AGLI Recortes de Prensa   Viernes 29  Abril  2016

El timo del 'catamocho'
F. JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 29 Abril 2016

Uno de los timos más antiguos es el del 'tocomocho': un tío con muchísima prisa para coger el tren o el barco decía tener un décimo de lotería premiado y pedía a un 'timable' que lo cobrara dándole menos dinero del que le tocaba porque su madre se moría, su hermana se casaba o su hija había sufrido un accidente y no podía cobrarlo. El gancho o cómplice del timador aparecía entonces con la lista de la Lotería, fingía comprobar el premio y antes de irse -también tenía muchísima prisa- le guiñaba el ojo al 'timable' para que aprovechase la ocasión. El avaricioso picaba, le daba al apresurado lo que llevaba encima, iba a cobrar y zasca. Gemelo del timo del 'tocomocho' es el de la 'estampita': un presunto discapacitado con un sobre lleno de billetes -"papelitos", decía él, gangoseando- que ofrecía al 'timable' y, con ayuda del gancho, convencía para ir a por más a su casa, a cambio de una cantidad que, por alguna razón, le hacía falta de inmediato. Picaba el bobo y al rato era la irrisión de la comisaría más próxima.

Pero ayer, el timador Mariano y su ganchita Soraya nos ofrecieron una nueva variante del timo del 'tocomocho', el 'catamocho': un billete de lotería premiado, por el que vamos a pagar mucho menos de lo que vamos a ganar y que es el Premio Gordo de Navidad del separatismo catalán, que representó Oriol Junqueras. Naturalmente, no hay tal billete de lotería premiado, sino un timo como una casa al contribuyente. El Gobierno finge que los separatistas no se separan y los separatistas dicen que se separan pero que, en vez de ir a la cárcel, les paguemos. Y Rajoy, que decía que los jueces pondrían en su sitio a los autores del "golpe de Estado a cámara lenta" (García Albiol 'dixit', exhibiendo banderas españolas tras la proclamación parlamentaria de la República Catalana) hace como si timara a los separatistas, aunque sabe que lo timan a él.

El timo del 'catamocho' es creer que el Gobierno hace algo contra 'El Mocho' -mote real de Puigdemont en Democracia y Panamá- aunque lo que pagamos es otro año de separatismo, represión y persecución de todo lo español, pero sin romper la costumbre de cobrar. Y va Junqueras, al que la última vez que sumó dos y dos le salió cinco más el 3% TAE, con 50.000 millones de deuda y dice que el Estado español debe evitar el endeudamiento. No vaya a faltar para la paga de Navidad.

Mátrix en Moncloa: el Gobierno aprueba un Programa de Estabilidad virtual
La actualización del Programa de Estabilidad que aprobará hoy el Consejo de Ministros es papel mojado. El próximo Gobierno, sea el que sea, tendrá que renegociarlo con Bruselas
Carlos Sánchez El Confidencial 29 Abril 2016

En un país 'normal', la aprobación por parte del Gobierno de la actualización del Programa de Estabilidad -que cada año hay que enviar a Bruselas en el marco del semestre europeo- provocaría un vivo debate sobre los objetivos económicos del Ejecutivo. Pero ocurre que España tiene ya el honor de ser el primer país de Europa occidental -probablemente desde 1945- en el que hay que repetir unas elecciones generales. Y eso explica que el documento que aprobará hoy el Consejo de Ministros vaya a ser papel mojado por algo obvio.

Aunque el Partido Popular gane las elecciones del 26-J, las probabilidades de que lo haga por mayoría absoluta son remotas, lo que le obligaría a negociar con sus socios de gobierno. Y no solo eso. La propia Comisión Europea aún no ha asumido formalmente el nuevo calendario de reducción del déficit público planteado de forma informal por el ministro De Guindos en Washington, aprovechando una reunión del FMI, y que supone cerrar el año (siempre que se cumpla el objetivo) con un déficit del 3,6% (ocho décimas más de lo previsto) y del 2,9% en 2017 (el doble de lo estimado inicialmente). Es decir, en línea con lo previsto por Bruselas en otoño y que el Gobierno rechazó por irreales.

La Autoridad Fiscal ya anunció que para cumplir ese objetivo es necesario un ajuste adicional de 4.000 millones de euros, y el propio Gobierno se anticipó a ese recorte aprobando hace dos semanas un acuerdo de no disponibilidad para la Administración central de 2.000 millones que hoy, si no hay novedades, verá la luz con detalle. Los otros 2.000 millones corresponden a las comunidades autónomas, que a cambio han logrado (al menos es lo que espera el Ejecutivo) que puedan acabar este año con un déficit del 0,7% en lugar del 0,3%.

Como se ve, la condicionalidad se ha impuesto en las proyecciones económicas, sin duda por causas políticas, y de ahí que la actualización del Programa de Estabilidad no sea más que un juicio de intenciones.

No puede ser de otra manera, teniendo en cuenta que un Gobierno en funciones no tiene atribuciones para imponer nada salvo fuerza mayor. O dicho de otra forma: el próximo inquilino de La Moncloa tiene todo el derecho a renegociar un nuevo calendario de reducción del déficit público (otra cosa es que lo consiga). Máxime cuando el enésimo incumplimiento de España puede acarrear una multa de la UE que puede llegar -es pura teoría- al 0,2% del PIB.

Paradójicamente, esos 2.000 millones de euros que ahora el Gobierno quiere ahorrar, principalmente, es en obras presupuestadas por el Ministerio de Fomento, sobre todo en líneas de alta velocidad.

Protección social
Es evidente que esta zozobra presupuestaria afecta a la actividad económica. Entre otras cosas, porque el consumo público en bienes y servicios -distinto al gasto- representa el 20% del PIB, por lo que cualquier modificación presupuestaria afecta a la evolución de la economía. Y todavía más si afecta a grandes partidas como la Seguridad Social, que hoy por hoy es el verdadero problema de las cuentas públicas.

El Gobierno acaba de comunicar a Bruselas que este año el sistema público de protección social tendrá un déficit de 10.123 millones, pero esa cifra está sesgada a la baja. No es creíble.

El Ministerio de Economía se ha cuidado muy mucho de enviar una primera notificación a Bruselas en la que asume un déficit del 2,8%, que era el objetivo inicial y que ahora reconoce de forma informal que no podrá cumplir. Es decir, que deja para el próximo Gobierno los ajustes necesarios.

Pero con la espada de Damocles de la Comisión Europea, que hace apenas dos meses, en su análisis sobre España, ya advirtió de una verdad incómoda para un Gobierno que presume de riguroso: “La disminución de los gastos por intereses ha sido compensada por un aumento considerable de categorías de gasto bajo su control, lo que ha ralentizado el ritmo del saneamiento presupuestario”. No es el mejor antecedente para negociar desde una posición de fuerza.

Elecciones sin carteles
Marcello Republica.com  29 Abril 2016

Ha dicho María Dolores de Cospedal y de las entretelas que hay que ahorrar en las elecciones del 26-J y suprimir los carteles y banderolas en las grandes ciudades porque los ciudadanos ya conocen de sobra a los dirigentes políticos. Ése no es el argumento, lo que pasa es que los ciudadanos conocen ‘demasiado’ a los políticos y por eso algunos de los dirigentes prefieren que se voten las siglas y que se escondan a los candidatos.

Mal negocio pues para las agencias publicitarias, y punto final a las sesiones fotográficas y retoques de los retratos para quitar canas y arrugas a ellos y ellas y sobre todo ventaja para Rajoy que en todos los carteles parecía Papa Pitufo rodeado de jovenzuelos, entre un equipo de dirigentes donde no aparece una sola mujer entre los partidos más poderosos. Se esperaba a Susana en el PSOE pero no se atrevió.

