AGLI Recortes de Prensa   Sábado 30  Enero  2016

La desmembración de España
Amando de Miguel Libertad Digital 30 Enero 2016

En los años finales de la II República, el líder de la oposición, José Calvo Sotelo, clamó a la desesperada: "Prefiero una España roja a una España rota". El hombre fue asesinado por los escoltas del Gobierno rojo. Estas cosas son también memoria histórica. Conviene saberlas porque, 80 años después, se nos amenaza con repetir algunos rasgos de entonces; como farsa, claro. Por lo menos ahora no hay violencia sobre las personas, aunque sí sobre las cosas. No se asesina; se roba.

Planea ahora igualmente la posibilidad de un Gobierno rojo (aunque se le llame progresista y populista), aliado con los separatismos de izquierda y de derecha. Si no es en las próximas semanas, no tardará en llegar. Recuerdo mi presagio de hace un par de años sobre el asalto al poder de un movimiento totalitario, elección tras elección, tal como sucedió con Hitler. En ello estamos. En 1936 los comunistas (un partido nuevo entonces) se impusieron sobre sus aliados, los veteranos socialistas. Tres generaciones después los totalitarios populistas se van comiendo a los socialistas y a lo que queda de los viejos comunistas.

Lo anterior sería solo un episodio si la conjunción actual de socialistas y populistas no se aliara con los separatismos. Se instalan no solo en Cataluña y País Vasco (más Navarra), sino que se amplían a Galicia, Valencia, Baleares, Canarias, y quién sabe si no se extenderán a otras regiones. Hasta en mi tierra zamorana hay ahora nacionalistas; supongo que pretenden la secesión con salida al mar. Ya se sabe, el nacionalismo termina siempre en irredentismo (anexionar a los vecinos). Da igual, España se encuentra ya virtualmente troceada. Es decir, ya no lo es propiamente, al menos si nos fijamos en la aceptación de sus símbolos como nación. Se ha impuesto en todas partes la terminología nacionalista de España como Estado.

No todos los que se sientan en el Congreso de los Diputados intentan representar al conjunto de los españoles. El desaguisado solo beneficia a ciertas minorías locales, que se alzan con el poder en sus respectivas ínsulas. Pierden todos los demás españoles ¿Cómo es posible un resultado tan irracional? Porque es real. Del mismo modo, lo malo no es una banda de descamisados como la de Podemos; lo peor es que recibe millones de votos.

Teóricamente la nueva política que ahora se inaugura viene a remediar los males de la crisis económica y la corrupción. En la práctica traerá más desigualdad, más impuestos, más paro y más corrupción. "La segunda transición", dicen, pero es porque nos vamos a quedar transidos. Ahora sí que no nos va a conocer ni la madre que nos parió.

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De inmovilistas está empedrado el camino del infierno
Javier Benegas y Juan M. Blanco www.vozpopuli.com 30 Enero 2016

En el inicio del siglo XX, algunos intelectuales y políticos comenzaron a percibir que el Régimen de la Restauración, que hasta entonces había proporcionado cierta estabilidad, mostraba alarmantes signos de agotamiento, señales de descomposición. Fue entonces cuando Antonio Maura, primer ministro y líder del partido conservador, pronunció su famoso discurso "La Revolución desde arriba":

"España entera necesita una revolución en el gobierno, y si no se hace desde el Gobierno, un trasfondo formidable lo hará; porque yo llamo revolución a eso, a las reformas hechas por el Gobierno ’radicalmente’, ‘rápidamente’, ‘brutalmente’; tan brutalmente que baste para que lo que estén distraídos se enteren, para que nadie pueda abstenerse, para que nadie pueda ser indiferente y tenga que pelear, hasta aquellos mismos que asisten con resolución de permanecer alejados".

Ante la preocupante situación, el político mallorquín demandaba a las élites políticas una transformación profunda del sistema que moralizara la vida pública, movilizara a amplios segmentos sociales, ésos que subsistían al margen del clientelismo rampante, y generara una poderosa corriente, una mar de fondo capaz de descuajar el caciquismo y abrir paso a una verdadera democracia. Al igual que otros líderes como Francisco Silvela o José Canalejas, Maura mantenía la convicción de que si no se realizaban cambios “radicales”, el sistema acabaría desmoronándose, dando paso a un periodo de inestabilidad con consecuencias imprevisibles. Pese a su determinación, Maura se topó con la fuerte resistencia de los grupos de intereses. Sus reformas “radicales” nunca vieron la luz. Y el movimiento regeneracionista terminó embarrancado en el proteccionismo, generando aún más trabas y barreras. La historia siguió su curso. Y el Régimen de la Restauración derivó en dictadura, dio paso a la república y finalmente desembocó en una guerra civil.

Un siglo después, España se encuentra sumida de nuevo en una quiebra del modelo político, en un bloqueo institucional, con los partidos jugando al ratón y al gato, intentando colocarse en el gobierno y asentar sus posaderas en las mejores poltronas. Mientras sus dirigentes intentan cuadrar sus intereses con posibles coaliciones, importantes sectores del establishment se encaraman atemorizados a la mesa de negociación, señalando con el dedo a un rabioso ratón llamado Podemos, pidiendo a voz en cuello una gran coalición que cierre el paso a quienes "son una amenaza para la democracia", a ésos que "solo pretenden un golpe de Estado". Exigen, en definitiva, un gobierno que asegure la"estabilidad", con el fin único de consolidar la recuperación económica y, si acaso, derramar sobre el pueblo algunas dádivas en forma de política ordinaria. Se equivocan de parte a parte. Y hoy no existe un Antonio Maura advirtiendo que mantener el statu quo es tan suicida como lo fue a principios del siglo XX. No hay estadista, o líder de opinión que denuncie esa táctica cortoplacista que solo sirve para ganar tiempo, para aplazar la caída al abismo y prolongar la agonía.

Un Régimen basado en favores... que se pagan
Podemos es la consecuencia final de un régimen cerrado, basado en privilegios y en barreras de acceso, tanto a la economía como a la política, un sistema de intercambio de prebendas y privilegios, donde cuenta el favor del poder, no el mérito. Y los favores se pagan. El inmovilismo de sus adversarios es el principal nutriente de Podemos, el maná que le permite adueñarse en exclusiva de una reprobación al Régimen que debería ser compartida por todos. Pablo Iglesias tiene razón en muchas de sus críticas. Pero sus soluciones son equivocadas. Y tienen poco de revolucionarias pues son lo mismo de siempre elevado a la enésima potencia. Podemos multiplicará las barreras, las restricciones, extenderá los privilegios a otros grupos de intereses aliados, llevando hasta sus últimas y más nefastas consecuencias los graves defectos del Régimen del 78.

Un acuerdo entre los partidos dinásticos para mantener el actual estado de cosas sólo puede desembocar en la descomposición definitiva del Régimen, un desmoronamiento desordenado con consecuencias difíciles de prever. Es imprescindible cambiar el statu quo actual y avanzar hacia un sistema no basado en privilegios o en el favor del poder, sino en el talento, el mérito y el esfuerzo. La superación de los liderazgos actuales y sus intereses de vía estrecha requiere una catarsis, una apertura de miras hacia los intereses de España. Una transformación que elimine las barreras que protegen a las élites, a los grupos privilegiados, y que impiden al común ganarse la vida dignamente. Hace falta pactar una nueva Constitución que garantice el juego de contrapoderes y el control mutuo; que certifique la relación directa entre representante y representado, limitando el poder de los partidos, sin descartar un sistema presidencialista al más puro estilo americano. Una nueva Carta Magna que meta en cintura el clientelismo, el caciquismo, la corrupción y el caos en el que ha devenido el Estado de las Autonomías.

