AGLI Recortes de Prensa   Sábado 2 Abril  2016

Del mito de la Transición al déficit desbocado
Javier Benegas, Juan M. Blanco www.vozpopuli.com  2 Abril 2016

El déficit excesivo no es un problema económico sino político. No se resuelve subiendo impuestos. La falta de controles y contrapesos que neutralicen la inclinación a gastar por encima de nuestras posibilidades, es la viga maestra que sostiene el déficit y la deuda.

Los falsos mitos
Esta misma semana saltaba la noticia: el défit de las administraciones españolas para 2015 se disparaba, desviándose en 10.000 millones de euros. Del 4,2% previsto, pasaba a un alarmante 5,23%, ello a pesar del notable crecimiento económico y de que la contención del déficit era el objetivo primordial del gobierno de Mariano Rajoy. La compulsión de los políticos a gastar tampoco ha sido neutralizada por esa ley de estabilidad presupuestaria, que algunos pretenden derogar. ¿Para qué, si no se cumple? Lo advirtió Benito Pérez Galdós: "así están las leyes, arrinconadas como trastos viejos cuando perjudican a los que las han hecho".

El déficit excesivo no es un problema económico sino político. No se resuelve subiendo impuestos. La recaudación siempre será insuficiente porque, ante un aumento de ingresos, los gobernantes reaccionan... gastando todavía más. La clase política se alimenta del dispendio creciente, con él mantiene las redes clientelares, compra votos presentes con dinero de contribuyentes futuros, multiplica los órganos de la administración para colocar a los afines y favorece a los amigotes que pagan jugosas comisiones.

La ausencia de mecanismos de control sobre el poder -no nominales sino reales y eficaces-, la falta de contrapesos que neutralicen la inclinación a gastar por encima de nuestras posibilidades, es la viga maestra que sostiene el déficit y la deuda. Los problemas de España, como el enorme despilfarro del dinero público y muchos otros, no estriban en que nuestros dirigentes sean ignorantes y egoístas, que también, sino en que puedan actúar con absoluta discrecionalidad, sin ningún tipo de supervisión ni respeto a regla alguna. Este caos institucional es consustancial al Régimen de la Transición.

El mito de la Transición y el tabú
Nos han contado que la Transición española fue un proceso ejemplar. Un rey y unos políticos heroicos, valientes y bienintencionados, promulgaron una Constitución que superaba definitivamente los conflictos entre españoles y abría un nuevo horizonte de libertad y prosperidad. Una historia épica y bella a partes iguales, quizá demasiado para creerla tal cual. Cuando los relatos abundan en alabanzas y parabienes, sin crítica alguna, lo mejor es mostrarse escéptico. Tan elogiosa crónica es más propaganda que fiel reflejo de la realidad. De hecho, el relato de la Transición constituye un mito fundacional, un género justificador del actual régimen político, que narra exhaustivamente sus supuestas virtudes, pero ignora sus sombras.

Algunos defienden aun la Carta Magna de 1978 de manera vehemente, atribuyendo el actual desquiciamiento institucional a aquellos gobernantes que la violentaron, degradaron, retorcieron o pervirtieron: “la idea era buena pero fue incorrectamente aplicada”. Incluso califican como nihilistas y fatalistas a quienes se atreven a cuestionarla. De hecho, se llega a asociar la crítica a intereses desestabilizadores o, cuando menos, se tacha de irresponsable a quien, sin saberlo, "hace el caldo gordo a la extrema izquierda y al nacionalismo radical".

Puede que en su día hubiera motivos más o menos razonables para cerrar filas. Sin embargo, bien entrado el siglo XXI, tan airadas reacciones contra los disidentes sólo pueden entenderse por un cierto celo generacional, comparable al que mostraban los abuelos (¿cómo se atreven a hablar de la guerra quienes no combatieron en ella?), o, más probablemente, por el miedo a perder alguna ventaja o posición heredada de la Transición. Sea como fuere, con su intransigencia, su cerrazón, estos personajes causan mucho mal. Dejan a merced del totalitarismo populista un vasto terreno de juego, el de la crítica, del que –a la vista está- obtiene grandes réditos. Y condenan a España a un inmovilismo tan estúpido como letal.

Mal que nos pese -y a los autores de este artículo nos pesa-, no hay demasiado que celebrar en una Constitución de torpe factura y escasa eficacia, incapaz de establecer una estructura institucional equilibrada y fiable. Si queremos salir del actual bucle, en el que la parálisis o la repetición de viejos errores parecen ser el único horizonte, hay que juzgar la Constitución desapasionadamente, no por sus propósitos retóricos y casi literarios, sino por su eficacia; es decir, por los resultados. Y lo cierto es que se ha mostrado incapaz de impedir el abuso y la arbitrariedad. Garantizó el voto, sí, pero no estableció apropiadamente el complejo sistema de contrapesos, controles y equilibrios que caracterizan a una verdadera democracia, barreras imprescindibles para poner frenos y límites al ejercicio del poder. Alumbró un sistema autonómico caótico, completamente abierto, con rumbo y destino desconocidos, al albur de componendas e intercambios de favores entre partidos, una descentralización descontrolada que ha fomentado el despilfarro, la corrupción y, en última instancia, el secesionismo.

Con todo, conviene matizar. El problema fundamental de la España actual no se encuentra en los errores de la Transición; al fin y al cabo nada es perfecto. La degeneración política que arrastramos proviene, más bien, de la ausencia de crítica y la nula voluntad para subsanar las deficiencias. De la contumacia del sostenella y no enmendalla. El rumbo podía haberse enderezado cuando surgieron las primeras alarmas, como la violación flagrante de la Constitución a raíz del arranque de la autonomía de Andalucía en 1980, o el affaire Alonso Puerta, expulsado fulminantemente de su partido y desposeído de su acta de concejal en 1981, por denunciar la corrupción sistémica en el Ayuntamiento de Madrid. Pero nunca hubo propósito de la enmienda: no existió discusión, ni crítica, ni apertura de miras. Sólo silencio y conformismo. Los beneficiarios del nuevo statu quo blindaron el relato oficial, y por ende el sistema. La Transición, la Constitución, el Régimen del 78, el Proceso Autonómico, el papel del Rey, dejaron de ser hechos susceptibles de análisis y revisión para convertirse en mitos intocables; rebasaron la historia para entrar en la leyenda. En definitiva, adquirieron el carácter de dogmas. Y como tales, fueron protegidos de la crítica por un terrible tabú.

Manipulación de masas
El Régimen no sólo evitó la libre expresión pública de cualquier crítica que cuestionara la verdad revelada, sino que desarrolló procesos de manipulación colectiva que neutralizaron tales pensamientos. Es decir, censuró directamente, sí, pero sobre todo fomentó la autocensura. Se utilizaron los medios de comunicación para repetir incesantemente mentiras o medias verdades, que acabaron instalándose acríticamente en la mente del “consumidor”. Se utilizó la televisión para atrofiar la capacidad de abstracción, sustituyendo el razonamiento elaborado por una visión superficial, fomentando así esa actitud perezosa, pasiva y acomodaticia que hoy es tan familiar.

También se usaron sutiles métodos para reprimir el pensamiento crítico, creando códigos de lenguaje, palabras de uso obligado y palabras prohibidas, con las que distinguir a creyentes de herejes. El pensamiento políticamente correcto animaba a cada sujeto a denunciar, insultar o vilipendiar al disidente blasfemo, a quien osara vulnerar el tabú. Ningún ciudadano, menos aún intelectuales e informadores, debía poner en cuestión el Sistema, denunciar la arbitrariedad o la corrupción generalizada. De hacerlo, serían tachados de antidemócratas, y recibirían reprobación, exclusión social y profesional. Se impulsó así una espiral de silencio, un proceso en el que los individuos, temerosos de verse segregados, fueron adhiriéndose a las creencias mayoritarias. El miedo irracional se propagó y muchos renunciaron a su propio juicio o se cuidaron mucho de hacerlo público: "eso es verdad, pero no se puede decir".

Romper el tabú no es nihilismo sino un ejercicio de valor y responsabilidad
No saldremos de la actual encrucijada mientras no caigan los mitos y no se rompan los tabúes, mientras el pensamiento crítico y racional no se abra paso para proponer y discutir las imprescindibles reformas que superen el actual régimen de acceso restringido y conduzcan a un sistema de libre acceso. Reformar es transformar las instituciones para que cobren rigor e imparcialidad. Cambiar las reglas del juego por otras más claras, justas y sencillas, garantizando que todos, incluso los poderosos, se atendrán a ellas. Retirar las barreras que impiden la participación de muchos y entorpecen la libre competencia. Abrir las instituciones para eliminar el monopolio del poder, la connivencia entre políticos y conocidos “empresarios”, el reparto de beneficios no competitivos y el intercambio de favores. No se equivoquen: no es posible una auténtica reforma económica sin una profunda, meditada y decidida reforma política.

También es imprescindible superar el mito que equipara descentralización a democracia, romper el tabú de las autonomías. Admitir el completo fracaso de un modelo autonómico que no responde a las necesidades de los ciudadanos sino a intereses de caciques y oligarquías locales. Reformar es redistribuir competencias atendiendo a criterios de eficiencia y economía, en beneficio del usuario y del contribuyente.

Pero para todo ello hace falta un cambio de actitud, abrir la mente, superar los miedos irracionales. Liberar el pensamiento crítico implica valentía y pundonor; honradez y generosidad; responsabilidad y compromiso. Valores que, desgraciadamente, han escaseado en la España de las últimas décadas.

Daños y perjuicios: cuando la política jode la economía
El crédito de Rajoy sufre un golpe tremendo precisamente en el único punto fuerte que le quedaba, la supuesta seriedad de su gestión económica
Ignacio Varela El Confidencial 2 Abril 2016

Van haciéndose presentes, con puntualidad implacable, los innumerables daños y perjuicios que está sufriendo España por este desesperante período de interinidad política. Un período que, si bien se mira, no comenzó el 20 de diciembre, sino casi un año antes. Llevamos 15 meses en permanente campaña electoral: las autonómicas de Andalucía en febrero de 2015, las municipales y autonómicas en mayo, las catalanas en septiembre, las generales en diciembre y, desde entonces, esta larguísima precampaña de la probable segunda vuelta del 26 de junio.

