AGLI Recortes de Prensa   Jueves 18  Febrero  2016

La hora zombi: el nacionalismo toma posesión del cuerpo de Podemos
Andrés Herzog www.vozpopuli.com 18 Febrero 2016

El nacionalismo, como doctrina política, se basa en anteponer la tribu a los individuos, en fomentar identidades y sentimientos colectivos y situarlos por encima de los derechos básicos de los ciudadanos. De forma más o menos encubierta bajo todo nacionalismo subyace una defensa de la supremacía racial, religiosa, social o económica del pueblo “elegido”, lo cual es una forma indirecta de alabar la vanidad individual de todos y cada uno de sus miembros. El nacionalismo mira a los ojos a la gente y les dice “tú te mereces más”. Y, claro, si por una casualidad no tienes lo que crees que mereces, no es culpa o responsabilidad tuya: es simplemente porque otros te lo han quitado, te han robado (¿les suena?). Es una doctrina política que ha causado atraso, pobreza e incontable sufrimiento a la humanidad (dos guerras mundiales el pasado siglo sin ir más lejos), por su terrible capacidad de expansión y contagio, derivada de la simpleza de su mensaje y de su inmenso poder de seducción.

En España el nacionalismo ha sido y sigue siendo un mal endémico. Franco fue un acérrimo nacionalista, pero con el advenimiento de la democracia, y por pura reacción al régimen franquista, ese nacionalismo de ámbito nacional desapareció, o más bien mutó en otros de signo periférico, que bajo el bonito discurso de la diversidad y pluralidad de España en realidad predicaron e impulsaron lo contrario en sus respectivos ámbitos territoriales, en los que han practicado un sistemático proceso de unificación, de “normalización” (que parte de la perversa premisa de que los ciudadanos no son “normales”) y de construcción identitaria, que a la postre se convierte en un proceso de discriminación social, profesional y económica, especialmente en aquellos lugares con lengua cooficial “propia”, en los que una importante parte de la población que no la entiende o domina no puede acceder al empleo público e incluso al privado en condiciones de igualdad con los bilingües.

Este proceso en España ha sido promovido no solo por los partidos nacionalistas, sino también por los partidos nacionales, el acomplejado PP (en sitios como Galicia, Valencia o Baleares) y, especialmente, por el PSOE, cómo máximo representante de una mal llamada “izquierda”, que lejos de ser progresista e internacionalista (“proletarios del mundo, uníos”) abrazó los casposos dogmas del nacionalismo periférico e incluso los privilegios de los que disfrutan algunas de las CCAA más ricas, como País Vasco y Navarra, poseedoras de inexplicables “derechos históricos”.

Todo este proceso de exaltación de las diferencias y de persecución de cualquier cosa que pudiera considerarse “española” ha incrementado la desigualdad y llevado a nuestro país a una situación límite. Pero, como suele decirse, toda situación desesperada es susceptible de empeorar y esos nacionalismos periféricos que, hasta la fecha, habían quedado recluidos en sus respectivos ámbitos de actuación (aprovechando coyunturalmente la aritmética electoral para incrementar sus ventajas y prebendas a través del PNV y CiU) han colonizado un partido político nacional, Podemos. Y es que en su proceso de expansión nacional, dicho partido ha sido invadido por un aluvión de colectivos, mareas y formaciones nacionalistas de variado pelaje, que amenazan con fagocitar al nacionalismo clásico, inclusive a los herederos de ETA, en franca decadencia tras el fin de la violencia terrorista que los protegía.

¿Cuáles son las consecuencias de esta colonización? Pues que la prioridad de Podemos ha dejado de ser la justicia social (su particular entendimiento de ese concepto, más bien) para pasar a ser el sentimiento identitario y, a la postre, antes o después, la ruptura de España, potencialmente mucho más peligrosa para la sociedad del bienestar (no digamos ya para los derechos fundamentales) que cualquier otra medida que pudieran haber planteado la formación populista. Y es que era simplemente cuestión de tiempo que el populismo, que no consiste en otra cosa que dar soluciones simples a problemas complejos, viera la utilidad que, para alcanzar el poder, tiene la poderosa simpleza del mensaje nacionalista, del “España nos roba”, que hoy ha tomado cuerpo en un partido político nacional que, por fin, puede hacer realidad sus sueños (más bien pesadillas) identitarias, desvertebradoras de España, aunque para ello su líder máximo tenga que renunciar a ser presidente de un país y conformase con serlo, en su caso, de sus jirones.

Una nación al borde del abismo

Vicente Baquero  www.gaceta.es 18 Febrero 2016

Por muy optimista, altruista o soñador que sea una persona hay que estar ciego, o querer estarlo, para no reconocer que una nación si se equivoca a la hora de escoger a sus gobernantes, puede experimentar un retroceso que prive a sus ciudadanos del nivel de vida y bienestar del que han disfrutado hasta ese momento.

El estado de desarrollo y derechos de que disfruta una sociedad no es una bendición gratuita venida del cielo sino un ejercicio de esfuerzo y sensatez continua, que si se quiere atajar, utópicamente, sólo puede llevar al desastre. Muchos votantes desgraciadamente creen, que el único riesgo de provocar un cambio de sistema es volver al punto de partida, cada salto al frente nos trae “el progreso”… Eso no es ni mucho menos cierto, en la historia, reciente y pasada; quien se tome el trabajo de estudiarla, comprobará que ha habido retrocesos: Tras etapas de desarrollo y bienestar han venido períodos de decadencia y sufrimiento sin límite, se tardan años, décadas, siglos en algunos casos, en recuperar lo perdido.

Destruir, perder, es fácil, construir, ganar es algo largo y tedioso. No ser conscientes colectivamente de este hecho irrefutable tiene consecuencias, y no precisamente benévolas para los sujetos. Lo malo es que aquellos que no son conscientes colectivamente, arrastrados por culpables flautistas de Hamelín, que arrastran a los pueblos con sus cantos de sirena, para su propio enaltecimiento, llevan la desgracia igualmente a otros muchos que no son merecedores de tal castigo. Al final, todos terminarán en una situación mucho peor.

En España concretamente, esta explosión de rabia, ira o protesta colectiva capitalizada por fuerzas destructoras del sistema, personas que no han vivido ni padecido la guerra civil, ni sus consecuencias, que ni siquiera se han tomado el trabajo de estudiarla objetivamente, precisamente para no repetirla, esta explosión de odio y agresividad frente a símbolos y creencias queridas y respetadas por una gran cantidad de compatriotas, cuando aquellos que efectivamente la sufrieron decidieron olvidar y perdonar, por ambos bandos, crímenes imperdonables.

¿Porqué tantas personas que han disfrutado del bienestar de una sociedad que les ha proporcionado una serie de beneficios y derechos, un nivel de vida, no soñados por anteriores generaciones o por la inmensa mayoría de la humanidad? Quién puede negar que salvo situaciones absolutamente excepcionales se ha disfrutado de una cobertura sanitaria impecable a nivel colectivo, una educación general básica para toda la población, una cobertura de desempleo, una jubilación y tantos otros beneficios que si los estudiamos uno por uno tendremos que reconocer que son conquistas innegables del sistema, aunque haya casos aislados de ineficiencia, no puede exigirse la totalidad, pues todo sistema tiene sus defectos y fallos. ¡Si será atractivo el sistema que millones de personas han acudido a nuestras naciones y siguen queriendo hacerlo…!

¿Porqué quieren destruirlo, cambiarlo todo, cuando parece que se iba por buen camino? ¿Se trata de un “masoquismo social”, de una inquietud juvenil revolucionaria congénita de rechazo a la autoridad, un aburrimiento existencial que necesita de emociones fuertes, desafíos, para sentirse vivos o es que el ser humano posee un instinto perverso y autodestructivo contrario al eros que algunos psicólogos han llamado tánatos? Quizá nuestro gran fallo ha sido la educación: el no haber sabido explicar claramente a unas nuevas generaciones los defectos y virtudes, que también las hay, y muchas, en nuestro pasado, respetar a nuestros mayores y aprender de sus experiencias. ¿Unos dirigentes legales débiles, atemorizados, y unos contrincantes decididos y sin escrúpulos? Filosofías aparte, lo que es innegable es que si nos lanzamos a desmantelar el sistema para construir una utopía, si no se toman las medidas necesarias para enderezar nuestras apetencias de bienestar dentro de un marco realista, si no mantenemos los motores del verdadero progreso, que son la ilusión, la ambición, el esfuerzo y la dedicación con sus correspondientes recompensas, solo conseguiremos destruir lo conseguido hasta ahora.

