de la noche de Colonia. Haciendo bueno el eslogan que pretende que una imagen valga más que mil palabras, la viñeta de Riss podría haber sido la más eficaz denuncia de esa rebaja de la razón que padecemos y que puede disfrazarse lo mismo de racismo indómito que de desasosegado sentimentalismo. Pero hubiera hecho falta acaso que el analfabetismo en la lectura de imágenes no tuviera tantos forofos encantados, por otra parte, de hacerlo público.

Supongo que todos ellos al leer esa formidable viñeta de Forges en la que un funcionario pregunta a un blasillo: «¿Profesión?», a lo que el blasillo le responde: «Mando a distancia de mi señora», entenderían que el viñetista estaba haciendo burla de la virilidad, como pidiendo a los machos que nos reveláramos: las lecturas literales de imágenes propenden a esas pobrezas. Y no sé porqué es tan difícil que muchos lectores de viñetas -humorísticas o políticas- no caigan en la trampa de los menos ágiles lectores de ficciones, aquellos que cuando un guardia civil es un corrupto consideran que el autor ha querido decir que la Guardia Civil es corrupta y cuando una mujer joven y bonita se va con un cincuentón adinerado el autor quiere vender el mensaje de que las jóvenes bonitas son todas putas. Ese mismo defecto es el que ha permitido que el analfabetismo haya visto en la viñeta de Riss justo lo contrario de lo que en ella hay: no, Riss no se está mofando del pequeño Aylan, se está mofando de cómo ha perdido músculo en Europa aquella herramienta que tanto hizo por construirnos: la razón. Y cómo esa pérdida nos lleva por igual a las peligrosas sendas donde la razón queda abolida: las sendas de la demagogia encantada de hacer gala de sentimentalismo barato y de carísimo racismo.

Juan Bonilla es escritor.

Colau y la democracia un, dos, tres
Cristina Losada Libertad Digital 22 Enero 2016

Después de la Gran Guerra, la primera, el presidente Wilson propuso como solución a los problemas de Europa, y con vistas a la disolución del imperio austro-húngaro, el célebre principio de autodeterminación. Al cabo de poco tiempo, relata el historiador Paul Johnson, todos los intelectuales europeos más jóvenes, y también sus mayores, pensaban que el derecho de autodeterminación era un principio moral básico. Hubo una excepción, que fue Karl Popper. Vio enseguida que aquel era un principio contradictorio, puesto que la liberación de pueblos y minorías creaba, en realidad, más minorías.

Bien. Yo no esperaba que la alcaldesa de Barcelona fuera Popper. Ni siquiera popperiana, aunque ya puestos me atrevería a recomendarle ese texto monumental que es La sociedad abierta y sus enemigos. Pero. La verdad es que mentiría si dijera que me sorprende que funde su defensa del referéndum en Cataluña en una noción trivial y limitada de la autodeterminación y la democracia, y en una frívola ausencia de reflexión sobre las consecuencias. Era de esperar.

Los dirigentes separatistas saben qué se traen entre manos cuando presionan por el derecho a decidir. Tanto lo saben que inventaron ese eufemismo para quitarle hierro al asunto. Sin embargo, sus compañeros de viaje, los que dicen no ser nacionalistas pero se suman al "votemos", son como niños que juegan con fuego sin tener conciencia alguna de que juegan con fuego. Claro que no son niños, que ya van siendo mayorcitos, y no merecen la eximente de la inocencia ni la ingenuidad. Su posición, a fin de cuentas, es la fácil y políticamente rentable: nadar a favor de la corriente en Cataluña. Están, digamos, en la ortodoxia, aunque manejan sólo la vulgata.

Colau dijo en una entrevista con una radio pública de Barcelona un par de cosas representativas de la puerilidad intelectual de los partidarios del "votemos". Helas aquí: "Sobre las preguntas se puede hablar, pueden ser dos opciones, tres opciones, pero no quita que se haga el referéndum" y "se pregunte por Cataluña". “No se puede ningunear a millones de personas”. Y: “En Escocia se hizo y salió el no. Preguntar es democracia. Si quieren hacer otras propuestas las escucharemos, pero el referéndum hay que hacerlo." Forma y fondo, como en los clásicos. Habrá que resignarse a este lenguaje.

No, en cambio, a la atronadora inconsciencia. No se puede ningunear a millones de personas, dice y dicen, cuando son ellos, sí se puede, los que quieren ningunear a millones de personas: el resto de españoles, a los que un referéndum de autodeterminación en Cataluña negaría voz y voto sobre un asunto de efectos terminantes –y terminales– para su país. La doctrina nacionalista sostiene que "Cataluña" tiene derecho a votar ella sola porque es una nación. "Como somos una nación tenemos derecho a votar que somos una nación", es el cuento de la buena pipa. Pero los que no son nacionalistas, los que al menos dicen que no lo son, ¿cómo lo justifican?

Con la simpleza de Colau: "Preguntar es democracia". Preguntar es bueno, votar es bueno, la democracia es votar, y ya está. No me queda otra que recomendarle una lectura más a la alcaldesa, "Referéndum y ciudadanía" de Juan Claudio de Ramón. Lástima que las cosas no sean tan sencillas: la democracia no se reduce a votar. Y ello al punto de que no hay democracia sin voto, pero hay voto sin democracia. Qué le vamos a hacer, la democracia es algo ligeramente más complicado. Y no se nace aprendido.

Pero si preguntar es democracia y no hay más vueltas que darle, pregunte la alcaldesa a los barceloneses si quieren pagar el IBI y las tasas al ayuntamiento. Para eso igual tiene potestad. Tenga cuidado, no obstante. En California se hizo (algo parecido) y salió el no. Después, eso sí, quebró.

Gregorio Ordóñez siempre en la memoria
Joaquim Vandellós Ripoll  www.gaceta.es 22 Enero 2016

“Yo tengo muy clara la idea de que fue de los pocos que le plantó cara realmente al terrorismo, y que eso le hizo diferente y mejor. No sé cómo no podría no enorgullecerme de él. Me parece admirable lo que ha hecho (…) Él fue una persona que marcó la diferencia, y que demostró a los demás que se puede ser un buen político”, declaraba hace unos años Javier Ordóñez, único hijo del político asesinado.Como cada 23 de enero recordamos el aniversario de la muerte de Gregorio Ordóñez, edil del PP y teniente alcalde de San Sebastián asesinado por ETA en 1995 mientras preparaba las elecciones municipales que se iban a celebrar en el mes de mayo. A lo largo de su trayectoria política defendió con claridad la idea de España y condenó sin complejos la negociación con terroristas, siendo hoy en día un referente por su valor y gallardía de miles de jóvenes con independencia de su ideología política.

Durante los siguientes 20 años nuestra sociedad ha padecido momentos especialmente dolorosos, como el asesinato del concejal del PP Miguel Ángel Blanco, el atentando de la T-4, el asesinato del ex Presidente del Tribunal Constitucional, Francisco Tomás y Valiente, y de las demás víctimas que se suman a las más de 800 causadas por ETA a lo largo de su historia. Sin embargo también ha habido momentos felices, como la liberación de José Antonio Ortega Lara y la desarticulación de comandos de la banda terrorista por la Guardia Civil.

La vida de cientos de miles de personas ha sido gravemente alterada por ETA. Por un lado, están aquellas familias obligadas a abandonar el País Vasco por las amenazas directas e indirectas de la banda y por el arrinconamiento institucional efectuado por los gobiernos secesionistas. El Foro Ermua calcula que 200.000 vascos han abandonado su tierra sólo desde 1985. Hoy en día, se calcula que otros 20.000 estarían dispuestos a exiliarse de continuar o empeorar su situación. Además, están aquellos que sin haber abandonado el País Vasco se ven obligados a vivir con escolta , entre los que se encuentran principalmente políticos, empresarios e intelectuales en un número variable entre 1000 y 1500.

Actualmente una de las asignaturas pendientes de nuestro Estado de Derecho sigue siendo la lucha contra el terrorismo y el reconocimiento a las víctimas del terrorismo . No estamos en una democracia militante, es decir, se pueden defender principios contrarios a la Constitución. Pero nuestras actuaciones siempre tienen que respetar el ordenamiento jurídico y sólo podemos usar medios constitucionales para alcanzar nuestro fines. El Estado de Derecho tiene que garantizar el respeto a un conjunto de derechos fundamentales y libertades políticas básicas en que se fundamenta nuestra convivencia. Si éste renuncia a la defensa de las libertades democráticas mediante el imperio de la ley, legitima y da vía libre a aquellos que hacen del uso de la fuerza un instrumento para conseguir sus objetivos.

