AGLI Recortes de Prensa   Domingo 1 Mayo  2016

Elije, sólo una respuesta económica es la correcta
Juan Vicente Santacreu  Periodista Digital 1 Mayo 2016

Si te gusta el artículo, divúlgalo, el poder está en tus manos. Gracias
Curiosamente la Clase Media, que es la que mueve la economía de un país, es incapaz de mover la política. – Juan Vte. santacreu

Cómo salir de una crisis
Ante una crisis económica las familias sólo tienen tres opciones: salir de ella, sobrevivir en ella o hundirse en ella.

Para salir de la crisis sólo lo conseguirán produciendo más, eliminado gastos imbéciles y eliminando fanfarronadas ostentosas.

Para sobrevivir en una crisis sólo tendrán que cambiar el nombre de los gastos, quitar un poco de dinero de aquí, añadir un poco allí y quejarse todos los días de la mala suerte que les acecha.

Para hundirse en la crisis basta con seguir pidiendo créditos a los bancos, seguir gastando sin control y, esto es importante, echar la culpa de sus desgracias al resto del mundo.

Estas mismas opciones son aplicables a empresas, pueblos, ciudades y países, no importa el tamaño del grupo, las estrategias son las mismas.

En España, desde que dejamos de recibir las subvenciones engañosas de la UE, hemos entrado en una crisis económica endémica caminando hacia un empobrecimiento social lento pero firme. La situación española es como vivir en la mierda, al principio huele muy mal, pero al poco tiempo te acostumbras a vivir en ella. ¡¡Oye, y nadie percibe el olor!!

Hablando de mierdas, España tiene que mantener 17 Gobiernos con 17 reinonas, tres dialectos oficiales –de momento-, 10.000 políticos aforados, 2,5 millones de funcionarios, 5 millones de subvencionados y mogollón de golfos. Y tú y yo trabajando. ¡¡Señores, juzguen ustedes!!

Que no te coman el tarro los políticos, que aquí, ninguno nos quiere sacar de la crisis, unos quieren sobrevivir en ella y otros nos quieren hundir en la cagada nacional. ¿Sabías que la corrupción de un país es proporcional al tamaño de su administración? Pues en España vamos bien servidos.

Si no hueles mal es porque en España llevamos demasiado tiempo en la mierda, sólo si te metes algo fuerte en la vena podrás ver luz al final del túnel o verás brotes verdes como el dopado de Rajoy que, mientras el paro sube en 12.000 personas y se pierden 65.000 empleos, dice que vamos por buen camino después de 8 años de miserias.

Estamos gobernados por terroristas económicos, por tanto no te esfuerces por trabajar más que tu sueldo y el mío no da para mantener a tanto hijo puta apalancado.

Algo huele mal al sur de Europa.
Así lo pienso y así lo digo.

Que los políticos no paren de hablar de economía no significa que sepan… mi frutero habla de todo aunque no tenga ni puta idea. – Juan Vte. Santacreu

El “Régimen” lo tiene todo atado y bien atado
Juan Laborda www.vozpopuli.com 1 Mayo 2016

Ya es evidente que España se adentra en un nuevo proceso electoral, después del fracaso del acuerdo de gobernabilidad PSOE-Cs, esa obra de teatro barroca dirigida entre bambalinas por la élite dominante. Lo más llamativo es que la ausencia de gobierno no ha pasado factura alguna a la economía española. Todo lo contrario. Tras la desaceleración de finales del año pasado, la economía española ha recuperado algo de tono, repuntando la tasa de crecimiento intertrimestral anualizada del PIB real del 2,5% al 3,0% actual -véase el indicador adelantado Ñ-STING de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF)-. Sin embargo, no se engañen, la situación de debilidad e inestabilidad intrínseca es extrema.

Los motores de crecimiento patrios son, por un lado, la relajación del ajuste presupuestario, con el consentimiento expreso de Bruselas -desde 2014 se ha producido un incremento del déficit estructural-. Por otro, la entrada de flujos financieros foráneos en nuestra economía, derivados fundamentalmente de la política monetaria del BCE. Inicialmente fueron inyecciones directas de liquidez al sistema bancario, vía préstamos a largo plazo a coste irrisorio; ahora, a través de la expansión cuantitativa, mediante la compra en mercado secundario de deuda pública por parte del regulador. El objetivo último es mantener el régimen y statu-quo actual de nuestro país. Sí, lo sé, suena triste y demasiado maquiavélico.

Como venimos sosteniendo desde estas líneas, el crecimiento económico desde la segunda mitad de 2014 es frágil, auto-programado por las élites. Se trata de evitar un resultado electoral que ponga en cuestión sus intereses. Y esta situación durará, al menos, otro trimestre. Bajo este panorama será muy difícil que una nueva fuerza política pueda cambiar en el corto plazo la política económica. Es muy sencillo. Si alguien la cuestionará, como es mi caso, automáticamente el Banco Central cerraría el grifo, se paralizaría el crédito, aumentaría la aversión al riesgo y emergería con toda su fuerza la fragilidad de los balances bancarios. Acuérdense de Grecia. Y finalmente intentarían imponer, al nuevo gobierno, esa austeridad que relajaron conscientemente en el período 2014-2015.

2014-2015: aumenta el déficit presupuestario estructural
El resultado final de la política fiscal en cualquier período, si no hay ningún tipo de cambios en las políticas discrecionales, variará en función del ciclo económico. Cuando la economía está débil, las caídas de ingresos fiscales y el aumento de gasto de protección social producen un déficit creciente. Cuando la economía está más fuerte, aumentan los ingresos tributarios y se reducen los pagos por asistencia social, de manera que se reduce el déficit fiscal. Los estabilizadores automáticos atenúan la amplitud del ciclo económico mediante la ampliación del déficit presupuestario en una recesión y su reducción en períodos de boom. La presencia de los estabilizadores automáticos hace que sea difícil discernir si la orientación de la política fiscal en un momento determinado en el tiempo es contractiva o expansiva. Para superar esta incertidumbre, los economistas utilizan el déficit estructural, es decir, eliminando el efecto del ciclo económico.

Los datos de la propia Comisión Europea muestran que para España en el período 2010-2013 la política fiscal fue tremendamente contractiva. El déficit estructural se recortó desde niveles superiores al 7% del PIB a cifras próximas al 2%. En un contexto de desapalancamiento del sector privado ello supuso una gravísima recesión económica. Pero desde finales de 2013, con el consentimiento de Bruselas, la austeridad se relajó. El déficit estructural ha crecido en el período 2014-2016. Pero la razón no es que realmente se hubieran dado cuenta de la necesidad de recurrir a una expansión fiscal en recesión de balances como única herramienta efectiva. El objetivo era evitar un resultado electoral que en su momento aún era peor para sus intereses. No les quepa ninguna duda que si llegaran al poder fuerzas políticas diferentes a las del régimen actual, Bruselas aceleraría de nuevo la austeridad presupuestaria, con la contracción adicional que ello implicaría, apoyándose en la amenaza de cierre de grifo del Banco Central Europeo.

El grifo del BCE y el crédito bancario
Pero no solo ha habido una relajación presupuestaria programada con Bruselas. Las ayudas del Banco Central Europeo han sido notorias. Las últimas, en un contexto de impulso fiscal, han permitido una reactivación modesta del crédito bancario. En el último año han entrado en nuestro país casi 85.000 millones de euros por la expansión cuantitativa del BCE. La contrapartida es más deuda total y externa. Sin embargo, no se está canalizando hacia nuevas inversiones productivas, lo que nos hubiese permitido garantizar un mayor crecimiento nominal futuro, y de esta manera garantizar el repago de la deuda.

Los flujos de inversión extranjeros se están destinando en realidad a financiar al Tesoro y a la compra de bonos corporativos de las grandes empresas patrias, bajo el paraguas de la “seguridad” aportada por los bancos centrales. Ello no es específico de España, es en realidad una tendencia global. En una economía financiarizada, las inversiones especulativas son dominantes, y las tendentes a mejorar el capital productivo no tan necesarias.

La excesiva deuda total (4,1 billones de euros al cierre de 2015) y externa (1,1 billón de euros al final de 2015) nos hace tremendamente vulnerables a un aumento de la aversión al riesgo en los mercados financieros o a un cierre del grifo del BCE (ambos, aversión y grifo del BCE, están interconectados). En ese caso España entraría en un círculo vicioso. Tanto aquí como allá el objetivo es mantener el actual régimen y statu-quo. Pero lo inevitable será inevitable.

