AGLI Recortes de Prensa   Martes 29  Marzo  2016

El PSOE debe impedir un pacto de Sánchez con los nacionalistas
EDITORIAL La Razon 29 Marzo 2016

Como adelantó LA RAZÓN el pasado lunes, la dirección federal del PSOE ha decidido proponer a las distintas federaciones del partido el aplazamiento del congreso que debía elegir al nuevo secretario general y que se había fijado para los días 21 y 22 de mayo. Los portavoces de la dirección socialista afirman que, de esta manera, se priman los tiempos de España sobre los del partido, pero mucho nos tememos que son «los tiempos» de su actual secretario general, Pedro Sánchez, los que de verdad importan en la toma de decisiones de Ferraz.

El asunto no rebasaría el ámbito de la política interna del PSOE si no fuera porque la actual debilidad del líder socialista, ampliamente contestado en el seno de su partido, puede ser aprovechada por la izquierda radical y los nacionalistas para forzar un acuerdo de Gobierno de graves consecuencias para la estabilidad del país y su proceso de recuperación económica, que ya está comenzando a dar las primeras señales de alarma.

Se trata, además, de una apreciación compartida por su actual socio, Albert Rivera, que ayer mismo tuvo que salir al paso de la propuesta de referéndum «a la canadiense» del secretario de los socialistas catalanes, Miquel Iceta, advirtiendo de que no hay otro proyecto posible con Ciudadanos que lo pactado en el acuerdo firmado con el PSOE que, desde luego, excluye cualquier referencia al derecho a decidir, sea cual sea la fórmula bajo la que se disfrace la pretensión separatista. Aunque el aplazamiento del congreso debe ser aprobado por el Comité Federal, que es en estos momentos el máximo órgano del partido, el calendario juega a favor de Pedro Sánchez y de su equipo, dificultando que se pueda articular una reacción eficaz de las federaciones críticas, que debería encabezar la más fuerte de todas, la andaluza, con su secretaria regional, Susana Díaz, como rival directa a las primarias.

Pero, como hemos señalado, el primer problema se encuentra en que las candidaturas a dirigir la Secretaría General del PSOE deberían presentarse a mediados de abril –el día 14 ó 15 del mes próximo–, tiempo en el que Pedro Sánchez todavía podría estar negociando un acuerdo «in extremis» con Podemos. A efectos prácticos, tanto si Sánchez tiene éxito como si no habrá conseguido su principal objetivo de ganar tiempo, al menos mientras no se produzca una nueva convocatoria de elecciones generales. Aunque afrontar un cambio de candidato a última hora es una maniobra que siempre resulta de alto riesgo, no se puede descartar que Susana Díaz, que hasta ahora ha conseguido evitar el enfrentamiento directo con Sánchez, dé el paso adelante que se espera dentro y fuera del PSOE. En este sentido, si se nos permite el inciso, resulta revelador que, a la postre, sea el Partido Popular el único que no padece disensiones internas dignas de mención y el que mantiene la confianza en la figura de su actual líder, pese a la sostenida campaña contra Mariano Rajoy de unos adversarios políticos, a los que el «impasse» postelectoral está pasando factura.

Ni que decir tiene que, en estas circunstancias de división de la familia socialista, el Comité Federal debe mantener alta la guardia para hacer que se cumpla su resolución del 28 de diciembre de 2015, por la que se prohíbe negociar con los nacionalistas. Una cosa es que los barones del PSOE no quieran presionar en exceso a su secretario general para que no se entregue a Podemos a cualquier precio y otra, comprometer el futuro del partido.

La izquierda estúpida
IGNACIO CAMACHO ABC 29 Marzo 2016
En su rencor antisistema, esa izquierda identifica en la violencia islamista una expresión radical de la lucha de clases

El terrorismo ha logrado uno de sus propósitos fundamentales: que la posibilidad de morir violentamente, descerrajado por una bomba en el metro o tiroteado al azar en una terraza, se haya convertido para cualquiera de nosotros en un gaje del oficio de la vida. Hay que aceptarlo con cierto estoicismo: la barbarie yihadista le ha encontrado las vueltas a la democracia. Es curioso cómo el mundo occidental ha tenido la suficiente inteligencia colectiva para crear el más refinado de los sistemas políticos y sociales y al mismo tiempo es capaz de desplegar la estupidez necesaria para no saber defenderlo con eficacia. Admitámoslo: somos víctimas de nuestra propia debilidad y podemos perecer por ella. Pero lo que de ningún modo podemos admitir es que seamos encima culpables, siquiera remotos, como pretende cierta izquierda. Esa izquierda tuerta, sectaria, ignorante, de un fanatismo hemipléjico, que cree que el fundamentalismo islámico es la nueva expresión, planetaria y radical, de la lucha de clases.

Todos esos tipos que en su infinita necedad sostienen que la violencia islamista es una respuesta a la agresión imperialista de Occidente, o la incapacidad europea para integrar a unos inmigrantes que se resisten a ser integrados, comparten en el fondo el mismo odio que sienten los terroristas a los valores de la sociedad abierta. Esa sociedad generosa que les permite desplegar su mentecato discurso de simpleza ideológica. Con una diferencia: los terroristas no se sienten culpables. No tienen ningún remordimiento por su furor liquidacionista. Y no hacen distingos en su designio exterminador, que por indiscriminado afecta también a los comprensivos defensores de su legitimidad moral o de sus supuestas causas atenuantes. Y se los piensan llevar por delante del mismo modo.

Por eso esta clase de izquierda, o de extrema izquierda, es la más estúpida de Europa. Porque en su rencor antisistema tiende a empatizar con los enemigos de la civilización de la que forma parte. Porque en su cerrazón resentida no comprende que ella también es el objetivo de un proyecto de destrucción global que la incluye. Porque en su indigencia doctrinaria confunde los motivos de su propia animadversión al capitalismo con las raíces de una guerra de religión iluminada por principios medievales. Porque ni siquiera percibe la incompatibilidad radical de su pensamiento (¿) laico con el delirio fundamentalista. Porque en su cósmica torpeza dogmática identifica en el enemigo un vago parentesco en vez de una amenaza.

