AGLI Recortes de Prensa   Domingo 13 Marzo  2016

El hedor de Estado que amenaza la democracia
La publicación de dosieres sesgados y de dudosa procedencia ennegrece la democracia. Sobre todo en unos momentos en los que el país se juega un nuevo Gobierno
Carlos Sánchez El Confidencial 13 Marzo 2016

Cuando en 2005 se desclasificó -por salud democrática- parte de los archivos oficiales del FBI, se descubrió algo que todo el mundo sospechaba. Ni más ni menos que durante la época de Hoover la oficina federal de investigación se había convertido en un Estado dentro del Estado.

Hoover, como se sabe, y a través del proyecto COINTELPRO (acrónimo de Programa de Contrainteligencia, por sus siglas en inglés), ordenó a algunos de sus agentes del FBI investigar de forma ilegal a organizaciones como los Panteras Negras o el Ku Klux Klan, pero también a movimientos a favor de derechos civiles o grupos de activistas contra la guerra de Vietnam. Hollywood, que también fue víctima del espionaje, ha dado cuenta de sus fechorías en numerosas ocasiones.

En la página web del FBI todavía se recuerda la importancia histórica que tuvo la desclasificación de 17.000 folios incluidos en 65 archivos que el propio Hoover custodiaba personalmente. El antiguo 'héroe americano', junto a su inseparable Clyde Tolson, se había convertido, en realidad, en el ojo que todo lo ve. En un repugnante cotilla más propio del estalinismo que de una democracia como la estadounidense. Algo que explica que sobreviviera a seis presidentes. Nunca la democracia americana había caído tan bajo. Un auténtico descenso a los infiernos.

Los archivos, clasificados bajo el enigmático título 'Official & Confidential', son un compendio de las tropelías del indecente Hoover, que, como el propio FBI reconoce, contenían 'información sensible' que se filtraba de forma interesada y torticera. Y que podía liquidar carreras y reputaciones. Se trataba, sin duda, de un material de primera mano y de alto valor -incluyendo aspectos íntimos- que algunos congresistas y senadores utilizaron de forma inmoral en las comisiones de investigación parlamentarias para atacar al adversario. O, incluso, influir de forma decisiva en la acción de Gobierno.

Sólo dos personas tenían acceso al material Hoover. Él mismo y su leal secretaria Helen Gandy. Pero como reconoció el propio FBI durante la presentación de los papeles hace ahora algo más de una década: “Ahora también usted tendrá acceso...”. Desde luego, no en el caso español.

La desclasificación de los papeles oficiales -vergonzoso el papel del actual ministro de Defensa en funciones, Pedro Morenés, ocultando a los historiadores hechos sucedidos hace más de medio siglo- es una vieja asignatura pendiente de la democracia española, como denuncian investigadores e historiadores. Pero nunca, ningún Gobierno, ha tenido el coraje de ventilar con aire fresco los aparatos del Estado. Probablemente, por las mismas razones que podían esgrimir Roosevelt, Truman, Eisenhower, Kennedy, Johnson y Nixon. Todos y cada uno de los presidentes eran víctimas y verdugos del siniestro personaje. Le debían tanto a Hoover que ninguno tuvo arrestos para liquidar el programa de contrainteligencia, declarado secreto hasta nada menos que 1971.

Matar a Bruto
Es evidente que la existencia de zonas grises dentro del Estado es una necesidad de cualquier Estado moderno. Ya Maquiavelo advertía hace cinco siglos que si el político no mata a los hijos de Bruto, él mismo acabará gobernando “un corto tiempo”. Los hijos de Bruto son aquellos que quieren atacar el Estado, pero hay un riesgo cierto de que los Hoover de medio pelo que pululan por la piel de toro desde los aparatos del Estado con oscuros intereses influyan de forma determinante sobre el futuro político de este país. Sobre todo en un contexto como el actual, lleno de incertidumbres sobre la formación de un nuevo Gobierno.

Un dosier o un video grabado de forma ilegal y convenientemente filtrado de forma sesgada -sólo se conoce lo que la fuente quiere que se sepa- puede determinar la orientación del Gobierno, y ese es un riesgo que ninguna democracia seria puede permitirse.

No se trata de casos aislados, sino que la proliferación de medias verdades y mentiras absolutas ha creado un clima de opinión pública justiciero en el que, como denunciara Arthur Koestler hace ahora 75 años, todo el mundo es sospechoso de algo. “Nos enseñaron a sentirnos culpables”, aseguraba el autor de El Cero y el Infinito. Exactamente lo que pretenden los epígonos de Hoover: convertir al país en un lodazal de olor irrespirable manejando el ritmo de la política. O expresado de otra forma: predisponer a la opinión pública ante determinados acontecimientos.

El peligro es aún mayor si se tiene en cuenta que en España los procedimientos judiciales se eternizan, y ese es el mejor caldo de cultivo para intoxicar y lanzar calumnias y falsedades con el objetivo de influir en los jueces y en la ciudadanía.

La sucia estrategia tiene el campo abonado toda vez que el periodismo tradicional está viviendo sus últimas bocanadas de la mano de Internet, donde cualquier imbecilidad -sea o no verdad- se convierte inmediatamente en noticia. Una especie de conjura de los necios que, sin embargo, puede tener efectos letales sobre el honor de las personas y de las instituciones. Y sobre lo que es todavía más importante, la calidad de la democracia misma.

El lector de Twitter u otras redes sociales se convierte, en este sentido, en la correa de transmisión de la basura más inmunda, lo cual demuestra que Adorno tenía razón cuando hablaba de la enajenación de la responsabilidad individual a la que conducían los medios de comunicación de masas. Todo el mundo se siente periodista con sólo apretar una tecla sin tener repajolera idea sobre la veracidad de la información que transmite casi en tiempo real. Simplemente, se mueve como los bisontes, hacia un lado o hacia otro, por razones ideológicas. Una especie de ley del embudo intelectual que desprecia ese viejo principio del periodismo que consiste en buscar la verdad y no sólo la exclusiva.

Una tropelía democrática
Es evidente que no se trata de un fenómeno nuevo. Pero lo paradójico es la dejadez y desidia que transmiten quienes tienen la obligación de erradicar tanta podredumbre. Probablemente, por una cierta molicie que atraviesa el sistema político.

Ni los actuales ministros del Interior o de Justicia –ni, por supuesto, sus predecesores- han movido un dedo para acabar con las filtraciones interesadas más allá del bla-bla-bla y de ponerse estupendos ante un micrófono de la televisión. Tampoco el Poder Judicial o los presidentes de las audiencias o los decanos de los juzgados de primera instancia han hecho nada por empurar a quienes trafiquen con sumarios secretos, lo que revela que están cooperando por omisión con la comisión de un delito. Ni los propios magistrados responsables del procedimiento denuncian y ponen a buen recaudo a quienes convierten la justicia en una lonja de pescado maloliente que la mayoría de las veces acaba en las sucias manos de algunos poderosos con la aviesa intención de influir en la cosa pública, lo cual es la mayor de las tropelías en un sistema democrático.

