AGLI Recortes de Prensa   Domingo 14  Febrero  2016

La nueva arquitectura de España
Fernando Zurita  www.gaceta.es 14 Febrero 2016

Con la inquietante imagen aún en la retina de Rita Barberá fisgoneando desde su aristocrática ventana, y lo esperpéntico de la imputación de la totalidad de los concejales del PP del ayuntamiento de Valencia, nos vemos sorprendidos por un nuevo registro en la sede popular a cuenta de la investigación por el caso Púnica. De Valencia a Madrid, rodeando por Murcia y Castilla y León, esta trama es ya otro célebre culebrón en el haber de la corrupción de la formación de centro derecha. En éstas que los dirigentes nacionales vuelven a encontrar una excusa para marcar distancias con Esperanza Aguirre y remiten a la lideresa en la capital como fuente de explicaciones. Con nosotros no va nada, vienen a decir. Sirvan las presuntas irregularidades financieras del partido en Madrid para poner de manifiesto que la regional habita el flamante edificio genovés sin título al efecto. Deduzco por ello que quien lo ha sido todo en la política patria, mora el inmueble en precario y en eterna cuarentena. Puedo imaginar que con motivo de la remodelación del insigne emplazamiento, se ordenara la construcción de un ascensor con hilo musical interpretado por Joaquín Sabina a lo dos tibias y una calavera, totalmente independiente, para dar acceso a las dependencias de la primera planta, cuartel general de Aguirre.

Y es que el PP es un partido moribundo. Se ha convertido en un partido tóxico y contaminado por la negación de sus principios y por la incapacidad de atajar el problema de la corrupción. Lo primero le ha llevado al divorcio con su masa social, plasmado en la debacle electoral del pasado 20 de diciembre; lo segundo le ha condenado al cruel ostracismo de quienes tienen su casa sin barrer pero se aúnan en la mediocridad de los intereses personales y de partido. Queda demostrado que para pertenecer al sistema oligarca es condición sine qua non lucir condecoraciones manchadas por el presunto soborno. Porque hay que tener claro que a pesar de que las donaciones a los partidos pudieron en tiempos ser legales, éstas forman parte irremediable de una pérfida relación entre donante y donatario. El adalid de la lucha contra esta lacra en la campaña de 1996 se ha ido convirtiendo desde entonces en fiel reflejo de la peor etapa del felipismo.

En este sentido tiene mucho que ver la publicidad; el “destape”. Los populares nunca fueron hábiles en granjearse la afinidad de los medios de comunicación. Lejos de ello, siempre se afanaron en rescatar de quiebras aseguradas a prehistóricos enemigos, del mismo modo que de facilitar el patrocinio de duopolios televisivos que disfrutan con su ridiculización. Si bien es cierto que el PSOE se lleva la palma en esto de pervertir el dinero, la izquierda fue siempre maestra en minimizar las propias miserias y engrandecer las de los demás. Si no que se lo digan a Pedro Sánchez. Con 90 diputados, el peor resultado de la historia cosechado por su partido, ha logrado adoptar poses de presidente. Su porte, su gesto, sus puestas en escena en las ruedas de prensa son las de quien se sabe a un paso de La Moncloa. Lo acaricia, lo nota, lo siente…máxime cuando el viernes pasado saltó definitivamente por los aires el consenso de 1978. Una imagen vale más que mil palabras y la negación de la mano de Rajoy a Sánchez fue la escenificación de quien se considera traicionado. La traición a Rajoy, que al fin y al cabo ganó las elecciones, es la deslealtad con los votantes del PP y sobre todo, con el conjunto de los españoles moderados, aunque no cabe duda de que ambos carecen de legitimidad para gobernar la nación.

Ahora se constata lo que algunos hemos venido diciendo desde hace tiempo. Aquel “acuerdo” camuflado por una ficticia concordia, no fue más que el atrezzo en el que a cada elemento se le otorgó una función, en modo alguno favorable a los intereses de España. Lejos de lo que se nos ha adiestrado durante estos años de “paz social”, fueron los socialistas y los separatistas aquellos que permitieron la participación de la derecha en el proceso tendente a la nueva arquitectura de España. Una evolución sólo posible a través de un maremágnum de partidos residuales, siempre de espaldas a la mayoría de españoles moderados. Van alcanzando su objetivo y, en estas circunstancias, la derecha ya no es necesaria.

¿Actuarán alguna vez Rajoy y Sánchez con sentido de Estado?
EDITORIAL Libertad Digital 14 Febrero 2016

Tras el simulacro de reunión celebrado este viernes por los dos principales dirigentes políticos españoles, queda claro que Rajoy y Sánchez no son la solución a la crisis política que atraviesa el país sino sus principales causantes. Ambos líderes mantuvieron un encuentro de circunstancias, tras el cual volvió a quedar patente que ninguno de los dos va a actuar con la responsabilidad y el sentido de Estado que exigen las actuales circunstancias.

Rajoy ha decidido no dar un paso atrás, que permitiría a su partido convertirse en una pieza más del engranaje necesario para acabar con la actual situación de bloqueo institucional. Enrocado en las siglas y arropado por sus principales colaboradores, el presidente en funciones coloca su futuro político por encima del destino de su propio partido y de los intereses de sus votantes. La catarata de casos de corrupción que afectan al Partido Popular, en algunos de los cuales él mismo aparece involucrado, debería haber sido motivo suficiente para una retirada discreta antes de los pasados comicios. Lejos de ello, Rajoy trata de hacer ver que los problemas internos del PP son meras anécdotas ajenas a su persona, que pueden solventarse con un par de parrafadas en el seno de los órganos internos de su partido con el aplauso de la clac que todavía le defiende.

Por su parte, Pedro Sánchez actúa como si el PSOE hubiera alcanzado bajo su dirección una victoria que le legitimara para hacer y deshacer a su antojo, cuando lo cierto es que ha protagonizado un batacazo electoral de dimensiones históricas. El secretario general de los socialistas sabe que sin el concurso del PP no es posible su llegada a La Moncloa, salvo que lo haga en brazos de las fuerzas separatistas y antisistema, que pretenden convertirlo en un monigote a su merced. A pesar de lo conflictivo de esa posibilidad, que espeluzna a los dirigentes territoriales de su partido, Sánchez persevera en una especie de negociación a varias bandas condenada al fracaso por su rechazo diametral a cualquier entendimiento con el primer partido del parlamento español.

A la vista de la actual situación solo hay dos posibilidades para resolver este nudo gordiano en que se ha convertido la política española tras las elecciones del 20-D. O un Frente Popular liderado nominalmente por un PSOE debilitado o nuevas elecciones, alternativa esta última que parecen preferir también los dirigentes del movimiento ultraizquierdista podemita. Así las cosas ha llegado el momento de que tanto Rajoy como Sánchez abandonen sus pretensiones egoístas y hagan honor a lo que se espera de ellos: o un acuerdo de gran coalición o nuevas elecciones. Lo que están haciendo hasta ahora no es más que prolongar una situación de incertidumbre que tanto daño puede causar a España, especialmente en medio de la tormenta financiera que amenaza a las principales economías del continente.

Programa de Gobierno Sánchez: camino directo a la pobreza
Jesús Cacho www.vozpopuli.com 14 Febrero 2016

Gente conspicua anda estos días haciéndose unas risas a cuenta de las medidas incluidas en el “Programa para un Gobierno Progresista y Reformista” que Pedro Sánchez ha entregado a sus potenciales socios de Podemos y Ciudadanos: por ejemplo, aquella que habla (Pag. 50) de “Promover una política de inmigración comunitaria que busque resolver los problemas estructurales de los países africanos”. Con un par. Sánchez apuntándose, jabato, a la solución de “los problemas estructurales de los países africanos”, de todos, y hay gente que usa la anécdota como el que tira del rabillo de un cesto del que salen otras cerezas, muchas perlas de similar porte, todas cargadas de fantasía e irrealidad, todas en arremetida frontal contra el Gobierno Rajoy, porque, para el aspirante del PSOE, los populares no han hecho nada ni medio bien en los últimos 4 años, conformando así un programa 100% de izquierdas, pero de izquierda antigua y rancia, mucho más cercana a los planteamientos de Podemos que de Ciudadanos, que, un suponer, tendrá serias dificultades para navegar en ese mar plagado de bajíos populistas.

El Programa de Gobierno de Sánchez (PGS) plantea una revisión integral de las políticas de consolidación fiscal y de las tímidas reformas estructurales llevadas a cabo por el PP durante la pasada legislatura. En la mayoría de sus 54 páginas se habla abierta o veladamente de aumento del gasto público, y no hay una sola propuesta que apunte en dirección contraria. ¡Gastad, gastad, malditos! Todo se justifica por la situación de “emergencia social” -el nuevo mantra que invade el discurso populista- que según Sánchez vive España, lo que implica que no solo hay que volver a los niveles de gasto anteriores a 2012, sino superarlos. ¿Y de dónde sacamos la pasta necesaria para pagar esa fiesta? Tres vías: primera, negociando con Bruselas una extensión de los plazos para cumplir con los objetivos de déficit (del 2,8% para 2016) y deuda pública; segunda, friendo a impuestos al personal, es decir, a esas clases medias ya tan castigadas por el PP (ampliación de bases imponibles del Impuesto de Sociedades; impuesto en toda España para Sucesiones, Donaciones y Patrimonio; nueva fiscalidad medioambiental, y nuevo impuesto de Transacciones Internacionales), y, tercera, tirando de la muletilla de la lucha contra el fraude (que se solventa contratando 5.000 funcionarios más y limitando los pagos en efectivo a 1.000 euros). La música de siempre.

Para poder gastar sin violentar la ley, el PGS propone eliminar el objetivo de déficit cero establecido en la Ley de Estabilidad Presupuestaria y suprimir los límites al gasto público que dicha ley impone a las CC.AA. Barra libre al endeudamiento autonómico, el sueño de todo politicastro que se precie. Fácil resulta imaginar dónde iría a parar el déficit de las Administraciones, la prima de riesgo y todo lo demás, en caso de Gobierno Sánchez. Porque, según nuestra izquierda, es tan crítica la emergencia social que padecemos (hasta Garicano, Ciudadanos, se apunta a “la situación de emergencia que hay en España”), hay tanta necesidad, tan dramáticas carencias, que hay que asegurar un Ingreso Vital Mínimo para familias sin recursos, aumentar la cuantía de la prestación por hijo, imponer un Plan de Inclusión Social cuyo coste no se detalla, facilitar un alquiler social para el personal sin vivienda, recuperar el subsidio de paro para los mayores de 52 años, etc., etc. Como además el PGS habla de eliminar el copago farmacéutico, dotar de nuevos equipos a los hospitales, incluir a nuevos grupos en el régimen general de la Seguridad Social, etc., la fiesta de Sánchez nos saldría por un pico. ¿Cómo pagarla? Lo dicho: subiendo impuestos o quebrando el país, que es donde muy probablemente iríamos a parar si este buen hombre llegara un día a gobernar España.

