AGLI Recortes de Prensa   Domingo  21  Febrero  2016

El dilema de la deuda pública: ¿a Rolex o a setas?
Jesús Cacho www.vozpopuli.com  21 Febrero 2016

Mientras en el gran teatro de la política nacional se siguen representando todo tipo de funciones entre aquellos que aspiran a ocupar el Poder o a compartir sus migajas, y Guardia Civil, Policía, Judicatura y Agencia Tributaria nos obsequian con la ración de escándalos diarios a cual más llamativo, en una especie de liquidación de las vergüenzas nacionales por cierre del negocio, atronadora liberación de aguas fecales embalsadas, en el terreno menos pirotécnico de la Economía ocurren cosas que afectan al meollo de nuestro bienestar presente y futuro, en las que nadie parece estar reparando. La deuda pública, por ejemplo. Las razones que explican su formidable crecimiento desde el estallido en 2008 de la mayor crisis de la reciente historia de España. La necesidad de poner freno a tan meteórico incremento. Y lo que podría pasar si las tesis populistas tan en boga lograran imponerse en un eventual Gobierno presidido por Pedro Sánchez con el aliento de Podemos en el cogote.

El miércoles supimos que la deuda de las Administraciones Públicas alcanzó a finales de 2015 los 1.069.876 millones de euros, cifra equivalente al 99% del Producto Interior Bruto (PIB), datos aún provisionales. Por primera vez se ha superado el billón de euros, y por muy poco no se ha alcanzado el 100% del PIB. A 23.000 euros per cápita. La escalada ha sido vertiginosa. En abril de 2004 Zapatero cogió la deuda en el 46,3% del PIB. El boom inmobiliario y la fuerte expansión económica heredada de los Gobiernos Aznar le permitió bajarla hasta el 36,3% a finales de 2007, momento en que los clarines de la crisis hicieron acto de presencia. A finales de 2011, el genio de León había elevado el guarismo hasta el 70,5% (34,2 puntos más), tras haber gastado 376.000 millones en esos cuatro años, la mayor cifra de la historia de España. Durante el Gobierno de Mariano Rajoy, el pasivo de las Administraciones ha crecido en más de 326.000 millones, hasta alcanzar ese 99% del PIB (incremento de 28,5 puntos). Un panorama desolador.

El desglose de esos porcentajes de incremento aporta algunas de las claves de las legislaturas de Zapatero y Rajoy. De los 34,2 puntos de aumento entre 2007 y 2011, 26 corresponden a déficit primario (la negativa de ZP a reconocer la crisis y la ausencia de medidas correctoras inmediatas o, peor aún, la ocurrencia de echar leña a la caldera con “experimentos” como los Planes E), 7,6 a intereses de la deuda, 1,4 a ayudas bancarias, y guarismos menores a otros rubros. De los 28,5 puntos de incremento entre 2012 y 2015, 10,5 son déficit primario (el ajuste ya estaba haciendo su efecto), 12,8 al servicio de la deuda (hay más deuda acumulada, ergo aumenta la partida de intereses), 4,2 a planes de pago a proveedores, 3,9 al rescate bancario y 2 puntos a préstamos concedidos a Grecia y otros. “Lo importante es la tendencia”, asegura Luis de Guindos. El ministerio que dirige, en efecto, señaló el miércoles que el ratio de deuda de las Administraciones sobre PIB descendió al cierre de 2015 por primera vez desde el inicio de la crisis, una caída de apenas tres décimas con respecto al cierre del ejercicio 2014 (99,3%).

El crecimiento exponencial de la deuda resulta inevitable en un escenario de recesión como el que hemos padecido, con su correlato de déficits públicos que retroalimentan la deuda, lo que viene a poner de manifiesto la insuficiencia del ajuste llevado a cabo por el Gobierno Rajoy y su incapacidad para alcanzar cuanto antes ese superávit primario imprescindible para empezar a recortarla. En otras palabras: como se ha denunciado aquí hasta la saciedad, el ajuste se quedó a medio camino, lo que obligó al Ejecutivo a seguir gastando y, por ende, engordando deuda para mantener el nivel de servicios públicos que exige una ciudadanía que no está dispuesta a renunciar a ninguno de los ítems del Estado del Bienestar. Una cuestión que apunta al corazón del problema europeo, al cruce de caminos en que se encuentra una UE incapaz de alcanzar crecimientos susceptibles de proporcionar alternativas de futuro a las nuevas generaciones, porque cuando cada 1 de enero levanta la persiana del gasto público tiene casi el 100% del mismo ya comprometido.

Una reforma integral del Estado
Solo una reforma integral del sector público, incluyendo un Estado Autonómico más eficiente y capaz de funcionar mejor con menos, hubiera podido empezar a solucionar un problema que, en la actual coyuntura política caracterizada por el auge de los populismos, solo puede ir a peor. El PP pudo hacerlo con su mayoría absoluta, pero no quiso. No se atrevió. En justo castigo a su cobardía, ahora le atizan a diestra y siniestra: le censuran por la “dureza” del ajuste, al mismo que le critican por haber disparado la deuda, y ello porque, como en la historieta de los vascos que buscan hongos en el monte Amboto, el noble pueblo llano está a Rolex y a setas, y se muestra dispuesto a censurar una cosa y su contraria. La dura realidad es que a pesar de haber contabilizado un crecimiento del PIB del 3,2%, el Estado necesitó el año pasado acudir al mercado para endeudarse en otros 45.000 millones, más o menos, y que ese mismo Estado prevé gastar este año, en un escenario casi idílico de tipos de interés, sus buenos 33.490 millones en el servicio de la deuda (PGE 2016), una cifra muy superior a los 19.820 que prevé destinar al pago del subsidio de paro. ¿Alguien encuentra razonable continuar en semejante espiral, en un entorno económico global tan amenazador para nuestro incipiente crecimiento?

La deuda pública es una carga muy pesada que lastrará la recuperación y colocará a las Administraciones públicas en el callejón sin salida que supone mantener el nivel de servicios del Estado del Bienestar y al mismo tiempo ir recortándola para cumplir con el Pacto de Estabilidad y Crecimiento de la UE (nivel máximo del 60% del PIB para 2020), además de hacer frente al pago de intereses. Seguimos haciéndonos trampas en el solitario. En contra del habitual discurso de la izquierda, el problema de nuestras cuentas públicas no es de ingresos (por muy perseguibles que sean la corrupción y el fraude fiscal), sino de gasto público, una cuestión que es estructural, que nadie quiere tocar y que progresivamente va a presionar en la mala dirección –la de los déficits crónicos y la deuda- a causa, entre otras cosas, de la estructura demográfica de un país muy envejecido.

Los Gobiernos que han ocupado el poder durante la Transición siguen empeñados en una permanente fuga hacia adelante que conduce a ese billón largo de deuda, mientras se niegan a responder a la pregunta clave: ¿Cuánto Estado del Bienestar nos podemos permitir? ¿Cuánto podemos pagar sin el recurso permanente a los mercados? La legislatura Rajoy ha venido a representar, por eso, el intento desesperado de salvar un modelo imposible, el canto del cisne de una clase política obcecada en mantener un sistema en bancarrota en lugar de reformarlo de punta a cabo. En este sentido, Cristóbal Montoro ha sido el último ministro socialdemócrata (de partidario de una “economía social de mercado” se declaró esta semana en las Cortes el lenguaraz Margallo, después de haber intercambiado piropos culturales con Pablo Iglesias) del PP.