En realidad lo que busca la eliminación de los carteles personales es que los votantes decidan a favor de las siglas que representan a su posicionamiento ideológico, por encima de otros avatares como los de la corrupción (en el PP) y los fracasos políticos (en el PSOE). Porque en estos comicios que se acercan se está temiendo una gran abstención, lo que podría beneficiar al PP y Podemos en menoscabo del PSOE y de C’s.

Resulta asombroso que la corrupción no le quite votos a los partidos afectados, o que los ataques a la democracia y las libertades tampoco tengan un efecto determinante en las urnas. Al final el argumento para decidir el voto de muchos electores es el de votar a ‘los nuestros’, o ‘los míos’, por encima de todo lo demás.

Máxime en la actual tesitura española en la que asombrosamente crece la economía -en el primer trimestre del año un 0,8%- con un Gobierno en funciones que no toma decisiones importantes. Lo que sin dudas da alas a la abstención.

Lo que está claro es que el discurso del miedo al PP o Podemos está bastante desgastado. Rajoy aguanta porque domina el PP y porque volverá a ganar porque la economía y el bolsillo pesa en el ánimo de muchos ciudadanos. Y Podemos ya no es el lobo negro al que tanto se temía en las elecciones del 20-D porque de alguna manera ya se ha legitimado con sus idas y venidas al palacio de la Zarzuela y con sus negociaciones con el PSOE.

De manera que parece claro que lo de ‘los nuestros’ en la derecha va a favorecer al PP y en la izquierda a Podemos, sobre todo si se presenta a las elecciones de la mano de IU. De ahí que la más difícil tarea será la de Sánchez y Rivera que están atados por su pacto de gobierno y que tendrán que competir a izquierda y derecha y además entre ellos.

Los carteles electorales parece que van a desaparecer. Pero lo más asombroso es que permanezcan al frente de las listas electorales los mismos dirigentes que han sido incapaces de formar gobierno y que, previsiblemente, se encontrarán después del 26-J en una situación similar a la que siguió a las pasadas elecciones del 20-D. Lo que va a prolongar la situación de gobierno en funciones, o país sin gobierno, que por lo que se ve en la mejora de economía no está nada mal.

¿Y ahora qué? Un año más que se pierde
Antonio García Fuentes  Periodista Digital 29 Abril 2016

Qué bien “nos retrató” aquel teutón que como destacado estadista, supo iniciar la grandeza que tras él como unificador, logró Alemania: “España es el país más fuerte de todo el mundo, los españoles llevan siglos tratando de destruirlo y no lo consiguen” (Otto von Bismark).

España está sumergida en una de las ruinas mayores de su historia y pese a ello, los malos y peores gobernantes que la han arruinado, siguen siendo votados en cantidades inexplicables por sus fracasos… “vuelven con fuerza otros aún más fracasados y que pretenden un frente populismo que llevó a aquellos otros a una guerra fratricida que aún hoy sigue haciendo daño a una parte de la sociedad que ni la asumió ni quiere asumirla”; aun así “estos carcas o momias no embalsamadas”, se hacen fuertes en sus hipócritas castillos y quieren gobernar España (o lo que esto sea ya), pero no “una España para todos los españoles, sino una España para los suyos, sus afines, sus facciones o fasciones, para repartirse el botín como siempre hicieron cuando pudieron”; al resto y como dice el terrible dicho… “al enemigo ni agua”. Sí aquel teutón y hace ya casi dos siglos, acertó y supo “retratar a España y mayoría de sus habitantes”, que como mala yerba, nunca se acaba y renace cada época como enfermedad incurable. Por ello un país rico, magníficamente situado en el “mapamundi”, sigue siendo “lo que es”.

El año perdido que es uno más; es el que marca el 20 de diciembre de 2015 y cuando de verdad exista un gobierno, que no sabemos cuándo será ya que todos los vaticinios apuntan “a un nuevo cuento de nunca acabar”. Y es así por cuanto si votamos a finales de junio y se puede formar gobierno, cuando éste empiece a gobernar, se habrá cumplido ese año o quién sabe cuánto tiempo más.

“Los cuatro jinetes de nuestra Apocalipsis hispana”, están dando sus explicaciones de sus fracasos y como siempre, “los hunos achacan a los hotros lo que en realidad es culpa de los cuatro”; ya que han debido (y de verdad) hacer la disección de la realidad española y conformar un gobierno “de salvación”, puesto que continuidad no puede haber alguna; ya que “los más votados”, han sido precisamente los mayores culpables de la situación que soportamos y que no son otros que los del PP y los del mal llamado PSOE, que como partidos “A y B”, fueron los artífices de la situación actual y que ni reconocen ni van a reconocer nunca, pero esa es la verdad.

Ahora y vistos “sus andares” tras las elecciones últimas, un espectador que simplemente es español y sin partido que nunca tuvo, piensa y dice lo que sigue.
Rajoy: Ensoberbecido por su gran fracaso, puesto que se considera “un salvador” (salvador de sí mismo) en vez de irse y dejar paso a otro (el que sea) y a ver si su partido se reactualiza a una normalidad nunca habida aquí en Hispania; se atrinchera en su bunker y allí va a estar hasta que lo echen, puesto que vaticino que no llegará a gobernar más; ya que perdió la oportunidad que ha tenido y que se la dieron la mayoría de españoles, no por él ni por su partido, sino por cuanto tras el desastre de su antecesor (el indeseable José Luís Rodríguez Zapatero) y en un “sálvese el que pueda”, se pensó en él como último cartucho para enderezar la maltrecha España; y este lo que hizo fue endeudarla muchísimo más, tapando “con esa enorme cortina de humo”, la inutilidad de su mando, que ha demostrado ser más o menos como el de su antecesor.

Pedro Sánchez: Con su fracaso electoral, pero viendo el fracaso general de todos, pretendió con todas sus fuerzas “y sus mañas”, llegar a la Moncloa y sentar en ella “su culo”; no por otro interés que el propio de llegar a presidir el gobierno, ya que con ese logro, se aseguraba de por vida, una paga principesca y todos los anexos en forma de grandes prebendas y sinecuras, que le asegurarían de por vida, una vida comodísima e igual que a su correligionario antes mentado (Zapatero) que pese a su nefasta actuación, le estamos pagando cada mes, lo que no merece en absoluto… ¿Qué Sánchez pensó en arreglar España y a los españoles si llegaba a gobernar? Yo lo dudo rotundamente; él pensó en sí mismo y… “Después de él el diluvio, su meta era su fin”.

Pablo Iglesias (que apellido para alguien que no cree en religiones); su meta era igualmente llegar a la Moncloa, a caballo del anterior, puesto que su alianza, era apoderarse de todos los resortes del poder, como “segundo”, pero llegados a ello, “ahogar al primero” y subirse al mando total, que como totalitario pretende; así es que un caso similar al anterior, pero con diferentes “materiales para edificar su poder absoluto y luego ponernos a todos a disfrutar de un comunismo que ya sabemos lo que es”. Y que él mejor que nadie sabe… “Libertad para qué” (Lo dijo Lenin).