Naturalmente no hay una sola línea sobre cómo crear riqueza, cómo incentivar las vocaciones empresariales, como animar al pequeño y mediano empresario a contratar personal… Al revés: el PSOE sigue erre que erre en su idea de cepillarse la reforma laboral del PP, lo que implica reforzar el papel de los sindicatos en la empresa (la cosa llega al extremo de plantear su entrada en los Consejos de Administración y en las comisiones de control y supervisión, así como meter baza en los sistemas retributivos), y recortar el poder de decisión de los empresarios, hacerles la vida más difícil, ponerles más trabas, justo lo contrario de lo que, en teoría, se pretende cuando tan alegremente se habla de crear empleo. Las medidas que en materia laboral plantea el PGS supondrían, en suma, la vuelta a esa rigidez laboral responsable de enviar a millones de españoles al paro en cuanto llegan las vacas flacas de una crisis. En otro clásico del imaginario socialista, el PGS propone la conversión del ICO en un auténtico banco público para financiar con créditos directos y generosa dotación aquellos sectores considerados “estratégicos”.

Notable subida del gasto público
Hay también un proyecto de Ley de Igualdad Salarial entre hombres y mujeres, una obligación de los Consejos de contar con un 40% de mujeres, un permiso de paternidad de 4 semanas y algunas otras fruslerías más. Por resumir: la aplicación del PGS en el área económica implicaría una notable subida del gasto público –ello sin contar con que el apoyo de Podemos a la investidura de Sánchez o la entrada en su Gobierno se traduciría en un endurecimiento del mismo- difícilmente compatible con la estabilidad y sostenibilidad de las finanzas públicas, y aunque Bruselas llegase a aceptar un plan de esta naturaleza, cosa en extremo difícil, desde luego no lo harían los mercados, en tanto en cuanto ese recetario es el camino más seguro al descontrol del déficit y de la deuda pública, por no hablar de la deuda externa y del desapalancamiento. Una invitación a la huida de los inversores hacia climas más propicios, y un riesgo cierto de empobrecimiento para los españoles.

Y como Mariano no podía ser menos que Pedro, el miércoles conocimos el documento elaborado por el PP (“Cinco Acuerdos para el Consenso”) con el que Rajoy abordó sus fallidos encuentros con Rivera (jueves) y con el propio Sánchez (viernes), 18 folios plagados de vaguedades y sazonados con una salsa típicamente socialdemócrata, en lo que viene a suponer la renuncia del PP a su condición de partido de centro derecha defensor de los ideales del liberalismo clásico en lo económico. Un documento que podría firmarlo cómodamente cualquier partido socialista de la UE, incluso un PSOE menos aterrorizado por Podemos que el actual, centrado en meras promesas de políticas sociales dispuestas a primar el gasto por encima de cualquier otra consideración, y en el que no se plantea una sola reforma del Estado de Bienestar cuya financiación nos obliga todos los años a vivir del dinero que pedimos prestado a los mercados.

Pero donde el PP roza la indignidad es en esa apelación a “hacer uso de la flexibilidad que permite la normativa europea, atendiendo al contexto de la situación fiscal y financiera de España” en el cumplimiento del objetivo de déficit, un enunciado que, mutatis mutandis, viene a equivaler en versión PP a esa “emergencia social” de la que hablan PSOE y Podemos. Triste imagen la de una derecha dispuesta a abjurar de sus principios para abrazar los de la izquierda, en la esperanza de que ésta le perdone la vida y le permita seguir en el machito. Lo hace después de haber basado en las bondades del rigor fiscal la columna vertebral de su política económica durante cuatro años, y después de haber exigido a los ciudadanos el gran esfuerzo que supusieron los ajustes, unos ciudadanos a quienes ahora este PP en rebajas viene a decir que bueno, pelillos a la mar, tal vez no sea tan malo eso de flexibilizar los objetivos… ¿Les está sugiriendo Mariano que su sacrificio ha sido inútil?

El PP vende su alma a cambio de nada
Una indignidad y una traición, también, a los votantes del PP, a quienes el partido usa como moneda de cambio en la esperanza de garantizarse su continuidad en el poder. Para muchos estamos ante el suicidio de la derecha española, en episodio tan absurdo como inútil, por lo demás, por cuanto Mariano y el PP venden su alma a cambio de nada: ellos saben que por muchas filigranas en el alambre que efectúen, ni PSOE, ni mucho menos Podemos, les van a hacer el favor de dejarles gobernar para supuestamente acometer ahora las reformas que renunciaron a hacer cuando contaban con una generosa mayoría absoluta. Es el momento de reiterar una vez más la petición que ya se le formuló aquí hace tiempo: váyase a casa de una vez, don Mariano, y deje que el PP pueda seguir en la puja por el poder con otro líder al frente, o bien pase a la oposición dispuesto a purgar culpas y a regenerarse.

Postdata: es preciso aclarar enseguida que tanto el “Programa” de Pedro como los “Cinco Acuerdos” de Mariano son mero artificio, pura pólvora en salvas, tinta de calamar, porque todos están actuando, o más bien sobreactuando, de cara a esa segunda vuelta electoral que parece inevitable, y para la que unos y otros intentan cargarse de razón. Dicho lo cual, es obvio que ambos documentos reflejan fielmente la miseria ideológica que hoy aflige a los dos grandes partidos y el sino que nos espera, haya o no elecciones por delante: populismo a palo seco, gasto público a mansalva y pobreza asegurada.

En el nirvana de Iglesias también se pone el Sol
DAVID JIMÉNEZ El Mundo 14 Febrero 2016

En el paraíso que nos viene anunciando Pablo Iglesias, y que según sus previsiones está cada vez más cerca, la virtud política sustituirá a los pecados de la casta y seremos iluminados por la verdadera democracia. La prensa será respetada, las responsabilidades políticas asumidas, la democracia interna del partido gobernante ejemplar y el nepotismo cosa del pasado. Adiós a los cuñados con despacho. Tendremos un Gobierno capaz de decirle cuatro cosas a Angela Merkel -no como ese pusilánime de Tsipras-, y se plantará cara a los mercados. Nuestros dirigentes irán al trabajo en bicicleta y subvencionarán una a quienes queramos seguir su ejemplo. El país será, al fin, purificado.

Ya decía Quevedo que nadie ofrece tanto como el que no va a cumplir, porque la parte fácil siempre es la primera. Prometer. Podemos y sus partidos afines ya tienen el poder en algunas plazas importantes y se puede empezar a medir cuánto se ha avanzado allí en la búsqueda de Shangri-La e incluso si hay alguna intención de alcanzarlo. Los periodistas de EL MUNDO han ido a comprobarlo en una serie de reportajes que esta semana hace parada en el Madrid de Carmena, después de nuestra visita a Cádiz, donde (casi) estuvimos con Kichi, el alcalde de Podemos.

No lo conseguimos del todo porque la idea que el regidor gaditano tiene del trato con la prensa no le permitió encontrar tiempo para hablar de su gestión, pero sí conceder entrevistas a quienes quisieran preguntarle por el Carnaval. Si hubiéramos podido, le habríamos preguntado si el fin del nepotismo es compatible con contratar a las parejas de los miembros de su equipo como asesores; si considera que luchar contra la pobreza es fotografiarse en un palco con familias sin hogar, mientras sigue sin solucionar su promesa de dar una vivienda a quienes viven sin luz ni agua corriente; o si tiene previsto dedicar más tiempo a gestionar la ciudad y menos a la farándula propagandística, como piden los empresarios, comerciantes y asociaciones de vecinos que han perdido la paciencia con la política de plató y disfraz.

La pregunta que todo el mundo se hace -¿cómo sería un Gobierno de España con Podemos?- es difícil de responder, y unos pocos alcaldes no tienen por qué ser representativos de todo lo que haría el partido, pero empezamos a tener suficientes pistas como para que resulte innecesario que los ministros de Mariano Rajoy compitan entre ellos por lanzar la advertencia más apocalíptica. Cada vez que nos anuncian el fin del mundo tal como lo conocemos, en cuanto Pablo Iglesias llegue al poder, sólo consiguen sumar votos para el partido morado en las próximas elecciones, sobre todo, porque el discurso del miedo viene de un grupo carcomido por la corrupción que ha perdido toda legitimidad para dar lecciones hasta que no se regenere.

El problema no es que Podemos sea un partido amigo de ETA, sino que carece de un proyecto integrador común para España; el problema no es que quiera acabar con el modelo económico vigente -Iglesias le duraría a Angela menos que Tsipras-, sino que sus propuestas son irrealizables y el mero hecho de formularlas en una posición de responsabilidad agravarían nuestra crisis; el problema tampoco es que algunos de sus miembros se vayan de excursión anarquista a Venezuela, sino que sus líderes hayan mostrado en un pasado reciente su admiración por un régimen que ha empobrecido una nación inmensamente rica y mantiene a disidentes encarcelados. La pregunta es legítima: ¿ven en ese modelo un ejemplo a seguir y en qué?

Podemos y sus partidos hermanos están demostrando sin ayuda su incapacidad para la gestión y la prueba no está ni siquiera en los errores cometidos en los ayuntamientos de Cádiz o Madrid, sino en la determinación de gobernar sólo para quienes les votaron y piensan como ellos. La prioridad no parece el servicio público, sino ganar tontas batallas ideológicas. No es limpiar las calles, sino redefinir la imagen que los niños tienen de los Reyes Magos. No es arreglar el tráfico, sino utilizar la cultura para avanzar su agenda política. No es hacer que la ciudad funcione mejor, sino retirar placas franquistas -y algunas que no lo son- y cambiar el nombre de las calles. Al final va a resultar que la nueva política no era más que eso: mantener a su manera los vicios de la vieja y prometer que, una vez alcanzado el Shangri-La, el líder hará que el Sol se ponga sólo cuando convenga al pueblo.

Sabina-Reverte:tolerancia frente al sectarismo de nuestros políticos
EDITORIAL El Mundo 14 Febrero 2016

Es tan inusual que dos creadores tan relevantes de nuestro país como Joaquín Sabina y Arturo Pérez-Reverte se sienten juntos a reflexionar sobre lo divino y lo humano, sobre el delicado presente de nuestro país y nuestro tormentoso pasado, que, de hecho, lo hacen por primera vez hoy en nuestras páginas. Cantante, poeta y dibujante, el uno; novelista, reportero de guerra y académico de la Lengua, el otro, son dos figuras de una extraordinaria lucidez, desacomplejadas, valientes y muchas veces controvertidas. Nadie puede discutirles la maestría en lo suyo, el talento y la influencia. Pérez-Reverte rechaza las etiquetas ideológicas;no se declara ni de izquierdas, ni de derechas, «ni de centro»; es como mucho un escéptico político. Sabina, por su parte, ha hecho gala toda su vida de una militancia de izquierdas tan heterodoxa que confiesa no haber ido a votar nunca.

