AGLI Recortes de Prensa   Viernes 20 Mayo  2016

257 MILLONES AL DÍA
El astrolabio. ABC 20 Mayo 2016

Los políticos contemporáneos no quieren enfrentarse a la realidad, ni explicársela a los ciudadanos. España, a pesar de los bajos tipos de interés, alcanzó ya un nivel de deuda pública que supera el cien por cien de su PIB.

Nuestro país pide prestados cada día 257 millones de euros y paga al año en intereses unos 35.000 millones. El dinero, como recordó en una ocasión Rajoy en el Parlamento, no crece en los árboles. Por tanto, España vive muy por encima de sus posibilidades.

Las alegrías con las que este Gobierno se está comportando en los últimos meses y, sobre todo, el descontrol financiero autonómico solo nos llevan a hipotecar nuestro futuro y, todavía más, el de las generaciones venideras. Es impopular decirlo, pero rigurosamente cierto.

¿Quién va a encauzar semejante despilfarro? Si no lo ha logrado el centro derecha, difícil se me antoja que vayan siquiera a intentarlo Podemos y Pedro Sánchez. Cuando se emplean palabras ampulosas para prometer y convencer, se hurtan, sin embargo, las grandes verdades a la sociedad. Gastamos lo que no tenemos.

El enjuague político del déficit
Adrià Pérez Martí www.vozpopuli.com 20 Mayo 2016

Hace un par de días la Comisión Europea requirió a España que volviera a aplicar un ajuste de 8.000 millones de euros y se guardó de decidir imponer una sanción hasta después de las elecciones. La situación pone en evidencia el juego de las autoridades españolas, y también las comunitarias, de revisar, re-fijar, renegociar, una cifra, el déficit, que cualquier gobierno incumplirá crónicamente porque la vía que eligen políticamente les conduce inexorablemente a ello. No es incapacidad, es voluntad política y calculada de incumplir con el déficit.

Analistas y periodistas resaltan, con toda la razón, los sucesivos desvíos presupuestarios y el incumplimiento macroeconómico crónico de los objetivos pactados con Bruselas. También conviene criticar que en la base de esta absurda danza y comportamiento de ratón y gato, se encuentra una incorrecta perspectiva gubernamental compartida por todos los partidos.

Y es que este Gobierno, como el anterior, no es que sea incapaz de terminar 2015 con un 4,2% del PIB de déficit, en lugar de un 5%. Por supuesto que podría haber llegado a esa cifra. Igualmente hubieran podido cumplir los años anteriores, si es que queremos prescindir de la excusa de estar en periodo electoral. Es la visión del Estado, de la economía, de la sociedad y votantes a los que se gobierna, y del sistema, la que lleva al Gobierno a trazar una estrategia electoral basada en emplear medidas únicamente fiscales (subidas de impuestos) que son cortoplacistas. Esta estrategia elegida y calculada proviene, en el fondo, de la única ideología que conocen nuestros partidos, especialmente de quienes ocupan el Gobierno: la ideología del poder, la de cómo alcanzarlo y cómo mantenerse en él. El verdadero programa electoral de todos los partidos.

En el fondo, para los políticos es más fácil reducirlo todo a un juego de cifras más que a una visión a medio plazo que implique reformas de calado. Es mejor electoralmente tratar de blanquear pocas medidas de ingresos a través del juego bruselense de fijación de objetivos de déficit y demás exigencias que, por otra parte, nos rebelamos a cumplir porque somos soberanos y no queremos "pasarnos cuatro pueblos con la austeridad" (Margallo dixit). Los incentivos que el sistema ofrece a los políticos impiden realizar reformas que modifiquen el statu quo.

El objetivo del Gobierno al final es el de corregir el déficit general sentándose a esperar cómo la coyuntura de recuperación lo va reduciendo hasta llegar al déficit estructural, que es el objetivo a medio plazo. El déficit estructural es el que existe cuando suponemos la ausencia de ciclos, el que se tiene cuando la economía usa todos los recursos que puede usar. Este indicador, difícil de calcular, es el utilizado por las autoridades europeas para pactar con los gobiernos nacionales los objetivos fiscales a medio y largo plazo. De hecho, el Programa de Estabilidad que el Gobierno pacta con la UE no es otro que reducir el déficit estructural al 0,5% del PIB.

Sin embargo, tratar de corregir, única e infructuosamente, el déficit general por la vía fiscal, y además, la mala vía (subir impuestos principalmente) resta capacidad a que el ciclo económico por sí solo corrija el déficit hasta llevarlo al estructural, como hemos visto en la última legislatura del PP. Y no sólo eso. Además de incumplir objetivos de saneamiento de las finanzas públicas a medio plazo, trae consecuencias estructurales.

El propio efecto de subir impuestos es un ejemplo: impide la adecuada reasignación de los recursos productivos o el descubrimiento de nueva actividad económica. Pero ha de añadírsele la ausencia de verdaderas liberalizaciones del mercado (las manidas y nunca aplicadas reformas estructurales, laboral, educación, justicia, obstáculos a la actividad económica). Todo ello hace que nos encontremos en una situación en que parte de los problemas coyunturales surgidos en la crisis se cronifiquen y pasen a ser estructurales.

Por ejemplo, el desempleo. La lenta respuesta de las autoridades, que se conformó en aplicar una tímida reforma laboral y se centra en el regateo con la Comisión Europea, provoca que parte de ese paro causado por la burbuja y posterior crisis corra el riesgo de tornarse estructural, desempleados de muy difícil o imposible reubicación. Y lo mismo sucede con la cronificación del pequeño e ineficiente tamaño del tejido empresarial, la cronificación de una inadecuada cualificación de los estudiantes, la cronificación de un escaso espíritu empresarial de la población, y la cronificación de las rigideces de la economía.

¿Cuál es el resultado? El PP dirá que somos uno de los países que más crece. Los datos a corto plazo son más útiles electoralmente. En realidad, nuestro crecimiento potencial es menor (destruimos el crecimiento que hubiéramos podido tener con reformas), lo que significa que tendremos un déficit estructural mayor. Lo que significa que se exigirán más ajustes, que fundamentalmente serán cortoplacistas, únicamente fiscales y predominantemente subidas de impuestos o mantenimiento de los subidos durante la crisis. Lo que provocará que la economía no tire como debiera y que la estrategia de quedarse sentado viendo cómo el ciclo ajusta las cuentas no será tan cómodo. Se necesitará renegociar y requetenegociar qué impuestos subir, cuáles no tanto (y también cuáles bajar, aunque sea simbólicamente, si no el juego no puede funcionar continuadamente). Mientras tanto, los años pasan y los proyectos vitales de millones de personas se ven afectados frontalmente por esta situación. Se mantiene el descontento que la población acumula desde la crisis, lo que acentúa la velocidad a la que el régimen se desliza por la pendiente socialista-comunista.

Por eso, estas semanas ya volvemos a ver otra vez el debate político de siempre. La rueda vuelve a girar. Rajoy amaga con bajar impuestos y alerta de que votar a Ciudadanos será convertir su voto en lo que no es. Es decir, no sólo lo mismo que hizo el PP en las elecciones de 2011 (prometió bajarlos y los subió reiteradamente), sino esta misma semana, dando a entender que bajará impuestos cuando le espera es una multa de la Comisión Europea del 0,2% del PIB por incumplir el déficit, si logra repetir mandato.

Y en la misma orilla, Unidos Podemos, que apuesta también por medidas fiscales: hacer explotar el gasto a través de subidas de impuestos sobre la propiedad y, especialmente, sobre el ahorro. Gravar el ahorro a los tipos marginales del IRPF es un suicidio fiscal que, obviamente, no sufrirán ellos: aniquilará innumerables proyectos de inversión que podrían haberse emprendido, es decir, menos riqueza y puestos de trabajo, es decir, crecimiento potencial (lo mismo en lo que no se centra el PP) que se rechaza. Acto seguido, se exigirán nuevos ajustes fiscales por parte de las autoridades. Y la rueda seguirá, mientras que son las familias y empresas las que se ajustan, a pesar del gobierno.

En definitiva, si se sigue con juegos y regateos, con medidas fiscales (impuestos) sin dar entrada en el debate a las reformas estructurales o liberalizaciones, mayor crecimiento potencial al que se renuncia, y más vulnerable es nuestra economía al resultado electoral de las próximas elecciones.

Aznar tiene razón
EDITORIAL Libertad Digital 20 Mayo 2016

Entre esta frase: "Nos hemos pasado cuatro pueblos en el tema de la austeridad"; y ésta otra: "Relajar la corrección del déficit público es un error", no sólo media una gran distancia ideológica, sino que ejemplifica a la perfección la peligrosa y suicida deriva que ha protagonizado el PP bajo la dirección de Mariano Rajoy. El autor del primer enunciado es el ministro de Asuntos Exteriores en funciones, José Manuel García-Margallo, el artífice del segundo es el expresidente del Gobierno, José María Aznar.

El antiguo mandamás popular lanzó un nuevo y contundente recado a su partido este viernes tras afirmar que la reducción del déficit es esencial para impulsar la recuperación económica. De hecho, alertó de que "aceptar la oposición entre disciplina [fiscal], reformas y crecimiento es un error muy grave. Económico y político". Este tipo de declaraciones contrastan diametralmente con la opinión de la actual cúpula del PP, mucho más preocupada por los votos y el qué dirán que por hacer lo correcto y más beneficioso para el interés general del país.

