AGLI Recortes de Prensa   Sábado 6 Febrero  2016

Poder sobre la gente, poder para el Estado
Javier Benegas y Juan M. Blanco www.vozpopuli.com 6 Febrero 2016

No ha habido en estos últimos 40 años, no ya un partido, sino una mínima vanguardia capaz de combatir esta inclinación hacia una mentalidad colectivista, de súbdito, esclavo y dependiente. Muy al contrario, cualquiera con ciertas aspiraciones, siempre ha intentado colocarse lo mejor posible en el sistema, nunca cambiarlo.

Mientras las izquierdas llevan años en ebullición, fabricando frenéticamente partidos y partiditos extraordinariamente activos, con una sorprendente capacidad para superar el corte de los mass media, pidiendo "poder para el pueblo", que en realidad significa "poder sobre la gente, poder para el Estado”, al otro lado sólo ha estado un Rajoy indolente, perezoso y gris, ni liberal ni conservador sino todo lo contrario, con su reducido grupo de edecanes, a los mandos de un partido al que el ejercicio de un poder casi absoluto ha corrompido absolutamente.

El populismo ha aprovechado el crac financiero y la crisis para tirarse a la yugular del capitalismo y asediar las vituperadas libertades individuales, al asalto, cómo no, del control del presupuesto, y al otro lado no ha habido nadie que contrarrestara el engañoso discursos del “empoderamiento del pueblo” con algo más que apelaciones a la sensatez y al conformismo, con algo más, en definitiva, que la vacuidad y la desvergüenza. Eso es lo que ha dejado a la intemperie y acongojadas a millones de personas que saben bien que si la única oportunidad que esta España del siglo XXI puede ofrecerles es ser iguales, y encima tomando como modelo a esa esa nulidad de políticos, entonces no habrá oportunidad ninguna.

Se ha echado muchísimo de menos un nuevo Ortega que volviera a clamar a voz en grito "no es esto, no es esto", cuando los padres de la patria intentaban vender el Régimen del 78 como una democracia homologada, o el castizo capitalismo de amigotes, tanto nacional como autonómico, como quintaesencia de la economía de mercado, cuando no era más que el extremo opuesto. La izquierda vocinglera, crítica, intenta morder a un capitalismo y un mercado que en la realidad no existen, que no son más que un espejismo a imagen y semejanza de esta política sin políticos.

Dentro de esta mascarada, la preponderancia de las ideas-fuerza de la izquierda se ha vuelto tan abrumadora que Ciudadanos, un partido llamado a equilibrar el cada vez más descompensado mapa político, un supuesto catalizador para impulsar la reforma del sistema, lejos de postularse como alternativa inequívoca al colectivismo del pilla pilla presupuestario, tan apreciado a derecha e izquierda, ha terminado travistiéndose también de burócrata repartidor en lugar de impulsar la responsabilidad individual, dando por cierto que la sociedad española prefiere prebendas, dependencia, vivir de esas migajas que caen desde el mantel del poder, sabedores de que aquí lo que nos pone son las “paguitas”, eso que nos han inculcado desde la más tierna infancia. El “todo lo mío es mío, y lo tuyo de los dos” del que posiblemente provienen otros disparates, como el separatismo provinciano.

No ha habido en estos últimos 40 años, no ya un partido, sino una mínima vanguardia capaz de combatir esta inclinación hacia una mentalidad colectivista, de súbdito, esclavo y dependiente. Muy al contrario, cualquiera con ciertas aspiraciones, siempre ha intentado colocarse lo mejor posible en el sistema, nunca cambiarlo. Este es el nudo y el argumento de la fragmentación del Parlamento: organizar como sea un nuevo reparto de la tarta. Un prorrateo que el variopinto ejército progresista promete extender horizontalmente, como si el maná fuera infinito, inagotable, tal y como ya están haciendo en algunos ayuntamientos.

Para comprender hasta qué punto lo que amenaza con venir está muy lejos de lo que necesita el esforzado ciudadano, ese que vive a ras de suelo, basta con pasar revista a la tropa de aspirantes al Poder que hay más allá de la momia de Mariano. Pablo Iglesias, un tipo que a los 14 años ya había ingresado en la Unión de Juventudes Comunistas de España; Mònica Oltra, que se unió al Partido Comunista del País Valenciano a los 15 años; Ada Colau, cuyo único mérito es ser activista desde los 17 años, también comunista, por supuesto; Pedro Sánchez, que a los 26 ya estaba colocado, en el buen sentido, como asesor en el Parlamento Europeo con la socialista Bárbara Dührkop… Gente, en definitiva, que ha vivido desde la más tierna infancia instalada en la utopía, en la idea que, si ellos pueden vivir del cuento ¿por qué no va a poder hacerlo quienes les den su voto? Hijos e hijas de familias acomodadas, que nunca conocieron la necesidad, la amargura de no poder pagar la factura de la luz, cuya experiencia vital es un hatillo de teorías políticas biensonantes -pues son la base del más puro clientelismo- y que se ven a sí mismos dirigiendo los destinos de millones de personas, porque cualquier otra alternativa desmerecería su inteligencia.

Puestos a elegir entre lo malo o lo pésimo, ahí está postulándose como Presidente del Gobierno el tal Sánchez, cuyo programa regenerador se reduce según sus propias palabras en entrevista reciente en Tele 5, pásmense, a democratizar internamente los partidos políticos y despolitizar la radio televisión pública. De separación de poderes, controles y contrapesos, ni media palabra, de la Justicia independiente nada de nada, de una ley electoral que otorgue el control de la representación a los votantes, menos si cabe. Y un sistema económico sin barreras, que no privilegie a los empresarios amigotes del poder, los que pagan buenas comisiones, mientras impone innumerables trabas a quienes pretenden ganarse la vida dignamente, es como mentar la soga en casa del ahorcado. Porque con las mordidas no se juega.

Esto es lo que nos ofrece hoy el Parlamento: Sánchez "el guapo", la momia de Mariano Tutankamón o el régimen elevado la enésima potencia, que es lo que proponen Iglesias y sus díscolos virreyes valencianos, gallegos y catalanes. Este es el legado de 40 años de inmovilismo, al que Rajoy ha puesto rúbrica gloriosa. El Parlamento no está fragmentado, está roto, descompuesto. Y no caben milagros. De convertir este despropósito en una democracia presentable ya hablaremos, si acaso, dentro de unas décadas, cuando todos estos personajes disfruten, junto a Juan Carlos, de sus pingües beneficios en las Islas Caimán... si es que para entonces queda algo.

El PSOE se juega su supervivencia
EDITORIAL Libertad Digital 6 Febrero 2016

El Partido Socialista afronta una encrucijada histórica de cuyo resultado dependerá su propia supervivencia política. Si la actual cúpula socialista titubea o se equivoca es posible que no goce de una segunda oportunidad, de ahí que resulte tan crucial acertar ahora. La negociación que lidera Pedro Sánchez para ser investido como presidente del Gobierno constituye hoy el principal campo de juego en el que se desarrollará esta particular partida, mientras que las distintas formaciones en liza para alcanzar pactos son las piezas del tablero.

La única decisión correcta que puede adoptar Sánchez a este respecto es diáfana: excluir a Podemos de toda ecuación posible y tratarlo como lo que realmente es, su auténtico enemigo político. Esta evidencia, tan visible para muchos, parece no estar tan clara en el seno de la directiva socialista, lo cual supone un importante problema. El único objetivo claro que tiene Pablo Iglesias en la actualidad no es otro que acabar con el PSOE para, de este modo, presentarse como líder supremo de la izquierda española. Ya lo ha conseguido con IU tras borrarlo del mapa en las últimas generales, allanando así el camino para su absorción definitiva, y ahora va a por el PSOE. Si Sánchez y el resto de los dirigentes socialistas todavía no lo tienen claro, están perdidos.

Podemos no quiere aliarse con el PSOE, ni con acuerdos puntuales ni mediante gobiernos de coalición, quiere destruirlo primero y sustituirlo después, y, a la vista de la última encuesta electoral del CIS, va camino de lograrlo. Iglesias nunca ha querido pactar con Sánchez, de ahí que sus condiciones para dialogar no partan de un umbral de mínimos sino de máximos imposibles de aceptar por el secretario de los socialitas sin suicidarse políticamente por el camino. De hecho, basta observar las humillaciones, degradaciones e insultos que le ha lanzado Iglesias en cada uno de sus falsos ofrecimientos de negociación para percatarse de que lo último que desea es llegar a un acuerdo.

Su estrategia es otra muy distinta: o bien Sánchez le entrega todo el poder a cambio de figurar como un mero presidente títere del Gobierno de Podemos o bien se convocan nuevas elecciones para propiciar el sorpasso, quedando así Podemos como segunda fuerza en sustitución del PSOE. Éste y no otro es el sueño de Iglesias. Para evitarlo, el PSOE no puede caer en su trampa. Si Sánchez cede y pacta con Podemos para lograr su ansiada presidencia el PSOE desaparecerá engullido bajo la atrayente sombra de la demagogia; y, al mismo tiempo, si no logra llegar a algún tipo de acuerdo con Ciudadanos y PP para formar gobierno, se enfrentará a una cita electoral en la que, muy probablemente, perderá su posición frente a Podemos, ya sea por el nulo liderazgo de Sánchez ya sea porque apenas resta margen para proceder a una renovación interna con la que presentar a un nuevo candidato que esté a la altura de las circunstancias.

En ambos casos, bloque de izquierdas o elecciones, el escenario para el PSOE es muy negativo, mientras que para Iglesias y los suyos no puede ser más favorable. La única salida viable para los socialistas es una alianza con Ciudadanos y un acuerdo de gobernabilidad con el PP -ya sea explícito o implícito-, pues estas formaciones son adversarios políticos, sí, pero no enemigos que pretendan su destrucción para ocupar su espacio ideológico. Todo lo que suponga pacto, acercamiento o simple imitación de los postulados de Podemos por parte del PSOE supondrá cavar su propia tumba.

Los socialistas, al igual que ha acontecido en otros muchos países de Europa, deben apostar por la moderación y la socialdemocracia racional y razonable, llegando a acuerdos con el centro derecha cuando las circunstancias así lo exijan. Este tipo de pactos son algo habitual en los países del centro y norte de la UE. Alemania, en donde el SPD pacta con Merkel antes de mirar siquiera a los radicales de izquierdas, es un buen ejemplo de ello; y lo mismo sucede en Francia, donde el partido de Hollande no dudó en apoyar a Sarkozy en los pasados comicios regionales para evitar el triunfo del Frente Nacional de Le Pen.

España vive tiempos políticos muy convulsos y ahora, al igual que sucedió durante la Transición, es momento de mostrar responsabilidad y altura de miras. Si el PSOE, por un lado, y el PP, por otro, siguen jugando a los sillones ajenos a la gravedad de la situación, el único beneficiado de esta contienda será la extrema izquierda y sus socios independentistas, mientras que el gran damnificado será el conjunto de los españoles.

