AGLI Recortes de Prensa   Sábado 21 Mayo  2016

Bajar impuestos para crecer y bajar el déficit
Daniel Lacalle El Mundo 21 Mayo 2016

“You can dream about vacation in the sun but you can’t never have you one ‘cause by the time good old Uncle Sam gets done, after tax you’ve got just enough for gas” Johnny Cash

El jueves, un amigo me comentaba que lo que más le preocupaba de España es la percepción de algunos políticos de que la inversión y el empleo son favores que conceden ellos por el honor de arriesgar y emprender en nuestro país.

Los datos de la semana en economía:
Deuda al 100%

La indignación política en España porque la deuda haya alcanzado el 100% del PIB es simple y llanamente postureo. A ninguno de los que se están rasgando las vestiduras le importa que llevemos 685.000 millones de euros de expansión fiscal desde 2009. De hecho, es cuando menos una broma de mal gusto mostrar “indignación” por el ratio de deuda sobre PIB cuando exigen aumentar y retrasar el objetivo de déficit, programas de más gasto y cuando se tiene un historial atroz de ejecución presupuestaria.

Es todavía más aberrante leer que el problema del déficit es por las bajadas de impuestos. Se han reducido los impuestos y la recaudación ha aumentado un 4%, más que el PIB real. Porque bajar impuestos no es electoralista, es devolver parte del esfuerzo que han sufrido los ciudadanos españoles para cubrir el agujero que dejaron. Recordemos cuando aplicaban las recomendaciones de Stiglitz (no se pierdan las declaraciones aquí) . “Hay margen”, “el déficit no importa”… Y se duplicó la deuda del 36% al 70% entre 2007 y 2011.

Se duplicó a través de gasto inútil, y en 2011 dejaron 30.000 millones de euros de déficit oculto, 45.000 millones de facturas impagadas, un coste de rescatar a las cajas públicas –que decían que tenían mejores ratios de solvencia que los bancos ingleses- de 63.000 millones y 40.000 millones de rescate a las Comunidades Autónomas que, gastando “para crecer”, se fueron a la quiebra.

Y el riesgo es que se duplicará con la monserga de que subiendo gastos e impuestos se reduce el déficit. Porque si el gobierno hubiera hecho lo que reclamaban esos economistas que hablaban de “austericidio”, cuando se ha mantenido el gasto social, el déficit no habría bajado 4 puntos, se habría mantenido en el 8-9%, no creceríamos al 3% ni co-lideraríamos la creación de empleo de la UE. ¿Por qué lo sabemos? Porque con sus “recetas” -gastar más y subir impuestos- Portugal, Grecia, Francia e Italia siguen estancados. Y con ellas, hoy tendríamos una deuda pública al menos 80.000 millones más.

Pero mayor es el riesgo de los incentivos perversos que nos llevaron a esa brutal destrucción de la solvencia de las cuentas públicas. La idea de que los gastos son inamovibles, que el déficit crea empleo o que perpetuar los desequilibrios va a evitar recortes, cuando es al revés. Esos desequilibrios se traducen en menor crecimiento potencial, mayores recortes a futuro –porque no se hacen los deberes con tipos bajos y creciendo- y los empleos creados por exceso de deuda desaparecen por el abuso de la misma, pero se sale de la crisis endeudado y se entra más endeudado aún.

Con un gasto duplicado que las estimaciones más conservadoras, incluyendo las del gobierno, sitúa en 30.000 millones anuales, es una vergüenza que se tilde de electoralista devolver el esfuerzo a los españoles y no a seguir despilfarrando en observatorios, subvenciones y gasto político –que no tiene nada de social-.
Impuesto para pagar las pensiones “como en Francia”

La última entelequia de los aristócratas del gasto público es subir impuestos para “pagar las pensiones” “como el que hay en Francia”. Curioso, porque con ese impuesto, en Francia llevan recortando las pensiones en varias ocasiones desde 1996. La última en 2015. No solo eso, sino que los propios pensionistas franceses pagan ese impuesto complementario para sostener la Seguridad Social. Delirante.

El sistema de pensiones no se hace sostenible con más impuestos, que cercenan el crecimiento potencial, el consumo y la creación de empleo. Y no se garantiza ignorando los efectos demográficos y la productividad (lean). Se hace sostenible creando empleo, permitiendo que las empresas crezcan, que aumente la productividad y con ella los salarios, generando mayores ingresos a la Seguridad Social a futuro.

Desde la represión fiscal, no. El PSOE sabe perfectamente cómo hacer un sistema de pensiones insostenible porque han gobernado 21 años España y 35 en Andalucía, región campeona de paro de Europa. Destruyendo empleo y entorpeciendo el crecimiento. Durante los 21 años de gobiernos del PSOE el número de desempleados creció en 4,47 millones. Un aumento de 217.000 personas de media al año. La propuesta esconde simplemente el afán recaudatorio de unas políticas que no solo no cuestionan los desequilibrios y gastos inútiles, sino que buscan perpetuarlos.
Bajar impuestos para crecer y reducir déficit

Acusar a la bajada de impuestos del incumplimiento del déficit es un insulto a los ciudadanos y empresas que han sufrido el impacto de la subida que se hizo para cubrir el desastre dejado en 2011. Y es una afrenta a todos los que trabajan duro cada día y gestionan sus gastos desde la prudencia, y ahorrando. Es el insulto a todos los ciudadanos de una burocracia política y los que pretenden vivir de ella que se niega a ajustar gastos como lo han hecho el resto de españoles.

Una de las cosas que más les molesta a los intervencionistas es que nadie en la Unión Europea ha criticado las bajadas de impuestos, porque han funcionado. Se ha recaudado más y crecemos. De hecho, los países que han mantenido impuestos bajos o los han reducido han salido antes y mejor de las crisis. Reino Unido bajó impuestos a empresas y familias y recaudó 24.000 millones de libras más, y la política de bajos impuestos y contención de gasto ha funcionado en países como Irlanda, la propia Alemania, México, Indonesia, Corea del Sur…

Irlanda, país rescatado y de la UE y que sufrió desequilibrios muy similares a los españoles, ha bajado el déficit, crece más y crea empleo con impuestos bajos y política de apertura. Que no vengan con sandeces de lo que “exige” la Troika. No solo eso, sino que los ingresos fiscales irlandeses se dispararon en más de 3.000 millones de euros por encima de lo presupuestado, un aumento del 7,8%, llevando al gobierno a revisar tres veces a la baja sus expectativas de déficit. Irlanda ha bajado el déficit a la mitad a pesar del coste del rescate de sus bancos y tiene como objetivo el déficit cero en 2017. La deuda pública, a pesar de la losa que supuso el rescate, se ha reducido del 107% del PIB al 93,8%.

Lo que no tienen en Irlanda son partidos que sumen dos y dos salgan veintidós. Ni políticos que justifiquen el despilfarro y la enorme burocracia con el cuento del “gasto social”. Ni economistas que llamen a las duplicidades, excesos, subvenciones y despilfarros “el chocolate del loro”.