Maura era conservador, cierto, pero no inmovilista: era un estadista con altura de miras, preocupado por España. Rajoy, y el resto de personajes actuales, no son conservadores en absoluto. Pero tampoco liberales o progresistas. Sólo son inmovilistas… y oportunistas. Tipos sin visión, principios ni proyecto de largo plazo. Son la expresión supina de una clase política insustancial, incapaz de trascender al interés inmediato, producto inequívoco de un sistema de selección perverso. Al contrario que don Antonio, no comprenden que el devenir histórico dista de ser un terreno firme, estático, que permita acomodarse y permanecer quieto; en ocasiones, para no verse arrastrado hacia la catarata, es necesario remar a contracorriente, en dirección contraria a la que marcan las fuerzas vivas. Como la Reina Roja de Alicia a través del espejo, hay que correr con pies ligeros tan sólo para permanecer en el mismo lugar; y acelerar a toda máquina para no ser engullido por las arenas movedizas.

Demasiados distraídos e indolentes
Que los partidos tradicionales hayan degenerado en organizaciones de malhechores y que a las puertas de palacio se aproxime Pablo Iglesias, dispuesto a expulsar a los mercaderes del templo, es el final lógico de un modelo político en el que las instituciones eran artefactos huecos, meros decorados de cartón piedra. Sin embargo, lo peor es que a la vista del abismo que se abre a nuestros pies, no seamos capaces de llegar a convenciones estrictamente democráticas; que aceptemos que las reglas del juego sigan siendo arbitrarias y tramposas. Porque mañana, quienes “asalten el cielo” no sólo podrán seguir metiendo la mano en la caja, tal y como ha venido siendo costumbre, sino que la ausencia de líneas rojas, de controles y contrapesos, les permitirá ir mucho más lejos.

Lamentablemente, los políticos no están solos en la búsqueda desesperada de una estabilidad con muy poco recorrido. Por acción u omisión les respaldan demasiados profesionales, informadores e intelectuales, esos distraídos o indolentes a los que increpaba Maura, mucho más dispuestos a acomodarse en el sistema que a colaborar para cambiarlo. Al fin y al cabo, desde un cálculo individual, egoísta, no compensa incurrir en los costes y riesgos de impulsar la regeneración, una aventura cuyos beneficios, en caso de éxito, se repartirán entre todos. Circunstancia de la que se percató hace ya muchos años Mancur Olson. Pero ahora, señores indiferentes, caballeros acobardados, nos jugamos demasiado. No es preciso que se inmolen en el altar de los héroes, ni que se jueguen su futuro a todo o nada. Tan sólo que se esfuercen para sacar esa faceta idealista, generosa, altruista que, pese a todo, anida en cada uno de nosotros.

Sin gobierno bien, gracias
Gabriela Bustelo. www.vozpopuli.com 30 Enero 2016

España lleva ya 41 días desgobernada, con cada semana esperpéntica superando a la anterior mientras nuestros políticos juegan a las sillas musicales para ver quién se queda sin asiento al terminar la canción. España está –como siempre– en manos del PSOE, incluso ahora que el partido está tan zombi como para plantearse un pacto con Podemos, que no oculta sus intenciones de fagocitarlo. El partido socialista podrá sacar a la palestra a la vieja guardia con su artillería dialéctica –“liquidacionismo” es el último hallazgo lingüístico de Felipe González– pero es innegable que Pedro Sánchez constituye un peligro público. El hecho de que Felipe González haya salido de turné es en sí una prueba de la preocupación reinante en el PSOE y aledaños, aunque no faltan quienes aseguran que todo es un show para poder culpar al atolondrado secretario general cuando finalmente el pacto PSOE-Podemos se lleve a cabo. En cuanto al inadecuado protagonista de este despropósito, Sánchez –a quien en el instituto Ramiro de Maeztu llamaban “El Ken”, no por su sagacidad– parece estar contra las cuerdas, noqueado y a punto de oír el gong.

¿Qué es el felipismo?
Con tantas esperanzas puestas en la renovación política, hallarse de nuevo pendiente del último sainete socialista produce una complicada mezcla de asombro y hastío. En 1982 voté a Felipe González. Tenía 20 años, estaba en la Complutense y la mercancía socialista me sedujo, como a tantas personas de mi generación. Los 14 años de felipismo fueron más que suficientes para arrepentirme mientras observaba con estupor la construcción de una España supuestamente democrática, pero tan sesgada hacia la izquierda como antes lo estuvo hacia la derecha. Tras una Transición que presagiaba un buen acomodo al mundo occidental, el socialismo español inició –¿por qué?, ¿por qué?– un proceso de demolición de la derecha que, usando siempre la palabra democracia como estandarte, ha tenido hasta el día de hoy una pulsión antidemocrática inexorable. Emulando al franquismo, la izquierda quiso imponerse como la única opción política posible, manteniendo y fomentando el esquematismo de los dos bandos: facha o progre.

La verdad según Ferrater Mora
En 1991, cuando Felipe González llevaba casi una década en el poder y todavía le quedaba un lustro como presidente, murió el filósofo catalán José Ferrater Mora. En 1935 –un año antes de estallar la guerra civil cuyas ascuas mantenemos vivas– Ferrater aseguraba que para salvar a España se precisan grandes dosis de entusiasmo. En su colección de ensayos Cóctel de verdad se quejaba de la virulencia con que, ya entonces, se exigía a la gente posicionarse políticamente. “Hay que definirse”, escribía. “¡Definirse!, una palabra de pura emoción socrática.” Consiste, explicaba, en delimitar bien el contorno que nos separa de las demás personas y cosas. A su diatriba habría que añadir: los principios que nos definen no tienen por qué ser ofensa ni defensa ante un bando contrario. En cuanto a la verdad que ofrecía el filósofo en su libro-cóctel, no era un combinado cualquiera, sino un brebaje potente cuyo sabor no se llegaba a conocer hasta haberlo apurado. Por eso daba igual empezarlo por cualquier parte, interrumpirlo en cualquier momento o, incluso, dejarlo para mañana. Imaginen: un cóctel con la verdad como ingrediente único. Un año antes de la guerra civil, Ferrater Mora hablaba ya, como si fuera hoy, de encasillamientos políticos y de la verdad como un brebaje no apto para todos los gustos.

La cultura de la mentira
La inmersión ideológica de España –programada durante el franquismo y reprogramada durante la democracia– requiere una terapia de desprogramación más profunda de lo que imaginábamos. Estos días estamos viendo a los líderes españoles maniobrar para salir de la fragmentación en que ha quedado España tras las elecciones generales. Una vez roto el hechizo que ha mantenido a España prisionera durante casi cuarenta años de una democracia fallida, el defecto más llamativo de nuestros políticos es su difícil relación con la verdad. La cultura de la mentira la comparten los españoles –socialistas y peperos por igual– criados durante la dictadura franquista. Los circunloquios vacantes de Felipe González –ostensibles en su última entrevista– se corresponden con los problemas de comunicación de Rajoy. Si es verdad que el PSOE está haciendo un sicodrama en el que los barones fingen controlar a Pedro Sánchez mientras preparan por detrás su pacto con Podemos, el socialismo español habrá demostrado por enésima vez ser el enemigo más poderoso que tiene este país.

El poder de las palabras
Fernando Díaz Villanueva www.vozpopuli.com 30 Enero 2016

Corta o larga esta legislatura se promete entretenida. De un congreso salido de los debates nocturnos de La Sexta no podía esperarse otra cosa. Y, ojo, no será porque no se advirtió con tiempo. La política en España no interesaba a casi nadie y eso, en cierto modo era hasta bueno. No me canso de repetirlo, un país que vive al margen del politiqueo es un país libre y próspero. Los suizos, por ejemplo, se preocupan muy poco de las cosas que suceden en la Asamblea Federal de Berna. Esto es así porque los políticos suizos tienen poco poder. Por más empeño que le pongan la ley les impide meterse demasiado en la vida de sus conciudadanos, amparados en una legislación que les protege de los excesos del poderoso y en la soberanía cantonal. No es casualidad que la constitución helvética –muy reciente, del año 99– ponga tanto énfasis en la economía de libre mercado y en la necesaria limitación del poder central encarnado en esa misma asamblea. Tampoco es casualidad, aunque yo diría que es consecuencia de lo anterior, que Suiza sea uno de los países menos corruptos del mundo y, como usted ya sabrá, es uno de los más ricos y pacíficos. En todas estas bendiciones tiene mucho que ver un pequeño detalle que a muchos les pasa desapercibido, la constitución suiza invoca directamente a un concepto que por estas latitudes políticas es desconocido: la responsabilidad individual.

