AGLI Recortes de Prensa   Sábado 14  Mayo  2016

Curanderos, trileros y farsantes de feria #Masby
Juan Vicente Santacreu  Periodista Digital 14 Mayo 2016

Si te gusta el artículo, divúlgalo, el poder está en tus manos. Gracias
Me resulta difícil entender que los podemitas no crean en Dios y en cambio sean capaces de creer en el comunismo que jamás hizo un puto milagro.

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Fíjense ustedes, hay que ser o estar muy gilipollas para padecer un cáncer y recurrir a un curandero esperando una solución milagrosa. No obstante, no se deben hacer juicios de valor tan a la ligera porque pueden existir otros motivos para que alguien decida poner su enfermedad en manos de un charlatán de feria.

Imagínese por un momento que padece un cáncer terminal y el médico le comunica que si le operan le quedan 6 meses de vida, o 6 meses de vida si le administran quimio y que, sí o sí, usted la va a palmar. ¿Qué haría?

Es justo ante situaciones desesperadas cuando el ser humano deja de lado la racionalidad para creer cualquier cosa, incluso en cualquier trilero de feria que nos prometa una solución milagrosa.

Si en situaciones extremas fuéramos coherentes, antes de lanzarnos en brazos de un farsante le preguntaríamos, ¿ha curado usted un solo cáncer en toda su vida?

Claro, a veces no queremos ver lo que miramos y es más placentero forjarnos una fantasía mental para visualizar tan sólo lo que queremos ver. Creo que fue Albert Einstein quien dijo: “Creer es más fácil que pensar. He ahí la razón de que existan más creyentes”.

Por tanto no es de extrañar que ante la situación extrema que vivimos en España, con una Administración elefantiásica que nos roba hasta por cagar, sean tantos los que se echan en brazos de populistas, trileros y farsantes de feria. Cierto, no todos son unos gilipollas, pero sí son todos los que están. Parece que en los últimos tiempos España se ha convertido en la capital mundial del voluntariado de la ONG Gilipollas sin Fronteras.

Quizá toda la banda de creyentes populistas se bebería plantear que los únicos milagros que han hecho los populistas ha sido dejar sin petróleo a Venezuela, sin carne a Argentina y a Cuba sin azúcar. Y si los dejas en el desierto, hasta acaban con la arena.

Creer es más fácil que pensar. He ahí la razón de que existan más creyentes populistas que pensadores racionales.

Así lo pienso racionalmente y así lo digo.

Quizá te interese leer mis breves post Santacreu http://www.pormi.net/al-dia/
Cuadratura del círculo de Podemos: Hay que subir los impuestos para ayudar a los que se van a quedar en paro por culpa de la subida de impuestos. – Juan Vte. Santacreu

El declive español y los ocho fracasos nacionales
La recesión demográfica, la corrupción o las desigualdades son algunas causas de un declive que no solo se le puede achacar a la clase política
José Antonio Zarzalejos El Confidencial 14 Mayo 2016

Hemos entrado en un tiempo histórico de perfil negativo. Ocurre en todos los países con recurrencia diferente y por razones distintas. Sin embargo, en la honda crisis española concurren causas de naturaleza económico-social y política que se han conjurado para, al alimón, crear un ambiente pesimista y descreído que nos retrotrae a épocas del pasado en las que la cotización de lo español se mostraba a la baja y con lejanas expectativas de recuperación. Es importante, no obstante, objetivar las causas del declive de nuestro país porque no todas son achacables ni al sistema político ni a la clase dirigente. Existe un componente social, ciudadano, que determina la agudización de la coyuntura negativa.

1. Somos menos. La recesión demográfica es un dato espectacularmente grave. Se han invertido los saldos migratorios entre 2008 y 2012, de modo que, poco después (2013-2015) la población española ha descendido y esa tendencia seguirá en los próximos años según los datos del INE. No hace falta señalar las consecuencias de este estrechamiento poblacional, siendo la principal la insostenibilidad, a la larga, de ámbitos estratégicos del Estado del Bienestar. Esta situación remite, además, a la desconfianza e incertidumbre en las generaciones jóvenes para establecerse familiarmente y tener hijos. (*)

2. Somos más viejos. Entre 2002 y 2015 la población entre 15 y 34 años se redujo en 2,2 millones de personas, mientras crecieron los rangos de más edad. España, también según el INE, será en 2050 uno de los países del mundo con el envejecimiento más acusado, sólo superado por Japón. Este envejecimiento se trasladará a la población activa. Habrá, de inmediato, menos desempleo pero con menor población ocupada, lo que a corto plazo sería positivo, pero a largo, un desastre. (*)

3. Desclasamiento. En España los hogares con rentas medias han pasado del 38,5% al 31,2% del total. En 2004, las rentas medias alcanzan al 59%, en 2007 al 60,6% y en 2013 descendieron al 52%. La clase media española ha perdido a 3.500.000 ciudadanos que han pasado de una renta per cápita de 28.000 euros a otra de 22.000 en apenas seis años, un 20% menos. (*) La quiebra de la llamada mesocracia conlleva fuertes consecuencias políticas. Entre otras, la ruptura del compromiso político con los partidos de la transición, base de la estabilidad de que hemos disfrutado hasta ahora.

4. Somos corruptos. ¿Más o menos que en otros países? Difícil respuesta a esta pregunta tan recurrente. Lo seguro es que aquí la impunidad campa por sus respetos si nos comparamos con los países de nuestro entorno. Por lo demás, no sólo hay corrupción política (seguramente sistémica). Estamos comenzando a descubrir la civil o privada: desde las tramas de Manos Limpias y Ausbanc a la evasión de impuestos, como demostrarían los Papeles de Panamá y casos tan paradigmáticos y corrosivos como los de personalidades de la cultura implicados en fraudes a la Hacienda Pública. Según un cálculo de la CNMC de 2015, la corrupción costaría al Estado 47.000 millones de euros al año (desviaría en la contratación pública un 25% del presupuesto), pero hay estudios universitarios que elevan esta enorme cantidad a otra superior: 90.000 millones.

5. Somos más desiguales. Según la OCDE, España es el segundo país de la organización en donde más se incrementó la desigualdad. Un 29% de la población española (13.4 millones de personas) se encuentra en riesgo de exclusión. El 1% de la población acumuló tanta riqueza como el 80% de los más desfavorecidos. Un ejemplo lacerante .-se da también en otros países- es muy expresivo: veinte personas en España acumulan fortunas por un importe superior a los 115.000 millones de euros y el salario de los más ricos es 18 veces mayor que el del 10% de los más pobres. Esta situación, paliada por la economía sumergida (20% del PIB), el sistema familiar y la acción solidaria del tercer sector, es una de las lacras de peor solución en el futuro. (*)

6. La economía, fosilizada. Después de la crisis económica, parece que hemos entrado en una fase de crecimiento del PIB más o menos sostenido, aunque no se hayan resuelto los problemas con el déficit público y nuestra deuda sea del 100% de la riqueza nacional. Ese no es, sin embargo, el mayor problema. Lo es que el sistema productivo español sigue dependiendo de sectores tradicionales (construcción, turismo, industria agropecuaria) y son aún débiles los sectores tecnológicos y los que incorporan más valor añadido. Lo que ha provocado una migración de talento de las generaciones más jóvenes. La salida de la crisis, por lo tanto, y pese a los crecimientos del PIB, es frágil. No estamos yendo al ritmo adecuado hacia la economía digital, que es la que tiene grandes expectativas. La digitalización es baja y lenta, especialmente, en las empresas industriales.

7. El sistema, cuarteado. Carecemos de unidad de criterio sobre los fundamentales del sistema político. Una fuerza emergente, radical, populista y magmática (Podemos, Confluencias e IU) se ha unido con propuestas programáticas revisionistas: proceso constituyente para sustituir la Constitución de 1978 y derecho de autodeterminación para las “naciones” españolas. No hay país en nuestro entorno -ni lejos de él- que haga el harakiri a su propio sistema cuando apenas cuenta con cuatro décadas de vigencia y mucho menos, mediante la iniciativa de fuerzas populistas cuyas 50 propuestas para gobernar son 50 apuesta por la regresión y el antieuropeísmo. El espacio liberado por la derecha, que ha abdicado de un gobierno con ideología reformista, y una socialdemocracia en permanente desconcierto, han permitido la expansión de un criterio inquisitorial sobre el pasado reciente de España.

8. Elites fracasadas. España carece de referencias elitistas en el mejor sentido del término. El desprecio por los valores superiores de la cultura -en su acepción más amplia y más elevada-, el fiasco cíclico de las leyes educativas, la deslocalización empresarial progresiva -con la carga de desconfianza que conlleva hacia las gestiones de las grandes compañías- y los comportamientos públicos y privados inaceptables, pero asumidos con escaso reproche (nadie asume responsabilidades, o lo hacen muy pocos), han establecido un rasero social de mediocridad asfixiante.

Busquemos en los programas electorales análisis de este declive español, de sus causas y, sobre todo, de las posibles soluciones regeneradoras. Y fijémonos en los debates para comprobar cómo muy poco de todo esto se aborda con un mínimo rigor. Tiempos de plomo y desánimo.

(*) Datos obtenidos de los estudios de la CEOE, BBVA y Oxfam Intermón

La enorme burbuja financiera toca a su fin... evidencias de que los tipos van a subir
La FED no tendrá más remedio que actuar: subirá tipos antes y más intensamente de lo que descuentan los futuros. Las consecuencias será formidables para todos
Ignacio de la Torre El Confidencial 14 Mayo 2016

En el Evangelio de Lucas, Jesús conmina a sus discípulos a enseñar a prestar dinero sin interés: “no pidáis nada a cambio”, máxima también expuesta anteriormente por Aristóteles, y que fundamentó la prohibición de la “usura” por parte de la Iglesia hasta mediados del siglo XIII. Aún hoy en día el Islam prohíbe el interés en los préstamos.

Los últimos años, y a raíz de la crisis de 2008, el mundo occidental ha gravitado hacia las nociones evangélicas, con tipos prácticamente a cero en Japón, EEUU y Europa. En mi opinión esta idílica situación toca a su fin, lo que tendrá enormes consecuencias para todos.

En EEUU se observa cada vez más un fenómeno preocupante: está subiendo la inflación como consecuencia del progresivo aumento de los salarios, algo explicable en un país sin apenas desempleo. La inflación subyacente supera ya el 2% marcado como objetivo por la FED, y los salarios parecen estar ya creciendo al 2,4%, lo que augura más subidas de inflación, ya que los costes laborales representan dos tercios de los costes totales de las empresas. Así, al tener que pagar más a los empleados, las empresas intentan proteger sus márgenes mediante subidas de precios de sus productos y servicios. La situación continuará, ya que existen más de cinco millones de puestos de trabajo vacantes en este país, el mayor nivel de su historia, y como en cualquier otro mercado, una mayor demanda y una oferta exigua se traducen en subidas de precios, en este caso de salarios. La FED no tendrá más remedio que actuar: subirá tipos antes y más intensamente de lo que descuentan los futuros. A medida que los datos del segundo trimestre muestren una mejora de la economía (el crecimiento anualizado del segundo trimestre podría triplicar al del primer trimestre) el balance de fuerzas en el comité que decide los tipos de interés en EEUU (FOMC) cambiará, lo que se traducirá en subidas más rápidas de lo descontado.

La zona euro ha observado cómo el primer trimestre su economía crecía más de lo estimado (0,5% vs. 0,35% en intertrimestral). Esto implica que ya hemos recobrado el nivel de producción anterior a la crisis y que la economía europea está creciendo más que la de los EEUU. El crédito está fluyendo; no sólo los flujos de nuevo crédito son positivos, sino que el stock total de crédito está subiendo desde hace unos meses, tanto a hogares como a empresas, algo explicable por la mejora en la demanda y en la oferta de financiación. A su vez, el elemento más sensible de la masas monetaria para explicar el crecimiento económico (M1) crece a un encomiable ritmo de un 10% (el doble que en los EEUU). Como consecuencia, la inflación subyacente, que tocó mínimos en la zona del 0,3%, ha mostrado un progresivo aumento hacia el 0,8%-1% y seguirá subiendo a medida que sigue cayendo el desempleo y se recuperan los salarios. Además en este contexto de tipos, los bancos no consiguen generar rentabilidades que cubran sus costes de capital, lo que les impide levantar nuevos fondos propios, algo que incoherentemente propulsa el BCE para terminar de capitalizar a la banca europea. Por lo tanto la economía mejora, el crédito mejora, el desempleo baja y los precios subyacentes suben. ¿Es esto coherente con tipos a cero y con la creación de 80.000 millones de euros al mes? Yo creo que no. De hecho con una situación peor en términos económicos el BCE subía tipos hace cinco años. En mi opinión esta incoherencia, que se está señalando cada vez más en Alemania, se extenderá durante el Otoño (especialmente cuando el petróleo deje de afectar negativamente al IPC), y simplemente el debate sobre si el BCE debería cambiar su política monetaria provocará una tormenta en los mercados de bonos, lo que redundará en mayores tipos de interés.

