AGLI Recortes de Prensa   Jueves 25  Febrero  2016

Economía de la miseria
Amando de Miguel Libertad Digital 25 Febrero 2016

Nos han engañado un poco con lo de la crisis económica. Ahora nos vamos percatando de que los Gobiernos no desencadenan las crisis y tampoco pueden hacer mucho para salir de ellas. La actual no es una crisis cíclica; de momento parece más bien la definitiva. Representa el colapso europeo (no solo español). La burocracia de la Unión Europea nos sale carísima; la pagamos todos los Estados miembros. En España se añade el coste desmesurado de las (mal llamadas) autonomías. Con tal exceso de políticos y de funcionarios no hay Estado de bienestar que resista. Encima, en los países de la Europa meridional se añade el sobrecoste de la corrupción política. La cual se asocia mucho con la burocracia de los Ayuntamientos, el principal cauce para la obtención de votos y el reparto de dádivas por parte de los partidos. No es casual que en esos países dela Europa meridional no se haya logrado la reducción en el número de municipios que ha tenido lugar en los países centrales y nórdicos de Europa. Por si fuera poco, los partidos emergentes (sobre todo Podemos y sus hoplitas) están todavía más dispuestos al gasto público inmoderado. ¿Se llegará a crear un Ministerio de la Verdad? Los partidos clásicos no se quieren quedar atrás en la apetencia derrochadora. Ya tenemos al Estado con deudas para una generación. Como los niños no votan, no se enteran de lo que les va a tocar cuando crezcan.

Los partidos disponen de sendos economistas que llaman gurús. Parten de la creencia de que, con sus respectivas recetas o ensalmos, saldremos de la crisis. Gran error. Se trata de una enfermedad crónica. La causa fundamental reside en el descenso de la productividad a igualdad de equipo capital. La cuestión es de valores. El más general ahora es que la población se aburre soberanamente (nunca mejor empleado el adverbio) y lo que quiere es entretenimiento. Por eso los ramos económicos que medran verdaderamente son los que tienen que ver con el ocio. Para dignificarlo lo llaman "cultura", sea espectáculo o gastronomía. Cierto que es necesario y productivo, pero la búsqueda obsesiva de ocio significa el descrédito del trabajo, sea en la producción o en el estudio. Es la nueva forma de miseria económica. Tampoco es tan nueva. Así se desmoronó el Imperio Romano. Claro que tardó varios siglos en hacerlo. Ahora las cosas van más deprisa.

En una situación como la española actual, la expansión del gasto público contribuye a agravar el infortunio material de la población. Es una consecuencia de la ley de rendimientos decrecientes. Funciona, además, la ley de la oligarquía, por la que, a más gasto público, más derroche y más corrupción. Prácticamente todos los partidos políticos se hallan acordes en hacer crecer el gasto público, disfrazado hipócritamente de "gastos sociales" o de creación de organismos reguladores o interventores de toda laya. Así nos va.

Inglaterra aísla al continente
Manuel Muela www.vozpopuli.com 25 Febrero 2016

Cuando se pusieron en marcha la Unión Monetaria y el Euro, va para 17 años, recuerdo una conversación con amigos expertos en los mercados financieros en la que afirmaban “que ya se podían preparar la libra y el dólar”, y añadían que la Bolsa de Frankfurt se convertiría en la principal City europea. Los lectores saben que nada de eso ha ocurrido, sino más bien lo contrario, el mundo anglosajón ha sobrevivido tanto en lo económico como en lo financiero y la Unión Monetaria y su hermana mayor la UE se han transformado en un territorio plagado de problemas que estimula las llamadas a su disgregación o, como mal menor, a su desnaturalización definitiva. Y esto último es lo que acaba de hacer Inglaterra en la Cumbre de Bruselas del fin de semana pasado. Se podrá edulcorar o ignorar lo sucedido, pero, a mi juicio, el mantenimiento del discurso actual, más Europa, integración política etc., etc.…, es un simple ejercicio de voluntarismo por parte de quienes en éste contexto pretenden mantener sus privilegios, léase burocracia de Bruselas y Frankfurt, o su influencia en el caso de las potencias mayores, Alemania y, en menor medida, Francia.