Eso sería grave en cualquier lugar y circunstancia, pero lo es infinitamente más cuando va acompañado de la deconstrucción del sistema de partidos, la fragmentación política, la inestabilidad institucional y una crisis económica de la que apenas habíamos comenzado a atisbar la salida.

Esta semana nos ha sacudido el anuncio de que el déficit público de 2015 se ha vuelto a ir de las manos y es muy superior a lo que había previsto el Gobierno. Mejor dicho, a lo que había declarado: cunde la impresión de que estamos más ante un engaño que ante un mero error de cálculo, y ello agudiza la preocupación y el malestar.

No se trata de equiparar situaciones disímiles, pero no está de más recordar que el desplome económico de Grecia comenzó cuando se descubrió que su Gobierno había suministrado durante años datos falsos sobre sus cuentas públicas. Ello provocó en los mercados y en las instituciones europeas una crisis de confianza en ese país, y detrás vino la catástrofe. Por su parte, Mariano Rajoy se ha pasado cuatro años justificando la dureza de su política social en el engaño que sufrió al descubrir que el déficit real era mayor que el que había reconocido el Gobierno de Zapatero. Ya saben, aquello de la herencia recibida, que servía para todo.

Pues bien, ahora estamos en las mismas. Lo peor no es que estemos endeudados hasta las cejas y con un déficit descontrolado; lo que más daño nos hace es que llevamos ocho años incumpliendo sistemáticamente nuestros compromisos con Europa, mintiéndonos y mintiendo a nuestros socios.

En esta ocasión el déficit no se ha disparado por la crisis económica, sino por la política. ¿Recuerdan aquello de “no gastar por encima de nuestras posibilidades”? Rajoy lo repetía a todas horas. Pues bien, gastar a lo loco es exactamente lo que todos los gobiernos de este país, empezando por el que él preside y siguiendo por las Comunidades Autónomas y los Ayuntamientos, han hecho de forma desatada durante todo el año 2015. La economía ha crecido y el Estado ha tenido más ingresos, pero las administraciones públicas han derrochado en regalos electorales: pagas extras a funcionarios, imprudentes rebajas de impuestos, aumento de subvenciones, esos puentes y carreteras que tienen que terminarse sí o sí antes de las elecciones… un festín que, además de irresponsable, es estúpido, porque nada de eso ha servido para que evitar que los ciudadanos le peguen una castaña de escándalo en las urnas al partido gobernante.

España se ha convertido en un país de poco fiar y en Bruselas están esperando con el mazo al próximo Gobierno para ajustarnos las cuentas, nunca mejor dicho. Mientras tanto, cada día que pasa en esta situación es un pequeño gran desastre. Un día sabemos que el incipiente crecimiento económico se ha frenado; y, con él, la creación de empleo. O que la Seguridad Social camina hacia la quiebra, lenta pero segura. Otro día el Gobierno en funciones provoca un conflicto con el Parlamento o nos cuentan que el presidente del Gobierno, también en funciones, prácticamente no se habla con el Rey.

La política exterior está paralizada: se suspenden los viajes oficiales y hemos desaparecido de Latinoamérica precisamente en el momento de los grandes cambios (Argentina, Brasil, Venezuela). No hay producción legislativa y todas las reformas políticas están bloqueadas y van a seguir así una larga temporada. Parece que ha bajado la fiebre independentista en Cataluña (no hay como poner a un radical a gestionar los dineros escasos para que sufra un ataque de sensatez), pero nadie aprovecha el momento para reabrir cauces y recuperar diálogos. Los juzgados anticorrupción arden en fiestas. España se comprometió a acoger a 18.000 refugiados y ha recibido a 20. ¡Qué gran esfuerzo de solidaridad!

Mientras tanto, el culebrón de la política tonta no da tregua: Mariano no llama a nadie, Pedro no se habla con Mariano, sentar juntos a Pablo y Albert requiere negociaciones más tortuosas que los tratados de desarme nuclear, Pablo monta una rueda de prensa para nombrase vicepresidente y otra para desnombrarse (y resulta que eso es un gran avance negociador), Pedro y Pablo se sientan –han necesitado 100 días– y, mientras hablan de baloncesto, Pablo se olvida oportunamente unas notas sobre problemas “menores” (entre ellos el déficit) para que salgan en la tele sin que él se comprometa a nada, trucos más viejos que el tebeo. Y sesudos politólogos nos interpretan el episodio de cada día en los mismos espacios televisivos que antes ocupaba Kiko Matamoros.

Pensar que esto dure hasta septiembre da escalofríos. El día que hagamos el balance de daños de todos estos meses va a haber que correr a boinazos a algunos mal llamados “responsables políticos”.

En todo caso, esto del déficit tiene efectos claros sobre los pactos de gobierno y, si hay elecciones, sobre la campaña.

El crédito de Rajoy sufre un golpe tremendo precisamente en el único punto fuerte que le quedaba, la supuesta seriedad de su gestión económica. El afamado “milagro español” ya es conocido en Bruselas como “el timo español”. El adusto hombre del rigor en las cuentas y sumo sacerdote del sentido común ha resultado ser tan manirroto como su antecesor y deja a su sucesor –que, horror, espera ser él mismo– una herencia que es más bien una condena.

Ya sé que el suicidio es un derecho que los partidos políticos ejercen con fruición, pero hay que querer estar ciego para no ver que el PP necesita desesperadamente cambiar su candidato.

Sabiendo lo que viene, lo de que Podemos se meta en el Gobierno se pone cada día más chungo. Donde ellos pretendían aumentar el gasto en 90.000 millones, resulta que va a haber que recortar 25.000. Vaya, que al Gobierno que nazca de este aquelarre le van a hacer en Bruselas un Tsipras de tomo y lomo. ¿De verdad les sigue interesando a los de Iglesias sentarse en ese Consejo de Ministros? ¿Cuánto tiempo tardarían en saltar por los aires la unidad del Gobierno y la de Podemos?

Ahora se ve que los que redactaron el programa común del PSOE y Ciudadanos tenían ya el chivatazo de lo del déficit y tomaron sus precauciones. Ánimo, ya sólo faltan 45 diputados más para que sea algo más que un bonito y sensato papel.

Es curioso lo que nos pasa: primero la economía jodió la política y ahora la política está jodiendo la economía. Hala, no deprimirse y a ver el clásico, que eso no lo tienen los demás.

Menos mal que lo único importante era la economía
EDITORIAL Libertad Digital 2 Abril 2016

El Gobierno de Mariano Rajoy apostó toda su estrategia política a la carta de la recuperación económica, eliminando así de su discurso el resto de materias o asuntos que forman parte del quehacer diario de las labores de estado. Como consecuencia, el PP pasó a asumir como propias o, al menos, dejó intactas, muchas de las banderas que en su día lanzó el PSOE de Zapatero, desde la negociación con ETA y la ley del aborto hasta el perfil bajo adoptado ante deriva secesionista. Sea como fuere, la cuestión es que Rajoy fió todo a la economía, lo "único importante" en la pasada legislatura, con el fin de distinguirse de la nefasta gestión y funesto recuerdo que dejó en herencia su antecesor en el cargo. El problema, sin embargo, es que ha resultado un fiasco.

España crece y crea empleo desde hace casi dos años, sí, pero la recuperación se sigue asentando sobre unas bases endebles, cuyo mantenimiento podría peligrar en caso de que el contexto económico internacional cambie de aires. Buena parte de la mejora económica registrada en los últimos trimestres se debe al desplome del petróleo, los bajísimos tipos de interés y el tirón de las exportaciones que propicia el crecimiento mundial. Se han realizado algunos avances y corregido ciertos desequilibrios, como el insostenible déficit exterior y el necesario desapalancamiento de familias y empresas, pero aún son muchas las tareas pendientes que debe realizar España en materia de reformas estructurales para garantizar un crecimiento sólido a medio y largo plazo, tal y como, insistentemente, alerta la Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional, las agencias de rating y todo tipo de instituciones y organismos.

No por casualidad, el PIB todavía no ha recuperado los niveles precrisis y el paro se mantiene por encima del vergonzoso umbral del 20% tras casi ocho años de agonía económica, mientras que otros países, con burbujas similares o incluso peores a la española, como Irlanda, EEUU o las economías bálticas ya han salido oficialmente del atolladero. Igualmente, cabe destacar el brutal agujero que siguen presentando las cuentas públicas. España sufre el mayor déficit público de la zona euro con un 5,2% del PIB en 2015, tan sólo superado por Grecia, tras años de incumplimientos, despilfarros e irresponsabilidades, mientras que la deuda pública, por su parte, roza el 100%. Y ello, tras constantes e históricas subidas de impuestos, cuya aprobación ha dañado la capacidad de las familias para consumir y ahorrar, lastrando, además, el margen de las empresas para invertir en nuevos proyectos y contratar trabajadores.

Otros países afectados por la crisis, con déficits en su día más altos que el español, presentan hoy unas cuentas mucho más equilibradas y solventes gracias a una austeridad -de verdad- que el PP se ha negado a aplicar. Si España todavía no ha quebrado es por obra y gracia del BCE, después de anunciar en el verano de 2012 que haría "lo necesario" para evitar la ruptura del euro. Lo trágico, sin embargo, es que el Gobierno de Rajoy ha cargado con la impopularidad y la mala prensa de los recortes, además del coste electoral de las subidas fiscales, sin que, en realidad, haya puesto la famosa austeridad en práctica. Así pues, la estrategia no ha podido resultar peor: el déficit y la deuda siguen siendo galopantes, el enfado de los contribuyentes es más que notable por la subida de impuestos, al tiempo que se suceden las críticas por unos recortes casi inexistentes.

El bagaje de Rajoy ha sido, pues, muy negativo tanto para el PP como para los españoles: el país todavía no ha salido de la crisis y, por tanto, la mayoría de la población no percibe una mejoría sustancial en su día a día, mientras que el partido pierde millones de votos por las mentiras, los engaños y los palos que se han empeñado en asestar a sus electores. Menos mal que "lo único importante" en la pasada legislatura era la economía, según Rajoy...

