AGLI Recortes de Prensa   Domingo 7 Febrero  2016

Rajoy quiere partir la Transición por el centro
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 7 Febrero 2016

La Transición fue posible porque los franquistas pactaron con los comunistas la cancelación definitiva de la Guerra Civil. Pero si el pacto del Rey y Suárez con Carrillo y el PCE del interior (Tamames, Camacho, Sánchez Montero) hizo posible el cambio de régimen, el asentamiento de la democracia se produjo por la creación de dos partidos de centro: UCD y el PSOE, que se situaban, respectivamente, a la izquierda y a la derecha de AP y el PCE. En la Transición había también cuatro grandes partidos, pero la hegemonía, en la Derecha y en la Izquierda, estaba en los dos de centro, UCD y PSOE, que formaban con AP y PCE dos bloques constitucionales claros. Y pese a la continua y trágica política de cesión a los separatistas, la alternancia de derecha e izquierda, tangentes por el centro, dio estabilidad y continuidad al sistema. Casi cuarenta años ya. Algo impensable en 1976.
La organización del centro desde la Derecha

UCD, creada desde el Gobierno, tenía una organización tan azul mahón (uniforme falangista) como AP: gente como Martín Villa o Rosón eran, simplemente, más jóvenes que los "siete magníficos" de AP, cuyo jefe de filas, Manuel Fraga, era más reformista que todos ellos, pero había elegido presentarse a las elecciones junto a los ministros más brillantes del franquismo del milagro económico: Fernández de la Mora, Silva Muñoz, López Rodó o Fernando Suárez. UCD, en cambio, incorporó a la estructura territorial del Movimiento personalidades y minipartidos antifranquistas: monárquicos juanistas (Calvo Sotelo), liberales (Garrigues), democristianos (Álvarez de Miranda, Alzaga) y socialdemócratas (Fernández Ordóñez).

Aparentemente, y así se cuenta todavía hoy, la pugna en la Derecha se dirimió entre nostálgicos del franquismo (AP) y reformistas (UCD), pero nada más falso. La guerra dialéctica entre el llamado "bunker", cuyas dos organizaciones fundamentales eran los Ex-combatientes de Girón (aunque se quitaban el "ex", eran muy mayores) y Fuerza Nueva, de Blas Piñar. Y el gran debate sobre la continuidad o reforma del franquismo tuvo lugar en las Cortes sobre la Ley de Reforma Política de Adolfo Suárez, que defendió, frente a Blas Piñar, el único orador capaz de batirlo: Fernando Suárez. Fue quizás el más brillante de los debates parlamentarios desde la Guerra Civil. Y sobre la mayoría numérica, asegurada desde el Gobierno, quedó clara la superioridad política de los reformistas. Ahí empezó a construirse el futuro Centro: desde las dos Derechas que temían o defendían el cambio político.

La división posterior entre AP y UCD obedeció a cálculos electorales y apuestas personales, no a grandes diferencias ideológicas. Y ganó UCD. Pero Fraga participó en nombre de AP en la redacción de la Constitución, y cuando se votó en las Cortes, una parte de los escasos diputados votaron en contra, sobre todo por el Titulo VIII, pero el bloque de derecha democrática y constitucional quedó ya claramente delineado. Tras el segundo triunfo de UCD en las elecciones generales de 1979, se produjo una crisis en torno al liderazgo de Suárez, alentada por el PSOE, la Zarzuela, AP y dos sectores de UCD: el conservador (Herrero de Miñón) y el democristiano (Alzaga).
La dispersión de una derecha centrista

El Golpe del 23F de 1981 fue producto de esa debilidad de Suárez, cercado por enemigos dentro y fuera de UCD. Y el líder de la Derecha que hizo la Reforma, la Constitución y ganó dos elecciones generales dimitió "para que la democracia no fuera un paréntesis en la historia de España". Dejó UCD, guardando en su alma entre falangista y opusina un odio más que justificado a los poderes fácticos de la Derecha, del Rey a la CEOE, olvidando que esa Derecha lo había hecho a él de la nada. Y UCD estalló. Suárez inventó el CDS. Herrero, en la Operación "Tormentas Azules", se llevó a los conservadores a AP, y Alzaga a los democristianos; Fernández Ordóñez ideó el PAD para integrarse en el PSOE; y Suárez creó el CDS.

Pero el Centro de UCD no se perdió en AP sino que se vació en un nuevo molde que, al cambiar el liderazgo de Fraga por el de Aznar, pudo volver a ganar las elecciones. Porque ya no se trataba de encontrar una equidistancia entre el franquismo y el antifranquismo, que era el PCE, sino de encontrar una alternativa nacional y liberal-conservadora que pudiera competir con la socialdemócrata, en la que el PSOE tenía la hegemonía.

Muchos de los valores de AP se modernizaron en UCD y en el PP. Pero si la UCD no hubiera existido y la alternativa de la Derecha después de Franco hubiera sido la de la AP de los "Siete magníficos", es difícil que una de las dos patas del sistema hubiera podido sostener al menos, la mitad del edificio constitucional, cuyo valor nos parece hoy mayor que nunca, sin duda porque vemos que es fácil que se venga abajo en los próximos meses.
La organización del centro desde la Izquierda

Si la creación de una derecha democrática tras la muerte de Franco fue difícil porque la mayor parte de los políticos derechistas organizados estaban en el Movimiento, tampoco era fácil la creación de una Izquierda democrática, ya que la única organización existente frente al franquismo era el PCE, llamado "El partido" no sólo por vicio totalitario sino porque realmente era el único organizado frente a la Dictadura. El PCE de dentro de España era una fuerza democratizadora, precisamente porque en él se habían juntado o protegido muy diversas sensibilidades políticas. Es verdad que la democracia se entendía como un período, ilimitado en el tiempo, que permitiría que la sociedad evolucionara pacíficamente hacia el socialismo, pero desde la condena de la invasión de Checoslovaquia en 1968 y el Manifiesto-Programa , con el Pacto por la Libertad que incluía los sectores reformistas del franquismo, la aceptación de la democracia estaba clara.

No eran tan sinceramente democráticos los dirigentes del PCE en el exterior, que nunca entendieron el gran potencial del partido en 1975-77 y que aceptaron el "eurocomunismo" como una forma de subsistencia de la izquierda en la Europa democrática después de varias crisis: la fallida Primavera de Praga, el golpe que acabó con el régimen social-comunista de Allende, la crisis italiana ante la posible llegada al poder del PCI, con el asesinato de Aldo Moro por las Brigadas Rojas y el intento golpista de Almirante que pusieron en jaque el sistema democrático italiano y, sobre todo, la radicalización de la Revolución de los Claveles en Portugal hacia un régimen de tipo soviético con el PCE ferozmente estalinista de Cunhal, el Gobierno de Vasco Gonçalves y cabecillas militares como el "Almirante rojo" Rosa Coutinho o Saraiva de Carvalho hicieron temer a Occidente que el fin de la dictadura de Franco se pareciera al de la de Salazar en Portugal.
El PSOE, un invento con éxito

Entonces fue cuando se puso en marcha la creación de un partido de izquierda socialdemócrata que impidiera una hegemonía comunista como la del PCI en Italia. En realidad, la forja de un nuevo PSOE era prioritaria para los servicios secretos de Franco. San Martín, jefe de inteligencia del aparato de Carrero llamado SECED, luego CESID y ahora CNI, cuenta en sus memorias cómo protegieron a "Isidoro" (Felipe González) en su viaje a Suresnes para defenestrar a los viejos masones de la cúpula del PSOE. En Franco primaba sobre todo la preocupación por la masonería, para evitar que pudiera dividir el Ejército como sucedía antes de la Guerra Civil. En los USA y la OTAN, que vieron cómo la URSS se hizo rápidamente con las colonias portuguesas en Africa (sobre todo Angola y Mozambique) la preocupación era evitar que los comunistas llegaran al Poder en España y que un Sahara en manos del POLISARIO y Argelia fuera feudo soviético.

Esa convulsa situación internacional explica la Marcha Verde, la entrega del Sahara a Marruecos (aliado de los EEUU) y, dentro de España, la financiación del PSOE a través de los sindicatos alemanes y la AFL-CIO (con fondos de la CIA) y la organización desde la CEOE (que actualizó la parte empresarial del Sindicato Vertical) de una UGT capaz de competir con Comisiones Obreras. En esa apuesta por el PSOE y la UGT fueron cayendo rivales del PSOE como el PSP de Tierno y la FDPS, que tenían peligrosas querencias por Libia e Irak, y la USO, el sindicato rival, aunque no comunista, de UGT.

El dinero americano para el PSOE, vía Alemania –hasta los carteles se hacían allí- no hubiera sido tan eficaz sin un líder como González y un estratega como Guerra, pero, sobre todo, sin coincidir con el deseo de la gran mayoría de los votantes de una izquierda por estrenar en las urnas pero que quería un partido socialista que no pusiera en peligro la prosperidad aún reciente -y por ello más valorada- de la segunda etapa del franquismo. No querían franquismo, pero tampoco antifranquismo, es decir, PCE, así que votaron PSOE, un partido que la gran mayoría no había votado jamás.

