AGLI Recortes de Prensa   Viernes 13  Mayo  2016

Actitudes, elecciones y consecuencias
Vicente Baquero  www.gaceta.es 13 Mayo 2016

En ocasiones los estudiosos especulan y juegan con la idea de qué hubiera ocurrido si en un momento determinado se hubiera optado, política, económica o militarmente, por un camino distinto al que de hecho se eligió; resulta interesante hacer ejercicios en “historia virtual” aunque sirvan para bien poco cuando “agua pasada no mueve molino…” Aunque sí deberían servir para no repetir los errores del pasado.

Lo que los españoles deben decidir en estos momentos, no es en realidad, una simple opción política, dentro de un juego democrático parlamentario, sino una forma de vida y el futuro de nuestra sociedad. Es uno de esos momentos cruciales que pueden determinar nuestro futuro y una equivocación en este tema, puede acarrear unas consecuencias nefastas como, guardando las diferencias de época y coyuntura, la decisión del Presidente de la República Española Alcalá Zamora, presionado implacablemente por izquierda republicana y los socialistas, cuando se negó a permitir que gobernara la derecha aunque esta disponía de los votos y había ganado las elecciones.

Probablemente se hubiera evitado la radicalización y la guerra, pues estas fuerzas conservadoras hubieran visto que les era posible gobernar, y no se hubieran enfrentado visceralmente contra la propia institución republicana y el socialismo, que les impedía ejercer su derecho a gobernar dentro de un sistema de alternancia política, no viendo otra alternativa que la violenta.

En una palabra, medio país contra el otro medio, con visiones totalmente dispares de la persona humana y la colectividad, intentando ambos imponer su ideología y forma de vida al otro, por las buenas por las malas. Las elecciones en esas circunstancias no significaban más que un ropaje para tapar las vergüenzas a ideologías en el fondo totalitarias.

Eso pasó, gracias a un período de larga paz, desarrollo económico, el establecimiento de una serie de mecanismos de protección social y un ejercicio de reconciliación nacional y aceptación de un sistema democrático parlamentario de gobierno en el que cabían todas las ideologías no totalitarias.

El gran error, o la simple pasividad de una gran parte de la clase gobernante española, tanto conservadora como socialista, fue con el tiempo el ir aceptando como homologables al sistema, ideologías que no son compatibles con un sistema parlamentario de corte occidental, el corrimiento hacía posturas de nuevo conflictivas, por parte de la izquierda, la reconversión de un sector del socialismo, en un primer momento social demócrata, a una tesis política cada vez más inclinada al conflicto de clases, de corte marxista y la aparición de fuerzas, coincidiendo con la crisis económica, de claro signo totalitario, leninistas o anarquistas a la vez que separatistas, como si fueran movimientos partidos o grupos compatibles con el sistema político que habíamos escogido.

De nuevo estamos ante una oposición frontal de posturas a la hora de evaluar a la sociedad y al hombre, a sus derechos y su libertad, a sus creencias y costumbres, no estamos ante unas elecciones en que tengamos la posibilidad de elegir entre dos formas compatibles de vivir en sociedad, sino de modelos antitéticos ante los cuales nadie puede sentirse indiferente, y lo más grave para la paz social, es que casi podemos asegurar, que al menos la mitad de la sociedad no aceptaría pacíficamente tal imposición, bajo ninguna condición, y menos por una cuestión exclusiva de número de votos.

Existen derechos y deberes pre democráticos, y una realidad que está por encima del sufragio universal, es más importante, para la tranquilidad y paz social, la existencia de un estado de derecho que ningún otro atributo político.

Se me indicará que hay más de 5 millones de votos que eligen esa opción, con independencia de si a la larga prefieren de verdad vivir bajo un régimen como el antiguo de la URSS, China, Cuba Venezuela, Corea del norte o similares, cosa que pongo en duda, si llegan a experimentarla, pero esa es otra cuestión, todo el mundo tiene derecho a equivocarse, ya pagará las consecuencias, lo importante es que aún con esas cifras, no tienen derecho a cambiar al país de arriba abajo, utilizando la presión de esos votos, apoyando a otras posturas políticas, que deseosas de ejercer el mando están dispuestos a concederle a esos dirigentes revolucionario - anarquistas sus caprichos. Es un experimento demasiado caro para España el pasar por esa ordalía.

