AGLI Recortes de Prensa   Jueves 24  Marzo  2016

Con entierros bonitos no se gana una guerra
La tendencia siempre es la de minusvalorar el problema; se le resta importancia y trascendencia para evitar mayores complicaciones. Con el Estado Islámico está ocurriendo
Javier Caraballo El Confidencial 24 Marzo 2016

La única actividad antiterrorista que se desarrolla en Europa con respaldo unánime y una coordinación perfecta es la organización de los entierros. El ‘protocolo de condolencias’ establecido se despliega detrás de cada atentado con una precisión envidiable, en la que cada actor sabe perfectamente el papel que tiene que desarrollar. En Inglaterra o en Holanda, en Alemania y en España, en Grecia o en Francia; las diferencias se olvidan y todo el mundo despliega un protocolo de condolencias unánime: discursos políticos cargados de rabia democrática y emotividad por las libertades conquistadas; ramos de flores en las aceras y velas encendidas sobre el asfalto formando corazones; banderas a media asta en todas las ciudades, minutos de silencio en la puerta de las instituciones y un grito unánime de solidaridad que recorre todas las calles, porque lo van proclamando los periódicos, las radios, las televisiones: “Todos somos…” y se añade el nombre de las víctimas, en este caso “Tous sommes la Belgique” o “Je suis Bruxelles”. En esa organización, no hay diferencias; todos a una: los mejores entierros, los más emotivos, los organiza Europa. El único problema es que con entierros bonitos no se gana una guerra. Y estamos en guerra.

Asumirlo así, que estamos en guerra, tendría que constituir el primer paso de esta lucha una vez que existe ya una corriente generalizada que ha dejado de considerar el Estado Islámico como un grupo terrorista más. Como se ha puesto aquí de manifiesto en otras ocasiones, tras otros atentados como el de esta semana de Bruselas, uno de los principales ‘agujeros negros’ de la guerra contra el Estado Islámico, de los muchos que existen y se destapan tras cada masacre, es la mera definición de lo que nos está ocurriendo. Ha ocurrido así a lo largo de la historia, acaso porque la dificultad mayor del hombre consiste en algo tan elemental como poder reconocer cuál es el problema real al que se enfrenta, los riesgos que conlleva, el sacrificio que le exige para afrontarlo y superarlo.

La tendencia siempre es la de minusvalorar el problema; se le resta importancia y trascendencia para evitar mayores complicaciones. Con el Estado Islámico está ocurriendo así y a veces ese intento de infravaloración del fenómeno se detecta en cuestiones que pueden parecer sutiles, como la tendencia generalizada de los gobiernos a utilizar la palabra ‘Daesh’ en vez de Estado Islámico con el argumento de que, de esta forma, no se les concede la capacidad de ser, realmente, un Estado. Pero sabemos que el Estado Islámico, si por algo se diferencia de un grupo terrorista, es porque su principal objetivo es conquistar territorios y someterlos a la dictadura del fanatismo islámico. El terrorismo es, en este caso, la estrategia de guerra utilizada por la potencia invasora. Como ha recalcado en El Confidencial Jorge Dezcallar, “el Estado Islámico no es un grupo terrorista como otros sino un grupo insurgente que utiliza el terrorismo para lograr sus fines: traer el mundo el triunfo del islam”. Llamarlo ‘Daesh’, como quieren algunos gobiernos, puede conducir al autoengaño o a la interpretación equivocada del verdadero problema: estamos ante el mayor desafío de la humanidad desde la Segunda Guerra Mundial.

La ‘declaración de guerra’ está en las Constituciones de todos los países (en España, en el artículo 63.3) y los principios asumidos como causas de guerra, 'casus belli', incluyen los actos de terrorismo, además de otros que también se pueden detectar en cada ofensiva del Estado Islámico: “Agresión al territorio, bienes o patrimonio de los ciudadanos; amenaza evidente sobre el bien nacional; amenaza al orden interno; o invasión y ocupación de territorios”. Puede pensarse que, a fin de cuentas, la ‘declaración de guerra’ no es más que un acto formal, un trámite, y en cierta forma es así, sólo que ante la dispersión que existe en la actualidad y las dificultades de coordinación para combatir al Estado Islámico ese formalismo puede ser imprescindible para avanzar en todo lo demás.

Si en Europa, por ejemplo, se comienza con la declaración formal de guerra contra el Estado Islámico por parte de todos los países que integran la Unión, se constituirá un ‘Frente Aliado’ al que deberán ir sumándose todos los demás estados que dicen condenarlo, incluidos algunos países árabes cuya colaboración sincera y decidida es fundamental para ganar esta guerra. ¿No repiten, sobre todo las autoridades francesas, que las masacres del Estado Islámico en Europa constituyen una "declaración de guerra"? Pues que los parlamentos de toda Europa lo reconozcan así y se impulse de una vez por todas la unidad de acción, de estrategias y de inteligencia, policiales y militares, políticas y sociales, sin la que jamás se doblegará al Estado Islámico.

El ‘protocolo de condolencias’ que sucede a cada ataque salvaje del Estado Islámico hay que entenderlo como lo que es, la reacción sincera de muchos ciudadanos que quieren alzar su voz contra la barbarie y mostrar su dolor y su solidaridad con las víctimas. No seré yo, desde luego, quien se burle de las velas encendidas y de los ramos de flores en las aceras, como si fueran un gesto de debilidad de una sociedad decadente. Son lo que son: un pésame social. Pero sucede que cuando se marchitan las flores y se apagan las velas y, al cabo de unos días o unas semanas, se limpian las aceras, no se pude pretender recuperar la normalidad como si nada hubiera pasado.

Estamos en guerra contra el Estado Islámico y lo primero que debemos saber es que esta guerra, si la ganamos, va a durar muchos años. Así que comencemos por el principio, declaración de guerra formal que empiece por dejar en evidencia a tanto imbécil como surge, sobre todo en España, con los eufemismos y las disculpas del terror, como si se tratara de una culpa compartida. Una ‘Declaración de Guerra’ que ya está, incluso, escrita de otras ocasiones: “Las fuerzas que tratan de esclavizar al mundo entero ya se están moviendo contra este hemisferio. Nunca antes ha habido un desafío tan grande contra la vida, la libertad y la civilización. El retraso invita a un peligro mayor. Los rápidos y unidos esfuerzos de todos los pueblos del mundo que están decididos a seguir siendo libres, asegurarán la victoria de las fuerzas de la justicia y del derecho del mundo sobre las fuerzas del salvajismo y de barbarie. Por lo tanto, le pido al Congreso el reconocimiento de un estado de guerra”. Lo escribió y proclamó Franklin D. Roosevelt el 11 de diciembre de 1941.

Euroyihad
Rafael L. Bardají Libertad Digital 24 Marzo 2016

Europa tiene un doble problema frente al yihadismo. Por un lado, como sociedad liberal y decadente, es incompatible con los valores rigoristas del islamismo, quien nos desprecia. Por otro, como sociedad abierta y tolerante, Europa ha permitido que en su seno crezca el odio islamista y que miles de sus ciudadanos musulmanes militen en la yihad y muchos de ellos estén deseando inmolarse en atentados suicidas en suelo europeo. El último episodio ha tenido lugar en Bruselas. No sabemos dónde tendrá lugar el siguiente. Sólo sabemos que ocurrirá.

Ahora bien, los ataques terroristas no son algo inevitable ni producto de las fuerzas de la naturaleza. Se pueden combatir y, con tesón y una pizca de suerte, se pueden prevenir. Lo que vimos con espanto en París a lo largo del año pasado y lo que hemos vivido esta semana en Bruselas tiene una sencilla explicación: son acciones llevadas a cabo en el Frente Interno, eso que los anglosajones tradicionalmente han denominado el Home Front. Interno no sólo porque afecta a cuanto pueda suceder dentro de nuestras propias fronteras, sino porque tiene su corolario y causa en lo que pasa fuera de ellas, en el Frente Exterior. En el caso de los ataques perpetrados por el Estado Islámico y sus seguidores, claramente la guerra de Siria.

Hay que decirlo claramente porque es la única forma de poder dar con una estrategia viable frente a la actual amenaza yihadista: si los occidentales hubiéramos intervenido en Siria hace cinco años, si los occidentales no hubiéramos permitido que Basher el Assad continuara en el poder, nuestro Frente Interno hoy sería otra cosa.

No hace tanto como para no recordar muchos de los argumentos que los llamados "realistas" esgrimieron en contra de los que creíamos que era mejor intervenir que no hacer nada. Uno de ellos fue que mejor dejar que jóvenes musulmanes salieran de Europa para combatir a otros islamistas en Siria porque así acabarían matándose entre ellos. Pero pensar que en una guerra ambas partes salen derrotadas es una grave ignorancia, como estamos pudiendo comprobar ahora. Interpol cifra en más de 5.000 los jóvenes con pasaporte europeo que han ido a Siria a engrosar las filas del Estado Islámico. No tantos, pero seguramente una cifra que ronda los 2.000 fueron a guerrear en otros grupos. Se calcula que unos 1.500 han podido retornar a Europa. Muchos desencantados, otros sin la formación para servir adecuadamente como terroristas, pero unos cuantos aguerridos, entrenados y dispuestos a dar su vida en su guerra santa.

Las cifras bailan y se tambalean si metemos en la ecuación la llegada masiva de desplazados. La capacidad policial y judicial para determinar quién es quién, la veracidad de sus historias, sus experiencias en la guerra y su vinculación con organizaciones terroristas, permite imaginar que entre muchos de los desplazados se ocultan yihadistas que vienen a nuestro suelo con propósitos bien distintos a los cientos de miles que sólo huyen de la violencia. Pero nuestro problema es que no contamos con los instrumentos para separar el heno de la paja. El candidato a la presidencia americana Donald Trump ha dicho que cerraría las fronteras de los Estados Unidos a los musulmanes porque sabe que no puede separar a los "buenos" de los "malos" musulmanes. Aquí, en el Viejo Continente, salvo algunas voces rápidamente estigmatizadas, como las de Viktor Orban, ni siquiera nos planteamos que vaya a haber "malos" musulmanes en las hordas de desplazados que llegan al continente. No es políticamente correcto ni aceptable. No cuadra con los ideales humanitarios de Europa, suele argumentarse.

Pero también hay que decirlo alto y claro: sin seguridad, no hay idealismo que sobreviva. Es más, no hay libertad alguna cuando lo que impera es el miedo. Y Europa sufre un doble temor. Por un lado, empieza a instalarse el miedo a qué nos puede pasar cuando tomamos un transporte público o viajamos en avión, esas obsesiones particulares de los yihadistas. Por otro, qué nos puede pasar si denunciamos la tiranía de lo políticamente correcto en todo los referentes al Islam y al terrorismo islamista. ¿Qué puede pensar un judío europeo si por vestir la kippah se arriesga a ser acuchillado o tiroteado? Europa, una vez paraíso de la libertad, lo es cada día más para quienes quieren acabar con la libertad y con Europa.

Por eso luchar contra el yihadismo no puede hacerse únicamente con los instrumentos policiales y de inteligencia. Ni siquiera tan sólo con los militares combatiendo a los terroristas allí donde encuentran sus santuarios, desde Misrata a Raqqa. Tambíen es necesario combatirlo con la ideología. Europa no tiene ninguna estrategia anti-radicalización de los musulmanes que viven entre nosotros. Pero sin ella, nada hay que oponer a los reclutadores de la yihad.