No debemos olvidar, aunque mencionar este hecho ahora parezca una exageración o una afirmación políticamente incorrecta, la verdad es la verdad, y la historia es la que es: toda democracia inmadura, en que la demagogia y la anarquía se apoderan de la nación, siempre que ha terminado en una crisis, y cuando las cosas llegan al extremo y la supervivencia y el orden se convierten en absolutamente prioritarios, se ha terminado en una dictadura, como régimen temporal, y en el peor de los casos se cae en un régimen totalitario, de izquierdas o fascistas, bajo distintos epígrafes, lo de menos es como se llamen a sí mismos, y todos esos cantos de sirena de los revolucionarios se extinguen ante el peso de la realidad de la fuerza, adiós libertad.

Cuatro verdades sobre la corrupción
No es posible condenar la moral tradicional como algo retrógrado y reaccionario y, después, pretender que la sociedad sea virtuosa. La corrupción no es un problema político: es sobre todo un problema moral.
EDITORIAL  www.gaceta.es 18 Febrero 2016

España está llena de buena gente: trabajadora, honrada, seria, de palabra, amante de la paz y respetuosa con las leyes. Es una evidencia. Pero España también está llena de gente que pone su propio interés por encima de la ley y de la moral. ¿Los políticos? Muchos de ellos, sí. Lo estamos viendo. Pero hay una enorme hipocresía en esa pose que consiste en señalar a los políticos como chivos expiatorios de la corrupción cuando, en realidad, se trata de un problema mucho más generalizado. En los últimos años hemos visto muy sonoros casos de corrupción en los sindicatos, en la corona, en la judicatura, en la banca, en la universidad, en la patronal, en la medicina y, por supuesto, en los medios de comunicación. La política copula con todas esas esferas para engendrar más y más graves delitos, lo mismo a derecha que a izquierda y a norte que a sur. Pero la política hace algo más grave: contribuye a crear un clima público donde la izquierda usa la corrupción para atacar no al corrupto, sino a la derecha, y la derecha, por su parte, obra exactamente igual. De manera que, al final, la corrupción, que es un problema moral, termina convertida en un problema político, cosa que sólo es de modo secundario.

¿Por qué hay corrupción? ¿Quizá porque hay democracia? ¿Porque manda la derecha? ¿Porque manda la izquierda? No: hay corrupción porque la condición humana es así. Ha habido corrupción en todos los tiempos y en todas las latitudes. La tendencia a la búsqueda del máximo interés propio forma parte de la naturaleza humana. Por eso, desde el alba de los tiempos, hay códigos religiosos, morales, legales, que ponen límites a esa búsqueda, que prescriben unas conductas y proscriben otras, y esos códigos deben ser respetados para que sea posible la vida social. Hay un bien objetivo y un mal objetivo, y hace falta además la determinación colectiva para que el bien sea la norma y el mal, la excepción, y lo bueno, lo moral y lo legal prevalezcan sobre lo malo, lo inmoral y lo ilegal. Esto lo sabe el género humano desde el alba de los tiempos. Es llamativo que hoy nadie ose decirlo.

Ahora preguntémonos qué ha pasado en España en los últimos cuarenta años para que la corrupción se haya extendido a todos los ámbitos. Y preguntémonos si es posible consagrar socialmente, como aquí se ha hecho, un discurso de denigración sistemática de la moral tradicional, considerada como algo reaccionario, oscurantista y “franquista”, y pretender después que la sociedad se comporte de manera virtuosa. ¿De verdad tiene sentido despreciar la moral y exigir después virtud? ¿De verdad tiene sentido construir una imagen pública de España como sociedad hedonista y permisiva y esperar después que nos comportemos como santos?

Más allá de la política, la realidad de la corrupción debe empujarnos a emprender una honda reflexión sobre la cultura social española. Esa reflexión atañe a la política, por supuesto, pero también a la justicia, a la educación, a la economía y, de manera muy señalada, a los medios de comunicación, que hoy, en el campo televisivo, están controlados por dos grupos de propiedad extranjera embarcados desde hace años en una concienzuda tarea de embrutecimiento de la vida pública. Si de verdad queremos regenerar la sociedad española, valdría la pena plantearse estas cosas. De lo contrario, y por más sentencias que dicten los tribunales, la corrupción seguirá siendo un problema estructural en nuestro país.

DEVUELVE 1.500 MILLONES
Bankia, atraco perfecto a todos los contribuyentes
La decisión de Bankia la pagarán todos los contribuyentes. El Estado ha renunciado a seguir pleiteando, lo que abre una peligrosa vía judicial para futuros contenciosos
Carlos Sánchez El Confidencial 18 Febrero 2016

Al final va a tener razón la exministra Carmen Calvo cuando dijo aquello -ella lo niega- de que el dinero público no es de nadie. Desde luego, no parece ser del actual Gobierno en funciones ni de los directivos de Bankia ni, por supuesto, del ministro de Economía, Luis de Guindos, responsable del funcionamiento del FROB y de sus sociedades participadas. Y menos aún de nueve de los magistrados de la Sala Civil del Supremo.

Es verdaderamente singular que un Ejecutivo de transición pueda renunciar a seguir pleiteando contrato a contrato -¿o es que todos los accionistas de Bankia tenían el mismo conocimiento financiero?- para salvar lo que se pueda del dinero de los contribuyentes. La factura rondará los 1.500 millones de euros.

La sorpresa es todavía mayor si se tiene en cuenta que la ronda del fiasco de Bankia la paga exclusivamente el Estado y no el resto de los corresponsables de la operación, lo cual dejará con cara de tontos a millones de ciudadanos que pagan sus impuestos.

Sobre todo quienes hayan leído un reciente dictamen del Consejo de Estado -encargado de hacer informes para el consumo exclusivo del Gobierno-, que ha exonerado a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), al Banco de España, al propio FROB y al Ministerio de Economía de cualquier responsabilidad patrimonial en la salida a bolsa de Bankia. Ahora pueden entenderse las prisas de Economía y de Bankia por dar carpetazo al asunto. O la negativa a crear en su día una comisión de investigación en el Parlamento sobre todo lo que sucedió en la salida a bolsa. Siempre es mejor encontrar un chivo expiatorio al que echar la culpa.

Es verdad, como sostiene el Consejo de Estado, que el Banco de España determinó que todas las entidades que se iban a integrar en el Sistema de Protección Institucional (SIP) que dio lugar a Bankia “tenían un carácter sólido”. Pero no es menos cierto, sugiere el dictamen, que los perjuicios causados por la salida a bolsa “se hubieran producido, siempre y en todo caso, en el escenario alternativo de liquidación mercantil". Es decir, de haberse producido el concurso de acreedores. Su conclusión es clara: no hay "responsabilidad concurrente y solidaria" de ninguna de esas entidades por los daños causados a los accionistas de Bankia.

No estará de más recordar, además, que en las páginas 321 y 322 del célebre folleto de salida a bolsa y bajo el epígrafe 'Personas responsables' de su veracidad se cita al exconsejero delegado de Bankia Francisco Verdú, pero también a las entidades coordinadoras globales y directoras. A saber: Deustche Bank, JP Morgan, Merril Lynch, el banco suizo UBS, además de las entidades para inversores cualificados: Barclays, BNP Paribas y Santander.

Declaración de parte
Estamos ante el mismo folleto -con un lenguaje un tanto enrevesado- que dice (sic) que todos y cada uno de los firmantes declaran “que han efectuado las comprobaciones que, razonablemente, según criterios de mercado comúnmente aceptados, han sido necesarios para contrastar que la información contenida en la presente Nota sobre las Acciones relativa a los términos y condiciones de la Oferta y los Derechos y obligaciones de las acciones objeto de la Oferta no es falsa, ni se omiten datos relevantes requeridos por la legislación aplicable”. Caben dos posibilidades: o el Estado es muy generoso y apechuga con el coste de la ruinosa fiesta (menos mal que en el caso de las autopistas de peaje está peleando como gato panza arriba) o, por el contrario, estudia una demanda civil contra esas entidades que dieron por buenas las cuentas.

Merece la pena, en este sentido, traer a colación un reciente artículo de Manuel Conthe en el que se recuerdan algunas inexactitudes de las recientes sentencias del Supremo y de varias audiencias provinciales, y que pese a su incongruencia han sido dadas sin más por buenas. Probablemente, porque el Estado, en este asunto, ha pleiteado arrastrando los pies, hasta el punto de que Bankia ya había anunciado mucho antes de la sentencia que había provisionado un fallo en contra.

