AGLI Recortes de Prensa   Miércoles 11  Mayo  2016

Rajoy, el presidente más irresponsable de la democracia
Manuel Llamas Libertad Digital  11 Mayo 2016

Adolfo Suárez fue sacrificado en el altar de los dioses por sus propios aliados y compañeros de filas tras sufrir una de las campañas de acoso y derribo más duras que se recuerden. Pero, pese a las furibundas críticas que recibió, ha pasado a la historia como uno de los grandes hacedores de la ejemplar transición democrática. El tiempo, una vez más, se encarga de situar a cada uno en su sitio. Mariano Rajoy, por el momento, mantiene intacto su liderazgo al frente del centroderecha, pero está haciendo méritos para quedar como uno de los peores presidentes de la democracia. No en vano ya se ha ganado a pulso el premio a la mayor irresponsabilidad política de las últimas décadas al primar su ambición personal por encima de cualquier otra consideración, hasta el extremo de jugarse a una carta el bienestar de 46 millones de españoles.

A muchos votantes del PP les sorprenderá el diagnóstico, sin duda, pero la labor de los mandatarios ha de medirse desde la perspectiva del largo plazo. Así, si el legado de Suárez fue la Transición, el de Felipe González fue el viraje hacia la socialdemocracia del PSOE (extirpando el cáncer marxista de sus entrañas), la relativa modernización económica del país a través de la impopular reconversión industrial (pese al rechazo frontal de los sindicatos) y, por supuesto, la entrada de España en la OTAN y en la UE. Aznar, por su parte, completó el necesario proceso de privatizaciones que inició el PSOE y logró la entrada de España en el euro.

Zapatero, sin embargo, tiene bien merecido el amplio descrédito del que es objeto debido, en primer lugar, a su pésima gestión de la crisis, pero también a su rancio discurso sectario y guerracivilista. Pese a ello, hay un dato que conviene reseñar. Y es que, en uno de los momentos más delicados de la crisis, cuando España bordeaba la quiebra técnica, se enfundó temporalmente el traje de estadista para anunciar el mayor recorte presupuestario hasta la fecha. En mayo de 2010, Zapatero se suicidó políticamente, a sabiendas, tras decretar una rebaja de sueldo a los empleados públicos y, sobre todo, una inédita congelación de las pensiones, entre otras medidas muy impopulares, aunque imprescindibles y necesarias en aquel momento. Posteriormente, a mediados de 2011, impulsó la reforma del artículo 135 de la Constitución para blindar –sobre el papel– el pago de la deuda pública, en un nuevo intento por tranquilizar a los inversores.

Es cierto que en este último punto el PSOE contó con el apoyo del PP, pero no así con los recortes aplicados en mayo de 2010. Zapatero pudo entonces imitar a Grecia y lanzar un órdago a Bruselas blandiendo como amenaza el impago soberano, pero no lo hizo. Los populares, por el contrario, con su rechazo a ese decreto, avanzaron en aquella crucial votación el auténtico espíritu cortoplacista y profundamente irresponsable del que haría gala Rajoy durante su mandato.

Cabe destacar el desastre que ya ha ocasionado a su propio partido. Rajoy, por mucho que diga lo contrario, no ha ganado ni una sola elección: perdió contra Zapatero en 2008, cuando ya era evidente que la crisis llamaba a la puerta, tras sumar 10,3 millones de votos; la histórica mayoría absoluta lograda en 2011 no fue una victoria (10,8 millones de votos, apenas 500.000 más), sino el fruto de la rotunda derrota del PSOE, que perdió más de 3 millones de votos. De hecho, cuatro años después, en las generales de 2015, Rajoy obtuvo una derrota muy similar a la de Zapatero, con 3 millones de votos menos y el peor resultado cosechado por el PP desde 1989. El mantenerse como primera fuerza no oculta la tragedia de haber perdido casi un tercio de su electorado. El rajoyismo ha supuesto el abandono de los principios fundacionales del PP, con el lógico cabreo de liberales y conservadores, su absoluta renuncia a la batalla de las ideas y su progresivo acercamiento al socialismo imperante en España. Y la prueba de ello es que, más allá de la buena o mala gestión de la crisis, las grandes banderas del zapaterismo han seguido ondeando impertérritas bajo el PP (desde la Memoria Histórica y el matrimonio gay hasta la Alianza de Civilizaciones, la discriminación positiva o la negociación con ETA, entre otros temas polémicos).

Rajoy representa, en gran medida, la continuación de Zapatero en el ámbito político, pero es que, además, su irresponsabilidad en el ámbito económico ha sido, si cabe, aún mayor. Y no tanto por las medidas concretas aprobadas en los últimos años, donde la austeridad presupuestaria y la liberalización económica han seguido brillando por su ausencia (se salva la reforma laboral y poco más), sino por su insensata e imprudente actitud en los momentos cruciales. Pocos recuerdan que nada más llegar al poder, en medio de la peor tormenta financiera de la crisis –superior a la de mayo de 2010–, el PP retrasó la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado y suavizó la reforma laboral con el fin de favorecer al mediocre y sempiterno candidato Javier Arenas en las elecciones andaluzas.

Asimismo, pocos saben que en esos meses de máxima tensión Moncloa sopesó seriamente la posibilidad de salir del euro (sí, sí, han oído bien: ¡salir del euro!) en lugar de afrontar los profundos ajustes estructurales que precisaba con urgencia el país. Rajoy actuó entonces de forma parecida a como posteriormente actuó Alexis Tsipras en Grecia, solo que pudo aprovecharse del mayor tamaño de España para salir ganando en la negociación: el muy responsable Gobierno popular amenazó a Bruselas con la desintegración del euro para lograr el rescate encubierto del BCE, cosa que se produjo en julio de 2012. Por mucho que la partida le saliera bien, el simple hecho de jugarla fue de una gravedad mayúscula. Y ello sin contar que el riesgo de quiebra no ha desaparecido, puesto que el déficit se mantiene en un nivel insostenible, próximo al 5% del PIB después de reiterados incumplimientos, y la deuda alcanza un récord histórico del 100%.

El colofón del despropósito, sin embargo, es el buscado engorde de Podemos y la repetición de las generales. El enemigo declarado del PP no es el PSOE, ni mucho menos Pablo Iglesias, sino Ciudadanos, que es quien le disputa su, hasta ahora, indiscutible espacio electoral. Rajoy decidió no presentarse a la investidura, cediendo así la iniciativa política a Pedro Sánchez, sin intención alguna de negociar, con la esperanza de que éste fracasara y, en última instancia, repetir las elecciones, tal y como adelantó él mismo a sus colegas europeos mediados de febrero. Su pronóstico se ha cumplido y por esa razón se exhibe hoy henchido y plenamente confiado de cara a la nueva cita con las urnas. El mero hecho de que Pablo Iglesias muestre idéntica alegría por la repetición de las elecciones ya debería cuestionar muy seriamente el papel desempeñado por Rajoy en los últimos meses.

Sin embrago, lo trágico es que, en realidad, lo que persigue el PP es el temido sorpasso de Podemos. Los estrategas de Génova confían en que Pablo Iglesias, con el apoyo de IU y sus confluencias, supere en escaños a Sánchez, ya que de este modo el PP se garantizaría la ansiada abstención del PSOE –echarse en manos de Podemos sería un suicidio– para mantener a Rajoy al frente del Gobierno, preferiblemente sin el apoyo de Albert Rivera. Su discurso del miedo, "yo o el caos", busca la movilización del centroderecha en detrimento de Ciudadanos y, sobre todo, a favor de Podemos, identificado como el voto útil de la izquierda. Su plan para ser reelegido constituye uno de los mayores actos de irresponsabilidad política de la democracia, ya que, en esencia, implica poner en riesgo el propio sistema democrático. Muchos españoles todavía no son conscientes de lo que está en juego. Rajoy está dispuesto a todo, incluso a aupar a los totalitarios como principal fuerza de la oposición, para seguir gobernando. Si Podemos supera al PSOE, será cuestión de tiempo que llegue al poder, y para entonces Rajoy ya se habrá retirado plácidamente, pero los españoles sufrirán las consecuencias de semejante despropósito.

Que el hoy presidente en funciones arriesgue el bienestar y la libertad de los españoles por mantener su sillón, al igual que en su día se jugó la permanencia en el euro, lo convierte ya en el presidente más irresponsable de la democracia; pero si se cumple su pronóstico y se sale con la suya, abriendo las puertas de Moncloa a Pablo Iglesias, debería ser encumbrado como el peor mandatario de la historia reciente de España, a la altura de Rafael Caldera, el último presidente democrático de Venezuela y artífice del indulto que posibilitó el ascenso de Hugo Chávez al poder

Cómo hundir España en 50 pasos
Editorial El Espanol  11 Mayo 2016

Las medidas que pretenden impulsar Podemos e Izquierda Unida en el caso de que tuvieran responsabilidad de gobierno convertirían a España en una isla dentro de la Unión Europea. Su modelo es subir impuestos, incorporar otros nuevos, incrementar los Presupuestos del Estado, crear una banca pública, acabar con la flexibilidad en la contratación, permitir de facto el derecho de autodeterminación...

Todas estas iniciativas están incluidas en el programa titulado "Cambiar España. 50 pasos para gobernar juntos" con el que Pablo Iglesias y Alberto Garzón sellan su alianza electoral de cara al 26-J. Aun cuando en el medio centenar de propuestas acordadas hay alguna que podríamos suscribir, sobre todo las que tienen que ver con la regeneración democrática, como la reducción del número de altos cargos, la limitación de la financiación bancaria de los partidos o la ampliación de la Ley de transparencia, el documento incluye tal cantidad de medidas disparatadas que cabe hacer una enmienda a la totalidad.
Salir huyendo

Habrá que ver qué piensa de este programa ese 14% de españoles que votaron a Podemos el 20-D y que, según el CIS, se declara "liberal". Lo lógico es que salieran huyendo. Los hechos vienen a dar la razón a Albert Rivera, que este martes acusaba a Podemos de haberse quitado "la careta" al pactar con IU y abrazar públicamente la "política obsoleta" del Partido Comunista.

Habrá que ver, así mismo, cómo encaja el electorado en general de Podemos iniciativas como la de la nueva subida de impuestos, un electorado que, tal y como asegura hoy en nuestra Tribuna José Luis Ábalos, portavoz adjunto del grupo parlamentario socialista, no la compone "la masa sufriente", sino "unas clases medias, urbanas e instruidas que ven amenazadas su situación o sus expectativas de bienestar y reconocimiento social".
España irreal

El documento de Podemos e IU da recetas para una España que no es real, presentada como un solar en ruinas y no como la quinta potencia de Europa, una democracia homologable -con sus virtudes y defectos- a la de los países de nuestro entorno. Por eso se habla de un "modelo productivo explotador de recursos y de personas" y se pone el énfasis en los "millones de trabajadores precarios" y "cientos de miles de jóvenes que han tenido que marcharse por falta de un futuro".

Entre las medidas disparatadas del programa está la de "poner en marcha una potente y eficaz banca pública", lo cual no sólo supone un paso atrás en la historia, sino que choca frontalmente con la normativa de la UE. La banca privada es el chivo expiatorio para Podemos e IU, a la que se proponen aplicar un impuesto sobre transacciones financieras -la famosa tasa Tobin- y otro de "solidaridad" para pagar los rescates de las entidades que hubo que salvar. Pero además se pretende sancionar a los bancos por cada vivienda vacía de que dispongan.
Gasto público

El documento plantea un incremento del gasto público que al final de la legislatura se acercaría a los 78.000 millones de euros, un 19% más que el registrado en 2015. Con ese dinero extra se revalorizarían las pensiones, se ampliaría la atención a la dependencia, se bajaría el IVA a productos básicos, se incrementaría el Salario Mínimo Interprofesional, se habilitaría una renta mínima garantizada, se incrementaría la inversión en sanidad y educación... Claro que para poder financiar todo eso habría que "recuperar y reforzar los impuestos sobre la riqueza, sucesiones y donaciones" así como replantear el de patrimonio. Es decir, más presión fiscal.

El programa se propone desde acabar con la flexibilidad que alumbraron las reformas laborales a dar garantías a los gobiernos autonómicos para celebrar consultas "sobre el encaje territorial del país" o reformar los estatutos del Banco Central Europeo. Sorprendentemente, tras meter los pies en tantos charcos, omite la cuestión del modelo de Estado, y no se pronuncia sobre el debate de monarquía o república tan del gusto de la izquierda radical.

Desde luego estamos ante el programa perfecto para Rajoy, en el sentido de que le facilita las cosas a la hora de plantear su discurso del "o yo o el caos". Sus autores lo han bautizado "Cambiar España. 50 pasos para gobernar juntos", pero bien podría ser un manual titulado "Cómo hundir España en 50 pasos".

Sumamos para quebrar. Intervencionismo y más impuestos
Daniel Lacalle El Espanol  11 Mayo 2016

“And slowly I came to fear that this was a bottomless hole” Handsome Family

El “programa” presentado por Podemos con Izquierda Unida, “50 Pasos para Gobernar Juntos” se puede resumir en: Más impuestos, más gasto político, más deuda y referéndums para el separatismo.

Lo primero que hay que admirar es la intención evidente de ambas formaciones de “semi-diluir” sus propuestas para hacerlas asimilables para el PSOE y los nacionalistas.
El problema es que es el programa de Syriza en Grecia, que tan buenos resultados ha dado. Sobre todo en lo que nos preocupa a todos, el empleo y la fiscalidad.
La solución para todos los problemas es más rigidez, un mayor endeudamiento y mayores impuestos. Para dos formaciones que repudian los mercados, sorprende lo que les gusta la deuda.

En términos económicos, es una carta a los reyes magos de un burócrata. Pero, sobre todo, es un documento que -como los previos, más alucinantes, de Podemos e IU separados- agranda los desequilibrios de la economía española acudiendo al gasto corriente y los elefantes blancos, fiándolo todo a un déficit creciente -más deuda- pero, eso sí, guardándose la posibilidad de hacer impago si les conviene.

Présteme mucho -y barato-, verá qué risa cuando no se lo pague.
Si uno escucha los comentarios de políticos, nos parecerá que mucho de lo que se dice aquí es de lo más “normal”. Y es que se nos ha vendido el cuento del austericidio a pesar de 685.000 millones de euros de expansión fiscal. Se nos dice que el gasto social se ha cercenado, aunque en 2015 se destinen casi 4.000 millones de euros más a sanidad que antes de la crisis, gastemos un 14% más que la media de la OCDE en educación por alumno y el gasto social directo e indirecto haya aumentado a 249.166 millones en 2016, un 17% más en los últimos cuatro años.

Y es una sarta de mentiras defendida por la élite de la burocracia para justificar que usted gana mucho y ellos gastan poco. Y sobre todo les promete una arcadia feliz de gasto que no solo nos llevó al borde de la quiebra en 2011 sino que volverá a hacerlo, mientras les echan a ustedes, a los empresarios o a otro chivo expiatorio, la culpa.

El documento solo habla de gasto y nada de productividad. Nada de eficiencia, de eliminar duplicidades. El objetivo es gastar. Paga usted. Si tenemos más déficit y más impuestos creceremos más y crearemos más empleo.

Empieza con mantras históricos de ambas formaciones. Intervenir el sector energético y, mientras defiende el ahorro energético y medidas de eficiencia (con diferencia lo mejor del documento), plantea salvajadas que llevarían a un problema de deuda al estado y al sector con una auditoría del déficit y de los costes creado durante la época de lo que ellos defienden, la planificación de burbuja y la fiesta renovable. Como si no existiera hoy en día, tanto externa como la supervisión de la CMC- .

Imaginen el impacto en la deuda pública española cuando los campeones de 'Quebremos' pongan la garantía estatal de las titulizaciones en duda. La semi-nacionalización de algunas fuentes de generación vía intervención de precios es otro error. Un sistema que ha supuesto en Grecia un desastre para su eléctrica estatal, una de las más ineficientes del mundo. Todos los mercados eléctricos de Europa son marginalistas. Intervenirlo es volver a los errores del desastroso marco que supuso endeudamiento, quiebras y peor servicio. En vez de profundizar en competencia, para reducir costes, hiperregulación, que los ha disparado. Eso sí, muy verdes ellos pero de acabar con las subvenciones al carbón, solo vaguedades de “a medio plazo” bajo el genérico “energías fósiles” … que se nos enfadan los sindicatos.

Volver a la rigidez laboral de los 80-90 no solo no reduce la temporalidad, sino que ataca el empleo y aumenta la precariedad.

Entre 1977 y 1985, con los sindicatos al mando del mercado laboral, el desempleo se disparó al 21,6% y estuvo 11 trimestres por encima del 20%. Antes de la entrada en el euro, estuvo 20 trimestres por encima del 20% de paro y llegó al 24,5%. La temporalidad en España era del 35% antes de la crisis y el porcentaje de contratos temporales sobre fijos era la misma que hoy antes de la reforma laboral de 2010 y 2012 que quieren derogar.

Y es que el documento fía la garantía de derechos laborales al intervencionismo y el control sindical, dos factores que no han mejorado el mercado de trabajo en toda la democracia.

La ignorancia de la estructura empresarial de España se evidencia en la delirante propuesta de regulación del despido. En España el despido es un último recurso y en la inmensa mayoría de casos se da por cierre de actividad. Eso sí, de facilitar la contratación, reducir la burocracia y mejorar la posición de España en facilidad para crear empresas, nada.

El hecho de que, adicionalmente, se aumenten impuestos fijando un mínimo efectivo de sociedades, llevaría a acabar con la creación de empleo y nacimiento y desarrollo de empresas. Adiós sector del automóvil, para empezar. Pero ataca a la línea de flotación de la inversión al eliminar deducciones. En Grecia hemos visto como medidas similares destruyen 3.800 empresas al trimestre y 45.000 empleos.

Las estimaciones de ingresos son de ciencia ficción (más mala que Alien 3) son otro clásico del populismo (lean El cuento de subir impuestos a los ricos). Podemos e IU piensan aumentar la recaudación más de lo que se ha conseguido subiendo todos los impuestos, aflorando economía sumergida y creciendo y creando empleo… Pero destruyéndolo. Teniendo en cuenta que el déficit ya se aumentaría en sus propias previsiones, tras años incumpliendo el objetivo, no es difícil llegar a un 8-9% de déficit anual estimando la batería de nuevo gasto y la experiencia histórica de la UE en cumplimiento de previsiones de ingresos fiscales. Eso nos lanzaría, con o sin apoyo del BCE, a un shock de deuda y un 123% mínimo de deuda sobre PIB en 2019.