Y por último Alberto Rivera o “Ciudadanos”, el que podemos considerar “mejor o menos malo” (Sostiene al para Andalucía, ruinoso partido que la mangonea desde que murió Franco, y a otros gobiernos menores, entre los que se cuenta mi ciudad natal)… pero el que en sus declaraciones, se muestra más imparcial y dice pensar en una España mucho más libre de parásitos (que es lo que la ha hundido) nada sabremos de sus intenciones e inteligencia, hasta que no llegue al mando que pretende, que igualmente es el nacional; pero que tal y como están “las cosas”, a mi entender y tapándose nariz y oídos; es el único que tiene “un pelín” de credibilidad para otorgarle ese mando, luego ponernos a rezar y ver ya definitivamente, si de verdad en España, una democracia (que nunca aquí ha habido) es el tipo de gobierno, que nos puede dar paz, prosperidad y sobre todo una dignidad hoy perdida; pues sepámoslo sin miedo; hoy España en “un hervidero de ladrones, estafadores, corrompidos de todo tipo, vagos y maleantes, sanguijuelas y demás parásitos, que se comieron y comen todo lo que los españoles que sí que producimos trabajando, logramos crear para que toda esta chusma, se los lleve de las miles de formas en que somos robados a cara de perro”.

Y esa es la realidad que yo veo y comunico, puesto que no veo otra y salir de todo ello, va a costar…. “ni lo sabemos”; esperemos que sangre no en cantidad, pero de “sudor y lágrimas”, prepárense las generaciones actuales y con vigor y algunas de las venideras… y no digo yo, por cuanto por mi edad provecta y mi crónica y mortal enfermedad, cualquier día me puede venir “el cuarto infarto” y felizmente me lleve a ese más allá, del que siento mucho menos miedo que del “más acá”, cuyos padecimientos y hedores, he padecido hasta la saciedad y me siento muy harto, mucho.

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y http://blogs.periodistadigital.com/nomentiras.php

Premio millonario al fracaso político
César CalvarEstrella Digital 29 Abril 2016

Nuestros políticos no se han puesto de acuerdo para formar un nuevo Gobierno, así que la próxima semana las Cortes Generales serán disueltas y acabará la legislatura más breve de la democracia. O la primera legislatura fallida, según se mire. En el mes de junio, los españoles serán convocados a votar para elegir de nuevo al Parlamento de la Nación, pero antes hay que organizar otras elecciones, con los abultados gastos que eso conlleva. ¿Y quién los va a pagar?

¡Bingo!
La factura, entre 140 y 150 millones de euros, según quién haga la cuenta, correrá a cargo de todos los ciudadanos que contribuyen con sus impuestos a mantener el sistema en marcha. Pero lo más interesante del caso es que esa cantidad incluye entre 25 y 30 millones en subvenciones públicas y sueldos que se embolsarán los propios partidos responsables de esta situación.

Es decir, que nuestros políticos en vez de ser penalizados por no haber sabido hacer su trabajo –que es lo que le ocurriría a cualquiera en su oficio-, van a ver recompensado su fracaso con un sustancioso y millonario premio. Como suele ocurrir en los casinos, la banca siempre gana. Y en este caso no es de extrañar que ganen, porque para eso son ellos quienes hacen las leyes. Ya dice un viejo refrán que hecha la ley, hecha la trampa.

Ocurra lo que ocurra, cada formación que consiga al menos a un parlamentario se va a embolsar, por ley y por segunda vez en medio año, 21.167 euros por cada escaño. A eso habrá que añadir 81 céntimos de euro por cada voto al Congreso y 32 céntimos por cada sufragio al Senado cosechados. Pero eso no es todo. La parte más jugosa viene una vez constituidas las cámaras: todos los partidos que formen grupo parlamentario recibirán la cantidad equivalente a 18 céntimos por elector –es decir, por cada persona en edad de votar, incluidos los que se abstienen- en todas las circunscripciones donde presenten candidaturas al Congreso y Senado.

Para que el lector se haga una idea, después del 20D y en virtud de las leyes en vigor, el PP se embolsó más de 8 millones de euros en subvenciones; el PSOE casi 6,5 millones; Podemos y sus confluencias en torno a 5 millones y Ciudadanos más de 3,6 millones. Todo eso sin contar, claro está, los sueldos de los parlamentarios y los gastos corrientes de los grupos, la cuenta de los viajes de sus señorías con cargo al Congreso y al Senado, las facturas de los teléfonos móviles, las tabletas, coches oficiales, seguros, etcétera. Adivinen, otra vez, quién paga.

Y como no hay tiempo antes del 26J ni tampoco intención de reformar la Ley Electoral, me temo que en el caso de las subvenciones públicas de nada van a servir los llamamientos a ahorrar como el que realizó Felipe VI en su última ronda de entrevistas con los líderes políticos. Este año, a los partidos que se repartan la tarta del Parlamento les lloverán millones por partida doble. El resto de gastos cargados al erario cuando se organizan unas elecciones –Administraciones Públicas, correo, logística, telecomunicaciones, seguridad…- son difíciles de recortar. Y lo que hagan los partidos con el dinero procedente de las donaciones privadas forma parte de los misterios de la creación.

Lo ocurrido desde el 20D no sólo ha evidenciado el fracaso de la política sino que ha puesto sobre la mesa un problema, el del gasto desbocado de dinero público en tiempos de crisis, no previsto por la legislación. Creo que sería democráticamente sano abrir un debate en torno a si los partidos políticos merecen cobrar las subvenciones por partida doble o si la ley debería ser reformada para que, cuando haya que repetir las elecciones, estos pagos sean reducidos de forma sustancial o eliminados.

El Lenin al que le faltaba lo de Salomón
Emilio Campmany Libertad Digital 29 Abril 2016

Finalmente, habrá elecciones. Unas elecciones que no convienen ni a Pedro Sánchez ni a Pablo Iglesias. Y a pesar de no convenirles, no han sabido hacerse con el poder. Pedro Sánchez ha dejado pasar la ocasión de ser presidente del Gobierno. Es cierto que no bastaban los apoyos de Podemos e IU junto con la abstención de los independentista catalanes. Es verdad que, sumando PP y Ciudadanos 163 noes, hacía falta que tres o cuatro de la Esquerra no se limitaran a abstenerse y votaran sí a la investidura. Y es por supuesto posible que los independentistas hayan sido tan cortos como para negarse el regalo de un Gobierno con ministros partidarios del derecho a decidir y dependiente de los soberanistas para sacar cualquier cosa adelante. Pero no entiendo cómo Pedro Sánchez no les ha prometido a unos y a otros todo lo que le hayan pedido con tal de ser investido. Y es que, una vez que lo hubiera sido, habría podido hacer lo que le viniera en gana, pues el presidente del Gobierno en España lo puede todo. No se le puede echar más que con una moción de censura que reúna una mayoría absoluta de apoyos a un candidato alternativo. Una vez elegido, Sánchez podía haber dado largas a los independentistas y, al cabo de un tiempo, cesado a Iglesias y a toda su troupe para intentar gobernar en minoría con Ciudadanos o, mejor aún, convocar elecciones desde la Moncloa y buscar un resultado que le permitiera sumar una mayoría suficiente con Albert Rivera. Así, ni siquiera está seguro de que vaya a ser el candidato de su partido.

Más sorprendente si cabe es el caso del supuestamente astuto Pablo Iglesias. Un bolchevique dejando pasar la ocasión de ser ministro es fenómeno insólito que no se ve todos los días. Una presencia en el Gobierno disfrazada de un falso perfil bajo que tranquilizara conciencias y mercados podría haberle permitido pescar votos en los caladeros de la izquierda moderada. El mero hecho de ser ministro, aunque sólo hubiera sido durante unas semanas, le habría dado sacos de horas de Telediario. No digamos si hubiera tenido que viajar a Bruselas a reunirse con sus homólogos europeos. Ya lo decía Jesús Fueyo: ministro, aunque sea de Marina. Ahora, por haberlo querido todo enseguida y no hacer caso a Iñigo Errejón, se encuentra con una pila de problemas. Para empezar, se presenta a las elecciones con un partido dividido, que es cosa que el electorado en España castiga sin clemencia. Se ve además en la obligación de absorber a IU para compensar los votos que ha perdido a consecuencia del deterioro de su imagen. Esto a su vez incrementará las tensiones en la lucha por los puestos de salida. Y encima no tiene garantizado que los partidos que fueron sus aliados en diciembre quieran seguir siéndolo ahora que saben que carecerán de grupo propio. La sabia madre de Forrest Gump decía que tontos son los que hacen tonterías.