Les unen tantas cosas como tantas otras les separan. Representan no a las 'dos Españas', sino todo lo contrario. Porque, como reconocen en la charla, les horroriza que se esté volviendo al guerracivilismo, a la sempiterna división entre españoles. En ese sentido, Sabina y Reverte son dos ejemplos de cómo es la sociedad civil actual de nuestro país, tolerante, dialogante, abierta, en la que nos gusta reconocernos como una nación avanzada que somos tras 40 años de fructífera democracia. Pero resulta imposible no ver en el reverso del espejo a nuestra clase política: sectaria, cainita, incapaz de pactar anteponiendo el bien común a los intereses partidistas. Por desgracia, esa España de la división perenne y del enfrentamiento dogmático la estamos sufriendo más que nunca estos días, encarnada en dirigentes como Rajoy y Pedro Sánchez, reacios siquiera a darse la mano, tal como escenificaron en su desolador encuentro del viernes en el Congreso.

En nuestro país se ha sustituido la saludable y necesaria confrontación ideológica por un encastillamiento en posiciones numantinas que no nos permite avanzar como una nación moderna. No es admisible la incapacidad de nuestros líderes para ceder, negociar y pactar de cara a la conformación de un nuevo Gobierno, con las cartas que les han atribuido los electores, quienes han apostado por un Parlamento más plural que exige mucha cintura y altura política. Por el contrario, asistimos al triunfo de la 'bunkerización' partidista, de la concepción de la tarea pública no como servicio ciudadano sino como sumisión a unas siglas, todo ello agravado por la mediocridad actual de la clase dirigente española. Como dice Sabina, "asombra el proceso de selección de estos líderes; los que llegan más alto son los del Don Síseñor".

Esa dirigencia adocenada en modo alguno representa lo que es la España actual. La sociedad civil es muchísimo mejor que sus dirigentes. Los españoles han dado sobradas muestras en estas décadas de haber dejado atrás los 'fantasmas del guerracivilismo' y el sectarismo tan extremo que en cambio siguen ejerciendo los políticos. Nos están haciendo "volver al rencor", como subraya pesimista el autor de 'La tabla de Flandes'.

En ese sentido, la conversación entre Sabina y Reverte, más allá de una delicia intelectual, debiera servir como ejemplo a esos dirigentes a los que se les paga su sueldo para dialogar, para ser capaces de pactar. Se atribuye a Woody Allen una frase: "La vocación del político de carrera es hacer de cada solución un problema". Pero Sánchez y Rajoy -y otros líderes de la llamada nueva política- van más allá habiéndose convertido con sus egos y personalismos en el auténtico problema. Ni España ni los españoles se lo merecen.

Al margen del sectarismo que hoy corroe nuestro sistema, Reverte y Sabina ponen el dedo en la llaga cuando señalan el desprecio por la cultura de nuestras instituciones, la falta de consenso en una cuestión de Estado tan esencial como la educación o el peligro de los aldeanismos identitarios, que se refleja hoy en el desafío independentista catalán. También aciertan al destacar que parte de nuestros males actuales se encuentra en los trenes perdidos de nuestra Historia, como Trento o la Guerra de la Independencia. Lecciones todas que si dejan algo claro es que nadie está legitimado para gobernar a los demás cuando es incapaz siquiera de conjugar verbos como dialogar y pactar.

El matrimonio y sus siete hijos
ARCADI ESPADA El Mundo 14 Febrero 2016

Mi liberada:

Quizá sólo habría habido un hombre capaz de detener el viaje a ninguna parte de Cataluña. Era Jordi Pujol. En un momento dado del Proceso, incluso después de declararse más o menos independentista, pudo levantar la voz. Pero era un hombre carcomido, inútil. No puedo dejar de pensar en Pujol. Amenaza con convertirse en un gran misterio generacional, uno de esos crímenes cuyas metáforas acaban devorando al hecho. Lo vi esta semana, al entrar en la Audiencia Nacional. Su mujer, cabizbaja, se apoyaba en el brazo del abogado Martell, que da una estampa de hombre antiguo, consumido por la nicotina del secreto. Los dos iban espesamente abrigados. Algunos metros por delante caminaba Pujol, a cuerpo gentil, firme en apariencia, para encontrarse con un juez que iba a preguntarle por su empresa familiar.

La corrupción en Cataluña se ha soslayado con una gran naturalidad. La prueba más feroz es el pacto que firmaron los anticapitalistas. Y la explicación más probable de la naturalidad es la considerable extensión de las prácticas corruptas. No se pueden odiar las metáforas hasta el punto de ignorar el sentido recto que indican a veces. Todos los miembros de la familia Pujol están imputados: el matrimonio y sus siete hijos. Yo he combatido siempre la idea de que Pujol fuera Cataluña, pero tal vez ha llegado el momento de reconocer mis errores. No conozco a fondo la política africana, pero diría que no hay un caso similar. El matrimonio y sus siete hijos. La familia de un hombre que gobernó durante 23 años. Si esta situación no ha producido un 'harakiri' colectivo en Cataluña sólo es porque fueron muchos y muy poderosos los que pagaron. Cataluña es un 'país petit' y no hay tierra para absorber tanta sangre.

Por lo demás, el nacionalismo se ha adscrito a la 'doctrina Arguiñano', que es la de robar con fundamento. Es importantísimo el impacto del fundamento en la opinión pública. En el caso catalán el fundamento ha sido la patria. Tan potente que si hasta los anticapitalistas se han aliado con Convergència es (necesidad de cobrar aparte) porque creen que la mafia puede ayudarles a destruir el Estado: una línea que ya exploraron con éxito las Brigadas Rojas o el M-19. Con fundamento roba también la izquierda, cuyos 'Eres' son sólo una sofisticada manera de combatir la desigualdad. Desde que se llamó orgánica a la democracia o azul al cielo sabemos hasta qué punto desfigura el atributo. De ahí que robar, robar, sólo robe la derecha.

Las imputaciones hay que manejarlas con cuidado y sólo deben producir efectos de opinión. Pero en las imputaciones pujolistas hay hechos delictivos de tipo fiscal que ya han sido reconocidos por sus autores. Y el primero, y más significativo, el de Pujol. El 25 de julio de 2014 reconoció que tenía una fortuna sin declarar en el extranjero, y que la tenía desde 1980. La confesión tuvo un efecto doble: lo expulsó del lado bueno de la historia, pero le aportó también cierta grandeza pecadora. La infección literaria empezó a extenderse. Fácilmente se llegó en los periódicos a la analogía con los grandes trágicos y sus personajes atormentados por el peso de un secreto que debían levantar cada mañana, al tiempo que su cuerpo. A medida que el cuerpo iba decayendo, el secreto crecía. Cuando un hombre confiesa, pasados los ochenta años, ya sólo hay secreto y era, en apariencia, el que estaba hablando. Compareció también la religión, el catolicismo. Sobre todo por las últimas líneas del comunicado: «Y también les pido que sepan separar los errores de una persona -aunque haya sido muy significativa-, y que esta declaración sea reparadora en lo posible del mal y de expiación para mí mismo». Expiar supone el borrado religioso de las culpas. Y era la palabra que se entendió como clave. Pujol, católico de siempre, no podía aspirar al perdón de la historia ni de los ciudadanos catalanes, pero aún optaba al perdón de dios.

La confesión era muy golosa. Pujol se había pasado toda su larga vida pública dando consejos morales. Es propio de los padres de la patria y fue una de sus marcas como político. Yo recogí en un 'tumblr' (http://1984puntocat.tumblr.com/) un centenar largo de páginas con párrafos morales extraídos de su obra completa, ensayos, discursos, artículos, que alcanza una dimensión parecida a la de Enver Hoxha. Una búsqueda minuciosa daría otros cientos de páginas más. La confrontación de esa obra con el folio de su confesión probaba que Enric Marco sólo es el segundo gran farsante de la historia contemporánea de Cataluña. La evidencia del dinero oculto, que alcanza una cantidad real de unos siete millones de euros, permitía otras consideraciones de interés psicológico. La primera es que la familia Pujol había vivido muchos años en su piso de General Mitre con una cocina de origen y una fabulosa colección de muebles y enseres tronados, lo que introduce la famosa duda sistemática del pobre sobre el rico: para qué coño querrán el dinero. La segunda afecta al famoso dilema 'nature/nurture': abuelo, hijo y nietos han tenido dinero fuera, libre de impuestos.

Tengo dudas de que la instrucción del juez derive en responsabilidades penales efectivas para el patriarca de los Pujol, que seguramente hará valer una madeja de prescripciones eficaces. Sin embargo, sus conclusiones introducen una duda demoledora; y es la de que Pujol no hubiera en realidad confesado y su documento del 25 de julio fuera meramente instrumental. Pujol no estaría hablando entonces desde la culpa, sino desde la renovación del engaño. Por así decirlo, Enric Marco aún no habría vuelto de Auschwitz. La duda, de amplio espectro, no sólo supondría que Pujol ha mentido sobre el origen del dinero andorrano. Supondría que los que le pagaron siguen también callando.

Pudo haber levantado la voz contra el Proceso. Pero era un hombre carcomido. El problema irresoluble de Cataluña es que no queda ninguna autoridad que pueda hacerlo. Unos cobraron lo que otros pagaron, y todos están sellados con el mismo lacre. En estas condiciones hasta comprendo la sucia y desgraciada operación política que están llevando a cabo. El 'reset' que semejantes élites pretenden hacerle a la historia. Disolver la vergüenza de la corrupción en una nueva aurora. Explicarse y explicar a sus hijos que todo aquello había sido necesario para llegar hasta aquí. Que también en la fortuna de la libertad anida un repulsivo gusano de mierda y fraude.

Y sigue ciega tu camino... A.

Los aprendices de brujo se olvidan de la crisis europea
“La verdadera preocupación nacía de que no sabía lo que andaba buscando. ¡Demasiada reflexión, lógica, sentido! La vida misma no obedece a ninguna lógica, ¿Por qué querer inferir su significado a fuerza de lógica? Y luego, ¿Qué es la lógica? Yo creo que debería apartarme de la reflexión, pues ésta es la raíz de mi mal.” Gao Xingjian
Miguel Massanet diariosigloxxi.com 14 Febrero 2016

Mientras en España los partidos políticos siguen enzarzado en sus batallas particulares, se pasan los días en discusiones bizantinas sobre si es mejor fulanito o menganito para ocupar la presidencia del Gobierno o se emplean con una energía que, seguramente, estaría mejor aprovechada en otros menesteres, en el empeño de descalificar al adversario político, insultarle, buscar sus defectos en lugar de apreciar sus cualidades o intentar buscar punto de coincidencia en vez de insistir en encontrar desacuerdos; es evidente que las cosas, en esta Europa que sigue sin encontrar el medio de consolidar su unión y perfeccionar sus leyes comunes, para llegar a este punto álgido que todavía no se ha logrado, consistente en conseguir formar una federación de todos los países que la integran, con una Constitución unitaria, que acabe, de una vez, con determinadas singularidades que impiden que, este proyecto común, acabe consolidándose en una verdadera supra-nación al estilo de los EE.UU de América, capaz de actuar con la necesaria cohesión cuando las circunstancias políticas, económicas, financieras o sociales, así lo requirieran.

