AGLI Recortes de Prensa   Lunes 1 Febrero  2016

Están hundiendo España (aún más)
Editorial  www.gaceta.es 1 Febrero 2016

Muy fuertes tienen que haber sido las presiones sobre el contumaz Sánchez para que éste, al final, haya recurrido al expediente de someter a los afiliados –a todos los afiliados- cualquier eventual pacto de gobierno. Resulta que el PSOE es especialmente fuerte en las comunidades donde Sánchez es más débil, de modo que es muy previsible que el secretario general termine plegándose a lo que le dicten los barones. Ya se ha plegado al adelanto del congreso federal, de manera que bien puede decirse que estamos ante el canto del cisne de Pedro Sánchez. Eso si no nos hallamos ante el canto del macho cabrío, que tal es el origen etimológico exacto de la palabra griega “tragedia”.

Donde la tragedia ya parece consumada para siempre es en el PP, que sigue empeñado en entregar a la izquierda la iniciativa de unas elecciones que, a pesar de todo, ganó el centroderecha. Y lo que acentúa la tragedia es la obstinación de Rajoy en presentarse como única opción de gobierno posible cuando ya se ha visto que él es, en realidad, el único obstáculo visible. El propio Rajoy ha contribuido una vez más al desastre al mantener una obtusa estrategia de inmovilidad absoluta. Lo inteligente habría sido que Rajoy, desde el minuto uno, elaborara un programa de mínimos que sirviera como plataforma de pacto para el apoyo activo de Ciudadanos y para la abstención del PSOE. Eso habría permitido, al menos, mantener la impresión de que el PP guiaba los acontecimientos Pero no: aupado en su proverbial petulancia tecnocrática (bastante poco justificada, viendo la situación real del país), Rajoy parece persuadido de que en ningún lugar se está mejor que escondido bajo tierra. Resultado: el ciudadano queda expuesto a un sólo discurso, el de la izquierda, cuyo tono permanente es la deslegitimación política de la derecha. Y así la izquierda gana en los medios lo que perdió en las urnas.

¿Por qué el PP –empezando por el propio Rajoy- no ha presentado otro candidato? ¿Solo porque Rajoy era el número uno por Madrid en las listas? Probablemente, no. Echemos mano de la agenda judicial: es muy verosímil que Rajoy –y Soraya, Cospedal et alii- teman verse, más que salpicados, empapados por la vista en tribunales del “caso Bárcenas”, que en realidad es el “caso Génova”. Si abandonan el poder, quedarán peligrosamente expuestos. Por eso no ceden el paso a otro candidato con menos manchas en el expediente, otro candidato que, llegado el caso, podría dejarlos caer. El hecho objetivo, sin embargo, es que quien está cayendo mientras tanto es el PP en su conjunto.

A fecha de hoy, lunes, la perspectiva de unas nuevas elecciones es la más probable. Pero tendremos que elegir entre un PP carcomido por la traición a sus votantes y la corrupción interna, un PSOE deshecho por la división y la tentación neo-bolchevizante (y también la corrupción interna), un Ciudadanos que no consigue dar impresión de alternativa sólida de poder (pese a los meritorios esfuerzos de Rivera en estas semanas) y un Podemos caracterizado por su radicalidad extremosa, su connivencia con el separatismo violento y sus lazos financieros con Venezuela e Irán. Todo ello con un órdago separatista explícito en Cataluña e implícitos en Navarra, País Vasco y otros lugares. Parece lo del chiste: susto o muerte.

¿Lo más razonable? Que el PP, que ha ganado las elecciones, presente otro candidato menos tocado y éste proponga un programa de mínimos para gobernar en minoría. Si hay pacto, bien; si no, nuevas elecciones. Y las haya o no, convocatoria inmediata de congreso abierto en el PP para refundar el partido, porque la derecha española, que hace sólo cuatro años obtuvo el respaldo de casi once millones de compatriotas, no puede resignarse a terminar deshecha por esta banda de presuntuosos incompetentes.

Rajoy y Sánchez deben apartarse por el bien de España
EDITORIAL El Mundo 1 Febrero 2016

España no se puede permitir una continuación de la situación de bloqueo que está viviendo, provocada por la incapacidad de los partidos de llegar a acuerdos para formar Gobierno. Los ciudadanos tienen la sensación de que sus representantes no pueden encontrar una salida y de que esa parálisis podría alargarse durante meses. La pregunta que se hacen hoy millones de españoles es cómo podemos salir de este 'impasse' sin acudir nuevamente a las urnas, lo que implicaría llegar hasta el próximo verano sin Ejecutivo, dañaría seriamente la credibilidad internacional de nuestro país y pondría en riesgo la confianza de los mercados y la recuperación económica.

Nadie tiene una varita mágica para resolver este problema, pero parece cada día más claro que el antagonismo político y la enemistad personal entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez suponen un grave obstáculo para llegar a un pacto de Estado que permita la gobernabilidad de este país. Esto ya se pudo constatar en el debate durante la campaña electoral, en el que el líder socialista insultó en repetidas ocasiones al todavía presidente del Gobierno, con una acritud impropia de un dirigente que aspira a representar a todos los ciudadanos.

Llegados a este punto, los intereses de España deben estar por encima de las legítimas ambiciones personales de los líderes de los dos principales partidos. Si no son capaces de desatascar la situación tras la nueva ronda de consultas del Rey, Rajoy y Sánchez deberían renunciar a ser candidatos a la presidencia, cediendo su capacidad de interlocución a otros dirigentes de sus respectivos partidos.

El país necesita un cambio que permita romper el nudo que impide el diálogo entre las dos mayores fuerzas políticas para llegar a un acuerdo reformista que defienda la unidad de España, impulse la regeneración de la vida pública, facilite medidas económicas que consoliden la todavía frágil recuperación, cimente una política exterior consensuada y mande un mensaje de estabilidad al exterior.

El caso de Rajoy es especialmente polémico porque ganó las elecciones, aunque fuera con una importante pérdida de votos. Pero el líder 'popular' no puede aspirar a salir investido como presidente porque, como él mismo reconoció con lucidez, hay 180 diputados que han dicho que van a votar en su contra. A pesar de su buena voluntad y sus reiteradas ofertas de diálogo a la oposición, Rajoy se ha convertido en el principal obstáculo del gran acuerdo que reclama la mayoría. Pero también pesa en estos momentos el hecho de que no ha sido capaz de frenar la corrupción en su partido, como demuestra el último escándalo de Valencia. Ello ha dañado su credibilidad y su liderazgo en este proceso de formación de un nuevo Gobierno y pone muy difícil a Ciudadanos avanzar en las conversaciones con el PP para llegar a algún acuerdo.

La retirada de Rajoy daría credibilidad a las intenciones de cambio del PP y dejaría sin excusa al PSOE para poder negociar un gran pacto de Estado. Supondría, además, la mejor oportunidad de iniciar un proceso de renovación y de limpieza interna del partido, que cada día parece más inaplazable. Los populares tienen políticos de demostrada valía que podrían liderar ese proyecto. Nadie es imprescindible en esta nueva etapa. Los intereses de los ciudadanos sí lo son.

Sacrificio personal
No faltará quien subraye que es injusto que Rajoy tenga que abandonar sus aspiraciones a formar Gobierno cuando ha sido votado por 7,3 millones de ciudadanos, que al depositar su papeleta en la urna le estaban confiando esa responsabilidad. Sólo podemos rebatir este argumento con la réplica de que hay situaciones que exigen un sacrificio personal en aras del interés de la mayoría. El presidente del PP debería dar un paso atrás por el bien de España, aun aceptando que no está obligado a hacerlo. Como publicamos hoy, ya han surgido en su partido algunos dirigentes que están a favor de que renuncie a ser candidato en favor de otra persona de consenso en bien de los intereses generales.

El caso de Pedro Sánchez es distinto. Dada su obstinación en negarse a negociar con el PP y su estrategia de buscar un acuerdo con Podemos, debería haber sido la dirección de su partido quien le forzara a renunciar a presidir el Gobierno. Sánchez ha obtenido unos malos resultados electorales, los peores de la historia del PSOE, y no parece lógico que aspire a formar una mayoría con un partido que pretende destruir el suyo y que no comparte el mismo modelo de Estado. Ahí está el ejemplo contrario de su compañero, el socialdemócrata Sigmar Gabriel, que optó por aliarse con Angela Merkel en lugar de Die Linke, la extrema izquierda antisistema.

Su intención de pactar con Podemos suscita el rechazo de un sector del Comité Federal, como se pudo ver el pasado sábado, y de la vieja guardia del PSOE, encabezada por Felipe González, que considera que pactar con Podemos supondrá la destrucción a largo plazo del partido.

También nos parece un grave error su decisión de someter a consulta entre las bases los acuerdos para gobernar, ya que es precisamente para éso para lo que ha sido elegido. Todo indica que pretende blindarse con la opinión de los militantes de un posible rechazo del Comité Federal.

El PSOE se enfrenta a la oportunidad de romper la vieja dialéctica de confrontación que tanto daño ha hecho a este país y de ser el pivote de un Gobierno que pueda dar estabilidad económica y acometer las grandes reformas que necesita España.

El pasado miércoles, Rajoy ofreció a Sánchez un acuerdo que pasaba por el apoyo del PSOE a su investidura a cambio del respaldo del PP a los gobiernos socialistas en Ayuntamientos y comunidades en las que dependen de Podemos. No era un planteamiento acertado, pero lo que llamó la atención fue la tajante y agresiva respuesta de Sánchez, que amenazó con decirle verdades muy incómodas a Rajoy si era convocado de nuevo a La Moncloa. Lo mínimo que se le puede pedir al líder de la oposición es que escuche la propuesta del presidente de su país.

Aferrado al 'no'
Ha quedado claro, por activa y por pasiva, que Sánchez no está dispuesto a llegar a un acuerdo con el PP pese a que este partido fue el más que más escaños obtuvo con un amplia ventaja sobre el PSOE y pese a los gestos de Rajoy de tender la mano a una negociación sin 'líneas rojas'. También el líder socialista se ha convertido en un obstáculo para los intereses del país y debería marcharse, aceptando el pobre resultado electoral y la realidad de que el pacto que busca sólo daría inestabilidad al país.

Lo realmente importante en estos momentos no son las personas sino el proyecto político que permitiría articular un Gobierno de coalición formado por el PP, PSOE y Ciudadanos, unido en torno a un programa de reformas y un calendario legislativo. Este Ejecutivo contaría con una amplia mayoría parlamentaria y dispondría de la estabilidad y la fuerza que necesitamos para responder a retos como el desafío del independentismo catalán, que ha decidido proseguir su hoja de ruta, la consolidación del crecimiento económico o la amenaza del terrorismo islámico. Los españoles hemos avanzado cuando hemos buscado soluciones juntos, aunque nuestros políticos parezcan haberlo olvidado. Es hora de volver a poner los intereses de los ciudadanos por encima de todo lo demás.

