AGLI Recortes de Prensa   Maiércoles 2  Marzo  2016

Keynes y la actual crisis financiera
JUAN FRANCISCO MARTÍN SECO El Mundo 2 Marzo 2016

La incertidumbre se ha instalado en la economía internacional. Hay quien la achaca a la bajada del precio del petróleo; otros se fijan en los problemas de la economía china; hay quien pone el acento en la posible subida de tipos de interés por parte de la Reserva Federal; otros miran las dificultades que padecen los países emergentes; hay quien da por segura la llegada de una nueva recesión, y casi todos temen que en el futuro se desencadene una guerra de divisas. Lo que quizás hay que preguntarse es si todos estos hechos no tienen una misma causa, causa que no es otra más que la forma en la que se ha configurado el sistema económico actual, basado en la libertad absoluta de capitales.

Existe una tendencia en las sociedades a dar no sólo por bueno sino por inmutable el 'statu quo'. El pensamiento único se ha impuesto con tal fuerza que nos resulta difícilmente comprensible un escenario en el que se hubiesen establecido límites al movimiento de capitales. Sin embargo, tras la Depresión del 29 y la quiebra de los bancos en la década de los 30 todos los economistas responsabilizaron de estos problemas a la libre circulación de flujos financieros. Pensaban que había sido el dinero caliente el mecanismo de contagio que había extendido internacionalmente la Gran Depresión, por lo que no es de extrañar que en Bretton Woods, a la hora de crear un nuevo sistema monetario internacional, existiese unanimidad en permitir políticas de control de cambios a los países. Keynes, que representaba a la Gran Bretaña, y White a EEUU, diferían en muchos aspectos pero coincidían en su oposición a la libre circulación de capitales. Ambos creían que los países debían protegerse del impacto de los movimientos perturbadores de capital especulativo y de que un sistema estable de tipos de cambio y un comercio internacional liberalizado eran incompatibles con un mundo de movimientos sin restricciones de capital.

Keynes venía trabajando desde 1941 en la instauración, una vez que llegase la paz tras la Segunda Guerra Mundial, de un nuevo orden internacional que culminaría en julio de 1944 en los acuerdos de Bretton Woods. Una idea fuerza latía en todo el proceso y orientaba los planteamientos de Keynes: lograr el equilibrio de las balanzas de pagos y que los costes de los ajustes necesarios para conseguirlo recayesen al menos en la misma medida en los países con superávit que en aquellos que incurriesen en déficit, tanto en los acreedores como en los deudores. En realidad, en lo más profundo el economista inglés se inclinaba -en consonancia con los principios que mantendría más tarde en su 'Teoría general', en la que ya estaba trabajando- a culpabilizar en mayor medida a los países excedentarios. Era el atesoramiento tanto de los individuos como de los países el que provocaba las crisis.

El sistema que al final se aprobó en Bretton Woods intentaba compatibilizar la apertura del comercio internacional con la autonomía nacional, para que cada país pudiera seguir su propia política. Se instauraba así un sistema de tipos de cambio fijos pero ajustables y el control de los movimientos internacionales de capitales. Para ello se creaba una institución, el Fondo Monetario Internacional (FMI), con la misión de garantizar una evolución ordenada de las paridades de las divisas al objeto de impedir devaluaciones competitivas que tan nefastas habían sido durante la Gran Depresión. Al FMI le correspondía valorar cuándo estaba justificado alterar los tipos de cambio en función de la situación económica y, en especial, del comercio exterior. Mientras este sistema estuvo en vigor, la estabilidad y el crecimiento fueron mayores que en ninguna otra época.

En 1971, al romper Nixon la convertibilidad del dólar con el oro, se desmorona el sistema y se establece en EEUU la libre circulación de capitales, pero no fue hasta los 80 y 90 cuando ésta se va extendiendo al resto de países por la presión norteamericana y del FMI. No deja de ser curiosa la transformación experimentada por esta última institución, que pasó de ser el vigilante y fiscalizador de las paridades monetarias a ser el principal impulsor de la liberalización internacional de los fondos financieros. La liberalización del sector financiero incrementó considerablemente el riesgo y, como consecuencia, las crisis financieras. A lo largo de los años 80 y 90 se han producido con cierta frecuencia, afectando en ocasiones a los países en vía de desarrollo pero incluso también a los desarrollados: Suecia y Finlandia en los años 80; en esa misma década se produjo la crisis de las cajas de ahorros en EEUU y la de la deuda que afectó a todos los países latinoamericanos; en 1994 la de México y Argentina; en 1997 la del Sudeste Asiático y en 1999 la de Brasil y de nuevo la de Argentina; y a todas ellas habría que añadir los más de 10 años de depresión en Japón. En el origen de todas estas crisis se descubren los movimientos espasmódicos de capitales a corto plazo.

La que hemos denominado Gran Recesión, que estalló en 2008, tuvo un origen claro en los enormes desequilibrios acumulados en las balanzas de pagos de los distintos países, que proyectaron sobre la economía mundial un escenario completamente ficticio y transitorio. Tales desequilibrios sólo fueron posibles porque la libertad en los flujos de capitales permitía financiarlos, pero a condición de crear situaciones de extrema inestabilidad, que ocasionarían, antes o después, una crisis económica. El dinero caliente se retira a la misma velocidad que entra, causando graves daños en la economía y en las condiciones de vida del país en cuestión. Unos países, los acreedores (Alemania, Japón, China y otros países emergentes), crecían gracias a las exportaciones; y otros, los deudores (EEUU, los de Europa del Sur, Australia o Canadá), gracias a los créditos concedidos por los acreedores. Estos desequilibrios no podían perdurar. La acumulación progresiva de deuda se había hecho insostenible y la consiguiente burbuja tenía que acabar estallando. Que la UE en 2007 presentase frente al exterior un saldo próximo a cero no significaba que los países miembros no tuviesen también profundos desequilibrios; buen ejemplo de ello eran el déficit de España (10,1%) y el superávit de Alemania (7,6%).

LA CRISIS forzó a corregir parcialmente los desequilibrios mediante el realineamiento de las divisas. Sin embargo, entre los países de la Eurozona este realineamiento no era posible, por lo que los países del sur fueron sometidos a una devaluación interior, que no se compensó con ningún ajuste en sentido contrario de Alemania y del resto de países excedentarios. China lleva tiempo intentando corregir su modelo de crecimiento, basado en las exportaciones, para pasar a otro que se sustente en la inversión y en su consumo interior. No es extraño que su economía se encuentre en dificultades, y que ello repercuta en la economía mundial.

El problema de fondo es que tanto China como Alemania no pueden pretender basar su crecimiento en el comercio exterior, postergando la demanda interna. Los saldos de las balanzas de pagos no tienen por qué estar siempre equilibrados, pero tampoco pueden mantenerse desequilibrios permanentes ni de cuantías considerables. A la larga, la situación es insostenible, y cuando son las principales economías del mundo las que adoptan esta postura la crisis y la recesión internacional están servidas.

Alemania pretende copiar la política china e imponerla al resto de la Eurozona. Se escuda detrás de la moneda única y de la imposibilidad de devaluar que tienen el resto de los países miembros. Se está convirtiendo en la mayor amenaza para la estabilización de la economía internacional. En esta situación no es de extrañar que los distintos países que no pertenecen a la Eurozona pretendan defenderse modificando el tipo de cambio. Asimismo, tampoco puede extrañarnos que, con un superávit de la balanza por cuenta corriente en la Eurozona superior al 3%, la expansión cuantitativa del BCE no pueda conseguir una mayor depreciación del euro. No estamos ante una nueva crisis, es simplemente que la anterior no ha terminado aún, y no terminará hasta que no seamos capaces de utilizar las enseñanzas del pasado.

Juan Francisco Martín Seco ha sido Interventor General del Estado y Secretario General de Hacienda.

Viva la igualdad, abajo la libertad
Emilio Campmany Libertad Digital 2 Marzo 2016

Cuando padecíamos a Zapatero, creíamos que era un paréntesis, un caso de mala suerte provocado por la necesidad del PSOE de poner a su frente a un líder interino catapultado inesperadamente a la presidencia del Gobierno por un atentado terrorista. Luego, cuando salió reelegido en 2008, debimos darnos cuenta de que algo tenía el solemne que a esta sociedad española del siglo XXI encandilaba. Llegó Rajoy, y que no se atreviera a deshacer nada de lo que el zapaterismo hizo parecía ser causa de su cobardía, pero quizá fuera la sencilla imposibilidad de renegar de lo que los españoles y las españolas de una u otra forma queremos para nuestro país. Y ahora viene Pedro Sánchez a pedir ser investido con un discurso que es zapaterismo quintaesenciado, pasado varias veces por el alambique del progresismo más vacuo, que hasta en la solemnidad se parece al expresidente.

Sánchez va a arreglar el paro poniendo contratos laborales más onerosos para los empresarios. Va a estimular la economía subiendo impuestos. Va a resolver la carestía energética cerrando centrales nucleares y prohibiendo el fracking. Va a arreglar el déficit gastando más en casi todo. Y para aquello para lo que no basta el dinero que no hay, como en el caso de Cataluña, propone el sempiterno diálogo, que, como el bálsamo de Fierabrás, con unas pocas gotas, todo lo curará. Y todo eso, ha dicho repetidamente, se puede lograr la próxima semana si sus señorías, especialmente las de Podemos, quieren.