Conthe enumera las siguientes 'inexactitudes' de sus señorías.
- Afirman que el Banco de Valencia era filial de Bankia, cuando colgaba de BFA y su crisis no afectó directamente a Bankia.
- No analizan en absoluto la reformulación de las cuentas de 2011 llevada a cabo en mayo de 2012, ni aluden, si siquiera remotamente, a que una parte sustancial de esa reformulación se debió a los problemas que creó en el balance de la matriz BFA el bajo precio al que en julio de 2011 se colocaron las acciones de Bankia, muy inferior a su valor contable (-70%).
- Omiten que la sanción del ICAC a Deloitte -recurrida- se debió a supuestos conflictos de interés por trabajos complementarios al de auditoría ...¡solicitados por los supervisores!
- Parecen confundir la reformulación en 2012 de las cuentas del ejercicio global 2011 con la veracidad de las cuentas trimestrales de Bankia a 31 de marzo de 2011, base del folleto de emisión.
- No mencionan el capítulo de riesgos del folleto.

Por si esto no fuera poco, esas sentencias ignoran de forma clamorosa que en España hubo una doble recesión a partir de 2011, como reflejan, precisamente, los datos oficiales. En 2010, el año inmediatamente anterior a la salida a bolsa de Bankia, el PIB avanzó poco, es verdad (los célebres brotes verdes de Salgado), pero lo cierto es que la economía creció un 0,2%.

El cambio de tendencia se produjo a partir del primer trimestre de 2011, cuando ya la economía retrocedió en términos trimestrales un 0,4%, lo que parecía indicar -y así ocurrió- que España se encaminaba a una nueva recesión. No es baladí ese trimestre porque es, precisamente, sobre el que se formularon las cuentas de Bankia.

Con sólo leer la prensa
¿Qué ocurrió en el segundo trimestre de 2011, inmediatamente antes de la salida a bolsa de Bankia? Pues ni más ni menos que, como estaba previsto, España entró de nuevo en recesión. Por lo tanto, quienes compraron acciones de la entidad en julio de ese año 2011 conocían o debían conocer con sólo leer la prensa que España se enfrentaba a una nueva crisis económica, como así sucedió. Para los olvidadizos hay que recordar que por esas fechas la prima de riesgo se situaba en 321 puntos básicos, lo que indica que no parecía el mejor momento para invertir, sobre todo cuando se trataba de los pequeños ahorros de los particulares.

Es más, todas las sentencias judiciales sobre el caso Bankia parecen olvidar que la naturaleza de la crisis económica española era fundamentalmente de carácter inmobiliario, y, por lo tanto, la entidad iba a sufrir, y mucho. Pese a ello, muchos inversores compraron acciones (la entidad salió a bolsa el 20 de julio) asumiendo el correspondiente riesgo. No es comprensible que nadie se diera por enterado de que Bankia salió a cotizar con un descuento sobre el valor en libros del ¡70%!. Han leído bien. Es decir, se regalaban duros a cuatros pesetas y nadie sospechaba nada, cuando Caixabank, que salió a cotizar por esas fechas, lo hizo con un descuento del 20%.

Esa doble recesión en que cayó la economía española, de hecho, explica los palos de ciego que dio el nuevo ministro de Economía a la hora de enfrentarse a la crisis del sistema financiero con sucesivos decretos Guindos.

Lo que al principio se consideró un problema de provisiones, al final fue también de solvencia (capital), como reconoció el ministro al 'Financial Times'. Esto explica que Bankia sucumbiera, ya que su exposición al ladrillo (por las cajas levantinas y la vieja Caja Madrid) era muy superior al resto del sector (salvo excepciones).

Su crisis, por lo tanto, no tenía que ver con el folleto (al menos de forma determinante), sino con el hecho de que las nuevas exigencias de las autoridades (más provisiones y más capital) hacían inviable la entidad , lo que explica que tuviera que ser nacionalizada, lo cual era independiente de la calidad de la información suministrada en la OPS (oferta pública de suscripción). Otra cosa distinta es que todo el proceso de fusiones en frío (las famosas SIP) de las cajas fuera un despropósito.

Bankia hubiera quebrado aunque el folleto hubiera estado niquelado (que no lo estaba). Lo dice con propiedad Conthe: las sentencias ignoran que los decretos Guindos de 2012 fueron aprobados muchos meses después de la salida a bolsa de Bankia y de la confección del folleto, y “exigieron a las entidades de crédito unas cuantiosas provisiones adicionales que fueron las que provocaron la quiebra de Bankia”.

Botín y Atutxa
Todo es tan surrealista que el Estado, incluso, ha dado buena el resarcimiento a los accionistas con una sola sentencia del Supremo, lo cual es algo más que discutible. Parece evidente que esa misma sala, con otros magistrados, puede decidir en un futuro justo lo contrario. Y entonces, si eso ocurre, ¿quién le reclamará el dinero a los accionistas de Bankia? O es que las sentencias del propio Tribunal Supremo sobre el caso Botín y el caso Atutxa no son discrepantes. Será por dinero, han debido pensar en Bankia y en Economía.

No acaba ahí el despropósito de la sentencia ahora reconocida sin rechistar más allá de pleitear de cara a la galería. En ese fallo, se asume de forma inexplicable un cierto automatismo entre la reformulación de unas cuentas anuales y su nulidad. Es decir, que si una empresa las revisa, aunque sea en profundidad, no sirven, lo cual abre un peligroso precedente.

Se olvida que esa excepcionalidad (por causas sobrevenidas) la contempla el artículo 38 del Código de Comercio, que sostiene que “si los riesgos se conocieran entre la formulación y antes de la aprobación de las cuentas anuales y afectaran de forma muy significativa a la imagen fiel, las cuentas anuales deberán ser reformuladas”. Por lo tanto, lo extraordinario no es la reformulación, sino la respuesta de las autoridades, judiciales, políticas y bancarias, a un problema que tiene que ver con la crisis bancaria (no con el folleto). La doctrina Carmen Calvo, definitivamente, se ha impuesto.

Podemos, claro y contundente
VICENTE LOZANO El Mundo 18 Febrero 2016

Hay que reconocer que a Pablo Iglesias y al resto de los líderes de Podemos se les entiende casi todo. Lo vemos en la propuesta formulada al PSOE para investir a Pedro Sánchez y formar un Ejecutivo estable. Iglesias no se anda con paños calientes. No sugiere. Marca su territorio: «Quiero la vicepresidencia y, con IU, más ministerios que el PSOE porque tenemos más votos».

Con la misma contundencia, aunque algo más escondido, Podemos plasma en el documento 'Un país para la gente' que ha presentado a las fuerzas políticas su intención, no ya de reformar la Constitución, sino de refundar el modelo de Estado que emergió en 1978, tal y como ha manifestado el partido desde sus inicios como movimiento. Es de agradecer esa transparencia que, al menos, hace que seamos conscientes de lo que Podemos quiere hacer de este país si algún día lo gobierna.

Algunos ejemplos. Una de las constantes del documento es la referencia a la «democracia directa», a la «vía popular», para cambiar las cosas. El texto más claro es el que se refiere a la propia reforma constitucional. Como legalmente se necesita el concurso del PP para cualquier modificación, Podemos considera que «cabría activar la vía popular (...); es decir existen derechos y garantías democráticas previstos en la Constitución española que permiten convocar un referéndum para iniciar el proceso». En definitiva, Podemos prevé saltarse a la torera el Congreso, sede de la soberanía popular..., invocando esa misma soberanía popular. Las referencias a la participación directa de los ciudadanos son constantes. En otro punto se lee que un «gobierno del cambio debe otorgar un papel directo a la ciudadanía en su derecho de participación en los asuntos públicos frente al poder económico». Otro caso: Podemos propone un Consejo Asesor Anticorrupción, dependiente de la Vicepresidencia de Iglesias, conformado por «movimientos asociativos civiles y personalidades de reconocido prestigio en la lucha contra la corrupción y el crimen organizado». Piensen en la composición de ese consejo.

La preeminencia de lo público sobre lo privado y la necesidad de renacionalizar actividades económicas también quedan plasmadas con nitidez en el documento. Así, «el suministro energético recuperará su carácter de servicio público». En el campo de las telecomunicaciones propone «garantizar la coinversión pública en la infraestructura de fibra óptica y redes móviles que hasta ahora han sido impulsadas por empresas privadas y que han convertido estas infraestructuras fundamentales en bienes de titularidad exclusivamente privada». Atención, Telefónica. Y la educación concertada «seguirá financiándose con recursos públicos sólo en los casos en que sea necesario por insuficiencia de la oferta de la red» pública, olvidando así el artículo 27 de la Constitución.