Los rompepartidos
Federico Jiménez Lossantos El Mundo 1 Febrero 2016

El bipartidismo no está medio muerto porque los españoles no lo quieran. Como en todas las democracias constitucionales antiguas -España, aunque la umma podemita lo ignore, tiene la cuarta constitución liberal del mundo, con los USA, Francia y Polonia-, en nuestro país también acabó asentándose el sistema de partidos turnantes para cambiar de Gobierno sin llegar a la guerra civil. Son dos bloques, identificados sumariamente con la izquierda y la derecha, pero mucha gente comparte valores de ambas o se fía más de unos políticos que de otros y los vota, ideologías al margen. Lo importante no es que haya dos partidos sino alternancia pacífica en el Poder, con mayorías de uno en uno o dos en dos que van cambiando: UCD, AP y CDS desembocaron en el PP; PSP y PAD en el PSOE. Hoy, muchos del PP querrían a Rivera como candidato de un centro derecha sin corrupción. Ayer, las bases del PSOE lo quisieron de Borrell. Lo importante no es que haya dos partidos o doce, sino que nos guste cómo son.

Y antes de discutir sobre los aliados, hay que afrontar dos enemigos: un partido totalitario, Podemos, dispuesto a acabar con todos e instaurar una dictadura, como la cubana o venezolana; y unos partidos creados sólo para destruir la nación española de ciudadanos libres e iguales, sobre la que se funda el Estado, los separatistas, socios de Podemos, que destruyen impunemente la libertad e igualdad de los españoles allí donde mandan: País Vasco, Navarra y Cataluña. Antes que los partidos está la defensa de la libertad ciudadana para asociarse, o sea, la legalidad constitucional. Sentar a un caníbal a la mesa, menú de Snchz, es pasar de cocinero a filet mignon.

Pero lo que los votantes hicieron a medias -retirar su apoyo a PP y PSOE- lo están rematando Rajoy Snchz. Al largo sólo de talla se le ha ocurrido consultar a las bases para puentear a la organización del partido, cuando un pacto con los enemigos de España debería consultarse a todos los españoles. Al largo sólo de caspa se le ha ocurrido algo diabólico: quedarse en La Moncloa sin gobernar e impidiendo que gobiernen otros. ¿Cómo? Dejando apilarse caso tras caso de corrupción, sin combatirla ni dimitir, de modo que su partido -con él- sea inaceptable para forjar otro Gobierno.

Al PP y al PSOE no los jubilan las urnas: los liquidan sus jefes.

El tiempo acabado de Rajoy
SANTIAGO GONZÁLEZ El Mundo 1 Febrero 2016

Mariano Rajoy sabía que Pedro Sánchez tenía la intención de escabecharlo en el Congreso y usar sus restos como alfombra para la investidura, pero no sé si se ha dado cuenta de que su tiempo político ha pasado, que el martes, al fin de la segunda ronda, seguirá teniendo una mayoría absoluta en contra, lo que no le pasa al galán de los 90 escaños. Su revancha se producirá quizá dentro de un tiempo, por comparación: cuando los viciosos de las hemerotecas echen de menos dos noticias que a finales de enero de 2016 apenas tuvieron repercusión: una EPA extraordinariamente favorable y un crecimiento del PIB español, 3,2%, superior al de las economías punteras de la Unión Europea.

El candidato popular asumió su falta de apoyos para ser investido, lo que le llevó a declinar la invitación de Felipe VI: tenía una mayoría absoluta en contra. Esperaba, y ese fue su error, que el Comité Federal del sábado pusiera firme a su adversario, obligándole a renunciar a los apoyos que desea para investirse: los secesionistas y el populismo con el que el candidato Sánchez había prometido no pactar "ni antes, ni durante, ni después": "Los ciudadanos que están viendo con simpatía al populismo deben saber cuál es el final del camino que proponen, la Venezuela que algunos de sus dirigentes han asesorado durante años. Yo quiero que España sea un país avanzado de Europa, otros lo que quieren es llevarlo por la deriva de la Venezuela chavista y eso son las cartillas de racionamiento, la falta de democracia, una mayor desigualdad y pobreza".

La propuesta de Rajoy al ofrecer a Sánchez el apoyo del PP en las alcaldías y las comunidades que mantiene con los votos de Podemos era inane por dos razones: a los socialistas les gusta más Podemos y está el factor objetivo, digamos Taula. Imaginen a Ximo Puig rompiendo con Compromís para negociar el apoyo de Rita Barberá.

Quizá pensaba el candidato Rajoy que la 'auctoritas' de Felipe y los barones llevarían al Comité Federal a imponer a Sánchez su abstención. Revela desconocer a sus adversarios socialistas. Todos ellos lo quieren muerto, políticamente hablando. La diferencia es, quizá, que los barones prefieren que parezca un accidente y Pedro Sánchez necesita reivindicarlo como crimen para compensar su falta de liderazgo.

Pedro aplica a sus barones el mismo tratamiento que Pablo le aplica a él. Habló con todos ellos y a todos les ocultó la gran sorpresa que les tenía preparada para el Comité Federal: pedir el pronunciamiento de las bases. El PSOE no es un partido asambleario, como la CUP, le afeaba ayer el 'diario amigo' en el editorial más duro que le haya dedicado nunca. El referéndum, esa martingala napoleónica que el populismo considera la quintaesencia de la democracia, no está contemplado en los Estatutos del PSOE para que la puta base defina la política de alianzas, competencia del Comité Federal. Supone, además, que Pedro no conoce a su partido, ni a sus barones, si cree que puede hacerles semejante jugarreta y esperar que lo olviden.

Pedro es puro instinto de supervivencia, sólo quiere conservar el cargo al que debió renunciar la noche de las elecciones. La Moncloa es un escudo institucional para no perder el mando en Ferraz. El bien general al servicio de su interés personal al frente de un PSOE, para el que resultará letal. La paradoja de los socialistas es que todos aceptarían como presidente del Gobierno a quien muchos de ellos no querrían en mayo para secretario general; su condición de militantes debe de parecerles más meritoria que la de ciudadanos.

El PSOE se la está jugando
EDITORIAL Libertad Digital 1 Febrero 2016

Dirigentes históricos del PSOE como el expresidente Felipe González o el exministro José Luis Corcuera están haciendo todo lo posible por impedir que su partido conforme con Podemos y demás formaciones ultras un Frente Popular de nuevo cuño para encaramarse al poder y volver a levantar un cordón sanitario contra el PP.

Podemos es tóxico, desleal y destrozaría al PSOE en un hipotético Gobierno de concentración ultraizquierdista: la verdad es la verdad, la diga Agamenón, su porquero o la vieja guardia socialista, cada vez más indignada con la manera de proceder de Pedro Sánchez, que cada vez se parece más al infausto José Luis Rodríguez Zapatero, que tanto sigue pesando en el partido: no porque esté en Ferraz a todas horas –dijo que se iba a contar nubes y en eso debe de andar–, sino porque durante su mandato lo moldeó a su imagen y semejanza. Con las ominosas consecuencias perceptibles para todo el mundo, empezando por los históricos apartados voluntaria o involuntariamente de la primera fila y que ahora braman.

Ya es grave que tantos millones de españoles se hayan decantado en las últimas elecciones generales por una formación liberticida encabezada por fanáticos a sueldo de regímenes infectos. Pero sería un mal mucho más controlable si en el grueso de la ciudadanía y de la clase política hubiera una decidida voluntad de combatirlo. No la hay, y esto es lo peor. Que el PSOE no es de fiar, sobre todo con Pedro Sánchez al frente. Éste ha demostrado ser un personaje tan mediocre en términos políticos e intelectuales como ambicioso en el peor sentido de la palabra, lo que le hace especialmente peligroso en circunstancias tan extraordinarias como las actuales.

O la vieja guardia echa el resto y pone en el foco a la presa principal, el insensato Sánchez, o sus esfuerzos serán perfectamente inútiles. Y de todas formas lo serán si no acude en su ayuda la joven Susana Díaz, a la que parece írsele la fuerza por la boca. El PSOE, verdaderamente, se la está jugando.

El interés real del PP del futuro
Pedro de Tena Libertad Digital 1 Febrero 2016

Como soy escéptico sobre la capacidad de los partidos actuales de anteponer intereses nacionales a los propios, razonaré escuetamente para los que todavía tienen la cabeza en su sitio en el Partido Popular. Anticipo mi conclusión: es su interés real, a corto, medio y largo plazo, dejar el gobierno de la Nación en manos del PSOE, sin Pedro Sánchez, y Ciudadanos. Veamos.

El equipo dirigente del PP, hasta el estallido del caso Valencia, otro mazazo más, quería un gobierno presidido por Mariano Rajoy fundado en la aporía de ser el partido más votado. Esto le permitiría mantener políticas y puestos en la estructura administrativa del Estado y sostener la figura del líder y de su corte a pesar de haber perdido 66 diputados. Después de Valencia, Rajoy y su equipo deben haberse enterado ya –lo confiesen o no– de que tal operación es imposible. Tienen, eso sí, otras opciones relevantes posibles. De lo que no puede ser y además es imposible, pues eso.

Una, provocar la celebración de nuevas elecciones generales si es que pueden, vistiendo el santo como un segundo fracaso socialista, de Podemos y de la izquierda en general. Es una opción que, dada la desmoralización infecciosa del cuerpo electoral popular como consecuencia del peso de sus manzanas podridas, no es nada segura porque podrían obtener aún menos escaños que en diciembre de 2015 y propiciar un ascenso ya firme de Ciudadanos, presentado como centro nacional e incorrupto.

Dos, esperar que el sector más moderado del PSOE se imponga a Pedro Sánchez y permita un gobierno PP-Ciudadanos, sin Mariano Rajoy, algo que va a ser ya conditio sine qua non. Esta opción es la pérfida propuesta de Felipe González y Susana Díaz, además de otros. Se trata de una inteligente estrategia de aniquilación del PP como partido, no sólo del equipo dirigente actual. Un gobierno del PP en estas circunstancias tendría que apechugar con reformas pactadas y recortes bruselenses en tiempo tasado y maniatado tanto por Ciudadanos –al que el PSOE exigiría entrar en el gobierno para matar dos pájaros de un tiro– como por un PSOE que se presentaría como el nuevo centro entre la vieja derechona y los nuevos comunistas. Esto, en el caso de que fuera posible, se parece mucho a un suicidio político para el PP del futuro aunque retardaría la agonía de la actual cúpula dirigente.