Un panorama desolador que el país sigue tomándose a chirigota por la negligencia de quienes cobran y tienen la obligación moral de separar el grano de la paja. La democracia sin transparencia es pura filfa. Y los ciudadanos tienen derecho a conocer la verdad de las cosas y no la que le quieran transmitir oscuros personajes.

No es un asunto menor. Es la propia esencia de la democracia parlamentaria -la negociación entre los partidos políticos o la propia estabilidad de instituciones básicas-, lo que está en juego. Detrás de muchos de esos supuestos secretos de Estado sólo hay, en realidad, basura. Puro chantaje. Pero capaz de determinar o, al menos, influir en el futuro de los españoles.

¿Para cuándo una auditoria del BCE?
Juan Laborda www.vozpopuli.com 13 Marzo 2016

El Banco Central Europeo lo ha vuelto a hacer de nuevo: enésimo engaño a la ciudadanía, enésima bajada de tipos de interés, enésima expansión de balances, enésimo fracaso. En dicha institución se da la quintaesencia del Gran Fraude Académico del pensamiento único, el Consenso de Washington, que derivó en la financiarización de la economía. Son rehenes del pensamiento dominante. Toman decisiones cargadas, en el mejor de los casos, de juicios de valor. Son el ejemplo más nítido de la manipulación de la historia económica por razones ideológicas y de defensa de los intereses de clase -la bancaria-. Hoy más que nunca es necesario un control democrático de su toma de decisiones y consecuencias.

En una recesión de balances como la actual, la política monetaria es ineficiente, no vale para nada. De ello venimos hablando desde 2007. Y ya han transcurrido más de 8 años. Pero les da igual, ahí siguen, a lo suyo, ganando tiempo, generando burbujas aquí y allá, contribuyendo al aumento de la desigualdad, haciendo más frágil e inestable el sistema bancario, promoviendo políticas distópicas que nos abocan a un mundo indeseable, a los “Juegos del Hambre”. Demoledor el artículo de hace solo unos días publicado por el BIS (Banco de Pagos Internacionales) bajo el título Wealth Inequality and Monetary Policy. ¿Para cuándo una auditoría de las políticas y consecuencias de los Bancos Centrales?

La política económica implementada en la mayoría de las democracias occidentales desde el inicio de la actual crisis sistémica se ha diseñado al margen de la defensa de los intereses de la ciudadanía. Por un lado, la expansión monetaria sólo ha servido para proteger la riqueza de las élites. Por otro, la austeridad garantizaba la disponibilidad de fondos públicos para rescatar a terceros, bancos básicamente; mientras, con la devaluación salarial se implementaba el enésimo apretón de tuerca al factor trabajo. Pero han fracasado. Hay más deuda, la banca está mal capitalizada, la inversión productiva no llega, la pobreza y la desigualdad se disparan. ¿Para cuándo una auditoría de las políticas y consecuencias de los Bancos Centrales?

Los errores capitales de los Bancos Centrales
Los Bancos Centrales, desde un punto de vista temporal e histórico, son los segundos responsables en el germen de la cadena que confluyó en la actual crisis sistémica. Primero fue el diseño de políticas económicas destinadas a perjudicar el factor trabajo, a rebajar los salarios nominales. La consecuencia, un incremento y persistencia del desempleo. Segundo, en este contexto de descenso de salarios nominales, los Bancos Centrales implementaron una política monetaria irresponsable en plena fase de financiarización de la economía global, hundiendo salarios reales. Las consecuencias ya las conocemos: explosión de deuda, pobreza, desigualdad y un sistema financiero insolvente.

Déjenme profundizar un poco más en esta idea. Para ello me remonto a 1998, cuando economistas de la Reserva Federal de Cleveland publicaron un artículo clarividente, Beyond Price Stability: A reconsideration of Monetary Policy in a Period of Low Inflation. Hace casi 20 años predijeron de manera impecable todo el desastre actual. Ante sus recomendaciones, los banqueros centrales no hicieron ni caso. Vayamos a lo substancial del mismo.

Según recoge dicho artículo, la globalización presenta una serie de rasgos básicos. En primer lugar, se produce una infravaloración del factor trabajo respecto al factor capital, al incrementar de manera notoria la oferta de trabajo y promoverse desde un punto de vista económico unos sindicatos débiles, una mayor flexibilidad del trabajo y una reducción de salarios. En segundo lugar se produce un aumento del peso de los países emergentes, que aportan la producción de materias primas y de bienes finales, tanto de consumo como de capital, de manera que la exportación, y en algunos, como China, la inversión han sido los motores de su expansión económica. En tercer lugar, al disminuir los costes unitarios laborales, se producen descensos en los precios de ventas de numerosos bienes, y se genera lo que se denomina deflación buena o “a la Keynes”, que consiste en un aumento de la holgura monetaria consecuencia de la caída de precios: con una determinada cantidad nominal de dinero se puede comprar más bienes, por lo tanto, los saldos reales aumentan.

En ese mismo artículo se describe como debería haber sido la política monetaria en un entorno de baja inflación, mucho más restrictiva de lo que realmente estaba siendo en aquel momento. Al implementarse políticas monetarias laxas, con descensos importantes en tipos nominales y reales, los efectos de los Bancos Centrales que dichos economistas previeron fueron los siguientes. Se eliminaba la deflación “a la Keynes”, lo que castiga más a las rentas del trabajo, al disminuir los salarios reales. Se promovía el endeudamiento privado. Se facilitaba la inflación de activos, y la toma de riesgos excesivos, introduciendo un problema de riesgo moral. Pero lo más interesante es que al final esa dinámica acabaría provocando un aumento de la tasa de crecimiento de los componentes “erráticos” de la inflación, aquella parte asociada a la evolución de mercados financieros, es decir, energía y alimentos no elaborados. Eso forzaría a subidas de tipos de interés que pincharía las burbujas que los mismo Bancos Centrales habían generado.

¿Y cómo acabaría todo ello? En deflación por deuda, “a la Mundell”. Se trata de un descenso en los precios causados por la incapacidad de los deudores para pagar sus deudas. Si los agentes económicos esperan que la deflación continúe, se abstienen de hacer adquisiciones en espera de poder beneficiarse de unos precios inferiores; son reacios a pedir préstamos a cualquier tipo de interés nominal, porque tendrán que devolver el préstamo en unos euros ó dólares… que valdrán más cuando los precios sean inferiores a los de ahora. En resumen, los tipos de interés reales se elevan por encima del tipo nominal. La deflación “causa” depresión. Lo dicho, ¿para cuándo una auditoría de las políticas y consecuencias de los Bancos Centrales?