Hacienda y la carta de Cris
Juan Pina www.vozpopuli.com 1 Mayo 2016

Querido contribuyente: Si no fuera por ti no podríamos hacer esta campaña tan buenista y melodramática. Como dice mi propaganda estacional, si no fuera por cada uno de vosotros, ni Jorge tendría pensión ni Sonia colegio ni Luis carreteras ni María sanidad… ni saldría el sol por Antequera ni llovería café en el campo ni existiría el oxígeno mismo que respiras. Lo has adivinado: todo, absolutamente todo es obra del Estado, ese semidiós benefactor que te provee y te cuida gracias al sacrificio de sus abnegados agentes. ¿Qué digo agentes? ¡Ángeles que cada día salvan a la patria y a los necesitados!

Se necesitaría ser vil y abyecto para no reconocer la magnificencia estatal y negarse a contribuir a sus trillones de milagros cotidianos. Se necesitaría ser un trozo de carne con ojos, un humanoide desprovisto de empatía, para no entender que ocultarle tu propiedad es robar a los demás, pues lo tuyo no es realmente tuyo, sino de todos. Y, naturalmente, aquello que es de todos puede y debe tomarlo, administrarlo y repartirlo la élite ungida que tanto se desvela por ti.

Es que, querido siervo, si no fuera por esa élite y por mí mismo en concreto, ¿qué sería de ti, insensato, botarate, alma de cántaro, torpe contribuyente que te crees dueño del producto de tu esfuerzo? ¿Dueño tú? Mira a tu alrededor, a ver si descubres un milímetro cúbico de realidad donde no resplandezca la presencia salvífica del Estado. Si no fueras tan soberbio, querido contribuyente, te reconocerías parte de algo mucho más grande que tu insignificante y pedestre existencia, al comprender que tienes la suerte de ser propiedad del Estado. Eres uno con el semidiós, eres su productivo músculo laborioso mientras nosotros, la élite político-administrativa, somos la mente que piensa por ti y por todos, porque para eso nos hemos sacado unas oposiciones o unos votos, según el caso, y habrás de reconocer que pensamos mucho mejor que tú, dónde va a parar. Sabemos lo que te conviene y te guiamos por el recto camino hacia los verdes pastos. El Estado es tu pastor, nada te falta. Y tú, ¿vas a negarle lo que te pide? ¡Si apenas es la mitad de la riqueza que produces! ¡Si sólo te hace trabajar para él desde Año Nuevo hasta el verano! Por ahora.

De manera que vuelve al redil y desecha los malos pensamientos, esos cantos de sirena que te invitan a deducirte no sé qué cosa en las fronteras mismas de la normativa, o a olvidarte de ese pequeño ingreso adicional esperando que no nos enteremos. Nos enteraremos, que para eso espiamos tus cuentas bancarias y tus comunicaciones, y sabemos todo lo que ostentas en las redes sociales. Anda que no tenemos gente surfeando las más diversas plataformas, siempre con cargo a tus ingresos, por supuesto. Ese coche nuevo que publicaste en el Libro de Caras, con la tuya sonriente… a ver de dónde ha salido, majo, que el año pasado declaraste poquito. A ver si este año te estiras más, que el Estado tiene muchos gastos. ¿No querrás que te saquemos para público escarnio en alguna lista negra de malos ciudadanos, de pérfidos evasores secuaces de Satanás? Mira que te arriesgas a ser señalado por todos como lo peor que se puede ser en la neolengua que hemos implantado: un “insolidario”. A ver luego cómo te quitas el sambenito. Y pobre de ti como refugies parte de tu riqueza en el exterior, aunque seas un simple inmigrante que haya ido ahorrando mediante la compra de inmuebles en el país de origen.

No, no… aquí se tributa por rentas universales, que quiere decir que lo que tengas fuera nos tiene que producir ingresos a nosotros, así, by the face. Ten en cuenta que eso de tener dinero fuera está reservado a la estirpe estatal, y no nos gusta nada que acuda a Panamá cualquier pelado, cualquier nouveau riche, cualquier advenedizo que haya hecho su patrimonio simplemente trabajando o emprendiendo. En realidad, las fortunas deberían hacerse trepando por el escalafón de la estatocracia. ¿Qué se habrán creído esos empresarios que, a pesar de nuestros impuestos y de nuestras trabas, han levantado imperios y han conseguido llevarse el correspondiente beneficio? En el fondo, aunque no lo podamos decir en público, no está mal lo que proponen algunos de Podemos, eso de quitarles el 95%. Y luego le damos una renta básica a todo el mundo y ya está: todos súbditos, todos dependientes del Estado, y todos marcando el paso que les indiquemos. Ah, y todos al comedor estatal, ¿qué es eso de que la alimentación aún sea privada? Todo se andará.

Recuerda el mantra: “contribuimos para recibir”, así que ve bajándote los pantalones como todos los años e inclinándote ante Hacienda, en posición de recibir. Ya me encargo yo de que recibas. Y mientras recibes, piensa que, si no fuera por ti, los oropeles del Estado se agrietarían revelando la podredumbre moral que ocultan. Si no fuera por ti, yo no podría utilizar a mi antojo la información fiscal. Si no fuera por ti, la gente produciría bienes y servicios y los intercambiaría libremente sin sobreprecio, en el marco de un orden espontáneo de la sociedad civil y de su vertiente económica, llamada mercado. Si no fuera por ti, no habríamos podido perfeccionar todo este sofisticado aparato de control social, dirigismo cultural y planificación económica totales, que cada día incrementa tu alienación y cosificación señalando el camino hacia las pesadillas de Orwell y Huxley. Si no fuera por ti, la dictadura con piel de socialdemocracia no sería posible, y yo no habría podido subirte los impuestos más de cincuenta veces en cuatro años. Si no fuera por ti, que en junio volverás a votarme a mí o a otro estatista similar, las cosas podrían cambiar. Así que gracias, contribuyente, y por favor sigue pagando de buen grado y sin rechistar, como ciudadano solidario que eres. Firmado, tu simpático parásito, tu amigo Cris (para los evasores, Vlad Dracul).

Dos pistolas en la "caja amarilla" de España
Pedro J. Ramírez El Espanol 1 Mayo 2016

Sin reducir a Patxi López a la condición de burro flautista, me permito apuntar que si produjo este miércoles la más adecuada de las músicas fue sólo por casualidad. Porque de haber sido su alusión intencional, cuando dijo -y dijo bien- que el desenlace de esta legislatura abortada ha supuesto un "ejercicio de melancolía", habría añadido algo parecido a "tal y como escribió el eximio escritor y periodista que hace 180 años fue víctima de una frustración equivalente".


Y es que hay que remontarse a 1836, tiene bemoles la cosa, para encontrar en la historia del parlamentarismo español una legislatura más corta y estéril que la que está en trance de clausurarse. Aquella reunió ambas características porque los diputados electos ni siquiera llegaron a tomar posesión de sus actas, ya que la llamada "sargentada de La Granja" acabó en menos de un mes con el gobierno moderado de Istúriz y la mayoría cosechada en su respaldo.

Uno de esos nasciturus parlamentarios fue Mariano José de Larra, diputado electo por Ávila, circunscripción en la que su cruzaban sus amistades políticas con el arraigo familiar de su desdeñosa amante Dolores Armijo. Fue su única experiencia política. Una vez que la Reina Gobernadora hubo cedido a la coacción de los suboficiales movidos por el oro progresista de la llamada "conspiración de las talegas" y avaló que se neutralizaran unas urnas con otras, a Larra sólo le quedaba acodarse a un muro de las lamentaciones llamado El Español. Es decir, a su periódico.

Es en su primer artículo político tras el trauma -"El día de difuntos de 1836"- en el que Larra incluye ese célebre desahogo autocompasivo que puede considerarse una especie de acta fundacional de la tercera España: "No tardó en cubrir mi frente una nube de melancolía; pero de aquellas melancolías de que sólo un liberal español puede formar una idea aproximada". Una frase que bien podía estar en el subconsciente de Patxi López como vástago político -vía margen izquierda- del "socialista a fuer de liberal" Indalecio Prieto.

Para colocar en perspectiva la dimensión de la "melancolía" que en aquel momento le "acosaba, oprimía y abrumaba", Larra incluyó en su artículo un catálogo de personajes golpeados por la desdicha a los que, en comparación, había que considerar "alegres y bulliciosos". Abría la relación "un inexperto que se ha enamorado de una mujer" y pronto aparecía "un diputado elegido en las penúltimas elecciones". Pero tras estas representaciones de la corteza de su propio yo, surgía una variopinta galería de desgraciados, desde el militar sin una pierna al periodista entrullado "en virtud de la libertad de imprenta". Lo más extraordinario era el cierre de la lista: "Un Rey, en fin, constitucional". O sea lo que España no había tenido nunca.