El ejemplo contrario, el fracaso absoluto, han sido las “comunidades del cambio”. Con la economía creciendo, han subido impuestos y aumentado gastos políticos con la promesa de recaudar más y cubrir ese dispendio con más ingresos y ¿qué ha ocurrido? Lo que ocurre siempre con las estimaciones de ciencia ficción. Han incumplido el objetivo de déficit, más del triple del objetivo algunas. España, desde 1980, ha sido deficitaria todos los años menos en los tres de la burbuja inmobiliaria. ¿Por qué? Porque cuando bajan los ingresos, se gasta más, y si suben los ingresos, se gasta mucho más. Paga usted.

Es por ello que el gobierno no solo debe defender las bajadas de impuestos, sino convertir las bonificaciones temporales en permanentes para dejar de ser uno de los países con impuestos al trabajo más altos de la OCDE. Para adecuar nuestro sistema de cuotas de autónomos a los de los países líderes y para recuperar los puestos perdidos en facilidad para crear empresas.

Mientras, los que se indignan con la deuda, pero quieren más déficit, que es como indignarse por la obesidad exigiendo más donuts, esos que critican las subidas de impuestos de 2012 pero los quieren subir más, que sigan recomendando las políticas que nos llevaron al borde de la quiebra. Lo que tiene que hacer el futuro gobierno es leer sus programas, libros y propuestas y hacer lo contrario. El éxito estará asegurado.

Montoro: mentiras arriesgadas
Eduardo Arroyo esdiario  21 Mayo 2016

El problema es que, gane quién gane el 26-J, tendrá que enfrentarse al hecho incuestionable de que España no es soberana para decidir su política económica.

La UE duda sobre si multar o no a España por incumplir el déficit de 2015. Parece que el gobierno del PP sobrepasó en 8.000 millones el límite acordado con Bruselas en 2015 al cerrar el desvío entre los gastos y los ingresos de las administraciones en el 5% del PIB. Bruselas estudia ahora su decisión que ha aplazado hasta después de las elecciones del 26J.

A este respecto, el gobierno español se ha pronunciado a través del ministro de Hacienda en funciones, Cristóbal Montoro que, según informa el diario ABC (20.5.2016), ha declarado a la salida de un acto del Consejo General del Colegio de Economistas, estar “convencido” de que no vamos a ser multados y que “no tiene ningún sentido que seamos objeto de sanción”.

Esto, desde luego, es la opinión de Montoro y puede ser discutible. Lo que también es opinión de Montoro y ya no es tan discutible es que el “criterio muy firme por la estabilidad presupuestaria” que ha seguido el gobierno del PP, “no es un objetivo en sí mismo sino un instrumento de la política económica” para reducir la deuda y confirmar la recuperación económica. A este evidente falsedad ha añadido Montoro otra: que gracias a la política del corrección del déficit España crece al doble que la media europea y el triple que algunas potencias de la UE.

¿Por qué esto es una falsedad? En realidad es la segunda mentira la que constituye la base de la primera. Es decir, no es la corrección del déficit lo que genera el crecimiento; más bien, la política de Euribor mínimo y de compra de deuda soberana por el BCE es lo que ha salvado a España del rescate. Gracias a que España, con el respaldo del BCE, vuelve a ser creíble en los mercados, puede financiarse a intereses que no son absolutamente insoportables como los de la era Zapatero. Esto no tiene que ver nada con la corrección del déficit salvo en el hecho de que el propio BCE, imbuido de la falsa doctrina de que el crecimiento se debe a las políticas de “ajuste”, condiciona su ayuda a que un país aplique a rajatabla tan absurdas medidas. Por lo demás, retírese la credibilidad que aporta la política del BCE y volveremos a la senda de los bonos del Estado a 400 puntos básicos en menos de un santiamén. De hecho, España –y no solo España- estaba ya aplicando sus políticas de ajuste sin que se viera un solo síntoma de recuperación –antes bien lo contrario-; siendo la decisión política del BCE lo que alivió la crisis galopante y con ella ese crecimiento que ahora Montoro reivindica para sí.

¿Qué puede deducirse de esta situación? Pues que las instituciones de Bruselas, BCE incluido, creen a pié juntillas en que la corrección del déficit es la condición sine qua non para prestar su ayuda. El hecho de que el BCE tenga como objetivo esencial, según dicen sus estatutos, “la estabilidad de los precios”, y no financiar el crecimiento, demuestra que no es un mero “instrumento de política económica”. La prueba es que este “instrumento” se sigue aplicando –y se ha aplicado- incluso cuando es evidente que no funciona, tal y como ha demostrado el caso español y también, por ejemplo, Grecia.

¿Por qué decimos que es arriesgada toda esta ristra de embustes? Pues porque como después el 26J, Europa decida multar a España, una de dos: o España asume la multa incurriendo necesariamente en más déficit o bien asume la multa y la repercute sobre el pueblo imponiendo más “ajustes” para “corregir el déficit” al alza. Entonces, además de un retorno a lo peor de la crisis, se verá que los gobiernos, instigados por Bruselas, están dispuestos a hacer pasar a su pueblo las de Caín, con tal de aplicar el presunto “instrumento de política económica”.

A quién toque bregar con el susodicho problema, lo dirán los españoles el 26J. El problema es que, gane quién gane, tendrá que enfrentarse al hecho incuestionable de que España no es soberana para decidir su política económica. A mi nadie me pidió el voto para preguntarme que qué me parecía esto, ¿y a usted?

Crimen
ENRIC GONZÁLEZ El Mundo 21 Mayo 2016

Los principales partidos políticos españoles han robado, han defraudado, han prevaricado, han obstruido el funcionamiento de la Justicia y han mentido. Todo eso lo han hecho de forma bastante habitual. Se trata de conductas inaceptables que sólo en algunos casos han recibido el castigo correspondiente. Pero puedo vivir con ello. España es el país que es, no el que querríamos que fuera. Resulta absurdo compararnos con Alemania, Suecia o el Reino Unido. En materia de honradez colectiva jugamos en otra liga, junto a países como Italia, Argentina, Brasil o Turquía. Hay que asumirlo.

Los principales partidos políticos españoles han tendido a privilegiar sus intereses electoralistas más inmediatos en detrimento del bien común. Dicha actitud, que alcanzó niveles repugnantes en los días posteriores al 11-M, ha envenenado los grandes problemas de fondo: la ordenación territorial, la Justicia, la economía. Un ejemplo de manual lo ofrecieron los socialistas embarcándose en una reforma estatutaria en Cataluña que nadie percibía como urgente, los 'populares' recogiendo firmas contra ella y favoreciendo bajo mano boicoteos contra empresas catalanas, y los convergentes intentando luego cabalgar una ola independentista que los ha engullido y ha colocado Cataluña en una situación disparatada. Son cosas que tienen mal remedio. Hay que asumirlo.

