AGLI Recortes de Prensa   Viernes 5  Febrero  2016

El déficit no deja margen para sueños populistas
EDITORIAL El Mundo 5 Febrero 2016

La realidad económica se va a imponer ante los mensajes populistas y eslóganes electorales que van a dominar las negociaciones de Pedro Sánchez con otras fuerzas políticas para formar Gobierno. Ayer nos lo recordó la Comisión Europea al dejar entrever que España tendrá que hacer un draconiano ajuste de 20.000 millones para cumplir con los objetivos exigidos por Bruselas.

Las consecuencias de caer en la tentación de prometer imposibles a la ciudadanía son imperdonables. Así se pudo comprobar, también ayer, en Grecia y Portugal. El país heleno vivió su primera huelga general de este año contra el Gobierno de Alexis Tsipras por la dura reforma de la Seguridad Social que está obligado a acometer y los recortes a las pensiones. Mientras, en Lisboa, el tripartito formado por socialistas, comunistas e izquierda radical tuvo que anunciar una subida de impuestos para poder cumplir con el objetivo de déficit comprometido con Bruselas.

Estos hechos deberían estar hoy presentes en la reunión que mantenga Sánchez con Pablo Iglesias, quien pretende hacer creer a los españoles que, si llega a formar parte de un futuro Gobierno, será capaz de que Bruselas rectifique su política presupuestaria.

Mientras los líderes políticos parecen no tener prisa por formar un Gobierno, el calendario económico corre en contra de España. La Comisión Europea no sólo insistió ayer en que no se cree el Presupuesto para 2016 que el Gobierno de Mariano Rajoy dejó preparado antes de acabar la anterior legislatura, sino que además empeoró nuestras previsiones de cumplimiento de déficit.

Según las proyecciones que presentó el comisario Pierre Moscovici, el déficit cerró el pasado año en el 4,8%. Esto es seis décimas por encima del objetivo comprometido y una décima por encima de lo que Bruselas había estimado en sus previsiones anteriores. Incumplir el déficit en esas magnitudes impedirá que este año se alcance el 2,8% que España había acordado. Según la Comisión, en 2016, el déficit público cerrará en el 3,6%. Si esta hipótesis se cumple y Bruselas acepta esta desviación, entonces el recorte real sería de unos 12.000 millones.

En ese caso sería en 2017 cuando por fin se podría alcanzar el objetivo de estabilidad presupuestaria, marcado por Bruselas. En total, el ajuste para los dos próximos ejercicios se situaría en torno a los 22.000 millones, una cifra que va a exigir un enorme esfuerzo al Gobierno venidero.

Por si esto fuera poco, el hecho de que España permanezca con un Gobierno en funciones hasta que termine la primavera, en el mejor de los casos, o hasta otoño, si hay que repetir elecciones, hará que ese ajuste tenga que ponerse en marcha en tan sólo tres o seis meses. Al final va a ser la ciudadanía la que pague la ingobernabilidad parlamentaria que se inició el 20 de diciembre.

Por si esto fuera poco, aunque Bruselas ya parece contar con que el déficit acabará este año en el 3,6%, la cifra oficial sigue siendo el 2,8%. El nuevo contexto europeo y la flexibilización de las cifras de gasto que se ha concedido a Francia para hacer frente a la amenaza del Estado Islámico son una oportunidad para que España negocie estos meses unas condiciones más laxas para cumplir con el déficit. Sin embargo, esta tarea estará encomendada a un Gobierno en funciones desmotivado y sin la autoridad exterior que tendría un Ejecutivo estable.

La recuperación española es un hecho. Ni siquiera la Comisión lo pone en duda. De hecho, ayer elevó la previsión de crecimiento para este año en una décima hasta el 2,8%. Sin embargo, son muchas las asignaturas pendientes de nuestra economía. La deuda pública ya supera el billón de euros (lo equivalente a nuestra riqueza nacional) y el paro no bajará del 20% hasta 2017, según Bruselas. Urge contar con un Gobierno fuerte que ponga orden en el gasto para atajar el problema del déficit y cumplir con la UE, una actitud que los inversores y los mercados premiarían.

Puro teatro
Emilio Campmany Libertad Digital 5 Febrero 2016

Todo en esta legislatura es ardid, disfraz y tramoya. Incluso se habla de un inventado encargo que el rey hace de formar gobierno. Y, con ser ésta una imaginativa creación que nada tiene que ver con la Constitución, es lo de menos. Más significativo es que Albert Rivera se haya prestado a colaborar en fingir que su concurso importa, cuando en realidad es irrelevante mientras Sánchez no le arranque una improbable abstención al PP. El secretario general del PSOE, por su parte, simula estar negociando un inútil acuerdo con Ciudadanos para que, cuando sea evidente que están en un callejón sin salida, reconocer lo que ya hoy es evidente, que sin la benevolente abstención del PP la única forma de ser investido es arrojándose en brazos de la extrema izquierda. Y que, siendo Ciudadanos incompatible con Podemos, tendrá además que permitir que los independentistas se abstengan para poder sacar a España del atasco. De ahí que necesite el mes que a Patxi López le ha pedido. No es para negociar, es para escenificar sus falsos esfuerzos por ganarse a la vez el respaldo de Ciudadanos y la abstención del PP. Así como para fingir el que supuestamente hará por lograr la abstención de Ciudadanos frente un acuerdo con Podemos que le permitiría prescindir, si no de los comunistas, sí al menos de los separatistas. Cuando, después de arduos esfuerzos, Rajoy y Rivera le nieguen el pan y la sal, podrá Sánchez, simulando hacerlo muy a su pesar, suscribir el acuerdo que en realidad ya tiene pensado con los enemigos del sistema y los de España, como si no hubiera otra salida.

Porque lo que es evidente es que Pedro Sánchez no puede permitirse unas nuevas elecciones, en las que, una de dos, o va él de cabeza de lista por Madrid y el PSOE pasa a ser tercera fuerza política, o lo quitan y presentan a otro que pueda salvar, aunque sea por poco, el segundo puesto que hoy tienen. Los únicos en condiciones de frustrar su plan son los barones del PSOE. Bastaría que alguno que tuviera control sobre los diputados electos en su región consiguiera que algunos de éstos, en número suficiente para que Pedro Sánchez no saliera elegido, se ausentaran. La cuestión es que una cosa es amenazar con hacer eso y otra muy distinta, hacerlo de verdad. Porque de ocurrir se haría patente la enorme fractura que el PSOE padece, que no es muy distinta de la que sufrió en otras épocas, y que separa a quienes quieren tirarse al monte puño en alto y apelando a la famélica legión de los que aspiran a ser una socialdemocracia europea. A nadie le gusta ver sus vergüenzas expuestas a escarnio público, y siempre habrá la esperanza de que en el futuro surja un modo de liberar a Sánchez de las garras de Pablo Iglesias, quién sabe si con la ayuda de un PP renovado.

Iglesias sería mucho peor que la pésima Carmena
EDITORIAL Libertad Digital 5 Febrero 2016

En los siete meses que Manuela Carmena y Ahora Madrid llevan controlando el Ayuntamiento de la capital –gracias a Pedro Sánchez, conviene recordarlo– no se han visto grandes medidas, ni tampoco los planes que iban a solucionar de inmediato la presunta emergencia social que les llevó al poder, una situación dramática que parece haberse esfumado tan súbitamente como los miles de niños hambrientos de su propaganda infecta.

No sólo no han solucionado los problemas que magnificaron: es que en ámbitos como la limpieza o la circulación no han hecho sino provocar que las cosas vayan de mal en peor. A cambio de no hacer nada o hacer poco y mal, los neocomunistas de Ahora Podemos han brindado a la ciudadanía multitud de ocurrencias, generado un montón de polémicas estériles y a menudo revelado su talante liberticida y sectario: ahí están la orwellianamente denominada "web de la verdad" para leer la cartilla a los escasos periodistas que no los veneran, las bochornosas cabalgatas de Reyes, el arrasamiento del callejero municipal para cebar el guerracivilismo y tratar de borrar las huellas de los crímenes perpetrados por sus antepasados ideológicos...

En resumen, nada de lo que hayan hecho Carmena y su equipo en estos meses ha tenido un impacto positivo en las vidas de los madrileños, pero sin embargo la demagogia y el sectarismo que rigen la política municipal madrileña ya están teniendo consecuencias muy graves. Lo ocurrido con el Edificio España es el mejor ejemplo: en lugar de facilitar la llegada a la capital de un gigantesco grupo empresarial, se le han puesto todas las trabas posibles, y el resultado es que Wanda no se instalará en la ciudad y se perderán cientos de millones de euros y miles de puestos de trabajo; y se perderá la ocasión de recuperar una zona degradada.