En los últimos años se han vivido momentos muy delicados con la derogación de la Doctrina Parot por una sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos y la celebración de actos de exaltación del terrorismo y a favor de los presos de ETA en el País Vasco. Las víctimas han vuelto a encontrarse en una situación muy complicada al ver como los criminales salían a la calle y en muchos casos, sin el más mínimo arrepentimiento.

No nos podemos permitir volver a los años setenta y ochenta, tiempos de marginación social para las víctimas, cuando los funerales por los asesinados por ETA se celebraban casi en la clandestinidad, con pocos asistentes y con todo tipo de impedimentos por parte de algunos sacerdotes. Unas víctimas que han muerto en defensa de España no pueden ser abandonadas por una Nación que se respete a sí misma.

Viviendo una crisis de valores como la actual, es más necesario que nunca recordar a aquellos que como Gregorio Ordóñez y tantos otros antepusieron la defensa de las libertades en el País Vasco a sus intereses propios, dándonos a todos una lección de civismo y amor a su tierra. Por eso es tan importante dar a conocer su testimonio y el motivo por el cual sacrificaron su vida. El camino a la paz no es un camino ni fácil ni corto, pero este nunca puede pasar por la claudicación ante el terrorismo y el olvido a las víctimas. Un país que no quiere a sus víctimas es un país que no se quiere a sí mismo.

Palabra de Socgen: la bolsa caerá un 70%... más
Albert Edwards, el estructuralmente bajista estratega del banco francés, augura un escenario apocalíptico en el que ni siquiera España va a crecer lo que nos han vaticinado
El Confidencial 22 Enero 2016

El pasado 8 de octubre escribimos el siguiente 'post': ‘El mejor gestor español a tres años se posiciona para el apocalipsis financiero’. Una entrada que concluíamos afirmando que:

“Hemos sido voz que clama en el desierto durante meses. Está bien que al coro de fundados agoreros se nos vayan uniendo nuevos miembros, gente capaz de ver la realidad que hay detrás de la ficción monetaria que nos rodea y que a la economía financiera le interesa, a toda costa, mantener.

Es un alivio.

La soledad es muy pero que muy dura.
Se lo digo por experiencia”.

El vaticinio del bueno de Luis Bononato -el personaje aludido- era correcto, el 'timing' de su pronunciamiento, terrible. Así le fue. Su posicionamiento le pasó factura pese a lo fundamentado de su discurso. Al cierre del ejercicio mantenía el liderazgo en su categoría de fondos mixtos globales en euros, pero Global Allocation se dejaba casi 10 puntos de diferencial con su inmediato perseguidor en apenas tres meses. Duro.

Ahora que los peores augurios se están cumpliendo -veremos, en cualquier caso, cómo acaba el año-, los pronósticos de esos ‘permabears’ o analistas estructuralmente bajistas a los que se había dado por imposibles por 'cenizos', vuelven a cobrar relevancia en el universo mediático, donde ocupan cada vez mayor espacio, contribuyendo así a una suerte de caída colectiva del guindo. Ahora que lo dicen, algo de razón tenían... se oye por ahí.

Entre los pesimistas seculares destaca, desde siempre y por lo radical de sus conclusiones, el estratega de Société Générale, Albert Edwards, que en los últimos años se ha estrellado con sus predicciones contra el muro de una 'performance' mucho mejor a lo por él aventurado. Sin embargo, en una reunión con inversores celebrada hace ahora una semana, anticipó una contracción del S&P500 del 75% hasta los 550 enteros, con argumentos muy similares a los que hemos ido recogiendo en esta columna durante meses: estancamiento, deflación, endeudamiento y devaluación son una muy mala combinación de la que solo puede surgir un cóctel explosivo.

Ahora puede haber estallado.

'Business Insider' ha recogido en un artículo 12 diapositivas del total de 100 que incluía su presentación. De estas, a su vez, podríamos destacar las siguientes:

Si hacemos caso a los indicadores adelantados, el crecimiento de la economía española se va a esfumar tan rápido como llegó (algo a lo que, sin duda, contribuiría una incertidumbre política prolongada en el tiempo). Una estimación, cuando menos, sorprendente y no excesivamente rigurosa. Claro que si la historia sirve de referencia...

Es verdad que lo que mueve en última instancia las bolsas son los beneficios empresariales pero, tal y como señalamos ayer en nuestro 'post', un entorno recesivo y deflacionario afecta a la actividad y a los márgenes, más allá de que en el caso concreto de Estados Unidos, y en opinión de Edwards, las firmas estén siendo ‘poco prudentes en su gasto’, endeudándose no tanto para acometer proyectos cuanto para recomprar sus propias acciones y mantener o aumentar de modo artificial sus resultados.

Sin embargo, cuando se quita ese efecto y se va aguas arriba en la cuenta de pérdidas y ganancias, en la comparativa entre la deuda neta (bruta menos tesorería real) y el ebitda (beneficio antes de intereses, impuestos, amortizaciones y depreciaciones), la foto sale como que regular. Mirar a la generación de caja y al balance de vez en cuando, más allá del ‘bottom line’, puede llegar a ser muy revelador. Excesivamente, me atrevería a decir. Eso por no hablar de las trampas con los datos 'ajustados' o dejados de ajustar de los que escribimos en esta otra entrada de 19 de noviembre: 'Vamos a contar mentiras: la falacia de los resultados 'ajustados'. 

Y luego está el dólar, al que dedicamos nuestra entrada de ayer, como factor dirimente de cómo evolucionará en el futuro la política monetaria, la actividad y la solvencia de una parte sustancial del mundo mundial. Pues bien, aquí son tres los ‘charts’ interesantes. El primero, se explica solo: la depreciación de las divisas emergentes da miedo. Dos, peor aún, los propios chinos esperan que se devalúe su moneda; por eso están repagando sus deudas en dólares como locos, antes de que sea demasiado tarde. Y tres, así pasa, que los bonos en billete verde de los emisores del mundo en desarrollo no los quiere ni el Tato. ¿Oportunidad?

Divisas...

... con los chinos temiéndose lo peor...

... y sin interés por la deuda emergente en dólares.

Mal asunto.

Para él, la cuestión de si recesión sí, recesión no en Estados Unidos se resolverá ineludiblemente a favor de la segunda de las opciones. Será en su opinión la última prueba de fuego para los bancos centrales, la demostración de si les queda o no munición y, en caso negativo, la constatación de un fracaso que nos ha entrampado por generaciones. Y, ¿entonces?

Veremos.

Es verdad que movimientos tan extremos como los que estamos viviendo, y su traducción en valoraciones irrisorias de algunos activos, invitan a meter el pie selectivamente en esta agua hirviendo, siempre con una perspectiva a largo plazo. Pero sabiendo que la volatilidad ha llegado, y de qué manera, para quedarse, y acertar en el 'trading' será muy muy complicado.

Busquen, comparen y si encuentran algo realmente barato, háganse con ello y siéntense encima sin mirar a diario la pantalla.

Consejo de amigo.

"De momento no hay en el mundo política alternativa alguna a la democracia de la libertad, la tolerancia y los derechos humanos; tampoco a eso que económicamente lo posibilita: el libre mercado o capitalismo"
Catecismo cívico para los tiempos que vienen
Mikel Azurmendi www.latribunadelpaisvasco.com  22 Enero 2016

Con motivo de las masivas agresiones sexuales a jóvenes alemanas por inmigrantes de cultura musulmana durante las fiestas de Fin de Año y dado el cariz de las respuestas del Estado noruego (obligar a los inmigrantes a acudir a clases de respeto moral y cívico) o del Estado británico (clases de inglés obligatorias a todas las mujeres inmigrantes), algunos me han hecho preguntas sobre la democracia y la cultura. Aquí yo las desearía formalizar y responder a modo de escueto catecismo cívico.