Lo realmente imperdonable, lo inasumible, es que los grandes partidos políticos se nieguen a trabajar. El trabajo que les corresponde no consiste en mover a sus líderes de un lado a otro diciendo inanidades, ni en acusarse unos a otros, ni en sostener peleas internas. Aunque roben y mientan, aunque perviertan las instituciones, en último extremo les corresponde, porque nadie más puede hacerlo en un sistema no dictatorial, evitar los peores desastres.

La incapacidad de formar Gobierno es un desastre pequeño. El desparpajo con el que se ha llevado la deuda nacional, con una escalofriante dependencia de acreedores externos, hasta niveles propios de una situación posbélica, es un desastre considerable. La incompetencia que ha impedido afrontar con seriedad y constancia un mal tan destructivo como el paro crónico y masivo constituye un desastre grandioso. La aparente indiferencia con que se espera el colapso del sistema de pensiones, ya sin fondo de reserva, insostenible a medio plazo en sus actuales términos, es peor que un desastre. Es un crimen que empequeñece todos los cometidos hasta ahora.

El último truco de los políticos españoles para ocultar la quiebra de las pensiones
Domingo Soriano Libertad Digital 21 Mayo 2016

Desde hace unos años, entre diciembre y febrero, los españoles reciben dos noticias preocupantes. Primero se les comunica que la Seguridad Social volverá a cerrar el ejercicio con déficit. Es decir, que las cotizaciones no son suficientes para pagar las pensiones. Luego, unos días después, se hace público el saldo del Fondo de Reserva y entonces nos enteramos de que la famosa hucha de las pensiones apenas tiene para pagar 3-4 meses de prestaciones. Y eso sin contar con que está invertida prácticamente en su totalidad en deuda pública española: es decir, que si el Gobierno español pasa por dificultades financieras graves o tiene complicado el acceso a los mercados (como ha ocurrido varias veces en la última década) la hucha servirá para más bien poco.

Este panorama no es precisamente muy tranquilizador. Los pensionistas actuales pueden intuir que, de una forma u otra, ellos recibirán su paga cada mes. Pero los trabajadores del presente y jubilados del futuro tienen la mosca detrás de la oreja: ¿de verdad es ese sistema tan sostenible como le venden? Entonces ¿por qué tiene déficits continuos? Y la hucha: ¿de verdad es un fondo de ahorro o es postureo financiero?

Lo lógico sería que los políticos españoles afrontaran esta realidad, que los responsables de economía de los grandes partidos conocen. Guindos, Garicano, Sevilla… son muy buenos economistas y saben perfectamente que la Seguridad Social, en su actual formato, no se sostiene. En una democracia normal, los partidos le contarían la verdad a sus electores, les harían ver que las cifras son las que son y que la situación, sin ser dramática a corto plazo (en estos momentos España puede pagar sus pensiones), sí es preocupante a 10-20 años vista y necesita de cambios estructurales. Los suecos lo hicieron a comienzos de los noventa y ahora tienen uno de los sistemas más sólidos de Europa.

En España, los grandes partidos, de PP a PSOE pasando por Ciudadanos, están decididos a ocultar la realidad a los contribuyentes. Y lo hacen utilizando trucos contables más propios del trilerismo populista.

El primero de estos trucos consiste en sacar de la Seguridad Social todas las partidas posibles. Hace ya años que la Sanidad no se financia vía prestaciones. Y casi en cada ejercicio los políticos sacan nuevos capítulos de gasto y se lo endosan a los Presupuestos Generales del Estado. Es una huida hacia adelante más bien absurda, casi como hacerse trampas al solitario, pero les sirve para que los números rojos del organismo sean más llevaderos: en vez de anunciar un déficit de 20.000 millones, quitas unas cuantas partidas y dices que es de 10.000. La realidad no cambia (todo lo estás pagando vía impuestos en un caso o en otro) pero el mensaje sí. Por eso, el objetivo de todos los partidos es que todas las partidas no contributivas (viudedad, orfandad, gastos generales del sistema…) acaben siendo pagadas vías impuestos de forma directa.

¿El modelo danés?
Pagar la seguridad social vía impuestos es una opción. Por ejemplo, en Dinamarca (el modelo que se utiliza en España para casi todo) las cotizaciones sociales son muy bajas, inferiores al 2% del salario, y las pensiones se pagan con cargo al presupuesto general. Si éste es el camino que quieren tomar, que lo expliquen, pero con honradez y teniendo en cuenta tres cuestiones fundamentales:

En primer lugar, por muchas partidas que saquemos, hay que tener en cuenta que en España las cotizaciones sociales ya no son suficientes para pagar las pensiones contributivas.
Si vamos a complementar las cuentas de la Seguridad Social con el dinero de los impuestos hay que explicarle al ciudadano corriente que eso no hace más sostenible el sistema, sino más insostenible el resto de nuestro modelo fiscal.
Y es cierto que hay otros países en los que el peso de los impuestos cada vez es mayor. Pero también es cierto que la tendencia en estos casos es hacia un modelo mixto, con una parte asistencial (que cubre el Estado e iguala bastante las pensiones mínimas y máximas) y que la contributividad se consigue a través de una parte más ligada al ahorro individual. De nuevo, el caso danés es el mejor ejemplo, pero tampoco en esto les sirve a nuestros políticos ese paraíso que tanto parece que les gusta.

La clave es que este proceso sea transparente, para que todo el mundo sepa a qué atenerse. La idea sería fomentar ese ahorro individual del que hablamos para que los pensionistas no se lleven el susto en el momento de la jubilación. Justo lo contrario de lo que ocurre en España. Desde hace décadas, gobiernos de uno y otro signo han puesto en marcha una reforma "silenciosa" del sistema de pensiones. Consiste en erosionar su carácter contributivo, subiendo las mínimas y las no contributivas, limitando las máximas y elevando cada vez más las bases máximas de cotización. El resultado es que se igualan las prestaciones de los que han cotizado mucho y los que lo han hecho muy poco. Es la puerta de atrás (escondida y nunca declarada) por la que el sistema se va haciendo cada vez más asistencial. También es una tendencia peligrosísima: aunque los políticos a veces parecen darlo por hecho, los ciudadanos no son idiotas y ven que cotizar cada vez tiene menos sentido de cara a la jubilación. El crecimiento en el número de autónomos en los últimos años no es ajeno a esta cuestión (y cuidado con las consecuencias en la economía sumergida).

En este sentido, la propuesta de Podemos simplemente es un paso más (bueno, varios pasos más) en esa dirección. Sí, se carga el modelo contributivo, pero sólo un poco más de lo que ya hacen otros partidos. Es cierto que lo hace al mismo tiempo que promete elevar de forma radical los beneficios de los jubilados futuros: desde la edad de jubilación a las normas de acceso al sistema. Es decir, el programa de Iglesias y Garzón necesitaría de una factura vía impuestos mucho más elevada que la que plantean PP-PSOE-C's. Pero es una cuestión más de grado que de fondo. En este sentido, la gran diferencia de lo propuesto por Unidos Podemos está en el castigo al ahorro de los contribuyentes. Y eso sí es más peligroso: porque el modelo asistencial que dibuja su programa no podrá ser completado por la parte del ahorro privado, que sufrirá un ataque fiscal sin precedentes (y no sólo por los cambios en lo que hace referencia a los planes de pensiones).