Desgraciadamente veo que a pesar de todo el discurso de que se acababa el bipartidismo, lo único que se ha conseguido es resucitarlo en un formato mucho más peligroso, un socialismo radical aliado con toda la panoplia revolucionaria marxista y separatista, como en el 36, y una coalición conservadora- liberal o simplemente partidaria de la independencia individual, que aun tapándose la nariz, votará según sus intereses, y un nuevo partido socialdemócrata, que es Cs, que apoyará a este último grupo para evitar un desastre económico a la griega.

Los resultados determinarán si tenemos un gobierno inestable de”derechas teóricas” abrumado por una crítica y agitación inmisericorde de la masa revolucionaria, o un gobierno de masa revolucionaria, a la griega, que también acabará colapsando, como Grecia, bajando las pensiones, reduciendo el gasto público y subiendo más los impuestos, ante la presión inevitable e ineludible de las autoridades de le UE.

Bandera roja
Ignacio Camacho ABC 13 Mayo 2016

No hace demasiado tiempo de cuando Alberto Garzón acusaba a Pablo Iglesias de querer quedarse a la vez con los votos del PSOE y los cuadros dirigentes de IU. Estos últimos ya los tiene: se los ha entregado el propio Garzón a cambio de un grupito de diputados y del endoso de sus deudas al pujante partido de los círculos. En el lote de traspaso va incluida una bolsa de votos y también el intangible de la identidad ideológica de la organización, que Podemos asume sin tapujos para quitarse la máscara populista y presentarse como lo que nunca ha dejado de ser: una fuerza de izquierda radical, un proyecto de ruptura, un leninismo posmoderno, líquido… y liquidacionista. La operación conviene a un Iglesias decidido a asaltar, bajo el consejo de Julio Anguita, la hegemonía izquierdista del PSOE a base de virar el morado de sus banderas al rojo vivo del tardocomunismo.

Pero la nueva coalición no amenaza sólo el papel preponderante de la socialdemocracia. Es poco probable, aunque no imposible, que rebase en escaños a la candidatura de Pedro Sánchez; en cambio, a poco que mejore su facturación de diciembre elevará la suma total de diputados de izquierdas hasta situarla por encima del bloque de centro-derecha que forman en teoría el PP y Ciudadanos. Eso acercaría de modo notable el llamado «gobierno a la valenciana», una versión maquillada del frentepopulismo a la que los secesionistas catalanes se podrían sumar como mal menor para desalojar a Rajoy y emprender una negociación sobre el proceso soberanista. La paradoja del caso es que tal vez a la derecha le convenga a corto plazo que Iglesias triunfase en su intento de quedar segundo porque sólo un PSOE escombrado podría resistir, previo cambio de liderazgo, la tentación de convertirse en comparsa de Podemos. De otro modo, el desempate permitiría a Sánchez formar la alianza en la que siempre ha pensado.

Quizá el líder de la coleta piense en otros términos, más interesados en el medio plazo. Su instinto de poder es terminante: no lo quiere para compartirlo. Sobrepasar a los socialistas sería una meta de etapa, no de carrera; una victoria más táctica que estratégica. En el menos favorable de los supuestos le entregaría la jefatura de la oposición en una legislatura no demasiado larga y con mayorías precarias. Podemos es un partido joven y puede esperar… si sabe administrar sus prisas. De momento ha alcanzado un objetivo que estaba desde el principio en la mente de Iglesias: absorber a IU, rendirla en sus manos cum arma atque impedimenta, aunque para ello haya tenido que desdecirse de sus recientes ataques desdeñosos a quienes consideraba fracasados históricos, pitufos gruñones cargados de derrotas. Acostumbrado como buen leninista a desmentir con hechos sus palabras, ha encontrado el modo de incrementar su fuerza de asalto alzándose sobre los hombros de unos «cenizos».

¿Y esa 'tribu' nos representa?
FEDERICO JIMÉNEZ LOSANTOS El Mundo 13 Mayo 2016

HASTA HACE un año, cuando iglesias y garzones lograron colocarse en lo que el PCE no les aseguraba, vivir de la política profesional, la extrema izquierda enarbolaba un latiguillo contra las instituciones democráticas: «¡No nos representan!». Gritando eso y a palos -y alguna mochila bomba- con la policía, cercaron el Parlamento catalán y asaltaron el Congreso de los Diputados, donde hoy se sientan. Pero la ciudadanía, infantilizada por el zapaterismo, agitada por unos medios de comunicación irresponsables, asustada por la crisis económica y seducida por la cómoda hipótesis de que bastaría cambiar de políticos para acabar con la corrupción política, hizo suyo el «¡No nos representan!».