CARTA DEL DIRECTOR
El jardín del gigante egoísta
Pedro J. Ramírez El Espanol 13 Marzo 2016

Aún no he superado la impresión que me produjo leer el "yo no soy rencoroso" de Rajoy el mismo domingo en que en el PP brillaban por su ausencia las celebraciones, homenajes o meras referencias al veinte aniversario de la mítica "amarga victoria" de Aznar.

No, Rajoy no es rencoroso, pero las críticas públicas de su antecesor y sobre todo los malos pensamientos que él sabe que le dedica en privado deben ser respondidos con la más implacable condena al ostracismo, aun a costa de mutilar a militantes y votantes de algunas de sus mejores señas de identidad.

No, Rajoy no es rencoroso, pero si Aznar presenta un libro sobre el periodo en que él mismo gobernó bajo sus órdenes, se boicotea sin concesión alguna el acto -recuerden, ni un ministro, ni un secretario de Estado, ni un ejecutivo de Génova de medio pelo- de forma que tomen nota los cuadros del partido, los creadores de opinión y los patrocinadores de FAES.

No, Rajoy no es rencoroso, pero si Aznar acude a una reunión de la directiva del partido junto a su esposa, la ex alcaldesa de Madrid, y pide que se celebre un "congreso abierto" para afrontar el batacazo del 20-D, primero se le ofende con alevosía, colocándoles en una esquina del salón -bonito lugar para un presidente de honor- y enseguida se le contesta con displicencia que todo se hará cuando toque y "como siempre".

No, como bien saben Gabriel Elorriaga, María San Gil o Eduardo Zaplana, Bruto era un hombre honrado y Rajoy no es rencoroso, pero si llega la efeméride de la página más meritoria y gloriosa de la historia del PP -aquella encrucijada en la que David le venció a Goliat, truncando así la perpetuación del felipismo-, pues simplemente se ignora, se borra del calendario y de la memoria colectiva, no vaya a ser que aún quede alguien que piense que existe alguna fuente de legitimidad moral en el espacio político común.

Qué tontería, por otra parte, sorprenderse de que Aznar, que sólo refundó el PP, que sólo lo transformó de comparsa en alternativa de poder, que sólo consiguió derrotar al más formidable adversario que jamás produjo la izquierda, que sólo proporcionó estabilidad y prosperidad a los españoles durante ocho años, sea ninguneado y extraído de todo recuerdo o relato, cuando eso mismo ya sucedió antes con José Antonio Ortega Lara, que se jodió 532 días bajo tierra para que Rajoy pueda seguir siendo hoy presidente de la diputación de Pontevedra.

"La nación que no honra a sus héroes pronto no tendrá héroes que honrar", decía Churchill, y eso es lo que ha pasado en el PP. El partido de Ortega Lara, Gregorio Ordóñez y Miguel Angel Blanco; el partido que dio la cara -y la vida- por España en el País Vasco, Navarra y Cataluña, el partido que combatió la corrupción -quién lo diría-, el crimen de Estado y los abusos de poder; el partido que redujo el gasto público, bajó los impuestos y dejó a España al borde del G-9 ya no existe.

Todo eso empezó el 1 de abril de 1990 en el Congreso de Sevilla y concluyó el 31 de agosto de 2003 cuando Aznar le dijo a Rajoy en su despacho de la Moncloa: "Mariano, te ha tocado". Esas y no otras fueron sus palabras: te ha tocado la diosa Fortuna, te ha tocado el Gordo de la Lotería, te ha tocado todo esto en una tómbola... He ahí el pecado original que impregna cuanto pasa hoy en el PP: la unción hereditaria del sucesor sin mecanismos democráticos capaces de subsanar un error de la dimensión sideral del cometido.

Produce vértigo pensar que si Rajoy se come el turrón este año en la calle Génova -lo de la Moncloa parece poco menos que imposible- estará superando la marca temporal de Aznar al frente del partido. Trece años del Faraón, otros trece del Estafermo, con la aún sumergida conspiración del 11-M en la frontera. A las fértiles crecidas del Nilo, con graves inundaciones incluidas, han sucedido los años de la pertinaz sequía. Al PP que agitaba la sociedad, le ha sucedido el que la sofroniza.

¿Por qué será que cada vez que veo al Rajoy grandullón, malencarado y sentencioso, lanzando bufidos contra los periodistas que osan cuestionar su yugo, me acuerdo del Gigante Egoísta del cuento de Oscar Wilde que tanto me fascinaba de pequeño? Su destino quedó sellado cuando se acomodó en su mansión y decidió vallar el jardín para que nadie pudiera disputarle su disfrute. Los niños de los alrededores que solían frecuentarlo empezaron conformándose con jugar en el exterior, pero el terreno era tan inhóspito y estaba tan plagado de pedruscos que terminaron dispersándose como si fueran votantes. Otro tanto hicieron las flores y hasta los insectos. Pronto se hizo el invierno perpetuo.

El Partido Popular es hoy ese jardín tapiado en el que solo la Nieve, la Escarcha, el Viento del Norte y el Granizo, "tamborileando siempre sobre los tejados, bailoteando lúgubremente entre los árboles", conviven con el Gigante Egoísta. Repartan por ese orden los papeles entre Soraya, Carmen Martínez Castro, Moragas y Jorge Fernández. Pónganles como suplentes a María Dolores de las Mentiras, Ana Pastor, el impertinente Rafael Hernando y el gallo Margallo. Y completen el elenco con Andrea Levy, la tal María Pico, Pablito Casado y Maroto "el de la moto" en calidad de meritorios. Todos cobran por engañar a la gente aunque algunos han terminado creyendo sus propios embustes. Dime cuál es tu equipo y te diré quién eres.

Con las excepciones que confirman la regla de Manolo Pizarro y Cayetana Álvarez de Toledo, que salieron huyendo horrorizados, nadie de valía ha osado asomarse a ese recinto en los últimos trece años. Mientras la primavera iba y venía en el PSOE con las floraciones de las primarias y los congresos con candidatos compitiendo de verdad -Zapatero contra Bono, Chacón frente a Rubalcaba, Sánchez versus Madina-, mientras brotaba la nueva política de Podemos y Ciudadanos, el jardín del Gigante Egoísta permanecía cerrado a cal y canto, recubierto por el hielo y sus carámbanos. En su interior no se ha planteado ningún debate ni ha brotado ninguna idea. Sólo ha habido espacio para las tumbas de los cien negritos que ha ido enterrando el amo de la finca.

Rajoy asumió el liderazgo del PP como quien hereda una ficha bancaria en régimen de oligopolio y así es como lo ha ejercido. Los espíritus sensibles deberían sentir arcadas cada vez que repite que será candidato a la Moncloa por quinta vez "si me lo pide el partido". ¿Y quiénes son "el partido" sino aquellos a quienes él paga -en A y en B- para que se lo "pidan"? Ni una sola vez en estos trece años ha tenido que pasar por el filtro de una prueba interna como la que desde hace un par de meses afrontan cada semana Hillary Clinton, Sanders, Trump o Cruz. El único amago de debate y contestación quedó ahogado por los avales amañados del congreso de Valencia.

