AGLI Recortes de Prensa   Domingo 29  Mayo  2016

La historia de la "E" del PSOE
La Verdad Ofende www.latribunadelpaisvasco.com  29 Mayo 2016

“Casa Labra” es una de esas tascas madrileñas castizas que aún perduran en Madrid y que te trasportan al pasado nada más vislumbrar su fachada. Degustar sus buñuelos de bacalao o sus croquetas junto a un chato de vino de Valdepeñas es uno de esos lujos populares al alcance de todo bolsillo, que genera colas a diario en la añeja puerta de la calle Tetuán donde sigue escondida esta taberna.

Allí, el 2 de mayo de 1879, Pablo Iglesias, un coruñés tipógrafo, de firma elemental y gesto crispado, fundó con otros tipógrafos el Partido Socialista Obrero, al que más tarde añadió la “E” de español. Este aparentemente nimio detalle tendrá muchísima importancia en el devenir del partido marxista por excelencia en la historia de España y su sindicato, UGT que también fundó.

Pablo Iglesias fue el primer terrorista declarado que ocupó un escaño en las Cortes españolas (hoy, parece haberlos por decenas). Sus amenazas en 1910 a Antonio Maura en el Parlamento y el consiguiente atentado han pasado a los anales de la historia parlamentaria: “Combatiremos sus ideas dentro y fuera de la legalidad, e incluso justificaremos el atentado personal. Digo más, para evitar que Maura suba al poder, debe llegarse hasta el atentado personal".

Las frases de Iglesias ilustran su ideología terrorista, violenta y guerracivilista:

“El partido que yo aquí represento aspira a concluir con los antagonismos sociales… esta aspiración lleva consigo la supresión de la magistratura, la supresión de la Iglesia, la supresión del Ejército... Queremos la muerte de la Iglesia, para ello educamos a los hombres y les quitamos la conciencia. No combatimos a los frailes para ensalzar a los curas. Nada de medias tintas, queremos que desaparezcan los unos y los otros"

Me saltaré la criminal Guerra Civil que socialistas honestos como Besteiro o Giner de los Ríos quisieron evitar ante la violenta corriente de Largo Caballero que triunfó al final. Solo un detalle: en aquel fratricida conflicto, el PSOE jamás luchó por España sino por implantar el marxismo internacionalista que el Komintern dictaba (dirigido por Stalin) y que hombres como De los Ríos denunciaron.

En nuestra reciente democracia, el aparente papel moderador del PSOE no fue tal. Solo renunció al marxismo en Suresnes por la promesa de alcanzar el poder desde el ejercicio de la socialdemocracia, al dictado de Helmut Schmidt, arrollando al PCE, como así fue. La hegemonía del PSOE hoy toca a su fin, lastrada por la absoluta corrupción endémica de todo el partido, y lo más grave, su constante connivencia con los nacionalistas y separatistas.

El honesto Juan Carlos Girauta cuenta como estando en una reunión del PSC en el que militaba, escuchó una algarabía de felicitación. Al acercarse descubrió que la alegría era por un atentado de ETA. Quien hoy alegue que el GAL fue un creación del PSOE no descubrirá nada del pasado cainita de la izquierda (Carrillo, Nin, POUM..).

Hoy, el PSC es una mueca política, instalado en una deriva nacionalista que les desvirtúa, aplaudiendo la visita de Otegui o apoyando la eliminación en la enseñanza del castellano y sus subvenciones. En tierras vascas, los socialistas (al igual que el PP) están ya casi desaparecidos; en Galicia son abiertamente pro-nacionalistas, y en Baleares o Valencia claramente pancatalanistas. Pero lo más grave es que en todo el territorio nacional Sánchez Castejón ha entregado los gobiernos municipales a los radicales marxistas-leninistas de Podemos y sus confluencias, financiados desde Venezuela e Irán, traicionando a los votantes moderados socialdemócratas que aun votaban al PSOE, lo que aventura que la exigua cosecha de votos que les ha llevado a niveles de 1979, el próximo 20 de junio será catastrófica, relegándoles a la tercera fuerza política. Su marxismo inherente, puesto de manifiesto en las alianzas municipales con los leninistas de Podemos, les va a pasar la factura final en semanas.

Como colofón de la ya inminente extinción del funesto PSOE, se inicia el juicio por los ERE, calificado como el mayor caso de corrupción en la Unión Europea (6.000 millones) que a fecha de hoy mantiene bloqueadas las ayudas a Andalucía hasta que no se aclare el destino del dinero. Les dejo un somero detalle que publica Libertad Digital para entender el alcance del juicio y la naturaleza de banda criminal en que devino el PSOE, un partido que no fue tal sino banda, no fue social, jamás protegió al obrero, ni tampoco se sintió español. Obvio a Chaves y a Griñan:

Consejeros de la Junta
Magdalena Álvarez: ex ministra de Fomento, ex consejera de Hacienda de la Junta de Andalucía entre 1994 y 2004 y actual vicepresidenta del Banco Europeo de Inversiones (BEI)

Antonio Fernández: ex consejero de Empleo de la Junta de Andalucía entre 2004 y 2010. Antes, desde 1995, ocupó el cargo de viceconsejero en este área y, desde el año 2000, la vicepresidencia del Instituto de Fomento de Andalucía (IFA) que otorgaba las ayudas.

Viceconsejeros de la Junta
José Salgueiro: ex viceconsejero de Economía y Hacienda de la Junta entre 1990 y 2004
Antonio Vicente Lozano Peña: viceconsejero de Presidencia de la Junta y ex director general de Presupuestos entre 2002 y 2009
Justo Mañas: ex viceconsejero de Empleo de la Junta entre 2010 y 2012
Gonzalo Suárez: ex viceconsejero de la consejería de Ciencia, empresa e Innovación de la Junta
Jesús María Rodríguez Román: ex viceconsejero de Ciencia, Empresa e Innovación de la Junta
Agustín Barberá: ex viceconsejero de Empleo entre 2004 y 2010 y número 2 de Antonio Fernández.

Interventores
Manuel Gómez Martínez: ex interventor general de la Junta de Andalucía
Juan Luque: interventor delegado de Empleo desde 2008

Secretarios Generales Técnicos de Consejerías
Antonio Estepa Giménez: ex secretario general técnico de la Consejería de Hacienda
Juan Francisco Sánchez García: ex secretario general técnico de la Consejería de Empleo entre 2000 y 2004
Javier Aguado Hinojal: ex secretario general técnico de la Consejería de Empleo entre 2004 y 2008
Lourdes Medina Varo: ex secretaria general técnico de la Consejería de Empleo entre 2008 y 2012

Directores Generales
Buenaventura Aguilera Díaz: ex director general de Presupuestos de la Junta desde 2009
Miguel Ángel Serrano, Jacinto Cañete, Antonio Valverde, Antonio Lara y Francisco Mencía: todos ellos ex directores generales del Instituto de Fomento de Andalucía (IFA) o la Agencia de Innovación y Desarrollo de Andalucía (IDEA), organismo que sustituyó al IFA.
Francisco Javier Guerrero: ex director general de Empleo de Andalucía entre 1999 y 2008 y encargado de firmar los expedientes de las ayudas de los ERE
Juan Márquez: ex director general de Empleo entre 2009 y 2010 con Antonio Fernández como consejero.
Daniel Rivera: ex director general de Empleo desde 2010 hasta su cese en 2012
Pablo Millán y Juan Vela: ex directores de Finanzas del IFA

Delegados provinciales de la Junta de Andalucía
Juan Rodríguez Cordobés y Antonio Rivas: exdelegados de Empleo de Sevilla
Carlos Leal Bonmati: director del bufete de abogados sevillano Estudios Jurídicos Villasis
Juan Francisco Trujillo: fue durante nueve años el chófer de Francisco Javier Guerrero
Juan Lanzas: el exsindicalista de UGT y "conseguidor" de los ERE. También están imputadas la esposa, la cuñada y la suegra de Lanzas.
Ismael Sierra: cuñado de Lanzas
Antonio Albarracín: ex director general de Vitalia, consultora que habría recibido comisiones como mediadora en los ERE
Eduardo Pascual y María Vaqué: exadministradores de Vitalia
José González Mata: dueño de la consultora Uniter, que obtuvo comisiones.
Eduardo Leal del Real: testaferro del caso de los ERE
Juan Francisco Algarín: testaferro del caso de los ERE
Y hasta 93...