No gastar más de lo que se ingresa
Contando con un escenario de crecimiento continuado, y a pesar de la ausencia de inflación, el Gobierno Rajoy había proyectado un recorte paulatino del ratio de deuda sobre PIB a partir de 2015, reducción que en los PGE para 2016 estaba calculada en cinco décimas (98,2%) con respecto al 98,7% estimado para 2015, guarismo que debería reconducirse paulatinamente hasta el 94% en 2020, una aspiración ciertamente modesta que podría irse al traste en el actual clima de “rebajas” que se ha instalado en la política española. Resulta difícil imaginar la continuidad del proceso de consolidación fiscal que debería situar la deuda en niveles sostenibles en el medio plazo en el supuesto de un Gobierno presidido por Sánchez y del que formara parte Podemos, y ello aun aceptando la presencia en el mismo de gente tan juiciosa como Jordi Sevilla. Simplemente porque no está en la naturaleza de Iglesias y su gente la asunción de principios tan elementales como que no es aconsejable gastar más de lo que se ingresa. Ramón Rallo demostraba ayer en este diario cómo los 96.000 millones de aumento del gasto anunciados ya por el Lenine de Podemos para la próxima legislatura arruinaría la recuperación, recortando el PIB y haciendo crecer la deuda, incluso en el actual escenario de bajos tipos de interés. En el teatrillo político que estos días se representa sobre el tablao español nos estamos jugando cosas ciertamente serias. Quieran los dioses que no erremos.

El Robin Hood de las élites
Juan Laborda www.vozpopuli.com 21 Febrero 2016

A principios de esta semana me pasaron un artículo que resume perfectamente el momento histórico en el que nos encontramos, puro Totalitarismo Invertido “a lo Sheldon Wolin”. Parafraseando la canción de Golpes Bajos, corren malos tiempos para la lírica. Se publicó en la London Review of Books. Su título, Robin Hood in a Time of Austerity, algo así como “Robin Hood en Tiempos de Austeridad”, del escritor y periodista británico James Meek. Si lo desean pueden escuchar también la brillante exposición que James Meek hizo hace tan solo unos días en el British Museum, y que les adjunto:

Se trata de una pieza larga, exquisita, profundamente desoladora, angustiosa, inquietante. Las élites manipulan, enfangan y ponen sus sucias manos hasta en los conceptos más románticos, en esos sueños y héroes de la literatura popular presentes en el subconsciente de los más desfavorecidos, los despreciados, los humillados. Y de eso va el artículo, de cómo los poderosos se han apropiado del mito de Robin Hood para su beneficio. Antes de entrar en la manipulación del mito, permítanme explicar por qué los más poderosos pueden maniobrar y usar a su antojo todo lo que haga falta para mantener el status-quo actual. La larga reflexión agónica de esta pieza de James Meek solo es posible, implícitamente, porque en la actualidad se combinan los ingredientes básicos que permiten semejante atrocidad y manipulación. Se trata del predominio cultural de la élite, centrado en el uso y abuso de cuatro elementos: educación, escuelas de pensamiento, medios de comunicación y lenguaje.

Por un lado, la educación y las escuelas de pensamiento. En economía, por ejemplo, hay una profunda crisis de visión de la escuela dominante, cuyas teorías e hipótesis de partida no solo es que no se cumplan, sino que además son nocivas para nuestra salud. Pero les da igual, siguen enseñando las mismas falsedades por motivos de control ideológico y de defensa de los intereses de la superclase. Es cierto que empiezan a emerger con fuerza voces críticas, que además coinciden con aquellos que mejor analizan y predicen lo que está pasando. Pero es insuficiente. Un ejemplo, la esquizofrenia de las agencias de calificación.

A eso añadan ustedes el control masivo de los medios de comunicación -el panorama nacional es desolador-, y el uso del lenguaje. Al margen que dichos medios publiquen el caso de corrupción x o y, en realidad es teatro barroco. Hacen todo lo posible por mantener el estatus que nos ha llevado hasta aquí, y del que dichos medios de comunicación forman parte. Ya me entienden ustedes. Respecto al lenguaje, hay una tendencia a acosar al disidente, al que piensa distinto, al que en definitiva es libre. Pero dicho lenguaje llega a la cobardía cuando se culpabiliza y se responsabiliza de la situación de sufrimiento –paro, desahucios,…- a aquellos que la padecen. Y de eso va el hurto que las élites y los poderosos han hecho del mito de Robin Hood.

Manipulando el mito de Robin Hood
Como señala James Meek, los más ricos y poderosos de Europa, Australia y América del Norte han dado la vuelta a la tortilla, utilizando el mito de Robin Hood en su beneficio. En esta nueva versión de Robin Hood los otrora pobres y débiles -desempleados, discapacitados, refugiados…- han sido recolocados en el cuadro conceptual donde solíamos situar a los más ricos y poderosos. Son ellos, la categoría social previamente etiquetada como "pobre", a quienes se les acusa de vivir en grandes casas, revolcarse en el lujo y no tener ganas que trabajar. Les presentan como vagos, perezosos, parásitos. Mientras que los que antes se consideraban ricos, ahora, por obra y gracia del lenguaje, se les presenta como aquellos que trabajan muy duro para obtener una recompensa más o menos justa. Y bajo ese lenguaje perverso, “hay que apoyar a esta nueva categoría de pobres”, los otrora ricos.

En esta nueva versión del mito de Robin Hood, “el sheriff de Nottingham es el Estado, que lleva a cabo un despiadado saqueo de las propiedades y dinero de aquellos campesinos honestos que trabajan duro, con el objetivo último de financiar al nuevo concepto de ricos, es decir, los desempleados, los discapacitados, los refugiados, las madres solteras de la clase trabajadora, los gorrones, los garrulos, los cinceladores y tramposos“. En esta nueva versión del mito, apostilla Meek, “Robin Hood es el que rebaja los impuestos a los ricos. Es Margaret Thatcher. Es Ronald Reagan. Es Marco Rubio. Hay que sabotear al sheriff de Nottingham y sus malvados dispositivos de recaudación de impuestos, entre ellos el de sucesiones y herencias”.

Hoy en día, la clave está en la expresión "personas trabajadoras". Con esta expresión, los políticos conservadores incluyen a todo el espectro de personas empleadas que poseen bienes. Desde el dueño de un café de poca monta que lucha por pagar a duras penas un préstamo bancario; pasando por aquellos más ricos, algunos de los cuales simplemente viven de las rentas, de sus herencias. Pero a todos ellos se les mete en el mismo saco, clasificándolos como campesinos, pequeños propietarios que viven de la tierra, pero que están sujetos a los impuestos crueles del Sheriff. Pero detrás del lenguaje usado lo único que hay en una sarta de mentiras. Los grandes beneficiarios de todos los recortes impositivos son los mega-ricos, que bajo el nuevo lenguaje, han pasado a denominarse “gente trabajadora”.