En cualquier caso, lo primero que deben hacer los europeos es colocarse a la ofensiva y robarles a los yihadistas el sentido de victoria en el que están instalados. El establishment de la inteligencia nos bombardea con la idea de que el Estado Islámico se encuentra a la defensiva y que ya ha perdido el 23% del territorio que controlaba. Pero al igual que no supieron verlo venir, me da la sensación de que siguen errando en la métrica con la que fijar la victoria o la derrota. Y se diga lo que se diga, la campaña militar contra el Estado Islámico sigue siendo insuficiente. Los datos que se ofrecen son incompletos o poco honestos (se suele subrayar el número de salidas, pero se omite la cantidad de munición realmente disparada y, sobre todo, la naturaleza de los objetivos).

España anda sumida en su propia crisis institucional y política, pero el mundo no se va a detener por eso. Y mucho menos los planes de los yihadistas. Y ya sólo por lo que estamos viendo en nuestros vecinos, deberíamos preocuparnos y mucho. Nuestro país está en el punto de mira de una variedad de grupos, unos afiliados a Al Qaeda y otros al Estado Islámico. Las menciones a al Andalus se han multiplicado en los últimos meses tanto en los mensajes de los yihadistas como en sus publicaciones internas. Dejar que sea sólo la Policía la encargada de frustrar las tramas de la yihad, es suicida. Ya deberíamos saber que ni la mejor inteligencia ni la mejor policía pueden garantizar completamente la seguridad frente al terror islámico.

Reunir a los firmantes y observadores del Pacto Anti-Yihadista es llorar como la Mogherini y contentarse con hacer un llamamiento a la solidaridad que en nada mejora la seguridad de Europa y de España. Limitarse a ver la yihad desde la barrera o limitarse a entrenar a un ejército en Irak que apenas sabe y quiere combatir, es dejar nuestro destino inmediato en las manos de una gran incógnita. No hacer lo suficiente equivale a un llamamiento a que atenten también en nuestro suelo. El gobierno estará en funciones, el yihadismo no. Por desgracia y porque le dejamos.

Indefensos en la Unión Europea
Manuel Muela www.vozpopuli.com 24 Marzo 2016

Cuando nuestros políticos están exhaustos, después de meses de atiborrarnos con lugares comunes para no lograr acuerdo de gobierno alguno, recibimos el mazazo de los atentados de Bruselas, que suponen un suma y sigue interminable de la plaga terrorista ante la que, hasta el momento, no parecen existir actuaciones capaces para combatirla con los medios convencionales. Eso significa, aunque se disimule con declaraciones altisonantes y con frases huecas, que los habitantes de la UE estamos indefensos y que desconocemos adónde nos llevarán quienes no empiezan por reconocer que el marco actual de fronteras abiertas o inexistentes resulta absolutamente inadecuado para enfrentar el problema. A partir de esa evidencia, convendría que tanto los políticos como los llamados creadores de opinión pública se dedicaran a poner sobre la mesa alternativas que gocen de mayor credibilidad que las usadas habitualmente, cuya consistencia no resiste la menor prueba de fuego, visto lo sucedido este martes en Bruselas y antes en París y otros lugares. Y nada de ello es ajeno a la ebullición amenazante de Oriente Medio y a la guerra que se vive en el mundo musulmán que se va trasladando a aquellos países que cuentan con poblaciones importantes procedentes de ese mundo. Sólo podemos lamentarnos y constatar que los Estados nacionales hemos renunciado a gran parte de la soberanía que tan útil resultaría para abordar, desde la dimensión propia, un fenómeno que se alimenta de la tolerancia y de las libertades de una civilización que detesta.

El problema de la laxitud con los fanatismos
Probablemente, las causas de lo que sucede son variadas, pero el denominador común es que nunca hubo un ámbito territorial tan laxo y generoso como el definido por la UE con la intención de beneficiar a sus ciudadanos, como es natural. Pero esa isla de libre circulación ha ignorado, en mi opinión, que el mundo está lleno de conflictos, porque en esa materia no ha habido grandes cambios, únicamente han cambiado algunas formas de abordarlos: las guerras suelen ser locales y eso hace pensar a algunos que éstas no existen porque en la memoria colectiva perduran los recuerdos de las dos grandes guerras mundiales del siglo XX. Sin embargo, determinados conflictos locales, como es el caso de los que se han producido en Oriente Medio, han generado subproductos de violencia terrorista que sobrepasan el marco de dichos conflictos y que amenazan a aquellos países que, según el criterio de los terroristas, ofrecen el mejor campo abonado para sus desvaríos.

Aparte de los países musulmanes, que no debemos olvidar que son las mayores víctimas del terrorismo, es Europa, y en concreto la Unión Europea, otro de los objetivos predilectos de esta nueva versión de la guerra santa que va campando a sus anchas allí donde comprueban que las respuestas son menos enérgicas. Y en esa tesitura estamos, con invocaciones a conceptos culturales, jurídicos y políticos, que a los adalides de ese terrorismo no les dan ni frío ni calor. Salvando las distancias, es un marco análogo al de las democracias parlamentarias europeas en los tiempos de crecimiento del nazismo. Al final tuvieron que reconocer que el único medio era exterminarlo. Lo que pasa es que en el caso que nos ocupa las circunstancias no permiten llegar a conclusiones solidarias entre países heterogéneos, aunque participen del mismo marco legal de la UE. Es nuestra debilidad tornada en tragedia cuando son las vidas humanas las que peligran.

La solidaridad en la UE no existe
Cada vez que se producen atentados terroristas asistimos a la misma retahíla de declaraciones acerca de la unidad de los socios europeos, que luego la realidad se encarga de desmentir en cuanto se celebra la primera reunión de los mismos, junto con las proclamas de mayor integración, es decir, más cesiones de soberanía ya sea política o económica, cuyas contrapartidas positivas son perfectamente descriptibles. Así transcurren los años, los problemas se van envenenando y las crisis de diferente naturaleza, terrorismo, refugiados y/o parálisis económica y financiera, se encadenan hasta conducir a la desesperanza y el hastío de los ciudadanos del territorio de la Unión.

Contemplar grandes ciudades paralizadas, Bruselas es el ejemplo cercano, y pensar que la parálisis se pueda extender a regiones o países nos indica la necesidad de cambiar modos y discursos para no seguir alimentando esta inmensa serpiente que crece a costa de las debilidades organizativas y de la falta de rigor de las fronteras europeas. Por supuesto, las soluciones son complicadas y no existen recetas para garantizar la seguridad absoluta, pero sí hay algo que debemos exigir para recuperar unas seguridades mínimas: que las fronteras adquieran el papel que ahora no tienen y que la policía y los servicios de información puedan actuar con los medios adecuados al peligro que a todos nos amenaza.

El ataque a Europa y los idus de marzo
Ignacio del Río Republica 24 Marzo 2016

Evidentemente los europeos no comprendemos el terrorismo del Daesh que ha sembrado el terror en unos espacios tan cotidianos en las ciudades para todos como son el aeropuerto y el metro de Bruselas. Y no lo entendemos porque no hay ninguna preparación psicológica para una guerra que ha sido declarado a Europa, sin que los europeos tengan ninguna percepción de estar inmersos en una guerra. Un ataque que es continuidad de los atentados de París el 13 de noviembre de 2015, dirigidos directamente hacia los franceses y el barrio judío, y que ya había entrado en el proceso de arrumbe, de olvido en la memoria, tan eficaz para paliar el sufrimiento y superar el miedo.

Más allá de las condolencias y de las apelaciones a la libertad y a la unidad de los demócratas, es evidente que el Daesh genera un riesgo cierto, con numerosas víctimas indiscriminadas, potencialmente creciente y sin una estrategia de respuesta por los Estados de la UE más allá de la colaboración policial y de los servicios de inteligencia que hay que presumir que comparten información y actúan coordinadamente.

Según los expertos del Centro Europeo contra el Terrorismo integrado en EUROPOL con sede en La Haya, con una finalidad más de coordinación que operativo, y a cuyo frente se encuentra desde enero un militar español, la acción terrorista en el aeropuerto y en el metro de Bruselas no tiene una relación directa con la detención de Salah Abdeslam, ya que la acción exige tiempo de preparación y la complicidad de varios colaboradores.

El riesgo de un nuevo atentado, según las informaciones, había sido advertido hace unos dos meses y hay un cierto mutismo respecto a si estas informaciones se habían acompañado de una mayor actividad y control de la policía belga.

Mateo Renzzi, en sus primeras declaraciones, el primer ministro italiano, ha reclamado una estructura de seguridad y defensa común en Europa, una iniciativa que parece absolutamente necesaria si los gobiernos europeos quieren salir de la rueda de condolencias y apelaciones genéricas y optan por invertir en seguridad para sus ciudadanos. Europa que es un espacio de libertad que ha suprimido fronteras y controles entre los Estados mediante el acuerdo de Schengen, tiene que elaborar y aplicar mecanismos efectivos de identificación y control fronterizo para los europeos en las entradas y salidas fuera del espacio de la UE y para los no europeos en sus movimientos internos dentro de Europa.

En un momento político en el que la presión de los refugiados se incrementa sobre Europa, y el presidente Obama aborda la recta final de su mandato -el pato cojo- con un juicio muy negativo en su política internacional desde amplios sectores de la sociedad americana, se observa un agravamiento y mayor vulnerabilidad de la crisis de la guerra en Siria al espacio europeo.

Los grandes actores, Europa, Estados Unidos y Rusia, no han conseguido definir y acordar una respuesta conjunta y activa contra los centros de poder y comunicación del Daesh que suministra de medios, instrucciones y cobertura ideológica a las células activas en Europa que tienen un campo logístico en Bélgica evidente.

¿Cuánto ha invertido Europa en la seguridad de sus ciudadanos desde la integración efectiva en un modelo que aspira a ser confederal? Cifras mínimas en relación con las políticas de Fondos vinculados al espacio económico, al estar situada la seguridad fuera de los objetivos europeos y residenciada en los Estados miembros, como una competencia no compartida.

Schengen, Europa sin control de fronteras, como un espacio abierto no ha tenido como prioridad establecer y reforzar unas estructuras de seguridad limitadas, en todo caso, a la delincuencia ordinaria. Y los tímidos balbuceos de una política de seguridad y defensa han navegado entre la indiferencia y la irrelevancia con un presupuesto de un 1,5 por ciento del total comunitario.

¿Quién recuerda alguna iniciativa de la británica Catherine Margaret Ashton? Y hoy su sucesora, la italiana Federica Mogherini, Alta Representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, nos deja una intervención en la que lo más relevante es que está bañada en lágrimas.

No hay una política necesariamente más concurrente que la de seguridad para garantizar los espacios de libertad que definen el modo de vida europeo, que no puede limitarse a una moneda común y unas reglas de la competencia aderezada con fondos estructurales. Las nuevas amenazas exigen una respuesta nueva, y que no se limite a convertir los grandes centros de comunicación en recintos tan insoportables que la movilidad y los viajes se conviertan en una penalidad.