¿Con quién quiere pactar Rajoy?
EDITORIAL Libertad Digital  29 Mayo 2016

El reciente viaje de Albert Rivera a Caracas ha desatado una nueva oleada de duras críticas en el Partido Popular contra el líder de Ciudadanos. La que más se ha signficado en este último alarde de violencia verbal contra Rivera ha sido la vicepresidenta del Gobierno, a pesar de que su responsabilidad institucional debería otorgarle cierta mesura en sus opiniones sobre los adversarios políticos. Lejos de ello, Soraya Sáez de Santamaría utilizó la rueda de prensa habitual tras el Consejo de Ministros para lanzar una andanada contra Rivera por haber visitado Venezuela en los prolegómenos de la nueva campaña electoral.

Sorprende que al PP le moleste tanto que un líder político español viaje a Venezuela para apoyar a la oposición democrática contra un régimen corrupto que ha sumido en la miseria a sus habitantes, muchos de ellos españoles. El líder de Ciudadanos aprovechó la visita para mostrar su pleno apoyo a los partidos democráticos que tratan de acabar pacíficamente con la pesadilla chavista, un gesto generoso y oportuno que sólo ha despertado la animadversión de los bolivarianos venezolanos, de sus lacayos españoles y, paradójicamente, también del PP.

De hecho, las críticas entre los dirigentes populares son indistinguibles de las de los podemitas. Todos ellos coinciden en que Albert Rivera ha ido a Venezuela con la única intención de obtener un rédito electoral. Incluso si así fuera, el líder de la formación naranja estaría en su derecho de mostrar qué principios defiende su partido también en la arena internacional, pero la realidad es que, como sabe de sobra el Gobierno, Albert Rivera viajó a Caracas invitado por el parlamento venezolano para impartir una conferencia, con el conocimiento y la conformidad de nuestra embajada.

A la luz de estos ataques furibundos contra Ciudadanos cabe preguntarse cuál es la estrategia futura que quieren afrontar con éxito Rajoy y Sáez de Santamaría tras el 26-J. Según todas las encuestas, el parlamento español parece abocado a una encrucijada similar a la que surgió tras las elecciones del pasado 20 de diciembre, con la única incógnita de si la coalición extremista populista será capaz de sobrepasar al triste PSOE de Pedro Sánchez. En esa situación, tan parecida a la anterior, el PP tendrá que contar necesariamente con los diputados de Ciudadanos si quiere mantenerse en el Gobierno, un entendimiento que el núcleo cercano a Rajoy parece dispuesto a hacer imposible a la vista de la ferocidad de sus últimas arremetidas verbales.

Por fortuna para el Partido Popular, hay dirigentes de fuste que comparten con Rivera, también, sus análisis en materia internacional, y que tienen una proximidad no sólo generacional con el líder de Ciudadanos. Para desgracia de los votantes populares, no parece que esta nueva generación de políticos con las ideas claras y el pasado limpio estén llamados a desempeñar un papel relevante en el futuro inmediato del primer partido de España.

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Barcelona no es Beirut… ¿o sí?
Jesús Cacho www.vozpopuli.com  29 Mayo 2016

Barcelona y Beirut. Antes de la guerra civil, la capital libanesa era el centro intelectual del mundo árabe y un importante enclave comercial y turístico que llegó a ser conocido como la Suiza de Oriente Próximo, por su capacidad para aunar estabilidad y cosmopolitismo. “La Universidad Americana era un hervidero cultural en el que atractivos hombres de piel morena cortejaban a hermosas extranjeras rubias. Eran los sesenta, los años dorados del Líbano. Como en el resto del mundo, los estudiantes se dedicaban a fumar hachís, practicar el sexo e instigar a la revolución. La revolución del pensamiento, claro está”, cuenta Zara el Khalil en “Beirut, i love you”. Los estudiantes se divertían, mientras la gente guapa paseaba por La Corniche, el frente marítimo plagado de discos y restaurantes, lleno de tipos desinhibidos, diplomáticos, comerciantes, buscavidas, espías, príncipes saudíes entrando y saliendo de las mejores tiendas de lencería del mundo… Cuando en 1975 estalló el conflicto que dividió en dos la ciudad, los últimos aventureros seguían bebiendo y bailando junto a las olas, mientras Hezbolá y los drusos se mataban apenas a un km de distancia. El destello azul de los fogonazos y el mediterráneo oscuro plagado de risas desnudas. Si Lawrence Durrell no hubiera estado ocupado con Alejandría, habría podido escribir en Beirut el mejor “cuarteto” de la historia de la literatura. En las cálidas noches de este mayo, desde la elegante falda del Tibidabo, también la alta burguesía barcelonesa que habita en Sant Gervasi-Pedralbes puede contemplar, perpleja tras las cortinas de sus torres, el resplandor de los incendios que cada noche sobrepasa un barrio de Gràcia tomado por los antisistema.

Sólo los más avisados aciertan a imaginar la posibilidad de que la Barcelona atractiva, negociante y cosmopolita de siempre pueda terminar un día no lejano convertida en una especie de Beirut, con sus barrios ardiendo como teas al calor del verano que se avecina, por culpa de una izquierda antisistema que desafía el poder establecido y que le ha tomado la medida a esa burguesía catalana siempre incapaz de mantener el orden y defenderse sola y que, en los últimos años, además, ha cometido el error de echarse en brazos de una izquierda radical de la que abomina pero a la que necesita para hacer número y convertir en realidad el embeleco de la independencia. Ha cedido tanto, tanto poder ha perdido, que hoy, asustada, parece decidida a liberarse ella misma de las cadenas, intentando dinamitar desde dentro el quilombo en el que se ha embarcado, sabedora de que, en caso de fracasar, se verá obligada a pedir la vuelta a las calles del brazo incorrupto del general Primo de Rivera y la Legión, para que sea él, sea ella, quienes le salven la fábrica y la torre de la furia anarquista. Memorable el papelón de Ada Madrina Colau en el Ayuntamiento de Barcelona e indescriptible el viaje a ninguna parte de las élites de Convergencia, con Xavier Trias a la cabeza.

Desde la aparición en televisión de Jordi Pujol, julio 2014, anunciando a los españoles ser dueño de una fortuna en Andorra evadida al fisco, producto de una (falsa) herencia paterna, no se había producido un hecho con más demoledor impacto desde el punto de vista de la moral pública que el reconocimiento por parte de Trias, ex alcalde convergente de Barcelona, de haber estado pagando con dinero público el alquiler de una antigua sucursal de Catalunya Caixa okupada con violencia por quienes rechazan el derecho de propiedad y demás principios básicos por los que se rige una sociedad civilizada. El relato es paradigmático de la quiebra del principio de autoridad y del agudo déficit democrático que sufren los ciudadanos de Cataluña. Enterado de la existencia de un local comercial tomado por los okupas y cuyo propietario se disponía a reclamar su desalojo por vía judicial, el alcalde decidió resolver el problema "comprando" a los mangutas. Tal cual. Corría noviembre de 2014 y las elecciones municipales de mayo de 2015 estaban a la vuelta de la esquina, por lo que no era cosa de que la actuación policial le arruinara la campaña en caso de producirse el desalojo violento que era de prever. De modo que preguntó al propietario cuánto costaba la broma y, con dinero municipal, decidió en secreto abonar los 5.500 euros mensuales a que ascendía el alquiler y dejarse de líos. Y los vecinos de Barcelona ignorando que el dinero de sus impuestos estaba sufragando el alojamiento de los okupas del barrio de Gràcia, IBI y basuras incluidos.

Llegadas las elecciones, resultó que en el trono municipal instaló sus reales posaderas doña Ada Colau, que, enterada de lo que estaba ocurriendo por las denuncias de la oposición en el consistorio, decidió dejar de pagar el alquiler, no sin antes consultar la situación con los okupantes, tan cercanos ideológicamente a ella. Espantados al verse convertidos en simples mercancías sin saberlo, los manganzones del Movimiento Okupa pusieron el grito en el cielo: la iniciativa de Trias era un caso claro de repugnante paternalismo capitalista. Se creían orgullosos antisistema y acababan de descubrir que eran unos simples mantenidos. Verdaderamente indignante. Lo que viene a continuación está en el guion: el juzgado ordena el desalojo, los Mossos d'Esquadra tratan de cumplir con su deber y de inmediato se monta el pollo: algún coche volcado, cajeros carbonizados, contenedores ardiendo, carreras, gritos y gresca in crescendo. Business as usual.