Las obvias diferencias entre estos dos gatillazos parlamentarios con 180 años de distancia son, por un lado, que pronto comprobaremos como la inmensa mayoría de los diputados de la "penúltima" legislatura se suceden a sí mismos, cobrándonos dos veces por la broma; pero, por el otro, que la Constitución está ya pegada al Rey como si fueran dos cuerpos de un mismo adosado. Eso implica que el coitus interruptus de la nueva política no es consecuencia de un cuartelazo que sucede al anterior y preludia el siguiente, sino fruto de una fatalidad normativa, gestionada desde la mediocridad y el egoísmo.

El lúgubre artículo de Larra veía a Madrid convertido en un inmenso cementerio "donde cada calle es el sepulcro de un acontecimiento". Al llegar al mismo Palacio Real desde el que Felipe VI nos dirigió su ostentoso mensaje navideño, imaginó leer en su frontispicio el más apropiado de los epitafios: "Aquí yace el Trono; nació en el reinado de Isabel la Católica, murió en La Granja de un aire colado".

Algo así habría estado en vigor si hubiera triunfado el 23-F y eso siempre quedará en el haber de Juan Carlos I por muchas rubias chocolateras, elefantes y elefantas que sigan ensuciando su crepúsculo. Para su hijo y sucesor el desafío es menos dramático pero bastante más arduo, pues lo ocurrido en estos meses vergonzosos de interinidad prueba que con estas reglas del juego la soberanía popular queda reducida a la impotencia a través de la caterva de eunucos políticos que la representan. Y la Monarquía de Felipe VI carece no ya de los resortes institucionales, sino principalmente de la autoritas que se requeriría para impulsar la regeneración que al día de hoy se ha dado de bruces con la endogamia de la cupulocracia.

La frustración política del efímero diputado por Ávila y el desengaño amoroso como símbolo de la futilidad de la vida impulsaban en paralelo la melancolía que iba infectando el ánimo de Larra durante los que serían los últimos meses de su vida. Un itinerario autodestructivo que a través de su huella literaria ha sido contemplado, generación tras generación, como metáfora de la recurrente e inexorable decadencia de España.

De hecho, hace ahora cien años que Ortega reprodujo en El Espectador otro de los artículos clave de Larra en aquellas postreras colaboraciones para El Español: "Horas de invierno". Es el texto en el que, mirándose al espejo, lo que queda de Figaro musita con timbre mortecino: "Escribir en Madrid es llorar, es buscar voz sin encontrarla, como en una pesadilla abrumadora y violenta. Porque no escribe uno siquiera para los suyos. ¿Quiénes son los suyos? ¿Quién oye aquí?".

"Un artículo de Larra escrito para 1916", puso como encabezamiento Ortega, alegando que se trataba de "un caso ejemplar de synfronismo con el estado espiritual de los hombres mejores que hoy tiene España". Todo parecía repetirse: el aislamiento internacional, la cerrazón de las élites, la esterilidad de la crítica... la "ausencia de los mejores". Como dice su biógrafo, Jordi Gracia, Ortega sentía que Larra había escrito ese artículo "para él" y libraba acuse de recibo: "Un escritor español, consciente de sus destinos, no puede leer estos párrafos sin lágrimas en los ojos y un ardor de iracundia en el corazón".

Aun hay dos artículos imprescindibles más que preceden al féretro de Larra y su España doliente. El primero son las "Exequias del conde de Campo Alange", en el que celebra la fortuna del joven difunto por "morir viviendo todavía", frente a la desdicha de quienes "viven muertos y le envidian". El segundo, "La Nochebuena de 1836" -subtitulado con motivo como "delirio filosófico"-, que desemboca en el misterio de la "caja amarilla". En el presagio de la "caja amarilla". En la tragedia de la "caja amarilla".

Larra se ha levantado el 24 de diciembre envuelto en una bruma de tristeza. Tras comparar sus artículos con los nichos de los cementerios -"en cada uno entierro una ilusión"- y alegar que "la mayor desgracia que le puede suceder a un hombre es que una mujer le diga que le quiere", se enzarza en una discusión con su tosco criado asturiano que termina entre vapores etílicos. El artículo concluye en tercera persona. "A la mañana, amo y criado yacían, aquel en el lecho, éste en el suelo. El primero tenía todavía abiertos los ojos y los clavaba con delirio en una caja amarilla donde se leía "mañana". ¿Llegará ese mañana fatídico? ¿Qué encerraba la caja?".

La "caja amarilla" era supuestamente la caja de las pistolas de la que Larra sacó el artefacto con el que se descerrajó la sien mes y medio más tarde. Como nadie la ha visto jamás, la "caja amarilla" es desde entonces el símbolo de ese destino fatídico que Larra, como Ortega, como tantos intelectuales antes y después, han visto interponerse una y otra vez en la marcha de España hacia la modernidad y el progreso. En la "caja amarilla" están depositados nuestros demonios familiares: el cainismo, el orgullo hueco, la mala leche, la corrupción, la envidia. También, según Carmen Iglesias, las "ganzúas estereotipadas que destrozan lo que tocan" cada vez que pretendemos abrir la puerta del pesimismo nacional con una "profecía autocumplidora".

¿Sería pertinente presentar hoy "Horas de invierno" como "Un artículo de Larra escrito para 2016"? ¿"Escribir en Madrid", denunciar la mediocridad egoísta de nuestros dirigentes, requerir la retirada de todos los corruptos y sus protectores, clamar por la regeneración, exigir cambios drásticos en las leyes y la vida de los partidos, continua siendo "llorar"? ¿Sigue condenado todo "liberal español" a esa "melancolía" sin remedio de la vox clamantis in deserto?

Si el rasero fuera el del desánimo por la esterilidad del 20D, resultaría difícil contestar a estas preguntas negándolo tres veces. Pero ahora el riesgo no es quedarnos como estamos sino desembocar, nuevas urnas mediante, en algo peor. Me refiero a una polarización tan artificial como peligrosa entre inmovilismo y revolución, equivalente a aquella entre carlistas y comuneros que inauguró el guerracivilismo patrio ante la exasperación de Larra.

Rajoy y Pablo Iglesias han sacado ya las pistolas de la "caja amarilla" del macizo de la raza y aunque simulan un duelo entre ellos, pronto veremos que se pondrán a disparar contra todo aquel que ose quedarse en medio. En estas circunstancias la resignación, el abatimiento y la parálisis son antesala segura del suicidio. Sólo el inconformismo, la resistencia y la reiterada movilización del pensamiento crítico podrán mantenernos a salvo.

Aferrémonos pues al alentador mensaje de la directora de la Academia de la Historia de que "no siempre lo peor es cierto" y dispongámonos a dar una nueva batalla contra lo que Churchill definía como el "perro negro" de la depresión. La mejor prueba de que lo que no se logró en diciembre puede obtenerse en junio está en lo ocurrido en 1837. Una vez que Larra se hubo quitado de en medio, y contra todo pronóstico, el centro se impuso a los extremos y España contó por primera vez con una Constitución de consenso. Pero esa es otra historia que espero relatar alguna vez con la extensión que merece.

Sánchez, don erre que erre. Intolerancia y sectarismo
“Nunca es tan terca la obstinación como cuando mantiene una creencia equivocada” S.Butler
Miguel Massanet diariosigloxxi.com 1 Mayo 2016

Cuando un aspirante a gobernar falla en sus aspiraciones para conseguir los apoyos necesarios para poder ser investido en el Parlamento como Presidente del gobierno, se debiera plantear con seriedad, objetividad e inteligencia, cuáles han sido las causas de su derrota para procurar, en la próxima ocasión que se encuentre en semejante trance, no repetir los mismos errores, no cometer idénticas torpezas o no incurrir en parecidas tácticas de las que se ha valido en aquellos intentos de los que ha salido fracasado.

El señor P.Sánchez empezó con mal pie su campaña para cumplir con el mandato recibido del Rey, con el objeto de reunir los apoyos necesarios del resto de partidos, para salir adelante en la designación de un candidato. En primer lugar, en el mano a mano televisivo con el señor Rajoy, se mostró excesivamente beligerante, mal educado y hasta grosero, cuando empleó términos verdaderamente insultantes hacia la persona del actual Presidente del gobierno. De este primer round, en el que se produjo una situación de excesiva tirantez, no habitual en esta clase de enfrentamientos políticos, que llegó a afectar al ámbito personal, con un intercambio de “lindezas” que luego, impidieron la posibilidad de posteriores encuentros y de reanudar rondas de negociaciones entre ambos partidos, que hubieran podido limar asperezas hasta llegar a acuerdos de gobernabilidad, que habrían sido la solución ideal para este momento tan difícil por el que estamos pasando.