Aznar, por desgracia, llega tarde en sus advertencias, sobre todo si se tiene en cuenta que el objeto de sus denuncias se veía venir desde hace mucho tiempo, pero tiene toda la razón. El fuerte desequilibrio fiscal que sigue registrando España ejemplifica a la perfección uno de los grandes fracasos de la gestión de Rajoy, tanto a nivel económico como político.

Así, en lugar de ejecutar las medidas a las que se había comprometido en su programa electoral, el Gobierno popular apostó desde el principio por disparar los impuestos, mucho más que el ínclito Zapatero, hasta el punto de superar a IU por la izquierda en materia fiscal. Además, por si fuera poco, los escasos e insuficientes recortes acometidos se concentraron en la mera reducción coyuntural de la inversión pública y en una rebaja generalizada de sueldos públicos cuyos efectos ya han sido revertidos, en lugar de apostar por una profunda reestructuración del sobredimensionado e ineficiente aparato estatal.

La ausencia de reformas estructurales en la Administración y la sangría fiscal que han sufrido los contribuyentes se han traducido en el segundo mayor déficit público de la zona euro, sólo superado por Grecia, y una deuda pública que ya supera el 100% del PIB, además del lógico cabreo de millones de votantes que perciben en la figura de Rajoy la traición a los principios y valores que dice -o decía- defender el PP.

La situación de aparente calma que viven las cuentas públicas españolas no responde, por tanto, al buen hacer del actual Gobierno, sino al salvavidas lanzado por el Banco Central Europeo. Y lo trágico es que aquellos países que sí han apostado con convicción por la austeridad presupuestaria y la liberalización económica, como es el caso de Irlanda, por ejemplo, ya han salido oficialmente de la crisis, con tasas de crecimiento próximas al 7% y una reducción muy sustancial del paro.

Lo peor para el PP, sin embargo, es que tampoco les ha servido de mucho a nivel político, tal y como evidencia la histórica pérdida de votos que arrojan las urnas. Ahora, Génova se contenta con mantener sus votantes o escalar ligeramente en número de escaños recurriendo, única y exclusivamente, al discurso del miedo, lo cual siempre acaba resultando infructuoso a largo plazo. La estrategia electoral más eficaz es la de convencer e ilusionar al electorado, demostrándole con hechos y argumentos que su propuesta es mucho mejor que la del resto de aspirantes a la Presidencia. Sin embargo, dicha tarea es imposible si se renuncia a la batalla de las ideas y, sobre todo, se abandonan los ejes fundacionales de tu partido para abrazar, al menos parcialmente, los de tu contrincante, que es justo lo que ha hecho Rajoy en los últimos años.

Imbéciles totalitarios
Jesús Laínz Libertad Digital 20 Mayo 2016

Debe de ser que se les ha aparecido Alá, el Clemente, el Misericordioso, para recordarles que el fútbol no goza de su clemencia y su misericordia, como ya explicó en su día a Mahoma y éste plasmó en el Corán. Y por eso tienen que asesinar a los pervertidos que osen prestar atención a tan demoníaco deporte. Y, para no ofender al Clemente, al Misericordioso, sus fieles, o simplemente aquéllos que tengan la suerte de vivir en los lugares dominados por los más virtuosos de sus fieles, no sólo han de tener cuidado con lo que juegan o lo que ven en la tele, sino también con lo que comen, y con lo que beben, y con lo que rezan, y con lo que aman, y con lo que leen, y con lo que escriben, y con lo que dicen, y con lo que piensan.

Cuando la influencia de Mahoma se junta con la de Marx (Karl, claro), el resultado acaba siendo digno de su primo Groucho. Así lo demostró Saparmurat Atáyevich Niyázov, presidente del Partido Comunista de Turkmenistán y autoproclamado Turkmenbashi (Líder de los Turcomanos) al conseguir dicho país la independencia tras el desplome de la Unión Soviética. Entre otras medidas, el amado líder prohibió la ópera, el ballet, el circo, los perros, el pelo largo y los dientes de oro por considerarlos ajenos al espíritu nacional turcomano; cambió los nombres de los días de la semana y de los meses por referencias a la historia de Turkmenistán y, sobre todo, a él y a su difunta madre; y su imagen adornó no sólo los billetes y las botellas de vodka, sino que presidió la capital, Asjabad, bajo la forma de una enorme estatua recubierta de oro que giraba automáticamente para que el rostro presidencial estuviese siempre cara al sol, con perdón. También escribió un libro, el Ruhnama, base de la educación desde primaria hasta la universidad, cuyo conocimiento se requería para conseguir desde una plaza de funcionario hasta el carné de conducir. Pero su mayor logro fue interceder en marzo de 2006 directamente ante Alá, el Clemente, el Misericordioso, para que los estudiantes que lo leyeran tres veces tuvieran garantizado el acceso a las huríes. Y como premio, hacia ellas partió de forma repentina en diciembre de aquel mismo año para desesperación de sus súbditos, que hicieron interminables colas para llorar y desmayarse ante su ataúd.

Pero bien haríamos los españoles en no reírnos demasiado de estos asuntos aparentemente tan exóticos, pues bien cercanos tenemos algunos casos que nada han de envidiar a los recién mencionados. Por ejemplo, aquel titán del pensamiento –y fundador de una ideología seguida hoy por cientos de miles de vascos– que se llamó Sabino Arana estableció entre los deberes del buen nacionalista el de "no cantar ni ejecutar música genuinamente española ni tomar parte en bailes al uso español". Incluso solicitó a la Diputación vizcaína que estableciese impuestos sobre los instrumentos que, como el piano de manubrio, el violín, la guitarra y la bandurria, envilecían el carácter de las romerías vascas. Tres meses después de muerto el Maestro, sus discípulos dejaron bien claro en su periódico Patria que "el baile agarrao hay que rechazarlo con firmeza, porque está prohibido por Dios".

Por Cataluña las cosas andaban parecidas con la sardana. De ser una danza local desconocida y objeto de mofa por parte de los barceloneses, pasó a constituir un tótem tribal desde que Cambó concentró en la capital las principales coblas ampurdanesas con ocasión de las fiestas de la Merced de 1902. La santificación fue rápida y eficaz: Lluís Millet, el fundador del Orfeó Català, se opuso a que la sardana fuera divulgada fuera de Cataluña porque "ha de ser nuestra y de nadie más. A ella, la digna, nos la harían indigna". Algunos años después, el periódico catalanista La Tralla, en un artículo titulado "A las niñas catalanas", les recomendó:

Sigamos, pues, así; bailemos sardanas y hagamos bueno y práctico el título de Baile Nacional Catalán. Rechacemos de ahora en adelante todos los demás bailes importados por gente extraña a Cataluña y huyamos de donde no se baile únicamente la sardana.

Un tercio de siglo más tarde la obsesión de nuestros separatistas por conseguir una población clónica seguía vivita y coleando. Por ejemplo, el 1 de abril de 1933 el periódico nacionalista Jagi-Jagi reclamaba en grandes letras a sus lectores:

Habla siempre en vasco. Viste como vasco. Come como vasco. Vive como vasco. Gobierna como vasco. Piensa como vasco. Juega como vasco. Obra como vasco. Es la manera de hacerte independiente.

No crea, sin embargo, progresista lector, que las cosas mejoran con el tiempo. Quizá cambien las palabras, los enfoques, las preferencias, detalles secundarios al fin y al cabo. Pero la esencia fanática de todos los totalitarios, en cualquiera de sus variantes políticas, religiosas o nacionales, sigue intacta. Muy reciente es, por ejemplo, el cartel publicitario de la Plataforma per la Llengua en el que, para vivir plenamente en catalán, los promotores aconsejan a los ciudadanos hacer todas las actividades de la vida en lengua catalana, incluidas las que no tienen nada que ver con la lengua: embriagarse, imaginar, acariciar, cantar, abrazar, chillar, viajar, berrear, estudiar, endulzar, cotillear, solidarizarse, silbar, evolucionar, soñar, leer, mentir, comer, alucinar, respirar o reciclar. Por si pudiera quedar alguna duda, las dos últimas recomendaciones evidencian que el objetivo de la campaña no es lingüístico, sino político: independizarse y luchar.

Da igual que la excusa sea la voluntad imaginada de tal o cual dios, las esencias de tal o cual nación, los torcidos derechos de tal o cual lengua... El problema es siempre el mismo: el plebeyo afán de los más serviles integrantes de la manada por obligar a todo el mundo a formar parte de la manada, la incurable imbecilidad de los totalitarios de todo pelaje y su odiosa incapacidad para dejar a la gente en paz.

¿Qué vamos a hacer?
J. L. González Quirós www.vozpopuli.com 20 Mayo 2016

En cualquier sistema político existen una serie de factores y de reglas que determinan las facultades y los límites de los distintos poderes, y las elecciones libres, con todas sus limitaciones, son el mejor sistema conocido para definir la situación de fondo de la opinión pública, cosa muy importante en las democracias, pero raramente sirven por sí solas para resolver nada. Las elecciones son una especie de gigantesco sondeo que sirve para establecer cuotas, en el caso del legislativo, o para determinar un ganador, caso de las presidenciales, que en España no existen, pero poco más.