La última propuesta
Los demás partidos, los "responsables", han decidido mantener su huida hacia adelante. El País titulaba este jueves: "El PSOE creará una tasa específica para sufragar las pensiones". En realidad, no es ninguna novedad; los socialistas ya lo llevaban en su programa para el 20-D. Pero ha reabierto el debate.

El PP asegura que no es necesario y que basta con crear empleo. Por ejemplo, Soraya Sáenz de Santamaría rechazó este viernes la propuesta socialista y aseguró que creando empleo no sería necesario recurrir a una medida de esta naturaleza. Pero fueron los populares los que pusieron el tema sobre la mesa el pasado verano con la excusa de las pensiones de viudedad y orfandad. Por eso, más allá de la retórica de uno y otro partido de cara a las elecciones, parece evidente que éste será un tema en el que no será tan complicado poner de acuerdo a los grandes partidos.

En realidad, podríamos preguntarnos qué tiene esto de novedoso. Al fin y al cabo ya se pagan impuestos para equilibrar las cuentas de las pensiones. Eso es lo que hace cada año el Estado con las transferencias que hace a la Seguridad Social.

La novedad está en la forma y el mensaje. Así, crear un impuesto específico (o tramos en los impuestos ya existentes, que es lo que parece que se intuye detrás de la propuesta del PSOE que recogía El País) es un mecanismo que parece ir dirigido a que la Seguridad Social reciba esos fondos de forma directa. Es decir, ya no habría que hacer una transferencia entre los Presupuestos Generales del Estado y el organismo, sino que este recogerá lo recaudado sin que pase por la caja común.

¿Y esto es tan grave? Pues sí lo es si se mezcla con el otro componente, el del mensaje. Aquí volvemos al inicio de nuestro artículo, a las noticias que cada año recibimos sobre las cuentas de la Seguridad Social y lo muy sostenible que los políticos nos venden que es el sistema. Es muy complicado que alguien se crea que es "sostenible" un organismo que cada ejercicio tiene un déficit de varios miles de millones de euros y con gastos crecientes cada año (y sin posibilidad real de revertir esta tendencia más allá de limitar el ritmo de crecimiento levemente).

Por eso parece que lo que a los partidos les preocupa es sólo eso, el mensaje. ¿Cómo hacemos para cambiar la noticia? ¿Qué nos inventamos para que el titular no sea "el déficit de la Seguridad Social", sino su superávit? ¿Cómo podemos cambiar el vaciamiento constante de la hucha de las pensiones? Pues nos sacamos de la manga una nueva tasa o impuesto (o un tramo nuevo en los existentes) y hacemos que el dinero vaya directamente a sus cuentas. Fíjense cómo cambia la película:

Imaginen que la Seguridad Social tiene un descuadre de 15.000 millones (tampoco hay que imaginar mucho, vayan a la Ejecución Presupuestaria de 2015 y verán cómo es un supuesto bastante realista). En la actual situación, eso implicaría, por ejemplo, sacar 7.500 millones del Fondo de Reserva y otros 7.500 millones de una transferencia presupuestaria extraordinaria del Estado. Ya tienen tres titulares peligrosos para esa opinión pública empeñada en vivir en Matrix: "La Seguridad Social tiene un déficit del 1,5% del PIB", "El Estado transfiere 7.500 millones a la Seguridad Social para cubrir sus números rojos" y "La hucha de las pensiones pierde otros 7.500 millones este año".
Ahora, imaginen la misma situación real (unas cotizaciones que son 15.000 millones inferiores a las prestaciones) pero con un impuesto "finalista" que recauda 25.000 millones. Los titulares serían: "La Seguridad Social finaliza el ejercicio con un superávit de 10.000 millones" o "La hucha de las pensiones gana 10.000 millones".

La realidad es exactamente la misma. Pero la percepción cambia, ¿verdad? Pues esperen unos meses y ya verán cómo les ponen delante de la nariz la pastillita roja, para que no piensen demasiado en lo que de verdad está pasando.

Eso sí, al revés de lo que pasa en la película de los hermanos Wachowski, aquí existe un límite muy claro y es la capacidad del trabajador español de soportar la carga impositiva creciente que sus políticos han decidido endosarle. Aunque nos lo venderán como un proceso limpio, que servirá para ayudar a la Seguridad Social sin que haya perdedores, lo cierto es que esto no es más que un nuevo parche que sirve para cubrir un agujero creciente con un objetivo doble: no aplicar recortes de gasto en otras áreas y no hacer la reforma que necesita el sistema.

Un político responsable (perdón por el oxímoron) haría dos cosas:
Contar a sus ciudadanos que si quieren pensiones más altas para todos en las próximas décadas eso implicará recortes en otras partidas o una presión fiscal 8-10-12 puntos más elevada que en la actualidad.
Explicar claramente que la demografía es la que es y los fundamentos del sistema son los que son. No vamos a entrar aquí en la discusión de si es un esquema piramidal o si sus impulsores sabían cuando lo establecieron los peligros que tenía. Quizás sea una discusión algo estéril en este punto. Pero lo que no es estéril es conocer la realidad y afrontar que o se hace una reforma en profundidad o esto es insostenible.

Y el primer paso de esa reforma es la información. En realidad, los cambios aprobados en 2013, con la introducción del Factor de Sostenibilidad que entrará en vigor en 2019, ya empujan en esa dirección. Si los gobiernos del futuro cumplen con la fórmula que los expertos plantearon, el sistema será sostenible en la medida en que no podrá tener más gastos que ingresos y se ajustará a la esperanza de vida. En realidad, el modelo no es tan diferente de las cuentas nocionales que Suecia implantó en los 90.

Pero hay dos matices fundamentales: 1. Nadie le está explicando a los ciudadanos que ese Factor de Sostenibilidad implicará una fuerte reducción de la pensión respecto al salario medio. Las expectativas de los pensionistas españoles del futuro están enormemente infladas. 2. Nadie ha puesto sobre la mesa un verdadero modelo mixto que complemente esas pensiones decrecientes con una pata de ahorro privado de capitalización.

¿El resultado? Pues tardaremos unos años en verlo. Pero ya les anticipo que será una pensión mucho más baja de lo esperado. Quizás, con mucha suerte y enormes ganancias de productividad en el conjunto de la economía española, se pueda mantener el poder adquisitivo. Pero desde luego, las prestaciones estarán muy lejos de las actuales si lo que tenemos en cuenta es la relación pensión/salario medio. Es decir, los pensionistas del futuro serán (mucho) más pobres que los actuales en términos relativos, si se comparan con el trabajador medio. Ya se pueden sacar nuestros políticos impuestos "específicos", "tramos fiscales sociales" o "tasas de sostenibilidad"… El futuro es lo que tiene, que en algún momento es presente.