A su vez Japón nos ha mostrado a todos los límites de la política monetaria. A pesar de haber más que triplicado su balance en un ejercicio masivo de expansión cuantitativa, la economía japonesa sigue creciendo de una forma marginal. La expansión cuantitativa no funciona cuando una economía pierde un millón de trabajadores al año. El que en la última reunión del Banco Central se haya desechado acelerar la expansión cuantitativa sorprendiendo al mercado nos muestra un punto de inflexión. Por otro lado el bloque emergente debería bajar tipos ante la tormenta económica que está padeciendo. Sin embargo muchos bancos centrales (Colombia, Brasil, Nigeria, Egipto, Sudáfrica, Perú) están subiendo tipos debido a que el hundimiento de sus divisas ha importado inflación. Finalmente China parece dar muestras de un cambio en política monetaria, limitando las inyecciones masivas que tanto peligro pueden generar a medio plazo.

No olvidemos que no sólo vivimos en un mundo de tipos a cero, sino en un mundo en el que los principales bancos centrales se han embarcado en un histórico proceso de impresión masiva de dinero. Así la FED, el Banco de Japón y el Banco de Inglaterra han triplicado su balance, el BCE (eurosistema) lo ha duplicado, y el Banco Central suizo lo ha sextuplicado. La consecuencia son aberraciones financieras, como que existan diez billones (españoles) de bonos en tipos negativos, que Irlanda pueda emitir bonos a cien años al 2%, o el que el Tesoro español se financie por debajo de los EEUU.

Se trata de una enorme burbuja financiera que toca a su fin porque los tipos subirán. Las consecuencias para todos son formidables. Cuando suben los tipos de interés bajan los precios de los activos, algo que afectará a todos los mercados, financieros y reales. Por otro lado, aquellos que quieran pasar su hipoteca a fijo es mejor que lo hagan antes de verano, y los que mantengan hipotecas de más de cinco años a tipo variable deberían reconsiderarlo. Finalmente el bloque emergente y las materias primas sufrirán intensamente de materializarse la subida anticipada en esta columna.

La Historia es historia desde que se recoge por escrito. Contamos con documentos de crédito desde Babilonia (más de dos milenios antes de Cristo). También de Egipto, Grecia, Persia, Roma, la Edad Media, Moderna, y por supuesto la Edad Contemporánea. Si se traza una línea con los tipos de interés a lo largo de 5.000 años se observará que hoy en día experimentamos los tipos de interés más bajos de la historia.

Para bien o para mal los tipos subirán antes de lo que muchos descuentan, alejándose del mandato evangélico y acercándose a las enseñanzas de la Historia… todo revierte.

C’s, la regeneración de los otros
Editorial La Razon 14 Mayo 2016

El lema con el que Ciudadanos irrumpió en la política nacional fue el de «regeneración», concepto que ha calado hondo pero del que se olvida, o se desconoce, lo fundamental: que una verdadera regeneración debería ser un movimiento eminentemente reformista que buscase sanear las estructuras sociales, políticas y económicas. Es decir, no sólo se trataría de liquidar lo viejo, sino de abrir espacio político y legislativo para lo nuevo. El partido naranja creyó que bastaba con anunciar la voluntad de acabar con las «dos Españas».

El proceso de investidura de la fracasada XI Legislatura dejó claro que la propuesta de Ciudadanos sufría de indefinición ideológica: en un principio, apostó por la «gran coalición» que propuso Mariano Rajoy, aunque sin concretar nada, y después acabó participando en el pacto con el PSOE. Esta decisión no fue un paso meramente táctico, sino que definió una estrategia a largo plazo que delata una visión del regeneracionismo demasiado estrecha y limitada a sus adversarios.

La experiencia acumulada en los últimos años en ayuntamientos y comunidades han hecho de Ciudadanos un partido a la medida de Albert Rivera: adaptable a izquierda y derecha, lo que no quiere decir que esas coordenadas sean las del centro. El último capítulo es la renovación de las listas electorales para los comicios del próximo 26-J, donde ha aplicado la doctrina que tanto detesta: nombrar a los candidatos sin pasar por primarias. Por lo que se ve, la regeneración sólo se aplica a los otros. «Nosotros no le vamos a hacer las primarias al PP, no las tiene», dijo Rivera tiempo atrás.

Si Ciudadanos había estipulado que los cinco primeros puestos de cada lista debían ser elegidos por la militancia, ahora ha optado por una fórmula que sólo responde a los intereses del partido. El acto que tendrá lugar hoy en Barcelona para aprobar la lista de candidatos a diputados y senadores es meramente electoral. El argumento de este partido es que las primarias ya se celebraron el pasado mes de junio y no pueden ser revocadas. Este razonamiento sólo puede entenderse si lo concretamos en el último fichaje para encabezar la lista por Cantabria, el cómico televisivo Félix Álvarez «Felisuco».

Nadie pone en duda su valía profesional, ni es lo que hay que juzgar cuando sólo deben aplicarse criterios políticos, pero si los recursos de Rivera se limitan a recurrir a personajes más o menos mediáticos, entramos en una dinámica que tiene poco de regeneradora y demuestra tics de cierta «antipolítica», la que contrapone la «gente» –un actor, en este caso– a una «vieja política» que tiene secuestrado a un país sumido en una corrupción sin fondo. Inevitablemente, esto recuerda al Movimiento 5 Estrellas.

El nombramiento de Toni Cantó como número uno en la lista por Valencia, después de haber concurrido en el segundo puesto en diciembre, persevera en la idea tan posmoderna de dar una imagen de levedad política que, equivocadamente, cree que es lo que necesita una política de centro reformista. La sociedad española pide claridad en las políticas y quiere saber a dónde nos pueden conducir. El lamento regeneracionista es un eco que proceden de otras épocas y no sirve para nada. Comprendemos que el objetivo de Ciudadanos sea conservar sus actuales 40 diputados, pero hay que comprometerse con las políticas que realmente pueden ayudar a salir de la crisis. Entretenernos en hablar de la «crisis de España» es regeneracionismo, sí pero del siglo XIX.

Ciudadanos y el 26J, ¿el principio del fin?
Javier Benegas, Juan M. Blanco www.vozpopuli.com 14 Mayo 2016

Se esperaba algo más de Ciudadanos, especialmente de aquellos que, en la sombra, han hecho un gran esfuerzo para una travesía reformista.

“Pedro, no me digas que no hay dinero para hacer política”, espetó José Luis Rodríguez Zapatero a Pedro Solbes en los albores de la gran tormenta económica de 2008. Ante la inminencia del cataclismo, el vicepresidente económico había osado sugerir al gran jefe cerrar un poco el grifo y guardar algo para las inminentes vacas flacas, aunque sólo fuera la calderilla. Y claro, José Luis se mosqueó. La indignación no provenía sólo de su irresponsabilidad: Zapatero sabía muy bien que gobernar y gastar son, en España, conceptos inseparables. Peor aún, la austeridad no sólo provoca sarpullidos en la finísima piel del político profesional; tampoco goza de buena reputación a pie de calle. Cierto caciquillo expresó la síntesis de este pensamiento mágico: "Es muy deprimente tener que gobernar sin dinero".

Esta semana, José Manuel García-Margallo, se lanzaba también a la piscina olímpica del gasto y afirmaba, con fingida contrición, que "nos hemos pasado cuatro pueblos con la austeridad". El gran humanista había visto la luz y se apresuró a compartir la gran revelación con los mortales: ¡en el déficit esta la solucioooooón! De Zapatero a Margallo, el círculo se ha cerrado girando sobre sí mismo. Esta es la gran manipulación de nuestros políticos: animar siempre a gastar más, no importa dónde ni porqué. Margallo no es el hombre del Renacimiento, tan solo otro flautista de Hamelín tocando la melodía del dispendio. Quizá ni llega a sospechar que de errores y manipulaciones está empedrado el camino del infierno; al fin y al cabo tiene la vida resuelta…

“El mundo infinitamente benévolo del soma”
Lo que siempre fue virtud para nuestros abuelos, administrar con prudencia, se ha convertido por obra y gracia de los partidos en un vicio intolerable. Hoy lo más cool es dilapidar el dinero… de otros, por supuesto. De cara al 26J, el consenso es abrumador. Al igual que Fukuyama ejerció de sumo sacerdote para anunciar el fin de la Historia, los druidas de los partidos vaticinan solemnemente el fin de la austeridad. ¡Abajo las estrecheces, vivamos con desahogo, atemos los perros con longaniza! ¡La frugalidad, la moderación, la mesura son costumbres anacrónicas que sólo generan sufrimiento! Entretanto, la otra parte del guion, la amenaza de una mayor recaudación copa todos los programas.

Los gobernantes responsables y sensatos, con visión de largo plazo, no aprovechan el viento de popa para desplegar todo el velamen, creando estructuras administrativas innecesarias; no convierten ingresos coyunturales en gastos permanentes, inabordables cuando llega la temible depresión. Ahorran en previsión de la crisis. Desgraciadamente, la política en España no persigue el bienestar de la sociedad sino los intereses de los dirigentes: poder, votos, buenos puestos y, no pocas veces, ingresos irregulares. Y todo esto se consigue gastando lo más posible, a manos llenas. Allí donde no existen controles adecuados, el despilfarro y la corrupción se convierten en norma. Lo estamos comprobando hoy.

Lo que hoy llaman austeridad no fue sino una torpe y apresurada poda tras décadas de despilfarro. Las medidas no iban dirigidas a racionalizar el gasto sino a recortar aquellas partidas que menos dañaban los intereses partidistas. Un remedio torpe, coyuntural, que no atacaba la causa del mal: el gasto estructural excesivo destinado a sostener abominables tramas clientelares y una administración hipertrofiada, plagada de infinidad de organismos perfectamente prescindibles, muchos de ellos sin un fin concreto, salvo colocar gente, comprar apoyos, obtener votos… y desviar dinero.

En resumen, hay una distancia sideral entre recorte, una poda improvisada y transitoria que mantiene el sistema clientelar, y reforma, esa estrategia de transformar las instituciones para que ganen en limpieza, sencillez y objetividad, para que la administración preste los servicios eficientemente, con el mínimo coste posible para el contribuyente. Hemos visto recortes... pero muy pocas reformas.

El gasto indiscriminado ha acabado corrompiendo a buena parte de la sociedad, destrozando sistemáticamente cualquier atisbo de organización espontánea capaz de impulsar cambios políticos o de ejercer control sobre los gobernantes. Las asociaciones fueron subvencionadas, compradas y, finalmente, apartadas de sus legítimos fines. No se fomentó la existencia de ciudadanos responsables sino de súbditos, cada vez más egoístas, con una sola inquietud: ¿qué hay de lo mío?

La política del todo "gratis", la avalancha de "derechos", o privilegios, frente a la ausencia de deberes y realidades ha acarreado la infantilización de la sociedad, la creación de individuos permanentemente aturdidos por el soma. El populismo es la sublimación de este proceso, la cosecha definitiva de lo que concienzudamente sembró el Régimen del 78: el reparto de prebendas elevado a la enésima potencia y la liquidación definitiva de la responsabilidad individual. En definitiva, la promesa última de una infancia interminable y feliz.
 
Ciudadanos, ¿reformas o favoritismo?
Frente a todas estas anomalías, Ciudadanos se presentó como un partido capaz de cambiar el statu quo. Lo que podía y debía aportar, más allá de su posicionamiento en el falaz espacio izquierda-derecha, era racionalidad, una propuesta coherente de reformas conducentes a la disolución de ese matrimonio de conveniencia entre doña Política y don Despilfarro. Sin embargo, en los últimos tiempos, han puesto el foco en “mejorar” las capacidades recaudatorias de la Agencia Tributaria, “incrementando sustancialmente sus recursos y duplicando el número de funcionarios (inspectores, técnicos y personal de apoyo)”.