Subir el salario mínimo es una medida muy populista pero irrelevante. ¿Por qué no lo suben a 2.000 euros, digo yo? Destruirá empleo en sectores de baja productividad y condena al paro a muchos trabajadores en proceso de transición a nuevos sectores tras el pinchazo de la burbuja inmobiliaria.

El programa supone mucho más paro y volver a los errores de intervención del mercado laboral que hacían que España tuviese tasas de desempleo superiores al 18% en el pasado. La hipersindicalización, poniendo los convenios sectoriales por encima de los de empresa, ignora que nuestro tejido empresarial es un 90% pymes y condena a las empresas a emplear menos.

Podemos e IU hablan de “indexar al IPC” las pensiones y aumentar impuestos para pagarlas. Si las pensiones se hubieran indexado al IPC habrían bajado en los últimos dos años. Subir impuestos para pagar pensiones es un error de incidencia económica de primero de carrera. Se penaliza a las clases medias, que son las que consumen, tienen hijos y se labran el futuro para cubrir un déficit de las pensiones que no necesita de represión fiscal, sino de mayor crecimiento, más empresas, mayor productividad y, con ello, mayores salarios e ingresos de la Seguridad Social.

A los autónomos, Podemos e IU les regala con un aumento de impuestos a más del 90% aumentando las cuotas de acuerdo a los rendimientos por encima del salario mínimo, lo cual supone el desincentivo más evidente a la creación de empleo autónomo y emprendimiento.

Lo terrible del programa es que, a pesar de pasarse el día criticando en medios de comunicación, no reduce ninguna de las duplicidades, gastos inútiles y se lanza a hablar de Investigación y Desarrollo desde el gasto (público, claro), no desde el número de patentes y empresas.

¿Qué vamos a decir de la banca pública que no hayamos sufrido los españoles con las cajas? Ah, que ellos piensan que sí van a funcionar porque las van a gestionar ellos. Los errores de la banca pública son evidentes (lean). Existen muchos estudios que muestran que la banca pública presta con fines políticos, tiene peores ratios de capital, caja y calidad crediticia (aquí)

La glorificación del gasto público y el encorsetamiento del sector privado hasta ahogarlo impregna el 90% del documento. Y, como hemos visto en la Grecia de Syriza, la consecuencia es que las promesas de arcadia feliz estatista no se cumplen.

Lo más triste, y preocupante, de este documento, es que, al leerlo, ustedes habrán pensado: “pues es más o menos lo que proponen casi todos los demás”. Y eso, tras los esfuerzos llevados a cabo por todos para salir de la crisis, tras conseguir remontar la recesión creando empleo y creciendo, es descorazonador. Que pensamos que volver a 2008, pero a lo bestia, es la respuesta.

Y, con una sonrisa, volveremos al precipicio.

Cincuenta pasos atrás
John Müller El Espanol  11 Mayo 2016

La España de 2016 se debate entre dos años de su pasado reciente: 2007 y 2009, años que funcionan como un par de espejos curvos. El primero fue el año en que el Estado español tuvo los mayores ingresos de su historia, 433.000 millones, el 41% del PIB. En sólo dos años de una crisis que el Gobierno negó sistemáticamente, los ingresos se desplomaron hasta 367.000 millones, un 15% menos. Pero con el gasto público se produjo la situación inversa: en 2007 éste ascendió a 420.000 millones y en 2009 se disparó hasta 493.865 millones.

Estos números no sólo nos dejaron un déficit del 11% -un récord europeo sólo superado por Grecia e Irlanda-, sino las bases para muchas de las comparaciones que se presentan hoy como verdades absolutas. Cuando el PP quiere argumentar que no ha hecho recortes, se compara con 2007. Y, claro, hoy gastamos mucho más (468.000 millones en 2015). Pero cuando Podemos quiere “recobrar el gasto social” perdido con la crisis, habitualmente se refiere a 2009. Así que es muy importante al leer un programa electoral saber con qué año se están comparando.

En los “50 pasos para gobernar juntos”, Podemos e IU emplean como referencia la vuelta a los niveles de gasto de 2009. Unos niveles que España no puede sostener hoy de manera racional sin incurrir en déficits que nos convertirían en una nación-paria, incapaz de financiarse en los mercados internacionales.

Efecto global de las medidas
Como viene ocurriendo de manera sistemática en los programas de Podemos, la formación de Pablo Iglesias pierde de vista el efecto global de sus políticas aisladas. Proponen aumentar los ingresos tributarios en 3 puntos del PIB, unos 30.000 millones. Estos ingresos procederían de la lucha contra el fraude fiscal y del aumento de impuestos. Pero subir los impuestos, distorsiona la actividad económica y si los subes mucho a pocos contribuyentes, a los que además criminalizas, acabas liquidando el crecimiento.

La reforma energética para descarbonizar la economía suena excelente sobre el papel, pero ¿de dónde va a salir el dinero para costear esas inversiones? Y una acción pública radical en contra de las energías fósiles, ¿no hará quebrar a muchas de esas empresas o a emprender fuertes ajustes de su actividad?

Lo mismo ocurre con la idea de derogar las dos últimas reformas laborales. ¿Se volverán a crear mágicamente los empleos destruidos por la rígida normativa laboral que existía antes de 2010 o de 2012 y que trituró el mercado laboral español? ¿Quién se va a animar a crear empresas en un contexto de inflexibilidad total?
El fin de la concertada, medida liberticida

Y la propuesta de acabar con la escuela concertada -gravísima y antidemocrática-, primero implantando una moratoria de los conciertos y después consiguiendo su “supresión progresiva” mediante “integración voluntaria” de los actuales centros en el sistema público. Este asunto no sólo tiene incidencia económica, sino que supone el fin de la libertad de elección de centro y la medida tiene un tufo totalitario indisimulable.

Por no hablar de la implantación de una banca pública, después que el rescate de las cajas de ahorros, que eran lo más parecido que quedaba a una banca pública, nos obligara a mendigar en Europa.

Obsesión con los ingresos
Los 50 pasos son generosos en el gasto, pero muy poco creativos a la hora de generar nuevos ingresos. Estos sólo pueden proceder del crecimiento económico y es muy posible que la interacción global de las propuestas lo único que consigan es deprimir la economía. Los economistas de Podemos, como muchos otros, siguen pensando que los 66.000 millones de euros que se perdieron en los ingresos del Estado entre 2007 y 2009 son fruto del fraude fiscal, de las rebajas tributarias y en muy menor medida de la caída de la actividad.

Pero no es así. Desgraciadamente, se siguen sacando mal las consecuencias del estallido de la burbuja en que vivíamos. Muchos economistas afirman que es inexplicable que si el PIB cayó un 1% en esos dos años y el consumo se desplomó un 2%, la recaudación del IVA cayera un 32%. Sugieren que el fraude está detrás del fenómeno, pero la respuesta es mucho más sencilla. La caída de la actividad económica provocó una restricción de las ventas a crédito, especialmente de inmuebles y vehículos. Y el IVA de un artículo adquirido a crédito se liquida de una vez, aunque después te pases años pagando el coche o la casa. Nuestro problema no es sólo de falta de ingresos.

La unidad de la extrema izquierda, al servicio del separatismo
EDITORIAL Libertad Digital  11 Mayo 2016

Tras varios días de tiras y aflojas, las dos principales formaciones de ultraizquierda, Podemos e IU, han sellado un pacto para concurrir juntas a las elecciones generales del 26-J, tal y como, por otra parte, ya era previsible desde el 19 de abril.

El acuerdo –sólo pendiente de ser ratificado por las bases de ambas formaciones en sendas votaciones paralelas que se terminarán de celebrar este miércoles– quita competencia y convierte al antiguo rival en socio. A cambio, la formación de Alberto Garzón obtiene el compromiso de situar a uno de sus candidatos en las listas por cada seis nombres de Podemos, lo que en la estimación que hacen –tomando como referencia los resultados de diciembre– otorgaría a IU ocho escaños.

Resulta obvio que Pablo Iglesias pretende no ya evitar la caída que algunas encuestas pronosticaban para Podemos, y de la que sólo en parte se beneficiaba IU, sino desbancar al PSOE como referente de la izquierda. Sobre el papel, es cierto que la fórmula D'Hondt que asigna el reparto de escaños y, sobre todo, la circunscripción provincial penalizan enormemente a las formaciones que, pudiendo concurrir juntas, deciden presentarse por separado. Es cierto también que los votos obtenidos por Podemos e IU en diciembre superan en más de medio millón a los más de cinco millones y medio del PSOE.

Sin embargo, está por ver que la unidad de viejos y nuevos comunistas logre adelantar al PSOE el próximo 26 de junio. Y es que, si bien esta coalición está llamada a sumar fuerzas, también deja sin maquillaje a un partido como Podemos, que durante mucho tiempo ha jugado a un populismo sedicentemente transversal. Con esta coalición, Podemos deja definitivamente en evidencia lo que en realidad es y siempre ha sido: una formación de extrema izquierda que abraza la ideología más empobrecedora, criminal y liberticida que haya conocido el siglo XX: el comunismo. Si el electorado español jamás ha otorgado una posibilidad de gobierno nacional a formaciones extremas como ésta, será difícil que lo haga ahora, si sus adversarios se molestan en subrayar otro rasgo no menos característico de esta coalición: su condición de punta de lanza de todos los nacionalismos periféricos que abogan por dinamitar la soberanía nacional española en beneficio de las supuestas naciones que conformarían el "Estado plurinacional" español.

Así, no es de extrañar que, junto a medidas programáticas características de la extrema izquierda que se traducirían en una mayor presión fiscal, un mayor nivel de endeudamiento y una más asfixiante regulación de la economía, brille con luz propia la propuesta de aprobar la convocatoria de un referéndum "con garantías" en Cataluña al "amparo del artículo 92 de la Constitución" para que los catalanes decidan su "encaje territorial en España". O que en el punto 24 del texto, que titulan "Derecho a decidir", se pida el "reconocimiento constitucional de la naturaleza plurinacional" de España. Se trata, en definitiva, de lo mismo que ya proponía el Consejo Asesor para la Transición Nacional de Cataluña hace años.

El deterioro no conoce límites y cualquier disparate puede tener recorrido en España si PP, PSOE y Ciudadanos, en lugar de tender puentes entre sí y hacer un ejercicio de regeneración, se dedican a tirarse los trastos a la cabeza y a silenciar el riesgo que para la democracia y la prosperidad nacional constituye esta infame alianza.

La ideología de OKDIARIO en diez ‘OKs’
Mercedes Zaragüeta Okdiario  11 Mayo 2016

Inda resume en diez 'OKs' la ideología de OKDIARIO: ideario liberal, ética en la vida pública, economía de libre mercado, bajadas de impuestos, España constitucional, España unida, marca España en el mundo, una España integradora pero no multicultural, no al populismo totalitario y el sitio de los inconformistas y de la Tercera España.

El director de OKDIARIO, Eduardo Inda, ha resumido en diez OKs la ideología de este periódico, una apuesta “ética” y también “liberal”. Así lo ha manifestado este lunes en un encuentro de Nueva Economía Fórum, presentado por el director y presentador de ‘Al Rojo Vivo’ de LaSexta, Antonio García Ferreras, quien ha destacado la versatilidad de su compañero. Inda ha explicado que OKDIARIO, en sus primeros meses de vida, ha alcanzado 5,3 millones de usuarios únicos y se ha convertido en el octavo medio más leído en Internet en España, según el ranking de ComScore.

1. OK al ideario liberal. “Nosotros creemos que tiene que haber menos Estado y más individuo. No puede ser que en España haya más de 2,5 millones de funcionarios”.

2. OK a la ética en la vida pública. Este periódico mantendrá una lucha sin cuartel contra la corrupción. “Yo creo que he demostrado sobradamente que no me caso con nadie y que el que la hace la tiene que pagar, porque la corrupción nos cuesta cada año, según diversos estudios de expertos y universidades 40.000 millones de euros cada año”.

3. OK para la economía de libre mercado, que es, “parafraseando a Churchill, el peor sistema exceptuando todos los demás”.

4. OK a las bajadas de impuestos. OKDIARIO va a criticar siempre a cualquier Ejecutivo, partido o acuerdo de gobierno que suba la fiscalidad. “A mí, Montoro no me cae mal, pero el dinero está mejor en los bolsillos de los ciudadanos que en los del ministro de Hacienda”.

5. OK para la España constitucional. “Lo mejor que ha hecho este país en 500 años de historia es el pacto de la Transición. Intentar ahora desmerecerlo, descalificarlo, retocarlo, es algo que yo, desde mi humilde atalaya, no voy a consentir”, ha asegurado. Sí que cree Eduardo Inda que, en justicia, la Carta Magna merece algún retoque, como la igualdad de género en la sucesión a la corona. “Pero poco más. Este pacto de la Transición ha salido bien y cuando las cosas funcionan, no hay que cambiarlas”, ha agregado.

6. OK a una España unida. “Nosotros vamos a luchar siempre por que la nación más antigua de Europa siga estando unida, vamos a luchar contra las perversiones intelectuales y educativas que se hacen en determinadas comunidades autónomas”.

7. OK a la ‘marca España’. “Este diario siempre defenderá la marca España en el mundo, porque tenemos los mejores deportistas profesionales y, además, personajes como Amancio Ortega, Miquel Barceló o Santiago Calatrava, entre otros muchos que nos hacen sentir orgullosos”.

8. OK para una España integradora pero no multicultural. “El gran error que han cometido algunas sociedades europeas es no saber gestionar la llegada de personas con otras culturas, que son maravillosas, pero que en algunos casos se han establecido como guetos ideológicos o legales. Que en diversos lugares de Francia, Bélgica o Reino Unido se aplique la ‘sharia’ no puede ni debe ser. Y si cedemos en eso tendremos un lío en 10 años, en 20 o en 30”.

9. OK a quienes dicen ‘no’ al populismo totalitario. “Para totalitario ya tuvimos a uno durante 40 años, y se hizo muy largo. En este país, una generación o dos no conocieron lo que es vivir en libertad”.

10. OK a este diario digital, “el sitio de los inconformistas“, “el sitio de la Tercera España“, una España centrista y centrada donde el libre mercado y la libre competencia se impongan al “capitalismo de amiguetes”.

Inda: “En contraposición al guerracivilismo, OKDIARIO apuesta por la Tercera España”
Nuria Val okdiario  11 Mayo 2016

Eduardo Inda, ha explicado a los asistentes a su conferencia lo que significa el 'leitmotiv' de OKDIARIO, 'el sitio de los inconformistas': "Lo que nos mueve cada día. Apostamos por la Tercera España, harta de guerracivilismos y de trincheras".

Si se han fijado, debajo de nuestra mancheta donde se lee OKDIARIO se encuentra nuestro ‘leitmotiv’: el sitio de los inconformistas. Lo que nos mueve cada día. Un sitio que huye de las dos Españas antagónicas y se convierte en santo y seña posmoderno de esa Tercera España harta de guerracivilismos, de trincheras. Al director de OKDIARIO, Eduardo Inda, se lo explicó un amigo de su familia, el historiador Stanley G. Payne: “¿Sabes lo que fue la Guerra Civil? Una guerra de malos contra malos. Algunos tendrían sus razones, otros las suyas, pero todos eran malos, porque si quieres matar a tu hermano, a tu primo…”. En contraposición a esta visión, Inda ha explicado a los asistentes, en un desayuno en el Ritz organizado por Nueva Economía Fórum, que este medio emergente surge porque apostamos por la Tercera España.

OKDIARIO apuesta por Ortega, relegado al desván de las antiguallas por algunos, que lo tacharon de conservador. Apostamos por el doctor Marañón, cuyo recuerdo siempre será el del intelectual crítico con falangismos y comunismos, el que hizo un llamamiento a la concordia en los peores años de España (34-36) y finalmente tuvo que exiliarse. Apostamos por Menéndez Pidal, cuya prudencia nunca fue falta de coraje sino moderación política. También, apostamos por Pérez de Ayala escribiendo de una manera crítica e incisiva para mostrar la realidad sin pertenecer a ningún bando. Y, por supuesto, apostamos por Justino de Azcárate, liberal y reformista, y quien fue profesor de Eduardo Inda. “Tuve la oportunidad de conocerlo porque yo iba a un colegio de la Institución Libre de Enseñanza donde, de vez en cuando, venía a darnos clases de ética, de política, sobre la Constitución. Era una auténtica maravilla”, asegura el director de OKDIARIO.

“Que la libre competencia se imponga”
“Vamos a luchar por una España honesta y centrada, en la que el libre mercado y la libre competencia se impongan al capitalismo de amiguetes. No digamos a los intentos ‘podemeros’ de intervenir en la economía nacionalizándolo todo hasta la náusea, subsidiándolo todo y mintiendo hasta el infinito. Queremos una España con menos Estado y con más individuo. No debemos olvidar que la lucha contra la corrupción está siendo uno de nuestros principales estandartes”, ha recordado el periodista.

Pocos le creyeron cuando destapó el ‘caso Urdangarín’, entre otros, pero entretanto siempre recordó y recuerda a sus compañeros una frase del politólogo Giovanni Sartori: “O la democracia acaba con la corrupción o la corrupción acabará con la democracia”. Éste es el gran debate de nuestros días que OKDIARIO quiere trasladar a sus lectores: “Si seguimos permitiendo que gane la corrupción, iremos hacia un mundo irreal en el que nos cobren más impuestos porque hay que pagar las mordidas que, al fin y al cabo, salen del bolsillo de los ciudadanos”, ha explicado Inda.

Al desayuno, presentado por Antonio García Ferreras, han asistido políticos como Esperanza Aguirre, Cristina Cifuentes, Pablo Casado, Javier Maroto, Pedro Saura, Fernando de Páramo, José Manuel Villegas y Miguel Gutiérrez, entre otros. También han asistido el presidente del Real Madrid, Florentino Pérez; el periodista José María García; el director de ‘La Razón’, Francisco Marhuenda, y sus ex compañeros y amigos del periódico ‘El Mundo’ para quienes tuvo palabras de ánimo en estas semanas de huelga contra el ERE que afecta a todas las publicaciones de su editora.

La austeridad y el bolero de ravel
Aleix Vidal-Quadras  www.gaceta.es  11 Mayo 2016

El debate sobre la bondad o inconveniencia de las llamadas políticas de austeridad conducentes a reducir el déficit público a través de un calendario de objetivos de obligado cumplimiento, surge una y otra vez con los mismos argumentos, los mismos protagonistas y los mismos fracasos. Como en el famoso bolero de Ravel, la melodía se repite incansablemente, con distintos instrumentos y sucesivas variaciones, pero sin cambiar su obsesiva reiteración hasta alcanzar un clímax del que se desciende para volver a remontar. El último en sumarse a esta incesante pieza musical ha sido el Ministro de Asuntos Exteriores, en su habitual papel de Ministro de Todos los Asuntos. García Margallo ha declarado que "nos hemos pasado varios pueblos con la austeridad", también ha señalado, lo que es cierto, que la política monetaria por sí sola no nos devolverá un crecimiento sano y sostenido y ha recomendado acciones más enérgicas en los campos de la inversión pública y de la fiscalidad. Vemos pues que el antiguo Vicepresidente de la Comisión de Economía del Parlamento Europeo se suma a las tesis de la izquierda sobre la necesidad de aumentar el gasto de las Administraciones y subir aún más los impuestos con el fin de generar puestos de trabajo y dinamizar la economía.