El Banco de España alerta ya sobre los efectos del parón político
EDITORIAL El Mundo 2 Abril 2016

El Banco de España advirtió ayer de que la convocatoria de unas nuevas elecciones puede tener repercusiones negativas sobre la economía y el empleo. En su Boletín Económico de marzo, la institución afirmó que la «incertidumbre política» puede disuadir las inversiones y reconoció que el peor escenario posible para la recuperación es que esa situación «se prolongue en el tiempo». Es inusual que el organismo que encabeza Luis María Linde se pronuncie en estos términos sobre las derivadas de la política española. De hecho, es la primera vez que su servicio de estudios se refiere de manera tan explícita en un informe a las incógnitas del mapa parlamentario.

La incapacidad de los partidos políticos y sus líderes de alcanzar un acuerdo de gobernabilidad lleva tiempo preocupando a los servicios de estudios de entidades privadas como Funcas o BBVA por la repercusión que puede tener en la economía. También el pasado febrero, la Comisión Europea se refirió a los riesgos económicos que entraña la incertidumbre política. Con su advertencia de ayer, el Banco de España es el primer organismo oficial nacional en sumarse a ese preocupante diagnóstico.

De la lectura de su Boletín Económico se desprende, además, la idea clara de que no sólo es urgente que España tenga pronto un Gobierno.También es necesario que éste sea ortodoxo. Es decir, el próximo Ejecutivo debe comprometerse a atajar el déficit de acuerdo con los compromisos adquiridos con Bruselas y continuar abordando las reformas estructurales que han quedado pendientes. Todo ello, de acuerdo con los principios económicos que rigen en la UniónEuropea.

Estas ideas son incompatibles con el programa y los postulados económicos que defiende Podemos. Hay consenso en el ámbito económico, financiero y empresarial en que lo deseable sería que se formara un Gobierno antes del 2 de mayo fruto del acuerdo entre PP y PSOE y Ciudadanos. Un gran pacto para apuntalar las reformas económicas y de regeneración política que necesita España y que hemos defendido en estas páginas desde el 21-D.

La economía española comenzó a desacelerarse en el primer trimestre de este año. En concreto, creció un 0,7%, una décima menos que en los últimos tres meses de 2015. Por prudencia, el Banco de España no vincula a la incertidumbre política esa caída. Pero, en privado, desde algunas asociaciones sectoriales se reconoce que la inversión particular y empresarial se ha frenado en los últimos meses por la desconfianza que genera la actual situación política.

Lo que sí constata el Banco de España es que el crecimiento que viene registrándose está impulsado por el consumo de los hogares.Y éstos son muy vulnerables tanto a las noticias sobre el devenir político como al impacto del precio del petróleo, que podría poner fin a su tregua.

A estas incógnitas, se suma el efecto que tendrá sobre la economía el ajuste del déficit que tendrá que acometer el próximo Gobierno para cumplir con sus compromisos europeos. Después de que el ministro de Hacienda en funciones confirmara el jueves que el déficit se desvió en 2015 casi un punto, hasta el 5,16%, la necesidad de que un nuevo Ejecutivo se ponga a trabajar en cuadrar la partida de ingresos y gastos públicos es imperiosa.

En el caso de que los partidos alcancen un acuerdo de gobernabilidad antes del 2 de mayo, fecha límite para la convocatoria de unas nuevas elecciones, el próximo gabinete tendrá que acometer un duro ajuste en tan sólo seis meses. El recorte para cerrar 2016 con un déficit del 2,8% podría alcanzar 24.000 millones, según Bruselas, que desconfía del Presupuesto para 2016 del Gobierno deRajoy, que ya contempla un ajuste de 10.000 millones. Linde no ve posible cumplir con esa meta y cree que el déficit acabará este año en el 4,4%.

A la amenaza del déficit, se suma el contexto internacional. El Banco de España se hace eco del viento que sopla en contra desde el exterior por la apreciación del euro, el impacto negativo en las exportaciones que tiene la debilidad de los países emergentes y la mala racha que sufre la Bolsa. Pero también recuerda que España tiene a su favor el bajos precio del crudo y los tipos de interés.

Antes de que la política monetaria deje de ser tan favorable para nuestros intereses y de que el precio de la energía vuelva a subir, sería deseable que un Gobierno fuerte afrontara las reformas necesarias para que este país, que arrastra una abultada deuda, sea menos vulnerable a las amenazas que pesan sobre la economía global.

Dos problemas distintos
Marcelo Birmajer Libertad Digital 2 Abril 2016

Una vez más en la capital de los judíos, en un precioso hotel de esta ciudad milenaria, leo durante el desayuno a los columnistas de The New York Times y The Washington Postquejándose de la preeminencia de la candidatura de Donald Trump en la opinión pública norteamericana. Entre la multiplicidad de factores con que intentan explicar el fenómeno, no atinan a dar con el único que yo creo correcto: el fundamentalismo islámico. La ausencia de líderes a la vez lo suficientemente experimentados y adecuados como para, al tiempo que brindan una expectativa de seguridad, descartar a Trump se debe al fracaso bipartidario norteamericano en la lucha contra el fundamentalismo islámico.

Derrotar a estos nuevos nazis depararía a Norteamérica, Europa y América Latina una nueva era de bonanza, como la que se conoció apenas ganada la Segunda Guerra Mundial o la década apacible que se vivió entre la derrota del comunismo en 1989 y el derribo de las Torres Gemelas en 2001. Aunque la amenaza nunca volvió a ser tan severa para USA como lo fue en 2001, en el resto del mundo no hizo más que agravarse. Y los norteamericanos saben que esta es una guerra global: si no detienen al fundamentalismo islámico en Europa, tarde o temprano deberán volver a enfrentarlo en su territorio. La Administración de Obama ha sido desastrosa al respecto, deshizo incluso los pocos logros conseguidos por George W. Bush. Cuando en un reciente reportaje declaré que hasta que no nos unamos contra el fundamentalismo islámico nos seguirán matando, me refería fundamentalmente a que las potencias occidentales están desunidas en su lucha contra este flagelo. No tienen una mirada estratégica común, sólo reaccionan, atentado por atentado.

El nudo actual de la impotencia occidental es la negativa de los principales líderes del mundo libre a aliarse con Israel. La vergonzosa actitud del presidente francés Hollande, recibiendo con mala voluntad a Bibi Netanyahu en París luego de los bestiales atentados de Charlie Hebdo y el supermercado kosher, en 2015, revelan el enfoque del resto de las potencias. Es hora de que Estados Unidos, Inglaterra, Francia y Alemania, por empezar, presionen al mundo árabe, desde los sauditas a los sirios, a aceptar la existencia de Israel sin más dilación. Muchos países mantienen conflictos territoriales no violentos, y pueden intercambiar embajadores y relaciones culturales y económicas sin deponer sus respectivos reclamos. Hay conflictos no violentos entre España e Inglaterra, Chile y Bolivia, Argentina e Inglaterra, Estados Unidos y México, de distinta naturaleza, territoriales, sociales o políticos. Nada impide que continúen con sus relaciones bilaterales en paz. Israel no comenzó las guerras que le obligaron a librar; no atacó a sus vecinos por apetencias territoriales: en todos los casos se defendió, y las escasas conquistas se debieron al fragor de la guerra, no a una calculada política de expansión territorial.

Si Israel fue atacado por su mera existencia, el orden lógico de los sucesos es que primero sus enemigos acepten su existencia y luego comiencen las conversaciones de paz. Sólo Egipto y Jordania, en todo el mundo árabe, aceptan a regañadientes la existencia de Israel. Hasta que el resto de esa vasta región, incluyendo los territorios palestinos y el África, no declare y ejecute su reconocimiento irrestricto de la existencia del Estado judío en sus actuales fronteras, con los reparos territoriales correspondientes, no se puede ni comenzar a hablar de estar librando la guerra contra el fundamentalismo islámico ni, mucho menos, de paz.

El mundo libre debe presionar al mundo árabe para que defina su posición contra el fundamentalismo islámico y por la paz. Son dos problemas distintos: uno es el problema territorial que se puede resolver en paz; el otro es la necesidad de derrotar al terrorismo fundamentalista islámico, cuyo objetivo no es la liberación de tal o cual territorio, sino la conquista del planeta.

© Revista El Medio

Un Franco severo y un Frente Popular sanguinario
Pascual Tamburri esdiario 2 Abril 2016

De los mejores vencedores y de los mejores vencidos habría de surgir un nuevo comienzo. ETA es hija de un mestizaje entre lo peor, más rancio y enfermo de las dos Españas.

De los mejores vencedores y de los mejores vencidos habría de surgir un nuevo comienzo. ETA es hija de un mestizaje entre lo peor, más rancio y enfermo de las dos Españas.
El 1 de abril de 1939 terminó la Guerra Civil. Abril de 2016 empieza con España llena de falsas memorias y artificiales anhelos de revancha. Predican odio los que temen la justicia.

Recordaba Fernando García de Cortázar, y no hace mucho, que en 1939 aquel abril fue “el mes de la primavera prometida en un himno de guerra que anunciaba la paz”, mientras que para los vencidos o los que se sentían tales, “abril fue el mes más cruel para quienes recluyeron el cuerpo y el alma en la derrota… el sabor de una tierra extenuada, el resuello de una nación abierta y de bruces sobre su propio suelo, sobre sus propios sueños”. Como algunos dijeron entonces, esencialmente en la parte más moderna de la España de Franco, acabada la guerra en las trincheras había de llegar la unidad y reconciliación de las dos Españas.