Élite corrupta, cobarde y acomplejada
“Esto se tiene que explicar bien, porque si no no se entiende” dice el ex alcalde en la radio con ese leve deje suyo atiplado y frailuno, y resulta que se le entiende todo, porque el manso de Trias describe, más bien loa, el comportamiento de los mangaperas como magníficas personas que “no molestaban a nadie, no hacían fiestukis, estaban bien integrados con el tejido asociativo del barrio, no importunaban a los vecinos”, la gente hasta les quería, viene a decir, de modo que pagarles el alquiler con los impuestos de los barceloneses no era un acto de generosidad gratuito sino casi una obligación, vamos, que estuvo muy bien: “Ante esta situación y no por que hayan (sic) elecciones solamente, sino porque nos dicen que puede ser un desalojo muy conflictivo como el de Can Vies, decidimos mediar”. He aquí otro valiente político dispuesto a hacer dejación de su responsabilidad, proclive a rendirse ante el menor rumor de tumultos, en perfecta sintonía con esa clase política convergente que se ha dejado robar la cartera por quien no dudaría un segundo en robarle hasta la camisa tras asaltar las lujosas mansiones que habita más allá de la Avenida de la Diagonal. Una elite corrupta, cobarde y acomplejada.

El mensaje que transmite el consistorio barcelonés es simple: si usted, sin techo, encuentra un local vacío, ocúpelo sin problema aunque su propietario se oponga, que ya vendrá el Ayuntamiento a pagarle un alquiler para que usted no monte bronca cuando los Mossos acudan a desalojarlo. Trias no está de acuerdo: “En algunos casos se ha de ser muy prudente”, musita leve. La situación, llena de paradojas, está llamada a impactar en el futuro político inmediato tanto del Ayuntamiento como de la propia Generalitat. Los disturbios de Gràcia (importantes los de ayer sábado) anuncian, en el primer caso, un aumento de la tensión entre “Los Comunes” (Barcelona en Comú) de Colau y unas CUP claramente situadas a su izquierda, una situación que deja al Ada Madrina debilitada, en cuyo auxilio ha acudido raudo un PSC desnortado, en uno de esos movimientos incomprensibles protagonizados cada cierto tiempo por el socialismo catalán. En el segundo, la defensa a ultranza que las CUP han hecho del Movimiento Okupa permite atisbar episodios de estrés insoportables para la mayoría parlamentaria independentista en la plaza de Sant Jaume. La CUP ha dicho que no aprobará los Presupuestos de la Generalitat mientras Picodemonte no cese al responsable de los Mossos. El tono del debate en las redes sociales (“Iros a cagar”, fino mensaje de Junts pel Sí a la CUP) es revelador de la temperatura del enfermo, y de que la revuelta en la calle va a ser utilizada por los antisistema como palanca para colocar a un Govern débil contra las cuerdas.

Hay otra lectura aún más interesante. Por fin las buenas gentes de la Bonanova parecen despertar, por fin el partido al que han votado siempre se ha dado cuenta del peligro que todos corren. Que los Mossos arreen estera de lo lindo en el barrio de Gràcia no es casual. Tienen orden de hacerlo, incluso de buscar el conflicto. Entre los restos de la hoguera convergente, al fin alguien se ha percatado de que esto se les escapa, de que están a punto de perder el control si no lo han perdido ya, porque el poder está en manos de ERC, que es quien pastorea los medios (TV3 y Cataluña Radio) y quien ahora reparte las subvenciones, una ERC que acaba de someter a CDC a la humillación pública de negarse a ir en listas conjuntas a las elecciones del 26J, y que lleva tiempo callada, agazapada, dejando que otros le hagan el trabajo de demolición del edificio de la burguesía capitalina para, en el momento oportuno, acudir a recoger el fruto caído del árbol convergente mediante lo que tantos sospechan en Barcelona: un Gobierno de coalición ERC-CUP.

“Así es imposible continuar”
Ha sido precisamente la negativa de la CUP a aprobar las cuentas del 2016 lo que ha terminado por encender las alarmas. Así es imposible continuar. De modo que los convergentes, con Artur Mas en la sala de máquinas, han decidido pasar al ataque aprovechando el incidente, el Golfo de Tonkín catalán, de la sucursal bancaria okupada, con la idea de hacer descarrilar de una vez el tren de ese prusés en el que alocadamente se embarcaron con compañeros de viaje tan incómodos. Para que todo estalle de una vez. Para empezar de cero, y repartir cartas de nuevo. Se trataría de una voladura controlada de la pesadilla actual, porque nosotros somos gente de orden de toda la vida, columna vertebral del catalanismo ancestral y, por muchas que sean nuestras culpas, por mucho que hayamos robado, no podemos consentir la pérdida del poder y mucho menos la insignificancia; no podemos dejar Cataluña en manos de ERC y de sus potenciales socios, los okupas de Can Vies y del barrio de Gràcia; debemos recuperar ese poder que siempre ha sido nuestro haciendo descarrilar el prusés, yendo a nuevas elecciones y presentándonos ante nuestras bases sociales con un partido nuevo, con liderazgos nuevos.

¿La independencia? Lo hemos intentado; hemos estado a punto de romper en pedazos uno de los grandes Estados europeos. Si no lo hemos conseguido, conformémonos con las ventajas logradas en este pulso, y volvamos a empezar con un nacionalismo recompuesto, el nacionalismo moderado de siempre, dispuestos a vivir unas décadas más de las concesiones arrancadas a Madrit, conscientes de que algún día la mayoría social procedente de nuevas generaciones educadas en la ruptura con España nos lleven, más bien pronto que tarde, a la independencia, sin necesidad de meternos en la cama con gente tan poco aseada como las CUP. Es una simple cuestión estética. “Cuando empezó la guerra, todas las rubias se fueron del Líbano, al igual que los mejores profesores y, con ellos, la credibilidad de la Universidad. Lo único que quedó fue una mezcla sin vida de activistas políticos miopes y cajas y más cajas de bolígrafos Bic azules. Las asambleas de estudiantes se convirtieron en campos de batalla para las milicias. El capítulo sobre la evolución se arrancó de los libros de biología. La palabra "Israel" se tachó de todos los mapas. En 1994, lo único que quedaba eran profesores acabados, que tendrían que haberse jubilado decenios antes. La guerra civil había conseguido proteger su incompetencia y garantizarles un puesto de por vida…” (Beirut, I love you).

La llegada de los bárbaros
Alejo Vidal-Quadras www.vozpopuli.com  29 Mayo 2016

En uno de sus poemas más logrados, Konstatin Kavafis recrea los días previos a la llegada de los bárbaros a una ciudad de las postrimerías del Imperio Romano, una urbe plena de riqueza, refinamiento y belleza, pero también debilitada por la indolencia, el hedonismo y la corrupción. Sus ciudadanos están poseídos por sentimientos ambivalentes, por un lado temen la irrupción de las hordas salvajes y crueles que se aproximan sedientas de sangre y destrucción, por otro desean de forma casi inconsciente verles atravesar las puertas y escalar las murallas porque saben que sus vicios, su inmoralidad y su molicie no tienen futuro, que son un cuerpo agonizante atormentado por la incertidumbre, la impotencia y el remordimiento, y que quizá la ola de muerte, saqueo y fuego que les amenaza sea por fin una solución liberadora. Es tal el sufrimiento que les inflige el espectáculo de su irremediable decadencia que su temor se tiñe de un oscuro deseo de que los vándalos vigorosos y brutales que se disponen a caer sobre la ciudad como una tormenta arrasadora les aniquilen a la vez que les ofrezcan un estimulante renacer.

Los antropoides desatados que casi impunemente se han dedicado a destrozar el barrio de Gracia en Barcelona una noche tras otra sin que las autoridades de la Generalitat y del Ayuntamiento les pongan coto -del Gobierno central no cabe mención porque hace tiempo que abandonó Cataluña sin dejar ni un retén- reproducen en un contexto contemporáneo la misma escena imaginada por Kavafis y que sus versos sitúan en un período crucial de la historia de Europa acaecido hace quince siglos. Sin duda las analogías son numerosas e innegables. Al igual que los tumultuosos tropeles que acabaron con Roma y su hegemonía mundial atravesando imparables las fronteras que ya nadie era capaz de defender, los guerrilleros urbanos de la capital de Cataluña son de inteligencia escasa, nula cultura e instintos primarios. Ebrios de un rencor difuso, excitados por las hogueras que prenden entre aullidos, sin otro objetivo que romper cristales, tumbar contenedores y volcar automóviles, estas miasmas profundas de nuestra sociedad han aflorado porque nuestras elites dirigentes han cometido durante décadas todo tipo de abusos, cuya magnitud ha alcanzado un nivel tan escandaloso que no podían quedar impunes.