El pensamiento políticamente correcto sobre la austeridad, denostada como "austericidio" por Podemos, IU y demás fuerzas regresivas, es el siguiente: El déficit lo generan las necesidades ineludibles de los servicios públicos, Educación, Sanidad, pensiones, desempleo, atención a la dependencia y otros beneficios sociales, por lo que tiene un carácter casi sagrado. Los malvados "recortes" en estos capítulos del presupuesto para equilibrar las cuentas del Estado provocan el sufrimiento de las capas más vulnerables de la sociedad y han de ser evitados. Por el contrario, el gasto público se ha de incrementar -60000 millones a lo largo de la siguiente legislatura es la osada propuesta de Pablo Iglesias- y para sufragar este dispendio los "ricos" han de pagar más, sin olvidar el milagroso efecto multiplicador keynesiano que el erario tiene sobre el PIB. Planteadas las cosas así, populistas, comunistas y García Margallo, nos animan a apretar la tuerca tributaria y a incrementar el protagonismo cuantitativo y cualitativo del Estado en la marcha de la economía.

El bolero de Ravel sigue sonando y no sólo lo hace en la Puerta del Sol entre soflamas de las opciones que nos prometen el "cambio real", sino en el despacho principal del Palacio de Santa Cruz, lo que es realmente notable. El problema es que este planteamiento se apoya en premisas falsas y por tanto cualquier razonamiento a partir de ahí nos llevará sin remedio por el camino equivocado. Veamos la realidad de la situación: el déficit no lo causan los servicios públicos ni el sistema de protección social, su origen se encuentra en a) la corrupción que introduce brutales sobrecostes b) una estructura territorial disfuncional e ineficiente que dispara el gasto absurdamente c) un número excesivo de organismos públicos de todo tipo, especialmente a nivel local y autonómico, que no se justifican en términos coste-beneficio, que inflan la nómina pública y consolidan el despilfarro d) una cantidad injustificada de cargos políticos de carácter clientelar, nepotista o amiguista.

Pues bien, en vez de actuar sobre las verdaderas fuentes del déficit, nos ciega la tinta de calamar del rechazo al austericidio arrojada por los partidos para distraernos del auténtico mal que nos aqueja, la combinación letal del Estado Autonómico y del Estado de Partidos, esas dos sanguijuelas que absorben la sangre del tejido productivo español. Nadie o casi nadie pone el acento sobre las graves deficiencias estructurales de nuestra organización territorial y de nuestra partitocracia como la herida por la que se nos va la vida.

Hastío
Isabel San Sebastián ABC  11 Mayo 2016

Todavía no ha empezado el bombardeo de propaganda que precederá inevitablemente a la repetición de elecciones el próximo 26-J y la sensación dominante en la ciudadanía española es ya el hastío. El hartazgo generalizado de una sociedad empachada de partidismo estéril y hambrienta de soluciones a los problemas que la abruman.

Cualquier trabajador por cuenta ajena o autónomo que acabe de hacer la perentoria declaración de Hacienda es consciente de hasta qué punto el Estado grava con impuestos confiscatorios las rentas transparentes procedentes de ese trabajo. La clase media está desapareciendo, como ponen de manifiesto recientes estudios rigurosos de los que nuestros dirigentes no se dan por enterados. El sistema de pensiones no tardará en agotar la célebre «hucha» y hace agua por todas partes, porque es imposible que una población activa menguante, con sueldos cada vez más bajos, sostenga a una cantidad creciente de jubilados que devengaron el derecho a cobrar prestaciones muy superiores a las que podrán pagarse de aquí a nada. La conciliación de la vida familiar y la laboral no pasa de ser una entelequia, un fracaso estrepitoso de cuya mano vienen los jinetes del apocalipsis demográfico: baja natalidad y envejecimiento. La creciente presión migratoria constituye un desafío sin precedentes para toda Europa y especialmente para los países fronterizos, como el nuestro, responsables de velar por la integridad del espacio Schengen. La propia Unión Europea se resquebraja, se desdibuja, pierde las señas de identidad que le dieron razón de ser, sometida a retos de los que en España apenas se habla porque nadie tiene nada que ofrecer. La crisis de los refugiados ha demostrado la vulnerabilidad e inoperancia de la carísima maquinaria burocrática que sostenemos con nuestro esfuerzo fiscal, no solo a escala nacional, sino también internacional. Una ingente suma de dinero público tirada al sumidero para que vivan como príncipes montones de especialistas en hablar para decir nada. El terrorismo islamista tiende sus redes en nuestras ciudades, recluta a nuestros jóvenes, asesina en nuestros aeropuertos y trenes con frecuencia alarmante. El sistema educativo es un agujero negro que expulsa a los jóvenes de un mercado laboral cada vez más globalizado; un campo de batalla político del que hace tiempo fueron desterrados la lógica y el entendimiento. Y suma y sigue.

Algunos partidos provocan decepción. Otros, desconcierto, miedo o incluso lástima. Todos, aburrimiento
El listado de problemas en busca de solución daría para escribir un tratado de los de antes; de esa época en la que intelectuales y gestores de la cosa pública dedicaban más tiempo a pensar que a participar en tertulias, estar en las redes sociales, producir consignas de fácil digestión, perseguir a periodistas críticos, buscar el modo de rascar un voto o leer el «Marca». Años en los que el combate ideológico se elevaba por encima del más rastrero cálculo de escaños y era capaz de provocar ilusión, pasión, esperanza incluso. No ha llovido tanto desde entonces. Algunos incluso guardamos un recuerdo vivo de esa etapa.

Aún no ha arrancado la campaña electoral que, por decencia, deberían ahorrarnos nuestros líderes patrios, y ya la pereza prevalece sobre cualquier otra emoción. Algunos partidos han defraudado. Otros provocan desconcierto. Uno inspira abiertamente miedo, y su vecino, cierta lástima. Todos, sin excepción, aburrimiento. Únicamente en los sectarios sobrevive el entusiasmo. Pero lo peor es saber que nada de lo que ahora aseguren condicionará su conducta después. Todo será artificio. Se lanzarán dentelladas al cuello los afines condenados a entenderse, en la lucha desesperada por seducir al votante indeciso. Nos espera más de lo mismo. Humo. Tedio.

'Money, Money Money', la vía a la felicidad de Iglesias y Garzón
El programa electoral de Podemos e IU se resume en una palabra: dinero. Todos los problemas se solucionan con más recursos. No hay un nuevo modelo productivo
Carlos Sánchez El Confidencial 11 Mayo 2016

Sostenía Woody Allen hace muchos años que los problemas más sencillos de resolver eran los económicos. Al fin y al cabo, decía de forma un tanto cínica, se solucionaban solo con dinero.

Esta es la máxima que inspira el conato de programa electoral de Podemos e Izquierda Unida -apenas 17 páginas-, construido a partir de una idea central: los problemas se resuelven con dinero, como en la canción de ABBA: 'Money, Money, Money'.

La coalición no plantea un nuevo modelo económico o cambios sustanciales en el sistema productivo más allá de algunas consideraciones más ideológicas que reales, sino que echa toneladas y toneladas de euros a la economía para resolver las necesidades de la población. Ya sean las pensiones, la dependencia, el salario mínimo, los costes de despido, la sanidad, la educación, la inversión pública o cualquier espacio privado que no tenga cubiertas sus necesidades. Todo es cuestión de dinero.

En relación a la cuantía del salario mínimo, por ejemplo, la coalición plantea un calendario de incremento que permita alcanzar los 800 euros al mes (655,20 euros en la actualidad) por 14 pagas al final de los dos primeros años de legislatura, y de 900 euros en 2019.

¿Y a cuánto ascendería la renta mínima garantizada? Pues se aplicaría a una cuantía inicial de 600 euros mensuales para las unidades de convivencia (se huye del término familia) de un solo miembro, aumentando progresivamente en función del número de individuos (35% adicional para el segundo miembro, y 20% por cada uno de los siguientes) hasta un máximo de 1.290 euros. Es decir, los poderes públicos garantizarían hasta un 79,5% del salario medio, según los datos de INE. No parece el mejor incentivo para buscar un empleo o crear una empresa.

Así es el acuerdo entre Podemos e IU
¿Y qué pasaría con la educación? Pues más de lo mismo. El objetivo es pasar del 4,6% al 6,2% del PIB al final de la legislatura. Por lo tanto, unos 16.000 millones de euros más de gasto. En sanidad, lo que se proponen es ampliar la cartera de servicios mínimos y eliminar el copago (que se llama repago en la propuesta). Mientras que en el caso de las pensiones, lo que se plantea es revalorizar la pensión mínima de jubilación hasta el equivalente al salario mínimo, o el 110% del SMI en caso de cónyuge a cargo.

Los problemas, como se ve, son y se solucionan con dinero. Y de hecho, se alcanza la gloria cuando en el párrafo sobre la financiación autonómica se proclama, ni más ni menos, que: “La financiación no podrá ser un obstáculo para el desarrollo del marco competencial propio” de cada territorio.

No es fácil oponerse de plano a estos principios. Al fin y al cabo, las necesidades son muchas y las demandas, por ende, son infinitas. Sobre todo después de la crisis, que ha dejado en la estacada a millones de hogares que requieren de las políticas públicas. Pero las restricciones presupuestarias existen salvo que se quiera ahogar el sistema productivo.

El problema, parece obvio, es cómo lograr esos objetivos sin que el dinero -el maldito parné del que hablaba la copla- vaya a caer del cielo. Y lo que se propone es verdaderamente singular. Se pretende elevar en tres puntos los ingresos públicos respecto del PIB -hasta poco más del 41%- al final de legislatura. Sin duda, un objetivo razonable para un país con graves problemas de recaudación (la segunda presión fiscal más baja de la eurozona), pero que choca con la realidad de los hechos. Como es razonable reclamar mayor estabilidad en el empleo o una banca pública especializada en financiar el sistema productivo, pero funcionando con criterios de mercado y no fomentando el clientelismo.
Patrón de crecimiento

Lo cierto es que, después de la brutal subida de impuestos de la pasada legislatura (IVA, IRPF, IBI, especiales…), el Estado solo ha sido capaz de aumentar los ingresos en dos puntos de PIB, lo cual hace poco creíble el planteamiento. A no ser que se cambie el modelo productivo, lo cual, dicho sea de paso, no aparece en el documento.

El pacto de la cerveza
Los problemas de recaudación de España, de hecho, tienen más que ver con el patrón de crecimiento que con los tipos nominales o la cantidad de deducciones fiscales, como sugieren los autores del programa electoral. Quienes hacen un triple mortal con pirueta lateral cuando además plantean la necesidad de aplicar un tipo superreducido del 4% de IVA a un mayor número de alimentos y productos sanitarios de primera necesidad, ademas de un tipo reducido del 10% a todos los suministros básicos (calefacción, gas, electricidad) que actualmente no lo tienen.

No estará de más recordar, en este sentido, que España es el país de la eurozona con menor recaudación por IVA, lo cual no se debe, precisamente, a que los tipos nominales sean bajos (todo lo contrario), sino a que los tipos implícitos (la estructura del impuesto) están agujerados, lo que explica los bajos ingresos. Pese a ello, se propone una rebaja para aumentar la recaudación. Ver para creer.

No parece suficiente luchar contra el fraude fiscal -sin duda necesario- para recaudar esos 30.000 millones de euros adicionales que consideran posible los redactores del programa sin hacer una economía más competitiva (y no parece la mejor idea subir los impuestos a las empresas) y de mayor productividad, lo cual no es fácil hacerlo en una legislatura, aunque sea asaltando los cielos piolet en mano. O controlando el BOE creando empresas públicas por decreto.

No es menos llamativo que se reclame una auténtica política fiscal europea: un presupuesto común con un peso significativo, un mecanismo de transferencia de recursos entre países en función de su situación cíclica, la emisión de eurobonos y un mayor grado de armonización en algunos impuestos, particularmente el de sociedades. Pero, al mismo tiempo, se plantea una política divergente de la que se hace en Europa, que es, precisamente, quien pone el dinero. El BCE paga la fiesta imprimiendo billetes, pero hasta los banqueros de Fráncfort se cansarán algún día.

Ya lo dijo en una ocasión el ministro Schäuble cuando en pleno rifirrafe con Grecia le dijo a Tsipras que si al primer ministro griego le preocupaban sus compatriotas, también a él los suyos. Por lo que reclamar fondos europeos para resolver los problemas nacionales no parece que pueda ser una vía muy pragmática. Sobre todo cuando, al mismo tiempo, se exigen más plazos para lograr los objetivos de déficit o, incluso, se propone derogar el principio de estabilidad presupuestaria incluido de forma atropellada por Zapatero (con la ayuda de Rajoy) en la Constitución en el tormentoso verano de 2011. Y en la UE, ya se sabe, se está a las duras y a las maduras.

Claro está, a no ser que el programa sea un brindis al sol, como pedir de forma airada “conocer los titulares de las cuentas bancarias en paraísos fiscales”. Ni siquiera la Hacienda de EEUU lo ha conseguido. Iglesias y Garzón, es posible.

Indefensos, expoliados y con los ojos vendados
Antonio García Fuentes  Periodista Digital 11 Mayo 2016

Algunas veces suelo titular con dureza, pero hoy; “leído lo que he leído” y que lo he dejado reposar puesto que fue publicado el 25 de abril, titulo con esos muy expresivos calificativos, que indudablemente se refieren a nosotros, la inmensa mayoría de españoles, hoy como siempre (“o incluso más que siempre”) sujetos a unas tiranías políticas que nos dominan totalmente y que siguiendo “las enseñanzas del famoso Lenin (“¿Libertad para qué?”) no se regeneran sino que pretenden seguirlas aplicando y puede que aún más extremas, si no tomamos conciencia y sabemos elegir a quienes de verdad nos lleven a una verdadera y dura (por la justicia imparcial que representa) DEMOCRACIA, siguiendo el consejo de aquel gran estadista que fuera Winston Churchill cuando definió este tipo de gobierno.

Y tras “el reposo y meditación arriba referido”, lo hago hoy ocho de mayo, por cuanto esperaba (iluso) que “la basura política que nos ha llevado a la situación actual”, recapacitara en los últimos y cruciales días de esos cuatro meses en que llevan, “removiendo la mierda y sin lavar nada ni lavarse los principales actores”; empecinados en ser cada cual el máximo buitre que dirija la siguiente “buitrera”; que es el ya desesperante estado de resultados, que podemos esperar de lo que marquen las urnas en lo que no ha de ser, un resultado halagüeño para España y la mayoría de españoles, depende del grupo o grupos que agarren el poder casi absoluto que vienen ejerciendo. Por ello lean lo que les copio y entren en la dirección que les dejo y “sálvese el que pueda”, puesto que este barco en el que vamos todos, ni se sabe a qué puerto va a llegar y si es que llega al mismo.

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“Es sencillamente escandaloso que, cuando España se encuentra literalmente en lo político -igual que en lo económico y en lo social- al borde del abismo y con los pies colgando, cuando ediles y militantes del PP son acosados y agredidos por los separatistas, cuatro ministros del Gobierno compartan juerga y comilona con los capos de la sedición y las élites extractivas. Es como si Abraham Lincoln en lugar de plantar cara al general Lee que avanzaba sobre Washington, se hubiera citado con él para una barbacoa. Me estoy refiriendo al sarao que anualmente organiza el empresario catalán Luis Conde -un 'go between' entre las élites políticas y económicas- íntimo de los sediciosos, amigo de empresarios y políticos de todo pelaje y, cómo no, del Gobierno, donde acudieron este año 300 invitados, y el que viene ha prometido asistir la radical antiespañola y anticristiana Colau, una indocumentada pero con capacidad de hacer favores, que es de lo que se trata.

Cuatro ministros del Gobierno en funciones, Ana Pastor, la mayor contratista del Estado; el irresponsable Margallo, a quien le importa una higa que los sediciosos monten embajadas a lo grande, con el dinero que expolia Rajoy a todos los españoles, para comprar apoyos para la destrucción de España mientras las embajadas españolas sobreviven en la miseria; Jorge Fernández, que está en Barcelona más que en Madrid, y Rafael Catalá, que en lugar de obligar a aplicar la ley, prevarica por omisión ante la sedición. Y el gran ausente, Soria, que ha permitido a los monopolistas afines a los sediciosos abusar como nunca de su posición dominante, y espera que le recompensen con una poltrona en Repsol o Gas Natural en cuanto encuentre los papeles que anda buscando por toda Canarias.

Una exhibición de desvergüenza impensable en un Estado de derecho. No tienen decoro, ni siquiera la moral de la apariencia, son auténticos exhibicionistas del cinismo, en realidad presumen de amorales, ¿cómo es posible que este bochornoso espectáculo no escandalice a la sociedad? El exministro Soria, habitual en estas francachelas donde se 'tienden puentes', es un ejemplo de cómo cuando aparecen listas de corruptos en cualquier lugar del planeta, aparece siempre algún líder del PP, lo que demuestra que es solo una banda con forma de partido para la que no existe ni el menor atisbo de ética en su acción de gobierno. Cuando se ha denunciado la corrupción de altos cargos del PP a sus jefes -y tengo experiencia personal en ello-, cuya obligación era investigar los hechos, han hecho justo lo contrario, los han silenciado y tapado totalmente”. http://blogs.elconfidencial.com/economia/el-disparate-economico/2016-04-25/tender-puentes-al-contubernio_1189078/
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A la vista de todo ello, que el que sepa y pueda aporte lo que estime más oportuno, para tratar a través de las urnas (que aún nos dejan usar) de que podamos volver a un punto de esperanza y que de verdad, nos lleven a una definitiva España en la que podamos vivir en paz y verdadero progreso, todos… todos los españoles: Amén.