El neocomunismo populista que representan Carmena y Ahora Madrid tiene consecuencias inmediatas y nefastas, como los madrileños ya están comprobando en sus propias vidas y en su día a día. Sólo llevan siete meses en el poder, así que probablemente lo peor esté por llegar.

Si siete meses de Carmena están causando estragos y la pérdida de miles de empleos, mejor no imaginar lo que podría ser un Gobierno de la Nación en manos de Pablo Iglesias y sus confluencias de extrema izquierda. Lo más lamentable y ominoso es la ceguera voluntaria de buena parte de la sociedad hacia esta formidable amenaza para su bienestar y seguridad.

Todo puede empeorar
J. L. González Quirós www.vozpopuli.com 5 Febrero 2016

Hay que agradecer a Pedro Sánchez su audacia para evitarnos el bochorno que hubiere supuesto que decidiera repetir el inaudito gesto reservón y avieso de Rajoy al apartarse de la escena en la que se trata de armar un Gobierno. Pedro Sánchez tal vez no lo consiga, pero Rajoy tendrá que explicar alguna vez, cuando su caso provoque mayor curiosidad que pasmo, cuáles fueron las razones por las que decidió pasar de celebrar la victoria a renunciar a hacerla efectiva. Entre las cosas que se ven y las que se suponen, Rajoy está batiendo records de incompetencia política, pero también de carencias de todo orden. Su impavidez frente a la sangrante corrupción que anida en su partido y bajo su mandato, y su insensibilidad frente a los signos que aconsejan una retirada digna, está superando los estándares éticos que al respecto están vigentes no ya en Inglaterra, Francia o Suiza, sino en la misma Bielorrusia.

Su permanencia al frente del PP nos obliga a pensar en lo que una ley muy general de la política nos enseña, que cuando no se hace nada es inevitable que todo empeore. Chesterton alertó repetidamente contra esa clase de conservadores que no entendían que para mantener cualquier cosa valiosa es necesario moverse con mayor rapidez que las causas del deterioro, y Rajoy no parece haber leído a Chesterton, seguramente porque no entraba en el temario.

El suicidio del PP
Los encuestadores que han dirigido la política del PP durante años apuestan sobre la certeza de que el mal causado al partido ya no se cobrará nuevas mermas electorales, pero tal vez podrían mirarse en el espejo del vecino para comprobar hasta qué punto pueden ponerse feas las cosas. El PP cree tener un electorado cautivo y espera poder recuperar el voto “prestado” a Ciudadanos, pero eso habrá que verlo, y la duda razonable haría que en un partido que conservase un ápice de cordura se estuviese discutiendo cuál sería la estrategia conveniente, en lugar de limitarse a mascar amargamente las insólitas ocurrencias de Rajoy, y a considerar una iniciativa genial cualquier finta absurda que se le pueda ocurrir dentro del estado de privación política en que parece encontrarse. Que un líder yerre es normal, lo que resulta surrealista es que todos le sigan sin rechistar cuando ya han comprobado hasta la saciedad que no sabe llevarles a ninguna parte.

Los dirigentes del PP parecen haber aceptado renunciar a casi todo a cambio del éxito, pero, una vez que la victoria ha desaparecido claramente del horizonte, están a punto de apurar un sacrificio lento y doloroso literalmente para nada, tal vez con el único consuelo de que nadie les acuse de ser el primero en gritar que el Rey está desnudo, una excusa realmente lamentable. Tras tanto predicar el miedo, tras jugar con el fuego populista para anular al partido al que han robado las políticas, ahora, si nadie lo remedia, podrán comprobar que de nada ha valido, que han obtenido indignidad y derrota en dosis equiparables. Los suicidios colectivos son raros en Biología, pero abundan en política: lo extraño es que pueda llegar a consumarse sin que nadie advierta que no hay ninguna nobleza en una inmolación sin esperanza ni objetivo.

¿Hay algo que cambiar?
El político debiera acostumbrase a pensar que cuando no parece haber razón alguna para formar un Gobierno deseable, la causa podría ser que su presencia resulte inconveniente. En lugares en que la democracia está arraigada no es necesario que nadie advierta al que está de más, muchas veces basta un ligero percance electoral para que los líderes comprendan que su oportunidad ha pasado y que es el momento para desvanecerse, como según McArthur hacían los viejos generales. Aquí parece estar vigente un modelo menos admirable de relevo, pasa casi como en El Guateque, la memorable película en la que Peter Sellers interpretaba a un corneta que se resistía a morir al haber sido acribillado, pero no por ser un valiente, sino por no enterarse de cuál era su papel y de que había terminado su minuto de gloria. Rajoy es como ese corneta que se resiste ridículamente a la retirada en una escena nada heroica pero intensamente cómica. Lo malo es que el imposible apego de Rajoy a su poltrona carece de cualquier gracia.

Los Gobiernos posibles
Ahora mismo existe una posibilidad de pacto entre Ciudadanos y el PSOE, una posibilidad mucho menos dañina que la entrega del PSOE a la voracidad populista de los que están dispuestos a rentabilizar como sea los cabreos del electorado. El PP podría ser una pieza de ese pacto, pero es obvio que Rajoy no puede, de forma que tanto él como sus consejeros deberán empezar a pensar en la forma de evitar una negativa a una fórmula que, siendo muy parecida a la que el PP dice proponer, se diferenciará de aquella en que jamás podrá encabezarla un líder tan lastrado por sospechas y carencias. Que el PP no caiga en la cuenta de que es indigno decir que no pone líneas rojas a ningún pacto, vamos que le da lo mismo cargarse la reforma laboral que suprimir el Ministerio de Defensa, cuando en la práctica la única línea roja es que sea Rajoy el que dirija ese cotarro, indica hasta qué punto la política ha sido despedida de Moncloa y de Génova, tal vez con una indemnización en diferido.

La audacia no puede ser temeraria
A diferencia de la pasividad anonadada de Rajoy, el activismo de Pedro Sánchez frente a una misión casi imposible, le va a permitir recuperar un capital político que se le estaba escapando por minutos. Su ventaja frente a Rajoy no está en lo que hace, sino en que pueda hacerlo. Pedro Sánchez ha repetido en varias ocasiones que él es un político limpio, y aunque pudiera haber motivos para creerlo, esa es una proclama que Rajoy no ha sabido hacer y que no parece pudiese ser muy creíble. Naturalmente que la decencia no es condición suficiente para ser un buen político, pero es bueno que parezca una condición necesaria, de manera que por ahí podría empezar a buscar un cierto desahogo el PP, dar con alguien que personifique realmente una posibilidad política distinta. ¿No es un partido con centenares de miles de militantes? ¿Es que no ha de haber un espíritu valiente? ¿Es que acaso todos se han de reducir para siempre a no decir lo que sienten, y a temer lo que podrían decir?

En un pacto como el más razonable que se perfila, acaba de advertirlo Rivera, la presencia de un PP no maniatado por sus hipotecas ni por sus miedos, resulta enteramente necesaria. Sánchez se equivocaría de medio a medio si se convirtiese en un obstáculo similar al que ha supuesto Rajoy, y su margen de maniobra es extremadamente pequeño, pero es mucho lo que depende de esos pocos que poco pueden hacer, pero que, de equivocarse, podrían dar lugar a un nuevo e intenso desastre histórico. Son muchas, es obvio, las posibilidades de empeorar, pero caben soluciones si no falta grandeza de ánimo, generosidad y altura de miras, si en lugar de pensar en primera persona se piensa en el futuro de libertad de todos los españoles. La política consiste, lo dijo Platón, en hacer un tejido con trenzas más fuertes, no en atizar los conflictos y lacras que han desembocado en un resultado electoral tan complicado. Todo puede empeorar, pero cabe buscar una salida histórica, aunque, indefectiblemente, habrá que mover algunas piezas.

