AGLI Recortes de Prensa   Viernes 4 Marzo  2016

Pablo Iglesias, el matón de los chavistas
OKDIARIO  4 Marzo 2016

La actuación de Pablo Iglesias durante el debate de investidura se ajusta perfectamente a unas palabras del dramaturgo Friedrich von Schiller: “No existe la casualidad, y lo que se nos presenta como azar surge de las fuentes más profundas”. Cuando el secretario general de Podemos acusó a Felipe González de tener “las manos manchadas de cal” en referencia directa a los asesinatos de Lasa y Zabala durante los años del GAL, su intención iba mucho más allá de convertir el hemiciclo en un escenario mitinero de la peor calaña. El dirigente radical buscaba destruir la reputación del ex presidente del Gobierno por haberse posicionado en contra de la dictadura chavista, que son los que pagan las facturas de Podemos.

Iglesias, más allá de la pompa y circunstancia que otorga a cada una de sus vacuas palabras, ha traído escasa novedad a la política. Si acaso, nuevos amos, ya que las servidumbres al poder son aún peores de las que había antes si tenemos en cuenta que sus fuentes de financiación y logística se asientan en Irán —el país donde dos hombres serían ahorcados por besarse en la boca— y Venezuela, el régimen que apoya a héroes podemitas como Arnaldo Otegi y donde los presos políticos sí existen, al contrario de lo que reconocen los morados.

Maneras de matón para ajustar las cuentas pendientes en nombre de unos mafiosos de Estado que, como les ha contado esta semana OKDIARIO y certifica la Administración para el Control de Drogas (DEA) de los Estados Unidos, ha apoyado a ETA con dinero procedente del narcotráfico. Tanto es así que incluso llegaron a poner el avión de Nicolás Maduro a disposición de 35 miembros de la izquierda radical entre los que figuraban Anna Gabriel —otra fan de Otegi—, María José Aguilar, de Podemos Castilla-La Mancha, y el padre de la componente de ETA Kizkitza Gil. Felipe González paga así su osadía de ir en contra de Podemos y Venezuela, un partido y un país hermanados por el dinero y por la nula tolerancia a la divergencia en el pensamiento y la opinión.

El dirigente socialista, que ya estuvo en Venezuela defendiendo a los presos políticos, se ha unido al también ex presidente de España José María Aznar en la firma de un manifiesto en contra de la Venezuela de Nicolás Maduro. Una prueba más de su compromiso con los derechos esenciales en el país latinoamericano y, especialmente, para lograr la libertad de opositores encarcelados como Leopoldo López. Si bien el comportamiento es loable por parte de un hombre que lo ha sido todo en política, no es menos cierto que ese matón de escaño recién estrenado que se llama Pablo Iglesias no le perdonará nunca que haya ido contra ellos. Podemos y Venezuela son, al unísono, firmantes de una rancia omertá a través de la que comparten el mismo credo moral, ideológico y político.

Espérame en el sóviet
Emilio Campmany Libertad Digital  4 Marzo 2016

Ya nadie cree posible un acuerdo entre el PSOE y Podemos. La esperanza de que tal cosa ocurra en un futuro inmediato parece enterrada en cal viva. Los análisis de cámara así lo confirman. Y sin embargo... Sin embargo, estamos hablando de socialistas y comunistas o, para entendernos mejor, de mencheviques y bolcheviques, y esos, cuando se necesitan unos a otros para acceder al poder, negocian lo que haya que negociar. Y cualquier insulto, afrenta, desplante o vejación que se dediquen no serán más que armas que estarán empleando en esa dialéctica que se gastan las gentes de la izquierda.

Porque están las cosas que se dicen a la cara, que ya vemos las que son. Pero luego están las que se hacen por debajo de la mesa. Qué pronto callaron los barones socialistas cuando los de Podemos les advirtieron de que dejarían de sostener a sus gobiernos en caso de seguir dando la matraca con que el PSOE no pactara con ellos. Ahora que se acerca la segunda votación, Sánchez ha intentado arrancarles la abstención amenazando a Carmena con quitarle el juguete de la alcaldía. Esto ha hecho que la buena señora se haya apresurado a pedir precisamente eso, que sus correligionarios se abstengan y permitan la formación de un "gobierno de progreso". Naturalmente, este tipo de amenazas no valen con el bolchevique y, en vez de entregar la abstención, lo que ha hecho Iglesias es exigir a la cándida abuela que se retracte, convencido de que el PSOE no se atreverá a echarla del consistorio madrileño porque de hacerlo serán expulsados los socialistas de cuantos sitios gobiernan con la ayuda de Podemos.

Están entretenidos con el juego del gallina por ver quién es el primero en ceder a las exigencias del otro antes de que sea demasiado tarde y se convoquen nuevas elecciones. Pero lo más probable es que, en estos dos meses que faltan para que tal convocatoria tenga que hacerse, lleguen a un acuerdo. En Cataluña, las CUP, que pertenecen al mismo encaste, hicieron lo mismo con los de Convergencia y al final no hubo elecciones y pactaron quienes se sabía desde el principio que encontrarían el modo de entenderse.

