AGLI Recortes de Prensa   Lunes 4  Abril  2016

Todo parado: déficit y gasto fuera de control
En ningún momento esta banda de los cuatro, que ha sobrepasado los límites de la decencia, ha debatido cómo solucionar los graves problemas de España
Roberto Centeno El Confidencial  4 Abril 2016

La clase política española, la más incompetente y apátrida de Occidente y a la que solo le importa el poder, tiene el país paralizado. No le importa que cada semana tengamos que endeudarnos en 5.000 millones de euros para financiar un modelo de Estado inviable y corrupto hasta la médula, un cáncer que está devorando a la nación; que haya cinco millones de parados, de los que 3,5 están tirados en la cuneta sin ayuda ni prestación alguna; que seamos el país con más desigualdad de Europa, donde uno de cada tres niños vive por debajo del umbral de la pobreza; que el sistema de pensiones esté quebrado, o que España esté al borde del abismo y con los pies colgando, con el gasto público fuera de control y una burbuja de deuda imposible de pagar que será la ruina de varias generaciones.

En ningún momento esta banda de los cuatro, que ha sobrepasado los límites de la decencia, ha debatido cómo solucionar los graves problemas de España. Solo han discutido sobre quién va a mandar y cuántas poltronas se lleva cada uno, y para ello han traicionado los estatutos de los propios partidos y a su propia madre si fuera menester. Solo hay algo en lo que todos están de acuerdo: más gasto, más impuestos y más deuda. PSOE/C's propugnan un incremento del gasto en 60.000 millones, Podemos de 96.000 millones y el PP no dice nada. Pero no hace falta, jamás ha cumplido los objetivos de déficit. Rajoy rechazó irresponsablemente un rescate a cambio de recortar gasto, nos endeudó en 500.000 millones y elevó la fiscalidad, particularmente de la clase media, al nivel más alto de nuestra historia.

¿Y qué decir del Gobierno en funciones? Era obvio, y así lo he venido afirmando desde hace meses, que el objetivo de déficit no se cumpliría, que sería superior incluso al de 2014 (el real es superior al publicado). Y ahora resulta que todos se asombran y rasgan las vestiduras, como si los gastos electoralistas fueran una fantasía de los 'catastrofistas', como si el déficit de la Seguridad Social no se supiera mes a mes que iba a doblar el de 2014 o como si se acabaran de enterar de que Rajoy y sus secuaces se han pasado la Ley de Estabilidad Presupuestaria por el forro desde 2012 y han dejado el gasto autonómico fuera de control.

En lugar de intervenir las CCAA que no cumplieran, como se comprometió Rajoy y me confirmó personalmente Montoro, les han entregado 175.000 millones de euros vía fondos de liquidez y de pago a proveedores, sin intereses y sin control alguno. ¡Y ahora Montoro clama porque no cumplen!, ¡pero si llevan cuatro años sin cumplir! Y lo que es de cárcel: hace dos semanas prometen al sedicioso Junqueras 7.560 millones para devolver préstamos y financiar la independencia. Pero esta vez el descrédito institucional está siendo colosal. Toda la gigantesca patraña de excelente gestión económica y de reducción de los desequilibrios esenciales vendida por Rajoy y coreada por los medios se ha venido abajo. De Guindos hace dos semanas decía que “España siempre cumple”, cuando no ha cumplido jamás y se ha convertido en el hazmerreír de Bruselas. Solo el río de dinero del BCE y su férreo control de la prima de riesgo nos salvan de la quiebra inmediata.

Las cifras de un desastre económico y social
La mayoría de la gente no es consciente del desastre económico y social, aparte del político, a que nos han llevado los 40 años transcurridos desde la infausta Transición. PSOE y UCD primero (PP después) engañarían a los españoles robándonos la democracia e imponiéndonos un régimen oligárquico de partidos, aliados primero con la oligarquía económica y a su servicio después. Son los autores del desastre, cuya piedra angular fue la creación de un modelo de Estado disparatado y único en el mundo. El "café para todos” de Adolfo Suárez, uno de los políticos más irresponsables en siglos -es un insulto que el aeropuerto de Madrid lleve su nombre-, fue un error histórico por el que España se fragmentaría en 17 reinos de taifas que además nos está llevando a la ruina económica y a la destrucción política.

La oligarquía política encontraría en ello el terreno propicio para colocar a sus élites territoriales, que a su vez enchufaron a cientos de miles de parientes, amigos y correligionarios -dos millones a día de hoy-, y para justificar su existencia se dotarían a sí mismas de todos los mecanismos propios de estados independientes, multiplicando por 17 parlamentos e instituciones, creando leyes propias y una burocracia que hace casi imposible el desarrollo empresarial. Todo un caos organizativo, de proliferación de organismos innecesarios, de duplicidades y de gastos sin control alguno. España es el país de la UE con mayor porcentaje de descentralización del gasto, casi los dos tercios, y el que menos instrumentos de control dispone. La autonomía organizativa y de gasto de las comunidades autónomas es mucho mayor de la que dispone España frente a Europa.

El Estado autonómico supone un despilfarro anual de más de 100.000 millones de euros. La duplicidades entre AAPP cuestan 36.000 millones, las más de 3.000 empresas públicas inútiles creadas solo para colocar a cientos de miles de familiares y amigos y para ocultar deuda, 15.000; pero luego existen todos los disparates inimaginables: embajadas, observatorios, canales de televisión, consejos consultivos, etc. A ello se suman los gastos derivados del fraccionamiento de los servicios al perderse todas las economías de escala, o las más de 300.000 personas dedicadas a romper la unidad de mercado, con más de 100.000 leyes y reglamentos en vigor. Y por otro lado, los oligarcas del Ibex, según calcula la CNMC, cobran por los bienes y servicios que suministran a las AAPP 45.000 millones de euros anuales de más que lo que costaría en forma competitiva. Es de locos.

Que con estas cifras nos digan que como no podemos mantener las pensiones hay que crear un impuesto adicional por 20.000 millones, o que para pagar a los parados sin recursos o a los dependientes, para mejorar la educación, cuando sobran 25 universidades públicas, etc, se necesita subir impuestos y endeudarnos brutalmente, simplemente no tiene pase. De todas formás, la culpa la tenemos los ciudadanos, que en lugar de salir a la calle a pedir la cabeza de esta clase política incompetente, despilfarradora y corrupta, dejamos como corderos que nos arruinen y que acaben con nuestro futuro y el de nuestros hijos.

En 1975, España era la octava potencia económica del mundo; hoy somos la decimosexta. En 1975, el PIB per cápita de España relativo a los nueve países centrales de Europa -antigua CEE- era del 81,4%, hoy es del 70%. En 1975, la industria representaba el 36% del PIB, hoy, convertidos en una economía de 'especuladores y camareros', representa el 15%. En 1975, el PIB per cápita de España era igual al de Irlanda, hoy el de Irlanda es un 46,6% mayor. En 1975, teníamos el cuarto mejor sistema de enseñanza pública de Europa, hoy uno de los peores. En 1975, la presión fiscal sobre el trabajo era del 14%, hoy es del 41%, frente al 36% de media de la OCDE. En 1975, los hijos vivían mucho mejor que sus padres, hoy por primera vez en siglos los hijos viven peor que los padres y con unas expectativas de futuro sombrías. Esta es la grandiosa herencia económica de la Transición.

El futuro económico inmediato
“Quiero un Gobierno que no robe y al que le cuadren las cuentas”, dice Rivera. Si esto es verdad, ¿cómo narices vas a formar Gobierno con el PSOE, que lleva robando desde 1982 y al que jamás le cuadraron las cuentas? Realmente grandioso, Albert. ¿Esto te lo ha contado Garicano, que dice que no podemos cumplir el déficit porque el despilfarro autonómico es intocable y que hay que subir impuestos o se te ha ocurrido a ti solito? Y este es el menos malo de la banda de los cuatro que tienen en sus manos el destino de España. Y ahora tratemos de extrapolar lo que sabemos para ver qué puede suceder en el futuro inmediato.

Empecemos por el crecimiento, tan ensalzado por medios y analistas, que ni se molestan en averiguar cómo se construye esta cifra y menos aún en contrastarla con la realidad. La cifra oficial es el 3,2% en 2015, les repito de nuevo cómo se calcula. Primero el BdE, sin dato contable alguno, a puro olfato a gusto del Gobierno de turno, adelanta una cifra estimada. Dos semanas después, el INE cuadra literalmente a martillazos sus cifras, que coinciden, ¡oh casualidad! al milímetro con las del BdE. El año que viene, cuando los datos macroeconómicos se revisen, dará la cifra de crecimiento definitiva de PIB 2015. ¿Y qué ha pasado con los PIB de 2011, 2012 y 2013? Pues que el crecimiento fue entre cuatro y cinco décimas inferior a la estimación oficial, lo que ha venido ocurriendo sistemáticamente desde 2008.

O sea, que dentro de un año nos enteraremos de que el crecimiento de 2015 no fue del 3,2% sino del 2,7 o el 2,8%. Y, entonces, ¿a quién narices le importará ya? Pero aquí y ahora, la cifra estimada parte de la base de que el crecimiento en el 4T fue del 0,8%. ¿Y cómo el crecimiento del 4T va a ser igual que el del 3T cuando se crearon 180.000 puestos de trabajo mientras que en 4T estos se desplomaron a solo 31.000? O ¿cómo es posible que el deflactor del PIB sea del +0,6 si el IPC ha caído un -0,5%? Si utilizamos el IPC para deflactar el PIB pm, el crecimiento no es del 3,2 sino del 2. Y en cuanto a 2016, la previsión que acaba de publicar el BdE es una broma, resulta inaudito que los medios lo comenten como si fuera la Biblia sin que nadie se moleste en contrastar nada, ni en explicar que el BdE nunca ha dado una en sus previsiones excepto sobrevalorarlas.