Decía Ambrose Bierce, el "gringo viejo" de Carlos Fuentes, que "un egoísta es un hombre de mal gusto, más interesado en sí mismo que en mí". Y nada supera la definición de Disraeli como "ese hombre hecho a sí mismo, enamorado de su creador". Pero también entre los egoístas hay clases y clases, pues no todos los materiales de culto son iguales. De hecho, el botafumeiro del yo, mi, me, conmigo con que Rajoy derrama incienso sobre la estatua erigida en su honor, en el centro del antiguo vergel y hoy desolado jardín, no rinde homenaje a otro valor sino al quietismo. Y sus exégetas discuten ya sobre si Rajoy estuvo más acertado -o como diría Arenas, sublime- cuando le instaban a que pidiera el rescate y no hizo nada, cuando le proponían que cambiara las leyes de Zapatero que más ofendían a su electorado y no hizo nada o cuando le reclamaban una política más firme en relación al separatismo catalán y no hizo nada.

De nada a nada y tiro porque me da la gana. Esta es la inercia que al cabo de cuatro décadas de ejercicio profesional de la política ha conducido a Rajoy hasta el puesto de mando del búnker del "hundimiento" en el que se ha transformado su jardín. Desde allí fabula con imaginarias legiones de votantes dispuestos a pasarse a sus filas en unas nuevas elecciones como si se tratara de providenciales divisiones motorizadas prestas a romper el cerco sobre Berlín. Y lo ocurrido con el pobre Garre indica que su entorno ya ha entrado en esa fase paranoica en la que se fusila por traidor al primer suboficial que sugiere que tal vez ha llegado la hora de entregar la espada.

Claro que lo significativo no es la tonelada de descalificaciones vertida sobre el ex-presidente de Murcia desde las alturas del partido, sino la crecida de apoyos que le han inundado por la base. Garre ha dicho lo que gran parte de los militantes piensa y lo que cientos de miles, tal vez millones de ex votantes, dispuestos a volver a jugar a ese jardín, siente. Todo se resume en dos ideas: la democratización del PP es la gran asignatura pendiente del régimen constitucional y no es aceptable que el "España es lo único importante" de Fraga haya sido sustituido por el "Mariano es lo único importante" de Rajoy como santo y seña del partido.

Todos quieren nuevas elecciones
Amando de Miguel  www.gaceta.es 13 Marzo 2016

Me refiero a los mandamases de los partidos y partidas. Todos aseguran que hay que hacer todo lo posible por evitar unas nuevas elecciones, pero mienten. Y no digo que “mienten y lo saben”, porque el mentiroso siempre es consciente de su mendacidad. La mentira propiamente dicha es con intención de engañar, como dejaron dicho los catedráticos de Salamanca.

A todos les gusta la idea de repetir las elecciones porque la campaña electoral es el medio ideal para lucirse, para “chupar cámara”, para seguir en el candelero. Todo ello, gratis. En el entretanto poco tienen que trabajar. Ya me dirán la pesada tarea que han desarrollado los 350 diputados desde que tomaron posesión. Al no haber Gobierno, no es menester legislar. Se reúnen, sí, las comisiones del Congreso, pero solo para hacer bulto, para justificar sobresueldos, dietas y demás bicocas. Los gastos de las campañas electorales se pagan con pólvora del Rey.

Todos quieren nuevas elecciones porque en el fondo aspiran a ganar más votos de los que tienen. Es un deseo perfectamente imposible, puesto que los comicios significan un juego de suma cero. Es decir, los votos que recibe un partido, se los quita a otro. Pero, como no se sabe lo que va a ocurrir, mientras tanto la oligarquía se divierte. A la hora de votar en el Congreso, cada diputado solo tiene que pensar lo que le indique el portavoz del partido correspondiente. Mejor sería decir “portavoto”.

Ganen o pierdan votos unos u otros, gobiernen o no, resulta poco relevante. Lo fundamental es que los participantes ya han entrado en el cielo del poder. Es una carrera para la que no se pide ninguna calificación. Basta con ser disciplinados a las directrices del partido correspondiente para que a uno lo coloquen en las listas electorales en un puesto seguro. El ujier engalonado que vemos en la tele detrás del presidente del Congreso seguramente ha tenido que pasar una oposición. El presidente, no. Ni siquiera ha sido antes diputado.

Se puede llegar a presidir el Congreso o el Gobierno, o cualquier otro alto puesto, sin haber trabajado nunca de verdad en una empresa, despacho o negociado. Ante tal circunstancia, se comprenderá lo agradable que debe de ser la continua aparición en los medios. Por eso digo que una campaña electoral es la situación ideal para un político. ¡Con qué parsimonia y delectación depositan su voto para ellos mismos delante de las cámaras de televisión! Visto así, es un voto que vale más que los demás.

Del 11-M al 13-N. De Francia a España
Óscar Elía Mañú. La Razon 13 Marzo 2016

Casi doce años separan los atentados salvajes del 11-M con los igualmente desalmados ataques de París el 13-N. Y unos pocos meses separan la reacción social e institucional francesa con los actos conmemorativos que en nuestro país se celebran en relación con los atentados de marzo de 2004. Más allá de las declaraciones oficiales, casi obsesivas, en relación con la unidad ante el terrorismo, la comparación franco-española muestra tres claras diferencias, que evidencian a su vez tres claros problemas presentes en la relación de España con el terrorismo.

En primer lugar, desde un punto de vista ideológico y cultural, la educación y la cultura de las que se enorgullece la República mostraron en noviembre de 2015 su mejor cara: la certeza francesa en la validez universal de los principios republicanos, la veneración de la historia y la cultura galas y la superioridad de las instituciones democráticas fueron la base ideológica de un consenso de alcance nacional que fundamentó todo lo demás y que se plasmó en los discursos claros y rotundos de Hollande en el mes de noviembre.

No es el caso de España: en las últimas décadas se ha introducido en España un discurso contracultural, disgregador y hasta nihilista, que impide una reacción intelectual al terrorismo. Esta contracultura se mostró con toda su corrosión en 2004 y aún hoy continúa, socavando intelectualmente la respuesta al terrorismo. Esta patología cultural e intelectual está presente en el discurso público y político español en este aniversario del 11-M: discurso superficial y banal, que esconde la ausencia de una base ideológica nacional sólida.

En segundo lugar, pese a las divisiones sociales, el pueblo francés marchó unido detrás de ideas simples y fundamentales: la defensa de la sociedad abierta y la defensa de la nación francesa atacada en su corazón parisino. Nunca desde 1944 las banderas nacionales habían inundado así las calles francesas. En el caso español, la división acerca de qué es la nación española, qué significa la convivencia democrática y qué valor tiene su defensa tardó poco en aflorar en 2004. A diferencia de la unidad francesa en las calles, la unidad de los españoles se limita al miedo a volver a ser atacados, no a la conciencia de tener que defender la nación: así la unidad social es imposible.