La caída al pozo
Hermann Tertsch . ABC 6 Febrero 2016

El barómetro electoral del CIS publicado ayer, elaborado con cuestionario de hace un mes, apenas sirve ya para que Podemos le restriegue a los «barones» del PSOE un hecho sabido: que si sabotean el Frente Popular se van a unas elecciones en las que se consuma el «sorpasso», el adelantamiento al PSOE por un Podemos ya segunda fuerza. Cuando no primera, a la vista de la demolición en marcha del Partido Popular con las nuevas bombas de inmoralidad que le estallan en los sótanos y la ya incalificable actitud del presidente en funciones. La otra pieza, Ciudadanos, esforzada por imprimir sentido común y patriotismo al debate para impedir lo peor, quedará previsiblemente compuesta y sola. Junto a los escombros del PP. Los barones socialistas saben que las elecciones solo acelerarían su previsible ruina. Con lo que el gobierno de Frente Popular, en el que aun sea el PSOE el mayor partido y quien pone al presidente, es lo mejor que pueden obtener, una vez dinamitada una amplia coalición. Tragarán con un gobierno en el que los comunistas de Podemos e IU tendrán sólida presencia. Y la llave para liquidar el gobierno, ir a elecciones y dejar al PSOE hecho un Pasok cuando quiera. Sánchez es un hombre pequeño aunque gaste tanta talla. Iglesias, sin ser la mitad de la mitad de lo que pretende, será por ello muy jefe.

Salvo milagro, España va a tener un gobierno socialista-comunista con servidumbres separatistas. Responde al mensaje revanchista que generó y promovió el PSOE bajo Zapatero y cuya monstruosa criatura es Podemos. Con implacable coherencia va a devorar al padre y con él liquidará los últimos vestigios de un proyecto de socialdemocracia europea en España que jamás acabó de cuajar. La irrupción de Zapatero convirtió al PSOE en un Podemos de cincuentones a los que ya no se les caía el franquismo de la boca. Ahora son arrollados por un Podemos auténtico, con todo el resentimiento, el adoctrinamiento y el odio aprendido y la convicción de líderes y militantes de que ganarán por fin la Guerra Civil. Y ellos serán, de puro listos, los primeros en el mundo que aplicarán el socialismo en su senda hacia el comunismo con éxito. En todas las generaciones hay una cierta cantidad de energúmenos que creen que la larga cadena de fracasos, genocidios, crímenes, ruinas y miseria infinita del comunismo solo se debió a que no habían nacido ellos. El problema está cuando por una cosa u otra, habitualmente por debilidad, traición, ceguera o codicia de los demás, estos energúmenos llegan al poder. A nosotros parece habernos tocado en suerte.

En estado desastroso estará previsiblemente pronto todo el país. Pero trágica es la situación de la España de centro-derecha que ha quedado huérfana, con un partido destruido, unos líderes desprestigiados hasta la vergüenza y un electorado confuso y atemorizado. Requerirá una refundación con líderes nuevos que olviden las formas de actuar en un PP secuestrado y estrangulado por su actual dirección. Su tragedia será la de toda España y en eso radica la esperanza de su resurgimiento. Para la refundación de una fuerza con autoestima para reconquistar unas libertades que nos están siendo ya arrebatadas. Ahora afronta una causa general el centro-derecha con la criminalización de sus ideas y sus valores por un Frente Popular revanchista y triunfante. Este necesitará mucha agitación ideológica para evitar que gire contra él la ira de una sociedad española que pronto notará en su vida cotidiana el terrible daño que le han hecho los políticos y se ha hecho a sí misma. Y comprobará con espanto lo difícil que es salir del pozo al que está cayendo.

La cruel sonrisa del destino
José Antonio Zarzalejos El Confidencial 6 Febrero 2016

Pablo Iglesias va mucho más en serio de lo que asegura conducirse Pedro Sánchez en su intento de formar Gobierno. Ayer lo volvió a acreditar con un planteamiento “exclusivo y excluyente” que es el que explica la razón de ser política de Podemos. Este partido ha nacido, sucintamente explicado, para: 1) abrir un proceso constituyente que termine con el sistema constitucional de 1978 que se iniciaría inmediatamente después de un referéndum de autodeterminación en Cataluña, 2) sustituir al PSOE y reducirlo a la mínima expresión electoral para hegemonizar la izquierda, 3) articular un movimiento social de carácter popular que supere la dicotomía entre izquierda y derecha intentando estrechar los márgenes para otras opciones y 4) volcar el modelo socioeconómico actual haciéndolo migrar a otro de inspiración regimental populista.

Iglesias tiene escrito lo siguiente: “Toda la crisis de la izquierda tiene que ver con el nivel de intensidad en la colaboración con los socialistas; la aparición de la nueva izquierda unida y todas las tensiones internas giran en torno a ese modelo. Nosotros planteamos que esto no debe funcionar así. Si la geografía izquierda/derecha es lo que explica las cosas, por muy arraigada que esté, es una geografía en la que perdemos. Si nosotros de alguna manera reivindicamos que somos la izquierda, o la verdadera izquierda, o que es necesario convencer a la gente de que la izquierda es lo que hace falta, entonces estaríamos regalando al adversario un terreno de juego en el que nunca vamos a ganar”. Por eso, el líder de Podemos ha escrito también que gobernar con el PSOE “nos destruiría electoralmente” y para los socialistas “sería terrible”.

Podemos no ha engañado ni a Sánchez y ni a nadie. Ocurre que los denuestos contra Iglesias y los suyos no han permitido a muchos escuchar la nitidez de su mensaje y ayer se quedaron sorprendidos ante el puño de hierro en guante de terciopelo que exhibió el dirigente en coherencia con todo lo que ha dicho y ha hecho. Iglesias sabe perfectamente que un acuerdo de Gobierno convencional con el PSOE no tiene sentido si ese Ejecutivo no es controlado por Podemos para adquirir sus objetivos políticos. Podemos puede “mancharse la manos” con los socialistas sólo si a cambio obtiene buena parte de sus propósitos que se resumen en la ruptura con el actual sistema tanto constitucional como socioeconómico. No reprochemos a Iglesias y a su partido su coherencia con sus fines programáticos.

El hecho de que Iglesias sea un fenotipo con tendencia a la crueldad política (“Que Sánchez sea presidente del Gobierno es una sonrisa del destino que me tendrá que agradecer” dijo el pasado día 22 de enero) no le descalifica como estratega y como táctico. Al imponer sus condiciones férreas a Sánchez recoge la heterogeneidad de sus confluencias (especialmente la catalana) y su modelo ideológico y muestra hasta qué punto el secretario general del PSOE ha metido la mano en un avispero. La de Sánchez -“va en serio”- está siendo una iniciativa sólo tentativa para formar Gobierno y, primordialmente, una salida de escape para, en el mejor de los casos, continuar al frente de su partido. Al dirigente socialista no le ha “sonreído el destino” como daba a entender Iglesias con su arrogancia habitual. Le ha sonreído -más como un rictus que como una complacencia- la crueldad de la implacable coherencia de Podemos.

El socialismo español que encarna el PSOE -y eso lo entienden mejor los barones (por antipáticos que a algunos resulten) que la joven guardia de Sánchez- adquiere su sentido histórico y presente en el reformismo constitucional, en el desarrollo inteligente e integrador de la opción constituyente de 1978. Podemos está en los antípodas de ese origen, es la antítesis de lo que ese patrimonio político representa. Si Podemos lograse desplazar de su territorio natural al PSOE, sencillamente lo asfixiaría.

Sánchez -que ya ha demostrado que pelea con una gallardía que otros hubiesen querido en Rajoy- debe ser, de inmediato, auténtico y reconocer que con Podemos no tiene opciones verosímiles de formar Gobierno y que toda su oportunidad reside en -como bien ha diagnosticado Albert Rivera- dejar que Ciudadanos establezca un puente con el PP, éste retire a Rajoy y se forme una alianza para la investidura del presiente de un Gobierno de gestión para la ejecución de un programa de regeneración y reformas. Y pasado el trance, culminadas las rectificaciones y modificaciones y transcurrido el tiempo, volveremos a las urnas. Lo demás, es menos importante, incluida “la sonrisa del destino” de Sánchez que Iglesias decía querer regalarle si antes lograba -¿lo conseguirá?- esclavizarle.

El pequeño dictador
Gabriela Bustelo. www.vozpopuli.com 6 Febrero 2016

En el repertorio de contradicciones que caracterizan a la izquierda española destaca su veneración casi enfermiza por la cultura estadounidense. Nuestro progre –a falta de mejor palabra– no parece encontrar contrariedad alguna en denostar el capitalismo como el peor de los horrores del mundo, pero cuando de cultura se trata, ¿por qué leer las novelas de Manuel Rivas o de Juan José Millás pudiendo leer las de Jonathan Franzen o de David Foster Wallace? ¿Por qué ver una película de Fernando León o de Isabel Coixet pudiendo ver una de Quentin Tarantino o de Kathryn Bigelow? ¿Por qué aficionarse a las series Cuéntame o La que se avecina pudiendo ver Fargo o Master of None?

La cultura española: un sector intervenido
El máximo exponente de este conflicto interno es Pablo Iglesias, que en mayo de 2014 explicaba cómo concibe su partido la gestión de la cultura española: control directo del Estado como regulador y proveedor de contenidos para un sector intervenido. Es decir, el Estado podemita se encargaría de financiar la oferta cultural y de distribuir todos sus contenidos y productos. ¿Libertad? Cero. Sabido esto, cabe hacerse una pregunta razonable. ¿Qué cultura consume este Pablo Iglesias aspirante a dictador de izquierdas, que admite querer someter la cultura española a un férreo control leninista? En abril de 2015 regaló al rey Felipe VI la serie Game of Thrones, sobre la que ha publicado un libro titulado Ganar o morir: Lecciones políticas sobre ‘Juego de Tronos’. El 8 de agosto comunicaba en Twitter haber terminado de ver la tercera temporada de House of Cards, apostillando: “Me encanta esta serie”. El 27 de diciembre de 2015, tuiteaba entusiasmado: “The Wire es lo mejor que he visto nunca”.

“Me encanta House of Cards”
De sus tres series estadounidenses preferidas, llama la atención House of Cards, una despiadada inmersión en el mundo de la política estadounidense, financiada por la compañía Netflix. Emitida por streaming –difusión multimedia en tiempo real– la serie ha cambiado los hábitos de consumo audiovisual de los estadounidenses y ha creado la moda del binge-watching –atracón de serie televisiva–, al ofrecer simultáneamente todos los episodios de una temporada. Protagonizada por Kevin Spacey y Robin Wright, House of Cards se estrenó en 2013, pocos meses después de la reelección del presidente Obama, cuyo optimismo político chocaba frontalmente con el cinismo posmoderno que caracteriza al matrimonio Underwood. El inmediato éxito mundial de la serie se debe en buena parte a la crisis económica occidental, que ha generado una profunda desconfianza en el sistema político y una buena disposición a observar de cerca cómo funciona el engranaje político.