Y lo dice a sabiendas porque, para bien o para mal, lo que los españoles y españolas queremos que se nos proponga son tan sólo políticas de igualdad y nada queremos saber de la libertad. La prueba es que la palabra igualdad ha sido mencionada en 19 ocasiones, y una de ellas para decir que esta legislatura sería precisamente eso, la de la igualdad. En cambio, la palabra libertad ha salido tan sólo 5, dos de ellas para unirla a la igualdad, y el resto para contraponerla a la seguridad, con el fin de justificar la derogación de la Ley de Seguridad Ciudadana, para proponer una ley de libertad religiosa dirigida contra la Iglesia Católica y para hablar de las penas de privación de libertad. Y se ha ocupado tan poco de la libertad porque cree, seguramente con razón, que es cosa que los españoles y españolas tenemos en poca estima.

Música empalagosa y letra almibarada sin sustancia. Pero si al final sale investido este Zapatero punto tres y Ciudadanos logra que la Justicia sea de una vez independiente en nuestro país, todo se podría dar por bien empleado. Aunque hasta cuando ha expresado ese compromiso, pactado obviamente con Rivera, ha sonado Sánchez hueco y vacío, ya que, tal y como lo ha expresado, todo quedará en última instancia, como siempre, en manos de los políticos. No querías Zapatero, pues toma tres tazas. ¿Merecemos nosotros y nosotras esto?

Si no les gusta mi pacto con C’s… tengo otros
Okdiario  2 Marzo 2016

Los 101 minutos del primer acto de investidura han dejado claro que nadie tiene más ganas de que Pedro Sánchez sea presidente que el propio Pedro Sánchez. Para tratar de conseguirlo está dispuesto a seguir como un devoto la manida sentencia —pero más actual que nunca— que hiciera célebre Groucho Marx: “Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros”. Así lo ha demostrado este martes a través de una alocución que, por su laxitud, parecía el discurso de un aspirante a entrar en la Academia de Ciencias Morales y Políticas más que la propuesta de un potencial presidente del Gobierno para hacerse con las riendas del país de cara a los próximos cuatro años. Tanto ha querido generalizar en su propósito de ganar nuevos adeptos que, lejos de conseguir un consenso general, ha terminado por enfadarlos a todos.

El secretario general del PSOE ha querido ganarse en primer lugar a Podemos al proponer mayor gasto público en base a una subida de impuestos. Una receta que le haría un flaco favor a la economía en España, que ha registrado una fuga de capitales de 19.000 millones de euros durante el pasado mes de diciembre a causa de la incertidumbre política. Sánchez también ha ofrecido a Pablo Iglesias “un cambio radical en la política de refugiados del actual Gobierno”. No obstante, el cortejo ha sido interruptus para no despegarse en exceso de Ciudadanos, único partido que le ha asegurado su apoyo hasta el momento. Según Albert Rivera, si socialistas y podemitas alcanzaran un acuerdo, su partido pasaría directamente a la oposición. Algo que parece bastante difícil si atendemos a la minirreforma laboral que ha acordado el propio Rivera con Pedro Sánchez y que el líder de Podemos ha calificado como “más de lo mismo”.

Un Pedro Sánchez que también ha querido congraciarse con su partido al ‘olvidar’ la necesaria y cuantiosa supresión de las diputaciones. Un ‘despiste’ a modo de bálsamo para nombres fuertes como Susana Díaz, Fernández Vara o García-Page, que tienen en estas instituciones una manera de colocar a un importante número de militantes en las zonas rurales. Esta ambigüedad en el discurso no habrá sentado nada bien a Rivera, ya que era un aspecto que había mostrado como un logro de su partido en las negociaciones con los socialistas. Al respecto del PP, Sánchez los ha colocado en el papel de claros antagonistas dentro de la trama de su discurso y se ha mostrado contrario a cualquier tipo de pacto con ellos desde el inicio de su intervención.

Una táctica con la que trata de perfilar dos bloques muy diferenciados: por un lado, todas aquellas formaciones que, según él, piensen “en el bien general de España” y que se unan a la causa de su Presidencia “progresista”; del otro, aquellos que rechacen su oferta y que pasarían a integrar el bando del “no” junto a su némesis, Mariano Rajoy. Un planteamiento con el que intenta ofrecer una imagen distante al respecto del “anacrónico” bipartidismo y que, al mismo tiempo, pone a Podemos en la tesitura de apoyar su investidura o pasar automáticamente a la acera del PP. Una excusa recurrente en caso de no obtener su propósito presidencial y que, además, se convertiría en munición argumental de cara a una más que probable nueva campaña electoral con las elecciones de junio en el horizonte.

El primer mitin de la campaña electoral
¿Mestizaje ideológico? El socialismo actual junta lo peor de los dos mundos: capitalismo financiero en lo económico, nihilismo autoritario en lo social.
EDITORIAL  www.gaceta.es 2 Marzo 2016

El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, protagonizó el martes el primer mitin de la nueva campaña electoral bajo formato de discurso de pleno de investidura. Una galantería del presidente de las Cortes, que se las arregló para que Sánchez fuera el único protagonista del día. Teóricamente, el líder socialista iba a exponer los puntos del acuerdo con Ciudadanos para ganarse el apoyo de otros grupos. Lo que pudimos ver, sin embargo, fue otra cosa. La enumeración de objetivos concretos de gobierno fue excesivamente escueta, apenas la mención del título envuelta, eso sí, en eslóganes vacíos (reformismo, cambio, regeneración, etc.). Al mismo tiempo, Sánchez hizo un visible esfuerzo para acercarse a Podemos poniéndole a los pies las primicias más “progresistas” de su cosecha: aún más aborto, apertura a la eutanasia, ofensiva contra la Iglesia, etc. De los problemas fundamentales de España, ni una palabra. ¿La cuestión catalana? Cariño y comprensión. ¿La redefinición del modelo económico para crear empleo? Nada de nada. ¿Recuperación de soberanía económica frente a la Unión Europea? Bajo ningún concepto. ¿Reforma de la onerosa estructura del Estado? Nada, ni siquiera la mención del asunto de las diputaciones. Eso sí: más presión sobre las empresas para que los contratos sean más estables –pero sin concreción- y, que no falta de nada, cobertura social gratuita para todos los inmigrantes, ilegales incluidos. ¿Y quién pagará todo eso? El lector ya lo sabe.

El discurso de Sánchez no ha satisfecho a nadie. Ni siquiera a Ciudadanos, el socio del PSOE, que lo ha recibido con reveladora moderación. ¿Por qué? Porque el socialista ha reclamado para sí un protagonismo visiblemente abusivo. Por otro lado, si el objetivo era ganarse a Podemos, Sánchez no ha podido errar más el tiro: no hay más que escuchar a Iglesias y compañía. Pero es que, probablemente, lo que el ciudadano Pedro buscaba no era conquistar una mayoría parlamentaria imposible, sino arrancar en la mejor posición posible para las próximas e inevitables elecciones el 26 de junio. Al público moderado y a la oligarquía financiera y mediática, Sánchez les ha dicho que con él no va a cambiar nada fundamental: mantendremos nuestra subordinación al modelo económico impuesto por Bruselas y nuestros innumerables acreedores pueden estar tranquilos porque seguiremos endeudados hasta las cejas. En cuanto al público radical de izquierdas, ese que el 20-D votó a Podemos, Sánchez le ha dicho que no hay nadie más rojo que él. ¿Acaso porque va a socializar los medios de producción? No: porque va a ampliar el aborto, va a gastar más dinero en memoria histórica y va a atacar a los católicos. A todo eso nuestro líder lo llama "mestizaje ideológico". Y tan contento, el hombre.

Es interesante, porque, con esa panoplia retórica, Sánchez ha puesto de manifiesto la absoluta inanidad intelectual de la socialdemocracia española. ¿Mestizaje? En cierto modo. Por así decirlo, el socialismo de hoy aúna lo peor de la derecha, que es la entrega de la soberanía económica a la finanza transnacional, con lo peor de la izquierda, que es el nihilismo como única guía de la cultura social. Si gana el PSOE, tendremos una economía enfeudada a la presión financiera exterior (con los sindicatos, eso sí, metidos de nuevo en el ajo) y una sociedad cada vez más materialista y amoral. Economía globalizada y eutanasia. Curioso programa. Cierto, no obstante, que el horizonte del PP no es muy diferente. ¿Es que no hay nadie que se atreva a decir que lo que necesitamos es exactamente lo contrario?

El fraude político del PSOE
Jorge Vilches www.vozpopuli.com 2 Marzo 2016

Viendo la flexibilidad circense del PSOE para pactar con cualquiera menos con el PP, he recordado aquello que escribió Ayn Rand en 1965: el “nuevo fascismo” es el “gobierno por consenso”. No le faltaba razón.

El consenso, como lo veía Rand, se convertía en un mecanismo para establecer la verdad oficial, lo aceptable y bueno, y excluir lo execrable, negativo y falso. Toda política era posible si se basaba en el consenso, con independencia de si se había expuesto antes o no al cuerpo electoral. Lo importante era el consenso entre grupos; es decir, conseguir el sello que legitimaba el ejercicio del poder aun habiendo perdido las elecciones. La política funcionaba con el acuerdo tácito de que un programa electoral no servía para nada, sino que lo útil era la capacidad para acordar cargos y presupuestos con otros y así detentar el poder.