Sólo se abrirán nuevamente las urnas si las encuestas pronostican un magnífico resultado para un PSOE dirigido por Pedro Sánchez, que es cosa poco probable. Algunos pensarán que lo mismo sucederá si lo que predicen es un buen resultado de Podemos, pues, en tal caso, Pablo Iglesias las forzará demandando a Pedro Sánchez condiciones inaceptables. Nada de eso. Cualquier bolchevique que se precie elegirá cien veces, de cien que se le ofrezca, entrar en el Gobierno antes que quedar a expensas del resultado de unas elecciones, por buenos que sean los augurios. Así que, aunque sea en el último minuto, habrá acuerdo. Y Pedro Sánchez se irá a vivir a La Moncloa, que se convertirá en unos meses en un mausoleo a su memoria, cuando sea asesinado políticamente, como merece el atolondrado menchevique, por el astuto bolchevique. Al tiempo.

La nueva izquierda del 36
Cristina Losada Libertad Digital  4 Marzo 2016

Mientras el diputado Iglesias leía un remake de los panfletos que distribuíamos en los setenta con poco éxito, no sólo admiraba su contundencia la vicesecretaria de Estudios y Programas del PP, Andrea Levy. Distintos opinadores, reunidos en la barra de bar tuitera, comentaban, unos arrobados, otros inquietos, que se estaba "quedando con toda la izquierda". Quizá debiéramos ponernos de acuerdo en qué es la izquierda para empezar a hablar, pero sospecho que será imposible. Imposible, antes que nada, porque una parte de la izquierda derivó hace tiempo en una mera proclamación sentimental, una suerte de afirmación de virtud con la confortable superioridad moral acompañante, y ello tanto en detrimento de una identificación con un conjunto de políticas concretas como en reemplazo de una alternativa. La que ya había caducado antes de 1989.

Aun contando con los emoticonos izquierdistas, es difícil que el panfleto amarillento que sirvió Iglesias ponga en pie y con el puño en alto a más peña de la que suele congregar la extrema izquierda de toda la vida. Oligarquías, títeres, lacayos, Komsomoles soviéticos, jefes de escuadra de la posguerra española, pelotones de fusilamiento, Nelken, don Inda y Negrín. Todo esto que desfiló por el discurso es el Pleistoceno y mal contado. Falsamente contado. ¿Dónde estaban los "millones" de personas que lucharon contra el franquismo? Sencillamente no estaban. Júzguese como se quiera el hecho, pero el hecho es el que es. Los que lucharon contra el franquismo tuvieron –algunos tuvimos– ocasión de comprobarlo. Y de asombrarse ante el número colosal de antifranquistas que aparecían décadas después. Un colosal engaño y un vergonzoso autoengaño.

Cuando el partido Podemos empezó a ser algo, algunos politólogos apuntaron que podía ser el embrión de la nueva izquierda que no había surgido en España. De la nueva izquierda que no quiso o no pudo ser Izquierda Unida por la sequedad de su raíz comunista. Lejos de esa extrema izquierda fosilizada había espacio, se decía, para una nueva izquierda del tipo de los Verdes alemanes, que han sido capaces de influir en la agenda política y, andando el tiempo, de pactar con uno y otro lado del espectro. Bien. Puede que hubiera el espacio, pero yo nunca aposté por ese pronóstico sobre el partido de Iglesias. Desde que vi a sus fundadores cantando "La Estaca", de Llach, cogiditos de la mano, incluso emocionados, los ubiqué en los 70 y en el kitsch. No en el principio de una nueva izquierda, sino en el epílogo de una izquierda que era anacrónica cuando se fue.

Que acierte o yerre el partido Podemos, que congregue a más o menos nostálgicos de la mitología antifranquista o izquierdista, es indiferente: es su problema. No debe causar indiferencia, en cambio, que un partido de izquierdas en España, que el tercer partido en votos y escaños, se asiente en recuperar los bandos del 36, en ese eterno retorno a nuestros convulsos años treinta y a la dictadura, en el regreso a la guerra civil y sus secuelas que periódicamente marca el terreno de la política española. James Joyce puso en boca de Stephen Dedalus: "La historia es una pesadilla de la que trato de despertar". Ese despertar todavía no les ha llegado a unos cuantos partidos políticos españoles. Quieren seguir en la pesadilla, y lo que son, sobre todo, es insoportablemente pesados.

La mentira obligatoria
HERMANN TERTSCH. ABC   4 Marzo 2016

Dado cómo se están poniendo las cosas en España, convendría que todos aquellos que estiman en algo su libertad, su seguridad, su integridad y su hacienda lean y estudien bien lo que pasó en la primera mitad del siglo XX en España y toda Europa. Más que nada, para que no se sorprendan. Y sobre todo para que no les engañen. Eso sí, lo de leer y estudiar háganlo pronto. Porque, como algunos se salgan con la suya, habrá pronto limpieza en las librerías.

De ahí solo hay una mala siesta hasta las piras de libros en Cibeles dirigidas por decenas de guillermozapatas felices de limpiar anaqueles de ponzoña fascista y reaccionaria. Si no hay un milagro y la UE entra realmente en ese proceso de descomposición que tanto se anuncia, los países europeos recuperarán la soberanía necesaria para los peores disparates. En España sabemos cuáles son. Ayer se supo que la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) intenta impedir una conferencia del historiador Stanley Paine ante el Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (Ceseden). El título anunciado es «Es camino hacia el 18 de julio».