La creación de ese centro-izquierda con las siglas del PSOE, más apoyado en las urnas que en los medios de comunicación, que, al margen del golpista El Alcázar, eran devotos del franquismo (La Vanguardia), liberales pro-UCD (Grupo 16) y entre UCD y PSOE (El País), todos con redacciones mayoritariamente pro-comunistas, no radicalizó al PCE sino todo lo contrario. Tras aceptar, con su legalización, la Bandera y la Corona, firmó los pactos de La Moncloa, participó (Solé Tura) en la Constitución y pidió el voto en el referéndum de 1978. El único grupo fuera del consenso constitucional fue la ETA y, con su abstención, el PNV. Tal era la fuerza del Centro, o de los dos centros inventados en la Transición.
Rajoy vuelve a Fernández de la Mora, Iglesias a la ETA y el PCPE

Si Rajoy se sale con la suya, vamos a elecciones en verano y de ellas salen hechos pedazos el PSOE y Ciudadanos, volveremos al cainismo de la izquierda minoritaria (ETA, FRAP, el PCPE de Ignacio Gallego) que en 1976 soñaba con la Guerra Civil, porque eso significaría la hegemonía de Podemos sobre el PSOE. Y volveremos también a una Derecha lela, atrincherada en los atavismos conservadores de la vieja Alianza Popular, el primer partido de Rajoy, cuando lo cautivaba el más brillante y menos demócrata de los "Siete Magníficos", Fernández de la Mora, autor del libro que incensaba en El Faro de Vigo: La envidia igualitaria; un "magnífico" que votó no a la Constitución. Si Rajoy e Iglesias se salen con la suya y logran polarizar el voto entre una derecha sin horizonte y una izquierda chequista, que ha archivado la socialdemocracia para idolatrar a la ETA y servir al separatismo antiespañol, podrá decirse de verdad que la Transición y el Régimen Constitucional de 1978 han muerto. Nunca politicastros tan limitados habrán logrado desastre tan monumental.

La historia interminable
FERNANDO SÁNCHEZ DRAGÓ El Mundo 7 Febrero 2016

Se atribuye al filósofo Santayana la manoseada frase de que quién no recuerda la historia se ve obligado a repetirla. A saber si fue él quien la dijo, pero no es eso cosa que me quite el sueño. Lo que sí me lo quita es la posibilidad de que suceda al revés. ¿Y si recordar la historia, como proponen los partidarios de aplicar ese criterio a lo sucedido en nuestra penúltima guerra civil, y sólo a ella, nos condenase en realidad a repetirla? España es, entre todos los países de la tierra, el único que se cuestiona a sí mismo y, debido a ello, y a otros rasgos de su carácter obsesivamente plurinacional, el que más guerras civiles ha tenido. No deja de ser extraño que a menudo, otrora, se hablase de las Españas incurriendo en una dicotomía psicológica que mueve a pensar en la del individuo que era, a la vez, doctor Jekyll y señor Hyde.

El plurinacionalismo sería, en tal caso, nuestro lado oscuro (otra expresión de moda), de igual forma que lo es el multiculturalismo en el revoltijo de la Unión Europea. ¿Será por guerras civiles? La autofagia practicada al arrimo de su historiografía por el siempre hispanocéntrico hombre ibérico (la expresión es de Karl Vossler) podría ser uno de los hilos de la araña que en vez de sacarnos de lo que Brenan llamaba «el laberinto español» nos han metido en él.

Yo mismo aporté algunos metros de sedal con mi ensayo sobre la España Mágica, que precisamente ahora acaba de reeditarse. ¿Guerras civiles, decía? Las púnicas, por ejemplo, que se libraron aquí. La de los suevos y los visigodos. Las de los ocho siglos de Reconquista en las que todos luchaban contra todos (los cristianos contra los moros, los moros contra los cristianos, los cristianos entre sí y los moros entre sus Taifas). La de Isabel y la Beltraneja. La de las Comunidades. La de los moriscos. La de Sucesión del Hechizado convertida ahora en Secesión. Las carlistas.

Y, por supuesto, la del 36, a la que antes llamé penúltima, pues la última, debido a la matraca 'zapaterista' de la memoria histórica, ya ha empezado. Es incruenta, por fortuna, y lo seguirá siendo, a falta de un ejército levantisco, de generalotes de cartuchera en bandolera, de anarquistas o falangistas feroches y de pistoleros en los partidos. Estallar, lo que se dice estallar, no ha estallado, pero ya la tenemos aquí. Para ese viaje mejor el olvido, ¿no?

Las siete vidas de Sánchez, 'El Renacido'
DAVID JIMÉNEZ El Mundo 7 Febrero 2016

No había terminado Pedro Sánchez de anunciar que había hecho historia en la noche electoral, tras obtener los peores resultados de un líder socialista, y los tertulianos ya hacían porras sobre su defenestración, su número de teléfono empezaba a ser tachado de las agendas del poder y en las redacciones preparábamos su esquela política. Que un mes y medio después el candidato del PSOE esté en posición de convertirse en el próximo presidente confirma que, siendo éste un país donde los políticos disfrutan de una esperanza de vida profesional inversamente proporcional al mérito, no se les puede enterrar sin haber comprobado su pulso una séptima vez.

Sánchez ha llegado hasta aquí tras un intercambio de papeles que será estudiado en las facultades de política, asignatura de Estrategias Incomprensibles. Porque mientras el candidato socialista perdía las elecciones y se comportaba como si las hubiera ganado, Mariano Rajoy actuaba como si las hubiera perdido, a pesar de haberlas ganado. El resultado es un presidente relegado al papel de segundón, a la espera de que sus rivales políticos decidan su destino.

Pedro Sánchez ha sido subestimado por todo el mundo menos por él mismo desde que se convirtió en el secretario general del PSOE gracias a que «pasaba por ahí», según la definición que esta semana me confiaba un miembro destacado del partido. No sabemos mucho de sus ideas o su visión de país, pero se nos ha ido revelando el carácter temerario de quien se tira a la piscina primero y comprueba si hay agua después. Hay veces que uno tiene la sensación de que, cuando sonríe en las ruedas de prensa, el líder socialista lo hace preguntándose cómo es posible que esté en semejante posición. La suerte de haber nacido en un país como España, quizá.

Lo que no se le puede negar a Sánchez es el arrojo de avanzar ignorando el ruido a su alrededor, sin importar de dónde venga. Pasa de las instrucciones del patriarca Felipe González, responde con órdagos a los puñales que le lanzan desde dentro del partido y dice estar dispuesto a llevarse de compañero de viaje a Albert Rivera o Pablo Iglesias, como si los proyectos para el país de sus potenciales socios tuvieran algo que ver. Pero incluso quienes no daban un duro por el líder socialista empiezan a admitir que quizá haya una estrategia detrás de sus movimientos. «Voy en serio [a intentar ser presidente]», dice él. Y ya no se escuchan risas de fondo.

El problema de 'El Renacido' aspirante socialista, dado por muerto antes de tiempo como el personaje de DiCaprio en la última película de González Iñárritu, es que las mismas matemáticas que le han puesto el premio gordo a tiro pueden llevárselo por delante, y con él a su partido. Los 'populares' nunca se abstendrán para hacerle presidente con Ciudadanos, menos aún siendo la alternativa una segunda vuelta electoral con la que Rajoy sueña redimirse y seguir bloqueando cualquier renovación interna. Los barones tampoco dejan a Sánchez gobernar debiendo favores a partidos separatistas, que es sabido siempre vuelven para cobrarlos. Y el horizonte de tener que sentarse en el consejo de los viernes con un vicepresidente que busca la destrucción de tu partido, y varios ministros cuyo modelo económico ideal es una mezcla entre Venezuela y Grecia, no se antoja apetecible. «Vamos a nuevas elecciones», se escucha en los cuarteles generales de los partidos. Quizá, pero no sin antes alargar el teatro unos meses más y aumentar la percepción exterior de lo que nosotros sabemos hace tiempo. No somos un país serio.

Hay otra opción, más improbable pero mejor para España: que no triunfen ni la pasividad de Mariano Rajoy ni la temeridad de Pedro Sánchez y que ambos se aparten para dejar que sean otros dirigentes de sus partidos quienes lideren un gran pacto entre PP, PSOE y Ciudadanos para regenerar la vida pública, transformar el país desde la educación y reforzar con medidas urgentes una recuperación económica todavía frágil.

El problema es que estamos ante dos supervivientes con escasa predisposición para el altruismo político y que, a pesar de tener personalidades opuestas, comparten la misma determinación por agotar hasta el último suspiro la vida política que les queda.

Carmona: para esto de una p. vez
EDUARDO INDA okdiario 7 Febrero 2016

Amistades y admiraciones aparte, desde un punto de vista estrictamente profesional he de concluir y concluyo que Antonio Miguel Carmona es uno de nuestros políticos con la cabeza mejor amueblada. Socialdemocracia en estado puro. Lo cual tiene su mérito teniendo en cuenta que son malos tiempos para una ideología que ha dado grandes tardes a este país en concreto y a Europa en genérico. Los que dentro de la sociedad civil (empezando por los periodistas filosocialistas), que al fin y al cabo es la que marca tendencia, antaño se encuadraban en ese ámbito político ahora se han pasado en masa a Podemos, que no es ni más ni menos que una moda de ésas de quita y pon. Porque, si rascas un poquito, tampoco hace falta mucho, compruebas en milésimas de segundo que lo poco que hay es tejido podrido.

Carmona es de los mejores exponentes de un PSOE que fue grande, el más grande en términos cuantitativos, gracias a ese esfuerzo por buscar el centro de Felipe González que le deparó los mejores resultados electorales de nuestra joven democracia y el más largo periodo de Gobierno. Básicamente, porque a los que estaban en el centroderecha no les daba miedo votarle. Al punto que muchos de ellos se fueron al PSOE y jamás volvieron ni a la UCD –entre otras cosas, porque lo de este maravilloso proyecto colectivo fue un visto y no visto, el medio y el fin eran lo mismo– o a la postrer Alianza Popular que en 1990 devino en Partido Popular.

Por todo ello ni he entendido, ni entiendo, ni entenderé cómo el centrado y centrista Antonio Miguel pudo consentir el pacto con una banda, la de Carmena, que desde el primero hasta el penúltimo de los madrileños sabíamos lo que era. Tampoco comprendí cómo dejó pasar, casi a beneficio de inventario, el caso Zapata. No se atrevió a exigir a esa loba con piel de cordera la destitución inmediata del malnacido concejal. El tipejo que se mofó de los seis millones de judíos gaseados e incinerados en el Holocausto –“¿cómo meterías a cinco millones de judíos en un 600? En el cenicero–, de Irene Villa, de las niñas asesinadas en Alcàsser por Antonio Anglés y de una Marta del Castillo que sus padres aún no han podido enterrar.