Cualquier posibilidad de acercamiento, pese a las repetidas ofertas de Rajoy de intentar una gran coalición entre PP, PSOE y Ciudadanos o, entre PP y el PSOE, con mayoría suficiente para formar un gobierno estable, fuerte y adecuado para tomar las medidas precisas para sacar adelante a un país que ya estaba encaminado en la buena dirección, junto a algunas medidas sociales que hubieran podido favorecer a los colectivos más perjudicados por la pasada crisis; fue rechazada de plano por P.Sánchez que repitió hasta la saciedad la palabra no, no y no hasta acabar diciendo ¿ Qué parte del no es la que no entiende el señor Rajoy” cerrando cualquier posibilidad de acuerdo con el partido más votado y que aportaba 123 escaños a la coalición. El empeño del PSOE de apartar a la derecha de la negociación, su cinturón sanitario entorno al PP y el apoyo de los barones del partido a esta postura excluyente; redujeron las posibilidades de obtener apoyos de investidura a un pacto con diversos partidos de la izquierda, entre ellos y más importante, el de Pablo Iglesias con Podemos y la agrupación de otras formaciones comunistas que concurrieron con ellos a las elecciones. Aún así, las matemáticas no cuadraban y por ello Sánchez intentó con Ciudadanos, que se dejaron engatusar al conseguir que el PSOE, un partido sin un programa electoral definido, aceptara las 200 proposiciones que aportó A.Rivera para llegar a un acuerdo.

PSOE y Ciudadanos no sumaban bastante y Sánchez intentó una jugada a tres condenada a fracasar, porque no existía posibilidad alguna de que Podemos aceptara una entente con Ciudadanos y viceversa. Fracasaron los últimos intentos de recomponer la situación y P.Sánchez tuvo que reconocer, ante el Rey, que no estaba en condiciones de ser investido. Nueva ronda de visitas al Rey y la única solución consistía en un mes para conseguir acuerdos y, si no los había, nuevos comicios para el mes de Junio; tal y como ha sucedido. La nueva situación nos sitúa ante dos meses de plazo para que los partidos intenten convencer a los ciudadanos, con la particularidad de que ninguno de ellos tiene nada nuevo que aportar que no haga tiempo que ya conocen los ciudadanos. Un hecho previo que puede condicionar de una manera notable los resultados de las futuras votaciones: la ciudadanía esta harta de elecciones, desconfía de toda la clase política y se lamenta de la falta de consenso que lleva al país a tener que repetir de nuevo las legislativas, con la particularidad de que existe garantía alguna de que los resultados sean muy distintos a los del 20D.La gran amenaza: la abstención.

En todo caso se pudiera esperar que la experiencia de las pasadas negociaciones, de sus fallos de enfoque y del error indescriptible de haber dejado fuera de las negociaciones a la derecha, un partido con siete millones y medio de votos y que fue el que ganó las elecciones, fue la causa especial que dio al traste con toda posibilidad de acuerdo. Es evidente que, el tener que afrontar una nueva campaña electoral, impide a los líderes de cada partido expresar oficialmente con quién pactarían en caso de no conseguir la mayoría de votos necesarios para gobernar sin apoyos, sería tanto como admitir de antemano la derrota; no obstante, la más mínima prudencia política recomendaría que se evitaran las descalificaciones ad personam, se moderaran las críticas sin sentido y sin finalidad alguna y se descendiera más al terreno de los problemas que afectan a nuestra nación y a los ciudadanos; dejándose de promesas imposibles o de ofrecimientos que se sabe que son inalcanzables en una Europa en la que existe la libertad de mercados, una legislación comunitaria que no permite según que tipo de veleidades tercermundistas y unas instituciones que, como se demostró en el caso griego, no admiten que una nación decida por su cuenta la forma de atender a sus compromisos comunitarios.

Si en el caso de Podemos e IU ya sabemos que sus posibilidades de acercamiento al PP o a los mismo Ciudadanos, se puede decir que son nulas; el hecho de que el señor Sánchez de la sensación de no haber aprendido nada de su fracaso rotundo e injustificable, en el intento de ser investido; del error supino de no haber querido hablar con el PP para intentar un pacto de gobierno y de su equivocación garrafal de haberse humillado ante Podemos, lo que les ha permitido al señor Iglesias y sus compañeros mofarse abiertamente del PSOE y tomarse a chirigota sus propuestas de acuerdo, dejándoles, finalmente, como popularmente se dice: “colgados de la brocha”.; puede entenderse como un anticipo de un nuevo fracaso.

Suena a dejá vú el volver a escuchar de boca del líder del PSOE su cantinela de que hay que apartar a Rajoy del gobierno, su error de intentar vender que España va mal cuando todos los datos económicos afirman lo contrario o sus bravatas de lo que van a cambiar cuando, si las cosas no cambian de forma drástica, es muy probable que el Senado vuelva a caer en manos de los populares y, con ello, la imposibilidad de que se pueda alterar ni una letra de la Constitución, actualmente vigente. Si persiste en este camino, si no rectifica en su promoción del PSOE e insiste en la necesidad de un viraje radical hacia acuerdos con los comunistas bolivarianos de Podemos; es muy probable que, el anunciado sorpaso si se produce la unión de IU y Podemos, se materialice y muchos de los votantes socialistas de centro derecha se decidan por abstenerse o votar por el PP, antes de exponerse a que un partido centenario, como es el PSOE, acabe siendo absorbido por la voracidad caníbal de los seguidores de Iglesias y Errejón.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, sentimos, tenemos la intuición de que, a pesar de sus continuas manifestaciones en contra y en el bien de los ciudadanos, la intención verdadera del señor Pedro Iglesias es intentar salvarse del naufragio que le anuncian sus detractores dentro del partido como la única manera con la que podría evitarlo: consiguiendo un acuerdo que lo situara al frente del gobierno español. Lo que falta saber es lo que está dispuesto a ceder para conseguirlo, lo que los barones decidan que le van a consentir hacer y lo que, en realidad harían si, como pudiera suceder, no consiguieran aumentar los escaños, perdieran alguno o los de IU y Podemos los adelantaran en número de votos y fueran ellos los que les impusieran las condiciones para evitar que una posible coalición del PP y Ciudadanos ( parece que las encuestas les auguran una sustancial mejora) fuera suficiente para poder alcanzar una mayoría absoluta que los permitiera gobernar. Y es que, señores, a este sujeto de miras estrechas, ambición desmedida y de irreflexiva condición; como no lo paren los suyos y le pongan el correspondiente freno bucal, es posible que, el solito, sea capaz de llevarnos a todos al mismísimo Infierno.

Democracia 'low cost' y el votante resignado
DAVID JIMÉNEZ El Mundo 1 Mayo 2016

Algo hemos tenido que hacer mal, en esta vida o la anterior, para merecer otros dos meses de mítines tediosos, debates sin debate, insultos sin gracia y política vacía, todo presentado como una mala secuela en la que los personajes empiezan a hacerse insufriblemente repetitivos. Casi todo son certezas en este 'déjà vu' electoral, incluida la garantía de que la nueva cita no convertirá a políticos incapaces de formar gobierno en estadistas dispuestos a sacrificar sus ambiciones personales por el país.

Toca aguantar pues con resignación más postureo, otra tanda de frases hechas y un nuevo baile de nombres para componer las listas electorales, que siempre viene bien para pagar favores pasados y premiar el seguidismo al líder. Pueden apostar la casa a una campaña con más reproches que propuestas. Pocas ideas. Y otro buen puñado de promesas electorales, lanzadas sin ninguna intención de que realmente se cumplan.

No, no vamos a salir del trabajo a las seis como nos prometen unos. Tampoco a darle un corte de mangas a Merkel como proponen los otros. Ni por supuesto avanzaremos en ese gran pacto por la educación que todos dicen buscar y que siempre puede esperar. Si no se logró durante tres décadas de bipartidismo, cuando sólo tenían que ponerse de acuerdo dos, ya me dirán ahora que se han sumado a la mesa los hijos de ese sistema educativo fallido, llegados a la política tras entrenar su capacidad de consenso en la tertulia televisiva.

Esta legislatura breve e inútil ha servido para confirmar lo que ya sospechábamos: que el proyecto de los de siempre está agotado y que el de los nuevos no es otra cosa que una versión de lo anterior, más el espectáculo. Pero si la política no ha cambiado, en parte es porque tampoco lo ha hecho un electorado que maldice a su clase política como si se la hubieran escogido en Finlandia. El 20-D iba a transformar el país, pero lo que ha hecho es reafirmarlo en sus defectos: tenemos más partidos y las mismas dos Españas de siempre, sólo que más fragmentadas.

Nuestros políticos nunca acordarán nada relevante mientras sigamos siendo el país donde, como escribió Carlos Alsina en nuestro dominical hace ya algún tiempo, las desaladoras sean de izquierdas y los trasvases de derechas, los molinos de viento de izquierdas y las centrales nucleares de derechas, el teatro experimental de izquierdas y los toros de derechas, los planes de pensiones de derechas y de izquierdas "montarle un pollo al director de tu banco como se le ocurra proponértelo". ¿Cómo van a acordar estos partidos un verdadero plan de educación, si para unos la religión es la asignatura del régimen y para los otros educar en la tolerancia un intento de adoctrinamiento marxista?

