AGLI Recortes de Prensa   Viernes 15 Abril  2016

Funcas y el IESE coinciden: “En España ha habido muchos recortes y pocas reformas”
Israel García-Juez okdiario 15 Abril 2016

La escuela de negocios IESE y la Fundación de las Cajas de Ahorro (Funcas) elaboran desde hace cinco años un estudio para medir cómo van las reformas que necesita nuestro país que quiere situarse en la media alta de sus homólogos europeos. Suspendemos en casi todo menos en el sector financiero pero lo más grave es que preguntados por OKDIARIO sobre lo que ocurrirá en el futuro, los académicos responsables del informe dicen que ningún partido político se preocupa verdaderamente de los graves problemas que acechan a nuestra economía.

No sólo nos suspenden en los informes de PISA, también en los que elabora Funcas, la Fundación de las Cajas de Ahorro cuyo servicio de estudios es muy prestigioso, o el IESE, una de las escuelas de negocios mejor calificadas de todo el planeta.

España no hace las reformas que los académicos le exigen y que están al margen del color político de aquel que ocupe el Palacio de la Moncloa. Por quinto año consecutivo nos lo vuelven a repetir; el nivel de paro que tenemos y el de deuda pública son sencillamente insostenibles.

Nos aguantamos porque el petróleo está bajo, los tipos también, las ayudas que nos da el BCE y una leve mejora de la economía mundial pero en cuanto el panorama cambie nuestra frágil recuperación se puede quebrar. Esta sería una conclusión general de lo dicho en el V Reform Monitor englobado en el proyecto Spanish Reforms que llevan a cabo tanto Funcas como el posgrado en dirección de empresas de la Universidad de Navarra.

El único que se libra de la quema es el sistema financiero que ha hecho los deberes en recapitalización y restructuración y en la adopción de medidas complementarias. Pero suspendemos en crecimiento y competitividad, competencia y regulación, mercado laboral, política fiscal y administración pública y estado del bienestar.

Dijo Carlos Ocaña, director de Funcas, que necesitamos instituciones fuertes e independientes (en la charla se afirmó que ganaríamos un punto de PIB si así fueran en España) que hagan cumplir aquellos objetivos que nos hemos marcado pues no todo depende del BOE.

El profesor Xavier Vives recordó cómo en nuestro mercado laboral sigue habiendo mucha dualidad entre fijos y temporales lo cual penaliza mucho a nuestros jóvenes que son quienes pagan siempre las crisis. También dijo que la Justicia sigue muy politizada, que hay que reformar todo el sistema Educativo empezando por la FP y que cuestiones como el envejecimiento de la población o el cambio climático prácticamente no se abordan. “Se han hecho muchos recortes pero pocas reformas”, llegó a decir como manera de expresar que se han enfocado algunos asuntos pero no se han llegado a abordar en toda su profundidad.

Alfredo Pastor recordó que tenemos mucho desempleo y salarios muy bajos lo cual es insostenible para el Estado del Bienestar. “Se puede estar así un tiempo, pues es una emergencia, pero la gente no puede vivir con contratos de tres días mal pagados” afirmó en el turno de preguntas. También dijo que aquí nunca los sueldos han estado altos y que exportamos mucho porque lo hacemos muy bien aunque no se atrevió a pedir que se suba el SMI pues muchos empleos están vinculados a que sea excepcionalmente bajo. Sí exigió que tiene que flexibilizarse el mercado laboral y no harían falta las indemnizaciones por despido si este mercado fuese dinámico.

Javier Andrés recordó lo fundamental que es la tecnología para cualquier economía (en España se invierte muy poco en este apartado) y recordó que la nuestra debe crecer al tiempo que se desapalanca pues debemos reducir nuestra dependencia de la financiación exterior.

A preguntas de OKDIARIO todos los ponentes coincidieron en afirmar que ningún partido político se interesa de verdad por estas cuestiones, quizá algo por los husos horarios ironizaron, pero se observa cómo desde hace tiempo estos parámetros se han abandonado. Que tengamos un sistema público de empleo que no ocupa más que al 3% de la gente o que se posponga sine die el asunto de las pensiones no son más que reflejos del poco interés que estos temas levantan entre nuestros políticos, llegaron a decir. En los pasillos incluso alguno de los asistentes, entre los que se encontraba el antiguo Gobernador del Banco de España Fernández Ordóñez, denunció que hay partidos que van justo en contra de la lógica de los números.

La democracia bajo sospecha
Javier Orrico  Periodista Digital 15 Abril 2016

Del escándalo al hastío. Ese ha sido el cambio sentimental a que nos ha llevado la incesante riada de casos de indecencia en que estamos sumidos desde hace años. El riesgo que corremos, anegados de hartazón ante el espectáculo de la desvergüenza, es doble: en primer lugar, que abandonemos, que nos dejemos llevar por esa ‘cansera’ infinita que ya produce despertarse cada día con una nueva vileza, con la evidencia de que una panoplia de rufianes se ha ido enseñoreando de nuestro país, hasta hacernos creer que ya no hay más que inmorales; y, en segundo, que creamos que esto es una consecuencia de la democracia.

Por eso hay que recordar también dos cosas. La primera que la corrupción ha existido siempre, porque hay que tener unos principios muy sólidos (hoy todo es líquido y relativo, y no olvidemos lo que cada uno hemos contribuido a que así sea) para ser indiferente al dinero que pasa por tus manos. Si a eso unimos la falta de ejemplaridad y la impunidad que creyeron eterna, entenderemos cómo se ha extendido lo que empezó como recaudación para los partidos, y terminó por convertir a los partidos en auténticas organizaciones mafiosas.

La corrupción se hizo sistema el día en que Alonso Puerta fue expulsado del PSOE por denunciar la financiación ilegal con la contrata de basuras del Ayuntamiento de Madrid. Profético que fueran las basuras su comienzo. Aquello desembocó en Roldán llevándose el dinero de los huérfanos de la Guardia Civil. Y en nuestra ingenuidad creímos que la podredumbre se limitaba al PSOE (el poder, etc.). Lo que hoy sabemos es que de la financiación ilegal de los partidos y la mutua promoción de los corruptos, con el acompañamiento de la bellaquería de nuestras élites financieras, intelectuales, universitarias o artísticas, salió la cochinera general en que ha terminado España, donde ya hasta algunos empleados de las empresas cobran para agilizar el pago de las facturas.

Y la segunda cosa que no debemos olvidar, antes de que nos caiga un Berlusconi o un Podemos, es que si lo sabemos es gracias a la democracia. Es decir, que el Estado democrático funciona y que aún hay mucha gente digna que garantiza que seguramente no pagarán todos, pero muchos sí. En Venezuela y en Cuba es donde los del Régimen no van a la cárcel ni salen publicados. Al contrario: los que van a la cárcel son los hombres y las mujeres honrados que denuncian aquellas tiranías.

Lo que hay que exigirle a la Justicia, la clave del sistema y su equilibrio, es celeridad, pues su lentitud empieza a rozar también la indecencia y a ponerla igualmente bajo sospecha de parcialidad y de dependencia política. No hay una reforma más necesaria que la de la Justicia. La lentitud salva a los culpables y castiga a los inocentes. Y eso sí que no lo puede consentir una democracia. No puede ser que los ERE prescriban y que parezca que la sustitución de Alaya respondió a una decisión política. No puede ser que no se sepa nada de lo que se sabe todo, los cursos falsos de formación y la financiación de los sindicatos. No puede ser que los responsables de la Gürtel anden por ahí sueltos todavía y que no hayamos vuelto a oír nada de Bárcenas. Es inconcebible que los Pujol no hayan sido ni arrestados. O que la red de clientelismo nacionalista del País Vasco no esté siquiera cuestionada: la impunidad de esta gente es digna de estudio. Y si se nos cae la Justicia, será el fin.

¿A cuántos empleados públicos 'enchufados' acoge la Junta de Andalucía?
Lucio A. Muñoz  www.gaceta.es 15 Abril 2016

Tanto es así, que nuestra Administración funcionaría de modo más eficiente si su plantilla contara aproximadamente con un millón de funcionarios, tal como sucedía hace varias décadas.

Tanto la casta política como la sindical, al objeto de no ser identificados como los principales culpables de la institucionalización de la corrupción en nuestra Administración, han intentado confundir de forma técnico lingüística, mediática y marketinianamente a la sociedad española.