Pero aquí, para nuestra desgracia, no estamos en un país tan bien estructurado como Suiza. Aquí el político lo es todo, que se lo cuenten a Alfonso Rus, el cacique del PP valenciano que la Guardia Civil acaba de colocar en un potro de tortura del que le va a costar bajarse. Las promesas de la nueva hornada podemita lo han entendido a la perfección y actúan en consecuencia. Sabedores de que buena parte de los españoles lo espera todo del Gobierno o, por afinar más, de la administración pública, se afanan día tras día en colocar su mercancía a través de la televisión con la voluntad expresa de ir acaparando poder a cambio de palabrería y votos de pureza. El usufructo del poder no deja de ser una forma de renta, ya sea en formato de enchufes directos o de clientelas indirectas. La responsabilidad individual, esa que la constitución suiza consagra de un modo magistral – “Toda persona es responsable de si misma”, dice textualmente en su artículo sexto– se diluye de este modo en el magma de lo colectivo que tantos entusiasmos despierta entre nuestros paisanos.

Visto así no es tan extraño que la propaganda del partido apele continuamente a “la gente”, que no deja de ser una variante del más ortodoxo “pueblo” que reclaman para sí los déspotas antes, durante y después de su dictadura. Una vez construido lo de “la gente” es cuestión de dar un pasito muy corto para levantar frente a él a su contraparte: “el enemigo de la gente”. Si la gente son ellos, todos los que les criticamos hemos de ser necesariamente enemigos de la gente. Sutileza cero, como puede verse, pero es un ardid muy efectivo entre los simples. No es más que una reelaboración de aquella mezquindad de “los de arriba contra los de abajo” que tanto empleaba Monedero hace cosa de año y pico, pero que aparcó tan pronto como comprobaron que, si bien es cierto que muchos de sus votantes saquearían sin piedad a todo aquel que tuviese un euro más que ellos, no se debían de notar las intenciones.

La cantinela de “la gente” ya empezó con la campaña de las municipales. En aquel entonces solían colocarle lo de común en su forma de adjetivo. De tanto en tanto me pongo en YouTube por puro entretenimiento el videoclip musical que Ada Colau protagonizó para convencer a los indecisos. Se titula “El runrún” y la letra, cantada por la misma Colau, es tan breve que cabría en un dedal. Dice: “El runrún es defender el bien común. La gente sencilla, la gente honrada, la gente común tenemos el poder” y lo va repitiendo una y otra vez como un mantra tibetano. Ahora es alcaldesa de Barcelona, su sueldo tiene muy poco de común y la honradez se la dejó en alguno de los muchos pollos callejeros que montaba en sus tiempos de activista, porque según entró en el consistorio empezó a enchufar a amigos y familiares. Pero eso ya no importa. Está en el machito (con perdón), y de ahí no va a ser fácil que salga ya que en España la administración maneja una cantidad tan mareante de dinero que la compra de voluntades es la norma y no la excepción.

En ese viaje están ahora Iglesias, Errejón y compañía. Tienen que tocar moqueta a cualquier coste, incluido, naturalmente, el de gobernar con un partido tan casta, tan sistema y tan régimen del 78 que ese régimen es indistinguible del partido que le ha ido dando forma durante cuarenta largos años. Lo que no han cambiado es de estrategia. Saben del poder de las palabras. Hace ya un montón de años Monedero publicó un libro titulado “El Gobierno de las palabras”. En su momento se vendió poco y era difícil de encontrar, ahora, con las urgencias de ponerse al día por parte del podemita sobrevenido, está en todas las librerías. ¿Le parece casual el título? Monedero, en tanto que materia gris de todo aquel movimiento –porque Podemos es un movimiento en toda regla–, conoce bien el impacto de emplear la palabra adecuada en el momento justo. Observe la manera en que gestionan sus campañas de propaganda. Antes de nada le ponen nombre y lo difunden para que alcance hasta al adversario, que en el mismo momento empieza a usarlo como si fuera cosa suya. Las categorías con las que se debate hoy en España son esencialmente de corte podemista. Son los puñeteros amos del discurso y nadie les planta cara por la sencilla razón de que no han entendido de qué va la vaina. Cuando ven que la palabra en cuestión está desgastada o es ya objeto de chacota la sustituyen a toda prisa por otra y así hasta que lleguen al poder. Luego seguirán mareando el diccionario hasta fabricar una neolengua como la que ha parido el chavismo en Venezuela, un castellano paralelo en el que las palabras significan lo que quiera el Gobierno que signifiquen. ¿Le suena lo de guerra económica? Pues eso.

Todavía no hemos llegado a interiorizar del todo que ser “enemigo de la gente” es no haber votado a Podemos, pero en ello estamos. Por de pronto hemos de conformarnos con pequeñas incursiones como la de esta semana, en la que el término “gallinero” se ha unido al léxico parlamentario. Errejón, pedante como solo él sabe serlo, fue un poco más lejos y bautizó a los escaños de la cuarta fila como “la montaña”. ¿Y saben para qué tanto lío y tanta tinta desperdiciada? Exacto, para poder sentarse en uno de los escaños con buen plano de cámara desde el que poder ofrecer los ya habituales espectáculos circenses en riguroso directo durante las sesiones de control de los miércoles. Claro, que bien podríamos pararles el golpe valiéndonos de su misma lógica. Tan pronto como detecte que el cuerpo místico del podemismo utiliza este o aquel término aprópieselo y empléelo continuamente, pero esta vez en modo humorístico. Con la risa no pueden, el humor les desespera, especialmente cuando ellos son el objetivo de las burlas. En el preciso instante en el que descuenten que la palabra en cuestión es un lastre se desharán de ella. Eso es lo que sucedió con “casta” y ya ve usted, ahora no se atreverían a pronunciarla ni aunque se pusiesen a hablar del sistema de estratificación social en la India. Las palabras son muy poderosas, mucho más de lo que pensamos, póngalas a jugar a su favor y no en su contra.

MAFO debe rendir cuentas
EDITORIAL Libertad Digital 30 Enero 2016

El exgobernador del Banco de España Miguel Ángel Fernández Ordóñez (MAFO) está aprovechando la presentación de su libro para tratar de redimir sus pecados, que no son pocos, a costa de echar balones fuera y, lo que es aún más grave, culpar a los demás de sus propios errores y negligencias al frente del supervisor financiero. Entre otras perlas, MAFO culpa al actual ministro de Economía, Luis de Guindos, de propiciar la quiebra de las cajas de ahorros y hundir la confianza de los inversores internacionales en España, desdeñando así cualquier tipo de responsabilidad en el ingente fiasco bancario que sufrió el país tras el estallido de la crisis.

La postura del exgobernador no sólo es ridícula, sino profundamente indecente y bochornosa, ya que fue bajo su mandato donde se labró el posterior desastre de las cajas. No en vano, su función se limitó a mirar hacia otro lado y esconder debajo de la alfombra las inmensas pérdidas que acumulaban dichas entidades con la vana esperanza de que la tormenta económica sería pasajera y el pinchazo de la burbuja inmobiliaria un mero bache. El fruto de ese fallido diagnóstico fueron las ruinosas fusiones frías, consistentes en unir cajas insolventes, así como la emisión de preferentes y la posterior salida a Bolsa de entidades con el fin de cubrir el agujero que ocultaban sus balances.