Menos aún me cabe en la cabeza que auparas con tus votos al poder a personajes como el hacker Pablo Soto, que reclamó en varios tuits “guillotinar” a Alberto Ruiz-Gallardón, o a Jorge García Castaño, que propuso en la misma red social “empalar” al ex UPyD y actual ciudadano Toni Cantó. No lo entiendo, de verdad, porque a gente que opina así, a sujetos que tienen tan enferma la cabeza, no hay que darles ni agua, ni los buenos días, ni las buenas noches, ni na de na.

Creo yo, querido Antonio, que ha llegado el momento de que pongas encima de la mesa lo que hay que poner. Que no es un par de redaños sino una miaja de dignidad, de decencia, de sentido común, de ética y hasta de estética. Con un poquito basta. El asunto es tan obvio que casi os debería dar vergüenza que os lo reclamemos. A mí no me vale con que aludas a la obediencia debida a Ferraz. Te recuerdo, y perdón por la exagerada comparación, que esta conducta es la que ha permitido las mayores atrocidades de la historia de la humanidad. Ocurrió en el nazismo, en el estalinismo, en la juntas militares argentinas y en la antigua Yugoslavia. “Yo hice lo que me ordenaron”, clamaban soldados y mandos intermedios del nazismo en Nuremberg, de las dictaduras del Cono Sur cuando llegó la democracia y se hizo justicia y los jerarcas serbios cuando les tocó rendir cuentas ante esa bendición que es el Tribunal Penal Internacional. No olvides, pues, que la obediencia debida es un eufemismo para esconder lo que no es sino cobardía moral. Antes que Ferraz, que Luena, Sánchez y cía, está tu dignidad, querido Antonio. Y, sobre todo y por encima de todo, la dignidad de todos los madrileños, que no votamos a esta inmundicia que nos gobierna. Perdón, desgobierna.

Estáis permitiendo por omisión que los inversores salgan corriendo de Madrid. Que los chinos de Wanda se vayan con sus cientos de millones a otra parte, que por extensión se olviden de los 3.000 kilazos de Campamento y que la antaño denominada Operación Chamartín (entre 6.000 y 10.000 millones del ala) quede en papel mojado. Los empresarios extranjeros que apuestan por la capital no sólo contemplan anonadados que hay inseguridad jurídica sino que, además, alucinan cuando encima el Ayuntamiento les maltrata y se dirige a ellos poco menos que como si fueran unos delincuentes. Estás consintiendo también por tu obediencia debida que estos pájaros retiren calles a troche y moche metiendo en el mismo saco a auténticos franquistas y a demócratas sin tacha como Enrique de la Mata Gorostizaga, que además de presidir la Cruz Roja acompañó a Adolfo Suárez en el tránsito de la dictadura a la democracia. Por no hablar de la ciscada que supone retirar el nombre de una calle a Juan Pujol, alias Garbo, espía y responsable de una de las más bellas acciones de la historia de la humanidad, engañar a los nazis sobre el desembarco de Normandía. Genialidad, por cierto, que permitió salvar a miles de judíos. La jefa de la Memoria Histórica se cubrió de gloria: ¡¡¡confundió al Juan Pujol bueno con el homónimo Juan Pujol malo, un destacado propagandista franquista!!! Claro que todo se entiende cuando te desvelan que la jefa de la Memoria Histórica que va a “limpiar” las calles de Madrid de vestigios del régimen anterior es la hijastra de Fidel Castro, uno de los mayores asesinos y sátrapas del siglo XX.

Tampoco entiendo que no pidieras una sola explicación cuando OKDIARIO desveló que la alcaldesa había comprado parte de un chalé con 100.000 euros en metálico, en billetes de 500, tal y como figura en el Registro de la Propiedad. ¿Te imaginas la que hubieras montado, la que hubiéramos montado más bien con toda la razón del mundo, si en lugar de figurar en la escritura el nombre de “Manuela Carmena” nos encontrásemos con que quien aparecía era una tal “Esperanza Aguirre”? No habría páginas, ni programas de televisión, ni espacios de radio en el mundo, para acoger el escándalo que provocaría una noticia así. La actual jefa de la oposición municipal se tendría que ir a Australia y enterrarse en una playa virgen para que no la encontrasen nunca jamás porque no sería capaz de soportar el pollo que se montaría. Y, desde luego, no entiendo que no la liases con motivo de la Cabalgata de Reyes: un atentado contra la libertad religiosa en toda regla que sería impensable en Francia, Alemania, Reino Unido o Escandinavia. Me replicarás que tú ya no eres el jefe del Grupo Municipal. Cierto. Tanto como que Purificación Causapié no es nadie –¿who is Purificación Causapié?– y tú uno de los más prominentes, honrados, ilustrados y prestigiosos políticos no sólo de Madrid sino de toda España.

Tampoco he visto que hayas dicho esta boca es mía después de lo ocurrido en el barrio de Tetuán, información adelantada por este periódico a media tarde del viernes. Si después de saber que esta gentuza organiza títeres infantiles en los que apuñalan monjas y policías, se ahorcan banqueros y jueces y se dan vivas a ETA continúas sin alterar el status quo municipal, todos te señalaremos como responsable in vigilando e in eligiendo de que la casa de todos sea la el coto privado de una serie de facinerosos y fascistas de la peor calaña. Esto no aguanta más. Esto va a reventar y se llevará a todos por delante. Lo peor de todo es que no podrás evitar que todos te apunten a ti por mucho que la culpa sea, que lo es, de Sánchez y de Luena.

Conviene que tengas presente otro insignificante detalle: en el equipo de gobierno municipal no está representada, ni de lejos, la voluntad mayoritaria de la ciudadanía. Lo diré más alto pero no más claro: lo que está sucediendo es una prostitución de la decisión que los madrileños tomaron el 24 de mayo. No puede ni debe ser que quienes obtuvieron 519.000 votos hagan y deshagan fascistoidamente a su antojo sobre quienes lograron 998.000, que es la suma de los sufragios de PP, PSOE y Ciudadanos. El PP se anotó de la mano de Esperanza Aguirre 563.000, el PSOE 249.000 contigo y C’s 186.000 con Begoña Villacís. Y convendrás conmigo que entre vosotros, populares y ciudadanos hay el triple de coincidencias y puntos de encuentro que con esa banduki que está provocando el enfrentamiento civil entre madrileños, el ensalzamiento del terrorismo, la huida de la inversión y la consiguiente multiplicación del número de parados. Tú decides: o de Madrid vamos al cielo o al infierno. O somos el faro y el rompeolas de todas las Españas o la vergüenza. O el Madrid de Tierno o el de los okupas y los proetarras.

Tú que puedes, para esto de una p. vez. De una puñetera vez, quería decir.

Mind your head
Santiago González El Mundo 7 Febrero 2016

Algo debe de pasarles a los tipos y a las tipas de la izquierda nueva con la cabeza del personal. Aquel video de La Tuerka en el que Pablo Iglesias confundía El Terror con la Revolución Francesa y elevaba la guillotina a símbolo de la misma, para lamentar que nosotros no la hubiéramos hecho funcionar aquí. Pblo se había limitado a hacer una lectura banal y algo modorra de 'El siglo de las luces', de Alejo Carpentier. Pero tuvo éxito. El concejal Pablo Soto soñaba con una plaza Mayor de Madrid convertida en La Concordia, una guillotina y Galardón en el papel de Luis XVI. La diputada y portavoz adjunta de Podemos en el Congreso, Irene Montero, también copió de su novio la afición a la guillotina: #FelipeNoSerasRey, nuestros recortes serán con guillotina.

Madame Guillotina firmaba sus tuits una majadera, que acaba de ser condenada por publicar chistes denigratorios contra las víctimas del terrorismo Miguel Ángel Blanco e Irene Villa y difundir en su cuenta te Twitter consignas enaltecedoras del terrorismo. Y de la guillotina, que tanto gusta a Iglesias, a su novia, a su ex-novia, Tania Vaciamadrid, que, amén de financiar desde el Ayuntamiento la empresa de su hermano, colgó un tuit que decía: "Una familia real de gatillo fácil y huesos débiles sólo tiene una salida #guillotina". Entre la tropa que pastorea Manuela Carmena, Jorge Gª Castaño, secretario del Grupo de Ahora Madrid, pidió una guillotina en la Puerta del Sol. También les gustaba mucho el tema al concejal Pablo Soto, ya citado arriba y al diputado por Valladolid, Juan Manuel del Olmo que acertó a sacarle una pasta a la cuestión vendiendo reproducciones de la máquina en miniatura poor 11,95 euros, con este anuncio que pueden ver aquí:

La burra de Valencia también se apuntaba a la moda Podemos para descabezar al personal, a pesar de que los regímenes que lo patrocinan tienen su propio método. Los bolivarianos a los tipos que disparan desde las motos a los manifestantes de la oposición, los irán´íes ahorcando en grúas, lapidando o precipitando desde la altura a homosexuales, adúlteras, ateos y otras gentes de mal vivir."Maderos a la guillotina, ETA mátalos".

¿Cómo sorprenderse de la estupidez y la ignorancia que demuestra esta chusma en la aplicación de la memoria histórica? Una mínima información les llevaría a asociar los asesinatos de ETA con el calibre 9 mm o la goma-2. Toman por madre de la democracia a lo que no fue sino la excrecencia de la Revolución, el instrumento del Terror y la antesala de la dictadura y del imperio napoleónico.