Inglaterra siempre ha vigilado las hegemonías continentales
La política internacional de Inglaterra siempre se ha caracterizado por vigilar de cerca lo que ocurría en el Continente, tratando de evitar en la medida de lo posible la hegemonía clara y terminante de alguna de sus potencias. De ahí sus viejas disputas en los siglos XVI y XVII con la entonces Monarquía Hispánica, después con Francia, especialmente Napoleón, y desde finales del XIX con Alemania desde que ésta consiguió su unificación en 1871, gracias a la resolución del canciller Bismarck. Bajo tales premisas se planteó su incorporación al primitivo Mercado Común, lo que consiguió una vez desaparecido de la presidencia de la República Francesa el General De Gaulle en 1969, que siempre se opuso a tal ingreso. Tampoco ocultó Gran Bretaña su interés en que dicha organización no pasara de ser un área de librecambio, circunstancia que se mantuvo hasta finales de los años 80.

La caída de la Unión Soviética y la reunificación de Alemania en los años 1989/90 del siglo XX rompieron los equilibrios de poder en el Continente. Ello afectó profundamente al diseño del proyecto comunitario europeo, que emprendió una huida hacia delante. Los países integrantes de la CEE acordaron en Maastricht el 7 de febrero de 1992 la creación de la Unión Europea con el objetivo de superar el área de librecambio y forzar las etapas hacia la unificación política con el impulso manifiesto de la nueva Alemania reunificada que, además, planteó una ambiciosa expansión hacia el Este incorporando a los países procedentes del antiguo Bloque Soviético. Tales cambios provocaron las primeras discrepancias de fondo en el seno de la Unión Europea, que se tradujeron en el rechazo de Inglaterra, acompañada por los países escandinavos, a recortar su soberanía en pos de la unidad política capitaneada por Berlín. A partir de esa fecha, ya había dos corrientes en la UE, la de los unionistas y la de los librecambistas.

Los unionistas marcharon de la mano de Alemania y Francia en el camino de la integración, cuyo primer hito no fue la unificación política sino la unidad monetaria con una divisa común, el euro, y un Banco Central con un diseño diferente al de los bancos centrales tradicionales. Ello requirió grandes esfuerzos de los países menos preparados para igualarse con las potencias principales. Para suavizar los brotes incipientes de insatisfacción causados por la rigidez de las medidas presupuestarias se desarrollaron unas agresivas políticas de expansión crediticia, que pusieron el germen de los problemas posteriores, sobre todo inflación de precios en el conjunto de las economías, que en España conocemos muy bien y cuyas consecuencias dañinas están a la vista de cualquier observador. De todo eso permanecieron ausentes los ingleses y los escandinavos, que tenían sus propios problemas, pero que disponían de su soberanía y de instrumentos propios para intentar atajarlos.

La UE obligada a rectificar
La evolución de los últimos ocho años nos indica cómo les ha ido a unos y a otros y, desde mi punto de vista, la balanza positiva se inclina a favor de quienes permanecieron al margen de los objetivos de Maastricht, que han pesado como una losa en el conjunto de los unionistas, incluida Alemania que ahora se encuentra inmersa en una serie de problemas derivados de querer aunar férreamente países con estructuras políticas y económicas dispares, de por sí incapaces de llegar a las metas señaladas. A ello se añade el problema de los refugiados, que trae en jaque a la Europa Central y que está provocando el resquebrajamiento del liderazgo, hasta ahora granítico, de la canciller Merkel. Por su parte, los ingleses observan con temor la avalancha de inmigrantes que podría amenazar la estabilidad de su país, que disfruta de una situación económica desahogada.

Y es el momento que ha aprovechado el Premier Cameron, con su reciente mayoría absoluta en Westminster, para dar un zarpazo a las veleidades unionistas y, de paso, dejar constancia de la situación de debilidad de Alemania, porque Francia, acólito sumiso de Berlín, hace bastante que dejó de ser un elemento a considerar en los equilibrios de poder en el Continente. Por supuesto, hay muchos más elementos a considerar en el viraje iniciado durante el fin de semana en Bruselas, pero el principal es que Inglaterra ha tomado la iniciativa para poner de manifiesto los errores de diseño y de ejecución de los objetivos de la UE, lo que debería obligar a los socios a extraer las consecuencias debidas para rectificar so pena de continuar embarcados en un proyecto que hace años dejó de ser atractivo para millones de europeos. En resumen, tanto si Inglaterra se va como si se queda en las condiciones pactadas, la UE tiene que cambiar.