Tres, dejar, e incluso impulsar desde las sombras, que gobierne Pedro Sánchez con Podemos y el separatismo. Esta opción tiene la ventaja de debilitar internamente al PSOE, pero tendría tres desventajas. Primera, que al PP del futuro le conviene un PSOE moderado y fuerte, no débil. Segunda, que los grandes beneficiados de la operación serían Podemos y el separatismo, algo que puede acabar con todo, incluso con la economía nacional y el kiosko democrático. Tercera, que tendrían que refundar el partido, algo forzoso, en condiciones adversas y que Ciudadanos, libre de corruptelas, lograría además un discurso más nítido a favor de la unidad de España que le permitiría seguir succionando las ubres populares.

Cuatro, abstenerse y dejar gobernar a una coalición PSOE-Ciudadanos sin Pedro Sánchez, lógica y recíproca conditio sine qua non exigible a los socialistas, algo que aplaudirá un sector relevante del PSOE. Se trata de la operación inversa a la predicada por Felipe González: un gobierno temporalmente abreviado, con reformas tasadas y acordadas y con la carga de aplicar los nuevos recortes que impone ya la Comisión Europea sin inestabilidad estructural e institucional. Ciudadanos perdería así la virginidad política nacional, mucho más si el presidente fuese Albert Rivera, y el PSOE se vería abocado a una crisis interna de la que el sector moderado y democrático debería salir fortalecido. Podemos, sin tocar poder ni dinero, se dividiría en facciones, dada su insuficiente organización, la usurpación leninista de las bases y el insultante personalismo de sus líderes. En este tiempo, el PP, desde el Senado, podría proyectarse como defensor del interés nacional cuando fuese menester dándole utilidad política a una Cámara discutible, y debería hacer su congreso abierto, renovar democráticamente su organización, sus valores, su discurso y su dirección e ir a las siguientes elecciones con opciones de victoria. Por si fuera poco, podría presentarse ante la opinión pública como un acto político de generosidad nacional sin precedentes.

Parece que esta última opción es la que mejor representa el interés real de un PP del futuro a pecho descubierto y sin tapujos. Otra cosa es que sea posible, porque, claro, el futuro nunca es lo que era ni debería ser, los partidos pueden suicidarse en primavera con todos sus filisteos dentro y del interés general de España no hablamos. ¿Para qué?

El PSOE siempre predicó pero nunca dio trigo
Fernando Zurita  www.gaceta.es 1 Febrero 2016

Corría el año 1993. El Partido Socialista ganaba las elecciones generales. Nada nuevo hasta entonces desde 1982. Sin embargo se producía un cambio sustancial que dibujaba un nuevo marco en el panorama político español. 159 diputados no eran suficientes para investir a Felipe González como Presidente del Gobierno de España por cuarta vez consecutiva y sería necesario poner en marcha la maquinaria de los pactos; algo inédito hasta entonces.

Así, el PSOE tuvo la posibilidad de apoyarse en los comunistas de Izquierda Unida o apuntalar su gobierno en un acuerdo con los conservadores. Sin embargo las exigencias de los primeros y el odio secular a los segundos hicieron imposible tales acercamientos. González optó finalmente por echarse en brazos de los nacionalistas moderados de Convergència i Unió del entonces estabilizador de España Jordi Pujol, ahora acosado judicialmente por las presuntas fechorías llevadas a cabo desde el inicio de la democracia. Capítulo aparte merecería concretar el porqué de esta persecución y, sobre todo, por qué ahora.

En aquel Consejo de Ministros, del cual astutamente los convergentes rehusaron formar parte (a pesar del ofrecimiento expreso del sevillano), por estar mal visto por sus votantes y por el desgaste que supone estar en labores de gobierno, se sentaron Felipe González (obviamente), Alfonso Guerra, Carlos Solchaga, José Luis Corcuera y Alfredo Pérez Rubalcaba. Hoy convertidos en adalides de la unidad de España y muy interesados en el perseverar en la igualdad y el bienestar de todos los españoles. En ese momento de la historia reciente no tuvieron inconvenientes en formar parte de un gobierno sustentado por el nacionalismo periférico digno de los más cálidos mimos, según convención, mientras se cocinaba a fuego lento y presuntamente al abrigo de suculentas comisiones, su ruptura (la social y la territorial) con el conjunto de la nación. En aquella sesión de investidura, el candidato socialista afirmó que el resultado de las elecciones de aquel 1 993 originaba un nuevo momento de “diálogo, entendimiento y concertación, para hacer que España fuera un país más fuerte y más cohesionado social y territorialmente”. Frase sonrojante conociendo las circunstancias actuales.

Los socialistas fundamentaron el convencimiento de la oportunidad de estos pactos en la garantía de la estabilidad y la gobernabilidad que aportaban; en la manifestación de un espíritu dialogante con objeto de disminuir la crispación; en el reforzamiento de los intereses generales de España; en la perspectiva histórica para involucrar a los nacionalismos periféricos en la gobernabilidad del Estado y en su necesidad para renovar la vida política democrática. Visto el momento actual, lo clavaron.

Nos situamos ahora en el año 1996. Paro insoportable, corrupción política insostenible, decadencia institucional…(¿les suena?). En este entorno (o a pesar de este entorno), el Partido Popular sólo fue capaz de obtener 156 diputados. Por primera vez el renovado partido de centro-reformista se hacía con opciones de llegar a La Moncloa. Algo que no le resultaría fácil, pues sólo tres años antes había criticado ferozmente que el PSOE se hubiera liado la manta a la cabeza y hubiera optado por bailar la sardana al son que el molt honorable le marcaba. Ahora ellos hablarían catalán en la intimidad. El PP, en un alarde de adacadabrismo y ante la estupefacción de más de uno de sus votantes, logró ser el partido de gobierno con el apoyo de Convergència i Unió, Partido Nacionalista Vasco y Coalición Canaria. Tan cerca en lo “ideológico” y tan lejos en lo que a la concepción territorial se refiere. No deja de tener tintes jocosos que el amplio acuerdo alcanzado se bautizara por los populares como “operación de Estado”.

Los compromisos fraguados por el PP en 1996 fueron puestos en entredicho por los socialistas que en 1 993 habían hecho prácticamente lo mismo. Algunos dirigentes como Bono, Rodríguez Ibarra y Chaves, entonces Presidentes de Comunidades Autónomas, pusieron encima de la mesa la necesidad de alcanzar un gran pacto de Estado (¿les suena?) entre las fuerzas nacionales para evitar la fragmentación interior. De este modo entendían que se evitaría el sistemático chantaje de los partidos nacionalistas periféricos. Ya entonces se planteó la necesidad de reformar la ley electoral (¿les suena?), para evitar que los partidos nacionalistas se convirtieran en bisagras cada vez que uno de los dos mayoritarios no alcanzara mayoría absoluta.

En estos días, tras las elecciones del 20 de diciembre, tenemos prácticamente cerrado un gobierno de coalición entre socialistas, la izquierda radical y el separatismo. A ello se oponen hoy con vehemencia los responsables de pactar en los noventa con quienes de forma sibilina alimentaban la ruptura social y territorial que hoy nos explota en la cara. Con los responsables de generar la España más crispada desde el advenimiento de la democracia. Con esos nacionalistas responsables con la gobernabilidad de España que han conectado el crono para su separación, arrastrando a la mitad de catalanes que parece no existir para ellos.

A esto se une lo más granado de la lucha por las libertades individuales. Esos lobos con piel de cordero cuyos colmillos ya asoman a pesar de que muchos aún no se hayan querido dar cuenta. El PSOE tiene acuerdos con ellos en Córdoba, Zaragoza, Madrid, Barcelona, Valencia…No es complicado suponer lo que ocurrirá.

Zapasánchez
Javier Orrico  Periodista Digital 1 Febrero 2016

Hoy ya no hay duda: ha vuelto. Como si un ensalmo, una maldición, una ´fatwa´ nos hubiera condenado para toda la eternidad a estar gobernados por él y sus máscaras. Vuelve porque nunca se fue. Contra lo que nos viene contando, a ver si nos despistamos, las recientes elecciones no nos llevaron a ningún laberinto. Fueron un sarcasmo, una socarrona burla de esa nueva política que esperábamos, cuando sus resultados nos dejaban donde siempre: en manos de los nacionalistas. El único modo de esquivar este destino secular de las Españas, condenadas a soportar a sus hijos tiranos, era un pacto entre los grandes partidos, entre las dos Españas, que acabara con el chantaje de los parásitos. Y, también como siempre, a pesar de las advertencias de Azaña y la experiencia de las traiciones a la República, la izquierda ha escogido viajar por el camino contrario a lo que dicen ser su esencia, la igualdad entre españoles, para dejar que las periferias ricas sigan sangrándonos a los territorios pobres.

Eso será todo. No se engañen: ZP ha vuelto. Él inició la demolición del PSOE y Zapasánchez la terminará. Desde que acuchillaron a la generación de Felipe, el PSOE sólo produce Zetapetas, Caligulillas sectarios, mientras Andalucía duerme su sueño de Eres y la Califa no quiere dejar un poder seguro para atrapar ciento volando. De nuevo aquella misma ambición y necedad hacen creer al líder que podrá embridar a las fuerzas del odio y a esas maquinarias xenófobas que se sostienen sólo por nuestra condición de mercado cautivo y los formidables beneficios que obtienen de su posición dominante.
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Y son insaciables. Ahora volverán a succionar recursos e inversiones gracias a su apoyo al nuevo figurón. Los unos recaudarán para seguir construyéndose el Estado anhelado, pero sobre todo para repartirse cargos, sueldazos, comisiones y evitar la cárcel. Se abstendrán o prestarán los diputados necesarios. En realidad, no será un préstamo sino una devolución. A cambio, les reconocerán ´singularidad´, como a la madrastra de Blancanieves ante el espejito mágico de ´Madrit'. Nos venderán confederación y prácticas soberanías, camufladas en el disfraz federal, en una de las estafas más desvergonzadas de nuestra historia triste.

Zapasánchez e Iglesias, por su parte, además de poder jugar a las revoluciones -prohibir los toros, la caza, el catolicismo, las procesiones y el Madrid-, les cederán impuestos hasta resultar, de facto, un concierto fiscal. Las regiones ricas serán más ricas. Reformarán con todo ello los estatutos y los conformarán con un referéndum, que ya no tendrá que ser nacional, y la pasta. Mercado asegurado para mis productos y mis impuestos para mí. Perfecto. Y hasta puede que les aseguren que Villar seguirá y el Barça brillará goleando a los españoles eternamente.

Mientras, los otros se llevarán a sus asesinos presos, los soltarán poco a poco sin haberse siquiera excusado ni haber entregado las armas, y les pondrán sus nombres a las calles, que aquí los criminales tienen calle según el frente desde el que hayan disparado. Consolidarán el concierto económico, que es lo importante, y alguna otra cesión simbólica, para que quede claro que ellos ganaron y España perdió.