1. ¿Es el multiculturalismo un modo de integración social deseable en el seno de sociedades democráticas?
"Multiculturalismo" tiene una acepción muy estricta en los países de lengua inglesa -que es de donde procede el término- y se enclava en un contexto en el que a la raza (sí, la raza) se la considera factor esencial para estructurar la sociedad inmigrante e integrarla. En esos países "integrar a los ciudadanos" consiste en ubicarlos espacialmente según color de la piel y origen, a fin de que accedan al reparto del bien social. Y este reparto se verifica por colectividades afines, separadas unas de otras y cohesionadas internamente en razón de su cultura. Multiculturalismo es, por tanto, una práctica de desarrollo cultural separado. El apartheid surafricano se basó en esa misma premisa ideológica, que fue teorizándose allí en los años 60 del pasado siglo XX bajo el argumento de que crear "naciones separadas" (en lugar de ciudadanos iguales) contribuiría a la desaparición de la discriminación social. Lo que hizo fue impedir un melting pot ya en curso y agrandar la discriminación. El multiculturalismo europeo podría caminar hacia esa vía, como ya está siendo el caso en Gran Bretaña y Holanda, donde las comunidades "aparte" o "guetizadas", la musulmana en particular, comienzan a reclamar un Estado propio y asociado al inglés u holandés.

2. ¿Es el multiculturalismo una teoría y práctica con alternativas al sistema democrático actual?
Tras el derrumbre mundial de integración social de los modelos nazi-fascistas y social-comunistas de todo pelaje, de momento no hay en el mundo política alternativa alguna a la democracia de la libertad, la tolerancia y los derechos humanos; tampoco a eso que económicamente lo posibilita: el libre mercado o capitalismo. El multiculturalismo de los ideólogos anti-sistema es un intento cosmético de destruirlo; y el multiculturalismo de los bienpensantes humanistas es una incapacidad de criticar nuestro sistema presentando mejoras posibles y necesarias. La posible ruptura de la España constitucional en múltiples parcelas patrimonializadas es también una concepción multicultural de prevalencia de las diferencias menores (supuestamente “culturales”) sobre la similitud fundamental de los ciudadanos europeos.

3. ¿Cómo se puede organizar la convivencia en las sociedades pluralistas de modo que todos los grupos sean tratados de la misma manera, con los mismos derechos y dentro de un reconocimiento mutuo y recíproco?
La sociedad pluralista no es aquella donde hay muchos grupos culturalmente diversos, sino es la sociedad donde todos aceptan que existe la ley igual para todos, la libertad para todos y la tolerancia. Este sistema cultural posibilita que el otro sea tan distinto de mí como él quiera, siempre dentro del cumplimiento de la ley y de los derechos de terceros. Y posibilita que cada cual se organice con quien quiera. Eso es una sociedad pluralista.

En la sociedad pluralista el individuo es más importante que el grupo. El individuo es ya todo un grupo, el grupo mínimo de todos, y desde esa entidad emanan los derechos como algo ínsito en la dignidad humana. Los individuos supuestamente maltratados por motivos bastante similares suelen conformar grupos, pero ese maltrato que los objetiva no es la opresión de un grupo por otro sino que se trata más bien de la opresión de personas concretas por motivos económicos, de origen, de sexo, religión, de idioma o lo que fuere.

En la sociedad democrática todo individuo tiene derecho a formar grupos, partidos, clubes e iglesias y a abandonarlos cuando quiera; pero el grupo al que se adscriba el ciudadano no tiene fuerza legal alguna sobre él y, si le obligase a principios o acciones contra la ley o contra los derechos humanos, los dirigentes de ese grupo cometerían un delito grave (el grupo no los cometería, claro; pero el grupo podría ser prohibido o, dicho de otro modo, sus individuos serían constreñidos a no juntarse en grupo).

Organizar el pluralismo es una cuestión de justicia (nadie es más que nadie) y de tolerancia (nadie obliga a nadie en asuntos de pensamiento ni en sus opciones de vida buena).

4. ¿No es deseable la educación multicultural en la escuela?
Lo deseable es la educación cívica, la misma para todos, ésa que impulsa el respeto a la ley, la razonabilidad pública, el sentido de justicia, la decencia civil, la tolerancia, etc. No es deseable compartimentar el aula escolar en espacios y períodos de fragmentación ético-religiosa; el aula entera debería afrontar más bien al unísono una misma formación de la dimensión privada ético-religiosa: todos debieran saber a qué se compromete cada cual asumiendo la religión hebrea, musulmana, evangelista, católica, agnóstica o atea. Todos los compañeros de aula debieran aprender a respetarse dentro de la misma aula a través del conocimiento de cada opción de vida. La educación escolar exige que la democracia sea estudiada y asimilada como el único sistema cultural que posibilita la libre expansión de todas las opciones de vida privada que no dañen los derechos de las personas.

5. ¿A qué retos de integración social se enfrenta el Estado democrático actual respecto de otros momentos históricos del pasado?
En cada momento de su existencia, el Estado democrático ha tenido un reto fundamental: el de la inclusión de los más excluidos. El primer Estado democrático de todos, el de los Jefferson, Madison y Adams, tuvo el reto de incluir al esclavo y aplicar estrictamente la Constitución recién aceptada. Los Estados democráticos de finales del s.XIX y comienzos del XX tuvieron como reto la inclusión de la mayoría de trabajadores políticamente excluida: fue así como se formularon los derechos políticos y sociales (libre expresión de ideas, elecciones libres, derecho de manifestación, de huelga, etc.). Los Estados democráticos se hallan actualmente inmersos en la enorme tarea de la inclusión de las mujeres y los discapacitados. Ahí están también los nuevos excluidos, los pobres, los jóvenes, los inmigrantes, cuya integración social está todavía pendiente... El Estado democrático más que una nueva definición precisa de nuevas prácticas, más coherentes con aquello que propugna defender.

6. Si la identidad cultural es cambiante, ¿por qué se la coloca como axioma inmutable que sustenta las distintas reivindicaciones políticas?
Lo cultural -y más todavía como trasunto de identidad- es hoy un recurso cómodo para el oportunismo político (llegar como sea al poder) o el victimismo (quejarse perpetuamente de los demás sin asumir la propia responsabilidad). La “cultura” ha sido un concepto buscado desesperadamente y parido artificialmente por el colonialismo y, luego, mantenido opíparamente en los departamentos universitarios de antropología para darse ínfulas de sabiduría y buena conciencia redentora. Es verdad que la cultura cumplió cierta función de combate del racismo americano (esencialmente acaudillado por F. Boas y sus discípulos) pero blandir la “cultura”, hoy entre nosotros, lleva siempre la intención de ocultar algún privilegio. La cultura en cuyo nombre se organice, hoy aquí, un discurso político es ya mentira. Huntington no ha proferido la última mentira, ciertamente que no.

7. ¿Cuál es el significado de la cultura para la vida de los seres humanos?
La gran mayoría de los seres humanos no se pregunta en toda su vida por el significado de la cultura, a Dios gracias. Pero sí se pregunta por el modo y manera en que se puede mejorar de vida. Y ésta es la pregunta que más ha hecho avanzar a la humanidad hacia el progreso material y moral. Nuestra "cultura", la democrática, se puede construir coherentemente en la respuesta a esa interrogante tan perentoria de cómo mejorar la vida, de cómo lograr la mejor vida social.

8. ¿Cómo pueden convivir realmente sociedades con diferentes creencias respecto a cuestiones básicas como la propia idea de la sociedad y de su relación con el orden político?
Ninguna sociedad puede perdurar si las ideas de fondo que la sostienen se ponen constantemente en solfa. Por eso toda sociedad trata de mantener algún sistema de legitimidad de sí misma: la nuestra se mantiene en nombre de la igualdad de las personas y su autonomía en libertad; las islámicas, en nombre del sometimiento a Alá y la jerarquía entre las personas, etc. En el mundo globalizado actual, las sociedades islámicas tienen el reto de integrar como fuere la idea de libertad y derechos humanos: su supervivencia está jugándose en ello. Las democráticas, como las nuestras, tienen el reto de serlo cada día más, de evitar cada vez más la exclusión social, de atinar cada vez mejor en la igualdad de oportunidades, y suma y sigue... Toda sociedad está siempre en vilo, ninguna tiene el futuro asegurado. Esa es precisamente la grandeza humana, el manejo de su libertad.

