AGLI Recortes de Prensa   Viernes 1 Abril  2016

El escándalo del déficit público, otro baldón de Rajoy
EDITORIAL Libertad Digital 1 Abril 2016

El déficit del conjunto de las Administraciones pública superó con holgura el 5% en 2015, prácticamente un punto por encima de lo acordado con Bruselas, que era un 4,2%. Una cifra que, como las demás desde que Mariano Rajoy es presidente del Gobierno, había sido revisada al alza y un compromiso que, como viene ocurriendo desde 2012, no se ha cumplido.

En esta ocasión, sin embargo, el incumplimiento es especialmente grosero: las distintas Administraciones públicas han gastado unos 10.000 millones más de lo acordado, que ya era mucho más de lo que ingresan, a pesar de las atroces subidas de impuestos, solo aliviadas en una pequeña parte por las últimas rebajas del IRPF. La cifra total es absolutamente mareante: el Estado ha gastado 55.000 millones más de lo que ha ingresado.

Durante toda la legislatura, el Gobierno ha insistido en priorizar la gestión económica sobre cualquier otra cuestión y el resultado ha sido que prácticamente no ha hecho política: ni se ha luchado contra el desafío nacionalista, ni se ha corregido el desastre en la educación, ni siquiera se ha cambiado la disparatada política exterior de Zapatero.

Todo porque, según nos decían una y otra vez, lo importante era la economía y, tal y como repitió Rajoy docenas de veces, "uno no puede gastar más de lo que tiene" y era prioritario contener el déficit.

El resultado práctico al final de la legislatura es que la economía también ha sido en buena parte un gran fracaso de Rajoy, que en cuatro años ha sido incapaz de contener uno de los principales problemas –el descomunal gasto público– y sólo en parte ha contenido otros como el paro.

Lo importante era la economía, nos decían el presidente y los suyos una y otra vez, pero la realidad es que tampoco en este campo se tomaron las medidas necesarias, bien sea por pura incapacidad en un Gobierno que desde el primer día dejó clara su falta de calidad y talla políticas; bien por falta de otra voluntad política que no fuese preservar el statu quo de una Administración elefantiásica, los grupos económicos y de presión que medran a su vera y, por supuesto, la clase política, que no ha perdido ni uno de sus numerosísimos privilegios y muy pocos de sus incontables enchufes.

Lo cierto es que el Gobierno que presume de su capacidad de gestión no ha sido capaz de gestionar el déficit, no ha sido capaz de hacer que las comunidades autónomas cumpliesen la ley, no sido capaz de parar la sangría de gasto que ha arruinado la economía. Lo que sí ha logrado, eso no se le puede negar, es la ayuda de Bruselas y el Banco Central Europeo y, sobre todo, cargar el mayor peso de la recuperación sobre las espaldas de los ciudadanos y las familias, que han sido los que han sufrido el paro, la pérdida de poder adquisitivo y las demás dificultades, mientras la gran maquinaria estatal no adelgazaba.

Rajoy logró las mayores cuotas de poder de la historia reciente cuando los votantes le eligieron para reparar el desastre dejado por su antecesor, pero en lugar de eso ha cometido los mismos errores y dicho las mismas mentiras que Zapatero, perdiendo el mayor caudal político que ha tenido nunca el centroderecha y una oportunidad histórica para reformar España, que difícilmente volverá a darse en décadas.

Ese es su triste balance y con él pretende presentarse a las elecciones de nuevo. El resultado no puede ser otro que un nuevo y aún más sonoro fracaso para él y para los populares; porque si el PP no ofrece nada nuevo, será difícil que los españoles confíen en un partido y unos dirigentes que hasta ahora sólo han sido capaces de fracasar y de mentir.

Repitan conmigo. Gastando más no se reduce el déficit
Daniel Lacalle El Espanol 1 Abril 2016

“No lo entiendo, cuanto menos bebo más me emborracho”, dijo un señor que, tras beberse una botella de whisky, pidió media y luego un tercio.

Lo más gracioso de la noticia de que España ha incumplido el objetivo de déficit de 2015 es que se indignan los mismos que exigen relajar dicho déficit y gastar más en partidas corrientes. Los mismos que hablan de reducir el déficit gastando más se rasgan las vestiduras porque no se lo han gastado ellos. Siempre pasa lo mismo, en cuanto escuchamos que la economía crece, se descontrola el gasto. Un déficit del 5,24% creciendo casi el doble de lo estimado, supone una desviación de 9.000 millones de euros, de los que 1.000 se pueden considerar “no recurrentes”. Aun así, crecer más y gastar mucho más es, y ha sido, desde el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, nuestro problema.

España se adaptó inmediatamente a una burbuja que generaba unos 40.000 millones de euros anuales de ingresos extraordinarios y no repetibles, y pensando que duraría siempre, aumentó el gasto público más de un 48% entre 2004 y 2009. Y ahora, todos se excusan en el “chocolate del loro” para no recortar nada de esos gastos de burbuja. Y, desde entonces, llaman "austericidio" a una reducción de menos del 6%.

Luego le echaremos la culpa a Merkel, pero España lleva ocho años con una expansión fiscal superior a 600.000 millones de euros, incumpliendo el objetivo de déficit todos los años. Es cierto que ese déficit se ha reducido a la mitad, pero no es menos cierto que el problema es evidente. El incumplimiento llega fundamentalmente del gasto descontrolado de las Comunidades Autónomas, y eso es antes de contar las facturas periodificadas al año siguiente, y de la Seguridad Social. Canarias, Galicia y País Vasco han sido las únicas comunidades que han cumplido con el objetivo, con la mayoría elevando sus gastos hasta un 8%, especialmente las Comunidades del “Cambio” que de cambio tienen poco porque han vuelto a lo mismo de 2008. Todo ello demuestra que siempre es un problema de gasto. Suben los ingresos casi un 4% y se dispara el gasto el doble.

Lo peor de este dato es que los mismos que fingen defender el estado del bienestar lo van a hundir, manteniendo el bienestar del Estado. No hemos aprovechado la época de recuperación para hacer los deberes y, de hecho, al Gobierno se le achaca un modesto control presupuestario mientras todo el resto del arco parlamentario se entrega al unicornio de aumentar gastos corrientes “para crecer” y pensar que van a reducir el déficit aumentando impuestos. Si una subida impositiva como la que llevó a cabo el Gobierno ha llevado a que los gastos se aceleren aún más, toda mejora de la recaudación es inmediatamente sobrepasada por la voracidad gastadora de los reinos de Taifas, los observatorios, los comités, los entes improductivos y la administración paralela.

Y volverán a decir que es un problema de ingresos, que las empresas grandes pagan poco, etc. Y seguiremos agrandando el agujero por poner por delante el gasto burocrático en vez del crecimiento económico y el empleo. La media de error en estimaciones de ingresos por nuevos impuestos de los últimos diez años ha sido del 50%. Un estudio excelente de los profesores Carvalho y Alfonso de la Universidad de Lisboa muestra que gran parte de las subidas de impuestos de la Unión Europea vienen por estimaciones de ingresos optimistas y exageradas (Revenue Forecast Errors in the European Union, 2014).

La media de error (desviación estándar) en las estimaciones de ingresos en España ha sido de un 1% del PIB en el primer año y, atención, el 1,6% el segundo y el 1,8% el tercero. Un país donde en todos los años observados se ha producido una desviación real entre ingresos estimados y reales. El propio Banco Central Europeo lo alerta en su informe “Lecciones de las estimaciones fiscales”.

Sobre la “novedad” de “estimular la demanda interna desde más gasto público, existen muchos análisis sobre el efecto embudo de estos planes. El impacto positivo a corto disfraza los problemas estructurales y se convierte en mucho peor a medio plazo. Por supuesto que aumenta el PIB a corto plazo (el PIB, no lo olvidemos, también se aumenta gastando y endeudándose, aunque sea tirando el dinero por la ventana), pero el coste y deuda que deja detrás acaban paralizando la economía porque con ellos vienen las subidas de impuestos para cubrir los agujeros.