Rajoy, la soledad sonora y el poder perdido
Jesús Cacho www.vozpopuli.com 5 Febrero 2016

Consternación en el Partido Popular. Cuando en la tarde noche del pasado 22 de enero un comunicado de la Casa del Rey anunciaba que Mariano Rajoy había declinado el encargo real de formar Gobierno, después de haber anunciado hasta la saciedad que naturalmente que sí, que Mariano se presentaría a cuerpo gentil en la tribuna de oradores para defender su investidura aún consciente de perderla, porque era una obligación en el líder del partido que había “ganado” las elecciones el 20D, la noticia cayó como una bomba entre la nomenkaltura del partido y no digamos ya entre simples militantes y/o votantes. Nadie tenía ni idea. Ni siquiera el pobre vicesecretario de Organización, Martínez-Maíllo, obligado a decir a las 9 de la noche lo contrario de lo que había dicho a las 3 de la tarde, porque el “no” de Mariano le había cogido con las calzas a la altura de los zancajos.

Hay quien sostiene que la decisión de cambiar de rumbo se tomó a mediodía -la tomó Mariano con Pedro Arriola, el sabio Arriola, el hombre para todo, incluso para hacerse rico facturando al PP-, de ese 22 de enero, después de que la fatal arrogancia de Pablo Iglesias y su discurso faltón para con el PSOE le sirviera en bandeja la excusa que necesitaba para dar esquinazo a la invitación real, rehuyendo así el calvario de una investidura fallida. Mariano se protegía del oprobio tras el burladero del de la coleta. Y dejaba correr el turno. La mayor parte de la cúpula popular se inclinó por pensar enseguida –aunque se cuidó mucho de expresar opinión en público, que bueno es el jefe- que Mariano había metido la pata al dejar pasar la ocasión, aunque asumiendo que, dada su natural condición de picha fría, por no hablar del valor de legionario que le abruma, la decisión de escurrir el bulto era casi inevitable. El laissez faire, laissez passer del personaje. El vengan días y caigan ollas.

Hubo, sin embargo, quien pensó que aquella había sido la hábil maniobra de un candidato que no estaba obligado a inmolarse en vano. “Mariano tenía razón al esquivar una investidura que era un movimiento fallido ante un Parlamento a la contra, un acto sin ninguna utilidad constructiva, sin ninguna verosimilitud, un paripé que no iba a servir más que para hacer sangre sobre las venas vacías del personaje”, sostiene un diputado popular que conoce el paño. “Hizo bien en eludir esa comedia”. Con una condición, claro está. Con la condición de que hubiera contado adecuadamente las razones que le llevaban a adoptar esa postura. Explicarlo, primero, a su propia gente, y después detallarlo también de puertas afuera. Al no poder explicarlo, porque la espantá no estaba en el libreto, lo que era una decisión lógica ante un Congreso hostil se convirtió en una jugada de pícaro, una pillería impropia de un Jefe de Gobierno. Una treta inimaginable en el líder de un partido conservador, el más importante del país.

Los creyentes en la sabiduría intrínseca del gran líder pontevedrés quisieron pensar que detrás de la negativa a la investidura, detrás de la sangre congelada del líder inerme había una estrategia, había un plan B al desplante del “yo paso” con el que sorprendió a todos el día de autos. No había nada. Entreme donde no supe / y quedéme no sabiendo / toda ciencia trascendiendo. Mariano simplemente volvió a Moncloa y se echó a dormir. Y allí ha perdido casi dos semanas sin mover un músculo, encerrado en la bodega, sin intentar conseguir apoyos, sin haber telefoneado siquiera, que se sepa, al líder de Ciudadanos, un Albert Rivera que al menos le hubiera escuchado con respeto. Mariano simplemente se ha dedicado a hacer lo que mejor sabe: nada.

Consternación en el Partido Popular
Ayer, miércoles 3 de febrero, hoy mismo, jueves 4, el gentío pepero en Génova y en el Congreso, la mayoría absoluta del partido que ha gobernado España durante 4 años para llegar a este puerto de espanto, se encuentra al borde del ataque de nervios viendo a Sánchez en el lugar de Rajoy, oyendo a Sánchez, imaginando a Sánchez en el papel de presidente cuando apenas ha dado los primeros pasos para lograr la investidura, pero intuyendo, barruntando, que el niño bonito puede salirse con la suya, que puede ser que gobierne con sus escuálidos 90 diputados, puede que logre el milagro, porque ha arriesgado, lo ha querido con intensidad, ha perseguido un poder que el pánfilo le ha regalado, esperando tal vez que alguien viniera a ofrecérselo a Moncloa con un ramo de rosas rojas en bandolera.

Tan encerrado en su mundo estaba, tan aislado, tan poco y mal aconsejado, que no fue capaz de interpretar las señales que Sánchez iban dejando como los perros tras cada farola: ¡quiero ser Presidente del Gobierno por encima de todo y a cualquier precio! Dispuesto a arriesgar al límite, porque, como alguien dejó escrito, para quien ambiciona intensamente el poder no existe vía media entre la cumbre y el precipicio. “Y van a por todas”, me asegura Federico Castaño. “Tanto él como su equipo están convencidos de que si logran armar un acuerdo de Gobierno conseguirán el respaldo de la militancia y también del Comité Federal”. Convencidos de que llegarán a Moncloa y además de que estarán allí cuatro años como mandan los cánones.

Sánchez se lo juega todo a una carta. Y puede que no sea tan difícil. Fundamentalmente porque tendemos a ponderar en exceso el papel de Podemos, porque Iglesias no dispone en realidad de más de cuarenta y pocos diputados propios, parlamentarios de estricta obediencia, puesto que el resto hasta 69 pertenecen a las mareas y demás historias. Pablo disimula con su verborrea arrogante la debilidad intrínseca de un grupo cuya autoridad no le corresponde. Le otorgamos una capacidad de maniobra y de veto de la que carece, por mucho que el CIS acabe de confirmar el sorpasso en caso de nuevas elecciones. Y en millones de españoles la esperanza de un pacto entre PSOE y Ciudadanos que sirva de columna vertebral a un nuevo Gobierno susceptible de conciliar la estabilidad de las cuentas del Reino con esas reformas inaplazables capaces de elevar la calidad de la pobre democracia española. Capaces también de enviar a la oposición a un PP obligado a realizar la travesía del desierto ganada a pulso por su abrasiva corrupción.

El ambiente tanto en Génova como en Moncloa es de funeral. El protagonista de la política española se llama ahora Pedro Sánchez. Como dijo Andreotti, “el poder desgasta sólo a quien no lo tiene”. Mariano es un segundón pasmao que rumia su destino en silencio, la música callada, la soledad sonora de Moncloa, mientras Sánchez se pasea por la actualidad como presidente de Gobierno virtual. “El problema ahora es más psicológico que objetivo”, señala el pepero arriba aludido, “consecuencia de haber cedido galantemente a Sánchez el papel de presidente, pero si no se mueve rápido, si no sale de su parálisis, entonces estará muerto”. Está muerto y posiblemente estemos ante el final de la derecha política que hemos conocido agrupada bajo las siglas PP. La hizo Aznar y la deshizo Aznar y su dedazo. Fin de la historia. Y necesidad de construir una nueva derecha liberal.

La autodestrucción del PSOE
David R. www.latribunadelpaisvasco.com 5 Febrero 2016

Con una elevada probabilidad estamos asistiendo al final del Partido Socialista Obrero Español, o, por lo menos, al principio del final. Un proceso de autodestrucción que pasará a los anales de la historia y que tiene alguna causa externa y muchas internas.

Un partido fundado el 2 de mayo de 1879, camino de siglo y medio, por un hombre de buena fe que se llamaba Pablo Iglesias, no Pablo Manuel Iglesias (hasta de eso se ha apropiado), miembro de la Internacional Socialista, del Partido Socialista Europeo, y del grupo europeo Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas, y con más de un cuarto de millón de afiliados.

El otro día, una eurodiputada, que no es del PSOE, me decía que en Bruselas los socialistas de los 27 países (y alguno del 28) están alucinando varias veces por segundo.

Este gran partido eliminó el marxismo de su ideario político en el congreso extraordinario que celebró en 1979, antes de la caída del muro de Berlín.

Hecatombe pronosticable. Pase lo que pase, es obvio que Pedro Sánchez no tiene posibilidad alguna de gobernar, y si lo consigue será todavía peor porque lo que gobernará será un desgobierno en toda regla, y al caos solo lo gobiernan las leyes conocidas de la física cuántica. Pero quedan ya negro sobre blanco sus devaneos con los radicales de ultraizquierda financiados por dictaduras, y los que también ha tenido y tiene con los sectores independentistas, que siempre lo fueron, pero que gracias a Zapatero ahora son más fuertes.