El latiguillo era tres veces falso: en primer lugar, PP, PSOE, IU, CiU o PNV sí nos representaban, porque les habíamos votado; en segundo lugar, su corrupción también nos representaba: se conocía y en sus dos focos más hediondos, Andalucía y Cataluña, seguían ganando los de siempre; y en tercer lugar, la única representación democrática nace de las urnas, y ahora que hemos votado y conocemos mejor a los del «¡No nos representan!» vemos que nunca tanto representante estuvo tan lejos de sus representados como todos estos 'okupas' profesionales a los que el sectarismo suicida de 'Snchz' puso a mandar -y desbarrar- en todas las instituciones.

Anna Gabriel, que decidió el derrocamiento de Artur Mas pero luego acató la orden de la ETA Lliure -inseparable de los proetarras con los que viajaba al paraíso venezolano- de votar al 'Fregonet' pujoliano, es la última en mostrar cómo su oceánica ignorancia, gemela de su arrogancia, está a años luz de lo que llaman «la gente». Dice que le gustaría tener hijos pero en cuadrilla, como «en muchas culturas donde los cuida la tribu». No sabe -no pasó de las primeras páginas del desacreditado libro de Engels- que las tribus realmente estudiadas (Lévi-Strauss, 'Tristes trópicos') en las que se desconoce la filiación suelen ignorar también el tabú del incesto, ya que, en su primitivismo, no asocian sexo y procreación. Ninguna tribu, por otra parte, se considera tribu; ese es un latiguillo racista. Pero como hay pocas sociedades tan 'familiaristas' como la española, lo primero que hacen 'cuperos' y 'podemitas' es colocar al familión. Salvo en eso, nos representan poquísimo.

Fernando Múgica, in memoriam
Luis del Pino Libertad Digital 13 Mayo 2016

Conocí a Fernando Múgica en la estación de Atocha. ¿Principios de 2005, tal vez? Yo ya había publicado mis primeras investigaciones sobre la masacre de Madrid y él era el maestro de periodistas que tanto había contribuido a abrirme los ojos con aquel primer artículo de su serie "Los agujeros negros del 11-M".

Llegué al lugar de la cita con antelación y él también lo hizo. Tomamos un café. Era un hombre cautivador, con esa manera socarrona de hablar de quien ha visto casi de todo y está de vuelta de casi todo, pero a la vez capaz de transmitir una cordialidad infinita, de hacerte sentir cómodo en su presencia. Era casi imposible no empatizar con él, a pesar de esa coraza que siempre percibías en su forma de expresarse. Y tenía esa forma de preguntar, a la vez incisiva y casual, que caracteriza a los buenos reporteros de investigación.

Desde entonces, nos vimos en varias docenas de ocasiones. Alguna vez colaboramos puntualmente. Muchas otras nos limitábamos a intercambiar puntos de vista sobre unas investigaciones protagonizadas, casi en exclusiva, por nuestros dos medios: El Mundo y Libertad Digital. "Si nos dejan seguir investigando", recuerdo que me decía, "es porque estamos aún muy lejos de la verdad. El día que nos acerquemos demasiado, nos meterán dos tiros". Y exhibía una sonrisa de niño travieso. Tenía la virtud de sugerir abismos como quien comenta que ha comprado dos barras de pan.

Los dos coincidíamos en que la versión oficial del 11-M no contenía un solo átomo de verdad, pero discrepábamos en cuanto a la autoría real de la matanza. Mientras que yo sostenía que era obra de las cloacas de nuestros propios servicios de información, él inscribía la masacre de Madrid dentro de una guerra mucho más global. Tenía una visión más geopolítica: el 11-M, según él, fue un atentado de bandera falsa ideado fuera de España, en el que nada salió como debía.

A él le debemos aquel primer artículo - publicado el mismo día que se anunció la retirada de las tropas españolas de Irak- en el que la versión oficial quedaba al desnudo, expuesta en toda su crudeza la inmensa chapuza con que se construyó. A él le debemos que el tribunal del 11-M dejara caer, como prueba falsa, aquel coche Skoda Fabia que apareció en Alcalá de Henares tres meses después de la masacre, cargado de prendas de ropa con el ADN de presuntos islamistas. A él le debemos, en suma, buena parte de la tarea de demolición que nos ha permitido constatar que seguimos sin saber quién cometió ese atentado.

Le escuché en muchas ocasiones comentar con ironía la actitud de algunos de nuestros compañeros de profesión, empeñados en defender lo indefendible. Pero aquella ironía no podía ocultar nunca del todo la tristeza que le causaban los ataques de alguna gente que diría lo que fuera por servir a sus amos.

