AGLI Recortes de Prensa   Domingo 27  Marzo  2016

El nuevo virus de la economía española
El IPC de Febrero del 2016 registró un descenso de 5 décimas respecto al mes anterior
Germán Gorráiz López www.diariosigloxxi.com 25 Marzo 2016

La economía española se ha basado en el último decenio en la conocida “dieta mediterránea”, (cuyos ingredientes principales eran el “boom” urbanístico, la exportación, el turismo y el consumo interno), fórmula que creaba excelentes platos minimalistas, de apariencia altamente sugestiva y precio desorbitado pero vacíos de contenido culinario y con fecha de caducidad impresa (2008), debido al estallido de la burbuja inmobiliaria y el hundimiento del castillo de naipes de la economía española.Sin embargo, existe el peligro de la aparición de un nuevo virus patógeno, (el DDD), con un ADN dotado de la triple enzima D (Deuda desorbitante, Deflación persistente y Desempleo estratosférico) que podría acabar por arrasar con todo rastro de brotes verdes en la economía española.

Deuda desorbitante
Según el Informe sobre la Sostenibilidad Fiscal 2015 de la Comisión Europea, la Deuda pública de España en el 2015 habría alcanzado el 100% del PIB nacional ( más de mil millones €), lo que representa un crecimiento imparable desde el 2005 cuando la Deuda rondaba el 42% del PIB nacional (casi 400.000 millones de €) pero sin las medidas cosméticas que el Eurostat permite utilizar a España, la Deuda total superaría el 280 % del PIB (más de 2 billones), cifra desorbitante que podría actuar como espoleta de una metástasis recesiva en la economía española. Así, aunque la Deuda privada habría pasado del 220% al 180% del PIB. según el director del Departamento de Asuntos Monetarios del FMI, José Viñals, “cerca del 40% de la deuda en España está en manos de empresas que serían incapaces de hacer frente a sus deudas a medio plazo a menos que hagan ajustes como una reducción de la deuda, de los costes operativos o de los gastos de capital,( “debt overhag” en inglés)”, lo que sumado a la debilidad de los bancos españoles, provocará que el crédito siga sin fluir con normalidad a unos tipos de interés a pesar de la bajada de tipos del BCE hasta el 0 % y la implementación de tipos negativos para la facilidad de depósitos que obliga a los bancos de la Eurozona a pagar por dormir su dinero en el BCE.

Deflación persistente
Según el INE, el IPC de Febrero del 2016 registró un descenso de 5 décimas respecto al mes anterior, con lo que la tasa interanual quedaría en el -0,8% y sumergiría a España en escenarios de deflación prolongada. Por deflación se entiende «la caída mantenida y generalizada de los precios de bienes y servicios durante un mínimo de dos semestres», y conjugada con una tasa de desempleo galopante tan bestial como la española podría dar lugar a la aparición de un cóctel explosivo de final incierto,(el DDD), ya que dichos factores económicos se retroalimentan. Así, las empresas se ven obligadas a estrechar sus márgenes de beneficios para seguir siendo competitivas lo que les impide mantener sus beneficios empresariales así como realizar las necesarias inversiones en Bienes Equipo y que tiene como efecto secundario una congelación o reducción del sueldo de los trabajadores que hace reiniciarse la espiral deflactiva, alimentada por la subsiguiente reducción del consumo. Así, asistiremos al finiquito del consumismo compulsivo imperante en la pasada década debido a la pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores por la congelación de sus salarios o la dramática reducción de los mismos, lo que unido a la ausencia de la cultura del ahorro doméstico agravará la contracción del consumo interno.

Desempleo endémico
La OIT en su informe “Perspectivas Sociales y del Empleo en el Mundo: Tendencias 2016”, estima que el desempleo disminuirá en España hasta el 21,5% en el 2015 y se situará en el 21,3% en el 2017, cifras inasumibles para lograr un despegue económico prolongado. Por su parte, el FMI señala que “el ajuste económico español se habría producido mediante la caída de la producción y el incremento del paro, pero insuficiente en el lado de los salarios hasta fechas recientes”, por lo que receta un drástico recorte de los salarios nominales (brutos) del 10% y una rebaja de las cotizaciones sociales en 1,75 puntos para crear 1,2 millones de empleos.

Caso de que la Deuda Pública y privada prosigan su vuelo por la estratosfera, que los salarios sigan congelados o con incrementos inferiores al IPC,que el crédito bancario siga sin fluir con normalidad a unos tipos de interés reales a pymes, autónomos y particulares y no se aproveche la dilación en los plazos para reducir el déficit hasta el 2016 en incrementar la inversión en Obra Pública y reducir el desempleo, la economía española se verá abocada a un peligroso cóctel explosivo,(el DDD), cuyos ingredientes sería una deflación en los precios que impedirá a las empresas conseguir beneficios y a los trabajadores incrementar sus sueldos, una deuda pública desbocada y una Deuda privada imposible de asumir por las empresas así como unas tasas de paro estratosféricas (superando el 21 %), lo que podría generar una década de estancamiento en la economía española, rememorando la Década perdida de la economía japonesa.