En ese consenso descrito por Rand no había ideología, sino negociación entre oligarquías políticas para amarrar el gobierno. En esa situación, las elecciones no tenían más finalidad que distribuir el peso de cada formación en una especie de “partido único” que acordaría un programa de gobierno. Daba igual a quien se votara porque llegarían a un acuerdo para gobernar, lo que se presentaría como “la verdad” que demandaba la gente, y que situaba al margen de la sociedad política a los no firmantes.

El espectáculo político que nos están ofreciendo las distintas opciones de izquierdas para formar gobierno es un ejemplo claro de ese consenso. La geometría variable que inauguró Zapatero en 2008 para gobernar con todos y excluir al PP, la ha elevado a norma Pedro Sánchez. Las cinco propuestas que, de forma torpe, sorprendente e inoportuna, hizo llegar a IU, Podemos y sus variopintas confluencias, contradicen las formas y la letra del compromiso político con Ciudadanos.

El PSOE de Pedro Sánchez se ha convertido en el eje del “gobierno del cambio” –expresión tan manida como hueca-, siendo capaz de pactar con cualquiera. Los días impares, el equipo socialista se ha reunido con los negociadores de Ciudadanos para hacerse la foto, hablar de reformas, echar cuentas de diputados, y disolverse. Los días pares, los hombres de Sánchez acordaban los términos de un “gobierno de la gente” –los demás no somos “gente”, ojo- con el conglomerado de Podemos y adyacentes. Oían las exigencias imposibles de los podemitas, se miraban a los ojos, posaban para la prensa, echaban cuentas de diputados, y se disolvían.

La democracia es una forma de gobierno basada en el principio de consentimiento. El problema está en los límites de ese consentimiento. Pedro Sánchez se ha aferrado a la única fórmula que le asegura seguir en su puesto de secretario general del PSOE: llegar a un acuerdo con quien sea, menos el PP, para formar un gobierno. El mecanismo que se sigue, una vez roto aquel bipartidismo denostado por unos y añorado por otros, es el acuerdo ciego fundado en el consentimiento. Los políticos españoles pueden pactar cualquier cosa aunque no lo dijeran en la campaña electoral, o sea contradictoria con sus promesas. Porque esta democracia sin separación efectiva de poderes, y donde la relación entre el elector y el elegido -la representación- es más que mejorable, está fundada en la delegación completa, absoluta y ciega de la soberanía en los diputados.

Esa expropiación de los derechos políticos es un fraude consentido. Es cierto que la democracia directa y el asambleísmo son fórmulas donde el radicalismo y la demagogia se hacen los amos, y que no hay nada perfecto, pero sí existen mecanismos para evitar esa enajenación. Tampoco se trata de eliminar el margen de maniobra de negociación de un político, pero si contar con la opinión del soberano: los ciudadanos. La coartada de que la estabilidad dependa de llegar a un acuerdo, cualquiera, sin conocimiento ni refrendo de la ciudadanía, deja definitiva y totalmente la soberanía en manos de políticos que solo piensan en alcanzar el Poder y no soltarlo.

La distancia entre C’s y Podemos es insalvable en todos los órdenes, o eso parece, pero el PSOE se mantiene entre ambos, como si con cualquiera de los dos pudiera pactar un gobierno. No solo es que no salgan las cuentas parlamentarias para ser investido, es que de esas oscuras negociaciones ha salido un programa que los ciudadanos no conocían cuando fueron a las urnas el 20-D. Los votantes del PSOE entregaron a Sánchez y a su equipo un poder ilimitado para negociar lo que fuera con cualquiera, por mucho que haya hecho un medio referéndum entre sus militantes. El principio de consentimiento se vuelve así un fraude, una hoja en blanco.

Si PSOE y C’s han llegado a un acuerdo de gobierno que, según ellos “demanda la gente”, que se expliquen en la investidura, y que, aunque la pierdan, se presenten en coalición electoral en los comicios de junio, con un programa conocido que se pueda o no votar. Porque la democracia también supone responsabilidad, no dejar ciegamente el gobierno en manos de unos políticos sin más principio que aferrarse al Poder de cualquier manera. Ese consenso político no es siempre el “nuevo fascismo”, pero sí da miedo.

El error Ciudadano
Almudena Negro www.vozpopuli.com 2 Marzo 2016

Quizá no podían hacer otra cosa, atados por una campaña electoral nefasta que dejó en cuarenta escaños las aspiraciones de la formación naranja. Eran los tiempos en que Rivera decía que no entraría en ningún gobierno si no ganaba las elecciones. Se lo llegó a creer. Los tiempos en que no se quería definir en temas nucleares, como los pactos postelectorales. Ignora, por cierto, que esos pactos, que suponen un cambio del programa presentado a los españoles, son una estafa al electorado y provocan el sano abstencionismo que tanto temen.

Sus continuos vaivenes entre la izquierda y la derecha pasaron entonces desapercibidos gracias a la desafección de no pocos votantes hacia los partidos tradicionales. Su querencia hacia la izquierda, que no debería sorprender a nadie por cuanto Ciudadanos mostraba en su página web hasta hace escaso tiempo que era una formación de centro-izquierda, fue ignorada por casi un 60% de su electorado que procede del Partido Popular. Esos que hoy están escandalizados por la firma de un acuerdo de izquierdas, tan de izquierdas que le puede servir hasta a Podemos, a decir de Pedro Sánchez. Que se hubieran enterado antes. Menos dejarse sugestionar por la propaganda y más documentarse. La eclosión liberal, desde luego, no pasa por Ciudadanos, que es un partido más del consenso socialdemócrata.

Y es que el intento de los perdedores por formar gobierno, quienes por lo visto ahora consideran mala malísima “la fiesta de la democracia”, es un timo. Cuando escribo estas líneas, Pedro Sánchez aún no nos ha aburrido con su mitin, porque en un claro tongo la sesión no comenzará por la mañana sino por la tarde para que nadie le pueda replicar. Es una estafa en toda regla al electorado, al que consideran tonto. Investidura, por cierto, que otros aprovechan para poner en la calle al terrorista Otegi, recibido como un héroe por las CUP y ERC y defendido por Podemos, esos cuya abstención busca el PSOE. Ha estado ahí muy bien Albert Rivera.

Lo que estamos viendo estos días, con la oligarquía empresarial haciendo ascos a las elecciones, es un acuerdo de las oligarquías de espaldas a la ciudadanía, para salvaguardar sus intereses. Lo de siempre. Y sorprende el papel que en ello está jugando Ciudadanos.

Me explico: el acuerdo firmado con el PSOE incluye cuestiones que Rivera no contó a sus votantes en campaña electoral. Desde un programa económico que la agencia de calificación Moody’s ha tildado de “negativo para la economía”, que carga contra los autónomos (les sube cotizaciones e impone un mínimo a los que no llegan ni al SMI), como ha denunciado el sindicato ATA, a la subida de impuestos en forma de Sucesiones, Donaciones y Patrimonio a nivel nacional (la competencia le parece mal a Ciudadanos), hasta impuestos medioambientales. Por no hablar de la denuncia de los acuerdos con la Santa Sede, obsesión anticlerical del PSOE y ahora también de Ciudadanos, al aborto de niñas de 16 años sin saberlo los padres, o la eutanasia. Pasando por la derogación de cuantas leyes aprobó el gobierno de Mariano Rajoy y que han permitido una tímida recuperación económica. De la reforma laboral a la LOMCE. Un verdadero desastre para todo aquél que se tome la molestia en leerlo. Alucinarán con la cantidad de Consejos, Comisiones de Expertos y Oficinas que se proponen crear.

La supresión de las diputaciones es una chorrada con la que está cayendo. La madre del cordero del dispendio, la destrucción de la nación y la colocación de amiguetes se encuentra en las Comunidades Autónomas. La pretensión de suprimir ayuntamientos, forma natural de organización de las personas, e incluso las diputaciones, a mayor gloria del ente artificioso de las oligarquías, que son las Comunidades Autónomas, demuestra, como poco, que Rivera no sabe nada de Política. El PSOE, que sí sabe y cuyo interés es precisamente la destrucción del êthos de la nación, hace su juego.

En el fondo, Ciudadanos se ha apuntado, acaso inconscientemente, al Pacto del Tinell, el pacto de todos contra el PP, como certeramente denuncia Mariano Rajoy. Andan empeñados en que éste apoye un acuerdo que deroga todas sus políticas, lo que es como poco una idea peregrina. Lo de Girauta, de liberal amable a socialdemócrata que bloquea en las redes sociales a todo el que le lleva la contraria, utilizando como argumento de presión a Margallo y tres ministros más es una broma de mal gusto. No sirve como excusa tampoco el argumento de Rivera de que intentó hablar con Rajoy. Lo cierto es que Ciudadanos ha suscrito un pacto de izquierdas que deja fuera del consenso al partido más votado por los españoles, encabezado, guste o no, por Mariano Rajoy. ¿Quién es Rivera para afirmar que no se puede pactar con Rajoy? ¿Mantendrá esa opinión una vez fracasado el viernes, si fracasa porque hay quien se teme una ruptura del grupo de Podemos, que no es un partido sino una confluencia de intereses, la investidura de Pedro Sánchez? ¿O volverá Rivera a cambiar de opinión? ¿Dónde está la política, que no es sólo un reparto de carguitos o marketing electoral?