Se dirá que es muy fácil ser terrorista, viajar por el mundo e inmolarse con una bomba adherida a su cuerpo. No lo creo. Ni tampoco creo que estos atentados ni los de las Torres Gemelas, Londres, París o Bruselas sean el resultado de unos lobos solitarios que han deformado la doctrina del islam.

Hay un conflicto en el orden mundial que se juega en distintos tableros al mismo tiempo: la guerra de las divisas, del mundo financiero, del poder tecnológico y en la cara no visible, el terrorismo que tiene países que lo amparan y centros neurálgicos que procuran medios y difunden consignas.

En medio, los ciudadanos europeos inocentes que no tienen que optar entre menos libertad a cambio de más seguridad, y que tienen derecho a exigir una política europea de seguridad que proteja a los nacionales europeos con medios del siglo XXI.

Los idus de marzo se han manifestado con toda crueldad en España con el accidente de tráfico de Tarragona, que ha golpeado a las universitarias que participaban en el programa europeo Erasmus, y en Bélgica tres días después con el atentando terrorista del aeropuerto y del metro de Bruselas.

¿Nos consolaremos aduciendo que todo es consecuencia de un simple fallo del factor humano y que Europa no requiere elaborar, invertir y aplicar una política integral de seguridad?

Bruselas o el temor
Roger Senserrich www.vozpopuli.com 24 Marzo 2016

El Estado islámico sabe que las democracias europeas no dejarán de serlo por unos atentados, y que no pararán de bombardear a ISIS y armar a sus adversarios por ello. Su objetivo es provocar una reacción excesiva, desmesurada, que acabe por debilitarles.

Un atentado más, esta vez en Bruselas. Otra ciudad golpeada por la barbarie, otra vez con decenas de víctimas. De nuevo, se alzan voces hablando de una guerra sin precedentes, un conflicto entre dos formas de ver el mundo. De nuevo tenemos políticos, comentaristas y opinadores pidiendo acción. De nuevo, es el momento de buscar cierta perspectiva, y reaccionar con calma.

Lo cierto es que el terrorismo en Europa no es algo sin precedentes, y no es peor hoy de lo que ha sido otras veces. En contra de lo que algunos dicen, no estamos ante una amenaza existencial contra la civilización, cultura y democracia europeas, y desde luego, no estamos ante un enemigo que exija una respuesta militar inmediata o futura. Veamos por qué.

Empecemos con un poco de perspectiva, mirando hacia finales de los años setenta. En 1979, según datos de la Global Terrorism Database, Europa Occidental registró 1.019 ataques terroristas, o casi tres atentados al día. 223 de esos atentados tuvieron víctimas mortales; el total de muertes fue 301 personas. El peor fue el 27 de agosto, cuando el IRA asesinó 18 soldados británicos en una emboscada en Warrenpoint haciendo estallar dos bombas.

De 1973 a 1980, Europa sufrió entre 250 y 400 muertes en atentados terroristas cada año, sin excepción, con más de 10 atentados cada semana. La cifra de víctimas se mantuvo por encima de los 200 hasta 1990. El año con más víctimas fue 1988, con 440, debido a la bomba en el Pan Am 103 en Lockerbie. Entre 1995 y hoy apenas hay atentados con víctimas; el 2004, con los ataques del 11-M, es una de las contadas, horrorosas excepciones.

¿Quiénes eran los terroristas en los turbulentos años setenta y ochenta? Una combinación de terroristas islámicos (nadie se acuerda, pero la Jihad Islámica mató 18 personas en Torrejón en 1985), nacionalistas radicales (son los peores años del IRA y ETA) y una auténtica constelación de grupos ultras, especialmente en Italia y Alemania. Los atentados casi nunca superaban la decena de víctimas; la violencia era más selectiva, y los ataques menos espectaculares. Pero el volumen de los ataques, y el número total de víctimas, era muy superior a lo que hemos visto estos días de terror jihadista. Los atentados de Bruselas, París, Londres y Bélgica estos últimos años son una tragedia. Son también especialmente traumáticos porque son eventos extraordinarios, súbitas erupciones de barbarie tras dos décadas excepcionalmente tranquilas.

Del mismo modo que Europa sobrevivió los años de plomo de los setenta y ochenta, también sobrevivirá ahora, en la era de los ataques indiscriminados. Las democracias modernas son a la vez muy vulnerables al terrorismo, al ser sociedades libres y abiertas, pero también son increíblemente resistentes a grupos armados. Un gobierno basado en la legitimidad popular y el estado de derecho puede afrontar desafíos a su autoridad durante años ante actores que intenten disputarle el monopolio de la violencia. Cuando un estado no depende para sobrevivir de su promesa de seguridad o crecimiento económico, sino del derecho y las libertades, su capacidad para afrontar el terrorismo es enorme.

Por mucho que digan lo contrario, el Estado Islámico no es una amenaza existencial para Europa. Cada vez parece más claro que ISIS está perdiendo la guerra en Siria e Irak; sus fuerzas armadas ni siquiera son capaces de sobrevivir en una guerra contra las milicias de dos estados fallidos. Incluso en el improbable escenario que fueran capaces de conquistar ambos estados, el PIB combinado de Irak y Siria es menor que el de Bélgica.

La realidad es que el terrorismo no es una muestra de fortaleza, sino de debilidad. Una organización, estado o guerrilla recurre a ataques indiscriminado contra objetivos civiles desprotegidos cuando literalmente no tiene capacidad para hacer nada más allá. El objetivo no es derrotar a su adversario o llevarle a su rendición. El estado islámico sabe que las democracias europeas no dejarán de serlo por unos atentados, y que no pararán de bombardear a ISIS y armar a sus adversarios por ello. Su objetivo es provocar una reacción excesiva, desmesurada, que acabe por debilitarles.

ISIS busca que Europa responda de forma lo suficiente desmesurada como para que sus acciones sea contraproductivas. Occidente podría acabar reprimiendo de forma indiscriminada sus minorías musulmanas, provocando una escalada, o lanzando una ofensiva militar terrestre en Siria que haría que ISIS pasaran de opresores a la resistencia contra la invasión en cuestión de días. En ambos casos, el Estado Islámico se vería reforzado por los errores estratégicos ajenos, no por su propia fortaleza.

Ante el terrorismo no hay respuestas fáciles: el coste de cometer atentados es bajo, y es imposible (e ilegal) para cualquier estado moderno vigilar a todo el mundo constantemente. Dejando de lado el hecho que es probable que Bélgica sea un país mal equipado para combatir bandas terroristas (por falta de recursos y experiencia en la materia), los gobiernos europeos deben responder a los ataques de forma paciente.

Deben recurrir, por un lado, al trabajo policial de toda la vida, con investigaciones lentas, pausadas y meticulosas. En España tenemos el ejemplo de la larga lucha policial contra ETA, que acabó por ahogar a la banda. El terrorismo islamista va a requerir un esfuerzo comparable, quizás menor al estar menos arraigado socialmente. Para que la labor policial tenga éxito será necesaria mucha más cooperación entre estados, y quizás incluso la creación de algo parecido a un FBI europeo.

Por otro lado, los estados europeos deben afrontar el problema real de alienación, exclusión social y discriminación que viven sus minorías musulmanas. Esto debería hacerse independientemente si es una causa o no del terrorismo en el continente, por pura justicia social. Aun así, hay señales que indican que los terroristas de París, Londres, Madrid o Bruselas no son individuos que se fanatizan en el islamismo, sino gente potencialmente violenta e ISIS utiliza su desafección como un vehículo. Es decir, no hablamos de integristas que cometen atentados en nombre de Dios, sino de hombres desafectos y ya al margen de la sociedad (a menudo criminales de poca monta), que ven a ISIS una forma de legitimar su rebeldía. Son gente que en 1978 quizás hubieran abrazado el maoísmo, pero hoy se vuelven islamistas.

Ante todo, debemos reaccionar con calma. Los atentados terroristas son eventos trágicos, la clase de desastres que generan una reacción visceral, airada, violenta. Son sentimientos comprensibles, incluso loables, pero la indignación debe dar paso a la prudencia y cautela. Vamos a ver más atentados, y vamos a sufrir más muertes. Pero al terrorismo se le derrota con inteligencia, trabajo policial y paciencia, no con respuestas indiscriminadas o balas de plata.

Ya no basta con esperar el nuevo golpe del yihadismo
Editorial La Razon 24 Marzo 2016

Como ha ocurrido después de otros atentados, la pregunta no puede ser otra: «¿Y ahora qué?». Se abren todas las incógnitas sobre un ataque terrorista que no deja de ser un peldaño más en la guerra que el Estado Islámico (ISIS) ha declarado al mundo democrático. Sabemos lo que pretende el yihadismo, pero no tenemos una solución. Sabemos que la estrategia a seguir debe partir de un principio común: las sociedades democráticas no pueden ceder frente a la barbarie. Los europeos disponemos de medios para afrontar el reto de la defensa colectiva, pero no estaba previsto un escenario como el que plantea el terrorismo del ISIS.

No cabe duda de que los estados europeos somos un objetivo prioritario y que, nos guste o no el lenguaje militar, estamos en un escenario de guerra, con otros medios y objetivos, y que, a diferencia de los conflictos clásicos, la diana está puesta directamente en la población civil. Hoy se reúnen en Bruselas los ministros del Interior de la UE sin una agenda concreta, según han anunciado, aunque debe entenderse que no hay otro objetivo que actualizar la reunión que se mantuvo el pasado mes de noviembre tras los atentados de París. Y, de paso, imprimir energía y decisión, como reclaman los hechos. Es urgente la puesta en marcha del llamado fichero de pasajeros aéreos europeos –«passenger name record», conocido como PNR–, medida que está acordada desde hace meses por los presidentes de gobierno y jefes de estado, pero que cuya aplicación no ha avanzado.

La obcecación sangrante de los hechos se impone ahora y un instrumento tan necesario como éste no debería demorarse más. Después de los ataques de París, el presidente galo, Manuel Valls, planteó la necesidad de grandes inversiones en los sistemas de seguridad. Sin embargo, visto lo sucedido en Bruselas, parece que los medios no han aumentado y que incluso han dejado en evidencia fallos en la coordinación entre las Fuerzas de Seguridad de los diferentes países. En abril de 2015, la Comisión Europea aprobó la Agenda Europea de Seguridad con un plan preciso motivado por las crisis de Siria, Irak y Libia y la adhesión a grupos terroristas de ciudadanos europeos, los «combatientes extranjeros retornados» –según el documento–, pero que parece ineficaz por la falta de cooperación entre los estados.

Si se confirma que uno de los terroristas inmolados en Bruselas fue devuelto por Turquía al sospechar que participaba en actividades del Estado Islámico, tal y como aseguró ayer el presidente Erdogan, estaríamos ante un agujero preocupante del que el ISIS se estaría beneficiando. Esta agenda presupone: un Fondo de Seguridad Interior dotado de 3.800 millones para el periodo 2014-2020, intercambio de información, la creación de equipos conjuntos de investigación y la intensificación del papel del Europol a través de un Centro Europeo de Lucha contra el Terrorismo, el cual incluye, a su vez, un tema capital como es bloquear la financiación de estos grupos. Es decir, la UE ha creado medios para una lucha que se prevé a largo plazo; ahora hace falta liderazgo y determinación para afrontar uno de los mayores retos del proyecto europeo. Sería necesario visualizar la unidad de todos los líderes europeos arropando al presidente belga, de manera especial a Merkel y a Hollande. Y, sobre todo, es urgente transmitir a la ciudadanía que Europa responde con una sola voz frente al terrorismo. Ya no basta con esperar resignados el nuevo golpe del yihadismo.