No se entiende que quienes miran a Dinamarca como referencia, desconozcan que el buen rendimiento fiscal del país nórdico no se debe tanto a elevados impuestos, o al despliegue de recursos para perseguir el fraude, como a una legislación fiscal muy sencilla, comprensible para el más lego. In claris non fit interpretatio. La legislación tributaria española es, por el contrario, una maraña inescrutable repleta de recovecos, trampas y excepciones, una monstruosidad que ni los funcionarios más expertos pueden interpretar sin caer en la duda o en la discrecionalidad. Un modelo lleno de agujeros que fomenta el favoritismo, esquilma al pobre desgraciado y beneficia a quien posee recursos e influencia.

Olvidan, o quizá algunos lo saben demasiado bien, que una legislación fiscal mucho más sencilla mejoraría sustancialmente la seguridad jurídica y también la recaudación. Pero, ¡cáspita!, no haría falta ofertar más plazas para inspectores. Por demás, sin un cambio de incentivos, el mero aumento de la recaudación animará a los políticos a gastar todavía más.

Ese interés de Ciudadanos por incrementar los ingresos gastando aún más recursos, aumentando la tropa funcionarial y, de propina, ofreciendo mejores expectativas profesionales a los viejos camaradas no apunta tanto a la racionalización de la Administración como al sostenimiento del invento en lo sustancial. Diríase que no busca una mayor eficiencia sino el fortalecimiento de la burocracia. Y no se trataba de eso, ¿o tal vez sí?

El pacto del abrazo… de oso
Hasta ayer, el partido del Albert Rivera, aun con demasiadas concesiones a la demagogia, intentaba mantener cierto discurso de racionalidad económica y política. Pero tras el "pacto del abrazo" comenzó a vislumbrarse que sus principios eran negociables. Prefirieron dar imagen de dialogantes, de gente abierta al pacto. Cualquier cosa antes que parecer dogmáticos. No cayeron en la cuenta de que gran parte del público busca valores sólidos, no el acostumbrado pasteleo: los principios y las buenas ideas también atraen votos aunque necesiten un periodo de maduración. Pero hay quien parece tener demasiada prisa, quizá influido por cierta compañía mediática poco recomendable.

Se esperaba algo más del partido de Rivera, especialmente de aquellos que, en la sombra, han hecho un gran esfuerzo para abordar con garantías una travesía reformista no exenta de peligros. Si sus ideas son finalmente apartadas, si todo ese trabajo se dilapida en favor de la mercadotecnia del voto, nada se habrá conseguido. A lo sumo, nuevas caras podrían gestionar el tradicional despilfarro.

En 1965 la revista Time abrió su edición con el artículo estrella Ahora todos somos keynesianos. En la España de 2016, ¿habrá foto a toda plana con los cuatro líderes de partidos proclamando al unísono: Ahora todos somos populistas? Ojalá que no. Porque, en tales condiciones, mucha gente acaba prefiriendo el original a la copia.

Poder y credibilidad
J. L. González Quirós www.vozpopuli.com 14 Mayo 2016

En España llegar a la presidencia del gobierno, por mucho que seamos constitucionalmente una monarquía parlamentaria, significa hacerse con un poder enorme, sin apenas controles reales, con un gran volumen de información que no suele llegar a otras manos, y con una capacidad de atemorizar que es lo suficientemente grande como para que muchos renuncien a cualquier especie de postura crítica, ya que saben que lo acabarán pagando. La crónica fiscal de estos días muestra un buen rimero de ejemplos, parlamentarios relativamente díscolos que acaban en el humilladero, o artistas poco dóciles que pasan en un santiamén de ser Cenicienta a bruja de Blancanieves. Montoro en su oficio de profeta lo dejó bien claro hace ya tiempo: Hacienda somos todos, pero sólo él y su jefe saben a qué tecla hay que dar para aplicar un escarmiento. No se trata de ninguna novedad, basta recordar el calvario de Lola Flores bajo el virreinato de Borrell. Lo tremendo de estas prácticas de punición selectiva es que, encima de enmerdar al adversario, se obtiene un cierto aplauso, porque la envidia siempre confunde el mal ajeno y el bien propio.

El poder por el poder
La justificación racional de las bondades del sistema democrático suele basarse en la idea de que la libertad política acaba haciendo que prevalezcan las ideas que mejor sirven los objetivos de la mayoría, pero esa teoría, por correcta que sea, deja en el olvido el hecho evidente de que, piensen lo que piensen, los que están en el poder tienen enormes posibilidades de mantenerlo, muchas más bazas que cualquiera que pretenda sostener e implantar las mejores ideas concebibles. Una consecuencia de ello es que el poder sirve, sobre todo, para intentar mantenerlo, y, por tanto, cualesquiera promesas que se hubiesen hecho para alcanzarlo pasan a un segundo plano ante la necesidad de seguir en el gobierno. La disculpa habitual se la hemos oído un millar de veces a Rajoy: “no hemos tenido otro remedio que hacerlo”, aunque haya sido estrictamente lo contrario de lo prometido. De este modo se crea toda una retórica del puro poder con la desfachatez habitual de prevenir al incauto ciudadano de la amenaza que pueden representar los aficionados, los que no son profesionales, los que podrían caer en la tentación de poner el poder al servicio de designios distintos.

El miedo inducido
En nuestro caso, el PP de Rajoy supo desde muy pronto que esa supuesta necesidad de hacer lo contrario a lo prometido le iba a quitar una parte muy importante del electorado, de forma que necesitaría un motivo político distinto para mantenerse en el poder. No tenían mucho para escoger, debían justificar el cambio de programa con el éxito económico, y debían reclamar el voto a la vista del miedo a perder esa supuesta bicoca. El PSOE, pese al reciente desastre de Zapatero, podría convertirse en una amenaza demasiado inmediata, y, además, no parecía capaz de infundir un miedo suficiente, de modo que sería necesario ayudar a que surgiese una alternativa verdaderamente capaz de infundir temor, y de ahí el cariño y la dedicación que los medios amigos han puesto en Podemos. Se trata, en todo caso, de una acción en dos fases, la primera permitir que la alternativa fuese una amenaza al PSOE, la segunda convertirla en el enemigo a batir, lo que, indirectamente, podría llevar a la disolución política de la izquierda clásica: ya ha pasado con la deglución de Izquierda Unida, y la del PSOE pudiera estar al caer. Como estrategia de poder es algo más inteligente que su prima hermana del zapaterismo, el “cordón sanitario”, pero no menos cínica ni peligrosa.

La supuesta segunda vuelta
La estrategia de Rajoy ha fallado estrepitosamente, sin embargo, en las elecciones del pasado diciembre, pues no solo no obtuvo la mayoría, sino que perdió un porcentaje de voto que ha hecho retroceder en más de veinte años la cotización política del PP, pero, contra lo que hubiera sido normal en cualquier democracia, Rajoy ha decidido volver a intentarlo, y de ahí su estrambótica estrategia en estos meses al no presentarse a la investidura al tiempo que insistía en haber ganado las elecciones, y en proponer una supuesta alianza por la que, en la realidad, no movió ni un dedo. En la futura historia política, este período rajoyista del PP se verá como un auténtico disparate, incluso si llegase a alcanzar el éxito, seguir en Moncloa, pero mucho más aún si el ciclo acaba, como cabe suponer, en un nuevo descalabro.

Las condiciones de un éxito para Rajoy son malas para todos: se trata de convertir el miedo en el factor dominante del voto, y de extremar artificialmente la tensión política, justo lo contrario de lo que se hizo en la transición y de lo que interesa realmente a la mayoría de españoles. Para conseguir esto, se recurre a hacer más dramático el escenario electoral, se identifica al poder existente con el único bien posible, y a la democracia misma como una amenaza a la estabilidad y al crecimiento económico, de forma que se potencian los supuestos que favorecen a Podemos, en la esperanza de que el instinto de conservación pueda más que el descontento, y de que se vote con miedo, puesto que, como el PP necesita apropiarse de cualquier esperanza de mejora, no tiene otro remedio que expulsar del panorama a todo lo que no pueda controlar. En esto ha ido a parar la supuesta marcha al centro del partido de Rajoy.

El voto no maniqueo
Al crear las condiciones en las que el antagonismo se convierte en el argumento principal, el PP da por hecho que no existe otra alternativa, que los españoles deben elegir entre don Mariano o el caos chavista y leninista, pero se puede tener una visión menos pesimista del panorama. Verdad es que nadie ha hecho grandes esfuerzos por articular una alternativa poderosa por el centro, el pacto del abrazo se quedó en la vagorosa esfera de los símbolos, imagino, que, sobre todo, porque el PSOE sigue preso de su fondo izquierdista primario, olvidando que el éxito le acompañó cuando supo hacer otras cosas, pero existen, al menos dos alternativas suficientemente claras al designio rajoyano de llevarnos a elegir entre él y un Frente Popular de gutapercha, y cabe esperar que sean muchos los españoles que sigan pensando que, con todos sus defectos, la democracia es el sistema que te permite no votar siempre al que manda, que hace posible despedir al que lo ha hecho mal, incluso cuando pretenda, falsamente, que la única alternativa a su continuidad nos lleva a los siete males del infierno.

XTB Trading Day
Juan Ramón Rallo y José Carlos Díez coinciden: Podemos no debe tomar las instituciones
Negocios.com 14 Mayo 2016

Las coaliciones más positivas para el IBEX serán las que no reviertan el marco institucional actual.

En el marco del XTB Trading Day, el mayor evento de trading organizado en España, se ha celebrado este viernes en Madrid el primer debate político y económico Liberalismo Vs Socialdemocracia moderado por el analista Pablo Gil entre Juan Ramón Rallo y José Carlos Díez.

Las elecciones es uno de los temas de mayor actualidad, tanto política como económica. Para Juan Ramón Rallo “el resultado es imprevisible por los escaños que bailan en varias circunscripciones, pero probablemente haya polarización del voto Podemos-PP, que es lo que interesa a ambos”. Rallo opina que a priori no espera un desplome del IBEX, sea cual sea el resultado; y, en cualquier caso, “las coaliciones más positivas para el IBEX serán aquellas que no reviertan el marco institucional actual, incluso con Podemos si no emprendiera una ‘revolución’ disimulada”.

Ambos economistas no ven la opción de que Podemos tome las instituciones, 'si lo hace sí habría peligro', ha manigfestado Rallo, que cree que 'el sorpasso a corto plazo no creo que intranquilice'. 'Creo que en caso de sorpasso el PSOE se abstendría', ha añadido.

Para José Carlos Díez, la influencia de la incertidumbre política en el crecimiento de nuestro país no ha tenido ningún efecto hasta el momento; en el primer trimestre el PIB y el empleo crecieron con la misma intensidad que en el segundo semestre del año pasado.

Respecto a los movimientos extremistas, cada vez más extendidos en España y otros países de nuestro entorno (Francia, Italia, Grecia, Portugal), Juan Ramón Rallo está de acuerdo en que “hay un auge del populismo de izquierdas y de derechas en todo el mundo; las implicaciones en los mercados dependerán de las políticas aplicadas: el populismo de izquierdas tiende a subir los impuestos, hundiendo la rentabilidad de las inversiones; el populismo de derechas tiende a cerrar el país al exterior, destrozando los beneficios de la globalización”. Los principales riesgos económicos a nivel mundial, sin embargo, son para Rallo China y los países emergentes: “ambos van de la mano y todos necesitan un reajuste productivo y financiero similar al vivido por Occidente desde 2008.”

José Carlos Díez añade que hay un grave problema de sobreendeudamiento a nivel mundial, “Estamos en los máximos niveles de deuda. Hasta 2008 era un problema del mundo desarrollado. China hoy ya tiene más deuda sobre PIB que EEUU o Alemania.” Juan Ramón Rallo no prevé una crisis como la de 2008, “porque no ha habido un ciclo de sobreendeudamiento en Occidente y su aparato productivo está reorientándose hacia sectores de más alto valor que antes; los emergentes sí tendrán que pasar por una reestructuración, aunque no será tan grave como la occidental”.

En cuanto al papel de los bancos centrales, Díez opina que “a diferencia de los años treinta del siglo pasado, la actuación de los bancos centrales ha evitado otra gran depresión mundial. Pero una crisis de deuda no se resuelve sólo metiendo más dinero en circulación; aún es pronto para evaluar el experimento monetario desde 2008”. Para Rallo, las políticas expansivas de los bancos centrales no surten efecto porque “los agentes están sobreendeudados y, por mucho que abarates el coste de la financiación, no tienen interés en endeudarse más.” Tampoco podemos saber hasta cuándo seguirán este tipo de políticas: “Bernanke, expresidente de la Fed, ha dicho que su generación no volverá a ver jamás tipos de interés en el 4%. Si las economías siguen estancadas y los gobiernos siguen fundiéndose el ahorro de los ciudadanos, pueden prolongarse durante décadas (Japón). Si hubiera un saneamiento de balances rápido y regresara la demanda de crédito, entonces tendrían que subir de nuevo”, ha añadido Rallo.