El error Ciudadano, por lo que se está viendo estos días, es haber confiado en un candidato –a las generales, autonómicas, municipales y europeas se presentó Rivera y sólo Rivera- que sólo aspira a alcanzar el Poder y que ha confundido la transversalidad y el inexistente centro con el principio marxista. El de Groucho. Y quien suscribe bien que lo siente, porque el papel de Ciudadanos en Cataluña, es fundamental para la libertad.

Diputa... ¿Qué? Antonio Burgos
Antonio Burgos. ABC 2 Marzo 2016

He pasado tres deliciosos días en Oviedo, adonde fui en vuelo directo de una compañía con nombre de cigarrón: Volotea. Quien me conozca y sepa lo poco que me gusta meterme en carretera me preguntará:

–¿Y qué se le ha perdido a usted en Oviedo?
Pues no se me ha perdido nada. Por el contrario, he hallado. He hallado la profesionalidad, seguridad y amabilidad del profesor don Luis Fernández-Vega, que en su Instituto, al que va media España y parte del extranjero, me operó de los clisos hace ya un Carnaval y debía revisarme. A don Luis le entregan esta semana el premio de Ovetense del Año, que se ha ganado a pulso y por el que públicamente le felicito en nombre de cuantos nos cuida los sacáis. ¿Cuántos vamos a Oviedo para que nos vea Fernández-Vega, inventor del «turismo oftalmológico asturiano» en beneficio del Principado? Llegas a su Instituto y te encuentras a media Sevilla. Unos amigos que están ahora allí para el segurísimo catarateo de rigor, me comentaban:

–Mira, llegamos a la clínica y había tanta gente conocida de Sevilla que aquello parecía la caseta del Aero...
¿No hablan de un «turismo sanitario»? Pues gracias al «turismo oftalmológico» del profesor Fernández-Vega muchos hemos descubierto la maravilla de Oviedo. Ciudad que tiene un atractivo en peligro de extinción y en alto riesgo: el encanto provinciano de «La Regenta». A mí Oviedo me recuerda mi Sevilla pre-Expo de hace treinta años. Quizá sea la capital española con menos franquicias por metro cuadrado y más comercios tradicionales, como esa monumental y artística confitería Rialto, la de las moscovitas y las princesitas, que tiene una decoración que la ves y te crees un indiano asturiano que ha llegado de vuelta a La Habana.

Sobre tales encantos aquí someramente descritos, Oviedo me ha inquietado, empero, por otra cuestión. Como autonomía uniprovincial, ¡no tiene Diputación! Mecachindiez... ¡Con lo bien que le vendría una Diputación a Asturias! En los pactos de Sánchez el Guapo con Rivera el Vanidoso hablan de suprimir las diputaciones. Son unos insensatos. Yo no sólo no las suprimiría, sino que impondría diputaciones obligatorias en las autonomías uniprovinciales que no las tienen. No hay derecho. A ver: Murcia, Navarra, La Rioja, Madrid y esa Montaña de Castilla a la que apodan Cantabria, ¿por qué han de padecer este agravio comparativo de no gozar de las excelencias de las diputaciones? Eso es asimétrico e inconstitucional: que unas autonomías tengan la mamandurria de las diputaciones y otras no.

Vamos a ver: en esas autonomías sin diputaciones, ¿dónde colocan a los alcaldes del partido dominante en la provincia cuando pierden las elecciones y se quedan con una mano detrás y otra delante, ya que desde que estaban en Nuevas Generaciones o en las Juventudes Socialistas no han hecho más que vivir de la política y no la han doblado en su vida en empresa alguna, ni han estado dados de alta en la Seguridad Social como trabajadores por cuenta ajena y no de la Teta del Estado? En las autonomías sin diputaciones, ¿quién larga a la Junta de turno el mochuelo de los viejos hospitales provinciales, de las carreteras vecinales, de la asistencia psiquiátrica, de la Sanidad del antiguo Padrón Benéfico? ¿Quién monta chiringuitos culturales para colocar amiguetes con carné del partido? ¿Pero cómo pueden subsistir estas autonomías uniprovinciales sin los cementerios de elefantes de las diputaciones? ¿Qué hacen con los elefantes políticos cuando la palman en las urnas? ¿Los incineran? Nada, nada: igual que los que viven de ellas piden que no las supriman, yo, como encantadísimo turista oftalmológico de Oviedo, pido una Diputación para el Principado de Asturias. O mejor dos: una para Oviedo y otra para Gijón. Y como los huevos duros del camarote de los Hermanos Marx: ¡y dos carbayones! Pero de grandes como el legendario y centenario que estaba en la calle Uría.

La liberación de Otegi y la idea de democracia de Pablo Iglesias
Editorial www.vozpopuli.com 2 Marzo 2016

Corría el año 2012 cuando en uno de sus monólogos televisivos, Pablo Iglesias Turrión, hoy reconvertido a la socialdemocracia, afirmaba que el derecho a portar armas es uno de los pilares de toda democracia que se precie, porque la democracia no puede existir si el Estado ejerce el monopolio de la violencia, lo cual, en boca de un sedicente profesor de la Facultad de Políticas, es indicio revelador del nivel académico de esa institución y, por ende, de la universidad española. Para Iglesias, la lucha por el poder a tiro limpio, en la que suele triunfar quien más pistoleros tiene a sueldo, parece ser el escenario ideal de todo Estado de Derecho que se precie. Tal es la idea que de la democracia tiene este lobo oculto bajo la piel de cordero del centrismo de última hora, dispuesto a colar gato por liebre a una sociedad desencantada con su clase política, harta de escándalos y huérfana de valores morales.

Partiendo de un antecedente como el citado, no es de extrañar que a Iglesias le haya faltado tiempo para afirmar en Twitter que la libertad de Arnaldo Otegi "es una buena noticia para los demócratas", porque “nadie debería ir a la cárcel por sus ideas”. El camarada Iglesias confunde España con Venezuela, como bien le ha recordado Albert Rivera. Es en Venezuela donde se encarcela a la gente por sus ideas.

Lo dejó muy claro Podemos –también Izquierda Unida (IU)- cuando en marzo del año pasado votó en contra de una resolución del Parlamento Europeo que exigía la liberación de los opositores venezolanos encarcelados por Nicolás Maduro, estos sí verdaderos presos políticos. Pero que nadie se equivoque: no hay incoherencia en absoluto. Más bien al contrario, es la coherencia de un sectarismo siniestro, del revanchismo que está calando cual lluvia fina en esta sociedad desmemoriada, donde los “buenos” tienen derecho a tomarse la Justicia por su mano. Esa es la idea. Sencilla, horrible y contagiosa.

Que el tal Otegi cumpliera condena por tratar de reconstruir la ilegalizada Batasuna bajo las órdenes de una organización terrorista como es ETA excede con mucho el terreno de las ideas. Pero para Iglesias, a lo que parece, el Estado de Derecho es un incordio, una molestia. Él aspira a un Estado donde llevar armas y usarlas sea el derecho inalienable de todo revolucionario que se precie. Y erigirse en verdugo del adversario y volarle la cabeza, a ser posible por la espalda tal como y ha sido costumbre en ETA, parece no ser más que otra forma de defender las ideas. La revolución es eso. "Salvo el poder, todo es ilusión", que diría Vladímir Ilich Uliánov, alias Lenin. El fin justifica los medios. Este es el candidato a presidente del Gobierno de la “nueva izquierda”, el “Billy the Kid” de Podemos. Este es el líder del partido con el que Pedro Sánchez y el PSOE ansían formar Gobierno. Un señor que, por voluntad de más de cinco millones de votantes, ya tiene los dos pies en el Parlamento. Y aspira a gobernarnos. Avisados estamos. Las armas las carga el diablo.

Otegi, miserias y perversiones
José Luis Requero El Espanol 2 Marzo 2016

Si la Constitución prevé que el castigo penal tiene por objeto procurar la rehabilitación y reinserción del condenado, parece claro que la condena penal de Otegi ha sido inútil: ha quedado sólo en un castigo para él –que no es poco– y el único beneficio que han podido sacar las personas decentes es que haya estado fuera de circulación unos años –tampoco es poco–, pero no su reinserción social: ahí sí que ha fracasado.

Esto es la lógica de un sistema que no preveía ni prevé una condena a perpetuidad; tampoco ahora porque lo que rige es la posibilidad de condena permanente –para evitar hablar de perpetua– pero revisable. Por tanto, al no existir una privación de libertad a perpetuidad en su sentido literal, es decir, irrevisable, para siempre, llega el día inexorable en el que el condenado acaba saliendo en libertad y ya nada ni nadie puede impedir que salga como entró, o peor aun.

Otegi no muestra pesar alguno por los hechos que le llevaron a la cárcel; es más, sale más terrorista de lo que entró y si digo esto –que sale “más terrorista”– es porque como delincuente que es fue condenado por un delito de terrorismo y ningún pesar ha mostrado, es más, está orgulloso de sus delitos; en este sentido habrá que recordar que el concepto de terrorista va más allá del empuñar un arma y alcanza a la acción política que rodea al atentado.