Otro punto clave del documento de Podemos es la referencia a un nuevo modelo territorial que nada tiene que ver con el establecido en 1978. Podemos va mucho más allá de la cuestión catalana y considera necesaria «la aceptación del derecho a decidir en aquellas naciones que lo hayan planteado con especial intensidad». Añade que se «debe entender España como país de países» y pide una revisión de los contenidos educativos en materia de Historia y Ciencias Sociales que lleve a «superar la visión homogeneizadora de la historia de España». El documento reclama «la búsqueda de un nuevo encaje para todas las naciones, comunidades políticas y territorios (...), un proceso que debe partir del reconocimiento previo y específico de las diversas realidades nacionales». Todo está muy clarito. Nadie se puede llamar a engaño.

El PP prefiere a Podemos
José García Domínguez Libertad Digital 18 Febrero 2016

Prefieren dejar la llave de la investidura en manos de Podemos ante que darle una oportunidad, una sola, al sentido del Estado. Ellos –y ellas– son así. Desde hace un par de siglos, y acaso porque solo muy recientemente dejamos de ser un país pobre, la derecha política española recluta a sus cuadros directivos entre el funcionariado del Estado, con especial predilección por ciertos cuerpos de la elite burocrática, como el de la abogacía del Estado, los inspectores de finanzas o la alta magistratura. Nuestra derecha es una derecha de funcionarios que, al margen de algún superficial barniz ideológico más fruto de la necesidad propagandística que de la convicción intelectual, se rige en sus relaciones internas por las jerarquías y los órdenes de prelación personal propios de los escalafones ministeriales.

Son funcionarios que piensan como funcionarios, se relacionan entre ellos como funcionarios, conspiran entre ellos como funcionarios y se acuchillan entre ellos al modo ancestral que es costumbre entre los funcionarios. El general Franco era eso, un general del Ejército; Adolfo Suárez, un valido que en su momento había ganado por oposición una plaza vitalicia en el Instituto Social de la Marina; Leopoldo Calvo Sotelo pasó más de la mitad de su vida en el despacho oficial del presidente de Renfe, la mayor empresa del Estado; José María Aznar se apresuró a sacarse una plaza del Ministerio de Hacienda antes de probar suerte como cunero en la ya agónica Alianza Popular de Fraga, otro funcionario memorión y pluriopositor; Rajoy, es sabido, disfruta lo de Santa Pola; Cospedal y Santamaría son abogadas del Estado; Cifuentes fichó puntual hasta la excedencia en un negociado adscrito a la Complutense; Feijóo, en fin, conserva haberes pasivos, montepío y trienios en el cuerpo superior de la Xunta. Y así todos.

He ahí la explicación última a la resistencia que los cuadros de la segunda línea del Partido Popular oponen a que España pueda salir de esta interinidad con la investidura de un Ejecutivo integrado por los partidos del centro. Siendo palmario que no existe ninguna objeción insoslayable por parte de la bancada de la derecha a la propuesta programática que perfilan PSOE y Ciudadanos, su irresponsable solipsismo únicamente puede obedecer a esa obsesión tan suya con el escalafón. Se oponen a una operación de Estado diseñada para salvaguardar tanto los intereses a corto plazo del país como la pervivencia futura del sistema no porque discrepen en absoluto del contenido del proyecto, sino por una simple ambición corporativa llamada a verse frustrada. Única y exclusivamente por eso. Temen que ya haya corrido el escalafón cuando les toque mandar a ellos. Su tan cacareado sentido del Estado, ese con el que nunca se cansan de llenarse la boca, resulta que empezaba y terminaba ahí. Ah, el sillón.

El gran atraco
La actual crisis sistémica ha dejado al descubierto muchas verdades desagradables sobre cómo se mueven las economías de los países más desarrollados, todas ellas dominadas por el mantra del pensamiento único. Quizás la más alarmante, según el otrora economista jefe del Fondo Monetario Internacional, Simon Johnson, tal como explica en esta magnífica pieza de 2009, The Quiet Coup, fue “… que la industria financiera capturó con enorme eficacia a los gobiernos democráticamente elegidos, en lo que bien podría denominarse un golpe de estado de facto”. Pero dijo algo más, “la recuperación fallará a menos que se rompa el statu quo de la oligarquía financiera que está bloqueando la única reforma esencial y vital. Y si queremos evitar una verdadera depresión, nos estamos quedando sin tiempo". Ahora, en 2016, aflora de nuevo la crisis sistémica, desplegando una vez más la fragilidad financiera y las múltiples burbujas generadas por la connivencia entre la política monetaria de unos bancos centrales, cuyas bases teóricas se desmoronan, y una élite bancaria prácticamente insolvente.

Sería interesante recordar el papel que jugó en la generación de la crisis sistémica el establishment estadounidense, y muy especialmente los Clinton

La gente olvida con demasiada rapidez lo que ha sucedido, incluso cosas que sucedieron hace muy pocos años. Sin duda la razón detrás de este comportamiento es la existencia en los tiempos que corren de muy pocos contraejemplos de honestidad y decencia tanto en el gobierno como en los negocios privados. Hemos asumido como algo normal el olor pestilente que emana de las alcantarillas del poder. Nuestra querida España es un buen ejemplo. Sin embargo, no solo ocurre aquí. En pleno año electoral en los Estados Unidos, con elecciones presidenciales en noviembre, sería interesante recordar el papel que jugó en la generación de la crisis sistémica el establishment estadounidense, y muy especialmente los Clinton.

La gran contradicción de Podemos
Manuel Muela www.vozpopuli.com 18 Febrero 2016

El proyecto de gobierno que presentan para coaligarse con el PSOE e Izquierda Unida es, en realidad, la reiteración de su programa electoral al que ya me referí en su día, con las añadiduras necesarias sobre la composición del Gobierno de Coalición y el reparto de la alta administración del Estado. Sobre las cifras ya expresé mi opinión, el papel lo aguanta todo, pero hoy me interesa llamar la atención sobre cómo los hombres de Podemos apuestan por la intervención pública con políticas a desarrollar en los sectores más sensibles de la economía y de la sociedad y, en paralelo, refuerzan su propósito inicial de construir un Estado confederal. Ellos lo llaman plurinacional, que es la fórmula más alejada a la del Estado unitario y centralizado como instrumento más eficaz para ejecutar las políticas gubernamentales. No sé si son conscientes de esa grave contradicción, producto de sus compromisos con las mareas, y que, en caso de serlo, hayan pensado que, una vez obtenido el poder, arrumbarán la idea de seguir debilitando el Estado. De momento, es una apuesta sin ambages por acelerar la decadencia de España.

La pequeña sociedad de naciones del Ruedo Ibérico
Debo reconocer que si los proyectos confederales hubieran venido de la mano de los de siempre, nacionalistas e independentistas, me preocuparía en menor grado, aun reconociendo la trascendencia de todo ello para el porvenir de España, pero el hecho de que la fuerza que apunta a convertirse en la referencia de la izquierda, y que ya hoy es decisiva para que se pueda formar o no gobierno, tenga entre sus objetivos convertir lo poco que queda del Estado español en una especie de sociedad de naciones del Ruedo Ibérico, me produce estupor. A pesar de mi visión pesimista sobre los desastres causados por el Estado de las Autonomías, pensaba que quedarían bases para reconvertirlo y parar su deriva insolidaria. Lo de Podemos desvanece cualquier esperanza inmediata sobre ello, teniendo en cuenta que los restantes actores políticos tampoco están por la labor: unos, los del bipartidismo, porque son responsables directos del debilitamiento del Estado y eluden cualquier rectificación y otros, los independentistas y sus émulos, porque lo niegan de plano.

El descrédito del Estado, cuyo papel es fundamental para hacer de España un país educado, libre y solidario, ha sido impulsado por unos y tolerado por otros, contaminando casi todo el tejido social hasta el punto de invalidar cualquier discurso que pretenda poner en cuestión las causas de la lacerante realidad actual. La apelación confederal de Podemos nos indica que las fuerzas centrífugas gozan de una salud excelente y de gran predicamento electoral, aunque no se calibre que el imperio de lo centrífugo convierte en papel mojado cualquier pretensión de ejecutar políticas gubernamentales en el seno de un caleidoscopio como el que se dibuja. Si hasta ahora los gobiernos centrales se las han visto y deseado para gobernar, aun disponiendo de claras mayorías parlamentarias, excuso decir lo que puede ser un gobierno que en su frontispicio lleve el anuncio de apuntillar definitivamente el Poder Central.

Tiempos convulsos con políticos inanes
No exagero al afirmar que la postura de Podemos en el campo de Agramante de la política española aventura tiempos convulsos en los que, inicialmente, ese partido incrementará sus apoyos a costa de un PSOE víctima de su trayectoria irregular y del centroderecha asediado por los personalismos y la falta de un proyecto rectificador en el más amplio sentido del término. Por ello, es difícil saber si habrá o no investidura; no digo que de igual, aunque, a mí juicio, los mimbres de ese hipotético gobierno, vengan de donde vengan, serán insuficientes para fabricar el cesto que España necesita.