El resultado no podía ser otro, porque a todos les conviene. Y esto es como los crímenes de las novelas clásicas: ¿A quién beneficia el desguace de España? Esos gobernarán. Es el mismo pacto de siempre. Y hay botín para todos.

MAFO: la culpa fue del chachachá
Ha concedido cuatro entrevistas en las que echa toda la culpa del rescate a la actuación del Gobierno del PP en los primeros meses de 2012. De todo lo anterior, ni media palabra
Eduardo Segovia El Confidencial 1 Febrero 2016

La culpa fue del chachachá, sí, fue del chachachá, que me volvió un caradura por la más pura casualidad (Gabinete Caligari)

MAFO, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, fue gobernador del Banco de España entre 2006 y 2012, es decir, entre el inicio de la burbuja de crédito inmobiliario y el rescate del sistema financiero tras el hundimiento de casi la mitad del mismo. Desde su salida, no había dicho esta boca es mía para dar una mínima explicación de la catástrofe que nos ha costado, según cuenta estas cosas la Comisión Europea, unos 100.000 millones de euros a todos los españoles. Ahora lo ha hecho escribiendo un libro y concediendo cuatro entrevistas (tenía muchas más concertadas pero ha suspendido todas las demás), en los que echa toda la culpa del rescate a la actuación del Gobierno del PP en los primeros meses de 2012. De todo lo anterior, ni media palabra. La culpa fue del chachachá.

MAFO (que se quitó el Ángel del nombre -el Ángel caído- para que los periódicos no pudieran titular por el acrónimo, aunque siguieron haciéndolo de todas formas) era gobernador del Banco de España cuando toda la banca se lanzó a una orgía de crédito inmobiliario que provocó la mayor burbuja que ha vivido España en su historia. Una orgía en la que bancos y cajas de ahorros daban dinero prácticamente gratis a cuanto promotor iletrado quería construir una urbanización aunque fuera en medio de un secarral toledano, en la que daban hipotecas por el 120% del valor de tasación para que toda pareja española se pagara los muebles, la tele de plasma, la boda, el viaje de novios y el BMW si era menester, independientemente de los ingresos que tuvieran; y si no llegaban a ese porcentaje, daba igual porque las tasadoras, propiedad de las entidades, decían cuál debía ser el valor de tasación en función de la hipoteca, y no al revés. MAFO podía haber limitado ese crédito, imponer mayores exigencias de capital o de provisiones, exigir tasaciones independientes, lo que fuera. El gobernador del Banco de España entonces era todopoderoso. Pero no hizo nada.

MAFO era el gobernador del Banco de España cuando esa burbuja dio pie a una corrupción masiva a cambio de recalificaciones de suelos y de licencias de la que sólo ahora empezamos a ver la punta del iceberg. Cuando en las salas de espera de las notarías circulaba alegremente el dinero negro antes de firmar las escrituras (por cierto, muchas de ellas con cláusulas suelo que no se leían o que el comprador no entendía). Cuando millones de españoles se entramparon en préstamos que nunca debieron firmar y a los que no pudieron hacer frente en cuanto les bajaron el sueldo o se quedaron en el paro. La consecuencia la conocemos bien: desahucios y pobreza para los clientes; morosidad por la nubes, adjudicados, quiebras y rescates para la banca; evasión fiscal masiva y rescate milmillonario para el erario público, que a su vez provoca recortes en servicios públicos esenciales. MAFO podía haber puesto coto a esas prácticas. Pero no hizo nada.

MAFO era el gobernador del Banco de España cuando se hundió la banca mundial tras la quiebra de Lehman Brothers. Pero, en vez de recurrir al 'manguerazo' de capital público que adoptaron EEUU y los principales países europeos -tal como recomendó el entonces presidente de la CECA, Juan Ramón Quintás-, convenció a Zapatero de que teníamos "el sistema financiero más solvente del mundo" y optó por dos soluciones cañís. Por un lado, para reforzar la solvencia de las entidades, permitió que, en vez de ampliar capital (las cajas no podían hacerlo porque no tenían acciones), emitieran unos híbridos entre bonos y acciones llamados preferentes (acciones preferentes en el resto del mundo porque en caso de quiebra cobraban las penúltimas antes de las acciones ordinarias; participaciones preferentes aquí porque las cajas no tenían acciones); y como los inversores profesionales exigían unos precios altísimos, impulsó que se vendieran a los clientes minoristas que no tenían ni idea de lo que les colocaban con la connivencia de la CNMV, que miraba hacia otro lado, y con las consecuencias que todos conocemos. Y por otro, impulsó las fusiones, primero frías y luego calientes, entre entidades con gravísimos problemas como si eso fuera a solucionarlos: así nacieron Bankia, Novacaixagalicia (hoy Abanca), Banca Cívica, CatalunyaCaixa, etc. MAFO podía haberlo evitado siguiendo el ejemplo del resto del mundo. Pero no hizo nada.

MAFO era gobernador del Banco de España cuando este castillo de naipes se vino abajo y hubo que empezar a rescatar entidades quebradas. Cuando el BdE y el Gobierno regalaron CCM a Cajastur con enormes garantías públicas para evitar la primera quiebra de una caja -será muy interesante qué dice su correligionario Hernández Moltó sobre la actuación de MAFO en el juicio que comienza esta semana-. Cuando también regaló la CAM a Sabadell o Unnim a BBVA también con enormes garantías contra pérdidas, esta vez a cargo del Fondo de Garantía de Depósitos para que no computaran como déficit público, aunque el truco no coló en Europa. Cuando el Gobierno decidió sacar a bolsa la Bankia de Rato como una cuestión de Estado, de nuevo a costa del cliente minorista y con unas cuentas de ciencia ficción en las que el BdE prefirió no profundizar demasiado. Cuando hubo que nacionalizar Novacaixagalicia, CatalunyaCaixa y BMN, y rescatar también con dinero público a Liberbank, Caja3 y Ceiss. MAFO dijo que la CAM era "lo peor de lo peor" como si él no hubiera sido el responsable de supervisar la entidad y de evitar que llegara a esa situación. Pero, en efecto, no había hecho nada.

MAFO era el gobernador del Banco de España cuando los inspectores le alertaron en repetidas ocasiones de la que se avecinaba, pero él prefirió ignorarlos y guardar sus informes en un cajón a la espera, al parecer, de que los problemas se solucionaran solos. De hecho, en sus intervenciones en público se limitaba a pontificar sobre la necesidad de una reforma laboral radical -bajar salarios, indemnizaciones, etc.- mientras guardaba un escandaloso silencio sobre la catástrofe que se desarrollaba bajo su responsabilidad. Y también lo era cuando los prebostes que habían llevado las cajas a la ruina fundían alegremente sus tarjetas 'black' o se marchaban cobrando indemnizaciones y pensiones escandalosas. José Luis Pego, exdirector general de Novacaixagalicia, declaró en la Audiencia Nacional que en el Banco de España le dijeron que cogiera el dinero y se callara. MAFO podía haber evitado todo esto. Pero no hizo nada.

MAFO era el gobernador del Banco de España cuando el PP llegó al poder con el objetivo prioritario de solucionar la debacle del sector financiero, presionado por las instituciones internacionales, y adoptó medidas como los dos 'Decretos Guindos' y la nacionalización de una Bankia, el elefante en la habitación, que acabaron forzando el rescate. Es posible que, como dice MAFO, esto se pudiera haber hecho de otra forma menos costosa para el contribuyente. Pero la solución no habría sido muy diferente después de todo lo que había ocurrido durante su mandato (por cierto, el traspaso de la supervisión bancaria al BCE es consecuencia de la incapacidad demostrada de los países periféricos, notablemente España, para supervisar su banca nacional). Pero él no tuvo la culpa. La culpa fue del chachachá.

Pedro Sánchez “El breve” y los populistas al acecho
Melchor Miralles Republica.com 1 Febrero 2016

No tiene otro objetivo que ser presidente del Gobierno. Es uno más al que parece que el interés general le trae al pairo. Está en la intriga a corto plazo, en sentirse poderoso, en tocar poder a costa de lo que sea. Y a este tipo de políticos lo que les sucede es que la ambición desmedida les ciega. Porque Pedro Sánchez está ya condenado a ser “El breve” haga lo que haga. Quizá me equivoque, pero el tiempo nos lo dirá.

Será “El breve” si al final consigue llegar a La Moncloa, porque el Gobierno que pueda presidir lo tendrá crudo, con Pablo Iglesias y sus cuates segándole la yerba, atado de pies y manos, y con una debilidad que le hará imposible llegar ni a la mitad de legislatura. Y será “El breve” si finalmente no consigue su propósito, porque entonces sus adversarios internos, enemigos íntimos, le cortarán la cabeza sin que les tiemble un músculo de su rostro.

Ayer en Ferraz quedó en evidencia que Susana Díaz, la lideresa que se arroga un poder del que carece, y sus mariachis tienen como objetivo esencial que Sánchez no sea candidato si se confirma su deseo, que es celebrar nuevas elecciones. La batalla interna no sólo no ha cesado, sino que se recrudece. Andan jugando al ratón y al gato, y me da la impresión de que Pedro Sánchez se ha equivocado.

Parecía una jugada inteligente cambiar el paso a sus enemigos. Tuvo que tragar con adelantar las primarias y el Congreso, lo que le perjudica, y los barones no podían negarse a decir que sí a la “podemita” consulta a las bases de un posible acuerdo de Gobierno con Pablo Iglesias. Consulta un poco ful, porque no es vinculante. Pero el error que me malicio es la confianza en unas bases que quizá tengan capacidad movilizadora en las redes sociales y en algunos medios, pero que, como me dice una joven veterana socialista “van a dejar a Sánchez como el rey desnudo. El se cree un estadista pero no es más que un pingajo autoritario sin futuro que utiliza a la militancia como sujeto pasivo de sus intereses personales, pero se puede llevar el revolcón definitivo”.

Al final, entre Sánchez y los barones liderados por Susana Díaz le están haciendo un flaco favor al partido. Si gobierna Sánchez el desgaste les pasará factura en las siguientes elecciones con dureza. Si vamos a las urnas sin llegar a formar gobierno está por ver qué resultado obtendrá la lideresa andaluza como cabeza de cartel.

Y mientras tanto en Podemos siguen a la suya, pura casta, desdiciéndose cada día, y sin aclarar los dineros iraníes de Pablo Iglesias, y tocándole los bajos fondos al PSOE con la oferta de Gobierno. Ese Ejecutivo maravilloso que le ofrecen al presidente Sánchez en el que ellos se guardan las carteras de vicepresidencia ejecutiva, Defensa, Interior, Justicia y Economía, y el control de los servicios de información y de RTVE. No saben nada estos jóvenes populistas.