Compartí con él algún viaje. Intercambiamos datos en más de una ocasión. Y siempre pude admirar en Fernando al auténtico periodista, al maestro de reporteros, a la persona insobornable dispuesta a ponerse al mundo por montera para perseguir la verdad. Fueran cuales fuesen las consecuencias. Y vaya si las tuvo su compromiso con el periodismo. "El 11-M me ha costado la vida", declaró en la que creo que es la última entrevista que le hicieron, hace ahora un año.

Resultaba difícil, para los que le conocieron, no sentir cariño por Fernando. Y resulta imposible, para los que le admirábamos, no sentir una pena inmensa por su muerte. Nos ha dejado un gran profesional y una gran persona. Alguien de quien tanto aprendí y a quien todos los españoles tanto debemos. Un hombre que amaba el periodismo hasta la extenuación.

Descansa en paz, Fernando. Dejas en nuestros corazones un inmenso agujero negro, que nadie podrá nunca llenar.

Fernando Múgica, la duda y la ilusión
Javier Somalo Libertad Digital 13 Mayo 2016

Una de las primeras veces que me cité con Fernando lo encontré en el lugar acordado haciendo fotos a un pequeño estanque. Nadie diría que aquel paraje mereciera una instantánea. Es más, lo recuerdo como un vulgar rincón de Madrid con un poco de agua sucia. Pero lo importante era que esa agua despedía los reflejos irisados que aparecen cuando la luz del sol ilumina una manchita de grasa a la deriva. Los fotógrafos dicen ser capaces de captar la belleza de lo común y hasta de lo, en apariencia, deleznable. En aquel momento eso era lo que de verdad parecía ocuparle. O quizá no. Pero creo que necesitaba un asunto completamente ajeno al motivo de la cita para empezar la conversación, como si quisiera convertir el encuentro en algo casual, como si siempre hubiera que empezar desde cero.

Fernando Múgica Goñi siempre sabía mucho más de lo que contaba pero jamás lo daba a entender y, menos aún, presumía de ello. En ocasiones planteaba preguntas a modo de acertijos y cuando intentabas hacerte el listo con una posible respuesta caías en la cuenta de que él mismo la estaba buscando en ese preciso instante. Deducía incansablemente y cogía al vuelo cualquier derivada que surgiera en la conversación para volver a deducir, consultar, sumarla al catálogo de posibilidades o volver a su estanque: "¡Si a mí lo que realmente me gusta es hacer fotos!". De todo. De personas, cosas, de paisajes, rincones, de moda... Y menuda foto hizo de la Gran Mentira de marzo. Comenzaba así:

Han pasado ya 39 días desde los trágicos acontecimientos del 11-M. Un tiempo prudencial como para que, dejando a un lado los inevitables impulsos emocionales que provocaron los atentados, reflexionemos sobre los datos revelados hasta ahora por los investigadores y, ante todo, sobre nuevos elementos que ponen en duda muchas de sus conclusiones…

La duda. A partir de entonces, Fernando siguió tocando las teclas del piano del 11-M. Poco a poco. Una a una. Con ganas, buen humor, extraordinaria conversación y enorme ilusión. Sabía que una de ellas, blanca o negra, podría llevarnos a la verdad. La tecla sorda, la que escondería el ya entonces grosero montaje. Hoy creo que se acercó mucho, quizá incluso la pulsó. Fue entonces cuando comenzó el segundo acto de esta macabra función: la intoxicación, las bromas y risas nerviosas, la Orquesta Mondragón, los cebos frescos que sustituían a los que no fueron mordidos. Aquella infamia del 11-M seguía produciéndose, día tras día, meses después de la masacre, defendiéndose con uñas, dientes y trampas de las dudas de Fernando el indómito, el fotógrafo capaz de disfrutar –o disimularlo muy bien– observando un charquito de grasa.

Puedo equivocarme, pero me queda la sensación de que Fernando empezó a elaborar hipótesis sofisticadas sobre la masacre cuando se acercó demasiado, quizá del todo, a la verdad. Cuando descubrió lo que escondía aquella tecla que no sonó. Quizá no logró imaginar su titular en una portada o prefirió seguir dudando un poco más, mordisqueando a conciencia algunos cebos, apartándose de la luz, haciendo fotos… y dejando muchos folios escritos que jamás llegaron a imprenta.

Para su familia y amigos de verdad, nada de lo que yo sentí será importante porque no tuve la suerte de conocerlo en profundidad. Ellos tienen los recuerdos verdaderos, los de una vida que mereció la pena más allá de lo que pueda interesarle a un periodista.