España se encamina a otro shock de deuda, que no va a cubrirse con la política monetaria, como hemos visto en Portugal y Grecia. Un arco parlamentario que promete gastos con nada y que piensa financiarlos con estimaciones de cuento de la lechera es una bomba de relojería que vamos a pagar todos. Mientras, como decíamos el lunes, los aristócratas del gasto público piensan que usted gana demasiado y ellos gastan demasiado poco.

La deuda nunca se ha reducido gastando más. Las subidas de impuestos que anuncian volverán a atacar a la creación de empleo y crecimiento potencial bajo el subterfugio de que “es un problema de ingresos”.

Mientras, los mismos que dejaron un déficit oculto de 30.000 millones de euros se alarman con el incumplimiento de déficit mientras piden aumentar en 25.000 millones de euros el gasto corriente. Mucho observatorio y mucha excusa “social” para aumentar el gasto burocrático. Y volver a ponernos al borde de la quiebra. Los mismos que duplicaron la deuda “porque hay margen” piensan que va a reducirse aumentando gasto corriente, algo que nunca ha sucedido. Y aumentan un déficit estructural que ya superaba el 3,5% del PIB. Pero encima poniendo escollos al crecimiento y el empleo.

El fracaso económico de Rajoy
EDITORIAL  www.gaceta.es 1 Abril 2016

El PP de Rajoy renunció a su programa tradicional, hizo lo contrario de lo que dijo que iba a hacer, traicionó a sus votantes y durante cuatro años ha venido aplicando una política de corte socialdemócrata. ¿Por qué? Porque la pésima situación dejada por Zapatero exigía dejar todo lo demás y concentrarse en la economía, que era “lo único importante”. Ese ha sido el mantra repetido una y otra vez por este gobierno durante todo su mandato, esgrimido además con una soberbia tecnocrática que no ha retrocedido ni ante el asesinato político de quienes, dentro del PP, denunciaban la desviación del proyecto. Pues bien: en marzo de 2016, cuatro años y pico después de llegar al Gobierno, Mariano Rajoy deja una deuda pública en torno al 99%, un paro superior al 20%, un déficit de la Seguridad Social del 1,26% (en vez del 0,6% previsto) y un déficit público global del 5,16% del PIB en vez del 4,2% comprometido con la Unión Europea. Un desastre. De manera que, al cierre de su labor de gobierno, el PP de Rajoy ha fracasado en la política, sacrificada en aras de la economía, y ha fracasado también en la economía, dejando cifras que en un país menos adocenado justificaría caceroladas por las calles.

Las cifras de déficit que deja Rajoy dan testimonio de dos hechos altamente preocupantes: uno, la ineptitud del actual equipo dirigente del PP, que debería ser relevado de inmediato; dos, el irresoluble problema estructural del estado en España, donde la fórmula autonómica ha generado un agujero que parece incontrolable. Cristóbal Montoro ha culpado expresamente del déficit a las comunidades autónomas. Tiene razón, pero no dice toda la verdad, porque el Gobierno, en España, teóricamente tiene en su mano los instrumentos necesarios para corregir esos excesos. Ahora Montoro amenaza a las autonomías con aplicar una ley que a lo largo de cuatro años no ha aplicado ni una sola vez. ¿Y por qué no la ha aplicado? Porque disciplinar a las autonomías es tanto como poner en cuestión la sustancia misma de nuestro sistema político. Añádase, para más escarnio, que el principal obstáculo está en una autonomía que lleva años anunciando abiertamente su propósito de romper la unidad nacional ante la vergonzosa pasividad del Gobierno de todos. O sea que España se ha construido sobre cimientos que adolecen de una inevitable tendencia a desmoronarse. El PP podría haber corregido eso: ha tenido la mayoría más contundente nunca antes vista. En vez de eso, ha seguido echando agua en los fundamentos del edificio, para pudrirlos mejor.

No es “la economía, estúpidos”: es la política, es decir, la determinación para tomar decisiones de gobierno orientadas a una idea concreta del bien común. Eso es lo que le ha faltado al PP y da vergüenza ajena ver a los corifeos de Génova tratando de ocultar la realidad. En otras condiciones, el ciudadano podría volver los ojos a la oposición. Por desgracia, en España la oposición la constituyen partidos que ya han dejado reiteradas veces un paisaje económico aún más desolador que el que lega Rajoy, formaciones de ultraizquierda que directamente apuestan por romper el cuaderno contable o separatistas que no tienen el menor interés en la supervivencia del país. También en este aspecto va haciendo falta que en España surja una voz capaz de encarnar el verdadero interés general. Interés que, de momento, empieza sobre todo por la supervivencia de la nación.

¿Elecciones o qué?
J. L. González Quirós www.vozpopuli.com 1 Abril 2016

El oficio de profeta es riesgoso, especialmente cuando se refiere al futuro, y, sin embargo, se contabilizan mucho más los aciertos (“¡lo dije!, ¡lo dije!”) que los fracasos, que, en el fondo, se dan por descontados. En política pasa como en climatología, que cada vez tenemos más datos pero que seguimos pudiendo equivocarnos sobre si lloverá mañana. Esta es una de las razones por las que solemos preguntarnos “¿qué va a pasar?”, en lugar de plantearnos “¿qué vamos a hacer?”, porque, en definitiva, hay siempre un factor de azar que puede desestabilizar los pronósticos más cuidadosos.

Ahora mismo parece existir una cierta idea de que el único que podría beneficiarse de una repetición de elecciones es el PP, una suposición muy discutible, sin duda, pero que tiene a su favor la evidencia de que, en las actuales circunstancias, es casi imposible que el PP pueda encabezar el Gobierno, lo que no deja de ser una razón muy poderosa para que todos los demás decidan esforzarse en evitar una nueva convocatoria, y deban plegarse, por tanto, a las lógicas numéricas que permiten la investidura, de forma que esta eventualidad parece ligeramente más probable que cualquier otra.

Rajoy y el grado cero de la política
Aparentemente inspirado en el principio galaico-celiano de que el que resiste gana, Rajoy ha protagonizado un Guadiana político, se ha retirado del campo a la espera de que maduren las circunstancias. Haber cedido el protagonismo a Sánchez es una operación que difícilmente le va a ser contabilizada como un acierto, ni siquiera, digamos, por Francisco Marhuenda, salvo el improbable caso de repetición y, más improbabilidad todavía, de mayor éxito del gallego. Pero a eso parecen apuntar los extraños movimientos de un Rajoy cada vez más solo.

El Gobierno de progreso
Sánchez ha hecho casi lo único que podía hacer, y ha sabido forzar que eso fuera posible colocando a Rajoy ante un callejón sin salida y ofreciéndose a intentar lo improbable. Su pacto con Ciudadanos, una eventualidad que Rajoy nunca se tomó en serio, le ha dado una cierta fortaleza parlamentaria, muy relativa, y le coloca en una posición de fuerza frente a Podemos que se ha visto en la necesidad de pasar de la exigencia a la tolerancia, de modo que un Gobierno con abstención de Podemos y otros extraños compañeros de viaje, y el voto en contra del PP de Rajoy, pasaría a ser una posibilidad relativamente factible.

El pacto ha permitido una cierta firmeza a Sánchez y ha disimulado el alcance de su negativa total a contar con la primera fuerza del Congreso. En el mes que queda se abren tres posibilidades, o Rivera trata de incorporar de alguna manera al PP, o Podemos admite que siempre será mejor un Gobierno débil que repetir elecciones, o Sánchez se desentiende de Ciudadanos y se arroja en brazos de Podemos y de las fuerzas nacionalistas, lo que, por abreviar, se podría llamar la doctrina Mayor Oreja, la visión según la cual lo que se está poniendo sobre el tapete es el desguace de España, de conformidad con el pacto expreso de Zapatero con la ETA, “os prepararé una España distinta”.

Maneras de pasar de la nada a la absoluta miseria
Independientemente de que cualquiera de las posibilidades mencionadas tiene sus propias dificultades aritméticas y sus compromisos cuasi imposibles, la única que tendría una vida relativamente larga asegurada en el Parlamento es la que continúe el pacto del abrazo entre Rivera y Sánchez, en especial si el PP se aviniese a alguna forma de colaboración, o de participación, con el visto bueno de Sánchez. ¿Parece difícil?, sin duda lo es, pero es la única que permitiría un programa largo en reformas aunque no necesariamente en el tiempo. La mayoría absoluta del PP en el Senado le dota casi de una capacidad de parar en seco, o de retrasar indefinidamente, cualquier cambio, de forma que enfrentarse a un proyecto político de envergadura con el PP en contra es tarea de orates.