9. ¿No naturaliza el multiculturalismo la cultura y la presenta como un factum, no sólo irrenunciable sino, además, fundante de cualquier tipo de organización política?
Para el multiculturalismo el individuo es un pertenecido a su cultura, esencialmente a la tradición o patrimonio exclusivo de los ancestros. Romper con ese patrimonio sería deshacer al humano; éste no es libre para decir "no" ni para hacer proyectos propios de estilos de vida propios y hasta discrepantes. A esto lo llaman des-culturación e, incluso, a-culturación. Se trata de una concepción étnica de la cultura, algo tan rígido y pétreo como lo es la geología, donde “cultura” es un parque jurásico o sedimentación de capas humanas en las que el individuo es un repetidor infatigable y eterno de la autoctonía ancestral. El individuo sería mero miembro del todo, que es la Cultura. Evidentemente, desde los Hitler a los Arzalluz-Otegi existen muchos especímenes de multiculturalista, pero el de nuestros días se disfraza hábilmente de anti-racismo y odio al racismo que se les supone a los occidentales aunque, de hecho, su racismo étnico es mil veces peor. Precisamente porque suponen que las personas se hallan atadas para siempre a la lengua de sus padres, a la religión de sus padres, al color y sabor de los alimentos de sus padres, siempre distintos e inasimilables por los colores, sabores, usos y religiones de los padres de los vecinos. El multiculturalismo no puede explicar la política como hecho humano de libertad, tampoco puede argumentar contra los hechos humanos de máxima humillación y crueldad de múltiples sociedades humanas (cazadores de cabezas, quemadores de viudas, asesinos de niñas primogénitas, escarificadores y machistas, etc.). En definitiva, un multiculturalista no puede criticar a los nazis; ¿en nombre de qué valores lo haría? La caída en el relativismo moral es una de las más abyectas consecuencias de la teoría multiculturalista.

10. ¿Es el "patriotismo constitucional" (en nuestro caso, español), al entender la patria como 'nación política de ciudadanos iguales y libres', defendible hoy día?
La "nación política" del patriotismo constitucional también condensa un cúmulo de emociones y sentimientos ligados al pasado, no en vano es la historia nacional (con sus gestas, acciones supuestamente nobles aunque encubran mucha crueldad, dificultades superadas, enemigos vencidos, vida en común conflictiva, etc.) la que ha preparado nuestra imaginación para hacer aceptable la "nación política" o "pueblo soberano". Concepto éste que, en efecto, tiene como condensado simbólico esencial ese conglomerado de igualdad, solidaridad y libertad, sustrato de prácticas liberales y democráticas cuyo fin es siempre el de consolidar un proceso permanente de crítica y reforma social. Por eso el patriotismo constitucional debe ser entendido no solamente como proceso práctico de mejora virtuosa de la ciudadanía tras la ampliación de la oportunidad social (igualdad, solidaridad y libertad) sino, además, como trabajo permanente por limpiar nuestra imaginación, sobre todo en lo relativo a nuestra imagen de los hechos del pasado. Si por patriotismo constitucional nos implicamos en un proceso de inclusión en la ciudadanía de los más excluidos de ella, ello nos obliga a repensar constantemente en la imaginación que nos lleva a excluir al otro, repensar nuestras imágenes que propician procesos de exclusión.

Por eso, además de re-visitar la historia nacional, es preciso revisarla de su supuesto brillo nacional a fin de vislumbrar los procesos reales de exclusión, daño y crueldad. Revisarla así constituye una tarea permanente de la imaginación cívica, porque irá adecuando nuestra imaginación a las nuevas intenciones del patriotismo constitucional. El patriotismo es únicamente defendible desde esta perspectiva de revisión de la historia y del hecho cultural mismo que nos ha consolidado como nación.

Hay que terminar con los hechizos de una cultura de “construcción nacional” y fundar nueva imaginería de construcción post-nacional o, mejor, trans-nacional. Es la tarea pendiente en Europa (contarnos también una nueva historia europea donde calibremos la humillación mutua y el gran daño que nos ejercimos unas naciones contra otras) y, naturalmente, en España. Lo que está pendiente es superar el nacionalismo, no con más lenguaje nacional desde intenciones nacionales sino con más lenguaje de igualdad jurídico-política y desde intenciones trans-nacionales.


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Política de baja estofa

Editorial  www.gaceta.es 22 Enero 2016

Es objetivamente escandaloso que en España haya partidos políticos que trabajan bajo los auspicios de potencias extranjeras. Más aún si se trata de potencias dictatoriales. Con todo, no puede extrañar que el mundo de ETA, las CUP catalanas o Podemos beban en el abrevadero venezolano: son organizaciones cuyo proyecto pasa por el desmantelmiento de España y la implantación de sistemas socialistas. Lo que sí extraña es que esas imágenes que nos muestran a gente del entorno etarra, las CUP y Podemos embarcando en el avión presidencial venezolano hayan sido ocultadas a los españoles y sólo salgan ahora.

Esas imágenes que hemos visto son de diciembre de 2014. Es decir, de hace catorce meses. Desde entonces hemos tenido unas elecciones municipales y autonómicas que consagraron a Podemos como fuerza de ámbito nacional, unas elecciones catalanas que convirtieron a las CUP en grupo decisivo en esa comunidad y, por supuesto, la misma política de “normalización” de ETA que ya conocemos. Los tres procesos han demostrado ser muy nocivos para la democracia española. Sin embargo, el Gobierno no ha considerado conveniente dar a conocer unas imágenes que podrían haber contribuido a frenar la sangría. La conexión venezolana de Podemos era bien conocida, pero nadie duda de que la estampa de los podemitas junto a las CUP y ETA en el avión de Maduro habría mermado mucho la credibilidad de ese partido. El proyecto albanés de las CUP tampoco era ningún secreto para el votante catalán, pero es evidente que la estampa de Anna Gabriel en el avión venezolano habría templado muchos furores. Sobre todo: los ciudadanos, que somos los que pagamos los servicios de información del Estado, teníamos derecho a conocer todo eso antes de votar. Pero nos lo han negado.

Cabe preguntarse para quién o para qué trabajan la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, responsable del CNI, y el ministro Jorge Fernández, responsable del Interior, que son los únicos que podían tener en su mano una información tan explosiva. ¿Trabajan para la defensa de la integridad del Estado y del sistema democrático? No, porque han ocultado información relevante sobre los enemigos del Estado y de la democracia. De hecho, lo que hemos visto es que las instituciones no han hecho absolutamente nada, al revés, contra los protagonistas del viaje venezolano. ¿Trabajan para los ciudadanos? Tampoco, porque les han escondido una información decisiva a la hora de orientar el voto. ¿Trabajan entonces para el PP? Ni siquiera eso, porque no se ha empleado el hallazgo en las campañas electorales. El dato del viaje venezolano ha salido sólo cuando ha empezado a parecer viable un pacto de gobierno PSOE-Podemos. ¿Para qué? ¿Para apretar las tuercas al PSOE? Visión estrechísima, mezquina. Política de baja estofa.

Será pésimo para España que nuestro país caiga en manos de fuerzas comunistas y separatistas. Pero, por lo que vamos viendo, no será mucho mejor que siga en manos de un grupo de poder –el de Rajoy y sus sorayos- que traiciona a sus votantes, destroza a su propio partido, juega con la estabilidad política de la nación y oculta a los ciudadanos información de enorme relevancia. Entre unos y otros, están empujando a nuestro país a escoger entre la catástrofe y la podredumbre. ¿No va siendo hora de romper esta dinámica suicida?

La obcecación de Sánchez da nuevas alas al nacionalismo

Editorial La Razon 22 Enero 2016

Una de las más que predecibles consecuencias de la proclamada voluntad del secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, de conseguir la presidencia del Gobierno por medio de un pacto con fuerzas políticas a las que no les une otro interés común que expulsar, de cualquier ámbito de poder institucional, al Partido Popular –fórmula ya ensayada en las comunidades autónomas y ayuntamientos donde alcanzaba mayoría la suma de perdedores– es que abre la vía a las pretensiones de los nacionalistas, poco inclinados a dejar pasar la oportunidad de imponer sus condiciones a un candidato débil, que, además, ha mostrado abiertamente las cartas de su ambición.