Mintiendo sobre la Transición
Gabriela Bustelo www.vozpopuli.com 21 Mayo 2016

Rezagada en el calendario mundial durante todo el siglo XX, España se ha embarcado al filo del nuevo milenio en una metamorfosis política que requiere hacer periódicamente lo que podríamos llamar una parada técnica. En nuestro país prevalece, como denuncia Vargas Llosa, “la idea profundamente destructiva de que todo el mundo es corrupto y si todo el mundo es corrupto, ¿por qué no voy a serlo yo también?”. Esta noción conforma hasta tal punto la mentalidad española que pocos la señalan abiertamente como el escritor peruano, porque muy pocos la catalogarían como un problema moral. Junto a esta grave disfunción cívica coexiste otra íntimamente relacionada: la cultura de la mentira, transmitida de generación en generación casi como un modus vivendi. Este contexto falsario homologa la mentira de un modo natural, dando por hecho que en el resto de los países del mundo sucede exactamente lo mismo.

¿La España de la Transición?
Esta cultura de la mentira superó sin problemas el paso del franquismo a la democracia, pero debe desaparecer si España pretende lograr la regeneración y subir de una vez al tren mundial. Conviene señalar –al estilo Vargas Llosa– que el proceso de renovación política parece haber dado por válida una mentira grave que muchos medios han hecho suya. Cuando hablamos de la España corrupta que se pretende superar, es frecuente etiquetarla como la “España de la Transición”, hasta el punto de que hemos acabado –y me incluyo– demonizando la propia Transición en sí, con una engañosa transposición de los términos. Hagamos, por tanto, una retrospectiva. La Transición fue un pacto democrático de un país entero, un paso gigantesco en la historia de España. Fue un fenómeno admirable que atrajo la atención internacional como caso único en Occidente y como paradigma en la expansión de la democracia global. En las redacciones de los periódicos extranjeros generó una auténtica revolución, con repentinos fichajes y traslados a Madrid de corresponsales asignados para cubrir el proceso a jornada completa –William Chislett y Harry Debelius para el Times, Henry Giniger para el New York Times, Jim Hoagland para el Washington Post, por citar solo algunos–, narrando al mundo en directo el espectáculo histórico de reconciliación de todos los españoles. Entonces, ¿cuándo nació eso que ahora llamamos erróneamente la “España de la Transición”? La respuesta es sencilla. El PSOE de Felipe González aprovechó la mayoría absoluta de 1982 para politizar España con sus leyes orgánicas, que blindaron la justicia, las cajas de ahorro, los sindicatos y la educación.

Los traidores del pacto democrático
Como confesó el ideólogo socialista Javier Pradera en un libro póstumo –escrito en 1993 y que no se atrevió a publicar– el artífice de la corrupción española es el Partido Socialista Obrero Español, que fue puliendo sus redes fraudulentas con los años hasta convertir el pillaje en un rasgo sistémico de nuestra democracia. El Partido Popular, émulo perpetuo del PSOE, demostró ser un buen discípulo también en materia de corrupción. En resumen, en los años inmediatamente posteriores a los Pactos de la Moncloa el Partido Socialista fue acaparando todos los resortes del poder y, con el PP como comparsa, convirtió al país admirable que había pactado la concordia constitucionalista tras la muerte de Franco en una pseudodemocracia corrupta. Pero la gran traición al pacto democrático posfranquista la consumó José Luis Rodríguez Zapatero, cuyo proyecto era la hiperlegitimación de la izquierda, la instauración de una autarquía socialista y la Memoria Histórica concebida como torpedo contra la Transición.

Juventud versus Bipartidismo
Mientras hoy los dos grandes partidos nacionales –ambos culpables de traición a la Transición– parecen incapaces de reaccionar ante las acusaciones diarias de corrupción e incapacidad política, las jóvenes generaciones españolas, hartas del decadente espectáculo, se han organizado para ofrecer nuevas opciones al martirizado votante español. Según los últimos sondeos del CIS, el bipartidismo lograría hoy un 36% menos de los votos obtenidos en las elecciones del 20 de noviembre de 2011. Los electores irrecuperables serían los españoles menores de treinta años, residentes en ciudades con más de un millón de habitantes y licenciados de clase media/alta. Son los jóvenes españoles –sin la revancha y el rencor grabados en el disco duro de su memoria– quienes nos traerán otra España. No será perfecta; sí más democrática. Pero recordémoslo: no estamos desmontando la Transición. Al contrario. Nada de esto hubiera sido posible sin la Transición.

Memoria y olvido interesados, en periódicos y en políticos
Pascual Tamburri esdiario 21 Mayo 2016

Nosotros tenemos ahora que cerrar la frivolidad de un siglo. Que desterrar hasta los últimos vestigios del espíritu de la Enciclopedia. Hablo de revolución sin que me asuste la palabra.

Nosotros tenemos ahora que cerrar la frivolidad de un siglo. Que desterrar hasta los últimos vestigios del espíritu de la Enciclopedia. Hablo de revolución sin que me asuste la palabra.
La victoria de Franco trajo paz y forma aún parte de la España de hoy, junto con las demás memorias. Una amputación del pasado, como la de Zapatero, Rajoy o Carmena, sólo trae odio y dolor.

Nos advertía hace unos días un amable lector de algo realmente escalofriante: por mucho que nos empeñemos, “Franco no va a resucitar”. Yo confieso no tener muchos vínculos, y menos de nostalgia, con aquel Régimen; pero él, sea de dónde sea, ¿está seguro de poder olvidar dónde estaban todos sus ancestros hace 78 ó 79 años? ¿Y hace simplemente 50? A ese olvido parcial, sectario o cobarde es al que los políticos y los periodistas apesebrados de hoy llaman “memoria”. Memoria frágil, como la de Esteban González Pons, que sólo en precampaña se ha acordado de “que son los comunistas de siempre”.

Hace 77 años, el 19 de mayo de 1939, se celebró el primer desfile de la Victoria. Antes de comenzar, el bilaureado general José Enrique Varela condecoró al Jefe del Estado con la más preciada condecoración militar, la Cruz Laureada de San Fernando. Durante seis horas en el Paseo de la Castellana desfilaron unos doscientos mil hombres de todas las armas y todos los medios, con 150 carros de combate y 1000 cañones, y destacando una presencia para nada ocultada sino muy aplaudida de portugueses, marroquíes, alemanes e italianos. Todas las portadas de la prensa se llenaron esos días de loas al Caudillo vencedor, a los Ejércitos de la nueva España y a sus gloriosos aliados. Por desgracia para muchos intereses, existen filmotecas y hemerotecas, y lo que esos días se dijo, se exhibió y se aclamó es embarazoso para la que ahora llaman “memoria histórica”, que no es memoria sino nuevo relato interesado, y no es historia porque no es ni verdadera ni científica. Simplemente, es política. Y gracias a la voluntad de unos y a la cobardía de otros, el pasado ha vuelto a ser política.