En todo caso el pesar por el daño causado, el arrepentimiento, es una exigencia tan subjetiva que a falta de manifestación expresa, el ordenamiento sólo puede tenerlo en consideración sobre la base de hechos indicativos bien para que se reconozcan atenuantes, o para obtener beneficios penales o para acceder al indulto, pero no como condicionante de la libertad una vez que se cumplida la pena.

No menos doloroso es el espectáculo a la salida de la cárcel o las reacciones a la liberación. En lo que a Otegi se refiere siempre ha sido difícil esperar de este terrorista un mínimo de dignidad, de altura moral. Su comparación con Mandela es insultante, afirmación ésta que no estoy dispuesto a explicar por lo obvio. Esa actitud va en la línea de la miseria, de la perversión moral que siempre ha mostrado el terrorismo llamando lucha armada a los asesinatos, represión a la persecución del delito o echando en cara a las víctimas poco menos que una provocación justificativa del atentado. Pura perversión en la que no hay ni bien ni mal, ni siquiera pérdida de referentes éticos ni tampoco conveniencia, sino algo peor: se convierte el mal en bien.

Dentro de estas perversiones no menos hiriente es la de Pablo Iglesias diciendo que Otegi es un demócrata, un luchador por las libertades y que ha estado encarcelado por sus ideas políticas. Quizás habría que ir sacando de la librería la Ley de Partidos políticos y empezar a hacer acopio de unas declaraciones y actitudes siempre más cerca del criminal que de la víctima. Digo esto porque una de las causas para ilegalizar a un partido es que de forma reiterada y grave vulnere los principios democráticos o persiga deteriorar o destruir el régimen de libertades o imposibilitar o eliminar el sistema democrático, mediante las conductas a que se refiere el artículo 9 y una de ellas es dar apoyo a quien es un terrorista o dice que un secuestrador es un luchador por las libertades.

Hoy la Ley de Partidos se hace eco de las previsiones del Código Penal y ordena a los partidos políticos que, como el resto de las personas jurídicas, adopten un sistema de prevención y de supervisión respecto de aquellas conductas que aquella ley prevé como justificativas de su ilegalización. Ignoro si Podemos ha instaurado tal sistema, pero no es arriesgado pensar que ni lo ha hecho ni parece dispuesto a hacerlo a la vista de los aplausos a Otegi, con desprecio hacia unas víctimas que tienen nombres y apellidos.

En las declaraciones del líder de Podemos quizás haya mucho de tactismo y busque marcar distancias con el PSOE para hacer cada vez más difícil un pacto y, de paso, afianzarse en el País Vasco donde a la vista de los últimos resultados electorales ha sido el partido refugio de batasunos y filoterroristas: qué mejor camino para ellos que apoyar a un partido de Madrid que está en alza y tiene como objeto destruir a España. Lo trágico es que no sólo llaman su puerta independentistas y filotrerroristas sino un partido constitucionalista: el PSOE.

PATRULLARÁN LAS CALLES 'PARA EVITAR EL MAL'
Odín, Alá y el violento futuro de Europa
Los musulmanes nórdicos han respondido a la creación del 'somatén' de los Soldados de Odín creando los Soldados de Alá. Pero sus previsibles choques pueden quedar en una broma frente al conflictivo futuro que parece esperar a la UE.
Carlos Esteban  www.gaceta.es 2 Marzo 2016

Parecen los bandos de un videjuego bélico futurista: los Soldados de Alá contra los Soldados de Odín, una fantasía a lo Mad Max para adolescentes hiperactivos y ociosos. Desgraciadamente, es solo una parte de la pesadilla que se está preparando la Unión Europea y las élites mundialistas en una política de acogida de inmigrantes musulmanes que, como en una broma macabra, los medios se obstinan en calificar de mezquina.

Los Soldados de Alá han nacido, al parecer, como respuesta directa a los Soldados de Odín, un misterioso grupo de vigilantes surgidos el año pasado en Finlandia que patrullan las calles con sus cazadoras negras marcadas con un símbolo vikingo para impedir desmanes de la población inmigrante. El nuevo 'ejército' se ha dado a conocer con un comunicado al diario noruego Verdens Gang, y anuncian que iniciarán su actividad precisamente en Oslo.

"En respuesta a las patrullas de infieles de los Soldados de Odín, los musulmanes hemos decidido crear un grupo que patrullará las calles, primero en Oslo, para evitar el mal y animar al bien", reza el comunicado. Dado que sus contrarios del dios tuerto tienen idéntico objetivo, creo que cuando las patrullas de uno y otro grupo se encuentren podremos comprobar que sus nociones de "bien" y "mal" difieren apreciablemente.

Los Soldados de Alá vestirán sudaderas negras con capucha adornads con la bandera del ISIS, dando una clara señal del mal que quieren evitar y el bien que pretenden fomentar.

A Occidente en general y a la UE muy en particular le espera un futuro inmediato interesante, en el sentido de la maldición china, y la acogida masiva y rápida de millones de recién llegados del Tercer Mundo augura un aumento de la conflictividad y la violencia, por más que los medios traten de ocultarla o, aún peor, pretender que solo se ejerce de una parte.

Para empezar, los grupos extremistas están haciendo su agosto. No es que la actitud de los 'refugiados' en ocasiones se lo ponga muy difícil, como comprobaron en Nochevieja varias ciudades de Europa, o que la pasividad de las autoridades, siempre presta a ningunear, minimizar o ignorar sus desmanes dé esperanzas de que los problemas puedan dejarse en sus manos. Las imágenes de este lunes de los refugiados usando un ariete para echar abajo la valla fronteriza en Macedonia en la cara misma de los guardias no son muy tranquilizadoras y difícilmente compatibles con la impresión de pacíficos e inofensivos solicitantes de asilo que transmiten los medios que, de hecho, han preferido publicar la foto de la respuesta de los guardias. No es extraño que las encuestas coincidan en que el número de alemanes que creen que deberían cerrarse las fronteras aumenta por días.

La llegada en un espacio de tiempo tan corto de un número tan alto de recién llegados procedentes de una cultura distinta, distante y hostil a la nuestra sería ya, en fin, una pesadilla desde el punto de vista de la seguridad incluso sin nada más. Pero, claro, hay algo más, algo de lo que ha advertido el propio Parlamento Europeo en un informe hecho público el pasado diciembre, con advertencias tan aterradoras como esta: "La Unión Europea y sus Estados Miembros deben prepararse para la posibilidad de un ataque químico o biológico en su territorio por parte del autodenominado Estado Islámico de Irak y Levante (Daesh)". ¿No es maravillosa la diversidad?

Que los yijadistas en general y el ISIS en particular aprovecharían el caos causado por la entrada masiva de 'refugiados' es de cajón, y quedó sobradamente demostrado con los ataques de París. Y aquí no estamos ya hablando de bandas callejeras, de Alá o de Odín.

En un artículo publicado en Epoch Times, el ex director del Frankfurter Allgemeine Zeitung Udo Ulfkotte asegura: "Recientemente he estado en la zona fronteriza de Passau/Deggendorf y luego entre Graz y Spielfeld en Austria, cerca de la frontera con Eslovenia. En ambos cruces fronterizos se producían entradas de armamento en dirección a Alemania y de niños destinados a su explotación sexual. No, no es algo que afirmen teóricos de la conspiración, sino oficiales de la seguridad del Estado presentes en el lugar".

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Los dos discursos
F. JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 2 Marzo 2016

Ayer pudieron leerse, verse u oírse en España dos discursos políticos. Uno, de casi dos horas, lo pronunció Pedro Sánchezen las Cortes, en teoría para ser investido presidente del Gobierno, en la práctica para mantenerse como jefe de la Oposición a Mariano Rajoy por tiempo indeterminado. El segundo discurso, mucho más breve pero de calado muy superior, fue un tuit de Pablo Iglesias saludando la salida de la cárcel del dirigente etarra Arnaldo Otegi: «La libertad de Otegi es una buena noticia para los demócratas. Nadie debería ir a la cárcel por sus ideas».

Ambos discursos, el gaseoso y el de plomo, marcan con claridad la disyuntiva política que afronta España: o se impone la legalidad constitucional que representan PP, PSOE y C's o la realidad de una izquierda totalitaria y separatista que siempre ha legitimado al terrorismo, que sólo acepta la democracia como medio para llegar al Poder y que al balazo en la nuca llama idea. El proceso lo inició ZP («Otegi es un hombre de paz») y parte de legitimar a la ETA y cualquier terrorismo separatista como «lucha armada» contra el «franquismo» o la «democracia burguesa». Lo de Iglesias en la 'herriko taberna', o lo de Willy Toledo ayer: «Gora ETTA». La Fiscalía, en Babia.

De los líderes de las principales fuerzas políticas constitucionales -Rajoy, Sánchez y Rivera-, sólo el de C's respondió a Iglesias: «Otegi fue condenado por la Justicia por pertenencia a banda armada. Encarcelado por sus ideas está Leopoldo López». E Iglesias contestó: «Menos lobos, 'albertrivera', que os salisteis del Parlament con el PP para no condenar el franquismo. Nosotros principios, vosotros márketing».