Los que han minusvalorado la fuerza atractiva del clientelismo económico y educativo practicado durante décadas en las diferentes Comunidades Autónomas son presos de sus fracasos y encima ahora se enfrentan a una fuerza política que es como una división panzer frente a ejércitos grandes pero anonadados. El discurso de Podemos ha captado el sentido tutelar que impera en amplias capas de la sociedad, unas dañadas por la crisis y otras simplemente acostumbradas a las ayudas diversas, y lo ha adobado con negar el pan y la sal a ese Estado gaseoso fabricado por sus oponentes, que ellos no pretenden cambiar para fortalecerlo y liberar recursos provenientes de la supresión de estructuras superfluas y duplicadas. Abogan por su liquidación definitiva. Como experimento académico o de laboratorio, sería interesante, pero para todo un país, me parece un disparate con el que daremos grandes tardes de gloria a propios y extraños, a costa del continuado castigo fiscal de nuestras clases medias.

Todas las páginas de la propuesta de Podemos dedicadas a las políticas sociales se convierten, a mi juicio, en papel mojado no sólo porque los números no cuadran, sino por el hecho de que en el mismo documento se renuncia a reestructurar el Estado actual para convertirlo en un instrumento eficaz al servicio de la nación y de las políticas gubernamentales. El diseño confederal que propugnan convertirá al Gobierno central en un mero coordinador o templador de gaitas de los intereses de esos micro estados que se pretenden. En suma, ahondar la debilidad del Poder Público como divisa de esta nueva izquierda sin una gota de sangre jacobina. La gran contradicción.

Enésima desobediencia al Tribunal Constitucional
EDITORIAL Libertad Digital 18 Febrero 2016

Ni veinticuatro horas ha tardado el presidente de la Generalidad, Carles Puigdemont, en dejar claramente de manifiesto su voluntad de desobedecer la decisión del Tribunal Constitucional de suspender la Consejería de Exteriores de su Gobierno central.

Dada la cantidad de sentencias del TC a las que la Administración regional en rebeldía viene haciendo caso omiso impunemente desde el año 2012, no es de extrañar esta actitud en quienes están protagonizando desde entonces un golpe de Estado institucionalizado en Cataluña. Lo único que cabria señalar es la sorna con la que Puigdemont se ha permitido mostrar su desprecio al Alto Tribunal al señalar: "Citando a un gran futbolista catalán [Gerard Piqué], yo al Tribunal Constitucional le diría: gracias, contigo empezó todo", ha dicho, lo que ha provocado risas y aplausos en la bancada separatista.

Lo que debería provocar sonrojo a todos los españoles es que, ante estas reiteradas y clamorosas desobediencias al TC, al Gobierno de la nación no se le ocurra otra cosa que presentar recursos ante ese mismo tribunal. Así lo viene haciendo el desde que Artur Mas proclamara aquello de "No nos pararán tribunales ni Constituciones", allá por noviembre de 2012. Y, ciertamente, desde entonces ninguna Constitución ni ninguno de los muchísimos pronunciamientos en contra del TC han logrado parar el delictivo proceso de construcción nacional que se está perpetrando en Cataluña gracias, en gran medida, a los Fondos de Liquidez Autonómica que le procura el Gobierno central con el objetivo de evitar a la Administración regional en rebeldía la suspensión de pagos.

Esta misma Consejería de Exteriores, supuestamente suspendida, tiene un presupuesto de 19 millones de euros y va a suponer el aumento en un 8% del número de altos cargos de la Generalidad; todo para duplicar el número de embajadas catalanas actualmente ya existentes.

No menos ilegal que esta Consejería de Exteriores son la Comisión del Proceso Constituyente, que se constituía el pasado 28 de enero, y las tres leyes básicas de desconexión de Cataluña con el Estado español –la de Transitoriedad Jurídica, la de Estructuras de Estado (Hacienda y Seguridad Social) y la del Proceso Constituyente)– que la Generalidad se dispone a tramitar, haciendo caso omiso a la suspensión del TC de la declaración soberanista del 9 de noviembre.

Los separatistas siguen adelante en su bien financiada senda de impunidad, sacando tajada de la división de unas formaciones constitucionalistas incapaces de llegar a ningún acuerdo que no sea el de recurrir vanamente al TC.

Avalancha de críticas del mundo jurídico
El Podemos más totalitario, contra la independencia judicial
En el documento que ha elaborado para pactar con el PSOE, el partido de Iglesias proponía que los altos cargos de la Justicia debían ''estar comprometidos con el programa político del cambio''. Tras el aluvión de críticas, los morados han tenido que recular.
Pepe G.-Saavedra  www.gaceta.es 18 Febrero 2016

Podemos, la panacea contra la corrupción, el adalid de la transparencia, poco a poco va mostrando sus verdaderas aspiraciones. En su última propuesta, inasumible para los socialistas, había dejado claro que la separación de poderes no es una de sus preferencias, que optaba por controlar a los jueces. En ella, los morados diseñaban un sistema de elección en los puestos clave del sistema de Justicia, como el fiscal general del Estado, el fiscal anticorrupción, magistrados del Constitucional o vocales del CGPJ, nunca visto hasta ahora.

Estos cargos, de ''especial relevancia'' para Iglesias y sus compañeros, ''deberán ser nombrados atendiendo a criterios de mérito, capacidad y compromiso con el proyecto de cambio que deben liderar, entre personal funcionario o personalidades independientes de reconocido prestigio y solvencia profesional''. Es decir, serían elegidos aquellos que comulguen con los postulados del Ejecutivo que el propio Iglesias 'vicepresidirá'. Además, continúa, "la elección deberá producirse por consenso bajo la lógica de que los equipos de gobierno estarán necesariamente compuestos por personas capaces, con diferentes sensibilidades políticas, pero comprometidas con el programa del Gobierno del Cambio".

Como era de esperar, las asociaciones de jueces y fiscales han querido mostrar su frontal oposición a esta ''aberración'', tal y como la calificaban en declaraciones al diario El País. Todas, de todas las tendencias, han criticado la fórmula y han avisado del peligro que supone para la independencia judicial y la separación de poderes. ''Es una de las mayores aberraciones que he podido escuchar en los últimos tiempos'', ha explicado al citado diario Emilio Frías, portavoz de la conservadora Asociación de Fiscales, la mayoritaria en el ministerio público. ''Que en un programa político se exprese la intención de dirigir al Poder Judicial nos parece negativo; no sé si es un error, si no lo es me parece desacertado que organizaciones que velan por la separación de poderes dependan del Gobierno'', ha comentado Joaquín Bosch, portavoz de la progresista Jueces para la Democracia.

Ante el aluvión de críticas Podemos ha tenido que retocar sus propias propuestas. Pablo Iglesias ha comentado que su intención no es atacar la separación de poderes y ha modificado algunos puntos. En la segunda versión, los morados omiten que entre los criterios del nombramiento deberá tenerse en cuenta el ''compromiso con el proyecto de cambio que deben liderar''. Sin embargo, siguen insistiendo en que los equipos de gobierno encargados de elegir a esos miembros deberán ''estar comprometidos con el Gobierno del Cambio''. Es decir, en lugar de obligar a los jueces o fiscales a acatar su programa, son los electores de esos cargos los que deben hacerlo. Una medida cuya función no es otra que noquear a la maltrecha independencia judicial.
Una visión ‘’totalitaria’’

El ministro de Justicia, Rafael Catalá, ha explicado que el sistema de designación morado evidencia la visión ''totalitaria'' que tiene este partido del Estado. Además, ha insistido que en el conjunto del documento de Podemos existen varios puntos contrarios al ''orden constitucional'', así como la pretensión de que los poderes públicos intervengan en la vida de los ciudadanos. ''Plantear que los miembros del poder judicial, incluso de la Fiscalía, tengan que tener compromiso político supone una manifestación absoluta de su falta de confianza en el Estado de Derecho, en la separación de poderes", ha advertido el ministro.