Han sido treinta años de venalidad indecorosa, de liquidación de la separación de poderes, de rendición paulatina ante los nacionalismos separatistas, de colusión indisimulada entre lo privado y lo público, de colonización de las instituciones y los medios de comunicación por los partidos, de inflado de burbujas especulativas sin freno, de degradación del sistema educativo, hasta que el globo ha pinchado y en el horizonte han aparecido las tribus hostiles ansiosas de quemar cajeros automáticos, reventar escaparates, ultrajar los símbolos del Estado democrático, profanar los templos y acabar con nuestra civilización basada en la renuncia a la violencia, el reconocimiento del mérito, la búsqueda de la excelencia, el respeto a la propiedad ajena, el imperio dela ley y el cultivo de unos valores estéticos que nos alejen de la vulgaridad, la chabacanería y la zafiedad.

Como en la Roma del siglo V d.C., el alcalde Trías intentó comprar a los bárbaros pagándoles tributo porque su cobardía le impidió hacerles cumplir las normas vigentes y su oportunismo electoral prevaleció sobre sus inexistentes principios. Pronto le veremos arrastrándose ante el concejal tatuado literalmente de odio que anima a las huestes entregadas a la demolición de Gracia rogándole entre espasmos de miedo que le perdone la vida y le conceda un salvoconducto para exiliarse a Madrid, único refugio seguro -de momento- frente a la ígnea ira justiciera de la CUP.

Aunque el relato esbozado en el poema de Kavafis encierra una notable calidad poética, la verdad es que la transformación de Barcelona en un caos desordenado de salvajismo y pánico no aportará nada útil ni regenerador, sólo suciedad, estruendo y huida de las inversiones, y que los estratos sociales más perjudicados por este retroceso a la jungla sin reglas serán precisamente los más vulnerables y de rentas más modestas, a los que paradójicamente la CUP dice representar.

Actualización de la conllevancia
ARCADI ESPADA El Mundo  29 Mayo 2016

Mi liberada:

Algún día comprenderás cuánto han hecho las élites españolas por vosotros y hasta qué punto debéis agradecerles su contribución al desarrollo de vuestro Proceso. Merecen un homenaje y siguiendo la cronología revolucionaria trazada por el actual conducator espero que en 12 meses podáis hacérselo en la Barcelona al fin redimida. Las pruebas de lo que digo son innumerables y se extienden a lo largo del último tiempo español. Aunque pocas veces se habrán hecho carne mortal como en el ciclo de la Fundación Ortega y Gasset que inauguró el viernes el presidente Puigdemont, que lleva el título genérico ¡Escolta Espanya, Escucha Cataluña! (con sus urgentes exclamaciones) y que dirigen la exdiputada socialista Carme Chacón y el director del centro de estudios de la fundación, Javier Zamora. El ciclo se acoge a la famosa doctrina Nierga, ésa que, siempre con un punto de énfasis histérico, llama al diálogo de dos culpables equivalentes. ¡Escolta Espanya, Escucha Cataluña! es la enésima gracieta sobre la oda maragalliana y el titular equidistante del asombroso folio y medio donde se detalla la intención del encuentro.

El asombro empieza por la sintaxis. No lo sabíamos pero la Fundación Ortega y Gasset (repitan la filiación conmigo) es capaz de producir párrafos como este: "A diferencia de otros estados europeos que ahogaron las naciones que los conformaron en beneficio de una única y monolítica identidad nacional, en España, sobre todo en las etapas democráticas, se ha fomentado libremente el sentimiento de pertenencia a las distintas naciones, nacionalidades y regiones que componen España, la cual la inmensa mayoría de ciudadanos entiende como su nación de manera no incompatible con otros sentimientos de identidad". Exhibida la sintaxis, sería inútil, bestialmente intelectual, recordar que esos estados a los que alude el texto, incluido España, no se conformaron sobre naciones. Por lo tanto hay que centrarse en el milagro fundamental del texto: y es que España, según los ortegas, está compuesta de naciones, nacionalidades y regiones. Ya voy viendo por dónde va la traumatóloga "articulación constitucional" que el texto propondrá luego: dadas la chicha y la limoná lo peor que se puede ser en esta vida es nasionalidá.

Estas líneas del último párrafo tienen también un gran valor astigmático: "En estos encuentros se afrontarán las relaciones entre Cataluña y España entendidas como las sociedades catalana y española, como los ciudadanos catalanes y españoles". La consideración de Cataluña y España al margen de la sinécdoque es el punto de fuga moral del encuentro. Los que hablan de Cataluña y España como entidades no sinecdóticas no comprenden que la mitad aproximada de catalanes dejarían de serlo en cuanto dejaran de ser españoles y que la abrumadora mayoría de españoles dejarían también de serlo sin los catalanes, porque ser español solo (¡solo!) es un vínculo. Un vínculo de ciudadanía. Es una broma amarga que la Fundación Ortega utilice el concepto de ciudadanía para distinguir entre Cataluña y España. Se han debido traspapelar estas palabras del Fundador, pertenecientes a su discurso de 1932 sobre el Estatuto de Cataluña, tan puntillosamente doctrinal: "Parejamente, nos parece un error que, en uno de los artículos del título primero, se deslice el término de 'ciudadanía catalana'. La ciudadanía es el concepto jurídico que liga más inmediata y estrechamente al individuo con el Estado, como tal; es su pertenencia directa al Estado, su participación inmediata en él (...) es menester también que amputemos en esa línea del proyecto de Estatuto esa extraña ciudadanía catalana que daría a algunos individuos dos ciudadanías; que les haría en materia delicadísima, coleccionistas".

Habrá cinco encuentros entre Cataluña y España y se prolongarán hasta septiembre. Los panelistas se adhieren al espíritu de la convocatoria. Hasta tal punto que uno de ellos es el espectral ex juez Santiago Vidal, suspendido en su juicio no solo por sus compañeros jueces y redactor de una Constitución catalana que pertenece al mismo género literario de El Quijote era de Castellfollit que tan fértilmente se ha desarrollado durante el Proceso. La presencia de Vidal es todavía más incomprensible si se piensa que en el mismo acto ya diserta Miguel Herrero de Miñón. Cada uno de los paneles cuenta con un separatista y un hombre inteligente, y en el medio la habitual gelatina tercerista que quiere proclamar la independencia votando no a la independencia. Para ellos, tan finitos, que creen que la soberanía puede servirse en carpaccio, el Fundador también tuvo palabras: "Ante todo, como he dicho, es preciso raer de ese proyecto todos los residuos que en él quedan de equívocos con respecto a la soberanía; no podemos, por eso, nosotros aceptar que en él se diga: 'El poder de Cataluña emana del pueblo.' La frase nos parece perfecta, ejemplar; define exactamente nuestra teoría general política; pero no se trata, sin distingos que fueran menester, del pueblo de Cataluña aparte, sino del pueblo español".

El discurso de Ortega es célebre sobre todo por su concepto central, que es el de la conllevancia. Ortega sostenía que entre los nacionalistas catalanes y el resto de los españoles había un fondo de discrepancia que no se podía resolver, sino solo conllevar. Esta cita: "Yo sostengo que el problema catalán, como todos los parejos a él, que han existido y existen en otras naciones, es un problema que no se puede resolver, que sólo se puede conllevar, y al decir esto, conste que significo con ello, no sólo que los demás españoles tenemos que conllevarnos con los catalanes, sino que los catalanes también tienen que conllevarse con los demás españoles". La interpretación común de esta cita hace recaer sobre el conjunto de los españoles la responsabilidad de conllevarse con los nacionalistas (aunque Ortega dice catalanes y dice mal). Los nacionalistas serían algo así como el hijo tonto del que uno no se puede desprender. En el fondo paradójico de la actitud de las élites españolas ante el nacionalismo catalán, en su necia complacencia, hay esta consideración del nacionalista como un perturbado pueril al que hay a veces que mecer para que no destroce la casa. Pero Ortega es inequívoco: también los nacionalistas, mayores de edad y responsables, han de conllevar. Después de cuarenta años, confirmadas y aumentadas las expectativas de su insolidaridad y de su ontológico desprecio a la democracia, ha llegado el momento de que conlleven un ratito. Siempre hay que joderse estrictamente a medias.

Y tú sigue ciega tu camino.   A.