Si algo han hecho con eficacia los políticos en nuestro país es seguir cavando las trincheras, porque contra el otro se vive mejor. Si te tomas a tu partido político como si fuera tu equipo de fútbol, lo de menos es que gane de penalti injusto en el último minuto o que el presidente haya pagado una comisión para fichar a la gran estrella del momento. Lo insoportable es perder. El resultado es esta democracia 'low cost' donde los votantes van a las urnas, como reconoce que hace Nicolás Redondo en una entrevista que publicamos hoy, "tapándose la nariz". Y si votas con la nariz tapada, ya sabes que el resultado no va a oler a jazmín.

Sólo en un país que se queja mucho de sus políticos y hace poco por cambiarlos podrían los partidos permitirse presentar a los mismos candidatos que nos han hecho perder el tiempo estos meses, dispuestos a vendernos las mismas propuestas. La opción que nos habría ahorrado unas nuevas elecciones pasaba, como pidió este diario poco después del 20-D, por la renuncia de Pedro Sánchez tras el batacazo electoral socialista y la decisión de Mariano Rajoy de dejar en manos de otro líder de su partido la búsqueda de esa gran coalición que exigía la situación, marchándose con el legado de haber sacado al país de una de las situaciones más difíciles de su historia reciente. En su lugar, se pide a los españoles que vuelvan a votar sobre lo mismo. El resultado, de eso podemos estar seguros, tampoco olerá a jazmín.

La ineludible fusión entre UGT y CCOO: el ocaso del poder sindical
El anquilosamiento y el alejamiento de las dos centrales sindicales que nacieron para servir a los intereses de dos partidos de izquierda exige una adecuación a la realidad
Carlos Sánchez El Confidencial 1 Mayo 2016

No se trata de un asunto nuevo. Y es probable que no se aborde a corto plazo con la atención que requiere. Pero el debate sobre la necesidad de una sola central sindical que agrupe a CCOO y UGT -también a USO- se abre camino. Sin duda, por una cuestión de supervivencia. Si nada cambia, hay razones para pensar que el Primero de Mayo que hoy se celebra acabe siendo una reliquia destinada a ser estudiada en los libros de historia.

Es paradójico que las importantes transformaciones que ha sufrido este país en los últimos 40 años hayan pasado de largo en la estructura del poder sindical. El resultado, como no puede ser de otra manera, es una progresiva pérdida de influencia en las relaciones laborales. Hasta el punto de que hoy los sindicatos -fundamentales en la recuperación de la democracia y de la modernización de las relaciones laborales- corren el peligro de morir por inanición de nuevos afiliados. Precisamente, y aquí está la paradoja, cuando la precariedad, los bajos salarios o el desigual reparto de los beneficios en los tajos y en los centros de producción han resquebrajado el sistema económico.

Pese a ello, y a la degradación general del mundo del trabajo (como pone de relieve de frecuentemente la OIT), los sindicatos se baten en retirada. Hoy, muchos trabajadores -en teoría sus potenciales aliados- desconfían de su funcionamiento y hasta de su razón de ser. O, en otros casos, solo acuden a ellos cuando son despedidos, lo cual pone de relieve un grave problema de representatividad. El hecho de que muchos trabajadores acudan al comité solo cuando se ven amenazados por un expediente de regulación de empleo pone de relieve que los sindicatos, en el mejor de los casos, han acabado siendo un instrumento de último recurso.
No se trata, desde luego, de un fenómeno típicamente nacional. En muchos países avanzados la afiliación ha caído en picado, y nada indica que se vaya a invertir la tendencia en un plazo razonable. Pero en unos países, como es lógico, esa tendencia es más preocupante que en otros. Sobre todo en aquellos con menos tradición colaborativa en las fábricas o centros de trabajo.

El convenio colectivo, introducido en España en 1958, en plena dictadura, se está hoy desnaturalizando en favor de una individualización de las relaciones laborales (el resurgir de los autónomos) que ha fracturado el contrato social, y de ahí que la capacidad de presión de los sindicatos y comités de empresa sea cada vez más limitada. Al mismo tiempo, los avances técnicos han creado unas nuevas condiciones laborales que convierten el factor trabajo en una mercancía que rápidamente se hace obsoleta cuando está exenta de cualificación. El capital no tiene fronteras y el trabajo se sustituye sin dilación alguna debido a la existencia de una legión de trabajadores sin empleo.
Sindicatos a la defensiva

La consecuencia práctica es que hoy el sindicalismo ha dejado de estar a la vanguardia de las reformas. Por el contrario, en muchos casos, actúa con movimientos defensivos destinados a mantener el 'statu quo', lo que hace a los sindicatos ser, a veces, profundamente conservadores.

Esta pérdida de credibilidad, en el caso español, no tiene que ver solo con la aparición de algunos escándalos en cuanto a la financiación sindical, sino que existe un mar de fondo mucho más complejo que hoy sigue sin abordarse.

Tanto UGT como CCOO se han enfrentado a la pérdida de afiliación por la vía más traumática. Reduciendo a la fuerza sus estructuras burocráticas: fusionando sus federaciones y despidiendo plantillas, pero no han sido capaces de plantear un hoja de ruta que pase por modernizar sus propios aparatos confederales, convertidos hoy en una especie de cementerio de elefantes con escaso vínculo con la nueva realidad social y política del país. Lo cual es especialmente significativo en un momento en que la integración europea requiere cada vez más de sindicatos fuertes capaces de enfrentarse a los nuevos retos de la globalización. Mientras que las grandes corporaciones son multinacionales, los sindicatos siguen siendo locales. Hoy no hay ninguna razón para que los dos grandes sindicatos caminen por separado, como sucedió antaño.

Como ha expresado de forma certera el exsindicalista López Bulla, “la idea es avanzar hacia la constitución de un sindicato de clase y global, unitario que herede la fecunda tradición de Comisiones Obreras, UGT y USO. Es decir, la puesta en marcha de un proceso constituyente, de masas, liderado por los tres sindicatos, justamente lo contrario de una fusión administrativa, meramente cupular”.

Cambios en el ecosistema sindical
Es evidente que el ecosistema en el que tradicionalmente se ha desenvuelto con soltura el mundo sindical ha cambiado. Y mucho. Y esta evidencia es más que palpable en España donde, además, el modelo de sindicalismo confederal que surgió de la Transición (dos sindicatos vertebrados ideológicamente a la medida de los dos grandes partidos de la izquierda) no ha sufrido mutaciones significativas.

Y aunque hoy tanto UGT como CCOO se han alejado radicalmente de sus progenitores, lo cierto es que siguen funcionando como en el pasado. Probablemente, influidos por una inercia coherente con el hecho de que el sistema de representación interna en las empresas ha sido ineficaz a la hora de encontrar nuevos líderes más identificados con la nueva realidad. No se ha producido ese recambio generacional que sí se ha dado en el proceso productivo.

Como consecuencia de ello, los sindicatos tienen hoy un problema de legitimidad que los hace innecesarios a los ojos de muchos trabajadores. El hecho de que todos y cada uno de los empleados se beneficien de un convenio colectivo sin necesidad de estar afiliados -o incluso sin pagar una parte de su salario-, los hace inútiles a los ojos de muchos trabajadores, que logran los mismos beneficios sin coste alguno.

Sin duda, porque el sistema diseñado desde la Transición no ha procurado ningún incentivo para que un trabajador se afilie a un sindicato, y eso se ha traducido en una continuada pérdida de influencia. Sobre todo, cuando tanto UGT como CCOO han tenido un fuerte componente ideológico que los ha alejado de muchos trabajadores. Algo que explica los fuertes ataques -muchos injustos- que a menudo han recibido desde posiciones conservadoras, capaces de incendiar las relaciones laborales para obtener réditos políticos.

En otros países esto se resolvió después de 1945 con la creación de sindicatos menos ideologizados, capaces de ofrecer servicios a sus afiliados en forma de becas, cursos de formación, vivienda o, simplemente, ocio. Algo que ha configurado unas organizaciones sindicales que han asumido métodos de organización eficientes y competitivos muy útiles para entender la complejidad de las relaciones laborales.

No ha ocurrido así en España. Sin duda, porque las estructuras confederales han absorbido el debate sindical despreciando el día a día en los centros de trabajo. Y en este sentido, las actuales legislaciones sobre representatividad sindical son un obstáculo para aumentar la afiliación a través de la creación de pequeños sindicatos de rama muy pegados a la realidad de las empresas (modelo finlandés) capaces de integrarse en una estructura confederal diseñada a modo de 'holding'. Pero sin esa estructura jerárquica más propia de las viejas correas de transmisión.