La AMRH es una organización fundada en el año 2000, fecha que, con la llegada de Zapatero a la jefatura del PSOE, es el Año 1 del Triunfo de la Revancha. Su gran impulso se produjo el 11 de marzo de 2004 con las bombas de Atocha y la inmediata llegada a La Moncloa de esa Memoria Histórica. Hoy, un PSOE desnortado y radicalizado y los hijos del revanchismo ultra de Zapatero que son la masa de Podemos, en alianza con separatistas y revanchistas, tienen posibilidades reales de consumar la destrucción de la democracia de la Constitución de 1978 y la creación de un nuevo régimen.

Ese proceso apenas se vio importunado por los cuatro años de gobierno que la crisis económica brindó al centro-derecha líquido de Mariano Rajoy. Organizaciones de la izquierda revanchista como AMRH han sido eficaces para lograr, con un permanente bombardeo ideológico, la abrumadora hegemonía del discurso de la izquierda revanchista. Gracias también al material educativo y las televisiones públicas y privadas y una inmensa mayoría de medios y periodistas militantes o dóciles. Y gracias a la inanidad dolosa de la derecha aún gobernante. Para la izquierda española, imponer su versión de la historia vuelve a tener ahora máxima prioridad.

Dicen los comunistas de AMHR que Stanley Paine se ha vuelto facha en los últimos años. Y que tiende a explicar que los golpistas del 18 de julio no eran una cuadrilla de criminales en una conspiración de cuatro ricos, cuatro obispos y cuatro generales que querían oprimir a todo un pueblo feliz que gozaba de una inmaculada democracia en una impecable república. Tiene la mala costumbre Paine de recordar cómo llegó la II República con el humo negro de los conventos madrileños y cómo después de la Sanjurjada fueron los socialistas y los separatistas los que dieron golpes de Estado contra la República. Al final, la República fue secuestrada en una cheka de Stalin. Cuenta Paine la historia de una forma que no exime de culpas a nadie, pero que se niega a las caricaturas que la historia frentepopulista quiere convertir hoy en versión forzosa.

Está tan crecida la izquierda totalitaria en España que, igual que acosa y «escrachea» a políticos rivales, llama al «bullying» contra periodistas y agrede a conferenciantes judíos en las universidades, quiere vetar a historiadores porque no le gustan. Si lo consiguen sin resistencia, pronto nadie se atreverá a exponer un libro que no defienda la mentira obligatoria. Y seremos criminalizados todos los que no nos integremos en su coro de la mentira.

La Iglesia de Iglesias
Antonio Robles Libertad Digital  4 Marzo 2016

El ejercicio de soberbia, petulancia, dogmatismo, chulería brava con aires de matón y arrogancia de profeta mostrado por Pablo Iglesias en el debate de investidura podríamos digerirlo sin mayor recelo si detrás de tanta gestualidad no hubiera mostrado tanta ignorancia. Porque detrás de sus aceradas críticas y reivindicaciones deja una sombra de inmadurez intelectual y una bisoñez cognitiva que desautorizan por completo la cesta de navidad con la que pretendió comprar a todos los necesitados de este país.

Es lo que tienen los iluminados, confunden la evidencia subjetiva con la verdad. He ahí lo más preocupante y peligroso del discurso de Iglesias. No el contenido político de lo que dijo, con el que se puede estar total o parcialmente de acuerdo o en desacuerdo, sino la incapacidad mostrada para prever los daños colaterales de tanto populismo.

Esos discursos redondos, a menudo tan aparentemente perfectos, suelen ser la antesala del totalitarismo. No menos perfecto, ni hermoso ni humanitario fue el socialismo científico de Marx, ideológicamente vulgarizado en el Manifiesto comunista. La intención podría ser tildada de todo, menos de no buscar un mundo más justo. ¡Ay!, ese paraíso en la tierra, con un sujeto humano emancipado, libre de alienaciones económicas, religiosas, sociales y políticas, que acabaría con todas las tiranías, incluso la del propio Estado. Sólo tenía un error, la utopía no había contado con la realidad ni con la naturaleza humana y las mil variables que suelen pasar desapercibidas a la razón científica cuando de cuestiones sociales se trata.

Eso es lo que más molesta del discurso del profesor universitario, su soberbia intelectual. La misma de Platón cuando arroja al adversario político al fondo de la caverna sin reparar en que todos llevamos una caverna a cuestas. Ni siquiera es consciente de su osadía cuando advierte a Pedro Sánchez: "Permítame recordarle que esto es un debate, no una campaña electoral". El Congreso casi se cae de una monumental carcajada. El tipo que comenzó su intervención con un mitin empedrado de consignas tuvo la osadía de reprocharle al socialista que al Congreso iban "a debatir, no para traer consignas compradas de casa". Incluso acusó al resto de "atacar la memoria de las víctimas para atacar a los adversarios”. Él, precisamente él, que inició su discurso utilizando a las víctimas de la dictadura. Con una incongruencia lamentable, se olvidó de todos los asesinatos de ETA. "Algo habrían hecho", debió de pensar, si pensó algo. Rasgos sectarios que señalan miserias éticas de un ser humano e intolerable carencia cognitiva en quien tiene por profesión el conocimiento. Una y otra vez vio la paja en ojo ajeno e ignoró la viga en el propio.