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y http://blogs.periodistadigital.com/nomentiras.php

Gobernar con las leyes de la izquierda
Javier Fernández-Lasquetty Libertad Digital 11 Mayo 2016

En estos días se cumplen 30 años de vigencia de la Ley General de Sanidad, la norma que regula con detalle y con extrema rigidez el sistema sanitario español. Pocos meses atrás cumplía sus 30 años otra ley emblemática del socialismo que también sigue vigente, la Ley Orgánica del Derecho a la Educación (LODE). Muchas otras áreas clave siguen regidas por leyes aprobadas por la izquierda hace dos o tres décadas. El Partido Popular renunció hace ya años a sustituirlas. No hace falta decir que ni siquiera se planteó que muchas leyes lo que habría que hacer es simplemente derogarlas y devolver el poder de decidir a los individuos. Demasiadas veces el PP cree que su papel es administrar bien el terreno de juego definido por la izquierda, aplicando las reglas que los socialistas dejaron establecidas, en vez de plantear ideas alternativas.

Es exactamente lo contrario de lo que la izquierda hace cuando gobierna. Felipe González dedicó su mayoría absoluta a aprobar las leyes esenciales de su programa político. Zapatero, incluso estando en minoría, también definió el terreno mediante leyes. Muchas de ellas siguen vigentes, aun con todas las modificaciones y reformas, a veces importantes, que han sufrido durante los años posteriores.

En esta legislatura de mayoría absoluta, Mariano Rajoy ni siquiera se ha planteado que fuera necesario revisar toda esa trasnochada legislación socialista. Con la casi única, aunque notable, excepción de la reforma laboral, el resto de la obra de estos años de Rajoy no ha pretendido sustituir los marcos de referencia generados por la izquierda, sino únicamente gestionarlos o administrarlos. Contrasta esto con lo que se sigue viendo en la izquierda. El reciente pacto entre Podemos e IU incluye hacer un nuevo Estatuto de los Trabajadores, y nuevas leyes de educación, de contratos públicos, del derecho de expresión y de manifestación, de aguas o del cambio climático. La extrema izquierda piensa que hacer muchas leyes arregla los problemas del mundo, aunque en realidad sea más bien al contrario.

Lo cierto es que las leyes definen el marco conceptual que domina la actuación de los poderes públicos en un determinado ámbito. Y claramente el Partido Popular de Rajoy no siente que sea necesario modificar el marco de ideas de la izquierda. Tiene esto mucho que ver con la renuncia total y evidente a plantear cualquier tipo de batalla en el terreno ideológico. Es no darse cuenta de que si uno renuncia a aplicar sus principios, simplemente aplica los de sus adversarios.

La Sanidad es precisamente un terreno que necesita imperiosamente la derogación de la ley socialista de hace 30 años. No lo hará el PP, pero tampoco Ciudadanos, cuyo portavoz de Sanidad en el Congreso decía hace unos meses que "en Sanidad, Ciudadanos se siente más cerca de Podemos que del PP". En España ningún partido se toma en serio la imposibilidad de mantener tal cual un sistema que gasta mucho más de lo que requiere el restablecimiento de la salud y la prevención de la enfermedad, como consecuencia de la rigidez de la gestión pública con funcionarios vitalicios. Otros países tan serios como Holanda, Suecia, o en cierto modo Alemania, han reformado su sistema público sanitario, encomendando al sector privado que preste el servicio público de salud. Aunque sus resultados sean buenos, en España nadie se atreve ni siquiera a pensar en derogar una ley obsoleta y equivocada de los tiempos de Felipe González.
- Seguir leyendo: http://www.libremercado.com/2016-05-11/javier-fernandez-lasquetty-gobernar-con-las-leyes-de-la-izquierda-78945/

Extremadura repite el modelo de la corrupción andaluza
Editorial La Razon  11 Mayo 2016

La Fiscalía Anticorrupción presentó ayer una denuncia ante el Juzgado Decano de Instrucción de Badajoz para que se investigue un posible fraude en la concesión de subvenciones a la patronal extremeña (Creex) y a los sindicatos UGT y CCOO para cursos de formación. Si bien la celeridad no ha sido la nota distintiva en esta actuación de los fiscales, por lo menos se conseguirá que el ejercicio anual en cuestión, 2011, no prescriba como los anteriores.

Conviene recordar que hace más de un año que la Junta de Extremadura, gobernada entonces por el popular José Antonio Monago, había denunciado públicamente y puesto en conocimiento de la Justicia sospechas sobre las irregularidades consentidas por el anterior Gobierno socialista extremeño en el reparto de los fondos de formación para trabajadores ocupados. La denuncia se sustentaba en el informe de una empresa de consultoría externa que había analizado facturas, presupuestos, entramados societarios y costes de mercado a lo largo de casi tres años, desvelando irregularidades administrativas que, en realidad, ocultaban escandalosos sobrecostes cargados a la Junta de Extremadura.

De momento, y hasta que se agote la investigación judicial, el fraude se estima en 2,4 millones de euros, aunque, con toda seguridad, no es más que la punta de un iceberg cuyo tamaño ya no se podrá averiguar. Respecto al modus operandi, no hay mayor novedad, puesto que parece calcado de los manejos descubiertos en la investigación sobre el fraude de los Fondos de Formación de Andalucía. Lo mismo se puede decir sobre los presuntos implicados, que repiten el molde andaluz: PSOE, CC OO, UGT y la patronal local. La única diferencia es que en el caso de Extremadura la desviación de dinero público era a través de los fondos para la mejora profesional de trabajadores ocupados, y no para los parados.

La Fiscalía Anticorrupción justifica su retraso argumentando que ha sido necesario recabar múltiples soportes documentales, referidos, en su conjunto, a más de 600 actividades informativas, 10.000 alumnos y más de 500 docentes, y que la denuncia presentada por la Consejería de Empleo en marzo de 2015 se apoyaba en un informe «meramente prospectivo y de naturaleza indiciaria y selectiva». Sin pretender cuestionar las razones, seguramente legítimas, que expone la Fiscalía, lo cierto es que esta aparente falta de diligencia –que también viene produciéndose en los medios judiciales andaluces con los casos del ERE y los cursos de formación– alimenta la impresión entre un amplio sector de la sociedad de que existen dos varas de medir a la hora de tratar los diversos casos de presunta corrupción, según afecten al Partido Popular o a otras formaciones políticas. Una doble vara que, por supuesto, sí existe fuera del ámbito jurídico, con los dirigentes de Ciudadanos como su mayor exponente.

La corrupción política en España es, sin embargo, transversal y en los casos de Andalucía y Extremadura afecta especialmente al Partido Socialista, cuyos gobiernos regionales parecen haber tejido una tupida red clientelar a lo largo de décadas de ejercicio del poder con mayoría absoluta. De hecho, este episodio que comentamos ha salido a la luz en la única legislatura en que la Junta extremeña no estuvo bajo gobierno del PSOE. La lucha contra la corrupción, siempre tan compleja, no debería ser un arma arrojadiza entre partidos, sino un objetivo común.

¿Es Podemos un peligro?
Emilio Campmany Libertad Digital  11 Mayo 2016

No cabe duda de que las ideas de Podemos constituyen un peligro. Hablamos de comunismo y es innecesario a estas alturas probar que el comunismo es antidemocrático. Además, allí donde ha gobernado, la democracia ha sido siempre inexistente. Siempre, sin excepciones. Así que, en efecto, Podemos es un peligro. Precisamente por ser un peligro, las terminales mediáticas del PP le han estado dando cancha, para atemorizar al huido elector del PP y que el miedo le haga volver al redil. Y si el miedo a Podemos ha de ser lo que haga que los viejos votantes del PP vuelvan a votar a Rajoy, Podemos ha de dar miedo de verdad.

Sin embargo, la pregunta podría formularse de otro modo. En caso de llegar Podemos al Gobierno, ¿permitirá la Unión Europea que Podemos desenvuelva su antidemocrático programa? Porque Pablo Iglesias podrá tener las intenciones que sea, pero no está claro que, estando España dentro de la Unión Europea, pueda hacer lo que tenga pensado hacer. Tsipras, supuesto alanceador de las medidas de austeridad, imaginado paladín del gasto público, soñado campeón del socialismo real, acabó aplicando sin rechistar todos los mandatos de austeridad, limitación del gasto y liberalización de la economía que ordenó Bruselas. Y con el aplauso de sus votantes. ¿Cabe esperar de un gobierno de Pablo Iglesias algo parecido?

Lo más probable es que sí. Sin embargo, no por eso deja de ser un peligro en cosas mucho más importantes que la economía. Pablo Iglesias es partidario del derecho a decidir, de hacer una especie de retro-transición que nos lleve hasta la II República de febrero de 1936, de transigir con el fundamentalismo islámico, de dar una salida política a las aspiraciones de la ETA, de someter la prensa a sus dictados. Incluso en el campo económico, mientras satisfaga las exigencias de Bruselas, podría imponer una colectivización que la Constitución de 1978 no es que permita, es que impulsa, pues nuestra ley de leyes se inspira en el socialismo europeo de la época en que la Unión Soviética era un referente. Claro que Rajoy ha tolerado la insubordinación independentista, la vigencia de la Ley de Memoria Histórica, que ETA esté en las instituciones, no ha combatido el Estado Islámico, no paró hasta lograr el despido de algunos periodistas que le incomodaban y subió los impuestos más que nadie.

Con todo, Pablo Iglesias es peor. ¿Debería el simpatizante de Ciudadanos votar entonces al PP para que D’Hondt haga imposible que Pablo Iglesias llegue al poder? Quizá. Pero eso sería tanto como hacer el juego a este PP que precisamente le dio un micrófono a Pablo Iglesias y lo bañó en millones de vatios de luz para que diera miedo y ese miedo condenara a España a vivir bajo este régimen corrupto y nepotista en el que la han hundido, primero Zapatero y luego Rajoy. Votar a Ciudadanos por no ser cómplice de las traiciones del gallego conlleva sin duda riesgos. Es problema de quien esté en el dilema calcularlos y decidir.

Debilidad del gobierno socialista francés
Editorial La Razon  11 Mayo 2016

La división en el seno del socialismo francés ha obligado al Gobierno que preside Manuel Valls a aprobar por decreto, sin pasar por la Asamblea Nacional, dos leyes imprescindibles para reconducir una economía que va camino del despeñadero. Nos referimos a la ley de liberalización de las actividades económicas –aprobada en 2015– y a la reforma laboral, que seguirá el mismo procedimiento ejecutivo que la anterior.

Se trata de una muestra evidente de la debilidad del presidente galo, François Hollande, y de su primer ministro que, sin duda, recogen el fruto de largos años de demagogia populista que ha ido retrasando los inevitables cambios de un modelo productivo ineficaz e incapaz de cumplir las exigencias del Eurogrupo. La decisión de imponer por «decretazo» la reforma laboral provocará nuevas movilizaciones callejeras y ahondará en la crisis de identidad que viven los grandes partidos franceses, a derecha e izquierda, cada vez más cuestionados por una población asustada por el crecimiento del paro y el deterioro de los servicios sociales y que está siendo bombardeada por los mensajes simplistas antieuropeos de la extrema derecha que representa el Frente Nacional de Marine Le Pen. El populismo, de otro signo, que también asoma su rostro en Francia.

DESDE MONEDERO A CAÑAS
La corrupción de los partidos que dicen combatir la corrupción
Los partidos de Albert Rivera y de Pablo Iglesias se ponen ahora de acuerdo para impulsar una Ley conjunta con respecto a esta materia en la próxima legislatura. Sin embargo las dos formaciones no se libran de díscolos en sus filas.
Fátima G. Manzano  www.gaceta.es 9 Mayo 2016

Podemos y Ciudadanos impulsarán la redacción de una Ley de protección del denunciante de corrupción. Así lo demostraron este lunes en una reunión en el Congreso con los representantes de Plataforma por la Honestidad, un colectivo que agrupa a ciudadanos que han sufrido represalias por haber denunciado estas prácticas en su trabajo.

Esta es la primera ocasión que los diputados de ambas formaciones se ponen de acuerdo después de una legislatura fallida y de que se convocaran nuevas elecciones tras la imposibilidad de llegar a un acuerdo en el Gobierno. Pero si en algo han coincidido las dos formaciones emergentes durante toda su andadura es en su ferviente condena a los casos de corrupción que han salpicado al PP y al PSOE.

Sin embargo, tanto el partido morado como el de Albert Rivera no se han librado en su corta andadura de algunos casos que han salpicado a la formación. En el caso de la formación de Pablo Iglesias, las informaciones que han apuntado una presunta financiación ilegal no han cesado desde que se presentaron a las elecciones europeas por primera vez. En esta última ocasión, OKDiario desveló que cuatro altos cargos de Nicolás Maduro pudieron firmar el pago de 272.000 dólares a Iglesias en un paraíso fiscal en 2014, una información que se suma a la larga lista de publicaciones que vinculan la financiación del partido a los gobiernos de Venezuela e Irán. Pero, entre otras muchas acusaciones, Pablo Iglesias ha sido señalado por haber pagado presuntamente en B a los trabajadores de ‘La Tuerka’, el programa del líder del partido.

Los otros dos fundadores de Podemos también se han visto en el centro de la polémica. Juan Carlos Monedero facturó a su empresa, Caja de Resistencia Motiva 2 Producciones, 368.000 euros por trabajos de asesoría al gobierno bolivariano. Un hecho que le obligó a realizar una declaración complementaria a Hacienda para declarar los ingresos recibidos. Por su parte, el actual número dos del partido, Iñigo Errejón, fue suspendido de empleo y sueldo por la Universidad de Málaga por incumplir su contrato como investigador al no asistir al centro las horas pactadas por convenio, -aunque a cambio recibiera 1.825 euros mensuales-.

Pero las informaciones sobre presuntos casos de corrupción del partido no se han quedado ahí. La ahora diputada de Podemos, Tania Sánchez, fue investigada por haber adjudicado presuntamente de forma irregular un contrato a su hermano durante su etapa como concejal de IU en la localidad madrileña de Rivas. Además, la juez Victoria Rossell tuvo que abandonar hace tan sólo dos semanas la Diputación Permanente del Congreso después de que el Tribunal Supremo admitiera a trámite una querella del exministro José Manuel Soria en la que le acusa de retardo malicioso en la administración de Justicia, prevaricación y cohecho.

Una larga lista que se une a otras prácticas impopulares como los casos de nepotismo que se han sucedido en algunos de los Ayuntamientos regidos por las marcas blancas de Podemos.

Ciudadanos tampoco se libra. El partido de Albert Rivera también sufrió la corrupción en su propia piel cuando en 2014 el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña imputó al por entonces diputado autonómico Jordi Cañas por haber defraudado 429.000 euros a Hacienda. La primera dimisión de un miembro de Ciudadanos por un delito contra las arcas del Estado que se ‘saldó’ con su posterior entrada como asesor de uno de los eurodiputados en el Parlamento.

A la lista de investigados se unen también el exlíder de Ciudadanos en Valencia, Fernando Mut, imputado por el caso Innova, el exlíder de la formación en Almería, a quien se le atribuyó un delito de impropiación indebida y Antonio Sánchez, quien concurría como número 22 en las listas para las europeas y que está siendo investigado por la trama Púnica.

Precisamente, este último caso de corrupción salpicó además a la número tres de Ciudadanos por Madrid, Eva Borox, quien dimitió de su cargo en la Asamblea después de que desvelara que mantuvo una estrecha relación de amistad con David Marjaliza, el presunto ‘conseguidor’ de la trama Púnica. Tal y como informó La Sexta, el empresario pudo invitar a la hasta entonces portavoz de Igualdad de Ciudadanos a varios viajes con el objetivo de comprar su voto, -por entonces socialista-, para la construcción de un colegio concertado en Valdemoro. Un día después, su marido Raúl del Olmo, también renunció a su acta como concejal de Ciudadanos en la localidad madrileña.

¿Es el neoliberalismo la raíz de todos nuestros problemas?
Juan Ramón Rallo Libertad Digital  11 Mayo 2016

El activista George Monbiot ha escrito un artículo que ha alcanzado una enorme popularidad en la red: "Neoliberalismo: la raíz ideológica de todos nuestros problemas". El título es suficientemente descriptivo de su propósito: culpar al sistema político-económico "neoliberal" de casi todos los males de la humanidad. Acaso el problema inicial de la columna de Monbiot resida en que el término "neoliberalismo" no aparece directamente descrito en ninguna parte del texto y que, en realidad, se lo pretenda equiparar con otras corrientes políticas sí mucho mejor definidas y perfiladas como el liberalismo clásico o el liberalismo libertario.

Pero ello, voy a estructurar esta réplica en dos partes: en la primera, trataré de inferir a qué se refiere Monbiot con "neoliberalismo", distinguiéndolo en todo caso del liberalismo clásico y del liberalismo libertario; en la segunda, explotaré los males que Monbiot achaca al neoliberalismo para analizar si pueden imputárseles de algún modo al liberalismo clásico o al liberalismo libertario.

¿Qué es el neoliberalismo?
Tras revisar 148 ensayos académicos, los politólogos Taylor Boas y Jordan Gans-Morse llegaron a la conclusión de que el término "neoliberalismo" suele emplearse mucho por parte de los teóricos contrarios a los mercados libres pero casi nunca aparece definido como tal: "El significado de neoliberalismo jamás se debate y a menudo ni siquiera se lo define. Como consecuencia, no es que nos hayamos encontrado con demasiadas definiciones, sino con demasiado pocas". Además, como decíamos, no se le da un uso como etiqueta neutra, sino que tiende a ser empleado mayoritariamente por personas que se oponen a los mercados libres: "Los resultados de nuestro análisis de ensayos académicos confirman que el uso negativo del término ‘neoliberalismo’ supera amplísimamente sus usos positivos". De ahí que ambos politólogos consideren que hoy el concepto de "neoliberalismo" no sea más que un slogan antiliberal vacío de contenido distintivo.

En su artículo, Monbiot sigue una estrategia parecida: no describe qué es el neoliberalismo salvo por algunos rasgos que le imputa. Ahora bien, lo que sí intenta hacer Monbiot es atribuir las características de su "neoliberalismo" al liberalismo clásico o al liberalismo libertario. De hecho, muchos de los autores a los que califica como neoliberales (Mises o Hayek) son simplemente liberales. Por eso, permítanme que aclare por qué los rasgos del neoliberalismo de Monbiot no definen en absoluto al liberalismo:

El neoliberalismo cree que "la competencia es la característica fundamental de las relaciones sociales": Pocos se atreverán a negar que la competencia es uno de los rasgos básicos de que caracteriza no sólo a las personas sino a las especies. Incluso en materia electoral lo observamos: unos partidos políticos compiten con otros para lograr el voto de los electores (¿o acaso sugiere Monbiot que deberíamos suprimir la competencia electoral entre formaciones políticas diversas?). Ahora bien, en efecto la sociedad es más que una mera agregación de personas para competir. La sociedad es una forma de articular la interacción pacífica y voluntaria de las personas. Nada de esto se le escapa al liberalismo. Por ejemplo, Ludwig von Mises —autor al que Monbiot coloca dentro de la corriente neoliberal— empieza el primer capítulo de su obra Liberalismo con la siguiente frase: "La sociedad humana es una asociación de personas con el propósito de cooperar". ¿No dice Monbiot que los neoliberales creen que la competencia es la base de las relaciones sociales? Quizá es que no haya leído a esos liberales a los que acusa de neoliberales.