Con buenismo no se vence al yihadismo
EDUARDO INDA okdiario 27 Marzo 2016

No. El buenismo no es una conducta inventada por José Luis Rodríguez Zapatero. El presidente vallisoletano es el padre de una de las ramas del buenismo pero no del buenismo en general, cuya paternidad hay que atribuir más bien a las corrientes socialdemócratas que imperaron en Europa en los 70 y 80 con Willy Brandt, Olof Palme, Mitterrand y en menor medida con un Felipe González al que si algo hay que reconocerle es que no fue precisamente un monumento al acomplejamiento imperante. Una forma de ver las cosas que pasa por considerar que la tolerancia con el prójimo debe ser total, lo cual está muy bien en términos generales pero que descarrila cuando incluyen a los que quieren destruir el sistema de libertades alumbrado tras el paso de las sombras a las luces que supusieron la Ilustración y la Revolución Francesa. A nivel global esta lamentable moda la simboliza un Barack Obama que ha hecho oídos sordos al neonazismo del Estado Islámico y que se va a Cuba a abrazar al narcodictador sin antes exigir la puesta en libertad de los cientos de presos políticos. Y a nivel local la quintaesencia patética de cuanto digo es Manuela Carmena, que aboga por “comprender” las causas del terrorismo yihadista y preguntar a sus autores “por qué lo hacen”. Eso está muy bien, alcaldesa, el problema es que te pueden hacer saltar por los aires en el intento. Lo del alcalde gominoso de Zaragoza, Pedro Santisteve, es sencillamente miserable: “Nos devuelven la violencia que hemos sembrado”.

De los atentados de París, Zaventem y Maelbeek sólo son culpables los autores materiales y los intelectuales. Nadie más. Pero la responsabilidad se extiende más allá de los Abdeslam Salah, de los hermanos El Bakraoui o de Coulibaly, el asesino del supermercado kosher. Los otros responsables son los gobiernos europeos que durante décadas han dejado instalarse aquí a todo quisqui, a los que vinieron en busca de un futuro mejor pero respetan nuestras leyes y nuestra libérrima forma de vida pero también a los que la odian e intentan cargársela a cualquier precio. El miedito al qué dirá la prensa falsamente retroprogre, a lo que pensarán los cineastas o los escritores modelnitos y en nuestros días a las redes sociales se tradujo en un laissez faire total de cuyas consecuencias nos estamos lamentando en toda Europa: de norte a sur y de este a oeste, desde la Laponia finlandesa hasta Melilla y desde Rodas hasta Lisboa.

La corrección política, que no pocas veces es sinónimo de gilipollez supina, ha provocado que en el epicentro de nuestras ciudades haya áreas donde la Policía no se atreve a entrar, donde la medieval sharia y no la Constitución es la ley, donde desde algunas mezquitas se propugna la violencia más salvaje mediante el lavado de cerebro a los jóvenes y donde a las mujeres sólo les puedes ver los ojos porque son obligadas a cubrirse el 99% de su cuerpo. Molenbeek es el paradigma de cuanto digo. Pero hay muchos Molenbeek esparcidos por un Viejo Continente que con estas cosas demuestra que camina rumbo a una decadencia inevitable que puede acabar con nuestros principios y valores. Los Molenbeek bis van desde Suecia (Rosengärd) hasta España (El Príncipe), pasando por Francia (Roubaix) o Reino Unido (Londonistán). Y en estos barrios inmensos conviven gente honrada que saca adelante a sus familias con esfuerzo, trabajo, ingenio y respeto a la legalidad y una panda de locos que se dedican a infestar de odio a los más jóvenes. Sobra decir que estos últimos tienen sojuzgados a los primeros. Y cuando una minoría manda sobre una mayoría entramos de lleno en el estadio de lo que los politólogos llaman dictadura de facto.

¿Y qué hace Papá Estado en todos estos casos? Poco, que es lo mismo que nada. Porque en la batalla contra la intolerancia violenta y contra el terrorismo no pueden primar las medias tintas: o haces todo o no haces nada. La Policía no entra en estos territorios comanche (me resisto a llamarles guetos porque sus habitantes gozan de los mismos derechos que sus conciudadanos) no por miedo a los que les recibirán sino por temor a la reacción del politicastro de turno o al Pedraz de guardia. Saben que cualquier reacción, siquiera en legítima defensa, será sancionada con antagónica severidad a la que se dispensa a imanes radicales y demás gentuza.

Que Europa está conformada por un conjunto de estados estúpidos que a su vez son pequeñas porciones de un Estado Estúpido llamado Unión Europea no lo digo yo, lo prueban los hechos. Uno de los autores de la matanza del martes, ciudad por cierto que hace 500 años era parte del Reino de España, fue detenido en dos ocasiones en Turquía después de haber intentado entrar en Siria. Las autoridades del país de Atatürk lo deportaron a Holanda, país que dejó que se fuera por donde había venido pese a que estaba en libertad condicional y pese a que junto al otro suicida, su hermano Ibrahim, figuraban en la denominada lista de vigilancia terrorista de los Estados Unidos. Desgraciadamente, es obvio que ni el uno ni el otro fueron arrestados o interrogados. Si las autoridades europeas en general y las del Benelux en particular les hubieran seguido los pasos y les hubieran pisado los talones 34 personas no hubieran fallecido y 300 no hubieran resultado heridas. Más ejemplos: al cerebro del 13N y seguramente del 22M, Salah Abdeslam, sólo lo interragaron durante 60 minutos tras su captura en Molenbeek porque “estaba cansado”. Manda huevos.

No sólo eso: todos ellos eran amigos de Abdeslam. Hubiera bastado pinchar por todas partes al entorno de este hijo de Satanás para dar con los hermanos El Bakraoui. Las medidas policiales están bien pero no bastan. Son precisas decisiones estructurales: es imprescindible poner a buen recaudo a los imanes que desde sus púlpitos ensalzan la mal llamada guerra santa a Occidente. Buen ejemplo de cuanto digo es la Gran Mezquita de Bruselas, cuyo clérigo, Mohamed Ndiaye Galaye, sermonea a sus fieles con frases del siguiente tenor: “Hay que enviar un mensaje contundente a los enemigos del Islam y de la humanidad”. Se trata de un salafista, la rama más rigorista del Islam junto a sus primos hermanos wahabistas, que según un diario tan poco sospechoso como Liberátion ha hecho de su templo “el refugio más activo del radicalismo en Europa”. Un dato: está a tiro de piedra de la Grand Place, menos de 2.000 metros, con la Comisión y el Parlamento Europeo en medio del camino. La perogrullesca pregunta surge sin solución de continuidad: “¿Está este pájaro en prisión?”. La perogrullesca respuesta no requiere devanarse los sesos: “No”. Ni está en la trena ni se le espera. La consecuencia de 40 años de prédicas radicales es que las creencias salafistas están cerca de ser mayoritarias en la capital de la UE si no lo son ya.