En el fondo, dejando aparte la deslealtad de origen, poco se puede reprochar a los partidos que propugnan la secesión o que ponen en duda el principio de soberanía nacional contenido en nuestra Constitución que den su apoyo al candidato que consideran más propicio a sus posturas. Pero, en todo caso, se trata de un respaldo envenenado que extremará las divisiones internas que vive el PSOE –que se encuentra partido en dos entre su responsabilidad de Estado y su concepción patrimonial del poder político– y que, a la postre, intensificará el declive que viene padeciendo la socialdemocracia española elección tras elección, hasta llegar a los 90 diputados de los últimos comicios, en su peor resultado desde el comienzo de la Transición.

En este sentido, Pedro Sánchez no puede transferir sus responsabilidades a terceros actores. Que el PNV, por ejemplo, desempolve su catálogo de máximos, con la pretensión de que se reconozca al País Vasco un nuevo estatus político basado en el derecho a decidir y se establezca «una relación bilateral Euskadi-España», no sólo entra dentro de lo políticamente obvio en la trayectoria del nacionalismo más conservador vasco, sino que demuestra la intención de llevar al candidato socialista a una posición imposible en la que o bien se desentiende de la resolución aprobada por el último Comité Federal del PSOE y se aviene a negociar sobre la unidad de España, o bien renuncia a unos apoyos que, hoy por hoy, se antojan decisivos.

Sin duda, Pedro Sánchez juega con la hipótesis, por otro lado plausible, de que los nacionalistas le otorgarán sus votos sin condiciones una vez puestos ante la disyuntiva de dejar que Mariano Rajoy repita gobierno o ir a nuevas elecciones. Pero confiar exclusivamente en que también funcionará con el PNV el frentismo que supone el cordón sanitario contra el Partido Popular no corrige el grave problema ulterior: presidir un Gobierno en clara minoría y sin aliados fiables. Porque a medida que Pedro Sánchez extrema sus expresiones de rechazo, pueriles por sectarias, a Mariano Rajoy y al partido que ha ganado las elecciones, y que representa a casi siete millones y medio de ciudadanos, pierde capacidad de maniobra frente a unas formaciones que no sólo mantienen posiciones incompatibles con los principios que se le suponen al moderno socialismo español –entre los que se encuentran la defensa de la unidad de España y el respeto al libre mercado– sino que aspiran a disputarle la primacía de la izquierda. En definitiva, Pedro Sánchez parece abocado a un error del que le advierten fuera y dentro de su partido y que, y ahí está lo más grave, no es lo que conviene a los intereses generales de los españoles.

¿También va a pactar con el partido del 3% y el ‘procés’?
Okdiario  22 Enero 2016

El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, excepción hecha de Pedro Sánchez, que es capaz de hacerlo hasta en cuatro ocasiones. Primero, con el principio de acuerdo con Podemos, los siervos subvencionados de la dictadura teocrática de Irán y del país más corrupto de Latinoamérica, Venezuela. Después, con los nacionalistas vascos del PNV y con Esquerra Republicana de Cataluña. Ahora, por último, con Democracia y Libertad de Artur Mas —antigua Convergencia o CDC— impulsores, junto a la CUP, del ‘procés’ y herederos de la trama corrupta del 3% amparada de principio a fin por el clan político-familiar más delictivo de Europa, los Pujol. Esos “padres” de la patria catalana con la cartera a buen recaudo en Andorra y demás paraísos fiscales.

El secretario general del Partido Socialista está mostrando un talento fuera de lo normal para equivocarse y perseverar en el error en su periplo hacia La Moncloa. Si ayer escribíamos en Okdiario hasta qué punto sería conveniente que se alejara de Podemos, hoy la noticia es que está mendigando la abstención de los máximos impulsores de la independencia en Cataluña. Los mismos que han obviado al Rey y a la Constitución en la jura de sus cargos y que están asociados con los antisistema de la CUP, donde habitan personajes como Josep Garganté que, en alusión a Felipe VI, ha citado los siguientes versos durante un pleno del Ayuntamiento de Barcelona: “Que el Rey venga a Barcelona y el cuello le cortaremos”. Ese es el nivel de aquellos con los que, directa o indirectamente, quiere asociarse el líder del PSOE.

Esta maniobra, además de un peligro cerval para la unidad de España, supone un gran motivo de preocupación dentro de las filas socialistas. Ya el pasado 28 de diciembre en el Comité Federal, las principales figuras territoriales de la formación del puño y la rosa quisieron disuadir a Pedro Sánchez de cualquier acercamiento a los golpistas. Tanto es así que, en un intento desesperado por sacarlo de su enfermizo egoísmo presidencialista, su dos principales valedores, Felipe González y Alfredo Pérez Rubalcaba, están intentando convencerlo, sin éxito hasta el momento, de que no busque soporte en quienes tienen en la destrucción del país el objetivo principal de su actividad política.

La única esperanza es que en el próximo Comité Federal del 30 de enero, figuras responsables y comprometidas con la unidad nacional como Susana Díaz, Guillermo Fernández Vara o Emiliano García-Page le hagan entrar en razón antes de vender la viabilidad de España y la amplia historia de su propio partido por una Presidencia que, además, nacería con una malformación congénita tanto por los socios de Gobierno como por la mayoría absoluta del Partido Popular en el Senado, que frustraría cualquier intento de modificación constitucional a pesar del chantaje continuo de los nacionalistas. Si tiene que gobernar Sánchez, adelante, pero que apueste por un gran pacto donde la unidad de España sea del todo intocable. Será la única manera de respetar a la gran mayoría de sus votantes, en particular, y al conjunto de la ciudadanía española en general.

¿Es Sánchez más peligroso que Zapatero?
Jesús Cacho www.vozpopuli.com 22 Enero 2016

Una mañana de marzo de 2003, cuando todavía quedaba un año para las generales de 2004 y el Gobierno de José María Aznar, metido de lleno en el apartado de bodas y bautizos, disfrutaba de su cómoda mayoría absoluta, una parte de la redacción de El Confidencial, conmigo al frente, fue recibida por José Luis Rodríguez Zapatero en una pequeña sala de juntas de la sede del PSOE en Ferraz. Me sorprendió la convicción casi enajenada que el joven mostraba en sus posibilidades: “Voy a ser el próximo presidente del Gobierno”. Me alucinó su determinación. A la hora de las despedidas, le hice prometer que si el augurio se hacía realidad nos recibiría en Moncloa un mes después de su toma de posesión. Obviamente, no cumplió la promesa. Zapatero llegó al Gobierno contra todo pronóstico, aunque para ello tuvo que mediar la tragedia del 11-M, pero aquello me enseñó que en política todo es posible, porque, en terreno tan aviesamente resbaladizo, no hay certidumbre alguna a la que agarrarse.

He recordado el episodio este último año cuando, en circunstancias aún más adversas a las que tuvo que afrontar Zapatero, el actual líder socialista repetía a trote y moche su cantinela de “voy a ganar las próximas generales” y “voy a ser presidente del Gobierno”. Sin reírme, claro está. A pesar de haber sacado el peor resultado del PSOE en democracia y de sufrir una fuerte contestación interna dentro del partido, Pedro Sánchez es a día de hoy el candidato que cuenta con más posibilidades de formar Gobierno y de convertirse en el nuevo inquilino de La Moncloa. Con todas las dificultades, que son casi innumerables. Hay un paralelismo de inaudita quimera entre ZP y Sánchez a la hora de pregonar sus respectivas ensoñaciones, una “política fantasía” en el PSOE que es metal de parecida veta a la política ficción que en Cataluña han venido desarrollando Artur Mas y su movimiento “indepe”: la misma imaginería verbal, idéntico nulo apego a la realidad. Mentalmente perjudicado por el trompazo del 20D, Sánchez se refugia en el escapismo de ese Gobierno de izquierda por él presidido y cueste lo que cueste, aún a costa de hacer añicos al PSOE y de provocar el estallido por los aires de la unidad de España en taifas varias.