La otra gran coalición
La gran coalición ya es una realidad. Pero el socio del PSOE no será el PP, sino Ciudadanos, que, a ojos del orden establecido, es más grato que un PP aún demasiado ligado a conceptos de soberanía nacional y herencia cultural cristiana.
EDITORIAL  www.gaceta.es 25 Febrero 2016

Rajoy soñaba con una “gran coalición” semejante a la que gobierna Alemania o a la que, en Francia, ha formado un muro contra el Frente Nacional. La vieja derecha y la vieja izquierda, ya en todas partes reconvertidas en torno a una especie de Extremo Centro, fusionadas ahora –o, si se prefiere, en concubinato- sobre los criterios de la economía global y el nihilismo social. ¿No era el sueño de Tony Blair?: la “tercera vía” que combinara prosperidad económica y “progresismo” moral, los tópicos ideológicos de la izquierda en el marco del mercado libre. Es la “superideología” dominante hoy en Occidente, el credo del orden establecido. Hace años que todos los partidos europeos intentan parecerse lo más posible al Partido Demócrata norteamericano. También el PP, como demuestra el balance de esta legislatura. Y bien, he aquí la gran coalición hecha realidad también en España. Pero no con el PP, sino con Ciudadanos.

Ciudadanos no es un partido de derecha, ni siquiera de centro-derecha. Es un partido de centro-izquierda y no lo ha ocultado jamás. Su visión del hombre y de la sociedad debe más a los tópicos de la izquierda que a la filosofía de la derecha. Es un partido completamente ajeno a la herencia antropológica cristiana, es intervencionista en materia de libertades públicas (en la educación, por ejemplo) y socialdemócrata en materia económica, del mismo modo que su concepto de la nación no bebe en la tradición histórica, sino en la abstracción conceptual del pacto entre ciudadanos. Ahora bien, esto es exactamente lo mismo que el PP ha pretendido ser en esta legislatura. La diferencia es que el PP camina lastrado por muchos años de poder y grandes dosis de corrupción en la mochila, y Ciudadanos, no. A la hora de encontrar un socio para la izquierda al otro lado del río, Ciudadanos es el candidato ideal. El proyecto se ve claro en el horizonte: convertir a Ciudadanos en el relevo social del PP. Y hay intereses muy poderosos en esa tarea.

¿Y los españoles de derechas? No importa: tragarán. El mapa político en España está extraordinariamente escorado hacia la izquierda. Probablemente somos el país más izquierdista de Europa. Fruto, sin duda, de la larga hegemonía ideológica socialista, que lleva cuarenta años dominando la enseñanza y la mayoría de los medios de comunicación. La derecha política, en vez de combatir esa hegemonía, ha pretendido adaptarse a ella haciendo más “progre” tato su discurso como su gestión. El balance del PP en el Gobierno no ha sido el de un partido de derechas, sino el de cualquier socialdemocracia. Así las cosas, nuestro arco parlamentario oscila entre la socialdemocracia templada y vergonzante de Rajoy y sus sorayos y el neobolchevismo desorejado de Podemos. Es lógico que la alternativa moderada a un PP ruinoso no haya sido un partido de derecha nacional, sino algo como Ciudadanos.

Es verdad que, a efectos prácticos, materiales, el PP sigue siendo un partido poderosísimo, presente en todas partes y con una capacidad de movilización muy superior a la de Ciudadanos. Sin embargo, desde el 20-D Ciudadanos no ha hecho otra cosa que crecer y el PP no ha hecho otra cosa que menguar. Y lo más importante: Rajoy y sus sorayos están cada vez más lejos de sus bases. ¿Qué podría hacer ahora el PP para volver a movilizar a sus votantes? ¿Reivindicar la unidad nacional, defender el derecho a la vida y la familia natural, propugnar una economía de impuestos bajos…? O sea, ¿predicar lo contrario de lo que ha hecho durante cuatro años?

Es muy difícil que este pacto PSOE-Ciudadanos vaya a acabar en gobierno, pero es evidente que, por el momento, dibuja un punto de partida nuevo para las próximas elecciones. Unas elecciones en las que cualquier atisbo de derecha propiamente dicha habrá desaparecido por completo del mapa.