El Gobierno de PSOE y Ciudadanos sería otra posibilidad, pero sus capacidades de acción, por la izquierda y por la derecha, serían muy escasas, si bien tendrían la oportunidad de poner en serios aprietos de coherencia a unos y a otros, pero no conviene olvidar que abandonar el culto a la coherencia es una de las pocas promesas cuyo cumplimiento se exige con rigor al entrar en política, piensen, si no, en la figura de Rajoy pidiendo un gran pacto con el PSOE a la vez que agota el diccionario para describir los males de cualquiera de las acciones de ese partido.

Un nuevo pacto del PSOE con Podemos, rompiendo, presumiblemente, el acuerdo con Ciudadanos, se antoja casi suicida para Sánchez que podría verse incluso frente a la huida de votos en su propio grupo, puesto que, sin que sus propias fuerzas superen los 159 votos, frente a los 163 de un “no” conjunto del PP y de Ciudadanos, tendría que acudir al voto positivo de fuerzas escasamente deseables para el PSOE, que tal vez pudieren darlo para conseguir un Gobierno débil, además de obtener la abstención de casi todos los demás que querrán hacer valer su voto.

Vuelta a empezar
De no ajustarse ninguna de las tres alternativas básicas, se volvería, pues, a la casilla de salida, y a una nueva convocatoria, dando siempre por supuesto que Rajoy no nos sorprenda a todos con una iniciativa estelar, pero no se me antoja demasiado probable dada su tendencia a no hacer olas. Pero esa posibilidad, que a Dios gracias tiene plazo fijo, tiene inconvenientes graves, a cual peor, aunque de distinto peso relativo para los partidos.

El primer inconveniente es la sospecha de que pueda beneficiar al PP, y eventualmente, permitir una alianza que ahora no ha sido intentada con un Ciudadanos que también creciese, o, dicho de otra manera, que perjudicase seriamente las posibilidades de PSOE y de Podemos. Lo de PSOE sería una mera continuidad de su carrera hacia el abismo, aunque puede que haya quienes valoren el esfuerzo de Sánchez por buscar una salida casi imposible. Lo de Podemos dependería de si los electores han comprobado ya de qué pasta están hechos los podemitas, y también del grave deterioro de su maquinaria política que hace razonable pensar que pueda resultar temerario apostar porque les toque el gordo en dos sorteos seguidos.

El segundo inconveniente, que es más de fondo, consiste en que nadie quiere enfrentarse a lo desconocido, salvo Rajoy, al parecer, pues no hay precedentes de un fracaso político tan notorio como supondría la incapacidad de los diputados para formar Gobierno. Apostar por lo que harían los ciudadanos en un tal caso son ganas de perder el tiempo, habría que verlo, pero convendría partir de la base de que nadie está pidiendo a gritos unas nuevas elecciones, que la abstención puede crecer de manera notable, un dato que Rajoy entiende le beneficiaría, y que podría resultar que nos encontrásemos ante un panorama no menos angustioso que el que ahora padecemos.

Romper el hechizo
La dificultad de formar Gobierno no debe confundirse con el poder que se adquiere, que en nuestro sistema constitucional, es enorme, de forma que cabe considerar una investidura bajo un cierto signo, que evolucionase en sentido poco previsible, puesto que una vez nombrado, el presidente sería poco capaz de sacar leyes adelante, pero estaría en una posición en la que el voto de censura sería extremadamente improbable y dispondría de unos recursos poderosos para tratar de forjarse un destino más amable. No conviene olvidar que las elecciones de 2015 han dibujado un panorama absolutamente inédito y que reflejan un hartazgo del electorado que en nada abona las pretensiones de Rajoy para que se le tome en serio cuando afirma que ha ganado las elecciones. El PP ha sido desalojado del poder de la mayoría y, por su torpeza, se ha visto despojado de las posibilidades de maniobra que corresponderían a su posición de primera fuerza en el Parlamento. Está tardando en darse cuenta de cuál es su posición, y parece confiar en alguna especie de milagro, especialmente en que todos los demás no saquen las peores conclusiones de su impotencia, pero sigue confundiendo lo que es malo para él con lo que es malo para todos. Es verdad que puede venir un Gobierno que empeore las cosas, pero no lo es menos que, dado el sistema que tenemos y las limitaciones de su líder, la dolorosa patada que los electores le han dado en el trasero debiera llevarle a pensar en los muchos cambios que necesita, y a dejar de vivir de la quimérica esperanza en que les asista algún derecho especial a formar Gobierno. Los demás lo tienen muy difícil, pero lo de Rajoy es imposible, y habrá que ver si acierta a abrir paso a una solución sin su preciosa presencia.

Economía
Cataluña acapara un tercio del agujero total de las comunidades autónomas
Es la región más incumplidora, cuadruplicando el objetivo de déficit
 www.lavozlibre.com 1 Abril 2016

Madrid.- Casi un tercio del agujero total de las comunidades autónomas al cierre de 2015 (cerca de 18.000 millones) es catalán (5.526 millones). Por si fuera poco, cuatro de cada 10 euros del total de la desviación autonómica (10.440 millones) se debe también a Cataluña (4.100 millones), inmersa ese año en elecciones y en el proceso independentista.

Cataluña cerró 2015 con un déficit del 2,7 por ciento, casi cuatro veces el objetivo del 0,7 establecido. Así, es la comunidad más incumplidora, seguida por Extremadura con el 2,64, por la de Murcia con el 2,52, la Comunidad Valenciana con el 2,51 y Aragón con el 2,13 por ciento del PIB. Sólo Galicia (0,57), Canarias (0,54) y País Vasco (0,69) cumplieron. En medio, pero por encima del 0,7 comprometido, se situaron Andalucía (1,13), Asturias (1,53), Baleares (1,52), Cantabria (1,38), Castilla-La Mancha (1,67), Castilla y León (1,33), Madrid (1,36), Navarra (1,28) y La Rioja (1,13).

El Gobierno va a obligar a las CCAA que incumplen a aprobar un acuerdo de gobierno de no disponibilidad, para garantizar que los recursos de financiación que recibirán este año no sirvan para financiar nuevo gasto, sino el que ya está previsto y están ejecutando este año.

"No se trata de instar a que recorten sino a que no aumenten gasto público sobre lo que ya están haciendo", ha dicho el ministro de Hacienda y Administraciones Pública, Cristóbal Montoro, que ha recordado que las autonomías van a recibir este año 10.000 millones de euros más de los Presupuestos Generales del Estado que en 2015, entre el sistema de financiación y la liquidación del sistema de financiación de 2014, que les es favorable.

Además, se hará público mensualmente el cumplimiento de la regla de gasto por parte de las autonomías, esa obligación de no gastar más de lo que se ingresa, para lo cual los interventores de los gobiernos regionales tendrán que informar también mes a mes a Hacienda.

TIRÓN DE OREJAS DE MONTORO
Montoro ha 'tirado de las orejas' a Cataluña y la Comunidad Valenciana y les ha pedido que sean "más rigurosas" en el gasto y más eficaces con el uso de los recursos públicos puesto que entre ambas absorben casi la mitad de la desviación del déficit público.

Montoro ha admitido que emplea un tono crítico con Cataluña desde hace tiempo porque el Ejecutivo catalán "dedicó el año pasado a convocar o no elecciones". "Así se trabaja muy mal", ha dicho. Con respecto a la Comunidad Valenciana, ha advertido contra quien la sitúa como "santo y seña de un gobierno en España" y ha esperado que no sea referente al menos en lo que respecta "a la corrección del déficit", en alusión al 'gobierno a la valenciana' por el que apuesta Podemos en su negociación con el PSOE.