Esta guerra la podemos perder por desidia, por ineptitud, por pusilanimidad, por timidez. La Historia está llena de casos así, de civilizaciones superiores que declinan dormidas en su confortable ensimismamiento. Puede ocurrir. Pero al menos debemos saber que llevamos razón. Lo que resulta de un entreguismo insoportable es morir creyendo que nos lo merecíamos.

Siete tópicos sobre el terrorismo
Amando de Miguel Libertad Digital 29 Marzo 2016

Primer tópico: "Los terroristas son una minoría de fanáticos que nada tienen que ver con el islamismo, que es una religión de paz". Falso. Todos los terroristas son islamistas. La religión musulmana no ha logrado pasar de la Edad Media, en la que los infieles eran enemigos. Tendrá que hacer su propia Reforma.

Segundo tópico: "Los terroristas son delincuentes peligrosos, a los que se combate con medios policiales". Falso. Los terroristas son combatientes de una guerra de exterminio, que solo se puede combatir con el Ejército, con fuerzas militares. La Policía está para prevenir la delincuencia. El Ministerio del Interior poco tiene que hacer en la lucha contra el terrorismo. Esa acción debe corresponder al Ministerio de Defensa. Desgraciadamente, no existe tal cosa como un Ministerio de Defensa Europeo. Resulta patético que pueda sustituirlo una reunión ocasional de los 28 Ministerios del Interior.

Tercer tópico: "El terrorismo se puede vencer con armas más sofisticadas". Falso. De momento, el arma definitiva la tienen las fuerzas terroristas: el combatiente suicida. El arma para neutralizar tal acción está en la inteligencia militar (vulgarmente espionaje), pero integrada en toda Europa. Será difícil que acceda a ese planteamiento el famoso MI6 del Reino Unido, que es el más preparado.

Cuarto tópico: "El terrorismo se puede vencer si se implantara otra vez la pena de muerte". Falso. Una organización militar que cuenta con combatientes suicidas no teme la pena de muerte.

Quinto tópico: "El terrorismo, como todas las formas de conflicto, se puede vencer con la negociación, el compromiso". Falso. Las negociaciones suelen beneficiar a los objetivos políticos de los terroristas.

Sexto tópico: "El terrorismo se puede vencer ocultando muchas noticias sobre sus acciones". Falso. La ocultación informativa encona todavía más el terror de la población.

Séptimo tópico: "El terrorismo se vence con la unidad de los demócratas". Falso. Hay fuerzas políticas formalmente democráticas de orientación totalitaria. La famosa "unidad de los demócratas" no quiere decir nada.

Entonces, ¿qué se debe hacer? Cada uno a su quehacer. La población: aguantar las molestias. Los políticos: dejarse de tópicos y de declaraciones vanas y protocolarias. Los Gobiernos: cooperar para formar el Ministerio de Defensa Europeo con el Centro de Inteligencia correspondiente. La Iglesia Católica y las otras iglesias: cooperar entre las tres religiones del Libro (judíos, cristianos y musulmanes). Los militares: aprender árabe y los correspondientes dialectos, prepararse para una guerra un tanto distinta de la que estudiaron en la Academia.

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Epitafio en Magritte
GABRIEL ALBIAC  ABC  29 Marzo 2016

Hice un paréntesis el viernes, en mi deambular triste por Bruselas. Me encerré, en la caja hermética del Museo Magritte, a la busca de una cura de inteligencia. El museo es una de las maravillas mayores de la capital belga. Por completo fuera del mundo, por completo blindado en la gélida distancia conceptual que es profesión de fe magrittiana. No sólo en la pintura. En toda obra de arte.

El cuadro, pensaba Magritte, no es una reproducción del mundo. Sí una cosa añadida al mundo. Y ese tenue matiz trueca al pintor en un despiadado poeta, en un descifrador de palabras; esto es, en un maquinador de sortilegios. «Con frecuencia, el nombre de un objeto desplaza a su imagen», anota en 1929, como clave del exceso de lucidez que es la pintura. No, no es la imagen la que miente. Mentimos nosotros, al darle nombre. Y al forzarla a ajustarse a lo que el nombre impone. A eso llamará el pintor «la traición de la imagen». Es decir, la nuestra.

Despotismo es la potestad de imponer imágenes reguladas que privan del mundo. No es tan raro: lo vemos cada día en los televisores
La estructura en cámara oscura, acotada por la luz más tenue, es un hallazgo primoroso del museo: Magritte nos aparece, en su trayecto, con toda la gravedad de lo irreal que resquebraja las tan simples convicciones con que buscamos sosegar el desconcierto de saber que no sabemos nada de este mundo, de eso a lo que llamamos mundo. Y aún menos, de nosotros. Cada una a su manera, imágenes y palabras mienten. Porque mentimos nosotros al maquinarlas. Y no hay más verdad humana que hacer explícita siempre esa mentira, que inventa el mundo a la imagen del deseo. Conforme a la más vieja fábula griega. Uno se enfrenta a otro. Y dice sólo: miento. Lo cual, de ser verdad, se trueca en falso. Y a la inversa. Los griegos llamaban a eso una aporía. Magritte lo llama un cuadro.

Magritte ha asesinado el sentimentalismo en arte. Ni una sola concesión hallaremos en su obra que atenúe eso. Yo pienso que de ahí le viene a su obra esta hiriente cercanía con la cual se enfrenta a ella el ojo de un hombre de nuestro desnortado siglo veintiuno. De este tiempo marcado por la distorsión bien planificada de imágenes que nos hacen a todos perfectamente imbéciles. Basta la más sencilla intervención del artista. Basta un pequeño óleo de apariencia simple. Y un título: La traición de las imágenes. Y la representación inequívoca de una pipa. Y la leyenda escueta, bajo ella: «Esto no es una pipa». ¿Broma surrealista? En modo alguno: aquel que confunda lo real con los juegos de imágenes que para protegerse de lo real tejen los hombres, ese sí estará -nadie lo dude- perdido, definitivamente perdido. Y todos los despotismos le serán impuestos: despotismo es la potestad de imponer imágenes reguladas que privan del mundo. No es tan raro: lo vemos cada día en los televisores. No sólo en ellos.