Los socialistas, principales destinatarios de dichos planteamientos de Gobierno, también han querido mostrar su absoluto rechazo a las propuestas podemitas. "Es una involución democrática. Trabajar para que el Gobierno vuelva a controlar aspectos que deben ser independientes en una democracia avanzada y moderna como la nuestra es un retroceso", ha analizado el portavoz del PSOE en el Senado, Óscar López, quien se ha mostrado ''muy preocupado'' por el planteamiento de Podemos

La base racista del comunismo y el racismo de los viejos comunistas
Juan E. Pflüger  www.gaceta.es 18 Febrero 2016

Los comunistas se nos presentan hoy como los defensores del igualitarismo más radical y combativo. Pero su base ideológica es profundamente racista. Los primeros ideólogos de la teoría política más criminal de la historia en el siglo XIX y sus principales impulsores durante el siglo XX fueron tremendamente racistas. Muchos de ellos siguen siendo los modelos en los que se basa el merchandising comunista. Efigies como la del criminal Ché Guevara adornan camisetas, pegatinas y todo tipo de objetos vendibles. Nadie recuerda, o quiere recordar su racismo patológico. No sólo el Ché, también Marx, Engels, Mariátegui, … todos ellos fueron contumaces racistas.

Engels es uno de los casos más claros de racismo y uno de los que más muestras ha dejado en sus textos excritos. En las cartas cruzadas entre Engels y Marx, desacreditaban a Ferdinand Lasalle, socialista alemán, a quien veían como un rival en la dirección del movimiento obrero alemán. Entre las descalificaciones que le dedicaban se encuentran algunas con claros tintes racistas: “para mí está completamente claro ahora, como lo prueban la forma de su cráneo y su pelo, que desciende de los negros de Egipto, suponiendo que su madre o su abuela no se mezclaran con la negrada. Esta unión de judaísmo y germanismo sobre una base negra tiene que producir un producto peculiar. La protuberancia del colega es, asimismo, la propia de la negrada”.

El mismo Engels explica así el porqué de su apoyo a la conquista de California por los Estados Unidos en 1848, ratificado en los tratados de Guadalupe Hidalgo: “¿Es una desgracia que la espléndida California fuera arrebatada a los vagos mexicanos, que no sabían qué hacer con ella?”. Otros calificativos racistas eran usados en la correspondencia entre Marx y Engels. Así, se referían a los vascos como “basura racial” o a los eslavos como “deshechos étnicos”, y proponían el exterminio de estos pueblos, así como el de los serbios o los bretones.

En un artículo publicado por Marx y Engels en Neue Rheinische Zeitug (Nueva Gaceta Renana), el periódico dirigido por el propio Marx en Colonia en varias etapas durante la década de los años cuarenta del siglo XIX, escribían joyas como: “Con la excepción de los polacos, de los rusos y de los eslavos de Turquía, ninguna nación eslava tiene futuro, puesto que los eslavos no poseen las bases históricas, geográficas, políticas e industriales que son necesarias a la independencia y a la capacidad de existir. Los pueblos que no han tenido jamás su propia historia, que apenas han alcanzado el grado más bajo de la civilización, no son capaces de vivir y no podrán jamás alcanzar la menor independencia”.

Ernesto Guevara de la Serna, más conocido como Ché, es quizá el mejor producto del marketing y la publicidad comunista. Pocos son los seguidores de esta ideología que no lleven su efigie en camisetas, llaveros, pegatinas,… Seguramente pocos de ellos conocen frases tan significativas de su ídolo como: “Los negros, esos magníficos ejemplares de la raza africana que han mantenido su pureza racial gracias al poco apego que le tienen al baño…”. Ahora que el comunismo se apropia de los movimientos indigenistas en Hispanoamérica sería bueno recordar como el Ché se refería a los pueblos indígenas mejicanos como “una indiada analfabeta”.

Los mismos comunistas hispanoamericanos, todos ellos de origen criollo, despreciaban a los indígenas de sus propios países. Un caso más que significativo es el del dirigente del Partido Socialista Peruano –luego se llamaría Partido Comunista Peruano- durante el periodo de entreguerras: Juan Carlos Mariátegui. Una de sus citas más racista deja claro el pensamiento comunista de entreguerras, esos que ahora se nos presentan como los luchadores contra el racismo del nazismo o del fascismo. Su texto no tiene desperdicio: “el chino parece haber inoculado en su descendencia, el fatalismo, la apatía, las taras del Oriente decrépito (…) el aporte del negro, venido como esclavo, casi como mercadería, aparece más nulo y negativo aún. El negro trajo su sensualidad, su superstición, su primitivismo. No estaba en condiciones de contribuir a la creación de una cultura sino más bien de estorbarla con el crudo y viviente influjo de su barbarie”.

Puedes comentar el blog con el autor en @Juanerpf o en la página de Facebook Los Crímenes del Comunismo.

Irán se infiltra en la Margen Occidental
Jaled Abu Toameh Libertad Digital 18 Febrero 2016

Envalentonado por su acuerdo nuclear con las potencias mundiales, Irán trata de acoger bajo sus alas toda la región árabe e islámica.
La capacidad intrusiva de Irán se había mantenido a raya por años de sanciones. Ahora, con el levantamiento de las mismas, el apetito invasor de Teherán se ha avivado de nuevo, y su objetivo es la Margen Occidental.

De hecho, Irán lleva muchos años inmiscuyéndose en los asuntos internos de la región. Ha tomado parte en las guerras civiles del Yemen y Siria y, a través de los chiíes allí residentes, sigue socavando de manera activa la estabilidad de muchos Estados del Golfo, incluidos Arabia Saudí y Baréin. Las vidas de libaneses y palestinos también dependen de las ambiciones de la República Islámica, que llena las arcas de grupos como Hezbolá y la Yihad Islámica.

Hasta hace poco, Irán se enorgullecía de ser el principal patrón de Hamás en Gaza. Gracias al apoyo iraní, el movimiento islamista palestino pudo mantener como rehenes a cerca de dos millones de gazatíes. Además, ese apoyo permitió al grupo introducir de contrabando todo tipo de armas en la Franja, incluidos cohetes y misiles que fueron dirigidos y lanzados contra Israel.

Pero la luna de miel entre Irán y Hamás concluyó hace unos años, cuando el movimiento palestino se negó a apoyar al mayor aliado de Teherán en Oriente Medio, el presidente sirio Bashar al Asad, frente la oposición de su país. Desde entonces los iraníes, perdida la confianza en sus otrora aliados de Hamás, han buscado unos amigos más leales entre los palestinos. Y parece que los han encontrado: Al Sabirín ("Los Pacientes").

Al Sabirín, el nuevo aliado de Irán, surgió en la Franja, donde reclutó a cientos de palestinos, muchos de ellos antiguos miembros de Hamás y de la Yihad Islámica. Según fuentes palestinas, este grupo habría logrado enrolar a muchos activistas descontentos de Fatah, que se sienten traicionados por la Autoridad Palestina y por su presidente, Mahmud Abás. Ese sentimiento de traición es consecuencia de que la AP no haya pagado los salarios de sus antiguos seguidores. Además, la incitación y el adoctrinamiento antiisraelíes en mezquitas, medios de comunicación y en el discurso público han radicalizado a los miembros de Fatah y los ha hecho caer en los brazos abiertos de los grupos islamistas.

Al Sabirín, respaldado por Irán, ya supone un quebradero de cabeza para Hamás. Ambos grupos terroristas comparten una misma ideología radical y ambos pretenden destruir Israel. Sin embargo, el nuevo grupo considera que Hamás es blando con Israel porque no comete atentados diarios contra sus ciudadanos. Los Pacientes buscan a los palestinos como grupo destinado a convertirse en peón de Irán en la región.

Reforzado por el acuerdo nuclear y el levantamiento de las sanciones que pesaban sobre Teherán, los miembros de Al Sabirín son optimistas. Hace poco el grupo calificó estos acontecimientos de victoria para todos los musulmanes y prueba de su orgullo y fortaleza. Ahora, según ellos, los musulmanes deberían unirse para hacer frente a "la arrogancia del mundo y eliminar a la entidad sionista del territorio de Palestina".

De hecho, Al Sabirín parece estar redoblando sus esfuerzos por eliminar a la entidad sionista y reemplazarla por un imperio islamista. Para lograr ese objetivo, pretende extender su control más allá de Gaza. El levantamiento de todas las sanciones contra Irán ha coincidido con informaciones de que Los Pacientes se han logrado infiltrar en la Margen Occidental, donde están tratando de establecer células terroristas para lanzar ataques contra Israel.

Según fuentes de la seguridad de la Autoridad Palestina, Al Sabirín ya habría encontrado palestinos de la Margen encantados de unirse a su yihad contra los judíos e Israel. Las fuerzas de seguridad de la AP descubrieron hace poco en Belén una célula terrorista perteneciente a Al Sabirín y detuvieron a sus cinco integrantes. Los sospechosos recibían dinero de miembros del grupo en Gaza para comprar armas con las que atacar a soldados y colonos israelíes en el territorio.