A tal efecto, una de las estrategias que han utilizado los partidos y los sindicatos ha consistido en difuminar las características propias e identificativas de cada uno de los diferentes colectivos laborales que componen la estructura organizativa de la Administración.

Debido a ello, los funcionarios de carrera han sido progresiva e injustamente desprestigiados. Tanto en cuanto, los funcionarios, que en virtud de una oposición legalmente ganada, en muchos casos a través de intensísimos años de estudio, desarrollan una imprescindible labor de asesoramiento procedimental, control, etc., en nuestra Administración.

Paralelamente y perjudicando a todos los niveles a los funcionarios, cientos de miles de empleados públicos han sido irregularmente contratados al amparo de un modelo político clientelar, que los ha ocultado tras unos camaleónicos perfiles laborales y entremezclado ambiguamente entre los verdaderos funcionarios.

Máxime, considerando que la mayoría de estos empleados públicos son prescindibles. De hecho, las carreras profesionales de los mismos están asociadas a la denominada “Administración paralela”, lo que significa que han sido enchufados por los partidos políticos y los sindicatos. Aunque muchos de ellos hayan sido “funcionarizados” mediante convocatorias de “oposiciones a medida” y, por tanto, ilegales.
Corrupción con efectos a largo plazo en forma de deuda y déficit

Tanto es así, que nuestra Administración funcionaría de modo más eficiente si su plantilla contara aproximadamente con un millón de funcionarios, tal como sucedía hace varias décadas.

Recordemos que actualmente las administraciones públicas españolas pagan mensualmente alrededor de tres millones de nóminas, correspondientes tanto a los funcionarios como a los empleados públicos enchufados.

En base a lo anterior, podríamos calificar al “enchufismo en la Administración” como la “madre de todas las corrupciones” en España, porque se trata de un tipo de corrupción con efectos a largo plazo, ya que el gasto de la Administración destinado al pago de los sueldos de estos enchufados representa un permanente hándicap económico en forma de déficit y deuda.
La Junta de Andalucía paga a empleados que no trabajan

En este sentido, el portavoz de la Junta de Andalucía, Administración líder en España en “colocaciones a dedo” y desgobernada por el PSOE con el apoyo cómplice de Ciudadanos, ha reconocido que actualmente dicha institución mantiene a 1.800 empleados en nómina pero sin asignación laboral, es decir, que no tienen trabajo que desarrollar, puesto que provienen del entramado empresarial público andaluz.

No olvidemos al respecto que en 2011, la Ley de Reordenación del Sector Público Andaluz, conocida popularmente como la “Ley del Enchufismo”, permitió la incorporación a la Junta de Andalucía de más de 20.000 empleados (entre los que se encontraban multitud de familiares y allegados a altos cargos de la Junta) provenientes de empresas públicas y fundaciones andaluzas.

Pero no existe ninguna intención de corregir este corrupto desfase laboral, porque la Junta ha desoído el fallo que en 2015 emitió el TC declarando inconstitucionales varios preceptos incluidos en el decreto ley en el que se basó la redacción de la Ley del Enchufismo, teniendo en cuenta que el contenido de los mismos sigue vigente a través de la citada ley.
El enchufismo laboral público masivo comenzó con las CC.AA.

Desgraciadamente, el caso de la Junta de Andalucía es extrapolable, en mayor o menor medida, a casi todas las Comunidades Autónomas españolas.

En consecuencia, si tenemos en cuenta que este despilfarro improductivo, deficitario y potenciador de la deuda se mantiene, con permiso del BCE, sobre todo a través de los impuestos de los españoles que no están enchufados en la Administración, es ético que muchos ciudadanos productivos se lleven su dinero a paraísos fiscales huyendo de las garras impositivas de un Estado partitocrático, corrupto y dilapidador.

El reino de las dos varas
Emilio Campmany Libertad Digital 15 Abril 2016

La carrera política de José Manuel Soria ha terminado. Sin embargo, no deja de ser paradójico que fuera precisamente Soria quien le sacó los colores al ministro responsable de recaudar lo que sus empresas dejaron de ingresar gracias a estar domiciliadas en paraísos fiscales. Conviene hoy recordar aquella reunión en la que Montoro sacó de la cartera un informe con el membrete de Hacienda en el que se exponían las muchas razones que había a juicio de los técnicos del ministerio para continuar subvencionando a las renovables. Soria pidió que le permitiera examinar el sesudo informe y descubrió que era idéntico a otro que había leído poco antes y que le había remitido Abengoa, precisamente la empresa que se beneficiaría con miles de millones de nuestros impuestos si se hiciera caso al informe.

Fue escandaloso que el ministro de Hacienda defendiera los intereses particulares de una empresa identificándolos con los intereses generales de los españoles. Más escandaloso todavía fue que tratara de ocultar esa identificación presentando como oficial un informe en realidad elaborado por la citada empresa y esgrimiera como técnicos unos argumentos que eran de parte. Y todavía lo es más que nadie investigara qué interés podía tener Montoro para defender como ministro los intereses particulares de Abengoa como si fueran los de España, y si lo hizo por simple amistad o estimulado por otra clase de incentivos.

Ahora le ha tocado el turno a Soria y tendrá que dimitir por haber recurrido al expediente de tener una o varias sociedades en paraísos fiscales para no pagar impuestos. Bien dimitido estará. Pero más grave que llevar los propios negocios defraudando a la Hacienda Pública es dirigirla para defender los intereses de una empresa privada que vive de las subvenciones que se pagan con el dinero que esa misma Hacienda recauda en vez de dedicarse a defender los intereses de todos los españoles. Y sin embargo el primero está en trance de dimitir y al segundo ahí lo tienen, pontificando acerca de la igual aplicación de las leyes tributarias, que es para contestarle que por eso está la Pantoja en la cárcel mientras Hacienda le admite a la empresa de la infanta facturas obscenamente falsas y que por eso encarcelan incondicionalmente a Mario Conde mientras los Pujol campan a sus anchas sin tener siquiera que prestar fianza.

Y en mitad del jaleo y el alboroto, Pedro Sánchez fardando de ética y diciendo que él no consentiría tener en su Gobierno ministros que tuvieran empresas off shore. No, él se conforma con tener en su partido expresidentes de la Junta de Andalucía a cuya ciencia y paciencia se robaron cientos de millones de euros. No se da cuenta de que la corrupción del PSOE no es que no exista, es que ya no es noticia por acostumbrada. La del PP al menos todavía sorprende.

¿Elegir qué?
J. L. González Quirós www.vozpopuli.com 15 Abril 2016

Salvo sorpresa de última hora, nos encaminamos a una extraña repetición de elecciones, que sería más extravagante, todavía, en el caso de que se repitieran los resultados, cosa que no anda muy lejos de ser lo más probable si, como parece, las elecciones se vuelven a plantear en los mismos términos que las del pasado diciembre y, en verdad que no es fácil adivinar ninguna novedad interesante si el cuadro de competidores vuelve a ser el mismo.

Volver por donde solía
El mero hecho de imaginar una campaña electoral repetitiva, roma, pretenciosa y mostrenca, produce escalofríos y no permite imaginar cambios significativos en las tendencias electorales a salvo del más que previsible descenso en la participación ciudadana.

Se puede pensar que ninguno de los partidos ha considerado nunca la posibilidad real de un acuerdo, que, en cualquier caso, hubiera exigido una geometría política difícil y superar una aritmética parlamentaria muy adversa, y que, en el fondo van a invertir nada menos que medio año en tratar de demostrar que ellos querían, pero los demás no. Parece obvio que, pese a todo lo que se dice en la sabiduría política convencional, buena parte de los políticos españoles piensan que no es verdad que no se pueda engañar a todos siempre, que el camino seguro a la victoria consiste en repetir indefinidamente los embustes…, hasta que el mono se aprenda el catecismo.

Así pues, no parece probable que los electores se decidan a resolver problemas e idear combinaciones que los elegidos no han querido ni sabido plantear, pero si quedase algún adarme de iniciativa política en los partidos, cabría pensar en que a una oferta distinta la respuesta podría ser muy otra, sin confiarse exclusivamente a argumentos que se basan en el desprecio de la inteligencia del ciudadano, como el recurso al miedo o la apelación absolutamente inmotivada a una segunda oportunidad a quienes no han sabido edificar con la primera.