El mal existe
Salvador Sostres ABC 24 Marzo 2016

El buenismo son las plañideras de la tragedia y cuando Occidente no interviene el día acaba con recuento de cadáveres. El mal es inherente al Hombre y es de sociedad inmadura no quererlo asumir. No podemos erradicar la maldad pero podemos intentar que no nos destruya si entendemos lo que protegemos y lo defendemos con fortaleza y responsabilidad.

Todavía hay quien acusa de genocidas a los presidentes George Bush, José María Aznar y Tony Blair por la guerra de Irak. ¿Qué pasa cuando La Civilización no interviene? Trescientos mil muertos en Siria, cien mil refugiados que llaman a la puerta de Europa, y el terror desbocado del Estado Islámico. ¿Quién es el genocida?

En Afganistán sólo los islamistas quieren que las tropas americanas se vayan. Los que han podido empezar a vivir con una cierta normalidad, les ruegan que se queden, porque son su única esperanza.

El mal no viene de Irak. El mal viene de Adán y Eva, y forma parte de la naturaleza humana junto con nuestras maravillosas capacidades.

Aunque no lo parezca, hoy nos matamos mucho menos que el cualquier otro periodo de la Historia, y es porque disponemos de ejércitos más potentes para asustar a los que si no nos temieran, nos fulminarían.

Evidentemente que hubo que intervenir en Irak, en Bosnia o contra Hitler, tal como hay ahora que actuar en Siria, aunque sólo sea porque las bombas que explotan en nuestros aeropurtos se fabrican bajo el patrocinio y la impunidad de las tiranías islámicas.

¿Cuántas manifestaciones vimos en España contra el presidente Aznar y los Estados Unidos? ¿Cuántas hemos visto contra Estado Islámico? El tic del antiamericanismo y la contemporización con el islamismo son el mismo tobogán por el que resbalamos hacia nuestra destrucción. Más que la cíclica amenaza de los que quieren acabar con nuestro modo de vida libre, tendría que asustarnos nuestra incapacidad de reaccionar como una sociedad adulta.

El mal existe. Y aunque luego nos matan con bombas y metralletas, su arma preferida es nuestra inconsistencia.

Las personas humanas debemos reflexionar.
Vicente A. C. M. Periodista Digital 24 Marzo 2016

¿Pero de dónde ha salido toda esta basura intelectual de dirigentes en PODEMOS? Como dice Manuela Carmena sobre el fenómeno terrorista radical islamista, “hay que reflexionar muchísimo sobre por qué se produce este terrorismo, quién lo ha engendrado, dónde está”. A lo que su colega el Alcalde de Zaragoza, Santiago Esteve, parece ilustrarnos con que Europa se desmorona y que ese desmoronamiento es “producto de agresiones que hemos hecho los países occidentales a terceros países y de alguna forma nos vuelve esa violencia que hemos contribuido a sembrar en el mundo”. E igualmente nos invita a una profunda reflexión con lo de “nos debe hacer reflexionar porque no queremos una Europa de huida hacia adelante, sino acogedora, defensora del derecho a la vida e inclusora de todo tipo de personas identidades y credos y creencias, y esa es nuestra Europa, por la que vamos a seguir luchando”. (En lo de “inclusora”, palabra que la RAE no recoge, supongo que no se referirá a la inclusa, lugar de refugio de niños abandonados que regentan con amor y dedicación las monjas de órdenes de la Iglesia Católica, confesión que tanto detestan los de PODEMOS.)

Pero por si eran pocos, habló otro colega de bastón, el Alcalde de Valencia,Joan Ribó, con estas increíbles declaraciones: “esto tiene que ver con el proceso de descomposición de un país como es Irak que provocó una intervención concretamente por parte del señor Bush, del señor Blair y también del señor Aznar, y lo tenemos que decir”. Para añadir que “De aquellos polvos estos lodos en parte, porque son consecuencia del proceso de descomposición que provocó aquella guerra, está provocando estas situaciones en Siria, está provocando estas situaciones en Irak y está provocando estos atentados terribles en Bruselas, como pasó antes en París” y concluye con: “hay una relación entre todas las cosas y hay que poner todos los medios para acabarlo, pero no podemos evitar las causas”.

Así que ya tenemos la respuesta gracias a estos altos representantes de PODEMOS,que nos aleccionan con: “Las personas humanas tienen una dignidad, todas las personas humanas, hasta las que se auto inmolan para producir un atentado de estas consecuencias”. Creía que todas las personas somos humanas, que no existen personas de otra esencia, por ejemplo, animales, aunque los terroristas pudieran caer en esa categoría como alimañas. Pero hasta las alimañas actúan siguiendo su instinto y sin crueldad, cosa que no ocurre en el caso de los terroristas de cualquier pelaje, incluidos los radicales del ISIS. Porque otra aberración intelectual es decir que existe dignidad en el suicidio, en la auto inmolación, sobre todo cuando se produce con el objetivo de causar víctimas, las mayores posibles, en el momento de hacer detonar la bomba o chaleco explosivo que ciñen los terroristas suicidas.

Desgraciadamente gracias a estas y otras declaraciones de semejante cariz y nivel intelectual, vamos averiguando el por qué de la cerrazón y la búsqueda de excusas para que PODEMOS se niegue en rotundo a firmar el pacto anti yihaidista y se quiera mantener como “observador”. Ya comenté ayer profusamente este asunto y aún estoy esperando una respuesta firme por parte del resto de partidos políticos para excluir a esta formación de esas reuniones e impedir que deje de observar y de informarse de lo que no parece dispuesto a compartir y que además califica de “discurso de derechas”. ¿Hace falta más inmundicia intelectual y ética para aislar a estos sectarios?¿Hace falta reflexionar ni siquiera un segundo para apartarles sin consideración?

Pero por desgracia es este tipo de gentes a las que el PSOE apoya de modo activo permitiendo que gobiernen en alcaldías de la responsabilidad e importancia como las de Barcelona, Madrid, Valencia, Zaragoza y un largo etcétera. Un apoyo que ahora quiere complementarse permitiendo un pacto de Gobierno en coalición con el ofrecimiento de Ministerios como el de Justicia y el de Defensa a unos impresentables representantes como el ex jefe del JEMAD denostado y rechazado por la mayoría de la cúpula militar y la ex jueza investigada por presunta prevaricación cuando ejercía. Una realidad que puede concretarse en la próxima reunión del 29 de marzo.

El PSOE y Pedro Sánchez están dando muestras de una hipocresía supina en la que por un lado se encuadran en el bando de los demócratas y actúan con responsabilidad de Estado, mientras que por el otro lado son el principal sostén de PODEMOS para gobernar en coalición en Ayuntamientos y CCAA. Los mismos que tienen a estos dirigentes cuyas declaraciones y posicionamiento ante los atentados debería, esto sí,hacerles reflexionar a los del PSOE sobre ese apoyo y si deben proseguir en su huida hacia adelante para investir a Pedro Sánchez como Presidente y formar gobierno con esa escoria intelectual.

Hoy es Jueves Santo, y los españoles no nos merecemos beber este cáliz que el PSOE nos ofrece. Nuestra dignidad como “personas” nos obliga a rechazarlo y derramarlo al suelo.

¡Que pasen un buen día!

Europa, entre el islamismo y el populismo que se retroalimentan
Editorial El Mundo 24 Marzo 2016

Sin dar tiempo siquiera a un prudente duelo por las víctimas de los execrables atentados de Bruselas, algunas organizaciones populistas y de ultraderecha en auge en Europa han aprovechado lo ocurrido para volver a arremeter contra el sueño de una UE unida y sin fronteras internas. E incluso en EEUU, el aspirante republicano a la Casa Blanca, Donald Trump, utilizó los ataques para reafirmarse en sus arremetidas contra los inmigrantes hispanos y pedir que se imponga la tortura contra los yihadistas. Pero la identificación que partidos como el Ukip -que aboga por la salida del Reino Unido de la UE- o el filonazi Alternativa para Alemania hicieron ayer de las políticas migratorias europeas con la explosión del yihadismo, resulta tan inoportuna como falsa.

En primer lugar, porque el gran quebradero de cabeza hoy para los cuerpos de Seguridad son los fanáticos dispuestos a acudir a hacer la yihad a Siria o Irak o que ya han retornado de ambos países. Y esos lobos solitarios o integrantes de células dispuestas a cometer atentados -con nacionalidad europea y hasta fichados, como los kamikazes de Bruselas- nada tienen que ver con los migrantes que huyen del horror de las guerras en Oriente Próximo. Y, en segundo lugar porque, frente a lo que dicen los populistas, si algo está quedando demostrado es que sólo una verdadera integración europea y una mayor coordinación en todos los órdenes -policial, judicial, de Inteligencia, de control del ciberespacio, etcétera- permitirá combatir con eficacia el desafío yihadista.

Ante un enemigo tan difuso y permeable, sólo cuerpos de Inteligencia verdaderamente europeos y gendarmes transfronterizos que tengan acceso a todas las bases de datos actualizadas en tiempo real sobre sospechosos, podrán realizar una labor competente de prevención en colaboración con los distintos cuerpos policiales de cada Estado. En suma, la lucha contra el terrorismo pasa también por más Europa. En esta línea, el primer ministro francés Manuel Valls abogó ayer por «una Unión Europea de la seguridad». Y todo lo dicho sin perjuicio de que se deban revisar algunos fallos en la implantación del complejo espacio Schengen.

Pero uno de los triunfos del terrorismo es la extensión generalizada del miedo, y un sentimiento tan paralizante, rayano en la psicosis, es el mejor caldo de cultivo para los populistas. E inevitablemente atentados como los de Bruselas o París engordan la islamofobia y a los partidos que la agitan, muchas veces ligada a la eurofobia. Así se ha ido viendo en las sucesivas elecciones de distintos países.Y presumiblemente el terrorismo islámico tendrá también incidencia en el incierto resultado del referéndum de junio en el Reino Unido, donde está en juego su continuidad o el abandono de la UE. Se teme que en un escenario de empate técnico entre partidarios y opositores del Brexit, ataques como los de Bruselas favorezcan a los abanderados del euroescepticismo, a pesar de las nefastas consecuencias políticas y económicas que tendría la ruptura, en primer lugar para los propios británicos. Tampoco un país como España está vacunado del todo contra la intolerancia. Y aunque por fortuna no han calado las corrientes ultras que recorren buena parte de la UE, no se pueden pasar por alto incidentes como el ataque del martes contra la gran mezquita de Madrid, que obliga a las autoridades a extremar la vigilancia contra algunos grupúsculos xenófobos.