Su suerte, con todo, está en manos de Pablo Iglesias y su amalgama de grupos antisistema con sobrevenida vocación de monjas clarisas de adscripción socialdemócrata. Si en los próximos días Podemos llega al convencimiento de que puede dar el sorpasso y convertirse en fuerza hegemónica de la izquierda española yendo a nuevas elecciones, Pablo tapiará las ilusiones de Pedro e iremos a esa segunda vuelta electoral sin remisión. En caso contrario, la saga fuga de Sánchez podría hacerse realidad con un Gobierno que sería un lío en sí mismo, un caos, un revoltijo que podría costarle la hijuela no al PSOE, que también, sino al país, porque el apoyo de los nacionalistas catalanes de ERC y de CDC podría valer el precio en oro de la definitiva ruptura de España. En una España amenazada por el choque de trenes propuesto por el rufianismo catalán, Sánchez juega con fuego y es posible que haya empezado a quemarse con la oferta hecha a ERC y CDC para que puedan formar grupo propio en el Senado, y con el intento de dorar la píldora a Picodemonte, el nuevo presidente de la Generalidad. Atentos, porque esto podría resolverse por vía de urgencia esta misma semana.

La política española se ha convertido en un gran teatro donde nada es verdad ni es mentira, porque todo son fuegos fatuos, tinta de calamar, operaciones orquestales dirigidas a halagar u encelar al adversario, globos sonda que los partidos ponen en órbita con la intención de observar la respuesta del contrario y engatusar al votante, con los medios de comunicación convertidos en frontón en el que toda esta plasta infecta rebota y se amplifica. Pura propaganda orientada a macerar al ciudadano indefenso y predisponerlo de cara a esa probable segunda vuelta electoral. El espectáculo al que asistimos el pasado miércoles en el Congreso forma parte de esa teatralización de la política, con Podemos oficiando de sumo sacerdote de ese agit prop rancio con el que pretendieron dejar boquiabierta a unas Cortes y a un país que ha visto desfilar por el recinto a tipos como Carrillo o Pasionaria, gente que en sí misma era un mensaje sin necesidad de abrir la boca y leer con dificultad una corta soflama apuntada en una chuleta. Como decía la copla, “igual que en un escenario / finges tu dolor barato / tu drama no es necesario / ya conozco ese teatro”.

El PP y el silencio del cementerio
“Teatro, lo tuyo es puro teatro”. Las propuestas de resolución que PSOE (palo a la reforma laboral del PP, subida del salario mínimo, frenazo en seco a la LOMCE, ingreso mínimo para 720.000 hogares en riesgo de pobreza, etc., etc.), Podemos (aumento del gasto sanitario en 7.000 millones, fin del copago farmacéutico, vivienda gratis a las víctimas de violencia de género, pago de agua, luz y gas a las familias sin recursos, nacionalización de estos servicios, etc., etc.) y Ciudadanos se han apresurado ya a presentar en el Congreso cuando aún no hay Gobierno son una carta a los reyes magos, promesas de aurora boreal, obscena operación de propaganda que, con la vista puesta en esas elecciones, falta al respeto al ciudadano en tanto en cuanto no cuentan con el mínimo rigor en lo que a viabilidad y coste fiscal se refiere. Con la derecha española representada por el PP disfrutando estos días de la paz del cementerio, todo el discurso es de izquierdas, todo es apelación al gasto público sin medida, todo es dinamita, bomba de relojería instalada en la base de unas cuentas públicas obligadas a sujetar un déficit necesitado este año de un nuevo ajuste milmillonario.

Teatro o circo también en Cataluña, y al por mayor. La salida de Mas por la puerta de servicio ha sido una mala noticia para el independentismo, aunque sus consecuencias tardarán en notarse. Porque el elegante, a la par que hortera, jefe de planta que Jordi Pujol eligió para dirigir los destinos de Cataluña hacia la Arcadia albanesa se había convertido en un mito, una especie de icono, el caudillo que todo movimiento basado en la fe reñida con la razón precisa como indispensable argamasa. La carga visual de Mas y su capacidad para representar el imaginario nacionalista se ha perdido con la llegada de este Picodemonte, un carlista gerundense de muchas lenguas y más ambición, un honrado bachiller, a la par que un nacionalista xenófobo, que ha resultado no tener ninguna de las licenciaturas de las que presumía como alcalde de Gerona, y que se ha rodeado de un pintoresco Govern con la Economía en manos de Oriol Junqueras, un analfabeto funcional en la materia (¡Cataluña pasa de Mas-Colell a Junqueras!), escoltado por un “equipo económico” de ERC donde hay gente con dificultades para completar una simple suma numérica. Como dice un empresario barcelonés: “Entre nosotros ya nos reímos de lo que está pasando y, a diferencia de lo que ocurría hace un año, en Barcelona ya no se corta nadie a la hora de desahogarse cínicamente en público con Puigdemont, Mas y los demás. Cuando le pierdes el respeto, el lobo se convierte en perrito faldero. La sombra, larga sombra de Pujol, se apaga lentamente. Cuando la gente despierte, será digno de ver…”

Tendremos que armarnos de paciencia. Incluso tratar de divertirnos. Nos esperan nuevas y estrafalarias sesiones de ese gran teatro en cuyo último acto está la clave del futuro de España: nuevas elecciones o acuerdo de última hora. Cataluña podría ser el deus ex machina capaz de resolver una trama cuyo final nadie conoce a ciencia cierta. “Desde el punto de vista económico, yo diría que la situación no es tan preocupante como dice alguna gente y lo dejaría en interesante. Sí, interesante, y no peor que la que se vive en Francia o en Italia, por ejemplo. Aquí hay unos Presupuestos aprobados y una economía que sigue tirando. No hay que ser alarmista: vamos a ver qué pasa”. Lo dice uno de los economistas españoles más acreditados. Aunque Goldman Sachs alertaba días atrás de los riesgos de la incertidumbre política provocada por la ausencia de un Gobierno estable, lo cual podría afectar a la confianza de empresas y consumidores, y por ende a las perspectivas económicas del país, el japonés Nomura aseguraba este mismo viernes que hay mucho dinero esperando la solución del puzle español, mucho dinero en puertas deseoso de invertir en España, de modo que “si en mayo hay Gobierno, en los próximos meses asistiríamos a un aluvión de operaciones de inversión en todo el país”.

El poder a cualquier precio
“Como ha ocurrido en Barcelona”, sostiene un político catalán, “es muy probable que la solución no se alcance en Madrid hasta el último minuto y tras mucha comedia, porque esa teatralización previa es condición inexcusable para asumir las concesiones finales con las que unos y otros tendrán que apechugar”. La clave sigue estando en el PSOE, epicentro de la tormenta perfecta que nos dejó el 20D. Y en un Pedro Sánchez convencido de que la única manera de salvar su carrera política consiste en ser presidente del Gobierno, porque en caso contrario estaría muerto. Un Pedro Sánchez resuelto a batir el récord de Zapatero como desgracia nacional. Obsesionado con el poder, desdeña algunas variantes no exentas de lógica que pasan por reclamar la desaparición de la escena política de Mariano Rajoy y la exigencia de una serie de reformas constitucionales –que jamás haría el PP en solitario- capaces de hacer realidad esa regeneración que reclaman tantos españoles. De momento, nuestro hombre sigue empeñado en el viraje por la izquierda, incluso con la extrema izquierda. Incluso del brazo del independentismo. Y a cualquier precio.

Un bobo con aspiraciones
Antonio Robles Libertad Digital 22 Enero 2016

El desenlace previsible de esta investidura constatará la catadura moral de quienes aspiran al poder. No sólo de Pedro Sánchez, también de los presidentes territoriales de su partido que se oponen a que el primero pacte con los enemigos de su país.

Pedro Sánchez no podrá alegar que no había otra salida para formar gobierno que vender a retales la patria. Le competía a él hacerlo con PP y C's (253 diputados frente a 97). Rechazada esa posibilidad para encamarse con lo peor de la izquierda chavista, con la derecha abertzale y con las mareas nacionalistas, los dirigentes territoriales de su partido aún pueden enmendarle la plana mediante la justificación de la diversidad territorial, votando en contra de su investidura o absteniéndose. Con la misma legitimidad que se atribuye el popurrí plurinacional podemita. Si Pedro Sánchez está dispuesto a anteponer los privilegios territoriales a los derechos de los ciudadanos, seamos consecuentes: utilicemos el territorio, rompamos la baraja, seamos coherentes con la desvergüenza. ¿Ellos pueden ser diversos y los partidos nacionales no..?