Conozco a muchos militantes socialistas de base, alguno de ellos histórico, que en privado me dicen que no entienden lo que está ocurriendo en su partido de toda la vida. En el caso del País Vasco, esos militantes tienen muy vivo el recuerdo del enorme sacrificio realizado para mantener las libertades en una parte de España donde la banda terrorista ETA les asesinaba por el simple hecho de ser socialistas y defender principios democráticos básicos.

Y aquí empezó uno de los problemas, cuando Pedro Sánchez todavía era estudiante. El problema tiene nombre: Jesús Eguiguren, que posteriormente fue respaldado por el inefable Zapatero, en unos "procesos de negociación" con los asesinos que empezaron a pasar factura electoral en las urnas, y factura moral y ética en la militancia y en los veteranos que tanto estaban frecuentando los cementerios. Eguiguren negociando y ETA matando, entre otros a sus compañeros; todavía no se sabe todo (se sabrá) de lo que ocurrió entonces, pero ya se saben muchas cosas. Los socialistas de todas las federaciones no lo entendieron porque no podían, era una aberración.

Esos veteranos se revuelven desde las tumbas o desde los platós. Mientras aquí el PSOE de Pedro Sánchez coquetea con Podemos, a Felipe González el gobierno de Maduro le escupía en Venezuela por intentar defender la democracia y los derechos humanos. Veteranas y veteranos militantes de izquierdas y del mundo sindicalista se llevan las manos a la cabeza, normal, son personas que están viendo cómo el partido se autodestruye y la demoscopia dice lo que dice, es machacona y pertinaz; algunos de ellos vivieron la dictadura, la clandestinidad, "visitaron" las cárceles y fueron protagonistas de una Transición admirada por todas las sociedades del mundo.

La historia nos enseña que los partidos nacen y mueren, se crean y se destruyen. En el País Vasco tenemos dos casos recientes: ANV y EE, en el primer caso hablamos de un partido importante antes y durante la Guerra Civil, y en el segundo de un partido que desarrolló una vital tarea durante el proceso de Transición; los dos vaporizados por el devenir de la historia. En Cataluña, acabamos de ver como desaparecía Convergencia a manos de un déspota.

Para mi pesar sospecho que está activado un proceso de autodestrucción del PSOE, me parece que un artefacto explosivo se ha puesto en marcha y es tan complejo que no lo puede desactivar no solo ni el mejor TEDAX de este país, sino tampoco el mismísimo Rambo.

En Cataluña, el PSE ya es residual, pero el hecho de ¡no haber ganado en Asturias!… Queridos lectores, les aseguro que a muchos militantes "de carnet" se les han puesto los pelos como escarpias. No se está produciendo una implosión sino una explosión.

Creo que si Indalecio Prieto o Julián Besteiro levantasen la cabeza, sufrirían un soponcio.

El islam, "La religión de la paz"
Manuel Molares do Val  Periodista Digital 5 Febrero 2016

El miedo a los musulmanes más violentos, los yihadistas que asesinan masivamente donde son dominantes y que aterrorizan donde aún no, se manifiesta en las reiterativas e innecesarias afirmaciones de políticos de todo el mundo de que el islam es “la religión de la paz”.

La última declaración así la hizo solemnemente este miércoles en una mezquita de Baltimore Barack Obama, que se declara cristiano, aunque es hijo de musulmán y estudió siendo niño en Indonesia en una escuela de base fuertemente islámica.

Los más asustados dicen “La religión de la paz”. Usan el artículo determinado “la” para recalcar que es la única, y los más desconfiados la anuncian como “una religión de paz”. Todos unen indisolublemente islam y paz.

Esa insistencia es un conjuro, un exorcismo ante el miedo generado en muchos por la religión creada por Mahoma a partir de 610.

Ese mantra choca con la historia del profeta y su expansión violenta, porque Mahoma fue un feroz guerrero cuya ira ante quienes rechazaban su prédica castigaba con la muerte, e incluso con el exterminio total de tribus.

La rápida expansión del islam se produjo por la fuerza de las armas y la fidelidad de los primeros yihadistas, quienes, aparte de creer en un paraíso de huríes y placeres tras su muerte, sobre todo al servicio de la fe, recibían en vida su botín de oro y mujeres.

El miedo a los atentados con justificación religiosa, multiplicado tras los de las Torres Gemelas de 2001, hace que los líderes mundiales insistan en un pacifismo islámico en el que no creen, y que la realidad desmiente.

Tratan de poner así algunos cortafuegos a la creciente masa de jóvenes que se unen a la yihad para cobrarse los premios prometidos.

La despiadada simpleza de Pedro Corral, o la guerra contada para necios.
Pío Moa  www.gaceta.es 5 Febrero 2016

Blog II Democracia (V) Ventajas de la democracia liberal: www.piomoa.es
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Un político del PP, Pedro Corral, se ha creído en el caso de instruir a sus colegas, desde el diario ABC, sobre lo que fue la guerra civil. Buena intención, aunque temo que él mismo no demuestre tener mucha idea al respecto, como veremos. Cosa por lo demás común entre nuestros políticos.

Muchos nos hemos empeñado en investigar y desentrañar las motivaciones y mecanismos de aquella guerra de tanta trascendencia en España y fuera de España, pero según el señor Corral no hacía falta tanto esfuerzo. La cosa fue de lo más sencillo:a unas pequeñas minorías (“canallas y sádicos sayones” les llama Pedro J Ramírez en la misma onda) les dio un buen día por matarse entre ellas y de paso arrastrar malamente a millones de personas que solo pasaban por allí y no tenían el menor interés en luchar por nada. Así de facilito. O sea, el pensamiento y la razón, sustituidos por la simpleza envuelta en moralina de barra de bar.

Para justificar su llamémosla tesis, Corral “descubre” que las fuerzas militares de ambos bandos fueron engrosadas mayoritariamente, desde las primeras semanas, por soldados reclutados a la fuerza. Las imágenes propagandísticas de millones de aguerridos milicianos y falangistas son solo eso, pura propaganda. En todas las guerras, civiles y no civiles, los soldados son mayoritariamente de recluta, lo que no quiere decir que vayan necesariamente “a la fuerza”. En cuanto a los millones de milicianos y falangistas, nadie lo ha dicho nunca, y Corral se lo inventa para pasar por desmitificador. Fue característico que desde el primer momento surgiera un número extraordinariamente alto de voluntarios en los dos lados. No fueron millones, pero sí decenas e incluso cientos de miles. Con ellos, básicamente, Franco pudo haber ganado la guerra en cinco meses (el profesional Ejército de África era muy voluntario) aunque empezara pronto a movilizar quintas. Y los rojos empezaron pronto a regularizar el ejército porque los voluntarios, con todo su entusiasmo, rara vez tienen el orden y la disciplina que precisa un ejército en una guerra prolongada. La ignorancia de la lógica militar por el señor Corral le permite descubrir la sopa de ajo y, deslumbrado por su descubrimiento, tratar de enseñársela a los demás.

Por lo tanto, sigue, el factor clave de la inmensa mayoría de los protagonistas de la contienda fue la lealtad geográfica. Esto significa, sencillamente, que la inmensa mayoría de los españoles no tuvo libertad para elegir bando. "Factor clave”, llama a esta verdad de Perogrullo, pues claro que cada bando aplicó la ley en su zona. Pero la gran mayoría de los españoles ya había elegido bando en las elecciones brutalmente radicalizadas de febrero de 1936, aproximadamente mitad por mitad entre izquierdas y derechas. La perogrullada se embrolla algo más: La consecuencia de la lealtad geográfica es que soldados de izquierdas reclutados en el Ejército franquista tuvieron que combatir contra soldados de derechas enfilados en el Ejército Popular. Cierto, pero el grueso de los soldados se identificó con el bando en que luchaba, otros muchos procuraron pasarse al contrario y bastantes lo consiguieron. Otros más fueron fusilados por negarse a servir en el bando “geográfico”. Por cierto, al terminar la campaña del norte, los nacionales integraron en sus filas a la mitad de los 200.000 prisioneros, que no dieron ningún problema.