Y ¿quiénes son los nuevos ricos, en lo que podríamos calificar como la mayor manipulación histórica del mito de Robin Hood? Ya ni disimulan. Hacen sentirse culpable al desempleado por ser perezoso, vago, no estudiar. Son aquellos que proceden de un país pobre, atraídos por las bondades y casas de lujo que ofrecen los gobiernos extranjeros. Son aquellos que pertenecen a un sindicato y acosan a los auténticos trabajadores para que vayan a la huelga. Tal vez son aquellos que fingen estar enfermos o pretenden una baja por enfermedad y cobrar una pensión inmerecida. Bajo este argumento, bajo este lenguaje, estos perezosos encima son recompensados por el gobierno con “beneficios de lujo”. Porque están ociosos, son acomodados, y viven de la ardua labor de otro. ¡Cuánta mentira! ¡Cómo me repugnan todos y cada uno de estos manipuladores!

http://www.lrb.co.uk/v38/n04/james-meek/robin-hood-in-a-time-of-austerity

La Náusea
Pedro J. Ramírez El Espanol 21 Febrero 2016

Ahí siguen, como ondas gravitacionales que me sujetan al pasado, los trémulos subrayados a lápiz de los años universitarios. Comienzan pocas páginas después de la dedicatoria "Al Castor" -Sartre llamaba así a Simone de Beauvoir porque la veía "trabajadora como un castor"- en el amigable libro de bolsillo de la Editorial Losada:

"'¿Qué toma usted, señor?' Entonces me dio la Náusea. Me dejé caer en el asiento , ni siquiera sabía dónde estaba; veía girar lentamente los colores a mi alrededor; tenía ganas de vomitar. Y desde entonces la Náusea no me ha abandonado, me posee... La Náusea no está en mí; la siento allí en la pared, en los tirantes, en todas partes a mi alrededor... Soy yo quien está en ella".

Mi último brote sucedió el martes al revisar atónito los comprobantes de los doce ingresos bancarios del PP que permiten reconstruir el 'pitufeo' de aquella mañana, un 11 de marzo de 2004 como otro cualquiera. Todos con cantidades razonables, casi modestas, entre mil y tres mil euros. En unos pone FUNDESCAM con mayúsculas. En otros, Fundescam con minúsculas. Todos "en efectivo", en metálico, en billetes. Igual que la vez anterior, igual que la siguiente.

¿Qué pensarían los administrativos de la sucursal de Caja Madrid de Genova 10 al contarlos, mientras ululaban las sirenas? ¿Y los administrativos del PP de Madrid de Génova 13 al entregarlos, mientras se sucedían los llamamientos a donar sangre? Ellos eran los pitufos. Los bajitos que hacían cola ante la ventanilla. Sólo cumplían órdenes. Era su trabajo. También ese día. Algo había que hacer con las bolsas de dinero que entraban en la sede. Blanqueando en el día más negro. Ingreso a ingreso, verso a verso. Blanqueando la mañana de los 193 cadáveres. Golpe a golpe, muerto a muerto.

Fundación para el Desarrollo Económico y Social de Madrid: Fundescam. La Filesa del PP regional. La financiación ilegal, la trampa permanente. Granados, como tantos otros. López Viejo, el Albondiguilla, Nacho González y su ático, Sepúlveda y su Jaguar, las fiestas en el jardín de Ana Mato con Mariano y Viri, Javier Arenas y los Bárcenas. Se empieza robando para el partido y se sigue robando para uno mismo. Unos meten la mano en la caja, otros mandan SMS de aliento. Al menos Esperanza ha dimitido por su falta de vigilancia. Otros ni siquiera eso. De repente una imagen inesperada se cruza en la memoria y provoca la convulsión. ¿Cómo puede lo blanco ser tan negro? La Náusea "te arroja hacia adelante como un acantilado sobre el mar". Pero luego todo rebota en el recuerdo y la diástole de la última arcada me devuelve 23 años atrás.

El 6 de junio de 1993 no era un día cualquiera en la vida de España. Tampoco fue para mí una jornada anodina. Eran las sextas elecciones generales de la democracia, pero por primera vez los españoles acudían a votar indignados por la corrupción. Concretamente por dos grandes escándalos destapados en sus balbuceos por El Mundo, "un nuevo periódico para una nueva generación de lectores": los casos Filesa e Ibercorp, la financiación ilegal del PSOE y los chanchullos de la "beautiful people".

Aznar enarbolaba la bandera de la regeneración democrática, frente a la podredumbre de una izquierda que cobraba mordidas a las grandes empresas mediante informes ficticios e impulsaba la cultura del pelotazo. Había arrollado a Felipe González en su primer debate en Antena 3 y aunque en el segundo en Tele 5 cambiaron las tornas, la victoria electoral no era una quimera.

Para millones de españoles las siglas del PP eran una referencia de integridad y lucha contra la corrupción pero yo las escribía con minúscula y significaban pádel y periodismo. Nuestra común afición a un deporte de raqueta aun muy poco extendido y la feliz instalación de la sede del periódico al lado de las mejores pistas del momento, me había permitido establecer con Aznar una relación estrecha en la que pocas veces salía de vacío. Pese a su natural hermetismo, no había día en el que en la charla de antes y después de los partidos no cayera una reflexión estratégica, una noticia sobre iniciativas parlamentarias o un nombramiento clave. Todos los competidores chupaban rueda de nuestra información sobre el partido de la oposición.

Aquella mañana Aznar se trajo la noticia puesta. "Como hoy vamos a ganar las elecciones quiero que conozcas a dos personas con un gran porvenir en el PP". Y ahí estaban, raqueta en ristre para completar el dobles, el concejal Ignacio del Río y el diputado autonómico Pio García-Escudero, con un inmaculado atuendo de tenista a lo Fred Perry. No recuerdo quien formó pareja conmigo, pero sí que Aznar sufrió dos derrotas aquel día.

Los caminos de los dos valores emergentes fueron muy distintos. El uno llegó a teniente de alcalde pero tarifó con Gallardón, dejó la política y ejerce hoy de escéptico observador desde las páginas de República. El otro tuvo, en efecto, una carrera meteórica, convirtiéndose ese mismo año en presidente del PP de Madrid y escalando en 2011 hasta la presidencia del Senado. Mientras Ignacio del Río representa, como muchos otros desencantados de su generación, el PP que pudo haber sido, Pío García-Escudero encarna, por su responsabilidad política en lo ahora descubierto, toda la podredumbre en la que ha devenido.

Ni tengo nada contra él, ni casi le he tratado desde entonces. Fernando Baeta ha explicado que la presidencia del Senado le viene como "anillo al dedo" porque practica la "ley del mínimo esfuerzo", cosechando con "poco ruido, muchas nueces". Pero es la tercera autoridad del Estado y todos sabemos ya que un estigma indeleble mancha los pliegues de su pantaloncito blanco y aquel polo fruncido de minúsculos copos de nieve a lo Fred Perry.

García-Escudero era el presidente tanto del PP de Madrid como de Fundescam ese 11 de marzo de 2004 como otro cualquiera, esa mañana en que el 'pitufeo' de los pequeños muleros que hacían legales los donativos ilegales siguió inexorable mientras crecía el horror y comenzaba el misterio. Aguado, el líder de Ciudadanos en la Comunidad de Madrid, no ha podido decirlo más claro: "Si yo fuera él, dimitiría de todos mis cargos". Pero a "Pío, Pío, que yo no he sido", como decía Esperanza, no se le ve la menor traza de vestigio, de atisbo, de esbozo, de intención de entregar la cuchara de plata. Ha tiempo que es marianista de pro.

Al otro lado de la red, Aznar todavía no se ha recuperado del shock que para él supuso la abúlica indiferencia con que la dirección del PP acogió el 21 de diciembre su propuesta de convocar "un congreso abierto" para examinar los desastrosos resultados de la víspera y tratar de enderezar el rumbo del partido. Hiciste muchas cosas bien, compañero de raqueta, pero ahí tienes el fruto de una de las que hiciste muy mal. Es tu yermo de las almas. El debe de no haber democratizado el partido.

Ni el felipismo fue una plaga de langostas que cayera aleatoriamente sobre España, ni la metamorfosis del campeón regeneracionista en la purulenta sentina en la que, corregidos y aumentados, han hecho metástasis todos los vicios que decía combatir procede de la fatal confluencia de un inesperado cupo de villanos. Son las reglas del juego, estúpidos.