En lugar de reconocer la realidad (quiebra) y atajar el problema (rescate privado mediante la conversión de deuda en acciones, entregando así a sus acreedores la propiedad de dichas entidades), MAFO optó por la huida hacia adelante, confiando en que la sombra de la crisis se acabaría desvaneciendo, generando con ello un daño mucho mayor. En primer lugar, porque la ocultación de las pérdidas reales que registraba el sector financiero se tradujo en una creciente y lógica desconfianza por parte de los inversores internacionales, hasta el punto de cerrar el grifo de la financiación a todos los bancos, empresas y familias españolas, con independencia de su mayor o menor nivel de solvencia. En segundo término, porque esa ocultación, consistente en valorar los activos inmobiliarios muy por encima de su precio real, frenó la imprescindible reestructuración del sector de la construcción y ralentizó hasta el extremo el necesario ajuste de precios de la vivienda. Prueba de ello es que el precio medio de los pisos se desplomó hasta un 50% en EEUU, Irlanda o Reino Unido en apenas tres años, mientras que España ha tardado más de siete en alcanzar esa misma corrección, alargando así de forma grave e innecesaria la agonía de la crisis.

Y, en tercer lugar, porque parte de la recapitalización que precisaban las cajas se hizo con el dinero de muchos ahorradores mediante la compra de preferentes y acciones, aprovechándose de su imprudencia, ignorancia o buena fe, y cuya devolución están sufragando ahora todos los españoles. El caso de Bankia es paradigmático, ya que el Tribunal Supremo acaba de dictaminar que se cometió fraude y engaño en su salida a Bolsa. Si esta tesis es correcta, la responsabilidad no puede caer exclusivamente en la anterior cúpula de la entidad, y aún menos en el sufrido bolsillo del contribuyente, que en ningún caso debería hacer frente al coste de la devolución, sino en todos los agentes que, de una u otra forma, participaron en dicha operación, ya que su salida a Bolsa no habría tenido lugar sin su participación. Y eso incluye a la anterior dirección del Banco de España. MAFO no está en disposición de dar lecciones a nadie, puesto que su credibilidad es nula y carece de altura moral. Lo único que puede hacer es pedir perdón a todos los españoles y rendir cuentas por su nefasta gestión pública.

Esperanzas vanas.
Vicente A. C. M.  Periodista Digital 30 Enero 2016

Resulta casi grotesco comprobar hasta qué punto puede llegar la impotencia de los actuales dirigentes del PP para esgrimir el que el PSOE de Pedro Sánchez y sus mariachis van a sumarse al "gran pacto cosntitucional" y dejar escapar su gran oportunidad para asaltar el poder y formar Gobierno pactando lo que sea necesario y con cuantos sea necesario . Eso sí, Sánchez declarará su absoluto respeto por la opinión de su Comité Federal a la hora de defender los intereses de los ciudadanos con un programa progresista y reformista sin líneas rojas preestablecidas, ni por ellos ni por sus socios. Es decir, presentando los pactos al estilo clásico del blanqueo del dinero negro donde los verdaderos acuerdos nunca verán la luz ni los taquígrafos y serán los propios hechos los que finalmente los descubran, cuando ya sea tarde para oponerse y el poder se haya consolidado. Política de hechos consumados.

No hace falta ser un adivino para augurar que la reunión del Comité del PSOE de mañana será un mero trámite y que Pedro Sánchez tendrá plena libertad para presentarse el próximo martes ante el Rey D. Felipe y postularse como candidato a Presidente del Gobierno aduciendo que cuenta con los apoyos suficientes. La verdad es que no está obligado a dar más detalles y eso debería bastar para que, si Mariano Rajoy no cambia de estrategia, veamos cómo en unos días se convoca la sesión de investidura de Pedro Sánchez donde el PP deberá posicionarse votando en contra o absteniéndose y CIUDADANOS entre abstenerse o apoyar. En cuanto a PODEMOS puede que intente mantener su circo en una primera votación y obligue a la segunda sesión de investidura para forzar un pacto menos agresivo. Pero creo que finalmente terminará por votar a favor de ese supuesto Gobierno de progreso y reformista, un Frente Popular que PODEMOS controlará a su antojo.

Lo que parece estar muy claro es que al PSOE no le interesa para nada forzar el que se vaya a unas elecciones generales cuyas perspectivas son claramente negativas y aún darían más poder a su verdadero oponente, PODEMOS. Mariano Rajoy se vuelve a equivocar pensando en que la sensatez y los altos ideales se impondrán en un PSOE dominado por unos jóvenes líderes carentes de principios y que solo buscan el poder y no desaprovechar su oportunidad, como tampoco en su día hicieron González o Zapatero. De hecho ni siquiera la que se suponía defensora de esos valores nacionales, la sultana andaluza, contempla algún tipo de pacto con el PP, no ya con Mariano Rajoy. Como dijo otro de los barones díscolos, ni por activa, ni por pasiva ni por perifrástica. ¿Lo quieren más claro? El NO sigue siendo un NO rotundo, su ya conocido cordón sanitario. Alejar al PP como un apestado.

Por eso me resulta sorprendente y patético el que el PP siga confiando y esgrimiendo ilusamente el “gran pacto” de constitucionalistas, dando por sentado algo que es una falacia, que el PSOE actual, el de estos jóvenes de izquierdas que llaman a sus exlíderes “dinosaurios”, sea constitucionalista. Aún son incapaces de comprender que Pedro Sánchez es una mala copia de Zapatero pero que sigue fielmente su doctrina, quien sabe si también su filia masónica, donde todo es cuestionable y discutible incluida la definición de España como nación. Se olvida muy pronto que fue Zapatero el que dijo aquello de “Pascual, Aprobaremos lo que venga del Parlamento de Cataluña”, como así fue y que ha sido la semilla que ha crecido hasta transformarse en la insumisión aprobada por ese Parlamento a la Constitución y al Tribunal Constitucional y que el nuevo Gobierno de la Generalidad está dispuesto a mantener iniciando el proceso de desconexión e independencia de España.

La aritmética dice que el PSOE puede obtener apoyos suficientes para poder formar Gobierno con Pedro Sánchez como Presidente, algo que el PP por omisión ha sido incapaz siquiera de plantear siendo consciente de la futilidad de intentarlo tras los cuatro años de gobierno con mayoría absoluta pero igualmente en la más absoluta soledad. Está por ver si finalmente PODEMOS se obstina en forzar una especie de paridad en ese Gobierno incrustando afines o se conforma con ejercer una labor de apoyo condicionado desde “el gallinero” del Congreso. Creo que de cara a la galería y a la opinión pública, el PSOE debe vender su “independencia” presentando un Gobierno monocolor sin duunviratos ni triunviratos que evidencien la dependencia real de unos pactos inconfesables.

Estamos en un momento muy delicado en el que finalmente termine por imponerse la sinrazón y el oportunismo personal sobre el interés general de España y de los españoles. No será la primera vez, ni tampoco la última, que el Partido Socialista cometa una traición tan mezquina ni ponga a España al borde del precipicio y del enfrentamiento social, pactando con la extrema izquierda radical y dictatorial que representa PODEMOS. Lo que me resulta tragicómico es la actitud de Mariano Rajoy recitando su mantra y creyendo que sus deseos son realidades y que el PSOE volverá al redil de la cordura. Otra vez se equivoca por su obstinación en no querer ver la realidad y vivir en su mundo apacible del palacio de la Moncloa. Será mejor que vaya haciendo las maletas.

¡Que pasen un buen día!

El PSOE y el cruce de caminos
DAVID ORTEGA El Mundo 30 Enero 2016

LA VIDA es caprichosa y a veces nos pone en disyuntivas complicadas. Los españoles votaron libremente el 20 de diciembre, y su soberana voluntad ha querido que el PSOE tenga la llave de la gobernabilidad en España. Esto es difícilmente discutible. Pedro Sánchez y su partido se encuentran frente a un inevitable cruce de caminos, esto sucede de vez en cuando en la vida. Un camino te lleva a un sitio, mientras si eliges el otro, el destino es radicalmente distinto. No es elección fácil la del PSOE, de ella depende el Gobierno y la vida pública de más de 46 millones de españoles. Ante este dilema, pueden ser útiles los siguientes puntos de análisis.