Sin embargo, esto no es óbice para que muchos sigan pensando que un campesino pobre, sin ideas políticas, reclutado por Franco, será siempre un fascista, mientras que otro campesino pobre, sin ideas políticas, reclutado por Azaña, será siempre un antifascista. En fin, la osada ignorancia. Azaña pintó poquísimo en la guerra y nunca reclutó a nadie; fueron los partidos obreristas, sobre todo el comunista, quienes impulsaron la recluta masiva. Entre los campesinos pobres de Extremadura y Andalucía predominaban los anarquistas y socialistas, mientras que los de Galicia y Castilla solían ser de derechas. Si el señor Corral hubiera estudiado mínimamente la época, sabría que la politización de entonces fue extrema, con los odios correspondientes, y que no había mucha gente sin ideas políticas, aunque fueran muy primarias

Las quintas reclutadas durante la contienda por ambos bandos deberían haber sumado un total de 5 millones de hombres. Sin embargo, el total de españoles incorporados a filas no pasaron de aproximadamente 2,5 millones: 1,3 millones en el Ejército Popular y 1,2 en el Ejército franquista. Los otros 2,5 millones de potenciales reclutas se las ingeniaron para no coger el fusil e ir al frente. Suele considerarse que el máximo de movilizados para no desarticular la economía, y salvo casos excepcionales, no debe superar al 10 -12% de la población. Y de ellos solo una fracción “coge el fusil y va al frente”, pues un ejército tiene una enorme cantidad de servicios que normalmente quedan en retaguardia. Otra gran cantidad de adultos ha de permanecer manteniendo las fábricas y los campos. Pues bien, el 10% de la población de entonces ascendía precisamente a 2, 5 millones, por lo que se movilizó precisamente algo más de ese 10% (1,2 millones los nacionales, 1,7 millones los rojos, según las cifras de R. Salas Larrazábal).

El señor Corral quiere hacernos creer que la mitad de los –según él—reclutables, habrían desertado o se habrían escaqueado. Ignora que, contra ciertas leyendas, la guerra de España no fue de gran intensidad comparada con otras muchas civiles y no civiles del siglo XX (puede ver alguna comparación en Los mitos del franquismo), que las bajas mortales militares no fueron muy elevadas (en torno a 160.000. La guerra civil useña en el siglo XIX causó unas 600.000, para una población poco mayor), y que la mayoría de los frentes tuvo poca actividad la mayor parte del tiempo. Tampoco la movilización fue tan profunda que obligara a emplear masivamente a mujeres en fábricas y campos para suplir a los hombres, como ocurrió en la guerra mundial, por ejemplo. Un profesor debiera informarse bien antes de dar lecciones.

Al señor Corral le asombra agradablemente que hubiera desertores. Los hay en todas las guerras. La cuestión es cuántos y en qué proporción en cada bando. Habla de “miles” y seguramente los hubo, unos para pasarse al otro lado y otros, los menos, para irse a casa; mientras sugiere la cifra de 2,5 millones entre desertores y escaqueados, que él imagina debían haber ido al frente. Sin embargo afirma que los castigos a los desertores fueron terroríficos: En el bando franquista se detenía a los familiares del desertor y se confiscaban sus bienes, y si los familiares tenían antecedentes izquierdistas era probable que acabaran fusilados. Nunca había oído tal cosa, pero si fue así, las víctimas deberían contarse por cientos de miles. Tendría interés que el señor Corral nos aclarase cuántas fueron. Por supuesto, en el Frente Popular los reglamentos llegaron a hacerse terroristas, como ha explicado R. Salas Larrazábal, a quien el señor Corral debiera leer con atención antes de ponerse a enseñar a sus colegas de la política.

Ni para defender la República ni para atacarla hubo mucho entusiasmo entre los españoles de a pie. Por supuesto. Como que la república, es decir, la legalidad republicana, había fenecido con las elecciones de febrero del 36. Lo que había era un nuevo régimen revolucionario. Y es cierto que, pasados los primeros meses, decayó mucho el entusiasmo por defenderlo, pero, aunque no lo crea el señor Corral, ocurrió algo muy distinto en el otro bando. Lo demuestran sus numerosos actos heroicos en condiciones casi imposibles, actos inexistentes en el Frente Popular: Gijón, Toledo, Sta. María de la Cabeza, Oviedo, Huesca... a los que desprecia el político, porque no entran en la nómina de desertores y escaqueados que tanto le complacen.

Se cree el señor Corral en la obligación de informarnos de su infinita compasión por todas las víctimas, que según él lo fueron de unos cuantos extremistas desalmados.De quien no tiene la menor compasión, en cambio, es de la verdad histórica y la necesidad de investigarla. Debería hacer un pequeño esfuerzo por aclarar el sentido de un suceso tan dramático más allá de la exhibición de fáciles buenos sentimientos –como si los demás carecieran de ellos—y de esa vanidosa condena a diestra y siniestra, como si a tantos españoles les hubiera dado por matarse entre sí por las buenas, y obligar a otros a hacerlo.

Así que informaré brevemente a nuestro político de cosas generalmente bien sabidas: el Frente Popular triunfó en unas elecciones no democráticas, destruyó la legalidad republicana y emprendió un proceso revolucionario extremadamente violento. Dicho Frente se componía ante todo de partidos obreristas y de separatistas que querían destruir España sin disimulo. Por sus diferencias se mataron entre ellos muchas veces, pero estaban de acuerdo en un punto esencial: la erradicación de la Iglesia y la cultura cristiana en España, para lo que cometieron un verdadero genocidio. De modo que lo que estaba en juego entonces no eran las chifladuras vesánicas de unos y otros, como con tan poca compasión como respeto supone el instructor de políticos. Estaba en juego la subsistencia de la nación española y de la cultura cristiana. Por ello el proceso revolucionario provocó la rebelión del bando nacional. Parece lógico suponer que el señor Corral no se habría rebelado en modo alguno, sino procurado adaptarse a los revolucionarios y medrar entre ellos. Bien, allá él; pero eso no le da derecho a condenar tan despiadadamente a quienes eligieron oponerse a unas tendencias totalitarias y a la disgregación de España.

Y gracias a que vencieron los nacionales puede hoy el señor Corral soltar sus banalidades revestidas de “compasión”, “moderación” y “buenos sentimientos”, como si solo él los tuviera. Y va más allá: Las consecuencias de la guerra no terminaron ahí: el exilio, la represión y una larga dictadura dejaron heridas insondables que sólo en la Transición, con el sacrificio de todos, se empezaron a restañar sólidamente. Del exilio volvió muy pronto la gran mayoría. La represión castigó sobre todo a los chekistas y asesinos que tanto abundaron en el Frente Popular y que fueron abandonados por sus jefes. La larga dictadura no tuvo oposición democrática, solo comunista o terrorista, y escasa. La inmensa mayoría de la población se había reconciliado ya en los años 40, como prueba el fracaso del maquis. El franquismo libró a España de la guerra mundial, de una nueva guerra civil (el citado maquis) y dejó un país reconciliado, libre de los viejos odios y próspero. Gracias a lo cual unos políticos de muy bajo nivel pudieron hacer una transición sin hundir al país... aunque han seguido en ello hasta hoy, llevando a España, nuevamente, a una crisis extremadamente grave. Políticos como el señor Corral, a quienes nada tiene que agradecer una democracia a la que no cesan de dañar. Habla mucho de perdonar, pero debiera empezar por perdonar y no castigar la verdad como lo hace, y por respetar a los millones de españoles que entonces sintieron intensamente su causa y lucharon por ella, en los dos bandos; y a los que supieron después reconstruir el país en las más difíciles e injustas condiciones exteriores. Un país que estos políticos parecen empeñados en echar abajo a base de mentiras y corrupción, empezando por la corrupción intelectual. Quizá el señor Corral crea que así se consigue una mejor relación entre todos. Pero sobre la mentira profesionalizada, que decía Julián Marías, no puede construirse nada sólido.

Ya hay cerca de dos millones de musulmanes en España
IslamWatch.eu LAGACETA.EU  5 Febrero 2016

El número de musulmanes en España creció en 2015 un 1,6% hasta alcanzar los 1.887.906 millones, 29.497 más que en 2014, según el Estudio Demográfico de la Población Musulmana elaborado por la Unión de Comunidades Islámicas de España (UCIDE) y el Observatorio Andalusí. En los últimos cinco años, el número de musulmanes ha aumentado en casi 300.000 personas.

El informe revela que el número de musulmanes españoles aumentó en 2015 un 8,4% respecto al año anterior, pasando de 718.228 a 779.080, mientras que la cifra de musulmanes extranjeros cayó un 2,7%, pasando de 1.140.181 a 1.108.826.