El Gobierno de progreso y demás patrañas
Amando de Miguel Libertad Digital 29 Abril 2016

Los figurones de la izquierda sostienen que "la ciudadanía ha pedido en las urnas un Gobierno de cambio y de progreso". ¿Cómo lo saben? Supongo que se trata de algunas papeletas nulas, pues las legales solo contienen una lista de candidatos y no se puede escribir nada en ellas.

Ya entiendo. "Cambio" quiere decir "que se quite el PP para mandar nosotros", con las llaves de los coches oficiales puestas. Ese "nosotros" es una gavilla de políticos sin experiencia de haber administrado el dinero público e incapaces de hablar de tú a tú con los gerifaltes de la Unión Europea. Se trata de elevar a la dignidad nacional la parodia de Gobierno municipal que se ha experimentado en Madrid y Barcelona.

De constituir un Gobierno los sedicentes progresistas, la primera actuación sería subir los impuestos, tasas, precios políticos, licencias y demás tributos. Por eso lado más bien sería un regreso. Con los progresistas en el machito, menudearían los altos cargos a dedo, cristianados como asesores. Es decir, se generalizaría el nepotismo, la exaltación de la familia, colocando a parientes y exes con pingües sueldos.

En las huestes del progreso se incluyen sedicentes populistas y nacionalistas radicales. Estos últimos pretenden la desmembración de España, al menos por la parte donde también se hablan otros idiomas. Sería una secesión subvencionada para vengarse de siglos de opresión castellana. Ya se ve cómo quedó la vieja Castilla.

Los llamados populistas se parecen más a los fascistas, los peronistas o los bolivarianos, que a los leninistas. No son propiamente un partido democrático sino un movimiento totalitario. Por mucho que hablen de "democracia participativa", lo suyo es más bien una satrapía con aires latinos. Tienen la suerte de conducir a un pueblo que en su día gritó entusiasmado: "¡Vivan las cadenas!".

A la larga, los socialistas y comunistas serán fagocitados por los populistas. En el otro lado, el PP se fusionará con C’s, aunque todavía parezcan tan distantes. Es decir, volvemos al benéfico bipartidismo, sobre todo si se redacta una nueva ley electoral con un sistema de dos vueltas. Es lástima que no se avizore la formación de un gran partido de izquierda democrática, al uso de los grandes partidos socialdemócratas europeos. Llegará.

De momento, lo que tenemos es una repetición de las elecciones, solo que con los mismos políticos. Aunque se formara en el último minuto un Gobierno in extremis para evitar la vergüenza de los comicios repetidos, da igual. Habría otras elecciones en unos pocos meses. Vale, pues, todo lo dicho.

Contrariamente a lo que suele darse en este terreno de las predicciones, las mías no coinciden necesariamente con mis deseos o mis intereses. Digo lo que me parece. Hace un par de años anticipé que Podemos y sus hoplitas avanzarían elección tras elección. Es lo que hizo Hitler; no Lenin.

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Homeopatía golpista en la Administración de Justicia de Cataluña
Antonio Robles Libertad Digital 29 Abril 2016

Pocos espacios de la vida institucional de Cataluña quedan por controlar totalmente por el nacionalismo catalán en su empeño por construir un Estado propio. La Administración de Justicia es uno de ellos. Y en ello están empecinados ahora.

La Consejería de Justicia del Gobierno la Generalidad de Cataluña ha renunciado a 503 plazas de personal para la Administración de Justicia que previamente había pactado con el Estado. Eran 503 plazas de las 2.100 disponibles en el conjunto del Estado, tal como lo habían recogido los Presupuestos Generales del Estado para 2016. La comunidad autónoma más favorecida. Sin embargo, el Consejero de Justicia ha renunciado por escrito ante el Ministerio con la disculpa de que "se están acometiendo modificaciones organizativas de la oficina judicial en Cataluña que desaconsejan esta convocatoria". Las razones, según denuncia el Sindicato de Trabajadores de la Administración de Justicia (STAJ), son sospechosas, a juzgar por el desmantelamiento que viene padeciendo la política de personal en Cataluña, y el escaso despliegue que se está realizando de la nueva oficina judicial y los servicios comunes previstos en la LO 19/2003.

Todo hace indicar que la verdadera pretensión del Consejero de Justicia, Carles Mundó, es quitarse de encima a los funcionarios provenientes del resto del Estado. Con mucho cinismo, pues para argumentar la anulación de las oposiciones simula preocupación por la marcha de dos tercios de los que ganan las oposiciones al resto de España al cabo de dos años. Tal preocupación no cuadra nada con las declaraciones previas donde soltó con cierto tufillo a limpieza étnica: "Tres de cada cuatro opositores para ser funcionarios de Justicia que ganan la plaza en Cataluña son de otras partes de España". Le delatan los actos fallidos. Y los hechos.

No es nada nuevo, eso fue lo que se hizo muchos años atrás en Educación, y que hoy está consolidado en escuelas e institutos. Limpieza lingüística, cultural y nacional. El "hombre nuevo" de Mao aquí toma su pleno sentido en la "nación nueva", limpia de funcionarios sospechosos de no servir al nuevo Estado por el mero hecho de haber nacido en el resto de España o usar la lengua equivocada.

Y como en Educación, esas 503 plazas de oposición no ocupadas, o bien no se cubren en su totalidad o, si se hace, se cubrirán con interinos que pueden nombrar ellos, con sus criterios y sus cribas nacionalistas. Cuestan menos, y los elegidos a dedo están más acogotados por no tener plaza fija. Eso es exactamente lo que han hecho y siguen haciendo en Educación, donde hace años que no convocan oposiciones.

El desguace de la calidad de la educación pública se refleja en la desaparición de muchas plazas vacantes por jubilación, que, o bien se cubren con interinos, o simplemente son aprovechadas para hacer desaparecer la plaza y el puesto de trabajo que la cubre. La precariedad laboral, el abuso sobre estos sustitutos e interinos que no cobran complementos, ni vacaciones, y en la mayoría de los casos no sustituyen la baja hasta los 15 días, reflejan la verdadera cara antisocial de estos gobiernos secesionistas, mientras, paradójicamente (o coherentemente, vete tú a saber), muchos de ellos colaboran con el mal. Es la fiebre nacionalista: aliena, ciega, destruye la solidaridad y la lucidez.

Esa falta de lucidez impide ver que esos 503 puestos de trabajo despreciados en una sociedad asolada por el paro, es un acto político obsceno justificado en nombre de la nación. Sin contar el desprecio a los opositores, que han malgastado tiempo, dinero y esfuerzo en prepararse para nada.

Despreciar 503 puestos de trabajo en una Administración de Justicia ahogada por montañas de archivos sin informatizar, con procesos que se alargan años y con una falta de personal endémico, es un acto criminal contra la Justicia y un paraíso para los corruptos. Con suerte, serán condenados después de muertos. De hecho, Félix Millet y Jordi Pujol se resisten a dejarnos para hacerlo más evidente. ¡Buenos son ellos!

Problemas y políticos
José T. Raga Libertad Digital 29 Abril 2016

¿Quién dijo miedo? No hay situación lo suficientemente problemática como para que el político no encuentre lo que él considera una solución. Es cierto que los humanos llanos lo pensamos más, dudamos entre alternativas, calculamos decisiones, y con frecuencia nos equivocamos. Los políticos no; por complejo que sea el problema, siempre habrá una genialidad que hará olvidarlo, dándolo por resuelto.