Resulta desalentador contemplar a nuestros políticos enzarzados en la lucha por el poder, cuando España apenas acaba de dar los primeros pasos para salir de la crisis que la azotado durante 7 años, mientras graves problemas que vienen amenazando esta ansiada recuperación, que todos estamos esperando, han vuelto a poner en tela de juicio el que, realmente, nos encontremos en la buena senda para dejar atrás todas las complicaciones que fueron las causantes de la crisis del 2008 y de las nuevas surgidas de la aparente fragilidad de aquellas economías emergentes, en las que tantas esperanzas se puso pero que, a la vista de los últimos informes sobre su situación, parece que también están padeciendo de este mal de las burbujas, en este caso consistentes en la sobre valoración especulativa de sus activos reales.

Sin embargo, es preciso reconocer que España no puede estar enzarzada durante meses en sus problemas de formar gobierno, mientras en Europa están ocurriendo sucesos que nos afectan directamente y que requerirían que existiera un gobierno fuerte, estable y conocedor de los resortes económicos, para poder afrontar con ciertas garantías de solvencia, todos los desafíos que nos pudieran llegar de la inestabilidad de la banca de la CE, afectada especialmente por la situación del Deutsche Bank y sus emisiones de bonos ( cocos), un tipo de ellos emitidos por las entidades financieras para cubrir sus necesidades de capital adicional, sin un vencimiento prefijado y con la facultad de poder retrasar el pago de intereses cuando el emisor lo decida. Ello, precisamente, ha sido una de las causas de la desconfianza de los inversores en el principal banco alemán., que se ha visto sacudido por un desplome en su cotización de un 10% en un solo día.

Resulta que, en los últimos años, los bancos europeos han colocado 90.000 millones de euros de este tipo de deuda; lo que justifica la inquietud que se ha producido ante el aviso de lo sucedido en el Deutsche Bank. Y es que, señores, Portugal no acaba de cumplir con sus compromisos de ajustes y reformas, lo que ha conducido a su prima de riesgo a los 392 puntos básicos desde los 353 anteriores, llevando la rentabilidad de su deuda al 4,4% el mayor nivel en dos años; en Grecia, la rentabilidad de su deuda alcanzó el 11%, llegando su prima de riesgo a los 1.139 puntos básicos. Lo que, en este caso, requiere del visto bueno de los acreedores comunitarios para seguir recibiendo el dinero de su rescate. Malas noticias para Europa y malas noticias para los países periféricos, como España, debido a que los inversores que acudían a nuestro país para invertir en nuestra deuda y valores, se están refugiando en masa en la deuda pública alemana, en el oro o en bonos de los EEUU, para protegerse de las fuertes caídas bursátiles.

Ante una situación semejante ¿cómo podemos confiar en que un gobierno formado por una coalición evidentemente inestable, integrada por el PSOE, PODEMOS (un grupo de antisistemas de tendencias comunistas y ácratas) IU, el PNV y el posible apoyo de Ciudadanos, un grupo que parece que prefiere tirarse a la izquierda para formar parte de este grupo de perdedores cuyo destino, de no variar radicalmente sus planteamientos políticos y no ajustarse a las reglas que se nos vienen imponiendo desde Europa, incluidas las que hacen referencia a nuestro mercado laboral, a la reducción del gasto público para reducir los 9.000 millones de euros que se nos piden para ajustar nuestro déficit público y, los 25.000 millones de euros que se precisan para reducir nuestra disparada deuda pública; es seguro que vamos a tener serios problemas para recibir las ayudas del BCE,el FMI o el mismo BEI, sin las cuales nos podemos despedir de todas estas reformas de carácter social de las que todos estos partidos hacen gala ante sus votantes.

Es evidente que, las acusaciones de corrupción han mermado las posibilidades del PP de conseguir apoyos para gobernar y, es cierto que, si no se toman en serio el acometer una catarsis para limpiar de todo rastro de corruptos sus filas, va a ser imposible que sus votantes sigan confiando en ellos; pero también es cierto que, lo quieran reconocer o no, un gobierno de coalición que no cuente con el apoyo del PP para acometer las grandes reformas previstas y para modificar la Constitución en aquellos puntos en que fuere necesario, no será más que un gobierno cojo, limitado en sus expectativas de reforma y, evidentemente, incapacitado para acometer las reformas de la Constitución que llevan incorporadas en sus planes de gobierno.

Y esto la saben perfectamente tanto el señor Rivera como el señor Sánchez, por mucho que el señor Iglesias, con su espíritu revolucionario y copartícipe, con Chávez y Maduro, en la revolución bolivariana de Venezuela y de su evidente control del TC que les sigue la corriente a los secuaces de Maduro, en contra de los acuerdos del Parlamento democrático legitimado por las urnas, con una gran mayoría de votos y que, no obstante, se ve obstaculizado por los trucos legales y la complicidad de las instituciones en las que mantiene su supremacía revolucionaria; siga insistiendo en un gobierno en el que su partido, Podemos, corte el bacalao y, si es necesario, apelaría, como ya ha sucedido en Venezuela, a usar la calle y sus cómplices comunistas para saltarse la Constitución en lo que, con toda probabilidad, les ayudarían sus posibles aliados de DyL ( CDC) y ERC, siempre dispuestos a todo lo que sirviera para debilitar el Estado de Derecho en España.

Uno confiaba, hace unos días, en que unas nuevas elecciones serían buenas para aclarar el panorama político, para desatascar el problema de la investidura y para poner a cada formación en su lugar. Ahora, visto lo visto, y ante los últimos acontecimientos que han tenido lugar en nuestro país, ya no sabemos a que opción acogernos. Lo que sí sabemos y es lo que nos trae a mal traer, es que un gobierno de izquierdas, como el que se está proyectando para España, va a significar uno de los mayores errores de nuestra democracia; por mucho que se les haya atribuido al resultado de las urnas el deseo de un cambio. ¿Pero qué clase de cambio? O es que podríamos pensar que el pueblo español que votó masivamente al PP y les concedió a Ciudadanos ( un partido que aparentemente se mostraba moderado), amigo de mantener la actual Constitución y de seguir la misma política económica que han venido patrocinando los del PP; aunque, evidentemente, con un sesgo más social, con una suavización de algunas políticas de apoyo a las clases desfavorecidas pero que, claramente, aparecían como incapaces de negociar un acuerdo, aunque fuera de abstención, ante un PSOE dispuesto a aliarse con quién fuera y, aceptar la abstención de los partidos independentistas, con tal de conseguir alcanzar la presidencia del Gobierno de España. Un feo panorama.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, nos cuesta hacernos a la idea de que, en España, se pretenda construir una alianza de izquierdas, con la participación de Podemos y la abstención de los soberanistas o el apoyo de Ciudadanos, que se vea incapaz de llevar a buen término una política coherente con la que se ha llevado, hasta ahora, para conseguir salir de la crisis y acercarnos al resto de naciones europeas con las que, inexorablemente, deberemos seguir entendiéndonos si es que queremos seguir en la UE y comerciar con ellos. Todo lo demás no serán más que errores que, indefectiblemente, nos van a llevar de nuevo al punto de partida si es que, no acabamos hundiéndonos en el abismo del caos y el desorden, algo que podría acabar, de una vez, con España.

La engañosa perversión de los “fascistas”
La Verdad Ofende www.latribunadelpaisvasco.com 14 Febrero 2016

“Fascista”. Es la palabra de moda en las redes, no cabe duda. Cualquier debate, no solo político, en el que haya algún tipo de colisión o enfrentamiento acaba en algún momento empleando este tan manido calificativo para deslegitimar la argumentación del oponente. Si les tratan a ustedes con amabilidad, quizás tengan suerte; usarán la versión "light" para hacerse los guay, léase "facha". Una victoria del “agit-prop” de nuestra izquierda que se inició en los primeros años de la II República. El miedo al fascismo fue el argumentario de aquella izquierda golpista, totalitaria y violenta (golpe de Galán, elecciones 14 abril, Casas Viejas, octubre 1934, pucherazo febrero 1936…) pretendiéndose democrática y única protectora de la voz del pueblo a quien solo ella representa. Posicionaban a las gentes con la clásica dicotomía, o conmigo o contra la democracia, o sea, Yo. La realidad es que salvo los chicos de las JONS del intelectual Ramiro Ledesma, en España apenas hubo fascistas. Miento, toda la izquierda lo era, pero dejen que siga el relato.

El juego, no por rancio y obsoleto, ha dejado de existir. En un país donde “la gente” no lee y se impone vía decreto lo que es la “memoria histórica”, el señalamiento de todo el que no comulga con el discurso “políticamente correcto” que se promulga desde sectores "culturetas" como el colectivo de “la ceja” y demás adláteres, es continuo. Y quienes se oponen a pasar por el aro ideológico y social de ese ambiente ateo y progre, acaba relegado de ciertos círculos, cuando no señalado públicamente como “facha”, recuerden, el diminutivo socialmente aceptado de “fascista”.

Los que así obran, solo por ello ya denotan sin un ápice de duda su inherente totalitarismo ideológico. Pedirán respeto por la libertad de expresión, de ideas, condición social, sexual y hasta se reclaman poseedores del pacifismo, vistiéndose un bondadoso traje que socialmente cuela en mentes simples, y de esas hay para hartarse. Pero, ¡hay de ti como discrepes!

Dichas gentes votan todas a opciones de izquierda, socialistas o comunistas y también separatistas. Lo asombroso es observar cómo las elites de dichas gentes, a quienes se les presupone un mínimo de formación, cultura y conocimientos, a estas alturas de la historia aun puedan defender el socialismo como una teoría política y social válida, que permita el desarrollo, la igualdad de derechos y la prosperidad de las sociedades. Postulándose de modo encomiable como contrarias a la guerra, defienden el activismo social, la relevante actividad de las laicas o "progresistas" oenegés y que el Estado las subvencione. La iglesia, primera oenegé del mundo es, sin embargo, señalada, cuando no abiertamente atacada.