Para empezar, el crecimiento del T1 no es del 0,7, sino del 0,6; y a nivel año la estimación no es del 2,7%, sino del 1,5 (0,6, 1T; 0,5, 2T; 0,3, T3, y 0,1, 4T), y lo que es peor: casi cero para 2017. Si analizamos los indicadores económicos más significativos, el crecimiento de las ventas en grandes empresas ha caído un 3,9% respecto al 4T de 2015; el crecimiento del consumo de energía eléctrica corregido ha pasado de un +2,5 al -0,7%; el IPI, del 4,2% al 3,2; el crecimiento del consumo aparente de cemento es un tercio inferior; el crecimiento de la matriculación de vehículos de carga es casi la mitad; la negatividad del saldo comercial exterior ha crecido en un 25%, y los indicadores de confianza industrial y del consumidor se han desplomado al -1,9 y al -2,5% respectivamente, o veamos los PMI manufacturero y de servicios, que indican que la tendencia futura va en caída: ¿de dónde sacan los artistas del BdE que el crecimiento ha sido solo una décima menor?

Respecto al déficit de 2015, la cifra dada por Montoro no es que sea falsa, es que es groseramente falsa. Según esta, el déficit de la Seguridad Social es del 1,26% del PIB, o 13.500 millones de euros, sin embargo, y a falta de los datos de diciembre, que ¡oh casualidad! aún no están publicados aunque sí los de enero de 2016, los recursos no financieros han crecido en 2015 un 0,8% mientras que los gastos no financieros lo han hecho al 5,8%. Extrapolando el mes que falta, el déficit es de 20.000 millones, el doble de 2014. Esto significa que el déficit de las AAPP es 6.500 millones superior al que ha dicho Montoro o 0,6 puntos de PIB. Si a esto le sumamos el que Montoro ha dejado los cajones llenos de facturas y las CCAA hasta los armarios, el déficit público real supera el 6% ampliamente. ¡ A ver cuándo Bruselas empieza a comprobar algo para variar!

Y así las cosas, con Rajoy como presidente del Gobierno, un desastre sin paliativos que habiendo tenido todo el poder para cambiar España lo ha empleado para endeudarla y empobrecerla hasta el límite, o con un Sánchez que no podría gestionar ni una tienda de chuches, nuestra ruina está asegurada. ¿Cuándo ocurrirá esto? España necesita en 2016 y siguientes obtener en torno a 250.000 millones de euros anuales en los mercados para renovar deuda y deuda nueva, una cifra que causa vértigo y que sin el blindaje del BCE sería imposible. Que la banda de los cuatro diga que se acabó la austeridad es de traca, ¿nos van a prestar acaso 300.000 millones cada año para gastar lo que nos dé la gana? Por lo tanto, cualquier variación en la percepción del riesgo España en los mercados o que Bruselas exija el recorte inmediato del gasto pondrán punto final a este desastre. Desgraciadamente y mientras tanto, nos freirán a impuestos y completarán la destrucción de la clase media y el hundimiento de las pensiones.

¡Fuera autonomías!
Santiago Abascal Libertad Digital 4 Abril 2016

El jueves de esta semana hemos tenido una desagradable noticia: el Gobierno se ha desviado casi un punto del objetivo de déficit marcado para el ejercicio 2015. A la vez que anunciaba el incumplimiento, el ministro Montoro pretendía exonerarse de responsabilidad señalando a las comunidades autónomas como las culpables de la desviación.

Según Montoro, la administración central y los ayuntamientos han cumplido sobradamente. Los verdaderos responsables seríán los gobiernos autonómicos que han tenido una desviación más del doble de lo previsto: un 1,66% respecto al 0,7%. El gobierno sedicioso de Cataluña ha batido todos los records: se ha desviado en un 2,7%. Cuatro veces más del objetivo.

Montoro se ha hecho el serio. Ha dicho que va a exigir que se cumpla la regla de gasto en aplicación de la Ley Orgánica de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera. Nos congratulamos de las palabras del ministro. Lo que no alcanzamos a comprender es por qué lleva tres años sin hacer que se cumpla la ley.

No han faltado las voces de protesta en la clase política autonómica. El traidor mayor del reino, Carles Puigdemont, ha denunciado que el responsable del déficit es el gobierno central y ha tachado de amenaza el anuncio de que se va a hacer cumplir la ley. Y, para que no quede duda de que no se va a achantar, ha anunciado que la Generalidad seguirá estando al lado de la gente. La pregunta es: si el gobierno de Mariano Rajoy no es capaz de impedir que los separatistas organicen una Hacienda catalana, ¿cómo va a conseguir que se cumpla la Ley de Estabilidad Presupuestaria?

Pero es que a Montoro no sólo se le rebelan los separatistas. También le contestan los suyos. La consejera de Economía de Castilla y León, Pilar del Olmo, ha dicho que no admite "en absoluto" que el gobierno les eche la culpa del incumplimiento del objetivo de déficit. Y que lo que hay que hacer es distribuir de otra forma el objetivo de déficit entre el Estado y las CCAA.

Cuesta saber quién tiene la razón en este asunto. Una cosa es segura: España vuelve a incumplir el objetivo de déficit, un año más. Y eso a pesar de que hemos tenido todas las variables macroeconómicas a nuestro favor: el precio del petróleo por los suelos, los tipos de interés en sus mínimos históricos, un tipo de cambio que hace a nuestras exportaciones ser extremadamente competitivas. ¿Qué pasará cuando todas estas variables no nos sean tan favorables?

España se ha vuelto ingobernable. Las comunidades autónomas no sólo son lesivas para preservar la unidad de la Nación. Las comunidades autónomas hacen a España inviable desde el punto de vista económico. Todo se ha multiplicado por diecisiete y se han creado redes clientelares que han sido caldo de cultivo de los mayores escándalos políticos de nuestra historia (ERE, Pujol, Púnica y Gurtel).

Lejos de acercar el poder al español de la calle, las autonomías han servido para hacer crecer el número de funcionarios, crear infraestructuras sin sentido y colocar a amiguetes en cargos sin ninguna utilidad. Las CCAA han hecho que nuestra legislación se multiplique por diecisiete, haciendo nuestro país ingobernable para políticos e incomprensible para los ciudadanos y generando costes regulatorios que hacen que nuestras empresas no puedan competir.

Este juguetito de los políticos nos cuesta a los españoles todos los años más de 80.000 millones de euros. La consecuencia es que sufrimos recortes en servicios públicos esenciales como la sanidad y la educación. Hemos visto cómo se pone en peligro el funcionamiento de nuestras Fuerzas Armadas y de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Hemos contemplado con tristeza cómo se ha desmantelado nuestra ciencia y hemos visto cómo nuestros mejores investigadores se tienen que ir de España.

Mientras tanto, la élite política autonómica ha mantenido intactos todos sus privilegios. Las CCAA se han convertido en nuestro principal problema. Por eso en Vox lo tenemos claro: ¡fuera autonomías!

Santiago Abascal, presidente de Vox.

Un ajuste más difícil tras la expansión fiscal de 2015
Rafael Doménech El Espanol 4 Abril 2016

Seis años después de alcanzar en 2009 el mayor déficit público de la democracia, con un 11% del PIB, las administraciones públicas han cerrado 2015 con un déficit del 5,2%. Una disminución de casi seis puntos en seis años, pero que todavía obliga a que 12 de cada 100 euros de gasto público deban financiarse mediante nueva deuda.

¿Cómo podemos valorar el ajuste fiscal de 2015, en el que PIB ha crecido un 3,2%, el mayor crecimiento de esos últimos seis años? En primer lugar hay que resaltar que el déficit se ha desviado un punto por encima del objetivo comprometido con Bruselas y solo se ha reducido 6 décimas respecto al déficit del 5,8% alcanzado en 2014. Un ajuste que alcanza las 9 décimas si eliminamos algunas partidas excepcionales y que, en cualquier caso, es ligeramente inferior a la media de los cinco ejercicios anteriores, justo el año en que más ha crecido la economía.

Puesto que una parte de ese 3,2% de crecimiento del PIB se debe precisamente a que la política fiscal ha sido expansiva, es necesario tener primero una idea de cuál ha sido el impulso fiscal que se ha llevado a cabo en 2015. La mejora cíclica hizo posible que la economía creciera a una tasa mayor (en 2014 el PIB creció un 1,4%) y se redujera el desempleo del 24,4% al 22,1%, de manera que con una política fiscal neutral el déficit podría haberse reducido fácilmente hasta el 4%, según las estimaciones de BBVA Research.

Esto significa que el impulso fiscal (la diferencia entre una política fiscal neutral y la finalmente observada) puede estimarse en casi un punto del PIB, como consecuencia de un mayor gasto público y de las rebajas fiscales de 2015. Es cierto que sin ese impulso fiscal la economía habría crecido alrededor de medio punto menos (un 2,7% en lugar del 3,2% realmente observado), por lo que el déficit tampoco habría podido disminuir tanto.

En definitiva, frente al crecimiento del PIB del 3,2% y el déficit del 5,2% observados en 2015, una política fiscal neutral en lugar de expansiva habría supuesto un crecimiento menor, aunque bastante sólido y, sobre todo, más equilibrado. A cambio, el déficit habría sido significativamente más reducido, alrededor del 4,3% del PIB si se eliminan las tres décimas de partidas excepcionales, de manera que la desviación con el objetivo de déficit habría sido mínima.

Las cifras anteriores ponen de manifiesto una conclusión muy clara: las políticas fiscales expansivas no se financian solas. No hay menús gratis, ni en las recesiones, como en 2009, ni en las expansiones, como ahora. El estímulo a corto plazo es a costa de un importante aumento del déficit, que implica un menor crecimiento futuro.

Dependiendo de la eficiencia de esas políticas fiscales expansivas (no es lo mismo aumentar el gasto que reducir los impuestos, ni todas las políticas de gasto tienen los mismos efectos sobre la actividad), el balance neto de traer crecimiento del futuro al presente puede ser negativo. Es por ello que las políticas fiscales con fines estabilizadores deben utilizarse con mucha prudencia, con medidas muy selectivas, una implementación eficaz y una estrategia de salida bien diseñada antes de empezar a aplicarlas. La fuerte caída de ingresos y los estímulos fiscales de 2008 y 2009 nos llevaron a un callejón sin salida del que sólo hemos desandado medio camino. Si queremos obtener un resultado distinto no podemos empecinarnos en hacer de nuevo lo mismo.