La cosa tiene su método. Ante cualquier problema, no importa su gravedad, adóptese como medida aquella que pueda crear otro problema mucho mayor. La gravedad de este último atraerá la atención de la ciudadanía y, ante la nueva situación, se olvidará la zozobra anterior, con lo que la angustia del momento anula, sin haberla resuelto, la penalidad previa.

Miren ustedes el ingenio del presidente bolivariano, amigo y protegido ideológico del señor Iglesias, el Sr. Maduro, para resolver el desastre de planificación del mercado energético en Venezuela. La solución inmediata parece natural, las restricciones en el suministro. ¿Que es incómodo no disponer de alumbrado, que lo que tenemos en el congelador se estropea? No importa demasiado, porque tampoco hay nada que depositar en los congeladores venezolanos. ¿Que aun así la gente sigue sintiéndose molesta? Pues que se alivien trabajando menos, con la excusa de consumir menos energía; al fin, a nadie amarga un dulce.

Desde esta filosofía lúdico-política, el Estado toma la delantera para dar testimonio de la bondad de la medida, que hará la felicidad de los contribuyentes. La fórmula, muy sencilla: que los funcionarios sólo trabajen dos días a la semana y, se supone, que sigan cobrando los cinco, más los dos de regalo de sábado y domingo. ¿Cabe mejor imagen de bienestar que trabajar dos y vivir siete? El nuevo problema es si se descubre que sobra el 60% de los funcionarios –basta con dos de cada cinco.

Así, gracias a la sagacidad política, los problemas que algunas veces inventan los ciudadanos, sobre todo los de la perversa oposición, quedan resueltos. Con ello se ha resuelto la falta de alimentos, de papel higiénico, de medicamentos, de seguridad, de libertad…, que siempre provocaba convulsiones sociales, dirigidas a debilitar al régimen y a acabar con el presidente.

Éste, por el contrario, atento siempre a las necesidades de la nación y de sus gentes, ha localizado la razón de ser del llamado problema energético: los enemigos de la república bolivariana han impedido con sus artimañas que llueva en Venezuela, dejando los embalses vacíos. De ahí la necesidad de restricciones.

¿Es posible que un país productor de petróleo confíe su suministro eléctrico casi exclusivamente en la hidroeléctrica? ¿Para qué se inventaron las termoeléctricas? Pero ese es otro capítulo que no toca hoy.

Ya saben ustedes, si tienen problemas, por ejemplo, que han hecho unas elecciones legislativas y no han conseguido Gobierno, pregunten al presidente de las Cortes y les descubrirá ventajas democráticas que el fracaso convierte en éxito.

¿No es fascinante?

Las elecciones amargas
J. L. González Quirós www.vozpopuli.com 29 Abril 2016

Si lo que pretendía Rajoy con la actitud que ha mantenido desde el pasado mes de diciembre es cerrar su mandato sin el baldón de ser el primer presidente de gobierno incapaz de lograr la reelección, es posible que crea encontrarse ahora un poco más cerca de lograrlo, sólo posible, mientras que lo que es seguro es que ha contribuido, tanto como cualquiera de los 350 diputados, y seguramente más que ninguno de ellos, a que los españoles desconfíen todavía un poco más de las instituciones y, sobre todo, del personal que las encarna.

Repetición, no segunda vuelta
El sistema español no contempla las segundas vueltas, que se celebran siempre en unas condiciones muy distintas a la primera, de forma que a lo que nos veremos enfrentados a finales de junio, es a una absurda repetición de los comicios, y, si nadie hace algo para evitarlo, a un panorama sensiblemente similar al que hemos padecido. Es de esperar que la mera posibilidad de que se pueda producir el caso de que haya que recurrir a una nueva repetición haga que los mismos diputados que ahora han patinado sobre su sillón sin hacer nada para cumplir sus obligaciones con los ciudadanos cambien de actitud, pero estoy dispuesto a apostar que Rajoy no será el primero en dar ejemplo, que seguirá jugando al absurdo de pedir una coalición imposible con quienes detesta, con aquellos que piensan lo que piensan de él, y no son los únicos, aunque tal vez decidan ser un poco más comedidamente hipócritas con su conducta verbal.

Una lección no aprendida
Los españoles se han negado a dar la mayoría a cualquiera de los dos partidos que se han alternado en el gobierno desde 1981 y no se alcanza a ver las razones por las que podrían cambiar esa actitud de base en los próximos sesenta días. Rajoy no ha movido un dedo para resolver positivamente el problema parlamentario planteado por los resultados, ha pretendido que el Rey le sacara las castañas del fuego, afortunadamente sin conseguirlo, y ha decidido tomarse a chacota, en lo que ha tenido éxito, bien acompañado por abundantes palmeros, el único intento mínimamente positivo que se ha hecho en el Congreso para formar Gobierno. Es verdad que el acuerdo de Ciudadanos y el PSOE prefiguraba un Gobierno que cualquier liberal debiera ver con seria prevención, pero no cabe pensar que haya sido esa la razón de Rajoy para el desdén, seguramente le haya parecido que las subidas de impuestos no eran suficientemente duras o que la Justicia quedaba peligrosamente libre para examinar vaya usted a saber qué cosas.

Cuando se ha sugerido la posibilidad de que Rajoy se hiciese a un lado, que asumiese una renuncia personal que podría haber abierto el camino del pacto que decía perseguir, los terminales amigos se han lanzado a una incontenible campaña contra el pobre Sánchez que, al parecer, abrigaba la insólita pretensión de ser presidente del gobierno, cuando todo el mundo sabe que Rajoy sólo pretende el bien común, y, de manera muy altruista y secundaria, y sólo si fuere posible, el bien propio, muy en último término.

Si no quieres caldo, dos tazas
Los votantes del PP se van a ver ahora ante una nueva prueba de fidelidad a machamartillo, la de volver votar a quienes se han olvidado de cualquiera de sus preferencias y deseos, con el hermoso motivo de que, de hacerlo, caerán en manos de dueños aún peores. Es obvio que ese planteamiento obtendrá sus rentas, pero está por ver que vayan a ser mayores que las de diciembre y, más difícil todavía, de que puedan lograr mayores réditos con la ayuda del sistema electoral, que puedan reponer a Rajoy en la Moncloa. Resulta muy indeseable, pero bien pudiera suceder que la resistencia de Rajoy, en lo que sería su postrer y no menor desatino, acabase propiciando un gobierno de izquierda radical y ese temor será, con certeza, el contenido efectivo de su programa para junio, para tratar de que sus electores prefieran seguir siendo maltratados por los suyos en lugar de enfrentarse a un maltrato ajeno, que es fácil que resultase más llevadero que la correa corta de Montoro y el arbitrismo leguleyo de la sabihonda.

¿Bipartidismo u otra cosa?
Abundan los analistas sensatos que recomiendan la vuelta de la burra al trigo a la vista de los disparates de los nuevos, pero puede que haga falta ser bastante más listo de lo que es la media para que el electorado adopte esa solución en tan corto plazo, en lugar de seguir la tendencia que se abrió paso en diciembre. Mucho no han hecho sus señorías como para cambiar el voto de nadie, y es algo que habría que hacer.