Es curioso que Pablo Iglesias y sus podemitas, que se presentan como los inventores de la democracia, que aparecen como si desde la dictadura hasta hoy aquí nadie hubiera hecho nada por España, los salvadores de la patria que les trae el pairo, que dan lecciones de moral y conciencia social, en el monopoly al que quieren jugar no hayan reclamado los ministerios más sociales. No. Ellos quieren mandar de verdad. Quieren controlar a los militares y la policía, a los jueces, la pasta y la propaganda. Lo llevan en los genes, y lo han aprendido bien asesorando a regímenes en los que la democracia es un sueño inalcanzable, y donde a los discrepantes se les encarcela.

Y está al acecho de Sánchez y el PSOE. Ya se han cargado a izquierda Unida y ahora van a por el PSOE. Y no se les puede negar que lo están haciendo bien. Y que a este paso quizá lo consigan.

Y yo me pregunto: ¿Alguna vez tendremos en España políticos con sentido de estado, que sean capaces de pensar en las nuevas generaciones y no en las siguientes elecciones, que antepongan el interés general al interés particular suyo? Como decían en Hermano Lobo, Auuuuuuuuuuuuuuuuu.

Carta al próximo Gobierno
JOSÉ ANTONIO MARINA El Mundo 1 Febrero 2016

Escribo esta carta antes de que tengamos Gobierno, porque lo que voy a decir es válido para cualquiera, sea cual sea su composición. Hay muchos aspectos de la educación -como de la medicina, la tecnología y tantas otras actividades humanas- que están más allá de la ideología, porque pueden basarse en evidencias. La dirijo a todo el Gobierno, y no sólo al ministro de Educación, porque en este momento, cuando hemos entrado en la sociedad del aprendizaje, la educación desborda las competencias de un único ministerio. Se convierte toda ella en un proyecto de Estado. Con el sistema educativo debe colaborar Hacienda, proporcionando la financiación necesaria y desgravando el dinero que las familias dediquen a educación. Asuntos sociales, porque la situación de precariedad de muchas familias impide la eficiencia escolar. Sanidad, porque según informes fidedignos es probable que haya entre un 15% y un 18% de alumnos escolarizados con problemas psicológicos o de aprendizaje serios, no diagnosticados o no tratados. Industria, porque debe favorecer la implantación en las empresas de la Formación Profesional Dual. Interior, porque debe hacer que las escuelas vivan en un entorno protegido y seguro, y debe favorecer la integración de los inmigrantes. Espero que el nuevo Gobierno comprenda que las personas, las empresas y las naciones que no quieran, no puedan o no sepan aprender, se van a quedar marginadas irremediablemente. España perdió el tren de la Ilustración, perdió el tren de la industrialización y puede perder el tren de la sociedad del conocimiento.

Hay varias cosas sobre las que estoy seguro que todos los partidos políticos están de acuerdo.

Primera.- Necesitamos someter nuestra escuela a un proceso de transformación y mejora, no sólo porque la que tenemos es mediocre (no terriblemente mala, como con frecuencia se dice), sino porque en un mundo que cambia aceleradamente, los sistemas educativos también tienen que hacerlo para cumplir las expectativas de la sociedad. Todas las naciones están inmersas en ese proceso. Hace sólo unas semanas, el presidente Obama firmó una nueva ley de Educación; Cameron, en el Reino Unido, está introduciendo novedades... y así podríamos seguir un buen rato.

Segunda.- En educación no hay milagros ni enigmas. Hay buenas y malas formas de hacer las cosas. En el año 2010, la revista 'Newsweek' publicó un estudio comparando 32 naciones. En educación, Finlandia estaba en primer lugar y España, en el último. En cambio, en Sanidad, España ocupaba el tercer puesto, y Finlandia, el 18. ¿Por qué esa diferencia? Porque las administraciones educativas han sido ineficientes en la gestión, confusas en la planificación y casi siempre ideologizadas en su idea de la educación. Todos los ministros han pensado que con el BOE puede mejorarse la escuela, y eso es una ingenuidad, como sabe quien entienda algo de gestión del cambio en organizaciones. Para mejorar la educación hay que cambiar lo que sucede en las aulas y para eso hay que estar muy cerca de ellas.

Me gustaría, una vez más, plantear a los partidos políticos el Objetivo 5-5-5, que he explicado con más detenimiento en 'Despertad al diplodocus'. Y también contárselo a la ciudadanía para que sepa a qué atenerse y lo que puede exigir. La propuesta es muy simple: España puede tener un sistema educativo de alto rendimiento en el plazo de cinco años, dedicando a Educación un presupuesto mínimo del 5% (que ya lo hemos tenido antes de los recortes) y cumpliendo cinco objetivos educativos:

1º.- Reducir el fracaso escolar al 10% de la población estudiantil. Es insoportable tener, como en la actualidad, una tasa superior al 20%.

2º.- Subir 35 puntos en la evaluación PISA. Sin duda, PISA no es perfecta, pero nos permite conocer la evolución histórica de nuestra educación y compararnos con otros países. Ese aumento nos pondría al nivel de Finlandia. Algunas comunidades autónomas españolas están muy cerca, de manera que habrá que diversificar el modo de conseguirlo en cada una de ellas.

3º.- Aumentar el número de alumnos excelentes y acortar las distancias entre los mejores y los peores, que en España es muy grande dentro de un mismo centro. "Reducir la distancia que separa a los que tienen buenos resultados de quienes los tienen malos en todos los niveles (aulas, centros, distritos) -dice Michael Fullan- es la clave para que el sistema avance". Lo admirable de Finlandia no es que tenga muchas escuelas excelentes, sino que incluso el 10% que tiene peores resultados supera la media de la OCDE.

4º.- Favorecer que todos los niños y adolescentes -tanto los niños con dificultades de aprendizaje, como los niños con altas capacidades- puedan alcanzar su máximo desarrollo personal, con independencia de su situación económica. Según el estudio dirigido por Miguel Casas, catedrático de Psiquiatría, atender debidamente esos problemas produciría un salto espectacular en la educación española.

5º.- Fomentar la adquisición de los conocimientos y las habilidades para favorecer su realización personal, su inserción en el mundo laboral y su participación en la vida pública.

No creo que ningún partido político pueda negarse a aceptar estos objetivos, que son de enorme interés social. Las discusiones pueden venir, en todo caso, sobre la mejor manera de conseguirlos, pero el hecho de tener bien definidas las metas nos permite medir los resultados y saber si lo estamos haciendo bien o mal. Lo que conocemos sobre la gestión del cambio en los sistemas educativos, la experiencia de los países que lo han conseguido, la imitación de las comunidades que lo han logrado en España, permiten marcar una razonada hoja de ruta.

El asunto, por supuesto, no es fácil. Según un reciente estudio de la OCDE -Política educativa en perspectiva 2015-, en los últimos siete años se han emprendido más de 450 reformas educativas en el mundo, y muchas de ellas han fracasado. Por ejemplo, las españolas. En ese volumen, publicado en España por Santillana, se pueden estudiar las distintas iniciativas llevadas a cabo. Cambiar una institución es muy difícil, porque se activan poderosos mecanismos de autodefensa internos. Por eso hacen falta grandes gestores educativos, capaces de planificar, movilizar, convencer, desactivar resistencias, canalizar ayudas hacia la escuela. Necesitamos movilizar a docentes, directores, inspectores, familias, municipios. El cambio debe empezar por los Centros educativos y, además, deben ser los actuales docentes los que lo lleven a cabo. No podemos esperar a que nuevas generaciones de profesores traigan ideas nuevas. Las experiencias españolas y extranjeras que tenemos nos permiten afirmar que si el claustro quiere y la administración lo apoya, un Centro educativo puede alcanzar la excelencia en un plazo de tres años.

El nuevo Gobierno, según su orientación, puede sentir la tentación de mantener la LOMCE o de hacer una nueva Ley. Ambas soluciones son malas. La solución más sensata es comprometerse a elaborar en seis meses un Pacto educativo (o se hace en ese plazo o no se hace) y ponerse a continuación a elaborar una Ley técnicamente buena, socialmente justa, útil para nuestros alumnos y para la sociedad. ¿Vamos a hacerlo? Me temo que no, a no ser que la ciudadanía esté absolutamente convencida de la necesidad de hacerlo, y lo exija. Todos somos un poco responsables de la desidia educativa, porque sólo nos acordamos de la educación, como de Santa Bárbara, cuando truena. Tenemos una tendencia a cronificar los problemas y a instalarnos en una cultura de la queja. Y para cambiar la escuela hay que vivir en una cultura del optimismo y de la acción. ¿Empezamos el cambio?

José Antonio Marina es filósofo y autor del Libro Blanco sobre la Profesión Docente.

Carlos Alberto Montaner desmonta el neopopulismo que amenaza a medio planeta
Democracia autoritaria versus democracia liberal
www.latribunadelpaisvasco.com 1 Febrero 2016

En un reciente artículo publicado en el periódico cubano 14ymedio, el periodista y escritor Carlos Alberto Montaner explica cómo, en su opinión, el enfrentamiento actual que divide a medio planeta, y especialmente a los latinoamericanos, es entre el neopopulismo o democracia autoritaria contra la democracia liberal.

Carlos Alberto Montaner lo explica de la siguiente manera:

“En la esquina neopopulista del ring comparecen, a la izquierda, el padre Marx,el estatismo, el clientelismo, la Teología de la Liberación, la Teoría de la Dependencia, Eduardo Galeano, Che Guevara, Ernesto Laclau, Hugo Chávez, Evo Morales, Fidel Castro, todos revolcaos, más el caudillismo, el gasto público desbordado, el ALBA, el Socialismo del Siglo XXI, el Foro de Sao Paulo y un tenso etcétera con el puño cerrado y la consigna callejera a flor de labio”.

“Tras la Segunda Guerra, se abrió paso la izquierda democrática: en Guatemala (Arévalo), Costa Rica (Figueres), Cuba (Carlos Prío), Venezuela (Betancourt). Eran demócratas anticomunistas que procedían de la izquierda.”

“En la esquina liberal se encuentran, el padre Adam Smith, Mises, Hayek y los Austriacos, Milton Friedman y el mercado, James Buchanan y la Escuela de Elección Pública, Douglass North y los institucionalistas, la responsabilidad individual, la empresa privada, el Estado de derecho, el ALCA, el comercio libre y global, los Tigres de Asia, la exitosa reforma chilena, Ronald Reagan, Margaret Thatcher, Mario Vargas Llosa, el Estado pequeño y eficiente”.

Para Carlos Alberto Montaner, este eje de confrontación es relativamente nuevo.