De esta forma, continúa la tendencia a la baja del número de ciudadanos musulmanes inmigrantes, frente al aumento de aquellos musulmanes que han obtenido la nacionalidad o que han nacido en España. Los musulmanes extranjeros solo crecen en Melilla, Murcia, País Vasco, Alicante, Almería, Cádiz, Cuenca, Granada, Huelva y Palencia.

No obstante, el saldo migratorio, los nacionalizados y el crecimiento natural de la población han provocado un aumento del número total de musulmanes.

Atendiendo a la nacionalidad, un 41,2% de los musulmanes son españoles frente al 58,7% de extranjeros. De esta forma, los musulmanes españoles acortan distancia año tras año a los inmigrantes. Entre los musulmanes extranjeros, la mayoría son marroquíes (749.274), seguidos por los pakistaníes (77.478), argelinos (62.268), senegaleses (61.598) y nigerianos (42.543).

Los autores del estudio –que recopila datos de los Ministerios de Justicia, Interior y Educación, del Padrón y la UCIDE– apuntan que desde los años 40 del siglo XX han ido inmigrando musulmanes que han adquirido la nacionalidad española y ya tienen bisnietos en la actualidad. Además, señalan que desde finales de los años 60 han observado “un cierto goteo” de españoles que abrazan el Islam, que suman 22.808 musulmanes naturales.

Precisamente, en la actualidad, un total de 433.030 de los 779.080 musulmanes españoles (es decir, más de la mitad) son descendientes, hijos, nietos y bisnietos ya nacidos en España, frente a una tercera parte de nacionalizados (251.517). Así, continúa la tendencia al alza tanto en número de descendientes (32.744 más que en 2014) como en número de nacionalizados (26.807 más que el año anterior).

Por autonomías, las que cuentan con un mayor número de ciudadanos musulmanes son Cataluña con 510.481, Andalucía con 300.460, Madrid con 278.976 y la Comunidad Valenciana con 200.572.

Por municipios, destacan Barcelona, Ceuta, Madrid y Melilla, seguidos por Badalona (Barcelona), Cartagena (Murcia), El Ejido (Almería), Málaga, Murcia, Terrassa (Barcelona), Valencia y Zaragoza. Mientras, los que menos tienen son Orense (Galicia), Zamora y Palencia (Castilla y León).

Se trata de “crímenes contra la humanidad” y de “crímenes de guerra”
El Parlamento Europeo afirma que las atrocidades cometidas por el Estado Islámico son “actos de genocidio”
www.latribunadelpaisvasco.com 5 Febrero 2016

El pleno del Parlamento Europeo (PE) ha votado a favor de una resolución en la que se califica de actos de “genocidio”, “crímenes contra la humanidad” y “crímenes de guerra” -de conformidad con lo dispuesto en el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional (CPI)-las atrocidades que está cometiendo en Siria e Irak el grupo terrorista Daesh (acrónimo árabe de al-Dawla al-Islamiya al-Iraq al-Sham) también conocido como ISIS, por sus siglas en inglés, o Estado Islámico (EI).

La resolución es el resultado del debate que tuvo lugar el pasado 20 de enero, en el que buena parte de los eurodiputados calificaron como “genocidio” el exterminio de minorías religiosas, principalmente cristianos y yazidíes, en dichos países.

En su moción, el Parlamento Europeo insta a tomar medidas urgentes para contrarrestar los asesinatos masivos y sistemáticos que cometen los terroristas. Asimismo, los europarlamentarios reiteran su condena a las violaciones de los derechos humanos cometidas por la formación liderada por Abu Bakr al-Baghdadi y sus ataques deliberados a la población cristiana, yazidí, turcomana, chiíta, shabak, sabeos, kaka’e, e incluso a suníes que no comparten su interpretación fanática del islam.

La Eurocámara también pide a la Unión Europea (UE) que establezca un representante especial permanente encargado de velar por la libertad de religión y creencias, según señala la propia institución en un comunicado. Además, reclama a los Estados miembros que actualicen sus sistemas legales y jurisdiccionales con el objetivo de evitar que haya ciudadanos que viajen a Siria o Irak para unirse al Daesh o a otras organizaciones terroristas, y que en caso de conseguirlo sean procesados judicialmente lo más pronto posible.

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Memos, tontos y malvados por la unidad de España en Barcelona #Masby
Juan Vicente Santacreu  Periodista Digital 5 Febrero 2016

Si te gusta el artículo, divúlgalo, el poder está en tus manos. Gracias
Cuando en un país hace falta matizar que se es catalán y español, una de dos, o España tiene un problema o hay mucho gilipollas. O las dos. – Juan Vte. Santacreu

El domingo 31 de enero en la plaza San Jaime, frente al Palacio de la Generalidad de Barcelona, se reunieron varios miles de personas, según unos, o se manifestaron dos millones de personas, según otros, para reclamar la unidad de España y expresar su disconformidad con el programa independentista del gobierno catalán. En todo caso, lo que sí es cierto, es que asistieron un montón de tontos, memos y malvados.

El acto fue organizado –ojo a los nombres- por Societat Civil Catalana, Partit Popular y Ciutadans de Catalunya.

Es triste pero alguien debía decirlo y cuando los periodistas no hacen su función debe tomar relevo la sociedad civil. Todos, absolutamente todos los que asistieron a esa manifestación, han estado alimentando a las pirañas separatistas durante 40 años con su tolerancia lingüística, el respeto tribal, la riqueza cultural y no sé cuantas polladas más. Y ahora, después de haber alimentado y engordado a las pirañas durante años, se reúnen para quejarse de que las pirañas les comen. ¡¿Y qué esperaban los imbéciles?!

Uno de los lemas de la manifestación era “Por la unidad de España”. Pues bien señores, el idioma español era una de las pocas cosas que teníamos en común en España y el día que multaron a Manuel Nevot por rotular en español saltaron todas las alarmas del desastre, en cambio todos callaron como “putas bien pagás”. Es más, el Partido Popular en el Gobierno de España y con mayoría absoluta pudo haber dado un mazazo, o un decretazo de esos que tan bien sabe forjar, y en cambio miró para otro lado.

Hace 40 años cuando se empezó a no poder estudiar en español todos callaron por no cabrear al enemigo. Es más, siguen enmudecidos hoy en día. Entre tanto sumiso amaestrado, sólo Ciudadanos defiende poder estudiar en español un 30% de las asignaturas: Plástica, Educación Física y Religión. ¿Un 30% en español? ¡Pero señores, ¿de qué coño estamos hablando?!
Y hablando de estudiantes universitarios, que son el futuro de España, a ninguno de los asistentes a la manifestación les importa una mierda que ningún universitario de España pueda estudiar en ninguna universidad de Cataluña por culpa de las barricadas lingüísticas que han alimentado. ¿Seguimos hablando de unidad de España?

Sobre la movilidad laboral y del funcionariado, mejor no hablar, si es triste es ver lo que han hecho los políticos más patético es el silencio de los borregos.

Otra de las consignas de la manifestación fue “El proceso nos roba“. Pues bien, Cataluña se gasta anualmente 2.000 millones de euros directos para imponer la “normalización” del catalán y soterrar al español. En Masby lo estamos denunciando desde hace 6 años.

En 10 años los paranoicos catalanes se han fundido 20.000 millones de euros. Dinero de todos los españoles, con el que se ha financiado a golpe de decreto gubernamental –FLA– al separatismo. A ninguno de los asistentes a la manifestación le he oído quejarse estos años por el derroche lingüístico, ¿y ahora se dan cuenta que el proceso les roba?

¡Que no señores, que no se puede ser puta y Ramoneta a la vez! Españoles sí pero no, a ratos, un 30%, etc. Sirva como ejemplo de la ambigüedad hispánica el presidente de un cava catalán que ante las pérdidas de ventas decide declarase muy español en los Medios de comunicación y en cambio se niega a poner en la etiqueta frontal de su cava “Producto de España” como se hace en cualquier país bien nacido. No basta declarase español en una manifestación, hay que ser practicante todo el año.

Los nacionalistas han estado 40 años lanzando repetidas consignas y, sorprendentemente, los imbéciles practicantes se las han creído, las han apoyado y tarareado porque sin duda son tibios, ambiguos, tontos, memos y malvados. Y un gran número de gilipollas. Todo un ganado bien adiestrado con mano izquierda.

Por cierto, en China se hablan 56 dialectos y hasta que no oficializaron una sola lengua común, China no empezó a crecer.