Los gobiernos democráticos europeos tienen el gran desafío de combatir este doble fenómeno que se retroalimenta del auge del islamismo radical y de la islamofobia con estrategias realistas, alejadas del buenismo simplista que Europa ha practicado durante demasiado tiempo. Los expertos llevan años predicando en el desierto la necesidad de disolver los guetos étnicos en las grandes ciudades, casi todos golpeados por el paro y otras lacras sociales en las que el fanatismo religioso prende con mayor facilidad. También está casi todo por hacer en la llamada guerra ideológica. No basta con proclamar la superioridad moral de los valores democráticos frente al fanatismo. Es obligación de los gobiernos occidentales educar en esos valores a todos sus ciudadanos, provengan de donde provengan. Y ser implacables contra ideas y conductas contrarias a los derechos humanos y a la concepción igualitaria de la sociedad. Asimismo hay que extremar la vigilancia en mezquitas, medios de comunicación o webs para musulmanes. No se trata de extender la sospecha porque sí. Pero no es de recibo que Europa haya cerrado los ojos mientras el 80% de las nuevas mezquitas reciben financiación de Arabia Saudí, que exporta al mundo el wahabismo, una de las concepciones más rigoristas del islam.

Aunque hay que subrayar que son los musulmanes las principales víctimas del yihadismo: el 87% de los atentados cometidos desde el año 2000 se han producido en países islámicos. De ahí que sea crucial que los gobiernos y sociedades del mundo musulmán se impliquen contra los extremismos y que sus autoridades religiosas se sumen a ese combate.

En el plano diplomático, Occidente debe empezar a exigir a sus aliados, como Riad o Ankara, un compromiso real en la lucha contra el terrorismo. Hace daño el cinismo con el que nos relacionamos con regímenes como el saudí, que durante décadas ha financiado la propagación de las versiones más radicales del islam. Oque nos entreguemos en brazos de Turquía para frenar la inmigración, cuando Erdogan no hace nada para evitar que por sus fronteras entren y salgan los combatientes yihadistas, o salga el petróleo con el que se financia el IS. Sólo si la UE actúa en serio en estos frentes dejará sin argumentos a los populistas que quieren finiquitarla.

Una Europa asediada por el miedo
FRANCISCO DE BORJA LASHERAS El Mundo 24 Marzo 2016

Tenemos miedo. O cuanto menos, en esta nueva era de inseguridad, nos asola la incertidumbre existencial sobre si podremos continuar con la normalidad de cosas básicas como coger el metro, tomar algo en una terraza o ir al área de salidas de un aeropuerto. La normalidad ordinaria de nuestras vidas occidentales, claro, un lujo en el resto del mundo, desde luego en el vecindario de Europa. Vecindario que lleva años en llamas entre guerras, revueltas seguidas de guerras, represión y terrorismo por doquier, en Sahel o Cáucaso, más allá de Oriente Medio. Esa inestabilidad está dentro de nuestras sociedades y precede, mal que les pese a los populistas, pero, desgraciadamente, también a los partidarios del multiculturalismo sin matices, a la dramática crisis de refugiados. Una crisis cuyas fuentes últimas hay que buscar en el colapso de estados diseñados en la etapa colonial, a veces fuertes para ahuyentar a su población civil, a menudo débiles frente al Estado Islámico (IS) y otros. Pero, en esta inestabilidad, también han jugado un papel la impotencia y pusilanimidad de una política exterior occidental aquejada por el síndrome de Afganistán e Irak, o la crisis de la tambaleante arquitectura de gobernanza global. Instituciones que funcionan para salvar a bancos tóxicos que ponen el sistema financiero en peligro, como en 2009, pero no para superar la brutal Realpolitik de los vetos cruzados de grandes poderes que, junto con las interferencias de sus aliados regionales, hacen que crisis como Siria en 2011 sean ya como varias Bosnias.

La vuelta de la tentación totalitaria, en forma de obscenas doctrinas religiosas extremas, es una realidad. Lleva a jóvenes europeos fervorosos a los brazos de redes bien organizadas y mejor financiadas que les prometen el cielo por matar infieles (una forma oscura de redención religiosa y mártir que nuestras sociedades secularizadas no podemos comprender). Pero también vuelven con fuerza otras narrativas políticas que prometen seguridad y certeza en tiempos de incertidumbre. Me refiero a la narrativa autoritaria, encarnada en líderes como Abdelfatah Al-Sisi de Egipto, Erdogan, Putin y varios de nuestros aliados del Golfo, así como la narrativa populista de los Trump, Le Pen y otros políticos en alza en la UE. La una y la otra se retroalimentan, y dependen de estos terroristas y el miedo generalizado que crean, para medrar. Ambas proponen una agenda de seguridad parecida y, ante la pérdida de valores, se consolidan apelando a valores tradicionales, símbolos, banderas y otras referencias colectivas que el mundo postmoderno y la Europa cosmopolita han despreciado, a veces con condescendencia. Basta ver, por ejemplo, la simbología cristiana ortodoxa, junto con imágenes pseudo-religiosas de Putin y diatribas homófobas, que uno ve estos días aquí, en Belgrado, en las manifestaciones anti OTAN y anti UE. O el atractivo que para muchos norteamericanos blancos tiene el eslogan de Trump de "hagamos América grande otra vez" .

La apuesta autoritaria está teniendo un impacto directo en nuestra política de seguridad nacional y colectiva. IS nos empuja a alianzas con los Sisis, Asads y compañía, cuyas políticas criminales, vistas otras experiencias de excesos contra movimientos insurgentes y terroristas, han reforzado y legitimado el terrorismo en un contexto de luchas sectarias. Esta especie de discurso de falta de alternativas, problemático como el Alternativlos alemán a la austeridad para la crisis del euro, gana peso en cancillerías europeas. En sociedades democráticas, debe preocuparnos: erosiona aún más nuestra credibilidad y es dudoso, por lo menos en algunos casos, que las políticas de estas alianzas refuercen nuestra seguridad. Más bien todo lo contrario.

A su vez, la narrativa populista y neofascista -pues de eso se trata, aunque se molesten algo (cada vez menos) en envolverse en velos de democracia popular y soberanía- amenaza con destruir por dentro lo mejor de nuestro sistema político, terminando con lo poco que quede tras más Bruselas o aquel fatídico septiembre de 2001. Amenaza también con sacar peligrosamente lo peor que llevamos dentro, ese lado de la condición humana siempre al acecho y que estalla cuando no hay límites institucionales y cuando políticos y medios irresponsables propagan el lenguaje del miedo y odio. Los populistas nos llevan a diversas formas de autoritarismo. No sirve de gran cosa ridiculizar a los Trump (aunque es inevitable) ni rasgarnos las vestiduras (aunque es necesario). Ponen de manifiesto la debilidad y contradicciones de otra narrativa en declive, asediada por el miedo, las bombas y la crisis: la visión liberal europea, de la posguerra, y visiones similares basadas en tolerancia. Frente a la Europa abierta de ayer, hoy avanzamos hacia la Europa Fortaleza, como estas películas futuristas de estaciones espaciales y colonias humanas amenazadas por agujeros negros en el exterior. Se basa en la ilusión cortoplacista de que podemos contener la inseguridad fuera de nuestras fronteras, no ya comunes, sino nacionales, cuando la tenemos además dentro, en Molenbeek y en barrios normales e integrados. Peor: podríamos avanzar hacia una Europa Guantánamo, si algunas de las medidas que estos neofascistas proponen, se acaban aplicando.

Afirmar, sin más, la supremacía de nuestros valores y nuestras políticas no es suficiente. En este cambio de era hay algunas verdades incómodas. El discurso habitual sobre las causas del terrorismo es necesario, pero no explica completamente el nihilismo que inspira a muchos de estos Laachraouis o Abdeslams, ni logra responder a la urgencia y la tentación de la acción inmediata, ante la perspectiva de más atentados como París o Bruselas. Vistas las conexiones de estos individuos con IS en Siria y otros escenarios, una incómoda dimensión militar, llena de dilemas y riesgos, es más que probable, más allá de una integración de servicios de inteligencia que va contra los fundamentos e inercias de estos órganos. Estabilizar Oriente Medio no terminará del todo con este mal, que nos acompañará en esta generación, aunque lo mitigaría. El otro discurso habitual, el de priorizar respuestas de fuerza ante el terrorismo, descuida las preguntas, tras década y media de guerra contra el terrorismo.

EL TERCER discurso común, enfatizar la finalidad del terrorismo -quieren atacarnos por nuestros valores y sistema occidental- puede tener algo de cierto. Aun así, la idiosincrasia de este terrorismo es muy compleja y muchos de los atentados de grupos inspirados por IS tienen lugar en países autoritarios o semiautoritarios de Oriente Medio, Asia o África. Lo que sí está claro es que los ataques en Europa afectan desproporcionadamente a sectores profesionales y clases sociales moderadas que suelen apoyar la diversidad y el multiculturalismo. Tales atentados contribuyen así a la radicalización, polarización política e islamofobia. Otra verdad incómoda es que la libertad absoluta no es compatible con la seguridad absoluta, y viceversa.

Más allá de la urgencia de algunas medidas en política interna y exterior, ya sobre la mesa, la única certeza es que se acabó este oasis de seguridad absoluta en el que hemos vivido en esta parte de Europa desde hace décadas. ¿Aceptaremos, como sugieren algunas voces interesadas, una operación estilo Dresden para Raqqa o el internamiento de las poblaciones musulmanas en nuestras ciudades, como hizo EEUU con su población de origen japonés en la Segunda Guerra Mundial? Para frenar la ola de Trumps y otras plagas, empecemos por reforzar lo que nos une como sociedades aún libres, algo muy difuminado con el auge del materialismo e individualismo, la tensión política y las imágenes de Idomeni. Vendrán más Bruselas y París, y quizá otro Madrid. Apostemos por resistencia social y resiliencia colectiva: nuestra capacidad de adaptarnos a adversidades mayores, sin doblegarnos. La pregunta de fondo es cuánto estamos dispuestos a sufrir no ya por el vecino, sino por completos desconocidos de otros países. Cuántos sacrificios aceptaremos en nuestro estilo de vida para no comprometer las bases esenciales de nuestro modelo político democrático, imperfecto, pero que ha costado muchas vidas y guerras levantar.

Francisco de Borja Lasheras es director adjunto de la Oficina en Madrid del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores.

Europa debe mejorar su defensa
Editorial El Espanol 24 Marzo 2016

Todas las pesquisas de los atentados de este martes en Bruselas conducen a la masacre perpetrada hace cuatro meses en París. La conexión entre ambos ataques terroristas, en los que un total de 161 inocentes han sido asesinados, resulta tan inquietante que obliga a preguntarnos por el grado de vulnerabilidad de Europa. También por la eficacia de los sistemas de inteligencia de la Unión y por las medidas defensivas en la guerra que Occidente libra contra el Estado Islámico y el resto de marcas de la internacional salafista. Sobre todo, de cara a la reunión extraordinaria que los ministros del Interior de la UE celebrarán este jueves.

La pista francesa en los atentados de Bruselas resulta incontestable. En primer lugar, tres terroristas implicados en las explosiones en el aeropuerto de la capital europea y en el metro más próximo a las instituciones de la UE tienen una relación directa con Salah Abdeslam, autor de la matanza de la sala Bataclán apresado el viernes. En segundo lugar, los investigadores han identificado huellas dactilares del yihadista ahora en busca y captura, Najim Laacraoui, en los cinturones explosivos del comando francés, lo que obliga a valorar la posibilidad de que todos formasen parte de una misma célula con una gran capacidad criminal incluso tras los ataques de París.