Pero cuando se muere el que escribió aquellas líneas, 39 días después del 11-M, sólo se me ocurre despedirle emborronando, con una extraña mezcla de tristeza e ilusión, el primer párrafo de esa primera duda que nos hizo despertar:

Han pasado ya 12 años, Fernando, desde los trágicos acontecimientos del 11-M. Demasiado tiempo como para seguir sin saber quién fue. Reflexionemos –sigamos haciéndolo– sobre los datos revelados entonces por los investigadores y, ante todo, sobre la larga lista de hechos que refutaron, gracias a tus dudas, la mayor parte de sus conclusiones.

Descanse en Paz.

Podemos y el Jemad devenido mono Amedio
EDITORIAL Libertad Digital 13 Mayo 2016

El bochornoso episodio de la imposición del ex Jemad José Julio Rodríguez como candidato neocomunista por Almería, pese al abierto rechazo de la facción local de IU, desde donde lo han llegado a comparar con el célebre mono Amedio, es harto revelador de la ínfima categoría política, ética y estética de Pablo Iglesias y sus secuaces.

La extrema izquierda que alimenta y da forma a Podemos tiene a gala ser rabiosamente antimilitarista, siempre y cuando ese antimilitarismo tenga por objeto de rechazo las Fuerzas Armadas de Estados democráticos de derecho como los que integran la OTAN, no las de regímenes liberticidas como los que padecen en Venezuela, Irán o Rusia. Pero eso jamás le impedirá presentar a sujetos como el descalificable Rodríguez –metido de hoz y coz en la campaña bélica que derrocó al dictador socialista libio Muamar Gadafi– en puestos destacados de sus listas electorales. La reacción de IU Almería parece tener todo el sentido, pero no si uno se ciñe a las enseñanzas sobre tacticismo político del criminal Lenin, venerado por Iglesias y compañía.

Con la incorporación de López o de personajes de la misma calaña procedentes de la judicatura, Podemos pretende dotarse de un aura de respetabilidad, lo cual no deja de resultar estupefaciente, pues no parece la mejor idea tratar de hacer marca con lo peor de cada casa, con gente que da la sensación de valer únicamente para exhibir un sectarismo nauseabundo. Podemos no puede engañar a nadie, es lo que es: un partido liberticida comandado por medianías procedentes de la patética Universidad española y por individuos como el Kichi, que avergüenzan a la ciudadanía.

Igual de ominosa es la contradicción entre el discurso y la praxis de Podemos en lo relacionado con la implicación de las bases en su proyecto político. El partido de los círculos, las asambleas y "la gente" llega e impone como cabeza de lista de una circunscripción a un militar de altísimo perfil; ya no sin contar con las bases, sino con el expreso rechazo de la facción local. Y no pasa nada. La falta de respeto a los votantes y a las bases y a la propia organización es total: el problema es éste, no la comparación entre el ex Jemad y el mono Amedio establecida por los soliviantados damnificados, que sin embargo son los que han sido criticados por el inefable comisario Echenique.

El dedazo y las estructuras piramidales tan típicos de "la casta" son características muy acusadas de Podemos. Lo cual tiene su lógica: no se puede ser liberticida de puertas para fuera y demócrata de puertas para dentro, y un proyecto como el de Iglesias y sus compinches necesita el control absoluto de las organizaciones, como luego necesitará el control absoluto de la sociedad y de los individuos que la conforman. Es algo que hasta el mono Amedio entendería, y que anula cualquier excusa que pretendan seguir eximiendo hipotéticos votantes ingenuos de este movimiento político tan ridículo como peligroso.

España ha elegido suicidarse
EDITORIAL  www.gaceta.es 13 Mayo 2016

España ha elegido suicidarse y lo está haciendo mediante una variada panoplia de instrumentos: laxitud ante las tendencias separatistas, claudicación ante el terrorismo y sus herederos, renuncia a un modelo económico de supervivencia nacional y, por supuesto, la vía más lenta, pero más segura, del colapso demográfico. Si de verdad se quiere matar a España, lo más eficaz es dejarla sin españoles. Y en eso estamos.