Dado que el bipartidismo es una tendencia muy fuerte y bastante universal, lo más inteligente sería cambiar los agentes del dueto, antes que la partitura. No hay que esforzarse en suponer que Rajoy vaya a cambiar nada, de forma que la única posibilidad de cambio está en la otra orilla del río que nos lleva. Parece bastante claro lo que trataría de hacer un líder de fuste del sector de la izquierda moderada, de entre aquellos que comprenden que el capitalismo, en cualquiera de sus acepciones, tiene escasa alternativa, y que es necesario que la política provea sistemas de equilibrio y de balance. No cabe esperar nada de quienes crean o digan creer que se puede hacer algo distinto, lo de Venezuela, por ejemplo, pero un socialdemócrata valiente trataría de hacer que la fuerza electoral de la izquierda se concentre en el centro y se agarraría con fuerza al pacto suscrito con Ciudadanos, un partido sin mácula, aunque los lebreles rajoyanos se apresurarán a atribuirle la muerte de Manolete, cuya inspiración de fondo y sus orígenes se encuentran, precisamente, en el centro izquierda, y que ayudaría al PSOE a recuperarse de la absurda dolencia que le lleva a desear una España tan dividida e inviable como sea posible para beneficio de los personajillos provenzales que han crecido como un sarampión infantil en un país envejecido y que, a ratos, parece alelado.

Una alianza capaz de cambiar las reglas del juego
Desde que Aznar decidió dejar el PP en malas manos, la política española se ha debatido entre una socialdemocracia vergonzante pero decidida a todo lo impropio, la de Rajoy, y una izquierda destructiva y retrograda que ha permitido, con regocijo y apoyo explícito de la inteligencia rajoyana, la aparición de un esperpento que, lleno de buenas intenciones aparentes y causas decentes, como la de pedir una comisión de investigación sobre el accidente ferroviario de Santiago, está, sin embargo, preñado de un repertorio de soluciones que multiplicarían nuestros problemas de manera criminal.

Que los electores pudieran optar por un centro izquierda moderado con Sánchez y Rivera, llevaría a Rajoy al paro por la dinámica del voto útil: no se olvide que entre ambos partidos, y por separado, ya han tenido más votos que el PP, y más escaños, que podrían crecer notablemente. Esta estrategia conduciría a medio plazo a una redefinición de la izquierda moderada, que tiene una sólida base en la cultura política de gran parte de los españoles, y obligaría al partido supuestamente conservador, a ser una fuerza liberal y a abandonar para siempre sus herencias del sistema autoritario. Tal vez demasiado, hay que reconocerlo, para la política alicorta que se ha hecho epidémica en España.

España al pairo
No creo que se le ocurra a Rajoy volver a presumir de sus éxitos económicos, aunque sin duda se los reconocerían con alborozo en los terminales apesebrados, pero todo puede ocurrir. Mientras dejamos que crezca el virus disparatado del populismo, nadie se ocupa en serio de nuestros problemas económicos de base, se sigue tirando del gasto con una alegría irresponsable, se continúa castigando con una insolencia burocrática y regulatoria demencial cualquier posibilidad real de que florezcan iniciativas empresariales, y continuamos produciendo títulos y egresados de escasísima solvencia, engañando de manera continuada a los jóvenes cuyos recursos no les concedan otra posibilidad. Por lo demás, España parece extrañamente fuera del mundo y ni siquiera un Obama ya con muy poco que hacer se ha tomado la molestia de comprobar los éxitos del gobierno y las inteligentes iniciativas de tanta comunidad autónoma como tenemos. Frente a este panorama, puede resultar necio esperar que algo cambie con unas elecciones irresponsablemente repetidas, pero, a veces, de en medio del desastre surge la esperanza, porque, incluso en España, sigue siendo cierto que no se puede engañar siempre a todos, y no hay duda de que se lleva mucho tiempo engañando a la mayoría, para provecho de muy pocos.

¡Cállense, pelmazos! Necesitamos desemponzoñarnos de política
“El tacto en la audacia es saber hasta dónde se puede ir demasiado lejos” Jean Cocteau
Miguel Massanet diariosigloxxi.com 29 Abril 2016

Varias consultas en un solo año son bastantes para saturar al pueblo. Varias consultas, más una repetida, en el periodo de un año, superan con mucho lo que la paciencia humana está dispuesta a tolerar y si, a mayor abundamiento, la convocatoria de la repetición de elecciones tiene lugar después de tres meses más un mes de prórroga, se esta rozando lo que se podría considerar como histerismo colectivo, con todo lo que ello pudiera suponer para los recalcitrantes en pedirnos que emitamos nuestro voto, una y otra vez, sin que sean capaces de entender que, cuando votamos, no estamos pensando en futuras coaliciones ni de derecha ni de izquierda, no queremos enviar otro mensaje que el que representa la papeleta que sirve de apoyo a una candidatura determinada que, por otra parte, ni siquiera nos permite elegir entre una serie de nombres de los cuales, con mucha suerte, reconoceremos a uno o dos.

Los votantes, con mucha suerte e hilando muy fino, se limitan a apoyar un determinado programa que nos han ofrecido unos señores que se presentan en nombre de una determinada opción política. En la mayoría de los casos los votantes no tienen idea del proyecto de aquellos a quienes otorgan su confianza, bastándoles con saber que votan a izquierdas o derechas o lo hacen en contra de un determinado partido al que tienen ojeriza. Olvídense, por lo tanto, de estas simplificaciones que pretenden hacernos creer tanto los perdedores como los vencedores o los que intentan conseguir alianzas, en función de que partidos de distintos programas, de tendencias dispares y objetivos incompatibles, tengan un común denominador político que los califica a todos de izquierdas o de derechas. ¿Es lo mismo un PSOE de centro-derecha se alíe con Podemos o con unos comunistas bolivarianos o con IU estalinista, partidarios de un Frente Popular? No. por supuesto que no y nadie puede afirmar que, el votante del PSOE, cuando emitió su voto, pensaba que podría utilizarse para una alianza con Podemos, un partido que, durante la fase preelectoral, era puesto como chupa de domine por el mismo candidato del PSOE, que ahora se muestra dispuesto hasta a humillarse para conseguir su apoyo.

No nos vengan pues a explicar que el pueblo ha pedido cambio, que ha pedido un cambio de izquierdas y que, por añadidura, haya fijado una línea roja para que, en las negociaciones, se deba excluir a una derecha que ha conseguido 123 escaños y casi siete millones y medio de votantes. ¿Es lógico que los partidos de izquierdas, con distintas propuestas, sin haber demostrado que sus proyectos puedan llevarse a cabo, sin haber tomado en cuenta la reacción de la UE ante sus amenazas de aumentar el gasto público y retrasar el pago de los compromisos contraídos con Europa, renuncien a la experiencia de la derecha y la confianza de la UE en ella, por una simple razón de intransigencia doctrinal? Todos los que afirman esto mienten como bellacos ya que, el votar, no significa dar carta blanca para otorgar a aquel voto otro efecto que el de apoyo a quien se elije y no se puede darle un significado, como el que se pretende otorgarle, que implique que, cualquier alianza con otras formaciones, quede implícita en la intención del votante cuando emite su voto.

En consecuencia, señores, ante la evidente amenaza de que vamos a tener que soportar casi dos meses de nueva tortura política, escuchando los mismos argumentos, soportando idénticas descalificaciones, reparto de culpas y perogrulladas, por parte de los mismos líderes que ya nos cansaron apenas hace cuatro meses, creo que deberíamos proponer un método simplificado para esta ocasión, que fuera capaz de librarnos de semejante hastío y nos permitiera un descanso a todos los españoles que, seguramente, nos ayudaría a reflexionar mejor, a apaciguar nuestros nervios, a reponernos de tanta palabrería y , en fin, de perder el tiempo para escuchar a los mismos perros con los mismos collares idénticos argumentos que hemos tenido que soportar durante la pasada campaña electoral.