Espacios de novedad
En general, los partidos reservan las novedades para sus gobiernos, pero no se atreven a innovar en el marco electoral, a no ser que se considere innovar prometer a los incautos que dos más dos serán cinco, y que si de cinco se llevan tres van a sobrar cuatro. En estas circunstancias, sin embargo, la renovación debiera ser una obligación imprescindible para cualquiera que espere conseguir un cambio en el cuadro resultante de diciembre pasado. Sin embargo, si examinamos los partidos, caso a caso, encontraremos que ofrecer algo distinto a lo que suelen se acerca a lo imposible. ¿Cómo va a ofrecer Rajoy nada nuevo, si eso sería negar desde la raíz el secreto de sus éxitos? Su lema debiera ser “más de lo mismo” o “combatiremos sin cesar los casos aislados de corrupción”, nada que ya no sepamos. ¿Alguien imagina a Sánchez renunciando al cambio y al progreso o a Rivera clarificando sus posiciones y a Iglesias descendiendo a la prosa ordinaria abandonando sus lastimosas soflamas?

La coalición PSOE/Ciudadanos, una posibilidad imaginaria
Partiendo de reconocer que la mutación electoral de fondo ha sido muy seria, y que sólo con mucha imaginación se podría cambiar el panorama, me parece que la única posibilidad que existe de que haya una oferta electoral distinta es la que podría ofrecer una coalición electoral entre Ciudadanos y el PSOE, que tal vez pudiera romper el frustrante statu quo. Sería una sorpresa que los líderes se atrevieran a tanto, pero, de hacerlo, creo que se seguirían muchos beneficios.

En primer lugar, se vería que el pacto entre Ciudadanos y PSOE ha sido algo más que una manera de hacer pasar los días, que alumbraba una posibilidad cierta de gobierno, y si se sometiese a los ciudadanos, podría haber sorpresas.

En segundo lugar, anclaría firmemente al PSOE en el espacio de la moderación y del cambio al beneficiarse los socialistas del aire nuevo que les aportaría Ciudadanos, un partido ideológicamente ambiguo, pero, al parecer, razonablemente decidido a cambiar ciertos hábitos de comportamiento infaustamente arraigados. Ciudadanos, pese a su virtuoso ejercicio de forzada equidistancia, es un partido de inspiración socialdemócrata y debe saber que, paradójicamente, sus posibilidades de supervivencia en un equilibrio inestable dependen exclusivamente de que se perpetúen los malos hábitos que han venido a combatir, de manera que para el joven Rivera y para los suyos, la mejor opción es la de decantarse y tratar de dominar el espacio político de centro y centro izquierda. En esto puede consistir la verdadera dificultad, en el choque de nomenclaturas, pero esa operación podría hacerse por fases y sin graves quebrantos para nadie, porque, con toda probabilidad, obtendría una notable ampliación de capital político.

Los 130 diputados que han obtenido entre ambos por separado podrían aumentar notablemente con candidaturas conjuntas y con un programa compartido que ya van conociendo los electores. Por supuesto, existe el riesgo de que la coalición pueda perder algunos votos por la derecha y por su izquierda, pero creo que esas hipotéticas pérdidas se compensarían ampliamente por el efecto novedad de una coalición inédita y con un programa que, visto lo visto, no asustaría a nadie.

El PP de Rajoy sería el gran perjudicado
Con una operación como la descrita, aunque el PP mantuviese sus posiciones, perdería seguramente escaños, de forma que pasaría a ser la oposición por la derecha de una alianza colocada en el centro, y eso le privaría de buena parte de su arsenal argumentario, lo que podría ser, a la larga, de enorme beneficio para todos. Los conservadores y los liberales se verían liberados del fardo cínico y tecnocrático que reduce su partido a una especie de sociedad estatista y masoca de gestión, y habrían de buscar una definición política rotundamente distinta para no quedar confinados en un rincón muy estrecho, y muy a la derecha. Eso daría lugar a un partido nuevo, o, simplemente, a un partido, porque este PP es, en la práctica, muy otra cosa.

El papel de Ciudadanos y su destino
Ciudadanos habría hecho así un gran papel al moderar al PSOE y dar suelta a su vocación socialdemócrata, lo que, a medio plazo, haría que sus elementos más sinceramente liberales se apuntasen al nuevo partido que, inevitablemente, habría de surgir en la derecha.

No se me escapa que todo esto es imaginación, pero negarse a ver que los electores no quieren repetir el espectáculo bipartidista tradicional y perder la oportunidad de acabar con el maleficio de una derecha y una izquierda condenadas a hacer la misma política, estatismo a pierna suelta y cada vez con menor vergüenza, al tiempo que se dedican a fustigarse como si la vida dependiese de unas ridículas y vetustísimas fantasías ideológicas, como si todavía viviéramos en los años del hambre, es perder una oportunidad que pocas veces se presentará con tanta nitidez como ahora mismo.

Los votantes de le derecha han de pensar que, más allá de fanatismos infantiles, este fracaso electoral, que de todas formas ya es un hecho, les dará la oportunidad de construir un partido de corte mucho más liberal y más combativo cultural e ideológicamente, un partido que no les avergüence ni les niegue, y que no vuelva a presumir nunca jamás de una política fiscal que ni la izquierda más escorada llegó nunca a imaginar. Pronto sabremos si podremos librarnos a la vez del rajoyismo y de las enfermedades infantiles del socialismo español que le obligan a disfrazarse de ogro ideológico cuando podría defender razonablemente y sin aspavientos el Estado de Bienestar que ha conseguido acrecer, tratando de hacerlo más eficaz, dejando de tener miedo a ser, al tiempo, socialistas, europeos e inteligentes.

Lo que Cataluña roba a Barcelona
Guillermo Dupuy Libertad Digital 15 Abril 2016

Ya hace tiempo que dije que la aspiración nacionalista de que la Generalidad acapare el 100% de los impuestos que pagan los catalanes me parecía "tan injusta e inadmisible como sería la del Ayuntamiento de Barcelona si pretendiese administrar todos los impuestos que pagan los contribuyentes de la Ciudad Condal". Pues bien. Algo parecido, y con datos en la mano, viene a denunciar el último informe de Convivencia Cívica Catalana, según el cual la Administración regional de Cataluña obtiene de Barcelona el 82,3% de sus ingresos, pero destina a esta provincia sólo el 64,9% de sus gastos, dando lugar a un déficit fiscal del 17,4%.

Con la misma errada lógica con la que los nacionalistas utilizan el hecho de que las regiones ricas aportan más al Estado de lo que reciben para decir que "España roba a Cataluña", los contribuyentes de Barcelona podrían denunciar, ciertamente, lo que les roba Cataluña.

Naturalmente, ambas falacias parten de varios errores de partida. El primero, considerar que son los territorios, y no las personas individualmente consideradas, los que pagan impuestos y los que sufren o se benefician de esos déficits o superávits fiscales. Dadas las pretensiones redistributivas y, sobre todo, las consustanciales ineficiencias del sector público, la inmensa mayoría de los ciudadanos de todas las comunidades autónomas pagan a las distintas Administraciones públicas mucho más de lo que reciben de ellas.

Otro error de partida muy vinculado al anterior, y tan extendido como aquel, es el de equiparar un determinado territorio y su correspondiente población con una –y sólo una– de las Administraciones públicas que allí brindan bienes y servicios. El error de equiparar Cataluña con la Generalidad es equivalente al de equiparar a Barcelona con su Ayuntamiento. Y es que en cualquier punto del territorio actúan no una sino varias Administraciones, ya sea local, provincial, autonómica, estatal o incluso europea.

Puestos a utilizar el verbo robar para referirnos a la presión fiscal –cosa con la que siempre simpatizo aunque no siempre en puridad comparta–, podríamos decir que todas las Administraciones públicas roban a los ciudadanos y que todas ellas tienen derecho a una parte del botín.

Lo que nunca dicen los nacionalistas y no denunciamos suficientemente los que no los somos es que las Administraciones regionales en España, tras las canadienses, son las que manejan más parte de lo recaudado de todos los países de la OCDE. Para que nos hagamos una idea, las autonomías españolas ya gestionan en circunstancias normales un 50% más de ingresos fiscales que los länder alemanes.