El ministro ha criticado en general el trabajo de los nuevos gobiernos autonómicos surgidos de las elecciones del año pasado, "gobiernos de consenso que parece que no sirven más que para hacer anuncios de gasto, eso es perjudicar a la recuperación económica". Les ha exigido a todos un compromiso público con el cumplimiento de los objetivos de estabilidad. "Cuando están conmigo, es a lo que se comprometen", ha apuntado.

Rajoy repite las cuatro grandes vergüenzas de Zapatero con el déficit público
Ambos incumplieron objetivos, mintieron a los españoles, mantuvieron los déficits más altos de la zona euro y se justificaron con las mismas excusas.
.   Libertad Digital 1 Abril 2016

El Gobierno del PP ha hecho de la austeridad y el cumplimiento de los objetivos de déficit uno de los principales ejes de su discurso político durante la pasada legislatura. Pero la realidad que reflejan los datos poco o nada tiene que ver con dichas palabras.

En cuanto a la manida austeridad, el gasto público total, el gasto real por habitante y el gasto en sanidad y educación se mantienen por encima o en niveles similares a los de 2007, en el pico de la burbuja crediticia. Y en cuanto al déficit, lo cierto es que los populares han incumplido todos y cada uno de los compromisos adquiridos con Bruselas desde que asumieron el Gobierno a finales de 2011.

El ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, ha sido el encargado de confirmar este jueves el último incumplimiento en esta materia. El conjunto del sector público registró un déficit de 55.755 millones de euros al cierre de 2015, excluyendo las ayudas a las antiguas cajas de ahorro, una cifra equivalente al 5,16% del PIB, tal y como avanzó Libre Mercado.

De este modo, España supera en casi un punto el límite comprometido con Bruselas, fijado en el 4,2%, un desvío próximo a 10.000 millones de euros que, por tanto, obligaría a aplicar un ajuste de unos 24.000 millones de euros a lo largo de 2016 para poder alcanzar el objetivo del 2,8% previsto para este año.

Lo más grave, sin embargo, es que Rajoy, a diferencia de lo que pregona en sus intervenciones, ha calcado la grave irresponsabilidad presupuestaria de la que tanto acusaba al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero cuando lideraba la oposición. En concreto, el PP repite los cuatro grandes errores cometidos por el PSOE en la anterior legislatura.

1. PP y PSOE incumplen el objetivo

En primer lugar, ambos han incumplido amplia y reiteradamente sus compromisos con Bruselas. Las cuentas públicas arrojaron en 2011 un agujero del 9,5% del PIB frente al 6% que había acordado el anterior gobierno socialista de Zapatero con la Comisión Europea, sobrepasando así los límites establecidos, al igual que sucedió en los años previos.

Pero Rajoy no se queda atrás. Desde que llegó a la Presidencia, su única estrategia ha consistido en renegociar al alza con Bruselas los objetivos de déficit. El PP ha logrado que la Comisión flexibilice los límites marcados hasta en tres ocasiones, tal y como refleja el siguiente gráfico, y lo triste es que ni así ha logrado cumplir.

Rajoy prometió, inicialmente, reducir el déficit al 5,3% en 2012, al 3% en 2013, al 2,2% en 2014 y al 1,1% en 2015; luego elevó los umbrales al 6,3%, 4,5%, 2,8% y 1,4%, respectivamente; y, finalmente, los fijó en el 6,3% (sin rescate bancario), 6,5%, 5,8% y 4,2%. Así pues, cerrará la legislatura con un agujero fiscal del 5,2%, casi cinco veces más que lo prometido inicialmente.

*Nota: España cerró con un déficit del 10,4% del PIB en 2012 tras el rescate público de las cajas de ahorro insolventes. Sin ese coste, el agujero ascendió al 6,7%. En ambos casos, por encima del objetivo marcado por Bruselas.

Y pese a esas revisiones, tampoco ha cumplido: España cerró 2012 con una brecha del 10,4% del PIB frente al objetivo del 6,3%; en 2013, el agujero fue del 6,9% frente al límite del 6,5%; en 2014, el déficit cerró en el 5,9% frente al 5,8% acordado; y el agujero rozó el 5,2% frente al 4,2% establecido.

2. PP y PSOE ocultan las cifras

La falta de transparencia es otro común denominador entre ambas formaciones. Zapatero dejó el cargo afirmando que el déficit cerraría en el 6% prometido a Bruselas en 2011 y la realidad es que se disparó al 9,5%. El PP le acusaba entonces de mentir y engañar a los españoles, pero Rajoy ha hecho exactamente lo mismo.

El 12 de octubre de 2015, Montoro afirmaba que "por supuesto que cumpliremos con los objetivos de déficit". Dos días después, sin embargo, el Gobierno remitía una comunicación a Bruselas en la que reconocía que el desvío fiscal se situaría en 4,4% a cierre del ejercicio frente al 4,2% previsto.

Tanto antes como después de aquella notificación, y a dos meses de las elecciones generales del 20 de diciembre, el Gobierno sostuvo en reiteradas ocasiones que los compromisos se cumplirían, y solo después de los comicios Rajoy admitió que, efectivamente, el saldo negativo de las cuentas rondaría el 4,5% del PIB. Finalmente, se ha ido al 5,2%, a la espera de las revisiones definitivas -la cifra podría ser incluso superior-.

3. PP y PSOE 'lideran' el déficit en la UE

Entre 2009 y 2011, bajo el mandato de Zapatero, España se situó a la cabeza de la zona euro en cuanto a déficit público, tan solo superada por Irlanda y Grecia que habían sido rescatadas por la UE.

La situación no ha mejorado con Rajoy: España registró el mayor déficit de la zona euro en 2012 (10,4%); el tercero más alto en 2013 (6,9%), tras Eslovenia y Grecia; posición que repitió en 2014 (5,9%), sólo por detrás de Portugal y Chipre; y cierra 2015 con el segundo mayor agujero de la zona euro (5,2%), tan sólo superado por Grecia, según las últimas previsiones de la Comisión Europea.

 
Déficit de los países del euro

4. PP y PSOE: las mismas excusas

Quizás lo más sorprendente de todo ha sido lo que ha ocurrido este jueves por la mañana en el Ministerio de Hacienda, durante la comparecencia de Cristóbal Montoro para explicar los datos de ejecución presupuestaria. El ministro ha echado balones fuera en cuanto a su responsabilidad, ha señalado directamente a las comunidades autónomas y ha asegurado que no ha habido ocultación de las cifras, echando la culpa a la desviación respecto a lo anunciado a la "complejidad del cierre".

¿Y por qué sorprende este discurso? Pues entre otras cosas porque reproduce el mensaje que en 2012 dieron Elena Salgado y José Luis Rodríguez Zapatero, en aquel momento exministra de Hacienda y expresidente del Gobierno, cuando tuvieron que explicar por qué el déficit real de 2011 era muy superior al previsto. Y fue Montoro el miembro del Gobierno que más criticó esta actitud, especialmente en lo que hace referencia a la excusa autonómica: es decir, echarle la culpa a las regiones del incumplimiento del objetivo de déficit.

Podría decirse que Montoro llegó a Hacienda con un mensaje: "Todos somos Estado". O lo que es lo mismo, corresponde al Gobierno vigilar a las comunidades autónomas, porque el incumplimiento de éstas repercute en todos los demás. La Ley de Estabilidad Presupuestaria o los mecanismos de financiación extraordinaria que ha otorgado a las regiones se basan en este principio. La teoría dice que con una mano el Gobierno facilita las cosas a los Ejecutivos autonómicos (por ejemplo, a través del FLA) y con la otra les exige que cumplan sus compromisos.

De esta manera, en su primer encuentro con los consejeros autonómicos para presentar las nuevas reglas que regirían la relación entre el Estado y las CCAA, Montoro declaró: "El Estado será responsable de las comunidades que no sean irresponsables. Un Estado descentralizado no está reñido con la estabilidad presupuestaria".

Lo mismo ocurrió en febrero de 2012, cuando Montoro presentó ante Bruselas las cifras de desviación del déficit reales, muy superiores a las que Salgado había anunciado en diciembre. En aquella ocasión, cuando le preguntaron, el ministro de Hacienda fue muy claro y eludió las críticas a las comunidades, pero no al Gobierno anterior. "Si quiere a un responsable, mire hacia los que estaban en esta casa en 2011" [en referencia a su antecesora en el cargo]. La doctrina Montoro estaba fijada: si una región se saltaba las normas, el responsable era el Ministerio de Hacienda por no haber sabido controlarla. "Todos somos Estado", repetía una y otra vez el ministro cuando este tema estaba encima de la mesa.