Sólo eso explica que trece años después del dedazo, alguien como Rajoy siga siendo el amo de la tienda. Listas cerradas y bloqueadas, congresos amañados, ningún control, ningún contrapeso interno, nula reflexión, cero debate, ignota autocrítica. Sólo los brindis al sol de la retórica huera y las leyes sin contenido: del "hasta aquí hemos llegado" al "no pasaremos ni una".

Rajoy también siente la Náusea. Este mismo sábado se lo confesó al presidente del PP de Vizcaya que dijo "estar hasta los cojones" de la corrupción de sus compañeros: "No te voy a explicar hasta dónde estoy yo". ¿Cómo no iba a sentir la Náusea al enterarse -después de lo de Valencia, después de lo de Púnica, después de lo de Esperanza mostrándole la salida- de lo de aquel 11-M como otro cualquiera, en el que los muleros de Génova cruzaban la acera para continuar con su billeteo rutinario en el banco de enfrente, mientras todo zozobraba alrededor? Pero las arcadas de Rajoy son como los golpes de pecho de su paisano el marqués de Bradomín cuando en la Sonata de Otoño se arrodilla sobre el frío suelo del dormitorio de su prima Concha, la "dama de la piel blanca", para extraer de su arrepentimiento la fuerza necesaria para seguir fornicando con ella.

Es una Náusea autoinducida y regulable, Rajoy vomitándose a sí mismo, una Náusea onanista y nutritiva que le convierte en el Antoine Roquentin por antonomasia de la política española. Cuando le saquen de la Moncloa, a nadie le sorprenderá encontrar abandonado un diario con anotaciones como las del anti-héroe de Sartre. Por ejemplo esta: "Mastico penosamente un trozo de pan que no me decido a tragar. Los hombres. Hay que amar a los hombres. Los hombres son admirables. Tengo ganas de vomitar, y de pronto ahí está: la Náusea... Pero me da lo mismo. Es extraño que todo me dé lo mismo".

O esta otra: "Yo estaba allí, inmóvil y helado, sumido en un éxtasis horrible. Pero en el seno mismo de ese éxtasis yo comprendía la Náusea, la poseía... Lo esencial es la contingencia. Quiero decir que, por definición, la existencia no es la necesidad. Existir es estar ahí, simplemente... Todo es gratuito: ese jardín, esta ciudad, yo mismo. Cuando uno llega a comprenderlo, se le revuelve el estómago y todo empieza a flotar".

O esta otra: "Me aburro, eso es todo. De vez en cuando bostezo tan fuerte que las lágrimas me ruedan por las mejillas. Es un aburrimiento profundo, profundo, el corazón profundo de la existencia, la materia misma de la que estoy hecho".

O no digamos esta otra, resumen perfecto del origen, utilidad y destino de su difunta mayoría absoluta: "Los árboles flotaban... No tenían ganas de existir pero no podían evitarlo. Cansados y viejos, continuaban existiendo de mala gana, simplemente porque eran demasiado débiles para morir... Todo lo que existe nace sin razón y muere por casualidad... La existencia es un lleno que el hombre no puede abandonar".

Disiento de este Rajoy-Sartre al constatar desde que tengo uso de razón que es el arte el que imita a la vida. Por eso siempre me sentí más idealista que existencialista. Imaginemos que alguien escribiera una novela sobre la corrupción política, en la que trenes cargados de viajeros explotan por causas desconocidas, dejando regueros de restos humanos desperdigados por los andenes, mientras los funcionarios del partido gobernante prosiguen sus operaciones de lavado de dinero negro a través de una fundación presidida por una alta autoridad, retratada en su impoluto atuendo blanco de tenista. Ay del autor: sería tachado de truculento e inverosímil.

Tiene razón Sartre en que "hay que escoger: o vivir o contar" porque "cuando uno vive, no sucede nada" y en cambio "al contar la vida, todo cambia". No estoy de acuerdo sin embargo en que ese sea "un cambio que nadie nota". Vaya que si hay quiénes lo notan. Aquí tenemos, como último ejemplo, la situación política de Rajoy. Como aspirante que continua siendo a la investidura, lo propio sería que sus vivencias transcurrieran "entre la ciudad sí y la ciudad no" de Evtuchenko. Sin embargo lo que dice la última entrada de ese diario apócrifo que encontraremos en Moncloa es muy distinto:

"Estoy entre dos ciudades: una me ignora, la otra ya no me conoce".
Para dos Españas, esas, al fin simétricas en algo.

La importancia de pertenecer a un grupo – #Masby
Juan Vicente Santacreu  Periodista Digital 21 Febrero 2016

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Probablemente, si fuéramos libres para poder decidir, la mayoría elegiría lo contrario de lo que nos proponen los políticos. – Juan Vte. Santacreu

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El ser humano es un animal social por naturaleza, y además le encanta, y si encima se siente importante dentro del grupo, es la “ostia”. Estas son las claves que utilizan las sectas para captar adeptos, no importa el color del humo que ofrezcan los líderes porque normalmente las sectas, aparte de humo, no dan nada, te arrancan todo lo que tienes, pero no hay nada más atractivo para un imbécil como pertenecer a un grupo. Son los imbéciles satisfechos. Véase toda la legión de “podemitas”.

Debo aclarar que no me refiero sólo a las sectas religiosas, hay multitud de grupos radicales de fútbol, política, moros, etc., que utilizan estas técnicas manipuladoras para captar tontos útiles que les sigan, y si hace falta que se partan la cara por ellos. A ver si te suenan estas técnicas a Podemos, por ejemplo:

– Captar individuos preferiblemente con problemas sociales e ignorantes. La ignorancia es muy importante, da alas a los imbéciles y poderío a sus líderes.
– La cúpula intenta convencer a los incautos de que tienen los mismos intereses y valores que ellos.

– Les hacen sentir importantes dentro del grupo, les dan voz y se les escucha, es más, les transmiten que son imprescindibles.
– Les regalan cualquier abalorio o mierda identificativa como un título honorífico, una lengua distinta, una bandera, un escudo, etc., para fidelizarlos dentro del grupo y que se sientan distintos y superiores.

– Cuando ya están medio agilipollados, los líderes les convencen de que el resto de la sociedad les quiere arrebatar sus ideales, su lengua, sus escudos, sus cromos, sus banderas, sus estandartes, etc. Es decir, sus abalorios folclóricos tribales.

Con esto termina la reprogramación y han convertido ciudadanos libres en imbéciles programados. Ahora ya están preparados para salir a la calle a tirar piedras para arriba y a exhibir orgullosos sus cuatro trapos coloreados y un montón de gilipolleces a cambio de nada sin darse cuenta que lo único que conseguirán es su ruina y vivir en la miseria.

Los Partidos políticos suelen aplicar en cierta medida estas técnicas, los mejores en utilizarlas son los nacionalistas, separatistas y Podemos. En cambio UPyD y Vox no han sabido utilizar este marketing social, y de ahí sin duda su fracaso.

Si alguna vez te tropiezas con un imbécil programado no trates de convencerlo, no podrás, perderás el tiempo, la imbecilidad mental no deja espacio para la razón, es más, corres el riesgo de que alguien te vea discutir con él y no sepa quién es el imbécil. Lo único que puedes hacer es aplicar el modus operandi de los perros, si te tropiezas con un imbécil, te acercas, lo hueles y te meas en él.

En España tenemos 17 grupos legales de imbéciles programados, ¿qué sería de España sin estos grupos?: Una, grande y libre.

Así lo pienso y así lo digo.