Propugnan también que España acoja a los refugiados. Pero mientras exigen que sea el Estado quien dé solución a dichos acogidos, ellos jamás harán sitio en su casa a uno solo. Piden abiertamente que los ricos paguen más impuestos, mientras exigen un IVA reducido a sus mediocres sectores profesionales que imitan exitosos modelos capitalistas que progresaron gracias a su iniciativa y originalidad, y sin un centavo público. Lo público, de lo que viven, porque son “cultura". Mientras tanto, constituyen sociedades SICAV o coleccionan decenas de pisos (Wyoming). Lo llaman solidaridad (solidaridad roja) los mismos que se oponen a que misioneros que jamás pidieron voz, y que entregan sus vidas felices por ayudar al prójimo, no sean repatriados cuando van a morir, no nos infecten. Mientras tanto, con gritos y violencia verbal, se manifiestan por un perro o por los toros, cuando no exigen que Cristina Cifuentes sea desalojada de un hospital público donde lucha entre la vida y la muerte. Todo, como pueden ver, absolutamente "fascista".

Habiendo escapado de su país a Suiza por negarse a hacer el servicio militar (no era un pacifista objetor de conciencia, generalmente ninguno lo es, son casi siempre unos jetas) el señor de la foto de este artículo, un 18 de junio de 1903, fue arrestado por agitador socialista, y permaneció detenido en la cárcel durante 12 días. Posteriormente, fue expulsado hasta dos veces de Suiza.

Benito Mussolini, número tres del Partido Socialista italiano, acabará escindiéndose de éste y fundando el “Fascio” o “Partido Nacional Fascista” en 1921. La realidad es que la reprensión que practicaron los fascistas apenas fue una anécdota comparado con lo que les voy a relatar. Una fama inmerecida, producto de la propaganda marxista, término que si debía ocupar su protagonismo. Como verán, el fascismo solo es marxismo, y una versión "light".

Cuando esto ocurría, Lenin, que ya gobernaba con mano férrea Rusia, y cuyos “gulags” (invento suyo) trabajaban a destajo en reprimir toda oposición, escribía esto: "Debemos derribar cualquier resistencia con tal brutalidad que no se olvide durante décadas". Y esto otro: "Cuantos más representantes del clero y la burguesía reaccionaria ejecutemos, mejor". Su gobierno fue corto, apenas siete años, aun así, dejó sangre para llenar el río Volga. Su legado, dos momias. Su cuerpo embalsamado para adoración del líder en 1924, y su sucesor, Josef Stalin.

Stalin, quien organizó desde el "Komintern" las "Brigadas internacionales" que nos visitaron en 1936, continuó la obra represiva de su antecesor. Solo en Ucrania, tierra de los valerosos cosacos y granero de Rusia, ejecutó lo que se conoce como el “Holodomor”. Entre los años 1932-1933 murieron de hambre cerca de 10 millones de personas. Les quitó el trigo y los abandonó a su suerte. Josef Stalin, “el padrecito”, le llamaban. Este personaje, que pasea la izquierda con orgullo mientras te llaman facha y defienden a Cuba, Venezuela o cualquier otro despropósito socialista represor (Leopoldo López, está ocurriendo), fue quien firmó un tratado, conocido como “Molotov-Ribbentrop”, para repartirse Polonia en 1939. Ese tratado fue el culpable de la II Guerra mundial. Su socio en dicho tratado era un personaje raquítico que pintaba cuadros que nadie compraba, quien en 1920 fundó otro partido político. Lo llamo “NSDAP” o “Partido Nazional-Sozialista Obrero alemán”. Los Nazis, 1920.

Como ven, la cosa iba de socialistas. Así que, cuando un socialista te llame facha o directamente fascista, mándale a freír gárgaras. Los fascistas son ellos.

SANTIAGO ABASCAL
'El PP y el PSOE están heridos de muerte por la corrupción'
El líder de VOX ha asegurado que las dos fuerzas tradicionales del bipartidismo no piensan "en el bien común" y les acusa de moverse "solo por salvar sus siglas".
Gaceta.es/Efe  www.gaceta.es 14 Febrero 2016

El presidente de Vox, Santiago Abascal, ha reprochado a PP y PSOE que "se muevan solo por salvar sus siglas" en un momento en el que "están heridos de muerte, van hacia la extinción" y "no están pendientes del bien común".

Abascal ha hecho estas declaraciones en Logroño, donde hoy presenta su libro "Hay un camino a la derecha", que "es, en realidad, un pretexto para presentar el proyecto político de Vox".

Vox, al no lograr un escaño en las Cortes Generales en las elecciones generales del pasado 20 de diciembre, ha abierto un proceso de renovación de cargos en el partido, que culminará el próximo cinco de marzo con la elección del presidente, cargo al que ha presentado su candidatura, ha detallado.

Cree que su partido no logró esa representación porque "hubo muchas personas que votaron al PP con la nariz tapada" y "por miedo", lo que "pone más de manifiesto que hay que consolidar el proyecto de Vox".

Ha asegurado que no se atreve a hacer pronósticos sobre el futuro gobierno de España, "aunque lo natural sería que gobernase el PP y que PSOE y Ciudadanos (C's) se lo permitieran", especialmente por "responder al desafío soberanista de Cataluña" y "por hacer un ejercicio de patriotismo".

Pero "no es fácil porque están más pendientes de sus siglas que del bien común", con lo que puede haber nuevas elecciones, "algo que tampoco sería bueno porque no estamos para fiestas o para que los españoles paguen lo que pasa en los partidos", ha asegurado.

"No sé lo que va a pasar, pero sí tengo claro que si hay gobierno, sea el que sea, la legislatura será corta, de dos años como mucho", ha añadido.

Ha insistido en que "esos que llaman partidos tradicionales, PP y PSOE, están heridos de muerte por la corrupción, por no saber responder al desafío soberanista y por la pérdida de autoridad ante Bruselas".

Abascal también ha manifestado su "preocupación" por el auge de Podemos, que es "un partido de extrema izquierda" y que "basa su acción política en una gran mentira sustentada en verdades como la corrupción o el daño que se ha hecho a las clases medias" y, "mientras no se combata eso, la gente les va a seguir votando".

Hablando sobre España
Carmen Iglesias: “Ha fallado la educación, hemos caído en el aldeanismo"
Entrevista con la directora de Real Academia de la Historia.
Julia Tena El Espanol 14 Febrero 2016

Carmen Iglesias recibe a EL ESPAÑOL en su despacho de la Real Academia de la Historia. Es la primera mujer que ocupa este puesto, pero la historiadora experta en Montesquieu y en el siglo XVIII europeo está acostumbrada a romper barreas: también fue la primera directora del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales y la primera mujer miembro del Consejo de Estado, como ella misma apunta entre risas. El despacho que ahora ocupa es una elegante habitación con sofás de terciopelo rojo y cuyas paredes adornan un retrato de Alfonso XII de niño y otros de María Cristina e Isabel II. En su mesa abundan decenas de papeles y libros, testimonio de su apretada agenda.

Para Carmen Iglesias, lo que ha fallado en nuestra democracia es la educación, y declara que en comunidades como Cataluña se distorsiona la Historia. “Que a unos niños en Cataluña les pregunten ‘quién nos roba’ y contesten ‘España’ es adoctrinamiento” afirma la historiadora.

El escándalo de los titiriteros de Madrid ha sido la noticia de la semana. ¿Le pareció correcto que el juez encarcelase a los dos intérpretes por “enaltecimiento del terrorismo”?
A mí no me gusta mucho entrar en este tipo de debates. Aunque no me parece muy correcto presentar a los niños este tipo de espectáculos. Me parece una barbaridad hacer una apología de 'Gora ETA' delante de niños de 5 años.

¿Qué limites debería tener la libertad de expresión?
A eso sí que me gusta contestarte. Yo soy estudiosa del proceso de la Ilustración. En el siglo XVIII Hume decía que los dos puntales que eran básicos para una democracia, la libertad de expresión y los partidos políticos, eran también su punto vulnerable, y para que estos dos aspectos no constituyan un elemento de destrucción de la propia democracia lo que tiene que haber no es un Estado que intervenga, sino una sociedad civil bien educada. No es un asunto de regulación, ni mucho menos del Estado, sino un asunto de educación cívica. La libertad de expresión es necesaria como control de los gobernantes y como libertad del individuo. Claro que tiene sus límites: no se puede dañar a los otros de una forma arbitraria o injusta. Pero eso tiene que ser algo que esté formado en la propia sociedad.

En su discurso de ingreso en la Real Academia de la Historia 'Individualismo noble, individualismo burgués', usted escribe que una Constitución libre no tiene por qué implicar ciudadanos libres, ya que la libertad de estos reside en un entramado institucional y en una educación en la libertad y responsabilidad individuales que van más allá de las leyes. ¿Falta cultura democrática en España?
Exactamente. La propia ciudadanía es una parte fundamental para esos controles, para que los partidos políticos no se desmanden. Los partidos y la libertad de expresión son absolutamente necesarios para que haya una democracia, pero hace falta también una sociedad civil, una cultura democrática, que aquí no se ha imbuido para nada.

Usted es la primera mujer en ocupar el cargo de directora de la Real Academia de la Historia. También ha sido la primera directora del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales. ¿Cómo se siente al ser la primera mujer que rompe tantas barreras?
¡Y la primera mujer consejera del Consejo de Estado desde su creación en el siglo XVI! Bueno, digamos que las cosas han venido de forma natural, y las he asumido como algo que era a la vez un privilegio y un deber. Sé que en mi generación soy pionera. Me siento con obligaciones, pero tampoco me siento especial.

Montesquieu decía que se mide la libertad de una civilización por la libertad que tienen sus mujeres.
De eso estoy convencida. Yo siempre he dicho que el siglo XXI sería el de las mujeres. Pero me gustaría insistir en que la libertad, como todas las cosas de este mundo, hay que mantenerla. Este avance de las mujeres en Occidente, que yo siempre pensé que era irreversible, lo será mientras luchemos para que lo sea. Como decían mis ilustrados, los delirios de la mente humana pueden llamar a crear ciclos fanáticos. La libertad de las mujeres está amenazada, incluso en Occidente, como hemos visto con los ataques sexuales en Colonia, por ideologías, por religiones, por una cierta interpretación del Islam y por lo políticamente correcto incluso. Costó mucho que los ataques de Colonia salieran a la luz. Se intentó quitar importancia a que bandas de varones de inmigrantes atacaran a cientos de mujeres. No se atrevían a decirlo por corrección política, para no ofender a los de fuera. Evidentemente hay que tener cuidado, pero en primer lugar están las mujeres ofendidas.