Llegados a este punto donde aparte de las matrículas de los coches y la imbecilidad ya no tenemos nada en común con Cataluña, ¿qué más da que se separe?
Creo que me sobran argumentos para afirmar que los enemigos de España no son los de enfrente, una minoría radical; son los de aquí, una mayoría de tontos útiles, memos, bobos y en muchos casos bordes y malvados.

Posiblemente soy atemporal y mis tesis están adelantadas a mi tiempo. Si es así, sólo es cuestión de sentarme y esperar a que llegue el momento en el que la masaborreguera entenderá, con pupilas humedecidas incluidas, todo lo que digo. Yo os recordaré lo que pudisteis hacer y no hicisteis. Pero si yo no estoy alguien tomará el relevo porque España es muy grande, tan grande que no cabe por el agujero del desagüe. ¿O sí?

Así lo pienso y así lo digo.
Juan Vte. Santacreu – Periodista Digital – Seguir en Twittwer a @JVSantacreu

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Defender el español en España es de extrema derecha porque somos pocos, si fuéramos mayoría seriamos un país. – Juan Vte. Santacreu

El Gobierno debe actuar contra el desafío de Puigdemont
EDITORIAL El Mundo 5 Febrero 2016

EL PRESIDENTE de la Generalitat, Carles Puigdemont, afirmó hace unos días que el proceso de desconexión con España ya ha comenzado y que eran unos ingenuos quienes creían que no iba en serio. Efectivamente el independentismo va en serio porque anteayer Junts pel Sí y la CUP registraron en la Mesa del Parlament una iniciativa para constituir tres ponencias para elaborar las leyes de la llamada Transitoriedad Jurídica y para la creación de una Agencia Tributaria y una Seguridad Social propias.

El mandato para estas tres leyes está expresamente definido en la declaración independentista del 9 de noviembre, anulada por el Tribunal Constitucional. Los promotores de esta iniciativa han subrayado que las ponencias vienen a dar cumplimiento a los compromisos adquiridos en esa declaración. Y el mismo Puigdemont también enmarcó las tres normas dentro del proceso para crear un Estado independiente en 18 meses.

Ciudadanos, PSOE y PP ya han dicho que no van a formar parte de estas ponencias, pero eso no va ser obstáculo para los dos partidos independentistas, que han dejado claro que el Parlament tiene plena soberanía para hacer lo que quiera, diga lo que diga el Constitucional.

Es evidente que si la Mesa del Parlament da luz verde a esta iniciativa de Junts pel Sí y la CUP, como previsiblemente va a suceder en muy breve plazo, se estará colocando fuera de la ley. Y ello por la sencilla razón de que el Constitucional no sólo falló sino que además advirtió a la presidenta del Parlament, a la Mesa, al letrado jefe y a los grupos parlamentarios de que el desarrollo de esa declaración constituía un delito de desobediencia. Por tanto, los promotores de estas ponencias y la Mesa están a punto de cometer un delito que han anunciado y proclamado para que no pase desapercibido.

Ello obliga al Gobierno de la nación a reaccionar de forma inmediata el día en el que se consume esta violación de la legalidad y de las reglas del Estado de Derecho. Hay diferentes vías para hacerlo. El Gobierno podría pedir al Constitucional que actúe para garantizar que su sentencia se cumple. Y también podría impugnar la resolución de la Mesa, exigiendo la paralización de la iniciativa. E incluso el Fiscal General del Estado podría querellarse por un delito de desobediencia.

Eso lo tiene que decidir el Ejecutivo, pero lo que resulta ineludible es que haya una actuación rápida y eficaz que impida la creación de esas ponencias. No se puede dejar avanzar al independentismo al margen de la legalidad, fingiendo que sus acciones no tienen consecuencias.

Pero la reacción del Gobierno no puede ni debe limitarse a bloquear esas tres leyes. Tiene que ir acompañada de una respuesta política. Y esa respuesta pasa por dejar de seguir financiando a la Generalitat sus sueños independendistas y por vigilar que cada euro que sale del FLA para Cataluña sirva para costear servicios básicos. Lo que resulta surrealista es que el Estado siga poniendo cada año una suma cercana a los 10.000 millones de euros, mientras Oriol Junqueras, consejero de Economía, se jacta de la solvencia de una Hacienda catalana que está en quiebra y que no puede emitir ni siquiera bonos basura.

La gravedad de lo que está sucediendo en Cataluña corrobora la necesidad de llegar a un acuerdo entre PP, PSOE y Ciudadanos para formar un Gobierno estable, que pueda dar una respuesta unitaria al reto del independentismo.

Sánchez exigió ayer a Rajoy que pacte cualquier medida respecto a Cataluña, lo que nos parece un error porque sugiere una eventual falta de acuerdo. Esas cosas no se dicen.

Hay que subrayar que la ley concede un amplio margen al Gobierno, aunque se encuentre en funciones, para responder a desafíos como éste. Puigdemont no debe albergar dudas de que habrá respuestas proporcionales a los pasos que vaya dando. La creación de estas ponencias no es sólo una provocación sino que además es una ilegalidad que exige una reacción ejemplificadora del Estado.

Candidatos en busca de 'pole position'
Antonio Robles Libertad Digital 5 Febrero 2016

Esta investidura parece el triunfo del bien particular frente al bien general. Ambición personal, frente a servicio de Estado. Todos y cada uno de los candidatos no han hecho otra cosa hasta la fecha que situarse ante el escenario de unas nuevas elecciones con el objetivo de llegar con ventaja a la pole position. Cada uno con su letanía de justificaciones.

Mariano Rajoy, el más previsible. Sus innumerables dejaciones de Estado durante estos últimos cuatro años podrían haber pasado por prudencia; pero ahora sabemos, después de renunciar a encabezar la investidura, que fueron por cobardía. Cobardía de la más sucia, la que no la justifica únicamente el pánico, sino el cálculo ventajista. Ha preferido que sea otro el que salga al ruedo a torear el morlaco envenenado del resentimiento social y la corrupción, con la esperanza de que después de que lo destrocen pueda salir a saquear los restos con la pachorra de Don Tancredo y pose responsable de Estado. Dicen que esto es hacer política. Y criticarlo, bisoñez. ¡Ya!

A esa misma tarea está dedicado Pablo Iglesias, el más sibilino. Y el más desconcertante. En principio la oposición parecía su lugar más rentable; desde ella se convertiría en el símbolo de la izquierda. Una verdadera amenaza para la hegemonía del PSOE. Su primera intención. De hecho juró en arameo que nunca participaría en un gobierno que no encabezara. Pero la fortaleza que le hizo fuerte en las comunidades nacionalistas amenaza ahora su liderato en Podemos. Lo hemos visto ya. Desde En Comú, Podem, Xavier Domènech se niega a renunciar al derecho a decidir y exige a Sánchez negociación directa fuera de Podemos; y su endiosada jefa, Ada Colau, ya está preparando una escisión en Cataluña. Quiere tener su propio partido fuera del control central de Podemos. La Confederación mediante hechos consumados.

El liderazgo de Pablo Iglesias está en peligro por las mismas causas que le dieron los votos necesarios para obtenerlo; es decir, por haber hecho propias las reivindicaciones plurinacionales de las castas nacionalistas periféricas. O se encumbra ahora como vicepresidente de Gobierno, o en las próximas elecciones puede ver fragmentado Podemos en un reino de taifas con tantos líderes como ambiciones. La propia Ada Colau podría disputarle el liderazgo. No solo en Cataluña, que ya lo tiene, sino en el resto de España. De ahí esa extravagancia ridícula, propia de Juego de Tronos, de retener para sí la vicepresidencia y los ministerios mejor dispuestos para controlar la vida y mente de los ciudadanos: los medios de comunicación, los servicios de inteligencia, el ejército, las fuerzas de seguridad… En el peor de los casos, si Pedro Sánchez no traga, habría situado al PSOE con la caspa y adornado la campaña electoral para enterrar al PSOE.

Mientras le hacen la cama desde la derecha y desde la izquierda, Pedro Sánchez ha hecho lo único que podía hacer: aceptar el reto de la investidura. Sin ella, habría sido una estrella fugaz, con ella, puede aspirar a todo. Y a todo parece dispuesto para lograr pervivir en la política. Emparedado entre los límites impuestos por su partido y la tentación de Podemos de matar al padre, sólo tiene dos salidas: venderse al diablo o dar entidad nacional a lo que sus mayores no supieron defender mientras gobernaban y hoy le exigen como condición de gobernabilidad. Crucemos los dedos, sólo la casquería política de Juego de Tronos que Pablo Iglesias exhibe como si fuera la Fundamentación metafísica de las costumbres, nos puede librar de su ambición. ¿A ver si es verdad que Dios escribe recto con renglones torcidos?