Al Sabirín no es el único peón iraní que tiene la mirada puesta en la Margen Occidental. El mes pasado, en la ciudad de Tulkarem, las fuerzas de seguridad israelíes descubrieron y desarticularon una célula terrorista a las órdenes de Hezbolá que planeaba atentados suicidas y tiroteos. Los integrantes palestinos de la célula habían sido adiestrados por Jawed Nasrala, hijo de Hasán Nasrala, el líder de Hezbolá, que les enseñó a cometer atentados suicidas, a fabricar chalecos explosivos, a recopilar información y a organizar campamentos de adiestramiento.

Todo esto suena extrañamente familiar. Así como ha extendido sus alas sobre Al Sabirín y Hezbolá, Irán ha hecho lo mismo con otros peones, como los huzis del Yemen y las comunidades chiíes de Arabia Saudí y Baréin, mientras fomenta la inestabilidad y se hace con bases de poder local.

Libre de las limitaciones impuestas por las sanciones, Irán ahora se ve libre para apoyar el terrorismo en toda la región. Es justo lo que está sucediendo en el Líbano, Siria, el Yemen, Irak, la Margen Occidental y Gaza.

La infiltración iraní en la Margen debería servir como señal de alerta no sólo para Israel, sino para Estados Unidos y otras potencias occidentales. De momento, hay poco que pueda hacerse para luchar contra la presencia de Irán en la Franja, pero Irán en la Margen, a las puertas de Israel, es algo bien distinto.

Una retirada israelí que conllevara la toma de la Margen por Hamás es algo que ha suscitado preocupación. Ahora, cada vez más israelíes y palestinos se preguntan si semejante vacío supondría una posibilidad de acceso para Irán.

El futuro de Oriente Medio y de Europa sería radicalmente distinto si un Estado palestino cayera en manos de los radicales islamistas iraníes y de sus aliados. Los palestinos y todas las partes interesadas deberían recordar que Al Sabirín es, si no otra cosa, paciente.

© Revista El Medio - Gatestone Institute
Jaled Abu Toameh, periodista árabe-israelí.


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El Estado de Derecho no está en funciones en Cataluña

EDITORIAL El Mundo 18 Febrero 2016

LA FORMACIÓN de gobierno en Cataluña alrededor del bloque independentista, aunque fuera con más grietas de las esperadas y con un presidente sorpresa, presagiaba la continuación de la escalada en el enfrentamiento institucional entre el Gobierno central y la Generalitat. En este contexto, la admisión a trámite por parte del Tribunal Constitucional del recurso presentado por el Gobierno contra la Conselleria de Exteriores supone un paso más de las instituciones del Estado para hacer frente al desafío soberanista. Puede que el Gobierno esté en funciones, pero no el Estado de Derecho. La decisión del TC, que se traduce en la suspensión cautelar de la consejería que controla Romeva, se une al inicio de los trámites que desembocaría en la anulación de la Comisión de Estudio del Proceso Constituyente creada por el Parlament; y al reproche de los letrados de la Cámara catalana a la tramitación de las leyes de "desconexión" del Estado. Este zafarrancho jurídico es consecuencia directa de la irresponsabilidad de las fuerzas secesionistas, cuya fijación estriba en situar a Cataluña en un marco político fuera de la legalidad española y europea.

Carles Puigdemont, en una nueva demostración de su imprudencia, dejó claro ayer que la Generalitat no respetará la suspensión de Exteriores decidida por el TC. Es evidente que de un presidente que no dudó en obviar la Constitución en su toma de posesión, cabe aguardar poca o ninguna obediencia hacia el tribunal encargado de interpretar la Carta Magna. Sin embargo, de un cargo institucional de esta relevancia sí se espera algo más que la reacción pueril que ayer exhibió. "Gracias TC, contigo empezó todo", aseguró Puigdemont, parafresando irónicamente al jugador del Barça Gerard Piqué. Sus palabras dan la medida del escenario de frivolidad en el que ha encallado Cataluña fruto de la deriva impulsada por Junts pel Sí, una argamasa política secesionista, a izquierda y derecha, que necesita de dos elementos básicos para mantener la apariencia de cohesión interna: el victimismo y el reto permanente a las instituciones estatales.

Éste fue el motivo que llevó a Puigdemont, preso de las servidumbres de CDC a Esquerra y la CUP, a articular el Departamento de Asuntos Exteriores. Su mera creación rebasa el reparto competencial entre el Estado y las comunidades autónomas que consagra el artículo 149 de la Constitución. La consejería de Romeva se atribuye funciones en política internacional, que exceden completamente una acción en el exterior orientada a promover exportaciones, agilizar inversiones o incentivar el turismo, tal como hacen el resto de Gobiernos autonómicos. Por eso resulta inadmisible que Francesc Homs, portavoz parlamentario del partido de Mas y Puigdemont, invoque el derecho del Govern a ejercer su actividad en el extranjero, "tal como hacen otras comunidades". Esta afirmación no se corresponde con la verdad. Ningún otro Ejecutivo autonómico ha abierto embajadas de alto voltaje político, como las promovidas por la Generalitat. Y ninguna otra asamblea regional ha promovido una Ley de Acción Exterior con el contenido de la aprobada en el Parlament. Esta norma, junto al título dedicado a la acción exterior en el Estatut, le sirve de parapeto a Puigdemont para reclamar plena soberanía en una materia que la Carta Magna reserva en exclusiva al Estado. Esto explica que el propio presidente catalán, en un acto reciente ante los cónsules en Barcelona, advirtiera de que Cataluña "es un país que está caminando hacia su independencia". Puigdemont frisa el ridículo queriéndose presentar como una especie de primer ministro de Cataluña en lugar de hacerlo como lo que es: la máxima autoridad del Estado español en esta comunidad. El mismo ridículo, y la misma osadía, que la acreditada por Romeva al rubricar varios escritos internacionales en calidad de "ministro de Asuntos Exteriores" de Cataluña.

Puigdemont, suave en los ademanes pero igual de obstinado que Mas, afirmó que el PP "se irá del Gobierno de la misma manera que entró: con recursos al TC contra Cataluña". En realidad, es la Generalitat la que se ha empecinado en judicializar constantemente la vida política. Y prueba de la maraña legal tejida es que han sido los propios servicios jurídicos del Parlament los que han sugerido a Junts pel Sí y a la CUP replantear la vía para tramitar las tres leyes de la hoja de ruta soberanista: Seguridad Social, Agencia Tributaria y Transitoriedad Jurídica. Los letrados de la Cámara catalana, en un informe no vinculante, señalan que si estas normas se cursan mediante ponencias conjuntas y sin apoyo del resto de grupos podría considerarse un "acto arbitrario". Tal advertencia constituye un serio aviso de la gravedad que supone saltarse las leyes. Y esta vez Puigdemont no puede aducir que proviene de los pérfidos tribunales españoles.

Contra la democracia
JUAN A. HERRERO BRASAS El Mundo 18 Febrero 2016

TAL ES el provocador título del manual fuente de inspiración de los dos titiriteros del reciente escándalo en los Carnavales de Madrid. Si juzgamos por el contenido de dicho manual, el cartel con las palabras "Gora Alka-ETA" que aparecía en mitad del espectáculo podría obedecer más a un intento de provocación, un gesto de rebeldía dirigido a producir una náusea intelectual, que a un genuino deseo de hacer apología del terrorismo. Del antecedente policial por uso de la violencia por parte de uno de los titiriteros no se puede deducir que esté asociado al terrorismo, y mucho menos a Al Qaeda o a ETA.

Si los dos titiriteros son verdaderamente anarquistas convencidos, como parece ser, no tendría sentido una supuesta apología de Al Qaeda, cuyo terrorismo se basa en ideas religiosas ultraconservadoras, ni de ETA, cuyo proyecto político es de carácter estalisnista. Estrictamente hablando, tales organizaciones tienen de anarquistas lo que el Vaticano. Por la misma regla de tres podrían haber optado los guiñolistas por sacar un cartel con vivas a la monarquía. Pero, claro está, eso no habría producido la náusea intelectual, el 'shock' que ellos buscaban.

Al Qaeda y ETA, pese a ser lo más alejado posible de la ideología anarquista, producen rechazo y pretenden desestabilizar el orden establecido. Tan solo en eso coinciden con los objetivos anarquistas. Es esa alarma, ese sonido de sirena, lo que constituye un plus emocional, un subidón para el anarquista. Pero entre eso y hacer apología del terrorismo media una distancia insalvable en cuanto a intencionalidad.

Otra cosa es que ese espectáculo fuera adecuado para niños. El hecho es que no lo era en absoluto, sobre todo por razones diferentes del "Gora Alka-ETA". El espectáculo, aparentemente, contenía aspectos como una violación y un aborto que realiza una bruja con un cuchillo, que me parecen mucho más agresivos e irrespetuosos para la mentalidad y formación de unos niños que la supuesta apología del terrorismo, cuestión ésta que a los niños -que no a sus padres- les pasó sin duda ampliamente desapercibida.