Para Dios y el César
La visión de los falangistas no fue la que se impuso en la España de Franco, al menos nunca fue la predominante. El poeta Luis Rosales y todo el espléndido grupo pamplonés de Jerarquía, desde don Fermín Yzurdiaga hasta Ángel María Pascual, chocaron en estética y en contenido con la visión reaccionaria, rancia, rencorosa. Creían ellos en la unidad futura de las tierras y de las clases de España, una visión imperial y moderna y un cristianismo de unión más que de penitencia, un “vendrán todos los muertos al corazón del hombre”. Los falangistas construyeron el estilo moderno de esta interpretación de la contienda y la victoria. “Si José Antonio había proclamado que Falange no era un partido político, sino una forma de ser, quienes le sobrevivieron en la lucha y en el triunfo inculcaron a sus palabras esa misma voluntad de reconstruir España como apariencia, como visibilidad, como escenario”. Pero no fueron ellos los que definieron el franquismo, sino sólo lo que de mejor hubo en él.

“De haber sido así, la victoria no habría sido más que la redención, la piedad, el perdón y el reencuentro… Para quienes empuñaron aquella idea honesta de recuperación del destino de España, la muerte era un acto de servicio, no el castigo que inflige un Dios silencioso al pueblo que ha dejado de rendirle obediencia. ¿Se poblaba aquella primavera con tanta exigencia y generosidad? ¿O la victoria se empapó de la apetencia de sangre, de rencor impotente, de odio sin escrúpulos? ¿Llegó la primavera como estación total, unitaria y generosa? ¿Fue verdadera resurrección redimida, y no mera supervivencia de los más fuertes, sobre la vejatoria cautividad de los vencidos?”

Frente a ellos, aunque a su lado durante unos años de lucha… “Los sectores tradicionalistas insistieron en la necesidad de un baño de sangre que permitiera el perdón de aquella nación extraviada en los pecados de la modernidad”. La reacción, ora conservadora ora absolutista, a veces capitalista a veces anglosajona, mirando hacia un pasado que nunca fue, eran esos “presuntos católicos de mesa camilla y corazón a oscuras” que no entendieron que con un estilo moderno y de reconciliación, “la primavera habría llegado con sus anchas brisas de regeneración”. No siempre, pero sí demasiado a menudo, se predicó el fratricidio en la España levantada y crecida y victoriosa justamente para impedirlo, al menos en sus mejores jóvenes.

En la zona frentepopulista, antes y después de aquel abril, ese problema ni se planteó, porque fuera de pocas excepciones como la de don Claudio Sánchez Albornoz, exiliado y nunca escuchado, imperó primero el odio sangriento y luego el rencor revanchista, sin tasa ni medida. Si se midiese el mal en número de crueles muertes y dolores, o por supuesto en las formas terribles empleadas y la ausencia de toda piedad, no habría duda de cuál de las dos Españas fue la peor: la que hoy se ensalza y se quiere resucitar. Y no es cuestión de números sólo ni esencialmente. En un lado había habido dos visiones de las cosas, y triunfó, aunque no del todo y por eso el franquismo creció, la reaccionaria y caduca. En el otro sólo había y sólo quedó, y queda desde las checas, las milicias y el maquis al FRAP y Podemos, odio y resentimiento. ETA, curiosamente, es hija de un mestizaje entre lo peor, más rancio y enfermo de las dos Españas.

“De los mejores vencedores y de los mejores vencidos habría de surgir, sin embargo, un nuevo comienzo. Un nuevo principio en el que lo más limpio de todos se destilaría en la meditación sobre la tragedia, en la solemne evocación de los ausentes, de los asesinados, de los desterrados, de los humillados hasta la raíz de toda nuestra dignidad como nación”.

Tiene tristísima y escasa gracia Rafael Sánchez Ferlosio dijese que odia a España "desde siempre", y que "el concepto de patria es el más venenoso de los conceptos”. Ideas propias de la España cruel derrotada, en boca del hijo de uno de los soñadores mejores de la mejor parte de la España vencedora en aquel abril de 1939. Rafael Sánchez Mazas dejó escrito desde 1934 el límite entre la España soñadora y moderna y sus compañeros de viaje rencorosos y sangrientos. Para él y aquella España también vencedora el 1 de abril, “víctimas del odio, los nuestros no cayeron por odio, sino por amor… Ni ellos ni nosotros hemos conseguido jamás entristecernos de rencor ni odiar al enemigo”. Con fiereza, las palabras rechazaban a quienes pedían matar de espalda y en actos de venganza. Con desprecio, se repudiaba una conducta que lesionara con la inmoralidad de sus actos la causa suprema de España. “Aparta, así, Señor, de nosotros, todo lo que otros quisieran que hiciésemos y lo que se ha solido hacer en nombre de vencedor impotente de clase, de partido o de secta”.

“… todos estos caídos mueren para libertar con su sacrificio generoso a los mismos que les asesinaron, para cimentar con su sangre joven las primeras piedras en la reedificación de una Patria libre, fuerte y entera. Ante los cadáveres de nuestros hermanos, a quienes la muerte ha cerrado sus ojos antes de ver la luz de la victoria, aparta, Señor, de nuestros oídos las voces sempiternas de los fariseos, a quienes el misterio de toda redención ciega y entenebrece, y hoy vienen a pedir con vergonzosa ingencia delitos contra los delitos y asesinatos por la espalda a los que nos pusimos a combatir de frente. Tú no nos elegiste, Señor, para que fuéramos delincuentes contra los delincuentes sino soldados ejemplares, custodios de valores augustos, números ordenados de una guardia puesta a servir con amor y con valentía la suprema defensa de una Patria. Esta ley moral es nuestra fuerza. Con ella venceremos dos veces al enemigo, porque acabaremos por destruir no sólo su potencia sino su odio”. Y bien, en gran parte los fariseos de un lado impusieron su estilo, sus formas y sus miserias; pero no del todo. Y si el 1 de abril ha de ser memoria de algo, que lo sea de que no todas fueron “voces farisaicas y oscuras, peores que voces de mujeres necias”, sino que hubo entonces y quedan hoy en España voces limpias que sueñan con una España mejor, no atrás, sino adelante.

No hace falta ser Joseph De Maistre para entender que “quienes no deseen la contrarrevolución, que no emprendan la revolución”, y que la contrarrevolución no es meramente lo contrario a la revolución, sino que, a menudo, se convierte en una especie de revolución contrapuesta, que es lo que pasó en España, como recordaba hace poco Payne. Pocos quizá pero mejores sin duda son los capaces de pedir entonces y ahora que “mientras cada golpe del enemigo sea horrendo y cobarde, cada acción nuestra sea la afirmación de un valor y una moral superiores”.


Qué terminó y qué empezó el 1 de abril de 1939
Pío Moa  www.gaceta.es 2 Abril 2016

** Este domingo, en Cita con la Historia, trataremos el tema del GRAPO en la Transición. El domingo pasado tratamos la significación de Gibraltar y la clase política española: https://www.youtube.com/watch?v=XbIy4H_Jy2E

********************
Aquel día perdieron la guerra un conglomerado de separatistas, stalinistas, anarquistas, marxistas y jacobinos. Y la perdieron en la forma ¡tan reveladora! de furiosos choques armados entre ellos mismos. Lo que deja a cualquiera estupefacto es que aquella alianza de golpistas, totalitarios y racistas (pues los separatismos vasco y catalán se basaban en un racismo no por estrafalario menos dañino) haya querido pasar por democrático y engañado a tanta gente. Este absurdo distorsiona de principio la mayoría de los análisis de aquella contienda y de sus consecuencias, y distorsiona también la política actual.

Claro que los vencedores tampoco eran demócratas. Pero es que la democracia no jugó ningún papel en aquella guerra. Lo que tenía de democrática la caótica república fue herido por la insurrección izquierdista de octubre del 34, y rematado por las fraudulentas elecciones de febrero del 36 y el violento proceso revolucionario que siguió. Por esta razón, los nacionales que se alzaron contra dicho proceso no creían en una democracia liberal que había desembocado en el desastre y que estaba en crisis en toda Europa. Las razones de la guerra no fueron una democracia ya destrozada por izquierdas y separatistas, sino los valores más fundamentales de la supervivencia de la nación española y de la cultura cristiana, raíz también de la cultura europea.

Lo que terminó aquel día tan señalado fue un largo proceso de desintegración social y nacional comenzado con la crisis subsiguiente al “Desastre” del 98, marcada por un desatado terrorismo anarquista, agitaciones y huelgas revolucionarias y provocaciones secesionistas que derrumbaron el régimen liberal de la Restauración. La breve dictadura de Primo de Rivera contuvo tales derivas, pero a continuación la II República elevó a un nivel más alto el frenesí político. El mismo Azaña caracterizó a sus partidos como “incompetentes, de codicia y botín, sin ninguna idea alta”; otros eran simplemente totalitarios, hasta empujar a la mitad de la sociedad a someterse a un despotismo nunca visto, o rebelarse. Hubo rebelión y finalmente victoria en una difícil lucha.

Y lo que empezó ese 1 de abril fue la paz más larga que haya vivido España en varios siglos, hasta hoy mismo, aunque perturbada por el terrorismo comunista del maquis y el separatista de la ETA y otros, añorantes del aquel Frente Popular felizmente vencido.

No fue una paz estéril, pues con el nuevo régimen España se remozó de arriba abajo, superando las taras de la miseria, el analfabetismo y graves desigualdades sociales y regionales, características de la época anterior. España pudo eludir la guerra mundial, deseada por los vencidos y que habría multiplicado las víctimas y los destrozos. El régimen llamado franquismo supo vencer al intento comunista de volver a la guerra civil mediante el maquis. Supo derrotar el criminal intento de hambrear masivamente a los españoles propiciado por Moscú, Londres, Washington y otros por medio del aislamiento internacional. En Años de hierro he tratado con una óptica más objetiva los difíciles años de la posguerra.

En fin, los vencedores del 1 de abril supieron reconstruir el país sin ayudas como las que beneficiaron a Inglaterra, Francia o Alemania, y luego alcanzar una de las cotas de desarrollo más altas del mundo, poniendo en pie una economía próspera y sana con muy poca deuda y desempleo. Supieron defender la soberanía nacional contra viento y marea y dejar un país libre de los odios brutales de la república, políticamente moderado y más culto que nunca antes (o después, si vamos a eso). Supieron, en fin, crear condiciones para una democracia viable, no convulsa o caótica, y organizar el tránsito a ella sin graves traumas... Son verdaderas hazañas históricas que devolvieron a España la confianza en sí misma después de tantos años de autodenigración e ineptitud. No voy a extenderme, porque ya lo he hecho en el libro Los mitos del franquismo, que puede leer quien tenga interés.