Europa se adentra en el mayor desafío a sus esencias seguramente desde los años 40 cuando hubo que levantarse en armas desde Oriente y desde Occidente para pararle los pies a uno de los dos grandes asesinos de la historia de la humanidad. El reto es de momento cuantitativamente menor al del nazismo pero cualitativamente no lo es tanto si tenemos en cuenta que en nuestros pueblos y en nuestras ciudades hay millones de musulmanes susceptibles de ser contaminados por el virus del radicalismo. Dicho lo cual la conclusión es de cajón: o acabamos con el salafismo y el wahabismo o el salafismo y el wahabismo acabarán con nosotros. No es una guerra contra el Islam sino contra una parte del Islam. Pero hay que darla. Y sin cuartel.

Es preciso, pues, cambiar la ley para encerrar a todos los que vuelven de Siria (donde no han ido a hacer nada bueno), endurecer los códigos penales para que la apología de la violencia que se hace en algunas mezquitas conlleve penas sustancialmente más duras (estas armas las carga el diablo), prohibir un niqab que es un ataque en toda regla a la igualdad, proscribir en términos más duros las enseñanzas que atenten contra nuestras libertades y nuestro Estado de Derecho (la libertad de expresión no lo ampara todo) y meter en vena a las nuevas generaciones los valores de una civilización que es en términos globales moralmente superior a la de los países musulmanes. Allí no hay derechos humanos; aquí, sí.

Y, mientras tanto, hay que exterminar sobre el terreno como si fueran ratas (que lo son) a un Estado Islámico que en sadismo se asemeja a los alemanes que hace 75 años se llevaron por delante seis millones de vidas mediante fusilamientos, torturas de todo jaez y cámaras de gas. Si un Barack Obama que ha sido tan bueno en su política económica como patético en su desarrollo internacional hubiera hecho los deberes a estas alturas hablaríamos de un problema, no de un problemón. A los Estados Unidos no se le exige que sea el poli bueno del planeta pero sí que intervenga donde la libertad esté en apuros. Haber pulverizado a tiempo a los tipos más crueles que se han visto en el planeta seguramente desde los hutus o los jémeres rojos nos hubiera ahorrado mil y un disgustos. Ahora controlan mucho más territorio que cuando empezaron su sanguinaria carrera, tienen en sus manos cientos de ciudades, entre ellas la segunda de Irak (Mosul), y son el centro de entrenamiento de los asesinos de París y Bruselas y de los que están por venir. Sólo un Vladimir Putin del que me distancian tantas cosas ha hecho los deberes parándoles los pies a base de bombazos. Gracias al sospechoso presidente ruso están en horas bajas. Con ramas de olivo y banderas blancas no se acaba con este tipo de ideologías asesinas. Con los intolerantes hay que ser intolerante. La pasividad acomplejada y buenista de Obama ha devenido, además, en éxodo de cientos de miles de sirios que hoy buscan refugio en Europa para evitar que les corten la cabeza, que violen y esclavicen a sus mujeres y para no estar sometidas al peor régimen de nuestro tiempo. Gracias, Barack.

Espero, confío y deseo que el buenismo gilipollil dé paso a una etapa en la que se cerque a los que predican el odio y a los que lo practican. De lo contrario, Europa acabará dentro de 25, 50, 75 ó 100 años convirtiéndose en un continente dominado por seres medievales que quieren dar marcha atrás a 200 años de logros democráticos. Entre otras razones, porque las comunidades musulmanas (las primeras víctimas de salafistas y wahabistas) se reproducen entre tres y cuatro veces lo que lo hacemos nosotros. Sin sectarismos, extremando las precauciones para que no paguen justos por pecadores, amparando al Islam moderado, insuflándoles los valores democráticos en la escuela, con normas más duras y con una coordinación total ganaremos la mayor batalla moral que afronta Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Con buenismo y corrección política la perderemos en menos de lo que canta un gallo. Y dudo muy mucho que esta vez haya un Roosevelt dispuesto a echarnos una mano.

Refugiados, emigrantes o aprovechados #Masby

Juan Vicente Santacreu Periodista Digital 27 Marzo 2016

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Lo difícil es ser bueno o hacer lo correcto cuando nadie te ve y decir en voz alta y en público lo que realmente piensas – Juan Vte. Santacreu

No es difícil encontrar hombres buenos en nuestra sociedad, los podemos ver en televisión, por ejemplo, haciendo declaraciones públicas y políticamente muy correctas. Los hay en de todos los Partidos políticos, colores y razas. Incluso moros. Ser bueno, o “buenismo”, en público es muy fácil, lo difícil es ser bueno o hacer lo correcto cuando nadie te ve y decir en voz alta y en público lo que realmente piensas. Esto es lo difícil.

Con el tema de los moros refugiados se han creado dos corrientes de opinión, los que defienden una Europa con barra libre para todos los inmigrantes, ¿o son refugiados?, y los que simplemente están “acojonados” ante una evidente colonización silenciosa del Islam.

Creo que nadie, o por lo menos muy pocos, en España y en Europa está en contra de los inmigrantes, de hecho convivimos con negros, sudamericanos, panchitos, chinos, etc. incluso con algún que otro hijo puta argentino que viene a decirnos cómo tenemos que arreglar España, y nadie pone el grito en el cielo por compartir patria con esta gente, pero estarás conmigo que el tema de los moros es otro tema.