El Instituto de Política Familiar ha publicado su informe correspondiente a 2016. Los datos son reveladores, aún más: estremecedores. España es, con Portugal y Países Bajos, el país de la Unión Europea que menos dinero dedica a la familia. En la UE-15 –o sea, los países con los que nos gusta compararnos-, el porcentaje del PIB que se destina a ayudas a la familia es del 2,3% (un punto menos si se el cuadro se amplía a la UE-28, es decir, si se añaden a la tabla los países de reciente incorporación, ostensiblemente más menesterosos que el nuestro). España, por el contrario, dedica tan sólo un 1,31% (cifras de 2014). Lo más notable es que este porcentaje misérrimo es fruto de una voluntad expresa de reducción, porque en 2009 era del 1,47% del PIB. O sea que los gobiernos de España, a medida que se agrava el problema familiar, reducen sus prestaciones, lo cual da una idea bastante clara de lo que nuestros gobernantes, PP y PSOE por igual, piensan sobre la familia. El paisaje se hace más elocuente, hasta lo obsceno, cuando se mira a las ayudas directas por hijo a cargo. En la UE-15 es de 107 euros al mes, y de 91 euros al mes si se toma como referencia la UE-28. ¿Y en España? Sólo de 24 euros al mes. Y para colmo no es una ayuda universal, sino que el sistema castiga expresamente a las familias con rentas medias y altas.

Por supuesto, el problema no es sólo económico. Hay también factores de orden cultural y social que resultan determinantes, y a eso han ayudado mucho las políticas de estímulo del aborto y el divorcio. En un contexto de cultura social individualista y de economía precaria, donde formar una familia es una decisión difícil, el efecto de esta política es letal. Todos los días hay en España 445 matrimonios, y todos los días se producen en nuestro país 290 rupturas; o sea que el índice de fracaso matrimonial asciende, en términos globales, al 66%, que es una barbaridad. Como no hay estabilidad familiar, la natalidad se reduce al mínimo: tenemos 1.171 nacimientos diarios y, por contra, 1.082 defunciones cada día; el número de viejos empieza a ser superior al de jóvenes. Por cierto que de esos 1.171 nacimientos, un 42% se producen fuera de matrimonio. Con esas cifras, y a efectos de pirámide de población, todos los días perdemos 49 jóvenes menores de 15 años y ganamos 416 mayores de 65 años (de ellos, 222 mayores de ochenta). Necesitaríamos 719 nacimientos diarios más para asegurar el reemplazo generacional. Lejos de eso, tenemos 260 abortos diarios, 28 de ellos en adolescentes. Aún hay quien piensa que esto se compensa con inmigración. En España, no: aquí se van todos los días 610 inmigrantes. Es simplemente catastrófico.

Es asombroso comprobar que estas cosas, que son esenciales, a todos nuestros partidos les importan un bledo. La ideología progre-nihilista dominante ha creado el prejuicio de que hablar de familias y nacimientos es algo reaccionario y retrógrado, como si las sociedades pudieran reproducirse por esporas. Pues no: estamos hablando de la supervivencia física de la nación. Un país sin nacimientos, un país que hace la vida imposible a sus familias, es un país abocado voluntariamente a la desaparición. Y una clase política que así se comporta, merece que se le exijan las más graves responsabilidades

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El desconcierto ante la política antiterrorista del Gobierno de España
'La aceptación de la impunidad, la legalización de la maldad'
A su padre lo ametralló ETA cuando dejaba a sus hijas en el colegio. Ana María Velasco Vidal-Abarca representa la voz de la resistencia contra ETA; una resistencia silenciada, como en los peores años de la banda. Una resistencia que denuncia la falta de fe en el Estado de Derecho, el cuestionamiento de las fuerzas del orden, a los payasos subvencionados y la "legalización de la maldad".
Ana Velasco Vidal-Abarca  www.gaceta.es 13 Mayo 2016

¿Hemos derrotado a Eta?
Desgraciadamente, en mi opinión, la respuesta es no. Lo que hemos conseguido es que ETA decida dejar de matar a cambio de oscuras cesiones. Deberíamos y podríamos haber logrado su desaparición sin contrapartidas pero nos ha faltado confianza en nosotros mismos, nos ha faltado la seguridad de saber que el Estado de Derecho es capaz de acabar con el terrorismo con los instrumentos legales que tiene a su alcance, con integridad, con visión de largo alcance, con un objetivo definido, con la pretensión legítima de asentar una sociedad en la que no quede margen para la duda, para la ambivalencia ni para la equiparación. Una sociedad en la que los terroristas no puedan hacer política, ni dar ruedas de prensa, ni justificarse en los medios de comunicación, ni organizar manifestaciones multitudinarias.

Sin embargo, está pasando todo lo contrario. Y cada paso que se avanza en la consolidación de la impunidad, de la manipulación y la mentira -especialmente en el País Vasco- se hace disimulando, intentando ocultar las trampas y subterfugios que se están empleando para dar cumplimiento a los pactos alcanzados en su día y fielmente mantenidos hasta hoy. Por eso, muchos españoles sentimos un gran desconcierto ante la política antiterrorista que se está llevando a cabo y contemplamos desolados la ausencia de iniciativa política para tratar de neutralizar la perversa influencia de los planteamientos ideológicos que pretenden descaradamente absolver de sus culpas al terrorismo de ETA.