Y en abril de 2012, durante la presentación de los Presupuestos Generales para aquel año (retrasados para no interferir con las elecciones andaluzas), Montoro repetía el mantra: "Es importante garantizar que las autonomías y las entidades locales van a cumplir el objetivo del déficit porque de esto depende la credibilidad de España".

No sería la última vez que lo haría. A lo largo de toda la legislatura, cada vez que las autonomías se han quejado por las exigencias de Hacienda o han planteado excepciones a los objetivos de déficit, Montoro ha empleado la misma argumentación: la credibilidad del conjunto del país depende de todas las administraciones y por eso el Gobierno se tiene que asegurar (con instrumentos como la Ley de Estabilidad Presupuestaria) de que todos cumplen. Lo anterior, que cada uno hiciera de su capa un sayo, era una irresponsabilidad.

No está claro qué le diría el Montoro de 2012, que con tanto ardor defendía la doctrina "todos en el mismo barco y el responsable es el Gobierno que los dirige a todos", al que este jueves 31 de marzo de 2016 ha intentado explicar en la sede del Ministerio de Hacienda por qué España se ha saltado todos sus compromisos en materia de control de las cuentas públicas.

Ni siquiera el déficit, Mariano
Javier Benegas www.vozpopuli.com 1 Abril 2016

Este Rajoy antipático, pero sensato; autista, pero responsable; soberbio, pero juicioso, no ha sido capaz siquiera de dejar las cuentas públicas encarriladas. Al contrario, siguen en rumbo de colisión y ganando velocidad. Han pesado más las servidumbres del cálculo político y el miedo cerval a meter mano a unos virreyes adictos al gasto, que la supuesta sensatez de la que tanto ha alardeado.

Uno de los argumentos de Mariano Rajoy para hacerse valer respecto a las demás opciones políticas han sido sus apelaciones constantes a la responsabilidad, a que en el PP son gente sensata, con experiencia, muy alejada de los cantos de sirena de quienes demandaban, y demandan, una mayor prodigalidad en gasto público para salir de la crisis. A falta de otros alicientes, sobre esta raquítica idea Rajoy ha construido todo su discurso. Que resultara antipático, que careciera de la más elemental capacidad de comunicación y empatía, se entendían, pues, compensados en parte por esa presunta seriedad y competencia, por esa renuncia incondicional a los fastuosos fuegos artificiales con pólvora ajena. Los vicios y carencias más recalcitrantes quedarían perdonados si Rajoy no caía en la tentación de comprar votos ni torcer voluntades tirando de los presupuestos, y ponía en orden las cuentas públicas. Esa era, se suponía, la única gracia de un presidente que, para todo lo demás, se ha mostrado ajeno a sus propios votantes y displicente, incluso soberbio, con sus críticos.

Pero ni esto ha sido capaz de cumplir Rajoy. Muy al contrario, a lo largo de la pasada legislatura, no sólo España no ha cumplido los sucesivos compromisos de déficit acordados con Bruselas, sino que, como colofón, en 2015 se ha desviado en 10.000 millones de euros del objetivo, cerrando el año en el 5,26% en vez del 4,2%, y situando nuestro déficit estructural a la cabeza de Europa, sólo por detrás de Grecia. Un récord cuyo mérito corresponde en gran medida, todo hay que decirlo, a Cristóbal Montoro, y al Fondo de Liquidez Autonómica (FLA), esa puerta trasera con la que se ha premiado a los más derrochadores y sostenido artificialmente un modelo, el autonómico, que quebró en 2008 y que, desde entonces, exige una urgente revisión que este gobierno, hoy en funciones, no ha querido acometer. 

Lo peor, con todo, es que no hay propósito de enmienda. De hecho, Montoro ha afirmado que si bien instará a las comunidades autónomas a no aumentar el gasto, no les va a exigir que hagan recortes. Es decir, que sí, pero que no. Desde luego que no. Los virreinatos no se tocan, porque es ahí donde los partidos tienen sus graneros, de votos y de lo otro; porque es ahí donde unos y otros, partidos, caciques y grupos de interés tienen su bicoca. Para muestra, un botón: la Comunidad Autónoma de Murcia, campeona nacional del déficit, hará este 2016 la mayor oferta de empleo público de la última década, con los sindicatos dando palmas, por supuesto. Pero no hay que alarmarse, porque el gobierno en funciones ha decidido hoy, ¡31 de marzo de 2016!, aplicar la Ley de Estabilidad Presupuestaria, la misma ley que, desde su promulgación, se pasó por el forro de su mayoría absoluta.

Este Rajoy antipático, pero sensato; autista, pero responsable; soberbio, pero juicioso, no ha sido capaz siquiera de dejar las cuentas públicas encarriladas. Al contrario, siguen en rumbo de colisión y ganando velocidad. Han pesado más las servidumbres del cálculo político y el miedo cerval a meter mano a unos virreyes adictos al gasto, que la supuesta sensatez de la que tanto ha alardeado. El resultado: cuatro años tirados por la borda que hay que sumar a los ocho ya dilapidados por Zapatero. Y a los que se sumarán otros tantos, hasta que el cuerpo aguante o hasta que Bruselas y el FMI lo consientan. Con todo, lo peor es que si el gobierno Rajoy ha sido el de la austeridad y el de los recortes, ¿qué calamidad nos espera si los adalides del gasto social a todo trapo llegan al gobierno?

Las grandes mentiras del PP sobre el déficit público
Juan Ramón Rallo www.vozpopuli.com  1 Abril 2016

El déficit público de 2015 terminó en el 5,2% del PIB: un punto —10.000 millones de euros— por encima de nuestro compromiso con Bruselas. Se trata del enésimo incumplimiento del Partido Popular a lo largo de una legislatura que debía ser la del rigor presupuestario y que ha sido la del fiasco presupuestario. Con tal de contrarrestar su negligente fracaso, los dirigentes populares han puesto en marcha la maquinaria de las falaces consignas, tratando de justificar lo que a estas alturas debería ser injustificable. Repasemos sus mayores tergiversaciones.

Rajoy ha contribuido a reducir el déficit mucho más que Zapatero

El déficit público español cerró 2009 con la insostenible cifra del 11% del PIB. Dos años después, Zapatero lo había rebajado al 9,1% del PIB: es decir, en dos años lo redujo 1,9 puntos (una media de 0,95 puntos anuales). En cambio, Rajoy ha dejado el déficit de 2015 en el 5,2%, esto es, una reducción de casi 4 puntos del PIB (una media de 1 punto anual). En otras palabras, el austerísimo Rajoy redujo el déficit público un punto del PIB por año; el manirrotísimo Zapatero lo redujo en 0,95 puntos del PIB por año. Tamaña diferencia, sin duda.

En suma: no es cierto que Rajoy haya supuesto un revulsivo de austeridad frente al descontrol presupuestario zapateril: el auténtico revulsivo lo supusieron las presiones de la Eurozona desde mediados de 2010 para reconducir el déficit. Es cierto que Zapatero apenas recortó el agujero de las cuentas públicas durante el electoral año 2011, pero Rajoy tampoco lo ha recortado significativamente durante el electoral año 2015 y durante los no electorales años de 2013 y 2014. Tal para cual.

El déficit público se ha reducido gracias a la contención del gasto

Rajoy se comprometió con sus votantes a practicar la austeridad por el lado de los gastos, a saber, a cuadrar las cuentan recortando los desembolsos de las Administraciones Públicas en lugar de machacando a impuestos a los ciudadanos. Y, sin embargo, el gasto público apenas se han reducido durante la legislatura de Rajoy: menos de 16.000 millones de euros en cuatro años.

Acaso se afirme que los escasos recortes del gasto público total durante el Gobierno de Mariano Rajoy se deben al incremento de los gastos financieros y de las prestaciones de desempleo experimentados durante la legislatura. Pues bien, si eliminamos las partidas de prestaciones de desempleo y de intereses de la deuda, la evolución del gasto sigue una evolución análoga a la anterior: el gasto público (sin prestaciones de desempleo y sin intereses) todavía se reduce menos durante la legislatura de Rajoy… apenas 11.300 millones de euros en cuatro años. Austericidio insufrible.