Podemos engañaros
El hecho de que sea esta serie –protagonizada por un psicópata capaz de matar a quienes obstaculizan su llegada a la Casa Blanca–, resulta poco tranquilizador, dada la confesa ideología antidemocrática y anti-sistema del partido que preside Pablo Iglesias. House of Cards no solo es una deconstrucción de las estructuras de poder del Partido Demócrata y su entorno empresarial y funcionarial en Washington DC. También es un retrato inclemente de la sanguinaria ambición de dos personas capaces de llegar a las mayores bajezas humanas con tal de alcanzar su meta política. El matrimonio Underwood no lo componen dos abnegados servidores públicos dispuestos a sacrificarse para resolver los graves problemas económicos y socio-políticos que conocen de primera mano. Los glamurosos Frank y Claire pulen todas las ventajas, los contactos y los datos disponibles para obtener lo único que les interesa: el poder.

La palabra “dictadura” no mola
El mensaje de House of Cards es cristalino: en una democracia veterana como Estados Unidos existen políticos –miembros del Partido Demócrata–que subordinan los principios éticos a la consecución del interés propio. Huelga decir que en la España de la cultura izquierdista subvencionada sería impensable una serie que, con financiación privada, hiciera una crítica semejante del Partido Socialista. Estos días se ha sabido que el PSOE –cuyo pacto con Podemos podría estar firmado ya– anuncia un consejo orwelliano de control de contenidos de la televisión pública y privada. La izquierda española siempre ha compartido con el dictador Franco su concepto de España como un país aislado del mundo y con normas distintas a las del resto del planeta. Es previsible que Pablo Iglesias contemple seguir los pasos del cinéfilo dictador Franco, que montó en el Pardo una sala de cine privada donde veía el cine internacional que censuraba a sus plebeyos españoles. En 2014 en una conferencia organizada por las Juventudes Comunistas Pablo Iglesias contaba a sus adeptos que “la palabra democracia mola, por lo tanto habrá que disputársela al enemigo. Pero no hay quien venda que la palabra dictadura mola”. Dos años después, el gurú comunista ya parece haber logrado vender la dictadura como democracia.

Una democracia sin élites (I)
Teresa González Cortés www.vozpopuli.com 6 Febrero 2016

El repunte en Europa, y fuera de Europa, de los extremismos de izquierdas y derechas está relacionado con el grado de seducción, y no es pequeño, que dichos movimientos despiertan entre propios y extraños. Algunos antropólogos justifican este fenómeno en auge por el influjo de nuestro "arquicórtex" (o cerebro reptiliano), tan básico y primario como fácil, por igual, de engañar. Yo prefiero achacarlo a la estructura "binaria" de esas ideologías en las que líderes, acólitos y afiliados sobresalen por aceptar explicaciones simplistas, léase dualistas y maniqueas, hasta dividir a los miembros de la sociedad en héroes y villanos, buenos y malos, y categorías similares.

Resulta fácil adivinar en qué subnivel es colocado quien discrepa de las doctrinas de esos partidos que demasiado a menudo caen en la trampa populista del "conmigo o contra mí". En cualquier caso, resucitar el rencor constituye una tarea estéril, poco constructiva sobre todo si pensamos en mejorar el sistema democrático. Así que lo que desde hace tiempo verdaderamente se echa en falta es mejorar los mecanismos democráticos, es cerrar el paso a la prepotencia e impunidad en que se parapetan ciertas élites, es lograr abrir los partidos a cauces de participación de más calidad, es ofrecer programas políticos bien elaborados y con argumentarios contrastados. Es, en suma, avivar el intercambio y la discusión de ideas con el objetivo de encontrar solución a los problemas. Lo cual supone beneficiar a los ciudadanos, destinatarios al fin y a la postre del trabajo político.

Por supuesto, reivindicar este camino entra dentro de lo factible, habida cuenta que de la política, en tanto actividad basada en el carácter cambiable de la realidad, cabe aguardar escenarios mejores y más democráticos.

¿Un mundo sin líderes?
Las crisis económicas azuzan las utopías hasta el punto de liberar la imaginación de cualquier atadura y evidencia histórica. Por otra parte, el desencanto, el despecho, la frustración que en muchas ocasiones provoca la política, pese a estar en determinadas circunstancias justificados, no son, sin embargo, herramientas políticamente útiles. Eso sí, dichos sentimientos de decepción llegan a conducirnos al espejismo de que es posible una democracia sin partidos ni jefes.

Quien admite estas salmodias defendidas desde la izquierda desconoce que la Historia enseña justo lo contrario: que hubo castas incluso con Lenin, con Stalin, con Mao, Fidel Castro, Saloth Sar alias Pol Pot... Y aunque nos ciegue la fantasía, siempre habrá élites. Y a pesar de que los nuevos aspirantes a Prometeo afirmen, al estilo Beppe Grillo, que "la política es una enfermedad mental", las élites estarán ineludiblemente ahí. Y no desaparecerán nunca ni en gobiernos de derechas o ultraderechas ni en gobiernos de izquierdas o de ultraizquierdas, igual que tampoco desaparecerá la política, por el hecho de que la física de la asimetría permite que los puestos de administración sean empíricamente restringidos en comparación con el número de personas que integran la sociedad civil.

Paradójico, en consecuencia, que en los mentideros políticos se vuelva a hablar de insumisión, de cambios radicales, de asambleas populares, de conquistar bastillas..., cuando ello no es más que un signo de la desesperación y crispación que nos rodea. Y, claro, de la imaginación desmedida, sin freno, que campea a nuestro alrededor.

Llegados a este extremo, ¿cómo aspirar a un mundo sin élites tras apoyar a partidos que buscan ser una estructura con capacidad para suplantar al propio Estado y adueñarse de los bienes e instituciones del mismo? Los creyentes fervorosos del radicalismo no deben dejar en segundo plano, y menos por ingenuidad, la certeza de que la revolución es sólo "un desplazamiento de la autoridad”, lo recalcó el anarquista Pierre-Joseph Proudhon, idea que repensaría Robert Michels al enunciar en su famosa ley de hierro de la oligarquía cómo las luchas por el poder son meras batallas entre las viejas y las nuevas élites. Y si aquéllas ansían mantenerse en el poder, las nuevas procuran suplantar a las primeras en las tareas de gobierno, bien derribándolas, bien fundiéndose en un abrazo de intereses con sus predecesoras.

Por tanto, ¿un mundo sin dirigentes? Algunos formulan que Europa está cansada de que gobiernen las élites. Pero este comentario, que anda lejos de negar la existencia de las élites, retrata michelsianamente a quien quiere integrarse en minorías nacientes capaces de desarticular a las anteriores.

La era de la postideologías
Intelectuales de postín y fama, carentes de perspectiva, hablaron del fin de la Historia, tal fue el caso de Francis Fukuyama. Otros políticos, con idéntica obcecación, defendieron el fin de las ideologías. Todos “nosotros ahora somos clase media”, insistía Tony Blair con el lema que le permitía edificar su Tercera Vía.

Hay más análisis errados (de derechas e izquierdas) que proceden de ciertos personajes que opinan que hemos superado los idealismos del pasado, asunto que no casa en nada con el renacer actual de las “postideologías” o de los neoposicionamientos que reclaman la vuelta a viejas ideologías. Así que el declive-cansancio de las élites actuales no parará el ascenso y llegada de nuevas élites, provengan éstas de grupos extremistas o no, y más cuando las élites políticas, incluidas las antisistema, acaban integrándose en "partidos estatales", sean o no sean postideológicos. Esto significa que todas, absolutamente todas las coaliciones políticas dependen, de forma oficial, del dinero de los contribuyentes y, en la medida en que construyen estructuras administrativas arracimadas en el seno del Estado y gracias al él, anhelan el cetro del mando.

La relación entre el Estado de partidos y la ciudadanía, entre cúpulas empoderadas e individuos sin autoridad no se soluciona con la extinción à la force de las asociaciones de carácter corporativo, como quería ese falso demócrata de Rousseau. Sino con la regeneración democrática. ¿Pero quién controla a quienes controlan y están al frente de las instituciones? "Quien dice poder dice dominación", contestó el anarquista Bakunin. Y me pregunto entonces: sin renovación democrática ni señales de vigilancia e intervención ante los abusos que entraña el poder, ¿la democracia puede sobrevivir? Punto espinoso que postpongo para otro día.

Enterrar al soldado Rajoy
Fernando Díaz Villanueva www.vozpopuli.com 6 Febrero 2016

La situación política en España está alcanzando tal nivel de surrealismo que el que hasta ayer era el gran perdedor de las elecciones, el más apaleado y vilipendiado, el objeto de todo tipo de puyazos, burlas y remoquetes podría ser mañana el presidente de Gobierno. Cierto que con una dotación parlamentaria ridícula, de solo 90 diputados sobre los 350 que conforman la cámara baja, pero presidente al fin y al cabo. No creo que sea necesario recordarlo, pero por si acaso allá va: en el BOE escriben al dictado del presidente, no del grupo mayoritario en el Congreso. Quien tiene el BOE lo tiene todo. Eso bien lo sabe Soraya, que en breve habrá de despedirse de su juguete favorito. Para bien de todos, dicho sea de paso, porque, si bien no estoy seguro de que Rajoy haya sido el peor presidente de la democracia, tengo la certidumbre más absoluta de que Soraya ha sido la peor y más siniestra inquilina de la vicepresidencia desde que Franco inventó ese puesto para acuartelar en él a su querido general Agustín Muñoz Grandes. No tendrá problemas en recolocarse, es funcionaria de alto rango, seguirá cobrando puntualmente cada mes una generosa nómina extraída céntimo a céntimo de nuestras mortales costillas la produzca o no. A la que si que habrá que seguir de cerca es a María Pico, facsímil sorayesco de dos cuartas más de alzada pero con idéntica propensión al mal. La Pico es bellaca pero no funcionaria, al menos hasta donde yo se, por lo que tendrá que buscarse la vida más allá de los presupuestos generales del Estado. Le deseo suerte. Mala, claro.

Ya lo dije hace meses, los que daban por muerto al PSOE ignoraban que hasta el rabo todo es PSOE, un partido que lleva ahí ciento y pico años dando el coñazo, y no precisamente por casualidad. La carambola que esta vez podría meter por tercera vez a los socialistas en la Moncloa ha sido tan inesperada que en Génova andan todavía hoy, varios días después, palpándose los bolsillos. Les han robado la cartera y lo han hecho, además, delante de sus narices y con el consentimiento del incapaz de su jefe, de un Mariano Rajoy que lleva en modo esfinge desde el día 20 de diciembre cuando, después de haber capitaneado con mano firme el mayor batacazo electoral de la historia de su partido, se retiró a dormir plácidamente a sus aposentos. Luego se fue a Pontevedra a pasar la Navidad, sí, ese mismo lugar de donde para bien de nosotros, sus paisanos, nunca debió de haber salido.

En el PP recogen lo que llevan sembrando desde el mismo día que ganaron las elecciones de 2011. Han hecho todo lo humanamente posible por irse al garete y, como era de esperar, al final lo han conseguido. La singular proeza rajoyana –el hombre que mide los tiempos, recuerde– hay que saber ponerla en contexto histórico para advertir lo rematadamente torpe que se puede llegar a ser en un espacio de tiempo tan corto. Todos los presidentes de Gobierno, todos, han repetido al menos una vez, Felipe González se dio incluso el lujo de repetir varias, cuatro en concreto desde 1982 a 1996. Aznar no solo repitió, sino que mejoró sustancialmente sus resultados en las elecciones del año 2000. Pasó de ganar por los pelos a cosechar una sólida mayoría absoluta que le permitió gobernar otros cuatro añitos con su personalísimo estilo de inspector de Hacienda permanentemente cabreado.