Por todo lo anterior, creer que las ansias secesionistas desaparecerían destinando a la Generalidad –que no a Cataluña– una parte todavía mayor del botín fiscal sería como pretender apagar un fuego echándole gasolina. No otra cosa, lamentablemente, se viene haciendo desde hace años, con esos mismos contraproducentes resultados.

La taberna TV3
Antonio Robles Libertad Digital 15 Abril 2016

Suelen ser las tabernas de bajos fondos lugares de encuentro, tragos y chances. En ellas se dan cita gañanes de todo pelaje y condición, y, amorrados a la barra con una jarra de vino, se cuentan bravatas, pontifican, prometen y maldicen hasta la madrugada. Es lugar de desahogos. De camino a casa, a cuestas con la borrachera que arrastran, se disipan las fanfarronadas y los improperios. Nada extraño a cualquier bar de pueblo, donde los amigotes hablan de fútbol o política sin frenillo y se marcan unos cuentos exabruptos sin ton ni son. O con ellos. No pasa nada, son espacios para el esparcimiento y la incorrección. Nadie les pedirá cuentas, razones, pruebas o coherencias. Están en la república de su casa, que dice el anuncio.

En esto se ha convertido TV3, en una taberna de bajos fondos con gente fina, vestida a la última, y sueldos escandinavos. Son los amos de la masía, la casta nacionalista, periodistas, políticos e intelectuales que viven del negocio nacional. Se lo pueden permitir todo, como en una taberna, a coste cero. Pero las fanfarronadas tabernarias de puertos y bajos fondos junto a las borracheras que las propician se quedan en la taberna. Por el contrario, la Taberna de TV3 te las mete en el comedor de tu casa, y, entre arcada y arcada contra el Estado Social y Democrático de Derecho, te las vomita en la alfombra. Sin comerlo ni beberlo. Nunca mejor dicho.

La última rajada de estos caciques territoriales ha consentido en quemar la Constitución en directo. Por ser española, más que nada. No puedo imaginar que sea por ser Constitución, porque si así fuera serían unos redomados fascistas sin saberlo. Y un peligro para mis derechos.

Sí, sí, un peligro para mis derechos, no una ofensa. La ofensa surge de la intimidad personal, de la particular forma como vivimos los valores morales, religiosos, deportivos, nacionales, ecológicos, etc. Ante ello, la libertad de expresión está primero. Pero quemar la Constitución democrática que nos hemos dado todos los españoles es quemar el compendio de nuestros derechos, los que democrática y libremente nos hemos dado y nuestros políticos han prometido defender. Sí, repito, cada vez que la letra de la Constitución se quema, se queman mis derechos. Nadie tiene legitimidad para hacerlo, ni siquiera la soberanía nacional que los ha instituido y validado. Precisamente porque ese es el marco de referencias soberano para que nadie pueda atentar contra ellos. Podemos reformarla, no quemarla; podemos reformarla, no eliminarla. Y siempre bajo reglas que la propia Constitución prevé.

Por eso, cada vez que queman la Constitución (en lugar de cuestionarla, criticarla, exaltarla, etc., lo que la propia Constitución te garantiza) sé que mis derechos están en peligro, esos derechos democráticos aplastados por años de dictadura y felizmente recuperados desde la Transición. No es una cuestión moral, subjetiva, es un fundamento jurídico, legal. Y quien pisotea las leyes, delinque.

Ese mismo sentimiento siento cuando veo la bandera española colgada en el balcón de un ayuntamiento, en un cuartel de la Guardia Civil o en el frontal de la Generalidad de Cataluña: sé que mis derechos están salvaguardados. Como sé que están cuestionados allí donde la eliminan o la queman. Una cuestión legal que no quiero confundir con la sentimental, pues esta última pertenece al espacio subjetivo, y que no obliga más que al respeto debido al otro. Es mejor que se dé y sea mutuo, pero no obligado.

Hasta ahora, tales bravuconadas quedaban impunes, legal y mediáticamente. Ahora puede que eso cambie. La existencia de la asociación Grup de Periodistes Pi i Maragall, críticos con la omertá mediática, ha decidido denunciar ante el CAC a la Quemaconstituciones. No es gran cosa, ni el CAC es de fiar, pero… menos da el Gobierno de la Generalidad o la dirección de TV3.

¿Reivindican la República… o la Guerra Civil?
EDITORIAL Libertad Digital 15 Abril 2016

Como todos los 14 de abril de los últimos años, la izquierda más radical –y buena parte de la que se supone que no lo es tanto– ha dedicado este jueves a reivindicar una vez más la II República.

Cualquier observador imparcial de la Historia puede concluir que esa experiencia republicana fue muy traumática para España y los españoles, signada por la inestabilidad, la violencia política, unos muy escasos logros en la mayor parte de los campos y, sobre todo, el monstruoso fracaso de su degeneración en la Guerra Civil, a la que siguió una dictadura de casi cuarenta años.

Ni siquiera se puede reivindicar aquel periodo como una experiencia democrática, porque la triste realidad es que los demócratas fueron una exigua minoría enseguida preterida y finalmente arrasada. Por otro lado, resulta ridículo pretender que un cambio de régimen que sustituyese al Rey por un presidente fuese a contribuir a solucionar los problemas que de verdad preocupan a los españoles. El mundo está lleno de ejemplos de repúblicas que funcionan, como Estados Unidos o Alemania, y de monarquías que también funcionan, como las escandinavas, tan del gusto socialdemócrata. Está claro que la clave de la prosperidad y de la calidad institucional no está ahí, sino en la libertad y en la fortaleza de las instituciones y de la sociedad civil.

Cabe preguntarse, por tanto, qué es lo que la izquierda conmemora cada 14 de abril, en qué fue aquel régimen mejor que el actual y por qué habría que sentir nostalgia. Mientras que el de 1978 se construyó sobre la reconciliación y la inclusión, la II República enseguida reveló su vocación excluyente y acabó degenerando en una espantosa matanza.

Lamentable e indignantemente, lo que muchos reivindican es precisamente el fanatismo, el sectarismo, la exclusión; que unos españoles se sientan acorralados mientras los otros llevan adelante sus proyectos totalitarios.

Por fortuna, la inmensa mayoría de los españoles, de tendencias políticas de muy diverso signo, no comparte ese guerracivilismo infecto que se aventa como reivindicación progresista de un régimen mitificado. Lo cual no es óbice para que no se denuncie y desprecie a quienes andan jugando con el fuego del revanchismo.

El morbo del pasado
Cristina Losada Libertad Digital 15 Abril 2016

Es sorprendente que la II República goce de tan buena salud desde hace unos años. Lo curioso, en realidad, es que este revival sea reciente. Es en los últimos años cuando se ha hecho fuerte y clamorosa la vindicación del lustro republicano entre el común de la izquierda. Se le suele atribuir este fenómeno en exclusiva al empeño del expresidente Zapatero por colocar ese y otros episodios del pasado en el presente, al punto de plasmarlo en una ley de memoria histórica. Pero a Zapatero no se le ocurrió tal cosa porque no dejara de pensar en uno de sus abuelos. Las semillas ya estaban ahí, en un minoritario pero significativo impulso por revisar y condenar la Transición como un falso cierre de la dictadura y una puerta falsa a la democracia. Sólo había que regarlas para utilizar la vuelta al pasado en la batalla política presente.

Quienes vivieran el final de la dictadura y la Transición en la izquierda recordarán que había entonces poco interés por reclamarse del republicanismo encarnado en la Segunda. Es verdad que entre la militancia del PCE causó alguna conmoción el hecho de que Carrillo se presentara en su primera aparición pública con la rojigualda y no con la tricolor. Pero el asunto no pasó de ahí. Por lo demás, todo lo que estaba a la izquierda del PCE era revolucionario de una u otra confesión y, desde esa óptica, la II República no era más que una despreciable democracia burguesa. Si algo llamaba a la nostalgia era que no se hubiera podido aprovechar aquel momento para hacer la Revolución (la comunista, se entiende).