La política es justamente lo que hay que hacer para que los problemas comunes se resuelvan o se aminoren, pero cuando se entiende la política como un juego en el que sólo cabe la victoria o la derrota se confunde la naturaleza del caso. Esto es lo más grave que nos ha sucedido tras las elecciones de diciembre, que los partidos políticos se han olvidado de su función y, so excusa de defender el mandato electoral, no han hecho posible ninguna investidura, algo que podría volver a pasar, aunque quepa imaginar que el poco respeto que tienen a los electores pueda menos que el miedo a que el sistema descarrile de manera irreparable.

Contra la Transición
Se diga lo que se diga, en la transición triunfó la política frente a sus caricaturas, en aquel momento, el bunker o lo que se llamó la ruptura, el sucedáneo de la revolución que ofrecían inicialmente las izquierdas. Ahora está de moda subrayar los defectos del modelo que entonces se puso en pie, pero se olvida que los más graves no derivan del clima de consenso, sino de los abusos posteriores de la mayoría, y de las concesiones a los nacionalistas para alcanzarla, como cuando el PSOE de Felipe González, ahora tan añorado, decidió ponerse la Justicia de escabel de su magistratura plenipotenciaria, de forma que se ha dado pie a una política cainita, cuya continuidad está amenazando la viabilidad del sistema parlamentario. En resumidas cuentas, estamos yendo al revés de la Transición y cobran insólito vigor los extremismos, el de una izquierda polimorfa y voluntarista que promete lo que nunca podrá darse para ocultar lo que realmente traería, y el de una derecha que, muy lejos de sus mejores momentos, no promueve la imagen de la concordia, sino la de la confrontación, y ha ayudado, insensatamente, a que, frente a ella, predomine el absurdo arbitrismo de los iluminados, para eliminar del panorama a una izquierda posibilista, europea y aseada, al tiempo que le roba su política en un ejercicio de travestismo con pocos precedentes y sin futuro alguno.

Una falsa segunda vuelta
Antes que resolver el problema que se les había planteado, las fuerzas de los extremos, el PP y Podemos, para simplificar, han preferido torcer el brazo de los electores y obligarnos a una especie de sumisión incondicional, a votar a la derecha si tenemos o creemos tener miedo, a votar a los extremistas de esa izquierda oportunista y absurda, si queremos, todo lo mágicamente que se quiera, que las cosas cambien. Entre ambos, han decidido poner las cosas difíciles a los partidos más moderados, a los que debieran ser el eje de cualquier solución política. El 26 de junio optaremos o por la dialéctica de los extremos, o porque nuestro voto haga viable una solución política que lleve acompañado un programa de reformas, algo que el partido de Rajoy nunca va a hacer, porque se ha metamorfoseado con los peores rasgos de un sistema corrupto e ineficiente, y que la supuesta extrema izquierda ni siquiera considera, porque lo que busca es algo muy distinto, el poder absoluto para su imaginario, la destrucción de cualquier forma de libertad política.

Hemos de escoger, pues, entre más cucharadas del mismo brebaje y experimentos que no salen bien ni con gaseosa, o potenciar el voto de los partidos que no han jugado a extremar las tendencias de los electores. En este caso, haríamos posible un Gobierno capaz de afrontar alguna de las reformas que se necesitan, impidiendo el acceso al poder de los chalados, y obligando a la derecha a despertar de su sueño autoritario, estatista y paradójico.

El trasfondo que no se aborda
Para nuestra desgracia, siempre relativa porque es un error jugar el juego del catastrofismo, los políticos van a seguir estando mucho más pendientes de sus problemas que de los nuestros. Ayer mismo aludía Manuel Muela en estas páginas al ejemplo de incompetencia de las diversas administraciones que ha supuesto el incendio de Seseña. Se trata de un caso paradigmático de cómo nuestras administraciones rehúyen casi todo lo que no supone grandes inversiones, lo que no deja hueco a las tramoyas de la corrupción que es claro que son un auténtico cáncer que ni se sabe ni se quiere combatir. Lo impide el falso consenso socialdemócrata, la coyunda de los socialistas de todos los partidos dispuestos a gastar sin control en la obra pública que se puede adjudicar de manera arbitraria, y extrañamente remisos a adoptar las medidas de reforma que no supongan nuevos renglones de gasto abultado. Gracias a eso ha conseguido Rajoy batir el endeudamiento del dispendioso Zapatero y mantenernos en un déficit del cinco por ciento con una economía que crece por encima del tres, rara habilidad que espera su recompensa en votos interesados, una vez que se ha renunciado por completo a ganar las elecciones con argumentos y con un proyecto distinto al de una socialdemocracia disfrazada de estado de obras, en la mejor tradición de la derecha autoritaria española.

Carecemos de una fuerza política capaz de defender un modelo económico, social y cultural inspirado en la idea de libertad, y eso no se va a arreglar el próximo 26 de junio, pero sí podemos tratar de que no se agudicen los rasgos de autoritarismo, paternalismo y estatismo que la derecha defiende como medidas de eficacia, como mero sentido común. No es que exista una alternativa ideológicamente más cercana a las posiciones conservadoras y liberales, pero es urgente desprenderse de la hipoteca que supone poner esos votos al servicio de un partido que ha renunciado a cualquier forma de promoción de la libertad y que tan bien ha sabido asociarse con intereses nítidamente contrarios al más general mediante una administración opaca, arbitraria y cada vez más costosa e ineficiente para el ciudadano de a pie. Cuando no se puede hacer que los políticos cambien de ideas, puede ser una solución pasajera cambiar de políticos, tal vez sea nuestra única oportunidad.

¿Qué vamos a hacer? https://t.co/F80Qbke4WX via @voz_populi
— JL González Quirós (@jlgq) 20 de mayo de 2016

Elecciones, encuestas y mentiras
Antonio García Fuentes  Periodista Digital 20 Mayo 2016

Cómo a la verdad se le teme mucho (algunos les produce terror) se emplea la mentira para demasiadas cosas de este perro mundo; siendo la política la que más carece de ella. Ya lo dejó escrito en uno de sus magníficos libros el escritor francés François Revel: “El mundo está gobernado por la mentira”: libro: “El conocimiento inútil”; el que recomiendo su lectura, es autor moderno.

¿Por qué nos inundan de encuestas para informarnos de cómo va la tendencia del voto para las elecciones que sean? Sencillamente, para desinformarnos, para liarnos, para sibilinamente indicarnos a quién o quienes hemos de votar. Puesto que las encuestas, las “elaboran” (amasan) de la forma que quiere el que las paga y por tanto son encuestas “a la carta”; puesto que en realidad nos debe importar un rábano, lo que vota no sólo el vecino, sino el vecino más lejano que viva donde le plazca. Cada cual tiene la obligación (si es que va a votar) de hacerse su propia “encuesta” y no fijarse o guiarse por lo que les digan los demás y menos aún si el que aconseja es un político o vive de la política, puesto que es obvio… “este sólo le arrimará el ascua a su sardina”.

Observen que nunca o casi nunca dan detalles del individuo, sólo hablan “del partido” que igualmente es otra “nube abstracta” y donde se ocultan todas las verdades que de verdad nos serían de utilidad saber; o sea y hablando claro, cada campaña electoral, que además nos la hacen pagar a nosotros vía impuestos, es una mentira y además elaborada con todas las artimañas que proporciona la técnica del engaño, para desorientar a todo el mundo y mediante acusaciones al contrario “o enemigo”, derivarte a donde al acusador le interesa deposites su voto; o sea es algo similar al juego del villar europeo, que mediante el efecto que con el taco golpea a la bola, ésta y la que ella golpeará irán hacia el fin que pretende el jugador, que mientras más veterano y templado sea, más asegurará la jugada y luego la partida total.
¿Por qué recordemos y pensemos… que se nos dice de los candidatos? Nada, los presentan como “unos líderes” que ni se parecen a algo tan grande como significa esa palabra, puesto que la mediocridad se les sale a la mayoría, por los cuatro costados y simplemente observando su discurso, uno se hace una idea del grado que se oculta ante tanto vocerío insulso y falso.

A mí me recuerdan a aquellos vendedores ambulantes, que en mi niñez y juventud yo ví, en plazas y lugares cercanos a los mercados municipales o donde la gente solía reunirse. Aquellos hombres, incluso ya con el micrófono en la solapa, gritaban con voz convincente las mercancías o baratijas que vendían; generalmente plumas estilográficas, mantas, peines irrompibles, medicinas maravillosas en forma de frascos anónimos, crecepelos, y un sinfín de cosas que presentaban como maravillosas según ellos, que eran exclusivistas de tales maravillas; hecha la venta, recogían sus bártulos y se iban por donde habían venido… ¿las reclamaciones? Imaginen lo imposible de ello. Aquellos “listos” solían trabajar con cómplices, que mezclados entre el público, indicaban lo bueno “del producto que ellos aseguraban haber comprado y utilizado”.