Susana Díaz (Andalucía) cuenta con 22 diputados, Fernández Vara (Extremadura) con 5, García Page (Castilla-La Mancha) con 7… Y, en cualquier caso, 90 diputados, dueños de sus actas (no olvidemos que el acta es nominal, no del partido), pueden desobedecer la disciplina de voto en legítima defensa y en nombre de la obediencia debida a la Constitución al modo y manera como cualquier militar queda libre de la obediencia al mando superior si sus órdenes son contrarias a los principios constitucionales.

Que no se busquen excusas. O traicionan a su país o a su partido. Las de Pedro Sánchez son patéticas: "Rajoy es el Red Bull de los independentistas, porque les da alas". La doctrina educativa Logse aplicada a la política.

No te enteras de nada, Pedro; te ciega el verte fuera del poder. ¿Has tenido dos segundos, dos segundos nada más, para pensar en el bien común de los españoles? ¿Has pensado en las consecuencias de tu ambición personal? ¿Sabes de qué materia están hechas las alas de los independentistas? De tipos acomplejados como tú. De esos que van por la vida repitiendo como loros que hay que seducir a los nacionalistas para que nos quieran. Tú eres bobo, o un tipo sin escrúpulos, cualquier empresa te hubiera echado ya por inepto, o por aspiraciones sospechosas.

¿Has pensado en el peaje que habrás de pagar a los nacionalistas? Cupos territoriales al modo vasco y navarro, blindaje de la exclusión lingüística y el adoctrinamiento escolar, territorialización de los tribunales de justicia, saqueo del tesoro público en nombre de los servicios sociales, y aceptación de bases confederadas en una futura reforma constitucional para convertir España en un reino de taifas. De entrada.

Tu comportamiento me recuerda el del capitán italiano del Costa Concordia, aquel chuloputas de Francesco Schettino que abandonó el barco como las ratas. Si prefieres salvarte vendiendo, a costa del pasaje, la soberanía nacional a cuatro saqueadores del bien común, alguien te ha de recordar que al nacionalismo no se le embrida con seducción, sino con la ley. Por una razón elemental, porque su objetivo no es convivir en igualdad con el resto de españoles, sino imponer su xenofobia supremacista sobre ellos. Uno tiene que saber quién es y actuar en consecuencia. Si uno vive preso de la mirada de los demás, acaba viviendo la vida de los otros, no la propia. Que es precisamente lo que muy a menudo pasa en Cataluña a causa del acoso político del nacionalismo. Aliena y erosiona todo cuanto contamina. El poeta José Hierro lo dejó escrito con palabras hermosas: cuando uno no vive como piensa, acaba pensando como vive.

Errejón y los suyos ya han exigido "el reconocimiento plurinacional de España". Quieren "tender puentes en lugar de levantar muros", porque también creen, como nuestro esbelto Fernando VII, que el PP “está dando alas al nacionalismo”. La misma monserga, pero ellos son adanes, pijos progres con ínfulas de dioses. Son hijos de los chamanes de la Logse. Juego de tronos, toreo de salón. Lo pagaremos caro.

El votante colectivo no existe
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 22 Enero 2016

Me asombra que muchos editorialistas y formadores de opinión –entre los que se cuentan algunos que me inspiran gran respeto– deduzcan, basándose en el resultado de los comicios, que los votantes han transmitido a los electos el mandato colectivo de entenderse entre ellos para coordinar una política que favorezca el interés general. Semejante hipótesis lleva a imaginar la existencia de un gigantesco cerebro central del que se desprenden millones de apéndices o tentáculos invisibles, conectados a los ciudadanos, para ordenarles cómo deben repartir los votos entre los partidos con el fin último de lograr una distribución de escaños acorde con el plan previsto por la inteligencia superior. Por ejemplo, el catedrático Alfredo Pastor escribe ("De lo viejo y de lo nuevo", LV, 5/1):

La cosa no puede estar más clara: el elector español le ha dado a su partido mandato bien preciso de entenderse con los demás. Por primera vez, ninguno puede mandar sin atender a los otros; no bastará con soportar, ni siquiera con escuchar las voces discrepantes: habrá que tomárselas en serio. (…) "Todavía no", ha dicho nuestro electorado a los partidos emergentes, eso sí, después de concederles una parte considerable de sus votos.

Nicolás Sartorius y Diego López Garrido lo repitieron en versión progre ("Diagnosticar, acordar… investir", El País, 6/1):
Estamos ante retos extraordinarios, que exigen grandes acuerdos. (…) Eso es parte del mensaje que el pueblo español emitió el 20-D.

Una burda coartada
Habría que remontarse a los clásicos de la ciencia ficción para visualizar un fenómeno como este, en que los electores de todos los partidos se fusionan en un votante colectivo capaz de redistribuirse por todo el censo para imponer su ley de entendimiento por un lado y de contención transitoria por otro.

Pero el votante colectivo no existe. Kepa Aulestia lo certificó en "Liquidar al otro" (LV, 29/12/2015):
Las elecciones que dan un reparto igualado de escaños son recibidas siempre con una conclusión falaz: los votantes reclaman diálogo y acuerdo entre diferentes. No. Cuando las urnas dibujan un panorama tan fragmentado como el que ofrecieron el 27-S y el 20-D, al dividirse los ciudadanos entre opciones que se han empeñado en mostrarse divergentes durante la campaña, sólo cabe discutir sobre si la sociedad ha reproducido o ha inducido la fractura partidaria. La moraleja sobrevenida de la llamada al pacto de gobernabilidad por parte de ciudadanos conscientemente divididos en su voto no tiene ninguna base.

José María Ruiz Soroa opinó lo mismo más sucintamente ("No ha votado España", El País, 31/12/2015):
El 20-D no ha hablado la sociedad ni el pueblo, sino los ciudadanos individuales.

Lo que se desprende de este enfoque realista es que son los dirigentes de los partidos más votados quienes deberán asumir la responsabilidad de los pactos, si los hay, o de la convocatoria a nuevas elecciones, si se frustran. Con el añadido de que deberán hacerlo con la vista puesta en el futuro y en el bienestar general, aunque a corto plazo defrauden las expectativas de algunos de sus votantes. Descargar la responsabilidad sobre los hombros del votante colectivo, que no existe, es una burda coartada.

Puñales metafóricos
En Cataluña, los gerifaltes secesionistas no se preocuparon por descifrar si el mensaje de las urnas provenía de un votante colectivo o de ciudadanos individuales. Artur Mas explicó sin recato que las nuevas elecciones habrían implicado "un riesgo de distorsión, un lío grande" y que, al fin y al cabo, había obtenido, mediante el acuerdo, "aquello que las urnas no nos dieron". Su dedo consagró presidente de la Generalitat a Carles Puigdemont, como el de Jordi Pujol lo había consagrado a él, y ahora es este vástago de las tenebrosas carlistadas gerundenses quien deberá cuidar sus espaldas para que no le suceda lo mismo que a su predecesor. Fue el gurú Enric Juliana quien pronosticó, con dotes de visionario ("La gestión del miedo", LV, 26/7/2015):

Mas debe morir políticamente –esta es la doctrina– y se espera que el puñal que lo elimine surja del artefacto electoral que él mismo acaba de poner en pie. Que la ambición de un Ricardo III catalán acabe con Mas.

Veremos cuánto tarda en aparecer otro Ricardo III catalán decidido a acabar con Puigdemont, pero vista la afición de convergentes, esquerranos y cupaires a blandir puñales metafóricos en sus riñas intestinas, es probable que estemos asistiendo a la primera y última pantomima de quien figurará en una nota al pie de página en los libros de historia como Carles el Breve.

Aventurero frentepopulista
Queda por resolver el intríngulis de España. Puesto que el votante colectivo no existe, los dirigentes de los partidos con probabilidades de gobernar tendrán que hacer malabarismos para compaginar sensibilidades e intereses hasta sumar mayorías estables o minorías toleradas. Y aquí sí pesan las opiniones de sus votantes individuales que, digámoslo de antemano, nunca quedarán totalmente satisfechos.

Es evidente que el sector moderado, liberal y pragmático habría preferido la mayoría absoluta del PP y C's. Pero no fue posible. Su último recurso, antes de convocar nuevas elecciones, es el acuerdo programático con el PSOE.