Catalanes, se empieza jugando a 'malotes' ¿y se acaba en la revolución?
Miguel Ángel Mellado El Espanol  29 Mayo 2016

Sí. Que en el barrio barcelonés de Gràcia se hayan quemado contenedores, destrozado algunas sucursales bancarias, volcado vehículos aparcados, todo esto durante varios días de esta semana con unos cuantos heridos y unos pocos detenidos, carece de transcendencia. ¿Acaso alguien se acuerda de los 230 muertos habidos en Barcelona en 1919 (en términos históricos, a la vuelta de la esquina) tras la huelga general que cortó el suministro de gas y de electricidad y, con ello, paralizó todo el sistema industrial catalán?

Aquéllas sí eran revoluciones y no los jueguecitos que se traen estos días unos centenares de jóvenes y maduros anticapitalistas, bien organizados, sí, preparados para la lucha callejera, también, pero que se derretirían como una mona de Pascua si un solo mosso d'escuadra cometiera la demencia de disparar al aire su arma de fuego. Revoluciones ha habido muchas en Catalunya, tantas que ocuparían el periódico de este domingo pese a que, al ser digital, es como el Libro de Arena de Borges: interminable.

Por citar algunas revoluciones en Catalunya, recordemos la de 1868, en cuya Plaza de la Revolución, 150 años después, se congregan estos días los amotinados del barrio de Grácia para reorganizarse. Aquélla sí que fue una revolución en toda regla, consecuencia de la primera crisis financiera del capitalismo español. Tan grave, que cayó la monarquía corrupta y disipada de Isabel II. El regente, el general Serrano, comentó cuando se buscaba una nueva familia real para sustituir al desastre de los Borbones: “Encontrar un rey democrático en Europa es tan difícil como encontrar un ateo en el cielo”.

Si George Orwell estuviera hoy en Barcelona, de enviado especial de un periódico inglés, sonreiría al ver a los revolucionarios amateurs de Gràcia. Escribió Orwell en su libro Homenaje a Cataluña, tras presenciar la situación de Barcelona en los primeros años de la Guerra Civil de 1936: “Por primera vez en mi vida, me encontraba en una ciudad donde la clase trabajadora llevaba las riendas. Casi todos los edificios, cualquiera que fuera su tamaño, estaban en manos de los trabajadores y cubiertos de banderas rojas o rojas y negras. Nadie era amo de nadie”.

¿Por qué, entonces, los actos vandálicos que presenciamos estos días en la capital catalana son seguramente más significativos que los vividos en Catalunya durante los últimos 200 años? Por una razón: porque por primera vez, en Catalunya el poder empieza a estar en manos o a depender de movimientos populistas, decididamente izquierdistas y antisistema situados en las antípodas de la tradición catalana.

Cuando el viernes pasado, el president de la Generalitat, Puigdemont, se presentó en la capital del Estado para hablar en castellano y sacar pecho contra España, realmente lo que le preocupaba no era que una militante de Vox le mostrara unas esposas policiales destinadas a quien incumple la ley. El nacionalista Puigdemont sabe bien que ni Rajoy ni quien venga le depondrá por sedición pese a estar reglamentado en la Constitución. A quien teme el Gobierno catalán, paradójicamente, es a sus imprescindibles compañeros de viaje hacia la independencia, los de la CUP, un partido antisistema hermanado con los “quemacontenedores” del barrio de Gràcia.

Junts per Sí, con su president Puigdemont al frente, está esposado por los 10 diputados de la CUP, no por la atrevida militante de Vox, un partido testimonial. Si los 'cuperos' no apoyan en estos días la aprobación de los Presupuestos de la Generalitat, el Parlament tendrá que disolverse, lo cual se evitó “in extremis” el pasado 12 de enero gracias a los votos de los mismos extremistas.

Catalunya, en términos financieros, está por debajo de la basura. La agencia Moddy´s así ha calificado el bono catalán. En términos políticos, la situación es casi peor. El centro político, representado durante décadas por los convergentes de CiU, ha desaparecido. El PP y el PSC están encallados y a un paso de la insignificancia. Ciutadans, convertido en partido refugio de los no nacionalistas, no equilibra las pérdidas de populares y socialistas. El resto del arco político, con un peso creciente y decisivo, oscila entre la izquierda rupturista y la extrema izquierda: los republicanos de ERC (partido que se ha comido a Convergencia), los populistas de “Catalunya sí que es Pot” y los independentistas revolucionarios de la CUP.

Las movilizaciones en la calle de estos últimos años, un “totum revolutum” ideológico, pidiendo primero más autonomía y más dinero y después la independencia, han desembocado en un cambio político impensable hace unas décadas. No sólo la calle ha dejado de pertenecer a la sociedad catalana moderada, la del seny, también las instituciones han pasado a estar contraladas por personajes cuyo rostro más 'moderado' lo representan Ada Colau, la alcaldesa asamblearia de Barcelona, y el republicano independentista Oriol Junqueras, verdadero hombre fuerte de la Generalitat. A este punto se ha llegado.

Lo que sucede en Catalunya va más allá de la quema de unas decenas de contenedores. Los manifestantes del barrio de Gràcia se movilizan al grito de “Se va a acabar la paz social”. Colau contempla desde el balcón del ayuntamiento lo que sucede en la calle. Con comprensión, porque si no estuviera arriba, estaría abajo con ellos. Y, a su vez, con temor, al ser la alcaldesa de todos los barceloneses. Esta es la cuestión: se empieza jugando a ser “malotes” con España como enemigo común y se acaba en manos con tintes revolucionarios. “Los pueblos tienen el gobierno que se merecen”, escribió Giussepe de Maitre. Los catalanes, ya lo tienen. Y los españoles, también, con un Gobierno central que ha contribuido al desorden por inacción y también por falta de sensibilidad con Catalunya, engordando así el Memorial de Greuges (agravios).

Cualquier día de estos aparecerá un iluminado que prometa un futuro mejor y propondrá la creación del Partido Espartaquista, como en el Berlín revolucionario de 1919 cuando se tomó el nombre de Espartaco, líder de la rebelión de esclavos contra Roma, para crear el movimiento rupturista con el orden establecido. Y como es tiempo de demagogias y populismos, el espartaquismo se convertirá en un partido de referencia. En realidad ya existe, es Podemos.
¿Aristóteles, hacemos algo?

Sí. El filósofo de Estagira no pasa de moda. Unos arqueólogos creen haber hallado su tumba en la ciudad donde nació hace 2.400 años, cuya costa es acariciada por el Mar Egeo. Aristóteles, “el maestro de los que saben”, como lo definió Dante, pervive. El sucesor de Platón fue el precursor del cambio. Se rebeló contra la escuela imperante según la cual el cambio era imposible, defendida desde Parménides a Zenón. La aceptación aristotélica de que el cambio es posible y existe ayudó a la evolución de la ciencia. Pero Aristóteles, cuando explicaba a sus alumnos de la Academia las bondades del cambio, siempre hacía una consideración a modo de pregunta: "Hay que preguntarse cambio Para qué o con Qué fin". Pues esa es la pregunta que los ciudadanos debemos hacernos ante la jornada electoral del 26 de junio. Cambió, sí, pero para qué.

¿¡Ay Cleopatra!?
Sí. Situados ya en la antigüedad, una sugerencia. Salvo casos de machismo empedernido, en Madrid se representa una obra teatral magnífica digna de ser vista y saboreada. Se cuenta en ella la historia de una reina que, pese a su nariz fea (no había cirugía estética como para las reinas de ahora), gobernó un imperio, tuvo a su pies al más grande general, era una diosa en el arte de amar, bisexual para más señas, creó la mayor biblioteca de la Historia, se desnudó o se vistió como quiso, porque ella era la moda, era química, física, filósofa, se inventó un crecepelo para su amante dictador...

Cleopatra hoy no sobreviviría. Sería demasiado moderna y libre. La última reina de Egipto murió hace dos mil y pico años, pero tenemos a una divina Ángela Molina, arrugada, sin bótox, canosa, bellísima y grácil, para sentirla y entenderla en César (interpretado por Emilio Gutiérrez Caba) yCleopatra, dirigidos todos por la gran Magüi Mira.

Colau antidisturbios
J. A. Montano El Espanol  29 Mayo 2016

No es cierto que los altercados en el barrio de Gràcia hayan enturbiado el primer aniversario del triunfo electoral de Ada Colau en Barcelona. Eso son insidias. Por el contrario, están suponiendo la mejor celebración posible: un espectáculo con los fuegos artificiales de las contradicciones del sistema, que ha entrado en alegre fase de chisporroteo.