Cuando se leen los ditirambos a la II República que han escrito en el aniversario muchos políticos, por lo general en la breve forma del tuit, se pensará que aquel régimen fue una suerte de paraíso de izquierdas, traído por un festivo y maravilloso empuje popular, luego terriblemente truncado por los poderosos de siempre. Lo cierto, sin embargo, es que la Segunda no llegó a hombros de un movimiento de masas, aunque se celebrara en la calle el advenimiento, sino por el suicidio en varias fases de la Monarquía y el previo entierro de la Restauración. Y entre sus promotores, los de la República, había gentes tan de derechas como Miguel Maura, quien escribió de todo ello en Así cayó Alfonso XIII. No fue el único. Muchos políticos conservadores abandonaron el barco de la Monarquía y se pasaron al republicano.

La idealización de la II República resalta, sobre todo, al compararla con el menosprecio generalizado hacia la Restauración. No hay más que ver la buena prensa que tiene una y la mala prensa que tiene la otra. La de la República se presenta como una época bucólica, culta, honrada, progresista, dedicada a resolver los grandes problemas siempre pendientes y a favorecer a los desfavorecidos. En cambio, la Restauración suscita en cuanto se nombra, como un reflejo pavloviano, la imagen de un régimen corrupto, decadente, caciquista y entregado al pucherazo para sostener el sistema del turno. Estas visiones de caricatura son las que circulan, y hacen sospechar del que las asume que desconoce tanto la historia de la una como de la otra. Pero el contraste entre la visión de ambos períodos apunta a una de las claves de la atracción por la II República: la preferencia por la ruptura.

No es, por supuesto, la Segunda República tal como fue realmente lo que concita la nostalgia. Es la idea de que rompió, por una vez, con una historia maldita. Es la inclinación a hacer tabla rasa, empezar desde cero y resolver los problemas de raíz, en lugar de trabajar para mejorar lo existente. Y aquella idea con carga utópica lleva, además, un blindaje: si fracasa, la culpa está en otra parte, no en la naturaleza de la idea. El revival de la II República es un episodio más del sueño recurrente de lo que pudo ser y no fue. De eso que Ferrater Mora llamó el "morbo del pasado". Para sanarlo, dijo el filósofo barcelonés, "no hay nada mejor que reconocer que esa verdad tan simple: ciertas cosas habrían podido pasar, pero no pasaron. Nada más". En la Segunda República pasaron ciertas cosas que aquellos que hoy la vindican como modelo o las ignoran o las ocultan.

República si. Frente popular, bandera tricolor y revolución progre, no
“El navío de la democracia, después de haber capeado tantos temporales, puede irse al fondo en un motín de los que van a bordo” S.Grover Cleveland
Miguel Massanetdiariosigloxxi.com 15 Abril 2016

Por desgracia en España el recuerdo que ha perdurado de la II República dista mucho de ser el que, los que creemos en esta forma de gobierno, quisiéramos que hubiera sido. Es obvio que un sistema que se valió de trampas, de pucherazo, para sustituir a la monarquía borbónica de Alfonso XIII; contando, todo hay que decirlo, con la espantada del Rey mal aconsejado por sus valedores, antes incluso de que los resultados de los pueblos hubieran demostrado que, la verdadera vencedora de aquel 14 de Abril, había sido la monarquía y no lo que, unos interesados organizadores de manifestaciones populares en las grandes ciudades anticiparon, dando por conseguida la victoria republicana basándose sólo en lo que se había votado en ellas.

Seguramente aquella república, completamente en manos de los socialistas y a expensas de unos fanáticos que confundieron el término república con el de lo que, más tarde, fue el Frente Popular de febrero del año 1936; sólo pocos meses antes de que se produjera el levantamiento del Ejército, en contra de aquel simulacro de gobierno republicano, incapaz de mantener el orden en las calles, la vigencia de las leyes, evitar y reprimir los crímenes de las bandas sindicales y entregado al anticlericalismo de señores, como don Manuel Hazaña, que empezó por expulsar a las órdenes religiosas de la enseñanza, antes de comprobar que, sin ellas, España se quedaba sin maestros capacitados para poder dar la enseñanza pública de la que anduviera tan necesitada. El gran error de haberse creído que se podría marginar a los partidos de derechas, como si en lugar de buscar sustituir la monarquía por un sistema distinto, a semejanza de los que ya se empezaban a desarrollar en el resto de Europa, lo que se pretendiera fuera establecer un régimen exclusivamente de izquierdas para darles el poder a aquellos políticos que, como Largo Caballero o su opositor en el partido, Indalecio Prieto o el mismo Santiago Carrillo, tenían la intención de que les sirviera de trampolín para convertir a España en lo que más tarde, en tiempos de Negrín, se llegó a presentar como un futuro satélite del Kominform soviético; algo que el general Franco logró evitar que se produjese.

Los que pensamos que la república pudiera ser un sistema de gobierno más democrático, donde al igual que para la elección de presidente del gobierno se tuviera que recurrir a unas elecciones periódicas para designar, por voluntad popular, al jefe de Estado, tal y como ocurre en países tan democráticos como Alemania, Francia, Italia, Austria, Hungría, Polonia y así hasta 19. La ventaja viene de que el pueblo puede, periódicamente, renovar o, en algunos casos en que la Constitución del país lo permita, volver a elegir a la misma persona para el cargo; algo que, en el caso de monarquías hereditarias, aunque sean parlamentarias ( hoy ya no quedan monarquías absolutistas) no está en manos de los ciudadanos que deben estar a expensas de que los herederos sean las personas adecuadas y preparadas por ejercer de Jefes de Estado, circunstancia que, evidentemente, no siempre se produce.

Ahora bien no es posible pensar que, en cualquier momento, se puede recurrir a hacer el cambio. Primero sería necesario cambiar la Constitución, en segundo lugar que una mayoría de españoles lo decidiera así en las urnas, en tercer lugar que la democracia española estuviera bien asentada, que los partidos aceptasen todos las reglas que se deben observar en todo estado democrático y que nadie se valiera del recurso de apelar a una república como medio para apoderarse del poder, eliminar la oposición de derechas, cambiar los colores de la insignia española y establecer un modelo de “república” fraudulento, absolutista, del tipo bolivariano, como hoy parece que se estilan en esta América latina de los grandes dictadores comunistas bolivarianos. No, señores, esto no es un sistema republicano, es simplemente un engaño al pueblo, una deslealtad y una traición por parte de aquellos que se aprovechan de la credibilidad, la buena voluntad y, por qué no decirlo, la ignorancia de una parte del pueblo que lo lleva a creerse que, eliminando a empresarios, emprendedores y banqueros, el país funcionaría por si solo como una balsa de aceite.

La república puede esperar; la monarquía, mientras se atenga a sus limitaciones, no parece que esté en la peores manos y el país, en estos momentos de su historia, no está por revoluciones ni aventuras de tipo comunista, que acaben con todo lo que se ha conseguido, a costa de las privaciones, los sufrimientos y la falta de trabajo de muchos españoles durante los pasados años de la crisis. Las voces de sirena que, a tiro pasado, cuando ya se le ve el final a la época peor de la crisis, quieren aprovechar el esfuerzo de los que han venido gobernando el país, para criticarlos, denigrarlos etc. son tan peligrosas como los afilados colmillos de un león que espera poder salir de la jaula para dar buena cuenta de los tranquilos mirones que lo están observando desde fuera de la jaula. Estos 120 días que se han perdido en busca de una combinación de gobierno que no tenía la más mínima probabilidad de producirse; este plazo que dio el Rey para que el aspirante a presidente del gobierno y a la investidura, presentase los apoyos que le garantizasen ser investido; no parece que hayan servido para otra cosa que para que, cada partido, se haya retratado ante sus votantes y los que votaron a los otros.