España ha sido durante muchos años un país de emigrantes, hemos ido a otros países a trabajar pero jamás hemos ido a cambiar sus leyes y costumbres y mucho menos a vivir del cuento. En cambio los moros sólo vienen a procrear, nos imponen la sumisión de la mujer -de las suyas de momento-, nos demandan modificar los menús, practican la ablación en nuestro país, etc. Ellos no cambian, exigen que sean los países anfitriones los que se adapten. Pero más peligrosos que los moros que exigen son los cuatro gilipollas de aquí que les abren puertas y ventanas, de hecho los crucifijos, por ejemplo, ya no lucen en ningún edificio público a pesar de que el 80% de los españoles son católicos. Por tanto los “festeros” se pueden ir atando los machos porque a la fiesta de Moros y Cristianos les quedan dos telediarios.

Lo que no comprendo de toda esta avalancha de refugiados es que se empecinen en hacer tantos miles de kilómetros cuando en su entorno tienen muchos países que comparten creencias, hábitos y costumbres, incluso donde no tendrán que soportar nunca la imagen pecaminosa de un jamón o unas Frankfurt.

Los más jóvenes no saben qué fue “La marcha verde”, convendría recordar el modus operandi de los moros, ellos no utilizan tanques ni aviones, utilizan la estrategia de una avanzadilla silenciosa para luego dinamitar nuestra civilización desde dentro. Pues bien, viendo lo de París y Bruselas da la sensación que ya están ensayando.

Quizá no sepas que soy agnóstico, pero yo celebro la Navidad, mi santo, Semana Santa y los domingos no trabajo, no es una contradicción, eso se llama tradiciones, eso que tanto jode a tantos tontos y tontas de aquí. Entre los moros que vienen silenciosamente a colonizar Europa y los gilipollas de aquí que les abren las puertas ventanas, los moros no necesitan tanques. ¡¡Idiotas, es la inseminación artificial del Islam en Europa!!

¡¡Ah, y por cierto!! Prefiero ver una cruz en un aula antes que un espacio vacío y que pueda llegar el gilipollas de turno –que hay muchos- y colgar una media luna. Las mujeres, todas, no deberían permitir perder en pocos años lo que les ha costado tantos siglos conseguir.

Así lo pienso y así lo digo.
Juan Vte. Santacreu – Periodista Digital – Seguir en Twittwer a @JVSantacreu

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Tenemos mucho en común, los moros utilizan la misma hoja de ruta que las Autonomías: Primero tolerancia, luego imposición y por fin la dominación – Juan Vte. Santacreu

Los enemigos de la libertad
Enrique Navarro Libertad Digital 27 Marzo 2016

La libertad en el mundo occidental tiene por desgracia enemigos poderosos que son capaces, aun con unos medios infinitamente más escasos que los de los gobiernos, de provocar un sentimiento de inseguridad como no habíamos conocido en Europa especialmente durante las últimas décadas. La capacidad de provocar muerte y destrucción es sencilla en un mundo tan global donde siempre que se ponen en juego libertad y seguridad predomina la primera. Las fronteras cada vez son más permeables; la información fluye a la velocidad de la luz y llega a todos nuestros terminales en menos de un segundo sin apenas un filtro o una explicación. El gran éxito del Estado Islámico ha sido movilizar a jóvenes en un proceso de decadencia personal con claros tintes violentos para reconducirlos a una causa que ni entienden ni comparten pero que les da un sentido vital. Así de loca está la gente que nos rodea. Es cierto que no debemos sacar el problema de sus justos términos ya que son unos centenares de terroristas entre cuatrocientos millones de europeos los que se han adherido al Estado Islámico, pero no por ello debemos obviar que existe un problema de fondo que es la debilidad de las sociedades libres frente a comunidades fortalecidas por una religión y unos valores excluyentes que dificultan su integración en las sociedades europeas para desgracia de todos.

Pero el enemigo está en casa, está dentro de nosotros, y mientras no ganemos esta batalla particular contra nosotros mismos, no vamos a vivir seguros y confiados en nuestra vieja Europa. ¿Quiénes son estos enemigos que nos sacuden y hacen que cualquier desharrapado pueda poner en jaque a los servicios de inteligencia y de seguridad de las principales potencias mundiales? Son enemigos inconscientes en gran medida; ni siquiera encuentran nexo de unión entre sus actos y los ataques que sufrimos; es más, son ellos los que suelen encontrar razones o motivos en dichos ataques que van más allá de sus autores materiales y sus inductores.

El primer enemigo es el victimismo. Occidente es culpable de haber despertado al monstruo. El capitalismo, el cristianismo, la explotación de los países en desarrollo, los fabricantes de armas, la derecha política, son los causantes; y por tanto la única forma de devolvernos la seguridad es terminando con las causas. Esto es una majadería absoluta. En primer lugar, los que aducen semejantes razones son los verdaderos enemigos de la libertad, que buscan en cualquier evento por desgraciado que parezca su causa para poner en cuestión nuestros valores y el sistema democrático. Esto no es nuevo; lo inventó Carlos Marx y lo siguieron Adolf Hitler, Stalin, Mussolini, Mao, etc. La claque de todos estos movimientos estaba en los movimientos politicos que surgieron de la inacción y del abandono de los partidos conservadores y socialdemócratas occidentales. La izquierda y la derecha reaccionaria europea se aprovecharon de la debilidad, del ñoñerismo de los partidos tradicionales para hacer su agosto y todavía hoy en cuanto divisan un hueco penetran en nuestras permeables instituciones para, erosionado el sistema por dentro, terminar con la democracia y la libertad. Solo desde dentro del sistema se pueda dinamitar nuestro sistema de valores.