El neoliberalismo cree que "el mercado produce beneficios que no se podrían conseguir mediante la planificación": El problema económico fundamental es decidir qué producir y cómo producirlo. Simplemente no sabemos cuál es la mejor respuesta en cada momento a esas preguntas: y responderlas bien es clave. Si los seres humanos cooperamos para producir cosas inútiles, estaríamos dilapidando nuestros esfuerzos, por mucho que cooperemos. En un mercado libre, cualquiera puede asociarse cooperativamente con otras personas para crear empresas dentro de las cuales se decide (se planifica) qué producir y cómo producirlo. Es cada consumidor quien posteriormente escoge cuál de todos los productos que se le están ofreciendo por las distintas empresas es el que prefiere (y por eso las empresas compiten por ofrecerle aquellos productos que prefieren). Por consiguiente, no es que el liberalismo considere que la planificación es ineficiente: el liberalismo cree que la absoluta centralización de la planificación —sin darle al consumidor la libertad de escoger y a otros productores la libertad disputar los planes empresariales existentes— es ineficiente. No así la planificación descentralizada y competitiva que se da espontáneamente en una economía libre. De hecho, el propio Monbiot reconoce en su artículo que el socialismo —sistema económico caracterizado por la planificación central de toda la producción— ha fracasado. ¿Lo coloca eso necesariamente en la bancada neoliberal?

El neoliberalismo cree que "la desigualdad es una virtud: una recompensa al esfuerzo y un generador de riqueza que beneficia a todos": El liberalismo no considera ni que la igualdad sea virtuosa ni defectuosa. Por un lado, el liberalismo reconoce que los seres humanos somos desiguales (diversos); por otro, no cree que las desigualdades fruto de la cooperación voluntaria de las personas sean injustas y, en tanto no lo sean, no deben ser ni perseguidas ni reparadas. O dicho de otro modo, los liberales no ven intrínsecamente injustas las desigualdades: todo depende del proceso por el que se hayan generado (si la desigualdad es fruto de relaciones voluntarias, es justa; si la desigualdad es fruto del robo y del expolio, es injusta). Si los liberales vieran las desigualdades como virtuosas, tratarían de promoverlas desde el Estado: pero no lo hacen. Al contrario, tratan de combatir muchas desigualdades fruto de los privilegios estatales (por ejemplo, el enriquecimiento de aquellas industrias que florecen al calor de la regulación, las subvenciones o la protección comercial). Es más, los liberales consideran que hay una igualdad que constituye la piedra angular de su sistema político: la igualdad jurídica (o igualdad ante la ley); a saber, todas las personas tenemos los mismos derechos (las mismas libertades).

El neoliberalismo "convierte a los ciudadanos en consumidores cuyas opciones democráticas se reducen como mucho a comprar y vender": El liberalismo es, en esencia, una filosofía política, no una filosofía económica. Por ello, no tiene sentido afirmar que reduce las opciones de los ciudadanos a comprar y vender: más bien, amplía las opciones de los ciudadanos a la hora de decidir con quiénes quieren relacionarse… incluyendo si quieren relacionarse (o no) con el Estado. Esto es, liberalismo es libertad de asociación y desasociación… también (aunque no sólo) en el ámbito económico. Por eso, el liberalismo también (aunque no sólo) defiende que los ciudadanos tengan la opción de comprar y de vender aquello que quieran comprar o vender: no porque considere que toda relación social deba articularse de ese modo, sino porque respeta que las personas quieran comprar o vender cosas, siempre que no atenten contra las libertades ajenas. Lo que parece molestar a Monbiot es que el liberalismo defienda la libertad del individuo frente a la voluntad democrática de la mayoría: es Monbiot quien, al parecer, quiere reducir las opciones de las personas a votar o no votar, plegándose de hombros a partir de ahí. Pero, ¿qué pasa cuando el voto de la mayoría opta por reprimir las libertades de las minorías? Monbiot diría que las minorías deben aceptar estoicamente esa represión (a menos que logren convencer de lo contrario a las mayorías), mientras que los liberales abogan por que las libertades de las minorías sean respetadas incondicionalmente.

El neoliberalismo aboga por erradicar los sindicatos y la negociación colectiva, dado que "no son más que distorsiones del mercado que dificultan la creación de una jerarquía natural de triunfadores y perdedores": El liberalismo no aboga por erradicar los sindicatos o la negociación colectiva, sino por suprimir los privilegios estatales de los que puedan disfrutar. Como hemos dicho, uno de los principios básicos del liberalismo es la libertad de asociación y desasociación, algo que también sirve para los sindicatos. Un liberal tan destacado como Frédéric Bastiat defendió en el parlamento francés la legalización de los sindicatos frente a los congresistas que pretendían incluir su actividad en el Código Penal, y lo hizo bajo el argumento de que los sindicatos son una forma legítima de libre asociación. Que no se quiera privilegiar regulatoriamente a los sindicatos o al sistema de negociación colectiva no significa que el liberalismo esté en contra de ellos: tampoco quiere privilegiar a las empresas y no está en contra de ellas.

Los brazos armados del neoliberalismo son "el FMI, el Banco Mundial, el Tratado de Maastricht y la Organización Mundial del Comercio": En realidad, todas estas organizaciones son asociaciones de Estados copadas por burócratas y encargadas o de rescatar a Estados quebrados o de regular centralizadamente la vida de las personas. De ahí que no encajen en absoluto dentro del paradigma liberal.

El término neoliberalismo se acuñó en 1938, en una reunión en París apadrinada por Hayek y Mises: En efecto, el término neoliberalismo surge en la Conferencia Walter Lippmann celebrada en París en 1938. Pero el término neoliberalismo no lo acuñan —ni aceptan— Hayek o Mises, sino el alemán Alexander Rüstow. Precisamente, Rüstow empleó el término neoliberalismo para oponerse al liberalismo clásico y como un intento de articular una tercera vía entre el capitalismo y el socialismo. Por ejemplo, en su libro El fracaso del liberalismo económico, Rüstow escribe: "Los neoliberales estamos de acuerdo con los marxistas y socialistas en que el capitalismo es imposible y necesita ser superado. También creemos que ellos han demostrado que un exceso de capitalismo conduce al colectivismo". ¿Y cuáles era el programa ‘neoliberal’ de Rüstow? El desarrollo estatal de centros de enseñanza e investigación, la completa organización y gratuidad estatal de la educación, subsidios temporales a los salarios, seguro de desempleo obligatorio, servicio público de empleo, política industrial activa, regulación contra el desmesurado crecimiento empresarial y lucha contra la desigualdad a través de elevados impuestos a la herencia.

En definitiva, las características que Monbiot imputa al neoliberalismo no encajan en absoluto con el liberalismo. De hecho, si alguna vez ha existido un pensamiento "neoliberal" éste ha sido el desarrollado a partir de las propuestas de Alexander Rüstow, en la llamada "economía social de mercado": un programa político (regulación de la competencia, lucha contra la desigualdad, planificación industrial, aseguramiento obligatorio de los ciudadanos, educación estatalizada…) que, paradójicamente, se parece mucho al que ambiciona toda la socialdemocracia europea (por eso no es de extrañar que, como dice Monbiot, el Partido Laborista y el Partido Demócrata lo hayan abrazado en Reino Unido) e incluso, aunque no sea demasiado consciente de ello, a aquel que el propio Monbiot promueve.

¿La raíz de nuestros problemas?
Una vez aclarado que el liberalismo clásico o el liberalismo libertario no tienen nada que ver con el neoliberalismo del que habla Monbiot, ya podríamos dar por concluido el artículo. Si para Monbiot todos los problemas de la humanidad derivan del neoliberalismo y el neoliberalismo es no-liberalismo, entonces los liberales seguimos estando fuera del foco de sus acusaciones. Sin embargo, podemos continuar analizando la tesis de Monbiot para reflexionar si los males que denuncia son atribuibles al neoliberalismo y si su solución pasa por una mayor intervención del Estado y no por una mayor libertad política y económica.

Antes, sin embargo, ofreceremos una definición de lo que vamos a entender por neoliberalismo, agrupando algunas de las características que Monbiot le atribuye y aquellas que Rüstow consideraba imprescindibles. Definiremos neoliberalismo del siguiente modo: "neoliberalismo es un sistema político tecnocrático donde las élites estatales se encargan monopolísticamente de definir y de gestionar el bien común; para el neoliberalismo, el bien común en materia económica pasa por respetar la institución del mercado (con numerosas regulaciones dirigidas presuntamente a corregir sus defectos), pues de esa manera se maximiza la producción; en materia social, el neoliberalismo defiende una organización de los servicios públicos administrados directa o indirectamente por el Estado para así redistribuir parcialmente la producción que ha generado el mercado". Tomando esta definición, será fácil coincidir en que, como dice Monbiot, todo Occidente está inmerso hoy en un sistema neoliberal. Así pues, ¿en qué medida los males sociales que denuncia son consecuencia del neoliberalismo dominante?

"El colapso financiero de los años 2007 y 2008": La crisis económica actual no es fruto del libre mercado, sino de los privilegios que el Estado otorga a los bancos privados. El problema reside, pues, en la manipulación del crédito orquestada por los bancos centrales (monopolios estatales de la emisión de dinero) y en las promesas estatales de rescate indiscriminado del sistema financiero. Si queremos denominar "neoliberalismo" a ese intervencionismo estatal a favor de la gran banca, entonces el neoliberalismo sí es culpable de la crisis financiera; pero nótese que en este caso el neoliberalismo se opone frontalmente al liberalismo y que, en todo caso, para evitar las futuras crisis necesitamos más liberalismo, no menos. Es decir, necesitamos menores privilegios estatales a la banca: que el banco central deje de nutrirla con crédito artificialmente abaratado y que los Estados dejen de rescatar a aquellos bancos imprudentes que caen en bancarrota.

"La deslocalización de la riqueza y el poder": Es verdad que, en muchos ámbitos de nuestra sociedad, la riqueza y el poder se están usurpando a los ciudadanos mediante estructuras dedicadas a extraerles sus recursos y sus libertades. El caso de los Papeles de Panamá, al que se refiere Monbiot, en buena medida indicaba esto: las élites políticas de medio mundo robaban a sus ciudadanos y blanqueaban tales capitales a través de complejos entramados regulatorios que ellos habían facilitado dentro de las propias leyes que habían redactado previamente. Pero el origen de esos males se halla en el excesivo poder que tienen hoy los políticos para extraer recursos y libertades a los ciudadanos: un poder que deriva de la hiperlegitimidad de la que disfruta el Estado para aprobar cualesquiera normas que considera conveniente en la presunta promoción del "bien común" (subterfugio para articular redes parasitarias que solo promueven ciertos bienes particulares). La forma de evitar deslocalizaciones de riqueza y de poder como las de los Papeles de Panamá es arrebatándole tal competencia al Estado: que no posea legitimidad ni para quitarnos nuestra riqueza ni para manejar nuestras libertades. Cuanto más poder regulatorio le demos al Estado, más opciones de parasitarnos (por vías opacas e incomprensibles para el ciudadano medio) le estaremos otorgando.

"La lenta destrucción de la educación y la sanidad públicas": La calidad de los servicios estatales está en declive desde hace décadas. En España, por ejemplo, el fracaso escolar ha sido tradicionalmente altísimo y las listas de espera dilatadísimas. Los liberales siempre hemos defendido que ese progresivo deterioro es consustancial a la gestación estatal, centralizada y cuasi-monopolista de tales actividades. Monbiot, en cambio, encuentra otra explicación: los recortes y las semiprivatizaciones en beneficio de unos pocos. Aunque pueda parecerlo, no son explicaciones incompatibles: como decimos, el deterioro de los servicios públicos es algo consustancial a su administración estatal. Por supuesto, siempre podremos encontrar Estados que administran mejor o peor estos servicios, pero la clave es que, en un mercado libre, los ciudadanos tienen la capacidad de rechazar a aquellos proveedores que suministran mal un bien o servicio; cuando el Estado lo monopoliza, perdemos esa capacidad y, en consecuencia, es muy complicado que podamos desembarazarnos de los malos sistemas de provisión. A esta tendencia de largo plazo, se le han unido en los últimos años dos nuevos problemas. El primero es la insuficiencia presupuestaria del Estado (derivada de la crisis), que ha obligado a efectuar recortes que, presuntamente, han deteriorado aún más su calidad. Con ello, sólo se está poniendo de manifiesto que el Estado es un desastre gestionando recursos escasos: sólo es capaz de mantener unos mínimos y precarios estándares de calidad en los servicios sociales echando cantidades ingentes y crecientes de dinero público sobre ellos. El segundo problema han sido las mal llamadas privatizaciones: ante la crisis presupuestaria y su incapacidad de administración, los Estados han externalizado la gestión de muchos de esos servicios a entidades privadas. La idea puede parecer buena en la teoría, pero en la práctica presenta enormes problemas operativos: por ejemplo, los políticos pueden ser corrompidos, entregándole la gestión del servicio (y el presupuesto afecto al mismo) al mejor postor-corruptor. En un mercado libre, es cada ciudadano quien escoge su proveedor privado: no son los políticos quienes los eligen (y los imponen) en nombre de los ciudadanos. De ahí que, de nuevo, la mala calidad de los servicios públicos no cabe imputársela al liberalismo, sino más bien a la mezcla del deficiente estatismo con un neoliberalismo corrompido que se aprovecha de las carencias intrínsecas a ese deficiente estatismo.

"El resurgimiento de la pobreza infantil": La pobreza infantil está estrechamente vinculada al desempleo. En España, por ejemplo, la pobreza es un fenómeno totalmente ligado al paro. ¿Y cuál es la causa del desempleo? De entrada, una crisis financiera que, como ya hemos explicado, no es consecuencia del liberalismo, sino de los privilegios que otorga el Estado a la banca. Pero, además, a ese paro provocado por la crisis, se le suma otro generado por la regulación estatal: la regulación laboral diseñada por los Estados con el presunto propósito de proteger al trabajador termina encareciendo artificialmente el coste de contratarlo, condenándole a ingresar en un ejército de desempleados sin perspectivas vitales de prosperar profesionalmente. Es ahí donde se genera el caldo de cultivo de la pobreza infantil. Pero, claro está, la forma de contrarrestar esa pobreza infantil pasa por crear empleo, y para crear empleo necesitamos un mercado laboral libre, no un mercado laboral hiperintervenido. En contra de lo que sostiene Monbiot, otorgar más privilegios a los sindicatos no remediaría el problema, sino que lo agravaría: encarecer todavía más la contratación (subidas de salario no ligadas a la productividad, reducción de jornadas laborales sin revisión salarial, prohibición del despido…) y aumentar el desempleo. La prueba más evidente de todo ello es España: la tasa de paro media de España entre 1980 y 2010 fue del 17%. La regulación laboral a la que desean regresar muchos antiliberales —la anterior a las últimas reformas laborales— es la responsable de consolidar una de las mayores tasas de paro del mundo.

"La desigualdad de ingresos": Las causas que explican el aumento de las desigualdades durante las últimas décadas son variadas y complejas. Monbiot las achaca a "la demolición del sindicalismo, las reducciones de impuestos, el aumento de los precios de vivienda y alquiler, las privatizaciones y las desregularizaciones". Pero lo cierto es que las desigualdades comenzaron a aumentar en los 70, década en la que nada de todo esto se venía produciendo. Aparte, las desigualdades no se explican por un incremento de los beneficios empresariales a costa de los salarios, sino por un ensanchamiento de los diferenciales salariales (los trabajadores cualificados cobran cada vez más que los no cualificados), de modo que esas desigualdades se mantendrían por mucho que reforzáramos el sindicalismo o aumentáramos los impuestos. Como ya hemos explicado antes, el liberalismo no considera que la desigualdad sea necesariamente negativa: si es el resultado de la libre interacción de las personas, entonces no tiene nada que objetar. Sin embargo, hay razones para pensar que una parte importante de la desigualdad que observamos en la actualidad no es el resultado de tal libre interacción: por un lado, muchas rentas extraordinarias derivan hoy del proceso político (de los lobbies que capturan favores estatales vía contratos públicos o regulaciones a su favor); por otro, si la desigualdad trae causa de una brecha formativa, es evidente que la deficiente educación pública (focalizada solo en generar universitarios no siempre adaptados a las necesidades del mundo moderno, en lugar de profesionales, universitarios o no, capaces de insertarse en nuestros mercados laborales dinámicos y cambiantes) tendrá gran parte de la responsabilidad en ello. Por tanto, habría que remediar las desigualdades, pero no con más estatismo fallido, sino con más libertad. No deberíamos caer en la trampa de pensar que el liberalismo necesariamente genera desigualdades y que esas desigualdades implican el empobrecimiento de una parte importante de la sociedad: la liberalización del comercio global está reduciendo las desigualdades y la pobreza global como nunca antes habíamos visto en nuestra historia. Que dentro de Occidente la desigualdad esté aumentando se debe a otras razones, muy vinculadas con el exceso de Estado —y, además, de una mala política estatal— en lugar de con un exceso de libertad.

"El colapso de los ecosistemas": Es cierto que el mundo padece muchos problemas ambientales. La razón de ello es que contaminar sale en muchos casos gratis. Y sale gratis porque quienes padecen la contaminación en sus propias carnes no pueden sancionar directamente a los contaminadores: quienes deciden cuándo una actividad de contaminación es ilegal y qué sanción le corresponde al contaminador son los políticos a través de las correspondientes regulaciones sectoriales. Este enfoque es, no obstante, totalmente opuesto al liberalismo: el liberalismo defiende el escrupuloso respeto a la propiedad privada, y ello también abarca el respeto frente a la contaminación. Cualquier persona que vea contaminada por cualquier medio su propiedad debería poder demandar por daños y perjuicios al contaminador, exigiéndole que cese en su actividad ilícita a menos que le abone una compensación que el contaminado juzgue como suficiente (algo que defendía un liberal como Ronald Coase en su famoso teorema de Coase). Entre las propiedades privadas que deberían ser protegidas frente a la contaminación también se encuentran las propiedades privadas comunales (procomunes varios: tierras de labranza, lagos, bosques, ríos, caladero de pesca, etc.), tradicionalmente exitosas a la hora de evitar la sobreexplotación de los ecosistemas (tal como estudió la Premio Nobel de Economía Elinor Ostrom). En el mundo actual, sin embargo, los Estados han desprotegido a la propiedad privada frente a la contaminación (es decir, otorgan a los contaminadores un privilegio sobre los derechos de los propietarios a no ser contaminados) y en mucho casos han llegado a expropiar (ya sea para nacionalizar o para entregárselos a corporaciones privadas) las propiedades privadas comunales, dejando a los procomunes desprotegidos frente a prácticas mercantilizadoras que los sobreexplotan y deterioran. De nuevo, la raíz de estos problemas se encuentra en que el Estado ha decidido administrar monopolística y centralizadamente la "política medioambiental", con el consabido resultado de que ha desprotegido a los ciudadanos frente a la contaminación y ha confiscado los procomunes a sus legítimos propietarios que eran, además, quienes sabían gestionarlos con criterios de sostenibilidad. Si a esta equivocada política medioambiental del Estado la queremos llamar "neoliberalismo", bien está: pero quede claro que eso no es liberalismo y que la respuesta liberal sí sería la solución a gran parte de nuestros males medioambientales.