Es casi seguro (siempre se puede dar un acuerdo insospechado de última hora) que vamos hacia otras elecciones. Si esto sucede, no acabo de compartir lo que parece que señalan las últimas encuestas, en el sentido de que los resultados de unos próximos comicios podrían ser muy parecidos a los del 20D. Lo cierto es que, el comportamiento de todos los aspirantes a gobernar o a formar coalición para apoyar a un futuro gobernante, ha sido lo suficientemente explícito; ha dejado meridianamente diáfano lo que, en realidad, pretendía si subía al poder; ha mostrado cuanto estaba dispuesto a ceder o las humillaciones a las que estaba dispuesto a someterse por conseguir su objetivo o la doble moral que se escondía en sus ofrecimientos según fueran de su misma vena política o la contraria. En la mayoría de los casos las buenas palabras, el interés de los ciudadanos, la defensa de la nación o las promesas de un futuro esplendoroso, han sido los ornamentos con los que se ha querido entrar de contrabando en la buena fe de los votantes, para que picaran el cebo y, sin sospechar todo lo que se ocultaba bajo tal envoltorio, se les diera el poder que era lo que, en realidad, vienen ambicionando. Una vez en la poltrona gubernamental, con todos los poderes en sus manos y dominando el Legislativo, sería cuando (como ya viene ocurriendo en ciudades como Barcelona y Madrid, dominadas por Podemos), empezaría el recorte de libertades, el intervencionismo del Estado, el aumento de los impuestos, los recortes de la propiedad privada, la estatalización de las industrias, el aumento del funcionariado, la rebaja de las pensiones, el aumento del gasto público y el déficit público disparado. Si no me creen nada más tienen que echarles un vistazo a los 20 puntos presentados por Podemos al PSOE y luego, no hace falta más que ver las posibilidades de que exista superávit primario y luego añádanle el coste de todas estos aumentos previstos por Podemos y añadámosle todo el coste del pago de las deudas públicas. Si no les coge un jamacuco al comprobar la magnitud del disparate que se proponen hacer, mejor será que se lo hagan mirar.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, uno que tiene, más bien, tendencias republicanas, pero es de derechas y amigo del orden, de la libertad de mercado y religiosa, no puede menos de pensar que nada se nos ha perdido detrás de lo que estos insensatos, que piden “el cambio”, que exhiben la tricolor y que hablan de república sin tener idea de lo que, en realidad, representa este sistema político y democrático de gobierno; y que todo lo que podemos esperar de ellos, como dice el refrán castellano: “trabajos nos da quien grandezas nos promete”, es que acabemos en el mismo lugar del que partimos el 20N del 2011, cuando estábamos a punto de pedir ser rescatados; con España a las puertas de la quiebra soberana. ¡Cuidado con ellos!

UGT y CCOO no se cortan: gambas y copas en la Feria de Abril
Carlos García-Ovies okdiario 15 Abril 2016

Los sindicatos CCOO y UGT siguen teniendo casetas en la Feria de Abril de Sevilla pese al escándalo protagonizado por este último, que pagó una mariscada con barra libre incluida con cargo a la Junta de Andalucía en el año 2010. Fuentes sindicales aseguran que, al menos, UGT ya no realiza esa tradicional comida y que todo aquel afiliado que quiera consumir tiene que abonar la cantidad correspondiente.

Hace cuatro años, un escándalo mayúsculo salpicó a UGT. Por aquel entonces, se conoció que el sindicato había pagado en 2010 una comida con dinero público de la Junta de Andalucía que incluía viandas y barra libre de bebidas alcohólicas. Hoy, UGT mantiene su caseta en la Feria de Abril, pese al escándalo que protagonizó. CCOO también tiene una caseta para este año.

Fuentes sindicales han asegurado a OKDIARIO que, a raíz de la polémica destapada y de las acciones judiciales posteriores, UGT ya no realiza esa tradicional fiesta. Ahora, simplemente se organiza una caseta en la que los afiliados o quienes lo deseen deben abonar la cantidad correspondiente al consumir. No obstante, cabe preguntarse si es lo más acertado que los sindicatos se adjudiquen una o varias casetas tras el caso de 2010.

“UGT tenía una costumbre, como otras empresas, de celebrar una cena con los trabajadores de la organización, que consistía en distintos pinchitos de tortilla, de lomo con patatas, algún pescado, las gambas típicas de Sevilla y ninguna copa. Si alguien quería tomarse alguna, la pagaba de su bolsillo”, explicaba el que en 2014 era líder de UGT Andalucía, Francisco Fernández Sevilla, que acabaría dimitiendo por el escándalo de las subvenciones. Por aquel entonces, el líder del sindicato justificó los gastos como “jornada institucional de trabajo”.

No obstante, que cada uno pagaba las copas de su bolsillo es una versión que no coincide con la de algunos de los trabajadores del sindicato, que reconocieron que eran los líderes de UGT los que les proporcionaban tickets para consumir bebidas alcohólicas. Quien sustituyó en funciones a Fernández Sevilla tras su dimisión, Manuel Ferrer, calificó de “anecdótico” el escándalo y aseguró que “realmente tampoco era una mariscada, eran unos langostinos”.

En ese sentido, el actual secretario general de UGT, José María Álvarez, aseguró hace unos días que UGT Andalucía ha asumido “como nadie” la responsabilidad política ante casos que “ya están en los juzgados”, en referencia a las presuntas facturas irregulares de subvenciones públicas y el caso de los cursos de formación.

“Este sindicato y UGT-A han tomado medidas, no en este congreso sino inmediatamente cuando salieron los temas, como no ha hecho ninguna organización en este país. No hemos esperado a un congreso, la dirección de UGT-A son compañeros que no tenían responsabilidad en aquel momento. Antes de que haya ninguna justicia, nosotros políticamente ya hemos tomado las decisión que había que tomar”, explicó.

No obstante, no sólo los sindicatos mantienen casetas en la Feria de Abril de Sevilla, sino también numerosos partidos políticos, entre ellos el Partido Socialista, el Partido Popular, el Partido Andalucista y el Partido Comunista de España (PCE).

“No basta con cambiar al secretario general”
Desde la Unión Sindical Obrera (USO) siempre han criticado la gestión de UGT y CCOO en Andalucía. “En tiempos pasados recientes, esos sindicatos se apropiaron de recursos ajenos y optaron por el despilfarro“, explican. USO señala que “la corrupción en la que estaban metidos les ha llevado a hacer un reajuste” y espera “que cambien el rumbo”, pero asegura que UGT “ha dejado el sindicalismo herido de muerte”.

“Nos consta que ha salido un cambio estructural, pero ahora hay que verlo en la práctica. A UGT le quedan muchos años por delante para saldar su deuda con las administraciones públicas” explican desde USO.

La Unión Sindical Obrera valora el cambio de rumbo, pero insiste en que “no basta con cambiar de secretario general”. USO defiende que “quien mete la mano en la caja tiene que pagar” y sostiene que “hay que exigir a todo el mundo lo mismo”.

En unas jornadas en El Escorial
Dragó, Esparza y Losantos analizarán el llamado 'problema de España'
La decadencia de los símbolos, las banderas y los héroes. El origen de los separatismos o e "odio secular" al vecino. En definitiva, España, el enigma que abordaron Ortega, Unamuno o Maeztu.
Gaceta.es 15 Abril 2016

Los Encuentros Eleusinos regresan a El Escorial. A sólo una semana para la disolución de las Cortes y la aparente convocatoria de nuevas elecciones generales, el fin de semana del 22 al 24 de abril parece el momento oportuno para detenerse y reflexionar sobre la idea de España y el eterno problema de este país en constante conflicto con su identidad. Para ello, el XIV Encuentro Eleusino, titulado «España», a secas, contará con el magisterio de Antonio Garrigues Walker, Federico Jiménez Losantos, Manuel Pimentel, Jorge Verstrynge, Fernando Rodríguez Lafuente, Anna Grau, José Javier Esparza y Fernando Sánchez Dragó, director de los Encuentros Eleusinos.

El problema de España no se soluciona con cambios de gobierno, sea del color que sea, sino ahondando en su raíz. Así pues, en el curso se abordará el eterno laberinto patrio desde un enfoque intelectual, histórico y filosófico, dejando la política actual al margen, en la estela de Alfonso X el Sabio, Menéndez Pelayo, Unamuno, Maeztu, Ortega, Américo Castro, Sánchez-Albornoz, César Vallejo, Laín Entralgo, Eugenio de Nora, Olagüe y Julián Marías, entre tantos otros.