“El siglo XIX fue el de liberales a la antigua usanza contra conservadores, también de viejo cuño. El XX vio, primero, la batalla entre las supuestas virtudes de la hispanidad frente a los defectos de los anglosajones (el Ariel de José Enrique Rodó y las conferencias encendidas del argentino Manuel Ugarte). La revolución mexicana de 1910 se cocinó en esa salsa antiimperialista.”

“A lo que siguió la aparición del marxismo y del fascismo, primos hermanos que acabaron pareciéndose mucho. Los años veinte fueron los del psiquiatra argentino José Ingenieros, con alma y paraguas rojos, y los de José Carlos Mariátegui y sus Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana”.

“Poco después, en la Italia de Mussolini un joven militar argentino observaba con admiración la experiencia fascista. Se llamaba Juan Domingo Perón y a su regreso a Buenos Aires puso en marcha su “Tercera vía”. Ni comunismo, ni capitalismo: justicialismo. O sea, peronismo puro y duro. Era la expresión criolla del fascismo”.

“Tras la Segunda Guerra, inmediatamente vino la Guerra Fría. Antes y durante, América Latina se llenó de espadones santificados por Washington. El eje de confrontación pasaba entonces por los cuarteles contra los comunistas, o todo lo que oliera a ellos”.

“En 1959, Fidel y Raúl Castro, junto a Che Guevara, con la inocente ayuda de grupos democráticos, se proponían, fundamentalmente, destruir los gobiernos de la izquierda democrática”.

“En esos años cuarenta se abrió paso otra fuerza: la izquierda democrática. Comenzaron a triunfar en Guatemala (Juan José Arévalo), Costa Rica (José Figueres), Cuba (Carlos Prío), Venezuela (Rómulo Betancourt) y Puerto Rico (Luis Muñoz Marín). Eran demócratas anticomunistas que procedían de la izquierda. Luchaban contra el militarismo desde posiciones anticomunistas”.

“Constituían, además, una dulce variante vegetariana del populismo. Creían en el Estado benefactor paternalista y no rechazaban las medidas estatistas. En el campo económico reinaba su majestad Lord Maynard Keynes y los políticos utilizaban el presupuesto nacional y el gasto público para impulsar la economía. Maravilloso. Estaban intelectualmente legitimados para dilapidar fortunas. Simultáneamente, distribuían las rentas y ejecutaban reformas agrarias que casi nunca lograron sus objetivos”.

“En 1959 volvió a cambiar el signo de la lucha. Fidel y Raúl Castro, junto a Che Guevara, con la inocente ayuda de otros grupos democráticos, derrocaron la dictablanda militar de Batista, con el objeto de establecer una dictadura comunista calcada del modelo soviético. Se proponían, fundamentalmente, destruir los gobiernos de la izquierda democrática, definiendo al adversario por sus relaciones con Estados Unidos y con la propiedad”.

“Si eran pronorteamericanos y promercado, aunque fueran de izquierda y respetaran las libertades, eran enemigos. Cuba atacó a Uruguay, Venezuela, Perú, Panamá, a todo lo que se moviera o respirara. También, claro, a los viejos dictadores militares como Somoza, Trujillo o Stroessner, pero no por tiranos, sino por proamericanos y procapitalistas. La Isla era “un nido de ametralladoras en movimiento”. Estados Unidos se sumó a la guerra y en 1965, en medio de una guerra civil, desembarcó marines en República Dominicana para, decían, “evitar otra Cuba”.

“En 1999, con Chávez se inició otra fase de democracia autoritaria, ahora hundida en la miseria, el desabastecimiento y la corrupción.”

“Con Allende en 1970 se inició el peligroso juego de la democracia autoritaria y terminó a tiros tres años más tarde. Pinochet, que era un hombre de Allende, o eso creía D. Salvador, acabó bombardeándolo. Sin embargo, como el general no sabía una palabra de economía, les entregó esas actividades misteriosas a unos jóvenes chilenos graduados de las Universidades de Chicago y de Harvard. Pronto comenzaron a darle la vuelta a la situación”.

“Era la primera vez que en América Latina se oyó hablar de Friedrich Hayek (Premio Nobel en 1974), o de Milton Friedman (1976). A mediados de los años ochenta era evidente que el populismo había hundido a América Latina en un charco de corrupción, inflación y gasto público irrefrenable. La región había fracasado. Se habló entonces de la “década perdida”.

“Surgió así el primer ciclo liberal de América Latina. Sus principales protagonistas procedían de otra cantera ideológica, pero eran personas flexibles e inteligentes. Entre otros, incluía al boliviano Víctor Paz Estenssoro, que regresaba al poder en 1985 a enmendar los desaguisados de 1952; el tico Oscar Arias, el argentino Carlos Menem, el mexicano Carlos Salinas de Gortari, el colombiano César Gaviria y el uruguayo Luis Alberto Lacalle”.

“Más que las convicciones liberales los movía la certeza del fracaso populista. Desgraciadamente, las acusaciones de corrupción contra Salinas y Menem, más el aumento desmedido del gasto público en Argentina, desacreditaron aquella reforma liberal y los enemigos comenzaron a atacar eficazmente “la larga noche neoliberal”.

“En 1999, finalmente, comenzó a gobernar Hugo Chávez y se inició otra fase de democracia autoritaria. Ésta que ahora llega a su fin, hundida en la miseria, el desabastecimiento y la corrupción, dándole paso al nuevo ciclo de la democracia liberal, acaso iniciada con la victoria de Mauricio Macri en Argentina. Esperemos que dure”.

Buenas noticias (y cautelas) en el mercado laboral
  Libertad Digital 1 Febrero 2016

España cerró 2015 con una cifra de ocupados de casi 18,1 millones de personas: 525.000 más que hace un año y prácticamente un millón más que a cierre de 2013. Se trata de cifras muy positivas que contrastan con las experimentadas durante lo más hondo de la crisis económica: entre 2009 y 2013 se destruyeron tres millones de empleos, una media de 600.000 puestos de trabajo anuales

El cambio de tendencia es lo suficientemente radical como para que sólo se atreva a negarlo el sectarismo ideológico más extremo. A estas alturas, todos deberían reconocer que el mercado laboral de 2014 y 2015 es mucho más sano y dinámico que el de los anteriores años de la crisis. Ahora bien, estos buenos datos agregados no deberían llevarnos a apartar la vista sobre algunos de los problemas que ya empiezan a detectarse en el perfil de nuestra creación de empleo.

Primer problema: la elevada temporalidad. Aunque el 74% de todos los asalariados españoles disfrutan de un contrato indefinido, el 60% de los nuevos empleos son temporales: es decir, del medio millón de puestos de trabajado creados durante 2015, sólo 200.000 son indefinidos. En caso de que esta tendencia continuara durante el próximo lustro, la economía española recuperaría los niveles de ocupación previos a la crisis, pero lo haría también a costa de crear 1,2 millones de nuevos empleos temporales (es decir, regresaríamos a la elevada tasa de temporalidad previa a la crisis). La temporalidad es un problema no sólo para el trabajador, también para el empresario, que pierde cualquier incentivo a formar y capacitar para el largo plazo a la parte rotante de su plantilla.

Segundo problema. Aunque la creación de nuevo empleo se da en prácticamente todos los sectores económicos, hay uno en el que está resultando especialmente intensa: la hostelería. No en vano, alrededor de un 25% de todo el empleo generado durante este año lo ha sido en la hostelería, hasta el punto de que el sector turístico ya ocupa a más gente que antes de la crisis. Es verdad que España disfruta de una clara ventaja competitiva en el turismo –y que no hay razón para desaprovecharla–, pero depender excesivamente de ella para continuar creando empleo puede colocarnos en una situación de fragilidad en el futuro si, por ejemplo, la crisis internacional se agravara o si mejorara la competitividad de los destinos turísticos con los que rivalizamos.

Y tercero, el número de empleados públicos ha superado la marca de tres millones de personas después de aumentar en casi 100.000 durante los últimos dos años. De este modo, las Administraciones Públicas españolas vuelven a ocupar a más personal que antes de que arrancara la crisis en 2008, poniendo en evidencia que la tan necesaria como poco practicada austeridad estatal ha muerto. Tan irresponsable prodigalidad en el gasto público constituye un enorme riesgo para nuestro futuro: el déficit presupuestario cerrará 2015 muy alejado de nuestro compromiso con Bruselas, de modo que requeriremos de muchos más recortes durante los próximos ejercicios. Y uno de esos recortes debería concentrarse sobre el gasto en personal del Estado: abrir de nuevo la mano a contrataciones generalizadas no avanza en la dirección adecuada, sino en la opuesta.

n suma, el mercado laboral español adolece ahora mismo de tres grandes debilidades: su elevada temporalidad, su alta dependencia del turismo y el creciente peso de la contratación estatal. Si no queremos que las alegrías presentes se conviertan en frustraciones futuras, necesitamos avanzar hacia un mercado laboral que fomente la contratación indefinida en un sector privado más vigoroso y diversificado que el actual; es decir, necesitamos de una economía mucho más liberalizada y mucho menos castigada por onerosas losas tributarias. Ningún partido político, por desgracia, parece interesado en colocarle tal cascabel al gato: al contrario, todos parecen interesados en nacionalizar al gato.

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'Cataluñas'
Xavier Salvador Cronica Global 1 Febrero 2016

El mayor riesgo que hoy afronta la mayoría social de Cataluña no es un segregación de España, como algunos pretenden y ansían. No, lo que parece más lesivo para los intereses de los ciudadanos catalanes es la sistemática construcción de dos países diferentes y diferenciados entre sí.

Me explico. El gobierno independentista de Carles Puigdemont olvidará su compromiso de los 18 meses, es obvio. Pero ese mismo Ejecutivo no cejará en su empeño de ir levantando estructuras (de Estado, les llaman) y muros entre catalanes.

Se trata de ir por la vía de los hechos a la consecución de sus objetivos en todos los ámbitos. Vean, por ejemplo, como en el ámbito económico, del trabajo, los nuevos miembros del Govern intentan hacer prevalecer en sus relaciones a pequeñas patronales afines como Cecot o Pimec con respecto a la mayor del territorio, Foment. Poco importa, llegados a este punto, cuál sea la representatividad o la historia del mapa patronal catalán. Lo que les mueve es cuál será el futuro del mismo y cómo deben tejer, por la vía del apoyo, relaciones principales con sus aliados políticos.

En materia fiscal trabajarán de una forma similar, edificando una hacienda a partir de ayuntamientos y diputaciones. Lo importante es crear un censo correcto que pueda sustituir en cualquier momento el de la Agencia Tributaria española. Según explica Lluís Salvadó, el secretario de Hacienda de la Generalitat, lo importante es estar preparados de manera rápida para recaudar todos los impuestos. El día que se apriete el botón o que se le diga a los bancos que transfieran los impuestos a la nueva estructura ya llegará.