La coreografía con destrozos y heridos de los okupas y los mossos puede interpretarse como una tomatina revolucionata; alineada además con el deseo que ha manifestado en varias ocasiones la alcaldesa: espantar a los turistas. Los okupas se han comportado como unos buenos chicos: ejemplares en lo suyo.

Algo sí ha ensombrecido un poco el resplandor de la fiesta, sin embargo: la noticia de que con el anterior alcalde se alcanzó un límite irrebasable en ese terreno de las contradicciones. El sistema pagándoles el alquiler a los antisistema, para que jugaran a okupas mientras eran ya inquilinos, es una de esas cosas de la realidad catalana (o catalanista) que ni siquiera se le habían ocurrido al malvado Boadella.

Vázquez Montalbán habría llorado de emoción con este programa de revoluciones pagadas por el Ayuntamiento. Con todo, hay un dato que hace renacer a estas alturas la admiración por el instinto de la vieja burguesía catalana. El alcalde Trias se gastó 65.500 euros en los okupas. En el momento en que escribo este folio, los daños causados se tasan en 67.500. Casi lo cuadra. Para ser precisos: le salió barato.

Pero aunque Colau no alcance el extremo de Trias en cuanto a contradicciones, es ella la que las está viviendo más, con el “corazón partío”, porque lo suyo es el sentir. En la llamada nueva política es decisivo lo sentimental, lo vivencial, y el carrusel en que anda Colau en sus festejos debe de ser de lo más emocionante.

Cuando el día a día erosiona la fe en la revolución, y el trato cotidiano con el sistema capitalista hace ver que quizá era más duro de pelar de lo que se pensaba, ¿no es motivo de alborozo sentir sus contradicciones en las propias carnes? De eso no puede dudar: “siento las contradicciones del sistema, luego tales contradicciones existen”.

La situación de Colau es parecida a la de aquel personaje de El hombre que fue Jueves de Chesterton que (¡y este spoiler se lo merece quienes aún no la hayan leído!) era a la vez jefe de los anarquistas y jefe de la policía. Apuesto a que Colau ahora debe de arrepentirse de haber disuelto los antidisturbios de su Guardia Urbana, porque es menos intenso jugar a complacer tanto a sus amigos okupas como a los mossos, en los que no manda, que haberlo hecho con los guardias que dependen de ella. Así habría quedado ya perfecto el gran guiñol de la activista antidisturbios.

Evitar males mayores: la excusa de timoratos y débiles
"Los débiles sucumben, no por ser débiles, sino por ignorar que los son. Lo mismo les sucede a las naciones.” S. Ramón y Cajal
Miguel Massanetdiariosigloxxi.com  29 Mayo 2016

La cobardía, señores, ha sido definida de muchas formas pero, a mi modesto entender, el que se refirió a ella con más acierto fue Confucio cuando la identificó con las siguientes palabras: “Saber lo que es justo y no hacerlo es la peor de las cobardías”. En Cataluña tenemos una larga experiencia sobre las actuaciones cobardes de sus dirigentes que, a la vez, tienen especiales connotaciones con el aprovechamiento de las oportunidades que, la crisis que se inició en el 2008, les ha dado para aprovechar el descontento que las consecuencias de la caída de las bolsas, el derrumbe de la burbuja inmobiliaria y el subsiguiente efecto dominó sobre los elementos productivos de toda la nación, el aumento del paro, la caída del nivel de vida de los españoles y, un fenómeno característico, que se suele producir en las épocas en que el pánico a perder el empleo, el temor a no poder atender a las necesidades familiares y la conciencia de que puede pasarse meses o años buscando un empleo sin encontrarlo; hacen que los trabajadores se acomoden a las restricciones, se avengan a los aumentos de jornadas o a la reducción de sus salarios; consintiendo en prescindir de mejoras sociales de las que con anterioridad disfrutaban, desoyendo cualquier incitación de sindicatos u otros activistas sociales a la protesta o la sublevación, todo ello, evidentemente, con la sola intención de conseguir mantener su puesto de trabajo.

En España ha sido evidente la presencia de este fenómeno de auto conservación o protección de la clase obrera ante la evidencia de que la crisis existía, de que la economía se desplomaba y el cierre de empresas y la destrucción de puestos de trabajo ha sido la constante durante los años en los que la crisis y la recesión han castigado con más dureza a nuestra nación. Una situación que, como suele ocurrir en tales circunstancias, ha venido a debilitar al Gobierno que, forzosamente, se ha visto obligado ante la amenaza de tener que ser rescatados por Bruselas, a poner en práctica medidas de ahorro, reducción de prestaciones, aumento de impuestos, modificaciones de leyes laborales, contención de salarios y freno a la supremacía que, durante años, mantuvieron los dos sindicatos mayoritarios, CC.OO y UGT.

Estos antecedentes son los que han favorecido los tumores malignos que ahora están amenazando la estabilidad de nuestra nación. Por un lado, los separatistas catalanes hallaron lo que les pareció el momento propicio para poner en práctica su particular desafío contra España, su gobierno, sus leyes y su Constitución. El señor Artur Mas, después de un mal resultado en las elecciones autonómicas, creyó que no le quedaba más remedio, para recuperar su prestigio ante sus seguidores, que lanzar el gran desafío al Estado, amenazando con la declaración de independencia de la comunidad catalana. Aquí se produjo el primer gran error de los muchos que, desde entonces, se han venido repitiendo a medida que el envalentonamiento de los secesionistas ha ido poniendo, cada vez más, al Gobierno de la nación contra las cuerdas. Los chantajes continuos de la Generalitat exigiendo más dinero y el éxito, al menos parcial, de haber conseguido ir sangrando el Tesoro Público, permitiéndoles dedicar más recursos a poner en marcha lo que deberían ser las futuras instituciones de la “nación catalana”; no ha pasado inadvertido para aquellos catalanes que estuvieron dudando si adherirse o no al movimiento separatista.

El resultado de la falta de reacción del Ejecutivo y el convencimiento de que, en Cataluña, se podían tomar decisiones anticonstitucionales sin que, en realidad, se produjera ninguna de las amenazas, veladas al principio y más explícitas después, que les llegaban del gobierno Central; sirvió para que el reducido número de nacionalistas exaltados ( de un 20% a un 30%) fuera aumentando hasta alcanzar la cifra aproximada de un 50%, que son los que hoy se calcula que aspiran a la independencia de Cataluña.

El que el señor Rajoy y su gobierno hayan permitido que se produjera tal estado cosas, por miedo a una explosión nacionalista en Cataluña, nos ha llevado a la situación actual en la que, ya no se trata de que se siga hablando de independentismo sino que, al socaire de la petición de la independencia, los partidos de izquierdas y no nos referimos al de ERC, que también, sino a los nuevos que han ido surgiendo, como estos anarquistas de la CUP o los podemitas de Ada Colau, hayan ido tomando posiciones, cada vez con más fuerza, de modo que, ante el desconcierto de las derechas catalanas y la desesperación de CDC, la nueva Pasionaria, Ada Colau, consiguió hacerse con la alcaldía de Barcelona, con todas las consecuencias inherentes a que, una mera activista, sectaria y antisistema, sea ahora la que dicta su ley ( más bien: su abominación por la ley) sobre los ciudadanos de la gran urbe catalana.

La realidad del panorama catalán, en estos momentos, se puede describir como la de un campo de batalla en el que distintos enemigos luchan entre ellos, mientras la parte más sensata y razonable de la ciudadanía se debate ante el temor de lo que pueda ocurrir y la sensación de que, los encargados de mantener el orden en la capital catalana, son precisamente, aquellos más interesados en que el caos, las batallas campales, los destrozos urbanos, las agresiones a la policía y los incendios callejeros, sean la tónica habitual en todos los barrios de la ciudad; con la evidente intención de convertir a Barcelona en el centro nacional de la violencia y del desacato a la democracia del Estado español. La apropia señora Colau, entre la espada y la pared, incapaz de negar sus simpatías por los que alteran el orden, ha hecho dejación de sus obligaciones, pidiendo que sean los revoltosos y las organizaciones del barrio de Gracia quienes “dialoguen” y se pongan de acuerdo respeto a cual deba ser, finalmente, la resolución de tan espinoso asunto.