UGT y CCOO están todavía a tiempo de frenar su sangría. No hacen falta experimentos ni soluciones mágicas. Solo hay que imitar a los modelos sindicales del centro y del norte de Europa, donde permanece viva la vieja cultura sindical mediante una doble actuación: la negociación colectiva y la oferta de servicios a los afiliados.

No es un camino fácil. Los personalismos, que son las señas de identidad de la actual política española, son barreras difíciles de superar. Pero no hay muchas más oportunidades para hacerlo.

La decapitación de Ausbanc y Manos Limpias desata un seísmo judicial
Gonzalo Baratech Cronica Global 1 Mayo 2016

La detención del líder de Ausbanc significa un enorme alivio para las cúpulas de las instituciones financieras que vienen sufriendo sus supuestas extorsiones.

La biografía de Luis Pineda, el cabecilla de Ausbanc, es cualquier cosa menos ejemplar. En los años 80 del siglo pasado sufre detención por atraco a mano armada. Pasa un corto tiempo a la sombra. Luego funda la seráfica Asociación de Usuarios de Servicios Bancarios, llamada en teoría a defender los intereses de los clientes del sistema crediticio.

¿Cómo es posible que un sector tan poderoso como el bancario claudique ante tal sujeto?

Provisto de ese paraguas, Pineda se dedica a visitar a los máximos directivos de las instituciones. Les pide que inserten anuncios en las revistas editadas por Ausbanc, a cambio de cuantiosas mordidas de hasta 600.000 euros anuales.

En el mundillo de la pasta es fama y razón que, si la entidad atracada no pasa por las horcas caudinas del sablazo, se expone a sufrir un vendaval de ataques vitriólicos en las publicaciones de Ausbanc. Por si las moscas, la inmensa mayoría de los mercaderes del dinero pasa por el tubo y paga.

Un gran misterio envuelve esta situación. ¿Cómo es posible que un sector tan poderoso como el bancario claudique ante tal sujeto? ¿No semeja increíble que Pineda realice sus prácticas mafiosas con plena impunidad desde hace al menos veinte años?

Por su parte, el pseudo-sindicato Manos Limpias ha desempeñado un papel fundamental para desenmascarar infinidad de tramas criminosas. Gracias a él, una caterva de políticos desvergonzados y delincuentes de toda laya ha tenido que rendir cuentas ante los tribunales.

Según parece, es de fechas recientes la 'entente' de Pineda con Miguel Bernad, jefe de Manos Limpias. Ésta andaba últimamente muy floja de recursos, debido sobre todo a su prolífica y costosa actividad en innúmeros procesos. Esta penuria explica tal vez que Bernad se eche en brazos de Ausbanc. De ahí que el jefe de Manos Limpias también haya acabado detenido por sus estrechas relaciones con Pineda.

Imputaciones en el aire
El refuerzo recibido permite a Pineda entregarse por entero a su tarea cardinal de sablear a las víctimas. Pero ahora, además, con las espaldas cubiertas por Bernad, erigido en ariete judicial.

Manos Limpias pervierte, así, su objetivo original e incurre en gravísimos delitos de extorsión y amenazas. El descubrimiento de las tropelías desencadena una catarata de secuelas. De entrada, Manos Limpias abandona su papel acusatorio en los sumarios abiertos por la Audiencia Nacional contra la familia Pujol Ferrusola por supuesta corrupción y blanqueo al por mayor.

El espurio entronque de Manos Limpias con Ausbanc ha arrojado por la borda el bagaje de servicios impagables contra la marea de podredumbre económica que asola el país

El desistimiento del sindicato sucede al del partido político UPyD. Ello implica que la acusación particular desaparezca del enjuiciamiento de los desmanes del clan pujoliano. Y que la fiscalía tenga ahora expedito el camino para anudar un rumoreado pacto con los Pujol.

También pende de un hilo la presencia de Manos Limpias en el embrollo de Nóos. La abogacía del Estado, que representa a Hacienda, y la fiscalía han actuado en este asunto como acérrimos defensores de Cristina de Borbón. Dado que Manos Limpias es la única parte que acusa a doña Cristina, su salida podría acarrear que, de una vez por todas, se retire la imputación de la hermana del Rey.

El pueblo soberano confiaba en el trabajo de Manos Limpias como eficaz instrumento de lucha contra la marea de podredumbre económica que asola el país. Su espurio entronque con Ausbanc ha arrojado por la borda ese bagaje de servicios impagables.

Rajoy tiene prisa: “A menos cuarto empieza el fútbol”
Jesús Cacho www.vozpopuli.com 1 Mayo 2016

Como tantos españoles de toda laya, yo también aposté una cena con Federico Castaño, responsable en este diario de seguir las vicisitudes del PSOE, a que Pedro Sánchez lograría, incluso en el último minuto, formar Gobierno con Podemos y con el lucero del alba si preciso fuere, haciendo innecesaria la convocatoria de nuevas elecciones. Perdí la apuesta y estoy encantado con pagar esa cena en cualquier decente casa de comidas madrileña, en tanto en cuanto mi fracaso significa que el modelo de país y de sociedad que defiendo se han librado de una experiencia tan traumática como la que supondría ese Gobierno de Frente Popular o sucedáneo al que el propio Comité Federal del PSOE se opone rotundamente, al menos en teoría. Ya he dicho aquí lo que pienso del personaje Pedro Sánchez, una bomba de relojería adosada a la obra viva del PSOE y un peligro cierto para la estabilidad y prosperidad de los españoles. Este chico no ha entendido nada. No ha comprendido que el de España es un problema de calidad democrática que se resuelve con reformas en profundidad destinadas a vigorizar las instituciones y acabar con la corrupción, a rescatar el país del cenagal en que se encuentra, no con virajes hacia la izquierda radical, no con izquierdismos rampantes capaces de poner en riesgo las libertades, la prosperidad económica alcanzada y hasta la propia unidad de España.

Por fortuna los Dioses nos ofrecen la posibilidad de enmendar el error del 20 de diciembre. Una nueva oportunidad para rectificar el sudoku que las urnas arrojaron hace cuatro meses. Los ciudadanos votan a quien consideran que va a defender mejor sus intereses y algunos incluso lo hacen pensando en los intereses generales del país. Pero en determinadas ocasiones de crisis aguda, las urnas arrojan combinaciones imposibles, inmanejables desde todos los puntos de vista. A veces los países se equivocan. Basta recordar lo que ocurrió en la cultísima Alemania un 5 de marzo de 1933, por poner un ejemplo. Luego vienen los exegetas de la cosa a contarnos, con explicaciones inverosímiles, lo que los votantes han querido o no decir al votar lo que han votado, y hablan de “mandatos” cuya revelación solo a ellos alcanza, y de “cambio” que, por supuesto, tiene que ser el que al líder en cuestión conviene. Zarandajas. No es el momento de enzarzarse en el who’s to blame a estas alturas. Descartada la gran coalición por la negativa radical del PSOE a sentarse a hablar con el PP, con o sin Rajoy al frente, la España urbana medianamente culta, aseadamente establecida y razonablemente liberal tiene cien millones de razones para felicitarse porque no haya salido ese Gobierno de izquierda radical que el botarate de Sánchez pretendía.

Y alegrarse de contar con una nueva oportunidad para reflexionar sobre lo ocurrido el 20D y corregir el tiro. Que España está viviendo una situación excepcional no es revelar ningún secreto. Este es un país sin cuadernas, ese costillar de madera o de acero que, partiendo de la quilla y de proa a popa, da forma a la estructura del casco de una nave. País desencajado, casi roto, que ha perdido sus referentes, que ha bajado de escalón en la consideración que tiene de sí mismo y de la que tienen de él los demás, con un alarmante vacío de poder, porque hoy no se sabe muy bien dónde está el poder ni quién lo ejerce, si la UDEF, la UCO, los jueces, Soraya, el CNI… Sensación de desconcierto que, obviamente, alcanza a los ciudadanos. Pocos españoles habrá que no se estén preguntando estos días a quién votar el 26J. En esta circunstancia cercana a la angustia, resulta imprescindible dejar a un lado por inservible la hojarasca verbal secretada por la vieja política y la nueva durante los últimos meses, para echar mano de los “fundamentales”, para refugiarse en lo esencial y olvidarse de lo accesorio.

Meter al enfermo en el quirófano
Y esos “fundamentales” nos obligan a volver al punto de partida de la gran crisis española: la necesidad de acometer reformas profundas en lo que se ha dado en llamar la Transición, para lograr esa calidad democrática imprescindible capaz de permitir a las nuevas generaciones alcanzar el 2050 en un entorno de paz y prosperidad colectivas. Esa es la meta y no otra. Y eso implica reformas políticas severas, que empiezan por la propia Constitución del 78 y cuyo detalle pormenorizado está, más menos, en la mente de todos, y también reformas económicas de no menor intensidad, reformas que el Gobierno Rajoy y su mayoría absoluta apenas esbozaron la pasada legislatura por cobardía, pereza mental y flojera ideológica. Reformar y liberalizar a fondo la economía, acabar con las situaciones de monopolio y combatir a sangre y fuego la corrupción, para poder crecer con fuerza y crear empleo, de forma que sea posible abordar aquellas reformas con el menor coste social posible. ¿Novedad? Ninguna. El diagnóstico es claro y certero desde hace tiempo. Falta que el cirujano, cobarde hasta la náusea, se atreva a meter al enfermo en el quirófano.