Por lo tanto, resulta obvio que no es posible resolver con políticas fiscales expansivas los problemas estructurales de la economía española. Es un grave error pensar que nuestra elevada tasa de paro estructural va a disminuir solo con políticas de demanda como, por ejemplo, con un aumento del gasto público. Una expansión fiscal continuada solo puede ser la consecuencia pero no la causa del crecimiento y la creación de empleo. Un crecimiento, eso sí, que también será mayor cuanto más eficientes sean las políticas de gasto público (lo que requiere gastar mejor) y de impuestos (mediante una mejora en la estructura fiscal).

Puesto que la experiencia de 2015 es un buen ejemplo de que no puede reducirse el déficit mediante políticas fiscales expansivas, la pregunta es cómo conseguirlo. Una forma de hacerlo es mediante la disminución del gasto y el aumento de los impuestos. Aunque esta es una opción, no parece la más acertada por los efectos negativos que tendría a corto plazo sobre el crecimiento y el empleo, cuando la tasa de desempleo sigue siendo tan elevada.

La alternativa más razonable es llevar a cabo durante algún tiempo una política fiscal neutral, mientras el crecimiento de la actividad y del empleo terminan por cerrar el déficit fiscal. Para ello se requiere actuar en dos frentes. En primer lugar, que la política fiscal sea neutral y no aumente el gasto en términos reales no significa que no haya margen para mejorar la eficiencia en la provisión de bienes y servicios públicos, y la estructura del gasto.

Actualizando un reciente estudio con Ángel de la Fuente y Javier Andrés con los datos que acaban de conocerse, a pesar del ajuste fiscal realizado, el gasto público per cápita a precios constantes en 2015 es un 4,3% superior al de 2007, justo antes del inicio de la crisis. Algo parecido se observa con el gasto real en sanidad y educación pública por usuario potencial, un 1,4% y un 3,1% superior al de 2007 respectivamente. El reto es gestionar esos recursos adicionales de manera que la sociedad reciba más y mejores servicios públicos, donde todavía tenemos un largo camino por recorrer para acercarnos a los países europeos con unas administraciones públicas más eficientes.

En segundo lugar, mediante políticas estructurales que permitan reducir permanentemente el desempleo. Si la creación de empleo es solo cíclica, aprovechando los vientos de cola pero sin reformas adicionales, el déficit a finales de 2016 se situará entre el 3,5% y el 4% del PIB y se estabilizará alrededor del 2% del PIB a medio plazo, sin cumplir el objetivo de estabilidad presupuestaria y sin margen para futuras políticas fiscales.

Por el contrario, si lleváramos a cabo reformas estructurales acertadas que disminuyeran a largo plazo la tasa de paro estructural en 12 puntos porcentuales, a los niveles de EE.UU. o de las economías europeas más avanzadas, dispondríamos de un 9% del PIB adicional para políticas fiscales y reduciríamos la deuda pública.

Por lo pronto, el cierre de 2015 aleja a España de la senda prevista en el último Programa de Estabilidad. Y nos deja en una complicada situación para consensuar durante los próximos meses con nuestros socios europeos la nueva senda a 2019. Sobre todo teniendo en cuenta las dificultades de formar un nuevo gobierno tras los resultados del 20-D y las distintas preferencias de los partidos respecto a la estabilidad presupuestaria.

En este contexto, la aprobación de nuevos Planes de Estabilidad Financiera provocará tensiones con las comunidades autónomas. Lo peor que podría pasar es que esta situación de incertidumbre sobre el ajuste de las cuentas públicas se trasladara a los mercados que tienen que financiar la deuda (las emisiones brutas previstas por el Tesoro para 2016 superan el 20% del PIB) y disparara de nuevo las primas de riesgo, reduciendo aun más el margen de maniobra y los recursos disponibles que precisan muchas políticas públicas necesarias.

*** Rafael Doménech es economista jefe de Economías Desarrolladas de BBVA Research.

La fuerza moral
NICOLÁS REDONDO TERREROS El Mundo 4 Abril 2016

«Era inverosímil que la especie humana hubiera llegado a una cosa tan bella, tan paradójica, tan elegante, tan acrobática, tan antinatural como la democracia liberal», decía con fuerza y belleza poética Ortega y Gasset. Nos indica esta descripción del filósofo español que la democracia es algo más, algo distinto a la sustitución pacífica de un Gobierno por otro, como proponía en un ejercicio supremo de sencillez y humildad protestante su colega Karl Popper. Ambos tenían razón y, a pesar de las diferentes formas de definir la democracia, las visiones de los dos filósofos no andan tan lejos si interpretamos correctamente al autor de La sociedad abierta y sus enemigos.

El logro mayor del sistema democrático, que nos puede pasar inadvertido por su envergadura, es la posibilidad de cambiar los gobiernos sin guerras sangrientas, sin derrotas humillantes; pero para lograr ese objetivo ha sido necesario atravesar una larga lucha por la emancipación de los seres humanos, que les ha terminado transformando en ciudadanos, en hombres por encima de tradiciones, de religiones, de riquezas y apellidos. ¡Sí!, una larga andadura para perfeccionar un sistema sofisticado y poco natural, producto de la razón, que exige un esfuerzo mínimo para su adecuado desenvolvimiento. Y justamente ese esfuerzo colectivo hace que la democracia no sea cuestión exclusiva de los políticos; toda la sociedad, todos los ciudadanos están obligados a contribuir al buen funcionamiento del sistema, renunciando a una expresión individual, primaria, natural, instintiva de sus necesidades, de sus inclinaciones, de sus pasiones, de sus apetitos. La democracia nos exige a todos, no sólo a los políticos -aunque a ellos muy especialmente- un comportamiento, podríamos decir un modo de vida muy determinado.

Los padres de la democracia siempre tuvieron presente la necesidad de un determinado contenido moral para el buen y armonioso funcionamiento de la democracia. Lo tuvieron los antiguos griegos y lo tuvieron, pasados mil años, los padres de la independencia de Estados Unidos; también lo vimos en los teóricos continentales desde Montesquieu a Tocqueville. Ese vigor moral no tiene que ver sólo con el comportamiento de nuestros representantes, también les obliga a los representados, a los que se les exige el conocimiento de los límites del sistema y de su propia libertad, así como la asunción de las responsabilidades que supone delegar libremente en otros para que hagan lo que yo no estoy en condiciones de realizar. Este sistema tan alejado de nuestros instintos más básicos se basa en una desconfianza en el ser humano, por ello está plagado de contrapesos y leyes que limitan la autonomía del individuo y el poder de los gobernantes, pero paradójicamente sería imposible su funcionamiento sin una confianza suficiente entre sus integrantes, y entre éstos y sus representantes. Justamente para conseguir el equilibrio entre la necesidad de tener confianza y la desconfianza en la que se basa el sistema, se hace imprescindible el vigor ético en la sociedad democrática. La educación y el ejemplo de los ciudadanos, y de forma sobresaliente de los elegidos, son la causa de la debilidad o fortaleza del vigor ético, que desde luego poco tiene que ver con las expresiones morales de carácter religioso.

No nos hacemos menos egoístas y más responsables, menos autoritarios y más tolerantes, menos primitivos y más sofisticados, menos indiferentes hacia los desconocidos, automáticamente, de la noche a la mañana. Éste fue nuestro gran error: la soberbia de creer que unas elecciones, la elección de unos representantes, la sustitución pacifica de los gobiernos, eran suficientes sin mitos, sin educación, sin ejemplos. Es suficiente mientras todo está claro, cuando el crecimiento económico, el bienestar individual y colectivo nos permite vivir sin necesidad de fijar nuestra atención en los que nos rodean o en el Estado. Pero cuando predominan los grises, cuando nuestro entorno se abigarra de conflictos y todo se vuelve confuso, cuando es seguro ya que nuestros hijos no vivirán mejor que nosotros como ha sucedido generación tras generación, cuando nos percatamos que nos falta algo, cuando no estamos seguros de nada y la duda se hace general, es necesaria esa fortaleza moral de carácter cívico que nos permite seguir confiando en el sistema y ejerciendo como ciudadanos.

Con el tiempo también hemos perdido los ejemplos que dan seguridad y estabilidad al sistema. No hemos trasladado al ámbito de los símbolos nada de lo acaecido desde 1978 y las personas que pudieron integrar un santoral laico y ejemplar han sido convenientemente olvidadas: las víctimas del terrorismo de ETA se han desperdigado en las diversas opciones políticas según iban perdiendo un apoyo popular activo; los movimientos sociales que lucharon por la libertad clausuraron su actividad o terminaron convirtiéndose en convencionales partidos políticos; la integración en los países de nuestro entorno dejó de interesarnos cuando el balance objetivo dejó de ser claramente positivo. Hoy parece que no tenemos nada que defender, nada de lo que sentirnos orgullosos.

Por otro lado, la elección de los gestores públicos hace tiempo que perdió el sentido ejemplarizante que debería tener y hoy podríamos decir, como decía en el siglo XV Gómez Manrique, «los mejores valen menos,/ ¡mirad que gobernación:/ ser gobernados los buenos/ por los que tales no son/ los cuerdos fuir debrían/ de do locos mandan más,/ que cuando los ciegos guían/ ¡guay de los que van detrás!». Otro ejemplo de debilitamiento del vigor ético de la política española es la incapacidad de nuestros políticos de administrar correctamente los resultados del 20-D; es decir, buscando el equilibro entre sus diferentes derechos y las necesidades de la sociedad que les ha elegido.

El PP ha ganado las elecciones sobradamente pero no puede formar Gobierno. El PSOE de Sánchez ha perdido claramente las elecciones y, sin embargo, ha reunido más diputados que el partido de Rajoy en el Congreso. Ambos han tenido un resultado menor que el obtenido en las elecciones generales anteriores por sus partidos y ésa es su responsabilidad, sólo a ellos se les puede achacar el descenso de apoyos. Cierto es que si entendemos la fortuna como todos aquellos acontecimientos que, sin depender de la voluntad del sujeto, sin embargo le afectan, ésta les ha sido adversa.