Volviendo al momento económico en el que nos encontramos en España, José Carlos Díez opina que nuestro país “sigue en fase de expansión gracias a unas políticas monetaria y fiscal muy expansivas”. Y ha expuesto claramente las reformas más necesarias y urgentes que hay que acometer: “Una nueva regulación laboral que mantenga la creación de empleo para mejorar la brutal brecha de desigualdad salarial; convocar el Pacto Toledo y tomar medidas para revertir el agujero de 20.000 millones en el sistema público de pensiones; un nuevo modelo de financiación y una solución estable para la deuda autonómica; firme posición en Bruselas para el plan europeo de inversiones con eurobonos; y un plan de modernización de nuestro parque empresarial que mejore el ciclo de innovación en universidades y empresas, así como la financiación de capital productivo en sectores de nuevas tecnologías”.

Hay otros problemas, en opinión de Juan Ramón Rallo, como los tipos de interés negativos, “un impuesto encubierto a la liquidez”, que resulta peligroso para el ahorrador: “el ahorrador está vendido a unas políticas que quieren empujarle a que asuma riesgo aun cuando él no observe buenas oportunidades”. El tope de tipos negativos dependerá de si se prohíbe el dinero efectivo o no: “Si no se prohíbe, el límite estará en 2%-2,5%. Si se prohíbe, pueden ser ilimitados”. Además, el euro se verá afectado ya que “los tipos de interés negativos son, paradójicamente, una política deflacionista, dado que contribuyen a reducir el volumen de deuda, no a incrementarlo. Es verdad que poseer directamente euros se vuelve menos atractivo, pero el efecto de reducción del nivel de deuda es mucho más potente”. En este sentido, puede llegar a suceder que un particular reciba dinero por estar endeudado, “aunque no olvidemos que los principales deudores de una sociedad son los bancos y el Estado: por tanto, ellos serían los principales perceptores de dinero”.

En este sentido, para Rallo podemos llegar a convertirnos todos en un modelo a la ‘Japonesa’ “si seguimos el camino de continuar endeudándonos para evitar las reformas”. En este tipo de entorno, sin duda, “los ganadores están siendo claramente los Estados a costa de ahorradores, inversores y diversas clases sociales. Quien se coaligue con el Estado puede salir ganando a costa de los demás.”

Juan Ramón Rallo concluye que realmente no se sabe cuánto durará esta situación: “En un entorno deflacionista como el actual puede durar mucho tiempo: el Estado se endeuda más, pero el sector privado reduce su deuda, de manera que la deuda global no crece, aunque sí se mantiene en niveles demasiado elevados”.

Podemos se quita la careta
EDITORIAL Libertad Digital 14 Mayo 2016

El acuerdo que han alcanzado esta semana Podemos e IU para concurrir juntos a las elecciones generales del próximo 26 de junio, bajo el poco original nombre "Unidos Podemos", supone, en primer lugar, la defunción oficial de la histórica coalición de izquierdas que hasta ahora lideraba Alberto Garzón, pero también el definitivo destape ideológico del partido de Pablo Iglesias.

Tras meses de engaños y soflamas de todo tipo para ocultar el verdadero rostro del totalitarismo podemita con el fin de no asustar al votante medio y, así, llegar al poder, la formación morada se muestra al fin como lo que es y lo que siempre ha sido: comunismo. Este pacto sella, simplemente, la alianza natural entre el castrismo cubano que ejemplifica IU y el chavismo venezolano que tanto venera Podemos.

La manida transversalidad que tan insistentemente blandieron Iglesias y compañía no era más que puro y simple humo ideado para engañar a despistados e incautos, tal y como advirtió Libertad Digital desde el nacimiento de este partido. El eje "arriba-abajo" con el que Podemos pretendía sustituir la tradicional división política entre "izquierda-derecha" era una hábil artimaña concebida para aunar voluntades con el único objetivo de derrocar el actual sistema democrático y la economía de mercado mediante la instauración de una nueva república socialista en el sur de Europa.

Podemos ha intentado maquillar sus intenciones de múltiples formas. Primero, empleando el velo de la "transversalidad", después vendiendo las bondades de la "socialdemocracia nórdica" y, en última instancia, envolviéndose en la bandera del "cambio". La realidad, sin embargo, es que Podemos no es más ni menos que el comunismo de toda la vida, solo que bajo otro nombre y otras caras. Ahora que Iglesias se ha comido a IU, su antiguo partido, desea arrebatar al PSOE el liderazgo de la oposición. La consecución de dicha meta dependerá de muchos factores, especialmente de la habilidad de los socialistas para distanciarse de Podemos, pero, en última instancia, todo dependerá del voto de los españoles.

Y es ahora, más que nunca, cuando el pueblo debe tener muy claro qué es y qué representa el partido morado. Pablo Iglesias se presenta de nuevo a las elecciones generales como el máximo líder de una formación que bebe, directamente, de la raíces más retrógradas y arcaicas del comunismo español. Es decir, profundamente aislacionista, tal y como evidencia su aún soterrado rechazo a la UE y al euro, de marcado tinte dictatorial y con un modelo económico de naturaleza colectivista, cuya implantación sumiría en la más absoluta miseria al conjunto de los españoles.

Ése y no otro es el pretendido "cambio" que propone Podemos: pasar de una democracia estable y una economía desarrollada, con sus problemas y sus defectos, pero dentro del privilegiado grupo de los países más ricos del mundo, a uno de los deleznables y paupérrimos regímenes comunistoides propios de la órbita bolivariana. Su "cambio", por tanto, no es más que una nefasta vuelta al pasado mediante la resurrección de viejas, terribles y fracasadas ideas políticas.

El milagro israelí y lo que queda de Occidente
Carmelo Jordá Libertad Digital 14 Mayo 2016

Este sábado se cumplen 68 años de la fundación de Estado de Israel, una fecha que algunos pensamos que debe celebrarse todos los 14 de mayo, incluso aunque el aniversario no sea una cifra redonda como ocurre en este año 2016 o, si lo prefieren, en este 5776.

Más que por la fecha, por supuesto, porque es la oportunidad de recordar, y homenajear, a un país que en cierto sentido se ha convertido en una paradoja, pequeña por su extensión pero grande por su significado: ubicado geográficamente en la puerta de Oriente, es casi la última reserva de los valores que un día fueron de Occidente.

Porque con sus blancos y sus negros, como en todos los países, la historia de Israel es la de la defensa práctica de unos valores –la democracia, los derechos humanos, la separación entre los distintos poderes…-, que los demás hace mucho que sólo defendemos de boquilla.

Israel nació en un entorno hostil en todos los sentidos: sus vecinos lo odiaban y la mayor parte de ellos siguen odiándolo, la naturaleza era dura, los recursos brillaban por su ausencia… Así que es un país que se hace adulto acostumbrado a la dificultad, a la adversidad.

Eso no le ha impedido ser el más impresionante experimento de integración que se haya visto en cualquier sociedad humana: en él conviven en paz –o al menos casi en paz- personas de las más diversas procedencias, cada uno con su propio poso cultural; ortodoxos que siguen al dedillo los preceptos de la Torá y agnósticos y ateos; personas que dedican su vida al ejército y pacifistas; las familias más tradicionales y las más vivas y activas comunidades gays en miles de kilómetros a la redonda. Conviven incluso drusos, cristianos de distintas iglesias, bahais y, por supuesto, musulmanes: más de un millón, que también disfrutan de unos derechos que en la inmensa mayoría de los países árabes son un sueño inimaginable.

Y ha sido posible, es posible cada día, precisamente porque por encima de todas esas diferencias está un marco inequívoco en el que se defienden los valores de los que les hablaba. Y se defienden sin complejos, sin titubeos aunque no sin polémicas. Se defienden, cuando es necesario, por la fuerza, que es el último camino que te deja a veces el enemigo, si está lo suficientemente loco o fanatizado.

Cuando uno conoce a Israel o a los israelíes le llama la atención, al menos a un españolito como yo se la llama, el fuerte sentimiento de orgullo y pertenencia de la mayoría de ellos. También hay casos extremos de gente que odia a su propio país, pero en general el israelí, ya sea nacido allí o emigrado, se siente orgulloso de pertenecer a una comunidad que está logrando algo, que tiene una razón para seguir cada día, luchar e incluso, cuando no hay otro remedio, morir.

Puede que les sorprenda esta afirmación en un liberal, que somos gente muy de ir por nuestra cuenta, pero no puedo dejar de sentir algo de envidia de esa consciencia de que tu comunidad y tus valores son algo que merece la pena, un sentimiento que tan lejos nos queda en esta vieja Europa y en esta machacada España…

Quizá, además, hasta un liberal siente esa envidia porque en cuanto conoces Israel te das cuenta de que esa consciencia de comunidad no está en absoluto reñida con un notable individualismo. Hay un viejo dicho hebreo que dice que en cuanto se reúnen dos judíos tienes tres opiniones que me parece que explica bien esa continua afirmación del yo, que llega a ser contestataria y que se caracteriza, también, por un sano y permanente cuestionamiento de la autoridad.

Un país amigo
Hay algo aún más importante que esto que todo esto que les estoy contando y que puede que usted, querido lector, no sepa: pocos países en el mundo podrían considerarse tan amigos de Occidente como Israel. De hecho, y eso les admito que es una percepción absolutamente personal y subjetiva, estoy convencido que Israel, en la distancia, con todo un Mediterráneo entre medias, es un gran amigo de España, pero en eso me extenderé un poco más adelante.

Respecto a lo primero, les diré que Israel es más que un amigo y un aliado: es la primera trinchera de la IV Guerra Mundial, el primer combatiente. Y la vidas que entrega luchando contra el fanatismo no sólo salvaguardan la existencia de ese pequeño milagro en el desierto, sino nuestro modo de vida miles de kilómetros más allá. Que a nadie le quepa la menor duda: si no existiese Israel la batalla que por desgracia se libra allí se libraría en Europa y, muy especialmente, en Ceuta y Melilla.

Pero son ellos, los israelíes, los que mueren y ven a sus hijos morir, no sólo ante la indiferencia sino ante la incomprensión e incluso el odio de una Europa que no es consciente de que esa también es su guerra, de que esos también son sus muertos.

Por último, siempre he pensado que a los españoles nos une un vínculo especial con Israel, no sólo por lo que ya les he contado sino porque, aunque les parezca increíble, es un país al que nos parecemos más de lo que a primera vista cabría pensar. O si lo prefieren así: los israelíes se parecen mucho a los españoles. De hecho, estoy seguro de que cuando viajen a Israel –cosa que, por cierto, les recomiendo hacer lo antes posible- verán que en aquel pequeño y lejano país mediterráneo se vive con la misma alegría y la misma camaradería que aquí, que las relaciones, las amistades, los bares, las forma de compartir comidas y cenas se parecen mucho a las nuestras. Descubrirán, en suma, que allí, tan lejos, se sentirán casi como en casa.

Son, creo yo, razones más que suficientes para que cada 14 de mayo recordemos, y celebremos, que al otro lado del mar hay un pequeño gran milagro al que le debemos mucho y al que, encima, nos parecemos mucho.

El lastre del populismo
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 14 Mayo 2016

Ultraderecha, ultraizquierda, nacionalismos secesionistas, avanzan todos montados en el carro del populismo totalitario. Su embestida es tan promiscua que a menudo es difícil distinguir a los unos de los otros. La confusión dificulta el combate contra las tres plagas y a veces coloca al observador en la incómoda posición de aparecer situado en un bando que aborrece cuando impugna a los otros dos.
Pura retórica

El sociólogo Manuel Castells, enemigo del establishment y, por lo tanto, de Hillary Clinton, se enreda en esta confusión ("¿Trump presidente?", LV, 7/5):

Paradojas de la historia, en la elección de noviembre, un capitalista racista y misógino será el candidato que se opone al establishment financiero y político, mientras que la candidata demócrata será el último baluarte de la colusión entre políticos y Wall Street contra el asalto de los indignados de derechas.