De Rajoy, el opositor ejemplar, el de los tiempos, el hombre tranquilo que no huele, que no mancha, que no traspasa, solo podíamos esperar lo que hemos tenido. Se sentó y esperó a la derecha de dios padre Manuel Fraga, bajo cuyo patronazgo consiguió plantar sus reales en la Corte. Se sentó y esperó bien pegadito al lomo de José María Aznar, que lo fue llevando de ministerio en ministerio hasta el dedazo final. Se sentó y esperó dos legislaturas zapaterinas, que hubiesen sido tres o cuatro de no haber mediado la crisis económica. Sentado y esperando con el brazo extendido y la palma de la mano abierta le cayó el poder como al que le cae una aceituna después de pasarse seis horas debajo de un olivo. Ya en la poltrona se sentó y esperó a que la crisis, ese irritante incordio de empresarios arruinados, currantes del sector privado en el paro y autónomos presos del pánico, pasase como pasa una tormenta en verano. Y ahí sigue, sentado y esperando a que todos se pongan de acuerdo para que gobierne de nuevo él, aunque sea como mal necesario en estos tiempos turbulentos. Esto explica la cara de póquer que se le ha quedado cuando este martes Su Majestad le dijo sin decírselo que ya podía irse, que no era necesario esperar más, que no cuenta con él, que su partido apesta, que su tiempo ha terminado, que en Santa Pola el invierno es corto, el verano largo y despachan el Marca en los quioscos.

A día de hoy Mariano Rajoy es un cadáver político que, como Bruce Willis en “El sexto sentido”, no sabe que está muerto. Pero lo peor no es eso, lo peor es que todos a su alrededor si que lo saben pero nadie se lo quiere decir a la cara. Con lo fácil y rápido que sería encerrarse con él en un chalet de la sierra –como hicieron con Adolfo Suárez los barones de la UCD– y decírselo en cuatro palabras: “Mariano, vete. Hoy mejor que mañana”. Quizá harían falta tres más: “llévate a Arriola contigo”. Pero no, no lo harán. La cúpula del PP es un trasunto de su líder máximo, un hatajo de culiparlantes que con los años han desarrollado una fatal adicción al presupuesto. Lo son todo dentro de él, nada cuando se alejan. Más allá del uso y disfrute en beneficio propio de la administración pública no tienen dimensión espiritual o corpórea ni nada que les justifique, carecen de ideas, de principios y de fines. Son la política en el peor sentido de la palabra, y esta es de por sí palabra en la que todos sus sentidos son malos.

Ante el PP se abre el que posiblemente sea el periodo más doloroso de su corta historia. Quizá tengan que volver a cambiarle de nombre, lo que es seguro es que tendrán que cambiar de nombres. La era de los rajoyes, los arenas, las cospedales, las aguirres y todo el compango de sorayas y nadales, montoros y florianos, bigotes y correas, una generación alumbrada en el pesebre de la refundación aznarita de hace un cuarto de siglo, marcada por la barcenía, el gurtelato, la boda de la niña Ana, el congreso de Valencia y el todo con tal de mandar ha concluido. Ya solo queda oficiar la misa de difuntos y proceder al entierro. Sin honores, por descontado. Cuánto antes sea mejor para todos.

A qué espera don Mariano
Marcello Republica.com 6 Febrero 2016

Ahí está el tío, inmóvil, de mármol, asombrado con lo que ocurre a su alrededor en Madrid, Barcelona y Valencia. Y sabedor que la última encuesta del CIS sobre el posible adelanto electoral dejaría al PP en los 123 escaños actuales o puede que algunos menos porque si Podemos se une con IU como parece esa suma dañará a todos y también al PP.

Lo sabe Rajoy, lo saben en Moncloa y lo saben en el PP donde el lío de Valencia tiene a todos en un ‘ay’, temerosos que el modelo de blanqueo de las comisiones corruptas valencianas -que ya asoma en la campaña nacional del PP de las elecciones europeas de 2014-, aparezca en otras Comunidades Autónomas y Ayuntamientos y acabe llegando a Madrid y a la dirección nacional del partido.

‘Quien hace un cesto hace ciento’, dice el refrán. Y ya son muchos los cestos con manzanas podridas del PP, lo que le llevó a don Mariano a decir a su Grupo parlamentario que ‘a partir de ahora no va a pasar ni una’. ¿A partir de ahora? Eso quiere decir que hasta hace pocos días se dejaban pasar todas, o a lo mejor fue un lapsus de don Mariano porque no le llega la camisa al cuello que más de uno en el PP le quiere cortar.

Pero ¿a qué espera don Mariano? para decir: ‘yo no seré un obstáculo para la formación de una gran coalición de Gobierno, voy asumir todas las responsabilidades políticas de la corrupción del PP y me retiro; y, a la vez, convoco el Congreso del Partido Popular con primarias incluidas para que se renueve la dirección y se nombre un nuevo presidente.

Sí, es muy sencillo. Un mal trago, una pena, dejar la Moncloa, dejar el mando del PP, dejar las Cumbres europeas y tantas cosas del poder. Pero ¡qué le vamos a hacer! Todo lo que empieza se acaba y los hechos ocurridos y el resultado de las elecciones del 20-D, y de las catalanas, municipales, autonómicas, andaluzas y europeas están pidiendo a gritos la marcha de don Mariano.

Entonces ¿a qué espera? No se sabe. Su discurso táctico de decir que no apoyará un gobierno de Sánchez con Rivera ni con Iglesias, ni cualquier pacto de gobierno que no presida él, conduce a nuevas elecciones. Y en ese caso ¿insistirá don Mariano en ser la cabeza del cartel de PP a pesar de lo que le acaba de decirle el CIS? Él dice que sí, pero cada vez habla más bajito y con la boca chica, porque ni él ni sus barones creen que Rajoy vaya a ser presidente del Gobierno ni seguir al frente del PP.

Insistimos ¿a qué espera? La respuesta puede ser ésta: de la misma manera que vio caer a su enemigo Artur Mas, don Mariano espera ver la caída de su otro enemigo, que lo insultó ante toda España y que le ha negado el diálogo y la negociación, Pedro Sánchez.

Pero entre tanto el tiempo se acaba y todos en el PP saben que si este partido sale del gobierno nacional -después de haber perdido mucho poder autonómico y local- la crisis del PP será tremenda. Y si son otros los que entran en la Moncloa y cuelgan en los balcones las alfombras de la corrupción del PP, en vez de refundar el PP valenciano tendrán que refundar el PP nacional, y la mitad de sus cuadros se irán a Ciudadanos.

De manera que si el PP quiere seguir en el Gobierno tan solo tiene dos maneras de proceder: primero, ofrecer la cabeza de Rajoy; y si resulta insuficiente, en ese caso ofrecer incluso la Presidencia del Gobierno a un independiente o a alguien de Ciudadanos o del PSOE siempre que no sea Pedro Sánchez.

Ésas son las dos únicas bazas que le quedan al PP y a don Mariano para evitar el gran desastre y el alto riesgo de salir del gobierno y regresar a unas nuevas elecciones en pleno espectáculo de la apertura de todos los grandes juicios de la corrupción del PP, que está al caer. Y ellos lo saben ¡vaya si lo saben! Pero don Mariano no mueve un dedo y está a la espera del fracaso de ver pasar ante sus narices el cadáver de Sánchez. Y luego Dios dirá o vaya usted a saber.

Ser de izquierda como una forma de daltonismo moral
Miguel Ángel Quintana Paz www.vozpopuli.com 6 Febrero 2016

Si usted se considera una persona “de izquierdas”, probablemente se habrá visto a menudo sorprendido por las extrañas opiniones que muestran esos otros, la gente “de derechas”, sobre las cosas. Es posible que les haya considerado en varias ocasiones insensibles ante el sufrimiento humano. O ante el hecho (¡sin duda injusto!) de que no todos ocupemos posiciones iguales en nuestra sociedad. Es previsible que en algunos momentos haya pensado usted que a la gente de derechas es imposible entenderla. Y que eso es así por culpa de la inhumanidad de la que no solo adolecen, sino que (¡acabáramos!) incluso se permiten exhibir ufanos.

Si este es su caso, tengo una buena y una mala noticia que darle. La buena noticia es que muchos científicos han observado lo mismo que usted y se han propuesto estudiar por qué ocurre esto: ¿por qué hay gente que considera tan “naturales” las posiciones típicas de la izquierda y otros que en cambio se abisman en las posiciones reputadas “normales” por la derecha? Sus investigaciones han ofrecido toda una panoplia de resultados. Por ejemplo, han descubierto que el cerebro de las personas de izquierda y el de la gente de derecha tienen desarrollos diferentes y además activan zonas distintas ante imágenes amenazantes. Por no hablar de que los hábitos de sueño, el modo en que dirigen su mirada, o incluso (si son profesores) las notas que ponen a sus alumnos también varían entre unos y otros. No podía sino resultar normal, entonces, que no nos entendamos a menudo entre los más derechosos y los más izquierdosos.

Ahora bien, si usted pertenece a estos últimos me temo que también tengo una mala noticia que darle. Pues en realidad el problema para entenderse entre la gente de izquierda y la de derecha es, como diría el refrán, que “dos no se entienden si uno no quiere”: y lo que muestran los estudios científicos es que son las personas de izquierda las menos capaces de predecir y explicar qué es lo que piensan de verdad los de derechas sobre diversos asuntos (mientras que, por el contrario, la gente de derecha entiende bastante mejor qué piensan de veras sus congéneres de izquierdas, aunque luego discrepen de ellos). Dicho de otro modo: la imagen que tiene un progresista de un conservador a menudo tiene poco que ver con lo que de verdad es un conservador; mientras que este último comprende relativamente bien qué es lo que piensa de verdad su rival progresista (solo que, tras comprenderlo, no lo comparte).

Por si este golpe a la imagen que tienen de sí las personas de izquierdas no fuera suficiente (recordemos que les encanta pensar que son más “empáticas” que los demás… pero ¡resulta que con las personas de derechas no lo son! y, encima, ¡parece que estas les ganan a “empatía”!), lamento tener que añadir que la cosa ahí no acaba. Pues algunos investigadores se han planteado también la siguiente pregunta: ¿por qué ocurre esto? ¿Por qué una persona de derechas sí sabe por lo general explicar los fundamentos en que se basa una de izquierdas, pero esta última falla mucho más a la inversa?

Entre las respuestas que se están proporcionando a esta duda la más exitosa parece la desarrollada por Jonathan Haidt y sus colaboradores. La denominan “Moral Foundations Theory” (teoría de los fundamentos morales). Básicamente su idea consiste en pensar que, debido a nuestra evolución genética como especie, los humanos hemos aprendido a dar importancia sobre todo a ciertos principios o fundamentos morales. Son ellos los que garantizan nuestra supervivencia como homínidos. Esos principios, según Haidt, son sobre todo seis: todos ellos nos ayudan a decidir qué es lo que está bien y lo que está mal, o sea, qué moral tendremos.