Los dos problemas antes señalados desembocan en la profunda división política e institucional española, plasmada en el aniversario celebrado ayer. El gran acto en los Inválidos en favor de las víctimas, símbolo de la grandeza, del honor y del sacrificio por la nación, contrasta con la miríada de actos parciales, dispersos, míseros en el aniversario del 11-M; el discurso de Hollande ante la Asamblea Nacional –«el terrorismo no destruirá a la República, porque la República lo destruirá»– contrasta con los discursos vacíos, temerosos, demagógicos de los políticos españoles; en fin, la sucesión de interpretaciones de la Marsellesa, cantada tanto por diputados o por espectadores de un partido de fútbol, contrastan con la temerosa interpretación de la Marcha Real en nuestro país.

En fin: la comparación en los tres niveles –cultural e ideológico, social e institucional– muestra la dificultad con la que España, doce años después, se enfrenta al yihadismo.

España y Francia, españoles y franceses, monarquía y república
Nota del Editor 13 Marzo 2016

En Francia los asesisno terroristas del 13N en Paris fueron acorralados y desarmados. El ataque pretendía causar miedo a los franceses y la república respondió con la fuerza de la ley y la razón. El beneficio del ataque terrorista desapareció, incluso resultó negativo, pues mostró la barbarie de quienes quieren destruir la civilización.

Es España, los asesisno terroristas de 11M no se sabe quienes fueron ni tampoco quienes fueron los que los organizaron.
Lo que si quedó claro es que los beneficiados fueron los que consiguieron el cambio del voto de muchos millones de españoles.
Lo que si ha quedado claro es que los beneficiarios del cambio de voto nunca han tenido interés en hacer saber la verdad a los españoles.
Lo que si ha quedado claro es que los "perjudicados" por el cambio de voto tampoco han mostrado interés alguno en hacer saber la verdad  a los españoles, porque saber lo que ocurrió, seguro que tambien lo saben, de ahí su interés en enterrar cualquier intento de descubrirla.

El inicio de la radicalización vigente
13-M: El día que la izquierda se hizo ultra
De cercar las sedes del PP en jornada de reflexión a justificar "acosos" en domicilios, llamar "madre de la democracia" a la guillotina y apoyar a condenados por terrorismo. Doce años después, la izquierda sigue con el mismo ideario.
Agustín Benito Alba  www.gaceta.es 13 Marzo 2016

El 13 de marzo de 2004, día de reflexión, la izquierda utilizó la violencia y la intimidación para cambiar el curso de la historia. A través de un mensaje de texto "¿Aznar de rositas? ¿Lo llaman jornada de reflexión y Urdaci trabajando? Hoy 13-M, a las 18h. Sede PP, c/Génova 13. Sin partidos. Silencio por la verdad. ¡Pásalo!" -cuya autoría reivindicó no hace mucho el líder de Podemos, Pablo Iglesias, asegurando que se "gestó" en la asociación Contrapoder que él dirigía- centenares de personas se concentraron de forma ilegal frente a la sede del PP para llamar "asesino" al entonces presidente del Gobierno José María Aznar y acusar al PP de "no decir la verdad sobre los atentados" que habían tenido lugar sólo dos días antes.

Al mismo tiempo, mientras en el pabellón de Ifema forenses llegados de todas las partes de España identificaban uno a uno los cadáveres de los 191 fallecidos, desde el cuartel general del PSOE de la calle Ferraz, Alfredo Pérez Rubalcaba, pedía en una comparecencia de prensa indirectamente al voto: "Los ciudadanos españoles merecen un Gobierno que no les mienta, que les diga siempre la verdad", dijo, y la Cadena SER seguía con su campaña de acoso al Gobierno: "Mañana hay elecciones, y yo, que soy ateo en política, voy a ir a votar (...), porque no todos los políticos son iguales (...), hay unos políticos menos malos que otros, y hay políticos que nos mienten (...). Esta vez, después de lo que pasó el jueves, si no votamos es que no nos importa nada", manifestó Paco González, codirector de Carrusel Deportivo, al saludar a la audiencia.

Doce años después, la izquierda sigue manteniendo el estilo con el que logró el poder –distintos estudios electorales coinciden en que aquella movilización y campaña mediática fue decisiva para la victoria electoral de José Luis Rodríguez Zapatero-. Y no sólo al amparar a regímenes que se sustentan en la violencia y las encarcelaciones injustas de opositores como el venezolano, sino también al llamar “madre de la democracia” a la “guillotina”, apelar al "kalashnikov" para “solucionar” conflictos ideológicos o creer legítimo el acoso a un político –siempre que sea de su cuerda- en el ámbito privado. Pablo Iglesias -en un homenaje a Hugo Chávez en abril de 2013 en Madrid- definió estas acciones como “jarabe democrático de los de abajo”. Hablaba con conocimiento de causa, pues en 2010 boicoteó junto al también dirigente de Podemos, Íñigo Errejón, un acto de Rosa Díez –entonces líder de UPyD- en la Facultad de Ciencias Políticas en la Universidad Complutense al grito de “fuera fascistas de la Universidad” y "no es bienvenida”.

En este tiempo, algunos dirigentes izquierdistas también han asegurado que “ETA tiene explicaciones políticas”, han apoyado y amparado a terroristas como “Alfon” -radical de extrema izquierda condenado a cuatro años de cárcel por portar explosivos durante la huelga general del 14 de noviembre de 2012 y Arnaldo Otegi -firme defensor de la lucha armada que fue condenado por ser miembro de la organización criminal y por secuestrar al director de la fábrica Michelin en Vitoria Luis Abaitua, y posteriormente por intentar reconstruir a la ilegalizada Batasuna a las órdenes de ETA- y han mostrado “solidaridad” hacia compañeros de partido condenados a prisión por ejercer violencia física contra un rival político -caso de Andrés Bódalo, número uno de Podemos en Jaén en las elecciones generales y miembro del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT), condenado a tres años y medio de cárcel por agresión a un edil socialista- y hacia los anarquistas detenidos por presunta pertenencia a la organización GAC (Grupos Anarquistas Coordinados) y participación en actos terroristas –la CUP manifestó que el Govern debía desobedecer a la Audiencia Nacional, tribunal que encargó a los Mossos activar la segunda fase de la "Operación Pandora"-.