Pues bien, hoy es el día en que unos políticos que se sienten herederos de los vencidos en la guerra o ajenos a los vencedores tratan de destruir todo lo construido, mintiendo, calumniando y amenazando a la nación; partidos cuyas señas de identidad son la corrupción, la demagogia, la hispanofobia, el terrorismo o la colaboración con él, y una violencia mal contenida por ahora. Con la misma desenvoltura que los del Frente Popular se proclaman demócratas, cuando en realidad son más bien parásitos de una democracia que no les debe nada. Este uno de abril debe ser la ocasión para reflexionar sobre el mal camino y la degradación a la que llevan tales partidos y políticos a la democracia y a la nación.

El helicóptero monetario también fallará
2 Abril 2016

“I wanna see some history 'cause now I got a reasonable economy” Sex Pistols.

La promesa de crecimiento de los bancos centrales se desvanece. La idea de que la política monetaria iba a suplir problemas estructurales era muy atractiva. Tendemos siempre a pensar que los Reyes Magos, sea el gobierno de turno o un ente muy grande y muy poderoso, como un banco central, puede resolver desequilibrios generados durante años. Y no ocurre.

El Banco Central Europeo ha aumentado sus estímulos a 80.000 millones de euros mensuales y bajado de nuevo los tipos y el índice de sentimiento económico de la Comisión Europea (ISE) ha caído en marzo por tercer mes consecutivo hasta mínimos de más de un año. Eso sí, la inflación subyacente ha subido en marzo de 0,8% a 1%. Enhorabuena, aumentar el balance del banco central en casi 800.000 millones de euros para ver un repunte insignificante de la inflación subyacente. Y es que la represión financiera, devaluar y bajar tipos, unida a las subidas de esfuerzo fiscal, comprimen la demanda y afectan al crecimiento potencial por atacar el ahorro y el consumo a la vez. No solo no hay un problema de liquidez, ya que la liquidez excedentaria supera los 700.000 millones desde los 125.000 registrados cuando se lanzó el plan de estímulos, sino que las expectativas de crecimiento e inflación de consenso para 2016 y 2017 se han revisado a la baja, de nuevo, en marzo.

En un informe reciente, el fondo de inversión Pictet mostraba lo que llama “saturación de estímulos”. Tras más de 27 billones de dólares de expansión monetaria de los principales bancos centrales, y decenas de bajadas de tipos de interés, el mundo no solo no ha reducido su problema de endeudamiento. Lo ha aumentado. La deuda total, pública y privada, de las principales economías, ha aumentado en más de 57 billones de dólares, liderada por un aumento anual del 9% de la deuda pública. Los tipos bajos, además, han perpetuado el gasto corriente y la zombificación de sectores con sobrecapacidad.

Si analizamos la evolución de la velocidad del dinero -que mide la actividad económica-, es evidente que la trampa de la liquidez no ha generado un aumento de la inversión productiva. Incluso si usamos la cifra de inversión -capex-, según Standard and Poor´s, cayó un 10% en 2015 y no crece desde 2008. De hecho, caería a niveles de 2006 en términos reales el año que viene según sus estimaciones.

Debemos plantearnos por qué los tipos bajos y más de 26 bancos centrales llevando a cabo medidas expansivas no generan ni mejora del crecimiento global -se ha revisado a la baja todos los años desde 2009- ni inversión productiva. Las empresas saben por qué. No hay demanda de crédito solvente -al menos no en la cantidad en la que se aumenta la masa monetaria por parte de los bancos centrales- porque ellas ven las oportunidades reales en el día a día y saben que no son tantas. No hay más que ver la pobre recepción que ha tenido el famoso Plan Juncker. Ni un 5% de las cantidades estimadas se han comprometido.

La respuesta es que el problema nunca ha sido de liquidez ni de necesidad de estímulos, sino de exceso de capacidad y represión financiera. La cuestionable lógica puntual cuando se generó una anomalía por el miedo a un colapso del crédito se disipa tras ocho años de exceso monetario. Los estímulos se han convertido en perpetuos y en máquinas de generar burbujas. Mientras la rentabilidad exigida a bonos de altísimo riesgo está a mínimos de 30 años, el exceso de capacidad industrial productiva se sitúa en un 20% en los países desarrollados, pero alcanza entre un 30% y un 40% en economías aparentemente crecientes como China. Lo hemos visto en Brasil, un aumento de deuda de más de un billón de dólares desde 2010 para acabar entrando en una enorme recesión, con un decrecimiento neto del PIB real. Hoy, los países desarrollados han estimulado vía gasto en emergentes esa misma inversión en elefantes blancos improductivos que nos ha dejado estancamiento y crecimiento muy por debajo de la media en nuestros países.

El problema ante esta situación es que muchos no critican la medida, sino el método. Y ahora lo que proponen es el “helicóptero monetario” como medida “no convencional”. Es curioso, porque es la medida más convencional de la historia. Aumentar la masa monetaria para financiar a estados deficitarios y sectores endeudados para que gasten -ya que el malvado sector privado no invierte-.

Pero el sector privado no es que no invierta porque es tonto o malvado, o que los bancos no quieran prestar, están deseando hacerlo, sino porque no encuentra oportunidades suficientes, desde luego no en la cantidad aleatoria que un comité en un banco central decide. Cuando Draghi lanzó el programa de 60.000 millones de euros mensuales yo le pregunté a un miembro del BCE en la CNBC “¿Para qué? ¿Qué sectores han analizado que necesiten 720.000 millones de euros anuales de nuevo crédito?”. La respuesta, como pueden imaginar fue el silencio.

Pero… ¿No invierte? Claro que lo hace, solo que no lo hace a lo que algunos economistas llaman “ritmo normalizado”… ¿Y cuál es ese ritmo normalizado? Oh, sorpresa, el del periodo de la burbuja. El de 2004 a 2008. Porque eso es lo que queremos estimular, otra gran burbuja.

El helicóptero monetario parece una buena idea hasta que se pone en práctica. Ya que los bancos -malos, ellos- no prestan, y el sector privado no invierte, que lo haga el Estado y que se imprima para dar dinero “a las familias”. El problema es que usted no va a recibir un cheque, ya que puede decidir ahorrarlo, malvado usted, o peor, repagar deuda. Se lo gasta por usted el Estado que no tiene mejor y más detallada información sobre cuáles son las áreas donde invertir, y sin embargo sí tiene el incentivo perverso de gastar en sectores de baja productividad y obsoletos porque a) dan más oportunidades de inaugurar “cosas” y b) lo paga usted en mayores impuestos cuando se dispara el déficit. Que se dispara porque se elimina el riesgo de malgastar. No soluciona ni los problemas de productividad ni la competitividad de la economía, pero incentiva el clientelismo en sectores afines al poder.

Y es que el helicóptero monetario no deja de ser la misma subvención encubierta a los sectores endeudados e ineficientes, a costa del ahorrador y el eficiente, perpetuando la baja productividad, el clientelismo y el sobre-endeudamiento. Y, como tal, cuando se pone en marcha, se convierte en imposible de revertir. Porque es promover la mala asignación de capital, que si ya era pobre con tipos bajos es peor regando de dinero al gasto político vía elefantes blancos. La experiencia de la historia en políticas inflacionistas monetaristas muestran, unánimemente, que conducen a la estanflación.

No es que los bancos centrales se hayan quedado sin munición, es que la perdieron hace tiempo. Ya el QE2 y QE3 generaron mayores problemas de burbujas crediticias que mejoras en la economía real, y si algo funcionó en EEUU es su flexibilidad, baja bancarización y economía abierta, algo que brilla por su ausencia en Europa o Japón. Nunca ha sido cuestión de inyectar más dinero salido de la nada. El problema es de reformas estructurales, no de bazookas monetarios. Si seguimos incentivando la mala asignación de capital desde el dirigismo, conseguiremos el mismo resultado de siempre. Estancamiento y mayor deuda. Si no se recuperan las políticas de oferta, bajar impuestos para reactivar la economía y la renta disponible para mejorar el consumo, nos encaminamos a una crisis mucho más grave, puesto que no se va a poder disfrazar con gas de la risa monetario.

******************* Sección "bilingüe" ***********************

Cruzada sectaria del nacionalismo contra el español
EDITORIAL El Mundo 2 Abril 2016

Hace mucho tiempo que en algunos círculos de Cataluña los disparates y las diatribas sectarias han sustituido a la sensatez y a la inteligencia en el debate público. Muy lejos ya queda el célebre seny. Pero algunos parece que se entrenan a fondo para ganar el concurso de necedades. Así, un puñado de filólogos, profesores y escritores acaba de presentar un manifiesto a favor del catalán como "única lengua oficial en Cataluña". La plataforma pretende poner su granito de arena en el proceso de desconexión de España y arremete contra la coalición gobernante independentista, Junts Pel Sí, a la que tacha de "paternalista" por no atreverse a proscribir la lengua de Cervantes.

Los sesudos filólogos justifican su burricie diciendo que las únicas lenguas propias de Cataluña son el catalán, la lengua de signos en catalán y el occitano. Al castellano y al francés los despachan como "lenguas vecinas". Y dado que, según denuncian, "el bilingüismo mata" y los catalanes están sometidos a un proceso "de bilingüización forzosa" para implantar el castellano, reclaman que se corte cuanto antes por lo sano.