Iglesias, cabecilla del comunismo bolivariano promovido por las teles de Rajoy, asocia el antifranquismo a ETA y la condena a sus crímenes con el franquismo. Pero casi todos los crímenes etarras se cometieron en democracia y para destruirla. Entre los de Otegi, aparte de reconstruir Batasuna por orden de ETA, destacan el secuestro y ametrallamiento de Gabriel Cisneros a las puertas del Congreso, el secuestro de Javier Rupérez y el del industrial Luis Abaitua -por el que fue condenado a 10 años de cárcel- al que en el zulo obligaba a jugar a la ruleta rusa.

Ese discurso de plomo es lo que respalda Iglesias. Y lo que por el maldito discurso gaseoso puede conseguir.

Ni hombre de paz ni preso político
EDITORIAL El Mundo 2 Marzo 2016

«Nos encarcelaron por hacer una apuesta por la paz». Quien esto afirma ha entrado y salido seis veces de la cárcel por delitos de terrorismo. Por pertenecer a una organización armada responsable de más de 800 asesinatos, decenas de secuestros y cientos de extorsiones. Por haber tenido amedrentado a todo un país durante décadas, porque para ETA la vida de cada uno de los españoles era calderilla en comparación con una utopía nacionalista que existe sólo en sus delirantes cabezas ideologizadas. La patria, dijo el clásico, es siempre el último «refugio de los canallas».

Y a esa estirpe ha pertenecido siempre Otegi. Por más que ahora pretenda presentarse como el único capaz de llevar «hasta el final esa apuesta», como afirmó ayer a las puertas de la prisión, en un acto preparado por los miembros de Sortu. Pero Otegi no logrará que lo que hizo como militante activo de la organización terrorista desaparezca de la historia de la infamia. Ni las víctimas ni el resto de los ciudadanos olvidarán nunca los años en los que tenía como únicos argumentos sus convicciones independentistas, apoyadas por las balas de las pistola. Los años en los que amenazaba, secuestraba y justificaba los asesinatos, como hizo cuando unos etarras acribillaron al periodista José Luis López de Lacalle a la puerta de su casa.

Porque Otegi no ha sido condenado por sus ideas políticas sino por pertenecer a ETA. Por eso es lamentable que los dos líderes principales de Podemos saliesen ayer en su defensa como si fuese un represaliado. Errejón e Iglesias se desacreditan a sí mismos al alinearse con las tesis de ETA intentando presentar a Otegi como un preso político, no como un criminal. Con sus declaraciones de ayer, los dos diputados de Podemos cuestionan las instituciones democráticas y desacreditan el Estado de Derecho al que representan. Deberían saber que desde la promulgación de la Constitución del 78 no hay en nuestro país presos de conciencia ni nadie que haya sido encarcelado por sus ideas políticas o religiosas.

Inhabilitado hasta 2021, es posible que una argucia jurídica le permita poder presentarse a las próximas elecciones autonómicas del País Vasco. Si la ley se lo permite (el TC tendrá la última palabra) nadie podrá negarle su derecho a optar a ser 'lehendakari'. Pero no será suficiente con haber cumplido sus condenas. Otegi tiene una responsabilidad moral pendiente con la sociedad española. Y para saldarla tendrá que hacer algo que hasta ahora se ha negado a hacer de forma reiterada: repudiar explícitamente la violencia como arma política, pedir perdón a las víctimas por el dolor causado y cooperar con la Justicia para esclarecer los crímenes de la banda que aún están sin resolver. Sólo así podremos creer que es sincera su caída del caballo y no una estratagema oportunista. No hay que olvidar que la izquierda 'abertzale' de la que Otegi se considera representante, no reconoce que ETA fue derrotada por el Estado, sino que ha sido la banda la que «unilateralmente» ha dejado la lucha armada, dando a entender que podrán volver a empuñar las armas si no consiguen sus objetivos por vías pacíficas.

Ayer fue aclamado como un héroe en Elgoibar, su pueblo. Entristece ver cómo se repiten las viejas formas de hacer política de una minoría que continúa colocando a los verdugos por encima de las víctimas. Para consolidar la normalización política es necesario que víctimas y verdugos ocupen el lugar que les corresponde en la Historia.

El hombre de paz camina libre.
Vicente A. C. M.  Periodista Digital 2 Marzo 2016

Pues según Pablo Iglesias yo que no me alegro porque un terrorista más de ETA haya salido de prisión no debo de ser demócrata. Lo que a sensu contrario significa que los que sí se alegran son los verdaderos demócratas como él. Una hipocresía que se confirma en el tweet que publicó diciendo que “nadie debe estar en prisión por sus ideas”, cuando nunca ha condenado la prisión de Leopoldo López por el régimen dictatorial bolivariano de Maduro en Venezuela. Ni tampoco le hace ascos a recibir fondos económicos de dictaduras islamistas como la de Irán donde los homosexuales son ahorcados suspendidos en grúas a la vista de todos. Y este sujeto se dice demócrata y defensor de los derechos humanos. Hipocresía mayúscula e iniquidad. Nadie como ese tipejo debería considerarse por encima de los demás y repartidor de credenciales de democracia.

Porque hoy es otro día triste para todos los que no compartimos la ideología ni la hipocresía de Pablo Iglesias, que dice que Arnaldo Otegi es “un gran político y artífice de la paz”. Una opinión de simpatía nunca escondida en las diferentes charlas, reuniones y alabanzas con el mundo proetarra. La hemeroteca es lo que tiene que siempre queda huella y que aunque se haga desaparecer ha habido tiempo para hacer dosieres y copias de las declaraciones de apoyo. Tampoco nunca ha escondido su firmeza a la hora de aprobar la independencia de El País Vasco y las reivindicaciones territoriales de la llamada Euskal Herría, asumiendo además que la violencia puede ser en determinados casos algo legítimo para defender las ideas políticas” porque muchos derechos no se pueden ejercer y eso es algo que se dio cuenta ETA””. Y este sujeto se proclama a sí mismo demócrata y llama a un terrorista convicto “artífice de la paz”.

Arnaldo Otegi, conocido en el mundo de ETA como “El gordo” un segundón con un amplio historial delictivo incluidas sentencias penales por secuestros, pertenencia a banda terrorista, apología del terrorismo y demás actividades que como pueden deducir no tienen nada que ver con la política y mucho menos con la búsqueda de la paz, salvo la de los cementerios. Existen dos pseudobiografías, la primera que es una serie de entrevistas publicadas por propio Otegi en el periódico abertzale GARA “El tiempo de las luces” y la segunda el libro “Otegi, el hombre nuevo” de los periodistas Mariano Alonso y Luis Fernando Quintero. Les animo a leer este último para conocer las andanzas de este aspirante a Lehendakari que pretende presentarse a las próximas elecciones en El País Vasco.

Pero desgraciadamente hay un culpable para que organizaciones proetarras como BILDU sigan legalizadas, gobernando Instituciones y controlando presupuestos y vidas de los españoles residentes en EL País Vasco y Navarra. Ese culpable es el PP y su política de continuismo de la rendición del anterior Gobierno de Zapatero y del PSOE, que también llamó a Otegi “hombre de paz” y promovió el acercamiento de presos a cárceles cercanas al País Vasco y soltó a etarras asesinos como De Juana Chaos permitiendo su huida y su asilo en Venezuela. Curioso que esa sea el mismo país que tanto gusta a Pablo Iglesias y del que líderes de PODEMOS como Juan Carlos Monedero e Iglesias han recibido numerosas y cuantiosas cantidades económicas por diversos servicios de “asesoramiento político” entre los que figuraban cosas tan democráticas como la neutralización de los oposición mediante la técnica de infiltrar elementos desestabilizadores, los típicos “topos”. Y estos sujetos son los que se atreven a dar “carnets” de demócratas.

Sí, puede que Pablo Iglesias y toda su patulea se alegren de que un terrorista vuelva a pisar las mismas calles que fueron testigos de sus fechorías. Pero lo que no admito en absoluto es que se atrevan a insinuar que su detención fue algo político y por defender sus ideas. Eso simplemente es miserable y solo corrobora la perfecta sintonía que esta gentuza mantiene con el mundo etarra.

¡Que pasen un buen día! Lo siento pero para mí no lo es y solo siento un profundo asco por la dejación de responsabilidades de quienes tenían el deber de velar por mantener la democracia apartando a esta escoria que de modo indubitable se ha demostrado pertenecer al mundo de ETA que sigue sin disolverse, sin arrepentirse y vigilando el proceso de “liberalización” de Euskal Herria, sin descartar llegado el caso volver a atentar. Y aún dicen que son hombres de paz.

Arnaldo Otegi, el cobarde
Editorial La Tribuna del País Vasco 2 Marzo 2016

Hay gente que, como José Luis Rodríguez Zapatero en su momento, cree ver en los ojos de Arnaldo Otegi un futuro de prosperidad para el País Vasco. Estas personas harían bien en recordar de qué modo se desvinculó el antiguo proetarra de la banda criminal en la que ha forjado su “carrera”. “¿Condena usted la violencia de ETA?”, le preguntó el juez poco antes de madarle a prisión, y Arnaldo Otegi, la gran esperanza blanca del nacionalismo vasco siempre más preocupado por los verdugos que por sus víctimas, el gran referente de ese falaz pensamiento único presuntamente progresista que llama “izquierda abertzale” a los voceros de los asesinos, fue incapaz de responder y, nervioso, sin saber dónde meterse, contestó que no, que él no iba a responder a esa cuestión.