Suelo leer algún periódico norteamericano, publicado en idioma español, que allí son muy abundantes y en uno de ellos leo lo que sigue:
“El senador Bernie Sanders ganó las elecciones primarias demócratas de Michigan. Con su victoria, no solo derrotó a Hillary Clinton sino también a todas las empresas encuestadoras. El especialista en estadísticas electorales Nate Silver escribió que la victoria de Sanders en Michigan “pasará a la historia como uno de los peores errores de las encuestas en las elecciones primarias”. Imaginen si tuviéramos una campaña electoral sin encuestas. La energía, la investigación y el dinero tendrían que volcarse a estudiar la trayectoria de los candidatos, ya sea que se trate de empresarios como Donald Trump o políticos como Hillary Clinton y Bernie Sanders. Esto generaría un electorado mejor informado y más participativo. ¿Por qué habría de importar a quién votarán nuestros vecinos o las personas que viven en otra parte del estado? Dejemos que cada persona decida cómo votar no en función de las encuestas, sino en función de las posturas que realmente adoptan los candidatos. Las elecciones primarias, las asambleas electorales y la elección general son las encuestas definitivas. Estas instancias proporcionan los números fiables, los datos irrefutables sobre cómo votaron los ciudadanos, esperemos, bien informados. (Les dejo la dirección :reitero está publicado en USA”. http://www.democracynow.org/es/2016/3/11/y_si_en_las_elecciones_se

En las campañas electorales, los políticos lo que debieran hacer y no hacen, es decirnos, “quienes son en realidad, que han hecho en la vida, que obras nos pueden presentar, qué familia tienen si es que se atrevieron a formar familia y cosas que de verdad señalan a un individuo que pueda ser útil a los demás”; pero la mayoría ya lo estamos padeciendo hace mucho tiempo, son simples aventureros, mercenarios, embaucadores y no tienen siquiera, el historial de aquellos, “marchantes vendedores de plumas y peines”, los que por otra parte eran verdaderas figuras que se buscaban la vida con su inteligencia y trabajo, pero cara a cara del público que se tratara, y para ello hay que tener una capacidad más que significativa. Lo sé puesto que como viajante representante, sé lo que es enfrentarse a un posible cliente y venderle “lo que llevas”.

Antonio García Fuentes
(Escritor y filósofo)
www.jaen-ciudad.es (aquí mucho más) y http://blogs.periodistadigital.com/nomentiras.php

De todas las comunidades autónomas
La Comisión Islámica se lanza a la imposición de su religión en los colegios
Piden que se permita estudiar la Religión musulmana en todas las etapas educativas e instan a los colegios a que contraten a profesores que puedan impartir esta materia.
A. M-B  www.gaceta.es 20 Mayo 2016

La Comisión Islámica de España ha llevado a cabo una ronda de entrevistas con las distintas consejerías de educación de las 17 comunidades autónomas para pedir que el próximo curso los colegios oferten la clase de Religión islámica.

El responsable de la Comisión y presidente de la Unión de Comunidades Islámicas de España (UCIDE), Riay Tatary, se ha reunido con la viceconsejera de Educación no Universitaria, Juventud y Deporte, Carmen González, para pedirle que de cara al próximo curso 2016-2017 se imparta Religión musulmana en los colegios de Primaria, Secundaria y Bachillerato donde exista demanda.

La CIE pide además que se permita estudiar esta asignatura en todas las etapas educativas, e instan a los colegios a que contraten a profesores que puedan impartir esta materia.

Desde la Comisión Islámica han defendido que existe una “demanda suficiente de alumnado” y han explicado que el problema reside en que muchos colegios no entregan a los padres un formulario donde la enseñanza de la Religión Islámica sea una opción.

Asimismo, respecto a los profesores que imparten esta asignatura, Tatary ha insistido en la “necesidad de normalizar la vida de los musulmanes en este campo, como unos ciudadanos más, sin ningún privilegio” porque, según ha señalado el responsable de la Comisión Islámica, “se sienten doblemente discriminados, ya que sí hay profesores contratados para otras religiones”.

Por su parte, los responsables de Educación de la Comunidad de Madrid se han comprometido a estudiar el número de solicitantes de Religión Islámica así como informarse sobre los libros y la publicación del currículo de enseñanza religiosa islámica desde Infantil hasta Bachillerato.

Desde la CIE se ha enviado cartas al resto de comunidades autónomas para solicitar un encuentro y trasladarles estas mismas peticiones.

******************* Sección "bilingüe" ***********************
El 'faisán' separatista

F. JIMÉNEZ LOSANTOS Libertad Digital 20 Mayo 2016

Por fin he entendido el secreto del 'caso Faisán', cuando la poli de Rubalcaba y ZP avisó a los cobradores de la ETA de que llegaba la Policía Nacional con el juez Marlaska. Del juez sabemos que se casó 'por lo arco iris', protagonizó suplementos dominicales, ascendió y alcanzó el nirvana de los jueces políticamente prósperos, los que torean de perfil. De la Policía Nacional -cientos de agentes asesinados por la ETA-, indignada por la traición de las 'Cloacas Interiores', sabemos que la dirige el diputado del PP que cada miércoles le preguntaba a RbCb si era la X del 'caso Faisán', pese a que la X sólo puede ser el presidente del Gobierno. Y del 'caso Faisán' sabemos que dejó de serlo cuando el PP llegó a la Moncloa y la Acorazada Judicial perpetró una de esas operaciones de adelgazamiento sumarial, limpia de pruebas y purga de presuntos que humillan a la Justicia pero consagran 'politijueces'.

Con la suelta de Bolinaga, el Gobierno del PP batió todas las marcas de miseria moral del Gobierno de Zetapezuela con De Juana Chaos. Pero había una incógnita por despejar: quién mantendría económicamente a la ETA. Una banda sin disolver y sin arrepentir, aunque suelten a muchos y 'El País' de Soraya blanquee los crímenes de Urrusolo Sistiaga, que ya es blanquear, sigue siendo cara, y desde que no matan, los empresarios vascos se escaquean. ¿Pues no dicen que sólo pagaban por miedo? Ante esta crisis de 'euskopatriotismo', ¿quién sustituye a los cobradores etarras?

Pues los mismos financieros del separatismo catalán: De Guindos y Montoro, los manguitos de Economía y Hacienda de Rajoy. En plena aceifa fiscal, Montoro no tiene tiempo para nada; por ejemplo: aclarar si, como Martínez Pujalte, el cercano despacho Equipo Económico, antes Montoro & Asociados, cobraba de una Cámara de Comercio cuando tramitaba la Ley de Cámaras de Comercio. Pero De Guindos suple feliz a Don Fisco. ¿Que los golpistas de la Generalidad -50.000 millones de deuda- no tienen para nóminas? De Guindos desvía su avión privado y asegura a Junqueras que el FLA seguirá pagando la TV3 y demás armas del 'Prusés'. ¿Que Cocomocho ovaciona al terrorista Otegi por la mañana? Él lo visita por la tarde y le dice que dinero no le faltará. ¿Habrá mejor 'faisán' que la Agencia Tributaria? Ahí morimos todos: pagamos para que, este año, no nos maten.

Náusea
Isabel San Sebastián ABC 20 Mayo 2016

Vaya por delante mi sincero agradecimiento al PP de Cataluña que encabeza Xabi García Albiol, así como a Ciudadanos y su valiente Inés Arrimadas, por alinearse ayer junto a las víctimas durante la nauseabunda visita que protagonizó el dirigente etarra Arnaldo Otegui al parlamento autonómico de dicha comunidad. Digo bien dirigente etarra, secuestrador, terrorista, en el sentido literal de la palabra, recibido en loor de multitud por buena parte de los elegidos para representar a los catalanes y por no pocos «periodistas» afectos al régimen nacionalista que riega de dinero público los medios en los que trabajan. Gracias a Albiol y Arrimadas por negarse a jalear al amigo de los asesinos de Hipercor. Al cabecilla que jamás ha condenado ni condenará ésa o cualquier otra matanza perpetrada por sus compañeros de armas, por la sencilla razón de que las considera legítimas en el empeño de conseguir la voladura de España. Gracias a los políticos dignos que se negaron a secundar la siniestra farsa orquestada por quienes gobiernan una tierra antaño pionera del progreso y la modernidad, hoy sumida en un tribalismo identitario ruinoso en lo económico y devastador en términos de cohesión social.

El viaje de Otegui a la Cataluña de «Junts pel Sí» no es casual, como tampoco lo fue el de Carod Rovira a Perpiñán, para negociar con la banda una tregua selectiva, cuando ETA era todavía una organización clandestina y no una fuerza «respetable», presente en las instituciones y generosamente subvencionada, merced a una negociación política tan vergonzante como vergonzosa. El «conflicto» y el «prusés» siempre han ido de la mano, por muy escandaloso que resulte poner el dedo en la llaga de esta verdad inapelable. Jaime Mayor Oreja lo advirtió hace varios años y fue tildado de loco por sus propios correligionarios, pero los hechos le están dando la razón con una claridad que asusta. El guión de la ruptura de España estaba escrito. Los papeles debían ir cambiando, eso sí, a medida que cambiaran las necesidades. Vanguardia armada y retaguardia política tenían que darse relevos con el afán común de quebrar la resistencia del Estado, hasta conseguir que se hincara de hinojos ante el empuje del separatismo, como finalmente ha sucedido. Nada hay por tanto de casual en la repugnante puesta en escena que protagonizó ayer Otegui, alias «Gordo», en el «Parlament» de Cataluña. Él sacudió en su día el árbol y ahora quiere recoger nueces con el apoyo explícito de quienes obtuvieron, por extensión, lo que «Gordo» y sus cómplices «moderados» arrancaban a golpe de tiro en la nuca. Ha ido a cobrar lo que se le adeuda por los servicios prestados a la causa de la secesión, que no es poco.