¿Piensa, como Francis Fukuyama, que estamos llegando al final de la Historia?
No. De hecho, esta idea siempre me ha parecido una barbaridad. La Historia no tiene fin, más que cuando acabe la especie humana, sí es que llegamos a eso algún día. La Historia está siempre abierta, es felizmente impredecible. Siempre sorprende. La propia libertad de la mujer nos parece irreversible, pero debemos recordar que nada permanece. Los romanos pensaron que el Imperio Romano sería para siempre. La Historia demuestra que las instituciones, a pesar de su aspecto sólido, al mismo tiempo son vulnerables. Por eso es muy importante estar siempre alerta, porque la realidad, o el universo, tiende a la entropía. Tiende al desorden. Eso desorden puede afectar a formas de vida que valoramos positivamente.

El filósofo Thomas Carlyle dijo que “la Historia del mundo no pasa de ser la biografía de grandes hombres”. Por su parte, Hegel decía que los hombres, grandes o pequeños, son meros agentes en esa marcha del Epíritu hacia la Razón que llamamos Historia.

Estos autores están inmersos todavía en una idea de la filosofía de la Historia que es determinista. Para los historiadores, lo que la Historia demuestra es todo lo contrario. No hay determinismo. ¿Qué son nuestras vidas? Primero nacemos de una familia, de una época, que nos condiciona. Luego está la parte de azar. Y por último la voluntad de cada uno, el carácter, el cómo se mueve en la vida. Estos autores creen que la historia tiene una finalidad, un objetivo. Yo creo que es una transposición de las épocas religiosas, en las que se piensa que hay una finalidad.

¿Y las mujeres? ¿Se ha menospreciado, o valorado menos, el papel de las mujeres a lo largo de la Historia?
Por supuesto. Se ha valorado menos porque partimos de una situación biológica, la maternidad, que hace a las mujeres más vulnerables. Ese hecho biológico se convirtió en casi todas las sociedades y salvo casos excepcionales, en una minusvaloración de las mujeres, hasta que la fuerza bruta deja de ser el factor decisivo. En sociedades primero industriales y luego tecnológicas, la mujer se incorpora al mercado del trabajo, y a partir del siglo XX lo que decide otro camino para la mujer es la píldora, o la posibilidad de controlar la maternidad.

Hay siempre una base biológica que las mujeres han tenido que ir rompiendo en cada sociedad y en cada momento. En Grecia las mujeres no eran ni ciudadanos, en la Edad Media, si a una mujer le gustaban los libros o tenía inquietudes, tenía que refugiarse en los conventos. Paradójicamente, donde podías leer, escribir y estudiar era en los conventos, no en el matrimonio. El matrimonio ha sido en todas las sociedades un contrato entre familias donde la mujer era una moneda de cambio. Las mujeres siempre han buscado sus espacios de libertad con los medios que tenían. Eso de “la mujer es quien manda en casa” es un tópico, pero también era su forma de hacerse valer.

Muchas veces nos encontramos también con casos en los que incluso cuando una mujer tiene poder, o consigue estar en una situación similar a un hombre, se escribe de ella de manera distinta. Por ejemplo Cleopatra, reina de Egipto, ha pasado a la historia como una seductora.

Claro. Yo tengo recogida toda una serie de opiniones de científicos del siglo XIX donde por ejemplo se dice que una mujer compositora de música es como un caballo con dos cabezas, es decir, un monstruo. Una de las cosas contra la que hemos tenido que luchar, sobre todo desde el Renacimiento, en la que se van imponiendo corrientes racionales, es contra la idea de lo natural. Lo natural es que la mujer esté en casa. ¿Y por qué es eso natural?

Pasando a su libro “No siempre lo peor es cierto”, usted habla de la leyenda negra española, y de cómo los españoles pensamos que nuestra historia es peor que la de otros países.
La Historia del ser humano es dolorosa. Los procesos civilizatorios son siempre costosos, no hay ganancias absolutas. Se solucionan unas cosas y se crean otros retos. En España hay una tradición victimista, y al primer obstáculo pensamos que lo nuestro es lo peor. Hemos tenido casi 40 años de democracia, con imperfecciones pero que avanza, pero caemos en tendencias victimistas y en el mito de la perfección. Las cosas tienen que ser perfectas, es el todo o nada. No se aceptan los grises, y evidentemente la vida está llena de grises.

¿De dónde viene este victimismo del que habla?
De una falta de aceptación de la realidad. España fue una potencia hegemónica, es uno de los primeros estados premodernos. En todo el siglo XVI y parte del XVII es hegemónica en el mundo conocido, pero en esta época en la que la religión es un elemento absolutamente fundamental en todas las instituciones, se piensa que todo lo que sube, baja, y que todo lo que está en la cumbre a la fuerza va a sufrir una decadencia.

A mí siempre me impresiona el ejemplo de la Gran Armada de Felipe II, que no es la Armada invencible, eso es una cosa posterior que se inventan los ingleses. La Gram Armada no fue tan catastrófica como creemos, a los tres o cuatro años ya había otra Gran Armada, pero en aquel momento se vivió como una señal de que Dios había abandonado España. Dios nos ha abandonado, pensó Felipe II, porque es el todo o nada. Un imperio mundial es muy difícil de mantener, no lo pudo mantener ni el Imperio Romano. A partir de ahí comienza una corriente, los arbitristas, que inciden en esta especie de lacra, de victimismo. Y siempre que estamos en un momento crítico de la historia se recoge este victimismo, como hizo la generación del 98, que además no sabían de política económica pero eran muy buenos escritores, y la buena escritura es siempre persuasiva.

¿Cómo se enseña la Historia de España y cómo debería enseñarse?
Yo creo que ahora directamente no se enseña. La Historia en general se ha convertido en una asignatura absolutamente menor, cuando precisamente es lo que nos da la vertebración de lo que somos. El conocimiento del pasado es lo que hace entender este presente y por lo tanto poder cambiarlo y proyectar de otra manera el futuro. Lo que ha fallado en nuestra democracia es la educación. Se ha caído en el aldeanismo. Un niño de Madrid sabe que el río Manzanares pasa por Madrid pero no sabe sus afluentes, ni de dónde procede. Los niños saben por dónde pasa el Ebro en su comunidad, pero no ni dónde nace ni dónde muere.

En la enseñanza de la Historia falla sobre todo la comprensión histórica. Saber Historia no es simplemente memorizar fechas. Las fechas ya están en las enciclopedias, no hace falta retenerlas. La comprensión histórica es entender que procedemos de algo, que tenemos un conglomerado heredado, y que somos productos de esta herencia. La Historia enseña, otra cosa es que aprendamos de ella. No es cíclica, pero hay ciclos fanáticos, porque existe una condición humana que no cambia. Esto lo decían nuestros ilustrados, que son los que sientan las bases de nuestro Estado de derecho. Cambian las ideas, pero no cambian las pasiones. La ambición, el amor, el odio, estas emociones son las mismas ahora que en la Edad de Piedra, aunque con otros objetivos. Por eso el poder político, el monopolio del poder, es tan peligroso cuando no tiene control. Montesquieu decía que hasta la virtud necesita límites. Se tiende siempre al abuso del poder.

Usted ha escrito mucho sobre los nacionalismos, y cómo en Cataluña han distorsionado la Historia.
Totalmente. No es ya que esté sesgada, es que se inventan la Historia. Esto ha pasado con la Guerra de Secesión y con la Guerra Civil. Lo que buscan con esa tergiversación de la Historia es la creación del odio a los otros. Que a unos niños en Cataluña les pregunten “quién nos roba” y contesten “España”, eso es adoctrinamiento.

¿Le parecen peligrosos los nacionalismos?
Sí, por definición tienden siempre al odio, a la división, a considerarse superiores a los demás y a crear conflictos. Los nacionalismos son muy distintos de la creación en su momento del Estado nación. La clave de nuestra cultura ha sido que paulatinamente se fue imponiendo el imperio de la ley, que en las sociedades democráticas nos hace a todos los ciudadanos libres e iguales. Eso es lo que destrozan los nacionalismos. Destruyen la esencia misma de nuestra cultura democrática. No somos libres e iguales para ellos; ellos son más libres y más iguales.

Acerca del Estado de las Autonomías, usted ha escrito que: “fue muy bueno en su día, pero no se le ha puesto un dique y muchas autonomías han acabado funcionando como antiguos feudos”.
Si, totalmente. Hemos llegado a lo peor del antiguo régimen. Y por antiguo régimen me refiero a la época no de Franco, sino a la época feudal. Las autonomías son una fórmula que venía dada por la situación de la Transición, pero se han convertido en clientelismo y corrupción, como estamos viendo ahora. Esto está bastante generalizado, aunque obviamente hay excepciones. Habría que sanearlas y sobre todo poner límites. La sanidad, la educación, las relaciones exteriores, son, entre otras, cuestiones que jamás pueden dispersarse entre las autonomías.

Usted ha escrito mucho sobre Montesquieu, uno de los ensayistas más relevantes sobre la separación de poderes. ¿Tenemos una verdadera separación de poderes en España?
Pues yo creo que está un poco debilitada. Y efectivamente eso es un problema. Lo cual no quiere decir que no tengamos democracia, tenemos una democracia imperfecta, y una de esas imperfecciones es efectivamente la separación de poderes, desde el momento en el que en los años ochenta se politiza el Consejo General del Poder Judicial. La politización de la justicia es uno de los problemas que tenemos en nuestra democracia. Felizmente, yo pienso que la justicia no está parada. Cuando leo estos casos de corrupción que salen a la luz pienso que algo tenemos, porque hay países en los que eso es imposible, los jueces están todos comprados por el poder. Aquí al menos existe una sociedad y un tejido social suficientemente denso para que haya esa libertad de expresión de la que hablábamos antes para desvelar casos de corrupción.

¿Qué le parece la controversia alrededor de la aplicación de la Ley de Memoria Histórica y la retirada de monumentos y calles franquistas que está llevando a cabo el Ayuntamiento de Madrid?
La Ley de Memoria Histórica ha estado sesgada desde el principio, para que en vez de una reconciliación sea todo lo contrario. Zapatero hizo todo lo posible para convertir a los adversarios en enemigos. La retirada de estos monumentos se está llevando a cabo con absoluta ignorancia y arbitrariedad. Es la no aceptación de la historia y la no aceptación de la realidad, y esto conduce siempre al delirio y al error. El péndulo antifranquista ha caído en algunos de los errores del franquismo, por ejemplo eso de mantener la idea de los míos y los otros. Eso no es reconciliación. Intentar quitarle una calle a Pla o Dalí es una barbarie similar a la de Franco, que nunca dedicó una calle a García Lorca porque claro, le habían matado ellos. Quitar el nombre de escritores de las calles es un disparate. Cada uno convive como puede en una mala época.

¿Qué papel cree usted que pueden jugar las Academias en esta tesitura política?
Creo que las Academias, sobre todos estas del dieciocho, la Española y de la Historia a las que pertenezco, son unas instituciones que han sabido evolucionar en los 300 años de vida que tienen, y que suponen el estudio y el análisis sosegado que toda sociedad necesita.