¿Con qué PSOE? No el del aventurero frentepopulista Pedro Sánchez, que prostituye la noción de progreso incluyendo en ella tanto a la élite descamisada del chavileninismo que se aglutina en Podemos como a objetos nacionalistas no identificados. Es con estos con los que promete "tender puentes" cuando critica la presunta intransigencia de Rajoy y repite, intercalando propaganda encubierta de una bebida energética, el disparate favorito de los secesionistas y los desnortados de la tercera vía: que esta intransigencia "da alas" al independentismo.

Falso. La negativa a claudicar frente a la insurrección no aumenta el número de secesionistas, que gira alrededor del 36% del censo electoral desde el 2006, sin llegar jamás al 50% de los votos emitidos, y sólo los complacientes con los alzados, como el mismo Sánchez, utilizan este argumento para ablandar la resistencia al desguace. Y luego obsequian senadores a los secesionistas y les prometen "blindar la historia, la lengua y la cultura catalanas" en una nueva Constitución hecha a su medida. Sánchez y sus lenguaraces en territorio comanche, Miquel Iceta y Carme Chacón, no son socios fiables sino desaprensivos fermentos del caos.

Aparentemente existe otro PSOE que conserva las esencias socialdemócratas afines a las de su equivalente alemán. Si este PSOE saliera de la hibernación, sería el aliado ideal para configurar, con el PP y C's, una mayoría indestructible. Una mayoría que dejaría en evidencia la fragilidad interna de los grupúsculos nihilistas y totalitarios que monopolizaron las redes sociales para ocultar, tras su mensaje demagógico, la fragmentación sectaria que siempre ha sido congénita en la izquierda radical.

Si se forja el acuerdo mayoritario en esta legislatura, tanto mejor. Si es necesario convocar nuevas elecciones, habrá llegado el momento de que cada ciudadano garantice con su voto, individual y meditado, que no se repetirá el trapicheo de escaños ni se entregarán las llaves del poder a los ideólogos del Leviatán retrógrado, sea este clasista antisistema o nacionalista identitario. Dos lacras –el clasismo antisistema y el nacionalismo identitario– que el estratega Gerardo Pisarello, alter ego de la alcaldéspota Ada Colau, propone fusionar, para el asalto al poder, mediante los mecanismos que describe en un artículo muy explícito: "Debates constituyentes" (El País, 20/1).

La magnitud y la inmediatez de la ofensiva totalitaria hacen aun más perentorio el entendimiento de los demócratas, preferentemente en esta legislatura, con el respaldo de una ciudadanía que tiene motivos sobrados para sentirse amenazada: están en juego nuestra libertad, nuestro bienestar y nuestra convivencia en paz.

Carta de Consuelo Ordóñez a Pablo Iglesias

"Te adjunto un listado completo de los etarras que se encuentran en Venezuela. Espero que, dada tu buena relación con el Gobierno de este país, se la hagas llegar al Ejecutivo de Caracas"
www.latribunadelpaisvasco.com 22 Enero 2016

Soy Consuelo Ordóñez, presidenta del Colectivo de Víctimas del Terrorismo (COVITE) y hermana de Gregorio Ordóñez. Él, como tú, era dirigente político. ETA le mató de un tiro en la cabeza y este sábado se cumplen 21 años de su asesinato.

No nos conocemos personalmente, pero me he sentido en la obligación de escribirte estas líneas después de tener conocimiento de que miembros de tu formación política viajaron a Venezuela invitados por el presidente Nicolás Maduro para hablar sobre el mal llamado “proceso de paz” en el País Vasco.

No seré yo quien censure que también se invitase a familiares de terroristas de ETA, que no tienen la culpa de que sus hijos, hermanos, cuñados o padres sucumbieran al fanatismo y aún hoy sigan sometiéndose a la disciplina de ETA, que les aleja de la reinserción y de las cárceles del País Vasco.

Te escribo como presidenta de COVITE, como española nacida en Caracas y como hermana de un asesinado por ETA nacido también en Caracas. Como bien sabes, el proyecto político totalitario de ETA que ha causado más de 800 muertos ha conseguido en Venezuela lo que no ha logrado en España tras décadas de asesinatos selectivos: establecerse en un territorio-santuario para eludir pagar por sus brutales crímenes.

A este respecto, me gustaría que supieses que esos criminales que se esconden en Venezuela, amparados por el incumplimiento sistemático de las ordenes de extradición emitidas por la Justicia española, son los mismos que asesinaron a tres parlamentarios que hace no mucho paseaban por instalaciones como las que estos días tú has pisado por primera vez. No te será difícil entenderme. Tú has destacado por tu trayectoria como docente universitario en la Universidad Complutense de Madrid. El 14 de febrero de 1996, el etarra Jon Bienzobas Arretxe, alias Karaka, dio tres tiros al profesor universitario Francisco Tomás y Valiente en su despacho mientras hablaba por teléfono con el profesor Elías Díaz. Eres diputado en el Congreso. Fernando Buesa, parlamentario socialista en Euskadi, había salido de su casa en la calle Álava y, acompañado por uno de sus hijos y por su escolta, se dirigía a pie a la zona de las universidades. Tras despedirse de su hijo en el Colegio de Ingenieros, el político y su escolta prosiguieron su camino. Antes de llegar a la esquina, una fuerte explosión acabó con sus vidas.

Has tenido contacto con el mundo de la comunicación política en tu trayectoria profesional. Cuando José Luis López de la Calle, periodista y columnista del diario El Mundo, regresaba a su domicilio de Andoain después de comprar unos periódicos y de desayunar en un bar, un terrorista le disparó a quemarropa. Recibió inicialmente dos disparos en el tórax y, posteriormente, fue rematado en el suelo con otros dos tiros en la sien y en la nuca.

Pablo, si no te hubiera gustado ser ellos, lucha contra quienes no hubieran dudado en hacerte lo mismo que a ellos si hubieras defendido determinadas posiciones políticas antes del cese definitivo de la actividad terrorista de ETA. Luchar por la dignidad de este país exige defender a los ciudadanos de este país que fueron asesinados y lograr que quienes les mataron se sienten ante un juez.

Me despido no sin antes anunciarte que en el folio que acompaña a esta misiva te adjunto un listado completo de los etarras que hoy se encuentran en Venezuela y que no han sido juzgados por lo que le hicieron a profesores universitarios, diputados o comunicadores, entre otras muchas otras personas. Espero que, dada tu buena relación con el Gobierno de Venezuela, se la hagas llegar al Ejecutivo de Caracas.

Listado de miembros de ETA que se encuentran en Venezuela:

1. Arturo Cubillas Fontán
2. Ignacio Olaskoaga Mújica
3. Gabriel Segura Burgos

4. José María Zapirain Maya
5. Miguel Á. Aldana Barrena
6. Eugenio Barrutiabengoa Zabarte

7. Juan C. Arriarán Ibarra
8. Jesús Ricardo Urteaga Repullés
9. María Asunción Arana Altuna

10. Jesús M. Macazaga Igoa
11. José Manuel Bereciartua Echániz
12. Xabier Arruti Imaz

13. Luis María Olalde Quintela
14. Ángeles Artola Echeverria
15. Ignacio Domínguez Achalandabaso

16. Juan José Aristizabal Cortajarena
17. Víctor Zuloaga Abalcisqueta
18. Ignacio José Echaniz Oñatibia

19. Jesús María Huerta Fernández
20. Ignacio Landazabal E
21. J. Ángel Mutiozabal Galarraga

22. Luis Eduardo Roncero Retortillo
23. Luis Zubimendi Oribe
24. José Ignacio Echarte Urbieta

25. José Ángel Urtiaga Martínez
26. José Luis Eskisabel Urdangarín
27. José Martín San Sebastián Aguirre

28. Carmen Albizu Echave
29. Juana Idígoras Santana
30. Victor Larrinaga Elguezabal

31. Luis A. Trincado Gallaga
32. Ignacio Ayerbe Múgica
33. Begoña Treviño Izaguirre

34. José J. Iceta Picabea
35. Juan Carlos Azcona Arroyo
36. Javier Larrea Bolívar

37. Carlos A. Zabala Gurmindo
38. Juan J. Ayensa Echauz
39. Abel Foruria Lachiondo

40. Miguel Á. Astoreca Derteano
41. Ignacio Lequerica Urresti
42. J. Luis Salaregui Cornago

43. Julián Bikandi Iturbe
44. José Luis Zurimendi Oribe
45. Jesús Ricardo Ortega

46. Miguel Ángel Baldana
 


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