El caso es que a esta tía le han caído dos años por la Audiencia Nacional, la misma instancia judicial que hasta ahora ha dejado ir de cositas al concejal Guillermo Zapata por haber cometido exactamente los mismos hechos, chistes sobre las mismas víctimas y por el mismo procedimiento. María Lluch ha sido condenada a dos años y a ella no se le alcanza la razón:

"Si me hubieran manifestado que estaba ofendiendo a alguien los hubiera (quiere decir 'habría') borrado, además están en la red a millones" en la que también, ha dicho, hay chistes homófobos o racistas, por lo que ha asegurado que no pensó que estuviera atacando a alguien, ya que tampoco los dirigió directamente a las familias de las víctimas de ETA a las que se referían los chistes.Echen un ojo a la sentencia:

El razonamiento es una apología de la estupidez. El tribunal ha sentenciado que sus tuits "rezuman maldad sin paliativos y entran de lleno en las previsiones típicas del artículo 578 del Código Penal" [lea la resolución en PDF].

Además, el que la víctima directamente aludida por el chiste, como Irene Villa "no se sienta inquietada por frases tan indignas e impías como las expresadas" por la acusada "no constituye óbice para su castigo", porque junto a "Villa se encuentran multitud de personas, que también sufrieron terribles mutilaciones de personas, que también conforman parte del colectivo de víctimas del terrorismo".

El juez Pedraz debería tomar buena nota. El concejal Zapata espera. Yo lo había escrito hace más de cuatro meses:

La cuestión es que Irene Villa resulta ser una persona admirable por muchos conceptos, el menor de los cuales no es la altura moral que revelaron sus declaraciones y haber sabido sobreponerse al rencor, que era un sentimiento perfectamente humano y comprensible. Pero el Código Penal y la Justicia en general no tienen como única función, aunque sí es una de ellas, la reparación a las víctimas.

El carnaval de Carmena
Pedro de Hoyos  Periodista Digital 7 Febrero 2016

Uno tiene la tentación de decir a los madrileños que allá ellos y que disfruten lo votado, pero luego cae en la cuenta de que no, de que los madrileños no votaron a Carmena, sino que ésta está puesta por la casi desaparecida federación socialista madrileña. Ahora sí: Allá ellos.

La izquierda lleva una enorme ventaja a la derecha, al menos en España. Mientras la derecha está acobardada y escondida, la izquierda, y no hablo de los políticos sino del pueblo, saca pecho y piensa siempre en hacer apostolado, en predicar su teoría incluso entre niños de tres años. Si hablo de la nueva izquierda debo decir además que es revanchista, extremista y leninista. Y chula, como se demuestra en cada comparecencia de Pablo Iglesias. Uno de los aciertos de Iglesias es haber conectado con el chulo sabihondo que todos llevamos dentro. Y haberlo despertado. El eslogan de esta gente es sin duda “¿Quién como yo?”.

A esta nueva izquierda no le sirve nada que no fluya desde el extremismo al radicalismo pasando por el absurdo, sea la cabalgata de reyes, sea el carnaval; ellos son los nuevos profetas divinos que vienen a explicarnos la verdad suprema a los pedestres humanos. Pero no nos engañemos, la verdad suprema son ellos, sus discursos tan floridos casi sobran. No pretenden ganar la sociedad sino educarla, convertirla, dominarla, domarla, gobernarla. Someterla por al arte de la demagogia. La democracia es para ellos un vehículo momentáneo, del que se bajarán cuando proceda; la libertad de expresión es una excusa permanente para evangelizar al pueblo infiel, sea en las televisiones, sea Cortes o en un teatro de títeres.

Todo es para ellos un mitin, nunca desprecian una oportunidad de convertir a los descarriados. Cualquier modo de llevar su mensaje es válido, cualquiera que sea su público es aceptable, nunca se equivocan, su fe en sí mismos es inacabable, son profetas señalados por la mano de Maduro. O Chávez. O Castro. O Evo Morales. O todos ellos más Lenin.
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Son personas tan convencidas de poseer la verdad que jamás tolerarán que otro ser humano esté a su altura cultural o dialéctica, por lo tanto como seres altamente cualificados no aceptarán jamás un argumento superior a los suyos, si no encuentran modo de rebatirlo acudirán al “facha, que eres un facha”. Tenemos la izquierda más radicalizada de Europa, no podían presuponer que su obra de ahorcados, monjas o brujas violadas, jueces asesinados iba a molestar a nadie, ni siquiera a niños de seis años. ¿Se imaginan su sorpresa al ver la reacción de los padres de estos niños? ¡Qué fachas todos! ¡Qué franquistas!

Si las cosas van como cabe temerse estos padres y sus hijos son carne de cañón, serán los primeros en ser destinados a los campos de reeducación, donde serán educados en la verdadera fe del pueblo. Y después de treinta años de trabajos forzados serán reinsertados y enterrados. Pero alegrémonos, son nuestros políticos, elegidos libre y democráticamente por el pueblo de Madrid y, luego sí, aupados por el PSOE.

Han hecho de promocionar lo vergonzoso su modo de vida; de lo ruin, su prédica; de su altanería, ejemplo. Pretenden convertir lo marginal en habitual. Cuando escribo no se saben aún las consecuencias políticas de todo esto, pero la izquierda suele salir inmune de disparates como este, manipular la mente de niños de seis años y orientarla políticamente debiera ser gravísimo. La extrema izquierda tiene bula, cuenta con las simpatías suficientes entre los desesperados causados por la crisis económica que hasta les ríen las gracias.

¿Saben? La reacción final de los padres solo vino después de haber aguantado estoicamente escenas de asesinatos, violencia y abusos. Con niños de tres años delante. ¿No les llama a ustedes la atención tanto aguante paterno? Sólo con la pancarta proetarra el agua desbordó el vaso. A estos les ha puesto Carmona y sus socialistas madrileños, los mismos que quedaron los cuartos en Madrid el pasado 20 de diciembre. A tomar nota.

Carnaval carmenita
EDITORIAL Libertad Digital 7 Febrero 2016

Acorde con su ideología de extrema izquierda y su visión revolucionaria de la sociedad, los dirigentes del ayuntamiento de Madrid programaron el pasado viernes una función de títeres en la que se mostró a los niños el ahorcamiento de un juez, el apuñalamiento de un policía y la violación de una monja. Como colofón, los autores hicieron aparecer un guiñol con el típico eslogan del submundo proetarra, tan caro a los dirigentes de Podemos cuando aún no se habían convertido en estrellas mediáticas de La Sexta.

El escándalo provocado por semejante basura de espectáculo ha llevado a la concejala de Cultura a retirar la obra de manera inmediata, afirmando que desconocía su contenido cuando se contrató la representación. El pretexto es un insulto a los contribuyentes madrileños, puesto que se trata de una obra cuyo argumento se anuncia de manera bien explícita en la publicidad de la compañía de títeres. Basta realizar una simple búsqueda en internet para conocer con toda precisión la basura mental de los titiriteros contratados por la gente de Manuela Carmena y la manera en que la esparcen en sus representaciones.

Lo que ocurre, en realidad, es que la concejala de Cultura, la muy sectaria Celia Mayer, se ha visto sobrepasada por un escándalo inesperado. En su visión enfermiza de la realidad, los dirigentes de extrema izquierda que controlan el consistorio madrileño creen que sus exhibiciones radicales con el dinero de los madrileños y su afán de manipular las conciencias infantiles apenas iban a tener coste político como ocurrió con la cabalgata de Reyes, convertida en una mamarrachada antisistema por la misma concejala. Pero lo que en el tradicional desfile navideño fue un bochornoso intento de boicotear una fiesta cristiana, que no pasó de lo estético, en este caso se ha convertido en un alarde de apología del terrorismo que ha llevado a sus autores, los titiriteros de Carmena, a ser ingresados en prisión.

La gravedad de esta última fechoría del equipo de gobierno madrileño, aupado al poder con los votos socialistas, debe servir de reflexión a los dirigentes del PSOE en unos momentos en que hay una batalla interna para decidir la política de pactos de cara a la formación de un nuevo Gobierno. Acciones como la de los titiriteros de Carmena ponen de manifiesto la catadura moral del magma podemita, cuyo favor pretende Pedro Sánchez para llegar a La Moncloa.

Sánchez es responsable de que semejante caterva de radicales chavistas haya llegado al poder en numerosas alcaldías. Es hora de que decida si quiere contar en su futuro Gobierno con unos políticos antisistema, cuya moral enfermiza y falta de escrúpulos ha quedado nuevamente esmaltada en esta representación ofensiva del carnaval carmenita.

Carmena y la apología del terrorismo en Madrid
Pablo SebastiánRepublica.com 7 Febrero 2016

Ya está bien de los disparates, errores y ocurrencias del Ayuntamiento de Madrid que preside Manuela Carmena y hora es que la primera edil del consistorio madrileño, que como se ve no está capacitada para el cargo, empiece por asumir personalmente las responsabilidades que a ella le afectan directamente, empezando por las últimas que se derivan de la contratación por el Ayuntamiento y la exhibición en el barrio de de Tetuán de un espectáculo de titiriteros cuyos responsables acaban de ingresar en prisión por orden de un juez acusados de apología del terrorismo y ataque a las libertades y los derechos fundamentales que garantiza la Constitución.

Lo que ha ocurrido tras la interpretación -entre los actos culturales de Carnaval del Ayuntamiento de Madrid-, de una obra demencial ante los padres y niños del madrileño barrio de Tetuan titulada ‘La Bruja y don Cristobal’ en la que se exhibió una pancarta donde se decía ‘¡Viva ETA y Al Quaeda, y donde se ahorcaba a un juez, se violaba a una monja y se ejercían actos de violencia con un crucifijo. Y todo ello financiado con el dinero público.