"La epidemia de la soledad": Es cierto que nuestras sociedades modernas se caracterizan por la fragmentación social y, en muchos casos, por el aislamiento y la soledad de las personas. El liberalismo reivindica la libertad del individuo frente al grupo (esto es, que las mayorías no puedan tiranizar a las minorías), pero a su vez también defiende la libre asociación de un individuo con otros individuos. Por consiguiente, el liberalismo no puede hallarse en la raíz del socavamiento de instituciones sociales tan gregarias como la familia, las agrupaciones locales, las iglesias o las asociaciones de asistencia mutua: lo único que reivindicaba el liberalismo es que las personas tienen derechos frente a cualquiera de esos grupos, no que tales grupos deban desaparecer. Por el contrario, el Estado sí ha tratado históricamente de constituirse en un monopolio de la obediencia: cuando las personas forman parte de otros grupos y poseen otros vínculos y lealtades sociales que valoran más que los vínculos políticos, entonces la obediencia al Estado deja de ser absoluta (y recordemos que el Estado aspira a ser soberano: autoridad última sobre todo). De ahí que el Estado siempre haya recelado de la familia, de la autonomía municipal, de las iglesias o de las mutualidades: en ciertos momentos, el Estado ha fagocitado a algunos de estos grupos (los municipios se han transformado en una rama administrativa más del Estado; y en muchos países la religión es estatal), mientras que en otros ha tratado de reemplazarlos (el Estado de Bienestar es una forma de sustituir los servicios que tradicionalmente habían venido prestando las familias o las mutualidades en forma de cuidado de menores, cuidado de ancianos, previsión social, aseguramiento frente a riesgos, educación de los niños…). Sorprende que, una vez el Estado ha terminado fragmentando y minado todos los vínculos cooperativos que mantenían a la sociedad unificada (salvo, acaso, los vínculos estrictamente mercantiles, donde efectivamente el mercado todavía goza de preponderancia), entonces los defensores del Estado grande se quejen de que la sociedad está desapareciendo y de que las redes de cooperación social voluntaria se están extinguiendo: no, el Estado las ha matado para monopolizarlas y, evidentemente, la forma de resucitarlas no es con mayor estatismo, sino con mucha más sociedad civil (justo lo que reivindica el liberalismo). Nuevamente, si queremos denominar neoliberalismo a un sistema político que consiste en erradicar toda forma de interacción social salvo la económica, dejando esta última a un mercado (muy regulado por el Estado), bien está, pero no mezclemos esto con el liberalismo, que siempre ha defendido una sociedad civil vigorosa e integrada merced a la libre asociación de personas.

"El ascenso de Donald Trump": En los últimos años estamos asistiendo a la emergencia de formaciones políticas populistas: tanto populismo de derechas (Trump en EEUU o Le Pen en Francia), como populismos de izquierdas (Podemos en España, Syriza en Grecia, o Corbyn en Reino Unido). Ciertamente, el populismo es un problema, pero no es un problema achacable al exceso de liberalismo, sino a que muchas personas siguen teniendo fe en la política como herramienta para imponer sus preferencias y sus intereses sobre el resto de los ciudadanos aun a costa de quebrantar sus libertades. Monbiot pretende explicar el ascenso de Trump por la incapacidad de la política para seducir a los ciudadanos: "Cuando la política deja de dirigirse a los ciudadanos, hay gente que la cambia por consignas, símbolos y sentimientos. Por poner un ejemplo, los admiradores de Trump parecen creer que los hechos y los argumentos son irrelevantes". Pero es justamente al revés: Trump es un éxito de la repolitización agresiva de una parte de la sociedad. Lo mismo que Podemos en España. Aquellos que jamás se habían metido en política, o que lo hacían de manera desilusionada, han recuperado su fe en la política como una herramienta "de cambio". Pero, ¿de qué clase de cambio? No un cambio para alejar al Estado de nuestras vidas, sino un cambio para legitimar un intervencionismo estatal desacomplejado, frentista, exclusivo y parasitario. Trump ya ha alertado de que va a utilizar el Estado como un arma contra los extranjeros (inmigrantes y exportadores foráneos); Podemos ya ha alertado de que va a utilizar el Estado como arma contra los ricos. Ni uno ni otros se plantean si, al hacerlo, están respetando las libertades de los damnificados: no les importa, dado que justifican el uso de la coacción estatal tan sólo en el interés de los grupos de electores a los que defienden ("las mayorías sociales"). Por eso, el problema no es que la sociedad se haya vuelto demasiado liberal, sino que mucha gente no es lo suficientemente tolerante como para entender que no debe utilizar la coacción estatal para imponerse sobre los demás. Al contrario de lo que dice Monbiot, el populismo liberticida no surge de "una pérdida de la autoridad ética [de los Estados] derivada de la prestación de servicios públicos": surge justamente de que el Estado disfruta de una hiperlegitimidad para hacer y deshacer a su antojo, motivo por el cual se forman agrupaciones de electores que desean capturar esa máquina de poder para instrumentarla según sus intereses. Quizá el neoliberalismo —como ideología política tecnocrática de élites que planifican la vida de la gente de un modo totalmente ajeno a sus preferencias— pueda tener alguna responsabilidad, pero desde luego no el liberalismo.

En definitiva, según qué definición adoptemos de neoliberalismo, sí cabrá hallarlo en la raíz de muchos de los males de la modernidad. Tal vez no como el único o determinante factor, pero sí como uno de lo que refuerzan ciertas tendencias negativas. Ahora bien, debe quedar bien claro que neoliberalismo es no-liberalismo: toda la responsabilidad que pueda tener el neoliberalismo en la gestación de esos males la tiene en la medida en que se separa de los presupuestos del liberalismo clásico o del liberalismo libertario. De hecho, y paradójicamente, lo que Monbiot propone —ni socialismo ni capitalismo— no es una alternativa al neoliberalismo dominante, sino una reafirmación del mismo. Lejos de reconocer el fracaso de sus propias ideas, Monbiot opta por construir un muñeco de paja al que imputarle la responsabilidad de ese fracaso. Una simple huida hacia adelante para no reconocer que el neoliberalismo —la economía social de mercado— no es más que otro rostro de la fallida socialdemocracia europea. La verdadera alternativa revolucionaria a día de hoy no es un estatismo neoliberal mucho más agresivo que el actual, sino regresar a los principios fundacionales del liberalismo.

Podemos, el partido de los pijos
Almudena Negro www.vozpopuli.com  11 Mayo 2016

Hace ya tiempo que les vengo diciendo que lo de Podemos es la gauche divine de siempre, radicalizada después de la pasada por nuestro destructivo sistema educativo. Y tamizada por la transversalidad, si Pablo y Alberto no lo remedian en junio, del populismo. Populismo que no es una ideología, sino una enfermedad de la democracia que germina cuando se juntan la desafección de la gente hacia la clase política, la crisis institucional y la crisis política con una sociedad infantilizada, producto de décadas de socialdemocracia.

Pues bien, en el estudio postelectoral llevado a cabo entre enero y marzo de 2016 por parte del CIS, se pone de manifiesto que Podemos es la formación política preferida por las clases medio-altas y altas. Por los ricos. Le siguen los asalariados de clase media, es decir, los funcionarios.

¿Sorprendidos por el voto de los ricos a Podemos, una fuerza de corte totalitario que liquidaría las libertades, la democracia y sustituiría unas oligarquías por otras? No lo hagan. Lo mismo sucedió en Venezuela. No fueron las clases populares las que auparon al poder al tirano Chávez, aunque luego se rindieran a la propaganda del populismo. Fueron las Carmen Lomana de los barrios más pudientes de Venezuela las que votaron chavismo. Un populismo, que, como los totalitarismos del siglo XX, previamente ha prendido con fuerza en las universidades. Por eso tampoco sorprende el nivel de universitarios de los votantes podemitas. Unos jóvenes que lo han tenido todo en casa de papá y mamá, como Rita, como Pablo, como Iñigo, excuso decirles que como Carolina Casoplón o Ramón Black Jr., y que ahora se creen que tienen derecho a seguir teniéndolo sin esfuerzo. Un 28% de los votantes de Podemos se considera muy rico. Pero está contra el capital.

Chávez llegó al poder, por otra parte, con la complicidad de los menos inteligentes de COPEI, la democracia cristiana de centro-derecha, y los acomplejados de Acción Democrática. O sea, los más radicales de la formación de Carlos Andrés Pérez. En el partido de la socialdemocracia tradicional, el equivalente a nuestro PSOE, los hombres fuertes de toda la vida fueron sustituidos por pazguatos con ambición. Líderes de segunda o tercera, que llevaron al partido a luchas intestinas que lo liquidaron. Ramos Allup, presidente de la Asamblea Nacional Venezolana lo sabe bien. Por su parte, en la derecha de COPEI su fundador, Rafael Caldera, entregado a la socialdemocracia y el izquierdismo cual Montoro, no permitió que se nombrasen sucesores. ¿Les suena la película? Ojo, porque no somos venezolanos, pero la naturaleza humana es la misma en todo el planeta.

Los autónomos, los machacados por la socialdemocracia rampante, no votan a Coleta Morada. No lo quieren ni ver. Saben lo que es trabajar sin horario y cobrar por tu esfuerzo, además de lo que supone el latrocinio estatalizado. Un atraco contra las clases medias iniciado por el PSOE en los ochenta, debilitado bajo los gobiernos de Aznar, pero retomado por el causante del giro hacia el totalitarismo de la izquierda, Rodríguez Zapatero, pero que ha seguido siendo perpetrado por el PP que gobierna. Ambos partidos, como entonces sucedió en Venezuela, se resisten a introducir los cambios por los que la sociedad clama. Que no son los mismos que se reclaman en una España azotada por el populismo nacionalista, que es el realmente hegemónico, como se puede ver en las proclamas proseparatistas de Pablo Iglesias. Tampoco los mayores, los que recuerdan la mitificada Transición y estudiaron bajo el nefasto sistema de Villar Palasí o el estupendo sistema anterior, quieren saber nada del populismo. Precisamente por la hegemonía nacionalista, que ellos no comparten.

Señor Rajoy, señor Sánchez, ahora que están en campaña, espero que no se empeñen en ofrecernos lo que ya fracasó en diciembre. Ofrezcan lo que se demanda. Sean reformistas, no inmovilistas. ¿Tanto cuenta que podamos elegir a nuestros representantes? Ah, claro. Que lo mismo algunos insignes a los que ustedes designan digitalmente para concurrir en listas cerradas y bloqueadas no ganarían las elecciones ni en su edificio. Señor Rajoy, señor Sánchez… ¿es tan complicado empezar a dividir los poderes? Separen ejecutivo y legislativo. Fuera el banco azul del Congreso. Metan mano en el judicial, que está hecho unos zorros y politizado hasta la náusea. Esas reformas dejarían sin discurso al populismo, cuyo voto es el voto de la ira y el resentimiento. Y contra eso, sólo cabe la ilusión. La ilusión de combatir el populismo con libertad política. Con democracia.

Las brujas de Carmenamurdi
Tomás Cuesta Libertad Digital 11 Mayo 2016

En el descacharrante tuit que ha perpetrado Ahora Madrid para poner en lenguas a la fiscal Morando y silenciar la causa contra Rita Maestre, las alegres comadres de la jovial vocera se jactan de ser putas -¡todas putas!-, como en Fuenteovejuna, pero a la "puttanesca". Se echa a faltar, no obstante, que la soflama solidaria, el fraterno alegato municipal y obsceno, hubiese sido unánime además de elocuente. ¿Qué se hizo de los putos? ¿O es que nadie ha caído en que los putos brillan por su ausencia y el imperativo ético de la igualdad de género ha sido profanado por aquellas y aquellos que intentan imponerlo? Minucias, pequeñeces, pecadillos veniales que absuelve, peace and love, la abuelita Carmena.

Aunque Ahora Madrid, más que una formación política, sea un batiburrillo de mil leches, ellas ejercen de mozas de partido y si presumen de ello están en su derecho. Pase que asuman la condición de maturrangas, de carpetovetónicas rabizas o hasta de coimas caraqueñas. Pase también que, en un alarde de intrusismo, escamen el prestigio de las pescaderas. Lo que no tiene un pase, ni tan siquiera medio, es que pretendan -¡serán brujas!- meterse en el pellejo de las incombustibles brujas que se libraron de la quema. De aquellas que, a Dios gracias, corrieron mejor suerte que los judíos que Zapata estabuló en un cenicero.

Se trata, a fin de cuentas, de azuzar a los párvulos y espolear a los mastuerzos dando cuerda al espectro de una España cerril, beatona y siniestra que todavía sigue ahí, que todavía alienta. De una España obcecada en llevar a la hoguera a la Juana de Arco del laicismo en tetas. El disparate es mayestático, el trágala indigesto, inmensas, ahí nos duele, las tragaderas de los jueces. Lo indudable, hoy por hoy, mientras se cuece la sentencia, es que las señoritas brujas que montan aquelarres en las zahúrdas de Cibeles, son un dechado de ignorancias, un sublimado de sandeces, un cenagal de despropósitos, una bullanga analfabeta.

Lindo chiste, en efecto, es condenar al Santo Oficio por el único crimen del que ha salido absuelto. La tenebrosa Inquisición, el yunque de la fe, el martillo de herejes, aperreó a los reformados, acosó a los conversos, castró a los humanistas, bastardeó las almas y esquilmó los cerebros. La brujería, en cambio, nunca le quitó el sueño a la Suprema y hay pocas excepciones que desmientan la regla. De hecho, el gran proceso de los que le otorgó a Zugarramurdi las credenciales de leyenda, hizo otro tanto con Salazar y Frías, un impecable inquisidor que impuso la justicia desmochando conjuros y desactivando agüeros.

Sus conclusiones, sustanciadas en un castellano excelso, ni han menguado en rigor ni han perdido vigencia. "En parte alguna hubo brujas -afirma al echar el cierre- mientras nadie habló de ellas". Trasvasando el axioma a las supercherías del presente, las fétidas consignas que saturan la red replican la coyunda de lo intonso y lo intenso, de la estulticia a manta y el fanatismo impenitente. Las brujas de Carmenamurdi y la jovial vocera.

Votar, cada día. Aclarar el 11-M, jamás
Gabriel Moris Libertad Digital  11 Mayo 2016

Parece como si el título de mi reflexión fuera la consigna que siguen fielmente todos los partidos que concurren a las votaciones permanentes de la mal llamada democracia española.

Yo no represento a nadie, sólo pretendo representar a algún miembro de mi familia, especialmente a mi hijo, vilmente asesinado en los trenes de Cercanías; afortunadamente, no íbamos todos en ellos. De haber ido todos, hoy no quedaría en España ni uno solo de los demócratas que cada día se disputan a sangre y fuego el privilegio de servirnos a todos, incluidos las víctimas del mayor ataque terrorista de España y de Europa. En mi léxico no encuentro palabras para calificar a los españoles que olvidan y callan ante esta situación.

El pasado día 29 de abril se cumplieron dos años de una petición que hicimos al Estado sobre los atentados del 11 de marzo de 2004. Iba avalada por 56.000 firmas. De las tres instituciones que conforman el Estado, sólo recibimos respuesta del Congreso de los Diputados. Fue tan lacónica que se limitaron a decir que cursaban nuestra petición a la Comisión de Peticiones. Transcurridos dos años, el silencio es la respuesta a nuestra razonada y razonable demanda:

Petición al Gobierno, al Congreso y a la Audiencia Nacional: Investigar los Atentados del 11-M.
Para hacer Justicia y regenerar las Instituciones. Para prevenir otro crimen de lesa humanidad como éste.

Durante estos dos años, el Estado se ha dedicado a propiciar procesos electorales. Para ser veraz, también nos han dicho que trabajaban para resolver los problemas económicos y para remediar la lacra del desempleo. Parecía que en España sólo era importante la economía. Nos hacen recordar la conocida frase de un estadista europeo que reza: "Dame una buena economía y te daré una buena política". No creo que sea aplicable a nuestro caso. Todos han olvidado las tristemente famosas frases de "Todos íbamos en los trenes", “Queremos saber la verdad”, “¿Quién ha sido? , “España se merece un Gobierno que no le mienta”, “Que hable la Justicia”, y sigue muda; y cuando habló, ¿qué dijo? Podríamos llenar páginas con dichos y hechos relacionados con el crimen que ha condicionado plenamente nuestra vida sociopolítica desde el 11-M.

A raíz de aquel atentado, en España hemos vivido y seguimos viviendo hechos al menos atípicos, respecto a nuestro pasado reciente, así como al de los países de la Unión Europea. Las cosas no ocurren casualmente, obedecen a una causalidad. Yo sostengo que casi todo lo malo que nos sucede deriva de aquel luctuoso hecho.

Durante estos doce años hemos dejado de clarificar, ajusticiar y prevenir un crimen como aquel. En otros países europeos se han mantenido actitudes más lógicas y racionales que en España. Creo que todos pensamos inmediatamente en París y en Bruselas. Madrid no debería desmerecer a las otras capitales europeas, máxime con el triste y dilatado historial de terrorismo en nuestro país. Hace unos días hemos conocido la opinión de los españoles según el CIS; los cuatro asuntos que más nos preocupan son el paro, la corrupción, la economía y la política. Creo que ninguno de ellos es una prioridad para la clase política que padecemos.

El año pasado y éste, años de elecciones permanentes, parece que no han servido para cambiar las tendencias de nuestras inquietudes y preocupaciones. ¿Sirven para algo las elecciones democráticas, a las que acudimos los ciudadanos con tanta frecuencia? ¿No falta algo en nuestra vida política y en los políticos para que sean realmente un servicio a los ciudadanos?