La mamandurria de las diputaciones
Las diputaciones constituyen, 'de facto', un modo de financiación ilegal de los partidos, en cuanto han acabado convertidas en agencias de colocación de los aparatos provinciales de esos partidos
Javier Caraballo El Confidencial 25 Febrero 2016

Momio, bicoca, chollo, sinecura, mamandurria... ¿Por qué será que el castellano es tan rico en sinónimos para el que vive del cuento, sin darle un palo al agua? Sucede lo mismo con la curiosa, y preocupante, deriva que se le otorga en el lenguaje español a la ‘envidia’, cuando se le concede a ese mal social, acaso el aspecto más corrosivo de la mediocridad, la categoría de ‘sana envidia’. ¿Cómo va a existir una ‘envidia sana’? Con tal de no decir que se admira a alguien, en España somos capaces de cualquier cosa. Pero siempre ha sido así, eso es lo grave, y porque existe la sana envidia, se llega a deformar incluso al ladronzuelo y se le convierte en pícaro; un listillo. Y de ahí la proliferación de sinónimos para el que vive del cuento. Tanto es así que existe una palabra específica para el “sueldo que se disfruta sin merecerlo, ganga permanente”. Ese es el significado exacto de la mamandurria, que tiene como origen etimológico el acto mismo de chupar de la teta, y es por eso por lo que el término que le corresponde al mal de las diputaciones es justamente ese: mamandurria.

Siempre que, como ahora, surge este debate, se esgrime como defensa de las diputaciones provinciales la labor de coordinación y apoyo que realizan en infinidad de pequeños pueblos en España para el mantenimiento de servicios básicos, que van desde el abastecimiento de agua hasta la ayuda financiera para proyectos de cierta envergadura, que son clave para el desarrollo de comarcas deprimidas. Se arguye siempre esa necesidad porque es cierta, incontestable, pero a lo que no se trasciende es al coste que tiene la prestación de esos servicios ni a la posibilidad de encontrar modelos de gestión que sean más eficaces para los pequeños pueblos que las necesitan y más rentables para el ciudadano que las financia con sus impuestos. ¿Hace falta apoyar a los pequeños núcleos rurales, sobre todo en regiones con poca densidad de población? Absolutamente: es imprescindible, irrenunciable, pero que esa necesidad acabe amparando y justificando a las diputaciones no es más que un agravio añadido de los privilegios de la clase política.

Se escudan en las necesidades de los pequeños municipios, que son reales, para ocultar el verdadero fin de las diputaciones provinciales: el pago de favores
La única realidad es que las diputaciones provinciales constituyen, 'de facto', un modo de financiación ilegal de los partidos, en cuanto han acabado convertidas en agencias de colocación de los aparatos provinciales de esos partidos políticos. ¿Por qué iban a coincidir personajes políticos tan alejados y enfrentados como Susana Díaz y Javier Arenas si no fuera porque los dos defienden el mismo interés, dejar las diputaciones como están? En cuanto ha surgido el debate, los dos han dicho lo mismo, que la supresión de las diputaciones provinciales supone un “ataque frontal a los municipios españoles, y de forma muy especial a los pequeños ayuntamientos” (Arenas) y que hay que “reconocer el papel que desarrollan las diputaciones, que son un factor de cohesión territorial y social, especialmente para los pequeños municipios” (Susana Díaz, a través de su portavoz). Se escudan en las necesidades de los pequeños municipios, que son reales, para ocultar el verdadero fin de las diputaciones provinciales: el pago de favores en las estructuras provinciales y el sostenimiento de las redes clientelares.

Tras las últimas elecciones municipales, en mayo del año pasado, comenzaron a proliferar, nada más constituirse las diputaciones provinciales, noticias por toda España que delataban el verdadero fin de esas instituciones como sostén de colocaciones de los partidos políticos. En Sevilla, por ejemplo, el presidente de la Diputación, que se llama Villalobos y tiene por currículum la fidelidad extrema con quien mande en el Partido Socialista, contrató como asesores a una veintena de cargos locales del partido, bien por favores que se debían internamente, bien porque se trataba de antiguos alcaldes que habían perdido las elecciones. El tal Villalobos tiene un sueldo de 69.000 euros, por encima del de la presidenta de la Junta de Andalucía.

Pero en Barcelona, igual: la noticia fue la rapidez con la que los partidos políticos designaron en la Diputación a los primeros 37 asesores, con sueldos que estaban entre los 3.506 y 4.643 euros brutos al mes por 14 pagas, del total de 92 asesores previstos. El sindicato que denunció las colocaciones en Barcelona, la CGT, añadía que se trataba de nombramientos que, en muchos casos, ni siquiera tenían que pisar la Diputación porque, en realidad, no eran más que sueldos públicos que se otorgaban a dirigentes políticos para que se los ahorrase el partido para el que trabajaban.

¿Qué sentido tiene que sobrevivan las diputaciones provinciales en un país que ya descentralizó el poder?