Así las cosas se me ocurre que se le podría dar un giro a la nueva campaña, de modo que, en lugar de varias semanas de campaña electoral y un día de reflexión al final de la misma; se cambiaran las tornas y se mantuvieran varias semanas de reflexión para los ciudadanos y un día, máximo dos, para que cada partido nos hiciera un resumen muy escueto de sus propuestas, que podría consistir, simplemente, en un recordatorio al estilo de “ nos afirmamos en lo dicho anteriormente” con lo que ya sería suficiente para los votantes. Para ahorrar gastos, para evitar dispendios inútiles, como ya han propuesto algunos partidos, evitar las vallas publicitarias, los mítines, los altavoces y los viajes (tan costosos) de todos los candidatos a lo largo y ancho de nuestra nación. Por supuesto, prohibir debates televisivos y estas tertulias con las que nos han estado castigando, tanto en las TV como en las radios y demás medios informativos, e impedir manifestaciones en apoyo o en contra de un determinado grupo político.

Se me ocurre que, para evitar el dispendio de editar las consabidas listas de candidatos de cada formación política, unas listas que nadie se lee y los pocos que tienen la humorada de hacerlo, con suerte, encontrarán en ellos uno o dos conocidos; se podrían abaratar mucho si se editaran octavillas, en las que sólo figurara la denominación del partido al que se quiera votar ya que, al no ser listas abiertas, no existe la posibilidad de tachar los nombres de aquellos que figuran en las candidaturas que se quisieran eliminar por los votantes. Un ahorro importante de papel y de gastos de impresión. Se podrían suprimir los sobres, bastando entregarlas dobladas y, en cuanto a los senadores ¿a quién le importan estos señores?, pues el mismo criterio, porque mucho nos tememos que pocos serán los votantes que escojan candidatos de varias formaciones para que sean elegidos, no hay costumbre ni, en la mayoría de los casos, se conoce a los candidatos que se presentan; bastaría, como hemos dicho en el caso anterior de los parlamentarios, una octavilla con los nombres del partido para que pudiera elegirse el preferido. Es broma, pero no me negarán que supondría un alivio para la ciudadanía.

Existe el peligro de que, en estas nuevas votaciones, se vuelva a producir una situación imposible como la que resultó el 20D, en la que, la dispersión del voto y los numerosos partidos en los que se distribuya, vuelva a producir unos resultados parecidos o muy semejantes a los que se produjeron en las votaciones del pasado mes de Diciembre; algo no deseable pero que, siendo como somos los españoles, dada nuestra manía de mantenernos en nuestras opiniones y ser reacios a pensar con objetividad, analizar los pros y contras y ser capaces de dejarnos guiar por el sentido común, en lugar de por los demonios de la antipatía, el rencor, el odio y la testarudez ; es muy posible que se produzca; creemos que debería arbitrarse una nueva ley que estableciera, como ocurre en otras naciones, la doble vuelta, en la que sólo intervienen los partidos más votados que acaparan, según las simpatías, los votos de los que quedaron fuera de la segunda vuelta. Sería la manera de que este absurdo por el que estamos pasando no se pudiera volver a producir puesto que, para España, ya se nota en todas las noticias económicas y de empleo que se van conociendo, el estar pendientes de formar un gobierno estable, ya nos viene pasando factura y peor será si, a medida que pasan los meses, no somos capaces de encontrar una solución lógica a este maremagnum que, entre todos, hemos sido capaces de crear.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, vemos como cada día que pasa, en lugar de despejarse el porvenir de España y de los españoles, parece que los nubarrones que empezaron a formarse hace apenas unos meses, en lugar de escampar y retornar a la claridad, se van oscureciendo, engrosando y cargándose de electricidad como anticipo a la gran tormenta de rayos y truenos que nos aguarda si seguimos por el camino emprendido. Y es que señores todas estas peripecias, como dice el latinajo: “vulnerant omnes, última necat”. A traducir.

Contra Rajoy vivíamos mejor
Agustín Valladolid www.vozpopuli.com 29 Abril 2016

Fracaso, decepción, descrédito institucional, desprestigio de las formaciones políticas. Nos estamos quedando sin palabras gruesas para calificar lo que nos ha pasado. ¿Y qué ha pasado? Pues que un país que solo ha conocido el bipartidismo puro y duro no ha sabido gestionar el bipartidismo corregido que alumbraron las urnas el pasado 20 de diciembre. En parte por falta de costumbre; y porque los nuevos agentes políticos no llegaban con ánimo de abrir el abanico de opciones, sino de sustituir. Nada que objetar. ¿Y de quién es la culpa? De todos. Aquí no hay inocentes. Hay ambiciosos, ingenuos, narcisistas, inconsistentes, desmemoriados, soberbios, excéntricos, petrificados, pero no inocentes. Tienen dos meses por delante para hacerse perdonar los pecados, y serán las urnas las que juzguen el grado de culpa que corresponde asumir a cada cual en la farsa a la que Felipe VI puso punto final.

¿Pueden los mismos actores que han fracasado una vez reclamar de nuevo la atención del auditorio? Difícil, pero posible. Dependerá de la capacidad de cada cual para analizar lo sucedido, reconocer públicamente los errores cometidos y resultar convincente en su voluntad de rectificar. ¿Y cuál debe ser la unidad de medida a partir de la cual calcular el nivel de rectificación exigible en cada caso? A mi entender, la percepción ciudadana, objetivamente mensurable, de la distancia que hay entre el interés general y la conducta de cada partido en estos cuatro meses de teatralización política.

Pedro Sánchez, por ejemplo, tendrá que combatir los efectos de la sobreexposición a la que se ha visto sometido desde que aceptara el encargo del Rey de intentar formar gobierno. Sobreexposición que ha transparentado en exceso sus avideces y contradicciones, hasta el punto de quedar exhibido, en el último acto, y a la vista de su reiterada actitud mendicante, más como político menor que como reflejo verosímil de futuro hombre de Estado. Tras la frustrada investidura, las posibilidades de Sánchez de acabar siendo presidente del Gobierno pasaban por haber insistido en que ya no quería serlo. Pero, erre que erre, hizo lo contrario, anclando en la opinión pública la imagen de que situaba su ambición por encima de las urgencias del país. Para alguien que solo cuenta con 89 diputados, un reencuentro con la prudencia y humildad no vendría mal.

Puede que su socio en esto, Albert Rivera, sea el que se vea obligado a hacer menos actos de contrición. Después de la torpe campaña que diseñó en diciembre, Rivera se encuentra con una segunda oportunidad en la que ni le sirve ponerse otra vez de perfil, ni tampoco castigarnos con el admonitorio mensaje, por persistente, de que Ciudadanos ha sido el único bueno de esta película. El voto útil es el gran enemigo del dirigente catalán. Todavía en mayor medida si se confirma el pacto entre Podemos e Izquierda Unida y el PP juega fuerte, como es previsible, la carta del miedo. Así que a Rivera no le sirven las medias tintas. Se la tiene que jugar. Sabe que si el PP baja o se estanca en las urnas, y C,s mejora significativamente, tendrá opciones de marcar la pauta del próximo gobierno. Si ocurre al revés, habrá de conformarse con un papel secundario de leal compañero de viaje y esperar a mejor ocasión.

¿Y Podemos? ¿Qué es lo que debería rectificar Pablo Iglesias de aquí al 26-J? Podría empezar, por aceptar sin restricciones las reglas de una democracia, asumiendo que el periodismo nada tiene que ver con la propaganda, que está bien que la gente pueda elegir qué periódico quiere leer, que también está bien que haya editores que defiendan intereses privados. ¿Y qué tal, ya de paso, si se toma más en serio a sus votantes y plantea soluciones más sólidas y realizables que las propuestas tipo “Barrio Sésamo” (el copyright es de Javier Redondo) a las que nos tiene acostumbrados? Para conseguir el sorpasso, o mejor, para convertirlo en una alternativa de gestión política asumible por una mayoría social, hace falta algo más que tenacidad y marketing viral. Es preciso demostrar que se está preparado para asumir la responsabilidad de ejercer con solvencia y sensatez el liderazgo de la Oposición.