Yo creo que el 11-M fue algo más que un atentado. Si analizamos los pocos hechos que conocemos y sus consecuencias, podemos descubrir que aquello fue fruto de una planificación de alto calado y no un atentado improvisado por unos aficionados a matar inocentes. Para mí y para los firmantes de aquella petición, resulta incomprensible la convocatoria permanente de elecciones y el silencio y olvido que mantienen por consenso para ocultar la verdad y la justicia pendientes para con el mayor crimen político de nuestra reciente historia. ¿A quién beneficia este silencio? ¿A quién perjudicaría la verdad y la justicia? Espero la respuesta del Estado a estas dos preguntas.

Margallo le hace la campaña a Podemos
Juan Ramón Rallo www.vozpopuli.com  11 Mayo 2016

Los simpatizantes del Partido Popular gustan de afirmar que el PP es un partido serio, cabal e incluso —aguanten las risas— liberal, por mucho que en el cesto de sus dirigentes haya una manzana podrida llamadaCristóbal Montoro. Sobre el ministro de Hacienda suelen recaer todas las cornadas de quienes pretenden excusar los muchos y variados males del PP durante esta legislatura: fue Montoro quien se empeñó en multiplicar los impuestos, fue Montoro quien no ha cuadrado ni un solo año las cuentas del Reino, fue Montoro quien apenas recortó el gasto público.

Montoro es la perfecta víctima propiciatoria sobre la que descargar responsabilidades: es un tipo grisáceo, antipático y con petulancia de falsa grandeza. Un peón perfectamente sacrificable cuando llegue el momento. Pero, justo por eso, Montoro es lo que es: un peón y los peones no son responsables de la estrategia de todo el equipo. De hecho, el ministro de Hacienda no es la única manzana podrida dentro del PP: el PP es un partido podrido, repleto de partidarios de los sablazos fiscales, del endeudamiento estimulante y del Estado elefantiásico.

El último en así manifestarse ha sido el ministro de Asuntos Exteriores y eterno candidato a vicepresidente económico, José Manuel García-Margallo, quien ha declarado en televisión que “nos hemos pasado cuatro pueblos con la austeridad”. Lo dice desde un Ejecutivo que ha incumplido los objetivos de déficit todos los años y que apenas ha contribuido a reducir el gasto público real por habitante (descontando los gastos financieros)… un 6% con respecto al pico de la burbuja inmobiliaria. Sí, el brutal recorte del gasto público que, de acuerdo con Margallo, está “matando la gallina de los huevos de oro” ha sido del 6% con respecto a 2007.

Pongámoslo en perspectiva para contemplar esta insoportable y asfixiante austeridad que, según el ministro de Exteriores, está hundiendo nuestra economía. En el siguiente gráfico pueden observar el gasto total de las Administraciones Públicas españolas descontando la inflación y los intereses de la deuda:

Fuente: Intervención General de la Administración del Estado

Y ahora compárenlo con este otro gráfico, el que representa la evolución de la deuda pública española:

Semejante nimiedad en el ajuste en el gasto público es a lo que atribuye ahora ese gobierno el estancamiento económico

¿Observan ustedes algún ejercicio de insoportable, insostenible y exagerada austeridad? Probablemente no: es más, probablemente observen todo lo contrario a la austeridad: a saber, una absoluta renuencia a recortar el gasto a cambio de hiperendeudar a los españoles. Pero Margallo sí la observa: esa es la vara de medir del gobierno de las cuentas claras, del gobierno que venía acabar con el déficit adelgazando el peso del Estado en nuestras vidas. Semejante nimiedad en el ajuste en el gasto público es a lo que atribuye ahora ese gobierno el estancamiento económico: no al pinchazo de la burbuja y a la lenta tarea de reconstrucción, no al sobreendeudamiento estatal que a punto estuvo de abocarnos a la quiebra, no a las hiperregulaciones que maniatan toda actividad empresarial salvo la de las élites oligárquicas afines al poder, no a la asfixia tributaria a la que nos ha sometido el propio PP, no a la corrupción institucionalizada que pervierte cualquier pretensión de transparencia y concurrencia administrativa. No, lo que está matando la gallina de los huevos de oro, aquello en lo que nos hemos “pasado cuatro pueblos”, es en el timidísimo ajuste del gasto público.

Bien, ninguna sorpresa: así piensa Margallo, así piensa Montoro y así piensan los dirigentes del PP. Justo lo mismo, por cierto, que Podemos. A la postre, el discurso de que España ha sido excesivamente austera, de que la austeridad ha terminado pasándonos factura y de que ha llegado el momento de rectificar y volver a multiplicar el gasto no es una margalladaoriginal de Margallo, sino del partido de Pablo Iglesias. Poco importa que ninguna de las tres premisas sea cierta: ni España ha sido austera (ajuste del 6% con respecto al pico de la burbuja), ni nos ha pasado factura la cuasi nula austeridad (España está creciendo), ni ha llegado el momento de incrementar el gasto (seguimos teniendo un déficit muy elevado y, en todo caso, habría llegado el momento de bajar impuestos). Da igual: con su discurso exagerando el ajuste y exigiendo un cambio de rumbo hacia una mayor hipertrofia estatal, Margallo está haciéndole media campaña electoral a Podemos. ¿Quién mejor que la formación morada para ejecutar aquellas políticas que siempre han defendido (acabar con el austericidio) y que son justo las contrarias que lo que el PP nos había vendido que debían implementarse (la austeridad)?

No es de extrañar, pues, que Alberto Garzón, muleta de Podemos en las próximas elecciones generales, haya agradecido la sinceridad del ministro, no sin antes redoblar la apuesta: “la austeridad no ha sido pasarse cuatro pueblo, ha sido un saqueo”. El saqueo para Garzón, como para Margallo el “pasarse cuatro pueblos”, es intentar equilibrar ingresos y gastos, no el haber sido el gobierno que más impuestos ha subido de nuestra historia o que más nos ha endeudado. Unos y otros piensan y actúan igual, sólo que con distintos grados de radicalidad: el PP nos asfixia a impuestos y a deuda, y Podemos cree que lo hace insuficientemente. Ése es el auténtico pensamiento único compartido por la casta estatólatra que nos gobierna y por la casta estatólatra que aspira a gobernarnos: expoliar a las clases medias para mayor gloria de la burocracia estatal.

Los papeles de la memoria
Javier Pérez Pellón Republica.com 11 Mayo 2016

Como todos aquellos, éste es mi caso, que doblando las esquinas de un cierta edad nos hemos dedicado al menestral oficio del periodismo y tomado, formalmente, confianza con algo que, en principio, es etéreo, me refiero al lenguaje de los ordenadores, ver pero no tocar, nos coloca en contradicción con el otro “menos moderno” al que estábamos acostumbrados: esto es, la palabra inicialmente pensada y luego escrita, con el inconveniente y natural consecuencia que, a lo largo de nuestra azarosa carrera por los senderos del mundo, terminamos por coleccionar una infinidad de papeles. Material arrugado por la usura del tiempo y casi transparente por los efectos de la tortura biológica de tanto manoseo de decenas de años (veinte, treinta, cuarenta…) Y un buen día se nos ocurre pensar que ¡ya está bien! y que es hora que vuelvan, como todo ser viviente, a la tierra que los ha visto nacer, desarrollarse, crecer y transformarse desde su original tronco de madera, arrancado de las ramas de hayas y abetos en el material insustituible en el quehacer de nuestra vida cotidiana. Y, también, porque los papeles gozan de esa su otra vida virtual que forman parte del anaquel indestructible que es la memoria. Naturalmente estoy hablando casi desde el neolítico y de cuando las ideas “yacían enlatadas”, como silenciosas sardinas, en los contenedores del tiempo de los papiros, y de cuando no existía el reciclaje, un algo que hoy puede transformar una edición del Quijote o de la Divina Comedia, arrojadas en un basurero, en una revista pornográfica, por ejemplo. Días, también, con mucha anterior didáctica a la conservada en los diccionarios ¿inmateriales? de los ordenadores.

Y, a mí, me ha dado por pensar que, cuando nos deshacemos de los papeles, sucede algo similar al día en que se marchita un amor; los abrazos de la amada ya no tienen el perfume de un tiempo, las caricias se han convertido en simples y sudados toqueteos y los besos no son nada más que un intercambio de salivas plagadas de bacterias. El fragor que se agosta es ley de madre naturaleza. Al igual ocurre con los papeles que tiramos a la basura después de que, por un huidizo instante, se hayan reflejado en el espejo de nuestras retinas. Es algo así como desinfectar la memoria. El olor del desinfectante permanece, por algún tiempo, en tu sentido olfativo; después y aunque tengas presentes sus generalidades se esfumará por completo. Y así ha sucedido, arrojándolos a la basura, con esquelas y obituarios, en recortes de papel, en periódicos, semanarios, revistas…que he conservado durante años, ni siquiera recordaba su posesión, de compañeros y amigos de mis años escolares, universitarios, de los camaradas de trabajo (italianos y españoles) con los que compartiría intensivas y estresantes jornadas de labor y que, más tarde, pasando el tiempo, han arribado a la otra orilla. Al igual que ha acaecido con una buena parte de esos otros que una falaz propaganda pseudo progresista, calificó como “los gilipollas chicos del SEU”, sólo porque, generosamente y en mi juventud ¡ay hace tantos años olvidada! formé parte de aquella inolvidable, numerosa y fantástica legión que, generosamente, se dedicó a trabajar al servicio de esa unidad patria llamada España.

Ahora mismo me llega la noticia de otra ausencia muy sentida. Me han leído la esquela de Angel Torío López. Primero como ayudante de cátedra y poco después como catedrático por oposición fue mi profesor de Derecho Penal, en la Universidad de Valladolid y uno de los mejores del que tuve el honor de seguir sus magistrales lecciones. Después fuimos amigos, de los buenos. Le llamaba con frecuencia desde Roma, verle mucho de menos. Pero sucede que, cuando se te muere un profesor, es como tener la sensación de que algo se ha interrumpido en el fluir de dos vasos comunicantes. Porque el iter universitario te deja idéntica huella indeleble que cuando, religiosamente, recibes las aguas bautismales. Hace muchos años que ambos cumplimos con nuestros deberes universitarios. Pero aún así, repito, es como si algo se hubiera roto, para siempre, por alguna parte.

Recosiendo mis anteriores reflexiones sobre el extremismo izquierdoso social-político, también me ha dado por pensar, que el comunismo stalinismo, como forma de gobierno ha fracasado, pero que su ideología tiránica y absolutista continúa absorbiendo, yo diría que más del noventa por ciento de nuestro quehacer en la vida colectiva. Y no sólo me refiero a los radicales “tovarich” de izquierdas, sino a los ideológicamente encogidos y platealmente viles y cobardes centros y derechas que tuercen la mirada hacia otro lado cuando se les habla de estas cosas, mientras se avecina la catástrofe. Por ello no comprendo esta animadversión tan difundida hacia el régimen del general Franco en escritos, manifestaciones públicas de personajes, entre los de hoy considerados como muy “conservadores”; ejemplares impresentables como los Rajoy, aznarines…donde ellos mismos o sus progenitores se hincharon a “chupar del bote” durante el franquismo. O aquellos otros que claman por la injusticia del destino que permitió que Franco muriera en la cama ¿Qué sucede? ¿en su calenturienta imaginación se les ha ocurrido pensar que hubiera sido más equitativo fusilarle y exhibir sus restos ensangrentados, junto a los de Doña Carmen Polo, pendiendo de una farola en San Antonio de la Florida, como lo fueran los de Benito Mussolini y Claretta Petacci, balanceándose, boca abajo, en el centro del milanés “Piazzale Loreto”? Página, esta última, quizás la más vergonzante de la moderna historia italiana que coincidía con la traición de Badoglio y el finalizar de la Segunda Guerra Mundial. Pero ¿qué sucede? ¿Es más saludable para el gentío un régimen político, como el de Franco, al que repetidamente he llamado como de “libertad vigilada”, – por muy vigilada que fuera, que tampoco lo fue tanta – , que el del leninista-stalinista-comunista, que es la total negación de la libertad? Comunismo y libertad son dos términos irreconciliables y son, precisamente, aquellos donde han mamado su ideología totalitaria la Carmena, la Colau, el “coletas” y demás “podemitas” de nuestra actualmente desgraciada realidad social y política y que ellos llaman democracia. Esa misma, corrupta y libertaria, que permite que “suban al Poder gentes deleznables”, cuando el ideal sería que gobernaran los mejores.

Son papeles, con las más elementales e inteligibles reflexiones de sentido común, que han pasado, un instante, por mis manos y que, sin pensarlo dos veces, he arrojado a la basura. Como, correrá idéntico destino, sin tan siquiera detenerme a abrir su contenido, la papela para votar. Es más, invito a no votar, total abstención. La corrupción política de los que mandan sólo se combate, con la indiferencia, dándoles la espalda. Hacer de España un país sin votantes. No romper las urnas, sueño joséantoniano, pero sí abandonarlas vacías de cualquier clase de contenido. Estoy seguro que mi país está repleto de una juventud cultural y científicamente muy preparada, la que está dentro y la que se ha visto obligada a la emigración. La regeneración de España comienza por ahí. Mientras tanto invito, una vez más, a leer y reflexionar sobre el contenido, las veinte luminosas páginas del “Manifiesto para la supresión de los partidos políticos”, escritas por Simone Weil, posiblemente en 1940 y publicadas, por vez primera, varios años después de su muerte, ocurrida en el Sanatorio inglés de Ashford, de tuberculosis, a la sola edad de treinta y cuatro años. De origen judío, fue militante de extrema izquierda revolucionaria comunista antistalinista y participó, con las Brigadas Internacionales, en la Guerra Civil española.

Escribe Simone Weil: “Adherir a la ideología de un partido significa limitarse a tomar posición a favor o contra cualquier cosa. Significa renunciar a pensar ¿es ésta la democracia? ¿De verdad hoy los partidos políticos representan la voluntad de los ciudadanos o son simples organismos que tienen como única finalidad la de reproducirse?” Acoger con decidida e irrenunciable voluntad las tesis de Simone Weil quiere decir despertar del letargo y volver a pensar con nuestra propia cabeza.

Se ha dicho y repetido hasta la saciedad que “el mal inherente al capitalismo es el desigual reparto de los bienes y que la virtud inherente al socialismo es el equitativo reparto de la miseria. Corolario: ningún sistema socialista puede ser establecido sin una policía política que proteja sus espaldas”. Desde los tiempos de los deletéreos gobiernos de Felipe González malconvivimos en España con la tiranía de un régimen de policía política. Los partidos políticos tienen una organización piramidal, son autoritarios y represivos por definición, italianos y españoles, por ejemplo, que son los que tengo más cerca y que “muestran una total indiferencia por la “res pública”, pero un talento inenarrable para sustraer dinero público a la comunidad” (Simone Weil)”. Su destino debería ser erradicarlos, para siempre, de nuestro sistema social-político, suprimirlos. Abrir de par en par las ventanas. Respirar aire puro.

¿Y entonces, que hacemos con los Rajoy, Cifuentes, Sánchez, la andaluza Susana, Esperanza Aguirre, aznarines y botellas, Pujoles, Mas, Patchis…? Pues, de momento inhabilitarles, de por vida, a ejercer cargos públicos y, después, juzgarles por alta traición por haber contribuido, activa o pasivamente, a la corrupción y desmantelamiento de España. Y mientras se emita sentencia, se les puede permitir, incluso, que trabajen, verbo, cuya declinación han olvidado desde su más tierna infancia.

¿Y con la Carmena, la Colau, el coletas y demás socios polemistas? Pues, una vez inhabilitados de por vida a ejercer cargo público, encerrarles en una clínica mental, el llamado manicomio, con una estancia no menor de cincuenta años y con la utilización, si fuera necesario, de la camisa de fuerza. “Padre mío, perdónales porque no saben lo que hacen”. Para mí, las papelas para votar por un partido, no son otra cosa que una guarrada cuyo inmediato destino es arrojarlas a la basura. En el entretanto continuo topando con otras cuantas cosas, papeles y más papeles. Por ejemplo, yo me estaba criando con el hábito de pasar largo tiempo al aire libre. Jugábamos al fútbol en medio del asfalto de la calle o los jueves, a primera hora de la tarde, en los grandes espacios, de cierto y tímido verdor, – de las Arcas Reales, plagada de campos de fútbol de tierra, a seis o siete kilómetros de Valladolid, que poseían los frailes de los “baberos” (la orden fundada por San Juan Bautista de la Salle, dedicada exclusivamente a la enseñanza) – , y en cuyas aulas escolares, el “pucelano” Colegio de Lourdes, donde yo estudiaba, pasaría once años antes de darnos el paso a la Universidad, previa “Reválida” aprobada. Los tres largos meses de veraneo en el Pinar de Antequera o los grandes ventanales de las aulas escolares que daban al río Pisuerga…En fin, como he dicho, aire y ventanas abiertas.

Recuerdo vagamente, siendo muy niño, de cuando, de la mano de mi madre entré en una iglesia. El aire encerrado, el olor a humanidad, me produjeron, sin duda, una sensación muy desagradable; incluso es posible que tuviera náuseas, por lo que me puse a berrear hasta que mi madre me sacó corriendo de ese encierro insoportable. Más tarde, y poco a poco, no tuve más remedio que acostumbrarme. La vida nos va moldeando. También es probable que nuestra infancia creciera en un ambiente demasiado higiénico o aséptico. Pero, andando el tiempo, me he preguntado si ¿podríamos llamar buena a una educación, – la que estábamos recibiendo – , que se traducía en asco hacia nuestros hermanos, los demás niños de nuestro alrededor? Lo mejor es tirar a la basura esos papeles procedentes de los arcanos de una memoria que, como procelosas ondas de un mar en tempestad, ofuscan la que pudiera haber sido la nitidez de los recuerdos. Todas estas cosas afloran a nuestra conciencia, en los momentos que preceden al sueño. Después percibimos el amanecer y con él el silencio esencial del día y el mundo vuelve a empezar, con sus incertidumbres. Con la conciencia de los misterios y las complejidades de la vida y, velando a nuestro lado, la terrible pesadilla del insondable porvenir. Aunque, al fin y al cabo, “todo lo que ocurre es intrínsecamente semejante al hombre a quien le ocurre”.