Mientras tanto, Albert Rivera hace lo único que puede hacer: ser razonable, pensar en la gobernabilidad del Estado antes que en sí mismo, porque, por esos azares de la historia, los dos intereses se necesitan para sobrevivir.

Los medios catalanes y el dinero público
Xavier Salvador Cronica Global 5 Febrero 2016

A medida que se conocen las subvenciones públicas que la Generalitat concede a los medios de comunicación catalanes la vergüenza pública aumenta, más todavía en estos últimos años de crisis. Sean medios tradicionales (radio, prensa y televisión) o digitales, el Ejecutivo catalán sigue influyendo en las empresas editoras por medio de una coartada política: construir un espacio catalán (nacional, dicen) de comunicación.

El perjuicio que estos recursos públicos ocasionan son variados. Por un lado, construyen un sistema periodístico catalán servil al gobierno de turno. Se destruye la pata de la democracia que tiene la delegación ciudadana de fiscalizar a los poderes públicos, de criticar sus abusos y excesos. Es una lástima que acabe subyugada al poder político por razones de índole estrictamente económica.

No es la única consecuencia. La transición que la industria periodística debe realizar hacia los nuevos planteamientos del mercado también queda obstaculizada por la confortabilidad que dan los recursos públicos cuando son capaces de resolver la cuenta de resultados de las compañías editoras o incluso proporcionan, de forma directa, beneficios a sus propietarios. El dinero público no sólo es una alteración de la competencia, un atentado a la prensa democrática, sino que incluso, como corolario, es pan para hoy y hambre, mucha hambre, para mañana.

Discutir con nacionalistas catalanes sobre la cuestión siempre lleva al mismo punto: eso también sucede en España. Es una falsedad que, a fuerza de repetirse, se ha convertido en una especie de verdad revelada. Que las autonomías financien los medios de comunicación públicos y se aprovechen de ellos para sus fines políticos es una barbaridad mayúscula que una regeneración democrática debería corregir. Lo hemos visto en Madrid (Telemadrid), Valencia (y el extinto Canal 9), Andalucía (Canal Sur), Cataluña (TV3) y casi todas las comunidades autónomas, grandes ayuntamientos y alguna otra administración. Pero que, además, se subvencione de manera directa a los medios de comunicación privados es una distorsión intolerable de la realidad del mercado y una voluntad expresa de control y adoctrinamiento sin parangón.

En Cataluña funcionan ambas líneas de actuación. El dinero público llega a todos los medios de comunicación, públicos y privados, en forma de subvención. Además, por si eso fuera poco, también acostumbra a llegar por la vía de convenios publicitarios que son menos discutibles, pero igual de efectivos para mejorar las cuentas de resultados.

Muchos medios que hoy viven de esos recursos pagados entre los ciudadanos no son libres para ejercer la crítica a sus pagadores y convertirse en la voz de sus lectores, oyentes o televidentes. Si vivieran a la intemperie del mercado se verían en la obligación de cerrar sus puertas. El nuevo gobierno catalán no piensa acabar con esa actuación que le favorece sus intereses tácticos cortoplacistas. Mientras, sus socios de la CUP, tan progresistas e igualitarios para algunas cosas, no dicen está boca es mía sobre ese particular, convirtiéndose en cómplices de una actuación que también permitió el tripartito de Maragall y Montilla como si regar con recursos públicos permitieran a los gobiernos perpetuarse hasta la eternidad. En sus carnes pudieron comprobar que su esfuerzo resultó inútil.

Crónica Global ha rechazado desde su fundación ese perverso juego. Ni solicitamos ni aspiramos a las dádivas de ningún gobierno, sea cual sea. Nuestros críticos, la mayoría paniaguados de la intelectualidad nacionalista y estómagos agradecidos de los gobernantes, aseguran que el Ibex 35 es quien financia nuestra existencia y, en consecuencia, nos atribuyen otro servilismo. Les falta por decir que cobramos del Vaticano o de alguna secta satánica para completar su relato maquiavélico. Son incapaces de entender que es posible situarse en el mercado de una manera equilibrada, crítica y ejercer un periodismo sin rendiciones a ningún poder, sea cual sea su origen o procedencia. Les cuesta entender que haya lectores dispuestos a ser suscriptores y contribuir a la existencia de proyectos independientes porque, como el ladrón, piensan que todos son de su misma condición.

Así asesinaron a Calvo Sotelo: La verdad que quiere borrar Carmena
LAGACETA.EU 5 Febrero 2016

No viene mal por estas fechas recordar que aquellos que hoy se quieren hacer pasar por demócratas, todo el Frente Popular, en realidad no mantenían en los años 30 un comportamiento muy diferente al que hoy mantiene Batasuna-ETA. Su idea de la política, al igual que los etarras, pasaba por la premisa de que eliminar a tiros a quienes se oponían a sus dictados e impedían u obstaculizaban su triunfo estaba justificado.

En la madrugada del 13 de julio de 1936 un grupo de guardias de Asalto y militantes socialistas, dirigido por el capitán de la Guardia Civil Fernando Condes, que se encargaba de la instrucción militar de la “motorizada”, guardia pretoriana del dirigente del PSOE Indalecio Prieto, le detuvo en su domicilio y le introdujo en el interior de una camioneta de la guardia de Asalto donde Luis Cuenca, militante de las Juventudes Socialistas y también guardaespaldas de Indalecio Prieto le asesinó a sangre fría disparándole dos tiros en la nuca. Inmediatamente después del asesinato el capitán Condes, que fue reconocido por la viuda de Calvo Sotelo, estuvo oculto por una noche en casa de la diputada Margarita Nelken.

Previamente Calvo Sotelo había sido amenazado de muerte en sede parlamentaria por Dolores Ibárruri La Pasionaria (16 de junio), e indudablemente por Ángel Galarza (1 de julio). Posteriormente los dos líderes del PSOE se pronunciaban sin lugar a dudas sobre el significado del crimen. Indalecio Prieto escribía el día 14 de julio en “El Liberal”: “La trágica muerte del Sr. Calvo Sotelo servirá para provocar el alzamiento… Será una batalla a muerte, porque cada uno de los bandos sabe que el adversario, si triunfa, no le dará cuartel”. Largo Caballero iba más allá y el 16 de julio de 1936, en el diario socialista Claridad aprobaba los métodos terroristas y violentos, cualquier cosa menos la democracia: “La lógica histórica aconseja soluciones más drásticas. Si el estado de alarma no puede someter a las derechas, venga, cuanto antes, la dictadura del Frente Popular. Dictadura por dictadura, la de izquierdas. ¿No quiere el Gobierno? Pues sustitúyale por un Gobierno dictatorial de izquierdas… ¿No quiere la paz civil? Pues sea la guerra civil a fondo. Todo menos el retorno de las derechas.”

Calvo Sotelo, junto a Gil Robles y José Antonio Primo de Rivera eran los líderes más importantes y populares de la oposición al Frente Popular. Dos de ellos, Calvo Sotelo y José Antonio, cayeron asesinados sin haber tenido participación alguna en el Alzamiento Nacional. Pero es que si repasamos la lista de víctimas de la guerra civil podremos encontrar a toda la cúpula dirigente de Falange junto a muchos significados líderes de la derecha española, mientras que del lado contrario, a excepción de Companys, no encontramos baja alguna. Dato muy significativo a la hora de comprender la realidad, profundidad y alcance de la represión desatada en ambos bandos.

Lo truculento del revisionismo, que desde el más puro revanchismo ha gestado la Ley de memoria histórica, es que ha llegado al extremo de perseguir la memoria de personajes que como Calvo Sotelo o José Antonio Primo de Rivera, que no sólo nada tuvieron que ver con el régimen franquista o la guerra civil, sino que cayeron víctimas de la violencia política. Cuando se pretende eliminar su presencia en el callejero de nuestras ciudades, lo que se está haciendo es cometer una autentica barbaridad. Ni más ni menos como si dentro de 70 años las calles y monumentos dedicados a Miguel Ángel Blanco fueran eliminados porque había pertenecido al PP.


 


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