El segundo enemigo es la irresponsabilidad de los gobiernos. La política exterior occidental no es que dé bandazos sino que está absolutamente sin rumbo, al pairo de los vientos que nos sacuden en cada momento. La historia de la diplomacia occidental está llena de grandes errores que se corrigen a veces, con gran esfuerzo y dolor. Los gobiernos, o practican la política del avestruz o bien la del cañonazo sin sentido. Política del avestruz fue lo que hicieron muchos gobiernos con respecto a ETA durante los años de plomo, como la comprensión de movimientos terroristas en Irlanda del Norte o en América Latina. Nadie como Occidente para dar alas a los grupos terroristas de medio mundo para creerse capaces de poder cambiar el rumbo de la libertad por la fuerza. La diplomacia de los misiles de los últimos años ha sido también un desastre; atacar Libia, apoyar la revolución en los países árabes en busca de un sueño que no está hecho todavía para todos. Para Occidente la única política exterior posible es la que proporciona seguridad a los que habitan en esta casa de la libertad y asegura los recursos necesarios para nuestro bienestar. Todo lo demás son ejercicios de principiantes buenistas que se vuelven contra nosotros mismos.

El tercer enemigo es la debilidad moral de nuestra sociedad. Todos los valores que nos hicieron fuertes no sólo están en decadencia por los ataques del nihilismo agresivo, sino por la ausencia de fortaleza moral. Nos han hecho dudar de nuestros principios y la defensa de los mismos se ha transformado en un ataque a los valores que supuestamente defendemos. Occidente es una combinación de racionalismo, religión, ilustración, emprendimiento económico y libertades individuales. Cualquier ataque contra estos valores requiere de la mayor fortaleza en su defensa. Pareciera que lo progre es poner en cuestión todo en cuanto nos fundamentamos, pero muchos siguen pensando que es un movimiento artístico cuando en el fondo es una ataque directo a nuestra forma de convivencia para cambiar hacia un modelo de Gulag. No debemos tener miedo a defendernos con todos los medios necesarios dentro de nuestro sistema de valores.

El cuarto enemigo es la cobardía. Europa ya no es capaz de movilizarse por la defensa de la libertad y solo se echa a la calle para celebrar la fiesta de las vanidades, pero sin categoría moral alguna. Que Occidente no haya roto ya todos sus lazos con el régimen de Maduro para exigir la inmediata liberación de los presos politicos y que en cambio compadree con los que siguen atentando en sus países contra la libertad es un ejemplo de cobardía histórica. La guerra de la libertad no se gana si no es con la presión y a la vez con la mano extendida pero no a los opresores sino a los oprimidos. La lucha de la libertad y la seguridad se gana en los campos de batalla donde el enemigo se organiza ya sea en Irak o en el Sahel y no en los despachos en funciones. Pareciera que nadie quiere gobernar en España por la cobardía que sienten ante la necesidad de actuar y de explicarse ante sus electores que viven anclados en el buenismo ilusorio. Permitir que en nuestro sistema político puedan habitar y beneficiarse los que aplauden o comprenden o justifican a nuestros enemigos es un claro ejemplo de cobardía.

Y finalmente el quinto enemigo es la corrupción política y la burocracia. Mientras la clase política no sea elegida directamente por sus electores y responda ante los mismos; mientras los responsables se oculten o disfracen en una maraña de organismos, instituciones y entidades que diluyen la responsabilidad, va a ser muy difícil que los gobiernos sean valientes a la hora de tomar decisiones. La inacción tiene más rédito electoral que la acción. Faltan los líderes que miren por encima de los partidos que los eligieron o entronizaron. Nos sobran políticos que tienen más el ojo en el bolsillo presupuestario que en las verdaderas carencias y necesidades. ¿Nos va a defender del ISIS el Parlamento europeo, la Comisión Europea, los partidos políticos fortaleza, el Banco Central europeo, el tribunal de la Haya, el Tribunal penal internacional, Naciones Unidas? Toda esta burocracia está en cuestión cuando no sirve para proporcionarnos libertad, seguridad, justicia y prosperidad. Pero si no somos nosotros lo que derrotamos al enemigo, entonces vendrán los salvapatrias Trumpeando o Putineando, diciendo que la causa de nuestros males son nuestros valores y que debemos renunciar a ellos para una victoria que no sabemos al final para quién será, pero que, seguro, que no lo será para los demócratas amantes de la libertad. Que los terroristas más buscados caigan en las redes de la burocracia y se salven por la ausencia de coordinación y sobre todo de prioridad de los responsables de la seguridad, muestra que hemos creado un sistema al servicio de sí mismo y no de los ciudadanos. ¿Dónde está la dimisión de la responsable de seguridad europea después de centenares de muertos? ¿Cuándo vamos a crear un único mando antiterrorista europeo que disponga de toda la información sobre el terrorismo internacional y con autoridad inmediata sobre todas las autoridades nacionales?. Se lo estamos poniendo en bandeja a la velocidad que incrementamos el número de funcionarios en Bruselas o Estrasburgo y el único que parece que se ha dado cuenta de esto es Cameron, al que tachamos de antieuropeo simplemente por querer poner el acento en los principales problemas de la ineficiente y gastada burocracia europea.

Demasiados enemigos como para asegurar una victoria. En fin: si las cosas no cambian de forma drástica, vamos a tener un funeral por la libertad y el sueño se esfumará.

Aboga por intervenir
Duras declaraciones de Abascal sobre Bruselas
El líder de VOX carga en GACETA.ES contra los “politicuchos europeos y las oligarquías periodísticas” a los que ante la barbarie yihadista “sólo les preocupa la islamofobia”.
Rosalina Moreno Gaceta.es 23 Marzo 2016

El presidente de VOX, Santiago Abascal, asiste con gran indignación a que la principal preocupación de los “politicuchos europeos y de las oligarquías periodísticas” ante la barbarie "yihadista", que este martes ha azotado de nuevo Occidente con una cadena de atentados en Bélgica, no sea otra que la islamofobia.

Según declara a GACETA.ES, a VOX lo que le preocupa es la “occidentofobia de una parte de las sociedades europeas que no se integran, incluyendo la cristianofobia de muchos políticos; y por su puesto nuestra propia seguridad y libertad, que no es respetada por los primeros ni garantizada por los segundos”, por lo que pide a Dios que “bendiga” al viejo continente.