“A cada uno de nosotros, – este es lenguaje del Nuevo Testamento – , les es dado un Calvario proporcional a su poder de sufrimiento y a sus posibilidades de propia perfección”. Diría que no me ha ido mal del todo, quizás porque nunca me ocupé de pensar en las posibilidades, remotas o cercanas, de alcanzar alguna perfección. Y, con esto, sigo tirando a la basura papeles y más papeles

Yo no sé, no recuerdo, si fue San Francisco, “il poverello d’Assisi”, quien dijo: “que la vida, después de todo, era lo más importante”. Al igual que sucede con mi mismo. Aire fresco y ventanas abiertas desde donde puedan entrar pensamientos consoladores, con el que hacer frente a un mundo incierto y en descomposición para poder exclamar: “Yo tengo fe en la Vida”. Tal es el primer artículo del credo. El tiempo que fluye y, quizás un Dios inmóvil sobre la orilla eterna.

javier.perez.pellon@gmail.com
jperezpellon@tim.it

******************* Sección "bilingüe" ***********************
La segunda muerte de las víctimas de ETA

EDITORIAL  www.gaceta.es  11 Mayo 2016

Al club Floridablanca, que se ha convertido en el Pepito Grillo del PP, se le ha ocurrido organizar junto a la Fundación Villacisneros una jornada de recuerdo a las víctimas de ETA, y la puesta en escena basta para demostrar que, en materia antiterrorista, el actual Partido Popular se halla en los antípodas del PP de José María Aznar, que es el que Floridablanca reivindica.

Con todos sus fallos –que los tuvo-, nadie negará que uno de los grandes logros de Aznar fue arrinconar a ETA no sólo en el plano policial, sino también en el aspecto político, y conviene subrayar ambas dimensiones porque ETA no es sólo una banda criminal, sino, sobre todo, una organización separatista. Tan importante era el combate político como el policial, y en ambos frentes supo el Gobierno de entonces rectificar los errores del pasado, tomar la iniciativa y asfixiar literalmente a los terroristas. Uno de los aspectos clave de aquel combate era otorgar a las víctimas la dignidad política que nuestra sociedad, ignominiosamente, les había negado. A las víctimas del terrorismo las mataron porque, en ellas, se estaba matando a España. Ese mensaje permitió crear una clara conciencia social de dónde estaba el bien y dónde el mal. Y el bien estaba con las víctimas y con la nación.

Después llegó el 11-M de 2004, ganó Zapatero, el rumbo del Estado viró 180 grados y, a partir de entonces, el objetivo fue la “institucionalización” de ETA, es decir, neutralizar en lo posible los actos criminales a cambio de reconocer el derecho del separatismo radical a ocupar amplias cuotas de poder. Esa fue la política del PSOE durante siete años y es la misma que después, y traicionando sus propios principios, ha seguido el PP de Rajoy. ¿Ha traído la paz? En cierto grado, sí, porque ya no hay asesinatos. Pero el precio ha sido altísimo: entregar grandes parcelas de poder al mundo filoetarra, soltar a despreciables asesinos, dejar sin resolver centenares de crímenes etarras y desmantelar la influencia política de las víctimas del terrorismo, que hoy ya han dejado de ser un agente protagonista de la vida pública. En cierto modo, aquello fue una segunda muerte para las víctimas. Con razón se dice que el precio para acabar con ETA ha sido dar a la banda la victoria por vía política.

En este contexto, devolver a las víctimas del terrorismo su protagonismo político es un acto profundamente subversivo, un gesto de rebelión contra la rendición del Estado y de defensa de la dignidad nacional. Cabe suponer que en el PP de Rajoy y Soraya habrán acogido con profundo disgusto que alguien les recuerde su traición. Doble motivo para recordarla una y otra vez.

Podemos: El travestido comunismo 2.0.
La Verdad Ofende www.latribunadelpaisvasco.com 11 Mayo 2016

Alberto Garzón, líder de un partido quebrado y embargado por Hacienda, que aplica “eres” con la nueva reforma laboral y despidos de veinte días, ha cerrado un acuerdo con los hijos díscolos de Izquierda Unida, hoy financiados por Irán y su matriz, Podemos Venezuela. Según las últimas noticias que nos da el presidente del parlamento de Venezuela, el líder Español del nuevo traje comunista de travestismo político, confeccionado en Venezuela, Iglesias, también ha recibido trasferencias de dinero en una cuenta opaca fiscalmente en un paraíso fiscal. Es el vale todo en el asalto a los cielos. El programa tampoco se ha negociado, solo los sillones. ¿Programa?, ¿para qué? La cúpula de Podemos España ya estuvo en Izquierda Unida, son todos comunistas, y no lo esconden.

Con el reparto de los escaños y las subvenciones que regarán las quebradas arcas de Izquierda Unida, el comunismo íbero rescata al viejo PCE y se cierra el acuerdo. ¿Oiga, lo han acordado los círculos? :-)) En la última consulta del partido a "la gente" eliminaron a unos 300.000 afiliados para que los restantes, por mayoría aplastante, diesen el sí a lo que el Politburo Podemita quería aprobar. Es el casposo estilo de lo que hoy llaman nuevo leninismo "amable"

La facilidad con que la izquierda ibérica juega con la semántica demuestra una vez más que fueron y aún son los reyes de la propaganda. Las inmensas fortunas que invirtió Europa en una justicia manifiestamente débil y contaminada por políticos que impiden se controle su corrupción, y una pésima educación que ilustre a nuestras manipuladas juventudes, han servido de bien poco para reforzar la salud de nuestras aún incierta democracia liberal. Solo así se puede explicar que tras lo vivido en el pasado siglo XX, con los socialismos y sus sangrientas criaturas (nacionalsocialismo, fascismo y comunismo). todavía hoy dicho credo político tenga seguidores.

Términos como "trasversales", "socialdemócratas", "pueblo", "la gente" o "progresistas" son algunos de los eufemismos usados como envoltura electoral de un intento obsceno y travestido con el que pretenden instalar el socialismo.

Quizás el más asombroso y burlesco de todos ellos sea “leninismo amable”. De la amabilidad que practicó ese genocida con sus víctimas y opositores no hace falta hablar, como tampoco la que practicó su sucesor y mejor alumno, José Stalin, quien además de arrasar España con sus brigadas internacionales controladas desde el "Komintern", amablemente asesinó de la mano de un español hijo de la mejor amiga de “la Pasionaria” (huida a la URSS por sus muchos crímenes, como hoy De Juana Chaos a Venezuela) al comunista, bolchevique y compañero León Trotsky, por entonces ya opositor y depurable, como años antes todos los mencheviques.

La amabilidad del malicioso término, “leninismo amable”, se le ocurrió a un tal Monedero. Sí, curioso apellido para un hombre que representa la teoría económica del robo de la producción, la esclavización de las masas, la prohibición de la iniciativa privada, la represión de la oposición y de la prensa libre, y el control del poder de un modo absoluto, criminal y totalitario por las elites del partido comunista del momento, llámese como se llame, en Venezuela bajo el partido Podemos.

Monedero es profesor universitario en Somosaguas. Una Complutense que tuvo a bien designar como rector al hijo del genocida Santiago Carrillo, convirtiendo bajo su mandato sus aulas en foros de la apología del terrorismo etarra y la reivindicación del crimen marxista como praxis política. Su tesis jamás se ha publicado y está prohibido su acceso. Cuentan quienes pudieron verla que es la estafa más grande de “copy-paste” que ha conocido la historia de la Universidad Complutense, de ahí que no permita que pueda ser leída.

Asesor del golpista Chávez y responsable, como asesor, tanto de la ruina de Venezuela, como de la represión sangrienta de la oposición desde la fundación CEPS, hoy está retirado de las primeras filas de la política debido a un caso de corrupción flagrante, la de hacer trampas al fisco. No obstante, se mantiene dentro de la formación Podemos, creando doctrina política.

La gravedad de tanta amabilidad leninista que ya gobierna partes de España, son los más de siete millones de compatriotas (mal que les pese el término) que hoy votan comunismo (incluyo a los golpistas y proterroristas marxistas-leninistas vascos, catalanes y gallegos, y algún sindicato andaluz asalta-supermercados). Las inmensas fortunas gastadas en educación no han formado convenientemente a nuestra juventud, que ante el vergonzoso ejemplo de cómo han saqueado el Estado sindicatos, patronal, políticos y la corona, ha decidido por votar tan ruinosa opción política, habiendo tantas evidencias de su fracaso social.

35 años de socialismo en Andalucía arrojan el peor balance de atraso, corrupción, paro y fracaso escolar de España y Europa. Los miles y miles de fondos llegados desde Bruselas para la ayuda al desarrollo sirvieron de bien poco, y hoy se niegan a enviar más fondos estructurales hasta que no se aclare el destino de lo enviado y dilapidado en tantísimos casos de corrupción aun impunes, jamás aclarados y ya muy prontos a prescribir.

Pero no es el cancerígeno ejercicio de la corrupción el culpable del fracaso de dicho modelo político. La corrupción, tristemente, no respeta modelos políticos, razas, morales, estatus social o religiones.

Uno de los mejores ejemplos para explicar lo que afirmo sobre la naturaleza fracasada del socialismo la dio un reconocido profesor de economía de una universidad norteamericana, quien para explicar claramente cómo operaba dicho modelo económico y social, propuso a sus alumnos hacer un experimento sobre el socialismo:

La idea era dividir las notas de cada examen entre el número de estudiantes de aquella clase y asignaría el promedio resultante a toda la clase.

- Tras el primer examen, la nota media obtenida para los estudiantes fue de un seis. Los estudiantes más preparados estaban molestos, y los malos estudiantes, felices.
- Tras el segundo examen, los estudiantes malos estudiaron aún menos, y los que solían estudiar decidieron no prepararse. No iban a tener la nota que les correspondía. La nota media del segundo examen fue un cuatro.
- Tras el tecer examen, toda la clase sacó un dos, y el profesor suspendió a toda la clase, demostrando así el gran fracaso del socialismo, y lo saludable de la competitividad, el esfuerzo personal y el afán de superación y motivación.

El fin de todo sistema socialista ya lo conocemos. Margaret Thatcher, la “Dama de Hierro” lo concreto es una sola frase: “el socialismo se acaba cuando se acaba el dinero de los demás”. Cuba resistió sangrando a la URSS primero, a Venezuela después, y hoy, ya sin un primo al que saquear, y tras diseñar la transición hereditaria del poder de esa monarquía roja al hijo de Fidel o de Raúl, se dispone a emprender el camino que décadas antes inicio la china comunista con tanto éxito.

En España, la incertidumbre “amablemente comunista” que ya gobierna en Pamplona o Alicante, Cádiz o Barcelona, Valencia, Baleares, Alicante o Madrid, ya genera paro y mantiene inversiones millonarias congeladas. Más de 2.000 millones paralizados en proyectos para Madrid (240.000 empleos), Barcelona pinta igual, mientras el mercado de valores no para de dar tumbos desde hace meses.

Como les decía al principio, es un problema de educación, comprensión lectora y semántica. España, tristemente, tiene el vergonzante honor de ser el Estado de la comunidad europea donde menos se lee. Él lo entendió muy bien:

"¿Cómo describes a un comunista? Es alguien que lee a Marx y Lenin. ¿Y cómo describes a un anticomunista? Es alguien que entiende a Marx y Lenin". (Ronald Reagan)

Ana Iríbar, viuda de Gregorio Ordóñez
'En el País Vasco ofrecían la vida y en Madrid se repartían sobres'
Un acto conjunto organizado por Floridablanca y la Fundación Villacisneros ha reunido a numerosos protagonistas de la resistencia contra ETA. Santiago Abascal sentencia: "El PP de Rajoy no es recuperable".
Rafael Núñez Huesca  www.gaceta.es  11 Mayo 2016

A Isabel Benjumea, directora de Floridablanca, la escoltaron Ana Iríbar y Ana Velasco. ETA se llevó al padre de la primera, el jefe del Cuerpo de Miñones de Álava, y al marido de la segunda, Gregorio Ordóñez, candidato popular a la alcaldía de San Sebastián. María San Gil estaba con Goyo en el momento en el que un malnacido, Valentín Lasarte, le disparó por la espalda. María San Gil también estuvo ayer. E Isabel San Sebastián, amiga de todas y vasca como ellas.?

El encuentro traía por título “¿Hemos derrotado a ETA?”. Una pregunta incómoda para un día plomizo y lluvioso en la capital. La respuesta fue unánime y se reprodujo mecánicamente a cada intervención: no, no, no, no y mil veces no. No hay derrota posible de ETA cuando el portavoz de la banda es recibido en el Parlamento Europeo, cuando los proetarras “dominan las redes sociales” o, tal y como traía El País en su edición dominical, cuando los escolares vascos ya no saben qué fue la kale borroka.

Benjumea, que reconoció que intentaron disuadirla de organizar la conferencia, advirtió que la banda ni siquiera está derrotada “militarmente”. Tampoco socialmente. Aún menos políticamente: “¿Cómo es posible que la sociedad española no reaccione frente a un posible Lehendakari como Arnaldo Otegui?”.

Ana Velasco: “La tolerancia es un crimen cuando lo que se tolera es la maldad”
Ana Velasco advirtió que, lejos de desaparecer, ETA está tutelando el proceso político vasco, algo que, lamentó, postra a España frente a los pistoleros: “Estamos perdiendo la batalla de la dignidad como Nación”. Dedicó duras palabras a un PNV “cómplice absoluto” del nuevo relato sobre ETA.

Los jeltzales han puesto en marcha un “plan de paz y convivencia” de 20 millones de euros que equipara a asesinos y a asesinados “y desde el Gobierno de la Nación se les ha dejado hacer”. En los colegios del País Vasco reciben a víctimas de una pretendida “violencia policial” para dar charlas. Y el Gobierno de Rajoy ha dejado hacer. El gobierno Vasco ha aprobado un plan con otros 12 millones de euros para resarcir a las “víctimas de la tortura policial”. Y Rajoy ha dejado hacer.

El Estado “se ha lavado las manos” y las asociaciones de víctimas se sienten “cada vez más solas y cada vez más abandonadas”. Se les ha retirado la mayor parte de la financiación y no se las protege. El objetivo ya no es encarcelar etarras “sino buscar las artimañas legales que les saquen cuanto antes de la cárcel”. Los medios tampoco están, ahora dan cancha a los etarras. Y gran parte de la sociedad, la misma que un día se volcó, mira ahora para otro lado. Las víctimas, decía Ana Velasco, empiezan a ser consideradas “casi frikis”.

“Los que nos fuimos seguimos sin poder votar en la tierra de la que nos expulsaron”, recordando una promesa popular, otra, que guarda polvo en un cajón, esa que decía que la diáspora vasca podría volver a votar en su tierra.

No hay derrota de ETA ni la habrá porque la historia del terrorismo nacionalista vasco es la historia de la indignidad, de modo que el final sólo podrá ser indigno. Es la tesis de la viuda de Gregorio Ordóñez, que señaló la “responsabilidad de la Iglesia Católica” en el aquelarre de violencia que padeció el País Vasco y toda España. ETA era un “presencia tóxica” constante cuyo predominio fue consecuencia directa de la falta de liderazgo político, la desunión de los partidos democráticos, la complicidad peneuvista, un incomprensible vacío institucional y la actitud de cierta Iglesia. Una actitud por la que pidió excusas el párroco de Maruri (Vizcaya), Jaime Larrinaga, presente en el acto y forzado también al exilio.

Pasaron demasiados años desde que se produjo la primera víctima, la niña Begoña Urroz en 1960, hasta que el Estado y los partidos reaccionaron. Décadas pérdidas hasta que se promulgó la ley por las libertades y contra el terrorismo. Demasiados muertos hasta que una parte de la sociedad decidió “defenderse del nacionalismo” y crear Basta Ya en 1999. Hoy, la reacción que tanto tiempo se demoró, ya no existe. Hoy lo urgente es olvidar, cuenta Iríbar. Como le exigía aquél periodista, que sólo 48 horas después del asesinato de su marido la llamó por teléfono para preguntarle “si ya había olvidado”.

La decepción de Ana Iríbar con el que fuera el partido político de su marido es colosal. Ana recuerda los tiempos de héroes cotidianos como San Gil, la familia Abascal o Elena Azpiroz y cómo el partido dilapidó luego todo el sufrimiento. Y recuerda la impresión que le causó comprobar, cuando emprendió su exilio madrileño, la vida fácil de los políticos populares en la capital. Con los años supo que “mientras en el País Vasco estaban entregándose en cuerpo y alma por la libertad de todos los españoles, ofreciendo incluso su vida, en Madrid se repartían sobres en las sedes de los partidos”.

Las críticas, durísimas, a la actual cúpula del partido vinieron no sólo de Iríbar. Isabel Benjumea preguntaba a sus invitadas por los motivos que llevaron al PP a desmoronarse en lo moral. Ana Velasco explicó que el PP “ha tenido cuatro años de mayoría absoluta en los que ha podido cumplir y no han cumplido”, y por supuesto señaló la mala gestión del terrorismo es una de las causas por las que han perdido “nada menos que tres millones y medio de votos”.

Entre los presentes muchos eran militantes del PP y algunos tomaron la palabra. Todos en clave crítica con la dirección. Uno de ellos, Pepe Carrillo, denunció la “preocupante desconexión entre las bases y la cúpula”. ?No menos críticos fueron los periodistas Isabel San Sebastián y Hermann Tertsch, que denunció que “Rajoy sigue el pacto con ETA al pie de la letra, tal y como ZP lo dejó”. San Sebastián desveló las prácticas, por otra parte conocidas, del Ejecutivo con los periodistas críticos: “implica ser silenciado; te quitan de los medios y te quitan el trabajo”. En el caso de las asociaciones, el método es “retirar las subvenciones”. Puso el ejemplo doloroso de Covite.?

“La regeneración del PP ya no es posible”
Varios miembros de VOX como Iván Espinosa de los Monteros o Rocío Monasterio acudieron al acto de Floridablanca, y también su presidente Santiago Abascal, que atendió a Gaceta.es: “La actual dirección del PP ha llevado al partido hasta un punto tal en el que es imposible recuperar el proyecto original. La regeneración ya no es posible”. Abascal apuesta por la “recomposición de la derecha española”, algo que, a su juicio, resulta perentorio como inevitable. ?No menos taxativo se muestra respecto del nuevo relato que busca legitimar a ETA: “Estamos mucho peor que hace unos años: ahora hay 100 diputados sentados en el Parlamento que han comprado las tesis de la banda”.

María San Gil, la intervención más aplaudida, fue también la más rotunda: “El Gobierno se ha rendido”. Y explicó cómo ella sigue necesitando escolta y la insultan por la calle “mientras Valentin Lasarte pasea sin problemas por mi ciudad”.

Hermann Tertsch advirtió del riesgo de que “el proyecto totalitario que empezó en el País Vasco” se exporte al resto de España. Algo que perfectamente podría ocurrir habida cuenta de la “hegemonía cultural” que ha alcanzado la izquierda y la rendición “masiva” de la derecha, que ha perdido ya todo músculo moral.
 


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