Cerré el paréntesis de la cámara oscura. Salí a Bruselas. Sabiendo que ante el dolor todos mentimos. Sin saberlo. Todos nos envolvemos en palabras de consuelo reconocible: amor, paz, compasión, fraternidad humana… Sin ni siquiera sospechar que eso nos pierde.

Ampliaciones
JON JUARISTI ABC 29 Marzo 2016

«La universalidad (sic) de las acciones yihadistas deben (sic) combatirse sin las limitaciones de nuestros propios miedos e intereses. La explosión universal del terror no se combate con la limitación universal de las respuestas que restringen derechos sino con la ampliación de los mismos» (sic total). Extraigo este párrafo –glosado en la entradilla– del artículo de Baltasar Garzón y Dolores Delgado, jurista y fiscal respectivamente, publicado en «El País» del pasado viernes («El Daesh y los fuegos fatuos»). Si lo entiendo bien, lo que acaso sea imposible para quienes no frecuentamos las páginas web de Feliciano de Silva, ambos autores proponen la ampliación de derechos como medio eficaz para combatir «la universalidad de las acciones yihadistas», cualquier cosa que tal cadáver exquisito signifique.

No se frena el terrorismo con ampliaciones de derechos ni con otras purgas de Benito
¿Ampliación de derechos a quién y de qué derechos? No hay una ley más vilipendiada por la izquierda y por el yihadismo que la Ley del Retorno del Estado de Israel, que concede la ciudadanía israelí a todo inmigrante judío que la solicite. Se trata de una ley promulgada en 1950, cuando, una vez terminada la guerra de la independencia, los judíos árabes huían a Israel desde sus países de origen, donde eran perseguidos y asesinados. Los refugiados judíos fueron fraternalmente acogidos por el Estado judío. ¿Cuántos Estados árabes hicieron algo parecido entonces por los refugiados palestinos, o lo hacen hoy por los sirios? La pregunta es retórica, aunque tendría la misma respuesta en ambos casos. Lo curioso es que, desde hace medio siglo, la izquierda de todo el mundo (exceptuando, claro está, la israelí, y no toda ella) exige la derogación de dicha ley identificándola como el fundamento mismo del apartheid que imputa a Israel, pero guarda silencio total ante la sistemática restricción de derechos de los no musulmanes en los países islámicos.

La progresía mundial, y más tozudamente la europea, se ha opuesto desde 1967, por puro antisionismo, a la Ley del Retorno, pero mira al techo cuando se insinúa la posibilidad de ampliar en cualquier parte los derechos de otros grupos religiosos perseguidos por el islam, como animistas, babistas, baha’í, drusos, yazidíes o cristianos coptos, armenios, ortodoxos, jacobitas, nestorianos, evangélicos y, en fin, católicos. La progresía es, como se sabe, cristófoba, judeófoba e islamófila. Cuando se huele una ampliación de derechos para los judíos –por ejemplo, la concesión de nacionalidad española a unos cuantos descendientes de sefardíes– se monta el pollo. Por ampliación de derechos, a estas alturas de la película y cuando se han ampliado ya todos los ampliables a los grupos diferenciados autóctonos (cargándose de paso el principio de igualdad ante la ley allí donde ha podido hacerlo), la progresía europea entiende exclusivamente la concesión plena de ciudadanía a la inmigración mayoritariamente musulmana procedente de países islámicos.

No parece claro que la ampliación de derechos pueda frenar a un terrorismo rampante. Si de mi experiencia vasca puedo fiarme, diría que sucede más bien lo contrario. Pero no toda la izquierda ha sido siempre tonta. Ni siquiera progre. En 1992, Hans Magnus Enzensberger escribía lo siguiente sobre Alemania: «En ningún otro país del mundo se concede tanta importancia a la retórica universalista. La defensa de los inmigrantes se practica aquí con un gesto moralizador, no muy distante del más puro fariseísmo». Lástima de concesión final al estereotipo antijudío, que desluce un poco la exactitud de la crítica. En fin, no sé si todos somos Bruselas, pero ya todos somos Alemania.

Otra modesta proposición: suprimir el Senado
Felicísimo Valbuena Consultor y Periodista La voz libre 29 Marzo 2016

LA GRAN SUERTE DE LOS SENADORES: PASAN DESAPERCIBIDOS... HASTA QUE DEJAN
La primera modesta proposición que hice fue la de suprimir el Consejo de Estado. Y la he repetido en años distintos, porque conviene insistir e insistir hasta que la proposición vaya dejando de ser modesta y tome cuerpo en la opinión pública española. O como decía Elisabeth Noëlle-Neuman, en nuestra piel social.

También he escrito en otra ocasión proponiendo suprimir el Senado. Ahora insisto y volveré a insistir. Hace dos años, Pablo Pérez Porras abrió una petición en Change.org para suprimir el Senado y consiguió casi 2.500 firmas. Pueden parecer pocas, pero lo importante es la tendencia. Dan ganas de ser olímpicos y proclamar que es bueno participar, aunque no ganemos de momento.

Más allá de los privilegios de los senadores, hemos de fijarnos en la suerte que tienen. ¿Y en qué consiste esa suerte? Pues en que pasan desapercibidos ante la opinión pública española. Mientras noticias mucho menos importantes ocupan el primer plano, la cuestión de "¿sabe usted para qué sirve el Senado?" no aparece entre las preocupaciones de los españoles. Y tampoco el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) plantea esta pregunta en sus encuestas.

Menos mal que ha habido acontecimientos políticos que han vuelto a poner al Senado en el primer plano: los casos de Manuel Chavez, José Antonio Griñán y Rita Barberá han puesto de manifiesto que uno de los privilegios de los senadores es el aforamiento. Podrán adornarlo con plastilina jurídica, pero los hechos son muy testarudos: ¿para qué necesitamos los senadores? No pocas opiniones afirman que prácticamente para nada. Bueno, para morder más de cincuenta millones de euros cada año en el Presupuesto que pagamos todos los españoles. Nos sale muy caro este cementerio de elefantes políticos.