El diccionario histórico español que impulsó el ex director Gonzalo Ares ha sido una obra bastante controvertida. Se le ha acusado de recuperar expresiones de la época franquista y de seleccionar como biógrafos a no historiadores.
El diccionario tenía defectos, como todo en esta vida, pero ha sido una obra ingente en la que tenemos más de cuarenta mil voces. Las biografías están hechas por cinco mil quinientos historiadores. Lo de que había biógrafos que no eran historiadores es la primera vez que lo oigo, pero puede que se deba a que había una mezcla, de la que muchos estuvimos siempre en contra, entre personajes vivos y muertos. Para hacer una biografía hay que haberse muerto. Vamos a sacar el diccionario online, donde no aparecerá ninguna biografía de ninguna persona que esté viva. De todas maneras esa polémica fue exagerada de una manera muy sesgada, y hoy está todo corregido. Estamos en otra fase en todos los sentidos.

Usted fue profesora del rey. ¿Qué le parece el papel que está jugando el monarca en esta etapa de pactos postelectorales?
A mí me parece impecable, y que se atiene a la Constitución y a la moderación que se le exige.

¿Qué reformas cree usted que necesita España?
Son bastantes claras. La reforma de la ley electoral y la independencia de los jueces, sobre todo. A veces no son necesarias grandes reformas, además hay que tener cuidado, ya que pueden destruir unos aparatos que ha costado mucho formar. Hay que ir haciendo ajustes, en vez de intentar una reforma del todo. Yo creo que en algún momento habrá que abordar también el artículo que habla de la línea sucesoria de las mujeres en la Constitución, pero esto es menor. Y desde luego a las autonomías les hacen falta limitaciones.

¿Qué valores habría que conservar en esta etapa de cambios?
Los valores de libertad, y el Estado de derecho, que es lo único que nos asegura contra el despotismo y los delirios de los paraísos terrenales.

¿Cree usted que habrá nuevas elecciones?
¡No soy futuróloga, soy historiadora!


******************* Sección "bilingüe" ***********************

Lo que el PSOE nos debe desde hace 80 años
Pedro J. Ramírez El Espanol 14 Febrero 2016

El 14 de febrero de 1936, tal día como hoy hace ochenta años, un espontáneo interrumpió el penúltimo mitin de campaña de Manuel Azaña en el Teatro-Circo de Albacete con un grito que percutió como una campanada: "¡Viva el salvador de España!".

Azaña reaccionó con la sinceridad de lo espontáneo:
-No. Salvador de España, no, y os voy a decir por qué. España no necesita salvarse de nada. España, como todos los países, tiene dificultades de orden político y económico, más o menos graves, más o menos al alcance de la inteligencia y la voluntad de sus gobernantes y ciudadanos. No lo olvidemos. Pero no necesita salvarse de nada. No estamos al borde de un naufragio.

Lo decía el capitán del barco que avanzaba a toda máquina hacia el iceberg que hundiría al régimen republicano. No sabemos cuántas veces durante las semanas, meses y años posteriores, hasta el mismo día de su muerte el 3 de noviembre de 1940, se dio cuenta Azaña de lo errado que había sido su diagnóstico, pero aquella improvisación ingenua quedó enseguida inscrita en los últimos acordes de la orquesta del Titanic.

Porque si bien el colapso masivo del paquebote tricolor, diseñado con todos los avances y pretensiones de la época, no comenzaría hasta la sublevación militar del 18 de julio, faltaban sólo 48 horas para que se produjera el impacto abisal contra la masa sumergida de nuestros peores demonios familiares que haría irreversible el curso de los acontecimientos.

Quien se atreva a celebrar pasado mañana el ochenta aniversario de las elecciones ganadas por el Frente Popular debe ser consciente de que festeja el más trágico error cometido por la izquierda en una democracia occidental. Y si la persona que apareció siempre en el puente de mando -como cerebro de la coalición de partidos republicanos y obreros primero, jefe del gobierno fruto de las urnas después y segundo presidente de la República muy pronto- fue Azaña, la carta de navegación, el rumbo y la dimensión del choque fueron responsabilidad directa del PSOE como fuerza hegemónica de aquel bloque.

* * *
Tengo entre mis manos un desgastado panfleto con pretensiones de libro, editado a finales de 1935, con una portada negra sobre la que restalla el título, como un latigazo transversal con tinta roja: "Octubre segunda etapa". El precio -3 pesetas- queda relegado a la contraportada. Su significado se hace patente nada más abrirlo cuando se anuncia que "fija la posición política de la Comisión Ejecutiva de la Federación Nacional de Juventudes Socialistas... seguida de la réplica a los artículos publicados por Indalecio Prieto".

Las Juventudes del PSOE no sólo reivindican en este texto la sanguinaria revolución del 34 en Asturias -ese era su "Octubre"-, amparándose en la no menos cruel represión posterior, sino que plantean abiertamente -pag. 112- "la depuración revolucionaria del Partido Socialista, lo que nosotros denominamos su bolchevización". Para aclarar enseguida -pag. 114- que "la bolchevización del Partido Socialista no significa otra cosa que la lucha de su mayoría revolucionaria contra el grupo de "generales" reformistas y centristas". Resultando por tanto que "es indiscutible que las Juventudes Socialistas son hoy unas falanges verdaderamente bolcheviques, en la justa acepción del término, puesto que son el motor de la depuración y radicalización del partido".

Tras estas premisas llegan las loas al encarcelado Largo Caballero, "el único hombre que puede personificar ese movimiento", en la medida en que como "jefe, caudillo, director, líder o como se le quiera llamar, canaliza las fuerzas históricas en ebullición". Después vienen las diatribas contra los aludidos "generales" -aun no estaba en boga lo de "barones"-, a la sazón Indalecio Prieto, fustigador de los "brotes verbalistas" de los radicales, y Julián Besteiro, que se ha atrevido a comparar en su discurso de ingreso en la Academia de Ciencias Morales al "socialismo revolucionario violento" nada menos que con "el fascio". Uno y otro han protagonizado la acción política del PSOE en el seno de lo que los autores del panfleto denominan "pocilga parlamentaria", compartida con las fuerzas burguesas.

Las Juventudes Socialistas, el PSOE de Madrid, dominado por los caballeristas, y la UGT han sido los tenaces albañiles de las Alianzas Obreras y la Concentración Popular Antifascista (CPA) que ha desembocado en el Frente Popular. Pero su arquitecto -apoyado en el resentimiento de Azaña por su injusta detención en Barcelona, falsamente acusado de colaborar en la insurrección de Companys- ha sido el búlgaro Georgi Dimitrov, Secretario General de la Internacional Comunista, que ha decidido experimentar en España "una democracia de nuevo cuño" como "espacio intermedio entre la dictadura de la burguesía y la dictadura del proletariado".

El hedor a corrupción que impregna a los radicales de Lerroux y la inconsistencia del numantinismo gubernamental, disfrazado de moderación por un campanudo y desgarbado registrador de la propiedad de Pontevedra llamado Portela Valladares -¡qué traviesa es la Historia en sus reiteraciones!-, han empujado a los grupos republicanos hacia el bando del Frente Popular. Un programa electoral sin apenas aristas les ha servido de señuelo. Todos han picado con una excepción: el Partido Nacional Republicano del catedrático de civil Felipe Sánchez Román.

Cuando pasó por la mesa redonda de EL ESPAÑOL, le pregunté a Pablo Iglesias de qué partido habría sido si hubiera vivido durante la Segunda República. Su reacción instintiva fue zafarse pudorosamente diciendo "pasa palabra" pero, ante mi insistencia, se vino arriba y aclaró que hubiera sido "del Partido Comunista... que era el mejor partido republicano que había en España". Córcholis, con ese baremo cómo debían de ser los demás... Confiemos en que la denunciada dependencia del exterior del líder de Podemos no llegue al extremo de ese admirado PCE que peregrinaba a Moscú para recibir la orden del día -"el aplastamiento de la burguesía mediante la violencia"- de su supervisor orgánico.

Yo por el contrario habría simpatizado con el PNR de Sánchez Román, a quien la derecha llamaba "Sánchez Novela" y a quien Payne define como "el líder más inteligente y moderado de los republicanos de izquierda". Lo acreditó retirándose del Frente Popular, precisamente tras la inclusión del PCE, impuesta por Largo Caballero, porque "había llegado a la conclusión de que para los defensores de la Constitución de 1931 era una flagrante contradicción unir fuerzas con quienes pretendían destruirla".

Un ejemplo bien palmario de esa deriva era la disposición del Frente Popular a ceder a las reivindicaciones separatistas, explicitada en el manifiesto de la CPA cuyo punto 8 defendía "el reconocimiento de la plena autonomía para Cataluña, el País Vasco y Galicia, e incluso su consideración como Estados independientes". ¿Cómo no fijarse en la actual problemática de Podemos y sus confluencias al repasar el texto del líder comunista José Díaz en Mundo Obrero, reclamando en plena campaña electoral "la completa libertad de los pueblos catalán, vasco y gallego"?

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El diario del presidente de la República Alcalá-Zamora es el mejor reflejo de cómo la jornada del 16 de febrero comenzó con el cálculo optimista de Portela Valladares de que el Frente Popular no pasaría de 120 diputados en un entorno de tranquilidad y orden, continuó con la subida de la fiebre de la preocupación de la mano de las noticias que indicaban que los sindicalistas habían acudido a votar en masa y terminó con la desesperación del desbordamiento de la izquierda a la vez en las urnas -263 escaños- y en la calle, "con la necesidad probable de declarar el estado de Guerra".

El registrador de la propiedad de Pontevedra acreditó entonces que su cobardía excedía a su egoísmo y puso pies en polvorosa, magnificando con su dimisión una victoria electoral trufada de irregularidades -sobre todo allí donde hubo segunda vuelta- y contestada con rigor por sólidos historiadores. Obligado, más que a formar gobierno, a llenar el vacío dejado por el fugitivo, Azaña ya se barruntaba que "la irritación de las gentes va a desfogarse en iglesias y conventos" y que su regreso al poder iba a producirse entre "chamusquinas".

Por desgracia lo que sucedió durante los siguientes días no se quedó sólo en templos y conventos calcinados. Las multitudes sacaron a los presos de las cárceles, los sindicatos impusieron a los patronos la readmisión de los despedidos por actividades revolucionarias y hasta catorce falangistas fueron asesinados en menos de un mes dando pie a que sus camaradas buscaran la represalia, tiroteando al ponente constitucional socialista Luis Jiménez de Asúa. La respuesta del Gobierno republicano, vigilado extramuros por Largo Caballero y el PCE, no fue simétrica. Quince mil presos -la mayoría revolucionarios asturianos- fueron liberados y mientras Lluis Companys era repuesto en la presidencia de la Generalitat, para José Antonio Primo de Rivera -detenido "por fascista"- comenzaba el encarcelamiento del que no saldría vivo.