Ahí tiene Pedro Sánchez otro ejemplo, y no es el único, del riesgo que corre con Podemos y sus adláteres, y vamos a ver que hace el PSOE y el concejal Carmona, ante este enésimo disparate que constituye todo un ataque a la convivencia ciudadana y a la vida democrática. Amén de ser una flagrante apología del terrorismo y la mofa de las víctimas de ETA y del terrorismo islámico de Al Qaeda que tantas vidas han destruido en la ciudad de Madrid.

Para empezar resulta asombroso que la polémica Concejal de Cultura, Celia Mayer, no haya presentado la dimisión o haya sido destituida por la alcaldesa Carmena. Máxime cuando es la segunda vez que uno de los concejales de Podemos se ha visto envuelto en un escándalo que está relacionado con el terrorismo. Lo que hace meses le costó el cese al que fue el antecesor de Mayer, Guillermo Zapata, quien se había burlado de Irene Villa, víctima del terror, y del holocausto judío.

De manera que si Carmena no cesa de manera inmediata a su concejal Mayer será ella quien acabe siendo responsable de esta situación, y de otros errores y disparates que ha tenido que rectificar y de los que se teme que, visto lo ocurrido, todavía están están por llegar.

Carnaval carmenita
EDITORIAL Libertad Digital 7 Febrero 2016

Acorde con su ideología de extrema izquierda y su visión revolucionaria de la sociedad, los dirigentes del ayuntamiento de Madrid programaron el pasado viernes una función de títeres en la que se mostró a los niños el ahorcamiento de un juez, el apuñalamiento de un policía y la violación de una monja. Como colofón, los autores hicieron aparecer un guiñol con el típico eslogan del submundo proetarra, tan caro a los dirigentes de Podemos cuando aún no se habían convertido en estrellas mediáticas de La Sexta.

El escándalo provocado por semejante basura de espectáculo ha llevado a la concejala de Cultura a retirar la obra de manera inmediata, afirmando que desconocía su contenido cuando se contrató la representación. El pretexto es un insulto a los contribuyentes madrileños, puesto que se trata de una obra cuyo argumento se anuncia de manera bien explícita en la publicidad de la compañía de títeres. Basta realizar una simple búsqueda en internet para conocer con toda precisión la basura mental de los titiriteros contratados por la gente de Manuela Carmena y la manera en que la esparcen en sus representaciones.

Lo que ocurre, en realidad, es que la concejala de Cultura, la muy sectaria Celia Mayer, se ha visto sobrepasada por un escándalo inesperado. En su visión enfermiza de la realidad, los dirigentes de extrema izquierda que controlan el consistorio madrileño creen que sus exhibiciones radicales con el dinero de los madrileños y su afán de manipular las conciencias infantiles apenas iban a tener coste político como ocurrió con la cabalgata de Reyes, convertida en una mamarrachada antisistema por la misma concejala. Pero lo que en el tradicional desfile navideño fue un bochornoso intento de boicotear una fiesta cristiana, que no pasó de lo estético, en este caso se ha convertido en un alarde de apología del terrorismo que ha llevado a sus autores, los titiriteros de Carmena, a ser ingresados en prisión.

La gravedad de esta última fechoría del equipo de gobierno madrileño, aupado al poder con los votos socialistas, debe servir de reflexión a los dirigentes del PSOE en unos momentos en que hay una batalla interna para decidir la política de pactos de cara a la formación de un nuevo Gobierno. Acciones como la de los titiriteros de Carmena ponen de manifiesto la catadura moral del magma podemita, cuyo favor pretende Pedro Sánchez para llegar a La Moncloa.

Sánchez es responsable de que semejante caterva de radicales chavistas haya llegado al poder en numerosas alcaldías. Es hora de que decida si quiere contar en su futuro Gobierno con unos políticos antisistema, cuya moral enfermiza y falta de escrúpulos ha quedado nuevamente esmaltada en esta representación ofensiva del carnaval carmenita.

La última lección de la integración social en Francia
Mikel Azurmendi www.latribunadelpaisvasco.com 7 Febrero 2016

Tras diez años de investigación se acaban de publicar este mes de enero seiscientas páginas de análisis sociológico tituladas “Trayectorias y Orígenes”. Son páginas que se leen como una novela de las sagas que actualmente construyen Francia. Sus autores son veintidós investigadores del Instituto nacional de estudios demográficos” (INED) y del Instituto nacional de estadística y estudios económicos (Insee), los cuales establecieron una primera encuesta de gran envergadura entre 22.000 personas. Luego estuvieron encuestando durante los años 2008 y 2009 sobre las vidas de 8.300 inmigrados surgidos de siete sucesivas oleadas que entraron en Francia en la segunda mitad del siglo XX. Y las han ido comparando finalmente con las de 8.200 de sus descendientes de entre 18 y 35 años (nacidos en Francia o llegados a ella con menos de 6 años) pero, también, las compararon con las vidas de franceses sin ascendencia extranjera.

Algo más que un granito de arena en nuestro conocimiento, esta última aportación demuestra que, pese a los actuales balbuceos y aprietos de recepción de refugiados sirios, Francia logra por lo general integrar a los inmigrantes. Queda así probado que en Francia la segunda generación no se repliega en el comunitarismo multiculturalista; pero también queda patente que los hijos de los magrebíes así como de los turcos y subsaharianos tienden hacia el gueto étnico. Y, sin embargo, se cree discernir que entre todos ellos su “apego a Francia es fuerte”. Esta segunda generación nacida en Francia cursa estudios y obtiene diplomas, encuentra cónyuge y amigos que no son de ascendencia inmigrante y hasta deja de lado la lengua de sus padres. Pero esa generación de hijos de inmigrantes cae en el paro mucho más a menudo y durante más tiempo que los hijos de franceses de origen autóctono. Y, en consecuencia, esa generación nacida en Francia se siente discriminada.

En lo que concierne a una integración cultural se sabe que las chicas de esta segunda generación acaban el bachillerato en la misma proporción que las demás chicas francesas de la población general e, incluso a veces, en una proporción algo mayor. En Francia, el 65% de chicas acaba el bachillerato, pero las chicas chinas de segunda generación lo acaban en un 80% y las de origen camboyano, vietnamita o laosiano en un 70%. Esta elevada proporción queda nivelada a la baja por las chicas de origen turco o argelino que lo acaban, respectivamente, en el 38% y el 51%. Estos resultados son muy diferentes en lo que concierne a los chicos de segunda generación, de la que solamente el 48% termina el bachiller, 11 puntos por debajo de la media nacional. Si el 62% de la población francesa de entre 18-35 años ha terminado el bachiller, los de la segunda generación de origen inmigrante lo hacen en un 55%. También los de origen turco y magrebí son los causantes de rebajar esa estadística. Espectacular, pues, el fracaso escolar de esta franja de hijos de inmigrantes. En lo que concierne a una integración familiar, se ha comprobado que el 67% de los chicos y el 62% de las chicas de segunda generación de inmigrantes contrae matrimonio mixto. Y la prole de estos matrimonios mixtos resulta idéntica a la de las mujeres de 40 años de la población general.

Sin embargo los indicadores de la integración económica les son francamente adversos a los hijos e hijas de esta segunda generación de origen inmigrante. Para empezar, el mismo diploma no les vale lo mismo que a los demás franceses. La regla parece ser que los hijos siguen más o menos difusamente la pauta de sus padres inmigrantes, lo cual muestra que se da un desclasamiento cierto de estos franceses de segunda generación inmigrante. En general, aceptan puestos de menor calificación y progresan más lentamente que el resto de los jóvenes franceses. También tienen más dificultad de acceder a una vivienda digna así como a las distracciones ociosas del tiempo libre. Tras estas pautas se percibe que los jóvenes de la segunda generación sí hacen el esfuerzo de integración pero que la sociedad francesa en su conjunto no lo hace cuando la dinámica le correspondería a ella. Con ello se constata que la generación de los hijos dice sufrir más discriminación de la que sufrieron sus padres inmigrantes. Esta experiencia se convierte tanto más traumática cuanto que los hijos formen parte de minorías visibles guetificadas (turcos, magrebíes, subsaharianos). A estas minorías no les protege apenas el contraer matrimonio mixto ni incluso cierto nivel de ascenso profesional. La regla parece ser que si un matrimonio mixto de jóvenes convive con sus padres en el ámbito cerrado de barriada (gueto) sufre más todavía del racismo que las demás categorías socioprofesionales.

Hay entre un 5% y un 9% de descendientes de africanos y magrebíes que dice haber sufrido discriminación y vejaciones racistas en su lugar de trabajo. Entre los hijos de inmigrados europeos esa proporción es del 1%, idéntica a la de los de origen asiático. ¿Es tal vez este hecho lo que explica la lentitud de emergencia de mandos profesionales entre los trabajadores pertenecientes a determinadas comunidades? Los encuestadores se inclinan por el sí, por suponer que son razones discriminadoras como el racismo. En el cómputo total francés uno de cada cinco trabajadores llega a ser un mando profesional. La media de acceso a un puesto de mando para un hijo de inmigrante europeo es de uno cada tres trabajadores. Para el magrebí o turco lo es uno cada 12´5 trabajadores. He ahí el gran fracaso de la inserción profesional de este grupo masculino de hijos de inmigrantes sin apenas diploma escolar y con tendencia al gueto (porque un tercio de ellos no tiene diploma escolar alguno).

Francia, un tercio de cuya población total está compuesta por una población originada en la inmigración, sabe ahora con toda certeza lo que ya suponíamos de tiempo atrás:

1º Que los hijos de los inmigrantes no ponían distancia entre su comunidad y la comunidad nacional francesa y que apetecían formar parte de ella pero que tenían que superar dos horcas caudinas: el éxito escolar y la vivienda.

2º Que en la medida en que determinadas franjas de inmigrantes (de origen magrebí, turco y subsahariano) no han superado favorablemente ambas pruebas, perpetuándose en barriadas cada vez más cerradas (en las ZUP de toda Francia o “Zone à Urbaniser par Priorité”, bastante más de la mitad de los habitantes son magrebís y turcos), y en la medida del enorme fracaso escolar de sus jóvenes generaciones, la integración no progresa adecuadamente.