Sucederá lo mismo en otros ámbitos de la gobernación, que los independentistas han identificado como críticos o de especial importancia para enfrentarse al Estado, como los medios públicos de comunicación y los privados a los que las subvenciones públicas embellecen la cuenta de resultados. Y si no llega la independencia pues habrán conseguido disponer de alianzas y estructuras administrativas que permitan, ante cualquier gobierno necesitado de apoyos parlamentarios en España, tener preparados los instrumentos para aplicar con rapidez eventuales mejoras en el autogobierno.

Por ahora, con lo único que no se atreven los gobernantes de Junts pel Sí y sus aliados de la CUP es con la justicia. Los riesgos, son obvios. El resto de materias, en cambio, sí que avanzan en esa línea de crear una Cataluña virtual frente a la real. Una Cataluña, incluso, de ciudadanos proclives a sus tesis frente a otra que congrega al resto; una Cataluña primada y otra olvidada. Que construyan o no una Cataluña independiente acabará siendo lo de menos, porque en el camino van a construir tantas Cataluñas que no es de extrañar que alguna de ellas acabe siendo lo que sus impulsores desean.

Política y dinero… no hay más
Antonio García Fuentes  Periodista Digital 1 Febrero 2016

A la vista “del carnaval político tras los comicios del 20 de diciembre en España”; va quedando lo suficientemente claro, lo que para mí ha estado clarísimo siempre; o sea que al final son los intereses de cada individuo, por los que este lucha con todas sus fuerzas; o sea y más claro que el dinero a percibir o llevarse, es lo que cuenta, el resto es siempre la miserable pantalla con la que pretenden engañarnos. “Eso del servicio público, del interés de España o del pueblo español en su conjunto; mejor lo olvidamos y así vamos aprendiendo a tocar estas cosas como ellos las tocan en los momentos cruciales y donde se dirimen los verdaderos intereses… “o sea a cara de perro y sin concesiones generosas que nunca existen; como máximo, será siempre “un toma y daca… o qué me das si yo te doy tanto; puesto que si puedo es que no te doy ni un soplo en un ojo, para quitarse la miasma que te hace no ver bien”.

Esto es lo que en general se ve, en unos políticos, “generalmente mercenarios y que por ello mismo, militarían en cualquier color que les pagase sus condicionales servicios”. El chaqueteo es lo normal en este tipo de vida. Cosa que quedó muy clara en una película de los hermanos Marx, en la que Groucho esgrimía, sus principios dispuesto a cambiarlos por otros que más convinieran a su interlocutor. (“Estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros”… Esta fue su frase.)

Veamos “cosas recientes”: El nuevo presidente catalán que quiere “su república independiente”: Primera medida de Puigdemont: se sube el sueldo y ya es el presidente mejor pagado: Cuestión de prioridades. El primer Consell de Govern del nuevo Presidente de la Generalitat ha aprobado un aumento de sueldo del 1% a los empleados públicos, una medida que repercutirá, directamente, en el bolsillo de todos los diputados del Parlament de Cataluña... y en su propio salario.Así, el sueldo de Puigdemont podría subir hasta los 138.202 euros anuales, siempre que mantenga el mismo que cobraba Artur Mas, con lo que se convierte (con diferencia) en el presidente autonómico mejor pagado de todo el Estado.

Según muestran los datos del Parlament, Puigdemont cobró en noviembre 5.025 euros, 2.871 euros de sueldo y 2.154 de dietas y viajes, aparte de los 26.500 euros que percibía del Ayuntamiento de Girona en calidad de dietas. (La ley dice que no se pueden cobrar dos sueldos públicos a la vez, pero no contempla las dietas). Ahora, su nueva nómina pasará de 92.542 euros a 136.834, unas cifras absolutamente desorbitadas y completamente alejadas de la realidad económica y social que viven la mayoría de ciudadanos de nuestro país. El Presidente del Gobierno español, sin ir más lejos, y según datos oficiales, tiene un sueldo anual de 78.185 euros. http://www.mediterraneodigital.com/portada/nacional/edicion-cataluna/primera-medida-de-puigdemont-se-sube-el-sueldo-y-ya-es-el-presidente-mejor-pagado.html

Como podemos apreciar, “este premier ya apunta por ser económico y ejemplar para “su soñada república catalana”; suponemos muy contentos a los catalanes.

A Pedro Sánchez no le dejan dormir sus ambiciones dinerarias; puesto que “sentado su culo en la Moncloa”, ya ha resuelto su vida por muchos años que viva, puesto que adquiere derechos principescos y de por vida: así… se entiende por lo que sigue: “Su desaforado empeño por llegar a La Moncloa a cualquier precio ha llevado al líder socialista a desautorizar públicamente al Rey para no enfadar a posibles socios que le aúpen al poder. En su afán por llegar a La Moncloa al precio que sea, parece que el líder del PSOE, Pedro Sánchez, está dispuesto a sobrepasar todos los límites y este jueves incluso se atrevió a desautorizar públicamente al Rey Felipe VI para no enfadar a los posibles "socios" catalanes que podrían ayudarle a conseguir la cuadratura del círculo de los pactos. No se puede olvidar que una parte importante de Podemos, depende de los diputados catalanes y Sánchez está intentando por todos los medios no enfadarles demasiado por si hubiera que recurrir a su apoyo.

Sólo así se puede entender que después del desafío soberanista a todas las leyes del Estado que ha llevado a Felipe VI a parar los pies a los indepedentistas, este jueves saliera Sánchez a la palestra pública para enmendarle la plana al Rey, algo que no ha gustado ni un pelo en Zarzuela. Y es que el secretario general del PSOE le hizo un buen desplante al Monarca al dejar caer que "no hubiera estado de más" que el Monarca hubiera recibido a la presidenta del Parlamento de Cataluña, Carme Forcadell, en lugar de pedirle que le comunicara por escrito la investidura de Carles Puigdemont como presidente de la Generalitat. Principio de acuerdo entre PSOE y Podemos para que Pedro Sánchez sea Presidente del Gobierno (Pulsen en estas direcciones y lean el resto)

Y así todos y cada uno de los que han llegado “al manantial del dinero público, se pegan a él como los percebes a las rocas”; mientras, nosotros, los que los mantenemos con nuestros impuestos, cada vez estamos más indefensos y por tanto explotados por quienes quieren todo para ellos y sólo nos dejan las sobras. Ni se les ocurre analizar los verdaderos problemas de España y unirse para solucionarlos.
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Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y http://blogs.periodistadigital.com/nomentiras.php

Así se sentaron las bases de la España que propugna Podemos
Del federalcatolicismo a la plurinacionalidad
Divididos por regiones -Castilla y Cataluña- y financiados por la CIA, diversos intelectuales católicos exploraron la vía federal hoy reivindicada por la socialdemocracia que comenzó a cristalizar en los 60.
Iván Vélez Cipriano  www.gaceta.es 1 Febrero 2016

En octubre de 1946, la Congregación-Patronato de Nuestra Señora del Buen Consejo y San Luis Gonzaga, los célebres Luises, padres jesuitas, organizaron en Madrid un Ciclo de Música Catalana Contemporánea en el cual quedaron incluidos, en el idioma catalán en el que fueron compuestos, la canción de cuna «Dalt d'un cotxe» y el poema «Damunt de tu nomes les flors». Así consta en un programa de mano de tan lejanos días. El dato, uno más de los muchos que podrían exhibirse referidos a un tiempo en el que clérigos catalanes rociaban con agua bendita al Jefe del Estado, supone una prueba más, de las muchas, que pueden esgrimirse tras esa gran maniobra ideológica que dio en llamarse, en flagrante contradicción en términos, «Memoria Histórica».

Siete décadas después, Pablo Iglesias Turrión ha lanzado un órdago al sucesor de Zapatero proponiéndole un gobierno que incluiría una nueva cartera, la correspondiente al así llamado Ministerio de Plurinacionalidad, cuyo poseedor sería, lógicamente, un separatista confeso como Xavier Doménech, destacado miembro de En Común Podemos. La propuesta de un nuevo Gobierno ha sido hecha pública en el curso de una ceremonia mediática tan cuidada como el medido desaliño con el que Iglesias ha comparecido ante Felipe VI, a quien no ha dudado en calificar, omitiendo su regia condición, como Jefe del Estado, habitual fórmula franquista.

La carterista iniciativa plurinacional de Iglesias ha causado cierto revuelo o sorpresa, reacciones que fácilmente se pueden atenuar aumentando la profundidad de la perspectiva histórica más allá de esa frontera bendecida por todos los actores de la democracia coronada: el final del período franquista. Basta diluir esa interesada y en gran medida arbitraria línea para rastrear los orígenes de esa estructura que el profesor del campus de Somosaguas presenta como novedosa y mágica.

Procediendo de este modo nos situaremos en el año 1964. Es en tal fecha cuando se produjo una interesante reunión de reveladora estructura. El lugar escogido, un palacete propiedad de Félix Millet y Maristany -miembro de la Lliga y benefactor del Opus Dei- sito en La Ametlla del Vallés. Será allí, bajo los auspicios yanquis canalizados a través del anticomunista Congreso por la Libertad de la Cultura, donde, con el previo asesoramiento de Ruiz Giménez, quien en el XVII Congreso de Pax Romana celebrado en 1939 en Washington fue nombrado Presidente Internacional de tal organismo, se dé cita un conjunto de personajes divididos en dos bandos diferenciados regionalmente: Castilla y Cataluña. Por el lado mesetario figuraron José Luis Aranguren, Julio Caro Baroja, Maravall, Pablo Martí Zaro y Dionisio Ridruejo; por el catalán: Antonio María Badia, Lluc Beltrán, Josep Benet, José María Castellet, Cuito, Lorenzo Gomis, Hurtado, Mariano Manent, Millet, Raventós, Rubió, Rafael Tasis y Valverde.

En los coloquios, que continuarían en Toledo y Madrid, los aspectos lingüísticos servirán como punto de arranque de las reivindicaciones políticas –inequívocamente nacionalistas- que todavía hoy son mantenidas por nuevas generaciones adoctrinadas en el catalanismo. El método para obtener los objetivos marcados en La Ametlla venía dado por la propia infraestructura que sostuvo a estas facciones discretamente contestatarias para con el régimen: el federalismo. Un federalismo que desde los Estados Unidos se pretendía para toda Europa, y que en el caso español, debidamente ajustado a nuestra territorio, cabe calificar, parafraseando el consabido rótulo «nacionalcatolicismo» con el que suele caracterizarse al franquismo, como federalcatolicismo, pues si algo, junto con la aversión a lo que ocurría tras el Telón de Acero, unía a estos grupos, era una fe católica que les mantenía juntos mientras avanzaban en la senda del desmembramiento y corrupción de la nación.