Además, siguen utilizando el mismo lenguaje injurioso que usaron entonces. El pasado viernes, Juan Carlos Monedero –cofundador de Podemos- llamó “criminal de guerra” al expresidente del Ejecutivo José María Aznar después de que este en un acto de la Fundación FAES en Roma dijera que “el populismo está en las instituciones para dañarlas”

Chipre enseña a Grecia cómo salir del rescate y de la crisis
Abandona el rescate de la troika tras recibir una cuantía equivalente al 50% de su PIB. El país heleno recibe el 200% y sigue en la ruina. ¿Por qué?
Daniel Fernández Libertad Digital
13 Marzo 2016

El genial premio Nobel de economía Milton Friedman comentaba que los economistas, normalmente, se quejan de que los experimentos en economía son imposibles, pero el mismo Friedman establecía que existen ciertos casos históricos que nos proporcionan alguna contrastación empírica sobre si un sistema económico o una determinada política proporcionan o no buenos resultados. El ejemplo estudiado por él mismo fue el de Hong Kong y China (misma cultura, mismas tradiciones, diferente sistema económico y muy dispares resultados).

En el caso chipriota las circunstancias históricas nos presentan una bonita prueba sobre la efectividad de diferentes tipos de rescate económico. Y es que Grecia y Chipre comparten las mismas tradiciones, idioma y cultura. La parte occidental de la isla (la que pertenece a la Unión Europea y al euro) se considera a sí misma un territorio griego más. De hecho, Chipre durante los años 50 se rebeló contra el dominio inglés, siendo su principal reclamación su unión con Grecia más que la propia independencia, pero, finalmente, se concedió la independencia por problemas políticos y de soberanía entre Grecia y Turquía.

Las economías chipriota y griega reciben un impacto enorme en la crisis de 2007/08 y la Gran Recesión subsiguiente. Tanto es así que ambos países necesitan solicitar ayuda a sus socios europeos con el fin de reflotar sus maltrechas economías.

Sin embargo, reciben un programa de rescate muy diferente en sus términos, y, sobre todo, en su implementación. Es aquí donde encontramos la posibilidad de efectuar un "experimento" limitado en economía. Con una población culturalmente muy parecida y una crisis enorme en ambos lugares, ¿qué tipo de programa de rescate funciona mejor: anti-austeridad (Grecia) o reformas estructurales (Chipre)?

Aunque el detonante de la crisis diverge en sendos lugares, siendo el colapso del sistema bancario en Chipre contra el colapso de finanzas públicas en Grecia, hay más similitudes de las aparentes entre ambas crisis. Las dos crisis vienen acompañadas de problemas en el mercado hipotecario (con mayor incidencia en Chipre), ambas necesitan de recapitalización de su banca (con mayor incidencia en Chipre) y ambas necesitan de rescate de sus quebrados gobiernos (con mayor incidencia en Grecia).

El caso griego es especialmente interesante si tenemos en cuenta que ha recibido tres programas de rescate, no sólo uno. A pesar de que cada rescate exige fuertes medidas de ajuste para la economía helena en contraprestación a la extensión de deuda en condiciones favorables (o de condonación de la misma por parte de agentes privados), la implementación de las reformas siempre ha ido, en el mejor de los casos, con fuertes retrasos, y en el peor de los casos, con una total ausencia de reformas.

En otras palabras, los gobiernos griegos han realizado las reformas tarde, mal, y en muchas ocasiones, nunca. De hecho, el gasto del Gobierno griego como porcentaje del PIB no ha hecho más que crecer hasta el año 2014 (5 años después del primer rescate) y el déficit público no ha estado bajo control hasta ese mismo año. En total, los tres programas de rescate griegos suman aproximadamente el 200% de su PIB.

Chipre, por su parte, recibe una cantidad que en su día fue tildada como totalmente insuficiente para las necesidades que afrontaba la pequeña isla. Los fondos de la troika apenas daban para recapitalizar una parte de su quebrado sistema bancario. Sin embargo, al igual que en el caso español y en clara contraposición al caso griego, la utilización de fondos ligados al rescate fue menor a la cuantía pactada. En concreto, utilizó menos del 70%: de los 9.000 millones de euros acordados en un primer momento, sólo se han utilizado 6.300 millones.

Igual que en el caso griego, los fondos del programa de rescate venían supeditados a la ejecución de ambiciosas reformas estructurales, pero la diferencia con respecto a Grecia es que en Chipre sí se han implementado.

Además, una gran singularidad del rescate chipriota ha sido la exigencia de una recapitalización privada de su quebrado sistema financiero. Esto en su día generó gran controversia por la necesidad de convertir en acciones parte de los depósitos no asegurados (aquellos con importe superior a 100.000€), pero a continuación veremos cómo los resultados están siendo positivos. El país regresó a los mercados de capitales internacionales el pasado octubre (2015).

Grecia recibe su primer rescate en mayo de 2010 y no es hasta el cuarto trimestre de 2013 que empieza a tener su déficit público en niveles inferiores al 3% (senda que vuelve a abandonar en 2015 con la entrada de Syriza en el Gobierno). Es decir, tarda 14 trimestres en volver a niveles aceptables de déficit público y todavía no ha tenido un sólo superávit.

En contraste, Chipre recibe su primer rescate en marzo de 2013 y su déficit público vuelve a niveles inferiores al 3% en el segundo trimestre de 2014. Es decir, tarda 5 trimestres en volver a un nivel aceptable de déficit público. Actualmente, registra un superávit presupuestario del 2,9% del PIB.

En lo que respecta al crecimiento económico, Chipre también es un ejemplo a seguir y Grecia a evitar. Actualmente, Grecia todavía se encuentra en depresión, con su PIB contrayéndose al 0,7%, mientras que el chipriota está creciendo con fuerza, al 2,5%. Es interesante ver cómo Chipre ha roto todas las previsiones, ya que la troika esperaba una caída de casi un 9% para 2014 (frente a la cifra real del -2,5%) y una contracción adicional del 3,9% para 2015 (frente al crecimiento real positivo del 1,5%).

Grecia tarda 16 trimestres desde su primer rescate en volver a registrar crecimiento económico. Estos crecimientos han sido efímeros y, de hecho, han vuelto a la senda negativa tras el Gobierno de Syriza. Por contraste, los chipriotas consiguen crear crecimiento en la mitad de tiempo, necesitando tan sólo 8 trimestres desde su rescate para empezar a registrar tasas positivas.

Adicionalmente, el crecimiento medio del PIB desde que cada país pide el rescate es muy dispar. La economía griega ha caído una media del 4,3% anual desde que pidió su primer rescate, mientras que la chipriota ha caído un 1,9% anual.

Especialmente interesante es observar cómo el sistema financiero chipriota se encuentra actualmente en una situación más estable que el griego a pesar de que tanto su peso en la economía como su importancia a la hora de desestabilizar la economía de Chipre fue mucho mayor que su contraparte griega. La financiación por parte del BCE a bancos nacionales, que ocurre generalmente cuando nadie más confía en los bancos, es mucho mayor en Grecia que en Chipre.

Adicionalmente, podemos ver cómo la enorme tasa de morosidad sigue creciendo en Grecia mientras que en Chipre comienza a descender aunque todavía lentamente. Sin embargo, éste es el talón de Aquiles de la economía chipriota y su mayor reto para el futuro. Si el crecimiento del PIB sigue a buen ritmo en los próximos años, la tasa de impagos podrá descender sin muchos problemas.