3º Que el Estado francés ha descuidado fatalmente esos dos aspectos esenciales de la integración social de los inmigrantes más propensos al gueto.

4º Que la experiencia del racismo dicen vivirla casi exclusivamente esos jóvenes de segunda generación que habitan esas zonas guetificadas con fuertes experiencias de delincuencia y que han fracasado escolarmente. En cambio, el resto de las jóvenes generaciones de los inmigrantes no constatan experiencias de racismo.

5º Que las ONG y demás empresariado social que gestiona cauces de integración inmigrante han contraído una responsabilidad enorme al no haber dirigido su vigilancia hacia los lugares de inserción escolar y laboral, habiéndose dedicado a plantear un combate exclusivamente antirracista (generando una ideología a la contra, ideología que acusa a la sociedad de islamofobia). Los magrebíes en especial pero también los turcos han sido víctimas de esta ideologización tanto para su percepción de la realidad como para su contacto con ella.

5º Ideologización también perceptible en esta investigación de “Trayectoria y Orígenes” a tenor de que su metodología no ha tomado en consideración el estudio de los casos de indudable éxito profesional y universitario de hijos de familias magrebíes y turcas a fin de comparar las causas de presencia o ausencia de ciertas experiencias de racismo. Uno de los tres coordinadores de esta investigación, Patrick Simon del INED, en una entrevista al periódico Le Monde (9 de enero de 2016) condenaba la política francesa de asimilación “centrada en la imposición de normas y de valores olvidándose que la integración es un intercambio y una adaptación recíproca permanente”. Para este demógrafo francés el ideal de integración social es una “transición de la sociedad francesa hacia su carácter multicultural... (para) reconstruir una cohesión en torno a la diversidad”.

Y yo me pregunto si no debe una sociedad democrática “imponer normas y valores” a los inmigrantes que vienen de una cultura no democrática, donde no existe ni siquiera una conciencia de los derechos humanos. Me pregunto sobre qué “intercambio y adaptación recíproca” podrán efectuarse entre los ciudadanos de una sociedad democrática y los inmigrantes sin costumbre democrática ni virtudes cívicas de tolerancia e igualdad de trato entre hombres y mujeres. Si se la compara con la población de cualquier país magrebí o turco, me pregunto si no es mil veces mayor la diversidad de la sociedad francesa, tanto en lo cultural, sexual, religioso, alimenticio, profesional, etc. Y me pregunto si la fuente de esa diversidad no será lo que precisamente deba asimilar todo inmigrante que venga a una sociedad democrática. ¿No es la libertad, la igualdad de todos ante la ley y la tolerancia esa fuente de diversidad que nos posibilita a cada ciudadano ser todo lo diferente que uno quiera?

Las encuestas e investigaciones son importantes, pero ellas no indican el camino que hay que seguir para integrar a los inmigrantes. Ellas sólo ofrecen cuantificadores y porcentajes, una foto aritmética de la realidad. Lo realmente importante es saber a dónde queremos ir con esa foto, cómo usarla para mejorar la calidad democrática de la ciudadanía y el control de sus instituciones.

UPyD, nueva etapa
Vicente Torres  Periodista Digital 7 Febrero 2016

Estuve ayer en un acto de UPyD en Valencia. No estoy afiliado a este partido, pero lo he votado unas cuantas veces y creo que representa la única opción posible de regeneración en España.
Todas las demás opciones son castillos en el aire, palabras que se lleva el viento y que fueron dichas con la única finalidad de alcanzar el poder. No hay más que ver cómo juegan sus bazas, tratando de exprimir sus opciones, ajenos totalmente a los problemas de los ciudadanos y a la realidad de la situación. Los griegos tuvieron que despertar de su sueño, y aquí todavía no nos hemos dado cuenta. Pero es que los franceses se tuvieron que despertar antes. Cuando Hollande ganó las elecciones, tras hacer unas promesas fabulosas, hubo un sector español que se entusiasmó. Pero el francés tuvo que dar un giro absoluto y entonces ese sector español miró a Grecia.

La cuestión es que UPyD no hacía promesas, sino que ofrecía hechos. Mucha gente ha recuperado su dinero gracias a UPyD. Además, exigía la separación efectiva de poderes, que es la mejor forma de luchar contra la corrupción. Estas cosas asustaron a la casta. Porque la casta está ahí. Y mientras unos la critican como estrategia para esconder su deseo de sumarse a ella, UPyD la combatía. Se impuso la lógica y Goliat venció a David, pero éste todavía respira.

En la mesa estuvieron Gorka Maneiro, Alicia Andújar y Eduardo Gómez. A Gorka se le ve con fuerza y con ánimo para lograr el resurgimiento de UPyD. Tiene experiencia, porque se faja en el Parlamento Vasco con unos políticos de los que más vale no hablar. Es una pena que los españoles voten a políticos tan malos.

Por mi parte, le deseo a este partido, al que seguiré votando, que logre sortear todas las dificultades con que se va seguir encontrando y todas las zancadillas que sin duda le pondrán.


******************* Sección "bilingüe" ***********************

Y mientras tanto… ¿qué ocurre en Cataluña?
Jesús Cacho www.vozpopuli.com 7 Febrero 2016

Mientras el Congreso se divierte en Madrid, en Barcelona las termitas del secesionismo siguen en su lenta labor de zapa dispuestas a dinamitar la unidad de España. En la tarde del miércoles, Junts pel Si (JxS) y la CUP iniciaron los trámites en el Parlamento catalán para elaborar las tres leyes básicas, conocidas como “leyes de desconexión”, con las que piensan hacer efectivo su plan de ruptura con el Estado: de Transitoriedad Jurídica, de Hacienda Pública y de Seguridad Social. Todo tal como estaba previsto en la declaración independentista del 9N, después suspendida por el Tribunal Constitucional (TC). Para tratar de sortear la impugnación, la pareja de baile JxS-CUP ha cambiado la denominación de los tres proyectos de ley, que ahora se llaman de "protección social catalana", de "régimen jurídico catalán" y de “administración tributaria catalana". Una pillería muy propia de Puigdemont, que el chico no tiene carrera pero tampoco un pelo de tonto, a pesar de la frondosa cabellera que luce con desenfado.

“En Cataluña sólo los fieles a la causa, la mayoría de ellos en nómina, siguen con fervor los pasos del Parlament, bien ayudados por TV3 y CatRàdio”, asegura un empresario no particularmente españolista. “El resto, o sea la gran mayoría de los catalanes, cada día pasa más. Lo de la desconexión no se lo cree nadie, ni dentro ni fuera: no es más que una treta para seguir con la misma murga durante algún tiempo más. La gente está cansada y pronto aparecerán los síntomas del hartazgo. Un deseo -natural o prefabricado- mantenido con tensión máxima durante demasiado tiempo no sólo produce desánimo y frustración, sino que acaba volviéndose en contra de quien lo ha creado”. Como en Madrid, también en Barcelona están pasando cosas. Por aparatosa que pueda sonar la iniciativa del miércoles, son muchos los que piensan que los socios de JxS –Convergencia y Esquerra- han echado el freno de mano, secretamente convencidos de que con el 47% del censo electoral (y menos de un tercio de la población catalana), no pueden pretender otra cosa que hacer el ridículo en esas instancias internacionales a las que pretende pastorear el Margallo del independentismo, el pintoresco Romeva.

Lo cual supone, en fondo y forma, la asunción de la derrota sufrida el 27S por el bloque secesionista. Hay, pues, que levantar el pie del acelerador para tratar de incorporar nuevos compañeros de viaje a la aventura. Lo dicen los intelectuales orgánicos del prusés, todos en nómina: “Tenemos que ampliar la base social del independentismo, y para ello hay que reducir velocidad”. Por muy doloroso que ello sea, porque la situación de desgobierno que a nivel del Estado sufre el país podría ser ocasión pintiparada para lanzarnos por el desfiladero de la ruptura definitiva. Picodemonte está en esa línea. Tras su aparatoso discurso de investidura, el nuevo President se ha movido en la ambigüedad hasta haber llegado a descartar una declaración unilateral de independencia. Han comprendido que hacerlo por la brava sólo les conducía al aislamiento dentro de la propia Cataluña. Se vio de manera clara en aquella ocasión, cuando las intervenciones de los portavoces del PPC, PSC, Ciudadanos, Catalunya Sí que es Pot (Cataluña Sí se Puede), e incluso la CUP en ocasiones, pusieron en evidencia la soledad de la pareja Mas-Junqueras, lo que venía a representar la soledad del prusés frente a la mayoría social.

Es preciso, pues, encontrar nuevos animadores para la charanga secesionista. Hay que lograr agrupar bajo el paraguas del independentismo al 51% del censo electoral. El camino elegido es la apertura de un “procés constituent” (el Parlament aprobó días atrás la correspondiente comisión de estudio) que debe desembocar en la elaboración de una Constitución de la República Catalana, senda en la que JxS podría enlazar de nuevo con los podemitas de Sí se Puede e incluso con el PSC, ampliando la base social “moderada” del independentismo y sacudiéndose la oprobiosa dependencia de la CUP. Un debate que se pretende abrir a toda la sociedad, pero que, en el fondo, ya está cocinado y salpimentado por los de siempre: ANC, Òmnium Cultural y demás satélites del prusés. Son tan previsibles, tan cansinos, que no hay a estas alturas el menor resquicio para la sorpresa en las filas nacionalistas.