Si Trias, el anterior alcalde, ya mostró su cobardía en el caso de Can Vies, interrumpiendo el derribo del edificio (por miedo a la reacción de sus ocupantes) que el juez había ordenado derribar y, ahora, nos hemos enterado de que: a estos mismos que han sido desahuciados del llamado “banco expropiado”, debido a que, la misma Colau, dejó de pagar el alquiler que, el señor Trias, con dinero del municipio, pagaba para “evitar problemas mayores” (deberá responder por malversación de caudales públicos si es que todavía queda Justicia en este país); una acción que ha provocado la respuesta airada de los desalojados con la agravante, todavía más llamativa, de que parte del vecindario apoya a los ocupantes, terroristas urbanos, del edificio donde desarrollaban una serie de actividades ilegales, sin pagar impuestos ni disponer de los permisos precisos para ejercerlas.

La triste realidad es que, después de unas elecciones fallidas, a las puertas de otras cuyas consecuencias estamos lejos de poder valorar, los ciudadanos, tanto catalanes como los del resto de España, nos encontramos amenazados por comunistas y separatistas, que se mueven a su gusto por ciudades como Madrid, Barcelona o Valencia, sin que los partidos constitucionalistas sean capaces de garantizarnos nuestro derecho a ser amparados ante las actividades ilegales, anticonstitucionales y coercitivas de grupos de terroristas urbanos que, incomprensiblemente, en lugar de ser detenidos y encarcelados por la policía; se da la absurda circunstancia de que las autoridades mismas, con la señora Ada Colau a la cabeza, son las que se preocupan para que las fuerzas del orden no les causen lesiones a los alborotadores aunque, como ya se ha demostrado, sean más de veinte los policías que han resultado heridos en los enfrentamientos con los vándalos de la CUP. Y, a todo esto, sólo un detenido entro los vándalos de Gracia.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, nos sentimos como si estuviéramos en uno de estos países del tercer mundo, como Venezuela por ejemplo, a merced de grupos de antisistemas, progresistas, alborotados, anarquistas etc., de estos que no se sabe de qué viven ni lo que hacen habitualmente, pero que son capaces de alterar la tranquilidad y el orden en las ciudades, creando la inquietud, el temor y la falta de seguridad entre la ciudadanía mayoritaria, que no comprende como, en una nación civilizada como España, pueden suceder actos y gamberradas más propias de países donde la herencia colonialista dejó la simiente de la rebelión y el desquite. Debemos recordar a todos estos que pretenden acabar con nuestro Estado de Derecho que estamos en una democracia por la que, tanto sus padres como los nuestros, lucharon durante años y, curiosamente, no se sabe muy bien cual pueda ser el modelo de estado que ellos pretenden vendernos pero, si es que debemos atenernos a los ejemplos que ellos no han puesto, deberíamos prepararnos para luchar, con todo nuestro empeño, para que ¡nunca consigan salirse con la suya! O así es como pensamos.

Colau, una antisistema contra la mayoría de los barceloneses
Editorial La Razon  29 Mayo 2016

La llegada fulgurante al Ayuntamiento de Barcelona de la activista social –aunque de corto currículum, todo hay que decirlo– Ada Colau se interpretó como una muestra del voto de castigo que las instituciones democráticas recibían de una parte del electorado y que, en los días del 15-M, se enunció al grito de «¡Democracia real, ya!». Es decir, se presupone que la que estamos ejercitando desde hace casi cuarenta años no cumple los requisitos del sistema de representación asambleario que proponen o, incluso, algo peor: ninguna «democracia burguesa» es del todo democrática si no es «popular y socialista».

La gestión municipal de Barcelona está demostrando que la ciudad, con un presupuesto de 2.708,6 millones de euros, es un laboratorio de experimentos ideológicos y, de manera especial, de hacer compatible la gestión diaria de los asuntos que incumben a todos los ciudadanos con el incumplimiento de las normas básicas de convivencia y respeto a la Ley. No hay otro principio que el de reservarse el cumplimiento de las leyes que se consideran injustas, según advirtió Colau, algo que es una perversa contradicción, ya que nos regimos por normas aprobadas en instituciones democráticas.

Pero esos juegos de palabras tan vacíos como rotundos y llamativos son los que definen al populismo, un método eficaz para conseguir el poder, pero nefasto para gestionarlo al servicio de todos. Ésa es la cuestión y la base de la incompetencia que está demostrando Colau, cuya manera de entender la política se basa en azuzar el «odio de clase» y enfrentar al pueblo contra el «no pueblo».

Que un responsable público anime a no acatar la Ley es perder toda la legitimidad democrática que le asiste. Lo estamos viendo estos días en los incidentes del barrio barcelonés de Gràcia. La violencia desatada por grupos antisistema está teniendo una tímida respuesta por parte de la edil y, sobre todo, su comprensión, ya que, a pesar del ensañamiento empleado en las protestas, tienen motivos para hacerlo por que la doctrina del movimiento okupa es intocable. Entre los manifestantes, dijo Colau, había «vecinos molestos que reivindicaban un espacio social muy arraigado en el barrio». En definitiva, la violencia desatada era justificable.

Este argumento se viene empleando continuamente y equipara la violencia de los antisistema a la «brutalidad» de los antidisturbios, culpando, en definitiva, al «sistema», que siempre son «los otros» y frente a los que está justificado romper cristales o insultar y amenazar, cuando se trata de la oposición –no nacionalista– o del Gobierno –pero sólo el de Madrid–. En Cataluña existe una degradación del sistema de valores políticos ya que es aceptable que el partido que presta el apoyo al presidente de la Generalitat, los anticapitalistas de la CUP, participe en las protestas violentas, lo exhiba y exija dimisiones por la «brutalidad» de los Mossos d’Esquadra.

En una encuesta de NC Report que publicamos hoy, el 51,2% de los encuestados cree que Colau no ha estado a la altura de los graves incidentes de Gràcia y que, desde que llegó a la alcaldía de la ciudad, ésta no sólo no ha mejorado (37,2%), sino que ha empeorado (37,8%). La puntuación sobre la gestión de la edil no deja dudas: 3,9 puntos sobre diez. Ayer, Mariano Rajoy se refirió en el Cercle d’Economia, en Sitges, a que tanto Ada Colau como Manuela Carmena «hacen daño a la economía». No se puede liquidar desde el sectarismo y una ideología trasnochada lo que dos grandes ciudades como Barcelona y Madrid han construido.

25 años del atentado de Vic
Cinco nombres
Consuelo Ordóñez El Espanol  29 Mayo 2016

Uno es el de Coro Villamudria. Tenía 17 años cuando, en San Sebastián, entró en el coche de Jesús, su padre y policía nacional. Ella iba delante, en el asiento del copiloto. Detrás, su hermana gemela Josune y sus hermanos Luis, de 15 años, y Leire, de 12. Cuando Jesús cerró el maletero, la bomba se accionó y envolvió el coche en llamas. Josune, Luis y Leire salvaron la vida de milagro. A Coro la quemaron viva. No pudo salir del amasijo de hierros. La madre de los críos, Luisa, lo vio todo desde el balcón de su casa. Bajó a la calle y gritó: “¿Por qué les han hecho esto!”.

ETA respondió en su comunicado de reivindicación al estilo de la mafia más corrupta. Acusó a Luis de utilizar a su familia “como un escudo” y en el colmo del delirio añadió: “Coro Villamudria quería ser policía”. La Batasuna de entonces, modelo y molde del abertzalismo ‘renovado’ que enarbola Arnaldo Otegi, pidió al Gobierno que adoptara “gestos requeridos” por ETA para continuar con las “conversaciones políticas”. Aún “lamentando” lo sucedido –que no condenándolo–, no dejemos que la sangre nos aleje de la paz, vinieron a decir.

Coro es uno de los cinco nombres que la ciudadanía española no sería capaz de pronunciar si cualquiera preguntase por el nombre y los apellidos de apenas cinco damnificados por el terrorismo en nuestro país. Vic, Santa Pola, Zaragoza, Burgos… Son lugares en los que ETA, el mayor exponente de violencia terrorista que ha registrado España, ideó terribles masacres. Pero insisto, hagan ustedes la prueba. Sólo cinco nombres.

En días como hoy nuestro país debe mirarse al espejo y valorar si tanto dolor, sin tanto sufrimiento injusto merece ser el pago por una paz fundamentada en la ausencia de Memoria pública. Hoy lo sencillo y accesible es que el imaginario colectivo tenga a mano el nombre de ‘ilustres’ miembros de ETA como ‘Txapote’ o Arnaldo Otegi, de mercenarios del terrorismo de Estado de los GAL como Rafael Vera o Enrique Rodríguez Galindo o de ideólogos yihadistas como Bin Laden o Abu Bakr Al Baghdadi.