¿Y qué decir de Mariano Rajoy? Se ha escrito que la repetición de las elecciones es un triunfo personal del presidente en funciones. No es del todo cierto. Rajoy no ha hecho gran cosa para ganarse el derecho a arrogarse tal mérito, si así pudiera calificarse este sonoro fracaso. Pero sí es el gran beneficiario, gracias a los errores de los demás. “Por lo menos con Rajoy teníamos gobierno”, me soltó no hace mucho uno de esos amigos mordaces que uno tiene. Y es verdad que así es como piensa mucha gente: los nuevos son unos incapaces; contra Rajoy vivíamos mejor.

La complacencia es mala cosa, sobre todo si uno no tiene nada que ver con la causa que la provoca. La gran rectificación de Rajoy se llama Partido Popular. Tiene dos meses para convencer a los españoles de que ha aprendido la lección, de que ha entendido al fin que no se puede gobernar un país apoyado en una organización recompuesta solo a medias y en la que se han permitido conductas incompatibles con las mínimas exigencias de la decencia y de una democracia interna exportable.

Cada cual hará lo que quiera o le dejen, pero no será posible ilusionar e nuevo a la gente sin que medie un compromiso real de enmendar la tergiversación sistemática del mandato que la Constitución reserva a los partidos: ser instrumentos al servicio del país, y no de sus dirigentes.


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La independencia de Cataluña ya se defiende en Moncloa
EDITORIAL Libertad Digital 29 Abril 2016

El Gobierno parece estar desarrollando una nueva fase de su estrategia de apaciguamiento hacia el nacionalismo catalán. No es en sí una novedad: desde hace años, el PP de Mariano Rajoy y Cristóbal Montoro no sólo ha renunciado a combatir ideológicamente la deriva secesionista de Cataluña, es que la ha subvencionado con prodigalidad.

El resultado es el sabido: el proyecto de ruptura de España tiene fecha, logró un holgado triunfo en las elecciones autonómicas –si bien mucho menor de lo que sus protagonistas esperaban– y si no parece avanzar más en el camino de la separación definitiva es por sus propias contradicciones y sus gravísimos errores, no por la inexistente presión que se haya podido hacer desde Madrid.

Sin embargo, no contentos con pagarlo –o, mejor dicho, con que lo paguen los contribuyentes–, el presidente y la vicepresidenta del Gobierno han invitado a los dos máximos responsables de la Generalidad golpista a Moncloa y firmado una extraña tregua judicial por la que se evitarán una serie de recursos ante el Tribunal Constitucional.

Cabría preguntarse qué sentido tiene este gesto en un momento preelectoral, pues ahonda en una táctica que es obvio no ha dado resultado y los del Junts pel Sí no han dado la más mínima muestra de ceder un milímetro en sus pretensiones. Bien al contrario: uno de los frutos indiscutibles de la reunión de este jueves entre Soraya Sáenz de Santamaría y Oriol Junqueras es que, por primera vez, la independencia de Cataluña se ha defendido en la Moncloa.

También habrá quien piense si una reunión como la de este jueves no ha servido, sobre todo, para dar visibilidad a las ambiciones de sus protagonistas, dos vicepresidentes cuya fidelidad a sus superiores no parece estar, precisamente, a toda prueba.

En cualquier caso, lo que debe preocupar al ciudadano medio es si esta estrategia y estas reuniones están sirviendo para hacer más firme la posición de los que desean que Cataluña siga siendo una parte de España o la de los que están por la ruptura. Por desgracia, la satisfacción que transmitía Junqueras a su salida del encuentro deja poco espacio para la duda.

ETA en la Eurocámara
Cristina Losada Libertad Digital 29 Abril 2016

Con razón, Maite Pagazaurtundúa y Teresa Jiménez Becerril, ambas con familiares asesinados por ETA, protestaron vehementemente por la presencia de Arnaldo Otegi en un debate del Parlamento Europeo. A su protesta se unieron otros eurodiputados españoles de PP, Ciudadanos y UPyD, además de colegas europeos, y se apartaron expresamente los de IU y Podemos. Ambos partidos están en el grupo que invitó a Otegi.

La invitación era para hablar de "la situación del proceso de paz vasco", y no han de sorprender ni expresiones como proceso de paz, que prácticamente ya sólo está en boca de los herederos de ETA, ni un contenido centrado en la situación de los presos etarras, a los que Otegi calificó de "presos políticos". El Europarlamento permitió así que se difundiera desde esa cámara de resonancia una gravísima acusación contra España, donde no hay, como no los hay en ningún otro país de la UE, tal cosa como presos políticos.

Como novedad, Otegi se refirió a los etarras que están fuera de España como "refugiados" que “deben volver”. Refugiados, por tanto, como los sirios que huyen de la guerra civil y vienen a Europa; como los niños que se ahogan en el intento. Da la dimensión de la catadura moral del ponente esa analogía que trazó, esos sentimientos de dolor, lástima y solidaridad que quiso despertar invocando el drama humanitario de los refugiados, para volcarlos sobre miembros de una banda terrorista que asesinó sin piedad. A la que no le importó nada que en sus atentados murieran niños.

No ha de sorprender, decía, porque el legado de ETA, que es lo que Otegi representa, tiene la pretensión de vindicarse, de reescribir la historia para justificar décadas de crímenes; crímenes, que conviene recordar, perpetró en abrumadora cantidad cuando España ya era una democracia. A pesar de las generosas amnistías de la Transición, que vaciaron las cárceles de presos etarras, la banda continuó matando: lo hizo, sobre todo, a partir de entonces. Quizá haya eurodiputados que sigan viendo a la ETA con el halo mítico del antifranquismo. Deberán documentarse. Si quieren, que me temo que no.

La presidenta del grupo que invitó a Otegi, Izquierda Unitaria, es Gabriele Zimmer, alemana, del partido Die Linke, aunque le dio tiempo a militar en los ochenta en el SED, el partido comunista que dominó Alemania Oriental; el de Honecker, la Stasi y el Muro. Ahora se preocupa de los derechos humanos de los presos de ETA, como manifestó en una reciente visita a los parlamentos vasco y navarro. En la sesión con Otegi, Zimmer respondió a las protestas diciendo: "Tiene que haber una posibilidad de que integremos en el debate democrático de este Parlamento a personas que se han decantado conscientemente por un proceso de paz y participan en él activamente".

Bien, ¿por qué no invita al Parlamento Europeo a un exterrorista de ETA arrepentido? Los hay. Es verdad que algunos fueron asesinados por sus antiguos camaradas para dar un castigo ejemplarizante: para evitar arrepentimientos y reinserciones. Pero algunos hay, y estaría bien que fueran ellos los que dieran testimonio, en lugar de un Otegi del que no tenemos noticia de que se apartara asqueado de la historia criminal de ETA.

El proceso de paz en el que está Otegi es el proceso de legitimación de ETA que impulsan los que formaron el entorno, y no sólo el entorno, de la banda terrorista, desde que dejó de atentar porque apenas tenía capacidad para hacerlo. No fue Otegi el que decidió un buen día que ya estaba bien de asesinatos y convenció a la ETA. Fue la difícil y larga labor de las fuerzas policiales y de la justicia, fue la ilegalización del brazo político de ETA, lo que llevó a la banda a cesar los atentados. En lo que están Otegi y los suyos es en recoger la herencia de tantos años de terror: sin renegar, sin rechazar, sin abjurar, encubriéndola con la equidistancia. Para eso le sirvió a Otegi que le acogieran en la Eurocámara.


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