La Convención que acabó en Robespierre
Este viernes, en La Vanguardia (LV), un simpatizante de la cosa lo expresaba de esta guisa: “El próximo 5 de marzo se pondrá de largo la Convención Constituyente Ciudadana Catalana, el ágora donde independentistas o no independentistas podrán definir, debatir, expresar y negociar el país que proponen. Será la primera fase de un proceso constituyente catalán. Las otras las determinarán los trabajos del Parlament y el referéndum que avale la constitución resultante”. El periodista se explaya arrobado en el simbolismo del invento: “La decisión de nombrar convención a este debate proviene del concepto académico propio de la tradición política anglosajona con un importante peso simbólico y con una lectura actual que lleva una contundente carga de fondo. La convención era un gran cónclave de diputados que se reunían sin permiso del rey. Toda una declaración de intenciones”. Tal vez no estaría de más recordar que, en la Francia de finales del XVIII, la Convención terminó en el Comité de Salud Pública, a cuyo frente se situó Robespierre y su guillotina.

Con este nuevo embeleco, los independentistas confían en que “el proceso constituyente devenga en banderín de enganche de aquellos ciudadanos todavía refractarios a la independencia”. Lo dicho: ampliar la base social del independentismo, echando el freno, recuperando el resuello y dando tiempo a Artur Mas, el poder en la sombra, gran responsable de la tensión vivida estos años, para reconstruir la Convergencia consumida por la corrupción. Lo decía este sábado, cómo no, La Vanguardia: “El expresidente catalán creará una plataforma ciudadana para impulsar un `nuevo movimiento´ de centro político catalán con miembros del partido y de la sociedad civil, con el objetivo de que el independentismo supere el 50% de las adhesiones”. Blanco y en botella. De modo que ahora ya no se cortan a la hora de reconocer la derrota del 27S, que es tanto como decir el engaño, la mentira colectiva sobre la que se asienta ese Movimiento Nacional Independentista más conocido como prusés.

Ganar tiempo para recomponer CDC –los mismos perros, idénticos collares- y recuperar apoyos políticos que el sectarismo de JxS se había enajenado con su unilateralidad. Joan Coscubiela, portavoz parlamentario de Sí se Puede, propinaba este viernes en El Periódico, una severa coz a las leyes de desconexión: “Como no quieren reconocer que su hoja de ruta nos lleva a un callejón sin salida, llevan dos meses haciendo chanchullos con la desconexión, y ahora se sacan de la manga otra propuesta kafkiana. Cada semana dicen una cosa y su contraria, intentando que cada cual se quede con la que más le guste”. Los podemitas catalanes no creen en la “estrategia de la desconexión unilateral”, pero se muestran dispuestos a jugar “en la comisión de estudio del proceso Constituyente, el espacio adecuado para debatir el proceso de ruptura con el sistema socioeconómico y político de la Transición”. Tócala otra vez, Sam.

Mariano no sabe cómo hincarle el diente
Así es el delirante paisaje político catalán, donde no cabe una locura más ni un esperpento menos. Una fiesta cuyas copas sigue pagando Madrid. La paga el señor Montoro y su FLA, mientras Mariano, este sábado en Barcelona para asistir a la nominación de García Albiol como nuevo “coordinador general” del PPC, un partido reducido a la irrelevancia por los Fernández Díaz y su cohorte, no sabe qué hacer, cómo hincarle el diente al problema, más allá de las consabidas y manoseadas proclamas tipo “El Gobierno central estará vigilante para garantizar que se cumplen las sentencias del TC y que nadie está por encima de la Ley” (Rafael Catalá al aparato). Con sus briosos arreones de potro jerezano y tacticistas paradas de mulo manchego, el prusés sigue su camino sin obstáculo aparente. Sobre el campo de juego donde se dirime el futuro de Cataluña sólo hay un equipo, porque el Estado sigue sin comparecer, en el que seguramente es el caso más llamativo conocido de millones de ciudadanos –catalanes y españoles al tiempo- abandonados a su suerte por parte de la Administración encargada de velar por sus derechos.

Mas y sus testaferros han demostrado ya hasta la saciedad que se pasan la Ley y las resoluciones del TC por la entrepierna. El objetivo ahora es lograr la adhesión del 51% del censo. Imposible imaginar mejor aliado en la confusión hoy reinante en Madrid. El martes 9 tendremos ocasión de asistir a una nueva representación de esta farsa cuando los aludidos proyectos de ley de “desconexión” comiencen a tramitarse en el Parlament. Interesante será comprobar entonces cómo se comporta su secretario general, Pere Sol i Ordis, el funcionario de más alto rango de la cámara catalana, apercibido ya por el Constitucional, que corre el riesgo de incurrir en una serie de delitos, incluso penales, que podrían llevarlo a la cárcel. Lo piensa mucha gente con fundamento bastante: mientras no se aplique de forma efectiva la fuerza del Estado de Derecho en Cataluña, la barahúnda independentista no cederá un ápice en su desafío; mientras una serie de probos funcionarios del Estado, enarbolando el artículo 153 de la Constitución, no irrumpan en las conselleries respectivas para anunciar que se hacen cargo del negociado, la fiesta del prusés seguirá imperturbable hasta hacer realidad una Cataluña independiente de facto, ello ante la indiferencia del que probablemente seguirá firmando los cheques: el contribuyente español.

La gran felonía
Alejo Vidal-Quadras www.vozpopuli.com 7 Febrero 2016

Ignorando olímpicamente la anulación por el Tribunal Constitucional de su Resolución sobre el plan de separación de Cataluña del resto de España, el Parlamento de esa Comunidad ha puesto en marcha la tramitación de las llamadas tres leyes de la desconexión con el Estado: la ley de transitoriedad jurídica, la ley de creación de una seguridad social catalana y la ley de creación de una agencia tributaria propia. Se han formado las correspondientes ponencias y el proceso legislativo se ha iniciado como si el marco jurídico del Estado, la Constitución y su supremo intérprete no existiesen. Estas proposiciones de ley surgen del Parlamento mismo y no del Ejecutivo catalán con el fin de alargar el procedimiento, ganar tiempo hasta que se aclare la situación en Madrid e intentar evitar de entrada una nueva decisión anulatoria del Tribunal Constitucional.

Lo previsible es que el Gobierno de la Nación inicie de inmediato la presentación de un recurso con el fin de invalidar estas iniciativas, recurso que sin duda será admitido y resuelto a su favor y que las autoridades catalanas tratarán de nuevo como papel mojado. Al fin y al cabo, ya quedó establecido en la Resolución previamente anulada que cualquier sentencia del Constitucional será orillada por la Generalitat, que a partir de ahora no reconoce otro mandato que el que emane de sus propias instituciones. La desconexión, pues, ya se ha producido y se encuentra plenamente operativa.

Los dos principales partidos, PP y PSOE, siguen sin enterarse de que la mera reacción en los Tribunales contra el golpe incruento de los separatistas es completamente inútil porque éstos se encuentran en fase de desobediencia manifiesta y les trae al fresco todo lo que proceda del poder judicial español.

Es el momento de comprender el fondo y la magnitud de la malignidad del proceso independentista, más allá de los detalles legales y de los sucesivos avatares de este disparate. Sólo si entendemos de verdad lo que está sucediendo, hallaremos la energía moral y política requerida para, además de acudir a los jueces, detener y reconducir un desastre que parece ya imparable.

Remontémonos a la Transición y recordemos la naturaleza y el propósito de transformar un Estado tradicionalmente centralista en uno de los más descentralizados política, simbólica y administrativamente, del mundo. El objeto de esta vasta operación, que alumbró el denominado Estado de las Autonomías, y que ha tenido y tiene un coste financiero, logístico y organizativo gigantesco, era pacificar la cuestión nacionalista, al igual que se encauzaron la social, la militar, la religiosa y la monárquica. Sin embargo, a diferencia de lo ocurrido con estas últimas cuatro, donde las partes implicadas han cumplido razonablemente lo que se acordó, en lo referente al secesionismo, una de las dos que, sobre el papel por lo menos, cerraron el pacto, no lo ha respetado, sino que, por el contrario, se ha mantenido en su pertinacia destructiva, sin cejar ni un solo instante en su avance hacia la fragmentación de la soberanía nacional. Ni las sucesivas ampliaciones de competencias, ni los reconocimientos de hechos diferenciales más generosos, ni la permisividad ante su contumaz incumplimiento de la legalidad, ni la permanente asistencia financiera ni el sometimiento servil a sus abusos y vulneraciones de derechos individuales en los terrenos lingüístico y cultural, han servido para apaciguar su codicia ni frenar su deseo de ruptura. Este esfuerzo conjunto de la Nación para integrar en su seno de manera armónica y equilibrada su diversidad interna ha sido estéril porque los invitados a integrarse no han querido jamás prestarse a ello.

Por tanto, llegados a este punto, aceptemos de una vez que nos enfrentamos a una tremenda felonía y que o el Estado ejerce de forma efectiva y material su fuerza legítima para preservar su unidad y el imperio de la ley, o España está irremisiblemente condenada a ser troceada y desaparecer del curso de la Historia. Nos jugamos nuestras libertades civiles y políticas, nuestros derechos fundamentales, nuestra prosperidad, nuestro papel en el concierto internacional y nuestra capacidad de ser y de hacer como españoles.

Nuestros enemigos, y los separatistas, pese a su condición a su pesar de compatriotas nuestros, se han erigido en tales, han aprovechado siempre en el pasado las ocasiones que les han brindado nuestra división, nuestra debilidad y nuestra falta de determinación. Esta no será una excepción. Si no se produce un puñetazo sobre la mesa que ponga a cada uno en su lugar, nada nos salvará de la extinción y del fracaso.