Si en la mansión de Millet se celebraban unos coloquios en los que ya aparecía la visceralidad de un Josep Benet educado en la jesuita Academia Ramón Llull, cuatro años más tarde, en noviembre de 1968, sesenta sacerdotes vascos se encerraron en el Seminario de Derio y enviaron una carta al Papa Pablo VI en la que solicitaban todo aquello por lo cual ETA sembró de cadáveres España durante décadas, antes de conseguir gran parte de sus objetivos entre los que se encuentra la legalización de sus acciones políticas. Buscaban los tonsurados una iglesia vasca pobre, indígena y vascoparlante frente a la castellanización del pueblo vasco (sic).

En definitiva, los cimientos de la España federal que con tosca imprecisión y servilismo para con las facciones catalanistas propone hoy Pedro Sánchez Castejón, tiene unas raíces profundas de las que apenas hemos mostrados unas trazas para desengaño de ingenuos y laicos agnósticos perplejos ante una Iglesia que creen tan monolítica como el franquismo. Tal espejismo, cultivado con interesada pasión por gran parte de los medios de comunicación, impide a muchos comprender el gran fraude que constituye una tal federación ajustada a los sectores más reaccionarios de la sociedad española, aquellos que brotaron sobre sustratos carlistas alarmados por la posibilidad de implantación del liberalismo primero, y del ateísmo científico después.

Heredera de esa estructura delimitada en aquellos días, la España federal que propone Sánchez no es sino un difuso paso previo al proyecto desnacionalizador –plurinacional, le llaman- que, entre las brumas del más espeso fundamentalismo democrático, propone Pablo Iglesias, genuino subproducto del régimen del 78 que comenzó a fraguarse en caserones burgueses de piadosa atmósfera.

Penosa realidad española
Por falta de ética de las responsabilidades
Víctor Corcoba diariosigloxxi.com 1 Febrero 2016

Cuando un país se ha vuelto incapaz de gobernarse a sí mismo, quizás por no poner en valor la ética de las responsabilidades, sólo cabe la reflexión de todos para poder cambiar de actitudes. En su tiempo ya invitaba Confucio (551 AC-478 AC, Filósofo chino), a reconducir al Estado como se conduce a la familia, con autoridad, competencia y buen ejemplo. Lo que sucede es que para ello, hace falta pasar de las buenas intenciones, de la palabrería fácil a los hechos, para los que se necesita mucha capacidad de servicio, de entrega generosa y una fuerte ración de humildad. No olvidemos que la política, como poética de gobierno, es una de las formas más altas de entrega, porque es servir pacientemente al bien colectivo, sin exclusiones ni etiquetas. Por ello, también la ciudadanía en su conjunto, no puede lavarse las manos y cada ciudadano debe hacer algo, en la medida de sus posibilidades, para favorecer la comprensión y el entendimiento social. En consecuencia, pienso que los que gobiernan han de hacerlo con menos tácticas partidistas, con más respeto y fidelidad a la ciudadanía que representan; mientras, los gobernados, deben propiciar la participación y la colaboración requerida.

Evidentemente, cada cual tenemos nuestra parcela de asistencia para que los organismos no se resientan. En relación a este auxilio y, a pesar de la dificultosa situación política española, hemos de reconocer que el Rey como Jefe del Estado ha seguido, al menos hasta ahora, una exquisita neutralidad constitucional, pues con gran ejemplaridad viene arbitrando y moderando el funcionamiento regular de las instituciones. Subrayo, no obstante, lo de deplorable realidad política española, ya que mientras que la ciudadanía ha pedido con sus votos una forma nueva de gobierno, mediante diálogo y consenso, resulta que nuestros gobernantes no saben o no quieren dialogar para consensuar posturas. Algo tremendo en una democracia. Estos nuevos líderes sociales, aparte de omitir la ética de las responsabilidades en su hoja de ruta de servicio social, parece que tienen más interés por el poder que por servir a la ciudadanía. A mi juicio les falta perspectiva de Estado. Debieran volver a lo que fue la ejemplaridad de la transición española. De lo contrario, cada pueblo tiene el gobierno que se merece. Desde luego, yo estoy a favor de que la fuerza más votada, aunque no tenga los apoyos suficientes, ejerza su responsabilidad constitucional de someterse a la votación de investidura. En todo caso, no se puede retroceder, hay que avanzar siempre hacia la gobernabilidad, tendiendo puentes por difíciles que nos parezcan.

El dialogo, cuando se sustenta en sólidos principios éticos, sin duda facilita la resolución y el acercamiento de unos y otros. Por lo cual, los que ejercen el poder no lo hacen como cosa propia, sino como mandato constitucional, lo que exige también escuchar mucho. Sin embargo, como decía Platón (427 AC-347 AC, Filósofo griego), allí donde el mando es codiciado y disputado no puede haber buen gobierno ni reinará la concordia. Naturalmente, tiene bien poco sentido mostrar actitudes prepotentes cuando todos hemos de marchar por el mismo camino, el de garantizar la convivencia democrática dentro de la Constitución, que nos hemos trazado en el 78 todos los españoles, consolidando de este modo un Estado de Derecho que asegura el imperio de la ley como expresión de la voluntad popular. Es verdad que esto no significa que hemos de estar plenamente de acuerdo en todo, si así fuera puedo asegurar que alguno piensa por ambos, lo que es menester portar altura de miras, en favor de la búsqueda de entendimientos, para facilitar gobiernos que gobiernen para toda la ciudadanía en su conjunto; y, sobre todo, para conseguir que se injerte confianza a sus electores, a los inversores y a la misma Unión Europea. No olvidemos que somos europeístas, queramos o no, y este nefasto clima de inestabilidad política lo único que fomenta es incertidumbre, con el consabido incremento de la prima de riesgo española y otras regresiones inversoras.

A mi juicio, no sería recomendable, por tanto, devolver la pelota a los votantes y tener que convocar nuevas elecciones generales; con lo que esto supone de alargar la inestabilidad, en un momento crucial para la economía española. Hasta el momento presente, tenemos que decir que esta bochornosa realidad española, lejos de decrecer se ha acrecentado debido, en parte, a que los elegidos para representar al pueblo español, en vez de intentar entenderse, lo que han pretendido es mercadear con los votos, obviando por qué quieren gobernar y para qué quieren gobernar. Es verdad que no hace falta un gobierno perfecto, pero si se necesita uno que al menos los bolsillos de sus gobernantes sean de textura cristalina. Personalmente creo que no es digno de mandar en otros ciudadanos, aquel que no es mejor que ellos.

En cualquier caso, considero que aún es tiempo de enmendarse, de que los partidos políticos constitucionalistas con más votos, ejerzan la ética de la responsabilidad y presenten conjuntamente sus proyectos de gobierno. Es hora de sumar y no de restar, y en este sentido nuestra Constitución, verdadero baluarte de una sociedad democrática avanzada, que protege a todos los españoles y pueblos de España en el ejercicio de los derechos humanos, sus culturas y tradiciones, lenguas e instituciones, lo único que hace es propiciar un clima en el que es posible concertar voluntades que aviven más y mejor democracia, fundada sobre los principios inmutables de la ley natural y los derechos humanos, y que será resueltamente inverso a aquella corrupción que atribuye a la legislación del Estado un poder sin frenos y sin límites, y que hace también del régimen democrático, a pesar de las apariencias paradójicas, pero vacías, puro y simple sistema de absolutismo.

Ciertamente, la sociedad civil es el sustento democrático; y, bajo estos parámetros, las políticas tienen que contribuir a formar sociedades democráticas mejores y más fuertes; y a su vez, los políticos, han de trabajar más unidos para que ningún pueblo sea ingobernable. Esto se consigue no dejando a nadie atrás, con ganas de hacer cosas por los demás, con la creatividad del pensamiento, o el intelecto colectivo, y el espíritu de la unión, no de la uniformidad, sino con el deseo de activar gobiernos responsables y receptivos. Por desgracia, ahí está la fractura que nunca se debió producir, entre catalanes. Hoy mismo, varios miles de personas se han concentrado en la plaza Santa Jaume, frente al Palau de la Generalitat, para expresar su disconformidad con el programa independentista del gobierno catalán. Sí elementos como la transparencia, la rendición de cuentas y una gobernanza receptiva son esenciales para que las democracias avancen, no menos importante es que el orden constitucional se cumpla y, en verdad, se trabaje por el bien colectivo.

Reconozcamos, pues, que el diálogo es básico entre políticos, pero sobre la base de principios universales, o como en el caso español de su Constitución, y así poder evolucionar con políticas fundamentadas, coherentes y congruentes con la ley de leyes. Ya está bien de juegos interesados. Pongamos la ética como abecedario, para que las formas democráticas de gobierno funcionen debidamente, y, a buen seguro, de este modo se intensifiquen los encuentros para propiciar la salida del laberinto de este caos, donde todo se mezcla en un estado de confusión permanente, cuando de lo que se trata es de proponer un candidato a la Presidencia del Gobierno, por parte del Monarca. ¡Cuántos guiones y que poca capacidad de generosidad! Se me ocurre pensar: que quizás falten hombres de Estado y sobren Parlamentarios.

Los nacionalistas vascos salen a recoger nueces
El PNV desempolva el viejo y fallido "Plan Ibarretxe"
Ascensión Corcuera Ruiz www.latribunadelpaisvasco.com 1 Febrero 2016

A la espera de lo que ocurra en los próximos meses en Cataluña y consciente de que a medio plazo, si la Ley Electoral española no cambia, su papel en la política nacional va a tener una mayor relevancia por su capacidad para primar a un proyecto u otro en función de una muy estrecha relación de votos entre las principales formaciones nacionales, el PNV ya ha decidido su estrategia para los próximos años.

Concretamente, y en el documento estratégico que la formación nacionalista maneja como manual interno hasta 2020, el partido de Ortuzar, consciente de que la actual coyuntura política le resulta más favorable que nunca en los últimos años, aboga por lanzarse a alcanzar un nuevo pacto bilateral entre Euskadi y el Estado, que reconozca el "carácter nacional" de la Comunidad Autónoma vasca, y que incluya una "división territorial" del Poder Judicial y una política exterior vasca.

Curiosamente, todos estos aspectos, el “carácter nacional”, la "división territorial" del Poder Judicial y una política exterior vasca, ya se incluyeron en la Propuesta de Estatuto Político de la Comunidad de Euskadi, popularmente conocido como “Plan Ibarretxe” (en referencia al apellido del ex lehendakari Juan José Ibarretxe 1999-2009), que fue pergeñado por el PNV en 2003 con el apoyo indirecto de Batasuna y que posteriormente fue rechazado en el Parlamento de Madrid en 2005.


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