Lo trágico de esta historia no es la actitud de las CUP, que, a semejanza del escorpión, actúan con arreglo a lo que es propio de su naturaleza. Otro tanto puede decirse del nacionalismo en su conjunto. Lo malo es que las alfombras que ha pisado Otegui en esa cámara, los micrófonos que ha utilizado, el agua que le han servido y las calles por las que ha pasado las pagamos todos a escote con nuestros impuestos, incluidas sus víctimas. Que la Nación, en su caquexia, consiente que ese individuo exhiba impunemente su orgullo por lo perpetrado. Que millones de electores votan a partidos que lo consideran «un hombre de paz». Que el «diario global» de esta España se postra a los pies de otro tipo de su calaña llamado Urrusolo Sistiaga, autor de dieciséis asesinatos, y le otorga honores de portada. Lo malo es que nos hemos rendido.

Viendo a este Otegui triunfal, pasear su chulería, yo me pregunto: ¿Para esto nos jugamos la vida?

Banderas: en Cataluña no se respeta la ley ni la libertad de expresión
Pablo SebastiánRepublica.com 20 Mayo 2016

Está bien que la Justicia haya avalado el derecho a la libertad de expresión y en consecuencia haya rechazado la decisión de la Delegada del Gobierno en Madrid, Concepción Dancausa, de prohibir las banderas ‘esteladas’ (independentistas) durante el partido de la final de la Copa del Rey que este domingo van a disputar el Barcelona y el Sevilla, un encuentro considerado de ‘alto riesgo’.

De estos hechos se desprende que en España se respetan las libertades y que la Justicia funciona y es igual para todos. Lo que no ocurre en Cataluña, donde la violación de la ley y de la Constitución por ciudadanos y por organismos e instituciones públicas está a la orden del día, ante la pasividad -en muchos casos cómplice- del Gobierno central y la Fiscalía del Estado. Lo hemos visto muy a menudo con la enseñanza del español en Cataluña, con la ‘consulta del 9N’ y con varias iniciativas relativas al llamado proceso independentista catalán.

Pues bien los independentistas del Barça -equipo a menudo utilizado como ariete del proceso secesionista- ya pueden venir a Madrid con sus banderas esteladas o escocesas (han perdido la cabeza), con la sola intención de ofender a España y a los españoles como a menudo se les ofende en Cataluña. La Diada de 2012 paseó un cartel al frente de la manifestación con el lema de ‘España nos roba’.

En Cataluña no se respeta la legalidad, la libertad de expresión ni los Derechos Humanos como fue denunciado por la ONU. En el resto de España sí se respeta todo ello, y resulta ridículo y bochornoso que gobernantes catalanes que consienten que se violen la ley y las libertades en el territorio catalán monten su particular número victimista diciendo, como dijeron, que si no entraban las esteladas en el estadio Manzanares ellos no vendrían al partido. Pues ya pueden venir y que se diviertan.

En realidad este incidente le ha servido a Puigdemont para ver si logra reanimar su flácido liderazgo y el fallido proceso secesionista que está empantanado y sometido a tensiones internas entre CiU (Dil), ERC y la CUP, mientras seguimos a la espera de que los tribunales catalanes empiecen a actuar tal y como se debe en las recientes violaciones de la legalidad y del marco constitucional, lo que parece que va para largo y huele a manipulación política y sometimiento judicial.

Mientras tanto vamos a ver y a esperar que el partido de este domingo se celebre en un buen ambiente deportivo ajeno a cualquier tensión o incidente violento. No vaya a ser que los hechos acaben dando la razón a Dancausa, la Delegada del Gobierno en Madrid, que a buen seguro se equivocó en su decision de prohibir las esteladas, pero no como ataque a la libertad de expresión sino por exceso de celo en favor de la seguridad del evento. El que, lo repetimos, deseamos que se acabe bien y con la victoria deportiva del mejor.

La retirada de las «esteladas» no es más que otra falsa polémica
Editorial La Razon 20 Mayo 2016

No existe intencionalidad política alguna en la prohibición de exhibir banderas independentistas catalanas durante la final de la Copa del Rey que se disputa el próximo domingo en Madrid, en el estadio Vicente Calderón. No es que no consideremos legítimo rechazar políticamente una enseña que no es oficial y que divide a los ciudadanos; es, simplemente, que su retirada obedece a meras razones de seguridad pública y como tal la prohibición ha sido adoptada por la Real Federación Española de Fútbol, y no por la Delegación del Gobierno.

De ahí que no se debiera caer en la trampa de los separatistas catalanes que, como en otras ocasiones, alimentan falsas polémicas victimistas donde no hay más que racionalidad. En este caso, además, es imposible ocultar el oportunismo electoralista en la sobreactuación del presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, y de otros representantes independentistas catalanes, toda vez que la decisión adoptada sobre las «esteladas» en la comisión encargada de planificar la seguridad de un encuentro deportivo calificado de alto riesgo es la misma que se tomó con motivo de las últimas visitas del F. C. Barcelona a los estadios Santiago Bernabéu y Vicente Calderón.

Nadie, tal vez porque entonces no nos hallábamos en periodo electoral, sacó de quicio las cosas, como ha ocurrido ayer. Con el agravante de que otros representantes políticos no nacionalistas, como los de Podemos y los socialistas, se han unido a la manifestación, seguramente, por desconocer los hechos. Aunque los ciudadanos están acostumbrados a este tipo de reacciones precipitadas, que hurgan en la emocionalidad de las personas en busca de réditos políticos, convendría un poco más de reflexión, sobre todo cuando nos hallamos ante uno de los problemas más graves para la estabilidad de España como es el desafío planteado por el separatismo catalán.

Por otra parte, y pese a quien pese, la defensa del espíritu deportivo frente a las manipulaciones de carácter político, que tratan de secuestrar los grandes espectáculos para fines sectarios, es uno de los compromisos más nobles de quienes velan por la limpieza en el deporte y por los valores que representa. Nada más contrario a la aspiración de juego limpio, concordia, esfuerzo y fraternidad que el fomento del odio y la diferencia, ya sea con «esteladas» o con enseñas nazis. De hecho, la UEFA ya ha sancionado dos veces al F. C. Barcelona por exhibir banderas y pancartas políticas y por proferir cánticos e insultos durante los encuentros de la Liga europea de campeones. La primera sanción, de 30.000 euros, se impuso por la exhibición de «esteladas» en la final de la Champions que se disputó en Berlín en 2015. La segunda, de 40.000 euros, por el mismo motivo, a raíz de la celebración del partido con el Bayer Leverkusen jugado en el Camp Nou el 29 de septiembre de 2015.

Hay que insistir, pues, en que la decisión de la Federación Española de Fútbol –organizadora del encuentro– ni es una medida novedosa o insólita, ni responde a cuestión política alguna. Se ha tomado en aras de la seguridad, por entender que la exhibición de las banderas separatistas catalanas puede incitar a la violencia y provocar problemas de orden público. Asimismo, se trata de una iniciativa que viene respaldada por los reglamentos internacionales, la Ley 19/2007 contra la violencia, el racismo, la xenofobia y la intolerancia en el deporte, y el propio manual elaborado por la RFEF con motivo del encuentro.

Una estelada en la grada
Emilio Campmany Libertad Digital 20 Mayo 2016

La prohibición de acceder al estadio Vicente Calderón con la estelada el día en que se juegue la final de la Copa del Rey tiene muchísimo mérito. Lo tiene porque, en un país en el que los políticos van a ciento veinte tonterías a la hora, ésta es la más tonta de todas. Los ayuntamientos catalanes izan la estelada con total impunidad. Si es así, ¿por qué no pueden unos ciudadanos libres exhibirla en un partido de fútbol? La Delegación del Gobierno alega la aplicación del artículo 2 de la ley contra la violencia en el deporte. Pero esa ley prohíbe los símbolos que inciten a actos violentos o terroristas o menosprecien a las personas que participan en el espectáculo. Y la estelada no es eso. Si lo fuera, con más motivo habría que prohibir la ikurriña, por mucho que sea la bandera oficial del País Vasco, puesto que es la bandera de la ETA y la que tendría un hipotético País Vasco independiente, amén de que su origen es el de ser el símbolo del PNV cuando era un inequívoco partido racista. Y, sin embargo, hace unos días la embajada española en Estocolmo protestó porque las fuerzas del orden suecas habían actuado contra unos españoles que la exhibieron durante el Festival de Eurovisión.

Las aficiones del Athletic y del Barcelona abuchearon el himno de España y eso sí que supuso un manifiesto desprecio a muchas de las personas que estaban allí, empezando por el Rey de España. Y la ridiculez de las consecuencias, consistentes en unas multas de una cuantía que no da ni para fichar a un defensa cojo de Tercera, puso aún más en evidencia la impunidad con la que actuaron los que abroncaron el símbolo. Puigdemont ha dicho que nos hará la caridad de no asistir al encuentro en protesta por la prohibición. Si tuviera más seso, se presentaría en el estadio enfundado en una camiseta estelada a ver quién es el guapo que le veda la entrada o le obliga a acceder al palco con el torso desnudo.