En todo caso, de los 42.000 millones de euros en los que se ha reducido el déficit durante la legislatura de Rajoy, 26.000 millones de euros han sido imputables a aumentos de ingresos y, como decíamos, sólo 16.000 millones a recortes del gasto total.

En el siguiente gráfico podemos observar la contribución del aumento de los ingresos y del recorte de los gastos totales a la reducción del déficit (ingresos negativos en el gráfico significan aumentos de recaudación e ingresos positivos reducciones de la recaudación). En él podemos contemplar cómo el gobierno de Rajoy concentra absolutamente todos los recortes del gasto en el primer año de legislatura, cesando los ajustes desde entonces e incluso revirtiéndolos significativamente en el año 2015.

Si algo ha faltado verdaderamente durante la legislatura de Rajoy, ello ha sido una profunda austeridad por el lado de los gastos. Lo mismo que en la de Zapatero.

El incumplimiento del déficit público se ha debido a las ‘autonomías del cambio’

La excusa oficial del gobierno de Rajoy para justificar la desviación de 10.000 millones de euros con respecto a nuestros compromisos de déficit en 2015 ha sido responsabilizar a las llamadas autonomías del cambio. En concreto, en mayo de 2015, el PP perdió los gobiernos autonómicos de la Comunidad Valenciana, Baleares, Castilla-La Mancha, Extremadura, Aragón, Cantabria y Navarra. Entre junio y diciembre de 2015, estas siete autonomías aumentaron su déficit en 3.525 millones de euros, de manera que difícilmente puede imputárseles a ellas un exceso de déficit de 10.000 millones. Para hacernos una idea, durante ese mismo período de 2014, bajo el ejemplar mandato del PP, el déficit de esas siete autonomías aumentó en 3.765 millones de euros (es decir, más que con los manirrotos ‘gobiernos del cambio’).

No, no han sido las autonomías del cambio las que han disparado el déficit.

El incumplimiento del déficit público se ha debido a la totalidad de las autonomías

Pero si no han sido los gobiernos del cambio, acaso los responsables sean el conjunto de las autonomías (nunca Rajoy, claro). Y, en efecto, si nos fijamos estrictamente en la evolución del déficit público durante 2015, la desviación de 10.000 millones de euros se debe en gran medida a las autonomías, las cuales han acumulado un déficit de casi 18.000 millones de euros, unos 10.400 millones más de lo comprometido. En cambio, la Administración Central ha cerrado con un déficit 1.500 millones inferior al comprometido.

Sin embargo, la imagen que está queriendo transmitir el PP —gobierno central austero y responsable; gobiernos autonómicos manirrotos e irresponsables— no es en absoluto justa. A lo largo de la legislatura, la austeridad se ha concentrado esencialmente entre las autonomías, no en la administración central: el déficit público autonómico ha pasado desde 55.000 millones de euros en 2011 a 18.000 millones de euros en 2015 (minoración de 27.000 millones de euros), mientras que el déficit de la administración central apenas ha caído desde 33.000 millones a 29.000 (minoración de 4.000 millones). Además, si tenemos en cuenta que la gestión de la Seguridad Social le corresponde al gobierno central, habrá que imputarle a éste el incremento del déficit en esta administración desde los 1.000 millones de 2011 a los 13.500 de 2015.

¿En qué sentido las autonomías han sido las manirrotas administraciones que han descuadrado las cuentas cuando son las que más han contribuido a cuadrarlas desde 2011? Uno podría ciertamente alegar que esta imagen tampoco es del todo justa: una partida muy importante del gasto de la Administración Central son las transferencias a otras administraciones, entre ellas las autonomías. Dicho de otro modo, si las transferencias entre la Administración Central y la autonómica se incrementan, el déficit de la primera aumentará a costa de que se reduzca el de la segunda (esto fue lo que sucedió en 2012: por eso el déficit del gobierno central crece tanto y el de las autonomías se contrae tanto).

Acaso podamos hacernos una idea más precisa sobre qué nivel administrativo ha sido más austero durante estos últimos cuatro años si medimos la evolución anual de su gasto público deduciendo del mismo las transferencias que efectúan a otras administraciones. En tal caso, comprobaremos que, en contra del discurso del PP, los grandes recortes del gasto se vivieron en 2012, pero se concentraron marcadamente entre las autonomías. De hecho, la administración central revirtió todo su recorte del gasto un año después y, desde entonces, lo ha congelado. Las autonomías, por su parte, sí han incrementado el gasto público en 2015, pero a la vista de los ajustes que hicieron en 2012 y 2013, no deja de ser tergiversador imputarles el incumplimiento de los objetivos de déficit durante la legislatura… cuando han sido el nivel administrativo que más ha contribuido a ello.

Es, pues, la administración central la que no ha hecho nada para reducir el déficit público por el lado de los gastos. Y si no me creen y siguen pensando que los escasos recortes del gasto por parte del gobierno central se deben a que los intereses de la deuda y las prestaciones de desempleo han crecido durante la legislatura de Rajoy, representemos ahora la variación del gasto público del gobierno central sin transferencias a otras administraciones, sin intereses y sin prestaciones por desempleo. Es fácil comprobar que Rajoy no ha reducido en nada el gasto público del gobierno central una vez excluimos estas tres partidas: Zapatero le legó a Rajoy un gasto de 56.000 millones de euros en la Administración Central y Rajoy lo ha incrementado hasta 60.000 a finales de 2015.

Por consiguiente, quien no ha hecho los deberes y quien no ha ajustado en nada el gasto propio ha sido el manirroto, mendaz e incumplidor Gobierno de Rajoy, de la mano de ese negligente e incompetente ministro de Hacienda llamado Cristóbal Montoro.

Conclusión

Que España haya incumplido sus compromisos de déficit en 2015 no es fruto de la casualidad o de la mala suerte: es fruto de una pésima gestión hacendística durante cuatro años. El Gobierno del PP confió en cuadrar las cuentas saqueando a impuestos a los españoles y colocándole una vela a la recuperación económica. Siempre aspiraron a más ingresos, no a menos gastos. Por eso, la única austeridad parcial por el lado del gasto se vivió en 2012 y se concentró entre las autonomías: desde entonces, el gasto ha vuelto a crecer, especialmente en la administración central.

La responsabilidad de tamaña dejación de funciones podría imputarse al nefasto equipo económico del Gobierno, con el tándem Montoro-Nadal a la cabeza del sobreincumplimiento, sobreendeudamiento y sobresaqueo de los españoles. Pero no apuntemos a los alfiles cuando la verdadera responsabilidad está concentrada en el Rey que los colocó en sus puestos: Mariano Rajoy. Ni siquiera creciendo a un ritmo superior al 3% y con los tipos de interés en mínimos históricos ha sido capaz el gallego de cumplir con la palabra dada a sus socios europeos y al conjunto de los españoles. Hora de marcharse.

El riesgo para España de una grave crisis fiscal

Javier Santacruz Cano El Espanol 1 Abril 2016
En pleno debate sobre las consecuencias económicas de la incertidumbre política, ha vuelto a surgir uno de los graves desequilibrios de la economía española: el déficit público. Después de casi ocho años de reiterados incumplimientos del Pacto de Estabilidad europeo y bajo el Protocolo de Déficit Excesivo (PDE), la Hacienda española vuelve a registrar en 2015 una necesidad de financiación muy superior al objetivo previsto y comprometido con Bruselas: 5,24% del PIB frente al objetivo del 4,2%.En este sentido, este incumplimiento por más de un punto porcentual de PIB no se puede considerar como uno más ni tampoco se le puede restar ni un ápice de la importancia que indudablemente tiene. En una coyuntura tan favorable como la que la economía tuvo en 2015 –un 3,2% de crecimiento con el desplome de los costes energéticos, depreciación del euro y política monetaria acomodaticia del BCE– los agentes económicos esperaban un importante ajuste del déficit para dejarlo cerca del 3% que en teoría se cumpliría de forma holgada en este año 2016.