Esto es lo importante. Que los casos de los tres políticos que acabo de citar no sirvan para oscurecer el asunto primordial: El Senado nos sale caro y resulta inútil. Si perdemos la perspectiva, al final va a tener razón el profesor P. Sturtevant, según el cual la función fundamental de la comunicación es ocultar los hechos.

LA CUESTIÓN PALPITANTE: ¿PASARÍA ALGO IMPORTANTE SI EL SENADO DESAPARECIESE?
Hemos de plantearnos, y no de manera intermitente sino continua, por qué tiene que seguir existiendo el Senado. Lo mismo que el Consejo de Estado o por qué cada pueblo ha de tener un Ayuntamiento.

Dicho de otra manera: no vale con afirmar que el Gobierno ha recortado el 0,31% el presupuesto del Senado, o el 0,50% sino que los contribuyentes actúan con mucha sensatez cuando se plantean la existencia misma del Senado. Mirando hacia atrás, es el momento de acordarnos de aquella pregunta de Beaumarchais en 'Las bodas de Fígaro': "¿Por qué hay estas cosas y no otras?". Y el filósofo Martin Heidegger, en 'Ser y Tiempo', planteaba esta cuestión: "¿Por qué hay algo y no más bien nada?".

A partir de aquí, los contribuyentes, actuando como internautas, pueden plantear preguntas que quizá suenen a demagógicas, pero que todo el mundo entiende (excepto los senadores, claro está): "¿Por qué dedicar casi 52 millones al senado y no a becas?". O "¿Cuántos becarios saldrían beneficiados si los 266 senadores se fueran a otro trabajo, cuando sean capaces de tenerlo, o a sus casas?". También pueden hacer otras preguntas sobre los pacientes que saldrían beneficiados en la Sanidad. Y así sucesivamente.

Podemos internacionalizar la pregunta: "¿Por qué Noruega, Suecia y Dinamarca no tienen Senado, y Alemania solo cuenta con 100 senadores, y sin embargo funcionan bien?". "¿Por qué los grandes teóricos del derecho internacional y constitucional (George Jellinek, Maurice Duverger, etc.) opinan que es una cámara innecesaria, prescindible y que está en extinción?".

Si Doña Emilia Pardo Bazán hubiera conocido los privilegios de los políticos en la actualidad, quizá hubiera titulado como 'cuestión palpitante' esta situación, y no la introducción de las ideas literarias de Zola, como hizo en su célebre ensayo.

EL TRABAJO DE LOS INTERNAUTAS Y PERIODISTAS
El filósofo Julián Marías repetía muchas veces que, al abordar cualquier problema, lo primero es saber en qué situación nos encontramos. A partir de ahí, podemos trabajar para buscar una solución. La gran ventaja que tienen muchos internautas es que les gusta indagar en la realidad, por desagradable que resulte. Después de obtener la información, se dedican a difundirla. Y de ahí en adelante, los periodistas encuentran hecho mucho de su trabajo de investigación. Los internautas reflexivos son unos documentalistas excepcionales. Pues bien, también han investigado sobre el Senado y han detallado, con nombres y apellidos, cuánto ganan los senadores y sus privilegios.

A la vez, el otro aspecto de la realidad es que ni los políticos ni muchos periodistas se plantean esta cuestión del Senado y otras. Miran hacia otra parte, porque temen perder el favor de los partidos políticos. Ahora bien, las cosas siguen igual hasta que dejan de serlo. Si la crisis actual tiene aspectos positivos es que está sirviendo para que los contribuyentes vean adónde van a parar los impuestos que los políticos les fijan. Y se dan cuenta de que los tiempos no están para seguir conservando los privilegios de los políticos ni de los ejecutivos de empresas estatales -he dedicado mi última columna a este asunto- ni de los banqueros.

Para plantear el Senado como cuestión palpitante, para que figure en la agenda de los asuntos que preocupan a los contribuyentes, pienso que estos necesitan es que uno o varios periodistas, en periódicos, radios o programas de televisión, entrevisten a senadores y les planteen preguntas que vayan al fondo de las cosas. Voy a sugerir algunas: ¿Qué hacen realmente en 365 días para justificar sus retribuciones y privilegios? ¿Por qué son tan poco conocidos la gran mayoría de los senadores? Y de los que son conocidos, ¿cuántos han ocupado, durante años, otros puestos? Es decir, ¿cuántos senadores han vivido y viven exclusivamente de la política? ¿Son partidarios los senadores de que el CIS pregunte a los españoles qué piensan sobre el Senado? ¿Qué perderían los españoles si desapareciese el Senado?

A ver si va a resultar que el Senado es como el cuento de Hans Christian Andersen 'El traje nuevo del emperador' (también titulado 'El Emperador desnudo') en el que sólo un niño se dio cuenta de la realidad. A ver si va a resultar que los senadores están desnudos de argumentos. Seguramente, echarán mano de la tan manida frase de "cámara de representación territorial". En el Parlamento ya hay representación territorial. También saldrán con el oportunismo de que ahora ha llegado la hora del Senado, cuando alguna vez el Gobierno acometa la fusión de Ayuntamientos. Y cuando se plantee la función de las Diputaciones. Y así sucesivamente. O sea, encontrar un sentido a costa del adelgazamiento de los Ayuntamientos, que tanto lastran los Presupuestos Generales.

EL MAYOR OBSTÁCULO PARA QUE CAMBIEN LAS COSAS: LAS CÚPULAS DE LOS PARTIDOS
El mayor obstáculo para plantear a fondo si el Senado tiene sentido es que la estructura actual de los partidos ofrece a los altos responsables, a las cúpulas, el poder de repartir favores en forma de puestos políticos con las listas cerradas y bloqueadas. Lo mismo ocurre con los Ayuntamientos y Diputaciones. Temen que, si introducen reformas serias, al final no tengan favores que repartir.

Hace años, el psicólogo Martin Seligman desarrolló su teoría de la 'indefensión aprendida'. Es un riesgo en el que pueden caer los contribuyentes y votantes: no se puede hacer nada. Lo que muchos pasan por alto es que el mismo autor escribió otro libro titulado 'Optimismo aprendido'. Creo que, manteniendo ese optimismo, podemos seguir planteando para qué sirve el Senado y, si los argumentos son abrumadores a favor de que desaparezca, contemplar muy en serio esa probabilidad.