Castells insiste en que Trump "fundamenta su apoyo social en el sentimiento generalizado contra las élites financieras y contra la casta política", pero la afinidad del sociólogo con el populismo podemita lo condena a falsear la realidad y a encontrar similitudes entre el millonario y "movimientos de extrema derecha tipo Frente Nacional de Francia", y a negar que su discurso está estrechamente emparentado con el de Pablo Iglesias. Más aun: "Sería Donald Trump el que cumpliera la petición de la izquierda de repliegue militar. De hecho, se opuso a la invasión de Iraq". Del parentesco entre los discursos no se deduce, por supuesto, que Trump esté enrolado en la ultraizquierda ni Iglesias en la ultraderecha, sino que los dos se ciñen a los imperativos del populismo y éste los coloca a ambos en el carro del totalitarismo.

El lastre del populismo también pesa a la hora de elegir entre las diversas alternativas propuestas para abordar la crisis de los refugiados. En este caso, son los ciudadanos fieles a la tradición liberal y humanista quienes, cuando quieren hacer compatible esta tradición con las condiciones que impone la realidad en cuestiones de seguridad e integración social, se encuentran en aprietos. Sobre todo porque los demagogos y populistas no pierden la oportunidad de descalificarlos, asimilándolos, esta vez, a la ultraderecha. Es verdad que la ultraderecha tiene una fórmula simplista -y también populista- para resolver el problema que plantea la avalancha de más de un millón de refugiados: cerrar las fronteras a todos y expulsar a los que ya están adentro. Tan simplista -y populista- como el "Refugees welcome" de las pancartas, que Carmen Riera propone como plan de gobierno para dar la bienvenida a todos los refugiados sin poner ni las condiciones ni los filtros de los que dependen la convivencia y la seguridad ("Refugees welcome", LV, 8/5). Pura retórica, de espaldas a la realidad.

Así es este Papa argentino
Tampoco fue realista, sino puramente retórico, el sermón que el papa Francisco endilgó en la Sala Regia del Palacio Apostólico del Vaticano al recibir el Premio Carlomagno 2016, abogando por "actualizar la idea de Europa" con un nuevo humanismo basado en la capacidad de integrar (LV, 7/5). Palabras, palabras y palabras que encubren el postureo de trasladar doce refugiados exclusivamente musulmanes al Vaticano cuando cientos de miles de cristianos están padeciendo torturas, saqueos, conversiones forzosas y matanzas en Iraq, Siria, Nigeria y otros países islámicos, y cuando el padre Behnam Benoka le suplica, desde la martirizada Erbil, que visite los campamentos donde malviven sus fieles en Líbano, Jordania y Turquía (ACI Prensa, 27/4).

Así es este Papa que en su país, Argentina, bendice al flamante retoño de la Teología de la Liberación, el Encuentro Nacional de Curas en la Opción Preferencial por los Pobres (sic), vástago a su vez del Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo que se sumó a la guerrilla castrista-peronista de Montoneros (ver "La cruz y el fusil", La Ilustración Liberal, 60-61). Y avala al flamante retoño cuando éste se confabula con la cleptocracia kirchnerista para desestabilizar al Gobierno regenerador de Mauricio Macri. Para más inri, envía guiños de complicidad a la violenta agitadora antisistema Milagro Sala, acusada de malversar millones de dólares destinados a la construcción de viviendas sociales ("El caso de Milagro Sala", La Nación, Buenos Aires, 15/2 y 30/4).

Versión adulterada
El lastre populista infecta la versión adulterada de los hechos que rezuma el artículo "De Barcelona a Barcelona", de Xavier Mas de Xaxàs (LV, 7/5). Según el autor -que mezcla falazmente a refugiados con inmigrantes, cuando son categorías muy distintas-, todos llegan "atraídos por la civilización europea, sus valores y progreso". Probablemente los inmigrantes sí, y bienvenidos sean, pero sólo un mistificador empedernido puede aducir que los suníes y chiíes desplazados por la guerra anhelan abrazar los valores de la civilización europea. Es Mas de Xaxàs quien se ha adaptado a la óptica de los islamistas cuando ve a nuestras sociedades "envejecidas, anquilosadas y temerosas, pendientes, ante todo, por replegarse en los mitos de la historia, la raza y la cultura".

Cuidado, quienes se repliegan en los mitos de la historia, la raza y la cultura no son las sociedades europeas sino las tribus secesionistas como la padana y la flamenca, cuyos caciques son los únicos que acogen con los brazos abiertos, por las afinidades electivas, a Carles Puigdemont y su séquito, para los que, en cambio, nunca hay huecos en las agendas de la Unión Europea. Mientras tanto, el pseudoministro de Exteriores, Raül Romeva, pasea por Beirut montando su propio show de rescate ficticio de los refugiados (LV, 9/5).

Después de regurgitar los habituales denuestos de los pijoprogres –y de los islamistas– contra los europeos que "durante siglos hemos explotado sus recursos naturales, tratando de convertirlos al cristianismo", Mas de Xaxàs destaca la labor solidaria de instituciones como Diplocat y el Cidob, nada menos: la primera, inservible pero solidaria, eso sí, con los paniaguados de la Generalitat, y la segunda castrada por la prepotencia del secesionismo, como denuncia clamorosamente el profesor Francesc Granell ("Cidob: otro contrasentido", LV, 7/5).

Es posible librarse del lastre del populismo de ultraderecha y de ultraizquierda. Ni expulsiones masivas, ni papeles para todos. Basta plantear el problema sensata y racionalmente. Escribe María-Paz López ("El islam de los refugiados", LV, 8/5):

Comparando cifras, cabe preguntarse por el riesgo cultural real para 500 millones de europeos de recibir a algo más de un millón de solicitantes de asilo (datos de 2015), aunque ese número crezca al sumar la población extranjera ya asentada. Pero lo cierto es que levanta temores. Por eso las autoridades están llamadas a legislar sobre la integración de los recién llegados, y a actuar con firmeza si ellos o sus líderes vulneran nuestras leyes o incitan a vulnerarlas. El sermón en una mezquita de Cornellà de un imán saudí defensor de Bin Laden es inaceptable. Airados si sus temores no son tenidos en cuenta por los gobiernos, esos europeos descontentos pueden echarse en brazos de partidos políticos de la derecha dura y/o refractarios a la inmigración (…).

Ese recelo existencial se adereza con el miedo físico al terrorismo islamista, que en los últimos meses ha asaltado París y Bruselas, como hizo en Madrid en un 2004 que ahora parece lejano. Para los gobernantes, la gestión simultánea de la crisis de los refugiados y la del terrorismo yihadista entraña enorme complejidad. En realidad sólo dos aspectos los vinculan: el origen geográfico y la religión. (…) Y aunque en ese flujo hay fieles de otras religiones (cristianos, yazidíes, drusos), la fe mayoritaria es la de Mahoma, la misma que dicen profesar los terroristas. Es una verdad incómoda, sobre todo para los musulmanes.

También hay que estar preparados. El coronel Manuel Navarrete, director del Centro Europeo contra el Terrorismo, explica (El País, 8/5) que en los puntos calientes de Grecia e Italia se despliegan especialistas (guest officers) entrenados por Europol. No es cuestión de quedar librados a la buena voluntad de los pijoprogres.

Cacofonía insustancial
En este contexto, debería ser tranquilizador que Sadiq Khan, ciudadano británico de origen pakistaní, que practica la fe musulmana y obedece sus preceptos, se haya despojado del fanatismo típico de muchos de sus correligionarios y, plenamente integrado en la civilización europea y enrolado en la corriente laborista más próxima al moderado Tony Blair que al pirómano Jeremy Colbyn, haya inspirado a sus conciudadanos la confianza suficiente para que lo elijan alcalde de Londres por una apreciable mayoría de votos.

Al comentar este resultado sin precedentes, John Carlin trae a colación ("La fe del alcalde Khan", El País, 9/5) el comentario del expresidente de la Comisión de Igualdad y Derechos Humanos, Trevor Phillips, negro de ascendencia caribeña, sobre el resultado de una encuesta del Sunday Times. Phillips deduce de este resultado que "un abismo" separa a los musulmanes y no musulmanes en sus actitudes hacia cuestiones tan fundamentales como el matrimonio, las relaciones entre hombres y mujeres, la educación, la libertad de expresión e incluso la validez de la violencia en la defensa de la religión.

Acota Carlin, refiriéndose al nuevo alcalde:
Su misión más difícil y más crucial será convencer a muchos de los que comparten su fe religiosa de hacer las paces con los valores seculares occidentales que él ha hecho suyos.

La reflexión de Carlin sintetiza en pocas palabras la clave para solucionar esta nueva versión del choque de civilizaciones. Lo demás es cacofonía insustancial. Y suicida.

Israel, ayer y hoy
Elías Cohen Libertad Digital 14 Mayo 2016

"Israel no fue creado para desaparecer. Israel perdurará y prosperará" (JFK).

El jueves Israel celebró (en su fecha hebrea, 5 de Iyar de 5776) su 68º cumpleaños. A pesar de ser un instante en términos históricos, estas casi siete décadas han dado para mucho, no sólo para guerras y conflictos. Desde que aquel viernes 14 de mayo, a las 4 de la tarde, y contraviniendo el mandato de la ONU -el plan de partición tenía que llevarse a efecto al día siguiente, 15 de mayo, pero era shabat, día de descanso para los judíos, en el que no se puede crear nada, y mucho menos un Estado-, David ben Gurión se reuniera con los líderes de la comunidad judía de Palestina y del movimiento sionista en el museo de arte de Tel Aviv para leer y firmar la Declaración de Independencia, han transcurrido 68 años de sonrisas y de lágrimas, de tragedias y de alegrías, de éxitos y de errores.

Todas las naciones han tenido comienzos complicados, pero pocas han afrontado circunstancias tan excepcionales como las que enfrentó -y enfrenta- Israel. No ha sido fácil ni cómodo. Como recuerda el coronel Richard Kemp,

durante 68 años los israelíes han luchado una y otra vez para defender su independencia contra los enemigos que querían subyugarlos. Ninguna otra nación ha luchado tanto y durante tanto tiempo, rodeada de una hostilidad tan inflexible.

Creado como realización nacional de los judíos, que, tras dos mil años como pueblo errante, perseguido y masacrado, anhelaban crear un Estado-nación moderno en su tierra ancestral, Israel se convirtió en su refugio; pero, desde luego, Israel ha sido mucho más que eso.

Como vemos en este vídeo, elaborado para la ocasión, Israel ostenta el liderazgo en prestigiosos rankings mundiales que demuestran que es un país próspero y que progresa año tras año, a pesar de las dificultades.

Así, en los últimos tiempos, Israel ha destacado por su modelo de economía basado en la innovación, al punto de convertirse en un ejemplo mundial, la Start Up Nation. Algunos datos económicos son harto reveladores. Desde 1948, la economía ha crecido aún más rápido que la población. El PIB en su primer año fue de 6.600 millones dólares de hoy. Ahora Israel produce cerca de 44 veces más, casi 300.000 millones. La renta per cápita es de aproximadamente 35.000 dólares, y la tasa de paro es del 5,3%.

Israel es una de las mayores potencias tecnológicas del mundo, así como un referente en ámbitos como el de las telecomunicaciones, el de la medicina, el de la agricultura y el de la seguridad. "El próximo Google podría salir de Israel", dijo Erich Schmidt, ex CEO de Google, en 2014. Bill Gates en 2006 fue aún más claro: "La innovación constante en Israel es fundamental para el futuro del negocio tecnológico".

Ciertamente, el milagro económico israelí -subtítulo del libro Start Up Nation– responde a un plan estratégico bien diseñado. Que haya sido política de Estado fomentar la investigación y el desarrollo –es el país del mundo que más invierte en I+D: un 5% del PIB- ha propiciado que Israel tenga, según el Foro Económico Mundial, el mayor número de científicos, técnicos e ingenieros per cápita del mundo: 140 por cada 10.000 trabajadores, muy por encima de Estados Unidos (85) y Japón (83).

Israel no sólo brilla en economía y en innovación. Como ya hemos apuntado en varias ocasiones,su sistema judicial llama poderosamente la atención, tras haber condenado a presidentes y primeros ministros como si de ciudadanos de a pie se tratara. Como expuso el juez David Rozen en el fallo contra el premier Ehud Olmert, la corrupción por parte de un servidor público se considera traición.

También en bienestar social y protección de las minorías Israel tiene razones para sacar pecho. Su gasto en educación es del 8,4 % del PIB, es el segundo país más educado de la OCDE, y su sistema de salud es considerado el cuarto mejor del mundo según Bloomberg.