Centrémonos en esas carencias cognitivas ¿Por qué son mejores y más eficaces sus políticas económicas que las de sus adversarios? La historia nos señala con innumerables ejemplos que sus recetas conducen a países devastados por la miseria y el totalitarismo; y las de sus adversarios, a sociedades del bienestar imperfectas pero libres. Repito, no es importante lo que hay de contenido político en su discurso, sino la ignorancia que delata. En él no hay lugar para la duda o el sincretismo, solo principios categóricos.

Sus recetas apuntan a evidencias, pero no siempre las evidencias conducen a la verdad. En el siglo II a. C. Aristarco de Samos ya había teorizado que la Tierra se movía. Pero el sentido común y todas las evidencias empíricas de la época llevaron a sus contemporáneos a negarlo, ya que todas las evidencias les decían que si la Tierra se movía, ¿por qué no dejaban atrás a nubes y pájaros en su desplazamiento alrededor del Sol?, o ¿por qué los objetos lanzados rectos hacia arriba caían en el mismo sitio? Aún no había nacido Newton.

Pablo Iglesias debería incorporar el respeto y la duda a su discurso dogmático. Confunde los valores políticos propios (siempre subjetivos) con la objetividad de las ciencias empíricas. No por parecer más evidente en la defensa de los débiles garantiza con mayor eficacia sus derechos. "¿Pero quién se lo dice?".

'Inmigrantes, no vengáis más'
La petición del presidente del Consejo Europeo a los inmigrantes demuestra la gigantesca manipulación oficial en el asunto de los “refugiados”. Lo peor es que el proceso tiene muy difícil vuelta atrás.
EDITORIAL  4 Marzo 2016

El presidente del Consejo Europeo, el polaco Donald Tusk, ha pedido formalmente a los inmigrantes económicos que dejen de venir a Europa. “No crean a los traficantes ni pongan en peligro sus vidas ni su dinero, las reglas de Schengen entrarán nuevamente en vigor”, ha dicho el jefe del principal órgano de dirección política de la Unión. Tusk ha hecho estas declaraciones en Grecia, país que en las últimas semanas se ha convertido en “tapón” para decenas de miles de ciudadanos extranjeros. Esos mismos ciudadanos a los que hasta hace pocos meses, cuando la oligarquía europea creía necesitarlos, llamábamos “refugiados”, pero que ahora, cuando ya se ha visto que crean más problemas de los que resuelven, vuelven a ser inmigrantes ilegales. La inmoral hipocresía de la tecnocracia de Bruselas es escandalosa. La innoble complicidad de la mayoría mediática y de la clase política, también.

La petición de Tusk demuestra varias cosas. En primer lugar, demuestra la manipulación oficial del fenómeno de los “refugiados”. Las autoridades comunitarias sabían muy bien, desde el principio, que no estábamos ante una ola de refugiados producto de una guerra, sino ante una inmigración masiva de orden socioeconómico donde la guerra sólo era el pretexto. Los países más envejecidos de Europa, empezando por Alemania, necesitaban urgentemente mano de obra barata para equilibrar sus costes sociales y creyeron encontrar en este episodio una forma rápida y simple de resolver el problema. Ha sido Angela Merkel la principal culpable de este desafuero. Y nos ha metido a todos los europeos en un callejón sin salida.

Seis mil inmigrantes por cada millón de habitantes a lo largo de los próximos veinte años. Eso era lo que había prescrito la División de Población de la ONU. “Welcome refugees”, clamó la estupidez gregaria. ¿Y de verdad creía el tecnócrata que los recién llegados iban a afluir ordenadamente, respetando escrupulosamente la previsión contable? “No vengáis más”, dice ahora Tusk. Porque ahora lo que tenemos delante es un proceso incontrolable: decenas de miles de personas a las que se ha convencido de que aquí tenían puerta libre. “Nos os dejéis engañar”, les dice Tusk. Pero él ha sido uno de los principales mentirosos.

En este periódico siempre hemos defendido la necesidad de amparar y dar refugio a los que huyen de una guerra satisfaciendo sus necesidades vitales, pero también hemos denunciado desde el primer momento la confusión torticera entre derecho de asilo y absorción demográfica, la manipulación política y mediática en torno al fenómeno de los “refugiados”, la irresponsabilidad de las elites europeas al creer que cualquier población, sea cual fuere su identidad cultural, religiosa y política, puede convertirse en “europea” por un mero acto administrativo. Sobre todo, hemos denunciado que se pretendiera engañar a la población de este manera. Las palabras de Tusk demuestran que teníamos razón.

¿Hay vuelta atrás? Sí, tal vez. Pero el episodio pone ante nuestros ojos un problema aún mayor: Europa está gobernada por unas elites políticas, financieras y mediáticas profundamente irresponsables, guiadas por una indecente mezcla de ceguera económica e ideología “políticamente correcta”, ajenas al verdadero interés de nuestros pueblos. Mientras esa gente continúe mandando, Europa seguirá caminando resueltamente hacia el suicidio.