Arnaldo Otegi ha sido siempre, por encima de cualquier cosa, un vulgar cobarde. Cuando ETA asesinaba un día sí y otro también, él sabía que el terrorismo etarra estaba condenado a desaparecer, que la banda criminal se había convertido en una mafia alimentada cada vez en mayor medida por el tráfico de drogas y que el independentismo político vasco que él decía defender no tenía ningún futuro bajo la tutela infernal de una pandilla de psicópatas ignorantes y fanáticos, pero, a pesar de todo eso, él, temeroso, escuchaba, callaba, agachaba la cabeza y, en sus múltiples escapadas al sur de Francia, otorgaba… a ETA.

Hoy, Arnaldo Otegi, el bravucón testaferro de los criminales que tanto encandila a políticos indecentes, intelectuales apesebrados, periodistas ignorantes y presentadores idiotas, ha salido de la cárcel mientras los vivas a ETA retumbaban a su alrededor, y ha quedado en libertad sin condenar los crímenes de ETA, sin reconocer el daño causado a las víctimas, sin arrepentirse de sus delitos y, por supuesto, sin colaborar con la Justicia.

Hasta llegar a este punto, y durante su estancia en prisión, Arnaldo Otegi recibía todas las semanas la visita de un masajista, pagado con dinero público, que le proporcionaba fricciones lumbares para combatir los presuntos dolores de espalda que padece el miserable. Probablemente, mientras recibía las friegas, pergeñaba la Batasuna del mañana que, a pesar de todo, nacerá nuevamente sujeta y subyugada al estigma de unos míseros asesinos cuya presencia no desaparecerá mientras de este partido no desparezcan tantos personajes que, como el mísero Otegi, han construido su vida política, y su vida a secas, gracias al tiro en la nuca, los secuestros y la “socialización del sufrimiento” promovidos por los terroristas.

Otegi, el cobarde, ha salido de la cárcel. Y, a partir de ahora, sus palabras serán muy importantes para quienes tan habituados están a contemporizar con el horror, para quienes piensan que por ponerse cerca de los asesinos son más progresistas que nadie (el gran drama de la izquierda europea desde los campos de concentración estalinianos) y para tantos miserables como abundan en las televisiones y en algunos periódicos de este país defendiendo y vendiendo la idea de que, en España, lo que se necesita urgentemente es que las víctimas… pidan perdón a sus verdugos.

Iglesias el 'abertzale' y Otegi su 'preso político'
Fernando Lázaro El Mundo 2 Marzo 2016

Sin duda, Pablo Iglesias es un gran estratega de la comunicación. Y lo acaba de demostrar hoy. Ese tuit de apoyo a Arnaldo Otegi calificándole de preso político ha vuelto del revés las redes sociales y ha quitado protagonismo a su principal competidor en el País Vasco ante los próximos comicios autonómicos, durante su excarcelación.

El posicionamiento político del líder de Podemos sobre el terrorismo no es nuevo. Aún hay quien me sigue criticando cuando desde las páginas de EL MUNDO publiqué los informes de la Guardia Civil en los que se relacionaba al líder de Podemos con Herrirá, el movimiento de la izquierda abertzale que se ocupa de los presos de ETA.

También recuerdo las críticas cuando publicamos las palabras de etarras que se mostraban afines a las tesis de Podemos.

Por eso sorprende menos ahora que, de nuevo, Iglesias se pronuncie en los términos similares a los palmeros de ETA. Se les olvida a esos palmeros y a sus nuevos amigos políticos que Otegi está en la cárcel por delitos de terrorismo. Sí. Por pertenencia a una organización terrorista. Y lo dijo la Audiencia Nacional. Y lo ratificó el Tribunal Supremo. Y no vale tratar de reescribir la historia. Y no vale, como trata de hacer siempre Pablo Iglesias, esconder a las víctimas del terrorismo (de las que no se acuerda).

No hace tantos meses, quien quiere ser vicepresidente de un Gobierno con el PSOE de Pedro Sánchez y controlar los medios de comunicación públicos, los servicios secretos y las estructuras policiales, también defendió el fin de la política de dispersión.

Siempre que puede Pablo Iglesias dibuja una España antidemocrática, fuera de los límites legales, donde existen encarcelados por pensar diferente. Y no, señor Iglesias, por mucho que insista, los españoles saben que no es así, que aquí, con deficiencias y mejorable pero existe un Estado de Derecho, unas instituciones que mejor o peor funcionan... Y que Otegi no es un preso político. Donde sí hay presos políticos es en Venezuela. Donde sí hay un Estado donde no se respetan los derechos es en Irán... Pero de eso, el señor Iglesias ni puede ni quiere hablar...

Hablamos de etarras y de las fugas de capitales
Sánchez, con toda probabilidad, se está despachando a gusto contra el anterior gobierno
Miguel Massanetdiariosigloxxi.com 2 Marzo 2016

Corremos el peligro, seguramente a causa de la rapidez con la que vivimos en la actualidad y de la multitud de acontecimientos que se van acumulando en nuestras vivencias, de perder la referencia de hechos que tuvieron lugar no hace demasiados años y que, sin embargo, vuelven a tomar relieve cuando ya dábamos por amortizada la banda criminal ETA. Hoy, precisamente, ha salido de la cárcel de Logroño el etarra Arnaldo Otegui, después de haber permanecido en ella unos escasos 6 años. Una de las primeras cosas que ha dicho al verse en libertad, no ha sido pedir perdón a sus víctimas y expresar su arrepentimiento, sino todo lo contrario: "Ahora nos toca sacar a los presos de la cárcel y la independencia", ha recalcado sin el menor asomo de retractación y pesar por sus anteriores fechorías.

Si señores, lo que hoy nos parece una condena mínima es lo que tienen que cumplir señores que mantuvieron secuestrados a ciudadanos o asesinaron a mansalva, en nombre de no se sabe que pretendida causa nacionalista, personas que no eran culpables más que de querer vivir en paz; precisamente cuando los etarras decidieron hacer valer sus razones, si es que tenían alguna que esgrimir, secuestrando y asesinando a tiros o con bombas a ciudadanos españoles, policías, personalidades de la política, militares y a cualquiera que tuviera la desgracia de estar en el lugar equivocado cuando, la vesania terrorista, daba suelta a sus métodos criminales. ETA chantajeaba al pueblo español para que cediera ante su violencia y, como actualmente intentan los separatistas catalanes, para que España renunciara al País Vasco, sólo porque a un tal Sabino Arana le dio la locura de inventarse una imaginaria “patria vasca”.

Cuando Pablo Iglesias manifiesta que considera al etarra un activo político importante con el que, seguramente, no tendría ningún inconveniente en sentarse a negociar. "La libertad de Otegui es una buena noticia para los demócratas. Nadie debería ir a la cárcel por sus ideas", al conocer la noticia de la excarcelación de Otegui; cuando la realidad es que el etarra no estaba recluido en ella por sus ideas, sino por su pertenencia a banda armada e intento de refundación de Batasuna. Hasta los separatistas catalanes han querido recibir al excarcelado., entre ellos en señor Luis Llach, el cantautor catalán, que se ha deshecho en elogios hacia él. Es evidente que, para todos ellos, los crímenes de ETA estaban justificados, por aquello de que, para los criminales y sus simpatizantes, sí es verdad que el fin justifica los medios, aunque luego se muestren muy sensibilizados en cuanto se trata de la defensa de los derechos humanos de aquellos de gatillo fácil, como son los presos de ETA, todavía en prisión.

Y muchos de estos señores que se han vestido de demócratas, de defensores del pueblo, de contrarios al gobierno del PP, de renovadores de la sociedad y de defensores de otro tipo de economías, seguramente estatalizadas y controladas desde el gobierno, son los que salen en defensa de estos criminales que se cargaron a casi mil ciudadanos españoles sin darles opción a defenderse. Los que los consideran merecedores de formar parte de la sociedad, de entrar en política y de ocupar puestos en las administraciones públicas al lado de funcionarios a cuyos compañeros su banda eliminó criminalmente, sin la menor compasión por sus vidas y el dolor de sus familias.

Esta tarde, en el Congreso de diputados, el señor Pedro Sánchez con toda probabilidad se está despachando a gusto contra el anterior gobierno, les recriminará sus casos de corrupción ( olvidándose de los 600 encausados que su partido tiene en Andalucía por haberse quedado con el dinero de los ERE de algunas empresas) e insistirá en la necesidad del famoso “cambio”, una palabra que han venido acuñando como comodín útil para todo sin que, en realidad, sepamos a ciencia cierta en lo que va a consistir y en si va a ser para bien o para mal. Aunque ya se vislumbren algunas de sus pretensiones como, por ejemplo, acabar con la reforma laboral del PP, una reforma que ha resultado de gran utilidad, que ha creado puestos de trabajo y que ha favorecido a los trabajadores, entre otros motivos, porque les ha quitado poder a los Sindicatos en la negociación colectiva, lo que ha facilitado en gran manera el entendimiento directo de las empresas con sus trabajadores y ha evitado que, en muchos casos, los trabajadores hayan tenido que pagar por los servicios, en ocasiones obligatorios, de las centrales sindicales. Se olvidan, incomprensiblemente, de que esta reforma nos fue exigida por Europa para evitar la amenaza de ser intervenidos cuando ya estábamos a las puertas de tener que pedir el “rescate” para nuestro país.