Antes de la fundación del Estado, Ben Gurión, padre de la nación, escribió:
"Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Levítico, 19:18) es el mandamiento superior en el judaísmo. Con estas tres palabras se ha formado la ley eterna, humanista del judaísmo (…) El Estado de Israel será digno de su nombre sólo si su estructura social, económica, política y judicial se basa en estas tres palabras eternas.

Israel se ha convertido también en un refugio para ciertas minorías perseguidas o discriminadasen Oriente Medio, como los cristianos y los homosexuales.

En este punto, no viene mal recordar que es la única democracia de la zona, que pese al constante estado de guerra nunca ha sufrido una regresión autoritaria y que pese a las distorsiones informativas el tercer partido más votado en las últimas elecciones fue la Lista Árabe Unida.

Los extraordinarios datos del país se ven reflejados en el índice de felicidad de sus ciudadanos: Israel está en el puesto número 11 (de 196) en la lista que recopila esta peculiar medición. Puede ser un dato que asombre a cualquiera que haya tenido una charla dilatada con un israelí sobre el país, el gobierno, el conflicto, los precios o el futuro.

El balance de estos 68 años nos recuerda al epílogo del libro El Estado judío, de Theodor Herzl, fundador del movimiento sionista:

(…) el mundo será liberado por nuestra libertad, enriquecido por nuestra riqueza, magnificado por nuestra grandeza. Y todo lo que intentemos lograr para nuestro propio bienestar repercutirá con fuerza y de forma beneficiosa en el bien de la Humanidad.

Sin embargo, Israel aún tiene muchos retos pendientes. El primero, solucionar el conflicto con los palestinos. El segundo, en el plano interno, revisar de una vez por todas el statu quo y los privilegios y competencias de los jaredim (ultraortodoxos) e integrarlos en la sociedad. Ambos amenazan progresivamente con llevarse por delante no sólo el Israel moderno, sino su alma de Estado libre y democrático. El tercero, y este también es difícil, es salir airoso de las campañas internacionales de deslegitimación y aislamiento a las que es sometido, como el BDS (Boicot, Desinversiones y Sanciones) y la Lawfare (la utilización de la ley para conseguir objetivos militares).

Ciertamente, Israel se parece muy poco al país que fundaron hace 68 años refugiados judíos de todo el mundo. Ha cambiado mucho, e, irremediablemente, tiene que seguir cambiando.

© Revista El Medio
Elías Cohen, analista político. Autor del blog carreterabirmania.com.

ACOM, España, Sefarad y los valores
La Verdad Ofende www.latribunadelpaisvasco.com 14 Mayo 2016

Hace unos tres años, me enzarcé en Twitter en una de esas farragosas diatribas de 140 caracteres sobre el derecho de los judíos a defenderse ante los ataques que sufren persistentemente desde el islam, al menos desde 1920, tras su regreso a Tierra Santa.

Poco más tarde, justo cuando Israel se defendía de los continuados bombardeos desde Gaza con misiles disparados desde colegios, viviendas de civiles, dependencias de la ONU y asaltos desde túneles construidos por niños (caben mejor en los túneles para trabajar), con la ayuda económica europea controlada por Hamas, escribí mi primera columna para el ecléctico medio "The Objective" cuyo título era “Malditos judíos”.

Malditos, decía en él, “estos judíos se defienden”. El mundo lleva 2.000 años ciscándose permanentemente en la minoría judía a la primera de cambio, sea por el motivo que fuere, sin recibir una respuesta firme por parte de ellos. Por los agravios, humillaciones, saqueos y los más terribles asesinatos (hasta el genocidio) sufridos, no hallaría Occidente modo de indemnización imaginable hoy.

Regresar a la tierra de Israel de la que les expulsó Roma fue un proceso que iniciaron a finales del siglo XIX, y el modo que Occidente encontró para la reconciliación ante siglos de abusos. La ocupación ismaelita que se inició tras el imperialismo de Mahoma persistía, pero el derrumbe del decadente imperio otomano lo permitió.

La tierra de Israel, llamada tras la rebelión macabea "Philistea" por Roma (Palestina) para borrar el recuerdo de la rebelión judía, estaba yerma y despoblada. Los judíos compraron la tierra durante años, hasta la declaración definitiva del estado de Israel. Esta tuvo tres consecuencias:

- El mundo musulmán atacó a Israel negando su derecho a existir. Hoy perduran esos ataques.

- Los judíos demostraron unidad y que jamás volverían a dejarse pisotear.

- Los dos millones de egipcios y jordanos llamados “palestinos” (apenas 40.000 en el siglo XIX), financiados por Occidente, son el ariete islámico para destruir el único estado democrático y occidental de todo Oriente Medio, Israel.

Tras mi artículo, los chicos de ACOM (Acción y Comunicación en Oriente Medio) empezaron a seguirme en Twitter, junto a otros sefardíes. Gracias a ese seguimiento mutuo empecé a aprender y a entender no solo una parte del pasado de España sino también de mis creencias judeocristianas y de mi religión católica, su historia, explicación y fundación.

Hace bien poco, España ha aprobado finalmente la ley de nacionalidad que nos reconcilia con los sefardíes. Para quienes no lo sepan, la palabra “sefardí” significa “español”, y “Sefarad”, España, y al igual que el termino hispanidad es la defensa de lo español, sionismo lo es del estado de Israel.

Quienes defienden posiciones separatistas catalanistas o aranistas y exigen respeto por ellas, tardarán muy poco en atacarme por mi sinceridad, en un acto que les aplaudo de escozor manifiesto, pues a mí sinceridad le asiste la historia y la verdad, mientras a ellos solo la novela corta de Sabino o Prat de la Riba y la cobardía de quienes callan ante la totalitaria imposición de sus subvencionados hijos políticos.

Hemos de recordar a nuestros progresistas defensores de las minorías, que el judío es la más pequeña de nuestras minorías y la más atacada e indefensa. En España, apenas suman 20.000 (son solo 13 millones en todo el mundo), frente a los dos millones de musulmanes o los cuatro millones de homosexuales. A los judíos les asiste el derecho a organizarse y a defender sus derechos e ideas como a cualquier minoría, no solo al subvencionado islam o a los colectivos LGTB.

Me une a los sefardíes las raíces de una historia común, la milenaria cultura judeocristiana civilizadora, mi sueño de una España sin complejos hacia un futuro liberal y próspero, alejada de imposiciones o totalitarismos, llámense islam (“sumisión”) o el socialismo y sus populistas variantes (marxismo-leninismo, fascismo y nacional-socialismo).

Los sefardíes son personas libres, liberales, librecambistas y absolutamente críticas, escépticas y polemistas, aprecian como nadie los debates, tienen valores sólidos y la creencia firme de que ante el odio a Occidente, a nuestra historia y el asalto de los populistas totalitarismos, el apaciguamiento como actitud jamás resolvió nada en el pasado. Solamente alimentó al intolerante, por lo que ante ello solo vale dar un paso al frente y plantar cara, por muy pocos que sean.

Y como lo de plantar cara está en desuso, la reacción ante la aparición de ACOM no ha tardado. Un “Julian” seguramente subvencionado, llamado Vicente Almeja (¿sindicalista?) pública un maledicente artículo sobre los bemoles de ACOM por enfrentarse y denunciar el nuevo terrorismo islámico que ensucia e invade ayuntamientos en España, nuestra casa común.

De la mano de marxistas antisemitas, España asiste a una nueva campaña inquisitorial de acoso al judío. Diseñada bajo el epígrafe “BDS” y regada por subvenciones públicas, son los responsables entre otras acciones del señalamiento de la discoteca judía Bataclan en Paris, donde yihadistas #BDS provocaron 84 asesinatos.

Declarado ilegal en Canadá, Francia y Reino Unido, en España el movimiento “BDS” ha encontrado terreno abonado en nuestra cainita y envidiosa izquierda marxista, esa que cínicamente proclama su lucha por los derechos de la mujer y el homosexual mientras recibe fondos de la asesina y terrorista dictadura teocrática de Irán.

Hoy todo consistorio donde está Podemos (los amigos de Irán) gobernando en alianza con el PSOE y nacionalistas han presentado o están preparando mociones en los ayuntamientos de apoyo al criminal #BDSantisemita que discrimina al judío.

Denunciarlo es una necesidad cívica, de higiene democrática, tan urgente como lo es aún hacerlo con ETA, y exigir con firmeza y claridad, frente al indolente apaciguador postureo con el islam, que éste deje en paz a Israel, a la mujer y al homosexual, y no utilice en sus guerras niños ni población civil, abandone la pederastia, emplee la ayuda que sale de nuestros impuestos para Gaza en escuelas y no en túneles, cuchillos o misiles, acepte una solución pacífica, se reforme y democratice, acabe con la “sharia” (ley islámica) y respete las costumbres de Occidente que le acoge.

Yo, puestos a pedir, pediría la creación de una comisión internacional para la solución de la invasora mezquita de Al-aqsa, construida sobre el templo de Salomon, a pesar de que hoy la Unesco declare que el Muro de las Lamentaciones no tiene vínculos con los hebreos, sino solo con el islam, al igual que hoy pasa con la de Córdoba, edificada tras demoler la basílica de San Vicente, y que hoy pretenden usurpar el imperialismo islamista de nuevo.

Mientras tanto, los cuatro gatos hebreos de ACOM, además de un ejemplo de higiene y valor cívico, representan hoy el único blindaje moral conocido en auxilio de la clamorosa necesidad de defender nuestras amenazadas libertades.

"Por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida". (Miguel de Cervantes)

La burbuja de bonos no es eterna
14 Mayo 2016

“Although you'll feel a little sting at first, It's always better when the bubble bursts” Bertine Zetlitz

La semana, a nivel económico, nos ha vuelto a mostrar que los bancos centrales no imprimen crecimiento ni mejoran las expectativas de inflación. El índice producción industrial de la Eurozona se situaba en un -0.8% en marzo, y la inflación en España caía a -1,1%. Aunque la inflación subyacente -excluyendo alimentos y energía- sea positiva (+0,7%), se ha revisado a la baja con la caída de los servicios. Los analistas que siguen las expectativas de inflación estiman que no llegará a superar el 1% en cinco años. Eso con un programa de recompras de 1,5 billones de euros por parte del BCE. Un fracaso absoluto, porque el problema de Europa no es de liquidez ni estímulos monetarios sino de falta de reformas y política intervencionista.

Sin embargo, no nos debe preocupar que los precios caigan porque el consumo crece muy por encima del producto interior bruto real (casi el doble), y el hecho de que los precios sean bajos ha ayudado a que la renta disponible de las familias mejore, se mitigue el efecto de la devaluación interna y la riqueza de las familias supere el billón de euros. Recomiendo a los economistas inflacionistas que lean la defensa de los efectos de la desinflación positiva).

El déficit y la política de la cigarra

La política ultra-expansiva de los bancos centrales ha creado la mayor burbuja en mucho tiempo, la burbuja de bonos. Los estados se dan de palmadas porque baja la prima de riesgo mientras se lanzan a aumentar déficit porque “la deuda es barata”. Como la cigarra en el cuento, pensamos que los tipos de interés serán bajos siempre y vamos aumentando los desequilibrios en vez de utilizar ese periodo de apoyo monetario para reducirlos. Y cuando llega “el invierno”, y suben los tipos de interés o el banco central deja de ser el comprador de último recurso, los recortes son mucho mayores y el efecto depresor mayor. Ya hemos alertado en esta columna sobre la locura de “relajar el déficit” tras 685.000 millones de euros de expansión fiscal y el suicidio que supondría aplicar las medidas propuestas por los populistas y comunistas (Sumamos para Quebrar). Muchos economistas se han llevado las manos a la cabeza ante la recesión garantizada que generaría y progresistas como Xavier Vidal-Foch, en otro medio, escribía “los siete folios que despacha a la política económica sonrojan”.

Mientras unos y otros se lanzan a hablar del “derecho al déficit” -más deuda-, no nos damos cuenta de la trampa que supone aumentar los desequilibrios y la deuda cuando los tipos son bajos. España, con un coste medio de cerca del 3% y que cayó en 2015 al 0,85%, se gasta casi un 10% del presupuesto en intereses… Si se normalizan o la percepción de riesgo global aumenta, se dispararía esa cifra al refinanciar. Pero eso lo haría otro, … que se fastidie. Muy “social”.