Es de agradecer a Salvador Cardús, Vicenç Villatoro o Josep Lluís Carod-Rovira -el ex líder de ERC al parecer es toda una eminencia lingüística- que de pronto nos hayan sacado a todos de la supina ignorancia, empezando por sus propios conciudadanos. Porque hay que admitir con humildad que desconocíamos que el occitano -esa lengua tan respetable como cualquiera, que apenas hablan hoy varios miles de catalanes en el Valle de Arán- fuera una de las lenguas propias del antiguo Principado y que, en cambio, el español sólo sea un idioma de los invasores vecinos. Lo de menos es que prácticamente el 100% de los 7,5 millones de catalanes hablen y entiendan perfectamente la lengua de Lorca, Neruda o García Márquez. Que sea la lengua materna de más de la mitad de la población. Que en el uso cotidiano, el 49% de los ciudadanos lo use de forma preferente, frente al 31,9%que hace lo propio con el catalán -junto a un 15% que se relaciona en ambos idiomas por igual-. Da lo mismo. Para estos prohombres de la futura república independiente, que tienen una insufrible visión totalitaria, sectaria y excluyente de la lengua, sería más conveniente que el Govern decretara una inmersión obligatoria para que todos los catalanes aprendieran el occitano, antes que admitir la extraordinaria riqueza que supone tener como una de sus lenguas propias un idioma que hoy compartimos 500 millones de hispanohablantes en todo el planeta.

Aseguraba la vicepresidenta del Ateneo barcelonés que "probablemente el Manifiesto no le haga gracia a Junts Pel Sí". A los líderes de Convergència y ERC no sabemos si les provocará el llanto. Pero a cualquier ciudadano, de Badalona o de Soria, con un mínimo de sensatez, este panfleto no le puede despertar otra cosa que no sea la risa. Y cabría tomárselo a broma si no fuera porque la realidad es que las autoridades de Cataluña hace mucho tiempo que ponen trabas, por ejemplo, al derecho constitucional de poder escolarizar en castellano. Y las políticas de la Generalitat para imponer el catalán como lengua exclusiva en ámbitos oficiales ya denigran el idioma que comparten con todos los españoles. Por eso este Manifiesto, que hoy es un mal chiste, podría ser cosa muy seria si alguna vez Cataluña se desconectara.

La ex-militancia de ETA, una miscelánea de los antiguos alumnos
Los antiguos miembros de ETA y su exiguo papel en la deslegitimación del terrorismo (y 3ª Parte)
Mikel Azurmendi www.latribunadelpaisvasco.com 2 Abril 2016

ETA ha tenido muchos miles de militantes y simpatizantes durante su medio siglo de existencia y durante el período democrático ha mantenido fijo un suelo electoral de un 20% de adictos a su ideario y a su violencia. Ahora mismo, suspendida cautelarmente su actividad terrorista desde hace unos años, los etarras sueltos por ahí son un centenar, en prisión rozan el medio millar y en el exilio hay otros tantos, todos ellos exultantes de lo que hicieron y muy honrados de haber servido a ETA.

Sin embargo en ETA han existido múltiples escisiones, algunos abandonos colectivos y sin duda muchos alejamientos individuales.

ESCISIONES
Las sucesivas escisiones de ETA han sido desmembraciones que daban origen a dos ramas reclamándose ambas simultáneamente de ETA. La primera se dio en la 5ªAsamblea (1966-67) produciéndose las ramas ETA -la vieja, la de siempre- y ETA-berri o nueva que, sólo algún tiempo después dejó de reivindicarse con las siglas de la organización terrorista para llamarse Komunistak o Movimiento Comunista.

Otra escisión acaeció diez años más tarde, en 1974-75, al instaurarse un clima social anunciador de la democracia decidiendo una parte mayoritaria de ETA desdoblar sus actividades en políticas y militares (ETApm) creando al poco un partido para la revolución vasca (EIA) y una coalición de fuerzas nacionalistas (Euskadiko Ezkerra). La parte minoritaria continuó llamándose ETAmilitar: con este sobriquete explicitaba su negativa a participar en las instituciones democráticas. Al año siguiente, una fracción de polimilis, que se llamaban a sí mismos “especiales” o berezis, abandonó su ETA políticomilitar pasándose a la rama militar.

Es muy relevante la escisión que se produjo en el seno de ETApm en 1982, cuando los llamados “séptimos” (de la 7ªAsamblea) optaron por abandonar la violencia y colgar las armas pero los “octavos” optaron por proseguir con el terrorismo armado. Una parte de estos ETApm.octavos (también llamados “milikis”, entre quienes estaba Arnaldo Otegi) se unió a ETAm; y otro resto, llamado “autónomo”, fue presa de la policía y desapareció en 1984.

Salvo en el caso de ETAberri en todas estas escisiones ambas partes se reclamaban de un nacionalismo radical, independentista, así como del uso de la violencia ejercida con armas. Pero también ETAberri que negaba ser nacionalista practicó la violencia esporádicamente, a ser posible disfrazada de violencia de masas, y su inicial crítica al nacionalismo la fue moderando de manera a hacer un frente común con ETApm en Euskadiko Ezkerra. Y aun disputando legalmente por un activismo de masas, Komunistak siempre simpatizó con la militancia de ETA y, después de pasados muchos años, apoyó ideológicamente a los etarras asesinos de Yoyes (1986) por cuanto consideraron a esta ex-militante una traidora a la causa revolucionaria.

ABANDONOS COLECTIVOS
En ETA se dieron varias salidas colectivas definitivas y sonadas. La primera en la 6ª Asamblea de 1970, donde una parte de los militantes del exilio prefirió cortar completamente las amarras organizativas y dejar para siempre de considerarse etarras. Entre éstos se fraguó la primera crítica tanto a los postulados ideológicos de ETA como a su estrategia de violencia armada. En ese final de año, una veintena de militantes firmó un manifiesto público en el que, además de declararse fuera de ETA y manifestarse contra ETA, señalaban que iban a bregar por salvar del fusilamiento a sus ex-compañeros condenados en Burgos. De aquellas docenas de militantes que abandonaron ETA y se les llamaba por el nombre de su revista, Saioak, nada más que un puñado asumió que su tarea era apechugar con lo que había sido y testimoniar en contra de ETA y de sus presupuestos ideológicos. Uno de aquellos fui yo. Algún otro de aquellos compañeros volvió a militar en ETA y otros se fueron al PCE.

La segunda salida importante (1971-72) tuvo lugar en ETAVIª, donde la agrupación Barnuruntz, cuyos militantes tanto en el exilio -con un papel relevante en el activismo militar- como en el interior abandonaron la organización terrorista por discrepar de sus métodos burocráticos pero también de las causas de ese proceder. El cantante Imanol Larzabal fue uno de los que llevaron más adelante ese proceso de crítica hasta confluir con sus compañeros en la corriente de los Saioak. Alguno de aquellos militantes abandonistas recalaron pronto en el nacionalismo y hasta en ETAm alguno, como fue el caso de Mikel Gardoki, abatido en San Sebastián en un enfrentamiento con las Fuerzas de Seguridad del Estado.

Al poco, ETAVIª se fragmentó en dos conjuntos de militantes que pasaron a llamarse mayoritarios y minoritarios. Éstos, que eran los más numerosos de la organización pero sin apenas representación en los órganos de decisión, se negaban a optar entre maoísmo o trotskismo y, en un breve intervalo de tiempo, se alejaron del grupo dirigente, realmente minoritario pero que estaba por decantarse hacia el trotskismo. Tras ese gran abandono, unos militantes fueron convergiendo en el comunismo oficial del PCE mientras que otros engrosaron las filas maoístas de la ORT y del Movimiento Comunista de España.

La otra única salida masiva y pública de militantes abandonando la organización de la violencia se dio a partir de 1982 y hasta 1984 con la disolución de ETApm. En ella tres centenares de presos y activistas adquirieron la libertad y la impunidad judicial de sus crímenes a cambio de formular un simple “adiós a las armas”.

ALEJAMIENTOS INDIVIDUALES
Desde el inicio de ETA y de manera ininterrumpida ha habido defecciones personales o hasta de varios compañeros juntos sin que ese hecho haya trascendido al público ni, por tanto, se hayan explayado los motivos del abandono. Una de las razones es la clandestinidad pero otra muy relevante es el temor a las consecuencias que ese acto podría acarrearle al ex militante, porque ETA siempre ha tratado como traición cualquier defección argumentada y pública. ETA ha asesinado a varios militantes por haberse salido de la organización o haber juzgado que se desviaba de ella, pero también a muchísimos otros les ha hecho la vida imposible en su aldea o en el barrio, agrediéndoles físicamente, quemándoles el coche o lanzando contra ellos desde sus organizaciones legales todo tipo de invectivas de ser colaboradores policiales. Yo mismo, por mantener contactos con militantes de la corriente Barnuruntz para que abandonasen ETA, fui asaltado en mi casa de Paris por una docena de etarras que me torturaron a fin de sonsacarme asuntos de los que no tenía conocimiento alguno. Cuando a comienzos de los 80 se disolvió ETApm y comenzaron los polimilis a venir del exilio y a salir de las cárceles, ETAm amenazó de muerte repetidas veces a aquellos reinsertados, a sus abogados y a los líderes de Euskadiko Ezkerra, que promovía aquella reinserción.

El dilema del militante que abandona ETA estriba siempre en si por defender sus nuevas ideas va a arrostrar las consecuencias de la persecución, la proscripción, el desprestigio, el apartamiento y la soledad. Ese ex militante deberá comprometerse ante su propia libertad a fin de decidir si la ejerce plenamente o si renuncia, al menos parcialmente, a ella. Porque un ex queda muy solo, sus amigos de la cuadrilla le hacen el vacío huyendo de él, y hasta puede sufrir malevolencias y presiones por parte de su propia familia. Esa denigrante soledad impuesta desde su derredor le impide al ex-militante discutir sus ideas con otras personas y formalizar racionalmente su disidencia con vistas a clarificar la hondura de los desperfectos sociales que ha causado. Con lo cual quien ha abandonado la militancia etarra tampoco acierta a avanzar en su crítica a la violencia originada por una ideología totalitaria. Las más de las veces, la visión de ese ex en soledad quedará arrinconada en el resentimiento personal y jadeante de pulsiones negativas.

Sin mucho margen de error, se pude afirmar que la mayor parte de quienes abandonaron ETA han silenciado ese hecho así como la crítica activa a ETA viviendo una vida lo más alejada posible de la persecución y la proscripción.