Primero. Desde las primeras elecciones democráticas del 15 de junio de 1977 hasta las pasadas del 20 de diciembre, el pueblo español ha seguido siempre una pauta básica y esencial: la moderación, la centralidad, la competencia centrípeta, evitando los extremos y los radicalismos. En sus inicios prefirió la izquierda moderada del PSOE frente a la extrema del comunismo y la centralidad de Suárez frente la derecha de AP. Apostó decididamente por el PSOE cuando éste se moderó y modernizó, igualmente pasó con el PP cuando Aznar lo llevó hacia el centro derecha. La historia de la democracia española en estos casi cuarenta años es la historia de la moderación, de la lucha por la centralidad, de alejarse de los extremos y radicalismos.

Es verdad que en esta última década la crisis económica y la corrupción han exasperado al pueblo español y, sobre todo, le han empobrecido, de ahí el desengaño frente a las fuerzas políticas tradicionales y el avance importante de dos nuevas fuerzas políticas. Pero no nos engañemos, el pueblo español no es radical ni extremo, tampoco rupturista, pero sí está harto de engaños y corrupciones cuando el sufrimiento de muchos es grande, tras la dureza de casi una década de crisis.

Segundo. Podemos y Ciudadanos son el resultado de la corrupción y excesos tanto del PP como del PSOE y de su abuso de la política. Podemos es rupturista, asambleario y con un modelo político de corte bolivariano que realmente no encaja en el entorno de las democracias consolidadas europeas. Sinceramente no creo que Iglesias y su modelo sean una buena carta de presentación en la Unión Europea y en el marco internacional moderno y desarrollado, donde España debe estar. Parte de las críticas y diagnósticos de Podemos son acertadas, pero la mayor parte de sus propuestas, especialmente en el terreno económico, están bastante alejadas de la realidad. Está claro que la reforma es necesaria, pero elegir a Podemos es apostar por la ruptura del modelo democrático europeo consolidado en estos últimos 70 años, lo cual sería una verdadera locura. A pesar de la crisis del Estado de Bienestar europeo, la Unión Europea sigue siendo la región del mundo donde más y mejor están desarrollados los tres pilares esenciales del Estado del Bienestar: la sanidad pública, la educación pública y la Justicia.

Tercero. El PSOE es un partido de Estado, el que más tiempo ha gobernado la reciente democracia española, con una importante trayectoria en Europa y en el resto del espectro internacional, especialmente en Iberoamérica. Creo que el PP y el PSOE han entendido, espero, que no se pueden cometer los excesos en la gestión de lo público que han cometido. En este sentido, el papel de Ciudadanos es clave para marcar a ambos partidos, forzar las reformas que el bipartidismo en todos estos años no ha querido afrontar (los desmanes en la contratación pública y los insoportables casos de corrupción, la gestión eficaz y eficiente de la administración autonómica, la independencia de la administración de justicia, especialmente en sus altas esferas, un sistema electoral más justo e igualitario, etc.), agitarles de la solapa para que estén al servicio de las muchas y crudas necesidades de los españoles, presionarles para llegar a los necesarios acuerdos de Estado, romper la política de bloques para comenzar la política de puentes desde la centralidad y en el marco de la democracia institucional y moderna, lejos de aventuras bolivarianas.

Cuarto. Por lo demás, los tres partidos comparten la noción común de un proyecto de España maduro y serio, sin aventuras frente a los separatistas. No es tiempo de antisistemas. El reto del Parlamento catalán es un asunto verdaderamente grave y complicado. Necesitaremos mucho sentido de Estado y un amplio consenso para enfocarlo como es debido. La reforma de la Constitución tendrá que llegar más temprano que tarde, pues el Título VIII sobre la "Organización Territorial del Estado" no ha dado los frutos esperados y deseados, más bien lo contrario.

Quinto. La centralidad que representan PSOE, Ciudadanos y PP está respalda por más de 16 millones de españoles, y cuenta con 253 diputados y lo que es más importante, son tres de los cuatro grandes partidos de ámbito nacional, esto es, su proyecto político piensa en todos los españoles, no sólo en una parte de ellos. Es lo que en su día Alemania ya hizo con éxito. También Francia, en la segunda vuelta de las presidenciales, para frenar el radicalismo de la extrema derecha. La otra alternativa del PSOE, sería apostar por la ruptura y radicalidad de Podemos, llevar por primera vez en la historia de nuestra moderna democracia, la política al extremo y acompañados además por partidos que no son de ámbito nacional, algunos contrarios al proyecto común de España y otros claramente antisistemas. Sería muy difícil de gestionar, malo para España, tanto hacia dentro, como especialmente hacia fuera.

Concluyo. Está el PSOE -y con él todos los españoles- ante un decisivo cruce de caminos, histórico. Es tiempo de rigor y seriedad, de prudencia y sensatez, de sentido del deber y de elegir lo mejor para la vida pública de más de 46 millones de españoles. Ésta y no otra debe ser la perspectiva. Una alta responsabilidad en la que no nos podemos equivocar.

David Ortega es catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad Rey Juan Carlos.

Demasiado
Un nivel de corrupción así demanda una drástica catarsis
Luis Ventoso. ABC 30 Enero 2016

Un amigo muy inteligente suele repetirme esta frase: «Lo que diferencia a los anglosajones de los españoles es que allá hay más gente que se porta bien cuando nadie la ve». España es una potencia occidental en robos en el súper y pirateo de películas. No es una anécdota. Son indicios de una temperatura moral.

Con frecuencia execramos a los políticos como si fuesen de otra naturaleza. Pero ofrecen el reflejo de todos nosotros. De derecha a izquierda, pasando por los aberrantes separatistas, algo los hermana: la corrupción. El PSOE está embadurnado por los saqueos de los ERE y los cursos. Sánchez, con tantos reflejos y brío para insultar a los demás, incumple su propio código ético y por ejemplo mantiene a su líder en Galicia, al que están juzgando por algo tan burdo como trincar un piso a cambio de favores urbanísticos. El nacionalismo catalán ha tejido durante décadas una red mafiosa de mordidas. Podemos ya se ha visto forzado a apartar a uno de sus fundadores y su financiación atufa. Y luego está, ay, lo del Partido Popular...

El clima de descomposición del zapaterismo final no era sólo de índole económica. Su ministro portavoz estaba encausado en el Supremo, el latrocinio de los ERE causaba asombro. Y enfrente, la resaca de los días alegres del aznarismo: la Gürtel. Los votantes otorgaron la mayoría absoluta a Rajoy con un doble mandato: evitar la quiebra, sí, pero también regenerar la vida pública. Rajoy y su equipo firmaron un ejercicio económico admirable, salvando a España del doble pinchazo inmobilario y financiero. Algún día se reconocerá como se debe. Pero la segunda parte del contrato se ha incumplido. Es verdad que han aprobado importantes leyes contra la corrupción y que la oposición también chapotea en el lodo, pero lo del PP es demasiado y no debe soslayarse por el hecho de que en este momento España corra el riesgo de caer en un peligroso Gobierno de Pedro y Pablo. Un problema no se puede tapar con otro. El PP no ha hecho limpieza con fe, simplemente ha ido a rebufo de lo que destapaban la justicia, la policía y la prensa. En un partido todo el mundo sabe quién es quién; los malos pasos dejan huella. ¿Nadie en Génova sabía que Rus era un golfo hasta que lo grabaron contando billetes? No lo creo. ¿Nadie notó que la opulencia de Granados no encajaba? ¿Cómo puede ser que el tesorero de un partido amase una fortuna y nadie sospeche?