¿Quién puede hacerse cargo de esta tarea? ¿Qué tipo de Gobierno podría razonablemente alcanzar tales metas? Desde luego no cualquier fórmula de Gobierno de izquierda integrada por partidos que reniegan de la iniciativa privada y del libre mercado, y cuya visión de la economía queda constreñida en los rígidos parámetros de un Estado Leviatán con capacidad para intervenir en vidas y haciendas de todo hijo de vecino, ello por no hablar de las libertades individuales y colectivas. Sería dramático que las generaciones que conocieron la dictadura franquista tuvieran que pasar en la etapa final de su vida por la experiencia de otra suerte de dictadura marcada por aquellos cuyo ideal de país queda retratado en una estantería de supermercado donde falta hasta papel higiénico. Es sorprendente la cantidad de gente importante, con titulación académica bastante, que sigue hoy insistiendo en la necesidad de más gasto público y más deuda, al tiempo que reclama más crecimiento y creación de empleo. La cuadratura del círculo de un país del que ha desaparecido el más leve rastro de debate liberal.

Alcanzar aquellos objetivos tampoco sería posible, en mi modesta opinión, mediante la tan cacareada gran coalición entre PP y PSOE, una fórmula agotada en Alemania que no ha logrado transformar el país, porque Alemania sigue viviendo de las reformas acometidas en su día por el canciller Schröder, socialdemócrata por cierto. Implantar esa fórmula en el teatrillo ibérico, imaginar la pulsión socialdemócrata que domina el núcleo duro del PP actual, espoleada por la genuina socialdemocracia vintage del PSOE podría ser todo un espectáculo que dejaría al país empantanado sine die en sus problemas. Esa alianza in articulo mortis tendría, con todo, algo peor: dejaría a la izquierda marxista de Podemos como única oposición real, al privar al sistema de una oposición democrática con capacidad para ser alternativa de poder, de modo que tras el fracaso de la gran coalición solo quedaría, quizá, la revolución de los coletas moradas.

El pacto PP-Ciudadanos
Cabría pensar, entonces, en un pacto entre PP y Ciudadanos, que, en el fondo, fue la operación que muchos imaginaron antes del 20D y que frustró el gatillazo de Albert Rivera en el tramo final de la campaña. El cabestro de un PP asediado por la corrupción, y el novillo de un Ciudadanos que en estos últimos cuatro meses ha generado más de una duda y mostrado no pocas contradicciones, algunas flagrantes. No veo otros bueyes capaces de arar en esta finca. Primando el voto a Ciudadanos, siempre y cuando el partido naranja sea capaz de renovar con fuerza su mensaje de regeneración radical del sistema, para obligar al PP, bien cogido del ronzal, a acometer esas reformas en las que España se juega su futuro. Rivera ha condicionado esta semana cualquier arreglo con el PP a la firma de un programa de reformas y a la retirada de Mariano. “Ni Rajoy, ni el equipo, ni el Gobierno. La mayoría de votantes del PP también quiere regeneración”. Más claro, agua. La respuesta del PP ha venido a ser la esperada: “Rajoy considera innegociable la continuidad de Rajoy…” Lo de España no puede esperar, pero el gallego se encuentra muy a gusto en su dolce far niente. Tarde del martes 26. Palacio de La Moncloa. Comparece don Mariano ante los medios para dar cuenta del bajonazo de la legislatura. Palabras de censura contra Sánchez por haberse negado “siquiera a hablar con el PP”. Pero el presidente en funciones tiene prisa. A Rajoy le apetece ver el partido entre el Real Madrid y el Manchester City, de modo que urge a sus edecanes a levantar cuanto antes el tenderete: “Venga, es que a menos cuarto empieza el futbol y ya son más de las ocho”.

'patriotismo sin complejos'
El mensaje de Alternativa para Alemania: 'El Islam no cabe aquí'
La derecha identitaria alemana, crecida tras la controvertida política de puertas abiertas de Angela Merkel con los refugiados, abogan por la prohibición de los minaretes y el burka.
Gaceta.es 1 Mayo 2016

La derecha identitaria alemana, representada por el partido Alternativa por Alemania (AfD), aprobó este domingo por abultada mayoría de su congreso federal una moción programática según la cual el islam "no forma parte" de ese país y su versión más ortodoxa es anticonstitucional.

"Un islam ortodoxo, que no respeta nuestro orden y pretende combatirlo, que aspira a imponer su religión sobre las otras no es constitucional", según el artículo aprobado por esa formación, en la segunda jornada del congreso, que se celebra en Stuttgart (sur).

Dicho artículo lleva por enunciado "El islam no es parte de Alemania" y fue el que más encendidas intervenciones generó, así como pronunciamientos de algunos delegados, según los cuales esa religión esconde "pura ideología política".

La moción sobre el islam había sido defendida por la eurodiputada y vicepresidenta del partido Beatrix von Storch, quien finalmente tuvo que frenar a los que defendían prohibir la inmigración musulmana. "No pretenderá expulsar a todos los musulmanes", atajó von Storch, cuando la discusión iba en esa dirección, mientras la presidenta del partido, Frauke Petry, insistía en que la AfD es un partido que predica la "neutralidad religiosa".

Otros puntos relativos al islam aprobados por el partido apuestan por la prohibición de los minaretes o el burka, así como del pañuelo islámico en las escuelas, por considerarlos símbolos que implican una presencia excesiva en la vida pública de esa religión.

El congreso de la AfD reanudó sus discusiones sin mayores incidentes, después de que este sábado varios centenares de radicales izquierdistas fueran detenidos por tratar de bloquear los accesos al recinto ferial donde tiene lugar la convención de ese partido.

Desde la presidencia de la AfD se denunció la filtración en un portal de internet de signo izquierdista de los nombres, apellidos y números de teléfono de los delegados asistentes.

La jornada inaugural había quedado marcada por los enfrentamientos violentos en la calle y los retrasos en las discusiones entre 2.000 los delegados, en medio de un notable caos organizativo.

Al final de las sesiones del sábado apenas se habían abordado dos de los 14 puntos del programa que fijará la línea de la AfD, formación un auge electoral aupada en el voto de castigo contra la llegada de peticionarios de asilo a Alemania -1,1 millones en 2015-.

El copresidente del partido, Jörg Meuthen, definió a la AfD de representante de un "patriotismo sin complejos", dispuesta a "presentar resistencia a la llegada incontrolada de inmigración de otras culturas".

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El deshielo catalán
Alejo Vidal-Quadras www.vozpopuli.com 1 Mayo 2016

De repente, en los días finales de una legislatura tan breve como decepcionante, ha irrumpido la noticia del deshielo catalán. Los medios han anunciado la llegada de un nuevo clima de distensión entre el Gobierno central y la Generalitat separatista y los analistas se han apresurado a estudiar los gestos, los acuerdos, las reuniones y el lenguaje verbal y corporal de Rajoy, de Puigdemont, de Junqueras y de Sáenz de Santamaría en busca de señales y pruebas de que efectivamente el proceso separatista frena su marcha y de que sus impulsores empiezan a recular en su propósito golpista.

Hay dos factores que avalan este posible viraje del secesionismo a la sensatez por parte de la cúpula de Convergencia y de Esquerra. En primer lugar, el hartazgo de la gente ante el maniqueísmo y la intransigencia mostrada por los partidos durante los últimos cuatro meses. Los vetos, las incompatibilidades personales e ideológicas y la incapacidad para el diálogo de los políticos han provocado el rechazo y la irritación de la ciudadanía por lo que, ante unas inminentes elecciones, los líderes de las distintas formaciones se esfuerzan en mostrarse conciliadores y flexibles, no sea que el castigo en las urnas se les lleve por delante. Y en segundo término, la naturaleza manifiestamente disparatada del proyecto de separación de Cataluña y España en algún momento, una vez disipada la fiebre que estalló hace tres años, debía aflorar para producir efectos sedantes. Porque sin duda un juego en el que todo el mundo pierde no parece aconsejable, por lo menos desde una perspectiva racional.