Embarazosa política además, si uno olvida que es pasado. El muy monárquico y muy libre ABC había abierto su edición de apenas un mes antes con algo que seguramente querrían hoy hacer olvidar aún más, al pie de un retrato de Hitler: “Hoy, 20 de abril, cumple el canciller del Reich cincuenta años, y con este motivo Alemania celebra grandes fiestas, a las que asiste una Comisión española, presidida por el glorioso general Moscardó, el héroe del Alcázar de Toledo. ABC se honra en esta fecha publicando en su primera página el retrato del jefe del Estado alemán”. Y nadie les obligaba, a ellos menos que a nadie, a expresarse a sí. Pero era el ambiente político y espiritual de aquella España, y sin entenderlo toda memoria será, como es, basura política progre.

El viernes 19 de mayo de 1939 a lo largo de la Castellana, Recoletos –luego Calvo Sotelo- y El Prado, doscientos mil militares, más de quinientas mil personas y cien mil banderas aclamaron la victoria de Franco. La prensa, y la burguesa con enorme alivio y extremos de sumisión como se ve inimaginables conociendo a sus nietos, cubrió también el desfile. Incluyendo por supuesto doscientos periodistas extranjeros curiosos de la nueva España. Al término del desfile y en la celebración de la victoria, Franco no habló de memoria, sino de sus planes de futuro: “Nosotros tenemos ahora que cerrar la frivolidad de un siglo. Que desterrar hasta los últimos vestigios del espíritu de la Enciclopedia. Hablo de revolución sin que me asuste la palabra”, empezó diciendo ese día.

En palabras del mismo ABC, hace 77 veintes de mayo: “La ceremonia celebrada ayer durante cinco horas largas en el Paseo de la Castellana suspendió los corazones. Fue una comunión de entusiasmo y, al propio tiempo, un alarde de profunda y universal sustancia política. Tenía la sugestión de lo nuestro, localizado en el tiempo y en el espacio; pero tenía también un aire insólito de manifestación ecuménica. Ni el desfile interaliado de 1.918, que reunió en el Arco del Triunfo y la Plaza de la Concordia 80.000 combatientes, ni el celebrado hace semanas en Berlín, ni el que dos veces al año convoca la propaganda del Komintern en la Plaza Roja dan idea de la parada de ayer. Más numerosa que todas y tan moderna, rítmica y ordenada como el más exigente Estado Mayor haya podido soñar, este espectáculo dice lo que puede ser España, lo que será España si cada español se hace digno de la vida profesional y en la vida social de la épica manifestación que acaban de ofrecer a sus coterráneos y al mundo los Ejércitos de Franco.”

Y lo certificó, fuera hoy de toda memoria, el propio Franco el mismo día: "[...] Yo quisiera, españoles, que la unidad sagrada que alienta en vuestro común entusiasmo, y en el fervor por la obra de nuestros combatientes, no decaiga jamás; ha sido la base de nuestra Victoria, y en ella se asienta el edificio de la nueva España… La Victoria se malograría si no continuásemos con la tensión y la inquietud de los días heroicos, si dejásemos en libertad de acción a los eternos disidentes, a los rencorosos, a los egoístas, a los defensores de una economía liberal que facilitaba la explotación de los débiles por los mejor dotados… Mucha ha sido la sangre derramada y mucho ha costado a las madres españolas nuestra Santa Cruzada para que permitamos que la Victoria pueda malograrse por los agentes extranjeros infiltrados en las Empresas o por el torpe murmurar de gentes mezquinas y sin horizontes”.

“Hacemos una España para todos: vengan a nuestro campo los que arrepentidos de corazón quieran colaborar a su grandeza; pero si ayer pecaron, no esperen les demos el espaldarazo mientras no se hayan redimido con sus obras… Para esta gran etapa de la reconstrucción de España necesitamos que nadie piense volver a la normalidad anterior; nuestra normalidad no son los casinos ni los pequeños grupos, ni los afanes parciales. Nuestra normalidad es el trabajo abnegado y duro de cada día para hacer una Patria nueva y grande de verdad. [...] Acabaron, pues, los días fáciles y frívolos, en que sólo se vivía para el mañana; no es una frase hueca y sin contenido la de nuestro Imperio, a él vamos; pero sólo lo lograremos con renunciaciones, con sacrificio, con austeridad y con disciplina…” Desde luego que puede ser acusado de muchas cosas y muy graves, pero no de nostálgico de un pasado inexistente, ni de inventar una memoria a su conveniencia como ahora, para justificar los excesos presentes y futuros: no le hacía falta, pues decía lo que quería en ese momento hacer. Y la prensa, la misma prensa que hoy aplaude subvencionada, aplaudía casi sin subvencionar, de Godó a Luca de Tena e via dicendo; claro que lo hacía del brazo de los abuelos y bisabuelos de los mismos políticos que han impuesto o han conservado esa “memoria histórica” que nos lleva a una nueva división futura. Convienen que al menos se vean a sí mismos reflejados en las verdaderas caras de aquellos hombres de otro momento difícil.

Cataluña, ante el desafío secesionista
Bruce Willis echa por tierra todos los esfuerzos del independentismo catalán
El actor protagoniza un anuncio para Vodafone Italia que se desarrolla en una Barcelona llena de banderas de España, ambientación flamenca y toreros
 www.lavozlibre.com 21 Mayo 2016

Barcelona.- Tantos esfuerzos por diferenciarse de España, tantos esfuerzos por presentarse en Europa como un "estado propio", tantos esfuerzos por hacer ver que su cultura y costumbres son únicas y diferentes a las del resto del país y va Bruce Willis y echa por tierra todo ese trabajo de años del independentismo catalán.

El actor estadounidense protagoniza un anuncio para Vodafone Italia que tiene a Barcelona como escenario. Willis, convertido en un turista que busca un punto de wifi gratuito, pasea por una irreconocible Ciudad Condal, en la que aparecen los tópicos más typical spanish: banderas españolas, música flamenca, bares con ambientación cañí y toreros. Es decir, fuera ven Barcelona igual a cualquier otra ciudad española.

La Sagrada Familia es el punto de partida del spot. Allí, un vendedor de tiquets para visitar el templo -cuya garita está repleta de banderas españolas- se quita de encima a Willis cuando éste le pregunta por el wifi. Más tarde pregunta a una estatua humana disfrazada de torero y ubicada frente a la plaza de toros de La Monumental. Tampoco consigue su propósito.

Willis trata a continuación de conectarse al wifi de una mujer que consulta su móvil en una avenida Gaudí decorada con banderas españolas, pero esta reacciona de manera agresiva y trata de agredir al actor con el paraguas. Finalmente acude a un bar decorado al estilo andaluz, donde la camarera le informa de la dificultad para encontrar wifi. Ante esto, Willis se sienta en un banco junto a una turista italiana, que puede conectarse a la red porque dispone del servicio gratuito de roaming.