Los simpatizantes del PP se sienten avergonzados y muchos, saturados. Este mes ha caído el tres de la Vicepresidencia, ha llegado el mazazo del iceberg de Valencia, Rato sigue su ronda... No hay duda de la honestidad personal de Rajoy. Pero el PP debe llegar a las próximas elecciones habiendo acometido antes una profundísima catarsis, casi una refundación, para ofrecer a los españoles un partido conservador liberal, moderno, de valores firmes y profundos y sobre todo, limpio. Para eso necesitará al frente a alguien que sea un pensador, un general y un cirujano. No sé dónde estará la persona que aune tan exigentes cualidades. Pero habrán de buscarla. A veces no queda otra que apagar el ordenador y volver a encender.

Rajoy, entre Luis ("sé fuerte") y Alfonso ("yo te quiero")
Luis Bárcenas y Alfonso Rus -metafóricamente considerados- arrinconan a Rajoy, le restan por completo margen de maniobra y constriñen a su partido a una operación de recambio de liderazgo
José Antonio Zarzalejos El Confidencial 30 Enero 2016

La circunstancia orteguiana de Mariano Rajoy en su trayectoria política de los últimos años está siendo la de la corrupción en su partido. El presidente en funciones no lo será de nuevo sólo por insuficiencias electorales, sino también porque ha quedado estigmatizado entre dos referencias mortificantes: hasta ahora, una era la de Luis Bárcenas (“Luis, sé fuerte”), y desde hace unos días, otra más, la de Alfonso Rus (“Yo te quiero, Alfonso, coño, te quiero”). Un hombre de talante discreto como Rajoy se autodestruye por un mensaje telefónico (2013) y por una expresión de mitin (2007) que le enlazan con dos corruptos -presuntos- con relevancia en su organización.

Valencia -en la que ha estallado con estridencia la Operación Taula protagonizada por, entre otros, Alfonso Rus- es el escenario de la gran contradicción biográfica de Rajoy. Allí, en 2008, celebra el congreso del PP que le atornilla al liderazgo del partido y en el que nombra a Bárcenas su tesorero, y allí, Alfonso Rus perpetra sus tropelías después de haber celebrado Rajoy sus éxitos como propios. Es Valencia -y la Andalucía de Javier Arenas- la que prestó a Rajoy sus apoyos incondicionales para dirigir el partido en su momento personal y político más deprimido -junio de 2008- y es Valencia la organización popular que, justo ahora, le estalla entre las manos.

Luis Bárcenas y Alfonso Rus -metafóricamente considerados- arrinconan a Rajoy, le restan por completo margen de maniobra y constriñen a su partido a una operación de recambio de liderazgo. Ahora no es posible por dos razones: porque el presidente en funciones se empeña en transitar por este período poselectoral en el que está cometiendo hasta los errores más impensables y porque en el PP se ha confundido la disciplina y la supuesta lealtad al líder con el rigor mortis.

Los yerros de Rajoy -el menos previsible era el de desairar la función de la Corona en este trance al declinar la oferta de investidura del Rey- tienen que ver con la confundida valoración del resultado de las elecciones del 20-D que él transforma en una victoria como título ejecutivo para desempeñar el poder y con la táctica reactiva para alcanzar algún acuerdo que le rescate de su aislamiento consistente en esperar a que la quiebra del contrario -el PSOE- le granjee su apoyo indirecto en una eventual investidura.

Antes de conocerse la dimensión de la Operación Taula, antes de consignarse que la corrupción se ha producido también en los entornos ministeriales (Acuamed) y antes de que se agravase el error retrospectivo del nombramiento en Bankia de Rodrigo Rato, el planteamiento poselectoral de Rajoy hasta podía sostenerse. Después de conocidos esos episodios -que son acumulativos sobre otros gravísimos- el diseño popular se viene abajo entre otras razones porque Albert Rivera, la única conexión de Rajoy con otra galaxia que no sea la de su partido, ha decidido ya que la amortización política del presidente en funciones es completa e irreversible.

El paso atrás de Rajoy no lo contempla él ni su partido. Ni él ni el PP tienen energía para un movimiento de salvamento del proyecto de la derecha española que pasa por una auténtica refundación y que se iniciaría con un nuevo liderazgo. De tal manera que la opción popular consiste ahora, prioritariamente, en consumar el fracaso a través de unas nuevas elecciones tratando de que el fiasco se pueda endosar al adversario socialista.

Poco importa en Moncloa y en Génova que unos nuevos comicios -con Rajoy en la cabecera de la lista por Madrid- además de su significación frustrante sean estériles porque no cambiará el sentido de los votos si la oferta es idéntica a la del 20-D y aún más deteriorada que entonces. Lo que importa es resistir aunque sobre las espaldas del PP y de Rajoy se haya duplicado el peso del fardo de un Bárcenas con el del fardo de un Rus. Un recital de política numantina.


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Peores que los nacionalistas
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 30 Enero 2016

Los nacionalistas enquistados en algunas parcelas del territorio español se obstinan, cíclicamente, en estimular los más arcaicos instintos tribales de quienes habitan en su entorno, alimentándolos con reliquias torticeramente manipuladas de su historia y su cultura, para inculcarles sentimientos de superioridad respecto de sus compatriotas y desconectarlos de ellos. Mientras los nacionalistas con Estado propio movilizan estos mismos instintos para rivalizar con sus vecinos, fomentando el chauvinismo y el irredentismo sin que los detenga el riesgo de provocar guerras, los nacionalistas de dimensión regional se conforman con romper vínculos seculares de convivencia material y sentimental.

Ministerio de Plurinacionalidad
Todas estas recaídas en etapas superadas de la evolución social e intelectual son aborrecibles. Pero ahora tropezamos con algo peor: la pretensión de implantar en toda España, con marchamo institucional, los vicios rupturistas que hasta este momento se hallaban circunscriptos a muy pocas comunidades autónomas. Los ideólogos chavileninistas de Podemos proponen la creación de un Ministerio de Plurinacionalidad, que les serviría de instrumento para oprimir, a la manera soviética, una España oficialmente fragmentada en mil pedazos. Pablo Iglesias incluyó este mamarracho en el programa que le ofreció al claudicante Pedro Sánchez para conchabarlo como mascota pintoresca de su frente popular. Lo analiza María Dolores García ("La plurinacionalidad de Podemos", LV, 24/1):

Podemos habla sin complejos de plurinacionalidad y hasta improvisa un ministerio con tal nombre. Iglesias, pero sobre todo Íñigo Errejón, lanzaron una operación periferia inédita en la política española que les ha propulsado hasta casi engullir al histórico PSOE.

Nada menos que un Ministerio de Plurinacionalidad, como si no tuviéramos bastante con las trajinadas "nacionalidades históricas". Y la cartera ya tiene titular, en el esquema podemita: Xavier Domènech, diputado de En Comú Podem. Porque, no nos engañemos, la presa más codiciada en esta etapa del asalto al poder es Cataluña, y las armas para capturarla parecen estar en manos de quienes, como Domènech, actúan subordinados a la alcaldéspota Ada Colau.

De todas maneras, la consigna de la plurinacionalidad no desentona con la retórica tercermundista del populismo en alza. Uno de sus referentes, el presidente cocalero Evo Morales, ratificó en la Constitución boliviana la existencia intocable de sesenta nacionalidades con sus respectivas lenguas, leyes y costumbres. Antes a esas nacionalidades las llamaban "tribus indígenas". Aquí sacan de la chistera la plurinacionalidad. En todos los casos, son argucias de embaucadores retrógrados disfrazados de progresistas, que utilizan mitos identitarios para perpetuarse en el poder.
Iniciativa cínica

El primer recurso táctico que desempolvaron Podemos y sus franquicias para introducirse en el coto del secesionismo catalán ha sido el referéndum de la independencia. Este ha vuelto a suscitar controversias que parecían superadas.