Por cierto, Ciudadanos tenía en su programa la supresión del Senado. También, de las Diputaciones. Entonces, ¿cómo es que ha cedido en este asunto cuando ha negociado con Pedro Sánchez? A éste no se le ha ocurrido nada mejor que trasladar el Senado a Barcelona, seguramente a iniciativa de su asesora de imagen Verónica Fumaral. Volviendo a Ciudadanos y volviendo a los cuentos. Los Hermanos Grimm escribieron el cuento de 'Hansel y Gretel'. La primera vez que su padre, instigando por su madastra, les abandonan en el bosque, los hermanos son capaces de regresar a casa porque han ido depositando piedrecitas para no perderse. La segunda vez, no pueden, porque en lugar de piedras, dejan migas de pan, que los pájaros hacen desaparecer. Que se apliquen el cuento los de Ciudadanos: menos migas de pan y más piedras sólidas. Así, sus votantes recordarán que prometieron suprimir el Senado. 'Hansel y Gretel' fueron derrotados dos veces, pero vencieron otras dos, la segunda salvando sus vidas de una muerte inminente. Supieron ser creativos. Eso es todo.

Nota.- Acabo de referirme a los Hermanos Grimm. Pues bien, resulta que Jakob fue un lingüista que descubrió los romances españoles al pueblo alemán y austríaco en 1815. Mi amigo José Julián Labrador ha hecho posible la edición de la Silva de Romances Viejos, de Grimm, apoyando el trabajo de los profesores Viçens Beltrán y José Manuel Pedrosa. Labrador ha preparado ediciones muy cuidados de Cancioneros españoles clásicos. Ahora, está preparando también la publicación de Romanceros. Si los senadores españoles trabajasen como José Julián Labrador, yo sería el primero en defender la permanencia del Senado.


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Podemos apuntala el mito del "conflicto vasco"
Cristina Losada Libertad Digital 29 Marzo 2016

Ante las críticas por sumarse al Aberri Eguna, la secretaria general de Podemos Euskadi, Nagua Alba, explicó que su partido no se unió a la fiesta nacionalista por "un frío cálculo electoral", sino por "compromiso". Y yo la creo a pies juntillas, al tiempo que me parecen muy optimistas quienes piensan que Podemos adopta partes del discurso nacionalista radical con el único fin de pescar votos en esos caladeros. Optimistas, sí, porque si se tratara sólo de cálculo esas posiciones políticas podrían cambiar en el instante en que dejaran de ser rentables.

La proximidad de Podemos a posiciones nacionalistas tiene más de convicción que de puro y duro oportunismo: lo raro sería que un partido nacido de un grupo afincado en la extrema izquierda permaneciera ajeno a la impregnación nacionalista. Ese contagio lo han sufrido, con mayor o menor intensidad, todos los partidos de la izquierda española, incluido el PSOE, y particularmente el PSC. Y es un influjo que tuvo gran fuerza en los años setenta, en las postrimerías de la dictadura y en los primeros años de la Transición, que es la época que proporciona a Podemos, mitificación mediante, gran parte de su imaginario. Un imaginario en el que hay un lugar reservado para el relato nacionalista de una España construida artificialmente a través del dominio y la opresión de las naciones naturales preexistentes.

No lo expondrán así los de Podemos, no ahora y no en público, pero es un elemento implícito sin el que resultaría difícil explicar su respaldo, en grado de exigencia, a la demanda separatista de referéndums de autodeterminación que se enmascara con la apariencia democrática del derecho a decidir. Pero en el País Vasco el partido Podemos ha asumido algo más. Ha aceptado la narrativa del "conflicto vasco", como expresaba la propia Alba en una entrevista a raíz del Aberri Eguna. "El conflicto vasco", dijo, "no se ha terminado de superar". Parecería, de tan manida, una fórmula inocente. Pero ¿de qué hablan cuando hablan del "conflicto vasco"?

En su libro recién publicado, La voluntad del gudari. Génesis y metástasis de la violencia de ETA, el historiador Gaizka Fernández rastrea los mitos que han alimentado el terrorismo etarra, y uno de ellos, uno primordial, es el del conflicto vasco. "El secular conflicto es uno de los tropos que más veces ha sido utilizado por ETA y la izquierda abertzale como pretexto del terrorismo", dice Gaizka Fernández. Para la banda terrorista y sus apéndices, el conflicto vasco es "una contienda étnica en la que los invasores españoles y los invadidos vascos llevarían enzarzados desde hace centurias". Una contienda, huelga decir, que sólo "ha existido sobre el papel": sobre el papel en el que se han reescrito episodios históricos para que encajara el guión bélico.

El entorno intelectual de ETA, prosigue el historiador, se ha dedicado a "legitimar el terrorismo, para lo que se ha valido de la construcción, el perfeccionamiento y la difusión del relato del conflicto vasco. Sin tal marco narrativo, las acciones de los etarras hubieran sido incomprensibles incluso para los propios militantes". Y aunque el relato del conflicto ha perdido su función primigenia tras el fin de los atentados de ETA, el nacionalismo radical "no sólo no ha renunciando a su particular guerra imaginaria, sino que está apuntalando sus mitos". Ahora le sirven para aglutinar el movimiento, para deslegitimar la Transición y la democracia, para presentar a los victimarios como víctimas o para reclamar soluciones dialogadas. Como dice Gaizka Fernández, esos mitos constituyen los cimientos intelectuales del terrorismo etarra y son "mitos que matan": han matado y pueden volver a matar. Uno de ellos, el primero de ellos, es el mito del conflicto vasco, que Podemos Euskadi abraza. No por mero cálculo, insisto, sino por algo peor: se lo creen.

ETA agrede y Podemos aplaude mientras Pamplona responde
Por Pascual Tamburri Esdiario 29 Marzo 2016

El primer Aberri Eguna con Bildu y Podemos en el poder. El último antes de la gran batalla por Vitoria. Esperaban la Pamplona sumisa y timorata de UPN. Pero se han encontrado otra.