Las diputaciones, cuya figura se incluye en la Constitución, tendrían que haber desaparecido hace años con la descentralización autonómica, como recuerdan ahora algunos expertos, pero en vez de convertirlas en apéndices provinciales de los gobiernos autonómicos, se mantuvieron como organismos de colocación de los partidos políticos y, además, se amplió la burocracia política con la red de delegaciones provinciales de las autonomías. Y en esto, clama en el desierto hasta Felipe González, que volvió a repetirlo en Sevilla a finales del pasado año: “Lo diré una vez más, siempre a contracorriente. ¿Qué sentido tiene que sobrevivan las diputaciones provinciales en un país que ya descentralizó autonómicamente el poder? ¿Por qué? ¿Porque estaba previsto en la Constitución? Claro. Era imposible que no estuviera previsto hasta que no se completara la descentralización. Ya parece que se ha completado. Por tanto, tenemos que hacer algo”.

La lógica oposición de Podemos al acuerdo PSOE-Ciudadanos
EDITORIAL Libertad Digital 25 Febrero 2016

Es lógico que los podemitas hayan puesto el grito en el cielo tras darse a conocer el acuerdo de legislatura alcanzado entre PSOE y Ciudadanos que, en términos generales, bien podría suscribir el PP si no fuera –claro está- porque está destinado a investir como presidente del Gobierno a Pedro Sánchez y no a Mariano Rajoy.

El hecho de que Sánchez y Rivera se hayan comprometido a no superar el nivel de presión fiscal dejado por Rajoy, a ubicar la futura reforma laboral en un punto intermedio entre lo que fue la reforma en este terreno aprobada por el PP y la que proponían los socialistas en su programa, a no tolerar ningún referéndum de autodeterminación o a emprender una reforma del CGPJ para despolitizar la justicia, constituye, obviamente, un jarro de agua fría para una extrema izquierda que aspiraba a formar, junto a los socialistas y los separatistas, un gobierno de frente popular.

Lo que no tiene lógica alguna –salvo bajo el prisma de la falsa premisa según la cual ser el partido más votado da derecho per se a presidir el gobierno- es que el PP no vote a favor o ni siquiera se abstenga a la investidura de este candidato socialista que, al menos "de momento", renuncia a serlo mediante alianzas con comunistas y separatistas.

Buena prueba de que se trata sólo de una cuestión de personas y de siglas, son las pocas objeciones que desde el PP han podido plantear a este acuerdo entre PSOE y Ciudadanos.

Es cierto que, desde la misma perspectiva liberal con la que este diario ha criticado al Gobierno de Rajoy por haber incumplido todos los años sus compromisos de reducción del déficit, también se puede y se debe criticar el acuerdo de Ciudadanos y el PSOE de pedir a Bruselas "flexibilidad" a la hora de atajar los desequilibrios presupuestarios. Pero ¿qué objeción en este sentido puede hacerle un Partido Popular cuyo Gobierno ha seguido incumpliendo los objetivos de reducción de déficit aun después de renegociarlos para que fueses más "flexibles"? ¿A qué santo viene ahora rasgarse las vestiduras cuando hace pocos días el mismo presidente del PP mostraba una disposición favorable a esa falta de disciplina presupuestaria, siempre que fuera dentro de un acuerdo con Ciudadanos y PSOE, pero que diera a Rajoy la presidencia?

Otro tanto se podría decir del compromiso de PSOE/Ciudadanos de acabar con el supuesto blindaje que la Constitución brinda a la estabilidad presupuestaria en su artículo 135. Sin embargo, ¿qué más da derogar un articulo de la Constitución que no se cumple hasta el extremo de que, bajo su supuesta vigencia, el Reino de España se ha endeudado a mayor ritmo de lo que lo ha hecho en los últimos cien años?

Por otra parte, el PP podría abstenerse en esta investidura con la absoluta tranquilidad de saber que ni un solo artículo de la Carta Magna se puede modíficar sin su expreso consentimiento.

La realidad es que Rajoy estaría encantado con presidir un gobierno como el que han pactado PSOE y Ciudadanos. La realidad es que no renuncia a ello, para lo que, paradójicamente, tiene que votar ahora en contra con la vana esperanza de presidirlo después de unas nuevas elecciones de las que bien podría surgir un frente popular.

Al fin y al cabo, la ruptura de negociaciones con el PSOE anunciada este miércoles por Podemos sólo es "de momento".