Cambio, por lo visto, es poner más impuestos, encarecer la producción con más tasas, es aumentar el impuesto de sociedades, meterse con las grandes fortunas lo que es una excusa para continuar machacando a la clase media que, en definitiva, es en la que recae todo el peso de estas grandes ideas innovadoras que la izquierda nos quiere imponer. Los ricos, si les importunan o los quieren gravar más, simplemente se irán de España y se instalarán en otro país donde no se les incordie. Las multinacionales, si se les grava con aumentos de costes salariales, se les aplican arbitrios o se intenta que paguen más por los beneficios obtenidos, cerrarán sus empresas en España, las reducirán de tamaño o se las llevarán a otra ubicación en la que su competitividad quede garantizada.

Pero lo más preocupante, de momento, son las noticias que nos llegan del Banco de España, en las que se habla de la paralización de las inversiones en bienes o sociedades ubicadas en nuestra nación; de la preocupación que existe en Europa respecto a la deriva que puede tomar el país si, como es posible que suceda, el nuevo gobierno que se constituya sea de izquierdas y, además, que tenga la misma tentación, de los griegos de Syriza, de comenzar a pedir aplazamientos del pago de la deuda o que se nos permita seguir superando la cifra de déficit público que se nos ha asignado. Si, durante el pasado 2015, los inversores sacaron de España la cifra de 70.200 millones de euros, a diferencia de los 5.600 millones de euros que invirtieron en el 2014 ( todo ello cifras dadas por el BE), puede deberse, en parte, por los problemas europeos pero, no nos engañemos, el tema del separatismo catalán habrá influido en ello y la inestabilidad política, con sus secuelas en las pasadas elecciones, tanto las autonómicas y municipales como las legislativas del 20D; sin duda han constituido un aviso para los inversores de que la seguridad jurídica de sus inversiones en nuestra nación pueda quedar condicionada por unos nuevos gobernante de clara tendencia hacia la extrema izquierda.

En sólo el mes de diciembre del pasado 2015, las salidas de capitales de España alcanzaron la significativa cifra de 19.000 millones de euros. Evidentemente se quiere intentar calamar la inquietud de los españoles ante tales noticias y se les quiere desvincular de la inseguridad política por la que está atravesando el país; sin embargo, los ciudadanos, los que estamos acostumbrados a que nos pretendan vender las malas noticias envueltas en el celofán de la caja de bombones, ya hemos llegado a olfatear cuando se nos quiere dar gato por liebre o cuando alguien tiene interés en meternos una morcilla. Si la prima de riesgo se ha encasillado por encima de los 140 puntos cuando hace unos meses llegó a estar por debajo de los 100; si las bolsas han llegado a bajar, en lo que va de año, un 10% y, todo ello lo sumamos a la reducción de la inversión y la correspondiente retirada masiva de capitales que está sufriendo el país, no es difícil llegar a la conclusión de que España ha dejado de tener la confianza del resto de Europa. ¿Los motivos? Echen ustedes un vistazo a lo que pasa en el Congreso y saquen las correspondientes conclusiones. ¿De verdad, en estos momentos en los que no sabemos en qué manos va a caer nuestra nación, se atreverían ustedes a tomar una decisión económica, tendrían valor par emprender un negocio o simplemente esperarían, con el corazón estrujado y asiendo firmemente su cartera, a que el panorama político español se despejara? Yo, al menos, voy a extremar la prudencia.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, tenemos la desagradable sensación de que estamos en un buque, lleno de vías de agua, en el que las ratas ya hace tiempo que decidieron abandonarlo y sólo quedamos, forzosamente sujetos a permanecer en él, aquellos, lean ustedes clase media, a los que no nos queda más remedio que intentar taponar las vías de agua para mantenerlo a flote. ¿Hasta cuando? Vayan ustedes a saber.

Las víctimas, sobre OtegiFree: ‘España está enferma moralmente’
La AVT, VcT y Covite se pronuncian en GACETA.ES sobre los actos de bienvenida al exportavoz de Batasuna, las visitas de políticos que ha recibido en prisión y que 146 individuos hayan reclamado su liberación.
R. Moreno  www.gaceta.es  2 Marzo 2016

Ángeles Pedraza, presidenta de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, denuncia que el líder de Podemos, Pablo Iglesias, ocupe un escaño en el Congreso tras decir que la excarcelación del exportavoz de Batasuna, Arnaldo Otegi, es una “buena noticia para los demócratas, puesto que nadie debería ir a la cárcel por sus ideas”.

Dice que sería “dramático que gobernara o perteneciera a un Gobierno de España un señor que llama demócrata a un condenado por pertenencia a banda armada”, y que “visto cómo va, lo que querrá es que las víctimas nos metan en prisión por haber creado disturbios”, en alusión al encarcelamiento de opositores en Venezuela.

“España está enferma moralmente”, afirma, por su parte, Francisco José Alcaraz, presidente de Voces contra el Terrorismo, tras el recibimiento que este martes ha tenido Otegi a su salida de la cárcel y tendrá su réplica en otros dos actos más.

Lamenta que cada vez que un terrorista queda en libertad, “una gran parte de la sociedad tanto civil como política e incluso algún juez y famosos estén jaleándolo y apoyándolo, pese a haber estado condenado por terrorismo, como en este caso”, y destaca que “esto sólo pasa en España”, algo “indignante”.

“Es inimaginable que los autores de los atentados del 11-S en Nueva York saliesen de la cárcel y alguien los jaleara y encumbrara”, añade el líder de esta asociación que fue la única acusación popular en el caso ‘Bateragune’ (punto de encuentro) por el que Otegi ha cumplido seis años y medio de condena.

También destaca que a diario también salen de la cárcel cientos de delincuentes y que “a nadie se le ocurre a darles bombo, sino que socialmente se les aísla”. Considera que estas bienvenidas a un terrorista, que ha formado parte de una asociación con más de mil asesinatos y miles de heridos, indica que el problema no lo tiene sólo Otegi, sino también “una gran parte de la sociedad que lo llama hombre de paz y le está lavando de imagen, como hacen muchos medios comunicación”.

Respecto a que el juez Eloy Velasco rechazara prohibir los tres actos de recibimiento a Otegi, aunque ha ordenado vigilarlos, dice que “las decisiones de la Audiencia Nacional en estos últimos años están muy escoradas de cara a favorecer la normalización”.

Denuncia que “tanto el PP como el PSOE intentan imponer que el terrorismo conviva con total normalidad y sin ninguna consecuencia entre los españoles, bien con homenajes o con su presencia en las instituciones”, y que la “clase política arrastra en gran medida a una gran parte de ese tribunal”.

Desde el Colectivo de Víctimas del Terrorismo (Covite), que preside Consuelo Ordóñez, alertan de los peligros de mantener una “actitud complaciente ante continuos homenajes públicos a quienes han cumplido cárcel por delitos vinculados con el terrorismo”. Además del recibimiento al dirigente de Sortu y preso de ETA Arnaldo Otegi critica los que han tenido los reclusos de la banda Ana Isabel Prieto y Aingeru Cardaño.

Cuenta que estos últimos fueron homenajeados este lunes en Bilbao, en el barrio de Santuchu, y que solicitarán a la Fiscalía de la Audiencia Nacional que también los investigue por si pudieran ser constitutivos de un delito de enaltecimiento del terrorismo o de humillación a las víctimas.

La asociación hace un llamamiento a los gobiernos, ayuntamientos y partidos políticos “a dar un paso al frente para evitar que las nuevas generaciones perciban como ejemplo de compromiso a personas que justifican la mayor vulneración de derechos humanos vivida en democracia: el terrorismo de ETA”.

“No nos preocupa la salida de Otegi, sino que se pueda tomar como referente a alguien que nunca ha condenado el asesinato selectivo de seres humanos y defiende que asesinos múltiples están en la cárcel por sus ideas, un tipo que ha contribuido a sembrar el miedo y el terrorismo en España”, manifiestan.

Sobre que el exportavoz de Batasuna se haya autoproclamado “preso político” en su primer mitin fuera de la cárcel destaca que el entorno de este “utiliza la propaganda para conseguir sus objetivos”.

Recuerda que “Rufi Echeverría, también de la izquierda abertzale, dijo hace una semana que a los presos de ETA hay que llamarlos presos independentistas, y que también hay que los denomina presos vascos”.

Por su parte, desde Foro Guardia Civil, una cuenta de twitter “ajena al carácter oficial o institucional del Cuerpo” hacen hincapié en que Otegi que se presenta como preso político no ha estado encarcelado por sus ideas, sino por colaborar con banda terrorista. Esperan que #OtegiFree sea en breve #OtegiTrullo”.

Encarcelado NO por sus ideas sino por colaborar con banda terrorista (casi 1000 muertos). Esperamos que #OtegiFree sea en breve #OtegiTrullo
— Foro Guardia Civil (@forogc) 1 de marzo de 2016


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