El Barcelona ha menospreciado al resto de los españoles en incontables ocasiones y apenas ha sufrido ninguna sanción. En Cataluña se impide estudiar en español, se multa a quienes rotulan en español, se margina a quienes no sepan catalán o se nieguen a hablarlo y no pasa nada. En Cataluña, la única ley española que se aplica es la de financiación autonómica. ¿Por qué habría que obligar ahora a los catalanes que viajen a Madrid a animar a su equipo a cumplir una ley tan española como todas las que en Cataluña hace tiempo dejaron de aplicarse? Mucho menos cuando se pretende hacerlo con una interpretación tan forzada. Lo hacen porque creen que de este modo convencerán a los huidos votantes del PP de que el Gobierno se propone finalmente combatir el independentismo con la ley en la mano, cuando la realidad es que nada hicieron, nada hacen y nada harán, si es que siguen gobernando cuando pasen las elecciones.

Banderas: cuando los intolerantes piden respeto
EDITORIAL El Mundo 20 Mayo 2016

El Gobierno ha prohibido la entrada de banderas independentistas en la final de la Copa del Rey que disputarán el Barcelona y el Sevilla el domingo en el Vicente Calderón. Para que se cumpla la resolución, los 2.500 agentes encargados de la seguridad vigilarán para impedir que el público asistente introduzca las llamadas 'esteladas'. La reacción de las autoridades catalanas ha sido inmediata: el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, y la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, han anunciado que no acudirán al Calderón como gesto de protesta.

El Gobierno alega que la medida es pertinente para evitar que la final se convierta en un escenario de "lucha política" entre las dos aficiones. Y quienes justifican esta decisión invocan varias disposiciones de la Ley del Deporte para prohibir estas banderas. Entre ellas, el artículo 21.1, que establece la prohibición de "símbolos, pancartas y emblemas que constituyan un acto de desprecio a las personas participantes en el espectáculo".

El Ejecutivo se apoya también en que la UEFA ya ha sancionado con fuertes multas al Barcelona por la exhibición de 'esteladas' en dos partidos de la Champions, alegando que son símbolos de carácter político.

Un juez de lo contencioso-administrativo decidirá hoy sobre el recurso presentado contra la resolución de la delegación del Gobierno en Madrid. Sobra decir que su fallo debe ser respetado y ejecutado porque, por encima de la opinión pública, está el imperio de la ley.

Nuestro punto de vista es que las razones del Gobierno merecen ser sopesadas, pero no nos parecen convincentes porque nadie puede prohibir algo que está permitido por la norma y amparado en la propia Constitución como una libertad de expresión. Las banderas independentistas no son ilegales, como no lo son las republicanas, por lo que nadie puede impedir que las personas lleven a un acto público esos símbolos.

Otra cosa es que esas mismas banderas sean exhibidas en ayuntamientos e instituciones públicas, lo cual es un delito contra el que deberían actuar -ya lo han hecho- los tribunales. Nos parece además que será muy difícil la aplicación efectiva de esa medida, que supone registrar a fondo a todos los asistentes. Y, por último, creemos que la prohibición va a agudizar el problema que efectivamente existe y que deriva de que los nacionalistas quieren politizar los eventos deportivos.

Dicho esto, hay que criticar la hipocresía y el cinismo de Puigdemont y Colau, que no toleran la exhibición de símbolos nacionales en Cataluña y Barcelona y se ofenden porque se prohíban en Madrid unas banderas que no son oficiales. En un municipio catalán, el alcalde de ERC impuso una multa de 900 euros a un vecino por ondear la enseña española. Y hay cientos de ayuntamientos en esa comunidad que no cumplen la ley con la total connivencia política del Gobierno de Puigdemont, que alienta esas conductas.

El nacionalismo catalán tiene un descarado doble rasero que cada día queda más en evidencia: sus símbolos son sagrados e intocables, pero la bandera española, el himno nacional o la figura del Rey no le merecen ningún respeto. Por ello, los independentistas carecen de toda autoridad moral para protestar por la prohibición.

El sectarismo del independentismo ha contaminado al Barcelona Club de Fútbol, cuyos dirigentes se han puesto al servicio de la causa hasta el punto de que una persona que exhibiera hoy una bandera española en las gradas del Nou Camp pondría en peligro su integridad física.

No es el Gobierno quien ha creado este problema, aunque a nuestro juicio se haya equivocado. Ha sido el independentismo catalán, su falta de respeto hacia las leyes, sus proclamas de odio contra los símbolos nacionales y sus políticas sectarias y excluyentes. Ellos han creado un problema de convivencia donde no lo había.

Con la misma convicción que defendemos la libertad de cada uno de llevar los símbolos que quiera -siempre que no inciten a la violencia o al racismo-, defendemos la necesidad de que el nacionalismo catalán respete la bandera española, el himno y la figura del jefe del Estado.

Resulta un sarcasmo que los intolerantes recurran ahora a la tolerancia para que se respeten sus derechos. No hace falta porque los que no somos como ellos reconocemos que deben estar amparados por la libertad que niegan a los demás.

El separatismo celebra el blanqueamiento judicial de la bandera independentista para la final de la Copa
Puigdemont y Colau asistirán a la final de la Copa del Rey de las esteladas, la enseña separatista que ha adoptado el F. C. Barcelona.
Pablo Planas (Barcelona) Libertad Digital 20 Mayo 2016

Tanto para el separatismo. Operación redonda con la estelada. La bandera de la banda terrorista Terra Lliure podrá exhibirse en el estadio Vicente Calderón, sede de la final de la Copa del Rey entre el Sevilla y el Barcelona. Un juez ha revocado la decisión de la delegada del Gobierno en Madrid, Concepción Dancausa, de no permitir que se introdujera en el campo la enseña separatista que el club azulgrana ha hecho suya.

Un grupo de abogados denominado Drets (Derechos), especializados en contenciosos catalanistas, y el propio Barça presentaron recurso ante la decisión de Dancausa. Detrás de ellos, la Generalidad, el Ayuntamiento de Barcelona y las fuerzas vivas del nacionalismo catalán. E incluso un sector del PP catalán y una gran parte de Ciudadanos. Todos ellos confluían en la tesis de que la decisión de la delegada del Gobierno en Madrid era contraproducente. Para los nacionalistas, una oportunidad para despertar del letargo, y para el resto, un error de cálculo del Ejecutivo popular. Rajoy no tardó en desmarcarse de Dancausa. Tras él, el ministerio de Interior de Jorge Fernández Díaz.

En plena crisis del gobierno autonómico de "Junts pel Sí" por los presupuestos y el aumento de impuestos, con un cisma en la Assemblea Nacional Catalana (ANC) y en las horas más bajas del proceso separatista, el anuncio de que no se podrían ondear esteladas en la final de fútbol resultó un provechoso clavo ardiendo para el separatismo. El presidente de la Generalidad, Carles Puigdemont, y la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, anunciaron que no asistirían al partido como medida de protesta por la "prohibición", mientras que la ANC anunció de inmediato el reparto de diez mil banderas de Escocia a las puertas del Vicente Calderón. La alcaldesa de Madrid, Carmena también se subió al carro del boicot a la final sin la bandera del grupo terrorista "Terra Lliure".

Tras la decisión judicial, el catalanismo ha descorchado otra botella. Puigdemont ha emitido un mensaje de Twitter en el que informaba de su presencia en la final y pedía "dimisiones" en alusión a Dancausa. Colau también se sentará en el palco del campo del Atlético de Madrid. En esta ocasión, la decisión judicial es impecable, al contrario que las sentencia del Tribunal Constitucional y el Superior de Justicia de Cataluña. Nada que objetar, salvo el "talante antidemocrático" del PP, de "Madrit" y de los "españoles".

La ANC ha retirado su campaña de reparto de banderas escocesas y el "Barça", a través de su vicepresidente Carles Vilarrubí (el exchófer de Pujol que aparece en casi todos los papeles del tres por ciento) ha aludido a la salvaguarda de la defensa de la libertad de expresión de los socios del club. Satisfacción mayúscula. Más cuando la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, sostenía poco tiempo antes de la emisión de la decisión judicial que la medida de la delegación del Gobierno era "técnica". El fallo contra la Fiscalía y la Abogacía del Estado ha dejado en evidencia su declaración tras el Consejo de Ministros.

La batalla de la estelada ha acabado en un completo fiasco. Vía libre a la enseña de "Terra Lliure", la bandera adoptada por el "Barça" y los partidos nacionalistas. La final comienza con un gol en propia puerta. Según el catalanismo, en esta ocasión y como excepción, hay que respetar a los tribunales.

El tam-tam del victimismo
JORGE BUSTOS El Mundo 20 Mayo 2016

Redoblan los tambores de hojalata del tabarrón catalán y es lógico: están tocando a elecciones y hay que exhibir la llaga. A los tamborileros insomnes del 'Procés' solo hay una cosa que les guste más que una urna, y es una urna prohibida. Una bandera vetada. Un sentimiento oprimido. Un Homs procesado. Una lengua no lo suficientemente humedecida con saliva pública. El nacionalista es un zahorí de agravios tan fino que resulta casi imposible escamotearle un vislumbre de desprecio, una humillación entrevista, un desamor mascullado por un remoto pastor mesetario. El Estado lo tiene jodido para no ofender a un catalán, para no fabricar el puñadito de 'indepes' de cada día. Porque cada día abre los ojos a la causa de la dignidad un catalán agredido desde tiempos ancestrales, cuando fueron feliz tribu. Y mira que el Estado se pone de puntillas en algunas fechas señaladas. Pero nada: allí, en la tierra del despecho, nadie echa cuentas al escrúpulo plurinacional y 'compiyogui' de Madrid, nadie pondera tan periférica delicadeza. Llevan fama los callos madrileños, pero los verdaderamente grandes son los callos catalanes; tan grandes que no hay día que no pisemos uno.