A Rajoy le ha tocado lidiar la legislatura más complicada desde 1978 y Sánchez heredó un partido sin rumbo cuando se hizo cargo de la secretaría general. Al líder del PP le ha correspondido ver cómo aparecía una proyección política nueva sin las cadenas del pasado en su propio espacio político, o en el que parecía que él deseaba desenvolverse, lejos del sentimentalismo anterior de la derecha española; al PSOE, sin respuestas propias a la crisis económica y cultural que vivimos, le ha sorprendido una aventura política difusa y confusa pero con la fuerza que prestan las grandes crisis a la desesperación. Los dos tienen quejas y argumentos, pero sus legítimas reivindicaciones y sus justificables lamentos debilitan el vigor ético según se acerca el día en el que legalmente se vean obligados a convocar elecciones. Les asiste el derecho a mantenerse en sus posiciones y pierden toda la razón cuando sus argumentos partidarios impiden formar un Gobierno estable, sólido, previsible, que se enfrente con garantías a los muy graves problemas políticos y económicos que acechan a la sociedad española.

No tengo dudas;si volvemos a unas elecciones yo votaré, como siempre lo he hecho desde que me asiste el derecho a votar. Pero lo haré con menos alegría, con más suspicacia que la vez anterior. Sabré, sin lugar a dudas, que los líderes políticos actuales, los responsables de la ausencia de soluciones, no han tenido el coraje moral de interpretar los intereses de los españoles, parapetados en sus siglas, en sus intereses, en sus ambiciones y en sus pequeñas razones, han impedido soluciones intermedias o equilibradas.

Rajoy anuncia que nunca se rendirá y Sánchez, no hace falta que lo diga. Ambos seguirán y se volverán a presentar debilitando ese vigor ético que hace que la democracia funcione. Las soluciones en España pocas veces vinieron de las élites, una vez más, probablemente de manera desordenada, serán los ciudadanos españoles a los que les corresponderá dar una solución.

Nicolás Redondo Terreros es presidente de la Fundación para la Libertad y miembro del Consejo Editorial de EL MUNDO.

El harakiri
Luis Ventoso. ABC 4 Abril 2016

Realmente es muy curioso. También bastante desolador. Deténganse a pensarlo solo un instante: ¿han escuchado alguna vez a Sánchez o Iglesias hablar bien de su país y en clave de éxito? ¿Los han oído elogiando con satisfacción algo de lo que hacen los españoles? ¿Han mostrado en una sola ocasión el más mínimo orgullo por la historia de una nación de tamaño medio que llegó a ser la mayor potencia mundial que ha existido? ¿Los han visto replicar claramente al separatismo xenófobo que España es un proyecto secular y extraordinario, mucho más moderno, fraternal y constructivo que la regresión a las taifas cainitas? ¿Han reconocido alguna vez que España, gracias al estoicismo, laboriosidad e ingenio de su pueblo, ha salido en tiempo récord a la sima de una quiebra? ¿Han ensalzado que somos el país grande de la UE que más crece y el que está creando más empleo? ¿Han aplaudido alguna vez la competitividad de nuestras multinacionales, o destacando el hecho de que el país labriego del «que inventen ellos» se ha convertido en una potencia exportadora? ¿Son Pedro y Pablo capaces de festejar la alegría de vivir única de los españoles, la seguridad de sus calles, los deleites naturales, monumentales y gastronómicos que hacen que bata registros de visitantes? ¿Se sienten orgullosos del país de Velázquez, Cervantes, Valle-Inclán, Picasso y Gaudí? ¿O acaso les ponen más «Juego de Tronos» y la NBA?

Curioso lo de España, está a un paso de ser un país de élite y a otro de complicarse la vida

La respuesta a todo lo anterior es un enorme «no». De un modo casi patológico son incapaces de decir algo bueno de su país. Lo que enfatizan, al igual que algunas televisiones que se lucran con el apocalipsis, es sencillo. Disculpen la expresión que lo resume, pero es la más clara: todo lo nuestro es una mierda.

La situación de España es paradójica. Ha mejorado muchísimo en solo treinta años. Está a un paso de las puertas del cielo. Pero se ha empecinado en llamar a las del infierno. Por una parte, cuenta con todos los mimbres para convertirse en un país de élite. Solo le falta autoestima y, sobre todo, más orden organizativo y respeto por sus propias leyes e instituciones. Pero por otra parte, se ha sumido en una espiral paralizante de derrota y denigración de todo lo suyo, empezando por su democracia. Chapotea en una marea de auto desprecio, resultado del dolor de la crisis, de su insólito mapa televisivo y de la demagogia populista y separatista (la corrupción también golpea a Italia y Francia y no se hacen el harakiri).

El problema es que esa demolición de todo lo nuestro empieza a erosionar los pilares de nuestra democracia y convivencia. En España ya se sueltan con toda naturalidad asertos tan emponzoñados como que si no te gusta una ley debes incumplirla. También ha retornado un talante excluyente propio de los totalitarismos del siglo XX, que convierte al adversario ideológico en un apestado intocable.

Entre tertulias al rojo vivo, salsa rosa y cocineros sin cuento valdría la pena emitir unos sencillos anuncios que recordasen aquel aviso de Karl Popper: «Los que prometen el paraíso en la tierra nunca trajeron más que el infierno».

Ojalá que España logre desactivar la bomba de odio y atraso que ella misma está cebando.

Déficit de empatía
IGNACIO CAMACHO. ABC 4 Abril 2016

Se suponía que sanear el déficit era el gran objetivo incomprendido del Gobierno. El que justificaba la ausencia de empatía política, el autismo y el énfasis economicista que ha devastado al marianismo. Cuadrar las cuentas, «no gastar más de lo que se tiene», el mantra que repetía Rajoy al comienzo de la legislatura. «Yo no estoy aquí para ser simpático», aducía a su vez Montoro, un ministro que desconoce que para estar en el poder hay que captar el voto de los ciudadanos, además de su dinero. Pues bien: la legislatura ha acabado con un punto largo de déficit -diez mil millones de euros- por encima del objetivo fijado por la UE. 5,26 frente a 4,2. El Gabinete al que sólo le importaban las cifras ha terminado derrotado por ellas.

La culpa es de las autonomías, dice el argumentario oficial. Verdad hasta cierto punto. Las autonomías gastan más porque en ellas reside la mayor parte de la capacidad de gasto. Es cierto que la llegada de gobiernos de izquierda el año pasado ha disparado los costes de personal en casi 4.000 millones. Y que los virreinatos han sido incapaces de reducir su hipertrofiado aparato administrativo. Sólo que en tres de los cuatro años de legislatura el PP gobernaba en la mayoría de las comunidades. Y que el Ministerio de Hacienda -sí, el de Montoro- tenía la obligación y el mandato de embridar su despilfarro.

La realidad es que el Gobierno de la nación tampoco ha sido capaz de reducir ese gasto desproporcionado que caracteriza nuestro Estado subvencional. Que de los 42.000 millones en que se ha reducido este cuatrienio el descomunal déficit que dejó Zapatero, 26.000 corresponden al aumento de los ingresos, básicamente de la recaudación fiscal. Es decir, que el déficit lo hemos bajado nosotros. Los contribuyentes. Los empleados de nómina que pagamos los impuestos que subió… ¿adivinan quién? Montoro. Y que el sector público sólo ha ahorrado al final 16.000 millones. Pese a lo cual, y debido a ese proclamado desinterés por explicar las cosas y hacer política fuera de los despachos, el PP se ha consagrado ante la opinión pública como el partido austericida de los recortes, el asesino de los derechos sociales. Todo un éxito propagandístico.

La realidad es que los ciudadanos que votaron a Rajoy para que corrigiese el desparrame socialdemócrata se han encontrado con una especie de socialdemocracia de derechas que, incapaz de adelgazar la Administración, ha aplicado una presión fiscal insólita. Por ahí se le han escapado al marianismo, corrupción aparte, millones de votos. El Estado, en todos sus niveles, sigue siendo un gigante del derroche, y encima muchos votantes han comprado el agit prop de la izquierda sobre el carácter antisocial del Gobierno. Y el contribuyente responsable y puntual, el ahorrador esquilmado, se encuentra tras este fracaso ante una izquierda que pretende ahora gobernar… ¡¡subiendo los impuestos!!

Molenbeek o la falta de Estado
Elías Cohen Libertad Digital 4 Abril 2016

En su libro Political Order and Political Decay, Francis Fukuyama afirma que para que un Estado funcione son necesarias instituciones eficientes. Es, además, el desarrollo e implantación de estas instituciones, independientes pero leales, lo que garantiza el respeto a la ley y la responsabilidad de los gobernantes (accountability). Solemos pensar que en Europa, donde tenemos instituciones locales, regionales, federales (en España autonómicas), nacionales y supranacionales (comunitarias), contamos con un orden político disciplinado y eficiente; creemos que el Estado funciona y ciertamente así es. Pero hay barrios como el de Molenbeek, en Bruselas, que, por la falta de instituciones eficientes, entre otras razones, se han convertido en nidos de reclutamiento del Estado Islámico y otros grupos islamistas. Ahí el Estado no funciona omalfunciona, porque apenas existe.

Esta situación, desgraciadamente, no es nueva, sino fruto de un proceso de dejación de funciones por parte de los Gobiernos nacionales en las últimas décadas.

Molenbeek, refiere Matthew Levitt en Politico, es un barrio marginal en el que el nivel de desempleo es alarmante, y la delincuencia común, relacionada con robos y drogas, está a la orden del día. En palabras de la alcaldesa del distrito, Molenbeek es víctima de "la falta de atención e inversión gubernamentales". A este respecto, no es casualidad que Abdeselam Salah, buscado por los atentados de París del 13 de noviembre, se refugiara en Molenbeek y campara durante un tiempo a sus anchas por sus calles. Tampoco es casualidad que en ese barrio se gestaran los ataques terroristas en el metro y en el aeropuerto de Bruselas que nos conmocionaron esta Semana Santa. Tampoco lo es que Abdelhamid Abaúd, cerebro de los atentados del pasado noviembre en París, se criara en Molenbeek.