Como cada Domingo de Resurrección los batasunos y todo el independentismo marxista y asimilado, convocado por la "red independentistak", celebró su 'Aberri Eguna'. Este 2016, como es lógico, tenía que ser en Pamplona, ciudad conquistada y con alcalde de Bildu. Es inútil contarles, otra vez, que no tiene sentido ser militantes anticristianos y a la vez celebrar la Pascua… ya los hemos visto, mientras atacan a los católicos, presidir como ediles las procesiones. Incoherencia, se llama; pero las hay peores.

Por un lado, en el Aberri Eguna tuvimos lo de siempre. Es decir, gente recopilada de todas las provincias, minoritariamente de Navarra, pero dominando la vida del centro de Pamplona ese día. Unos 10.000 y no más, de hecho menos que otras veces, y ausencia total del nacionalismo “moderado”, que es su aliado pero los conoce y los teme. Estaban los de siempre ellos solitos y con la dinámica de siempre. Sortu, Amaiur, EA, Aralar, Eusko Alkartasuna, Alternatiba, los sindicatos ELA y LAB, y tribus varias como Udalbiltza, Gazte Abertzaleak, Ikasle Abertzaleak y la meta común la 'Independentzia'. Ya es una rutina, ahora con banderas de Navarra castradas, con la estelada de Cataluña o la bandera de Palestina, sus txistularis, su 'Ator, ator'. Casi un rito tribal y religioso, más aburrido para sus propios jóvenes que la Misa de Pascua, si no fuese por los excesos de consumo estimulados.

Lo de siempre también en cuanto al contenido. ETA preside y marca el ritmo, y anuncia ante el acto en público que no fue un "error" empezar a matar y que "no se equivocó" al comenzar su actividad criminal. Sigue existiendo ETA, lo que sigue siendo un delito, tanto como dar pie a actos de homenaje a ETA o de agresión verbal a España como éste. La ETA desea que la celebración del próximo año reúna a todos, “incluidos quienes aún no han hecho suyo este día. Porque el reto que tenemos es construir un proyecto popular, entre todos y para todos”. Suavizan las formas, hablando de “derechos sociales” en vez de socialismo, porque lo que quien es evitar esta situación política en la que su premio político a cambio de nada se les escurre entre los dedos. Siguen sin renunciar a los beneficios de haber matado y de seguir existiendo para poderlo hacer. También porque si no alguno de sus polluelos puede tener malos pensamientos borrokiles.

Están contentos, como ETA manda, de lo que ha pasado en Navarra, pero temen el futuro, quizá porque temen la reacción popular al predominio evidente de las ideas de la “izquierda abertzale”. Siguiendo lo que ETA anuncia, pero a la vez abriéndose a las necesidades electorales, el portavoz de Sortu, Pernando Barrena, ha dado, además, la bienvenida a “todas esas personas que llegaron a Euskalherria en los años 50, 60 y 70, sobre todo de la península ibérica: de Castilla, León, La Mancha, Galicia, Extremadura, Andalucía” y también a los que han venido de otros países. “Todas y todos juntos vamos a construir, desde la diversidad, un futuro en democracia, justicia social, igualdad y libertad”. Qué dirían Sabino Arana o Federico Krutwig al escucharle. Pero claro, es el oportunismo táctico leninista en su versión local. Veremos si se consolida.

Por otro lado, vimos algunas novedades desagradables, como lo suele ser todo lo relacionado con los enemigos de la higiene y los amigos de los policonsumos. Ha nacido y se ha adherido a su manera Podemos, que pide que los ‘vascos’ puedan "decidir su futuro libremente", y hablan de una "patria inclusiva en la que quepan todas las identidades" en un acto para pedir el “derecho a decidir”. Podemos se anuncia como cómplice del separatismo, llevando al redil batasuno a jóvenes ilusionados con un sistema más justo… como el que nunca encontrarán en una Euskalherria soviética. Luego ya pelearán entre ellos.

También, eso sí, una novedad agradable e importante. Dice un medio local que “al paso de la manifestación por la avenida del Ejército, unos desconocidos han prendido unos botes de humo con los colores de la bandera española.” Esto dicho en las palabras de medios sumisos al poder “venga de donde venga”. ¿Dirían que este gesto de afirmación española y popular ha “enturbiado” el evento? Más sencillamente, que “cuando la manifestación, la menos numerosa de los últimos años, pasaba por la avenida del Ejército de la capital navarra, varios desconocidos han lanzado unos botes de humo desde el interior de la Ciudadela de Pamplona… Los tres botes de humo, dos rojos y otro amarillo, han formado una vistosa bandera de España que podía verse desde distintos puntos de la ciudad… Algunos de los manifestantes convocados por la antigua Batasuna, que portaban decenas de ikurriñas y otras banderas independentistas como la catalana, han silbado y pitado al comprobar esa enorme bandera de España a su paso”.

No, no eran jóvenes del PP ni tiernos militantes de UPN, pues si los hay no parece que vayan a dar la cara jugándose sus ansiadas sillitas. La cuestión es más bien que Pamplona y Navarra no se dejan pisar más, y se dan cuenta de que la pasividad de décadas de los políticos profesionales, su renuncia a los principios, sus miedos a la verdad, sus leyes acomplejadas, su estímulo al rival y a sus socios, han dejado a los abertzales llegar hasta aquí. Y de donde están sólo saldrán porque algo mejor, salido de la gente normal y hablando sin miedo de España, avance y dé garantías de que no habrá más miserias institucionales como las vividas desde la Transitoria de Jaime Ignacio Del Burgo y la boina de Juan Cruz Alli en un Nafarroa Oinez hasta la zonificación del PSOE y las masivas subvenciones a la propaganda abertzale disfrazada de educación y cultura en todos los timoratos años de UPN hasta Barcina. Lo que fue causa del problema jamás podrá ser solución. La solución tendrá que ser una nueva Navarra.