Los dos primeros principios según los cuales razonamos en asuntos de moralidad los denomina Haidt el principio del cuidado/daño y el principio de la libertad/opresión. (Cada principio se enuncia con el nombre de sus dos extremos: el de aquello que propone como deseable y el de lo que propone como indeseable). Casi todos pensamos que portarse éticamente tiene que ver frecuentemente con no infligir daño a los demás e incluso cuidarles; casi todos creemos que quitarle la libertad a la gente está mal y que liberarles de la opresión es loable. Las investigaciones de Haidt corroboran que tanto la gente “de izquierdas” como la de “derechas” comparte esta preocupación por el daño o la opresión que se pueda ejercer sobre los demás, con tan solo una excepción: a los libertarios (a menudo identificados con cierto tipo de derecha, o que en España incluso quieren apropiarse del término de “liberales”) casi solo les preocupa la segunda dimensión citada (si a alguien se le está respetando su libertad o no, si se le está oprimiendo o no por parte del Estado, en quien compendian el súmmum de la opresión posible).

Esto no significa, claro está, que los libertarios sean indiferentes o incluso disfruten del dolor ajeno. Si alguien cultiva esta imagen de los libertarios es solo, como ya hemos dicho, debido a la demostrada incomprensión que a menudo prodiga la gente de izquierda ante los que no piensan como ellos. Significa solo que en caso de conflicto –y la ética va a menudo de eso, de resolver conflictos entre valores diferentes– los libertarios tenderán a privilegiar la defensa de la libertad por encima de todo lo demás, incluso a pesar de ciertos perjuicios que esa libertad pueda acarrear a algunas personas.

Pero, si exceptuamos a los libertarios, obsesionados con que todo dilema moral tiene que ver solo con no agredir la libertad de las personas, ¿qué diferencia hay entonces entre el resto de personas de derecha (conservadores, democristianos, liberales no libertarios, etc.) y las que están situadas a su izquierda? Es ahí donde entran en juego los otros cuatro fundamentos morales con que, según Haidt, la evolución humana nos ha dotado (y ha hecho bien en dotarnos). Pues son cuatro ejes de pensamiento moral en que la gente de derecha se mueve por lo general igual de bien que en los otros dos citados… pero en los cuales se mueve mucho más torpemente una persona de izquierdas.

Dicho de otra manera, para una persona izquierdosa la moralidad se reduce sobre todo a hablar sobre “lo mal que lo está pasando la gente” (¿les suena?) o si hay alguien (los ricos, los blancos, el IBEX, Estados Unidos, el sexo masculino…) que está abusando de su poder. Pero esas no son las únicas preocupaciones morales legítimas de la especie humana. Haidt identifica al menos otras cuatro: justicia/engaño, lealtad/traición, respecto a la autoridad/subversión y pureza o santidad/degradación.

Hay que aclarar que en la primera dimensión que hemos citado entre estas nuevas, la que apuesta por apreciar la justicia (que cada cual reciba según aporta a la sociedad) y por castigar al tramposo, la izquierda solo se desempeña algo peor que la derecha, pero no es del todo ciega a ella. De hecho, una estrategia para ampliar la base electoral de la izquierda bien puede ser la de demostrar que hay gente que se está aprovechando mediante engaños del resto y merece ser por ello castigada. Pero, aun con esa excepción, en general si una persona engaña a las otras y ello no la coloca en posición de dominio sobre ellas (lo que ya afectaría al eje libertad/opresión, plenamente “izquierdoso”, como ya vimos), sino que por ejemplo se trata de un parado que engaña para seguir cobrando subsidios del Estado, o un joven que brinca sobre el torniquete del metro para no pagarlo, la izquierda se muestra mucho más comprensiva hacia ello que la derecha. Pues no se considera desde la mentalidad izquierdista un principio tan importante que cada cual reciba en función de lo que aporta a los demás; de hecho cada vez más personas de izquierda ven deseable que cualquiera cobre mes a mes, desde que nace, un dinero fijo del Estado aunque, por simple desgana, no quiera aportar trabajo ninguno a su país: lo que se llama una renta básica universal garantizada.

Sin embargo, en los otros tres principios de Haidt (acatamiento de la autoridad; lealtad a tu grupo: defensa de la familia, patriotismo hacia tu país, etc.; y respeto hacia ciertas cosas que se consideran como sagradas) la derecha sí sabe manejarse mucho mejor que la izquierda (y supongo que esto resultará lo bastante intuitivo para el lector como para que no deba prolongarme ilustrándolo).

Ello lleva a concluir a Haidt (que se considera él mismo de izquierda) que la mente izquierdista se asemeja a una lengua que no fuese capaz de percibir igual de ricamente todos los sabores de los que está hecho el mundo humano de la gastronomía (es decir, de la moralidad). O, usemos una metáfora visual, el izquierdista es como un daltónico que solo distingue dos colores de la moralidad humana: el rojo que le avisa de que debe evitar el daño y el naranja que le previene contra los autoritarismos. Pero tiene más dificultades en captar el color dorado de la justicia (dar a cada cual según merece). Y casi es incapaz de apreciar esa grisura de transigir a veces en que alguien tiene que ejercer una autoridad no autoritaria; ese amarillo que en heráldica se asocia con la lealtad; y esa blancura propia de lo puro y sagrado.

De modo que, nos recomienda Haidt, si usted es izquierdista (como lo es él), la próxima vez que se sienta escandalizado porque alguien de derechas “no ve lo evidente” o parece “insensible al dolor humano”, pregúntese más bien si no será que es que usted no está viendo todos los colores que están en juego en el cuadro que se presenta ante usted. Y un buen modo de empezar a enterarse de ello es preguntar al maldito derechoso que tiene al lado: pues las investigaciones demuestran que, muy probablemente, lo que usted cree que él piensa no es exactamente lo que él piensa.

Así lava el cerebro Podemos a los niños
Okdiario 6 Febrero 2016

Madrid ha caído en desgracia definitivamente. Cada día que pasa, el equipo dirigido por Manuela Carmena demuestra con más ahínco el absoluto desprecio por la ciudad y sus habitantes. En las últimas semanas, los gestores del Consistorio han subido varios niveles en la falta de moral, ética y respeto. Si a lo largo de estos días les habíamos contado en OKDIARIO el uso guerracivilista que están dando a la Ley de Memoria Histórica, este pasado viernes han puesto la guinda con una fiesta de carnaval donde niños y padres han asistido con estupor a una función aberrante repleta de intolerancia, violencia, insultos y referencias sexuales explícitas.

Estupefactos ante el espectáculo, las familias han podido ver, en pleno horario infantil de tarde, como apuñalaban al muñeco de una monja y de un policía, ahorcaban al de un juez y un banquero y exhibían una pancarta que exaltaba tanto el terrorismo islámico como el de ETA con el juego de palabras “GORA ALKA-ETA”. Un delito por el que los efectivos de la Policía Nacional han tenido que llevarse detenidos a dos de los actores contratados por las podemitas Celia Mayer y Montserrat Galcerán. De nuevo, el equipo dirigido por Manuela Carmena ha convertido un evento de fiesta y alegría en un absoluto escándalo aunque, en comparación con esto, la pasada cabalgata se queda en mera broma de mal gusto.

Un incidente de este tipo es mucho más que una mera Carmenada y debe significar la destitución fulminante de Mayer y Galcerán como responsables directas de este atentado civil. Además, Manuela Carmena no puede seguir refugiada tras su cómodo silencio mientras cada día es más evidente que la ciudad se le ha ido completamente de las manos. La alcaldesa tiene que dar explicaciones de cómo y por qué contrataron a estos titiriteros proetarras que ya se anunciaban en su página web con el mismo sesgo delictivo. Incluso la propaganda más abyecta y el lavado de cerebro más premeditado tienen un límite y este hecho los ha destrozado todos. Ahora dirán que “está sacado de contexto”, como hicieron con los tuits del ínclito Zapata, pero lo único cierto es que han tenido que intervenir las fuerzas de orden público.

Una escenificación totalmente errada donde también aparecían penes y testículos delante de una audiencia con más de 30 niños entre los tres y los seis años. No hay disculpa para este equipo de Gobierno que tiene secuestrada la capital de España. Cuando los madrileños aún no alcanzan a entender qué están haciendo con la Ley de Memoria Histórica, vuelven a insultar y maltratar la sensibilidad y la paciencia de todos ellos hasta un punto intolerable. Esto no debe seguir así. Esto no puede quedar así.

Los títeres de doña Manuela
Editorial El Espanol 6 Febrero 2016

No hace falta tener espíritu pacato para escandalizarse por el hecho de que en un teatro de marionetas al que asisten niños de cinco años se escenifique el asesinato de una embarazada, o la violación de una monja y se den vivas a ETA. Ante lo sucedido en el madrileño distrito de Tetuán cualquier persona razonable con valores cívicos tiene que hacer suyo el desazonado "¡A dónde hemos llegado!" del portavoz municipal del PP Henríquez de Luna. De hecho tanto desde el PSOE como desde el propio ámbito de Podemos se han alzado voces pidiendo que se depuren responsabilidades.

La gravedad simbólica de lo sucedido, desde el punto de vista de la quiebra de las más elementales normas de convivencia en el frágil entorno infantil, es tal que lo mínimo que puede hacer la alcaldesa Manuela Carmena es pedir personalmente disculpas, destituir de manera inmediata a la Delegada de Cultura Celia Mayer y establecer unos controles que garanticen que nada parecido volverá a repetirse.

La hipótesis más favorable para el Ayuntamiento es la de la negligencia: nadie supervisó previamente el contenido de la obra de guiñol que se iba a representar con patrocinio público. Pero cabe la alternativa de que en el equipo municipal haya personas que sabían lo que iba a suceder y estaban de acuerdo con ello. Plantear algo así parecería aberrante en el caso de cualquier otra corporación pero no puede descartarse si tenemos en cuenta la trayectoria de algunos ediles de Carmena que asaltaron capillas o se mofaron en Twitter de las víctimas del Holocausto y la mutilación de Irene Villa.

Lo más probable es que la realidad se sitúe a mitad de camino de ambas hipótesis. Es decir que los organizadores conocían y aplaudían la agresividad de la compañía 'Títeres desde abajo' hacia los valores socialmente compartidos, pero no se dieron cuenta de hasta dónde se les podía ir la mano.
Palabrería antisistema

Información para saber "de qué iban" estos titiriteros no les faltaba. El subtítulo de la obra era "a cada cerdo le llega su San Martín" y ya la primera sinopsis publicada en su web en diciembre identificaba a los "cerdos" como "banquero, hermana de la caridad, perros guardianes del orden y la ley y el juez". Una segunda ampliación denunciaba "la violencia estructural" derivada de la "propiedad privada, el monopolio de la fuerza, la servidumbre del trabajo asalariado, los hábitos de consumo o la pérdida de soberanía sobre el propio cuerpo".