Son muchas las evidencias de lo que está ocurriendo. En los últimos años se ha aplicado una política penitenciaria que ha permitido múltiples excarcelaciones más que cuestionables, desde la del terrorista Bolinaga hasta las producidas por la escandalosa derogación de la doctrina Parot. Los magistrados de la Audiencia Nacional se van a reunir para decidir si aplican a los terroristas un atenuante que permite reducir penas en uno o dos grados por una oportuna modificación del Código Penal que entró en vigor el 1 de julio.

Y una vez que salen, se está tolerando que se les transforme en expresos respetables que dan ruedas de prensa o se reúnen en polideportivos a lanzar soflamas, como ocurrió recientemente en Usurbil, donde 750 etarras reconocieron que reciben todas las facilidades para salir de prisión antes de tiempo, sin que se les reclame ”ni arrepentimiento ni delación” según sus propias palabras. Hace menos de un mes en una manifestación multitudinaria en Bilbao participaron etarras que suman cientos de muertos y condenas a más de 20.000 años de cárcel entre todos, de las que han cumplido una ínfima parte. Esos asesinos múltiples exigieron amnistía chulescamente y leyeron una carta de un terrorista, en prisión por haber ordenado el asesinato de Miguel Ángel Blanco, en un obvio acto de humillación a las víctimas, que por supuesto no tendrá consecuencias, aunque esté expresamente prohibido por la ley.

La práctica totalidad de la clase política ha aceptado imperturbable que el entramado terrorista tenga una presencia pública cada vez más notoria en todos los ámbitos y existe una clara disposición a tolerar las campañas intoxicadoras, legitimadoras y equiparadoras de “violencias” que se planifican y subvencionan con descaro por el Gobierno Vasco. Desde las instituciones se utilizan tranquilamente términos acuñados por los criminales como conflicto, refugiados, presos políticos, violencia, abusos policiales, que poco a poco van siendo aceptados por sectores cada vez más amplios de la sociedad, ignorando que “la confusión en los vocabularios crea la confusión en los espíritus”, como dijo André Maurois.

El Gobierno vasco acaba de proponer una ley de reparación de víctimas de abusos policiales a la que va a destinar doce millones de euros en concepto de indemnización a las víctimas y cuya mera denominación ya implica el cuestionamiento de la honorabilidad de las Fuerzas de Seguridad del Estado que tan abnegadamente se han sacrificado en la lucha contra el terror. Y a la vez el PNV avala públicamente a un individuo –Hasier Arraiz- que va a ser juzgado por intentar reconstruir Batasuna a las órdenes de ETA- declarando que los “tiempos judiciales deben acompañar a los políticos” en un intento descarado de injerencia en la supuesta independencia del poder judicial. Es decir, para los nacionalistas hay que pasar página respecto a los crímenes de ETA pero hay que remover, señalar y acusar, incluso sin pruebas, a la policía española de crueles torturas. ¡Qué indecencia!

Sólo en el último mes, el Parlamento de Navarra ha acogido una exposición que pretende describir los "80 años de represión en Navarra” y los diputados de EH Bildu han exhibido carteles en contra de la tortura. También en Pamplona ha sido detenido el portavoz de Sortu por injurias a la Guardia Civil y un etarra juzgado por el intento de asesinato de un concejal de UPN ha sido recibido –como tantos otros en el País Vasco- como un héroe.

En el marco de la principal exposición que se celebrará con motivo de la capitalidad europea San Sebastián 2016, un macroproyecto titulado Tratado de paz, subvencionado por el ministerio de Cultura, ha calificado al terrorismo de ETA como un "fenómeno político, militar y cultural" mientras el viceconsejero del Gobierno Vasco apoya tal definición declarando que la banda terrorista tiene una "raíz cultural".

Y en la enclenque reacción a la minuciosamente planificada campaña de legitimación del terrorismo, se producen graves incoherencias, como por ejemplo cuando un senador del Reino de España es procesado por el Tribunal Supremo por pertenencia a banda armada y casi nadie lo sabe ni se escandaliza, pero en cambio se produce una reacción contundente cuando Otegui acude de visita al Parlamento Europeo, o cuando unos titiriteros de Madrid sacan una pancarta de apoyo a ETA y se considera inadmisible –con razón- aunque nadie dice nada de los payasos subvencionados que acuden constantemente a festejos municipales del País Vasco haciendo descarada apología del terrorismo.