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Podemos y PP. El virus y la vacuna

Javier Somalo Libertad Digital 21 Mayo 2016

De los creadores de Naranjito y Chutatans, y con record de share televisivo, llega a España Unidos Podemos. Su misión es devorar al PSOE y convertir al PP en último refugio. Así al menos lo conciben algunas de las mentes privilegiadas de la calle Génova 13. La operación es sencilla: crear el virus para vender la vacuna con patente.

Nada de esto significa que el PP se haya inventado a Podemos o que no exista peligro real de que lleguen al poder. El Frente Comunista es una amenazante realidad. Tras su alianza con Izquierda Unida, ha adoptado como nombre un eslogan electoral que pretende alejarse del concepto de partido y mantener el espíritu asambleario del 15-M, que suponen buen espíritu porque, dicen, todavía no era comunismo. ¡Vaya si lo era! Lo fue siempre aunque algunos empedraran el infierno con sus buenas intenciones y otros se frotaran las manos viendo nacer a su excusa electoral, el contraste necesario para sobrevivir. Nada hay mejor para creerse joven que pasear con un anciano.

Pero, ¿qué maneras vemos en el partido que se presenta como única contención posible? Han liberado etarras de la cárcel o permitido que eludan el ingreso en prisión por rechazar el terrorismo –anda que como rechacen la corrupción los corruptos–, han sonreído con pleitesía a los Castro, han pagado rescates –si se demostrara que algún dinero llegó a Al-Nusra habrá que preguntar al Gobierno por qué ahora financiamos a los que, según ellos, perpetraron el 11-M– y han consentido y costeado un separatismo oficial que además recibe bajo palio a terroristas. ¿Y dicen que el monstruo está por llegar? Será peor si de veras llega, sin duda, pero no parece el PP de Rajoy el más apropiado para impedirlo: libera, sonríe, paga y consiente al enemigo haciendo que parezca que lo hacemos todos. Así que mala vacuna y peor antídoto. De hecho, la famosa opción de Suárez "o yo o el caos" es hoy una redundancia.

Sería de sentido común que PP, PSOE y Ciudadanos frenaran de una maldita vez la amenaza que empezó agitando manitas y ya cierra el puño con fuerza. Hay personas suficientes en las tres formaciones que desearían y podrían hacerlo pero la eventual causa común se diluye cuando sólo se persigue el poder personal y del partido. Entonces no hay lugar para el sacrificio. Siempre sucede así: se eliminan coches oficiales pero no los cargos que iban a bordo y todo resulta meramente simbólico con tal de no perder al arraigo oficial. Por eso, esta semana se nos ha servido también el caso de la bandera estelada, porque el separatismo es otra cepa del mismo virus.

Se acerca la nueva cita electoral y prohíben las enseñas separatistas en el estadio Vicente Calderón donde el Barcelona y el Sevilla disputan la final de la Copa del Rey. ¿Las prohibirían también en el Camp Nou? ¿O eso no es España? ¿O ya hemos renunciado? ¿O sólo era un guiño electoral? ¿O buscaron que el monstruo comunista-separatista se exhibiera en Madrid para subir un escalón en el nivel de alerta? Arriesgado. No encaja demasiado la prohibición de esteladas con la aquiescencia ante el secesionismo en las administraciones, en los hospitales, en los juzgados, en las escuelas: en la vida diaria. Pueden prohibir etiquetar en castellano, negarse a hablar la lengua común con un paciente de urgencias o con un alumno. Pueden celebrar un referéndum ilegal, proclamar la República catalana en el Congreso de los Diputados, idear un Ejército, una Hacienda, embajadas, pueden recibir a terroristas y pueden seguir exigiendo el dinero de todos para construir el muro. Permitiremos que todo el Camp Nou sea un abucheo coral del secesionismo catalán y vasco al himno y al rey, a España. ¿Pero la estelada no? Firmeza y cumplimiento de la Ley por un día y que lo defienda Concepción Dancausa como cosa suya por si acaso se tuerce la cosa.

Dice Xavier Vidal Folch en El País sobre la banderita:
Pero las personas que la llevan, la ondean y se enorgullecen de ella merecen todos los respetos. Porque en su nombre no se ha cometido ningún crimen.

Párrafos después, el autor criminaliza a Dancausa por tener un padre falangista… desde El País de Haro Tecglen, de Cebrián el de Arias Navarro, un "desastre sin paliativos". Además, la estelada en su versión amarilla y roja, sin azul, la usó Terra Lliure, grupo terrorista, banda criminal.

Y al final, ¿qué ha ocurrido? Que un juez ha revertido la orden de Dancausa permitiendo las esteladas en el partido de marras, o sea, legalizándolas para siempre y sin entrar en más profundidades. En resumen, aventando grano y paja, cúmplase la ley pero todos los días y todas las leyes. Y, por supuesto, en todas partes. Lo demás es rendición, cuando no colaboracionismo.

No hace falta infundir miedo con la posible y probable llegada del Frente Comunista-separatista al poder porque es un riesgo cierto. Bastaría con poner ejemplos de cómo se ha combatido, si se hubiera hecho, claro. No sirven las promesas cuando están tan recientes las renuncias. Han propagado el virus y no son la vacuna.

Y ya que la última polémica sintética ha llegado con el fútbol pensemos en que la Eurocopa acabará unos días después de las nuevas elecciones. A ver si para entonces ya ha ganado o perdido España o lo ha hecho La Roja.

El elocuente fracaso de Otegi y de sus anfitriones en Barcelona
El que fuera miembro de la organización terrorista ETA no es nadie ya en Euskadi. Las condiciones en el País Vasco sepultan a la izquierda 'abertzale' que pretende representar
José Antonio Zarzalejos El Confidencial 21 Mayo 2016

De no haber sido por la errónea y judicialmente revocada decisión gubernativa de prohibir la exhibición mañana en el Calderón de la bandera independentista catalana, no se habrían diluido las consecuencias del doble fracaso que significó, el pasado miércoles, la visita de Arnaldo Otegi a Barcelona. Además de participar en el malestar que provoca que un personaje de la catadura de Otegi sea agasajado por la presidenta del Parlamento catalán y por algunos de los partidos en él representados, es preciso profundizar más sobre un episodio que, en realidad, acredita dos impotencias: la del dirigente de Sortu de conseguir en el País Vasco lo que logra fuera de él -en Cataluña-, y la de sus anfitriones, que para mantener la agitación y propaganda del declinante proceso soberanista han de acudir a un “referente” como el que significa el exconvicto Otegi.

El que fuera miembro de la organización terrorista ETA no es nadie ya en Euskadi. Las condiciones políticas en el País Vasco sepultan a la izquierda 'abertzale' que él pretende representar. Veamos algunos datos: el lendakari Urkullu -es decir, el PNV- ha pedido perdón (junio de 2015) por la falta de “inteligencia emocional” y la reacción tardía de las instituciones vascas para con las víctimas de ETA, al tiempo que requería -y sigue haciéndolo- la disolución de la banda.