Un hecho tan extraordinario como el asesinato de Miguel Ángel Blanco (1995) impulsó desde la prisión a unos contados militantes a deslegitimar públicamente a ETA y abandonarla privadamente. A partir de entonces se han ido efectuando deserciones de presos a cuentagotas, favorecidas sin duda por la remisión de penas que lograban al hacerlo. La política penitenciaria de los Gobiernos ha ido fomentando que se diesen estas defecciones individuales mediante concesiones como el acercamiento a tierra vasca y la aplicación del tercer grado. Esta vía, llamada de reinserción social, ha posibilitado que el gesto individual cristalizase en colectivo en el caso de la prisión de Nanclares de la Oca, donde hasta ocho presos en proceso de reinserción social formaron el año 2010 un colectivo alentando a ETA a abandonar la violencia.

ETA sigue vendiendo humo
Francisco López www.latribunadelpaisvasco.com 2 Abril 2016

Con ocasión del último “Aberri Eguna” (“Día de la patria vasca”), ETA publicó su tradicional comunicado analizando políticamente la actual situación. La lectura global nos permite corroborar que ETA ni desaparece ni tiene la menor voluntad de hacerlo y por tanto se mantiene como el poder fáctico en la sombra, ejerciendo un cierto grado de coacción y asegurando las purezas ideológicas del entorno político abertzale. Los vigilantes de ese auténtico pisto donde se mezcla un ideario nacionalpatriótico de marcado tono identitario ultra junto al más rancio izquierdismo, son incapaces de comprender los vertiginosos cambios que se están produciendo en los últimos años en la política, la tecnología, la economía y la sociedad. ETA sigue presente y está para quedarse. El guiño a ciertos sectores buenistas, haciendo la referencia a la falta de un proceso negociador, queda en nada cuando se constata que sigue abusando de eufemismos que pueden significar muchas cosas, con tal de no reconocer de modo expreso la necesidad urgente de la disolución.

El comunicado recoge todos los mantras habituales de la izquierda vasca, incluida la representada por Podemos. La identificación primitiva, burda, tosca, pero electoralmente eficaz, de una secesión que por sí sola representará una mejora social. ¿Cómo? ¡Ahhhh! Da igual que los economistas adviertan de que tras un proceso secesionista se producirían graves problemas económicos, producto del incremento de gastos para una estructura estatal que hasta ahora había ido con gastos compartidos y una caída de ingresos por el "efecto frontera". Después de leer y releer los planteamientos de ETA, al final todo se resume en magia. Económica y socialmente hablamos de un programa magufo.

No falta el buenismo de la "construcción entre todos" de un nuevo país, en el que dan por sentado que todo el mundo, empezando por los inmigrantes de otras culturas, van a aceptar acríticamente y con entusiasmo el marco identitario que ellos imponen. Con los hijos y nietos de la inmigración del resto de España funcionó, pero con los nietos de otras inmigraciones, ¿funcionara? El mundo patriótico vasco sigue sin asumir que si muchos ciudadanos procedentes del resto de España y sus descendientes aceptaron de modo sumiso y servil del modelo identitario ultranacionalista "abertzale" fue porque todos eran españoles, los que imponían y los que lo aceptaban, y por tanto había un sustrato cultural compartido. Esto no se produce con la creciente inmigración musulmana, africana y china que está acudiendo al País Vasco y Navarra en avalancha al calor de las disparatadas rentas de inserción. Nuevamente, pensamiento magufo... o directamente falso a la espera del "día después", cuando tengan las manos libres para una "noche de los cristales rotos". Con los precedentes criminales de esta gente, nada se puede descartar. Al fin y al cabo, la izquierda, cuando le interesa, no tiene el menor problema para expulsar por las bravas a refugiados e inmigrantes no deseados, como hizo este verano su admirado Nicolás Maduro

Si en unas cosas venden humo, el campo de la "memoria" lo utilizan como camuflaje, para seguir falseando y blanqueando su pasado. Llama la atención que afirmen que no se pueden aceptar matanzas "que tienen como objetivos a simples ciudadanos". Viniendo esto de ETA, es la enésima prueba de cinismo. No quieren asumir su pasado y por ahora no lo van hacer, toda vez que expresamente lo dejan para un futuro, cuando lo "afrontarán con sinceridad, por la vía de la autocrítica y la convivencia", con lo que tendremos que recordarles como sin ser teóricamente un objetivo buscado, al final el colectivo en el que más crímenes han realizado fue el de los "simples ciudadanos".

Sobre los 858 muertos, un cálculo realizado por Florencio Domínguez Iribarren establecía que más de un tercio fueron "víctimas colaterales". Y esto es un mínimo, dado que tenemos la constancia de que hubo civiles asesinados en base a acusaciones falsas de tráfico de drogas o "chivatos".

También eran "simples ciudadanos" los militares y miembros de las fuerzas de seguridad que estaban retirados. Este es uno de los grupos de víctimas más injustamente olvidados. Jamás de modo expreso ETA los calificó como objetivo legítimo, ni fueron amenazados expresamente y mucho menos se justificó su persecución durante décadas. No lo hizo porque no podían: eran venerables ancianos que, a efectos prácticos, habían recuperado su condición de civiles y, por lo tanto, no eran miembros de lo que llaman "las fuerzas de ocupación". Es doloroso comprobar cómo nadie ha resaltado este hecho e, incluso, se ha colaborado inconscientemente con los criminales al asimilarlos en estadísticas a los agentes y militares en activo, cuando su situación ya era diferente.

¿Y los familiares de los miembros de las fuerzas del orden? Ellos también eran "simples ciudadanos". No está mal recordar algunas cosas. Si bien a partir de un cierto momento se advierte a los que viven en las casas cuarteles, la mayor masacre de este tipo fue la realizada en Zaragoza, en una época en que no se había realizado tal advertencia a los establecimientos fuera del País Vasco. Ni sus hipócritas formas guardaron.

El asesinato de "simples ciudadanos" tenía lugar durante atentados contra otros objetivos. Cada muerte era seguida de un hipócrita comunicado donde asumían el error y prometían poner los medios para que no volviera a ocurrir. Nunca pusieron los medios. Mientras las fuerzas del orden introdujeron cambios organizativos que entre 1979 y 1982 acabaron con los muertos en manifestaciones y controles, los "errores" de ETA lejos de disminuir fueron incrementándose paulatinamente.

Nunca abrieron una investigación interna. Nunca depuraron responsabilidades. Nunca tomaron medidas contra los incompetentes. Y eso que tuvieron oportunidades para demostrar un mínimo de sensibilidad, como el escandaloso atentado de Hipercor, donde la cadena de incompetencias ha sido desgranada magistralmente por María José Grech en “Libertad Digital”. Tras una carnicería que nada tiene que envidiar a las cometidas en los atentados yihaidistas, todos los miembros del comando Barcelona fueron ratificados en su puesto y respaldados plenamente y sin fisuras por la dirección de ETA.

Ya que hablan de "autocritica" tienen más campos en los que actuar. Por ejemplo, la campaña contra los intereses franceses que fundamentalmente no afectó a intereses franceses sino a pequeños empresarios vascos. El uso de malos tratos y torturas con personas secuestradas y/o asesinadas. La campaña de represión contra la ciudadanía que denominaron "Socialización del sufrimiento". La pertinaz negativa a asumir que muchas de las acusaciones a víctimas eran falsas. Es tanto lo que tienen que explicar que no es admisible esa promesa que hacen de ser autocríticos a futuro.

El movimiento se demuestra andando y lo cierto es que este comunicado demuestra más allá de toda duda razonable que ETA y sus apoyos políticos mantienen su pertinaz inmovilismo. Claro que ellos no tienen toda la culpa: salvo contadas excepciones ni partidos ni medios tienen mucho interés en contar con detalle cual ha sido la verdadera dimensión del terrorismo vasco

crisis magenta
Maneiro, el azote del nacionalismo que quiere salvar UPyD
El último magenta, Gorka Maneiro, intentará recuperar un partido del que se ha dado de baja hasta su fundadora.
Montse Ramírez El Espanol 2 Abril 2016

Gorka Maneiro (San Sebastián, 1974) es el favorito para tomar las riendas de UPyD, un partido que está prácticamente al borde de la extinción desde que Rosa Díez y otros fundadores, como Carlos Martínez Gorriarán, lo abandonaran el pasado febrero abogando por su desaparición. Este sábado se disputa el liderazgo del partido frente al exconcejal de Brunete Fernando Castellano.

La crisis abierta en la formación magenta ha impulsado al parlamentario vasco a la cabeza de una organización, creada tan solo hace nueve años, que en las últimas convocatorias electorales ha perdido toda su fuerza y presencia institucional. Las sucesivas derrotas cosechadas en 2015 la han convertido en residual, desalojado de las Cortes y de todos los parlamentos autonómicos, excepto del vasco - donde no habido elecciones- y se han llevado consigo a sus principales referentes; el último de ellos el abogado Andrés Herzog, que dimitió de portavoz a raíz de los malos resultados del 20-D, donde UPyD se dejó casi un millón de votos y obtuvo sólo el 0,61% de los sufragios.

La sangría de bajas no se ha detenido. En la víspera del Congreso extraordinario, una treintena de cargos y militantes –y entre ellos la eurodiputada Beatriz Becerra- anunciaba también su marcha por las mismas razones. “El partido ha dejado de ser útil a la sociedad”, aseguraban los 29 firmantes en un comunicado en el que mantenían que en vez de elegir a una nueva dirección el congreso a celebrar tendría que ser de disolución.

Maneiro y los afiliados que le apoyan sostienen lo contrario y persiguen la revitalización de la formación magenta a través de un nuevo Consejo de Dirección, con 21 personas, que logre recuperar proyección pública y mediática y conectar de nuevo con el electorado. “Aún hay hueco”, opinan, a pesar de que su espacio político ha sido invadido por Ciudadanos.

¿Conseguirá Maneiro su objetivo o pasará a la historia como el ‘último de UPyD’?