En tercer lugar, el rastro de los dos terroristas que se suicidaron en el aeródromo y el metro bruselense, dos hermanos de origen belga con antecedetes por delitos comunes, ha llevado a un domicilio en el que se han encontrado 15 kilos del mismo tipo explosivo que el utilizado en Francia. Finalmente, uno de los asesinos ha dejado escrito que actuó "con precipitación" porque no quería acabar "con él en una celda" -en referencia a Abdeslam-, lo que apunta a que el grupo pretendía atrocidades mayores a las perpetradas y que existe un vínculo entre la detención del viernes y los ataques del martes.
¿Falla la seguridad?

Es verdad que ante la amenaza que supone un terrorismo organizado y sistémico como al que se enfrenta el mundo libre no existe el riesgo cero. Pero resulta obligado preguntarse cómo es posible que después de cuatro meses de cerco al yihadista huido de París, con toda Europa en máxima alerta antiterrorista, el Estado Islámico haya podido responder a la operación policial del viernes con un nuevo golpe.

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, ha asegurado este miércoles que en julio deportó a Holanda a uno de los kamikazes belgas y que comunicó a las autoridades de ambos países sus sospechas sobre su vinculación con organizaciones terroristas. Esta revelación probablemente interesada agrava la tesis, ya apuntada por la policía francesa tras los atentados de París, de que el Estado belga se ha convertido en el eslabón más débil de la inteligencia europea frente al terror.
Nuevas medidas contra el EI

El problema es muy grave porque Bélgica se ha revelado como una auténtica madriguera de terroristas y porque es uno de los países occidentales de los que -en relación a su población- más voluntarios ha salido para hacer la yihad. Más si cabe ahora que sabemos que el grupo Estado Islámico ha decidido, como antes hizo Al Qaeda, exportar la guerra a Europa a través de terroristas occidentales formados en los frentes de Siria e Irak. El perfil de los islamistas implicados en las matanzas de Francia y Bélgica, ciudadanos europeos a las órdenes del EI, responde a este cambio de estrategia de la organización criminal.

Europa debe aprovechar la reunión de los ministros del Interior para redefinir y coordinar sus defensas. El repaso de las medidas en la lucha contra el terrorismo que no se han adoptado demuestra lo mucho que aún queda por hacer. Los 28 deben hacer un registro propio con los datos de los pasajeros que viajan a zonas calientes; hay que reforzar la directiva para acceder a armas semiautomáticas; se debe penalizar el adiestramiento pasivo como ha aconsejado Naciones Unidas; es preciso reforzar los controles fronterizos; y hay que valorar la retirada de los billetes de 500 euros, utilizados principalmente por organizaciones criminales.

Muchas de estas propuestas ya han sido planteadas y están pendientes de ser aprobadas, pero la burocracia se ha convertido en aliada de los terroristas. En una guerra como ésta, la vulnerabilidad de un Estado afecta directamente a la seguridad del resto, así que es preciso adelantarse a los atentados de forma coordinada, en lugar de actuar siempre a remolque de ellos.

Terroristas suicidas: el siglo XI ataca al siglo XXI
Alvaro Anchuelo Republica 24 Marzo 2016

En el siglo XI, hace ya mil años, Irán, Siria y otras zonas del Oriente Medio padecieron bajo un peculiar reinado del terror. Numerosos gobernantes, líderes religiosos y dirigentes militares fueron asesinados por un grupo sectario. Sus acciones resultaban especialmente pavorosas por tener carácter suicida. Los asesinos sabían con certeza que ellos también morirían al cometer sus crímenes, pero ello no les disuadía, ni siquiera les inmutaba. Por el contrario, aceptaban la autoinmolación con alegría. Esto dificultaba defenderse de sus ataques, prevenirlos e incluso castigarlos. ¿Qué mayor castigo que la muerte, que ellos anhelaban?

Ese grupo de terroristas debería resultarnos más conocido. Sus enemigos los llamaron despectivamente hashashin (“tomadores de hashish” en árabe) y de ahí precisamente proviene la palabra castellana asesino.

En su origen, fueron un grupo de partidarios del ismaelismo en Irán, es decir, una secta minoritaria del chiismo, a su vez minoritario frente al mayoritario islamismo sunní. Tras un conflicto con sus supuestos jefes del centro del poder ismailí, situado en El Cairo, el grupo iraní se escindió. Dirigidos por un líder carismático, Hasan-i Sabbah, tomaron en 1090 la fortaleza de Alamut. Aparentemente inexpugnable, situada entre altas montañas que dominan un valle en el norte del actual Irán, pudieron allí esconderse y organizar sus ataques.

Según cuenta Marco Polo, en Alamut existían unos jardines ocultos, que imitaban el paraíso prometido por el Profeta a los musulmanes. A los futuros asesinos se les drogaba con hachís y se les llevaba allí, donde gozaban de bellas huríes y deliciosos banquetes durante unas horas. Cuando desaparecían los efectos de las drogas, despertaban en la fortaleza. Entonces se les decía que, para volver al paraíso, bastaba con obedecer las órdenes del líder y morir combatiendo a los enemigos que les señalase. De ahí su deseo de morir cuando emprendían acciones terroristas suicidas.

Otra historia nos cuenta que, para mostrar a unos visitantes su poder y la falta de miedo de sus seguidores, Hasan (por entonces conocido como El Viejo de la Montaña) ordenó a algunos de ellos que se lanzaran al vacío desde la torre más alta de la fortaleza, siendo inmediata y gozosamente obedecido.

Desde la segura base de Alamut, la secta desarrolló una estrategia de asesinatos. Entre sus primeras víctimas estuvo un gran gobernante, el visir Nizam al-Mulk. Amigo de juventud de Hasan, posteriormente había ordenado perseguirle, para impedir que siguiera propagando su ideología subversiva. La fría y despiadada venganza del antiguo amigo no tardó en llegar.

Como puede verse, nada nuevo bajo el Sol. Hoy, como hace mil años, una secta de asesinos fanatizados no duda en destruir cruelmente vidas humanas, incluyendo las suyas, como atajo al paraíso. El espíritu que mueve a unos y otros es idéntico; solo se diferencian en los mayores medios de destrucción que proporciona la civilización moderna de que abominan. Pese a todo, el poder destructor de estos grupos no es objetivamente tan grande. El número de personas que logran matar es menor que el de quienes mueren cada fin de semana en accidentes de tráfico. Lo que hace las muertes que causan tan pavorosas es que sean planeadas y provocadas de forma deliberada por otros seres humanos. La inocencia de las víctimas, la inutilidad de sus muertes, resultan así mismo escalofriantes. Sin embargo, su única fuerza está en el miedo que intentan provocarnos. ¡No dejemos que lo consigan, no dejemos que nos cambien! Como bien decía Nietzsche, el riesgo de combatir habitualmente con monstruos es acabar convertido en uno de ellos.

Al final la historia de la secta de los asesinos en su primera versión invita al optimismo. Fruto de la acción interior (de la nueva dinastía egipcia de los mamelucos) y del ataque exterior (del ejército mongol de un nieto de Gengis Kan) terminaron despareciendo. De ellos, sólo queda el negro recuerdo; de Alamut, unas cuantas piedras esparcidas en lo alto de una montaña perdida. Lo mismo volverá a suceder esta vez.

Los 10 agujeros inexplicables en la seguridad belga
PABLO R. SUANZES Corresponsal BRUSELAS El Mundo  24 Marzo 2016

Los servicios de seguridad belgas vuelven a estar en el ojo de huracán. El viernes pasado, cuando Salah Abdeslam fue detenido tras cuatro meses y medio de fuga, el país respiró. El primer ministro, Charles Michel, que dejó a la carrera la reunión de jefes de Estado y de Gobierno pudo dormir aliviado por primera vez en mucho tiempo, y felicitó efusivamente a los agentes. "Hay que dar las gracias a nuestros servicios de seguridad. Es un éxito incontestable en la lucha contra el terrorismo, en la batalla por la democracia", aseguró Michel.

Sin embargo, los atentados del martes han sido demoledores. Faltan medios, falta preparación, falta coordinación y los colegas de toda Europa están cada vez más preocupados por lo que consideran un agujero negro que pone en peligro la seguridad de todos los demás.

¿Qué ha fallado?
Los hermanos Khalid e Ibrahim El Bakraoui, que explotaron bombas en Zaventem y el metro de Maalbeek, muriendo ellos también, eran viejos conocidos de la Policía. Ambos estuvieron en prisión por robo y por disparar a un agente, pero no cumplieron íntegras sus condenas. Se radicalizaron, en parte en prisión, y los vínculos con Salah Abdeslam estaban claros desde hace meses. Ibrahim fue a Siria. Khalid estaba en la lista de la Interpol. Pero aun así no habían sido detenidos.

Salah Abdeslam estuvo cuatro meses y medio escondido en Bruselas. Hay una enorme red de colaboradores, entre familia y amigos, que logró cobijar, alimentar y desplazar una y otra vez por la ciudad al terrorista más buscado del continente sin que nadie se diera cuenta. Finalmente, fue detenido a 500 metros de la casa de su familia, a 400 de una enorme comisaría y en la comuna más vigilada del país. No hay informadores, agentes, traductores, especialistas y mediadores suficientes para romper la omertá de una zona cada vez más hermética.

Bélgica es incapaz de controlar Molenbeek. En noviembre, calculaban que había casi 100 combatientes extranjeros, curtidos en Siria e Irak, que habían vuelto al país y residían en la estigmatizada comuna. Hay decenas de mezquitas salafistas no registradas, cientos de radicales y todo un nivel de actividades ilegales que ocurren sin que nadie sea capaz de seguir la pista. Faltan recursos contra la radicalización, apenas hay personal para alejar a los jóvenes del mensaje de los fanáticos, el paro juvenil supera el 40% y la zona, como otras de la capital, comienza a parecer un verdadero gueto, del que han salido directa o indirectamente los responsables de los principales atentados en suelo europeo de la última década y media. Además, ante la presión, los pisos francos usados se han movido a otras ubicaciones por toda la ciudad.

El presidente turco, Recep Tayyp Erdogan, ha asegurado que en 2015 su Policía detuvo y deportó a Ibrahim El Bakraoui por intentar entrar en Siria, o quizás tras haberlo hecho ya. Se informó a las autoridades belgas y holandesas, pero no pasó nada. El ministro de Justicia belga alega que la deportación fue a Holanda, pero desde Ámsterdam se excusan señalando que las autoridades belgas no encontraron ningún vínculo de El Bakraoui con el terrorismo, a pesar de la denuncia turca. Y de que su hermano estaba buscado. Por si fuera poco, Ibrahim estaba en libertad condicional y la violó, tenía antecedes por uso de armas automáticas y las Fuerzas de Seguridad no consideraron necesario interrogarlo, detenerlo o ponerlo bajo vigilancia especial.

Los servicios de inteligencia de varios países han apuntado desde el martes, de forma más o menos directa, que existían indicios suficientes sobre un posible atentado en Bélgica. El diario 'Haaretz' señala incluso que Bruselas recibió indicios claros de que el aeropuerto podría ser un objetivo. Pese a todo, el Gobierno mantuvo el nivel de alerta 3 todo el tiempo. Ni siquiera tras las redadas de la semana pasada, tras el tiroteo en el piso de Forest o la detención de Salah Abdeslam el viernes se elevó el nivel al máximo, a 4 sobre 4, que indica riesgo de atentado inminente y grave.