Destaca que “esta vez han sido 31 muertos en el corazón de Europa”, pero que “habrá más veces y más fallecidos”, y avisa de que “no ganaremos esta guerra haciéndonos los despistados”.

Hace hincapié en la necesidad de combatir el terrorismo yihadista con contundencia. “Hay una Yihad en marcha, no podemos ser tibios ni débiles”, insiste el líder de VOX, que es uno de los escasísimos políticos españoles que apunta la necesidad de intervenir en los países de origen. Advierte de que "si no ayudamos sobre el terreno en los países islámicos, no podremos parar la barbarie".

Abascal viene alertando de la necesidad de actuar contra el fundamentalismo islámico desde que visitó Irak en octubre de 2014. Allí vivió de primera mano la trágica realidad iraquí, muy cerca de los frentes donde se combate al Estado Islámico, y ya avisó entonces de que “está sucediendo lo mismo que pasó en Alemania con el nazismo, que se miró para otro lado”.

Aquel viaje de Santiago Abascal despertó el interés de algunos medios norteamericanos, entre ellos el Nuevo Herald de Miami, que recogió su advertencia: "Hay una Yihad en marcha, no podemos ser tibios ni débiles ante la amenaza del Estado Islámico".

Estos días, los hechos luctuosos acaecidos en la capital belga dan la razón al líder de VOX, que sigue combatiendo el radicalismo islamista. No obstante, asiste atónito a que “a veces parece que se quiera negar la condición de atentado yihadista o islamista, y con esa excusa de la islamofobia”, como está viendo en algunas declaraciones de condena y noticias que fue leyendo.

Por ejemplo, las declaraciones del líder del PSOE, Pedro Sánchez, de que "Bruselas es un ejemplo de integración y un ejemplo de lo mejor de Europa" y que "hoy es un día para gritar libertad". Abascal afirma que "Bruselas es ejemplo del fracaso multicultural y de la negativa a integrarse" y dice que que hoy es un día para gritar al socialista: "¡Cínico!".

Santiago Abascal Retwitteó Pedro Sánche Bruselas es ejemplo del fracaso multicultural y de la negativa a integrarse. Hoy es un día para gritarte: ¡Cínico!

Además: Alguien ha matado a 31 personas en Bruselas
Subraya que “el modelo multicultural europeo ha fracasado y el gran exponente de ese fracaso de ese modelo multicultural es precisamente Bruselas, una ciudad donde se han constituido guetos de personas que están absolutamente dadas de vuelta y sublevadas frente al Occidente que les ha acogido en su seno, y éste es nuestro gran problema, y es el problema del futuro. No sólo por los que llegan, sino por los que ya están entre nosotros actuando como quintacolumnistas”.

Considera que en este momento, “lo que tendrían que hacer nuestros políticos es garantizar nuestra seguridad atacando ese problema en origen y con medidas muy contundentes” como las que ya ha propuesto VOX, que no ve normal “que sigan existiendo cientos y cientos de mezquitas fundamentalistas en toda Europa”.

VOX insiste en la necesidad de actuar de manera inmediata contra la amenaza yihadista. Exige el cierre de las mezquitas fundamentalistas y la expulsión de los imanes que no condenen el yihadismo; la retirada de la nacionalidad y expulsión de Europa de quienes muestren por cualquier medio su apoyo al yihadismo; así como el endurecimiento penal, hasta la cadena perpetua efectiva, para los terroristas yihadistas.

También reclama iniciativas internacionales de intervención militar contra el Califato Islámico; la suspensión de alianzas con regímenes sospechosos de financiar la yihad o expandir el islam fundamentalista; un cambio drástico en política sobre refugiados priorizando refugiados cristianos, yazadíes y otras minorías perseguidas, la oposición a la entrada de Turquía (donde se engorda la yihad) en Europa, y evitar así que la UE sea fronteriza con Siria e Irak.


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Una Europa estúpidamente belga
Federico Jiménez Losantos Libertad Digital 27 Marzo 2016

Bélgica ha sido durante varias décadas el gran refugio etarra. Tras la Audiencia Nacional, que teledirigida por el politifiscal Zaragoza-Pumpido se ha convertido el gran burladero o vomitorio de terroristas vascos, sigue siéndolo. Hace unas semanas negó la extradición de una etarra porque no estaba claro si en España iban a respetarse del todo los derechos humanos de la distinguida terrorista. O sea, que España está en la UE y recauda el IVA pero uno de sus Estados, por graciosa apreciación de un juez, no lo considera digno de pertenecer a la UE. Y no le aplica la ley y lo humilla y lo denuncia y lo menoscaba y lo agrede. Y, además, lo vilipendia.

¿Cabe imaginar que, ante la bofetada diplomática, el Gobierno de España habrá puesto en marcha toda su maquinaria oficial y oficiosa, sus abogadotes y paesas, para atacar al juez de marras y criticar a Bélgica? No. Eso sería desconocer la astuta intención y sesuda inteligencia que atesora el Ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, que, emulando a Franco el día en que mataron a Carrero y demostró en TVE que estaba totalmente gagá, ha dicho sobre la masacre: "No hay mal que por bien no venga". No es un "tic" franquista (el ministro sólo imita involuntariamente a Fraga) sino una prueba de la técnica rajoyana del "dolce fare niente": dado que la matanza de Bruselas ha desacreditado mundialmente a Bélgica, nos ahorramos el lío de denunciar que protege a asesinos de españoles. Y a otra cosa, mariposa. Venid y vamos todos a condecorar a la Santísima Virgen del Pilar.