RESISTENCIA Y SOLEDAD
Cuando las urnas no acompañan y hasta los fundadores han abandonado el proyecto, su mantenimiento se forja en el ámbito de la resistencia y la soledad, dos circunstancias con las que el aspirante a liderar UPyD está acostumbrado a bregar a diario en el País Vasco, donde ocupa un escaño en el Parlamento desde 2009.

Su labor de oposición no ha sido fácil. Único representante de su partido, ha tenido que lidiar en solitario y siempre lo ha hecho clamando contra el poder, contra el Gobierno, y en especial contra el nacionalismo, cumpliendo a rajatabla el ideario de la formación magenta y pidiendo en ocasiones lo imposible en el actual contexto, como la supresión del Concierto Económico y de las poderosas Diputaciones forales, entre la absoluta incomprensión y rechazo de 74 de los 75 integrantes de la Cámara vasca.

Desde la tribuna parlamentaria ha impulsado comisiones de investigación para combatir la corrupción en la vida pública y ha luchado contra el derecho a decidir, el independentismo y el “adoctrinamiento nacionalista” de EiTB. Ha denunciado el sobredimensionamiento del entramado institucional vasco y las duplicidades de gasto que conlleva, así como las “embajadas” en el exterior y los recortes sociales en los que se incurría por falta de presupuesto. Y ha defendido a las víctimas del terrorismo frente a las cesiones a los presos, tantas veces como ha emplazado a la izquierda abertzale a condenar a ETA y a asumir su responsabilidad por el apoyo prestado a la banda terrorista.

En esos ámbitos, prioritarios para Maneiro, su discurso permanece inalterable, sin fisuras. Como también resulta inamovible en su defensa de la libertad lingüística, frente a la euskaldunización obligatoria de escolares y funcionarios, de la que hace gala en la tribuna. Él es euskaldun pero emplea fundamentalmente el castellano en sus intervenciones, mientras algunos compañeros constitucionalistas que no son bilingües se esfuerzan en hacer “pinitos” con el euskera.

Los periodistas parlamentarios le concedieron en 2013 la distinción “azote del Gobierno” en la primera edición de sus premios anuales. Una definición que ha hecho suya y que sustenta en las numerosas iniciativas -1.025 registradas hasta el último agosto - que llevan su firma esta legislatura y que le convierten en el diputado más activo de la Cámara. Él mismo ha cedido y extendido su título al partido, reivindicando la labor llevada a cabo y presentando a UPyD en campaña como la “mosca cojonera” y el “azote de corruptos, recortadores sociales y nacionalistas que quieren separar a unos vascos de otros vascos, o a los vascos del resto de los españoles”.

LUCHA CONTRA LA CORRUPCIÓN
Su oposición al derecho a decidir –“una falacia”- o a la celebración de una consulta - “una aspiración inaceptable”- , o sus críticas a las políticas de víctimas y de reinserción de presos de ETA, no han enfadado tanto al Gobierno y al partido de Urkullu como lo han hecho sus denuncias sobre los casos de presunta corrupción o mala gestión en los que se ve involucrado el PNV.

Si algo le reconocen sus adversarios políticos a Maneiro es su capacidad de trabajo y su persistencia en no soltar un tema hasta el final. Por su insistencia en depurar responsabilidades políticas por los fiascos de Hiriko y Epsilon, -dos proyectos automovilísticos en los que se perdieron sumas millonarias-, se ganó nada menos que los gruesos descalificativos de “alumno aventajado de Goebbels “ y “termita carroñera”.

El PNV le acusa de esparcir sospechas sin fundamento, de tirar a bulto por si acaso hace diana, como cuando pidió sin éxito a la Fiscalía investigar las retribuciones y gastos de representación de los consejeros de las antiguas cajas vascas al amparo del escándalo de las tarjetas opacas de Bankia.

Hay otras ocasiones en las que aparentemente da el blanco. Fruto de su actuación un juzgado de Vitoria analiza la presunta compra de noticias del Gobierno vasco a medios informativos afines, por los que hay ya cuatro responsables de distintos departamentos que están siendo investigados y han sido llamados a declarar. UPyD, que se ha retirado de importantes causas nacionales, persiste en este caso en mantener su denuncia.

La tenacidad está fuera de toda duda en un hombre de 42 años que se define como “tímido” y quizás por ello fuera del escaño proyecta desde la altura de un jugador de baloncesto una actitud fría y distante, aunque cortés, que casa a la perfección con el tono duro pero sosegado, claro y cerebral de su oratoria, poco invadida por los altibajos de la vehemencia y las emociones. Rara vez pierde los papeles.

ENFRENTAMIENTOS CON EH BILDU
Maneiro, que está casado y tiene una hija y es diplomado en Empresariales y Administración de Empresas, ha mencionado más de una vez su interés por la política desde niño.

Militó en el PSE-EE entre 2002 y 2006 y llegó a UPyD desde el movimiento Basta Ya! de resistencia activa frente a ETA, impulsado por el filósofo Fernando Savater, uno de sus referentes. Hasta el punto de que no dudó en regalarle y aconsejarle la lectura de su libro “Defensa de la Ciudadanía “ al lehendakari Urkullu, cuando éste acuñó el concepto de “nación foral” en el último pleno de política general el pasado otoño. Un gesto debido a que la igualdad de todos los ciudadanos es una de las ideas que contrapone a cada momento a los derechos históricos, que considera una “antigualla” discriminatoria.

De su activismo en Basta Ya! conserva la memoria de un pasado contra ETA que en ocasiones choca incluso con los partidos constitucionalistas, sobre todo con el PSE. Contrario, como su partido, al regreso de la izquierda abertzale a las instituciones, no ha transigido en llegar a acuerdos con EH Bildu en el Parlamento Vasco, con el que sí ha coincidido en algunas votaciones, y lejos de normalizar sus relaciones con sus dirigentes sus enfrentamientos son continuos, sobre todo con el portavoz Julen Arzuaga, a quien no deja de recordarle que la banda terrorista aún no se ha disuelto y que Sortu ha de asumir su responsabilidad en el daño causado por la violencia etarra.

Por sus orígenes socialistas las propuestas en materia social del partido de Idoia Mendia, como la Ley de Vivienda, suelen salir adelante con su voto, mientras que en aspectos relacionados con la política de víctimas y la articulación de la convivencia en la etapa post-ETA su postura se suma a la del PP. También ha llegado a pactar con el PNV asuntos sectoriales, como la ley de custodia compartida, pero nunca en temas identitarios , de autogobierno o nuevo estatus, donde sus planteamientos son radicalmente opuestos.

Frente a algunas reticencias iniciales de Rosa Díez, Maneiro apoyó convencido la investidura de Patxi López como lehendakari en 2009 y apostó claramente por el Gobierno socialista del cambio en el País Vasco, aunque PSE y PP acabaron por decepcionarle y terminó acusando a ambos partidos de haberse dejado asimilar por el nacionalismo y perdido una oportunidad de oro para introducir reformas de calado, como la reducción del vasto entramado de la Administración vasca o la modificación de raíz de la política lingüística.

BELIGERANTE CON CIUDADANOS
El parlamentario vasco se unió a UPyD desde su creación en 2007 de la mano de Carlos Martínez Gorriarán, uno de sus fundadores, y a través de él estableció un sólido contacto con Rosa Díez, con la que trabajó en armonía desde el País Vasco y el Consejo de Dirección nacional hasta que la líder de la formación decidió abandonar el partido y postular su desaparición.

Él afirmó haberse enterado de la marcha de Diez, y también de la de Herzog, -al que sustituyó al frente de una gestora-, a través de las redes sociales en las que se prodiga. Firme en su convicción de que aún hay futuro para UPyD ha mantenido abierta la puerta de la organización desde mediados de enero en que asumió su dirección de forma interina.

La decisión de seguir adelante y su más que probable elección este sábado como portavoz oficial, que se adoptará en este Congreso extraordinario, no garantizan la supervivencia de la formación de centro, que ha visto su espacio invadido por Ciudadanos. Esta realidad no ha alterado el rechazo inicial de Maneiro, similar al de Díez, a confluir con la formación de Albert Rivera, pese a los descalabros electorales y al trasvase de cuadros y afiliación de UPyD a la fuerza naranja.

Maneiro sigue apostando por un partido autónomo y confía en que las elecciones vascas, previstas para otoño, permitan mantener de nuevo el escaño conquistado en el Parlamento Vasco y marquen el inicio de la revitalización del partido. A día de hoy su objetivo no parece factible: las últimas encuestas no premian su trabajo parlamentario sino que es Ciudadanos quien tiene opciones de entrar en la Cámara, y para volver a presentarse él, el único que sustenta la marca del partido, tendría que sortear la disposición estatutaria que como norma general establece dos únicas legislaturas para sus cargos públicos.

Todo parece estar en su contra, pero él insiste en plantar cara al futuro y luchar por preservar las siglas del partido que, afirma, “pertenece a sus afiliados”.

Cuando anunció en su blog su candidatura a pilotar una nueva etapa de UPyD, con una organización más abierta y cercana a la calle, mantuvo que el partido sigue siendo “necesario” porque los objetivos con los que se fundó aún no ha sido alcanzados y nadie defiende sus mismos principios “con la misma profundidad, claridad y coherencia”.

En su inequívoca alusión a Ciudadanos ponía como ejemplo el acuerdo alcanzado entre el PSOE y la formación de Rivera para la investidura de Pedro Sánchez, en el que, criticaba, “descartan” reformar el Estado autonómico y “blindar” la igualdad de todos los españoles. Denunciaba asimismo el “reconocimiento” de los hechos diferenciales , así como “ la “salvaguarda “ de las diputaciones vascas y los privilegios fiscales del País Vasco y Navarra.

Basaba en esas razones “la evidencia” de que aún exista “espacio” en la política española para un partido “inequívocamente nacional, laico y profundamente progresista que defienda la igualdad en España y más bienestar para todos”.

El tiempo para demostrar que no está equivocado, de que UPyD sigue teniendo razón de ser, ha empezado a contar ya para Gorka Maneiro, que si no hay elecciones generales en junio tendrá en los comicios vascos su primera e inequívoca prueba.
 


Recortes de Prensa   Página Inicial