Tasa de morosidad | Bruegel

En definitiva, lo que nos puede enseñar la experiencia greco-chipriota en lo que tiene que ver con los rescates públicos de la troika son dos grandes puntos. Por un lado, que las reformas estructurales generan crecimiento y permiten al país salir mucho más rápido del agujero económico; y, por otro, que los rescates demasiado generosos tienden a postergar reformas de calado y, por tanto, llevan inexorablemente a nuevos rescates.

Hemos de recordar que Chipre, con un programa de rescate que representa el 50% de su PIB ha usado tan sólo dos terceras partes del mismo. En claro contraste se encuentra Grecia, una insaciable máquina de engullir fondos del resto de contribuyentes europeos con tres programas de rescate a sus espaldas y el 200% de su PIB en ayudas con muy escaso o nulo resultado económico.

Daniel Fernández Méndez es director de UFM Market Trends y profesor de la Universidad Francisco Marroquín. Si quiere profundizar sobre éste y otros temas económicos suscríbase a los informes de UFM Market Trends.

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La deslegitimación moral de ETA
Los antiguos miembros de ETA y su exiguo papel en la deslegitimación del terrorismo (1º Parte)
www.latribunadelpaisvasco.com 13 Marzo 2016

Si ya es difícil arrostrar la presión de ETA y de su abrasivo submundo paralegal tras abandonar cualquier tipo de compromiso con la organización de la violencia terrorista, al ex etarra le está resultando poco asumible llegar a sentir culpabilidad moral por los irreparables destrozos humanos causados.

LA PAUTA GENERAL DEL FINIQUITO DEL EX ETARRA HA SIDO SUPONER QUE LA VIOLENCIA NO ERA ÚTIL Y CONVENÍA ABANDONARLA
Tempranamente bajo el franquismo, esa pauta vino motivada por un cambio en los objetivos de lucha del militante. Para muchos militantes la liberación nacional de Euskadi no constituía ya el marco de la lucha puesto que fijaban como objetivo la liberación social con, su protagonista, la clase obrera. El referente de ésta era un partido obrero y ya no ETA, y su marco no era Euskadi sino España. Fue éste el caso de los ETAberri, “Saioak” y los “minoritarios” de ETA VIª, todos ellos imbuidos de ideología marxista y leninista en la que no entraba el ejercicio de la violencia individual, ni siquiera para derrocar el régimen de Franco. Pero no se explicitó con rotundidad que estaba moralmente mal haberla ejercido hasta entonces. Los “Saioak” sí condenaron públicamente el asesinato de Carrero Blanco y fue también tras este asesinato por lo que emergió en el seno de ETA VIª una gran fracción militante que condenaba la violencia y desertó de sus filas.

En plena democracia (años 80), los “polimilis” y sus guardeses en civil, los políticos de EIA o “euskadikos”, supusieron que sin violencia terrorista ya era factible lograr los mismos objetivos y, por consiguiente, ya no era útil en adelante. Este postulado llevaba a bendecir la violencia habida hasta ese momento, motivo por el cual no revisaron jamás la conexión entre los objetivos perseguidos y la violencia ejercida para lograrlos. Dieron así por aprobados los once asesinatos, varios secuestros y múltiples extorsiones, robos y chantajes perpetrados en período democrático y tras la amnistía total de la Transición. Hasta abandonarla ellos, ETA habría sido más o menos buena pero, a partir de abandonarla ellos, ETA ya no estaba en la senda de lograr esos objetivos nacional-sociales: eso sostenían los “polimilis” y “euskadikos”. Mediante hábiles negociaciones con el Gobierno lograron no asumir la culpabilidad penal por haber violado leyes y estándares de la dignidad personal y los derechos humanos con la promesa de no volver a la violencia terrorista. Y pese a autocalificarse de “políticos” (además de “militares”) tampoco asumieron culpabilidad política alguna ante el conjunto de la sociedad y de los miles de votantes y simpatizantes suyos a fin de que también ellos se sintiesen co-responsables del daño político ejercido a la convivencia en democracia. Y tampoco asumieron ninguna responsabilidad moral por la que, desde el arrepentimiento de los males ejercidos a sus víctimas, se excusasen ante éstas pidiendo perdón.

Con posterioridad, SOLAMENTE UNOS POCOS MILITANTES HAN REBASADO ESA PAUTA EX ETARRA DEL “ADIÓS A LAS ARMAS Y PELILLOS A LA MAR”, LLEVÁNDOLA HASTA LA CULPABILIDAD MORAL.

Eso ha ocurrido a cuentagotas y en las cárceles, especialmente cuando la opinión pública tomaba conciencia del estado de abandono de las víctimas del terrorismo y éstas, venciendo su habitual postración y vergüenza, ya salían a la calle y se extendía en la sociedad una sensación general de la derrota policial y judicial de ETA. Los casos más notorios de arrepentimiento y petición de perdón lo constituyen eso que se da en llamar “reinsertados” de la vía Nanclares (Urrusolo, García Corporales, Guisasola, Etxezarreta, Caride, Pikabea, Oteiza, Alza) y otros cuantos ex presos más como Txelis o Rekarte.

Sin embargo hasta para este puñado de presos y ex-presos convencidos de la necesidad de un final de ETA fue lento el proceso de compunción moral porque, todavía en 2010, no barruntaban más allá de pedirle a ETA que “cerrara el ciclo de la violencia” y de que, como se estaba dando un “proceso irreversible” de cambio social, la izquierda abertzale estaba obligada a una transformación. O sea, pedían colgar las armas porque había conciencia de que estaban perdiendo la batalla y ya “no tenía sentido” seguir matando. Incluso se le llamaba “proceso de paz” al mero cesar la actividad terrorista. (1)

En el año 2012, quien fuera cabeza pensante pero también ejecutiva de ETA, el preso Chelis Alvarez Santacristina, dio un gran paso adelante arrepintiéndose públicamente y pidiendo perdón a las víctimas directas de sus acciones terroristas en un célebre texto que él mismo trató de leer en un curso de verano de la UPV (2). Dos años después, también el preso arrepentido Ibon Etxezarreta, uno de los asesinos de J.M. Jaúregui, explicitó un sentido mea culpa después de entrevistarse con la viuda del asesinado asegurando lo “injustificable... de arrebatar una vida” y lo “irreparable” de aquella acción. Esta compunción moral la llevó hasta exigir al actual brazo político de ETA (SORTU) que “abandone su silencio” ante ETA y abandone “su inmovilismo... (puesto que) para llegar a una normalizada vida en común debemos curar las heridas y odios en la medida de lo posible” (3). Txelis ya había expresado algo similar afirmando que debiéramos “labrar entre todos un presente más ilusionado y un futuro no lejano donde la convivencia entre ciudadanos de diferentes y aun contrapuestas visiones ideológicas y sociales sea realmente posible”. De esta manera LA CULPA ASUMIDA POR ESTOS EX MILITANTES COMENZABA A APUNTAR HACIA ESE ASPECTO MORAL DE LA RESPONSABILIDAD CÍVICA Y LA RECONCILIACIÓN DE LOS VASCOS.