Tras las dos bombas que explotaron en el aeropuerto de Zaventem no hubo una alerta general. El suicida que detonó un artefacto en la estación de Maalbeek lo hizo una hora y diez minutos después de la matanza en la otra punta de la ciudad. No hubo una reacción efectiva entre un ataque y otro.

La gran pista de la investigación, posterior a los ataques, no vino de fuentes policiales o de inteligencia. No vino de activos en Molenbeek o Schaerbeek, ni de escuchas telefónicas, sino del taxista que el martes por la mañana llevó a Ibrahim El Bakraoui, a Najim Laachraoui y a un tercer sospechoso no identificado al aeropuerto. El hombre, al ver los rostros de los sospechosos en los medios de comunicación, avisó a los agentes y proporcionó la dirección de la vivienda desde la que salieron, permitiendo encontrar sustancias explosivas y material informático.

Filtraciones. La Policía, la Fiscalía o el Gobierno belga son un coladero. Los detalles de la investigación se filtran en cuestión de horas y a veces minutos. El viernes, la operación de las fuerzas de élite que capturó a Salah Abdeslam se precipitó porque 'Le Nouvelle Observateur' publicó esa mañana que restos de ADN y huellas del hombre más buscado de Europa habían sido encontradas en el piso de Forest que fue cercado el martes. Antes de que las fuerzas policiales se desplegaran en Molenbeek, un furgón de una televisión flamenca ya estaba en la zona. El martes, una imagen de los tres sospechosos de los ataques en Zaventem estaba colgada en la página web de 'La Derniere Heure' poco después del mediodía. Y así, un ejemplo detrás de otro. Los servicios de seguridad llevan meses pidiendo a los medios que no den detalles sobre las operaciones en curso para no poner en peligro la seguridad de los agentes y los ciudadanos, pero el problema lo tienen dentro.

Hace apenas unos días, y ante una revelación de la prensa, la Fiscalía Federal confirmó una noticia inquietante: una de las células belgas tenía una cinta de vídeo, de muchas horas de duración, con los movimientos del responsable del programa de investigación y desarrollo nuclear belga. En su casa y camino del trabajo. La cinta fue encontrada en una de las operaciones policiales de los últimos meses, en una vivienda investigada. Las autoridades creen "precipitado" sacar conclusiones.

Controles. En noviembre, tras la vuelta al país de Abdeslam y tras ser incapaces de detenerlo en varias redadas de urgencia, el Gobierno decretó el "lockdown" de Bruselas. Esta vez, en cambio, no. Zaventem está cerrado, pero el aeropuerto de Charleroi no. Se suspendieron los servicios del Eurostar y el Thalys el martes, pero a partir de las 16.00 los trenes locales, regionales y nacionales funcionaban. La carretera que lleva de Bélgica a Holanda estaba abierta y sin ningún control policial. La que viene desde París tenía algunos, pero no se practicaban de forma exhaustiva ni mucho menos. El tercer sospechoso de Zaventem, que dejó el aeropuerto probablemente a pie, pudo salir de la ciudad en cualquier vehículo de la amplia red de colaboradores del comando terrorista.

Atentados de Bruselas: interrogantes y ocultamientos
Carlos Ruiz Miguel Periodista Digital 24 Marzo 2016

La cadena de atentados en Bruselas en la mañana del 22 de marzo de 2016 suscita varios interrogantes y se ha prestado a notorios ocultamientos. Interrogantes y ocultamientos que ninguno de los "analistas" sobre terrorismo que se han prodigado en la prensa española han considerado dignos de ser mencionados. Interrogantes y ocultamientos que hacen que el llamado "pacto anti-yihadista" y la reacción de algún partido recién llegado peque de una sospechosa sobre-actuación. Es momento de recordar que sin un adecuado diagnóstico de la situación no es posible acertar en el tratamiento del problema @Desdelatlantico.

I. EL "ISIS", UN "ESTADO" TERRORISTA APOYADO POR OTROS ESTADOS
En este blog hace poco más de tres meses escribí un artículo titulado "La complicidad de Turquía en la financiación del ISIS definitivamente al descubierto" (7 de diciembre de 2015). No era la primera vez que denunciaba esa complicidad. El día 15 de octubre de 2015 escribía otro artículo en el que denunciaba la complicidad de varios Estados de la región con el Estado Islámico (EI-ISIS-DA'ISH). En aquel artículo dije

De momento, parece no haber dudas de que hay varios Estados que, directamente o de forma ya indisimulada a través de sus peones (o "proxies"), tienen un papel directo en la guerra:
- Turquía: con apoyo directo al islamista ISIS-DAESH (Daulat Al-Islamya fil-Eiraq ua Ash-Sham, Estado Islamico del Iraq y el Levante)
- Arabia Saudí: que también apoya al ISIS-DAESH, siendo su financiación del terrorismo secretamente conocida y reconocida por Hillary Clinton como decía un cable secreto revelado.

El periódico turco de oposición "Zaman" fue de los primeros en denunciar el apoyo del gobierno de Erdogan al ISIS. Como es sabido, el gobierno de Erdogan incautó hace poco esa publicación sin protestas por la UE con sede en Bruselas. No es el único medio que ha denunciado ese doble juego.
Este mismo mes una publicación especializada en asuntos de Oriente Próximo revelaba que USA realiza suministros al ISIS a través de Turquía. Inútil buscar estos datos en los "analistas" que nos prodigan en España su "saber" sobre la "amenaza" terrorista.

A las complicidades activas probadas deben sumarse las complicidades pasivas o "simpatías" con el terrorismo islámico.
No hace cinco días el nada sospechoso de anti-israelí "Wall Street Journal" recogía una declaraciones de Michael Oren, el ex-Embajador de Israel en los Estados Unidos (es decir, no un cualquiera) donde decía, claramente, que

“If we have to choose between ISIS and Assad, we’ll take ISIS"
o sea "Si tenemos que escoger entre el ISIS y Assad, escogemos ISIS"

II. INTERROGANTES SOBRE CIRCUNSTANCIAS COLATERALES A LOS ATENTADOS
Justo antes de estos atentado se produjeron algunos hechos relevantes que, por supuesto, ningún "experto" en terrorismo de los que nos prodigan sus conocimientos en España se ha hecho eco. Son hechos ocurridos poco después de la detención de Saleh Abdesalam, el terrorista marroquí (es su nacionalidad predominante aunque haya nacido en Europa) implicado en el atentado de París y que fue detenido en Bélgica, en el barrio de población mayoritariamente marroquí de Molenbeeck, el 18 de marzo.

El primer dato es que el presidente francés, François Hollande dijo que esperaba que las autoridades belgas extraditaran "lo más pronto posible" a Abdesalam a Francia, pues pesa sobre él un mandato europeo de extradición.
El segundo dato es que el terrorista Abdesalam, una vez detenido, dijo el día 21 de marzo, que quería "informar". Su abogado dijo, textualmente:

Mon client possède une tonne d'informations à propos des attaques et de ses différents protagonistes
o sea Mi cliente posee una tonelada de información sobre ataques y sus diferentes protagonistas

Justo después de estos dos datos, el 22 de marzo, se producen los ataques de Bruselas.
¿Casualidad?
El hecho es que a día de hoy Abdesalam sigue sin ser extraditado a Francia y sigue sin "informar".

III. OCULTAMIENTOS
Son muchos los ocultamientos que rodean la "información" y los "análisis" sobre estos atentados.
El primero y más llamativo es la nacionalidad de los implicados. Cuando no se omite toda referencia a la nacionalidad, se habla de que son "franceses" o "belgas" o como mucho "franco-marroquíes" o "franco-belgas" ocultando que su nacionalidad DOMINANTE (y así se ha reconocido oficialmente en Francia) es la MARROQUÍ, no la europea. Por tanto, son marroquíes. Un ejemplo destacado de ello es el diario "Le Figaro", comprensible hasta cierto punto si tenemos en cuenta que su propietario, Serge Dassault, es de los más activos miembros del lobby pro-marroquí en Francia.

El segundo dato que se hurta por muchos "expertos" es que Bélgica había permitido la influencia del islam saudí (el wahabismo) en las mezquitas del país a cambio de contratos: ¿le suena a alguien algo parecido en España?

Pero el tercer dato es que el funcionamiento de las cada vez más numerosas mezquitas en Europa no está a cargo de imanes "saudíes"... sino de imanes marroquíes. Imanes que no vienen de "garages" sino que dependen directamente del majzen marroquí, y para ser más precisos, del servicio de espionaje exterior.

IV. LA FARSA SINIESTRA DEL PACTO "ANTI-YIHADISTA"
Y a la luz de todo lo anterior examinemos las miserias de la política interna española.
Se reprocha a "Podemos" que no quiera entrar en ese llamado pacto "anti-yihadista". Pero no me consta que NINGUNO de los firmantes de ese pacto haya dicho NADA sobre la necesidad de corregir las relaciones que tiene España con varios de esos Estados que, o bien cooperan activamente, o bien lo hacen pasivamente o simpatizan, con los terroristas islámicos.
No somos nosotros quienes para decir a Turquía o a Israel cuáles son sus intereses. Pero tampoco es nadie Turquía o Israel para decirnos a nosotros cuales son nuestros intereses. El respeto, por tanto, debe ser mutuo. Por supuesto que a mí, y creo que al Gobierno y a los partidos españoles, les debe repugnar que Turquía o Israel simpaticen o prefieran el ISIS a Assad (que, recordemos, no se dedica a cometer atentados en Europa). No somos quienes para ordenarles lo que deban hacer. Pero sí somos soberanos para determinar quienes son nuestros amigos y quienes no lo son.
Y parece más que sorprendente que los firmantes de ese "pacto", sobre todo alguno recién llegado, sobreactúe ante los atentados del ISIS... pero no diga nada de los Estados que cooperan o simpatizan con ese grupo.
Un poco de disimulo, por favor.

POST-SCRIPTUM
Según Pablo R. Suanzes en "El Mundo" los terroristas son "Belgas", "Europeos".
En página 6 dice que son "Europeos de pura cepa, como los Abdeslam".
NINGUNA alusión a su nacionalidad marroquí.
No digo más.

Siria, nueva guerra de los Balcanes del siglo XXI
DIEGO PARRILLA El Mundo 24 Marzo 2016

La situación actual en Siria es un polvorín de intereses sectarios, étnicos, políticos, estratégicos, y económicos, con grandes paralelismos a la situación en los Balcanes a principios del siglo XX.

Pocos podían imaginar por entonces que el asesinato del Archiduque de Austria a manos de un terrorista bosnio el 18 de Junio de 1914 pasaría a la historia como el catalizador de una cadena de alianzas y declaraciones de guerra que arrastró al Imperio Austro-Húngaro, al Imperio Ruso, al Imperio Alemán, a Francia, al Imperio Británico, al Imperio Otomano, y finalmente a Estados Unidos, a la Primera Guerra Mundial. Un conflicto bélico sin precedentes, y una dura lección histórica de cómo conflictos regionales pueden escalar a conflictos globales con devastadoras consecuencias.