¿Qué es todo esto sino la palabrería antisistema, exaltación o al menos ambigüedad respecto a ETA incluida, con la que una parte significativa de los núcleos y círculos de Podemos han planteado su "asalto a los cielos" y desde luego el nutriente intelectual que sirvió de argamasa a la candidatura de Ahora Madrid liderada por Carmena?

De ahí que la responsabilidad de la alcaldesa sea doble. Como cabeza del equipo municipal por haber permitido o no haber impedido que se consumara esa apología del terrorismo y esa agresión a la sensibilidad infantil. Como líder político por estar fomentando un constante maniqueísmo entre reaccionarios y progresistas, franquistas y antifranquistas -¡a estas alturas!-, solidarios e insolidarios, clericales y anticlericales que está sirviendo de caldo de cultivo de barbaridades como la del distrito de Tetuán.
Sobre su gestión política

No compartimos la descalificación global de todo cuanto hace Carmena. Muchos de sus gestos han demostrado una sincera cercanía con los más desfavorecidos y hay nuevos usos de austeridad municipal que merecen el aplauso. Tampoco nos parece el espíritu puro que exaltan sus seguidores y ahí está el feo asunto del alzamiento de bienes para que su marido no pagara a sus trabajadores sobre el que decidirán los tribunales.

Pero lo que está aquí en cuestión no es la integridad moral de Manuela Carmena sino su gestión política. Y en esa obsesión por utilizar el espacio público para combatir los valores de gran parte de los madrileños e incluso fomentar una especie de culto alternativo al religioso, como ocurrió en la cabalgata de Reyes, está la raíz del disparate de Tetuán.

Esperemos que los dos titiriteros detenidos respondan de su presunto delito de apología del terrorismo ante la Audiencia Nacional y que la alcaldesa responda ante el pleno municipal y ante los ciudadanos de su frívola irresponsabilidad al pretender hacer de la capital de España un permanente retablo de títeres de cachiporra.

Liberalismo desde la trinchera
Asís Tímermans Libertad Digital 6 Febrero 2016

Es conocido el consejo que, tras la Segunda Guerra Mundial, Friedrich von Hayek diera a un piloto de guerra y polifacético hombre de negocios. El joven y brillante Antony Fisher, preocupado por la deriva estatalista de Gran Bretaña, estaba decidido a defender en la arena política las ideas por las que había luchado en el campo de batalla. Pero el maestro austriaco le disuadió: debía dedicarse a la batalla intelectual. A la generación y difusión de ideas. Solo así podría rectificarse el camino a la servidumbre que seguía un mundo convaleciente de guerra y socialismo.

Muchos sentimos algo parecido. Nos preocupa el sendero socializante de nuestra nación. Sentimos la necesidad de influir en la vida pública porque sabemos que la libertad, además de un bien moral, es la respuesta a los problemas derivados de la vida en sociedad. Esa convicción nos quema, y, aunque no concebimos dedicarnos en exclusiva a ello, no renunciamos ni a promover ideas de libertad ni a intentar cambios concretos e inmediatos en el asfixiante entorno político español.

Como Fisher, necesitamos consejo: ¿cómo promover un futuro mejor? ¿Cómo contribuir, más allá del voto, a liberar el espacio público de la tiranía dirigista?

Este librito es una pequeña respuesta a ésa y otras inquietudes. No sólo por las reflexiones y propuestas que contiene, sino porque es una muestra de una iniciativa que ha conectado con gentes de toda España: El Club de los Viernes. Renuncio a explicar la actividad del Club porque bastaría una ojeada a su web o a las redes sociales para mejorar mi explicación. Pero sí quiero señalar que ha provocado que multitud de personas de la más variada procedencia personal y profesional encuentren formas de difundir sus reflexiones más allá de sus círculos naturales, aportando y beneficiándose a la vez de la fuerza, argumentos y recursos de quienes creemos en la libertad. Y – lo que no es más importante pero sí más satisfactorio – de lanzar propuestas concretas de cambio en España.

El libro está compuesto por diez artículos seleccionados mediante votación de entre los muchos que publica el Club en su web. Asuntos como la pobreza y la abundancia, la tecnología o la responsabilidad social corporativa, la discriminación positiva o la imposibilidad del socialismo, la creación de empleo o la crisis de los refugiados, son tratados desde la perspectiva de la libertad, tan ausente en el debate público español. Es vital mostrar que los más graves problemas políticos que nos atenazan tienen su origen en que el Estado tome decisiones, imponga modelos e incluso defina identidades que solo a los individuos y a su voluntad y conducta cotidianas corresponden. Con sus debates y acciones, el Club de los Viernes pone de manifiesto que los políticos y el Estado acumulan demasiado poder, obtenido a costa de las libertades y los bolsillos de las personas. Defender en la práctica las libertades civiles, el derecho de propiedad y la limitación del Estado no es solo esencial para nuestro futuro, sino para la resolución de los problemas más urgentes que sufrimos.

Muchos en España –donde es tan decepcionante el nivel intelectual e incluso profesional de nuestros representantes– sienten el deber de implicarse en política. Es una opción legítima y, sin duda, necesaria. La política está monopolizada por estructuras partidistas que, en vez de servir de cauce a la participación de los ciudadanos, consiguen impedirla o evitar que cuestione el consenso y la sumisión al líder. Lejos de fomentar el debate y la formación de ideas, los partidos excluyen intencionadamente cualquier vía que favorezca el pensamiento libre. Es por ello esencial la presencia de personas que rompan tan dañino monopolio de la política, bien desde los partidos dominantes bien desde otros nuevos.

Nuestros gobernantes tienen mucha culpa del descrédito de las políticas de libertad. En particular aquellos que siendo en gran medida herederos del liberalismo y diciendo ser alternativa a las políticas socialistas que tanto daño han causado en los últimos cien años, aceptan sus postulados y renuncian a la rica tradición ideológica liberal que ha acompañado a la prosperidad en todos los rincones del planeta. Poca pedagogía en favor de la libertad pueden hacer quienes creen que les favorece su ausencia.

Pero tal mentalidad no es solo causa, sino también reflejo de nuestra realidad. La mayoría de nuestros conciudadanos ignoran o desprecian los fundamentos que han convertido la nuestra en una sociedad relativamente próspera y libre. Podríamos analizar las razones históricas que han conducido a esta extendida mentalidad, pero lo cierto es que predominan planteamientos que justifican todo intervencionismo estatal y propugnan ante todo problema o aspiración soluciones coactivas y estatales frente a las libres y espontáneas.

Por eso, si un milagro nos permitiera acudir, como hizo Antony Fisher, a la London School of Economics a pedir consejo al buen Hayek, estoy convencido de que nos animaría a hacer algo como lo que pretende el Club de los Viernes. En 1955, Fisher fundó el Institute of Economic Affairs, tan decisivo para el renacimiento de las políticas liberales en Gran Bretaña, y después promovió la creación de innumerables think tanks que han extendido el pensamiento y la política liberal en todo el mundo. El Club de los Viernes, más modesto, nace con la intención de ejercer un liberalismo de trinchera que agite las aguas estancadas de nuestra política y desbroce un campo ideológico plagado de ideas colectivistas. Plantar cara a los consensos estatalistas puede hacer posible cambiar las políticas impuestas desde arriba e introducir la libertad, el Estado de Derecho y el libre mercado como factores clave en las soluciones de nuestra vida en común.

Adquirir y leer los artículos que conforman este libro es útil. Pero más lo es descubrir que una voluntad decidida y un uso inteligente de las tecnologías permite que cada uno de nosotros pueda combatir el colectivismo que nos ahoga y acercar un futuro de mayor libertad y prosperidad. El libre mercado y la libertad individual han proporcionado al mundo – y, en especial, a los más débiles – prosperidad y bienestar impensables en otras épocas. Debemos acabar con nuestros complejos a la hora de defender abiertamente el avance de tales ideas frente al predominio del socialismo de todos los partidos. Este librito y el Club de los Viernes es una forma –una buena forma– de comenzar.

Nota de la Redacción: este texto es el prólogo de Desde la Trinchera, el libro que acaba de publicar El Club de los Viernes. Su presidente, Javier Jové, lo presentará a los oyentes de LD Libros en el programa de la noche de este sábado al domingo (01:00-02:00).

Vergüenza y miseria de la acogida de refugiados
Amando de Miguel Libertad Digital 6 Febrero 2016

Siempre que paso por la madrileña plaza de la promiscua Cibeles me extasío ante la estúpida pancarta que cuelga de la fachada del Ayuntamiento: "Welcome refugees". ¿Cuántos refugiados asiáticos o africanos habrá en la villa de Madrid? Se podrían contar con los dedos de una mano. Realmente, los podría contratar la alcaldesa para que cuidaran el jardín de su casa de vacaciones en San Rafael. De momento, se trata de una operación de propaganda. Nadie dio la ostentosa bienvenida a los millones de inmigrantes extranjeros que llegaron a nuestro país en los últimos lustros.

La estupefacción que provoca la pancarta que digo viene a ser un símbolo minúsculo de lo que ocurre en el conjunto europeo. Primero se proclamó que "bienvenidos" todos los refugiados que quisieran. Pero luego empezaron las trabas para nuevas admisiones, al ver que el flujo de refugiados se acrecentaba. En Suecia o en Alemania -a donde se dirige el grueso del éxodo- han decidido deportar a miles de ellos; no se sabe con qué destino. El coste puede ser oceánico. ¿Habrá que repartirlo entre todos los socios de la Unión Europea?

La solución última resulta degradante. Consiste en subvencionar al Gobierno turco con generosas ayudas para que acoja a millones de refugiados en campos de concentración. Más parece el anuncio de un genocidio. En el más benévolo de los supuestos, se sospecha que puede ser un gigantesco fraude. No se descarta la posibilidad de que funcione como un chantaje para admitir a Turquía en la Unión Europea.

Nos encontramos ante un problema de difícil solución. Los refugiados no se dirigen a Arabia, Rusia, Irán o China, países ricos y cercanos. Tampoco llaman muchos a las puertas de Estados Unidos o Australia. Su objetivo es Europa, porque saben que en nuestro pequeño continente la munificencia del Estado de Bienestar supera con mucho los salarios que podrían obtener en sus países de origen. Arriesgan sus vidas en las aguas del Mediterráneo o en las trochas nevadas de los Balcanes. Los que sobrevivan podrán algún día reclamar a sus parientes. No buscan trabajo sino ayuda humanitaria. Nunca se había producido una emigración masiva con esa característica.

Todo es cuestión de cantidad. Europa puede admitir cientos de miles de refugiados, pero no millones, o una cantidad sin límites. Además, la acogida de las primeras oleadas significa que las siguientes van a ser todavía más numerosas. No hay Estado de Bienestar que resista un éxodo famélico de tal magnitud. Llegará también a España. Nadie sabe qué trato vamos a dar a esta pobre gente. ¿Colocaremos pancartas de bienvenida en todos los ayuntamientos?