Quizá te interese leer mi último artículo que ha sido bloqueado por Facebook, y realmente no sé por qué… ? Rita Maestre, de putorra a gilipollas
Cuando algunos proclamaban que España era grande no lo comprendí hasta que no comprobé la cantidad de imbéciles que caben dentro. – Juan Vte. Santacreu

Un acuerdo con la nariz tapada para evitar el 'Brexit'
Editorial El Mundo 21 Febrero 2016

Se trataba de escoger entre lo malo y algo presumiblemente menos malo. Pero del acuerdo alcanzado en el Consejo Europeo para tratar de evitar el temido 'Brexit' cabe decir que bueno no es. Porque los Veintiocho han tenido que ceder al órdago del 'premier' y le han confeccionado un traje a medida persuadidos de que así los británicos votarán a favor de mantenerse en la UE en el referéndum convocado ya para el 23 de junio.

Lo acordado supone aumentar todavía más el estatus excepcional de Londres dentro de los Veintiocho. A partir de ahora, por ejemplo, podrá restringir durante un máximo de siete años las prestaciones sociales a los trabajadores comunitarios que se desplacen al Reino Unido. Una auténtica estocada a principios tan básicos sobre los que se sustenta la UE como el de no discriminación y libertad de circulación y establecimiento para todos los ciudadanos europeos. O podrá entorpecer la profundización de la Unión Económica y Monetaria, uno de los principales caballos de batalla de un país que lleva años torpedeando la mayor integración de la Zona Euro, a la que no pertenece, en su afán por defender a capa y espada la autonomía de su Banco Central y de la libra.

El pacto representa, por tanto, un claro freno en el avance de la Unión. Pero, dicho esto, el hipotético 'Brexit' resultaría todavía más letal para la UE. Y de ahí que en esta coyuntura haya que felicitarse por la 'bajada de pantalones' de los líderes europeos si con ello se logra -que está por ver- que los británicos se olviden del divorcio de Bruselas.

La maratoniana negociación de 40 horas tuvo más de teatralización que otra cosa. Porque prácticamente todo estaba ya cocinado entre Cameron y el presidente del Consejo, Donald Tusk. Desde que Alemania dio el visto bueno a las nuevas concesiones británicas, era presumible este desenlace. Aun así, resulta muy difícil de digerir que el premier haya puesto tan contra las cuerdas a la UE con el fin de salvar su pellejo político. Estamos ante una enorme irresponsabilidad. Cameron hizo la promesa electoral de someter a referéndum la continuidad del Reino Unido en la UE para contrarrestar el auge del Ukip, partido xenófobo y antieuropeo que en los últimos comicios cosechó el 12,7% de los votos. Después se enzarzó en una ardua negociación con los Veintiocho en la que han vuelto a quedar en evidencia profundas grietas en la construcción comunitaria. No ya sólo por la división entre los países que quieren avanzar más deprisa en la integración y los que pisan el freno -la Europa de las dos velocidades-, sino también por las tensiones no resueltas como consecuencia de una ampliación a todas luces precipitada hacia el Este. Y, ahora, tras imponerse al chantaje, Cameron se enfrenta aún al reto del referéndum. Adía de hoy, el 36% de los británicos desea romper los vínculos con la UE, el 34% prefiere mantenerse en el club comunitario, y el 23% está indeciso.

El panorama, pues, es muy incierto. Y sorprende por cuanto nadie tiene nada que ganar con el 'Brexit'. En lo económico, la UE podría perder como mínimo el 3% de su PIBy el Reino Unido, hasta el 6% -de ahí que 80 de sus 100 principales compañías hayan lanzado una campaña a favor del 'status quo' actual-. Y en lo político, un aislamiento pasaría factura a los británicos, a la vez que provocaría un daño irreparable al proceso de integración del Viejo Continente, entendido hasta ahora como irreversible. De ahí que nadie quiera jugar con fuego, a excepción de Cameron, quien ha actuado como un auténtico pirómano.

Rajoy y la omertá en el PP
EDITORIAL Libertad Digital 21 Febrero 2016

Después de cuatro años de traiciones a sus votantes y en medio de una cascada de casos de corrupción que está hundiendo al Partido Popular en feudos de gran importancia, finalmente ha aparecido un gesto de reproche en el seno del PP dirigido a Mariano Rajoy.

Ha sido en un acto organizado por Nuevas Generaciones en Bilbao, con presencia de la plana mayor del PP en el País Vasco. En ese contexto y frente al máximo líder del partido y jefe del Gobierno, el presidente del PP en Vizcaya se ha manifestado con esta contundencia: "Yo te tengo que decir, Mariano"- ha explicado Antón Damborenea, asegurando que de no hacerlo así sus afiliados de Vizcaya se lo echarían en cara-, que "estamos hasta los cojones de leer todos los días gente del Partido Popular pringada, nos da igual exactamente cómo y por qué".

El hartazgo del dirigente popular vasco es el reflejo del sentimiento de la inmensa mayoría de afiliados y simpatizantes del Partido Popular, que asisten atónitos a una deslegitimación paulatina de sus siglas a causa de la corrupción política, con seguridad el mayor mal que puede atenazar a un partido de cara a sus votantes.

Ahora bien, la corrupción no es un fenómeno aleatorio que surja de manera espontánea y sin que nadie lo propicie. Muy al contrario, el latrocinio, el tráfico de influencias y el enriquecimiento ilícito son llevados a cabo por personas con nombre y apellidos y, sobre todo, desde cargos públicos con capacidad de decisión para cometer esas tropelías. Por eso mismo, las recias palabras de Damborenea cabe entenderlas, muy directamente, en clave personal: en el PP están hartos de la corrupción, pero también del máximo responsable del partido, involucrado él mismo en alguno de los episodios más lamentables de la historia reciente como sus mensajes telefónicos al extesorero de la formación.

Pero la reacción del dirigente vasco pone también de manifiesto el silencio estruendoso de los cuadros populares en todo este asunto. Ni una sola palabra en público contra la manera de actuar de Rajoy y su junta directiva hemos podido escuchar en el seno del PP, salvo las duras críticas expresadas por Esperanza Aguirre que esta semana, ella sí, presentó su dimisión. En el resto de responsables del PP nadie parece dispuesto a señalar la evidencia de que hay un grave problema estructural de corrupción en su partido ni, mucho menos, a deslizar el menor reproche a su principal responsable.

El Partido Popular, como ocurre en las formaciones que llegan al poder, hay un rechazo espontáneo al debate público. Ahora bien, lo de este PP de Mariano Rajoy es una omertá en toda regla que esteriliza cualquier posibilidad de regeneración. Por eso las palabras de Damborenea, de estilo discutible, pueden ser determinantes si finalmente son la espita que haga reaccionar a un partido seriamente castigado por la corrupción. Esta por ver.

En mi nombre, no
Sandra Fernández okdiario 21 Febrero 2016

“Lo que los españoles han dicho en la urnas es que….”. Ésta es sin duda la frase que más se repite últimamente en las ruedas de prensa e intervenciones varias que nuestros representantes electos realizan en programas de televisión o radio. No hay un solo político español que en estos últimos 15 días no haya pronunciado esta oración al menos una docena de veces. Y mi pregunta es: ¿de verdad saben ustedes lo que queremos todos los españoles? Porque a juzgar por sus actos sospecho, bueno, no sospecho, les puedo asegurar que no. O por lo menos, lo que yo quiero, no.

Pueden ustedes hablar en nombre de los españoles, de los que ustedes conocen, amigos, conocidos, vecinos e incluso colegas de partido que sin duda estarán de acuerdo con lo que ustedes creen que creemos el resto, pero les pido, por favor: en mi nombre, no.