¡Abróchense los cinturones, vuelven las turbulencias!
Juan Laborda www.vozpopuli.com 25 Febrero 2016

No se fíen de la calma temporal de los mercados financieros. Es normal, tras las fuertes correcciones, en un contexto de expansiones monetarias infinitas, ciertos rebotes temporales. Pero la realidad de fondo es distinta. Se aproxima una fuerte corrección bajista en todos los activos de riesgo globales. Permítanme introducirles un indicador a vigilar, que complementa modelos propios de previsión de ciclos de aversión y propensión al riesgo, el índice de estrés financiero de la Reserva Federal de Cleveland. Se trata de una herramienta para el seguimiento de la estabilidad financiera. Incorpora información de un número amplio de mercados financieros que permiten proporcionar una medida de la tensión del sistema financiero sobre una base continua. El objetivo es controlar el estado del sistema financiero e identificar los períodos de estrés excesivo que puede conducir a la inestabilidad financiera.

El último dato disponible -medido como desviaciones estándar de la media- se situó en 1,92 a cierre de la semana pasada. Se trata de un nivel asociado a graves dificultades financieras. Anteriormente sólo se alcanzaron niveles parecidos o superiores en tres episodios históricos complicados. Por un lado, en 2011, en plena crisis de deuda periférica europea. Por otro lado, durante la crisis sistémica de 2008-2009; y, finalmente, durante la crisis asiática de 1998. El fuerte repunte que se ha producido desde noviembre de 2015 ha sido impulsado por el aumento de los diferenciales de crédito y otras medidas de riesgo sistémico percibidas por el mercado. En 1998 un nivel parecido en dicho índice precedió al colapso del hedge fund sistémico Long Term Capital Management. En 2008, el máximo histórico de la serie temporal disponible de dicho índice antecedió al colapso de Bear Stearns y Lehman Brothers. En 2011, el aumento a cifras próximas a la actualidad se asoció a la quiebra y reestructuración de la deuda pública griega -por obra y gracia de los dos partidos del régimen PASOK y ND-.

El nivel actual parece, por lo tanto, anticipar una quiebra sistémica de alguna entidad, financiera o no financiera, de peso. Se produce además en un contexto difícil. Continúa una clara sobrevaloración de la inmensa mayoría de los distintos activos financieros globales de riesgo, especialmente los grandes índices bursátiles estadounidenses. Por otro lado, los resultados empresariales, sobre todo en Estados Unidos, están siendo peor de lo esperado. Finalmente, hay una debilidad manifiesta en los distintos indicadores adelantados de actividad económica global. ¿Qué tratarán de hacer de nuevo los Bancos Centrales?

Política monetaria Versión 3.0.
De nuevo Wall Street necesita nuevas dosis de esa droga que produce ensoñaciones. Para ello vuelven a presionar a los Bancos Centrales. Intentan reactivar la política monetaria expansiva al servicio exclusivo de las élites, especialmente las bancarias, como venimos denunciando desde estas líneas. Ya saben, esa nueva droga de diseño da una sensación de tranquilidad y protección cuando en realidad lo único que genera es un estado de nirvana, una mera ilusión óptica, vía inflación de activos. Y pretenden activarla de nuevo.

La política monetaria Versión 1.0 fue vía recorte tipos de interés. La política monetaria Versión 2.0 se produjo a través de la expansión cuantitativa cuyo único objetivo era evitar la quiebra del sector bancario y generar nuevas inflaciones de activos. ¿Cómo será la política monetaria versión 3.0? Diversos economistas hablan ya abiertamente de tipos de interés negativos -de ello ya hablamos en un blog previo- combinado con nueva expansión cuantitativa. Pero la pregunta es para qué. Si Wall Street solo ansía continuar inflando los precios de los activos financieros, seguir con la broma pesada de la financiarización de la economía, donde todo se destina al casino global, a favorecer a ciertos rentistas, acabaremos mal, rematadamente mal. Recordemos que en lugar de financiar el desarrollo y promoción de capital productivo en la economía, Wall Street se está financiando asimismo. Ya no cuela.

Cuando un banco central realiza expansión cuantitativa en un mercado donde los inversores ya están inclinados a buscar riesgo sin importarle el precio, el exceso de la base monetaria actúa como una patata caliente que pasa de un inversor a otro. Hablamos ya abiertamente de Juego Ponzi. Las políticas monetarias son completamente inútiles en un entorno de deudas privadas excesivas y mercados financieros sobrevalorados, siempre acaban en recesión de balances. Pero no descarten ustedes, con la aquiescencia de unos mass media absolutamente iletrados, que vayan por esta nueva vía. Sin embargo, el efecto sobre los mercados financieros será completamente nulo. Sus condiciones internas impiden cualquier rebote duradero.