Contacte con Amando de Miguel fontenebro@msn.com

Otro falso refugiado confirma el fracaso de la política de acogida
Del adiestramiento terrorista en Siria al centro de refugiados en Berlín
Por mucho que algunos medios se empeñen en silenciarla, la realidad acaba saliendo a la luz con toda su crudeza. La detención de un argelino dispuesto a atentar en un centro de refugiados este jueves en Alemania es el penúltimo ejemplo de ello.
Rosa Cuervas-Mons  www.gaceta.es 6 Febrero 2016

Las autoridades germanas detenían este jueves a tres presuntos radicales islámicos en el marco de varias redadas realizadas en paralelo en tres estados federados. Poco después, fuentes de la Fiscalía confirmaban que la intención de estos sujetos era atentar en Berlín.

Dos de los tres detenidos formaban parte de una célula islamista vinculada al grupo Estado Islámico (EI) y dispuesta para perpetrar actos violentos. Uno de ellos, un argelino que había recibido formación militar en Siria, vivía en un centro de primera acogida para solicitantes de asilo: había entrado en Europa –a pesar de estar buscado por las autoridades argelinas por terrorismo- como refugiado.

Pocos medios daban relevancia a este dato y se centraban en la redada: tres detenidos en una operación contra el terrorismo islamista. De su condición de falso refugiado, prácticamente nada. Quizá porque, como explicaba el exdirectivo de la televisión pública alemana Wolfgang Herles: “Hoy nadie está autorizado a decir nada negativo sobre los refugiados" en la prensa alemana.

Poco importa que en la localidad de Attendorn (al oeste de Alemania), esté viviendo en un centro de refugiados un presunto terrorista dispuesto a acabar con vidas humanas. Cerca, en Berlín, era detenido el segundo sospechoso y la Policía busca todavía a un sospechoso en Hannover (centro), que según medios alemanes estaba vinculado a grupos islamistas de Bélgica.

Que Europa está siendo incapaz de gestionar de forma exitosa la crisis de refugiados es ya un hecho incuestionable –para todo aquel que quiera mirar sin una venda en los ojos-.

Más allá del gravísimo problema de seguridad que supone que presuntos terroristas con documentación falsa crucen sin apenas obstáculos las fronteras europeas haciéndose pasar por refugiados, está también el problema de la acogida a quienes de verdad la necesitan: este viernes el departamento federal de Migración y Refugiados de Alemania reconocía la existencia de un “tapón” de hasta 770.000 solicitudes de asilo aún pendientes de resolución y advertía que de mantenerse el actual flujo de llegada de refugiados no tendrá capacidad para atenderlos. Alemana vive, dicen, una situación “inaceptable” tanto para los refugiados que esperan a una respuesta como para las autoridades de Länder y municipios alemanes que, sea cual sea la situación de esas personas, tienen el cometido de atenderlos.

Sin atreverse a hacer pronósticos sobre cuántos nuevos peticionarios de asilo pueden llegar este año a Alemania -en 2015 se estima que fueron cerca de 1,1 millones-, las autoridades reconocen que, de los llegados el pasado año, entre 300.000 o hasta 400.000 ni siquiera han llegado a cursar su solicitud de asilo, bien por incapacidad administrativa de atenderlo o por "circunstancias personales" de éstos.

Eso después de haber gritado a los cuatro vientos el welcome refugees y de haber asegurado sin prevención alguna que no existe límite cuantitativo para la condición de refugiado: todos los que lo soliciten serán bienvenidos”, se enorgullecía Merkel.

Pero ahora, los números no salen.

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Un modelo educativo entre ideología radical y racismo implícito
Pascual Tamburri esdiario 6 Febrero 2016

El Gobierno navarro, abertzale y “leninista 3.0”, usa la educación para manipular más: ellos mismos se dividen sobre su imposición ideológica de de la lengua vasca.

El consejero José Luis Mendoza contempla con tristeza cómo el euskera batua de los abertzales no atrae a los navarros y no une a su coalición. Tras meses de amenazar con una lista única (en lengua vasca) para todos los puestos de maestro y profesor en Navarra y con una OPE centrada en el euskera y el modelo lingüístico D, al Gobierno de Uxue Barkos tiene que recular para no hundirse. Eso sí, echa la culpa a los tribunales, a las malvadas derechas y a quien haga falta con tal de seguir adelante con sus planes. Que no oculta.

Los partidos del cuatripartito navarro –Geroa Bai – PNV, los batasunos de Bildu y los marxistas de IU y Podemos- han llegado a un acuerdo que desbloquearía su división interna sobre la convocatoria de la OPE de Educación. Este acuerdo consistiría en el aplazamiento de las 120 plazas en euskera convocadas para de Educación Infantil y Primaria y de las 14 plazas de inspectores, sacando a oposición antes las especialidades con plazas en castellano y en euskera, para al menos ganar tiempo. Era ya la propuesta hace unos días de CCOO; la secretaria de la Federación de Enseñanza, Maite Rocafort, había planteado este recurso de los dos tiempos como opción de acuerdo: "Primero sería para especialidades con doble oferta de euskera y castellano", había dicho.

El padre Mendoza y nuestra infalible presidenta peraltesa sabían que Bildu quiere lista única y que no necesita hacer las concesiones que los jeltzales de Geroa sí. Y saben que los sindicatos educativos no abertzales AFAPNA, ANPE, CSIF, APS CCOO y UGT habían mostrado su rechazo a la OPE tal y como ellos la habían planteado. Sabían que ni Podemos ni IU ni menos el PSOE podían votar la euskaldunización abierta, descarada y acelerada de una educación donde el euskera es muy minoritario. Tenían, en suma, un problema, después de haberse lanzado a dar seguridades en público.

¿Qué necesitaban Mendoza y Barkos? Ante todo, buenas excusas y culpables malvados para poder dar marcha atrás al menos en parte sin reconocer que la daban. Luego, necesitan un nuevo calendario para llegar a su objetivo que era, es y será no el servicio a los alumnos ni a las familias, sino la extensión de su ideología y de su neo lengua (que no es la suya materna). Por último, modos de conseguir más apoyos y más clientes para una opción ideológica y lingüística que pese a sus medios y su inventiva cada vez es más difícil extender en serio.

Ya tienen enemigos, culpables y excusas. Mientras nadie apuesta por el futuro de la LOE-LOMCE, y tenemos así a toda una generación que no sabe qué norma se le va a aplicar, ellos a lo suyo. El primer culpable de todo el inglés, todos los programas de inglés vehicular y todo recurso empleado en esa modernización de la enseñanza son vistos como el mal absoluto. Hace poco el consejero de Educación, Mendoza, anunció en el Parlamento de Navarra que en breve se conocerán los resultados de la evaluación académica externa y privada (sus propios Inspectores no les gustan…) del programa PAI y de las competencias del alumnado de Primaria en castellano, euskera e inglés. Mientras tanto, sin datos, el PAI está paralizado, no puede extenderse. Y el segundo culpable es, por supuesto, “la derecha” (como si el PNV fuese la izquierda, je), y en concreto UPN al definir las plantillas de funcionarios y el PP al recurrir una Oferta de Empleo que parece ir contra la ley. Nada muy innovador, de todos modos.

Ya tienen un calendario más cómodo, que les permite no romper su coalición. Para las plazas de Infantil y Primaria, las que querían convocar sólo en euskera, "se podría dejar para más adelante, dentro de los 3 años de vigencia de la OPE, para hacer otra distribución cuando se tengan más datos sobre cómo va a quedar el PAI". Es decir, haremos lo mismo cuando haya menos respuesta; y reconocemos sin decirlo que en realidad no hay razones para decir que el inglés, que piden muchas más familias que euskera, funcione mal. En resumen, que nos damos tiempo a nosotros mismos admitiendo que todo lo hacemos por ideología abertzale pura y dura y nada más.

Y por último, buscan más modos de divulgar y legitimar una decisión ya tomada. Mendoza, el imparcial y pedagógico konsejero, cree que de la docencia en inglés nació de "una intencionalidad política de marginación del euskera ofreciendo inglés en algunos centros a cambio", mientras que por supuesto ellos ofrecen euskera sin más a todo el que lo quiera y al que no también desde Viana a Isaba y desde Vera a Cortes. Así que los “déficits pedagógicos básicos” sólo se ven en inglés y en castellano, el euskera, como lengua del Edén que fue, es la perfección como ellos creen y hacen creer.

Pero que nadie piense que se les ha derrotado. El recurso del Estado simplemente les ha permitido aplazar la OPE que ellos mismos no tenían ya argumentos para acelerar; pero mientras buscan más publicidad, tratan de matricular más alumnos en el modelo D y en euskera, haciendo propaganda desde el mismo Departamento, dejando claro a los docentes interinos que saber inglés o francés les será perfectamente inútil y en no pocos sitios sugiriendo a las familias que sus hijos en el modelo D encontrarán sólo compañeros “de la tierra”, no habrá o habrá pocos venidos “de fuera”… lo que en muchos barrios y pueblos de difícil integración social es mucho más atractivo desde luego que un euskera que está estancado como lengua materna y lengua de uso diario, y que avanza sólo gracias al peso de la propaganda y de la Administración. Construyendo su nación de ficción.

De Ítaca a La Barceloneta
Manuel Cruz El Confidencial 6 Febrero 2016

Sé que a más de uno en estos tiempos les sonará a 'boutade', o incluso a frívola provocación, pero les aseguro que lo digo plenamente convencido: las campañas electorales también tienen su lado bueno. Porque, junto a la exposición de un catálogo de promesas que hasta el ciudadano más ingenuo barrunta que están destinadas a ser incumplidas, ofrece una posibilidad ciertamente interesante. Me refiero a la de debatir sobre la naturaleza del proyecto político que ofrece cada fuerza y sobre la viabilidad de su realización.

Aunque, en el caso de Cataluña, este último aspecto siempre se ha intentado ocultar tras retóricas épicas (cuando no tras razonamientos cantinflescos, como los que suele prodigar Francesc Homs), lo cierto es que la última contienda electoral resultó reveladora al respecto. Y lo resultó porque en alguno de los debates celebrados hubo la oportunidad de plantearles a los representantes de las fuerzas independentistas la cuestión de los apoyos internacionales con los que contaba su proyecto para salir adelante.

La cuestión de marras es absolutamente central porque constituye un secreto a voces que para el diseño de la estrategia independentista aquellos apoyos resultaban absolutamente clave. O incluso más: constituían la palanca de la que en último término dependía la suerte entera del procés. No recuerdo qué político soberanista llegó a plantear la cosa en estos términos: se trata de montar un pollo de tal magnitud que Europa no tenga otro remedio que intervenir, instando al Gobierno español a que dé solución al conflicto. Y a la llamada internacionalización del mismo dedicaron gran parte de sus energías y recursos tanto el Govern de la Generalitat como las fuerzas que le apoyaban.

El problema para ellos ha sido la escasa fortuna que ha acompañado a tanto esfuerzo. De ahí la pregunta recurrente que en los pasados debates se les dirigía: habida cuenta de que una declaración de independencia carece de todo valor si no es reconocida por otros países, ¿qué líderes o gobiernos extranjeros en concreto les han manifestado su apoyo a la andadura emprendida a partir de la declaración secesionista del 9-N? La respuesta que, de manera indefectible (para eso están los argumentarios), proporcionaban tales representantes era siempre la misma: nos ha manifestado su apoyo mayoritario el pueblo de Cataluña, del que hemos obtenido un mandato democrático.