Sin embargo sólo es posible dar sentido a eso de “curar las heridas y odios” y “labrar un futuro” ilusionante, si el victimario aborda una reflexión que vaya más allá “del sufrimiento” inducido a sus víctimas de carne y hueso. Al victimario le es preciso concienciarse de que ADEMÁS DEL SUFRIMIENTO PERSONAL, EXISTE EL CONJUNTO DE LAS CONSECUENCIAS SOCIALES QUE HA PRODUCIDO SU ACCIÓN TERRORÍFICA. Consecuencias tan fatales como la fractura social en Euskadi, el abandono forzoso de su tierra para miles de ciudadanos vascos, la perversión del lenguaje, la falsificación de la historia vasca, el envilecimiento de la vida social (los demócratas, tratados como traidores y fascistas; los terroristas, como héroes; los castellanohablantes, proscritos por el mero querer serlo o por el no poder o no querer aprender el vascuence), el enorme coste económico para el Estado de Derecho, el gran freno al desarrollo económico, el retroceso del progreso moral de la ciudadanía consentidora, acobardada o entregada.

De lo que yo conozco, acaso quien se haya aproximado a entrever este aspecto cívico de la culpa moral fue la reinsertada Carmen Guisasola, cuando hace unos meses en una intervención pública mantuvo que “Mucha gente que nos incitaba en la juventud a meternos en ETA teorizando sobre la conveniencia de la lucha armada pero cuidándose de no practicarla, hoy está sentada en los sillones con puestos relevantes, sin responsabilizarse de lo que ha ocurrido y dejando toda la carga a los presos, como si no hubiéramos navegado todos en el mismo barco”. Guisasola acusaba a la izquierda abertzale y pedía “responsabilidad política” por los estragos de ETA a los periodistas, alcaldes, abogados, diputados y políticos de la legalidad etarra por haber defendido e impulsado a ETA. Calificó esta necesidad como “un cambio de cultura política por parte de los grupos que han apoyado o se han silenciado ante la violencia” (4).

¿Cuál es la necesidad impostergable? ¿Se trata de un cambio de la “cultura política” del victimario o, más bien, de un cambio de su sentimiento moral?

Siguiente Capítulo: El porqué de tan limitada deslegitimación de ETA por parte de sus antiguos alumnos

(1) Documento de los ocho “Presos comprometidos con el irreversible Proceso de Paz”, noviembre 2010, en la prisión de Nanclares de la Oca
(2) Documento “Pedir perdón desde el sufrimiento de las víctimas” al que yo mismo respondí con otro texto “Terrorismo y perdón en el País Vasco” colgándolos ambos en la red en noviembre de 2012 http://www.nuestrahora.es. El filósofo Reyes Mate analizó esta polémica constructiva en IX Jornadas de Derecho Penal en Homenaje a José María Lidón, tituladas "Justicia restaurativa. Una justicia para el siglo XXI: potencialidades y retos", celebradas en Bilbao, Palacio de Justicia, 21 de noviembre 2012
(3) Ver sus declaraciones en Deia, 29 julio 2014
(4) Jornadas en San Telmo (31 oct. 2015) sobre “Los valores de la autocrítica”, impulsadas por el Gobierno Vasco

El fiscal ve «mala fe» en la recusación a la jueza de los padres de dos víctimas de ETA
Considera «radicalmente falso» que asesorara al Gobierno de Zapatero en el «proceso de paz»
Ricardo Coarasa. Madrid. La Razon 13 Marzo 2016

La Fiscalía de la Audiencia Nacional no ve motivo alguno para apartar a la jueza Carmen Lamela de la investigación al etarra Aitor Elizarán, procesado por delitos de lesa humanidad y en libertad después de que, estando en busca y captura, se presentase voluntariamente en la sede del tribunal el pasado 15 de enero. En un escrito remitido a la Sección Cuarta de la Sala de lo Penal, el teniente fiscal Jesús Alonso rechaza los argumentos esgrimidos por los padres de las dos últimas víctimas de ETA en España, los guardias civiles Diego Salvá y Carlos Sáenz de Tejada (asesinados en Mallorca en 2009), a cuyas defensas reprocha su «temeridad y mala fe» al esgrimir como causa de recusación que asesoró al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero en el «proceso de paz» con ETA, algo que tacha de «radicalmente falso».

El fiscal recuerda que «el mero hecho de haber trabajado para un Gobierno legítimamente elegido no puede suponer ni tacha ni merma de imparcialidad». Alonso señala que en el escrito de recusación no se expone el «más mínimo argumento» que sustente esa medida –que mantiene la causa paralizada desde el pasado 20 de enero–, algo que atribuye a un «intento de entorpecer el normal desarrollo del proceso». Que Lamela fuese asesora del Gobierno de Zapatero, subraya, era algo conocido desde que tomó posesión de la plaza de titular del Juzgado de Instrucción número 3 de la Audiencia Nacional, «y nada alegó ni opuso» la representación letrada de las víctimas.

La Fiscalía destaca «la pulcritud de la magistrada a la hora de resolver» las cuestiones planteadas por las partes, y achaca la recusación a «una aprehensión o recelo» hacia Lamela «por cuanto algunas de sus resoluciones no han sido» como preveían. Aceptar esa recusación, basada en «apreciaciones subjetivas y personales», añade, sería tanto como «dar carta blanca» para que cualquiera de las partes de un procedimiento, y en cualquier momento, «pudiese variar el órgano jurisdiccional predeterminado por ley».

Alonso trae a colación la jurisprudencia del Tribunal Constitucional, que insiste en que, para apartar a un juez de una causa, no basta con meras «sospechas o dudas sobre su imparcialidad», como sucede según él en este caso con las «inciertas» alegaciones de la representación letrada de los recurrentes, que «intentan hacer parecer como real y cierto lo que no deja de ser una percepción tan subjetiva como sesgada».

Ni precisan qué beneficio subyace tras ese supuesto interés ilegítimo de la instructora en las resoluciones adoptadas, dice el fiscal, ni se aporta una sola prueba de que, al ejercer ese cargo público, «haya participado directa o indirectamente en el asunto objeto del pleito».

Acompañados del presidente de Dignidad y Justicia, Daniel Portero, los padres de los guardias civiles asesinados –Antonio Salvá y José Antonio Sáenz de Tejada– se quejaron el pasado 13 de febrero al presidente de la Audiencia Nacional, José Ramón Navarro, de que Elizarán esté en libertad y calificaron de «kafkiana» la paralización de la causa, en manos del juez Eloy Velasco hasta que se resuelva la recusación, lo que les impide solicitar el ingreso en prisión del etarra.
 


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