Sin embargo, España sólo ha sido capaz de ajustar el desfase de sus finanzas públicas en apenas 0,6 puntos de PIB, a pesar de que tenía también casi todo a su favor en términos de recaudación. Gracias a que el consumo es el motor de la economía española, los ingresos por IVA y Sociedades han crecido muy por encima de la media de la recaudación total, mientras que los ingresos obtenidos por el Impuesto sobre la Renta y las Cotizaciones sociales han tenido un comportamiento más discreto.

Confiando en que la recaudación fuera muy sensible al crecimiento económico, un ahorro derivado del gasto cíclico (menos intereses y prestaciones por desempleo) y con el “ensanchamiento” de las bases imponibles derivado de la bajada de impuestos, el conjunto de las Administraciones Públicas aumentó en 2015 el gasto en términos nominales un 3,2% interanual, por encima de lo que estaba presupuestado. Sin embargo, el ritmo de crecimiento de los ingresos ha cerrado por debajo de lo estimado en los Presupuestos Generales del Estado para 2015.

Esta es sólo una de las causas del comportamiento tan preocupante del déficit público. A ella se añaden factores relevantes como el afloramiento de “déficit oculto” tras los cambios de gobiernos autonómicos y locales en las elecciones de mayo de 2015 y situaciones extraordinarias como la que señalaba el ministro Montoro en torno a la compra de vacunas para combatir la Hepatitis C o las ayudas al sistema financiero. Desde 2012, el déficit ha asumido 7 puntos de PIB invertidos en el saneamiento del antiguo sistema de Cajas de Ahorros.

A la luz de esta realidad, es evidente el fracaso de la política presupuestaria en su función primordial de estabilización del crecimiento económico y la generación de empleo. De poco han servido algunas de las líneas de actuación que las distintas Administraciones Públicas llevan poniendo en práctica desde 2011 como la de “guardar facturas” en los cajones en el último trimestre de cada año para después contabilizarlas en el primer trimestre del año siguiente, u otras prácticas denunciadas por Eurostat como las de llevar gastos directamente contra Deuda y no contra déficit.

Incluso teniendo en cuenta cambios metodológicos que ordena el Sistema Europeo de Cuentas 2010 (el llamado SEC 2010) pero que se aplican en muchas ocasiones de forma arbitraria, España se queda muy lejos de poder aseverar que su política fiscal ha tenido éxito a la hora de reducir el desequilibrio presupuestario. Esta es sin duda, una herencia problemática para el próximo Gobierno, la cual corre serio riesgo de empeorar si los datos de recaudación no cubren las expectativas (por ejemplo, crecimientos de la recaudación de IVA descontando devoluciones del 4% interanual) y el gasto continúa aumentando.

El incumplimiento del déficit, en sí mismo, no supondría en principio una crisis fiscal y menos cuando el coste de la Deuda está intervenido por la máquina de hacer dinero europea. En realidad, es una señal más de la grave crisis fiscal en la que está sumida España desde 2009, la cual se ha manifestado de diversas formas en los últimos años. En este sentido, es la constatación de un fracaso evidente de la política fiscal, la cual optó por cargar el mayor peso del ajuste por la vía de los ingresos públicos más que por la vía del gasto público.

Con esta filosofía, los agentes económicos en España asumieron la mayor subida de impuestos de la Democracia al comienzo del mandato del presidente en funciones Mariano Rajoy. En aquel momento y en momentos posteriores, el ministro Montoro creyó, por ejemplo, que por cada 1% que se subía el IRPF, su recaudación aumentaba automáticamente en un 1,3%. A pesar de este “dogma” sobre la “elasticidad” de la recaudación con respecto al tipo impositivo, la realidad se encargó de mostrar cómo las subidas de impuestos apenas aportaron 1,1 puntos de PIB un año después (a finales de 2012). En el conjunto de la Legislatura, la presión fiscal –ingresos sobre PIB– apenas ha aumentado en 2 puntos de PIB.

Presión fiscal y gasto en porcentaje de PIB. Fuente: INE

Presión fiscal y gasto en porcentaje de PIB. Fuente: INE

Mientras tanto, el gasto público en relación a la riqueza nacional continúa siendo mayor que los ingresos con una bajada cercana a 2 puntos de PIB. En total, en cuatro años, el déficit público se ha ajustado en 4 puntos de PIB cuando la exigencia era cercana a los 7 puntos. La política fiscal desarrollada por las Administraciones Públicas, ha ido imposibilitando año a año el cumplimiento de los objetivos de déficit, pidiendo constantes aplazamientos a Bruselas y continuas Actualizaciones del Programa de Estabilidad, nuevamente en papel mojado.

En este sentido, su actuación ha estado marcada por un acentuado cortoplacismo, sin atajar el verdadero problema de fondo: una crisis fiscal cuya duración en el tiempo dependerá (entre otros factores) de la intención del próximo Gobierno (o del actual) de rebajar de forma sustancial el gasto público tanto nominal como sobre PIB. Muchas son las voces que apuntan a que el problema del déficit es de ingresos y cuya solución pasaría por una reforma fiscal que llevara más carga tributaria a las rentas altas, al patrimonio personal y a las empresas. Sin embargo, este razonamiento no cae en la cuenta de un hecho trascendental: en el mejor momento económico de los últimos años (en el tercer trimestre de 2007), España logró su máximo histórico de recaudación en el 39,3% del PIB. Actualmente, el gasto público asciende al 41,3% del PIB mientras la presión fiscal está en el 36,1% sobre PIB.

Al próximo Gobierno le queda la tarea de sacar a España de esta aguda crisis fiscal en un entorno más desfavorable

Por tanto, España se enfrenta a un déficit estructural permanente de más de 2 puntos de PIB (más de 20.000 millones de euros), el cual no le deja margen alguno para poder endeudarse ante imprevistos ni tampoco políticas discrecionales de demanda. Algo similar es la situación del saldo primario (descontando los intereses de la Deuda), el cual no ha podido cerrar por debajo del -2% en 2015. Si con la mayor subida de impuestos de los últimos años sólo se consiguió recaudar 2 puntos más de PIB, sería muy improbable que nuevas subidas de impuestos llegaran al menos a cubrir el actual nivel de gasto público.

Esta es, en suma, la situación actual de las finanzas de la Hacienda pública. Aunque el BCE siga interviniendo, al próximo Gobierno le queda la tarea de sacar a España de esta aguda crisis fiscal en un entorno más desfavorable y con el dudoso honor de ser el país con el mayor déficit primario y el mayor déficit estructural de la Eurozona y en el furgón de cola de los países que han recibido algún tipo de rescate.

El futuro no es alentador. Una economía que a duras penas aumenta su ahorro (la clave del crecimiento a largo plazo) y cuyo Estado des-ahorra, difícilmente puede sostener el actual marco fiscal.

***Javier Santacruz Cano es economista socio de China Capital y miembro del Consejo Asesor de Civismo.
 

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Mariano o el déficit
F. JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 1 Abril 2016

Mariano Rajoy viene excusando su inacción política en el Gobierno, entre cuyas manifestaciones destaca la impunidad del golpe de Estado de la Generalidad de Cataluña, en la necesidad de rescatar la economía de la pésima situación en que la dejó Rodríguez Zapatero. «La Economía es lo único importante», ha repetido infinitas veces el presidente del Gobierno, despreciando la institución puramente política del Poder Ejecutivo que él encarna. Con la excusa de atender a la economía, Rajoy traicionó todas sus promesas políticas. Y ayer, Montoro confirmó que también ha incumplido todas sus previsiones económicas.

Como nos hemos instalado, gracias a Mariano y a una ley electoral infame, en una permanente campaña electoral que, de momento, dura seis meses pero que podría durar años, conviene recordar las cuatro promesas del programa electoral del PP, que se tradujeron en la mayoría absoluta de noviembre de 2011: bajada de impuestos y control del gasto público, independencia del Poder Judicial para combatir la corrupción política, luchar contra el separatismo catalán y liquidar el pacto de Zapatero con la ETA. Esas promesas las ratificó Rajoy solemnemente en su discurso de investidura y las respaldó su primer ministro de Justicia, Ruiz Gallardón, con una frase que, apenas pronunciada, estaba pidiendo mármol: «Vamos a acabar con el obsceno espectáculo de los políticos nombrando a los jueces que pueden juzgar a esos políticos».