La burbuja de bonos

La burbuja de deuda, que ha llevado a que la deuda global se haya disparado a niveles jamás vistos en época de paz, no la disfrazan los bancos centrales eternamente. Una burbuja tan enorme lleva inexorablemente a que los agentes tomen cada vez más riesgo aceptando menor rentabilidad. Y esa burbuja solo se mantiene creciente ante la esperanza, fe diría yo, de que la deuda se repagará o por mejora del crecimiento, aumento de la inflación o aumento desproporcionado de ingresos.

Es por ello que una burbuja de bonos también puede estallar, aunque el banco central apoye. Ocurre cuando esas premisas de “esperanza” se desvanecen y desaparece el comprador marginal de deuda cuando se esteriliza -el banco central la vende-. Incluso si, como ocurre en Japón, dicho banco central compra el 80% de los bonos emitidos, el shock de deuda se manifiesta de la siguiente manera.

Primero, en el mercado de renta variable -se desploman las bolsas a “pesar” de que haya programas de recompras porque las expectativas de crecimiento, inflación y beneficios empresariales se cercenan. Segundo, a pesar de monetizar miles de millones de deuda, las pymes, empresas medianas y posteriormente las de calificación media, aunque sean grandes, pierden acceso al mercado de crédito y bonos por la debilidad de su negocio. Tercero, se manifiesta la insostenibilidad de los gastos y la caída de los ingresos fiscales que sostienen a los bonos “de bajo riesgo” y se disparan las primas de riesgo. Esas dos últimas fases preceden a una gran crisis, y no las para un banco central porque el mundo entero ya se ha dado cuenta de que el Rey va desnudo.

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Esa política de bajos tipos y masiva liquidez, que ha llevado a más de siete billones de bonos con rentabilidad negativa, y que países como Francia, Irlanda, Bélgica o España emitan deuda a tipos irrisorios con vencimiento 2050 y más allá (hasta 2066) , está zombificando las economías y cercenando el crecimiento potencial perpetuando los sectores de baja productividad e ineficientes, subvencionando al endeudado y penalizando al ahorrador.

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En EEUU, que consideramos un “éxito” -porque es moneda reserva global y una economía flexible y dinámica- se ha duplicado el déficit en los últimos doce meses, el crecimiento es casi la mitad del potencial, y ya se vive una recesión de beneficios como hemos comentado aquí. En China, la deuda se ha disparado al 240% del PIB y los préstamos de difícil cobro se han disparado a la cifra más alta en once años.Sin embargo, el mercado se encuentra con 700.000 millones de dólares más de flujo en el mercado de bonos del que se considera normal.

Prestemos atención a esa burbuja, porque luego dirán que fue culpa de los mercados, que se tomó demasiado riesgo o que hay que intervenir más los tipos y la masa monetaria. Las burbujas que crean una crisis nunca saltan en activos que consideramos “tóxicos”. Siempre saltan en aquello que consideramos que es muy sólido y sin apenas riesgo -el inmobiliario, la deuda gubernamental de países de alto crecimiento- … Y, si no aplicamos urgentemente medidas de oferta, mejorando la renta disponible de las familias y empresas, bajando impuestos, y dejando que se desarrollen los sectores de alta productividad, nos iremos a un shock de deuda.

Acabemos con la lacra del déficit eterno para gastos corrientes, la falacia de que “gastando más se reduce la deuda” y la entelequia de los multiplicadores de gasto público (que no se dan, o son negativos en economías abiertas y muy endeudadas, lean )… O nos llevarán a otra crisis.  

Estamos a tiempo.
Buen fin de semana

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Diez razones de los Pablos contra Mariano Rajoy
Pascual Tamburri esdiario 14 Mayo 2016
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¿Votar a Rajoy por miedo a Pablo Iglesias, como pide Pablo Casado? Tendría sentido si el PP hubiese cumplido cuando ha podido. Pero se ha limitado a asumir el programa de los otros.

Decía el otro día que las concesiones de Íñigo Méndez de Vigo –ante el sanedrín separatista de educación- son la guinda de un pastel de heces. Me quedé corto: la LOMCE fue una de las pocas cosas de enjundia hechas en la anterior legislatura, respondiendo en parte a los compromisos históricos del viejo PP, y están dispuestos a claudicar en este ambiente preelectoral. Si a la rendición educativa sumamos unos cuantos aspectos más, de los que siempre habían preocupado a la derecha social, que a nadie sorprenda que las listas de Mariano Rajoy pierdan por un lado más votos de los que ganen por el otro.

Entiendo perfectamente que esto no les preocupa, pues el partido de la lideresa moral Celia Villalobos, amén de su siempre bien pagado pero nunca rentable marido, cuenta con el "voto del miedo" sin contrapartidas. El escalador Pablo (Casado) continúa haciendo méritos con el mensaje oficioso, "El único voto útil para que no gobierne Podemos es el PP". No es verdad. Pablo (Iglesias) no es razón para taparse la nariz ante la pestilencia, ni lo es la mención tardía, mínima y electoral del terror nacionalista que me recordaba el otro día el presidente provincial Pablo (Zalba) en un simpático mensaje. Les importa ganar, importan los escaños, y no importa qué se haga, salvo, y sólo a ratos, las cuentas. Pero a algunos sí nos importan algunas otras cosas.el fandango en las aulas, sin clanes de directores ideologizados y prepotentes o con una lengua nacional única, no puede votar al PP, que teniendo mayoría absoluta no ha cumplido del todo ni siquiera lo poco que empezó a intentar.

1. Educación. El ministro Méndez de Vigo está renunciando en la práctica a la aplicación nacional, única y directa de la Ley de Wert, de sus programas y de sus reválidas. Por supuesto que la culpa es de Wert, sus complejos y lentitudes en gran parte, pero más aún de Rajoy, que tardó, que la castró y sobre todo que está dispuesto a renunciar a ella. Si usted quiere una educación nacional, de calidad, con contenidos, sin medallas a los proyectos multiformes y a la integración del fandango en las aulas, sin clanes de directores ideologizados y prepotentes o con una lengua nacional única, no puede votar al PP, que teniendo mayoría absoluta no ha cumplido del todo ni siquiera lo poco que empezó a intentar.

2. ¿Aborto no? Pero no se sorprenda usted, pues ¿cómo iba a dar la cara por la educación española y la superación de la basura de la LOGSE quien no ha dado la cara por el derecho a la vida? La opinión de Villalobos se impuso al intento de Alberto Ruiz Gallardón, y eso que era confuso, enmarañado e incompleto. El PP con Rajoy ha tenido mayoría absoluta y ha podido derogar las leyes abortistas de Felipe González 1985 y de José Luis Rodríguez Zapatero 2010. No lo ha hecho y las ha mantenido, porque los cálculos electorales –hechos de aquella manera- han importado más; y más aún, las voces y los gestos disidentes han sido castigados dentro del mismo PP. Si usted defiende el derecho a la vida desde la concepción hasta la muerte natural, usted no puede votar a este PP, y desde luego no tendrá puesto en las listas salvo que calle y acate, como Ana Mato, salva sea la parte Gürtel de Jesús Sepúlveda.

3. Corrupción. Yo no creo que ahora haya mucha corrupción, es decir no mucha más que en otros momentos de nuestra espléndida vida democrática. Pero la hay, y más aún porque tenemos una clase dirigente de calidad baja y menguante. Desde las concesiones ferroviarias del XIX, el caciquismo, el escándalo del estraperlo en la República, Roldán, PSV y todo lo demás con la PSOE, Pujol, las autonomías, los sindicatos y los partidos profesionales, parlamentarismo implica corrupción impune y viceversa. Desde luego que los ERE andaluces y sindicales son más caros para el contribuyente que las cositas del septuagenario y dicharachero ex Príncipe de España, de la Infanta, de Barberá y del mismo Luis Bárcenas. Pero esas cositas están ahí, y demasiadas veces se ha castigado al menos culpable o al denunciante, y los grandes corruptos no se han suprimido. Que sea mal de muchos no excluye la responsabilidad del PP de Mariano Rajoy.

4. Una nueva casta no-tan-joven, con ideas usadas de la vieja izquierda. Si votamos PP votamos a unos candidatos que para serlo han tenido que demostrar carecer de principios o en todo caso subordinarlos a los cargos. Ha habido, una y otra vez, limpiezas ideológicas –de defensores de la vida y de enemigos del separatismo, por ejemplo- y entradas y ascensos de todos los devotos de la morralla dialogante, moderadita, abierta a dar por buenos los principios y programas de la izquierda. Tuve un amigo, José María Lassalle, ahora separado de su sorprendente matrimonio con la cabeza de lista del PSC, Meritxell Batet, y unos cuantos más a ambos lados del Ebro a decir verdad, que se lo pueden explicar mejor. Con cada uno de sus actos de gobierno y de administración, con cada gesto de sumisión a la corrección política y cultural de la izquierda, dan razones para no votar.

5. Batasuna y ETA van ganando. El PP de Mariano Rajoy tuvo una legislatura gobernando con mayoría absoluta y lleva unos meses gobernando provisionalmente. Bildu-Batasuna sigue siendo legal. Arnaldo Otegi está en la calle. Los etarras salen de la cárcel y son aclamados por los suyos. Se equipara a las víctimas con los asesinos abertzales y no hay castigo. No hubo sitio para María San Gil, no lo hay ni siquiera para Jaime Mayor Oreja. El programa abertzale máximo es de curso legal. Se pudo hacer todo para impedirlo; no se hizo, y siguió el proceso iniciado por Zapatero. Nada hace pensar que otra legislatura vaya a cambiar las cosas, si nuestro hermano en la fe y Ministro del Interior Jorge Fernández Díaz no las ha querido cambiar antes, gestitos aparte.

6. Sumisión exterior. Dirige nuestra diplomacia el veterano José Manuel García-Margallo, democristiano no arrepentido y por tanto sospechoso seguro de conspiración y corrupción, ucedero sin perdón, profesional de la política y más aún de los pasillos, abierto a todos los grupos de poder de dentro y de fuera de España. Rodeado de su corte de los amigos y de los milagros, ha presidido una época de impotencia exterior de España. Sencillamente, nuestra política exterior es la que se nos ordena que sea. Defendemos los intereses de los demás, todo vale en nombre de la subordinación occidental e ideológica, sin pensar en España a largo plazo. Alguien se beneficiará de ello, pero no será la nación como tal. Puede alegarse que esto era igual o peor con Zapatero pero ¿no se le criticaba por eso y se prometía un cambio a mejor? No llegó en 2011 y no merece la continuidad ni la política ni el ministro, al menos no con el voto de los que no son ni centroides ni democristianos ni devotos por las mañana y sorprendentes por la noches.

7. La economía nacional no arranca. La gran baza de Mariano Rajoy era anunciar el fin de la crisis y la salvación de España. Pero esto tiene tres graves objeciones. La primera y principal es que la economía no es ni debe ser, salvo que uno sea un materialista y lo reconozca, el centro de la acción pública. AP no nació así. La segunda es que, por afable que sea el hombre, uno no puede poner de Ministro de Economía y Competitividad a Luis de Guindos; no por sus ideas y creencias, sino porque antes de la crisis dirigía en España y Portugal Lehman Brothers, y porque ahora se nos va a un laticargo exterior, sin haber terminado su tarea salvo en las grandes cifras, todo cosas legales pero no muy estéticas creo yo. Y la tercera es la más sencilla de entender, incluso para ellos: y es que la crisis no ha terminado, y donde menos ha terminado es en España. Objetivamente, ir menos mal que otros y sólo en las grandes cifras no convierte la economía en razón, ni siquiera para los que, prescindiendo de la identidad de las derechas españolas, crean que la economía es lo principal.

8. ¿Por qué hablan de ‘Estado de bienestar’ y no simplemente de Justicia social? No creo que se haya recortado mucho, es más creo que se ha recortado poco; pero se ha machacado a la clase media española y a las clases trabajadoras españolas. Se gasta mucho, y más multiplicando la inmigración en beneficio de grandes empresas normalmente extrajeras, pero el Estado ha multiplicado sus servidores y sus gastos disminuyendo su eficacia. Los españoles de a pie están peor servidos y por más precio que antes, y es normal que las clases medias y sus hijos no quieran seguir pagando su propia ejecución. Y no es una revolución proletaria, sino una carísima destrucción de los viejos instrumentos de justicia social en provecho de las ideologías de la extrema izquierda. Entre el miedo a los poderosos y la sumisión a los progresismos, este PP no ha cumplido con su gente de siempre.