O sea, y por resumir: ni un solo líder extranjero, ni un solo gobierno más allá de nuestras fronteras. El independentismo ha sido incapaz de encontrar aliados mínimamente presentables, al margen de la Liga Norte italiana y alguna otra fuerza de más que dudoso prestigio. Pero conviene resaltar, además, que esa soledad política no es "del pueblo de Cataluña", como gusta de repetir el oficialismo, sino del bloque independentista. La cifras son tozudas al respecto: lo que se ha producido a lo largo de estos últimos años ha sido una radicalización del nacionalismo hacia el secesionismo, pero la suma de los antiguos convergentes, ERC y CUP sigue dando un número extremadamente parecido al de tiempo atrás. Aunque no quisiera que este dato soslayara un hecho, complementario, de extraordinaria importancia política: el sector independentista, por estabilizado que pueda estar en su número, se encuentra, a pesar de todo, muy movilizado.

De este último hecho se ha solido hacer una lectura favorable al independentismo, pero convendría no perder de vista una interpretación bien distinta, que constituye la otra cara de la moneda. Y es que, con unas bases tan excitadas, tan persuadidas de que estamos ya en la cuenta atrás de la independencia, los partidos secesionistas parecen abocados a un bloqueo político, que solo puede dar lugar al fracaso del proyecto.

Porque, por un lado, a los líderes de dichas formaciones les va a resultar muy difícil, por no decir imposible, maniobrar o reconducir la situación en una dirección distinta a la que habían estado prometiendo hasta hoy. Pero, por otro, volviendo al principio, tales promesas resultan irrealizables sin apoyos exteriores: en eso existe un completo acuerdo entre quienes saben del asunto. Apoyos que no parece verosímil que vayan a obtener Raül Romeva, incapaz de convencer ni a un periodista de la BBC, o Artur Mas, amortizado políticamente tras su 'espantá' en tiempo de descuento.

Pero sin tales apoyos, los independentistas quedan condenados a permanecer indefinidamente encerrados en su juguete, por parafrasear la clásica expresión de Juan Marsé. O, si se prefiere utilizar la formulación propuesta en su momento por el propio Artur Mas, la travesía rumbo a Ítaca tan clamorosamente anunciada no puede tener lugar. El barco no llegará ni a zarpar por la sencilla razón de que no se encuentra en condiciones de navegar.

Por supuesto que, de puertas afuera, no se ha abandonado por completo la retórica más explícitamente rupturista, ni se ha renunciado a la gesticulación secesionista (por ejemplo, antimonárquica), pero probablemente ambas cosas deban ser interpretadas más en clave de cohesión interna (para mantener a la propia clientela movilizada y alerta por si se abriera una ventana de oportunidad para relanzar el procés) que de mensaje político concreto que se le dirige al Estado. Misma clave, por cierto, en la que creo que cabe interpretar la petición, llevada a cabo el pasado miércoles por parte de los partidos independentistas, de constitución de tres ponencias destinadas a redactar las leyes de secesión, sobre todo teniendo en cuenta que la tramitación de las mismas no tiene fecha y puede demorarse tanto como quieran los partidos responsables.

Percibiendo lo que hay, los nuevos gobernantes de Cataluña han ido variando sutilmente su discurso. Ya les han empezado a notificar a los catalanes que el plazo anunciado de los dieciocho meses para la desconexión no había que tomárselo al pie de la letra, que la tarea primordial en este momento es ensanchar la base social del independentismo, concitando la adhesión de sectores sociales hasta ahora renuentes a la secesión, que la prevista declaración de independencia no pasa de ser una declaración de intenciones, que lo importante es hacer las cosas bien, que la legalidad (aunque no se suele especificar cuál) será respetada, y así sucesivamente. Poco a poco se le ha ido poniendo sordina a lo del supuesto mandato democrático para romper amarras con España y lo último, que se encarga de reiterar Oriol Junqueras en cuanto se le pone delante un micrófono, es que eso de la independencia no depende solo del Govern, del Parlament, de los partidos, de las organizaciones sociales... ni siquiera de la sociedad catalana en su conjunto. De verdad, de verdad, acostumbra a concluir el líder republicano, de quien depende es del Estado... y de los mercados. En resumidas cuentas, el barco que debía viajar a Ítaca permanece atracado a la altura de La Barceloneta. ¿Tanta alforja para tan corto viaje?

Manicomio catalán
La Cataluña del dedazo
Ramón De España Cronica Global 6 Febrero 2016

Los partidarios de la nueva República catalana se comportan últimamente de una manera muy monárquica, nombrando a sus sucesores a dedo y repartiendo cargos sin tener en cuenta la meritocracia. Artur Mas se hizo a un lado por el bien de la patria, pero antes le pasó el cargo al alcalde de Gerona, Carles Puigdemont, quien a su vez le legó el suyo a un tal Ballesta, que nadie sabía muy bien quién era porque no se había distinguido especialmente en nada.

Hasta Xavier Trias, que ya no es alcalde de Barcelona, designó a Joaquim Forn como su hipotético sucesor. Me temo que cuando Barack Obama dijo lo de Yes, we can no se refería a esto, pero nuestros nacionalistas lo entendieron de manera literal y parecen dispuestos a hacerlo todo porque pueden, sin hacer el más mínimo esfuerzo por disimular un poco.

Envían a Mascarell de embajador a Madrid y ponen la sanidad en manos de Toni Comín: ambos se hicieron independentistas de la noche a la mañana y eso hay que premiarlo

El nuevo Govern actúa igual. Hay que premiar de algún modo a los tránsfugas, así que envían a Mascarell de embajador a Madrid y ponen la sanidad en manos de Toni Comín: ambos se hicieron independentistas de la noche a la mañana y eso hay que premiarlo.

Lo primero que ha dicho Comín es que el problema de las listas de espera solo se soluciona con la independencia; así que, hasta entonces, más nos vale a todos no tener que pasar por el quirófano. Y si la diñamos mientras nos llega el turno, pues ya lo sabemos: la culpa es de España. Mira que el hombre lo tenía fácil para mejorar la obra de su predecesor, Boi Ruiz --al que el Astut fue a buscar al maravilloso mundo de las mutuas para que le ayudara a cargarse de una vez por todas la sanidad pública--, pero en vez de ponerse a trabajar, ha optado por la ciencia ficción. Eso sí, nada más ocupar el cargo, ha recurrido al dedo de premiar y ha fichado al hijo de Guillem d'Efak, que andaba un poco perdido desde que salió de la agencia literaria de Carmen Balcells.

En el departamento de agitación y propaganda, claro está, el dedazo también se impone. Ahí tenemos a Saül Gordillo al frente de Catalunya Ràdio, aunque lo que realmente merece es el premio Santo Job a la paciencia por haber transcrito las profundas conversaciones de Oriol Junqueras con Justo Molinero en un libro, sin duda, apasionante.

Para TV3, la cosa está entre Vicent Sanchis y Pepe Antich, entre un genuino creyente y un genuino arribista. Si me dieran a elegir --cosa altamente improbable--, me quedaría con el primero porque le gustan los cómics, es un tipo agradable en la distancia corta y, aunque es un hombre del Régimen, no va por ahí mordiendo a los que no lo somos.

Supongo que la meritocracia llegará también con la independencia, pero durante la transición, aunque sea eterna, con el dedazo vamos que chutamos.

Firmado por 80 prestigiosos representantes del mundo de la ciencia y de las letras
Manifiesto ante el desafío soberanista de Cataluña
www.latribunadelpaisvasco.com 6 Febrero 2016

Preocupados por la amenaza a la unidad nacional que supone el desafío soberanista de Cataluña, un grupo de intelectuales ha decidido abandonar cátedras y ateneos y descender a la calle para defender la integridad territorial de España. Son ochenta mujeres y hombres del mundo de la cultura, de la universidad y de las ciencias, que desean dejar patente su compromiso con la unidad de España y su denuncia ante la amenaza separatista. Entre los firmantes de este "Manifiesto ante el desafío soberanista de Cataluña", se encuentran un Premio Nacional de Literatura, catedráticos, novelistas, poetas, profesores universitarios, profesionales y militares.

MANIFIESTO
La difícil situación por la que atraviesa España, se ve incrementada por el desafío que la Generalitat de Cataluña presenta al histórico proyecto de una patria común, que pertenece a todos los españoles, sea cual fuere su origen o condición. Nuestra patria secular, venida desde los castros celtas o de la cultura argárica, de los sabios tartesos o los indómitos cántabros, la España de Viriato, Numancia y Sagunto, el país que fue unificado hace más de quinientos años, la nación que descubrió un continente, que circunvaló la Tierra, el país de los hombres y mujeres que no se dejaron colonizar por franceses en Zaragoza, ni en Gerona, ni en Bailén... la España de San Isidoro de Sevilla o San Juan de la Cruz, la patria de Cervantes, de Agustina de Aragón, de Goya, de Velázquez, de Falla, de Lorca, de Dalí, de Clara Campoamor, de Picasso, de Ortega... la España de todos los españoles está trágicamente amenazada por la felonía y traición de una clase política catalana, corrupta e inmoral, que abusando de sus instituciones emanadas de nuestra Constitución- y obviando toda norma legal, reta al pueblo español a una secesión que pretende romper con dos mil años de convivencia y de historia.

Es ésta una intención que lamentablemente se viene repitiendo en los últimos ochenta años. El precedente más serio, en 1934 con la proclamación del Estado Catalán, tuvo que ser cercenado por la autoridad estatal de la II República, usando todos los recursos legales para reducir a los sediciosos que atentaban contra la unidad nacional.

Otra vez, por desgracia, el corrupto separatismo vuelve a mostrar su rostro insolidario, hipócrita y traidor, alentando -desde una institución confiada por nuestra democracia- un acto contra la unidad de España. Este hecho se produce ante el déficit de respuesta de nuestros dirigentes políticos que, por conveniencia partidista, han permanecido con los ojos cerrados (desde la época de la transición) pese a los avisos, amagos y actos encaminados a una ruptura con España, originados por los independentistas catalanes. Las continuas cesiones a los nacionalistas de Pujol, de Más, y ahora de Puigdemont (miembros de un partido corrupto), han conducido a esta vuelta de rosca que ya parece irreversible.

Esta triste realidad por la que atraviesa España es el motivo que nos obliga a suscribir este manifiesto. Quienes lo firmamos somos hombres y mujeres provenientes del mundo de la cultura, la universidad, las artes y las ciencias de los cuatro puntos cardinales de la milenaria Iberia, de la histórica Hispania, sin intenciones políticas comunes, que expresamos nuestra más rotunda oposición a que el Parlament de Catalunya lleve a efecto su plan de ruptura, presentado en sesión de investidura del 10 de enero de 2016.

También instamos al Gobierno español (al actual y al futuro, fuere cual fuere), a salvaguardar y mantener, por todos los medios a su alcance, la unidad nacional: Que bajo ningún concepto relaje su obligación en la defensa de la sagrada unidad de la patria, de una España que anhelamos, además, mucho más justa, una España en la que no haya ningún hogar sin pan y en la que el hambriento de siglos pueda, por fin, sentirse orgulloso de ser español.

Por una España unida y en paz. ¡Todos Juntos!
 


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