Es islamismo no es cosa de individuos dementes, sino de redes bien organizadas y financiadas, con poderosos aparatos de adoctrinamiento y recluta, tal como nos recuerda Max Boot. Las botas sobre el terreno y los ataques aéreos en Oriente Medio no son suficientes: es necesaria una estrategia que luche contra la organización de esas redes, contra la radicalización y contra el adoctrinamiento. Es vital que el Estado entre en esos barrios de mayoría musulmana desde donde han salido los mayores ataques contra las grandes ciudades europeas en el último año. De acuerdo con los datos de Europol, son ya 5.000 europeos sospechosos de terrorismo los que han viajado a Siria e Irak para engrosar las filas del Estado Islámico. Aún no sabemos la cifra exacta de los que han vuelto.

A estos barrios no llega la jurisdicción del Estado, han sido hace años abandonados a su suerte. Además de suponer el caldo de cultivo perfecto para la recluta de islamistas, también son una gran fuente de problemas por sus índices de criminalidad, paro y población subsidiada. La forma de atajar el problema es costosa y requiere sofisticación, pero los recursos no llegan.

Dice Boot: "Lo (…) más efectivo (…) sería que Bélgica, Francia y otros países europeos hicieran una labor mucho mejor a la hora de asimilar a los inmigrantes musulmanes". En este sentido, frenar el islamismo radical requiere un proceso de secularización y de occidentalización de los musulmanes radicalizados. Una separación entre la auctoritas civil y la religiosa por la que ya pasaron las demás religiones monoteístas. Para ello, la integración completa, no parcial, es el mejor remedio a largo plazo. La parcial es aquella que, anidada en lo políticamente correcto, ha permitido que comunidades musulmanas no interioricen la legitimidad del orden europeo, aduciendo, por ejemplo, un argumento racista: los musulmanes no están preparados para vivir en democracia y hay que respetar, aceptar y tolerar todos sus usos y costumbres, hasta aquellos que chocan con las libertades y los derechos humanos.

Hay que ser algo justos con Bruselas: después de los atentados de París se puso en marcha el Plan Molenbeek, como una necesidad de dotarse de "instituciones adecuadas que lidien con los problemas exclusivos del distrito"; sin embargo, como ya hemos apuntado, es un problema complicado que requiere un proceso largo y bien planificado.

No obstante, pese a las iniciativas dirigidas a encarar el asunto y no sortearlo, prevalece actualmente un enfoque aislacionista para atajar el auge del islamismo en Europa: cerrar fronteras, meter a la Policía en los barrios marginados y salir de Oriente Medio; pero, como dijo Tony Blair, desentenderse de la lucha no traerá la paz.

Las soluciones deben estar centradas en el problema con el islamismo que tenga cada país. Acabar con las redes islamistas en Europa requiere la intervención no sólo de los cuerpos de seguridad, sino de todas las instituciones que han estado ausentes tanto tiempo.

© Revista El Medio

ALERTAN DEL AUMENTO DE LA RADICALIZACIÓN
Las cárceles británicas, nuevos semilleros de yihadistas
Alrededor de un millar de presos musulmanes corren el riesgo de ser reclutados por los extremistas radicales. La policía británica cree que más de 20 células yihadistas operan en el país.
A.G  www.gaceta.es 4 Abril 2016

Las cárceles del Reino Unido se están convirtiendo en 'academias' de terroristas donde presos islamistas radicales han tomado el control, ha dicho Charles Falconer, exministro de Justicia, al ser interpelado sobre la grave amenaza yihadista que vive el país.

El político ha llamado la atención sobre el hecho de que alrededor de mil presos musulmanes corren el riesgo de ser reclutados por los extremistas radicales que ya han participado en combates en las filas yihadistas en Siria e Irak.

"En las cárceles británicas son cada vez más frecuentes los ataques a los funcionarios y a los presos, crece el número de suicidios, así como el número de casos en los que las fuerzas especiales deben pacificar a los prisioneros", ha explicado Falconer.

Con el aumento del número de presos, que además se produce en un contexto de reducción de la financiación de los centros penitenciarios, aumenta la amenaza de que las prisiones se conviertan en un polvorín, ha opinado el exministro.

Falconer ha cargado contra Michael Gove, secretario de Justicia, por "haberse distraído" de hacer frente a un problema que amenaza la "seguridad nacional" en favor del referéndum de permanencia en la UE que decidirá si el brexit se hace definitivo.

"Todo funciona mal en las prisiones en este momento, las agresiones se repiten, los disturbios son constantes y han aumentado los intentos de agresión", ha sentenciado.

Los papeles de Salamanca
Ernesto Ladrón de Guevara www.latribunadelpaisvasco.com 4 Abril 2016

Hace 10 años, en esa tradición tan consagrada por el pragmatismo indecente y el tacticismo que caracteriza a la clase política nacional, el entonces presidente José Luis Rodríguez Zapatero regaló 1.400.000 documentos custodiados por el Archivo de la Guerra Civil de Salamanca al entonces tripartito social-nacionalista, o si se prefiere naci-socialista de Cataluña que tan buenos frutos dio al actual independentismo. Todo en nombre de la suma de votos para acceder a la Moncloa aunque sea desmembrando el país y concediendo lo que no es de derecho dar porque no es propiedad de los gobiernos.

Dudo mucho que el señor Zapatero, o el actual presidente del Gobierno que no ha hecho nada para rectificar el entuerto y devolver a su origen lo que nunca debiera haber salido de Salamanca, sepa para qué sirve un archivo. Y a lo mejor incomoda, más bien, que los investigadores diluciden sobre la verdad histórica, que no es lo mismo que la memoria histórica al uso y abuso de la izquierda de este país que hace cincuenta años en Toulouse decidió, con el famoso historiador Manuel Tuñón de Lara, de origen comunista hasta la caída del Muro de Berlín, adaptar la historia para cambiarla en las universidades, y así hacer una narración al gusto del consumidor.

Dudo mucho que la clase política actual, salvo honrosas y escasísimas individualidades, sepa algo de archivística, de metodología de la investigación histórica, o de la misma historia. Más bien, parece tratar de llevar el agua a su molino para fabricar un relato que en nada se parezca a la realidad de los hechos que son los que conforman la historia. Otra cosa es la interpretación de la misma. Pero los hechos objetivos, hechos son. Y el contexto social y cultural de la época en la que se produjeron también es un hecho que debe tenerse en cuenta para su interpretación.

Yo me pregunto para qué querrían los independentistas catalanes, Montilla inclusive, unos documentos, legajos o pruebas materiales de diversa naturaleza, que se produjeron en los momentos previos, durante o después de la propia Guerra Civil, si no es para hacerlos desaparecer y que nadie sepa lo que realmente ocurrió en verdad. Es cuando menos sospechoso tanto interés en acumular papeles sobre la Guerra Civil, y desentenderse de otros periodos de la historia.

El material archivístico debe estar en las mejores condiciones de acceso para los investigadores, y quienes nos hemos dedicado a hurgar en papeles, a veces rodeados de telarañas o roídos por los ratones, sabemos que no hay nada más incómodo para un investigador que ir dando tumbos de un lugar a otro para recopilar información fehaciente sobre tal o cual cuestión de naturaleza histórica. Que lo deseable para un investigador, sea cual sea el motivo para su estudio, es tener lo más concentrado posible ese material, esas cajas, legajos, material fílmico, gráfico, hemeroteca o de audio, que permita un ahorro de costes, de esfuerzos y de trabas de tipo burocrático, que también las hay. Todos sabemos que una buena archivística es aquella que tenga localizados, reunidos, ordenados y clasificados esos materiales, con escrupuloso respeto al valor y alcance de lo en ellos contenido. Y que no hay nada más engorroso que tener que desplazarse cientos de kilómetros para, a veces, no encontrar nada, pues o no hay un criterio homogéneo de clasificación o simplemente estar esos documentos apilados mezclando churras con merinas. Y eso en el mejor de los casos, puesto que en el peor puede ser que hayan desaparecido pues a alguien incomoda esa verdad o le dificulta en su empeño de hacer una historia a la medida de sus intereses.

Si son capaces de manipular a los niños para que no sepan la verdad histórica con un enfoque particularista de los currículos escolares para la construcción nacionalista, cómo no lo van a ser de liquidar aquellas muestras que comprometen gravemente sus mentiras y les dejan al descubierto.

¡Qué daño ha hecho usted, señor Zapatero!
La historia, la de verdad, le hará justicia, si no hay quien destruya las pruebas del delito.

Las múltiples trampas del "Manifiesto Koiné"
Asociación por la Tolerancia www.latribunadelpaisvasco.com 4 Abril 2016

Se dirige exclusivamente a los "creyentes en el proceso", según la Asociación por la Tolerancia

El pasado jueves, día 31, se presentó públicamente el manifiesto del Grupo Koiné Por un verdadero proceso de normalización lingüística en la Cataluña independiente, elaborado por la Asociación Lengua y República, nacida de la sectorial de lengua de la Asamblea Nacional Catalana (ANC). Los 170 firmantes iniciales se habían convertido, en el momento de la presentación, en 280 "estudiosos de la lengua, filólogos, lingüistas, docentes, escritores, traductores, juristas y profesionales de ámbitos afines", tal vez intentando tapar con el brillo de los títulos la penuria intelectual del contenido. Tómese como muestra que el manifiesto presenta a los inventores del lema “A Catalunya, en català” y de la inmersión lingüística obligatoria como unos tiernos corderitos partidarios del bilingüismo (!).

La Asociación por la Tolerancia, que nació para la defensa de los derechos de los ciudadanos castellanohablantes en Cataluña, ve en este documento motivos de “alegría”, de condena y de preocupación.

“La “alegría” proviene del hecho de que, por primera vez, el nacionalismo secesionista muestra su verdadero rostro y defiende abiertamente y sin rodeos lo que objetivamente perseguía y que esta asociación ha denunciado repetidamente: una Cataluña monolingüe (en catalán), tal como ya rezaban las primeras pintadas en la época de la transición, "una nación, una lengua, un Estado". ¡Bienvenida sea la sinceridad! Es mejor jugar con todas las cartas encima de la mesa”.

Ahora bien, aquí se acaban los motivos de optimismo, se explica desde la Asociación por la Tolerancia. “Puesto que los firmantes se presentan como académicos, cabría esperar un análisis objetivo de la realidad catalana pero, lejos de ello, el manifiesto emplea las mismas trampas para engañar castellanohablantes ingenuos a las que ya estamos acostumbrados”.

a) Confusión de conceptos:
Confunden interesadamente lengua dominante con lengua de dominación (1)
Sustituyen intencionadamente el concepto de lengua materna por lengua "inicial" (2).