Hijos del totalitarismo
Marta González Isidoro (*) www.latribunadelpaisvasco.com  4 Marzo 2016

Una foto para la Historia: flores, banderas y un cortejo de casi 200 personas esperan pacientes a que se abran las puertas de la prisión de Logroño. La ocasión lo merece: son pocos, teniendo en cuenta el carisma del personaje, pero acuden para honrar la liberación de un preso de conciencia. Un peso pesado en la defensa de la libertad, en el sentido más amplio de la palabra. Un héroe que ha pagado, en la oscuridad de una sombría celda, seis años de su vida por disentir con un Estado opresor. Una víctima de una Justicia totalitaria que sanciona la decisiva contribución a la paz que este buen hombre ha legado a su Comunidad y al país entero. Una víctima, en definitiva, de ese genocidio lingüístico, político y cultural que los españoles practicamos alegremente contra ese mestizaje ideológico llamado progresismo. Todo este teatro ante las cámaras de televisión y los micrófonos de una prensa idiota y adoctrinada es normal. La libertad de Otegi es una buena noticia para los demócratas. Nadie debería ir a la cárcel por sus ideas. Un simple tuit, a las nueve de la mañana, con el que cualquier demócrata estaría de acuerdo.

Sólo que hay un problema, y matices importantes que hacen que el café con leche y la tostada del desayuno se indigesten en el estómago de la mitad de los españoles. De los que somos decentes, y demócratas, y amantes de la libertad aunque no seamos gente. Y es que este personaje, el tal Otegi, este que no llega ni a la suela del zapato de ningún subnormal del PP y que se postula como futuro Lehendakari, no es un preso de conciencia. Este personaje no ha ido a la cárcel por defender sus ideas. Porque España es un país democrático y aquí no hay presos políticos. La prueba está en el recorrido mediático-político del propio autor del miserable tuit, Pablo Iglesias, que califica de demócrata a un terrorista, asesora en técnicas de represión a la dictadura venezolana, recibe financiación del Estado terrorista de Irán o ensalza la memoria, en la propia sede de la Soberanía Nacional, de la socialista Margarita Nelken - esa joya responsable del asesinato de Calvo Sotelo en 1936 - o de su propio abuelo, encarcelado por perseguir y ajusticiar fachas en las sacas comunistas de Madrid durante la Guerra Civil. Oteg i es un terrorista que ha cumplido pena de prisión, sin ningún maltrato y a cuerpo de rey, no por unas ideas asesinas, sino por ponerlas en práctica: por pertenencia a banda terrorista, por secuestrar, torturar, matar e intentar reorganizar esa banda de asesinos llamada ETA que hoy no mata, sencillamente, porque no lo necesita. Porque, como la serpiente de su logo, han escupido y diseminado su veneno por todas las instituciones que pretenden reventar. Y el aspirante a dictador que en realidad es Pablo Iglesias, puede tranquilamente animar al personal a salir de cacería para aplicar la justicia proletaria y disculparse ante sus hordas por no partir la cara a los fachas que salen en los medios de comunicación que no le ríen las gracias porque está seguro, amparado por unas garantías jurídicas que negaría de inmediato a los que califica amablemente de lúmpenes.

Resulta francamente difícil digerir cómo estos verdaderos hijos del totalitarismo tienen cabida en una España plural que cerró las heridas de la Guerra Civil abrazando en las Cortes el pasado manchado de cal viva de las dos almas de nuestra nación. Cuando los referentes ideológicos de la ultra izquierda, aupada por un Partido Socialista desnortado que ha perdido toda decencia y sentido de Estado, y unos oportunistas de nuevo cuño (Ciudadanos) se asientan en los principios del estalinismo, el bolivarismo, el independentismo, el indigenismo irredento, el islamofascismo y el antisemitismo, y toman el control de las instituciones del Estado, es que algo muy grave ha pasado para que, de la noche a la mañana, nos levantemos la mitad de los españoles con el alma en vilo. Necesitamos con urgencia un marco jurídico de referencia que eleve el techo electoral y proteja nuestro sistema de veleidades rupturistas y autoritarias, y que asegure las libertades individuales y colectivas frente a los que quieren servirse de las Instituciones para desmantelarlas. De lo contrario, estaremos asistiendo al final de nuestra democracia.

(*) Marta González Isidoro (@Bejaelma). Periodista y Analista Política. Autora del blog www.vocesdesdeorientemedio.blogspot.com

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'Rojicomplejines'

FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo  4 Marzo 2016

Sánchez podía haber ganado el debate, aun perdiéndolo, cuando Iglesias, el admirador de Otegui, el financiado por Venezuela y por Irán (ojo con repetir el beso baboso de Breznev y Honecker: en Teherán los ahorcan por menos), el empeñado en resucitar la Guerra Civil, el émulo grotesco del Subcomandante Marcos, mostró todo el odio y el desprecio que los comunistas bolivarianos sienten por los socialdemócratas europeos cuando recordó la cal viva de los muertos del GAL. Si en ese momento Snchz le contesta que quedan rotas todas las relaciones con Podemos como partido irremediablemente totalitario, guerracivilista y socio de los etarras asesinos de tantos socialistas, y que desde el lunes se rompían las alianzas municipales en toda España, Sánchez se queda con el partido y con muchos votantes perdidos. Pero el rojicomplejines respondió a la de cal viva con la de arena muerta: siguió mendigando el voto con la cara aún caliente del bofetón. Y recibió otro.