Nuestro racismo propio: la inmersión
Jesús Royo Arpón Lingüista La voz libre 29 Marzo 2016

El sábado pasado se montó una mani en Barcelona convocada por SOS Racisme contra el rechazo a los refugiados provenientes de la guerra de Siria. Bien. Pero para mi gusto, y no son ganas de aguar la fiesta a nadie, hubo lo que suele haber en las manis barcelonesas: cofoisme. En castellano, autobombo. Cantidad de gente haciéndose selfis, felicitándose de su (nuestra) alta temperatura solidaria. Allí la mitad eran nacionalistas militantes, y la otra mitad nacionalistas complacientes. Cuando es cosa sabida que racismo y nacionalismo participan de la misma raíz tóxica. Que son lo mismo, o casi. Me jugaría un dedo a que, aunque en la mani se pedía que desaparecieran los muros contra los refugiados, la mayoría está deseando que se levante una frontera entre Cataluña y España. O sea: que denunciamos la paja en el ojo ajeno, y no vemos la viga en el nuestro. La frase evangélica nos retrata y nos coloca en la misma categoría que los fariseos: racistas son los otros, nosotros no, qué va.

El racismo no consiste en creer que hay razas, sino en creer que las razas justifican una prioridad. El racismo es esa prioridad. Qué curioso, todos los racistas coinciden en pensar que su raza es superior, y por tanto se merece mejor trato. Por extensión, cualquier reclamación de prioridad se la puede calificar de racismo. Con la excusa que sea: raza, lengua, religión. Los judíos no son una raza, sino una creencia: pero todos calificamos de racismo al antisemitismo.

Pues bien, no dudo que el catalanismo es racista. Lo fue en sus orígenes, cuando se comparaban cráneos catalanes con cráneos castellanos (doctor Robert). Lo fue cuando se abandonó la raza estricta –por inviable- y se acudió a la cultura, el derecho, la historia, la bondad del clima, el genio o "la tenacidad" (esto de la tenacidad le encanta a Pujol) para justificar la fórmula mágica que han cuajado en un pueblo no diré superior, pero sí elegido. Y lo continúa siendo, cuando se apela a la lengua como dato relevante, llave que abre puertas y escalera que te da acceso al piso superior. En Cataluña “ser” catalanohablante es un plus. Y si no lo eres, pero te prestas a cambiar de lengua, entonces puedes aspirar también a serlo, aunque de segunda ronda: un “altre català”.

Pues de eso va la inmersión lingüística. Primero te prohíben aprender a leer y escribir en tu lengua, luego ni siquiera a conocer el mundo en tu lengua, luego a usarla como vehículo escolar. El mensaje es claro: "a Catalunya, en catalá". Solo el catalán es aceptable. El catalán es el criterio de aceptabilidad. El castellano es un cuerpo extraño, indebido, inoculado y sospechoso. Todo el poder es catalanohablante. Solo con el catalán se llega, se te aplaude, se logran subvenciones. El castellano es abucheado, expulsado de lo conveniente, relegado a vicio privado, desviación. Si persistes en tu empeño de hablar castellano, allá tú, nadie te va a hacer ni caso. Y será carne del paro.

Bueno, pues eso pasa en un país en que los de lengua materna castellana son casi el doble que los de lengua catalana. En España no se lo creen. En Europa no se lo creen. Hasta en Cataluña no nos lo creemos. Por eso vamos a manifestaciones Contra el Racisme. No lo vemos, pero no lo vemos porque lo llevamos puesto, como la viga en el ojo del fariseo. Piénsenlo: nuestro racismo es la inmersión lingüística. Atrévanse a saberlo. Aude sapere.

Prevenir para que el yihadismo no entre en las escuelas

EDITORIAL El Mundo 29 Marzo 2016

LA CADENA de brutales ataques en nombre de la yihad islámica que se vienen sucediendo en todo el mundo, especialmente desde que el Estado Islámico (IS) se hizo con la hegemonía del terror global en detrimento de Al Qaeda, requiere una respuesta firme en varios frentes. Por supuesto, combatiendo sobre el terreno a una organización que se ha autoproclamado califato de todos los musulmanes y ha consolidado su posición en Irak y Siria.

En primer lugar, con una coordinada y eficaz estrategia militar consensuada entre los aliados occidentales y los países de la zona. Y en paralelo, cortando las líneas de financiación, provenientes del saqueo de las ciudades conquistadas, de los secuestros y de la venta ilegal de crudo. Sin embargo, con ser el principal desafío acabar con la existencia del IS, que no sólo exporta el terror al mundo sino que, en aplicación estricta de la 'sharía' o ley islámica, trata con especial crueldad a los prisioneros y a sus propios súbditos, es necesario actuar integralmente en los países amenazados por el yihadismo.

Porque si algo han puesto de manifiesto los atentados de París y Bruselas es que los terroristas que deciden inmolarse para asesinar «infieles» occidentales no vienen de fuera, sino que han nacido y se han educado en colegios públicos de una Europa que ha hecho de las libertades y la tolerancia sus principales señas de identidad cultural y política. Por eso, son de capital importancia iniciativas como la que ha puesto en marcha la Generalitat de Cataluña para detectar la radicalización religiosa de niños y adolescentes en los centros de enseñanza.

Si en una primera etapa, la colaboración entre la consejería de Interior y los Mossos d'Esquadra ayudó a frenar la captación de posibles terroristas en las cárceles y en las mezquitas más fanatizadas, ahora se ha sumado al programa de prevención la consejería de Enseñanza catalana. El objetivo es detectar cambios significativos en el comportamiento y en las relaciones personales de los estudiantes, vigilar el consumo de propaganda islámica en las redes sociales e incluso observar variaciones notables en la forma de vestir que hagan sospechar contactos de algunos alumnos con las redes de captación de los grupos terroristas en Europa.

El programa, que a través de protocolos de observación deberá contar con la colaboración de profesores y tutores, está destinado a todos los estudiantes, independientemente de su religión. Es cierto que España, a diferencia de países como Francia, Bélgica o Alemania, aún no cuenta con un número elevado de alumnos musulmanes -apenas representan el 5% del total y en Cataluña son poco más de 75.000 menores- ni con varias generaciones de inmigrantes, cuyo radicalismo aumenta sucesivamente, pero las precauciones se hacen igualmente necesarias.