¿España?
«¿España?», se pregunta Fernando Sánchez Dragó. Ya se lo preguntó hace casi 40 años en el epílogo de Gárgoris y Habidis. Una historia mágica de España y no halló respuesta. Con ese interrogante inaugurará el curso el viernes 22 de abril el anfitrión de los Encuentros Eleusinos. A continuación, Antonio Garrigues Walker expondrá su amplia experiencia sobre «La imagen de España en España y fuera de España». Al día siguiente, 23 de abril, la sesión comenzará con el autor de Lo que queda de España, Federico Jiménez Losantos, que siempre ha tenido la libertad y España ?«por ese orden», asegura? como puntales de su obra. Seguidamente, Anna Grau tratará la tensión entre este país y sus periferias con «La España de quita y pon». Más tarde, nos sumergiremos en «La España soñada de Ortega y Gasset» de la mano de Fernando Rodríguez Lafuente; y Manuel Pimentel nos desvelará cuánto hay de verdad y cuánto de leyenda en «España y las Tres Culturas: mito y realidad». En la última jornada, la del domingo 24 de abril, José Javier Esparza tratará de salvar nuestra españolidad del naufragio en «Destrucción y reconstrucción de la identidad nacional»; y, finalmente, Jorge Verstrynge clausurará el curso con su ya célebre perspectiva disidente.

Desde la Antigüedad, la cercanía de África inoculó en Iberia el genoma tribal que a partir de las guerras púnicas constituiría nuestra única característica aglutinante: el odio y la violencia hacia el vecino. Su «enigma histórico» es la tendencia a la guerra civil de esas dos Españas que se ocultan tras muchas máscaras a lo largo de la Historia. Lo de menos es el motivo, lo importante es la trinchera. Con Alfonso X surgió entre estos dos eternos duelistas a garrotazos una tercera España sensata, serena e ilustrada que desde entonces intenta poner orden en este país de locos. Es la España del Siglo de Oro, la del 98, la del 27. Ésa es la España que tratará de revivirse en el XIV Encuentro Eleusino en El Escorial. Tendrá cabida, además, el origen de los separatismos, que han alcanzado especial virulencia en Cataluña y en Vasconia. También la decadencia de los símbolos, de las banderas, de los héroes. Y, finalmente, acaso un hálito de esperanza: la improbable reconstrucción de la identidad nacional.

Nacidos hace tres años bajo la máxima de «mens sana in corpore sano», los Encuentros Eleusinos evocan los misterios celebrados en el célebre santuario iniciático griego, depositario de la antigua filosofía pagana, y pretenden consolidarse como retiros espirituales nómadas cuyo corazón se encuentra en Castilfrío de la Sierra, sobre el Alto Llano Numantino. A lo largo de sus trece ediciones, por sus campamentos han pasado personalidades como Luis Eduardo Aute, Ramiro Calle, Antonio Escohotado, Luis Racionero, Juan Luis Arsuaga, Javier Gomá, Javier Sierra, Pablo d'Ors, Andrés Trapiello, Alberto Vázquez-Figueroa, María Blasco, José Miguel Gaona, Francisco Mora, Francisco José Rubia, Manuel Fraijó, Antonio Piñero, Victoria Cirlot, Iñaki Preciado, Carlos Blanco, Frank Cuesta y Rafael Santandreu, entre muchos otros.


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Desde Santurce a Santurtzi: memoria histórica
J. de Mendizábal www.vozpopuli.com 15 Abril 2016

En este momento hay grandes cuestiones a debate en el mundo. Una afecta a mi familia y, las otras , a mi familia, a España y al mundo entero. La primera es la evolución de Santurce a Santurtzi, a la modernidad, al siglo XXI, en definitiva. Y, las otras, sin duda de menor importancia, a la evolución de la deuda a niveles de la II Guerra Mundial (FMI), la ciberdelincuencia, el yihadismo y a la revolución digital/robótica a cuyo lado la revolución industrial del XIX es como una pequeña broma.

Vayamos a lo importante
Los hechos son que el Ayuntamiento de Santurtzi ha decidido que va a cambiar el nombre de una serie de calles entre las que se encuentra su avenida principal, Capitán Mendizábal y una calle menor, la de Leonor de Amézaga, entre otras. Esto, en principio, no tiene la menor importancia para el resto del mundo, excepto para mi familia. Pero no es cierto, la tiene también para Ud. porque se trata de cambiar la historia, tema siempre peligroso. Eso sí, en una democrática decisión, el Ayuntamiento ha decidido abrir una página web para que los vecinos decidan o voten o sugieran nombres alternativos para esas calles. Memoria histórica, ya saben. Rezamos para que a ninguna de las dos las nominen con algún etarra. Con poco nos conformamos, cierto.

El asunto es que mi tío, Rafael de Mendizábal y Amézaga, piloto de la escuadrilla de García Morato fue herido y derribado en 1938 y encarcelado en la Modelo de Barcelona. Lógico, prisionero. Tiempos de guerra. Finalizando la misma, le sacaron de la cárcel para pasarlo a Francia en un teórico intercambio de prisioneros entre los dos bandos y uno de sus carceleros -que había jurado que le mataría- efectivamente, le bajó del camión y le asesinó en una cuneta de Vic, camino de Francia. Sin juicio, sin intermediarios, sin nada: le bajó y le acribilló a balazos, a sangre fría. El pueblo de su nacimiento, le dedicó su incipiente calle principal. Esta es una de las calles que van a cambiar de nombre. Un avance histórico.

Su hermano, mi tío carnal Ramón, también piloto en el Ejército del Aire, murió al fallar su avión (cosa bastante habitual en la época) y se estrelló en mitad de Badajoz. Hace poco he leído que algún descendiente de los habitantes de la casa contra la que se mató quería algún tipo de compensación. Monetaria, claro. A mi padre, ya fallecido, no le constaba que tuviese ningún instinto kamikaze de pequeño. Falló su avión. Murió. Tiempos de guerra. No tiene ninguna calle. Lógico, una víctima más, nadie le asesinó.

Otro de mis tíos carnales, Manolo Castellanos y Ledo, cayó en el frente de Vizcaya. Se alistó el día que las tropas nacionales entraron en Guecho y al día siguiente, murió en el frente. Nada que objetar. Tiempos de guerra. No tiene calle en Neguri. Nadie le asesinó.

Por cierto, el padre de este último, mi abuelo Manuel Castellanos y Jacquet, fue Presidente del glorioso Athletic. Y otro de sus hijos, mi tío Chitín, lateral derecho del equipo durante años. No crean que fue lateral sólo por el hecho de ser el hijo del Presidente. Debía tener sus aptitudes deportivas, porque luego fue varios años campeón de tenis de la federación vasco-navarra. No tiene ninguna calle en Guecho. Lógico, lo mató un cáncer, nadie le asesinó.

Mi abuela paterna, Leonor de Amézaga y Balparda, fue una mujer austera, devastada por la vida, por la muerte de dos de sus hijos, por el abandono de su marido, básicamente un vividor de la época. En 1967 le concedieron el supuesto honor de poner su nombre a una calle de Santurce, hoy Santurtzi. Supongo que fue, más que por la entrega de sus hijos a la causa, por la expropiación de una serie de terrenos de nuestra propiedad. También nos quedamos sin Bellamar, nuestra maravillosa casa viendo El Abra. Ahora bien, puedo asegurar que mi abuela no mató a nadie, más bien sufrió la muerte de sus hijos. La verdad, qué memoria histórica puede aplicarse a alguien así. ¿En 1967?

Para terminar la historia, su dislocado marido, mi abuelo Bernabé de Mendizábal y Aldamiz-Eceheverría, antes de abandonarla, fue alcalde de Santurce mucho antes de la guerra. Luego se piró después de haber vivido, vivido la vida de verdad. Un pequeño ejemplo: se compró un brillante Hispano-Suiza. Se fue a Biarritz (casino maldito). Volvió a Santurce sin él. Se lo jugó. Un ejemplar. Raza. Murió en El Escorial en plena guerra. Nos hemos enterado hace bien poco que, durante esos terribles años, ya exiliado matrimonialmente hablando, fue detenido y acusado de "espionaje y manifestaciones contra la República". Juzgado en Madrid en 1938, sufrió cárcel y poco después murió. Conociendo su historia, puedo asegurar que las manifestaciones de su posición y su espionaje se concretaban en el Miranda o en el Hotel Victoria de El Escorial con un copazo. Le debió oír alguien afecto a la causa comunista. Lo denunció y se acabó. Tiempos de guerra. No tiene calle en ningún sitio.

Desde Santurce a Bilbao
Vengo por toda la orilla, con la falda remangada, luciendo la pantorrilla. Sardinas frescúes. La del primero me dice y tal. Cojo la cesta y me marcho. Para qué negar que nos da pena este asunto. Mucha pena. Nuestros padres no viven ya. Eso que se ahorran.