Existen alternativas a la delicada situación actual. Por un lado, una reestructuración del sector bancario a costa de sus acreedores, imponiendo límites al tamaño de los bancos. Objetivo: terminar con el actual escenario de financiarización de la economía. Por otro, una expansión fiscal financiada vía monetización o “señoreaje” centrada en nuevos proyectos energéticos, tecnológicos, de mejora de la educación, sanidad, del sector exportador… Finalmente, la política monetaria Versión 3.0 debería dirigirse a aliviar directamente la deuda de familias, no de la banca, de manera que permita mantener un nivel de gasto razonable. Todo lo demás, eternos apaños.

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La supresión de las autonomías
la reforma constitucional que el PP debió de haber hecho y no hizo
Miguel Massanetdiariosigloxxi.com 25 Febrero 2016

Un estudio del profesor Jaume Garcia, catedrático de la universidad Pompeu y Fabra, demuestra que la diferencia entre el coste de vida entre las distintas autonomías españolas llega a establecer contrastes de hasta el 43%. Otro estudio, encargado por la Generalitat de Cataluña: “se basa en la “relación positiva” que existe entre el nivel de precios y el PIB per cápita y en una estimación del gasto de los hogares a partir de los datos del INE”, de él se puede deducir que, en España, sobre una media de 100 hay tres grupos de autonomías según su coste de vida: las que están por encima de la media (Cataluña, 108,5%; Madrid, 114,5%; País Vasco, 107,7% y Navarra, 110,6%); los que están por debajo de la media ( entre el 99,8% de Baleares y el 90,4% de la Rioja) y, un tercer grupo, que está situado muy por debajo de la media nacional ( entre el 87,9% de Asturias y el 80,3 de Extremadura, el farolillo rojo de las autonomías españolas)

El modelo autonómico en España, según un estudio, llevado a cabo por la formación UPyD, ha degenerado en una administración tremendamente costosa para el ciudadano y que incurre en numerosas duplicidades que no solo incrementan su coste, sino que tampoco demuestran realmente su eficiencia. También se habla de que una administración más eficiente y una mej0ora en sus prácticas de gestión podrían suponer un ahorro anual de más de 24.000 millones de euros, una cantidad lo suficientemente importante como para ser objeto de un estudio más detenido y más si, como ocurre en la actualidad, una ahorro de semejante magnitud podría contribuir a aliviar la deuda pública ( como es sabido, desde Bruselas, ya nos han advertido de la excesiva cuantía de esta partida y de la urgente necesidad de que se vaya reduciendo, señalando la cantidad de 25.000 millones de euros como un buen punto de partida para iniciar la regulación de tan costosa carga para el Estado)

Si ponemos por ejemplo lo que cuesta a los ciudadano el mantenimiento de los 135 parlamentarios de los que consta el Parlament catalán (para una población de unos 7 millones de habitantes) veremos que, en el 2009, tenía un presupuesto de 68,3 millones de euros mientras que, el Congreso de Diputados, con 350 escaños y una población de 46 millones de personas, tenía un presupuesto de 98 millones de euros. Otro punto importante a considerar es el hecho curioso de que, con la división de funciones entre el Estado y las 17 autonomías y dos ciudades autónomas, se conseguiría un importante ahorro de funcionarios, la realidad ha demostrado todo lo contrario si se tiene en consideración que (datos del 2010) desde el 2009 el número de empleados públicos sufrió un aumento (gobernaban los socialistas) de 500.000 personas. En dos décadas, en Cataluña el número de funcionarios creció en 60.000 personas. En la actualidad España está gastando en empleados públicos la friolera de 120.000 millones de euros al año, unas cantidades que es evidente que no tienen justificación alguna cuando, debido a la cuestión autonómica, hay muchas tareas duplicadas y, por otro lado, cada autonomía actúa por su cuenta y sin medida alguna.