9. El caos autonómico, el derroche y los separatismos siguen creciendo. El Ministro de Hacienda Cristóbal Montoro ha ahorrado un poco, sí, con recortes salariales y reformas laborales, pero a la vez ese dinero lo da, según convienen a sus cálculos de partido, a las derrochadoras autonomías, empezando por las menos cumplidoras y las más hostiles. Nada se ha hecho para acabar con los separatismos y con sus planes ilegales. Nada se hace para garantizar la igualdad real en el trato del estado a los españoles. Para financiar el catalanismo otra vez, Montoro podría haber seguido trabajando para Abengoa y se habría ahorrado el triste espectáculo de la ejecución –merecida pero no por lo que se dijo- de José Manuel Soria. Se han puesto los negocios por encima del partido, y éste por encima de España.

10. ¿Vienen los rojos? Digan lo que digan los Pablos, no existe el voto útil. Las mismas políticas con distintos nombres y sólo ligeros matices crean la desilusión y la abstención. Si no quieres “memoria histórica” no votas al PP, que pudo derogar esa memez y no lo hizo. Si no quieres un peligro marxista no votas al PP, que ha generado todas las excusas para su éxito, y que creó a dedo el monstruo mediático que lo ha hecho posible. Si quieres al PNV gobernando en Navarra, a Podemos marcando la política de todos, a Bildu legal y a los etarras en la calle, con impuestos más altos y una sociedad más dividida en un país más débil, eso sí, puedes votar a Soraya Sáenz de Santamaría, porque Pablo Iglesias no es peor, y aunque lo fuese han demostrado en una legislatura que no querían detenerle sino utilizarlo, con gran miopía, para su propio beneficio.

¿Y van a decirnos "que vienen los malos"? Medio minuto con la bandera nacional, una foto hablando de ETA y una campaña para convencer a las abuelas de que volverá a haber checas no les eximen de sus culpas, entre otras la de la canonización laica en 2016 de los chequistas del 36, y la existencia de una Batasuna legal. Veremos qué 80 años del 18 de julio celebran sus protegidos de Podemos, y veremos si el PP entre tanto renace o agoniza

De ikurriñas y otras claudicaciones
Jesús Laínz Libertad Digital 14 Mayo 2016

El 25 de julio de 1979, en pleno despertar de la fiebre autonomista, el semanario Blanco y Negro publicó una carta al director de una ciudadana vasca llamada María Velasco. Además de denunciar el incipiente adoctrinamiento a los niños en las aulas, a los feligreses desde el púlpito y a todos desde los medios de comunicación, la autora de la carta se dolía con amargura de que, al buscar los defensores de la españolidad de Vasconia ayuda "en quienes, en teoría, deberíamos encontrarla", sólo daban "con unos hombros que se encogen y una voz que se disculpa".

Pero lo que más nos interesa hoy de aquella carta es su prédica en el desierto sobre la importancia de la manipulación lingüística en la estrategia de unos nacionalistas que en aquellos días contaban con las simpatías de todo el mundo:

Y qué decir de nuestra rabia e impotencia cuando el vocablo Euzkadi es usado más y más, incluso por personas conocedoras del tema y por otras que pertenecen a medios oficiales y declaran no saber ni querer nada de política; usado por vascos que se sienten españoles y por vosotros mismos a quienes nos dirigimos, porque ignoran e ignoráis que tal palabra encierra toda una doctrina política, la nacional-separatista (también han adoptado ese término los partidos llamados de izquierda), y representa esa utópica nación o estado vasco que reúne tres provincias francesas y cuatro españolas. No, no equivale a Vascongadas, ni siquiera al País Vasco español ni a Vasconia como conjunto de tierras y pueblos vascos, simplemente. Os comentamos todo esto porque nos duele Vasconia –como a los de la generación del 98 les dolía España–, porque la queremos y no nos gusta cómo está. Y también porque deseamos de corazón haceros comprender y obtener de vosotros ayuda, ánimo, compasión incluso. Dolorosamente lo necesitamos.

Evidentemente, tardaron muchos, muchísimos años en empezar a recibir ayuda, ánimo y compasión desde el resto de España, sobre todo desde la Carrera de San Jerónimo, la Moncloa y la Zarzuela. Y siguen sin recibir casi nada.

Confirmando lo denunciado por aquella desconocida María Velasco, Bernardo Atxaga escribiría en 1995 sobre el término Euzkadi:

La palabra Euzkadi sólo rimaba bien con las ideas de los vascos que habían luchado como gudaris en la guerra o habían estado a favor de su causa, es decir, con la ideología del PNV, y nada tenía que ver, en cambio, con los vascos de ideología falangista o requeté, también numerosos, o con los que durante la guerra combatieron en las filas socialistas o izquierdistas (...) En resumidas cuentas, Euzkadi no era un territorio ni una gente –como sí lo era el País Vasco, Euskal Herria–, sino el nombre que una determinada opción política, la más vasquista, daba a su utopía.

No fue dicho neologismo la única invención sabiniana que traspasó los límites del partidismo para universalizarse. Porque aunque los parlamentarios de AP, PSOE y Euskadiko Ezkerra propusieron que el himno de la recién creada comunidad autónoma fuese el Gernikako Arbola de Iparraguirre, el PNV logró imponer su himno con la ayuda de los parlamentarios adolfosuaristas del CDS: el Eusko Abendaren Ereserkia o Himno de la Raza Vasca, anónima melodía a la que Sabino puso letra creando lo que también se conoce como Gora ta Gora.

Pero, sin duda alguna, la victoria simbólica más importante fue la bandera del PNV convertida totalitariamente en la de todos los vascos. El honor de legalizarla, tras haber provocado la muerte de varios guardias civiles por el estallido de las bombas conectadas a ikurriñas ilegalmente desplegadas, recayó en el ministro ucedista de Interior que por aquellos días era homenajeado en la cancioncilla "Desde Santurce a Bilbao vengo por toda la orilla, matando guardias civiles y votando a Martín Villa".

Aunque sus diseñadores, los hermanos Arana, la concibieron para representar sólo a su provincia, la verdad es que la verdirroja imitación de la Union Jack ni a Vizcaya podría representar, pues lo que aquellos ignorantes enciclopédicos plasmaron en lienzo fue la negación de la historia de esa provincia. El proceso creador de la impostura es digno de recordación: para la cruz de san Andrés o aspa verde de la ikurriña, Sabino se basó en las aspas de la bordura del centenario escudo de Vizcaya. Por completo ignorante de lo que estaba tratando, imaginó una historia a la medida de sus deseos:

Las siete cruces de san Andrés que están en la bordura significan por su forma la independencia bizkaina por haberse alcanzado el día de san Andrés la memorable victoria de Arrigorriaga contra los españoles.

Pero el primer inconveniente es que la memorable batalla de Arrigorriaga no tuvo lugar un 30 de noviembre, día de san Andrés, de un supuesto año 888. Sencillamente porque dicha batalla no tuvo existencia histórica: se trata de un relato legendario. El segundo consiste en que las aspas del escudo de Vizcaya son consecuencia de la toma de Baeza por Fernando III el 30 de noviembre de 1227. El capitán de las tropas castellanas en aquella batalla fue Lope Díaz de Haro, Señor de Vizcaya. El rey otorgó a los participantes el derecho a incluir en sus escudos la cruz de san Andrés en conmemoración de aquella victoria. Así pues, lo que evidencia la ikurriña, para disgusto póstumo de Arana y presente de sus continuadores si arrancaran a pensar, es la participación vizcaína, una vez más, al frente del ejército castellano en la reconquista de España.

Pero todo esto da igual. Lo disparatado de una doctrina nunca ha sido obstáculo para su difusión. Sobre todo cuando los gobernantes son los primeros en facilitar la ingeniería ideológica de los enemigos de la nación, empezando por unos símbolos totalitariamente extendidos a toda la población. Ni los nazis fueron tan agobiantes: lo único que impusieron a toda Alemania fue su bandera. El nombre del país y el himno quedaron como estaban. Sólo la URSS consiguió lo mismo que el PNV: la denominación de una opción política, su himno y su bandera, hasta entonces patrimonio de un solo partido, extendidos a todo un país.

El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, ha protestado ante Eurovisión por la "intolerable" inclusión de la ikurriña en el listado de banderas prohibidas y ha exigido una "rectificación urgente". Viriles palabras que suenan a insulto porque, paradójicamente, nunca han sido pronunciadas ni por Margallo ni por gobernante alguno ante las mil ofensas a los símbolos nacionales que se perpetran cada día en cientos de localidades de Cataluña y el País Vasco. No sólo eso, sino que son las propias autoridades españolas las que llevan cuarenta años dando la orden de hacer la vista gorda y no exigir el cumplimiento de la ley en esta materia. Luego se extrañarán de que aumente el número de vascos y catalanes que se consideran ajenos a una España cuya existencia les parece tan débil, lejana y extraña.

En esto ha consistido la España de las últimas décadas: una continua claudicación. Por eso estamos como estamos.

www.jesuslainz.es

Póker de damas por la dignidad
Isabel San Sebastián ABC 14 Mayo 2016

Sepultada bajo el ruido de esta campaña interminable, ha pasado prácticamente desapercibida la noticia del acuerdo «de cooperación» suscrito entre los ejecutivos del País Vasco y Navarra, gobernada por una coalición de fuerzas defensoras de integrar al viejo Reino en la Euskal Herría mítica soñada por Sabino Arana. Si no bastara con la deriva sediciosa que ha emprendido el nacionalismo en Cataluña, si no fuese suficientemente elocuente el auge de Podemos, favorable a la autodeterminación, ese acuerdo probaría por sí solo hasta qué punto está vivo el proyecto político de ETA.

La banda goza de magnífica salud, aunque no mate. Los asesinatos nunca fueron el objetivo de los terroristas, como sugiere la equiparación simplista establecida intencionadamente entre fin de la violencia y fin de ETA. Matar fue únicamente un medio; el medio empleado por los independentistas, en otras circunstancias históricas, para alcanzar una meta que entonces parecía imposible y hoy divisan ya cercana. ETA no está derrotada, por más que se empeñen algunos en repetir la consigna. ¡Qué va a estarlo! Lo único derrotado aquí, como puso de manifiesto en Madrid una María San Gil pletórica de lucidez y coraje, es nuestra dignidad.

Compartían la tribuna Ana Velasco y Ana Iribar, dos mujeres de bandera, heroínas de la libertad, con Isabel Benjumea, presidenta de la Red Floridablanca, convocante del encuentro. Una militante popular de base, tan valiente como osada, alzada en firmas públicamente para pedir un congreso abierto que devuelva al PP a ese tiempo en el que «el partido se encaró con ETA y le dijo: no vas a ganar». Un tiempo anterior a que la claudicación y el embuste ocuparan el lugar que habían defendido gentes como Gregorio Ordóñez o la propia María, presente en esa sala repleta de huérfanos en busca de familia política. Anterior a que Valentín Lasarte, asesino de Gregorio, se paseara libremente por las calles de San Sebastián mientras ella, testigo del crimen, tiene que salir escoltada y recibe a diario insultos que permanecen impunes.

Fue un acto humilde, emotivo, nostálgico. Un homenaje a las víctimas todavía hoy ayunas de reparación, como, por ejemplo, Jesús Velasco Zuazola, padre de Ana, abatido a tiros en Vitoria en 1980, sin que sus verdugos, Ignacio Aracama y Lorenzo Ayestarán, fuesen siquiera procesados pese a existir un escrito de acusación firmado por la Fiscalía. Ella y sus hermanas demandaron al Estado por esa imperdonable negligencia. No solo no obtuvieron amparo, sino que las condenaron a pagar 6.000 euros en costas por atreverse a molestar. Pero ETA, dice la versión oficial, ha sido ya derrotada.

Fue un acto de reivindicación y de rabia. Rabia como la de Ana Iribar, viuda del concejal donostiarra, que se dejaba la vida en representación de unas siglas mientras en la sede central de ese grupo, recordó sin arredrarse, «se estaban repartiendo sobres». «La historia de ETA es la historia de la indignidad perfecta e igual de indigno ha de ser necesariamente su final», resumió con precisión de láser esa belleza norteña. Porque seguir adelante sin renunciar a la risa no puede significar plegarse a falsear la verdad.

Fue un acto desgarrado y a la vez idealista. Un grito de rebeldía frente a la resignación. La exposición de una memoria que vaga en busca de justicia. Y, por parte de Isabel, un desafío al poder. Porque en el PP de hoy San Gil es una proscrita; la voz que expresa sin miedo lo que nadie quiere oír.

 


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