Pero nosotros, sus hijos, su familia, tampoco olvidamos. Ni olvidaremos nunca y se lo transmitiremos a nuestros hijos. Y ellos a los suyos. Por los siglos de los siglos, con calles o sin ellas, somos de Santurce y de Guecho y, vivamos donde vivamos, somos vizcaínos, parte fundamental de España.

Hay que recordar que, ya en los 80, se cambiaron todas las calles que no tenían nada que ver con Santurce (General Mola y etcétera). Ahora, vuelven a revisar la historia. Bien. El mundo avanza a toda pastilla y estos gestos ayudarán, sin duda, a que Santurtzi entre definitivamente en el mundo digital 2017, ya sin Currito, sin mi familia y sin sardinas. Por ejemplo, el Puente Colgante se llama ahora Bizkaiko Zubia. No me dirán que no es evidente que estamos avanzando.

¿Por qué enfocan a Madrid las empresas catalanas?
Xavier SalvadorCronica Global 15 Abril 2016

Hay un rosario de empresas con sede social en Cataluña que han decidido trasladarla a Madrid. Son muchas, no paran, y son de cierta importancia en su mayoría.

En el marco del debate abierto sobre el proceso soberanista que lidera el gobierno catalán, la deslocalización de sedes es munición para ambos bandos. Quienes señalan que la huida corresponde a una respuesta a la presión independentista desconocen que las empresas sólo responden a los mercados, los suyos para ser exactos, y que la política se la miran con distancia. Salvo, claro está, aquellas cuyo negocio guarda relación estrecha y directa con los boletines oficiales, sean los editados por entes locales, autonómicos o del Estado. A menudo se castiga al Ibex 35 por dependencia del BOE, pero hay muchas vinculaciones administrativas menores que se pasan por alto (pregunten a las constructoras catalanas que están hasta las narices de la parálisis inversora por bloqueo político de la Generalitat y del Ayuntamiento de Barcelona).

Por parte de los independentistas se tiende a minimizar el fenómeno: unas se van, otras vienen… Es el argumento de los líderes de la cruzada secesionista y, en parte, del Ejecutivo de la Generalitat, que ensalza cualquier inversión que aterrice en Cataluña por menuda o singular que sea. Desde ese lado de la barrera se ignora de forma abierta que no toda la inversión es igual, que no representan idéntica incidencia económica unas empresas que otras. Vamos, que no es lo mismo que un fondo de inversión se compre la Torre Agbar e introduzca una millonada en Cataluña a que 100 empresas de las que facturan 15 millones decidan emigrar socialmente. Una cosa es la medición macroeconómica y otra, muy diferente, el efecto microeconómico.

Realizada esa distinción, permitan otro razonamiento clarificador: en la mente del empresario que emigra hay sólo una cosa, la optimización. Tanto da que la mejora sea fiscal, razón principal de la salida, que de un tenor como la seguridad jurídica. Poner a salvo la sede social en Madrid ante una eventual locura independentista es una garantía mercantil, pero lo que importa realmente es que la carga fiscal soportada es inferior.

Esa es la superficie del debate, pero en el fondo de la cuestión lo que debería debatirse de veras es por qué existen las diferencias tributarias que llevan a muchas compañías a resguardarse de la voracidad recaudatoria de la Generalitat independentista. Esos mismos que se pasean ufanos diciendo que España les roba podrían darse cuenta de que a muchos empresarios, verdaderos motores de actividad económica, les mosquea sobremanera sentirse robados en su propia casa. No entenderlo es no querer habitar en el mundo de las realidades y pasar soberanamente de la razón por la que las empresas catalanas acaban enfocando a Madrid.

DEBEN 350 MILLONES DE EUROS
El Gobierno ‘perdona’ a los etarras sus pagos por responsabilidad civil
Para acceder a los beneficios penitenciarios deben garantizar estos pagos, aunque no se les exige desde hace más de 15 años facilitando las excarcelaciones.
Juan E. Pflüger  www.gaceta.es 15 Abril 2016

El pago de la responsabilidad civil es la obligación que tiene un condenado de reparar mediante el pago de una cantidad el daño provocado. La cuantía de este pago se establece en una indemnización que haga frente a los perjuicios ocasionados. Hay un caso de impago de estas indemnizaciones en España, el de los presos de la banda terrorista de ultraizquierda ETA, que llama especialmente la atención. El conjunto de los presos de este grupo separatista vasco debe por este concepto algo más de 350 millones de euros.

Según datos oficiales hechos públicos por el Gobierno en 2012, de esta cantidad, los presos etarras no habían abonado ni siquiera un millón de euros. Una circunstancia que choca con el chorreo de excarcelaciones que vienen produciéndose en los últimos años. Primero fue la vía Nanclares, que establecía que para obtener los beneficios penitenciarios que terminasen con la salida de prisión del terrorista, éste debía cumplir varios requisitos.

Entre estas condiciones se encontraba la de pagar la indemnización impuesta en concepto de responsabilidad civil, algo que, a juzgar por las cifras anteriormente mencionada, no se ha producido. También incluía otros requisitos como el de pedir perdón a las víctimas, colaborar en la resolución de los casos pendientes de terrorismo y renunciar explícitamente a la violencia.

Después vino la derogación de la “doctrina Parot”, que ha terminado con más de setenta presos terroristas liberados sin que tampoco hayan pagado las cantidades que les fueron impuestas en concepto de responsabilidad civil.

Cuando los presos terroristas son excarcelados lo primero que intentan es normalizar sus vidas y, para ello, buscan un trabajo remunerado. Gaceta.es se ha puesto en contacto con Miguel Folguera, presidente de la Asociación Plataforma de Apoyo a las Víctimas del Terrorismo (APAVT) quien ha asegurado que el seguimiento que sus servicios jurídicos ha hecho del pago de las indemnizaciones por responsabilidad civil demuestra que ni se han pagado como paso previo a la excarcelación, ni se han pagado después y, además, en muy pocos casos han visto como se ordenaba el embargo de nóminas para hacer frente al pago.

El Govern se opone a que el TSJC traduzca una causa al castellano
Carlos Quílez Cronica Global 15 Abril 2016

Un constructor navarro que ha demandado a la Generalitat se acoge a la cooficialidad de las dos lenguas para solicitar la versión española de los documentos

El gabinete jurídico de la Generalitat adscrito a la consejería de Presidencia ha pedido por escrito al Tribunal Superior de Justicia de Catalunya (TSJC) que no facilite una copia traducida al castellano de la causa a un constructor navarro que mantiene un litigio con el departamento de Territori. El demandante ha solicitado que los documentos originales en catalán que se van incorporando al expediente le sean trasladados en lengua castellana.

El constructor se acoge a la cooficialidad de las dos lenguas (castellano y catalán) en Cataluña y apela a la indefensión que supondría recibir los documentos en un idioma que no domina, para pedir copia traducida al castellano.

La Generalitat no da tregua
El letrado de la Generalitat, Ignasi de Ribot, afirma que el demandante, Víctor Latorre, ya había recibido con anterioridad documentación judicial en catalán y nunca se había quejado por ello. El constructor, en conversación con este medio, ha explicado que realizó esa solicitud “al amparo del artículo 13.2 de la Ley 1/1998, de 7 de enero, de política lingüística". Ese apartado dice: "Todas las personas tienen derecho a relacionarse, oralmente y por escrito, con la Administración de Justicia en la lengua oficial que escojan y ser atendidos, y no se les puede exigir traducción alguna”.

El gabinete jurídico de la Generalitat recuerda que hay un acuerdo del Gobierno de Cataluña de fecha 7 de mayo de 2013 que obliga a los letrados públicos a que cuando la Generalitat sea parte de un litigio “se solicite del tribunal que el proceso se tramite en lengua catalana”. El gabinete apela a la carta europea de defensa de las lenguas minoritarias y regionales.

Normalidad
El demandante alega que lo que es posible y habitual en el proceso administrativo, lo ha de ser igualmente en el proceso judicial.

El litigio entre le constructor y la Generalitat hace referencia a la petición de nulidad del acuerdo de reordenación de la desembocadura del río Fluvía, en Girona, por el que se reclama el retorno de las inversiones urbanística ya realizada por Latorre y una indemnización por lucro cesante que superaría, según la propia estimación del TSJC, los 130 millones de euros

 


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