Pocos meses después el PP, con mayoría absoluta, pactó con todos los partidos -salvo UPyD- el reparto del CGPJ, garantizando la impunidad judicial de la corrupción política. De combatir al separatismo catalán, que se lanzó abiertamente al golpismo, pasamos a financiarlo. El cumplimiento íntegro de las penas por los terroristas devino suelta masiva de etarras, con Bolinaga al frente. Y tras la mayor subida de impuestos de la historia, Rajoy ha incumplido todos los años el objetivo de déficit pactado con la UE, base del rescate financiero que necesitó España. Hemos pagado más que nunca, pero los políticos han derrochado como siempre. Y el que más, Rajoy. Ayer, Montoro dijo que va a embridar el derroche autonómico. Y lo dice después que De Guindos pactara con Puigdemont la financiación del golpismo catalán. La herencia de Mariano será la de ZP: déficit y deuda.

El Gobierno no cumple con el déficit y deja una pesada herencia
EDITORIAL El Mundo 1 Abril 2016

La realidad es que el Gobierno de Mariano Rajoy, el de los recortes y la austeridad, no ha conseguido cumplir con el objetivo de déficit comprometido con la Comisión Europea en ningún ejercicio de la legislatura. Por unas razones, como la herencia recibida del Gobierno de Zapatero en un primer momento, o por otras, como el descontrol de las cuentas en algunas comunidades autonómicas, el Ejecutivo ha sido incapaz de encarrilar las finanzas públicas. Así, lo pactado con Bruselas era que el déficit público terminara el año 2015 en el 4,2% del PIB y se ha desviado casi un punto, hasta el 5,16%.

Cristóbal Montoro, ministro de Hacienda en funciones, desglosó ayer el resultado del ejercicio: han cumplido la Administración Central -desfase del 2,68% del PIB frente al 2,9%- y las corporaciones locales, que han registrado un superávit del 0,44% cuando el objetivo era que cerrara el ejercicio sin déficit ni superávit. En el lado contrario, la Seguridad Social ha registrado un déficit del 1,26% del PIB y las comunidades autónomas, del 1,66% del PIB, más del doble de lo previsto.

El análisis de estas cifras muestra la incapacidad de las autonomías para cumplir con sus compromisos de ajuste fiscal. Es llamativo que sólo tres gobiernos regionales -los de Canarias, Galicia y el País Vasco- hayan sido capaces de embridar sus cuentas. Del resto, destaca Cataluña como la región más despilfarradora al cuadruplicar su objetivo de déficit. A pesar de que el responsable último del cumplimento es el Gobierno central, la Generalitat debería dar explicaciones y, en lugar de seguir culpando a Madrid de sus penurias económicas, elaborar un plan económico para reconducir esta situación, que perjudica a todos los españoles.

Pero el descontrol de las cuentas autonómicas tiene una explicación coyuntural. Por un lado, se debe a algunos gastos no recurrentes -es decir, que no se repetirán en el futuro-, por otro, en 2015 se celebraron elecciones regionales y ya se sabe que esto supone desvíos en los presupuestos. Aunque las comunidades autónomas son reincidentes en sus incumplimientos, revertir la situación depende de la voluntad política de sus dirigentes.

En cambio, es más preocupante, por ser más estructural, el déficit de la Seguridad Social. Porque ha aumentado respecto a 2014 y porque se ha producido con un crecimiento muy notable del PIB y tras la creación de más de medio millón de puestos de trabajo. Que ni en estas condiciones favorables se consiga, no ya equilibrar las cuentas, sino ni siquiera reducir el desfase, indica hasta qué punto la Seguridad Social necesita un replanteamiento en profundidad de sus presupuestos para actuar sobre todo en el control del crecimiento del gasto, ya que poco se puede hacer para lograr un incremento de ingresos adicionales.

El Gobierno, pues, no puede darse por satisfecho con el cierre fiscal del año pasado. Así se lo recordó ayer el comisario de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici, a quien el Ejecutivo había acusado de alarmista meses atrás cuando expresó sus dudas sobre las cuentas españolas. «Los datos publicados -afirmó Moscovici- confirman las preocupaciones de la Comisión Europea sobre la trayectoria presupuestaria de España, tal y como lo expresamos en la opinión que adoptamos el pasado mes de octubre». Recordemos que el Ejecutivo mantuvo hasta el final, y así lo afirmó el PP en la campaña electoral de diciembre, que cumpliría con Bruselas. De todas formas, la Comisión no se pronunciará oficialmente hasta el próximo mes sobre los esfuerzos fiscales del Gobierno español.

El dato positivo de ayer fue que se ha conseguido detener la expansión de la deuda pública, que quedó el año pasado en el 99% del PIB, tres décimas menos que en 2014.

La principal consecuencia del incumplimiento del Gobierno es que el Estado español tendrá que hacer un ajuste total de 24.000 millones de euros en 2016 para lograr el objetivo de déficit del 2,8% del PIB. Es una herencia demasiado pesada para el próximo Gobierno que, sea del color que sea, tendrá que dejar de lado cualquier veleidad presupuestaria.

Perseguir la ortodoxia en las cuentas públicas debe ser el punto de partida de cualquier negociación de los partidos de cara a formalizar el nuevo Ejecutivo, porque ni Bruselas ni los mercados entenderían en estos momentos unos Presupuestos expansivos, como pretende Podemos, que lo único que harían es entorpecer el crecimiento y ralentizar la creación de empleo.

Vinculados a la Asamblea Nacional Catalana
Un manifiesto de lingüistas propone erradicar el castellano de Cataluña
Un delirante manifiesto de más de 200 "profesionales de la lengua" pide acabar con el "problema social" que supone el bilingüismo en Cataluña, consecuencia directa de la "dominación española".
Rafael Núñez Huesca  www.gaceta.es 1 Abril 2016

Koiné es un grupo de “profesionales de la lengua” vinculado a la Assemblea Nacional Catalana –ANC- que acaba de presentar un manifiesto de título 'Por un verdadero proceso de normalización lingüística en la Cataluña independiente '.

Ha sido “la preocupación por ciertas promesas de algunos políticos sobre la cooficialidad del castellano en una futura república catalana" la que ha movilizado a los doscientos firmantes, que exigen que acabar con el carácter oficial que aún tiene el castellano en Cataluña cuando se produzca la pretendida independencia.

El grupo describe el actual panorama lingüístico como "extremadamente crítico” para la lengua catalana, consecuencia directa "de la imposición política del castellano en Cataluña". El bilingüismo habría sido, así, consecuencia de la “dominación española” que habría “hecho creer” a los catalanes que “la coexistencia de dos lenguas en Cataluña, ambas con un supuesto mismo estatus de oficialidad e igualdad de derechos, es un hecho natural, positivo, enriquecedor y democrático”. La operación diseñada por España no tendría otro objetivo que alentar el “proceso de sustitución lingüística que sufre la sociedad catalana".

Así las cosas, los abajofirmantes promueven una “restitución” del catalán como “lengua territorial”, que es sinónimo de lengua exclusiva. En definitiva, acabar con el estatus de oficialidad del que aún disfruta la lengua común en el Principado.
Piden, por tanto, que se incorpore al proceso separatista "la voluntad de articular la lengua catalana como eje integrador de nuestra ciudadanía" y que se tome conciencia, con carácter urgente, del "el problema social que constituye para la sociedad catalana el desguace lingüístico creado por la dominación española".

Algunos de los autores del manifiesto son: Joaquim Arenas i Sampera, Joan-Pere Le Bihan Rullan, Diana Coromines i Calders, Lluís de Yzaguirre i Maura, Josep Ferrer i Ferrer, Àngels Folch i Borràs, Enric Larreula i Vidal, Mercè Lorente i Casafont, Margarida Muset i Adel, Dolors Requena Bernal, Silvia Senz Bueno, Blanca Serra i Puig, Pau Vidal i Gavilán i Josep M. Virgili i Ortiga.
 


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