Más: una investigación entre universitarios de Deusto, la UPV y Mondragón acredita que los jóvenes vascos han “olvidado” hasta lo que fue la 'kale borroka' y se muestran radicalmente críticos con el asesinato y la violencia. Más aún: el dirigente abertzale Hasier Arraiz ha pactado con el fiscal del TSJE una condena de dos años reconociendo su delito (pertenencia a ETA a través de la ilegal Batasuna), asumiendo, pues, sin pelea jurídica ni fáctica su condición de delincuente. Ayer se despidió, por inhabilitación, de la Cámara vasca con un acto de contrición. Por si fuera poco, el terrorista arrepentido Joseba Urrusolo Sistiaga (en su momento, un asesino en serie) ha declarado a 'El País' del pasado 16 de mayo que la izquierda 'abertzale' “tiene que decir que ETA desaparezca”.

Además de esas circunstancias resistentes al discurso de Otegi -que le hace irrelevante en la comunidad vasca- están los datos objetivos. La izquierda 'abertzale' fue arrasada en las municipales de mayo de 2015 y desalojada de las instituciones locales y forales; el 20-D se quedó en un magro 15% de voto popular con solo 2 escaños, siendo superada por Podemos que logró el 25,97% y 5 escaños, con más sufragios que el PNV y un escaño menos. La última encuesta de la radio-televisión pública vasca augura a la izquierda 'abertzale' -que está en un proceso de escisión interna- no más del 15% y, de nuevo, dos escaños, en tanto que predice que Unidos Podemos obtendrá el 28,8% y 6 diputados.

La izquierda 'abertzale', por lo tanto, es especialmente minoritaria, está siendo depredada por Podemos y Otegi -con lo que significa de pasado inaceptable- disminuye sus posibilidades y le impide reponerse. Ni por asomo el Parlamento vasco habría dispensado un homenaje a este personaje como lo hizo el catalán y todos los grupos menos Ciudadanos, PSC y PP. Tuvo que enjugar en la comunidad catalana su fracaso, y el de la izquierda 'abertzale', en su propia tierra. Que este otoño será gobernada, seguramente, por el PNV con apoyo del PSE y, si fuera preciso, el PP, pero nunca con el respaldo de Bildu-Sortu.

Pero el segundo fracaso -el del independentismo catalán- no es menor que el de Otegi. El proceso atraviesa por una debilidad extrema. La tripleta Puigdemont, Junqueras, Mas no funciona en absoluto; tampoco la coalición (ERC-CDC) de Junts pel Sí, la CUP introduce de manera constante contradicciones en la situación política y el secesionismo no ha logrado internacionalizar su reclamación (el fracaso de los periplos exteriores del presidente de la Generalitat está a la vista, incluida su entrevista con el escocés Salmond).

Las encuestas siguen primando a la izquierda de Podemos y de ERC sobre los convergentes -hoy es su supersábado por las primarias para la lista del 26-J, comicios en los que va a recuperar sus siglas- y se barajan ya fechas para elecciones -otoño de 2016 y primavera de 2017-, mientras Cataluña sigue sin Presupuesto y no se han materializado las leyes de transición, al tiempo que corren estérilmente para sus propósitos los 18 meses como tope para iniciar el proceso constituyente. Además -dato importante- la Asamblea Nacional Catalana se muestra divida ante la elección de su presidente.

En estas circunstancias, el proceso necesita agitación y propaganda. Era esperable que fuera de alguna calidad democrática y de cierto nivel moral. El recurso a Otegi demuestra hasta qué punto el secesionismo está sin pulso y afectado de una grave distorsión cívica e, incluso, ética. Como la excusa no pedida es casi siempre una acusación, la “sana envidia” por el proceso catalán que expresó Otegi, manifiesta un diagnóstico engañoso. El trayecto independentista no está precisamente sano sino que presenta patologías internas muy graves, siendo una de ellas recurrir a Otegi como remedo de un Mandela para avalar sus propósitos de secesión. Otra, la intención monolingüe catalana que exige reflexión aparte.

De ahí que no sea en absoluto extraño que, pese a lo que se diga en público, en privado desde el País Vasco se haya contemplado la visita de Otegi a Barcelona con auténtica perplejidad. En el fondo, muchos catalanes, más o menos silentes, saben que el miércoles pasado, el proceso soberanista recibió un gancho en el hígado y que se lo propició la indeseable figura política de Otegi, que si ciudadano ya libre -aunque inhabilitado- carece de cualquier atributo para merecer el trato que le dispensaron unos independentistas catalanes que sobreviven con improvisaciones, aprovechamiento de errores ajenos y unas dosis excesivas de voluntarismo.

Cataluña, ante el desafío secesionista
Miguel Nevot: el hombre que lleva gastados 20.000 euros por no poner el nombre de su negocio en catalán
Le multaron en 2007 por 'osar' a poner en el escaparate 'Fincas Nevot' en lugar de 'Finques Nevot' y, años después, aún busca justicia
Redacción www.lavozlibre.com 21 Mayo 2016

Barcelona.- Se llama Manuel Nevot, tiene 80 años y se ha convertido en un símbolo de la lucha contra la injusticia de las multas lingüísticas en Cataluña. En 2007 le impusieron una sanción de 400 euros porque el rótulo principal de su inmobiliaria, en Vilanova i la Geltrú (Barcelona), no estaba en catalán. Cometió la 'osadía' de rotular 'Fincas Nevot' en lugar de 'Finques Nevot'.

A pesar de que este nombre en catalán también luicía en su escaparate en otro letrero más pequeño, no se libró de la multa. Recurrió contra la Generalitat, entonces presidida por el socialista José Montilla, perdió un juicio en primer instancia y presentó un recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional (TC) en 2010, auxiliado por la entidad Convivencia Cívica Catalana.

Su caso saltó a la fama en 2008, cuando el entonces candidato a la presidencia del Gobierno, Mariano Rajoy, lo sacó a colación en un cara a cara electoral en televisión con Zapatero. Al poco, a Nevot le llenaron su tienda de pegatinas y pintadas animadas por el independentismo. "Fascista", "vete a casa", le decían él, nacido de una familia catalana que lleva cuatro generaciones en Vilanova. Hasta le rompieron el rótulo en cuestión.

A sus 80 años, Nevot sigue esperando justicia. "Cerré el comercio hace tres años, pero aún lucho contra la multa", explica en declaraciones a 'ABC'. Por no pagar 400 euros de sanción lleva gastados 20.000 en abogados y papeleo. "Hubiera pagado, pero no me daba la gana que pisotearan mi dignidad", dice.

El de Nevot no es ni mucho menos el único caso. Según datos que facilitó la consejería de Empresa a preguntas del PP, la Generalitat recaudó en 2015 un total de 140.000 euros en multas por no rotular en catalán. Casi el triple de la recaudado en el año anterior, 2014, que fueron 51.350 euros.


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