Precisamente cuando la lengua se encuentra en su mejor momento en cuanto a la protección de las instituciones y a su conocimiento, se asegura que se encuentra en una situación crítica porque se juega con la confusión entre el conocimiento del catalán (aquello que la educación puede garantizar) y su uso social (que sólo puede imponerse, violentando, desde luego, los derechos personales). (3)

Olvidan que el pueblo "catalán" habla también en castellano desde tiempo inmemorial. La identificación entre lengua catalana y pueblo catalán es el fruto de una manipulación interesada de los datos históricos (4).

Quieren hacernos creer que la Constitución del 78 y el desarrollo autonómico consiguiente son parte de una conjura del Estado para hacer desaparecer el catalán (5).

b) Uso de un lenguaje valorativo, en vez de descriptivo:
"Dominación política lingüística", "implantación del castellano", "bilingüización forzosa", "represión político-jurídica del uso del catalán", "inmigración como instrumento de colonización lingüística", coerción, represión, ... Los autores no buscan otra cosa que despertar en el lector sentimientos de revancha (6).

Denuncian el bilingüismo como una ideología (7) pero más adelante predican las bondades del multilingüismo (aunque lo que en realidad quieren es el monolingüismo). Al colocar el bilingüismo como su antagonista, desdibujan la realidad porque lo contrapuesto al monolingüismo catalán es el monolingüismo en español, algo que hoy nadie defiende. De este modo, tratan de emboscar su radicalismo utilizando para ello el pretexto lacrimoide y victimista de una supuesta desaparición inminente de la lengua catalana precisamente en el momento en que goza del mejor estado de salud de su historia.

Si coercitiva y represiva fue la política de los primeros años del franquismo en cuanto a la lengua catalana y a las otras lenguas habladas en España, coerción y represión son las herramientas que se están utilizando hoy, y que este manifiesto ¡se propone ampliar!, a fin de realizar un ideal de 'normalidad' en que lengua y territorio resulten coincidentes por medio del mecanismo preconizado por Procusto, quien "ajustaba" a los invitados a la medida de su cama.

Esta Asociación manifiesta que da miedo tener por conciudadanos personas que están dispuestas a aniquilar los derechos de sus vecinos al servicio de un "ideal" de nación que sólo se puede conseguir con su liquidación.

El documento, por otra parte, está redactado con un lenguaje que cada vez es más habitual entre los secesionistas: se dirige a los "creyentes" en el "proceso" e ignora absolutamente que, como mínimo la mitad de la sociedad no es partidaria de él. Esta voluntaria instalación en una especie de realidad virtual es aún más preocupante y más reveladora de que la sociedad catalana, además de definitivamente dividida, tiene enferma –por lo menos– una de sus mitades.

(1) Lengua dominante es una categoría sociolingüística y lengua de dominación es categoría -interpretativa- histórico-política.
(2) El objeto de esta sustitución es abrir a la imaginación la posibilidad de corregir lo que entienden como una 'situación anómala': hay ciudadanos que nacen con unas características que hay que "modificar", su lengua inicial es errónea. La lengua "final" de todos los ciudadanos debe ser el catalán (y lo quieren como consecuencia de una sustitución "voluntaria". ¿Y si los interesados no quisieran?).(3) Se manifiesta el deseo de los firmantes de cambiar la realidad social catalana para conseguir (algo sólo factible por la fuerza, insistimos) que el catalán pase a ser la lengua utilizada con preferencia en las relaciones entre los ciudadanos (sea cual sea su lengua materna).

(4) El catalán es una lengua tan poco endógena en Cataluña como el castellano. La única lengua endógena que se ha dado a lo largo de la historia fue la de la hipotética comunidad primigenia en que el primer homínido transformó el grito en una palabra. Desde entonces, todas las lenguas han sido exógenas (han venido de fuera) y se han transformado por evolución. El caso del catalán no es diferente, proviene de la degeneración del latín, que se impuso sobre las lenguas de los pueblos ibéricos. Y el catalán se extendió hacia el Sur por la fuerza de las armas.
(5) (Como si Cataluña no formara parte de ese Estado, como si no hubiera tenido protagonismo alguno en el proceso histórico de recuperación de las libertades democráticas).
(6) Bajo la falsa bandera de la cohesión, la inclusión y el reconocimiento, no hay otra cosa que la voluntad de imponer –por la fuerza, si es necesario– una lengua única. ¿Dónde se puede encontrar el modelo de “normalidad” que dicen perseguir, en qué país? ¿Francia, por ejemplo? ¿Bélgica, tal vez? ¿Canadá, Finlandia, Lituania,…?

(/) Ante la valoración negativa implícita en la calificación de "ideología" aplicada al bilingüismo, ¿podrán negar los autores que este texto, que persigue la implantación por la fuerza del monolingüismo, rezuma una ideología política de manera mucho más marcada todavía? Siendo la Constitución y el desarrollo legislativo posterior fruto del consenso político, ¿qué puede servir alternativamente de fundamento a su "ideología"? ¿No es excesivamente pretenciosa la creencia de que 38 años de vida democrática han sido enteramente dedicados a urdir planes para sustituir el catalán por el castellano (y todo esto mientras en Cataluña desaparecía la lengua española de las aulas y de todas las instituciones oficiales y de la inmensa mayoría de las privadas)? ¿No roza ya los límites de la demencia afirmar que el flujo de trabajadores (que no "inmigración") del resto de España para atender las necesidades de mano de obra barata de Cataluña fue resultado de una conjura para desestabilizar la lengua catalana?

******************* Sección "bilingüe" ***********************

La anomalía territorial del PSOE
Antonio Robles Libertad Digital 4 Abril 2016

Los privilegios reivindicados para Cataluña por Miquel Iceta el pasado viernes como secretario general del PSC, en el artículo "Para poder decidir, primero hemos de acordar", condensa el alma mamporrera, tramposa e hipócrita de este partido al servicio del nacionalcatalanismo. Y delata el servilismo del PSOE al granero electoral de Cataluña. Una vez más. He ahí el modelo de federalismo asimétrico que vienen exigiendo desde Pascual Maragall y el preámbulo confederal que necesitan para pactar con Podemos. Son las huellas dejadas por las negociaciones entre el PSC de Iceta y Xavier Domènech de En Comú Podem, consentidas (¿o encargadas?) por Pedro Sánchez y a espaldas de C’s.

Si el PSOE llegase a aceptar las ventajas supremacistas que manifiesta Miquel Iceta en su artículo, sería un golpe mortal contra la igualdad de los españoles, contra la soberanía nacional, y el mayor peligro en estos momentos de quiebra territorial.

Antes de entrar en él, déjenme hacerles esta reflexión. Si dividimos el arco parlamentario, vemos que los partidos que protegen la defensa de lo común, es decir, la España constitucional y su unidad sin complejos, son solo la mitad del hemiciclo (la derecha y el centroderecha); la otra mitad, o se desentiende o la combate. Me refiero a toda la izquierda y a la derecha nacionalista. Mostremos su posición ante ello.

El PSOE sigue sin superar los complejos de culpabilidad franquista que como estigmas arrastra toda la izquierda respecto a España, y que manipulan en provecho propio los nacionalistas y difunden buena parte de sus medios de comunicación. Esto lleva a los socialistas a renunciar a la defensa de España abiertamente. Los de Podemos aún no saben lo que quieren ser, pero su seguidismo de los sofismas nacionalistas, como el derecho a decidir o la defensa de la plurinacionalidad, hace un servicio impagable a los enemigos de España. Finalmente, el nacionalismo independentista, de derechas y de izquierdas, anda con la guadaña al hombro, convencido de que cuanta más debilidad muestre el Estado, mayores serán las posibilidades de desguazarlo o, en su defecto, ponerlo a su servicio. En eso consistiría la confederación.

Un Congreso nacional dividido a la mitad en cuanto a la defensa del Estado es una anomalía que no se produce en ningún país de nuestro entorno europeo. Todos los partidos, independientemente de su ideología, defienden sus instituciones, sus símbolos y el Estado nacional con normalidad. En España no. Ninguna mesa con solo dos patas puede aguantar en equilibrio mucho tiempo. Y no aguantará si el PSOE, como partido nacional, sigue actuando como franquicia del nacionalcatalanismo del PSC.

Recupero a Miquel Iceta y sus propuestas. Tornaré a esa anomalía nacional y su posible solución en cuanto muestre la impostura de este hacedor de fracasos. Y de caras, pues tiene tantas como su ausencia de principios.

Cuando ya creíamos que el PSC había renunciado al derecho a decidir, es decir, cuando ya habían dejado de hacer el juego al separatismo, sale Iceta y nos vuelve a recordar que la sentencia del Tribunal Constitucional alteró lo que el pueblo de Cataluña había consagrado en referéndum. O sea, el discurso que sirvió de coartada a la prensa nacionalista para hacer aquel infame editorial conjunto y a sus políticos para echarse al monte. ¿Qué diferencia hay, por tanto, entre el PSC y los nacionalistas?

No contento con eso, les labra el terreno con todos los mantras de la plurinacionalidad:
Las razones de la incomodidad catalana no se refieren sólo a la mencionada sentencia, sino que se producen también a causa de la falta de un reconocimiento real del carácter plurinacional, pluricultural y plurilingüe de España, de la percepción de un maltrato económico, fiscal e inversor, de políticas recentralizadoras que erosionan el autogobierno y de la ausencia de mecanismos eficaces de participación de las Comunidades Autónomas en el gobierno del Estado. (Los textos remarcados –en redonda– son suyos).

Reparen en el lenguaje plurinacional (de Podemos), y en la propuesta de una ley de lenguas plurilingüe que el PSC ha tratado de colarnos desde el 2013 en beneficio del supremacismo lingüístico nacionalista. Reparen cómo cuela el "España nos roba" tras el "maltrato económico" y el resto de agravios infinitos. A la luz de ese lenguaje, ¿qué diferencia hay entre el PSC y las razones nacionalistas? ¿Con estos mimbres pretende pactar el PSOE con Podemos?