Sánchez ya pudo dar la de cal cuando Iglesias lo chuleó por la tele adjudicándose la Vicepresidencia y los ministerios importantes de ese futuro Gobierno que Él, Iglesias, iba a permitir, por sonrisa del destino, que presidiera de adorno el pobre Snchz. Pero también entonces dio la de arena y fingió tomarse a broma algo muy serio: el plan podemita de devorar al PSOE dentro o fuera de un Gobierno de Frente Popular Separatista. Lo que vio la gente es que, por tocar poder, Snchz se arrastraría... y no lo tocaría.

Gracias a Rivera, Snchz ha tenido otra oportunidad, pero el problema del PSOE, el que le impide llegar al Poder, lo explicaba ayer muy bien Santiago González: prefiere pactar con un amigo de la ETA o la ETA misma antes que con el PP, que sigue con Eguiguren -de gorrino- en vez de volver a Redondo Terreros. Mientras siga vivo el guerracivilismo de ZP, el PSOE no llegará a un gobierno fruto de alianzas democráticas. Será engullido por el totalitarismo de izquierdas, incluido el separatista. Ayer, el rojicomplejinismo de Snchz, versión progre del maricomplejinismo del PP, vivió un momento especialmente grotesco: Carmena, temiendo un ataque de dignidad de Snchz, dijo que Podemos debería votarlo. Ferraz enloqueció. A las dos horas, rectificó compungida, con una nota de tres líneas, o sea, un tuit. Pero Snchz, el rojicomplejines, sigue esperando.

Cataluña, el mayor reto de España (II)
Josep Ramon Bosch, etc..Cronica Global  4 Marzo 2016

El ordenamiento español carece de mecanismos suficientes para protegerse a sí mismo frente a la mala utilización del poder público. La situación actual hace evidente que la Generalitat de Cataluña actúa de forma desleal y contraria al interés general de España.


Sin duda, que se haya llegado a este punto indica que el ordenamiento español carece de mecanismos suficientes para protegerse a sí mismo frente a la mala utilización del poder público. En cualquier caso, la situación actual hace evidente que la Generalitat de Cataluña actúa de forma desleal y contraria al interés general de España.

Por benévolo y flexible que quiera ser el margen de interpretación de la actuación del gobierno de la Generalitat, en modo alguno se puede considerar compatible con ese interés general de España que las instituciones españolas sean utilizadas para romper el Estado. El desamparo con el que viven los catalanes no separatistas el actual “proceso de desconexión” frustra y da miedo, siendo así que el Estado español resulta incapaz de defenderse y de salvaguardar la libertad de una parte de sus ciudadanos. Por otra parte, la libertad no solo está en juego para los catalanes constitucionalistas sino para todos los catalanes, y para el resto de españoles.

Creación de las estructuras del nuevo Estado catalán
La creación de estructuras de Estado en Cataluña no puede confundirse ni limitarse a las que formalmente se presentan como tales. La Generalitat y las fuerzas políticas que apoyan el proceso de secesión han hecho expreso su propósito de creación de estructuras de Estado. Mientras, hay indicios de que otras estructuras de Estado están siendo preparadas sin publicidad. Según propia confesión de sus presidentes Mas y Puigdemont, la Generalitat está trabajando con la única intención de “engañar al estado”. Estas son:

Creación de una agencia tributaria catalana (enmienda núm. 426 al Proyecto de Ley de Medidas Fiscales, Financieras y Administrativas),
Encargar al Gobierno de la Generalitat la realización de un inventario de los activos y pasivos de las administraciones públicas españolas con presencia en Cataluña a efectos de su atribución en el caso de una sucesión de Estados (enmienda 427 al mencionado Proyecto de Ley),
Impulsar la elaboración de una ley para la protección de las infraestructuras críticas ubicadas en Cataluña (enmienda 428),
Crear una agencia catalana de la Seguridad Social (enmienda 429),
Crear una autoridad catalana de la competencia (enmienda núm. 431),
Elaborar un proyecto de ley de seguridad nuclear (enmienda 433).

La Generalitat, pese a la suspensión decidida por el Tribunal Constitucional, continúa sus trabajos para la elaboración de las estructuras administrativas que serían necesarias para conseguir la creación de un Estado en el territorio de Cataluña. Se trata de una actitud consciente de desacato al ordenamiento vigente y que pone de manifiesto que la Generalitat se niega a actuar como una administración española y pretende configurarse como proto administración del nuevo Estado. La creación de “estructuras de Estado” supone una instrumentalización del poder público y su desvío hacia fines no solamente no previstos en el ordenamiento, sino contrarios al mismo.

La desobediencia a los mandatos del Tribunal Constitucional, explícita como es, expresa esta ruptura y coloca a los ciudadanos y a los funcionarios en una disyuntiva inadmisible en un Estado de Derecho.

La vertiente internacional del ”proceso”
La vertiente internacional es clave en este ”proceso”. Para que un Estado surja ha de tener el efectivo control del territorio y de la población por la autoridad pública que proclama la secesión. El primer informe del CATN explicitó ya esta consideración y en relación a ella adquiere pleno sentido la creación de las estructuras de Estado.