Me detengo ahora en una sólida prueba de cargo que indica que este turbión de acontecimientos que, por el camino de la acción-reacción, arrastraba imparablemente a España hacia la Guerra Civil no fue fruto de la fatídica concatenación de casualidades sino hija de una opción política, conscientemente alentada en el seno del PSOE. Se trata del número de marzo de la revista Leviatán desde la que su director Luis Araquistaín, cerebro gris y asesor intelectual de Largo Caballero, se dirigía en términos inequívocos al jefe de gobierno: "Créanos Azaña, no hay conciliación posible con las clases vencidas en las urnas el 16 de febrero. Para apaciguarlas no hay más que un medio: expropiarlas, que es también el único de desarmarlas. Mientras no se expropie a la nobleza territorial y a la Iglesia; mientras no se controle la Banca y la prensa capitalista: mientras no se nacionalicen las grandes industrias... ni habrá paz, ni prosperidad, ni nada".

Pero el PSOE que hablaba por boca de Araquistaín no se quedaba ahí, sino que obligaba a todos los españoles a entrar en el siniestro juego del conmigo o contra mí: "La paz y la concordia son quiméricas, y no menos quimérica una política de conciliación o de centro. A un bando o a otro, a la revolución o a la contrarrevolución. No hay término medio y quien sueñe en términos medios y se obstine en situarse en un centro imaginario, se expone a ser abrasado entre dos fuegos".

Las feroces llamaradas de esas dos hogueras acometían ya a todos los españoles cuando, aprovechando la patada hacia arriba que propulsó a Azaña hasta el sillón de Alcalá-Zamora, "las gentes sensatas de la izquierda -es decir, el otro PSOE que había perdido el control de la calle pero aún dominaba los órganos del partido- se asustaron de las insensateces de Largo Caballero y de los golpistas" y estudiaron construir un último cortafuegos mediante "un Gobierno parlamentario de centro que comprendiera desde la derecha socialista de Besteiro y Prieto hasta la izquierda democristiana". El testimonio pertenece precisamente al más destacado dirigente de ese sector progresista de la CEDA, el catedrático y ex-ministro Manuel Giménez Fernández.

Aquel nonato gobierno de centro izquierda tuvo dos presidentes virtuales: mi admirado Felipe Sánchez Román que hoy estaría en la órbita de Ciudadanos y el propio Indalecio Prieto. Personalidades de la talla de Claudio Sánchez Albornoz, Miguel Maura y Besteiro trabajaron en pro de esa combinación que finalmente naufragó porque Prieto "no quería escindir la minoría parlamentaria socialista para no ser tachado de traidor a los suyos", porque "en la derecha la juventud pasaba en oleadas al fascismo o a los requetés" y porque en definitiva "la mística de la Guerra Civil se había apoderado desgraciadamente de la gran mayoría de los españoles".

* * *
Nada más lejos de mi intención que cargar sobre los hombros de los actuales dirigentes del PSOE las culpas derivadas del trágico error que, en estrecha asociación con otros trágicos errores de sus contemporáneos, cometieron quienes les antecedieron hace cuatro generaciones. Desde entonces ha pasado mucha agua bajo los puentes del socialismo español. Largo Caballero murió en el 46. Indalecio Prieto le sobrevivió hasta el 62 manteniendo viva la llama de su querella e inspirando la senda socialdemócrata que prendería en Suresnes en el 74, desembocaría en el abandono del marxismo en el 79 y en la llegada al poder en el 82.

Primero con Felipe González, luego con Zapatero al frente, el PSOE ha gobernado ya durante más de veinte años con sus aciertos y errores, pasando de las cimas del idealismo a los abismos morales, alternando decadencia y esplendor. Pero su único marco de acción ha sido el parlamentario y cuando no ha tenido mayoría absoluta le han bastado los acuerdos coyunturales con minorías de muy diverso pelaje para gobernar con estabilidad.

Nunca hasta hoy había tenido ante sí un dilema estratégico equivalente al de 1936: pactar con Podemos y el resto de la izquierda para constituir lo que por analogía sería bautizado como un nuevo Frente Popular o hacerlo con Ciudadanos con un programa de centro-izquierda en pos de una abstención del PP. La primera opción no implica, por fortuna, un riesgo grave de que se repita nada parecido a lo de hace ochenta años pues -como se ha visto en Grecia- la Unión Europea amortigua cualquier despropósito, pero sí supondría una polarización artificial de la sociedad, amén de dar alas -en eso todo se repite de forma casi mimética- a los separatismo periféricos. El segundo camino tendría la enorme ventaja de fortalecer y vertebrar el espacio de centro en el que se ubica la gran mayoría de los españoles pero aritméticamente resulta mucho más incierto.

No le arriendo a Pedro Sánchez la ganancia de una decisión que en todo caso será contestada por parte de la cúpula, los militantes y no digamos los votantes del PSOE. Pero ojalá que en pleno sueño de la razón levante el vuelo la lechuza de Minerva y, dispersando a los alados monstruos del pasado, recuerde al secretario general que su partido tiene una deuda octogenaria pendiente de pago con la moderación, apuntada aún en un feo tomo de la Historia de España.

Es espeluznante
Lo que cantan los alumnos de primaria de un colegio de Gerona
  www.gaceta.es 14 Febrero 2016

La plataforma 'Dolça Catalunya' destapa un nuevo caso de adoctrinamiento nacionalista en las aulas de Cataluña. Pasen y escuchen.

La plataforma ‘Dolca Catalunya’ ha vuelto a destapar un espeluznante caso del adoctrinamiento que padecen los niños y jóvenes en Cataluña, que denuncian numerosas plataformas civiles.

Esta asociación, compuesta por catalanes de la sociedad civil contrarios a la independencia, ha publicado la canción con la que un miembro de la plataforma se topó el pasado 10 de febrero de 2016 al pasar junto a Escola Eiximenis. Tuvo que acercarse para comprobar que había escuchado bien, porque no daba crédito a lo que estaba oyendo.

A continuación, lo que cantaban los niños de primaria de ese colegio, arengados por su profesor.

En los últimos dos años ha habido una reacción muy seria de la sociedad civil en Cataluña contra el independentismo catalán. Una inmensa mayoría silenciosa, contra la que el nacionalismo no tiene medios ni estrategias, ha dado un paso al frente contra la secesión, y han surgido multitud de asociaciones con líderes no políticos.

Además de Dolca Catalunya están Societat Civil Catalana, Libres e Iguales, Empresaris de Catalunya, Somatemps, Grupo Delta, D'Espanya i catalans, Catalanes Universales, Puerta de Brandemburgo, Ágora Socialista … Tienen el denominador común de ser profundamente catalanes, pero no nacionalistas.

Estas plataformas advierten de que la mayoría de la sociedad catalana está en contra del desafío soberanista; y denuncian, entre otras muchas cosas, adoctrinamiento masivo en los colegios de Cataluña; manipulación por parte de la televisión pública catalana; y la fractura sin precedentes en Cataluña creada por Artur Mas.

Entre las últimas entidades que han proliferado se encuentra una de jóvenes que advierten del fin del silencio y del miedo a las represalias y anuncian que se sublevan contra el adoctrinamiento y la politización nacionalista. Es una entidad dentro de Societat Civil Catalana, capitaneada por Isabel Porcel, una joven de 27 años abogada y periodista.

En Baleares, esta cruzada la lidera Jorge Campos desde Círculo Balear. El pasado agosto esta entidad constitucionalista trasladó este calvario al Rey.

Carta abierta del hijo de Tomás y Valiente«En recuerdo de mi padre, veinte años después de su muert
Francisco Tomás y Valiente, expresidente del Tribunal Constitucional, fue asesinado por ETA el 14 de febrero de 1996
QUICO TOMÁS Y VALIENT. EEfe. ABC 14 Febrero 2016

«No odiéis y que su recuerdo os haga sonreír», les dijo mi padre a los hijos de Manuel Broseta el día del funeral de este profesor valenciano asesinado por ETA. Cuatro años más tarde, un 14 de febrero de 1996, fue él quien resultó asesinado y los hijos de Broseta me repetían sus palabras.

Mucho tiempo más tarde, en octubre de 2014, visité la exposición «Maestros de ciudadanía: Manuel Broseta, Ernest Lluch y Francisco Tomás y Valiente», organizada por la Universitat de València, que recordaba a estas tres víctimas de ETA.

Se cumplen hoy veinte años de la muerte de mi padre (ocurrida por cierto seis días más tarde del asesinato de Fernando Múgica por la banda terrorista). Su recuerdo, claro, me acompaña siempre.

De modo que la fecha del aniversario de su asesinato se me presenta más como un evento colectivo, y tal vez por ello me viene a la memoria la citada exposición, las fotos de una época en la que se asentaron las bases de un sistema que hoy parece necesitado de renovación.

Algunas de las personas cuyo retrato se exponía en aquella muestra podrían haber pasado a la historia como símbolos y, sin embargo, desfilan por las puertas de la Audiencia Nacional, humillados.

Creo que mi padre fue un buen representante de las mejores virtudes que hemos sabido desarrollar como ciudadanos después de un aprendizaje doloroso en nuestra historia reciente. Me refiero al compromiso con una sociedad más justa, la aceptación de quien es diferente, el respeto por nosotros mismos.

Era un hombre convencido del valor del pensamiento, de la capacidad de cada persona para aprender, crecer, aprovechar la oportunidad de vivir haciéndose libre -y por tanto responsable moralmente- gracias a su razón.

Él hubiera considerado a su asesino un ignorante, alguien de quien hay que defenderse pero que merece sin duda el reconocimiento de sus derechos e, incluso, la oportunidad de cambiar. No alguien a quien odiar, porque el compromiso de mi padre era con el valor superior de cada ser humano por sí mismo.

No le recuerdo como un hombre tolerante, si por tolerancia entendemos la capacidad de transigir casi con cualquier cosa. La suya era una tolerancia beligerante; irónica con frecuencia, pero firme. Hubiera preferido mil veces su trágico final que un desfile por las portadas de la prensa enfangado en billetes de 500 euros.

No fue tolerante tampoco con el fanatismo nacionalista, con esa concepción de los pueblos como organismos superiores a quienes los integran, como identidades colectivas con un destino milenario que debe cumplirse por encima de las vidas de otros.

Frente a ese y otros fanatismos, pero también frente a la amoralidad vergonzante de quien pierde el respeto de aquellos cuyo bien debe defender desde las instituciones, el suyo fue el ejemplo de un demócrata convencido de la necesidad de respetar y confiar en los ciudadanos, en los votantes y en su capacidad de decidir sobre el bien común.

A quienes le conocimos nos sigue haciendo sonreír ese recuerdo, el de un hombre que, como decía Machado, era, «en el buen sentido de la palabra, bueno».


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