Así y todo, en el presupuesto de gastos de de las CC.AA del 2015 hay previstos 1.450.millones de euros y los gastos previstos en cuanto a las 2500 entidades locales, asciende a la cifra de 3.721 millones de euros. Un cuadro verdaderamente preocupante por lo que significa de carga para los PGE y que, sin duda, si se consiguiera que España volviera al sistema centralizado anterior a la Constitución de 1978, representaría un importante alivio para las arcas estatales. Pero, aún siendo importante el aspecto económico de sostener dos administraciones, que en muchos casos actúan en forma paralelas, lo verdaderamente preocupante, lo que tira por la borda las buenas intenciones de los padres de la Constitución española, cuando decidieron implantar el sistema autonómico en España es que, aquello que tuvo por finalidad el satisfacer a aquellas regiones en las que ya existían, desde antes de la Guerra Civil, ciertas reclamaciones de mayor autonomía, los que convirtieron las lenguas vernáculas en motivos reivindicativos y aquellos que se inventaron agravios y derechos presuntamente ancestrales, sobre imaginarios reinos que nunca existieron, quedaran apaciguados, renunciaran a mayores prerrogativas y se olvidaran de cualquier idea separatista, algo que quedó confirmado cuando, en el caso catalán, aquella Constitución fue acogida con alborozo y votada masivamente por el pueblo catalán.

El tiempo y las nuevas circunstancias, agravada por una crisis de 7 años, han reverdecido, con la ayuda de un gobierno que no ha sabido tomar el problema catalán por los cuernos y actuar con la energía precisa, cuando lo que de verdad se estaba ventilando era nada más y nada menos que la unidad de la nación española; las ansias nacionalistas del pueblo catalán, al menos de una parte de él. Lo peor ha sido que, a medida que los políticos catalanes iban presionando con mayor fuera al gobierno de Madrid, éste en lugar de dar una respuesta contundente se ha limitado a contemporizar, ceder en parte, continuar subvencionando el déficit catalán, aún a sabiendas de que, una parte de las ayudas, con cargo al FLA, eran destinadas a partidas que nada tenían que ver con el fin para el que se concedían. En la mayoría de los casos eran desviadas para ir formando una serie de comisiones, de grupos de asesores y de puesta en funcionamiento organismos, especialmente dedicados a preparar una futura constitución catalana y a crear las instituciones que, en su día, deberían sustituir a las estatales establecidas en esta autonomía.

Tuvieron su ocasión de oro y la desaprovecharon. Pocas veces una nación ha entregado a un partido político la serie de ventajas que los votantes decidieron darle al PP en noviembre del 2011, cuando las urnas le premiaron con dos mayorías absolutas, tanto en el Congreso de Diputados como en el Senado. La mejor ocasión para emprender la reforma que precisaba España para sacarse de encima esta servidumbre, en la que se ha convertido el sistema autonómico que, aparte de no servir para apaciguar a los nacionalistas catalanes o vascos, sólo ha conseguido agravar la cuestión cuando los gallegos y los de mi tierra, las Baleares, tomando ejemplo de catalanes y vascos, se añadieran a los que pretenden su propia independencia.

España votó, pese a las interpretaciones interesadas de los distintos partidos que, en la actualidad, forman el panorama político español; algo que no tiene ni pies ni cabeza. La sabiduría del pueblo se ha demostrado que, en esta ocasión, sólo ha servido para que nadie se entienda, para que las luchas por el poder hayan hecho olvidar las verdaderas necesidades de la nación y para que, grupos de intrusos financiados desde naciones extranjeras, hoy en día, tengan posibilidades de llegar a convertir a España en uno más de estos países en los que, bajo la excusa de conseguir mejoras para los pobres, se acaba con la triste realidad de que, los únicos que salen beneficiados, son los que consiguen hacerse con el poder aunque, para ello, sea preciso que el pueblo acabe pagando sus errores, al dejarse llevar por los cantos de sirena de los agitadores que les han prometido lo que, ellos mismo sabían, que no estaba en su mano poder conseguir.

O así es como señores, de nuevo hemos caído en la misma trampa en la que suelen acabar aquellos que, con todas las pegas inherentes a una situación de crisis, con los problemas de estar en una situación difícil y con los agobios producidos por la falta de trabajo o la imposibilidad de encontrar uno; ello no obstante, cuando ya empezaba a despejarse el horizonte, decidieron tirarlo todo por la borda en busca de una utopía, que no se resistía al mínimo y más simple análisis racional. Nos podríamos haber evitado muchos de los desengaños por los que hemos tenido que transitar, muchas de las penalidades que se han tenido que soportar si, cuando se pudo, cuando era el momento de actuar, un gobierno que no supo hacer uso de las prerrogativas que se le dieron, desaprovechara la ocasión para enmendar aquel fallo que, de buena fe, cometieron los autores de la Constitución: acabar con el sistema autonómico en España.
 


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