Carmena, un títere de Podemos
Editorial La Razon 7 Febrero 2016

La apología del terrorismo que unos titiriteros contratados por el Ayuntamiento de Madrid prepararon para los niños ha sobrepasado cualquier límite. La «ingeniería social» de Podemos, que es el partido que apoya a Manuela Carmena, se ha topado, por primera vez, con la Justicia, aunque sea con tan ínfimo espectáculo. El juez de la Audiencia Nacional Ismael Moreno ha ordenado prisión provisional sin fianza a los dos integrantes de la compañía por ensalzar a ETA. El delito de enaltecimiento, el 578 del Código Penal, sanciona a quien enaltece o justifica por cualquier medio de expresión pública a quienes han participado en actos terroristas o realizan actos humillantes para las víctimas. Por otra parte, la Fiscalía ha pedido al Ayuntamiento toda la información sobre el contrato con dicha compañía de títeres.

Carmena conoce el lenguaje jurídico y sabe que el incumplimiento grave de ley comporta responsabilidades políticas. Lo sucedido el pasado viernes en la programación del Carnaval sería un inadmisible suceso, si fuese la primera vez, pero es evidente que responde a una concepción política basada en el odio y la intransigencia. Eso es lo grave: que la ciudad de Madrid sirva de laboratorio para llevar a cabo políticas aberrantes mientras se descuidan las que de verdad afectan a los ciudadanos. El pasado 15 de junio, Carmena tomó posesión de la alcaldía de Madrid, a la que accedió dentro de una candidatura cuyo peso recaía en Podemos. Se ganó la confianza de muchos ciudadanos porque apareció como una madre, incluso venerable abuela, que iba a educar a unos jóvenes fogosos, extremistas y muy sectarios, como lo han vuelto a demostrar.

La imagen de «vieja juez», como Tierno Galván fue el «viejo profesor», no ha cuajado, y, más que aparecer como alguien que tiene un proyecto para la ciudad y que está por encima de las demostraciones de «comunismo 3.0» de sus pupilos, se ha convertido en una política fuera del tiempo, incapaz de controlar a unos concejales-activistas dedicados a impartir doctrina sobre cómo los jóvenes deben participar en brigadas de limpieza, hacer una cabalgata laica y feminista, renombrar las calles, retirar monumentos que consideran reductos del franquismo o, como ahora, contratar una compañía de títeres que hace apología del terrorismo etarra y que cree que es educativo para los niños ver cómo ahorcan a un juez.

Queremos creer que la alcaldesa de Madrid no invierte su tiempo en estas políticas de control social al estilo soviético, pero es evidente que están bajo su responsabilidad política y que, por lo tanto, debe asumirla y tomar las medidas necesarias para que la capital de España no se vea envuelta en sucesos tan lamentables como los del pasado viernes. Una ciudad abierta, tolerante y cosmopolita no se merece una alcaldesa que permite la intolerancia, la apología de la violencia y la manipulación histórica más burda. La responsable de Cultura del Consistorio, Celia Mayer, debe dimitir, pero nos tememos que no está en manos de Carmena conseguirlo.

El problema radica en que Carmena depende de una coalición cuyas aspiraciones políticas no van más allá del abecedario populista: el revanchismo justiciero. Por contra, la ciudad tiene un grave problema de limpieza y los grandes proyectos urbanísticos se han paralizado la operación Chamartín, la remodelación del Santiago Bernabéu o el impasse por el que pasa la inversión del grupo chino Wanda dispuesto a reformar el Edificio España. Pero estos asuntos parecen no interesarle. La única gestión del Ayuntamiento de la capital está centrada en cuestiones menores propias de activistas que creen que una institución de esta importancia sólo sirve para aplicar sus políticas o, en el lenguaje al uso, empoderarlos. Es decir, lo que interesa no es gestionar los asuntos públicos con eficacia, sino controlar espacios políticos.

Y de Lavapiés, emperatriz
ARCADI ESPADA El Mundo 7 Febrero 2016

Mi liberada:
Yo creo que Madrid estaría ahora de tu gusto. Siempre la miraste por encima del hombro, pero tu complejo ha pasado por algún mal momento. Por ejemplo, aquella conversación inolvidable entre los presidentes Jordi Pujol y Alberto Ruiz Gallardón:

- ¡Vaya red de metro que están construyendo ustedes, eh?- le dijo Pujol.

- Es que nosotros, presidente, dado que no tenemos que construir una nación, nos dedicamos a construir el metro.

También te sorprendió, con mesocrática envidia, su esforzada higienización de la cocina popular. Madrid tiene la mejor y más sólida clase media de restaurantes de Europa: media de ración, media de precio y media de innovación. Tus fastidios por su brillantez cultural han sido legendarios, por más que los atribuyeras a la conjura pertinaz contra 'Catalunya'. Y su poderío económico te ha sido indiferente sólo a partir del Proceso, cuando el españolazo 'honra sin barcos' se ha convertido en lema principal de tu casa separada. En estos años, en fin, has pensado a menudo en la inquietante posibilidad, más bien una certeza, de que Madrid fuera una ciudad avanzada, y lo peor para ti, más avanzada.

Sin embargo, las cosas están empezando a cambiar, y agradablemente para tus intereses sentimentales, gracias a la nueva política municipal. La política es una costra sobre las ciudades y los países, y por debajo sigue fluyendo la sangre viva de los intereses particulares. Pero aunque se tome su tiempo la política acaba siempre influyendo. Tal vez la política no sea lo más importante de la vida; pero nada de la vida escapa a la política. En Madrid gobierna ahora una gente aproximadamente de tu género. A ti te excita mucho que suceda. Nada se te habría dado mejor que cantar el 'Madrid, qué bien resistes', mientras la Barcelona de la agonía republicana se disponía a ser, tan juiciosamente, ciudad abierta y archivo de cortesía ante los franquistas. Ahora te pasa algo similar. Observas con simpatía a tus hermanos podemitas, cómo van abriéndote el camino a machetazos, pero los traicionarás en el momento que sea necesario. Si en ese tumulto se diera el milagro de que un 'Azaña' (¡nada menos!) surgiera y dijera: «Si en algún momento dominara en Cataluña otra voluntad y resolviera remar sola en su navío, sería justo permitirlo y nuestro deber consistiría en dejaros en paz», a no dudar que sería el mismo 'Azaña' que al cabo de unos meses dijera de vosotros: «Asaltaron la frontera, las aduanas, el Banco de España, Montjuïc, los cuarteles, el parque, la Telefónica, la Campsa, el puerto, las minas de potasa, crearon la consejería de Defensa, se pusieron a dirigir su guerra, que fue un modo de impedirla, quisieron conquistar Aragón, decretaron la insensata expedición a Baleares para construir la gran Cataluña de Prat de la Riba...» (Europa Press, 'Ediziones').

Pero, en fin, no era mi voluntad ir tan lejos. A veces creo que te sobrevaloro. Yo solo quería animarte a que viajaras a Madrid cuanto antes, porque experimentarás la sensación de tus hermanos mayores de la 'gauche divine' cuando se reunían con la izquierda madrileña y volvían a casa ironizando sobre su chabacanería y su realismo de la berza. Es verdad que entre tus amigos que gobiernan en Barcelona hay una 'pissadière', como la llamaste con tu boca refinada y creativa; pero ya explicasteis, rápido, que era videoarte y que además se meaba en Murcia.

Cuando llegues a este Madrid, y después de que te nombren emperatriz de Lavapiés, te fijarás en los carteles de la campaña de limpieza que el Ayuntamiento ha puesto en marcha. Sonreirás. El zapato que pisa un coprolito y dice: «Suerte es tener un barrio limpio». Pisa morena. O: «Un chicle tarda en desaparecer cinco años». Chicle ya solo debe comerse en Madrid. O: «Seguro que lo haces sin querer», expresión sublime del paternalismo populista aplicada al fumador olímpico. En cuanto al grafismo, puro 'fifties', tipo parches Sor Virginia. Sin sombra de guiño kitsch: puro lenguaje recto.

Percibirás también un furioso gusto por la demolición. Nada que ver con aquel impulso que llevó a la baronesa Thyssen a amenazar con ahorcarse en los plátanos de su paseo del Prado si el alcalde Gallardón los cortaba. Este Madrid donde el piquete es la piqueta. Al igual que el recio fascismo del 'ya hemos pasao', el primer trabajo de los nuevos munícipes ha sido ir a la caza de toda huella de piedra del franquismo y destruirla. La operación ha cumplido, como propia de sus autores, todas las expectativas de zafiedad, ignorancia, ilegalidad y pasión maléfica que podía esperarse. Basta leer, por ejemplo, lo que ha escrito mi amigo Sergio Campos en su blog 'Carta de batalla' sobre la primera placa que retiraron, dedicada al panadero y sindicalista José García Vara, asesinado el 2 de abril de 1935: su lápida de homenaje se colocó en 1965, a instancias de un Centro Social Manuel Mateo, antecedente directo de aquellas Comisiones Obreras. Nunca deberá dejar de subrayarse que este borrado de la memoria ciudadana se hace al amparo de la ley de Memoria Histórica, que aprobó el Gobierno Zapatero. Retirar placas, lápidas y monumentos es una operación especialmente cínica desde el punto de vista de la memoria. Al fin y al cabo el nombre de una calle se sustituye por otro nombre y la operación puede justificarse con la evidencia de que la memoria no es más que una jerarquía cambiante de honores. Pero cuando se extirpa una placa o un monumento del tejido ciudadano no solo se sustituye el honor por la deshonra. También la memoria por el olvido. Y estos brutos ignoran, además, que la desmemoria del franquismo va en contra de sus propios intereses políticos.

Si te animas y viajas, disfrutarás en especial de los espectáculos pagados con el dinero público. De su audacia militante. Este Carnaval han puesto unos títeres deliciosos que daban vivas a Al Qaeta, le 'même combat'. Madrid, qué bien resistes. Te veo nítidamente en la explanada, gozándolos, riéndote y comentando se han pasao, se han pasao, con ese corazón contento que da el reencontrarte con aquel Madrid de furia y caspa, torpe, adánico y viejo, tibetano y de nuevo poblachón.

Sigue ciega tu camino.
A.


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