Los F-16 belgas ¿bombardearán sus juzgados?
La respuesta de todos los países deshechos o de desecho –Bélgica es lo primero camino de lo segundo- a las masacres islamistas que desnudan su incapacidad judicial y policial es, siempre, de orden militar. Ya lo hizo Hollande al bombardear por su cuenta las posiciones del Daesh en Siria. Y lo ha anunciado Bélgica, permitiéndonos saber, tal vez incluso a los belgas, que tiene unos poderosos aviones F-16 hasta ahora inactivos pero que van a machacar durante dos o tres días, tal vez durante toda una semana, las bases sirias de la Yihad. ¡Se van a enterar en Maelbeek! Tan feroz es el plan represivo del Gobierno belga, que probablemente va a incluir una visita guiada de la policía –sin bajar de sus tanquetas, respetemos los derechos de los adoquines- al famosísimo barrio musulmán que recibió a pedradas a los agentes que intentaban detener a los responsables de la masacre de París.

Es tan implacable el plan del Gobierno belga contra el terrorismo islámico que su ministro del Interior, su Jorfandezdíaz, tras dimitir y ser de inmediato confirmado en su puesto, ha criticado severamente al encargado policial en Turquía por no avisar de que uno de los terroristas detenidos en su día, luego evadidos y de nuevo detenidos en la frontera siria, era nada más y nada menos que… un terrorista. No se descarta una suspensión de empleo y sueldo que podría llegar a los quince días e incluso todo un mes.

Ese será el momento en que uno de esos jueces belgas que protegen los derechos humanos de los etarras se plantará con una hucha a lo Olof Palme a la puerta del Juzgado para pedir a la horda periodística algunos euros que permitan al descuidado agente sobrevivir a tan salvaje castigo. Ya veo a los manolos de La Sexta donando al tontipoli belga una pequeña parte de su bonus mensual por la cobertura de la feroz ola represiva que, tomando como excusa unos atentados sobre cuyo origen habría mucho que hablar, pretende recortar aún más las libertades de los ciudadanos europeos.

Podemos, al rescate de Maelbeek
Cuando la última masacre de París, el Camarada Escolar, esforzado vigía del Estado de Derecho, denunció la represión y la vulneración masiva de derechos humanos en París y en Bruselas. No se le hizo caso y ahí está el resultado. Dicen los alcaldes de Zaragoza y Valencia que en Bruselas se ha recogido "lo que hemos sembrado", o sea, que Santisteve y Ribó estaban sembrando bombas en Siria sin avisar a sus concejales. La tribu podemita, a cuyo lado las de Judá y Benjamín son cuatro gatos desheredados, se halla en permanente estado de denuncia de los atropellos en Maelbeek, donde, por un quítame allá esa masacre, se quiere anular el bien ganado prestigio de la Justicia belga amparando terroristas. Cuando lo del Bataclan, ojo, un podemoso andalusí pidió un minuto de silencio por las víctimas y otro por los que –culpa de Europa - no habían tenido más remedio que rematarlas.

Pablo Iglesias, aún con la sangre política del finado Errejón en sus manos, sigue participando sólo a título de observador en el llamado "Pacto Antiyihadista", por si se extralimita y se lía a hacer maniobras como las que Ada Colau ha prohibido al Ejército en Collserola, junto al Tanatorio. Si allí se pactara algo, cabe suponer que correría a contarlo a HispanTV. En fin, que si toda Europa, asustada ante el Islam y aterrorizada por el islamismo, es hoy estúpidamente belga, lo más belga de Europa es, sin duda, España. Temo que cualquier día de éstos, en uno de sus típicos y simpáticos errores, los F16 belgas pierdan el mapa o confundan Damasco con Madrid y acaben bombardeando la Audiencia Nacional. Menos mal que tampoco le darán.

La yihad y el estrafalario laicismo español
Roberto L. Blanco Valdés La Voz 27 Marzo 2016

Aunque, como otra veces, la nota de color -no por grotesca menos indecente- la ha puesto el circense concello de Oleiros con unos anuncios luminosos sobre la masacre provocada por el Estado Islámico en Bruselas que en otros países darían lugar a la intervención inmediata de una Fiscalía que aquí debe estar de vacaciones («Gobernos de Occidente, Gobernos terroristas»), vuelve a ser la posición de gran parte de nuestra extrema izquierda (Podemos, IU y los independentistas) la que más llama la atención.

Es verdad que sus dirigentes -unos con más claridad y otros con menos- han condenado los atentados y se han solidarizado con las víctimas, actos sobre cuya sinceridad no tengo duda alguna. Pero no lo es menos que condena y solidaridad se han acompañado de dos significativas precisiones: primera, que ni de lejos hay que endurecer la protección de las sociedades democráticas frente a quienes les han declarado una guerra sin cuartel, quizá porque nuestra extrema izquierda cree que podremos defendernos con velas, flores y buenas intenciones; segundo, que esos atentados son en realidad una devolución terrible, aunque explicable, a las injusticias que Occidente habría cometido por doquier, injusticias que, curiosamente, solo han dado lugar a una respuesta terrorista masiva e indiscriminada en el caso del islamismo radical, que, además, ha asesinado a muchísima más gente en el mundo islámico que en los Estados de Occidente.

Esta última convicción de lo más granado de la extrema izquierda española resulta muy llamativa si se tiene en cuenta que una de sus más acusadas señas de identidad en la actualidad, incrementada por razones electorales tras la aparición de Podemos, es su auténtica carrera por ver quién es más laico y terrenal, consista la cosa convertir una cabalgata de reyes en un circo, suprimir un nacimiento o apartarse de cualquier otra cosa que de lejos huela a incienso.

Y digo que resulta llamativo, porque lo es, sin duda, que quienes, con todo derecho, desde luego, se muestran tan estrictos en separarse de una religión que lleva desde la Ilustración aprendiendo a convivir no sin esfuerzos con la secularización de las sociedades democráticas muestren un silencio sepulcral, cuando no una increíble comprensión, hacia los que sostienen concepciones del mundo inscritas en la barbarie más brutal. Y así, a muchos que no quieren trato alguno con los representantes de una doctrina cristiana hoy compatible con los derechos y las libertades de la modernidad, no se les oye, ni por asomo, criticar esa patológica perversión del islam concretada en no pocas teocracias medievales.