Los niños seguramente no entendieron el significado de ese 'gora', ni la críptica expresión 'Alka-ETA', ni son conscientes de las atrocidades cometidas por tales organizaciones, ni del hiriente insulto que esas palabras representan para los familiares de las víctimas y para otros muchos.

Los dos titiriteros, sin embargo, sí sabían que ese no era un espectáculo adecuado para niños. Así se deduce claramente de entrevistas anteriores al espectáculo, que quedaron grabadas. A mi modo de ver, ésa es su auténtica ofensa: conscientemente presentar a un público infantil un espectáculo que iba dirigido a producir una fuerte reacción negativa en los acompañantes adultos. Los organizadores del espectáculo instrumentalizaron lo que era una convocatoria infantil para provocar a un público adulto.

Esto fue su grave error. Incluso concedemos, como digo, que el asunto deba interpretarse como guiado por una intención fundamentalmente transgresora, algo a lo que estamos acostumbrados en el mundo del arte, y no por el deseo de hacer una incongruente apología de dos organizaciones esencialmente contrarias a la ideología anarquista. Ello inevitablemente nos plantea la cuestión de si es lícito poner límites a la libertad de expresión artística, asunto éste en cuyas complejidades no entraré aquí.

Con el término 'anarquismo' ocurre como con 'existencialismo', 'postmodernismo' y otros 'ismos', que terminan convirtiéndose en términos genéricos capaces de englobar a veces incluso ideologías contradictorias. En el caso que nos ocupa, tenemos desde el anarquismo poético-político hasta el anarquismo violento propugnado por Bakunin y otros.

Hay un anarquismo de derechas, que considera sagrados los derechos del individuo, incluido el derecho a la propiedad, y que rechaza la intervención del Estado, al que asigna, si acaso, un papel mínimo como moderador. Hay otro anarquismo de izquierdas que quiere la abolición de la propiedad privada, abolición que paradójicamente sólo podría llevar a cabo una autoridad estatal de carácter dictatorial. Ni Bakunin, ni Emma Goldman, y ni siquiera un intelectual de la talla de Noam Chomsky, gran defensor contemporáneo de la ideología anarquista, han podido superar esas contradicciones.

Y también hay un anarquismo romántico y poético, un anarquismo espiritual, más a la izquierda que a la derecha en sus planteamientos generales, pero cuyo empeño está en ignorar al Estado, más que en luchar contra él. Ahí situaríamos al primer Rousseau, el de el hombre nace libre, pero por todas partes está encadenado. También en ese anarquismo romántico, si bien más consecuente a nivel práctico que Rousseau, situaríamos a Henry D. Thoreau, primer objetor fiscal del que tengo noticias.

Su famoso tratado 'Resistencia al gobierno civil', también conocido como 'Desobediencia Civil', ha inspirado a muchos activistas, y ha servido para alimentar espiritualmente muchos movimientos de rebelión y de descontento social. En él, Thoreau aboga por la reducción del Gobierno (el Estado) al mínimo y, en última instancia, por su eliminación. Pero también advierte que eso sólo será posible cuando la sociedad esté éticamente preparada para ello.

Thoreau fue consecuente con sus ideas. Eso le diferencia de otros que, basándose en la falta de preparación social para aplicar el ideal anarquista, juegan con la idea como una pura ilusión adolescente. Tal era el caso de Manuel Fraga Iribarne -nada sospechoso de rebelde social- que también se declaraba socarronamente anarquista, alegando que si algún día está la sociedad preparada para eso, sin duda será el mejor sistema.

Estar 'contra la democracia', como reza el título del manual anarquista, suena muy mal allá donde ha costado tanto establecer un sistema democrático y donde tal sistema está ya sacralizado. Tenemos la comprensible tendencia a pensar que estar contra la democracia es estar a favor de la dictadura. Pero no es así. Lo que los anarquistas, y específicamente el mencionado manual en cuestión, propugnan no es dar un paso atrás sino ir un paso más allá en la participación de todos, en su liberación como seres humanos, en el respeto a su dignidad e individualidad.

DE HECHO, es difícil no estar de acuerdo con la mayor parte de los principios que propugna dicho manual anarquista: rechazo del estado como fuente de explotación y miseria, crítica a una estructura política que refuerza todo el entramado de dominación, desarrollo de otras formas posibles de convivencia, defensa de la educación sin escolarización forzosa, defensa del ecosistema... Todos ellos son principios con los que mucha gente nada radical estaría al menos medianamente de acuerdo. La diferencia es que unos, como Fraga, lo ven como un idealismo adolescente, mientras que otros, los más convencidos, se ponen manos a la obra.

Estos titiriteros han montado el escándalo con su insensatez o falta de sentido común al aprovechar indebidamente un espectáculo infantil para lanzar un mensaje en que resaltaba lo claramente abusivo e irrespetuoso para con la sensibilidad infantil. Aun así, su caso -y, por qué no decirlo, dicho manual- deben servirnos para recordar que efectivamente la democracia tal y como la conocemos no es necesariamente la última etapa en el proceso de liberación del hombre. Hay que estar abiertos a nuevas formas, sin sacralizar tanto el sistema que lo hagamos intocable e incriticable

En palabras de Thoreau: "¿Es la democracia, como la conocemos, la última mejora posible en el modo de gobernarnos? ¿No es posible dar un paso más hacia la organización y reconocimiento de los derechos del hombre? Nunca habrá un Estado realmente libre e ilustrado hasta que reconozca al individuo como poder superior e independiente del que mana todo su poder y autoridad, y le trate conforme a ese reconocimiento".

Juan A. Herrero Brasas es profesor de Antropología filosófica en la Universidad San Pablo-CEU y coordinador del Foro Social de Ética y Política Pública.

Piqué, nuevo asesor de Puigdemont
Pablo Planas Libertad Digital 18 Febrero 2016

El presidente de la Generalidad y sus cuates consejeros se carcajean del Tribunal Constitucional con gozosa reiteración. Cada vez que el TC ordena, suspende o sentencia algo relacionado con el totalitarismo lingüístico o el proceso separatista, a los nacionalistas les entra la risa floja y se hacen una trompetilla con el papel del aviso. Tururú, salut i força al canut, salat i força al forat. El Constitucional en Cataluña es el pito del sereno, el chocolate del loro y la rabadilla de todos los puntapiés.

El nivel de la política está a la altura de ese fenómeno llamado Gerard Piqué, el futbolista. A Puigdemont le inspira tanto el ejemplo del pelotero pokero que hasta lo parafrasea en el Parlament como si fuera su asesor áulico. El TC acaba de suspender cautelarmente la creación de la consejería de "Asuntos Exteriores" del Gobierno catalán, formalidad que ha propiciado que Carles, Mochito Feliz Puigdemont diga: "Gracias, Constitucional, contigo empezó todo". Ja, ja, ja. No tiene ninguna gracia, pero es como cuando Piqué celebró el triplete con aquel "Kevin Roldán: gracias, contigo empezó todo". El tal Roldán fue el cantante amigo de James que amenizó el cumpleaños de Ronaldo tras un sonoro cuatro a cero del Atlético al Real. A la parroquia de Puchi le ha encantado el jiño.

Con Artur Mas el proceso estaba revestido de épica y sus referentes eran Martin Luther King o Gandhi, como mínimo. Aquello era una lucha sin cuartel desde 1714, un fragor épico, una hazaña homérica, titánica, hercúlea, hasta la última bala. El fucking viaje a Ítaca, marineros. Con Puigdemont, en cambio, esto es un partido de fútbol, nada que ver con Braveheart ni con Els Segadors. Podría inferirse que el nuevo president ha recalculado las coordenadas en un arrebato de realismo y lo que antes era histórico ahora es balompédico, pero sería desconocer el angosto paisaje mental de los separatas, el tridente sentimental de chupar cebollas, ser del Farsa y quejarse de Madrid. Tales hechos diferenciales son suficientes para armar la vasta trama de complejos y rencores del disco duro nacionalista.

Los ritos de apareamiento en la capital del Reino facilitan la táctica insurrecta catalanista, el desafío permanente, el choteo perpetuo, la exterminación de todo lo que huela, sepa o se exprese en español, en pos de la desconexión, la apisonadora. Debe tenerse en cuenta que a sus autores intelectuales y materiales todo esto de incumplir las leyes no es que les salga gratis, sino que son méritos, medallas, trienios, cargazos y homenajes, un chollo cienmileurístico. ¿Un partido de fútbol? Ni eso. Un penalti mangurrino.


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