-Nuestro pueblo está condenado a que, con monarquía o con república, en paz o en guerra, bajo un régimen unitario y asimilista o bajo un régimen autonómico, la cuestión catalana perdure como un manantial de perturbaciones, de discordias apasionadas, de injusticias, ya las cometa el Estado, ya se cometan contra él: eso prueba la realidad del problema.

Así habló Azaña desde su amargo exilio francés, y así hablará cualquier español dentro de cien años. El nacionalismo perdura porque es una estrategia política siempre exitosa, un 'win-win', que dicen en las escuelas de negocios. Siendo nacionalista ganas cuando Cataluña va bien, porque la bonanza justifica tus razones para sentirte superior al resto de España; y ganas cuando -como ahora- Cataluña se hunde en el bono basura y ha de vivir de prestado de Montoro, porque tan ominosa condición alimenta el resentimiento, que ceba la maquinaria electoral. Y en ambos escenarios, acogiéndose a siglas variables, el político nacionalista ve engordar su bolsa de votantes, porque al cabo todos necesitamos consuelo y autoestima. El nacionalismo siempre te ofrece una salida, como buena religión.

Más allá de crisis coyunturales, los catalanes de hoy son más iguales a los demás españoles que nunca antes en la historia de nuestra península. El historial de renta por comunidades a lo largo de la democracia informa de un estrechamiento sostenido de la brecha económica entre un catalán y un andaluz, por ejemplo, o incluso del 'sorpasso' per cápita del madrileño. Y eso es difícil de digerir para el que siempre se sintió especial. Mucho se ha repetido desde que lo descubrió un profesor que tuvo Juaristi, pero lo diremos una vez más: no es que los nacionalistas quieran ser ex españoles, es que quieren ser españoles de primera. El folclore cuatribarrado tan solo sirve para colorear las celdillas de la cuenta bancaria, donde ha de estribar la genuina diferencia.

Que Colau y Puigdemont pertenezcan a partidos distintos solo obedece a necesidades del guión para el reparto de papeles en la gran función nacionalista. Que ambos se hayan sentido tan afrentados por la prohibición de la estelada como para ausentarse de la final delata no solo su unidad de destino en lo local, sino su adicción incurable al victimismo: no van a exponerse ¡en campaña! a sufrir una victoria de su equipo.

Una emanación tóxica
Eduardo Goligorsky Libertad Digital 20 Mayo 2016

A los secesionistas catalanes les indigna, con razón, que algunos de sus adversarios los califiquen de nazis. El secesionismo es una de las muchas ramas del totalitarismo populista, pero se sitúa en una categoría menor, casi caricaturesca, que no admite comparaciones con el nazismo, que es, junto con el comunismo, el mal absoluto. Sin embargo, el componente totalitario engendra algunas afinidades que el observador crítico tiene el deber de subrayar, preventivamente, para evitar que éstas degeneren en lacras mayores. Dos de estas afinidades son la discriminación arbitraria entre nosotros y ellos y la compulsión expansionista. Ambas están presentes, como una emanación tóxica del totalitarismo originario, en el proyecto de Constitución de la república catalana que la plataforma Constituïm, de la cual forma parte el exjuez Santiago Vidal, entregó a la presidenta del Parlament, Carme Forcadell ("Una Constitución, ¿dos nacionalidades?", LV, 13/5).

Brazalete infamante
El proyecto define a Cataluña como una "nación ribereña del Mediterráneo, heredera de culturas milenarias y de tradición humanística", cuyo modelo será el de una república presidencialista, sin ejército, con Barcelona como capital y la senyera como bandera. Las míticas culturas milenarias suplen el papel identitario de la raza, y el elemento concreto para trazar el límite entre nosotros y ellos es la lengua. Según la información publicada, "la propuesta está cercana a la filosofía del manifiesto Koiné" y sólo el catalán y el aranés tendrían la condición de oficiales. El castellano… ¡ah, ese estorbo! "Se permitiría a los catalanes nacidos antes de 1977 poder emplear oralmente y por escrito ante las instituciones el castellano".

Un ingenuo podría interpretar esta autorización a los nacidos antes de 1977 como un privilegio. Todo lo contrario: es la letra escarlata o el brazalete infamante que separa al ciudadano de primera del meteco. Aquí es donde ofende nuestra sensibilidad la emanación tóxica de las leyes racistas de Nuremberg. Estas leyes estipulaban que los descendientes de tres o cuatro abuelos judíos no podían escapar a su condición de Juden, condenados irremisiblemente, con el trascurso del tiempo, al exterminio. Dos abuelos judíos los convertían en mischlingen (híbridos o mestizos) de primer grado, y un abuelo judío en mischlingen de segundo grado, en ambos casos con mayores márgenes de tolerancia. Curiosamente, también a ellos les fijaban -como aquí a los castellanohablantes el 1977- una fecha límite para determinar la validez de sus conversiones, bodas y divorcios: el 15 de septiembre de 1935. De ella dependía su supervivencia. (V. Special Treatment, de Alan Abrams, Lyle Stuart, 1985).

En la república catalana, los castellanohablantes nacidos antes de 1977, ¿serán equiparados a los mischlingen de primer grado? ¿O a los de segundo grado? En cuanto a los recalcitrantes que, nacidos después de 1977, se obstinen en utilizar el castellano, no los exterminarán, porque afortunadamente aquí no gobiernan los nazis, pero es posible que nadie los salve de pasar una temporada en un campo de reeducación como los que se implantaron en China y Cuba. En el secesionismo también pululan expertos en la pedagogía bolchevique, diplomados en los escombros del PSUC.

Cordón sanitario
La emanación tóxica que despedía el irredentismo nazi cuando empleaba la lengua como instrumento para expandir el Lebensraum, el espacio vital, mediante la anexión de países o territorios donde había población de habla alemana también impregna el proyecto para la hipotética república catalana. Todo empezó con el Anschluss, o sea la incorporación de Austria a Alemania, y continuó con la invasión de los Sudetes y Checoslovaquia, y del corredor de Danzig y Polonia, para culminar con la absorción de Alsacia y Lorena. La cultura milenaria que lo justificaba todo era la de raíz aria, vertida en lengua alemana.

Los irredentistas catalanes del movimiento Constituïm empiezan por ofrecer la doble nacionalidad a los ciudadanos de "otros Estados que tengan nexos culturales y lingüísticos con Catalunya", eufemismo que utilizan para encubrir los codiciados Països Catalans. Puesto que desde la perspectiva de una Cataluña independiente España sería otro Estado, la expansión, el Lebensraum, empezaría por todo lo que se pudiera engullir de las tentadoras Valencia, islas Baleares, Murcia y Aragón (no fueron tontos quienes inventaron el lapao para quitar pretextos lingüísticos a los invasores potenciales) y continuaría por el Rosellón francés, Andorra y el Alguer italiano. Un capricho retrógrado que chocaría con el cordón sanitario que ya han empezado a levantar las autoridades de la Unión Europea para neutralizar al hipotético intruso. Intruso que, de espaldas a Europa, promete no tener ejército para enfrentar la agresión yihadista, de la que se desentiende, pero que aspira a practicar el Anschluss por la vía lingüística.

Ahora mismo, la fobia del secesionismo no sólo al ejército (español) sino a todo lo que represente la ley y el orden hace que deje desamparados a los Mossos d´Esquadra y a la Guardia Urbana (catalanes) frente a las agresiones físicas y cibernéticas (suplemento "Vivir", LV, 19/5).

Reflejos civilizados
Sostiene Karl Popper que en una sociedad abierta los defensores del pensamiento liberal y racionalista deben reconocer lo que existe de positivo en los argumentos de sus adversarios. Por eso, desde el bando opuesto al del secesionismo, es reconfortante encontrar intelectuales nacionalistas que reaccionan, en situaciones críticas, con reflejos civilizados. Este es el caso del extenso y demoledor artículo que Albert Branchadell publicó después de la aparición del manifiesto Koiné, hoy piedra angular de la Constitución tóxica ("Lenguas con mucho manifiesto", suplemento Cultura, LV, 30/4).

Branchadell reconstruye con rigor la historia de los manifiestos que se sucedieron en torno de la lengua: los que defendían el monolingüismo catalán, desde el de la revista Els Marges (enero de 1979) hasta el del grupo Koiné; y los que defendían el bilingüismo castellano-catalán, desde el de los 2.300 (marzo de 1981) hasta el del Foro Babel. Pero lo más importante es la información que proporciona este nacionalista pertrechado con una fecunda trayectoria académica:

Lo nuevo es el simplismo con que el manifiesto encara el problema. Donde los firmantes de Els Marges aún se hacían preguntas, el grupo Koiné responde taxativamente. Un dato interesante es que ningún sociolingüista de peso ha firmado el manifiesto de Koiné.

Después de enumerar a los muchos que no firmaron, incluidos los anteriores presidentes de la Societat Catalana de Sociolingüística (SOCS), Branchadell agrega:
Por el contrario, un nutrido grupo de miembros de la SOCS, encabezado por su presidente actual, Joan Pujolar, publicó una respuesta en el diario Ara para lamentar que algunas de las afirmaciones del grupo Koiné "no son generalmente compartidas en los ámbitos profesionales y científicos de referencia". El bilingüismo, venían a decir, no es sinónimo de sustitución lingüística, la normalización del catalán se puede hacer desde el plurilingüismo, y en cualquier caso para construir consensos en temas de lengua hace falta un punto de vista mucho más inclusivo.