Como diría Winston Churchill, "la historia la escriben los vencedores", y los tratados de paz de la Primera Guerra Mundial dieron paso a la ruptura del Imperio Austro-Húngaro, Alemán, Otomano y Zarista. Fue un nuevo orden mundial que plantó las semillas de conflictos futuros, porque como bien dice Mike Meyers, "el malo es el bueno de su propia película" y los enormes cambios y concesiones dejaron muchas secuelas que todavía hoy perduran, como la ruptura del Califato Islámico tras la caída del Imperio Otomano.

Al igual que los Balcanes, la situación en Siria hoy en día es muy compleja y delicada. Las protestas contra el gobierno totalitarista de Bashar Asad que comenzaron hace 5 años durante la Primavera Árabe escalaron progresivamente hacia enfrentamientos armados que derivaron a una guerra civil que todavía hoy perdura. Una coyuntura que aprovecharon grupos yihadistas para convertir el conflicto en la actual guerra de guerras que enfrenta a múltiples facciones sectarias y políticas, con el apoyo directo e indirecto de grandes poderes y superpotencias mundiales.

El conflicto tiene una dimensión sectaria, enfrentando a chiítas contra sunníes, dos sectas que comparten muchas creencias y prácticas, pero difieren en doctrina, ritual, derecho, teología y la organización religiosa. Como explica el profesor Cole de la Universidad de Michigan, "los chiítas se asemejan a los católicos tradicionales que veneran la sagrada familia y a los santos. Los sunníes se asemejan a los católicos protestantes que no creen en los intermediarios entre Dios y el individuo". La Revolución iraní de 1979 supuso una escalada de la agenda radical chiíta que los conservadores sunníes, liderados por Arabia Saudí, ven como una amenaza.

Así, el primer frente de la guerra en Siria lo compone el régimen de Asad, que apelando a su condición sectaria chiíta ha recibido el apoyo de Irán o Hibzulá en Líbano entre otros, con miles de millones en armamento, apoyo logístico, líneas de crédito, y petróleo.

Un segundo frente lo compone la oposición al régimen de Asad, que apelando a condición sectaria sunní ha recibido el apoyo de Arabia Saudí, Turquía, Qatar, y Jordania, entre otros.

Un tercer frente lo compone el Estado Islámico (IS, según sus siglas en inglés), un grupo que comenzó su existencia como la franquicia iraquí de Al Qaeda, luchando contra tropas británicas y estadounidenses en los alrededores de Bagdad, pero que más adelante rompió sus lazos con Al Qaeda y, aprovechando la devastación de la guerra civil en Siria, expandió sus horizontes en busca de restablecer el Califato Islámico, el estado político-religioso gobernado por un Califa [en árabe sucesor] que unificó la comunidad musulmana desde la muerte del profeta Mahoma en el año 632 durante casi 1.300 años, hasta que la caída del Imperio Otomano y la creación de la República de Turquía lo disolvieron.

Un cuarto frente interno lo componen otros grupos yihadistas, como la franquicia de Al Qaeda en Siria, Al-Nusra, que opera de forma independiente del frente Islámico.

Además de las facciones sectarias y yihadistas, el conflicto ha atraído a otros bloques y superpotencias, como Estados Unidos, Rusia, Turquía, y Europa, cada uno con diferentes motivaciones y objetivos estratégicos.

Estados Unidos, que había reducido su presencia en Oriente Próximo durante los últimos años, decidieron intervenir militarmente para frenar el avance del Frente Islámico tras la captura de Mosul en Irak, con ataques aéreos en apoyo al ejército iraquí y fuerzas kurdas que ahora también se extienden a Siria.

Rusia sorprendió a casi todos anunciando su intervención militar en el conflicto, inicialmente con la excusa de luchar contra los yihadistas, pero en la práctica se ha dedicado a defender al gobierno de Asad contra los que le atacaban. Una apuesta calculada, ya que nadie pretende repetir los errores históricos de Afganistán.

Turquía, un referente importante en la región, ha acogido más de dos millones y medio de refugiados de Siria y se enfrenta también al avance independentista kurdo desde Irak y Siria, que hasta ahora ha combatido principalmente desde su frontera, pero que podría llevarle a intervenir en Siria. El frente kurdo cuenta con el apoyo de los Estados Unidos en Irak y con el apoyo de Rusia en Siria, una enorme fuente de tensión para ambos con Turquía, que intenta frenar la expansión del ya autónomo e independentista Kurdistán al norte de Irak.

La Unión Europea se visto también afectada a través de la crisis de los refugiados, que tan duras críticas ha generado contra Angela Merkel y la Unión Europea. El referéndum en el Reino Unido es un ejemplo del descontento con el centralismo del proyecto europeo, una carta que intentan aprovechar tanto Turquía como Rusia para conseguir concesiones políticas y económicas.

Los ataques de Estados Unidos y Rusia han mermado sustancialmente al Frente Islámico con grandes pérdidas en su contingente, equipamiento, acceso a recursos y financiación. Lejos de suponer una derrota, el Frente Islámico -al igual que hicieron los insurgentes en Irak- recurrirá a una guerra de guerrillas y atentados terroristas tanto dentro como fuera de Oriente Medio, como los atentados kamikazes de París o Bruselas esta misma semana. Una dinámica por desgracia muy difícil de parar.

Así, este nudo de intereses sectarios, políticos, estratégicos, y económicos, con alianzas cruzadas y presencia militar activa, supone un riesgo enorme de errores de cálculo o accidentes que podrían resultar en una escalada militar, lo que justifica intensas negociaciones diplomáticas oficiales y extraoficiales. El derribo de un avión militar ruso en Noviembre de 2014 por parte de Turquía supuso un punto de alta tensión que ha afectado y limitado la intervención aérea de Estados Unidos en la zona, por riesgo de un derribo por error de Rusia o Turquía. Por otro lado, el acecho de la ciudad de Alepo parece ser una maniobra calculada por Rusia para generar una oleada de refugiados que le permita aumentar la presión y forzar una negociación con Europa y Estados Unidos para eliminar las sanciones a Rusia.

Los problemas de Siria no tienen fácil solución. Tampoco la tenían los Balcanes. Pero de forma optimista, quizás no sea coincidencia que Rusia anunciara su salida de Siria el pasado 15 de marzo, y que tan sólo tres días más tarde Turquía y la Unión Europea anunciaran un principio de cooperación para los refugiados. Compromisos que quizás continúen con las negociaciones de paz en Ginebra y más adelante con un posible fin de las sanciones a Rusia, cuya extensión debe aprobarse por unanimidad en julio. Así, aunque aún queda mucha espiral geopolítica por deshacer, el avance de la diplomacia y el retroceso del conflicto bélico son pasos importantes para prevenir posibles accidentes de devastadoras consecuencias, como las del atentado de Sarajevo hace poco más de un siglo.

--------
Diego Parrilla es analista y gestor de Fondos de Macroeconomía y Materias Primas, y coautor de La Madre de Todas las Batallas y The Energy World is Flat, junto a Daniel Lacalle.


******************* Sección "bilingüe" ***********************

Lo que vale una mujer en el Damasco de Junqueras
Pablo Planas Libertad Digital 24 Marzo 2016

El nacionalismo catalán contempla el terrorismo islamista como una reacción justificada al imperialismo yanki, a las injusticias de la globalización, a la marginación de los inmigrantes musulmanes y a los desequilibrios del capitalismo. Tras los minutos de silencio, o antes, llegan los mensajes contemporizadores, las expresiones de la "solidaridad" con los supuestos oprimidos, la demostración de un exquisito multiculturalismo de restaurante vegetariano con cuscús de verduras. No hay que criminalizar a quienes matan en nombre del Islam, advierten antes de honrar a las víctimas del islamismo. En la estela de la Alianza de Civilizaciones de Zapatero con una Turquía que pisotea los derechos humanos, cierra medios de comunicación e impone a las universitarias que se cubran la cabeza, la izquierda y los nacionalistas apelan al diálogo entre religiones, a la comprensión humanitaria de la desesperación de los suicidas. Pau, paix, peace, claman en las redes sépticas.

No es que vayan con un lirio en la mano, sino que aplican la vieja máxima de que el enemigo de sus enemigos seguramente es su amigo. Eso es lo que supuran, por ejemplo, mensajes como el de Oriol Junqueras en el "Twitter", que con escalofriante equidistancia afirmó el martes que "la violencia golpea Bruselas y también Damasco". No es ignorancia, sino estulticia y mala fe. Asegura Junqueras, licenciado en Historia, que Bruselas es ahora la capital de los catalanes como en el siglo VIII lo fue Damasco. "Recordad -escribió Junqueras- que en el siglo VIII la capital de barceloneses, leridanos y tortosinos era Damasco". Se debe referir al Califato Omeya, cuando la Cataluña que glosa era Al-Andalus.

El estudioso Walid Phares, libanés de origen y formación y ciudadano de los Estados Unidos, es una autoridad en materia de terrorismo islamista, un profesor que se define como socialdemócrata y que dispone de conocimientos de primera mano sobre el origen, la historia y los planes de la "yihad". En uno de sus libros, titulado Future Jihad, publicado en 2005, escribía:

"Las mujeres, los estudiantes y los activistas pro derechos humanos están en auge en el mundo árabe y en Irán. Aunque la élite occidental 'reaccionaria' sigue aferrada a su mentalidad anterior al 11 de septiembre, los jóvenes de Oriente Próximo de la era post-Sadam se rebelan contra el yihadismo. Irónicamente, una dosis de la nueva realidad de Oriente Próximo ayuda a desentumecer la opinión pública occidental. La yihad quiere socavar esa conexión antes de que se establezca. No deja de resultar curioso que la propaganda yihadista tenga mejor acogida en Occidente que en su lugar natal, Oriente Próximo".

Prueba conseguida. La agitación islamista ha calado hasta los huesos en el Occidente del "jesuis" y de gentes como Iglesias, Junqueras, Pisarello (teniente de alcalde en Barcelona) o Monedero, que acompañan la onda expansiva de las bombas con solos de violín compuestos por los ayatolás sobre las supuestas causas de los crímenes. No sólo han abandonado a quienes desde el interior del infierno se resisten a las fatuas sino que han abierto las puertas al discurso de los asesinos.

Cabe constatar que Junqueras se proclama fiel devoto que participa en las procesiones de Semana Santa de la localidad donde fue alcalde, Sant Vicenç dels Horts, una población con fuerte acento andaluz por la emigración y que mantiene vivas las tradiciones de la Semana Santa. No es el caso de la mayoría de sus conmilitones, empeñados en erradicar cualquier brizna de cristianismo mientras predican la buena nueva del nacionalismo en las mezquitas salafistas y hacen la vista gorda ante las proclamas sobre la "guerra santa" de cada viernes. Para ellos es peor una procesión de Semana Santa con los legionarios (retirados) del Cristo de la Buena Muerte que las arengas maléficas de los clérigos barbudos.

El caso del Hospitalet, segunda ciudad de Cataluña, es paradigmático. La alcaldesa socialista, a rebufo de Colau, pide al obispo Omella que exilie al cura Custodio Ballester por dejar que los veteranos del Ejército acompañen los pasos de Semana Santa. Quieren echar al cura para congraciarse con los mulás y satisfacer a los fans del "Madrenuestra". Como lo consigan, nos vamos a enterar de lo que vale un coño y lo que pende en el Islam.


Recortes de Prensa   Página Inicial