Enseguida pasa a pedir el estatus de nación para Cataluña. Vista la lealtad constitucional de los nacionalistas, ¿cuánto tardarían en exigir la secesión en nombre del hecho nacional reconocido por el propio Estado? ¿Qué diferencia hay entre esas reivindicaciones del PSC y los fines nacionalistas?

Y como buen socialista que tiene a la igualdad como el fundamento supremo de la relación entre los hombres, exige la desigualdad territorial:
El reconocimiento de una asimetría competencial que atienda a los hechos diferenciales y los derechos históricos ya reconocidos por la Constitución y los Estatutos vigentes.

Que lo diga esto un socialista es una impostura ideológica insoportable y un insulto a la inteligencia: persiguen la igualdad económica entre los ciudadanos individuales, pero sacralizan la desigualdad económica de los territorios; detestan a los ricos, pero si los ricos son los territorios, entonces reclaman su 3%. Es decir, exigen privilegios para sí. ¡Valientes sinvergüenzas!; recurren a los derechos históricos, esas antiguallas del Antiguo Régimen previas a los Estados democráticos en nombre de rémoras constitucionales y estatutarias que deberían exigir abolir en lugar de generalizar, y pasan por progresistas. La intoxicación nacionalista ha llegado a las raíces mismas de la indecencia intelectual.

Ya puesto, ¿por qué no blindar la exclusión cultural y lingüística que ha venido practicando el nacionalismo durante los últimos 35 años en Cataluña? Ni el Ex Honorable Pujol lo hubiera exigido con mayor brío: "La consideración de los temas lingüísticos y culturales como competencia estricta de las Comunidades con lengua propia". Dicho sin anestesia, los defensores oficiales de la clase obrera castellanohablante en Cataluña pretenden blindar la inmersión, o sea, el adoctrinamiento catalanista; excluyen la lengua española de las instituciones e impiden, además, que los ciudadanos puedan ampararse en los derechos que les otorga la Constitución, o recurrir a los tribunales de justicia si lesionan sus derechos. Porque por eso, y por cuestiones más inconfesables, también piden controlar el poder judicial: "La descentralización efectiva del Poder Judicial". (Y fíjense en la manipulación del lenguaje, hablan de descentralizarlo, cuando en realidad lo que quieren es controlarlo). Los Pujol y los Millet podrían ya dormir tranquilos.

Esa misma manipulación del lenguaje aparece tras "la constitucionalización de los principios de solidaridad y ordinalidad que han de informar la financiación de las Comunidades Autónomas" (las cursivas son suyas). Nuevamente la asimetría, la desigualdad, la contradicción. O tenemos iguales derechos y deberes, vivamos donde vivamos dentro del territorio nacional, o constitucionalizamos la caridad y los privilegios, que es a lo que remiten la solidaridad y la ordinalidad. Incluso tales términos se contradicen.

Ya puestos, ¿por qué no institucionalizar el Senado como cámara territorial elegida por los territorios en sustitución del voto individual de los ciudadanos?: "La transformación del actual Senado en una verdadera Cámara territorial (personalmente defiendo un Consejo Federal integrado por representantes de los Gobiernos autónomos)". Como ven, una forma más de relegar el derecho de los ciudadanos frente a los territorios. Todo muy socialista.

Pero si hay algo en esas turbias negociaciones entre PSC y En Comú Podem para lograr un pacto entre PSOE y Podemos es la propuesta de Iceta de una reforma constitucional en clave federal; si la rechazara Cataluña, la única solución para los socialistas sería un referéndum a la canadiense bajo el paraguas de una ley de claridad. Es decir, abrir las puertas a la secesión de Cataluña, como han venido exigiendo los secesionistas.

La propuesta no es disparatada para alguien que carece de principios, sólo estúpida, además de ilegal. ¿Cómo contabilizaríamos los votos negativos al modelo federal? Las motivaciones para rechazarlo son múltiples y contradictorias. Desde alguien que quiere seguir con el modelo autonómico al que quiere una España centralista o quien prefiere la independencia. Por otra parte, si cedes en un primer referéndum, destruyes la soberanía nacional, legalizas la asimetría entre territorios y su derecho a exigirlo cuantas veces quieran. Sin contar que tomarían el apoyo o no a tal reforma constitucional como juego de salón, una manera más de mostrar el agravio sin jugarse de verdad la independencia; por lo que muchos, por jorobar, acabarían por rechazarla. ¿Miquel Iceta piensa antes de hablar o solo menea el culo en función del interlocutor y la circunstancia? ¿Hemos de poner en riesgo la unidad nacional por colocar en la Moncloa a un tío de casi dos metros sin más votos que el desearlo?

Lean, lean y lean… y descubran el vacío inmenso que hay en España de un proyecto de centroizquierda nacional, ilustrado y europeo, tan lejos de las castas de derechas nacionalistas, tremendamente insolidarias, como de los comunismos antidemocráticos y los populismos chavistas, peronistas o podemitas. Es decir, un centroizquierda ilustrado, europeo, reformista, que garantice la justicia social y se muestre desacomplejado en la defensa de las instituciones de la nación española y de sus símbolos. Con normalidad, sin aspavimientos ni patrioterismos excluyentes, pero sin un complejo ni una cesión más ante quienes la quieren destruir o ponerla a su servicio.

PD: La singularidad es el problema. Con ella empezó todo.

Polémica y lengua
El español, amenazado en Cataluña por el manifiesto contra el bilingüismo
280 autoridades lingüísticas catalanas -filólogos, profesores, escritores- quieren erradicar el castellano como lengua oficial.
Carlos Mayoral El Espanol 4 Abril 2016

El paraninfo de la Universitat de Barcelona abre sus puertas para dar cobijo a varios ponentes, que ocultan bajo el brazo sus cuartillas escrupulosamente rellenadas con un alegato en contra del español como lengua cooficial en Cataluña. Hablamos de personas que desempeñan un papel relevante dentro del complicado panorama lingüístico que se da en Cataluña. Por allí se pasean filólogos, escritores, profesores, traductores... la crema de la catalanidad lingüística. Parece que el independentismo ha dado un paso más a la hora de utilizar la lengua como arma política: ahora no basta con potenciar el catalán, también hay que hacer desaparecer al castellano de manera oficial.

Protagonistas de prestigio
Sube al estrado el profesor Jaume Martí, que deja clara la postura del manifiesto: una nación, un Estado y, por tanto, una lengua. De pronto, se pasea por el salón de actos, como una aparición fantasmal, la figura de Noam Chomsky, probablemente el gramático más importante de nuestra época. Repite las palabras que ya pronunció al referirse a la realidad catalana allá por 1998, en Tarragona: "El bilingüismo y el plurilingüismo son hoy una realidad creciente". Uno de los ponentes pisotea la imagen de Chomsky. "Aquí la realidad la decidimos nosotros". Nadie puede aguar la fiesta del independentismo lingüístico.

Ahora sube al estrado la profesora de la Universitat Pompeu Fabra, Mercè Lorente. Explica que, a pesar de contar sólo con una lengua oficial, promoverán el poliglotismo. El catalán será la lengua oficial y el inglés la lengua internacional. El español y el francés serán observados desde el prisma del vecino lingüístico. Ante este batiburrillo, alguien sugiere que, si esto se trata de familiarizarse con tantas lenguas, numerosos estudios, como por ejemplo el realizado recientemente por la Universidad de Haifa, demuestran que el bilingüista cuenta con mucha ventaja a la hora de aprender un tercer idioma. "Silencio, aquí el único estudio que vale es el nuestro".

El panorama va subiendo de temperatura a medida que avanza la lectura del comunicado: "El mecanismo para conseguir la implantación del castellano en Catalunya fue y continúa siendo la bilingüización forzosa de la población". Más tarde se alude a Franco y a su afán por imponer el idioma español en detrimento del catalán. Alguien levanta la voz: "Oiga, ¿criticamos a alguien por imponer el castellano y ahora nosotros imponemos el catalán?". Reina el silencio durante unos segundos. "Calla, las dictaduras murieron hace cuarenta años".

Los beneficios del bilingüismo
Así que el acto continúa por sus cauces previstos. El manifiesto parece recrudecer su narración: "Se utilizó a una inmigración llegada de territorios castellanoparlantes como instrumento involuntario de colonización lingüística". Ahora sí que se provoca un murmullo potente entre el público. Se indigna otro de los presentes: "Oiga, que yo soy de Murcia y no llegué aquí para que el castellano conquistara Cataluña. Es que mi cuñado tenía la pescadería en Hospitalet". "A ver si va a ser que la realidad lingüística responde a estímulos que la política no puede controlar", insinúa otro, con valentía. "Volveos a vuestro paraíso castellanoparlante pero no molestéis", les recriminan.

El acto continúa. Y el manifiesto, como la situación general, hierve: "Denunciamos la ideología política del llamado «bilingüismo» , que se ha ido inoculando desde las esferas de poder a toda la población catalana desde 1978 para justificar el régimen jurídico establecido por la Constitución y el Estatuto de autonomía haciendo creer que la coexistencia de dos lenguas en Cataluña , ambas con un supuesto mismo estatus de oficialidad e igualdad de derechos, es un hecho natural, positivo, enriquecedor y democrático".

Ahora sí se produce el choque. Algunos citan el estudio llevado a cabo en 2004 por Hauk, Johnsrude y Pulvermuller que demostró que la palabra favorece el acto motor (de ahí la ventaja del bilingüista a la hora de conocer un mayor número de palabras). Otros se hacen eco de los estudios publicados en la revista "Neurology" por Elen Byalistok que demuestran cómo el bilingüismo retrasa el Alzheimer.

También aparece un estudio de Ellen Bialystok, de la Universidad de York (Toronto), que demuestra que un niño bilingüe desarrolla una mayor capacidad para realizar varias tareas a la vez. El mismo estudio indica que "los bilingües tienen una memoria superior de trabajo para el almacenamiento y procesamiento de la información".

El español en la cultura catalana
De nuevo se abren las puertas del paraninfo. Nuevos invitados se unen a la fiesta, que a estas alturas ya tiene pinta de terminar mal.