El nacionalista ilustrado existe
El artículo apareció antes de que los padres del proyecto de Constitución dieran a conocer su engendro, pero Branchadell se adelantó a impugnar su emanación tóxica con un irrefutable argumento demográfico:

Convertir el catalán en la única lengua oficial de Catalunya significaría despojar de oficialidad la lengua mayoritaria del país (según la Enquesta d'Usos Lingüístics del 2013 el castellano es la lengua inicial del 55 % de la población y la lengua habitual del 51 %).

Branchadell cierra su artículo con una valerosa reivindicación de los autores, antaño proscriptos –¡y tiroteados!– del Manifiesto de los 2.300. Aunque quienes dirigen el proceso se comporten como unos palurdos, secundados por un agitprop de ensoberbecidos lenguaraces maniqueos, el nacionalista ilustrado existe, no es un oxímoron, y Branchadell lo demuestra cuando explica:

He aquí la paradoja: la República catalana no dará la razón a los 280 intelectuales pro-Koiné, sino a los 2.300 que en 1981 pedían "que se pueda ser catalán, vivir enraizado y amar a Cataluña, hablando castellano".

Es de agradecer que sea un nacionalista ilustrado quien contribuye a despejar con un soplo de aire fresco las emanaciones tóxicas que, exhaladas por los chamanes totalitarios del secesionismo, envenenan el tejido social

De la Cataluña separatista
Las pitadas al himno y otros ultrajes a los símbolos nacionales
El separatismo catalán alega derecho a la libertad de expresión para lucir una enseña ilegal mientras quema banderas de España, pita la Marcha Real y veta a la Selección Española de Fútbol.
Agustín Benito  www.gaceta.es 20 Mayo 2016

La decisión de la delegada del Gobierno en Madrid, Concepción Dancausa, de prohibir las banderas "esteladas" en la final de Copa del Rey que se celebrará el próximo domingo en el estadio Vicente Calderón y que enfrentará al F.C Barcelona y al Sevilla F. C ha provocado indignación en el separatismo catalán. El president de la Generalitat, Carles Puigdemont, y la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, han manifestado que la medida es un "atropello a la libertad de expresión" y han amenazado con no asistir al partido de fútbol si el Gobierno no se echa atrás y la prohibición se confirma, y la CUP ha sugerido al conjunto culé que se niegue a jugar la final. El separatismo catalán es experto en prohibiciones, ofensas y vetos a los símbolos nacionales. En GACETA.ES los hemos recopilado:

Ultraje a la bandera de España
El primer teniente de alcalde de Barcelona, el podemita Gerardo Pisarello, trató de evitar que el portavoz del PP, Alberto Fernández Díaz, desplegara una bandera de España en el balcón del Consistorio durante la fiesta de la Merced el pasado mes de septiembre. Tras las críticas, se justificó: "No me esperaba esa escena en el balcón del Ayuntamiento. Me ha salido el alma republicana", dijo. Esta no fue su única ofensa, meses antes ya había ayudado a retirar el busto del rey emérito Juan Carlos I del salón de plenos.

Además, miembros de la CUP quemaron una bandera de España en la manifestación del 1 de mayo de 2015 por ser España un "Estado opresor".
Avui a la manifestació de l'#1deMaig també contra els estats opressors i la Unió Europea del capital. pic.twitter.com/O11itx8hFS
— CUP Capgirem BCN ? (@CUPBarcelona) 1 de mayo de 2015

Veto a la Selección Española
Ada Colau -ignorando el respeto que ahora pide- ha vetado la instalación de pantallas para seguir los partidos de la Selección Española en la Eurocopa alegando razones de “descanso vecinal”. Se da la circunstancia de que la propia regidora pidió "apoyo popular" durante su toma de posesión y gastó 11.940 euros del erario público en pantallas y dispositivos para el sonido, algo que no ocurriría en este caso ya que los costes de la Fan Zone correrían a cargo de los patrocinadores. La medida impedirá a miles de catalanes que se sienten españoles vivir el fútbol en la calle tal como se hace en otras grandes ciudades europeas y en otros lugares de España.

Además, cabe recordar que pese a que el PP ya ha exigido a Colau que “realice las gestiones ante la Federación Española de Fútbol” para acoger en la capital o en el área de Barcelona alguno de los partidos de la selección de cara a la fase de clasificación del Mundial 2018, el combinado nacional lleva desde 1975 sin poder jugar un partido oficial en Cataluña por el veto independentista.

Pitos al himno nacional
Asociaciones como la Asamblea Nacional Catalana (ANC) y la Plataforma ProSeleccions Deportivas Catalanas hicieron el pasado año un llamamiento para que se llenara el Camp Nou en la final de la Copa del Rey 2015 de banderas independentistas, se silbara al rey Felipe VI y al himno español antes del partido y se gritara "Independencia" en el minuto 17:14 de cada parte.

La Comisión Antiviolencia multó con 66.000 euros al Barcelona por los hechos ocurridos -60.000 por fallos en el dispositivo de seguridad y 6.000 por los pitos al himno- y con 100.000 euros a la entidad Catalunya Acció, “en calidad de instigadora de la convocatoria tras el reparto de silbatos".
Incumplimiento de la Ley de Banderas y de la Ley Electoral

Durante los últimos años, numerosos municipios catalanes han incumplido la ley de banderas que obliga a colocar una enseña nacional en el exterior e interior -en lugar preferente- de todos los edificios y establecimientos de la Administración central, institucional, autonómica, provincial o insular y municipal del Estado. La Delegación del Gobierno ya advirtió a los Consistorios que, tras los correspondientes procesos judiciales, no solo deberían volver a izar la bandera, sino que también tendrían que hacerse cargo de las costas procesales.

Por otra parte, la alcaldesa de Berga, Montse Venturós, de la CUP, está siendo investigada por un presunto delito electoral por no retirar la estelada del balcón del Ayuntamiento durante las jornadas electorales del 27S –elecciones autonómicas de Catalunya– y del 20D –elecciones generales.

El Gobierno balear quiere que el nombre oficial de los tres aeropuertos isleños sea en catalán
La petición que debería formularse al Ministerio de Fomento saldría adelante en el Parlamento regional gracias a los votos del actual tripartito
JOSEP MARIA AGUILÓ Palma De Mallorca. -ABC 20 Mayo 2016

El consejero de Territorio, Energía y Movilidad del Gobierno balear, el socialista Marc Pons, expresó ayer su posición favorable a que se aplique la normalización lingüística en los nombres de los tres aeropuertos de Baleares, para que la actual denominación en castellano pase a ser en un futuro en catalán. De ese modo, los nombres oficiales pasarían a ser «Aeroport de Palma», «Aeroport de Menorca» y «Aeroport d'Eivissa», en lugar de «Aeropuerto de Palma de Mallorca», «Aeropuerto de Menorca» y «Aeropuerto de Ibiza». Aun así, en la actualidad ya puede verse, por ejemplo, la rotulación «Ibiza-Eivissa» en la parada de taxis del aeropuerto pitiuso.

Pons compareció ayer en la Comisión de Turismo del Parlamento balear para explicar los resultados de su reciente reunión con la ministra de Fomento en funciones, Ana Pastor. El consejero explicó que Pastor se comprometió a trasladar a la Unión Europea la petición de que los vuelos interislas cuenten en breve con una tarifa plana de 30 euros. Pons también reiteró que su departamento es partidario de la cogestión aeroportuaria en Son Sant Joan, lo que supondría la puesta en marcha de una comisión en la que estarían representados el Ayuntamiento de Palma, el Consell de Mallorca y el Gobierno balear.

Con respecto al cambio de denominación oficial de los tres aeropuertos de las Islas, el consejero señaló que tendrá que ser el Parlamento regional el que marque las pautas de cómo tendría que plantearse esa cuestión ante el Ministerio de Fomento. Pons indicó que buscará el máximo consenso en ese sentido.

En la presente legislatura, el Ejecutivo autonómico está presidido por la socialista Francina Armengol, gracias al acuerdo de gobernabilidad suscrito hace diez meses entre el PSOE, la coalición econacionalista MÉS y Podemos. En la Cámara balear, las tres formaciones suman 34 diputados sobre un total de 59 escaños, por lo que la solicitud de cambio de denominación sería aprobada sin ninguna duda. Además, podría sumarse también a la misma la formación nacionalista Proposta per les Illes (PI), sucesora de la extinta Unió Mallorquina, que se encuentra en la oposición. En cambio, tanto el PP como Ciudadanos votarían presumiblemente en contra.

En ese contexto, cabe recordar que esta misma semana el Parlamento regional aprobó tomar en consideración una proposición del Ayuntamiento de Palma, en el que también gobierna el tripartito, para que se derogue un artículo de la Ley de Capitalidad y la denominación oficial de la capital balear vuelva a ser sólo «Palma» en lugar de «Palma de Mallorca», que se utiliza como tal desde hace cuatro años. Tanto el PP como Ciudadanos votaron en contra de esta iniciativa.

 


Recortes de Prensa   Página Inicial