En mi nombre no pueden ustedes justificar ideas de pacto imposibles, en mi nombre no pueden retrasar más este calvario ni mantener a España en la situación en la que está. En mi nombre no tienen ustedes derecho a jugar con nosotros con reuniones y ‘medio pactos’ que no llevan a ninguna parte, tampoco pueden mantener reuniones secretas ni acuerdos ocultos. Y, desde luego, en mi nombre no tienen derecho a faltar a las normas principales de la educación y la categoría que exijo a los máximos representantes de la clase política de mi país.

No voy a decir lo que voté el pasado 20D, conmigo llevaré mi penitencia, o no. Lo que sí voy a decir es lo que desde luego no voté.

No voté a un Partido Popular al que cada día le salpica un nuevo caso de corrupción y que se encuentra absolutamente paralizado y fuera de juego en el escenario de las negociaciones. No voté a un PP cuyo líder se aferra a su silla y cuyos compañeros muestran indignación y desolación por la inacción de su presidente. Eso sí, en secreto, sotto voce, esperando que desde los medios de comunicación les hagamos el trabajo sucio, un trabajo que les corresponde sólo a ellos pero para lo que no tienen valor, a pesar de la democracia que existe en su partido.

Tampoco voté a un PSOE que durante toda la campaña mantuvo que no pactaría con Podemos y que 48 horas después de las elecciones ya estaba cerrando un acuerdo con Iglesias. No voté a un Pedro Sánchez intolerante que negó hasta tres veces, como San Pedro, sentarse a hablar con el líder popular respaldado por 7 millones de españoles. No, eso no lo voté. Y tampoco metí en la urna una patente de corso para que pudiera mantener decenas de reuniones que no llevan a ninguna parte, tan sólo a tener una buena foto en una portada, porque todos sabemos que la suma no sale. Esto es así.

Mi voto tampoco fue para que Ciudadanos vuelva al discurso de la ambigüedad en el que un día se mantienen firmes en su postura de antes, durante y después de las elecciones de no votar un sí en el debate de investidura de Sánchez o Rajoy, al día siguiente no lo tienen tan claro y un día después aseguran, sin que se les mueva un músculo, que si hay acuerdo sí lo harán.

Y, desde luego, no voté a Podemos. No tendría páginas suficientes para explicar los motivos por los que no lo hice pero aquí van algunos ejemplos. No voté a un partido que se erige como la nueva política y que viene aún si cabe más manchado que los viejos, porque ni siquiera han tocado poder…todavía. No voté a una formación a la que le gusta el espectáculo y las performance en escenarios serios donde se juegan cosas fundamentales como la formación del Gobierno de nuestra nación. Aún recuerdo aquella rueda de prensa en la que Iglesias salió acompañado de sus “ministros” hablando de sonrisas del cielo y de repartirse ministerios. NO, eso tampoco lo voté.

Ahora aseguran que urge un pacto porque unas nuevas elecciones arrojarían los mismos resultados. Tal vez sí, pero tal vez no. Lo que sí es cierto es que ahora tenemos mucha más información de la que teníamos antes del 20D. Ahora sabemos quién es quién. Como dice mi madre: “El movimiento se demuestra andando”. Y otra cosa no, pero andar han andado. Y mucho.

Por ello insisto. Hablen en nombre de quien quieran, pero en el mío, no

¿Por qué tienen bula papal los coletudos?
EDUARDO INDA Okdiario 21 Febrero 2016

¿Por qué a Podemos le sale todo gratis?

¿Por qué OKDIARIO desvela el proceloso informe policial que demuestra que están a sueldo de la tan machista como homófoba a la par que repugnante dictadura iraní y numerosos medios lo silencian o miran hacia otro lado?

¿Por qué nadie pone el grito en el cielo tras descubrirse que el móvil personal de Pablo Iglesias está a nombre y lo paga una empresa del Gobierno de la República Islámica de los ayatolás (sí, ésa que lapida a las adúlteras y cuelga a los homosexuales)?

¿Se imaginan la que se hubiera liado si se prueba que la CIA abonaba la factura del teléfono a José María Aznar en pleno apogeo de la Cumbre de las Azores?

¿Por qué cada “carmenada” (término que empieza a ser sinónimo de “burrada”) es manipulada o directamente escondida por algunos?

¿Por qué un hecho tan impresentable en términos democráticos como asaltar un centro de culto y mofarse de la religión unos cuantos lo presentan como libertad de expresión?

¿Por qué el popular Mario Amilivia tuvo que dimitir por quítame allá unas gominas y al tal Santisteve, alcalde de Zaragoza que cobra 75.000 euros anuales, se le intenta exculpar argumentando que “un error lo tiene cualquiera”?

¿Por qué una golfería tan desvergonzada como cobrar dinero público sin ir a trabajar tiene coste cero (me refiero a Errejón)?

¿Por qué lo de Tania (la concesión entre ella y su padre de 1.400.000 euros al hermanísimo e hijísimo) no la ha echado de la política?

¿Por qué nadie llamó por su nombre, MACHISMO, sí con mayúsculas, al espectáculo ofrecido por la multimillonaria Bescansa el día 1 de la legislatura dando a entender que a los niños sólo los pueden cuidar las madres?

¿Por qué algunos se niegan a llamar “dictadura” a la dictadura venezolana?

¿Por qué intentan ridiculizarnos o presentarnos como unos exagerados a los que recordamos su adoctrinamiento y financiación por parte del régimen chavista?

¿Por qué no se les pone la cruz cuando se niegan a condenar el encarcelamiento de Leopoldo López y otros 76 líderes de la oposición venezolana?

¿Por qué se intenta silenciar que participaron en mítines proetarras o que directamente justificaron (caso de Monedero) el terrorismo que ha costado 850 vidas?

¿Por qué ha pasado cuasidesapercibida la exigencia de Podemos al PSOE para que el fiscal general del Estado, los magistrados del Constitucional y los vocales del Consejo General del Poder Judicial sean designados en función de “su compromiso con el programa de Gobierno”?

¿Por qué no se subraya que esto sólo ocurre en los regímenes totalitarios modelo Irán o Venezuela, por poner dos ejemplos que vienen al caso?

¿Por qué sólo el trinque sideral del sinvergüenza fiscal de Monedero les ha costado un disgusto? Esto último se lo contesto yo: porque a alguno/s le/s interesaba deshacerse del histrión.

En fin hay tantos porqués o más que los que exhibió Mou aquel miércoles de abril de 2011 en el que le robaron la eliminatoria con el Barça en Copa de Europa con un arbitraje escandaloso.

Tras estos interrogantes se esconde un drama mucho mayor: la calidad de la libertad de expresión en este país y el calamitoso estado de ese santo y seña de los medios de comunicación que es o, al menos, debe ser, la crítica. Al sosias de Podemos en el extremo contrario, el igualmente acongojante Frente Nacional, en Francia le dicen de todo y por su orden. Y nunca ha pasado del estadio del temor al de la realidad. Aquí, a Podemos, los tienen en palmitas no pocas TV, numerosos periódicos (alguno de los cuales antes se adscribía al centroderecha liberal) y bastantes radios. En ningún país europeo serio sucedería lo que está sucediendo en España. Una formación política financiada por dos satrapías estaría no sólo proscrita socialmente sino investigada policial y judicialmente. Entre otras razones, porque esta gentuza venezolana e iraní no da algo a cambio de nada. Aquí, no, aquí Podemos y cía se van de rositas día sí, día también.