Albert Branchadell recordó ("Referendos de soberanía", El País, 21/1) que "el 9 de enero, horas antes de conocerse la operación Puigdemont, un prestigioso diario procesista" (La Vanguardia, obviamente) reconocía en su editorial que la "extraordinaria mayoría independentista" (sic) del 27-S no era suficiente. A continuación, Branchadell se atrevió a tildar de "intelectuales orgánicos" a Francesc-Marc Álvaro y Salvador Cardús, que en el mismo diario habían sostenido que el 48 % era "insuficiente para saltar la pared" y que no se debía sobredimensionar "la fuerza real del soberanismo". La conclusión de Branchadell: el referéndum cuenta con el apoyo de la mayoría, la independencia no. ¿Habrá que celebrar entonces un referéndum para decidir si se celebra un referéndum y así hasta el infinito? Por esa vía ideada para usufructuar la crispación permanente transita la iniciativa cínica de Podemos. Mucho referéndum y ninguna racionalidad. Xavier Domènech, el subordinado de Iglesias y Colau, insiste (El País, 26/1) en que el referéndum es irrenunciable.

Otro intelectual orgánico
Josep Ramoneda, transformado en otro intelectual orgánico después de haber hecho en el pasado fecundos y lúcidos aportes al pensamiento del humanismo liberal, no se enreda en especulaciones pedestres sobre porcentajes o referéndums y opta por suministrar bases teóricas al Ministerio de Plurinacionalidad con una lucubración solemne contra el estigmatizado nacionalismo español ("Independencia y antinacionalismo", El País, 9/1). A su juicio, "la hegemonía ideológica del nacionalismo parece normal si se trata de España", que tiene Estado, y "el nacionalismo de los que no tienen Estado es subversivo porque pone en evidencia el nacionalismo de los que sí lo tienen y amenaza su poder".

Corolario:
Y cuando PP, PSOE y Ciudadanos coinciden en una de las llamadas líneas rojas: ninguna concesión al soberanismo catalán, ¿hay alguna duda del carácter hegemónico del nacionalismo español como ideología de defensa de la unidad del Estado, es decir, de un determinado reparto del poder?

Es lamentable que Ramoneda confunda el afán de preservar la solidaridad entre conciudadanos unidos históricamente por vínculos materiales y sentimentales con la vigencia de un nacionalismo hegemónico. En Francia lo tienen claro: el nacionalismo hegemónico es el que desde la tribuna lepenista despotrica contra el resto de Europa y el mundo, mientras los herederos de la Ilustración se oponen a las fobias rupturistas de normandos, bretones, alsacianos o corsos. Allí no hay espacio para un Ministerio de Plurinacionalidad. Nada mejor, empero, para refutar al Ramoneda transformado en intelectual orgánico que rescatar de la hemeroteca al Ramoneda humanista liberal que escribió, premonitoriamente ("Fausto y Mefisto", LV, 6/11/1990):

El manual de recatalanización para uso convergente que ha pasado de los despachos del partido gobernante a los medios de comunicación es un episodio más del uso político de ideas abstractas para lanzarse con toda impunidad a la conquista de la sociedad civil. (…) La realidad es que bajo el palio sonrosado de la luz nacionalista aparece una estrategia fundada en la discriminación, el control y la vigilancia, mucho más allá de lo que son los ámbitos naturales de la acción democrática. Se recluta un ejército de "gente nacionalista", al que se encargan tareas tan diversas como controlar instituciones financieras, copar puestos de responsabilidad en universidades y medios de comunicación, velar por la composición de los tribunales de oposición, en fin, educar al país (…) en lo que de acuerdo con el repetitivo discurso convergente constituye el "espíritu catalán". Cuando a los pueblos se les descubre espíritu, ya se sabe que todo está permitido en su nombre.

El humanista liberal había denunciado hace un cuarto de siglo la política hegemónica del nacionalismo impregnado de "espíritu catalán", lo que hace más chocante que ahora argumente, en el artículo arriba citado, escrito en su etapa de converso:

La presunta hegemonía del soberanismo en Cataluña tiene mucho de mito. Si "el ejercicio de hegemonía" hubiese sido tan eficaz, en este momento el independentismo no estaría peleando por la investidura porque dispondría de una amplísima mayoría absoluta. Se olvida, por ejemplo, que la audiencia de TV3 está en torno a un 13%, es decir, que la abrumadora mayoría está en manos de las cadenas españolas y que sólo dos de los diarios que se publican en Barcelona pueden situarse en el área independentista.

Desguazada y oprimida
Si la investidura carece de una abrumadora mayoría absoluta no es porque los secesionistas no exploten la hegemonía que Ramoneda denunció hace un cuarto de siglo, sino porque la sociedad catalana es lo suficientemente culta y cosmopolita para no comulgar con las ruedas de molino identitarias. ¡Hay dos millones de votantes secesionistas sobre 5.500.000 inscriptos en el censo electoral! El 36%. En cuanto al lavado de cerebro, no lo practican sólo los medios de comunicación -que también-, sino, sobre todo y precozmente, el sistema de enseñanza consagrado a la Formación del Espíritu Nacional secesionista. El mismo Ramoneda se jactó de ello, ya en su etapa de intelectual orgánico ("Cataluña cambia de escenario", El País, 12/9/2012):

Las nuevas generaciones no tienen nada que ver con las generaciones de la Transición. Carecen de los miedos, las complicidades y los prejuicios que teníamos nosotros. Han sido formadas en la escuela catalana, con unos referentes culturales muy distintos y han asumido con naturalidad la condición de Cataluña como país. Los hijos de quienes llegaron a Cataluña desde el resto nacieron aquí y tienen unos parámetros sentimentales muy distintos. Por eso el independentismo ha crecido en transversalidad social y cultural.

El conglomerado chavileninista se propone crear, a través del Ministerio de Plurinacionalidad, tantas Formaciones del Espíritu Nacional como comunidades autónomas existen, con el modelo catalán muy presente. No para fomentar su economía o su cultura sino para imponer en todas ellas la hegemonía del partido único. ¿Se acuerdan de la Unión Soviética, cuántas ilusiones despertó, y cómo terminó, desguazada y oprimida por las oligarquías mafiosas? Pues eso.

Puigdemont blinda la televisión y la radio públicas catalanas con más presupuesto
María Jesús Cañizares Cronica Global 30 Enero 2016

El 'President' prevé aumentar de 220 a 240 millones el gasto en medios públicos de la CCMA mientras los trabajadores critican el reparto de cargos entre CDC y ERC

Las arcas públicas están prácticamente vacías, pero el Gobierno de Carles Puigdemont no piensa escatimar recursos económicos. Y tampoco renunciar a un férreo control ideológico. Según ha podido saber Crónica Global, la intención del presidente de la Generalitat es aumentar el gasto en los medios públicos catalanes englobados en la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales (CCMA) un 10% si, finalmente, se aprueban los nuevos Presupuestos de la Generalitat de 2016. Es decir, que de los 220 millones que gasta actualmente el Ejecutivo autonómico, se pasaría a 240 millones.

En paralelo, CDC y ERC se encuentran en fase de reparto de cargos, algo que ha sido criticado por el comité de empresa de TV3. Ambas formaciones han pactado que Brauli Duart siga al frente de la CCMA. Y mientras Saül Gordillo estará al frente de Catalunya Ràdio a propuesta de ERC --el nombramiento se supo incluso antes de que se formara el nuevo Gobierno catalán--, queda pendiente la designación del director de TV3, que previsiblemente será una persona afín a Convergència.

Reducción de plantilla
Fuentes del comité de empresa de los medios públicos catalanes defienden ese aumento del presupuesto, pues las plantillas han quedado mermadas por un ERE que ha supuesto la pérdida de 600 trabajadores en cuatro años y la CCMA prohíbe las contrataciones temporales. Aseguran que 2015, año en que se han celebrado tres elecciones, ha sido especialmente duro para un personal diezmado por los despidos.