La vertiente internacional también es relevante para el proceso desde otra perspectiva: en un primer momento los secesionistas buscaron que la comunidad internacional presionara a España para que admitiera la celebración de un referendo de secesión. Desde 2012 se observan iniciativas tendentes a conseguir lo que se denominó “internacionalización del conflicto”. El informe número 4 del CATN aconseja, entre otras cosas, “implicar a la Unión Europea en el proceso catalán una vez que éste se ponga en marcha definitivamente”.

También se sugiere que el gobierno de la Generalitat despliegue “un plan ejecutivo para explicar el proceso de Cataluña, para rebatir posiciones negativas y, si es factible, para crear amigos o aliados”. Para el CATN esto implicaría “reforzar institucionalmente la estrategia de internacionalización, dado que la acción exterior se convertirá en esa fase del proceso en un ámbito prioritario de la acción de gobierno” y “desarrollar la diplomacia estándar entre el Gobierno de Cataluña y los representantes de otros Estados y organizaciones internacionales”.

Los separatistas aseveran que la independencia de Cataluña no supondría que el territorio catalán dejara de ser territorio de la Unión Europea (UE) ni que los ciudadanos catalanes perdieran su condición de ciudadanos de la UE. Como es sabido, las autoridades comunitarias han dejado claro que una hipotética independencia de Cataluña implicaría que el nuevo Estado no sería un Estado miembro de la UE. Eso no ha impedido que la propaganda secesionista siga argumentando sobre la continuidad en la UE y que políticos de partidos secesionistas y de miembros de la Generalitat intenten mantener contactos con autoridades de la Unión.

Dado que el propósito de los secesionistas es la confrontación con el Estado español, lo que se plantea es la búsqueda en el exterior de aliados que pudieran ser útiles en la tarea de forzar al Estado español a autorizar la celebración de un referendo de autodeterminación y, eventualmente, la independencia de Cataluña.

Este propósito se enfrenta a dos obstáculos: por un lado, la Generalitat no tiene competencias en materia de relaciones internacionales, puesto que éstas corresponden en exclusiva al Estado (artículo 149.1.3ª de la Constitución Española). Por otro lado, y con independencia de la cuestión competencial, es claro que una comunidad autónoma no puede actuar con el fin de perjudicar los intereses generales del Estado del que es parte.

Ninguno de ambos obstáculos ha sido suficiente para que la Generalitat haya intentado ser considerada como un actor internacional y para conseguir aliados en el extranjero para su propósito secesionista. Para ello ha desarrollado varias líneas de actuación.

Por una parte, ha utilizado las oficinas que la Generalitat dispone en el exterior, las embajadas catalanas. Por otra parte, ha creado DIPLOCAT, un consorcio integrado por varias administraciones (incluida la Generalitat) y entidades privadas que tiene como función justificar ante la opinión pública internacional la legitimidad del “derecho a decidir”.

En lo que se refiere a los instrumentos jurídicos elaborados para dar cobertura a esta actuación internacional de la Generalitat ha de destacarse la Ley de acción exterior (Ley 16/2014, de 4 de diciembre, de acción exterior y de relaciones con la Unión Europea). Esta ley, pese a que en su preámbulo invoca la doctrina constitucional que diferencia entre las relaciones exteriores (competencia exclusiva del Estado) y la acción exterior que pueden realizar las comunidades autónomas en el marco de sus competencias, define a Cataluña como un “actor internacional” (art. 1.1.b) e identifica los ámbitos en los que opera la “diplomacia de Cataluña”, a la vez que prevé relaciones del Gobierno de la Generalitat con gobiernos de otros territorios (art. 26) y organizaciones internacionales (art. 27).

Varios artículos de esta ley fueron impugnados ante el Tribunal Constitucional, que admitió a trámite el recurso y procedió a su suspensión mediante providencia de 14 de abril de 2015. Posteriormente, levantó la suspensión en relación a algunos de los artículos impugnados (Auto de 7 de julio de 2015) aunque la mantuvo en lo relativo a los preceptos que definen las diferentes dimensiones de la diplomacia de Cataluña o la calificación de Cataluña como actor internacional activo.

En definitiva, nos encontramos ante la culminación de un plan estratégico que supera los límites de la competencia de la Comunidad Autónoma y que resulta más propio de un Estado soberano que de una entidad subestatal. Otro hito en esta vertiente internacional es la carta que en diciembre de 2013 Artur Mas envió una carta a todos los dirigentes europeos con el fin de solicitarles apoyo para conseguir un acuerdo con el Gobierno del Estado con el objeto de realizar un referendo de autodeterminación. La carta concluye diciendo: “I am confident that I can rely on you to encourage the peaceful, democratic, transparent, and European process to which I and a vast majority of the Catalan people are fully committed”.

Esta misiva se encuentra fuera del marco de competencias de la Generalitat, y tiene por objeto intentar que jefes de gobierno extranjeros presionen al ejecutivo español sobre asuntos internos españoles. En ella no se presenta como presidente de una comunidad autónoma en el marco del ordenamiento español, sino como el líder de un pueblo que aspira a convertirse en un sujeto soberano. De nuevo se trata de la apropiación de las instituciones catalanas para ponerlas al servicio de fines contrarios a la Constitución.