El interés de esta iniciativa, de la que deberían tomar nota otras comunidades e incluso el Gobierno central, estriba en que ha sido concebida como complemento a la vigilancia policial en todo el territorio y al control de quienes viajan y regresan a zonas de conflicto en Oriente Próximo. Europa debe ser consciente de que no estamos ante escaramuzas aisladas ejecutadas por 'lobos solitarios', sino ante una orquestación minuciosa para imponer el terror. La respuesta, por tanto, ha de estar coordinada en diferentes frentes para buscar una derrota definitiva del yihadismo.

El Ministerio del Tiempo de Cataluña
Se trata de adentrarse en el tiempo para cambiar la historia y atribuirle al independentismo las raíces y la épica que nunca ha tenido
JAVIER CARABALLO El Confidencial 29 Marzo 2016

Nadie ha sabido verlo hasta ahora, ni los parlamentos ni los tribunales. Tampoco los ciudadanos lo conocían. El primer organismo de la República Independiente de Cataluña no es la Agencia Tributaria Catalana, que se presenta como el primer gran objetivo de la ‘hoja de ruta’ soberanista para conquistar el control absoluto de la economía. Tampoco es la Oficina de Fiscalidad Internacional que ya se ha propuesto, ni ninguno de los otros organismos que el 'president' Puigdemont incluye en ese espacio etéreo de alegalidad que denomina “periodo de transición de la posautonomía a la preindependencia”.

La primera institución que ha creado el independentismo catalán comenzó a funcionar hace 30 años, en paralelo con la autonomía, y se llama el Ministeri del Temps. Como en la celebrada serie de Televisión Española, pero con objetivos distintos. La misión que tienen quienes trabajan en el Ministerio del Tiempo de Cataluña no es garantizar que nadie pueda modificar el pasado, sino lo contrario: se trata de adentrarse en el tiempo para cambiar la historia y atribuirle al independentismo las raíces y la épica que nunca ha tenido.

Del primer trabajo del Ministeri del Temps todavía se tiene constancia por los libros de texto de Secundaria que se emplean en Cataluña y por la misma página web de la Generalitat. Con viajes sucesivos a los siglos previos a la Baja Edad Media, se fueron introduciendo cambios sutiles y decisivos para pasar progresivamente de los acuerdos y alianzas entre el Reino de Aragón y el Condado de Barcelona a la “corona catalano-aragonesa”, en primer lugar, y posteriormente a la “casa real catalana”.

A partir de ese momento, con esos cambios en la historia, ya empezaron a aparecer en conferencias y seminarios, en libros de texto y en discursos políticos, nuevos reyes, como Pere III, antiguo Pedro III de Aragón, que conquistó Sicilia, o su padre, Jaume I, antes Jaime I, que pasó de ser rey de Aragón a “un monarca muy importante para la historia de Cataluña” porque “conquistó cuatro reinos y creó lo que denominamos los Países Catalanes”. Esa es la literalidad que figura en los libros del sistema educativo catalán y en las webs oficiales, sin duda alguna uno de los mejores trabajos de los hombres y mujeres que trabajan en el Ministeri del Temps de Catalunya.

Conviene subrayar esto último, que el trabajo del Miniteri del Temps en el sistema educativo es uno de sus mejores trabajos, porque sin esa base social y cultural, todo lo demás hubiera sido imposible. Cuando la creencia popular asume como cierto que existió un Reino de Cataluña, culto y exquisito, que fue arrasado vilmente por el imperialismo español en la Guerra de 1714, es posible introducir luego todos los demás cambios nominales sin que nada chirríe.

Miguel de Cervantes pasa a llamarse Miquel de Servent de la misma forma que Cristóbal Colón se llamaba Cristòfor Colom, como aquel dirigente de Esquerra Republicana de hace 20 años, que hacía pareja con Pilar Rahola, que también iba para reina de Catalunya pero los patearon a los dos en una de las guerras intestinas de la formación. Una época, por cierto, en que Esquerra Republicana no pasaba de ser una fuerza política residual, que no aspiraba a sacar más representación que un solo diputado en el Congreso y una decena en el Parlamento de Cataluña. El gran error de Colom y Rahola, por ambiciosos, fue no esperar a que diera sus frutos el Ministerio del Tiempo catalán y por eso no alcanzaron la gloria de sus predecesores, desde Carod Rovira hasta Junqueras.

El último trabajo del Ministeri del Temps se ofrecía ayer mismo en El Confidencial: el Cid también era catalán y fueron, por ello, los catalanes los principales impulsores de la Reconquista. La tesis, que ha sido presentada en forma de libro en el XV Simposio del Descubrimiento catalán de América, es verdaderamente revolucionaria porque, sin pretenderlo, el independentismo se ha pasado tanto de vueltas que está a punto de hacerse el harakiri.

A ver, sabemos bien que toda idea nacionalista o independentista necesita del agravio para subsistir. Sin la referencia del otro como culpable de todos los males internos, no es posible alimentar un discurso de independencia porque carecería de sentido. En el caso de Cataluña, se trata de una sola idea que se extrapola a todos los campos: “España nos roba”. Mientras que la apropiación histórica se limitaba al Reino de Aragón, las estrategias independentistas se nutrían constantemente del agravio que necesitan porque en esa tesis España aparecía como invasora y opresora, la eterna responsable del desfalco catalán, la maldita Castilla.

Pero ¿qué pasa ahora si resulta que esa misma España es obra de Cataluña? ¿Cómo se explica a los escolares que, en realidad, han sido distinguidos personajes de linaje catalán quienes construyeron la España que les han enseñado a repudiar? Y, sobre todo, ¿qué necesidad hay de acabar con España, de romper con España, si la historia de Cataluña no tiene mayores logros que la creación de este reino grandioso, España, que, después de que Cristòfor Colom descubriese América, alcanzaría el esplendor que nunca ha logrado ningún otro Imperio de la historia? Seguro que en el Ministeri del Temps no habían calculado estas consecuencias. De tanto viajar por el túnel del tiempo, de tanto modificar hitos, de cambiar nombres y reescribir batallas, han acabado enredados en el bucle de una historia común. En su delirio, los ha atrapado una conclusión letal para el independentismo: Espanya es indisociable de Catalunya.
 


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