Asimismo, defienden las sinergias que provoca TV3 en la industria audiovisual, de ahí que avalen un aumento del gasto en medios públicos.

Por contra, critican la pretensión de la empresa de reducir en un 10% el número de trabajadores asignados a cada producción, lo que hace prever, según estas fuentes, un aumento de la externalización. “Eso supone regalar producción propia”, denuncia el comité de empresa, que el próximo martes tiene prevista una reunión con la dirección para abordar ese recorte de horas, justificadas en una posible prórroga presupuestaria.

Falta de pluralidad
Los trabajadores también quieren acabar con la falta de pluralidad existente en los medios públicos catalanes, que “no pueden estar dirigidos a una sola parte de la población”. El origen del problema reside en la reforma de la ley de la CCMA pactada en 2012 entre CiU y PP, que otorgó al Gobierno catalán más control sobre esos medios.

Los trabajadores piden que se vuelva a la situación anterior, donde el Parlamento catalán tenía más peso. Así se lo ha hecho saber el comité de empresas a todos los grupos parlamentarios en su reciente ronda de contactos. Junts pel Sí, dicen, no está por la labor y se escuda en las aritméticas parlamentarias.

Pero algo está cambiando y precisamente en la Cámara catalana, pues la Comisión de control de la CCMA estará presidida por Ciudadanos, que promete mano dura con el sesgo ideológico que la dirección de los medios públicos catalanes intente imponer.

PNV y PSE dicen que "el euskera es el idioma de la capital guipuzcoana"
Editorial www.latribunadelpaisvasco.com 30 Enero 2016

Nacionalistas y socialistas en el Ayuntamiento de San Sebastián utilizan la capitalidad cultural para hacer demagogia populista e identitaria

Desde que el ex presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero y su equipo de Gobierno amañaran presuntamente la concesión a San Sebastián de la capitalidad cultural europea, Donostia 2016 ha ido desarrollándose de fiasco a fiasco hasta alcanzar su descalabro más absoluto el día de su inauguración.

La Capital Cultural Europea permaneció durante meses sin dirección, posteriormente ésta cayó en manos de un etarra, fue éticamente denunciada por las víctimas del terrorismo, se quedó sin presupuestos ni patrocinadores, ha tenido que aplazar su proyecto infraestructural estrella (la nueva estación de autobuses) y, al final, se ha inaugurado como solamente podía hacerlo una componenda política de estas características: con un estrepitoso fracaso.

Por si todo esto fuera poco, PNV y PSE, que gobiernan en coalición el Ayuntamiento de San Sebastián, han editado ahora un folleto propagandístico de la Capitalidad Cultural Europea, que han buzoneado a todos los donostiarras, en el que utilizan la nominación para hacer demagogia identitaria y populista, rebozándola, además, de un “buenismo” fatuo, vacuo y adoctrinador, de manual barato de autoayuda, que desemboca en párrafos como el que sigue: “Convivir es saber vivir con. Vivir en armonía con aquellos que consideramos diferentes, tejer nuevas alianzas, gritar menos y escuchar más, abrirnos a nuevas propuestas, desprendernos de posiciones dogmáticas, complejos o sectarismos y usar más verbos como cooperar, ayudar, apoyar o facilitar… Y todo sin renunciar a lo que somos”.

Y, por si hubiera alguna duda, este “lo que somos”, también ha de ser promovido por una Capitalidad Cultural Europea que “situará en el mapa a nuestro territorio, a nuestra cultura y a nuestra lengua, el euskera”.

Esta flagrante manipulación de la realidad que hacen nacionalistas y socialistas, “el euskera es el idioma de los donostiarras”, resulta absolutamente obscena cuando se tiene en cuenta que más del 90% de los niños que nacen en la capital guipuzcoana tiene como lengua materna el euskera, que apenas el 14% de los donostiarras hablan habitualmente en vascuence y que, quienes lo hacen, en la mayor parte de los casos, lo hacen por imposiciones laborales o educativas.

Por mucho que moleste al PNV de Eneko Goia y a los socialistas de Ernesto Gasco, la auténtica lengua de los donostiarras, el idioma con el que éstos habitual y mayoritariamente se comunican, se entiende, trabajan, aman, comercian, discuten y se manejan por la vida, es el español. De hecho, tanto es así que en Guipúzcoa y en el resto del País Vasco solamente existen medios de comunicación en euskera gracias a la lluvia de millones de euros que las instituciones públicas, en manos del PNV, les otorgan en forma de subvenciones, más o menos encubiertas.

Utilizar la capitalidad cultural europea para hacer un grosero proselitismo nacionalista es la única perversión que le faltaba ya a un proyecto dudosamente concedido, ejecutado de una forma vergonzante e iniciado de la peor de las maneras posibles, y que, al final, y paradójicamente, solamente reflejará la más cruda y actual realidad: con estos mimbres, y otros mucho peores que apenas se han dejado atrás, San Sebastián solamente puede aspirar y solamente merece ser lo que hoy es: la capital de Guipúzcoa.

El nuevo jefe de comunicación de Puigdemont quería concentrar a los alumnos que piden español entre la cárcel y la perrera
Jaume Clotet empezó como periodista en la redacción de ABC en Cataluña y fue "embajador" y "relaciones públicas" de Mas en Europa
Pablo Planas (Barcelona) Libertad Digital 30 Enero 2016

El flamante director de comunicación de la Generalidad de Carles Puigdemont, Jaume Clotet i Planas, es un acérrimo defensor de la causa separatista, un "periodista comprometido" con el proceso y cuyo currículo, salvo algún ligero desliz, está vinculado a la agitación y propaganda nacionalista. Su mayor salida de tono, hasta el momento, fue cuando pidió que los niños cuyos padres pedían clases en español fueran concentrados en un centro "entre la cárcel y la perrera".

Corría el mes de septiembre de 2011 cuando un grupo de padres pidió que el español también fuera idioma vehicular en las escuelas catalanas y Clotet, a la sazón jefe de prensa de la Generalidad para la difusión del separatismo en Europa, declaró que "otra opción es hacerles una escuela a estas 20 familias. Si quieren vivir en un gueto, adelante". A mayor abundamiento, añadió: "Propongo levantarla en la Zona Franca, por ejemplo, entre la futura prisión y la futura perera creo que hay un solar adecuado".

Clotet, hijo de un alto cargo popular el ministerio de Industria en los tiempos de Josep Piqué, comenzó su carrera en la redacción de ABC en Cataluña asignado a la sección de política. Seguía entonces la actualidad de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC). Cuando se le planteó un cambio de cometido y el pase a la sección de sociedad, abandonó el periódico y se marchó de corresponsal en el País Vasco para el diario independentista "Avui" (en la actualidad, "El Punt Avui"). En esa corresponsalía se dedicó a dar voz a las marcas batasunas y sus dirigentes. De vuelta a Barcelona, ejerció la jefatura de política del antedicho diario hasta que fue llamado por el primer gobierno tripartito de la Generalidad para hacerse cargo de la comunicación de la consejería de Gobernación y Administraciones Públicas, en manos entonces de un peso pesado de ERC, Joan Carretero, quien organizaría después una escisión en ERC para terminar integrado en Convergencia.

Tras esa etapa, Clotet volvió al periodismo de trinchera en la Agència Catalana de Noticias (ANC), fundada por el también periodista Puigdemont, e incurrió en la literatura en catalán con la novela "histórica" sobre la Guerra de Sucesión "Lliures o morts", escrita junto a David de Montserrat. También ha escrito cuentos infantiles del tipo "La meva primera Diada". En febrero del 2014 pasó a ejercer las funciones de "embajador" en Europa de Mas. Ahora es el hombre de la comunicación de la Generalidad, un cargo para el que ha contado con el beneplácito de ERC y CDC tras los servicios prestados con anterioridad.
 


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