Esta permanente confusión entre la autoridad que ha sido conferida al presidente de la Generalitat y el rol que se arroga supone una distorsión institucional cuyas consecuencias se proyectan sobre la vida de los ciudadanos catalanes. Éstos ven como, en lugar de una administración autonómica que desarrolla las competencias que tiene atribuidas, la Generalitat desvía recursos y esfuerzos hacia un propósito sedicioso consistente en la separación de Cataluña del resto de España. Se trata de una actuación ilegal, ilegítima y profundamente desleal.

Declaración Unilateral de Independencia
Desde hace años se amenaza con una Declaración Unilateral de Independencia (DUI). Falsamente se asume que la mera declaración de independencia implicaría la independencia efectiva de Cataluña. Pretenden los separatistas catalanes que la Generalitat, con toda su organización y estructuras, deje de ser una administración española para convertirse en esa autoridad pública que controlaría de manera soberana el territorio y la población de Cataluña, desplazando para ello la presencia de la administración estatal allí donde fuera necesario.

Es claro que la DUI, por definición, no se ajusta a las previsiones del Derecho del Estado respecto al cual se produce la secesión. Tampoco se pretende, porque la DUI supone una ruptura con la legalidad anterior. Esta idea se encuentra presente con mucha claridad en la hoja de ruta secesionista de la que ya nos hemos ocupado y que recuerda que el proceso de creación del Estado catalán no está sometido a la impugnación que del mismo pueda hacerse desde el ordenamiento español.

La DUI, por tanto, pretende una quiebra definitiva de la legalidad por parte de quienes la proclaman, puesto que a partir de ese momento obrarán únicamente por la vía de hecho, al margen de la legalidad, cuestión que, si reparamos en ello, ya están haciendo, al obviar la legalidad y aparentar estar al borde de la delgada línea que les separa de sedición. En este sentido es bueno recordar que el Estado no surge hasta que se controla de manera efectiva el territorio y la población, y ese control, cuando no es consentido por el Estado del que se pretende la separación, no es un derecho que se derive de la DUI. Es decir, tras la DUI es legal y legítimo que el Estado que ve amenazada su integridad territorial adopte las medidas que sean necesarias para preservarla, mientras que los que pretenden la secesión adoptarían las medidas que consideraran convenientes para conseguir el control pretendido. Solamente si consiguen ese control nacería el nuevo Estado.
Los derechos de los catalanes

Es claro que la deriva secesionista supone una restricción de los derechos de los ciudadanos catalanes.
Los movimientos populistas de izquierda, al igual que el populismo separatista (“Barcelona en Comú - Podemos”, por ejemplo) han captado el desánimo popular del tercio de catalanes no separatistas y han encauzado hábilmente el voto hacia estas opciones radicales. Han combinado crisis y corrupción con una causa aparentemente noble y simpática, basada en una propaganda efectista, todo ello inteligentemente infiltrados por grupos secesionistas (“Procés constituent”, “CUP” y otros). Ambos movimientos nutren su narración con un meta relato que tranquiliza, embelesa y dota de horizonte a aquella parte de la población que ha sufrido y sufre los embates de la Gran Recesión.

Acierto del populismo y del nacionalismo fue atribuir a la clase política tradicional (los primeros) y a “España” (los segundos), la responsabilidad de todos los episodios y contradicciones políticas e institucionales emergidas de la crisis económica. Partidos y movimientos manipulados por el separatismo han recibido votos de las clases populares no separatistas. Y lo han hecho porque han dispuesto de potentes altavoces.

El futuro de Cataluña y el de España
Por tanto, una vez entendido el problema de propaganda que representa el separatismo, y que gana básicamente por la no comparecencia de argumentos contrarios a la secesión, cabe plantearse quienes son los que no quieren romper España.

Los catalanes necesitan sentir que España es suya. A este propósito, entendemos que hay cinco elementos básicos que se deben trabajar en los próximos meses, y que hoy señalamos a modo de introducción:

1.- Nuevo relato histórico.
2.- Acción y presencia del Estado.

3.- Control y libertad en la educación.
4.- Medios de comunicación libres y plurales en Cataluña.

5.- Recursos económicos y humanos en proyecto común.

Para revertir la situación se necesita voluntad política y transformar rápida y completamente la situación política de Cataluña.

Si Cataluña no recupera el seny, si no se supera prontamente el desafío de los separatistas catalanes, la democracia española, el Estado de derecho y la misma España no tienen futuro.

Urge transmitir ilusión a los catalanes y comunicar con inteligencia el proyecto común español. ¡Comunicar el proyecto de España en una lengua tan española como el catalán!. Empecemos antes de que sea demasiado tarde.
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Josep Ramon Bosch. Historiador, directivo de empresa farmacéutica, expresidente de Societat Civil Catalana (SCC)
Ferran Brunet. Economista, profesor de la Universitat Autònoma de Barcelona, miembro de la Junta SCC
Josep Rosiñol. Escritor, directivo de empresa alimentación, expresidente de SCC
Los autores agradecen las numerosas contribuciones que han recibido en la elaboración de este informe. Los autores han compartido las opiniones de numerosas personas y han manejado análisis de fuentes variadas, señaladamente de Societat Civil Catalana, de otras organizaciones sociales y de los partidos políticos constitucionalistas de Cataluña y del resto de España, así como de varios otros Estados Miembros de la Unión Europea.

 


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