El primero que aparece es Boscán, poeta catalán compañero de Garcilaso a la hora de inculcar el Renacimiento poético en la península. Hablamos de una figura vital en la historia de la poesía. Sus endecasílabos y sus sonetos en aquel primer castellano del siglo XV retumban en el auditorio. Tras él aparece, ni más ni menos, que don Miguel de Cervantes. Su Quijote, uno de los personajes más importante de la literatura universal, ya se paseaba por Barcelona confesando que los barceloneses también etiquetaban al castellano como "su lengua".

Más tarde aparecen Buenaventura Carlos Aribau Farriols y su compinche Rubió i Ors. Ambos formaron parte de la Renaixença, el movimiento encargado de potenciar en el siglo XIX una literatura catalana que, por aquel entonces, se mostraba moribunda. El hecho de haber fallecido varios siglos atrás no les impide repetir frases que hicieron grande a aquel movimiento: abogan por la "política del equilibrio", es decir, la igualdad entre las dos lenguas.

Como las puertas siguen abiertas, por allí desfilan otros ilustres como Carmen Laforet, Ana María Matute, Manuel Vázquez Montalbán, Eduardo Mendoza o Juan Marsé, todos ellos personajes que pasarán a la historia gracias a que el manifiesto no se puso en práctica antes y pudieron disfrutar de un bilingüismo enriquecedor.

A esas alturas del acto, el desorden es absoluto. Los organizadores se miran con recelo.

-Oye, a ver si va ser verdad lo que decía Wittgenstein, eso de "los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo".
-Calla y no mires atrás.

En Pamplona
Bildu deniega a 12 niños el derecho a estudiar en español
El Ayuntamiento de Pamplona, gobernado por Joseba Asirón, expulsará a 12 niños de forma arbitraria de su escuela infantil para imponer el euskera.
Gaceta.es 4 Abril 2016

El Ayuntamiento de Pamplona -gobernado por Bildu con el apoyo de Geroa Bai, Aranzadi Iruña e Izquierda-Ezkerra- impedirá que 12 niños de la Escuela Infantil Donibane sigan en su colegio y estudien en español. El consistorio les obligará a estudiar en euskera o a irse de su escuela, donde ya comenzaron la escolarización. De forma arbitraria y sin estudios de ningún tipo, el equipo de gobierno de Asirón expulsará a las familias de esta escuela y de otra de La Milagrosa para imponer el euskera.

La Junta de Gobierno Local del Ayuntamiento de la capital navarra ha acordado de esta manera desestimar las solicitudes presentadas por doce familias que han confirmado plaza en la Escuela Infantil Donibane para el curso que viene, pero reclamando que sean en modelo español y no en euskera. El consistorio ha tomado esta medida apoyándose en un informe jurídico que apoya la idea de eliminar el castellano de la enseñanza en esta escuela infantil.

Según dicho informe, los padres no tienen derecho a que sus hijos reciban la educación en la lengua de preferencia de los progenitores en el centro público de su elección.

El pasado mes de febrero, numerosas familias se manifestaron contra el modelo lingüístico que quieren imponer los bildutarras y corearon consignas como "Asirón, no a la imposición" o "La imposición no es la solución", y portaron distintas pancartas en las que se leía "¡Cabemos todos!" o "No a la imposición de los modelos lingüísticos".

Islam (sumisión), marxismo, derecha y rendición
La Verdad Ofende www.latribunadelpaisvasco.com 4 Abril 2016

Pocos recuerdan ya quién fue Don Julián, y sinceramente no voy a molestarme en recordarlo aquí. Contándose ya por miles, nuestras dos categorías de “Don Julianes” tienen a gala proclamarse dueños de la cultura, los valores democráticos y los derechos humanos unos, y los otros únicos tesoreros de los valores tradicionales, la buena gestión administrativa y las esencias patrias. La explicación pues debería estar de más con tan ilustradas señorías. Haría bien nuestra oportunista clase dirigente en ilustrar a las gentecillas que los votan (da igual el color político) algo de la historia de España, quién fue tan siniestro personaje y hacia dónde nos conducen con su manifiesta estupidez, instalados en la defensa del mínimo esfuerzo, la mediocridad como valor esencial de un igualitarismo falaz, y el abandono de los valores de excelencia y tesón para alcanzar las metas y objetivos que nos conduzcan a la prosperidad general. Nada se construye solo, una obviedad que parecemos haber olvidado.

La característica más relevante de quienes se titulan únicos poseedores e intérpretes de la voluntad de “la gente” o del “voto popular”, ya sean de izquierdas o del PP, es la inmediatez con que nos precipitan a la ruina y el desastre social, instalados en una irresponsable cobardía política que aplaza los problemas narcotizándonos con la incesante dádiva estatal (pan y circo) desde el impuesto extractivo y el déficit fiscal que está arrasando España.

Los 350.000 millones de deuda pública que nos legó Aznar, Zapatero los elevó al doble en menos de siete años, un logro que Rajoy mejoró, incrementando en otros 300.000 millones nuestra deuda, y solo necesitando tres años para ello. Hoy, nuestra deuda pública es del billón de euros, dilapidada en apaciguamiento autonómico y en el festín de las cajas autonómicas, esa banca de los políticos, que protegidos por leyes “ad-hoc” y aforados, lograron otro éxito más, mantener libres al 99% de los culpables.

El costo de mantener la elefantiásica quimera autonómica donde viven felices instalados miles de políticos aforados ha sido la emprendedora clase media. Bajo una farsa democrática sin separación de poderes, cuyo engañoso éxito es la paz social y alejarnos del conflicto civil, el precio de tal paz ha sido la destrucción de la gran masa social que mantiene en pie al Estado. Hoy somos mendigos del subsidio, embargados y desahuciados bajo una trituradora máquina impositiva insaciable e implacable con el débil. No hubo ningún rescate al español, sino al sistema extractivo autonómico-político, mientras el barril de petróleo perdía dos terceras partes de su valor.

Tras este histórico robo económico a España, viene el cultural: invadidos por un discurso multicultural y transversal que exige respeto a todo lo ajeno excepto a lo propio, los españoles suicidan 150.000 fetos cada año, extinguiéndose, mientras incorporan continuamente inmigrantes. Cinco millones de parados no se explican que mantengamos a cinco millones de inmigrantes, salvo si el Estado regala dinero al parado y subsidios al inmigrante, pero, ¿con qué fin?

Se denuncia al toro (no pasan de 10.000 reses toreadas al año) mientras millones de pollos, vacas, conejos o corderos se sacrifican cruelmente, ante la indiferencia de esa misma progresía que se deleita en cocer vivos moluscos a cargo de la subvención estatal. Es evidente que se trata de un ataque cultural.

Asistimos a un diseñado plan estructurado de destrucción de las tradiciones culturales y religiosas, que nos distinguen como nación frente a otras, para, una vez estas desaparezcan, la laica multiculturalidad que nos exige respeto, imponga su predominio. La prohibición del español, nuestra lengua común, asaltos a templos, orinar ante procesiones, oraciones blasfemas o exposiciones sacrílegas no pueden ser vendidas como un adelanto en la defensa de los derechos de expresión y convivencia. Como tampoco puede ser la islamofobia la habitual denuncia alarmista que la izquierda hace sobre nuestras conciencias, "Occidente es culpable", ante la última carnicería islámica, cuando es el islam el responsable no solo de más de un millón de vidas cristianas asesinadas en Oriente Medio, sino también el causante reiterado de los más sanguinarios atentados sufridos en Europa en el siglo XXI. Es como cuando ETA mataba a un inocente: "algo habrá hecho", decían sin rubor.

Los que aún conservamos un poco de sentido común hubiésemos visto con agrado a las comunidades islámicas que se cobijan en la hospitalidad europea manifestar su repulsa a los atentados islámicos en multitudinarias concentraciones. Ingenuo de mí, solo vi manifestaciones contra la islamofobia. Los "Imagine" con camisetas "flower-power" del "welcome-refugees" manifestaron sus odios al fascismo y la islamofobia, desde sus tesis marxistas o anarquistas, el amor libre y el ingenuo buenismo. ¿Es el desarme moral o la nueva moral?

Los estudios que he leído detallan que el 78% de los 35 millones de musulmanes residentes en Europa comprenden o justifican al DAESH y las acciones terroristas, cuando no apoyan o buscan la destrucción de Occidente, instaurando el imperio del islam. Para quienes no lo saben aún, la palabra islam significa sumisión, la misma que exige el totalitarismo político a los afiliados para con el líder (socialismo) o al jefe o caudillo (fascismo) bajo pena de ser purgado si decides salirte del grupo. Lenin o Hitler son su máxima expresión.

Edward R. Murrow decía: “Una nación de ovejas engendra un gobierno de lobos”. Hoy, en España, los aullidos ya no son de los lobos, recuperados, sino de la oveja merina, que una vez esquilmada, está siendo devorada. El broche del desarme cultural e ideológico lo pone quien impone el catalán como lengua oficial en Baleares, relega el español de la web oficial por el gallego en Galicia, libera a los etarras, castiga la natalidad con el 21% de IVA, apoya el aborto con el 4% de IVA y dice ser el Partido Liberal Conservador. Hace pocos meses, el Gobierno de Mariano Rajoy Brey aprobó la educación islámica en escuelas públicas. (Publicado en el BOE nº 67 de fecha 18 de marzo de 2016. Páginas 20517-20521). Copio literal:

“En un acuerdo de Cooperación del Estado Español con la Comisión Islámica de España, la enseñanza religiosa islámica será impartida por profesores designados por las Comunidades pertenecientes a la Comisión Islámica de España. Los contenidos de la enseñanza religiosa islámica, así como los libros de texto y material didáctico relativos a la misma, serán establecidos por la Comisión Islámica de España.”

Cuando Don Julián resucite de su tumba, allá donde se encuentre, 14 siglos después encontrará un paisaje no muy diferente al que dejó tras su traición. Taifas autonómicas peleadas cual godos en fraternal conflicto civil, gentes sin responsabilidad centradas en egoísmos personales y el islam cabalgando sobre nosotros, aplastando nuestra libertad en aras de su sumisión.

“Por la libertad como por la honra se puede y debe aventurar la vida”. (Miguel de Cervantes Saavedra, defensor de Occidente en Lepanto. Preso en Orán).
 


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