El culmen de cuanto estoy diciendo lo representan los titirietarras. Una salvajada que no fue una equivocación, tampoco una imprudencia, ni siquiera una negligencia. Programar un acto tan deleznable en una función para niños es lo que querían. No se equivoquen. Éstos serán incapaces, totalitarios, demagogos o golfos pero no despistados. Y, además, en su ADN figura el adoctrinamiento de los más pequeños por una obvia razón: el que controla a la juventud y a la infancia, controla el futuro; es más, lo tiene en sus manos. En Francia al humorista Dieudonné, antisemita declarado, le calzaron dos meses de cárcel por exclamar en su perfil de Facebook “je me sens Charlie Coulibaly (yo me siento Charlie Coulibaly)”. Mezcló la primera parte del nombre de la revista Charlie Hebdo, atacada días antes por terroristas islamistas, con el apellido del yihadista que asesinó a cuatro judíos durante el secuestro del Hiper Cacher, uno de los tres hitos criminales de la espiral de violencia salvaje que atenazó París hace un año y un mes. No ha ingresado en prisión pero los jueces le han advertido que allá que irá si en el próximo lustro reincide en sus actos de humillación y mofa a las víctimas del terrorismo. Que yo sepa Francia es un país impecablemente democrático. No sólo eso: las libertades de las que disfrutamos en Occidente son en buena medida consecuencia de la Ilustración y de la Revolución Francesa. Sin un proceso y el otro habría democracia por estos lares, no tengo duda, pero con toda seguridad no tanta ni de tanta calidad.

Tres cuartos de lo mismo pasa en democracias tan indiscutibles como Alemania o Reino Unido. En ambos países se castiga con penas de cárcel la mofa o la vejación de las víctimas del terrorismo. El Código Penal germano sanciona estas conductas con dos años de prisión, el británico con hasta siete. En la primera potencia mundial, Estados Unidos, la tolerante Suiza y la siempre moderna Bélgica también recluyen a los que niegan, trivializan o ridiculizan los crímenes contra la humanidad, llámense terrorismo u Holocausto. Ninguno de estos cinco países son Irán, Venezuela, Corea del Norte, Cuba o el Chile de Pinochet sino sistemas con todas las garantías legales habidas y por haber.

Dicho todo esto les recuerdo que el debate no es la condena de lo ocurrido en el distrito de Tetuán: unos títeres que ante decenas de niños violan mujeres, asesinan monjas, ahorcan jueces y banqueros, matan policías y terminan con un cartel que reza “gora Alka-ETA”. No. La controversia es bien distinta: medios y periodistas podemeros han resaltado el ataque a la libertad de expresión que supone el encarcelamiento de los dos malnacidos que protagonizaron semejante disparate. El mundo al revés.

Algo falla en la sociedad cuando lo anormal se presenta como normal. Y cuando se incurre en este nivel de esquizofrenia intelectual puede ocurrir cualquier cosa. Cuando lo malo es bueno, la propaganda representa la verdad, lo ridículo se presenta como serio, la demagogia como algo normal, el totalitarismo como un pecadillo y la mentira como verdad, un pueblo acaba irremisiblemente mal. Ocurrió en España hace setenta años. Y en Europa, hace otros tanto. No voy a recordarles lo que aconteció porque todos ustedes lo tienen bien presente. Pero sí me permitiré el lujo de parafrasear a Cicerón: “Los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla”. Pues eso: que lo anormal no puede ser nunca lo normal. Si no somos conscientes de este pequeño gran detalle corremos el riesgo de acabar mal. O muy mal.

Podemos o la España de Caín
Podemos y sus mareas y confluencias, o sea, la ultraizquierda española, ha resucitado el mundo de Caín: o tú, o yo. Se acabó la convivencia civilizada en España.
EDITORIAL  www.gaceta.es 19 Febrero 2016

Cuando el otro ataca, es un provocador que defiende intereses inconfesables; cuando atacas tú, lo haces en uso de tu libertad de expresión para defender derechos “de la gente”. Cuando el otro reivindica su identidad religiosa, es una agresiva injerencia en la vida de los demás; cuando tú censuras la religión del prójimo, lo que haces es defender “la laicidad”. Cuando el otro reclama libertad, sin duda lo hace porque quiere delinquir contra el pueblo; cuando lo haces tú, es para reclamar un derecho exclusivo, pues la altura de tu misión redentora te faculta incluso para la cercenar la libertad ajena. Cuando el otro incurre en violencia, es un fascista; cuando el violento eres tú, aplicas la “justicia proletaria”. Cuando el otro se corrompe, es un canalla que debe ser expulsado de la ciudad, y no sólo él, sino todos los suyos; cuando te corrompes tú, es porque estás “cabalgando contradicciones”. Y así sucesivamente. Este es el libro de estilo de Podemos.

Podemos y sus mareas y confluencias, o sea, la ultraizquierda española, ha resucitado el mundo de Caín: o tú, o yo. La convivencia civilizada consiste en aceptar que el otro tiene derecho a existir siendo otro, incluso estando equivocado. O sea: tú y yo. La operación mental de Podemos es inversa: “yo tengo razón, luego tú no tienes derecho a existir”. La declaración de Rita Maestre ante el juzgado es elocuente: lo que he hecho está mal, pero tengo razón. Ah, vaya. ¿Y por qué? ¿Cómo es posible reconocer que uno ha hecho mal y, al mismo tiempo, obstinarse en que uno tiene razón? Sencillamente, porque uno se ha atribuido previamente la potestad de decidir qué es lo bueno y qué es lo malo en función del propio interés político. Eso, en plata, significa que se acabaron los límites formales (y legales) en la vida pública: entramos en la fase del conflicto sin paliativos. ¿Y que gane el mejor? No: que gane el más bestia. Y a eso lo llaman “proyecto de progreso”.

Con todo, lo más preocupante es constatar cuánta gente teóricamente culta, o al menos con estudios, ha comprado el mensaje. Basta ver las risas ovejunas de tantos periodistas en las ruedas de prensa de Iglesias y Carmena. Cuarenta años de adoctrinamiento empiezan a dar sus frutos: no hay bien posible en la derecha, no hay mal posible en la izquierda. Invocas cuatro términos fetiche y de inmediato el que escucha sabe si debe rendirte pleitesía o, por el contrario, enviarte a la gehena. La cúpula de Podemos lleva años estudiando estos sistemas de manipulación de la opinión. Los controla hasta el punto de estar, hoy, en condiciones de asaltar el poder (perdón: “los cielos”). Mientras tanto, los de enfrente, los que debían haber garantizado la convivencia, se han dedicado a robar, entre otras cosas. Y muchos de ellos miran ahora, fascinados y envidiosos, el fenómeno histórico del ascenso de Caín.

Hay que tomar conciencia de lo que tenemos enfrente: hoy, entre la frivolidad de unos y la irresponsabilidad de otros (dos formas de estupidez), tenemos en España un gigantesco Caín instalado en el poder. Como en el trágico cuadro de Goya, Caín saca inevitablemente el garrote. Y ahora llama “fascista” a Abel.


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El kambio usa la memoria para dividir a los españoles de 2016
Pascual Tamburri esdiario 21 Febrero 2016

Sin memoria igual para todos no hay coherencia. No basta quitar placas a obras de hombres como Luis Valero Bermejo, que derriben esas casas y barrios.

Sin memoria igual para todos no hay coherencia. No basta quitar placas a obras de hombres como Luis Valero Bermejo, que derriben esas casas y barrios.
Las fuerzas del kambio ven en 1936 el problema más urgente de España. Y dedican tiempo y medios del Estado a reavivar rencor, mentira y sectarismo. No buscan verdad, buscan tensión.