Son los inventores de una delirante división a voleo del mundo actual entre el lado de los buenos y el lado de los malos: en el segundo, Occidente e Israel; en el primero, todos los que se resarcen de las supuestas injusticias cometidos contra ellos. Aunque algunos, ¡pobres y excluidos!, se tomen la justicia por su mano y vuelen por los aires una estación de metro o un aeropuerto.

El rechazo silencioso
Pepa Roma Cronica Global 27 Marzo 2016

Antes del último atentado de Bruselas, en una visita a mi Lleida natal, la esposa de un mosso d'esquadra me contaba cómo le había cambiado la vida con el fenómeno combinado del crecimiento de la población musulmana y la amenaza yihadista. "No puedo tender la ropa de mi marido en un balcón, tiene que salir de casa con el uniforme metido en una bolsa, por si lo ve algún vecino musulmán. Se pone de los nervios si sabe que yo o mi hija nos hemos metido en algún barrio donde todo son moros, lo que nos obliga a dar rodeos por zonas enteras del centro, pasando por detrás de la catedral".

No hay que ser familia de policía para que muchos leridanos hayan dejado de pasear por ciertas calles y hasta abandonar su hogar para no tener que convivir con los inmigrantes, especialmente magrebíes, con la consecuencia de que estos se van quedando encerrados en los barrios del centro, mientras el autóctono se hace suburbano. "El 20% son inmigrantes. Acceden a pisos de ayuda oficial donde se meten todos los que quepan, y los propietarios renuncian a arreglar nada porque saben que sólo podrán alquilar su piso por 300 euros a otra familia de otros tantos inmigrantes. Viven en casas cada vez mas deterioradas, son gente de otras costumbres. Y ni ellos aceptan las nuestras, ni a nosotros nos gustan las suyas. Nos vamos también para que nuestros hijos puedan cambiar de colegio. No nos entendemos en nada. Somos como agua y aceite".

Un clima igual de enrarecido se palpa en la vecina Balaguer, otra de las localidades con más inmigrantes de Cataluña. "Cuando te cruzas con ellos, si no bajas los ojos, te miran como si les hubieras ofendido. Así es difícil intercambiar hasta los buenos días. Cosa que no pasa con los africanos negros, más alegres y en general buenos compañeros en la faena", dice un vecino que vive del campo. En más de una tienda de la Plaza Mayor, las mujeres bajan la voz cuando entra un magrebí. Sólo la tendera que trata con ellos todos los días conoce por su nombre a más de uno de los que viven a dos calles: "Son buena gente, hay que saberlos tratar". Gracias a la tendera, más de una mujer de estos inmigrantes ha encontrado trabajo, casi siempre en el servicio doméstico, y entonces sí, de mujer a mujer, de catalana a marroquí, hablando de los hijos y compartiendo recetas de cuscús, entre las cuatro paredes del hogar catalán, se establecen vínculos y reconocen afinidades, y hasta puede vérselas comprando juntas.

Sólo había visto un rechazo tan declarado en algún progre revenido de la parte alta de Barcelona, en su tiempo asiduo de los locales de la Rambla o el Raval, y que ahora lleva años sin pasar de la plaza de Cataluña para no toparse con lo que llama "la turistada" o "la morería" --todo el que lleva a su lado una mujer tocada con un pañuelo--, que entiende que le han dejado 'su' ciudad hecha unos zorros. Pero las cifras que revelan que al lado de una escuela pública, donde el 80% de los alumnos son hijos de inmigrantes, se encuentra otra concertada donde apenas llegan al 6%, hacen pensar que la evitación silenciosa se practica en más de un barrio.

En Madrid, a pesar de los atentados del 11-M y de que barrios enteros como Lavapiés pululan de inmigrantes, ese sentimiento parecía hasta ahora más diluido. Tal vez porque no está en la ruta del Magreb a Europa y no es lugar para temporeros de la pera como en Lleida, y la inmigración es mucho más variada con una probable mayoría de latinoamericanos a los que cuesta comparativamente poco convertirse al color local. Y también puede influir de manera positiva la presencia de la comunidad diplomática árabe-musulmana, integrada por profesionales cosmopolitas que han estudiado o servido en medio mundo, por no mencionar la meritoria labor de la Casa Árabe, con una programación cultural que nos recuerda la riqueza de la civilización a la que los inmigrantes pertenecen.

Pero nada compensa el gran motor del miedo que dispara cada nuevo atentado, especialmente en los centros urbanos de Europa occidental. Y todo ello tiene como corolario la creciente insensibilización general ante la idea de que refugiados menesterosos, como los que vemos en los noticiarios de televisión, escapados del conflicto sirio, puedan llegar un día a nuestras costas. Pero es, pese a todo, en ese Madrid donde se ha visto como, tras el atentado de Bruselas, aparecía una pancarta colgada por un grupo de extrema derecha en lo alto de la Mezquita que rezaba: "Hoy Bruselas, ¿mañana Madrid?".

Es un fenómeno que no ha hecho más que empezar, como señala el gran especialista español, Ignacio Cembrero, en su libro de próxima aparición La España de Alá (La Esfera de los Libros), como consecuencia de la desestabilización que crece en el Magreb y la búsqueda de rutas alternativas a través de Egipto, Libia y Argelia para cientos de miles de refugiados.

¿Qué integración es posible para estos nuevos vecinos, a los que convendría confundirse cuanto antes con el paisaje? ¿Cuánta integración pueden comprar las ayudas sociales cuando la convivencia falla? ¿Cómo restablecer la confianza en un clima de miedo? ¿Dónde se enseña el diálogo, imprescindible para avecindarnos todos en una sociedad sin guetos ni exclusiones, cuando la acción política es inexistente o fracasa?


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