La destrucción de la unidad nacional española con la erección de un Estado propio para Cataluña es una operación económicamente ruinosa, políticamente explosiva, jurídicamente imposible y socialmente perturbadora, en la que tanto los catalanes como el resto de españoles verían sus intereses, su calidad de vida y su prosperidad seriamente perjudicados. En el mundo hay cuatro tipos de personas, los malos y listos, que se benefician en perjuicio de los demás, los buenos y tontos, que se dañan a sí mismos mientras otros ganan, los buenos y listos, que ganan ellos beneficiando también a los demás y los malos y tontos, que se hunden en la miseria a la vez que perjudican a sus prójimos. Es obvio que el separatismo catalán se sitúa en esta última categoría al tener como objetivo la reducción de Cataluña a la irrelevancia y a la pobreza arrastrando de paso al resto de España al declive. Por consiguiente, como uno se puede empecinar en la maldad y en la estupidez durante un tiempo de obnubilación, pero no de manera permanente, aunque sólo sea por instinto de conservación, tenía que llegar la ocasión en la que el ardor fanático de Junts pel sí amainase para dar paso a la lucidez.

Tampoco conviene olvidar, a la hora de explicar estos indicios de que el viento soberanista catalán está aflojando, que la Generalitat está quebrada, que vive de la respiración asistida que le proporciona el Estado a través del Fondo de Liquidez Autonómica y que la aventura separatista, entre otras cosas, es financieramente inviable. Cuando Junqueras se ha sentado en el despacho de la Consejería de Economía, lo que le ha obligado a hacer unas cuantas sumas y restas, ha advertido que su sueño patriótico es demasiado caro y que carece de fondos para pagarlo.

En consecuencia, es bastante probable que asistamos en los próximos meses a un espectáculo muy interesante, el de la reconducción del independentismo fervoroso e innegociable hacia un pactismo más o menos disfrazado en el que los separatistas soliciten la colaboración de los grandes partidos constitucionalistas para que les ayuden a apearse del autobús de su inventada nación sin perder en exceso la faz.

El resultado final de este fiasco habrá sido una pérdida ingente de dinero, de tiempo y de energías que deberían haberse dedicado a fines verdaderamente útiles como la mejora de la competitividad, la regeneración institucional y las reformas estructurales que nos proporcionen una Administración eficiente y honrada y una sociedad abierta y próspera. Si este conato de deshielo es un pequeño paso en la dirección correcta o se quedará en nada pronto lo sabremos. A ver si hay suerte.

Sergio Fidalgo, a GACETA.ES:
‘No ser independentista sale caro laboralmente’
El Grup de Periodistes Pi i Margall denuncia en Bruselas la ‘mala praxis’ de las terminales mediáticas del Govern, ‘sobre todo en TV3 y en Catalunya Radio’.
R. Moreno  www.gaceta.es 1 Mayo 2016

“Los medios de comunicación públicos en Cataluña están mediatizados por el poder político y, al servicio del independentismo”. Sergio Fidalgo, presidente del Grup de Periodistes Pi i Margall denuncia en GACETA.ES que “la televisión y la radio pública de Cataluña, en vez de ser medios de servicio público son medios de propaganda del Gobierno”.

Se da la circunstancia de que con la comunidad en quiebra, endeudada hasta 2055, y pellas de 92.443 millones de euros, Artur Mas mantenía "un ejército de periodistas bien pagados". Su sucesor, cuyo primer 'dedazo' fue ‘colocar’ al frente de Catalunya Radio a un antiguo socio, Saül Gordillo, prevé aumentar de 220 a 240 millones el gasto en medios públicos catalanes englobados en la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales. Esto ocurre mientras que el Govern recomienda a los farmacéuticos poner una vela para cobrar los casi 200 millones que les debe y, según el PPC, se ha rebajado un 14 por ciento el presupuesto del Servicio Catalán de la Salud, y los hospitales han tenido que reducir personal, recortar salarios y cerrar salas enteras, con 1.500 camas menos sólo entre 2010 y 2013.

Por otra parte, Sergio Fidalgo también advierte de la muerte civil de todo aquel que no esté por el procés. Destaca que en Cataluña no ser independentista “sale caro profesionalmente” y que sobre todo en la prensa “hay bastante temor entre muchos periodistas que no son independentistas a levantar la voz”. “Saben que puede tener consecuencias laborales”, sentencia.

Destaca que mostrar la adhesión al nacionalismo y ser crítico con quienes defienden la Constitución tiene premio, y recuerda, por ejemplo, que tras romper la Carta Magna la periodista de TV3 Empar Moliner, la jefa de la corporación catalana de los medios públicos y buena parte de los políticos que mandan salieron cerrando filas y Moliner no sólo no tuvo ningún tipo de sanción, sino que fue renovada.

El Grup de Periodistes Pi i Margall había presentado una queja ante el Consejo del Audiovisual de Cataluña para que, una vez abiertos los correspondientes expedientes, la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales rescindiese el contrato laboral con esta colaboradora fija de la corporación por defender el "discurso del odio" en TV3, del que es reincidente.

También forma parte de TV3, en el equipo de ‘Crackovia’ y 'Polònia', el actor catalán Toni Albà, parodiador de Juan Carlos, que es omnipresente en los medios públicos catalanes. Albà ha dejado perlas como que “España ha causado más muertes en su historia que todo el terrorismo”, que "es el prostíbulo más grande del mundo” o que “el Estado odia a los catalanes”. Societat Civil Catalana lo tomó como ejemplo para concienciar a la ciudadanía sobre la realidad que padecen los contrarios a la independencia de Cataluña. La plataforma quiere que se conozca “el verdadero rostro de un nacionalismo, que se quiere presentar como alegre y democrático, pero tiene las hemerotecas llenas de supremacismo y odio a lo español”.

Sergio Fidalgo, del Grup de Periodistes Pi i Margall, lamenta que este individuo sea omnipresente en los medios “después de faltar el respeto a media Cataluña de la manera que lo hace”. Destaca que hay muchos más casos, que no son tan histriónicos, de otros que también reciben premio por sumarse a la causa independentista.

Ante tal situación, la asociación decidió ir a Bruselas a trasladado a los eurodiputados la ‘mala praxis’ de las terminales mediáticas del Govern, ‘sobre todo en TV3 y en Catalunya Radio’, así como su lucha para garantizar la pluralidad en los medios de comunicación públicos en la Generalitat. Por ejemplo, la asociación les ha alertado “del discurso del odio de Empar Moliner en TV3"; de la entrevista que el periodista Xavier Graset realizó a Carles Sastre, en la que se ignoró que este había sido condenado por asesinato; los insultos del diputado Joan Tardà al periodista Joan López Alegre en un programa de TV3; el nombramiento de David Bassa como nuevo jefe de los informativos de TV3 o la eliminación del 'Converses' de Catalunya Ràdio, que el grupo de periodistas considera un ataque a la pluralidad.

Según detalla Fidalgo, las reuniones han servido también para iniciar una serie de contactos que darán lugar a la colaboración entre ambas partes para denunciar los casos en el Parlamento Europeo. Cuenta que todos estos eurodiputados les han transmitido su apoyo para seguir realizando iniciativas que tienen como fin defender la pluralidad en los medios públicos de Cataluña y que sean de calidad.

Indica que Giménez Barbat ha señalado a la asociación que se hará eco de las denuncias que el Grup de Periodistes Pi i Margall viene realizando ante el Consejo del Audiovisual de Cataluña (CAC) y en defensa de la pluralidad política y social en los medios de comunicación públicos de la Generalidad de Cataluña.

Javier Nart, por su parte, ha recordado la dependencia del dinero público de algunos medios privados: “Libertad es no depender de las subvenciones del poder. Unos medios subvencionados es una prensa hipotecada. Y Cataluña es el paradigma de lo poderoso caballero que es Don Dinero. Un caballero evidentemente independentista”.

En la misma línea, Carolina Punset se ha referido a la dependencia política que tienen los medios de comunicación públicos. “Ya es hora de que en España las televisiones públicas dejen de estar instrumentalizadas por los gobiernos de turno. Tanto por los gobiernos nacionalistas como en otros casos", ha manifestado, y ha exigido que la televisión pagada con dinero público ha de respetar la objetividad.

Por su parte, Juan Fernando López Aguilar ha reflexionado sobre la situación actual de la Unión Europea y la relación de ésta con las adhesiones identitarias asfixiantes: “Es verdad que la Unión Europea está en la peor crisis de su historia, que no es financiera, ni económica, ni de deuda soberana, ni del euro, sino que es una crisis política de identidad, de valores compartidos y de proyecto común. Las dos amenazas más graves son el repliegue nacional y el retroceso democrático, que es la semilla del populismo. Ambas se dan en todas las sociedades que reprimen el pluralismo y exigen a sus miembros una adhesión identitaria que asfixia las identidades múltiples. No estoy hablando de Hungría, ni de Polonia. Hablamos de nosotros. Catalanes, españoles y europeos: tenemos derecho a serlo todo al mismo tiempo”.


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