ETA ha atentado deliberadamente y directamente contra la vida de niños, ha perseguido a familias enteras que vivían en casas cuartel. Los ha perseguido dentro y fuera del País Vasco. No obstante, la gravedad de lo sucedido no significará nada si permitimos que los nombres de las víctimas sean solapados por el de los verdugos. Toda esa injusticia no habrá tenido sentido si permitimos que quienes justifican tal barbarie y enaltecen o disculpan a asesinos de revolver o de despacho integren nuestras instituciones públicas.

Cinco nombres de asesinados por el terrorismo son los que pocos son capaces de citar y cinco nombres tenían los niños asesinados tal día como hoy en Vic. Hoy, como ayer y mañana, no creo que haya nada mejor que hacer que citarlos, recordarlos y explicar qué les pasó. A niños y a ancianos. Son ellos: María Pilar Quesada (8 años), Ana Cristina Porras (10), Vanesa Ruiz (11), Rosa María Rosas (14), Francisco Cipriano (17).

*Consuelo Ordóñez es presidenta del Colectivo de Víctimas del Terrorismo (COVITE)

Colau consigue que la Legión "desfile" en masa por el centro de Barcelona
Miles de personas arropan a la Hermandad de Antiguos Legionarios en un acto con himnos militares y abrazos con los policías.
Pablo Planas (Barcelona) Libertad Digital 29 Mayo 2016

Las constantes muestras de hostilidad administrativa y política contra la Constitución, las Fuerzas Armadas y España han propiciado una contundente y plástica reacción por parte de la Hermandad de Antiguos Caballeros Legionarios de Barcelona. A la manifestación convocada este sábado en la capital se unieron veteranos de otras regiones, así como numerosos ciudadanos deseosos de expresar su apoyo a la Carta Magna, el Ejército y la unidad de España.

Unas tres mil personas bajaron por la Vía Layetana y se detuvieron frente al edificio de la Jefatura Superior de la Policía Nacional. Algunos representantes de los veteranos de la Legión se abrazaron con los policías que custodiaban la entrada. Se dieron vivas a todos los cuerpos y fuerzas de seguridad, incluidos los Mossos d'Esquadra. Algunos asistentes daban ánimos a los agentes autonómicos y municipales que flanqueaban la manifestación. La mayoría sonreía y agradecía las palabras de apoyo.

Insólitas escenas en la Barcelona del proceso separatista. Ex legionarios tocados con el chapiri, con camisas del Tercio o camisetas conmemorativas de las misiones humanitarias del cuerpo, con banderas de España y de Cataluña, estandartes militares, pancartas a favor de la Constitución y otras con el lema "legionarios a luchar, legionarios a morir". Ni una sola salida de tono en el recorrido, seguido por familias con banderas. El Himno Nacional sonó al principio y al final del recorrido. Delante de la Jefatura se cantó el de la Policía Nacional.

Los veteranos no se dejaron a la mascota en casa. La cabra de la Legión fue el objetivo de los focos de los numerosos medios concentrados para seguir la marcha.

En principio, la marcha era para protestar por el proyecto de Ada Colau de desalojar a los veteranos de los antiguos cuarteles de San Andrés, donde la Hermandad comparte espacio con otras asociaciones y grupos. También contra las iniciativas de los ediles socialistas del Hospitalet y Palafolls para impedir que los legionarios participen las procesiones de Semana Santa.

A la llegada a la plaza de San Jaime, las críticas también fueron para Carles Puigdemont, del que pidieron su dimisión. Muchos de los asistentes daban las gracias a Colau en tono irónico. "Gracias alcaldesa, contigo empezó todo", se decían.

En la plaza también se interpretaron himnos militares y hablaron el presidente de la Hermandad, Jesús Cañadas; el sacerdote Custodio Ballester, el párroco que invitó a los legionarios a honrar al Cristo de la Buena Muerte en Hospitalet; el profesor universitario y escritor Javier Barraycoa y el general retirado Blas Piñar Gutiérrez. Todos coincidieron en glosar la relación de la Legión con Cataluña, la españolidad de la comunidad autónoma y en reclamar respeto para la Constitución, el Ejército y las diferente policías.

La Marcha Real volvió a atronar en la plaza, escenario habitual de concentraciones separatistas y sede la Generalidad y del Ayuntamiento. Banderas de España, cánticos legionarios y reivindicaciones tajantes a favor de la libertad y de España.

Se había anunciado una contramanifestación para impedir que la marcha acabara "profanando" la plaza de San Jaime, pero no hubo tal. El despliegue policial era ordinario, sin alardes, pero ningún grupo antisistema o separatista trató de reventar el acto. Insólito mediodía en Barcelona. A las dos acabó la primera manifestación de la historia de veteranos de la Legión. El éxito de público sorprendió a los convocantes, que no descartan más actos de este tipo en Cataluña.

En Cataluña, Euskadi y Galicia llueve por duplicado
El nuevo Gobierno heredará el contencioso con la Aemet y las costosas e innecesarias duplicidades de las agencias meteorológicas nacionalistas
Antonio M. Yagüe Cronica Global  29 Mayo 2016

Los ciudadanos de Galicia, Euskadi y Cataluña son tan afortunados que pueden comprobar que llueve dos veces. Una cuando lo dice la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) y otra cuando se lo cuentan MeteoGalicia, Euskalmet o el Servei Meteorològic de Catalunya (SMC).

Y quien dice llover, dice la temperatura prevista a las 23 horas, los chubascos en 315 concellos o la altura de las olas. Todo por duplicado, al menos desde el 2001, en que estos servicios territoriales se pusieron en serio en marcha.

En teoría, y para un turista alemán o un ciudadano de la calle, la información y el servicio meteorológico por duplicado es el ejemplo más claro de gasto innecesario. Los cuatro servicios son públicos, los paga el contribuyente, ofrecen los mismos datos y hacen el mismo trabajo.

Pero las tres comunidades, que han llevado el nacionalismo y las estructuras de Estado hasta los fenómenos atmosféricos, lo niegan, defienden con vehemencia su existencia y mantienen un contencioso, que heredará el Ejecutivo que surja tras el 26J.

Seguridad y ahorro
Llueve, nunca mejor dicho, sobre mojado. Se trata de un conflicto puesto sobre la mesa en el 2014. El Gobierno de Mariano Rajoy planteó la supresión de algunos organismos duplicados, como éstos, porque se trata de una competencia estatal, ya que afecta a la seguridad aérea y a la Defensa, según recoge la Carta Magna. Los avisos de emergencias deben partir de una única voz, por homogeneidad y coherencia, que en su opinión corresponde al servicio nacional.

El Ejecutivo justifica la remodelación también con el objetivo de reducir gastos, como pide Bruselas. Incluso elaboró un proyecto de ley, que ha quedado en papel mojado, y cuantificó el ahorro en 13,1 millones de euros al año, que se quedarían en 9,9 millones en caso de absorber el personal de los autonómicos.

En junio del año pasado lo incluyó en la denuncia ante el Tribunal Constitucional. Iba en el paquete de estructuras estratégicas que el Govern quiere poner en marcha. El alto tribunal comenzó a debatir el tema hace solo un mes.

Estructuras de Estado
Los ejecutivos vasco y catalán defienden que no se trata de un capricho autonómico, sino de un valioso instrumento de gestión y de autodeterminación, como recogen sus estatutos. Incluso admiten que forma parte de las estructuras de Estado que poco a poco han ido poniendo a punto. Así, lo han adscrito al servicio de emergencias y protección civil, que consideran una “competencia exclusiva”.

También defienden que su vigilancia y sus predicciones son mejores, más cercanas, efectivas y enfocadas al ámbito local y a eventos específicos. Argumentan que, a pesar de que el Euskalmet solo emplea a 30 personas, el servicio gallego a otras tantas y el catalán a 80, han ido inaugurando estaciones hasta sobrepasar en número en sus territorios a las de Aemet.

Pequeña escala y rivalidades
Los expertos defienden que no por tener una red más densa de estaciones se mejoran los pronósticos ni aumenta la fiabilidad el conocimiento de un terreno muy pequeño. “Hoy las predicciones se fundamentan en modelos meteorológicos a escala planetaria de libre disposición en internet y de manera fiable en tres días en cualquier parte del mundo”, asegura un físico de la Aemet.

Con sus roces y rivalidades, Aemet mantiene su infraestructura en todo el Estado. Cuenta con una plantilla de 1.370 empleados, 814 estaciones automáticas, 2.335 estaciones para medir la lluvia y las temperaturas, 122 millones de presupuesto.

 


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