En Navarra, como en todas las comunidades de España, asistimos a un creciente interés oficial por el pasado; pero sólo por un pasado y sólo por una lectura de aquel pasado: sólo el franquismo, y de él sólo la interpretación antifranquista que recuerda en cambio como algo positivo la España frentepopulista, separatista, chequista, del maquis y terrorista.

En Navarra, como a los recuerdos de toda la nación añadimos una dosis especial del legado etarra y batasuno, parece haber más atención, quizá sea por la directa presencia de Bildu en el Gobierno. Sea como fuere, el Gobierno de Uxue Barkos tiene en su nómina a dos viejos amigos míos –y no es ironía-, como son Álvaro Baraibar, Director General de Paz y Convivencia, y Josemi Gastón, Jefe de Sección de Memoria Histórica. Nada menos.

Que en la España de 2016 sea una prioridad para los problemas de la gente esa dedicación a la relectura “políticamente correcta” del pasado es discutible. Ya se ve que en Navarra sí lo es ahora. Tenemos nada menos que una “Ley foral de reconocimiento y reparación moral de las ciudadanas y ciudadanos asesinados y víctimas de la represión a raíz del golpe militar de 1936”. Noticia bien reciente es por ejemplo la creación “de un grupo de trabajo con las asociaciones de Memoria Histórica de Navarra”, eso sí siempre que compartan el punto de vista oficial que los designados por Barkos representan e imponen.

Institucionalmente, las cosas parecen ser así: “la verdad, la justicia y la reparación” legítimamente corresponden sólo a las que oficialmente se designan víctimas del franquismo. Se trata de hacer ver a la sociedad que toda nuestra vida en común desde 1936 ha de leerse desde el punto de vista que unos cuantos grupos radicales atribuyen hoy a los que se opusieron al Alzamiento; y que todo matiz, toda lectura y toda otra víctima carecen de esa legitimidad y han de ser privados de su memoria. No es ni siquiera la venganza rencorosa de los vencidos, no; es la manipulación falaz desde las ideologías de hoy de lo que a aquellos españoles de entonces se atribuye.

Y no es, no, la verdad; es la imposición por un lado de una narración y la condena al olvido de todo lo que no responda sumisamente a esa lectura. Borrar parte de la Historia no es posible, creemos algunos. Pero sí es verdad que sí puede venderse a una sociedad desarmada la ideología como historia, y hacerlo sobre todo buscando objetivos en el presente y el futuro.

Hay, incluso en Navarra, escudos y símbolos de la II República, que han sobrevivido a la República y al franquismo. Yo no quiero que se quiten, ni tampoco por supuesto los anteriores y los posteriores. Ahora bien, y lo digo pensando en el trabajo de Álvaro Baraibar como investigador cuando se dedicaba a estas cosas, ¿qué dirá cuando se le plantee el cambio masivo de los nombres de las calles de la Chantrea de Pamplona, o de tantas otras Chantreas de Navarra? Tantas de ellas llevan o llevaban nombres de combatientes caídos en la guerra. ¿Era correcto borrarlos? ¿No sería quizás más justo añadir en nuevas calles nuevos nombres, siempre y cuando no se embriaguen de viejos amores y ensalcen a etarras de ayer o a chequistas de anteayer? Porque si de borrar se trata, no ha de bastar con quitar las placas del Ministerio franquista de la Vivienda: ¡que manden derribar las casas, que también son franquistas, por la misma razón! Puestos a borrar, en media Navarra no se trata ya de cambiar nombres, sino de que manden derribar y olvidar todo lo que construyeron por ejemplo la Obra Sindical del Hogar, el Instituto Nacional de la Vivienda y el Patronato Francisco Franco, ¿no?

Hablando de estos Patronatos, que cambiaron la cara de Navarra antes y más que la industrialización, no es posible olvidar al que fue su presidente durante unos años, Luis Valero Bermejo. Valero, que se enfrentó de la mano de Juan Moso a las viejas oligarquías provinciales y que se ganó en buena medida a los sindicatos, fue combatiente falangista en la guerra y tuvo después una carrera política polémica por su relativa distancia del clero y de los reaccionarios, y por sus advertencias sobre el latente peligro separatista. Véase el resultado.

Memoria por memoria, las calles que quedan en los pueblos, barrios, regadíos y cooperativas inaugurados por Luis Valero Bermejo y Juan Moso tendrán ahora que cambiar de nombre, bueno, los que aún no lo han hecho. Tendrán que buscar nuevos nombres en Alicante, en Fustiñana, en Caparroso y en Ávila, y en más sitios; claro que, para ser coherentes, además de picar los rótulos tendrán que derribar las casas construidas, bloquear los canales y regadíos abiertos, cerrar los graneros y fábricas. Puestos a ser coherentes, derríbense las Chantreas, y hagamos como si los patronatos no les hubiesen permitido salir de sus cuevas y chamizos.

Será esa la memoria. O llamaremos memoria al relato de extrema izquierda y separatista de un pasado que objetivamente no se quiere recordar, sino que se usa para dividir.

Quizá este contraste entre la memoria que se quiere imponer y la memoria que se busca borrar está en esto: en que se trata de crear, en Navarra pero no sólo, una ‘memoria’ coja, zurda, tuerta si no ciega, y en todo caso sectaria. Y algo más, quizá más grave para los que por edad no han tenido acceso ni a los testigos del pasado ni están educados para obtener puntos de vista alternativos: esta visión oficial de las cosas, que se financia con los medios de todos, se presenta institucionalmente como la única visión, la única verdad, la única narración aceptable. Desde los despachos se trata de dejar implantada –termine como termine Uxue- una única memoria colectiva que se identifique con la única comunidad aceptable. La respuesta es no aceptar la mentira desde la calle y no hacer ninguna concesión a la falacia sectaria desde el relato histórico de los hechos.

El PNV contra Iñaki
ArtetaVicente Torres  Periodista Digital 21 Febrero 2016

Alega el cineasta que el PNV lo ha vetado porque disimular su vinculación con ETA, cosa muy verosímil, por cierto. Se equivoca el PNV.

Los hechos nunca se pueden tapar. Cualquiera que desee encontrar la verdad dará con ella. Cuestión distinta es que en la actualidad haya muchos vascos que prefieran la mentira y el engaño, puesto que, por acción u omisión, son cómplices de la banda. El propio Fernando Savater, que tantos esfuerzos dedicó a la lucha contra el terrorismo, reconoció que en la universidad se hacía la vista gorda en lo referente a los estudios de los etarras que cumplían condena. Conviene añadir en defensa del filósofo que si todos los vascos hubieran tenido el mismo comportamiento que él la banda habría durado un cuarto de hora y ni un minuto más. Cabe decir que si el resto de españoles hubiera sido igual de consciente, a los vascos no les habría quedado más remedio que hacer como Savater.

Ahora hay que añadir que cualquiera que quiera fijarse sabe que el PNV sin ETA nunca habría logrado la preponderancia que consiguió en el País Vasco. Y por si alguien lo duda, no tiene que fijarse en lo de “unos varean el árbol y otros recogen las nueces”.

Hubo un alto grado de estupidez en aquellos protagonistas del periodo postfranquista gracias a la cual se concedieron privilegios inadmisibles a los nacionalistas, porque aquellos tipos se creían perfectos e infalibles y no tuvieron en cuenta las consecuencias futuras de sus decisiones.

Volviendo al principio, cualquiera que se fije en el asunto con la idea de averiguar la verdad del asunto ha de darse cuenta que sin el PNV la banda terrorista habría tenido un recorrido muy breve. Este partido ha proporcionado coartadas a ETA para que siguiera existiendo y ha posibilitado que tuviera cómplices. Sin las proclamas del PNV ningún vasco se habría atrevido a defender a los etarras.
 


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