Se actúa –cuando se actúa- casi siempre como reacción, no de forma proactiva, ni preparando iniciativas de largo alcance para tratar de impedir que se consuman los desafíos, los avances sistemáticos en la consolidación de la implantación social de la manipulación de la verdad, de la aceptación de la impunidad, de la legalización de la maldad. Y se está olvidando que, como denunció Thomas Mann, “la tolerancia es un crimen cuando lo que se tolera es la maldad”.

Habría que pensar si el colapso institucional que está viviendo hoy nuestro país no sería tal –o no sería tanto- si no se hubiese producido la gran corrupción moral que suponen los brazos caídos en la defensa valiente, íntegra y coherente del simbolismo profundo de las víctimas del terrorismo como baluarte de la libertad y la democracia y que tanto nos podría ayudar a fortalecernos a nosotros mismos como Nación y a consolidar la dignidad colectiva y la victoria moral frente al mal.

El español no sería oficial en una Cataluña independiente

Antonio Robles Libertad Digital 13 Mayo 2016

La presidenta del Parlamento catalán, Carme Forcadell, acaba de recibir a los miembros de la sociedad civil que han elaborado un simulacro de Constitución catalana en su camino hacia la creación de un Estado propio. El recurso de ampararse en "miembros de la sociedad civil" sólo es un truco para evitar previsibles impugnaciones ante el Tribunal Constitucional (TC). Nunca un golpe de Estado institucional, retransmitido paso a paso en directo, tuvo a tanto gobernante haciéndose el loco.

Hasta de la dejación se saca provecho: nos permite visualizar el alma racista que anima la propuesta. Cuanta más impunidad disfruta el descaro, más evidente es su racismo cultural.

Ese engendro hace de la lengua la espina dorsal de la hipotética República catalana. Exactamente como el franquismo: la lengua catalana será la única lengua oficial de Cataluña (art. 3.1), como el español fue la única lengua oficial del Estado franquista. Podrán patalear por el paralelismo, pero la evidencia es incontestable e intolerable.

Con este redactado constitucional se culminan 36 años de exclusión simulada de los derechos lingüísticos, culturales y nacionales de los ciudadanos castellanohablantes en Cataluña. Primero fue el sofisma de la normalización; inmediatamente después, la inmersión lingüística en las escuelas; más tarde, el catalán como único idioma institucional de facto en ayuntamientos, universidades y medios de comunicación públicos, y ahora, a pesar de la cooficialidad constitucional de ambas lenguas, se quitan la careta para eliminar la lengua española de la futura República catalana.

Llovía sobre mojado, en los últimos meses, dos iniciativas diferentes, pero con idénticos objetivos que este simulacro golpista, aparecían en forma de manifiestos. El primero, "España plurilingüe, manifiesto por el reconocimiento y el desarrollo de la pluralidad lingüística de España" (25/2/2016), que pretende otorgar a todas las lenguas regionales el rango de oficiales en todo el territorio nacional en igualdad de condiciones a la lengua común como primer paso para eliminar la presencia que tiene ésta en las mal llamadas nacionalidades históricas; y el Manifiesto Koiné, un mes después (31/3/2016), que pedía abiertamente la oficialidad única del catalán en Cataluña. El primero socava, el segundo excluye; el primero forma parte del racismo cultural encubierto y el segundo del supremacismo cultural manifiesto del nacionalcatalanismo.

Este atentado contra el espíritu de las constituciones democráticas delata a la lengua como el ADN de la identidad nacionalista. Es el gozne donde depositan su legitimidad nacional, pues no solo convierten a la lengua catalana en lengua única, sino que es la lengua la que otorga nacionalidad a cualquier persona que la domine o a cualquier territorio donde tenga una mínima presencia. De ahí que otorguen la nacionalidad (Art. 13.4) a los ciudadanos de Baleares y País Valenciano, a los aragoneses de la Franja, a los andorranos, a los murcianos, a los ciudadanos franceses de la Cerdaña y del Rosellón (su Catalunya Nord), y a los italianos de Alger. El instinto imperialista de "els països catalans".

Lo más cómico es el párrafo dedicado a los derechos castellanohablantes (art.3.3): "Se reconoce a la lengua Castellana un estatus jurídico especial, como patrimonio cultural y de cohesión que es preciso respetar, garantizar y proteger". Vamos, como al lince ibérico o a las ruinas de Ampurias.

Quizás esta hipocresía moral sea lo más insoportable, los buenos amos blancos habilitan una puerta para el servicio que les facilite cobijo en días de lluvia.
 


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